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ALEXANDRE

SANtflSENS

i MARFULL

Cibernética de lo humano

oikos-tau, s. a. - ediciones

VILASSAR

APARTADO

DE

5347 - BARCELONA

M AR • BARCELONA - ESPAÑA

Asistencia técnica:

Prim era edición 1984

M aria-Teresa Romañá

Copyright © Alexandre Sanvisens i Marfull

b ib lio t e c a

u .

N .

c e n t r a l

A.

ISB N

84*281-0545-6

Depósito

Legal:

B -3.986-1984

H

© oikos-tau, s. a. - ediciones

Derachos reservados p a ra todos los países

Printed in Spain - Im preso en España

Industrias Gráficas G arcia Montserrat, 12*14 * V ílassar de M ar (Barcelona)

DirocLoni do la colección «Cicncins de la Educación»

M A R Í A

L U IS A

R O D R Í G U E Z

M O R E N O

l'rnfrsoru rt, la hucultatl d r hilm ofla y Ciencias de la Educación

d r ía

ilniviTM dad.da Barcelona-

3

índice

 

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------------- ■

~

Presentación, p or Antonio J. Colom C a ñ e lla s

 

9

1. Estructura de lo real. Teoría de la función y del grupo

 

23

2. Los problemas de la cibernética

 

35

El interés de la nueva ciencia

 

35

Problemas de f o n d o

 

36

Interpretaciones; búsqueda de bases explicativas

V'.>

'

37

El desarrollo de la electrónica

 

>-•

.

;

V

38

Circuitos, órganos y señales

 

39

Sistema nervioso y circuitos

41

Se precisa la c ib e r n é tic a

 

La designación te c n o ló g ic a

 

44 j

Aparición histórica de la cibernética como ciencia de circuitos y señales

 
 

y

su fundamento

en la autorregulación

 

45

Noción del feed-back

 

47

Autorregulaciones orgánicas

49

La tendencia h o m e o s tá tic a

51

Aspecto metodológico y critico

 

55

3.

La trascendencia del automatismo

 

61

Automatismo y a u to c o n tro l

 

61

El regulador a b o la s

61

La técnica de los c ir c u it o s

62

Sistemas de control a u to m á tic o

 

63

La cibernética

 

64

Automatismo y e le c tr ó n ic a

 

66

Los mecanismos sintéticos

66

La segunda Revolución In d u s tr ia l

 

68

Problemas sociales e c o n ó m ic o s

68

El futuro industrial

 

69

4.

El problem a de la coordinación s o c i a l

71

C o n c e p to

' . '

72

Fundamento lógico

76

Aplicaciones tcórico-prácticas

 

82

La coordinación s o c i a l

87

5. Cibernética y comunicación

99

Automatismo y cibernética. Relación e im p o r ta n c ia

 

100

Autom atism o y a u to c o n tr o l

100

El regulador a b o l a s

101

Sistemas de control a u to m á tic o

103

La cibernética

105

La

síntesis c ib e r n é t ic a

 

107

Comunicación e información

109

Teoría inform ativa

109

M edida de la inform ación

112

Inform a ción y entropía

120

Campo de la c ib e r n é t ic a

124

Comunicación, educación e integración

 

125

Com unicación, relación y cibernética. Relacionism o fundam ental.

125

Triple dim ensión de la dinámica de la relación humano-social

.

127

Consecuencias teórico-prácticas del dinamismo especifico de la relación hum ano-social

129

Cibernética integracionista y re la c io n is ta

131

Síntesis y aplicación. Conclusiones con respecto a la com unica­ ción social y la integración e u r o p e a

132

6. Algunos aspectos de la cibernética y de la sociología lingüísticas

135

Cibernética y lin g ü ís tic a

135

Aspecto metodológico

,

136

Los planos de la realidad

138

Planos de la realidad lingüística

 

139

Categorías lin g ü ís tic a s

141

Niveles c o r r e la t iv o s

142

Funciones lingüísticas. Caracterización

 

143

La estructura semiológica

145

Equivalencias estructurales sem io ló g ic a s

 

148

Interpretación cibernética

150

La regulación en el lenguaje

 

153

Sociología y lenguaje

156

7. Métodos e d u c a tiv o s

,

159

El enfoque sistèmico en la muiodología e d u c a tiv a

 

159

Investigación pedagógica y aci ión educadora

161

Programación y te c n o lo g ía

 

163

Pedagogia com parativa

165

Orientación y fo r m a c ió n

166

Dimensión sociológica de

los métodos e d u c a tiv o s

 

168

M etodología educativa e s p e c ia l

171

Métodos de enseñanza diferencial y p r á c t ic a

174

8. sistèmico en la metodología e d u c a tiv a

El enfoque

177

Posibilidad

de una metodología sistèmica de la e d u c a c ió n

 

177

El enfoque

sistèmico y sus principales a s p e c to s

 

180

Intento de ordenación metódico-sistémica

184

Aspecto

fu n c io n a l

 

187

Aspecto procesal

192

9. Cibernética del a p re n d iz a je

 

197

Consideraciones metodológicas previas

 

197

El problema del aprendizaje

 

198

El

aprendizaje como un proceso, in fo r m a tiv o

 

200

Aprendizaje y

c o d ific a c ió n

203

La regulación

como integrante del p r o c e s o

 

206

Sentido de la o p tim iz a c ió n

 

209

c i b e r n é t i c a

d e l

a p r e n d i z a j e .

Resumen

 

213

10.

Prospectiva

de la televisión e d u c a tiv a

215

Futurologia y prospectiva

 

215

Formalismo e informalismo

216

Idoneidad,

nivelación, p la s tic id a d

 

218

Problemas más concretos de la televisión e d u c a tiv a

.

 

220

Tecnología icònica. Dem ocratización. Opcionalidad. Lenguaje

.

220

La dimensión humanística de la televisión de cara al futuro

223

PROSPECT IVA

DE

LA

TELE V IS IÓ N

EDUCAT IVA . R e s u m e n

227

Bibliografía

229

Presmtación

A finales de ju n io de 19 79, en Valencia, se celebró la IX Conferencia Europea de Educación Comparada. Con tal m otivo nos reunimos en la ciudad levantina un buen núm ero de profesores universitarios de Pedagogia de nuestro país. De las reuniones

m iem bros de

los departamentos de Pedagogía Sistemática de las Universidades dé Barcelona y de Palm a de M allorca, surgió la idea de homenajear a nuestro querido profesor y

M arfull. Pronto M iguel M artínez, Francese

Raventós, Jaum e Trilla, Antoni Petrus, Josep Puig y yo mismo acordamos que p osi­ blem ente una de las form as más positivas de reconocer la valla intelectual y hum a­

no de nuestro maestro era difundir y expandir su diseminada y valiosa obra. Obra que se encuentra recogida en su casi totalidad, al servicio del lector y estudioso in te­

de Pedagogía Sistem ática

de la Universidad de Barcelona, gracias al interés y esfuerzo de nuestra com pañera Carmen Carmona, encargada de la misma. Quedé responsable del encargo y hoy es

m otivo de plena satisfacción presentar al público hispano y en nom bre de todos los

discípulos del D r. Sanvisens una parte significativa e im portante de su obra. N ues­

tra idea ha podido transformarse en realidad gracias, también, a la acogida que tuvo en M aría Luisa Rodríguez M oreno, directora de la Colección tC iencias de la Educación», de la editorial Oikos-Tau, a cuyo cargo queda la publicación de esta selección que nos honramos en presentar. Alejandro Sanvisens M arfull nació en M ollet del Vallés, provincia de Barcelona, en 1918. Cursó D erecho y Filosofía y Letras en la universidad catalana, d octorá nd o­ se en la de M adrid en 1948. Alum no predilecto del D r. D. Tomás Carreras A rtau, colaboró con él en la elaboración del A rchivo Sociológico y en su labor de cátedra. Presente siempre en la vida cultural e intelectual catalana ha ocupado diversos y múltiples cargos coherentes con su docencia universitaria y su actividad investiga­ dora: secretario del Colegio de Licenciados y Doctores de Cataluña y Baleares, secretario de las secciones de Sociologia e Historia de la Filosofìa de la sede del Con­ sejo Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona, m iem bro del In stitu to Balmesiano de Filosofía, colaborador científico de la UNESCO, rector de la U niversi­ dad Laboral de Tarragona, etc. Profesor adjunto de Filosofía prim ero, y desde ¡9 6 9 , profesor agregado de Pedagogía Social y Sociología de la Educación de la U niversi­ dad de Barcelona es, desde ¡971, catedrático de Pedagogía General y d irecto r de la Sección de Pedagogía de dicha universidad, habiendo sido decano de la Facultad de Filosofia y Ciencias de la Educación desde ¡ 973 a ¡97 8 ‘ .

informales, tan propias de estas convenciones, que tuvim os algunos

maestro el Dr. D. Alejandro Sanvisens

resado, en la Biblioteca especializada del Departamento

1 Para m ás datos biográficos de A lejandro Sanvisens M arfu ll, consúltese la revista Perspectivas,

Pedagógicas que publica en Barcelona el Instituto de Pedagogía Comparada de la Institució M ilá i Fonta- nals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, exactamente en el núm ero 25/26, págs. 283-

288, correspondiente al año 1970.

/

> *■

10

.

Su

amplia

bibliografía

Cibernética de lo humano

se centra principalm ente en tres temáticas: filosofía,

sociología y pedagogía, habiendo realizado de ellas una lectura desde la cibernética,.

ya que en nuestro autor « lo cibernético» no se entiende com o un área aislada del saber hum ano sino com o un tnstrum ento-de-com prensión de la problem átiec

filosófico-epistem ológica,

sociológico-relacional y pedagógico-educativa,

acogién­

dose entonces y de esta form a, a una visión y comprensión global e integrativa de la realidad.

En el presente

volum en e integrados bajo el titulo Cibernética de lo Humano,

ofrecem os nueve trabajos, posiblem ente los más significativos de la extensa biblio­ grafía del Dr. A lejandro Sanvisens M arfull. Todos ellos tienen en común la referen­

cia a una am plia tem ática que pretende entender lo humano en toda su complejidad

pensamiento cibernético, o m ejor

aún, tal com o tendrem os ocasión de ver, sistém ico-cibernético. Con ello ofrecemos, además, una m uestra del proceso y evolución intelectual del autor que abarca más de veinte años (desde 1956) y que se nos evidencia com o extraordinaria p or diver­ sos y significados m otivos.

a través,

em pero, de lo que podría denominarse

En p rim er lugar, destacaría la originalidad y la novedad que estas aportaciones

donde proviene el

D r. Sanvisens, ja m á s ha considerado -q u iz á p o r desconocerlo- el enfoque, fru ctífe ­

ro y creativo que la cibernética puede aportar en el esclarecimiento de la realidad hum ano-social. Cuando nuestra Universidad descubría la filosofía existencialista,

un profesor de filosofía, doctorado con una tesis que estudiaba el pensamiento de la

m edicina española del siglo xvufl, trabajaba en el campo de la cibernética con una

esta disciplina; m e refiero y más adelante lo haré

perspectiva plenam ente inédita en

suponen; originalidad porque el campo hum anístico español de

con cierta am plitud, a las posibilidades que tal tipo de estudios ofrecen para la com ­ prensión del fen óm eno hum ano. Con ello, Sanvisens no se apartaba de su quehacer

universitario - la filo s o fía -y de su posición personal - e l hum anism o-, pretendiendo en todo caso ren ovar la visión del eterno problem a —explicación de la realidad y del

h om b re-a lejá n d ose, p o r ello mismo, de los tradicionales presupuestos metaflsicos y

lengua­

je. unas posiciones diferentes, unas perspectivas críticas novedosas que, en conjun­

ontológicos. De esta form a , el lector pronto descubrirá en su obra un nuevo

to, nos acercarán a planteam ientos inéditos y rigurosos alejados, en la fo rm a y en el método, del tradicional pensam iento universitario español. La cibernética le sirve al D r. Sanvisens com o elemento m etodológico para

de pensar y de hacer. Y con ello no quiero afirm ar que

lo que nuestro a utor realiza sea aplicar esquemas cibernéticos a la realidad y *ci-

bern etizan lo hum ano, sino que, por el contrario, analizando y

fo rm a liza r una nueva fo rm a

estudiando la reali­

dad, descubre en ella una serie de fenóm enos y situaciones que pueden ser explica­ das y explicitadas a través de la cibernética, pues en la estructura de lo real están sumergidas relaciones y situaciones que N. W iener estudió y denom inó com o ciber­ néticas. Sanvisens, entonces, no cibernetiza la realidad sino que nos demuestra que

es la propia realidad la que se nos presenta com o integradora y portadora de los

fenóm enos cibernéticos. Con ello podem os decir que la obra de Alejandro Sanvisens desarrolla la intu ición que tuvo el gran m atem ático del M IT cuando en su segundo libro sobre el tem a Cibernética y Sociedad abordaba la posibilidad que su disciplina tenía cara a los estudios humanosociales.

que no quiere entender y peor

crítica que aquella que se sustenta sobre saberes desconocidos. Desde los ámbitos

Es

necesario decirlo. N o hay peor lector que el

2

Se trata de la obra

titulada Un m éd ico filó s o fo español en el siglo X V III: El D o c to r A nd rés Piquer

Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Luis Vives de Filosofía, Barcelona, 1953.

Presentación

pedagógicos en

especial,

y

cibernética y le

cibernético

i l

humanosociales en general, se tiene la id e a j? ) que la

a posiciones tecriicistas, m ecanicistas

y reduccionistas, cuando no se confunde con la tecnología propia de los artefactos

especializados en el tratam iento de la inform ación. Y estas opiniones no sólo no son

supone acercarse

Norbert Wiener, el « cread or»

p o r asi decirlo, de la cibernètica, dedicó dos libros a vu estudio. El prim ero de ellos,

la nueva

disciplina (por lo tanto, en un lenguaje axiom ático, puro de connotaciones y sign ifi­ cados) incluyendo, al mismo tiempo, una serie de capítulos que se refieren al ser hum ano y a aspectos típicos de las ciencias humanosociales (psicopatologia, lengua­ je, sociedad). El segundo libro. Cibernética y Sociedad, está, tal com o su título in di­

ca, dedicado en su totalidad a la perspectiva que la cibernética puede ofrecer de la realidad hum anosocial. La cibernética surge, pues, de su autor, con un soporte

m atem ático y con una finalidad humana, amén de q u e sus aplicaciones hayan sido

brillantes y revolucionarias en el campo tecnológico y de las máquinas inteligentes. Sin embargo, no hay posibilidad alguna para la crítica mecanicista que algunos q u i­ jo tes de la verdad realizan de los estudios antropológico-cibernéticos, ni p o r supues­

to, al silencio y m arginación que posturas intransigentes vienen som etiendo a este tipo de estudios. Aún no se ha entendido -qu izá porque nadie se ha parado a estu­

diar cibernética en las facultades de le tra s -q u e la aportación fundam ental que rea ­ lizara Wiener a través de su disciplina no estriba ni descansa en la estricta área de

la aplicación y construcción de artefactos de ingeniería sino en el planteam iento e

intuición de una nueva explicación de la realidad, pues lo cibernètico, podría d e c ir­ se, es la realidad de la propia realidad.

Es en este contexto en donde debemos ver y entender la obra del profesor Sanvi-

sens; tos trabajos que integran el presente volum en form an, a nivel de la bibliogra ­

de las m ejores obras sobre las posibilidades humanísticas de

la cibernètica y uno de los tratados más completos y rigurosos sobre la hum aniza­

ción de la cibernética, com o una nueva postura humanística. El profesor Sanvisens tiene p or lo demás el m èrito de haber sido el introductor de la cibernética en Espa­ ña3. Esta afirm ación no puede ser discutida a pesar de la prim icia que el tem a tuvo

en el ámbito de las ciencias exactas, en los inicios de la década de los ci icuenta. Soy consciente, por lo demás, de la obra de Puig Adam y aun de un artículo que p u blicó en una revista especializada en un ámbito de las ciencias humanas4, si bien su co n ­ tenido era específicamente m atem ático. Alejandro Sanvisens fu e el traductor de la prim era obra de cibernètica vertida al castellano5 a la que dotó de un apéndice que,

a m odo de estudio, supera al propio texto original. Nuestro autor también introdujo

fía internacional, una

ciertas sino que tam poco tienen fundam ento alguno

Cibernética, está referido básicamente a la

presentación matem ática de

en España la teoría general de sistemas y con ella la obra y la figu ra de L. W. Berta- lanffy. Fue exactam ente en 1972 cuando publicó su trabajo Métodos Educativos, que incluimos en la presente selección, en el que presentaba no sólo la teoría general de sistemas sino también su aplicación a un campo específico de entre los propios de

las ciencias humanosociales, con lo que solventaba la siempre dificultosa adapta­

de una nueva m etodología, clarificando, al m ism o tiempo, el constructo episte-

ción

3 Sobre los orígenes de la cibernética en España y el papel fundam ental iniciado en este sentido por

Sanvisens, consúltese: Tom ás Cabot, J., La cibernètica en Barcelona, Barcelona, 1970. Separata que reú ­

ne los artículos publicados en La Vanguardia Española los días 31 de enero y 5, 6, 12. 17 y 19 de febrero de 1970.

Problem as», aparecido en la R e v is ­

ta de Psicologia G eneral y A plicada,

5 Me refiero a Guilbaud. G. T., La cibernètica. Vergara, Barcelona, 1956, 162 páginas m ás el ap én ­

dice de Sanvisens al que hacem os referencia en el texto y que ocupa las págs. 165 a 225 del ejem p lar

citado.

4 Hago referencia a Puig Adam , P., «Sobre Cibernética. Génesis

y

núm. 19, págs. 515-25, voi. VI, M adrid,

1951.

12

Cibernètica de lo humano

m ológico original que tal teoria planteaba. Gracias al Dr. Sanvisens y a sus estudios,

puede decirse, para sorpresa de propios y extraños, que la pedagogía es hoy p or hoy en España, la disciplina humanosocial más desarrollada a nivel sistèmico. Creo que p or su obra, y gracias a su constante esfuerzo innovador, ía ciencia y la cultura española deben agradecer a la pedagogia -tantas veces injustamente considerada cenicienta de los saberes universitarios- las aportaciones que a través de Alejandro Sanvisens ha efectuado; la cibernética, la teoría general de sistemas, un nuevo enfoque de la realidad humanosocial y las primeras aplicaciones cibernètico-sistèm icas a las ciencias humanas evidencian una significación intelec­ tual y de expansión de las nuevas perspectivas científicas que no podían perm ane­ cer enterradas en los anales de nuestra reciente historia de la ciencia, o en la con­ ciencia de sus amigos y discípulos. Iniciábam os esta presentación hablando de la novedad y originalidad del pensa­

m iento de nuestro autor; a estos m éritos debemos añadir el de la coherencia de su

obra que hace que veamos en él un creador, paralelamente a Bertalanffy, de la teo­ ría general de sistemas. Sanvisens llega a la visión global, compleja e interconexio-

nada de la realidad, no sólo por vía de la actualización científica, sino también como consecuencia de la evolución lógica de su pensamiento, pues ya desde 1956 insinua­ ba y definía con otros términos las categorías que el biólogo alemán proponía en su

no

teoría6. Así, cuando Sanvisens habla de « grupo », lo define de form a parecida Ipor

d ecir idéntica) a lo que hoy en día entendemos por sistema. Dirá que «grupo» es «el

conjunto o síntesis de la estructura, la función y la relación entre ambas»7, añadien­ do más tarde: «el grupo sería el constitutivo básico y en gran modo indisoluble de la

realidad», con lo

con el m ism o sentido metodológico que posee el de «sistema» en la obra de Berta­

el profesor Sanvisens arbitra el térm ino t cam po» elemento para entender la realidad, con lo que la

intuición sistèm ica es aún m ucho más precisa. Años más tarde —en 1965 exacta­

lanffy. En el m ism o trabajo citado, com o sinónim o de « grupo » y com o

que el térm ino agrupo» se nos presenta, en la obra de Sanvisens,

m e n te - los conceptos utilizados dejarán de ser aproximaciones para alcanzar ya el pleno significado sistèm ici?. Pero aún hay más, ya que no deja de ser asombroso

com probar cóm o en el

trabajo ya citado (Estructura de lo real

) nuestro autor liega

al fo rm u la r uno de los principios y objetivos esenciales de la teoría general de siste­

mas. Así, si Bertalanffy, al referirse a la finalidad de su teoría, siempre habla del logro unitario de la ciencia, Sanvisens hablará de tintegración » afirm ando que la perspectiva grupal, o de campo, de la realidad, supondrá siempre una integración, o sea, el logro de la unidad o síntesis. Más tarde llegará a acotar el segundo gran p rin ­ cipio de la teoría general de sistemas; m e refiero a la interdisciplinariedad, si bien el profesor español lo hará a través del térm ino * coordinación^. Si Bertalanffy se refiere a su teoría confirm ándola com o metodología de lo interdisciplinario para el logro unitario de la ciencia, Sanvisens hablará de la coordinación entre las ciencias

6 La teoría general de sistemas se presenta por prim era vez en el Seminario de Filosofía, correspon­

diente al año 1937, de los que anualmente organizaba Ch. M orris en la Universidad de Chicago. N o obs­ tante, su verdadera singladura debe verse en 1954 al iniciarse la publicación del anuario G eneral Sys­ tem s cuya gestión corría a cargo del propio Bertalanffy y de sus más próximos seguidores y pioneros de la teoría genera l de sistemas tales como el psicólogo A. Rappoport, el economista K. Boulding y el técnico

en organización Gerard.

7 Ver el punto V III del trabajo de Sanvisens incluido en el presente volumen y titulado «Estructura de

lo real. Teoría de la función y del grupo».

8 V er el trabajo integrado en el presente volum en: «El problema de la coordinación social», publicado

en 1965.

9 Ibíd.

Presentación

13

y entre los elementos de la realidad para conseguir la integración, o sea, una visión

unitaria y sincrética -s is tè m ic a - de lo real. No creo dejarm e llevar por la admiración hacia el maestro si afirm o que la co n ­ cepción sistèmica que de la realidad posee el Dr. 0. Alejandro Sanvisens supera en

algunos aspectos a las teorizaciones de Bertalanffy. Intentaré explicarlo. El biólogo

alemán llega a

concebir el elem ento m etodológico explicativo d éla realidad - e l sis­

te m a - d e fo rm a hierática y estructura!. Quien haya estudiado en profundidad su

obra habrá descubierto una fu e rte dosis de estructuralismo (la teoría general de sis­

temas no deja de ser un estructuralismo más de los surgidos a lo largo del siglo xxj,

admiración profunda y sospechosa por Nicolás de Cusa y p o r Spengler. D e

esta form a, se evidencia que la aplicación de la teoría general de sistemas a un ca m ­

po cualquiera de las ciencias humanas es válida siempre que esta situación objeto

la aplicación, sea la del sistema en un m om ento dado o la dinám ica del sistema

en una situación determ inada; pero cuando se trata de estudiar la evolución o la dinámica procesual de un sistema, o de una situación humanosocial, los esquemas

m etodológicos de Bertalanffy se hieratizan, mostrándose insuficientes. La educa­

ción, por ejemplo, puede ser estudiada, tal com o ya se ha hecho, y la obra de San­ visens es el p rim er exponente de ello, com o un sistema, y sus definiciones y a co­ taciones, nos serán de gran utilidad para definir los elementos, características, funciones, etc., de una realidad educativa; sin embargo, el interesado en estes temas pronto descubrirá que la teoría general de sistemas sólo aporta las constantes del sistema y su capacidad de variación para conseguir un nuevo estadio del m ism o (análisis y diseño de sistemas), pero difícilm ente nos podrá m atizar el sentido y la fenom enología propia de su dinámica. Estamos convencidos de que la teoría general de sistemas no puede servir de contexto conceptual para el logro de una teoría de la acción en los macrosistemas humanosociales. E l m otivo nos parece, p o r lo demás, evidente. Bertalanffy tuvo que superar durante toda su vida los peligros que podían acarrearle para su obra una confusión o isom orfism o entre cibernética y teoría

general de sistemas. En toda su obra se va descubriendo un intento de m arginar y no considerar a la cibernètica; así, la clasificación que de los sistemas realiza, se reduce a distinguir los sistemas abiertos de los cerrados, sin detenerse, em pero, en diferenciar los sistemas abiertos de los cibernéticos, ya que estos últim os son tam ­ bién, al menos en cuanto a inform ación, sistemas abiertos. Debe tenerse en cuenta que cuando Bertalanffy expande su teoría general de sistemas, la cibernética lleva ya seis años de sistematización y de un fu erte desarrollo que incluso hace que sea

propugnada com o teoría para el

go alemán será entonces totalm ente congruente en el sentido de que al pa trocinar la teoría general de sistemas, el m arco teórico para el estudio de cualquier tipo de sis­ temas, integra a la cibernética como a cualquier otra realidad, o «perspectivas de la realidad», determinadas p or K. Boulding en núm ero de n u eve", sin darle entonces

ningún trato especial. Sin embargo, con ello Bertalanffy pierde la oportunidad de

td inam izar» su teoría y hacerla explicativa de los fenóm enos procesuales y del p ro ­

pio proce j o evolutivo en sí, ya que la cibernética, al poseer la capacidad autorregu- lativa en fu n ción de unos patrones de com portam iento, puede explicitar p o r ella misma la acción de los sistemas. En cambio, la obra de Sanvisens se inicia desde la cibernètica encontrando en

ella las mismas características que animan a la realidad: la estructura, la relación y

y una

de

estudio de cualquier sistema10. La postura del b iólo­

10 Ver por ejemplo: M oray :' cib e rn é tica , Herder, Barcelona, 1967.

11 Boulding, K., «G enera l System Theory: The Skeleton o f Science., en M a n a g e m e n t S cience, p á g i­

nas 197-208, abril de 1956.

14

Cibernètica de lo humano

Con ello evidencia un mundo cambiante, dinámico, que encuentra su

explicación a través de la actividad sistèmico-cibernètica, pues, para nuestro autor, el sistema es una estructura funcional, o sea una realidad que es y tiende a ser. En la esencia del dinam ismo, Sanvisens encuentra fa relación; relación qi. • s mani­

estructura y la función, entre los elementos de la propia estructura

sistèm ica o entre los diversos estados del sistema. La relación que, en Bertalanffy,

se conform a com o elemento fundam ental

elem entos relacionados entre s í-e n Sanvisens se nos presenta com o coordenación y

sus nue-

V(j$ estadios, con lo que la relación deja de ser el único elemento capaz de ordenar una realidad com o sistema para convertirse en el propiciador de la dinámica y de la operatividad de la realidad.

La teoría general de sistemas se adecúa de manos de Bertalanffy com o modelo put a el estudio de realidades complejas, relaciónales y dinámicas en un momento du'1o e igualmente, y al mismo tiempo, debería servir para estudiar la evolución de los sistemas, o sea, para analizar y explicar los fenóm enos de cambio, o transform a­ ción, así com o para conocer los mecanismos posibilitadores de dichos cambios, o en torlo caso, de la continuidad sistèmica. Ahora bien, lograr esto supone contar con una teoría de la acción en los sistemas, o explicación científica de las acciones que

com portam ientos determinados. Y es justam en.s aquí donde se

conllevan a unos

d el)e enm arcar la aportación relacionante de Sanvisens, ya que conseguir esta teo­

rici de la acción supone relacionar unas acciones con sus metas o con su propio com ­ portam iento, pues todo com portam iento es la realización dinámica de unas metas. Ahnra bien, este planteamiento supone definir una situación cibernètica, e incluso

im plica señalar la tem ática objeto preferente de los estudios cibernéticos, pues con­ siderar una relación a nivel de apatrones» o modelos - l o que se es con lo que debe

s e r - (que es lo m ism o que relacionar las acciones con las metas que dichas acciones

posibilitan/ supone incid ir en la regulación o control que el sistema debe poseer para

que las acciones que emanan de sus relaciones estructurales logren la adecuada

dinám ica del sistema. Y evidentemente, el logro de este fenóm eno - la autorregula­

ción o autogestión del co n tro l- es típico y definitorio de la

coordinación, con lo que toda realidad se acoge, o se integra, en función de

en la definición de sistema -con ju n to de

fie s ta entre la

¡a fu n ción .

cibernética.

En definitiva, la teoría sobre la realidad que nos aporta el profesor Sanvisens

delie ser en justicia calificada de sistém ico-cibernética en el sentido de que concibe sistèm icam ente la realidad (estructura funcional), al mismo tiempo que pretende el estudio proyectivo del complejo sistèm ico abogando para el logro de este objetivo

p o r el m odelo relacional y coordinativo que la fenom enología de la acción cibernéti­ ca le proporciona. Con ello, supera las teorías estructural-funcionalistas, ya que,

no reduce las cosas a su consistencia (estructura), lo

cual sería profesar una nueva visión del aristotelismo o de la postura sustancialista, ni tam poco a la pu ra operatividad (función), lo que vendría a ser un nuevo plantea­

cibernètica, rom pe entonces la

visión dual que de la realidad se ha sustentado a través déla historia; la cibernètica nov ofrece la posibilidad de entender lo real desde una perspectiva com pleja y rela-

cional, pues entre la estructura y la fu n ción de los sistemas se da una relación que se concreta en la acción, en la operatividad, que es, en definitiva, consecuencia o resultado de la propia realidad sistèmica. La cibernética no reduce pues la realidad

a b¡ consistencia de las cosas (estructura; posición sustancialista) ni a la operativi­

dad

rrldcional de interdependencia entre la consistencia y la operatividad. siendo por

m iento

com o afirm a, la cibernética

energeticista y relativista. A

través de la

(función; postura relativista-energeticista); la cibernética

aporta una visión

eso mismo el único planteamiento que nos proporciona estudiar la realidad en su aci'ión relacionante. De lo afirm ado hasta aquí podría considerarse la cibernética com o un estructu-

Presentación

ralismo más (<xl centrarse tam ban en el estudio de sistemas), si bien al lograr un

conocim iento de

lo estructuralista más perfecto, incluyendo, p o r supuesto, al estructuralism o lin ­ güístico, ya que este se desarroUa en fu nción de dos elementos: el sintáctico y el semàntico; el p rim ero de ellos - estudio del significante— supone incidir sobre los aspectos materiales y manifiesto expresivos de la lengua; en cambio, el semánticoi se basa, tal com o diría Carnap, en los aspectos referenciales del lenguaje, o sea, en los significados. La cibernètica, sin embargo, considera que con esos elementos no se puede entender ni explicar el proceso lingüístico, o si se quiere, un proceso rela-

cional. Para el cibernètico, y en este caso para Sanvisens, falta otro elemento de

vital im portancia: es el que nuestro autor denomina « pragm ático », o sea, el aspecto mismo de la realización transmisiva-relacional, que será el que confiera a la estruc­

tura

acción). Creo sinceram ente que a través de esta breve incursión en su obra puede el lec­ tor darse cuenta de lo novedoso y original del pensamiento de nuestro autor. Desde su cátedra de la Universidad de Barcelona va elaborando una teorización que se nos

presenta más rica en matices, significados y utilidad que la propia teoría general de

la dinámica sistemica podría, a su vez. considerarse com o el mode­

« clásica » su

esencia y credibilidad dinám ico-relacional (explicación de la

sistemas

que empieza ahora justam ente a ser descubierta en nuestro país com o

panacea

epistem ológica y m etodológica12. Sanvisens, desde 1956 y fundam ental­

mente a p a rtir de 1965 -fe ch a en que publica su trabajo El problema de la coordi­ nación social que nos parece ejemplar y clave en su pensam iento- desarrolla una teoría paralela a la sistèmica de Bertalanffy pero más amplia y original, ya que,

coherentem ente a la visión sistèmica de la realidad, integra una perspectiva ciber-

netista que hace de su obra una síntesis eficaz y ejem plar por su utilidad para el interesado en las cuestiones teóricas y metateóricas de las ciencias humanosociales. La obra del D r. Sanvisens no contempla única y parcialm ente los aspectos teóri­ cos del nuevo constructo sistém ico-cibernètico, sino que aplica e integra en su teoría un sentido y un objetivo centrado sobre la fenom enología humana. Su obra no es pues un atipico tratado teórico sino, tal com o decíamos, un intento de estudiar el hom bre y sus acciones, para lo cual aplicará su teoría de la acción, cuya y risibilidad hemos esbozado aquí a grandes rasgos. Es en este sentido que el am bicio: proyecto de Sanvisens puede determinarse com o una Teoría del Hom bre y de su fen om enolo­ gía a través de la única metodología que es capaz de dar cuenta de los fenóm enos y de las acciones; su « cibernètica» es pues una cibernética de lo hum ano ya que a tra ­ vés de ella pretende una explicación y una explicitación rigurosa de la acción hum a­ na. Cibernètica de lo humano que, en definitiva, aporta una nueva perspectiva humanística, pues a través de ella llegamos a un conocim iento más profundo y rigu ­ roso del fenóm eno antropológico y de su significado. La cibernética de lo humano del Dr. Sanvisens no se refiere a la singularidad y

exclusividad del hom bre. En nuestro autor, la cibernètica, al aplicarse al

no cae en el estudio cibernético-biologicista, y p o r supuesto no supone una posición

o perspectiva reduccionista y determinista sobre el propio hombre o

hombre,

sobre lo hum a­

12 La obra T eoría g e n e ra l de sistemas aparece vertida al castellano en 1976 por el Fondo de Cultura

Económica, México. Antes la Revista de la Universidad Com plutense dedicó un núm ero (el 891 a la teoría general de sistemas, aparecido en \974. que de form a partidista e incomprensiblemente m argina las aportaciones que el Dr. Sanvisens hab ía realizado desde 1972. Trabajos sistémicos de Aracil, Voltes Bou y otros autores originarios de los más diversos campos datan también del año 1974. A nivel de organ iza­ ciones aglutinantes de especialistas e interesados en la teoría general de sistemas, hay que esperar a 1 980 para que se form e la Sociedad Española de Sistemas Generales, si bien el boletín de la m encionada

sociedad jam ás lo ha mencionado.

16

Cibernética de lo humano

no. A través tic la cibernética, Sanvisens especifica los aspectos psíquicos-superiores

y

espirituales

'luí hom bre, incluyendo el proyecto axiológico. Lo

humano se refiere a

la

esenci'J del

hom bre

y no al hom bre en cuanto soma biológico;

también se integran

bajo es tu acepción los fenóm enos colectivos de índole superior e inteligente con lo

que se ríos diseña una nueva perspectiva y un nuevo campo de titu d io y de com ­ prensión de los sistemas socioculturales, y por lo tanto, de los fenóm enos sociales y

antropológicos en general. De esta form a, presentarnos, el D r. Sanvisens aporta un

hom bre tanto en su singularidad com o en sus manifestaciones colectivas, estudian­

do para ‘filo lo hum ano com o realidad psíquica superior, libre y autónoma, y como

realidad resultante de la acción humana (la sociedad, la educación, la cultura, etc.).

Y com o decíamos en un principio, debemos clarificar y dejar constancia una vez

más que entender la realidad humana bajo los prismas de lo cibernético no supone

ir dotando de cualidades cibernéticas o auíorregulativas a dicha realidad para así

ajustar el objeto de estudio (en este caso el hombre y lo humano) a las categorías que

en la cibernética de ló humano que ahora nuevo sentido a la problem ática total del

se

constituyen en el m odelo cibernético. La cibernética surgió, y debemos serfieles a

la

historia,

de un ejercicio

interdisciplinar protagonizado p or matemáticos, médi­

cos, físicos, biólogos, etc., centrado en la búsqueda de una explicación a una serie de situaciones que se daban en la realidad: los procesos regulativos, o de control, a tra­ vés de la inform ación. La cibernética surgió entonces de la necesidad de explicar unas situaciones que se daban en la realidad y que luego también fueron evidencia­ das en la natw aleza orgánica de los animales y del propio hom bre y de las socieda­ des, tal com o N. W iener intuyese. La fam a tecnicista que hoy en día profesan inclu­

so mentes clarividentes cuando se habla de la cibernética se debe a que su descubri­

m iento fu e acelerado, y en su últim o período investigativo, patrocinado por el

Departam ento de Defensa de Estados Unidos para que tuviera aplicación m ilitar. Es evidente que el éxito obtenido supuso una carrera tecnicista de aplicación de las cualidades cibernéticas a artefactos destinados para el tratamiento de inform ación (com putadores y ordenadores) que ha invadido nuestra sociedad y ha puesto en guardia a los nuevos humanistas. Sin embargo, ello no tiene nada que ver con el

de p or sí en la realidad y que

pueden ser descubiertos en el dinamismo de las realidades humanas y sociales. La

cibernética nos p erm ite estudiar el cam bio en los sistemas ajustándose, entonces, a

estudio de los sistemas autorreguladores que se

dan

la

problem ática más radicalm ente sociológica y humana. Y esto es, en definitiva, de

lo

que trata Cibernética de lo Humano: de la comprensión de la dinámica y de la

acción humana (tanto a nivel singular como de sistemas socioculturales), a través

de la teoría y m etodología que m ejor ha sido capaz de explicar los fenóm enos diná­

esta sea la gran aportación del Dr. Sanvisens:

construir un enfoque cibernético tal, capaz de encajar perfectam ente en la fenom e­

nología humana, hasta tal punto que la explícita en toda su complejidad, incluyendo

el sentido activo y operativo que lo hum ano posee y que hasta el m om ento siempre

había sido objeto de fraca so p or parte de las posturas tradicionales - e l sustancialis-

m o y el re la tiv is m o - encargadas de abordar tales temáticas. El tercer aspecto que integra la obra de Alejandro Sanvisens es el educativo.

N uestro autor tom a la educación com o campo de aplicación de sus dos aportaciones

ya mencionadas: la teorización sistemática-cibernética y el humanismo. Dejando

aparte m otivos vocacionales y profesionales es perfectam ente inteligible la elección

de la educación com o campo propicio para la aplicación de sus planteamientos; la

educación puede ofrecer la consideración sistemática evidenciando al mismo tiem­ p o un dinam ism o constante. En efecto, el ámbito educativo viene siempre definido

p o r una relación no sólo estructural (educador-educando), sino también funcional

y proyectiva (el perfeccionam iento), con lo que evidencia claram ente la necesi-

m icos y relacionantes. Posiblem ente

Presentación

17

. dad cibernètica en los enfoques sistémicos aplicados al estudio de macrosistem as humanos. Estudiar la educación bajo el enfoque sistém ico-cibernético supone descubrir en ella: prim ero, una serie de fenóm enos com unicativo-inform ativos (la educación com o sistema de com unicación); segundo, el trasvase de inform ación del exterior al interior del sistema y viceversa ¡la educación com o sistema abierto>; y, p o r últim o, la inform ación utilizada para el propio control y ajuste (la educación com o sistema cibernètico). Los tres puntos citados son en definitiva la definición relacional, estructural y funcional que Sanvisens realiza de la realidad. El prim ero de ellos no ofrece duda alguna, pues todo aspecto educativo se fundam enta en el intercam bio de in form a ­ ción bien sea a nivel de elementos (educador-educando), o de complejos sistém icos (sociedad-educación); el proceso educativo es de p or si un proceso relacional- com unicativo sustentador de intercam bio inform ativo de tipo cultural, doctrinal,

segundo pu nto abierto p orqu e

al ser sistema de com unicación de inform ación requiere y necesita de nuevos apor­ tes para así enfrentarse al peligro entròpico. P or otra parte, es obvio que la educa­ ción intercam bia inform ación con el m edio que le rodea (sistema cultural, social, ideológico, etc.), lo cual, p or otra parte, se demuestra cotidianamente en la realidad (relación escuela-padres de fam ilia, autoridades académicas, partido en el poder, etc.). Por último, y refiriéndose ya al tercer aspecto, debemos afirm ar que el sistem a

ideológico, norm ativo, axiológico o puram ente form a l (lenguajes). El tam poco m erece m ayor atención: el sistema educativo es un sistema

educativo utiliza

nam iento de acuerdo con los objetivos que

sistema con capacidad de autocontrolarse, y p o r tanto, con posibilidad de ser estu­ diado cibernéticam ente.

la inform ación que recibe del exterior para regularizar su fu n c io ­

se le proponen, siendo, en definitiva, un

Ello ha dado pie a nuestro autor para desarrollar un aspecto muy interesante de

la teorización cibernètica; m e refiero a la optim ización com o característica típica de

todo sistema de autogestión del

control; optim ización

que se evidencia com o adap­

tación

a una realidad (se logra a través del feed-back^, adaptación a una fin a lid a d (a

través

del feed-before u

optim ización proyectiva) y adaptación al medio (u

optim iza­

ción regulativa a través de mecanismos homeostáticos). Estos tres tipos de optim iza ­

esto se adecúa siempre al logro de un p ro p ó ­

ción

se dan siempre en el proceso, pues

sito o finalidad. Toda educación supone lograr en el educando unos valores que lo aproxim en al m odelo d eform a ción humana patrocinado p o r la corriente educa iivo- axiológica que se propugna, siendo exactam ente esta característica de la educación

definidor de lo p e rfe c tiv o - lo que

posibilita que todo el proceso educativo se adecúe —se o p tim ice - al logro de sus propias metas a través de la adaptación, proyección o regulación. E llo supone dar una explicación cibernética de la teoría de los valores en la educación (¡un ejem plo más de explicación cibernètica de los fenóm enos humanos superiores!), o sea, con ­

ceb ir el proceso educativo de acuerdo con un patrón de acción, o si se quiere, fo r m u ­ lando una teoría de los patrones contrastados. P or patrón entendem os los limites inferiores y superiores entre los cuales se co n ­

sidera adecuado el funcionam iento de un sistema. Con ello la bilita encontrar lím ites que si son superados hace que entren

elementos de control del sistema para que lo ajuste de nuevo dentro de los lím ites

definidos p or

una aplicación de la teoría de los patrones a la dinámica educativa supone contras­

- e l logro

perfectivo de acuerdo con un m odelo

teoría del patrón p osi­ en fu ncion a m iento los

el patrón. La educación

se procesa también de form a idèntica, pues

tar

siempre el fu nciona m iento del sistema

con et logro que se pretende para el p ro ­

p io

sistema. En definitiva, estudiar la educación supone aplicar los esquemas de la teoría

2

18

Cibernètica de lo humano

sistém ico-cibernética del Dr. Sanvisens, pues la educación, entendida bajo su feno

m enología relacional, y p or lo tanto, estructura-funcional, supone concebirla como ■ proceso y com o acción encaminada al logro de sus objetivos, ya que la edi catión- siem pre se da en referencia a unas metas o finalidades perfectivas que se pretende­ rá alcanzar conjugando para ello sus posibilidades optimizantes: adaptativa (feed­

back, o m ecanism os de autocontrol), proyectiva (feed-before,

trol proy ectivo) o regulativa (homeostasis, etc.), y a través de procesos informativos

(enseñar,

m etodológica) y decodificadores (aprendizaje o integración de una concepción p ro­

pia de la realidad y del mundo). Con estos elementos puede conseguirse un hombre, en el caso personal de la educación, o un sistema educativo, en el caso complejo y

global del funcion a m iento de la ción (optim ización adaptativa),

o mecanismos de con­

didáctica-

educar),

codificadores

(aprender

a

enseñar,

problem ática

educación, con capacidad de adaptarse a una situa­ de superar esta situación en función de una meta o

de

sus propios objetivos (optim ización proyectiva), y conviviendo al mismo tiempo

en

un m edio sociocultural dado (optim ización regulativa). Ahora bien, com o el lector

habrá com probado, nuestras afirm aciones suponen una definición o explicación de la educación entendida com o el logro de un hom bre consciente de su situación per­ sonal (adaptación), de sus valores (proyección) y de sus funciones y/o obligaciones y derechos sociales (regulación). La cibernètica entonces, es capaz de explica lo hum ano, e incluso las acciones más radicalm ente humanas, ya que los tres tipos de acciones optim izadoras que venim os citando se corresponden con el logro al que aspira toda acción educativa, o sea, la consecución del perfeccionam iento del hom ­ bre (yo personal), del perfeccionam iento del yo espiritual y del perfeccionam iento

del ser convivencial (yo social).

La cibernètica no repugna, pues, a la concepción y al entendim iento de la educa­

desarrollan bajo un paradigma

ción desde posturas plenam ente humanistas que se

axiológico en su intento de conseguir una ética del obrar (acción) y del pensar (m e­ ta); del ser (estructura) y del deber (función), com o fundam ento para m ejorar y per­

fe c cio n a r (optim ización) a ¡a persona y a la sociedad. P o r otra parte, debemos clarificar que este enfoque sistém ico-cibem ético de la

educación supera a los estudios considerados humanistas —generalm ente enfoques ontológicos y metafísicas de la educación-, puesto que no logran desentrañar toda su fenom enología al adecuarse aprioristicam ente al sustancialismo (la « educación com o hecho») sin decim os nada del proceso interactuante que supone la acción edu­ cativa, y aun toda la educación, ya que jamás se puede entender la educación como

un hecho sin que se

P o r otra parte, y sí a nivel teórico pudiera hablarse de la educación com o hecho en

tanto que un estadio determinado del educar, este estadio sería, en todo caso, una estructura con una fu nción proyectiva, o sea, con una tendencia a seguir siendo y a continuar haciéndose, puesto que la denom inación « educación com o hecho », si bien

puede ser « aparente », es irreal, dado que los límites perfectivos jam ás pueden ser definidos en el hom bre. En cambio, a través de la cibernètica puede aglutinarse todo

el fenóm eno educativo sin renunciar por ello a un discurso humanista y trascen­

dente en el que se integran los conceptos de perfección humana o de perfectivi- dad espiritual. Una vez más vemos que el enfoque sistém ico-cibem ético rom pe los dogmatis­ mos sustancialistas y relativistas logrando una nueva perspectiva de la realidad

basada en la concepción sistèmica -estructural, relacional y fu n c io n a l- del univer­

tenga en cuenta que el «hecho» es fru to de un hacer previo.

so. Para

porcion a la posibilidad de estudiar la realidad en sí (visión sistèmica) y la realidad en su constante realización (visión cibernètica), y todo ello, sin oponerse a ninguna

nuestro autor es un

posición hum anista, ya que el enfoque sistém ico-cibem ético de

Sanvisens, la .acción entendida com o

interdependencia relacional le pro­

Presentación

19

instrumento para definir lo real (sea humana o no dicha realidad) profundizando en

el conocim iento del hecho en sí y en su actividad fenom énica. Por lo que respecta a la educación, hemos visto que el planteam iento es idéntico; el ejercicio cibernético realizado sobre ella no es tal pu esjm todo caso hemos descubierto lo cibernético en la educación. Es ella, la educación, la que esta conformada p or inform ación, p or interacciones y la que posee capacidad optimizante, y no nosotros los que hemos

visto la educación «c o m o si» tuviera inform ación, interacción,

etc. Lo cibernético en

educación no supone, pues, en el pensamiento de Sanvisens la creación de un nuevo «is m o » pedagógico. Lo cibernético es simplemente la denominación de los fe n ó m e ­ nos articulantes de la acción y de la realidad educativa, y por lo tanto, su fu nción es

m etodológico propiciador del estudio del dinam ism o

la de servir de m a rco teórico y

de la realidad. P or otra parte. quiero señalar que esta posición no va en contra de las denominadas ciencias de la educación; en efecto, servirse de la cibernética para

clarificar en profundidad

diada y definida, no pueda ser entendida com o fenóm eno psicológico, histórico, sociológico, filosófico, etc., pues todas estas connotaciones multidisciplinarias que

convergen en la educación no niegan en absoluto su propia esencia relacional y

estructuro-funcional, sino que, en todo caso, estudian sus manifestaciones en las

áreas en donde se da el fenóm eno educativo, o com o diría K. Boulding, en los sos niveles de la realidad.

la

realidad educativa no im plica que esta, una vez estu­

d iver­

No he pretendido realizar una hermenéutica de los textos que seguirán a co n ti­

nuación; esto

es en definitiva

el objetivo que debe conseguir todo buen lector. S im ­

plemente, he

intentado enm arcar el pensamiento del autor dentro del contexto

hum anístico desde el cual ha realizado su obra y resaltar los puntos más significati­ vos de su teorización. En definitiva, he tratado de demostrar que es posible una

cibernética de se evidencia a

da p o r las categorías cibernéticas. Los trabajos que se recogen en el presente volum en responden fund am ental­

m ente a esta idea, y basándose en ella cumplim entan, creo que de fo rm a representa­

tiva, el pensamiento de su autor. N o diré, en cambio, que completen o cum plim enten

del Dr. Sanvisens, pues su labor constante

no nos da pie para una afirm ación

categórica en este sentido. De todas form as, los materiales presentados inciden sobre los tres grandes temas tratados por nuestro autor: el desarrollo de las bases conceptuales del enfoque sistém ico-cibernético. el estudio desde este enfoque de la problem ática hum anosocial y la aplicación sistém ico-cibem ética al área

pedagógico-educativa. He seleccionado para cada uno de estos tres grandes aparta­ dos tres trabajos, excepto para el últim o de ellos - e l educativo-, que p or considerar­ lo fundam ental en la trayectoria del autor le dedicamos m ayor amplitud, para así mantener el equilibrio y la objetividad tem ática. Sin embargo, quiero, antes de reseñar los once artículos que componen el presente volumen, agradecer al Dr. D. M iguel M artínez, profesor del Departam ento de Pedagogía Sistem ática de

la Universidad de Barcelona, los desvelos y trabajos realizados para dar con alguno

de los textos que ahora presentamos cuya localización ha sido en extrem o d ificu lto­

sa. Sin su colaboración, que ha paliado el handicap de la insularidad, este lib ro hubiese tardado quién sabe cuánto tiempo más en publicarse. En definitiva, y com o representativo de los aspectos genéricos de la teorización

y utilización epistem ológica de la cibernética, he

y la cantidad ingente de obra inédita que posee,

toda

lo hum ano porque lo humano -b iológico , psicológico o so cio cu ltu ra l- través de unos fenóm enos cuya explicación y comprensión es aborda­

la perspectiva sistém ico-cibem ética

seleccionado esos trabajos:

- « Estructura de lo real. Teoría de la fu n ción y

del grupo», publicado en Tesis,

Revista Española de Cultura, núm. 6, págs. 13-25, 1956.

20

Cibernética de lo humano

- aLos problem as de la cibernètica», incluido en el libro de Guilbaud, G. T„ La

Vergara, Barcelona,

- « La trascendencia del automatismo», conferencia pronunciada en el Instituto

cibernética, págs. Ifjfj

225 ,

1956.

Filosófico Balm esiano y publicada en núm. 8, págs. 153-64. 1959.

la revista de dicha institución, Espíritu,

la componen otros tres trabajos y está dedicada, tal como

antes m encioné, a la cibernética de las situaciones humanorrelacionales y, por extensión, al enfoque cibernético de los fenóm enos sociales. Son los siguientes:

- « El problem a de la coordinación social» publicado en la Revista del Instituto de Ciencias Sociales, de la Diputación Provincial de Barcelona, núm, 6, págs. 47-86,

La segunda pa rte

1965.

- «C ibernètica y com unicación», integrado en la obra conjunta Sociología de las

relaciones públicas, editada p or el Instituto de Ciencias Sociales de la Diputación de Barcelona, págs. 47-104, Barcelona, 1968.

la sociologia lingüisticas», ponencia pre­

- «A lgunos aspectos de la cibernètica y de

sentada en la Convención de Lingüistica celebrada en la Asociación Nacional de

Ingenieros Industriales (A N II) en Barcelona del 19 al 23 de octubre de 1970 Ido­ cum ento policopiado para uso restringido). P or últim o, se incluyen otros cuatro artículos que inciden en la problemática

pedagógica tanto en

su

perspectiva form ativo-educativa

com o

en

su vertiente

didáctico-instructiva.

M e refiero a:

 

- « M étodos educativos», publicado en la Revista Española de Pedagogía, núm. 118, págs. 137-68, abril-junio de 1972.

- «E l enfoque sistèm ico en la metodología educativa. La educación com o sistema»,

integrado en la obra conjunta Reform a cualitativa de la educación, que recoge las ponencias y discursos del V Congreso Nacional de Pedagogía. Editada por la Sociedad Española de Pedagogía y p o r el Instituto de Pedagogía San José de Cala- sanz del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, págs. 245-75, Madrid,

1973.

- « Cibernètica del aprendizaje», integrado en la obra conjunta Crítica y porvenir de la educación que contiene los discursos, conferencias y conclusiones del V I Con­

Edita también la Sociedad Española de Pedagogía

greso N acional de Pedagogía.

con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, págs. 65-88, Madrid,

1976.

- « Prospectiva de la televisión educativa », ponencia presentada en la I Convención

Internacional de TV y Educación, celebrada en Barcelona, 11 de octubre de 1978. La ordenación que de estos materiales he realizado se ha reducido a su presen­

tación cronológica p o r adecuarse perfectam ente al desarrollo sistemàtico de la teo­

ría del

obstante, señalar respecto una advertencia; me

D r. Sanvisens. Quisiera, no

refiero al hecho de que los trabajos incluidos en quinto y sexto lugar, «Cibernética y com unica ción» y «A lgunos aspectos de la cibernética y de la sociología lingüísticas» participan, además de su caracterización específica com o artículos cibernético-

relacionales y cibernético-sociológicos, de las cualidades genéricas de los tres pri­ meros, o sea que en parte pueden considerarse com o artículos integrantes del p rim er grupo, referidos, tal com o queda dicho, a los aspectos epistemológicos y conceptuales del enfoque sistém ico-cibernético. De todas form as creo que las re­ ferencias que en estos trabajos se dan y se realizan sobre elfenóm eno humanosocial son de suma im portancia, capitalizando p or lo demás las conceptualizaciones ge­ nerales que sobre cibernètica desarrollan.

indicar el hecho de que el trabajo titulado «Algunos aspectos de

la cibernética y de la sociología lingüísticas», perm anecía inédito, pues, tal como hemos afirm ado, su difusión realizada a través de multicopias le privó de una

Tam bién quiero

Presentación

21

amplia difusión y publicidad. Debo advertir además, o m ejor dicho, reiterar de nue­

Dr. Sanvisens, profesor u n iversita ­

rio. y además profesor de Pedagogía, con lo que su función intelectual se ve al m is­ mo tiempo reforzada y ampliada p or su gestión com o educador y fn rm ador N npue- do pues dejar de m encionar la labor que, en este sentido, y dentro del cam po

sistém ico-cibernético, viene realizando

va, que estamos ante una

parcela de la obra del

desde su cátedra de la Universidad de B ar­

celona y a través de sus cursos de Pedagogía Cibernética y Teoría General de Siste­

mas. Al m ism o tiempo, debe destacarse el hecho de que, desde 1977, Sanvisens v ie ­

ne organizando com o una actividad más de su departamento

gogía Cibernética que, tras cinco años de continuidad, se nos evidencia com o una de sus más im portantes aportaciones; reconocido y auspiciado por la international

agrupa un equipo interdisciplinar

que se va form ando y preparando para desarrollar y difundir las opciones

sistém ico-cibernéticas sobre la realidad. Esta es posiblemente su gran obra, la labor

del pedagogo, d elform ador, quien semanas de cada curso académico

intento actualizador

rigurosa y continuamente a lo largo de todas las

Association fo r Cybernetics de Nam ur, Bélgica,

un Sem inario de Peda­

im parte su magisterio en un

y renovador de las diversas materias y campos de estudio; matem áticos, ingenieros,

físicos, quím icos, biólogos, antropólogos, filósofos, sociólogos, tendemos, a través del magisterio directo de Sanvisens, lo que

gio, el Dr. H elm er Franck, de la Universidad de Munich, afirm aba de la cibernética:

un puente entre las ciencias, o sea, una visión conjunta, global de la realidad. Y San­

m ism o tiem po utiliza

para conseguir el puente hum ano y humanizador de la com u n ica ­

pedagogos, etc., p r e ­ otro colega de p re s ti­

visens, con su Seminario, no

estas reuniones

sólo lo está logrando, sino que al

ción, el diálogo y la comprensión. Creo, después de todo lo dicho, que el presente volum en está plenam ente ju s tifi­

cado y que al m ism o tiem po es justificado el homenaje que con él quieren rend irle sus discípulos. Opinamos que la publicación de sus trabajos más significativos, de

corte sistém ico-cibernético, podría considerarse com o un continuado acto

de agra ­

decim iento p o r su magisterio. Pensamos que la m ejor form a de recon ocer al m aes­

tro era dándolo a conocer y declarando públicam ente los valores de su obra y de su persona. Y ello a pesar de que con nuestra actitud rompíamos su postura, totalm en ­ te ajena a la publicidad, tan grata, sin embargo, a ciertos intelectuales del país. N o obstante, pensamos que esta pequeña traición a su talante está total y plenam ente justificada; la calidad de las páginas que seguirán a continuación, la originalidad de su pensamiento y la vanguardia que ha supuesto dentro del anquilosado cam po del pensamiento español, hacía necesaria, y con razón, la difusión de su obra.

Estamos seguros, por otra parte, de no haber cumplim entado

nada extra ord in a ­

rio con la publicación de este libro. La

satisfacen en esta acción editorial. Los

gogía Sistem ática de la Universidad de Barcelona y de la Universidad de Palm a de M allorca, tenemos plena conciencia de ello y sabemos, también, que sólo nuestro trabajo y esfuerzo es el m ejor homenaje que le podemos ofrecer. L o sabemos m utu a­ mente y ello nos obvia de raíz cualquier malentendido. De ahí, entonces, la p u b lica ­ ción de este libro; su libro, que ha sido también el nuestro, y que estamos seguros

será también de todos los interesados p o r las cuestiones sistém ico-cibernéticas.

adm iración y el aprecio p o r el m aestro no se componentes de los Departam entos de Ped a ­

A N T O N IO

J.

C O L O M

C A Ñ E L L A S

Universidad de P a lm a de M a llo rc a

1. Estructura de lo real

Teoría de la función y del grupo

I. Entendemos la función en dos sentidos: a) en el de «dependencia»: esto es o se

hace «en función» de aquello, o sea de tal otra cosa; b) en el de «operación», m ovi­ miento, acción, actividad, acto,

II. En el segundo sentido1, diremos que la función —o sea la funcionalidad u

operación— se da en función (como «en virtud

se da en función de tal «función» o actividad que realiza. Así, la «función» —que

hemos distinguido de la expresión «en función», como se hace corrientem ente— es dependiente de la «estructura», y viceversa. Por lo tanto, ambas, función y estructu­ ra, son «relativas», o, mejor aún, «correlativas». No se da la una sin la otra2. III. La relación estructural y funcional establece dos campos de orden específi­ co —que son los dos términos de la relación—, pero los campos, el de la estructura y el funcional, como queda establecido3, son de tal manera dependientes que su reali­ dad pierde todo su sentido si se consideran como siendo aisladamente, en virtud de la relación biunívoca que se da entre ellos.

IV. Existencia y ser son tanto estructura como función. Acto de existir o acto de

Lo cual no

ser es realizarse, constituirse, devenir, ocurrir, suceder, acontecer

quiere decir que ser y existir tengan sólo un sentido dinámico, sino que no lo tienen exclusivamente estático. Ser, pues, no es ser sustancia, en el sentido clásico. Existir no es meramente tener realidad fuera, según su significación etimológica. Indican posibilidad y realización.

V. La doctrina aristotélica del acto y la potencia ofrece en muchos aspectos una

base filosoficom etafísica a esta teoría de la función que ahora indicamos. Única­

mente no prejuzgamos que

poco podemos afirm ar que haya potencia sin actualizarse en un sentido inicial,

puesto que, para nosotros, toda potencia exigiría su acto. Ambos elementos se im pli­ can en la dinamicidad del ser, como factores explicativos de estructura y función.

VI. Pero la estructura no es m era potencia. Más que a facultad, capacidad o

posibilidad se alude en la estructura a «disposición» o «disponibilidad», es decir, ade­ cuación a conjugación. En cierta forma, pues, estructura es constitución-

de») la estructura y que esta, a su vez,

el acto sea anterior a la potencia; implícitamente, tam ­

1 Adviértase que, hasta el apartado XXVII, seguimos usando preferentemente este sentido.

2 El presente escrito, más que un intento de interpretación relativista, pretende serlo de explicación

cibernética del dinamismo real.

3 Veremos ahora que no son, en rigor, dos cam pos, en el sentido propio que dam os a esta expresión

(cfr. esp. el núm. XI).

24

Cibernética de lo humano

ordenación, disposición-organización, forma y realización4. La función es acto en tanto que realiza, no en tanto que está ya realizado, aunque aquí la diferenciación es más difícil y, en caso de darse realmente, ¡nás sutil. Algo opera o funciona como es no quiere decir que permanece tal como es, sino que actúa en un determinado sentido, realiza una función, no estrictamente la de ser lo que es sino la de operar según le corresponde. Si no, ya no sería. Se da pues, a todo lo que es un sentido acti­ vo, pero en función o dependencia con una estructura que determina la función o actividad y que es determinada a su vez por ella. VII. Por lo tanto, si son reales o se admiten como reales la estructura y la fun­ ción, habrá de admitirse como igualmente real la relación o correlación que hay entre ellas. Mas la relación —en su sentido ideal— no es más determinativa que los términos de la misma. Por otra parte, en su sentido real -d e darse, no sólo de pen­ sarse—, la relación puede considerarse activa, como la estructura (que es idealmen­ te pasiva, como en cierta form a lo es y está determinada a no serlo la relación; sólo la función es idealmente —porque no puede concebirse de otro modo— activa, operante). V III. Finalmente, se admite por «grupo» el conjunto o síntesis de la estructura, la función y la relación entre ambas. El grupo sería el constitutivo básico y en gran modo indisoluble de la realidad. De toda la realidad y de toda realidad. «Realidad» indicaría, ya, grupo, o sea estructura, relación y función. Dicho grupo o integrante real podría traducirse, en cierta manera, como «existente» —«lo que es»— cuantitati­ vo o cualitativo, atendiendo al aspecto de estructura, a la dimensión estructural, o sea a disposición, disponibilidad o adecuación; como «agente» —el que efectúa en tanto que efectúa— o factor energético, del que penden estructura y función, si se atiende a la relación, al aspecto correlativo; y como «acción», es decir operación, movimiento, cambio, devenir, acontecer, suceder, actuar, etc., en cuanto considerá­ semos la dimensión, no ya meramente relacionante o energética, sino propia de la acción misma. En términos clásicos diríamos que hay siempre «potencia pasiva», «potencia activa» y «acto». En otra forma diríamos que hay realidad, energía y ope­ ración. Pero estos términos podrían confundirnos fácilmente. Principalmente por­ que hemos traducido el grupo por realidad o constituyente real5. Adviértase ahora, además, que realidad y constituyente real son lo mismo, no en el sentido de que la parte es igual al todo, sino en el de que no hay desigualdad constitutiva, tanto cuan­ titativa como cualitativamente.

IX. Los términos cuantitativo y cualitativo se reducen en el grupo. Así también

los de masa y energía, espacio y tiempo, sustancia y accidente y bastantes más. Qui­ zá puede decirse que la reducción abarca todos aquellos términos en los que se pre­ senta oposición fundamental, pero que en la posible realidad a la que aluden se esta-

4 El término e s tru ctu ra indica disposición ordenada y conveniente de alguna cosa; combinación y

ordenación de las partes de un todo. Puede hablarse de estructura física , en cuanto a la constitución de la

m ateria y a la disposición natural de los cuerpos, quím ica, en cuanto a la ordenación de los átomos en las moléculas y de los elementos constituyentes en los átomos, psíquica, en lo que se refiere a la organización de la vida an ím ica ind ividual, social, por lo que respecta a la constitución y jerarquización de los m iem ­ bros de la sociedad en orden a un Fin. Pero puede adoptarse genéricamente el término como significativo de constitución esencia], form al (en el sentido de virtual y determ inativa y, aun, también, determ inada!. Tendrá entonces un sentido mixto de disposición y consistencia, de ordenación y formalización (determ i­ nación), que nos parece particularm ente interesante y, lo que es más, apropiado en nuestro caso.

5 Ver, del autor de este trabajo, los artículos Real, Realidad, Fotencia, Tiempo, Movimiento, N atu ia l,

publicados en la E ncicloped ia de la R eligión Católica (Barcelona,

Ed. Dalm au -Jover, S. A., 7 vols., 1949-55). Desarróllanse allí los aspectos significativos de los términos citados, de acuerdo básicam ente con el pensamiento tradicional; su consulta puede ser útil para apre ­ c iar el fundam ento de la significación específica o particular que damos aquí.

Naturaleza, M ón ada , Principio

Estructura de lo real

25

hlece una correlación igualmente fundamental y constante. Es decir, no se da el uno sin el otro. La relación padre-hijo no seria radieal on este sentido, porque aunque inic.ialmente ha de darse la dependencia real, no es necesario que se dé de un modo

constante, esto es, puede darse el padre sin el hijo y viceversa. Ello no puede afir marse del espacio y del tiempo, en la concepción tradicional, que se exigen ya por el lado del ocurrir de las cosas espaciales ya por el lado del darse espacialmente las cosas temporales; aun las psíquicas, de las cuales se dice que ocupan tiempo, pero no espacio, es decir, son intensivas y no extensivas, requieren como mínimo de su sustentación material y espacial. La sustancia tampoco puede pensarse sin determ i­ nación o determinaciones accidentales; estas, a su vez, han de darse en un sujeto de inherencia. En cuanto a los conceptos de masa y energía, se requieren en un sentido corpóreo, según el pensamiento clásico, puesto que una masa puramente estática o desprovista de energía es físicamente imposible, al igual que la energía postula el sujeto corpuscular en quien se dé o de la cual parta. Acto y potencia, en la form a en que se explican muchas veces muy determinadamente, ofrecerían una oposición relativa del tipo reductivo indicado.

X. No es posible reducir la «estructura» a nada estático, o sustantivo o, sim ple­

mente, basal (como básico o sustentante, sustante). Tampoco es posible reducir la

«función» o algo meramente dinámico, a acción pura (por ventura como simple ente- lequia). Idealmente puede a veces interesar la consideración estricta de tal o cual dimensión, pero realmente no cabe pensar los términos desligados. Conviene repe­ tir, además, que la realidad de la «relación» no indica determinación esencial, m oti­ vación básica, sino «orden de a de» estrictamente necesario. Tal relación será ener­ gía en el sentido en que puede distinguirse esta de la acción energética, que no es por ello en ningún sentido posterior a la energía misma. No hay en el «grupo» sen­ tido de anterioridad o posterioridad, ni colocación primera o previa y segunda o posterior. O sea, ni espacialmente ni temporalmente se determina el grupo o sus elementos; en cambio, sí puede decirse que la colocación, encasillado, extensión, contenido, totalización y espacialidad en general, así como intensión, duración,

variabilidad, currencia, secuencia y temporalidad dos por el grupo.

en general quedan determ ina­

XI. Tal grupo puede denominarse asimismo «campo», atendiendo a la acepción

conjuntiva del mismo, no a la acepción extensiva o hasta intensiva. Un campo m era­ mente energético o meramente local no se aviene a la denominación campo como grupo. Quizá sí campo funcional como grupo funcional indique algo más el sentido, aunque también puede significar campo estructural como grupo estructural, en el

sentido de constituyente y dinámico; más aún sería «campo relacionante» como

«grupo relacionante», atendiendo particularmente el engarce real de los com ponen­ tes estructural y funcional.

XII. Los componentes o constituyentes serían también «integrantes» o «integra­

les» y el grupo o campo «integración». La unidad o síntesis que en esta se da no es una suma de factores, sino un todo dependiente, relativo6.

Así y todo, no concedemos que pueda llamarse «relativista» o «relacionis-

ta» —en su significación determinada, estereotipada— a la teoría del grupo, tal como la entendemos, porque los extremos no se hacen depender de la relación ni esta de aquellos (en el sentido de conceder la primacía determinante a la relación). Del m is­ mo modo no es una teoría meramente «dinamista» o «energetista», porque no se da

prim acía al

X III.

factor dinámico, en su sentido estricto, o a la energía como factor ener­

6 Cfr., también del autor, los artículos Integral, Integrante, Integración, Síntesis, Un idad , Todo,

Totalidad, Relación, en la E nciclopedia antes citada.

26

Cibernética de lo humano

gético. Tam poco es un «activism o» o «actuacionism o»—términos mayormente psico­ lógicos7— en su acepción extensiva y. metafísica, por la misma razón anterior. Lla­ marla «funcionalista» es bastante impropio, si se atiende a que hemos denominado «función» sólo a uno de los elementos. «Estructuralista» es poco en el mismo sentido. En todo caso, el carácter relacionante, coordinador, conjuntivo, integrador en suma hace pensar -s i se quieren nombres propios, que resultan bastante inútiles— en un «integralismo», com o forma (por modo) determinativa y determinada, reductiva y activa, formal y real.

XIV. M atem ática y logísticamente la llamaríamos una doctrina de «variables

dependientes», por las relaciones biunívocas que se establecen en el campo. Metafi- sicamente sería una doctrina «monista» y «dualista» a un tiempo; lo primero, por la indisolubilidad del grupo o campo y su ser fundamentalmente real; lo segundo por la importancia igualmente concedida a lo estructural y a lo funcional. Pero, en el fondo, no se trataría de un monismo exclusivo, porque el grupo viene determinado por sus elementos o constituyentes («integrante»), ni de un dualismo exclusivo, pues­ to que los dos elementos estructural y funcional se han dicho necesariamente dependientes y se ha hecho real la relación entre ellos.

XV. «Existente», «agente» y «acto», que traducen en algún modo «estructura», «relación», «función», no deben traducirse en todo caso aquí por ser o entidad, natu­ raleza o causa (m ejor, como en la form a clásica, «principio de operación») y acción resultante o derivada; puesto que en la estructura no se da entidad constituida (esencia, especie), ni la relación —aun considerada como agente o energía— es prin­ cipio de operación en sí misma (causa agente), ni la función es acción motivada por la estructura entitativa o por la causa natural agente (actualización). La función es acto o acción en cuanto dependiente de una estructura, que es, por esto, funcional y que no se admite por sí misma sin la función. La relación, como queda entendido, es agente como expresión real de dependencia activa y estructural, pero no como determinativo, causador o motivador de la actividad energética ni de la disposición o disponibilidad estructural8.

XVI. Integrados realmente, estructura, relación y función pueden constituir

como grupo o cam po

una explicación de la realidad natural o un presupuesto del

pensar de lo real9. En este caso, el grupo sería la «categoría fundamental de la reali­

dad»; el modo forzoso de acercarnos a ella. O sea, el sistema funcional sería el determ inativo del pensar de lo real. Nada podría pensarse sin estructura, función y

7 Ver significación expuesta por el autor en los artículos correspondientes de la obra cit. (vol. V II, B.,

1955,

A péndice).

 

8

Cfr., sobre los vario s aspectos, diferentes

puntos de vista en Ruyer, R., Esquisse d 'u n e p h ilosophie

de

la

structure,

1930; Gottschalk, D. W., S tru ctu re and R eality,

1937; Reichenbach, H., P h ilosophie

Foundations o f Q uantum M echanics, 1944; Lupasco, S., Le dualism e antagoniste et les exigences h istori­ ques de l ’esprit, 1935; Lupasco, S., L ogiqu e et con tra d iction , 1947; Bradley, F- H., .Esstfyson Tru th and

R eality, 1914; Brunschvicg,

Category o f R elation,

sophica Fennica»), 1941; Wein, H., Das P ro b le m des Relativism us,

9 Inter, ind., en otro sentido, en Whitehead, A. N., P rocess and Reality, an Essay in Cosm ology, 1929;

Whitehead, A. tellana M od os

so, págs. 103 sigs., sing. 3, págs. 105-108); Rusell, B., The Analysis o f M ind, 1921. [Trad , castellana A n á ­ lisis de la m ateria, M ad rid , Rev. de Occidente, 1935); Rusell, B., H um an Know ledge. Its Scope and Lim its, G. Allen, Londres, 1948. [Trad, castellana E l con ocim ien to hum ano. Su a lcance y su$ lim ita cio ­

nes, Revista de Occidente, M adrid , 1950; cfr. espec. P. 4 .“, III, La estructura, págs. 302 y sigs. y P. 6 .“,

L., L 'E xp érien ce hu m a in e et la causalité physique, 1922; Salom aa, J. E., The

1929; Kaiia, E., U eber den Physikalischen R ea lita tsb egriff [f asc. IV de «Acta Philo-

1950.

N

A d ven tu res o f Ideas,

1933;

Whitehead, A. N., The modes o f thought, 1938. (Trad, cas­ Losada, 1944; ver especialmente lee. V, Form as de p ro ce ­

de pensam iento, Buenos Aires,

Postulados de la in feren cia científica, págs. 503 connaissance, Vrin, Paris , 1935; Wentscher, E.,

in trod u ction

to p h ilosop h ica l analysis, Londres,

y sigs.); Lupasco, S., Essai d 'u n e nou velle th éorie de la R e la tive oder absolute W ahrheit, 1941 ; Hospers, J., A n

1956.

Estructura de lo real

27

relación entre ambas. Que.es como decir que nada podría ser pensado sin adscribir­ lo a un campo’ estructural/funcional y, a un tiempo, relacionante. Pensar vendría a ser como adscribir en un campo de estructura y función, íntimamente relacionadas, ordeno:: de reb.c:V- estructural y funcional. Ahora bien, en este sentido y bajo tal aspecto, «pensar» atiende al contenido de lo pensado, a los órdenes de realidad, que pueden referirse, incluso, a lo mental como dato, es decir, en cierto modo, objetiva­ do relativamente.

XVII. Establecer órdenes o «esferas de la realidad» significará establecer órde­

nes o esferas estructurales funcionales y relativas10. Sustancialidad, entidad, exis­ tencia, realidad estricta11, cosidad y objetividad indican o hacen referencia al orden

estructural. Causación, causalidad, determinación, motivación, fuerza, energía,

dependencia, orden estricto12, vaior, facuJtad, razón y cosmos hacen referencia al

orden relacionante, a la dimensión de relación y armonía de lo real. M ovim iento,

operación, acción, acto, actividad, sucesión estricta13, tiempo temporalidad, histo­ ria, cambio, ritmo, m ovilidad14, libertad (como liberación en sí), etc., hacen referen ­

cia al orden funcional. X V III. De este modo, la «indeterminación» se daría en el orden funcional; la «causación» expresaría el orden de relación; y la sustancialidad, cosidad u «objetivi­

y hasta cierto

punto idea, mente, forma

acción y tiempo tendrían carácter de función (en cierta forma, pues, de constitutivo

dad» indicaría orden estructural15. Ser, ente, existente, objeto, cosa

tendrían carácter de estructura; movimiento, ritmo,

10 V er las implicaciones filosóficas de la idea de estructura, la lógica estructural y la estructura de

U rform . E in Beitrag z u r philosophischen S tru k tu rleh re, 1926;

S tru ktu rlogik, 1944; Burkamp, W ., D ie S tru ktu r d er Ganzheiten, 1929; Greiling, K., y

Oppenheim, P., Logica l A nalysis o f *G estalt» as tF u n ctio n a l W hole » len el

la stru ctu re et ses d èm a rch es

I, 1935. Ver, ad em ás ,

Gottschalk, D. W . y Ruyer, R., obras cit., y, en especial, Romero, F., V ieja y nueva concepción de la re a li­ dad, 1932; Rom ero, F., Filosofía contem poránea, 1941 ; García B arcena, R., Estructura de la estructura.

Esquem a p a ra la filo s o fìa de

V Congr. Intern, de Un id ad de

la Ciencia). 1939; Morot-Sir, La pensée négative. R ech erch e logiqu e sur

(K ierkegaard, H eidegger, H usserl, Raym ond /; Bornstein, B., Studia philosophia,

las totalidades en Herrigel, E., U rs to ff und Sulser, J., D ie

la estructura, Buenos Aires («Cursos y Conferencias», núms. 193-94), 1948.

Cfr., en otro orden, sobre los condicionales contrarios a Jos hechos, Lew is, C. I., A n Analysis o f K n o w le d ­

g e and Valuation, 1946 (libro II, cap. viii);

o f Philosophy», págs. 17-22, X LV III. 1, 1951.

en «The Journal

W einberg, R., C ontrary-to-Fact-C onditionals.

11 Es decir, realidad que serefiere a lo fisico y a lo psíquico; en otra forma, que tiene existencia fuera

de la mente que la piensa.

12

O sea, indicando simplemente referencia «de a de».

13

Sucesión en cuanto tal, en cuanto se realiza, no en cuanto realizada o por realizar.

14

La m ovilidad estricta, el movimiento en su mismo darse.

15

Como podrá apreciarse, no se dice aqu í en el sentido de las doctrinas energetistas y funcionalis-

tas de

O stw ald o de M ach ni. por otra parte, en el del estructuralismo de la «psicologia

de la form a», aun ­

que respecto a esta última, se aceptan varios de sus puntos de vista. Cfr. Ostwald, W., G rundriss d e r N a ­

turphilosophie, 1908; O stw ald . W ., M o d e m N aturphilosophie, I, 1914; Much, E., D ie Leitged a n k en m e i­

n er n a tu rw issenschaftlichen Erkenntnislehre und ih re A ufnahm e d urch die Zeitgenossen, 1910 y 1919;

W einberg, C. B., M a c h ’s E m pirio-Pra gm a tism

1937; Wertheimer, M ., U eb er G e s ta ltt­

in Physical Science,

h

eorie, 1925; Köhler, W ., Gestaltpsychology,

1929; Köhler, W ., D ie physische G esta lten -in -R u h e und

stationärem

Zustand,

1920; Koffka, K., P rin cip ies o f Gestalt Psychology, 1935;

Krüger,

F.,

U e b e r

im p s y ­

ch isch e Ganzheit, 1926; Krüger, F

Das P rob lem d e r Ganzheit, 1932; Kruger,F. y

Sander,

F., G estalt und

Sinn; Kottka, K.; Ocden, M . y Rignano, E., La teoría de le estructura, trad. esp., Ed. La Lectura, M ad rid ,

y sigs.l; Weindhandl, F., Die Gestaltanalyse, 1927 ; W e ind -

handl, F., D ie M eth od e der Gestaltanalyse, 1923; Jaensch, E. R

1929; Pucciarelli, E , La p sicologia de la estructura (Public, de la Univer. del Plata, XX, núm . 101. 1936; Noll, B., Das G estaltproblem in d er E rkenntnistheorie, 194C; Guillaume, P., Psicología ds la fo rm a , trad. cast., 1947; para defensa de la escuela reflexológica ver Kostyleff, N ., La R èflexologie et les essais d une

Gestaltpsichclogie und Gestalttheorie,

1928

(ver sobre «co sa » y «sustancia», págs. 78

Psychologie stru ctu ra le,

1947. En el aspecto psicoanalitico la obra m ás reciente que conocemos es la de

Kenneth

M ark Colby, M . D., E nery and S tru ctu re m Psychoanalysis, Nueva

York, 1956. A lgun as con side ­

raciones

generales inter. en Royce, J., The s p irit o f m odern phylosophy,

Nueva York, 1956.

28

Cibernética de lo humano

funcional); posición, situación, dinamismo, facultad y capacidad dirían orden rela­ tivo, tendrían carácter de relación estructural-funcional. Sitio y situación —por •jjom plo— se distinguirían en este aspecto ideal como indicando o haciendo referen­

cia a una dimensión distinta del orden real; en el primer caso a la estructura, en el segundo a la relación. Del mismo modo, como queda entendido, espacio, lugar, con­

significarían o

apuntarían en la m ayoría de sus acepciones a la estructura; y tiempo, sucesión, his­

toria, ritmo, cualidad15, curso o currencia (en su sentido activo) se ad'scribirían generalm ente en la función.

XIX. Pero el «tiem po como medida» es pensado como estructural, a diferencia del «tiempo como intensión» y currencia móvil que se entienden activos o funciona­ les17. Así, el orden de acción es temporal en cuanto curso o proceso en su mismo darse, aunque este curso es en cierto modo espacial y, por tanto, estructural en cuanto está dado, en cuanto ocurrido o capaz de ocurrir10. La medida del tiempo implica una traslación del orden de la acción al orden estructural, si bien se exige una relación que indica alguna forma de correspondencia entre ia función temporal y la medida espacial de la misma, o sea la estructuración correspondiente19.

tenido, continente, dimensión, intensidad, cantidad, extensión

XX.

Cantidad y cuantifícación afectan estrictamente a la estructura. La cuali­

dad, como determ inación, afecta a la relación estructural20. Acto y función precisan de estructurarse, que viene a ser como darles (tomar, apropiarse) un contenido y una disposición para ser cuantificados, pasar a la cuantificaciou, sujetarse a canti­ dad, medida o extensión. Dicha extensión, en este sentido, puede ser ampliación o amplitud, intensidad o hasta velocidad y duración. El orden de la relación puede ser formulado, precisarse de alguna manera en «sím bolo»21. Y las tres dimensiones, ele­

mentos u órdenes implicados en el campo o grupo pueden especificarse para operar

16 Como accidente cam biante, en tanto que v a ria .

Boutroux, E., D e la con tin gen ce des lois de la nature, 1874; M eta p h y sica l Essai, 1893 ; Bergson, H., Essai sur les données

con science, 1889, M a tiè re et M é m o ire , 1896, L ’évolu tion créatrice, 1907, L 'é n e rg ie spi­

ritu elle, 1919, D u rée et sim ultanéité. A proppos de la th éorie d'Einstein, 1922, La pensée et le m ouvant, 1934; Brunschvicg, L., N a tu re et liberté, 1921 ; Whitehead, A. N ., The Concept o f N ature, 1920; Cohen,

inm édiates d e là

Bradley, F. H., A ppea ra n ce and R eality. A

17 Compárese estudios y doctrinas de

H., Logik d e r rein en E rkenntniss,

1902; Poincare, H., D é m iè re s pensées, 1913; Alexander, S

Space,

T

im e and D eity,

1920; Heidegger, M., Sein und Z eit, I, 1927; Reichenbach, H., D ie Philosoph ie d er

R

a u m -Z e it'L e h re , 1928;

Sivadjian,

J., Le Temps, 6 vo ls., 1938; Mazzantini, C

Il tem po, studio filo s o fico ,

L ’existence tem porelle, 1949; Wolf, E.,

Das p rob lem

la inmovilidad. Ver Brunschvicg, L., Le progrès de la

conscience dans la ph ilosop h ie occidentale, I,

D u rée et sim u lta n éité , à prop os de la th éorie

acerca de

noción de tiempo». Philosoph ie, Mendoza (Argentina ), IV , 8, págs. 104-19, 1947 (sobre el punto indic. en

1927. Sobre este punto ver Bergson, H.,

éd., Paris, 1931 ; p a ra su tesis

le tem ps q u i d u re n ’est pas m ensurable, v e rp á g . 62 esp.); inter. temática en Piccione, C. C., «La

1942; Lavelle, L., D u Tem ps et de iE te rn ite ,

d e r N a tu rrech leh re,

1955.

d

1945; Guitton, J

18 P ara el tem a del movim iento como anterior a

págs. 687 y sigs

’E instein,

1922 (cons. 6.*

el

texto, espe. pág. 116) y, también, en Paniker, R., «E l átomo de tiempo». A rbor, XV, 49, págs. 1-32,

M

adrid , enero

de 1950; Selvaggi, F.,

«Assoluto e relativo sul Tempo». G regoriannum , I, X X V III, 3, págs.

337-56, Roma, 1947; de la Fuente,

der y M adrid,

19 M ayerson h ab ía dicho que existe «una ana log ía entre los procedimientos del matemático y los del

físico, en el sentido de que uno y otro conducen el movim iento a la inmovilidad» IM ayerson, E., Identidad

y R ealidad, (trad . castellana J. Xirau, pág.

pág. 43, París,

253, M adrid , Reus. 1929). Ver Langevin. P., S cien ce et Loi,

D., A b solu to-rela tivism o

Espacio, Tiem po, M ovim ien to

,

Santan­

1948. Prescindimos de la extensa bibliografía acerca del «continuo».

1933.

20 Recuérdese la observación hecha en

la nota 16; aqu í determ inación no tiene sentido particu lar­

mente activo, sino atributivo y relativo.

21 Ver nuestros artículos Símbolo, Simbolismo, Objeto, Objetividad, Signo, Significación, Valor, V alo ­ en la E n ciclop ed ia cit. (vol. V -V II, 1953-1955). Ver Carnap, R., Abriss der Logistik, m it besonderer

B erü ck sich tigu n g d e r R ela tion sth éorie und ih re r A nw endungen, 1928; Rusell, B., The P rin cip ies o f M a t-

hem atics, I, 1903 (2.® ed.,

Relaciones, págs.

res

1938; trad. castellana Buenos Aires. 1948, ver especialmente P. I, cap. IX,

138 y sigs.).

Estructura de lo real

?9

simbólicamente; en sentido fisicomatemático, se trata, más que'dé'una función y mucho más que una integral simple, de una integración funcional que alude expresi­ vamente a una estructura, que determina y es determinada por su función, con indi­ cación naturí lmente de esta determinación o relación que especifica físicamente el orden total y particular de la realidad22. XXI. «Orden», pues, aunque estrictamente es relación, alude genéricam ente a la

estructura, a la relación, a la función —por una parte— y al grupo o campo —por otra—. Y en este segundo aspecto tiene referencia particular y general, considerando la realidad o cada realidad. Un «modo de pensamiento» es una ordenación y, si se quiere, una perspectiva. Aunque no quiere indicarse esta perspectiva como en sí misma relativa, sino determ inativa. Orden mental es, por lo tanto, determinación, que es como decir estructuración y relación funcional. El modo absoluto de lo m en­ tal es impensable.

XXII. El «pensar como integración» —pensamiento de lo real— expresa y presu­

pone estructura, relación y función. Así, el pensar de lo real es siempre indicación estructural, relacionante y funcional. En forma genérica podría decirse que el pen­ sar es siempre relacionante y aun el llamado «simple pensar», o pensar conceptual, el mero acto de aprehensión mental, expresa una relación de estructura y función. La simbolización de los tres aspectos del pensamiento de lo real representa un avan­ ce de la capacidad cognoscitiva, puesto que reduce las dimensiones constitutiva y activa, con su necesario enlace u ordenación, a una fórmula estereotipada o «form a mental» que posibilita la comprensión de la realidad23. XXIII. Podría pensarse como integración el orden real fisico, el biológico, el psíquico, el histórico, ei social. El sentido de estructuración funcional relativo o relacionado puede aplicarse, .en la misma forma que venimos indicando, al orden político, económico, jurídico, por ejemplo, dentro del orden moral y social. Además, orden relacionante, estructura funcional, grupo y campo pueden traducirse en un lenguaje particularmente estructural o particularmente funcional, atendiendo for­ malmente a una u otra de las dimensiones o aspectos que constituyen los términos de la relación dada y pensada. Así, en el primer caso, puede hablarse de «constitu­ ción u organización» y, en el segundo, de «funcionamiento u operación» de un orden

de realidad determinado. También puede traducirse el campo en cuanto está dado y estructurado como un «sistema funcional».

XXIV. Sistema funcional es, por ejemplo, el cosmos, un astro, una máquina, un

organismo, la sociedad. Se trata primordialmente de una estructura funcional auto- regulada y en ella se establecen estructura, función y relación en el todo y en cada

una de sus partes. Físicamente se dará la relación corpúsculo (carga, partícula ) —dinamismo— acción. Biológicamente se dará la relación integrante órgano- capacidad-operación (para no decir nuevamente estructura-potencialidad-función); psíquicamente, en el mismo sentido, se dará la integración sujeto-principio de

21 Ver las investigaciones analíticas del llam ado «grupo de U p sala»; Naess, A., «E lem entaere an a ly -

tiske underokelser», Prob lem s o f Philosophy. vol. I, núm. 1, págs. 1-40, 1944. Ver tam bién, Gonseth, F.,

Les m athém atiques

et la réa lité. Essai sur la m éthode axiom atique, 1936; Beth, E. W ., Les fo n d e m e n ts

logiques des m athém atiques, 1950; Schumacher, H. G-, Vocational m athem atics, Chicago, 1956 iesp. vol.

I, cap.

2Î Ver temas y cuestiones implicadas en las doctrinas sobre »form as» de conocimiento en Ziehen, Th.,

81.

E rkenntnistheorie,

S ym bolischen Form en, 3 vols., 1923, 1925, 1929, espec. III, Fenom enología del con ocim ien to. Comp. la

establecer un orden de dependencia con

los puntos de vista de Rusell, B., («Logical Atomismo, en C ontem poráry B ritish philosophy, ed. M u irhead, I, págs. 359 y sigs., 1935) y Lupasco, S., L'exp érien ce m icrophysique et la pensée hum aine, Bibl. de Fil.

Contemp

doctrina del texto (ap. X X I-X X II) de que no puede pensarse sin

Fischer, Jena, 1939; sobre símbolo y simbolización cons. Cassirer, E., P h ilosop h ie d e r

Paris, 1941.

30

Cibernética de lo humano

.operacióa-actividad; históricamente, realidad-determinaciòn-proceso; socialmente,

-sociedad (grupo, clase

Cada orden

(-facultad

(capacidad, institución,

)-hechos.

dado es un campo y, dentro de cada orden, lo son también sus elementos. Así, habrá «grupos funcionales» dentro de cada sistema funcional, con su autoestruciurff característica24, En último extremo puede hablarse también de «elementos funcio­ nales», en el doble sentido de elementos de un orden dado y de elementos del campo de sus integrantes. Estos elementos, en definitiva, constituyen los integrantes últi­ mos de la integración general del campo y de toda la estructuración funcional o sis­ tema ; sin que, por eso, tengan carácter de sustrato o de mera estructura aislada ni tampoco de elemento energético independiente25.

XXV. A pesar de ello, puede pensarse en una integración particular de los cons­

tituyentes, lo cual sólo tiene sentido en el orden formal, es decir, en el orden del pen­ samiento m oviéndose en un campo puramente ideal. Entonces, la interminabilidad de la serie dentro del campo y hasta en cuanto a la posibilidad relacionante total del sistema conduce a la idea de «infinito», no tanto como negación de limitación con­

ceptual respecto a la integración del cam po y del sistema, sino también en cuanto a plenitud inacabable de conceptuación de la posibilidad relacionante de los mismos. Los dos sentidos clásicos de «infinito» se matizan, pues, en cuanto al campo y en cuanto al sistema, pero siempre se reducen al orden estrictamente formal, mental o ideal. En oposición a este, el «orden real» se establece como finito y determinado, sin que su finitud y determinación hayan de pensarse como forzosamente causales, en sentido estricto26.

y autoestructura tienen, no el sentido de autocreación y espontaneidad

om ním oda,

d a y se piensa. En este orden, las cosas, m ás que ser, están dispuestas; es decir, se estructuran funcio­ nalmente.

advertir que no tratamos, en m odo alguno, de negar la posibilidad de causación final ni

de suprim ir entidades abroquelándonos en el cclrculo vicioso» del funcionalismo a ultranza, sino de bus­

ca r una explicación del dinam ism o

cional. £1 sentido cibernético de tal explicación sa lta a la vista. En última instancia, la cibernética, en lo

que tiene de m ás aprovechable, se basa en el m ecan ism o de autorregulación o feed -b a ck (alimentación de retorno). A qu i extendemos considerablemente este fundam ento sin que prejuzguemos la supresión de una causa eficiente prim ordial ni del sentido teleológico que puede afirmarse de la contingencia real. Pero no nos movem os en el campo de un mecanicism o y determinismo a ultranza ni en el de un indeter­ minismo y finalism o exagerados.

funcional fundamentantes de la rea lidad que se

24

Aquí a u torreg u la ción

sino d e regu lación estructural y re lac ión

25 Debem os

de la realidad, fundándonos en la autorregulación estructural y fun­

26 Las doctrinas sobre el causalismo fisico se exponen en multitud de trabajos. V er entre otros,

das

K ausalgesetz in d e r jü n gsten Physik, Braunschweig. 1929;

m us in d e r m od ern en Physik, Göteborg,

bridge, 1939; G arc ía Baga, D., Filosofìa

Cause and E ffect, W aynflete Lect., 1948. Sobre la teoria de la relatividad y en relación con el tema indi­

cado v e r Eddington, A., Space, T im e and

theorie,

1922; Reichenbach, H., R ela tivitä tsth eorie und E rk en n tn is A p rio ri, 1920; Reichenbach, H., A xiom a tik

Von K opem iku s bis Einstein; d e r W andel

unseres W eltbildes,

D ie Physik des X X . Jahrhunderts,

dom, J., Causation and the Foundations o f S cience, 1946. Un resumen de la posición einsteiniana, desde

in terpretazione della teorie d i

A lb e rt E instein), por diversos autores. Ed. Un iversitaria, Florencia, 1955. Sobre determ inismo e incerti­

Causation and Types o f Necessi-

ty, 1924; Schrödinger, E., Vorlesungen über W ellen m echanik, 1928; Schrödinger, E., U eber In d é te rm i-

Physik, 1931 ; Frank, Ph., d erph ysik, 1932; Planck,

Das K ausalgesetz und seine

tud, v er

varios puntos

Duhem , P., La th eorie physique, son objet et sa s tru c tu re , París.

1906 ; Bergman, H

D e r K a m p f um

Cassirer, E

D eterm inism e und In d eterm in is­

o f Physical Science, Cam ­ M., N a tu ra l Ph ilosop h y o f

1937

; Eddington, A., The Philosophy

de las ciencias, México, 1941 ; Bovn,

G ravita tion , 1920; Cassirer, E., Z u r Einsteinschen R e la tivitä ts­

1921; Whitehead, A. N., The P rin cip ie o f R e la tiv ity w ith its applications to P h ysical Science,

1927; Brunschvicg, L., La p h y siq u e d u X X e sihcle et la philosophie, 1937; Jordan, P.,

es

la

obra

1938; Zubiri, X

tLa nueva Tisica», Cruz y Raya, 1934; Oulton W is-

C in qu a n ta n n i d i R ela tività

(V alore e

adem ás, D ew ey , J., The Quest f o r Certainty, 1929; Ducasse, C

d er rela tivistisch en R a u m -Z eit-L eh re, 1924; Reichenbach, H

de vista,

nism us in d e r Physik, 1932; Schlick, M., D ie K a u sa litä t in d er gegenw ärtigen

Grenzen, 1932; Planck, M ., D e r K au sa lbergrijf in

M .,

W issenschaft in

chaft, Leipzig, 1935; Heisenberg, W .,«U b e r die in d er Theorie

selle Lànge», A n n . P h y s 32, 30, 1938; Heisenberg, W ., «D ie beobachtbaren Grosen in der Theorie des

¿Adónde va la Ciencia?, de À. Einstein, 2.“ ed., Buenos Aires, 1944; Planck, M ., D e r Sinn d e r exa cter

G eist d e r Zeit, 1942; Heisenberg, W ., W andlungen in den grundlagen d e r N atu rw issen s­

des Elementarteilchen auftretende un iver­

Estructura de lo real

31

XXVI. El «orden m entab pensado se establece como real, en tanto que se da de algún modo y se determina.’ En cuanto es acción en curso —orden mental estricta­ mente tal— tiene sentido formal y activo, es decir, relacionante y operante; en cuan­

.ninado, como realización estereotipada, queda

to se le -piensa como orden

-Jtvj.

limitado en su darse y estructurado como «form a». Entonces, como todo lo real, sie

da y es pensado como sistema y como campo, presentándose como estructura, rela­ ción y función. La «form a» sería el modo de darse realmente el orden mental o el modo de estructurarse mentalmente el orden real. Pero la estructura real como for­ ma, en sentido estricto, aquí no tiene sentido27.

XXVII. De este modo el concepto de campo viene a sobrepasar su propia cate­ goría, pues sirve para pensar los modos del pensamiento y, también, el orden total y particular del pensamiento como hecho dado. Estructura, relación, función y grupo, sistema funcional, así como orden mental y orden real se transforman en conteni­ dos significativos de un acto de comprensión funcional. Y, además, «funcional»,

atendiendo al prim er sentido

—como relación— más peculiar de todo pensamiento, sin que, en este caso, «función» tenga otro carácter que el de dependencia o engarce (en su expresión simbólical en cualquier orden de realidad dada y en cualquier forma de contenido mental. Aquí, pues, no se habla ya de función como acción, operación o realización energética en su mismo darse, sino de relación esencial, íntima dependencia y, sobre todo, «senti­ do»2". Este toma su expresión también en el campo del lenguaje, que, aparte de su significación emocional, hace referencia siempre a las tres categorías m entales:

estructura-forma, acción-función y relación o enlace29.

que indicábamos al comienzo, es la determ inación

Elementarteiichen», Z e its ch rift f ü r Physik. 120, 513-38, 673-702, 1943; Groos, H., D ie K on sequenzen und ln k onsequenzen des D eterm inism us , 1931 (2 .“ ed.; W illensfreiheit oder Schicksal, 1939); M atisse,

G., In te rp ré ta tio n ph ilosop h iqu e des relations d 'in ce rtitu d et déterm inism e, 1936; de Koninck, C., L e p r o -

Ulem e d e l'in d éterm in ism e,

ca, M adrid. 1945 (XLI, núra. 396); Palacios, J

m undo, M adrid, 1947; Bavink. B.,

1937; Paniker, R., «E l indeterminismo científico». Anales de F ísica y Q u ím i­

E squem a fis ic o del

Was ist

W ahrheit in den N atturw issenschaften?, W iesbaden, 1947;

Jordán,

P., Das B ild d e r m o d e m e n

Physik,

H am burg Bergedorf, 1948; Mottier, G., D éterm in ism e et lib erté , 1948; De Broglie, L

P ro c e e -

dings o f the X t In te rn a tion a l Congress o f Philosophy, Am sterdam , 1949 (vol. I). De

también, acerca d e estos temas, D eterm inism us und indeterm inism us, 1938.

M a x Planck interesa

21 Queremos indicar que la negación de contenido, en el orden real, es una abstracción indebida. La

relación misma de la estructura, en sentido funcional, da contenido al grupo, y no precisa establecer realmente la estructura como mera forma.

“ Sobre función y funciones conviene cons. Rusell, B., In trod u ction to M a th em a tica l Ph ilosop h y ,

del m ismo, en colaboración con Whitehead, A. N ., P rin cip ia M a th em a tica , 3 vols.,

1919, y, sobre todo,

1910-13. Ver, adem ás, la doctrina de la relación chungs verhálte», Ja h rbu ch f ü r P h ilosophie und

realidad explicada en Kaila, E., U eberd as System d er W irklichkeitsbegriffe, 1936. Sobre función y senti­

do ver Cam ap , R., Studies in Semantics, I, 1942. ” Nos referimos al lenguaje como expresión significativa o simbólica. Al lenguaje verbal como expresión conceptual y relacionante; este se vale de nombres, relaciones y verbos (determ inativos de «función»). La significación puede distinguirse del mero signo; en el prim er caso hay designación, inten­ ción, en el segundo puede no h aber m ás que estimulo indicador o, mejor dicho, señal. La sim bolización

conceptual tiene carácter m ás complejo y plantea el grave problema de la abstracción. Cassirer, E .t en su

A n trop olog ía Filosófica, FCE, México, 1945, ha precisado, según su

tinción: «Lo s símbolos, en el sentido propio de esta palabra , no pueden ser reducidos a m eras señales.

Señales y sím bolos corresponden a dos universos diferentes del discurso; una señal es una parte del m un ­

do físico del ser; un sím bolo es una parte del mundo hum ano del sentido. Las señales son "o p e ra d o re s ” ;

los sím bolos son "de s ign ado re s''. Las señales, aun siendo entendidas y utilizadas como tales, poseen, no obstante, una especie de ser físico o sustancial; los símbolos poseen únicamente un va lo r funcional» (op. cit., pág. 70). El mismo Cassirer indica en una nota, relativamente a este punto, que p ara la distinción entre operadores y designadores puede consultarse a Morris, Ch., «The Foundation o f the Theory o f Signs» en la E ncyclopedia o f the Unified Sciences, 1938. La cibernética actual ha am pliado extraordi­ nariamente el concepto de señal, determinando su caracterización mecánica y su formalización o dina- micidad informativa.

expuesta por Schwarz, Ph., «Zur Ontologie d er V erglei- Phaánom enologische Forschung, vol. X, 1929, y la de

pensamiento, esta fundam ental dis­

32

Cibernética de lo humano

X X V III, Una «categoría mental» es tal, propiamente hablando, cuando incluye o se refiere a un grupo, es decir, al campo de lo real. Si atiende a un elemento del gru­ po o campo no es, en rigor, o sea, en sentido propio, categoría, sino más bien «ele­ mente enteje ial». De este modo, espacio, relación estricta y tiempo30no son catego­ rías, sino elementos categoriales, puesto que se implican en el campo de lo corpóreo

y de la causalidad material. Organismo, dependencia estricta y evolución son, asi­

mismo, elementos categoriales más que categorías. Orden de causalidad y orden de finalidad vienen a indicar —más que «orden» alguno, en el sentido aludido— elemen­

tos categoriales que se refieren a la dimensión real y mental de la relación. «Causa»

y «fin» son módulos de la relación31.

XXIX. Donde la relación encuentra su expresión mental idónea y fundamentan­ te es en la noción de «equilibrio». Este puede indicar bien estructurado, ordenado adecuadamente, organizado y que cumple normalmente su función; trataríase, por lo tanto, de estructuración y, si se quiere, organización y función perfectamente dirigida hacia su fin32. En cierta forma, pues, normalidad estructural y buen funcio­ namiento; estructura adecuada en perfecto ejercicio de su función. Establecido un circuito o encadenamiento de relación estructural y funcional, el equilibrio expresa­ rá la relación adecuada. En tal caso podrá decirse que estructura es función y que función es equilibrio. Ahora bien, la adecuación perfecta es irreal; la realidad se nuttx de equilibrios y desequilibrios. Y en el equilibrio del universo hay un cierto

30 Conviene recordar, sobre el tiempo, las am p lias consideraciones de Sivadjian, J., cuya notable

o bra Le T em p s (E tu d e p hilosophique, physiologiqu e

en la nota 17. A lo indicado en dicha nota y en la 18 debem os añadir el análisis filosófico de Boodin, J. £.,

Tim e, a rea lity , 1904, y el estudio general sobre su problem ática de Nys, D., La notion du tem ps, Lovaina, 1904; sobre el tiempo en relación con el espacio, v e r Robb, A. A., A theory o f tim e an space, 1914; Von

Aster, E

tiempo en general, K au fm an , G. L., The book o f tim e, Nueva York, 1938; Souriau, M., L e temps, 1937;

, estructura m atem ática, Neviile, E. H., «Tim e and the M athem atician » en

págs. 233-

246, Assen, 1948 ; sobre su

S crip ta

Dunne,

concepciones metafísicas del tiempo, Kuypers, K., «Het

lu

sobre tiempo y realidad, M eijer, H., «Tijd en w erkelijkeid», A lgem een

fíaum und Zeit, 1922, y De la Harpe, J., Genèse et M esure du Temps. 1941 ; adem ás, sobre el

hemos citado

et psicologiqu e (Herm ann, Paris, 1938)

N ederlans T ijd sch ritf

M a th em a tica , vol. V, págs. 171-75, N u eva York, 1938; acerca de la hipótesis J. W ., T h e serial Universe, Nueva York, 1938; sobre la historia del problem a,

de la n otion

du

tem ps,

1936; sobre las

dei tiempo múltiple, Zaw irsk i, Z., L'E v o -

tion

XL, 1. págs. 41-64,

1947; del m ismo Kuypers es el estudio «Time, m ovem ent and the hum an m ind», extr. de M élanges p h i­

los., págs. 50-60, L. J. Veen, Am sterdam , 1940; por último, recordemos la publicación, en tres series, de

varios autores, T im e and Its M ysteries, Nueva cialmente el desarrollo conceptual.

tijdsprobleem in de antieke en moderne ontologie», A lgem een Nederlans Tijd sch rift

,

York, 1950, tratando los distintos aspectos del tema, espe­

31 En sentido dinám ico, vale establecer un orden de dependencia no causal y un orden de estructura­

ción no finalista, en la form a determ inativa que postulan generalmente la causalidad y la finalidad. Al

mismo tiempo, dinám icam ente, puede aceptarse en lo mental (transfinito) una polivalencia tripolar que

no in va lid arla —creem os— el activo. Puede verse acerca de

de la contradicción, a Lupasco, S., Le

p rin cip e d 'A n ta g on ism e et la Logiqu e de l'É n erg ie (Prolégom èn es à

mann, Paris, 1951 (cfr., de esta obra, el ap. Le ca ra ctè re d ialectique de la Logiqu e dy n a m iqu e du con tra ­

d icto ire et sa p o ly v a le n ce trip o la ire transjïnie, págs. 24-29, donde habla, en form a particularm ente inte­

resante p ara nosotros, de los principios de contradicción y de tercio excluso (v e r esp. pág. 27).

32 Una o bra importante sobre la finalidad, desde el punto de vista del pensam iento cristiano, es ta de

G arrigou -Lagran ge, R., L e réa lism e du p rin cip e de fin a lité , 1932, en español inter. el estudio de Zaragüe- ta, J., E l p rin c ip io de fin a lid a d en el estado actual de la ciencia, 1929. Desde el punto de vista epistemoló­

gico, puede consultarse a Matisse, G., La question de la fin a lité en physique et en biologie, 2 vols., 1934;

l'é v o lu tio n et le fin a lism e

biologique, 1933; Cuénot, L., In v e n tio n et fin a lité en biologie, 1941; Rouviêre, R., Vie et fin a lité , 1944, y,

sobre todo, Ruseil, E. S

respecto a la fina lidad orgán ica interesan Rutkiew icz, B., L'ind ivid ualisation,

principio de contradicción, antes bien, tendería a justificarlo en sentido

las implicaciones logicom atem áticas

une

science de la co n tra d iction ), Her­

L a fin a lid a d de las a ctividades orgánicas [Trad. castellana de J. L. de Angelis,

E spasa-Calpe, M adrid , 1948]. Como importante estudio lógico-biológico, ver Lehmann, F. M ., Logik und System d er Lebensw issenschaften, 1935 ; en este aspecto, desde el punto de vista estrictamente ciberné­

tico, puede

verse a Ducrocq, A., L ogiqu e de la Vie, 1956.

Estructura de lo real

33

■desequilibrio y viceversa33. En ello estriba precisamente el «dinamismo de lo real». «Perfecto equilibrio» indicaría, tal vez, negación de realidad; frente al ser" y la' acción, orden de la nada y de la inacción, frente a la organización y la vida, orden de la muerte y del sueño. Sino que se trataría del sueño absoluto (conceptualmente «nonada»), no de los tipos,- de inhibición que representan los distintos sueños vitales. Así. por lo tanto, siguiendo, advertimos que toda estructuración es desequilibrada en virtud del ejercicio de su función. Y dicho ejercicio tiende al equilibrio de la estructura, sin alcanzar, no obstante, plenamente su objetivo. Pues, realmente, el ejercicio en sí es ya desequilibrio34.

JJ Sin la aportación de la cibernética, hace tiempo que se considera —por varios tratadistas— que los

«fenóm enos de au torregu la ción , los procesos de

mente, el funcionalismo orgánico, sino también el mundo inorgánico y en determ inado sentido, la d in á ­

equ ilibrio y d esequilibrio» pueden explicar, no sólo física ­

mica del universo entero. El autor americano S. M.

Neuschlosz, en la obra Análisis del co n o cim ie n to Cien­

tífico (1939; 2.a ed., am pliada. Losada, Buenos Aires, 1944). se expresa así a este respecto, apelando al principio de Le Chatelier: «Otro eslabón que puede serv ir de puente de unión entre los fenómenos vitales y los de la naturaleza inorgánica, es el llam ado p rin cip io de l e Chatelier, cuya aplicación consecuente nos facilita la posibilidad de subordinar lo que hemos designado con el nom bre de autonom ía de la vida, a las leyes generales que rigen el mundo físico. Dicho principio, que se deduce, a su vez, de los de la term odi­ námica, nos dice que toda alteración del estado de equilibrio de un sistema provoca cam bios de parte de este, que tienden a restablecer el equilibrio primitivo. Como casos especiales en que este principio se pone en evidencia, podemos m encionar el efecto que ejerce la temperatura sobre el equilibrio de reacciones quím icas reversibles, las relaciones que existen entre las corrientes termoeléctricas y el efecto calórico de P eltier, las relaciones entre los fenómenos electromagnéticos y las corrientes de inducción, etc. Fun ­ damentalmente, todos estos fenómenos pueden ser interpretados como autorregulaciones, puesto que si, por ejemplo, un aumento de la temperatura facilitara las reacciones acompañadas por la producción, en lugar de las asociadas con la absorción de calor, resultaría un circulo vicioso, que conduciría a un aumento ilimitado de la temperatura del sistema y sucesivamente de la de todo el mundo. El principio de Le Chatelier no nos parece como el enunciado de algo que se encuentra fuera de los límites de la física, porque los vínculos que lo unen con las nociones básicas de la termodinám ica le aseguran un sitio ad e ­ cuado en nuestra im agen dinám ico-causal del universo. No cabe duda, sin embargo, que su validez nos sirve de prueba de que los fenómenos de autorregulación no se limitan a los seres vivos, sino tienen cierta importancia general p a ra la naturaleza entera. Del m ismo modo que se interpretan las reacciones de los seres vivos, que tienen como resultado el mantenimiento de la vida, podemos interpretar los fenómenos del mundo inorgánico que obedecen al principio de Le Chatelier, como reacciones que tienen por finali­ dad m antener el equilibrio del universo. Que este punto de vista teleológico no se haya introducido aún en las ciencias fisicoquím icas se debe, principalmente, a que los sistemas que form an parte del mundo inorgánico, habitualm ente no se interpretan como entes autónomos, como son considerados los seres vivos. Si una vez este obstáculo conceptual estuviera superado, las nociones de autorregulación y de

cual las

aplicamos a ciertos problem as biológicos» (o p . cit., 2 .med. cit., Parte 2.*, VI, págs. 180-82).

teleología podrían ser em p leadas

en las ciencias fisicoquím icas, con la misma legitim idad con la

34 V er Ehrenberg, R., Theoretische Biologie, Berlín, 1923; Hartmann, M., B iologie und Philosophie,

Jena, 1925, y, en sentido vitalista, Driesch, H., Philosophie des Organischen, Leipzig, 1928. P a ra los aspectos aqu í tratados ve rF ran k , L. K.; Hutchinson, G. E .; Livingston, W . K.; Me Culloch, W . S. y W iener, N ., «Teleological Mechanism s», Ann. N ew York A cad. Se., 50, 187-277, 1948; Einstein, A. y Infeld, L., The E volu tion o f Physics, Nueva York, 1950. Por otra parte, entre los libros, de carácter fundam ental­

mente epistemológico, que se ocupan de la estructura general del universo, recordamos —de los que han

sido vertidos al español— los siguientes: Whitehead, A. N., Science

castellana La cien cia y el m undo m oderno, 1949); Reichenbach, H., A tom und Kosmos, D ie p h ysikalische

W eltbild d er G egenw art, 1930 (Trad. castellana Á tom o y Cosmos, 1931); Jeans, J., T h e n e w B ackground

o f Science,

ways o f Science,

and th em od ern w orld, 1920. [Trad.

1934

(T rad . castellana N uevos fu n d a m en tos de la Ciencia, 1936); Eddington, A., N e w P a th - 1934 (Trad . castellana N uevos senderos de la Ciencia, 19451; Crowther, J. C., E squem a

del U niverso [Trad. castellana, Buenos Aires, 1944]; Javet, P., La fig u re de l 'Univers, 1947 (Trad. caste­ llana La fo rm a del Universo, 1949.] Para diversas cuestiones filosóficas relacionadas con la estructura fí­

sica ver Heidegger, M

Vom Wesen des Grundes, 1929: Bauer, L.; De Broglie, L. Brunschvicg, L.; Rey, A.

philosophie, 1935; Frank, P., Betw een Physics and P h i-

Las fro n te ra s de la

losophy,

y Serrus, Ch., L 'E v o lu tio n de la physique et de la

1941 (Trad . castellana

Entre la fls ic a y la filosofla , 1944];

Del Barrio, J. M

fís

A n tw orten

positivism e, m athém atism e,

ica

y

de

la filosofía ,

I, 1945;

Müller-Freienfels, R., D er

1948; Blanche, R.,

und das {Jniversum . P h ilosophische

La Science physique et la realité. R éalism e,

M ensch

a u f kosm ologisch e Fragen,

1948; Morgenau,

H.,

The

N ature

o f Physical

R eality. A

P h ilosoph y

o f

M

od ern Physics,

1950; Riaza, J. M ., C iencia y Filosofía,

1953; Heisenberg, W ., La fís ica del n ú cleo a tó -

3

34

Cibernética de ¡o humano

XXX. Los conceptos de «sistema.fuocional» y «relación de equilibrio y desequili­

brio» se corresponden. Ellos permiten explicar el fundamento mecánico-estructural de lo físico y hasta, en gran modo, de lo orgánico35. Espacio-tiempo y su relación, masa-energía y su relación, corpúsculo-dinamismo activo y su relación, asi como organización celular, sistema nervioso36, instintos, relación individual-social37, etc., atienden a relaciones estructurales-funcionales de equilibrio y desequilibrio, pudiendo simbolizarse su conexión en formulaciones integralistas o en circuitos de comunicabilidad o, mejor, de dependencia, que expresan un orden relacionante3®. Sin que, por ello, la realidad sea més relativa de lo que lo es el orden mental que sir­ ve para estructurarla e integrarla en su función.

m ico, 1954. En el tema que tratam os conviene tener presente a Whitehead, A. N., N a tu re and Life, 1934

(Trad. castellana N a tu ra leza y Vida, 1941]; a Haldane, J. S., The Philosophical Basis o f B iology, 1931; McCulloch, W . S., Fin a lity and fo rm , Acad. o f Science, N u e v a York, 1946. Ver adem ás, bibliografía indi­ cada en la nota 26, especialmente Jordán, P., Das B ild d e r m odernen Physik, H am burg Bergedorf, 1948 (Trad. castellana I, Persp ectiva de la Física M oderna, 1953; II, La B iología cuántica, 19541.

35 Las tendencias naturales, los impulsos, los instintos

tendrían su base m ecánica en la autorregu­

lación y sentido de equilibrio. Nos referimos al aspecto «m acrofísico». Esto es aparte del principio causal que puede excogitarse p ara explicar, asimismo, la base m ecánica, tanto en el orden físico como en el b io­ lógico. Sobre los defectos del mecanismo. Ver del autor de este trabajo, los artículos Mecanismo, M ecan i­ cismo, Vitalismo, Positivismo, Materialismo, Vida, Movim iento, en la E nciclopedia de la R eligión C a tóli­ ca, tomos V -V II, D alm au-Jover, Barcelona, 1953-55, Ver Radakovic, K„ Vitalism us und M echanism us, 1922; Von Uexküll, J. T h eoretisch e Biologie, 1928; Von Uexküll, J. M editaciones B iológicas (Trad . caste­ llana, 1942]; Buenning, E., M echanism us, Vitalism us und Teleologie, 1932; W bee ler, L. R., V italism : Its H istory and Validity, 1939; D 'A bro , A., The D eclin e o f M ech a n ism in M o d e m Physics, 1939; Hainard,

R., N a tu re et M éca n ism e, 1947 (Trad . castellana N a tu ra leza y M ecanism o, 1948]; D e Broglie, L., N ou ve-

lles Perspectives en M icrop h y siqu e, París,

1956.

36 Sobre docum entación relativa a los temas de la autorregulación orgánica, debo mucho a las con­

versaciones y hasta discusiones del grupo cibernético qu e dirigen en Barcelona los doctores Santiago Montserrat y José M .a Sam só, y especialmente a la exposición de estos dos profesores en cuanto e muchos puntos que hacen referencia a la posibilidad de aplicar biológicamente el concepto de «sistema funcional». Por lo que respecta a la bibliografía acerca de la cibernética cabe decir que es, ya, abundan ­ te ; la prim era obra, todav ía para nosotros la más importante, es la de W iener, N., «Cybernetics or control and communication in the anim al and the machine» (A c(u a lité s scientifiques, núm . 1.053), Hermana,

París, 1948. Citemos tam bién Shannon,

The University o f Illinois Press, Urbana, 1949; Naslin, P., Les syst'emes asservis, Edit. de la Rev. d'Opti*

et de iin fo rm a tio n (Reuniones

que, París, 1951; Loeb Fortet, J., etc., La cy bem étique, th é o rie du signal

de estudio efectuadas bajo la presidencia de L. de Broglie), Ed. de la Rev. d'Opt., 1951; Grey W alter, W.,

The livin g brain, Duckworth, Londres, 1953; De Latil, P., L a Pensée A rtificielle, In tro d u ctio n a la

Cyber-

nétique, 5.a ed., G allim ard, París, 1953. Un resumen, prudente, sobre el objeto de la cibernética y aspec­ tos básicos de la m ism a —especialmente el de la inform ación— es el libro de Guilbaud, G. T., La C y b em éti­ que, PUF, París, 1955. (Trad. castellana La C ibernética, versión, introducción y notas por A. Sanvisens

M arfull, V ergara, Barcelona, 1956.] Entre los varios artícu los aparecidos en español sobre el tema, des­

A rbor, tomo XX V III, págs. 38-

65,

taquemos el de Ú bed a Purkiss, M ., O. P., «Cibernética y sistem a nervioso»,

C. y W eaver,

W ., The m athem atical th eory o f com m unication,

M adrid , m ayo de

37 La regulación cibernética social y política ha sido tratada por el mismo W iener, N . en C y b em éti­

1954.

que et S ocieté («Cybernetics and Society The Hum an Use o f Human Beings»), G. Enault, Editions des Deux-Rives, París. 1952 <ap. 1953). Posteriormente se han estudiado las bases autofuncionales y las posibilidades de la autorregulación cibernética en la econom ía (cuya fundam entación en teorías del equi­ librio y desequilibrio hab ía sido ya em itida) y, sobre todo, en la neurología, refiexología y psiquiatría en

general. Un pequeño estudio de la intercomunicación individual-social en cuanto a la actividad artística, del autor de este artículo, puede verse en Tesis, I. 1, págs. 46-55,1956 (A rte y Psicología de Grupos, ver principalmente págs. 54 y 55). 3B. Ver, sobre estructura y relación, Angyal, A., «The Structure of Wholes (A discusión o f wholes, parts, and their relations)», Philosophy o f Science, VI, 1, págs. 25-37, Baltimore, 1939; sobre aspectos episiemológicos de la relación y la relatividad, W hitehead. A. N., Essays in S cien ce and Philosophy, 1947; y, sobre la filosofía relativista, Thyssen, J., D e r p h ilosophische H elativism us, Bonn, 1955.

2.

Los problemas de la cibernética

£1 interés de la nueva ciencia

El libro de Guilbaud constituye, indudablemente, uno de los tratados más senci­ llos y prudentes que hasta ahora se han escrito sobre la cibernética. Nos instruye, sistemáticamente, acerca del objeto de esta materia, sobre sus posibilidades y apli­ caciones. Pero siempre sin exageración, sin perderse —como ocurre en otros textos— en lo espectacular y hasta, hemos de decirlo, utópico. Para Guilbaud, la cibernética es una «ciencia encrucijada»; esto se dice en el sentido de ser una ciencia resumen, una ciencia que quiere encontrar, centrar, unificar dominios muy diversos de la investigación. En la obra de dicho autor se presenta, pues, a la cibernética como cruce, punto de intersección entre distintos sectores que andaban como separados y sin relación de base en los trabajos de la ciencia moderna. Poco más, aunque nada menos. Los dos temas del control o regulación y de la señal o información constituyen lo funda­ mental de la materia. El autor, con una ponderación que se advierte a lo largo de todo el tratado, indica, sin apenas rozaría, una de las cuestiones más caras a los cibernéticos: látle la analogía entre la función de la máquina dotada de mecanismo

o mecanismos de regulación automática y el comportamiento animal. Guilbaud

sabe que sobre esta analogía, indiscutiblemente sugestiva, se ha exagerado mucho;

las interpretaciones de los hechos distan bastante, por lo general, de mantenerse en

el tono de la prudencia o sabiduría mental que ha de caracterizar a los científicos.

Algunos, incluso, olvidando todo sentido de ponderación, se lanzan a esbozar las

más aventuradas doctrinas y trazan una serie de elucubraciones futuristas, a veces hilarantes. Este libro sale al paso de todos estos excesos, expuestos con el nombre de «cibernética». En algunos casos se trata de simple propaganda —con cartel de feria—

y en otros se trata del intento de defender a ultranza una posición mecanicista, pre­

viamente tomada.

La cibernética, que es una preocupación de síntesis, es también, y en parte por

lo mismo, una preocupación humanística. En el fondo se persigue, junto con la téc­

nica depurada de la regulación, del llamado «autocontrol», junto con la disposición múltiple de señales y el estudio de una teoría de la comunicación en sentido positi­ vo, una mejor adquisición del hombre respecto de sí mismo. Es decir, al lado del desarrollo técnico, un m ayor conocimiento de sí y, por ende, un mayor perfecciona­ miento en su marcha por dominarse y conducirse de acuerdo con su realidad y sus fines. No es de extrañar el interés de los cibernéticos por investigar las bases de la analogía entre el funcionamiento de la máquina y el comportamiento animal, por­ que a ello sigue —como no descuidan, ciertamente, los autores— el mayor interés por saber de las bases mecánicas o funcionales del comportamiento humano, no ya sólo

en el aspecto fisiológico, sino también en el psíquico e, incluso, en el moral. Cuando

se pregunta, tan insistentemente, ¿puedenpensar las máquinas?, viene a preguntar­

se, con insistencia no menor: ¿el hom bre —que piensa— es una máquina?

36

Problemas

fondo

.

.

Cibernètica de lo humano

De este modo, la investigación cibernética, que al principio constituía casi exclusivamente un estudio técnico, desemboca en una corriente antropológica, por no decir una doctrina o teoría metafísica. Pero «corriente antropológica» no com­ promete tanto: una postura, una actitud humanística, como lo son —en lo mejor de

sus intentos— otras tendencias culturales de nuestro tiempo: vitalismo y pragmatis­ mo, historicismo, axiología, caracteriología, el psicoanálisis, el existencialismo Claro está que algunos tratadistas —al parecer, preocupados por los avances ciber­ néticos— abogan por una teoría m etafísica (o pseudometafisica) de tinte materialis­ ta, abroquelándose todavía en el mecanicismo y el determinismo a ultranza de

del viejo La M ettrie1. Otros se justifican reduciéndose a una

posición cientista o positivista, al modo de Comte o de Haeckel. Mas no puede, en rigor, científicam ente, volverse al siglo xvm , con sus «luces» exaltadas, o al «venturoso» siglo xix. Estudio positivo no es forzoso que sea estudio positivista. Experiencia —actitud empírica o de experiencia— no ha de querer decir siempre «em pirism o» o sensualismo. Del mismo modo que ciencia o matemática no han de tomarse, por mucho que se estimen en la form a del «cientifismo» o del «matematicis- mo». La cibernética es un estudio positivo, pero en sí misma no está reñida con un sano espiritualismo. Sus problemas pueden conducir a una preocupación humanís­ tica o al planteamiento de cuestiones m etafísicas; sin embargo, no por ello se niega, o ha de negarse, una antropología fundamental ni las teorías m etafísicas más acri­ soladas, las m ejor trabadas en el campo filosófico. Ahora bien, ¿cómo ha podido llegarse, partiendo de una investigación de carác­ ter técnico y de unas aplicaciones, aunque ciertamente importantes, igualmente téc­ nicas, a una problemática de fondo sobre el hombre y su comportamiento o, más aún, sobre su conducta? Porque, a lo que antes indicábamos, se añaden últimamen­ te preguntas y disquisiciones sobre el «libre albedrío de las máquinas», «espontanei­ dad libre de los robots», «voluntad electrónica», conciencia determ inativa de los aparatos cibernéticos, etc. La afirmación de posibilidades de este tipo significa, en algún sentido importante, la negación de la espontaneidad humana. Y no siempre son meros vulgarizadores, simples curiosos de la ciencia, incompetentes especialis­ tas los que plantean las cuestiones, los que discuten las posibilidades —al parecer- más absurdas. Se trata, en algunos casos, de los propios investigadores, los más destacados, los que mejor conocen los avances de su especialidad. Sus libros y sus artículos dan muestra de un conocimiento por demás sorprendente en varios dom i­ nios, que interesan y hasta cierto punto integran el contenido de los estudios ciber­ néticos. Y, a pesar de ello, se plantean las citadas cuestiones con una naturalidad tal que provoca el asombro. ¿Será posible la exigencia de un planteamiento semejante?; ¿se hará indispensable —nos ocurre preguntar— un análisis de fondo de las cuestio­ nes filosóficas implicadas en la temática que ahora señalábamos, en vista del des­ arrollo de la cibernética?

L'H om m e-M a ch in e

Julián Offroy de L a Mettrie (1709-51) publicó esta o bra en 1747.

los problemas de la cibernética

,

37

Interpretaciones; búsqueda de bases explicativas

La interpretación de los hechos, casi nunca tan objetiva como se quisiera, puede conducir a una discusión sobre la autonomía de lo vital y hasta a una negación de tal autonomía, que, a fin de'cuentas, lleva a una negación de la autonomía de lo psí­ quico y de lo espiritual. En el fondo, pues, mecanicismo contra vitalismo y, también, materialismo contra esplritualismo. La vieja querella, como apuntábamos antes, late candente en las especulaciones de los cibernéticos, en las discusiones sobre su temática y sus problemas, reales o derivados. Por otra parte, dicha interpretación puede llevar a una preocupación antropológica, un nuevo interés humanístico a tra­ vés de la técnica —tan niveladora, casi extrahumana o, si se quiere, infrahumana—,

pero sin descender al peligroso juego de las negaciones sobre la característica vital

o sobre la peculiaridad humana. Este es el terreno que pretendíamos señalar, positi­

vo sin ser positivizante, humanístico sin deshumanización, científico y técnico sin ser antivital, o sin rom per las barreras de lo vital con el empeño de una electrónica niveladora, con el interés de un tecnicismo comprometedor. El autor de este libro expone con claridad los hechos y se muestra muy com edi­ do, justo diríamos, en sus apreciaciones. Además, juzga con serenidad los extravíos, las extrapolaciones. Su prudencia no se parece al temor del que huye de las cuestio­ nes difíciles, de los temas espinosos; más bien es la propia del que sabe que sobre los hechos o material científico que se posee en esta materia no hay suficiente m otivo para elevar ciertas doctrinas de categoría metaempírica. Guilbaud hace gala de una claridad, muy francesa, que le libra de toda sospecha der compromiso. Las posibili­ dades de la cibernética están a la vista. Ahora bien, a despecho de ellas, o aprove­ chándolas en lo teórico indebidamente, no pueden emitirse dictámenes atrevidos

sobre lo mental y lo voluntario, sobre la vida y la sensibilidad, sobre la conciencia y

la abstracción. La previsión científica, útil, necesaria a fuer de pragmática, no per­

mite, sin embargo, especular seriamente acerca del futuro, un futuro humano y téc­ nico, por lo menos en form a de definiciones —definitarias a la vez que definitivas— expuestas como algo resuelto de antemano con la varita mágica de la autorregula­ ción cibernética.

Quisiéramos ahora resumir por nuestra cuenta el lugar que corresponde a los estudios cibernéticos, es decir, justamente, a la cibernética, como materia constitui­ da o que va constituyéndose, dentro de las disciplinas científicas. Esperamos que el lector, a quien suponemos interesado, sea por la novedad, sea por la supuesta importancia de las investigaciones de la cibernética, sepa dispensar nuestro atrevi­ miento. Este se basa en un deseo de fundamentación, en un interés puramente metodológico. La m otivación es clara; antes de internamos en el tratado de las cuestiones técnicas, conviene avizorar el campo de nuestro estudio con unas indica­ ciones de carácter general. Ellas han de ser, podríamos decir, una toma de contacto con la temática cuyo desarrollo sistemático se expone en el texto, y un examen, pre­ ferentemente desde el plano formal, de las implicaciones fundamentales de la disci­ plina técnicamente resumida por Guilbaud. También, nos parece, pueden conducir

a una aclaración sobre el punto de vista a tomar ante las graves preguntas que sur­

gen después de considerar sistemáticamente los múltiples problemas de la cibernéti­ ca como ciencia. Ni por un momento pretendemos que este anticipo constituya una corrección a la obra que hemos traducido. Al contrario, el tono vivo y ponderado del

38

Cibernética de lo humano

autor de este tratado nos invita al estudio; es más, nos estimula, .por una parte, e discurrir moderadamente sobre los asuntos cibernéticos y, por otrá, a'salvaren todo lo posible las incorrecciones —técnicas o doctrinales—, a evitar las desorbitaciones, tan propicias en el tema que nos ocupa.

El desarrollo de la electrónica

Ante todo, es forzoso hablar del desarrollo de la electrónica contemporánea.

Resulta trivial referirse al prodigioso impulso de la ciencia positiva durante lo que

Deviene especialmente asombroso

en

ponde a esta el estudio de los circuitos eléctricos en los que determinados elementos —los tubos electrónicos-, que actúan a modo de llaves de paso o válvulas (valvas), permiten o interceptan el paso de la corriente eléctrica entre dos electrodos separa­ dos por el vacío o por un gas rarificado. La electrónica se extiende a muchos campos

y tiene un sinnúmero de plasmaciones Utilísimas. Basta recordar que la radio y la

televisión constituyen sus aplicaciones más comunes; pero hay otras, no tan conoci­

das por la generalidad de las personas, que resultan no menos interesantes, como, por ejemplo,Qos dispositivos empleados en ciertos aparatos de dirección, «órganos de mando y regulación# agrupados bajo el nombre de servomecanismos. Los servo­ mecanismos electrónicos vienen a ser órganos de control, como los servomecanis­ mos mecánicos; hay una conexión regulada entre dos aparatos o entre elementos importantes de un mismo aparato. Mas la servidumbre electrónica, que imita en cierta form a la conexión sensitiva, con su amplitud y sus complejas interferencias, ha abierto un horizonte inmenso al estudio de las «redes» de circuitos y de la llama­ da «sensibilidad mecánica», con un sinnúmero de aplicaciones, cuyo término es im previsible] Los casos en que se muestra el avance de la electrónica, en su aspecto de inves­ tigación y en el de utilización, son realmente asombrosos. En el curso de la Segunda

desarrollo, no

Guerra Mundial, las aplicaciones electrónicas han tenido form idable

va de siglo. El progreso es constante, creciente

el dominio de la electricidad y, en particular, de la

llam ada electrónica. Corres­

siempre aprovechado en el m ejor sentido. Como ejemplos notables pueden citarse el radar y los proyectiles, autodirigidos y autoguiados. El radar aprecia o —figurativa­ mente, al menos— ve los aviones, los buques enemigos (digamos, mejor, objeto de su blanco) mucho antes de que lleguen al alcance de los prismáticos más potentes. Per­ fora la bruma y las nubes; traspasa los espacios y los mares; cubre las mayores dis­

tancias, precisando todos sus objetivos. Ciertos proyectiles que utilizan el radar son regulados de manera que no estallen sino cuando estén al alcance de su blanco,

inmediatos al mismo

Otros se dirigen a él sin la guía de ninguna intervención

humana, cual si estuvieran dotados de auténticos «órganos de los sentidos» y de un «cerebro» en embrión, capaces de captar sensiblemente las señales oportunas, como

si reaccionasen sensitivamente a los estímulos exteriores. La regulación servoelec-

trónica ha actuado con toda precisión; el control es perfecto. Con ello, las posibilida­ des bélicas han venido a perfeccionarse matemáticamente. Una aplicación singularmente fructífera de la electrónica la constituye su uso en

las máquinas de calcular, denominadas, simplemente, «calculadoras». Gracias a la técnica electrónica ha sido factible aumentar de un modo extraordinario la rapidez de cálculo de tales aparatos, y su complejidad es sorprendente. Se les califica actualmente de cerebros electrónicos y, también, cerebros sintéticos, pero, desde el

Los problemas de la cibernética

»

39

punto de vista de la amplitud calculatoria y de la velocidad y precisión, los calcula­ dores electrónicos sobrepasan las posibilidades del- cerebro humana. Los cerebros electrónicos pueden resolver con suma facilidad ecuaciones de cincuenta, cien y hasta doscientas incógnitas. Un «robot» de esté tipo calcula en nuestro tiempo las ór­ bitas seguidas por los electrones alrededor de! núcleo atómico. Otros suministran predicciones meteorológicas a largo plazo, con el empleo de muy variados datos.

Los calculadores electrónicos se han hecho imprescindibles en astronomía y en la construcción de aviones. Asimismo, hay aparatos, «robots de cálculo», que propor­ cionan fórmulas exactas, es decir, matemáticamente correctas, sobre la estructura de las más complejas moléculas químicas. Por otra parte, la barrera del sonido pudo ser vencida al disponer de la imprescindible colaboración de cerebros electrónicos, que realizaron los cálculos necesarios a la investigación que se pretendía. Así, estos cerebros o robots de cálculo intervienen eficazmente en la resolución de los proble­ mas que plantean toda una serie de procesos ultrarrápidos. En otro aspecto, son úti­ lísimos en los cálculos de la construcción arquitectónica y en cuanto al conocim ien­ to preciso de los m ateriales. Las máquinas automáticas que constituyen estos cere­ bros auxiliares para el cálculo y la comprobación técnica se introducen cada vez más en la producción industrial y asumen las tareas más complejas de la organiza­ ción práctica y la calculatoria com ercial y de empresas (distribución del personal y

de las obras; regulación de las cuentas; administración y planificación economizan al hombre tiempo y dispendios.

).

Con ello,

Circuitos, órganos y señales

Aparatos muy diversos han pasado a ser una realidad práctica merced a la téc­

nica electrónica. Se les puede concebir, en síntesis, eliminando los aspectos

mentarios y su característica presentación, como circuitos en cuyo seno se mueven impulsos, «trenes de impulsos», de estimulaciones especiales que han recibido el nombre de señales. En su construcción compleja, los cerebros electrónicos —para ceñirnos ahora al caso indicado— muestran una especial disposición, que se designa como «organización» regulada, análogamente a los órganos sensibles y al sistema asociativo y perceptivo humano. Oigamos cómo se expresa un expositor de los avan­ ces cibernéticos, en relación con las funciones complejísimas, mecánicas en el fon ­ do, más extraordinariamente sorprendentes, de los calculadores modernos; «Para poderxum plircon todas.estasJareas,-los cerebros-rohot poseen tres grunos princi­ pales de órganos: órgano calculador,.que efectúa las operaciones.elementalesi órga­ no de percepción y de memoria, que tanto puede conservar y "recordar”, un. resul­ tado parcial como introducirlo de nuevo en el momento preciso, en la marcha del cálculo; y, finalmente, órgano-programa, que se ocupa en la asociación de las dis­ tintas operaciones»2.[Ea_resumen, pues, un órgano realizador, un órgano de expre­ sión y conservación, y un órgano de asociación. Los tres se hacen indispensables en los grandes cerebros electrónicos dedicados al cálculo. Los órganos se establecen adecuadamente para permitir la entrada o adquisición calculada, la circulación,

conservación y asociación de los informes y operaciones. I

com ple­

1

Strehl, R

U ie R o b o te r sind un ter uns [trad. castellana Han llegado los robots, cap . I, pág.

Destino, Barcelona, 1956].

18.

40

Cibernética de lo humano

No obstante, en definitiva, sean calculadoras u otras.máquinas electrónicas, s» trata de circuitos por los que circulan en forma especial y en cierto modo «orgáni­ ca», los impulsos o señales. Estas vienen a ser un estímulo indicador o, si se quiere, - siguiendo la distinción de Morris, ::opei-„tl^r«3. Pero las señales en sí mismas no son intencionales, es decir, no designan o significan si no se les da la intención o signifi-, cación. Por otra parte, para que puedan ser captadas o aprehendidas requieren un proceso de integración, o sea, precisan de ser integradas como tales, que es como decir, en este caso, que es necesario que sean asimiladas o apercibidas como signos dotados de una caracterización específica. En la distinción aludida, al signo, como señal u operador, se le diferencia del símbolo, como intencional o «designador»4. Y en los estudios sobre los circuitos electrónicos se considera mecánicamente la sim­ bolización significativa, una vez integradas adecuadamente las señales mediante un proceso de estimulación y captación que guarda cierta analogía con el proceso sen­ sitivo y cognoscitivo en general. Los estímulos, de índole fisicoquímica y mecánica, en cuanto son aprovechados, en su modalidad eléctrica, llevan latente el sentido intencional, como una especie de potencial significativo, notativo, potencia de inten­ ción y significación. Esta habrá de recogerse y actualizarse en un desarrollo sintéti­ co, que posibilitará a su vez la reacción y transmisión de las señales transformadas, cargadas entonces de todo su valor de símbolo, en su sentido analógico y fundamen­ talmente mecánico. Hay, electrónicamente, toda una teoría de estimulación, información y comuni­ cación, a la que se adapta una técnica especializada y, a todo ello, unas realizacio­ nes de gran eficacia. Casi se puede hablar de una electrónica orgánica e, incluso, según algunos, «mental-asociativa». Sin embargo, en principio, como decíamos, las señales son meros indicadores que no alcanzan aún de por sí la categoría de «desig- nadores», en su sentido estricto. Se ofrecen a modo de impulsos o, cual se ha dicho, «trenes de impulsos» que se mueven en el seno de los circuitos. Los componentes de tales circuitos son, corrientemente, tubos electrónicos, resistencias, capacidades, etc. Su naturaleza y funciones se adscriben básicamente al dominio de la electrodi­ námica. Los esquemas de los circuitos utilizados hasta la fecha son, como es de suponer, extremadamente numerosos. En efecto, con su aplicación se han ido creando aparatos cada vez más perfectos, empleándose circuitos más y más compli­ cados. Su estudio detenido implica un enorme caudal de conocimientos matemáti­ cos y físicos, particularmente de teoría electrónica. Ahora bien, se trata casi siem­ pre, aunque no necesariamente, de circuitos electrónicos. Por otra parte, de la variedad innumerable de los esquemas de circuitos pueden inferirse ciertos princi­ pios generales de organización y funcionamiento. Pero, insistiendo, los circuitos estudiados no son forzosamente de índole electrónica, aunque lo sean en su m ayo­ ría. Una misma función pueden realizarla circuitos cuyos componentes sean dife­ rentes, permaneciendo, no obstante, idéntico el esquema de circuito.

3

V er Morris, Ch., «The Foundation o f the Theory o f Signs», Encyclopedia o f the U nified Sciences,

1938.

*

Sobre esto ha escrito con claridad Cassirer, E., en su Philosophie der Sym bolischen Form en, 3 vols.,

1923, 1925, 1929 lespec. III. Fenom enología del con ocim ien to ) y, sobre todo, en su última obra., A n tro­

p olog ía filo s ó fica , México, 1945,

ciación sim bolista: «una señal es una parte del mundo físico del ser: un sím bolo es una parte del mundo humano del sentido. Las señales son "op e rad o re s": los símbolos son "d e sign adores". Las señales, aun siendo entendidas y utilizadas como tales, poseen, no obstante, una especie de ser físico o sustancial; los

sím bolos poseen únicamente un v a lor funcional» (op. cit., cap. III, pág. 70).

donde dice, adoptando la distinción de Morris y confiriéndole su apre­

í

os problem as de la cibernètica

41

Sistema nervioso y circuitos

s

Lo curioso e importante, para los nuevos estudios, es que ciertos tipos de circui- o presentan características podríamos decir «orgánicas» o, quizá, «pseudoorgáni- as»; parecen dotados de propiedades que admitimos muy afines —o, según algunos utores, idénticas— a las del sistema nervioso. La analogía se ha llevado hasta el xtremo. Es sabido de tiempo que uno de los aspectos esenciales del sistema nervio- -o. considerado funcionalmente, es su actividad eléctrica. Un influjo nervioso que acorra un nervio va acompañado de un impulso eléctrico que sigue a dicho impulso ^variablemente. El orden de magnitud de los potenciales nerviosos es débil; se rnde en milivoltios. Pues bien; potenciales del mismo orden de magnitud pueden aliarse en el funcionamiento de un circuito electrónico. La articulación de dos cé-

.¡las nerviosas o neuronas permite al influjo nervioso y a la onda eléctrica inherente

narchar en determ inada dirección, pero no

retroceder en sentido opuesto.'¿No vie-

:ie a ocurrir lo mismo, se preguntan ahora los tratadistas, con un triodo o con una válvula de gas ionizado? Igualmente, en determinadas lámparas de electrodos múl- ■¡pies, resulta posible detener la corriente-placa mediante un cambio de potencial al ivel de una de las rejillas de mando. Y, se pregunta también, ¿no se asemeja esto, aunque toscamente, a los fenómenos inhibitorios que aparecen en los circuitos ner­ viosos? El simple hecho de poder hablar con bastante propiedad de circuitos en un sistema orgánico dice mucho' en favor de la semejanza con un circuito eléctrico y, particularmente, electrónico') Con el avance de los estudios especializados, los puntos de contacto se aprecian mejor. Las semejanzas se extienden. Como caso importante, debe notarse que las descargas oscilatorias, es decir, los fenómenos rítmicos, desempeñan un papel muy peculiar en el funcionamiento de las estructuras nerviosas. Por su parte, los circui­ tos oscilantes son muy frecuentes en la electrónica. Además, se conoce suficiente­ mente que los fenómenos funcionales del sistema nervioso van acompañados de un gasto de energías relativam ente escaso. Con la proporción debida, ¿no sucede algo de eso en un circuito electrónico? Las semejanzas son —o parecen ser—, a pesar de todo, elementales. Pero la idea de una analogía funcional —y en algunos autores, repetimos, de una identidad funcional— se ha abierto paso, partiendo ahora de las investigaciones electrónicas y de sus sorprendentes aplicaciones.(Ba podido pensar­ se que las leyes del funcionamiento del sistema nervioso son quizá vecinas de las que rigen los circuitos electrónicos.JAI mismo tiempo que se observan analogías extremadamente sugeridoras entre los componentes de los circuitos nerviosos y de sus correspondientes funciones y los de los electrónicos, se advierte, por otra parte, que un circuito electrónico complejo perm ite realizar operaciones que, efectuadas por un ser vivo de los más organizados, se consideran dependientes de la conciencia sensitiva. Incluso, con referencias a los «analizadores diferenciales» y «m áquinas silogísticas», entre otros aparatos de la electrónica de cálculo, las operaciones reali­ zadas hacen pensar, según ciertos autores, en actividades que se suponen depen­ dientes de la inteligencia o capacidad cognoscitiva superior.' Añádase que los circuitos llamados reverberantes, de gran importancia en elec­ trónica, y el scanning o barrido, conocido sobradamente en la técnica de la televi­ sión, pueden tener su equivalencia en el sistema nervioso y su conocimiento puede ser útil —como, en efecto, ocu rre- en los estudios de patología mental y en la nueva

42

Cibernética de lo humano

doctrina do la percepción. Otros aspectos, relativos a «reflexología» y al gran capítu­ lo de los reflejos condicionados podrán ser aducidos, pero, en fin. bastaré sólo hacer notar que las analogías se han llevado al terreno de la acción espontánea y, finalmente, al de la voluntad libre, en su aspecto psíquico y autodeterminativo.

Se precisa la cibernética

El estudio y fundamentación de las analogías sumariamente descritas ha permi­ tido constituir una nueva ciencia. La ciencia de los circuitos y de la transmisión de señales, correspondiente a las máquinas, en especial las electrónicas, y a los anima­ les, en particular respecto a su sistema y centros nerviosos. Ciencia de las analogías entre el animal y la máquina, ha podido llamarse a esta nueva ciencia. Nos referi­ mos, como se comprende, a la cibernética. Pero las citadas analogías no se prejuz­ gan, en principio, en un sentido mecanicista. Si asi fuera, la cibernética, entendida del modo que acabamos de indicar, no sería un estudio, o mejor, una doctrina nue­ va, ni mucho menos. En efecto, la interpretación de los fenómenos vitales (incluyendo orgánicos y psíquicos) como fenómenos físicos o químicos, viene de lejos. Sin remontarnos a otras fuentes, demasiado distantes, podemos recordar incidentalmente las contem­ poráneas (o, al menos, relativamente cercanas). El modo de presentación filosofico- cultural es de sobras conocido. En el siglo xvm encuentra su manifestación en los sistemas materialistas de La M ettrie y el barón D'Holbach, así como en las corrien­ tes inglesas del asociacionismo de Hartley y el fisiologismo de Priestley, por citar sólo algunas expresiones destacadas. En el siglo xix, la consideración mecanicista —con el común denominador de la reducción de lo psíquico y orgánico a fisicoquími- co y mecánico— se extiende notablemente. El sistema positivista y la corriente del «cientifism o», así calificado por los historiadores de la cultura y el pensamiento, se abroquelaron, con ligeras variaciones en la exposición de sus partidarios, en el cita­ do principio como punto de vista fundamental, de carácter determinista. La idea tomó form a en multitud de doctrinas psicológicas, morales, sociales, jurídicas, pedagógicas5. En un terreno más científico, menos directamente filosófico, conviene recordar que ya Lavoisier, hace casi dos centurias, quiso establecer la semejanza de la combustión con la respiración. En una Memoria presentada en 1779 a la Acade­ mia de Ciencias francesa, escribía lo siguiente: «Diremos primeramente, en térmi­ nos generales, que la respiración no es otra cosa que una combustión lenta del car­ bón y del hidrógeno, y que, desde este punto de vista, los animales que respiran son verdaderos cuerpos combustibles que arden y se consumen». Después, muchos tra­ bajos científicos se inspiraron en iguales principios; la fisiología moderna ha consi­ derado importante, sin duda, la ayuda de las leyes mecánicas, físicas o químicas, para explicar y desarrollar su objeto. A fines del siglo pasado, Branly introdujo el cohesor automático al intentar fabricar el equivalente físico de un nervio; este fue, al decir de algún autor, el prim er contacto que la futura electrónica tuvo con las ciencias de la vida.

5 V er am plia inform ación y crítica acerca de estos temas en los artículos, del autor de esta introduc­

ción, M ecanicism o, Mecanismo, Vitalismo, Materialismo, Positivismo, V ida, Movim iento, Teleología

publicados en la E n ciclop ed ia de la Religión Católica, 7 vols., Dalm au-Jover, Barcelona, 1949-55.

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Los problem as

de la cibernética

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' La primera

mitad del siglo XX ha visto —junto con la ampliación y m ultiform idad

de las doctrinas de la evolución, la permanencia de un positivismo critico, y la reac­

ción vitalista, indeterminista v ' “ '"o ló g ica - el desarrollo de la electrónica y las grandiosas perspectivas que se ofrecían a la técnica en tal sentido, así com o el nota­ ble progreso de la dinámica cuántica y de las ciencias de la vida, especialm ente en

el sentido positivo. La fisiología y la neurología abrían amplios horizontes descripti­

vos, causales (principalmente se dice en sentido metodológico) y también de aprove­

chamiento utilitario. La psicología, por su parte, en su rama empírica, llegaba a las más curiosas aplicaciones. Varias ramas del saber humano, a pesar de su especiali- zación, se apresuraban a trazar sus relaciones, metodológicas o de contenido, con las bases ónticas y formales de todo conocimiento y, asimismo, con los estudios posi­ tivos, las diversas ciencias particulares. El espíritu de síntesis científico-positivo —al igual que venía ocurriendo con la síntesis formal y de fundamentación m etafísi­ ca, con el cultivo de la epistemología, la metodología y la filosofía del saber— podía desarrollarse y plasmarse en cualquier circunstancia ocasional, de las muchas que

se ofrecen en el campo de la ciencia. Así ha sido, en efecto. Y, entre otras im portan­

tes manifestaciones, apréciese, en particular, en el intento de buscar un fundamento nuevo, aun de carácter positivo, a las ciencias de la naturaleza, singularmente en el sentido de las físicas y biológicas6. En nuestro tiempo, justamente, arrancando aproximadamente de cerca del

medio siglo, se ha visto la necesidad de estudiar sistemáticamente el paso de señales en el seno de circuitos más o menos complejos. Se delimitaba un nuevo objeto cien tí­ fico, partiendo de otros estudios y, singularmente, de la conveniencia práctica res­ pecto a la resolución de los problemas de regulación y comunicación. Dicho estudio

y dicha conveniencia se prestaban, com o indicábamos, a buscar la aplicación a

determinados problemas planteados por el organismo animal y humano. Lo mismo que se realiza por el sistema nervioso en un organismo superior, cuya síntesis expli­ cativa ha tenido que explorarse, incluso ampliarse, tiene aplicabilidad en los siste­ mas electrónicos de regulación y paso de señales. Los estudios de la nueva ciencia habían de proceder partiendo de una analogía muy significativa y buscar resulta­

dos prácticos inmediatos. Nacía, en form a sistemática, el estudio do] control y de la comunicación tanto en la máquina como en el animal. Faltaba un nombre que expresara con adecuación suficiente el objeto de la nueva materia. Una vez hallado

el nombre, y expuesta la perspectiva teórica de la nueva ciencia en una obra de Nor-

bert Wiener, profesor de matemáticas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos), se expandió con rapidez tal denominación, así como la idea del contenido de dicha ciencia y las posibilidades teoricoprácticas que se ofrecían. En el corto plazo de 1945 a 1948 —porque los albores, en tiempo de guerra, fueron más bien técnicos— se constituyó, en su form a inicial, la ciencia naciente, que im plica, a un tiempo, aspectos notables de la electrónica contemporánea, técnica de las m á­ quinas y de los «robots», lógica matem ática y epistemología, fisiología y psicología comparada, cálculo de probabilidades y estadística, estudios histológicos y neu- roencefalográficos, psiquiatría y, también, como se ha visto después, econom ía y sociología. La fundamentación filosófica se aprecia, ciertamente, ahora.

6 V er la interesante obra de Jordan. P., Das B ild der m odernen Physik, Bergedorf. H am bu rgo , 1948

[T rad. castellana. I, Perspectiva de la fís ic a m oderna, Barcelona, 1953;

na, 1954J, donde se adscriben las fundam entales relaciones de la microtisica y la -m acrofísica.

II, La b iología cu á n tica , B a rc e lo ­

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La dcsi,;-.iacién Lee.i lógica

Cibernètica de lo humana

El nombre escogido fue el de Cibernètica (ingl. cybernetics), tomado del vocablo griego kybernetes, que significa piloto o timonel. En Platón, kybernetike expresa propiamente el arte del pilotaje y, a su vez, extensivamente, el arte de gobernar a los hombres. Del mismo término - kyberneter; kybernetes-