Está en la página 1de 377

JORGE BUSTAMANTE ALSINA

- Doctor en Jurisprudencia de la Universidad de Buenos Aires .

- Profesor Extraordinario Consulto de la Facultad de Derecho de la Universidad de

Buenos Aires.

- Profesor Titular de Derecho Civil de la Universidad del Museo Social Argentino

(UMSA).

- Miembro de Número de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de

Buenos Aires.

- Miembro de la Academia Interamericana de Derecho Internacional y Comparado.

- Miembro de la Rama Argentina de la Intemational Law Association.

- Miembro de la Rama Argentina de la Association Internationale de Droit des As·

swances.

- Ex Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de

Buenos Aires.

- Ex Presidente del Tribunal de Etica Forense de la Capital Federal.

- Conjuez de la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo de la Capital Fe- deral.

- Socio Honorario y Presidente de la Comisión de Derecho Civil del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.

JORGE BUSTAMANTE ALSINA

TEO

de la Ciudad de Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y
de la Ciudad de Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y
de la Ciudad de Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y

ERAL

la Ciudad de Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y ACTUALIZADA

LIDAD

de Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y ACTUALIZADA ABlElEDO-PERROT

NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y ACTUALIZADA

Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y ACTUALIZADA ABlElEDO-PERROT BUENOS AIRES

ABlElEDO-PERROT

BUENOS AIRES

Buenos Aires. JORGE BUSTAMANTE ALSINA TEO ERAL LIDAD NOVENA EDICiÓN AMPLIADA Y ACTUALIZADA ABlElEDO-PERROT BUENOS AIRES

,"

PARTE mSTÓRICA

CAPtruw 1

LAS ETAPAS DEL PROCESO

l.-LA REACCIÓN HUMANA FRENTE AL DAÑO

1. Una visión histórica del fenómeno jurídico de la responsabilidad civil nos remonta al origen mismo del derecho, es decir, a las primeras manifestaciones de la actividad humana reguladas normativarnente. En las primitivas comunidades todo daño causado a la persona O bienes de otro despertaba en la víctima el instinto de la venganza. El hombre respondía a un instinto natural de devolver el mal por el mal que había sufrido. Era una reacción absolutamente espontánea. Así como el niño golpea la piedra contra la cual ha tropezado, el hombre primitivo bajo la impresión del dolor reaccionaba involuntariamente movido por un sentimiento de cólera contra la causa aun inocente de ese sufrimiento. "El dolor gobierna soberanamente el sentimiento jurídico del hombre primitivo. La injusticia es apreciada no según su causa, sino según su efecto; no según las circunstancias relativas a la persona del autor sino desde el ángulo de la víctima. La piedra lo ha golpeado, él siente el dolor y el dolor lo empuja a la venganza. Cuando la pasión es excitada no im- porta mucho que sea la intención o la negligencia o aun el azar que haya conducido la mano que ha causado el mal. La pasión impone la expia- ción aun del inocente" '.

1 IHERING. Rudolf von, Érudes Complémentaires de rEsprit de Droit Romain. De

2K

RESPONSABILIDAD CIVIL

2. Bajo el imperio de la pasión son dos las notas que destacan la

conducta de la víctima frente al autor del hecho lesivo en aquellos primi-

ti vos tiempos. Por una parte, la pasión dominante hace perder de vista la

culpabilidad. Por otra, interesa más el castigo del ofensor para satisfacer el espíritu vengativo de la víctima, que perseguirlo para obtener la repa- ración del daño sufrido por ella. Puede decirse que en esta época la cuestión de los daños y la nece- sidad de su resarcimiento se hallan al margen del derecho. El ataque a la persona y a los bienes no constituye en sí mismo el agravio sino que, a través del daño material, se quebranta el sentimiento de autoconserva- cíón y la propia estimación de la víctima comprometiéndose la solidari- dad del grupo al que ésta pertenece. Es el imperio de la fuerza. A la vio- lencia se opone la violencia. El mal se paga con el mal. Por el daño recibido se causa un daño semejante. Es la Ley del Talión: "ojo por ojo

y

diente por diente". Es éste el período de la venganza privada, la forma más imperfecta

y

más antigua de represión de la injusticia.

ll.- ORGANIZACIÓN JURÍDICA DE LA SANCIÓN

3. DE LA VENGANZA A LA COMPOSICIÓN. En una época posterior la

pasión humana se modera; la reflexión priva sobre el instinto salvaje y

la víctima del daño que tiene el derecho de venganza también puede per-

donar mediante la entrega por el ofensor de una suma de dinero libre- mente consentida. Es ya la época de la composición voluntaria, del res- cate, de la pena privada. Las composiciones son entonces puramente voluntarias. El ofendi- do si quiere puede aún vengarse; no está constreñido a la pena. El ofensor

puede ofrecer la entrega de dinero para rescatar el agravio inferido evi- tándose tener que soportar la venganza de la víctima en su propio cuerpo. Si ésta acepta deberán acordar el monto de la pena.

4. Cuando las organizaciones políticas se consolidan y la autoridad

se afirma, se ve la necesidad de institucionalizar el sistema de las com- posiciones haciéndolas obligatorias para asegurar la tranquilidad pública. Este es el período de la composición legal y del delito privado. El Estado fija para cada delito una cierta suma de dinero que el ofendido debe nCl'[ltur y l'l ofensor está obligado a pagar.

LAS ETAPAS DEL PROCESO

29

IlI.-LA DIFERENCIACIÓN DE LAS SANCIONES

5. LA REPRESIÓN DEL DEUTOYLAREPARACIÓN DE LOS DAÑos . Fi-

nalmente el Estado no solamente va a fijar las composiciones sino que también va a intervenir en el castigo de los culpables. El Estado aparece ya interesado no solamente en la represión de las infracciones dirigidas contra él, sino también de aquellas dirigidas contra los particulares pero que no por ello representan menos una alteración de la tranquilidad pú- blica.

"Cuando el Estado es bastante fuerte suprime la composición corno ha suprimido la venganza; procede por sí mismo a la represión, erige los delitos privados en delitos públicos. Es lo que hacen los Estados moder- nos H 2. Desde el día en que el Estado asume la función de aplicar las san- ciones represivas castigando a los culpables, se produce una notable transformación del concepto de responsabilidad. Desde ese momento esta noción se desdobla: por un lado, la responsabilidad penal que per- sigue el castigo del delincuente y, por otro, la responsabilidad civil que tiende a resarcir a la víctima del daño sufrido.

j

j

6. En otros tiempos tan sólo la vÍCtima tenía la carga de sancionar

con una pena al autor del daño; penacorporal, luego pecuniaria (compo- sición), pero que constituía siempre la expresión de la venganza. En lo sucesivo el Estado es el que pena, y muy pronto, él es el único que pena. ¿Quiere decir esto que ha terminado el papel de la víctima? No, sino que se ha transformado; la víctima pide sólo una indemnización, ya no es cuestión de venganza sino de reparación '. Al Estado incumbe la responsabilidad penal; la acción represiva ya no corresponde a la víctima. El particular que ha sufrido un daño tiene desde entonces la acción de daños y peIjuicios, distinta de aquélla y que atañe sólo a la víctima por la respOnsabilidad civil del autor.

1 GIllARD, P. F., Droit Romain, Pans , 1918, pág. 403 .

) MAZEAUD, H . y TuNC . A. , Tratado Teórico Práctico de la Responsabilidad Civil

Delietualy Con/rae/ual, Bs. As., S"ed . 1%1. T. 1.1, pág. 37.

CAPITuLO n

LA CUESTIÓN EN ROMA

l.-LA LEY DE LAS DOCE TABLAS

7. Las etapas del proceso que han sido brevemente expuestas se ha-

llan bien demarcadas en Roma, donde se advierte la evolución desde la

venganza privada, pasando por la pena privada de las composiciones, primero voluntaria y después obligatoria, hasta llegar en la época de Jus- tiniano a la distinción entre las acciones puramente penales y las accio- nes reipersecutorias por daños y perjuicios.

A los primitivos tiempos de la venganza privada sigue la época de

la composición voluntaria, cuando el Estado trata de poner fm a aquélla reemplazándola por una suma de dinero que valía tanto como el rescate del daño padecido. La autoridad fue de esa manera tomando en conside- ración los hechos lesivos que más frecuentemente se producían, y así fue

describiendo las primeras figuras de los delitos privados más comunes y fijando su reparación en montos variables.

El casuismo tan característico no sólo de la legislación romana sino

de la mente misma de sus jurisconsultos, se expresa aquí en la falta de un principio general de la responsabilidad. Sin embargo veremos luego los esfuerzos de estos últimos y de los pretores para extender los casos pre- vistos en los textos legales a otros no previstos. Se proponían de esta ma- nera satisfacer una imperiosa exigencia de los hechos cuando se causa- ban daños en condiciones que no respondían a las caracterizaciones tan

particulares de la norma legal.

8. La Ley de las Doce Tablas dictada el año 305 de Roma nos mues-

tra la transición de la composición voluntaria a la composición legal. Por ejemplo, en el robo flagrante (jurtum manifestum) la composición es aún

32

RESPONSABILIDAD CI VIL

LA CUESTIÓN EN ROMA

33

voluntaria y, en cambio, es legal para el robo no flagrante (furtum nee manifestum); en la injuria es legal para la injuria corporal y lesiones or-

9. En la época de Justiniano se distingue lo que se llaman acciones

Para reprimir estos daños (damnum iniuria datum) se dictó un ple- biscito propuesto por el tribuno Aquilius en fecha incierta pero que se

dinarias, y es voluntaria en cambio para el caso de fractura de un miem- bro donde puede aún aplicarse la Ley del Talión. Se advierte que en los casos más graves donde la ofensa tiene características de excepción, la víctima puede todavía satisfacer su venganza si no hay arreglo en cuanto al monto de la composición. La víctima no está compelida por la ley a aceptar la composición que esta última fija.

hace remontar a la época de las disensiones entre patricios y plebeyos (287 A.C.). Esta es la Ley Aquilia que instituía contra el autor de ciertos daños una acción única que era, en la época formularia, del doble en caso de desconocimiento o negativa, y que debía ejercerse por el procedi- miento de la manus iniectio en la época de las acciones de la ley. La ac- ción establecida tenía por objeto el monto del perjuicio calculado sobre

La suma (poena) que constituye la composición legal sigue siendo

el

más alto valor que la cosa destruida o deteriorada había tenido sea en

en la Ley de las Doce Tablas el precio de la venganza; es una pena pri- vada. El derecho romano, tal como lo afirman MAZEAUD y TuNC " no llegará nunca a librarse completamente de esa idea; a hacer de la conde- na civil lo que es en la actualidad: una indemnización.

reipersecutorias, acciones penales propiamente dichas y acciones mix-

el

año, sea en el mes que había precedido al delito.

11. Desde el punto de vista de la clasificación de las acciones en pe- nales, reipersecutorias y mixtas, Gayo y Justiniano dicen que ella es a la vez penal y reipersecutoria: el primero la considera así porque ella per- sigue la reparación del doble en caso de negativa injustificada, y Justi- niano, a su vez, no solamente por esto sino porque ella permite obtener

tas (penales y reipersecutorias). Las reipersecutorias son acciones civi-

la

diferencia entre el valor en el momento del delito y el más alto valor

les por daños y petjuicios; las segundas son acciones penales que persi- guen la aplicación de una pena privada, pero la distinción ha sido vacilante y nunca se han apartado de las acciones reipersecutorias ciertas reglas que son propias de la idea de pena; por ejemplo, los herederos del

en un cierto período. Sin embargo, esta acción está regida por las reglas de la acción pe- nal ' . En caso de pluralidad de autores ella se da acumulativamente con- tra todos; en caso de que el autor fuese alieni iuris se da como noxal; no

autor del daño no podían ser perseguidos sino por la víctima, salvo, du- rante el Imperio, en el caso de enriquecimiento por el delito cometido por el causante, con fundamento en el enriquecimiento sin causa'.

se extingue por la capiris diminutio y sí por la muerte del deudor salvo el enriquecimiento sin causa de los herederos.

n.-LA LEY AQUILlA

lO. Dentro de los delitos privados que sancionaba la Ley de las Doce Tablas se hallaban junto a la injuria y al robo (furrum) algunos otros que no entraban en la noción de injuria porque eran delitos contra los bienes y ésta constituía un ataque a la persona; pero tampoco entra- ban en la noción defurtum porque no comportaban propósito alguno de lucro en sus autores. Tales eran aquellos actos que se traducían en daños a los bienes ajenos.

• MA7J Aun y

T\INC, op. cit., pág. 39 .

, GIRARI), "p. cit. , pág. 406.

12. En cuanto a los hechos que sanciona, la Ley Aquilia constituye,

al decir de G/RARO', una tentativa de generalización en relación al de-

recho anterior, pero ella está aún muy lejos de constituir una regla de conjunto que obligare a reparar todo daño causado injustamente a los bienes de otro. La Ley Aquilia procede por solución de especie encarando en tres

capítulos principales los daños que requieren urgente represión: la muer-

te de esclavos o de animales que viven en tropel (animalia quae pecudum

numero sunt); el daño causado a un acreedor principal por el acreedor ac-

cesorio (adstipulator) que ha hecho remisión de la deuda en petjuicio del primero, y, por último, la lesión de esclavos o animales y la destrucción

o deterioro de cualquier otra cosa corporal.

, GIRARD. op. cit., pág. 422.

7 GrRARD, op,y loe. dls.

34

RESPONSABILIDAD CIVIL

13. Los hechos indicados precedentemente no constituían delitos

sancionados por la Ley Aquilia si no presentaban los siguientes caracte- res bien definidos ':

14. a) Que el daño consistiere en la destrucción o deterioro material

de una cosa corporal (corpus Ioesum) y que él fuese causado corpore, es decir por el cuerpo: el contacto mismo del autor del delito. Así el que

mata al esclavo de otro golpeándolo y no encerrándolo y dejándolo morir de hambre.

15. b) Era necesario que el daño hubiese sido causado sin derecho

(in¡uria). Es decir, no solamente cuando el autor del daño ha actuado con dolo sino también cuando hubiese cometido la más leve culpa sin inten- ción de dañar. Sin embargo, según MONIER " bastaba que el daño hubiese sido causado sin derecho; es decir que la persona perseguida no hubiese es- tado en el ejercicio legítimo de su derecho : la persona que mata al escla- vo que lo había atacado no puede ser molestada pues la ley autoriza la le- gítima defensa.

16. Si la ley preveía únicamente los actos cumplidos sin derecho

(iniuria) ella no exigía que el autor del daño hubiese cometido la menor falta (culpa). MONIER 10 sostiene que han sido los jurisconsultos roma- nos de la época clásica quienes han introducido la noción de culpa en la responsabilidad delictual, pero ellos no han distinguido muy claramente el carácter culpable del carácter ilícito de la infracción; en efecto, no pu-

diendo en presencia de los términos precisos de la ley, hacer de la culpa una condición distinta de la existencia del delito, ellos se vieron precisa- dos a decir que la noción de iniuria implicaba que el autor del daño había cometido una culpa; poco importaba además que ésta fuese más o menos grave (in Iege Aquilia el levissima culpa venir) 11 . Coincidenternente con lo que antecede, FLlNlAUX 12 dice que fue- ron tan sólo los jurisconsultos de fines de la República, entre otros Quin- to Muscio Escévola, los que por influencia de las ideas griegas dedujeron

' I'ETrr. Il

Traité de Droit Romain , 4' ed., Pari" 1903, pág. 464.

• MONJE', R., MfJJIUI!/ d. Droit Romain . Paris, t936 , T . lI , pág. 69.

10 MO NU:R, lJp. dt.

11 G A YO, /n.!titut"' ·, IlI , 202 Y 2 11.

12 J1l.1NIA tr X. Andr~, (' o urs dt' Droil Romain de lerne. AM ée , Pans, 1929/19 29 .

·1

LA CUESTIÓN EN ROMA

35

la concepción que se hizo famosa de la culpa aquiliana: Impunitus es qui sine culpa el dolo malo casu quodam damnum commirit.

17 . La palabra iniuria se convirtió en sinónimo de culpa. La exis- tencia de una culpa en derecho clásico resulta de las circunstancias ob- jetivas que rodean al daño, más bien que del estado de espíritu de su au- tor. No se estaba obligado por no haber culpa, por ejemplo, cuando se hubiese advertido del peligro mediante el aviso cave canem. El leñador que poda las ramas de un árbol e hiere a un pasante será o no culpable, segUn que se hallase trabajando en el bnrde de un camino o bien en pleno bosque. Se atribuye a la época de Justiniano el haber separado la noción subjetiva de culpa de las meras condiciones objetivas y hacer de ella un elemento distinto del elemento objetivo que consiste en la ejecución de un acto ilícito 1'.

18. c) Por último, era necesario que el daño proveniese de un hecho

del hombre. Por ejemplo, si un deudor está comprometido hacia su acreedor a un cierto grado de diligencia, es responsable de sus omisio- nes. La situación era diferente cuando las personas no se hallaban ligadas por un vínculo, pues segUn el derecho romano, aunque no en moral, na- die está obligado a actuar en interés de otro y las omisiones no pueden por lo tanto comprometer la responsabilidad. Para que hubiese delito es necesario un acto, un hecho por el cual se hubiese inmiscuido uno en la esfera del otro. Poco importaba además que el daño fuese causado por el hecho mismo o por una negligencia que ha seguido a un hecho no petju- dicial: así la Ley Aquilia se aplicaba al médico que después de haberope- rada a un esclavo enfermo lo ha dejado morir por falta de cuidados. En cambio no se sancionaba a la persona que viendo producirse un incendio

no ha tratado de extinguirlo.

19. Los casos previstos por el texto legal fueron ampliados más tar-

de, tal vez en la época de Ulpiano 1'. y asíel pretor concedió acciones úti- les al hombre libre víctima de un accidente, También acordaba el pretor estas acciones a quienes invocaban la opinión de los jurisconsultos du- rante la época clásica. Por ejemplo, aunque el daño no fuese causado cor-

13 ARANG10 RULZ , Vicent e. Responsabilitá C o ntractuale , 2- ed . , 1934, pág . 226 .

14 MONIER, op . cit. , pág . 71.

36

RESPONSABILIDAD CIVIL

pore, como si una persona envía a un esclavo el veneno que éste ha de in- gerir, aquélla debe ser penada conforme a la Ley Aquilia. Así también <.Icsde esa época la acción ha podido ejercerse incluso por quienes eran titulares de derechos reales distintos de la propiedad como estaba previs- to por la ley y aunque no fuesen ciudadanos. Las acciones útiles se acor- daron al poseedor de buena fe, al usufructuario y al acreedor prendario aunque fuesen peregrinos.

20. No obstante la ampliación pretoriana de los alcances de la Ley

Aquilia, los romanos no formularon nunca una regla general de respon- sabi lidad y por eUo subsistían casos excepcionales en que ciertos hechos dañosos no daban derecho a ninguna acción, con tal sin embargo de que no hubiese habido una intención fraudulenta de parte del autor del daño:

un simple acreedor no podía quejarse de la destrucción involuntaria de la cosa debida, pero en caso de daño voluntario podía intentar la acción de dolo.

III.- LOS DEUTOS PRIVADOS DEL "IUS ClVILE"

21. La Ley de las Doce Tablas preveía numerosos delitos que eran

originariamente castigados por una multa fija o la pena del doble. Algu- nos de Jos delitos previstos eran Jos siguientes:

Mutilación de árboles.

Hacer pacer ganados fuera del tiempo de las cosechas en terre- no ajeno. Empleo de una viga robada en la construcción de una casa. Apropiación de bienes del pupilo por el tutor legítimo. Depositario infiel. Daños causados por los animales. En el derecho primitivo se autorizaba la venganza sobre el animal mismo. Después de las Doce Tablas se intentaba un procedimiento contra el dueño del animal, que tenía la facultad de abandono (noxal) si no quería pagar la multa. Enajenante que habiendo vendido la cosa de otro no ha impe- dido la evicción del verdadero propietario contra el adquirente.

22. Sin embargo, los principales delitos del ius civile eran: la inju-

ria, el robo, rl <.laño causado injustamente y la rapiña.

LA CUESTIÓN EN ROMA

37

Adviértase la importancia de determinar las figuras delictuales pre- vistas en la ley, pues uno de los caracteres de los delitos era precisamente que el hecho fuese prohibido por una disposición expresa de la ley (nulla poena sine lege) a condición, bien entendido, de considerar el derecho positivo en un sentido amplio, comprensivo del edicto de los magistra- dos.

23. LA INJURIA. El término iniuria significa de una manera general

"acto cometido sin derecho" y, según las épocas, se ha comprendido en

esta figura un número variable de ataques a la persona física, al honor y

a la consideración y aun al libre ejercicio de los derechos o actividades de una persona.

24. ELROBO (furlum). Es el delito que consiste en el hecho de apo-

derarse de la cosa de otro o de utilizarla en el propio provecho. Tanto este delito como el anterior se hallaban previstos en las Doce Tablas y experimentaron una notable evolución, particularmente por las reformas pretorianas y también legislativas, cuyo análisis escapa al inte- rés perseguido en esta obra.

25. EL DAÑO CAUSADO INJUSTAMENTE (OOmntlm iniuria OOlum.

Ver supra nro. 12).

26. LA RAPIÑA. Este delito no se hallaba contemplado en la Ley de

las Doce Tablas y aparece posteriormente dada la necesidad de reprimir ciertos hechos que no caían bajo la sanción de la legislación vigente. El damnum iniuria OOtum no era castigado, por lo menos, con bastante se- veridad, cuando se trataba de daños causados por un grupo de individuos

u hombres armados. Por otra parte, el robo con violencia escapaba a las penas deljitrltlm manifestum como consecuencia de la imposibilidad de la víctima del robo de apoderarse del ladrón. En el año 76 A.e. el pretor Lucullus acordó en su edicto una nueva acción penal, reprimiendo los daños causados en banda o con armas. Luego se agrega a ese delito una cláusula destinada a reprimir el robo con violencia aunque hubiese sido cometido por una sola persona.

27. OTROS DEUTOS (delilos pretorianos). Existían también otros

delitos sancionados por el pretor que completaban el ius civile y que los

38

RESPONSABILIDAD CIVIL

romanistas han dado en llamar"delitos pretorianos"; tales eran la violen- cia (metus) y el dolo (dolus). En nuestros días estas cuestiones son tra- tadas como vicios de la voluntad capaces de detenninar la nulidad del acto jurídico celebrado en tales condiciones, pero ellos son también cau- sa bastante para obligar al autor de la violencia o el dolo a resarcir el daño producido.

28. Por último, también fue considerado delito el fraude a los acree- dores (fraus creditorium). En los últimos siglos de la República el siste- ma de las Doce Tablas, según el cual el deudor insolvente era entregado al acreedor, quien podía darle muerte o venderlo en el extranjero, desa- pareció a favor de una concepción más humana de la relación obligato- ria. Los acreedores fueron, en adelante, puestos en posesión del patrimo- nio (missio in possessionem), el cual después de cumplidas ciertas formalidades y al cabo de cierto tiempo era vendido en block al mejor postor (venditiD bonorum). El objeto ya no era el deudor sino su patrimo- nio. Hasta ese momento el deudor podía realizar toda clase de actos aun- que supiera que con ello se tomaba insolvente o agravaría su insolvencia perjudicando a sus acreedores. Este peligro no era de temer para el deu- dor, pues su insolvencia no lo llevaría más a la muerte y ni siquiera a la pérdida de su libertad como acontecía anteriormente. El pretor concedió entonces contra el deudor en los casos mencionados una acción pauliana (del nombre de cierto pretor Paulus) castigando como delito elfmus cre- ditorum. Reunidos ciertos requisitos se podía desde entonces atacar los actos de empobrecimiento del deudor, aun a título oneroso, cuando hu- biese complicidad del adquirente, no bastando el mero peIjuicio que so- lamente hacía viable la acción contra los adquirentes a título gratuito aun de buena fe.

IV.- LOS CUASIDELífOS

29. Además de los hechos ilícitos que hemos considerado prece- dentemente, existían en Roma otros hechos que, reprimidos por el pre- tor, no constituían delitos. El pretor sancionaba a ciertas personas que habían cometido un acto culposo o doloso y quedaban éstas obligadas de la misma manera que si lnobligución hubiese nacido de un delito (quasi ex delito tener; vi-

dmtur).

LA CUESTIÓN EN ROMA

39

30. La doctrina romanista se ha preguntado muchas veces el porqué

de estas figuras de cuasidelitos que hacen nacer obligaciones separadas de las que se originan en los delitos. Es una cuestión difícil de resolver

al decir de PETIT " Yademás sin interés, pues las reglas generales que se aplicaban en Roma a los delitos son también aplicables a los cuasideli- tos.

31. Las acciones nacidas de los cuasidelitos eran numerosas y la

sanción, originada en una acción pretoriana in factum, comportaba una condena a una multa variable según los casos.

32. Los cuasidelitos citados en las [nstitulas de Justiniano eran los

siguientes:

Si el juez hace suyo el proceso. Cuando el juez dicta una sen- tencia inicuao tachada de ilegalidad, sea por simple culpao por dolo, vuelve el proceso contra él (litem suamfacit): quedaobli- gado a reparar el daño causado. Si objetos sólidos o materias líquidas son arrojadas (De effusis et deiectis) de un edificio a un lugar donde el público tiene el hábito de pasar y se causa un daño, el autor puede caer bajo la aplicación de la Ley Aquilia. Si han sido colocados o suspendidos objetos (De positis vel sus- pensis) en un edificio sobre un pasaje público y amenazan cau- sar un daño por su caída, el habitante de la casa es también res- ponsable y obligado al pago de una multa. La acción es popular. Si los pasajeros de un buque o los que se hospedan en un hotel sufren pérdidas O daños en sus efectos ocasionados por la tripu- lación o los dependientes, responden los patrones de buques y hoteleros.

V .-

LOS DELífOS y CUASIDELITOS COMO FUENTES DE OBLIGACIONES

33. Se ha considerado durante mucho tiempo que la fuente más an-

tigua de las obligaciones era el delito.

"PETIT,Op. cit., pág. 468.

40

RESPONSABILIDAD CIVIL

El contrato, o sea el acuerdo de voluntades destinado a crear obl i- gaciones entre las partes, aparecía como un estado de conciencia jurídica mucho más desarrollado que el que supone la necesidad de acordar a la víctima de un delito el derecho a una reparación. Sin embargo, como lo señala MONIER 1', es imposible admitir que la noción moderna de obligación haya nacido en el hecho de haberse co- metido un delito, pues éste hace nacer primitivamente un derecho a la venganza privada o a la toma de posesión de la persona física del culpa- ble, sin crear simultáneamente la facultad para el delincuente de librarse cumpliendo una prestación en provecho de la víctima. Es así como la Ley de las Doce Tablas admite aun que elfur manifestus, es decir el la- drón sorprendido en flagrante delito, sea atribuido a la víctima del robo. No se crea ningún VÚlculo jurídico entre el ladrón y su víctima; aquél no tiene ningún deber que cumplir frente a esta última para liberarse de la sujeción a que queda sometido. En esta forma de represión del delito no se advierte el mismo tipo de sujeción que la que presenta la situación del deudor frente a su acree- dor. La víctima del delito satisface su venganza sobre el autor del daño apropiándose de su persona física, mientras que el acreedor de la obliga- ción, si pone la mano sobre la persona del deudor, es sólo como un medio compulsivo para obtener la satisfacción de su crédito.

34. La idea de deuda en materia delictual sólo aparece en virtud del pacto por el cual la víctima renuncia a su derecho de venganza mediando la promesa de una suma de dinero. La obligación de pagar la pena que li- bera al delincuente tiene su fuente no en el delito mismo sino en la con- vención subsiguiente. El delito no ha sido más que el motivo por el cual una obligación se ha contraído.

35 . Recién posteriormente se ha podido decir que el delito da naci- miento inmediatamente a la obligación de pagar una suma de dinero, o seo que constituye una fuente autónoma de obligaciones. Esto ha ocurri- do cuando la ley no solamente ha fijado la tasa de la composición pecu- niaria, sino que ha impuesto también al delincuente el deber de pagar y a la víctima el derecho de exigir la composición legal.

ttl MONII:M 0/1. dr. , pá~.8.

LA CUESTIÓN EN ROMA

41

36. Desde que se ensayó en Roma una clasificación de las obliga-

ciones por su fuente aparecen los delitos junto a los contratos. Tal vez el

primer intento de clasificación fue obra de los jurisconsultos clásicos. Así las Institutas de Gayo (alrededor del año 150 D.C.) distinguen dos fuentes esenciales de obligaciones: omn;' enim obligatío vel ex contrac- tu nascítur vel ex delicto . Es decir, que todas las obligaciones nacen de los contratos o de los delitos.

37. Sin embargo, los jurisconsultos de fines de la época clásica ha-

bían ya advertido la existencia de obligaciones que sin nacer de hechos lícitos, no nacían tampoco de delitos; como también de obligaciones que sin nacer de hechos ilícitos no tenían su fuente en los contratos, o sea que nacían sin acuerdo de voluntades. Según un texto del Digesto, el mismo Gayo, que en sus Institutas no conocía sino una clasificación bipartita de las obligaciones, habría tenido enseguida la idea de crear una tercera ca- tegoría donde se ubicarían todas las obligaciones que tuvieran su origen

en otra fuente que el contrato y el delito. Esta tercera fuente que aludía a una categoría un tanto vaga, comprendía las obligaciones que nacían de modos diversos (variae causarumfigurae).

38. Las Instituciones de Justiniano a su vez nos muestran una divi-

sión cuatripartita de las fuentes de las obligaciones 17: "out enim ex con- tractu sunt quasi ex contractu aut ex maleficio sunt quasi ex maleficio ".

39. Pothier, teniendo en cuenta la clasificación tradicional de Jus-

tiniano, agregó la equidad como quinta fuente de obligaciones. Fue tam- bién POTHIER lB el primero que distinguió los delitos de los cuasi delitos según que existiese o no en el autor del acto intención dolosa, criterio éste que, como hemos visto, no fue el seguido ni en la clasificación bi- partita de Gayo ni en las Instituciones de Justiniano para oponer frente a

la obligación que nace de un delito aquella que nace de un cuasi delito. Así existía en Roma el delito por culpa como en el damnum injuria da- tum y el cuasi delito por dolo como en el caso del juez que hace suyo el pleito.

.

,

17 JUSTINtANO, Instituciones, III, 13,2.

l' POTHIER, Robert!

Traité des Obligations. Debure. Pari,,. 1774. T. 1, pág. 138.

nro. t t6.

42

RESPONSABIllDAD Crvn.

POTHIER "lIama delito al hecho por el cual una persona por dolo o malignidad causa daño o cualquier perjuicio a otro; cuasidelito es el he- cho por el cual una persona sin malignidad pero por una imprudencia no excusable causa cualquier perjuicio a otro.

VI.- FUNCI6N DE LA CULPA

40. La evolución del fenómeno histórico considerado nos muestra

cómo en las primeras épocas la venganza se ejercía ciegamente contra el autor material del daño, sin importar la reparación del perjuicio ni la cul-

pa del ofensor. Así se tratara de lesiones corporales o de la destrucción o deterioro de las cosas de otro, el autor del hecho, inocente o culpable, debía sufrir la pena del Talión. Más tarde, en una etapa más evolucionada, el autor del daño que- dará sometido a la composición forzosa, pero esta forma de liquidar la pendencia no significaba aún reparar el perjuicio sino más bien satisfa- cer la venganza por el agravio sufrido. El tono de esta última resultaba ya más moderado; primero, porque no recaía la venganza sobre la perso- na misma del ofensor, y segundo porque la intervención del Estado fija- ba el límite de la composición. De cualquier manera la culpa del autor era absolutamente indiferente. El objeto de la venganza era el mismo sujeto de donde partió el daño. Una mera relación de causalidad material era su- ficientemente indicativa del destino de la venganza; el que causó el daño, culpable o no, debía soportar la retribución exigida por la víctima, ya sea en su cuerpo o bien en sus bienes.

41. Ni en la Ley de las Doce Tablas ni en la Ley Aquilia, la culpa

era un factor computable para determinar la responsabilidad del autor, o aun siquiera para graduar el alcance del deber de responder, sal va en al-

gún supuesto excepcional. En esas leyes se castigaba el delito, por ejemplo el robo, aunque fuese ejecutado por menores cuya falta de discernimiento excluye toda idea de culpa. A tal punto la imputación era puramente material u obje- tiva que aun los animales y las cosas inanimadas debían responder del daílo que ellas habían ocasionado. Aunque parezca hoy chocante hablar de responsabilidad atribuida a los animales y a las cosas inanimadas, tal

19 POTItTBR., 01' . dt . v loe . di.

LA CUESTIÓN EN ROMA

43

vez no resulta tan inapropiada la expresión referida a la situación de tales cosas frente al derecho de la víctima, sea de retener las cosas que causa- ron el daño cuando cayesen en sus manos, sea de obligar al propietario de tales cosas, los animales por ejemplo, a entregarlos para pagarse del daño causado.

42. Sin embargo, la primera manifestación de la idea de culpa va a

aparecer cuando el pretor no admita la acción nacida del delito contra el

menor y el demente, incapaces ambos de comprender el alcance de sus actos.

43. Recién a fmes de la República, como hemos visto (supra nro. 16), los jurisconsultos introdujeron el concepto de la culpa, aun la más leve, como requisito para el ejercicio de las acciones nacidas de la Ley Aquilia. La idea de culpa, dice IHERING "', que es la base de la distinción en- tre la injusticia objetiva y la injusticia subjetiva, se encuentra en todas partes, significando con ello el ilustre jurisconsulto alemán que no se puede concebir en el derecho romano clásico una responsabilidad sin culpa. Es así que se puede decir que no hay relación jurídica que no esté afectada paresIa idea, es decir en la cual la presencia o la ausencia de cul- pa no comporte una diferencia de responsabilidad. Concluye afirmando este autor que "la noción de culpa es la medida general de la responsa- bilidad en el derecho romano privado en la época de su desarrollo". Hay coincidencia en esta última afirmación con lo que hemos ex- puesto acerca de que la idea de culpa aparece recién en Roma en la época clásica de la evolución del derecho.

44. En materia de responsabilidad contractual el derecho romano

de la época clásica no ignoraba tampoco del todo la necesidad de la cul- pa, pero estuvo lejos de haberle concedido el lugar que se cree general-

mente 21.

Los jurisconsul tos clásicos consideraron que ciertos contratos de- terminaban estrictamente la obligación del deudor (debe de custodia) cuando una de las partes confiaba a la otra una cosa cierta y esta última se obligaba a su restitución. Se aplica entonces pura y simplemente el

20 IHERlNG, op. cit., pág. 24. 21 MAZEAUO y TUNC, op. cit

pág. 43.

44

RESPONSABILIDAD CIVIL

contrato: todo incumplimiento compromete la responsabilidad del deu- dor, basta con comprobar que este último no ha cumplido su obligación de restituir, De nada vale en este caso apreciar su conducta pues su falta de culpa no mejora su condición, solamente el caso fortuito puede liberar al deudor. Hay aquí una responsabilidad sin culpa,

45, Otra cosa sucede en los demás contratos, Cuando la naturaleza de la prestación no está determinada de modo tan preciso, ya no es sufi- ciente el solo fracaso del resultado para considerar incumplida la obliga- ción, Como la promesa del deudor no consiste ya en un resultado deter- minado, sino simplemente en desplegar una conducta diligente y de

buena fe para lograr cierto fin que dará satisfacción al acreedor, entonces sí es necesario investigar y apreciar cómo ha sido la actuación del deu- dor. Si éste se ha conducido de mala fe o simplemente de modo negligen-

te e imprudente y por ello se frustró la expectativa del acreedor, entonces

el deudor ha incurrido en culpa y debe responder del daño que le ha cau- sado en virtud de ello. En este caso la culpa es relevante 22,

46, Posteriormente a la época clásica la teoría de la culpa se modi- fica sustancialmente y la responsabilidad de los deudores no se conside-

ra de la misma manera que en el siglo 1II. El derecho bizantino en lugar de examinar simplemente la relación que une el daño a la actividad del deudor, se aplica a un examen de la con- ducta del deudor comparándola sea a la de un buen administrador, sea a

a su manera habitual de actuar: establece así grados en la culpa y admite

que según los casos el deudor será responsable de su culpa grave, de su culpa leve considerada de una manera abstracta o concreta, o aun de su

culpa levísima ".

47, LA CULPA GRAVE (lata). En una época anterior a Justiniano de la que no se habla en sus Instituciones ni en sus Constituciones, los ju- ri~consultosdel Bajo Imperio habían asimilado al dolo. la culpa grave; tanto se responde de los actos que sólo se distinguen del dolo por la falta

21 Sobre la cl~sificación y sistematización de las obligaciones ex.puestas por

DEMOClUr: en su Traué d~s Obligations. bajo la denominación de "obligaciones. de medio

y obli~ocjoncs IJc resultado", y la aplicación de la misma por la jurisprudencia francesa como 'oblilladonC's g:enerales de prudencia y diligencia y obligaciones determinadas" yr' nueslro tr.bujo "L. prueha de la culpa", L.L., t. 99, pág, 886, , '

JI MONtI,R, .i', dI

pá~, 287,

LA CUESTIÓN EN ROMA

45

de intención de dañar, como se sanciona el hecho de no comprender lo que todo el mundo comprende o de no tomar las precauciones más ele- mentales, Se responde siempre de la culpa grave aun cuando el deudor no obtiene del contrato ninguna ventaja: como el depositario y el man- datario,

48.-LA CULPA LEVE EN ABSTRACTO, Los comentaristas de derecho romano designan así la culpa que no cometería un buen administrador:

se compara de una manera abstracta la conducta del deudor a la de un buen padre de familia (diligens parer familias) y se le tiene por respon- sable del daño causado al acreedor cuando se estima que éste no ha ac- tuado como lo habría hecho este buen administrador. Se responde de esta culpa cuando las dos partes tienen interés en el contrato. En la época de Justiniano era el derecho común en materia de contratos de buena fe, y pesa sobre el vendedor, como sobre el acreedor prendario y aun sobre el mandatario en mandato oneroso. '

49. LA CULPA LEVE EN CONCRETO, Intérpretes del derecho romano

han dado este nombre a la culpa apreciada de una manera concreta, se- gún la conducta habitual del deudor: es la culpa que éste no cometería en la administración de sus propios negocios. Constituye una atenuación de la responsabilidad en favor de ciertas personas que administran un con- junto de bienes, o que atienden sus propios intereses a la vez que los aje- nos; se les exige el mismo cuidado que en la cuestión de su patrimonio.

Se aplica al copropietario, al tutor, al curador y al socio,

50. LA CULPA LEVfsIMA, Se responde de la más leve culpa. El deu-

dor debe poner la diligencia de un muy buen padre de familia cuando el contrato le reporta ventajas solamente a él, como el comodatario que está obligado a restituir al comodante la cosa que ha recibido en su solo in-

terés 23bt.\

2Jbis Los glosadores, las leyes de Partidas y autores franceses antiguos hicieron una clasificación tripartita incluyendo la culpa levísima. MAlNz, C. (Curso de Derecho Romano, Barcelona, 1892, T, 2, págs, 22-23. nro. 174). afirma que la expresión culpa levísima s610 aparece una vez en las fuentes del derecho romano, en un fragmento de Ulpiano, pero ese pasaje carece de significaci6n técnica y no está empleado en oJXlsici6n

a culpa lata o culpa leve.

46

RESPONSABILIDAD CIVIL

51. La teoría de la graduación de las culpas que particularizaba el sistema romano de la responsabilidad contractual en la época de Justi- niano, no resulta compatible con el reconocimiento en el período clásico de ciertas obligaciones cuya prestación precisamente determinada ex- cluía toda idea de culpa y cuyo solo incumplimiento imponía la respon- sabilidad del deudor. Por ejemplo, el depositario obligado a restituir la cosa al depositante resultaría responsable por el solo hecho del incumpli- miento, pudiendo liberarse nada más que por caso fortuito o fuerza ma- yor. Sería ésta una obligación de resultado. Sin embargo, en este mismo caso del depositario, la teoría romana de la prestación de las culpas le impone el deber de cuidar la cosa como lo haría una persona común aplicando las más elementales atenciones, es decir que responde de su culpa grave. Luego, la culpa no sería extraña a la responsabilidad del depositario sometido a una obligación de resulta- do, según la concepción clásica. Habría que admitir, como consecuencia de lo expuesto, que en la época posclásica del derecho romano se habría desechado la idea de una responsabilidad sin culpa en materia contractual.

CAP!1VLOill

LA CUESTIÓN EN FRANCIA

1.- EL ANTIG UO DERECHO

52. No existía en las leyes bárbaras un principio general en materia

de responsabilidad civil. Tampoco en las antiguas costumbres francesas se advierte lIn sistema distinto del establecido por el derecho romano, se-

gún el cual no había un concepto de delito sino delitos diversos y su co- rrespondiente tabla de rescate impuesta obligatoriamente al autor y a la víctima. Es decir que el sistema que imperó durante mucho tiempo no fue otro que el de la composición legalmente obligatoria. Más aún, no se distinguió en Francia sino bastante tiempo después, alrededor del siglo . xn, el delito civil del delito penal.

53. DEMOGUE 24 dice que en la segunda mitad del siglo XII fue

cuando se puso en claro la separación de la reparación y de la pena. En el Mediodía la Costumbre de la Isla de Jourdain (condado de Toulouse) condena al homicida o al que haya golpeado, a una pena corporal o a una multa y además a restituere damnum. También se cita la Costumbre de Thegis, en Querey, de 1266, que declara que en los casos en que corres- ponda confiscación de bienes se comienza por reparar el daño.

54. Tratándose de los delitos privados la acción reconocida a la víc-

tima conservaba en muchos casos carácter penal, particularmente en aquellos hechos que por atacar a la persona y atentar contra el honor con- citaban el espíritu de venganza. Esa acción era lade reparación civil, que

1" DEMOGU6, René. De la Réparation Civile des Délits, págs . 9-10. citado por

Mazeaud y Tune.

48

RESPONSABJLIDAD CIVIL

sedistinguía netamente de la acción por indemnización de daños y per- JUICIOS . La pnmera era de carácter penal y correspondía al precio de la sangre persiguiendo el castigo del ofensor. La segunda no tenía ya carác- ter penal sino resarcitorio de los daños ocasionados a los bienes. Esta úl- tIma acción tenía el mismo sentido y alcance que la acción reipersecuto- na en Roma hacia la época de Justiniano (supra. nro. 9).

55. El antiguo derecho francés llegó a establecer como regla gene- ralla reparación de todo daño causado por culpa. Así lo dicen Domat y Pothier y el Código Civil francés no ha hecho más que recoger esa tra- dición 25.

, Es así que DOMAT ". que inspiró a los redactores del Código Napo-

lean los artículos 1382 y 1383. estableció el siguiente principio: "Es una consecuencia natural de todas las especies de compromisos particulares

y del compromiso general de no causar mal a nadie, que aquellos que ocasIonen algún daño, sea por haber contravenido algún deber o por ha- ber faltado al mismo. están obligados a reparar el mal que han hecho".

. 56. Queda así expresado en la más autorizada doctrina que precedió

e lflsplró el Código Civil francés. el principio general según el cual quien ha causado un daño por violar el deber general de conducirse diligente- mente para no dañar a otros es responsable del perjuicio ocasionado. Es decir que por haber violado la norma genérica que impone ese deber de conducta o sea por haber actuado culposamente se ha cometido un acto ilícito que da nacimiento al deber de reparar el daño. La culpa es, en materia de responsabilidad extracontractual a partir de .ese momento, un elemento indispensable de la responsabilidad por atnbUlr al acto la nota de ilicitud que da nacimiento al deber de resarcir. Adviértase que si la cuJpa fue también en la época clásica del dere- cho romano un requisito para la responsabilidad aquiliana, esa culpa no inducía la ilicitud sino que, por el contrario. la noción de iniuria (acto contrano al derecho) implicaba la culpa de su autor (supra. nro. 16). Pero en el fondo la noción de culpa se confunde con la de ilicitud. o sea que lo ilícito es culpable y lo culpable es ilícito. Ello resulta así por-

T. V." fg~fsT,Georges y BOULANGER. Jean, Tratada de Derecho CIvil, Bs. As., 1965, TII. ~f DOMAT. Jean, Les Laix Civiles dans leur Ordre Naturel, Héricourt, 1777, L JIl.

LA CUESTIÓN EN FRANCIA

49

que no cumplir el deber de comportarse con diligencia es a la vez culpa (falta de diligencia) e ilicitud (violación de un deber legal).

57. Es también importante destacar que en materia de responsabi-

lidad por acto ilícito no se distinguían los diversos grados de la culpa. tal corno se hacía aún en aquella época en relación a los diferentes contra-

tos: in lege Aquilia et levissima culpa venit. Eso sí. se diferenciaban los

delitos intencionales de los no intencionales, denominándose a estos úl- timos cuasidelitos por seguir la tradición romana de clasificar los ilíci- tos, aunque ella obedece a conceptos totalmente diferentes. corno lo he- mos señalado (supra, nro. 29).

58. En cuanto a la responsabilidad contractual", también llegaron

los autores del antiguo derecho francés a parecidos resultados que aque- llos logrados por los jurisconsultos romanos del período clásico. Así consideraron que en algunos contratos el deudor se ha obligado precisa- mente a un resuJtado: en tal supuesto basta con la prueba de la existencia

de la obligación, es innecesario apreciar la conducta del deudor; en otros contratos el deudor sólo se obliga a cumplir sin negligencia ni impruden- cia. entonces hay que examinar cómo se ha comportado. DOMAT 28 resume bien esta teoría y así considera por una parte los casos en que es necesaria una apreciación de la conducta del deudor; y por otra parte aquéllos en los cuales el incumplimiento lleva consigo la responsabilidad. Para estos últimos casos parece declarar que la respon- sabilidad se encuentra comprometida fuera de toda culpa, o que el in- cumplimiento por sí mismo constituye una culpa.

59. Sin embargo. la generalidad de los autores franceses inmedia-

tamente anteriores a la Codificación napoleónica, al igual que en la épo- ca posclásica del derecho romano, distinguían tres casos de culpa: la culpa dolosa (dolo) y la culpa lata (grave) que se asimilan. por un lado. y por otro dos categorías más de la culpa: la culpa leve y la culpa levísima. POTHIER 29 refiriéndose a las obligaciones de dar dice que cuando el objeto de la obligación es un cuerpo cierto. el deudor está obligado a

27

MAZEAUD Y TuNe. op. cir

pág. 54.

"DOMAT, ap. cit., L. JJJ, Tíl. V, Sec . n, parágs. IX y X.

29 POTHIER, op. cil., pág. 159, nro. 142.

50

RESPONSABILIDAD CIVIL

prestar un cuidado conveniente para la conservación de la cosa hasta el momento del pago. El cuidado que debe aportar a la conservación es di- ferente según la diversa naturaleza de los contratos. Así dice Pothier que cuando el contrato concierne a la sola utilidad de aquél a quien la cosa debe ser dada orestituida, el deudor no está ohli- gado sino a poner huena fe en la conservación de la cosa y no responde sino de la culpa grave equivalente al dolo: tal el caso del depósito. Si el contrato concierne a la utilidad común de los contratantes el deudor está obligado a prestar a la conservación de la cosa el cuidado ordinario que las personas prudentes ponen en sus negocios y es responsable por Jo tan- to de la culpa leve. Por ejemplo, en la compraventa la obligación del ven- dedor de entregar la cosa. Por último, si el contrato no es hecho más que para la sola utilidad del deudor, tal el préstamo de uso, éste se halla obli- gado a poner en la conservación de la cosa no solamente un cuidado or- dinario, sino todo el cuidado posible y es por lo tanto responsable de la culpa levísima. La teoría romana de la prestación de la culpa tal como aparece ex- puesta en la época de JuslÍniano ha sido recibida por POTIlIER pero, como veremos, no fue adoptada después por el Código francés.

1I.- EL CÓDIGO NAPOLEÓN

60. Los redactores del Código Civil francés siguieron el cauce del

antiguo derecho. Fue así que quedó definitivamente establecida la dis- tinción entre pena (sanción represiva) y reparación civil del daño (san-

ción resarcitoria). También fue principio incontrovertido que todo daño debe ser reparado por aquél por cuya culpa fue ocasionado.

61. Conforme a lo que acabamos de expresar el Código Napoleón

iba a echar las bases del moderno sistema de responsabilidad extracon- tractual estableciendo los siguientes principios fundamentales:

a) Obligación general de responder por el daño causado a otro.

b) La imputabilidad del daño al autor del hecho no tiene otro fun- damento que la culpa; no hay responsabilidad sin culpa.

c) La culpa tanto puede ser intencional como por simple negligen- cia o imprudencia.

LA CUESTIÓN EN FRANCIA

51

d) Siendo la culpa la violación del deber genérico de no dañar a otro, ella convierte en ilícito el acto ejecutado en tales condicio-

nes.

e) Sin daño no hay responsabilidad civil.

f) La obligación de responder es una sanción resarcitoria y no re-

presiva que consiste en reparar el daño causado. Estos principios resultan enunciados en el texto de los artículos 1382 y 1383 del Código Civil. El primero dispone: "Todo hecho del hombre que causa a otro un daño, obliga a repararlo a aquél por culpa del cual ha sucedido". La palabra "hecho" en este artículo, siguiendo e1len- guaje de Domat, designa el "hecho ilícito", es decir la "culpa intencio-

nal" (dolo del delito civil). El artículo 1383 a su vez dispone: "Cada cual es responsable del daño que haya causado no sólo por su hecho, sino también por su negli- gencia o por su imprudencia".

62. En materia de responsabilidad contractual el Código francés sienta los siguientes principios:

a) El deudor debe responder de los daños y perjuicios que ocasio- na al acreedor el incumplimiento de la obligación.

b) El incumplimiento de la obligación importa la presunción de culpa del deudor.

c) La culpa se juzga en abstracto.

d) No existe graduación de la culpa en relación al mayor o menor

provecho que el contrato reporta al deudor. Estos principios resultan enunciados en los artículos 1137, 1147 Y

1148.

El artículo 1137, en el primer párrafo dispone: "La obligación de velar por la conservación de la cosa ya sea que la convención no tenga

por objeto más que la utilidad de una de las partes, ya tenga por objeto su común utilidad, somete a quien tiene la carga de ella a prestar todos los

cuidados de un buen padre de familia

deudor es condenado, si ha lugar, al pago de daños y perjuicios, ya sea en razón del incumplimiento de la obligación, ya sea en razón del retraso en

el cumplimiento, cuantas veces no justifique que el incumplimiento pro- viene de una causa ajena que no puede serIe imputada, aunque no haya ninguna mala fe de su parte". El artículo 1148 establece: "No ha lugar a daños y peljuicios cuando a consecuencia de una fuerza mayor o de un

". El artículo 1147 dispone: "El

1<1 ,

"( If\SAIHI IIJ \1) ('1\ 11

~':\sn lortlllto, allku(\OI \l' !L' h;ly~llmrl'didodin 1\ !t,t~1'1 ,t'lllt 11" I q tl

laha ooll11<1do. (}!\i ha hl'cholu que k' t.·~taha pi Cllllhulp"

111 /.\ /-:\'(If.I ' ("fÚNf)/·. 1A f)(}(TH/N.·'.¡,I.lI ''''{\/'IIIIO/

y lA I n; IS/A ('{()N

'"

(,1. La I!:oría de Ii.t rc.spun

abilídad

:-'lIbjL")\'~1 VIlO llllld.Hlh lit, · t

l

LA ClJllS11ÓN P.N FRANCIA

53

bajo lo guarda", La tesis de Laurent era que este texto no anunciaba las responsabilidades aludidas, sino que establecía un principio de respon- sabilidad por el daño causado por las cosas inanimadas, o sea "las cosas que se tiene bajo la guarda". Pero estas cosas no son los animales del ar- tículo 1385, sino otras cosas: aquellas cosas inanimadas con excepción del edificio en ruina, que tiene una disposición especial en el artículo

1386.

.

tallte Cilla cu lpa se aplicaba pacíficamente.: ('11 l'r.IIH t.t 11.1\ '1 1

11

66.

La Corte de Casación acogió el argumento en un fallo dictado

 

El :-:is lema elaborado durante siglo

no r!l

I,!dl

 

,,1

el 16 de junio de 1896. Se decidió allí que el propietario de un remolca-

1

1al! dL' apl k. ación PUt'''> aparte uc cubrir amp li~IJlH'111(' l'l ,111 d 11 ti I ,1,

11,

,1,

dor era responsable de la muerte de un mecánico causada por la explo-

1111"; Ol:asi()naJo~

ocoITicndu

a casi todas l'l~ vír.:ll1ll.l"'l'1I1.1

r 111111\

 

1"

sión de la caldera, porque se había constatado que ella ocurrió por un vi-

(la

mi.Í

¡

uivt!r~as, uaba tamhién plena satisf;It.:L'lllll .1 IIIIII~ qq"

IJI

01

ti

cio de construcción, lo que excluía el caso fortuito y la fuerza mayor, que

qllL' ,'\igt::T1una va Joraci6n de las condu('la~ jlilld iJlljllnll 1111 d;Hln a <llliL'1l ~l' k pllt:U(: achacar una actitud rt: PI I1\:h,lhh

11

1

1

solamente podía aducirse contra la presunción legal. Se pretendió que esta sentencia admitía la tesis de la responsabili-

 

(l4 . Sín cmbargu,1as nucva!\condici(mL'~ lI~' \ Id" ~I\ 1' " 1IIIII ;,1. 1' "

dad objetiva, lo que fue inmediatamente rectificado por un nuevo fallo de la Corte de Casación dictado el 30 de marzo de 1897. La jurispruden-

/lolahk\ y PI

tlfllndo~ cambios en

el medio !-.QC i ~1 L

:t p.1I t"

d, 1 111111'

 

I

I

cia actual ha vuelto, sin embargo, al sistema del fallo de 1896.

l 10 Lid ~iglo anlcrior, produjeron una in4uictalllt.' jlll ' ll l "P,1t 11111 j"

,

1"

 

dd'Glr

11Is instrumeIltus Icgalc~ que habían lk rq!ld.1I 111>1111111

 

1111

11 '

 

67.

Entretanto, había ganado terreno en Francia la escuela positi-

111

Ill lt'V(,1:-, fenómenos que, en forma crccien!!: y dc'.\ 1111111d .ld .1

¡j,

'

1

vista italiana del derecho penal para fundar en el ámbito civil la exis-

111l'

L·l1t<llH.!o t llos ojO$ y al espír itu ue

l()~jurj I;¡~! 1.1 ~ I\'UI 11

1<111,11 11

tencia de una responsabilidad sin culpa. Nació así la teoría del riesgo,

na lk lu

map:istrado!l.

que propugna la responsabilidad civil independiente de toda idea de cul-

1',1 dc,>:ln'olln de la gran industria y del I1l;HJIIIIII"'111111 "dl l "

 

1 1,

11

pa. "Su aparición señala, dicen MAZEAUD y TuNe JI, en la historia de la

t l~pnllkm:i<l a buscar el medio de cJispen~aJ a la ., \ 1\ 11111.1

.j,

1"

) ]

l'

,.

responsabilidad civil. una fecha memorable, porque con ella por primera

ntlp.LAI~1I11osfa\losaplicaronelartícull)lJXh,IW"II'·,1t h ,]" 1 11]111

vez. se va a discutir un principio que, hasta entonces, parecía intangible:

a un CI"'l ,l mlly preciso, la ruina de edificio , par" lJll l' IHld!! 11 , '1

ti

h 1

la necesidad de una culpa para exigir la responsabilidad civil de aquel

u aplic.tl'i6n a otro~ ca~os. como por ejemplu. d L'''' 1. ti hd¡ ) di

IIn

1

,

, ti

11

I

que por su actividad haya causado un daño".

h.'j.l:n Bélgica el ci\·ilistaLAL'RF.N T \1I0l'rL'l1dio lI

ll.1

1!

I

lith

 

68.

Entre los partidarios de la teoría del riesgo algunos se niegan a

hit' L'I ~,rtÍculo 1384.lIasta entonces schabíaJidm (I"~' 1"" 1I d.l' Itll d ('l',digo antc~ tk cnumcmr los casos ue rc:-,poll";;lhilldad 1)\ l' . IIH . 11., d nlro (:u t. 13X4, 2 n párr.) y oc tratar de la rc~p\m,.lbilld,HI di 1/11 I 111' d, I

.lI1illl~IlL·'"(ar l. 13X)), hahían anunciauo('stas dispo"'IL 1\1111" , , ' U,

1 , 1111'

,,1

I \X 1. !,Iilllel p:írral'u: "S~ L'S re~ponsabk!lo sO!.lIl1cl1h' dl · 1 .1 , 111,' '1 11

1,\11 '"

,

JlIII

"II'llljllll ¡"'L'ho,

in(lla1l1hiL~n de aquel qllL' 1.", \ ,111 ,,J. I

IIt'l lilllh' JI\'I , \ln"

d,· Lt

qIIL' ~elkherc~J1nlltkr()dl ' 1.1' I 11 , .I·,tjll

ti

111,1

II ,q,.,.,

'·//I/'//J/I,i,·!J/(!/(illl,HI.I\,:1

1:

t

i

1

'

1,

t

11

reconocer la necesidad de la culpa para fundar la responsabilidad; decla- ran que todo hecho culposo O no, que causa un daño, obliga al autor a la reparación. Es la teoría del riesgo integral, que constituye por ello una te-

sis puramente negativa. A ese resultado se llega por diversas tendencias que se manifesta- ron a fines del siglo pasado ".

3i

MAZEAUD y TuNC, op. cit., T. l-I, pág. 86.'

32 En la exposición de este tema seguimos a MAZEAUD y TuNC, op, cit , T. 1-11.

54

RESPONSABILIDAD CIVIL

. 69. Algunos juristas ven en los conflictos del derecho solamente palrlmonlOS en presencia y quieren eliminar la persona; es preciso ma- t,'nal "ar el derecho y arrojar por la borda su lado psicológico. Un patri- mOIllO no ,"curre en culpa; suprimir la persona es suprimir la culpa ]J.

70. Otros tienden a la eliminación de la culpa por la socialización dd dcr~cho.El hombre no cuenta como individuo: sólo existe la socie- dad y el ~creehono debe ocuparse sino de ella. No interesa en presencia de un dano, hallar un culpable; interesa solamente saber si socialmente dehe ser reparado ".

. 71. Hay quien~sen nombre de la moral y la equidad han adoptado

1" tesIS del nesgo. SI el causante del daño incurrió en culpa, es justo que cargue Con su reparación. Pero si no ha cometido culpa alguna la doc- Ir,"~,cláSIca deja a la víctima todo el peso del daño. Existe una i~justicia nac¡Ja del azar que el derecho debe hacer desaparecer. El azar no debe

lu~clonarcomorepartJdorde daños. Es equitativo que las consecuencias danosas de un acto recrugan sobre el que lo ha realizado y no sobre quien tuvo un papel puramente pasivo, porque dependía del primero y no del ."'gundo que el daño no se realizara".

72. C'5 ln referencia a los accidentes del trabajo y la situación social quC' se habla creado porla falta de una legislación adecuada que contem- plara la afllgente sItuacIón de las víctimas que quedaban sin indemniza- ción por no poder probar la culpa patronal, se afirmó la necesidad de

errar "lIn nuevo derecho" 36,

71 Por úl~im".y bajo la influencia de la escuela histórica de Sa-

\' 11''')''. M' allfl1Jo que el derecho no es sino un producto del medio social

"'''k'udoll SllS t",,,,formaciones, por ello se ha dicho: "El artículo 1382

," '11 "'IIHI , h \111.\ tI'/ltI,. 'fll(;orie Cénérale sur le Fondement de la Responsabilité

~j IC'''I'', AI'(, I 'JO !. I>UlilJlI. L'!{tat, les G~u~emements. les Agents, pág. 636.

lIou 1 / ,'

1.1111'//111.'1{' l'\lOlutlOll du ~oclahsme.le socialisme "trridi ue"

Revue

t '"

!, f """111" IIIIIIIIIIU ' , I 'lfIh, p.I}' i4~; LI:VY, Emmanuel. "L 'exercde du droit 'eoll .

.

ti

111

. ~"I"'" I f"",."""U,. d,. {),0I1 ("I'U, 11J03. pág. 96.

r"'\1 H \NU

I HII". 1,,\

IltIfI\/IfJrl,\', 2 10 , cd

ec

"""'J' fu,.,.,.,I, ,l. I (l1tI~1l1/111i", .-l'Cf., r.ág , .'76. noté!

nro. 10 16 - SALEfi.LES Ra mond

1).

'

.

y

,

I

I \,," \ 1111

IJ 11

'4: 111

I

J \ I

\

1'"

111111

1.\ \1I\'ljI 1:<O4l1l0/l dl'

I)'W'"

1:'/

rc~ponsabilité el des risque::;

.

queJel

1, V 'I).:!oo.; lA'.' Métolllor I'II'Jses f;conomi

P

.

,·",.",."/14/",.",,.",1 \Wt"II,/'JrIll.)-rd,('lIp.XII.

11111\14 tlll"

LA CUESTIÓN EN FRANCIA

55

del Código Civil, escrito enseguida de la Revolución, para una sociedad de fisonomía individualista, no puede bastar equitativamente para resol- ver los conflictos que se suscitan en nuestros días entre los individuos y las colectividades poderosas que han asumido los servicios públicos: en presencia de la colectivización y del monopolio de las empresas de trans- porte, la antigua noción de culpa se torna anticuada y debe hacerle sitio "

a la del riesgo creado

".

74. A la parte negativa de la teoría corresponde agregar la conside-

ración de aquellas tendencias que han tratado de darle una fundamenta- ción positiva. Así se ha buscado distinguir el acto anormal del acto normal, sien- do solamente el primero que compromete la responsabilidad de su autor. Esta tesis ha sido defendida por Ripert, quien la descubrió al estudiar un capítulo particular de la responsabilidad: el de la responsabilidad entre

" I vecinos". Partiendo de la premisa según la cual el propietario de un fun- do es responsable del daño que cause a sus vecinos sin que haya que ave-

riguar si ha incurrido en culpa o no, desde el instante en que su actividad es anormal, afirma este autor que "el acto comprendido en los límites le-

si no ha

obrado según las condiciones normales de su época y de su ambiente".

gales compromete no obstante la responsabilidad de su autor

75. La mayoría de aquellos que rechazan la culpa comprenden, sin

embargo, que no se puede admitir que todo hecho dañoso obligue a su autor a repararlo. Advierten que entre los hechos dañosos hay algunos que son fuente de provecho para sus autores y por ello deben soportar el perjuicio que ocasionan (ubi emolumenrum ibi onus); es la teoría deno- minada del riesgo provecho. Pero esta noción se limita a considerar "provecho" solamente el beneficio de la "especulación económica"". Así restringido el concepto sólo abarca la responsabilidad por el hecho de las cosas y ciertos casos de responsabilidad por hecho ajeno; pero deja fuera de su alcance la responsabilidad por el hecho propio. Tan sólo son responsables sin haber cometido ninguna culpa aquellos que obtienen provecho de una explotación.

31 JOSERRAND, ol'. cit., nro. 558 y "Ven l'objectivation de la respo~bilitédu fait

des ehoses". DH, t938, crón., pág. 65. 38 RIPERT, De l'Exercise du Droil de Propriété dans ses Rapports avec lts

Propriétes Voisines, tesis, Aix, 1903.

39 JOSSERAND, op. cit., nro. 1014.

56

RESPONSAülLIDAD CIVIL

76. La teoría del riesgo ha sido severamente crili~udu pur dlvt'J."

autores. MAZEAUD y TUNe~'señalan que la concepción mUI~rillh.tAIIII derecho es inexacta de raíz. El derecho no puede pretender rt'lIir .11111" relaciones entre patrimonios, no puede eliminar a la personll, clln 111 alma y con su voluntad: al contrario, no está hecho sino pam ,-lIn, li.- 1I11 dicho ": "La teoría de la culpa es lógica para el espíritu, suti~lIn·lml. para la equidad; por sí sola afirma en una sociedad la necesidud d~ 1111 lit · den moral , y frente a las fuerzas oscuras del materialismo. el pOd~llkoIUI idealismo, siempre con vida".

nnúlI

que si se suprime la apreciación de las culpas en las relaciones hUIIIAn

se destruiría toda justicia. Casi la totalidad de la doctrina fruncc. u,I·1III exclusión de los ya nombrados paladines de la tesis (Saleillcs y Jo"

!aúlI

contra la teoría objetiva. R¡PERT 4J refiriéndose a la teoría del ricsllo cb~

que la fórmula no es inexacta, sino la idea sobre la que ella reposa; no M porque ha creado el riesgo que debe reparación el autor del dano, Alno porque lo ha causado injustamente, lo que no quiere decircontrariall ~ 1\ te al derecho, sino contrariamente a lajusticia. La responsabilidad dvll no es sino la determinación y la sanción de la responsabilidad morol

rand) y apartando también a Demogue y Savatier, se han mnnir

77. Por su parte, PLANIOL 42 atacó rudamente el sistema expr

78. Algunos otros autores que han aceptado la teoría del riesgo tI"

minaron por exponer tesis mixtas, manteniendo un lugar reservado a la

culpa pentro del cuadro general de la responsabilidad civil. As{UllMO

mm

considera que la teoría del riesgo debe aplicarse cuando el duno ~

causa empleando un "organismo peligroso"; pero cuando se ha empIca dn un objeto peligroso y se ha incurrido en culpa, es plenamente rcspon sable el autor del daño. Si no ha incurrido en culpa debe reparar sólo In

.,

MAZI,AUD y TuNC, op. ci r. • T.I-H. pág . 11 .

~I RiCO!

J

Des Caracteristiques de Natre Temps sur I'ldét de RejpOllJablUJ~

('",,/,-

~II FRYPtt' COnlem~raine.1928, pág. 111.

<4 J PI

ANIOI • Marccl. 'Étude s sur la respons a bilitéci v ile",Rev . eriJ. Ugisl . el Jw

Regle Mo ral e dans les Obligarion.s Civiles. 4' ea.• 1949, pllS. 22A .

1'11)\ , ¡1II~.179.

[{" ' I k r , 1

(·.,,,rl.: ('ARnoNNIER. Droir Civil, Pari " 1957. T. Il, pág . 569; GAuDEMET,l1.

,

Y BOULANGER, TraladlJ JULLIOT DE LA MORAN

","0",. (i,.",.",l tl t' s Obligations . Sirey, 1965, pág . 310; RIPERT

,1"/)"'1',1111 Ovtt, lis. As

IlIf MI', /'/"" " (1I·IJ,oír Cl\'iI , Pa ris . 1959 , T . n, nro . 293 .

T. 5 , nro. 1037; COLlN~CAPrrANT et

" UI MIKI\J1. Tmílf d(' s Obligations . T . IV , nro. 1001.

1A ( 'UESTION EN FRANCIA

57

11r11" 'IIII' 1" SAV A"l'llil{, por su parte 46 reconoce que si una res-

d riesgo se justifica perfectamente en el dere-

lr llIO. ,1111111\1 ". 11' pueúe alribuirel rol único, ni s iquiera el prin-

1.lldlll lllllld

d"I·1I

l 111111111,,1<-1'" 1I',,'rvarsc a un valor humano más bien que a una

NIII

lul"d

11,,,·,,.

Jq SI hll'lIl,I.'II'·I"'"0 doctrinario la teoría del riesgo fue expuesta

dl',,1<- lo, primeros momentos de su aparición, fue per- 11' 1'1 momento en que se dictó la Ley de Accidentes de

1111", 1'1 H dr ,,11111 dI' 1H9H, en virtud de la cual el obrero accidentado

de probar la culpa para obtener la repara-

111'1111'111101

1111'1/01 d.·

1''' dlh'I,IIIII' d"pl'lI , ado

111r1.I"oo "11r IÚO. aunque limitada a un resarcimiento parcial.

france ses se

1'11 l"IlIIsiderar a la culpa como el solo fundamento de la

'-¡1III'-llltlhdud, 1""11 que experimentara sin embargo una sensible evo- 1uÑI1I1t'lIluvol dI' las víctima., cuando se trataba de daños causados con

\IIdlllll~"I:". 1I<'1110S mencionado antes (supra, nro. 66) el fallo de

1111 1' 111 '" ludo, la jurisprudencia de los tribunales

III1VIlIIlIlIl'

111'11" 111101 ( ' Ivll dI' la Corte de Casación del 16

lito•• 1111111 11111 \11111'11ido autónomo al artículo 1384 del Código Civil,

d,' parlida de un nuev o desenvolvimiento jurispru- d,'s,ubrió el artículo 1384, párrafo primero , se co-

""'''' 1111111 ,ulllllllr que no había acción de la cosa, sino en dos casos:

Itllltldll 11110"1 ",[¡Iba afectada por un vicio propio, causa del daño, y ''''''I klllll r,tuha hajo la ac ción del hombre. El automóvil estaba enton- IIII" Ad.-I",! Í<'ulo 1384, párrafo primero, a menos que el accidente se

tIItItlC'11I1I1I1I dd"

UI" . tIlIlYOI·1 I'ulllo 11r", I1I (' u,m<lo M'

de junio de 1896, que al

lo

de la máquina o que se hubiera producido en un mo-

se encontraba al volante.

n

"

ln .' 11 'lul' lIudie

111 l" ' rllllllkp,' ndientemente de este alcance limitado que se daba

nI "Iko" IIhlllllll'lI!o",también podía decirse de éste que carecía de fuerza

0" '11 \r Ul r r ll 1:tlIín de que emanaba de una circunstancial interpretación

IIP 11I111I1~IIIlIIII·II,·ia.l ,a ley del7 de noviembre de 1922, al agregar un pá- 110111111,1111"1110 1.184 según el cual cuando una cosa incendiada causa dllllll A IlllIt M' d,'h,' probar la culpa de aquel a quien se le atribuye la res-

I"t" oAltlluIrul,

VIllO a consagrar legislativamente por una vía indirecta la

1 1""

tfiI ' \lo' 111 N. """,; "" !tI R es p o nsabilil ¿ Civil e en Droit Fral'lfais, Paris, 1939.

11,1

T.

58

RESPONSABILIDAD CIVIL

fuerza de la presunción que la jurisprudencia había hallado dentro de aquella disposición,

82, Consolidada así la vigencia de la presunción del artículo 1384 del Código Civil, los tribunales trataron de ensanchar el campo de su aplicación, Fue así que se condenó la distinción entre el hecho del hom- bre y la acción autónoma de la cosa, en la sentencia dictada por la Cáma- ra Civil el2l de febrero de 1927 en el caso promovido por la viuda Jan- d' heur contra Galeries Belfortaises, El caso fue originado al haber sido atropeUada y lesionada gravemente la menor Lise Jand'heur por un ca- mión perteneciente a la empresa demandada, La acción se fundó en el artículo 1384, párrafo primero, sin ofrecer la prueba del vicio del auto- móvil, y subsidiariamente en el artículo 1382, para el caso de que se juz- gara inaplicable aquéL El Tribunal de Belfort, considerando que la cosa que había causado el daño era peligrosa, declaró que debía aplicarse el artículo 1384, párrafo primero, aun cuando no se demostrase vicio de la cosa, La Corte de Besan~on modificó el fallo: estimó que al no probarse el vicio de la cosa era inaplicable el artículo 1384, párrafo primero, Ad- mitió sin embargo la demanda con fundamento en el artículo 1382 y au- torizó la prueba de la culpa del conductor.

83, Llegado el caso a la Corte de Casación, ésta, por la Cámara Ci- vil y con el voto de Ambroise Colin, casó el2l de febrero de 1927 el fallo de la Corte de Besan~on, En 10 sustancial, el fundamento del fallo fue:

"Considerando que la ley por aplicación de la presunción que ella con- tiene (art, l384, párr, 1°, Cód, Civ,) no distingue según que la cosa que ha causado el daño sea O no accionada por la mano del hombre; que es suficiente que se trate de una cosa sometida a la necesidad de una guarda en razón de los peligros que ella pueda hacer correr a otro",",

84, La Cámara Civil al casar el fallo envió el proceso a la Corte de Ap"lacion<,s de I.yon, cuyo criterio, se sabía, era contrario al que sirvió ue fUlluWllentn u In Cámara; quedaba así abierto el pronunciamiento de lna ('411111rna Rt'UllidIlS, l.a Corte de Lyon, como estaba previsto, resolvió NI IlIunl ~nlitlntIlle la ('orte de Bensan~on, El argumento más saliente tII' IlIlC'nlC'nda fue el Milluicmle: "Considerando", que el hecho del auto- m6vIl cllndllcld" lit' cnnfund~ necesariamente con el del hombre, mien- trM 'I"r /11 <:ClIIIIIII'III, rl hrdlO rrnrio de la cosa, estableciendo una rela-

I,A CllliSTlríN EN FRANCIA

'i<)

l' ion de causalidad entre ella y el alcance de su accionar, es en el fondo,

,,1 hecho dañoso de ésta considerado aisladamente, y así el daño de la ac-

tividad humana, se diferencia del daño objetivo",",

85, Largamente esperado, el fallo de las Cámaras Reunidas se pro- dujo el 13 de febrero de 1930, Entre sus considerandos la Corte expresó:

"Considerando." que la presunción de responsabilidad establecida par el artículo 1384, párrafo primero del Código Civil, en contra de quien tiene bajo su guarda la cosa inanimada que ha causado el daño a otro, no puede ser destruida más que por la prueba de un caso fortuito o de fuerza mayor

o de una causa extraña que no le sea imputable; que no es suficiente pro-

bar que no se ha cometido ninguna culpa o que la causa del daño es des-

conocida

que contiene no distingue según que la cosa que ha causado el daño Sl'a

o no accionada por la mano del hombre; que no es necesario que ella t~n­

ga un vicio inherente a su naturaleza y susceptible de causar el daño, ~I artículo 1384 une la responsabilidad a la guarda de la cosa y no a la cc"a misma .,,", Al casarse el fallo, lacausa pasó a la Corte de Dijon, que dehio inclinarse ante la decisión de las Cámaras Reunidas,

; Considerando: que la ley por aplicación de la presunción

86, Quedaba aún por definir el concepto de guardián de la cosa, cuya responsabilidad quedaba comprendida en los términos de la sen- tencia del 13 defebrero de 1930, Para algunos el guardián es quien apro- vecha económicamente de la cosa, Criterio éste del provecho económi, ca, seguido por los partidarios del riesgo, Para otros, es guardián quien tiene la dirección material de la cosa, o la persona a quien se le ncuerda un derecho de dirección sobre la misma, o, finalmente, quien tiene In di- rección intelectual, o sea el poder de dar órdenes en relación a la cosa, el gobierno de la misma. La cuestión fue resuelta por las Cámaras R,'uni das de la Corte de Casación el 2 de diciembre de 194 1: "es ~uard¡'ín quien tiene el uso, la dirección y el control de la cosa" (criterio ,i<' la tli rección intelectual),

87, Al suprimir la distinción entre acción de la CO~" y hrrhn dC'1

hombre, el recordado fallo del 13 de febrero de 19)0 hn condC'nnclnln existencia del "hecho autónomo de la cosa", pues la preslll1dón d~rlvalll' la guarda (hecho del hombre) y no de la cosa mi\,ml (11\'<,11" dI' l. \ 1",11

al decir de la sentencia, Pero si siempre huhiere llt'dw eld hlllllhlC' Y111111

60

RESPONSABILIDAD CIVIL

ca hec~o de la cosa inanimada, el artículo 1384, párrafo primero, no se

invocar el artículo 1382. A la in-

versa, considerar que hay hecho de la cosa siempre que interviene una cosa en la causación del daño, sería convertir en letra muerta el artículo 1382, pues siempre se aplicaría el artículo 1384, párrafo primero. Por ejemplo, un golpe dado con un bastón es un hecho personal (art. 1382) y no un hecho del bastón (art. 1384, párr. 1°); exagerando la participación de las cosas en el daño podría decirse que solamente se aplicaría el artículo 1382 si hubiese una colisión entre dos hombres que practicaran el nudismo integral 41.

Es por ello que, como dicen MAzEAUD y TUNC ", es necesaria una separación entre los supuestos comprendidos por el artículo 1382 y los so~tidos al artículo,~384,pm:afo primero, entre el "hecho personal" y la aCCión de la cosa . Parecena que con ello se contradice la solución del fallo de 1930 en cuanto suprimió toda distinción, pero debe advertir- se que en aquél se contempló particuJarmente el supuesto de los daños ocasionados con los automóviles, que eran por otra parte los más fre- cuentes. Es decir que en materia de accidentes causados con los automó- viles se aplica siempre el artículo 1384, párrafo primero, pero cuando se trata de.~trascosas queescapan a aquel concepto, la distinción que se pretendio ehmmar subSiste, so pena de vaciar el contenido del artículo

aplican a Jamás: la víctima tendría que

1382.

88. La Corte de Casación en el fallo de 1930 al no mencionar como

lo hacía la sentencia de 1927, la necesidad de la guarda de la cosa en ra-

zón de los" 'peligros' que ella puede hacer correr a otros

condenaba esta distinción, y ello fue así, sin duda, porque se quiso apar- tar toda idea de riesgo y .mantener la culpa como fundamento de la res- ponsabilidad. Por ello dijo que el artículo 1384 une la responsabilidad a la guarda y no a la cosa misma.

", tácitamente

89. Ladoctrina se ha esforzado en hallar un criterio para mantener

aqu~IlD distinCión, y no se ha querido que fuese el de la "peligrosidad",

precisamente panl no aludir a la cosa misma, lo que importaría reconocer ~nD responsllbilidod objetiva. Colocándose entonces en el punto de par- udu del h~chlldel hombre, se afirma que "todas las cosas son suscepti-

., I(tl'llll r, rilado pnr Mn,.nud y Tune, "p. nI T. 2-1. pág. 247.

MA7"'AtlU y TlINC', "11

Vloc. di.

11\1 1'1'\ I H):-": L:-"I'RAN( 'JA

(Ji

j. l,

11 t

,.

11

111

,.

11 '

t 'I1n

',1 . ll'hqllC l'I;lIlll 1110 1 ~¡";4.p;íITdlopIl11l("r(l.plH· h",b!\

t

,

pl.hlt". di ' t"l :lp:l1

:.1 C0I 111 01 d1.'¡ humhn'. II !"t":I qUl' l'll lo

(}lit • lul. dI I IIlIll'lI1I Ilfla.lcclllfldc l;Jco~;¡ inanimada", Ri."~WIIIl'1t

,

.,

tll

l ti

1I

Il tl

I!C', 11,'111

1.1

qU t '

la ('o

,a

habrJ ohl'dl' rulo l'

lnl ' t.lllll'II t( '

110

11

ti'"

I q IId!,ltI

I tll'OII

'

qttl

11IIh.dll.\ \'Ido "1110 llll instrull1ellto ohedie1lte':lI "'11;-'

I .Iplll .11,1 el ,11 (Irulo 1 ~H2: habrá 'hL'cho per ,o llal' V 110

11,

11',,1,

ll "',,1

Nllh"y .ll'l.:HlIl dl.'la("o~:

011"

11,1111111111<'11\.\11'11.11 ,kllullllhn·

·I'i.

I 1,11 1111' 11111 ,1111''!' It' \ l'uhnh.t·:-' "ClILlTldo la cosa c!-.capa al dtHl1I

~,lt II!II 1 111 111111 11111111(' h,I\,llII(J!ldL'li\l'll~ay\l'rig<,:p()lcI¡lItll'\lI'l

I

I

,11,1 ,lit d, 111111 1 \ '.1 ,.I¡] allll'IIIl' , t'l1 L·illlll'm.l, la 1alta dl' rt'lilclún l':lII,,1I

"

I

11 I

111' 1'1 11111' 111

1'('11 I ,d n(1 p()(kr prllbar:-.L' (onl fa la pl'(>:-'III1(, inll Ir

1 I

l'

,j, "It

1111111 d. , 1I tUI l Id 111.1\ UI u ItC l h\) a Il'II0 dt'] que no rl'~polldt' l'\ )'11;11

I

."

1",¡¡·,d11111I.t,1 ("

, 1t.IIIL' illIll·J1ll' ohll'liva ,

1 "

11

!JII

ji

I

I ti "1

l."

11111.1 '.11

\'l"

llil .'q·tlldu l'lI

lgull()\ ¡¡\~)t't.hl\ 111\;1 II!

."lIt 1111.11.11 ,t, 11' . , 1111 d e la Il'spon:-.ahdit.hul Y.l·tI Olltl',I

'I! 1,

I

¡In

1"

, 1111" ni.

,l.

' pite"

1'\1 1 I ~t'lIlld tt dt' la f t.'!-. IHJrt :ooah lild.ld "hICII \.\

di' 1,\',1'1111'111 1:1 de

1Xt)(,.

~l' (licIo IIIIIW<lI .II,IIII\'II

\

1.1, .1, " nllllh,.I!' 11,\h'110(' ldl' Ht"ndde 1~')Sy,pl)'th·'HIII11t'IIt¡·,

l.

l.

ll jl.l •

"1111'1111.

1'1 1(1 qlll'''h'"P'1I0l'\sistl'lllai¡la

,e;'IlIlIl.ld\l'

1'\'

dl l

l'

Id.!,. " '\11 1.1 'C · ,.]IiIl¡ ' •. tlIIJldadd(' IIp<lohjetlvo,dl,pl'n''':lIulll

 

1,

I

0111\ .1,

1-'11,1',11

 

l., ¡ 1111'"

¡jl'\ ('lIlplL'.It1lH, pelo. pUl ello 1111

11111. \11

.,

I

1"'"

 

H ¡

\1'

1 Ih.1 11111111111.1 oll'.ull' d,"

dalto (a !(JI!wl),

 

11

11111'1'

1

1t

~ ,h J ld",lI'\II 'll1 hll 'dL' 11)!2lljlll'arll'f.;!llIlp.llr<l

1I1

1 1

e "d

 

I

1\

)

1'.\ 1, 1 \

1I!11 ¡'

I11"

;UllIl'll;¡ ¡Uli:-'llIll(.h'llllit qllL'

!! I

1"

1

I

11,

.11

I

,

1 l.

1

11 I

l'

111 t)

I i~;

I " q tll' 111,\ I p r:-. 1I11H) por l'll () l'I \{'

"

H

ti

1,

11 11I11.11 • .t , 11.l\llk 1.1\ \Wlllllil\tkl dallt)l',Il,,,,,JupPI

 

1

t

H

I

udll,l I 11111'111111 IIdll 1.1 uld'!'jll'¡Úl1lk

pwh:1I

\~I('11111: 1 tk

 

"

.

1I

,\

IIJ

IIIJ'"

 

l

\t ' 'j1t1 111 illtIlHI,ul.

 

1,1,

,,1

11

\ .I.t

Illdlh · lq \/ IIII ~ ltl h. ;lIl(lnd;lIli"lIltll \~· 1 11t I

 

11

1

".

'11'1' 1 " . 11. ,1 I 1I1.11I11I·ll'tl'I;¡~'IÚlldl'lllll"lIlI 1'1 11

1

I

1,1,

,,1

11 1111"

'1 "

'

¡' 1

II1.h··.II'I'

1\1)

,.ll1rc-,p,H,

,.lhlc·,tk

It"d

111." ,

,1

I

f

I

I

"

,I H'11I1'

ti.". ¡

1.\110

I1

, 1111.11 "

1I "1, , 1,1 ,

, '11 1t '

', 1'

11 !l111.1

11Itlcht' 1: 1 ~ llfp:\ dc ,tqul'1lp·.

C\ I.lhln ' u!t1I,1 I'l,.,PtllI';lhtlld.I.I

ni

!

\1

JlI

1

,1,1111,1

Ildl'ln;p;lllh'It).11Idlll

l'

 

"

 

I

'

62

RESPONSABILIDAD CIVIL

los accidentes causados por las aeronaves en la superficie; ley del 8 de ju- lio de 1941 con respecto a los daños causados por los telesféricos. En ambos casos los explotadores están obligados a reparar los daños que causen a menos que prueben una culpa de la víctima. Igual alcance tiene la responsabilidad en los casos de daños produ- cidos por los reactores nucleares, de acuerdo a lo que resulta de los tér- minos de la Convención de la O.E.C.E. del 29 de julio de 1960 y laCon- vención de Bruselas del 25 de mayo de 1962 sobre responsabilidad de los explotadores de navíos nucleares.

91. Sin embargo los pasos más firmes que se han dado en Francia, a nuestro modo de ver, en la aplicación de la teoría objetiva, o sea elimi- nando la culpa como factor de responsabilidad, se hallan en la sanción de la ley del3 de enero de 1968, que introduce un nuevo texto en el artículo 489 del Código Civil; y en la sanción de la ley del 4 dejunio de 1970que agrega al Código Penal el artículo 314, estableciendo la responsabilidad civil de carácter colectivo en los casos de daños allí previstos, además de las penalidades correccionales. El artículo 489-2 del Código Civil estatuye ahora: "El que cause un daño a otro hallándose bajo la influencia de una turbación mental, no está menos obligado a la reparación". Anteriormente la irresponsabilidad del alienado estaba admitida, salvo que ese estado fuese consecuencia de una culpa de su parte, o que la demencia no hubiese sido total so. Obsér- vese que la solución de la ley de 1968 no da una indemnización de equi- dad, pues se dice allí que el alienado no está menos obligado a la repa- ración; es decir que se debe un resarcimiento integral, y no que éste puede o no existir, y que puede ser atenuado como corresponde cuando la equidad constituye el fundamento so o,. En cuanto a la ley del 4 dejunio de 1970 ", véase infra, nros. 1747- 1756, donde se trata extensamente la cuestión.

\O Rouen. 10- V- 1955, D. 1955,515; Trib. Civ. Seine, 22-11-1955; Gaz. Pal., 1955. Tahl. 1. Resp. Civ., nro. 49. Caso Trich a rd : C . Cass., 18-XlI·1964, D. 1965, 191.

"" tII_ ~~brc I~ !ntluencia , de la refonna del arto 489·2 en el sistema general de la ~!lpnnMlhll1dadCIVil en FranCia. puede consullarse: VrNEY, G., "Réflexions sur l'artide

.189 l Ju

Codo Civil", Revue Trimeslrielle de Droít Civil. nro. 2, 1970. págs. 252· 267.

y (icIMAA N()(lMA N. K

"I

a réparation du préjudice causé par le s malades menfaux" .

29·60 .

","lu nu.nul n-vÍ\la. nro. 1, 1971, págs.

, J UUS I AMAN

n~AUiJNA. Jorge ~I.,"La re sponsabiüdad colectiva en el resarcimien·

In .1< da"',,". 1 1•• 1. 14Z, p6~. Q16.

LA CUESTIÓN EN FRANCIA

63

92. Culminando este proceso ha podido así decirse" que "la evo-

lución moderna nos lleva a casos de indemnización que no tienen nada de común con la fuente en cuestión: delito ocuasidelito; se trate de la res- ponsabilidad del principal, del guardián de animales o cosas inanimadas,

del propietario de edificios, del explotador de aeronaves o telesféricos, del patrón en el accidente del trabajo; en todos estos casos, hay una res- ponsabilidad sin culpa, una indemnización no delictual, que no tiene por fuente el delito ni el cuasidelito". "Solamente la responsabilidad consa-

grada en los artículos 1382 y 1383 (salvo indemnización del daño moral) permanece fiel al principio de nuestra institución", refuiéndose a la culpa

93. En el terreno de la responsabilidad contractual también ha re-

percutido la interpretación del artículo 1384, párrafo primero, aunque no sea aplicable a aquella responsabilidad. La jurisprudencia ha hallado, en el contrato, una responsabilidad por el hecho de las cosas, en todos aque- llos casos en que la intervención de una cosa causa la inejecución de una obligación puesta tácitamente a cargo de una de las partes; se trata de la inejecución de la obligación contractual de seguridad. Tal vez no sea la

misma" sino de lejos el resultado de la teoría del riesgo, pero al menos

se inspira en el mismo deseo de socorrer a las víctimas. Esa obligación de seguridad consiste en el deber de restituir al otro contratante, o sus hienes, sanos y salvos a la expiración del contrato. Luego de una sentencia de la Cámara Civil de la Corte de Casación

dictada el 21 de noviembre de 1911 "que afirmó que el transportista de

p 'rsonas

estaba obligado en virtud del contrato de transporte a conducir

al trnnsportado sano y salvo a destino, la obligación de seguridad se ha "hi~rtocamino. Esa responsabilidad ha ensanchado el ámbito de la res- ponsubilidad contractual a expensas de la responsabilidad delictual.

"GOMAA NOOMAN, M. K

Théorie des So"rees de /'Obligarion, París, 1968, pág.

152. "MA~MUD y TUNC, op. cit., TI-l. pág. 104. "D. 1913, 1.249 Ynola de Sarrut, citado por Mazeaud y Tune.

LA CUESTIÓN EN EL DERECHO ARGENTINO 6 9 de la norma del artículo 184 del

LA CUESTIÓN EN EL DERECHO ARGENTINO

69

de la norma del artículo 184 del Código de Comercio a todo contrato de transporte y aun al que se realiza en automóviles taxímetros (infra, nro.

1186).

108. La reforma introducida al Código Civil por la ley 17.711 in-

corporó ya al sistema de la responsabilidad civil, la llamada responsabi- lidad objetiva por riesgo creado en los daños causados por el riesgo o vi- cio de las cosas (art. 1113 en su agregado).

109. También aparece aceptado por la legislación vigente en la ac-

tual redacción del artículo 907, donde se consagra la responsabilidad ob-

jetiva por los daños que causan las personas que carecen de discer- nimiento, con fundamento süficiente en la solución de equidad que el juez debe dar en la especie.

110. Hoy se dice también que la responsabilidad del principal se

fundaen una obligación de garantía de carácterobjetivo por ser ella inex- cusable y asimismo se dice que se funda en la teoría del riesgo creado la responsabilidad por los daños que causan los animales (infra, nro. 942).

PARTE SISTEMÁTICA

CAP!TIJLO V

CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD CIVIL

1.- EL DEBER DE RESPONDER

111. Responder significa dar cada uno cuenta de sus actos.

La conducta de los individuos se traduce en actos unilaterales o bi- laterales que a su vez producen una modificación del mundo exterior. La alteración unilateral de las circunstancias que forman el entorno de los demás, puede ser favorable al interés individual o colectivo de és- tos, o bien puede ser contrario.

112. Cuando la alteración favorece las ansias ajenas y proporciona

satisfacciones a los demás, o bien se traduce en ventajas para otro, el au-

tor de aquélla puede aspirar a una recompensa o retribución benéfica de quien recibe la utilidad. A veces la moral impone el deber de gratitud hacia quien así ha pre- cedido. Otras veces el derecho somete al beneficiario de la conducta a una obligación específica dentro de las condiciones que configuran el presupuesto de la norma juridica atributiva del derecho subjetivo. Tal es el caso del que ejecuta un negocio en interés ajeno ocasionando un en- riquecimiento no justificado del patrimonio de éste. Quien recibe el pro- vecho queda sometido a una obligación legal respecto del que ejecutó el acto.

72

RESPONSABILIDAD CIVIL

113. Cuando la alteración ocasionada por acto unilateral constituye la violación de un deber moral o jurídico". y menoscabándose el interés ajeno se invade la órbita de actuación de otro. se produce en el sujetopa- sivo del acto una reacción desfavorable que se traduce en una insatisfac- ción. El autor de la alteración no puede aspirar en este caso a una recom- pensa: al contrario. se halla frente a la víctima en actitud de dar respuesta a la perentoriaexigencia de ésta. La moral y el derecho señalan cuál es la respuesta que puede pre- tender el ofendido. Esta respuesta fijada por la norma moral y por la nor- ma jurídica. a veces. constituye la sanción adecuada a ese proceder. El autor debe responder entonces de su acto lesivo cumpliendo la sanción que le viene impuesta consecuentemente ".

114. Adviértase que aludimos a la alteración de las circunstancias por acto unilateral y hemos señalado ya antes que eUo puede ocurrirtam- bién por acto bilateral; es decir. por una conducta común concurrente a ese resultado. Por ejemplo. las convenciones celebradas por las partes pueden modificar también las circunstancias recíprocas. Sin embargo. el contra- to pone desde su celebración misma (ab-initio) a los dos sujetos contra-

" DEL VECClUO. G.• Filosofia del DerecJw. Barcetona. 1953. pág. 349. expresa

que los proyectos morales son subjetivos o unilaterales y los preceptos jurídicos son esencialmente objetivos o bilaterales. Conf.: ROUBIER, Paul, Théonoe G¿nérale du Droit,

Paris, 1946: "La verdad es, desde luego, que no hay oposición de principio entre el derecho y la moral. Habrfa oposición si el derecho ordenase hacer cosas que la moral prohEbe; pero ello no ocurre jamás, porque la moral y la reglajuridica son ambas reglas de conducta edificadas en función del bien: la sola diferencia es que en la moral la regla es establecida en función del bien del sujeto, mientras que, en el derecho, la regla está establecida en función del bien común". DELlYANNIS, La Norion d'Ac/e lllici/e Consi~

d~rlt en 5Q Qualit¿ d'Élemem de la FaUle Delictuelle, Paris, 1952, págs. 23-24, nro.

21.

$6 Consideramos que no debe confundirse deber jurfdico con responsabilidad: en el primer caso (deber) el sujeto está constreñido a ajustar su conducta a la específica regulación normati va que le impone una sanción para el caso de violarla; en el segundo caso (responsabilidad) el sujeto está sometido a la sanción prevista por haber violado el c.Jeher impuesto en la norma. Nos parece por ello acertado el planteo de responsabilidad que hace. LóPEZ Ol,ACIREGUI en "Notas sobre el sistema de responsabilidad del Código Civil. Balance de un siglo·' (Rev. Jur. de Bs. As.• t. 1964-IV. pág. 61). expresando que lal plumeo se compone con tres presupuestos : a) un acto de un individuo; b) un deber; e) una infracción; y agrega "cuando su acto no se ajusta a su deber el individuo incurre

t"" n"' rKmla bilitlac.J" . Adcmá~, d~ntro del concepto

~ romptt'ndt rualt¡uief violación de una norma lega que detenrune una sanción civil,

pelO rn .rnudo t'ltriclo "se refiere a actos que por haber causado daño patrimonial ilfltrrmlnl n ullIlndcomnl/.ft(.'ión" (LÓPF OLACIREGUI. op. y loe. cit.).

amflio quedamos de responsabilidad

z

EL DEBER DE RESPONDER

73

tantes frente a frente. unidos por un vínculo que eUos mismos han creado con su voluntad acorde. Las partes regulan de ese modo a través de las estipulaciones de la convención todos los efectos del acto celebrado. de tal manera que los

, beneficios y las cargas han sido perfectamente atribuidos por la libre de- terminación de aquéllos. Desde ese momento cada una de las partes es- pera que la otra corresponda a la confianza comprometida. No se trata entonces de dar respuesta a la exigencia de satisfacción de uno nacida del acto lesivo que comporta el incumplimiento del otro, sino del deber de cumplir de buena fe lo convenido, dando satisfacción a la confiada expectativa de cada parte. En este caso es cuestión de cum- plimiento; en aquél. de responsabilidad por inejecución. colocándose re- cién entonces el incumplíente en la situación de dar respuesta por su acto unilateral de carácter lesivo.

115. La distinción que hacemos corresponde al análisis de la es-

tructura de la obligación que ha conducido a fmes del siglo pasado a la

doctrina alemana. en particular por los trabajos de BRlNZ y BEKKER. a señalar la existencia en el vínculo obligatorio de una idea de deber (shulá) y una relación de responsabilidad (haftung) ".

116. De lo dicho resulta que la responsabilidad civil comporta

siempre un deber de dar cuenta a otro del daño que se le ha causado.

A veces el acto unilateral lesivo recae sobre quien no tenía con el

autor vínculo alguno anterior; otras veces el comportamiento dañoso se

produce frente a un sujeto con quien el autor de aquél tenfa un vínculo ju- rídico anterior que le imponía el cumplimiento de una específica con- ducta.

Es decir que a veces el acto lesivo constituye la fuente de una obli-

gación nueva. y otras veces el acto lesivo aparece como consecuencia de una obligación anterior. De allí que la doctrina clásica del derecho fran- cés haya visto una dualidad de culpas y una pluralidad de regímenes de

responsabilidad adecuado a cada una de ellas.

57 El tema ha sido exhaustivamente estudiado a través del desenvolvimiento histórico del concepto de obligación desde el derecho romano antiguo hasta el derecho

moderno. Ver KONDER COMPARATO. Fabio. Essais d 'AMaJyse Dualiste de l'Obligation.

en Droir Privé. Pari,. 1964. pág. 111; G¡ORGlANNI. LA Obligación. Barcelona. 1953. pág. 153.

74

RESPONSABILIDAD CIVIL

ll.- LA IUCITUD

117. Alubicar la cuestión en el plano de la responsabilidad civil nos ponemos de inmediato frente al problema de la ilicitud de la conducta y de la sanción que es su consecuencia.

118. CONCEPTO. Por definición lo ilícito es 10 contrario a la ley. El co~ceptopresupone entonces la existencia de una ley, o sea de una no~aque Imponga compulslvamente una determinada conducta. La com- pulsión se manifiesta en la sanción prevista para el caso de violación. Ilicitud .en sentido genérico o conducta antijurídica, es cualquier obrar contrano al ordenalTIIento conSiderado en su totalidad y no en re- lación a sectores normativos parcializados. Así por ejemplo si es una re- g.la de derecho la que establece que nadie debe causar daño a otro, está Sin embargoJustificado el daño que se cause en legítima defensa o en es- tado de necesidad.

. 119. SANCIÓN. Cuando la conducta no se ajusta a la previsión nor- mauva " se Impone una sanción que consiste fundamentalmente en un deber de obrar en el sentido querido por aquélla y no respetado por el in- fractor: es deCir, en el deber de reponer las cosas al estado anterior al acto Ilklto. Ésta es la sanción resarcitoria que obliga a la reparación restable- ciendo la situación anter!~r (statuquo ante) ~n cuanto fuere posible des- mantelándose la obra ¡jlclta mediante el anlquilaroiento de sus efectos pasados, presentes y futuros.

120. Como lajusticia no se satisface solamente con volver las cosas al estado anterior, también impone a veces una sanción ejemplar para que esos hechos ~o se repitan, haCiendo sufrir al autor un mal por el mal que ha c~usado.Esta es la sanci?n represiva propia del derecho penal, lo que no slgmfica que sea exclUSiva de los delitos criminales como tam- poco que la sanción resarcitoria sea ajena a estos últimos. Obsérvese que el Juez penal debe ordenar en primer lugar el desmantelamiento de la

"La

pre V ISl

··6

n nonnatlva . a que nos referimos tanto es aquella contenida en la le

como aquella otra expresada en la ~láusulade un contrato, pues que al fin de cuenJ~

lu flirtc'¡' pueden r~glarSus actos lIbremente si~mpreque no atenten contra la ley, la

mara o as buenu <: ostumbres (art. 953, Cód. CIV.). y esas convenciones hechas en los (~~.t(~~~(t~jn(~~r)IID"partes una regIa a la que deben someterse como a la ley misma

LAll1CITUD

75

obra ilícita, disponiendo la restitución a su dueño del objeto del robo, mandando destruir los documentos falsificados o la liberación de la víc- tima de la privación ilegal de libertad, etcétera.

121. Adviértase asimismo que la sanción resarcitoria no es la única, con ser la principal, en el derecho civil. Así la sanción es resarcitoria en el caso de nulidad del acto jurídico" y lo es también en caso de actos ilí- citos que ocasionan daños patrimoniales.

'9 ARAuz CASTEX, Manuel, Derecho Civil. Parte General, Bs. As., 1965, T. n, págs. 382-384, clasifica las sanciones en derecho civil, en resarcitorias y represivas. ('uando la sanción es igual o equivalente al deber jurídico incumplido se llama sanción resarcitoria, y consiste en imponer por vía de sanción la misma conducta que era debida por vía de prestación voluntaria. Cuando, en cambio, la sanción consiste en un hecho diferente de la conducta debida, se llama sanción represiva. La nulidad, para este autor, e-s una sanción resarcitoria en cuanto priva de aCCiÓn] obliga a la restitución de 10

e-nlregado. LLAMBlAs, Jorge J., Tratado de Derecho Civ·. Parte General, Ss. As., 1961,

T. 11. pág. 575, reproduce esta clasificación de Arauz Castex. Por nuestra parte, hemos t'cmsiderado que la nulidad es una sanción típicamente resarcitoria, o sea una especie lfd resarcimiento (BuSTAMANTE ALsINA. LA Sanción Resarcitoria, Abeledo-Perrot,

Monograflas Jurídicas. nro. 103, Bs. As .• 1966, pág. 14). El efecto de

\C't'mlado en el an. 1050 del Cód. Ci v., que dispone en términos generales que "la nulidad

pronunciada por los jueces vuelve las cosas al mismo o ¡r,a! estado en que se hallaban

II00es del acto anulado". Tambi~n hemos dicho allí que e acto jurídico nulo o anulable C'\ un acto ilfcito y la nulidad una sanción, y no compartimos la opinión (LúPEZ ()I AClREGUI, "De la nulidad de los actos jurídicos", Lecciones y Ensayos, año 1960, nro. 1") que: ve en la noción de nulidad W1 simple acto ineficaz que no llega a ser un acto jurídico y 'Ille carece por 10 tanto de la tutela del derecho. Pensamos que tal acto no es indiferente al ur, C'n juñdico contra el cual parece no atentar, sino que, al contrario, es un verdadero acto Ilft'lIn porque tiene la existencia que le comunica la conjunci6n de los elementos vitales del

la nulidad está

",,'h) y aunque lleve en sí mismo el gennen de su descalificación, fluyen de él los efectos 11111 nmlC'·s en contradicci6n con el orden juridico que reserva esos efectos, para los actos que \C" L'(mfunnan a sus prescripciones. La nulidad surge entonces como una sanci6n. o sea como

la lhrulmiclt de la nonna violada que descar§3 sobre el acto su fuerza para restablecer las

\HIIIIUIIII,,'unrorme a derecho. TambiénORGAZ. 'El 3C1O ilicito",

LL , t 140, pág. 1099, en nota

mu K, lik.e que alf.!nos autores han pretendido establecer sin embargo una tercera categoria , l. <1 1 "¡ICIO Ilegal .; en ella enlraÓan los ne¡¡ocios jutfdicos nulos o anulables. A diferencia

dr In llu(' ocurre en el acto iliciro arguyen: 'el autor del acto ilegal no va oontra el derecbo.

,11tu 'lUt' va fX>r un camino donde no encuentra la prolección del derecho; no se resuelve eClIl(11t utlU interés jurídicamente protegido, sino que omite realizar las oondiciones indis-

1"'1I

,,,llt 11(1 Waúova, 1947, nro. 6 y autores citados)". En contra, dice Orgaz, ha de señalarse que

Ir,. "" (n~ nulos o anulables 00 son, evidentemente, confonnes a derecho, y

"1 UUC'11U ('~ncial de la distinción, no cabe duda de que son ilícitos: esto no se evita

U.ttU\ndulns ilce;ales. ni señalando posibles diferencias accesorias, en cuanto a sus efectos. "111 ntltl\ tlelos Ilfcitos.la misma denominaci6n de "ilegales" denuncia ya la base precaria

que si se respeta

hl

,

p

conseguir la tutela jurídica de un inJerés propio: PerRQCEU.l, 8. , L 'Antig iu·

I

ItllJllIIIllI1l

'i6n.

pues los actos "iJfcitos" son también, desde luego, "ilegales". La distinción.

.

"r"ulu nu ha lenido sino mínima aceptación. Termina señalando ORGAZ que nuestro

('nd "11 ('Ivil illude expresamente a la ilicitud de los actos nulos o anulables (art. 1056).

76

RESPONSABILIDAD CIVIL

En cambio la sanción es represiva cuando consiste en la suspensión o pérdida de la patria potestad impuesta al padre que no cumple los de- beres puestos a su cargo por las leyes que organizan el régimen de la fa- milia, y asimismo la pérdida de derechos impuesta al cónyuge culpable del divorcio por no cumplir los deberes de asistencia, fidelidad y coha- bitación que nacen del matrimonio.

122. Si bien lo expuesto resulta del panorama actual del derecho, que distingue netamente el ámbito del derecho civil del ámbito del dere- cho penal, no eran tan diferenciadas las sanciones, como hemos visto (supra , nro. 9) en el primitivo derecho romano y aun en los antiguos de- rechos germánico y francés.

123 . La idea de pena sustituida por la de reparación del daño cau- sado es el resumen de los progresos realizados a través de'muchos años. La pena es la expresión del sentimiento jurídico excitado que tiene por insuficiente la reparación de la injusticia. Como dice IHERlNG "', "la pena tiene por fin devolver el mal por el mal y responde a la idea de venganza más bien que a realizar la idea del derecho; la pena es por lo tanto una forma imperfecta, patológica, de la lucha contra la injusticia en derecho civil". Continúa el sabio jurista ale- mán expresando que si era perfectamente legítima en épocas en que se justificaba aún la pasión puesta al servicio del derecho, ella pierde ese carácter de legitimidad a medida que la pasión es excluida en la persecu- ción del derecho. Esta exclusión se completa cuando la pena se transfor- maen reparación del daño. Es recién entonces que lajusticia civil recha- za definitivamente lo que la pena le comunicaba de accidental y arbitrario, y se eleva hasta no ser más que la simple negación de la injus- ticia subjetiva o, más exactamente, de sus consecuencias dañosas .

124 . Señala muy bien IHERING los caracteres que definen la pena privada y la diferencia de la reparación del daño. La primera es esencial- mente positiva, pues en lugar de llevar su límite en sí misma, son las cir- cunstancias históricas variables las que condicionan o el desarrollo más 1) m~nos grande del sentimiento jurídico o las variaciones en la estima- d6n U~ los bienes dañados, etcétera. La reparación del daño, en cambio,

*' lm' MINII, 01', dI

pág. 69,

CAP!TULON

LA CUESTIÓN EN EL DERECHO ARGENTINO

I.- SÍNTESIS DE SU EVOLUCIÓN

94. Cuando Vélez Sarsfield redactó nuestro Código Civil campea- hu .in disputa la culpa como único fundamento de la responsabilidad ci-

vil.

I!I eje. sobre el cual gira nuestro sistema de responsabilidad extra- .'onlructual se halla en el artículo 1109, que tiene su fuente en el artículo 1IK.l del Código francés. Sólo la culpajustificala responsabilidad. Todo "1 '1ue viola el deber genérico de no dañar implícito en la norma del ar- IIL'\llo 1109 es culpable, comete un acto ilícito y debe responder por el duno que ocasiona. Cuando el daño se ha producido por el hecho propio debe probarse In L'ull'adel autor; si la víctima no aporta la prueba de la culpa que imputa ni (h'mandado éste no ha de responder del daño que aquélla hubiere su- rrido. Otra es la solución legal cuando el daño proviene de otras personas JI"r lus cuules debe responderse, o cuando ha sido causado por las cosas Il1tUlimudas o por los animales. Siguiendo nuestro Codificador al Código Ir um·,ls, que le ha servido de fuente principal en esta materia, mejora no- ll1hl"ll1l'nle la condición de la víctima mediante el juego de las presun- ' Illnrs I~galesde culpa, que invierten la carga de la prueba en algunos ca- " " ,\ imponen, en otros, una responsabilidad que no puede excusarse.

I) ~ .l'cro como el sistema del Código radica en la culpa, no se puede hnl,lur hino de una culpa in eligendo O in vigilando cuando se trate de la

IA llUll\lIbi lidud del principal por el hecho de los dependientes, y esa cul-

Jlrrsumidn ¡"ris el de iure, o sea que no se puede probar en contra

I r

66

RESPONSABILIDAD CIVIL

de la presunción, como por ejemplo que el principal no incumó en culpa alguna en la elección o en la vigilancia de su subordinado. (Sobre el valor de estas presunciones, véase infra, nro. 939).

96. En otros casos la culpa en el ejercicio de la autoridad que se lÍe- ne sobre otros es presumida iuris tantum, como en las hipótesis contem- pladas en los artículos 1114 al l 17. Los padres, tutores, curadores, maestros artesanos y directores de colegios pueden probar que no pudie- ron impedir el daño.

97. Finalmente hay culpa también en el sentido del Código Civil cuando la cosa inanimada que una persona tiene bajo su guarda o de la que se sirve ocasiona un daño a un tercero (art. 1113), aunque no le sea dable probar al guardián que no incurrió en culpa alguna. Hay también culpa presumida del dueño de la cosa inanimada (art. 1133), que invierte la carga de la prueba permitiéndole a aquél liberarse probando que de su parte no hubo culpa.

. 98. Las mismas presunciones de culpa en la guarda sienta el Código cuando se trata de animales qlle ocasionan daños a otros, así sean domés- ticos o feroces los animales agresores (art. 1124), aunque solamente pue- dan liberarse el guardián o el dueño probando la culpa de la víctima, de un tercero por el cual no responden, o el caso fortuito o fuerza mayor, sal- vo, excepcionalmente, la prueba de que el animal doméstico se soltó o escapó sin culpa de aquéllos.

99. Los tribunales del país tuvieron ocasión de resolver numerosos casos que se iban presentando a tenor de las nuevas circunstancias, no- toriamente influidas por el creciente desarrollo de la técnica y la progre- si va concentración de masas en los centros urbanos con la consiguiente intensificación de las actividades.

100. La doctrina tradicional no se hizo eco de la corriente positivis- ta, que veía en la teoría del riesgo creado la solución integral de los nue- vos problemas que se suscitaban por la necesidad de acordar indemniza- ciones u Ins víctimas cuando el sistema clásico de la culpa parecía ya lIlSUfiCll' ntl'. Durante mucho tiempo nuestros autores siguieron viendo l'O In l'ulpD In única justificación de la responsabilidad civil, y si alguno

LA CUESTIÓN EN EL DERECHO ARGENTINO

67

,,"to de introducir a través de los textos vigentes atisbos de responsabi- IId",1 objetiva, fueron muchos los que se alzaron para mantener mcólu- 1111' ,'1 principio de la culpa.

10 1. La jurisprudencia, a su vez, no dio cabida a la teoría objetiva

ti" I •il"go y siguiendo las aguas de la jurisprudencia francesa hiZO pre-

va I,',,"r siempre la teoría tradicional. Parlicularmente en los casos. de ac- ,·.tI,'ml's de automóviles fue, por la frecuencia crec.ente de los mIsmos, tlolI,k' tuvo ocasión de pronunciarse conciliando los textos con las eXI- 1',"II"laS de una justicia que imponía perentoriamente la necesIdad de so- 'Olll'r a las víctimas cada vez más numerosas.

102. Si bien los tribunales nacionales no recibieron la influencia de l•• 1"' isprudencia fijada por la Corte de Casación francesa en el cas,o "'llIlld'¡'cur c/Galerías Belfortaises" (supra, nro. 85) en cuanto supnmla

r ,tll toda distinción entre daño causado con la cosa y por la cosa, ese fallo \11 \" '0, sin embargo, para afirmar también en nuestro medIO el pnnClpIO

ti" qlll' la responsabilidad deriva de la~ulpa en la guarda y no de!a cosa

IIU'lIla, tal como enfáticamente se dIJO en aquel fallo de las Camaras

1~ I'llIlIdas.

10.1. Salvo algunos casos aislados (infra, nro. 1013), inspirados por

r l voto <id Dr. Salvat, los tribunales nacionales deCIdieron sIempre que

11IlIlld" l'l daño era causado por el automóviIconducido, ~a responsabl- Ildud 1'l11l'r!(fa del hecho propio y quedaba regida por el articulo 1109 del ('udlgo Civil, Ysi el daño era causado por un vicio de la cosa, como ser IUlOtU.lI d~ la barra de dirección, falla de frenos, estalltdo de neumátICOS,

rlll' ll'ru, ~I caso quedaba regido por el artículo 1113: última parte. y por

" lllIltl'ulo 1133, con fundamento en la culpa presumida del guardián en pi ]lllln~r''uso y del dueño en el segundo.

I(~1. El prudente criterio de nuestros jueces conformó, sin embar- 110, UIlU jurispnldencia funcional que, con el d~bl.do apoyo e~ las normas

II 'Im l r h, I ud lit6 grandemente la acción d~ la vlclima favoreCIendo la ne-

I ," ulud (Il' indemni71lrla sin alterar el pnnclplO de la culpa. I'm d juego de numerosas presunciones hominis en algunos c~sos

y ti ntln. por aplicación particular de presunCIOnes legales contemdas

68

RESPONSABILIDAD CIVIL

de culpa que la inversión de la

s~puestoen que la culpa del corfctucto~~es~toSer la regla. Casi no había

blese lesionado a un peatón

rueb

'

ese presumIda cuando se hu-

descargo no la prueba de su f~l~edee;~al punto de exigir a aquél en su

daño, sino la prueba concreta de la cUl el cual aquél no responde o d 1

~~ qlue ~eJa inCIerta la causa del e a VlctJma, de un tercero por

11' o

u

l

e caso ,0rtUlto o de fuerza mayor.