Está en la página 1de 1

Aspectos Literarios de Génesis

La estructura y características literarios muchas veces realzan el mensaje de un libro. Génesis está dividido en diez secciones principales, cada una de las cuales comienza con la palabra “historia” (véanse 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:1 9; 36:1; 37:2). Esta palabra se repite en 36:9, dentro de la genealogía de Esaú. para dar énfasis. Las primeras cinco secciones, junto con la introducción general al libro (1:1-2:3), forman una unidad, que se conoce como “la historia original o primordial” (1:1-11:26), que abarca desde Adán hasta Abram. Las últimas cinco secciones forman otro bloque que, aunque más largo, también contiene historias que resaltan su unidad. En esta sección se relata la historia del trato de Dios con Abram, con Isaac, con Jacob y con José y sus familias. Por eso, esta segunda parte del libro se conoce como “la historia patriarcal” (11:27-50:26). Se pueden apreciar tres ciclos narrativos (Abram-Isaac, 11:27-25:11; Isaac-Jacob, 25:19-35:29; 37:1; y Jacob-José, 37:2-50:26). Entre estos ciclos se intercalan las genealogías de Ismael (25:12-18) y de Esaú (cap 36). Con frecuencia, el relato se concentra en la vida de un hijo, que no necesariamente es el primogénito, como en los casos de Set sobre Caín, Sem sobre Jafet, Isaac sobre Esaú, Judá Y José sobre sus hermanos, y Efraín sobre Manasés. Este énfasis en la elección que Dios hace de hombres y familia es quizá la más importante característica literaria y teológica del libro de Génesis. El libro resalta, de manera extraordinaria, el hecho de que el pueblo de Dios no es el resultado de desarrollos humanos naturales, sino el de la intervención soberana y misericordiosa de Dios en la historia humana. Dios entresaca de la raza humana caída una nueva criatura consagrada para él mismo, llamada y destinada a ser el pueblo de su reino y canal de su bendición para toda la tierra. En Génesis se resalta el uso de números con significados simbólicos. El número diez, además de ser el de las secciones en las cuales se divide el libro, es también el número de los nombres que aparecen en las genealogías de los capítulos 5 y 11. El número siete también se repite con frecuencia. El texto hebreo de 1:1 consta exactamente de siete palabras, y el de 1:2, de 14 (el doble de siete). Hay siete días en la creación, siete nombres en la genealogía del cap. 14, varios sietes en la historia del diluvio, setenta descendientes de los hijos de Noé (cap. 10), la promesa de Dios a Abram contiene siete aspectos (cap. 12:2-3), siete años de abundancia y luego siete de hambruna en Egipto (cap. 41), y setenta descendientes de Jacob (cap. 46). Otros números significativos, tales como el doce y el cuarenta, se usan con similar frecuencia. El libro de Génesis es básicamente una narrativa en prosa, interrumpida aquí y allá por breves poemas (el más largo de los cuales es el llamado “Las bendiciones de Jacob” en 49:2-27). Gran parte de la prosa tiene cualidad lírica y emplea, de forma magistral, el lenguaje figurado y otros elementos que caracterizan la más fina literatura épica del mundo. El paralelismo vertical y horizontal entre dos grupos de tres días en la historia de la creación; en el flujo del pecado y del juicio del cap. 3 (el pecado de la serpiente, de la mujer y del hombre sucesivamente; y luego las preguntas de Dios en orden inverso; para entonces juzgarlos en el orden en que aparecen inicialmente); el monótono estribillo “de modo que...murió a los... de edad” al final de cada párrafo del cap. 5; el efecto culminante de la frase “Dios se acordó entonces de Noé” (8:1) y el punto intermedio de la historia del diluvio, la estructura de la historia de la torre de Babel en 11:1-9 (narración en los vv. 1-2, 8-9; y diálogo en los vv. 3-4, 6-7; entre los cuales el v. 5 sirve como puente de transición); el macabro juego de palabras de 40:19 (40:13); la alternación entre las historias breves acerca de los hijos primogénitos y las largas historias sobre los hijos más jóvenes. Estos y otros numerosos elementos literarios añaden interés a los relatos y proporcionan señales interpretativas a las que el lector debe prestar mucha atención.

No es simple coincidencia que muchos de los asuntos y temas de los primeros tres capítulos de Génesis se reflejen en los últimos tres capítulos del Apocalipsis. No podemos sino maravillarnos ante la asombrosa unidad de la Revelación divina, que resalta el hechos de que Dios es el autor primordial de la Biblia, y nos permite afirmar con toda seguridad que “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2Ti 3:16) y de que los hombres que la escribieron “hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo” (2P 1:21)