El lobo andante de sable, el brazo armado y la flor de lis.

La familia Rodríguez Centeno y Chacón. Familia y Patrimonio en Esparragosa de la Serena en la Edad Moderna I
Un año más y aprovechando la oportunidad que brinda la revista de ferias y fiestas, pretendo recoger unos retazos de la historia de nuestro pueblo para mejor conocimiento de todos. Si hay en nuestro pueblo un lugar centenario, es el templo parroquial, y misterioso e incierto para muchos, la Capilla del Nazareno. En ésta ocasión se pretende hacer una aproximación al concepto de capilla familiar y estrategias sociales para perpetuar la fortuna, el honor y el poder. Pero realmente, ¿por qué se erigió ese espacio?, ¿quiénes son los que allí se encuentra?, ¿qué vicisitudes ha experimentado a lo largo de los 250 años desde su creación? Intentaremos plasmar lo más sencillo y escueto posible la historia de su creación y devenir histórico. 1. La familia Rodríguez Centeno y Chacón y Núñez No puede entenderse la sociedad de la Edad Moderna sin conocer las pautas de comportamiento y la ideología de los grupos dirigentes del ámbito local. Las oligarquías locales formaban una parte importante del conglomerado de poderes existentes en el Estado Moderno. Que los hidalgos y títulos controlasen los resortes del poder más importantes de las villas era algo aceptado plenamente por el pueblo llano, que poco o nada podría hacer frente a esos poderosos que tanto honor y tanto dinero acumulaban. La figura del labrador rico, tan presente en la literatura del Siglo de Oro, forma parte sustancial de la oligarquía de Esparragosa de la Serena, formada por pequeños nobles, hidalgos y pecheros hacendados. Éste grupo es el objeto de estudio, miembros de familias que acaparan poder y propiedades adquiridas legalmente para acrecentar su patrimonio y perpetuar su memoria entre los vivos. Esta familia, una de las más principales de la villa por aquel entonces, está documentada desde finales del siglo XVI como vecinos y naturales de ella. Al no conservarse documentación, no se sabe si venía de más atrás, o incluso podían enlazar con los descendientes de Cristóbal Rodríguez-Chacón, capitán de milicias, que participara a principios de 1600 en la rebelión de los moriscos en la Alpujarra granadina y piedra angular del Marquesado de Iniza. Sí es cierto, que unas generaciones antes, miembros paralelos de estas castas, emigraron a las Indias en busca de un mejor porvenir, y que a la larga repercutió en los que aquí quedaron. Desde 1620 constan las partidas de matrimonio de los bisabuelos en línea directa de los protagonistas del estudio, como podemos ver esquematizado en los siguientes árboles genealógicos confeccionados a partir del Archivo Parroquial de Santa María Magdalena.

Pedro Chacón

Maria Alonso

Bartolomé Rodríguez Hidalgo

Catalina de Valsera

Baltasar María Rodríguez Hidalgo

Juan Acedo

Isabel Hidalgo

Juan Diego María María Hidalgo Cabanillas Rodríguez Blázquez Valsera Juan Hidalgo Cabanillas

Juan Rodríguez Centeno

María de Morillo

Gonzalo Chacón

María de Valsera

Benito Rodríguez Baltasar

Isabel de Godoy

Beatriz Núñez

Francisco Rodríguez Centeno

Ana de Valsera

Benito Rodríguez Baltasar

Isabel Núñez

Diego Rodríguez Centeno y Chacón

Beatriz Núñez

Ascendientes reconstruidos de la familia Rodríguez Centeno-Chacón y Núñez.
Elaboración propia a partir del Archivo Parroquial de Santa Mª Magdalena (1615-1800)

Pero los protagonistas interesantes de este estudio son los hermanos Diego y Ambrosio Rodríguez Centeno. Habían nacido hacia 1700 y por diversos avatares de la vida optaron por tener distinto estado civil para no fragmentar el patrimonio familiar. El primero contrae matrimonio con Beatriz Núñez el 31 de agosto de 1727, siendo testigos el alcalde Miguel Hidalgo Murillo y el regidor Diego Gómez. Diego sería alcalde ordinario de la villa en 1740, 1747 y 1750, ya que por aquel entonces se elegían por año. El segundo, optó por el estado clerical, en 1743 ya era presbítero, ejerciendo la cura de almas en su pueblo natal, algo también muy normal en la época. 2. La Capilla y el Patronato de Legos Hacia 1769, viendo que no había tenido descendientes, el matrimonio, por un lado, y el clérigo, por otro, deciden fundar un “vínculo que entre los tres tenían tratado y comunicado a favor de la Capilla que a costa de ellos se habían fabricado con Real facultad de su Majestad en la Iglesia Parroquial de la Magdalena (…) con suficientes rentas congruas para su manutención y decencia sobre todos los bienes raíces que tengo y me pertenecen en casas, tierras, heredades y huertos… para permanente culto y veneración de dichas santas imágenes de Jesús Nazareno, San Antonio de Padua y San Diego de Alcalá ”. El objetivo de tal construcción era para enterramiento de los fundadores de la capilla y de sus familiares directos y para ello dejaban rentas para los entierros y misas por el alma de los difuntos. Los patronos del vínculo, que debían ser descendientes varones directos de los fundadores, y con el apellido Centeno, estaban obligados a decir en ella diez y ocho misas rezadas cada año de esta forma: en el día de San Antonio y cinco en los días siguientes consecutivamente, otra en el día de San Diego de Alcalá y otras cinco en los siguientes en la propia forma, y otras seis misas que la primera ha de ser el día de Santa Beatriz y las cinco restantes con la limosna de dos reales de vellón por cada una, las que han de aplicar por las Ánimas de dichos fundadores y sus ascendientes, nombrando y eligiendo para que las diga el sacerdote pariente de dicho Don Ambrosio y Don Diego Rodríguez que eligiere y señalase el patrono con tal que la cera y vino si fuese necesario para ellas lo han de poner y suplir los dichos patronos. Como condición los patronos estaban obligados a tener la Capilla, Imágenes y ornamentos bien asistidos, decentes y limpios. Igualmente todos los bienes sobre los que se fundó dicho patronato tenían que estar siempre permanentes, sin venderlos ni partirlos, labrados, de manera que fueran en aumento y no decayeran…” (Escritura otorgada por Ambrosio Rodríguez Centeno, 1769) Así se dispuso y así se mandaron hacer las laudas sepulcrales con los distintos símbolos de los apellido. Al ser hijos bastados, esto es, hijos nacidos fuera del matrimonio o ilegítimos, aspecto que encontramos en ésta familia, los yelmos de los escudos miran a siniestra. Pudiera ser que fueran descendientes de algún hidalgo o noble del pueblo. Nos decantamos con entronques con los antecesores del Marqués de Iniza, anteriormente mencionado. En sus escudos encontramos todos los elementos heráldicos de los apellidos familiares: Un escudo cuartelado: 1º en campo azur tres flores de lis en oro; 2º brazo armado a la izquierda; 3º y 4º en campo de plata, un lobo andante de sable. El del sacerdote incorpora las llaves de san Pedro. Los tres adornan ricamente el enlosado de la capilla del templo parroquial. Esta capilla se estrenó al morir el primero de sus fundadores el día 17 de agosto de 1767. En el testamento dispuso se le dijeran 141 misas a parte de las que posteriormente plasmaremos. El día 4 de enero de 1768 era enterrada su esposa Beatriz Núñez, disponiendo 146 misas por su alma. (Libro 1 de defunciones, 1767-1814, folio 2v. y 8v.) Once años más tarde se completaría el enterramiento de las tres sepulturas llegando el momento del óbito del presbítero y primer capellán del Vínculo, don Ambrosio Rodríguez Centeno. El mismo libro de defunciones en el folio 19 vuelto, refiere literalmente su testamento: Primeramente dejó quince misas rezadas anualmente las cuales impuso y cargó sobre el Vínculo y patronato de legos el que consta de trescientas y seis fanegas de tierra, con la obligación de tener preparada la capilla de Jesús. La misma que fundaron don Diego Rodríguez Centeno, doña Beatriz Núñez, su mujer y don Ambrosio Rodríguez Centeno, como consta de la fundación hecha por don Melchor de Mena.

Asimismo dicho Ambrosio Centeno dejó en su patronato una misa cantada anualmente con sermón el día de Dulce Nombre de Jesús, cargada sobre el vinculo que en virtud de su manda cargada fundo el señor Marqués don Melchor de Mena, que hoy posee don Marcelino Centeno. Asimismo en dicha fundación ha dejado otra misa cantada y sermón el día de San Antonio de Padua, cargada en dicho vinculo. Asimismo dejó otra misa perpetua cantada con sermón el día del Señor San Diego de Alcalá, cargada sobre dicho vínculo, cuyas imágenes de Jesús Nazareno, San Antonio y San Diego, existen en su capilla principal” Este tipo de fundación respondía a algo muy común en la época para perpetuar la memoria y honra de unos pocos, de la familia Rodríguez Centeno. Consistía en que una parte generosa de la herencia se quedaba para misas por las almas de los miembros de las familias y para socorrer las necesidades de los que aquí quedaban. Por ello era muy común que ambas partes de las familias se enfrentaran en pleitos para poder administrar los bienes. Del dicho al hecho va un trecho, y muy pocas veces se realizaban lo mandado por los fundadores, casos ambos que se dieron entre estas familias. Por ello, don Melchor de Mena, Caballero de Alcántara y Marqués de Casa Mena y las Mathas, y también regidor, decano y alférez de Zalamea, dispuso la partición de todos los bienes del sacerdote y tuvo que mediar entre todos los miembros de las dos familias. Se llevó a cabo un largo pleito litigado, por una parte los herederos de la familia Rodríguez Centeno y Chacón, y por otra, por los congéneres de Beatriz Núñez. La justicia dejó una mínima parte del patrimonio para la familia de la esposa de Diego. 3. El Patrimonio Los bienes que el difunto sacerdote dejaba tanto para la familia como para el Patronato de Legos ascendían a la friolera de 1.450.325 reales de vellón repartidos en fincas rústicas y urbanas. En rústicas disponían de algo más de 600 fanegas de tierras en sembradura, viñas y baldíos, y como bienes urbanos disponían de varias casas y corralones. Tenían fincas rústicas en los siguientes lugares, prácticamente en todo el término municipal; Regertilla, Lavandero, Mingo Redondo, Los Riscos, al Puerto Hurraco, la Gitana, el sitio del Toril de don Isidro, los Llanos, tierras lindando con la Dehesa de Benquerencia, el pedazo de la Piedra Grande, Cajete, Cachiporro, una suerte en la Data, en Rompe Gritos, en la cañada de Lora, cercas con frutales en las Caganchas, en el Lagar, la Laguna de Tamayo, a la Vera de Candalija, Atarayuelas, un cercón en Fuente Teresa, la Huerta del Chaparral y majada del ganado, unas viñas en el Puerto, el sitio de Valverde, en la Real Dehesa de la Serena, un cortijo en los Baldíos de las Cinco Villas, y como urbanas, unas casas y corralón en la calle del Campo en Esparragosa y por último una casa en Zalamea en la calle del Arco. Sobre la realización y autoría de la capilla no tenemos ninguna información por el momento. Debemos remitirnos a la leyenda popular que contaban los mayores del pueblo desde tiempo inmemorial. Según se dice, tuvo que hacerse entrega de una fianza consistente en una piel de buey repleta de reales de vellón para poder abrir el muro y para el arreglo del resto de la iglesia si sufría desperfectos. Sobre la dotación artística de la capilla lo omitimos en esta ocasión por la cantidad de información que disponemos. A pesar de que con el tiempo haya desaparecido esa memoria, la importancia de éste acto ha sido tal que a pesar de su extinción a mediados del siglo XIX, por causa de la Desamortización (subasta estatal de los bienes raíces que sustentaban las fundaciones), nos ha dejado el único patrimonio artístico que queda en la comarca de la Serena anterior a 1936, momento que la mayor parte del patrimonio artístico desapareció a golpe de marra o del fuego, nos referimos al retablo barroco que adorna el frontal del altar. A pesar de que se están llevando a cabo acciones encaminadas a su restauración en otra ocasión lo estudiaremos desde el punto de vista estilístico y elaboraremos la memoria histórica de dicho lugar. Javier Campos Garrido

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