La esperanza americana.

La emigración a las Indias de vecinos de Esparragosa de la Serena (Siglos XVI-XVIII) Aprovechando un año más la ocasión, y agradeciendo por ello la desinteresada tribuna que ofrece el Ayuntamiento para cuanto suponga el conocimiento de la historia de nuestro pueblo, en ésta ocasión nos proponemos dar unas pinceladas sobre un tema muy amplio y muy conocido documentalmente. Durante casi tres siglos los habitantes de Esparragosa de la Serena emigraron al continente americano. Les empujaba la situación política, económica y social de la región, además de hambre, guerras y epidemias. A lo largo del siglo XVI y XVII, centenas de individuos procedentes de la Serena decidieron embarcarse rumbo a un nuevo continente. La ubicación de esta comarca en una región con fuerte vocación migratoria, y el enorme influjo de algunas figuras de la conquista precipitarán la participación de sus habitantes en los diversos capítulos del descubrimiento, conquista y colonización de América. Entre las causas de esta emigración destaca el carácter de Extremadura como “tierra de frontera”; una economía agraria incapaz de alimentar a la población y que estaba al servicio de los intereses ganaderos de las oligarquías locales y de los trashumantes; una sociedad estamental de grandes desigualdades y contrastes, causados porque una minoría privilegiada acaparaba la propiedad de la tierra, la principal fuente de riqueza, provocando así la pobreza de la mayoría de la población. A todo ello se añaden las crecientes exigencias de la Corona en impuestos y en reclutas para las guerras del Imperio; la proximidad y facilidad de comunicación con Sevilla, puerta del Nuevo Mundo; y la atracción que ejercían los familiares y paisanos ya asentados al otro lado del océano. Ante esta situación la aventura americana, por costosa que fuera, ofrecía una perspectiva, o en algunos casos un espejismo, de mejora que convertía a América en tierra de promisión. Pero algunos de estos emigrantes, sobre todo los mejor situados entre la pequeña hidalguía rural, partían movidos por el ideal de mejorar o alcanzar un estatus de dignidad y honor de acuerdo a su condición. En las páginas que siguen trataremos de caracterizar a este contingente de vecinos de Esparragosa analizando algunos de sus aspectos. A pesar de ser una población pequeña, Esparragosa se encuentra entre las villas de la tierra de Benquerencia con más emigrantes, tal vez porque se daban más los condicionantes que antes hemos mencionado. Las causas de la emigración “… suplica licencia para pasar a las Provincias del Perú, por ser pobre…” . En estos términos se expresaba Juan Hidalgo Vicioso vecino de Esparragosa de la Serena, quien solicita para él y su familia una licencia para marchar a Perú. Este vecino como otros tantos, ansiaba una vida más fácil que sólo el Nuevo Mundo le podía proporcionar. La pobreza, sea cual fuera su origen y grado, se constituye en el telón de fondo que enmarca el desplazamiento a América de gran parte del contingente migratorio, convirtiéndose en causa inmediata de la emigración. El no poderse sustentar en esta tierra es el argumento más asiduamente utilizado. Tenemos también un importante número de emigrantes que sin encontrarse aparentemente en una situación económica delicada y sin tener familiares al otro lado del Atlántico optan por arriesgarse en busca de fortuna y mejores condiciones de vida. Estímulos directos como noticias orales de viajeros que regresan o cartas remitidas por parientes indianos a sus vecinos, amigos o conocidos les merecen el suficiente crédito para lanzarse a la aventura y alcanzar la abundancia y riquezas que estos testimonios les presentan. En este sentido inciden también las metáforas y expresiones al respecto de la facilidad de consecución de riquezas corrían por la Península; “aquello es Jauja” y “allí se matan las penas con longanizas”. El número de emigrantes El manejo de las fuentes históricas del Archivo General de Indias de Sevilla, nos ha llevado a cuantificar a 64 personas procedentes de Esparragosa de la Serena que participan al flujo migratorio entre la Península Ibérica y el Nuevo Mundo. Muchos de ellos prefieren Perú, aunque también hay otros destinos minoritarios. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el término “provincias del Perú” hacía referencia a un amplísimo territorio que más o menos venía a coincidir con los actuales Perú, Chile, Bolivia y Ecuador. En el caso de Nueva España, venía a ser más o menos el actual México. El caso de Tierra Firme, sería Venezuela, Panamá, y parte de Colombia. El más rápido en emigrar es Diego Gallego, que en febrero de 1513, decide cruzar el océano, desconociendo su destino. Le sigue en 1575 Martín Hernández, de profesión criado, que emigra a Perú.

El siglo XVII, siglo de crisis por antonomasia, se da la emigración masiva de familias enteras. El día 23 de enero de 1601 con destino a Perú, se embarcan Francisco Hernández Romero y María Blázquez, ambos de 40 años, con sus hijos Francisco, Juan, María y una niña de un año. Un día después, Juan Hernández Romero, viudo y hermano del anterior, con 48 años pasa a Perú con sus hijos Francisco, Juan, María, Catalina y como criado Pedro Hernández, de 28 años. El 30 de enero de 1603, marcha a Perú, Bartolomé Caballero, de 40 años, con su esposa María de Balsera de 30 años, su hija María de 2 años y un criado, Pedro Hernández, de 20 años. Ese mismo día embarca la familia al completo del que fuera durante décadas Escribano Público del Concejo de Esparragosa de la Serena, Diego Rodríguez, de 50 años, su mujer Leonor Hernández, de 40, y sus hijos, Diego, Juan, Beatriz, Francisco, Bartolomé, María, Mateo y el criado Pedro Sánchez. Igualmente acompaña a las familias anteriores Luís Hernández, su esposa María de Tena, su hijo Juan y un criado de 30 años, Francisco Hernández. El 18 de enero de 1617, marchan a Perú, Juan Hidalgo Vicioso, junto a su mujer Isabel Gómez, sus hijos Juan, Diego, Bartolomé, Cristóbal, Francisco y su criado Tomé Núñez. En junio de ese mismo año, deciden ir a las provincias de Nueva España, Francisco García Montero, su mujer Magdalena Romero y un criado llamado Antonio Juan; y Juan Domínguez, de 24 años con Juana Blázquez, su mujer de 32. El joven Mateo de Brieva, de 16 años, marcha en octubre de 1628, como criado de Pedro Núñez Romero y su mujer, naturales del Lugar de la Higuera de Zalamea a Perú. En abril de 1630, hay una nueva emigración masiva de familias a Perú. Corresponde a Alonso Centeno de 30 años con su mujer María Balsera y su hija María; Alonso Núñez de 25 años y Beatriz Romero de 23, con su criado Antón Sánchez, y Domingo Rodríguez Chacón, con Beatriz Centeno y sus hijos María, Pedro, y el criado Juan Hidalgo. El 25 de mayo de 1631, con 21 años se embarca como criado Francisco de Cabanillas con destino a Perú. Igual es el caso cuatro días después, de Andrés Rodríguez, que con 35 años emigra como criado del capitán y sargento mayor de infantería Juan de Castroverde a Tierra Firme. En 1636, emigran a Perú Alonso Martín y su mujer María de Segobia y Diego Rodríguez Chacón como criado. El último viajero documentado es el caso de Juan Hidalgo de Nogales, que con 11 años, acompaña como paje al séquito del obispo Pedro Nogales Dávila, natural de Zalamea y obispo de Tlaxcala y Puebla de los Ángeles (México), en 1708. En definitiva el modelo de emigración de los vecinos de Esparragosa de la Serena a las Indias, coincide en líneas generales con el resto de la Serena y Extremadura. La mayoría de los emigrantes salieron entre 1575 y 1630, agrupados por estrechas relaciones de parentesco que dieron a la emigración extremeña un marcado carácter colectivo. Familiares y paisanos ya instalados al otro lado del océano atraían a los indecisos. Capitales, fortunas, donaciones y mecenazgo de los indianos. El capital que llegó a Esparragosa se invirtió en ayudar a familiares necesitados y en propiedades rústicas y urbanas. Conocemos bien el caso de Tomé Núñez, el cual dejó como herencia 102 pesos a su sobrina María Caballero, y Cristóbal Hidalgo, que deja 400 reales a su familia en Esparragosa. También era muy común las donaciones a la Iglesia de cantidades para ejercer de mecenazgo mediante capellanías, obras pías, o ajuar litúrgico. La inversión más cuantiosa de los indianos iba destinada a la salvación de su alma. En su testamento instituían capellanías, para que en su población natal se dijesen misas por ellos y sus allegados. Sabemos que en 1634 existía la de Diego Hidalgo, o el escribano Diego Rodríguez que envía un cáliz y una lámpara de plata entre otros objetos litúrgicos para la parroquia del pueblo. En definitiva, estas son algunas de las trayectorias vitales de habitantes de la villa de Esparragosa de la Serena, que bien pueden ilustrar las de muchos extremeños que huyeron de hambres, guerras, pestes y falta de oportunidades, a la llamada del Nuevo Mundo. Una tierra de promisión que a muchos les dio la fama y riqueza, y a la cual contribuyeron a conquistar, colonizar y evangelizar con todos los claroscuros que implica todo proceso histórico de choque de culturas, integrándolas así en lo que entonces era un gigantesco imperio de ultramar, en el cual, los esparragoseños, como al resto de los extremeños, les cupo una significativa participación. Javier Campos Garrido

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