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Transaccionalismo: La ciencia de la ocupación y la actitud pragmática

Malcolm P. Cutchin y Virginia A. Dickie

¡La ocupación sí importa! Esto es lo que los terapeutas ocupacionales argumentan a través de sus descripciones, interpretaciones y explicaciones de la ocupación en la vida humana. Todos estos argumentos son sustentados, de manera implícita o explícita, por alguna posición teórica. Las bases teóricas argumentales sobre la ocupación, por lo tanto, también importan mucho. Si bien se necesitan fuertes teorías para sustentar la ciencia, los terapeutas ocupacionales quieren que la teoría sea lo suficientemente ágil para manejar la complejidad de la ocupación. Más aún, los terapeutas ocupacionales necesitan teorías que les permitan trazar inferencias sobre la ocupación que mejoren las que han venido anteriormente, y que sean relevantes para la investigación actual y futura. Sin embargo, la elección y utilización de la teoría para la erudición tiene su valor más grande y definitivo en tanto fluye a través de las indagaciones y en las vidas y comunidades que los terapeutas ocupacionales intentan mejorar.

La noción de que la teoría no debe servir sólo a la ciencia, sino también ser evaluada por la diferencia que haga en el mundo, es la principal preocupación de la tradición filosófica llamada pragmatismo. Dentro de esta tradición existe un fuerte énfasis en cómo teorizar la acción. La preocupación por lo que funciona, es decir, cómo crear un mundo mejor, está conectada lógicamente a la necesidad de saber cómo ocurre la acción. Si los cientistas y teóricos quieren hacer un mejor lugar para sí mismos y los demás, necesitan saber cómo los procesos previos del hacer erraron y mejoraron. Para los cientistas de la ocupación, esta preocupación por la acción es necesaria al menos por dos razones. Primero, que la acción es central para comprender la ocupación en sí misma ya que todas las ocupaciones son una forma de acción (Cutchin y cols. 2008). Segundo, la actitud pragmática y la correspondiente teoría de la acción que ha sido conocida como transaccionalismo parecen ser particularmente importantes para una ciencia de la ocupación preocupada de temas que hablan de hacer un mundo mejor, como justicia social, inclusión y participación. El transaccionalismo desafía a los terapeutas ocupacionales a pensar de forma diferente sobre el concepto más central de la disciplina, la ocupación, pero la corriente más amplia del pragmatismo, y la versión del filósofo John Dewey en particular, ayuda a desencarnar el significado más amplio del transaccionalismo para los cientistas y terapeutas ocupacionales.

En este capítulo, comenzamos con una revisión del surgimiento del transaccionalismo en la ciencia de la ocupación y sugerimos cómo éste es distinto y por qué creemos que añade un valor significativo a la disciplina. Luego extendemos la historia con las contribuciones más recientes a la visión transaccional de la ocupación. La segunda ola de desarrollo establece la etapa para la adición de más elementos trazados desde la coherente cosmovisión de John Dewey. Aunque las dos primeras olas del trabajo sobre el transaccionalismo serían suficientes para sugerir su significado para las visiones críticas sobre la sociedad, la inclusión y la participación, presentaremos conceptos adicionales de la teoría deweyana que enfatizan el valor y potencial de esta perspectiva para la ciencia de la ocupación. Concluimos este capítulo sugiriendo por qué el transaccionalismo y una actitud pragmática deweyana tienen un excitante potencial para una ciencia de la ocupación interesada en hacer una diferencia para los individuos y las sociedades.

El transaccionalismo emerge en la ciencia de la ocupación

La emergencia de lo que ha sido denominado la perspectiva “transaccional” en la ciencia de la ocupación es reciente, pero existe una historia de fondo que ayuda a poner la perspectiva en contexto. En la América de los años 20, la nueva profesión de la terapia ocupacional recibió credibilidad, al igual que una base conceptual adicional, por el famoso médico Adolph Meyer. Influenciado por Dewey y otros filósofos pragmatistas, Meyer presentó un documento en la reunión de 1921 de la joven Sociedad Nacional para la Promoción de la Terapia Ocupacional (Meyer, 1922). Él escribió que:

“…nuestro concepto del hombre es el de un organismo que se mantiene y balancea a sí mismo en el mundo de la realidad y actualidad estando en vida activa y uso activo, es decir, usando, viviendo y actuando a su tiempo en armonía con su propia naturaleza y la naturaleza en su entorno” (p.5)

Cutchin, M., Dickie, V. (2012) Transactionalism: Occupational science and the pragmatic attitude. En Whiteford, G., Hocking, C. (eds.) Occupational Science: Society, Inclusion, Participation. Oxford: Wiley-Blackwell (Traducción libre)

Meyer también implicó que la terapia ocupacional reflejaba la práctica de la nueva filosofía americana del pragmatismo enfatizando la relación entre la persona, el ambiente y la actividad, como también interviniendo para maximizar las oportunidades de balancear la relación. La importancia de estos conceptos fue tomada en cuenta mucho después, con el desarrollo de la comprensión de la filosofía pragmática subyacente y lo que ésta podía significar para la terapia ocupacional.

En las décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, la importancia filosófica de John Dewey decayó. Sin embargo, en disciplinas como la filosofía y la educación, ocurrió un resurgimiento del interés educacional en la filosofía de Dewey en los años 80 (Bernstein, 1992) que continúa en el presente. La erudición que siguió al nuevo interés en el trabajo de Dewey fue principalmente filosófica, pero los estudiosos también desarrollaron evaluaciones de pragmatismo para indagar en las ciencias sociales (p. ej. Erimbayer, 1997; Smith, 1984). Como parte de aquel temprano re-encantamiento con el pragmatismo y el especial interés en Dewey (el más importante de los pragmatistas clásicos), Malcolm Cutchin comenzó una serie de estudios explorando el valor del pragmatismo deweyano para teorizar la acción humana en una variedad de contextos reales, como la integración de doctores rurales en sus comunidades y la transición a contextos comunitarios de asilo para los adultos mayores (1997, 1999, 2001, 2003). Luego Cutchin se comprometió profesionalmente con los cientistas de la ocupación y comenzó a cuestionar conceptualizaciones existentes de la ocupación desde una perspectiva pragmática. En una publicación subsecuente, Cutchin (2004) inició el argumento que se convertiría en la estrella de un discurso continuo sobre el transaccionalismo en la ciencia de la ocupación.

Tal crítica inicial de la teoría existente se enfocó sobre el problema de la “adaptación al ambiente” y expuso el pragmatismo de Dewey como una teorización alternativa de la relación entre las personas y sus ambientes. Los principales puntos del argumento sugirieron que el pensamiento previo sobre el tema había construido al ambiente como algo completamente separado de la persona, como un “contenedor” donde las personas existían. En adición a criticar ese pensamiento dualista sobre las personas y el ambiente, Cutchin argumentó que la visión prevalente de la adaptación sugería la acción como demasiado subjetiva e internalizada, independiente de las relaciones que en verdad existían entre las personas y sus lugares de experiencia. El tercer punto principal de Cutchin fue que las teorías existentes que intentan superar tales dualismos y subjetividades, como el Modelo de Ocupación Humana, eran demasiado mecanicistas, confiando en modelos de entrada-salida y retroalimentación en su pensamiento sobre cómo están relacionadas las personas a su ambiente. En contraste a estos problemas en las teorías sobre la adaptación, Cutchin sugirió que el argumento de Dewey a favor del carácter continuo o no-dualista (holístico) de la experiencia era más apropiado para la ciencia de la ocupación. El foco de Dewey sobre la “situación problemática” como base para la acción humana y cómo las personas se “coordinan” con su ambiente, más a menudo estructurando el contexto que adaptándose personalmente, fue propuesto como un punto de vista teórico más útil. Parte del argumento en aquella etapa fue que los entornos físicos, sociales y culturales humanos siempre forman parte de lo que son, cómo piensan y lo que hacen. En consecuencia, su pensamiento/acción (ocupación) se sugería como algo en continua relación con el ambiente.

Al mismo tiempo que Cutchin estaba desarrollando su crítica de la “adaptación al ambiente”, Virginia Dickie estudiaba la producción y comercio de artesanías a pequeña escala (Dickie, 1996, 1998, 2003a) y la fabricación contemporánea de colchones (Dickie, 2003b, 2004) desde una perspectiva de economía política, y encontraba que la teoría y lenguaje existentes en la ciencia de la ocupación eran inadecuados para sustentar la comprensión de ocupación que ella estaba desarrollando. Asimismo, Ruth Humphry observaba la naturaleza profundamente social y contextualizada de la manera en que los lactantes aprendían ocupaciones, lo que no podía defenderse con teorías que localizaran el desarrollo dentro del niño (Humphry, 2005). Siguiendo las huellas de Cutchin y su propuesta inicial, Dickie, Cutchin y Humphry (2006) argumentaron a favor de que la filosofía deweyana asegurara pensamientos en la ciencia de la ocupación sobre la ocupación per se. Su artículo presentaba más especificidades sobre la teoría del transaccionalismo. El fundamento de su argumento era una crítica del uso implícito y explícito del individualismo en la ciencia de la ocupación (enfocada en individuos independientes y subjetivos) y el concomitante uso de pensamientos dualistas sobre las personas como separadas de sus ambientes. Aunque esta crítica había sido presentada anteriormente por Hocking (2000), Dickie y cols. extendieron el argumento y dirigieron su atención a las limitaciones de tal visión en entrecortar las múltiples y complejas influencias sobre la ocupación que funcionaban junto a la acción individual. Los autores anunciaron que “la comprensión de la experiencia individual es una condición necesaria pero insuficiente para comprender la ocupación que ocurre por medio de complejos contextos” (Dickie y cols.,

Cutchin, M., Dickie, V. (2012) Transactionalism: Occupational science and the pragmatic attitude. En Whiteford, G., Hocking, C. (eds.) Occupational Science: Society, Inclusion, Participation. Oxford: Wiley-Blackwell (Traducción libre)

p. 83). El problema de la perspectiva individualista de la ocupación, explicaron, era el de partir en dos el holismo de las ocupaciones y estrechar el foco sobre la subjetividad individual, con la resultante pérdida de la riqueza y complejidad de las ocupaciones. La solución propuesta fue la perspectiva teórica del transaccionalismo.

Si bien Dickie y cols. (2006) observaron particularmente el lenguaje de la literatura teórica temprana de la ciencia de la ocupación, también estaban preocupados por un énfasis sobre el significado individual en muchos artículos de investigación. Anteriormente, Dickie (2003) formuló la pregunta: “si en lugar de estudiar al ‘humano como un ser ocupacional’ [Yerxa, 1993], estudiáramos la ocupación como una empresa humana, ¿serían nuestros descubrimientos diferentes?” (p. 121). En otras palabras, ella pedía un cambio en el enfoque, que se alejara de cómo la ocupación es experimentada por los individuos, en y por sí mismos, a un estudio que incluyera la totalidad de la ocupación como parte del contexto. Ha existido un número de estudios en la literatura de la ciencia de la ocupación que han tomado este enfoque, como el estudio de Riley de una agrupación de tejido (2008), y el estudio de Asaba de un grupo en un contexto de salud mental involucrado en lo que él denominó una “ocupación de asamblea” (2008). Estos dos estudios incluyeron dimensiones culturales e históricas al igual que significados individuales. La investigación transcultural internacional enfocada en la preparación de comidas de festivos por ancianas de Tailandia, Nueva Zelanda y Kentucky incorporó elementos más allá, pero ligados a la experiencia individual y el significado, como la cultura, tradición, tejido estacional, objetos, lugar y cambio en el tiempo (Hocking, Wright-St. Clair & Bunrayong, 2002; Shordike & Pierce, 2005; Wright-St. Clair y cols., 2004). El estudio de Russell de 2008 basado en la literatura sobre el fenómeno de etiquetar mapas en la larga historia de los graffiti, los significados sociales y personales del etiquetado entre quienes practican la actividad, al igual que los riesgos físicos y legales que asumen al hacerlo, el efecto del etiquetado en la comunidad más amplia, y las posibilidades constructivas y destructivas que surgen de esto. Estos estudios demuestran el potencial de los enfoques holísticos para construir el conocimiento de la ocupación.

Sin embargo, un enfoque sobre las experiencias y significados individuales ha sido prominente en la literatura de la ciencia de la ocupación, incluso en estudios de ocupaciones grupales. Por ejemplo, Tonneijck, Kinébanian y Josephsson (2008) estudiaron el cantar en un coro desde la perspectiva de quienes fueron entrevistados, y enfocaron sus descubrimientos en las experiencias individuales de los participantes dentro del contexto coral. Asimismo, Jacob, Guptill y Sumsion (2009) establecieron las experiencias individuales de nueve miembros de un coro universitario, recolectando datos por medio de entrevistas y desarrollando descubrimientos enfocados individualmente. En contraste, Womack (2009) completó un estudio etnográfico de un coro de mujeres en el que ella vio al coro como un todo, situado a lo largo del tiempo e incrustado en las preocupaciones sociales y políticas de hoy. La ocupación de cantar en un coro fue una de las muchas ocupaciones que crearon y mantuvieron este coro durante 25 años.

Para formular una base teórica para una visión más contextualizada de la ocupación, Dickie y cols. (2006) utilizaron el trabajo de Dewey y Bentley (1949) y pragmatistas posteriores como Garrison (2001) para proponer que la visión holística de las personas actuando en el mundo (u organismo en el ambiente como un todo, como lo ponen Dewey y Bentley) era de mayor ventaja para los cientistas de la ocupación que una perspectiva individual. El transaccionalismo sugiere que ni la auto-acción ni la interacción entregan suficiente comprensión de la forma en que las personas y sus ambientes se co-definen y co-constituyen entre sí (Sullivan, 2001). Un punto adicional que Garrison (2001) enfatizó es esencial: la posición de Dewey respecto a la continuidad de cualquier ambiente e individuo es que están continuamente relacionados por la necesidad de coordinación funcional. Si las personas han de funcionar y maximizar su función y la ocupación es un ejemplo particularmente relevante no se trata sólo de una persona actuando de manera independiente del ambiente; debe haber una constante coordinación entre el ambiente y la persona. A menudo esta coordinación activa es muy sutil e imperceptible, como la forma en que muchas personas caminan por una escalera sin ninguna consideración consciente del peso, profundidad y superficie de los peldaños, pero incluso esta coordinación funcional obviada requiere a veces un cambio sustancial, como por ejemplo, cuando la persona sube la escalera con ambos brazos ocupados, o desarrolla técnicas para manejarse en la escalera luego de una lesión en la pierna. Pero la coordinación funcional puede ser una respuesta a amenazas ambientales mayores. Por ejemplo, determinar y actuar para reconstruir un hogar colapsado en un terremoto, con pocos recursos y confiando en la ayuda de una agencia de caridad distante, es también un tipo de coordinación funcional.

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Ya sea sutil, obvia o sustancial, la coordinación funcional como tal es vista como transacciónpor medio de la reestructuración dinámica y coordinada de la relación de la persona con la situación. Es este foco sobre la acción inherente en las relaciones entre las cosas (personas y aspectos de su ambiente), y la acción en tanto esas relaciones son modificadas de cualquier forma, lo que hace al transaccionalismo una teoría relacional. En otras palabras, es la relación entre las cosas, no lo que toma lugar dentro de ellas, lo que debe atraer la atención de un cientista. El viejo dicho se requieren dos para un tangoes quizás lo suficientemente descriptivo para llegar a este punto: un bailarín de tango no puede bailar sin una pareja (o una música particular, o la historia en curso en este baile), al igual que los individuos no pueden actuar sin coordinarse funcionalmente con su situación actual. Es esta acción y esta redirección continua, reformándose y re- enfatizándose, lo que mantiene al todo y a las partes funcionales. En resumen, esta es la forma en que las personas habitan sus mundos.

Para la ciencia de la ocupación, una perspectiva transaccional puede sustentar el desarrollo del conocimiento y la investigación traducida apuntando a entidades como los sistemas políticos, poblaciones y preocupaciones ambientales, al mismo tiempo que problematiza conceptos y teorías de la ocupación que no cuentan para nada más que el individuo actor. El análisis de Laliberte Rudman (2005) de la construcción de la jubilación proporciona un ejemplo de cómo cierta emergente investigación en los aspectos contextuales de la ocupación se está moviendo en la misma dirección que la perspectiva transaccional. Utilizando un enfoque de análisis crítico del discurso, Rudman identificó cuatro tipos ideales de subjetividad de jubilaciónque eran construidos a través de escritos en un periódico canadiense importante, y ligó estos tipos a las tecnologías neoliberales del gobierno(2005, p. 156). Ella continuó hasta apuntar cómo estos discursos promueven ciertas ocupaciones mientras niegan o degradan otras. En un documento posterior, Laliberte Rudman (2010) presentó

la construcción de posibilidades ocupacionales, examinadas en el marco de la gobernabilidad, y posicionó

este trabajo teórico dentro del estudio de la naturaleza situada de la ocupación. Nosotros vemos la perspectiva

transaccional como adicional y consistente con el enfoque de Laliberte Rudman, en tanto ofrece una manera de comprender las relaciones dinámicas entre los elementos contextuales y las personas en una situación.

Los primeros intentos que hicimos de redirigir las teorías de la ciencia de la ocupación hacia la teoría holística y relacional del pragmatismo de Dewey fueron notorios, en tanto nos ofrecieron una crítica de otras

orientaciones teóricas y un camino diferente a seguir. Se pidió a los cientistas de la ocupación que examinaran

la ocupación con una perspectiva mucho más amplia, y se les otorgaron teorías y lenguajes que sustentaran el

compromiso intelectual y práctico con los temas de población, políticos, ambientales y económicos. Sin embargo el argumento hasta este punto estaba incompleto (y como se hará evidente, continúa así). En la siguiente sección intentamos revisar componentes adicionales al caso del transaccionalismo en la ciencia de la

ocupación que subsecuentemente han comprometido nuestro pensamiento.

Desarrollo posterior del transaccionalismo

El argumento de la transacción es difícil de entender en sí mismo. Los puntos sobre continuidad, holismo, la centralidad del ambiente (social y otros), la coordinación funcional, la relación de los elementos en una situación y la acción localizada en las relaciones y su coordinación, están conectados lógicamente pero no se prestan bien a descripciones gráficas. Más lejos aún, el argumento pide a los cientistas de la ocupación cambiar sus visiones dominantes de la ocupación tal como han llegado a comprenderla por medio de otras perspectivas teóricas. Tan importante como esto, sin embargo, es la necesidad de expandir la teoría para sugerir cómo comprender la ocupación como una forma fundamental de transacción. En adición, es necesario un mejor entendimiento sobre cómo las personas y los ambientes se relacionan y cómo esto influye en la acción. Más aún, el transaccionalismo comparte ciertos aspectos con otras teorías de interés en la ciencia de la ocupación, principalmente la ciencia de la complejidad (Eakman, 2007; Fogelberg & Frauwirth, 2010; Gray, Kennedy & Zemke, 1996; Gray & Zemke, 1996), la fenomenología (Barber, 2004, 2006; Gray, 1997) y otras

teorías de la acción (Strauss, citado en Hocking, 2000). Las similitudes y diferencias entre el transaccionalismo

y estas otras perspectivas, incluyendo el cómo encajan en la ciencia de la ocupación, necesitan mayor investigación.

Un segundo conjunto de publicaciones de cientistas de la ocupación ha comenzado a establecer estos asuntos. Cutchin y cols. (2008) condujeron una lectura más cuidadosa de la literatura deweyana en un intento

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de profundizar la comprensión de la acción, y de ahí, qué significaba una visión transaccional de la ocupación. Los autores se enfocaron en tres dimensiones de la acción que eran esenciales para la comprensión de Dewey: hábito, contexto y creatividad.

El hábito era central para la teoría de la acción de Dewey y es así de importante para cualquier comprensión transaccional de la ocupación. Dewey (1957) afirmó que los hábitos eran predisposiciones adquiridas a maneras o modos de respuesta(p. 40). En este sentido, los hábitos están a menudo por debajo del nivel de conciencia, generando pensamientos y acciones sin esfuerzo del individuo. Lo que Cutchin y cols. (2008) descubrieron, sin embargo, es que el argumento de Dewey sobre la fuente y uso de los hábitos en la acción y para nuestros propósitos, en la ocupación iba mucho más allá de tal afirmación. Dewey argumentó convincentemente que los hábitos surgían del compromiso en actividades sociales, y Cutchin (2007) expuso que esto incluía no sólo las costumbres socialesque Dewey notó como formadoras de hábitos, sino también los ambientes físicos y simbólicos de tales hábitos de pensamiento y hacer. En adición, Dewey sugería que las personas ganaban muchos hábitos que funcionaban juntos en configuraciones, ensambladas específicamente por la situación particular, que permiten la acción, el movimiento y cualquier forma de acción. De hecho, cualquier coordinación funcional en el corazón de una transacción tiene en su centro una configuración única de hábitos, ensamblados y relacionados a la acción en curso en una situación. Mientras más hábitos tienen las personas a su disposición, más potencial tienen de emplear diferentes configuraciones de hábitos en relación a una situación y en respuesta a los cambios en ella. De acuerdo a Dewey, los hábitos vienen de la participación en el mundo y existen sólo en la relación que crea, apoya o limita la funcionalidad del hábito tal como está configurado con muchos otros para permitir la acción. Así, los hábitos nunca pueden ser vistos como internos en el individuo. Esto es de profunda importancia para pensar en la ocupación y el cambio social. Cualquier circunstancia que restringe la participación (como la discriminación laboral en base al estatus real o supuesto de inmigración, mantener a los niños en casa ya que los vecindarios son inseguros, la prisión sin oportunidades de trabajo o educación, la enfermedad y permanencia prolongadas en campos de refugiados) disminuyen las posibilidades para quienes son restringidos de desarrollar y utilizar hábitos funcionales.

Considérese, por ejemplo, las personas que han quedado sin trabajo debido a que sus empleadores reubicaron sus trabajos a áreas de menor costo laboral. Con el tiempo, son restringidas de participar en muchas actividades comunitarias y del hogar debido a la falta de fondos (y el estigma social relacionado a no trabajar). Sin estas oportunidades de participación, las personas pueden acomodarse a rangos estrechos de hábitos relativamente no funcionales, como quedarse en casa, no molestarse en limpiar la casa, y evitar lugares donde puedan ver personas que conocen de sus días de trabajo (Aldrich & Callanan, 2011). De esta manera, los factores (y actores) políticos y económicos pueden generar circunstancias donde los individuos desarrollan hábitos que tienden a restringir sus mundos sociales.

Como Cutchin (2007) y Cutchin y cols. (2008) propusieron, los hábitos se convierten en la base de toda acción, y por lo tanto, de toda ocupación. Sin embargo, el punto no es que las personas sean autómatas con un conjunto pre-programado de hábitos para utilizar. El contexto de le acción, que Dewey denominó la situación, es siempre parte del proceso de acción. Las situaciones y las relaciones de las personas a ellas cambian, e incluso siendo relativamente estables en el momento, establecen la etapa para las posibilidades de acción. Como tales, Dewey argumentó que las situaciones eran generadoras de acción. Él escribió que una situación es un todo en virtud de su calidad omnipresente inmediatala situación como un todo cualitativo se percibe o siente(Dewey, 1938/1998a, p. 384). Añadió que una situación cualitativa y calificadora está presente como el fondo y el control de toda experiencia(Dewey, 1938/1998a, p. 385). Ya que las situaciones son cualitativamente singulares individuales en su propio derecho en algún punto requieren que las personas indaguen (investiguen, reflexionen) sobre qué hacer con ellas y cómo re-coordinarse funcionalmente con ellas (y con qué fines). Siempre hay múltiples posibilidades, algunas de las cuales no son sabidas por las personas hasta que indagan en ellas (es decir, las intentan, ya sea en la realidad o en sus imaginaciones). Esto requiere creatividad, y por esto es que los humanos, con sus configuraciones de hábitos, son más que autómatas. Una conclusión lógica, por lo tanto, es que los cientistas de la ocupación debieran incorporar la situación como parte de cualquier estudio sobre experiencias ocupacionales.

Al determinar la naturaleza de las posibles transacciones, incluyendo las ocupaciones, se requiere que una persona evalúe las cualidades de la situación y qué es necesario cambiar, si hay algo, para sentirse en equilibrio, o como Dewey a menudo lo llamaba, en armonía. Como Cutchin y cols. (2008) lo discutieron (desde Fesmire, 2003), este llamado a la deliberación significa que uno debe diseñar sobre la base de

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cualquier conjunto existente de hábitos (pensamientos/acciones) una forma de inteligenciay de imaginación. La imaginación en este sentido es la capacidad de ver nuevos arreglos situacionales posibles a la luz de la situación actual. Las personas desarrollan múltiples imágenes de lo que puede ser, desarrollando diferentes configuraciones nuevas de hábitos, y luego usando su sensibilidad moral, otro producto de las costumbres sociales y la experiencia en diferentes situaciones (Cutchin, 2007), para determinar el mejor curso de acción a coordinar. Dewey llegó a sugerir que las personas entran en un ensayo dramático de estas posibilidades para determinar cuál puede ser mejor (Fesmire, 2003). Este proceso de acción continua en el flujo de la experiencia en diferentes situaciones era, para Dewey, siempre un proceso de indagación. Como explicaremos en la siguiente sección, sin embargo, este proceso transaccional no es un asunto individual (en contraste a una perspectiva fenomenológica). En el sistema filosófico de Dewey, él apremiaba a recordar el rol de lo social en el proceso.

En adición a dividir el proceso transaccional en subprocesos componentes, para mejorar la comprensión de la acción y la ocupación como transaccionales, otros esfuerzos recientes han dado un paso atrás para pensar más ampliamente sobre el transaccionalismo y la filosofía más amplia de Dewey respecto a

otros sistemas teóricos. Aldrich (2008) desarrolló una cuidadosa comparación de la teoría de la complejidad y

el transaccionalismo de Dewey tal como han sido utilizados en la ciencia de la ocupación. Ella concluyó que si

bien existe una sobreposición en las dos perspectivas teóricas, el fundamento antidualista (holístico) transaccional entrega más ventaja que la teoría de la complejidad. Entre otras características que Aldrich

sugirió que entregaban al transaccionalismo una ventaja en la comparación, están su foco sobre la incertidumbre del mundo, un lenguaje más orgánico (menos mecánico), y su atención a la naturaleza relacional socialmente fundada de la experiencia, la cual ayuda a protegerla de preocupaciones sobre su aplicabilidad en culturas no-occidentales(p. 154).

Cutchin y sus colegas (Cutchin, 2008; Cutchin, Dickie & Humphry, 2006) también han comparado la filosofía deweyana con enfoques teóricos que son de interés para la ciencia de la ocupación. Ellos sugieren que la teoría fenomenológica y el trabajo de Dewey comparten algunos aspectos importantes, pero que la intencionalidad individual y el significado, que están en el centro del pensamiento fenomenológico, no llegan lo suficientemente lejos para describir la experiencia. En una visión deweyana, las transacciones materiales problemáticas de la vida que se desarrolla como parte de situaciones indeterminadas, generan una acción reflexiva, y por lo tanto, significado (pero esta acción y creación de significado toman lugar junto a todos los participantes de la situación). Cutchin (2007) argumentó que las filosofías de constructivismo social, como el pensamiento estructural, post-estructural y postmoderno, tienen más en común con la meta-teoría deweyana que la fenomenología. Sin embargo, concluyó que en base al análisis de un número de filósofos, Dewey se apartó de otros constructivistas sociales por medio de su teoría de la transacción.

El alcance más amplio de la actitud pragmática deweyana

La principal preocupación de Dewey al desarrollar su filosofía era dar una mejor comprensión de la experiencia humana, pero tal comprensión debía ser desarrollada para mejorar la civilización, por medio del

enriquecimiento de ciudadanos individuales y su capacidad de comprometerse en la vida social (Jackson, 2009; Putnam, 2009). Su intento de reconstruir la filosofía para enfocarse en la experiencia sugería muchos elementos, incluyendo un argumento a favor del criticismocomo una herramienta para la reconstrucción de bienes sociales; es decir, cómo deberíamos valorar los aspectos de la sociedad y cambiarlos en respuesta a tal valoración. En relación a la valoración, Dewey también enfatizó en la ética del análisis de la acción; las preocupaciones morales debían ser puestas en el centro de una evaluación de las actividades en el mundo real. Su preocupación por el criticismo y los elementos morales de la vida diaria se asocian con otro motivo clave en sus escritos: enriquecer a las personas y sus vidas por medio del crecimiento. Para Dewey, el crecimiento implicaba el continuo florecimiento y actualización de posibilidadesel mejoramiento real de la vida de una personay el desarrollo de nuevos poderes de acción(Boisvert, 1998, p. 59). Por medio de éstos

y otros conceptos, Dewey quiso reconstruir la tradición filosófica para descartar los dualismos que había

utilizado para dibujarse en una esquina intelectual y lidiar con la vida tal como es experimentada en el sentido

pleno de las vivencias incorporadas, emocionales y localizadas. Más aún, él quería que las personas tuvieran las herramientas para reconstruir sus situaciones, sus costumbres, sus instituciones, y así mejorar sus vidas. La filosofía de Dewey proporciona un conjunto de herramientas conceptuales que él llamaba un mapa

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metafísico” – para este propósito. Esta actitud pragmáticaesposaba por Dewey era una en que las personas podían hacer un mundo mejor para quienes están ahora y quienes están por venir. Esta actitud tiene ciertos rasgos que también necesitan ser destacados.

La metafísica de Dewey indica un nivel de denotacióndonde las personas experimentan todos

cualitativos, atienden a rasgos particulares de tales todos, asignan significados simbólicos a tales rasgos, desarrollan valores y juicios sobre su situación, y utilizan tales juicios para actuar (probar) y cambiar la situación (cuando se estime necesario hacerlo). La metáfora del mapa representa la selección y simbolización de los significados de la situación para las personas. La metáfora es útil ya que, al igual que un mapa geográfico, el mapa metafísico de Dewey es provisional (basado en la falibilidad del conocimiento actual) y sesgado por intereses humanos; su pluralismo y cambio refieren que es incierto y no está acabado. Como tal, el mapa es una teoría de trabajo. En adición, el mapa metafísico es una herramienta para indagación y criticismo. Permite

a las personas ver las diferencias y significados, pero también ofrece una forma de valorar (desear) bienes

(aspectos del mundo que sostienen o mejoran la vida) en el mundo, y trata de activarlos o crearlos por medio

de juicios respecto al éxito de lograrlo. De otra manera, el mapa denota un conjunto de transacciones entre la persona y el mundo, la experiencia y los juicios. El mapa metafísico es transformacional ya que genera valores

y

criticismo, y ya que sugiere indagación y cambio transaccional a través de una situación. El mapa representa

la

ocupación, ya que sugiere todas las bases de acción sobre las cuales se apoya toda ocupación, y da el

siguiente paso sugiriendo cómo se puede mejorar la ocupación y el bienestar. En un sentido final, el mapa

metafísico de Dewey es científico, pero es una ciencia y un arte. Permite imaginación y creatividad en la acción

y la ocupación. Su base cualitativa refiere que los humanos deben usar sensibilidad e interpretación,

comunicación y narración para el crecimiento personal y social. El poder del mapa metafísico de Dewey es

discursivo: no está en el mapa en sí mismo; en cambio, reside en la transacción de la persona con él y la visión

y acciones tomadas en su uso. Tales visiones y acciones siempre se relacionan a la experiencia, y al igual que el mapa, son contingentes y reconstruíbles, ya que Dewey cree que somos participantes activos de un universo no terminado e interminable(Garrison, 2005, p. 835).

Es en este punto que podemos comenzar a dar un sentido más concreto al valor de la perspectiva teórica de Dewey para comprender la ocupación y la inclusión, la participación y el cambio social. Si todos somos participantes de un universo interminable, ¿cómo podemos participar mejor y con qué fines? El estudioso de Dewey, Raymond Boisvert (1998) notó que la actitud pragmática de Dewey:

“…culmina razonablemente en el desafío del involucramiento responsable; el llamado a participar en canalizar las energías de nuestro mundo de manera que preservemos y mejoremos los bienes que ya tenemos, mientras intentamos asegurarnos bienes nuevos(p. 26)

Para Dewey, la base del involucramiento y la participación era la comunidad. La comunidad es esencial ya que hace posible una vida más diversificada y enriquecedora para todos sus miembros(Campbell, 1995, p. 172). La participación máxima en la vida comunitaria no sólo mejora la individualidad y el crecimiento de las personas por medio de sus contribuciones específicas, sino que extiende tales beneficios a toda la comunidad mediante la comunicación y el desarrollo de valores y hábitos compartidos (Boisvert, 1998; Campbell, 1995). La participación en comunidad y la ocupación es un modo de participación en cualquier comunidad es para Dewey la forma principal en que los humanos aumentan sus capacidades como individuos y sociedades. Y es por tal preocupación por el mejoramiento social (o meliorismo, como Dewey lo llamaba frecuentemente) al igual que el florecimiento individual (ya que ambos van mano a mano en la relación transaccional) que la actitud pragmática de Dewey puede ser descrita en la palabra responsabilidad. Como Boisvert (1998) señala:

Para Dewey, los humanos son participantes de un mundo de asuntos continuos, entretejidos y contingentes. A ellos les incumbe actuar de manera tal que motive la realización de tales posibilidades apropiadas para enriquecer la vida sociopolítica. Tal vida no puede realizarse de ninguna otra manera(p. 26)

Y el sentido de responsabilidad de Dewey era más ambicioso que eso.

Lo mejor que podemos cumplir para la posteridad es transmitir con un incremento en el significado el ambiente que hace posible mantener los hábitos de una vida decente y refinada. Nuestros hábitos individuales son vínculos que forman la interminable cadena de la humanidad. Su significado depende del ambiente

Cutchin, M., Dickie, V. (2012) Transactionalism: Occupational science and the pragmatic attitude. En Whiteford, G., Hocking, C. (eds.) Occupational Science: Society, Inclusion, Participation. Oxford: Wiley-Blackwell (Traducción libre)

heredado de nuestros antecesores, y será mejorado en tanto veamos los frutos de nuestra labor en el mundo en el que vivirán nuestros sucesores(p. 23)

Como cientistas de la ocupación, vemos la ocupación como una parte central de la acción de una manera que ayudará a alcanzar tales ideales. En la siguiente sección, vamos a una evaluación concluyente de las implicaciones para la ciencia de la ocupación del transaccionalismo y la actitud pragmática de John Dewey. Su mapa está ahí para que lo utilicemos, pero depende de nosotros determinar la mejor forma de ponerlo en funcionamiento.

Conclusión: Implicaciones para la ciencia de la ocupación

Los editores de este libro argumentan a favor de una disciplina de ciencia de la ocupación que sea relevante a realidades ocupacionales globales como la pobreza, la falta de educación, la degradación ambiental, la participación en ocupaciones antisociales y otras condiciones sociales y económicas que son afectadas y afectan la ocupación. Una perspectiva teórica que se enfoque en el individualismo es inadecuada para sustentar tal ciencia, y ya que apoyamos el argumento de los editores, vemos una gran necesidad de teorías que den base al pensamiento e investigación en la ciencia de la ocupación en una visión más amplia que sirva a tales ambiciosos propósitos. Si bien creemos que hay mucho del transaccionalismo de Dewey que es conmensurado con tal tarea, admitimos que siempre hay otras alternativas teóricas. Más aún, Dewey desarrolló su pensamiento en un tiempo y lugar particular, lo que origina preguntas sobre su actualidad y relevancia. ¿Son relevantes el transaccionalismo y su correspondiente actitud pragmática para la ocupación en culturas de todo el mundo? ¿Concierne una filosofía que llegó a su prominencia a comienzos del siglo veinte a los problemas de comienzos del siglo veintiuno? Boisvert (1998) concluyó que la respuesta era sí, ya que la filosofía y actitud pragmática de Dewey entregaban un esquema para pensar nuestro propio tiempo(p. 158). Nos atrevemos a sugerir que el esquema también se aplica a diferentes lugares y culturas. Pero, ¿funcionarán el transaccionalismo y la actitud pragmática como base para teorizar y comprometerse con los problemas que la ciencia de la ocupación está enfrentando, incluyendo los problemas importantes detrás del desarrollo de este libro? Finalmente, la pregunta será respondida sólo por la investigación producida por los mismos cientistas de la ocupación. Somos optimistas respecto al potencial y resultados.

La actitud pragmática derivada de Dewey es construida por metáforas claves que son útiles para establecer esta pregunta. Entre tales metáforas, indagación, comunidady responsabilidadpermiten a la actitud pragmática añadir un valor significativo a la teoría central del transaccionalismo. El pragmatismo de Dewey sugiere un proceso, o método, para comprometerse en el mundo, sea de forma científica o no. Tal compromiso tiene dos capas, preocupándose de la conducción suficiente de la vida diaria y del desarrollo de las personas y comunidades por medio de un cambio que mejore el bien común. En cualquier caso, el proceso siempre es un tipo de indagación compartida en el cual las comunidades se involucran por medio de su influencia sobre sus miembros, y las implicaciones de las acciones de los miembros cuentan para las comunidades. Por lo tanto, las personas tienen una responsabilidad con los otros en la comunidad y con el bienestar de la comunidad como un todo. Las personas y la comunidad siempre son una parte de la indagación. El punto es que los cientistas de la ocupación deben procurar incluir los problemas sociales o comunitarios en el marco de sus indagaciones. Si la ocupación importa, entonces la comunidad como sea que se defina importa también. La actitud pragmática refiere que la preocupación por la justicia social, la inclusión y la participación nunca puede separarse realmente del estudio de la ocupación.

Una preocupación en este punto es que la perspectiva de Dewey se enfocara tanto en los individuos y las comunidades. Sería fácil formar nuestro argumento en estos términos solamente, pero esto no llega a establecer las preocupaciones de la ciencia de la ocupación. Sin embargo la actitud pragmática también permite la consideración de lo no-humano. Voltaire, a través de Candide (1975), recordaba al mundo que necesitaba cultivar sus jardines, y hacer esto implicaba tierra fértil, semillas, herramientas, sol y lluvia, al igual que las capacidades físicas necesarias para quienes lo hicieran. Todo esto constituye la situación transaccional dinámica (al igual que las cabras de los vecinos y los ciervos del bosque que amenazan el éxito del jardín). En tal situación las personas se comprometen en hábitos desarrollados en el tiempo, y trabajan en anticipación de los resultados que esperan obtener. La importancia relativa del jardín, ya sea que la familia coma de él o no,

Cutchin, M., Dickie, V. (2012) Transactionalism: Occupational science and the pragmatic attitude. En Whiteford, G., Hocking, C. (eds.) Occupational Science: Society, Inclusion, Participation. Oxford: Wiley-Blackwell (Traducción libre)

depende de muchos factores más allá del control del jardín (por ejemplo, la oportunidad de un trabajo pagado). Todo esto y más, es parte de la naturaleza transaccional de la ocupación de mantener un jardín.

Las metáforas de la actitud pragmática entregan una lógica y un sentimiento de situar la ocupación como parte de una dinámica contextual mayor. La transacción entrega el poder conceptual de analizar la ocupación como la coordinación funcional entre persona y situación para traer a las personas a una mayor armonía con sus mundos, y mejorar el bienestar. Y si bien un giro al transaccionalismo provoca a los cientistas de la ocupación pidiéndoles que examinen y tal vez cambien sus visiones sobre la ocupación, creemos que la petición provocativa merece una seria consideración. Cómo los cientistas de la ocupación deciden ir por las particularidades de la indagación con la actitud y la teoría, es algo aún emergente y en cierta forma desconocido. Esperamos que los cientistas de la ocupación dispuestos a prestar atención a las peticiones teóricas puedan jugar una parte importante como participantes de un universo no terminado, que trabajen con una actitud pragmática, y que se comprometan en el mejoramiento de personas y comunidades que se esfuercen por la justicia social, la inclusión, la participación y la administración ambiental.

Cutchin, M., Dickie, V. (2012) Transactionalism: Occupational science and the pragmatic attitude. En Whiteford, G., Hocking, C. (eds.) Occupational Science: Society, Inclusion, Participation. Oxford: Wiley-Blackwell (Traducción libre)