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Cursillo

Doctrina Social de la Iglesia


y su aplicación en economía
AL SERVICIO DE LA VERDAD PLENA DEL HOMBRE

Es en el campo económico que la salvación de las


almas está en juego. (Benedicto XV)
Contenido
Preámbulo 4
Hacia un mundo sin pobreza 5
10 Lecciones Introducción 15
Lección 1: La finalidad de la economía 19
Lección 2: Pobreza en medio de la abundancia 39
Lección 3: Los bancos crean el dinero como una deuda 64
Lección 4: La solución: Dinero libre creado por la sociedad 100
Lección 5: La falta crónica del poder de compra. El dividendo 134
Lección 6 El dinero y los precios 162
Lección 7: La Historia del control bancario 197
Lección 8: El Crédito Social no es un partido político 215
Lección 9: El Crédito Social y la DSI. (I Parte) 244
Lección 10: El Crédito Social y la DSI. (II Parte) 278
Apéndice A: El último texto de Jacques Maritain 326
Apéndice B: ¿Sobre que está construida la DSI? 333


Preámbulo
Los hombres tienen una especial obligación de tender continuamente
hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Vivir en la
verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la con-
vivencia de los seres humanos dentro de una comunidad, en efecto, es
ordenada, fecunda y conforme a su dignidad de personas, cuando se funda
en la verdad. Las personas y los grupos sociales cuanto más se esfuer-
zan por resolver los problemas sociales según la verdad, tanto más se
alejan del arbitrio y se adecuan a las exigencias objetivas de la moralidad.
Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un com-
promiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de
la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna
de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de
cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla. Es una
cuestión que afecta particularmente al mundo de la comunicación pública
y al de la economía. En ellos, el uso sin escrúpulos del dinero plantea
interrogantes cada vez más urgentes, que remiten necesariamente a una
exigencia de transparencia y de honestidad en la actuación personal y
social.

--
Hacia un Mundo sin Pobreza
Acabar con el escándalo del hambre exige acabar con el egoísmo
Introducción
Vivimos en una sociedad hipersensible al tema de las libertades,
de los derechos humanos y la tolerancia…, pero ciega y embotada
ante la injusticia social y la pobreza. Hemos conseguido (creemos)
erradicar de nuestras sociedades cualquier indicio de intolerancia,
de racismo, de totalitarismo. Pero la pobreza, el hambre, la injusti-
cia y la desigualdad son una losa que contradice nuestros principios
e ideales.

La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan


la muerte sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusti-
cia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usureras y mer-
cantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos, cometen
indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf. Am 8,4-10)
Ref. Catecismo de la Iglesia Católica 2269.

--
I.- Conspiración Global

1.- Evidencias Concluyentes de la Carta Encíclica “Evangelium


Vitae” de S.S. Juan Pablo II

“Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino


contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominado-
res de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal esparcidos
por los aires.” Ef. 6:12

¡Una conjura contra la vida que ve implicada incluso a Insti-


tuciones Internacionales se ha lanzado en el mundo! (Evangelium
Vitae, 17). ¡Se ha declarado una guerra de los poderosos contra los
débiles! (Evangelium Vitae, 12) Muy pocos entenderán y conside-
rarán con urgencia la Encíclica de Su Santidad Juan Pablo II, Evan-
gelium Vitae (Evangelio de Vida) a no ser que se den cuenta cuán
lejos los conspiradores han avanzado en su plan de globalización en
contra del mundo.

Estas lecciones intentan acercar a más gente al conocimiento que el


--
plan en contra de la vida es ahora global, que 183 países miembros de las
Naciones Unidas están en la lista de los conspiradores; que su maquina-
ria para matar niños, inválidos y su control de la población global está
muy bien establecida en cada nación a través del mundo. Y que todo esto
es ya una norma aceptada en todos los estratos de nuestra sociedad.

2.- Conspiración en Contra de la Vida

El gran Teólogo y Filósofo, Mons. Michel Schooyan, nos da una


descripción concreta de esta conspiración. Es una guerra de las naciones
ricas (conocidas políticamente como los países del G-7) en contra de los
países pobres del Tercer Mundo (los G-77). Los últimos constituyen el
80% de la población mundial, por lo tanto amenazan la seguridad de las
naciones ricas para el control global.

La época de mayor riqueza de la humanidad es también la época de


mayor desigualdad en la distribución de recursos, bienes y oportunida-
des de desarrollo humano. A la “democracia política” que avanza por
doquier no siempre le ha seguido una “democracia social y económica”
y la situación se agrava cada vez más.
--
Esta realidad lleva a muchos hombres y mujeres, desde muy
temprana edad, a vivir sin esperanza. Ya lo decía el Papa Benedicto
XV: “es en el campo económico que la salvación de las almas está
en juego”

Desafortunadamente, y sin que eso nos escandalice, debemos re-


conocer que existen desigualdades e injusticias no solo en la socie-
dad, sino en las mismas comunidades católicas. Ha llegado a ocurrir
que, en ocasiones, se anuncian causales “científicos”, “eruditos”
para el problema de la pobreza, distanciándonos enormemente de
la verdad.

Se anuncia una buena nueva para la intimidad personal, para el


interior de cada uno, sin ninguna exigencia de solidaridad con las
enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y de compromiso con nues-
tros hermanos, sobre todo los más pobres.

El documento de Puebla (n.558) expresa: “Esta instrumentali-


zación que es siempre un riesgo en la vida política, puede provenir
de los propios cristianos y aun de sacerdotes y religiosos, cuando
--
anuncian un Evangelio sin incidencias económicas, sociales, cultu-
rales y políticas”.

Podemos ahora concluir que para el cristiano no es opcional la


proyección social de su fe, si no que es natural esa irradiación de
la misma hacia todos los ámbitos de conducta personal y social: el
trabajo, la familia, la política, la vida económica, la cultura, los de-
rechos humanos, la sociedad civil, la comunidad internacional.

3.- El hambre en el mundo

En nuestros días nos interesamos, espasmódicamente por esos


millones de seres humanos que viven en la miseria. Cuando leemos
en los periódicos sobre Ruanda o el Zaire ya sabemos al menos
donde están ubicados esos países. Sin embargo para los mass media,
o para la llamada opinión pública, esas noticias tienen el mismo
valor que las de un huracán en Miami o un descarrilamiento de un
tren en Nueva Delhi, es decir, son sólo noticias de portada de un
día, de dos a lo sumo. Nuestra «sensibilidad» dura lo que duran las
cabeceras de los periódicos, los titulares en los telediarios. «Ojos
--
que no ven corazón que no siente». Y volvemos a nuestra cotidia-
na monotonía, a nuestra opulenta existencia, a nuestra embriaguez
latina, americanista o europeísta, a nuestras cotas de inflación y de
convergencia…

En el desafío que pobreza, hambre y marginalización lanzan a


la economía, aparece la dramática situación del Tercer Mundo. La
cumbre de la FAO del 7 de noviembre de 1996 presentó que 840
millones de los habitantes del planeta sufrían hambre, ese porcen-
taje ha aumentado vertiginosamente hasta nuestros días, donde se
estima que existe más de 4 mil millones de pobres y hambrientos en
el mundo. ¡Esto es el 75% de la población mundial!

Debería ser este un urgente llamado de alerta para todos los Ca-
tólicos quienes aman y sirven a Jesús verdaderamente presente en la
Eucaristía; a la Santísima Virgen María, como Mediadora de todas
las Gracias; a la Primacía del Papa; y la infalibilidad y autenticidad
del Magisterio (enseñanzas oficiales de la Santa Iglesia Católica) y
a la Jerarquía institucionalizada de la Iglesia.

- 10 -
Este llamado desesperado de nuestros hermanos que mueren de
hambre, va dirigido a los Laicos líderes de la Iglesia Católica, quie-
nes son suficientemente valientes para confrontar a los “conspira-
dores en contra de la vida”, que no pueden ser comprados y que no
usarán a la Iglesia Católica para sus agendas políticas y para sus am-
biciones económicas, mientras se enfrentan con los conspiradores.

Cuando la unidad básica de la Iglesia y de la sociedad es ataca-


da en sus raíces por los “poderosos” (Evangelium Vitae No. 12) es
crucial el papel de los laicos en la Iglesia.

Este es el momento de la verdad. La línea de gran división está


trazada entre aquellos que están….

por la vida o por la muerte


por el bien o por el mal
por la Santa Iglesia Católica o por el humanismo de la Iglesia
de la Nueva Era
por el Magisterio del Papa o por la Teología de la Liberación
- 11 -
Capitalista Marxista
por la familia tradicional o por la familia homosexual, etc.,
etc.
Es también el momento del martirio en defensa de la vida, de la
familia, la Iglesia y la verdad. Este NO es el momento de callar.

«¡No tengáis miedo; abrid de par en par las puertas a Cristo!»1

Abandonemos la mentalidad de ver al Cristianismo como un


conjunto de prácticas o actos de piedad, sin percibir su relación con
las situaciones de la vida corriente, con la urgencia de atender a las
necesidades de los demás y de esforzarse por remediar las injusti-
cias.

Jesús nos dice: «Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia


y lo demás se os dará por añadidura»2. Pero ¿cómo encontraremos
este reino de amor, de justicia y de paz?

Seguir a Cristo no significa refugiarse en el templo, encogiéndo-

- 12 -
se de hombros ante el desarrollo de la sociedad, ante los aciertos o
las aberraciones de los hombres y de los pueblos.

No hay un solo día de un hombre auténticamente cristiano donde


no aletee la preocupación por el prójimo3. ¿Verdad que comprendes
muy bien las impaciencias, las angustias y los deseos inquietos de
quienes no se resignan ante la injusticia personal y social que puede
crear el corazón humano? Los bienes de la tierra, repartidos entre
unos pocos; tres cuartas partes de la población mundial que se mue-
re de hambre, material y espiritual, bienes de la cultura encerrados
en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría. Este es el to-
que de atención que hay que dar a los que consideran la vida como
hecha de egoísmos individualistas: Un hombre o una sociedad que
no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se es-
fuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida
de amor del Sagrado Corazón de Jesús.

No comprendemos la postura de quienes ven en la religión un


conjunto de rezos rutinarios y curiosas genuflexiones; es ésa una

- 13 -
actitud falsa por pequeña, mezquina, enana, deforme. El que mira a
Cristo y no ve más que a un Dios sin pueblo, sin gente, sin muche-
dumbres, despreocupado de sus hijos los hombres, no ha visto más
que a un fantasma: ¡ése no es nuestro Dios!

Escuchemos el grito de los pobres y luchemos contra la miseria.


«En la familia de Dios no debe haber nadie que sufra por falta de lo
necesario» Benedicto XVI, Deus caritas est.

1
Juan Pablo II, Homilía en el inicio del Pontificado, 22-X-1978 2 Mt 6, 33. 3 Cfr.
CONC. VAT. II, Gaudium et spes, num. 43.

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La Aplicación de la Doctrina Social de
la Iglesia explicadas en 10 lecciones
Introducción

El Crédito Social es una doctrina, una


serie de principios expresados por pri-
mera vez por el Ingeniero y Mayor C. H.
Douglas en 1918. La implementación de
estos principios haría que el organismo
social y económico alcanzara efectiva-
mente su fin, que es la satisfacción de las necesidades humanas.

El Crédito Social no crearía los bienes, ni las necesidades, pero eli-


minaría cualquier obstáculo artificial entre ellos, entre la producción y el
consume, entre el trigo en las bodegas y el pan en las mesas. El obstá-
culo hoy en día – al menos en los países desarrollados – es meramente
de carácter financiero, un obstáculo monetario. Ahora bien, el sistema

- 15 -
financiero no proviene de Dios o de la naturaleza. Establecido por los
hombres, puede ser orientado a servirles, y no a causarles problemas.

Para este fin, el Crédito Social presenta propuestas concretas.


Aunque son muy simples, estas propuestas implican una revolución.
El Crédito Social trae la visión de una nueva civilización, si por
ello se entiende la relación del hombre con sus congéneres, y las
condiciones de vida que faciliten el florecimiento de la personalidad
de cada cual.

Bajo un sistema de Crédito Social, no tendríamos que luchar con


problemas que son estrictamente financieros, que constantemente
plagan las administraciones públicas, las instituciones, familias, y
que envenenan las relaciones entre los individuos. Las finanzas se-
rían nada mas que un sistema de contabilidad, expresando en cifras
los valores de los bienes y servicios, facilitando la movilización y
coordinación de las energías requeridas para los diferentes niveles
de producción hacia la obtención del producto final, y distribuyendo
a TODOS los consumidores los medios para la escoger libre e indi-

- 16 -
vidualmente lo que les parezca apropiado entre los bienes ofrecidos
o accesibles inmediatamente.

Por primera vez en la historia, la seguridad económica absoluta,


sin condiciones restrictivas, seria garantizada a todos y cada uno. La
pobreza material seria algo del pasado. La ansiedad material por tener
lo necesario para el mañana desaparecería. Se aseguraría el pan para
todos, siempre y cuando haya suficiente trigo para hacerlo. En forma
similar con todos los demás bienes que son necesarios para vivir.

A cada ciudadano se le entregaría esta seguridad económica


como un derecho de nacimiento, como miembro de la comunidad,
usufructuario durante su vida de un inmenso capital social, que se ha
convertido en un factor dominante de la producción moderna. Este
capital esta constituido, entre otras cosas, por los recursos naturales,
que son un bien colectivo; la vida en sociedad, con el bienestar de
ella derivado; la suma de los descubrimientos, invenciones, progreso
tecnológico, que son una herencia siempre en aumento de generación
en generación.

- 17 -
Este capital social, que es tan productivo, le daría a cada uno de
sus copropietarios, a cada ciudadano, un dividendo periódico, desde que
nazca hasta que muera. Y viendo el volumen de producción derivado del
capital social, el dividendo para cada uno debería ser al menos suficiente
para cubrir las necesidades básicas de la vida. Este dividendo se entrega-
ría adicionalmente a quienes hagan parte de la producción, sin perjuicio
de salarios, sueldos u otras formas de remuneración.

Por lo tanto, se otorga un ingreso permanente al individuo, que no


depende de estar empleado como ahora, y evita que sea explotado por
otros seres humanos. Con la cobertura de necesidades básicas garantiza-
da, una persona puede resistir mejor las presiones y escoger la profesión
que mas le agrade.

Liberadas de las mas urgentes preocupaciones materiales, las perso-


nas podrían dedicarse a actividades libres, mas creativas que el trabajo
bajo ordenes, y orientarse hacia su propio desarrollo viviendo en función
de lo humano, superior a vivir en función de lo económico. Obtener el
sustento diario ya no seria la ocupación más absorbente de sus vidas.

- 18 -
1
La finalidad de la economía

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HACER QUE LOS BIENES SE UNAN A LOS QUE LOS NECESITAN
Fines y medios
Cuando uno habla de economía, uno debe distinguir entre los
fines y los medios, y especialmente subordinar los medios al fin y
no al revés. El fin es el objetivo, la meta deseada. El medio es el
proceso, los métodos, los actos utilizados para conseguir el fin. Yo
quiero construir una mesa. Mi fin es la construcción de dicha mesa.
Consigo lo necesario para ello, mido, observo, planeo, ajusto, cla-
vo la madera: muchos movimientos, muchas acciones que son los
medios utilizados para fabricar la mesa. Esto parece elemental, pero
sucede con frecuencia, tratándose de asuntos públicos cotidianos,
que uno confunde los medios con el fin y llega el asombro cuando
al final todo está hecho un verdadero caos. Por ejemplo de acuerdo
con usted, ¿cuál es el fin de la economía?:
A. ¿El crear empleos?
B. ¿El alcanzar una balanza comercial favorable?
C. ¿El distribuir dinero a la gente?
D. ¿El producir los bienes que la gente necesita?
- 20 -
La respuesta correcta es D. Pero, para prácticamente todos los
políticos, el fin de la economía es el crear empleos: pero, los em-
pleos son solamente medios para producir bienes, que es el fin; hoy,
gracias a la herencia del progreso, los bienes pueden producirse con
menos trabajo humano, lo que les deja más tiempo libre a las per-
sonas para hacer otras actividades, como cuidar de sus familias, o
lograr otros deberes sociales. ¿Además, cual sería el punto de con-
tinuar produciendo algo cuándo las necesidades humanas para esta
producción están ya satisfechas? Esto sería una pérdida inútil de
recursos. ¿Y que, sobre todos aquéllos que no pueden ser emplea-
dos en el sistema de la producción?: ¿las personas discapacitadas,
viejas, niños, amas de casa - deben morirse de hambre? No todo ser
humano es un productor. Todos son consumidores.

Si usted piensa en términos reales, el tener un equilibrio favo-


rable de comercio significa que usted exporte a otros países más
productos de los que usted importe del extranjero, lo que significa
que usted termina con menos productos en su país, de esa manera
más pobre en riqueza real.

- 21 -
Muchos podrían haber sido tentados para contestar con la letra
B, porque parece obvio que el dinero es necesario hoy para vivir,
al menos que usted produzca todo lo que necesita - lo qué sería la
excepción en la sociedad de hoy, con la división de trabajo donde
una persona es el panadero, otro un carpintero, etc., cada uno logra
una tarea específica y la fabricación de bienes específicos. El dine-
ro es un medio para obtener lo que es producido a través de otros.
¡Señálelo, es un medio, no un fin! Uno no come dinero, se viste a sí
mismo con dinero: nosotros acostumbramos usar dinero para com-
prar comida y ropa. Primero, los bienes tienen que ser producidos,
puestos a la venta en el mercado: si no hay ningún producto para
comprar, ningún dinero sería útil. ¿Cuál sería el propósito de tener
un millón de dólares, si usted termina en el polo Norte o en desierto
del Sahara, sin productos para comprar? ¿Compare a esta persona
con un hombre sin un penique en una isla que tiene todo; agua y
comida que él necesita para vivir cómodamente? ¿Quién sería el
más rico? De nuevo, como lo veremos más adelante, el dinero no es
riqueza, pero un medio para obtener riqueza real: los productos.

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Permítanos no confundir fines y medios. Uno podría decir la mis-
ma cosa sobre los sistemas. Los sistemas fueron inventados y esta-
blecidos para servir al hombre, no el hombre para servir a los siste-
mas. ¿Entonces si un sistema es dañoso a la mayoría de los hombres,
tenemos nosotros que permitir que la multitud sufra por el sistema,
o cambiar el sistema para que sirva a la multitud? Otra materia que
será el asunto de estudio en estas lecciones: ¿puesto que el dinero fue
establecido para facilitar la producción y la distribución, tiene uno
que limitar la producción y la distribución al dinero, o relacionar el
dinero a la producción y a la distribución?

Por consiguiente uno ve que el error de confundir los fines por los
medios, los medios por los fines, o de subordinar los fines a los me-
dios, es un error tonto, muy extendido, que causa mucho desorden.

Los fines de la economía


La palabra economía proviene de dos raíces griegas: Oika, casa
y nomos, regla. La economía trata, por tanto, sobre el buen manejo de
una casa, del orden en el uso de los bienes de la casa.
- 23 -
Podemos definir la economía doméstica como el adecuado mane-
jo de los asuntos caseros y la economía política como el buen manejo
de los asuntos de nuestra gran casa que es la nación. Pero, ¿por qué
“buen manejo”? ¿Cuándo podemos hablar de buen manejo en lo que
concierne a nuestra casa o a nuestra nación? Hablamos de buen ma-
nejo sólo cuando alcanza su objetivo. Algo es bueno cuando logra los
resultados para lo que fue creado.
El hombre se enrola en diferentes actividades y persigue diferen-
tes fines en diferentes órdenes y diferentes dominios. Existen, por
ejemplo, actividades morales del hombre que tienen que ver con su
progreso hacia su fin último.
Las actividades culturales influyen en el desarrollo e incremento
de su intelecto así como en la formación de su carácter.
Participando en el beneficio de la sociedad, el hombre se enrola
en actividades sociales.
Las actividades económicas tienen que ver con la riqueza tem-
poral. En sus actividades económicas, el hombre busca la satisfac-
ción de sus necesidades temporales.
- 24 -
La meta o el fin de las actividades económicas, es, por tanto, el
uso de los bienes terrenos para satisfacer las necesidades temporales
del hombre. Y la economía alcanza su fin cuando los bienes terrenos
sirven a las necesidades humanas.
Las necesidades temporales del hombre son aquellas que le
acompañan desde la cuna hasta la tumba. Algunas son esenciales,
otras no son tan vitales.
El hambre, la sed, el mal tiempo, el cansancio, la enfermedad,
la ignorancia, le crean al hombre la necesidad de alimentarse, de
beber, de vestirse, de buscar refugio, de calentarse, de refrescarse,
de descansar, de cuidar de su salud y de educarse a sí mismo. Todas
estas son necesidades humanas.
La comida, la bebida, la ropa, el refugio, la madera, el carbón, el
agua, la cama, los remedios, los libros de texto de los profesores en
las escuelas, todos estos son factores que deben estar presentes para
llenar dichas necesidades.
El unir los bienes con las necesidades, esta es la meta, el fin de
la vida económica.
- 25 -
Si esto se logra, la vida económica alcanza su objetivo. Si esto no se
logra, o se alcanza solamente de manera incompleta o errónea, la vida
económica fracasa en su objetivo o sólo lo alcanza imperfectamente.
La meta es empatar los bienes con las necesidades y no únicamente
el tenerlos cerca.
En términos directos, uno puede decir, por tanto, que la economía es
buena, que alcanza su objetivo cuando es suficientemente bien regulada
para que la comida entre al estómago hambriento, para que las ropas
cubran los cuerpos, los zapatos los pies desnudos, para que el fuego ca-
liente las casas en invierno, para que los enfermos reciban la visita del
doctor, para que tanto maestros como alumnos se encuentren.
Este es el campo de la economía, un campo muy temporal. La
economía tiene su propio fin: satisfacer las necesidades de los indi-
viduos. El hecho de comer cuando uno tiene hambre no es el fin del
hombre, no, solo es un medio que ayuda a encaminarse al fin último.
Pero si la economía es solo un medio para alcanzar el fin último,
si solo es un fin intermedio en el orden general, es sin embargo un
medio fin de la economía misma.
- 26 -
Y cuando la economía alcanza su fin característico, cuando per-
mite que los bienes se junten a las necesidades, es perfecta. Pero
pidamos que sea así. Es la meta de la economía conseguir este per-
fecto fin.
Moral y economía
No le pidamos a la economía alcanzar un bien moral, ni a la mo-
ral alcanzar un bien económico. Esto sería tan descabellado como
intentar ir de Montreal a Vancouver en el trasatlántico o de Nueva
York a Francia en ferrocarril.
Un hombre que esté muriendo de hambre no calmará su hambre
recitando el Rosario sino tomando alimento. Esto conlleva un or-
den. Es el Creador mismo quien lo dispuso de esta forma y vuelve a
ello únicamente siguiendo el orden correcto, a través de un milagro.
Sólo El tiene derecho a romper este orden. Para saciar el hambre del
hombre, es la economía la que debe intervenir y no la moral.
Y del mismo modo, un hombre con una conciencia sucia no po-
drá purificarla mediante una buena comida ni bebiendo en grandes
proporciones. Lo que necesita es ir al confesionario.
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Es aquí cuando le toca intervenir a la religión; se trata de una
actividad moral no de una económica.

No cabe duda que la moral debe acompañar todas las actividades


del hombre, aun las de dominio económico. Pero la moral no reem-
plaza la economía. La guía en la elección de objetivos y supervisa
la legitimidad de los medios, pero no lleva a cabo lo que le corres-
ponde a la economía.

Por tanto, cuando la economía no alcanza su objetivo, cuando


las mercancías permanecen en las tiendas o no son producidas y
las necesidades continúan presentándose en los hogares, hay que
buscar cuál es la causa en el orden económico.

Culpemos, desde luego, a los que desorganizan el orden econó-


mico, o a los que, teniendo la misión de gobernarlo, lo dejan en la
anarquía. Al no llevar a cabo sus responsabilidades, son, ciertamen-
te, moralmente responsables y caen bajo la sanción de la ética.

En efecto, si ambas cosas son realmente distintas, sucede, sin


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embargo, que ambas le conciernen al mismo hombre y si una es
inmolada, la otra sufre por ello. El hombre tiene el deber moral de
asegurarse que el orden económico, el orden social temporal, alcan-
ce su fin adecuado.

También, a pesar de que la economía es responsable sólo de la


satisfacción de las necesidades temporales del hombre, la impor-
tancia de las correctas prácticas económicas ha sido una y otra vez
resaltada por aquellos encargados de cuidar las almas, ya que nor-
malmente sólo se requiere un mínimo de bienes temporales para
motivar la práctica de la virtud.

El Papa Benedicto XV escribió, “Es en el campo económico que


la salvación de las almas está en riesgo.” Y Pío XI: “Puede decirse
con toda verdad que actualmente las condiciones de la vida social
y económica son tales, que grandes multitudes de hombres pueden
solo con gran dificultad prestar atención a lo único que es verdade-
ramente necesario, luchar por su salvación.” (Carta Encíclica Qua-
dragesimo Anno, 15 de mayo de 1931).

- 29 -
El fin social y muy humano del organismo económico está resu-
mido en este párrafo de Quadragesimo Anno: “El organismo social
y económico será firmemente establecido y logrará su meta, cuando
le asegure a todos y cada uno los bienes que le corresponden a través
de la riqueza y los recursos naturales, los avances tecnológicos y la
organización social de los asuntos económicos.”

A TODOS y CADA UNO deben asegurárseles todos los bienes


que la naturaleza y la industria pueden proveer.

El fin de la economía es por tanto, la satisfacción de TODAS las


necesidades de los consumidores. El fin es el consumo; la produc-
ción es únicamente un medio.

El hacer que la economía detenga la producción es invalidarla.


La Economía no debe solamente financiar la producción; debe tam-
bién financiar el consumo. La Producción es el medio, el consumo
es el fin.

En un orden donde el fin gobierna los medios, es el hombre


- 30 -
como consumidor quien se encarga de toda la economía. Y dado que
cada hombre es un consumidor es todo hombre el que contribuye a
orientar la producción y la distribución de bienes.

Una verdadera economía humana es social, como ya lo hemos


dicho: debe satisfacer a TODOS los hombres. Por tanto, TODOS y
CADA UNO deben dar las órdenes para la producción de bienes –
por lo menos para satisfacer sus necesidades básicas, a medida que
la producción esté en una posición de responder a dichas órdenes.

Es por esta razón que el Crédito Social es, por definición, lo


opuesto al monopolio: al monopolio de la economía, de la política,
del prestigio, de la fuerza bruta. Definiremos al Crédito Social como
un sistema de la sociedad al servicio de cada uno de sus miembros,
en el cuál la política se encuentra al servicio de cada uno de sus
ciudadanos, y la economía al servicio de cada uno de sus consumi-
dores.

Ahora definamos el monopolio: la explotación de la organiza-


ción social al servicio de pocos privilegiados individuos, en la cuál,
- 31 -
la política está al servicio de unos clanes llamados partidos, y la
economía está al servicio de unos pocos financieros, de unos pocos
ambiciosos e inescrupulosos empresarios.

Muy a menudo, aquellos que condenan los monopolios se detie-


nen ante monopolios de industrias específicas: el monopolio eléc-
trico, el monopolio del carbón, el monopolio del azúcar, etc. Ellos
ignoran el monopolio más pernicioso de todos, en el área económi-
ca: el monopolio del dinero y del crédito; el monopolio, que cambia
el progreso de un país en una deuda pública; el monopolio que, al
controlar el volumen del dinero, regula el nivel de vida de los seres
humanos, sin ninguna relación con las realidades de producción y
las necesidades de las familias.

El objetivo del Crédito Social es “regresar a la realidad” o “ex-


presar en términos prácticos” en el mundo actual, sobre todo el
mundo de la política y de la economía, aquellas creencias sobre la
naturaleza de Dios y el hombre y el universo que constituye la Fe
Cristiana, como nos fue transmitida por nuestros antepasados, y NO

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como ha sido alterada y pervertida para satisfacer a la política o
economía actual, que nacen de fuentes No-Cristianas.

El hombre vive en una sociedad, en un mundo sumiso a las leyes


de Dios: las leyes de la naturaleza (las leyes físicas de la creación),
y las leyes morales de Dios (los 10 mandamientos). La aceptación
y el conocimiento de estas leyes implican el conocimiento de las
consecuencias de su violación.

El aceptar la Ley Natural es el reconocer que es una realidad in-


eludible, y que todas las personas, ya sea como individuos o colec-
tivamente en sociedad, están sujetos a la Ley Natural. Cada evento
que ocurre en el plano físico son innumerables ilustraciones de las
leyes del universo físico. Por ejemplo, si un hombre salta de un
avión, él no rompe la ley de la gravedad…él solamente la ilustra, la
demuestra. Esa observación es aplicable a todas las leyes naturales.

Estas leyes están lejos de la abrogación del hombre – No pueden


ser desobedecidas –las sanciones que las aplican son irresistibles.

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Las cadenas (acuerdos de asociaciones-leyes hechas por los
hombres) que los individuos en la sociedad han forjado para ellos
mismos, son opcionales, mientras que la Ley Natural y sus conse-
cuencias son ineludibles.

Por ejemplo, el dinero es un sistema hecho por el hombre, no es


un sistema creado por Dios o la naturaleza: este puede ser cambia-
do por el hombre. El equilibrio del medio ambiente, sin embargo,
ha sido creado por Dios, y no puede ser roto sin consecuencias.
Si nosotros producimos bienes sin respetar el medio ambiente, si
contaminamos y desperdiciamos los recursos, dados a nosotros por
Dios, tendremos que sufrir las consecuencias.

El Crédito Social: la confianza que mantiene unida a una


sociedad

En su pequeño libro “¿Que es el Crédito Social?”, Geoffrey Do-


bbs escribió: “El crédito social (sin mayúsculas) es el nombre de
algo que existe en todas las sociedades pero que nunca antes tuvo

- 34 -
nombre porque se daba por sentado. Solo nos damos cuenta de que
existe cuando lo perdemos.

‘Crédito’ es un sinónimo de ‘fe’, o ‘confianza’, así que podemos


tomarlo como la fe o la Confianza que mantiene unida a cualquier
sociedad – la confianza o creencia recíproca en los demás que sus-
tituye el miedo por la confianza, como el ‘pegante’ de la sociedad
(…). Aunque ninguna sociedad puede existir sin algún tipo de cré-
dito social, es en su máxima expresión que la Religión Cristiana es
practicada, y en su mínima expresión se le niega y degrada.
“El crédito social es por ende un resultado, o expresión practica
de una Cristiandad real en la sociedad, uno de sus frutos mas reco-
nocibles; es el fin y la política de los creditistas incrementarlo, y
luchar por evitar que disminuya. Hay un sinnúmero de ejemplos co-
munes de lo que damos por sentado todos los días de nuestras vidas.
¿Como podemos vivir con alguna paz o comodidad si no podemos
confiar en nuestros vecinos? ¿Como podemos usar los caminos si
no confiamos en que otros van a respetar las normas de transito? (¡y
que ocurre cuando no lo hacen!).
- 35 -
“¿De que serviría plantar cualquier cosa en los jardines, en las
granjas o huertas si otros lo robaran? ¿Como podría cualquier acti-
vidad económica progresar – bien sea produciendo, o vendiendo, o
comprando – si la gente no puede, en general, confiar en la hones-
tidad y en la honradez? ¿Y que pasa cuando el concepto Cristiano
del matrimonio, y la familia y crianza Cristianas, son abandonados?
¿Lo vemos, o no?, que el Cristianismo es algo real con consecuen-
cias practicas de vital importancia, y bajo ninguna circunstancia un
simple conjunto de opiniones ‘opcionales’ para aquellos a quienes
suelen agradar”.
Uno podría añadir que sin respeto al crédito social, a las normas
que rigen la sociedad, cualquier vida en sociedad seria imposible,
aunque se envíe un oficial de la policía a cada esquina, porque no se
podría confiar en nadie.

Descrédito Social

El Sr. Dobbs continua diciendo: “Así como hay creditistas so-


ciales, conscientes e inconscientes, tratando de construir el crédito
- 36 -
social (la confianza en que podemos vivir juntos en la sociedad y
beneficiarnos de ello), también hay otros, - desacreditadores so-
ciales – intentando destruir y dañar esa confianza, hoy en día, con
demasiado éxito. Los desacreditadores conscientes incluyen a los
comunistas y otros revolucionarios, quienes abiertamente buscan
despedazar todos los lazos de confianza que permiten que nuestra
sociedad funcione cada día, hasta el Día de la Revolución.... Pero
son los desacreditadores inconscientes los responsables, en Occi-
dente, del éxito de los conscientes…

“¿Por que las tiendas y los fabricantes nos embuten tantas cosas
regulares, ordinarias y desechables, a precios ofensivos, y nos enga-
ñan para que las compremos con empaques llamativos y publicidad?
Por que la mayoría de servicios de reparación son tan escandalosa-
mente lentos, costosos e ineficientes, y tantos pequeños servicios
que hacían la vida más fácil son ahora inobtenibles? Y sobre todo,
¿por que millones de personas decentes y trabajadoras de todas las
clases participan en huelgas deliberadamente diseñadas para dañar
los servicios que se prestan a sus semejantes? ¿Que puede hacer que

- 37 -
la gente decente descienda a este nivel espiritual? Todos sabemos
que es. Hay un factor común que corre a través de toda esta acción
destructora y desacreditadora: la necesidad compulsiva de tener más
dinero para pagar el creciente costo de vida.

“Así que ahora al fin hemos llegado a la cuestión del dinero, que
es lo que algunas personas piensan que es todo en lo que consiste
el Crédito Social; ¡pero no lo es! El Crédito Social es un intento de
aplicar el Cristianismo en los asuntos de la sociedad; pero si el di-
nero se interpone, entonces nosotros, y todo cristiano, debe preocu-
parse del dinero y su naturaleza, y por que se interpone, como segu-
ramente lo hace. Existe una necesidad imperiosa de que mas gente
observe profundamente la operación de nuestro sistema monetario,
aunque no sea el trabajo de todos. Pero cuando las consecuencias
son tan desesperantes, todos pueden al menos distinguir lo que esta
mal, y corregirlo, lo cual les permitiría actuar en concordancia....”

- 38 -
2
POBREZA EN MEDIO DE LA ABUNDANCIA

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EL NACIMIENTO Y MUERTE DEL DINERO

¿Existen los bienes? ¿Existen en cantidades suficientes para sa-


tisfacer las necesidades básicas de los consumidores?
¿Tenemos escasez de alguna cosa en nuestro país como para sa-
tisfacer las necesidades temporales de los ciudadanos? ¿Tenemos
escasez de alimentos como para satisfacer a todos? ¿Tenemos esca-
sez de zapatos, ropa? ¿No podemos hacer tanto como se requiere?
¿Tenemos escasez de ferrocarriles y otros medios de transporte?
¿Tenemos escasez de madera o piedras como para construir buenas
casas para todas las familias? ¿Carecemos de constructores, fabri-
cantes u otros trabajadores? ¿Carecemos de maquinaria?
No, sí tenemos todas estas cosas, en abundancia. Los comercian-
tes minoristas nunca se quejan de que no pueden encontrar los bie-
nes suficientes como para no poder cubrir la demanda. Los silos de
granos se encuentran abultados. Son numerosos los hombres corpu-
lentos en espera de trabajo. Numerosas también son las maquinarias
que existen sin ser utilizadas.
- 40 -
¡Sin embargo, un gran número de personas sufren! Simplemen-
te, los bienes no están encontrando su camino hacia sus hogares.
¿Qué sentido tiene decir a la gente que su país es rico, que expor-
ta un sinnúmero de productos, que se encuentra catalogado como el
tercero o cuarto exportador en el mundo con respecto a otros paí-
ses?
Aquello que sale del país no va a los hogares de los ciudadanos.
Aquello que se encuentra parado (sin ser utilizado) en las tiendas, de
ninguna manera aparece en sus mesas.
Una madre no alimenta a sus hijos o les provee de zapatos y ropa
por el hecho de simplemente mirar los almacenes, ni leyendo los
anuncios publicitarios sobre productos en los periódicos, ni escu-
chando la descripción de los productos en la radio, o escuchando a
los incontables vendedores de todo tipo hablar sobre ventas.
Lo que hace falta son los medios efectivos para poner estos bie-
nes en sus manos. Usted no los puede robar. Para poder obtenerlos,
usted debe pagar por ellos; usted necesita dinero.
Existen muchas cosas buenas en nuestro país, pero el derecho
- 41 -
para tener estos bienes, el permiso para obtenerlos, es inexistente
para un gran número de individuos y para familias que los necesi-
tan.
¿A más del dinero, hace falta algo más? ¿Qué hace falta, aparte
del poder adquisitivo que hace que los productos se vayan de los
almacenes a nuestros hogares?
Bodegas llenas.
Una calamidad
para nuestros
productores.
Millones de
seres humanos
mueren de ham-
bre enfrente de
bodegas llenas
de productos
La causa: un
mal sistema
financiero.

- 42 -
La humanidad ha pasado por periodos de escasez de alimentos;
hambrunas cubrieron a grandes países, y faltaron los medios apro-
piados de transporte para llevar a estos países la riqueza de otras
secciones del planeta. Este no es el caso hoy. Hay una superabun-
dancia de todo. Es abundancia - ya no es escasez - lo que crea el
problema.
No es nada necesario entrar en detalle para demostrar este hecho.
Uno podría citar casos de entre los miles, de destrucción voluntaria
de alimentos a gran escala “para estabilizar mercados”, haciendo
desaparecer inventarios. Permítanos dar simplemente algunos ejem-
plos:
El diario de Montreal “La Presse”, del 7 de junio de 1986,
reportó el caso de las patatas en la provincia canadiense de New
Brunswick: “El mes pasado… el gobierno federal decidió desechar
casi $100 000 toneladas de patatas, después de haber enviado 2
500 toneladas deshidratadas a dos países africanos. La movilización
general de granjeros en New Brunswick, compañías de transporte y
voluntarios permitió salvar casi $100 000 kilos, que fueron envia-

- 43 -
dos a comedores comunitarios y casas pobres de New Brunswick,
Toronto, Ottawa y Montreal. Pero 90 000 toneladas, el equivalente
a una bolsa de 10 libras (4,5 kg.) de patatas para cada Canadiense,
han sido echados a la basura…
“La misma semana que tuvo lugar la operación, 6 000 barriles
de 200 libras (90 kg.) de pescado fueron arrojadas al río Miramichi
en New Brunswick.”
La abundancia no se limita a Canadá; se presenta el mismo caso
en Europa, como fue reportado en el periódico en Octubre de 1986,
bajo el titulo: “La hambruna del mundo no se consulta”:
“La indignación publica ha hecho erupción en la Comunidad
Europea frente al plan de quemar o arrojar al océano montañas de
excedentes de mantequilla, leche en polvo, carne de res y harina que
se amontonan en las naciones de la Unión Europea. Un reporte de la
sede de la UE en Bruselas recomienda destruir la comida, que esta
pudriéndose y es costosa de almacenar. Se ahorrarían $300 millones
de dólares tan solo destruyendo los derivados lácteos. La UE ya
practica destrucción periódica de alimentos. El año pasado arrojo

- 44 -
al océano varios cientos de toneladas de trigo en mal estado. Se ha
propuesto eliminar la mitad de los excedentes actuales. Se cree que
tendrían que quemarse 750.000 toneladas de mantequilla y 500.000
toneladas del eche en polvo. Las cuotas de producción no han tenido
éxito en drenar el lago de leche de la UE.”

Por que todo este desperdicio? Por que los productos no satisfa-
cen las necesidades? Porque la agente no tiene dinero. La riqueza,
los bienes se ríen en tu cara y tu te mueres de hambre frente a vitri-
nas desbordadas de mercancía, si no tienes dinero. Sin o hay dinero,
no se adquieren los productos: los humanos se mueren de hambre y
los productos se arrojan a la basura.

EL ITINERARIO HACIA UNA ECONOMÍA HUMANA


ENTRE LOS HUMANOS Y ENTRE LOS ANIMALES
Nos situaremos en una tienda de un abacero llena de buenos
productos en abundancia; delante de esta tienda, hay un hombre
hambriento sin dinero.

- 45 -
Se hacen productos buenos para ser consumidos. El abacero los
despliega para venderlos. Al consumidor le gustaría comprarlos,
pero le falta el boleto (el papelito) para comprarlos: él no tiene di-
nero.

- 46 -
El resultado: los productos buenos no se consumirán, y se pu-
drirán en los estantes. Ahora, todos estaríamos más contentos si la
situación fuera diferente – el abacero estaría contento de vender, y
el consumidor estaría contento de la compra.

¿Por qué será que, algo que haría a todos felices no puede lle-
varse a cabo entre los seres humanos?. Entre los animales, las cosas
trabajan diferentemente.

Permitámonos tener una mirada a los monos. Ellos ven plátanos


suficientes en los árboles bananeros. Puesto que ellos necesitan co-
mer plátanos para vivir, ellos simplemente cogen los plátanos y los
comen.

Los monos nunca trabajaron con sistemas económicos compli-


cados en sus universidades. En sus cabezas de monos, ellos nunca
examinaron la ley de la oferta y la demanda, ni la diferencia entre
el socialismo y el neo-liberalismo. Ellos simplemente vieron cosas
buenas delante de ellos, y fueron lo suficientemente “inteligentes”
para cogerlas para no morirse del hambre.
- 47 -
Pero un mono es un mono, y un hombre es un hombre. Un mono
no tiene una mente, pero un hombre puede emplear mal su mente.

Un mono es llevado por su instinto que no lo desvía. El hombre


es llevado por su mente que es desviada a menudo por su orgullo.
En semejante caso, el hombre discute, usa dialectos, pero se olvida
del razonamiento simple y puro, basado en el sentido común.

Esta situación tonta de millones de personas hambrientas que


viven entre riqueza abundante es causada por la codicia de aquéllos
que basan su poder en la esclavitud de las masas. Pero también se
puede decir que esta situación tonta se apoya y es mantenida por
personas alegadamente eruditas en economía que llevan a las men-
tes a las conclusiones más tontas, bajo la farsa del razonamiento
entre ciencia y sabiduría. Por ejemplo, un abogado experimentado
puede defender un caso moralmente malo, una vez que le conven-
cen que él tiene razón.

Para los seres humanos que, como los animales, no se preocupan


con largas tesis, la misma pregunta insoluble se levanta: ¿Cómo es
- 48 -
posible que reglas que le impiden al hombre comer entre la abun-
dancia sean justificadas?

El simple instinto de los animales es a menudo una lección de


humildad a la inteligencia orgullosa de los seres humanos.

¿SOMOS MÁS INTELIGENTES QUE LOS MONOS?

Toda esta situación también puede resumirse en la forma de un chis-


te, aunque la conclusión es muy seria: Un grupo de monos en la selva
estaban discutiendo si los hombres eran más inteligentes que los mo-
nos. Algunos dijeron “sí”; otros dijeron “no”. Uno de los monos dijo:
“Para estar claro en mi propia mente, yo iré a la ciudad de los humanos,
y averiguaré si ellos son más inteligentes que nosotros”. Todos los mo-
nos estuvieron de acuerdo en que era una buena idea. Así que el mono
fue, y vio a un hombre sin dinero que se moría del hambre en frente
de una tienda de comestibles llena de plátanos. El mono regresó a la
selva, y dijo a los otros monos: “No se preocupen, los hombres no son
más inteligentes que nosotros; ellos se mueren del hambre en frente de
plátanos que se pudren en los estantes por falta de dinero.”
- 49 -
Conclusión: Seamos más inteligentes que los monos, y creemos
un sistema económico que nos permitirá comer los plátanos y todos
los otros productos que han sido provistos en abundancia por Dios para
todas Sus criaturas. (Este sistema de dinero inteligente existe; es el di-
fundido en el Periódico “San Miguel”.)
Dinero y riqueza

Acabamos de aprender que no son los productos los que hacen


falta, si no el dinero. Esto no significa que el dinero por sí solo
representa la riqueza. El dinero no es un bien terrenal capaz de sa-
tisfacer una necesidad temporal.

Usted no puede mantenerse vivo alimentándose de dinero. Para


vestirse, usted no puede coser varios billetes dólares para hacerse un
vestido o un par de medias. Usted no puede descansar acostándose
sobre dinero. Usted no puede curar una enfermedad colocando el
dinero en el puesto de la enfermedad. Usted no se puede educar a sí
mismo colocándose una corona de dinero en su cabeza.

- 50 -
El dinero no es una riqueza real. La riqueza real consiste en to-
das las cosas útiles que satisfacen las necesidades humanas.

Pan, carne, pescado, algodón, madera, carbón, un vehículo en


una buena carretera, un doctor que visita al enfermo, el conocimien-
to de la ciencia, éstos representan una riqueza real.

Pero, en nuestro mundo moderno, cada individuo no produce


todas las cosas. La gente debe comprarlas de otras persona. El dine-
ro es un símbolo o señal que uno obtiene a cambio de una cosa que
se vende; es el símbolo que uno debe entregar a cambio de alguna
cosa que uno desea de otra persona.

La riqueza son las cosas; el dinero es el símbolo de esas cosas.


El símbolo debería reflejar las cosas.

Si existen muchas cosas de venta en un país, debe existir una


gran cantidad de dinero para disponer de él. Mientras exista más
gente y bienes se requerirá de más dinero en circulación, de otra
manera todo se detiene.
- 51 -
Es precisamente este equilibrio del que se carece en la actualidad.
Tenemos a nuestra disposición casi tanta cantidad de bienes como
posiblemente podríamos desear, gracias a la ciencia aplicada, a los
nuevos descubrimientos y al perfeccionamiento de las maquinarias.
Tenemos también mucha gente sin ocupaciones, quienes represen-
tan una fuente potencial de bienes. Tenemos cualquier cantidad de
ocupaciones infructuosas, hasta perniciosas. Tenemos actividades
en las cuales el único propósito es la destrucción.

El dinero fue creado con el propósito de que los bienes se mue-


van. ¿ Por qué, entonces no encuentra su camino hacia las manos de
la gente en la misma medida como fluyen los bienes en la línea de
producción?

EL DINERO EMPIEZA EN ALGUNA PARTE


Todo, excepto Dios, tiene un inicio. El dinero no es Dios, por lo
tanto, tiene un inicio. El dinero se inicia en alguna parte.

- 52 -
Se tiene conocimiento del origen de tales bienes útiles como son
la comida, la ropa, zapatos, libros. Los trabajadores, las máquinas,
a más de los recursos naturales del país, producen la riqueza, los
bienes que necesitamos y de los cuales no se carece.
¿ Pero entonces, en dónde empieza el dinero, el dinero del que
carecemos para comprar los bienes que nos hacen falta?
La primera idea que mantenemos viva en nuestras mentes, sin
darnos cuenta en realidad, es de que existe una cantidad de dinero
fija, y que no puede ser cambiada; como si fuese el sol o la lluvia
o el clima. Esta idea es totalmente equivocada: si es que existe el
dinero, es porque fue hecho en alguna parte. 51 no existe más, es
porque aquellos que lo hicieron, no hicieron más.
Otra creencia generalizada acerca del origen del dinero, es que
el gobierno lo hace. Esto también es incorrecto. El gobierno en la
actualidad no crea el dinero, y se queja continuamente de que no
tiene nada. Si el gobierno fuese la fuente del dinero, no hubiese
permanecido estancado por diez años frente a la falta de dinero. El
gobierno toma y pide prestado, pero no crea el dinero.

- 53 -
Ahora, explicaremos en dónde se inicia y termina el dinero.
Aquellos que controlan el nacimiento y la muerte del dinero tam-
bién regulan su volumen. Si hacen mucho dinero y destruyen so-
lamente un poco, existe más dinero. Si la destrucción del dinero va
más rápida que su creación, estas cantidades disminuyen.
Nuestro nivel de vida, en un país en donde se carece de dinero,
no está regulado por el volumen de los bienes que se producen, sino
por la cantidad de dinero que se encuentra a nuestra disposición
para comprar estos bienes. De manera que aquellos que controlan el
volumen del dinero controlan nuestro nivel de vida.
“Aquellos que controlan el dinero y el crédito se han convertido
en los maestros de nuestras vidas... Nadie se atreva a respirar en
contra de su voluntad” (Pío XI, Encíclica Quadragesimo Anno).
Dos clases de dinero

El dinero es que cualquier cosa que sirve pagar, comprar; cual-


quier cosa que se acepte a cambio de bienes o servicios.

- 54 -
La sustancia material de la que el dinero es hecho no es de nin-
guna importancia. En el pasado, el dinero fue hecho de cáscaras,
dientes de tiburón, cuero, madera, hierro, argento, oro, cobre, papel,
etc.

Ejemplos de dinero en el pasado

Conchas de almeja fueron una de las primeras formas de mone-


da y se sabe que han sido usadas como tale en China incluso desde
hace 3500 años. En algunas partes del mundo fueron usadas hasta
principios del siglo XX. Las conchas fueron aceptadas como mone-
da por muchos pueblos de Asia , Europa, África y las islas del Pa-
cifico en épocas diferentes. Viajaron grandes distancias cuando pa-
saron de mano en mano. Sin embargo, tenían mas poder de compra
tierra adentro que en la costa. Las conchas eran tan importantes en
China que fueron la inspiración del ideograma chino que significa
“comprar”. Funcionaban bien como moneda porque eran fáciles de
cargar, fáciles de contar, duraderas y casi imposibles de falsificar.

- 55 -
El dinero en naipes fue usado como moneda entre 1685 y 1719
en Nueva Francia, hoy en día Québec y Canadá. El intendente, Ja-
cques de Meulles, era la cabeza del gobierno en Nueva Francia.
En 1685, se le agotaron las monedas de oro y plata para pagarle a
sus empleados, la mayoría soldados. Enfrentado a este problema, se
le ocurrió una solución creativa. Escribió “prometo que pagaré” al
respaldo de los naipes y los firmó. Luego ordenó a todos los habitan-
tes aceptar estos pagarés de emergencia como forma de pago. Cada
tarjeta equivalía a 50 libras. Esta suma es equivalente a lo que un
carpintero aspiraba a ganar en un mes y medio. Cuando finalmente
llego un barco de Francia con un cargamento de monedas de oro y
plata, des Meulles entregó las monedas a quienes le entregaron los
naipes firmados por él.

Notas se usaron en el Imperio chino, en lo que actualmente es china


oriental, desde 1368 hasta 1450, durante la dinastía Ming. Los chinos
inventaron el papel hacia el 200 d. C. Y también fueron los primeros
en usar dinero en papel, hace cerca de mil años. Ellos llamaban a este
dinero “fei –chien”, que quiere decir “dinero volador”. Esto se refiere a

- 56 -
la facilidad para transportarlo. Esta nota representaba 1 kwan (un fajo
de 1000 wens que pesaban 3.5). Era mucho mas fácil dejar las mone-
das en un lugar seguro y usar papel impreso para representarlas.
Existen en la actualidad dos clases de dinero en Canadá: uno que
llamamos dinero de bolsillo, hecho de metal o de papel, y el otro hecho
de figuras en un libro. El dinero de bolsillo es el menos importante; el
dinero en libros es el más importante. (más del 95%)
Dinero en libros constituye la cuenta bancaria. Los negocios ope-
ran a través de cuentas bancarias. Si el dinero de bolsillo circula o no
depende de la condición del negocio. Pero los negocios no dependen
del dinero de bolsillo; éstos se mantienen por medio de cuentas banca-
rias de los hombres de negocios. Con una cuenta bancaria se realizan
pagos o compras sin necesidad de utilizar el dinero en metal o en papel.
Se compra con cifras.
Yo tengo una cuenta bancaria con $40.000. Yo compro un carro por
un valor de $10 000. Yo realizo el pago por medio de un cheque. El
vendedor de los carros endosa el cheque y lo deposita en su banco.
El banquero entonces realiza cambios en dos cuentas: primero,
- 57 -
aquella del vendedor de carros, la misma que él la incrementa en $10
000; luego la mía, la misma que disminuye $10 000. El vendedor de
carros tenía $500 000, él ahora tiene $510 000 registrado en su cuenta
bancaria. Yo tenía $40 000 en mi cuenta y ésta ahora tiene un saldo de
$30 000.
El dinero en papel no se movió en el país debido a este tipo de ne-
gociaciones. Yo simplemente proporcioné algunas cifras al vendedor
de carros. Yo pagué con cifras. Más de nueve de diez de todos los ne-
gocios se los hace de esta manera. Es dinero en libros, el dinero hecho
de cifras, el cual es el dinero moderno; es el dinero más abundante, su
volumen representa diez veces aquel del dinero en papel o en metal. Es
una clase superior de dinero, ya que le proporciona alas al otro. Es la
clase de dinero más segura, aquella que nadie la puede robar.
Ahorros y préstamos

El dinero en libros, al igual que otro tipo de dinero, tiene un


inicio. Debido a que el dinero en libros es una cuenta bancaria, se
torna existente cuando una cuenta bancaria es abierta sin que dismi-

- 58 -
nuya el dinero de ninguna parte, ni en otra cuenta bancaria ni en el
bolsillo de nadie.

La cantidad en una cuenta bancaria puede incrementarse de dos


maneras: por medio del ahorro y por medio de los préstamos. Exis-
ten otras maneras, pero se las puede clasificar como préstamos.

La cuenta de ahorros es una transformación del dinero. Yo le


entrego dinero de bolsillo al banquero; él aumenta mi cuenta por
esa cantidad. Yo ya no tengo más el dinero de bolsillo, yo tengo
dinero en libros a mi disposición. Yo puedo obtener de vuelta el
dinero de bolsillo por medio de la disminución de esa cantidad del
dinero en libros de mi cuenta. Es simplemente una transformación
del dinero.

Pero en vista de que estamos tratando de descubrir cómo existe


el dinero, la cuenta de ahorros, a pesar de que es una transformación
simple de dinero, no es de interés para nosotros con relación al tema
que nos encontramos tratando.

- 59 -
El dinero nace en los bancos

La cuenta de préstamos (o préstamo) es la cuenta que el banque-


ro le presta a la persona que solicita el préstamo.

Yo soy un hombre de negocios. Deseo instalar una nueva fábri-


ca. Todo lo que necesito es dinero. Voy a un banco y pido prestado
$100 000 con una garantía. El banquero me hace firmar una prome-
sa de que pagaré esa cantidad con interés. Entonces él me presta los
$100 000.

¿Me va a entregar él los $100 000 en dinero en papel? Yo no lo


quiero así.

En un principio, es muy riesgoso. Más aún, yo soy un hombre


de negocios que compra cosas en lugares diferentes y ampliamente
apartados, a través de cheques. Lo que deseo es una cuenta bancaria
con $100 000, lo que facilitaría para llevar a cabo el negocio.

El banquero por lo tanto, me presta una cuenta de $100 000. El


- 60 -
acreditará a mi cuenta los $100 000, simplemente como si yo hubie-
se traído esa cantidad al banco. Pero yo no llevé esa cantidad, yo fui
a obtener esa cantidad.

¿Se trata de una cuenta de ahorros, establecida por mí? No, es la


cuenta de préstamo que hizo el banquero para mí.

El creador del dinero

Esta cuenta de $100 000 no fue hecha por mí, sino por el banque-
ro. ¿Cómo lo hizo? ¿Disminuyó la cantidad de dinero en el banco
cuando el banquero me prestó los $100 000? Bien, le preguntamos
al banquero:

-”Señor banquero, ¿tiene usted menos dinero en su bóveda des-


pués de haberme prestado los $100 000?”.

-”Yo no he ido a la bóveda”.

-”¿Se han reducido las cuentas de otras personas?”. - “Se man-


tienen exactamente como se encontraban”. -”¿Entonces, qué se dis-
- 61 -
minuyó en los bancos?”. -”Nada se disminuyó”.

-”Sin embargo, mi cuenta se ha incrementado. ¿ De dónde vino


el dinero que usted me prestó?”.

-”No vino de ninguna parte”.

-”¿En dónde se encontraba cuando yo vine a su banco?”. -”No


existía”.

-”Y ahora que el dinero se encuentra en mi cuenta, existe. De


manera que podemos decir que fue creado”. - “Ciertamente”.

-”¿Quién lo creó, y cómo?”.

-”Yo lo hice, con mi lapicero y una gota de tinta cuando registré


$100 000 a su crédito, a solicitud suya”.

-”¿Entonces, usted hace el dinero?”.

-”El banco hace dinero en libros, el dinero en cifras. Ese es el

- 62 -
dinero moderno que pone en circulación a otro tipo de dinero man-
teniendo el negocio en movimiento”.

El banquero fabrica dinero, dinero en libros, cuando él presta las


cuentas a quienes solicitan préstamos, ya sean individuos o gobier-
nos. Cuando yo me vaya del banco existirá en este país una nueva
fuente de cheques, una que no existía antes. El monto total de todas
las cuentas en el país fue incrementada por $100 000. Con este nue-
vo dinero, yo puedo pagar a los trabajadores, comprar materiales y
maquinaria -en una sola palabra, construir mi fábrica nueva-. ¿En-
tonces, quien crea el dinero? Los banqueros.

- 63 -
3
LOS BANCOS CREAN EL DINERO COMO
UNA DEUDA

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Sistema fraccionario de la banca
El orfebre que se hizo banquero
En el ejemplo de la lección anterior, el banquero creó los
$100,000.00 en forma de crédito, como dinero contable, el cual es
tan bueno como las monedas o el papel moneda. El banquero no
teme hacer esto. Mis cheques al portador darán el derecho de retirar
dinero del banco. Pero el banquero sabe perfectamente bien que el
nueve por ciento de estos cheques simplemente tendrán el efecto
de disminuir el dinero en mi cuenta y de incrementarlo en las de
otras personas. Él sabe muy bien que el radio de las reservas del
banco para los depósitos es de 1/10 el cual es suficiente para que
él responda a los requerimientos de quienes piden dinero de bolsi-
llo. En otras palabras, el banquero sabe perfectamente bien que si
tiene $10,000.00 de reserva en efectivo puede prestar $100,000.00
(diez veces la suma) en dinero contable. En términos técnicos, la
habilidad para un banco de prestar 10 veces la cantidad de dinero de
papel que tiene en su caja fuerte se llama sistema fraccionario de la
- 65 -
banca. El origen de este sistema se remonta a la edad media, es la
verdadera historia de los orfebres que se hicieron banqueros, como
Louis Even nos lo dice ahora:

Haciendo uso de su imaginación, regresemos unos siglos atrás


a una Europa ya vieja pero no todavía muy progresista, después de
haber cultivado el arte de la guerra y de las persecuciones, desper-
taba, sin embargo, poco a poco, por las historias de aventureros y
viajantes. Este episodio pudo haber tenido lugar alrededor de 1535,
cuando el explorador francés Jacques Cartier estaba escalando la
cima del Mount Royal (en el centro de lo que posteriormente se
conocería como Montreal, Canadá), guiado por el anciano jefe que
quería que admirara el maravilloso panorama de bosques y ríos ante
cuya vista nadie podía permanecer pasivo. O quizá fue cuando Cris-
tóbal Colón guiado por su enorme deseo de alcanzar las Indias, zar-
paba rumbo al Occidente en 1492.

En aquellos días, el dinero no se usaba mucho en las transac-


ciones comerciales cotidianas. La mayoría de tales transacciones

- 66 -
eran simples y directos intercambios, trueque. Sin embargo, los re-
yes, señores, acaudalados y los grandes mercaderes tenían oro y lo
usaban ya fuera para financiar sus ejércitos y los gastos que esto
implicaba o para comprar mercancías extranjeras. Pero las guerras
entre los señoríos y las naciones, así como los robos a mano armada
provocaban que tanto el oro como los diamantes de los ricos fueran
a dar a las manos de los pillos. Así que, los dueños del oro, cada
vez más nerviosos, crearon el hábito de confiar sus tesoros para su
salvaguarda a los orfebres quienes, debido al precioso metal con el
que trabajaban, tenían bóvedas bien protegidas. El orfebre recibía el
oro, le daba un recibo al depositante y cuidaba del metal cobrando
una cuota por su servicio. Desde luego, el dueño podía reclamar su
oro, todo o en partes, cuando así lo deseara.

El mercader que iba de París a Marsella, o que viajaba de Tro-


yes, Francia, a Ámsterdam, podía proveerse a sí mismo con el oro
necesario para sus compras. Pero nuevamente, existía el peligro de
ser atacado a lo largo del camino; entonces él convencía a su ven-
dedor en Marsella o en Ámsterdam de aceptar, más que el metal,

- 67 -
un recibo firmado como comprobante de su posesión del tesoro en
depósito en la bóveda del orfebre en París o Troyes. El recibo del
orfebre daba fe de la realidad de los fondos.

También sucedía que el proveedor, en Ámsterdam o cualquier


otro lugar, se las ingeniara para conseguirse su propio orfebre en
Londres o Génova para aceptar, a cambio de servicios de transpor-
tación, el recibo firmado que él había recibido en Francia de parte de
su comprador. Así, poco a poco, los mercaderes empezaron a inter-
cambiarse entre ellos estos recibos en lugar del oro para no moverlo
innecesariamente arriesgándose a los ataques de los ladrones. En
otras palabras, un comprador, en lugar de obtener una barra de oro
del orfebre para pagarle a quien le vendía, le daba el recibo firmado
por el orfebre dándole el derecho de reclamar su parte guardada en
la bóveda de éste.
En lugar de oro, eran los recibos del orfebre los que cambiaban
de manos. Mientras hubiera un número limitado de compradores y
vendedores, no era un mal sistema. Era fácil seguir las peregrinacio-
nes de los recibos.
- 68 -
El prestamista de oro.

Pero el orfebre pronto hizo un descubrimiento que afectaría a


la humanidad más que el memorable viaje de Cristóbal Colón a las
Indias. Aprendió, a través de la experiencia, que casi todo el oro que
le dejaban a su cuidado permanecía intocable en su bóveda. Difícil-
mente, de los propietarios que usaban sus recibos en sus transaccio-
nes comerciales, uno sobre diez venía a retirar su precioso metal.

La sed de ganancia, el deseo de volverse rico más rápidamente


que mediante el uso de sus herramientas para la orfebrería, se agu-
dizó cada vez más en la mente del orfebre llevándole a hacer un
gesto de atrevimiento y preguntándose a sí mismo: “¿Por qué no me
convierto en un prestamista de oro? Un prestamista de oro, hay que
recalcar, que no le pertenecía. Y como tampoco poseía un alma, di-
gamos recta, como la de San Eligio (o San Eloy, el amo de la menta
de los reyes franceses Clotario II y Dagoberto I en el siglo séptimo),
incubó y nutrió su idea, refinándola aún más. “Prestar oro que no me
pertenece, a interés, ¡no hay más que hablar! Mejor aún, mi querido

- 69 -
maestro (¿le hablaba acaso a Satanás?), en lugar del oro, prestaré
recibos y pediré pagos sobre los intereses en oro, ese oro será mío y
el oro de mis clientes permanecerá intocable dentro de mis bóvedas
como reserva para nuevos préstamos.”

Se guardó a sí mismo el secreto de su descubrimiento, ni siquie-


ra compartiéndolo con su esposa, quien se preguntaba el por qué su
esposo no dejaba de frotarse las manos de puro gusto. La oportuni-
dad de poner su plan en acción no se hizo esperar, aun cuando no
tenía acceso al New York Times ni a Forbes para anunciarse.

Una mañana un amigo llegó a verlo y a pedirle un favor. Este


hombre era propietario de una casa, de una granja y de tierra útil
para el arado – pero necesitaba oro para cerrar una transacción. Si
tan sólo pudiera pedir prestado un poco lo regresaría con un valor
agregado; de no ser así, el orfebre podría apropiarse de sus perte-
nencias, las que excedían, con mucho, el valor del préstamo.

El orfebre le hizo llenar una forma y después le explicó a su


amigo con actitud desinteresada, que sería peligroso para él retirarse
- 70 -
con una gran cantidad de dinero en los bolsillos: “Te daré un recibo,
es lo mismo que si te estuviera prestando el oro que tengo en reserva
en mi bóveda, tú entregarán entonces este recibo al vendedor y si
él me trae el recibo, yo le entregaré personalmente el oro. Tú me
deberás tanto de interés.”

El vendedor, por lo regular, nunca se presentaba ya que prefe-


ría intercambiar el recibo con alguien más por algo que necesitara.
Mientras tanto, la reputación del prestamista comenzó a crecer. La
gente venía con él. Gracias a otros préstamos similares, pronto ha-
bía más recibos en circulación que el oro real en las bóvedas.

El mismo orfebre había creado una circulación monetaria con


grandes ganancias para él. Rápidamente perdió el nerviosismo ini-
cial concerniente a su preocupación sobre la demanda simultánea
del oro proveniente de un gran número de gente con recibos. Pudo,
hasta cierto punto, continuar su juego en completa seguridad. ¡Qué
bendición! Prestar lo que no tenía y recibir grandes intereses por
ello, gracias a la confianza de la gente – una confianza que se es-

- 71 -
meró grandemente en cultivar. El no arriesgaba nada en la medi-
da en que tuviera para sustentar sus préstamos, una reserva que la
experiencia le había enseñado, era suficiente. Si, por otro lado, un
prestatario no cumplía con sus obligaciones y no devolvía el présta-
mo en la fecha acordada, el orfebre se adueñaba de sus propiedades
como pago colateral. Su conciencia pronto se volvió indolente y sus
escrúpulos iniciales dejaron de molestarlo.

La creación del crédito

El orfebre fue más allá al pensar en una forma inteligente de


cambiar el modo en que sus recibos eran expedidos cuando hacía los
préstamos, en lugar de escribir: “Recibo de Juan Pérez…” escribió,
“Yo prometo pagarle al portador…” Esta promesa circulaba justo
como dinero de oro. ¡Increíble!, usted dirá. Pero, vamos, déle una
mirada a los billetes que tiene frente a sí. Lea lo que está escrito en
ellos. ¿Son acaso tan diferentes y no circulan también como dine-
ro?

- 72 -
Una higuera fértil- el sistema bancario privado, el creador y amo
del dinero – ha crecido fuera de las bóvedas del orfebre. Sus présta-
mos, sin tocar siquiera el oro, se han convertido en la creación del
crédito por parte de los banqueros. La forma de los recibos primi-
tivos ha cambiado, tomando la de simples promesas de pagar en la
fecha estipulada. Los créditos pagados por el banquero fueron lla-
mados depósitos, los que ocasionan que el público en general piense
que el banquero presta únicamente las cantidades provenientes de
los depositarios. Estos créditos entran a la circulación por medio de
cheques expedidos sobre dichos créditos. Ellos desplazan, en volu-
men y en importancia, al dinero legal del gobierno quien únicamen-
te juega en esto un papel secundario. El banquero creó diez veces
más que el papel moneda creado por el Estado.

El orfebre que se convirtió en banquero.

El orfebre, transformado en banquero, hizo otro descubrimiento:


se dio cuenta que poniendo abundantes recibos (créditos) en circu-
lación aceleraría el comercio, la industria, la construcción; mientras

- 73 -
que si restringía dichos créditos, lo cual puso en práctica primero
en circunstancias en que se preocupaba por la reserva de oro con
que contaba, paralizaba todo lo anterior. Esto parecía ser, en el caso
último, una sobreproducción, cuando las privaciones eran realmente
grandes; esto debido a que los productos no se vendían, ya que no
había con que comprarlos. Los precios se iban abajo, las bancarrotas
incrementaban, los deudores de los banqueros no podían cubrir sus
obligaciones y los prestamistas se apoderaban de las propiedades
colateralmente. El banquero, con gran visión y habilidad cuando se
trata de ganar, se dio cuenta de estas maravillosas oportunidades.
Podría monetizar la riqueza de los demás para su propio beneficio:
haciendo esto liberalmente, causando una elevación en los precios,
o, parsimoniosamente mediante su decrecimiento. Podría así mani-
pular la riqueza de los demás a su antojo, explotando al comprador
en tiempos de inflación y explotando al vendedor durante la rece-
sión.

- 74 -
El banquero, el amo universal

El banquero así se convirtió en el amo universal, teniendo el


mundo a su merced. Períodos de prosperidad y de depresión se si-
guieron unos a otros. La humanidad se postraba frente a lo que creía
eran ciclos naturales e inevitables.

Mientras tanto, los intelectuales y técnicos trataban desespera-


damente de triunfar sobre las fuerzas de la naturaleza y desarrollar
los medios de producción. Se inventó la imprenta, la educación se
expandió, se desarrollaron mejores ciudades y mejores viviendas.
Las fuentes de alimentos, ropa y comodidades se incrementaron. El
hombre superó a las fuerzas de la naturaleza colocándole un arnés al
vapor y a la electricidad. La transformación y el desarrollo se suce-
dieron en todas partes- excepto en el sistema monetario.

Y el banquero se rodeó a sí mismo de misterio, manteniendo


viva la confianza que su mundo cautivo tenía en él, siendo aún más
audaz para publicitarse en los medios, de quienes también controla

- 75 -
sus finanzas, diciendo que son los banqueros quienes han sacado
al mundo de la barbarie, que han abierto y civilizado continentes.
También consideraban a los intelectuales y a los asalariados, pero
sólo como secundarios en lo concerniente a la marcha del progreso.
¡Para las masas, había miseria y desprecio; para los financieros ex-
plotadores, riqueza y honor!

La proporción de dinero en efectivo versus préstamos en los


Bancos Canadienses era de uno a 10 en 1940. Este radio (10% de
reserva de efectivo como requisito) ha cambiado desde entonces.
En 1967, el Acta Bancaria de Canadá le permitía a los bancos crear
dieciséis veces (en dinero contable) la suma de su reserva de efec-
tivo. A inicios de 1980, el requerimiento mínimo para la reserva en
efectivo (notas bancarias y monedas) era del 5%, lo que significaba
que el banquero necesitaba únicamente $1.00 de $20.00 para res-
ponder a las necesidades de aquellos que querían dinero de bolsillo.
El banquero sabía muy bien que si tenía $10,000.00 en efectivo,
podría prestar veinte veces dicha suma ($2000,000.00) en dinero
contable.

- 76 -
En la práctica, los bancos podrían prestar aún más que esto, dado
que pueden incrementar sus reservas de efectivo a su gusto simple-
mente comprando notas bancarias del Banco Central con el dinero
contable que crean de la nada. Por ejemplo, se estableció en 1982,
ante un comité parlamentario sobre las utilidades bancarias que, en
1981, los bancos canadienses, en su totalidad, efectuaron préstamos
que excedieron 32 veces su capital combinado. Algunos bancos, in-
cluso, hicieron préstamos que igualaron 40 veces su capital. Más
aún, en 1990 en Estados Unidos, el total de los depósitos de los
bancos comerciales fue de alrededor de $3,000.00 billones y sus
reservas eran de aproximadamente $60 billones. Esto resultó en un
porcentaje de depósitos a las reservas bancarias de cerca de 50/1.
Los bancos norteamericanos tuvieron el suficiente efectivo para pa-
gar a los depositantes a una tasa de únicamente dos centavos por
dólar.

La subsección 457(1) de la versión más reciente del Acta del


Banco Canadiense, expedida el 13 de diciembre de 1991, establece
que, como en enero de 1994, la reserva primaria, en forma de efecti-

- 77 -
vo, que un banco debe mantener, es nula, cero. Por tanto, los bancos
no están limitados por ninguna ley en lo que concierne a la creación
de créditos ni de dinero contable. (Y si todo el efectivo fuera even-
tualmente reemplazado por dinero electrónico, mediante tarjetas de
débito o inteligentes ya con el microchip, como ha sido planeado
por los bancos, tampoco estarían limitados en la práctica para crear
dinero, que no sería entonces un pedazo de papel o un cheque, sino
simplemente bytes, unidades de información en una computadora.)

El destructor del dinero

Nosotros acabamos de ver, que los bancos crean dinero cuando


hacen un préstamo, tal como fue explicado al final de la lección
anterior: El banquero fabrica dinero, dinero en libros, cuando él
presta las cuentas a quienes solicitan préstamos, ya sean individuos
o gobiernos. Cuando yo me vaya del banco existirá en este país una
nueva fuente de cheques, una que no existía antes. El monto total de
todas las cuentas en el país fue incrementado por $100 000. Con este
nuevo dinero, yo puedo pagar a los trabajadores, comprar materiales

- 78 -
y maquinaria -en una sola palabra, construir mi fábrica nueva-. ¿En-
tonces, quien crea el dinero? Los banqueros.

El banquero, solamente el banquero, hace esta clase de dinero:


escritura o dinero bancario, el dinero que mantiene al negocio en mo-
vimiento. Pero él no regala el dinero que él crea. Lo presta. Lo presta
por un cierto período de tiempo, después del cual el dinero tiene que
ser devuelto al banquero. El banquero debe cobrar su deuda.

El banquero reclama interés sobre el dinero que él creó. En mi


caso, el banquero probablemente exigirá $15 000 por concepto de
interés, lo más pronto posible. El retendrá del préstamo esa cantidad,
y yo dejaré en el banco $85 000 en mi cuenta, luego de haber firmado
una promesa de pagar los $100 000 en un período de un año.

En la construcción de mi fábrica, yo pagaré a mis hombres,


compraré cosas, y de esta manera extenderé mi cuenta bancaria de
$85 000 alrededor del país.

Pero, dentro de un año, a través de las ganancias que consiga al


- 79 -
vender mis bienes por un precio superior del que me costó a mí, yo de-
beré incrementar mi cuenta en una cantidad no inferior a $100 000.

Al final del año, yo pagaré el préstamo mediante un cheque por


$100 000 girado sobre mi cuenta. El banquero entonces debitará
de mi cuenta los $100 000, por lo tanto retirando de mi cuenta los
$100 000 que yo giré del país vendiendo mis bienes. El no pondrá
este dinero en la cuenta de nadie. Nadie podrá girar cheques sobre
estos $100 000. Se trata de dinero muerto.

Los préstamos dan nacimiento al dinero. La retribución trae su


extinción. El banquero hace que el dinero exista cuando él hace un
préstamo. El banquero envía el dinero a la tumba cuando él fue com-
pensado. Por lo tanto, el banquero es también un destructor del di-
nero.

Como distinguido banquero británico, el Honorable Reginald


McKenna, una vez canciller británico de Exchequer (el equivalente
al Ministro de Finanzas de Canadá o al Secretario de Estado en los
Estados Unidos de Norteamérica) y presidente del Banco Midland,
- 80 -
uno de los Cinco Grandes (los cinco bancos más grandes de Inglate-
rra) dijo: “Cada préstamo, deuda o compra bancaria crea un depósi-
to y cada pago del préstamo, sobre giro o venta bancaria destruye un
depósito”. Y el sistema así opera en el sentido de que la retribución
debe ser mayor que el préstamo original; las cifras muertas deben
exceder a las cifras de nacimiento; la destrucción debe exceder la
creación.

Esto parece imposible y colectivamente, es imposible. Si yo ten-


go éxito, alguien debe ir en bancarrota, debido a que todos juntos
no estamos en capacidad de compensar con más dinero del que fue
hecho. El banquero no crea nada sino solamente una suma de ca-
pital. Nadie crea lo que es necesario para pagar el interés, porque
nadie más crea el dinero. Y sin embargo, el banquero exige tanto
el capital como el interés. Tal sistema no puede mantenerse sino
para un continuo y siempre incrementado flujo de préstamos. Por
consiguiente, el sistema de las deudas y el afianzamiento del poder
dominante del banco.

- 81 -
La deuda nacional

El gobierno no crea el dinero. Cuando el gobierno ya no puede


imponer impuestos ni pedir prestado a los individuos, debido a la
escasez de dinero, el gobierno pide préstamos a los bancos.
Esta operación se lleva a cabo exactamente igual que la mía.
Como garantía, el gobierno compromete a todo el país. La promesa
de pagar es la obligación. El préstamo del dinero es una cuenta he-
cha por medio de una lapicero y un poco de tinta.
Así, en Octubre de 1939, el gobierno federal con el propósito de
cubrir los gastos iniciales de la guerra, solicitó unos ochenta millo-
nes a los bancos. Los bancos le prestaron al gobierno una cuenta por
ochenta millones sin descontar un centavo a nadie, de esta manera
le entregaron al gobierno una base nueva de cheques por la suma de
ochenta millones.
Pero, en Octubre de 1941, el gobierno tuvo que retribuir ochenta
y tres millones doscientos mil a los bancos, incluyendo tanto el ca-
pital como los intereses.

- 82 -
A través de impuestos, el gobierno tuvo que retirar del país tanto
dinero como había gastado, ochenta millones. Pero además, tuvo
que girar del país unos tres millones adicionales, dinero que no ha-
bía puesto al servicio del país, que no había sido hecho ni por los
banqueros ni por nadie más.
¿Aun reconociendo en el mejor de los casos que el gobierno
pueda encontrar el dinero que existe, cómo podría encontrar el dine-
ro que nunca fue creado?
El hecho simplemente es, que el gobierno no lo encuentra. Es
simplemente añadido a la deuda nacional. Esto explica porqué la
deuda nacional se incrementa en la misma medida en que el desa-
rrollo del país requiere más dinero. Todo dinero nuevo se convierte
existencia como deuda, a través del banquero, quien reclama más
dinero del que en realidad emitió. ¡Y la población del país se en-
cuentra a sí misma endeudada colectivamente por una producción
que, colectivamente, la hizo a sí misma! Es el caso de la producción
de la guerra. Es también el caso de la producción en tiempos de paz:
carreteras, puentes, trabajos de agua, colegios, escuelas, etc.
- 83 -
El defecto monetario

La situación se reduce a esta cosa inconcebible: todo el dinero


en circulación viene solamente de los bancos. Hasta el dinero en
metal y papel viene a circulación solamente si ha sido liberado por
los bancos.
Ahora los bancos ponen dinero en circulación solamente por
medio de préstamos a un cierto interés. Esto significa que todo el di-
nero en circulación proviene de los bancos y debe algún día regresar
a los bancos, incrementado con el interés.
El banco permanece como el dueño del dinero. Nosotros somos
los que solicitamos préstamos. Si alguien puede sostener su dinero
por un largo período de tiempo, o aún permanentemente, otros sin
embargo necesariamente están en incapacidad de cumplir con sus
compromisos financieros.
Una multiplicidad de bancarrotas, tanto de individuos como de
compañías, hipotecas tras hipotecas, y una deuda pública que siem-
pre va en incremento, son los frutos naturales de tal sistema.

- 84 -
Reclamar interés sobre el dinero a medida que éste se crea es
tanto ilegítimo como absurdo, antisocial y contrario a la buena arit-
mética. El defecto monetario es por consiguiente, tanto un defecto
técnico como un defecto social.
A medida que el país se desarrolla tanto en producción así como
en población, se necesita más dinero. Pero es imposible obtener di-
nero nuevo sin la contratación de una deuda que, colectivamente, no
puede ser pagada.
De manera que nos quedan las alternativas ya sea de detener el
desarrollo o adquirir deudas; de hundirnos en desempleo masivo o
en una deuda que no se puede pagar. Y es precisamente este dilema
el que está siendo sometido a debates en cada país.
Aristóteles y luego de él Santo Tomás de Aquino, escribieron
que el dinero no reproduce más dinero. Pero el banquero crea el
dinero únicamente con la condición de que reproducirá más dinero.
En vista que ni gobiernos ni individuos crean dinero, nadie crea el
interés que reclama el banquero. Aún legalizado, el sistema de todo
este asunto permanece vicioso e insultante.
- 85 -
Declinación y degradación

Esta manera de hacer el dinero del país, por medio de forzar


tanto a los gobiernos como a los individuos a que se encuentren en-
deudados, establece una dictadura real sobre gobiernos e individuos
igualmente.

El gobierno soberano se ha convertido en signatario de las deu-


das de un grupo pequeño de acaparadores. Un ministro, quien re-
presenta a 25 millones de hombres, mujeres y niños, firma deudas
impagables. El banquero, quien representa a un círculo que está in-
teresado únicamente en las ganancias y el poder, fabrica el dinero
del país.

Sin sangre, los humanos no pueden sobrevivir; así que es justo


el comparar al dinero con la sangre económica de la nación. El Papa
Pío XI escribió en 1931, en su carta encíclica Qudragesimo Anno:
“Este poder se pone particularmente irresistible cuando ejercido por
aquéllos que, sostienen y controlan el dinero, también pueden go-

- 86 -
bernar el crédito y determinar su reparto, por ese razón proporcio-
nan, por así decirlo, la sangre vital del cuerpo económico entero, y
asiendo, como si estuviera, en sus manos el alma misma de la pro-
ducción, para que ninguno se atreva a respirar contra su voluntad.”

Este es un aspecto asolador de la degeneración del poder del


cual el Papa dijo: los gobiernos se han rendido a sus nobles funcio-
nes y se han convertido en los sirvientes de intereses privados.

El gobierno, en lugar de guiar al Estado, se ha convertido simple-


mente en un recaudador de impuestos; y una gran tajada de las ren-
tas públicas por impuestos, la tajada más sagrada, fuera de cualquier
discusión, es precisamente para el interés en la deuda nacional.

Más aún, la legislación consiste, sobre todo, en imponer impues-


tos a la gente y erigir en todo lado, restricciones a la libertad.

Estas son leyes para asegurar que los creadores del dinero sean
compensados. No existen leyes para prevenir al ser humano de mo-
rirse debido a pobreza extrema.
- 87 -
Con respecto a los individuos, la escasez de dinero desarrolla
una mentalidad de lobos. Frente a la abundancia, solamente aquellos
que tienen el muy escaso símbolo de bienes, dinero, tienen el dere-
cho de girar sobre esa abundancia. Por consiguiente, tienen derecho
a la competencia, la tiranía del “jefe”, contienda doméstica, etc.

Un pequeño número aprovecha sobre todos los demás. La gran


masa de gente gime, muchos en la más degradante pobreza.

Los enfermos permanecen sin cuidado; los niños son pobres o


insuficientemente alimentados; los talentos son subdesarrollados;
los jóvenes no pueden ni encontrar un trabajo ni empezar un hogar
y una familia; los agricultores pierden sus haciendas; los industria-
les van a la bancarrota; las familias luchan por salir adelante con
dificultad -todo esto sin ninguna otra justificación que la escasez
de dinero-. La lapicero del banquero impone privaciones a la gente,
esclavitud a los gobiernos.

Con todo esto dicho, debemos dar énfasis a un punto llamativo:


Es la producción la que da valor al dinero. Un montón de dinero
- 88 -
sin los productos correspondientes no mantiene a nadie vivo, y es
completamente sin valor. Así, es que son los granjeros, los industria-
listas, los obreros, los profesionales, la ciudadanía organizada quie-
nes hacen los productos, bienes y servicios, Pero son los banqueros
quienes crean el dinero, basados en estos productos. Y los banque-
ros destinan este dinero que deduce su valor de los productos, y lo
prestan a aquéllos que hacen los productos.

Un sistema de dinero-deuda, La Isla de los Náufragos

La manera en la cual el dinero es creado por los bancos privados


como una deuda se explica bien en la parábola de Louis Even, La
Isla de los Náufragos, en donde el sistema económico es claramente
dividido en dos partes: el sistema productor y el sistema financiero.

Por un lado, cinco náufragos en una isla, cada uno de los cua-
les produce cosas diferentes necesarias para la vida y por el otro,
el banquero que les presta dinero. Para simplificar nuestro ejemplo
digamos que sólo uno, a quien llamaremos Pablo, le pide prestado

- 89 -
a nombre de la comunidad. Pablo decide, entonces, pedir prestado
al banquero la cantidad suficiente para hacer funcionar la economía
de la isla, digamos $100.00 a 6% de interés. A fin de año Pablo tiene
que reembolsar el interés, o sea, $6.00. 100 – 6 = 94, se quedan pues
$94.00 circulando en la isla. Pero la deuda de $100.00 permanece.
El préstamo de $100.00 se renueva y otros $6.00 tienen que pagarse
al término del segundo año. 94 – 6 = 88. Quedan entonces $88.00
en circulación. Si Pablo continúa así, pagando $6.00 anuales de in-
terés, después de 17 años no habrá dinero en la isla. Pero la deuda
de $100.00 permanecerá y el banquero estará autorizado para em-
bargar todas las propiedades de la isla.

La producción de la isla ha aumentado pero no así el dinero. No


son los productos los que el banquero exige sino dinero. Los habi-
tantes de la isla fabricaban productos, no dinero. Sólo el banquero
tiene derecho a crear el dinero. Tal parece que Pablo no tomó una
decisión adecuada al pagar anualmente el interés.

Regresemos al principio. A finales del primer año, Pablo decide

- 90 -
no pagar el interés, sino pedir prestado al banco para este fin au-
mentando con esto su deuda a $106.00. “No hay problema, dice el
banquero, eso representa solamente 36 centavos más de interés, es
una gota sobre los $100.00. A fines del segundo año la deuda en-
tonces será de $112.36. Al cabo de cinco años ésta será de $133.82
y el interés es de $7.57. “No es tan malo, dice Pablo, el interés no
aumentó más de $1.57 en este tiempo. Pero, ¿cuál será la situación
al cabo de 50 años?

Crecimiento de una deuda de $100.00 a 6% de interés

La deuda aumenta relativamente poco en los primeros años,


pero después lo hace muy rápidamente. Cabe notar que la deuda
aumenta año con año, pero el dinero prestado (el mismo en circula-
ción) resulta siempre el mismo. En ningún momento la deuda puede
pagarse, ni siquiera a fines del primer año. Solo hay $100.00 en
circulación y la deuda es de $106.00. Y a fines del quincuagésimo
año, todo el dinero en circulación ($100) tampoco es suficiente para
pagar los intereses ($104.26).

- 91 -
Capital Deuda Intereses Todo el dinero circu-
Dinero en
Año original a fines a fines
prestado del año del año lante proviene de un prés-
circulación

1 $100.00 $106.00 $6.00


$100.00 tamo y tiene que regresarse
Permanece Permanece
2
igual
$112.36 $6.36
igual al banco aumentado con
3 “” $119.10 $6.74 “” interés. El banquero crea
4 “” $126.25 $7.15 “”
5 “” $133.82 $7.57 “”
el dinero y lo presta, pero
10 “” $179.08 $10.14 “” hace prometer que todo ese
20
30
“”
“”
$320.71
$574.35
$18.15
$32.51
“”
“”
dinero le será devuelto ade-
40 “” $1,028.57 $58.22 “” más de los intereses, dinero
50 “” $1,842.02 $104.26 “” que él no ha creado. (Re-
60 “” $3,298.77 $186.72 “”
70 “” $5,907.59 $334.39 “” cordemos que él sólo crea
el dinero del capital). Si
nadie crea el dinero para pagar los intereses, ¿cómo pagar entonces
un dinero que no existe? Es entonces que las deudas se acumulan.
La deuda pública está hecha de dinero que no existe, que nunca fue
puesto en el mundo y que el gobierno se comprometió a reembolsar.
Como se ve, resulta una negociación imposible para el deudor pero
que los financieros consideran “sacrosanta” y que se obliga a respe-
tar aún a costa de la vida de muchos seres humanos.
- 92 -
Interés compuesto

El aumento re-
pentino de la deuda
después de cierto
tiempo es el resulta-
do del interés com-
puesto. A diferencia
del interés simple
que se paga sola-
mente sobre el capi-
tal prestado, el com-
puesto es el interés
pagado a la vez so-
bre el capital y el in-
terés no pagado que
se adiciona al capi-
tal. Por ejemplo, con
el interés simple, el
- 93 -
préstamo de $100.00 a 6% al cabo de cinco años, daría una deuda con
un total de $130.00, pero a interés compuesto, la misma deuda al cabo
de los mismos cinco años, es la suma de la deuda del año anterior
más el interés de dicho importe, o sea, un total de $133.82. Poniendo
todos estos resultados en un gráfico, donde la línea horizontal que
cruza el mapa está marcada en años, y la línea vertical está marcada
en dólares, y conectando todos estos puntos por una línea que rastrea
una curva que ilustra el efecto del interés compuesto y el crecimiento
de la deuda:
La curva es bastante plana al principio, pero entonces se vuelve
inclinada, hacia arriba con el tiempo. Las deudas de todos los países
siguen el mismo modelo, y está aumentando de la misma manera.
Permítanos estudiar, por ejemplo, la deuda pública de Canadá.
Deuda Pública de Canadá

Cada año, el gobierno canadiense establece un presupuesto en


el que prevé los gastos y los ingresos en los que incursionará. Si el
gobierno recibe más dinero del que gasta, habrá entonces un exce-

- 94 -
dente, si gasta más de lo que recibe, habrá un déficit. Tomemos el
año fiscal 1985 – 1986 que comienza el 1° de abril y termina el 31
de marzo.
El gobierno federal tiene gastos de $105 mil millones e ingresos
de $71.2 mil millones, lo que da un déficit de $33.8 mil millones.
Ese déficit representa una falta de ingresos por lo que el gobierno
tiene que pedir un préstamo para cubrir la diferencia.
La deuda federal es la suma de todos los déficit presupuestarios
desde que Canadá existe (Confederación de 1867). Así que el déficit
de 1986, $33.8 mil millones, se añade a la deuda del año pasado,
$190.3 mil millones, dando un total de $224.1 mil millones en ese
año.
Desde la formación de Canadá en 1867 (unión de las cuatro pro-
vincias: Ontario, Québec, Nuevo Brunswick y Nueva Escocia), la
deuda del país era de $93 millones. El primer gran aumento tuvo
lugar durante la Primera Guerra Mundial (1914- 1918) en que la
deuda pública pasó de $483 millones en 1913 a $3 mil millones
en 1920. El siguiente aumento ocurrió durante la Segunda Guerra

- 95 -
(1939 – 1945) en que la deuda pasó de $4 mil millones en 1942 a
$13 mil millones en 1947. Esas dos subidas pueden explicarse por
el hecho de que el gobierno tuvo que pedir prestadas importantes
sumas de dinero para poder participar en ambas guerras.
Pero, ¿cómo se puede explicar el alza fenomenal de los últimos
años, en que la deuda casi se multiplicó por diez, pasando de $24 mil
millones en 1975 a $224 mil millones en 1986 cuando Canadá estaba
en tiempos de paz y no tuvo que pedir prestado por la guerra?
Es el efecto del interés compuesto, como en el ejemplo de la Isla
de los Náufragos. La deuda aumenta lentamente en los primeros años,
pero súbitamente en los siguientes. Y la deuda del Canadá aumentó
aún más rápidamente los últimos años a diferencia del ejemplo de la
Isla, en donde el tipo de interés permanecía siempre a 6% mientras
que en Canadá, la tasa ha variado pasando del 2% durante la Segunda
Guerra Mundial a un 22% en un breve tiempo, para mantenerse ahora
alrededor del 10% (los tipos de interés dados son un promedio anual;
así, aunque el tipo de interés haya subido hasta un 22% en 1981, el
promedio anual es de 17.72%).

- 96 -
Hay una gran diferencia entre tipos de 6%, 10% o 20% cuando
se habla de interés compuesto. Así, si usted pide prestado $1.00 a
interés compuesto, aquí está lo que usted tendrá que pagar al cabo
de 100 años:

A 1%…………………………..$2.75
A 2%…………………………..$19.25
A 3%…………………………..$340.00
A 10%…………………………..$13,809.00
A 12%…………………………..$1,174,405.00
A 18%…………………………...$15,145,207.00
A 24%…………………………...$251,799,494.00
A 50% no habría bastante dinero en el mundo para pagar su
préstamo de $1.00.

Existe una fórmula para saber en cuánto tiempo un importe se


duplica a interés compuesto, es la “regla de 72”. Usted divide 72
por el tipo de interés escogido y eso le da el número de años. Por
ejemplo, a 10% resultan 7.2 años para que se duplique el importe

- 97 -
(72 dividido entre 10). Esto sirve para demostrar que todo tipo de
interés exigido sobre dinero creado, incluso el más bajo de 1%, es
usura.
En su informe de noviembre de 1993, el Auditor General de Ca-
nadá calculó que de los $423 mil millones en deuda neta acumulada
desde la época de la Confederación en 1992, sólo $37 mil millones
fueron a constituir el déficit en gasto del programa. Los restantes
$386 mil millones cubrieron lo que ha costado pedir prestado esos
$37 mil millones. En otras palabras, 91% de la deuda consistía en
cargos de interés, el Gobierno al haber gastado sólo $37 mil millo-
nes (8.75% de la deuda, para bienes y servicios reales.)
La deuda pública de los Estados Unidos

La deuda de los Estados Unidos sigue la misma curva que la de


Canadá, pero con números diez veces más importantes.

Al igual que en Canadá, las primeras alzas significativas de su


deuda ocurrieron durante los períodos de guerra: Guerra Civil Ame-
ricana (1861 – 1865), Primera y Segunda Guerras Mundiales. De
- 98 -
1790: $38 millones 1975 a 1986, la deuda ha pasado
1835: $65 millones de $533 mil millones a $2125 mil
1860: $75 millones millones.
1865: $1.2 mil millones En octubre, 2005, la deuda fe-
1916: $2.7 mil millones deral alcanzó la marca de $8 trillo-
1919: $25 mil millones nes ($26,672 para cada ciudadano
1939: $40 mil millones americano), y está continua cre-
1945: $253 mil millones ciendo ferozmente fuera de con-
1975: $258 mil millones trol. (Durante el año fiscal 2004,
1986: $2073mil millones los pagos de interés en la deuda
federal americana eran de $321 mil millones.) Y ésa es sólo la punta
del iceberg: ¡Si hay deudas públicas, hay también deudas privadas!
El Gobierno Federal es el solo prestatario más grande, pero no el
único prestatario en el país: hay también individuos y compañías.
En los Estados Unidos, en 1992, la deuda pública era de $4 trillones,
y la deuda total de $16 trillones, con un suministro de dinero de sólo
$950 mil millones. ¡En 2006, la deuda total (estados, corporaciones,
consumidores) es de más de $41 trillones!

- 99 -
4
LA SOLUCIÓN: DINERO LIBRE DE
DEUDA CREADO POR LA SOCIEDAD

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El costo de servicio por la deuda pública aumenta proporcional-
mente a la deuda, ya que es un porcentaje de esta misma deuda. Para
financiar la deuda, el Gobierno Federal vende los Bonos de Estado y
otros bonos, la mayoría de ellos comprados por bancos colaterales.

En lo que concierne a la venta de Bonos del Tesoro, el gobierno


es un vendedor imbécil: no vende sus acciones a los bancos, las
regala, ya que esas acciones no les cuestan nada a los bancos: no
prestan dinero, lo crean. No sólo obtienen algo por nada, sino sacan
intereses de ello.

Referente a esto es revelador el intercambio que tuvo lugar entre


el Sr. Wright Patman, Presidente de la Cámara de los Representan-
tes de los Estados Unidos sobre el Banco y el Numerario, y el Sr.
Marriner Eccles, Presidente de la Fede-
ral Reserve Board (Banco Central de
los Estados Unidos), el 30 de septiem-
bre de 1941, relativo a la creación de 2
mil millones por la “Reserva Federal”.

- 101 -
Patman:- ¿De dónde tomó usted el dinero para comprar esos $2 mil
millones de obligaciones al gobierno? Eccles:- Lo hemos creado.
Patman:- ¿Con qué? Eccles:- Con el derecho de emitir crédito, di-
nero. Patman:-¿ Y no hay más soporte que el crédito del gobierno?
Eccles:- Tenemos las acciones del gobierno. Patman:-Exactamen-
te, el crédito del gobierno.
Eso nos lleva a la pista para la solución del problema de la deuda:
si las acciones se basan en el crédito del gobierno, ¿por qué el go-
bierno tiene necesidad de pasar por los bancos para hacer uso de su
propio crédito? El banquero no es el que da el valor al dinero, sino
el crédito del gobierno, es decir, de la sociedad. La única cosa que
hace el banquero es esa transacción, es traer una escritura, cifras,
que permiten que el país utilice su propia capacidad de producción,
que haga uso de sus propias riquezas. El dinero no es otra cosa más
que eso: una cifra. Una cifra que da derecho a los productores. El
dinero no es más que un signo, una creación de la ley (Aristóteles).
El dinero no es la riqueza, sino el signo que da derecho a la riqueza.
Sin productos, el dinero no tiene ningún valor. Entonces ¿por qué
pagar por cifras? ¿Por qué pagar por lo que no cuesta nada fabri-
- 102 -
car? Y ya que ese dinero se basa en la capacidad de producción de
la sociedad, ese dinero también pertenece a la sociedad. Entonces
¿por qué tendría la sociedad que pagar a los banqueros por el uso
de su propio dinero? ¿Por qué el gobierno no emite directamente su
dinero, sin pasar por los bancos? Incluso el primer Gobernador del
Banco de Canadá admitió que el Gobierno Federal tenía el derecho
para emitir su propio dinero. A Graham Towers que era Gobernador
del Banco de 1935 a 1951, se le hizo la pregunta siguiente, ante
el Comité canadiense de la Banca y Comercio, en la primavera de
1939:
Pregunta: ¿Me dirá usted por qué un gobierno con poder para
crear dinero, debería conceder ese poder a un monopolio privado y
después pedirle prestado lo que él mismo puede crear, cargado de
interés tal que nos conduce al punto de una bancarrota
nacional?
Towers: Si el parlamento quiere cambiar la forma de
operar el sistema bancario, ciertamente, está en su poder
hacerlo. (p.394).

- 103 -
El inventor Tomas Alba Edison dijo: Si nuestra
nación puede emitir un bono de un dólar, puede emi-
tir un billete de un dólar. El elemento que hace que el
bono sea bueno, hace que el billete también sea bue-
no. La diferencia entre el bono y el billete, es que el
bono permite a los accionistas recibir más del doble
de la cantidad del bono además de un 20% adicional, mientras que
el dinero no le paga a nadie más que a quienes contribuyen direc-
tamente en el sistema de manera útil. Es absurdo decir que nuestro
país puede emitir 30 millones en bonos y no 30 millones en moneda.
Ambas son promesas de pago, pero una engorda a los usureros y la
otra ayuda a la gente. Si el dinero emitido por el gobierno no fuera
bueno, entonces tampoco lo serían los bonos. Es terrible cuando el
gobierno, para incrementar la riqueza nacional, prefiere endeudarse
y someterse a los ruinosos cargos de interés poniéndose en las ma-
nos de hombres que controlan el ficticio valor del oro”. Aquí están
algunas preguntas que los Creditistas Sociales se hacen a menudo:

Pregunta: ¿Tiene el gobierno el poder para crear su dinero?

- 104 -
¿Sería este dinero tan bueno como el de los bancos? Respuesta: El
gobierno tiene ciertamente el poder para crear y emitir su propio
dinero, dado que ha sido el Gobierno Federal quien le ha otorgado
este poder a los bancos. El que el gobierno haya rechazado este
privilegio y se lo haya otorgado a los bancos es el mayor grado de
imbecilidad. De hecho es el primer deber de cada gobierno soberano
emitir su propia moneda, pero actualmente los gobiernos injusta-
mente, se lo han otorgado a las corporaciones privadas. El primer
país en hacerlo fue Gran Bretaña en 1694. Tanto en Canadá como en
los Estados Unidos esto sucedió en 1913.

Sin peligro de inflación

Pregunta: ¿No hay peligro de que el gobierno pueda hacer mal


uso de este poder y emitir grandes cantidades de dinero resultando
esto en inflación? ¿No es preferible que el gobierno delegue este
poder a los banqueros para salvaguardarlo del capricho de los polí-
ticos? Respuesta: El dinero emitido por el gobierno no debe ser más
inflacionario que el creado por los bancos, deben ser las mismas

- 105 -
cifras basadas en la misma producción del país. La única diferencia
es que el gobierno no permitiría la deuda ni el pago de interés para
lograr obtener dichas cifras. Al contrario, la primera causa de infla-
ción es precisamente el dinero creado como deuda por los bancos:
inflación significa el incremento de los precios. La responsabilidad
de las corporaciones y gobiernos que piden prestado para poder pa-
garle a los bancos más dinero del que estos han creado, obliga a
las compañías a incrementar el precio de sus productos y a los go-
biernos a aumentar los impuestos. ¿Cuál es el medio utilizado por
el Gobernador actual del Banco Central para luchar contra la infla-
ción? Precisamente lo que la incrementa, el aumento de las tasas de
interés. Es tratar de extinguir el fuego vertiendo gasolina sobre él.
Es obvio que si el Gobierno Canadiense decidiera emitir su propio
dinero, sin límites, de acuerdo a los caprichos de los políticos, sin
ninguna relación con la producción actual, también se produciría
inflación. Y esto no es para nada lo que proponen los Creditistas
Sociales.

- 106 -
Una contabilidad precisa

Pregunta: ¿Cómo podría llevarse esto a cabo? Respuesta: Dán-


dole al dinero su propia función, que no es otra cosa que el ser una
simple cifra, un “boleto”, que representa los productos, no otra cosa
más que simple contabilidad. Y dado que no es otra cosa que un
sistema contable, lo único que hay que hacer es llevar una contabili-
dad precisa. El gobierno nombraría una comisión de contadores, un
organismo independiente llamado Oficina Nacional de Crédito (po-
dría ser el Banco Central quien se encargara de esto al ser nombrado
por el gobierno) quien estaría a cargo de llevar esta contabilidad, en
donde el dinero no sería más que el reflejo, la expresión exacta de la
realidad de la economía, la producción expresada en logros y el con-
sumo en obligaciones. Dado que no podemos consumir más de lo
que se produce, las obligaciones nunca podrían exceder los logros y
el déficit y la deuda serían imposibles. En la práctica funcionaría de
la siguiente manera: el nuevo dinero sería emitido por la Oficina Na-
cional de Crédito en la medida en que los productos son fabricados
y se retiraría de la circulación en la medida en que son consumidos
- 107 -
(comprados). Así no habría problema de tener más dinero que pro-
ductos sino que habría un constante balance entre ambos, el dinero
siempre mantendría su mismo valor y la inflación sería imposible.
El dinero no sería emitido de acuerdo a los caprichos del Goberna-
dor ni de los contadores, dado que esta comisión actuaría de acuerdo
a los hechos basándose en la producción y el consumo. La mejor
forma de prevenir el alza de los precios es bajarlos. La mejor ma-
nera de prevenir un incremento en el precio es el bajar los precios.
Y el Crédito Social también propone un mecanismo para bajar los
precios al menudeo llamado “descuento compensatorio” que le per-
mitiría a los consumidores comprar toda la producción disponible al
rebajar los precios mediante un descuento a determinado porcentaje
para que el total de los precios al menudeo de todos los productos
en venta igualara el total del poder de compra disponible para el
consumidor. Este descuento sería posteriormente reembolsado a los
detallistas por la Oficina Nacional de Crédito. (Esto lo explicaremos
en las siguientes lecciones)

- 108 -
No más problemas financieros

Pregunta:¿Qué pasaría si el gobierno emitiera su propio dinero


para saldar las necesidades de la sociedad? Respuesta: Automática-
mente sería capaz de pagar por todo lo que se produce en el país y
ya no se vería obligado a pedir prestado a gobiernos extranjeros ni a
las instituciones financieras domésticas. Los únicos impuestos que
la gente pagaría serían por los servicios recibidos. No tendríamos
que pagar tres o más veces el precio de los desarrollos públicos de-
bido al cargo de interés. Cuando se necesitara un nuevo proyecto, el
gobierno ya no se preguntaría: “¿Tenemos para pagarlo” sino ¿Qué
materiales y trabajadores requerimos para hacerlo? Y automática-
mente se emitiría el dinero necesario para llevar adelante esta nueva
producción. Entonces los ciudadanos podrían vivir de acuerdo a sus
medios reales, a sus medios físicos, las posibilidades de producción.
En otras palabras, todo lo que es físicamente posible debería ser
financieramente posible. No habría más problemas económicos, el
único límite sería el de la capacidad productiva del país. El gobier-
no debería ser capaz de financiar todos los desarrollos y programas
- 109 -
sociales requeridos por la población que son físicamente factibles.
Bajo el presente sistema de dinero-deuda, si la deuda fuera pagada
a los banqueros, no habría dinero en circulación, creando una de-
presión infinitamente peor que cualquiera del pasado. Permítanos
citar de nuevo el intercambio entre Messrs. Patman y Eccles ante
la Oficina de la Banca y Comité del Dinero, del 30 de septiembre
de 1941:

Patman: -Usted declaró que la gente debería pagar sus deudas


en lugar de gastar su dinero. ¿Usted se acuerda de esa declaración,
supongo? Eccles: -Era en relación con las compras a plazos. Pat-
man: - ¿Cree usted que la gente debería pagar sus deudas cuando
puedan, generalmente? Eccles: -Pienso que eso depende en gran
parte del individuo; pero, si no hubiera deuda en nuestro siste-
ma monetario… Patman: -Es la pregunta que yo quería hacerle.
Eccles: -No habría más dinero. Patman: -Supongamos que todo
el mundo paga sus deudas, ¿no habría más dinero para hacer mar-
char los negocios? Eccles: -Exacto. Patman: - Dicho de otro modo
nuestro sistema está basado completamente en la deuda. ¿Cómo se

- 110 -
puede esperar salir de la deuda cuando todo el dinero para pagarla es
creado ya como tal? El equilibrio del presupuesto es una camisa de
fuerza absoluta. Lo que hay que equilibrar, es la capacidad de pagar
con la capacidad de producir, pero no con la capacidad de tasar. Ya
que la capacidad de producir es la real, la capacidad de pagar es la
que hay que ajustar a la capacidad de producir: hacer financiera-
mente posible lo que es físicamente realizable.

Reembolso de la deuda

Saldar una deuda es simple justicia, si esta deuda es justa. En


el caso contrario, sería un acto de debilidad. En el caso de la deuda
pública, la justicia es no hacer deuda, sin dejar de desarrollar el país.
Primeramente, dejar de crear deudas, y para la ya existente las solas
obligaciones que habría que reconocer serían las de los ahorradores,
de los que no tienen el poder de crear el dinero. La deuda disminui-
ría al correr de los años, a medida que las obligaciones vencieran.
El gobierno satisfacería integralmente las deudas cuyo origen repre-
senta un desembolso efectivo de parte del acreedor: obligaciones

- 111 -
adquiridas por los individuos, pero no las obligaciones adquiridas
por el banquero con dinero creado, que no son más que deudas fic-
ticias, creadas con un plumazo. En cuanto a las deudas del Tercer
Mundo, son, en esencia, deudas a los bancos que han creado todo el
dinero que han prestado a esos países, entonces esos mismos países
no tendrían que reembolsar ningún interés, y sus deudas se verían
borradas por decirlo así. Los bancos no perderían nada, ya que ellos
mismos fueron los que crearon ese dinero que no existía antes.

El control social del dinero

San Luis, Rey de Francia, fue quien dijo: “La primera obligación
de un rey es acuñar dinero cuando sea necesario para la vida econó-
mica sólida de sus vasallos”.
No es del todo necesario, tampoco se debe recomendar, que los
bancos sean abolidos o nacionalizados. El banquero es un experto
en contabilidad e inversión; muy bien puede continuar recibiendo
e invirtiendo los ahorros con ganancias, tomando su parte de las
ganancias. Pero la creación del dinero es un acto de soberanía que
- 112 -
no debería dejarse en manos de un banco. La soberanía debe ser
retirada de las manos de los bancos y devuelta a la nación. El dinero
en libros es bueno, un invento moderno que se debe mantener. Pero
en lugar de su procedimiento con una lapicero privada, en la forma
de una deuda, estas cifras, que sirven como dinero, deberían venir
de la lapicero de un organismo nacional, en una forma de dinero
destinado para servir a la gente.
Por lo tanto, nada debe voltearse en el campo de la propiedad o
la inversión. No debe existir la necesidad de abolir el dinero actual
y reemplazarlo con otros tipos de dinero. Todo lo que se necesita es
que un organismo monetario social añada suficiente del mismo tipo
de dinero a los dineros que ya existen, de acuerdo con las posibili-
dades del país y con las necesidades de la población. Uno debe parar
de sufrir privaciones cuando existe todo lo necesario en el país para
proporcionar comodidad a cada hogar.
La cantidad de dinero debe medirse de acuerdo con la demanda
de los consumidores por los bienes útiles y posibles.

- 113 -
Por lo tanto, los productores y consumidores en conjunto, toda la
sociedad, la cual al producir bienes frente a las necesidades, deberán
determinar la cantidad de dinero nuevo que un organismo, actuando
en el nombre de la sociedad, deberá poner en circulación de tiempo
en tiempo, de acuerdo con el desarrollo del país.

Así, la gente recuperaría su derecho a vivir unas vidas comple-


tas, de acuerdo con los recursos del país y las grandes posibilidades
de la producción moderna.

¿Quién es el dueño del nuevo dinero?

Por lo tanto, el dinero deberá ser puesto en circulación de acuer-


do al nivel de producción y según lo dicten las necesidades de dis-
tribución.

-”¿Pero a quién le pertenece este nuevo dinero cuando entre en


circulación en el país?”.

- “Este dinero le pertenece a los ciudadanos mismos. No le per-

- 114 -
tenece al gobierno, que no es el dueño del país, sino solamente el
protector de un bien común; tampoco le pertenece a los contadores
del organismo nacional monetario: como los jueces, ellos llevan a
cabo una función social y son remunerados por sus servicios, de
acuerdo con la ley, por la sociedad”.

-”¿A cuáles ciudadanos?”.

- “A todos. Este dinero no es un salario. Es un dinero nuevo


inyectado al público, para que la gente como los consumidores pue-
dan obtener bienes que ya han sido hechos o que sean fácilmente
realizables, los mismos que están esperando solamente el poder ad-
quisitivo suficiente por estos bienes para producirlos.

Uno no puede imaginarse ni por un momento que el dinero nue-


vo, que proviene de manera gratuita de un organismo social, sola-
mente pertenezca a uno o a unos pocos individuos en particular.

Con toda imparcialidad, no existe otra manera de poner este di-


nero nuevo en circulación que por medio de la distribución equi-
- 115 -
tativa entre todos los ciudadanos sin excepción. Tal participación
también hace posible que se logre el máximo beneficio del dinero,
ya que llega a cada rincón de la tierra.

Supongamos que el contador que actúa en nombre de la nación


encuentra necesario emitir un billón más, a fin de cumplir con las
últimas necesidades del país. Esta emisión podría tomar la forma de
dinero en libros, la inscripción de cifras en libros de contabilidad,
como el banquero lo hace hoy en día.

En vista de que hay veinticinco millones de canadienses y un


billón de dólares que compartir, cada ciudadano recibiría cuarenta
dólares. Así, el contador registraría cuarenta dólares en cada cuen-
ta de los ciudadanos. Tales cuentas individuales podrían fácilmente
ser supervisadas por parte de las oficinas postales de correo, o por
sucursales del banco que es de propiedad de la nación.

Esto es el dividendo nacional. Cada ciudadano tendría cuarenta


dólares extra para su propio crédito, en una cuenta que crearía el
dinero. Este dinero podría haberse creado y puesto en circulación
- 116 -
por el organismo monetario nacional, una institución especialmente
establecida para este propósito mediante una ley del Parlamento”.

A cada uno el dividendo

Siempre que sea necesario aumentar la cantidad de dinero en un


país, cada hombre, mujer y niño, sin importar su edad, recibiría su
parte de la nueva etapa de progreso que hace que el nuevo dinero
sea necesario.
Esto no representa pago por un trabajo realizado sino un divi-
dendo para cada uno, para su participación en un capital común. Si
existe propiedad privada, existe también propiedad comunitaria que
todos poseen de la misma manera.
Aquí está un hombre que no tiene nada más que los trapos con
los que se cubre. No tiene comida con qué alimentarse, ni un centa-
vo en su bolsillo. Yo le puedo decir a él:
-”Mi querido compañero, usted piensa que es pobre, pero usted
es un capitalista que posee un gran número de cosas de la misma
- 117 -
manera que yo y el Primer Ministro poseemos. Las cascadas de la
provincia, los bosques de la corona, son suyos, así como también
son míos y fácilmente le pueden proporcionar un ingreso anual.
La organización social, que hace posible que nuestra comuni-
dad produzca cien veces más y mejor que si viviéramos aislados,
es suya así como mía, y debe tener algún valor para usted como lo
tiene para mí.
La ciencia, que hace que la industria esté en capacidad de mul-
tiplicar la producción casi sin trabajo humano, es una herencia que
ha sido transmitida a cada generación, una herencia que continuará
creciendo; y, usted que es un miembro de esta generación así como
yo lo soy, tendría una participación en este legado, exactamente
como yo.
Si usted es pobre y está desnudo, mi amigo, es porque su parte le
ha sido robada y puesta bajo cerradura y llave. Cuando usted no tie-
ne alimentos, no es debido a que el rico se come todo el grano de la
tierra, es porque su parte se encuentra estancada en los silos de trigo.

- 118 -
A usted se le ha privado de los medios para obtener ese grano.
El dividendo del Crédito Social se asegurará que usted reciba su
parte, o por lo menos una gran parte de ella. Una mejor administra-
ción, libre de la influencia de los financistas y que se encuentre en
capacidad para enfrentar a estos explotadores de hombres, hará lo
posible para que usted obtenga el resto.
Es también a través de este dividendo que usted será reconocido
como un miembro de la especie humana, en virtud de lo cual usted
tiene derecho a compartir los bienes de este mundo, por lo menos la
porción necesaria para ejercer su derecho para vivir”.
¿DEBE EL DINERO RECLAMAR INTERÉS?

Creemos que no hay nada más en el mundo que se preste a tanto


abuso como el dinero. No es porque el dinero en sí mismo sea malo.
Al contrario, el dinero es probablemente el más grande invento
creado por el hombre ya que hace flexible el intercambio comercial,
favorece la comercialización de bienes y facilita la vida en sociedad.

- 119 -
Pero colocar al dinero en un altar es idolatría. Hacer del dinero un
ser con vida que le da nacimiento a dinero nuevo no es natural. El
dinero no engendra dinero, como Aristóteles, el filósofo griego dijo.
Sin embargo, ¿cuántos contratos se establecen – contratos entre in-
dividuos, entre gobiernos y acreedores, que estipulan que el dinero
debe engendrar dinero, o si no, tanto propiedades como libertades
serán confiscadas?

Poco a poco se ha venido haciendo efectiva la teoría y especial-


mente en la práctica, que el dinero debe producir interés. Y a pesar
de que todas las enseñanzas cristianas al respecto son contrarias,
tal práctica se ha difundido tanto que, para no perderse en la furio-
sa competencia sobre la fertilidad del dinero, todos deben aceptar,
actualmente, que es muy natural que el dinero engendre dinero. La
Iglesia no ha abrogado sus leyes antiguas, pero le ha sido material-
mente imposible insistir en su aplicación. Los métodos utilizados
para financiar la Segunda Guerra Mundial en la que fuimos los acó-
litos de Churchill, Roosevelt y Stalin para defender a la Cristiandad,
solemnemente consagraron la regla de que el dinero, aún si era ti-

- 120 -
rado al mar o a las llamas de la ciudad, debía generar interés. Nos
referimos aquí a los bonos Victoria que financian la destrucción, que
no producen nada pero que igualmente deben generar interés.

Interés y dividendos

Para que nuestros lectores no se la pasen pensando que sus aho-


rros son colocados en la industria o en instituciones de préstamo,
hagamos algunas distinciones.

Si el dinero no se puede incrementar a sí mismo, hay cosas que sí


puede comprar y que lógicamente producirán desarrollos.

Yo aparto $5,000.00 para comprar una granja, o animales, semi-


llas, árboles o maquinaria. Con trabajo inteligente lograré que estas
cosas produzcan otras. Los $5,000.00 fueron una inversión. Por sí
mismos no hubieran producido nada, pero gracias a ese dinero fui
capaz de obtener lo necesario para producir algo más. Supongamos
que no cuento con esta cantidad pero mi vecino sí y no la necesita
durante las siguientes semanas así que me la presta. Considero pro-
- 121 -
pio mostrarle mi agradecimiento permitiéndole tener una pequeña
parte de los productos que generaré gracias al capital productivo
que obtuve. Es mi trabajo lo que hace que este capital sea útil. Pero
el capital por sí mismo representa trabajo acumulado. Ahora somos
entonces dos cuyas actividades – pasadas para él, presentes para
mí –propiciarán la aparición de la producción. El hecho de que él
haya esperado para poder reclamar su parte de la producción con el
dinero que recibió como recompensa por su trabajo me permitió a
mí obtener los medios de producción que de otro modo no habría
podido lograr. Por tanto, somos capaces de dividirnos los frutos
de esta colaboración entre ambos. Sólo queda por determinar, me-
diante un acuerdo y de manera equitativa, la parte de la producción
que es debida al capital. Lo que mi prestamista obtendrá en este
caso es, estrictamente hablando, un dividendo (dividimos los fru-
tos de la producción). El dividendo es perfectamente justificable
cuando la producción es fructífera. Esta no es exactamente la idea
a la que uno normalmente asocia la palabra “interés”. El interés es
un reclamo hecho por el dinero, únicamente en función del tiempo
e independientemente de los resultados del préstamo. Aquí tengo
- 122 -
$1,000.00 que invierto en bonos federales, provinciales o munici-
pales. Si compró bonos a 4% de interés, deberé obtener $40.00 por
año, tan cierto como que la tierra gira alrededor del sol durante este
mismo lapso de tiempo. Aún si el capital es utilizado sin utilidad
alguna, debo obtener mis $40.00. Ese es el interés. No hay nada que
justifique este reclamo, pero ya se ha vuelto costumbre. No se basa
en ningún principio. Pero sí hay justificación para el dividendo,
dado que está subordinado al crecimiento de la producción. No hay
justificación para el interés en sí mismo pues está disociado de la
realidad, está basado en la idea errónea de la generación periódica
y natural de dinero.

Inversiones indirectas

En la práctica, quien trae dinero al banco, indirectamente lo


pone en la industria productiva. Los banqueros son prestamistas
profesionales y el depositante les pasa su dinero porque son capaces
de cuidarlo por él y manejarlo mucho mejor.
El pequeño interés que el banco le acredita al depositario de vez
- 123 -
en cuando, aún a tasas fijas, es, de hecho, un dividendo, una parte
del ingreso que el banquero obtiene a partir de actividades produc-
tivas, con la ayuda de los prestatarios.
Inversiones anónimas

De paso, digamos algo sobre la moralidad de las inversiones.

Mucha gente no se preocupa en lo más mínimo con respecto a la


utilidad o nocividad de las actividades que su dinero financiarán. En
la medida en que produzca utilidades, dicen que está bien. Y mien-
tras más utilidades, mejor la inversión. Un pagano no razonaría de
diferente modo.

Si el propietario de una casa no tiene el derecho de rentarla como


burdel, aunque esto le representara grandes utilidades, el ahorrador
no tiene más derecho de colocar sus ahorros en empresas dedicadas
a arruinar las almas, aunque dichas empresas les llenarán sus bolsi-
llos de dinero.

- 124 -
Sería preferible para el banquero y el empresario estar disocia-
dos. La pequeña industria de antes era mucho más sólida y sana: el
financiero y el empresario eran la misma persona. El abarrotero de
la esquina se encuentra en la misma situación. Las cadenas comer-
ciales no. Las cooperativas, asociaciones de gente, guardan la rela-
ción entre el uso del dinero y su dueño y tienen la ventaja de hacer
posibles empresas que excedan los recursos de un solo individuo.

El crecimiento del dinero

Regresemos al inicio de la pregunta: ¿debe el dinero reclamar


interés? Y nos inclinamos a responder: el dinero debe reclamar divi-
dendos cuando da frutos. No de otro modo.

Con los contratos no sucede nada diferente, si el granjero debe


pagar intereses aunque no reciba la cosecha de ese año, si los granje-
ros del occidente de Canadá deben cubrir obligaciones al 7%, cuan-
do los financieros que dirigen al mundo provocan la caída de los
precios a un tercio de lo que estaban antes, esto no cambia nada del

- 125 -
principio. Simplemente prueba que se ha sustituido la realidad por
el engaño. Pero si el dinero puede reclamar dividendos cuando hay
un incremento en la producción, este aumento debe crear automáti-
camente un incremento en el dinero. De otro modo, aunque el divi-
dendo sea perfectamente justificable, sería imposible su distribución
sin afectar a la gente de quien se ha tomado. Estaba diciendo en las
líneas anteriores que, gracias a los $5,000.00 que me permitieron
comprar lo necesario para incrementar mi producción, el prestamis-
ta tiene derecho a reclamar su parte de mis buenos resultados. Esto
es muy fácil de hacer si le permito tener una parte de mi producción.
Pero si lo que tengo que darle es dinero, entonces las cosas cambian.
Si no hay incremento en el dinero del público, mi gran producción
crea un problema: mayor oferta de bienes, pero sin dinero suficien-
te para comprarlos. Tendría éxito si desplazara a otro comerciante,
pero entonces él sería la víctima. Alguien me dirá que los $5,000.00
han contribuido al incremento del dinero en circulación. Así es, pero
debo regresar ese dinero, más lo que yo llamo un dividendo y otros
llaman interés. Entonces el problema no está arreglado. Y en nues-
tro sistema económico no lo estará. Para que el dinero aumente, es
- 126 -
necesario que el banco – el único lugar donde el nuevo dinero es
creado – le preste a alguien más. Pero al hacer esto, exige un pago
que también será incrementado y seguirá creciendo la bola de nieve.
El sistema de Crédito Social solucionaría este problema al arreglar
muchos otros. El dividendo es algo legítimo, normal y lógico, pero
el sistema actual no permite hacerlo sin perjudicar a alguien más.

Nuestro Señor arroja a los cambistas del Templo


De hecho, el único pasaje en la Biblia
donde se menciona que Jesús usó su fuer-
za, fue cuando arrojó a los cambistas del
Templo utilizando látigos y tirando sus
mesas (C.f. Mt 21, 12-13 y Mc 11,15-19)
precisamente porque estaban prestando
dinero a interés. En aquel tiempo exis-
tía una ley que decía que tanto el diezmo
como los impuestos del Templo podrían
pagarse únicamente bajo una cierta mone-
- 127 -
da llamada “el medio siclo del santuario”, de la que los cambistas se
las habían arreglado para obtener el monopolio. Existían diferentes
monedas en ese tiempo, pero la gente tenía que obtener esta moneda
en particular para pagar el impuesto del Templo. Más aún, las palo-
mas y los animales que llevaban para el sacrificio únicamente po-
dían comprarse con esta moneda que los cambistas canjeaban a los
peregrinos, pero a un costo dos veces más elevado que el normal.
Así que Jesús tiró sus mesas y dijo: “Mi casa es casa de oración,
pero ustedes la han convertido en guarida de ladrones.”
La enseñanza de la Iglesia
La Biblia contiene diversos textos que claramente condenan
el préstamo de dinero a interés. Más aún, más de 300 años antes
de Cristo, el gran filósofo griego Aristóteles también lo condenó,
señalando que “el dinero, siendo naturalmente infértil, es absurdo
pretender que genere más dinero”. Los Padres de la Iglesia, desde
tiempos remotos, siempre denunciaron inequívocamente, la usura.
Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica (2,2, Q.78) resu-
mió la enseñanza de la Iglesia al respecto:
- 128 -
“Está escrito en el libro de Éxodo (22,24) “Si prestas dinero a
alguien de mi gente que es pobre, no seas duro con ellos extor-
sionándolos, ni los oprimas con usura.” Quien se vale de la usura
para prestar dinero actúa injustamente, ya que está vendiendo lo que
no existe y tal acción evidentemente constituye una desigualdad y
consecuentemente, una injusticia… De lo que sigue, por tanto, que
es un error en sí mismo, poner un precio (usura) por el uso del di-
nero prestado y es en el caso de otras ofensas contra la justicia que
es deber de uno el restituir el dinero así injustamente adquirido.”
En respuesta al texto en el Evangelio de la parábola de los talentos
(Mt. 25,14-30 y Lc 19,22-27) que a simple vista parecen justificar
el interés (“Siervo malo y perezoso… ¿por qué no pusiste mi di-
nero en el banco para que lo hubiera recobrado con intereses a mi
llegada?”) Santo Tomás de Aquino escribe: “El interés mencionado
en el Evangelio debe tomarse en sentido figurado; se refiere a los
bienes espirituales adicionales que Dios nos pide, quien quiere que
nosotros siempre hagamos un mejor uso de los talentos que nos ha
confiado, siendo esto para nuestro beneficio y no para el Suyo.” Así
que este texto del Evangelio no puede justificar el interés; como
- 129 -
Santo Tomás dice, “un argumento no puede basarse en expresiones
figurativas.” Otro pasaje de la Biblia que presenta dificultades es
Deuteronomio 23,20-21: “No exigirás interés de tu hermano sobre
un préstamo de dinero, o alimento, o cualquier otra cosa. Le pedirás
interés al extranjero pero no a tu hermano.” Santo Tomás explica:
“A los judíos se les prohibía pedir interés a sus “hermanos”, esto es,
a otros judíos, exigir interés sobre un préstamo a cualquiera es malo,
estrictamente hablando, ya que uno debe considerar a todo hombre
como “su prójimo y su hermano”, especialmente de acuerdo a la
ley evangélica que debe regir a la humanidad. Así que el salmista,
hablando del hombre justo, dice sin reservas” quien no presta su
dinero a usura” (14,4) y Ezequiel (18,17) “un hijo que no acepta
interés o usura”. Si a los judíos se les permitía pedir interés a los
extranjeros, escribió Santo Tomás, era para evitar un mal mayor,
por miedo a que pudieran cargar con intereses a otros judíos, los
adoradores del verdadero Dios. San Ambrosio, comentando sobre
el mismo texto, le da a la palabra “extranjeros” el significado de
“enemigos” y concluye: “Uno debe buscar interés de aquel a quien
legítimamente quiere dañar.”
- 130 -
San Ambrosio también dijo: “¿Qué es la usura, sino el asesinar
a un hombre?” San Juan Crisóstomo: “Nada es más vergonzoso o
cruel que la usura.” San Leo: “La avaricia que clama obligar al pró-
jimo a hacerle un bien mientras que se le engaña es injusta e inso-
lente… Aquel quien, entre las otras reglas de piadosa conducta, no
preste su dinero a usura, gozará del descanso eterno… mientras que
los que se enriquecen en detrimento de los otros, en cambio, vivirán
la eterna condenación.” En 1311, en el Concilio de Viena, el Papa
Clemente V declaró nula e inválida toda legislación secular a favor
de la usura, y “todo aquel que caiga en el error de obstinadamente
mantener que la usura no es pecaminosa, deberá ser castigado por
hereje.”

Vix Pervenit
El 1 de noviembre de 1754, el Papa Benedicto XIV emitió una
carta encíclica Vix Pervenit, dirigida a los Obispos de Italia, refe-
rente a los contratos, en donde la usura, o préstamo de dinero con
interés está claramente condenada. El 29 de julio de 1836, el Papa
- 131 -
Gregorio XVI hizo extensiva esta encíclica a toda la Iglesia: ”La
clase de pecado llamado usura, que recae en un préstamo, consis-
te en el hecho de que alguien, bajo la excusa del mismo préstamo
– que por naturaleza requiere que sea devuelto en la misma cantidad
en la que se recibió – exige recibir más de lo debido, conservando
consecuentemente de este modo, una utilidad. Es por esta razón que
cualquier ganancia de este tipo es ilícita y usurera.

Y para no poner sobre uno mismo esta nota infame, es inútil decir
que la ganancia no es excesiva sino moderada, que no es grande sino
pequeña… Para objeto de la ley, es necesaria la igualdad entre lo
que se prestó y lo que se devuelve… Consecuentemente, si alguien
recibe más de lo que prestó, está obligado por la justicia conmutati-
va a la restitución…” La enseñanza de la Iglesia sobre esta materia
es bastante clara, pero, tal y como Louis Even escribió: “A pesar de
toda la enseñanza cristiana señalando lo contrario, la práctica se ha
abierto tanto camino, que para no perderse en la competencia furio-
sa sobre la fertilidad del dinero, todos tenemos que comportarnos
como si fuera natural que el dinero engendre dinero. La Iglesia no

- 132 -
ha abrogado sus leyes, pero le ha resultado imposible insistir en su
aplicación.” Al respecto es interesante considerar la experiencia de
los bancos islámicos: el Corán, -su libro sagrado- prohibe la usura,
tal como lo hace la Biblia católica. Pero los musulmanes toman sus
palabras seriamente y han establecido desde 1979 un sistema banca-
rio que se conforma con las leyes del Corán: los bancos islámicos no
cargan interés ni sobre sus cuentas corrientes ni sobre sus depósitos.
Ellos invierten en negocios y le dan la parte de las ganancias a los
depositantes. Este no es un sistema de Crédito Social implementado
en su totalidad pero, por lo menos, es más que un valioso intento
para poner al sistema bancario de acuerdo con las leyes morales.

- 133 -
5
LA FALTA CRÓNICA DEL PODER DE COMPRA
EL DIVIDENDO

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Financiar la producción no es suficiente. Los bienes y servicios
deben llegar a quienes los necesitan. De hecho, la única razón para
la existencia de la producción es satisfacer las necesidades. La pro-
ducción debe ser distribuida. ¿Cómo es distribuida actualmente y
cómo lo sería bajo un sistema de Crédito Social? Actualmente, los
productos se ponen a la venta bajo ciertos precios. Quienes tienen
el dinero los compran pagando por ellos la suma requerida. Este
método le permite a quienes pueden pagar, comprar los bienes. El
Crédito Social no cambiaría este método de distribución para nada
ya que es flexible y bueno – siempre y cuando, los individuos que
tienen las necesidades tengan también el suficiente poder adquisiti-
vo para satisfacerlas. El poder adquisitivo en las manos de quienes
tienen las necesidades: es precisamente aquí que el sistema actual
es defectuoso y es este defecto el que pretende corregir el Crédito
Social. Cuando la producción es financiada, funciona. Cuando fun-
ciona, distribuye dinero que es usado para financiarla. El dinero es
así distribuido en forma de salarios, ganancias y dividendos indus-
triales que constituyen el poder de compra de quienes reciben estas
compensaciones. Pero hay algunas fallas en el presente sistema:
- 135 -
1. La industria nunca distribuye el poder de compra en la mis-
ma tasa en la que genera los precios.
2. La industria nunca distribuye el poder de compra a todos.
Solo lo distribuye a aquellos que están empleados en la produc-
ción.
Aún si los bancos no cargaran interés, en ningún momento la
cantidad de dinero disponible sería suficiente para pagar el total de
la producción del país pues el poder de compra de la comunidad
no sería suficiente para hacerlo. Los economistas sostienen que la
producción automáticamente financia el consumo; esto significa
que los sueldos y salarios distribuidos a los consumidores son sufi-
cientes para comprar todos los bienes y servicios disponibles. Pero
los hechos prueban exactamente lo contrario. El ingeniero escocés
Clifford Hugh Douglas fue el primero en demostrar este recorte cró-
nico del poder de compra y lo explicó de esta forma:
A no puede comprar » A +B
El productor debe incluir todos los costos de producción en el
- 136 -
precio de su producto. Los salarios distribuidos a los empleados
(los que pueden ser etiquetados por cuestiones de conveniencia
como pagos “A”) son únicamente una parte del costo del precio
del producto. El productor tiene otros costos además de los salarios
(etiquetados como pagos “B”) que no son distribuidos en forma de
sueldos y salarios, tales como pagos de materia prima, impuestos,
cargos bancarios, cargos por depreciación, (para reemplazar la ma-
quinaria), etc.
El precio al menudeo debe incluir todos los costos: salarios (A)
y otros pagos (B), por lo que el precio al menudeo debe ser, por
lo menos, la suma de A y B. Entonces, es obvio que los salarios
(A) no pueden comprar la suma de todos los costos (A+B), lo que
demuestra que hay un recorte crónico del poder de compra en el
sistema actual.
Existen más razones para este déficit entre los precios y el poder
de compra: En primer lugar, la industria nunca distribuye el poder
de compra en la misma tasa en la que genera los precios.

- 137 -
Cuando un producto terminado es puesto en el mercado, vie-
ne ya etiquetado con un precio. Pero parte del dinero incluido en
este precio fue probablemente distribuido seis meses o un año antes.
Otra parte se distribuirá únicamente hasta que el producto se venda
y el comerciante obtenga su ganancia. Otra parte se distribuirá en
diez años (probablemente) cuando el desgaste de la maquinaria se
haga evidente en el precio – al ser reemplazada por maquinaria nue-
va, etc. Hay individuos que reciben el dinero pero no lo gastan. Este
dinero está incluido en los precios, pero no es el poder de compra
de quienes necesitan los bienes. El pago de los préstamos a corto
plazo y el sistema fiscal actual hacen mayor aún la brecha entre los
precios y el poder de compra. De aquí la acumulación de productos,
el desempleo y demás inconvenientes.

Algunas personas podrían decir que los negocios cancelaron con


pagos “B” (aquéllos que proporcionaron la materia prima, maqui-
naria, etc.) los pagos de sueldos a sus propios empleados, y parte
de éstos pagos “B” por consiguiente se vuelven pagos “A”. Esto no
cambia nada a lo antes mencionado: éste simplemente es un sueldo

- 138 -
distribuido en otro paso de la producción, y este pago “A” no puede
distribuirse sin ser incluido en el precio, el cual no puede ser menor
que A + B; el déficit todavía esta allí.

Si uno intenta aumentar sueldos y salarios, los aumentos del suel-


do serán incluidos automáticamente en los precios, y no establecerá
nada. (Puede compararse a un perro que corre detrás de su cola.)
Para poder comprar toda la producción, se necesita de un ingreso
adicional que venga de una fuente que no sea de sueldos y salarios,
un ingreso por lo menos equivalente a B. Esto es lo que el dividendo
del Crédito Social haría, dado todos los meses a cada ciudadano en
el país. (Este dividendo se financiaría con nuevo dinero creado por
la nación, y no por el dinero de los contribuyentes.)

Lo que ha permitido que el sistema persista

Sin esta otra fuente de ingreso (el dividendo), debería existir, al


menos en teoría, una creciente montaña de bienes no vendidos. Pero
si todos los bienes se venden, se debe a que, en su lugar, tenemos

- 139 -
una creciente montaña de deuda. Dado que la gente no tiene sufi-
ciente dinero, los vendedores deben motivar las compras a crédito
para poder vender sus productos. Pero esto no es suficiente para
salvar la brecha en el poder de compra.
Así que también existe una creciente tensión con respecto a la
necesidad de trabajos para distribuir los salarios sin incrementar la
cantidad de los bienes disponibles para la venta, tales como los tra-
bajos públicos (construcción de puentes o caminos), industrias de
guerra (submarinos, tanques, etc.) Pero tampoco así hay suficien-
te. Por lo que cada país hará lo posible para lograr un “favorable
balance comercial”, esto es, exportar, venderles a otros países más
bienes de los que recibe para obtener de ellos el dinero que escasea
en los hogares de la población para poder comprar sus propios pro-
ductos. Sin embargo, es imposible para todas las naciones tener un
“favorable balance comercial”. Si algunos países logran exportar
más bienes de los que importan, debe haber, necesariamente, otros
que reciben más bienes de los que exportan. Pero ningún país desea
estar en esa posición, por lo que se originan conflictos comerciales
entre las naciones que pueden degenerar en conflictos armados.
- 140 -
Así que, como último recurso, los economistas han descubierto
un nuevo mercado de exportación, un lugar al que podemos enviar
todos nuestros bienes sin que se nos regresen, un lugar donde no
hay habitantes: la luna, el espacio exterior. Algunos países gastarán
billones de dólares para construir cohetes que irán a la luna y a otros
planetas; todo esto mediante el inmenso desperdicio de recursos
para generar salarios que serán utilizados para comprar la produc-
ción remanente en nuestros países. ¡Nuestros economistas están ya
verdaderamente en la luna!

El progreso reemplaza la necesidad del trabajo humano

La segunda falla en el presente sistema es que el sistema de pro-


ducción no distribuye el poder de compra a cada uno. Lo distri-
buye sólo a quienes están empleados en la producción. Y mientras
más máquinas son utilizadas en la producción, menos horas hombre
se requieren. La producción aumenta pero el empleo decrece. Así
que hay un conflicto entre el progreso, que elimina la necesidad de
trabajo humano, y el sistema, que distribuye el poder de compra

- 141 -
únicamente a quien está empleado. Pero todos tienen el derecho a
la vida. Y todos tienen derecho a satisfacer las necesidades básicas
para vivir. Los bienes terrenos fueron creados por Dios para todos
los hombres y no sólo para quienes estuvieran empleados o tuvieran
posibilidades de serlo. Esto es lo que el Crédito Social haría y es lo
que precisamente el sistema actual no hace. Sin molestar al sistema
de pagos por el trabajo, distribuiría a cada individuo un ingreso pe-
riódico, llamado “dividendo social” – un ingreso ligado al individuo
como tal y no al empleo.

Todos los bienes de la tierra fueron creados para todos

Éste es la forma más directa y concreta de garantizar a cada ser


humano el ejercicio de su derecho fundamental a una porción en
los bienes de la tierra. Cada persona posee este derecho - no como
un empleado en la producción, sino simplemente como un ser hu-
mano.
El Papa Pío XII en su intervención radial de Pentecostés el 1 de
junio de 1941 dijo lo siguiente:
- 142 -
“Los bienes materiales han sido creados por Dios para cubrir las
necesidades de todos los hombres y deben estar a la disposición de
todos ellos, como lo requiere la justicia y la caridad.
Efectivamente, cada hombre como un ser con raciocinio, tiene
por naturaleza el derecho fundamental de hacer uso de los bienes
materiales de la tierra, a pesar de que esta reservado a la voluntad
humana y a las formas jurídicas de la gente regular con más detalles,
la realización practica de ese derecho.
Tal derecho individual no puede por ningún motivo, ser suprimi-
do, ni siquiera mediante el ejercicio de otros derechos sobre los bie-
nes naturales, los mismos que son incuestionables y reconocidos.
La riqueza económica de una nación no consiste propiamente
en la abundancia de los bienes juzgada sobre su valor por un mero
material de computación, sino que consiste en lo que tal abundan-
cia en realidad y efectivamente significa y proporciona como una
base de material suficiente para un desarrollo personal justo de sus
miembros.

- 143 -
Si tal distribución justa de bienes no se efectuase o si simple-
mente se la asegurase de una manera imperfecta, no se lograría el
verdadero fin de la economía nacional, aunque pueda ser opulenta la
abundancia de bienes disponibles, ya que la gente no seria rica, sino
pobre, ya que no se le invitaría a compartir en esa abundancia.
Al lograr, por el contrario, que esta distribución justa sea realiza-
da de manera eficiente sobre una base duradera, entonces usted verá
a la gente aunque con menos bienes considerables a su disposición,
convertida en personas económicamente sólidas.

El Papa dijo, que depende de las propias personas, a través de


sus leyes y regulaciones, el escoger los métodos capaces de permi-
tirle a cada hombre ejercer su derecho a una porción en los bienes
terrenales. El dividendo del Crédito Social a todos lograría esto.
Ningún otro sistema propuesto ha sido, hasta el momento, tan efi-
caz, no incluso nuestras leyes presentes del seguro social.

- 144 -
¿PORQUE UN DIVIDENDO SOCIAL PARA TODOS?
“¿Un dividendo social para todos? ¡Pero un dividendo presupo-
ne un capital productivo invertido!”.
“Precisamente. Debido a que todos los miembros de la sociedad
son co–capitalistas –de un capital real e inmensamente productivo.
Lo dijimos arriba, y nunca lo repetiremos lo suficiente, que el
crédito financiero es, al nacimiento, una propiedad de toda la so-
ciedad. Es así porque está basado en el crédito real, en la capacidad
de producción del país. Esta capacidad de producción esta hecha,
ciertamente, en parte, de trabajo, de la competencia de aquellos que
tienen una parte en la producción. Pero principalmente esta hecha,
en una parte siempre creciente, de otros elementos que son de pro-
piedad de todos.
Existe, primero que nada, los recursos naturales, que no son la
producción de ningún hombre; son un regalo de Dios, un regalo
gratis que debe estar al servicio de todos. Existen también todos los

- 145 -
inventos hechos, desarrollados, y transmitidos de una generación a
la siguiente. Es el factor de producción más grande en la actualidad.
Ningún hombre puede reclamar como si fuera el único dueño de
este progreso, que es el fruto de muchas generaciones.
No hay duda que uno necesita hombres de nuestros tiempos pre-
sentes para hacer uso de este progreso y ellos tienen derecho a una
recompensa: la obtienen en forma de remuneración: sueldos, sala-
rios, etc. Pero un capitalista que no toma parte personalmente en la
industria en donde al invierte su capital esta autorizado, solamente a
lo mismo, a una participación del resultado, por su capital.
Bien, el mayor capital real de la producción moderna es en reali-
dad la suma total de los descubrimientos, inventos progresivos, que
en la actualidad nos proporcionan más bienes con menos trabajo. Y,
en vista de que los seres humanos son, de manera equitativa, co–he-
rederos de este inmenso capital que siempre se incrementa, todos
están autorizados a compartir los frutos de la producción.
El empleado esta autorizado a este dividendo y a su sueldo o

- 146 -
salario. La persona desempleada no tiene sueldo o salario, pero esta
autorizada a este dividendo, que nosotros lo llamamos social, por-
que es el ingreso de un capital social”.
Acabamos de indicar que el dividendo del Crédito Social está
basado en dos cosas: la herencia de las riquezas naturales y de las
invenciones de las generaciones precedentes. Esto es exactamente
lo que el Papa Juan Pablo II escribió en su encíclica Laborem Exer-
cens sobre el trabajo humano, en el numeral 13.: “El hombre, por su
trabajo, hereda un doble patrimonio: hereda una parte de lo que es
dado a todos los hombres en forma de recursos naturales y, por otra
parte, lo que todos los otros ya elaboraron a partir de esos recursos,
ante todo al desarrollar la técnica, es decir, al realizar un conjunto
de instrumentos de trabajo cada vez más perfectos. Sin dejar de tra-
bajar, el hombre hereda el trabajo del prójimo.

- 147 -
El engaño de Empleo Total
Hablar de empleo total, esto es, de empleo universal, representa
una contradicción en cuanto a progreso se refiere, progreso en las
técnicas y procesos de producción. Cada vez constatamos el per-
feccionamiento de la maquinaria y la aparición de nuevas fuentes
de energía, pero que no se usan para liberar al hombre. Parece que
hemos perdido de vista el verdadero fin. Estamos confundiendo los
medios con los fines. Confundimos los primeros con los segundos.
Esto es una perversión que está infectando toda nuestra vida econó-
mica, lo que le hace al hombre imposible el disfrutar de las recom-
pensas a que tiene derecho por este progreso. La industria no existe
para dar empleo sino para la fabricación de bienes. Si tiene éxito en
este punto, entonces estará cumpliendo su propósito, su fin. Y mien-
tras más cumple con su fin con el mínimo de tiempo y el mínimo de
empleo de horas hombre, el resultado es mucho mejor. El Sr. Pérez,
por ejemplo, le compra a su esposa una nueva lavadora automática.
Esto a ella le representa el utilizar sólo una parte de un día para lavar

- 148 -
la ropa sucia de la semana. Después de que la Sra. Pérez pone la
ropa en la lavadora, pone el jabón, baja la tapa y la programa para
los ciclos de lavado, no tiene más que esperar que la máquina haga
el resto de trabajo: lavar, enjuagar, exprimir y detenerse cuando todo
esté listo. ¿Se seguirá quejando la Sra. Pérez de que ahora tiene más
tiempo libre para emplearlo en lo que le plazca? O, ¿le buscará el Sr.
Pérez otro tipo de trabajo para compensarla por lo que ya no hace y
de la cual la liberó? Ciertamente que no. Nadie es tan tonto.

Pero es fácil encontrar tal estupidez sucediendo en nuestra socie-


dad y en nuestra vida económica actual, ya que el sistema “progresa”
en la penalización del individuo, en lugar de librarlo, al continuar
atando al poder de compra, la distribución del dinero, al empleo, al
empleo en producción. El dinero llega únicamente como recompen-
sa por el esfuerzo en la labor de producción.

El rol del dinero también se ha pervertido. El dinero, básica-


mente, no es más que un boleto que se presenta para obtener bienes
y servicios. Es un boleto universalmente válido que le permite al

- 149 -
consumidor comprar lo que quiere dejándole libertad para escoger
de lo que hay en el mercado. Tiene a su disposición la producción
total del país. Si es deseable que la economía del país cumpla con
la razón de su existencia, el satisfacer las necesidades humanas, en-
tonces los individuos requieren tener suficiente acceso a estos “bo-
letos” para obtener todo lo que les haga falta, en la medida en que la
capacidad de producción del país pueda satisfacer sus demandas. El
volumen del dinero para comprar los bienes debe ser proporcional a
la suma total de bienes y servicios. Y no a la suma total del trabajo
requerido para su producción.

Es cierto que el trabajo distribuye dinero entre los empleados de


dicha producción. Pero esto es sólo un medio y no un fin. El fin de
la producción no es el proveer dinero sino bienes y servicios. Y si la
producción es capaz de reemplazar a veinte asalariados con tan sólo
una máquina, esto no significa, de ningún modo, que tenga que dis-
torsionar su verdadero fin. Y si pudiera proveer toda la producción
necesaria para los humanos y no distribuir ni un céntimo, aún así
estaría cumpliendo con su objetivo: proporcionar bienes y servicios.

- 150 -
Al liberar al hombre del trabajo, la industria ciertamente recibiría la
misma gratitud que recibió el Sr. Pérez cuando le obsequió la lava-
dora a su esposa permitiéndole librarla de horas y horas de trabajo.

Cuando desaparece el poder adquisitivo

Pero, ¿cómo puede un hombre dar las gracias por haber sido
liberado del trabajo al haberlo reemplazado por una máquina, cuan-
do, para su consternación, se da cuenta que no tiene dinero?
Y es esto es precisamente lo que hace defectuoso a nuestro sis-
tema económico, en que no ha adaptado su mecanismo financiero a
su mecanismo productivo.
En la medida en que la industria o producción se valen menos
de la labor humana, también debería hacerlo el poder adquisitivo,
en forma de dinero, para canalizarse a los consumidores a través de
otros medios que no fueran las compensaciones por el empleo.
En otras palabras, el sistema financiero debería armonizar con
la producción, no únicamente respecto al volumen, sino también
- 151 -
respecto a la forma en que es distribuido. Si la producción es abun-
dante, el dinero debería de serlo también. Si la producción es libe-
rada de la labor humana, el dinero también debería disociarse del
empleo.
El dinero es una parte integral del sistema financiero pero no lo
es del sistema de producción, estrictamente hablando. Cuando el
sistema de producción finalmente alcanza un punto en que puede
distribuir bienes sin la ayuda de los asalariados, entonces, el sistema
económico debería alcanzar el punto donde el poder de compra pue-
da distribuirse mediante otros medios diferentes de los salarios.
Si ese no es el caso se debe a que, a diferencia del sistema de
producción, el sistema financiero nos ha adaptado al progreso. Y es
precisamente esta diferencia la que ha originado tantos problemas,
cuando, de hecho, el progreso debería hacer que todos estos proble-
mas desaparecieran.
El reemplazo del hombre por las máquinas en la producción
debería llevarnos al enriquecimiento de éste, a librarlo de las pre-

- 152 -
ocupaciones meramente materiales permitiéndole dedicarse a otras
actividades diferentes a la meramente económica. Si, por el contra-
rio, tal substitución conduce a la privación, es porque nos hemos
rehusado a adaptar el sistema financiero a este progreso.
La tecnología debería servir a cada hombre
¿Es la tecnología un mal? ¿Tendríamos que ejercer nuestros de-
rechos y destruir a las máquinas porque estas nos están quitando
nuestro trabajo? No, si el trabajo puede ser elaborado por las má-
quinas eso es fabuloso; esto permitirá que el hombre use su tiempo
libre para oras actividades, actividades libres, actividades por él es-
cogidas. Pero todo esto debe estar acompañado de un ingreso que
reemplace el salario que perdió, con la instalación de las máquinas,
o de robot; de otra manera la máquina que debería ser un aliado
del hombre, se hará su enemiga, ya que le priva de su ingreso y le
impide vivir.
La tecnología no es un mal en sí, y con el dividendo, podrá po-
nerse al servicio del hombre, no la culparían más de suprimir em-
pleos:
- 153 -
“La tecnología contribuyó hasta tal punto al bienestar de la hu-
manidad; hizo tanto para mejorar la condición humana, servir a la
humanidad y facilitar su labor. A pesar de ello, en ciertos momentos,
la tecnología ya no sabe verdaderamente donde se sitúa: es para la
humanidad o contra ella. Por esta razón, mi llamado se dirige a to-
dos los interesados a quienquiera que pueda traer una contribución
para que la tecnología que hizo tanto para edificar Toronto y todo
Canadá sirva verdaderamente a cada hombre, a cada mujer y a cada
niño de ese país.” (Juan Pablo II, Toronto, Canadá, 17 de septiembre
de 1984.)
En 1850, la fabricación como nosotros la conocemos hoy, ape-
nas empezaba, con el hombre haciendo el 20% del trabajo, los ani-
males el 50%, y las máquinas sólo el 30%. En los 1900, el hombre
aportaba con sólo el 15%, los animales el 30%, y las máquinas el
55%. Para los años de 1950, el hombre estaba haciendo sólo el 6%
del trabajo, y las máquinas el resto - 94%. (¡Los animales fueron
liberados!)

Y nosotros no hemos visto nada todavía, ya que estamos apenas


- 154 -
entrando en la edad de la computadora, que permite a lugares como
la planta de Nissan Zama en Japón el producir 1,300 automóviles al
día con la ayuda de sólo 67 humanos - eso es más de 13 automóviles
por día por trabajador. Hay algunas fábricas que son completamen-
te automatizadas, sin ningún empleado humano, como la fábrica de
motores Fiat en Italia que está bajo el mando de unos veinte robots
que hacen todo el trabajo.
En 1964, un informe fue presentado al Presidente de los Estados
Unidos, firmado por 32 signatarios, incluyendo al Sr. Gunnar Myr-
dal, economista Sueco, y al Dr. Linus Pauling, ganador del Premio
Novel, titulado “Caos Sociales en la Automatización”. Este informe
dijo en breve que “los EE.UU., y en el futuro el resto del mundo, se-
ría involucrado pronto en un ‘ revolución’ que prometía rendimiento
ilimitado… por sistemas de máquinas que requerirán muy poca co-
operación de los seres humanos. Por consiguiente, una acción debe
tomarse para asegurar ingresos para todos los hombres, así sea en lo
que normalmente se cuenta como trabajo.”
Un reciente estudio suizo ha dicho que “de ahora en treinta años,
- 155 -
menos del 2% de la fuerza de trabajo presente será suficiente para
producir la totalidad de los bienes que las personas necesitan”. Tres
de cada cuatro obreros - desde empleados de minoristas a cirujanos
- serán reemplazados en el futuro por máquinas guiadas por com-
putadoras.
Si la regla que limita la distribución de ingreso a aquéllos que
son empleados no se cambia, la sociedad está dirigiéndose hacia el
caos. Sería simplemente absurdo imponer contribuciones del 2%
a los obreros para apoyar al 98% de personas desempleadas. Uno
necesita una fuente de ingreso que no este atada al empleo definiti-
vamente. El caso, definitivamente esta hecho para el dividendo del
Crédito Social.
El empleo total es materialista

El dividendo del Crédito Social es la única solución lógica para


el reemplazo de la mano de obra por la máquina. Por que si quere-
mos persistir en mantener a todos, mujeres y hombres, empleados
en la producción, a pesar de que la producción para satisfacer las
- 156 -
necesidades básicas está elaborada ya, con menor y menor inter-
vención humana, sobre esto, entonces tendremos que crear nuevos
empleos, que son completamente inútiles. Y para justificar estos
nuevos empleos inútiles, nuevas necesidades artificiales necesitan
ser creadas a través de avalanchas de publicidad para que de esta
manera la gente compre productos que no necesitan realmente. Esto
es conocido como “consumismo”.

Igualmente, los productos serán elaborados para que duren muy


poco tiempo, con el objetivo de generar más ventas y obtener más
dinero, lo que conllevará al uso innecesario de recursos naturales y
por ende a la destrucción del medio ambiente. También se tratará
de mantener empleos que no necesitan de ningún esfuerzo creativo,
empleos que solo necesitan esfuerzos de la máquina, empleos donde
el trabajador no tendrá oportunidad de desarrollar su personalidad.
Y sin importar cuan destructivo para la mente es este empleo, es la
condición para que el trabajador pueda obtener su dinero, que es la
licencia para vivir. Dicho esto, para el empleado y para una multitud
de asalariados, el significado de su trabajo se reduce a: ellos van a

- 157 -
trabajar para obtener dinero, para poder comprar los alimentos que
necesitan para vitalizarse para poder ir a trabajar... y el ciclo se re-
pite hasta que llegan a la edad de su jubilación, sino mueren antes.
Esta es una vida sin sentido, donde nada diferencia al hombre del
animal.

Actividades libres creativas

Lo que diferencia al hombre del animal, es precisamente que el


hombre no solo tiene necesidades materiales sino también necesi-
dades culturales y espirituales. Como nuestro Señor Jesús dijo en
el Evangelio: “No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre
vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh”. (Deuteronomio 8:3).
De ahí que forzar al hombre que use todo su tiempo para proveerse
de cosas materiales es una filosofía materialista, ya que niega que el
hombre posea también una dimensión espiritual y necesidades espi-
rituales. Pero ahora viene la pregunta: ¿Si el hombre no trabaja en
un empleo que le pague por sus servicios, que hará él con su tiempo
libre? Y la respuesta: El usará su tiempo libre en actividades libres,

- 158 -
creativas, actividades que el escogerá. Es precisamente en su tiempo
libre, que el hombre puede realmente desarrollar su personalidad,
desarrollar los talentos que Dios le dio y usarlos con sabiduría.

Además, es durante su tiempo libre que tanto el hombre como


la mujer pueden reflexionar sobre sus obligaciones religiosas, so-
ciales y familiares: el cuidado de su familia, la vivencia de su Fe (el
conocer y amar a Dios), y de ayudar a sus semejantes. La crianza
de los niños es el trabajo más importante en el mundo. ¡Pero ahora,
a la mujer que está en casa criando a sus hijos, y que no recibe un
salario, muchos la catalogan como que ella no hace nada, que ella
no trabaja! El estar libre de la necesidad de trabajar para produ-
cir las necesidades de la vida no supone el crecer desocupado. Eso
simplemente significa que el individuo será puesto en una posición
donde el pueda participar de el tipo de actividad que le atraiga. Bajo
un sistema de Crédito Social existiría un ramillete de actividades
creativas. Por ejemplo, grandes invenciones, los mejores trabajos de
arte, que han sido realizados durante tiempo libre. Como C. H. Do-
uglas manifestó: “La mayoría de la gente prefiere estar empleada en

- 159 -
cosas que a ellos les gusta en vez de en cosas que no les gusta. Las
propuestas del Crédito Social en ningún sentido están intencionadas
en crear una nación de desocupados... El Crédito Social permitirá
que la gente se ubique en trabajos para los cuáles ellos son aptos. Un
trabajo que uno lo hace bien, es un trabajo que a uno le gusta, y un
trabajo que a uno le gusta es un trabajo que uno lo hace bien”.

El empleo total es pasado de moda e inútil

Esto es exactamente lo qué Papa Juan Pablo II dijo el 18 de


noviembre de 1983, cuando recibió en público a los participantes
en una conferencia nacional patrocinada por la Comisión de la Con-
ferencia episcopal italiana para los Problemas Sociales y el Trabajo.
Aquí está la cita de la alocución del Papa:

“La fundación primaria del trabajo es de hecho el hombre... el


Trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo... Además,
nosotros no podemos fallar en ser involucrados sobre las opiniones
de aquéllos que hoy sostienen que la discusión de una más intensa

- 160 -
participación es ahora pasada de moda e inútil, y exige que la subje-
tividad humana se desarrolle en el llamado tiempo libre. No parece
justo, de hecho, el oponer el tiempo dedicado para trabajar al tiempo
que está libre del trabajo, siempre que, el tiempo de todo el hombre
deba verse en cuanto como un regalo del maravilloso Dios para la
humanización global e íntegra. Estoy convencido no obstante que el
tiempo libre merece atención especial porque es el tiempo cuando
las personas pueden y deben realizar sus obligaciones familiares,
religiosas, y sociales. Más bien, este tiempo para ser liberador y útil
socialmente, se lo está pasando con un maduro conocimiento ético
en una perspectiva de solidaridad que también se expresa en formas
de servicios voluntarios generosos.” (Tomado de L’Osservatore Ro-
mano, edición semanal en inglés, del 9 de enero de 1984, pág. 18.)

- 161 -
6
el dinero y los precios

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La distribución del nuevo dinero mediante el dividendo nacional
es por tanto un medio para incrementar la provisión de dinero del
país cuando es necesario y de ponerlo directamente en las manos de
los consumidores.
Pero, para beneficio del consumidor, esta distribución de dinero
debe constituir un incremento real en el poder adquisitivo del con-
sumidor.
Ahora, este poder adquisitivo depende de dos factores, de la can-
tidad de dinero en manos del comprador y del precio de los produc-
tos en venta.
Si el precio de los productos disminuye, el poder adquisitivo del
consumidor se incrementa, aún sin que aumente el dinero. Ahora, yo
tengo $10.00 para comprar mantequilla, si el precio de la mantequi-
lla es de $2.50 por libra, tengo en mis manos el poder de comprar
4 libras, si el precio de la mantequilla se reduce a $2.00, mi poder
adquisitivo crece y así podré comprar entonces 5 libras.
Si el precio sube, afecta desfavorablemente el poder de compra
- 163 -
del consumidor y, en este caso, incluso un incremento de dinero
puede perder su efecto. De este modo, si un trabajador que ganaba
$200.00 en 1967 y después $400.00 en 1987, estaría perdido ya que
el costo de la vida se ha incrementado más del doble en esos veinte
años. Eran necesarios, al menos $772.00 en 1987 en Canadá para
comprar lo que se adquiría por $200.00 en 1967.
El consecuente incremento en el precio de los productos es la
razón por la que se incrementan los salarios, tan reclamados por los
trabajadores, lo cual además no es una solución adecuada. Los em-
pleadores no fabrican el dinero y si necesitan gastar más para pagar
a sus obreros están obligados a vender sus productos a precios más
altos para evitar la bancarrota.
El dividendo nacional no está incluido en los precios, dado que
está formado por dinero nuevo, distribuido, independientemente del
trabajo, por el Gobierno.
Sin embargo, con más dinero en las manos del público, los mi-
noristas tenderían a incrementar los precios de los productos aunque

- 164 -
éstos no costaran más que su producción. Igualmente, la reforma
monetaria que, al mismo tiempo, no toma las riendas para impedir
el alza injustificada de precios, sería una reforma incompleta. Se
volvería una catástrofe que provocaría una tremenda inflación.
El establecimiento arbitrario de los precios, un límite general
ó un congelamiento de los mismos, también puede tener efectos
perjudiciales que desalentarían la producción. Ahora la reducción
de la producción es la forma más segura para el incremento de los
precios. El legislador, entonces, obtiene lo opuesto a lo que busca:
provoca la inflación cuando trata torpemente de combatirla; para
evitar las sanciones, la inflación hace su aparición, por medio del
mercado negro.
El Crédito Social lanza una técnica que automáticamente com-
bate la inflación: es la técnica propuesta del “ajuste en el precio”, o
del descuento compensatorio, que serían parte de la forma en que el
dinero es emitido para colocar al poder adquisitivo total a nivel de
la oferta total de producción.

- 165 -
EL AJUSTE EN EL PRECIO EL PRECIO JUSTO

Dado que los productos son hechos para el consumidor, es claro


que, al alcanzar su objetivo, los productos deben ofrecerse a éste
a un precio que le permita adquirirlos. En otras palabras, en todo
tiempo, debe haber un equilibrio entre los precios colectivos y el
poder colectivo de compra de todos los consumidores. Para estable-
cer el precio de venta al publico, los productores o los comerciantes
calculan el costo de lo que se ha manufacturado y le agregan los
costos por manejo, transportación, almacenamiento y las utilidades
necesarias para los diferentes intermediarios. Pero nada asegura que
el precio marcado corresponda al poder de compra del consumidor.

El precio marcado debe ser atribuido por el minorista sin oca-


sionar bancarrotas en la línea entre minorista y productor. Además,
el precio a pagar por el comprador debe ser tal que corresponda al
poder adquisitivo del consumidor. De otro modo, los productos no
podrán venderse a pesar de las necesidades reales.

- 166 -
He aquí la necesidad del ajuste de los precios
La técnica monetaria del Crédito Social se asegura de esto.
En el vocabulario del Crédito Social, le llamamos “precio justo”
al precio que corresponde exactamente al consumo.
Cuando hablamos de “precio justo” no queremos decir lo que
es honesto o justo. El precio marcado por el vendedor puede ser
completamente honesto, completamente justo, pero con todo, puede
no ser el precio exacto.
Durante la Depresión los precios marcados pudieron haber sido
honestos y justos, pero no eran exactos, no correspondían al consu-
mo. Cuando la producción total de artículos requeridos excede el
total del consumo, estos precios no son ciertamente exactos, dado
que el consumo de un cierto período muestra, concluyentemente,
los gastos reales en los que incurrió la producción durante este mis-
mo período.
El precio honesto es una cuestión moral; el precio exacto o “jus-
to” es una cuestión matemática.
- 167 -
El precio exacto, el “precio justo” del sistema de Crédito Social,
se logra a través de una regla aritmética. Así no existe una fijación
arbitraria de precios o de techos, ni las restricciones, recompensas o
castigos – sino simple aritmética.
La técnica del Crédito Social involucra dos cifras, que son he-
chas por el pueblo mismo y que no se fijan arbitrariamente por algu-
nos hombres que tienen la manía de imponer su voluntad a otros:
1. La cifra expresada por la suma total de los precios (estableci-
da por los mismo productores)
2. La cifra expresada por el poder de compra de los consumi-
dores (establecida por los deseos de los consumidores en relación a
cómo quieren gastar el dinero del que disponen).
Para poder poner el signo de (=) entre estas dos cifras, el Crédito
Social baja el primero al nivel del segundo.
Permítasenos explicarlo, primero presentando algunas ideas
poco familiares pero que tienen consecuencias de gran alcance.

- 168 -
El costo real de la producción

El costo real de un producto es la suma del total de gastos en los


que se incurrió para su producción. Esto es cierto si contamos en
dólares, euros, horas-hombre, o cualquiera otra unidad de medida.
Digamos que un trabajo requiere de cuatro horas, diez onzas de
sudor, la comida del trabajador, el desgaste de la herramienta. Si la
enumeración es completa, el precio exacto de este trabajo es: cuatro
horas, diez onzas de sudor, la comida del trabajador y el desgaste
de la herramienta – ni más ni menos. Como uno está acostumbrado
a evaluar los costos en dólares en Canadá y como también esta-
mos acostumbrados a evaluar el trabajo de la misma forma, tanto
el desgaste junto con los otros elementos que forman los gastos,
resulta posible establecer una relación entre ambos, en términos de
dólares. Si, con todo, los gastos de material, el trabajo, la energía,
el desgaste, suman $100.00, el precio exacto, el costo real del pro-
ducto es de $100.00. Pero también está el precio contable, el costo
financiero. Durante la producción de un artículo en una fábrica, se
lleva una cuenta sobre la materia prima que se compró, los costos
- 169 -
de procesamiento, los sueldos y salarios, los costos de capital, etc.
Todo esto constituye el costo financiero de la producción del artícu-
lo. ¿Son el precio contable y el precio exacto los mismos? Aunque,
incidentalmente lo son en algunos casos, es fácil probar que, en su
totalidad, no lo son. Tomemos como ejemplo un pequeño país que
suministra en un año, los bienes capitales y los bienes de consumo,
para una producción total evaluada en 100 millones de dólares. Si,
durante ese tiempo, el total de gastos de los habitantes del lugar
son evaluados en 80 millones de dólares, uno puede admitir que
la producción del país durante ese año ha costado exactamente 80
millones, dado que fueron 80 millones los que consumió la pobla-
ción que hizo la producción. El costo financiero de la producción ha
sido evaluado en $100.00 millones, pero sólo fueron 80 millones en
gastos reales. Este es un hecho inevitable: ambos totales están ahí.
El precio exacto de la producción de 100 millones ha sido entonces
de 80 millones. En otras palabras, mientras se han producido 100
millones de riqueza, se han consumido 80 millones de la misma.
El consumo de 80 millones de la producción es el precio real de la
producción de 100 millones.
- 170 -
El precio real de la producción es el consumo.
Como hemos dicho anteriormente, si la producción existe para
el consumo, el consumo debe ser capaz de pagar por la producción.
En el ejemplo anterior, el país merece su producción. Si, gastando
80 millones, se producen 100 millones de bienes y servicios, debe
ser posible obtener estos 100 millones de la producción mientras se
gasta 80 millones. En otras palabras, pagando 80 millones, los con-
sumidores deben obtener los 100 millones de la producción. Si no,
los 20 millones de la producción quedarían para su contemplación,
hasta que se diera su destrucción, frente a los indigentes y desespe-
rados ciudadanos.
El incremento y reducción de la riqueza

Un país se enriquece en bienes cuando desarrolla sus medios


de producción: sus máquinas, fábricas, medios de transporte, etc.
Estos son llamados bienes de capital. O cuando produce artículos
para su consumo: trigo, carne, muebles, ropa. Estos son llamados
bienes de consumo. También lo hace cuando obtiene bienes del ex-

- 171 -
terior. De este modo Canadá se enriquece en frutas cuando compra
sus plátanos, naranjas y piñas. Esto es importación. Los bienes de
un país se reducen cuando hay destrucción o desgaste de los me-
dios de producción: cuando se queman las fábricas, se descompo-
nen las máquinas, etc. Esto se llama depreciación. Los bienes de
un país también se reducen cuando son consumidos. Los alimentos
ingeridos, la ropa desgastada, etc. que no están disponibles por más
tiempo. Esto es destrucción a través del consumo. Esta reducción
de bienes también se da cuando dejan el país: por ejemplo, habrán
menos manzanas, mantequilla y tocino en Canadá si los enviamos a
Inglaterra. Esto se llama exportación.

Calculando el precio justo


Supongamos que el balance de un año es el siguiente:
Producción de bienes de capital…………………$3 billones
Producción de bienes de consumo…………….....$7 billones
Importación……………………………...……....$2 billones
Total de adquisiciones…………………….……...$12 billones
- 172 -
Además de
Depreciación de bienes de capital……..……....….$1.8 billones
Consumo…………………………….…………....$5.2 billones
Exportaciones……………………..……………...$2.0 billones
Reducción total……………………..………….....$9.0 billones
A partir de esto podemos concluir: Mientras el país se enrique-
ció con $12 billones de producción, únicamente consumió o exportó
$9 billones.
El costo real de producción de $12 billones es de $9 billones.
Si le cuesta al país $9 billones producir $12 billones de bienes y
servicios, el país debe ser capaz de disfrutar sus $12 billones de
producción mientras gasta únicamente $9 billones.
Con $9 billones uno debe ser capaz de pagar $12 billones. Pagar
12 con 9. Esto requiere el ajuste del precio: bajar el precio contable,
12, al nivel del precio real, 9, y esto hacerlo sin violentar a nadie ni
perjudicar a nadie.

- 173 -
Frente a este balance la siguiente conclusión resulta lógica en
una economía donde la producción existe para el consumo: Dado
que el consumo de $9 billones de producción, tomando en cuenta ya
el desgaste de la maquinaria, permitió $12 billones de producción,
incluidas ya las mejoras, $9 billones es el precio real de la produc-
ción. Para que el país sea capaz de usar esta producción, siempre
que sea deseable, debe ser capaz de obtenerla a su precio real, $ 9
billones, lo que no impediría que los comerciantes se viesen obliga-
dos a reclamar $12 billones.
Por un lado, los consumidores del país deben poder comprar 12
con 9. Deben ser capaces de consumir la producción del país pagan-
do por ella 9/12 del precio marcado.
Por otra parte, los comerciantes deben recuperar la cantidad to-
tal: 12, de otro modo no podrían cubrir sus costos y obtener sus
ganancias, las que representan el pago por sus servicios.

- 174 -
El descuento compensatorio

El comprador pagará únicamente 9/12 del precio marcado, si se


le otorga un descuento de 3/12, o 25%.
El valor de una mesa es de $120.00, será vendida al comprador a
$90.00. Unas medias cuestan $4.00, serán vendidas a $3.00.
Del mismo modo, esta misma tasa se aplica a todos los produc-
tos en venta en el país, porque es un descuento nacional decretado
por la Oficina Nacional de Crédito, para así lograr el objetivo para
lo que ésta fue establecida.
Si todos los bienes consumibles del país son pagados al 75%
de su precio marcado, los consumidores podrán obtener toda la
producción de $12 billones con los $9 billones que gasten para su
consumo. Si no desean algunos productos de venta en el mercado,
simplemente no los comprarán y los productores dejarán de fabri-
carlos dado que no son riqueza en sí mismos pues no satisfacen las
necesidades de los consumidores.
Los comerciantes obtendrán de los compradores únicamente el
- 175 -
75% de los precios. No podrían subsistir a menos que obtengan de
otra fuente el 25 % que les hace falta.
Esta otra fuente puede ser, solamente, la Oficina Nacional de
Crédito encargada de poner el dinero en relación a los requerimien-
tos. Mediante la presentación de las notas adecuadas (vales), com-
probando la venta y el descuento nacional permitido, los comercian-
tes obtendrán, de dicha oficina, el dinero que representa ese 25%
faltante.
El objetivo se alcanzará. Todos los consumidores podrán com-
prar los bienes producidos por el país de acuerdo a sus necesidades.
Los comerciantes y, a través de ellos, los productores, obtendrán
las cantidades necesarias para cubrir sus costos de producción y de
distribución. No habrá inflación dado que no habrá escasez de pro-
ductos frente a la demanda. Este dinero nuevo es creado únicamente
cuando se quiere un producto y se compra.
Además, esto no se incluye en el precio de la factura, dado que
no es ni sueldo ni salario, ni inversión: viene después de que el pro-
ducto es fabricado, valuado y vendido.

- 176 -
Otra forma de llegar al mismo resultado sería hacer que el com-
prador pagara por el precio total. El vendedor le daría un recibo
certificando la compra. Mediante la presentación de dicho recibo en
la Oficina Nacional de Crédito, el comprador obtendría el 25% del
total de la compra. El primer método es un descuento compensato-
rio, un descuento otorgado por el vendedor y pagado a éste último
por la Oficina Nacional de Crédito.
El segundo método es un reembolso hecho al comprador. El re-
sultado es exactamente el mismo.
En cualquier caso, el precio pagado por el consumidor debe ser
la fracción del precio marcado expresado por la proporción del con-
sumo y del total de la producción. De otro modo, la producción sería
únicamente accesible de forma parcial para los consumidores, para
quienes está hecha.
El precio justo = precio de venta x el consumo

producción

- 177 -
PARA COMPRENDER MEJOR EL
CRÉDITO SOCIAL
Los banqueros internacionales temen tanto a la aplicación del
Crédito Social que pondría fin a su control de la vida económica,
que obviamente sólo buscan ponerle término al mismo. Una de sus
tácticas favoritas es la de falsificar los principios del Crédito Social
y presentarlo como algo ridículo y absurdo en todos los medios de
comunicación para impedir su adhesión en las masas.

Tenemos ya un ejemplo reciente de esta situación en el periódico


La Voz del Este de Granby del 8 de diciembre pasado, donde repor-
taron que la diputada de Shefford, Diane St. Jacques había propues-
to en la Cámara de los Comunes la petición de los Boinas Blancas
(Peregrinos de San Miguel) concerniente a cancelar la deuda na-
cional. (Ellos tomaron la idea de Vers Demain, edición de nuestro
periódico en francés) y la reprodujeron mostrando la fotografía de la
diputada. Pero he aquí que los periodistas de La Voz del Este dijeron

- 178 -
que los Boinas Blancas pedían en su petición el “imprimir el dinero
para quitar la deuda” lo cual, según ellos, es algo “irreal y comple-
tamente descabellado.” Lo cual acarrearía una “inflación espantosa”
y además, se jactaron al agregar que esa es precisamente la prueba
que muestra que los Boinas Blancas no saben absolutamente nada
de economía.”

Los periodistas de la Voz del Este tienen razón al decir que “im-
primir el dinero para pagar la deuda” es una barbaridad, pero están
siendo completamente deshonestos al decir que es esto lo que los
Boinas Blancas preconizan. Si hubieran querido hacer un reportaje
honesto, no hubieran tenido más que contactar la oficina de Vers
Demain, pidiéndonos nuestras peticiones para cancelar las deudas
públicas. Y esto es exactamente lo que se les hubiera dicho: cancelar
las deudas públicas y menos aún, imprimir el dinero para reembol-
sarlas no es lo que los Boinas Blancas realmente preconizan, sino
la emisión de dinero en relación con la producción. Pero, los perio-
distas de la Voz del Este parecen incapaces de comprender esto o no
son lo suficientemente honestos para decirlo. Sin embargo, nosotros

- 179 -
tenemos que felicitar a tales periodistas por sus propósitos lisonje-
ros y sus campañas de desinformación.

Este argumento bárbaro que dice que los Boinas Blancas de-
sean “imprimir dinero sin límites”, no es nada nuevo, es el mismo
argumento proferido por los Financieros quienes no han cesado de
hacerlo durante años para perjudicar los verdaderos principios del
Crédito Social. Es también la misma parte que los libros de econo-
mía se encargan de refutar.

Por tanto, cuando hablan del Crédito Social todos aquellos que
jamás han leído a Vers Demain, no hacen más que repetir las mismas
mentiras de los Financieros: ”Su asunto, el Crédito Social, no tiene
pies ni cabeza. Imprimamos pues la plata sin parar y así obtendre-
mos una gran inflación” Y al decir esto, piensan que ya expresaron
todo lo concerniente al Crédito Social, cuando en realidad ignoran
todo al respecto y no conocen absolutamente nada concerniente a la
circulación del dinero en un sistema creditista, así como tampoco
saben respecto al descuento compensatorio ni al dividendo.

- 180 -
De lo que ellos hablan es de un falso Crédito Social, de una ver-
sión alterada por los financieros. He aquí, por tanto, un resumen del
verdadero Crédito Social basado en los dos escritos de Louis Even
“¿Qué es el Verdadero Crédito Social?” y “Una Economía Sana y
Eficaz”.

Contabilidad exacta

Definamos las palabras “crédito social”, en lugar de tener dinero


creado por los bancos a interés- un crédito bancario- el dinero será
creado por la sociedad- un crédito social. El sistema del Crédito
Social no aspira a otra cosa que hacer del dinero un reflejo exacto de
las realidades económicas. No hay ninguna duda en lo que respecta
al Crédito Social en cuanto a la emisión o impresión del dinero sin
importar cómo, de manera irresponsable o sin límites (como piensan
los financieros), ni al capricho de los políticos en el poder. He aquí
el verdadero método propuesto: El gobierno nombrará una comisión
de contadores, un organismo independiente llamado: “Oficina Na-
cional de Crédito” que se encargará de establecer una contabilidad

- 181 -
exacta, el dinero será emitido al ritmo de la producción y retirado de
la circulación al ritmo de su consumo. Con ello se tendrá un equi-
librio constante entre la capacidad de producción y la capacidad de
pago, entre el precio y el poder adquisitivo.
Lo que los Boinas Blancas piden es que el gobierno deje de pe-
dirle a los bancos privados el dinero que él mismo puede crear sin
interés, mediante su banco central. El mismo primer gobernador del
Banco de Canadá, Graham Towers, admitió en 1939 delante de un
comité de la Cámara de los Comunes, que sería perfectamente fac-
tible, en la medida en que se pidiera, preguntar por qué el gobierno
tiene que pagar el interés del dinero que él mismo puede crear sin
dicho interés.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Banco de Canadá creó
justamente el 50% del dinero del país sin inflación. Actualmente
crea menos del 2%. El 98% restante es creado por los bancos en
forma de préstamos. La gente ignorante no sabe que los bancos pri-
vados, contrariamente a los otros prestamistas, crean el dinero que
prestan y que no utilizan para ello el dinero de sus depositarios.
- 182 -
Si el dinero es creado por el Banco Nacional o por los bancos
privados no interesa. Lo importante es que es creado en algún lado.
Se requiere de las mismas cifras basadas en la producción del país.
La única diferencia es que si el gobierno le pidiera a su propio banco
central, no incurriría en ninguna deuda.
100 dólares creados sin interés por el Banco Central o 100 dóla-
res creados con interés por el banco privado; ¿cuál de los dos crearía
la inflación? Hasta un niño de diez años encontraría rápidamente la
respuesta: es el creado con interés por el banco privado. La inflación
causa el encarecimiento de las cosas, debido al alza de los costos de
producción, y los intereses a pagar por los productores son parte de
este costo.

Es realmente increíble y contrario a la lógica más elemental lo


que dicen los economistas: que para detener la inflación (la eleva-
ción de los precios) hay que aumentar las tasas de interés y que al
contrario, el alza de las tasas de interés hace necesario aumentar los
precios. Este no es el sistema apoyado por los creditistas de Vers
Demain sino por todos aquellos que lo preconizan. Pero el Crédito
- 183 -
Social no se limita solamente a una simple cuestión de la creación
del dinero, también existe el dividendo y el descuento compensa-
torio.

El dividendo

Debido a que los salarios no son suficientes para poder comprar


toda la producción existente (los salarios no forman más que una
parte de los costos de producción de cualquier artículo), la Ofici-
na Nacional de Crédito distribuiría a cada ciudadano un dividendo
mensual, algo de dinero para asegurar su poder de compra y para
asignarle a cada uno una parte de los bienes del país. Este dividen-
do está basado en los dos más grandes factores de la producción
moderna: la herencia de las riquezas naturales y los inventos de las
generaciones pasadas, ambos dones gratuitos de Dios que pertene-
cen a todos. Los que serían empleados en la producción recibirían
también su salario, pero todos, tanto asalariados como no asalaria-
dos, recibirían el dividendo.

- 184 -
La fórmula del dividendo es infinitamente preferible como be-
neficio social, tal como el seguro y los otros beneficios actuales, no
sería tomado de los impuestos de los que trabajan, sino que sería
financiado por el nuevo dinero creado por la Oficina Nacional de
Crédito. No se viviría de los impuestos de los contribuyentes, sería
una herencia debida a todos los ciudadanos del país, que son, por así
decirlo, accionistas de la Compañía México Limitada.

Y contrariamente a los beneficios sociales, este dividendo se da-


ría sin indagación alguna y no penalizaría a los que regresaran a
trabajar. Lejos de ser una incitación a la pereza, permitiría que las
personas se ocuparan de la actividad de su elección de acuerdo a sus
talentos. Si la gente dejara de trabajar, el dividendo bajaría automá-
ticamente, ya que está basado en la producción existente. Con esta
entrada no ligada al empleo, el progreso deja de ser un aliado del
hombre para convertirse más bien en una maldición porque elimina
la necesidad de trabajo humano y les hace perder a los trabajadores
su fuente de ingresos.

- 185 -
Finanzas de trabajo público

¿Cómo sería el financiamiento de servicios y trabajos públicos


con este sistema de dinero social? Cada vez que la población nece-
sitara un nuevo servicio público, el gobierno no se preguntaría más:
¿Con que dinero? Sino: ¿Qué materiales se requieren para hacer el
trabajo? Y, obviamente, la Oficina Nacional de Crédito crearía el
dinero necesario para ello. Supongamos, por ejemplo, que la pobla-
ción requiere un puente nuevo cuya construcción tendría un costo
de 50 millones. La Oficina Nacional de Crédito crea entonces estos
50 millones para financiar la construcción de dicho puente. Y dado
que todo dinero nuevo debe ser retirado de la circulación debido a
su consumo, el dinero creado para la construcción del puente ten-
drá que retirarse de la circulación cuando se termine de construir el
mismo.

¿De qué manera puede un puente ser consumido? Por uso o


depreciación. Supongamos que los ingenieros que lo construyen
preven que tendrá una duración de 50 años, dicho puente perderá

- 186 -
entonces una quincuagésima parte de su valor cada año. Ya que ha
costado 50 millones para construirse sufrirá entonces una deprecia-
ción de 1 millón por año. Es entonces un millón de dólares los que
deben retirarse de la circulación cada año, durante 50 años. Al final
de este tiempo el puente estará completamente pagado, sin nada de
interés y nada de deuda.

¿Es que este retiro de dinero se hará en base a impuestos? No,


esto no es necesario, dice Douglas. Dentro del concepto de Crédito
Social existe otro método más bien simple para retirar el dinero de
la circulación y es el ajuste del precio (llamado descuento compen-
satorio).

De hecho, bajo un sistema de Crédito Social, los impuestos dis-


minuyen drásticamente, y la mayor parte, simplemente desapare-
cen. El justo principio a observar es que la gente no pague más que
por lo que consume. Sería injusto hacerle pagar a la población de
todo el país por servicios que no le son ofrecidos, como una calle
o una municipalidad, o el servicio de agua o de limpia. La gente se

- 187 -
beneficia de estos servicios que habría que pagar si la municipali-
dad realmente los ofrece.

El ajuste del precio

¿De qué manera funcionaría el ajuste del precio? La Oficina Na-


cional de Crédito se haría cargo de llevar una contabilidad exacta
del activo y del pasivo de la nación, siendo así que sólo requerirá de
dos columnas: un lado donde inscribirá todo lo que produce el país
durante el período en cuestión (activo) y otro donde anotará todo
lo que se consume (pasivo). El millón anual de depreciación del
puente, del ejemplo arriba mencionado, será entonces inscrito en la
columna de pasivos o consumos y ajustado a todas las otras formas
de consumo de las riquezas durante el año.

Douglas subraya que el verdadero costo de la producción, es


el consumo. En el ejemplo del puente el precio contable era de 50
millones. Pero el precio real del puente es de lo que hace falta con-
sumir para su producción. Si es imposible determinar para un solo

- 188 -
producto cual es su precio real, uno puede, por el contrario, fácil-
mente saber durante el año cual ha sido el precio real de toda la
producción del país: es todo lo que ha sido consumido en el país
durante el mismo periodo.

Por tanto, si las cuentas nacionales del país muestran que, duran-
te un año, la producción privada, la producción de bienes consumi-
bles ha sido de 500 miles de dólares y que durante el mismo año, el
consumo total ha sido de 400 miles de dólares, podemos decir que el
país ha sido capaz de producir por un valor de 500 miles de dólares
los productos y servicios, en gasto o en consumo, por un valor de
400 miles de dólares. Dicho de otro modo, queda demostrado que
el costo real ha sido de 400 miles de dólares para producir lo que la
contabilidad del precio estableció en 500 miles de dólares.

El verdadero precio de la producción es entonces de 400 miles


de dólares. La población debe entonces recibir el fruto de su traba-
jo, la producción de 500 miles de dólares, pagando solamente 400.
Ha quedado perfectamente bien establecido que el dinero no debe

- 189 -
ser retirado a menos que sea consumido. Si su consumo fue de 400
miles de dólares por bienes y servicios, uno no debe retirar más que
esa cantidad, ni más ni menos.

Descuento sobre el precio

¿Cómo hacer para que los consumidores puedan obtener 500


miles de dólares de productos y servicios pagando tan solo 400?
Es muy simple: basta con bajar el precio de venta de todos los pro-
ductos y servicios una quinta parte (1/5) que sería un descuento del
20%. La Oficina Nacional de Crédito decretaría entonces un des-
cuento del 20% en todos los precios de venta durante el ciclo si-
guiente. Por ejemplo, el cliente pagaría solamente 400 dólares por
un artículo etiquetado en 500.

Pero si se quiere evitar la quiebra, el comerciante debe recuperar


los 500 dólares por la venta de su artículo y no únicamente 400 ya
que el precio de 500 incluye todos sus gastos. Es por ello que ha-
blamos de un “descuento compensatorio”, de esta forma el comer-

- 190 -
ciante será compensado por la Oficina Nacional de Crédito quien
le enviará los 100 dólares que faltan. Por cada una de sus ventas
el comerciante no tendrá más que presentar sus facturas de venta a
la Oficina Nacional de Crédito, quien le reembolsará el descuento
acordado con el cliente. De esta forma ninguna de las partes resulta
penalizada: los consumidores reciben sus productos, que, de otra
forma, no se venderían y los comerciantes recuperan sus costos.

Inflación imposible

Gracias a este mecanismo del descuento sobre el precio, la in-


flación sería imposible. En efecto, el descuento hace que se bajen
los precios. Y en la inflación son los precios que suben. La mejor
manera de impedir que suban los precios, es ¡hacerlos bajar! Ade-
más, el descuento sobre los precios es exactamente lo contrario a
los impuestos sobre la venta, los consumidores pagarían así menos
impuestos gracias a este descuento. ¿Quién podría quejarse?

Podemos ver entonces que los que dicen que el Crédito Social

- 191 -
causaría la inflación, no saben lo que dicen pues ignoran la existen-
cia del descuento compensatorio. El Crédito Social pide la creación
del dinero, así es en efecto, al hacerlo, el temor de la inflación sería
justificado, pero he aquí que el Crédito Social tiene la técnica para
hacerle frente al peligro de la inflación.

Existen tres principios básicos dentro del Crédito Social: 1.- El


dinero se emite sin deuda por la Oficina Nacional de Crédito, de
acuerdo a la producción y se retira de la circulación de acuerdo a
su consumo. 2.- El dividendo mensual para todos los ciudadanos.
3.- El descuento compensatorio. Los tres son necesarios, es como un
trípode, retírese uno de los tres principios y todo se vendrá abajo.

Toda esta técnica del Crédito Social, aunque arriba brevemente


explicada, no tiene más que un fin: financiar la producción de bienes
que respondan a las necesidades y financiar la distribución de di-
chos bienes para cubrir las consecuentes necesidades. Examinando
la circulación del crédito en el esquema ya descrito, es fácil aperci-
bir que el dinero no se acumula por cierto tiempo, que no hace falta

- 192 -
más que seguir el movimiento de la riqueza, entrar en circulación
al ritmo de la producción y tener el cuidado de ver que regrese a
su fuente (la Oficina Nacional de Crédito) al ritmo de su consumo
(en el momento en que los productos son comprados al vendedor).
En todo momento, el dinero es un reflejo exacto de la realidad: el
dinero aparece en el momento en que aparece un nuevo producto, el
dinero desaparece en el momento en que el producto desaparece (es
consumido). ¿En dónde esta la inflación, señores eruditos y expertos
en la materia?

Impuestos y Crédito Social

¿Qué sería de los impuestos en un sistema de Crédito Social?


Serían reducidos drásticamente y con el tiempo se podrían abolir
completamente. La gente únicamente tendría que pagar por lo que
consume. El consumo de bienes públicos (como los puentes) sería
pagados mediante el ajuste de los precios, como ya se ha explicado.
Sin embargo, sería injusto que todos los ciudadanos de la nación pa-
gara por servicios que le son ofrecidos únicamente a ciertos sectores

- 193 -
de la población. Son únicamente quienes reciben esos servicios los
que tendrían que pagar por ellos.

Tampoco pagaríamos por los programas sociales (bienestar so-


cial, seguro de desempleo, etc.) que serían ventajosamente reem-
plazados por el dividendo mensual incondicional para cada ciuda-
dano.

Todo esto abre horizontes y posibilidades insospechadas. Para


que estas posibilidades se vuelvan realidades, hace falta que todos
conozcan el Crédito Social y para esto es necesario que todos reci-
ban el periódico San Miguel. Amigo lector, es aquí donde su res-
ponsabilidad entra en juego, usted que ha comprendido y asimilado
el concepto del mismo tiene el deber darlo a conocer a los demás
pidiéndoles se suscriban a esta publicación. ¡Que tengan éxito!

- 194 -
La circulación del dinero en un sistema de crédito Social
Explicación del
diagrama. El dinero va al
productor (la industria) a
través de la Oficina Na-
cional de Crédito para
la producción de nuevos
bienes, lo que provoca
un flujo de productos eti-
quetados con un precio y
salarios distribuidos a los
empleados. Ya que los
salarios no son suficien-
tes para comprar toda la
producción, la Oficina
Nacional de Crédito cu-

- 195 -
bre la diferencia mediante la emisión de un dividendo perió-
dico para todos los ciudadanos.
El encuentro entre productos y consumidores se lleva a
cabo con los vendedores y a medida que un producto es com-
prado (consumido) el dinero emitido para la producción de
dicho bien regresa a su fuente, la Oficina Nacional de Crédito,
habiendo así cumplido su función y terminado su curso en
el circuito financiero, ya que el producto ha llegado al con-
sumidor. En todo tiempo hay una igualdad entre los medios
de compra por la población y el precio a pagar por los bienes
consumibles puestos a la venta en el mercado.

- 196 -
7
LA HISTORIA DEL CONTROL BANCARIO EN
LOS ESTADOS UNIDOS

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La dictadura bancaria y el sistema monetario de deuda no se limi-
tan a Canadá exclusivamente, sino que existen en cada país del mun-
do. Están trabajando para mantener este control apretado dado que si
un país se libera de esta dictadura y emite su propia moneda libre de
deuda, poniendo así el ejemplo para todos los demás de lo que sería
un sistema honesto, sería suficiente para colapsar el sistema viciado de
los banqueros alrededor del mundo. La lucha de los financieros inter-
nacionales para instalar su fraudulento sistema monetario de deuda ha
sido particularmente viciado en los Estados Unidos desde su misma
fundación y hechos históricos muestran que varios estadistas norte-
americanos estaban bien conscientes del sistema monetario deshonesto
que los financieros querían imponer en el país, así como de sus nocivos
efectos. Estos estadistas fueron auténticos patriotas que hicieron todo
lo posible para conservar en los Estados Unidos un sistema monetario
honesto, libre del control de los financieros. Los financieros hicieron
todo lo que estuvo en su poder para mantener en las tinieblas esta faceta
oscura de la historia de los Estados Unidos por temor a que el ejemplo
de estos patriotas pudiera ser imitado actualmente. He aquí los hechos
que los financieros quisieran fueran ignorados por la población:
- 198 -
La población más feliz
Estamos en 1750. Los Estados Unidos de Amé-
rica aún no existen; sólo son las 13 Colonias del
continente americano que forman la “Nueva Ingla-
terra”, una posesión de la madre tierra, Inglaterra.
Benjamín Franklin escribió sobre la población de
ese tiempo: “Era imposible encontrar una pobla-
ción más feliz y próspera sobre la superficie del
globo.” Dirigiéndose a Inglaterra para representar los intereses de
las Colonias se le preguntó a Franklin cómo era posible que contara
sobre la prosperidad de éstas mientras la madre tierra era azota-
da por la pobreza: “Muy simple, replicó Franklin, en las Colonias
emitimos nuestro propio dinero. Lo llamamos “certificados de las
Colonias”. Lo emitimos en la proporción adecuada para lograr que
los productos pasen fácilmente de los productores a los consumi-
dores. De esta forma, creando nuestro propio dinero, controlamos
su poder adquisitivo y no tenemos que pagar interés a nadie.” Los

- 199 -
banqueros ingleses, al haber sido informados de esto, pasaron una
ley al Parlamento Británico prohibiendo a las Colonias el emitir su
propio dinero y les exigieron utilizar únicamente el dinero-deuda de
oro o plata proporcionado en cantidades insuficientes por los ban-
queros ingleses. De esta forma, el medio circulante de intercambio
fue reducido a la mitad. “En un año, declaró Franklin, las condicio-
nes se revirtieron y la era de prosperidad terminó, instalándose así la
depresión, a tal grado, que las calles de las Colonias estaban repletas
de desempleados.” Después estalló la Revolución contra Inglaterra
seguida por la Declaración de Independencia de 1776. Los libros
de historia erróneamente nos enseñan que fue el impuesto sobre el
té lo que propició la Revolución. Pero Franklin lo establece clara-
mente: “Las Colonias gustosamente habrían aceptado el impuesto
al té y a otras cosas, si no hubiera sido por la pobreza causada por
la mala influencia de los banqueros ingleses sobre el Parlamento, lo
que provocó el nacimiento del odio hacia Inglaterra y el estallido
de la Revolución.” Los Padres Fundadores de los Estados Unidos,
teniendo todos estos hechos en mente y para protegerse a sí mismos
contra la explotación de los banqueros internacionales, tuvieron
- 200 -
buen cuidado de claramente expresar en la Constitución Americana,
firmada en Filadelfia en 1787, artículo 1, sección 8, párrafo 5: “El
Congreso tendrá el poder de acuñar su moneda y regular su valor.”

El banco de los banqueros

Pero los banqueros no se rindieron. Su agen-


te, Alexander Hamilton, fue nombrado Secretario
del Tesoro (el equivalente a nuestro Ministro de
Finanzas) en el gabinete de George Washington y
abogó por el establecimiento de un banco federal,
propiedad de intereses privados, y la creación del
dinero-deuda mediante argumentos falsos como el
siguiente: “Una deuda nacional, si no es excesiva, será para noso-
tros una bendición nacional… La sabiduría del gobierno se mostrará
en nunca confiar a sí mismo la peligrosa y seductora idea de expedir
su propio dinero.” Hamilton también les hizo creer que únicamen-
te el dinero-deuda emitido por bancos privados sería aceptado en
las transacciones con el extranjero. Tomás Jefferson, Secretario de

- 201 -
Estado, se opuso fuertemente a tal proyecto, pero el presidente Was-
hington finalmente se dejo convencer por los argumentos de Hamil-
ton. Así que un banco federal fue creado en 1791, el “Banco de los
Estados Unidos” con una licencia de 20 años. Aunque se le llamó
“Banco de los Estados Unidos”, realmente fue el “banco de los ban-
queros”, dado que no le pertenecía a la nación, sino a los individuos
que poseían las acciones, a los banqueros privados. Este nombre,
Banco de los Estados Unidos fue elegido a propósito para engañar a
la población y hacerles creer que eran ellos los dueños del banco, lo
cual no fue el caso. La concesión del Banco de los Estados Unidos
terminó en 1811 y el Congreso votó en contra de su renovación,
gracias a la influencia de Tomás Jefferson y de Andrew Jackson:
“Si el Congreso, dijo Jackson, tiene el derecho constitucional para
emitir su propio dinero, éste le fue dado para él mismo y no para ser
delegado a individuos o corporaciones.” Así terminó la historia del
primer Banco de los Estados Unidos. Pero los banqueros no jugaron
su última carta.

- 202 -
Los banqueros declaran la guerra

Nathan Rothschild, del Banco de Inglaterra, emitió un ultimátum:


“O se nos otorga la solicitud de renovación o los Estados Unidos se
verán a sí mismos envueltos en una guerra desastrosa.”Jackson y
los patriotas norteamericanos no creían que el poder de los ban-
queros internacionales se extendiera a tal grado. “Ustedes son una
guarida de ladrones viperinos,” les dijo Jackson, “Yo me encargaré
de exterminarlos, y por el Eterno Dios, yo los exterminaré.” Nathan
Rothschild emitió la siguiente orden: “Enséñenles a esos imperti-
nentes norteamericanos una lección. Regresémoslos al estatus de
Colonia.” El gobierno británico declaró la guerra en 1812 contra
los Estados Unidos. El plan de Rothschild era empobrecerlos a tal
grado a través de la guerra, que los legisladores tendrían que buscar
ayuda financiera… la que, claro, se les daría únicamente a cambio
de la renovación de la concesión del Banco de los Estados Unidos.
Miles fueron muertos, pero ¿eso qué le importó a Rothschild? El
había logrado su objetivo: el Congreso de los Estados Unidos le
otorgó la renovación en 1816.
- 203 -
Abraham Lincoln es asesinado

Abraham Lincoln fue electo presidente en


1860 bajo la promesa de abolir la esclavitud de
los negros. Once estados sureños a favor de la
esclavitud humana de la raza negra, decidieron
separarse de la Unión, separándose así de los
Estados Unidos: ese fue el inicio de la Guerra
Civil (1861-1865). Lincoln, escaso de dinero
para financiar los esfuerzos del norte, acudió a
los banqueros de Nueva York, quienes accedieron a prestarle dinero
a tasas de interés variable de 24 a 36 por ciento. Lincoln se rehusó,
sabiendo perfectamente bien que esto era usura y que llevaría a los
Estados Unidos a la ruina. Pero su problema de dinero no se había
arreglado. Su amigo en Chicago, el coronel Dick Taylor, vino en su
ayuda y le propuso una solución: “Sólo haz que el Congreso pase
un comunicado autorizando la emisión de notas legales del tesoro
y paga con ellas a los soldados y sigue adelante y gánales la guerra
también a ellos.” Esto fue lo que hizo Lincoln y ganó la guerra:
- 204 -
entre 1862 y 1863, en plena conformidad con las provisiones de
la Constitución, Lincoln ordenó la emisión de $450.00 millones de
“Greenbacks” libres de deuda para conducir la Guerra Civil. (Estos
billetes del Tesoro fueron llamados greenbacks por la gente porque
fueron impresos con tinta verde al reverso). Lincoln llamó a es-
tos greenbacks, “la mayor bendición
que los americanos pudieron haber
tenido.” Una bendición para todos
menos para los banqueros, dado que
esto estaba terminando con su plan,
el robarle el dinero y el crédito a la nación al ser emitidos ya con una
carga de interés. Así que hicieron todo lo posible por destruir a estos
greenbacks y sabotear el trabajo de Lincoln. Lord Goshen, vocero
de los financieros, escribió en el London Times (Cita tomada de
Quién Dirige a América por C.K. Howe y reproducida en El Dinero
Martirizado de Lincoln por el Dr. R.E.): “Si esta perversa política
financiera, que tuvo su origen en Norteamérica hubiera prevalecido
hasta lograr su establecimiento, entonces el gobierno habría emiti-
do su propio dinero sin costo. Hubiera pagado todas sus deudas y
- 205 -
estaría libre de ellas. Tendría todo el dinero necesario para llevar
adelante su comercio. Se hubiera vuelto próspera sin precedente en
la historia del mundo. Tal gobierno debe ser destruido o destruirá a
toda monarquía en el globo.” (La monarquía de los prestatarios de
dinero). Primero, para desacreditar a los greenbacks, los banqueros
persuadieron al Congreso a que votara una “Cláusula de Excepción”
en febrero de 1862, que decía que los greenbacks no podían utilizar-
se para pagar el interés de la deuda nacional, ni los impuestos, ni bo-
nos de importación. Entonces, en 1863, después de haber financiado
la elección de suficientes senadores y representativos, los banque-
ros lograron que el Congreso revocara la Ley Greenback en 1863 y
pusiera en su lugar el Acta Nacional Bancaria (el dinero tenía que
ser emitido con interés por bancos privados). Esta Acta también es-
tableció que los greenbacks tenían que retirarse de la circulación tan
pronto como regresaran al Tesoro como pago de impuestos. Lincoln
protestó acaloradamente, pero su objetivo más urgente era ganar la
guerra y salvar la Unión, lo que le obligó a relegar para después de
la guerra, el veto que estaba planeando contra el Acta y la acción
que tomaría contra los banqueros. Sin embargo, Lincoln declaró:
- 206 -
“Tengo dos grandes enemigos, el ejército del sur frente a mí y los
banqueros en la retaguardia. Y de los dos, los banqueros son mis
mayores adversarios.” Lincoln fue reelecto presidente en 1864 y
dejó bien claro que atacaría el poder de los banqueros una vez termi-
nada la guerra. La guerra terminó el 9 de abril de 1865, pero Lincoln
fue asesinado cinco días después, el 14 de abril. A esto le siguió
una tremenda restricción de crédito organizada por los bancos: el
dinero en circulación en el país que era en 1866 de $1907 millones,
representando $50.46 para cada ciudadano americano, había sido
reducido a $605 millones en 1876, representando $14.60 per cápita.
El resultado: en diez años, 56,446 fracasos comerciales, representa-
do un pérdida de $2 billones. Y esto no fue suficiente, los banqueros
redujeron el dinero en circulación a $6.67 en 1887.

William Jennings Bryan: “Los bancos tiene que retirarse”


A pesar de todo, el ejemplo de Lincoln se grabó profundamente
en las mentes de algunos, perdurando hasta 1896. Ese año, el candi-
dato presidencial para los demócratas era William Jennings Bryan
y, una vez más, los textos de historia nos dicen que fue algo muy
- 207 -
bueno que no haya tenido éxito en llegar a la presi-
dencia pues estaba totalmente en contra del “dine-
ro” de los banqueros, del dinero emitido como deu-
da y en contra del estándar del oro. Bryan declaró:
“Decimos en nuestra plataforma que creemos que
el derecho de emitir dinero es función del gobierno.
Creemos eso. Quienes se oponen a ello nos dicen
que la emisión del dinero es función del banco y que el gobierno
debe salirse del negocio bancario. Yo les digo que la emisión del
dinero es función del gobierno y que son los bancos los que deben
salirse del negocio del gobierno… Cuando hayamos restaurado el
dinero en la Constitución, todas las otras reformas necesarias son
posibles, pero mientras esto no se haga, ninguna otra reforma puede
llevarse a cabo.
La Reserva Federal: El más grande consorcio
Finalmente el 23 de diciembre de 1913, el Congreso de los Es-
tados Unidos votó el Acta de la Reserva Federal, que le quitó al
Congreso el poder de crear el dinero, dándoselo a la Corporación de

- 208 -
la Reserva Federal. Uno de los raros congresistas
que habían comprendido todo este asunto puesto
en juego en el Acta, el representativo Charles A.
Lindbergh Sr. (República de Minnesota) padre del
famoso aviador, dijo: “Esta Acta establece el más
grande consorcio sobre la tierra. Cuando el presi-
dente (Wilson) firme este documento, el gobierno
invisible del poder monetario será legalizado… El
peor crimen legislativo de todos los tiempos es perpetrado por este
documento bancario:
La educación de la gente

¿Qué les permitió a los banqueros el finalmente obtener el mo-


nopolio absoluto del control del crédito en los Estados Unidos? La
ignorancia de la población sobre el asunto económico. John Adams
le escribió a Jefferson en 1787: “Todas las perplejidades, confusión
y dolor en América, se deben, no a los defectos de la Constitución,
no al deseo de honor y virtud, sino a la ignorancia respecto a la

- 209 -
naturaleza de la moneda, del crédito y de su circu-
lación.” El Secretario del Tesoro de Lincoln, Sal-
mon P. Chase, declaró públicamente, justo después
de pasarse el Acta Nacional Bancaria en 1863: “Mi
agencia al promover el pase del Acta Nacional Ban-
caria, fue el mayor error financiero de mi vida. Ha
construido un monopolio que afecta a cada interés
en el país. Debería ser repelida, pero antes de que eso pueda lograr-
se, la gente debe ser puesta de un lado y los banqueros de otro, en un
concurso como nunca antes se ha visto en este país. Y, finalmente,
el fabricante automotriz, Henry Ford, dijo: “Si la gente de nuestro
país comprendiera nuestro sistema económico y bancario, creo que
tendríamos una revolución antes de mañana.” La educación de la
gente, ¡esa es la solución! Y es precisamente el método propues-
to por el periódico San Miguel: construir una fuerza en la gente
a través de la educación, para que el gobierno soberano de cada
nación tenga el valor de levantarse frente a los banqueros y emitir
su propio dinero, tal como lo hizo el presidente Lincoln. ¡Si tan sólo
aquellos a favor de un sistema monetario honesto comprendieran la
- 210 -
importancia de asumir su responsabilidad haciendo llegar a todos el
periódico! El Crédito Social establecería una economía donde todo
estuviera organizado para servirle a la persona humana, desarrollar
la propia responsabilidad, crear gente comprometida. Toda mente
a favor del Crédito Social es un avance. Cada persona formada por
el Crédito Social es una fuerza y cada fuerza adquirida es un paso
hacia la victoria. ¡Y cuantas nuevas fuerzas hemos adquirido en los
últimos sesenta años! Si todas ellas fueran activas, sería realmente
antes de mañana que obtendríamos la implementación del Crédito
Social. Tal como lo escribió Louis Even en 1960: “El obstáculo no
es el financiero ni el político, ni ningún otro enemigo de este tipo.
El obstáculo recae en la pasividad de muchos Creditistas Sociales
que esperan por el triunfo de la causa, pero que le dejan el trabajo
a otros para promoverla.” Como Louis Even escribió en 1960: “El
obstáculo no es ni el financiero, ni el político, ni cualquier enemi-
go confesado. El obstáculo queda en la pasividad de demasiados
Creditistas Sociales que esperan la venida del triunfo de la Causa,
pero quiénes dejan a otros el promoverla. “Resumiendo, es nuestro
rechazo a tomar nuestras responsabilidades lo que retrasa la implan-
- 211 -
tación del Crédito Social, de un sistema monetario honesto. “Mucho
se le pedirá al que mucho se le ha dado.” (Lc 12,48). Examinen sus
conciencias, queridos Católicos; la verdadera conversión personal
nos pondrá en camino, tomemos nuestras responsabilidades, la vic-
toria nunca había estado tan cerca. Nuestra responsabilidad es que
el Crédito Social sea conocido por otros, invitémoslos a suscribirse
a nuestro periódico, la única publicación que da a conocer esta bri-
llante solución.

La Propuesta del Crédito social es aceptada por el Con-


greso americano en 1932

Es que la educación de las personas es necesaria. Una vez que


la presión del público es suficientemente fuerte, todas los partidos
estarán de acuerdo con la propuesta. Un buen ejemplo de esto puede
encontrarse en el decreto de Goldsborough de 1932 que fue descrito
por un autor como un “Decreto del Crédito Social” y “el muy cerca-
no casi desapercibida reforma monetaria para el establecimiento de
un sistema de dinero realmente legítimo en los Estados Unidos”:
- 212 -
“Una mayoría aplastante del Congreso americano (289 a 60) lo
favoreció ya en 1932, y en una forma u otra ha persistido subse-
cuentemente. Sólo la fútil espera de que un nuevo Presidente (Ro-
osevelt) podría restaurar la prosperidad sin abandonar el sistema de
dinero-credito que América había heredado del Crédito Social para
que se vuelva ley sobre la tierra. A través de 1936, cuando el Nuevo
Tratado (la solución de Roosevelt) había demostrado ser incapaz de
eficazmente combatir la Depresión, los defensores del Crédito So-
cial regresaban de nuevo con fuerza. El último esfuerzo significante
por ganar su adopción fue en 1938”. (W.E. Turner, Dinero Estable,
pág. 167.)

Incluso se mencionaron el dividendo y el descuento compen-


sado, dos partes esenciales del Crédito Social, en este decreto que
era “La Propuesta Goldsborough”, después que el Representante
Democrático de Maryland, T. Allan Goldsborough, lo presentó por
primera vez en la Casa de los Comunes, el 2 de mayo de 1932.

Dos personas que apoyaron el decreto llaman nuestra atención

- 213 -
sobre todo: Robert L. Owen, Senador de Oklahoma de 1907 a 1925
(director del banco nacional durante 46 años), y Charles G. Binde-
rup, Representante de Nebraska. Owen publicó un artículo, en mar-
zo de 1936, en la publicación de J. J. Harpell, “El Instructor” del que
Louis Even era el editor auxiliar. Él pronunció varios discursos en
radio en los E.E.U.U. durante la Depresión, explicando los efectos
perjudiciales del control de crédito a través de intereses privados.

- 214 -
8
EL CRÉDITO SOCIAL
NO ES UN PARTIDO POLÍTICO

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El Crédito Social es un sistema
financiero seguro y efectivo
Depender de un partido es una ilusión

La implementación del Crédito Social instituiría una verdadera


democracia: la democracia económica, hacienda a cada consumidor
capaz de pedir de la producción del país lo necesario para satisfa-
cer las necesidades básicas de la vida; democracia política, en tanto
el pueblo pueda hacer conocer a sus representantes elegidos, a sus
gobiernos, lo que esperan de ellos, y exigir resultados. (Demos, pue-
blo; kratien, reinar. — Democracia: la soberanía del pueblo.)
Cualquier creditista, aún superficialmente informado, sabe muy
bien que, hoy en día, el poder supremo no es ejercido por el pue-
blo, ni por sus gobiernos, sino por un círculo cerrado de financistas.
Hombres de Estado como Gladstone, Wilson, y muchos otros, lo
declararon explícitamente. Mackenzie King estaba prometiendo, en

- 216 -
1935, la más grande batalla de todos los tiempo “entre los poderes
financieros y los del pueblo”. Una batalla en la que no se involucro,
sin duda porque consideró a los poderes financieros muy fuertes, y
al pueblo muy débil.
Los pueblos son en verdad débiles; es comprensible que sean
débiles cuando, en primer lugar, no saben nada de los asuntos pú-
blicos y de lo que pasa tras bambalinas; débiles, en segundo lugar,
cuando, en vez de enseñarles estas cosas, los que están agitándolos
los dividen en facciones políticas que se pelean entre sí. No es a
través de una facción más que va a lograrse la unidad, la unidad que
despertaría su fuerza, mientras la división incrementa su debilidad.
Es un hombre genial, C. H. Douglas, quien descubrió lo que la
gran verdad del Crédito Social es; es él quien fundó la escuela del
Crédito Social. Él muy seguramente sabía mejor lo que el Crédito
Social significa, en cuanto a la democracia respecta, que esos pe-
queños hombres de nuestra patria (Canadá) que quieren hacer del
Crédito Social el instrumento de su carrera hacia el poder, o al me-
nos la plataforma para rebuscarse una curul en el Parlamento.
- 217 -
Ahora, Douglas declaró en un discurso que dio en Newcastle-
upon-Tyne, el 19 de marzo de 1937, que en Inglaterra existen dos
obstáculos para la verdadera democracia, y el primero de ellos es el
sistema de partidos políticos.
Lo mismo aplica para Canadá, y la solución no consiste en ali-
mentar el sistema de partidos, sino en debilitarlo. Es decir, hacer a
los partidos existentes inofensivos, no creando otra división al inte-
rior del pueblo, sino al contrario, uniendo a los ciudadanos, a todos
los ciudadanos, sin distinción de partido, alrededor de la expresión
de su voluntad común a los miembros del Parlamento, quien quiera
que ellos sean, y cualquiera que sea su color político. Hacer énfasis
en lo que pasa en el período entre cada elección, cuando el destino
de los ciudadanos está en riesgo, más que durante las elecciones
cuando es el destino de los políticos el que está en riesgo.

Unir a los ciudadanos. Y para ello, empezar a hacerles entender


que todos ellos quieren las mismas cosas fundamentales; y entonces
convencerlos que insistiendo juntos para obtener lo que todos quie-
ren, inevitablemente van a obtenerlo.
- 218 -
Es también el Mayor Douglas quien, en otra ocasión, en Liver-
pool, el 30 de octubre de 1936, dijo:

“La soberanía del pueblo, es decir, su capacidad de dar órdenes,


se incrementaría con su unanimidad, y si todo el pueblo quisiera
un resultado uniforme no habría posibilidad de tener partidos, y no
habría resistencia a sus exigencias.”

Esa, nos parece, es una muy buena línea de conducta, perfecta-


mente de acuerdo con el sentido común.

Usted nunca podrá poner de acuerdo a toda la gente cerca de una


urna. Pero usted podría fácilmente poner de acuerdo a toda la gente
sobre los resultados que piden de la política, si usted se propone
establecer estos resultados en orden de universalidad y urgencia:
la seguridad económica, una cantidad suficiente de bienes hoy y
garantizada para el mañana, la libertad de cada cual para escoger su
ocupación y estilo de vida. Toda la gente quiere estas cosas; y, como
lo señala Douglas, incluso los que no las quieren para los demás, las
quieren para sí mismos.
- 219 -
¿Por qué entonces centrar la atención y orientar las actividades
hacia las urnas, hacia lo que divide, en vez de aplicarse efectiva-
mente a unir a toda la gente alrededor de peticiones sobre las que
todos estarán de acuerdo?
Nunca se obtuvo una reforma importante a partir de la forma-
ción de un partido político. Casi siempre, el partido establecido con
miras a una gran reforma muere por fracaso electoral; y si por ca-
sualidad llega al poder, encuentra tantos obstáculos que finalmente
se detiene y no mantiene más objetivos que permanecer en el poder
sin hacer nada aparte de lo que hacen los partidos tradicionales. Para
superar estos obstáculos, le hacía falta una fuerza: la de la gente su-
ficientemente informada, y formada en el campo político.
Además, una reforma no puede salir de una elección. Se obtiene
de una manera natural y democrática, de la madurez de una idea
clave bien cultivada; se obtiene de su aceptación, su petición, de
parte de un número suficiente de personas, de crear una voluntad
general, expresada sin estar amarrada a los riesgos de los resultados
electorales.
- 220 -
El Crédito Social entrará a la legislación de un país cuando se
convierta en el objeto de una petición general, tan fortalecida que
los partidos políticos le darán la bienvenida en sus programas. Con-
finarla a un partido político es enlazar su destino al destino electoral
de ese partido. Y puede significar retroceder, en vez de avanzar.

Una nueva idea se esparce a través de la propaganda, echa raí-


ces a través del estudio. Entre más nueva sea la idea más grandes
serán sus repercusiones, entre más esfuerzo requiera su propagación
e implantación, usualmente requerirá más tiempo, pero siempre más
perseverancia. La propagación de esta idea necesita muchos más
apóstoles que parlamentarios.

Los instigadores de nuevos partidos sin duda consideran que la


educación política del pueblo tomaría demasiado tiempo, si en al-
gún momento pensaron en ello. Una votación breve les parece un
método más normal y, especialmente, un método más rápido. El
resultado: tumbas, que ni siquiera son visitadas por aquellos que
apoyaron a sus difuntos partidos. Un buen número de estos caballe-

- 221 -
ros desde ese entonces se han acomodado bajo las alas de partidos
tradicionales, que ellos sin embargo habían denunciado.

Uno debe afianzar la fuerza del pueblo, para que su peso sobre
los gobiernos exceda la fuerza de los poderes financieros. No es en
un parlamento donde se afianza la fuerza del pueblo. Es donde está
el pueblo — fuera de los parlamentos. Y es el lugar que ocupa un
verdadero movimiento de Crédito Social.

Douglas y las elecciones

El Secretariado del Crédito Social, un organis-


mo fundado por el mismo mayor Douglas, ha vuelto
a publicar un discurso dado por el fundador del Cré-
dito Social, el 7 de marzo de 1936. Ese día, Douglas
no hablaba al público en general, sino a creditistas.

En ese discurso, Douglas recomienda una política de presión,


y condena fuertemente los métodos de los partidos políticos, espe-
cialmente el del llamado “Partido del Crédito Social”. Él condena
- 222 -
este método, no sólo porque está condenado al fracaso antes de co-
menzar, sino también porque relaciona algo hermoso como lo es
el Crédito Social con la política electoral. Douglas llega tan lejos
como para afirmar:
“Si ustedes eligen un partido de Crédito Social, suponiendo que
puedan hacerlo, yo debo decir que considero esa elección de un par-
tido de Crédito Social en este país como una de las más grandes
catástrofes que puedan ocurrir.”
La función propia de un miembro del parlamento, explicó Do-
uglas, es recibir y transmitir al gobierno la expresión de la voluntad
legítima del constituyente. La función propia del gobierno es reci-
bir esta exigencia y ordenar a los expertos seguirla (los expertos,
por tanto los financistas para los asuntos financieros). Uno no debe
decirle a estos expertos cómo llegar a este objetivo, sino señalar el
resultado a alcanzar y exigir este resultado.
Y el papel del pueblo es hacerse consciente de los objetivos que
comúnmente quiere, y expresar esta voluntad a sus representantes.

- 223 -
Es donde debe comenzarse, desde donde debe organizarse, con los
electores.
En palabras de Douglas: “Si usted está de acuerdo en que el ob-
jeto de enviar hombres al Parlamento es obtener lo que usted quiere,
¿entonces por qué elegir un grupo especial de hombres, o un partido
en especial? Los hombres que están ahí deberían conseguirle lo que
usted quiere — ese es su negocio. No es su negocio decir cómo
debe conseguirse. Cómo se hacen las cosas es responsabilidad del
experto.”
A los expertos debe decírseles lo que los ciudadanos quieren, y
esta exigencia debe provenir de los mismos ciudadanos.
El electoralismo ha pervertido el sentido de la democracia. Todo
lo que los partidos políticos pueden hacer es dividir al pueblo, de-
bilitar su fuerza y llevarlo a decepciones. Añadir otro partido sólo
puede añadir otra decepción con otro nombre. Una decepción aún
más desastrosa si la aventura arrastra con sí el término de una causa
excelente como el Crédito Social.

- 224 -
En la raíz del mal
— ¿Por qué criticar y denunciar el actual sistema financiero?
Porque no cumple su finalidad.
— ¿Cuál es la finalidad de un sistema financiero?
La finalidad de un sistema financiero es financiar. Financiar la
producción de bienes que responden a necesidades, y financiar la
producción de estos bienes para que alcancen esos fines.
Si el sistema financiero hace esto, cumple su papel. Si no lo hace,
no cumple su papel. Si hace algo diferente, va más allá de su papel.
— ¿Por qué dice que el sistema financiero actual no cumple con
su papel?
Porque hay bienes – bienes públicos y bienes privados – solici-
tados por la población, que son con certeza alcanzables físicamente,
pero que no se concretan porque el sistema financiero no financia
su producción. Adicionalmente, hay bienes ofrecidos a una pobla-
- 225 -
ción que los necesita, pero en la cual algunos individuos y familias
no pueden conseguirlos, porque el sistema financiero no financia el
consumo. Estos son hechos innegables.
— ¿Con qué se financia la producción o el consumo?
Con medios de pago (créditos en efectivo). Estos medios de
pago (créditos en efectivo) pueden consistir de monedas, billetes, o
cheques girados contra cuentas bancarias.
Todos estos medios de pago (créditos en efectivo) pueden ser
incluidos en el término “crédito financiero”, porque todo el mundo
los acepta con confianza. La palabra crédito implica confianza. Us-
ted acepta con la misma confianza 4 cuartos, o un billete de 1 dólar
del Banco de Canadá, o un cheque de 1 dólar de cualquier banco
en el que el endosante tenga una cuenta bancaria. Usted sabe, en
realidad, que con cualquiera de estos tres medios de pago (créditos
en efectivo), usted puede pagar trabajo o materiales por el valor de
1 dólar si es un productor, o bienes de consume por valor de 1 dólar
si es un consumidor.

- 226 -
— ¿De dónde obtienen su valor este “Crédito Financiero, y estos
medios de pago (créditos en efectivo)?
El crédito financiero obtiene su valor del “crédito real”. Es decir,
de la capacidad de producción del país. Un dólar, o cualquier mo-
neda, tiene valor sólo porque la producción del país puede producir
bienes que equivalgan en valor. Uno puede llamar a esta capacidad
de producción “crédito real”, porque es un factor real de confianza.
Es el crédito real de un país, su capacidad de producción, lo que
causa que uno tenga confianza en poder vivir en ese país.
— ¿A quién pertenece éste “crédito real?
Es un bien de la sociedad. No hay duda que las capacidades
individuales y colectivas de todas las clases contribuyen a ello. Pero
sin la existencia de recursos naturales, que son un regalo de la Pro-
videncia y no el resultado de la capacidad individual, sin la existen-
cia de una sociedad organizada que permita la división del trabajo,
sin servicios como escuelas, caminos, medios de transporte, etc., la
capacidad de producción global sería mucho más débil, muy débil

- 227 -
de hecho.
Por eso hablamos de producción nacional, economía nacional,
lo cual no quiere en ningún momento decir producción controlada
por el Estado. Es en esta capacidad de producción global que los
ciudadanos, cada ciudadano, debe poder encontrar una base de con-
fianza para la satisfacción de sus necesidades materiales. Pío XII
dijo en su mensaje radial de 1941:
“La economía nacional, el fruto de las actividades de los hom-
bres que trabajan juntos en la comunidad nacional, no tiende sino
a asegurar, sin interrupción, las condiciones materiales en las que
la vida individual de los ciudadanos podrá ser desarrollada plena-
mente.”
— ¿A quién pertenece este “crédito financiero”?
En su fuente, el crédito financiero pertenece a la colectividad, de
igual forma que el crédito real del cual obtiene su valor. Es un bien
de la comunidad del cual deben beneficiarse, de una forma u otra,
todos los miembros de la comunidad.
- 228 -
Como el “crédito real”, el crédito financiero es, por su misma
naturaleza, un crédito social (pertenece a todos los miembros de la
sociedad).
El uso de éste bien de la comunidad no puede estar sujeto a con-
diciones que disminuyan la capacidad de producción, o que desvíen
la producción de su fin apropiado, que es satisfacer las necesidades
humanas: necesidades de naturaleza pública y privada, en su orden
de urgencia; la satisfacción de las necesidades básicas de todos, an-
tes que las demandas de bienes de lujo de unos pocos; también antes
que el esplendor y los planes faraónicos de los administradores pú-
blicos, codiciosos de ganar fama.
— ¿Es posible obtener de la economía, en general, el respeto a
esta jerarquía de las necesidades, sin una dictadura que planea todo,
impone programas de producción, y administra la distribución de
los bienes?
Es ciertamente posible, con un sistema financiero que garantice
a cada individuo una parte del crédito financiero de la comunidad.

- 229 -
Una cuota suficiente, de manera que el individuo pueda él mismo
pedir, de la producción del país, lo suficiente para satisfacer al me-
nos sus necesidades básicas.
Tal sistema financiero no dictaría nada. La los programas de pro-
ducción se tomarían de los pedidos de los consumidores, al menos
en lo que respecta a los bienes privados; y los tomaría de los pedidos
provenientes de las administraciones públicas, en lo que respecta a
los bienes públicos. El sistema financiero por ende serviría, de un
lado, para expresar la voluntad de los consumidores; de otro, estaría
al servicio de los productores para movilizar la capacidad producti-
va del país en la dirección de los pedidos así expresados.
Para ello, por supuesto, es necesario tener un sistema financiero
que se someta a la realidad, y no uno que ejerce la violencia sobre
ella. Un sistema financiero que refleje hechos, y no que se desvíe de
ellos. Un sistema financiero que distribuya, y no que racione. Un
sistema financiero que sirva al hombre, y no que lo degrade.
— ¿Es un sistema financiero como ese concebible?

- 230 -
Sí. Sus lineamientos fueron dados por Clifford Hugh Douglas, el
maestro y genio que expuso al mundo lo que se llama Crédito Social
(que no debe mezclarse con la prostitución de los partidos políticos
que se embisten a sí mismos con ese nombre).
Douglas resumió en tres propuestas los principios básicos de
un sistema que cumpliría con estos fines y, adicionalmente, sería
suficientemente flexible para seguir a la economía y todos sus de-
sarrollos, hasta cualquier grado de mecanización, motorización o
automatización.
Las tres propuestas de Douglas
— ¿Cuáles son las tres propuestas de Douglas?
Douglas públicamente estableció estas tres propuestas en sendas
ocasiones: en Swanwick, en 1924; ante el Comité MacMillan, en
mayo de 1930; y en un discurso dado en Caxton may, Londresm en
octubre de 1930. Y las reprodujo en algunos de sus escritos, entre
otros, en “El Monopolio del Crédito”.

- 231 -
La primera de estas propuestas se relaciona con la financiación
del consume, mediante el ajuste entre el poder de compra y los pre-
cios:
“Los créditos en efectivo de la población de cualquier país de-
ben ser en todo momento colectivamente iguales a los precios en
efectivo colectivos para los bienes de consume a la venta en ese
país, y tales créditos en efectivo deben cancelarse o depreciarse sólo
en la compra o en la depreciación de los bienes de consumo”.
Douglas no cambió nada en los términos de su propuesta: eran
los mismos en 1930 o en 1924. En esta propuesta, para mencionar
los medios de pago, en especie o en dinero en papel, en manos de los
consumidores, Douglas usa el término “créditos en efectivo”, entre
tanto, cuando habla de la financiación de la producción, simplemen-
te dice “créditos”.
La diferencia entre los dos es que el dinero en manos de los
consumidores es de ellos: para ellos es el poder de compra que usan
como les plazca para obtener los productos que escojan. Mientras

- 232 -
que los créditos de producción son avances que el productor debe
pagar cuando sus productos hayan sido vendidos.
— ¿Cuál es el fin de esta primera propuesta hecha por Do-
uglas?
El fin de esta propuesta es alcanzar lo que podría llamarse el per-
fecto poder de compra, al establecer un equilibrio entre los precios
que se pagan por los compradores y el dinero en sus manos.
El Crédito Social hace una distinción entre el precio de costo, y
el precio que debe pagar el comprador (precio en efectivo). El com-
prador no tendría que pagar todo el precio de costo, sino sólo éste
precio reducido a un nivel correspondiente a los medios de pago
(créditos en efectivo) en manos de la población.
El precio de costo debe siempre recuperarse por el productor
si desea permanecer activo en el negocio. Pero el precio que debe
pagarse debe estar al nivel del poder de compra en manos de los
consumidores, si uno quiere que la producción alcance su fin, que
es el consumo.
- 233 -
— ¿Cómo puede esta segunda condición llevarse a cabo?
Mediante un mecanismo de ajuste de precios. Un ajuste y no un
arreglo de precios: establecer el precio de costo es un asunto que
respecta a los mismos productores; son ellos quienes saben lo que
les cuesta la producción de acuerdo con sus gastos.
El ajuste propuesto consistiría de un coeficiente que se aplicaría
a todos los precios de venta. Este coeficiente se calcularía periódica-
mente (cada tres o seis meses, por ejemplo), de acuerdo con prome-
dio de consumo total y la producción total en un período dado.
Si, por ejemplo, durante este período, el total de la producción
fue de $40.000 millones, y el consume total fue de $30.000 millo-
nes, uno puede concluir que, sin importar cuánto hayan sido los
precios de costo contabilizados, en la realidad, la producción de
$40.000 millones le ha costado al país $30.000 millones. Por tanto,
$30.000 millones es el costo real de la producción total de $40.000
millones. Y si los productores deben recuperar $40.000 millones, los
consumidores, por su parte, deben pagar solo $30.000 millones. Los

- 234 -
restantes $10.000 millones deben ser proveídos a los productores a
través de otra fuente, no a través de los compradores. Corresponde
al sistema monetario asegurarse de ello.

En este caso, un coeficiente de 3/4 será aplicado a todos los pre-


cios de venta: los precios de venta serán multiplicados por este co-
eficiente, por, 3/4 o 0.75. El comprador entonces pagará solo el 75%
del precio de costo.

En otras palabras, un descuento general del 25% (lo opuesto a


un impuesto a las ventas) será decretado sobre todos los precios de
venta por el lapso del nuevo término. Al final de cada término, la
tasa de descuento general se calcula de acuerdo con el estado del
consumo en relación con el estado de la producción de un período
dado. Por tanto uno se acerca al poder de compra perfecto tanto
como sea posible.

Esta operación es algunas veces llamada un precio compensa-


do o descuento compensado, porque el dinero que el vendedor no
obtiene del comprador, por el descuento, se le entrega después por
- 235 -
la Oficina Nacional de Crédito. Esta compensación permite al ven-
dedor recuperar su precio de costo total. Nadie pierde. Todos ganan
por la venta de los bienes hechos más accesibles a las necesidades.

— ¿Y cuál es la segunda propuesta de Douglas?


La segunda propuesta de Douglas se relaciona con la financia-
ción de la producción. Fue expresada como sigue, por su autor, en
Swanwick, y ante el Comité MacMillan:
“Los créditos necesarios para financiar la producción deben ser
suministrados no de los ahorros, sino ser nuevos créditos en propor-
ción a la nueva producción”.
Et Caxton Hall, en octubre de 1930, Douglas cambió el final de
su afirmación: “nuevos créditos en proporción a la producción.”
No dice “nueva producción”, solo “producción”. Obviamente,
ambos son sinónimos. En la medida en que la producción se hace, es
nueva producción. Una nueva producción para mantener el flujo de
producción hacia el lugar donde el consumidor hace compras.

- 236 -
Algunos han dado una interpretación errada de esta propuesta
como aplicable solo a un incremento en el volumen de producción,
lo cual ciertamente no es el caso de acuerdo con el contexto de las
tres propuestas.
Douglas añade:
Y estos créditos deberán ser solicitados solo en relación al pro-
medio entre depreciación general y apreciación general, enriqueci-
miento general.
¿Por qué financiar producción en esta forma, con nuevos crédi-
tos, y no con ahorros? Porque los ahorros vienen del dinero que se
ha distribuido en relación con una producción realizada. Ahora todo
este dinero se ha ido en el precio de costo de la producción realiza-
da. Si este dinero no se usa para comprar producción, la brecha entre
los medios de pago y los precios se incrementará.
Uno puede argumentar que los ahorros usados para financiar un
nuevo flujo de producción, a través de las inversiones o similares,
vuelve a circular como poder de compra. Es cierto, pero a medida
- 237 -
que se hacen gastos por parte del productor, creando por tanto un
nuevo precio. Ahora, la misma cantidad de dinero no puede servir
para pagar, al mismo tiempo el precio correspondiente de la anterior
producción y el precio correspondiente de la nueva producción.
Cada vez que el dinero ahorrado vuelve a los consumidores, es
creando un nuevo precio, sin haber pagado un precio anterior, de-
jado sin el correspondiente poder de compra cuando este dinero se
convierte en ahorro.
— ¿Y qué pasa con la tercera propuesta financiera de Douglas?
La tercera propuesta introduce un Nuevo elemento dentro del
poder de compra: la distribución de un dividendo a todos, emplea-
dos o no en la producción. Es por tanto un factor componente del
poder de compra, que no deja a ningún individuo sin los medios de
pago.
Es el reconocimiento del derecho de todos a una parte de la pro-
ducción, como co-capitalistas, co-herederos del más grande factor
de producción moderno: el progreso adquirido, ensanchado y trans-
- 238 -
mitido de generación en generación. Igualmente, como copropieta-
rios de los recursos naturales, un regalo, gratis, de Dios.
También es la forma de mantener un flujo de poder de compra en
relación con el flujo de producción, aunque la producción cada vez
necesite menos empleados. Por tanto, sería la solución al más gran-
de dolor de cabeza actual, que hace que los economistas se golpeen
la cabeza contra las paredes, y que hace ver tontos a los gobiernos
frente a su política de pleno empleo. La búsqueda del pleno empleo
no tiene sentido, es difícil de justificar de parte de seres inteligentes,
mientras que el progreso inexorablemente se aplica a liberar al tra-
bajador, a hacer le necesidad de empleados más y más inútil.
He aquí como Douglas mismo se expresó:
“La distribución de efectivo a los individuos debe ser progresi-
vamente menos dependiente del empleo. Esto es decir que el divi-
dendo progresivamente irá progresivamente desplazar al sueldo y
al salario”.
Progresivamente, — como Douglas lo expresó en otra parte — a
- 239 -
medida que la productividad se incrementa por horas-hombre. Esto
está completamente de acuerdo con la participación respectivamen-
te asumida por el trabajo y el progreso en el flujo de producción.
El progreso, — un bien colectivo — se hace cada vez más im-
portante como factor de producción, y el trabajo humano, cada vez
menos. Esta realidad debe reflejarse en la distribución de los in-
gresos, a través de dividendos a todos, de un lado, y a través de la
recompensa al empleo, del otro.
— ¿Pero esto no es proponer darle la vuelta a todo en cuanto
a los métodos de financiación de la producción y en el método de
distribución de lo que puede reclamarse de la producción?
Es, sobre todo, y mucho más sencillamente, un cambio de filoso-
fía, en el concepto del rol de los sistemas económicos y financieros,
devolviéndolos a sus propios fines, obtenidos por medios apropia-
dos. Es hora de que los fines y los medios vuelvan a su lugar apro-
piado. Es hora de que la perversión dé paso a la rectificación.
— ¡Pero todo parece implicar que el dinero, o el crédito finan-
- 240 -
ciero, pueden llegar, así no más, a financiar la producción y el con-
sumo!
Ciertamente. El sistema monetario es esencialmente un sistema
de contabilidad. ¿A los contadores les hacen falta números para con-
tra, sumar, restar, multiplicar, dividir, hacer reglas de tres, expresar
porcentajes?
Aún más, lo hechos están ahí, para mostrar que el dinero es un
asunto de cifras: cifras que los monopolizadores del sistema pueden
hacer aparecer o desaparecer de acuerdo con sus decisiones, sin nin-
gunos otros ítems concretos que un libro, un bolígrafo, y unas pocas
gotas de tinta.
En un discurso pronunciado en Westminster, el 7 de marzo de
1936, C .H. Douglas dijo a sus audiencia — una audiencia de Cré-
dito Social:
“Nosotros, los Creditistas, decimos que el sistema monetario en
la actualidad no refleja los hechos. La oposición dice que sí. Bue-
no, lo dejo a su buen sentido. Cómo es posible que un mundo que
- 241 -
estaba aparentemente casi con fiebre de prosperidad en 1929 — o
se alegaba que así era, a juicio de los estándares ortodoxos — y con
certeza capaz de producir tremendas cantidades de bienes y servi-
cios y distribuir una proporción considerable de ellos, pudiese estar
tan empobrecido en 1930, y tan fundamentalmente cambiado que
las condiciones fueron invertidas y el mundo estaba abyectamente
pobre? ¿Es razonable suponer que entre una fecha dada en octubre
de 1929, y unos pocos meses después, el mundo cambiaría de ser
rico a ser pobre? Por supuesto que no lo es.”
Douglas hizo este comentario tres años y medio antes del inicio
de la segunda guerra mundial. Una vez se declare, todo el mundo
podía hacerse una pregunta de la misma naturaleza que la de Do-
uglas, pero en sentido inverso:
¿Cómo es posible que después de una escasez de dinero de 10
años, repentinamente encontraron, de la noche a la mañana, todo el
dinero que se necesitaba para una Guerra que duró seis años y que
costó miles de millones?

- 242 -
La misma respuesta sirve en ambos casos: el sistema monetario
es solo una cuestión de contabilidad, y necesita sólo cifras que lle-
ven un sello legal. Por tanto, si el dinero hace falta frente a grandes
posibilidades de producir para satisfacer las necesidades humanas
normales, y si el dinero se hace abundante cuando se pide a los pro-
ductores y a los medios de producción para los campos de batalla y
la producción de motores de guerra, es porque el actual sistema mo-
netario impone decisiones, en vez de reflejar fielmente los hechos
que resultan de los actos libres, llevados a cabo por productores
libres y consumidores libres.

- 243 -
9
EL CRÉDITO SOCIAL Y LA DOCTRINA
SOCIAL DE LA IGLESIA (I PARTE)

www.periodicosanmiguel.org
C.H. Douglas nos dijo que el Crédito Social podía definirse en
dos palabras: cristianismo aplicado. En efecto, un estudio compara-
tivo del Crédito Social y de la doctrina social de la Iglesia enseña
hasta qué punto el establecimiento de las propuestas financieras del
Crédito Social aplicaría de maravilla la enseñanza de la Iglesia so-
bre la justicia social. (Tomado de “La Batalla de San Miguel”)

El primer ejemplar del periódico “Vers Demain” (Hacia maña-


na), fundado por Louis Even y Gilberte Côté, fue publicado en Ca-
nadá en septiembre de 1939 (su versión en Inglés, conocida como
“Michael”, se publicó por vez primera en 1953 y la versión en espa-
ñol “San Miguel” en el 2003).

Pero, ¿cuál es precisamente el mensaje que lleva este diario?


¿Por qué se fundó este periódico? ¿Cuáles fueron las intenciones y
los objetivos de sus fundadores? Este mensaje, este objetivo, es el
mismo en el 2006 como al principio, en 1939: promover el desarro-
llo de un mundo mejor, una sociedad más cristiana, a través de la
difusión e implementación de las enseñanzas de la Iglesia Católica

- 245 -
Romana, en todos los sectores de la sociedad. La búsqueda de un
mundo mejor: precisamente por esta razón que los fundadores del
periódico lo llamaron “Vers Demain” (Hacia el Mañana); querían
construir un futuro mejor que el hoy.

Louis Even era, él mismo, un gran católico, y es-


taba convencido que un mundo mejor solo pue-
de construirse sobre los principios eternos del
Evangelio y las enseñanzas de su Iglesia — la
Iglesia Católica Romana — cuya cabeza visible
en la Tierra es el Sumo Pontífice, actualmente
Benedicto XVI.

Adicionalmente, los objetivos de los periódicos “Vers


Demain”, “Michael”, y “San Miguel” están claramente señalados en
la portada de cada número, justo bajo el logo. Uno puede leer a la
izquierda: “Un periódico de Laicos Católicos por el reino de Jesús
y María en las almas, familias y naciones.” Y a la derecha: “Por
una economía de Crédito Social de acuerdo con las enseñanzas de

- 246 -
la Iglesia a través de la acción vigilante de padres de familia y no
a través de partidos políticos” (que significa, entre otras cosas, que
la filosofía de “Crédito Social” a la que se hace referencia aquí no
tiene nada que ver con partidos políticos, ni siquiera los llamados
“partidos de Crédito Social”, sino que es simplemente una reforma
económica que puede ser aplicada por cualquier partido político en
el poder).

“San Miguel” es un periódico de patriotas católicos, que también


tiene que ver con una reforma económica, a través de una “Nueva
Economía” o “Crédito Social”. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver esto
con la religión?, alguien se preguntará. El sistema de Crédito Social
o Nueva Economía no es más que un método, una forma de aplicar
la Doctrina Social de la Iglesia, la cuál es parte integral de las en-
señanzas de la Iglesia Católica. Por consiguiente, el periódico “San
Miguel” no se aleja de su primer objetivo que es el promover el
desarrollo de una sociedad más Cristiana mediante la difusión de la
enseñanzas de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.”

- 247 -
¿Por qué una Doctrina Social?
Si la Iglesia interviene en materias sociales y ha desarrollado
una serie de principios que han sido llamados “Doctrina Social de
la Iglesia”, es esencialmente porque, tal como el Papa Benedicto
XV dijo, “…es en el campo económico en el que la salvación de la
almas está en juego…”. Su sucesor inmediato, el papa Pío XI, tam-
bién escribió: “Puede decirse, con toda verdad, que actualmente las
condiciones de la vida social y económica son tales, que extensas
multitudes de hombres no pueden prestar atención a lo que verdade-
ramente es esencial y necesario, esto es, su salvación eterna. (Carta
encíclica, Quadragessimo Anno, 15 de mayo de 1931).

Pío XII empleó palabras similares en su programación de ra-


dio del 1 de junio de 1941: “¿Como puede la Iglesia, como Madre
amorosa que se preocupa por el bienestar de sus hijos permitirse el
permanecer indiferente cuando vemos sus privaciones, permanecer
en silencio o pretender no ver y no entender las condiciones sociales
que, voluntariamente o no, hacen difícil y prácticamente imposible
- 248 -
una conducta cristiana en conformidad con los Mandamientos del
Soberano Dador de la Ley?” Y del mismo modo se expresan todos
los Papas, incluyendo actualmente a Benedicto XVI.

Permeando a la sociedad con el Evangelio

El 25 de octubre de 2004, el Ponti-


ficio Consejo de Justicia y Paz publicó
el largamente esperado “Compendio
de la Doctrina Social de la Iglesia”,
que presenta, en forma sistemática
(330 páginas de texto más un índice de
200 páginas), los principios de la Doc-
trina Social de la Iglesia en diversas
áreas de la vida pública. El trabajo en
éste volumen había comenzado 5 años
antes bajo la presidencia del difunto
Cardenal Francisco Javier Nguyen van
Thuan, quién falleció en septiembre de

- 249 -
2002. El libro está dedicado al difunto Santo Padre Juan Pablo II,
“maestro de Doctrina Social y testigo evangélico de la justicia y
la paz”, quien en 1999, en la Exhortación Apostólica Post-sinodal
Ecclesia in América recomendó que “…sería muy útil tener un com-
pendio o una síntesis aprobada de la Doctrina Social Católica, inclu-
yendo un catecismo que muestre la conexión entre ella y la Nueva
Evangelización. En éste Compendio puede leerse:

“La Doctrina Social de la Iglesia es una parte integral de su mi-


nisterio de evangelización…Nada correspondiente a la comunidad
de hombres y mujeres — situaciones y problemas concernientes a
la justicia, la libertad, el desarrollo, las relaciones entre los pueblos,
la paz — es extraño a la evangelización, y la evangelización sería
incompleta si no tuviera en cuenta las demandas mutuas continua-
mente hechas por el Evangelio y por la vida concreta, personal y
social del hombre (párrafo 66). Con su Doctrina Social, la Iglesia
apunta a ‘ayudar al hombre en el camino de la salvación.’ Este es su
primordial y único propósito (69). La Iglesia tiene derecho a ser la
maestra de la humanidad, la maestra de la verdad de la fe: la verdad

- 250 -
no sólo de dogmas, sino de la moral cuya fuente nace de la misma
naturaleza humana y del Evangelio (70).

“De un lado, la religión no debe restringirse a la simple ‘esfera


privada’; de otro lado, el mensaje Cristiano no debe relegarse a ser
una puramente salvación ultraterrena incapaz de arrojar luz sobre
nuestra existencia terrenal. Por la relevancia pública del Evangelio
y la fe, por los efectos corruptores de la injusticia, esto es, del peca-
do, la Iglesia no puede permanecer indiferente a los asuntos socia-
les. ‘A la Iglesia pertenece el derecho a anunciar principios morales
siempre y en todas partes, incluyendo aquellos pertinentes al orden
social, y hacer juicios sobre cualquier asunto humano al extremo
de ser requeridos por los derechos fundamentales de la persona hu-
mana o a la salvación de las almas.’ (Código de Derecho Canónico,
canon 747, n. 2.) (71).

La Iglesia no puede permanecer indiferente a situaciones como


el hambre y la deuda externa en el mundo, que ponen en juego la
salvación de las almas y, es por esto, que hace un llamado a una

- 251 -
reforma de los sistemas económicos y financieros para ponerlos al
servicio de la persona humana. La Iglesia por tanto presenta, los
principios morales por los que el sistema económico y financiero
debe ser juzgado. Y dado que dichos principios deben ser aplicados
de un modo práctico, la Iglesia hace un llamado a la fe de los laicos -
cuyo propio rol, de acuerdo al Concilio Vaticano II, es precisamente
la renovación del orden temporal para darle cabida al orden del plan
de Dios- a trabajar en la búsqueda de soluciones concretas de un
sistema económico que conforme con las enseñanzas del Evangelio
y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Hacia una Nueva Economía (Crédito Social)

Es por esta razón que Louis Even decidió dar a conocer la doc-
trina del Crédito Social –una serie de principios y propuestas finan-
cieras establecidas por primera vez en 1918 por el ingeniero escocés
Clifford Hugh Douglas, para resolver el recorte crónico del poder de
compra en las manos de los consumidores.

- 252 -
Las palabras “Crédito Social” significan dinero social, o dinero
nacional, dinero emitido por la sociedad, en contraposición con lo
que se maneja actualmente y que es el “crédito bancario”, dinero
emitido por los bancos.

Cuando Louis Even descubrió el gran potencial del Crédito So-


cial en 1935, inmediatamente comprendió de qué manera esta solu-
ción podría ser aplicada a los principios cristianos de justicia social
en economía, especialmente aquellos concernientes al derecho de
todos de utilizar los bienes materiales, de la distribución del pan
nuestro de cada día, a través de la correcta repartición de un dividen-
do social para cada ser humano.

Es por esto que, en cuanto tuvo esa luz, Louis Even sintió como
su deber, el de comunicárselo a todo el mundo.

Cuatro Principios Básicos

La Doctrina Social de la Iglesia puede resumirse en cuatro prin-


cipios, o cuatro “pilares”, sobre los cuales todo sistema en la socie-
- 253 -
dad debe estar fundamentado. Se lee en los párrafos 160 y 161 del
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia:

Los principios permanentes de la Doctrina Social de la Iglesia


constituyen el verdadero corazón de la enseñanza social Católica.
Estos son los principios de:

1. La dignidad de la persona humana, que es el fundamento


de todos los demás principios y del contenido de la Doctrina Social
de la Iglesia;

2. El bien común;

3. La subsidariedad;

4. La Solidaridad.

Estos son principios de un carácter general y fundamental, dado


que tienen relación con la realidad de la sociedad entera…Debido a
su permanencia en el tiempo y la universalidad de su significado, la
Iglesia los presenta como los parámetros primarios y fundamenta-
- 254 -
les de referencia para interpretar y evaluar los fenómenos sociales,
lo cual es fuente necesaria para desarrollar el criterio para el dis-
cernimiento y orientación de las interacciones sociales en todas las
áreas.

Primacía de la Persona Humana

La doctrina social de la Iglesia puede resumirse en este principio


base: la primacía de la persona humana.

La doctrina social cristiana tiene por luz la Verdad, por objetivo


la Justicia y por fuerza dinámica el Amor…Su principio básico es
que los seres humanos son y tienen que ser fundamento, meta y mo-
tivo de todas las instituciones en que se manifiesta la vida social”.
(Juan XXIII, encíclica Mater et Magistra, 15 de mayo de 1961, nn.
219 y 226.)

El Compendio establece: “La Iglesia ve en el hombre y la mu-


jer, en todas las personas, la imagen viviente del mismo Dios. Esta
imagen encuentra, y debe siempre encontrar, un más profundo y
- 255 -
completo desdoblamiento de si misma en el misterio de Cristo, ima-
gen perfecta de Dios, quien revela a Dios al hombre, y al hombre a
sí mismo”. (105)

“Toda la vida social es una expresión de su protagonista indis-


cutible: la persona humana. ‘La persona humana es, y debe siempre
permanecer, el sujeto, fundamento y objetivo de la vida social.” (Pío
XII, mensaje radial del 24 de diciembre de 1944.) (106)

“Una sociedad justa puede convertirse en una realidad solo


cuando está basada en el respeto de la dignidad trascendente de la
persona humana. La persona representa el fin último de la sociedad,
por lo que se ordena a la persona: ‘He aquí que, el orden social y
su desarrollo deben invariablemente trabajar por el beneficio de la
persona humana, ya que el orden de las cosas es estar subordinadas
a las personas, y no al revés.” (Concilio Vaticano II, Constitución
Pastoral Gaudium et Spes, 26).

“El respeto a la dignidad humana no puede en forma alguna ser


separado de la obediencia a este principio. Es necesario ‘conside-
- 256 -
rar a todo prójimo sin excepción como otro yo, teniendo en cuenta
primero que todo su vida y los medios necesarios para vivirla con
dignidad’. Cualquier programa político, económico, social, cientí-
fico y cultural debe estar inspirado por la conciencia de la primacía
de cada ser humano sobre la sociedad.” (132)

Sistemas al servicio del hombre

El Crédito social comparte la misma filoso-


fía. Clifford Hugh Douglas escribió en el primer
capítulo de su libro “Democracia Económica:
“Los sistemas están hechos para el hombre,
y no los hombres para los sistemas, y el interés
del hombre, que es el auto-desarrollo, está por
encima de todos los sistemas.”
En su primera Carta Encíclica Redemptor
Hominis (El Redentor de los Hombres, del 4 de
marzo de 1979), el Papa Juan Pablo II habló de “las indispensa-

- 257 -
bles transformaciones de las estructuras de la vida económica, de
la pobreza en medio de la abundancia que pone en cuestión los me-
canismos financieros y monetarios … (n. 15). El hombre no puede
eliminarse a sí mismo, o el lugar que le pertenece en el mundo vi-
sible; no puede convertirse en el esclavo de las cosas, el esclavo de
los sistemas económicos, el esclavo de la producción, el esclavo de
sus propios productos.” (n .16)
Todos los sistemas deben estar al servicio del hombre, incluyen-
do los sistemas financieros y económicos:
“De Nuevo quiero abordar un asunto muy doloroso y delica-
do. Me refiero al tormento de los representantes de varios países,
quienes ya no saben enfrentar el intimidador problemas de contraer
deudas. Una reforma estructural del sistema financiero mundial es,
sin duda, una de las iniciativas que parece más urgente y necesaria.”
(Mensaje del Santo Padre a la 6a Conferencia de las Naciones Uni-
das sobre Comercio y Desarrollo, Ginebra, septiembre 26, 1985.)
“Como sociedad democrática, ¡miren cuidadosamente todo lo
que está pasando en este poderoso mundo del dinero! El mundo de
- 258 -
las finanzas también es un mundo humano, nuestro mundo, sometido
a la conciencia de todos nosotros; para él también existen principios
éticos. ¡Así que fíjense especialmente en que puedan contribuir a la
paz mundial con su economía y sus bancos y no una contribución
— tal vez en forma indirecta — a la guerra y la injusticia!” (Juan
Pablo II, homilía en Flueli, Suiza, junio 14, 1984.)
En su Carta Encíclica Centesimus Annus (publicada en 1991
para el centésimo aniversario de la Encíclica de León XIII Rerum
Novarum), el Papa Juan Pablo II hizo una lista de los derechos hu-
manos básicos (n. 47):
“El derecho a la vida, del cual es parte integral el derecho del
niño a desarrollarse en el vientre de la madre desde el momento
de la concepción; el derecho a vivir en una familia unida y en un
ambiente moral que conduzca al crecimiento de la personalidad del
niño; el derecho a desarrollar la propia inteligencia y libertad bus-
cando y conociendo la verdad; el derecho a compartir el trabajo que
hace sabio uso de los recursos materiales de la Tierra, y a derivar
de ese trabajo los medios para sostenerse y a sus dependientes; y el

- 259 -
derecho a establecer libremente una familia, a tener y criar niños
a través del ejercicio responsable de la sexualidad. En cierto sen-
tido, la fuente y síntesis de estos derechos es la libertad religiosa,
comprendida como el derecho a vivir en la verdad de la fe de uno y
conforme con su dignidad trascendente como persona.”
No al comunismo
La Doctrina Social de la Iglesia se sostiene por encima de los
sistemas económicos existentes, ya que se confina a sí misma al
nivel de los principios. Un sistema económico es bueno o no en la
medida en que aplique estos principios de justicia enseñados por
la Iglesia. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II escribió en su Car-
ta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, en 1987: “La tensión entre el
Este y Occidente es una oposición… entre dos conceptos sobre el
desarrollo de los individuos y los pueblos, siendo ambos conceptos
imperfectos y con necesidad de una corrección radical…Esta es una
de las razones por las que la Doctrina Social de la Iglesia adopta una
actitud crítica tanto hacia el capitalismo liberal y el colectivismo
marxista.”
- 260 -
Uno puede comprender por qué la Iglesia condena al comunis-
mo, o al colectivismo marxista, el cual, como escribió el Papa Pío
XI, es “intrínsecamente maligno”, y anti-cristiano, dado que el fin
que busca es la completa destrucción de la propiedad privada, de la
familia y la religión. Pero ¿por qué condenaría la Iglesia al capitalis-
mo? Podrían el capitalismo y el comunismo ser la misma cosa?
En el segundo capítulo de su encíclica Centessimus Annus, Juan
Pablo II recuerda los diferentes eventos que han tenido lugar en el
mundo, desde la encíclica Rerum Novarum de León XIII hasta el
presente, incluyendo las dos guerras mundiales y el establecimiento
del comunismo en Europa del Este, e indica cómo León XIII acerta-
ba en denunciar al socialismo, el cual, lejos de resolver la cuestión
social, se convertiría en un gran fracaso, causando el sufrimiento de
millones de víctimas inocentes:
“El Papa León avizoró las consecuencias negativas — políticas,
sociales y económicas — del orden social propuesto por el ‘socia-
lismo’… uno debe enfatizar aquí en que la claridad para reconocer
lo maligno de una solución que, aparentando invertir las posiciones

- 261 -
de los pobres y los ricos, en realidad iba en detrimento del mismo
pueblo al que se suponía que debía ayudar. El remedio probó ser
peor que la enfermedad. Definiendo la naturaleza del socialismo de
su época como la supresión de la propiedad privada, León XIII llegó
al centro del problema.”
El error fundamental del socialismo, dijo Juan Pablo II, es el
ateísmo, porque negando la existencia de Dios, de un ser superior
que creó al hombre, uno también niega la existencia de toda ley mo-
ral, toda dignidad y derechos de la persona humana; esto lleva a dic-
taduras, donde el Estado decide lo que está bien para el individuo,
o al desorden social y la anarquía, donde cada individuo elabora su
propio concepto del bien y el mal.
El capitalismo debe ser corregido
Aún cuando el marxismo haya colapsado, ello no significa el
triunfo del capitalismo, porque incluso después de la caída del co-
munismo, todavía hay miles de millones de personas pobres, y si-
tuaciones de injusticia en el mundo:

- 262 -
“La solución marxista ha fallado, pero las realidades de la margi-
nalización y la explotación permanecen en el mundo, especialmen-
te en el Tercer Mundo, como la realidad de la alienación humana,
especialmente en los países más avanzados. Contra este fenómeno
la Iglesia levanta su voz con fuerza. Vastas multitudes aún viven en
condiciones gran pobreza material y moral. El colapso del sistema
comunista en tantos países ciertamente elimina un obstáculo para
enfrentar estos problemas en una forma apropiada y realista, pero
no es suficiente para solucionarlos. Ciertamente, existe el riesgo de
que una ideología radical capitalista que se rehusa a siquiera con-
siderar estos problemas se extienda, con la creencia a priori de que
cualquier intento de resolverlos está condenado al fracaso, y que
ciegamente confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas del
mercado.” (Centessimus Annus, 42.)
Sí a un capitalismo que haya sido curado

En Centesimus Annus, Juan Pablo II reconoce los méritos de la


libertad de empresa, la iniciativa privada y las utilidades: “Parecería

- 263 -
que, al nivel de las naciones individuales y de las relaciones interna-
cionales, el Mercado libre es el instrumento más eficiente para utili-
zar los recursos y responder eficientemente a las necesidades. Pero
ésto sólo es cierto para aquellas necesidades que son ‘solventes’,
en tanto vayan acompañadas de poder adquisitivo, y para aquellos
recursos que son ‘mercadeables’, en tanto son capaces de obtener un
precio satisfactorio. Pero hay muchas necesidades humanas que no
tienen lugar en el mercado. Es un estricto deber de justicia y verdad
no permitir que las necesidades humana continúen insatisfechas, y
el no permitir que quienes las padecen perezcan.” (n. 34.)

La falla que la Iglesia encuentra en el capitalismo actual no es ni


la propiedad privada ni la libertad de empresa. Por el contrario, lejos
de desear la desaparición de la propiedad privada, la Iglesia desea su
más amplia difusión a todos, de manera que todos puedan convertir-
se en propietarios reales del capital, y ser verdaderos “capitalistas”:

“La dignidad de la persona humana necesariamente requiere el


derecho al uso de bienes externos para vivir de acuerdo con las nor-

- 264 -
mas de la naturaleza. Y a este derecho corresponde una obligación
muy seria, la cual requiere que, en la medida de lo posible, sea dada
a todos la oportunidad de poseer la propiedad privada… Por tanto,
es necesario modificar la vida económica y social para que se haga
más fácil el camino hacia una extendida posesión privada de tales
cosas como bienes perdurables, hogares, jardines, herramientas ne-
cesarias para empresas artesanales y granjas familiares, inversiones
en empresas de mediano o gran tamaño.” (Juan XXIII, Carta Encí-
clica Mater et Magistra, mayo 15, 1961, ns. 114-115.)

El Crédito Social, con un dividendo entregado a cada individuo,


reconocería a cada ser humano como un capitalista, co-heredero de
los recursos naturales y el progreso (invenciones humanas, tecno-
logía).

El capitalismo ha sido viciado por el sistema financiero

La falla que la Iglesia encuentra en el sistema capitalista es que


no todos y cada uno de los seres humanos viviendo sobre el planeta

- 265 -
tiene acceso a un mínimo de bienes materiales, permitiéndole una
vida decente, y que aún en los países más avanzados hay miles de
personas que no comen todo lo que podrían. Es el principio de la
destinación de los bienes humanos el que no se cumple: hay abun-
dancia de producción, la distribución es defectuosa.
Y en el sistema actual, el instrumento que permite la distribución
de los bienes y servicios, el símbolo que permite a la gente conse-
guir productos, es el dinero. Es por lo tanto el sistema monetario, el
sistema financiero el que falla en el capitalismo.
Las fallas que la Iglesia encuentra en el sistema capitalista no
provienen de su naturaleza (propiedad privada, libertad de empre-
sa), sino del sistema financiero que utiliza, un sistema financiero
que domina en vez de servir, un sistema que vicia el capitalismo. El
Papa Pío XI escribió en Quadragesimo Anno, en 1931: “El capita-
lismo en sí no debe ser condenado, Y seguramente no está viciado
en su misma naturaleza, pero ha sido viciado.”
Lo que la Iglesia Condena no es el capitalismo como sistema

- 266 -
productivo, sino, de acuerdo con las palabras del Papa Pablo VI, “el
calamitoso sistema que lo acompaña, el sistema financiero”:
“Este liberalismo sin revisiones llevó a una dictadura justamente
denunciada por Pío XI como productora del ‘imperialismo interna-
cional del dinero’. Uno no puede condenar tales abusos con suficien-
te fuerza, porque — permítannos de nuevo recordar solemnemente
— la economía debería estar al servicio del hombre. Pero si es cierto
que un tipo de capitalismo ha sido la fuente de un sufrimiento ex-
cesivo, injusticias y conflictos fratricidas cuyos efectos persisten,
sería equivocado atribuir a la misma industrialización los males que
corresponden al calamitoso sistema que la acompañó. Por el contra-
rio, uno debe reconocer en justicia la irreemplazable contribución
hecha por la organización y el crecimiento de la industria a la tarea
del desarrollo.” (Pablo VI, Carta Encíclica Populorum progressio,
sobre el desarrollo de los pueblos, marzo 26, 1967, n. 26.)
El defecto del sistema: el dinero es creado por los bancos como
deuda

- 267 -
Es el sistema financiero el que no cumple su papel; ha sido des-
viado de su fin (que es hacer coincidir los bienes con las necesida-
des). El dinero no debería ser sino un instrumento de distribución,
un símbolo que da derecho a reclamar algo, un derecho a los pro-
ductos, un simple sistema de contabilidad.
El dinero debería ser un sirviente, un instrumento de servicio,
pero los banqueros, al apropiarse del control sobre su creación, lo
han hecho un instrumento de dominación: dado que la gente no pue-
de vivir sin dinero, todos — gobiernos, corporaciones, individuos
— deben someterse a las condiciones impuestas a ellos por lo ban-
queros para obtener dinero, que es el derecho a vivir en la sociedad
actual. Ello establece una dictadura real sobre la vida económica, los
banqueros se han convertido en los amos de nuestras vidas, como el
Papa Pío XI correctamente señaló en Quadragesimo Anno (n. 106):
“Su poderío llega a hacerse despótico como ningún otro, cuando
dueños absolutos del dinero, gobiernan el crédito y lo distribuyen
a su gusto; diríase que administran la sangre de la cual vive toda
la economía, y que de tal modo tienen en su mano, por decirlo así,
- 268 -
el alma de la vida económica, que nadie podría respirar contra su
voluntad.”
No hay manera en la que cualquier país pueda salir de su deuda
en el actual sistema, dado que — como hemos visto en lecciones an-
teriores — todo el dinero es creado como deuda: todo el dinero que
existe entra en circulación sólo cuando es prestado por los bancos, a
interés. Y cuando el préstamo se paga al banco (sacando este dinero
de circulación), deja de existir. En otras palabras, el dinero nuevo se
crea cada vez que los bancos dan un préstamo, y ese mismo dinero
es destruido cada vez que los préstamos son pagados.
La ley fundamental en este sistema es que cuando los bancos
crean Nuevo dinero en forma de préstamos, le piden a los prestamis-
tas que paguen más dinero del que fue creado. (Los bancos crean el
principal, pero no los intereses). Como es imposible pagar devol-
viendo dinero que no existe, las deudas deben acumularse, o usted
debe pedir prestado también el monto del interés para pagarlo, lo
cual no soluciona su problema sino que solo lo empeora, ya que
usted termina sumergido más profundamente en la deuda.
- 269 -
Esta creación del dinero como deuda por los banqueros es el
medio de imponer su voluntad sobre los individuos, y de controlar
el mundo:
“Dentro de estas acciones y actitudes opuestas a la voluntad de
Dios, el bien del prójimo y las «estructuras» creadas por ellos, dos
son muy típicas: de un lado, el deseo compulsivo ganancias que
todo lo consume, y de otro, la sed de poder, con la intención de
imponer la propia voluntad sobre otros.” (Juan Pablo II, Carta Encí-
clica Sollicitudo rei socialis, n. 37.)
Como el dinero es un instrumento que es básicamente social, la
doctrina del Crédito Social propone que el dinero sea creado por la
sociedad, y no por banqueros privados para sus propias ganancias:

“Hay ciertas categorías de bienes por los que uno puede alegar
con razón que deben ser reservados a la colectividad cuando con-
fieren tal poder económico que no puede, sin peligro para el bien
común, dejarse al cuidado de individuos privados.” (Pío XI, Qua-
dragesimo Anno.)

- 270 -
El efecto del interés compuesto

Instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco


Mundial fingen ayudar a los países con dificultades financieras con
sus préstamos, pero debido a las tasas de interés (interés compuesto)
que tienen que pagar, estos países terminan más pobres de lo que
eran antes de los préstamos. Aquí hay algunos ejemplos impactan-
tes:

Durante el período 1980-1990, los países de América Latina pa-


garon U. S. $418 mil millones en intereses por préstamos originales
de U. S. $80 mil millones... y todavía debían el capital, ¡aunque
habían pagado la deuda más de 5 veces! En Canadá las cosas están
aún peor: 93% de la deuda nacional de $562 mil millones (en 2003)
consistía en intereses: el capital original prestado representa ($39
mil millones) representa sólo el 7% de la deuda. ¡Los restantes $523
mil millones cubren lo que ha costado pedir prestados esos $39 mil
millones!

- 271 -
De acuerdo con la Coalición Jubileo 2000, por cada dólar que
fluye como ayuda a los países pobres cada año, $8 se devuelven
como pagos de la deuda.
Son ejemplos como estos los que llevaron a San León a escribir:
“La avaricia que dice hacer al prójimo un bien mientras lo engaña
es injusta e insolente… Aquel quien, entre las otras reglas de la con-
ducta piadosa no preste su dinero a usura, disfrutará de descanso
eterno… mientras quien se enriquece en detrimento de otros mere-
ce, a cambio, condenación eterna”. San Juan Crisóstomo también
escribió: “Nada es más vergonzoso o cruel que la usura.” (La usura
es cualquier tipo de interés cobrado sobre los préstamos).
Las deudas deben ser borradas
Cualquier persona sensible se dará cuenta que es criminal pe-
dirle a las naciones que continúen pagando intereses sobre deudas
que ya han sido pagadas varias veces. Uno puede ahora ver por qué
la Iglesia condena la usura (el préstamo de dinero a interés), y pide
la cancelación de las deudas. Cuando uno comprende que el dinero

- 272 -
prestado por los bancos es creado literalmente de la nada, con un
simple plumazo (o insertando las cifras en un una computadora),
entonces es fácil entender que las deudas pueden ser canceladas,
borradas, perdonadas, sin que a nadie se le penalice.
El 27 de diciembre de 1986, el Pontificio Consejo de Justicia
y Paz expidió un documento titulado “Un acercamiento ético a la
cuestión de la deuda internacional”. He aquí algunos extractos:
“Los países deudores, de hecho, se encuentran a sí mismos atra-
pados en un círculo vicioso. Para poder pagar sus deudas, son obli-
gados a transferir cada vez sumas más grandes de dinero al exterior.
Estos son recursos que deberían haber estado disponibles para fines
internos e inversión, y por lo tanto para su propio desarrollo.
“El servicio de la deuda no puede ser mantenido al precio de la
asfixia de la economía de un país, y ningún gobierno puede exigir
de su pueblo privaciones incompatibles con la dignidad humana…
Con el Evangelio como fuente de inspiración, otros tipos de acción
podrían ser contemplados como otorgar extensiones, o incluso re-

- 273 -
misiones totales o parciales de las deudas… En ciertos casos, los
Estados otorgantes podrían convertir los préstamos en garantías.
“La Iglesia restablece la prioridad de garantizar al pueblo sus
necesidades, por encima y más allá de las ataduras y mecanismos
financieros frecuentemente puestos por delante como los únicos im-
perativos.”
El Papa Juan Pablo II escribió en su Carta Encíclica Centessi-
mus Annus (n. 35.): “El principio según el cual las deudas deben
ser pagadas es ciertamente justo. (Nota de San Miguel: pagar el ca-
pital es justo, pero no pagar los intereses.) No es correcto exigir
o esperar pago cuando el efecto sería la imposición de elecciones
políticas que llevan al hambre y la desesperación de pueblos ente-
ros. No puede esperarse que las deudas que se han contraído deban
ser pagadas al precio de sacrificios insoportables. En tales casos es
necesario encontrar — como de hecho está ocurriendo parcialmente
— formas de aligerar, diferir o incluso cancelar la deuda, compati-
bles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y
el progreso.”
- 274 -
En preparación para el Gran Jubileo del año 2000, el Papa Juan
Pablo II mencionó varias veces la necesidad de cancelar todas las
deudas. He aquí algunos extractos de su audiencia semanal del 3 de
noviembre de 1999:

“En los años de jubilee del Antiguo Testamento, la gente recupe-


raba la propiedad familiar perdida por el pago de la deuda, y los que
habían perdido su libertad por la deuda, eran liberados. Esto se daba
porque la tierra pertenecía a Dios, quien la dio a toda la comunidad
para usarla en su propio beneficio.

“El jubileo nos recuerda de las exigencias del bien común y del
hecho que los recursos del mundo han sido destinados para todos.
Es por tanto un tiempo apropiado para pensar en reducir sustancial-
mente, si no cancelar de una vez, la deuda internacional que amena-
za seriamente el futuro de muchas naciones.”

Una vez que las deudas son borradas, la única forma de evitar
que vuelvan a crecer, y permitirle a las naciones recomenzar, es que
cada nación cree su propio dinero libre de deuda e interés, y dejar
- 275 -
de pedir prestado a interés de los bancos comerciales e instituciones
internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial. Si se le deja a los banqueros privados el poder de crear
dinero, las deudas volverán a crecer. Esto nos recuerda las palabras
de Sir Josiah Stamp, antiguo director del Banco de Inglaterra:

“La banca fue concebida en la iniquidad y nació en el pecado...


Los banqueros son dueños de la Tierra. Quítensela, pero déjenles
el poder de crear dinero y, con un plumazo van a crear suficien-
te dinero para comprarla de nuevo... Quítenles este gran poder, y
todas las grandes fortunas como la mía desaparecerán, y deberían
desaparecer, porque entonces éste sería un mundo mejor y más feliz
en el cual vivir… Pero si quieren continuar siendo los esclavos de
los banqueros y pagar el precio de su propia esclavitud, entonces
dejen que los banqueros continúen creando dinero y controlando el
crédito.”

Para aquellos que no comprenden cómo es creado el dinero por


los bancos, la única forma en que una deuda puede ser cancelada es

- 276 -
que alguien, en alguna parte, la pague. Pero nosotros, en el Perió-
dico San Miguel somos más astutos. Cuando decimos “cancelar” la
deuda, en realidad queremos decir ¡bórrenla! No pedimos a nadie
pagarla, y sobre todo, no pedimos al gobierno que “imprima dinero”
para pagar la deuda.

Lo que proponemos es que el gobierno deje de pedir prestado


a interés dinero que él mismo podría crear, sin intereses; ésta es la
única solución que va a la raíz del problema, y que lo resuelve de
una vez por todas. Pondría el dinero finalmente al servicio de la
persona humana.

- 277 -
10
EL CRÉDITO SOCIAL Y LA DOCTRINA
SOCIAL DE LA IGLESIA (II PARTE)

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En la lección anterior, hemos desarrollado el primero de los cua-
tro principios de base de la Doctrina Social de la Iglesia, a saber: la
primacía de la persona humana, que significa que todos los sistemas
económicos existen para servir a la persona humana.
Por lo tanto, el objetivo de los sistemas económicos y finan-
cieros, también de acuerdo con la Iglesia, es servir al hombre. El
objetivo del sistema económico debe ser la satisfacción de las nece-
sidades humanas. Esto es lo que Pio XI nos recuerda en su encíclica
Quadragesimo anno (No. 75):
“El organismo económico y social será sanamente constituido y
logrará su fin solamente cuando le garantice a todos y cada uno de
sus miembros todos los bienes y los recursos que la naturaleza y la
industria, así como la organización verdaderamente social de la vida
económica están en capacidad de procurarles”.
“Estos bienes deben ser lo suficientemente abundantes como
para satisfacer las necesidades de una subsistencia honesta y para
elevar a los hombres a un grado de confort y de cultura que, ojalá

- 279 -
sea usado sabiamente, no obstaculiza la virtud, sino que facilita de
forma singular el ejercicio de la misma.”
A continuación desarrollemos los otros tres principios mencio-
nados en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: el bien
común, la subsidiaridad y la solidaridad.
El Bien Común
164. (…) por bien común entendemos: “este conjunto de condi-
ciones sociales que permiten, tanto a los grupos como a cada uno
de los miembros, alcanzar su perfección de una manera más total y
cómoda” (Gaudium et Spes, 26)
Si nos atenemos a lo enseñado por el Magisterio de la Iglesia,
el hombre nació para conocer a Dios, amarle, servirle, y salvar su
alma. Es esa la perfección, la “dignidad trascendente” a la que apun-
ta el bien común.
167. El bien común compromete a todos los miembros de la so-
ciedad: nadie está exento de colaborar, de acuerdo con sus propias
capacidades, en la realización y en el desarrollo de este bien…To-
- 280 -
dos tienen también derecho de beneficiarse de las condiciones de
vida social resultantes de la búsqueda del bien común. La enseñanza
de Pio XI permanece muy actual:
“Importa entonces atribuirle a cada uno lo que le corresponde
y devolverle a las exigencias del bien común o a las normas de la
justicia social la distribución de los recursos de este mundo, a los
ojos de los hombres, cuyo flagrante contraste entre un puñado de
ricos y una multitud de indigentes certifica en nuestros días, a los
ojos del hombre de corazón, los graves desarreglos” (Encíclica Qua-
dragesimo anno, 197).
Los deberes de la comunidad política
168. La responsabilidad de encontrar el bien común recae no
solamente en los individuos, sino también en el Estado, puesto que
el bien común es la razón de ser de la autoridad política. (Cf. Ca-
tecismo de la Iglesia Católica, n. 1910.) A la sociedad civil de la
cual es expresión, el Estado debe en efecto garantizar la cohesión,
la unidad y la organización, de suerte que el bien común pueda ser

- 281 -
logrado con la contribución de todos los ciudadanos. El individuo,
la familia, los cuerpos intermediarios no están en disposición de
lograr por sí mismos su desarrollo pleno. De donde surge la nece-
sidad de instituciones políticas cuya finalidad es hacer accesible a
las personas los bienes necesarios –materiales, culturales, morales,
espirituales- para alcanzar una vida plenamente humana. El objetivo
de la vida social es el bien común históricamente realizable.
170. El bien común de la sociedad no es un fin en sí mismo;
solo tiene valor en referencia a la búsqueda de los fines últimos y
al bien común universal de la creación entera. Dios es el fin último
de sus criaturas y en ningún caso podemos privar el bien común de
su dimensión trascendente, que sobrepasa pero también culmina la
dimensión histórica.
La destinación universal de los bienes
171. Entre las múltiples implicaciones del bien común, el princi-
pio de la destinación universal de los bienes reviste una importancia
inmediata: “Dios ha destinado la tierra y todo lo que ella contiene,

- 282 -
para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de suerte que
los bienes de la creación deben equitativamente afluir entre las ma-
nos de todos, según la regla de la justicia, inseparable de la caridad”
(Gaudium et Spes, 69). Este principio está basado sobre el hecho
de que “el origen primero de todo bien es el acto de Dios mismo,
quien creó el cielo y la tierra, y le dio la tierra al hombre para que
la dominara por su trabajo y gozara de sus frutos (cf. Gn 1, 28-29).
Dios le dio a la tierra todo el género humano para que hiciera vivir
a todos sus miembros, sin excluir ni privilegiar a nadie. Es este el
origen de la destinación universal de los bienes de la tierra. En ra-
zón de su fecundidad misma y de sus posibilidades para satisfacer
las necesidades del hombre, la tierra es el primer don de Dios para
la subsistencia humana” (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 31). En
efecto, la persona no puede obviar los bienes materiales, los cuales
responden a sus necesidades primarias y constituyen las condicio-
nes de base de su existencia; estos bienes le son absolutamente in-
dispensables para alimentarse y crecer, para comunicarse para aso-
ciarse, y para poder realizar los más altos fines para los cuales ha
sido llamada.(Cf. Pio XII, Radio mensaje de junio 1, 1941).
- 283 -
172. El principio de la destinación común de los bienes de la
tierra es la base del derecho universal del uso de los bienes. Cada
hombre debe tener la posibilidad de disfrutar del bienestar necesario
para su pleno desarrollo: el principio del uso común de los bienes es
el “primer principio de todo el orden ético-social” y “principio ca-
racterístico de la doctrina social cristiana” (Juan Pablo II, Encíclica
Sollicitudo Rei Socialis, 42.)

Esta es la razón por la cual la Iglesia estimó necesario precisar


la naturaleza y las características de este. Se trata ante todo de un
derecho natural, inscrito en la naturaleza del hombre, y no simple-
mente de un derecho positivo ligado a la contingencia histórica; en
otras palabras, este derecho es “originario” (Pio XII, Radio-mensaje
del 1ro de junio de 1941.) Es inherente al individuo, a cada persona
y es prioritario con respecto a toda intervención humana sobre los
bienes, a todo orden jurídico de estos, a todo método y todo sistema
económico y social: “todos los otros derechos, cualquiera que sean,
incluidos aquellos de la propiedad y de libre comercio le son subor-
dinados (a la destinación universal de los bienes: no deben entonces

- 284 -
obstaculizar sino más bien al contrario facilitar la realización y es
un deber social grave y urgente devolverlas a su finalidad primera.
(Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio, 22).

La Propiedad privada

176. Por el trabajo, el hombre, utilizando su inteligencia, consi-


gue dominar la tierra y a hacer de ella su digna morada: “se apropia
así de una parte de la tierra, aquella que es adquirida por su trabajo.
Es ahí el origen de la propiedad individual“ (Juan Pablo II, Centesi-
mus Annus, 31.)

La propiedad privada y las otras formas de posesión privada de


los bienes “aseguran a cada uno una zona indispensable de autono-
mía personal y familiar. Hay que verlos como una prolongación de
la libertad humana. En fin, estimulando el ejercicio de la responsa-
bilidad, constituyen una de las condiciones de las libertades civiles”
(Gaudium et Spes, 71.) La propiedad privada es elemento esencial
de una política económica auténticamente social y democrática y
la garantía de un orden social justo. La doctrina social exige que
- 285 -
la propiedad de los bienes sea equitativamente accesible a todos,
de suerte que todos se conviertan, al menos en alguna medida en
propietarios, sin por tanto que los puedan “poseer confusamente”.
(León XIII, Rerum Novarum, 11.)

La herencia del progreso

Poniendo a la disposición de la sociedad bienes nuevos, com-


pletamente desconocidos hasta una época reciente, la fase histórica
actual impone una relectura del principio de la destinación universal
de los bienes de la tierra, haciendo necesaria una extensión que in-
cluya también los frutos del reciente progreso económico y tecnoló-
gico. La propiedad de los nuevos bienes surgidos del conocimiento,
del progreso y del saber se vuelve siempre más decisiva, ya que “la
riqueza de los países desarrollados se funda mucho más sobre este
tipo de propiedad que sobre los recursos naturales” (Juan Pablo II,
Centesimus Annus, 32.)

- 286 -
Los nuevos conocimientos técnicos y científicos deben ser pues-
tos al servicio de los bienes primordiales del hombre, afín de que el
patrimonio común de la humanidad pueda progresivamente acre-
centarse. La plena puesta en práctica del principio de la destinación
universal de los bienes requiere por consiguiente de acciones a ni-
vel internacional y de iniciativas programadas por todos los países:
“hay que romper las barreras y los monopolios que mantienen a
numerosos pueblos al margen del desarrollo, asegurar a todos los
individuos y a todas las naciones las condiciones elementales que
permitan participar del desarrollo”. (Juan Pablo II, Centesimus An-
nus, 35.)

Que todos sean realmente “capitalistas” y tengan acceso a los


bienes de la tierra, esto podría hacerse posible por el dividendo del
Crédito Social. Tal como se mencionó en las anteriores lecciones,
este dividendo está basado sobre dos cosas: la herencia de los recur-
sos naturales y los inventos de las generaciones pasadas. Es exacta-
mente lo que el Papa Juan Pablo II escribía en 1981 en su encíclica
Laboren Exercens sobre el trabajo humano (Nº 13):

- 287 -
“El hombre por su trabajo hereda un doble patrimonio: hereda
por un lado lo que le es dado a todos los hombres bajo la forma de
recursos naturales, y por otro parte lo que todos los otros ya han ela-
borado a partir de estos recursos, realizando un conjunto de instru-
mentos de trabajo siempre más perfectos. Así trabajando, el hombre
hereda el trabajo del prójimo”
La pobreza frente a la abundancia
Dios puso sobre la tierra todo lo necesario para alimentar a todo
el mundo. Pero a causa de la falta de dinero, los productos ya no
pueden llegar a las gentes que tienen hambre: montañas de produc-
tos se acumulan frente a millones que mueren de hambre. Es la pa-
radoja de la miseria frente a la abundancia: “Qué cruel paradoja
es verlos tan numerosos aquí incluso en apuros financieros, uste-
des que podrían trabajar para alimentar a sus semejantes, mientras
que en este mismo momento la malnutrición crónica y el espectro
del hambre tocan a millones de personas allá afuera en el mundo”.
(Juan Pablo II a los pescadores, St. John’s, Terranova , 12 de sep-
tiembre de 1984.)
- 288 -
Nunca más hambre! Señoras y señores este objetivo puede ser
alcanzado. La amenaza del hambre y el peso de la malnutrición no
son una fatalidad ineluctable. La naturaleza no es en esta crisis infiel
al hombre. Mientras que, según la opinión generalmente aceptada,
50% de las tierras todavía están sin aprovechar, se impone el hecho
del escándalo de enormes excedentes alimenticios que algunos paí-
ses destruyen periódicamente a falta de una sabia economía que les
habría asegurado un consumo útil.
Llegamos aquí a la paradoja de la situación presente: la huma-
nidad dispone de un dominio inigualada del universo; dispone de
instrumentos capaces de hacer rendir a pleno los recursos de éste.
Los detentores mismos de estos instrumentos se quedarían como
afectados de parálisis ante el absurdo de una situación en la cual la
riqueza de unos cuantos toleraría la persistencia de la miseria de un
gran número? …no sabríamos llegar hasta ahí sin haber cometido
graves errores de orientación, no siendo estos en ocasiones sino de-
bidos a la negligencia o a la omisión. Ya es hora de descubrir en qué
están fallando los mecanismos afín de rectificar o más bien de en-

- 289 -
derezar de punta a punta la situación”. (Pablo VI en la Conferencia
Mundial de la Alimentación, Roma, 9 de noviembre de 1974.)
“De toda evidencia, hay un defecto capital o más bien un con-
junto de defectos e incluso un mecanismo defectuoso en la base de
la economía contemporánea y de la civilización materialista que no
le permiten a la familia humana diría yo, salir de situaciones tan
radicalmente injustas” (Juan Pablo II, encíclica Dives in Misericor-
dia, 30 de noviembre de 1980, n. 11.)
La miseria frente a la abundancia… « representa en cierto modo
un gigantesco desarrollo de la parábola bíblica del rico que festeja
y del pobre Lázaro. La amplitud del fenómeno cuestiona las estruc-
turas y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y co-
merciales, los cuales, apoyados sobre presiones políticas diversas,
rigen la economía mundial; se revelan incapaces de reabsorber las
injusticias heredadas del pasado y de hacer frente a los desafíos ur-
gentes y a las exigencias éticas del presente…Estamos aquí frente a
un drama cuya amplitud no puede dejar a nadie indiferente.” (Juan
Pablo II, Redemptor hominis, n. 15.)
- 290 -
Reformando el sistema financiero

Los Papas denuncian la dictadura del dinero escaso y piden una


reforma de los sistemas financiero y económico, el establecimiento
de un sistema económico al servicio del hombre:

“Es necesario denunciar la existencia de mecanismos económi-


cos, financieros y sociales que, aunque conducidos por la voluntad
de los hombres, funcionen comúnmente de una manera casi auto-
mática, haciendo más rígidas las situaciones de riqueza de unos y la
pobreza de otros”. (Juan Pablo II, encíclica Sollicitudo rei socialis,
n. 16.)

“Hago un llamado a todos los encargados del poder afín que


en conjunto se esfuercen por encontrar las soluciones a los proble-
mas actuales, lo que supone una reestructuración de la economía de
manera que las necesidades humanas superen siempre la ganancia
financiera”. (Juan Pablo II a los pescadores, St. John’s, Terranova ,
12 de septiembre de 1984.)

- 291 -
“Una condición esencial es dar a la economía un sentido hu-
mano y una lógica humana. Lo que dije con respecto del trabajo es
igualmente válido aquí. Es importante liberar los diversos campos
de la existencia, de la dominación de una economía aplastante. Hay
que poner las exigencias económicas en el lugar que les corresponde
y crear un tejido social multiforme que evite la masificación…Cris-
tianos, donde quiera que estén, asuman su parte de responsabilidad
en este inmenso esfuerzo por la reconstrucción humana de la ciu-
dad. Se lo deben a la Fe”. (Juan Pablo II, discurso a los obreros de
Sao Paulo, 3 de julio de 1980.)

El principio de subsidiaridad

Esto nos conduce a uno de los principios más interesantes de


la Doctrina Social de la Iglesia, el de la Subsidiaridad: los niveles
superiores de los gobiernos no deben hacer lo que los niveles in-
feriores, más cerca de los individuos pueden hacer. Es el contrario
de la centralización-y de su aplicación más extrema, un gobierno
mundial, en donde todos los gobiernos nacionales son abolidos-.

- 292 -
Este principio de subsidiaridad significa también que los gobiernos
existen para ayudar a los padres, y no para tomar su lugar. Se puede
leer en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia:

185. Presente desde la primera gran encíclica social, la subsidia-


ridad figura entre las directivas más constantes y más características
de la doctrina social de la Iglesia. (Cf. León XIII, Encíclica Rerum
Novarum, 11.) Es imposible promover la dignidad de la persona si
no es ocupándose de la familia, de los grupos, de las asociaciones,
de las realidades territoriales locales, en fin, de todas las expresiones
asociativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreati-
vo, profesional, político, a las cuales las personas dan espontánea-
mente vida y que hacen posible su crecimiento social efectivo.

Tal es el cuadro de la sociedad civil entendida como la suma


de las relaciones entre individuos y grupos sociales, los cuales son
las primeras relaciones para cultivar y que tienen lugar gracias a la
“subjetividad creativa del ciudadano”. Este canal de relaciones for-
talece el tejido social y constituye la base de una verdadera comuni-

- 293 -
dad de personas, haciendo posible el reconocimiento de formas más
elevadas de actividad social.

186. La necesidad de defender y promover las expresiones origi-


nales de la vida social enfatizadas por la Iglesia en la Encíclica Qua-
dragesimo Anno, en la que el principio de subsidiaridad es señalado
como un importantísimo principio de “filosofía social”. “Así como
es gravemente equivocado quitarle a los individuos lo que pueden
alcanzar por su propia iniciativa e industria y darlo a la comunidad,
también es una injusticia, y al mismo tiempo una grave y malvada
perturbación del orden justo, asignar a una asociación más grande y
elevada lo que las organizaciones menores y subordinadas pueden
hacer. Porque toda actividad social debería, por su propia natura-
leza, conseguir ayudar a los miembros del cuerpo social, y nunca
destruir y absorberlos.”

Sobre la base de este principio, todas las sociedades de un orden


superior deben adoptar actitudes de ayuda (“subsidium”) — por lo
tanto de apoyo, promoción, desarrollo — con respeto a las socieda-

- 294 -
des de orden inferior. En esta forma, las entidades sociales interme-
dias pueden desempeñar apropiadamente las funciones que recaigan
sobre ellas sin requerirles el pasar injustamente a manos de otras en-
tidades sociales de un nivel más alto, por las que terminarían siendo
absorbidas y sustituidas, finalmente viéndose a sí mismas negadas
de su dignidad y lugar esencial.

La subsidiaridad, entendida en sentido positivo como asistencia


económica, institucional o jurídica ofrecida a entidades sociales me-
nores, envuelve una serie correspondiente de implicaciones negati-
vas que requieren que el Estado se abstenga de cualquier cosa que
restringiría de facto el espacio existencial de las células esenciales
menores de la sociedad. La iniciativa de éstas, su libertad y respon-
sabilidad no debe ser suplantada.

187. El principio de subsidiaridad protege a la gente de los abu-


sos cometidos por una autoridad social de nivel superior, y llama
a estas mismas autoridades a ayudar a los individuos y grupos in-
termedios a cumplir sus deberes. Este principio es imperativo por-

- 295 -
que toda persona, familia y grupo intermedio tiene algo original
que ofrecer a la comunidad. La experiencia muestra que la nega-
ción de la subsidiaridad, o su limitación en nombre de una supuesta
democratización o igualdad de todos los miembros de la sociedad,
limita y en ocasiones incluso destruye el espíritu de libertad e ini-
ciativa. El principio de subsidiaridad se opone a ciertas formas de
centralización, burocratización, y asistencia de bienestar social, y a
la injustificada y excesiva presencia del Estado en los mecanismos
públicos.
El “Estado de Bienestar”
Tal como escribió Louis Even: “Porque César (el Estado) no
corrige el sistema financiero que sólo él puede corregir, César en-
tonces va más allá de su propio papel y acumula nuevas funcio-
nes, usándolas como un pretexto para imponer nuevos impuestos
— algunas veces ruinosos — sobre ciudadanos y familias. César por
tanto se convierte en la herramienta de una dictadura financiera que
él debería destruir, y en el opresor de los ciudadanos y las familias
que debería proteger.”
- 296 -
Estas nuevas funciones crean una pesada burocracia que acosa
a la gente en lugar de ayudarle. El Papa Juan Pablo II escribió en su
Carta Encíclica Centesimus Annus (n. 48):
“En años recientes, el alcance de tal intervención (del Estado)
se expandido enormemente, al punto de crear un nuevo tipo de Es-
tado, el llamado “Estado de Bienestar”. Esto ha ocurrido en algu-
nos países para responder mejor a muchas necesidades y demandas,
remediando formas de pobreza y privación indignas de la perso-
na humana. Sin embargo, los excesos y abusos, especialmente en
los años recientes, han provocado muy duras críticas del Estado de
Bienestar, también llamado el `Estado de Asistencia Social’. Daños
y defectos en el Estado de Asistencia Social son el resultado de una
comprensión inadecuada de las tareas propias del Estado. Aquí de
nuevo el principio de subsidiaridad debe ser respetado: una comu-
nidad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una
comunidad de un orden inferior, despojando a ésta última de sus
funciones, sino apoyándola en caso de necesidad y ayudándole a
coordinar su actividad con las actividades del resto de la sociedad,
siempre con una visión hacia el bien común.
- 297 -
“Interviniendo directamente y despojando a la sociedad de su
responsabilidad, el Estado de Asistencia Social lleva a una pérdida
de energías humanas y a un desordenado incremento de agencias
públicas, que son dominadas más por formas burocráticas de pensa-
miento que por una preocupación por servir a sus clientes, y que son
acompañadas por un enorme incremento en el gasto.”
La mayoría de los impuestos hoy en día son injustos e inútiles,
y podrían ser eliminados en un sistema de Crédito Social. Una cosa
que no tiene razón de existir es el servicio de la deuda — los intere-
ses que la nación debe pagar cada año sobre su deuda externa, por
pedir prestado a interés de los banqueros privados el dinero que el
Estado podría crear él mismo, sin intereses.
El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia continúa (n.
187):

“A la actuación del principio de subsidiaridad corresponden: el


respeto y la promoción efectiva del primado de la persona y de la
familia; la valoración de las asociaciones y de las organizaciones
intermedias en, sus opciones fundamentales y en todas aquellas que
- 298 -
no pueden ser delegadas o asumidas por otros; el impulso ofrecido
a la iniciativa privada, a fin que cada organismo social permanezca,
con las propias peculiaridades, al servicio del bien común; la arti-
culación pluralista de la sociedad y la representación de sus fuer-
zas vitales (…), la descentralización burocrática y administrativa;
el equilibrio entre la esfera pública y privada, con el consecuente
reconocimiento de la función social del sector privado; una adecua-
da responsabilización del ciudadano para “ser parte” activa de la
realidad política y social del país.”

“188. Diversas circunstancias pueden aconsejar que el Estado


ejercite una función de suplencia. Piénsese, por ejemplo, en las si-
tuaciones donde es necesario que el Estado mismo promueva la eco-
nomía, a causa de la imposibilidad de que la sociedad civil asuma
automáticamente la iniciativa; piénsese también en las realidades de
grave desequilibrio e injusticia social, en las que sólo la interven-
ción pública puede crear condiciones de mayor igualdad, de justicia
y de paz.

- 299 -
Como hemos visto en lecciones anteriores, corregir el sistema
financiero es ciertamente uno de los deberes del Estado, es decir,
que el dinero sea emitido por la sociedad, y no por los banqueros
privados para su propio provecho, como el Papa Pío XI escribió en
su encíclica Quadragesimo Anno:

“Hay ciertas categorías de bienes sobre los que uno puede sos-
tener con razón que deben permanecer reservados a la colectividad
cuando llegan a conferir tal poder económico que no pueden, sin
peligro al bien común, ser dejados al cuidado de individuos priva-
dos.”

Primero las Familias

Este mismo principio de subsidiaridad significa que las familias,


la célula primordial de la sociedad, van primero, antes que el Esta-
do, y que los gobiernos no deben destruir a las familias y la autori-
dad de los padres. Como la Iglesia afirma, los niños pertenecen a sus
padres, y no al Estado:

- 300 -
“Aquí tenemos a la familia, la ‘sociedad’ del hogar de un hom-
bre — una sociedad muy pequeña, uno debe admitir, pero sin em-
bargo una verdadera sociedad, y más antigua que cualquier Estado.
Consecuentemente, tiene derechos y deberes que le son peculiares y
que son ciertamente independientes del Estado…
“La contención, entonces, de que el gobierno civil puede, a su
elección, introducirse en, y ejercer un íntimo control sobre la fa-
milia y sus miembros es un gran y pernicioso error…La autoridad
paternal no puede ser abolida ni absorbida por el Estado…Los so-
cialistas, por tanto, haciendo a un lado al padre e instituyendo una
supervisión estatal, actúan contra la justicia natural, y destruyen la
estructura del hogar.” (León XIII, Rerum Novarum, nn. 12-14.)
Un salario para las amas de casa
De hecho, en su doctrina social, la Iglesia también reitera la im-
portancia de reconocer el trabajo de las madres en el hogar, dándo-
les un ingreso. Esto se lograría perfectamente mediante el dividendo
del Crédito Social:

- 301 -
“La experiencia confirma que debe haber una re-evaluación so-
cial del papel de la madre, de la fatiga conectada a él, y de la ne-
cesidad de cuidado, amor y afecto que los niños tienen, de manera
que se desarrollen para convertirse en personas responsables, moral
y religiosamente maduras y sicológicamente estables. Redundaría a
crédito de la sociedad hacer posible que una madre — sin inhibir su
libertad, sin discriminación sicológica o práctica, y sin castigarla, en
comparación con otras mujeres — pudiera dedicarse a cuidar a sus
hijos y educarlos de acuerdo con sus necesidades, que varían según
la edad. Tener que abandonar estas tareas para tener un trabajo con
salario por fuera del hogar es un error desde el punto de vista de la
buena sociedad y de la familia cuando contradice o lesiona estos
fines primordiales de la misión de una madre.” (Juan Pablo II, Encí-
clica Laborem Exercens, n. 19.)
Además, el extraer a la madre del hogar para que se dedique a
trabajar por un salario tiene la gravísima consecuencia de cortar el
vínculo que transmite a los hijos la religiosidad y la cultura, por lo
cual nos enfrentamos a sociedades en las que cada vez más la ausen-

- 302 -
cia de las madres en la educación de los hijos se traduce en compor-
tamientos que retroceden en materia cultural, de convivencia social,
de modales, pero sobre todo, de religiosidad.

“Es un abuso intolerable, que debe ser abolido a toda costa, que
las madres por culpa del bajo salario de los padres sean forzadas a
dedicarse a ocupaciones remuneradas por fuera del hogar descuidan-
do sus propios cuidados y deberes, especialmente el entrenamiento
de los hijos.”(Pío XI, Encíclica Quadragesimo Anno, n. 71.)
En octubre de 1983, la Santa Sede emitió el “Manifiesto de los
Derechos de la Familia”, en el que llamaba a “la remuneración del
trabajo en el hogar de uno de los padres; debería ser tal que las
madres no sean obligadas a trabajar fuera del hogar en detrimento
de la vida familiar y especialmente de la educación de los hijos. El
trabajo de la madre en el hogar debe ser reconocido y respetado por
su valor para la familia y para la sociedad”. (Artículo 10.)
El principio de solidaridad
La solidaridad es otra palabra para expresar el amor al prójimo.
- 303 -
Como cristianos, debemos preocuparnos por el destino de nuestros
hermanos en Cristo, pues es en este amor al prójimo en el que sere-
mos juzgados al final de nuestras vidas sobre la tierra:
Es por lo que hayan hecho a los pobres que Jesucristo reconoce-
rá a Sus elegidos…los pobres permanecen confiados a nosotros, y
es sobre ésta responsabilidad que seremos juzgados al final (cf. Mt
25:31-46): “Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de
Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de
los pequeños que son Sus hermanos.” (Compendio de la Doctrina
Social de la Iglesia, n. 183)
El Compendio continúa:
192. La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca
sociabilidad de la persona humana, (…), al camino común de los
hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más conven-
cida. Nunca como hoy ha existido una conciencia tan difundida del
vínculo de interdependencia entre los hombres y entre los pueblos,
que se manifiesta a todos los niveles. 413 La vertiginosa multipli-

- 304 -
cación de las vías y de los medios de comunicación « en tiempo
real », como las telecomunicaciones, los extraordinarios progresos
de la informática, el aumento de los intercambios comerciales y de
las informaciones son testimonio de que por primera vez desde el
inicio de la historia de la humanidad ahora es posible, al menos
técnicamente, establecer relaciones aun entre personas lejanas o
desconocidas.
Junto al fenómeno de la interdependencia y de su constante di-
latación, persisten, por otra parte, en todo el mundo, fortísimas des-
igualdades entre países desarrollados y países en vías de desarrollo,
alimentadas también por diversas formas de explotación, de opre-
sión y de corrupción, que influyen negativamente en la vida interna
e internacional de muchos Estados. El proceso de aceleración de la
interdependencia entre las personas y los pueblos debe estar acom-
pañado por un crecimiento en el plano ético- social igualmente in-
tenso, para así evitar las nefastas consecuencias de una situación de
injusticia de dimensiones planetarias, con repercusiones negativas
incluso en los mismos países actualmente más favorecidos. 414

- 305 -
El deber de todo cristiano
El deber de todo cristiano, es decir, quien sigue a Cristo por ser
El Camino, La Verdad y La Vida, buscar el establecimiento de su
reinado social en la tierra, pues la Realeza Social de Nuestro Señor
es su derecho inalienable, y requisito previo para la instauración
de Su justicia en los demás órdenes: “Buscad primero el Reino de
Dios y su Justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (Cf.
Mt. 6, 33).
Es por lo tanto un deber y una obligación para todo cristiano
trabajar por el establecimiento de la justicia, y un mejor sistema
económico:
“Quien quisiera renunciar a la tarea, difícil pero exaltante, de
elevar la suerte de todo el hombre y de todos los hombre, bajo el
pretexto del peso de la lucha y del esfuerzo incesante de superación,
o incluso por la experiencia de la derrota y del retorno al punto de
partida, faltaría a la voluntad de Dios Creador.” (Juan Pablo II, So-
llicitudo Rei Socialis, n. 30.)

- 306 -
“La tarea no es imposible. El principio de solidaridad, en sen-
tido amplio, debe inspirar la búsqueda eficaz de instituciones y de
mecanismos adecuados…No se avanzará en este camino difícil de
las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida
económica, si no se realiza una verdadera conversión ... La tarea
requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y
solidarios.” (Juan Pablo II, Encíclica Redemptor Hominis, n. 16.)
Hay, por supuesto, muchas formas de ayudar a nuestros herma-
nos necesitados: dar de comer al hambriento, dar de beber al se-
diento, refugio a los que no tienen hogar, visitar a los presos y a
los enfermos, etc. Algunos enviarán donaciones a organizaciones
de caridad, para ayudar a los pobres de los países ricos o del tercer
mundo. Pero si estas donaciones pueden aliviar a unos pocos pobres
por unos días o semanas, ellas sin embargo no suprimen las causas
de la pobreza.

Lo que resulta mucho mejor para corregir el problema es atacar


las causas mismas de la pobreza, y restablecer los derechos y digni-
dad de todo ser humano, creado a imagen de Dios, y con derecho a
- 307 -
un mínimo de los bienes terrenales, mediante el establecimiento del
Reinado Social de Cristo.

“Más que nadie, el que está animado de una verdadera caridad


es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar
los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez. El amigo
de la paz, «proseguirá su camino irradiando alegría y derramando
luz y gracia en el corazón de los hombres en toda la faz de la tierra,
haciéndoles descubrir, por encima de todas las fronteras, el rostro de
los hermanos, el rostro de los amigos»” (Pablo VI, encíclica Popu-
lorum progressio, n. 75.)

Lo que se necesitan son apóstoles para educar a la población


sobre la Doctrina Social de la Iglesia, y soluciones prácticas para
aplicarla (como las propuestas financieras del Crédito Social). El
Papa Pablo VI escribió, también en Populorum Progressio (n. 86):

“Vosotros todos los que habéis oído la llamada de los pueblos


que sufren, vosotros los que trabajáis para darles una respuesta, vo-
sotros sois los apóstoles del desarrollo auténtico y verdadero que
- 308 -
no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma, sino en la
economía al servicio del hombre, el pan de cada día distribuido a
todos, como fuente de fraternidad y signo de la Providencia.”

Y en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis, el Papa Juan Pablo II


escribió (n. 38.):

“Tales « actitudes y estructuras de pecado » solamente se ven-


cen —con la ayuda de la gracia divina— mediante una actitud dia-
metralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está
dispuesto a « perderse », en sentido evangélico, por el otro en lugar
de explotarlo, y a « servirlo » en lugar de oprimirlo para el propio
provecho (cf. Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-27).”

Principios e implementación

Algunos dirán que los Papas nunca aprobaron públicamente el


Crédito Social. De hecho, los Papas nunca aprobarán oficialmente
cualquier sistema económico, ya que no es parte de su misión: ellos
no dan soluciones técnicas, sólo establecen los principios sobre
- 309 -
los cuales cualquier sistema económico que esté verdaderamente
al servicio de la persona humana debe basarse. Los Papas dejan a
los fieles en libertad de aplicar el sistema que implementaría estos
principios de la mejor manera.

Hasta donde sabemos, ninguna otra solución sino el Crédito So-


cial aplicaría la Doctrina Social de la Iglesia tan perfectamente. Es
por ello que Louis Even, un gran católico, dotado de una extraordi-
naria lógica mental, no dudó en mostrar los lazos entre el Crédito
Social y la Doctrina Social de la Iglesia.

Otro personaje convencido de que el Crédito Social es cristia-


nismo aplicado, que aplicaría maravillosamente las enseñanzas de
la Iglesia sobre justicia social, fue el Padre Peter Coffey, un doctor
en Filosofía y profesor en el Maynooth College, de Irlanda. Él es-
cribió lo siguiente al jesuita canadiense, Padre Richard, en marzo
de 1932:

“Las dificultades surgidas de sus preguntas pueden ser solucio-


nadas solo mediante la reforma del sistema financiero del capita-
- 310 -
lismo según los lineamientos sugeridos por el Mayor Douglas y la
escuela del Crédito Social para la reforma del crédito. Es el sistema
financiero aceptado el que se encuentra en la raíz del capitalismo.
La exactitud del análisis llevado a cabo por Douglas nunca ha sido
refutada. Yo creo que, con su famosa fórmula de regulación de pre-
cios, los principios de reforma de Douglas son la única reforma que
irá a la raíz del mal...”

Un estudio de 9 teólogos

Tan pronto como C. H. Douglas publicó sus primeros escritos


sobre el Crédito Social, los financistas hicieron todo lo que pudie-
ron para silenciar o distorsionar la doctrina de Douglas, pues ellos
supieron que el Crédito Social pondría fin a su control sobre la crea-
ción del dinero. Cuando Louis Even comenzó a difundir el Crédito
Social en el Canadá francés en 1935, una de la acusaciones lanzadas
por los financistas era que el Crédito Social es socialismo, o comu-
nismo. Pero en 1939, Los obispos católicos de la provincia de Qué-
bec designaron a nueve teólogos para examinar el Crédito Social a

- 311 -
los ojos de la Doctrina Social de la Iglesia, y dar una opinión sobre
si estaba impregnado de socialismo o comunismo.

Después de una deliberación considerable, los nueve teólogos


encontraron que el Crédito Social no lo estaba, que no hay nada
en la doctrina del Crédito Social contrario a las enseñanzas de la
Iglesia, y que cualquier católico estaba en libertad de apoyarlo sin
ningún peligro.

He aquí extractos de éste estudio de los teólogos sobre el sistema


monetario del Crédito Social:

1. La Comisión primero delimitó el campo de su estudio

(a) No hay cuestión aquí sobre el aspecto económico o político,


es decir, del valor de esta teoría desde el punto de vista económi-
co, y de la aplicación práctica del sistema de Crédito Social en un
país. Los miembros de la Comisión reconocen que ellos no tienen
competencia en estos campos; además, la Iglesia no tiene que pro-
nunciarse a favor o en contra de asuntos “para los que no tiene ni el
- 312 -
equipamento, ni la misión”, como lo escribió el papa Pío IX. (Cf.
Encíclica Quadragesimo Anno).

(b) No hay cuestión aquí en cuanto a aprobar esta doctrina de


parte de la Iglesia, dado que la Iglesia “nunca ha, en el campo social
y económico, presentado ningún sistema técnico específico, lo cual
además no es su papel”. (Cf. Encíclica Divini Redemptoris, n. 34.)

(c) La única cuestión estudiada aquí es la siguiente: ¿está la doc-


trina del Crédito Social, en sus principios básicos, impregnada con
el socialismo y comunismo condenados por la Iglesia Católica? Y
de ser así, ¿debería esta doctrina ser tenida por los católicos como
una doctrina que no puede ser admitida y difundida?

(d) El Estado, como está mencionado en el presente reporte, es


considerado in abstracto, sin tener en cuenta las contingencias que
puede implicar.

2. La Comisión define al socialismo, y nota y caracteriza su doc-


trina a la luz de Quadragesimo Anno: materialismo; lucha de clases;
- 313 -
supresión de la propiedad privada, control de la vida económica por
el Estado, en desafío de la libertad y la iniciativa personal.

3. La Comisión entonces definió con palabras los principios bá-


sicos del Crédito Social.

“El fin de la doctrina monetaria del Crédito Social es dar a todos


y cada uno de los miembros de la sociedad la libertad y seguridad
económica que el organismo económico y social puede asegurar.
Para ese fin, en vez de reducir la producción al nivel del poder de
compra mediante la destrucción de bienes o las restricciones al tra-
bajo, el Crédito Social quiere incrementar el poder adquisitivo al
nivel de la capacidad de producción de bienes.”

Propone para tal fin:

I. El Estado debe retomar el control de la emisión del dinero y


el crédito. Lo ejercerá a través de una comisión independiente que
posea la autoridad requerida para alcanzar su fin.

- 314 -
II. Los recursos materiales de la nación, representados por pro-
ducción, constituyen la base del dinero y el crédito.

III. En cualquier momento, la emisión del dinero y el crédito


debe basarse en el movimiento de la producción, en forma tal que
un buen balance se mantenga entre el consumo y la producción.
Este balance es asegurado, al menos en parte, a través de un des-
cuento, cuya tasa necesariamente variaría con las fluctuaciones de
la producción.

IV. El sistema económico actual, gracias a los muchos descu-


brimientos e invenciones que lo favorecen, produce una inesperada
abundancia de bienes, mientras que al mismo tiempo reduce la ne-
cesidad del trabajo humano, creando por lo tanto desempleo per-
manente. Una parte importante de la población es por tanto privada
de cualquier poder para comprar bienes que han sido hechos para
ella, y no sólo para unos pocos individuos o grupos. Para que todos
tengan una parte del legado cultural heredado por sus antepasados,
el Crédito Social propone un dividendo, cuyo monto es determinado

- 315 -
por la cantidad de bienes que han de consumirse. Este dividendo
será dado a cada ciudadano, independientemente de que tenga o no
fuentes de ingresos.

4. Ahora, uno debe ver si hay algún rastro de socialismo en las


proposiciones arriba mencionadas.

Con respecto al Párrafo I: Esta propuesta no parece incluir nin-


gún principio socialista, ni en consecuencia contrario a la doctrina
social de la Iglesia. Esta afirmación se basa en los siguientes pasajes
de la Carta Encíclica Quadragesimo Anno:

“Hay ciertas categorías de bienes para los que uno puede mante-
ner con razón que ellos deben ser reservados a la colectividad cuan-
do llegan a conferir tal poder económico que no pueden, sin peligro
al bien común, ser dejados al cuidado de individuos privados”.

Y la encíclica continúa: “Primeramente, salta a la vista que en


nuestros tiempos no se acumulan solamente riquezas, sino que tam-
bién se crean enormes poderes y una prepotencia económica despó-
- 316 -
tica en manos de muy pocos. Muchas veces no son éstos ni dueños
siquiera, sino sólo depositarios y administradores, que rigen el capi-
tal a su voluntad y arbitrio.
“Su poderío llega a hacerse despótico como ningún otro, cuan-
do, dueños absolutos del dinero, gobiernan el crédito y lo distribu-
yen a su gusto; diríase que administran la sangre de la cual vive toda
la economía, y que de tal modo tienen en su mano, por decirlo así,
el alma de la vida económica, que nadie podría respirar contra su
voluntad.”
Querer cambiar tal situación no es por tanto contrario a la doc-
trina social de la iglesia. Es verdad no obstante que confiando al Es-
tado el control del dinero y el crédito, se da al Estado considerable
influencia sobre la vida económica de la nación, una influencia igual
a aquella presentemente ejercida por los bancos, para su propio be-
neficio, pero esta forma de hacer las cosas no implica, por sí misma,
ningún socialismo.
Siendo el dinero, en el sistema de Crédito Social, sólo un me-

- 317 -
dio de intercambio, cuya emisión es estrictamente regulada por las
estadísticas de la producción, la propiedad privada permanece in-
tacta; adicionalmente, el reparto del dinero y el crédito podría tal
vez ser menos determinado por aquellos que lo controlan. Reservar
a la comunidad (el control de) el dinero y el crédito no es por tanto
contrario a la doctrina social de la Iglesia.
Santo Tomás de Aquino lo dice implícitamente en su Summa
Theologiae (Ethica, Volumen 5, Lección 4), cuando afirma que co-
rresponde a la justicia distributiva — que, como es conocido, es la
preocupación del Estado — distribuir los bienes comunes, incluyen-
do el dinero, a todos aquellos que son parte de la comunidad civil.
De hecho, el dinero y el crédito han estado, en el pasado, bajo
el control del Estado en varios países, incluyendo los Estados Pon-
tificios; y aún lo son en el Vaticano. Así que sería difícil ver en esta
propuesta un principio socialista.
Con respecto al Párrafo II: El hecho de que el dinero y el crédito
estén basados en la producción, en los recursos naturales naciona-

- 318 -
les, parece no implicar un carácter socialista. La base del dinero es
un asunto puramente convencional y técnico.
En la presente discusión, éste punto es acordado en principio por
varios oponentes.
Con respecto al Párrafo III: El principio del balance que debe
mantenerse entre la producción y el consumo es sólido. In una eco-
nomía verdaderamente humana y bien ordenada, el fin de la pro-
ducción es el consumo, y éste último debe de ordinario recurrir a la
primera — al menos cuando la producción es elaborada, como debe
ser, para responder a las necesidades humanas.
En cuanto al descuento, cuyo principio es admitido e incluso
actualmente practicado en la industria y el comercio, no es sólo un
medio de llegar a éste balance; permite a los consumidores obtener
los bienes que necesitan a un costo más bajo, sin ninguna pérdida
para los productores.
Nótese que la Comisión no expresa una opinión sobre la nece-
sidad de un descuento causado por una diferencia o vacío que, de
- 319 -
acuerdo con el sistema de Crédito Social, existe entre la producción
y el consumo. Pero si tal vacío existe, querer llenarlo por medio del
descuento no puede ser considerado como una medida impregnada
de socialismo.
Con respecto al Párrafo IV: El principio del dividendo es tam-
bién reconciliable con la doctrina social de la Iglesia; además, puede
ser comparado al poder del Estado de otorgar dinero. La Comisión
no ve por qué sería necesario que el Estado fuese propietario de
bienes de capital para pagar este dividendo; actualmente — aunque
en sentido opuesto — el poder de establecer tributos, que el Estado
posee con miras al bien común, implica esta connotación aún más,
y sin embargo es admitido. La misma afirmación aplica al descuento
del Crédito Social: ambos se basan en el principio del descuento en
un sistema cooperativo. Además, la cooperación es tendida en alta
estima en el Crédito Social.
El único control de producción y consumo que es necesario para
la implementación del Crédito Social son las estadísticas de control,
lo cual determina la emisión del dinero y del crédito. Las estadísticas
- 320 -
no pueden ser consideradas como un control real, o una restricción
a la libertad individual; son sólo un medio de recaudar información.
La Comisión no puede admitir que el control estadístico requiera la
socialización de la producción, o que esté influenciada por el socia-
lismo o el comunismo.

La comisión por lo tanto responde negativamente a la pregunta:


“¿Está el Crédito Social impregnado de socialismo”? La Comisión
no puede ver cómo los principios básicos del sistema de Crédito
Social, como fueron explicados antes, pueden ser condenados por
parte de la Iglesia y su doctrina social.

Los financistas no estuvieron complacidos con este reporte de


los teólogos, y en 1950, un grupo de hombres de negocios pidió a
un obispo de Québec (por respeto a su memoria, no mencionaremos
su nombre) que fuera a Roma y obtuviera del Papa Pío XII una con-
dena al Crédito Social. De vuelta en Québec, este obispo dijo a los
hombres de negocios: “Si quieren obtener una condena del Crédito
Social, no es a Roma que deben ir. Pío XII me dijo: El Crédito So-

- 321 -
cial crearía, en el mundo, un clima que permitiría el florecimiento
de la familia y de la Cristiandad.”

Necesitamos la ayuda del Cielo

En esta pelea por un sistema financiero justo basado en princi-


pios Cristianos, la ayuda divina es especialmente necesitada cuando
uno sabe que el verdadero fin de los financistas es el establecimiento
de un gobierno mundial — lo cual incluye la destrucción de la Cris-
tiandad y la familia — y que los promotores de este “Nuevo Orden
Mundial” son guiados por el mismo Satanás, cuyo único fin es la
perdición de las almas. En 1946, C.H. Douglas escribió lo siguiente,
en el periódico de Liverpool The Social Crediter:

“Estamos trabados en una batalla por la Cristiandad. Y es sor-


prendente ver en cuántas formas esto es verdad en la práctica. Una
de estas formas pasa casi desapercibida — excepto en sus desvia-
ciones — el énfasis puesto por la Iglesia Católica Romana sobre la
familia, contra el esfuerzo implacable y continuo de comunistas y

- 322 -
socialistas — quienes, junto con los financistas internacionales, for-
man el verdadero cuerpo del anticristo — para destruir la verdadera
idea de la familia y sustituirla por el Estado.”

Y Louis Even escribió sobre el mismo tema, en 1973:

“Sí, los Peregrinos de San Miguel son patriotas, y desean, tanto


como cualquier otra persona, un régimen de orden y justicia, de
paz, de pan y de alegría, para cada familia en su país. Pero como
también son católicos, ellos saben muy bien que ese orden, paz y
alegría son incompatibles con el rechazo de Dios, la violación de
sus Mandamientos, la negación de la Fe, la paganización de la vida,
los escándalos dados a los niños en las escuelas en las que los padres
son, por ley, obligados a enviarlos.

“Los Peregrinos de San Miguel, confiando en la ayuda de los


poderes celestiales, juraron usar todas las fuerzas morales y físi-
cas, toda la propaganda y herramientas educativas que tienen, para
reemplazar el reino de Satanás, por el Reino de la Inmaculada y
Jesucristo.
- 323 -
“En un enfrentamiento contra la dictadura financiera, uno no
debe enfrentarse sólo con poderes terrenales. Como la dictadura
comunista, como la poderosa organización de la masonería, la dic-
tadura financiera está bajo el mando de Satanás. Simples armas hu-
manas nunca serán capaces de superar ese poder. Lo que se necesita
son las armas escogidas y recomendadas por Aquella que destierra
todas las herejías, Aquella que tendrá que aplastar definitivamente
la cabeza de Satanás, Aquella que declaró Ella misma en Fátima,
que al final su Inmaculado Corazón triunfará. Y estas armas son:
la consagración a su Inmaculado Corazón, señalada por llevar el
Escapulario, el Rosario, y la penitencia.

“ Los Peregrinos de San Miguel están seguros de que, abrazando


el programa de María, todo acto que ejecuten, cada Ave María que
dirijan a la Reina del Mundo, y todo sacrificio que ofrezcan, no
sólo contribuye a su santificación personal, sino al advenimiento de
un orden social más sólido, humano y Cristiano, como el Crédito
Social. En tal programa recibido de María, todo cuenta, y nada se
pierde.”

- 324 -
Para resumir, la batalla del Periódico San Miguel, del Instituto
Louis Even, es la batalla por la salvación de las almas. Los Pere-
grinos de San Miguel sólo repiten lo que el Papa y la Iglesia piden:
una nueva evangelización — para recordar los principios cristianos
básicos a los que infortunadamente los olvidaron o dejaron de po-
nerlos en práctica — y una reestructuración de los sistemas econó-
micos. Ser un Peregrino de San Miguel en el trabajo del Periódico
“San Miguel” es por lo tanto una de las vocaciones más urgentes y
necesarias de nuestros tiempos. ¿Quiénes, entre aquellos que oigan
o lean estas palabras, tendrán la gracia de responder a este llamado,
a esta vocación? ¡Qué grandioso e importante es el trabajo de Louis
Even! ¡Todos quienes tienen sed de justicia deberían comenzar a
estudiar y difundir el Crédito Social pidiendo suscripciones al Pe-
riódico San Miguel!

- 325 -
Apéndice a

EL ÚLTIMO TEXTO DE
JACQUES MARITAIN

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Jacques Maritain, a quien Louis Even citó varias veces en sus
artículo, era un filósofo francés que murió en 1973, a la edad de 91,
y quien se especializó en el estudio de los escritos de Santo Tomás
de Aquino, y su implementación en la sociedad de hoy;, algunas
de sus posturas intentaron lo imposible: reconciliar los dogmas del
magisterio de la Iglesia con el mundo moderno, que no los acepta.
Después de haber escrito muchos libros, fue tenido en alta estima
en los círculos eclesiásticos — el Papa Pablo VI incluso lo escogió
para representar a los hombres de ciencia en la ceremonia de cierre
del Concilio Vaticano II en 1966.

La noche antes de su muerte, el 29 de abril de 1973, él terminó


de escribir un texto que apuntaba a resumir todos sus pensamientos
sobre el tema que él consideraba el más importante para la sociedad
de hoy, constituyendo un regreso a sus propias posturas iniciales,
más acordes con la tradición y el magisterio de la Iglesia, y en con-
traste con los sostenido por algunos de sus contemporáneos más
influyentes. Lo que resulta muy interesante para los miembros del
Instituto Louis Even y aquellos que simpatizan con la idea del Cré-

- 327 -
dito Social, es que el tema era el dinero, y especialmente la denuncia
del préstamo de dinero a interés, que crea deudas impagables.

En su texto, Maritain habla de una sociedad en la que el Estado


crearía “símbolos” para representar el dinero, y estos símbolos se-
rían emitidos tanto como fueran necesarios para ser usados por todo
ciudadano: “Cada ciudadano recibiría suficientes símbolos para per-
mitir a todo individuo vivir confortablemente, con la garantía de un
estándar de vida que sea suficientemente alto para disfrutar de una
existencia digna de un ser humano, y cubrir las necesidades básicas
(vivienda, ropa, comida, asistencia médica, etc.) de una familia, y su
vida intelectual. No hay que decir que todos los impuestos que de-
ben ser pagados al Estado desaparecerían en este nuevo sistema.”

Sin tener toda su técnica y perfección, está cerca de los princi-


pios del Crédito Social de C. H. Douglas y Louis Even. Pero lo que
queremos recalcar aquí es el capítulo 5 de este texto de Maritain, que
condena directamente el préstamo de dinero a interés, reiterando la
enseñanza centenaria de la Iglesia en cuanto a que la usura consiste

- 328 -
en cualquier interés que obtiene el prestamista del prestatario como
un precio por el préstamo. He aquí éste capítulo:
En nuestra sociedad todo tipo de préstamo a interés perdería su
razón de ser, dado que el Estado lo administraría por demanda, a
cualquiera que quiera comenzar un negocio o una institución, todos
los símbolos que necesite.
Es desde el siglo XVI, cuando llegó a ser legal, que prestar a in-
terés se convirtió, para la civilización actual, en algo de importancia
decisiva, así que es esta práctica de prestar dinero a interés que en
los días actuales tengo en mente con los siguientes pensamientos,
sin olvidar que la historia completa del préstamo de dinero es muy
reveladora. De hecho, esta historia es la más humillante de las que
pueden encontrarse en los asuntos humanos. Porque mientras que
el espíritu humano condenaba ésta práctica en nombre de la verdad
y de la naturaleza de las cosas, se abrió paso en nuestra conducta
práctica, y finalmente estableció su autoridad de acuerdo con nues-
tras necesidades materiales tomadas como un fin en sí mismas, pero
separadas del bien total de la persona humana.
- 329 -
Como resultado, nuestro campo de acción se dividió en dos par-
tes, y ahora nos imaginamos que el mundo de los negocios consti-
tuye un mundo separado, con su propio valor absoluto, siendo in-
dependiente de valores superiores y estándares que hacen la vida
digna a un hombre.
La verdad sobre el préstamo de dinero fue dicha por Aristóte-
les, en forma decisiva, cuando declara falsa y perniciosa la idea de
la fecundidad del dinero, y afirma que, de todas las actividades, la
peor es aquella del prestamista, que forza al dinero — una cosa por
naturaleza estéril — a producir ganancias, mientras que la sola pro-
piedad del dinero debe usarse como unidad de medida de las cosas.
Usar el dinero de uno para sustentar su vida, satisfacer sus de-
seos, o conseguir nuevos bienes al gastarlo, para mejorar nuestra
existencia, es normal y bueno. Pero usar el dinero para que engendre
más dinero, como si el dinero fuera fecundo, y obtener interés (en
griego se llamaba “la descendencia del dinero”), es, de todos los
medios de enriquecerse, el “más contrario a la naturaleza”, y sólo
puede tener lugar explotando el trabajo de otras personas. Uno está
- 330 -
perfectamente acertado al odiar el préstamo a interés.
La Iglesia, en su pura enseñanza doctrinal, condenó el préstamo
de dinero a interés como lo hizo Aristóteles. Por mucho tiempo, la
legislación civil estaba de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, y
decía que todo préstamo debía ser libre (de interés). Todos aquellos
(y eran muchos) que infringían ésta ley eran castigados.
No fue mucho antes de la mitad del siglo XVII que la ley ci-
vil rompió con la enseñanza doctrinal de la Iglesia, permitiendo al
mundo de los negocios considerar normal y legítima la práctica de
prestar dinero a interés. Pero la enseñanza pura y doctrinal de la
Iglesia, que condenaba pura y simplemente el préstamo de dinero a
interés aún estaba allí.
Es de alabar en el Papado que, en un tiempo en que la civi-
lización de mercado, que había empezado en el siglo XII, estaba
triunfante, el Papa Benedicto XIV publicó en 1745 la famosa carta
encíclica Vix Pervenit, que prohibe el préstamo de dinero a interés,
diciendo que es un pecado admitir que en un préstamo el prestamis-

- 331 -
ta debe recibir más que la suma prestada.
Y más tarde, cuando el capitalismo del siglo XIX floreció, el
Papa León XIII denunció, en su carta encíclica Rerum Novarum, la
“rapaz usura” por ser una plaga del sistema económico actual.
Pero al mundo de los negocios no podían importarle menos las
prohibiciones de la Iglesia, y en tiempos modernos, el préstamo de
dinero a interés eventualmente se impuso con fuerza irresistible, y
se ha convertido en nervio esencial, el nervio motor del sistema eco-
nómico actual, que no puede existir sin él.
Pensar que el dinero puede engendrar más dinero es sólo una
ilusión. El dinero no es fértil. Una vez que el principio de prestar
dinero a interés es aceptado, aún cuando estudios teóricos y ensayos
se acumulen para remediar todos sus vicios, nunca tendrán éxito,
porque todo el sistema está basado en un principio falso, el de la
fecundidad del dinero.
Jacques Maritain

- 332 -
Apéndice B

¿SOBRE QUE ESTÁ CONSTRUIDA LA


DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA?

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Los Cimientos de la Doctrina Social de la Iglesia
El objetivo de la doctrina social de la Iglesia no sólo es intelec-
tual o cognoscitivo, pero también sumamente práctico y personal.
Debe cambiar nuestras vidas y debe ayudarnos a asumir nuestras
propias responsabilidades vis-à-vis el bien común, sobre todo en lo
concerniente a aquellos que están en más necesidad.
Pensamos desarrollar esta breve presentación sobre la doctrina
social de la Iglesia en cuatro partes: su definición; su naturaleza; sus
fundamentos; y varias sugerencias prácticas.
1. ¿Qué es?
Aunque nosotros podamos tener una idea general de qué es la
doctrina social católica, es a menudo más simple eliminar nociones
falsas, empezando con lo que no es.
La Iglesia manifiesta claramente que su enseñanza social no
es un “tercer camino,” algún camino intermedio entre capitalismo
y socialismo. No es en absoluto una agenda económica o política,

- 334 -
y ni es un “sistema”. Aunque por ejemplo, ofrezca una crítica del
socialismo y capitalismo, no propone un sistema alternativo. No es
una propuesta técnica para resolver problemas prácticos, sino una
doctrina moral, surgiendo del concepto Cristiano del hombre y de
su vocación para amar y para la vida eterna. Se encuentra en una
categoría propia.
La doctrina social católica no es una utopía, en el sentido de un
proyecto social imposible de lograr. No intenta describir un paraíso
terrenal en el que la humanidad puede lograr perfección.
A pesar de todo esto, la enseñanza social católica confronta
seriamente realidades y estructuras existentes, y desafía a la huma-
nidad para buscar soluciones a las situaciones sociales, políticas y
económicas dignas de la dignidad humana, creando así un grado sa-
ludable de tensión entre las realidades temporales tal y como están
y el ideal del Evangelio.
La enseñanza social católica no es una doctrina estática, fija,
pero si es una aplicación dinámica de las enseñanzas de Cristo a las

- 335 -
realidades y circunstancias cambiantes de las sociedades y culturas
humanas. Por supuesto, los principios fundamentales no cambian,
porque ellos están profundamente arraigados en la naturaleza hu-
mana. Pero sus aplicaciones y juicios contingentes se adaptan a las
nuevas circunstancias históricas según los tiempos y lugares.
La doctrina social de la Iglesia es parte integrante del armazón
de la teología y especialmente de la teología moral.
De acuerdo a la redacción del magisterio, es la formulación
exacta de los resultados de una meditación cuidadosa en las realida-
des complejas de la existencia de la humanidad, en la sociedad y en
un contexto internacional, bajo la luz de la fe y de la tradición viva
de la Iglesia.
Es un conjunto de principios, criterios y pautas para la acción,
con el objetivo de interpretar las realidades sociales, culturales, eco-
nómicas y políticas, evaluando su conformidad o diversidad con las
enseñanzas del Evangelio en la persona humana y su vocación te-
rrenal y trascendente.

- 336 -
2. El contenido de la Enseñanza Social Católica
El contenido de la doctrina social se expresa en tres niveles:
--Principios y valores fundamentales. La doctrina social ad-
quiere sus principios básicos, de la teología y de la filosofía, con
la ayuda de las ciencias humanas y sociales que la complementan.
Estos principios incluyen la dignidad de la persona humana, el bien
común, la solidaridad, la participación, la propiedad privada, y el
destino universal de los bienes. Los valores fundamentales inclu-
yen; la verdad, la libertad, la justicia, la caridad y la paz.
--Criterio para el juicio: para los sistemas económicos, institu-
ciones, organizaciones, también usando datos empíricos. Ejemplos:
la evaluación de la Iglesia del comunismo, liberalismo, teología de
liberación, racismo, globalización, salarios justos, etc.
--Pautas para la acción: opiniones contingentes en eventos
históricos. Ésta no es una deducción lógica y necesaria que surge
de principios, pero también el resultado de la experiencia pastoral
de la Iglesia y una percepción Cristiana de la realidad; una opción
- 337 -
preferencial por los pobres, el diálogo, y el respeto por la autonomía
legítima de las realidades políticas, económicas y sociales. Ejemplo:
sugerencias para el perdón de la deuda internacional, reforma agrí-
cola, creación de cooperativas, etc. (vea “Gaudium et Spes,” Nos.
67-70).
3. Fundaciones
El primer fundamento de enseñanza social católica es el man-
dato de Jesús al amor: Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu
prójimo como a ti mismo. Éste es el fundamento de toda la moral
Cristiana, y por consiguiente de la doctrina social de la Iglesia que
es parte de la moral. Jesús dijo, que el doble mandamiento del amor
no sólo es el primero y más importante de todos los mandamientos,
pero también un resumen o compendio de todas las leyes de Dios y
el mensaje de los profetas.

Por consiguiente la doctrina social de la Iglesia proporciona


una respuesta a la pregunta: ¿Cómo debo amar yo a Dios y a mi pró-
jimo dentro de mi contexto político, económico y social? Nuestro

- 338 -
amor a Dios y al prójimo no consiste simplemente en una obligación
semanal de asistir a la Santa Misa y el lanzar unas monedas en el
cesto el momento del ofertorio. Debe penetrar nuestra vida entera y
debe conformar nuestras acciones y nuestro ambiente al Evangelio.
Éste es un principio muy importante para poder superar la ten-
dencia a ver a la economía o a la política como algo totalmente
separado de la moral, cuando de hecho es precisamente allí que un
cristiano hace que su fe influya en materias temporales.
El mandamiento de amar por consiguiente debe representar la
fundación general de la doctrina social de la Iglesia. Hay, sin em-
bargo, también fundamentos específicos que pueden resumirse en
cuatro principios básicos de la totalidad de la doctrina social de la
Iglesia, cuatro columnas en las que el edificio entero se apoya. Estos
principios son: la dignidad de la persona humana, el bien común, la
subsidiaridad y la solidaridad.
--La dignidad de la persona humana. El primer principio clá-
sico es el de la dignidad de la persona humana que provee el funda-

- 339 -
mento de los derechos humanos. Para pensar correctamente sobre
la sociedad, la política, la economía y la cultura uno debe entender
primero propiamente quién es el ser humano y cual es su bien real.
Cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una dig-
nidad inalienable y debe tratarse por consiguiente siempre como un
objetivo y no sólo como un medio.
Cuando nuestro Señor Jesús, usando la imagen del Buen Pastor,
habló sobre la oveja perdida, él nos enseñó lo que Dios piensa sobre
el valor de la persona humana individual. El pastor deja las 99 ove-
jas en el desierto para buscar a la perdida. Dios no piensa en masa
sobre los seres humanos, o en porcentajes, sino como individuos.
Cada uno es precioso para él, irreemplazable.
En su carta encíclica Centesimus Annus, el Papa Juan Pablo II
subrayo la centralidad de este principio: “Es necesario tener presen-
te que el hilo principal, y en un cierto sentido el principio guía... de
la doctrina social de la Iglesia, es una mirada correcta de la persona
humana y de su único valor, ya que “el hombre... es la única criatura
en la tierra que Dios legó para sí mismo”. Dios ha impreso su propia
- 340 -
imagen y semejanza en el hombre (vea Génesis 1:26), confirien-
do en él una dignidad incomparable (vea “Centesimus Annus,” No.
11).
De ahí que la Iglesia no piensa primero en términos de nacio-
nes, partidos políticos, tribus o grupos étnicos, sino de la persona
individual. La Iglesia, como Cristo, defiende la dignidad de cada
individuo. Ella entiende la importancia del estado y de la sociedad
en los términos de servicio a las personas y a las familias, en lugar
de al revés. El estado tiene el deber en particular de proteger los
derechos de las personas, derechos que no son dados por el estado
sino por el Creador.
--El bien común. El segundo principio clásico de la doctrina
social de la Iglesia es el principio del bien común. El Segundo Con-
cilio Vaticano lo define como “el total de la suma de condiciones
sociales que permiten a las personas, o como grupos o como indivi-
duos, el alcanzar su perfección más totalmente y más fácilmente”.
(“vea Gaudium et Spes,” 26; vea GS, 74; y Catecismo de la Iglesia
católica, 1906).
- 341 -
El hombre, creado a la imagen de Dios que es comunión Tri-
nitaria de personas, no logra su perfección en aislamiento de otros,
sino dentro de las comunidades y a través del regalo de si mismo
que hace posible la comunión. El egoísmo que nos insta a que bus-
quemos nuestro propio beneficio para detrimento de otros es supe-
rado por un compromiso al bien común.
El “bien común” no es exclusivamente mío o suyo, y no es él la
suma de lo bueno de los individuos, sino que crea un nuevo sujeto-
nosotros-en el que cada uno descubre su propio bien en comunión
con otros. Por consiguiente el bien común no pertenece a una enti-
dad abstracta como el estado, pero a las personas como individuos
llamados a la comunión.

El hombre es fundamentalmente (y no sólo circunstancialmen-


te) social, relacional e interpersonal. Nuestro bien común también
es necesario para mi propio perfeccionamiento, significando para
mi propio bien personal. Cada persona crece y alcanza el perfeccio-
namiento dentro de la sociedad y a través de la sociedad. De ahí que,
el bien común es distinto de, pero no en oposición, al bien particular
- 342 -
de cada individuo. Muy a menudo, su bien y mi bien se reúnen en
nuestro bien común.

El bien común en cambio, se opone al utilitarismo, la idea de


la posibilidad más grande de felicidad (placer) para el número más
alto posible de las personas, lo que inevitablemente lleva a que la
minoría este subordinada a la mayoría. Por consiguiente la excelen-
cia y la inviolabilidad de la persona humana individual excluyen la
posibilidad de subordinar el bien de unos al de otros, convirtiendo
así a los primeros, en un medio para la felicidad de otros.

--Subsidiaridad. El tercer principio clásico de la doctrina so-


cial, es el principio de la subsidiaridad. Se expresó primero bajo ese
nombre por el Papa Pío XI en 1931 en su carta encíclica “Quadra-
gesimo Anno”. Este principio nos enseña que las decisiones de la
sociedad deben quedar al nivel más bajo posible, por consiguiente
al nivel más cercano a aquéllos afectados por la decisión. Este prin-
cipio fue formulado cuando el mundo fue amenazado por sistemas
totalitarios con sus doctrinas basadas en la subordinación del indivi-

- 343 -
duo a la colectividad. Nos invita a buscar soluciones a los problemas
sociales en el sector privado antes de pedir al estado que interfiera.

Incluso previo a la encíclica de Pío XI, el Papa Leo XIII insistió


“en los límites necesarios a la intervención del estado y en su carác-
ter instrumental, ya que el individuo, la familia y la sociedad son
anteriores al estado, y ya que el estado existe en orden de proteger
sus derechos y no de ahogárselos” (“Centesimus Annus,” 11).

--La solidaridad. El cuarto principio fundamental de la doc-


trina social de la Iglesia sólo fue formulado recientemente por S.S.
el Papa Juan Pablo II en su carta encíclica “Sollicitudo Rei Socia-
lis” (1987). Este principio se llama el principio de la solidaridad.
Enfrentado con la globalización, la interdependencia creciente de
las personas y poblaciones, nosotros debemos tener presente que la
familia humana es una. La solidaridad nos invita a aumentar nuestra
sensibilidad por otros, sobre todo por aquéllos que sufren.

Pero el Santo Padre agrega que esa solidaridad no es simple-


mente un sentimiento, sino una “virtud” real qué nos permite que
- 344 -
asumamos nuestras responsabilidades entre si. El Santo Padre es-
cribió, esa solidaridad “no es un sentimiento de compasión vaga
o de poco dolor a los infortunios de tantas personas, aquellos que
están cerca y lejos. Al contrario, es una sólida y perseverante deter-
minación para comprometerse a sí mismo al bien común; es decir
al bien de todos y de cada individuo, porque todos nosotros somos
realmente responsables de todos” (SRS, 38).

4. Consejos prácticos
Nos gustaría por último esbozar cinco sugerencias prácticas con
respecto a la aplicación de la enseñanza social católica, sobre todo
para nosotros los laicos:
--Leamos y tengamos, preciso y buen conocimiento de las en-
señanzas sociales de la Iglesia, para poder exponerlos con convic-
ción y claridad, y asegurarnos que lo que nosotros enseñamos en el
nombre de la Iglesia es eficazmente lo que la Iglesia enseña, y no
nuestras propias opiniones personales.
--La humildad, para no tener que saltar de los principios gene-

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rales a los juicios concretos definitivos, sobre todo cuando es ex-
presado de una manera categórica y absoluta. Nosotros no debemos
ir más allá de las limitaciones de nuestro propio conocimiento y
competencia específica.
--El realismo, evaluando la condición humana, reconociendo el
pecado pero dejando espacio para la acción de la gracia de Dios. En
medio de nuestro compromiso al desarrollo humano, nunca perda-
mos de vista que la vocación del hombre es sobretodo el de ser santo
y disfrutar de Dios eternamente.
--Evitemos la tentación de usar la doctrina social de la Iglesia
para propósitos partidistas. Nosotros en cambio debemos concen-
trarnos primero en nuestras propias vidas y nuestras responsabili-
dades personales, sociales, económicas y políticas.
--Sepamos cómo cooperar estrechamente con otros laicos, for-
mándolos y enviándolos como otros evangelizadores del mundo.
Los laicos somos los verdaderos expertos en nuestros campos de
competencia y tenemos la vocación específica de transformar las
realidades temporales según el Evangelio.

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Peregrinos de San Miguel

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