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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA

Prof. Titular Armando Poratti


JTP Pilar Spangenberg
1º cuatrimestre 2008

PRESOCRÁTICOS
Testimonios y fragmentos

Tales de Mileto

11 A 9
Platón, Teeteto 174 a 4-b3
Sócrates: Así, Teodoro, es lo que le sucedió a Tales, quien por dedicarse a
observar los astros y estar mirando al cielo cayó en un pozo. Y se cuenta que una
criada tracia, bella e ingeniosa, lo hizo blanco de sus burlas, porque en su afán por
conocer las cosas del cielo, no reparaba en lo que tenía por delante y a sus pies.
El mismo sarcasmo alcanza a todos cuantos dedican su vida a la filosofía, porque
no sólo no reparan en lo que está haciendo su vecino más próximo, sino que,
además, apenas se dan cuenta de si es realmente un hombre o algún otro tipo de
criatura…

11 A 10
Aristóteles, Política 1259 a 4-21
… Debería, además, reunirse los relatos que andan dispersos sobre los medios
exitosos empleados por algunos individuos para hacer fortuna. Todas esas
indicaciones resultan útiles a quienes tienen aprecio por el arte de los negocios, la
crematística, p. e., el caso de Tales de Mileto: se trata, en efecto, de un recurso
crematístico que, si bien se le atribuye debido a su sabiduría, encierra, sin
embargo, un principio de aplicación universal. Como algunos le reprocharan, en
razón de su pobreza, que la filosofía no produce provecho alguno, se cuenta que,
habiendo previsto, gracias a sus conocimientos astronómicos, que la producción
de aceitunas sería abundante, dispuso del pequeño capital que poseía, cuando
aún era invierno, para obtener bajo fianza todos los molinos de aceite de Mileto y
de Quíos, los que arrendó a bajo precio, ya que no tenía ningún competidor.
Cuando llegó el momento propicio y fueron muchos los que a un mismo tiempo
acudieron de pronto en demanda de molinos, Tales los arrendó al precio que
quiso, logrando reunir mucho dinero, para demostrar que los filósofos pueden
enriquecerse fácilmente si así lo desean, aunque no constituye ése su propósito.
Se dice, en fin, que Tales dio con ello prueba de su sabiduría; pero, tal como antes
señalamos, se trata en realidad de un expediente crematístico que aplica todo
aquel que pueda hacerse de un monopolio.

11 A 12
Aristóteles, Metafísica 983 a 24 – 984 a 7

1
Es pues, evidente, que debemos adquirir la ciencia de las primeras causas, ya que
decimos que sabemos cada cosa cuando creemos conocer la causa primera. A las
causas nos referimos de cuatro maneras diferentes. En primer lugar, llamamos
causa a la realidad y al qué es (ya que el “por qué” nos lleva en último término al
enunciado y el “por qué” es en primer término, por otra parte, causa y principio).
De otra manera, decimos que es causa la materia y el sustrato; en tercer lugar,
aplicamos ese término al principio de donde parte el movimiento; y, en cuarto lugar
-contrario al tercero-, llamamos causa a la finalidad y al bien (puesto que se trata
de la meta de toda generación y movimiento). Aunque ya hemos examinado
bastante este tema en la Física, conviene sin embargo que recordemos a quienes
nos precedieron en la indagación de las cosas que son y que filosofaron sobre la
verdad; también ellos, sin lugar a dudas, hablan de ciertos principios y causas.
Esta revisión será seguramente de utilidad para la investigación en la que estamos
embarcados, ya que, o bien descubriremos algún otro tipo de causa, o bien se
acrecentará nuestra confianza en la que acabamos de mencionar. La mayoría de
los que primero filosofaron cree que los únicos principios de todas las cosas son
de índole material; dicen, en efecto, que aquello a partir de lo cual existen todas
las cosas, o sea el punto inicial del cual se genera y el término en el que
finalmente se corrompen, subsistiendo, en fin, en cuanto realidad, pero cambiando
en lo que hace a sus determinaciones, eso, precisamente, es elemento y eso es
principio de las cosas que son; y creen, por ello, que semejante naturaleza ni se
genera ni se corrompe porque permanece siempre, así como no afirmamos que
Sócrates nazca absolutamente cuando se vuelve bello oculto, ni que perezca
cuando pierde esas cualidades, porque subsiste el sustrato, es decir, Sócrates
mismo, y otro tanto ocurre con lo demás. Es necesario, por lo tanto, que exista
cierta naturaleza, sea una o más de una, a partir de la cual todas las demás cosas
surjan, sin que ella misma se pierda. Por cierto, no todos coinciden en sus
afirmaciones acerca del número y del carácter de semejante principio. Tales, el
iniciador de este tipo de filosofía, sostiene que es el agua (y afirmó, en
consecuencia, que la tierra está sobre el agua), habiendo llegado quizás a esta
suposición al ver que todas las cosas se nutren de la humedad y que hasta el
calor nace de ella y en ella vive (puesto que aquello de lo cual se generan las
cosas es el principio de todas ellas). Es por este motivo, entonces, que llegó a esa
suposición, y también porque las simientes de todas las cosas poseen naturaleza
húmeda. Hay algunos que creen que también los antiguos, pertenecientes a una
generación muy anterior a la nuestra, y los primeros en haber hablado sobre los
dioses, tuvieron idéntica concepción acerca de la naturaleza: señalan a Océano y
Tetis como padres de la generación y dicen que el juramento de los dioesse se
hace por el agua, a la que llaman Estigia; porque lo antiguo es lo más venerable y
aquello por lo que se jura es lo más venerable.
Saber si fue ésta la opinión primitiva y más antigua, es algo tal vez incierto, pero
sin embargo se dice que Tales hizo estas afirmaciones sobre la causa primera. (En
lo que toca a Hipón, a nadie se le ocurriría ubicarlo entre éstos, por el escaso valor
de su pensamiento). Anaxímenes y Diógenes, por su parte, afirmaron que el aire
es anterior al algua y principio primrdial entre los cuerpos simples, mientras que
Hípaso de Metaponto y Heráclito de Efeso dijeron que era el fuego […].

2
11 A 14
Aristóteles, Del cielo 294a28-b10: Otros dicen que la tierra reposa sobre el agua.
Esta es, en efecto, la más antigua tesis que nos ha llegado y que, según
sostienen, fue enunciada por Tales de Mileto. De acuerdo con ella, la tierra se
mantiene estable debido a que flota sobre el agua como un leño o algo semejante
(ninguna de estas cosas, por cierto, se mantiene naturalmente sobre el aire, sino
sobre el agua), como si el mismo argumento no pudiera aplicarse a la tierra y al
agua que la sostiene: tampoco el agua, en verdad, se mantiene inmóvil en el aire,
sino que debe apoyarse sobre algo.
Además, así como el aire es más liviano que el agua, así también el agua es más
liviana que la tierra. ¿Cómo es posible, entonces, que lo más liviano se halle por
debajo de aquello que, por naturaleza, es más pesado? Si, además, la tierra en su
totalidad se mantiene naturalmente sobre el agua, resulta evidente que otro tanto
debe ocurrir con cada una de sus partes. Pero, en realidad, éste no es el caso: por
el contrario, una cualquiera de sus partes desciende hacia la profundidad del
agua, siendo mayor su velocidad cuando más grande ella sea.
Estos pensadores, sin lugar a dudas, parecen haber avanzado en su búsqueda
sólo hasta un cierto punto, pero no hasta donde lo permite el problema.

11 A 22
Aristóteles, Del alma 405 a 19.21, 411 a 7-9: Parece que Tales, también –al menos
según se cuenta- concibió el alma como algo dotado de la capacidad de poner en
movimiento, si es suya la afirmación según la cual el imán posee alma porque
mueve el hierro.
Algunos, en efecto, afirman que el alma se halla mezclada en todo el universo,
razón por la cual quizá también Tales pensó que todas las cosas están llenas de
dioses.

Anaximandro 1

12 A 1
D.L., II 1-2: (1) Anaximandro, hijo de Praxíades, natural de Mileto.
Dijo que el principio y elemento de las cosas es lo infinito, sin definirlo como aire,
agua o cualquier otra cosa; sus partes cambian, pero el todo es inmutable. Dice
Que la tierra, que es esférica, permanece en el medio, ocupando el lugar central;
que la luna no tiene luz propia, pues está iluminada por el sol; y que el sol, que no
es más pequeño que la tierra, es fuego purísimo. Fue el primero en inventar el
gnómon y en aplicarlo, en Esparta, a los cuadrantes solares, según cuanta
Favorito en su Historia universal, para indicar los solsticios y los equinoccios;
construyó también indicadores de hora.
(2) Fue el primero en trazar el perímetro de la tierra y el mar, y en construir una
esfera. Elaboró una exposición sumaria de sus enseñanzas, que, entre otros,

1
Traducción de C. Eggers Lan y V. Juliá en Los filósofos presocráticos, tomo I, Madrid, Gredos, 1981

3
también cayó en manos de Apolodoro de Atenas. Este, en su Crónica, dice que
tenía sesenta y cuatro años en el segundo año de la 58ª Olimpíada [547-6 a.C.] y
que poco después murió.

12 A 11
HIPÓL., I 6, 2: El discípulo de Tales fue Anaximandro. Anaximandro, hijo de
Praxíades, natural de Mileto. Dijo que el principio de las cosas era una cierta
naturaleza de lo infinito, de la cual surgen los cielos y el mundo que está en ellos.
Esta naturaleza es eterna y “nunca envejece” (B 2), y abarca a todos los mundos.
Habla del tiempo pensado en la finitud de la generación, la existencia y la
corrupción. (2) Dijo que principio y elemento de las cosas es lo infinito, siendo el
primero en mencionar el nombre de “principio“. Además de esto, dijo que es eterno
el movimiento en el cual se lleva a cabo la generación de los cielos. (3) Dice que la
tierra está suspendida sin estar sostenida por nada, sino que se mantiene porque
se halla a igual distancia de todo; su forma es ahuecada, redondeada, semejante
a una “columna de piedra” (B 5). Estamos situados en una de sus superficies
planas, y en la otra está el lado opuesto. (4) Los astros se forman cuando un
círculo de fuego separado del fuego del mundo queda rodeado por aire. Hay
orificios como los que tienen las flautas para que salga el aire, y a través de ellos
se muestran los astros. Por eso, cuando estos conductos están obstruidos, se
producen los eclipses. (5) Hay a veces luna llena o menguante en función de la
obstrucción o de la apertura de los poros. La órbita del sol es veintisiete veces
mayor que la de la tierra, y dieciocho veces mayor es aquella de la luna. El sol
está en el extremo superior y en el inferior, los círculos de las estrellas fijas. (6)
Los animales surgieron de la humedad evaporada por el sol. El hombre se generó,
en un comienzo, siendo similar a otro animal, a saber, el pez. (7) Los vientos se
producen cuando se separan del aire los vapores más livianos y cuando se
mueven, al condensarse; las lluvias provienen de vapores que se elevan de la
tierra a causa del sol; los relámpagos, cuando el viento cae sobre las nubes y las
desgarra. Nació en el tercer año de la 42ª Olimpíada [610-609 a.C.]

12 A 9
SIMPL., Fís. 24, 13-25: Entre los que dicen que [el principio y elemento] es uno, en
movimiento e infinito, Anaximandro de Mileto, hijo de Praxíades, que fue sucesor y
discípulo de Tales, dijo que el principio y elemento de todas las cosas es lo infinito
[B 1], y fue el primero que introdujo este nombre de 'principio'. Afirma que éste no
es agua ni ningún otro de los denominados elementos, sino una naturaleza distinta
e infinita, a partir de la cual se generan los cielos y los mundos (contenidos) en
éstos. Ahora bien, a partir de donde hay generación para las cosas, hacia allí
también se produce la destrucción, según la necesidad; "en efecto, pagan la culpa
unas a otras y la reparación de la injusticia, de acuerdo con el ordenamiento del
tiempo" (B 1), hablando así de estas cosas en términos más bien poéticos. Es
evidente, entonces, que tras haber observado la transformación de los cuatro
elementos unos en otros, no considera que uno de ellos fuera el sustrato, sino otra
cosa aparte de ellos; pero piensa que la generación se produce no al alterarse el
elemento sino al separarse los contrarios por obra del movimiento eterno.

4
12 A 16
ARIST., Fís. I 5, 204b:
Hay algunos, en efecto, que suponen que eso [a partir de lo cual se engendran los
elementos] es lo infinito y no aire o agua, de modo que los demás elementos no
sean destruidos por ser lo infinito uno de ellos, ya que todos tienen contrariedad
entre sí.

SIMPL., Fís., 150, 20-25:


No explica las generaciones por alteración del sustrato, sino por separación. En
efecto, las contrariedades están contenidas en el sustrato, que es un cuerpo
infinito, y se separan, dice Anaximandro, el primero que llamó 'principio' al
sustrato. Ahora bien, contrariedades son caliente, frío, seco, húmedo, etc.

12 A 15 y 12 B 3
ARIST., Fís. III 4, 203b:
"Abarca a todas las cosas y a todas gobierna"...y esto es "lo divino", pues es
"inmortal".

Anaxímenes

13 A 5
Teofrasto, Opiniones de los físicos, ed. Diels fr. 2 (en Simplicio, Comentario a la
Física de Aristóteles, 24, 26-31 y 25,1): Anaxímenes, hijo de Eurístrato, natural de
Mileto, y colega de Anaximandro, dice, al igual que éste, que el sustrato es una
naturaleza única e infinita, pero no indeterminada, como sostenía éste
[Anaximandro], sino determinada, afirmando que ella es aire. Este se diferencia en
otras realidades por obra de la rarefacción y la condensación. En efecto, al
hacerse más sutil se transforma en fuego, mientras que al condensarse se vuelve
viento, luego nube, y más condensado aún, agua, después tierra y finalmente
piedras. Todas las restantes cosas, a su vez, proceden de ésas. Sostiene también
que el movimiento es eterno, y que es por obra de él que el cambio tiene lugar.

Teofrasto, en su Historia, utiliza los términos “rarefacción” y “condensación” sólo


cuando se refiere a Anaxímenes, pero es evidente que también los demás se
valieron de la rarefacción y la condensación.

13 A 7
Hipólito, Refutación de todas las herejías I 7, 1-9: (1) Anaxímenes, también de
Mileto, hijo de Eurístrato, sostuvo que el principio es aire infinito y que de él se
origina todo lo que es, lo que fue y lo que será, tanto los dioses como las cosas
divinas, mientras que el resto surge de lo que procede de aquél. (2) El carácter
específico del aire es el siguiente: cuando su distribución es totalmente uniforme,
resulta invisible, pero se hace manifiesto por medio de lo frío, lo caliente, lo
húmedo y lo móvil. Está siempre en movimiento: en efecto, todo cuanto está sujeto

5
al cambio no podría cambiar si no se moviese. (3) Presenta aspectos diferentes
según se condense o enrarezca; cuando se dilata y se hace muy tenue, se
transforma en fuego; inversamente, los vientos son aire condensado; del aire, por
concentración, se forma la nube; y cuando esa concentración es mayor, se forma
el agua; y en fin, cuando el aire está aún más condensado, surge la tierra y, en un
estado de máxima condensación, las piedras. De modo que los componentes más
importantes de la generación son contrarios, a saber, caliente y frío. (4) La tierra,
que es plana, se mantiene sobre el aire y, de modo similar, el sol, la luna y los
demás astros, que son todos ellos ígneos, “cabalgan” [B 2a] sobre el aire debido a
su forma plana. (5) Los astros han surgido de la tierra, en razón de la humedad
que de ella se desprende y que, al enrarecerse, se transforma en fuego, del cual,
al elevarse en lo alto, se forman, a su vez, los astros. En la región de los astros
hay también [cuerpos] de naturaleza terrosa, que se mueven en círculo con ellos.
(6) [Anaxímenes] dice que los astros no se mueven por debajo de la tierra, como
otros sostienen, sino en torno de la tierra, como un “gorro” [B2a] gira alrededor de
nuestra cabeza. El sol se nos oculta, no porque vaya por debajo de la tierra, sino
porque las regiones más elevadas de ésta lo cubren y también porque está más
distante de nosotros. Los astros, por su parte, no calientan debido a su enorme
distancia. (7) Los vientos se originan cuando el aire, condensado, comienza a
moverse, enrareciéndose; al concentrarse y hacerse aún más denso, se forman
las nubes, y es de esa manera que se transforma en agua. El granizo se produce
cuando el agua que proviene de las nubes se solidifica al caer; la nieve, por su
parte, se forma cuando esas mismas nubes, al hacerse más húmedas, adquieren
consistencia. (8) El relámpago se origina al separarse las nubes por la violencia de
los vientos; cuando ellas se separan, el resplandor que se produce es intenso y
semejante al fuego. El arco iris se forma al caer los rayos del sol sobre el aire
concentrado. El movimiento sísmico acontece cuando la tierra sufre bruscos
cambios de calor y frío. (9) Estas son, pues las [opiniones] de Anaxímenes, quien
alcanzó su madurez en el primer año de la 58ª Olimpíada [548-7 a.C.].

13 B 2
Aecio, Recopilación de las opiniones de los filósofos I 3,4: Anaxímenes, hijo de
Eurístrato, natural de Mileto, sostuvo que el aire es el principio de las cosas que
son; de él, en efecto, todo procede y, a su vez, en él, todo se disuelve. “Así, como
nuestra alma, que es aire –dice- nos mantiene cohesionados, así también el soplo
y el aire abarcan al mundo todo” (Y utiliza los términos “aire” y “soplo” como
sinónimos).

Heráclito2
22 B 93
El señor cuyo oráculo está en Delfos,
no dice ni oculta, sólo da signos.
2
Traducción de Francisco J. Olivieri en Heráclito. Selección de textos y fragmentos, Cuadernos de filosofía
antigua 3, Buenos Aires, Biblos, 1979

6
22 B 123
La naturaleza (phýsis) ama ocultarse.

22 B 54
Armonía invisible, mejor que la visible.

22 B 56
Se engañan los hombres acerca del conocimiento de las cosas visibles, de la
misma manera que Homero, que fue [considerado] el más sabio de todos los
griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole:
‘cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos,
tantos llevamos’.

22 B 107
Malos testigos son para los hombres los ojos y los oídos de los que tienen almas
bárbaras.

22 B 17
La mayoría no repara en aquellas cosas con las que se topa, ni las conoce
aunque las haya aprendido, pero así lo imagina.

22 B 34
Incapaces de comprender habiendo oído,
a sordos se asemejan;
de ellos da testimonio el proverbio
‘aunque presentes, están ausentes’.

22 B 32
Uno, lo único sabio (sophón), quiere y no quiere ser llamado con el nombre de
Zeus.

22 B 41
Una sola cosa lo sabio: conocer el designio que gobierna todo a través de todo.

22 B 50
No escuchándome a mí sino al discurso
es sabio convenir (homologeîn) que todas las cosas son una.

22 B 108
De cuantos he escuchado los discursos,
ninguno llega al punto de comprender
que [lo sabio] es distinto de todas las cosas.

22 B 40
La polumathía no enseña a comprender;
lo habría enseñando, si no, a Hesíodo y a Pitágoras,

7
así como a Jenófanes y a Hecateo.

22 B 1
Aunque este mi discurso (lógos) existe siempre
los hombres se vuelven incapaces de comprenderlo
tanto antes de oírlo como una vez que lo han oído;
pues aun cuando todo sucede conforme a este discurso
parecen no tener experiencia de él, teniéndola sin embargo
de palabras y obras tales
como las que yo expongo
cuando distingo cada cosa según su naturaleza
y exhibo cómo es;
pero al resto de los hombres
les pasa inadvertido cuanto hacen despiertos,
de la misma manera que les pasa inadvertido cuanto hacen mientras duermen.

22 B 2
Mientras este mi discurso es común, la mayoría vive como si tuviera una mente
propia.

22 B 51
No entienden cómo lo divergente converge consigo mismo: armonía de tensiones
opuestas, como la del arco y la lira.

22 B 53
Guerra (pólemos)
de todos padre es, de todos rey;
a unos como dioses coloca, a otros, hombres,
a unos esclavos hace, a otros, libres.

22 B 57
Maestro de la mayoría, Hesíodo;
están seguros que éste sabe la mayor parte de las cosas,
quien no llegó a conocer el día y la noche:
en efecto, son una [sola cosa].

22 B 61
Mar, agua purísima e impurísima;
para los peces, potable y saludable,
para los hombres, impotable y mortífera.

22 B 67
El dios:
día noche, invierno verano,
guerra paz, saciedad hambre,
toma diferentes formas, al igual que el fuego,
que, cuando se mezcla con especias, es llamado según el aroma de cada una.

8
22 B 80
Hay que saber
que la guerra es común,
y que la justicia es lucha,
y que todo sucede por lucha y necesidad.

22 B 12
Para los que entran en los mismos ríos,
aguas fluyen otras y otras.

22 B 94
El sol no transgredirá sus medidas, si no, las Erinias, ayudantes de Díke, lo
pondrán en descubierto.

22 B 102
Para el dios todas las cosas son bellas, buenas y justas; los hombres, en cambio,
consideran a unas injustas, a otras justas.

22 B 114
Los que han de hablar con comprensión
es necesario que se afirmen en lo que es común a todos,
así como una ciudad en su ley,
y mucho más firmemente aún;
todas las leyes humanas, en efecto, se nutren
de una sola, la divina;
extiende ésta su poder tanto como quiere
y es suficiente para todas
y aún excede.

22 B 125
También el ciceón se descompone si no se lo agita.

22 B 129
Pitágoras, hijo de Mnesarco, cultivó la ciencia más que todos los otros hombres, y
haciendo una selección de tales tratados, forjó una sabiduría propia: polymathía,
saber equivocado.

22 B 16
Clemente, Pedagógico II 99, 5:
¿Cómo podría alguien ocultarse de lo que no se pone?

22 B 30
Clemente, Stromata V 104:
Este mundo, el mismo para todos,
Ninguno de los dioses ni de los hombres lo ha hecho,
Sino que fue siempre, es y será

9
Fuego siemprevivo,
Que se enciende con medida y se apaga con medida.

Parménides3

28 B 1
1 Las yeguas que me conducen hasta donde llega mi ánimo,
2 me impulsaron, pues, guiándome, me llevaron hacia el camino
3 de la diosa, lleno de signos, la cual, respecto de todo, conduce aquí
al hombre que sabe.
(...)
22 La diosa me recibió amablemente, tomó con su mano
23 mi mano derecha y, dirigiéndose a mí, pronunció estas palabras:
24 ¡Oh, joven, acompañado por guías inmortales y por l as yeguas
25 que te conducen llegando hasta mi morada,
26 salud! No es un destino funesto el que te ha empujado a tomar
27 este camino (que, en efecto, se encuentra fuera y separado del
sendero de los hombres),
28 sino Themis y Dike. Es necesario, entonces, que te informes de
todo:
29 tanto del corazón imperturbable de la bien redondeada verdad,
30 como de las opiniones de los mortales, en las que no hay verdadera
convicción.
31 No obstante, también aprenderás esto: cómo hubiera sido necesario
32 que las opiniones existiesen realmente abarcando todo
incesantemente

28 B 2
1 Y bien, yo diré –y tú, que escuchas mi propuesta, acógela-
2 cuáles únicos caminos de investigación hay para pensar:
3 uno, que es y que no es posible no ser, es el camino de
4 Persuasión, pues acompaña la verdad;
5 el otro, que no es y que es necesario no ser. Te enuncio
6 que este sendero es completamente incognoscible, pues
7 no conocerás lo que no es (pues es imposible) ni lo
8 mencionarás.

28 B 3
... pues lo mismo es pensar y ser.

28 B 6
1 Es necesario decir y pensar que hay ser, pues es posible

3
Traducción de Néstor-Luis Cordero.

10
2 ser, y la nada no es. Esto te ordeno que proclames;
3 pues <comenzarás> por este primer camino de investigación
4 y luego por aquel por el que deambulan los mortales que nada saben,
5 bicéfalos, pues la carencia de recursos
6 conduce en sus pechos al intelecto errante. Son llevados
7 como ciegos y sordos, estupefactos, gente sin capacidad de juzgar,
8 que considera que ser y no ser son lo mismo y no lo mismo.
9 El camino de todos ellos vuelve al punto de partida.

28 B 6 (Traducción de A. Gómez-Lobo)
Es necesario que lo que es (para) decir y (para) pensar sea,
pues es (para) ser,
pero (lo que) nada (es) no es (para ser). A estas cosas te ordeno
poner atención,
pues de esta primera vía de investigación te <aparto>,
y luego también de aquélla por la cual los mortales que nada saben
yerran, bicéfalos, porque la inhabilidad en sus
pechos dirige su mente errante. Son arrastrados,
sordos y ciegos a la vez, estupefactos, una horda sin discernimiento,
que considera al ser y no ser lo mismo
y no lo mismo. La senda de todos ellos es revertiente.

28 B 6 (Traducción de C. Eggers Lan y V. Juliá)


Se debe decir y pensar lo que es; pues es posible ser,
mientras <a la> nada no <le> es posible <ser>. Esto te ordeno que
muestres.
Pues jamás se impondrá esto: que haya cosas que no sean.
Pero tú <aparta> el pensamiento de este camino de investigación
en el cual los mortales que nada saben
deambulan, bicéfalos, de quienes la incapacidad guía en sus
pechos a la turbada inteligencia. Son llevados
como ciegos y sordos, estupefactos, gente que no sabe juzgar,
para quienes el ser y no ser pasan como lo mismo
y no lo mismo.

28 B 7
1 Pues nunca dominará esto: que haya no ser. Aleja tú
2 el pensamiento de este camino de investigación,
3 y que la inveterada costumbre no te obligue, a lo largo
4 de este camino, a utilizar el ojo que no ve, el oído que
5 resuena, y la lengua; juzga con la razón la combativa
6 refutación que te he enunciado.

28 B 8
1 Queda una sola propuesta de camino: que es. En el mismo
hay muchas pruebas: lo que es, es inengendrado e
incorruptible, total, único, inconmovible y terminado.

11
5 Ni fue ni será, sino que es ahora, completamente homogéneo,
uno, continuo. ¿Qué génesis le buscarás? ¿Cómo
y de dónde habría aumentado? No te permito que
digas ni que pienses que del no ser, pues no es decible
ni pensable que haya no ser. ¿Qué necesidad lo habría
10 impulsado a crecer antes o después, comenzando de la nada?
De este modo, es necesario ser absolutamente, o no;
la fuerza de la convicción no permitirá que, a partir
del ser, nazca otra cosa a su lado, pues ni nacer ni morir
le permite Dike, aflojando las cadenas, sino que lo tiene.
15 El examen decisivo acerca de estas cosas reside en lo
siguiente: es, o no es. Se ha decidido, por necesidad,
que uno sea impensable e innombrable (pues no es el
camino verdadero), y que el otro exista y sea auténtico.
19 ¿Cómo lo que es, podría ser después? ¿De qué forma
podría nacer? Pues si nació, no está presente, ni tampoco
si alguna vez será. La génesis se extingue y las destrucción
es desconocida. Ni es divisible, pues es completamente
homogénero. No hay algo en mayor grado,
lo cual impediría su cohesión, ni algo en menor grado:
está totalmente colmado de lo que es
25 Es totalmente continuo: lo que es toca a lo que es.
Inmóvil en los límites de grandes cadenas, está presente
sin comienzo y sin fin, pues la génesis y la destrucción
están muy alejadas: las rechazó la convicción verdadera.
29 Permaneciendo idéntico en lo mismo, está en sí mismo.
Así, permanece indemne, pues la poderosa Necesidad
lo tiene en las cadenas del límite que lo clausura alrededor,
porque no es lícito que lo que es sea imperfecto.
33 En efecto: no tiene carencia alguna; si la tuviera, carecería de todo
34 Lo mismo es pensar y aquello por lo cual hay pensamiento;
pues sin lo que es, en lo que está expresado
no encontrarás el pensar: no hay ni habrá nada aparte
de lo que es, pues la Moira lo obliga a permanecer total
e inmóvil. Por eso son nombres todo cuanto los mortales
han establecido, en la creencia de que es verdadero:
nacer y morir, ser y no ser, cambiar de lugar y alterar
el color exterior.
42 Pero como hay un límite supremo, es perfecto por doquier,
semejante a la masa de una esfera bien redondeada,
completamente equidistante a partir del centro;
pues no es posible que exista en grandor mayor o menor
aquí o allá.
46 Pues lo que no es, que le impediría alcanzar la homogeneidad,
no existe; y lo que es no es de tal modo de tener
aquí o allá mayor o menor cantidad de lo que es,
porque es completamente inviolable.

12
49 Igual por doquier a sí mismo, está homogéneamente en
sus límites.
50 Acá termino para ti el razonamiento confiable y el
pensamiento acerca de la verdad; a partir de acá, aprende
las opiniones de los mortales, escuchando la engañosa ordenación
de mis palabras.
53 Ellos establecieron dos puntos de vista para dar nombre
a las apariencias externas, con los cuales no han hecho
una unidad -en esto se han equivocado-;
55 juzgaron la existencia de formas opuestas y de ellas
ofrecieron pruebas separadas las unas de las otras; por
una parte, el etéreo fuego de la llama, suave y muy liviano,
completamente semejante a sí mismo, pero no
semejante al otro; por otra parte, lo que es en sí su contrario,
la noche oscura, forma espesa y pesada.
60 Te expreso toda esta ordenación cósmica probable
para impedir que se te llegue a imponer algún punto
de vista humano.

EMPÉDOCLES DE AGREGENTO4

Sobre la naturaleza

31 B 1
D L VIII:60: Oye tú, Pausanias, hijo del sabio Anquitas.

31 B 2
Sexto Empírico, Adv. Math. VII 122
Pues las destrezas extendidas por los miembros son limitadas,
y muchos los males que los acosan y embotan sus pensamientos.
Y tras observar sólo una pobre parte de una vida que no es vida,
destinados a muerte temprana, se fugan como humo al ser arrebatados,
persuadidos tan sólo de aquello que cada uno encontró
dispersados hacia todas partes, todos se jactan de haber descubierto la totalidad.
Y es así que esto no es visible a los hombres, ni lo pueden oír
ni puede ser abrazado por la inteligencia. Pero tú, ya que hasta aquí te has
acercado
te enterarás de no más de lo que la comprensión del mortal puede alcanzar.

31 B 3 9 y ss.
Sexto Empírico, Adv. Math. VII, 125

4
Traducción de Ernesto La Croce en Los filósofos presocráticos II, Madrid, Gredos, 1979

13
Pero vamos, observa con toda tu destreza de qué modo cada cosa se hace
patente
Y al poseer una visión no confíes en ella más que en el oído,
ni en el oído resonante más que en las revelaciones de la lengua;
y de ninguno de tus otros órganos, en cuanto que son una vía para inteligir,
alejes tu confianza, sino que intelige cada cosa por el medio en que se haga
patente.

31 B 111
DL VIII 59:
De cuantos remedios hay para los males y resguardo para la vejez
te informarás, porque para ti solo realizaré yo todo esto.
Apaciguarás la furia de los infatigables vientos, que sobre la tierra
se agitan y destruyen con sus soplos los campos cultivados.
Y aún, si quieres, dirigirás sus soplos en sentido favorable;
y colocarás después de la lluvia sombría una sequía oportuna
para los hombres, y después de la sequía estival dispondrás
las corrientes que nutren a los árboles y que irrigan el éter,
y retornarás al Hades el vigor de un hombre muerto.

31 B 6
Aecio I 3 20; Sexto Empírico Adv. Math. X 315:
Escucha, primero, las cuatro raíces de todas las cosas:
Zeus brillante, Hera dadora de vida, Aidoneo
y Nestis, que con sus lágrimas hace brotar la fuente mortal.

31 B 17
Simplicio, Física 158 1:
Algo doble te diré: una vez creció hasta ser Uno solo
desde muchos, y otra vez se separó hasta ser muchos desde Uno.
Doble es la generación de los seres mortales, doble su desaparición;
pues una generación es procreada y hecha perecer por la concurrencia de todas
las cosas,
y otra es criada y se volatiliza a su vez al separarse de éstas.
Y ellos nunca cesan de cambiar ininterrumpidamente,
ya confluyendo hasta ser Uno por causa de la Amistad,
ya, en cambio, conducido cada uno separa por el rencor del Odio.
Así, en tanto se habituaron a constituirse en Uno desde muchos
y como a su vez, al separase de lo Uno se realizan los muchos,
de este modo están sujetos al nacimiento y su vida no es estable;
pero en tanto que nunca cesan de intercambiar interrumpidamente,
así, siempre son, inmutables a lo largo del ciclo.
Pero vamos, oye mi relato, pues la enseñanza hace crecer la mente.
Como ya dije antes al indicar los confines de mi relato,
algo doble diré: una vez creció hasta ser Uno solo
desde muchos, y otra vez se separó hasta ser muchos desde Uno:

14
fuego, agua, tierra y la inmensa altura del aire,
y el funesto Odio separado de ellos, igual en todo respecto,
y la Amistad entre ellos, semejante en largo y en ancho.
Obsérvala con el intelecto, no quedes con ojos de asombro:
es ella a quien la consideran innata en los miembros de los mortales,
y por ella tiene amorosos pensamientos y realizan amigables tareas,
llamándola por el nombre de Alegría o de Afrodita;
sin que la haya percibido, yendo y viniendo entre ellos, ningún
hombre mortal. Oye, empero, el trayecto no engañoso de mi discurso.
Todos ellos son semejantes y de la misma edad,
pero cada uno es dueño de diferentes prerrogativas y posee su propio carácter,
y predominan por partes en el girar del tiempo.
Y, además de ellos, nada hay que se produzca ni que cese de ser.
Pues si perecieron ininterrumpidamente ya no podrían ser;
¿Y qué cosa podría hacer que el todo crezca? ¿Y de dónde podría provenir?
¿Y de qué modo podría desaparecer ya que nada está carente de ellos?
Ellos son, empero, los mismos, pero corriendo una a través de otro
Llegan a ser tales y cuales cosas, y son siempre y continuamente los mismos.

31 B 8
Plutarco, Adv. Colotem 1111 f:
Y te diré otra cosa: no existe nacimiento de ninguno de los
seres mortales, ni tampoco un fin en la funesta muerte,
sino que solamente la mezcla y el intercambio de lo mezclado
existen, y esto es llamado nacimiento de los hombres.

31 B 27
Plutarco, De fac. in orbe lun. 926d:
Allí ni se distinguen los veloces miembros del sol
ni el frondoso género terrestre, ni el mar.
Así, permanece firme en el hermético reducto de la Armonía
el redondo Esfero que goza de la quietud que lo rodea.

31 B 109
Aristóteles, Metafísica III, 1000b: … Y el conocimiento es de lo semejante por lo
semejante. Pues por la tierra –expresa Empédocles- vemos la tierra, por el agua el
agua, por el éter el divino éter, por el fuego el destructivo fuego, el cariño por el
cariño, y el odio por el odio funesto.

31 A 86
Teofrasto, De Sens. 7: Empédocles afirma lo mismo de todas las sensaciones y
expresa que la sensación se produce por la adaptación de los poros de cada uno
de los órganos. Por eso cada uno de ellos no es capaz de discernir los objetos
propios de los otros, dado que ocurre que los poros de unos son más anchos y los
de otros más estrechos en relación con el objeto sensible, y entonces unos pasan
con fuerza sin hacer contacto y otros no pueden penetrar en absoluto.

15
31 A 37
Aristóteles, Metafísica 984b34-985b3: Pero puesto que resultaba evidente que en
la naturaleza se da también lo contrario del bien, y que no sólo hay orden y
belleza, sino también desorden y fealdad, y que los males son más abundantes
que los bienes, y las cosas feas más que las bellas, he aquí que otro introdujo la
Amistad y el Odio, cada uno como causa –respectivamente- de los unos y de los
otros. En efecto, si se sigue y comprende atendiendo a su pensamiento y no al
modo confuso en que Empédocles se expresa, se hallará que la Amistad es la
causa de los bienes y el Odio de los males. Con que seguramente acertaría quien
dijera que Empédocles propuso, y propuso por vez primera, el Mal y el bien como
principios, dado que la causa de todos los bienes es el Bien mismo.
Parece, pues, que éstos se atuvieron hasta entonces, como decimos, a dos de las
causas que nosotros hemos distinguido en la Física, a la material y al de dónde se
origina el movimiento, si bien lo hicieron confusamente y sin ninguna claridad, sino
como actúan en los combates los que carecen de entrenamiento: también éstos
desde luego, mientras se mueven, colocan con frecuencia buenos golpes, pero ni
éstos lo hacen porque sepan, ni aquéllos parecen comprender el alcance de lo
que dicen; pues en definitiva no parecen utilizar tales causas, sino en muy escasa
medida. (…) Ciertamente, Empédocles se sirve de las causas más que aquél
(Anaxágoras), pero, sin embargo, ni lo hace suficientemente ni encuentra los
efectos correspondientes a ellas. Le ocurre, en efecto, que en muchos aspectos es
la Amistad la que separa y el Odio el que une: así, cuando el Universo se disgrega
en los elementos bajo la acción del Odio, el fuego se concentra formando una
unidad, y también cada uno de los demás elementos: pero cuando nuevamente,
bajo la acción de la Amistad, se reúnen hasta formar la unidad, necesariamente
ocurre que las partículas se separan otra vez de cada uno de ellos.
Así pues, a diferencia de quienes le precedieron, Empédocles fue el primero en
introducir una división en esta causa, no poniendo un único principio del
movimiento, sino dos distintos y contrarios entre sí y, además, fue el primero en
afirmar que son cuatro los elementos que se dicen tales en el sentido de “materia”.
(Ciertamente no se sirve de ellos como efectivamente cuatro, sino como si fueran
solamente dos: el fuego por sí mismo por una parte, y por otra, la tierra, el aire y el
agua, opuestos a aquél y como una única naturaleza. Esto puede captarse
considerando su Poema).

ANAXÁGORAS5

59B1
SIMPL., Fís, 155, 23-30: Que Anaxágoras afirma que de una mezcla única se
separaran las homeomerías, infinitas en número y existentes en todos,
caracterizándose cada una según lo que en ella prevalece, es patente por lo que
dice al comienzo del libro I de la Física: “Todas las cosas estaban juntas, infinitas

5
Traducción de Conrado Eggers Lan en Los filósofos presocráticos II, Madrid, Gredos, 1994

16
tanto en cantidad como en pequeñez, pues también lo pequeño era infinito. Y
cuando todas las cosas estaban juntas, nada era manifiesto, a causa de la
pequeñez. El aire y el éter sujetaban a todas las cosas, por ser ambos infinitos; en
efecto, tales son las cosas más grandes que hay en el conjunto, tanto en cantidad
como en tamaño”.

59 B 3
SIMPL., Fís. 164, 16-20
También [dice Anaxágoras] que ni lo mínimo ni lo máximo están en los principios:
“Pues no sólo en lo que concierne a lo pequeño existe lo mínimo, puesto que
siempre [habrá algo] menor –ya que el ente no puede no existir- sino también en lo
que concierne a lo grande existe siempre algo mayor. Y es igual a lo pequeño en
cantidad; pero en relación consigo misma, cada cosa es tanto grande como
pequeña”.

59 B 6
SIMPL., Fís. 164, 25-165, 1: Y en otro lugar dice: “Y dado que las partes de lo
grande y de lo pequeño son iguales en cantidad, así también deben estar todas
las cosas en todo. Y no se puede existir separadamente, sino que todas las cosas
participan de una porción del todo. Puesto que no puede existir lo mínimo, no
podría estar separado ni llegar a ser en sí mismo, sino, como al principio, también
ahora existen todas las cosas juntas. En todas las cosas hay muchas cosas,
iguales en cantidad en las más grandes y en las más pequeñas de las que se
separaron”.

59 B 8
SIMPL. Fís. 176, 29 y 175 13-14: “No están separadas las cosas entre sí en el
único mundo, ni cortadas como con un hacha; ni lo caliente a partir de lo frío, ni lo
frío a partir de lo caliente”.

59 B 10
ESC. A GREG., XXXVI 911: Anaxágoras, tras admitir la doctrina de que nada se
genera de la nada, suprime la generación e introduce la división en lugar de la
generación. En efecto, absurdamente dice que todas las cosas están mezcladas
entre sí y se dividen al crecer. También en la misma semilla hay pelos, uñas,
venas, arterias, nervios y huesos, y resultan invisibles por la pequeñez de las
partes; pero al crecer, poco a poco, se dividen. “En efecto, dice, “cómo se
generaría pelo de [lo que] no es pelo, y carne de [lo que] no es carne?” y afirma
esto no sólo de los cuerpos sino también de los colores; en efecto, hay blanco en
lo negro y negro en lo blanco, y lo mismo sucede acerca de los pesos, pues cree
que lo liviano está mezclado con lo pesado y también éste con aquél.

59 B 11
SIMPL., Fís. 164, 22-24: Y dice claramente que “en todo hay parte de todo,
excepto del intelecto, pero en algunas cosas hay también intelecto”.

59 B 12

17
SIMPL., Fís. 157, 1-4: “Las demás cosas tienen una porción de todo, pero el
intelecto es infinito, autónomo y no está mezclado con cosa alguna, sino que está
solo en sí mismo. En efecto, si no existiese por sí mismo, sino mezclado con
cualquier otra cosa, estaría mezclado con todas las cosas, si estuviese mezclado
con alguna. Pues en todo hay una porción de todo, como ya lo he dicho antes; y
las cosas mezcladas le impedirían prevalecer sobre ninguna cosa de un modo
similar al [que lo hace] en tanto existe solo por sí mismo. Pues es la más sutil y
pura de todas las cosas, y cuenta con pleno conocimiento y tiene la mayor fuerza.
Y cuantas cosas poseen alma, las más grandes y las más pequeñas, a todas
domina el intelecto. Y el intelecto dominó la rotación del conjunto, de modo que
rotase al principio. Y primeramente comenzó a rotar desde lo pequeño, y rota más,
y rotará más aún. Y las cosas que estaban mezcladas y que se separan y dividen,
a todas las conoce el intelecto. Y cuantas cosas que estaban a punto de ser y
cuantas eran, que ahora no son, y cuantas ahora no son y cuantas serán, a todas
el intelecto las ordenó cósmicamente, y a esta rotación, en la que rotan ahora los
astros, tanto el solo como la luna, y también el aire y el éter que se separan. Esta
rotación misma hizo que se separaran: y se separa de lo raro lo denso, y de lo frío
lo caliente, y de lo oscuro lo brillante, y de lo húmedo lo seco. Y hay muchas
porciones de muchas cosas. Pero por completo nada se separa ni se divide una
cosa de la otra, excepción hecha del intelecto. Y el intelecto es todo homogéneo,
tanto el mayor como el menor. Pero de lo demás nada es semejante a nada, sino
que cada cosa es y era manifiestamente aquello de lo que más hay.”

58 B 17
SIMPL., Fís. 163, 20-24: Pero claramente dice Anaxágoras en el libro I de la Física
que nacer y perecer son componerse y dividirse, cuando escribe de este modo:
“Los griegos no consideran rectamente ni el nacer ni el perecer. Pues ninguna
cosa nace ni perece sino que, a partir de las cosas que existen, hay combinación y
separación. De modo que, [para hablar] correctamente, deberían llamar al nacer
combinarse y al perecer separarse”.

59 B 21a
S.E., Adv. Math. VII 140: “En efecto, las cosas que aparecen son un
vislumbramiento de cosas no patentes”, como dice Anaxágoras.

DEMÓCRITO

67 A 7
Arist., De gen. y corr. I 8, 325a: Leucipo forjó los argumentos que, acordes con la
sensación, no eliminaran ni la generación, ni la corrupción, ni el moviendo ni la
pluralidad de los entes.

67 A 8
Simpl., Fís. 28, 4: Además, [Leucipo] sostenía que tanto existe el ser como el no
ser y que ambos son igualmente causa de las cosas. Suponía que la realidad de

18
los átomos es sólida y plena y la llamó ser, y que se mueve en el vacío, al que
llamó no ser, diciendo que éste existe no menos que el ser.

67 A 6
Arist., Met. I 4, 985b: Leucipo y su compañero Demócrito dicen que son elementos
lo pleno y lo vacío, a los que denominan, respectivamente, ser y no ser: lo pleno y
sólido es el ser, en tanto que lo vacío y raro es el no ser (y afirman, en
consencuencia, que el ser no es en mayor medida que el no ser, porque tampoco
el vacío es menos real que el cuerpo). Estos son, pues, causas de los entes, en el
sentido de materia.

68 A 37
Arist., fr. 208 Rose, en Simpl., Del cielo 294, 33: Demócrito considera que la
naturaleza de las cosas eternas está constituida por pequeñas sustancias infinitas
en número; supone, además, que éstas se hallan en un espacio diferente de ellas,
infinito en extensión. Para denominar a este espacio se vale de los términos
“vacío”, “nada” e “infinito”, y a las sustancia las llama “algo”, “sólido” y “ser”.

67 A 6
Arist. Met. I 4, 985 b: Al igual que los que afirman que la sustancia subyacente e
suna y que todo lo demás es resultado de sus afecciones, sosteniendo que lo raro
y lo denso son principio de las afecciones, también ellos [Leucipo y Demócrito]
dicen que las diferencias de los átomos son causa de las diferencias de las cosas.
Afirman, en efecto, que esas diferencias son tres: figura, orden y posición, pues
dicen que el ser se diferencia únicamente por “estructura”, “contacto”, y
“dirección”; de estos, la estructura es la figura, el contacto es el orden y la
dirección es la posición. A difiere de N por la figura, AN de NA por el orden, I de H
por la posición.

68 A 37
Arist., fr. 208 Rosen, en Simpl., Del cielo 294, 33: [Demócrito] piensa que las
sustancias son de una pequeñez tal que escapan a nuestros sentidos. Ellas
presentan diversas formas, figuras diversas y diferencias en su magnitud.

68 A 37
Arist., fr. 208 Rosen, en Simpl., Del cielo 294, 33: Algunos de ellos [los átomos]
son irregulares, otros ganchudos, otros cóncavos, otros convexos y otros,
finalmente, se diferencias de otros múltiples modos.

68 A 37
Arist., fr. 208 Rosen, en Simpl., Del cielo 294, 33: Afirma Demócrito que de estas
{sustancias primeras, átomos}, a las que toma como elementos, se generan y se
forman por agregación los volúmenes visibles y, en general, perceptibles. Estas
sustancias luchan y se mueven en el vacío debido a su desemejanza y a las
demás diferencias que hemos mencionado y, al moverse, se encuentran y se
enlazan de un modo tal que las hace ponerse en contigüidad y en recíproca
proximidad, sin que por ello constituyan, en realidad, una naturaleza única; es, en

19
efecto, del todo absurdo que dos o más cosas lleguen alguna vez a ser una sola.
Señala que la causa de que las sustancias permanezcan reunidas durante un
cierto tiempo, son los entrelazamientos y adhesiones de los cuerpos… Considera
que permanecen ligadas y reunidas hasta el momento en que les adviene una
necesidad más poderosa desde el exterior, que las sacude con violencia y
apartándolas, las dispersa.

67 A 7
Arist., De gen. y corr. I 8, 325 a: Algunos de los antiguos filósofos pensaban que lo
que es, es necesariamente uno e inmóvil; sostenían, en efecto, que el vacío no
tiene existencia y que al no existir un vacío separado, lo que es no puede
moverse, añadiendo, además, que no puede haber una multiplicidad de cosas si
no hay nada que las separe…

67 A 7
Arist., De gen. y corr. I 8, 325 a: Concordando, por una parte, con los fenómenos y,
por otra, con quienes sostienen la existencia de lo uno porque no podría existir el
movimiento sin el vacío, dice [Leucipo] que el vacío es el no ser y que nada de lo
que es, es el no ser, pues lo que realmente es, es absolutamente pleno. Pero esto
no es uno, sino infinito en cuanto a su cantidad e invisible a causa de la pequeñez
de su tamaño.

67 A 8
Simpl. Fís. 28, 4: Pues aquéllos [Parménides y Jenófanes] postulaban que el todo
era uno, inmóvil, inengendrado y limitado, y no estaban de acuerdo en buscar lo
que no es; éste [Leucipo] sostenía como elementos a los átomos infinitos y
siempre en movimiento, cuyas figuras son infinitas en cantidad, pues no hay razón
alguna para que tal o cual figura exista de preferencia a tal o cual otra, y porque él
admitía que el cambio en las cosas era ininterrrumpido.

31 A 44
Aecio; I 24, 2: Empédocles, Anaxágoras, Demócrito, Epicuro y cuantos sostienen
que el mundo está formado por la reunión de partículas corpóreas sutiles, aceptan
agregaciones y disgregaciones, pero no generaciones y corrupciones en sentido
estricto; estas no son, en efecto, resultado de una alteración cualitativa, sino de
una reunión cuantitativa.

68 A 37
Simpl., Del cielo 294, 33: [Demócrito] afirma la generación y su contrario, la
disgregación, no sólo respecto de los animales, sino también de las plantas y de
los mundos y, en general, de todos los cuerpos sensibles. Si, entonces, la
generación es una agregación de los átomos y la corrupción una disgregación,
también, en opinión de Demócrito, la generación tendría que ser alteración.

68 A 1

20
D.L., IX 44-45: Principios de todas las cosas son los átomos y el vacío; todas las
otras cosas son objeto de opiniones… Las cualidades son por convención; por
naturaleza sólo hay átomos y vacío.

68 B 10
S.E. Adv. math. VII 136: Que no comprendemos cómo es en realidad cada cosa, o
cómo no es, se ha puesto en claro de múltiples maneras.

68 B 6
S.E. Adv. math. VII 137: Con ayuda de este principio [el enunciado en el texto
anterior] debe reconocer el hombre que está alejado de la verdad.

68 B 8
S.E. Adv. math. VII 137: Resultará, sin embargo, evidente, que no nos es
accesible conocer qué es en realidad cada una de las cosas.

68 B 9
S.E. Adv. math. VII 135: Demócrito refuta en ocasiones las apariencias sensibles y
dice que nada en ellas se muestra conforme a la verdad sino sólo conforme a la
opinión y que la verdad de las cosas radica en que ellas son átomos y vacío: “Por
convención –así dice- es lo dulce, por convención lo amargo, por convención lo
caliente, por convención lo frío, por convención el color, pero en realidad hay sólo
átomos y vacío.” Con ello quiere decir que se considera y se opina que existen las
cualidades sensibles, pero ellas en realidad no existen, sino que lo único
verdadero son los átomos y el vacío.

68 B 9
S.E. Adv. math. VII 135: A lo que es no lo comprendemos en forma inmutable, sino
sólo en tanto cambia conforme a la disposición de nuestro cuerpo y de lo que en él
penetra o le ofrece resistencia.

67 A 29
Alej., De sens. 24: Demócrito dice que ver es percibir reflejos provenientes de los
objetos vistos. Este reflejo es la forma que aparece en la pupila, al igual que en
otros cuerpos diáfanos que conservan reflejos en sí mismos. Y él –y, antes que él,
Leucipo, y, después, los seguidores de Epicuro- sostienen que ciertas imágenes
que fluyen por ls cuerpos y que tienen forma similar a los cuerpos de los cuales
fluyen (es decir, a los objetos visibles) penetran en los ojos de quienes ven, y así
se produce la visión.

68 B 11
S.E. Adv. math. VII 138: En los “Criterios” dice Demócrito que dos son las formas
de conocimiento: uno… “genuino”, el otro “oscuro”… Y dice textualmente: “Hay
dos formas de conocimiento, uno genuino, el otro oscuro; al oscuro pertenece todo
lo siguiente: vista, oído, olfato, gusto y tacto; el otro, que se distingue de este, es el
genuino”. A continuación, estima el conocimiento genuino preferible al oscuro,
expresándose en estos términos: “Cuando el conocimiento oscuro y ano puede ver

21
algo en mayor pequeñez ni puede escucharlo, ni olerlo, ni gustarlo, ni percibirlo
por el taco…”

68 A 49
Gal., De elem. sec. Hipp. I 2: “Por convención el color, por convención lo dulce, por
convención lo salado, pero en realidad existen sólo átomos y vacío” dice
Demócrito, pues cree que, respecto de nosotros que las percibimos todas las
cualidades sensibles provienen de la reunión de los átomos, dado que por
naturaleza no existe lo blanco, ni lo negro, ni lo amarillo, ni lo rojo, ni lo dulce, ni lo
amargo. Cuando dice “por convención” quiere decir algo semejante a “según la
opinión” y “respecto de nosotros” y no alude a la naturaleza de las cosas en sí
mismas, para referirse a las cuales utiliza la expresión “en realidad”, derivada de
“real” que significa “verdadero”. El alcance de esta afirmación podría ser el
siguiente: los hombre opinan que existe lo blanco y lo negro, lo dulce y lo amargo
y otras cosas por el estilo, pero todas las cosas son, en verdad, algo y nada; estos
son, por cierto, sus propios términos, pues denomina “algo” a los átomos y “nada”
a vacío.
68 B 41
Demóc. 7: No por temor, sino por deber es preciso abstenerse de acciones
viciosas.

68 B 42
Demóc. 8: Admirable es, en el infortunio, pensar en el cumplimiento del deber.

68 B 43
Demóc. 9: Arrepentirse de las malas acciones es la salvación de la vida.

68 B 57
Demóc. 23: La nobleza de las bestias radica en su fuerza física, la de los hombres
en la buena disposición de su carácter.

68 B 70
Demóc. 35: Propio de un niño, y no de un hombre es desear con desmesura.

68 B 71
Demóc. 36: Los placeres inoportunos producen aversión.

68 B 72
Demóc. 37: Las inclinaciones violentas por una determinada cosa impiden al alma
ver todas las demás.

68 B 73
Demóc. 38: Amor justo es aspirar a lo bello con mesura.

68 B 74
Demóc. 39: Ningún placer ha de aprobarse si no es conveniente.

22
68 B 36
Demóc. 2: Conviene a los hombres cuidar más de su alma que de su cuerpo,
porque mientras que la perfección del alma, corrige la deformidad del físico, la
fuerza física desprovista de razón no logra mejorar en nada al alma.

68 B 37
Demóc. 3: Quien escoge los bienes del alma elige lo más divina; quien, por el
contrario, prefiere los bienes del cuerpo elige lo humano.

68 B 44
Demóc. 10: Debe decirse la verdad en lugar de hablar demasiado.

68 B 55
Demóc. 21: Es preciso abocarse a las obras y a las acciones virtuosas, no a los
discursos.

68 B 82
Demóc. 47: Falsos e hipócritas son los que todo lo hacen con palabras, pero nada
de hecho.

68 B 98
Demóc. 64: La amistad de un solo hombre inteligente es mejor que la de todos
cuantos no lo son.

68 B 99
Demóc. 65: Vivir carece de valor para quien no tiene ni siquiera un buen amigo.

68 B 110
Demóc. 77: La mujer no debe afanarse por hablar, porque eso es algo odioso.

68 B 111
Demóc. 78: Para un hombre el ultraje extremo es ser dominado por una mujer.

23