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DE MI ACONTECER MISIONERO TQMO2

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lQ(&keA*¿¿o¿-A0K,A06t£ ida. Hunden,

Fray MARTIN LEGARRA, OAR,

OBISP O

DE

MI

ACONTECE R MISIONER O

MENSAJES

A LA RETAGUARDIA

TOM O

198

3

2

Litografía

CON

LAS LICENCIAS

NECESARIAS

e Imprenta

Metropolitana

— San

José, Costa

Rica

Nuestro Anhelo

Monseñor Legarra, hermano y

amigo:

Este obsequio nuesfro

por sus 50 años de Sacerdocio

es

Queremos que "DE MI ACONTECER MISIONERO",

luz y mensaje de esperanza y amor,

pensado para almas contemplativas, llegue también

a la luz y a las sombras,

a la vida y zozobras

cíe quienes nos agitamos en la callo.

sin muros protectores.

interesado:

,

Sus amigos.

Prólog o

de

emargarme una pequeña introducción a este Epistolario. Ahora, después de haber leído los originales, me siento toni-

ficado

Recoletas y Descalzas, a

Monseñor

Martín

he garra

ha

Agustinas

tenido

la

gentileza

como

las religiosas

quienes iban dirigidas estas cartas familiares.

hos que conocemos desde hace años a Monseñor he garra podemos coincidir en que sus cartas, escritas con amor fraterno, reflejan fielmente la personalidad del autor: mente lúcida, memoria de entomólogo, pintor realista, profundamente

humano, amigo

de Dios

y

de

los

hombres.

En

medio

de

tanto

libro

huero

que

aparece

en

el

mercado con cintillo de best seller, es grato leer las

andanzas

de este Martín, el hijo de la señora Alaría y del señor

Nazario,

navarro de cigüeña y panameño de v. icionalidad. de obispo no le resta frescura y espontaneidad.

Su

solideo

Y

si el lector

quiere

que le apunte

algunos

rasgos

más

sobresalientes

que

reflejan

estas cartas, le diría,

siguiendo

las

líneas de sus vocaciones, que se entretejen

VOCACIÓN

AGUSTINIANA.

agradablemente:

Hay un gran amor a su Orden que se trasluce en mil

detalles. Esa vuelta a España, en un mini-rojo, visitando con- ventos de clausura de agustinas recoletas y descalzas, acompa-

ñado de su fiel sobrino Javier, también O.A.R

tan simpática y tan humana que uno envidia ese halo que

recoletos: una sonrisa franca compartida.

Dan ganas de decir, sin faltar al respeto a San Agustín:

rodea a los agustinos

es una epopeya

"Bendito

el seno que

te llevó",

,

,

8

MARTIN LEGARRA

Cuando uno tropieza con esa frase agustiniana: ''Canta y camina", queda explicada la fraternidad, la alegría de la ¡ota navarra metida en las entretelas de estos frailes y monjas

agustinos, felices ellos de serlo y siempre dispuestos a acercar

a los hombres, caminando y cantando juntos hacia Dios,

aunque sea dando piporrazos al cornetín, como el pequeño Martín que aparece en estas Memorias.

hn esta misma dimensión puede situar el lector el

humor que resuman estas páginas. "Dar un permanente sí a

la alegría!' es la mejor medicina preventiva para tantos cata-

rros metafísicos. Hasta el autor lo tiene calculado con exac-

titud: "Para fruncir el ceño se necesitan 72 músculos; para sonreír, solamente 14. Ahorre energía".

VOCACIÓN

PERIODÍSTICA.

''Quiero ver para informar",

dice Monseñor Legarra

en alguna de sus cartas. Eso es exactamente el periodismo moderno. En estas cartas hay información extraordinaria, documentación inédita sobre las misiones de los agustinos

recoletos en Brasil, Filipinas,

apretado con material periodístico de primera calidad y con recuerdos inefables de aquellas misiones de China Kwei- tehfu—. Uno se imagina los cuadernillos de notas de este reportero infatigable que lo mismo entrevista a un cacique de los indios apurinás que se llama nada más y nada menos—• Miparanota; como fija los detalles de la muerte del P. Gon- zález, ahogado en acto de servicio en Llano Ñopo de Tole La bibliografía panameña puede sentirse orgullosa con este Epistolario original, apto para aprender geografía, teo- logía y • . • humor; escrito en Panamá por un panameño nacido en el caserío de Murguindueta, agustino recoleto para más señas.

Un atlas

Panamá, enero de 198}.

FRANCISCO HERRERO

(Profesor,

UNIVERSIDAD

SANTA

PANAMÁ

MARÍA

LA

ANTIGUA)

CARTA

Estimadas Hermanas:

Panamá, Resurrección, 1976

Escribo la presente desde la Parroquia de San Francisco, La Caleta,

Ciudad de Panamá. La casa es sencilla, acogedora, situada dentro de un marco de gran belleza natural. A un lado, el parque. Al otro, una hilera

de árboles frondosos, originarios de África, cuya sombra es un desafío

a los rigores de nuestro sol tropical. Frente a la Iglesia, calzada por medio, el mar. El rumor de las olas y, en ocasiones, su choque espumante de rabia contra el acantilado de la costa, suena cual música de fondo al coro de la comunidad cristiana que en el templo canta y alaba al Señor. Lugar maravilloso: tan dentro de la ciudad y, a la vez, tan lejos de su "mundanal ruido". Ambiente propicio para la reflexión, el paseo sosegado tras la jornada intensiva de trabajo, el rezo pausado de las horas litúrgi- cas, el animado coloquio con visitantes, feligreses y otros amigos. Com- parto la casa y la responsabilidad pastoral con el P. Félix Prieto, O.A.R. Somos una minicomunidad agustino-recoleta puesta al servicio de la Iglesia en esta capital. Nuestra dirección postal es:

Parroquia de San Francisco Apartado Postal N* 7790 La Caleta Panamá 9, R. de Panamá

Con tales señas, el recibo aquí de sus cartas queda garantizado.

MIRADA RETROSPECTIVA

Tras esa "composición de lugar", recordemos acontecimientos de

algún interés ocurridos a partir del mes de abril de 1975 en que escribí

mi última a ustedes. Desde entonces ha corrido mucha agua por el Ebro.

el Arga, el Pisuerga y otros ríos tanto de la península ibérica como de otras geografías.

A mediados de mayo 1975, después de la ordenación episcopal y

10

MARTIN

LEGARRA

toma de posesión de mi sucesor como Obispo de Veraguas, me trasladé

a esta capital en funciones de Vicario para las Religiosas de la Arquidió- cesis que son unas trescientas. Antes de entrenarme en el trabajo, viajé

a Colombia para entrevistarme con el Obispo de Zipaquirá, Monseñor

Rubén Buitrago, O.A.R. Durante diez años consecutivos, él había des- empeñado idéntico oficio en Bogotá y, como experto en el difícil, pero interesante arte de dirigir monjas, podría darme oportunas orientaciones al respecto.

Permanecí solamente dos días en Zipaquirá, porque sentí que la altitud de aquella región era una seria amenaza a mi salud habitualmente marcada por una elevada tensión.

¿SERA MI ULTIMA HORA?

Una noche, casi pensé que llamaba a mi puerta la hermana muerte. Como lo oyen. Monseñor Buitrago me había llevado a nuestra residencia de Boyacá. Estando acostado, sentí alterarse de modo alarmante el ritmo del corazón y acelerarse también, lógicamente, las pulsaciones. El brazo izquierdo quedaba insensible, como paralizado. ¿Convenía perturbar el sueño de los frailes? Esperé a que se levantaran para su oración matinal. Al enterarse, llamaron al doctor quien diagnosticó: fuerte amago de infarto con peligro de repetirse. En consecuencia, debería volver a la mayor brevedad a tierra caliente. Obedecí. Aquí, todo se normalizó, si bien debo visitar periódicamente al especialista, como medida de pre- vención.

CLIMA DE COMPRENSIÓN

Tras aquella crisis, me reintegré al trabajo. Comencé por escribir

manifestaba

que, si era consciente de mi responsabilidad como su Vicario, me sentía optimista y esperanzado de llegar a crear entre todos un clima de her- mandad y comprensión. Visité todas sus comunidades. Hay solamente una de vida contem plativa, perteneciente a la C. de Visitación de Nuestra Señora. Como signo de predilección, quise que mi primera visita fuera para ella. Al hacerlo así, pensaba mucho en ustedes. Son 18 religiosas y de ellas sola- mente siete panameñas. El resto, en su mayoría, colombianas.

una carta circular a las Religiosas de la Arquidiócesis. Les

Fui muy bien recibido. En ninguna parte dudaron de mi identidad

sacerdotal, como en cierto monasterio O.A.R. cuando fui con mi sobrino

íbamos

P. Javier a visitarlas y nos tomaron por sospechosos.

Eso que

DE MI ACONTECER MISIONERO

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amparados por unas Letras, nada menos que de la Sagrada Congregación

de Religiosos, de Roma. ¿Recuerdan que se lo conté en una de mis cartas?

LA ALEGRÍA DE VIVIR

Aunque mi primera visita personal a las Religiosas no era de ca- rácter oficial, aproveché para dialogar sobre muchos temas como el de

floración

sea la unión y la paz. No hay vida religiosa auténtica sin caridad. Una caridad vivida, que no es sólo simpatía. Vivir la caridad es dar sin exigir nada. Saber comprender, leer en el corazón de los demás. Comprender es saber compadecer, compartir el sufrimiento. Más todavía, se precisa una caridad sonriente. La comunidad religiosa, digna de su nombre, que quiere ser testimonio, es una comunidad que sonríe, comunidad que expresa en su rostro, en su actitud, en su mirada, en su modo de obrar, en todo, la

la vida comunitaria que debe tener por base

la caridad cuya

alegría de estar donde está, y de ser lo que es. Esto así, tanto en los días de fiesta como en los feriados. Nada de caras largas, rehuir de miradas,

y silencios evasivos de la comunicación y el diálogo. En síntesis, se trata de construir aquel espíritu que solemos llamar de familia, que es un dar y darse de parte de cada uno. La comunidad rica en caridad no será, por esto, menos abierta, menos sensible a los tiempos. Hoy quizás más que nunca, la gente, sobre todo la juventud,

busca eso que llamamos testimonio, sin el cual las posibles vocaciones a la vida religiosa pueden perderse. Nos encontramos ante el hecho, tan real como cruel, de aumento de deserciones y disminución de aspirantes

a la vida consagrada. Las vocaciones son obra del Espíritu Santo, es

verdad; pero también sufren la influencia del clima que hoy se respira,

y están, a la vez, muy ligadas a la comunidad. Su germinaqión, su flore-

cimiento y frutos están condicionados en cierta manera, por la comuni- dad. Aquellas pueden surgir y surgirán en una comunidad que dé testi- monio, esto es, que demuestre que vive efectivamente los valores que oficialmente profesa; y que lo hace con espíritu de alegría.

¡SONRÍE, POR FAVOR!

En cierta ocasión, y en determinado país, llegué a una comunidad de religiosas de vida contemplativa que por cierto no eran ni recoletas ni descalzas. A la entrada, una Hermana externa atendía a un grupo de jovencitas que, de paseo, querían hacer algunas provisiones. La religiosa, aburrida y cansada del trabajo diario, las atendía fríamente, con faz huraña, nada simpática. Parecía despachadora de vinagre. Y las jóvenes

12

MARTIN

LEGARRA

pedían y compraban pasteles. ¿Qué atractivo podían sentir hacia la vida religiosa, si no veían en la monja un rayo de alegría? Pienso que cada comunidad, en lugar bien visible, debería colocar este letrero:

RECUERDA:

PARA

FRUNCIR

EL

CEÑO

SE

NECESITA

MOVER

SETENTA

SONREÍR, CATORCE SOLAMENTE. ECONOMIZA

ENERGÍA.

Y DOS

MÚSCULOS

FACIALES,

Y

PARA

O mejor todavía: SONRÍE, POR FAVOR

Ya sé, ya sé que en sus comunidades, aun sin cartelitos alusivos,

DIOS TE AMA.

se vive la alegría.

¿EN QUE NO ESTÁN?

Las religiosas de Panamá están en todo lo que sea apostolado:

la enseñanza, el ministerio de la palabra, los hospitales, cárceles, centros de rehabilitación juvenil, hogares de ancianos y de niños, residencias universitarias, en la organización de programas de televisión y radio, casas de cursillos y convivencias, misiones, etc. Por eso yo pregunto:

¿en qué no están?

SIN SER PESCADOR DE PERLAS

En cuanto a misiones, he podido llegar hasta las Islas de Las Perlas donde trabaja un equipo de Hermanas Lauritas. En esos mares y en esas playas hubo una gran riqueza de perlas que, no hace muchos años, la contaminación de las aguas destruyó casi totalmente. Conversé con varios de aquellos costeños que hablan de sus propias experiencias,

y hasta de sus pingües ganancias pretéritas como pescadores de perlas. No hay sacerdote permanente en aquellas lejanías. Corresponde a las Lauritas cubrir sus distancias en frágiles embarcaciones, expuestas siempre a los naturales riesgos que es fácil suponer. No lo hacen, por supuesto, buscando la riqueza de unas perlas. Buscan almas.

HISTORIAS INTIMAS

Cuando uno habla con aquellas Hermanas, se convence de que cada una podría escribir un libro de su vida íntima tejida de experiencias, verdaderas aventuras en su movilización por su campo de misión. ¿Por qué no lo harán? ¿Por qué no pensarán que tales vivencias pueden ser una invitación a otras, para seguir las huellas marcadas por su inquietud

DE MI ACONTECER

MISIONERO

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y sus divinas impaciencias? Pero no lo hacen. Tales aventuras, que a

veces bordean la línea encendida del heroísmo, son para ellas como la salsa de su diario acontecer. Las refieren con la naturalidad y sencillez con que se cuenta un suceso trivial, intrascendente. Periódicamente, suele ir a la Isla de Las Perlas un sacerdote agus- tino recoleto, para atender primeramente a las mismas Hermanas y ad- ministrar luego los sacramentos a quienes ellas han preparado. Una experiencia personal me dice que, entre las religiosas, las misioneras son, de ordinario, las que mayor grado de alegría y entusiasmo suelen demostrar. Las de las Islas de Las Perlas son testimonio de ello.

OTROS CARISMAS

Volviendo al punto de la múltiple acción de las religiosas en Pana-

má, añadiré que ellas cubren también puestos de responsabilidad en ofi- cinas de la curia arquidiocesana, en la pastoral de conjunto, etc. Actual- mente, la Supervisora Provincial de las Franciscanas es la Presidenta de

la Federación Panameña de Religiosas y Religiosos.

Merece particular mención la actuación de las monjas en respon- sabilidades parroquiales. En pequeños equipos, unas veces a tiempo com- pleto, otras parcial, ellas trabajan hasta el grado en que se hace impres- cindible la intervención del sacerdote como tal. En la práctica, difícil- mente se comprende hoy una parroquia bien organizada sin la presencia activa de religiosas en ella.

APERTURA LUMINOSA

Casi todas las comunidades han destinado parte del personal que laboraba en colegios, a otros tipos de trabajo en la Arquidiócesis, según las necesidades. Bastantes de las que enseñan durante el año lectivo, dedican generosamente parte de sus vacaciones a la evangelización en barriadas marginadas. Por supuesto, las Hermanas de vida contemplativa no quedan al margen de esa actividad. Las mantenemos ampliamente informadas de lo que se está haciendo, para que ellas, desde su soledad y retiro, actúen como palancas ante el Señor. Es un modo también de concientizarlas sobre su importante papel en la edificación del Cuerpo Místico de Cristo. Entre las comunidades de religiosas en la Arquidiócesis hay algo que me impresiona muy gratamente: es el despertar de su conciencia, en una apertura luminosa, hacia horizontes más amplios que los del propio

u

MARTIN

LEÓARRÁ

grupo. Los retiros mensuales intercomunitarios, las frecuentes conviven- cias y otros encuentros ayudan a mantener más vivo ese espíritu eclesial.

UN ROSAL EN PANAMÁ

Me parece adecuado el nombre de rosal para la Congregación diocesana de Hermanas Catequistas Misioneras, de origen netamente panameño. Lástima que su vida en la actualidad, a juzgar por el número de miembros, no sea más pujante. La crisis de vocaciones, tan general, se ha notado proporcionalmente más en esta comunidad compuesta por unas doce Hermanas solamente. Su fundadora, 83 años de edad, es mujer de sólida virtud. La conozco mucho. Hace algunos meses que, aun sin hallarse en estado de gravedad mayor, quiso recibir la unción de los enfermos de manos del señor Arzobispo, en presencia de sus religiosas, amigos y familiares. Es de lamentar la crisis a que acabo de referirme. Cada día sen- timos más la necesidad de vocaciones autóctonas. La Iglesia de Panamá necesita recursos, sobre todo humanos, propios. Entre tanto, seguirá sien- do una iglesia subdesarrollada. Nosotros, sacerdotes, misioneros, religiosos y religiosas extranjeros que trabajamos en este país, bendeciremos la hora en que "tengamos que salir'. Salir, no porque hayamos dejado de amar, sino porque Panamá ya cuenta con número suficiente de sacerdotes, etc., propios, para asumir por sí misma la responsabilidad completa de la evangelización. Entre tanto, seguiremos en la lucha, sirviendo con amor.

AQUÍ NO HAY MUERTOS

AI asumir el oficio de Vicario para las Religiosas, la Curia Me- tropolitana preparó una oficina cómoda y bien equipada para atenderlas. Con teléfono independiente. Pero coincidía que el número del mismo había pertenecido anteriormente a una funeraria. De ahí las frecuentes equivo- caciones. Más de una vez recibí llamadas como ésta: "Queremos saber si están velando ahí los restos mortales de don Floripondio o doña Gu- negundina". Esto, aunque no me hacía gracia, tenía que aguantármelo, y ama- blemente tratar de aclarar. Como yo lo había comentado con un amigo, éste quiso darme una broma. Disimulando la voz me llamó, hizo una pregunta similar, y le contesté: ''Mire, caballero, aquí no se vela a nadie. Solamente está Monseñor Legarra y, por lo que él dice, no tiene muchas ganas de que lo velen todavía. Cuando llegue el momento, se le informa- ra". La reacción al otro lado del teléfono fue una sonora carcajada.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

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¡PARA TODOS VINO EL!

A partir del 28 de diciembre de 1975, vengo combinando la aten- ción a las religiosas con el quehacer pastoral en la parroquia de San Francisco de La Caleta. He trasladado a este mismo lugar la oficina para las Religiosas, facilitando de esa manera el trabajo, a la vez que econo- mizo tiempo y dinero en transporte. En los meses precedentes, habia residido en el Colegio San Agustín, feliz con la comunidad.

Nuestra feligresía aquí es heterogénea, y para mí sumamente que- rida. Hay un sector, por cierto el más próximo al templo, de posición socio-económica humilde. El resto lo forman gentes de clase media, con elementos, los menos, de alto nivel social. Hay, por tanto, oportunidades de servir evangélicamente a todos. Que para todos vino el Señor, aunque los pobres fueran sus preferidos. Nos hallamos todavía en la fase de exploración y familiarización con nuestro campo de operaciones, cuyas necesidades son muchas. Frente a ellas, está nuestro afán de trabajar y servir.

sobre todo a

Contamos con laicos comprometidos través del Consejo Pastoral.

que colaboran

PEQUENECES DE LA VIDA

Recién llegados a la parroquia, nos encontrábamos como a la deriva, sin alguien que nos ayudara en los menesteres de cocina, aseo de la casa y templo, etc. Podíamos, por nuestra cuenta, realizar bastantes cosas, pero algunas de ellas con torpeza, concretamente la de cocinar. Tenían que vernos, Hermanas, preparar en la mañana nuestro cafecito. Nada de mezclas extrañas de achicoria u otros sucedáneos. Lo queríamos legítimo. Y la materia prima lo era, ciertamente. Nuestra inexperiencia, sin embargo, no lograba sino algo que, queriendo ser café, apenas pasaba de ser agua, no muy limpia. Pero no hay mal que por bien no venga. La Providencia salió a nuestro encuentro. Tenemos cerca de la casa, y que podamos llamar propiamente vecinos, un matrimonio de edad. Son de gran corazón. Sus nombres para los amigos: Pepe y Kay de Medlinger.

cafe-

teriles, rieron mucho, tomándolo después muy en serio, a juzgar por las consecuencias. Desde entonces, cada mañana, una de las señoras del ser- vicio, tez morena y uniforme impecable blanco, trae a la casa cural el termo de café, recién preparado, tentadoramente aromático. Con ese lujo, iniciamos el día.

Comentando con ellos, en amistosa charla, nuestros fracasos

íé

MARTÍN LEtíARItÁ

CON GUITARRAS Y PANDERETAS

En mi cumpleaños, i'ecibí una gratísima sorpresa. Invitado a celé' brar la santa misa en la televisión por ser domingo, me encontré en los

estudios al coro de la catedral de Santiago de Veraguas, venido expresa- mente para participar con su canto, guitarras, panderetas, etc. Habían tenido que salir en las primeras horas de la mañana para recorrer los 250 kilómetros, entre Santiago y Panamá, para llegar a tiempo. Lo hicieron en deferencia a su antiguo obispo y siempre amigo. El locutor,

al presentar el programa, lo hizo notar así.

BRUJOS A LA PUERTA

Hace pocos días, al abrir el Padre Félix la puerta de la iglesia, encontró un extraño envoltorio: una bolsa de papel. Dentro, un canario muerto, dos candelicas, y una florecilla blanca. Intrigado ante semejante hallazgo, oyó la interpretación que del caso le dieron dos piadosas feli- gresas que venían a misa. Según la explicación, la cosa era de brujos. Alguien, no pudiendo lograr una meta propuesta, lo habría consultado recibiendo la orden de presentar ofrenda tan extraña. No hemos podido saber más.

UNA DE TANTAS

'

En todas partes, los monaguillos suelen ser tipos interesantes, confluencia de sencillez y picardía. Dispuestos siempre a servir y alguna vez a servirse (dicen malas lenguas) hasta del vino de misas en la sacris- tía.

A nuestro Juanito no le da por esto último. Es muy juicioso, pero

es capaz de traspasarse en el uso de sus facultades, digamos litúrgicas. Lo demostró cuando el P. Félix le indicó llevar al altar el copón para ser

consagrado. Juanito lo llevó, sí

salió a celebrar, observó que no estaba sobre el altar. Sorprendido, pre-

guntó a Juanito, quien muy ingenuamente, aclaró que lo había puesto dentro del sagrario. Lo demás se lo pueden imaginar ustedes. Había sido una de tantas.

. ¿pero a dónde? Cuando el P. Félix

UN PERRO ANTICLERICAL

Queda indicado cómo, én cierta ocasión, me pareció sentir cercana

a la hermana muerte. Ahora diré que, sin llegar a tal extremo, sí me

ha tocado pasar algunos aprietos. Uno de ellos en la residencia del señor

DE MI ACONTECER

MISIONERO

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Arzobispo, Mons. MacGrath. Sabiendo que él había llegado del exterior, fui a saludarlo en su casa. Lo encontré en un marco informal, acariciando

al perro guardián que, no en vano, lleva el nombre de TAURO.

Apenas me vio el animal, se enfureció como si fuera el peor de sus enemigos, avalanzándose contra mí, a pesar de que el señor Arzobispo trató de frenarlo. Con sus uñas, verdaderos garfios, me abrió en el pecho una herida que no sólo tardó en cicatrizarse sino que degeneró en tumor. El dictamen médico apuntaba que pudiera resultar maligno, recomendan- do la intervención quirúrgica, a la que me sometí. Por supuesto, que el amo de perro tan anticlerical, ofrecióse a pagar, y de hecho pagó, los gastos de clínica. Gracias, Monseñor. Usted siempre comprensivo, gene- roso y bueno.

AHORA, LA SOBRINA

Dirán ustedes que me suceden cosas muy raras. Eso de que el perro guardián del señor Arzobispo haga esas injurias a un obispo, parece extraño. Pero esperen, Hermanas, que aún queda otro incidente que tam- bién tiene miga. Hace solamente una semana, me dirigía a la casa del señor Arzo- bispo, invitado a cenar con él y el señor Embajador de Panamá en el Vaticano, recién llegado de Roma. Iba yo con un amigo, por calzada abierta. De súbito, vimos cruzarse otro coche a velocidad vertiginosa. Mi compañero api'etó oportunamente el acelerador para ganar distancia,

pero no pudo evitar el choque. El estrépito del mismo hizo salir a Ja calle

a los moradores del vecindario. Nosotros, sin perder la serenidad, bajamos por nuestro propio pie. ;Saben quién manejaba el ctro coche?. Una seño- rita, sobrina del señor Arzobispo de Panamá.

perjuicios.

El accidente, dentro de su seriedad,

no causó mayores

Ella admitió su culpabilidad y se llegó a un arreglo amistoso.

TAMBIÉN LAS MONJAS

Al margen de mi trabajo, tanto al servicio de la parroquia como de las religiosas, y más bien como nueva faceta del mismo, suelo parti- cipar en actividades como la televisión. Más específicamente, acostumbro a celebrar con alguna regularidad la misa dominical para consuelo de enfermos y ancianos. Una Hermana Catequista Misionera se responsabi- liza de la preparación del programa. Pero también ella tiene sus despistes. En mi última intervención, tuve experiencias poco gratas. Siendo

l a hora , esperab a y o el vehícul o que , como de costumbre , -me

los feli-

inminent e

lleyara a los estudios de TV. Pero nadie llegaba. Busqué entre

15

MARTÍN LJEGARKÁ

greses alguien que me hiciera el favor. Encontré a uno, mecánico de pro= fesión, que había venido con su camión. Le expliqué el problema, pero me costaba convercerlo. El juzgaba que un camión no era transporte adecuado para mí. Ignoraba que me da igual montar en un camión carguero que en un Mercedes Benz, según la necesidad y las posibilidades del momento. Al fin, el buen parroquiano accedió. Llegué nervioso, y con mal sabor de boca, por el fallo de la monja en mandar el transporte prometido. En la amplia sala reservada para los participantes, encontré una

veintena de religiosas,

de hábitos y tocas, responsables de

la parte musical. La organista jugaba suavemente con una y otra

en variedad

nota,

como hacen

los músicos con sus instrumentos

antes

de iniciar el con-

cierto.

En el dintel de los estudios, una enorme guirnalda de flores que me hizo recordar las coronas de los funerales. ¿Habría luto? Lo que faltaba. La Hermana Directora, se me acercó sonriente, dictándome ins-

trucciones de última hora. Sugirió que, antes de comenzar la misa, feli- citara "con palabras bonitas" a la Televisora Canal 4 por el 16 Aniver-

sario de operaciones que aquel día celebraba

que la guirnalda (que luego aparecería en la pantalla) era gentil obsequio

ah, y que diera a ambos Canales

muy expresivas gracias por su habitual colaboración conjunta, en cadena nacional, a los programas televisados de la Iglesia. Hubo alguna reco- mendación más, que ahora no recuerdo. Mientras hablaba, la Hermana no perdía tiempo, acomodando la estola, los pliegues de la casulla, etc., "para que todo se vea bien".

Yo me dejaba guiar dócilmente, sin que esto calmara el nerviosismo que bullía dentro de mí, y que los focos, con su calor y su luz, venían a agravar. Entre tanto, las monjas tosían levemente para aclarar sus gar- gantas y afinar sus voces. Miles de espectadores las iban a ver y a oír en pantalla. El compromiso era serio.

de su asociada Televisora Canal 2

ah, y que comentara

¡CÁMARAS, ACCIÓN!

En determinado instante, el técnico, levantando las manos hizo señal de que las cámaras entraban en acción. Tras el saludo de rigor a los televidentes y muy en especial a los ancianos y enfermos, dije! en lenguaje sencillo y sin fiorituras, casi todo lo que la Hermana me había sugerido. Cuando me referí al interés, arte y eficiencia del personal téc- nico de la televisora, pude observar en ellos un gesto de complacencia

DE MI ACONTECER

MISIONERO

19

muy justificada. Todo fue bien hasta la hora del ofertorio en que tuve un soberano

despiste. En lugar de tomar en mis manos primero la patena con la hostia, invertí el orden. Comencé con el cáliz, pero pronunciando las palabras correspondientes al pan. Me di cuenta, pero no volví atrás. Procuré sub- sanar el error, levantando seguidamente la patena en la derecha, seña-

izquierda, puesto que las palabras

larl o simultáneamente el cáliz con la

se referían al vino. ¿Lo notarían los televidentes? Nadie me 1Q ha co- mentado.

DESDE NIÑOS LA ESPERÁBAMOS

Relataré brevemente aquí algo sobre mis recientes viajes de los que por alguna fuente habrán tenido conocimiento. La beatificación del P. Ezequiel Moreno, O.A.R., es, sin duda, uno de los acontecimientos más gloriosos en la historia de la Orden de Agus- tinos Recoletos. Su celebración brindó ocasión propicia a muchos, entre ellos a los obispos O.A.R. para viajar a Roma. ¡Cómo se recrea el espíritu ante la amabilidad de la Curia Generalicia que invita y la gentileza de la Provincia que generosamente sufraga los gastos! No sé describir, con palabras adecuadas, la brillantez de aquella liturgia que tuvo lugar en la plaza de San Pedro, en la mañana radiante

del 1' de noviembre, con la figura central, impresionante, de Su Santidad

el Papa Paulo VI. Aquel día fue para mí uno de los más felices de la vida. Desde niños se nos había imbuido en la veneración hacia el Padre Ezequiel, y en el conocimiento y admiración de sus virtudes en grado heroico. ¡Cuán- tas veces también habíamos pedido al Señor el privilegio de ver la luz y vivir la gloria de su beatificación!

VISITAS RELÁMPAGO

Pasé. Apenas si pude permanecer al lado de mis familiares más

próximos, unos cinco días. Eso, en parte, para asistir juntamente con mi sobrino el Padre Paco, al primer aniversario de la defunción de su papá,

mi hermano Víctor. Imposible acercarme a los monasterios de las madrinas, fuera de

cuatro o cinco que estaban al paso. Sí recorrí bastantes de nuestras casas

de

formación. En Monteagudo, Monseñor José Agustín Ganuza, Prelado

de

Bocas y servidor, presidimos una concelebración en honor del nuevo

Beato, con sendas alocuciones. Otro día, lo hice en Marcilla, prerentando

en la homilía la semblanza misionera del Beato Ezequiel,

áó

MARTIN

LEGAÍÍRA

EN LA CATEDRAL DE NUEVA YORK

Para el 1" de febrero, estando en Panamá, tuve que salir de nuevo, esta vez a Nueva York, para participar en una concelebración por la beatificación del Padre Moreno. Eí acto tuvo lugar en la famosa Catedral de San Patricio, presidido por su Eminencia el Cardenal T. Cooke. En calidad de invitados personales de parte de nuestra provincia norteame- ricana, nos encontramos Monseñor Arturo Salazar, sexto sucesor del Beato Moreno como obispo de Casanare y este su servidor. A él corres- pondió decir la homilía de la misa. La acción litúrgica se desarrolló en latín, inglés, español y hasta en tagalog, lenguaje principal de Filipinas. Nuestra Orden estaba repre- sentada por religiosos norteamericanos, filipinos, españoles, chinos, co- lombianos e irlandeses; una gran familia internacional que el Beato Ezequiel desde el cielo contemplaría complacido. También la rama feme- nina dijo presente con la comunidad de Agustinas Recoletas Misioneras que labora en New York. Poco más tengo que decirles, Hermanas. Acostumbradas a cartas kilométricas, ésta puede parecerles un sencillo telegrama. Pero sí quiero que vean que mi cariño y mi interés por ustedes siguen inmutables, como es inmutable mi actitud de plegaria al Señor. Que El las haga santas, y que ustedes sepan responder con amor a sus exigencias. Reciban mis felicitaciones por la Pascua de Resurrección. Su her- mano que las quiere y confía en sus oraciones y sacrificios,

f

Fray Martín Legarra, O.A.K.

CARTA

Muy estimadas Hermanas:

Fuenterrabía, mayo de 1976. Fr. Javier Legarra, G.A.R.

Me atrevo a quebrar la paz de los claustros de sus caridades .con la disculpa de que ya alguna vez, en la mayoría, lo he hechq con mi tío Martín, y además con Bula pontificia. Y es con el deseo de que todas vivan la alegría del Señor en sus vidas. La Paz con todas ustedes. Imagino que para estas fechas habrán recibido todas las comuni- dades un ejemplar del hermoso libro titulado DE MI ACONTECER MISIONERO. Su autor ya saben quién es: Fr. Martín Legarra. Y el contenido del mismo también: las 25 cartas que desde hace doce años les ha ido escribiendo desde Panamá. Voces amigas animaron a editarlo y ahí está. Si no lo han recibido, escriban declarándolo; se lo mandaremos inmediatamente. Si lo han recibido, ¿lo han saboreado? ¿Han mirado sus fotografías y, sobre todo, han recibido el mensaje repetido y lo han hecho carne de su carne? Hubo la tentación de incluir alguna fotografía de sus caridades, pero no teníamos, pues aún estoy esperando las de Miranda. Pero en tal caso, ¿no hubieran pecado, las elegidas, de vanidad? Aun sin esos adornos y gracias, ha quedado un hermoso volumen donde tienen, dedicado muy primeramente a ustedes un imperativo que cumplir. Los costos de la edición los ha sufragado la Provincia de San Nicolás. Y un regalo suyo es a todas ustedes. Si la economía de alguna comunidad es boyante —cosa que ya sé sería extraordinario— puede mandar su aportación a:

Agustinos Recoletos Paseo de La Habana, 167 MADRID -16

Las que no lo hagan pueden dormir tranquilas. Lo que sí es obligatorio es orar, aún más, por nuestros apostolados. Y yo, puesto que trabajo en nuestras vocaciones, les pido, sobre todo, que pidan para que los jóvenes se animen a seguir esas rutas que los misioneros les han trazado.

22

MARTIN LEGARRA

Y les pediría también que escribieran con sus impresiones a Mons. Martin Legarra. Ya saben su nueva dirección: Apartado 7790 — Panamá 9, R. P.

Sé de sus desvelos y el interés que ha tenido para que esa semilla que ha ido sembrando en la vida callada de sus claustros fructificase en vidas dedicadas al Señor. Y así verá que, aunque retirado un poco de su antigua responsabilidad, tiene tras sí, todavía, la fuerza maravillosa de sus plegarias y sus recuerdos.

intro-

misión. Saboreen el libro, que es lo que importa. Gocen con su lectura y

alaben al Señor. Les pide un recuerdo ante el Señor el sobrino del tío obispo.

No quiero molestarlas

más. Perdóneme, Madre

Priora,

la

Fr. Javier Legarra, O.A.K.

CARTA

Estimadas Hermanas:

Panamá,

Navidad -1976

La Paz del Señor, su gracia y su alegría sea siempre con ustedes. Ya está cerca la Navidad. En esta ciudad hay más que música, ruido; ruido en establecimientos y comercios; ruido en sus calles, ajetreo por doquier. Radios y tocadiscos a todo volumen, en competencia de bulla, lanzan al viento, en anárquica mezcolanza, villancicos tradicionales y notas de rock and roll. Lo que al comerciante interesa es incrementar sus ventas.

Para mí, la cercanía de la Navidad trae el recuerdo del viejo compromiso de escribirles. Sé que esperan la carta y no quiero defraudar su esperanza, aunque la misma resulte breve y asaz insulsa. La actividad pastoral en la ciudad es ¡tan distinta de la que se realiza en campos lla- mados de misión! Allí florece, casi a diario y como en su propio suelo, la anécdota curiosa, muchas veces de sabor exótico. Además, las tengo mal acostumbradas. ¿Recuerdan aquellas larguísimas cartas desde Bocas del Toro primero, y de Veraguas después? Ahora hay que resignarse y aceptar, como norma, la brevedad.

EN

TORNO A "NUESTRO"

LIBRO

Para estas horas habrán leído, sin duda, DE MI ACONTECER MISIONERO. Busca ser un testimonio de mi continuada presencia espi- ritual entre ustedes. Mi sobrino P. Javier les dirigió una breve carta- circular comunicándoles la aparición de la obra y su envío a todos los conventos. Muchos han escrito acusando recibo y lo comentan. Ustedes deben agradecer, de modo muy particular, la publicación, al Revmo. P. Luis Garayoa, Exgeneral de la Orden. El fue el iniciador de la idea de editar mis cartas a ustedes, además limosneó parte considerable de fondos para el proyecto. A esto se sumó la generosidad de la provincia de San Nicolás que, tratándose de misiones y de nuestras Hermanas, sabe ponerse a gran altura.

24

MARTIN

LEGARRA

BENEVOLENCIA DEL PUBLICO LECTOR

'

DE MI ACONTECER MISIONERO ha tenido amplia aceptación. Concretamente en Panamá, ha sido algo excepcional. Las Comunidades de religiosas en particular lo han buscado ávidamente. Agotados los varios cientos de ejemplares recibidos de España, lanzamos una segunda edición. Una vez más, la generosidad de amigos y bienhechores la hizo posible. Fuera de alguna variante en la portada y en sus ilustraciones, se ha mantenido íntegro el texto así como su formato. La nueva edición se titula: DE MI ACONTECER MISIONERO EN PANAMÁ. Teniendo en cuenta que su distribución había de ser casi exclusivamente en este país,

y que el contenido de la obra se refiere principalmente a mi acontecer en él, se juzgó conveniente añadir EN PANAMÁ.

PALABRA A UN MUNDO SECULARIZADO

Como en estos tiempos parece haber perdido vigencia aquello de que "el buen paño en el arca se vende", se hizo extensa promoción del

libro a través de los medios de comunicación social, es decir, prensa, radio

y televisión. En mis repetidas intervenciones en ésta, me' refería a los

grandes valores de la vida contemplativa para la Iglesia y el mundo en general. Fue algo nuevo para muchos. Me comentaban así: creíamos que las monjas encerradas, tan alejadas de la vida y sus problemas, perdían miserablemente el tiempo al amparo de estrechas rejas y altas tapias. Ahora, con la lectura de su libro, comprendemos cuan equivocados está- bamos.

Es decir, la gente llega a darse cuenta de que la religiosa en general, y sobre todo la enclaustrada, afirma la primacía de Dios. Muchos se preguntan si esa vida tiene todavía razón de ser en un mundo secu- larizado como el nuestro. Y no la tendrá ciertamente, si esa misma vida

se pone en la vía de secularización, buscando la liberación de lo que debe constituir su esencia y sostén, como la oración, testimonio de los votos, etc. Solamente si la vida religiosa es radicalmente diversa del mundo, ella puede decir una palabra al mundo secular. Si las almas consagradas viven el Evangelio en plenitud, si la búsqueda de Dios y de su reino está en primer plano, entonces y solamente así, la vida religiosa en general y la de clausura en particular, tiene todavía un hondo sentido, una grande

y urgente misión que cumplir. Hermanas, si DE MI ACONTECER MISIONERO no hubiese tenido otro logro que iluminar a muchos sobre el alcance y la dimensión de la

DE MI ACONTECER

MISIONERO

25

vida religiosa, quedaría satisfecho del esfuerzo realizado. Y gracias a ustedes que me dieron la oportunidad.

ROCÍO DEL CIELO

. Y DE LO DEMÁS

Nuestro libro ha servido también para ayudar en el orden econó- mico a la Prelatura de Bocas del Toro. Las utilidades de su venta en Panamá se han destinado a ella. ¡Cuan grato es compartir lo poco o mucho que a uno le puede llegar! A propósito de la misión, sepan que marcha por cauces de progreso. Cuenta con un mayor número de religiosos, muy consagrados. Con su celo, juventud y entusiasmo colaboran con su obispo Mons. José Agustín Ganuza, O.A.R. en programas de múltiple acción espiritual, cultural y material de la región. El Capítulo Provincial de la Consolación ha dado últimamente gran

importancia a la misión. Así, el Vicario Provincial para Centroamérica y Panamá ejercerá su gestión manteniendo su residencia oficial en uno

de los centros de la Prelatura. ¿No es esto un señalamiento muy elo-

cuente en la jerarquía de valores? El nuevo Vicario P. Pablo Ganuza, O.A.R., hermano del obispo, venía laborando, desde hace varios años, en la Prelatura como uno de sus misioneros.

ERA MI ILUSIÓN

Suele decirse, y con razón, que "el hombre propone y Dios dis-

pone". Invitado por IBERIA a presidir una peregrinación de Panamá a Santiago de Compostela con ocasión de su Año Santo, había aceptado

el ofrecimiento. ¿No dicen que soy viajero por obligación y por devoción?

Era una oportunidad de comprobarlo. Las circunstancias eran propicias.

Mi ausencia no pasaría de un mes, exactamente el tiempo para una va-

cación anual. Por supuesto que todos los gastos correrían a cargo de IBERIA. Al aceptar, pensaba yo en las futuras experiencias del viaje

como rico e interesante material informativo para esta carta de Navidad

a ustedes. Soñé, pero hoy como ayer "los sueños, sueños son". Me ilusionaba, además, la esperanza de visitar otra vez a algunas

de

sus comunidades, al menos en la región gallega. Hasta soñé en celebrar

en

Betanzos, por su relativa cercanía a Santiago de Compostela, mis

bodas de oro de vida religiosa el 3 de octubre del presente año. ¿No creen que la idea era magnífica? ¿No hubiese sido aquél, un acto de gran emo- ción e intimidad fraterna? ¡Con qué entusiasmo hubiésemos entonado las Hermanas y yo el MAGNÍFICAT, alabando así a Dios, con palabras de

26

MARTÍN

LEGARRA

Nuestra Señora, por las muchas bondades que ha querido derramar sobre la pequenez de su siervo Fray Martín! Las cosas, sin embargo, no resultaron como se deseaba. IBERIA no logró organizar la peregrinación panameña a Compostela.

EN GOZOSA INTIMIDAD

Volviendo a las bodas de oro, ¿convenía dar en Panamá publicidad al acontecimiento jubilario? Por un lado, parecía oportuno. Podía ser un testimonio en estos tiempos en que tantos titubean en su vocación. Como quien ha perdido la alegría de vivir su vida consagrada. Las comunidades de religiosas a mi cargo como Vicario de ellas, se hubieran prestado felices a una celebración pública y solemne. No menos mis cohermanos los Agustinos Recoletos en la ciudad. Opté por guardar silencio, comunicándolo solamente al P. Félix Prieto, hermano, compañero y colaborador quien también guardó reserva, uniéndose en la acción de gracias y en mi renovado gozo. Sí, digo "reno- vado gozo" porque, después de cincuenta años de vida religiosa, me siento tan feliz y seguro de haber escogido la "mejor parte'' que, si volviera a nacer, buscaría el mismo camino. Por nada renunciaría a ese gran regalo de Dios. Quiero vivir y morir fiel a mi vocación de agustino recoleto. ¡Ayúdenme, Hermanas, con sus plegarias!

POR OTRAS RUTAS

Al cancelarse, por las razones apuntadas, un posible viaje a Euro- pa, cambié de rumbo. Volé a la Argentina y al Uruguay, a ver a los míos radicados en ambos países. Tengo informado a ustedes de que mis dos únicas hermanas, ma- yores que yo, viven en la Argentina hace más de cincuenta años, con las respectivas familias que han sabido formar. Me siento orgulloso, sobre todo, porque encuentro en ellas el tesoro de la fe cristiana que se expresa en la vivencia de la misma. Esto contrasta con el proceder de tantos compatriotas nuestros. Si bien sus antepasados trajeron a estos pueblos de América la fe católica, a menudo ellos mismos se constituyen en antitestimonio para los naturales. Es una realidad que nos duele y avergüenza. Muchos, al ausentarse del ambiente religioso en que nacieron, se abandonan. Y es difícil calibrar la dimensión negativa de semejante actitud.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

27

RECUERDOS Y AÑORANZAS

.Aquello s días de quietud, alegría y paz, penetrados de lo sagrado y lo humano, en la Argentina, resultaban los más propicios para recordar vivencias de nuestra lejanísima y feliz infancia. Por ejemplo, mi hermana gustaba de entonar un motete, el mismo que habíamos aprendido y can- tado para nuestra primera comunión. Y seguían floreciendo otros recuerdos.

PARA QUIEN LO PILLE

en Argentina salió a relucir una

experiencia mía de infancia. En ella participaba como protagonista aso- ciado, mi hermano menor Andrés, hoy respetable padre de nueve hijos. Entre ellos, P. Javier y Sor Teresita.

Todas las noches, a la hora de acostarnos mi hermano y yo, solía acompañarnos nuestra abuelita Martina, santa mujer. Guiados por ella

rezábamos por un buen rato. No podían faltar las tres clásicas Ave Marías

a la Virgen, un Padre Nuestro a San Miguel, valiente defensor de la

causa de Dios, a San José patrono de la buena muerte, a San Antonio, amigo de los pobres y muy milagrero, etc. Toda una letanía que para completarla se necesitaba tiempo y devoción.

Cuando nuestra abuela se retiraba dejándonos medio dormidos, Andrés y yo teníamos energía aún para rezar un Padre Nuestro más,

el último de la serie. Sentíamos como que algún santo se quedaba triste

por no recibir nuestro obsequio: y no queriendo faltar a ninguno, ni "por

omisión" siquiera, decíamos: AHORA UN PADRE NUESTRO PARA EL

. Nos figurábamos ver a la corte celestial,

revoloteando y luchando a la rebatiña por apropiarse nuestra oración que iba sin puntería fija, para el más avispado y sagaz de ellos. Así, en paz con todos, podíamos dormir tranquilos.

En nuestras tertulias familiares

SANTO QUE LO PILLE

MAS COSAS DE NIÑOS

Durante las vacaciones en la Argentina y el Uruguay, me esforcé, como nunca, por lograr el descanso y sosiego que mucho precisaba. Y lo conseguí en gran parte, aunque tuve que ceder a presiones que se me hicieron de dar algunas charlas por radio y ante grupos cívicos. Mi plan de descanso tampoco me impidió en Huanguelen visitar, en compañía de mi hermana Eulogia, a los ancianos y enfermos tanto en el hospital como en sus hogares. Es un apostolado que habitualmente realiza ella y que, siempre que voy, me irivita a compartir.

28

MARTIN

LEGARRA

Por supuesto que, teniendo tantos sobrinos pequeños —pibes los llaman en la Argentina y chiquilines en el Uruguay— tenía con quien entretenerme disfrutando mucho con sus gracias a veces desconcertantes y siempre bulliciosas.

LOS BIGOTES DE LOS CURAS

Un día Marcelino, ¿ quién no se acuerda del de PAN Y VINO?, que no tiene más de cinco años, se me presentó diciendo:

—Tío, una vez le pregunté a mamá a ver por qué los curas no usan bigote; y ella me dijo que cuando tú vinieras, te lo preguntase a ti que sabes mucho. Dime tío, ¿por qué los curas no usan bigote? No era fácil la respuesta. ¿Qué hubiese respondido el propio Sa-

Contesté:

lomón a semejante

pregunta

de un rapaz inteligente

y vivo?

—Mira, Marcelino. Tu pregunta es muy interesante. Te fijas en muchas cosas. Ves, p. e., que papá y otros muchos hombres llevan bigote, ¿vordad? Y ves también que si el P. Félix, vuestro Párroco, se lo dejara, seguiría siendo el mismo, es decir, cura. Marcelino, ¿te gustaría que yo me lo dejara? Marcelino respondió, muy serio y como disgustado:

—Tío, no

eso no!

Le prometí darle por el gusto, a no ser que con bigotes pudiera servir mejor a los demás.

ATRACCIÓN Y FERVOR

espantapája-

ros, terror de los picaros gorriones y atracción de la gente menuda. La

desilusión del niño fue grande cuando, próximos al lugar, notó la ausencia

del temido vigía. ¿No se habría ido de vacaciones, dando una tregua las aves que andarían, entre tanto, muy a sus anchas? Un tanto desilusionado, pero sin darse por vencido, Marcelino buscó al dueño de la quinta para decirle que tío Martín quería conocer el espantapájaros famoso: pero que éste no se hallaba en su acostumbrado lugar. El buen señor, cautivado por la inocencia del niño, nos invitó a pasar a un cercano depósito donde se guardaba el singular artefacto que, en su género, era una verdadera obra de arte.

a

En otra ocasión, Marcelino insistió en mostrarme un

DE MI ACONTECER MISIONERO

29

ARTISTA

PRECOZ

El mismo Marcelino quien, por su corta edad, aún no va a la escue- la, demuestra, sin embargo, un talento singular para el dibujo y la pin- tura. Entre sus obras maestras, que su abuela muestra con orgullo, está la de una casa con su tejado en color rojo vivo. Merodeando por sus cer- canías, aparece una enorme cigüeña con su clásica bolsa pendiente de su largo pico. Llaman la atención los lagrimones que van cayendo de los ojos de la cigüeña. A la pregunta sobre el por qué de las lágrimas, Mar- celino responde:

—Es que el niño que trae, es tan grande que la cigüeña llora porque le cuesta mucho pesarlo.

PADRE DE LA IGLESIA

Otro sobrino, Héctor Darío, de cuatro años, hablaba así a los com- pañeritos de juego, frente a su casa:

—Yo tengo un tío que se llama Martín y es padre. —¡Vaya cosa! replicó uno. Hay muchos que se llaman Martín y son también padres. —Sí, pero mi tío Martín es padre de la Iglesia, argüyó Darío.

¡SI ME HUBIERAN VISTO!

En Uruguay, Carlos Enrique, de nueve años, está orgulloso de haber ayudado misa a su tío Obispo. Las monjas del colegio, donde él aprendiera las primeras letras, le han visto en el altar y le felicitan efusivamente. Ya en la calle, Carlos Enrique dice:

—Sabes, tío, en el colegio nos dieron una vez una película donde salía San Juan Bosco con un Obispo. Entonces, yo les dije a mis amigos que también yo tenía un tío Obispo: pero ellos se reían. A lo mejor pensaban que era mentira. Lástima que no me han visto hoy más chiquilines en la misa! Es que ellos no suelen venir a las monjas. —Cuando los veas, les dices que tienes de verdad un tío Obispo, comenté.

DESASTROSA FAENA

las

crónicas taurinas califican de desastrosa su faena. Eso podría decirse

Cuando

un

diestro

ha

tenido

una

mala

tarde

en

la

plaza,

30

MARTIN

LEGARRA

también en lo que me sucedió no precisamente en una tarde caldeada sino en una mañana de primavera; no en ancha plaza con burladero a donde huir en caso de peligro, sino en campo abierto, en la pampa. Salí por las cercanías de la casa con mi cuñado José que lleva sus

¡son ochenta y dos

años! Nos percatamos de que el ganaao se acercaba en tropel y, cual monarca üe ia manada, un toro de aspecto muy Gravo. Ante el peligro, sen- timos el temor natural. Al menos yo, nada avezado a trances de este tipo, aunque haya estado largo tiempo en Bocas del Toro. Los cuernos deben ser muy diferentes de las bocas.

Por extraña coincidencia, la bata con que protegía mi ropa negra, era de color rojo vino, muy a propósito para provocar la furia de la bestia. Notamos que, efectivamente, el animal se dirigía hacia nosotros. ¿Qué hacer en aquella coyuntura? Traté de encaramarme a un eucalipius, apoyando los pies en los nudos del tronco. ¡Imposible! El nerviosismo, la poca agilidad agudizada por el doble peso de los años y los kilos, me hicieron resbalar hasta el suelo.

ochenta y dos años, muy donosamente, pero

que

En esto mi cuñado con no sé que estratagema, consiguió distraer la atención del animal, desviándolo de nosotros. Entonces, más tranquilo, me arrimé a la alambrada, pero sin darme cuenta de que era de púas, haciéndome una rasgadura en la bata. Pronto, empero, mi sobrina Con- suelo, con sus dedos de hada, zurziría el roto. Aquí lo conservo como recuerdo de una extraña experiencia en la Pampa Argentina.

¡TANTAS FORMAS DE SERVIR!

Además del trabajo como Vicario de Religiosas y del correspon- diente al ministerio parroquial, debo atender a otros menesteres tanto a

nivel arquidiocesano como otros. Unas veces, es charla en algún plantel escolar; otras, una conferencia a grupos especializados. Hoy llaman para

que participe en una asamblea

lidad que las horas de mi vivir están muy llenas. Últimamente, han coincidido tres fechas interesantes en cuya cele- bración he participado. Estas han sido:

. mañana, será ¡Dios sabe qué! En rea-

 

DÍA DEL HOSPITAL

SIQUIATRICO

^

DÍA DE LOS CIEGOS

 

_

DÍA DE LOS ANCIANOS

de estas fechas me

han motivado a dar gracias al Señor, por el don de una mente normal y

¿Interesante, verdad? Les aseguro que sí. Cada una

DE MI ACONTECER MISIONERO

31

lúcida (aunque

vista excepcional. Finalmente, por una ancianidad sin mayores achaques,. tranquila, con capacidad todavía para trabajar y servir, amar y reir.

¿no habrá alguien que piense lo contrario?); por una.

CADA UNO CON SU TEMA

•••, •

Impresiona verse rodeado de enfermos con diversos grados de de- mencia. Había en el grupo una mujer que, interrumpiéndome en la homilía, dijo que ella había querido ser religiosa. Aseguró que tan pronto i como saliera de aquella cárcel, vestiría los hábitos de Hermana de la. Caridad.

FLORACIÓN DE UN ROMANCE

En mi contacto con los ciegos, admiré la gran variedad, de talentos de que muchos de ellos están dotados para la música, la oratoria, artes manuales; y, sobre todo, su finísima intuición. Entre ellos, saludé a José, un joven a quien había conocido, siendo él niño todavía, como alumno del colegio de las Hermanas en Bocas del Toro. Más tarde, perdió la vista. Ante sus compañeros, se preciaba de ser amigo mío. Le acompañaba Luisa, una joven, igualmente ciega. Am- bos me dijeron que se amaban de verdad y esperaban contraer matrimonio algún día. Habiendo enfermado José, ella le había prodigado atenciones y cuidados de los que parece que floreció el amor. Pero cuál no sería mi desencanto cuando José, esperanzado de que algún día pueda recobrar la vista, preguntó:

—Padre: si consigo ver de nuevo ¿le parecería bien a usted que me casara con otra que no fuese Luisa? En realidad, no llegué a compren- dar si la pregunta se me hacía en broma o en serio. De todos modos, respondí:

—José, sigue siempre los dictados de tu conciencia, y no los del egoísmo. Sé siempre sincero y honrado.

por la

pregunta de José, quedó más tranquila al oír mi respuesta.

Me pareció que Luisa,

allí

presente, visiblemente

turbada

BENDITOS DE MI PADRE

También asistí a una celebración en honor de los ancianos en su. Día. Durante la liturgia de la Palabra, me dirigí de modo particular a los responsables de la administración y marcha de la institución. Les ; recordé cómo cuando el Señor venga a juzgarnos, tendrá una palabra de; elogio y seguridad de recompensa para quienes supieron atender y cuidar,.

32

MARTIN LEGARRA

en espíritu de fraternidad y en su nombre, a quienes lo necesiten, como eran aquellos ancianos. El ¡venid, benditos de mi Padre! resonará para su alegría, consuelo y seguridad.

BIENAVENTURANZAS DE AYER Y DE HOY

Siguió un acto cultural muy pintoresco y aleccionador. Por su- puesto, muy participado. Una anciana leyó un escrito con el título de BIENAVENTURADOS LOS AMIGOS DE LOS ENVEJECIENTES. He aquí el texto:

—Bienaventurados aquéllos que comprenden que ya mi paso va vacilante y mi mano es lenta a la acción. —Bienaventurados los que saben que tengo que forzar mis oídos para oír bien lo que ellos dicen. —Bienaventurados los que reconocen que mis ojos están empaña- dos, y mi ingenio es lento. —Bienaventurados aquéllos que miran hacia otro lado cuando derramo la sopa o el café. —Bienaventurados los que con una sonrisa alegre, se paran para charlar un rato conmigo. —Bienaventurados aquéllos que nunca dicen: "Ya me ha contado esa historia muchas veces". —Bienaventurados aquéllos que conocen los medios de hacer que yo recuerde experiencias pasadas agradables. —Bienaventurados los que me hacen saber que soy querido, res- petado y que no estoy solo. —Bienaventurados aquéllos que aceptan que a veces no tengo fuer- zas para cargar mi cruz. —Bienaventurados los que hacen más placenteros los días que me quedan en la jornada de la vida. Para ellos, también, será EL REINO DE LOS CIELOS.

MENSAJE PARA TODOS

¿No creen, Hermanas, que el mensaje de estas Bienaventuranzas puede ser también de mucha actualidad para sus Comunidades? Todas las Hermanas son acreedoras a la estima, el respeto y el cuidado de los demás. Pero si hay una atención más delicada y más amorosa, sea ésta para las ancianas y enfermas, con gratitud por el bien que han hecho al Instituto, y para honrar así a los miembros de Cristo en los cuales se cumple la nueva consagración del dolor.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

33

TENDIDO ANTE EL ALTAR

Hasta aquí había llegado yo en la redacción de la presente, cuando

me vi obligado a suspenderla por la razón que de inmediato expondré.

Un domingo, en el templo parroquial, a las 10.30 de la mañana, salí al altar para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. La liturgia de la Palabra discurrió con perfecta normalidad. Allí estaban el monitor, los lectores, etc. Llegado el momento, proclamé el Evangelio. Dije una breve homilía en relación con las lecturas del día. Todo fue bien hasta que, al iniciar el Ofertorio, sentí un repentino malestar. Ante aquellos síntomas, informé a los concurrentes que no me

era posible continuar. ¿Qué ocurrió en los

Solamente

recuerdo

largo sobre las

hallaba

en brazos de varios hombres que me tendían

gradas , entr e e l retabl o y l a mes a del altar .

me agarré con las manos al altar.

siguientes

instantes?

Lo ignoro.

gradualmente

el conocimiento,

ancho

y

me

.:.

/

i

que,

al

recuperar

,í¡» »

DIAGNOSTICO ERRADO

Oí hablar de infarto, ambulancia, hospital. No sé cómo fue, pero

en cuestión de minutos me encontraba rodeado de cuatro médicos y una

enfermera. En el mismo templo hicieron un electrocardiograma.

Pronto

pudieron descubrir que el dignóstico primero de posible infarto, camente hecho, era errado.

empíri-

En realidad, ¿qué había sucedido? ¿Era algo de la hipertensión

que hace años me viene acompañando? En este caso, todo lo contrario.

Mi

presión había sufrido un fuerte bajón dando lugar al desvanecimiento. Pronto me encontraba, bajo permanente y rigurosa observación,

en

una de las clínicas de la ciudad. En las noches me atendía una religiosa

de

las Siervas de María.

CHISPAS DE HUMOR

Al leer lo que precede, ustedes, Hermanas, se imaginarán quizá

un cuadro de sombras y tristeza. Para muchos de los que presenciaron

el incidente a cierta distancia, pudo parecerles también así. Mas no tanto para quienes estaban cerca de mí y pudieron observar mis reacciones.

No faltó la nota jocosa, olvidando por un momento lo sagrado del recinto.

El Señor habrá sabido perdonarnos.

Así, por ejemplo, cuando observé que la gente no había salido de la ig'esia y pude hablar, pedí el micrófono. Todavía tendido sobre la alfom- bra, les dije que lo ocurrido no tenía trascendencia alguna y que quizá hasta

34

MARTIN

LEGARRA

podría continuar la misa. Fue curiosa la proposición tan espontánea de uno de los que me rodeaban quien, al oirme, sugirió muy serio que, en vez de continuar yo la misa, lo hiciera alguno de los fieles que más supiera "de misas y rezos". Cuando me descalzaron, pues tenía las piernas hinchadas, les bro-

meé:

—¿Por qué me quitan los zapatos? ¿No dicen que el buen soldado muere con las botas puestas? -—También comenté: cualquiera diría que, si me muero, esperan

heredar. Sepan, por si acaso, que ya tengo hecho el testamento y no pienso cambiarlo. El que me quiera, que lo haga porque me quiere; que

no quiera por lo que espera, pues se quedará con las ganas. De todo lo cual deducirán ustedes, que lo sucedido no fue tan serio como para perder el humor.

POR LA BOCA DE LOS NIÑOS

Soy un firme convencido de que hay en el mundo muchos cora- zones generosos y nobles. Lo he podido comprobar una vez más durante

mi

reciente crisis de salud antes señalada. He recibido tantos testimonios

de

preocupación e interés de parte de feligreses, amigos y conocidos.

Citaré dos que, por tratarse de niños, tienen para mí singular encanto. Un pequeño que estaba lloriqueando durante la misa, al decirle luego su mamá que el Obispo se había enfermado por culpa de él, afligióse tanto que no cesó en su llanto hasta que pudo venir a verificar si real- mente yo estaba aún vivo. Al comprobarlo, calló tranquilo.

Al día siguiente del suceso, en un colegio católico que no pertenece a la parroquia, se celebró una misa para el alumnado de primer grado. Una niña, de seis años y medio, a la hora de la oración de los fieles, dijo:

—Yo pido por la salud de un Padre muy viejito de San Francisco

de La Caleta que ayer, cuando estaba diciendo misa, se desmayó por el

calor y que, cuando estaba en el suelo todavía, tomó el micrófono y habló.

Todo esto lo he sabido por referencias provenientes de las mejores fuentes de información. Tengo interés en llegar a conocer, sobre todo, a esa niña que, al parecer, tiene piquito y corazón de oro.

¡LA PAZ A TODAS!

De todo lo sucedido, lo que más lamento es que, durante el tiempo

trabajar

en esta carta. De ahí el posible retraso en llegarles. Pero aquí la tienen,

de

con el mensaje de Navidad,

que me han tenido bajo observación y en reposo, no he podido

que es

de paz:

de esa

paz

que, al decir

DE MI ACONTECER MISIONERO

35

í

Paulo VI a cada uno de los hombres, depende de ti. Hermanas: la forma directa de las palabras de Su Santidad cons- tituye una llamada viva y personal a la responsabilidad que todos tenemos frente a ese doloroso problema humano. "Si es verdad que tu corazón participa fraternalmente en las desgracias que sufren tus hermanos; si quieres sincera- mente cooperar con acelerar la paz, no te contentes con lamentos y quejas, no te pierdas en proyectos abstractos".

El doliente llamado del Papa exige de nosotros una respuesta efec- tiva. Debemos empeñarnos en un trabajo concreto, empezando a crear en nosotros mismos y en nuestro medio, la paz. ¿Cómo podríamos, en efecto, cooperar a la paz si no la poseyéramos? A veces se encuentran en nuestro interior muchos obstáculos que exigen un esfuerzo constante de superación. Entre otros, la excesiva sensibilidad que indica una pos- tura egoísta, fuente de. amarguras, celos. Nada más opuesto a la verda- dera paz. Un alma noble crea en su alrededor un ambiente de paz comu- nitaria porque conoce el arte de amar que es, precisamente, la condición esencial de aquélla. Que la Navidad, que ya nos envuelve en su misterio, lleve a todas

¡Feliz

ustedes, Hermanas Navidad!

muy queridas, mis saludos de la

temporada.

Y nieguen por mí.

f

Fray Martín Legarra, O.A.R.

CARTA 4

Panamá, Resurrección, 1977

Estimadas Hermanas:

Esta vez quiero tomar precauciones para evitar que, a última hora, se me escape el tren y la carta no llegue a tiempo a su destino. De

ahí que comienzo a redactarla con prudente anticipación. Aquí la tienen,

inspirada por el mismo cariño de siempre que, como dicen de los vinos,

aumentan su calidad a medida que

Gracias a cuantas comunidades contestaron a mi anterior. Cuando la comunicación es de una sola vía, se corre el peligro de caer en la línea muerta. Mas no así cuando es doble. ¿Comprenden todas la parábola?

envejecen.

RESPUESTAS

Al leer y reeler sus cartas, Hermanas, encuentro algunas pregun-

tas

que debo contestar. Luego vendrán las mías. Y comienzo.

A

quienes con tanto interés se han preocupado por el estado de

mi

salud, digo que, gracias a Dios, está bajo control. Realizo mi trabajo

con toda normalidad, acompañado del P. Félix que, si es PRIETO de apellido, es MAGNÁNIMO en voluntad y acción.

A la Superiora que confiesa haber puesto en duda la veracidad

de lo que yo contaba como experiencia de mal torero vivida en la Pampa

Argentina, debo manifestarle que es injusta.

Quizá no llegó a encontrar chispa ni gracia, ni sal en el relato.

No le extrañe, Hermana. A causa de la hipertensión, me obligan a man-

tener una dieta baja de sal y tengo prohibida la pimienta. Sin ellas, ¿cómo voy a condimentar lo que escribo?

Una de las Comunidades quiere saber si, cuando vaya a España, visitaré su monasterio, o lo dejaré de lado, por castigo. Extraña la pre- gunta, ¿verdad? Sin embargo, tiene su razón de ser. Y para orientarlas

un poco, les invito a leer DE MI ACONTECER MISIONERO (Carta 21,

Págs. 327 y 328). Se cuenta lo que aconteció a Fray Martín y su sobrino Fray Javier, quienes fueron tomados como sospechosos. De allí precisa- mente procede la pregunta.

38

MARTIN

LEGARRA

Mi respuesta es positiva. Cuando se me presente la oportunidad,

trataré de hacerlo. En aquello no hubo ofensa alguna. Más aún, de haberse dado, han sabido repararla muy generosamente, no sólo en prosa sino en verso. Por lo que sabrán que, a su debido tiempo, recibí el gracioso roman- cero sobre el incidente.

Por último, un comentario a la misiva de una que no es superiora,

. Es sencillamente una monja que escribe

ni procuradora, ni tornera, ni así:

"Ahora, de vez en cuando me viene rezar un Padre Nues-

tro para el santo que lo pille, como lo hacían usted y su her-

mano Andrés, como contaba usted en su úlima. Pienso que si no reza alguno, los santos no harán ejercicio en el cielo". —Mire, Hermana: cuando usted vaya al cielo, no sin pasar una temporadita en el purgatorio, por haberse dormido tantas veces en la

meditación, y por otras faltas parecidas, a lo mejor le responsabilizarán

de derigir esas sesiones de gimnasia que, para los santos, tan graciosa-

mente propone. A prepararse, por si ¡acaso! Que el ejercicio y la práctica

dan maestría y perfección.

AHORA, MIS PREGUNTAS

¿Es verdad que una religiosa de la República de El Salvador, con

su viaje a España

para ingresar como novicia en las Agustinas Recoletas Contemplativas?

¿Sabían ustedes que la susodicha aspirante estuvo, durante algún tiempo, trabajando en Veraguas, cuando su servidor era Obispo allí? ¿Cuál será el afortunado monasterio que abrirá sus puertas para

recibir a la monjita

residencia en Panamá, está gestionando formalmente

salvadoreña?

Les aseguro que es un buen fichaje. ¡Las felicito!

IGUAL, PERO A LA INVERSA

Una religiosa de vida activa se dispone, como hemos visto, a pasar

a la contemplativa. Por asociación de ideas, aunque a la inversa, recuerdo

mi primer encuentro con tres religiosas agustinas recoletas contemplati-

vas que de España iban a misionar en China. Sus nombres: Sor Esperanza,

Sor Carmelo y Sor M. de los Angeles. Las acompañaba el entonces Pre- fecto Apostólico de Kweitehfu, Mons. F. Javier Ochoa, O.A.R. Nos visitaron en Marcilla, si mal no recuerdo, en un día del mes

de marzo de 1931. Entonces era yo corista que si no podía presumir de

recia barba, tampoco era ya lampiño. ¡Qué alegría la de aquellas Hermanas, llenas de divinas impa-

DE MI ACONTECER

MISIONERO

39

ciencias, ilusionadas por llegar a su campo de apostolado! ¡Qué sed de almas! Los coristas sentíamos envidia. Hubiésemos querido unirnos ya, sin dilación alguna, al equipo misionero. Pero había que esperar. Había que prepararse. Había que madurar. Una de las misioneras, Sor María de los Angeles, a quien su familia llamaba sencillamente la María, hizo las delicias de la comunidad, en la sala-recibidor de Marcilla, soltando el chorro de su gracia castizamente andaluza. He aquí alguna anécdota suya.

¿ESTA GUAPA, VERDAD?

Una vez dispuesto el viaje de las tres misioneras para China, habían permitido a Jas mismas visitar, en plan de despedida, a sus respectivas familias. Muy humano. Así, Sor M. de los Angeles, llegó a su casa, con sus hábitos de amplios vuelos y bien almidonada toca. Recibida jubilo-

samente en su hogar, también sus paisanos corrieron a verla. Querían contemplarla de cerca, como si fuera alguien que se había escapado de algún nicho de altar. Su padre, satisfecho ante aquellas manifestaciones de cariño popular, buscó en la cocina un banco, invitando a la María a encaramarse en él. ¡Qué todos pudieran contemplarla! Y dirigiéndose a

¿Está

los presentes, dijo emocionado: Mirad, ahí tenéis a la María

guapa, verdad? Todos, entusiasmados, asintieron: ¡sí, está muy guapa la María!

REPARTIENDO

BENDICIONES

Sucedió algo más en casa de la María. Su padre quería aprovechar al max'mo las gracias espirituales de que, por ser monjita, consideraba estar dotada su hija. La llevó del brazo al establo donde unos cuantos animales de vista baja gruñían y gruñían, esperando el pienso. Una vez en el lugar, rogó a su hija los bendijera. Y la María, ni corta ni perezosa, rezó devotamente y en alta voz, la oración con la que en el monasterio solían bendecir la mesa. No consta si fue en latín o en español. Da igual. Entre tanto, los presentes quedaron admirados viendo que la María, en eso de bendiciones, sabia casi tanto como el cura del lugar que nada tenía de corto.

TRONCHADAS EN FLOR

reli-

China. Recuerdo la eficacia de

su labor. Una de las facetas más interesantes de la misma fue su progra-

giosas en la misión misma en Kweitehfu,

Años después —1938 y 1941— encontré

a

las

mencionadas

id

MARTIN

LEGARRÁ

ma de preparar operarios nativos de la misma China. En sintonía con el dinamismo y celo de Mons. Ochoa, fundaron la Congregación de Agus- tinas Catequistas de Cristo Rey, para jóvenes con vocación a la vida con- sagrada.

"Las Catequistas de Cristo Rey vienen realizando muy buena buena labor de apostolado entre sus paisanos, ayu- dando a las monjas españolas y filipinas en la visita a enfer- mos. El día en que se extiendan por la campiña, su obra será más notable y meritoria todavía".

Hermanas: tales ilusiones y esperanzas quedaron tronchadas en flor. Vino el invierno para la Iglesia en China. Uno se plantea este dra- mático interrogante: ¿qué será de las Catequistas de Cristo Rey? Y ¿qué de nuestros sacerdotes, y religiosos que con tanto interés y empeño se iban formando? Oremos por todos.

MISIONERAS FILIPINAS

También nuestras religiosas filipinas, en solidaridad con las espa- ñolas y las Catequistas de Cristo Key, evangelizaron en China. Cuando las primeras pasaron en 1931 por Manila, en ruta a la misión, unióse a ellas Sor Dolores, de las Agustinas Recoletas Filipinas. Algunas más si- guieron su ejemplo después. Merece consignarse un detalle. De entre las diversas congregaciones religiosas femeninas, existentes a la sazón en Filipinas, Sor Dolores fue la primera que dejó su Patria para ir a misionar fuera de ella.

NUEVAS LINEAS DE SERVICIO

Cuando las circunstancias determinaron el cese de la acción directa de nuestras Hermanas en China, ellas regresaron a su Patria. No para buscar un fácil descanso, ni para vivir de recuerdos y añoranzas, sino para ampliar las líneas de la vanguardia misionera, fundando la Congre- gación de Agustinas Recoletas Misioneras, extendidas hoy por diversos países del mundo. Mons. Ochoa, el incansable, había sido inspirador y alma de tan noble empresa. Conocí de cerca la primera infancia de la nueva Congregación. Principios humildes, de semilla que se entierra para luego germinar, florecer y dar frutos abundantes de servicio al Señor y a la humanidad. No puedo olvidar lo angosto de aquella su primera casa en Monteagudo, cuna de la Congregación. Tampoco las canastas de verduras y otras

DE MI ACONTECER MISIONERO

'

41

ayuditas que, del convento y de la huerta de los frailes, se mandaban para suplir la pobreza de las monjas. Faltaban muchas cosas; pero abun- daban el entusiasmo, la ilusión misionera, el espíritu de fraternidad.-

RETORNO AL MANANTIAL

Es bueno detenerse a buscar el origen de esas corrientes misione- ras. ¿Dónde encontrar el purísimo y rico manantial de donde procedieron? La respuesta es clara: en los monasterios de agustinas recoletas contem- plativas. ¿Acaso no salieron de ellos las HH. Esperanza, Carmela y M. de los Angeles para evangelizar en China? Probablemente, más de una de ustedes guardará detalles de aquella pequeña historia que, iniciada en sus comunidades, se insertaba en la gran historia de la salvación. Como recordarán la despedida emocionada de las Hermanas. Diariamente, se comunicarían después a través del puente de oro de la oración y el sacrificio, en espíritu de solidaridad. ¿No habrá en sus archivos correspondencia, con el relato de sus vivencias en China? Sería interesante no sólo conservarla como docu- mentos históricos, sino releerla para su edificación y ejemplo de entrega a la causa del Señor. Revisen sus archivos, por favor, y busquen ese valioso capital que puede rendir jugosos dividendos de inquietudes auténticamente misioneras en ustedes.

SIEMPREVIVA DE RECUERDO

''•• Varias veces he mencionado a S. E. Mons. F. Javier Ochoa, O.A.R., fallecido meses atrás en Monteagudo. Sea para él la siempreviva de un recuerdo emocionado y cariñoso. Mons. Ochoa fue el fraile observante y sencillo, misionero de pri- mera fila, obispo ejemplar, fundador, como hemos visto, de dos congre- gaciones misioneras femeninas, propulsor de vocaciones sacerdotales y religiosas.

Fue asimismo el hombre que creyó como pocos, en el inmenso valor de la vida contemplativa para la obra misional de la Iglesia. ¿Quién como él ha tenido la santa audacia de recorrer monasterios de clausura

así, llevarse algunas de sus religiosas para el apostolado

directo en la misión? Yo, al menos, no sé de ningún otro caso parecido. Buscaba entre lo bueno, lo mejor: almas que, forjadas en el amor de Dios en la clausura, salieran dispuestas a irradiarlo con su ejemplar pre- sencia activa en un mundo muy necesitado de él. Por eso, y por el gran

y llevarse

42

MARTIN

LEGARRA

amor que siempíse demostró tenerles, Mons. Ochoa les pertenece de modo eminente, Hermanas.

PRESIÓ N

.*•

Personalmente,

me

confieso

deudor

a Mons. Ochoa,

el

peremne

cazador, de arco siempre tenso, por si alguien se ponía a tiro. A mí tam- bién quiso cazarme para China. Pero le falló la puntería o, quizá mejor, le fallé yo.

Llevo grabada en la memoria la fecha 7 de marzo, 1933, en Manila. Era en uno de sus viajes de recolección de recursos económicos y sobre todo humanos, para su misión de Kweitehfu. Uno de mi connovicios, Fr. Jesús, se había presentado ya como "voluntario". Ahora, Monseñor quería que lo hiciera yo. En efecto, me

llamó a su celda, habló y habló

. mientras que yo, un poco tímido,

callaba. Insistía él. Me ponía delante el ejemplo de mi compañero.

Resultaba difícil evadir aquella presión. Le argüí diciendo que los dos éramos diáconos todavía: que sería bueno esperar, antes de tomar la de- cisión. Hasta que, por fin, le manifesté: Monseñor, si me mandan a China, iré con gusto. Mas no me siento con fuerzas para ofrecerme como volun-

tario. Perdone

pero es lo que pienso.

LIBERTAD

La respuesta desconcertó un poco a Monseñor cuyo carácter ner- vioso parecía hacerle más exigente. Pero respetó mi libertad. Y no fui como voluntario a China. Iría después, en dos ocasiones distintas, en fun- ciones de secretario provincial. Mi negativa no había sido óbice a que él, Mons. Ochoa, gestionara la pronta ordenación sacerdotal de mi compa- ñero, el voluntario y la mía. Gracias a él, recibimos el presbiterado el 19 de marzo de aquel mismo año 1933, es decir, pocos días después de nuestra entrevista. Fue ordenante S. E. Mons. W. Finneman, S.V.D. Obis- po Auxiliar de Manila a quien volveré a referirme luego.

CARIÑO

No obstante mi negativa, la diferencia de edad, dignidad, etc., entre Mons. Ochoa y servidor, siempre existieron relaciones estrechas de hermandad y amistad. En su bondad, él solía ver en múltiple dimensión, cualquier gesto de colaboración que uno le manifestara. La gratitud fue una de sus cualidades personales más relevantes. Y buscaba mil maneras de demostrarla. Lo hizo, p.e. al enterarse de mi nombramiento como

DE MI ACONTECER MISIONERO

43

Prelado de Bocas del Toro. Al encontrarnos en Monteagudo, me llevó a la celda del P. Prior Casimiro Royo y, pidiéndole humildemente permiso,

las primeras

me obsequie con un pectoral muy bello y un solideo. Eran

prendas prelaticias que llegaban a mis manos y que aún guardo.

¡NI QUE FUERAN ROBADAS!

De muy distinta manera pensaría mi hermano Andrés. Fue en su casa, y solamente ante miembros de la familia, donde estrené pectoral y solideo. Se entusiasmaba mi hermano, diciendo a su esposa:

¡Otra figura tiene Martín con esas cósicas encima! Más aún, en la euforia del momento, me invitaba a bajar al adjunto bar lleno de gente, ¡que todos me vieran con los signos prelaticios! Por supuesto, no accedí. Mi actitud provocó en Andrés este comentario:

—-Hay gentes deseosas de lucir estrellas y galones, aun sin mere-

cerlos. Pero tú

.

no sé

. ¡ni que hubieses robado esas cosas!

MARTIRIO DE AGUA

No hubo espada, ni fuego, ni sangre. Simplemente agua. Agua de

mar. ¿Recuerdan mi promesa de hablarles más ampliamente acerca de

mi Obispo ordenante Mons. W. Finneman? El sufrió ese género de marti-

rio. Fue brutalmente arrojado a las aguas en alta mar, durante la ocupación de Filipinas por el ejército japonés. Mons, Finneman era, a ía sazón, Vicario Apostólico de Mindoro, (Filipinas).

¿Cuál había sido el crimen del Obispo para ser castigado así? Acerca de los motivos, no parece haber duda alguna. Los he oído corro- borados por quienes estuvieron en el lugar de los hechos. En cierta oca- sión, la soldadesca nipona iba a perpetrar un ultraje al pudor de unas jóvenes de la misión. Mons. Finneman expuso su propia Vida para evi- tarlo. Y lo consiguió. Los japoneses no le perdonarían y maquinarían su desaparición arrojándolo al mar. Uno vuelve a preguntarse: ¿por qué los nipones pre- firieron este tipo de castigo y no otro? De parte de Mons. Finneman, quedó bien patente lo recio de su fe y la firmeza de su fibra moral.

EN PERMANENTE VIERNES SANTO

' El martirio sigue siendo hasta hoy testimonio vivo y elocuente de

fe cristiana, de amor y servició a los hombres. Realidad dolorosa y fe-

cunda en la Iglesia de Dios, sobre tpdp en las misiones. ¿No es prueba

44

MARTIN LEGARRA

contundente y sangrienta de ello, p.e. el asesinato que hace pocas semanas tuyo lugar en ítodesia, de cuatro monjas y tres sacerdotes? Como se ha dicho, PARA LA IGLESIA SIEMPRE ES VIERNES SANTO. El Cuerpo Místico de Cristo viene sufriendo martirio en muchos de sus miembros. En el impresionante desfile de mártires, me parece dis- tinguir la figura, nunca olvidada, del P. Héctor Gallego. Y cual música de fondo, las consoladoras palabras de Cristo: —Bienaventurados los que sufren por la justicia.

EXIGENCIAS DE LA LIBERACIÓN

Sepamos compartir, desde nuestro puesto respectivo, esos martirios uniendo a ellos nuestros propios dolores envueltos en el sacrificio, la plegaria y el silencio. Pensemos que los beneficiarios principales de la justicia que los misioneros exigen, suelen ser generalmente los grupos marginados. Sí, los sin voz en la marcha de la vida nacional, los que nada tienen propio sino su pobreza, las víctimas de la explotación, los que viven en una situación de esclavitud real, muchas veces condenados al exterminio. Y esto que digo, Hermanas, va más allá de figura retórica que busca impresionar. Responde a realidades no del ayer sino del hoy. Refiriéndome más concretamente a nuestra América Latina, tenemos la prueba, en varios países, de la matanza de indígenas. Es algo que clama a. gritos al cielo. En muchos casos, los mismos gobiernos decretan esos genocidios. Luego, cuando el misionero lanza su denuncia profética contra semejantes atropellos, viene la persecución, la expulsión del país, si es extranjero, o el encarcelamiento y la misma muerte en más de una ocasión. ¿Exageración en lo que digo? No. Esto ha sucedido con alguna frecuencia, como en el caso de un P. Jesuíta que en Mato Grosso, Brasil, defendía los derechos de grupos campesinos sobre ciertas tierras que les querían arrebatar. Un guardia de seguridad disparó su resolver, ocasio- nándole la muerte. Ni Mons. Casaldáliga, el célebre obispo español, gran defensor de los indios, allí presente, pudo evitar tan fatal desenlace. El recurso más general con que los responsables tratan de justificar su proceder es acusarlos de comunistas y subversivos.

¿POR QUE MATARON A CRISTO?

La pregunta me recuerda una de las visitas que, siendo Obispo de Veraguas, hiciera a la penitenciaría de Coiba. Apenas llegado a la isla, organicé un encuentro general en la cancha de baloncesto, a orillas del mar. Escogí un texto de las cartas de San Pablo. Lo expliqué haciendo aplicaciones generales, ya que el grupo, compuesto de jefes y detenidos,

DE MI ACONTECER MISIONERO

45

era heterogéneo. Una ducha tibia cae bien a los fuertes y a los débiles. Aquí nadie suele tiritar de frío. Al terminar la charla, invitados a hacer . algunas preguntas, uno de los presos lanzó la siguiente: Padre, ¿por qué mataron a Cristo? De inmediato contesté: Por subversivo. Por revolucionario. Para comprobarlo, leí aquel pasaje de San Lucas (23, 2-5)) que dice textual- mente: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión. Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea". En base a tales acusaciones, se había dictado la sentencia.

¡DIFERENTE, HERMANO, DIFERENTE!

La respuesta causó un fuerte impacto en los oyentes, cuya actitud

de atención y curiosidad era manifiesta. Esto me ayudó a profundizar en- seguida en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo para

la

redención del mundo. Cuando aludí a la lección del perdón que desde

la

Cruz nos enseñó El, pude observar cómo más de uno de los detenidos

volvían sus ojos hacia los jefes, analizando quizá sus reacciones y como diciendo por dentro: ¿Aprenderán éstos a pardonarnos, como hizo el Señor al buen ladrón y a otros?

Después del encuentro general, uno de los detenidos se me acercó

para tener, como dicen por aqui, una "conversada". Mi respuesta sobre

la muerte de Cristo por subversivo, le había impresionado y complacido.

El hallábase en Coiba por subversivo también. Mas pronto vi que el caso no tenía ningún parecido. Era cabecilla de un grupo que había planeado

el derrocamiento del gobierno militar que rige los destinos del país: plan

que había fracasado rotundamente y que había dado con sus huesos y los de sus cómplices en la isla de Coiba.

—Mi hijito, le dije en tono amistoso, la cosa es distinta, pero muy

distinta. Entre tanto, mucha paciencia y a esperar

LA DOBLE VERTIENTE

mejores tiempos.

Prueba de que me encuentro bien de salud y en activo, citaré mi intervención en las solemnidades por la canonización de Santa Rafaela,

fundadora de las Esclavas del C. de Jesús. Presidí la misa concelebrada

y dije la homilía. Mientras la preparaba, mi pensamiento volaba con fre-

cuencia hacia esos monasterios. Descubrí en Santa Rafaela, una doble vertiente, es decir de una orientación fuertemente contemplativa y una amplitud de horizontes apos- tólicos. Mujer profundamente humana, feliz conjugación de firmeza y ternura, íntimamente unida a Cristo por la renuncia heroica y la acep-

46

MARTIN LEGARRA

táción gozosa del "dolor. Al mismo tiempo, sembradora de alegría en su derredor. Al descubrir sobre este perfil específico, pregunté: ¿Por qué pensamos tantas veces en los santos como seres melancólicos y tristes?

¿No son precisamente ellos quienes, más que ningún otro, tienen derecho

a

la alegría, ya que tan cerca están de Aquél que es fuente de ella y

la

puede dar en plenitud?

Otro de sus rasgos relevantes es el de la preocupación misionera. Penetrando én el misterio de la Redención, y ante la ingratitud con que los hombres suelen Corresponder, ella se estremece. Daría su vida para que el mundo se convirtiera en una inmensa catedral en que se rindiera al Señor homenaje de adoración, amor. La M. Rafaela nutría ese celo

misionero, haciendo de la Eucaristía no sólo centro de su vida, sino también fuente de espíritu apostólico, que trató de inspirar como carisma

a las religiosas' del Instituto por ella fundado. Estas se afanan por man-

tenerlo. Así creo ver en la Comunidad que labora con campesinos en la zona interiorana, como también las que en la capital dirigen Un prestigioso colegio adosado al templo, centro principal de adoración a la Eucaristía.

ESCRIBIENDO DERECHO EN LINEAS TORCIDAS

Las pruebas que la M. Rafaela hubo de afrontar, fueron tremendas

y

dramáticas. Siendo General del Instituto, se le exige que renuncie. Hasta

le

acusan de estar mentalmente desequilibrada. Pasó a ser —y esto durante

32 años— Hermana, adentrada en él oscurecimiento más radical. Fregará platos y perolas, barrerá suelos y lavará la ropa al estilo de entonces. La

misma muerte no cambió su situación. Ni circular a las casas mencionando sus virtudes, ni funerales de pompa. Nada qué pareciera un acto de jus- ticia, bien merecido desde que, siendo General dé la Congregación su

propia hermana Pilar, se descubrió que las acusaciones habían sido total- mente infundadas y falsas. Aun los primeros grupos que entraron en el Instituto, cuando elia había cesado ya en su cargo generalicio, llegaban

a enterarse de que M. Rafaela, tan humilde y humillada, había sido o era

la fundadora. Me lo ha contado así una de las religiosas que, siendo novicia, la había conocido personalmente. Caminos misteriosos del Señor quien tan derecho fue escribiendo el decreto dé su glorificación en las líneas torcidas de los errores y pequeneces de los hombres. Según todos los indicios, la espiritualidad de la M. Rafaela fue enriqueciéndoce más y más desde los comienzos de su vida oculta. Ante tal ejemplo, cabe pen-

sar: ¿cuánto no podrán ustedes, Hermanas, como personas y como co- munidad, desde la oscuridad fecunda de su vida contemplativa, a través de su propia santificación, hacer por la expansión del reino de Dios en el

mundo?

DE MI ACONTECER MISIONERO

ZARANDEO DE SANTOS

47

¿Qué culpa tendrán los bienaventurados que en el cielo están, para que en la tierra sus devotos anden al retortero, zarandeando sus imá- genes aquí y allá? Es típico el caso ocurrido en la barriada de San Se- bastián,. Panamá capital, que en lo pastoral atiende el P. José Luis La- cunza,. del Colegio San Agustín. El problema es viejo. La Hon. Representante del Corregimiento, al que en lo civil per- tenece esta parroquia de San Francisco, había comprado una estatua del patrón San Sebastián. No habiendo por entonces capilla en el lugar, dispuso que se la guardara en casa de un familiar suyo, si bien las puertas estarían abiertas a la devoción de los fieles. Al principio, todo fue bien. No tardó, sin embargo, el diablo en sembrar la cizaña de la división. Unos se declaraban a favor de la Re- presentante, otros fo maban el bando de oposición a ella. Entre tanto, se erigió la capilla a la que, lógicamente, pasaría la imagen del patrón. ¡Se armó la de San Quintín! La Representante se negaba al traslado. Muy dueña de sí, les manifestó:

—San Sebastián es mío y de nadie más. La estatua seguirá en la casa de mis parientes, mientras a mí me dé la gana. Faltó quizá elegancia al verbo de la Honorable Representante, pero estuvo clara.

DENTRO DEL AVISPERO

Los opositores roliticos de la Representante no se habían dormido. Se habían movilizado hasta el extremo de comprar otra estatua del partón, más gallarda y esbelta, que instalaron en la capilla. Próximo el día de la fiesta, surgía un interrogante: ¿Cuál de las dos imágenes saldría en procesión? ¿Cuál triunfaría en duelo tan singular? : Por derechos adquridos de antigüedad, la Representante reclama- ría en favor de la suya. Los otros no se darían por vencidos. Nuevo lio que mantiene en tensión a la comunidad. Se pensó en la fórmula ambigua

y poco eficaz de una doble procesión en

el día de la fiesta. Una de las

imágenes saldría por la mañana y en la tarde la otra. Así, cada devoto podría tomar partido y definirse. El caso se elevó a la Curia Arquidio-

cesana que determinó cancelar la procesión. Unos hallaron muy prudente la medida. Otros la consideraban in- aceptable. ¡San Sebastián sin procesión en el día de su fiesta! La Honorable Representante y sus seguidores acataron la orden recibida. Su santo se mantendría bien adornado de luces y flores, pero

. quietecito en casa, como bien portado. Los de la oposición, saltando por

48

MARTIN LEGARRA

encima de lo dispuesto, siguieron con su plan. La nueva estatua, de con- tornos de atleta, recorrió en hombres de sus hinchas las calles arenosas de la barriada.

comisión de

festejos, a través del P. Lacunza, habíame invitado a celebrar la misa

y asistir después a la procesión. Mas, al enterarme de que la situación

estaba de color de hormiga, pude evadir el compromiso. De no hacerlo,

podía haber salido asaeteado a semejanza del patrón, pero ciertamente con menos gallardía.

Por poco me veo yo mismo dentro del avispero. La

LA EXPERIENCIA PEINA CANAS

frecuen-

temente problemas y conflictos. Cada cual quiere llevarse al santo para su lado, no tanto por devoción como por cierto orgullico que tienen de verlo pasar por su lugar.

Me contaba un amigo que en cierto pueblo del interior, se suscitó,

¿Por

de pareceres, se buscó el

consejo de los ancianos. Se llamó a Kiko, bien conocido por su sensatez

y sabiduría popular. ¿Qué decía el anciano Kiko puesto en funciones de arbitraje? La gente era todo oídos, esperando su veredicto. Después de carraspear, y con el sombrero en la mano, Kiko dio esta respuesta no muy Salomónica:

dónde iba otros años? Habiendo

a la hora de la procesión, el problema de siempre: ¿el itinerario?

En esto de procesiones en pueblos y barrios suelen surgir

discrepancia

—"Aquí y en todas partes, la procesión ha ido siempre, no por donde quiera el santo o el pueblo, sino por donde manda

el

cura. Que el Padre diga y seguiremos adelante".

Se

hizo en la concurrencia un murmullo, no precisamente de ple-

garias, sino de disconformidad. De acuerdo con la sentencia de Kiko, la

procesión siguió por donde el cura tuvo a bien disponer.

Y que nadie califique esto de

UN CURA LAMINERO

dictadura.

Hace muchos años que un cohermano joven solía decirme que si

le dieran a elegir un trabajo muy de su agrado, sería el de capellán de

monjas. Cosa no muy común, pues suelen ser pocos los aficionados a tal oficio. ¿Sería un carisma que él consideraba tener? ¡Qué va! El muy laminero, soñaba con los pastelitos de crema y merengue, cabello de ángel y no sé cuántas especies más de la inimitable repostería monjeril.

DE MI ACONTECER MISIONERO

49

Suelo recordar esto en mis visitas a las religiosas tan generosas en su hospitalidad, aunque con los tiempos van cambiando las formas de ejer- citarla.

ASPIRACIONES DE UNA MONJA

En Panamá hay comunidad que, en esto, supera con diferencia a

las demás. En ella vive una religiosa que recientemente celebró su jubileo de oro en la vida consagrada. La fase litúrgica de la celebración resultó muy solemne, con la presencia en el altar de un obispo y cinco sacerdotes. Dos de éstos habian sido monaguillos en aquella misma capilla, cuando

la jubilaría era sacristana.

A la hora del desayuno, la conversación recayó en una vieja aspi- ración de dicha Hermana para después de su muerte. ¿Qué será? Casi nada.

Ella desearía que, llegada su hora postrera, cuando le hayan puesto

en el ataúd con sus mejores hábitos, y la lleven a la capilla ardiente, y

se tengan los funerales de rigor, sea Mons. Legarra quien diga la homilía.

Más todavía, su deseo sería poder, muerta y todo, escuchar lo que él dijera acerca de su vida y milagros. No crean ustedes que, al hablar así, lo hacía en voz baja y en privado. Fue delante de la comunidad en pleno y algunos sacerdotes pre- sentes. Todos acogimos entre risas tan peregrina idea. Por tanto, aunque

no se haya levantado acta notarial al respecto, no veo la forma de eludir

el compromiso, a no ser que de parte interesada haya oportuna retrac-

tación. La segunda fase, la de poder ella escucharme, no está en mis ma- nos otorgársela.

¿A CUAL DE LOS CIELOS?

Hablando de muerte de monjas, oigan la siguiente anécdota que

me refiere una Franciscana misionera entre los indios Kunas de San Blas. Cierto día, la Hermana habia ido a la "Iglesia de los adultos", como califica ella la casa del Congreso, llevándose consigo una costura

a usanza de las indias sanblaseñas. Dialogando con ancianos, uno le preguntó:

—¿Cuándo te vas a morir? —Dios Padre se encargará de ello. A ustedes tocará hacer

mi entierro, respondió bromeando la

—Menudo problema vas a dar a Dios Padre. "No va a saber adonde colocarte, si en el cielo de lgs Kunas o en §} de los Wagas, replica el anciano,

Hermana.

50

MARTIN

LEGARRA

SIEMPRE LO MEJOR .

;

atardecer,

del pai-

saje y la vista de un mar sin horizontes, le servía de marco para la con-

sentada debajo de una palmera,

La misma Hermana me sigue contando: a la hora del

hacía oración. La tranquilidad

templación. En esto se le acercaron unas indias preguntándole:

—¿Qué haces ahí, sola, Hermana? —Mago oración. Me comunico con Dios. ¿Quieren ustedes aprender? —Sí, quisiéramos, pero no sabemos leer. —No importa, replicó la Hermana. También se puede orar sin libros. —Así lo hacen nuestros sahilas (jefes religiosos), contestaron las mujeres. Ellos son más inteligentes porque tienen todo grabado en la cabeza y no necesitan libros. Cambiando luego de conversación, las indias preguntan de nuevo:

—Hermana, ¿sabes cantar? —Sí, les dice aquélla, pero no tan bien como vuestros sahilas. Comienza a cantarles los cantos de la Igiesia en su lengua nativa y, a los pocos minutos, se hallaba rodeada de un enjambre de niños y gente adulta. A todos les gusta la música.

¡DIOS ESTA BRAVO!

Un terrible ciclón había azotado la isla como si fueran coletazos de

tormenta tropical. Se habían levantado dos hojas de zinc del templo,

yendo a parar

despeinadas por el viento, mientras rezan a "Pab Tummat" que no los castigue tan duro. Al dirigirse a su casa, la Hermana vio de lejos que allí también el ventarrón había causado serios destrozos. En el camino, unos indios que la encontraron y con ligera ironía, le comentan:

—Hermana: Dios te castigó también. Dios está bravo con todo el mundo. Por gusto eres amiga de El, si también te castiga. Y la Hermana, riendo, me dice: ¿Qué explicación de teología podía ya darles? Ciertamente, muy difícil de explicar, le comenté. Como lo había sido para la Hna. Saulia, misionera Laurita en Canquintú, Bocas del Toro. En su actividad como enfermera, ella solía instruir a los guay- míes a comportarse bien durante la vida, para merecer el cielo y la feli- cidad que en él se nos promete. Un día, yendo en canoa por una mar encrespada, parece que la buena Hermana llegó a asustarse un poco. Uno de los indígenas que le acompañaban lo pudo notar y dijo:

. ¡Dios sabe dónde! Los indios temblaban en sus chozas

DE MI ACONTECER MISIONERO

51

:«;

—Hermana, tú enseñas a nosotros paisanos muy sabroso morir para tiene visto Dios. ¿Por qué tú miedo ahora morir? ¿O tú quieres indio morir primero?

Hermanas: dejo palabra.

el

camino abierto

a sus comentarios. Tienen la

POR LAS RUTAS DE EZEQUIEL

'• /

Síj por ellas, con paso seguro y firme voluntad, sigue caminando nuestro hermano Fray Arturo Salazar, O.A.R. Ayer, como Vicario Apos- tólico de Casanare. Hoy, como nuevo Obispo de la diócesis de Pasto. Su designación hecha por la Santa Sede, no me sorprendió. La recibí como algo normal. La gran familia agustiniana habrá acogido con júbilo la noticia, elevando sus plegarias al cielo para que la acción de Fray Arturo sea acertada, y abundantes sus frutos. Mons. Salazar ha llegado a su nuevo puesto en una hora feliz; con los horizontes del porvenir llenos de luz y de esperanza. La diócesis de Pasto Vibra espiritualmente con renovado empuje, sobre todo a partir de la beatificación del P. Ezequiel. Circunstancia tan positiva le ayudará en su labor, a la par que le impondrá mayores exigencias. Sabemos que Fray Arturo tiene virtud, celo y ciencia para asumir las nuevas responsa- bilidades con optimismo y garantías de una eficaz acción pastoral. Hará honor a la herencia recibida de sus predecesores, sobre todo del Beato Ezequiel, con cuya especial protección ha de contar. Conociendo, como conozco, a Mons. Salazar, me siento muy Opti- mista. No obstante, y sin restar un ápice a tal sentir, me atrevo a presa- giar, desde ahora, que con su traslado a Pasto estrenará un dolor: el de

la soledad, es decir, la ausencia física de sus cohermanos agustinos reco-

letos. Le dolerá, como dolía al mismo P. Ezequiel. Como nos ha dolido a cuantos hemos pasado por circunstancias similares. Fray Arturo es "mu- cho fraile", y los echará en falta. A no ser que le caiga la lotería de un equipo de cohermanos que con él y su clero diocesano, trabajaran allí.

PERRO MANSO Y DUEÑA BRAVA

Iba a terminar la presente con ese recuerdo a Fray Arturo Salazar

a quien, igual que a Mons. Rubén Buitrago, suelo enviar copia de las

cartas que a ustedes vengo escribiendo. Sé que las leen con gustó, más que por el mérito intrínseco de ellas, por su cariño personal hacia las religiosas. Repito; iba a terminar aquí pero hoy he tenido unas vivencias pastorales, intrascendentes en sí, pero que a ustedes agradará conocer. '•'Acostumbr o a visitar regularmente, en sus casas, a los enfermos

52

MARTIN

LEbÁKRÁ

y ancianos de la parroquia, aunque muchos de ellos se diluyen en ciínicas, centros de salud y hospitales de la capital donde no les falta atención médica y aun espiritual. Es interesante verlos tan alegres y contentos cuando llega el sacerdote amigo y hermano. Saben que se les quiere y recuerda, a la vez que se ora por ellos. Esta mañana he llegado a casa de doña Alejandrina, señora muy piadosa y simpática. Aunque supra-octogenaria ya, no le agrada que se le pregunte por la edad, y sí gusta oír p.e. que con su nuevo vestido es- tampado de flores, está muy guapa y linda. A lo que, sin pensarlo dos veces, ha replicado: —Pues me lo he puesto porque venía usted. Y yo río, admirando la agudeza de su ingenio ágil y joven. Vecina a doña Ale- jandrina reside una familia, en un chalet en cuya puerta de rejas pende una placa de metal —fondo blanco y letras en negro— con esta inscrip- ción: PERRO MANSO Y DUEÑA BRAVA. Chocante y original, ¿verdad? Terminada la visita, ya en la calle, he visto —¿coincidencia?— un perrito faldero, juguetón y zalamero, encaramado en la reja como quien mendiga una caricia de los transeúntes. Con su actitud corrobora la veracidad de la primera parte del rótulo. Es mansito. En lo que a la "dueña brava" se refiere, prefiero callar, por si acaso. ¡La conozco! Es de Veraguas.

EL ECUMENISMO EN EL BANQUILLO

Oigan, Hermanas, otra de mis vivencias. En la casa hay solamente dos mujeres, madre e hija. La primera, apenas puede caminar. No sé cuántas y cuan graves dolencias mortifican

a la pobre. La hija, también entradita en años, anda muy mal de la vista. Las dos son conversadoras. Se roban la palabra una a la otra y tengo que estar muy alerta para aprovechar el primer silencio que hagan para

intervenir. Si pregunto algo, las respuestas vienen

Ansiaban contarme no precisamente la última pena, ni presentarme p.e. una queja contra FUERZA Y LUZ por reciente aumento de sus tarifas. Querían informarme de un incidente en el que había sido como puesto en el banquillo del reo, el ecumenismo proclamado por el Concilio Vaticano II. Se habían olvidado de mis repertidos consejos de respeto y mesura hacia los que ellas catalogan, sin más, entre "los enemigos de nuestra religión". Respeto siempre para las personas, aun en la divergen- cia de criterios y opiniones. Yendo al grano, relataron cómo se les había presentado un miem- bro de cierta secta a quien habían acogido cortésmente. Pronto, sin em- bargo, notaron su actitud rabiosamente hostil hacia la Iglesia Católica acusándola de idólatra, sobre todo en lo del culto a Nuestra Señora. Había llegado al extremo de sugerirles que, en señal de lo que él llamaba "nueva

a dúo.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

53

fe cristiana no contaminada de superstición", sacaran de la casa la ima- gen de la Virgen, presente en la sala. Al oír tal desatino, madre e hija, sin recurrir a la escoba, pero sí con gesto airado y palabras de rechazo, habían puesto al visitante en precipitada fuga que le costó un traspié en el único peldaño que la casa tiene hacia afuera. Entre tanto, queda y quedará sonriente, la imagen de Nuestra Señora presidiendo la sala. Cierro con mis felicitaciones y una invitación a caminar sin des- mayo hacia la Pascua, fiesta de la vida a la que Cristo ha abierto excelsos destinos. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Afmo. Hno.

f

Fray Martín Legarra, O.A.R.

CARTA 5

Estimadas Hermanas:

Panamá, Navidad de 1977

De nuevo, cara a la Navidad, van mis felicitaciones. ¿Llegarán a tiempo? Es la pregunta que me hago. Al parecer, nuestros correos andan

más perezosos que diligentes en el servicio. Bien, si no llegan para Navi- dad, las tendrán para Reyes. En todo caso, que el Señor esté con ustedes

y pídanle que igualmente esté conmigo.

I

SIGNO CONSOLADOR

Ciertamente lo es así la constante que se revela en sus respuestas

a mi carta anterior. El tema de las misiones es el de su predilección.

Viene a comprobarlo, entre otros, el siguiente testimonio que copio de

una carta:

"De cuanto nos refiere en la suya, y en ella nos ha gustado todo, solemos preferir lo que tiene que ver con las misiones. Así, p.e. nos ha fascinado el recuerdo que trae de nuestras Hermanas contemplativas que fueron como misioneras a China hace tantos años. Su ejemplo es de mucha edificación para nuestra comunidad. ¡Cuánto tenemos que aprender para amar a Dios y a la Iglesia! Procure, P. Obispo, contarnos muchas cosas tan hermosas que nos ayuden a vivir nuestra vida contemplativa y colaborar así a la expansión del reino de Dios".

(Mil gracias por ese y otros comentarios que en igual tónica han venido y que estimulan a mantener esta correspondencia. Me pregunto:

¿Merecería la pena dedicar tanto tiempo, esfuerzo y, sobre todo, amor, si la idea misionera no calara muy hondo en ustedes? Una actitud de pasividad o indiferencia ante ella significaría traición no sólo a la razón de ser contemplativas, sino del propio ser cristiano).

u

FIGUR A SEÑER A

MARTIN LEGARKA

'

,

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En sintonía con esa nobilísima inquietud y dentro del contexto dé la carta anterior sobre nuestras misiones de China, mencionaré una de

las figuras más cimeras que la Orden ha tenido en estos últimos años.

Sin embargo, está pasando prácticamente

Hubo un tiempo en que se pensó en la publicación de un folleto con la semblanza y datos de su gesta evangelizadora. Pero el plan no llegó a cumplirse. Me refiero al P. Venancio Martínez, O.A.R. ¿No habían oício ustedes su nombre alguna vez? ¿No habían leído sus colaboraciones en TODOS MISIONEROS? Solía hacerlo con el seudónimo de MANSHE. Las Hermanas, que anden por la tercera edad, lo recordarán tal vez.

inadvertida.

CORAZÓN GENEROSO

CONTAGIOSA

JOVIALIDAD

Tuve la suerte de conocerlo como compañero y como condiscípulo. Más aún: entre nosotros medió muy estrecha amistad. El P. Venancio era de carácter sencillo, corazón generoso, contagiosa jovialidad. Alma probada en las arideces de una larga noche oscura. Lleno de nobles idea- les é impaciencias, a lo Francisco Javier. Fn 1935, el P. Venancio se presenta como voluntario para las mi- siones de China y es aceptado. Nos encontraríamos en 1938, y viajaríamos juntos de Shanghai al interior. Vienen a la memoria nombres exóticos de ciudades como Tankoo, Chefoo, Tientsin, Sochiafu, Shinanfu, Kweitehfu. Por ellas pasamos en nuestro itinerario que las circunstancias de guerra lo hicieron más largo y difícil. Duró doce días. En Yucheng, donde él trabajaba, fui testigo de sus afanes e inquie- tudes. Pude palpar que cuanto su pluma escribía en TODOS MISIONE- ROS no era puro lirismo, sino reflejo de lo que él vivía en plenitud, de su entrega total al Señor y las almas. Mendigo en favor de las misiones; pidióme en cierta ocasión le mandara un ejemplar de la GUIA DE TELEFONOS de la ciudad de Ma- nila para comunicarse con quienes pudieran ayudarle. Me hacía esta

reflexión: "Quien puede pagar un teléfono en su oficina o casa, ¿no podrá dar unos centavos para mis chinos?". ¡Hermanas, qué originalidades tiene la lógica, del corazón! Me consta que, a través de sus cartas, algo con-

abonados a la Telefónica ríe Manila, para rellenar una: gran

balsa donde luego levantaría una nueva capilla en Yucheng/

siguió, de los

JUGLAR DE LA VIRGEN

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La devoción a nuestra

Señora

caracterizó

también

la

fisonomía

DE MI ACONTECER MISIONERO

57

espiritual del P. Venancio. La amaba con filial ternura. La honraba con fidelidad de rendido vasallo. Una tarde, en que paseábamos por las afueras de Yucheng, me hizo esta confidencia:

"Cuando voy solo a caballo por esas llanuras, suelo de vez en cuando hacer un alto para entonar a pleno pulmón el

AVE MARÍA

.

Que también en estas soledades se oiga

AVE MARÍA

¡Que también en estas soledades se oiga el

nombre de Nuestra Madre!

¡Espontáneamente él y yo repetimos allí mismo el saludo del ángel! Lo hicimos con tal entusiasmo que me ilusiona pensar que el eco de nuestra plegaria a la Virgen perdura todavía.

TODO POR AQUEL HIJO

,.

-

Otro de los grandes amores del P. Venancio se centraba en sus propios padres residentes en Mélida, Navarra. Cierto día recibió una carta de su madre que le llegó al alma.

Le contaba cómo en la noche de Navidad, su padre y ella se encontraban solitos en casa. Solitos se habían sentado a la mesa, recordando a su hijo ausente, en la China. ¡Oh, si Venancio pudiese participar de aquella cena que con tanto esmero había preparado ella! ¡Aquí le vino una idea: la de pasar a cierta familia pobre de la vecindad, la parte que co- rrespondería a su Venancio. Todo por aquel hijo!

TODO POR ELLOS

La carta (cuyo original pude leer), había llevado a Venancio un

mar de alegrías y añoranzas. A medida que la iba leyendo, se nublaban sus ojos. No fue pasajera su emoción. Al año siguiente, en la noche de

precisa-

mente para sí. De hecho, apenas si llegaría a probarla, pues la mandó con un sirviente, a una viuda que vivía solitaria en un tugurio cei'cano. mien- tras que mentalmente decía: por mis padres que esta noche cenarán, una vez más. sin la presencia del hijo. Todo por ellos, Señor: ¡todo por ellos!

Navidad, él ordenó preparar una cena

¡de las buenas! No

§§

MARTÍN LEGARRÁ

MISIONERO Y PATRIOTA

Dos conceptos que el P. Venancio sabia hermanar de modo ejem- plar, eran los de misión y Patria. Universal como misionero, sí, pero sin olvidar por ello su Patria grande ni la chica. Llegó a darse en su vida un episodio que, de no haber testigos y ser él mismo quien lo relatara, pu- diéramos considerar una leyenda. Escuchen atentamente, Hermanas:

que bien merece conocerse. Yucheng, con sus grandes murallas que la circundan y protegen, a usanza de las viejas ciudades chinas, viese un día asediada por el ejér- cito japonés dispuesto al asalto. Dentro, la población civil temblaba de espanto ante la perspectiva de la invasión enemiga. Las autoridades chinas acudieron al P. Venancio, manifestándole su disposición a capitular y rendirse. Exigirían solamente que los vencedores respetasen vidas y ha- ciendas. El problema era cómo hacer llegar el mensaje al enemigo? ¿Quién actuaría de enlace?

TRAEDME UNA SOGA

¡

Al oírlos, el P. Venancio dijo sin vacilar: ¿quién? Yo mismo. Con esta bandera que es la de mi Patria España, iré hasta ellos. ¡Me respe- tarán! Vamos ya. Seguido de las autoridades y de gran parte del pueblo, ante la admiración de todos, el misionero atravesó parte de la ciudad hasta llegar a una de las puertas de la muralla. Iban a abrirla; pero alguien indicó el peligro de posible irrupción violenta del enemigo. ¿Qué hacer entonces? Nueva incógnita que sólo el coraje y la audacia del P. Venancio sabrían despejar. Por su mente, cruzó una idea tan original como audaz, que a todos sorprendería:

—Buscad y traedme una soga, dijo.

ERA UNA AVENTURA

Su petición fue atendida de inmediato. Ceñido de ella, empuñando la bandera, el P. Venancio consiguió situarse en lo alto de la muralla. La sorpresiva aparición de aquel extranjero, cara de asceta, negra barba, con aquella bandera extraña, impuso el silencio en el grupo invasor. El misionero, explicó la razón de su presencia en el lugar, suplicándoles tuvieran a bien recibirlo como intermediario. Aceptada la proposición, el P. Venancio, sostenido con la soga por los chinos, fue deslizándose lentamente muralla abajo. Ya en tierra, y en presencia de los oficiales militares nipones, les

DE MI ACONTECER MISIONERO

59

manifestó que la ciudad estaba dispuesta a rendirse, a condición de que sus vidas y haciendas fueran respetadas. Los sitiadores aceptaron la proposición. Con tan buena noticia, el P. Venancio tornó, ensogado, a escalar el muro a fin de comunicarse con los sitiados ansiosos de conocer el resultado de las negociaciones. Su felicidad, al oír la noticia, fue grande.

OTRA VEZ ESCALANDO LA MURALLA

Había sonado la hora esperada. Las puertas de entrada se abrieron de par en par. El P. Venancio, bandera en alto, encabezaba la marcha llevando el triunfo pacifico a los vencedores y la tranquilidad a los vencidos. Ahora cabría preguntar si, a lo largo de la historia de España, habrá recibido su bandera un homenaje semejante en el interior de China y de parte de los mismos chinos.

¡YO LO VI!

Saliendo al encuentro de preguntas que ustedes u otros pudieran hacer respecto al caso, declaro que mi relato está calcado en notas escri- tas que conservo, tomadas en conversación con el mismo P. Venancio en Yucheng. Con él hice el recorrido caminando por el área-escenario del suceso, viendo el lugar preciso de la muralla por donde había bajado y subido, etc. Llegué a tomar varias fotos para un posible reportaje en TODOS MISIONEROS. Nunca llegó a publicarse. La humildad de nuestro hermano se opuso enfáticamente. En una de sus cartas me escribía:

"Da vergüenza que ensalcéis pequeneces. ¿Qué vale lo mío comparado con lo que hacen los demás misioneros?".

Llegó al extremo

sistía en mi propósito. Tal riesgo me contuvo.

de amenazar

con retirarme

su amistad

LUCHA DE FIEBRES

si

per-

>k En 1941 había estallado la guerra del Pacífico. Durante cuatro años largos y angustiosos estuvimos en Filipinas incomunicados con el resto del mundo. La primera noticia recibida de China venia orlada de luto: el P. Venancio Martínez había muerto a los 33 años de edad, dejando huérfanos a sus cristianos de Yucheng y sumidos en el dolor más pro- fundo a sus hermanos de hábito. Oigan ustedes parte de una carta que,

éú

MARTIN LEGARRÁ

a raíz de la guerra, me escribiera a Manila la Hermana Ángeles, testigo de las últimas horas del P. Venancio en la tierra:

"De nuestro angelical P. Venancio ¿qué le diré? Usted sabe que era un serafín en carne humana, sobre todo en estos dos últimos años de su vida. ¡Qué noche la víspera de Santiago! Tenía 41 de fiebre. A ratos estaba bien y a ratos deliraba. ¡Qué fuego divino en ambos estados, que consejos, que prédica me echaba cuando estaba en su sano juicio! Jamás se me olvidará la última noche en que este segundo San Francisco Javier pasó en la tierra. Murió en un acceso de fiebre tifoidea. Estando allá los coristas (chinos) se levantó. Decía que le llamaban los cristianos, que estaba llena la capilla de Yucheng, que se iba. Entre seis o siete no lo podían sujetar. Al echarlo en la cama, expiró

Hasta aquí el relato de la Hermana. La lucha de fiebres culminó en el vuelo de su alma al Padre. Desde entonces, muchos que conocimos al P. Venancio pronunciamos su nombre con fe en su poder de inter- cesión ante el Señor.

AHÍ ESTA ESA MUJER

La que responde al nombre de Madre Teresa de Calcuta, de quien ustedes tanto han oído hablar. Gran figura misionera, signo y símbolo claro para nuestro cristianismo. Teresa es nombre evocativo. Lo de Cal- cuta le da su especificación geográfica. Originaria de Albania, ha nacido de nuevo para sus hermanos de Calcuta. Viste de "sari" como ellos. Con ellos come. Viaja con pasaporte indio. Por tanto no extrañará que, a su llegada a Panamá el 13 de julio de 1977, al pie del avión la esperara el Embajador de la India, juntamente con la Jerarquía panameña. La observé muy de cerca en el salón de diplomáticos, rodeada de cama- rógrafos y periodistas. Contestaba con naturalidad. Así son de sencillas las almas grandes.

UNA PREGUNTA, MADRE TERESA

Mientras se dirigía a la puerta de salida del aeropuerto, aproveché la coyuntura para una entrevista relámpago en inglés, su idioma corriente:

—¿Cómo surgió su vocación por los "más pobres", Madre Teresa?

del convento, cuando vi a

—Un día del año 1952 me encontraba

fuera

DE MI ACONTECER

MISIONERO

61

una mujer que estaba agonizando en la misma puerta del hospital. La recogí y traté de conseguir una cama en el hospital, pero nadie me hizo caso, pues se trataba de una mujer pobre. Tuve que cerrarle los ojos en medio de la calle. Entonces me percaté de la necesidad de abrir una casa para moribundos, un lugar para los más pobres. Y entonces también, junto con otras Hermanas, concebí el plan de fundar una Congregación que se dedicara a los más pobres.

—¿Cómo cree usted que puede la Iglesia servir mejor al mundo? —Cada uno de nosotros debemos ser fieles al Espíritu. Cada cual debe vivir su vida en su entero significado cristiano. Podemos así cambiar la faz de la tierra trabajando cada cual desde su puesto. Nosotros somos Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Y cada uno en su puesto respectivo, debe entregarse al servicio de los demás. Al oír esto, Hermanas, hubiese querido que todas hubiesen escu- chado sobre todo aquellas palabras: PODEMOS CAMBIAR LA FAZ DE LA TIERRA, TRABAJANDO CADA CUAL EN SU PUESTO. ¿No suena esto a desafío?

EQUIPAJE EVANGÉLICO

A la salida, trajeron el equipaje de la Madre Teresa. Todo un tes- timonio evangélico. Una mujer, a quien su misión le hace viajera inter- nacional, no lleva consigo sino una caja cuadrada de cartón amarrada con liza, y un pequeño envoltorio de ropa. En la mano, un bolso de tela gruesa con su pasaporte y otros documentos. Me impresionó su testimonio de pobreza. Busqué con interés un fotógrafo para que captara el cuadro. No lo encontré cerca. Todo su continente viene a ser una página del Evangelio encarnada en una mujer arrugada, de lento andar. ¡Cuánto enseña esa mujer!

DÉJENME MORIR

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La visita de la Madre Teresa de Calcuta a Panamá fue un gran acontecimiento eclesial que, para edificación de todos, había que aprove- char al máximo. Organizóse un encuentro de religiosos y religiosas con ella en la ciudad capital. La respuesta fue muy generosa. "Cristo, repetía ella, es el amor para ser amado, es el camino para ser andado, es la verdad para ser dicha. Por eso, amamos a Cristo con un corazón indiviso, en una entrega total en la castidad, con una libertad absoluta en la pobreza y con una completa dedicación al servicio de los pobres".

62

MARTIN

LEGARRA

Antes de finalizar el encuentro, alguien preguntó a la Madre

Teresa:

—Hay quien dice que mientras usted viva con su cansina, no

habrá problemas; ¿pero qué sucederá cuando Sonrió la Hermana diciendo:

—Déjenme morir primero; pero estoy convencida de que, aunque Dios encontrara una persona menos capaz, más débil, más miserable, hará

a través de ella grandes cosas. Eso no lo duden. Así que no nos preocu- pamos.

falte?

Y EL ÁRBOL CRECE

Entre tanto, en la India y otras partes del mundo, va creciendo la congregación religiosa fundada por la Madre Teresa de Calcuta. Y su persona da pruebas de resistencia física, no obstante lo frágil de su apariencia. Durante las horas que permaneció entre nosotros, en ruta a Lima, recorrió varios lugares en los que moran "los más pobres entre los pobres", con intenciones de fundar una casa en Panamá. Doy por terminada la primera de las tres partes que tendrá la presente. Ahora me parece oírlas decir: Padre, ¿cuándo va a refeiúrnos

su viaje a España, Alemania, Costa Rica

Comprendo la razón de su impaciencia. Las noticias de actualidad son comúnmente más interesantes que las de refrito y fiambre.

?

II

AQUÍ, EL PARCHE

Me lo pongo enseguida, antes de que comiencen las recriminaciones

y me digan que soy informal, incumplido, etc. Cómo me consta que al-

gunas comunidades están quejosas de que no fuéramos a visitarlas, vayan algunas aclaraciones previas. Ciertamente, el propósito inicial era ir a todos los monasterios, aunque preveíamos que el factor tiempo habría de ser obstáculo para ello. Ni el extraordinario talento organizativo del P. Javier podría en- contrar la fórmula de satisfacer a todas. Así prevaleció el criterio de visitar prioritariamente aquellos lugares a que habíamos ido solamente una vez. Era el caso p.e. de los de Andalucía. Siete años habían trans- currido desde nuestra visita anterior. Seguirían luego los otros, según lo aconsejaran razones de proximidad u otras.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

63

LA FRATERNIDAD HECHA VIDA

Mi viaje, esta vez, obedecía principalmente a una invitación de

ADVENIAT (organización de Obispos alemanes) a ir a Munich con un propósito muy interesante que luego explicaré. En la mañana del 11 de agosto, aterrizaba en Barajas. Como de costumbre, me esperaban algunos hermanos de la Comunidad. Semejante encuentro suele ser el mejor regalo.

NINGUNO MUDO

El día 12, rumbo a Monteagudo en tren, que es relativamente

económico y más seguro. En la estación de Madrid, en medio del azora- miento y nerviosismo propios de estos casos, me sentí como aprisionado por los brazos de mi sobrino el P. Paco. ¿Cómo estaba él allí? La cosa había sido así. El había recibido la noticia de mi presencia en España cuando se encontraba en Sevilla. Le faltó tiempo para suspender todo y ponerse en viaje a Madrid. Había pensado muy agudamente en la posi- bilidad de encontrar a su tío en la estación y viajar juntos hacia Navarra. Todo le había salido a las mil maravillas. Las horas del trayecto me parecieron minutos oyendo hablar a Paco. Aunque sobre esto, no hay consenso de opinión. Paco afirma que, por respeto a los años y a la im- ponente seriedad de tío Martín, él hubo de mantener larguísimos silencios. Continúa diciendo que le era necesario aprovechar discretamente algunos breves paréntesis que su interlocutor le dejaba libres. Ahora sería inte- resante escuchar también las opiniones de ustedes, Hermanas. Pero, ¿no creen que tío y sobrino en algo se han de parecer? Por supuesto que ninguno de los dos es mudo. ¡Confirmado!

REVUELO EN EL MONASTERIO

Las primicias en esta ocasión fueron para las Hermanas de Agre- da. El P. Javier, antes de ir a la estación, les había hecho creer que aquel día, sintiéndose muy inspirado, quería compartir con ellas sus fer- vores de muy alta espiritualidad. Añadió que, terminados unos trámites que debería realizar, regresaría al monasterio para hablarles. ¡Qué más querían las monjas! Javier regresó ahora acompañado de su tío y el P. Solabre. Las Hermanas nada sospechaban. Hube de esperar un rato en la entrada, mientras mi sobrino preparaba el clima en el locutorio. Ya estaban las religiosas motivadas para la anunciada conferencia. Comenzó por pedirles sugerencias sobre algún tema de su interés particular. Una mencionó el

64

MARTIN

LEGARRA

de los Novísimos. La sugerencia no mereció el apoyo de la mayoría. Por tanto, quedaba descartada. Se aceptó el de la M. Superiora, por su opor- tunidad: el misterio de la Asunción de Nuestra Señora, titular de la Igle- sia y cuya celebración tan próxima estaba. Cuenta Javier que en aquella tesitura, buscaba una frase feliz y brillante con qué comenzar. En esto, se abrió la puerta y, vestido de agustino recoleto, se presentó Fray Martín. Aplausos, saludos, suaves recriminaciones al P. Javier por sus piadosos engaños. De todo se oyó allí. Dos días más tarde haría algo parecido, aunque en tono menor, en el monasterio de Clarisas Contemplativas en Tudela. Javier que, desde su cercano cenobio de Monteagudo, las visita con alguna frecuencia, habíales prometido llevarme a conocerlas. Quedé muy edificado de su espontaneidad, sencillez y alegría, tan franciscanas. Me sorprendió que hablaran de tantas cosas que conocían por el libro DE MI ACONTECER MISIONERO, así como también a través de estas cartas que mi sobrino se encarga de hacérselas llegar. Las monjas, con su pedir que parece dar, me comprometieron a inscribir su comunidad en la lista de suscrip- toras. Lógicamente, esto supondrá de su parte orar al Señor en mi favor.

UN MINI ROJO EN CARRETERA

La noticia, al parecer intrascendente para muchos, no lo es para

nosotros. Sin ese mini rojo difícilmente hubiésemos podido cubrir las distancias que cubrimos. El problema del transporte en sí tan serio, resultó para nosotros de fácil solución, gracias a mis sobrinos Jaime y su esposa Lupe que tan gentilmente lo pusieron a nuestra disposición. Era intere- sante ver aquella ágil cucarachita (perdón, que es palabra de cariño),

moviéndose incansable en carreteras, autopistas y

Recuerdo p. e. cómo en el gran Madrid, sus diminutas proporciones lo hacían más simpático y, por su aparente debilidad, hasta más respetado, a la vez que audaz. Entraba y cabía en áreas prohibidas a los más flamantes coches. Encontraba perfecto acomodo en cualquier rincón. Era un premio a su modestia. Por añadidura, apenas si bebía. Su sed de gasolina resultaba tan limitada que no era problema. Javier sería el conductor hábil, sereno, prudente, insustituible para estos menesteres. Iría al volante mientras durara la gira programada.

en malos caminos.

DEVORANDO DISTANCIAS

En la mañana del 22 de agosto, 1977, partimos de Pamplona, no sin antes ponernos en las manos del Señor, orando en la Iglesia de San Miguel. Nuestra primera meta era Miranda de Ebro, en Burgos. Las

DE MI ACONTECER

MISIONERO

65

religiosas, que ignoraban nuestra llegada, se hallaban cada cual en su trabajo. Pronto, empero, reunióse la comunidad. El encuentro fue inte- resante, ameno y un tanto bullicioso. Sí, como suele acontecer entre hermanos que no se han visto durante algún tiempo. Mas no fue muy

largo. Precisamente en aquella coyuntura, se presentó un religioso agus- tino, de larga residencia en Filipinas, cuya familia había ayudado gran- demente a la comunidad en circunstancias difíciles para ésta, Bien mere- cía, por tanto, atención y cariño. De todos modos, dimos a las Hermanas

el

mensaje que llevábamos para ellas. Un deber de caridad sacerdotal nos obliga a visitar en Miranda a

la

señora madre y familia de un misionero que pocos meses antes había

fallecido en Veraguas. El había sido uno de los colaboradores más fieles

durante mi incumbencia episcopal en aquella diócesis.

En las primeras horas de la tarde, partimos para Palencia. Allí

la celebración de la Eucaristía. En la homilía, basándome en las lecturas

del día, presenté la vocación religiosa como llamada de amor, respuesta de amor y estilo de amor: un proceso que dura de por vida. . , Después, en el locutorio, un animado coloquio sobre temas ecle- siales diversos. Hasta pudimos analizar criterios para la mejor selección de,aspirantes a la vida religiosa, bien sea activa, bien contemplativa. ¿Se acuerdan, Hermanas?

LUZ EN LAS VENTANAS

Alguien estaba en vigilante espera. Era en León a donde llegamos al filo de la medianoche. Solamente dos ancianitas se habían retirado a sus celdas. Las demás habían querido mantenerse en pie y esperar nues- tra llegada. ¡Qué contrastes tiene la vida! Sería bueno que para comprender

lo que estoy diciendo, repasaran en las páginas 327 abajo y 328 del libro

DE MI ACONTECER MISIONERO. La comunidad que en aquella ocasión

se mostrara, a nuestra llegada, entre alarmada y escéptica acerca de nuestra identidad personal de religiosos, nos recibía ahora entre aplausos

y sinceras exclamaciones de bienvenida. Hubo dos Hermanas que, en su

deseo de reparar la supuesta ofensa del ayer, se arrodillaban pidiendo perdón, provocando con su actitud risas y comentarios. Javier, poniéndose muy serio, les decía: "AY, HERMANAS, MUCHO SE LES HA PERDO- NADO PORQUE MUCHO HAN AMADO".

La vigilia se prolongaba. Pero había que retirarse para con el sueño recuperar fuerzas y continuar la gira. Con la bendición del P. Obispo, cada cual se fue a descansar. Estrenamos el día con una concelebración en la capilla. En la

66

MARTIN

LEGARRA

homilía insistí, machaconamente quizá, en recordar a las Hermanas que

la Iglesia necesita grandemente de la vida contemplativa en sus esfuerzos

por implantar el reino de Dios.

RUMBO A ASTURIAS

La ruta nos era bien conocida, y llegamos sin ninguna dificultad

a Oviedo. La hora —el mediodía— resultaba crítica para recibir hués-

pedes no esperados. Pero el arte culinario de las monjas tiene resortes nada comunes para salir del paso con donaire, dejando a los visitantes satisfechos. Avaros de nuestro tiempo, tratamos de aprovecharlo bien. Obser- vamos una preocupación que si en todas partes es muy real, en Oviedo tiene algo de dramática: la crisis dg vocaciones. La comunidad actual- mente está constituida por nueve Hermanas, cuatro de las cuales perte- necientes al monasterio de Salamanca. Como allí han fallecido algunas, piden que vuelvan las prestadas. Afortunadamente, esa preocupación no priva de la alegría básica en toda comunidad. Insisto en la necesidad de orar por el incremento de vocaciones. Sepan, Hermanas, que estamos muy unidos a ustedes en la plegaria y en el anhelo de servir al Señor. Mantengan abierta siempre la ventana al optimismo. Dios está con nosotros. Reconfortados física y aun espiritualmente en Oviedo, proseguimos

a

Somió-Jijón. De inmediato, en la portería aún, buscamos al veterano

y

celoso capellán P. Guillermo Ugarte. Fue interesante nuestra conver-

sación en el locutorio en torno a la auténtica renovación que el Concilio

ha pedido y sigue siendo una necesidad. En algunos casos, puede exigir renuncia a formas accidentales pero manteniendo incólumes los principios evangélicos que, expresados en la Regla y las Constituciones, deben ser nuestro norte y guía. Disfrutaron mucho las Hermanas cuando les hablé de la M. Teresa de Calcuta.

Y

DE ASTURIAS A GALICIA

La misma tarde, sin dilaciones mayores, y por supuesto sin pereza,

el

mini se lanzó a la carretera. Tampoco Javier se queja del gran esfuerzo

que suponen tantas horas al volante. El único ente pasivo soy yo, senci- llamente me dejo llevar.

Eso en circunstancias normales, puesto que en la carretera a Lugo hay demasiados trayectos que, por sus baches, mantienen al pobrecito mini en un traqueteo tal que sacude violentamente los cuerpos, amena- zando hacer de nuestros huesos un vulgar puré. La verdad es que, frente

DE MI ACONTECER

MISIONERO

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a la casa de las Hermanas, no pudiendo salir por mi propia cuenta, hubo de ayudarme Javier a quien causaba mucha hilaridad la escena. Por supuesto, yo también reí. Pareciera que nuestra llegada a algunos de los monasterios estaba programada para horas tardías. ¡Ni que buscáramos perturbar la obser- vancia regular obligando a alterar horarios! Era también de noche, cuando entramos en Lugo, donde encontramos una de las comunidades más numerosas de la Congregación. Se siente como un respirar de auras de fronda. ¡Bendito sea el Señor! Se prolongó el coloquio que continuaría al día siguiente después de la Santa Misa y durante el desayuno. Vimos las notables mejoras introducidas en el templo. Nos pareció gran acierto el haber señalado para las religiosas un lugar más cercano al altar. Recordamos que antes quedaban ellas como perdidas en la lejanía y altura del coro. En la con- celebración nos acompañó el sustituto del capellán, miembro del OPUS DEI, con quien pudimos intercambiar poco más que los saludos. Nos impresionó la riqueza de sonidos del órgano y el arte de la Hermana que hace maravillas en su teclado. Más tarde lo recordaría yo en la catedral de Munich. Llevamos la comunión a una religiosa enferma, en clausura. Admi- ramos su fervor, alegrándonos del valor misionero que ella da a sus dolores y sufrimientos.

EL PAN Y EL VINO

Desde nuestra experiencia anterior (Cfr. DE MI ACONTECER MISIONERO, Pág. 318), asociamos el nombre de Betanzos con el dar y recibir de pan y de vino. Esta vez no hubo dramatismo alguno a la hora de llamar. Nos identificamos muy formalmente. A los pocos instantes, nos encontrábamos en diálogo con las Hermanas en el locutorio. Momento propicio para dar nuestro mensaje. Es bueno refrescar ideas y conceptos, oír voces nuevas con tal que no sean del ala izquierda. Que también las hay.

No faltó la intervención de la Hermana que repetiría, en la meli-

flua lengua galaica, los mismos poemas que nos declamara

ganado

años

atrás. Aunque su voz sonaba más trémula, el sentimiento había altos quilates por lo de añejo.

cuatro

¿PERO USTEDES SE FIAN?

Hay algo nuevo que ignorábamos y que nos es revelado en Betan-

continente que suscita

zos. Y uno se pregunta: ¿Qué verán en nuestro

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MARTIN

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tales sospechas? Hemos visto que primero sucedió en León. Después ya lo oirán. Cuentan las Hermanas que, cuando pasamos la vez anterior por aquí, un carpintero que trabajaba en la reparación del monasterio y que nos había observado, dijo a una de ellas:

—Pero, ¿se fían ustedes de esos dos que han entrado? —Sí, replicó la Hermana: el más viejo es Obispo y el otro su sobrino.

sobre todo, en el

joven. Es que no levanta los ojos del plato y apenas habla. Hoy día, cualquier picaro se viste de sotana, insistió el carpintero.

—¿Están seguras? No sé

No sé

Fíjense,

FIELES A LA TRADICIÓN

íbamos a partir, pero ¿quién resiste a las instancias de unas Her- manas que quieren hacer honor a su tradición de hospitalidad? Si antes nos habían ofrecido pan y diez pesetas para vino, de nuevo lo harían, pero mejorado. El pan sería rosquillas y el vino rancio y noble. Gracias, Hermanas, por estos detalles. Este agradecimiento queremos hacerlo extensivo, en justicia, a todas aquellas que, según las circunstancias, nos brindaron cuanto estaba a su alcance.

VIVENCIAS DE FE Y PATRIOTISMO

Santiago de Compostela ofrece magnífica ocasión para vivencias de fe y patriotismo. Al menos, para nosotros los españoles. Apenas entra- mos en la ciudad, nos dirigimos a su catedral para saludar al Señor y orar ante la tumba del Apóstol. No le pedimos el estampido del trueno, sino un poco siquiera de su fuego apostólico. Repetimos todos los ritos tradicionales de la visita anterior, menos uno: omitimos el cabezazo al "santo das croques" que, según el sentir popular, es eficaz antídoto contra la enfermedad de la tontera. Conscientes del escaso fruto logrado en tal sentido la vez anterior, nos abstuvimos de nuevos ensayos cuyo único resultado seguro hubiese sido un enorme chichón. ¡Bastantes golpes recibe uno en la vida sin quererlo, para ir alegremente a buscar otros!

NO SOLO DE ESPÍRITU

La naturaleza humana tiene exigencias de orden espiritual y de orden material. Siendo bien pasado el medio día, buscamos un lugar dónde comer. Claro que teníamos el pan-rosquilla y el vino de Betanzos, pero preferimos guardarlos para posibles futuras contingencias en el camino.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

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Miramos varios escaparates. Quedamos asustados por los precios de infla- ción ¡pobre peseta! Caímos por fin en uno de apariencia humilde y, por lo que luego vimos, de más humilde servicio. Buscando la economía, escogimos el "menú del día". ¿Qué nos depararía bajo tal epíteto la habilidad culinaria y la generosidad gastronómica del mesonero? A juzgar por las adiposas apariencias del mismo, sería algo espléndido. Nos equi- vocamos, por juzgar antes de tiempo. Cual si fuera un viernes de rigurosa cuaresma, se nos impuso la sobriedad. ¿Qué comimos? Tres trocitos de patata bailando alegres en agua bastante clara. Eso para comenzar. Luego vinieron dos sardinas de flaco vientre que, por falta de salsa más que por pulcritud, ni manchaban el plato. Para postre, una mininaranja fuera de temporada, arrugada e insípida. Eso sí, pagamos como buenos. Tras este ligero yantar, regresamos al mini que se alegraría de que el peso de los pasajeros no hubiese aumentado.

MAS PICARO QUE ANGELICAL

Nuestras monjas de Villagarcía de Arosa, a donde llegamos des- pués de nuestra visita a Santiago, se alegraron al ver a tío y sobrino vestidos de agustinos recoletos. Nos dicen claramente que si reciben ju- bilosas a todo hermano que llegue, aunque sea con atuendo deportivo, les encanta verlos de hábito. Recuerdan cómo el pasado verano, un día a la hora de meditación, ellas desde el coro, vieron entrar en el templo a cinco gallardos jóvenes cuya devota genuflexión y su recogimiento en oración ante el Santísimo, les había edificado. Luego, al momento de salir ellos, oyóse un rumor de risas contenidas. A los pocos instantes, sonaba el timbre en portería. Eran cinco frailes. ¿Qué había sucedido? Al más joven se le había ocurrido calar un sombrero de ancha ala al monaguillo de escayola que, a la entrada del templo, sostenía en sus manos una alcancía con el rótulo de "Limosna para el culto". Javier, que había capitaneado al grupo en excursión por tierras gallegas, decía que el aditamento del sombrero ladeado en la cabeza del monaguillo, le daba un aire de picaro más que de angelical. Mientras dialogábamos en el locutorio, entró un joven emigrante en Alemania, a buscar unos libros de literatura religiosa prometidos para una joven musulmana recientemente convertida. El visitante conocía varios países de América Latina, sobre todo Brasil. Sabía de las inquie- tudes y esperanzas de esta Iglesia joven que busca abrirse camino y que cada día despierta más llena de vida, en contraste con el aparente con- formismo de algunas de las Iglesias de la vieja Europa. Nos alegramos

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MARTIN LEGARRA

de que todo aquello se dijera ante la comunidad que manifestó gran inte- rés eclesial. En efecto, Hermanas, si se desconocen las palpitaciones de la IGLESIA, ¿cómo podremos sentir con ella? Se precisa por tanto una información amplia y objetiva. Cada vez que consultábamos nuestro reloj, venía la queja de las Hermanas. Aun así, ya vencía la tarde cuando salimos con rumbo al lejanísimo Vitigudino en la Provincia de Salamanca. Eso sí, nuestras alforjas iban bien provistas de sólido alimento y del típico vino, fruto de vides que trabajaban las Hermanas.

PROGRESO A GOLPE DE ATAÚDES

Haríamos la jornada Villagarcía-Vitigudino en dos etapas. La pri- mera nos llevó hasta un mesón a la vera del camino al que llegamos hacia las 11.00 p. m. ¡Suerte la nuestra! Topamos con un dueño, ligado a la clerecía. Siendo el padre y hermano de sacerdote, creyó ver honrado su mesón con la presencia de un huésped con su cruz pectoral. Pronto nos hicimos amigos. Habló con entusiasmo del progreso en aquellos contornos. Nos aseguró que diariamente salen de la región cuarenta mil ataúdes para toda España. Tomen nota, Hermanas, ¡cuarenta mil ataúdes cada día! Esto, en concepto de nuestro informante, supone mucho avance, aunque no especificó que fuera precisamente en el ramo de la salud. Un esca- lofrío recorrió nuestro cuerpo, al oír el dato. España era un cementerio. ¿No éramos, por tanto, unos privilegiados al contarnos todavía en el limitado número de sobrevivientes?

menos

perturbar, seriamente el sueño. Sin embargo, pudo más el cansancio que traíamos retrasado. Serían las 8.00 a. m. del 25 cuando, según lo conve- nido, vendría un timbre a despertarnos. Un nuevo día para alabar al Señor y, en su nombre, continuar nuestra peregrinación.

Tan macabra

información

era

como para

quitarnos, o al

¡SIEMPRE ADELANTE!

Nuestra siguiente jornada: Vitigudino. Admiramos las mejoras introducidas en sus calles y, como para ponerse a tono, las obras de repa- ración y embellecimiento del monasterio. Unos albañiles, encaramados en andamios, remozaban la vetustez de sus muros. Pero el trabajo que se había hecho con mayor mimo, lo veríamos en la capilla. Al comunicar a la tornera que éramos "los visitadores', después de darnos muy gentilmente la bienvenida, preguntó: ¿Cómo sigue la salud

de don Crescendo? A lo que contesté: mejorando

mejorando. Era una

DE MI ACONTECER

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ligera afección gripal. "Oh, la comunidad se alegrará mucho de esa mejoría". Esperen un momento y comunicaré a la Madre Superiora. Cuando ésta llegó, pudo comprobar que efectivamente éramos visitadores pero sin campanillas curiales. Por supuesto, ni conocíamos al buen don Crescencio, aunque deseábamos que fuera mejorando. Sí, en la capilla se habían llevado a cabo trabajos de cierta envergadura para convertirla en lugar de oración cálido, simpático y acogedor. La sencillez y la belleza están muy bien conjugadas. Marco inspirador para u.ia fervo- rosa celebración de la Eucaristía. En la homilía, insistí particularmente en las aplicaciones que podían derivarse de la primera lectura que, en parte, decía:

"Hermanos, en medio de nuestros aprietos y luchas, voso- tros con vuestra fe nos animáis; ahora respiramos, sabiendo

que os mantenéis fieles al Señor

decérselos al Señor? Que os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos". (E. 1» de Pablo, Tesal. 3, 7-13).

.

¿Cómo podremos agra-

Grata sorpresa recibimos en Vitigudino cuando, en plena calle, vimos a Fr. Manuel Paniagua, vestido con su hábito O.A.R. Recién profeso en Monteagudo, estaba pasando unos días de vacaciones al lado de los suyos. Las monjas lo ven fervoroso y ejemplar, a la vez que, con nosotros, piden por su perseverancia. Fr. Manuel nos invita a entrar a saludar a sus padres en casa. ¿Por qué no? Es un gesto de aprecio y respeto hacia quienes saben dar sus hijos al servicio del Señor en nuestra Orden.

EL RELOJ NO SE DETIENE

Tampoco nosotros podemos hacerlo. Salimos flechados de Vitigu- dino hacia Salamanca. A nuestra llegada al monasterio de las Hermanas, observamos un movimiento no visto en ocasiones anteriores. Alguna razón particular debía haber para tantas visitas. Estando ocupado el locutorio principal, invitaron a algunos de los presentes a trasladarse a otro lugar. Si bien pudimos conversar un rato, las circunstancias no propiciaban el clima más adecuado. Los agustinos recoletos de Salamanca difícilmente hubiesen per- donado el pecado de omisión si, pasando por la ciudad, no entráramos a saludarlos. ¿Y qué hubiesen pensado a su vez los de Valladolid? Allí pernoctamos encontrando entre los religiosos alumnos de la vieja guardia, como los PP. Gomara, Del Val y el Hno. Escolástico. Filipinas, donde

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conviviéramos tantos años, vino a ser tema obligado de nuestra conver- sación.

El día 26, antes de dejar Valladolid, osamos interrumpir la oración de las HH. Agustinas Recoletas Misioneras reunidas en la capilla, sola- mente para saludarlas.

HIJOS DEL FARAÓN POR LA AUTOPISTA

Partimos de Valladolid rumbo a Valdemoro. Veloces, nos acercá- bamos al gran Madrid, a la altura de Torrelodones, cuando saltó la sorpresa: una caravana de gitanos con sus carromatos, churumbeles y perros poniendo colorido en la autopista. ¿Será un reclamo turístico para extranjeros? ¿Cómo es posible que por donde sólo pueden circular los vehículos a más de 60 kilómetros por hora, vaya la tribu de los hijos del Faraón, al cansino ritmo de sus jamelgos? El misterio duró un kiló- metro. Exactamente, el tiempo que tardamos en divisar un pequeño cementerio rural en medio de la autopista, y que los ingenieros lo habían respetado. Dedujimos que los gitanos, tras pasar la noche en la isla de tran- quilidad y de paz del camposanto, aprovecharon la coyuntura para filtrar- se en el río circulatorio sin peajes ni controles de velocidad mínima. Y así, entre rugidos de motores y automovilistas crispados, su vara de mimbre en la mano, su flor en la boca, ojos negros y aire juncal, los gitanos ponían su atavismo, espontaneidad y frescura en la prisión del asfalto y la prisa. Una ventana se había abierto a la libertad.

"CARDENALES" EN EL LOCUTORIO

Ahora en Valdemoro: x*esidencia oficial de la Revdma. Madre Priora General y su Consejo. A ella fluyen las noticias, aspiraciones, rea- lidades y los problemas de los monasterios de la Federación. De ella, a su vez, dimanan orientaciones y consignas de alcance general. Teniendo en cuenta esas circunstancias de altura, a Javier y a mí se nos ocurrió anunciarnos con altura también. No poseyendo títulos honoríficos pro- pios, usurparíamos, siquiera por un instante, alguno ajeno. Así la tornera nos oyó decir:

—Buenos días, Hermana. Aquí el señor Cardenal y un acompa- ñante. ¿Podríamos hablar con la Madre General? La noticia debió ser de tal impacto para la tornera que inmedia- tamente fue a cumplir su misión. Podemos imaginar cómo la buena Her- mana cruzaría, con leve y ligero paso, los claustros hasta llegar a la celda de la M. General. También a ésta impresionaría el anuncio, aunque no

DE MI ACONTECER

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le sorprendiera del todo. Según nos manifestaría después, le había asal- tado una duda: ¿cuál de los dos Eminentísimos Cardenales habría llegado? ¿El Primado de Toledo M. González, o el de Madrid, E. Tarancón? Pronto la Rvda. Madre pudo comprobar que todo había sido una broma nuestra. Ni creo equivocarme si digo que su alegría al recibimos en su casa, ella no la hubiese cambiado por el honor de recibir a los Jerarcas mencionados. ¿Será presunción de nuestra parte pensar así? ¿O será la expresión de la alegría y el gozo de sentirnos hermanos?

VALOR DEL TESTIMONIO

Saludamos en la comunidad, de manera muy especial, a la reli- giosa recién profesa y otra postulante que espera pasar al noviciado. Hice la presentación protocolaria del P. Javier con su título de Prior del Convento Noviciado de Monteagudo, Navarra. Al oírlo, las

Hermanas prorrumpieron

en aplausos y vivas.

Las invité a reflexionar sobre la gran responsabilidad de la Casa Generalicia de dar testimonio de esa unidad. En ella se miran las demás.

ANDALUCÍA NOS ESPERA

No fue olvido. Pensamos en Colmenar de Oreja y analizamos las posibilidades de llegar hasta allí. Al fin, dejamos el plan quizá para la vuelta. Pero la oportunidad de hacerlo se esfumó. ¡Perdón, Hermanas! De Valdemoro tomamos la ruta de Andalucía con nuestra primera parada en Baeza. A nuestra llegada, sonaban las campanas de la Iglesia. Cualquier ingenuo podría pensar que lo hacían por los visitantes. Nada de eso. Era sencillamente una invitación a la feligresía para la adoración del Santísimo expuesto en la Iglesia. Hacía siete años que, casi por las mismas fechas, habíamos estado el P. Javier y yo en Baeza. Pero pudiéramos decir que el tiempo se había detenido. Todo parecía continuar exactamente igual. Sor Mónica, hoy en vías de beatificación, es tema obligado y de muy alto interés allí. En el pueblo andaluz, hay entusiasmo por ver algún día en los altares a la humilde monja de quien tantas cosas edificantes han oído relatar y han podido leer. Su biografía, escrita por el P. E. Ayape, es una delicia. Nos informan las Hermanas que habían cerrado la pequeña escuela que antes mantenían en locales del propio monasterio. Ahora, libres de esa preocupación, la comunidad puede vivir en mayor plenitud su vocación de contemplativas.

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MARTIN

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GRANADA Y SUS CONTORNOS

El día 26 en la tarde, a nuestra llegada a la residencia de Agusti- nos Recoletos en Granada, saludamos al anciano P. Antonio Rubio, postrado en cama, de enfermedad incurable. El P. Rubio es, sin duda, uno de los religiosos que más cerca había conocido la espiritualidad de Sor Mónica. ¡Cuánto me alegro! Sí, nuestras monjas son muy buenas. Salú- denlas también de mi parte! Intensiva y extensiva era la actividad que el día 27 nos iba a deparar. En efecto, ya a las 8.00 a. rn., nos trasladamos al monasterio del Corpus Christi, acompañados del P. Luis Ancín quien dirigía el retiro espiritual de la comunidad. Nuestra intervención se limitó a una charla espiritual en el locutorio. Dedicamos más tiempo a la Casa de las así llamadas TOMASAS que celebran un triduo preparatorio para las fiestas de San Agustín. Nuestro mensaje, no por repetirse, pierde su frescura y valor fundamental.

CANTE JONDO EN LA CALLE

En aquella mañana de sol andaluz vino a poner su nota musical un joven gitano que, en plena calle, nos deleitó con dos interpretaciones de cante jondo. Al felicitarle por su gracia y su arte, habló con orgullo de la amistad que le unía con "un Padrecito muy bueno". Para su recuerdo, le entregué mi tarjeta de visitas. El buen gitano, al leer las palabras obispo y Panamá, se santiguó sorprendido y feliz. Me imagino cuántas exageraciones no contará sobre los éxitos como cantante y el número de sus admiradores hasta muy lejos de la Patria. Llegamos hasta el convento O.A.R. de Monachil, de donde regre- samos a Granada visitando a los Padres del Colegio Santo Tomás de Villanueva. Al mediodía, compartimos la comida con las Agustinas Reco- letas Misioneras en la misma ciudad.

CUANDO EL CARIÑO ALIENTA

Todo esfuerzo nos parece fácil y suave cuando el cariño alienta. Lo comprobamos en este peregrinar que, en las vísperas de la fiesta de San Agustín, nos lleva de Granada al aristocrático Monachil. Tras breves momentos con los Padres, vamos al Monasterio de las Hermanas. Grande es el interés de las Religiosas por conocer los problemas de la Iglesia en América Latina. Este interés, convertido luego en entrega y oración al Señor, viene a probar que ellas están muy conscientes de que

DE MI ACONTECER

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deben vivir y sentir con la Iglesia ¿Por qué no se quedan a celebrar mañana aquí la festividad de Nuestro Padre? Es la pregunta que ha venido surgiendo en Granada y Monachil también. Pero el tiempo es nues- tro verdugo, y debemos continuar el viaje. El mini, sin miedo a la noche, obediente siempre a las órdenes de Javier, sigue impávido, poniéndose a las 11.00 p. m. en Lucena (Córdoba). Nos hospedamos en un hostal.

¿UN SAN AGUSTÍN

ANDALUZ?

Llegamos al monasterio, no precisamente cubiertos de rocío (por- que el clima andaluz no se presta a ello), pero sí seguros de la gratísima sorpresa que íbamos a dar a las Hermanas. A las 7.30 a. m. del 28 de agosto, llamábamos a sus puertas. En su entusiasmo, las religiosas aseguraban que nuestra presencia era un regalo que San Agustín les mandaba. Una de ellas decía: Nuestro Padre siente una simpatía muy particular por sus hijas religiosas anda- luzas. ¿Qué les parece a las demás? Bien, habrá que perdonar. Si, como insinúa otra Hermana, "los andaluces pueden mentir siete veces seguidas sin pecar'', con más generosidad habrá que perdonar sus piadosas exage- raciones. No falta quien, señalando la estatua de San Agustín, comenta:

¿No parece un verdadero andaluz? El ambiente de alegría comunitaria nos cautivó desde el primer momento. Era el más propicio para iniciar la celebración de la festividad del Santo Fundador que, como iremos viendo, tendría distintas fases, desde el amanecer hasta la noche. Se da, además, en Lucena, una circunstancia que nos favorece. En atención a una religiosa de 77 años de edad y 55 de enferma (había ingresado a la comunidad a los 15), tienen autorización para que una vez al mes pueda celebrarse la Eucaristía dentro de la clausura. Y como la correspondiente al mes de agosto no se había realizado todavía, era la oportunidad para hacerlo. Sería la misa de la comunidad. Para mayor realce, y a reiteradas instancias de las Hermanas, usé la mitra, aunque no el báculo que tam- poco lo llevaba. Estrenamos el nuevo misal de la Orden en Castellano. Se cantó con el mayor entusiasmo y alta calidad artística. El momento, las lecturas, la música, el recogimiento y fervor, todo era fuerte motivación para que quien presidía la liturgia, pusiera en la homilía lo más hondo de sus sentimientos y el amor que llevaba dentro.

¿FUGA DE NIÑOS Y SANTOS?

¿Se habían enterado las demás comunidades que nuestras religio-

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sas de Lucena cuentan en su propia casa con un asilo y un hospicio y que tratan hasta con mimo a los internados en ellos? Efectivamente, en el coro alto se encuentra una colección de imágenes valiosas por su arte y anti- güedad. Las monjas llaman a ese lugar EL ASILO. En el Coro bajo está el HOSPICIO. Lugar reservado para las numerosas imágenes del Niño Jesús en las más variadas actitudes: como durmiente, orante, sonriente

aquí, llorando allá. Ambas colecciones son notables. Están bien protegidas, dentro de la clausura. De hallarse al alcance de anticuarios, correrían peligro ciertamente. Ahora, y sin segundas intenciones, pregunto a las Hermanas: ¿Están ustedes seguras de que cada santo y cada niño siguen

en su lugar? Vigilen bien, vigilen

con más vocación de andariego que de enclaustrado, se les haya salido a

tomar otros aires que no sean precisamente los de Andalucía. Y lo peor sería que en la insospechada fuga hubiesen estado protegidos por los

hábitos de algún visitante agustiniano

También nos detenemos a examinar una carta autógrafa de Santa Teresa de Jesús que conservan en Lucena, dentro de un artístico marco. Bello, finalmente, el cuadro de la Virgen de Araceli, patrona del campo andaluz. Figúrense cómo será, si tiene que reflejar la gracia y el salero del pueblo puesto bajo su amparo. ¡A la vez, qué trabajo no le darán con sus andaluzadas!

No vaya a ser que alguno de ellos,

¿Están seguras?

LA REINA QUE PASA

Cada comunidad religiosa podrá escribir un libro al estilo de las Florecillas de San Francisco. Pero nuestras Hermanas de Lucena necesi- tarán varios tomos para las suyas. Comienzan a contar anécdotas y no acaban. Aquí va una de ellas.

Cuando los aviones a reacción eran todavía novedad, dos Herma- nas, que trabajaban en la huerta, percibieron un suave y misterioso run- runeo en el firmamento. Vieron luego una blanca estela difundida que hizo a una de ellas exclamar: ¡es la Virgen que pasa: postrémosnos y oremos! Estáticas en tierra, corrieron las lágrimas por sus entonces más frescas mejillas. Salidas de su arrobo, deseosas de compartir su privile- giado gozo, llamaron a las demás. Todavía pudieron contemplar, cada vez más tenue, la estela en el espacio azul. De súbito una religiosa, más impuesta sobre avances de la técnica, explicó: ¿No ven que es solamente el chorro de un avión a reacción? Y todas, un poco decepcionadas, mas sin perder el buen humor, bendijeron al Señor y alabaron su poder que tan bondadosamente ha querido compartir con los hombres.

DE MI- ACONTECER

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LA VIRGEN, UN CLAVEL Y UN BURRO

Otra anécdota. Y no me digan que falta originalidad al titulo. Procuraré transcribir el relato tal como se lo oí a las Hermanas dé Lucena. Aunque en la transcripción se pierda y desvirtúe la fuerza salerosa del original. Cierto día, vino un andaluz a la huerta del monasterio por menes- teres de fertilizantes. Dirigiéndose a la portera, observó: ¿no ve usted a la Virgen? La monja, intrigada por la pregunta, volvíase de un lado a otro, a derecha e izquierda. Nada alcanzaba a ver. El hombre le indicó:

¿no ve usted la Virgen en la mismísima frente del burro? Tenía-razón:

entre oreja y oreja, metida en la jáquima, colgaba una estampita de la Virgen de Araceli con un gracioso clavel que no había cometido otro pecado que el de ser de plástico. El hombre del aseo continuó: yo quiero mucho a la Virgen. Lo primero que hago cuando me levanto por la mañana, es ponerme de rodi- llas y santiguarme delante del burro, rozando a la vez mi frente con el hocico del animalejo. Allí mismo, enciendo todos los días una "lamparilla" a la Virgen por mi mujer, por mis hijos, por el burro y por mí. Hermanas:

quedan en libertad para hacer comentarios.

CAMINO A CABRA

Ojo con que la lectora se equivoque y, en vez de CAMINO A CABRA, lea CAMINO DE CABRAS. Es muy distinto lo uno de lo otro. Si bien el mini sería capaz de correr por este último, sin temor a perderse ni despeñarse. Pero prefiere hacerlo por el que ahora lleva. Al entrar en el monasterio, observamos un rótulo que dice: MI PROVIDENCIA Y TU FE TIENEN ESTA CASA DE PIE. En el locu- torio, una buena mujer conversaba con su hija religiosa. Las felicitamos. Ella nada corta, nos informa ampliamente acerca de la "ascendencia religiosa" de la familia, pues su esposo tiene un primo hermano canónigo, además de una sobrina monja en Bilbao. Pronto, tras la discreta verja, se presenta la comunidad en pleno. Cálido intercambio de saludos, felicitaciones por la fiesta, etc. De pronto, una monja pregunta:

—Padre Obispo, ¿hoy estará más alegre que aquel día de Nuestro Padre que usted pasó en Cerro Pelado? ¿Se acuerda? —Sí, me acuerdo. Pero no hablemos de cosas tristes, Hermana. Que hoy es para nosotros como día de Pascua. Me sentí halagado al ver que la religiosa había leído DE MI ACONTECER MISIONERO donde cuento (Pág. 129) la amarga expe-

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MARTIN LEGARRA

riencia a que alude. Se quejaban en Cabra de que sus hermanos agustinos recoletos apenas las visitan. Sin embargo, al hacer el recuento de cuántos han ido hasta allá en los últimos meses, comprobamos no ser justificada la queja. Recuerdan con particular cariño la visita del P. General O.A.R., J. Me Guire.

El diálogo de sabor íntimo y familiar, cambió de rumbo con la llegada al locutorio del buen cura párroco, más dos seminaristas, para saludar a la comunidad. Nos agradó su presencia que dio a la charla una nueva dimensión de interés eclesial. Con ello se beneficiaron tanto las religiosas como los seminaristas. Además, entre serio y broma, se tocaron muchos puntos sobre la vocación sacerdotal y religiosa, exigen- cias del testimonio de vida de oración para un apostolado eficaz, el papel de la vida contemplativa, etc. En Cabra no todo fue hablar, dialogar. El espíritu de hospitalidad de las Hermanas se manifestó también en la mesa. Y si los axiomas no hay que probarlos por su propia evidencia, tampoco nos detendremos a ponderar el arte culinario, de universal renombre, de las monjas. Aludiré a unos pasteles-broas conocidos como ZAPATILLAS DEL NIÑO JESÚS:

dulces como la miel, blancos como la nieve, suaves como la espuma. Algo parecido será lo que desayunan los angelillos en el cielo.

LA FIESTA SIGUE

Entramos en la tercera etapa del día: Carmona. Esta es una de las comunidades de agustinas recoletas contemplativas más reducidas en número. Por otro lado, su pobreza material es señalada. Conscientes de esto último, fuimos portadores de unos obsequios de las monjas de Cabra para ellas. Las religiosas demostraron afecto hacia nosotros y, lógica- mente, a todos los hermanos de O.A.R. Una de las más ancianas aseguró:

por toda

—i Yo rezo todos los días por los misioneros, el Obispo esa gente buena!

LA AVENIDA DE LOS GIRASOLES

Al atardecer, salimos de Carmona. Para evitar atascos de circu- lación por Sevilla, el avispado conductor prefirió buscar atajos hacia Utrera. Un letrero en un cruce: UTRERA. Hacia allí nos dirigimos, alegres y confiados. Los primeros kilómetros aceptables: después, piso de grava; más tarde socavones como cráteres. ¿Qué hacer? Temíamos por la inte- gridad del miití en peligro de quebrarse. Tras pedir orientación en el cortijo, nos señalaron:

DE MI ACONTECER

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—A un kilómetro de aquí, entran ustedes por un camino y saldrán

a una buena carretera. Sumisos, obedecimos para pronto vernos perdidos en un infinito campo de girasoles tronchados. El camino fue desapareciendo hasta per- dernos. El diminuto coche gemía, forzaba corcovas con gruñidos de

ballesta, trincaba y saltaba. Dentro de él, saltábamos también nosotros, taciturnos ante el panorama de incertidumbre que se nos ponía delante.

pudimos

Allá, a lo lejos, nubarrones plomizos de tormenta. Por fin

respirar y romper el silencio con la palabra: CAMINO. Y el humilde camino carreteril en el que desembocamos, se nos antojó moderna auto-

pista. Hasta el cielo se abrió de nuevo en dorados soles. De allí a la carretera y, al anochecer, el gozo de abrazar a los hermanos de Chiclana con el ánimo de náufragos felizmente llegados a la orilla. Todo esto en

la fiesta de San Agustín.

CONCURSO DE

IDENTIFICACIÓN

Es interesante probar hasta qué punto recuerdan a uno las Her-

manas. Apenas llegados, buscamos por teléfono la comunicación con ellas, para mutuamente felicitarnos en la fiesta de San Agustín. Pero antes, las puse a prueba. Tres de ellas fueron pasando por el teléfono esforzándose por acertar de quién era la voz del comunicante. Fue una, que pertenece

a la comunidad de Pamplona, quien, a las primeras de cambio, dio en el

clavo. Y como yo había prometido un premio, correspondió a la pampló- nica un retrato de la Madre Teresa de Calcuta con Fr. Martín en Panamá. Al entregársela, puse como condición que, al menos durante tres días, ia foto tenía que estar expuesta a las miradas de las Hermanas. No dudo de que así se haría.

¿Y EL BASTÓN?

Pues nada, que cuando Javier y yo fuimos a concelebrar el día 29, las religiosas esperaban, llenas de compasión, verme apoyado en un bastón

y del brazo de mi sobrino. Pronto se percataron de que la autodescripción

que, por teléfono, les había hecho, no respondía exactamente a la realidad.

No podían menos de reconocer los cambios que en siete años pueden ocu- rrir en la apariencia de un sesentón; pero en este caso no se había llegado aún, gracias a Dios, a la necesidad del bastón.

NOBLEZA OBLIGA

Aprovechamos el momento de la homilía primero, y en el locutorio

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MARTIN LEGARRA

después, para el mensaje que se les lleva. Pudimos, a la vez, contestar a casi todas las preguntas acerca del trabajo pastoral, incidentes en nues- tro diario vivir, así como las impresiones de la gira. Las noticias de las unas interesan a las otras, como miembros de la misma familia. Para la comunidad de cohermanos en Chiclana, el más profundo reconocimiento. Cordialísimo el encuentro, grata la convivencia, generosa hasta el extremo su hospitalidad. No exagero. Estando la casa en obras de remodelación, escaseando lugar adecuado, nos cedieron sus propios aposentos, resignándose alguno de ellos a dormir en el santo suelo.

TERREMOTO EN MEDINA SIDONIA

La cosa, sin embargo, no fue como para estremecer seriamente a

nadie. Nos dirigimos hacia el mencionado lugar. A la salida de la ciudad,

el mini retardó su habitualmente acelerada velocidad a fin de que pudié-

ramos contemplar la escena de dos religiosas capuchinas portando sus bolsas de mercado. Caminaban lentamente, envueltas en sus amplios há- bitos de color café, como agotadas por los rayos del sol de Andalucía

a media mañana. Hubiésemos querido brindarles nuestra ayuda para

aligerar el peso, y hasta llevarlas en nuestro mini a su casa. Pero yendo en dirección contraria, no era posible. A Javier y a mí, la fidelidad al uso

de los hábitos nos puso a reflexionar. En eso estábamos, cuando llegamos

a Medina Sidonia. Aquí, como en otros muchos lugares de la geografía que venimos recorriendo, Javier hízome partícipe del caudal de conocimientos de his- toria y de arte que posee. En más de una coyuntura, tuvimos la tentación de detenernos a hacer un poco de turismo, pero supimos mantenernos fieles al propósito específico que había inspirado nuestra gira. A la puerta del monasterio, saludamos al exmisionero de Lábrea, Brasil, P. Anoz O.A.R., quien sustituía temporalmente al capellán. Sus

experiencias le darán sin duda gran autoridad para hablar a las religiosas acerca de su responsabilidad misionera desde su retiro. Avisadas por las de Chiclana, las Hermanas de Sidonia se habían preparado para que todo lo halláramos en orden. Quien pai^ecía haberse preocupado más, era

la Hna. encargada de la cocina quien me obsequió con este piropo:

¿Graciosa la compa-

ración, verdad? Decía que a mi llegada, toda la casa se ponía como en conmoción. Otra religiosa, después de pedir permiso a la Madre Supe- riora, me regaló una navajita que podría sernos útil cuando, a mitad de

camino, tuviéramos que comer. Y no piensen que fuera una navajita de Albacete. Venía de la misma China, detalle que podía comprobarse con el MADE IN HONG KONG, grabado en sus cachas. Se interesaron por co-

—Padre Obispo, usted es un terremoto

DE MI ACONTECER

MISIONERO

81

nocer el trabajo que las religiosas realizan en Panamá. Algo se les informó sobre el particular. Me sorprendió la pregunta de una de las monjas:

—Padre Obispo, ¿ya se habrán convertido aquellos japoneses que hicieron tantas locuras durante la guerra en Filipinas? Espero, contesté, que con el apoyo de las oraciones de ésta y otras comunidades, así sea.

¡SERRADELLA, DE MI CANSANCIO!

No sé exactamente el número de kilómetros que separa Medina Sidonia (Cádiz) de Serradilla (Cáceres). Sólo diré que son muchos. La jornada resultó fatigosa. La única nota de optimismo era la ilusión de llegar, como fuere, a visitar a la comunidad perdida en semejantes leja- nías. El camino nos era desconocido. íbamos un poco a la deriva. Aunque ya había estado en el lugar, me sentía incapaz de orientar. —Pero, ¿no recuerda usted alguna pista que nos ayude?, pregun- taba Javier. •—Pues no; hace cuatro años que vine desde Madrid. La única cir- cunstancia que puedo recordar es que, antes de llegar al pueblo, había trechos de carretera cubiertos de gravilla. Nada más. Para colmo de desventuras, el nombre de Serradilla no aparecía en los mapas que llevá- bamos con nosotros. Ni en dos gasolineras consultadas al respecto, pudie- ron darnos poca ni mucha luz. Mas la constancia todo lo vence. Javier no perdía la esperanza de no dormir en carretera. Poco antes de ano- checer, dimos por fin, con el Serradilla de nuestro cansancio. Siendo San Agustín el Patrón del pueblo, éste se hallaba de fiesta, pero sin gran bu- llicio.

Nuestra llegada fue para las monjas la gran noticia. De ningún lugar les habían mandado el dato por anticipado. Notando ellas que nuestro cansancio no era fingido, buscaron afanosas la manera de ayu- darnos a reparar energías. Lamentaban, sí, que no hubiésemos llegado el mismo día de San Agustín. Hubieran sido sus delicias vernos presidiendo la concelebración que había sido compartida por ocho sacerdotes.

COLOQUIOS EN LA NOCHE

'

Algo semejante a lo de Cabra con la llegada del párroco y dos seminaristas; así como en Miranda de Ebro. con un agustino, sucedió también en Serradilla. Aquí eran cinco sacerdotes jóvenes y entusiastas. Llenos de inquietudes pastorales que me parecieron muy sanas, buscaban información de primera mano acerca de la Iglesia en la América Latina,

82

MARTIN

LEGARRA

de

presentada. Uno me preguntó:

—Usted, señor Obispo, ¿por qué no viste banda roja y solamente usa hábitos de fraile, igual que su sobrino? —¿Por qué?, le repliqué: no por ser obispo, dejo de ser fraile. Además, me siento más cómodo vestido así, de agustino recoleto. La conversación se prolongaba. Hasta las monjas se habían olvidado de que era llegada la hora del gran silencio. Aunque los sacer- dotes no daban indicios de cansancio personal, sí se percataban del nues- tro. Uno de ellos al despedirse, dijo:

¡Quién sabe si algún día nos encontramos en Panamá! —Bien, le contesté: si llega, pregunte usted simplemente por Fray Martín Legarra. No faltará quien le lleve a mi casa que será la suya. Después de impartir la bendición a las Hermanas, Javier y yo nos acomodamos en nuestros respectivos lugares, cayendo en un sueño pro- fundo que el despertador vendría a interrumpir muy de mañana. No queríamos salir de Serradilla, sin celebrar la Santa Misa y aprovechar el momento de la homilía para repetir el mensaje. Vino después el desayuno, amenizado por la conversación, y ¡la despedida! Pero antes de partir, las Hermanas ponían a nuestra dispo- sición el viático para nuestro camino. No faltaba una botella de "Vino de las espaldas de Cristo". ¿Les sorprende la marca? Lo mismo nos sucedió a nosotros. Lo llaman así porque lo extraen de las vides que el monasterio posee detrás del templo del Santo Cristo.

objetivamente

la

que tanto

se habla y

cuya

realidad no siempre es

UNA HIGUERA FRUCTUOSA

Evidentemente, esta higuera no es como aquella del Evangelio "cubierta de frondosas hojas, pero sin fruto". La que vemos en las afueras de Plasencia, combina el follaje con los frutos. Ambos en abundancia. Javier dice que los higos de esta tierra gozan de fama nacional por su exquisitez: apología que abre más nuestro apetito. Por encima de la vieja tapia de un huerto, asoman unas ramas que

la rebasan ampliamente. Están cargadas de higos en plena sazón, algunos

ahorcados ya. Javier razona que si los pajarillos pueden picar en ellos, y

lo hacen con libertad, con más razón podremos cogerlos nosotros que,

según el propio evangelio, valemos más que ellos. Así, saliendo del mini, sin escrúpulo mayor, él extiende su mano

y alcanza a recoger un puñado que compartimos tío y sobrino. Recor-

damos la escena del robo de las peras en los huertos ajenos de que se

DE MI ACONTECER

MISIONERO

83

confesaba San Agustín. Dudo mucho de que aquéllas fueran tan dulces como nuestros higos.

SIEMPRE LA PRISA

Tal parece ser nuestro lema en esta gira. La sorpresa y el gozo de la comunidad de Calzada de Oropesa, al recibirnos en la mañana del día 30, se hacen menores al saber que venimos de prisa. Nos recuerdan que hace cuatro años, yo había llegado con otros, casi al anochecer. Habíales dedicado solamente unos minutos para visitarlas. Tenemos planeado continuar viaje a Madrid, sin detenernos para comer al mediodía, pero lo exigen nuestras Hermanas. Todavía más: al vernos con cara de somnolientos, sacrifican un rato de conversación, con el fin de que podamos descansar un rato en la hospedería, antes de proseguir para Madrid. Relatan con riqueza de detalles las solemnidades que habían cele- brado con motivo de las fiestas centenarias del monasterio. Admiramos la belleza de los trabajos que hacen en bordados a máquina, encajes de Lagarterana, etc. Son algunos de los medios para garantizar, siempre con fe en la providencia, una subsistencia decorosa. Un tanto repuestos ya, llegamos a Madrid donde me apresuro a visitar la agencia de viajes, con- firmar fechas de vuelo para Alemania y demás. En la mañana del 31 a los monasterios de la Encarnación y Santa Isabel. No faltaría a esta visita alguna circunstancia digna de mención. No lo haré yo mismo por ser protagonista en el caso. Dejo su descripción a la pluma de mi sobrino P. Javier.

"DE COMO EL FERVOR DE UN OBISPO PUEDE LLEVAR AL LIMBO EN VEZ DEL PARAÍSO''

Nos sucedió en Madrid. Llamar por teléfono la noche anterior a

Santa Isabel para precisar detalles. De madrugada, con las sombras de los ángeles de la noche aún en las calles, tío y sobrino cruzamos veloces

hasta el Madrid castizo: Puerta del Sol, Plaza de Oriente

en el templo, ocho campanadas caían somnolientas. Exacto y puntual, un sacerdote sale al altar: es el P. Burón, O.A.R., asistente de las Reco- letas Contemplativas. Decidimos esperar hasta las 8.30 para nuestra misa.

Al entrar

En la sacristía, requerimientos de la encargada:

—¿Cuántos van a concelebrar? •—Los dos, Hermana, los dos. Mientras el tío, en silencio, intensifica fervores de preparación, contemplo obras de arte en la sacristía y comento:

84

MARTIN

LEGARRA

Este brillante cuadro

parece ser algo así corno la parábola del convidado que se presentó

sin vestido de fiesta

Saliendo de su recogimiento,

Monseñor apunta: cuando vayamos a ia Encarnación —Pero, alma de Dios, ¿dónde cree usted que estamos? ¿No es esto la Encarnación?, dije. —Entonces, qué harán desde las ocho las monjas de Santa Isabel?, repuso mi tío. Explicaciones al recién llegado don Antonio, el capellán, que no alcanza a comprender de qué se trata. Salida en plan de fuga ante la sorpresa del P. Burón y las monjas que nos ven desde su coro bajo;

la noble orden de San Hermenegildo

. En este sillón, Franco presidiría los capítulos de

—Un poco despistada parece la sacristana

rauda travesía de callejas del viejo Madrid. Y las monjas de Santa Isabel

al teléfono requiriendo, en la residencia del Paseo LA HABANA, por los

Al

final de la misa, las explicaciones consiguientes, las risas

y la moraleja:

huesos de dos recoletos extraviados: Obispo y cura sin disfraces

Hermanas, sean siempre fervorosas; pero estén alertas para saber por dónde andan: no les vaya a acontecer lo del arrobado Obispo y estén aún en el primer misterio gozoso —LA ENCARNACIÓN— cuando ya debían estar en el

segundo que es el de la VISITA A SANTA

.".

Aquí termina el relato escrito por Javier. Ni le pongo ni le quito. Quede así en su chispa y salsa. Al mediodía, regresamos a la Encarnación donde solamente pudi-

mos decir dos palabras de saludo y

y ¡hasta la próxima!

despedida, explicación de lo sucedido

¿TODAVÍA MAS?

Javier y yo todavía pudimos hacer alguna visita más. El 6 de setiembre, desde la base de Irurzun, nos trasladamos a Lequeitio. No

nos favorecen las circunstancias para conversar con las buenas monjas.

. Acaba de llegar, en funciones de Visitador diocesano de religiosas,

el sacerdote que precisamente hoy se estrena con ellas en su trabajo. Nos

parece lo más prudente dejarle la cancha abierta abreviando nuestra

visita. Aunque nos quedamos con pena, Hermanas. Pero la culpa no es de nadie. Lo primei'o es lo primero.

Apenas si pudimos concelebrar en la capilla, hablarles un poco y

DE MI ACONTECER

MISIONERO

85

lYA ES CORREE! •

.'.r.

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:.:.,

Tal vez hayan leído ustedes en la información que O.A.R. AL HABLA, N" 46, trae en relación con nuestra gira de buena voluntad y que da los siguientes datos:

—Cinco mil kilómetros recorridos en el müii, en nueve días. —Veintisiete monasterios de Agustinas Recoletas CC¡ visitados. Permítanme añadir aquí que también llegamos a casas de Agus- tinas Recoletas Misioneras: dos en Madrid, id. en Pamplona, una en Monteagudo y otra en Granada. Por supuesto los siete de las Descalzas. Si la semilla del buen consejo, del optimismo y el estímulo han caído en tierra abonada, esperamos una espléndida cosecha. AMEN. Así, con mayúsculas. No falta razón a mis familiares cuando se quejan de que, en mis viajes a España, siempre rapidísimos, les dedico pocos días, mientras que nunca dejo de visitar a nuestros frailes. Les respondo que sí, pero no lo puedo remediar. Hoy igual que ayer. ¿Cómo será mañana, si el Señor me da vida y no cambio? Efectivamente, en el lapso de treinta y cinco días, he pasado dos veces por Marcilla, tres por Monteagudo, misa y alocución a los novicios, fiesta del Beato Ezequiel y día de la Virgen del Camino; dos por Pamplona y Artieda, dos por Sos con charla a los coristas que se preparaban a la profesión solemne, Madrid, Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Fuenterra- bía, Lodosa, Chiclana, Granada, Motril, Monachil. El encuentro con los hermanos trae a mi espíritu alegría y solaz. Además, a mi lado han

los sobrinos que v sin discriminación de nadie,

considero más míos; Javier, Paco y Teresita A.R.M., precisamente por el

parentesco de sangre y el espiritual de Orden que nos une, haciéndonos sentir doblemente familia. Paco y Javier, juntamente con el P. Provin- cial J. Uriz, me acompañarían a Barajas para darme un abrazo de des- pedida al salir para

n

(ALEMANIA)

estado, aunque a intervalos,

- • .

Repetiré que mi viaje a Europa había obedecido a una invitación de ADVENIAT (Organización de ayuda de Obispos alemanes a la Iglesia Latinoamericana). El objeto era ver y analizar la película: NO ME BUSQUEN, SIGAN TRABAJANDO, realizada por ADVENIAT, en colaboración con TELLUX-FILM y la televisión alemana. Versa acerca del P. Héctor Gallego, de su obra de evangelización en Veraguas, de su

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MARTIN

LEGARRA

dramática desaparición que para nosotros sigue en el misterio. Desde el punto de vista técnico, resulta una espléndida obra del séptimo arte. Para escenario de su filmación se había escogido un pueblecito de Colombia, muy semejante en su topografía a Santa Fe de Veraguas, escenario real de los sucesos. El elenco de la película está formado exclusivamente por colombianos. Durante el Adviento de 1976, la televisión alemana había proyec- tado, con notable éxito, la susodicha película. Ahora se quería analizar- las posibilidades de exhibirla también en las pantallas de América Latina en general, y de Panamá en particular. ¿Convenía hacerlo? ¿Ayudaría su proyección a aclarar hechos? Para los responsables de la producción, no era fácil la respuesta. Por lo mismo, parecía fundamental contar con criterios de quienes hubiesen conocido de cerca los hechos y la situación. Ellos podrían opinar con mayor objetividad sobre el proyecto. De ahí la invitación, cuya aceptación implicaba gran responsabilidad. No obstante, corrí el riesgo. Afortunadamente, y por una circunstancia que yo llamaría providencial, tuve la oportunidad de ver por anticipado el film, aquí en Panamá. Su proyección se hizo en la más estricta reserva, ante un grupo de personas de ponderado juicio. Con sus criterios en cartera, me sentí más tranquilo y más seguro.

CON REPRESENTANTES DEL SÉPTIMO ARTE

¡Menudo desconcierto nos armaron los protagonistas de la torre de Babel con la confusión de lenguas! Aunque para mí este problema estaba prácticamente resuelto, desde mi llegada a Munich. En el aero- puerto me esperaban Mons. E. Stehle, Director de ADVENIAT, Señor A. Roos, responsable de su Departamento de prensa, ambos llegados desde Essen para el encuentro y el Gerente de TELLUX-FILM Dr. Grotte. Caras familiares, viejos amigos desde los tiempos de Veraguas. Y, por añadidura, buenos conocedores del idioma castellano.

Tras la comida en un restaurante al aire libre, acariciados por un sol menos agresivo que el que me había despedido en España, nos tras- ladamos a los estudios de TELLUX. Allí la reunión de trabajo: proyección

de la película

su conjunto y en .sus partes, evaluación bilizando el trabajo en tiempo: cinco horas.

TRABAJANDO, análisis en toma de decisiones. Conta-

NO ME BUSQUEN, SIGAN

IMAGEN DISTORSIONADA

No resultaba fácil convencer a los responsables del film de que éste no reflejaba satisfactoriamente la realidad en el caso GALLEGO. No

DE MI ACONTECER

MISIONERO

87

aparecía suficientemente claro su mensaje. Había un lamentable desen- foque en cuanto a su figura de auténtico evangelizados Ocurría lo mismo en la presentación de mis intervenciones en el caso, como Obispo de Ve- raguas. La Iglesia que se revela en el film no da la verdadera imagen de la Iglesia Latinoamericana, y más concretamente la de Veraguas. En consecuencia, su proyección en estas latitudes resultaría decepcionante. Durante el análisis, sobre la mesa de conferencias, junto al block de notas y los bolígrafos a disposición, otros detalles del hombre práctico:

la cafetera y una canastilla de manzanas, cosecha del huerto del doctor Grotte.

ELEGANCIA

MORAL

A la hora de la verdad, al querer determinar la conveniencia o no de proyectar la película en América Latina, puestos delante sus valores y contravalores, la balanza se inclinó totalmente por la negativa. De modo muy elegante, los alemanes aceptaron como válidos los argumentos pre- sentados por Panamá. Agradecieron nuestro aporte de crítica construc- tiva. Con ello, mi misión en Munich quedaba cumplida. No obstante, es de lamentar que una película llamada a hacer tanto bien, que había costado un gran esfuerzo en recursos humanos y financieros, quedara relegada por no merecer el pase de idoneidad para América Latina.

NO SE DAN LA MANO

En Alemania fui huésped del doctor Grotte, gran experio en el arte cinematográfico y espléndido anfitrión. Su quinta-residencia está ubicada en la ciudad de Dachau, a 15 kilómetros del centro de Munich. Al día siguiente de mi llegada, domingo, Mons. Stehle y servidor concelebramos en un templo parroquial moderno, muy funcional. A un lado, fuera del presbiterio, atraía la atención una bellísima imagen de Nuestra Señora rodeadada de flores y luces. Impresionaba la religiosa seriedad de los concurrentes y, sobre todo, su participación en el canto y la plegaria. Monaguillos y sacristanes bien ensotanados —rojo o negro según el caso— en actitudes muy devotas. La parte de la Palabra estuvo a cargo de Monseñor Stehle. El Canon y la bendición final se dijeron en latín. Créanme, Hermanas, al repetir aquellas palabras en el idioma en que había estrenado mi sacer- docio ministerial, en marzo de 1933, sentí honda emoción. Sin que con esto minusvalore el uso del idioma vernáculo en la liturgia. Cada cosa tiene su dimensión y su circunstancia concreta. Mas no todo me pareció positivo en la concurrencia. Aquí en Pana-

88

MARTIN LE GARRA

má, a la hora de la paz, acostumbro a ir a dársela al pueblo: algo: que tanto complace a la feligresía. Ha habido ocasión en que algún niño ha ido detrás del Obispo, tirándole de la casulla, para reclamarle que no le había dado la mano. Para mí, este momento es también uno de los más significativos y simbólicos de la misa. Pero nunca olvido aquello de que "si a Roma fueres, haz lo que en ella vieres". Por eso, en Dachau pregunté si sería oportuno dar la paz en la forma arriba indicada. Se me contestó sin ambages:

—De ninguna manera. En esta parroquia y en otras muchas de Alemania, la feligresía se ha resistido a admitir este gesto de paz. Por lo cual, el sacerdote ni siquiera pronuncia las palabras de ritual: ¡Dense fraternalmente la paz! A mi juicio, semejante actitud es totalmente nega- tiva, incomprensible a estas alturas del Post-Concilio.

SADISMO Y EXTERMINIO

¿No les gusta el título? Tampoco a mí. Y menos su contenido. No obstante, voy a referirme a una experiencia muy dolorosa vivida en Alemania. En las cercanías de Dachau está el antiguo campo de concentración que lleva el nombre da la ciudad. Durante el régimen nazi 1933-1945, el hombre había escrito en aquel lugar una de las páginas más tristes de la historia. Fueron años de sadismo, de crueldad, de exterminio que obligan a preguntar: ¿Cómo pudo suceder todo esto? Oficialmente se da la cifra de 206.000 prisioneros que por allí pa- saron, y de los cuales murieron 31.951, Merece consignarse el dato de que, entre los detenidos o prisioneros, hubo 2.720 sacerdotes, pastores, seminaristas. De ellos, el 95 c /c eran católicos. Del total, 1.034 mulleron en el campo. Al principio, los sacerdotes vivían con otros presos: más tarde se les asignó una barraca donde se celebraba la misa. La comunión era llevada clandestinamente a los prisioneros por sacerdotes y laicos. Hubo la ordenación sacerdotal de un joven que des- pués moriría en el mismo campo. Cuando el visitante se acerca al lugar, comienza a sentir una ex- traña situación de dolor y respeto. No es un centro de atracción turística. Es una lección para toda la humanidad. El campo —600 metros de largo

por 300 de ancho— está rodeado por una larga muralla protegida por alambres electrificados, con las torres de los guardias, y su fosa de agua para evitar la huida de los presos. Se ven allí las barracas, el crematorio,

. Mas, ¿para qué seguir la enumeración? ¿No

bastará con lo expuesto, para forjarse una idea de lo que aquello pudo ser?

la cámara de gas, etc

DE MI ACONTECER

MISIONERO

89

SÍMBOLOS DE FE Y ESPERANZA

No obstante, en Dachau que conoció tanto horror, el visitante en- cuentra hoy dos capillas que se yerguen como símbolos de fe y esperanza. Nos detenemos primeramente en la protestante erigida en 1966. En uno de sus muros se lee la frase del Génesis: "¿Caín, dónde está tu hermano Abel?". Caminamos algunos metros más. En el mismo centro del campo está la capilla católica, consagrada en 1960, con el nombre de AGONÍA DE CRISTO. Recuerda la larga agonía que miles de seres humanos su- frieron allí día tras día.

PRISIONERAS DEL AMOR

Todavía más: hay actualmente en el mismo antiguo campo de concentración, también un convento de religiosas de vida contemplativa. Mucho pensé en ustedes cuando oré en su capilla. En enero de 1962, la Priora de un monasterio carmelita de Ale- mania propuso a la Jerarquía levantar en Dachau un convento de su Orden. La sugerencia tuvo la mejor acogida. En 1964, era bendecido el actual de la PRECIOSA SANGRE. Desde entonces, 24 Hermanas ofrecen cada mañana la Santa Misa y las oraciones, en unión con personas que llegan desde todas las partes del mundo. Ofrecen igualmente trabajos y sacrificios en expiación de los horrendos crímenes cometidos en aquel lugar. Las 24 Hermanas son otras tantas prisioneras voluntarias que han consagrado su vida a reparar el

pasado, y a prevenir, con su ejemplo y oración, el futuro. La negación de Dios, el olvido de Cristo lleva siempre el desprecio de la imagen de Dios,

el hombre. Lo que ocurrió una vez en Dachau, en medio de un pueblo

culto, puede volver a suceder en cualquier lugar del planeta. Estando tan cerca del monasterio, tuve deseos de saludar a las "prisioneras del amor a Dios y al prójimo". Pero en aquella hora, la

puerta estaba cerrada. Eso sí, de haber sido el monasterio de agustinas

ay, Hermanas: comienzo a golpear a la puerta

hasta que la hubiesen abierto ustedes o que se hubiese caído por la violencia. Aquí tuve que ser más discreto, limitándome a dejarles un mensaje.

En una de las paredes de la capilla que la une con el monasterio, hay una placa en alemán, italiano e inglés. Se invita a los que llegan,

a dejar por escrito sus peticiones que las religiosas recibirán y rogarán después por ellas. Arranco una hoja de mi bloque y escribo en inglés una nota de saludo y auto-presentación. Seguidamente, redacto no una

recoletas o descalzas

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MARTIN

LEGARRA

sino varias de mis intenciones preferidas,

entre ellas:

—Por la santificación de nuestras Hermanas de clausura. —Para que ellas se penetren cada día más de su responsa- bilidad en contribuir a la expansión del reino de Dios en la tierra. —Para que sepan sentir y vivir con la Iglesia.

LAS TUMBAS DE LOS RICOS

Después de lo que yo llamaría via-crucis por el campo de concen-

ción de Dachau, mis anfitriones me condujeron a un parador típico de

la campiña baviera. Se nos unió una pareja de jóvenes esposos, relacio-

nados con TELLUX. El hombre había realizado varias giras, recogiendo material informativo y gráfico de aquella parte del Tercer Mundo, que luego proyectan en cine y televisión alemana. Buscan despertar así la conciencia de quienes, poseyendo mucho, estén dispuestos a ayudar a tantos que nada tienen, ¡sino su pobreza y miseria!

Me impresionó un comentario del susodicho camarógrafo, refirién- dose a lo que había visto concretamente en Brasil:

"Allí las tumbas de los ricos son más espaciosas que las

casas de los pobres

''.

Tremenda acusación, hiriente realidad que no puede dejarnos pa- sivos, despreocupados. Son países, que aun siendo cristiados, toleran se-

mejantes situaciones. Pero

mismos los que, por nuestros votos, nos llamamos "consagrados"? ¿O nos concretaremos a un sentimiento de mera compasión, sin mayores exi- gencias para nuestra vida personal y comunitaria? Algo para meditar.

. esto ¿no llega a interpelar a nosotros

¿CINE MUDO O SONORO?

De sobremesa, conversamos de temas tan serios y preocupantes como el que acabo de mencionar, y otros rayanos en lo cómico de lo que tendrán una prueba en lo que sigue. Uno señaló el hecho de que todos los presentes estaban muy

metidos en la televisión y la cinematografía. El huésped Legarra indicó que también lo estaba por el compromiso que lo había llevado hasta allí

y por otras razones. Añadió que no estaría mal pensar en filmar, entre

todos, una película. Continuando la broma, comenzó a hacer el reparto del rol que a cada uno correspondería. Entre risas generales, expresé que, perteneciendo

DE MI ACONTECER

MISIONERO

91

a la época del cine mudo, me sentía automáticamente descartado del elenco de actores para una película sonora. —¿Cómo?, replicó él amigo: ¿Usted mundo? ¡Ni en película! V Quise probarle que sí, que sabía callar. Mas lo hice con tantas palabras que él pudo argüirme:

—Ahora mismo está usted -dándome la razón. Hace más valedera

mi tesis.

En suma: para el cine mudo, imposible. Para el sonoro, inútil, por viejo. Y por mil razones más. Total: un fracaso redondo.

••:;

•-'•'-.•

••'•'• .''.••

.-•

MAS ALLÁ DE LAS FRONTERAS

En la tarde del mismo domingo fuimos en grupo a visitar la cate- dral de Munich en el momento en que salían los feligreses. Todavía con- tinuaba el órgano llenando con sus melodías sus ingentes naves. Con- fieso que, aún sin haber recibido del Señor el carisma de la música, me sentí como arrobado. ¿A quién no le sucedería lo mismo al oír aquellos acordes de tremendo impresionismo con que se daba por finalizada la misa?

Nos detuvimos a la puerta de salida, ante el amplio despliegue de folletos, revistas, souvenirs. Atrajo mi atención una serie de postales

dobles con fotografías de hombres y mujeres ilustres por su fe, tanto del ayer como del presente. Grande fue mi sorpresa al ver unidos en la serie

N? 5, (bajo el sugestivo título de "CRISTIANOS COMPROMETIDOS"),

los retratos de Santo Tomás Moro, Hermano Rogers de Taizé, Adriame Speyr, Alfred Delp y HÉCTOR GALLEGO. La fotografía de Héctor era la misma que aparece en DE MI ACONTECER MISIONERO como enrejado, con su amplia sonrisa, feliz. Todas las postales de la colección llevan idéntico diseño. La del P. Héctor presenta, además de una corta biografía, la homilía (traducida al alemán) que el 13 de junio de 1971 pronunciara por televisión en Panamá su ser- vidor entonces Obispo de Santiago. Lo que viene a confirmar que el P. Héctor y su obra han llegado a interesar no solamente en Panamá, sino también más allá de sus fronteras.

NUEVAS PISTAS DE COMUNICACIÓN

Aprovechando al máximo el viaje a Munich, y en funciones de Presidente del Departamento de MM. CC. Social de la Conferencia Epis- copal en Panamá, visité las oficinas de SERPAL, sigla que corresponde a SERVICIO RADIOFÓNICO PARA AMERICA LATINA. Sus produccio- nes presentan en forma de radio-teatro la problemática social y religiosa

92

MARTIN

LEGARRA

de este Continente. Escritas por autores latinoamericanos y producidas en América Latina, son de extraordinario impacto para nuestro pueblo. La entrevista de cuatro horas de duración con sus ejecutivos fue

muy fructífera. En ella pude saber que las producciones de SERPAL vienen siendo utilizadas en América Latina para fines de evangelización por unas mil emisoras de radio. Además por cerca de cinco mil institu- ciones como universidades, colegios, centros de promoción, comunidades de base, parroquias. Entre los países beneficiados está Panamá. De ahí

el interés de la entrevista. Salí enriquecido de conocimientos para llevar-

los personalmente a la reunión de Obispos de quince países que, días después, se reunirían en San José de Costa Rica. Era mi deber asistir a la misma como representante de la Conferencia Episcopal Panameña. El tema del ENCUENTRO era Medios de Comunicación Social y la Evange- lización.

CONTRASTES

III

(COSTA RICA)

El día 15 de octubre tenía que hacerme presente en la ciudad de San José, Costa Rica. Era mi deber participar en la antes mencionada reunión de Medios de Comunicación Social. Así fue. En la madrugada de dicho día aterrizábamos en La Ha- bana, Cuba. Yo que con tanta facilidad suelo conciliar el sueño durante el vuelo, en aquella ocasión no pude hacerlo. Por supuesto que ni la parada técnica en La Habana haría mejorar la situación. Antes bien, diría que la empeoró. ¡Me pareció tan triste aquella hora de confinamiento en un salón, mientras el avión hacía provisiones de combustible! El panorama cambiaría al aterrizar en San José de Costa Rica. Esto por la suavidad de su clima primaveral, la cortesía de los empleados de aduana, etc., y principalmente porque me esperaban algunos de nues- tros hermanos O.A.R. que allí trabajan. Por gentil llamada telefónica desde Madrid, sabían la noticia de mi arribo. Con ellos esperaba también el Secretario Ejecutivo del Departamento de MM. CC. Social de CELAM para llevarme directamente al lugar donde las reuniones de los Obispos estaban ya en marcha. Del avión a la mesa de trabajo. Tuve que valerme de cierta estrategia para "sustraer" alguna hora

a la reunión de Obispos y escaparme discretamente, para compartir con nuestros frailes.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

93

TRAS HUELLAS REALES

No pisando talones que resultaría plebeyo, pero siguiendo, sí muy de cerca, a los Reyes de España, D. Juan Carlos y doña Sofía en su reco- rrido de amistad por esta geografía iberoamericana, regresé a Panamá en el atardecer del día 16. A tiempo para participar en el banquete en honor de sus Majestades en la Embajada española. Llegado el momento, presentado por el señor Embajador Jordana, pude conversar con ellos. Al ver a la Reina Sofía tan sencilla, le manifes- té: Majestad, cuando vuelva a España, dígale al Príncipe Felipillo que este Obispo español le manda un beso.

y al cabo madre— sonrió graciosamente. Fue

como decir: le aseguro que sí lo haré. Hasta aquí, Hermanas. Ya está cercana la Navidad. Ante el Niño de Belén en brazos de María, y testigo el fidelísimo José, nieguen todas por mí.

La Reina —al fin

Yo lo haré por ustedes. ¡Feliz Navidad!

Affmo. Hno.

f

Fray Martín Legarra, O.A.R.

DE MI ACONTECER

MISIONERO

95

CANQÜINTU :

AVANZADA EN LAS MONTAÑAS DE

CRICAMOLA

[REPGRTAJE]

Miro con amor de predilección a la provincia de Bocas del Toro. Seis años de servicio pastoral en ella han dejado en mí, el recuerdo más grato. Cuando en febrero de 1964 pisé sus playas por vez primera, quedé cautivado así por la belleza incomparable de sus paisajes como por la bondad de sus moradores, interesante mosaico de grupos y razas. Ancho campo abierto al entusiasmo de un equipo de agustinos recoletos que con el Prelado, asumirían la responsabilidad de su evangelización. Para en- tonces, los PP. Paulinos, tras largos años de fructífera labor, habían establecido las bases. En la geografía bocatoreña hay una comarca que, desde el primer momento mereció nuestra atención pastoral directa y preferencial: Cri- camola con sus miles de indígenas guaymíes, además de otros grupos

Canquintú, situado a orillas del río que da

menores. Y en Cricamola

nombre al área. Siete horas de cayuco desde Bocas capital; primero por mar y la gran Laguna de Chiriquí. Luego, remontando el río, a Bisira. O, si las corrientes no lo impiden, hasta Sirain. Después, media hora de trayecto hasta llegar a Canquintú. Actualmente, sin embargo, hay dos veces por semana servicio de avionetas que cubre la ruta Bocas-Bisira. De aquí, dos horas más hasta Canquintú, puerta a la montaña, paso obligado de los que van y vienen.

UNA INVITACIÓN

Por gentil invitación de mi hermano el Obispo Monseñor José Agustín Ganuza, O.A.R., he visitado recientemente la provincia, salu- dando a los misioneros agustinos de Changuinola, Almirante, Bocas, así como a sus más inmediatos colaboradores. Pero he dedicado la mayor parte de mi tiempo a Canquintú. Me ilusiona cruzar en cayuco la gran Laguna hasta Cricamola. Es el deseo de revivir los "tiempos heroicos", el ayer que se va alejando más y más. Pero sigo el consejo de hacerlo al regreso. Y vamos en avio- neta hasta Bisira donde comienzan las sorpresas con novedades tan visi-

96

MARTIN

LEGARRA

bles como el aeropuerto, el edificio del Instituto Lingüístico de la Uni-

versidad, la capilla

pañadas de los PP. Real y Jesús Ángel, se acercaron a saludarnos. Repito

correspondiendo al suyo. Los mayores recuerdan a este

el ÑANTORO

Apenas aterrizamos, un grupo de personas acom-

viejo "chui cri' . Yo, a mi vez, identifico a casi todos.

EL PESO DE LOS AÑOS

Iniciamos la jornada río arriba, en cayuco. El P. Real, en mo- mentos de peligro ayudado por el P. José Ángel, lo maneja con maravillosa pericia. A la altura de Sirain ya a caminar. Hora de prueba para mi resistencia. Estoy fuera de base. Totalmente desentrenado. Hasta llego

a

sentir cómo la alarma del corazón me obliga a hacer un alto en

el

camino. ¡Qué distinta la vida urbana de la de las montañas! Recuperada

la tranquilidad, pi-oseguimos la jornada. Es cerca del mediodía y

¡Canquintú a la vista!

CAMBIO DE PANORAMA

Desde un lado del río contemplo la panorámica del lugar, tan diferente de la que yo guardaba en mi recuerdo. Años atrás, sólo había un conglomerado de doce viviendas de caña brava y palmas, un pequeño centro construido de bloques y la escuelita de la misión con sus catorce alumnos. También servía como lugar de culto y reuniones de la comunidad. Pregunto a Monseñor Ganuza: —¿Qué es el edificio de frente? —Una parte de CEVISA (Centro Vocacional Indigenista San Agustín): el proyecto que en 1964 usted inició. El edificio que ahora vemos está destinado a la educación y formación de la mujer guaymí. Las religiosas Lauras dan en él clases teóricas y prácticas de artes del hogar, manualidades, etc. Entre tanto un cayuco muy "celoso" atraviesa el río para conducirnos a la otra orilla del río donde el P. Tomás Arbizu, las Hermanas, los niños y personas mayores nos dan la bienvenida.

CURIOSEANDO

Un poco impaciente y olvidándome del cansancio, salgo con Mon- señor Ganuza a dar un vistazo general al área. El me explica:

—Estos edificios son las escuelas, el comedor escolar. El de frente, la casa comunal y residencia de maestros. A la derecha, la casa de las Hermanas. Al pie de la loma, la granja avícola. Más cerca, la edificación antigua pero de un servicio siempre actual del dispensario. Adelante, el ya mencionado centro de formación femenina. Un tanto aislado, el com-

DE MI ACONTECER MISIONERO

97

piejo de secadero, molino y silos de maíz para la granja. Por último, la caseta de la planta eléctrica.

¿con luz, por supuesto? Por lo que se ve,

Ganquintú está mejor que la capital bocatoreña donde me han comentado que los apagones merecen ya carnet de cuasi-permanencia. Ya tengo una visión de conjunto de la parte material de CEVISA. Bueno, todavía están la capilla y la casa, modesta pero funcional, de los misioneros. Aunque le faltan detalles, siempre resulta mejor que aquel bohío que, durante varios años, fuera nuestro albergue. Monseñor Ganuza me indica también el punto preciso en el que se levantará la estructura destinada a la formación de líderes y cooperado- res indígenas en la evangelización.

T—Planta eléctrica y

EL MISMO

PERO

DISTINTO

Más tarde, hacemos un recorrido sin prisas. Conversamos con el personal del Ministerio de Salud que ha llegado al lugar en helicóptero,

den desplazarse a otras comunidades más, en el interior de la montaña. Al oír mis comentarios y ver mi sorpresa ante los cambios que observo, Monseñor Ganuza dice:

—Canquintú, con ser el lugar de siempre, es distinto hoy. Fíjese que estamos sobre uno de los pequeños puentes construidos sobre la gran zanja de saneamiento que ha hecho desaparecer aquel terreno pantanoso e insalubre de ayer.

y

zanjas. —Sí, claro: ahora mismo vamos recorriendo las calles bien traza- das del poblado, con sus hileras de palmeras que embellecen el contorno. El número de viviendas ha crecido considerablemente. Los campos de juegos están en las mejores condiciones. Y hay planes para otros más. Nuestros niños y jóvenes los necesitan. En efecto, vemos a los pequeños jugar y divertirse. Con sus voces, tanto en guaymí, como en castellano alegran el ambiente. Se les ve sanos, robustos. Un grupo de jóvenes conversa animadamente en la cooperativa. Son aquellos que yo conocí cuando eran pequeños. Los mismos que, al reclamo de una moneda, o unos confites, subían agua del río para el consumo de los misioneros. Surgen las anécdotas. Hay una relacionada precisamente con Sandoval, presente en el grupo y que hoy figura entre los intelectuales, sobre todo por su dominio del castellano y la capacidad de interpretar al dialecto o viceversa.

aquí

—Pero, hermano,

yo

veo

mucho

más

que

unos

puentes

unas

98

MARTIN

LEGARRA

Sucedió que un día, Sandoval no sentía muchos deseos de cooperar

en el acarreo del agua. Le manifesté que, de no hacerlo, tampoco le per- mitiría ayudarme a misa al día siguiente. Servicio este que gustaba hacer.

¡Claro

por las ventajillas! No le asustó la amenaza. Replicó sin in-

mutarse:

—No importa. Ya lo haré con el P. Real que es más bonito que tú.

ENCUENTROS

Visitamos la comunidad de Lauras, H. Herminia, M. Lucila, Ofelia y Lila. Encontramos a los viejos colaboradores y amigos, luchadores de

nuestra primera época: Victoriano Billbourd, Jenaro Tibibo, Harry López,

Arturo Molina, Santiago Duribo, Santiago Becker

camente aquellos tiempos de los "siete matrimonios". Es que el desarrollo de esta comunidad arranca de la base firme de siete parejas, pioneros de la fe y promoción humana del pueblo. Uno de ellos, Arturo, se ade- lanta, a la vez que tercia en el hombro de Legarra un chácara polícroma tejida allí: gesto que Monseñor Ganuza interpreta así:

. Y añoro nostálgi-

Tú sigues siendo de los nuestros".

EDUCACIÓN

Salen a nuestro paso Nieves, Carmen, Sebastián y Carlos que, en colaboración con las religiosas, llevan la responsabilidad de la escuela con sus doscientos cincuenta alumnos. La escuela consiste en dos estructuras funcionales, nuevas, ventila- das, limpias, higiénicas. Como podría haberlas en una población de gran importancia. Albergan siete aulas, baño, servicios sanitarios, agua co- rriente. Disponen de material didáctico abundante y actualizado. En uno de sus murales me sorprende una ilustración a todo color, del equipo campeón mundial de fútbol 1978. —Pienso: ¿será esto una incursión en la cultura autóctona? No sé. Ahora mismo veo a los muchachos jugando al fútbol con gran entusiasmo.

Como quien se prepara para

una competición

¡al menos í'egional!

SALUD PARA TODOS

Nos detenemos en el dispensario. Si la Hermana enfermera nos contara sus experiencias en él, tendríamos todo un libro denso de huma- nismo, de fe, de servicio, de amor. Millares de indígenas han buscado en él alivio a sus dolencias. En la actualidad, la Caja de Seguro Social está

DE MI ACONTECER

MISIONERO

99

dando los toques finales

hospital próximo a inaugurarse.

a la construcción en Canquintú de un moderno

CON FE Y OTRAS AYUDAS

Nueva pregunta mía a Monseñor Ganuza:

—¿Cómo se ha logrado todo esto? —Usted que en 1964 dio inicio a este programa de trabajo —res- ponde él— sabe mejor que nadie cómo se hacen estas cosas. Con la fe en

Dios, en su providencia: con una confianza sincera en la buena voluntad

de

los hombres y una entrega sin condiciones a quienes queremos servir.

Ah

y por supuesto con muchas llamadas a las puertas de instituciones

y personas, invitándolas a la generosidad. Seguidamente, Monseñor Ganuza puntualiza que son los misioneros mismos quienes planifican, piensan y ejecutan las obras. Eso sí, ya se cuenta con operarios autóctonos, de gran capacidad y experiencia para estas labores. —En cuanto a ayudas, las principales y más continuadas han venido del Gobierno Nacional. Además, el Ministerio de Educación y el Departamento de Bienestar Social han brindado su respaldo y asesora- miento técnico a nuestros programas e iniciativas en Canquintú.

—Tampoco podemos olvidar las aportaciones de la Santa Sede, de

ADVENIAT, MISEREOR, CARITAS. Ni las que han llegado y llegan de

la comunidad agustiniana sobre todo del Colegio San Agustín de Panamá.

A través del MOVIMIENTO MEDICINA - MISIÓN que patrocina el Club

de Padres de Familia, nuestro dispensario recibe gran cantidad de medi- cinas siempre necesarias.

LA FUENTE DE ENERGÍA

Donde me ha parecido descubrir la principal fuerza impulsora de toda esta obra en favor de los guaymíes, ha sido en la celebración de la Eucaristía. El obispo, los misioneros, las religiosas, catequistas y pueblo reunidos escuchamos la misma palabra y celebramos el trabajo de cada día vivido en unión y en esperanza.

leo en el lema que preside

el altar. Y es Cristo quien resucita cada día en la comunidad.

"La dispersión poblacional —son palabras de Monseñor Ganuza— es un problema que condiciona toda la vida en la región: así en el aspecto religioso como en el social. La fe no podrá ser vivida comunitariamente si no hay comunidad dónde expresarla. Por eso, el principal esfuerzo ée nuestra presencia aquí ha estado orientado siempre a la formación de

¡CRISTO RESUCITO, ALELUYA!

100

MARTIN

LEGARKA

una verdadera comunidad. Desde ella y por ella, el pueblo podrá ser evangelizado. Y podrán llegar al pueblo los beneficios de la educación, de la salud y promoción en general. Pero Canquintú no es una comunidad aislada. Siempre ha sido una comunidad líder que asume el proceso evan- gelizados lo asimila y lo proyecta".

—¿Cómo? —Hemos mencionado el núcleo de "siete matrimonios" cristianos en donde se enraiza la comunidad actual. Ellos han sido los agentes de la evangelización del pueblo. Algunos trabajan hasta ahora como dirigentes religiosos. A partir de ahí, estamos creando el Centro de formación de evan- gelizadores. En él representantes de cada comunidad participarán en convivencias periódicas de formación y profundización en la fe. Más tarde llevarán sus experiencias a las comunidades respectivas, actuando en ellas como fermento evangelizador. Es un programa que da respuesta, desde la fe, a las necesidades básicas del indígena en Cricamola: "integra- ción comunitaria, educación y salud para todos''.

UNA TAZA DE CAFE

Aunque pareciera que en la selva el tiempo se detiene, para mí corre muy veloz. Después de dos días densos de vivencias en Canquintú, debo regresar. Y lo hago en compañía de Monseñor Ganuza. —Dos horas de lento remar en el precolombino cayuco que nos traslada de Canquintú a la boca del río. Todavía permanecen allí Luis Smith, Rosa, su señora y el inmenso Nene, viejos amigos nuestros. Su proverbial hospitalidad se hace testimonio en una taza de reconfortante café.

ARROZ Y EVANGELIO

Al asomarnos al mar por la boca del río Escalante, llama mi aten- ción un conjunto de nuevas y sólidas edificaciones. —Y eso, ¿qué es?, pregunto, ¿Tampoco lo conoce?, replica Monseñor Ganuza, quien me explica. Es el proyecto conocido como MISEREOR - BOCAS que estamos desarro- llando para los indígenas, con los indígenas, principalmente los productores de arroz. Me interesa conocer más de cerca el proyecto, sus objetivos, reali- zaciones, etc. Para ello saltamos de nuevo a tierra. Sorprendemos en plena faena a varios indígenas de la comarca responsables de los trabajos:

DE MI ACONTECER MISIONERO

101

Escalante (cuya larga permanencia en el lugar le ha dado su nombre), Justo y Juancho. Escalante —gran conocedor de la realidad guaymí— expone muy atinadamente la oportunidad y hasta necesidad del proyecto. En esta área se produce mucho arroz que a los indígenas siempre se les ha com- prado barato para llevarlo afuera. Después, cuando él necesita comprar, ese mismo arroz lo consigue caro. Con este proyecto —afirma Monseñor Ganuza— buscamos que el

indígena cultive, coseche y procese su propio arroz: que nunca falte su abastecimiento en la comarca. Sólo se venderán los excedentes. Los bene- ficios de la venta se invertirán, parte en el seguimiento o continuación del proyecto para que llegue a autofinanciarse. El resto pasará al renglón

de utilidades del GRUPO ORGANIZADO DE INDÍGENAS PRODUCTO-

RES DE ARROZ (COIPA). —Magnífico el proyecto, ¿quién asumirá la responsabilidad de su funcionamiento mañana?

La respuesta de Monseñor Ganuza es categórica: EL GRUPO ORGANIZADO DE INDÍGENAS PRODUCTORES DE ARROZ. Y nadie más

. De hecho, continúa expresando Monseñor, en la fase en que nos

encontramos de construcción, instalación de equipos, etc., así como de

la organización adecuada del grupo de productores, la responsabilidad

administrativa y orientadora es nuestra, de la misión. Pero, como se puede ver, el manejo y la dirección de las instalaciones están en manos de algunos indígenas. Más aún: esperamos que en poco más de un año, todo el proyecto (propiedad, administración, continuidad, etc.) será del mencionado GRUPO ORGANIZADO DE INDÍGENAS PRODUCTORES DE ARROZ. Observo que Monseñor Ganuza pone mucho énfasis y acentúa lo del grupo organizado como pre-requisito esencial para la eventual entrega del proyecto.

Y ¿PARA MAÑANA?

Indiscutiblemente, la visión de Monseñor Ganuza es auténticamente evangélica. Hace recordar conceptos de Paulo VI cuando indica que "el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto sino ser sujeto a los problemas sociales y económicos". Es, por tanto, necesaria la cone- xión entre evangelización y promoción humana. Al referirse concretamente a la promoción, educación, salud, etc.,

en

Cricamola, Monseñor Ganuza reafirma que ninguno de estos elementos

es

independiente. Son aspectos de un solo y mismo proceso: Evangeliza?

102

MARTIN

LEGARRA

ción. Que la gente coma, que la gente aprenda a prevenir y curar las enfermedades; que la gente aprenda a pensar. Con estos hombres, así formados, podremos ir descubriendo mejor las semillas del cristianismo organizando algo, formando una Iglesia, con un respeto máximo al her- mano, al indígena guaymí. Yo, al oír estos conceptos, concluyo: MONSEÑOR JOSÉ AGUSTÍN GANUZA, O.A.R., Obispo de Bocas del Toro, es un auténtico evange- lizados

NOTA:

Julio, 1918 Fray Martín Legarra, O.A.R.

f

(Este

a

reportaje

través

de

íue

ampliamente

que,

y

diario LA REPÚBLICA).

SEPARATA

difundido

en

por

millares,

la

prensa

de

gratuitamente

Panamá

el

editó

CARTA 6

Panamá, Resurrección 1978.

Estimadas Hermanas:

¡La salud, la alegría y la paz de Cristo Nuestra Pascua estén con ustedes! Y a la música de sus voces que a coro dicen: Y CON TU

ESPÍRITU

.

correspondo yo con un MUCHAS GRACIAS.

Llego con prisas, avaro de tiempo. Estoy metido en un mar de pequeñas ocupaciones y preocupaciones que reclaman mi atención y mi

trabajo. No obstante, va mi mensaje de Pascua, testimonio valedero de recuerdo y cariño fraternos. El señor sabe cuánto y cómo las amo. Cuán- to y cómo me encomiendo a sus oraciones y sacrificios. Sí, Hermanas, sobre todo en esas horas de calvario y de cruz que a ningún seguidor

de Cristo le han de faltar en la vida.

Agradezco sus misivas tan

espirituales

y

a

la

vez tan

humanas.

comentario de

Tan fraternas.

Quiero hacer llegar a ustedes, el atinado

mi

sobrino P. Javier al respecto.

"

el correo panameño habrá tenido carga extra con

golosinas espirituales para usted. Nuestras Hermanas, si son

.

diestras en confitería material, no son menos en todos los recursos edulcorantes del espíritu. El espíritu de nuestras monjas guarda tesoros de bombonería suave que anestesian a uno con sus elogios y parabienes. Menos mal que sabemos que hay una buena dosis de cariño que todo lo sazona. Creo, tío, que sus esfuerzos y preocupaciones por comunicarse con ellas en la Navidad, ha tenido su compensación".

Estoy de acuerdo con el P. Javier, y sepan que mi carta navideña

de

1977, ha

sido la más costosa de cuantas les he mandado durante

catorce años de ininterrumpida correspondencia. Ha superado la marca

no solamente en dispendios monetarios sino también en preocupaciones, incertidumbres y nerviosismo.

104

MARTIN LEGARRA

UNA CARTA CON HISTORIA

Muchas fueron en realidad las peripecias que corrió mi carta. Primeramente escribí el borrador, digamos con grueso. Lo pasé a segunda redacción. Contraté luego los servicios de una secretaria para tirar los estarcidos, al precio corriente de (1) dólar = (80) pesetas por página. No se extrañen, Hermanas: que también aquí soplan devastadores los vendavales de la inflación. Les invito a que, bolígrafo en mano, multipli- quen ahora 35 x 80 y sabrán lo que religiosa y puntualmente aboné a la secretaria eventual. Necesitaba después quién la tirara a multicopista. Ignoro todavía por qué el establecimiento que, en otros casos, lo había hecho, rehusaba ahora asumir esa responsabilidad. ¡Ni que fuera literatura subversiva! Me vi obligado a buscar uno nuevo que lo encontré, si bien a precio escandaloso. Exigió la friolera de ochenta y tres (83) dólares. Muldplí- quenlos igualmente por pesetas, añadiéndolas como nuevo factor a las ya abonadas a la secretaria. Mas no cierren ia operación todavía; que aún tenemos pendiente el temible factor del envío por aéreo. Ustedes, expertas en calcular, ¿cuánto

. cuarenta y tres (43) dólares con setenta

piensan que pudo ser? Pues

y tres (73) centavos. Aún guardo su recibo como reliquia dolorosa. Con esos dólares vertidos en pesetas, pasen a los cálculos finales y sabrán, con exactitud matemática, el costo de mi carta de Navidad. Uno quedaría en la ruina, de no haber en nuestros caminos una Providencia que nos cuida y que se hace muy presente en los míos. Además, cuando se trata de comunicarme con las Hermanas, nada parece insuperable. Me lanzo confiado a lo que venga.

Otra de las dificultades fue la del envío. ¡Buscar, en nerviosas co- rrederas, la estafeta de la ciudad que mayores garantías ofreciera de un servicio rápido y eficiente que la hiciera llegar antes de Navidad! Afortunadamente, un amigo tomó muy en serio mi deseo, agilizando la operación. En efecto: a las 10 de la mañana del 9 de diciembre, yo mismo la depositaba cuidadosamente en el buzón mientras que con el pensamiento, más que con los labios decía:

—Vete, carta mía, corre, vuela hacia el destino señalado. Sé que te esperan, y serás bien recibida. Suerte, y que ¡nada ni nadie te detenga!

DESILUSIÓN Y GOZO

Había pasado ya la Navidad. Uno y otro día esperaba

ilusionado

DE MI ACONTECER MISIONERO

105

el correo con la buena noticia. Nada de eso. Por el contrario, en todas sus cartas se aludía indefectiblemente a la esperanza de recibirla. Algunas comunidades pensaban que, quizás por razones de salud, no escribiría esta vez. Así fueron las cosas hasta la segunda quincena adentrada, de enero, cuando se hizo la claridad y con ella el contento. Aunque con nota- ble retraso, la habían recibido.

¿QUIEN PUEDE EXPLICARLO?

Es interesante el relato detallado que me viene del monasterio de Oviedo. Óiganlo:

"¿Tiene curiosidad por saber quién trajo aquí su mensaje de Navidad? Me es difícil contestarle pero intentaré satisfa- cer su deseo. Usted sabe que en Oviedo nos dedicamos a la elaboración de formas. Por miras económicas, en vez de comprar cartonaje para el empaquetado de las mismas, nos traen cajas de varios comercios que luego una Hermana especialista en esto, se encarga de adaptar el tamaño según la cantidad que intentan enviar en ellas. ¿Cuál no sería la sorpresa, que le tocó desocupar uno de los muchos sacos que traen con esas cajas, cuando en el fondo del saco aparece un rollo de papel y se da cuenta de que viene de Panamá? Sigue y sigue mirando, y no sale de su asombro al ver que era el tan deseado mensaje de Monseñor Legarra".

Ahí está el caso. Las Hermanas no tienen explicación. Yo, mucho menos. Un misterio. Si se lo cuento aquí a los feligreses, algunos lo atribuirían a brujerías.

RIQUEZA DE PENSAMIENTO

Veo que mi reciente visita a la mayoría de las comunidades con- siguió despertar entusiasmo, haciendo que algunas salieran del sopor de la pereza que, tan sutil y arteramente, suele adueñarse de las personas y de los grupos. Yo me pregunto: ¿Por qué cuando la superiora no puede contestar, no lo hace alguna otra de las religiosas? Aunque todas las cartas recibidas son de antología y llevan el denominador común de cariño y agradecimiento, extraeré de algunas los pensamientos que por una u otra causa me han impresionado más. Por razones de estrategia, callaré el nombre de origen de las citas, respetando

106

MARTIN LEGARRA

la agudeza indiscutible de su imaginación —¿no será mejor decir, intui-

ción?—, tratando aciertos?

más

de identificar

las fuentes.

A ver

quién consigue

1. "Tiene razón al decir que el tema de las misiones es de nuestra predilección. Y sé puede añadir que si respecta a nuestra Orden, más todavía. El relato sobre el P. Venancio nos ha sido encantador".

2. "Se nos ha grabado aquello de su carta: que cada cual desde su sitio, con el fiel cumplimiento de sus deberes puede contribuir a la extensión del Reino de Cristo. Sí, Padre Obispo, desde nuestro rincón, metidas en el lavadero o en el huerto, como hoy plantando cebollas, pensamos en nuestros misioneros y con la pequenez de nuestros actos queremos que se agrande el Reino de Cristo. —Padre, esperamos su visita; pero, por favor, avise. No nos suceda como cuando llegó el Obispo Dio- cesano a quien servimos para comer, calabaza. Igual que a las monjas. No había otra cosa en la despensa".

3. "La carta está interesantísima desde el recuerdo frater- nal del P. Venancio Martínez, a los motivos que le lleva- ron a Alemania, pasando por todas las peripecias en carreteras y locutorios monjiles. Sentimos ahora más nuestra responsabilidad ante el Señor para responder firmemente a sus exigencias en el puesto por El asig- nado".

4. "Nos sentimos misioneras de retaguardia y es un ali- ciente en la lucha diaria contra el egoísmo y otras cosas semejantes que pueden "empequeñecer" nuestras vidas. En el Corazón de Cristo y en la Eucaristía vivida cada mañana, procuramos encontrar a todos para abrazarlos espiritualmente''.

5. "¡Cómo se acordó con todo detalle de lo ocurrido en su visita a este Monasterio! Todo pasó como lo describe en su carta".

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MARTIN

LEGARRA

la agudeza indiscutible de su imaginación —¿no será mejor decir, intui-

ción?—, tratando aciertos?

quién consigue más

de identificar

las fuentes.

A ver

1. "Tiene razón al decir que el tema de las misiones es de nuestra predilección. Y sé puede añadir que si respecta a nuestra Orden, más todavía. El relato sobre el P. Venancio nos ha sido encantador''.

2. "Se nos ha grabado aquello de su carta: que cada cual desde su sitio, con el fiel cumplimiento de sus deberes puede contribuir a la extensión del Reino de Cristo. Sí, Padre Obispo, desde nuestro rincón, metidas en el lavadero o en el huerto, como hoy plantando cebollas, pensamos en nuestros misioneros y con la pequenez de nuestros actos queremos que se agrande el Reino de Cristo. —Padre, esperamos su visita; pero, por favor, avise. No nos suceda como cuando llegó el Obispo Dio- cesano a quien servimos para comer, calabaza. Igual que a las monjas. No había otra cosa en la despensa".

3. "La carta está interesantísima desde el recuerdo frater- nal del P. Venancio Martínez, a los motivos que le lleva- ron a Alemania, pasando por todas las peripecias en carreteras y locutorios monjiles. Sentimos ahora más nuestra responsabilidad ante el Señor para responder firmemente a sus exigencias en el puesto por El asig- nado".

4. "Nos sentimos misioneras de retaguardia y es un ali- ciente en la lucha diaria contra el egoísmo y otras cosas semejantes que pueden "empequeñecer" nuestras vidas. En el Corazón de Cristo y en la Eucaristía vivida cada mañana, procuramos encontrar a todos para abrazarlos espiritualmente'.

5. "¡Cómo se acordó con todo detalle de lo ocurrido en su visita a este Monasterio! Todo pasó como lo describe en su carta".

DE MI ACONTECER MISIONERO

ocasión no les dejaremos salir, y si quieren hacerlo, lo harán por el tejado pues la puerta no se abrirá. Nos enteramos de que estuvo comiendo con los reyes. Estos tuvieron más suerte que sus Hermanas. Para otra oca- sión ya apañaremos coronas, aunque sean de cartón".

"Por el Boletín O.A.R. de la Provincia de San Nicolás nos enteramos de todos sus recorridos. Una pregunta, Padre Obispo: ¿Aceptó la Reina Sofía mandarnos su collar de perlas finas para contribuir al arreglo de nuestro convento? Si es así, ¡magnífico!".

"Ahora la pregunta que tal vez le haga reir: ¿Qué se siente cuando se va en avión? ¡Cuan pequeña parecerá la tierra desde esas alturas! Nos figuramos a usted algo así como en un éxtasis por encima de las estrellas. ¿Y sus sueños en el avión? ¿No podrán llamarse sueños místicos? Cuánto bien nos haría una charla sobre el particular".

"Terminamos de leer su carta que ha sido un verdadero despertador con tres flechas: la que nos ha traspasado el alma llevándonos una vez más a tierras de misión:

sí, la referencia a las misiones ha estado maravillosa, cada día procuraremos unirnos más a la Iglesia Misio- nera. 2» flecha: ese espíritu eclesial de que está su carta rebosante, y el que nos interesa tremendamente a todas nosotras y 3* flecha: ya la adivina nuestro Hermano Obispo. Sí, ese agustinianismo con que está escrita".

"Resulta edificante lo que cuenta del P. Venancio: únicas noticias que hasta ahora nos han llegado. Una vida tan ejemplar no debe quedar oculta en el anonimato".

"Con cuánto gusto recordamos la visita de este verano. ¡Cuánto gozamos! Parecía un andaluz de cuerpo entero, jovial y hasta flamenco. Llevaba la mitra con tanta gracia que parecía un sombrero cordobés. Tampoco podemos olvidar al P. Javier; no se encuentra un sobrino tan fiel y abnegado para complacer a su tío",

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MARTIN LEGARRA

12. "En otiu ocasión no deje de acercarse también a estos

rmconcitos

soorino los higos y ei vino de las espaldas dei Cristo".