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Los nazis alentaron a Franco

El Magazine (http://www.magazinedigital.com/reportajes/historia/reportaje/pageID/2/cnt_id/2715) ha localizado


documentos excepcionales conservados en archivos de Amsterdam y de Estados Unidos que relatan maniobras de los
nazis en España para alentar y organizar el golpe de Estado militar de 1936 contra la República. Texto de Eduardo
Martín de Pozuelo y Jordi Finestres

La guerra ha terminado. Los vencedores, nazis y franquistas, celebran juntos, el 18 de mayo de 1939 en el
aeropuerto de Barajas, la derrota de la República. Franco y su esposa –en el vértice de la esvástica–presiden
el acto

Hitler ofreció a Franco toda la ayuda necesaria durante la guerra civil española, pero antes
promovió el golpe de Estado contra el gobierno republicano que desembocó en el fratricidio bélico.
El hallazgo de documentos desconocidos relativos a las actividades clandestinas del partido nazi en
España anteriores a julio de 1936 ofrece una nueva visión del levantamiento militar. Los
movimientos conspiradores de los representantes en suelo español del Nationalsozialistische
Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP), es decir, de los nazis enviados a nuestro país y principalmente
de su misterioso y discretísimo jefe en España, Hans Hellermann, demuestran que Berlín estuvo
detrás del golpe de Estado contra la II República, un régimen que la Alemania que empezaba a
construir el puzzle del III Reich necesitaba destruir. Hitler precisaba una España pronazi y
profascista, y las pruebas indican que desde fechas tan tempranas como 1930 se esforzó para que así
fuera.

Hans Hellermann, el hombre que canalizaría el impulso nazi a favor del alzamiento, fue un personaje tan
oscuro como escurridizo ya que siempre actuó por orden directa de Heinrich Himmler, jefe supremo de la
policía alemana, y por lo tanto de Adolf Hitler y a espaldas de la embajada y de los consulados oficiales
alemanes. Su biografía y su trayectoria salen a la luz después de la búsqueda y el hallazgo de su
Berfonalfragebogen o ficha personal en los archivos nazis de Alemania. Además, un informe confidencial
elaborado por los servicios secretos estadounidenses el 29 de diciembre de 1945 con el fin de evaluar la
participación de este oscuro ejecutor del III Reich completa el dibujo del hombre que, sin delatarse,
extendió el nazismo en España. El Magazine ha localizado estos y otros documentos excepcionales perdidos
entre los miles de papeles perfectamente conservados en un archivo de Amsterdam y en otro de Estados
Unidos que relatan maniobras desconocidas de los nazis en España los meses previos a la Guerra Civil.
Nacido en 1909 en Schwelm, Westfalia, Hans Willi Hellermann se involucró desde joven en el movimiento
nazi. “Se hizo miembro del NSDAP en diciembre de 1929 como socio número 186.721. En 1932 se convirtió
en SA.Stabsführer en Schwelm”, es decir, jefe de las fuerzas de asalto paramilitares del partido en su
ciudad, según el informe oficial y secreto de Estados Unidos.
Enfrentado a su padre por motivos ideológicos, en diciembre de 1933 viajó a España por orden de Himmler,
concretamente a Barcelona.

Soltero, de metro setenta y seis centímetros de estatura y con ojos azules, según se puede leer en su ficha
política hallada en Berlín, Hellermann tenía ante sí, a los 26 años, el gran reto de su vida. Desde su cargo de
jefe local del partido nazi en Barcelona, bajo la tapadera de la empresa de importación y exportación
Import Business Hellermann & Philippi, situada en la calle Avinyó, que jamás llevó a cabo ninguna iniciativa
comercial, Hellermann intensificó las siniestras actividades del llamado Servicio de Control Portuario,
denominación ambigua que escondía las inconfesables labores de una policía secreta nazi que secuestraba
compatriotas o judíos en España y en su caso los juzgaba y asesinaba.
Al mismo tiempo, Hellermann realizó buenos contactos con militares y falangistas españoles (“clientes”, en
sus mensajes en clave dirigidos al partido nazi en Alemania) cuya identidad aparece en los documentos
desclasificados ahora.

Según una investigación de la OSS estadounidense (la Oficina de Servicios Estratégicos, el precedente de la
CIA) elaborada en diciembre de 1945 con datos hallados en Berlín, Hellermann “ayudó a organizar la
Gestapo, la Falange y el alzamiento de Franco en España” y fue el hombre de enlace entre el partido nazi en
Alemania y los fascistas en España. De este modo, la Barcelona republicana, autonómica y antifascista
albergó, sin que nunca llegara a ser descubierto, el centro de agitación pronazi más importante de España .

Tan eficiente se mostró Hellermann en su labor que, en abril de 1936, a tres meses del alzamiento,
Eric Schnaus, el agente de la Gestapo enviado a España para tejer la red de centros nazis por todo el
país, propuso a Hellermann como su sucesor en el cargo de Landesgruppenleiter o jefe del partido
en España. Berlín ratificó el nombramiento, y Hellermann aceptó con entusiasmo.

Con este activo nazi al frente, el golpe contra la República se aceleró. El 24 de abril de 1936, Hans
Hellermann viajó urgentemente a Berlín bajo el pretexto de llevar “documentos y sacas oficiales de
la embajada”. Una vez en Alemania se entrevistó con Heinrich Himmler, jefe supremo de la policía
alemana, de quien recibió instrucciones concretas: ayudar a los militares profascistas a poner fin a la
República española.

De vuelta a Barcelona, Hellermann ordenó a los principales jefes nazis de las secciones locales de
España que acudieran a visitarle con el fin de transmitirles las órdenes de Berlín. Para ello les envió
el siguiente mensaje en clave: “La llegada de la estación de verano representa para usted también el
problema de completar sus existencias. El señor Hellermann, que acaba de regresar de un viaje a
Alemania, trae ofertas de toda clase, en las que usted seguramente estará interesado. Como sólo
tenemos unas cuantas muestras del nuevo surtido de mercancías que representamos en esta agencia,
le estaremos muy agradecidos si se sirve venir a visitarnos. En espera de su respuesta, quedamos a
su disposición. Con camaradería alemana. ¡Heil Hitler!”.

Como resultado de la invitación, entre el 15 y el 20 de mayo de 1936, Hellermann se reunió con los
32 líderes más importantes de todos los grupos locales nazis de España y les dio las instrucciones
que traía de Berlín. Los documentos desclasificados consultados en Holanda, Alemania y Estados
Unidos constatan que durante las semanas previas al alzamiento hubo frecuentes encuentros de
estos nazis con falangistas y carlistas en varias ciudades españolas. De hecho, consta que dos mil
quinientos hombres, perfectamente disciplinados, estaban listos para el día de la rebelión, según se
desprende de documentos alemanes procedentes de la falsa empresa de Hellermann en Barcelona
que están archivados en Amsterdam.

Existen referencias documentales precisas de que Hans Hellermann contó con la amistad de un
ingeniero del Ministerio de Aviación, que le puso en contacto con los jefes militares de la Ciudad
Condal. También tuvo la complicidad de otro nazi establecido en Barcelona, Schubert, ingeniero
diplomado, jefe del grupo de aviación del Frente del Trabajo Alemán, que impartió cursos a los
fascistas españoles.

Pero el contacto clave de Hellermann fue Luis López Varela, capitán de la quinta batería del
regimiento de artillería de Montaña n.º 1, con guarnición en Barcelona, cerca del puerto y de la
propia empresa de Hellermann. Hombre de confianza del general Mola, Luis López Varela fue uno
de los cabecillas de la Unión Militar Española (UME) en Cataluña. La UME era una organización
clandestina del ejército creada a principios de 1934 que adquirió mayor fuerza después de las
elecciones de febrero de 1936, cuando se enrolaron en ella muchos generales antirrepublicanos
como Mola, Franco, Goded o Fanjul. La UME y la Falange planearon posicionarse contra la
República y no dudaron en firmar un documento en el que se comprometían a secundar un
alzamiento militar.

Si la ayuda alemana durante la guerra sería decisiva en el triunfo final de Franco, cabe recordar que
el alzamiento militar fue inicialmente sofocado en Barcelona. En agosto de 1936, Luis López
Varela y otros miembros de la UME fueron sometidos a consejo de guerra por rebeldía y fusilados.
Hans Hellermann, buscado por las milicias populares y por la policía de la Generalitat, se fue a
Alemania, donde fue recibido personalmente por Hitler.

Las juventudes hitlerianas desfilan por Barcelona en 1941 frente a un grupo de mujeres con uniforme de
Falange portando una bandera española en la que han incluido una esvástica. Un guardia urbano saluda brazo
en alto

Hitler dio la orden de impulsar el golpe


Si Hans Hellermann auspició el ruido de sables en España desde Barcelona, en el norte de África
Franco contó con la colaboración de Johannes Bernhardt, jefe local del partido nazi en Tetuán, que
conoció al general en 1935, y de Adolf Langenheim, jefe del partido nazi en Marruecos, también
conocido de Franco por las mismas fechas. Ambos consiguieron que un mensaje del general, en el
que pedía la ayuda precisa para su guerra contra la República, fuera atendido por Adolf Hitler el 22
de julio de 1936 durante el Festival de Bayreuth en honor de Richard Wagner.
Tras leer el mensaje de Franco y hablar aquel mismo día con los emisarios nazis portadores de la
carta, Hitler ordenó en el mismo Bayreuth que se procediera a activar la ayuda logística y militar
que precisaba el futuro Caudillo. El mariscal Hermann Göering se encargó personalmente
–hay abundante documentación que así lo prueba– de que se montasen inmediatamente las
sociedades mercantiles necesarias para canalizar la ayuda del nazismo a Franco y más tarde ocultar
el inmenso aparato de guerra alemán que se desplegaría en España durante la II Guerra Mundial.
Además, los aviones que Franco solicitaba para el transporte de tropas partieron de inmediato desde
Alemania. Las empresas creadas fueron, primero, la Hispano-Marroquí (Hisma), nombre que se
atribuye a Franco, y luego, la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus). Según un detallado
documento desclasificado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, encontrado en las
oficinas de la Auslandsorganisation de Berlín, el 2 de agosto llegó a Sevilla el primer avión de
transporte y, en cortos intervalos, 24 aeronaves más, así como el transporte de tropas desde Tetuán a
Jerez de la Frontera y Sevilla a través de cuatro vuelos diarios de cada avión, con 25 o 30 soldados
completamente equipados por vuelo.

Otro documento nazi, hallado por el FBI al final de la II Guerra Mundial en la sede central de
Sofindus en Madrid, confirma que desde el primer momento del alzamiento los alemanes se
encargaron de enlazar telefónicamente los centros de mando militar de las fuerzas nacionales, lo
que implica una confianza total entre nazis y sublevados.

La documentación guardada en los archivos citados en este reportaje muestra que el apoyo nazi fue
determinante para que Franco no viera colapsada su ofensiva y perdiera la guerra ya en septiembre
de 1936, según consta en un memorándum secreto alemán de la AO (departamento exterior del
partido nazi) archivado en Estados Unidos.

Hasta poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial el régimen franquista no disimuló sus simpatías con
el ideario nazi. Los símbolos del Reich y del Movimiento Nacional adornan un tren en Barcelona en 1941.
La conspiración: nazificar España
La nazificación de España comenzó a prepararse seis años antes de la rebelión militar. En 1930 se
instaló en Lisboa el primer comisionado del nazismo para la península Ibérica, un tal Friedhelm
Burbach, enviado de Hitler, que le ordenó aglutinar a los alemanes residentes de España y Portugal
en torno al nuevo ideario nazi y buscar amigos y alianzas entre los anticomunistas y católicos de
cualquier color político. En la primavera de 1933, Walter Zuchristian, un empleado de la empresa
Siemens en Madrid, fue nombrado jefe del partido nazi en España. El 12 de junio del mismo año,
Zuchristian dirigió una carta a Burbach en la que ya mostraba inquietantes planes de futuro:
“Estamos esperando nuestra oportunidad. Por ahora nos mantenemos quietos, preparando todo para
estar en condiciones de obrar cuando la oportunidad se presente. Todo parece indicar que el pueblo
está cansado del régimen de izquierda y va a sacudirlo pronto. No se desespere, nuestras Ogs
(secciones locales nazis por toda España) están listas para cuando llegue ese momento”.

La ocasión soñada por los nazis pudo llegar después de las elecciones de noviembre de 1933,
cuando la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) se erigió en el partido con más
diputados en el Congreso. Fue entonces cuando Zuchristian giró una circular a los grupos locales de
su partido para ordenar el establecimiento de conexiones con los elementos más extremistas de la
CEDA y su líder, José M.ª Gil Robles, que fue invitado al congreso nazi de Nüremberg. Los nazis
estaban complacidos por la buena sintonía de la CEDA con militares como Goded o Franco, los
artífices de la brutal represión sobre los mineros asturianos en octubre de 1934. El día 18 de aquel
mes, Zuchristian anotó: “Han sido reprimidos en la forma debida”. Entonces, la presencia nazi
creció sin parar: en noviembre de 1934 tenían 22 oficinas de representación y en 1936, poco antes
de la sublevación, ya eran 163 por toda España. Sin embargo, Zuchristian fue relevado por Eric
Schnaus, un agente de la Gestapo que debía reorganizar el nazismo asentado en suelo español. El 8
de enero de 1936, a seis semanas de unas nuevas elecciones en España que darían la victoria a los
partidos de izquierda, Schnaus se olió el resultado y ordenó a todas las secciones locales poner a
buen recaudo documentación oficial hasta nuevo aviso y, “en el caso que sea necesario suspender
toda correspondencia, recibirá un telegrama diciendo ‘Contrato firmado. Juan’, de manera que al
recibirlo debe usted suspender toda comunicación hasta nueva orden. Esta carta deberá ser destruida
inmediatamente”. Aunque las copias españolas del mensaje anterior fueron destruidas, como se
ordenaba en él, ahora ha sido posible encontrar la enviada a Berlín.

Pero el 27 de marzo, Schnaus, convencido de que la conspiración contra la República podía estar
cerca y triunfar, se dirigió a la dirección de la Gestapo en Berlín, donde prometió “poner las
secciones de España listas para atacar”. Desde Alemania se mandó acelerar los contactos con los
sectores políticos y militares contrarios al gobierno de Madrid. A partir de aquel momento, los
futuros protagonistas del alzamiento serían mencionados en las comunicaciones secretas como
“clientes”, como se constata en una nueva circular de Schnaus a los jefes nazis en España: “Los
informes sobre nuestros competidores demuestran que sus directores se encuentran divididos
respecto del nuevo método de manufactura (…) Por esta razón tiene especial interés para nosotros
mandar instrucciones adecuadas a nuestros agentes y a nuestros clientes con el fin de que estén
preparados a hacer frente a cualquier situación”. Fue entonces cuando entró en juego el hábil Hans
Hellermann, a quien Schnaus confió la misión de servir a sus clientes.
Fotografía de Hans Hellermann, la única hallada en los archivos nazis en Alemania. Corresponde a su ficha
del partido nacionalsocialista

El siniestro Servicio de Control Portuario


En 1935 la Organización para el Extranjero del partido nazi, dirigida por Ernst Wilhelm Bohle, creó
el Departamento Central del Servicio de Control Portuario. Se trataba de una organización policial
secreta que cubría la actividad de la Gestapo (policía secreta alemana) fuera de las fronteras del
Reich y que siempre funcionó al margen de la embajada y de los consulados. La existencia en
España de este oscuro organismo aparece en un documento desclasificado por los norteamericanos,
con fecha de 29 de diciembre de 1945, cuyo contenido determinó las principales misiones que
Himmler encomendó al Servicio de Control Portuario en España que dirigía Hans Hellermann.

Su misión era vigilar los asuntos económicos de la península Ibérica con países extranjeros;
organizar un servicio de contrabando de armas y material de propaganda; establecer una red de
empresas españolas y portuguesas que, una vez terminada la guerra, permitiría hacer importaciones
de otros continentes, y, por último, la perversa misión de ejecutar las sentencias de tribunales
nacionalsocialistas secretos creados por Himmler para juzgar cuestiones de disciplina de los
residentes alemanes en la Península que se negaron a obedecer órdenes de la Gestapo. Se da por
hecho que está misión implicó el secuestro y el asesinato.

Según documentos encontrados en la sede de Import Business Hellermann & Philippi, el Servicio
de Control Portuario en España tuvo en nómina, oficialmente, a 45 agentes, además de centenares
de colaboradores, entre ellos representantes comerciales de empresas de navegación. Para evitar
problemas con las autoridades españolas, los sueldos de los agentes del servicio policial nazi eran
asumidos por dichas empresas. Es el caso de Paul Riger y Siegfred Wolf, que, en mayo de 1935,
fueron contratados por la compañía Baquera, Kusche y Martin, SA.

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