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LA BIOÉTICA Y SUS PRINCIPIOS

R.P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

1. PLANTEO DEL TEMA.

'Bioética' viene de: bios = vida; y ethos = moral; y designa la


reflexión o juicio moral sobre las diversas intervenciones que
pueden realizarse sobre la vida humana (ayudar a la
procreación, manipular embriones, tratamiento de
enfermedades, eutanasia, etc.).

Plantearse por el problema de la bioética es muy urgente,


porque en nuestro tiempo ha tomado una importancia muy
singular porque estamos en una época de grandes adelantos
médicos y biológicos, y en una época profundamente tocada
de materialismo y gnosticismo (= el deseo de 'conocer' a toda
costa, metiéndose incluso en el campo de Dios). Por eso, a
veces uno encuentra trabajos criticando este 'abuso' científico
con títulos como: 'los aprendices de brujos', 'jugando a ser
dioses', 'la tentación del edén', etc.

Basta con tener en cuenta, por ejemplo, que, según algunas


estadísticas:

-Cada minuto se gastan en el mundo 1,8 millones de dólares


en armamento militar.

-Cada hora mueren 1.500 niños de hambre o por


enfermedades causadas por el hambre.

-Cada día se extingue una especie de animales o de plantas


en el mundo.

-Cada año se realizan en el mundo entre 40 y 60 millones de


abortos quirúrgicos; es decir, más de 80 abortos por minuto;
entre 1 y 2 abortos por segundo. Esto sin tener en cuenta los
250 millones de mujeres que usan dispositivos intrauterinos

1
(DIU) con efectos abortivos, ni los cerca de 70 millones que
usan píldoras en su gran mayoría abortivas (al menos como
efecto alternativo).

-En numerosos países ya hay leyes permisivas sobre la


fecundación artificial y la crioconservación de embriones;
Inglaterra sentó, en 1996, los antecedentes de la destrucción
masiva de embriones congelados cuyos padres no reclamaron
después de 5 años.

-Ya se han sancionado las primeras leyes sobre eutanasia


activa y el informe Remmenlink muestra que en Holanda
(donde no está legalizada pero se la tolera) cada año se
practica sobre el 15% de la población enferma (unas 20.000
personas), de las que el 9% no la ha solicitado [1] .

-Ya se insinuan las primeras leyes permisivas para la clonación


humana.

-La homosexualidad, el transexualismo, el matrimonio de


homosexuales, la prostitución, la adopción y la fecundación in
vitro por parte de parejas homosexuales, etc., son toleradas
en muchas partes del mundo, en otras son protegidas por la
legislación y en muchas más se hace apología abierta de tales
comportamientos.

-Etc.

Por todo esto, es evidente que es necesario cuestionarnos


cosas de fondo: ¿hay un límite para los comportamientos del
hombre? ¿hay que hacer siempre el bien? ¿es necesario
ponerse reglas para el obrar del hombre sobre el hombre?
¿Por qué no hacer el mal?

¿De qué depende una correcta bioética? De dos cosas:

a) una sana visión antropológica

2
b) una 'consecuente' visión moral

2. FUNDAMENTOS ANTROPOLÓGICOS.

La bioética presupone un concepto del hombre, pues según lo


que el médico crea que es el hombre así actuará sobre él.

Podemos elaborar este concepto del hombre en cinco


proposiciones o principios antropológicos:

1º PRINCIPIO: 'TODO HOMBRE ES FRUTO DE UN ACTO


CREADOR DE DIOS'

Catecismo de la Iglesia Católica: n. 355 : ' Dios creó al


hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y
mujer los creó (Gn 1,27). El hombre ocupa un lugar único en
la creación'.

Catecismo de la Iglesia Católica: n. 366 : 'La Iglesia enseña


que cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no
es 'producida' por los padres-, y que es inmortal'.

De aquí se sigue como consecuencia moral un principio que


afirma la Congregación parar la Doctrina de la Fe en la
Declaración 'Iura et Bona', sobre la eutanasia (n.9): 'La vida
humana es el fundamento de todos los bienes, la fuente y
condición necesaria de toda actividad humana y de toda
convivencia social. Si la mayor parte de los hombres creen
que la vida tiene un carácter sacro y que nadie puede
disponer de ella a capricho, los creyentes ven a la vez en ella
un don del amor de Dios, que son llamados a conservar y
hacer fructificar'.

2º PRINCIPIO: 'TODO HOMBRE ES PERSONA'

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 356-357 : 'De todas las


criaturas visibles sólo el hombre es capaz de conocer y amar

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a su Creador; es la única criatura en la tierra a la que Dios ha
amado por sí misma; sólo él está llamado a participar, por el
conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha
sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad:
'¿Qué cosa, o quién, fue el motivo de que establecieras al
hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no
fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu
criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella.
Por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar
tu Bien eterno (Santa Catalina de Siena).

Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene


la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es
capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y
entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la
gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una
respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en
su lugar'.

'Ser persona' significa que es un 'individuo racional'. Es


alguien -no algo- capaz de conocerse, poseerse y darse
libremente. Es decir, es alguien dueño de sus actos, capaz de
tomar decisiones. Es infinitamente más que una cosa y es
infinitamente más que todo el reino animal.

La razón última de esto es el haber sido hecho a imagen de


Dios (cf. Catecismo, n. 357; Gn 1,27).

Además, su dignidad depende también de su fin: está llamado


a la gracia y la gloria (la visión de Dios en el cielo).

3º PRINCIPIO: 'LA PERSONA HUMANA ES UN SER, AL


MISMO TIEMPO, CORPORAL Y ESPIRITUAL'

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 362 : 'La persona


humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal
y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un
lenguaje simbólico cuando afirma que Dios formó al hombre

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con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y
resultó el hombre un ser viviente (Gn 2,7). Por tanto, el
hombre en su totalidad es querido por Dios'.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 365 : 'La unidad del


alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al
alma como la 'forma' del cuerpo; es decir, gracias al alma
espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo
humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no
son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una
única naturaleza'.

Instrucción Donum vitae (Intr., n. 3) : 'Esa naturaleza es al


mismo tiempo corporal y espiritual. En virtud de su unión
sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede
ser reducido a un complejo de tejidos, órganos y funciones, ni
puede ser valorado con la misma medida que el cuerpo de los
animales, ya que es parte constitutiva de una persona, que a
través de él se expresa y se manifiesta'.

El ser humano no es ni cuerpo solo ni alma sola. Es unión


substancial de cuerpo y alma. Actuando sobre el cuerpo se
alcanza la persona entera.

4º PRINCIPIO: 'EL SER HUMANO COMIENZA A SER


PERSONA EN EL MISMO MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN'

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1703 : 'Dotada de un


alma espiritual e inmortal, la persona humana es la única
criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma.
Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza
eterna'.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2270 : 'La vida humana


debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el
momento de la concepción'.

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Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2274 : '(El embrión) debe
ser tratado como una persona desde la concepción'.

El ser humano es persona desde el momento en que es


propiamente un ser humano; es decir, según dijimos en el
Principio 3º, desde que es un ser con alma y cuerpo.

¿Desde qué momento está el alma unida al cuerpo


(animación)? ¿Cuándo infunde Dios el alma? Un científico
no puede contestar de modo directo esta pregunta, porque en
ningún momento 've' o 'toca' el alma (como tampoco
nosotros podemos verla o tocarla). Pero se la puede 'adivinar'
allí presente desde el momento en que ese ser está ya
'completo' , es decir, desde el momento en que ya tiene todo
lo que ha de tener para ser considerado un ser humano.
¿Cuándo ocurre esto? ¡En el mismo instante de la
concepción!

Esto es lo asombroso: un segundo antes de la


concepción ese ser no existe. Existen, en cambio, dos
células diversas: una célula masculina, espermatozoide, (que
tiene una información genética idéntica a la del hombre que
será padre del futuro ser) y una célula femenina, óvulo, (que
tiene una información genética idéntica a la de la madre del
futuro ser)... pero en menos de dos segundos (que es lo que
tardan en unirse el espermatozoide y el óvulo, aparece un
nuevo ser, que tiene un código genético propio (no es ni el del
padre ni el de la madre), único en todo el mundo, y con todo
el programa de cómo irá desarrollando su humanidad en el
futuro.

Si ese ser sigue gestándose bien, nace, crece y vive hasta los
98 años... ¿qué nuevo cambio sustancial ocurrirá en su vida
después del instante de su concepción? ¡Ninguno! Con el
tiempo se le formarán los ojos... pero ya estaban allí
programados en su color, tamaño y vigor... Se le formarán los
dedos... pero ya estaba allí programada hasta la última huella
digital... Así como no hay cambios sustanciales desde que

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empieza a mamar de la madre, hasta que es capaz de
comerse un buen asado, así tampoco hay cambios
sustanciales desde que es concebido hasta que nace...

Por tanto, si el que nace es el mismo ser que fue concebido


-sin ningún cambio sustancial- y el que nace ya nace con su
alma.... entonces, esa alma estuvo presente desde la
concepción .

5º PRINCIPIO: 'DE AQUÍ SE SIGUE LA VIDA SIEMPRE


ES UN BIEN Y DEBE SER VISTA COMO UN BIEN'

Esta es la enseñanza que encontramos en la Sagrada


Escritura y en el Magisterio de la Iglesia.

1) En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento se revela con fuerza el valor que


tiene la vida a los ojos de Dios. Israel descubrió esto en las
vicisitudes del Éxodo: cuando el faraón decretó en cierto
modo su exterminio (mandando matar a todos los nacidos
varones: cf. Ex 1,15-22), el Señor se le revela como salvador,
como quien da esperanza a los que ya se ven sin futuro; le
revela que su vida no está a merced de la voluntad arbitraria
del faraón sino que es objeto de un amor tierno por parte de
Dios.

Lo mismo se diga de las distintas liberaciones de la esclavitud


(la esclavitud de Egipto, de Babilonia): Dios se manifiesta
como 'cuidador' de la vida de su pueblo: Eres mi siervo,
Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel, yo no te
olvido! (Is 44,21).

Más adelante, con los libros sapienciales, llega a captar que si


bien la existencia cotidiana nos manifiesta la 'precariedad' de
la vida (las amenazas, la muerte, el dolor, la enfermedad, la
pérdida), la fe ofrece una respuesta al sentido de la vida.

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Pensemos en el libro de Job. Allí se aparece el interrogante
del inocente aplastado por el sufrimiento y que no comprende
qué sentido tiene su existencia: ¿Para qué dar la luz a un
desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma, a los
que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda
más que por un tesoro? (Jb 3,20-21). Allí mismo (en la más
densa oscuridad) la fe esboza una respuesta: 'esto tiene
sentido; aunque ese sentido por ahora sea para nosotros un
misterio'; eso es lo que quieren decir las palabras de Job: Sé
que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable (Jb
42, 2).

En el libro de la Sabiduría se dice que Dios es amante de la


vida (Sb 11,26).

2.- En el Nuevo Testamento

Jesucristo anuncia (especialmente a todos los desgraciados


de la vida) que la vida es un bien, al que da sentido y valor el
amor de Dios Padre. Jesucristo viene a revelar que Dios se
interesa por ellos y que Dios custodia sus vidas en sus manos
(cf. Mt 6,25-34: la confianza en la Providencia; valemos más
que los pájaros del cielo y que los lirios del campo).

Jesucristo viene a explicarle al hombre el sentido que tiene la


vida a pesar de su precariedad. Por eso Él asume en su
propia vida esta precariedad: es recibido por los justos, pero
también es rechazado por el mundo que incluso siendo niño
busca matarlo (cf. Mt 2,13); conoce lo que es el abandono, el
no tener lugar en este mundo (cf. Lc 2,7). 'Jesús asume
plenamente las contradicciones y los riesgos de la vida:
siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os
enriquecierais con su pobreza (2Co 8,9)' (EV, 33). Jesús vive
la pobreza y la precariedad hasta el momento culminante de
la cruz. Y allí, 'en su muerte donde Jesús revela toda la
grandeza y el valor de la vida, ya que su entrega en la cruz es
fuente de vida nueva para todos los hombres (cf. Jn 12, 32)'
(EV, 33). Por eso dice Juan Pablo II: '¡Qué grande es el valor

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de la vida humana si el Hijo de Dios la ha asumido y ha hecho
de ella el lugar donde se realiza la salvación para toda la
humanidad!' (EV, 33).

La enseñanza de Jesucristo es que 'la vida es siempre


un bien'. ¿Por qué?, se pregunta el Papa. Y dice el mismo
Pontífice que esta pregunta recorre toda la Biblia y allí mismo
tiene su respuesta que es eficaz y admirable: el motivo es que
'la vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de
las demás criaturas vivientes, ya que el hombre , aunque
proveniente del polvo de la tierra (cf. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34,
15; Sal 103/102, 14; 104/103, 29), es manifestación de Dios
en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria
(cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6). Es lo que quiso acentuar también
san Ireneo de Lyon con su célebre definición: «el hombre que
vive es la gloria de Dios» ( Gloria Dei vivens homo ). Al
hombre se le ha dado una altísima dignidad, que tiene sus
raíces en el vínculo íntimo que lo une a su Creador: en el
hombre se refleja la realidad misma de Dios' (EV, 34).

Esto está revelado en el mismo libro del Génesis.

En el primer relato (cap. 1) se pone al hombre al término


de un proceso que va desde el caos informe hasta la creatura
más perfecta . Por eso toda la creación está ordenada al
hombre y todo se somete a él (cf. Gn 1,28; 2,15).

Y queda manifestado en las palabras particulares de Dios:


Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza
nuestra (Gn 1, 26). 'La vida que Dios ofrece al hombre es un
don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura
'.

Toda la Sagrada Escritura insistirá sobre la alteza de este don:


Dios revistió al ser humano de una fuerza como la suya, y lo
hizo a su imagen (Eclo 17,3); lo llenó de sabiduría e
inteligencia, le enseñó el bien y el mal (Ecles 17,6); lo creó
para la inmortalidad, lo hizo imagen de su misma naturaleza

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(Sb 2,23) [2] . El Concilio resume esto diciendo que le dio 'la
capacidad para conocer y amar a su creador' [3] .

En el segundo relato (cap. 2) se dice que Dios infundió en el


hombre un soplo divino para que tenga vida: El Señor Dios
formó al hombre con polvo del suelo, sopló en sus narices un
aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente (Gn 2, 7).
Se quiere con esto realzar el origen divino de este 'soplo',
'aliento', 'alma', 'espíritu', que da vida al hombre.

Es interesante la aplicación del Papa: 'El origen divino de este


espíritu de vida explica la perenne insatisfacción que
acompaña al hombre durante su existencia. Creado por Dios,
llevando en sí mismo una huella indeleble de Dios, el hombre
tiende naturalmente a Él . Al experimentar la aspiración
profunda de su corazón, todo hombre hace suya la verdad
expresada por san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti y
nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» [4]
' (EV, 35).

3. PRINCIPIOS MORALES .

A partir de lo que acabamos de decir sobre el hombre


podemos deducir ahora cómo ha de ser tratado, o sea,
nuestras obligaciones morales para con él. Podemos sentar los
siguientes principios.

1) Sólo Dios es Señor de la vida; el hombre no puede


disponer de ella (EV n.39 ss.)

Lo dice muchas veces la Escritura:

- El... tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo


de toda carne de hombre (Job 12,10).

- El Señor da muerte y vida, hace bajar al Seol y retornar


(1Sam 2,6).

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- Yo doy la muerte y doy la vida (Dt 32,39).

Por eso le dice a Noé después del diluvio: Os prometo


reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y
al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana
(Gn 9, 5). Y explica el motivo: Porque a imagen de Dios hizo
El al hombre (Gn 9, 6).

Este poder que Dios ejerce sobre la vida y la muerte, no lo


ejerce como amenaza sino con 'manos cariñosas como las de
una madre que acoge, alimenta y cuida a su niño' (EV, 39).

De esto se sigue el carácter inviolable de la vida humana. El


Papa explica que esto es lo que queda de manifiesto en la
pregunta divina que escucha Caín después de asesinar a Abel:
¿Qué has hecho? (Gn 4,10). En su corazón, todo hombre
siente que la vida suya y ajena no le pertenece, que es
propiedad de Dios Creador y Padre.

Por esto, dice el Papa, el mandamiento que protege la vida


ocupa el centro de los mandamientos del Sinaí: no matarás
(Ex 20,13); No quites la vida al inocente y justo (Ex 23,7).

En el Nuevo Testamento Jesús repite y profundiza ese mismo


mandamiento.

Al joven rico le dice: Si quieres entrar en la vida, guarda los


mandamientos (Mt 19, 16.17). Y cita, como primero, el no
matarás (v. 18).

En el Sermón de la Montaña, Jesús interioriza los


mandamientos en el campo del respeto a la vida: Habéis oído
que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate
será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se
encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal (Mt 5,
21-22).

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Jesús da una mayor exigencia al Antiguo Testamento. En el
Antiguo Testamento la legislación ya preocupaba de garantizar
y salvaguardar a las personas en situaciones de vida débil y
amenazada: el extranjero, la viuda, el huérfano, el enfermo,
el pobre en general, la vida misma antes del nacimiento (cf.
Ex 21,22; 22,20-26). Jesús retoma esto pero exige más:
propiamente no hay forastero, porque hay que hacer prójimo
de todo necesitado (como enseña en la parábola del buen
samaritano: Lc 10,25-37) y manda incluso el amor a los
enemigos (cf. Mt 5,38-48), hacerles el bien a los enemigos
(cf. Lc 6,27.33.35), rezar por ellos: Pues yo os digo: Amad a
vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que
seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol
sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mt
5,44-45; cf. Lc 6,28.35).

2) El hombre tiene obligación de hacerse responsable


de la vida

En la Sagrada Escritura Dios da al hombre una soberanía


sobre la creación (cf. Gn 1,28; Sal 8,7-9). Pero es un dominio
del cual el hombre debe 'responder' ante Dios. No tiene un
poder absoluto; no tiene libertad de 'usar y abusar' (cf. EV,
42). Esto queda expresado en el Génesis cuando Dios, al
darles a Adán y Eva el Paraíso, les impone una limitación: les
prohibe comer el fruto del árbol (cf. Gn 2,16-17).

Hay pues una responsabilidad. Esta responsabilidad cae sobre


toda la creación: debemos cuidarla para nosotros y para las
generaciones futuras. Es la sana preocupación ecológica. Pero
principalmente la responsabilidad cae sobre la vida humana.
Particularmente en tres casos:

a) La responsabilidad del hombre alcanza su vértice en la


transmisión de la vida humana mediante la procreación . Al
procrear, los esposos continúan la obra de la Creación, porque
dan pie a la constante creación de Dios de quien sólo puede
provenir el alma inmortal. En la procreación, los esposos se

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asocian así a una obra divina. De ahí su deber de hacerlo de
manera responsable, es decir, según las leyes inscritas por el
mismo Dios [5] .

Junto a la transmisión de la vida hay dos casos en los que


esta responsabilidad alcanza su punto culminante allí donde la
vida humana es más precaria:

b) La vida que está llegando a este mundo . Dios manifiesta


constantemente, en la Sagrada Escritura, que Él es el que
está guiando la vida de todo ser humano, desde el vientre
materno:

- Antes de haberte formado yo en el seno materno, te


conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado (Jr 1,5).

-Job dice: Tus manos me formaron, me plasmaron... Recuerda


que me hiciste como se amasa el barro, y que al polvo has de
devolverme. ¿No me vertiste como leche y me cuajaste como
queso? De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos
y de nervios. Luego con la vida me agraciaste y tu solicitud
cuidó mi aliento (Job 10,8-12).

-La madre de los siete hermanos del libro de los Macabeos


dice a sus hijos alentándolos al martirio no a no abandonar a
Dios: Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo
quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo
los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el
que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen
de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con
misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a
causa de sus leyes (2 M 7, 22-23).

c) La vida que está por salir de este mundo . Lo mismo se


diga de los ancianos y enfermos [6] . La Escritura nos enseña
la actitud que se debe tener ante la enfermedad y la muerte:
la muerte, como la vida está en las manos de Dios: Señor, en
tus manos está mi vida (Sal 16/15,5). La Revelación nos

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enseña que la vida del cuerpo, en su condición terrena, no es
un valor absoluto; hay situaciones en que hay que estar
dispuestos a ofrecerla por un bien mayor. Como dice Nuestro
Señor: quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien
pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,35).
Sin embargo, ningún hombre puede decidir arbitrariamente
entre vivir o morir. En efecto, sólo es dueño absoluto de esta
decisión el Creador.

Como consecuencia de la anterior valoración, la única actitud


que se debe tomar ante una vida humana es acogerla
responsablemente. Esto se realiza respetando el designio
divino sobre ella y respondiendo por ella ante Dios, porque 'el
hombre es la criatura en la tierra que Dios 'ha querido por sí
misma'... La vida humana es sagrada porque desde su inicio
comporta 'la acción creadora de Dios' y permanece siempre
en especial relación con el Creador, su único fin' [7] . ¿Qué
quiere decir respetar la vida humana como sagrada? Quiere
decir respetarla íntegramente en todas sus fases y en toda su
naturaleza:

-Respetar la vida de la persona en todas sus fases . Desde el


inicio (concepción) hasta el fin (muerte) el científico se
encuentra delante de una vida humana. Por tanto, no existe
ninguna justificación para establecer una discriminación
cronológica , es decir, un período en el cual un hombre pueda
ser manipulado [8] . No se puede destruir un ser humano
porque este tenga menos de 14 días o porque ya esté
desposeído de sus sentidos y al borde de la muerte, ni porque
sea una carga para sociedad, ni porque esté en un banco de
congelamiento de embriones, ni porque no haya sido
implantado [9] . Algo muy importante entre los aportes de la
Encíclica Evangelium vitae es lo que Mons. Sgreccia ha
llamado 'principio del tuciorismo' [10] , y que ve expresado en
la afirmación: 'bastaría la sola probabilidad de encontrarse
ante una persona para justificar la más rotunda prohibición de
cualquier intervención destinada a eliminar un embrión
humano' [11] .

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-Respetar la estructura constitutiva de la vida humana . El
hombre tiene derecho para actuar sobre la naturaleza humana
sólo en orden a corregirla en sus situaciones defectuosas o
patológicas, o para favorecer en sus potencialidades positivas,
pero no tiene ningún derecho de alterar esta estructura
esencial [12] .

3) Para respetar la vida es necesario cumplir la ley de Dios


enteramente

'La vida -dice el Papa- lleva escrita en sí misma de un modo


indeleble su verdad ' (EV, 48). La vida hay que mantenerla
'dentro de esa verdad'; vivirla al margen de esa verdad 'es
condenarse a sí mismo a la falta de sentido y a la infelicidad'.
Esto quiere decir es que la vida es vida (plena y auténtica)
cuando realiza el 'bien', y el 'bien' está esencialmente
vinculado a los mandamientos del Señor. Cuando uno cumple
los mandamientos de Dios la vida es 'verdaderamente' vida y
es vida 'buena'. Cuando uno no los cumple TODOS, la vida
termina careciendo de sentido.

Y el Papa insiste: no se trata de respetar sólo el quinto


mandamiento (no matarás) sino todos. 'El conjunto de la Ley
es, pues, lo que salvaguarda plenamente la vida del hombre.
Esto explica lo difícil que es mantenerse fiel al «no matarás»
cuando no se observan las otras «palabras de vida» (Hch 7,
38), relacionadas con este mandamiento. Fuera de este
horizonte, el mandamiento acaba por convertirse en una
simple obligación extrínseca, de la que muy pronto se querrán
ver límites y se buscarán atenuaciones o excepciones'.

En otras palabras, no se puede vivir bien, y no se respetará la


vida humana mientras no se respeten todos los
mandamientos divinos. Para el que viola cualquiera de los
otros mandamientos (el respeto por la sexualidad, el respeto
por la veracidad, por los bienes ajenos, etc.) también se
termina haciendo muy pesado el respetar la vida del prójimo.

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4) Principios subsidiarios

Junto a estos principios éticos fundamentales pueden


establecerse otros principios morales que podemos designar
como 'secundarios'. No significa que sean menos importantes,
sino que son como las aplicaciones prácticas que a través de
las cuales se verifica el respeto total por la vida humana que
acabamos de señalar. Entre estos cabe indicar: el principio de
doble efecto, el principio de totalidad, el principio de la
bondad integral del acto humano, etc. Su estudio no puede
ser realizado en una conferencia tan general como ésta. Sólo
menciono más explícitamente el principio de 'bondad integral
del acto humano' porque, en el fondo, es el primero de todos
estos principios y el más descuidado.

Este principio se puede sintetizar en la afirmación tradicional:


un acto es bueno cuando todos sus elementos morales son
buenos, y es malo cuando al menos uno de ellos es malo [13]
. Decimos que una escultura es perfecta cuando todos sus
elementos tienen la proporción justa; basta ver que el autor
calculó mal las medidas de un brazo haciéndolo más largo que
el otro, para afirmar que no es una buena obra. En una pieza
musical no basta con que la mayoría de los músicos toque
bien, porque es suficiente que uno solo se equivoque para que
arruine la obra. De aquí que Santo Tomás pueda establecer
que el bien y el mal moral de los actos humanos se dicen del
mismo modo que el bien y el mal en los seres: algo es bueno
en la medida en que tiene todo lo que le corresponde por su
naturaleza, malo en la medida que esté privado de algún
elemento esencial [14] . Desde el punto de vista moral un
acto tiene tres elementos que son [15] :

-Aquello que se hace (objeto moral);

-El motivo por el que obramos (fin remoto o intención);

-Las circunstancias en que actuamos.

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Esto significa que debemos atenernos a varios criterios para
valorar una acción. No basta con tener buena intención sino
que hace falta también que lo que se haga sea bueno (por
ejemplo, en la fecundación 'in vitro' puede ser que la
intención sea ayudar a una pareja esteril a que tenga un hijo;
eso está bien como intención, pero el acto por el cual se
busca darle el hijo está mal en sí). Y tampoco basta con que
lo que se haga sea bueno sino que ha de hacerse dentro de
las circunstancias buenas (no basta con curar a un enfermo si
lo hago humillándolo o faltándole la caridad). Los tres
elementos tienen que ser buenos; y bastaría que uno sea
malo para que toda la acción esté moralmente mal.

Este principio, por tanto, va en contra tanto de quienes


justifican todo por el fin ('el fin justifica los medios') cuanto de
la llamada 'ética de las circunstancias' (algo es bueno o malo
según las circunstancias en que se encuentre').

CONCLUSIÓN

El novelista inglés, G. K. Chesterton, cuenta la historia de un


hombre que aborrecía la idea del cristianismo y su símbolo, la
cruz. No soportaba ver una cruz. Por eso quitó todas las
cruces que había en su casa. Después salió a caminar y
cuando iba por el camino se dio cuenta que los postes de las
cercas de las casas tenían forma de cruces; tomó un hacha y
comenzó a romperlos; luego vio que los árboles tenían forma
de cruz y siguió haciendo lo mismo. Desesperado por ver
cruces en todas partes, se tendió en la tierra, cara al cielo,
sudoroso, con los brazos abiertos por el cansancio. Pero al
rato se dio cuenta que él mismo tenía, puesto de esa manera,
forma de cruz.

Este novelista nos quiso decir con esto que no se puede eludir
el misterio de Cristo y el de la Cruz de la vida del hombre. Si
tratamos de eliminarlo eliminamos al mismo hombre. Algo
semejante ocurre con lo que hemos tratado. No se puede

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eliminar la dimensión moral, ni la reflexión moral, de los actos
del hombre. Si nos negamos a pensar 'moralmente'
destruimos al hombre. Nuestro mundo está siendo testigo de
algo semejante. Atrevámonos a pensar antes de obrar; y
obremos de acuerdo a los grandes principios. Es la única
forma de no equivocarnos.

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[1] Cf. Prof. Michael Schooyans, Defender el don de la vida,


L'Osservatore Romano, 1 de setiembre de 1995, p. 9.

[2] San Ambrosio tiene un texto admirable, citado por el


Papa, en el que expresa esta grandeza del hombre: 'Finalizó
el sexto día y se concluyó la creación del mundo con la
formación de aquella obra maestra que es el hombre, el cual
ejerce su dominio sobre todos los seres vivientes y es como el
culmen del universo y la belleza suprema de todo ser creado.
Verdaderamente deberíamos mantener un reverente silencio,
porque el Señor descansó de toda obra en el mundo.
Descansó al final en lo íntimo del hombre, descansó en su
mente y en su pensamiento; en efecto, había creado al
hombre dotado de razón, capaz de imitarle, émulo de sus
virtudes, anhelante de las gracias celestes. En estas dotes
suyas descansa el Dios que dijo: ¿En quién encontraré reposo,
si no es en el humilde y contrito, que tiembla a mi palabra (cf.
Is 66, 1-2). Doy gracias al Señor nuestro Dios por haber
creado una obra tan maravillosa donde encontrar su
descanso' (San Ambrosio, Exameron , VI,75-76; CSEL 32,
260-261).

[3] GS, 12.

[4] San Agustín, Confesiones , I,1; CCL 27,1.

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[5] Esta responsabilidad sobre la vida humana no se restringe
a los padres sino que afecta a todo hombre. Todo hombre y
toda mujer tiene 'el deber de acoger y servir la vida... y
[esto] ha de manifestarse principalmente con la vida que se
encuentra en condiciones de mayor debilidad. Es el mismo
Cristo quien nos lo recuerda, pidiendo ser amado y servido en
los hermanos probados por cualquier tipo de sufrimiento:
hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos,
encarcelados... Todo lo que se hace a uno de ellos se hace a
Cristo mismo (cf. Mt 25, 31-46)' (EV, 43).

[6] El Papa responde a aquellos que dicen que no se dice


nada en la Biblia sobre el respeto por la vida del anciano:
'sería anacrónico esperar de la revelación bíblica una
referencia expresa a la problemática actual del respeto de las
personas ancianas y enfermas, y una condena explícita de los
intentos de anticipar violentamente su fin... Estamos en un
contexto cultural y religioso que no está afectado por estas
tentaciones, sino que, en lo concerniente al anciano, reconoce
en su sabiduría y experiencia una riqueza insustituible para la
familia y la sociedad' (EV, 46).

[7] DV, Introducción, nº 5.

[8] Cf. SAGRADA CONCREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA


FE , Declaración sobre el aborto , nº 12.

[9] Sobre la indisponibilidad e inviolabilidad de la vida ver:


Carta a los agentes de salud , nnº 42-45.

[10] Cf. Mons. E.Sgreccia, Los fundamentos de la bioética en


la encíclica , L'OR, 25/08/95m p. 9.

[11] EV,60

[12] '...El médico interviene no para modificar la naturaleza,


sino para ayudarla a desarrollarse según su esencia, aquella
de la creación, aquella querida por Dios . Trabajando en este

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campo, evidentemente delicado, el investigador se adhiere al
designio de Dios. Dios ha querido que el hombre fuese el rey
de la creación. A vosotros, quirúrgos, especialistas de las
investigaciones de laboratorio y médicos generales, Dios
ofrece el honor de cooperar con todas las fuerzas de vuestra
inteligencia en la obra de la creación, iniciada en el primer día
del mundo' ( JUAN PABLO II , A la Asociación médica mundial
, 29 de octubre de 1983).

[13] Bonum ex integra causa, malum ex quocumque deffectu


(Cf.. De Divinis Nominibus , 4,30; Santo Tomás lo cita en I-II,
18, 4 ad 3).

[14] Cf. I-II, 18, 1.

[15] Cf. Encíclica Veritatis splendor 77-83; Catecismo de la


Iglesia Católica , nnº

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teologoresponde@ive.org

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