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Construcción del Tercer Mundo o la Inducción al SubdesarroUo

Dr. Ricardo E. Lima Soto, Ph.D. Universidad Rafael Landívar, Guatemala.

nosotros

buscamos únicamente modificar una situación dada, ya

... existente, para cambiar el énfasis en alguna medida, y para sugerir

una multitud de mejoras y reformas

Esto, entonces, es la razón

... y la justificación para realizar un programa integral de desarrollo.

Esfuerzos dispersos y esporádicos darán como resultado impactos muy débiles y, seguramente insostenibles, en las condicionantes económico-sociales del país. Únicamente por medio de una es- trategia de intervención total en la economía: en educación, salud, vivienda, alimentación y productividad, puede pensarse para po- der romper el círculo vicioso que genera pobreza, ignorancia, en- fermedad-salud, y baja productividad. Pero, una vez que se logre esta ruptura, el proceso de desarrollo económico puede tornarse

en autosostenible. (Reporte del Banco Internacional para la Recons- trucción y el Desarrollo (Banco Mundial), sobre el caso de Colombia, en 1950).

E l marco en el que pretende involucrarse este documento no es otro que el de las condiciones de la realidad social de distintas naciones, pero, con

el énfasis siempre dirigido y la mirada obligada a cuestionar "lo nuestro". Lo nuestro entendido como algo elaborado dentro de un complejo de dinámicas del discurso, que surgen y consolidan estructuras de poder y que, de hecho, pasan a ser la representación generalizada de la realidad social. Lo curioso es que dicha representación no provenga de una concesión consensuada desde la voz de los actores, es decir, desde los representados; de esta forma, vemos que poder y discurso van siempre juntos y que, como consecuencia, los conglomerados sociales, obligados a una relación subordinada con respecto a los gestores del discurso, son además considerados únicamente sujetos de

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intervención y no de opinión. Por otro lado, los procesos de globalización no han despolarizado el mundo en términos de convertirlo en un sitio más democrático y equitativo, ni siquiera más homogéneo. Con sutileza dis- cursiva se han ido desvaneciendo los límites y fronteras tradicionales de un orden mundial preglobalizado, donde los cuadrantes norte-sur, este-oeste, mantenían relaciones de tensión y de dominio, que, justamente por los deslindamientos territoriales, han permitido la concentración de capitales, la elaboración y distribución de tecnología y la generación de discursos en un cierto núcleo transnacional que cada vez más define y maneja al mundo desde una visión y una postura eminentemente hegemónicas. La división primer y tercer mundos ya no se hace tan radicalmente necesaria, pero sigue siendo útil para efectos de control en la calidad de mano de obra barata y disponible, la producción de alimentos y algunas materias primas. De suyo, mi intención al presentar y discutir la actualidad de los términos desarroUo-subdesarroUo, se centra quizás no tanto en las redes de acción que generan y distribuyen la riqueza por todo el mundo, o de las instituciones elaboradas para hacerlo más o menos eficientemente, sino mejor, trataré de inducir, hermenéuticamente, los imaginarios y significaciones que subyacen entre los discursos emanados de ese núcleo sin rostro que decide cómo y dónde se dan las condiciones y los supuestos beneficiarios del desarrollo mundial.

  • I. Elaboración de los conceptos desarroUo-subdesarroUo

Cuando cité al inicio un párrafo del documento del Banco Mundial, quería hacer énfasis en la parte donde se justifica la necesidad de la intervención de los equipos de expertos de este banco, quienes podrían sugerir toda clase de mejoras y reformas, en cualquiera de nuestros países latinoamericanos, hasta que pudiéramos alcanzar —según su criterio y estándares— el estatus de países mejorados civilizatoriamente para poder ser, en alguna medida, inte- grados al mundo desarrollado. Sea como fuere, estas propuestas de asesorías supervisadas y ejecutadas por los expertos del BM, se constituyeron como nuevas estrategias de acercamiento e intervención en la gestión de todos los asuntos sociales y económicos de nuestros países. Nótese, que fueron asuntos que paulatinamente fueron dejando de ser responsabilidad exclusiva de nuestros gobiernos, eximiéndolos en gran medida, de invertir y planificar

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tales intervenciones desde una visión más nacionalista. Nótese, así mismo,

la inducción a condiciones de pasividad y delegación de idearios y acciones

de intervención en manos de los "expertos" internacionales.

Como consecuencia, esta nueva estrategia de intervención, va convirtiéndo-

se en una política de estado, al inicio desde los Estados Unidos de América,

para negociar ayudas y apoyos con un gran número de naciones, una vez

superada la crisis de la Segunda Guerra Mundial, justamente con el fin de

consolidar la gran familia mundial de los países alineados, en nombre y bajo

la justificación del desarrollo. Como resultado de dicha estrategia, se llega

a conocer por primera vez en el mundo, el término "subdesarrollado" apli-

cado a ciertos países en relación periférica y marginal con el primer mundo.

En un principio, se definieron los parámetros para que los países subdesa-

rroUados y sus poblaciones, fueran adquiriendo ios cambios necesarios para

convertirse en sus socios y cómplices, y tales elementos, en términos de los

paradigmas de inspiración y hacia los paradigmas de aplicación, práctica-

mente coincidían con aquellos de los estados-nación industrializados. La

transferencia del modelo de civilización industrial requería de muchísima

inversión, capacitación de mano de obra, profesionalización de mandos me-

dios y altos en universidades y centros de capacitación especializados en paí-

ses de Norteamérica y Europa, y sin dudar, igualmente requería de niveles

muy amplios de transferencia de tecnología que quizás no sería muy buena

idea efectuar, por razones geopolíticas. De esta forma, el perfil inicial de la

estrategia fue rebajando sus pretensiones ideales hasta situarse y verificar los

niveles de aceptación y dependencia que se habían logrado con tan sólo los

reportes de las misiones de expertos internacionales en nuestros países. Lo

que sí se logró construir plenamente fue el discurso sobre el subdesarrollo, el

cual comenzó a permear en todos los países en situación de subalternidad y

urgidos de perseguir este ideal, hasta convertirse en recipiendarios de todos

los conocimientos y metodologías transferidos para lograrlo. Este discurso

fue emergiendo y circulando entre países e instituciones de alcance inter-

nacional, entre 1945 y 1955, en el ambiente angustiante pero esperanzador

de la postguerra y, las consecuentes iniciativas de apoyo a estados amigos, lo

cual cambió definitivamente el carácter y el alcance de las relaciones entre

países ricos y países pobres, y, específicamente, las acciones que los gobier-

nos deberían asumir para lograrlo.

..^

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Así, los conceptos de "subdesartoUo" y "tetcet mundo", aparecieton inicial-

mente como categotías de análisis para set utilizadas en propuestas con-

cretas de intervención en nuestros países y, para ser acatadas por nuestros

gobiernos y gobernantes, so pena de no ser considerados para préstamos

millonarios con estos fines. Por supuesto, sería muy pretencioso y amplio el

entrar a discutir las condiciones históricas y la reconfiguración de las estruc-

turas de poder global y, consecuentemente, las estrategias para el desarrollo;

incluyendo el resquebrajamiento de las viejas estructuras de los regímenes

coloniales, los cambios en las estructuras de población y producción, y, la

creciente fe en las ciencias y la tecnología. De suyo, nuevas formas de pro-

ducción de conocimiento económico y de interés y desarrollo en conoci-

mientos especializados en sectores, como los "estudios latinoamericanos"

o los "estudios asiáticos", fueron permitiendo la elaboración también espe-

cializada de conocimientos sobre culturas, prácticas y costumbres, con la

correspondiente absorción de intelectuales provenientes de países viviendo

la fase de postcolonialismo, como son los casos de la India, el medio oriente

o Latinoamérica, en donde, grupos de jóvenes con buena capacidad inte-

lectual, fueron muy bien seleccionados a través de convocatorias de becas

de postgrado, y que fueron profesionalizados en universidades del primer

mundo desde donde contribuyeron con la producción de conocimiento de

los estudios de área. Nombres de intelectuales orgánicos que ayudaron a

formar verdaderos tanques de pensamiento, como lo son: Bhabha, Spivak,

Guha, Said, y, en Latinoamérica, Ileana Rodríguez, Castro-Gómez, Men-

dieta y otros.

Consecuentemente, el desarrollo económico, la liberalización del comer-

cio mundial y el agigantamiento de corporaciones de crédito transnacio-

nales tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y

el Banco Internacional para el Desarrollo, se convirtieron en los principa-

les instrumentos para diseminar el discurso y la práctica e impulsar nuevas

estrategias.

El "desarrollo", evolucionó discursivamente bacia estadios más sutiles como

una manera de pensar el mundo y la realidad -nótese la marginalidad de-

liberada-, y como una fuente de prácticas desde el núcleo hegemónico y

bacia las geografías en posición de subalternidad. Los países del así llamado

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tercer mundo, se convertirían, de aquí en adelante, en el objetivo de un

sinnúmero de intervenciones y programas que consolidarían su carácter de

dependencia, que, como veremos adelante, nos va convirtiendo en países y

gobiernos dispuestos fácilmente a las dádivas, a mendigar ayuda, compro-

metiendo a nuestros pueblos y gobiernos a aceptar condiciones impuestas,

sin siquiera molestarse en buscar innovar, inventar, sacar provecho de lo que

se es y lo que se tiene.

El discurso, desde la hegemonía, aparentemente no

obliga a que se acepten condiciones en desventaja; no, el problema es que a

través del discurso amistoso y de apoyo desinteresado, se va introduciendo

una nueva variedad de vida, y, con ella, una nueva actitud basada en la

autopercepción. Con esto quiero llamar la atención en la instilación, en

la paulatina convicción, en la inducción, a través del discurso, de nuestra

nueva manera de ser, impuesta pero incuestionada, de considerarnos a noso-

tros mismos como seres pequeños e indefensos, como naciones incapaces de

poder superar nuestra esencia innata de haber nacido pobres y necesitados.

Y esto es poder. Poder de convicción, porque nos han hecho creer que na-

cimos para permanecer abajo. Poder de decisión unilateral, también, para

escoger quién manda y quién, obedece. Quién ayuda y quiénes reciben la

ayuda, bajo qué términos y fidelidades.

Todo lo que es significativo en la realidad económica y social de estos países,

es decir, su población, sus procesos de acumulación de capital, sus recursos

naturales, agricultura y comercio, sus valores culturales, etc., se convirtieron

en objeto de ponderaciones explícitas para la nueva generación de expertos

internacionales en desarrollo que surgió desde los años 60 y quienes fueron

incrementando el conocimiento y las ciencias especializadas en este tema.

Esta situación dio pie a la elaboración técnicamente compleja, y por lo tanto

creadora de dependencia, de políticas y estrategias confeccionadas a la me-

dida de la realidad de cada país sujeto de intervención.

Sin intentar salirme del tema, pero, a manera de enunciado que comple-

menta la aparentemente cómoda postura subalterna de nuestros países, ten-

dré que reconocer que con las constantes inyecciones de muchos millones

de dólares a nuestras siempre frágiles economías, se fue consolidando, a lo

interno, la cultura del oportunismo político; la cual, en resumidas cuentas,

puede explicarse como la pérdida inexorable del sentimiento y de los ideales

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nacionalistas para pasar a formar parte de una élite de nuevos ricos con

base en el robo y la corrupción. El concepto y las estrategias de desarrollo

aplicadas en nuestros países desde los años 60, no habían logrado erradicar

la pobreza, la enfermedad y el hambre; tampoco habían podido elevar los

niveles de formación y educación de nuestras poblaciones, pero, en cambio,

habían logrado despertar un hambre insaciable por el enriquecimiento rá-

pido a partir de cualquier medio y desde la administración pública. Una

parte importantísima del virus de la corrupción impactó en los sistemas que

sostienen el estado de derecho, ayudó a corromperlo y dio paso así al cáncer

de la impunidad. Desde entonces, los llamados "bad boys" o delincuentes

de cuello blanco, azul o rojo, campean libremente entre nuestras sociedades,

sin temor a ser juzgados y condenados. De suyo, y como consecuencia de

nuestra incapacidad de combatir y superar este estado del mal prevalecien-

te, como otro ejemplo de los discursos de poder inducidos, recientemen-

te, y después de amplísimos debates, fue aprobada la ley que autoriza la

formación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad o CICIG,

en Guatemala, donde expertos de la Organización de Naciones Unidas

(ONU), vendrán a hacerse cargo de procesos de investigación, recolección

de pruebas y evidencias, para lograr acusar y condenar a criminales que los

guatemaltecos no hemos sido capaces de atrapar. De hecho, recordamos

con hilaridad y buen humor chapín, que la penúltima sesión donde esta

ley no fue aprobada por los congresistas, nuestro vicepresidente, Eduardo

Stein, recriminó a los legisladores por estar "escondiendo" una "gusanera" de

negocios turbios e ilegales en el seno del Congreso.

II. Institucionalización del desarrollo

Según Foucault (1980-1981), Said (1979) y Escobar (2003), la producción

y circulación de discursos son componentes integrales del ejercicio del po-

der. El desarrollo en sí mismo, en su esencia discursiva y en su expansión

estratégica, lo ha hecho de manera muy eficiente y continua. Interesante

la manera cómo se fueron haciendo complejos los procesos de producción

de conocimiento que incluyen políticas, estrategias, metodologías de aplica-

ción y evaluación, que, garantizan resultados y persuaden a los países y sus

gobiernos para buscar el ideal del desarrollo. Me refiero concretamente a la

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elaboración científica de procedimientos debidamente adaptados a la me-

dida del tercer mundo, para resolver problemas propios del tercer mundo.

Así, obviamente el análisis económico como tal no era suficiente y se invo-

lucraron ramas como los estudios del estado-del-arte en salud, demografía,

planeación urbana, educación, nutrición, etc. En América Latina, se inició

una reorganización de instituciones generadoras de conocimiento o especia-

lizadas en estos campos, por ejemplo, para citar un caso en Guatemala, el

del Instituto de Nutrición para C.A. y Panamá (INCAP), reconocido por

su cientificismo y capacidad de investigación, que revolucionó las propues-

tas nutricionales para apoyar los procesos de erradicación de la desnutrición

en nuestros países, especialmente con su harina nutritiva de bajo costo, In-

caparina. En fin, esto sucedió en los años 60; hoy en día tenemos niveles de

hambruna y desnutrición más preocupantes que en esos años, con lo que,

no a manera de conclusión deliberada, todavía, diría yo que nuestro nivel

de SubdesarroUo ha crecido, se ha ampliado, al menos en lo que se refiere a

la base poblacional.

En términos de la institucionalización del desarrollo debemos aclarar que

los discursos y las consecuentes intervenciones son definidas por una red

cada vez más amplia y compleja de organizaciones gubernamentales y no

gubernamentales, tanto nacionales como internacionales, que circulan y re-

producen conocimiento por medio de conferencias, reuniones de expertos,

consultorías y programas especializados que han sido elevados a nivel de

postgrado en las universidades. Esto los hizo visibles ante los mundillos

gubernamentales en la esfera pública. Esto hizo que los expertos y sus bien

elaboradas propuestas fueran bien recibidas e impulsadas por las castas po-

líticas de nuestros países. Esto los hizo, en nombre propio y de las insti-

tuciones que representan, ejercer poder directamente en asuntos de Estado

y de interés nacional. Así, estábamos convencidos de que, poco a poco, el

estado de subdesarroUo cedería ante las propuestas readaptadas y reconfigu-

radas por los economistas y sus equipos multidisciplinares, especialmente

si eran expertos extranjeros. Un resultado paradójico es cómo a través de

la doctrina económica, los expertos construyeron lo que denominaron la

'economía del subdesarroUo". Sin embargo, otro elemento paradójico es

el que denominaron la "teoría del crecimiento", la cual indica, de manera

resumida, que para poder crecer, las economías locales deberían tener buena

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capacidad de ahorro y reinversión de un cierto porcentaje de su producción.

Esta fórmula garantizaría el crecimiento permanente de nuestras economías

y del bienestar de nuestros pobladores. Sin embargo, cuando los expertos

estuvieron listos para aplicar estas propuestas teóricas a las maltrechas con-

diciones económicas de los por ellos denominados "países pobres", se dieron

cuenta que los niveles de ahorro no eran suficientes para alcanzar los niveles

de reinversión ni de recaudación impositiva. Y la teoría y su estrategia, se

vinieron al suelo. Se creó, entonces, el nuevo término denominado "depre-

sión o caída del ahorro", que lo que indica no es otra cosa que insuficiencia

para hacer sostenible una economía recetada al estilo del primer mundo.

Especialmente, cuando ésta se sostiene en componentes infraestructurales y

sociales de carácter industrial.

Así, la manera en que el proceso de industrialización -ahora visto como la

receta de salvación del subdesarrollo- debería impulsarse en nuestros países,

se convirtió en el principal modelo de desarrollo formulado en esos años.

La planificación, como estrategia, como conocimiento y como nicho de

capacitación de técnicos locales, se convirtió en una actividad prioritaria ya

que sin ella, el proceso de industrialización no podría darse. Así, la ayuda,

los préstamos e inversión extranjera, se tornaron indispensables para poder

superar la baja capacidad de ahorro e inversión o "savings gap". Algunos

expertos confiaban en que con gran impulso e inyección de recursos al prin-

cipio de la intervención, era indispensable para poder romper el círculo

vicioso de la pobreza, baja productividad, y la falta de capital, entre otros.

Sin embargo, los expertos estaban convencidos de que la superación de con-

diciones de subdesarrollo en la mayoría de países del tercer mundo, era algo

posible. De esta forma, aseguraban, que las economías retrasadas podían ser

modernizadas si se aseguraban la provisión de suficientes fondos monetarios

y se aseguraba la transferencia de tecnologías apropiadas.

Dentro de esta línea, se creó un sistema que inició la transformación de la

manera cómo objetos, conceptos y estrategias fueron definidos dentro del

discurso económico desde el poder hegemónico. Es más, la visión econó-

mica fue la predilecta entre las ciencias para liderear los esfuerzos para mo-

dificar las condiciones de subdesarrollo en nuestras sociedades latinoameri-

canas, trayendo con este nuevo conocimiento privilegiado, una forma com-

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pletamente nueva de ver y comprender la vida social y económica de nuestras

sociedades. Y, desde este umbral de privilegios, la economía se aseguró una

inclusión generalizada en todo el concepto y prácticas para el desarrollo.

III. A manera de final: ideología y TLC

Es preciso aclarar que en el ámbito de los "estudios culturales", precisamente

en tiempos de globalización, su objeto de estudio, que es la cultura, se ha

convertido en un bien de consumo manipulado por las modas y exigencias

del mercado (Escobar). Esto quiere decir que sin una consideración seria

de los diálogos posibles entre la cultura y la economía política, los estudios

culturales corren el peligro de ser estudios vacíos y sin sentido, es decir, de

convertirse en creadores de discurso a la manera como se crean los commo-

dities. Si los estudios culturales quieren ser, como pretenden, un paradigma

innovador en el área de las ciencias sociales y las humanidades, entonces de-

ben reconocer que la cultura se halla vinculada a un aparato de producción y

distribución que, ya desde la intelectualidad hegemónica, recibe un nombre

apropiado: el libre mercado del capital. Quisiera defender la tesis de que la

tarea más urgente de los estudios culturales, en el contexto de los estudios

postcoloniales, es plantear los lineamientos para una crítica de la economía

política de la cultura, y de los discursos de poder que continúan mantenien-

do al mundo partido en los bandos de hegemonía y subalternidad. En su

base, se encuentra toda una tradición de pensamiento crítico elaborada du-

rante el siglo pasado, a la cual la obra de Althusser, Marx y Habermas, entre

otros, contribuyeron de manera significativa. Obviamente, esta tradición

deberá ser repensada y reelaborada según las nuevas necesidades de la so-

ciedad contemporánea, especialmente con la reciente movilidad adquirida

con las estrategias discursivas y de intervención que se van consolidando, en

dimensión global, en términos de desarrollo-subdesarroUo.

De alguna manera, los estudios culturales trabajaban todavía con un con-

cepto humanista y tradicional de cultura. Utilizan el término "cultura" para

referirse a la existencia de un "espíritu popular", de carácter orgánico, vin-

culado con la experiencia de las clases trabajadoras del tercer mundo, y,

sobre las cuales es necesario intervenir ideológicamente para que adquieran

conciencia para resistir los embates de la creciente cultura de masas (Castro-

.

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Gómez,). A la manera de Horkheimer y Adorno, que consideraban la cul-

tura de masas como un producto mecánico y artificial, vinculado con los

intereses expansivos del capitalismo, pero, a diferencia de tales intereses,

advirtieron que la industria cultural no ha logrado "cosificar" todavía por

completo la conciencia de los trabajadores. Aún es tiempo de vindicar los

elementos orgánicos y emancipatorios de la cultura popular, y esta es, preci-

samente, la tarea política de los estudios culturales y de los intelectuales del

tercer mundo que debemos contrarrestar la producción unidimensional de

los discursos desarrollistas y, principalmente, la ideología involucrada.

Así, llegamos al momento de cuestionarnos sobre la forma de abordar el

problema de la ideología. De hecho, "ideología" se convirtió en la catego-

ría analítica más importante de los estudios culturales a partir de los años

setenta, lo cual nos permitió entender la cultura, no sólo como centro de

identidad y manifestaciones, sino, fundamentalmente, como un dispositivo

que promueve la dominación o la resistencia. Los estudios culturales nos

conducen a ver las sociedades como redes de influencias y antagonismos en

las que instituciones como el Estado, la familia, la escuela y los medios de

comunicación, juegan roles como mecanismos de control disciplinario so-

hre los individuos. Los productos simhólicos se convierten entonces en un

"campo de batalla" en el que diferentes grupos sociales disputan la hegemo-

nía sobre los significados, justamente por ambiciones de poder y dominio.

Quiero hacer algunas reflexiones mencionando la incorporación, hace un

poco más de un año, de las naciones centroamericanas y la República Do-

minicana, exceptuando a Costa Rica, al Tratado de Libre Comercio (TLC o

CAFTA-DR) con los Estados Unidos de América (EUA). Y no voy a caer

en la tentación de entrar a analizar los procesos y agendas sometidos a nego-

ciación, ya que, como suele suceder en estos casos, alguien puso las reglas y,

el resto, las tuvimos que acatar. Por ello es que en Costa Rica permanecen

los diálogos y disensos, entre sectores más amplios, aunque finalmente de

élite ilustrada; así, mi pronóstico es que tarde o temprano, de cualquier for-

ma, Costa Rica y los costarricenses, sucumbirán ante la ideología imperante,

y terminarán firmando el Tratado. De cualquier manera, justamente en el

ámbito de las dicotomías ideológicas, he confrontado tres publicaciones:

una, en forma de revista impresa, titulada Industria, editada por algunos

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miembros del sector hegemónico guatemalteco; la segunda, una diminuta

nota periodística que anunciaba que los EUA habían reducido unilateral-

mente la cuota de azúcar de Guatemala para el 2007, y, la tercera, una nota

diseminada en forma de mensaje analítico a través del ciberespacio. Así, la

revista, contenía información sobre los supuestos rubros crecientes, de hasta

un 10%, en términos de exportaciones realizadas durante este primer año

de vigencia en el TLC. La nota periodística, por su lado, se limitó a anun-

ciar la reducción de la cuota, sin incluir opinión o crítica ninguna. Por su

lado, el mensaje enviado por el internet, mostraba que el balance general de

los países firmantes era adverso en casi todos los rubros, comparado con los

índices alcanzados antes del TLC. Por otro lado, este mensaje electrónico,

también mostraba cómo, sólo el rubro de remesas enviadas por nuestros

paisanos desde los EUA, rubro que no forma parte del TLC, sigue siendo

la fuente generadora de divisas —y por tanto de "exportación" (de migran-

tes)— más importante para nuestros países centroamericanos. Lo paradó-

jico, pero real, es que tales remesas, por llegar directamente a las personas,

sin necesidad de expertos internacionales o nacionales, están generando

procesos de inversión en actividades comerciales e industriales, de pequeña

empresa, aún, y principalmente en inversión en formación educativa de sus

hijos, que sin duda y en un futuro no muy lejano, verdaderamente contri-

buirán a romper el círculo vicioso de la pobreza y el subdesarrollo, no sólo

en Guatemala, sino en todos nuestros países.

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