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Un niño

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Thomas Bernhard

Un niño
Traducción de Miguel Sáenz

EDITORIAL ANAGRAMA
BARCELONA

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S. 1987 Pedró de la Creu. 1982 Portada: Julio Vivas Ilustración de Angel Jové © EDITORIAL ANAGRAMA.1987 Printed in Spain Diagràfic. 44 08034 Barcelona ISBN 84-339-3093-1 Depósito Legal: B.Título de la edición original: Ein Kind © Residenz Verlag Salzburg und Wien. 192 . .Constitució. 19 . S.. A. A.08014 Barcelona 6 .

Aunque era aún demasiado pequeño para sentar me realmente en el sillín -como todos los demás principiantes demasiado pequeños. montado en la vieja Steyr-Waffenrad de mi tutor. quien en esa época había sido llamado a filas en Polonia y estaba a punto de marchar sobre Rusia con el ejército alemán. mediante una decisión que nada hacía prever. y en cuya casa pensaba hincharme de comer y de dormir. llevé hasta el último extremo aquella empresa ya comenzada. en plena Naturaleza. que vivía cerca de Salzburgo. pronto salí pedaleando del Mercado de las Palomas por la Schaumburgerstrasse hasta la Plaza Mayor. dejé la Plaza Mayor desde la altura airosa de mi Waffenrad y del placer que me proporcionaba. lo mismo que en todo. de admiración sin reservas por mi proeza. y ahora pertenecía a ella. si me pudieran ver y al mismo tiempo. dominaba ya de una forma absolutamente perfecta. aumenté mi velocidad a ojos vistas. pensaba. según creía. a mi tía Fanny. tenía que llegar con el pie al pedal por debajo de la barra-. inútilmente admirado por tanto tiempo. como es natural. había sacado empujando del vestíbulo la preciosa SteyrWaffenrad de mi tutor. sin pensar en el cómo. Nadie me había enseñado aquel arte. tomar la decisión audaz y. después de una fase. que. desde luego no demasiado breve. Yo había admirado a la clase elegida de los ciclistas desde los primeros instantes conscientes de mis ávidos ojos. había puesto el pie en el pedal y me había ido. para. Sin haber dicho palabra a nadie responsable al respecto. en medio de un jardín de flores cuidado con mucho amor pequeñoburgués y que los domingos hacía unos filetes empanados muy apreciados. no sin conciencia dolorosa de mi culpa. ¡Si los míos supieran lo que. en dirección Salzburgo. Hubiera sido totalmente contrario a mi carácter volver a bajarme después de dar unas cuantas vueltas. como se vería sólo unas horas más tarde. y. Habiéndole cogido el gusto a aquella disciplina para mí totalmente nueva. la cual me pareció el objetivo más apropiado para mi primera excursión. VOLTAIRE A la edad de ocho años. Como no me caí. en esos primeros momentos en la bicicleta me sentí ya triunfador. para dirigir finalmente mis ruedas hacia la llamada Pradera y luego. porque no tendrían más 7 .Nadie ha encontrado ni encontrará jamás. funesta de visitar con mi bicicleta. distante casi treinta y seis kilómetros. en el despoblado de un mediodía provinciano consciente de su importancia. sin pedir permiso a nadie. di mi primera vuelta bajo nuestro piso del Mercado de las Palomas en Traunstein. había logrado ya. y el hecho de ir continuamente cuesta abajo fue un placer suplementario. después de dar dos o tres vueltas a la iglesia parroquial.

de repente. empujando mi bicicleta bajo aquellas masas de agua desencadenadas. cerraba un instante los ojos. no hubiera tenido ninguna respuesta o hubiera tenido cientos de respuestas. si realmente hubiera llegado a Salzburgo. La vista era deprimente. hasta entonces no había notado que el calcetín de mi pierna derecha estaba manchado de grasa de la cadena y me colgaba en jirones. y yo. aquello era el fin. Manchado de grasa y de sangre. llegué a Teisendorf. y por lo tanto podía empujar la Steyr-Waffenrad de mi tutor. y yo contaba alternativamente las piedras del borde y las grietas del asfalto. Cuando estamos en las alturas. los torcidos rayos se atascaban. Mi pregunta: ¿dónde está o dónde vive mi tía Fanny?. podía conseguir montar en bicicleta por primerísima vez y largarse. amenazaba oscurecer de súbito. Así era. no veía ya nada. y tanto más radicalmente aumentaba la distancia que me separaba del lugar de mi prodigiosa acción. El camino se alargaba. Conocí la parte desagradable del ciclismo. me pudiera ver en la bicicleta. pero me faltaba ese observador que me admirase. incluso superaltísimo grado de estupefacción. había dado un nuevo giro a mi existencia. a pesar de los mayores obstáculos y resistencias. y adopté entonces la famosa posición del corredor ciclista. convirtieron la carretera en un torrente. y temblando de decepción. la rueda trasera daba vueltas otra vez. Después de todo. ¿No tendrían ya fuerza mis pulmones para llegar hasta Salzburgo? Me lancé sobre la bicicleta y puse el pie en el pedal. Estaba allí. Sólo entonces se me ocurrió que ignoraba por completo la dirección de mi tía Fanny. tenía que realizar mi empresa sin testigos. la oscuridad era completa. es un ciclista. por ello. Con el entusiasmo de mi excursión. ¡Quién. Por lo menos. famosa por su cervecería. admirar! Me imaginaba su altísimo. salvo yo. estaba de acuerdo con mi abuelo: ese día había hecho el mayor descubrimiento de mi vida hasta entonces. la de llegar a Salzburgo! ¡Tendrían que comprender que siempre. Como 8 . ya muy avanzada. en cuestión de segundos. miré hacia donde suponía estaba Salzburgo. En secreto. si bien de regreso. Conocía la región y sus poblaciones de varios viajes en tren a casa de mi tía Fanny. lloriqueaba sin cesar. con objeto de poder aumentar una vez más la velocidad. posiblemente el giro decisivo de la locomoción mecánica sobre ruedas. al que quería más que a nada en el mundo. casi totalmente apartado del mundo. Como ellos no estaban allí y no sabían absolutamente nada de mi aventura. y por si fuera poco con la más alta pretensión. Me contenté con mi propia observación y mi propia admiración. Todo presentaba ahora una perspectiva totalmente distinta. sólo hubiera tenido que recorrer doce o trece kilómetros más. ensangrentada incluso? Tenía delante Strass. Cuando. Hubiera sido demasiado ridículo haber sido descubierto en medio de aquella funesta zambullida. la tía Fanny. No dudaba un segundo de que mis capacidades pudieran borrar mi delito y hasta crimen. Pasada Strass. y para colmo de todo estalló en un instante una tormenta que transformó en un infierno el paisaje que yo acabada de atravesar a gran velocidad con la más exaltada de las exaltaciones. Jamás hubiera encontrado la casa del jardín de flores. Levanté la bicicleta y traté de sacar la cadena de los rayos. que estaba casada con mi tío. Me puse de pie y miré a mi alrededor. A cada vuelta de rueda. ¿iba a producirse una tragedia precisamente por la vista de aquel calcetín roto sobre la pierna manchada de grasa. sin tocar con los pies el suelo.remedio. como es natural. enredándose sin compasión en los rayos de la rueda trasera. el hermano de mi madre. En medio de una exaltación sin igual. Sin duda alguna. en los tramos rectos. desde la que puede verse ya Niederstrass. saboreaba la felicidad del triunfador. pues. Brutales masas de agua caían sobre mí y. se me rompió la cadena. no había tenido ningún sentido del tiempo. envidiando a los que pasaban en sus automóviles y en sus motocicletas. mientras pedaleaba y me adentraba ya en los barrancos situados bajo la Surberg. me salía con la mía y resultaba vencedor! Deseaba sobre todo. Cuanto más fuertemente me soplaba la velocidad en el rostro. como el ciclista se enfrenta con el mundo: ¡desde arriba! Avanza a gran velocidad. más por desesperación y orgullo que por arrebato y entusiasmo. tanto más me acercaba a mi objetivo. sin prestar ninguna atención a mi accidentada existencia. Inmediatamente después tuve que apearme y empujar la Waffenrad de mi tutor llamado a filas y. hacia donde me esperaba ahora la catástrofe y donde. que mi abuelo. deseamos más que nada tener algún observador que nos admire. Nadie me había visto. Me vi catapultado a la cuneta. lo que equivale casi a: soy el dueño del mundo.

Pensar en mí mismo me llenaba de horror. y no por primera vez. al contrario. siéntate aquí. Ahora el dedo del mundo entero me señalaba mortalmente. era abyecto. Me imaginaba espantado el estado de mi madre. furiosa y tartamudeando algo sobre ese niño espantoso. La preciosa Waffenrad destrozada. pero luego. mis buenas intenciones habían sido. apoyado en su hombro. La camarera le tocó la nuca. Yo era cruel. alegría. yo había puesto pies en polvorosa y. en comparación con mi nuevo delito o crimen. seguridad. Me esforcé por adoptar una actitud digna. en el puesto de policía del ayuntamiento. una vez más. cuando las parejas dejaron el tablado. lentamente reconocible en esa luz. lo calculaba todo una y otra vez de arriba abajo. y eso era lo peor. e inmediatamente después tuve conciencia otra vez de lo absurdo de aquel juego infernal. Me avergoncé profundamente. Mis novillos en la escuela. Yo era el criminal. Había llegado a un grado peligroso en mi carrera criminal. yo le respondía y lloraba. La palabra arrepentimiento la encontraba de momento de mal gusto. Estaba salvado. a mi madre y mi abuelo! Eres lo que te llaman. y ella se defendía de mí. La camarera me preguntaba. podría irme a la cama sin vergüenza ni remordimientos. Toda aquella sociedad humana estaba frente a mí. Lo acarició. Cuánta razón tenía. ¡Bebe! Bebí. No a la pena de muerte sino a la más alta pena. Todo era mucho peor aún de lo que pensaba. ¡Cómo he manchado mi alma! ¡Cómo he engañado otra vez. Yo era su enemigo. nada era sencillo conmigo. mi ropa sucia y rota. En él ponía ahora otra vez toda mi confianza. Armonía. estuviera en casa. mis mentiras. Durante el baile nadie se dio cuenta de mi lamentable estado. ahora me sentía totalmente excluido. muy afuera y al otro extremo de la ciudad. La gravedad de mi crimen había aumentado indudablemente. ¿De dónde vienes? ¿Adónde vas? ¿Quiénes son y dónde están tus padres? ¿No tienen teléfono? Está bien. las trampas que colocaba una y otra vez por todas partes me parecían. Mi abuelo. En realidad. aunque no sabía muy bien cuál podía ser esa más alta pena. he sido víctima de una tentación que sólo puede tener un fin absolutamente horrible. ¡el más horrible de todos los niños! Pensaba en qué pasaría si ahora. inocentes. sumaba. había destrozado la Waffenrad de mi tutor. terrible. la sentencia tenía que ser horrible. pensé. todo lo que había de complicado en mí era superior a sus fuerzas. Así anduve a tientas durante varias horas. Un grueso capote de guardia forestal me protegió. Mi cuerpo era alternativamente sacudido por las masas de agua y por un miedo atroz. allí no se me había perdido ya nada. dividía. Quería repararlo todo pero. pero no era un hijo querido. Es asqueroso. Todos los delitos y crímenes que había cometido hasta entonces no eran nada en comparación con aquél. mientras ella leía su Tolstoi o alguna otra de sus queridas novelas rusas. Pero entonces empujé aún la bicicleta aquellos metros hasta la puerta del albergue. como siempre. Oía las buenas noches de mi madre y lloriqueaba más fuerte aún. no tendría la menor sospecha. Me senté. era taimado. pensaba. ¿tenía siquiera posibilidad de hacerlo? Yo no había cambiado. desorientada. ni visto ni oído. Lo que empujaba era una chatarra. en lo más profundo. eran ahora mi esperanza.siempre. Me resultaba evidente: no había ni que pensar en ir el lunes al colegio. mis protestas no tenían ningún valor. Pero no podía renunciar. por añadidura. Mi abuelo me lo había advertido siempre: el mundo es repugnante. hubiera querido morirme allí mismo. Una luz y la palabra Albergue. era. De repente aquel niño cayó otra vez de cabeza en su infancia. La palabra imperdonable marcaba continuamente mis pensamientos. Pero eso no 9 . Pero no era tan sencillo. llenarme de felicidad con su aliento. Si pudiera. sustraía. me descubrieron. pero eso no me consoló. de eso me daba cuenta con toda claridad. Mientras empujaba la bicicleta a través de aquel infierno. Sobre un tablado bailaban jóvenes aldeanos y aldeanas a los acordes de una orquesta que tocaba bailes que yo conocía bien. Tápate. Quise morirme. el único que no formaba parte de ella. entrando. cuando el mundo no era más que una fealdad profundamente abominable y oscura. ¿De qué servía que lloriquease y me maldijese? Yo quería a mi madre. Me tapé. toda mi confianza en mí quebrantada de la forma más abyecta. Me condené a la más alta pena. No merecía ya estar en ella. la apoyé en la pared y entré. implacable. ¿Llevaba siquiera aún zapatos en los pies? Era como si la lluvia me lo hubiera arrebatado todo. Me maldije. como si no me hubiera dejado más que mi miseria. mortal. Sin permiso y de la forma más malvada. pero al mismo tiempo me sentí feliz de que me hablaran. Qué degenerado soy. pura palabrería.

mi escena didáctica. observando la escena. se me vendrá encima será más horrible que todas las cosas horribles anteriores. tendría que llegar a mi madre pasando por mi abuelo. Bailaron todo lo que pudieron. Por mi parte. aquéllos de una forma natural. empapado todavía hasta los huesos. zapatero. donde tenían su casa. era tristísimo. Una noche glacial. estaba seguro de lo que me ocurriría cuando estuviera en casa. El juez. tenía sin embargo mi espectáculo. La naturalidad de la gente que había en el tablado y delante de él me gustaba. La camarera me traía una y otra vez algo de comer y de beber. a sólo cien pasos le la famosa iglesia de peregrinaciones ante la que todos los años. y me puse en camino hacia Ettendorf. en una vieja casa de campo. hacia Surberg. ¡Un niño espantoso! ¡Un paso en falso! Yo me encogía. junto a la cual. salvo cuando me alimentaban. El abuelo era la autoridad ante la que todos se inclinaban. Me guardé de hacerlo. vino su madre. pero no antes de medianoche. bajando por la llamada escalera del dentista. y yo me hice amigo le ellos. tenía su consulta un dentista. para todos los casos y todos los fines imaginables. lo quisieran o no. a su estilo tosco. empresario 10 . pasando por delante de nuestro tendero. era la exclamación. cuando me vaya de aquí. acurrucado en un rincón oscuro del salón del albergue. fui corriendo. Allí. que vivía con mi abuela en Ettendorf. No había tenido tiempo de darles las gracias. y el otro conducía con una mano. sólo el resoplar de aquellos dos seres agotados. me dejaban en paz. la gente se ocupaba de sus propios asuntos y. preguntó. ¡Eras lo que me faltaba!. de forma que yo pudiera sujetarme en el manillar. Eran alrededor de las tres de la mañana. se celebra la llamada cabalgata de San Jorge. Me dio de beber leche. mi teatro de marionetas. Pero no era tan tonto como para hacer caso omiso de mi espantoso futuro. los míos de una forma artificial? No era capaz de transformar mi idea en pensamiento. Delante de su casa me descargaron. Mi madre y yo no hubiéramos estado en condiciones de evitar una catástrofe. Mi instinto no me había dejado nunca en la estacada. sólo con su silencio. La amistad comenzó al verlos por primera vez. Me dejaron en el Mercalo de las Palomas ante la puerta de mi casa y se fueron. el lunes de Pascua. rudamente. En casa de los panaderos había ya luz. lo sabía todo aun sin explicaciones por mi parte. Me cuidaba maternalmente. Todavía hoy la oigo claramente. Yo sabía muy bien lo que significaba apretar el timbre de la puerta de nuestra casa. Pero. Yo no formaba parte de ellos. Aquí se mostraban un mundo y una sociedad. en aquel entorno. de mi madre. Lo que. Los mozos me habían prometido llevarme a mi casa. colgándola junto una estufa aún caliente. y se comportaban de una forma totalmente distinta de la de los míos. lo quisiera o no. ni tampoco formaban parte los míos. me gustaban las salas de las posadas y su sociedad turbulenta. hasta donde podía recordarse. Me cargaron a hombros y me separaron de la música y del baile. a la que había añadido miel. llevando mi bicicleta a su lado. hubiera podido ser feliz. Mi instrumento favorito y yo formábamos aquí una conspiración. Dos muchachos. el que conciliaba lo que había que conciliar y cuya palabra inapelable era la primera y la única. siempre repetida. estrellada. No es de extrañar que me hubiera dormido cuando los dos mozos me despertaron. sastre. que desaprobaba decididamente mi conducta. que los mozos habían apoyado en la pared de la casa. Me gustaba el clarinete y secretamente lo escuchaba sólo a él. dijeron. sin temblar ya de frío. acostumbrado al calor de la sala de aquella casa de aldeano extraña pero confortable. se acurrucaba en el rincón que tenía asignado. Uno me sentó delante de él en su bicicleta. me llevarían a casa. Quien dictaba sentencia. saliendo del Mercado de las Palomas. El aspecto de la Steyr-Waffenrad de mi tutor. Aunque fuera un miserable fardo humano que. ¿existían realmente unos de una forma natural y los otros de una forma artificial. Pedalearon. Me gustaron el silencio y la soledad de la ciudad. estaba año tras año junto a la pared de la casa. Los mozos me subieron a hombros y me llevaron a Traunstein. ¿Qué van a decir tus padres?. hasta el segundo piso. Encajé la deformada Waffenrad entre la pared le la casa y la carretilla que. distante tres o cuatro kilómetros. me quité la camisa de fustán que me había puesto la campesina y me puse otra vez mi ropa. No había duda. Levanté la vista por la oscura fachada. No se movía nada. No había sido difícil aclarar el caso. Ni una palabra. pero me dio a entender sin palabras. tan aprisa como podían. me llevó con ella a la casa y me quitó la ropa.cambia nada en el hecho de que ese niño es el niño más horrible de todos los niños. Cuando estuve seco.

la catástrofe elemental de mi infancia. gritando al viento de la catástrofe. decía. decía mi abuelo. para no volar también por los aires con el puente. decía mi abuelo. aunque sin éxito. en la llamada ladera del viñedo. a fin de obtener una laminación especialmente lograda. Con explosivos se podía aniquilar todo. dejando atrás la fábrica de gas y cruzando el río Traun por una pasarela de madera. comprendes. en lugar de trozos de piedra y estacas de madera. Desde hace milenios los abuelos crean el diablo. escondiendo la cabeza. cuando estamos con ellos. desde mi más tierna infancia. encendiendo entonces su pipa. Yo mismo hice mío ese pensamiento y juego durante toda mi vida con él. todos los días lo aniquilo todo. Los compartimientos de primera clase colgados sólo de un hilo sobre el torrente. Mi abuelo me había mostrado todas las posibilidades de hacer que se hundiera el puente. en puentes derrumbados y vagones de ferrocarril rotos que colgaban sobre el abismo. En teoría era posible. era una de sus frases habituales. todas las profesiones imaginables tenían aquí su asiento. y vemos todo lo que hay detrás del escenario. Mataré cuando quiera. lo que quiere decir completo. genial. Aniquilaré cuando quiera.de pompas fúnebres. oigo decir a mi abuelo. no sólo la sala de butacas. colocándolas sobre los raíles y acurrucándose al acecho. El puente del ferrocarril sobre el Traum. sin duda demasiado pequeñas para las gigantescas locomotoras que mis compañeros de la escuela primaria y yo hubiéramos visto con tanto gusto precipitarse en el abismo. Para realizar nuestros propósitos anarquistas nos faltaba fuerza física. Si pusiéramos sólo un paquetito muy pequeño de dinamita en uno solo de los pilares y lo hiciéramos explotar. hacia el que yo levantaba los ojos como si fuera la mayor de todas mis cosas colosales. borrarlo. Muy a menudo me imaginaba que el puente del ferrocarril se derrumbaba. siempre descorren el telón que los otros cierran continuamente. Muchos días estábamos de un humor benévolo y. muy alto. cuando sin ellos sólo existiría Dios misericordioso. sobre ella. hacer que se hundiera. como es natural. cuyo sentido total. sólo pude comprender poco a poco. Me fascinaba también aquella frase. Pulverizaban las piedras y hacían saltar por el aire las estacas. iba caminando hacia casa de mi abuelo. Lo mismo que. en los raíles colocábamos sólo monedas de un pfennig y nos alegrábamos de cada aplastamiento logrado por un expreso. no aptitudes intelectuales. esa construcción: ¡el puente del ferrocarril! Recuerdo que. Anarquistas de seis. el puente entero se hundiría inevitablemente. lo que es realmente. Por medio de ellos conocemos todo el espectáculo completo. en general. con el que nunca en mi vida he sabido qué hacer. Vemos. Había que poner las monedas en los raíles de acuerdo con un sistema ideado muy cuidadosamente. y no volvía a encontrarla entre los cantos y la maleza de la ladera del viñedo. siete u ocho años se entrenaban. no sólo un resto miserable y 11 . acarreando durante horas en medio del calor piedras y estacas. Y precisamente por ello había especulado siempre sobre cómo hacer que se hundiera esa cosa más alta. En teoría. Los abuelos son los maestros. Ese puente del ferrocarril era la obra más formidable que había visto hasta entonces. mi maravilla de la técnica. decía mi abuelo. hundiré cuando quiera. A la sombra de aquel puente del ferrocarril nocturno. al aficionado le desaparecía la moneda de golpe. y en los que no hay más que cadáveres y supervivientes que se debaten. La idea de que bastaba un paquetito de explosivo del tamaño de nuestra Biblia familiar para hacer que se hundiera aquel puente de más de cien metros de longitud me fascinaba más que cualquier otra cosa. todos los días y en todo momento en que se deseara. Esos pensamientos los consideraba él los más grandiosos. destruirlo todo. en el aburrimiento de las tardes. basta medio kilo de explosivo para hacer que se hunda un puente. colocaba a menudo piedras sobre los raíles. Pero la teoría es sólo teoría. atrevida. si se quería. era para mí lo más alto. Pero hay que hacer un encendido a distancia. los verdaderos filósofos de todo ser humano. Los trenes no tenían ninguna intención de descarrilar y precipitarse en el abismo con su cortejo de vagones. mucho más colosal que Dios. Nosotros nos acurrucábamos entre los arbustos. junto al que yo inflamaba con el mayor placer mis pensamientos anarquistas. Los anarquistas son la sal de la tierra. algo. como es natural. mis sueños culminaban siempre en ciudades deshechas. en muchos de mis sueños se me aparece todavía hoy la imagen de ese puente derrumbado. vemos el escenario. Hoy sé que tenía razón. decía una y otra vez. estirándose cien metros sobre el Traun de este a oeste.

Yo me guiaba totalmente por aquellas máximas. por lo menos. los otros guardan silencio. además de la capacidad de andar. un crimen. el que fuera. Ni siquiera tenía sueño. Habla. tanto más insoportable se hace su parloteo. dotada de cualidades intelectuales muy especiales aprende en tan corto tiempo a montar en bicicleta y se atreve a ir en ella hasta Salzburgo. pero a una persona cultivada o a una persona supuestamente cultivada. Mi abuelo por parte de madre me salvó del embrutecimiento y del desolado hedor de la tragedia terrenal. estaban seguros de la condena de mi abuelo. aunque realmente fue el único. como si subiera a una montaña sagrada. Hasta el fin de sus días odió aquella forma diletante de articular. Me sacó. como siempre. que sólo se expresaban como aficionados y que en todo caso. Estaba rodeado sólo de personas semicultivadas. de figura dudosa y corrupta. y nos liberan. no. Yo conocía su aversión por el parloteo de circunstancias. Ascendía desde los bajos fondos. suficientemente pronto y no sin un doloroso proceso de corrección. Podemos escuchar a un albañil o a un leñador. Si despierto a mis abuelos. porque la verdad es que sólo hay personas supuestamente cultivadas. no debía. sucio. me 12 . hay que hacer algo. El hecho de que hubiera fracasado poco antes de la meta no disminuía mi proeza. hacia mi instancia más alta. tendríamos que asfixiarnos pronto indudablemente. perfilaba ya mi informe cuando estaba todavía a unos cientos de metros de la casa de mi abuelo. en una personalidad cuya cualidad más destacada no era otra que noble orgullo.mendaz. Lo hacía sufrir la prolijidad de los que lo rodeaban. El hombre activo es el santo. desbarataría toda mi estrategia. no parlotea. Dejaba atrás todo lo que era estrecho de miras. Me hizo observar. Las personas semicultivadas sólo nos sirven una y otra vez su horrorosa papilla rancia. de personaje indigno y tan abismalmente perverso. estaré en seguida en desventaja. hagamos lo que hagamos. cuando se atrevían siquiera a decirle algo. yo tenía que informar sobre una acción que indudablemente valoraba de una forma extraordinariamente alta. nunca inactivos. Desgraciadamente. Eso es lo que pensaba sin duda. hay algo interesante que ver. Pero no me atreví aún a atravesar los muros de mi abuelo. Había algo de solemne en mi paso. presentarme inmediatamente. mediante esa continua atención a lo esencial. Dejaba atrás el olor abominable de un mundo estúpido en el que la impotencia y la bajeza están en el poder. decía el Sabio de la Montaña de Ettendorf. yo no dejaba de tener esas palabras de mi abuelo en los oídos. es una bendición. la capacidad de pensar tiene que comenzar tan pronto como sea posible. de criminal común. hacia mi abuelo. era al fin y al cabo mejor que la inactividad absoluta. mi respiración se hacía más amplia. Ahora. subiendo. Le asqueaban cuando levantaban la voz. Sólo tenemos que estar activos. con tanto mayor insistencia me explicaba mi hazaña. también aquella noche. No podía. me transformaba. de la ciénaga universal. Porque incluso en mi fracaso puede reconocerse mi grandeza. porque saben muy bien que no hay mucho que decir. Que. los prolegómenos y rodeos de que adolecían todos los demás cuando tenían algo que contar. Sólo una persona especialmente inteligente. Cuando habla un hombre sencillo. aunque fuera a una hora absolutamente insólita. Haría bien en reflexionar a fondo una vez más sobre todo. de la desesperada indigencia en que. en calidad de farsa. aun cuando en este mundo de todas formas corrupto y rebosante de horror se vea marcado como criminal. en el fondo sólo repugnante. Me las decía ininterrumpidamente. Estaba demasiado excitado. Preparaba hasta en los más pequeños detalles el relato que le haría a mi abuelo. Cuanto más culta se vuelve la gente. sólo oímos siempre parlotear a los parloteadores. decía él. Los abuelos meten la cabeza del nieto allí donde. Yo había llegado a la cima de la Montaña Sagrada. aborrecía la digresión. de forma totalmente evidente. A mi abuelo le gustaba el discurso claro. que el ser humano tiene una cabeza y lo que eso significa. Me iba preparando en el camino hacia casa de mi abuelo. suficientemente pronto. mientras subía cada vez más alto. en los que se han asfixiado ya miles y miles de millones. aunque no siempre elemental. afortunadamente con la cabeza por delante y luego el resto. El crepúsculo matutino daba a mi llegada ante la casa de mi abuelo un efecto teatral que favorecía mi entrada en escena. conciso. No eran más de las cuatro de la mañana. sin los abuelos. Iba a ver a mi abuelo a Ettendorf. cuanto más me acercaba a esa casa. cuanto más subía por la pendiente. la inoportunidad ofende. que era lo más abominable del mundo. y también hoy determinan mi jornada.

pero no en lo que se refería al arte de mi madre. Poder poner pies en polvorosa. solía decir mi abuelo. por decirlo así. no había otra opción. Desde aquí se tenía una amplia vista sobre los Prealpes bávaros. Estúpidos como ovejas se agrupan los pequeños comerciantes alrededor de la iglesia y balan a morir. Tengo experiencia en la utilización de esa palabra. decía. toda mi nostalgia en 13 . Así. sembraban. no era imaginación. Por desgracia. allí abajo. Así era como hablaba exactamente en sus paseos. Nunca oí las campanas de Moscú. cuando en aquel momento lo condenaba. desde la Montaña de la Sabiduría se contemplaban allí abajo los bajos fondos de la pequeña burguesía. las oía. y por ello tenemos que aceptar el hecho de que tiene que estar en este espantoso Traunstein y ganar nuestro pan. decía el. y yo la he asumido. encorvada y casi sordomuda. como no se cansaba de decir mi abuelo. Nada era más repugnante que una pequeña ciudad. No. esta situado sobre una colina de morena. Algunos días. su yerno. pero estaba seguro de que él. siempre que queramos. O en pleno campo o en una ciudad gigantesca. Me dejaban mirar mientras ordeñaban a las vacas. Pero no me mataré. Este era el único puesto libre para tu padre (o tutor) en toda Austria y toda Alemania. el catolicismo blandía su cetro estúpido. el espíritu en medio de la materia. dos o tres veces por semana. él y mi abuela tenían un motivo. En la guerra hacía por decirlo así con nada algo exquisito. cuando soplaba cierto viento del este y se escuchaba atentamente. sobre el Hochfelln sobre el Hochgern. para bajar a la odiada ciudad de Traunstein. En cualquier momento. donde yo era ya feliz por mí mismo. De todas las mujeres que he conocido en mi vida. Estaba presente cuando trabajaban la tierra. Aquel Georg. que tienen un tronco sobre dos piernas pero no cabeza. la conozco desde mi más tierna infancia. decía. vivían en el primer piso. No por esas gentes inútiles. no. y de eso vivís tú y tu madre. Traunstein. decía. Lo que había bajo Ettendorf sólo merecía desprecio. nadie podía imitarla. les daba de comer. En invierno me dejaban estar con los campesinos en su salón. El pequeño espíritu comercial. de cuando en cuando. sólo había encontrado un empleo aquí. Tu padre. pero abajo. unas palabras habladas con alguno de sus habitantes y había que vomitar. sobre todo en labios de mi abuelo. Los campesinos tenían un nieto de mi edad que dormía en una habitación de la planta baja. me gustaban los campesinos. era el único pensamiento realmente maravilloso. El mismo había especulado con ese pensamiento durante toda su vida. matarse cuando uno quisiera. Cómo desprecio a estos habitantes de ciudad pequeña. me gustaban los olores. era testigo de sus partos. provisionalmente de eso vivimos todos. La palabra suicidio era una de sus palabras naturales. la bajeza y la tontería. ahí abajo está el Chinese. Unos pasos por esa ciudad y se ensuciaba ya uno. prefería el suicidio. las limpiaba. Sólo bajaba a Traunstein cuando mi madre lo invitaba a comer. y precisamente la clase de pequeña ciudad que era Traunstein era la más abominable. en la que. el pequeño espíritu en general. La casa en la que vivían mis abuelos desde hacía ya varios años pertenecía a un pequeño agricultor que tenía seis o siete vacas y. sobre la pared de Kampen. se oían desde su balcón las campanas de Moscú. era lo que opinaba mi abuelo. podemos suicidarnos. No había conversación. mi tutor. y por eso nos veíamos obligados a existir en aquella atmósfera execrable. por decirlo así. es quien gana el pan. en Traunstein. Comida familiar o cocina casera son expresiones aterradoras para mí. no había enseñanza por su parte a la que no siguiera inevitablemente la afirmación de que el bien más precioso del hombre era sustraerse al mundo por su libre decisión mediante el suicidio. mi abuelo y mi abuela. en lo posible de la forma más estética. Así. un asado. dos cabezas muy altas bajaban de Ettendorf a Traunstein. Se sabía. pero Ettendorf está mucho más alto todavía. El mismo estaba al fin y al cabo en Ettendorf. Somos víctimas del desempleo. un pastel de requesón. tu tutor. cuando estaba bien dispuesto hacia él. Hacia el mediodía. En ninguna parte era más feliz.convertiré otra vez en culpable. Y aquí. día tras día. que no iba a la escuela elemental en Traunstein sino en Surberg. era la especulación a la que con más pasión se dedicaba. explotaba su propiedad. llamado Schorschi. con su mujer. era un atractivo suplementario. Y a la inversa. Cómo los odio. para completar mi sentimiento de felicidad. Me gustaban el establo y los animales. Era algo casi celestial saber que mis abuelos vivían en una verdadera propiedad agrícola. a fin de comerse unas chuletas de ternera. El pensamiento me fascinaba. mi madre era la que cocinaba mejor. recolectaban.

pensé. después de quebrar en Munich con una empresa le electricidad. todavía hoy lo quería. el olor a moho se depositaba en torno a cada palabra. no sabía nada de ella. la mayor parte del tiempo. con el rostro invadido por la barba y que llevaban monos rígidos de suciedad. Abrió una botella de Traminer. a cada sensación. y con cada nuevo giro en mi relato su admiración era mayor aún. Ese es exactamente el aspecto que tiene un hombre que ha renunciado totalmente y de forma consecuente pero todavía no se ha matado. que dormía con sueño profundo. pero en el que brillaban sin embargo los ojos de mi querido Schorschi. y yo me senté con él en su habitación fría y le conté mi historia. aceptaba ansiosamente todo lo que venía de él. Schorschi tenía que trabajar duramente. era rubio pálido y. pero no debían subir adonde estaba. Su padre se ahorcó. Desde hacía dos años no había salido del primer piso. Dos hombres. respetaba a mi abuelo. él no. ya veía las luces de Salzburgo. Schorschi vino a la ventana y me abrió. Era más fuerte que yo. Sin embargo entré y me atreví a subir al primer piso. Así pues. los dos acabábamos de cumplir cuarenta y cinco años. estimulado por 14 . Por otra parte. miré por la ventana del dormitorio de mi amigo. Como yo. Telas de araña de metros de longitud dominaban la casa. Su padre se mató. Por medio de la especulación miré a través del infraser Schorschi hacia nuestra infancia común. Todo lo que yo decía era un parloteo superfluo. y mi abuelo lo quería. El invierno lo pasaba yo casi exclusivamente con él y sus abuelos en su salón. Me avergonzó con su sencillez en medio de su degeneración. y él crecía en medio de una pobreza absoluta. y me animaba a medida que hablaba. si no estaba en casa de mis abuelos en el primer piso. vivía. Todavía era propietario de la casa. exclusivamente con sus abuelos. y eso aniquiló la vida del hijo. Amenazaba matar a todo el que se atreviera a subir a verlo al primer piso. en silencio. Sólo le flameaba aún de vez en cuando en los ojos. un genio para el cálculo. por ello. que vaciamos. abandonándolos a su suerte. y juntamente con él saqué muchas veces terneras del vientre de las vacas. ponerla en movimiento uno mismo y largarse con ella. y en el que el alma no aguantará ya mucho tiempo. Se había dejado crecer el pelo durante años. Los campesinos educaban a su nieto de acuerdo con sus ideas campesinas. él se había vuelto loco y desde hacía dos años no salía de la casa de sus abuelos. Me advirtieron. y él es un resto inerte que se ha vuelto apático. donde se alegraban de poder mandarme abajo cuando mi abuelo trabajaba. Veo la escena claramente. a la que sin embargo no quiero renunciar de ningún modo. con suciedad en el pelo. Tuve en él el grandioso efecto esperado. probablemente el suicidio de su padre es precisamente la razón de que hasta ahora no se haya matado. a su padre lo vi de vez en cuando. a diferencia de mí. pero no sabía la dirección de mi tía Fanny. además de ir a la escuela. Abrió de par en par la puerta de la casa. a su madre nunca. Naturalmente. mi compañero. dije. Schorschi crecía sin padre. pero lo que yo decía le resultó incomprensible. pensé. Schorschi. y murmuró palabras incomprensibles. Qué sensación más agradable. donde mis abuelos vivieron en otro tiempo.Traunstein se dirigía sólo hacia Ettendorf. tuve que decir tres veces Thomas para que me comprendiera. Resolvía cualquier ejercicio aritmético en unos segundos. Era una escena espectral. Yo no había querido dar crédito a mis ojos: en torno a la casa en otro tiempo cuidada habían arrojado un centenar de coches viejos. Casi hasta Salzburgo. como todos los hijos de campesinos. Sin embargo se alegró de mi visita. Entonces pude entrar. se llevaron casi al mismo tiempo el índice a la sien cuando les pregunté por Schorschi. por poco. él nunca había montado en una Steyr-Waffenrad. Le hablé de mí. dando al conjunto. Me abrió la puerta un infraser. conjurado conmigo y mi confidente más íntimo salvo mi abuelo. Los abuelos murieron. se parecía a su abuelo como un huevo a otro. ¿Llamo o no llamo? Llamé. y la casa y su propiedad se vinieron abajo. Le suministraban víveres. Hace unos años lo vi por última vez. pensé. No me reconoció enseguida. aunque hacía tiempo que hubiera debido ser incapacitado. Todo lo que yo decía le admiraba. y no estaba ya acostumbrado en absoluto a hablar con nadie. aunque por lo demás seas un lisiado físico. porque era siempre explotado y. tú tienes la cabeza lúcida. Una y otra vez dijo que recordaba muy claramente a mi abuelo. Yo disfrutaba de mi relato como si lo hiciera alguien totalmente distinto. Todavía estaba allí. pero lo hacía de mil amores. Schorschi era inteligente. estaba agotado siempre. que ellos le habían legado. incluso de verdadera indigencia. y lo respetaba más que a nadie.

le hice a Schorschi. pero al mismo tiempo totalmente extraordinario. como me consta. Me gustaban sus desayunos más que cualquier otro. con unas frases breves. A la menor ocasión. ella agarraba el vergajo de buey. o incluso invenciones suplementarias. reforzando esto. sino que era la misma cara. también mi abuelo. Cuando ella me veía. De la mano de mi abuelo y al lado le su mujer. estalla allí cuando yo aparecía. A trabajar en su novela. empecé a bajar. Mi abuelo se ató con un cinturón de cuero su manta de caballo en torno al cuerpo y se sentó frente a su escritorio. Lo había conseguido: Schorschi estaba convencido esa mañana de que yo era un héroe. el mismo rostro. El no tenía derecho a existir. que no había cumplido sus deberes hacia ella. Sabía lo que le impresionaba a Schorschi y lo que no le impresionaba. cuando me pegaba. por la razón que fuera. atento siempre a dirigirme al punto culminante de toda la historia. El vergajo de buey no era sólo para mí. una serie de acentos que o bien eran exageraciones para sazonar todo el relato. estás perdonado. se veía sofocado siempre por su odio hacia el padre de ese niño. No querían saber muchas cosas de mí. tan protegido como podía estarlo. Así. porque al fin y al cabo he visto una fotografía de mi padre. lo que no se le escapó jamás. y no pudo desarrollarse nunca libremente y con la mayor naturalidad. Mi abuela se levantó y cerró por completo la puerta acolchada. por no decir: mentiras.mi pasión por lo que contaba. El camino de Ettendorf a Traunstein lo hice ya con la cabeza levantada. Lo fueron hasta el final de su vida. Mi abuela había puesto en la mesa un desayuno delicioso. como centro de mi poema dramático. no con la cabeza hundida como en el recorrido inverso de unas horas antes. Mi madre no podía conmigo. su mayor derrota. su amante. con conciencia de que estaba haciendo teatro de la mejor especie. Ese día mis abuelos estaban invitados a comer por mi madre. a no anticipar ninguna sorpresa y. Sentado en el taburete junto a la ventana. me avergüenzo de ti! ¡Eres un inútil como tu padre! ¡No sirves para nada! ¡Eres la manzana de la discordia! ¡Mentiroso! Se trata sólo de una selección de las maldiciones que me lanzaba según los casos y que no prueban más que su impotencia hacia mí. pero al mismo tiempo con un apretón de manos que me decía: todo está arreglado. a no olvidarme nunca de mí. durante toda su vida. Aquello hacía que yo me imaginara algo horrible. la mayoría de las veces con el vergajo de buey que había sobre el armario de la cocina. Mi abuelo se levantó y se puso a trabajar. Yo sentía como es natural su amor por mí. insultaba a mi padre. por lo demás. aunque no podía haber duda de que se trataba de acontecimientos y hechos verdaderos. me pegaba furiosamente. hacia Traunstein. no sólo me pegaba a mí. del que todos. el hijo ilegítimo. veía a mi padre. ella trataba de doblegarme con las frases más horribles. porque yo vivía con ella. en un rincón de la cocina o de la habitación. Realmente siempre me dio la sensación de que. pero al mismo tiempo siempre también su odio hacia mi padre. Era día claro cuando terminé el relato. pidiendo socorro. sencillamente se alegraban de que estuviera allí sano y salvo. que la dejó plantada. Donde me parecía oportuno me alargaba. Y se encontraba con ella todos los días. Fui capaz de convertir mi lamentable fracaso del final. un relato absolutamente dramático. El parecido era asombroso. y en ese conocimiento se basaba mi relato. Como en fin de cuentas el castigo corporal nunca me ha impresionado. que se sentaba enfrente en su cama. no 15 . Mi cara no sólo se parecía a la cara de mi padre. La mayor decepción de la vida de mi madre. Esa fue mi suerte. que se interponía en ese amor de mi madre por mí. Naturalmente. y de que impedí que su felicidad fuera completa. Estaba seguro de la victoria. y cada vez me hería profundamente en el alma cuando decía Eras lo que me faltaba o Eres mi desgracia. En el fondo. en un triunfo. ¡Que se te lleve el diablo! ¡Has destrozado mi vida! ¡Tú tienes la culpa de todo! ¡Me vas a matar! ¡No eres nadie. el amor de mi madre por mí. se desentendían por completo. que yo estaba convencido que había que considerar como obra de arte lograda. me interpuse en su camino. era también en toda ocasión para mi padre. mi madre no me insultaba a mí. no podía hablar tan alto que nos oyeran. mi abuela. En casos como aquel de la Steyr-Waffenrad. Pase lo que pase. Mi abuelo me recibió con una mirada severa. Ya de niño yo había tenido siempre la impresión de que los dos juntos eran los más felices de los seres. y yo me agachaba. sino también al causante de su desgracia. Veía en mí con demasiada claridad a quien la destruyó. atenuando aquello. protegiéndome la cabeza con las manos.

revivía en la contradicción. al preguntar por mi padre se ensombrecía. mi madre. En Francfort del Oder hizo cinco niños más. aunque sólo de espíritu. que no pasaba inadvertida a nadie. existía totalmente a partir del antagonismo. era realmente desastroso. ellos eran los estúpidos. Inmediatamente se enfadaban conmigo. si se consideraba objetivamente. donde estaba ya preparada la comida. Mi madre temblaba de rabia. fue un aguafiestas durante toda su vida. con esas palabras me llegaba directamente al corazón. Sufría por las escapadas cerebrales e intelectuales de su padre. A mi abuelo le gustaba lo excepcional y lo extraordinario. al menos temporalmente. decía. no yo. invisible para mí. no le importaban nada las notas. cómo. mientras comíamos en silencio. ¡Qué vergüenza más horrible! Y a ello se añadía mi ausencia de la escuela. Mi abuelo decía siempre que yo. no se habló en absoluto de la escuela. En algún momento. Realmente. Yo era más inteligente que la media. Muchas promesas. pero callada. En el fondo tenía razón. durante todo el año mis calificaciones no eran más que suficientes e insuficientes. fue lo que deseó durante toda su vida. Mi madre no tenía nada de educadora. Yo quería a mi madre con toda mi alma. porque en la escuela aprendía menos que nadie. a juzgar por lo que no me decían sobre mi padre. Al final me había salvado siempre un milagro. ponía fin al jaleo. Mi abuelo. y mis profesores no hubieran dado un centavo por mí. No tomaba en serio en absoluto la discusión. mi existencia escolar daba tema de conversación hasta que mi abuelo. y si llegaba a ser capataz de obra. tenía que pasar de curso. subía. eso decía mi madre. pero ese amor recíproco. Yo debía de haber tenido por padre a un criminal empedernido de abyección muy especial. Muy de mañana había descubierto abajo. Nos sentamos. que se planteaba siempre en la mesa. cualquier dictado terminaba catastróficamente. Por qué también mi abuelo guardaba silencio era para mí un enigma y ha seguido siendo para mí un enigma hasta hoy. Sí. Ese hombre invisible. Se guardaron incluso de abordar ese día la principal cuestión pendiente. para poder afirmarse. En cualquier caso. ellos eran las vulgaridades. sería ya un triunfo mayor que cualquier otro. Me interesaba poco la materia que me enseñaban. me empujó al llamado cuarto de estar. lo que naturalmente nunca consiguió. los profesores no lo entendían. se vio estorbado en su desarrollo por aquel espíritu maligno. No recuerdo ya de qué hablaron. armoniosa. en ese y otros casos semejantes. del que se decía de vez en cuando que sólo estaba hecho de mentiras y bajeza. Mi abuelo parecía confiar en el mecanismo con la misma seguridad. y a la inversa. y menos que a nadie a mis profesores. Cartas largas. era una de sus armas más afiladas. sí. con la observación de que yo era un genio. mientras mi madre vivió. pero cuando se trataba de subir de grado. yo era el despierto. mi madre en cambio intentó durante toda su vida echar raíces en un mundo burgués. le era completamente indiferente. porque todos tenían miedo de ello. Ese día. cualquiera que hubiese sido su talante anterior. buscaba apoyo en la normalidad. contra la pared de la casa. pero todo bajezas. ésa era la razón de mi falta de interés. tu padre dominaba un arte. Lo que se llama una familia feliz. pero abismalmente infame! decía mi madre muy a menudo. Me fiaba de ese mecanismo. y al mismo tiempo yo veía lo grande que era su desesperación y sentía cómo la quería con toda mi alma y a la inversa. sencillamente. me aburría infinitamente. sobre si yo subiría de grado o no. no sabía hacer las cuentas más simples. pasando por delante de mi madre furiosa. Yo había escapado a la tortura del vergajo de buey. ante las que corría peligro permanente de 16 . o sea. ¡criaturas como tú! y así sucesivamente. Pero ahora ya dudaba de poder subir siquiera de grado. ¡Genial. lo revolucionario. la bicicleta totalmente destrozada. sí. era anarquista. por lo menos pequeñoburgués. Cuando mis abuelos comían en nuestra casa. Ya muy pronto había renunciado yo a preguntar por mi padre. ello dijo que había informado a la policía. pero todo mentiras. la oposición. en cualquier caso no de mí. Y alarmado a toda la vecindad. y me amenazaban con lo que llamaban quedarse castigado. mi madre me quería por los menos en la misma medida. Yo era un fracasado.existía. ni la mencionaron. tenía que pensar yo. ¡el arte de la mentira!. Realmente. y el comportamiento de mi abuelo. teniendo en cuenta mi delito o incluso crimen de reprochabilidad superior a la media. a mi abuelo le gustaba el caos. Siempre me amenazaba con la expresión capataz de obra. salvo aquella observación de mi madre de que había avisado también a la policía y a toda la vecindad. subir de grado era lo importante y nada más.

hasta donde yo recuerdo. Por lo que se llama normalidad. pero con igual gusto se hubiera sustraído a las intenciones mentales de su progenitor. de lo que mi abuelo dudó siempre. y se admiraba a sí misma ininterrumpidamente. como lo expresaba él. tan consecuentemente destructivas. tendía a su destrucción. no se le soltaba ya. porque lo quería a él. le habían resultado ya sospechosos en los primeros años de su vida. Tuvo que adaptarse. que era su querido padre y que. se veía arrastrado. en lo que a ella se refería. pequeños comerciantes y posaderos. aunque lógicamente tenía conciencia de la reducción que esa normalidad significaba con respecto a nuestra forma de vida. lo había rechazado ya de adolescente. entregado a su trabajo y ganador de nuestro pan. como decía mi abuelo a menudo. así. Veneración y amor. y al mismo tiempo el deseo de evadirse. ponerse el capote de la masa. mortal. ahora había sido izado hasta la cuerda y tenía que mantenerse. que ya en su más temprana juventud había huido de eso que se llama normalidad. sólo era posible evadirse y salvarse si se sometía uno sin condiciones. En las proximidades de él. Hacía tiempo que había renunciado a toda resistencia contra el cerebro de su padre. que lo había querido así. la llamada normalidad quedaba bajo nosotros. se rehacía otra vez y hacía lo que los otros. de bajá en bajá. mi abuelo. a lo que con el tiempo se vio obligada. en sus años jóvenes. que fatigaba a su entorno y exigía de él más que el promedio. y a mí me lo había inculcado siempre. Todos estábamos continuamente en la cuerda floja y corríamos ininterrumpidamente el riesgo de una caída. Mi tutor. porque sabíamos que tal zambullida hubiera significado nuestra muerte segura. por lo menos no espectadores con los ojos abiertos. no bastaban. sus ejercicios provocaban la sonrisa y se aferraba irremisiblemente a nuestra cuerda sin poder descender ya. ni por un momento. en la que había que temer todo el tiempo una caída. que no se permitía jamás. una carta que pretendía ser de su mano. sólo con recuerdos amarillentos en sus años 17 .zozobrar. así como especular continuamente en terrenos y edificios. Veneró a su padre profundamente mientras vivió. y cuyos ejercicios se hacían más difíciles de día en día. ya en la cuarentena y apartada de todos los jeques y bajás y beys. bajar de esa cuerda. Servir cerveza durante decenios y probar la mantequilla acarreada por los campesinos en sus vehículos de dos ruedas. Eso la deprimió durante toda su vida. En ese sentido. éramos una familia de circo que bailaba en la cuerda floja. La fascinación que mi abuelo y su familia habían ejercido en aquel inconsciente elegido por mi madre había sido demasiado grande. el menos experimentado en esa cuerda floja familiar continuamente oscilante. lo que se llama una vida normal hubiera facilitado a mi madre muchas cosas. Estábamos prisioneros en la cuerda. desde la fortaleza de Cattaro. y ya hacia los veinte años había renunciado a todo lo que tendría que recibir. se había casado con lo que se llama un pintor artístico de Eger. era comprensiblemente. porque no tenía espectadores. de jeque en jeque y de bey en bey. cada día no era más que una actuación en la cuerda floja. Marie. pero aquel idiota. La cuadrilla lo explotaba para sus fines. capturado una y otra vez. y no nos atrevíamos a precipitarnos en esa normalidad. la cuadrilla estaba ya muy avanzada en su arte de bailar en la cuerda floja. El yerno. y ella paseó por Oriente durante decenios a una hija de ese pintor. la mayoría de las veces se debatía torpemente sobre el abismo. Evidentemente. Jamás se le había planteado siquiera la posibilidad de llevar la existencia de un maestro carnicero o de un comerciante al por mayor de carbón. había comprendido que ese estúpido mecanismo era una exigencia exagerada y. el marido. no podía retrocer ya. Mi abuelo procedía de una familia de campesinos. hasta que esa hija. y ejercíamos nuestro arte de supervivencia. su padre no había empezado a escribir fatigosamente hasta los veinte años y había escrito a su padre. como es natural sin tener conciencia de ello. Veneraba a un déspota. tendida sin red sobre un abismo realmente siempre mortal: por mi abuelo. a veces se oían sus gritos. como recién llegado. que mi madre anhelaba. para ella tan caóticas y devastadoras. Pero durante toda su vida no pasó de sostenerse simplemente en la cuerda. También su hermana mayor. todo aquel pensar en comprar y vender que no conducía más que a una pura acumulación de capital. no había nada de arte en lo que hacía. el tutor. el cual se convirtió más tarde en México en una celebridad de la que todavía hablan hoy los grandes diarios en sus columnas de arte. Naturalmente no lo consiguió. no tenía más que burla y escarnio y el más profundo desprecio.

Yo admiraba a mi madre y estaba orgulloso de ella. Era la época de Lenin y de Kropotkin. del que luego. Continuamente pensaba en su hermano. y en la nariz los famosos y mal afamados quevedos anarquistas. nueve cuando mi hermana vino al mundo. Llevaba los pantalones deshilachados. como anotó en un papel escrito a mano que se encontró junto a su cadáver y al perro tejonero que velaba su cadáver. y se dejó crecer el pelo. naturalmente. como decía mi abuelo. a sus ojos. pero los golpes que me daba mi madre con él no tenían ningún efecto profundo. Cuando sus golpes en mi cabeza o donde fuera no daban resultado. pero no me educaba. Con sus palabras diabólicas ella conseguía su objetivo. lo que no hubiera sido posible en casa de su padre. que había vivido durante años con un sastre de Salzburgo en un espantoso matrimonio impuesto por sus padres. con sus cristaleras de unos veinte metros de altura. salvo Rosina. que en su vida estuvo en Viena y probablemente tampoco en Salzburgo. Un hermano mayor de mi abuelo. Vivía en una casa situada cerca de la casa de la famosa Lou Salomé y hacía que su hermana Rosina le enviase a él todos los meses una caja de mantequilla y salchichas. Tenía ante los ojos suficientes ejemplos. La Iglesia católica era para él un movimiento de masas totalmente vil. fueron fugitivos. frente al Wallersee. nada más que una asociación embrutecedora de los pueblos y explotadora de los pueblos para recaudar incesantemente el mayor capital imaginable. hija auténtica. no he podido salir. Su hijo era un monstruo al que no soportaba. a partir de entonces. perdido ante las potencias del Mal. a cuyo horror. no fue a Zurich sino a Basilea. Pero no orientaba sus energías hacia la política. La palabra era cien veces más poderosa que el palo. se quedó en casa. también malo. cuando tenía tres o cuatro años y mucho más tarde aún. yo no podía escapar. que tenía del catolicismo una opinión aniquiladora. por su infernal riqueza inventiva. un hijo de la maquinación. el genio de la familia. Sabía que había dado a luz un hijo extraordinario. Ya de pequeño sospechaba su desamparo en lo que a mí se refería. Ella no tenía otra opción que coger el vergajo de buey. y se arrojó al cuello de mi abuelo asegurándole que. pero un hijo con terribles consecuencias. la Iglesia vendía sin escrúpulos algo que no existía. yo era su hijo al que no se podía salvar. Rudolf. donde hizo estudios técnicos y se unió a algunos anarquistas de sus mismas ideas. una vez. a saber. en la Ifigenia de Goethe. se había refugiado en el bosque y. se suicidó a los veintitrés años. apareció en Basilea después de abandonar a su marido y sus dos hijos. ¡Eres lo que me faltaba! ¡Me vas a matar! En sueños me torturan todavía hoy. un Dios bueno y. un hijo del diablo. Sin embargo. de millones de formas. mi tío. mi abuelo. Ella me corregía.orientales. Tenía su propia religión. Rudolf directamente al cielo. Aquellas consecuencias sólo podían ser el crimen. construido por mi bisabuelo para su yerno de Eger contra la pared de piedra del llamado desfiladero de Santa María. hija verdadera del idilio. Su compañera. incapaz de apartarse aunque sólo fueran diez kilómetros de Henndorf. fue a parar al Burgtheater en calidad de actriz mediana que al parecer hacía buen papel en las farsas de Nestroy y hasta. Me veía en todos los correccionales y cárceles imaginables. estar tranquila. donde fuera. y lo explotaba. Yo tenía siete años cuando nació mi hermano. en toda mi vida. Marie huyó a Oriente. Nunca pudo enfrentarse con mi pasión enfermiza por las sensaciones. Todavía hoy puede admirarse un gigantesco estudio de artista. sino hacia la literatura. hasta a los más pobres 18 . como es natural no la católica. mi abuelo del seminario a Suiza. Esa hermosa niña conservó su hermosura. como prueban las fotos que se han conservado. Todos. La hermana menor de mi abuelo. tomaban el sol las serpientes. Al fin y al cabo. al mismo tiempo. pero por otra parte así me precipitaba cada vez en el más horrible de todos los abismos. No supo educar a ninguno de sus hijos. en las que. siendo guardia forestal de los bosques de los condes de Uiberacker que rodean el Wallersee y el Mondsee. se hartaron de la marcha uniforme y de la marcha en vacío de la existencia del pueblo. Tenía que desahogarse. porque no había podido «soportar más la desgracia del mundo». que en definitiva había perecido. ni a mi hermano ni a mi hermana. Tenía miedo del vergajo de buey. viviría con él. y que yo. para siempre. Por eso mi madre nació en Basilea. Rosina. cerca de Henndorf. se refugiaba en las frases ya mencionadas. mi futura abuela. Ella no sabía nada de ese efecto devastador. como suele decirse. Una hermosa niña. y expoliaba en todo el mundo. como recordaba aún mi madre. admiraba como regente de aquel imperio suyo de compras y ventas.

Las escuelas en general y las escuelas primarias en particular eran instituciones horribles que destruían a los jóvenes ya en sus comienzos. mi abuelo y yo. aunque se supiera que se los enviaba a su perdición. hijo mío. La bicicleta se puede reparar. dijo. En el fondo había sido una idea genial sacar la bicicleta del vestíbulo y subirse a ella. más que todos los otros. pero creía. me dijo. en lugar de ir a la escuela. Al final de la comida. La escoria. Mi madre estaba rígida. la tontería la norma y la perversión del espíritu el elemento motor. Verdad era que el hacer novillos causaba molestias a las llamadas personas responsables de la educación. aunque se daba cuenta también. no la escuela. una hazaña totalmente extraordinaria. Imaginaos. decía mi abuelo. Eso es lo que le aprovecha. con el único fin de aumentar incesantemente su fortuna. un propósito así tiene que permanecer secreto para que pueda tener éxito. porque aborrecía la carne de 19 . Sin embargo. Y cada vez había vuelto a casa. Y precisamente ellos quieren a sus padres más que a nada. probablemente tampoco en Dios. en plazo brevísimo. personalmente. El enumeró una serie de sus propias escapadas de niño. Mis escapadas no eran nada nuevo. No creía en la Iglesia. al que su padre. era asesina de niños. en suma. Pero no podemos suprimirlos. Precisamente los llamados niños difíciles llegan a ser algo. Pero eso no lo comprenden los padres. No se daba cuenta en absoluto de que yo debía de haber fracasado. y por consiguiente tampoco significaba nada que yo hiciera novillos. Se aferraba a su creencia. La escuela no significaba nada. Es cosa de nada. Ahora. ¡Un dolor de garganta insoportable!. decía mi abuelo. Los maestros son los que los hunden. ¡E irse inmediatamente a Salzburgo!. el hecho me impresiona. un monstruo abominable. Mi madre era una persona creyente. destructores. dijo. ¿Por qué hay que mezclar siempre enseguida a la policía?. dijo. Mi madre guardaba silencio. yo no sé montar en bicicleta. Los policías y los maestros despedían mal olor por la superficie de la tierra. Enviamos a nuestros hijos a la escuela para que se vuelvan tan repulsivos como los adultos que encontramos a diario en la calle. Mi abuelo comenzó una defensa bastante larga. nunca he encontrado un maestro que. A mí. Tú no sabes montar en bicicleta. dijo hablando de mí. de por sí. La escuela. pero desde hace milenios la Iglesia vende a Dios y al Espíritu Santo abiertamente. se sube por primera vez a una bicicleta e inmediatamente se va casi hasta Salzburgo. con absoluta impunidad. Eso es una ventaja. que recuerdo aún con demasiada claridad. que tenía invertida en gigantescas industrias y en infinitas montañas de oro y en igualmente infinitos montones de acciones en casi todos los bancos del mundo. y también mi abuela dijo que hacía tiempo que la comida no había sido tan buena. viven en palacios principescos. Eso tú no lo comprendes. demoledores. y en el vestíbulo la bicicleta sólo se oxida. Pero enseguida: naturalmente. Le gustaba que su nieto. se desahogan en la escuela con los niños. Emil (mi tutor) no está aquí. y con razón. dijo mi abuelo. le dijo a mi madre. había que mandar a ella a los hijos. mientras vivió. se habló por fin de mi caso. no se haya revelado como un personaje vil y abyecto. Cuando causamos dificultades a nuestros padres. Y en aquellas escuelas alemanas era. Siempre he detestado a los maestros. y por lo tanto los que mueven los hilos. ¡y qué viles son muchos maestros! Cuando en su casa los tiranizan sus mujeres. como era obligatorio ir a la escuela. de que cada vez la dejaba más en la estacada.entre los pobres. no le quedaba otro remedio. Eso es precisamente lo que tiene de genial. Pensándolo bien. y el calcio de ese puchero. había declarado muerto una y otra vez. sentada frente a nosotros. Sólo el no decir lo que te proponías fue un error. El puchero de carne de vaca era su plato favorito. por lo menos. Sólo hay que pensar en todo lo que puede hacer un ciclista. Eso no lo comprendía yo. le dijo a mi madre. exclamó. Los maestros no eran más que deformadores. Los cardenales y arzobispos no son más que recaudadores sin escrúpulos a cambio de nada. como todos los creyentes. dijo. Sólo enseñan cómo se vuelve el hombre bajo y vil. Mi abuelo elogió el banquete. exclamó y me preguntó enseguida si me había visto alguien que pudiera denunciarme. Y además sus explotadores. Me había marchado ya tantas veces. conseguiremos algo. Yo negué con la cabeza. ¡Basta con un pequeño certificado!. Tampoco mi abuela sabía montar en bicicleta. Todo el que vende algo que no existe es acusado y condenado. sabe montar en bicicleta. se comprara en la estación un billete de andén y se fuera con ese billete de andén a Rosenheim o Munich o Freilassing. que emprende cosas que los demás no emprenden.

Henndorf evitó el escándalo. fue un paso decisivo para escapar a la estrechez en que había nacido. hijo de un agricultor de los alrededores y que. donde encontró acogida en casa de la amiga mencionada. mientras sus padres vivían en la Wernhardstrasse de Viena. como todas las madres. ya a los siete. de eso no tenía ninguna gana. Mi tía abuela Rosina hubiera echado de casa a su sobrina Herta. la máxima que sus mujeres han bordado en los trapos de cocina y que dice Al corazón se llega por el estómago es la única poesía. en su caso la ebanistería. está enterrada desde el cincuenta. decía. él debía haber sido como su padre comerciante al por mayor de mantequilla. lentamente. un niño tiene que ser curioso. no había que dejar pasar el momento oportuno. Sacarle a la gente su salario y emborracharla. Al principio. ella huyó del lugar de su vergüenza a Holanda. ¡Qué he hecho yo para tener que existir en este agujero que desafía toda descripción! y todavía tengo suerte. vivo en el campo. Por otra parte: qué no había hecho él para salir de la porquería de los pueblos. decía. En Salzburgo cogió el gusto: Schopenhauer. Si se piensa que viaja más que todos nosotros. Pero estamos rodeados de bajeza y cada día nos asfixiamos inevitablemente en la tontería. Deberíamos pensar siempre que en el mundo hay más cosas que la trivialidad. no de niño. mi madre. Yo había causado siempre dificultades. Poco después dio a luz en Heerlen. tuvo que vivir una temporada con su tía Rosina. le divertía visiblemente. aquel pequeño agujero. decía a menudo lleno de orgullo. por deseo suyo. cuando nací. El comía con el mayor placer. Nietzsche. No. lo enviaron al seminario a Salzburgo. mi lugar natal no fue por casualidad Heerlen. vestida de negro y. En mil novecientos treinta y uno. los decenios que le quedaran. sólo con un billete de andén! Aquella observación. un chico. después de haberse perdido su hermano mayor en el horrible oficio de guardia forestal. ¿qué será de ellos? Los encontraremos al fin como artesanos ahítos que nada entienden de su artesanía. posadero. En Heendorf. en un convento que. Así pues. Mi padre ni siquiera sabía escribir correctamente. y hubiera ensombrecido su vida ulterior con la vergüenza de un nacimiento ilegítimo. Al parecer. Hoy sé que sólo le gusta a uno la carne de vaca cuando es viejo. en el momento en que anuncié de forma decidida mi entrada definitiva en el mundo. como era corriente. como puedo ver en una fotografía que se ha conservado. Cuando comprendieron que no podían contar con él. y la tía Rosina 20 . que sólo tienen ideas sin valor. un escándalo y la condena de mi madre hubieran sido su consecuencia ineludible. Se dice que los dos se encontraban con frecuencia en lo que se llama un cenador en el manzanar de la tía Rosina. Sobre eso no sé nada más. a donde mi madre había huido desde Henndorf. AI fin y al cabo. me daba asco. y ella sólo hubiera entrado en el pueblo. mi nacimiento hubiera sido completamente imposible. Para todas esas gentes. naturalmente. Tenerlo continuamente atado es criminal y una tontería abyecta. Eso es realmente todo lo que sé sobre la historia de mi concepción. dijo. y el recién nacido. y hay que dejar rienda suelta a su curiosidad. una madre feliz. Mi madre. la verdad es que no vivo en una pequeña ciudad. Ettendorf no es Traunstein. estaba especializado también en las llamadas muchachas descarriadas. como solían designar a mi padre con mayor frecuencia. Mi madre. novelas gigantescas. debió de entrar en relación íntima e intimísima con ella en esa época. Todos esos niños de pequeñas ciudades. no sabía que existiera algo así. en Rotterdam. y por añadidura del hijo de un maleante. tenía más pelo del que he visto nunca en la cabeza de un recién nacido. ya en mil novecientos treinta. dicho sea de paso. había que salir de la porquería tan pronto como fuera posible. no las ideas de sus educadores. en los Países Bajos. en aquel Henndorf que ella quería más que a cualquier otro lugar del mundo y donde. por consejo de una amiga que trabajaba en Holanda. los ocho años. sólo para ir al cementerio y volver. especulador inmobiliario. aumentando así sin interrupción el capital. Un niño tiene que seguir sus ideas. ¡y por añadidura sin pagar. había tomado la decisión de marcharse. ¡Cura yo! exclamaba a menudo. yo era un niño alegre. Y yo proyectaba novelas.vaca. yo exigía un nacimiento rápido. en una época que no quería tener niños ilegítimos. eso es sano. Al parecer mi padre. o como negociantes de grueso vientre que cada noche se emborrachan. con la que levantó la mesa. toda la ceremonia se ampliaba convirtiéndose en un solo disfrute insuperable. además de la profesión totalmente natural de campesino aprendió también un oficio. Esa es la verdad. De todas formas.

no en el mar. al aspirar el olor del mar. a la 21 . Mi padre no me reconoció nunca. y mi madre tuvo que recogerme. mí abuelo. todavía hoy tengo miedo. La época de Viena. Naturalmente. descontando los primeros días. En cualquier caso. donde pasé la mayor parte de mi infancia. A lo largo de la verja del manicomio de Steinhof. mi existencia. mi madre les confesó a mis abuelos. con un pequeño cesto de ropa prestado por su amiga. que aparecían una o dos veces por semana. pero esa época queda muy atrás. pronuncié por primera vez en mi vida la palabra abuelo. y el de Salzburgo. siete u ocho recién nacidos colgaban del puente de madera del pesquero y. tuvo que separarse de mí. el mayor puerto de Europa era lo más apropiado para ello. y temporalmente también como cocinera. Realmente. A los doce contrajo lo que se llama una tuberculosis apical y tuvo que renunciar a su carrera de primera bailarina. para mantenerse y poder pagar el precio de mi estancia en el barco. no de las montañas.pudo volver a dormir tranquila. con espléndidos respaldo y brazos y una larga vara de madera. había un increíble hedor y un vaho impenetrable. Al parecer. y creo firmemente que ésa fue la razón de que mi madre guardase silencio durante tanto tiempo. bajo el llamado Puente de las Hormigas. En el fondo soy un hombre de mar. y mi madre ganaba algo de dinero como sirvienta. en las proximidades del hospital Wilhelmine. después de mi primer año. bajo la tutela de mi abuelo. Ella me había metido otra vez en el cesto de la colada y había viajado conmigo un día y una noche hasta llegar a Viena. puedo decir que pasé el primer año de mi vida. mi abuelo me remolca en un lujoso vehículo de dos ruedas. mi abuela ejercía la profesión que había aprendido de comadrona. En la Wernhardstrasse del distrito XVI. y volver conmigo a Rotterdam. El padre de mi madre. desde Rotterdam. eran bajados y mostrados. sino sobre el mar. como novelista y filósofo. A partir de entonces no sólo tuve a mi madre. La acogieron en Viena con los brazos abiertos. y abarca desde mis tres a mis siete años. porque durante toda la semana trabajaba como asistenta. el de Holanda. A veces me parece. conoció el mundo. exclusivamente sobre el mar. escribía. que se ocupaba de la diversión continua. Mi abuelo. Me visitaba. No sé mucho de esa época. por decirlo así. en la que me había sentado mi abuelo. La ventaja fue que de esa forma. Excursiones en trineo con mi abuelo. Pero mi madre no tenía otra opción. en el que la mujer del pescador cuidaba niños en hamacas bajo el puente. mi abuela y mi madre. como si ese olor fuera mi primer recuerdo. cada vez. no tenía la menor idea de mí. Esa circunstancia será para mí. Su padre. estuve dos años en Viena. mientras estuve en el pesquero. Al parecer estuve en el hospital Wilhelmine varios días con conmoción cerebral. sino también abuelos. No sin orgullo pienso a menudo que soy un hijo del mar. allí. en las montañas no me siento bien. Una ventana que daba sobre una gigantesca acacia. me aplastan. no debía ser molestado en su trabajo. Como no podía ganarse la vida y estar al mismo tiempo conmigo. mi estancia de entonces en el mar ha marcado toda mi historia. sólo cuando estoy junto al agua del mar puedo respirar bien. por no hablar de mis posibilidades de pensar. yo lloraba lastimosamente cada vez y. el escritor. algo prodigioso. tuve la cara llena de forúnculos y desfigurada. De ello existe aún una foto. de todas formas. sólo se ha conservado en mí en imágenes aisladas y escasas. La solución fue un b arco pesquero que había en el puerto de Rotterdam. La posibilidad de dejarme en el convento cercano de Heerlen fue sólo breve. Para mí es ideal la región prealpina. Se dice que a los dos años me caí de la máquina de coser Singer de mi abuela. atendiendo a los deseos de las madres. pienso. de esa época no me ha quedado ninguna clase de impresiones. Durante un año mi madre no se atrevió a comunicar mi nacimiento a mis abuelos en Viena. De eso no me acuerdo. donde colgaban las hamacas. en las proximidades del Chiemsee. lo que me da que pensar una y otra vez y es importante en todas y cada una de las cosas que a mí se refieren. Era deprimente: a los siete años ella bailó en la ópera de la corte Blancanieves y recibió por ello una medalla del Emperador. un escarpado trozo de calle por el que yo bajaba en un triciclo. como me consta. los domingos. De esa época conservo una serie de fotografías. el paisaje bávaro. o sea a sus padres. y junto con mi tío Farald. Antes. Probablemente en el momento en que no encontró absolutamente ninguna salida. me asfixio en ellas. No sé de qué tenía miedo. durante toda mi vida.

Por lo tanto. carece de cierta elegancia. exige una admiración total. Su especialidad era tender por la noche con varios de sus camaradas. que al fin y al cabo hubiera podido ser también su casa. su hijo había sido elegido para filósofo. para quien el mundo era entonces aún un enigma bien atado. en una época de espanto. A mi abuelo le agradó aquel muchacho no corrupto. Emil Fabjan atrajo al partido a aquel ingenuo muchacho de suburbio. pensaba a menudo. Para los míos. todas ellas fotografías. Debían de considerar la Viena de entonces como un infierno en el que cada día se lo jugaban todo. En aquella época. no pudo irme muy mal. Al parecer tenía bajo la almohada una pistola cargada. dijo más tarde. De esa forma conoció mi madre a su futuro marido. conoció al ayudante de peluquero Emil Fabjan. Bien vestido. sumiendo así a su familia en el miedo y el espanto. el más inteligente de la familia. Mi abuelo aludía a menudo a aquella decepción. realmente en peligro de muerte. elegidos para ello. de la que todavía hoy me enorgullezco mucho. desde los coches y trineos más peregrinos. al mismo tiempo. El abuelo se había arrojado en su juventud en brazos de los socialistas y había quedado escaldalo para toda la vida. Su ideal fue roto por el tiempo demasiado tarde. De ese infierno quería salir mi abuelo tan pronto como fuera posible. porque todo lo que él hacía y alentaba y escenificaba era ilegal. El paisaje que rodea a la Wilhelminenberg está suavemente iluminado por el sol del mediodía. cuando mi tío tenía unos veinte años. Cuando yo era tan pequeño que todavía no sabía andar. y no se pudieron remendar ya los jirones. También mi abuelo amenazaba suicidarse diariamente. pero una noche se unió al partido comunista. y mi Yo. grandes pancartas sobre las principales calle de la capital. y ahora su hijo se arrojaba en brazos de los comunistas. Era la época del mayor desempleo y de la tasa de suicidios más alta. ejerzo mi reinado desde lo alto de los tronos más diversos. y se hizo amigo de él. Ese aspecto tenían los hijos de las casas dominantes. El. La hija de mi abuelo debía haber hecho carrera en el más alto templo de las musas del Imperio y tenía realmente para ello. El estrechó sus lazos con los comunistas. en las que se ensalzaba al comunismo como único futuro posible y digno. mi tutor. pero acabó quitando el polvo en las antesalas y alcobas de los nuevos ricos de Döbling y en diversas cocinas del barrio de la Währinger Hauptstrasse. Su experiencia de que el idealista que milita en un partido en su primera juventud se deja atrapar en definitiva y en fin de cuentas en un engaño mortal dejaba indiferente a su hijo Farald. Fue una tontería renunciar a la herencia de mi padre. aquella época fue probablemente la peor. la policía llamaba a cada instante a la puerta de nuestro piso de la Wernhardstrasse para buscar a mi tío. en el que se concentra todo lo demás. ella le respondió a vuelta de correo que no tenía ninguna habitación libre.que su padre la había destinado. propios de la época. sólo conozco fotografías. Cualquiera de la familia podía prever las consecuencias. al que acababan de absolver y que estaba empleado en las proximidades de la Maroltingergasse en un establecimiento para damas y caballeros. que tan amargos fueron para los míos. y ninguna de esas imágenes. fue amigo y ayudante del famoso Ernst Fischer y acabó finalmente en las cárceles más diversas de Viena y de los Länder federales. con mi abuelo.fueron puestas en peligro. sumió también al matrimonio Fabjan. Como había arrastrado a Emil Fabjan. que vivía en las Hasnerstrasse. que admiraba al escritor y se admiraba incluso de que hubiera algo así. incluso al precio de tener que volver al lugar de donde había huido treinta años antes. Prescindiendo de las muchas otras familias que a causa de mi fanático tío -sin duda alguna. no estaba en casa. peligrosísimas. De esos años de Viena. sin embargo. La miseria material era grande. Las relaciones con mi tío eran siempre interesantísimas. todos los requisitos necesarios. Al fin y al cabo había trabajado esos treinta años quedándose atascado en una falta de éxito 22 . en las que estoy bien alimentado y parezco satisfecho de la vida. que llevaban ya entonces veinte años en la Wernhardtstrasse. pero también. para reponerse de la amargura y del horror de Viena. el joven corre tras un ideal insensato y se desprende de todo. y vivía por así decirlo' en la clandestinidad. Cuando una vez escribió desde Viena a su hermana Rosina que le gustaría pasar unas semanas en casa de ella. Tengo en mi poder un montón de fotografías en las que todos aparecen con sus trajes y vestidos. demacrados casi hasta los huesos. salvo el interesado. como me consta. Un día mi tío trajo a su nuevo camarada a la Wernhardstrasse.

Yo tenía tres años. De repente fuimos en Seekirchen personas apreciadas. me levantaba todos los días en un mundo cuya monstruosidad sólo 23 . Probablemente el mobiliario de la Wernhardstrasse no valía el precio del transporte. ayudaba en la colada. ni muebles ni ninguna otra cosa. Mi madre se había quedado en Viena con el hombre con el que se había casado en Seekirchen. la miseria había sido allí demasiado grande. en donde. el pensador se beneficiaba de ello. como les gustaba el romanticismo. en Seekirchen. habían vivido en un claro del bosque. era aquí de repente el señor vestido al estilo de la ciudad. y no dejó nada de de Ulla Winblatt. incapaz de trabajar en común. No lamentaron haber dejado Viena. Con esa pretensión. y finalmente también de su yerno. al que se acogía con curiosidad y al mismo tiempo con desconfianza. final y definitivamente. Su habilidad con la aguja. se habían establecido en la Wernhardstrasse de Viena. éramos personas absolutamente extraordinarias. Hasta los cincuenta y cinco años no ganó prácticamente nada. de su lugar natal propiamente dicho. sobrevivir a diario casi imposible. es decir. Pero también la Wernhardstrasse se convirtió de repente en pasado. Veinte años en Viena habían sido para los míos una enormidad. antes que nada. del que no podían salir en todo el invierno. se lo había comido la gran cabra que tenían mis abuelos en Forstenried. como me consta. era excelente en todo lo que hacía. Estaba totalmente bajo la protección de mis abuelos. después se maravillaba de haber tenido aún fuerzas para ello. Ellos trabajaban. en aquella fonda situada frente a la estación. En poco tiempo fue tan querida que también el escritor. tras pequeños bancales de hierbas aromáticas cuidadosamente cultivados. Nos mudamos de la posada de la estación al centro del lugar. a donde se habían mudado los míos a principios de año y en las circunstancias más grotescas y. y nada más. donde. un pensador! El desprecio que provocaba era mayor que la admiración. mi abuela cocinaba. por decirlo así. no nos habíamos llevado nada de Viena. Aquí. Nos quedaremos ahí. Las pequeñas colaboraciones de lector de editorial las abandonaba en seguida. porque estaban aislados por la nieve. y cuando yo decía Buenas noches -en aquella época juntaba aún las manos para ello-. más arriba de Seekirchen. verdad er a que en esos treinta años había publicado una novela. Mi abuela había contado a menudo riéndose que sus muebles nunca habían sido otra cosa que cajones de azúcar baratos. está el comienzo de los recuerdos que puedo calificar de continuos. Salvo miles de libros. a sus expensas. a sólo seis kilómetros de Henndorf. paramos en la fonda de la estación le Seekirchen. y pronto se hizo amigos. a una casa de quinientos años que amenazaba ruina. Vivía de su mujer e hija. debió de realizarse de una forma bastante brusca. él se paseaba. La partida le Viena hacia el campo. Era un individualista. el paseante. cuyo título era Ulla Winblatt. porque le repugnaba hacer continuamente antesala con algún escritor sin escrúpulos. Mi abuelo había vuelto la espalda a Viena deiinitivamente. Mi madre se casó con mi tutor en mil novecientos treinta y siete. cerca de Munich. Mi abuela encontró trabajo en la finca de los Hipping. y estaba convencido de que nosotros. dijo mi abuelo. quizá dos o tres veces al año. Habíamos alquilado en la fonda de la estación una sola habitación en el primer piso. podía desarrollarse plenamente en la finca de los Hipping. Durante varias semanas nos alojamos allí en una habitación de huéspedes. que sin embargo sólo después nos seguirían. junto al Wallersee. como él mismo me contó una vez. Ganaba lo suficiente para que pudiéramos existir. con su bastón. La cabra tenía más hambre todavía que nosotros. descendía el pantano hasta el lago. probablemente no teníamos dinero para comer abajo en la sala. pero ese libro. Ahora los veía raras veces. podía ver directamente por una ventana alta el lago que se oscurecía rápidamente bajo el sol poniente. más terribles. desde la que el cementerio no me quedaba muy lejos. que creían en él sin reservas. y por consiguiente inservible para cualquier empleo.total. decía mi abuelo. que había sido siempre admirada por todos. en la que nuestra ropa lavada colgaba continuamente sobre nuestras cabezas. sólo dos maletas y nuestra ropa. porque anteriormente habían cambiado de vivienda a cada instante y en fin de cuentas unas cien veces. porque recuerdo que. mis abuelos y yo. que había hecho que le regalaran cada vez los pequeños comerciantes que había en las proximidades de sus pisos. Mi abuelo. ¡Un novelista. Aquel señor no tenía dinero siquiera para comer en la sala de la fonda. al mismo tiempo. Cansados de esa agitación. cuidaba de los niños. a quien yo quería más que a nada.

y el lugar entero estaba lleno de música que salía de esas tabernas. discretamente lo invitaba a desayunar. Por las tardes trabajaba dos horas más. etcétera. cavilando sobre el ser y su contrario. mientras vivió la disciplina fue nuestro mandamiento supremo. decía mi abuelo. O bien: ¿qué es un ingeniero? Corría a casa y le hacía a mi abuelo la pregunta sobre el industrial o sobre el ingeniero. blanco en invierno. que para mí estaba lleno de enigmas sin resolver y era el centro de muchos cuentos inventados para mí solo por mi abuelo antes de que me fuera a la cama. sobre el que un ángel de mármol gigantesco extendía sus alas. Y aunque durante toda la vida hubiéramos obtenido ininterrumpidamente respuestas a nuestras preguntas. y entonces tenía la explicación. Por primera vez había perdido a un ser humano. Las preguntas se amontonaban. durante un año. Así pues. y las respuestas eran cada vez más piedras de mosaico de la gran imagen del mundo. pero no sirvió de nada. a mi abuelo. me acercaba a ellos espontáneamente. Mi madre enviaba para mí una gran parte de lo que ganaba. reposaba ahora. yo me arrodillaba allí y lloraba. Las flores se habían marchitado. escuchaba los ruidos que venían de las tabernas. Los muertos eran ya entonces mis confidentes más queridos. en el medio ambiente del lago. habíamos hecho de la discreción con mi abuelo nuestra disciplina principal. Durante días enteros fui al cementerio. pero yo no había entrado todavía en ninguna. Pero no había ni que pensar en entrar en una taberna. Lo que me estuvo vedado en mi primera época en Seekirchen se convirtió después en norma. de una enfermedad inexplicable. con sus sepulcros pomposos. Como es natural. según mi abuelo. El mundo no estaba hecho de muros como en Viena. cuando algo me resultaba incomprensible. Todo había que decirlo sin hacer ruido. al atardecer todas estaban abarrotadas. en el panteón de su familia. tampoco entonces llegaba a ninguna conclusión satisfactoria. cuando lo hacía. a descifrarlo. yo gritaba su nombre. Me sentaba durante horas al borde de alguna tumba. teníamos que comportarnos ininterrumpidamente sin hacer ruido. Debía acostumbrarme a meditar en una cuestión no resuelta hasta que la solución surgiera por sí misma. si es que no el del Atlántico. Cuando estaba en la cama tras las cortinas corridas. él murió. Allí donde sólo unos días antes había jugado. pero al mismo tiempo me conmovía.sospechaba. y las estaciones no se mezclaban entre sí como hoy. a cenar. El recorrido hasta correos era el momento culminante: saber si había un giro de Viena para él. el hijo único del propietario de la quesería Wöhrle. Siempre. mi abuela se apartaba de su camino. el hombre más acomodado de toda la región. mis ruegos no fueron escuchados. aquello me resultaba esclarecedor. En el lugar había cada dos o tres casas una taberna. era verde en verano. según mi abuelo. teníamos que andar sin hacer ruido. las gigantescas lápidas de granito de las personas acomodadas. a explicármelo. no habríamos avanzado mucho al final. No puedo recordar haber estado nunca en una taberna con mi abuelo. Mi lugar preferido en Seekirchen fue desde el principio mismo el cementerio. pardo en otoño. aquí había nacido mi padre. desde donde quiera que estuviese. Cuando me había confabulado para siempre con mi amigo. ¿Qué es un industrial?. las pequeñas cruces de hierro oxidadas de los pobres y las diminutas cruces de madera blancas de las tumbas de los niños. sobre todo la palabra industrial. corría. Ahora respiraba a pleno pulmón el aire del campo Salzburg's. comprendí que mis súplicas eran completamente inútiles. Conocí lo que se llama una gran casa. ¿Qué era lo que hacía que 24 . con columnatas de mármol y grandes habitaciones en las que había alfombras persas. y hubiéramos resuelto finalmente todas las preguntas. entonces obtendría mayor provecho. lo mismo que el aromático olor de la ciudad de Viena. Yo había encontrado un amigo. el aire de mis mayores. Tenía tres años y había visto más que otros niños de mi edad. al panteón de los Wöhrler. había respirado el aire del Mar del Norte. Las inscripciones de las lápidas me inspiraban un enorme respeto. entre tres y cinco. estaba dispuesto a investigarlo. y a las nueve iba a dar un paseo. Como suplemento. Se levantaba a las tres de la mañana. Hoy sé que vivíamos en Seekirchen de aquel dinero. La cabeza es frágil como un huevo. aquí pasó mi madre su infancia. a comer. mi abuela bajaba de Hipping los frutos de su arte con la aguja y de su guardería de niños. Yo observaba con cariño cómo escribía él y cómo. me preguntaba. pero no recibí respuesta. cuando fracasaba en mis esfuerzos por aclararlo. a los cuatro años. La losa de mármol vacía sobre él y sobre nuestra amistad.

Entre el final de la escalera y la puerta del balcón tenía yo mi lugar. de noche. y la Wernhardtstrasse era el escenario de mis fantasías nocturnas. y mi abuelo debió de conseguir publicar al mismo tiempo algún artículo. había un pequeño desván. con todos nuestros trastos. como era corriente entonces. Desde entonces nos sentábamos devotamente por las noches a la mesa de la cocina y escuchábamos. Gritaba y me despertaba. ya estaba acostumbrado. durante todo el día. no había luz eléctrica y el petróleo desempeñaba un importante papel. inmediatamente. ir con cualquier tiempo. Desde mi cama miraba directamente hacia oriente. como decía mi abuelo. sobre una tabla atornillada a la pared. que probablemente no había sido adquirida sólo con ese fin. tenía que bajar de noche la oscura escalera y. Tenía ya sueños. mi abuelo me había contado demasiadas cosas de gitanos. las palmeras crecían muy altas en la Wernhardtstrasse y lo invadían finalmente todo. por la puerta de la casa y a lo largo de la pared. Era una de las casas más baratas de toda la región. al que yo no debía entrar sin autorización expresa. Dormía en un palmar. Desde la cama. Los productos naturales provenían todos de la granja de los Hipping. Esa radio debía desempeñar unos años más tarde un papel importante. hasta los llamados altos de la cervecería. enfrente la alcoba de mis abuelos. hordas enteras de cerdos. Había sido construida con traviesas de ferrocarril y pertenecía a un campesino de las proximidades de la finca de los Hipping. donde trabajaba mi abuela. Aquí no me sentía todavía en casa. sin contar cientos de gallinas. subimos arrastrando una vieja carreta. Volver a meterme en la cama tibia era un gran placer. Por la noche oía a los ratones debajo y encima de mi cama. Un día llegó la luz. aunque tenían que marcharse otra vez tan hambrientos como habían venido. lo descascareaban todo. en invierno por la nieve. veía al fondo la montaña. Pero inmediatamente delante del manicomio estaba entonces el Wallersee. una gran habitación de cuyas paredes colgaban jirones de papel pintado con grandes dibujos de flores. por una estrecha grieta de las tablas podía ver directamente la gran puerta de la cervecería. en el camino de la puerta de la casa al retrete y de vuelta. que estaba adosado a la casa. buhoneros y criminales en general que vagabundeaban y. Por lo demás. estaba mi cama. en mi recuerdo. A los ratones. Un gigantesco coloso de piedra había rodado sobre mi abuelo. mirando desde mi cama.toda aquella gente estuviera de tan buen humor. En el primer piso. se iba a la cocina. hay un gran barril de manteca sobre el que cuelga un montón de ristras de cebollas. y también aquel alojamiento fue sólo por breve tiempo. eso me divertía y me dejaba al final con miedo. venían todas las noches. porque allí no encontraban nada. y tenía dos habitaciones abajo y dos arriba y una ancha escalera con una puerta que daba al balcón. abierta a todos. los tres. Tenía. Steinhof. por encima de la aldea. en el que se almacenaba cerveza y vino en gigantescos sótanos abovedados y en el que vivían por un alquiler irrisorio algunas personas pobres como ratas. Un día. En la granja había unas setenta vacas y lo que se llama animales jóvenes. y esos sueños se centraban en gigantescas manzanas de casas. que mi abuelo. y los días claros la montaña. mi abuela y yo. Desde ese balcón se veía. que no hiciera más que cantar y bailar? La luna iluminaba mi cama. Aquél fue mi paraíso. teníamos una vista espléndida y bajo el balcón un jardín. había una casita de troncos de un piso que miraba hacia la aldea de Seekirchen. Todo había sido calificado siempre de provisional. No vivimos mucho tiempo en el centro del lugar. en definitiva fue la culpable de que mi abuelo fuera detenido en Traunstein y tuviera que prestar servicio en un convento convertido en oficina del partido nacionalsocialista. que también aquí reinaban de noche. y tres o cuatro caballos. el manicomio. un edificio de trescientos años abandonado a su ruina. colocó en un rincón de la cocina. como queda dicho. Por mediación de mi abuela fui a la granja de los Hipping. etcétera. aplastándolo. el lago. que revoloteaban por todas partes y de la mañana a la noche. En caso necesario. bajo el techo. tenía miedo. por la derecha. Detrás estaba el cuarto de trabajo del abuelo. hacían insegura la región. el Puente de las Hormigas. una mezquita a la orilla de un mar azul. Tractor no 25 . porque tuvimos un aparato de radio Emus. probablemente había llevado conmigo esas imágenes de Viena a Seekirchen. Delante de la vieja cervecería. Allí. En la planta baja teníamos una gran habitación. al retrete. y detrás. mi abuelo. Era divertida de ver y tenía un gran balcón en la fachada. el hospital Wilhelmine. al que llamábamos exageradamente despensa y en el que. al final de la escalera.

el llamado Hansi de los Hipping. Entonces tenía miedo. el mayor de los dos hijos de los Hipping. Es importante saber qué es lo que se ve. la primera. la mayoría se iba inmediatamente a la cama. En Viena. unos bajaban al pueblo. que. y dormía junto a los mozos de las caballerías con mi nuevo amigo. hacia el mediodía. después del trabajo. Qué calles más espantosas. Por las noches. que se componía de café y de lo que se llamaba un bollo. También se mataba el tiempo jugando a las cartas. de todas formas antes tenía que llevar a casa en la lechera los dos litros de leche que nos daban en la finca. se lavaban en una fila de palanganas de esmalte el rostro y el busto. No debo permitirme la menor distracción. Un triunfo especial para mí consistía siempre. Qué es. detestaba a las personas que lo sabían o querían saberlo todo. Había montones de calendarios y algunas novelas. pero dormíamos sobre crin de caballo. El llamado intelectual. la mayor parte del tiempo quería estar solo y no ser molestado. Aunque él. En las habitaciones sólo había camas. Durante esos paseos pesaba sobre mí en principio una prohibición de hablar que sólo raras veces me levantaba. y corría hacia él a través de los campos. según él. la más importante. aunque la lechera no tenía tapa. él revivía. hasta el arroyo. Poco a poco hay que poder nombrarlo todo al menos. La mayoría de las veces. durante esas carreras con la leche. Había provocado una catástrofe. La leche se me cayó encima. los caballos enganchados se sacudían. En verano él llevaba un traje de hilo y un jipijapa. primero aproximadamente la mitad del camino hasta el arroyo de abajo. para. con la mano derecha. Unos pasos con él. estaba ya muy oscuro en esas ocasiones. A menudo me quedaba durante semanas en Hipping. y luego subiendo de nuevo por el otro lado. Cuando tenía que hacerme una pregunta o yo a él. a la altura de todas las demás artes. se había convertido en un paseante infatigable que. de forma que la leche. y en las paredes ganchos colocados en fila de los que colgaban los arneses más variados. Esas eran las más peligrosas. decía entonces. levantándola por encima de mi cabeza y bajándola otra vez. como todos los hombres de espíritu. más que cualquier otro de mi vida. y los pies. Aprendía el trabajo de los campesinos. yo salía afuera. y yo estaba salvado. Después del desayuno tomado en la cocina. se reunían unos veinte criados. Por otra parte. en hacer girar con fuerza la lechera mientras corría. y sobre cada animal destacado de esa forma y cada planta convertida en centro de atención por su bastón me daba una pequeña conferencia. Pero cuando me dejaba acompañarlo yo era el más feliz de los hombres. hizo del pasear un arte mayor. A lo lejos. por lo menos en el otoño. con la velocidad que gracias a la falta de miramientos con mis pulmones conseguía.había todavía. o sólo el rostro y sólo el busto. en el fondo la única. subir otra vez por el otro lado tan rápidamente como pudiera y llegar por lo tanto a casa. qué gentes más espantosas. desde los mozos de las caballerías hasta el personal de cocina y las vaqueras. en su cuarto de trabajo de la Wernhardtstrasse. Al salir de la granja de los Hipping cogía impulso y bajaba corriendo. hoy sé lo que eso significa. Aproximadamente una vez por semana me dejaban pasar la noche en la finca de los Hipping. y tenía que recorrer al fin y al cabo medio kilómetro. Mi abuela esperaba ya la leche y la hervía. que era mayor que toda nuestra casa. Nos entendíamos. no se saliera. en un banco de madera de siglos de antigüedad tan largo como la sala entera. Ya a los veinticinco años. que se comía de un solo cuenco grande. No siempre me dejaba acompañarlo en sus paseos. se peinaban en ese banco el pelo con brillantina o se quedaban sentados allí simplemente mirando. en cuyas cubiertas se luchaba caballerescamente sobre corceles o abrían abdómenes los cirujanos. descubría a mi abuelo. Los colchones eran pesados. más o menos sentado siempre. Una vez estuvo enfermo del pulmón. Después de la cena. Me señalaba con su bastón animales y plantas. tan deprisa como podía. eso pudo haber sido también lo que impulsó su decisión de marcharse de Viena a Seekirchen. era. Había que tener al menos un concepto suficiente de todo. por consejo de los médicos. y algunos se quedaban aún sentados a la mesa y leían algo. estuvo con mi 26 . Los gallos cantaban. la mayoría de las veces sólo había dicho gris y horrible. A las cuatro y media de la mañana nos levantábamos con los mozos de las caballerías. Una vez intenté hacerlo más lentamente. en la sala. año tras año. Fue la persona que más me iluminó. Hay que saber de dónde viene. No salía sin su bastón. Sobre todo cuando estaba en medio de un trabajo de cierta importancia. se había convertido en hombre de ciudad. Había sido un acierto marcharse de Viena.

Tenía la misma edad que yo. El incienso se me metía en 27 . ¡lo más alto! Pero. Muy de mañana se iba a la iglesia. Una bofetada. parecida a un castillo. y mi abuelo le reconocía una gran inteligencia y le profetizaba una carrera intelectual. cincuenta años antes. Guardábamos los secretos más estrictos. nos sentíamos en casa. Hansi gritaba. yo me sentía tan en mi casa en la granja de los Hipping como en la nuestra. No comprendía el espectáculo. era un imperio gigantesco donde el sol no se ponía. La mujer del especialista en selvas vírgenes. era su exhortación constante. trabajó con la familia de un inglés especialista en selvas vírgenes que vivía la mayor parte del año en Kenya y. nos estrechamos la mano y no tenemos nada que decirnos. según él. una necesidad absoluta. geometría. y por la noche la mayoría estaba demasiado cansada para ello. Los límites de la tolerancia se traspasaban fácilmente en la granja de los Hipping. ¡Tener ante los ojos lo más alto! A partir de entonces tuve siempre lo más alto ante los ojos. Nos acurrucábamos en el heno y nos contábamos mutuamente nuestras dudas exteriores y miedos interiores. matemáticas. Hansi tuvo que hacerse cargo en definitiva de la granja y enterrar sus ambiciones de espíritu. Cuando lo visito hoy. en la granja de los Hipping reinaba el orden y la disciplina. tuve plena conciencia del hecho. que con todo lo que sabemos no podamos avanzar. sólo dos veces al año volvía a su casa a Merano con pieles de pantera y de león. en el mejor de los casos podíamos convertirla en comedia. El padre pegaba a su hijo por cualquier motivo con una vieja correa de cuero que él mismo había probado. que tenía una espléndida villa. no sabía por qué ni para qué. la franqueza con que se aclaraba todo en la granja de los Hipping. y a menudo las personas no se trataban a sí mismas tan bien como al ganado. un correazo. Durante horas nos sentábamos sobre todo a orillas del Fischach. na toleraba que nada se oscureciese. y yo sé lo que es eso. según mi abuela. y la cosa quedaba resuelta. ¿qué era lo más alto? Cuando miramos a nuestro alrededor sólo vemos ridiculez y mezquindad. y cada vez me hundía en la apretada multitud. Eso iba a resultar rentable para su vida ulterior. y quizás incluso los decisivos. La disciplina me curó. y ya a los cinco años. Una conspiración contra el mundo circundante. Rivalizábamos en el trabajo de los campos. no los menos importantes. Durante las horas de trabajo no había motivo para reírse. Las tormentas eran sólo breves. fuimos uña y carne. Nos inventábamos un mundo que nada tenía que ver con el mundo que nos rodeaba. decía él. Un milagro. Aquello era la coronación. como suele decirse. La comida siguiente se hacía otra vez en medio de una normalidad completa. O bien: ¡Ahí está ese pantano! Qué sería de este yermo sin ese pantano. Pero no sabía qué era lo más alto. enseñanzas que hacían feliz. hizo que mi abuela aprendiera la profesión de comadrona. estábamos sin embargo seguros. que llevaba el nombre de su propietario. Mi abuelo se sentaba en un tocón de árbol y decía: ¡Allí está la iglesia! Qué sería de este lugar sin la iglesia. que sabíamos hermoso y también malvado. y no me atrevía a preguntarlo. con los cerdos y en medio de las gallinas. decía. en la parte más bella de Maia Alta. en la llamada casita de campo Mirtel. Bajábamos con la leche y volvíamos con una lechera llena de suero. de la cuadra. que corre desde Wallersee en dirección a Salzach. Y yo. filosofía. Tener algo grande ante los ojos. porque escupió sangre durante meses y tenía un gran agujero en el pulmón. Bajo aquella severidad sin reservas. mientras viví en ese paraíso. La vida era una tragedia. Mi recuerdo indica sin embargo que durante muchos años de nuestra vida. hacíamos los planes más descomunales. llevábamos la leche a la lechería. Se equivocó. que a cada instante se arrodillaba y se levantaba otra vez. llegaban a la mesa directamente en grandes sartenes pesadas. en una inteligencia completa. Es una pena. para hacer posible siquiera su estancia. Estábamos continuamente en marcha hacia aventuras que exigían ser realizadas en nuestros sueños. en manos de su padre. mi abuela. y a mí me echaban los Hipping cuando se trataba de algún delito que Hansi había cometido conmigo. Con lo que se llamaba el traje de los domingos. La severidad de sus padres se me aplicaba también. Yo me estremecía bajo las maldiciones que venían del púlpito. con lo que se llamaba un carricoche. Hay que escapar de esa ridiculez y esa mezquindad. En Merano. del establo. ¿Lo sabía él? Mis paseos con él no eran nunca otra cosa que historia natural.abuela un año en Merano. Los domingos había las mejores tortitas de requesón que he comido nunca. Con el Hansi de los Hipping me unía una estrecha amistad. Allí se curó por completo.

al que entretanto había conocido en nuestros paseos. prefería en cualquier caso las misas de difuntos a las normales. Después del entierro se iba a las posadas. deseaba yo. de eso me di cuenta enseguida. porque eran demasiado largos. tendría que obtener el permiso de mi abuelo. estudiar a mis compatriotas. repulsivo. Todavía no creía que un día yo mismo tendría que morir. El espectáculo se prolongaba. mejor que cualquier otra ocasión. los maestros son idiotas. yo no. sin duda el Hansi de los Hipping podría entrar en la escuela al mismo tiempo que yo. te lo advierto. mi abuelo no. las misas de difuntos. allí tenía una tragedia que me hacía estremecer. Me repugnaba la placa de plata troquelada sobre el ataúd negro que debía representar a Cristo crucificado. A menudo no servía de nada atar la quijada al resto de la cabeza. El olor de los muertos y de los cirios colocados a ambos lados de su cabeza era dulzarrón. me preguntó en la calle si no tenía ganas de entrar en la escuela un año antes de lo establecido. Los muertos expuestos yacían con sus trajes de domingo. por primera vez en mi vida veía que los hombres morían y que se los enterraba y cubría de tierra tan bien que no podían envenenar ya en absoluto a los vivos. Al parecer. le dije. Mi abuelo había dado inmediatamente su consentimiento. con las manos cruzadas sobre un rosario. Me gustaban las voces amortiguadas. Todos se morían. y tampoco creía en la muerte de mi abuelo. Mi primer día de colegio 28 . Día y noche. sin interrupción. que era también carnicero y cuya carnicería estaba adosada directamente al muro del cementerio. ésa era la seguridad que tenía. hasta el entierro. con lo que los fideos blancos se les quedaban colgando a menudo de las chaquetas y blusas negras. para comer sopa de salchicha. me había dicho. La degustación de la sopa de salchichas del Pomeranio. porque se bajaba y los observadores podían contemplar fijamente la oscura cavidad de la boca. ¡En latín! ¿Era aquello quizá lo más alto de que mi abuelo me había hablado? Yo prefería las que llamaba misas negras. ni sus padres ni el deán tenían nada en contra. los comparsas se persignaban. Para el deán. primero a la iglesia y luego al cementerio. el Hansi de los Hipping. iban todos. mi abuelo. Mi primera función de teatro fue mi primera función de iglesia. casi no tenía más que chicas en clase y era aburrido. era una persona absolutamente respetable. todos. Sus ayudantes se inclinaban a cada instante. Aquellos entierros me causaban la mayor impresión. me permitía.las narices. Formaban un largo cortejo de casi siempre cien metros de longitud tras el féretro. que era al mismo tiempo director de la escuela primaria. o bien una persona acomodada o incluso rica o hasta influyente. Si moría un vecino. en Seekirchen fui por primera vez a misa. precedido por el cura con su séquito. los pasos adecuados a la tragedia. y se comían la sopa a cucharadas con el mayor placer. Las palabras ceniza y vida eterna se me grabaron en la cabeza. Todavía no había cumplido cinco años. que por lo demás no se producía sólo después de los entierros sino también después de las misas de domingo ordinarias. Me dieron una vieja cartera escolar. Me gustaba el perfume del cuero. daba la bendición. sin embargo. hasta que el coche fúnebre se lo llevaba. que había sido deán. Los muertos expuestos tenían el rostro desfigurado. Tenía ganas. se velaba al muerto. Los parientes del muerto tenían su propia mesa. Que murieran muchos y tan a menudo como fuera posible. Los entierros comenzaban en la casa del difunto. balanceaban los incensarios y de vez en cuando entonaban cánticos que nie resultaban incomprensibles. todos se sentaban embutidos de negro en sus trajes que apestaban a naftalina. en las que el color absolutamente dominante era el negro. naturalmente. Hombres y mujeres se alternaban en el rezo del rosario. El Hansi de los Hipping podía. que bajaron para mí expresamente del desván de la casa de mis padres en Henndorf y a la que sacó brillo mi tía abuela Rosina con cera Schmoll. Había que contar por lo menos con tres horas hasta que el muerto estuviera en su tumba. El actor principal. Sin embargo. y los demás en otras mesas. pero me acordaba de la muerte. Dos salchichas vienesas en una sopa de buey con pasta eran el punto culminante absoluto de cualquier entierro. los de la granja Hipping iban al llamado Pomeranio. pero no quería entrar en la escuela sin mi amigo. con su salida conciliadora. cuando el deán. el muerto era expuesto durante dos o tres días en el vestíbulo. esa cartera la había llevado ya su padre. sobre todo por la forma en que pronunció la palabra abuelo. deformado muy a menudo por la sangre extravasada y luego seca. a diferencia del espectáculo normal de los domingos. ya te he ilustrado al respecto.

los domingos se ponían unos zapatos que eran tan grandes que apenas podían andar con ellos. Durante años. Todo me aburrió desde el principio. La mayor parte del tiempo estaba sentado en el banco. y tengo una mirada mucho más seria y melancólica de lo que correspondería a la ocasión. atravesé la puerta del jardín del peluquero Sturmayr para aplacar el hambre. debajo. Si hacía frío.) 29 . en medio de un jardín de dalias que. que pudieran ser también seres bonitos. siendo 1 la nota máxima. Cada uno llevaba un tronco encajado bajo la tapa de su cartera. Al terminar el primer año de escuela. Era el alumno favorito de la maestra. y dijo que era el mejor dibujo. El edificio tenía más de doscientos años y hoy hace tiempo que ha sido demolido. sopa de fideos y sopa de papilla de avena. El Hansi de los Hipping no tenía ninguna prenda tan preciosa. el Hansi de los Hipping y yo teníamos lo que se llama mesa puesta. había que hacer cuentas y escribir también. La mujer del peluquero nos preparaba día tras día. que se encendía con los leños que los alumnos llevaban por la mañana de su casa a la escuela. como mi maestra. Con los troncos de la víspera no tardaba en calentarse la clase. las alumnas y alumnos de cara de aldeano. en una casa pequeña y húmeda de un piso. nos poníamos gorros tricotados por nuestras propias abuelas y llevábamos en las piernas medias de la misma lana. en la pausa del mediodía. vulgaridades embrutecidas. Yo era buen dibujante. era yo el que encabezaba a los niños y llevaba la bandera con la Virgen María pintada. subrayado. a mediados del otoño. se cerraba el hogar y el calor se mantenía hasta el día siguiente. un pedazo de pan. Por las mañanas había cuatro horas de clase. como es natural junto al Hansi de los Hipping. Por desgracia. Yo mismo no sabía cómo lo había conseguido. porque ninguna de las dos cosas existía. Mis unos se los debía sin duda a la incesante admiración de mi maestra. la maestra lo levantó en alto. Si entrábamos en la iglesia. enseguida llamaba la atención. se le oía en la clase. Yo estaba orgulloso de ella. porque estaban previstos para varios años y cada niño tenía que crecer lentamente dentro. especialmente aplicado. Ella llevaba un traje sastre y el pelo con raya en medio.culminó en una fotografía que hicieron de toda la clase y que todavía hoy conservo. me había hecho una esclavina que me llegaba hasta los tobillos. entraba yo el primero.1 En un rincón de la clase había una gigantesca estufa de ladrillo. y se atrofió como tantas otras. abotonada hasta el cuello. Yo llevo en ella una larga chaqueta de loden. Si la clase iba al lago. decía. No tenía más que unos. en dos filas. admirándola. La hora de recreo del mediodía no bastaba para ir a casa y volver. siempre más claro que el tono que empleaba con los demás. no a mis conocimientos ni a mi aplicación. lo que en aquella época estaba muy de moda. según me parecía. La iglesia estaba a un salto. Mis abuelos pagaban por esa mesa. tuvimos que dibujar una lámpara de petróleo. Aquel primer año no me reportó nada nuevo en lo que a conocimientos se refiere. era automático que yo fuera en primera fila. Para acompañar. En la procesión del Corpus. no me lo había dicho. por las tardes dos. en la primera todos tienen las piernas cruzadas y van descalzos. Los chicos de Seekirchen y sus alrededores correteaban descalzos desde finales de marzo hasta finales de octubre. en el centro arriba la maestra. pero por primera vez en mi vida saboreé el placer de 1 En el sistema austríaco. lo recuerdo. Si el organista tocaba el órgano. y de todos los dibujos entregados el mío fue el más logrado. desplegaba todo su esplendor. del T. las notas van de 1 a 6. Para el comienzo de las clases. y el rótulo de la fotografía dice: mi primer día de colegio. de pie ante la pizarra. El deán y director sólo tenía que dar unos pasos desde el patio de la parroquia y estaba ya en la escuela. Janka. Pero yo tenía siempre un aspecto distinto del de los otros. (N. los pobres pequeños. Los ricos llevaban troncos grandes. más elegante. Pero no he cultivado esa posibilidad. pobres diablos. Todo se tricotaba y cosía para la eternidad. En los primeros días de colegio. por primera y también por última vez en mi vida. En casa del peluquero local. Probablemente yo también estaba descalzo. en mis notas. Mi primera maestra me gustaba extraordinariamente. Mi abuelo me había dicho que los maestros eran idiotas. Me siento en la segunda fila. No estaba prescrito el tamaño del tronco. la enseñanza no consistía sólo en dibujar lámparas de petróleo. y a la inversa. El fuego chisporroteaba ya cuando comenzaba la clase. el sastre local. alternativamente. Conmigo hablaba en un tono marcadamente amable.

Su yerno había encontrado trabajo en Baviera. en otro tiempo su pasión. Atravesaba las pirámides. No había forma de hacerme entender que Seekirchen había terminado. por la que había abierto mi atlas. Disfrutaba de él. otro el que llevaba la bandera de la Virgen María el día del Corpus. Durante las clases miraba más a los desfiladeros abiertos entre los rascacielos de Manhattan que a la pizarra que tenía delante. El paraíso había acabado.ser el primero en una comunidad. o sea en Alemania. Presentía que no duraría eternamente. Mis abuelos estaban desesperados. ninguna cuenta. Pero siguió así y siguió así cada vez más y cada vez más cuesta abajo. Basilea. Soñaba con mis viajes futuros y con cuándo y cómo los haría. Tener que seguir viviendo sin abuelo bajo el mando del marido para mí extraño de mi 30 . Así me vi envuelto muy pronto en un círculo vicioso que poco a poco se transformó en pesadilla y que ya muy de mañana me apretaba el cuello. estaba en el Taj Mahal. indirectamente. decía siempre. Entraba y salía de los rascacielos y contemplaba desde el Empire State Building el resto del mundo. Ahora tenía que situarme muy a menudo ante el pupitre del maestro. como si se tratase de una catástrofe. A esa vergüenza pude escapar. Ahora yo lamentaba incluso haber entrado prematuramente en la escuela. delgado. Un día estaría realmente en todos los lugares que señalaba con el dedo. No me interesaban más que el dibujo y la geografía. Era un sentimiento agradable. en la que el maestro desplegaba su yermo matemático. La clase se asombró de lo tonto que yo era de repente. ¿Cómo había sacado aquellas notas? La pregunta de mi abuelo no tenía respuesta. Un día se dijo que íbamos a mudarnos y de hecho a Traunstein. ¡qué palabra! ¡Ilmenau de Turingia. exclama él. él tenía un dos. Esto no puede seguir así. nada. ¡Los alemanes! Apenas había soltado aquel juramento. la ponía de vuelta y media. Me pasaba la mitad de la noche sobre Europa. Siempre los mismos puntos. otro el que era elogiado públicamente ante la pizarra. Ningún dictado era acertado. un personaje como mi abuelo me había descrito a menudo. siempre distintas fantasías. Eso a su vez irritó a mi abuela. lo que ocurría raras veces. de la que mi abuelo no decía nada bueno. pero obtenía sólo un suficiente. junto al Chiemsee!. mi abuelo tenía razón. ¡Los alemanes!. El desempleo general en Austria me había expulsado. Seguir el mapa con el dedo no era para mí una frase pronunciada irreflexivamente. Me deslizaba por una pendiente. de esa forma hice un agujero en mi chaqueta en plazo brevísimo. sino un sentimiento exultante. De repente aborrecí pizarra y tiza. Vulgaridades. de la noche a la mañana. si yo tenía un dos. Por otra parte. sobre América. subía a Persépolis. Odiaba al maestro con la misma intensidad con que había querido a la maestra. y en ningún otro sitio. sobre Asia. sólo traían desgracias. En casa no decía nada de mi infortunio. tuviera que ir a vivir con mi madre y su marido a Traunstein me hacía desgraciado. antes que mis abuelos. otro el que iba en cabeza. que se humillaba ante los de arriba y pisoteaba a los de abajo. su predecesora. a Baviera. llevo ventaja y saldré del infierno un año antes. el lugar natal de mi madre. Cuando leía la palabra Londres me entusiasmaba. La mayor parte del tiempo tenía las manos hinchadas. que no daba abasto a los zurcidos. no era ningún calígrafo. ¿de qué me servía eso? Mis segundas notas estaban ya afeadas por varios suficientes. Me habían descubierto. él tenía un uno. ¡Pero al fin y al cabo tenemos que existir! El hecho de que ahora. Otra vez más había sido sólo una parada intermedia. donde mi abuelo había hecho estudios técnicos! Todavía hoy un atlas es mi lectura favorita. tenía que escupir en la pizarra y borrar con el codo lo escrito en ella. para que pudiera pegarme en la mano con su vara. pensaba. que hasta entonces había admirado. Me aventajó. Los pizarrines se me rompían. en el país de Goethe. fue el comentario de mi abuelo a aquella situación. en cuyo traslado no se pensó al principio en absoluto. En el segundo curso tuvimos un maestro. Pero. nadie sabía qué tenía que ver esa observación con lo que en aquel momento lo había enfurecido. Bombay o Calcuta. y a Alemania. Había comenzado la época del Hansi de los Hipping. ¡Una pequeña ciudad en las montañas. o París o Nueva York. Cada dos días perdía la esponja. En el tercer curso estuve a punto de no pasar. era lo más despectivo que cabe imaginar. viniera o no a cuento. Si yo tenía un cuatro. despótico. cuando estaba de mal humor. y así sucesivamente. su crispación cedía y se normalizaba. Era otro el mejor. Dibujaba. que se extendía a mis pies. porque estaba en Alemania. porque me ponía a escribir con demasiada fuerza. no se podía leer lo que entregaba.

Las vacas eran menos y daban menos leche. y le insuflaba aire en la boca como si quisiera revivirla. lo que se llamaba un confite del aparador de la cocina de su casita de guardabarrera. que sin embargo no estallaba. Por primera vez oí la palabra Hitler y la palabra Nacionalsocialismo. lugar natal de mi abuelo. sólo surgían horribles noticias que ensombrecían cada vez más a mi abuelo. eran una tortura. Nuestro único placer. azúcar. caía desvanecida al acercarse su madre. que en dos o tres años se había transformado esencialmente. El aire no era ya tan aromático. que me inició en el arte de ir en trineo y cuyos desvanecimientos recuerdo como el arte teatral más alto imaginable. si es que podía serlo siquiera. Todas las esperanzas se centraban ahora no en Traunstein. Aquel fue su 31 . Un día llegó un telegrama en el que comunicaban a mi abuelo que habían aceptado su novela. El maestro me lo había convertido poco a poco en un infierno. El estridente silbido de tren con que mi abuelo me llamaba desde la puerta de su casa hacia el valle que había abajo provocaba cada vez la interrupción inmediata de mi relación con la Hilda de los Ritzing. en casa de la Hilda de los Ritzing. La madre abrazaba a aquella Hilda vuelta a la vida y le daba algunos confites más. se hacía la muerta y no despertaba hasta que su madre le había metido un confite en la boca. Si ella quería. hijos míos!. de la que sin embargo. con una diferencia de pocas semanas. lo que no me estaba permitido. un espectáculo teatral auténtico. Un editor vienés. como cabe imaginar. en Henndorf. en su propia casa. de forma que apenas podía respirar. En cualquier caso. La madre se precipitaba sobre aquella niña tendida en el suelo. Cuando la escena terminó. Los llamados viejos Hipping murieron y sus cadáveres fueron expuestos. Esperábamos. Hipping. ¡Traunstein. contra la pared de atrás. En el escenario había un hombre totalmente desnudo. la sala entera aplaudió y la gente gritó de entusiasmo. no sé por qué. La sala estaba abarrotada. No había duda. sin olvidar a la Hilda de los Ritzing. espantoso!. en Austria no teníamos ninguna probabilidad de sobrevivir. Se hablaba de ruptura y anexión. La casita de campo de Mirtel. no teníamos allí absolutamente ninguna posibilidad de ganar dinero. y él estaba tratando de encontrar un editor que lo imprimiese. ¿Ir a Alemania? Se me revuelven las tripas sólo de pensarlo. me quedaba hasta después de hacerse oscuro. según su humor. Del llamado Socorro de invierno recibimos en la oficina municipal algunos embutidos de guisante. se publicó el libro y mi abuelo recibió por él un premio del Estado. a los cinco años como yo. Los paseos no eran ya un alivio. hija única. y se retiraba inmediatamente después de la cena. Sin embargo. tendida en el suelo. se acabaron las mesas puestas. sino en un escritor famoso que vivía muy cerca. calificaba alternativamente de tu padre o tu tutor. decía. Estaba de pie en una silla. Hoy no sé ya de qué obra de teatro se trataba. hablaba con entusiasmo de Suiza. no podía imaginarme qué querían decir. La mujer del peluquero murió. en lugar de cinco. Dos veces se extendió el cortejo fúnebre desde Hipping hasta Seekirchen. En aquella época. exclamaba. al que mi abuelo. al que azotaban. ¡Suiza es el cielo. sólo dos vaqueras.madre. era ahora sólo la radio Eumig. Hilda me hacía un guiño por un lado y dejaba curso libre a la operación de salvamento de su madre. como me daba cuenta. mi paraíso había dejado de ser un paraíso. se hablaba siempre de la guerra. en la gran sala del albergue Zauner de Seekirchen vi. pan. por primera vez en mi vida. Por desgracia no se es siempre joven. Aquella catástrofe significaba despedirme de todo lo que. reunido. Las amenazas de suicidio de mi abuelo volvían a aparecer. la hija del guardabarrera. Mi abuela le había llevado un manuscrito a aquel hombre famoso. decía mi abuelo. Pero no tenemos otra opción. Mi abuela me llevaba con ella. había sido realmente mi paraíso. En lugar de tres sólo había ya un mozo de establo. La niña. me parecía lo más imposible del mundo. a unos cuatrocientos o quinientos metros de nuestra casita de campo de Mirtel. Yo llevaba ya demasiado tiempo en la granja de los Hipping. a menudo. situada inmediatamente junto a la llamada línea del oeste y en la que. Era deprimente ir a buscar el saco. mi primerísima escena en un escenario fue horrible. yo estaba muchas semanas con más frecuencia que en Hipping. y a mi lado estaba el Hansi de los Hipping. en mi última época de Seekirchen. Si yo era testigo de esa situación dramática. Mi abuelo no tenía paciencia conmigo. atado a un tronco de árbol. El hombre famoso había cumplido lo que prometió. de los que a mí me caían también uno o dos. Casi treinta años después de haberla dejado. Recuerdo que. allí abajo.

un cuenco de cacao en la cocina del escritor famoso. los dos alternativamente. dijo. es decir. y trabajaba con el peluquero Schreiner en la Schaumburgerstrasse. El más famoso escritor de su época acababa de entrar en el vestíbulo y había preguntado: ¿Dónde puede uno arreglarse un poco? Aquello me había impresionado extraordinariamente. totalmente en el campo. A veces podía sentarme incluso a la mesa con alguna de aquellas celebridades. dijo. Mi abuela. pero en absoluto famoso. pero no se nos notaba. Recorría siempre mis caminos con conciencia de recorrerlos por última vez. Qué hubiera sido de mí si me hubiera quedado. a ser posible. dijo mi abuelo. contemplando largo tiempo y minuciosamente una cómoda. Famosos actores. respirábamos el perfume del gran mundo y estábamos de vuelta otra vez por la noche en Seekirchen. se suicidó en el Zifanken. la cómoda de mi madre. sino en las proximidades. tenían una casita de troncos para ellas en el jardín de la casa del escritor famoso. como lo expresó mi abuelo. ¡A Alemania! Era una pesadilla. sólo a mí mismo y a tu abuela y a ti. Y añadía: apenas hay cama en que no haya dormido Napoleón. Allí me esperaba todo lo que puede soñar un alma de niño. los niños mirábamos por el tragaluz de la casa de troncos y los admirábamos. Sí. escritores. Y a tu madre. al parecer. añadió. Durante esos meses estuvo invitado con bastante frecuencia en casa del escritor famoso. no en el mismo Traunstein. ni mucho menos abandonar. El escritor famoso era un escritor totalmente distinto de mi padre. La partida de mis abuelos no debía producirse hasta que mi tutor hubiera encontrado para ellos una vivienda en Traunstein. La suma bastó para encargar al maestro sastre Jarka un sobretodo de invierno y adquirir una vajilla digna. me decía. Recorrimos la casa de los padres de mi abuelo. no se puede ceder. como queda dicho. que en otro tiempo había sido un molino y había pertenecido originalmente a un famoso cantante de cámara de Viena que. hasta la casa del escritor famoso y sus dos hijas. es en todo caso espantoso. se había producido una reconciliación entre mi abuelo y su hermana Rosina. mientras que de mi abuelo sólo se había dicho siempre que era totalmente desconocido. en la cumbre de su carrera. todos los situados cerca del huésped enormemente famoso estaban condenados al silencio. Todavía hoy es mi abuelo completamente desconocido. Muy de mañana podía sentarme en mi llamado coche-salón. En aquella casa de troncos podía pasar la noche con las dos hijas del escritor. absolutamente nada. en general toda clase de artistas y científicos entraban y salían del llamado Molino del Prado. Todo esto podría pertenecerme ahora. Todos aquellos escritores tenían un aspecto totalmente distinto del de mi abuelo. todas estaban abarrotadas de los muebles más hermosos de estilo José. que le había ayudado a obtener su primer y único éxito y en cuya casa entraban y salían diariamente personas por lo menos tan famosas como él. Llegábamos por la mañana como pobres de Seekirchen a Henndorf. escultores. la montaña más alta de las proximidades de Henndorf. tenía un plazo de gracia para liquidar mi paraíso. Un caballero de cabello blanco con un mujer ciega fue el centro de la cena más interesante que viví jamás de niño. C bien: en esa cama. eran un poco mayores que yo. Yo me quedaría todavía cierto tiempo con mis abuelos. y él volvió a entrar en casa de sus padres. y de ellos se decía siempre que eran los más famosos. El punto culminante era para mí. El escritor famoso tenía dos hijas con las que yo podía jugar. que era también escritor. pero está muy bien que no tenga nada. En la mesa. todas cazadas por su hermano que. Todos teníamos una espléndida compostura. Éramos pobres. Incluso se sentó en el jardín de invitados y. como exigía mi abuelo una y otra vez. También visitamos al llamado escritor famoso en Henndorf. muriendo poco después.primer y único éxito. El mundo de la fama era para mí una sensación. además de todo lo demás. durmió Napoleón. y me enseñó todas las habitaciones de abajo arriba. parecía una 32 . E inmediatamente después: pero qué ha sido de mí. tiraban de mí hasta Henndorf. se mire como se mire. pero no demasiado lejos. de acuerdo con su certificado de bautismo. el vehículo de dos ruedas traído de Viena con la larga vara de la que se podía arrastrar. aunque con reservas. contó las cornamentas de las paredes. Mi tutor estaba ya en Traunstein. si no hubiera tirado mi herencia. y mi abuelo o mi abuela. en la habitación de invitados de abajo. esto es Imperio. No era sencillo. una gran sala. bajaban de sus coches y entraban a través del jardín. su cómoda preferida. Cuando las personas famosas llegaban. había cantado el Ochs de Lerchenau.

princesa friulana. la gente no le saludaba ya con la misma deferencia que antes. Aquella hoja cuidadosamente pintada por el pintor Freumbichler recibió pronto un cristal y fue colgada rápidamente en el gran salón de la granja de los Hipping. mató a golpes a un pagador de la marmolería Mayr-Melnhof en un bosquecillo de Aigen. según pienso. apasionado comunista Farald. naturalmente. en el que. por decirlo así. pero debía guardar a Hipping para siempre y. que había jugado en Viena día y noche con el demonio político. Cuando mi abuelo veía en el lugar una pintura de mi tío. como en otro tiempo había estudiado en el Instituto de Enseñanza e Investigaciones Gráficas de Viena. mientras mi abuelo me seguía iniciando cada vez más intensamente en la Naturaleza y sus peculiaridades y audacias y depravaciones y monstruosidades -al fin y al cabo fue continuamente mi maestro-. ¡Eso era lo que me faltaba! Golpeaba con el bastón en el suelo. como decía mi abuelo. y comenzó a trabajar minuciosamente en los inventos que luego le perseguirían durante toda su vida. pero ésas eran de la mejor calidad. Diseñaba tapas de colores para el queso fundido y le pintaba a la gente gigantescos dedos indicadores junto a la puerta de las tiendas. aquel comunista se había convertido en artista independiente y. por toda la eternidad de incendios y tormentas y de todas las demás catastróficas potencias naturales. y abandonaba al instante el lugar. porque se produjeron después de su muerte y. y mi abuelo. Mi abuelo compuso una divisa familiar en verso. Aquella muchacha sana procedía de una de las casas de peor reputación de todo el lugar. dos hijas y un hijo. y los dos se inspiraron mutuamente. ofertas especiales o sólo un retrete situado tras la casa. En algún momento el arte de mi abuelo se fundió con el arte de su hijo. el pensador que era. no podía hundirse en el acto. el pensador. mi madre. Le dio tres hijos. que señalaban ocasiones de compra favorables. como lo llamaban. su hija. quería visitar con la SteyrWaffenrad de mi tutor. como sin duda hubiera querido en esas ocasiones. Aunque la actualidad los tuviera por locos. Hasta entonces no conocían más que a la bella mujer de Viena. el reformador del mundo. se vio enseguida afectada en cuanto su hijo Farald apareció en Seekirchen. sin caer por ello de cabeza en una megalomanía amenazadora para mi vida. disfrutando de la paz del campo. En esa época ocurrió una nueva catástrofe: mi tío. un gran panecillo delante de una panadería o un zapato de señora alargado ante un zapatero. era más culto que la media. Se construyó él mismo una cabaña sobre pilotes en el lago. el gran hombre por decirlo así. ya totalmente bajo la impresión de la despedida definitiva de Seekirchen y de la región del Wallersee. la segunda se casó también y la he perdido totalmente de vista. Mientras mi abuelo y yo dábamos grandes paseos. el hijo de mi abuelo. A mi abuelo se le evitaron esas dos catástrofes que se sucedieron en corto intervalo. por consiguiente. cuando no tenía idea de la existencia de ningún hijo. se había enamorado de la hija de un albañil de Seekirchen y se había casado con ella sin vacilar. La chica de la casa del albañil era aquella tía Fanny a la que. No recuerdo ya el tenor del texto. que realmente era allí todavía total. después de una ascensión al Schlenken realizada con su marido sólo dos semanas después de la boda. Esa 33 . mientras al lado de aquel filósofo yo había alcanzado ya cierto grado de madurez y realmente. Y ensombreció aquellos meses y semanas de despedida en Seekirchen. y el hijo. a los diecisiete años. el transformador del mundo. de la forma más ordinaria. fue a parar por cinco al establecimiento penitenciario de Garsten. para mi edad. en la aldea de abajo mi tío Farald. y su hijo pintó esa divisa familiar en una hoja de papel pergamino. porque. vivía de pintar rótulos para los comerciantes y artesanos. por consiguiente. no entran aquí en consideración. aunque se llamaba Rudolf. al principio de este relato. en la que sólo se tartamudeaba y se bebía. por si fuera poco. como habían hecho los germanos. La reputación de mi abuelo. sobre todo cuando se hizo público su matrimonio con la hija del albañil. Tenían pocas prendas de vestir. se pasaba ahora la mayor parte del tiempo en la cama de la hija del albañil. Entretanto. Eso amargaba a mi abuelo. su pasado era imposible de desconocer. para hacer una obra de arte conjunta en forma de enseña familiar para la granja de los Hipping. la hija mayor se despeñó un lunes de Pascua. muriendo en el acto. pero cuya dirección no sabía en absoluto. Farald. con los que todos estábamos obligados. El. juntamente con otros dos muchachos de la misma cuerda y en un estado de irresponsabilidad absoluta. le daba un ataque de rabia. había tomado partido totalmente por el proletariado.

y pertenecía a una antigua señora Poschinger. en el segundo piso. Poschinger. De Alemania no tenía yo ninguna idea. Mi madre había aparecido en la casita de campo de Mirtel y me había recogido. Pintó en unos días el piso entero. en diagonal. creí saber por fin lo que significaba la palabra de mi abuelo gigantesco. El Hansi de los Hipping estaba en lugar seguro. Todo se desarrollaba de acuerdo con una ley secular. Los muebles se colocaron más o menos por sí mismos en el lugar adecuado. y allí nos sentamos mi madre y yo y nos comimos cada uno un par de salchichas vienesas con mostaza. en el otro extremo. y la nave pareció estallar bajo un coro poderoso y una orquesta de viento completa -probablemente era una fiesta importante. y la muchedumbre era tan espesa que nadie hubiera podido caerse-. al mediodía. desde el panadero. En aquella casa debíamos vivir en adelante. que a partir de entonces llamamos cuarto de estar. Lo que más me impresionó fue la iglesia parroquial. en el lado del Mercado de las Palomas. Mientras mi tío jugaba a los pintores. que estaba a menos de cien metros de nuestro piso. que tenía en la planta baja una tienda espaciosa de artículos fúnebres y funerarios. a pan y desde el guarnicionero que estaba enfrente. y además había lo que se llamaba un depósito de madera y carbón. el de estar. Durante un segundo yo contemplaba el mundo del lujo. a pieles. No puedo decir que me sintiera feliz. aunque sólo fuera a treinta y seis kilómetros de la frontera. el excusado. La época con mis abuelos había terminado. el dormitorio. y el que mi tutor no hubiera encontrado trabajo en Austria. Pintaron el piso. Entonces el frío me hacía estremecer. que todavía no conocía. Desde el carnicero. Sólo había dos cuartos y una cocina. como los que utilizan los pintores. Era una casa antigua. tempranamente viuda. Los viajeros se sentaban al lado mismo de las ventanas brillantemente iluminadas y comían con cubiertos de plata su comida deliciosa. Mercado de las Palomas. apareció equipado con cubos y brochas y se puso en la cabeza un sombrero de papel de periódico. una ventana a la Schaumburgerstrasse. gastó sus bromas y desapareció otra vez. yo había explorado la ciudad. y me pusieron desde el principio el mote de El austríaco. naturalmente mi tío Farald. e igualmente. Mi madre daba una impresión de desesperación. Miraba por la ventana y percibía un mundo totalmente distinto. Teníamos dos cajones en una gran habitación. El piso olía a cal fresca y estaba blanco hasta en los rincones. se podía leer sobre la tienda. No pensaba en absoluto en ello.divisa cuelga todavía hoy en el mismo lugar. porque. pero todavía no había visto nunca una pequeña ciudad. 34 . Por todas partes se dieron cuenta de que acababa de llegar. una burguesa rica. no me impresionaba. Hasta hoy no han perdido nada de su elegancia y comodidad. mejor dicho El estríaco. que no tenía ventanas. esquina Schaumburgerstrasse. y conocía el campo verdadero. número cuatro. que vino con ese fin de Seekirchen a Traunstein. Con la Hilda de los Ritzing me sentaba ahora todos los días ante la casa del guardabarrera. artículos de luto. y corría a casa. el pequeño. El ambiente era frío y poco acogedor. el de la pequeña ciudad. llegamos a Traunstein. a mi entender cómodos y elegantes. Un día. Conocía la gran ciudad. sino sólo en Alemania. A partir de entonces la llamada canoa fue mi lugar favorito. pero yo tenía que partir. tenía dos ventanas que daban respectivamente a la Schaumburgerstrasse y al Mercado de las Palomas. y las habitaciones no estaban pintadas. El agua estaba en el pasillo. esperando el expreso de Viena con destino a París. Al fin y al cabo los adultos debían de saber lo que había que hacer. para Alemania. Con una maravilla semejante de la tecnología y de la historia general de la velocidad sobre ruedas dejaría en breve mi amado Seekirchen. Todo según el subir y bajar de las persianas de las tiendas y según el sonido de las campanas de las iglesias. olía en la Schaumburgerstrasse a carne. la intención era absolutamente despectiva. para mí siempre mist eriosa. el cuarto grande. En adelante estaría con mi madre. De Viena había traído muebles. entera y cuando estuve el primer domingo en misa con mi madre. Todas las noches el Orient-Express era el punto culminante. El había encontrado para nosotros un piso que estaba sólo a unas casas de distancia en la misma Schaumburgerstrasse en que él trabajaba. tenía para siempre su casa en la granja de sus padres. con mi tutor. Tenía unas bóvedas gigantescas que se amontonaban en torno a la nave. que por lo demás no iba nunca a la iglesia.

Allí no tenía sólo un maestro. Aquellos hijos de burgueses. la clase había comenzado. Cuando recordaba Seekirchen. diciendo que había terminado mis deberes. el llanto me estremecía. la cuarta se había hecho ya profesora de instituto y daba clases en Burghausen. Allí oí por primera vez tocar el piano. Sólo unos meses después de nuestra mudanza. en el primero cocinaban en una cocinita en la que había un gran fogón esmaltado y practicaban en una habitación contigua su arte pianístico. se cambiaban. Por primera vez tuve el pensamiento de matarme. me golpease diez veces en la mano extendida con su bastón de junco. oía. Un forúnculo bajo el brazo puso fin súbitamente a la vida de la profesora de instituto María. Así empecé a mentir. con su desprecio. Imaginé un dispositivo con la cuerda atada a una viga del techo. Cuando iba a la escuela. Fui al tercer curso de la escuela primaria. Sólo había en la casa tres hermanas Poschinger. Las cuatro hermanas tocaban el piano. ese orgullo de la familia murió. Una y otra vez sacaba la cabeza por el tragaluz del desván. Estaba totalmente a merced de las burlas de mis compañeros. pensé. sin que supiera por qué. No quería presentarme a un maestro que me tirase de las orejas y. lo que era una situación angustiosa. y al escaparme oí aún la campanilla de la escuela. A partir de entonces. yo había salido de la nada. Subía al desván y miraba el Mercado de las Palomas. en el tercero. esto es de Beethoven. que vivían todas en la casa. Así. era algo lógico. en el tercero dormían. allí abajo. aunque me pareciera imposible. al lado mismo del instrumento. Mi ruego fue atendido. hasta dentro de mi cerebro. ¿Sería quizá la cuerda de tender mi salvación?. era mi pensamiento ininterrumpido. yo me aproximaba y ellos me rechazaban. verticalmente. Me escapaba a la ciudad y andaba lloriqueando y lleno de miedo por las calles y callejas. Yo no los distinguía. Bajé corriendo primero con mi cartera hacia la Pradera y fui luego en dirección a la piscina. esto es de Mozart. De 35 . No encontré entre mis compañeros a uno solo del que hubiera podido hacerme amigo. rodeado por un muro de tres metros de altura y con ventanas de gruesas rejas. Así pues. Tenía que seguir viviendo. Di media vuelta al llegar a la puerta de la cárcel. En casa era incapaz de hacer mis deberes. iba al cadalso. Entraba temblando en la escuela y salía de ella llorando. todo en mí estaba paralizado. En mi calidad de estríaco. me tomaron enseguida como pretexto para sus estallidos de cólera. No tenía absolutamente ninguna salida. mi miedo a ponerme de pronto en manos de mis maestros sin haber hecho los deberes fue de repente demasiado grande. según se decía. pero volvía a meterla. En adelante me sentaba muy a menudo junto al piano y escuchaba cuando tocaba alguna de las hermanas Poschinger. con sus trajes caros. Lloraba a lágrima viva cuando estaba seguro de que nadie me oía. en el primer piso. encima de nosotros. Los maestros no me ayudaban. En el piano no tocaban más que piezas tristes y me hundían en la más profunda melancolía. sino varios. y debajo de nosotros. que en el fondo son sólo agujeros cuadrados. sobre el piano colgaban en la pared dos grandes fotografías enmarcadas del señor y la señora Poschinger. cuando eso dejara de divertirlo. un edificio aterrador. Delante de un coche o con la cabeza en los raíles. al contrario. Me quedaba allí sentado y no podía hacer nada. lo que en el fondo no resultaba tan inadecuado. para ir a la escuela primaria tenía que andar un cuarto de hora por la ciudad. ¡Si pudiera morirme!. y me dejé caer hábilmente en el nudo. si se recuerda que en el piso bajo tenían lo que mi abuelo llamaba una tienda de muertos. Que mi madre me encerrase no servía de _nada. Me encontraba en una situación espantosa. La idea de ser un montón de carne en la calle que daría asco a todo el mundo era totalmente contraria a mis intenciones. Era el orgullo de la familia. tuve dificultades para hacerme valer. La cuerda se rompió y yo caí por la escalera del desván hasta el tercer piso.Austria no era nada. me castigaban. al otro lado. La señora Poschinger tenía cuatro hijas. pasaban las tardes de los domingos. con mis ojos y mis oídos. Estaba desamparado como nunca lo había estado antes. buscando refugio en los parques y los terraplenes del ferrocarril. era un cobarde. y mi decapitación definitiva se aplazaba siempre. Esto es de Brahms. para cada materia uno distinto. todavía sigue hoy la cárcel. y fue precisamente el piano lo que me dio valor para llamar por primera vez a la puerta de los Poschinger con el deseo de que me dejaran participar en la música. Por primera vez hice novillos en la escuela. todos los Poschinger anduvieron sólo con trajes negros. la asistencia diaria a la escuela tenía su aspecto demoníaco. en diagonal.

Mi tutor y mi madre habían visitado la casa de campo de Ettendorf y la habían calificado inmediatamente de ideal para mi abuelo. Con el pensamiento. que no encajaba en 36 . Pronto comprendí que no pertenecía a un grupo ni al otro. No había mucha distancia hasta la ciudad y. El alquiler no era elevado. El recuerdo de Seekirchen. sino. fue una biblioteca espléndida en lo que se convirtió la habitación del sudeste de la casa de Ettendorf. Sabía por qué. de Viena. sólo unas semanas después del pago anticipado del alquiler por mi madre y de la mudanza de mis abuelos. nazi y archinazi. Hegel. decía mi abuelo. Estábamos a punto de inaugurar para nosotros. Aunque yo mismo atravesara ya incesantemente un proceso de fracaso. detrás de los cuales se escondía para mí algo prodigioso. Miles. hecha siempre sólo en un cuchicheo. no tenía dinero. Realmente. me dije. desde Basilea. Tenía grandes ventajas. incluso. Todos fracasamos. fumando en su pipa. un nuevo paraíso. Para mí era totalmente misterioso cómo podía sentarse alguien y escribir mil páginas. mis tentativas siempre renovadas de mejorarme eran ahogadas en la cuna. antes de que fuera demasiado tarde. Trabajaba con mayor energía que en Seekirchen. y decía que realmente había entrado en su fase decisiva como escritor. como la región que rodeaba el Wallersee. al que mi abuelo daba la mayor importancia. fracasara incluso con una consecuencia increíble: en la escuela. ni tanta falta de espíritu. cada vez que entregaban deberes escolares. Yo no sabía lo que eso significaba. Iba con la cabeza baja. Habrá una biblioteca espléndida. y la situación única. que creían que era uno de ellos. pero sí cada vez más libros. me perseguían con él día y noche. No tenía ya tiempo. sin embargo. decía él. y lloré. Pronto me vi apartado con los llamados más torpes. Me acurruqué en la hierba en el llamado Rincón de Woching. Desde su más temprana juventud. como se vio más tarde. y en su mayoría se habían guardado en el desván. y las estanterías se llenaron. pronto no supe ya dónde tenía la mano derecha. ¿cómo podía tener la idea de escribir mil páginas de insensateces? El tenía siempre las ideas más increíbles. Un camión lleno de libros y manuscritos se detuvo ante la casa. Nada más que cumbres. Como es natural. se encargó a un carpintero que realizara el proyecto de mi abuelo. espoleado. Los llamados listos me evitaban. yo no tenía la menor idea de lo que es fracasar. se ponía como ejemplo de distracción y descuido infinitos. En su cuarto de trabajo de la casita de campo de Mirtel no habían tenido sitio. pero era. Por otra parte oigo todavía a mi abuelo decir que todo lo que se escribe es una insensatez. de lo que fracasar significa. Sólo deseaba una cosa en el mundo: que mi abuelo viniera y me salvara. Sin duda era católico. prealpino y por consiguiente absolutamente favorable para mi abuelo. Pero no vino el final sino la liberación. Mis maestros no tenían paciencia y me hundían cada vez más profundamente en la ciénaga de donde hubieran debido sacarme. Ahora las paredes del nuevo cuarto de trabajo de Ettendorf estaban llenas. Se decía siempre que trabajaba en su gran novela. mi madre arreglaba la vivienda para sus padres. Pero lentamente se consiguió la transición a aquel lugar idílico de la Alta Baviera.cada uno que me encontraba creía saber que él sabía que yo estaba haciendo novillos. También a ellos les gustaba el calificativo de El estríaco. Schopenhauer eran nombres que me eran familiares. como decía siempre. no me dejaban ya en paz. Mis esfuerzos no servían de nada. al fin y al cabo era mejor no matarme y esperarlo. pero no sabía cómo había llegado a aquello. Tiritaba de frío. en lo que a mi abuelo se refiere. Escribí una redacción que. mi abuelo había acumulado libros. No sabía que hubiera reunido tanto espíritu. en el pelotón de los tontos. y mi abuela subrayaba esa observación. de repente el que fuera bávaro y no austríaco no molestaba. lugar de excursión favorito. me atormentaban con él. decía una y otra vez. Estaba allí sentado. Kant. su espíritu no se vio aplastado. Era exactamente el medio rural. estaba totalmente en el campo. Ese también es siempre mi pensamiento principal. Me pisoteaban siempre que podían. decía. a partir de Ettendorf. Para mí no había escapatoria. archicatólico. Apenas pasaba día en el que no tuviera que adelantarme y recibir unos cuantos golpes del bastón de junco. Con un anticipo del editor. puede significar. dividía mal. inalcanzables. Y sobre todo Shakespeare. como temíamos. Sumaba mal. pero se daba cuenta de que fracasaba con esas ideas. Así pues. con las palabras tendrá más de mil páginas. Ya cien páginas reunidas me resultaban totalmente incomprensibles. había alcanzado cierta altura filosófica. seguía siendo lo más importante. Había llegado al final.

en las garras de los maestros. Tampoco mi abuelo conocía ninguna solución. el de sacar un billete de andén del aparato automático y. Mientras que Schorschi. No era tan tonto como los otros. cuando se entraba en él se vadeaba por un caldo parduzco. La locomotora echaba vapor como en sus últimas fuerzas. con las manos cruzadas y con pantalones y chaquetas ásperos y grises que se parecían a los pantalones y chaquetas de los presidiarios. a la que yo peregrinaba todos los días. pero no se acercaba uno a ellos.ninguno. me habría metido en un lavabo. que iba a la escuela en Surberg -Ettendorf pertenecía a ese municipio y no a Traunstein-. Hice la comedia. que le daba clases en casa. no se puede ver. ya de antemano. a lo largo de ésta. Estar con él me aliviaba. y Ettendorf se había convertido en la Montaña Sagrada. cruzábamos pantanos y prados. A ello se añadía que yo no tenía lo que se llama unos padres considerados. en su infancia. Veía mi sitio en la clase: estaba vacío. pensé. atravesé la barrera y me senté en cualquier tren. en su cólera hacia mí. No comprendía el mundo. El tren entró en Waging después de una gran curva a lo largo de una avenida de álamos. Tiré la cartera sobre el banco de la cocina y me senté a comer. este lugar debe de tener una significación que. los hijos de las personas acomodadas mordían enormes manzanas y generosos panes con mantequilla. sólo estábamos en un piso. ni pública ni privada. El tren pasó por debajo mismo de la casa de mis abuelos en Ettendorf. Yo fracasaba realmente de una forma consecuente. Escuchaba lo que decía mi abuelo. junto a mi abuelo. Tenían cada dos por tres la cabeza rapada. eso lo decía todo. Mi falta de interés en lo que a las materias escolares se refería me empujaba cada vez más al abismo. todos los días me debatía más despiadadamente en las redes de la escuela. pero no la hice suficientemente bien. Utilicé para el viaje de vuelta el mismo método. Lloré al pasar por allí. no comprendía nada. tenía que trabajar aún. que tenía también vagones de segunda clase y no sólo de tercera. Teníamos en la clase tres niños del orfelinato. pero mis compañeros de infortunio del orfelinato y yo teníamos que contentarnos con un pedazo de pan duro. por una religiosa. Finalmente confesé mi monstruosidad. pasar sin obstáculos la barrera. Todas las mañanas los tres eran llevados a la escuela desde el orfelinato. que había encontrado ya su lugar en el armario de la cocina. No teníamos una casa. ¿Por qué tenía que ir yo a la escuela? ¡Sólo porque habían cambiado las leyes! Eso no lo comprendía yo. había estado destinada a ser primera bailarina y. que. Tardaba un cuarto de hora. yo podía dar. se me había ocurrido la idea del billete de andén. apreciado por su lago. y era de ellos dé los que me sentía más próximo. pero eso no me ayudaba a entenderme con mis maestros. Ahora es ya la tercera hora de clase. la pena de muerte. Pero el hecho de que hasta aquel lugar. y mi madre tuvo enseguida sospechas. Aproximadamente a la hora en que habría terminado la escuela. Antes de que mi madre hubiera cogido el vergajo de buey. no entendía absolutamente nada ya. con él. entrábamos en desfiladeros. Aunque ahora estaba allí mi abuelo. considerándolo superficialmente. sólo había tenido un maestro: mi abuelo. Si hubiera venido. Sabía que el revisor se quedaba durante todo el trayecto en la plataforma del último vagón y no controlaba. condujera un ferrocarril propio. me impresionó. me había puesto en pie de un salto y me había encogido en 37 . Me compré uno por una moneda de diez pfennig en el aparato automático. Ser sólo de un piso y no de una casa propia significaba en Traunstein. aparecí en casa. Pronto me asfixiaré. a saber. pensaba. estaba en la calle que desembocaba en la Pradera. creció hasta convertirse en un monstruo. Éramos cuatro conjurados mudos. Jadeando caía en brazos de mi abuelo. y era el vástago por decirlo así de personas pobres. Rodeado de juncos. eran molestos. y en el fondo los demás compañeros no les hacían caso. Di otra vez media vuelta ante la puerta de la escuela. me dije. por ello. En los recreos. que no era profundo y. el llamado paseo de la tarde. en cuanto podía corría atravesando el Mercado de las Palomas y bajando por la llamada escalera de Schnitzelbaumer hasta la fábrica de gas y. hasta Ettendorf. pero no vino. que me puso más triste aún de lo que ya estaba. Mi madre no había ido a ninguna escuela. Waging era un lugar tranquilo absolutamente sin pretensiones. Mi primer viaje me llevó hasta Waging. Atravesábamos bosques. y poco a poco renunciaba a mis esfuerzos. Mi madre no sabía nada de mi viaje. El maestro. pero estaba incapacitado para la escuela. De algún modo. Pero desconsolado. estaba siempre muy cálido. venidas de no se sabía dónde.

Mi tutor se sentaba a menudo al lado de la Elli de los Poschinger. Mis talentos no favorecían.) 38 . sino también pardas que gritaban y que no había habido antes en Austria. realmente era un niño horrible. con cientos de banderas de grupos nacionalsocialistas y cantando el himno de Horst Wessel y Tiemblan los huesos podridos.las palabras sembrador de cizaña. en lo que a mí se refería. que. Sin que me preguntaran. La mayor felicidad era para mí pasar la noche en la Montaña Sagrada. lo que yo no podía saber. a la que yo. lo obstaculizaban todo en el más alto grado. ávido de sensaciones como estaba.) Jefe de un Gau o Sección. pero absolutamente bondadosa. como ayudante. Los demonios me atormentaban con desvergüenza cada vez mayor. como me llamó. La casualidad quiso que fuera precisamente mi tutor. pero mi desgracia era que no era capaz de renunciar a la aversión francamente enfermiza a la escuela que mi abuelo me había inculcado durante años. Literalmente: «Alabado sea Dios. Me pegó hasta que una de las hermanas Poschinger subió de abajo para saber cuál era la causa de mis gritos lastimosos. Por la radio oímos aquella noche la confirmación oficial de la muerte del gauleiter Giesler. estaba mucho más adelantado que todos los demás. Yo bajaba todos los días al infierno de la escuela. En la multitud se difundió enseguida que el gauleiter Giesler había tenido un ataque cardíaco. En el punto culminante de la manifestación. hercúlea. Poco después lo fui. Ella era fuerte. con una serie de chicos de mi misma edad. ante lo que se llamaba un jefe de escuadra. la mayor. Yo no entendía una palabra. colocados por toda la plaza para transmitir el discurso de Giesler. Yo era el de más talento. porque los altavoces. tuve miedo de la Elli de los Poschinger. y perdió a su marido en la guerra sólo pocas semanas después de la boda. En la Plaza Mayor reinó la calma.» (N. En lo que se llamaba un Día del distrito. mis progresos escolares. Mi madre había dejado de pegarme. La Gente Joven llevaba pantalones de 2 3 Saludo habitual en Austria y el sur de Alemania. el gauleiter 3 Giesler. y los conocimientos que había traído de Seekirchen eran mucho más amplios que aquellos en que estaban metidos mis compañeros. desfilaron por la Plaza Mayor diez mil de los llamados camisas pardas. en que pronunció por primera vez las palabras sembrador de cizaña. un sembrador de cizaña. y le decía: me miró a través de un agujero en la piedra. y que la máxima de mi abuelo de que las escuelas eran fábricas de tonterías y de falta de espíritu seguía brillando por encima de todo lo que yo pensaba sobre la escuela y era para mí la única determinante. Fue la primera de las hijas de los Poschinger que se casó. Varias veces dijo la Elli de los Poschinger -se había puesto del lado de mi madre. fase previa de la llamada Juventud Hitleriana. y la Elli de los Poschinger preguntó qué era lo que había hecho ahora. tuve que formar un día en el patio de la escuela secundaria. a la Montaña Sagrada en casa de mi abuelo. Desde hacía tiempo no se decía ya Grüssgott 2 sino Heil Hitler. en lo que a la escuela se refería. para volver a la antesala del infierno de la Schaumburgerstrasse y. para no perderme nada. el vergajo de buey le temblaba todavía en la mano. que se celebró en Traunstein en mil novecientos treinta y nueve. y los domingos no se veían sólo en Traunstein masas negras que rezaban. desapareciendo detrás del pupitre como un muñeco de color ocre. En aquella época. De pronto el gauleiter Giesler se desplomó. Mi madre habló con mis maestros. por la tarde. transmitían sólo fuertes graznidos. no predijeron más que catástrofes. En aquel Día del distrito yo no era miembro aún de la llamada Gente Joven. por decirlo así. Esas palabras me llegaron al alma. cuando ella tenía que dar rienda suelta a su tristeza. como el marido de la Elli de los Poschinger había sido llamado a filas en la meseta montenegrina. del T. Todavía veo cómo el gauleiter Giesler subió al estrado y empezó a dar gritos. A partir de ese momento. Los diez mil se retiraron. En el fondo. del T. había corrido ya muy de mañana.el rincón de la puerta. debía pronunciar un discurso. quien lo vio por última vez. de Munich. y por las mañanas corría directamente de la Montaña Sagrada al infierno. Llevaba ya conmigo las cosas de la escuela. y al mismo tiempo el más incapaz. Era Elli. y éstos. Mi madre le echó la culpa de todo al cambio de residencia. mi abuelo me defendió a mí. Austria perteneció de pronto a Alemania. Entonces la Elli de los Poschinger se echaba siempre a llorar. (N. que estaba inmediatamente al lado de la cárcel. y no se pudo pronunciar ya la palabra Austria. no a la escuela. como hubiera podido creerse.

mi abuela me encargó en la casa Teufel de la Plaza Mayor. el jefe de escuadra me dio una bofetada y me echó del patio de la escuela secundaria. El que fuera también del color del Partido no me molestaba: Mi abuelo encontraba horrible la Gente Joven. los cientos y miles de rugidos que salían de una. Sin embargo. encontré una admiración sin límites. aunque te cueste el mayor esfuerzo. porque el pardo le gustaba más. Y además medias blancas hasta la rodilla. Cuando formé en calidad de nuevo miembro de la Gente Joven. de los cien metros o de los quinientos metros yo era siempre el primero. ordenándome que la próxima vez me presentara con unos pantalones de pana negros reglamentarios. Siempre había corrido tan deprisa sólo por miedo. detestaba la masa. el único con pantalones de pana pardos en lugar de. Me aproveché ampliamente. cierta Señora Doctora Propp. El horizonte de mi educación se ensombrecía. El prodigio de las carreras sólo había producido su efecto en el seno de la Gente Joven y yo había aprovechado todas las ventajas resultantes. y el. no me dijeron por qué. también mis compañeros me torturaban. a estar solo la mayor parte del tiempo. y yo les di gusto. pensaba. por un miedo mortal. Me dieron varias de esas insignias de vencedor. es mi deseo más ferviente. Los míos me suplicaron que aceptase aquella tortura de la Gente Joven. etcétera y lo que se llamaba un pastel de salud. y también eso me reportó una insignia de vencedor. jefe de escuadra me prendía: en el pecho la insignia de vencedor. Allí saludaba torpemente con un Heil Hitler y recibía una bofetada. y nos traía en una gran bolsa de cuero ropa blanca usada. Lo mismo que antes. unas dos veces al mes. Allí daba una cabezada de agotamiento durante la hora de alemán y recibía diez buenos golpes del bastón de junco.pana negros y camisas pardas. Aborrecía la llamada instrucción militar. Pero mis torturadores no eran sólo mis maestros. no había solución. que estaba casada con un médico de la ciudad y vivía en los proximidades del hospital. Pronto me harté de cantar siempre los mismos cantos estúpidos. no estaba capacitado para el juego de la guerra. pude permitirme más cosas que los otros. Se sentaba en el primer piso detrás de un escritorio y me miraba de pies a cabeza cuando yo entraba para recoger una dádiva. sola. Yo me la llevaba orgulloso a casa. ¿O precisamente lo contrario de orgulloso? Lo mirase como lo mirase. Mi ventaja era mi capacidad para correr. odiaba el rebaño. la casa de confección más conocida. También en un campeonato de natación fui una vez el mejor. porque estábamos registrados en Traunstein como pobres y recibíamos ayuda de la asistencia social. unos pantalones de terciopelo. Estaba acostumbrado a ser independiente. que empleaba a un sastre. pero en la escuela no se habían enterado. pero tienes que ir. ¿Quizá sea orgulloso?. en las competiciones que se celebraban dos veces al año. Pero todo aquel juego me aburría. Mis torturadores tenían una monstruosa capacidad de invención. como todos los otros. como prodigio en las carreras. Me hicieron entonces a toda prisa los pantalones de pana negros. Me daba miedo aquella mujer. como castigo. boca. Tenía que llenar docenas de hojas con la misma frase: Debo prestar atención. Me subían a un estrado y me rendían honores. Tenía su oficina en la Marienstrasse. mi aversión a la Gente Joven y su tiranía no disminuyó en lo más mínimo por aquellas insignias de vencedor prendidas en mi pecho. absolutamente impermeable. Allí. pero todo lo que se relacionaba con la Gente Joven me caía mal. que había que ajustar en el pecho mediante un anillo de cuero trenzado. Me protegía de quedar fuera de la ley. Temblaba de rabia cuando tenía que ir a ver a la Señora Doctora Propp y temblaba más aún por la humillación que significaba para mí recibir aquella dádiva de manos de la Señora Doctora 39 . De política no entendía nada. de atravesar siempre las mismas calles marcando el paso y dando gritos. negros. De pronto. y alrededor del cuello un pañuelo negro. me dijo. mi situación era espantosa. calcetines. Tanto si se trataba de los cincuenta metros. Pronto estuve harto de toda la Gente Joven. Llevaba un traje sastre ajustado y el pelo liso atado en un gran moño en la nuca. no de pana negra sino de pana parda. Lo único que me imponía en la Gente Joven era una esclavina parda. En aquella época venía a vernos a la Schaumburgerstrasse. La Gente Joven me resultaba más espantosa aún que la escuela. Mi tortura se había debilitado al ganar las primeras insignias de vencedor. Como pensaba que la pana era al fin y al cabo pana. El que después de recibir la dádiva tuviera que dar las gracias me resultaba profundamente repulsivo. por decirlo así. y al principio no podía pronunciar palabra cuando estaba ante ella.

a la que sólo había visto una vez fugazmente. Mi abuelo. Pero ocurrió otra cosa. Sollozando me alejaba 40 . En la tapa de cartón estaban escritos mi nombre y el lugar de mi destino. y pensé en el suicidio. y le dijo a mi madre que me iba a mandar a un lugar de reposo. No me había equivocado. Mayor aún era mi decepción por el hecho de que mi abuelo no tuviera nada que objetar a unas vacaciones de descanso así en pleno bosque. lavaban mi ropa blanca. sabía que estaba muy lejos. al norte. en la partida. nos dirigíamos rápidamente hacia el oeste. a través de pantanos y ciénagas. Ya verás. todos los días había peleas. llevaban mis zapatos al zapatero para que los remendara. al principio pude dominarme. Ya no me podía dominar. no comprendía que una madre deseara que su hijo se fuera más o menos al diablo.Propp. El tío Farald te visitará dentro de dos semanas. Con gran decepción por mi parte. será un placer para ti. La víspera de la partida apareció la Doctora Propp con una gran tapa de cartón a la que estaba atado un cordel y que. Volví a caer en los pensamientos más sombríos. A mí el hecho me deprimía. A un hogar situado en medio del bosque. en fin de cuentas el mundo fue para mí durante muchos años un peso inhumano que amenazaba aplastarme ininterrumpidamente. y no podía ya respirar. dijo mi abuelo. entrada por el Mercado de las Palomas. creí a los míos capaces de todo. Ahora estaba yo completamente abandonado. en Turingia. Se acumulaban. Apenas estuvo fuera otra vez la Doctora Propp. De repente. oía aún. cuyas miradas malignas me atravesaron despiadadamente en esa ocasión. sino en dirección a Munich y Saafeld. Desde hacía tiempo no podía ya conmigo. me habían embaucado y habían cometido un crimen conmigo. Los míos sólo habían leído superficialmente la dirección de la tapa de cartón. pero esa mujer sólo quiere tu bien. y casi sin ruido aumentaba su velocidad de segundo en segundo. Debes ser amable con esa señora. hubiera querido gritar que no. pero no tuve fuerzas para ello. La ropa blanca me horrorizaba y el pastel de salud se me quedaba atravesado en la garganta. no lejos. la partida fue ya en la oscuridad. la liberaba. Le dio las gracias anticipadas y le estrechó la mano a la Doctora Propp. retrocedí asustado y me resigné a mi suerte. que reinaba sobre la Montaña Sagrada. si no lo sabían. Viajarás sólo dos horas a través de un paisaje encantador. Los maldije. como yo pensaba. pero yo corría riesgo de ahogarme precisamente en esos cientos de detalles. me decía. no se preocupaba por esos detalles. por la que mi madre. Me había precipitado en la desgracia. Ella no tenía ya fuerzas para hacer carrera conmigo. Mi madre no tenía nada contra la Doctora Propp. era una negligencia imperdonable de la que eran hacia mí culpables. furiosa conmigo. aunque era incapaz de averiguar qué. Pero temía a la Doctora Propp más que a nada. por algún tiempo. Sólo por amor a mi abuelo no me maté en mi infancia. Mi madre consideró sin duda enseguida como un alivio el que yo desapareciera de escena por cierto tiempo. y a veces culminaban en alguna ventana de la cocina rota. Si sabían que se trataba de Saalfeld y no de Saafelden. Desapareció Traunstein. de otro modo me hubiera resultado fácil. El momento de mi partida para mi estancia de reposo se acercaba. De Turingia no tenía yo ninguna idea. decía. En el último momento. yo desaparecería de sus proximidades. los asientos estaban acolchados. sin embargo. todo había sido un error. incluso quizás una vil trampa. y yo mismo hubiera preferido más que nada morirme en aquel momento. El que no me tirase por la ventana del desván o me ahorcase o me envenenase con los somníferos de mi madre se debió sólo a que no quise causar a mi abuelo el dolor de haber perdido a su nieto por negligencia. y sospechaba algo. Nunca había estado yo en un tren tan lujosamente acondicionado. Un día apareció la Doctora Propp en nuestra casa de la Schaumburgerstrasse. tenía que atarme al cuello para que pudiera verse claramente la tapa de cartón sobre mi pecho. El encontraba espantosa a la Doctora Propp. tiraba tazas y cacharros. si es que no la hacía feliz. y ella está absolutamente libre de culpa. me habían engañado. Estaba completamente agotada por aquel niño al que no podía dominar. un lugar situado en la alta montaña salzburguesa. Yo mismo comprendía su desesperación. Ese chico necesita cambiar de aires. por la orilla del Chiemsee. cuando veía que el vergajo de buey no bastaba ya. pero luego la conmoción que significaba dirigirme a Saalfeld y no a Saalfelden reclamó sus lágrimas. La meta debía ser Saalfelden. limpiaban mis trajes. mi madre se entusiasmó con lo que le había comunicado la Doctora. El tren no iba en dirección a Salzburgo y a Saafelden. Sólo la perspectiva de que.

Al final tenía más manzanas y panes con mantequilla que todos los demás. primero en Polonia. no me hice pis en la cama. apretándome las manos entre las suyas por un momento. jamás me habían descubierto. Apenas me levantaba -una y otra vez quería esconder aún con la 4 Nazionalsozialistische Versorgung: Asistencia Social Nacionalsocialista. Qué padres. Los chicos no lloran. y tampoco la de Munich me era desconocida. profundamente asustado. Cuando despertaba me veía precipitado ya en la mayor desgracia. sólo yo. como puede imaginarse. Fue el primer reproche. que no te han dado nada para un viaje tan largo. Hicieron una colecta para el chico pobre que era yo de repente. En Munich cinco de nosotros fuimos alojados en un piso en el que una anciana nos esperaba con una cena. sino de horror y de asco. Nunca había visto un espectáculo así. del T. a una espantosa incertidumbre. nadie lloraba. por primera vez desde hacía mucho tiempo. me puse a comer. y no hice más que mirar ávidamente por la ventana. sin cerciorarse de adónde iba realmente ese viaje. Temblaba de miedo. Todos los niños eran del sudeste de la Alta Baviera. Después de la cena fuimos a dormir detrás de una puerta de cristales en la que había pegados viejos papeles pintados con dibujos orientales. que era al fin y al cabo un viaje feliz. entretanto. además de sembrador de cizaña me había hecho también con el tiempo meón. Porque desde hacía tiempo me había convertido en lo que se llama un meón. cortaban el cielo nocturno. que llenaban conmigo el compartimiento y varios compartimientos más del rojo automotor. mi curiosidad fue mayor que mi desesperación. comenzaron a comer. Fue una noche de insomnio. realmente. pasaríamos la noche en casas particulares. pobre chico!. Lo que se llamaba una enfermera de la NSV 4. consciente o inconscientemente.en la noche cada vez más profunda de una casa que mostraba ahora su verdadero y espantoso rostro.) 41 . no me había conmovido especialmente. pero para mí viajar en tren era ya desde hacía años algo familiar. por Bamberg y Lichtenfels. que se cuidaba de nuestro grupo. ¡Ay. dijo. pero aquel espectáculo de los reflectores era algo prodigioso. Porque. infinitos proyectores. me había dicho la enfermera de la NSV. sólo a dos horas de distancia. me conmovía en lo más profundo. Pobre chico. como podía ver desde mi sitio de la ventana. como puede imaginarse. (N. al hijo y nieto supuestamente tan querido. pero de eso yo no sabía nada. había subido ya docenas de veces a un tren y me había ido con él. En Munich. Entonces vio que. todos iban contentos y alegres en aquel viaje. En Munich teníamos que detenernos. Iban vestidos pobremente y sin gusto. También a mi abuelo lo incluía en todas mis sospechas y en las maldiciones consiguientes. su ligereza al confundir Saalfelden con Saalfeld cuando se trataba de enviar de viaje. No fui capaz de decirle que los míos habían creído que el viaje era a Saalfelden en las montañas de Salzburgo. metió la cabeza en nuestro compartimiento y nos contó. y a la mañana siguiente continuaría el viaje de Munich a Saalfeld. me calmé de repente y dejé de llorar. por el hecho de que no pude o no quise dormirme. Para la mayoría se trataba en realidad de su primer viaje en ferrocarril. Apenas se había puesto el tren en movimiento. No pasaba noche en casa sin que me despertase con la sábana mojada. Por fortuna. Hasta aquel momento no había caído aún en Munich ninguna bomba. El que mi tutor hubiera tenido que incorporarse a filas ya mucho antes. qué padres debes de tener. y no a Saalfeld en Turingia. exclamó. observando excitados cada uno de los rayos de luz que recorría el cielo nocturno. Los míos no podían alegar la menor circunstancia atenuante. dijeron. se habían hecho culpables hacia mí. sólo yo no. Aquella vista de las columnas de luz fue mi primera confrontación con la guerra. Mearse en la cama tiene sus causas. siempre lo había conseguido. en lugar de ir a la escuela. en cualquier caso parecía que estaban entusiasmados por la empresa que acababa de comenzar. repitió. y al fin y al cabo. Me llegó directamente al alma. con billete o sin billete de andén. Fascinados. eran auténticos hijos de proletario con su dialecto rudo. tenían caras pálidas. todos se apretaban contra la ventana. Mis compañeros de infortunio. Entonces vio que yo estaba llorando. Como todos los demás. No porque me sintiera protegido entre sus manos. Finalmente. y de esa forma conocí todas las líneas que partían de Traunstein. no se conmovían por todas mis desesperaciones. instalados para la llamada defensa antiaérea. a diferencia de los demás niños. no llevaba provisiones de viaje.

siempre y en todas partes. sino también durante el día tenía a cada instante los pantalones mojados. Por la mañana se descubrió que. como estaban decoradas casi igual. me preguntaron también allí. La noche de Munich había estado llena de todos los pensamientos desesperados que un niño puede pensar. veía en el suelo mi regalo y me avergonzaba. De todo lo que dije de mí mis oyentes no entendieron mucho. En el invierno. Cuando salía del confesionario. aunque no fuera verdad. se apretaban en el compartimiento de un rápido que se dirigía a Berlín. cuando no me atrevía a ir a casa con mi vergüenza húmeda. Todavía oigo cómo mi madre le dice al Doctor Propp. El trayecto Munich-Bamberg-Lichtenfels etcétera no estaba todavía electrificado. Cuando mi madre una vez le confesó al Doctor Westermayer. daba vueltas durante horas por la ciudad. y su cabeza gigantesca y sudorosa escuchaba contra mi caja torácica. y salí de la cama y llegué a tiempo al retrete. la mayor parte del tiempo. quiénes eran sus padres y a qué se dedicaba su familia. de la ventana que daba sobre el Mercado de las Palomas. los grupos de niños. Y siempre de noche. Pero durante largo tiempo sería la única y última vez. es para desesperarse. el gordo Doctor Westermayer se inclinaba siempre sobre mí. su completa desorientación ante mi incontinencia. Los médicos no conocen ningún remedio. apretábamos las cabezas contra las ventanas. Muy de mañana. casi mortal. estuve continuamente irritado y escocido entre los muslos a causa de la orina. Cada paso era un tormento. era demasiado tarde. por primera vez desde hacía mucho tiempo. Entonces. Cuando el tren se detenía. Nunca lo había visto. es un meón. Cuando iba a confesarme -mi madre me enviaba-. mi madre izaba todos los días la bandera de mi escarmiento. Tenía un nuevo título. y de cada uno de dónde venía. que llevar: ¡meón! Cuando volvía de la escuela a casa. Sabíamos ya todos nuestros nombres. en el fondo. veía mi sábana con las grandes manchas amarillas colgando de la ventana. Expliqué que mi padre no era mi padre. Si me hubiera legitimado. Antes de atravesar la puerta de la escuela. sólo constatan las anomalías. Finalmente. pero mi historia era más 42 . y allí flotaba al viento lo que anunciaba a todos quién era yo. me pasaba mientras estaba arrodillado balbuceando mis pecados. él se limitó a encogerse de hombros. Al fin y al cabo. Lo cierto era que mi verdadero padre vivía aún. tiritando y helándome. Mi espanto fue doble y mi castigo horrible. ¡a fin de que todos vean quién eres!. cuando no me había pasado ya ante la puerta de la escuela. otra vez. Cuando yo estaba enfermo. durante todo el viaje. y que no me había legitimado. decía.manta mi vergüenza-. y uno de los gigantescos colosos de la Borsig sacó el tren de la estación central. Mi madre colgaba alternativamente mi sábana mojada en la Schaumburgerstrasse y luego. cuando tenía que hablar con lo que se llama una persona importante. Una vez tuve la suerte de despertarme a tiempo a causa de mi necesidad. sin quitarse de la boca el cigarro encendido. para escarmiento. esquiando. Mil veces había tenido que soportar ya esa pregunta. no sabía absolutamente nada de él. en la iglesia. Contra aquella humillación no podía hacer nada. Creo que fue esa manifestación la que provocó mi envío a Saalfeld. había confundido la puerta del armario de la ropa blanca con la puerta del retrete. ¿por qué te llamas Bernhard si tu padre se llama Fabjan?. Con la cabeza baja volvía yo a casa de la escuela. Durante meses. Allí. durante años. me llamaría Fabjan como él y no Bernhard. Por eso me avergonzaba de todos. no sólo me hacía pis en la cama. Siempre. en la noche de Munich. Y como es natural aquella desgracia me ocurría también durante las clases en la escuela. pero yo no sabía dónde y. pero era un razonamiento falso. el paisaje estuvo cubierto por una nube de humo negra y maloliente. Todo el Mercado de las Palomas y toda la Schaumburgerstrasse sabían que yo era un meón. Lo que yo consideraba en aquellos años de incontinencia como totalmente antinatural y espantosamente extraordinario era en realidad la más natural de mis circunstancias. ya a media altura de la Schaumburgerstrasse. La sábana permanecía seca. sino mi tutor. cuando despertaba. con la esperanza de poder secar así mi ropa interior. Me ocurría en cualquier ocasión. no me había hecho pis en la cama. hoy lo sé. Recuerdo que. con las etiquetas de tapas de cartón colgadas del cuello. creía que todo el mundo sabía que me hacía pis en la cama. mi madre arrancaba furiosa la manta y me golpeaba con la sábana en el rostro. Mi incontinencia empeoró con el tiempo. ésa era la expresión técnica. nuestro llamado médico de cabecera. en definitiva durante años.

de leche. La comida era buena. Teníamos dos educadores. el llamado hogar de reposo infantil no era en realidad ningún hogar de reposo infantil. Todo comenzó con una conferencia sobre puntualidad. Había muchas habitaciones pequeñas con literas. un escritor. y en mi vida olvidaré ese nombre. nadie quería. envié a casa para tranquilizar a mis parientes -como todos los demás. bajaban otra vez la bandera. Mi mala suerte fue que. Me observaban con desconfianza y no sin cierta alegría por el mal ajeno. mi deseo de ella. otra vez el mismo levantar el brazo y el saludo hitleriano. en un gran claro. No tenían la menor idea de lo que era eso. Yo era una vergüenza. Era la figura más lamentable que puede imaginarse. Yo tenía la sensación de que la enfermera había fijado en mí su mayor atención. No tenía sentido darles más explicaciones. El día empezaba izando la bandera de la cruz gamada. Sin embargo. Había entrado en un nuevo infierno. El paisaje era hermoso. Nadie quería sentarse al lado del meón. del T. dormir en una habitación con el meón. ¿Sabrían los míos que estaba ahora en Saalfeld y no en Saalfelden? Una tarjeta postal de Saalfeld que. pero tenía que ser un mensaje alegre. tanto mayor era. pero esos remedios no servían de nada. era una papilla servida en platos soperos. y seguimos en fila de tres a nuestra enfermera de la NSV. Cada quince días podíamos escribir a casa. Con el estómago vacío gritaba Heil Hitler al arriar la bandera. Durante toda mi época de Saalfeld sufrí por la privación de la papilla. como es natural. Sin embargo. pero el que más cantábamos tenía por centro la palabra Steigerwald 5.) 43 . como es natural. El muchacho tenía lo que se llama raquitismo. Después de izar la bandera. tenía un abuelo que era escritor y al que quería más que a nada. sembrador de cizaña y así sucesivamente.extraordinaria que las suyas. y otra vez teníamos que alinearnos de la misma forma y. cuanto más a menudo me privaban de aquella papilla. Qué profunda era mi desesperación no se puede imaginar ya hoy. sino un hogar para niños difíciles. Parecía como si hubiera llegado a un lugar idílico. Pero tenía un compañero de infortunio. que nos educaron desde el primer momento en que fuimos entregados por la enfermera de la NSV. la Doctora Propp había dicho la verdad. posiblemente éramos unos cincuenta o más. después de una visita hecha más de cuarenta años más tarde. aunque no excitante. Les expliqué que un escritor escribía manuscritos. levantar el brazo en saludo hitleriano. De repente estaba más aislado que nunca. que permanecía en el patio hasta que la oscuridad caía. un tipo horrible. no le daban absolutamente ningún desayuno. dije. Estaba totalmente demacrado. Era deprimente ver todas las mañanas mi sábana tendida en la sala del desayuno y tener que estar allí sentado sin papilla. quizás en otro tiempo un pabellón de caza. por orden de la enfermera de la NSV. y eso ocurría casi diariamente. Al caer la oscuridad. y era en parte un edificio de madera entramada con muchos tejados y torreones. En Saalfeld formamos en el andén un grupo mayor. limpieza y obediencia. (N. no recuerdo ya qué himnos. y gritar a coro Heil Hitler cuando la bandera estaba en el mástil. teníamos que formar en fila de tres y marcar el paso. Pero tampoco habían oído nunca la palabra manuscrito. harina y cacao. como sé hoy. El método en Saalfeld fue el siguiente: tendían mi sábana con las grandes manchas amarillas en la sala del desayuno. al día siguiente mismo de mi llegada. nadie quería ir con el meón. Sin embargo. Habían cometido un error del que en toda la vida me he olvidado. Teníamos que cantar los himnos que habíamos aprendido ya en los primeros días. me descubrieran como meón. sino que tampoco recibía como los otros la llamada sopa dulce. con el himno de Steigerwald en los labios. y los camaradas que conservé aún los primeros días no lo eran ya. cuando la bandera estaba arriada. Pensé que ella sabía quién y qué era. como sé hoy. y decían que era una sábana mía. meón.no les informó hasta una semana después de mi partida. Me gustaba la sopa dulce más que nada. No me atrevía a mirarla a los ojos. Ellos tenían por abuelos a techadores y albañiles. no sólo se castigaba al meón de esa forma. y marcaba el paso con los otros. Se asustaron. Me administraban remedios. El hogar de reposo infantil estaba en pleno bosque. causaba la impresión más 5 Región de Franconia. Teníamos que alinearnos junto al mástil. y era un tullido de brazos y piernas. Se llamaba Quehenberger. Cómo había que levantar exactamente el brazo en el saludo hitleriano y así sucesivamente. y me asignaron una de las de arriba. ya en la primera noche. porque no pudieron curar mi incontinencia.

Todavía hoy me resulta inimaginable cómo consiguen los actores aprenderse un texto largo. nuestro estado empeoraba. de mi madre y mi abuelo. En el mástil de la bandera ondeaba la bandera de la República Democrática Alemana. las palabras Selva de Turingia son para mí hasta hoy palabras aterradoras. desconcertado. Nada había cambiado. Llevaba una matrícula austríaca. Llegaron algunas postales de los míos. Realmente existían y. ¡Un chico alemán no llora! Y en la Selva de Turingia yo no hacía casi más que llorar. A él le pasaba todas las noches algo mucho peor que a mí: manchaba la cama con sus excrementos. llegado el caso de unas cien páginas. hacía unos cuarenta años!. hacia el sur. extendí los brazos y. Abajo están los lavabos. Suspiraba por volver a Traunstein y sobre todo a Ettendorf. recibí de la enfermera. Ahí arriba están los dormitorios. No hubiera debido visitar el escenario de mi espanto. dije. no podía retener ni el texto más breve. pero en cualquier caso era una escena mía. hacia el norte. hacia el este. totalmente inalterados. como estaba previsto. Tenía que decir dos o tres frases. a su lado. no me creían capaz de lo más mínimo. me trataban los muslos escocidos junto a los testículos con un polvo blanco. pero no pronuncié palabra. una víctima aún mayor. de hecho. Recuerdo con toda precisión esta imagen aterradora: en el lavabo de abajo. le ataron a Quehenberger la sábana manchada de excrementos alrededor de la cabeza. Al ir allí en coche -había preguntado en Saalfeld. me costó el mayor esfuerzo aprender y retener en dos o tres semanas dos frases. por consiguiente. Educadores y enfermeras. Hoy pienso de otra forma. cuando fue el estreno y nada podía impedir ya mi entrada en escena. ¡Pero si yo había estado allí una vez. por el hogar de reposome había detenido un par de veces la llamada policía popular. pero pasaron meses antes de que terminase la tortura. era de categoría superior. pensé. Tenía en mi cabeza una prueba más. y eso les resultaba sospechoso. Las épocas y los métodos no cambian. El mismo cuadro. todo salió bien. No había creído que los encontraría. el bosque a su alrededor ha sido totalmente talado. La palabra Turingia y. Está bien así. que no correspondía ya a mi recuerdo. las alas. Las jornadas en aquel hogar eran siempre iguales. Conmigo y con Quehenberger fracasaba la habilidad de los educadores y de las enfermeras. pero el texto no surgió. Metía las postales bajo la almohada cuando me dormía. También allí yo estaba otra vez como paralizado. Durante toda mi vida he tenido las mayores dificultades para aprender nada de memoria. Seguirá siendo para mí un enigma. le dije al hombre al que pregunté en la Plaza Mayor de Saalfeld. Yo tenía que hacer un papel de ángel. sino siempre de un hogar para niños difíciles. y está en campo abierto. hacia el oeste. En cualquier caso. Había encontrado un camarada. 44 . Allí supe que no se había tratado de ningún hogar de reposo. allí había ya un educador sobre el terreno. Por las mañanas marchábamos campo arriba y abajo. Pude mantenerme de pie. de forma que me precipité en la sala. Yo tuve que desaparecer. Antes de dormirme sólo tenía dos deseos: poder comer la sopa dulce de desayuno y estar pronto otra vez con mi abuelo.lastimosa verlo decir Heil Hitler y marcar el paso por la Selva de Turingia. un papel absolutamente secundario. Sin embargo. como es natural. trataban de convencernos también con buenas palabras. Sobre esas postales lloraba hasta que estaban tan mojadas que no se podía descifrar ya su texto. El educador era joven. y el educador me lo confirmó. las enfermeras ensayaron con nosotros una obra de Navidad. cuando lo llamó con un silbido un colega que miraba por una ventana y que. especialmente. Se limitó a sacudir la cabeza. Exactamente igual que nosotros. con mi abuelo. Me dejaron pasar. Yo contemplé los zapatos y botas de niño metidos en las estacas. Sólo que ahora el edificio no está ya en un claro. inalterado. donde sólo estaban además los sótanos. los niños que se alojaban ahora en el edificio de madera entramada habían colocado sus zapatos mojados por la marcha en las estacas de madera que había ante la entrada. un empujón en la espalda totalmente inesperado. mientras a mí. Hace tres años. Continué mi viaje a Weimar y Leipzig. Ahí está la sala del desayuno. Verdad es que. Por las tardes teníamos clases de todas las materias de la escuela primaria. se dio la vuelta y desapareció. y no había hablado conmigo más que unos minutos. la creadora de aquella pieza misteriosa. En lugar de mejorar. evidentemente. yendo de Weimar a Leipzig visité los lugares de mi mayor desesperación. pero la mayor parte del tiempo perdían el dominio y nos maltrataban. Se hizo el ensayo general. Unas semanas antes de dejar el hogar de educación.

Como el sacristán Pfenninger. y también a ella la querían todos. En Saalfeld había por todas partes aparatos automáticos de los que salía una tableta de aquella delicia insuperable si se echaban diez pfennig. por decirlo así. Un ascensor nos llevó a una gigantesca montaña de cristales. Como ya de niño yo era bastante codicioso. Velos negros. El dinero de bolsillo de todos los niños acababa inevitablemente en esos aparatos automáticos. Con tiza. El espectáculo continuó. La gota del viejo Pfenninger se hacía cada vez más funesta. En el Münchner Neueste Nachrichten. Mi tío Farald escribía cartas desde Mosjoen y Narvik. se reían de sus chistes. Los teatros de batalla estaban ya en Rusia. hasta que cesaba otra vez la alerta. No sólo me daban el dinero que ganaba. en parte. los habitantes de Traunstein caían en serie en tierras extranjeras. estaba allí. Nada recordaba al comunista de otro tiempo. Para mí nunca se morían suficientes. había páginas enteras llenas sólo de los nombres de caídos y de muertos por la granizada de bombas. Tuve que colgarme con todo mi peso de la cuerda para hacer sonar las campanas. Una cosa recuerdo todavía claramente y como mi mayor experiencia en la Selva de Turingia: la visita a una cueva cerca de Rudolstadt. largo tiempo deseado. llegados de Viena. Me daba cinco pfenning por cada toque. Y en el patio del edificio nos limpiábamos los zapatos con betún Schmoll que habían traído algunos que se habían unido a nosotros más tarde. Nos acurrucábamos ante la puerta que llevaba directamente del vestíbulo al negocio funerario. Cuando volví a casa. A ello se unía además la mortalidad general. y en algún lugar entre Kiev y Moscú combatía mi tutor. Lo mismo que por los muertos de la ciudad en lá vida civil. sólo el ángel había fallado. Otra cosa más me hizo feliz: en Saalfeld estaba la famosa fábrica de chocolate de Mauxion. Era la época de los llamados bombardeos terroristas. en las que estaban escritos el nombre y la edad de los fallecidos. Enviaba pieles de reno de Trondheim y cuernos de alce de Murmansk. sino también que colgar de las dos puertas delanteras de la iglesia tablillas negras de madera. Los hombres aptos para el servicio militar estaban en todos los teatros de batalla septentrionales. Me gustaba la casa de los Pfenninger. Había entrado en el estado mayor del General Dietl. Estaba sentado fuera en el pasillo. tenía gota y los dedos totalmente deformados. y me arrancó del escenario. En toda la región habíamos encontrado de vez en cuando grandes cristales en plena Naturaleza. Lo vimos disfrazado de lapón en muchas fotografías. tan claramente como si fuera ayer y no hace más de cuarenta años. insólitamente aumentada por la guerra. Yo me edificaba mi propio mundo de horror con las docenas de largos sudarios que colgaban de las estanterías y que. occidentales y meridionales. Todo salió bien. Algunos de ellos me los llevé a casa. orientales. que vivía en una casita que pertenecía a la iglesia. y en parte de seda artificial. las campanas de la iglesia parroquial doblaban por los caídos por la patria en el llamado extranjero. que me había puesto como traje de ángel. No sólo tenía yo que doblar las campanas. Todavía hoy me veo. estaban hechos de papel crepé barato. llorando. yo recorría orgulloso a su lado la Schaumburgerstrasse. Estaba con los cazadores alpinos. Cuando sonaba la alarma. cantando. al parecer. Los Poschinger hicieron en esa época el 45 . que leían los Poschinger. mis negocios florecían cada vez más. corría siempre a casa de los Pfenninger a preguntar si se había muerto alguien. el dinero me tintineaba muy agradablemente en el bolsillo del pantalón. nos refugiábamos. en el vestíbulo. No tenía ninguna clase de escrúpulos.Entonces la creadora de la obra me agarró por su propia combinación rosa. en las grandes salas comunes de las proximidades del cabo Norte. que el viejo Pfenninger sólo podía ya manejar dolorosamente. Dos años más tarde una hermana. Fui a parar a un banco del pasillo. porque la vieja Pfenninger cocinaba magníficamente. marchar por la Selva de Turingia. mientras en la sala caía el telón y crepitaban los aplausos. Era el payaso de la tropa. Cuando en las tablillas negras no había ya sitio. tenía un hermano al que todos querían. En toda mi vida he visto colores de tal belleza. Los dos llevaban ya una condecoración prendida en el pecho. y chaquetas y faldas negras se movían espectralmente en la corriente de aire que entraba por las grietas del lado de la Schaumburgerstrasse. El mundo de los cuentos de hadas. frente a la iglesia parroquial de la ciudad. inconscientes como éramos. compañías enteras. sino también alguna cosa rica de comer. Cuando él o mi tutor estaban de permiso. y todos los días se lloraba a muchos que habían caído. me rogó un día que tocara por él a difuntos. decían.

por lo menos mientras yo viva. eso sería algo para ti. pero era ya el héroe de la escuela. no un meón.. Yo era un gladiador. hacía 46 . a la escuela. como recuerdo muy bien. Después de rociar las heridas abiertas con alcohol. pero a cambio del dinero que había depositado solemnemente en la llamada caja de ahorros del distrito no se obtenía nada. Yo había conquistado más insignias que todos los demás. Como estaba convenido. por hacer de mí un héroe. entretanto caída en el olvido y cuya existencia no había seguido ya. La decepción fue grande. Salí cojeando de la Pradera por la llamada escalera del cine del balneario y me fui a casa por diversos patios y callejuelas apartados. a pesar de todo. En aquella época. Mi heroísmo era claramente visible en unas vendas puestas con excesivo celo y de excesivo tamaño. hice todo honor al héroe que era. no en Alemania. Con las mayores dificultades se transportó el caballete. me puso un esparadrapo en la frente y la barbilla. Yo la exploté. Poco tiempo después lo utilizamos como leña en la estufa de nuestro cuarto de estar. La palabra entrenamiento era la palabra decisiva. tuve mi segunda amiga. se imprimieron dos libros en Holanda. Hoy mis dos grandes cicatrices en las rodillas recuerdan aún en mí aquel momento culminante. o en cualquier caso lo intentó. Un monstruo viejísimo. después de haber lavado bien las heridas. también los quinientos metros. Una vez. Pero su dinero no les servía de nada. comenzó a cortarme jirones de carne de las rodillas con unas tijeras de costura grandes. de los que sin embargo no dejaba traslucir nada. Cuando yo tenía once años. Yo escribía poemas. Sospechaba que los poemas eran malos. ya estamos! Me envolvió la rodilla con una venda aparentemente infinita y. Pintar. comenzaron a prestarme atención. porque no se podía comprar ya nada con dinero. Llegamos preguntando a la casa en la que nos esperaba el caballete ofrecido. La multitud vociferó. Posiblemente mi fama deportiva había llegado con el tiempo. No había nadie. La Elli de los Poschinger. aunque con los mayores dolores. vendían un caballete de pintor. No se habló más del arte pictórico. Yo era un héroe.mayor negocio de su vida. Mi abuelo había pagado el caballete al contado. di en la pista de ceniza de la Pradera el espectáculo enormemente excitante de mi heroísmo. como consecuencia de mis insignias de vencedor. De repente me esforcé. hasta Traunstein. ¡Una ocupación artística! Había subrayado varias veces en rojo el anuncio. No prestaba más atención. Había leído en el Traunsteiner Zeitung que. En el viaje de vuelta. En el homenaje a los vencedores de la tarde siguiente. Compramos el caballete. sin que al principio me llamase la atención. Iba con ella a orillas del Traun. Yo correspondía a la imagen de su plenitud. Después de la Hilda de los Ritzinger. la menor de las hijas del guarnicionero. dijo: ¡bueno. la Inge de los Winter. mi abuelo dijo: Quizá sea el arte de la pintura. El homenaje de la multitud me sentó bien. en las proximidades de Ruhpolding. me resbalé y caí cuan largo era en la pista de ceniza. descargándolo en la Schaumburgerstrasse. Un algo artístico.: del que se decía que había pintado en él el famoso pintor Leibl. Me hice rasguños en la frente y la barbilla. lo alargué sutilmente. quise dar otra vueltecita más. La Gente Joven me ofrecía para ello la mejor oportunidad. ya que tanto se hablaba de heroísmo. cuando no había ya nadie en el campo de deportes. medio podrido y enmohecido. según se dijo misteriosamente. y yo las llevaba con orgullo. dijo. Me sentó con fuerza en el hogar frío de la cocina y. Fuimos a Ruhpolding con el tren de vapor. en la región de Siegsdorf. Me superé aún en las más diversas carreras a pie. entregaron el caballete de pintor unos días más tarde. Todavía no lo sospechaba yo mismo. Gané dos insignias. ante cientos de alumnos. Trataban de la guerra y de sus héroes. ese mismo día. dijo. inmediatamente después. El chico que había que evitar se 'había convertido en el que había que buscar. pero mis notas indicaban mi ascensión escolar. y renuncié. se ha convertido en inmortal. dejé también de mojar la cama. llevadas ahora por mí de forma totalmente ostensible también durante las clases. porque. Corrí los cien metros en un tiempo sin precedentes e. me abrió los ojos en el balcón del patio de la guarnicionería de los Winter. no era mejor que antes. Estaba desmontado en todas sus partes. Al fin y al cabo tienes un enorme talento para dibujar. Un día venteó una posibilidad. salvo la Elli de los Poschinger. se alzaba en un vestíbulo casi oscuro. Yo debía de causar una impresión lastimosa ¡Al día siguiente era el homenaje a los vencedores! La Elli de los Poschinger no se anduvo con rodeos. Sin embargo. Por primera vez ganó dinero mi abuelo.

antes de ir a la escuela. y hasta Teisendorf en la otra. Quién tuvo la idea no lo recuerdo ya: un día repartí el pan para el panadero Hilger. sino que. casas burguesas. En el verano recogía con ella en un huerto que tenían los Winter en las proximidades del cuartel enormes cestos llenos de fresas. que en su jardincillo de hortalizas cuidaba todas las flores imaginables. mermelada y miel. según los gustos. no en mi presencia. Me parecía una enorme 47 . detestaba el instrumento. me envió a tomar lecciones de violín. había sido en otro tiempo cantante de concierto. grandes panes al seminario. Una vez. Siempre con una mochila. la volví a encontrar.gimnasia con ella en las barras del puente del ferrocarril. pude recoger una y otra vez una jarra llena de leche. en cuya casa. lo que casi era superior a mis fuerzas. Recién pintada siempre por mí con un color plateado. pedaleaba en ella por todo el entorno de Traunstein. pero mi ambición ha sido siempre mayor que mis fuerzas. corría con ella a lo largo de las pistas de tenis hasta Bad Empfing. en las ventanas y en los armarios. y casi siempre tenía suerte. Me habló de Niccolo Paganini y ensalzó el virtuosismo a escala mundial. Quería a aquella vieja mujer. Todo un mundo se te abre. aborrecía tocarlo yo. Una vez por semana tenía que llevar en un carretón de dos ruedas. la segunda de los cinco hermanos Winter. Fue la gran época de la Steyr Waffenrad. La Inge de los Winter no me había iniciado sólo en la vida sexual –en casa jamás se había hablado de la llamada sexualidad. un día también en Nueva York. Esos saquitos. Comenzaba mi trabajo a las cinco y media de la mañana. el viaje de vuelta desde la montaña con el carro vacío era un placer. la profesora de Burghausen. me recibían en casa. estaba representada en una gran fotografía apoyada contra el granito. se volvió loca. en París. De repente brilló. Su hermana Bárbara. De esa forma me ganaba el dinero de bolsillo y podía llevarme a casa los seis bollos que eligiera. que estaba frente a nuestra casa. desde donde no quedaba lejos el ceinenterio del bosque. durante una fuerte nevada. panecillos y barritas saladas. di unos cuantos saltos en la Plaza Mayor. Me cargaban a la espalda en la tahona de Hilger un gran saco de tela blanco en el que había amontonados docenas de saquitos de tela más pequeños. resonaba horriblemente. Se subió al púlpito y anunció la buena nueva. Al parecer. Yo la había encontrado y nadie más. pero mi abuelo veía ahora en mí un artista del violín. Como no sabía qué hacer con el dinero que ahora le llegaba de diversos editores. Los más inteligentes están continuamente amenazados por la locura. Allí admiraba yo una y otra vez el monumental mausoleo de los Poschinger. y se decía que era la más inteligente. como hija de un burgués considerado de Traunstein. Un día Bárbara fue a la iglesia parroquial y. La casa entera olía a especias misteriosas. tenía acceso a las demás. no sé por qué. que crecía rápidamente. y pronto conocí todas esas casas también por dentro. en Madrid y. De forma que me llevó con ella por todas partes. Evidentemente. había grandes recipientes de vidrio con jarabes salutíferos. la última fallecida. mantequilla y manteca. Con mi abuela iba a menudo al depósito de cadáveres. Fui a casa de un violinista. Se la llevaron a una clínica y de allí a un manicomio y desapareció. contento. los colgaba yo en la ciudad de los más diversos picaportes. de la mejor forma. pasando por Haslach. en el punto culminante de la misa. cuando la nieve se fundió. y las cosas quedaron así. hacia las Navidades. en Viena. que estaba casado con una española que tenía exactamente el aspecto que yo me imaginaba en una española. imagínate que tocas en las salas de conciertos más famosas del mundo. el pelo negro y un rizo sofisticado en la frente. iba en aquella época al instituto. A mí me gustaba oír tocar el violín a los otros. En Wang había conocido en mis primeras excursiones en la Waffenrad a una campesina. Yo no quería tocar el violín. Pasando junto al cementerio. y me llenaba el estómago de ellas. y por todas partes. Yo le llevaba los cupones de tabaco que no utilizábamos. el camino llevaba hasta Wang. Cuando se gritaba dentro del panteón. Todos mis intentos por encontrar otra vez la moneda de cinco marcos fracasaron. como es natural. Así teníamos ya gratuitamente la mitad del desayuno. En marzo. Con tal motivo una moneda de cinco marcos salió de pronto proyectada contra un montón de nieve. así llamadas. con bollos. quién sabe. durante todos los años de la guerra. Cuando había reunido suficientes víveres. hasta Trotstberg en una dirección. con el sobre en que estaba mi óbolo mensual para la lección de violín. María. decía mi abuelo. En el verano me veo empujando con mi madre por la ciudad un carrito.

En la Pradera estuvo de paso el circo Busch. en el cielo. humeaban todavía los restos. La única vez que me subí a ella me mareé inmediatamente y. La mayoría de las veces tenía que ir solo con el carro al bosque. A partir del cuartel. Casi todas las noches había alerta. cuando vi las fauces abiertas de los leones renuncié a mi deseo. La ciudad estaba demasiado lejos para poder oír las detonaciones. Una vez estuve ocupado durante días enteros en un puesto como vendedor de suelas de goma. y daba vueltas en círculo con otros. Siguió volando en dirección a Munich. hacía un frío glacial. con cualquier tiempo. todavía en el aire. Yo me asusté profundamente. había caído en medio mismo de una pocilga. se partía en tres pedazos que caían muy separados entre sí. No era nada extraordinario. Mi abuela y yo vimos cómo el bombardero. que está sobre una montaña de peregrinajes. se oía y se tenía miedo. Tenía que ganármelo. A1 mismo tiempo. Por todas partes 48 . Ten ía razón. La formación de bombarderos en conjunto no se dejó perturbar en absoluto por lo ocurrido. cientos y quizá miles de veces. Pero no éramos los únicos que se ocupaban de las cortezas de esa forma. ardían al suelo con aquellos que los llevaban. a la máquina de coser. que se secaban allí en poco tiempo. Hasta mucho tiempo después de la guerra anduvimos con esas suelas. en Otting. Íbamos a los bosques circundantes y recogíamos las cortezas que habían dejado los leñadores. Admiraba los cientos y miles de jarrones de cristal y de porcelana que se podían ganar disparando. tuve que vomitar. en medio de una enorme explosión. Y se vieron también paracaídas abiertos que. en unos segundos. Se veía. me sentaba encima y. y me costaba trabajo arrastrarlo. Uno de los dos gigantescos planos de sustentación del bombardero de sus buenos quince metros de largo. que habíamos clavado a nuestros zuecos. para mantener en movimiento el tiovivo. los títeres. Sin embargo. lo que se llamaba un Me 109 y. porque también la época de las suelas de cuero había pasado hacía tiempo. y se vieron puntos negros precipitarse contra el suelo más aprisa que las partes del aparato. se incendiaban y. y en el incendio que se había producido se habían quemado unos cien cerdos. en unos segundos. Los aparatos americanos. no me daban. mi abuela estaba sentada con nosotros en la Schaumburgerstrasse. Un mediodía espléndido y de azul intenso. varios puntos blancos indicaron miembros de la tripulación que habían saltado en paracaídas. como el famoso burro de noria. Lo hacían muchos que lo necesitaban. Había un hedor inimaginable en el aire cuando. La mitad del desván estaba llena de cortezas. los enjambres de bombarderos. Desde la estación del pueblo tuvimos que subir andando pesadamente por la nieve espesa. yo quería ser domador. El espectáculo era una tragedia perfecta. Al hacerlo no veía más que el suelo de hierba pisoteado por mí y por mis compañeros de infortunio. en filas de seis. Con el dinero tiraba en los puestos de tiro. a menudo muchos más de cien. Llenaba el carro de tantas cortezas como podía. bajaba a la ciudad. varios de los paracaídas no se abrieron. Una estación antes de Waging. Los habitantes de Otting estaban ante los restos y seguían descubriendo otros nuevos. finalmente. Era invierno. Mi abuela. últimamente también en pleno día. centelleaban en su ruta inflexiblemente mantenida en dirección a Munich. saliendo de la formación. los sombreros de copa. presintiendo algo sensacional. dirigiéndolo con las piernas en la vara. Tenía que emplearme por horas en el tiovivo. y el zumbido de una formación de bombarderos nos hizo mirar por la ventana. De pronto apareció desde más arriba aún un aparato alemán. en donde estaban metidos los cadáveres caídos del cielo y totalmente destrozados de los canadienses. Lo interesante se desplazaba hacia el aire. estuvimos jadeantes en la montaña. ningún dinero. Para la llamada feria de la Pradera. me agarró y corrió conmigo al primer tren en dirección a Waging. a diferencia de la Inge de los Winter y de los otros hijos de burgueses. por fin. En aquella imagen elemental del mediodía. se formaban sobre nuestras cabezas para torcer hacia Munich y arrojar allí su carga mortífera. perdía altura y.vergüenza. Con esas cortezas nos calentábamos en invierno. La gran noria me daba miedo. separó con sus disparos a uno de aquellos colosos de plata. La admiraba desde abajo. Y en la nieve se veían grandes agujeros. por alguna razón. Como salario pude llevarme a casa una docena de esas suelas de goma de centímetros de espesor. sospechando que las partes del avión derribado debían de haber caído en esa dirección.

tuvimos que estar de pie unas cuatro horas hasta Wels y más allá. asqueado. Compró dos billetes de primera clase y fuimos a Passau. cuando hacía tiempo que nos habíamos olvidado de Passau. FIN 49 . El Nacionalsocialismo los había separado. se volvió al final loca además. Marie. El no tenía nada que decir. y no sólo por la evolución de los acontecimientos en su lugar natal. Cavábamos fosas y arrojábamos a ella a los rígidos animales. El espectáculo de la guerra dejó de gustarme. él y mi abuela se sentaron en un rincón de la habitación y escucharon la emisora suiza. paralizada por un ataque. los ciervos muertos en invierno con sus pequeños. eres una cerda alemana! Los dos no se vieron más. que los miembros del cortejo celebraron en la gran sala del albergue paterno. pronunció al parecer un discurso en el que habló contínuamente de sí misma como mujer alemana. Cuando el tren entró en Passau. como de una mujer alemana. Tenía entonces trece años. El viaje en lo que se llamaba un tren de soldados con permiso. No quería ver más la guerra. que ahora nos mostraba también a nosotros. Mi abuelo había reservado para varias noches una habitación en el famoso hotel Passauer Wolf. su horrible rostro. Porque estábamos allí y por ninguna otra razón. dijo mi abuelo. Un brazo. el Nacionalsocialismo. Después de volver del entierro de su hermana Rosina. que hasta entonces sólo la conocíamos de lejos. enardecida por su nuevo ideal. la hermana menor de la difunta. Dos meses después de nuestro viaje a Passau. exclamó: ¡el lugar entero es una abyección! Bajo la mayoría de los nombres de las lápidas del cementerio habían hecho grabar las palabras Camarada del Partido. y balbuceaba algo incomprensible sobre su querido hermano. Sin embargo. Al día siguiente fuimos aún a la academia de comercio. En lugar de sentarnos en primera clase. cuando poco antes de su muerte la visité otra vez en la Weitloffgasse de Viena. Cuando mi tía abuela Rosina murió. Otra vez fue un anuncio en el Traunsteiner Zeitung la causa de un giro en mi existencia: una academia de comercio en Passau se presentaba como excelente instituto. Se acurrucaba en un sillón expresamente hecho para ella por un ebanista de Währing. Después del llamado banquete fúnebre. Eso es exactamente lo que necesitas. El lado sensacionalista tenía un reverso espantoso. no es una ciudad para ti. nos acordamos otra vez de aquella pesadilla: la academia le comunicó a mi abuelo que su nieto había pasado el examen de ingreso. con mención especial. cuyo imperio había recaído a su muerte en su nuera Justine. Me resultó demasiado idiota y me levanté de un salto y dije. estaba en Ettendorf. mi abuelo. A finales de febrero y principios de marzo yo sacaba por las tardes con Schorschi. dije. E hice el examen de ingreso que exigían. fue un tormento. asqueado por todo lo que hasta entonces había visto de Passau dijo: no.la nieve estaba salpicada de sangre. Hablaba ininterrumpidamente de sí misma. Traté de tranquilizarme con mi abuelo. de sus últimos refugios. su hermano. Por la noche. mirando por la ventanilla. paredes grises y nada más que rótulos de comercios de carbón. decididamente Passau no es una ciudad para ti. sabes lo que tú eres. vimos sólo. Después de la guerra hicieron borrar otra vez esas horribles palabras. cuando salíamos ya de la estación. en un pasillo abarrotado. la viuda del artista que había viajado por todo el mundo. fue a Henndorf para el entierro. En los últimos años había evitado su lugar natal. mi abuelo. que entretanto había muerto hacía tiempo. y en el brazo había un reloj. Volvimos a Traunstein. mi abuelo. como puede verse todavía hoy. de otra clase apenas había. Siempre que podía. Mi abuelo se llevó las manos a la cabeza y dijo: es una suerte que no sea Passau sino Salzburgo lo que te tengo destinado. ¡no eres una mujer alemana.

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el escritor enrocado en su turris eburnea. y en cuanto a Holzfällen («Cortar leña». El frío y Un niño. en su infancia al menos. trazar un perfil psicoanalítico de Bernhard.. aunque en su mayoría acaben locos. «Tala» o como quiera traducirse) es una obra de ficción. se presenta aislada. con El origen. un hombre que sabe reconocer maestros (no sólo su consabido abuelo) y tiene grandes amigos/as. (Ejercicio: Utilizando El sótano. llegando al mismo resultado». El animal intelectual. tal vez. se podría decir que. El mismo lo dice en El sótano: «Si no hubiera pasado realmente por todo lo que.) La verdad estricta de lo que Bernhard narra no es tema que pueda ni deba plantearse. lo que sorprende en esos cinco libros. Utilizando la terminología gorkiana. aunque se mueva en la línea borrosa que separa una novela con clave de un libelo. especialmente en relación con su madre. Bernhard ha dado ya su «infancia» y «entre gentes extrañas» y le quedan por contar aún sus «universidades». qué duda cabe. es hoy mi existencia. mueran de extrañas enfermedades o sean aplastados por un camión. como un raudo atleta de raza aria.) 51 . de momento. burlar leyes y hasta tratar de hacer descarrilar los trenes. reunido. elaborar una teoría de Bernhard como escritor de izquierdas. el artista mal diseñado para sobrevivir en el mundo es un aventurero capaz de saltar fronteras. El sobrino de Wittgenstein. el Bernhard supuestamente arrogante y de pocos amigos.. pero pertenece a otra época y. El sótano. Establecer paralelos y diferencias con el Peter Handke de la mal llamada Desgracia indeseada. algunos fragmentos de Helada. Desde el punto de vista de los datos objetivos que contienen. resulta tan autobiográfica o más.A MODO DE EPILOGO Un niño cierra lo que podría llamarse autobiografía juvenil de Bernhard. el tuberculoso profesional se revela. zonas de sombra (confesadas o no). que llega hasta sus diecinueve años. es cierto. Detectar contradicciones. (Ejercicio: Analizando los pasajes pertinentes de su autobiografía. aunque expliquen muchas cosas de la obra bernhardiana (¿cuántos escritores han tenido una vida tan horrenda?). parece moverse entre el pueblo bajo como el clásico guerrillero maoísta. partes de Un niño y. El aliento. imprecisiones y hasta inconsecuencias. En su relato hay. lo hubiera inventado probablemente para mí. es que acaban por componer un personaje muy distinto del que hubiera podido imaginarse.

Sicilia. a la antesala del infierno (El sótano). Bosnia.. por lo menos. Pero pruebas.. evidentemente.. Yugoslavia. donde el horror de lo que se cuenta guarda un perfecto equilibrio con la siniestra exactitud de la frase. Sin embargo. nada ha contado aún de sus viajes y estancias: Venecia. la decisión de ir «en la dirección opuesta» suponga un auténtico descenso al infierno o. y también Suecia o Palma de Mallorca. y hay quienes dicen que Bernhard es. seguimos sin saber gran cosa de Thomas Bernhard. En efecto. en el centro de todas las vanguardias y de no pocas perversiones.Un análisis estilístico riguroso de los cinco libros demostraría mejor que nunca que. Portugal. para quien un atlas sigue siendo lectura favorita. A Bernhard. descubrió ya que la literatura podía ser la «solución matemática» de la vida. Desde este punto de vista (y desde otros). en buena literatura. en que recogió basuras. sabemos nada de sus años de Viena. muchos prefieren El aliento y El frío. de poco peso. Hay quienes creen que Thomas Bernhard es uno de los grandes dramaturgos contemporáneos. lo que es más importante. ni. el tema dicta la forma.. sólo comparable a Genet o Beckett. esos cinco libros impresionantes.. Inglaterra. porque ha vivido ya muchas vidas. y que su teatro. de cronista de los tribunales. llevó maletas o cuidó septuagenarios dementes. ¿para qué? ¿Para acusar al mundo del crimen de ser absurdo o para dibujar un retrato-robot del propio Bernhard? Quizá más para lo primero. el mayor novelista en lengua alemana. Polonia. (Ejercicio: Explicar el inexplicable éxito de su obra en España recurriendo al tópico del anarquismo ibérico. ordenados con arreglo a la cronología de los acontecimientos y no a la de su escritura y publicación.) Bernhard. nadie discute su autobiografía. reuniendo pruebas. de un hombre que. pero en cualquier caso el título dado al conjunto parece un acierto: «Gathering evidence». Posiblemente es un error porque. Recientemente se han publicado en inglés esos cinco libros. sólo ilumina los rasgos más sardónicos de su carácter. su (entonces) «único y verdadero amigo». en el castillo de Lampesberger. aunque la guerra y la educación nazi y católica sean determinantes (El origen). luego cambia de registro y acaba redondeando el ciclo por el bucle del Nacionalsocialismo. pero no educados. a mesa y mantel.») se va despojando de perifollos hasta llegar en Un niño a una simplicidad funcionalmente admirable. y que su obra narrativa es sólo una especie de acotaciones escénicas a su visión macroteatral del mundo. ni de su época de crítico de arte. ni de sus tres años. el «quería vivir y todo lo demás no significaba nada» justifique el odio eterno de Bernhard a toda la clase médica (El aliento y El frío). trituró pavimentos. Lo que en El origen podría calificarse aún de manierismo («Somos procreados. le queda cuerda para muchas autobiografías. sin comparación a la redonda en el panorama de las letras actuales. y el anarquismo visceral de un chico de seis años pueda prolongarse toda una vida (Un niño). MIGUEL SÁENZ 52 . a sus diecinueve años.. hoy por hoy. de bibliotecario. si Un niño comienza en tono amable y hasta divertido.

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