Está en la página 1de 153

DERECHOS HUMANOS

Y JUSTICIA

(MEMORIAS DEL SEMINARIO ORGANIZADO POR EL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURISPRUDENCIALES Y DE PROMOCIÓN Y DIFUSIÓN DE LA ÉTICA JUDICIAL, 2012)

BASES

PARA

UN

TABLA DE CONTENIDO

DIÁLOGO

SOBRE

LA

REFORMA

CONSTITUCIONAL DE DERECHOS HUMANOS DE 2011

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 16 de febrero…………………….……………

XX

LA DIGNIDAD HUMANA

“Artículo doctrinal”…………………………………………

XX

Sesión del 13 de marzo…………………….…………….

XX

CARACTERÍSTICAS DE LOS DERECHOS HUMANOS

“Artículo doctrinal”…………………………………………

XX

Sesión del 10 de abril…………………………………….

XX

INTERPRETACIÓN CONFORME Y PRINCIPIO PRO PERSONA

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 8 de mayo…………………………………….

XX

CONTROL DIFUSO Y CONTROL DE CONVENCIONALIDAD

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 5 de junio………………………………………

XX

RESPONSABILIDAD

DEL

PODER

JUDICIAL

FRENTE

A

LA

REFORMA CONSTITUCIONAL DE 2011

 

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 7 de agosto……………………………………

XX

EL

JUICIO

DE

AMPARO

ANTE

LAS

REFORMAS

CONSTITUCIONALES

 
 

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 4 de septiembre………………………………

XX

LÍMITES A LOS DERECHOS HUMANOS Y ARGUMENTACIÓN

IDÓNEA

 

“Artículo doctrinal”………………………………………….

XX

Sesión del 9 de octubre…………………………………

XX

Sesión del 6 de noviembre………………………………

XX

pRESENTACIÓN

A inicios de 2012, el Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y de Promoción y Difusión de la Ética Judicial pensó en la conveniencia de poner en marcha un espacio de encuentro entre magistrados, jueces, académicos, abogados postulantes e integrantes de organizaciones no gubernamentales a efecto de compartir ideas en torno a la reforma constitucional en materia de derechos humanos que el pasado 10 de junio de 2011 fue publicada en el Diario Oficial de la Federación. La pertinencia de este dialogo era evidente, no sólo porque una reforma constitucional como esta impacta de manera estructural en el sistema jurídico o porque la temática de los derechos humanos es, en sí misma, fundamental, sino también porque, como se ha visto desde su entrada en vigor, la reforma representa retos importantes al momento de su aplicación por parte de los juzgadores. En este aspecto precisamente es en el que de manera más directa y sustancial el tema de los derechos humanos se vincula con las dos grandes líneas del Instituto:

la jurisprudencia y la ética judicial. La reforma, al contemplar dos importantes criterios interpretativos como son el principio pro persona y la “interpretación conforme”, establece nuevas exigencias a los juzgadores a la hora de tomar sus decisiones y de efectuar sus argumentaciones, aspectos que necesariamente impactan en la forma de construir los criterios jurisprudenciales y redimensionan el papel de los juzgadores como garantes de los derechos humanos. También, ambos criterios interpretativos representan el reto de redimensionar, entre otras cosas, las virtudes del humanismo, de la justicia y la equidad, que diversas normativas éticas contemplan como centrales en la labor jurisdiccional. ¿Cómo hacer efectivas estas nuevas exigencias constitucionales?, ¿cómo afrontar los retos procesales y técnicos que implican?, ¿cómo implementar las exigencias sin violentar otras instituciones jurídicas importantes?, ¿cómo avanzar en la incorporación, cada vez más amplia y constante, del derecho internacional de los derechos humanos en nuestro sistema?, son algunas cuestiones centrales que, en definitiva, representan para algunos un cambio importante en nuestra cultura jurídica. El presente libro pretende rescatar un primer intento de este diálogo. Durante todo el año de 2012, se celebraron reuniones mensuales en el marco de un Seminario de Derechos Humanos y Justicia. La intención era trabajar para la construcción de una reflexión conjunta que diera sustento a las ponencias y trabajos del “Tercer Congreso Internacional de Argumentación Jurídica. ¿Cómo argumentar los derechos humanos?”. A este seminario asistieron los siguientes participantes:

Magistrada Adriana Leticia Campuzano Gallegos (Octavo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito) 7 sesiones

Magistrado Alejandro Sánchez López (Décimo cuarto Tribunal Colegiado en Materia Civil del primer Circuito) 1 sesión

Doctora Alicia Azzolini (Universidad Autónoma Metropolitana) 1 sesión

Maestra Alicia Mesa (Centro Cultural Antonio Montesinos) 1 sesión

Licenciada Andrea Medina Rosas (Centro Cultural Antonio Montesinos) 1 sesión

Doctor Arturo Díaz SanVicente (Unidad de Crónicas, en representación del Dr. Héctor Dávalos, Director de Casas de la Cultura de la SCJN) 5 sesiones

Licenciado Arturo Ramos Sobarzo (Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) 2 sesiones

Maestro César Olmedo Piña (Universidad La Salle) 9 sesiones

Maestra Cynthia Rebeca Sánchez Pérez (Dirección de Investigación Jurídica Documental del Centro de Documentación de la SCJN) 3 sesiones

Doctora Dora Elvira García (Instituto Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México) 1 sesión

Doctor Eduardo Preciado Briseño (Universidad Panamericana) 3 sesiones

Magistrada Emma Meza Fonseca (Noveno Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito) 3 sesiones

Magistrado Ernesto Martínez Andreu (Decimo sexto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito) 6 sesiones

Doctor Felipe Ibañez (Barra Mexicana de Abogados) 8 sesiones

Doctor Francisco Javier Dorantes Díaz (Investigador honorario del Instituto) 4 sesiones

Doctor Francisco Tortolero (Director de Casas de la Cultura Jurídica de la SCJN) 1 sesión

Doctor Francisco Xavier Sanchez (Universidad Pontificia) 6 sesiones

Magistrado Horacio Armando Hernández Orozco (Tercer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito) 3 sesiones

Magistrado Humberto Manuel Román Franco (Noveno Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito) 4 sesiones

Maestro Jaime Laines (Centro Cultural Antonio Montesinos) 1 sesión

Doctor Javier Saldaña Serrano (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM) 1 sesión

Magistrado Jean Claude Tron Petit (Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito) 8 sesiones

Doctor José Luis Caballero (Universidad Iberoamericana) 1 sesión

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero (Instituto de Investigaciones Filosóficas) 7 sesiones

Licenciado Juan Gómez Lemus (Oficial administrativo en el Séptimo Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar de la Primera Región) 4 sesiones

Maestra Laura Ortiz Valdez (Centro de Documentación, Análisis, Archivos y Compilación de Leyes de la SCJN) 4 sesiones

Maestro Luis Miguel Cano López (Coordinación de Derechos Humanos y Asesoría de la Presidencia de la SCJN) 6 sesiones

Doctor Luis Raúl Pérez Johnston (Escuela Libre de Derecho) 7 sesiones

Magistrado Manuel Hallivis Pelayo (Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa) 6 sesiones

Doctora María del Carmen Platas Pacheco (Universidad Panamericana) 2 sesiones

Maestra María Helena Franco Salinas (Becaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) 3 sesiones

Doctor Mario Flores Lechuga (Universidad Autónoma Metropolitana) 2 sesiones

Magistrado Miguel Ángel Aguilar López (Sexto Tribunal Unitario en Materia Penal del primer Circuito) 7 sesiones

Magistrado Osmar Armando Cruz Quiroz (Noveno Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del primer Circuito) 6 sesiones

Magistrado Salvador Mondragón Reyes (Decimo cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito) 1 sesión

Maestra Sandra Serrano (FLACSO) 1 sesión

Magistrado Santiago Nieto Castillo (Sala Regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) 2 sesiones

Magistrado Walter Arellano Hobelsberger (Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito) 7 sesiones

La presente obra rescata las interesantes reflexiones que se dieron en este marco de dialogo en el que se enriquecieron las ideas, se evidenciaron los retos de la reforma, y se ofrecieron algunas propuestas para iniciar el proceso de construcción de las respuestas a esos retos. El libro además se encuentra enriquecido con un artículo doctrinal que abre cada uno de los temas abordados en el Seminario, correspondientes a cada una de las sesiones efectuadas a lo largo de aquel provechoso año. La intención de dicho artículo de apertura es la de contextualizar el intercambio de ideas posterior y seguramente brindará un marco conceptual referencial muy útil para el entendimiento de los diálogos Así, en esta obra el lector lego encontrará un panorama general y rico de los temas y un soporte inicial que le ayude a profundizar en cada uno de los mismos. No obstante, la utilidad de este volumen no es menor para el lector especializado, dada la actualidad de los temas discutidos y, sobre todo, porque se constituyen en un importante referente en la discusión de las implicaciones técnico-jurídicas de la aplicación concreta de las reformas. El dialogo está abierto y este tipo de ejercicios contribuirán a delinear el rumbo y a afrontar los retos en la búsqueda de nuestro objetivo final: lograr una mejor impartición de justicia en beneficio de las personas a las que servimos. Un agradecimiento a todos los involucrados en este esfuerzo.

Ministro en retiro Mariano Azuela Güitrón Director del Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y de Promoción y Distribución de la Ética Judicial

BASES PARA UN DIÁLOGO sobre

LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE DERECHOS HUMANOS DE 2011

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 16 de febrero de 2012

Artículo general sobre la pertinencia de la discusión en torno a la reforma constitucional en materia de derechos humanos 2011

HACIA UN DIÁLOGO SOBRE LA REFORMA CONSTITUCIONAL EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS DE 10 DE JUNIO DE 2012

Objetivo El Seminario “Derechos Humanos y Justicia” pretende ser una reunión académica mensual y plural, cuyo objetivo es discutir temas específicos de la reforma de junio de 2011 y la forma en que se pueden aterrizar los presupuestos teóricos de la misma, a través de acciones concretas de interpretación judicial. Esta reunión se celebra en la sede del Instituto en la Ciudad de México.

Ministro en retiro Mariano Azuela Güitrón Tomando en cuenta el objetivo del Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y de Promoción y Difusión de la Ética Judicial, que a partir de sus dos líneas de investigación busca incidir en el mejoramiento de la función jurisdiccional y lograr la vivencia ética en la impartición de justicia federal, local e iberoamericana, se consideró pertinente poner en marcha un espacio de reflexión y contacto entre académicos y servidores judiciales, a efecto de lograr un mejor entendimiento de las recientes reformas en materia de derechos humanos. Sabedores de que estas reformas se vincularán de diversas maneras con la finalidad última de lograr el compromiso ético, el Instituto extiende un reconocimiento a los asistentes y agradece el esfuerzo y la disposición para compartir en este espacio de diálogo.

Doctor José Ramón Narváez Hernández:

El objetivo general del Seminario apunta a constituir un espacio de diálogo y reflexión que culmine en el Congreso de Argumentación Jurídica que en este año tiene la intensión de encontrar la vinculación entre los derechos humanos, la jurisprudencia y la ética judicial. La motivación se intensifica a partir de la relevancia de la reciente reforma constitucional en materia de derechos humanos, así como de las decisiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que inciden en temáticas tan importantes como el control de la convencionalidad. De antemano, el Seminario abre las puertas a los diversos tipos de participaciones, constituyéndose en un espacio flexible de interacción. Así, las aportaciones pueden consistir tanto en trabajos escritos, destinados a alguno de los espacios editoriales del Instituto, como en ponencias dentro del Congreso o coordinación de alguna de las mesas. De hecho, recientemente apareció un Acuerdo del Instituto a efecto de contemplar la figura de “investigadores honorarios”, por lo que se hace extensiva la invitación a participar en este sentido. En este contexto, el objetivo inmediato de la reunión es hacer una agenda temática para que durante todo el año se trabajen las reflexiones que llegaran a presentarse en el Congreso. Para ello, el Instituto trabajó en un primer esquema temático a efecto de ordenar un poco las posibles líneas de discusión y análisis (Ver anexo).

Maestra Leonor Figueroa Jacome:

Aunado a estos objetivos, el Seminario se presenta como una oportunidad de interacción para generar sinergias de cooperación y encuentro en el que los académicos puedan brindar apoyo teórico a los servidores judiciales y a su vez,

éstos últimos puedan brindar experiencias y materiales de análisis. Estos vínculos pueden ser muy valiosos en la nueva experiencia para lograr la efectiva materialización de los derechos humanos y superar los nuevos retos que se enfrentan. Es importante recordar el cuadro temático sugerido (Ver anexo), en dónde se buscó encontrar algunas relaciones entre los aspectos teóricos y prácticos en torno a los derechos humanos. Con este contexto, resulta pertinente considerar las propuestas de los asistentes.

Magistrado Manuel Hallivis Pelayo:

En el Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, la preocupación por la ética judicial ha sido permanente y se han realizado esfuerzos importantes para fortalecer la cultura ética. En torno a los Derechos Humanos, la preocupación se ha centrado fundamentalmente en el tema del control difuso de la convencionalidad, sobre todo a partir de los parámetros establecidos por la resolución del denominado Caso Radilla, a efecto de realizar la interpretación de los tratados internacionales tributarios.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

En el Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa se ha trabajado en el análisis de criterios relevantes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (como los denominados Caso Castañeda, Caso Radilla, Caso Campo algodonero). Además, se ha trabajado el tema del mínimo vital y se ha emprendido el análisis de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC), cuyo estudio no ha sido muy profundo en México. Respecto de las reformas constitucionales en la materia, se ha trabajado en torno al interés legítimo, tema sobre el que se prepara un libro; además se ha reunido un importante material en materia de acciones colectivas. En este sentido se proponen como temas de discusión: i) las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el proceso de su elaboración, y ii) la Responsabilidad del Estado frente a la violación de derechos humanos en México (tema sobre el que existen criterios de la ONU que han sido sostenidos por el Tribunal Europeo y la Corte Interamericana) Ofrecimiento de participación: elaboración de un artículo

Maestra Alicia Mesa:

El Centro de Estudios Antonio Montesinos: tienen un observatorio para vigilar el tema de trata de personas y explotación sexual de niños y adolescentes. En este tema, resulta conveniente advertir algunos datos relevantes: México es el 2º país en explotación; es el 2º país que más víctimas de trata provee a EUA. Frente a esto, en 2011 se realizó una evaluación que sugiere medidas de prevención y capacitación. México, se encuentra entre los países que registran menos progresos en la materia. Se piensa que la legislación sobre el tema, establecida en 2007, enfrenta retos importantes, sobre todo por la relación del delito de trata de personas con otros delitos. La erradicación de este delito ha tenido algunos obstáculos en la procuración de justicia, por lo que existe la preocupación de la capacitar a los servidores públicos que integran la procuración y administración de

justicia. Es importante advertir que el tratamiento del tema de trata de personas, debe incluir lo relativo a la reparación del daño y a la atención psiquiátrica que ha de brindarse a las víctimas en algunos casos.

Maestro Cesar Olmedo:

A partir de una interesante reflexión de un teórico como Zygmunt Bauman (Tiempos líquidos), se puede advertir que las sociedades de los tiempos actuales tienen una inercia que impide a sus instituciones consolidarse. La rapidez de la vida actual hace que las instituciones, antes de funcionar adecuadamente, se “disuelvan”. En esta dinámica puede verse afectada la reforma constitucional en materia de derechos humanos. En este sentido, se plantean dos preocupaciones. Una preocupación en el plano teórico incide en la formación de los estudiantes de derecho: quién y cómo se enseñará la reforma, a efecto de dejar bases teóricas sólidas, indispensables para su aplicación. Otra preocupación corresponde al ámbito práctico: ¿existe el tiempo suficiente para que los operadores jurídicos, en particular el Poder Judicial encargado de aplicar la reforma, reflexionen sobre el significado profundo, los aspectos morales y sustanciales de la reforma?, ¿hay tiempo para pensar el trasfondo de la reforma? Este último aspecto se vincula desde luego al tema de la sobresaturación de trabajo existente en los órganos jurisdiccionales, aspecto en el que también impactará, por ejemplo, la institución del interés legítimo. Aquí surge también una preocupación ética vinculada a la importancia de la familia, institución que puede verse afectada por la deshumanización que impone la dinámica laboral. Quizá valdría la pena ir pensando, de cara a la reforma, en más juzgados y tribunales, a efecto de contar con mayor tiempo de reflexión en torno al trasfondo de la reforma.

Licenciado Felipe Ibañez:

Se manifiesta la inquietud de considerar las relaciones entre la reforma constitucional en materia de derechos humanos y el proceso penal acusatorio y

oral. En este contexto, pueden surgir diversas inquietudes éticas, como la relativa

a la posible presión ejercida por el agente del Ministerio Público y el juzgador sobre el inculpado en aquellos casos en los que se opte por acudir a medios alternativos de solución de controversias. Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano.

Doctor Francisco Dorantes Díaz:

Es importante observar las implicaciones de la reforma constitucional en la función jurisdiccional, pues los jueces tienen la responsabilidad de consolidar un Estado de derecho garante y respetuoso de los Derechos Humanos. En este sentido, resulta relevante también ser conscientes de la importancia histórica de la reforma

y de un grupo de reflexión como éste. Ante la amplitud de la temática, parece

pertinente sistematizar sobre cuestiones específicas. Al efecto se proponen tres ejes temáticos: i) la racionalidad de las decisiones judiciales (cómo implementarla); ii) el control de la convencionalidad (qué significa, cómo aplicarlo), y iii) los principios jurídicos (cómo aplicar el principio pro homine, cuáles son sus alcances

y limitaciones, cómo funciona la inaplicación en casos de violencia a derechos

humanos).

Se

considera

conveniente

que

el

seminario

sea

permanente

y

progresivo,

buscando

trabajar

sobre

productos

específicos

para

mejorar

la

discusión temática.

Doctora Dora Elvira García:

En el contexto de la reforma, resulta relevante tener en cuenta las consideraciones éticas, por lo que se propone el tratamiento del tema: Ética y cultura de la paz. Ofrecimiento de trabajar sobre ese tema

Doctora María Carmen Platas:

Resulta relevante tomar conciencia de la necesidad de retomar la centralidad de la persona. De recordarse que la dignidad de la persona humana es el eje sobre el que se articulan los derechos humanos. Sobre este eje parece conveniente replantear los planes de estudio desde la licenciatura y los procesos de capacitación de los servidores judiciales. Ofrecimiento de trabajar sobre este tema retomando el enfoque antropológico.

Licenciada Andrea Medina Rosas:

En la materia de Derechos Humanos es indudable que se han logrado avances con los casos derivados de la Corte Interamericana. En torno a la reforma constitucional, es importante ser conscientes de su amplitud y, por ende, de la pertinencia de comenzar su análisis a partir de los casos concretos; es importante no quedarse en lo abstracto, sino retomar a las personas y problemáticas concretas. Bajo este enfoque, el tema de la no discriminación en el acceso a la justicia resulta central, sobre todo referido al acceso a la justicia de mujeres, indígenas o campesinos. Ofrecimiento de trabajar en torno al Caso Campo algodonero, en relación con la discriminación por género

Doctor Francisco Xavier Sanchez:

Resulta de particular interés establecer los vínculos entre las reflexiones teóricas y la práctica. En este sentido, se han tenido algunas experiencias al trabajar con determinados grupos “marginados” como es el caso de “chavos banda” y “niños en situación de calle”. Frente a esta experiencia se propone el tratamiento de temas relativos a trabajadores indocumentados y a los derechos humanos de los migrantes. Ofrecimiento de participación: Elaboración de artículo y ponencia en relación a los derechos humanos de las minorías.

Maestra Sandra Serrano:

En FLACSO se han realizado importantes esfuerzos de capacitación en torno a los Derechos Humanos, sobre todo en lo que concierne a su relación con la democracia. En este contexto, pero no necesariamente restringido al ámbito de la democracia, existen temas muy relevantes que constituyen parte de la preocupación central: ¿cómo se usa el derecho internacional de los derechos humanos?, ¿cuál es la diferencias entre la interpretación con base en reglas y la interpretación con base en principios?, ¿cómo toma decisiones la Corte

Interamericana de Derechos Humanos? En este último punto, por ejemplo, resulta relevante el análisis de sentencias, sobre todo en ciertos puntos clave: por ejemplo, ¿por qué sólo basta probar los hechos en el delito de desaparición forzada?, ¿por qué no se necesita probar el derecho? También resulta fundamental poner atención a las obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos: qué significa e implica respetar, garantizar, promover y proteger.

Licenciado Arturo Ramos:

Es importante atender a acciones en concreto. Desde luego el Tribunal Electoral se ha preocupado por la reflexión en torno a la relación entre los Derechos Humanos y la materia político-electoral. El Centro de Capacitación Electoral ha realizado actividades en este sentido, incidiendo también en el estudio del Sistema Universal de Derechos Humanos. Entre los temas específicos se ha trabajado el relativo a la historia del control difuso.

Doctor Francisco Tortolero:

En los últimos años, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha manifestado un importante espíritu cooperativo. En la tarea de difusión de la cultura de la constitución y del trabajo de la corte, las Casas de la cultura jurídica han constituido un espacio estratégico. Las Casas no tienen la función de capacitación, propia del Instituto de la Judicatura, pero si han coadyuvado en esta importante tarea. En este sentido, se propone: i) aterrizar los trabajos en alguna región del país (armar un seminario permanente), sobre todo donde las problemáticas existen (por ejemplo, tema de refugiados y reformas migrantes en zonas específicas); ii) transformar los formatos de las actividades a efecto de romper el monólogo y transformarlo en un diálogo. Se propone así, detectar qué temas pueden ser abordados en los territorios específicos y darles continuidad. Esta nueva actitud de colaboración responde a la consciencia de que en materia de Derechos Humanos, el Estado es responsable en su conjunto, como lo evidencian resoluciones como la del Caso Radilla.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

De las intervenciones anteriores puede detectarse que el Seminario no sólo tiene como objetivo la preparación de ponencias para el Congreso de Argumentación. Las manifestaciones han apuntado a finalidades más ambiciosas. En este sentido resultaría conveniente determinar de manera clara ¿para qué se quiere el seminario, para preparar ponencias o para algo más trascendente? Es verdad que se han manifestado preocupaciones diversas, pero resultaría pertinente determinar el eje central, a efecto de no perderse en la amplitud del tema de los Derechos Humanos. En este sentido, la reforma constitucional en materia de Derechos Humanos parece ser adecuada para constituir el eje de reflexión. Determinar sus alcances, problemas y retos (cómo aplicar el derecho internacional y su vinculación a la nueva figura del control difuso) puede resultar muy provechoso. Sobre este tema deben girar todas las reflexiones. Resulta interesante, por ejemplo, cuestionarnos sobre ¿por qué ahora llegan una mayor cantidad de casos a la jurisdicción interamericana?

Magistrado Salvador Mondragón:

Es importante distinguir entre el Seminario y el Congreso de Argumentación, así como puntualizar los temas. En este sentido, se propone el tema del derecho internacional en relación con la reforma constitucional Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano

o por la tarde.

Magistrado Santiago Nieto:

Pueden considerarse algunos ejes temáticos en torno a la reforma: i) los derechos en particular; ii) los principios de los derechos fundamentales y cómo aplicarlos (por ejemplo, el tema relativo a la colisión de derechos), esto es, el aspecto metodológico (en donde se encuentran los temas de la interpretación conforme y la ponderación, por ejemplo). Es importante sumar esfuerzos de colaboración de las diversas instancias para la preparación del Congreso. En este sentido, se pueden identificar ejes de acompañamiento previo: i) observatorio de sentencias (por ejemplo, sobre libertad de expresión); ii) taller de sensibilización (de derechos fundamentales y de ética judicial); iii) ciclos de cine (concurso de cortometraje); iv) campañas de promoción del código de ética, entre otros. Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano.

Doctor Raúl Perez Johnston:

Entre los temas más relevantes derivados de la reforma constitucional se encuentra, como se ha mencionado, el relativo al control de convencionalidad y su vinculación con la interpretación judicial. En este contexto, es importante advertir que existen algunos cabos sueltos en la reforma: ¿qué entendemos por tratados internacionales?, ¿qué pasa con las normas técnicas?, ¿cómo se instrumenta la aplicación de sentencias?, ¿qué vinculatoriedad tienen las determinaciones de otros organismos internacionales?, ¿cómo afecta a los derechos humanos la institución del cumplimiento sustituto y de qué manera se articula el tema de la reparación en relación con los derechos humanos? En este sentido resulta particularmente útil la discusión y análisis de sentencias y casos. Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano.

Magistrado Ernesto Martínez Andreu:

Uno de los temas fundamentales de reflexión es el de la protección y tutela de los derechos, en definitiva, el acceso a la justicia. Respecto de este punto resulta conveniente un diálogo más fluido entre teóricos y prácticos. En este sentido, se propone la formación de un directorio, para lograr una interacción más cercana entre los participantes. Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano

o por la tarde.

Magistrada Adriana Campuzano:

En el marco de la importante reforma constitucional en la materia, resulta particularmente llamativo el tema del potencial transformador de los jueces, esto

es, la capacidad de los juzgadores para producir una transformación social a través de sus sentencias en materia de derechos humanos. A la par, el tema de las políticas públicas para fortalecer el acceso a la justicia resulta fundamental, a efecto de hacer efectivos los derechos.

Magistrado Horacio Armando Hernández:

Dentro de la amplitud de importantes temas relativos a los derechos humanos, es de particular interés el relativo a la violación de los mismos en el ámbito penal. En este sentido, es importante analizar la relación de dos reformas que coinciden en el tiempo: la relativa a los juicios acusatorios y la concerniente a los derechos humanos.

Magistrado Miguel Ángel Aguilar:

Actualmente se ha estado reflexionando en torno a la ética de los operadores en el nuevo sistema penal. En este sentido, el interés se vierte sobre problemáticas relativas a la ética judicial y el juez, la perspectiva de las relaciones públicas y el acceso a la justicia. Al trabajo realizado en la capacitación y sensibilización en materia de ética, han de sumarse esfuerzos análogos para asumir la corresponsabilidad de todos los impartidores de justicia en la promoción de los derechos humanos. Ofrecimiento de participación: como investigador honorario

Doctor Eduardo Preciado:

Es importante hacer hincapié en cuatro temas que vinculan la ética con la reforma en materia de derechos humanos: i) los fines, principios y criterios éticos que se encuentran en nuestro sistema jurídico; ii) los conceptos fundamentales de la reforma constitucional; iii) el examen de las normas que regulan la materia, y iv) la técnica empleada para la efectiva materialización de los derechos. En este sentido, el tema de la persona y sus exigencias ontológicas resulta central, incluso como preámbulo indispensable para entender los principios y virtudes del juzgador. Este esfuerzo reflexivo puede dirigirse a través de las Casas de Cultura Jurídica, del Instituto de la Judicatura y de las propias Universidades. Propuesta respecto del horario: Solicitud de que las reuniones sean más temprano.

Doctor Javier Saldaña:

En torno a la dinámica del Seminario resulta importante definir algunas cuestiones:

i) el tema de la promoción de la reforma constitucional en materia de derechos humanos es, sin duda, importante, pero ¿éste será el eje central de reflexión en el Seminario?; ii) si el Seminario tiene como objetivo delinear algunos argumentos con miras al Congreso, sería conveniente fijar un tema en común, y iii) de qué manera los trabajos del Seminario pueden capitalizarse en los espacios editoriales que ofrece el Instituto. Valdría la pena considerar ¿cuál es la vinculación existente entre la reforma constitucional y la ética judicial?, ¿cómo vincular el tema de los derechos humanos con los códigos de ética? Parece que el tema de la ética en las propuestas vertidas queda un poco relegado. En este sentido, sería conveniente buscar un vínculo entre los derechos fundamentales y el tema de los códigos de

ética, en temas puntuales, como el de las implicaciones éticas que acarrea hoy el nuevo sistema penal acusatorio.

Ministro en retiro Mariano Azuela:

En el provechoso ambiente de colaboración de esta primera reunión se buscó, como puede apreciarse, un primer acercamiento a través de lo que coloquialmente se conoce como “lluvia de ideas”. Corresponderá al Instituto aprovechar y organizar estas valiosas ideas y sugerencias, a efecto de lograr establecer una agenda más acabada para la dinámica del Seminario. Desde luego, el compromiso es claro: buscar una mejor justicia. Sin embargo, el problema es que existe una gran reforma que puede perfeccionarse y que demanda cambios estructurales. Hoy, la reforma puede acarrear situaciones contradictorias a las que se enfrentarán los jueces; abrir las posibilidades en materia de derechos humanos puede conducir a un riesgo para los propios derechos fundamentales. En este sentido, el Seminario buscará contribuir en la formación de ciertas guías para la implementación de la reforma; mostrar a los jueces cierta orientación respecto de qué pueden hacer, cómo pueden hacerlo y la motivación para verdaderamente hacerlo.

Retomando las propuestas vertidas pueden establecerse los siguientes puntos:

1. El eje temático del Seminario “Derechos humanos y justicia” es la reforma constitucional en materia de derechos humanos

epistemológico buscará establecer los vínculos entre los

2. El enfoque

derechos humanos, la argumentación y la ética judicial

3. El enfoque metodológico buscará relacionar estrechamente la dimensión

teórica y práctica de la materia

4. Dentro de los temas específicos destacan:

a. Teóricos:

i. La dignidad de la persona como fundamento de los derechos humanos

ii. Los principios de los derechos humanos

b. Prácticos:

i.

Responsabilidad del Estado frente a resoluciones de la Corte Interamericana y Reparación del daño

ii.

Acceso a la justicia y discriminación de grupos en situación de vulnerabilidad

iii.

Interés difuso y acciones colectivas

iv.

Control de la convencionalidad y control difuso

v.

Aplicación del derecho internacional de los derechos humanos

vi.

Métodos de interpretación en materia de derechos humanos

vii.

Derechos económicos, sociales y culturales

viii.

Derechos ambientales

ix.

Trata de personas y discriminación por género

LA DIGNIDAD HUMANA

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 13 de marzo de 2012

Artículo sobre “La dignidad humana”

DIÁLOGO SOBRE LA DIGNIDAD HUMANA

Ministro en retiro Mariano Azuela Güitrón:

Para dar inicio a los trabajos de la segunda sesión del Seminario de Derechos humanos y justicia es pertinente hacer una reflexión previa. A menudo, temas como el que será tratado en esta sesión, derivan en profundas discusiones. El problema de este tipo de discusiones es que, en algunas ocasiones, se dirigen a conseguir una victoria argumentativa, corriendo el riesgo de cerrar la comunicación y caer en posiciones ideológicas. En este sentido, parece que una vía más conveniente para acercarse a temas como el de la dignidad humana es el diálogo, a efecto de enriquecer y nutrir las reflexiones. Esto debe tomarse en cuenta, en tanto el Instituto ha tenido siempre como filosofía la apertura a la pluralidad. Existen muchas formas de pensar y posiciones ideológicas. El secreto para una conducta ética es que desde el propio punto de vista se llegue al convencimiento. Esta es la invitación inicial que el Instituto hace para abrir los trabajos de esta segunda sesión.

Doctor Francisco Dorantes Díaz:

Dada la amplitud y complejidad del tema, se proponen algunas líneas generales que pueden ayudar a la discusión. La noción de dignidad humana nace, como expresión discursiva, a partir del holocausto. Dos constituciones fueron las pioneras en consagrar expresamente esta noción: la Constitución de Bönn y la Constitución Española. En este sentido, es claro que la dignidad humana se trata de un principio y un derecho constitucional. A partir de esta consideración, pueden generarse problemáticas diversas: ¿Qué derechos integran a la dignidad?, ¿cómo debe interpretarla la SCJN?, ¿cómo ha sido interpretada por otros tribunales?, ¿cómo puede invocarse ante dichos tribunales? No son preguntas con respuesta definitiva. Es un tema complejo. Se trata de una dignidad asumida y reclamada por los individuos, aunque algunas perspectivas sostienen que sólo se da a través de un enfoque comunitario, esto es, es la comunidad la que la reconoce. Como principio, se debe recordar que existen dos tipos de interpretación genérica constitucional: i) una restrictiva, que busca simplemente garantizar el respeto a la dignidad en el sentido de no violentarla, y ii) una extensiva, que se dirige a fomentar la dignidad a través de medidas activas. ¿Cuál sería la interpretación que habría de darse al párrafo 5º de la Constitución?, parece que restringir la dignidad a la no discriminación sería limitado.

Doctora María del Carmen Platas:

Reafirmando la intensión de construir los causes del diálogo, se pueden realizar algunas reflexiones. Aristóteles sostiene que el debate es la retórica de los necios, pues quienes debaten no tienen intensión de apertura. Lo propio de quienes buscan la verdad es el diálogo, la escucha respetuosa y humilde de quienes saben que no poseen la verdad. Este es un principio fundamental para lograr el respeto. El tema de la dignidad ha entrado hoy en nuestras reflexiones a partir de la reforma constitucional en materia de derechos humanos, pero el tema es tan antiguo como las reflexiones filosóficas y antropológicas que sobre la persona existen. Si se acude a la etimología, la noción de dignidad remite a la jerarquía, a

la superioridad del hombre respecto de otros seres. No obstante, la noción de jerarquía se transforma en una nueva noción, la de alteridad, cuando se habla de la relación de los seres humanos con aquellos que comparten una naturaleza común. De aquí se sigue que el fundamento de la dignidad se basa en la posibilidad de ser un ser racional, volitivo y libre. Ciertamente, a esta consideración se le presentan problemáticas respecto de ciertos casos específicos, como el de los no nacidos, los que presentan algún retraso mental, los que se encuentran carentes de conciencia. No obstante, si bien la racionalidad puede encontrar disfunciones en casos determinados, esto no pone en entredicho la condición de ser superior. La dignidad nos hace saber que frente a los otros seres humanos estamos siempre frente a un sujeto, nunca frente a un objeto. La persona siempre es el sujeto del derecho, nunca puede alienarse, incorporarse al patrimonio de nadie. Ser conscientes de estas cuestiones y actuar en consecuencia es reconocer la dignidad. En este acto explícito se reconoce la alteridad y esa condición de superioridad respecto de otros seres. En este sentido, la reflexión filosófica ilumina la reflexión jurídica. La noción de dignidad humana que hoy se incorpora al texto constitucional, en el fondo recoge una larga tradición. Por ello, la Constitución, que dentro de su estructura contempla una parte dogmática y otra orgánica, incorpora en la primera de ellas el reconocimiento de estos límites, lo que significa una preeminencia de la persona respecto de la organización política. La centralidad del discurso es en torno de la persona. De aquí se sigue el principio pro homine. Esto es un reto para juzgadores, académicos y postulantes. La reforma de junio de 2011 abre un cauce de reflexión que propicia una vía de reconciliación entre la filosofía del derecho y el derecho positivo. Todos los seres humanos se deben alteridad: el respeto recíproco de esta condición de superioridad respecto de los otros seres.

Magistrado Walter Arellano:

El de la dignidad humana es, ciertamente, un tema actual. No obstante, debe considerarse que la reforma constitucional de 2011 tiene un antecedente. La expresión dignidad, en nuestro sistema jurídico, tiene una tradición desde principios del siglo, ligada a la protección de los pueblos indígenas. La dignidad, incorporada en aquel contexto al artículo 2º, se contemplaba como una garantía de igualdad. Desde entonces se estaba en condiciones de generar una reflexión intelectual al respecto. Cuando se busca el significado de dignidad, los filósofos son quienes han aportado mayores reflexiones. En efecto, parte central de la filosofía se ha encaminado a reflexionar sobre la naturaleza del ser humano. No obstante, también en el campo jurídico se ha vertido la preocupación por la noción de dignidad. Desde Roma, existe una protección amplia que mira a la dignidad del ser humano. Hoy, se puede ver el manejo del concepto de dignidad en algunas jurisprudencias. Es el caso de las tesis que se han puesto a su consideración. En una de ellas, la I.5o.C. J/30 (9a) de rubro DIGNIDAD HUMANA. DEFINICIÓN, se propone como definición de dignidad: “…es el origen, esencia y fin de todos los derechos humanos”. Es insuficiente, pero es uno de los primeros acercamientos desde la perspectiva jurisprudencial, un esfuerzo por tratar de construir una noción jurídica. Otra tesis, la I.5o.C. J/31 (9a) de rubro DIGNIDAD HUMANA. SU NATURALEZA Y CONCEPTO, sostiene que la dignidad es un principio en virtud

del cual se reconoce una calidad única y excepcional al ser humano por el simple hecho de serlo. Se debe encontrar una racionalidad de la fundamentación epistemológica de los derechos humanos. Existe una tendencia de los constitucionalistas modernos a afirmar que la Constitución de 1917 no es diversa de las anteriores. La dignidad no es un derecho, sino el fundamento y base de todos los derechos humanos. El asunto toral es usar un criterio de racionalidad y de razonabilidad para descubrir, en cada caso, en qué radica la dignidad misma de la persona, así como cuál es la manera de lograr la mayor protección de la misma. En este sentido se considera que no era necesaria una reforma para hacer operativa la dignidad y los derechos humanos.

Doctor Eduardo Preciado Briseño:

Desde la perspectiva del realismo jurídico filosófico, la dignidad humana posee una gran relevancia. Desde esta perspectiva, la dignidad se encuentra referida al hombre y no a la persona jurídica (entendida como ente sujeto de derechos y obligaciones), concepto este último que incluye a las personas jurídico-colectivas. La persona, en el sentido relevante para la consideración de la dignidad humana, es una realidad, un individuo que singulariza la razón, la voluntad, la libertad y la sociabilidad. Por ello, este hombre es el sujeto de todo ordenamiento jurídico. Recordemos que el derecho natural es el conjunto de principios y criterios evidentes, que constituyen el fundamento del derecho y que se basan en las exigencias ontológicas de la naturaleza humana. Esas exigencias inciden, precisamente, en el respeto de su racionalidad, de su libertad, de su sociabilidad, etc. En este sentido, se considera que para abordar el tema de la dignidad, es necesario hacer referencia a la noción ontológica de persona y a sus exigencias, para de ahí partir hacia una correcta interpretación jurídica. Se propone, en definitiva, un abordaje de la dignidad a partir de las exigencias ontológicas de la persona humana.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

Las aportaciones hasta aquí vertidas respecto al tema de la dignidad son muy relevantes, sin embargo, se podría sugerir una distinta alternativa. En primer lugar, se puede considerar a la dignidad como un concepto indeterminado al que se han pretendido atribuir diversos significados. ¿Qué es la dignidad?, es una interrogante compleja. En el evangelio se encuentra una respuesta: querer para el otro lo que yo estaría dispuesto a exigir y aceptar para mí. Otros, han considerado que es un principio implícito desde la revolución francesa, que se proyectaba a través de la fraternidad, la libertad y la igualdad, valores que pretendían dar una eficacia real a la dignidad. Aquí se propone un enfoque más pragmático, bajo el enfoque filosófico del realismo. La pregunta, en este sentido, se reformularía más bien en los siguientes términos: ¿Qué se puede exigir al gobierno y a la sociedad como conducta digna? Parece que el concepto dignidad es una especie de directriz, pero es ambigua. Implica, ciertamente, buscar las mejores condiciones posibles para generar el mejor bienestar de las personas. En este sentido, las exigencias dependen de las condiciones posibles en cada cultura, en diferentes momentos y circunstancias. ¿Cuáles han sido los criterios actuales de utilidad del tema de la dignidad? Existe un territorio en torno a la justiciabilidad de los derechos

económicos, sociales y culturales (DESC), donde se puede encontrar una aplicabilidad de la dignidad en casos específicos. El derecho a la salud, a la asistencia, etc., se ha resuelto en tribunales argentinos a través de razonamientos que han generado medidas positivas (lo que resulta relevante, pues se pueden explorar vías idóneas para desarrollar en los jueces mexicanos habilidades para este tipo de razonamiento). La Asamblea General de la ONU, ha emitido resoluciones que se encaminan no sólo a reparar e indemnizar, sino a buscar la satisfacción y medidas positivas para evitar conductas negativas que afecten los derechos humanos (y en este sentido, la dignidad). Establecer medidas positivas en las sentencias judiciales, es tomarse en serio la obligación constitucional de responsabilidad y reparación en materia de derechos humanos. Esta es una forma de aterrizar la dignidad. El tema de la dignidad se puede equiparar al tema de la moral. ¿Cuál es la dignidad pública o la moral pública para efectos concretos? Conocer los criterios de otros tribunales y desarrollar las habilidades para ese tipo de razonamientos es, al parecer, muy conveniente, pues puede ayudar a conocer eso que se ha denominado aquí la dignidad pública. Esto llevará a entender de mejor manera el bloque de constitucionalidad. Una pregunta que podría ser pertinente es: ¿cuánto cuesta la violación de derechos fundamentales?, porque si dicha violación no parece implicar costos, entonces se generan las condiciones para su violación. Es importante entonces estrechar esta brecha entre la reflexión y la práctica. Las acciones colectivas, por ejemplo, llevaran a los jueces a tener que resolver sobre políticas públicas, lo cual puede ser positivo. Se deben buscar interpretaciones más amplias para proteger los derechos y evitar la vulneración de los mismos. Esta es una vía de relacionar la dignidad con el principio pro persona. El modelo garantista se debe ir construyendo para encontrar las mejores soluciones para los casos concretos, para ir creando una cultura de respeto a los derechos humanos. Perelman observa que el sistema jurídico es dinámico. Hoy se cuenta con herramientas y con la obligación de proteger los derechos fundamentales. Hay que cambiar la actitud no garantista de los jueces. Más que buscar nuevas estructuras se debe crear una nueva funcionalidad.

Maestro Jaime Laines:

En la línea de la tradición filosófica occidental, se debe afirmar la dignidad de la persona, justamente en su calidad de persona. Debemos recordar que la persona es fin en sí misma y nunca puede ser utilizada o instrumentalizada por otra. Los derechos son la mediación para la realización de la persona en su dignidad. Como afirma la doctora Adela Cortina, la naturaleza de los derechos humanos radica en ser exigencias morales, que cualquier ser humano presenta y que deben ser respetadas, si se quiere estar a la altura de la propia dignidad. En este sentido, ninguna comunidad puede establecer algo contrario a la dignidad. Desde la experiencia específica de trabajo en torno a la trata de personas y la explotación sexual, se ha subrayado esta clave ética de la dignidad. Lo contrario de un sujeto moral es un objeto y la trata de personas precisamente se dirige a disminuir la subjetividad de las personas que la sufren. La trata busca cosificar al individuo y negar su calidad de persona para que no pueda responder humanamente. En toda violencia, lo que se busca es quitar esta cualidad de persona. El holocausto, que como se ha mencionado puede considerarse como el punto de nacimiento de la

“escritura de los derechos”, es otro ejemplo de esta dinámica de cosificación: en los campos de concentración se buscaba quitar la identidad, al asignar a cada ser humano un número de identificación. Es el mismo esquema de violencia que utiliza la trata de personas. Sin embargo, debemos enfatizar que pese a esta agresión, las víctimas son personas que mantienen su dignidad. Por ello, se ha de buscar, en primer lugar, la reivindicación de la cualidad de persona para, posteriormente, estar en posibilidad de exigir los derechos.

Doctor Raúl Perez Johnston:

Aun cuando la dignidad es un concepto jurídico indeterminado, más que un derecho sustantivo, se debe considerar a la dignidad como un presupuesto constitucional de todos los derechos. El art. 1 de la Constitución de 1857, reconocía a los derechos del hombre como la base de todas las instituciones. Así se debe ver a la dignidad, como una manifestación de núcleos irreductibles de los derechos, un mínimo vital. Esto lleva nuevamente a la consideración de la dignidad como un concepto ontológico. Pero aquí surge precisamente el problema en la reflexión: ¿Qué hace que una persona sea persona y qué hacer ante una colisión de derechos?, ¿cómo delimitar el mínimo vital frente a la colisión de derechos? No se puede establecer un principio dogmático en torno a la noción de dignidad, esto es, no se puede decir dogmáticamente y de manera definitiva qué es la dignidad. Ante esto, una vía que parece más adecuada es la de atender al caso específico a efecto de que, en dicho caso, se logre una mayor concreción de la dignidad. Si esto es así, la tendencia a la positivización de la dignidad podría resultar, en un cierto sentido, peligrosa porque puede generar una devaluación del concepto y derivar en una especificación que dificulte la interpretación. Por ejemplo, en la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos la noción de dignidad aparece en el art. 2, referida a la dignidad de las mujeres indígenas, mientras el art. 3, ubica la noción de dignidad en el marco de la educación y el art. 4, alude al derecho a una vivienda digna. Si la interpretación de los jueces circunscribe la noción a los supuestos específicos (mujeres indígenas, vivienda, educación), podría caerse en una restricción peligrosa de la dignidad. No debe restringirse la dignidad de la persona, por ejemplo, sólo a la educación.

Doctor Felipe Ibañez:

Se ha hablado de lo terrible de la cosificación de la persona. En este sentido, sería conveniente considerar hasta qué punto se cosifica a las personas con su hacinamiento en las prisiones. En la actualidad, todos los delitos son considerados como graves por el ordenamiento penal y el derecho a la libertad condicional resulta prácticamente inexistente. Las penas elevadísimas rompen con el fin de la pena, que es esencialmente la búsqueda de reinserción en la sociedad. En este sentido, si el propósito es permear en la sociedad el respeto a la dignidad, es preciso reconsiderar el funcionamiento de las instituciones, que parecen seguir una lógica contraria a los derechos humanos, no obstante la reforma en pro de los mismos. Muy pronto se podrá observar el incremento de los tipos penales y, en época de campañas electorales, propuestas a favor de la pena de muerte e incremento de penalidades. Es importante detenerse a pensar que, si se trata a

los seres humanos desde su primer estadio (cuando es “molesto” embrión), como desechables, no habrá respeto posible a la dignidad.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

Para los filósofos es claro que al lidiar con conceptos como el de la dignidad humana, no se busca una definición de los mismos. También es claro que alcanzar una definición, no bastaría para resolver los problemas que se suscitan en su entorno. Se trata de un concepto esencialmente controvertible (es decir, sobre el cual, no obstante que la gente tenga ideas similares, resulta difícil determinar acuerdos). Las “historias” sobre el concepto de dignidad son ensayos de acercamiento que suelen fracasar. Pero en los errores queda algo importante. Para los filósofos no se trata de dar un concepto definitivo, para hoy y para siempre, sino de construir concepciones de este concepto, teorías sobre cómo debe funcionar una noción como la de la dignidad, cuáles serían los elementos centrales para entender esta noción. En este sentido, las diferentes nociones construidas a través del tiempo, los diversos acercamientos, han presentado algunos problemas. Los acercamientos más comunes a la noción de dignidad son aquellos que la ligan a la noción de jerarquía, sin embargo, esto no ayuda en casos concretos para determinar cuál es el trato que se considera digno. Otro acercamiento ha insistido en la noción central de respeto, sin embargo, si esta última noción no se elabora, resulta también vaga, pues nadie aceptaría una violación a la dignidad cuando se falta a ciertas reglas de cortesía, por ejemplo. La noción de daño es otra noción importante relacionada con la dignidad (sustentada sobre todo por teorías liberales), pero también debe afinarse. El daño lleva a otra noción importante que es la de humillación: todo trato humillante es un trato indigno, pero aun en este caso, tendría que definirse qué cuenta como trato humillante; por ejemplo, la Corte colombiana decidió, respecto de un caso en una comunidad tradicional, que la pena de azotes no era humillante. El concepto parece “escurridizo” para dar respuesta a los casos específicos. Las ideas referidas a la dignidad, también están relacionadas con la idea de autonomía. Esta perspectiva que liga a la dignidad con la autonomía es de las más fuertes, el problema es que, al centrarse en ciertas capacidades racionales y volitivas del ser humano, se enfrenta a retos importantes cuando se trata de personas en estado vegetal o de embriones, por ejemplo. Para estas teorías, en estos casos, no sería estrictamente aplicable la noción de dignidad, al menos no la de los seres humanos entendidos como personas morales. Una interesante reflexión al respecto la efectúa el profesor Carlos Nino en su obra Ética y Derechos humanos. Frente a todo lo anterior, resulta pertinente preguntarnos: ¿para qué puede servir a los juzgadores la inclusión constitucional del concepto de dignidad (tan vago)? La respuesta tiene que ver con un rechazo al formalismo como forma de interpretar el derecho. Un grave problema en México es que los juzgadores son demasiado formalistas y pierden de vista la centralidad de la persona y de sus derechos. El denominado Caso Cassez, por ejemplo, demuestra la manera en que los jueces optaran por minimizar las violaciones procedimentales, mientras que el Ministro ponente sugiere una postura contraria. La función de la dignidad es precisamente dar argumentos a los juicios de valor a efecto de darle centralidad a los derechos de las personas. Ciertamente dichos derechos ya se encontraban en

nuestro sistema jurídico, pero parece que necesitaban un recordatorio. La importancia de un concepto tan vago no se dirige a la pretensión de que los jueces le otorguen un contenido preciso (cuando los filósofos han fracasado), sino que sirva como criterio normativo, rector en su argumentación, para dar centralidad a la persona.

Magistrada Adriana Campuzano Gallegos:

Como juez es complicado hablar de estos temas en los Tribunales. Un ejercicio interesante resultó de preguntar al personal del Tribunal su opinión en torno a la dignidad: las reacciones son evocativas, pues en primer lugar se cuestionó la relación de la pregunta con el trabajo cotidiano. ¿Cómo es posible que en el ámbito judicial, dedicado a trabajar en la defensa de los derechos humanos, no se tenga un concepto habitual de la dignidad?, ¿cómo es posible considerar a la noción como si se tratara de un concepto ajeno? Un concepto como este, en la Constitución, sirve para hacer reaccionar a los jueces. En efecto, representa la exigencia del reconocimiento del otro como un ser libre, volitivo, responsable y social. Ciertamente existen argumentos que advierten de su falta de operatividad en la realidad, en ciertos casos y en determinadas épocas. Pero al margen de esto, al juez puede servirle como referente, si bien no para todos los casos, sí para la mayoría. La incorporación de la noción de dignidad representa una necesidad de regresar al concepto de origen para fortalecer el discurso jurídico. No sólo remite a quienes acuden a los tribunales (justiciables) sino a los jueces como personas dignas. En este sentido, se pueden enfocar tres preguntas relativas a la dignidad en diferentes aspectos: En primer lugar, resulta pertinente preguntarse ¿cómo se está funcionando como persona y reflexionar sobre cuál es nuestra conducta, como individuos? En segundo lugar, resulta conveniente enfocar la pregunta en relación a los justiciables, ¿estamos respetando la dignidad de los que acuden a nosotros como juzgadores?; aquí puede ser válida la reflexión en torno a si considerar los expedientes en términos numéricos con su específico número asignado- no implica, en cierta forma, una cierta cosificación de los justiciables; es importante darles rostro a los justiciables, no juzgarlos como cosas o como números, actitud que lleva a olvidar que los justiciables son personas. En tercer lugar, la pregunta por la dignidad también debe dirigirse a las relaciones con los que trabajan en la institución, pues son determinantes de que la justicia se logre, ¿estamos respetando la dignidad de nuestros compañeros y colaboradores?; frecuentemente se olvida que una parte importante es la plenitud de quienes trabajan en la labor de impartir justicia: dar tiempo para el descanso, para el desarrollo personal y para la familia son aspectos importantes que inciden en el trato digno a los colaboradores y compañeros.

Maestro Luis Miguel Cano:

Resulta importante subrayar la idea de concebir a la dignidad humana como uno de los fundamentos de los derechos humanos. Este aspecto teórico es toral, pero también resulta relevante reflexionar en torno a la aplicación práctica de la dignidad: ¿cuáles son las consecuencias jurídicas de introducir el término en nuestro trabajo?, ciertamente no es un asunto sencillo. Puede pensarse que la dignidad tiene que ver con las condiciones de ciertos grupos específicos: las

personas migrantes, con las personas en situación de calle, con las mujeres, etc. En la práctica el tema es más polémico: se pueden defender dos posturas basadas en la dignidad, por ejemplo, el relativo al tema del aborto, donde algunos defienden la libertad de la mujer a tomar dicha determinación basados precisamente en su dignidad humana y, otros, fundados en el mismo principio de dignidad, asumen la defensa del producto de la concepción y, por tanto, la no interrupción del embarazo. En la práctica la dignidad es introducida en la Constitución de manera genérica en el artículo primero, para aludir a la no discriminación, pero también es introducida constitucionalmente en la forma de adjetivo jurídico: por ejemplo, en la educación, la vivienda y el salario. En este último sentido, la dignidad también debe dotarse de un contenido. Al margen de definir qué es dignidad, es importante dar contenido a estas expresiones vinculadas a la protección de derechos humanos; por ejemplo, es importante ir determinando en la práctica qué implica la vivienda digna: no es, ciertamente, una vivienda sin servicios, una vivienda sin techo, etc. Es importante reconocer que la dignidad puede funcionar como principio o como regla. En los artículos específicos en los que se presenta como adjetivo, la dignidad funciona como regla, aunque puede incluirse como principio. En este último sentido, el principio de dignidad tiene tres usos: i) la dignidad, como una noción enfrentada a la imposición; ii) la dignidad, como un principio en el que debe incluirse la participación de las personas, y iii) la dignidad como especificación, esto es, como derechos que son específicos a ciertas personas y que no se pueden entender si no se tiene la empatía con ciertos grupo. Por esta complejidad, la dignidad se vuelve relevante en la argumentación. Debemos ser muy conscientes de que introducir la dignidad, no busca cerrar los argumentos, sino abrir la argumentación.

Magistrado Miguel Angel Aguilar:

En el marco del sistema acusatorio y oral, resulta una idea compartida en Latinoamérica, que el éxito y pleno funcionamiento del mismo depende de poner en el centro el respeto a la dignidad. Por ejemplo, la noción de dignidad se encuentra presupuesta en la presunción de inocencia, que a su vez se consideraba como un principio implícito en el sistema jurídico. En junio de 2008, dicho principio de presunción de inocencia se establece de manera explícita. Pero a cuatro años de su incorporación explícita, valdría la pena preguntar en la realidad ¿qué tan efectivo es el principio de presunción de inocencia en el sistema de justicia penal en México? Si la dignidad es el fin o la esencia del ser, el problema surge cuando parece presentarse un divorcio con la realidad. ¿Cómo lograr encontrar el amalgamamiento, la armonía, ante esta contraposición?, ¿qué se debe entender por persona y por dignidad? Se considera que estos temas no deben ser formales e indiscutibles. En la realidad permea la devaluación de la persona y esto debe superarse para actualizar el principio de dignidad.

Maestro Eber Betanzos Torres (miembro del Instituto):

Es importante subrayar el aspecto universal de los derechos humanos, que radica precisamente en la dignidad humana. El reconocimiento de lo anterior deriva de una realidad muy simple: el hombre es universal. Es importante también considerar los diversos factores en los que incide la dignidad. En primer lugar, el

factor axiológico: entender a la dignidad como aquello que dota de valor al ser humano. En segundo lugar, el factor filosófico: en la dimensión trascendente del ser humano, la dignidad reconoce en el hombre su trascendencia. En tercer lugar, el factor jurídico: dimensión exterior e interior que impacta en la dignidad (por ejemplo, una persona violada en su aspecto interior no es menos digna, pero en su aspecto exterior requiere una reparación).

Doctor Francisco Xavier Sanchez:

Coincidiendo, en gran medida, con muchas de las reflexiones aquí vertidas, es pertinente regresar a una pregunta inicial: ¿en qué consiste la dignidad?, hay quienes la basan en la razón (argumento racionalista), hay quienes ven en el hombre la imagen y semejanza de dios (argumentación teísta). Pero ¿cómo encontrar una definición en la que se coincida, creyentes y no creyentes, racionalistas y no racionalistas? Parece que un punto de partida adecuado es considerar que en la base de la dignidad está el hecho mismo de ser humano, en otras palabras, el hecho de que el ser humano no es un objeto. Levinas, por ejemplo, demuestra que la razón no es la base de la dignidad humana sino la bondad. El ser humano no es un objeto, pero esto no se debe a su capacidad de racionalizar, sino al hecho de que constituye un rostro que llama al servicio. Independientemente de ser creyente hay algo que nos puede unir: el respeto al otro, que se traduce en la idea de alteridad, ese respeto primero que se debe al otro.

Maestro Cesar Olmedo:

Las reflexiones compartidas han sido muy interesantes, pero es importante también señalar la otra cara de la noción de dignidad. Por ser una noción hasta cierto punto indeterminada, la dignidad puede representar un cheque en blanco a la arbitrariedad del juez. Kelsen, por ejemplo, advertía esto desde 1928. Toda regla de derecho puede ser justificada por una de las tantas teorías posibles: en este sentido, nociones como equidad, igualdad, libertad, etc., pueden resultar peligrosas. Para evitar estos riesgos, parece pertinente no perder de vista que la dignidad se encuentra siempre en relación con otros derechos.

Ministro Mariano Azuela Güitrón:

Es importante hacer un reconocimiento a todos los expositores que se han mantenido en el cauce del diálogo respetuoso. Ha sido una extraordinaria sesión, en la que se ha podido observar una pluralidad de enfoques. En este sentido, la última aportación del Maestro Olmedo resulta muy relevante, porque complementa los posibles enfoques sobre un tema tan complejo. En este último sentido, se debe recordar que desde el ángulo del juzgador, cuando las dos partes reclaman el derecho a que se velen sus derechos, puede generarse una preocupación legítima ante una situación tan abierta. Una situación de justicia puede provocar terribles injusticias. Recordemos que la seguridad jurídica es también un importante valor que gira alrededor de principios procesales que no deben ser totalmente abandonados, si no se quieren asumir importantes riesgos. Detrás de temas profundamente subjetivos pueden esconderse temas incluso de inmoralidad. En este sentido, vuelve a ser relevante la consideración de los casos concretos que

permitirán ir precisando el alcance de aspectos difíciles de prever en la actualidad. Por ello, la interpretación jurisprudencial ocupa un lugar central para ir definiendo los causes adecuados en estas materias. Debemos servir a la comunidad, dar elementos para que estas reflexiones se traduzcan en la realidad, para que se traduzcan en la recta impartición de justicia.

Conclusiones:

1. La noción de dignidad es difícil de determinar, por lo que más allá de buscar una definición precisa, debe asumirse su relevancia como principio y fundamento de los derechos humanos

2. La dignidad pone en el centro de la reflexión jurídica (y de la labor jurisdiccional) la importancia de la persona humana

3. La incorporación de la noción de dignidad humana en el texto Constitucional, sirve a la práctica jurisdiccional como elemento normativo y como guía para su actuación

4. No obstante su complejidad, no se puede renunciar a ir determinando las implicaciones de la dignidad, a efecto de contribuir a la justiciabilidad de los derechos humanos

5. En esta determinación del principio de dignidad, la consideración de los casos concretos es esencial, por lo que la jurisprudencia tiene un papel central en el rumbo que se adopte

CARACTERÍSTICAS DE LOS

DERECHOS HUMANOS

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 10 de abril de 2012

Artículo sobre las “Características de los derechos humanos”

DIÁLOGO SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS DERECHOS HUMANOS

Doctor Felipe Ibañez:

Según Miguel Carbonell, los derechos fundamentales están consagrados en la Constitución y está los dota de un estatuto especial. Esta cualidad especial, obliga a observarlos desde cuatro dimensiones. En primer lugar, es pertinente la reflexión en torno a los derechos fundamentales desde la perspectiva de la dogmática jurídica, por estar consagrados en los textos constitucionales y tratados internacionales. En segundo lugar, desde la perspectiva de la teoría de la justicia, se puede ubicar la pregunta en torno a ¿cuáles son los derechos fundamentales? En tercer lugar, la reflexión de los derechos fundamentales se puede hacer desde la perspectiva de la teoría del derecho. Y, en cuarto lugar, desde la sociología jurídica, a efecto de observar su efectividad en la realidad social. Además, se debe distinguir entre tres importantes conceptos: garantías individuales, derechos fundamentales y derechos humanos. Para el maestro Fix-Zamudio, la garantía es el medio para hacer efectivos los derechos. Los derechos fundamentales, por su parte, son una noción que aparece en el contexto de la Revolución francesa. Finalmente, los derechos humanos son una categoría más amplia, asimilable a los derechos morales. Esta distinción puede parangonarse con la de deberes éticos y deberes morales. Los derechos humanos son el conjunto de facultades que en cada contexto histórico les son reconocidas a las personas. Todos los derechos fundamentales son derechos humanos positivizados. La distinción conceptual entre derechos humanos y derechos fundamentales puede resultar importante. Perez Luño, en este sentido, utiliza el ejemplo del apartheid, donde ciertamente existieron violaciones a los derechos humanos, aunque no necesariamente a derechos fundamentales, pues la segregación en el sistema jurídico de aquellos países no era un acto violatorio de derechos fundamentales. En el caso de México, se podría establecer una distinción similar referida a los derechos del inculpado en materia penal: anteriormente el derecho del inculpado a no declarar en su contra era reconocido; posteriormente se consideró a la declaración primigenia (aun ante autoridades distintas de la judicial y sin presencia de abogado) como la jurídicamente válida, por lo que si bien no se violentaban derechos fundamentales, si existía una afectación a los derechos humanos. Afortunadamente esto se modificó, para exigir en las declaraciones la presencia de autoridad judicial y del abogado. Esta es la diferencia que ofrece Miguel Carbonell en torno a estos tres conceptos.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

Se ha repartido a los asistentes una tesis que recientemente se aprobó en el tribunal del que formo parte, relativa a la posibilidad de que las personas jurídicas se consideren como titulares de derechos humanos. En dicha tesis se pretendió dejar testimonio de ideas que serán de uso constante en nuestra labor a partir de las reformas en la materia. En lo relativo a la interpretación, se buscó privilegiar el criterio más amplio, esto es, una interpretación finalista y expansiva, lo que implica asumir el principio pro persona. También se recuperó como sustento el concepto de bloque de constitucionalidad, donde no sólo se incluyen los derechos

fundamentales de la constitución, sino también los comprendidos por los tratados internacionales. En este último sentido, se consideró que este bloque de constitucionalidad no debía tener en cuenta sólo el texto de los instrumentos internacionales, sino también la interpretación de las convenciones realizada por los organismos internacionales, especialmente aquellas interpretaciones efectuadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El corpus iuris del derecho internacional de derechos humanos es una noción que empieza a tomar centralidad. En este sentido, la Convención Europea de Derechos Humanos parece por lo menos moralmente obligatoria para México, desde el momento que nuestro país se encuentra comprometido en un tratado de libre comercio con Europa. La relevancia de tomar en cuenta estos instrumentos se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en el asunto de Cantos vs Argentina, donde la Corte Interamericana cita la Convención Europea. Tres temas parecen relevantes: i) la distinción conceptual entre derechos humanos, derechos fundamentales y garantías, es importante, pero sobre todo en su aplicación práctica; ii) el tema de la ponderación es un tema sobre el que se debe llamar la atención; iii) la cuestión de las omisiones y la acción insuficiente o defectuosa del Estado y hasta dónde puede ser exigible es otro tema toral: este aspecto está en el centro del tema del campo algodonero, por el deficiente diseño de políticas públicas en materia de seguridad. De estos tres temas surgen múltiples cuestiones: ¿Cómo se relaciona la cuestión de la acción insuficiente o defectuosa del Estado con la ponderación?, ¿cuáles serían los derechos fundamentales indisponibles, más valiosos (vida, integridad frente a tortura)?, ¿es factible, en determinados momentos, sacrificar estos derechos para proteger los derechos de otros (como en el caso de un avión secuestrado, en el que surge la posibilidad de derribar el avión a efecto de salvar a la población de una ciudad)?, ¿cómo proteger el debido proceso legal en materia penal, en donde entra en juego la teoría del fruto del árbol envenenado (principio que la propia corte norteamericana y los tribunales españoles han variado)? Este tipo de casos reales llevan a la reflexión respecto de ¿cómo se está ponderando?, ¿cómo se está conciliando?, ¿cómo encontrar las soluciones más adecuadas? A partir de la reforma, los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) van a poder ser enjuiciables y muchos de ellos se refieren a políticas públicas. En este sentido, surge la interrogante en torno a si los jueces estarán en capacidad de decidir casos en los que la políticas públicas estén siendo llevadas deficientemente. Estos actos antes no podían ser enjuiciables, pero ahora, con la reforma y el interés legítimo, se abre la puerta.

Doctor Juan Antonio Cruz:

Quisiera dividir la intervención en dos partes: la primera, relativa a algunos comentarios críticos a la tesis compartida por el Magistrado Tron Petit; la segunda, referida a algunas reflexiones en torno al tema de la sesión, a saber, las características de los derechos humanos. Respecto de la primera cuestión, se considera que no es correcta una interpretación extensiva de los derechos humanos a personas jurídicas (corporaciones), porque la idea está referida claramente, en los instrumentos internacionales, a los individuos. En mi opinión está mal usada la interpretación

extensiva. Si las personas jurídicas son titulares de derechos humanos, se abriría la puerta a exigencias por parte de estas, que pueden no necesariamente ser positivas. Referir que esta extensión se aplica en la medida que sea benéfica a sus intereses, es peligroso, porque los intereses de las personas jurídicas son corporativos. Lo que protegen los derechos humanos es a los individuos, aunque éstos formen parte de las personas jurídicas. Las personas jurídicas en determinados supuestos pueden hacer valer ciertos derechos consagrados en el pacto de San José, esto es correcto, siempre que estén en función de los derechos de los individuos que las conforman. Sobre la segunda cuestión, relativa a las características de los derechos humanos es pertinente observar lo siguiente. Tradicionalmente, cuando Locke escribe sobre los derechos naturales, les atribuye tres características: son naturales, inalienables y universales. Estas ideas, que fueron discutidas durante los siglos XVIII y XIX, se pueden utilizar aún hoy, a pesar de que algunas han entrado en crisis. La caracterización de los derechos como “naturales” ha sido prácticamente descartada en las teorías más sofisticadas. Sin embargo, las nuevas características como interdependencia, universalidad e indivisibilidad, incorporan en cierta forma las otras dos ideas de Locke. Respecto de la universalidad, se han vertido muchas teorías para tratar de determinar su significado. Ferrajoli dijo, por ejemplo, que la universalidad de los derechos es un predicado lógico, lo cual resulta cuestionable. Por otro lado, otros han afirmado que la universalidad se refiere al hecho de que los derechos humanos son derechos de todos. No obstante, frente a esta afirmación, se puede observar que algunos derechos humanos efectivamente son para todos, pero algunos otros, no son derechos de todos, sino de ciertos sujetos o individuos que se colocan en una determinada situación o que poseen una determinada característica (de indígenas, de mujeres, etc.) Algunos teóricos han practicado otra definición de la universalidad, por ejemplo, es universal cuando se pueden esgrimir razones que pueden valer en cualquier circunstancia o momento, cuando cualquier persona racional puede aceptar dichas razones. Esta explicación, más kantiana, que yo suscribo, puede ciertamente ser criticada de diversas formas. Hoy la reflexión en torno a la universalidad está en el centro y se contrapone, por ejemplo, con la pluralidad. Las ideas de la interdependencia y la indivisibilidad, son también complejas para la reflexión. Los derechos humanos son interdependientes, pero esto no significa que un derecho está relacionado con todos los derechos. El problema de la interdependencia es establecer qué derechos dependen entre sí. Este es un problema para efectos de la interpretación. Si son interdependientes, la interpretación sistemática del corpus de los derechos humanos es obligada. Son interdependientes en varios sentidos, pues pueden existir relaciones de concreción: unos derechos derivan de otros; relaciones conflictivas, en donde un derecho entra en conflicto con otros. Las relaciones de interdependencia no implica necesariamente que todos tengan que ser coherentes, algunas veces implica ponderación. Otra cuestión relevante es: ¿En qué se distingue la indivisibilidad de la interdependencia? Por otro lado, el concepto de progresividad es otra característica que hay que afinar. Es verdad que no se debe asumir una regresividad, pero, ¿la progresividad tiene que ver con garantizar los mínimos de los derechos humanos o los máximos?, ¿cuándo el Estado cumple, se puede

exigir más al Estado?, ¿cuál es el grado de exigencia que el criterio de la progresividad le pone al Estado?, ¿qué debe aplicar un juez cuando trata de rescatar la característica de progresividad? Desde luego, todas estas cuestiones pueden estar relacionadas con el tema de la acción insuficiente o defectuosa del Estado, a la que se ha hecho referencia. Hay que evitar usar estas ideas de manera vacía y retórica en el discurso.

Doctor Raúl Pérez Johnston:

Se realizarán unos breves comentarios en relación con la tesis que el Magistrado Tron Petit nos comparte. El tema de las personas jurídicas no se ha analizado en su dimensión correcta. Si bien es cierto que la creación de personas jurídicas deriva del derecho de asociación, no se puede negar que de acuerdo a los efectos jurídicos que se le otorgan, estas personas jurídicas pueden tener una cierta realidad independiente de los asociados. Si se atiende a la discusión que durante el s. XIX se realizó sobre este tema (abordado por Vallarta, Moreno Cora, Rodolfo Reyes, etc.), por ejemplo, en relación a la cuestión de la expropiación, se observaba que si bien el socio tiene derecho a percibir dividendos por sus acciones, en el caso de la expropiación no se le está privando del derecho de propiedad, pues quien efectivamente resultaba afectado es un ente jurídico producto de una creación artificial de la ley, y es esta persona creada quien resiente en sus intereses constitucionales resguardados. Partiendo de esa base, si bien es cierto que la Corte Interamericana no ha aceptado totalmente la legitimación de las personas jurídicas para reclamar derechos humanos, en México, al parecer se debería aplicar el estándar de mayor protección. Cambiar la palabra individuo por persona, como lo hace la reforma, puede responder precisamente a esta intensión de evitar interpretaciones que nieguen a personas morales el derecho que les protege el Estado. Un caso en el que resulten afectados los derechos de una gran corporación que cotiza en varias bolsas vuelve impráctico el pretender que los derechos afectados sólo son de individuos pues esto redundaría en el cuestionamiento de ¿quiénes son los legitimados para reclamar dicha afectación?; desde luego, para ello existe en estos casos la representación legal, por lo que hay que ser también prácticos en este aspecto, pues de lo contrario, se tendría que exigir una especie de class action en la que millones de accionistas promovieran la afectación.

Doctor José Ramón Narváez:

Hay un tema interesante que se ha tocado superficialmente, pero que se ha trabajado mucho: el tema de la historia de los derechos humanos. Los derechos se deben contextualizar. Lo anterior resulta relevante porque de no hacerlo, se puede caer en el problema de la discursividad de los derechos. Los derechos tienen una vida judicial, pero también existe un discurso en torno a los mismos. El discurso es intemporal, pero la realidad de los derechos no. Es importante contextualizar porque los derechos humanos, tienen una característica histórica específica: la universalidad. Los derechos del hombre, por ejemplo, no eran universales, sino que eran de los franceses. Es importante reflexionar ¿qué opinaban los teóricos en el s XIX respecto de la universalidad?, y contrastarlo con lo que opinamos ahora. La posmodernidad parece generar una especie de

incertidumbre, que nos caracteriza hoy. Lo importante es que no se caiga en la trampa de creer que, una vez que existen los derechos en el discurso, automáticamente se concretizan en la realidad. En realidad, existen en este sentido dos niveles de verificabilidad de los derechos. El discurso puede generar la vacuidad, la banalización. Y el gran riesgo es que al parecer, se sigue en un nivel discursivo. El discurso puede generar una especie de fetichismo. La idea de progresividad para la historia es interesante: la idea del progreso es moderna y tendríamos que cuestionarla. No necesariamente todo avanza. Por ello se debe ser cuidadoso de no caer en lo que critica Ana Pintore a través de la noción de la insaciabilidad de los derechos. El riesgo de este discurso es precisamente lo que crítica Franz Kafka en su obra, especialmente en el relato de “Ante la ley”, porque puede ser interpretado como un negocio de los derechos: hacer casi tangibles los derechos, pero nunca llegar. Es importante también poner atención en la textura de los derechos: los derechos son contextualizables, tienen una pre-textualidad y una textualidad.

Maestro Felipe Ibañez:

Las cosas alcanzan su perfección cuando vuelven a su origen. El ciclo del agua puede ser un ejemplo. En el caso de la Constitución, ésta hoy reconoce lo que es inherente al hombre, de acuerdo a su naturaleza. Pero hoy existe cierto temor a hablar de naturaleza. No se debería tener miedo, así como no se debería negar que el ser humano posee una naturaleza intrínseca. Hoy se debería poder hablar de derechos naturales

Licenciado Arturo Ramos Sobarzo:

La idea de universalidad de los derechos tiene que ver con un aspecto programático y “aspiracional”. Otra cuestión es la de analizar si en la realidad, se cumple efectivamente (o no) dicha aspiración. En cuanto al debate relativo a las personas jurídicas, se debe recordar que las empresas siempre han tenido derechos y a menudo acuden a reclamarlos. La crítica del Doctor Cruz Parcero al parecer estriba en la cuestión de ¿cómo estas empresas tan poderosas, también pueden reclamar estos derechos mínimos? Si se considera de esta forma el dialogo, al parecer no existe una contradicción entre las ideas aquí expresadas, sino una concordancia.

Maestra Leonor Figueroa:

Respecto del tema de las características de los derechos humanos es importante recordar el contexto en el que se originan: en la Conferencia mundial de Viena en 1993. En aquella Conferencia, se concibió que los derechos humanos corresponden a todos los seres humanos con independencia de su contexto social, cultural, espacial. A veces parece que el tema de los derechos se transforma en un negocio, pero en una sociedad dispar como la nuestra, parece que es preferible apostar a la progresividad. Los jueces tienen mucho que aportar en este sentido, pues es en los casos concretos en los que se pueden materializar los derechos. Recientemente, por ejemplo, se presentó el caso de un indigente que demandaba su derecho a una vivienda digna a través del amparo. Si bien es un tema complejo de determinar, lo cierto es que hoy se exige al juez que a través

de su actuación garantice los derechos humanos, en este caso, el derecho a una vivienda digna. En este sentido, es importante que los jueces vayan impulsando y no cerrando la oportunidad a este tipo de derechos.

Maestro Cesar Olmedo:

Respecto al tema de diálogo, es importante poner atención en cuatro características genéricas. 1) Los derechos, al ser “humanos”, exigen una vinculación con una concepción antropológica que, forzosamente, hace adoptar una noción de lo que es el ser humano. Lo que se entienda por hombre, condiciona el fundamento de los mismos. 2) Los derechos humanos son indeterminados, porque su alcance no es claro, no tienen límites precisos. La consecuencia de esta indeterminación es una especie de difuminación o dispersión de enfoques que puede ser peligrosa, lo que obliga a hacer un intento de unificación, que es una labor que seguramente hará la jurisprudencia. 3) Los derechos humanos son inseparables de la moral; tienen implícita o explícitamente una carga moral. Los derechos humanos ponen en la mesa el debate entre el iusnaturalismo y el iuspositivismo. La consecuencia de este aspecto es que la postura (derecho natural o positivo) del operador judicial, determinará en su decisión si es o no justiciable el derecho, si es o no garantista. Un operador no positivista puede dar una interpretación de mayor extensión. 4) La interdependencia: los derechos humanos se vinculan a otros contenidos humanos. La consecuencia es que hacia debajo de la constitución debe hacerse una capacitación técnica relevante, para determinar en dónde existen esas relaciones entre los derechos. Regresar a qué son los derechos y su fundamento sería complicado, como lo apuntó Bobbio. En este sentido, ya se llegó a un acuerdo sobre su reconocimiento y hay que seguir adelante.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

En el siglo XIX se hablaba de los derechos del hombre. La causa de incorporar el término de garantías fue algo que preocupaba a los norteamericanos: ¿cuál es la garantía que tengo para hacer efectivos mis derechos? Esto llamó la atención al constituyente de 1917, pues esta constitución habla de las garantías que se otorgan a los individuos. A partir de la 2ª guerra mundial se busca la idea de que exista la respetabilidad. ¿Cuál es la diferencia entre derechos fundamentales y derechos humanos? Un autor español hace una observación muy atinada al respecto: los derechos fundamentales se ubican en el ámbito constitucional, mientras que los derechos humanos se circunscriben en el ámbito internacional. El legislador en la Constitución mexicana quiso, en este sentido, ir al máximo. La Constitución es insuficiente, se tiene que complementar con los derechos comprendidos a nivel internacional. Cuando nos referimos a derechos humanos nos referimos a un máximo, que incluye supuestos, de derechos fundamentales. Es obvio que ciertos derechos fundamentales no son asimilables a personas jurídicas, pero otros sí. Si se observan las discusiones legislativas, esta parece ser la intensión: ir al máximo. Las comisiones unidas legislativas afirmaron que cambiaron el término de individuo por persona para incluir a las personas jurídicas. La interdependencia, se tiene que ver en función del caso particular. Estos grandes mandatos de optimización, se dirigen a abrir la puerta para que a través

de la argumentación y la ponderación se construya lo más sensato y razonable para cada caso.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

Es importante aclarar que no se está en contra de que las empresas tengan derechos. Que las empresas sean una persona moral implica, de hecho, que poseen una serie de derechos. Lo que se apunta en la observación a la tesis compartida es el siguiente cuestionamiento: ¿por qué usar criterios interpretativos diseñados para proteger al individuo (casi exclusivamente), a efecto de lograr la protección de los derechos de las empresas?, ¿por qué asumir esta aplicación mediante la interpretación extensiva?, ¿no valdría mantener una diferencia de trato entre los derechos de las corporaciones y los derechos del individuo?, ¿por qué las empresas se han de beneficiar, si normalmente los derechos de las empresas están más acotados en relación a los derechos de las personas físicas? Aquí es donde hay que tener cuidado. No importa si lo dijo el senado, pues esta referencia constituye uno solo de los criterios que los jueces tienen para interpretar la reforma constitucional; los jueces no están atados a lo dicho en el senado. Por otra parte, lo afirmado por Bobbio, en relación a abandonar la reflexión en torno a la fundamentación de los derechos humanos, es una de esas cosas que un gran hombre dijo mal. No se puede dejar de discutir el tema de la fundamentación. En cuanto al tema de la “naturaleza”, es importante advertir que no es por miedo que se ha dejado de hacer referencia a la noción de “derechos naturales”, sino por precaución en torno a la manera como se usa la noción de naturaleza humana y la idea de derechos naturales. Claro que la naturaleza humana dice algo respecto de los derechos, pero no dice mucho respecto de su alcance. La naturaleza humana no dice mucho sobre la integridad o sobre el debido proceso. Hay derechos humanos relacionados con las necesidades básicas, pero hasta cierto punto, la naturaleza es limitada.

Magistrada Adriana Campuzano Gallegos:

El tema de la aplicación a las personas colectivas es común. Tiene que aplicarse de manera técnica. Si ahora la Constitución habla de derechos humanos y los demandantes son personas colectivas que reclaman la violación a los mismos, se puede admitir, pero en cada caso se deberá determinar. En ciertos casos los derechos sí serán aplicables a las personas jurídicas, en otros no; todo depende del caso concreto. Por otro lado, es importante advertir que todos los derechos tienen dos dimensiones: una sustantiva y otra procedimental. Los jueces deben trabajar sobre esta última. Esta obligación implica a los jueces ciertas cuestiones específicas, desde respetar, proteger y hasta garantizar los derechos. En el caso del indigente al que se hizo referencia, por ejemplo, aplicaría lo último. El poder judicial debe estar preocupado en promover que los jueces conozcan en qué consisten estas obligaciones. Los jueces no deben preocuparse tanto por la fundamentación, sino por la justiciabilidad, la operatividad en el caso concreto, retomando lo que los teóricos reflexionan respecto de lo primero. El Poder Judicial, como institución (organización estatal), también tiene la obligación de promover, proteger y garantizar los derechos humanos. Este abanico de acciones debe marcar el trabajo de la organización

Doctor Raúl Pérez Johnston:

El dictamen de las Comisiones unidas sobre el artículo 16 parte del presupuesto de que las garantías son los derechos del hombre. La Constitución no es una obra finita y cerrada, hoy se habla de bloque de constitucionalidad, pero desde 1917, se sabía que se pueden extender estos derechos constitucionales. El tema de la naturaleza humana es mucho más amplio, por ejemplo en el s XIX, se ligaba la naturaleza humana al tema de la sociabilidad y desde esta perspectiva si se puede hablar de un derecho al debido proceso derivado de la naturaleza humana.

Conclusiones:

6. Las características de los derechos humanos son nociones complejas que deben seguirse reflexionando a efecto de determinar su contenido, evitando su uso meramente retórico.

7. La noción de los derechos humanos (y de sus características) se encuentra vinculada a concepciones antropológicas, por lo que en gran medida dependen de aquello que se entienda por ser humano.

8. El tema de las características de los derechos humanos debe contextualizarse históricamente, pues el contenido semántico de las nociones (universalidad, progresividad, etc.) no necesariamente es el mismo en las diferentes épocas.

9. Es importante seguir reflexionando sobre el problema de la

fundamentación de los derechos humanos. 10.Los juzgadores deben ocuparse de la operatividad (justiciabilidad) de

los derechos humanos, tomando en cuenta las reflexiones que en los ámbitos académicos se formulen respecto a su fundamentación y características.

INTERPRETACIÓN CONFORME Y

PRINCIPIO PRO PERSONA

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 8 de mayo de 2012

Artículos sobre “Interpretación conforme y principio pro persona

DIÁLOGO SOBRE PRINCIPIO PRO PERSONA E INTERPRETACIÓN CONFORME

Algunas cuestiones que pueden servir de guía para el diálogo:

a.¿Cómo puede aplicarse el principio pro persona en un caso de conflicto de derechos fundamentales? b.¿Existen límites al principio pro persona como criterio de interpretación? c.¿Qué parámetros hermenéuticos deben ser la guía de los juzgadores a fin de aplicar el principio pro persona? d.¿La interpretación conforme exige la conformidad con los instrumentos internacionales de derechos humanos? e.¿Se deben incluir las sentencias y opiniones de los organismos internacionales de derechos humanos como parte de los “instrumentos internacionales de derechos humanos”? f. ¿De qué manera los instrumentos de derechos humanos deben formar parte de las resoluciones judiciales?

Ministro Mariano Azuela:

Como en otras ocasiones, el Magistrado Jean Claude Tron Petit ha hecho llegar una tesis elaborada en el Tribunal Colegiado de Circuito del que forma parte en donde aborda ciertos aspectos del tema de reflexión de la presente sesión, de manera que seguramente será un punto de referencia interesante a lo largo de este diálogo. Se abre la sesión invitando como siempre a la participación y con la recomendación, realizada desde la primera sesión, de lograr un diálogo en el que se compartan las opiniones y puntos de vista sin buscar la contraposición y la polémica.

Doctor Eduardo Preciado:

Hay dos puntos medulares respecto a la interpretación conforme y al principio pro persona. Respecto de la interpretación conforme, el primer punto medular a reflexionar es si realmente es interpretación o se trata de integración, de acuerdo a la técnica jurídica. La segunda cuestión es si la interpretación conforme es extensiva no solamente a los tratados internacionales sobre derechos humanos, sino a cualquier tratado internacional que proteja un derecho humano. Sobre estos dos aspectos y a partir de la reforma, se encontró un artículo de Ulises Carmona Tinoco, que da parte de la respuesta a estas dos cuestiones. Carmona Tinoco afirma que el párrafo segundo del artículo 1, formula estos principios (interpretación conforme e interpretación pro persona). El primero supone la interpretación armónica de las normas de derechos humanos, independientemente de su fuente constitucional o internacional, esto, atendiendo al hecho de que el artículo 1 hace referencia a “normas de derechos humanos” y no a “tratados de derechos humanos”, por lo que para una interpretación armónica, debe considerarse cualquier norma de derechos humanos. No obstante la norma constitucional va más allá, pues impone no sólo la armonización vía interpretación, sino la consideración, dentro de los sentidos posibles que arroje el ejercicio interpretativo, del más benéfico a la persona: que la interpretación no sea

restrictiva, sino que maximice la libertad (lo que constituye la base del principio pro persona). En la interpretación no sólo debe prevalecer la norma superior, sino se debe buscar el parámetro más favorable a la persona, que deberá ser aplicado al caso concreto.

Doctor Felipe Ibañez De acuerdo a la profesora Mónica Pinto, el principio pro homine es un criterio hermenéutico que informa todo el derecho y en virtud del cual, se debe acudir a la interpretación más amplia de la norma cuando beneficia a la persona, y la más restrictiva en caso de proteger también a la persona, esto es, estar siempre a favor del hombre. No obstante, en los casos concretos se ha llegado a una aplicación, en cierta forma, incompleta y resulta pertinente en este sentido comentar un ejemplo. En junio de 2008, se modificó la Constitución para establecer el procedimiento oral adversarial, dejando una vacatio legis de 8 años para regular este procedimiento, dejando a los legislativos locales la responsabilidad de hacer las modificaciones pertinentes. Sin embargo, en 2011, se llevó a cabo otra reforma constitucional (al art. 19) para incluir dentro de los tipos penales graves al delito de trata de personas, y a diferencia de la reforma anteriormente comentada que estableció una vacatio legis de 8 años, la reforma de 2011 entró en vigor inmediatamente. Algunos abogados han aprovechado esto, invocando el principio pro homine, para promover amparos y el incidente de suspensión a efecto de solicitar la libertad provisional de los procesados que están inculpados por este delito. Frente a esta situación, en específico uno de los Tribunales consideró que, en principio, esta reforma al artículo 19 debía considerarse como parte de las reformas al sistema adversarial, por lo que aún no entraba en vigor (a pesar de que la reforma marcaba su entrada en vigor al día siguiente). No obstante, esta determinación fue recurrida y el Tribunal revisor consideró, aplicando el principio pro homine, que era procedente conceder la libertad provisional, a pesar de que el delito era considerado grave.

Doctor Francisco Dorantes:

Es muy importante el principio pro homine, por lo que debe trabajarse teóricamente. No basta con decir que debe realizarse una interpretación conforme o pro homine, sin saber los alcances, cuáles son los límites de este principio. En este sentido, dentro de la teoría de la justicia el gran tema de reflexión será el de la decisión jurídica, es decir, cómo deben aplicarse esos principios. Se debe rehabilitar la razón práctica en la teoría del derecho. Desde esta perspectiva, la teoría de la justicia y los modos argumentativos que en ella subyacen, van a ser muy importantes. Estos temas se pueden ver, al menos, desde tres puntos fundamentales: i) desde el punto de vista formal o estructural, cómo se presentan estos principios; ii) desde el punto de vista de su contenido o significado, cuáles son los procedimientos que van a delimitar estos principios, y iii) desde el punto de vista pragmático, cómo aplicar y llevar a la práctica estos principios. No se puede con base en estos principios dejar de cumplir con la ley o con la igualdad en la aplicación de la ley. En este sentido, la teoría de la decisión jurídica será fundamental; el tema de los principios, de los valores y de la justicia se plantea porque se debe decidir.

Maestro Luis Miguel Cano Resulta pertinente hacer referencia a un artículo del Ministro Presidente, próximo a publicarse, en donde se reflexiona sobre las implicaciones de la reforma constitucional en materia de derechos humanos en la labor jurisdiccional. En dicho artículo, se reflexiona en torno al principio pro persona. Se parte de la idea de que ninguna disposición constitucional tiene mayor peso o jerarquía que otras. No obstante, para efectos de la decisión jurisdiccional, existen ciertas disposiciones que al ser principios o mandatos pueden llegar a considerarse con un mayor peso. Este es el caso del valor que se da a la cláusula del principio pro persona, lo que nos obliga a interpretar el resto de las disposiciones de manera diferente. Sobre esta base, resulta interesante reflexionar sobre el propio artículo 1 constitucional y sobre la posibilidad de dejar de lado disposiciones constitucionales, si disposiciones de fuente internacional resultan más favorables. Esta contradicción de hecho se presenta normalmente en términos jerárquicos: ¿son los tratados de derechos humanos o la Constitución los que tienen mayor jerarquía? Este ha sido el enfoque tradicional con el cual se ha abordado el problema por parte del Pleno de la SCJN. En la contradicción de tesis 293/2011, aun no resuelta, se ha hablado de la existencia del principio de supremacía constitucional sosteniendo que no se puede dejar de aplicar alguna disposición constitucional frente a una norma de fuente internacional. Las razones son, sintéticamente, las siguientes: los tratados deben estar de acuerdo con la Constitución; la Constitución establece el procedimiento para crear tratados; la Constitución es un parámetro de validez para revisar la constitucionalidad de los tratados; y el propio artículo 1 de la Constitución establece la última palabra para restringir o suspender los derechos humanos, en los casos y bajo las condiciones que ella establece. Por todos estos argumentos, la Constitución se ha considerado jerárquicamente superior. Sin embargo, parece que si se entiende el principio pro persona, como mandato hermenéutico, hay forma de empezar a reflexionar de manera diferente estos argumentos y encontrar una vía de equilibrio entre la supremacía constitucional y el principio pro persona. Ciertamente nadie niega que los procedimientos para crear leyes y tratados están en la Constitución, lo mismo que para reformarla, y ciertamente nadie niega que si los tratados quisieran disminuir la protección de los derechos, obviamente no se aplicarían. Bajo estas dos figuras, se entiende por qué la Constitución sigue siendo una norma de referente, frente al procedimiento y si una norma de tratado disminuye o pretende disminuir los derechos, pero en todo lo demás, se debe guiar por el principio pro persona, lo que no implica ir en contra de la supremacía constitucional, sino darle plena aplicación al párrafo segundo del propio artículo 1 constitucional. Es decir, la propia Constitución establece que en un momento dado, si hay dos disposiciones encontradas, debe preferirse la de mayor protección a la persona. A la par de la Constitución, los tratados internacionales sobre derechos humanos se incluyen como parámetros de validez. Esto nos permite ver su importancia. Este es uno de los temas que valdría la pena apuntalar, para después reflexionar en torno figuras como el arraigo o el régimen de excepción a personas que trabajan en seguridad (respecto a la estabilidad en el empleo y la reinstalación) y a su posible replanteamiento a la luz del principio

pro persona, no para desconocer la Constitución sino para darle cabal entrada al artículo 1, párrafo segundo.

Doctor Raúl Perez Johnston Cuando se habla del principio pro persona parece peligroso encontrar reglas de aplicación general. En realidad parece más conveniente hablar de una aplicación casuística en la que se consideren las circunstancias específicas del caso concreto. El tema de la supremacía constitucional es muy debatido. En el ámbito interamericano, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se ha considerado al respecto del principio pro persona que constituye una aplicación indistinta de la norma más favorable, con independencia de su jerarquía. Esto puede llevar a cuestionarse lo siguiente: ¿hasta dónde el artículo 133 constitucional (que establece que los tratados deben estar conformes con la Constitución), podría ser sometido a una revisión para el efecto de que se interprete esta cláusula de conformidad en relación con el procedimiento, más que con la sustancia? Si un tratado, atendiendo al principio pro persona y a la progresividad de los derechos humanos, va en contra de una restricción establecida por el texto constitucional, ¿hasta dónde está abriendo una mayor protección de derechos humanos restringida por el propio Estado? En este sentido, una cierta interpretación del principio de supremacía podría contrariar el compromiso del propio Estado de buscar la mayor protección de los derechos humanos. El otro tema es no sólo el de la aplicación de normas internacionales sino el de los criterios interpretativos de corte internacional, que también ha generado discusión en diversos foros. Tomando en cuenta el principio pro persona, no se entiende mucho la distinción entre los criterios orientadores o vinculadores establecida por la Corte. A la luz de este principio, si se identifica el criterio que da mayor protección, este debería ser el criterio a seguir, con independencia de si en las resoluciones participa el Estado como parte en la resolución o no. No se entiende la postura de un criterio meramente orientador (facultativo) si se considera obligatorio el mandato del artículo 1 Constitucional.

Magistrado Jean Claude Tron Petit En el Tribunal se ha tomado en cuenta el principio pro persona y la expansividad que se debe dar a los derechos humanos. En este sentido, una cuestión relevante es la relativa a si la interpretación es solamente descriptiva o si la interpretación es creativa. En este sentido, una interpretación conforme y en general la interpretación constitucional, basada en principios o en derechos fundamentales, debe ser creativa. No podemos hacer este trabajo de ponderación al margen de los hechos, de las circunstancias y del caso particular. El trabajo de ponderación que ha sido la gran contribución del Tribunal Constitucional Alemán, también ha sido proyectado por el Tribunal Europeo, la Corte Interamericana y, por supuesto, por la Suprema Corte de Justicia al incorporar el principio de proporcionalidad, fundamentalmente en lo relacionado al caso Radilla. Hay medios a través de los cueles se va a buscar la eficacia de ciertos principios o valores, pero estos medios al buscar la mayor eficacia de un principio o valor pueden a su vez limitar la eficacia de otros. El trabajo de ponderación consiste entonces en buscar el medio más pertinente o adecuar el medio a efecto de evitar causar una afectación a los

principios o, que si se causa, se tenga un argumento de razonabilidad que lo justifique. La idea de ponderación es limitar a los límites. Los derechos humanos no son absolutos, tienen límites, pero los propios límites deben estar limitados para evitar su expansividad. Lo que se advierte en el caso concreto de la tesis que ha sido distribuida, es que existía un divorcio o separación entre el aspecto dispositivo y el aspecto justificativo de la norma de la ley del seguro social, vista a la luz del derecho a la salud del art. 4 de la Constitución. El tema es: la ley del seguro social establece que a las ocho semanas posteriores a que una persona deje de cotizar para el seguro social, dejará de tener acceso a las prestaciones correspondientes, principio basado en un criterio de costo. En el caso de seguridad social, parece que no se puede tomar un criterio estrictamente mercantilista de costo-beneficio. En el caso en concreto, el hijo del trabajador había sido internado y como el trabajador dejó de cotizar, a las ocho semanas simplemente se consideró dejar de prestar el servicio e incluso cobrar por el servicio prestado en el tiempo excedente a las ocho semanas. Al Tribunal le pareció que esta interpretación era incorrecta atendiendo a la expansividad y progresividad de los derechos económicos, sociales y culturales, a los que pertenece el derecho a la salud, por lo que al no existir un impedimento para evitar que se expandiera este derecho, se determinó que el servicio debía seguir siendo prestado. Esto no quiere decir que sea una regla para todos los casos, pero en el caso concreto se determinó que lo ideal sería que el servicio debería seguir prestándose hasta la total recuperación del paciente. Como se observaba, es un tema interesante el de la supremacía, pues parece que es un límite al principio pro persona. En este caso, hay un ejercicio razonable de ponderación orientado a delimitar al límite, esto es, al principio de supremacía a efecto de proteger la eficacia del principio pro persona. Por último, las sentencias de la Corte interamericana tiene una parte interpretativa muy importante, que no sólo aplica a un país (al que se haya dictado la sentencia), sino que establece un parámetro de interpretación que debe considerarse como precedente aplicable a casos subsecuentes.

Magistrado Miguel Ángel Aguilar Se pretende poner a la consideración dos reflexiones. La primera es la parte introductoria de un ensayo sobre la presunción de inocencia, a cuatro años de la reforma constitucional penal. La segunda es en cuanto a la reforma constitucional en materia de derechos humanos. Al parecer ya es inútil una confrontación teórica entre un sistema inquisitivo y un modelo acusatorio garantista. Sin embargo, a pesar de que la presunción de inocencia está explícitamente incorporada por la reforma constitucional, aún existe el cuestionamiento respecto a si las disposiciones constitucionales ¿en realidad tienen implementación en los procesos penales? En este sentido, en el tema de la reforma en México y en América Latina al parecer el problema no es la implementación de un sistema democrático acusatorio de derecho, sino su real operatividad. ¿Cuál es el reto de una nueva forma de pensar, decir y hacer el proceso penal?, ante esto, la presunción de inocencia se erige como el derrotero más importante. En este aspecto tiene que atenderse, no sólo a lo que representa este principio para los jueces, sino para los medios, para los defensores, para el conjunto de la sociedad estructuralmente.

Parece que es momento de pasar de la reflexión en abstracto a la implementación práctica y los problemas de la justicia procesal penal. A casi cuatro años de su implementación en el texto constitucional, su real y efectiva aplicación por los órganos jurisdiccionales debe generar confianza en la sociedad y en sus operadores. La reforma penal debe implicar mucho más que crear un código, se requiere un cambio cultural, requiere un aprendizaje teórico y práctico. Plantear un cambio a un sistema acusatorio implica un desafío cultural. Respecto de la interpretación conforme y el principio pro homine, son fundamentales para un Estado garantista. Las reformas son consideradas como carta de buenas intensiones para la sociedad. En materia penal hay una contradicción muy clara, porque existe sistema acusatorio para la delincuencia común y sistema especial para la delincuencia organizada. Los estados son garantistas y por otro lado tienen instituciones contrarias. ¿Cómo encontrar la armonía de estos dos modelos?, ¿cómo lograr el respeto a los derechos humanos?

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero El principio pro homine tiene dos facetas. Primero, la preferencia interpretativa, que incide en preferir una interpretación extensiva cuando se trata de ampliar un derecho y una interpretación restrictiva, cuando se afectan los derechos. Pero existe otra faceta, al momento de la selección de las normas, la preferencia de las normas más protectoras y rechazar las normas más restrictivas. Esto es un criterio obligatorio, pero ¿qué quiere decir esto? Se trata de un principio que debe sopesarse en los casos particulares, no quiere decir que se aplique a rajatabla en todos los casos. Esta es la problemática de los impartidores de justicia. Se deben tener buenas razones para aplicarlo, dado que se trata de un principio. La reforma busca un cambio de actitud interpretativa, como una consecuencia práctica importante, que implica rechazar el legalismo, el formalismo. Se busca que se mire el contenido de los derechos y de las obligaciones, y con base en ello determinar lo más benéfico para la persona; esto implica rechazar lecturas lineales de las normas. Este cambio de actitud se encuentra implícito en la aplicación del principio pro persona. Pero ¿cuáles son los problemas de la aplicación del principio pro persona?, ¿qué se hará cuando tengan que mesurar el principio cuando coincida con otros cánones interpretativos (ley superior frente a ley inferior, etc.)? Aquí surgen conflictos interpretativos, porque la constitución coloca al principio pro homine como un principio hermenéutico de especial jerarquía, lo que parece indicar que incluso otros criterios pueden ser dejados de lado a favor del principio pro homine, sin generar un problema de constitucionalidad, pues la misma constitución lo indica. Decirlo en abstracto puede resultar fácil, el problema es hacerlo a nivel concreto. Dejar de lado una norma constitucional, tomando en cuenta la misma norma constitucional que me obliga a considerar el principio más favorable, no es una labor sencilla de justificar. Parece que con la clausula, en abstracto, el principio de supremacía constitucional queda contrariado, pero en los casos específicos se puede ver cuándo dar prioridad al principio pro homine frente a la jerarquía. Esto tiene mucho que ver con la interpretación conforme. Otro tema relevante, ya mencionado, es el de los criterios orientadores emitidos por tribunales internacionales, porque en este ámbito, el principio pro persona está en un paquete de principios, está estrechamente ligado a la indivisibilidad, a la

aplicación extensiva, a la interpretación conforme, a la progresividad. Todos van de la mano y existe la necesidad de familiarizarse con ellos, ya sean criterios orientadores u obligatorios, porque en realidad la diferencia es poca. El criterio pro persona está tan relacionado con los otros, que en realidad podrían estos considerarse casi como una parte o facetas del propio principio, lo que hará muy difícil argumentar que aquellos principios no son criterios obligatorios. El mismo principio pro persona puede justificar una interpretación extensiva, una aplicación progresiva, etc. La labor del juez es la de cambiar la actitud.

Magistrado Manuel Hallivis Pelayo Respecto de la soberanía y la supremacía de la Constitución, estamos frente a una soberanía redimensionada, frente a un bloque de constitucionalidad que abarca no sólo lo que dice la Constitución, sino un bloque más amplio a partir de la reforma en materia de derechos humanos. Otro tema relevante es en torno a la materia fiscal. Es importante aclarar que en materia tributaria, no se aplica interpretación restrictiva, sino estricta. La propia Suprema Corte ha dicho que se puede utilizar cualquier método de interpretación; lo que queda acotado es que, una vez realizado el proceso de interpretación, ese criterio debe ser aplicado de manera estricta; no obstante, se debe caminar un poco más. Respecto del principio pro persona, que es un criterio interpretativo, se coincide en la apreciación de que consiste en aplicar la norma más favorable a la persona sin importar que se encuentre en la Constitución, en un tratado o en la legislación interna. Por su parte, la interpretación conforme no es una novedad, aquí se ha aplicado de acuerdo a la Constitución; es una interpretación adaptativa, que consiste en adecuar el significado de una disposición de rango inferior al significado atribuido a otra disposición de rango superior o a un principio general del derecho; en el primer caso, se trata de una interpretación condicionada por una jerarquía de carácter formal, mientras en el segundo, se trata de una jerarquía de carácter axiológico, lo que genera un criterio de actuación en el caso de que una norma tenga dos posibles interpretaciones. Ahora bien, en lo relativo al control difuso se debe recordar que a partir del caso Radilla se resolvió la obligatoriedad de todos los jueces de realizar el control de convencionalidad y de constitucionalidad. En este sentido, se hace un cambio de criterio que obliga a tomar en cuenta, no sólo la constitución y los tratados, sino también la interpretación de la Corte interamericana. La Suprema Corte ha resuelto que el control difuso se debe realizar en tres pasos. Este aspecto se vuelve relevante en materia tributaria, porque algunos consideran que existe contradicción entre imposición y derechos humanos, cuando en realidad, los derechos humanos tienen un papel fundamental en el ámbito fiscal, pues limitan a los gobiernos. Prueba de ello son las múltiples normativas existentes. En México, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, establecen referencias a derechos en materia fiscal, así como los Convenios para evitar la doble tributación, y en el ámbito interno, se han reconocido como derechos fundamentales los establecidos en materia fiscal en la Constitución. Ahora bien, ¿cómo conciliar los principios de tantos instrumentos internacionales y nacionales?, para ello se debe: i) hacer un contraste entre constitución y tratados; ii) ver lo que dice la legislación ordinaria, si en ella existe

solución, tratar de armonizar la legislación interna con el resultado que ya se obtuvo; iii) si existen dos interpretaciones posibles, preferir el que otorgue mejores derechos y iv) en su caso, desaplicar la norma (inaplicar la norma que no otorga tantos beneficios). Ahora bien, en todo esto resulta relevante una cuestión: ¿cómo se deben aplicar los tratados internacionales? La Convención de Viena, da un parámetro de interpretación de los tratados.

Doctor José Ramón Narváez Hernández Resultan pertinentes dos breves reflexiones. La primera de ellas, es de índole conceptual y la segunda se relaciona con el tema de la jurisprudencia interamericana. Respecto de la primera, en las intervenciones precedentes se han usado indistintamente las expresiones pro homine y pro persona. Parece preferible utilizar la expresión pro persona, porque el concepto de persona, desde

el punto de vista filosófico, tiene una referencia muy preciso en el devenir histórico.

A pesar de los desacuerdos teóricos, persona es, en principio, un ente relacional,

no subsiste aisladamente, no es una mónada. Es verdad que lo que se reflexiona aquí incide esencialmente en una cuestión práctica, pero detrás existe siempre una teoría y esto implica un cierto consenso conceptual. En este sentido, se debe considerar que persona no es un individuo, aunque cuando se habla en términos

teóricos pareciera que la noción se refiere a un ente aislado. En realidad, siendo la persona un ente relacional, se presenta el antiguo problema de considerar en todos estos casos a la comunidad. El problema de los derechos no concierne sólo

a qué se le tiene que dar a esta persona, sino a qué se le tiene que dar en

proporción con la sociedad. En otras palabras, se presenta el problema de decidir qué es lo mejor para la persona, decisión que en ciertos casos corresponde a un juez, y en esto, es pertinente tener en cuenta que quizá lo mejor para la persona no es precisamente lo que está solicitando. Este es otro problema, apuntado desde Aristóteles, que tiene que ver con la distinción entre justicia conmutativa y justicia distributiva. Detrás hay una teoría del derecho y una consideración del derecho subjetivo. Como sea, ¿qué le debe el Estado a una persona?, es una consideración que no puede efectuarse en términos individualistas. Se debe hacer una consideración más amplia y esto implica un cambio de cultura, desde las universidades, por ejemplo. Es importante advertir que este tipo de reflexiones siempre se vinculan, al final, a una concepción antropológica. En este sentido se puede reflexionar si, por ejemplo, en el derecho al debido proceso no interviene alguna consideración en torno a la noción de persona. En este punto, a diferencia de lo que se sostenía en la sesión anterior, parece que sí es válida la consideración de un concepto de persona, desde el momento que una persona,

por su naturaleza (tomando a ésta no en un sentido “naturalista”, sino en lo que le corresponde como persona), no se le puede tener, por ejemplo, indeterminadamente en una cárcel. Al parecer, siempre se termina remitiendo a la pregunta por ¿qué es el ser humano? Aquí tendrán mucho que decir los filósofos. Respecto de la segunda cuestión, se ha dicho que se debe acudir a las decisiones de la corte interamericana pero, atendiendo a que se está configurando un nuevo sistema enfocado a los precedentes, no sólo se debe poner atención a las sentencias referentes a México, pues incluso dichas sentencias remiten a otras; en este sentido, se debe tomar en cuenta la lógica del precedente. Se redimensiona

la soberanía, por el encadenamiento de los precedentes. Se crea un corpus jurisprudencial que tiene una función persuasiva o ilustrativa. En este sentido se recupera ese concepto clásico de jurisprudencia referido al razonamiento práctico más adecuado. El caso puede ser vinculante como autoridad moral, al ser precedente.

Maestro César Olmedo En referencia al tema que incumbe a esta sesión, resulta pertinente formular en términos generales el argumento de un futuro artículo, considerando al principio pro persona, como el nuevo rostro de la suplencia de la queja. Como primer punto de esta cuestión, será importante determinar qué naturaleza tiene este principio. Aquí, es importante recordar que el principio pro persona es un mandato interpretativo, por lo que no es una norma por sí, sino que constituye la forma como se interpretará una norma. Esto implica que el operador lo ocupará si las normas no son claras, por tanto, no se usa siempre. En este contexto, la primera tarea es del legislativo, para hacer normas claras. El segundo punto de esta cuestión atiende a que casi siempre hay dudas en el momento de interpretar. Respecto de esto, antes de poner atención a la interpretación judicial, parece pertinente reconocer que el primer momento de interpretación es del litigante, por lo que él tiene el primer papel de responsabilidad en la construcción del sistema. La obligación del litigante para construir la argumentación es fundamental. Según Guastini, interpretar implica separar el texto de la norma. El texto comprende un término y hay que interpretar qué significa dicho término, extraer la norma o normas. Con este presupuesto, se puede observar que el juzgador crea normas. Frente a un caso, pueden existir dos normas posibles y la primera cuestión es elegir la mejor, de acuerdo al principio de interpretación conforme. Pero también se da el supuesto de que una norma sea susceptible de dos interpretaciones posibles y, en este caso, cabe la problemática siguiente: ¿de dónde salen las posibles interpretaciones, de la imaginación del juez? En este sentido, tener una carta abierta puede resultar riesgoso para la seguridad. En conclusión, parece pertinente considerar dar dos límites que pudieran garantizar seguridad jurídica:

primer límite, una argumentación sólida; segundo límite, un presupuesto ético para el juzgador (el juez constitucional deberá ser consciente de los alcances sociales de su decisión).

Doctor Francisco Xavier Sánchez Los temas en discusión inciden en el difícil tema de la relación entre la generalidad de la ley y la casuística, dirigida a cuestiones concretas, entre la letra de la ley y el espíritu. La aplicación de la letra no es tan difícil. El problema es cuando se mira al individuo concreto. Levinas decía que hay lágrimas que los funcionarios no ven y son las lágrimas del otro. Esta es la cuestión de la empatía. El problema para los juzgadores es ver cosas que la ley no siempre ve. A esto ayuda dialogar con otros.

Maestro Luis Miguel Cano Al parecer, de las reflexiones han derivado algunos temas que pueden considerarse como propuestas para otras sesiones: el control difuso de la convencionalidad y el papel de los litigantes. Es verdad la relevancia de dialogar

en torno al papel de los litigantes, pero se debe ser consciente de que quienes litigan, siguen siendo una élite en el ámbito de la impartición de justicia y lo que se busca, el ideal, es que cualquier tipo de persona pueda acceder a la jurisdicción y que la jurisdicción esté preparada para responder a sus planteamientos. Se ha hablado de las diferentes vertientes del principio pro persona, como preferencia normativa y preferencia interpretativa. En torno a la tesis que presenta el magistrado Tron Petit, parece ilustrar el principio pro persona como preferencia interpretativa, pues el tema era descubrir qué implica y cuáles son los límites del derecho a la salud, esto es, un caso de preferencia interpretativa. Por otro lado, otro ejemplo derivado de un Tribunal Penal ilustra el caso del principio como preferencia normativa. En ese caso, se consideró que la suplencia de la queja en materia penal debe darse también para víctimas y ofendidos, incluso frente a una jurisprudencia de la Segunda Sala, que señalaba la suplencia sólo para los inculpados de acuerdo con el art. 76 bis. Aquí, el artículo es muy claro y no hay ocasión para aplicar el principio pro persona en su vertiente interpretativa por lo que nos encontramos en el supuesto de la preferencia normativa del principio, pues se aplica preferentemente otra norma (por ejemplo, el de igualdad ante la ley). La preferencia normativa es una de las partes más relevantes del control difuso. El tema de la preferencia interpretativa queda para los temas más complicados, porque una vez que con el control difuso se ha precisado el marco normativo, todavía falta resolver la controversia y muchas veces la colisión de derechos. Finalmente, respecto del tema de la supremacía constitucional y su supuesto conflicto con el principio pro persona, vale la pena recordar un caso de controversias indígenas de hace más de diez años, en el que se manejó una noción importante: la Constitución como mínimo. Si en Oaxaca, por ejemplo, se contemplaban mayores derechos que los previstos por la Constitución, no pasaba nada, prevalecía Oaxaca en tanto que la Constitución es un listado mínimo. Al considerar esta cuestión, en realidad el supuesto conflicto entre supremacía y principio pro persona no genera tanto conflicto.

Maestra Laura Ortiz Valdés En el marco de los retos que implica la reforma constitucional, se encuentra un reto específico que tienen que enfrentar los juzgadores: la falta de conocimiento de los instrumentos en materia de derechos humanos (entre ellos los no vinculatorios y no sólo tratados internacionales). Existe una serie de instrumentos no vinculatorios que derivan de resoluciones de organismos internacionales y el reto para litigantes y juzgadores es conocer los derechos plasmados en todos estos instrumentos, además de reflexionar en torno al alcance de estos instrumentos no vinculantes, esto es, hasta dónde llevar su impacto, hasta qué punto los instrumentos no vinculatorios pueden reflejar la costumbre internacional. Existe un gran reto en lo referente a la capacitación en materia de derechos humanos. En este sentido, es importante tener una mente abierta en cuanto a la interpretación, pues los instrumentos algunas veces no son tan claros; aquí, el juzgador tiene la tarea de encontrar la mejor interpretación, aquella que beneficie lo más posible a la persona humana. En torno a esto, el Centro de Documentación de la Suprema Corte cuenta con una base de datos de instrumentos

internacionales en materia de derechos humanos que seguramente será de gran utilidad para enfrentar estos retos.

Magistrado Jean Claude Tron Petit Respecto de la tesis presentada, se toca el tema difícil de si el juez se puede meter con las políticas públicas. De principio no, pero qué pasa cuando la política pública es instrumentada de manera errónea (desmedida o deficiente). El caso del juez de Mininuma, es importante en este sentido, porque se enfrentaba a una política pública y hoy está prácticamente cumplida la sentencia. Las políticas públicas pueden ser reorientadas para lograr la justiciabilidad de los derechos humanos. Ciertamente será complicado, pero se está dando en Argentina. Existe, por otro lado, la propuesta para hacer una taxonomía de criterios iberoamericanos, ver sentencias paradigmáticas que pueden ser significativas, para dar la pauta de cómo otros tribunales han ido aplicando estos criterios en materia de derechos humanos. En definitiva, la interpretación conforme a la norma constitucional es un principio correcto, el problema surge cuando se pregunta ¿qué es la norma constitucional?, de entrada, no es algo estático y definido, sino algo dinámico que debe reflexionarse.

Ministro Mariano Azuela Güitrón Las reflexiones vertidas en esta sesión han sido muy enriquecedoras. No obstante, vale la pena preguntarnos como una última reflexión: ¿no hay un derecho humano a la seguridad jurídica?, ¿no estaremos dando pasos que acaben con el derecho humano a la seguridad jurídica?, cuando una persona tiene un conflicto y acude a un abogado, este tendrá que decir con honestidad intelectual que no tiene ninguna previsión de cómo será resuelto su asunto. Esto, ¿no podrá traducirse en la quiebra del Estado de derecho? Es verdad que existe un gran avance en cuanto al cambio de mentalidad en la forma de dictar una sentencia. Antes había un esquema muy preciso, restringido a los conceptos de violación que se hicieron valer; esto al menos daba seguridad jurídica. Hoy puede dictarse una sentencia en la que se ha variado completamente la litis. En este sentido valdría la pena preguntarnos ¿dónde quedaron los principios procesales?, ¿qué pasa con los derechos humanos de la contraparte? Cada caso deberá llevar a la reflexión de cómo se aplica el derecho humano. El tema de la próxima sesión del 5 de junio será el control difuso y control de convencionalidad, por lo que se espera su asistencia y enriquecedoras reflexiones.

Conclusiones:

1. Tanto el principio pro persona como el principio de interpretación conforme, constituyen criterios hermenéuticos, es decir, principios que guían la interpretación jurídica.

2. El principio pro persona implica optar por una interpretación extensiva cuando se trata de normas que beneficien los derechos humanos de las personas y por una interpretación restrictiva cuando se trata de normas que impliquen la restricción de derechos.

primer caso, se trata de preferir una norma respecto de otra, si es que otorga una mayor protección a los derechos de las personas. En el segundo caso, cuando una norma puede generar diversas interpretaciones, se trata de preferir aquella más favorable a la persona humana.

4. La aparente contradicción entre el principio por persona y el principio de supremacía constitucional puede encontrar una vía de solución si se retoma la comprensión de la Constitución como un listado mínimo, lo que genera una apertura para que otras normativas puedan prevalecer (independientemente de su fuente, internacional, local, etc.) en caso de que otorguen una mayor protección a los derechos de las personas.

5. Bajo el principio pro persona, puede llegarse a la determinación de que los criterios internacionales (incluso los aparentemente no vinculatorios) pueden ser aplicables en caso de que otorguen mayor beneficio a la persona, pues estos tiene, por lo menos, peso moral.

6. El principio pro persona también contiene límites que deberán considerarse en el momento de aplicación a los casos concretos, a efecto de no dejar sin operatividad otros principios.

7. En la concretización, tanto del principio pro persona como del principio de interpretación conforme, se debe ser cuidadoso de proteger también, al momento de la aplicación, la seguridad jurídica, entendida como un valor y un derecho humano.

8. Resulta recomendable trabajar en la capacitación y en la sistematización de los criterios e instrumentos internacionales en materia de derechos humanos a efecto de lograr su conocimiento, como una herramienta más en la concretización de la justicia.

9. El punto fundamental que exigen estos principios en el marco de la reforma constitucional es un cambio de mentalidad y de cultura, a efecto de hacer realidad una mayor concreción de los derechos humanos.

CONTROL DIFUSO Y CONTROL

DE CONVENCIONALIDAD

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 5 de junio de 2012

Artículo sobre “Control difuso y control de convencionalidad”

DIÁLOGO SOBRE CONTROL DIFUSO Y CONTROL DE CONVENCIONALIDAD

Algunas cuestiones que pueden servir de guía para el diálogo:

a. ¿Están preparados los juzgadores para ejercer el control difuso y

el control de convencionalidad?

b. ¿La inaplicación de la ley implica un control de constitucionalidad e invade facultades de tribunales superiores?

c. ¿A quién corresponde el control de convencionalidad?

d. ¿El control difuso implica una invasión en la función legislativa?

convencionalidad debe tomar en cuenta los

e. ¿El

control

de

instrumentos internacionales no vinculatorios?

Ministro Mariano Azuela:

Se agradece como siempre la asistencia y puntualidad de todos, así como el ánimo de diálogo cordial que se ha mantenido en todas las sesiones de este Seminario. En la sesión del día de hoy se abordará el tema del control difuso de la Constitución, por lo que tienen ustedes la palabra.

Doctor Francisco Dorantes:

Para iniciar la discusión se pueden poner sobre la mesa algunos temas interesantes. En primer lugar, el hecho de que nuestra Constitución es dúctil. El Estado Constitucional que se construye actualmente a nivel internacional ya no tiene como punto de referencia Constituciones rígidas; las categorías del derecho constitucional han cambiado y la Constitución ya no es el único centro de ordenación jurídica de un país. Para Zagrebelsky esta es la naturaleza de las Constituciones democráticas en la época del pluralismo. Esto no significa que los tratados internacionales pueden aplicarse sin restricción. Los jueces son los garantes del Estado Constitucional, por lo que la actividad judicial será el mecanismo de control más importante al efectuar la aplicación de las normas relativas a derechos humanos, dando un carácter práctico a la interpretación. El principal mecanismo que utilizan los jueces en este sentido es el control de la convencionalidad. El convencionalismo se dio originalmente en el derecho internacional consuetudinario, como una posición adoptada por países pertenecientes al common law (Inglaterra y USA), metodología por medio de la cual se lograba aplicar derecho no legislado pero socialmente reconocido, a ciertos casos particulares. Internacionalistas preveían que esta metodología jurídica podría adoptarse universalmente, lo que está actualmente sucediendo. Para abordar el convencionalismo es necesario comentar que en la aplicación de tratados internacionales dentro del derecho interno hay dos sistemas teóricamente reconocidos: el dualista, seguido por Reino Unido, en el que antes de aplicar cualquier tratado, este debe ser incorporado al derecho interno mediante reforma legislativa; y el denominado sistema monista, seguido por Estados Unidos, que dispone que los tratados debidamente celebrados tendrán vigencia en el derecho interno y obligarán directamente. Disposiciones de este tipo convierte a los tratados en fuentes de derecho interno. El sistema que se pretende incorporar a nuestro país es el sistema monista. Frente a esto, uno de los

problemas por resolver para el poder judicial es: ¿cómo se resolverán los conflictos o discrepancias entre el derecho interno y el derecho internacional? La Constitución da una primera referencia: el derecho debe interpretarse conforme a los derechos humanos y favoreciendo a las personas al brindarles la protección más amplia. Esto implicará una mayor preparación desde la perspectiva del derecho internacional y de los derechos humanos por parte de abogados y jueces. El control de la convencionalidad se ha desarrollado en América Latina y México a través de las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En este sentido, destacan dos resoluciones: el caso Almonacid Arellano vs. Chile, puesto que partió de la necesidad de armonizar el sistema americano de derechos humanos y los derechos internos de los Estados; y el caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México, fallado en 2010. En estos casos, la Corte Interamericana definió el control de la convencionalidad como la obligación de los jueces de cada estado parte de efectuar no solo control de legalidad y constitucionalidad, sino de integrar en sus resoluciones las normas de la convención interamericana. La lógica de este mecanismo de control es la de dar armonía y congruencia a las obligaciones internacionales en su plano fáctico de aplicación nacional, evitando menoscabar responsabilidades internacionales por aplicar normas nacionales que violenten el fin de dichas responsabilidades. El control de convencionalidad tiene dos modalidades: el control directo o internacional, que ejerce la Corte interamericana, y el control difuso, que realizan todos los jueces nacionales logrando una internalización de las normas internacionales. El grado de alcance del control de convencionalidad ha sido señalado en la sentencia Almonacid Arellano, que señala que el poder judicial debe tener en cuenta no sólo el tratado sino la interpretación que del mismo haga la Corte interamericana, lo que supone incorporar el conocimiento de la jurisprudencia en el control de la convencionalidad. En México, el caso paradigmático es el Radilla Pacheco, que generó que el Pleno analizara las medidas a tomar para defender dicha sentencia; en este sentido, se consideró que las sentencias emitidas por la Corte Interamericana, en las que el Estado sea parte, son vinculatorias, reconocimiento que genera la obligación permanente de capacitar a jueces y magistrados respecto de los contenidos de la jurisprudencia interamericana, educación en derechos humanos y estándares internacionales aplicables a la administración de justicia. En esta resolución destacan, entre otras cosas: los jueces están facultados para inaplicar las normas generales que consideren transgresoras a las normas que protejan derechos humanos. Es un reconocimiento al control difuso de los juzgadores. Un problema técnico a resolver en este contexto es ¿cómo se llevaría a cabo la inaplicación de leyes generales? En la Corte no hay consenso, pero la mayoría ha sostenido que el control de convencionalidad emana de los artículos 1 y 133 de la Constitución, por lo que no se requiere de ninguna reforma legal para su aplicación. Además, los jueces federales pueden declarar la invalidez de las normas que contravengan los derechos humanos (reconocidos en la Constitución o en los Tratados) y todas las autoridades que no ejercen funciones jurisdiccionales deben interpretar los derechos humanos de la manera más favorable a las personas. En definitiva: Los jueces federales pueden declarar invalidas y los locales desaplicar a las normas federales que contravengan los derechos humanos. Una conclusión rápida: la

resolución de la Corte implica la obligación de los jueces de efectuar el control de convencionalidad y de orientarse por los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. Esto requiere generar una nueva dogmática constitucional y enfrentar el reto de cómo lograr un estado de derecho garante y respetuoso de los derechos humanos con base en este nuevo control de la convencionalidad.

Magistrado Manuel Hallivis Pelayo:

Ciertamente el parte aguas fue la reforma de junio de 2011, pero el detonante fue la resolución de la Suprema Corte del 14 de julio de 2011 al expediente 912/2010. En dicha resolución, se estableció la diferencia entre el control concentrado y el control difuso. En estos temas se tuvieron dificultades al interior del propio Poder Judicial (como las discusiones con el Tribunal Electoral), pero a partir de la decisión del caso Radilla Pacheco, se consideró que todos los jueces pueden efectuar el control de constitucionalidad y convencionalidad. El Poder Judicial fue muy claro en expresar que los jueces locales y federales que no pertenecen al Poder Judicial de la Federación, no pueden expulsar la norma del sistema, no pueden declarar la inconstitucionalidad (reservada, con mecanismos e instancias específicas, al Poder Judicial de la Federación), pero pueden efectuar el control difuso de la constitucionalidad y de la convencionalidad (inaplicando o declarando inválidas las normas contravenientes). El control difuso no es nuevo, podemos encontrar un precedente con Edwar Coke, quien utilizó normas de la commonwealth en lugar de las normas parlamentarias, si bien posteriormente existieron protestas en contra del “gobierno de los jueces”. Esto último ha pasado en diversas ocasiones, como en México en materia tributaria, donde Vallarta afirmaba que en materia tributaria no existe ningún derecho fundamental a no pagar impuestos. A inicios del siglo XX, esta postura se afirmó sosteniendo que toda vez que no se encontraban dentro de los primeros 29 artículos constitucionales, los principios del artículo 31, fracción IV, no eran parte de los derechos fundamentales. Afortunadamente esta interpretación fue evolucionando. En los 60’s, ya siendo jurisprudencia, se acepta que el particular puede considerar que se violan sus garantías tributarias o sus derechos fundamentales relacionados con la tributación. Esto fue paralelo a la creación de la ONU y debe recordarse que el derecho internacional de los derechos humanos surge a fines de los 40’s y principios de los 50’s, donde el derecho internacional considera como sujetos no sólo a los Estados, sino también a los particulares que pueden reclamar de los Estados ciertos incumplimientos. Actualmente, vale la pena hacer hincapié al hecho de que en la sentencia Radilla se dio la metodología para realizar el control difuso de la constitucionalidad y de la convencionalidad. En el Tribunal Fiscal desde 1995 se aplican directamente tratados internacionales (debido al comercio internacional), en lugar de aplicar alguna legislación interna, siempre que se considere beneficioso. Pero sólo se podía incidir en la inconstitucionalidad a partir de que una jurisprudencia definida hubiera considerado la norma inconstitucional. A partir del caso Rosendo Radilla Pacheco, se puede ahora hacer el control completamente. En este sentido, la metodología indica acudir primero a la interpretación conforme en sentido amplio, esto es, tratar de buscar que en la interpretación se armonice el contenido de los tratados y la Constitución, de forma

que esa interpretación sea armónica con la legislación interna; en caso de ser inviable hacer lo anterior, entonces se debe acudir a la interpretación conforme en sentido estricto, esto es, frente a dos alternativas, preferir la interpretación que este conforme con la Constitución y los tratados; sólo si esto no es posible, entonces se procede a la inaplicación de la ley. Un punto que se está dejando de considerar es el relativo a ¿cómo se deben interpretar los tratados internacionales?, en este sentido, para llegar a la interpretación conforme de los tratados, se debe primero interpretar el tratado y esto debe de hacerse con base en la Convención de Viena, que en sus artículos 31 a 33 indica que se debe iniciar con una interpretación literal, posteriormente una interpretación contextual (armónica o sistemática) y finalmente una interpretación que atienda al fin del tratado. Se debe tener cuidado con acudir a los medios suplementarios de interpretación (notas consulares), que sólo operan cuando el resultado de la interpretación es manifiestamente absurdo, por el riesgo de la seguridad jurídica. Otro tema es el del bloque de constitucionalidad. El artículo 133 constitucional señala que la ley suprema se conforma de Constitución, tratados y legislación interna. Pero ¿qué sucede con casos en los que se considera que una disposición constitucional violenta disposiciones de los tratados internacionales? El control difuso tiene sus límites y no podemos llegar al extremo de declarar inconstitucional una norma constitucional. Pero lo que si es verdad es que la reforma amplia el listado de derecho a los tratados internacionales, ampliar el bloque de constitucionalidad.

Ministro Mariano Azuela:

Hoy nos acompaña por primera vez el Magistrado Humberto Román Franco, el Doctor José Luis Caballero y la Maestra Maria Helena Franco Salinas, quienes son todos bienvenidos. Resulta pertinente recordar que este seminario tiene como objetivo buscar más que el debate, el dialogo e intercambio de ideas entre todos los participantes. En este sentido, a efecto de hacer aportaciones que propicien el intercambio de ideas, debemos recordar que cuando la Suprema Corte de Justicia establece un criterio, éste generalmente es orientador y tiene un valor de precedente que puede aplicar cualquier órgano jurisdiccional e incluso autoridades administrativas, pero no es obligatorio. En el caso Rosendo Radilla Pacheco, es verdad que existe una afirmación de la Corte, pero al ver el engrose debemos recordar que en ningún punto hubo 8 votos, número necesario para que el criterio llegue a constituir jurisprudencia, de manera que no es una resolución que pueda dar lugar a una jurisprudencia. Esto conecta con la Ley de Amparo que no comprende el establecimiento de jurisprudencia en materias distintas al amparo, aunque la Ley Orgánica del Poder Judicial si contiene un precepto que abre la posibilidad para que cuando se resuelva por la Corte cualquier problema, se apliquen, para efecto de formar jurisprudencia, las reglas establecidas en la Ley de Amparo, con lo que se puede interpretar que este caso puede generar jurisprudencia. Por el momento, todos los órganos jurisdiccionales no están vinculados por lo resuelto en el caso Radilla. Pueden seguirlo como orientación, como criterio aislado. Esto puede complicar las cosas, porque en un órgano colegiado, algunos Magistrados pueden no considerar oportuno aplicar los criterios de la sentencia Radilla y no se llevará a cabo la aplicación de los principios de

control de convencionalidad y de control difuso. El Magistrado Hallivis mencionaba la pugna que hubo entre el Pleno de la Corte y el Tribunal Electoral, donde el Tribunal Electoral se apartó de un criterio jurisprudencial de la Corte, considerando inaplicable una norma y denunciando inmediatamente la contradicción ante la propia Corte. Ante esto, la Corte observó que dicha contradicción era inexistente, porque lo que en realidad pasó fue un desacato a una jurisprudencia; así, determinó que el criterio jurisprudencial era el válido y señaló que el Tribunal Electoral incurrió en falta. Esto se manejó políticamente y finalmente llevó a una reforma constitucional que estableció expresamente que tratándose de leyes electorales, el Tribunal Electoral podrá declarar la inaplicabilidad de una norma por considerarla inconstitucional. Pero ¿hasta qué punto esto es un juego de palabras?, porque hay un precepto constitucional que señala que la única vía para declarar la inconstitucionalidad de leyes es la acción de inconstitucionalidad. No hay aquí por lo menos una confusión. Habrá quien sostenga que un mero señalamiento de que una norma es inconstitucional no va en contra del precepto constitucional que establece como única vía para declarar inconstitucional una norma a la acción de inconstitucionalidad. Otros opinaran lo contrario. De igual forma, en lo relativo al caso Radilla algunos podrán seguir el criterio y otros consideraran preferible no hacerlo. Es interesante la insistencia del Magistrado Hallivis y el señalamiento del Doctor Dorantes en torno a la seguridad jurídica, pues se debe tener cuidado de prepararse en estos temas, de lograr una sólida argumentación en estos casos y no perder de vista que un derecho humano fundamental es la seguridad jurídica, porque se puede dar el riesgo de que desde el más humilde juez de paz, de pronto se genere un caos jurídico, lo que sería sumamente grave. La argumentación jurídica sólida superará al menos aquello que mencionaba el Ministro Vicente Aguinaco Alemán : “cuando una decisión no suena lógica, suena metálica”. No se debe perder de vista que cuando se habla de la persona, tan persona es el actor como el demandado, tanto el actor individual como una comunidad de personas que puede estar detrás de una decisión administrativa.

Magistrado Walter Arellano Hobelsberger Hoy hay una tendencia fuerte hacia un nuevo constitucionalismo, un neoconstitucionalismo mexicano, que fluye desde la doctrina y desde la propia Corte. Hoy no se puede preciar un civilista o penalista si no es también un constitucionalista. Esta fusión entre el derecho privado y el público desde la perspectiva constitucional, tiene que ver con el tema del control difuso y del control difuso ex oficio de la convencionalidad. Hoy se hace crecer la terminología del control difuso. Indudablemente la seguridad jurídica de la que nos habla el Doctor Dorantes y el Ministro es un factor básico, ¿hasta qué punto se puede inferir inseguridad jurídica en el seguimiento de un juicio? No obstante que se acepta la supremacía constitucional, el control difuso y una tendencia hacia la observancia de los derechos humanos, en la práctica debemos ser muy cautos, pero también innovar sobre la base interpretativa y argumentativa. Primero interpretamos y luego argumentamos. Hay tres preguntas básicas en torno al control de convencionalidad: i) ¿cuáles son las características del control de la convencionalidad?, ii) ¿cuál es la naturaleza jurídica del control de

convencionalidad?, y iii) ¿cómo se puede aterrizar en la realidad? Para abordar estos temas, se puede afirmar que el control de convencionalidad es de mayor alcance que el control difuso, tiene un mayor alcance, extensión y perfeccionamiento, pues su repercusión es de carácter nacional e internacional; aparece y se consolida en el ejercicio jurisdiccional internacional, pero se

materializa con el reconocimiento del derecho interno de los países que se afilian

a la competencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. A pesar

de su origen de naturaleza jurisdiccional, su eficacia interpretativa y aplicativa alcanza a todos los órganos del Estado, lo que expande la aplicación del control de convencionalidad. A un juez local se le obliga repentinamente a acceder a todo

el esquema internacional, cuando desgraciadamente en algunos casos no tiene ni

siquiera acceso a una computadora, por lo que esto representa uno de los importantes obstáculos. Los problemas de legalidad se pueden comenzar a confundir con los problemas de constitucionalidad bajo el esquema del control de convencionalidad, sobre todo en los términos que la establece la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Algunos críticos consideran en este

sentido que la resolución [del caso Radilla] de la Suprema Corte se quedó corta pues habría una repercusión internacional. Mientras tanto, ¿cómo enfrentar estos cuestionamientos? Desde la perspectiva metodológica ya se apuntaron ciertas exigencias, pero podríamos precisar. Primero, se requiere una interpretación conforme y armónica de los tratados bajo el principio pro persona. Segundo, cuando hay varias interpretaciones, se debe realizar una que sea conforme en sentido estricto, optando por aquella que no vulnere derechos humanos. Tercero,

si no es posible, se debe proceder a invalidar o inaplicar la ley en el ámbito de las

respectivas competencias, para hacer efectiva la superioridad de los derechos humanos. Es posible ejercer un control concentrado de convencionalidad sobre el

control de los órganos estatales y este control le corresponde a la Corte

Interamericana de Derechos Humanos, quien es la última instancia en materia de la revisión del control de la constitucionalidad y quien finalmente dice si el alcance interpretativo y argumentativo de los jueces nacionales (en donde se incluye la Suprema Corte, pues hablamos de una superioridad internacional) es correcto. El eco de estos aspectos en el trabajo jurisdiccional es lo que resulta relevante, sobre todo porque implica el conocimiento de normas internacionales y de interpretaciones internacionales de distintos órganos y organismos. Esto implica un arduo trabajo: tener acceso al orden jurídico nacional (pues el derecho interno está alcanzando el derecho internacional), el conocimiento de los precedentes de las normas jurídicas de los diversos organismos internacionales, pero sobre todo,

el gran reto es la interpretación y la argumentación creativa de carácter analógico.

La analogía es dar matices y quien tiene criterio jurídico es quien sabe matizar. El derecho, el ius, es equidad y justicia, para esto hay que matizar y comparar. A la

Corte Interamericana llegarán los asuntos graves de violación de derechos

humanos, por lo que los jueces deberán tener una participación creativa para dar las pautas para resolver los grandes problemas de la actualidad. El derecho está cambiando. La nueva cultura de los derechos humanos empieza desde la persona

y la familia. Esto implica un cambio paulatino de mentalidad.

Maestro Luis Miguel Cano:

El Poder Judicial ha invertido mucho tiempo y recursos en el tema del control difuso de convencionalidad, precisamente porque se ha manifestado como la principal preocupación de quienes imparten justicia. Lo cierto es que es importante invertir bastantes horas más, porque este es un tema que presupone muchos conocimientos, aplicaciones y distinciones. Existen varios temas, por ejemplo, ¿es obligatorio ejercer control difuso de convencionalidad? La respuesta es ciertamente negativa si se piensa fundar la obligatoriedad en lo que ha dicho la Corte en el expediente Varios 912, pues claramente este precedente tiene un valor orientador y no vinculante. Pero en realidad la obligatoriedad de ejercer control difuso de convencionalidad resulta, entre otras cosas, porque así lo mandata la Corte Interamericana de Derechos Humanos; la obligación es del Estado Mexicano y dentro del Estado, la obligación es de todos los órganos que tienen funciones jurisdiccionales; esto no se puede evitar, hay cuatro sentencias que condenan a México y de ahí una fuente de obligación. En términos más generales esto es obligación del Estado Mexicano y dentro del Estado Mexicano de las autoridades competentes, porque se deben atender y cumplir los compromisos internacionales y se tienen que atender de buena fe, de forma que tengan efectos en la práctica, y para hacer esto, no es excusa el derecho interno, ni siquiera el derecho constitucional. Se tiene que atender un control difuso de convencionalidad, si no se quiere recurrir a fuentes internacionales, porque así lo mandata la reforma constitucional en su artículo 1 de la Constitución; porque se tiene la obligación de respetar, proteger, promover y garantizar los derechos, así como de prevenir, investigar, sancionar y reparar sus violaciones, se debe llevar a cabo un control difuso de convencionalidad y sobre esa línea se está trabajando (existe ya una jurisprudencia de la Primera Sala que es la 18 que ya habla de

control difuso de la convencionalidad). Ahora bien, para ejercer el control difuso de convencionalidad se requiere entender a la perfección el tema del bloque de constitucionalidad, tema que está pendiente en la contradicción de tesis 293/2011

y ciertamente las posiciones anunciadas no son favorables a la expresión “bloque

de constitucionalidad”, aunque se espera que sí lo sean a la idea. Es importante conocer del bloque de constitucionalidad porque al menos tiene tres fuentes, y las

tres fuentes tienen fundamento constitucional. El bloque de constitucionalidad sirve i) para identificar como fuente de derechos, ii) para introducir parámetros de interpretación y iii) para introducir parámetros de validez. Como fuente de derechos es claro el primer párrafo del artículo 1 constitucional que abre la puerta

a fuentes internacionales. Como fuente interpretativa, es claro el segundo párrafo

del artículo 1 al obligar a hacer interpretaciones conforme a la Constitución y tratados en materia de derechos humanos, de manera que más favorezca a las personas. Como parámetro de validez es claro en el artículo 15, en el 103 y en el 105, donde se debe contrastar toda norma frente a la Constitución y tratados internacionales sobre derechos humanos. Inclusive si procede el proyecto de Ley de Amparo, se debe llamar la atención sobre los términos en que está planteada su procedencia, porque presupone a los tratados como parámetros de validez. Si no se entienden estas ideas de bloque, parece que el control difuso puede permitir cualquier cosa, por ello es importante definir el control difuso de convencionalidad, que no está peleado con el principio de imparcialidad: no implica favorecer a una

de las partes. El control difuso de la convencionalidad implica precisar cuál es el derecho aplicable para resolver una controversia. El control difuso, así, atiende a dos de los principios más importantes de la función judicial, que es el de legalidad y el de certeza jurídica, interpretados de la forma más favorable a las personas. El control difuso permitirá completar el marco aplicable para resolver la controversia, que ya no se limita a las fuentes internas. Se dice de certidumbre jurídica para beneficio de las personas, porque las personas esperan de la labor jurisdiccional que se les resuelva conforme al derecho aplicable, de forma completa, y aunque en este periodo de transición puede ser que se ignoren las fuentes, esto no es sino un recordatorio de que esta comodidad no puede continuar. La sociedad espera la certeza de que se le resuelva conforme a lo más beneficioso. El control difuso de convencionalidad lo único que permite es definir el derecho aplicable y, después de ello, aun queda la labor de resolver el conflicto de derechos, por ello no es contrario a la imparcialidad. Ahora bien, después de superar estos aspectos, se debe atender el tema de una metodología o un mecanismo para ejercer el control difuso. En el expediente Varios 912 está ilustrado sólo una parte del método. El método consta de 5 pasos sucesivos: i) identificar los derechos humanos involucrados; ii) hacer explícito el contraste entre marcos normativos (citar e interpretar el marco normativo de origen interno y sus consecuencias para el caso concreto; citar e interpretar el marco normativo internacional y sus consecuencias); iii) ver cuál es el marco más favorable; iv) si resulta más favorable el marco normativo internacional, entonces se pueden seguir las guías de la Corte de aplicar la interpretación conforme en sentido amplio y en sentido estricto, donde la interpretación conforme en sentido amplio se entiende como armonización de ambos marcos normativos (con influencia bidireccional) mientras que la interpretación conforme en sentido estricto se vuelve un poco problemática porque tradicionalmente era vista como una técnica de resolución de antinomias que suponía una división jerárquica (donde se salvaba la validez de la inferior interpretándola conforme a la superior) mientras que ahora, con el nuevo paradigma constitucional, esto se complica; no obstante, parece que la solución puede consistir en recordar que antes se observó ya que la norma más favorable es la norma internacional, razón por la que se hace interpretación conforme en sentido estricto, para salvar la norma más favorable; sólo en caso que no se pueda realizar lo anterior, entonces se procede al paso v) que es la inaplicación o invalidación, lo que es un tanto independiente de si son órganos locales o federales quienes lo realizan. Por otro lado, está el tema de las disposiciones constitucionales, esto es, la posibilidad de hacer control difuso de convencionalidad respecto de las propias normas constitucionales. Esto no implica entrar al tema de la jerarquía supraconstitucional de los tratados; de hecho, parece un falso debate contrastar la supremacía constitucional frente al control difuso de convencionalidad porque, atendiendo a la propia supremacía constitucional y tomándola en serio, se debe observar el segundo párrafo del artículo 1 constitucional, donde parece claro que la Constitución ordena fallar conforme a lo más favorable a la persona, incluso si no son las disposiciones de la propia Constitución las más favorables. Este no es un criterio nuevo, pues se vincula a la idea de que la Constitución es un listado de derechos mínimos, tesis sostenida en torno a las cuestiones de derechos en controversias indígenas. La responsabilidad

internacional no se exime por la supremacía constitucional, pero este no es el

punto, sino recordar que hoy la Constitución ordena precisamente aplicar la norma más favorable y entonces, quizá, algunas disposiciones constitucionales (arraigo) no son las más favorables. El control difuso de la convencionalidad si rompe un monopolio, antes el Poder Judicial era el único que podía resolver estas cuestiones y la Suprema Corte era la cúspide, poro hoy no lo es, también gracias

a la intervención de la propia Corte. Que se pueden generar invenciones, es algo

cierto, pero por ello existe un control sobre el control (el juez de segunda instancia revisará al de primera). En última instancia, si entendemos bien bloque de constitucionalidad sabremos que convencionalidad es constitucionalidad.

Doctor José Luis Caballero:

Estamos ante dos rutas paralelas y una parece no ser tan conveniente. La que no es tan conveniente es la que ha generado la idea de que el control de constitucionalidad y el de convencionalidad son dos cosas distintas. La expresión acabada de esta ruta la señaló el Ministro José Ramón Cossío en la discusión de marzo sobre la contradicción de tesis, donde señaló que se tendría que hablar de un bloque de regularidad porque hay un bloque de constitucionalidad que debe estar separado del de convencionalidad porque jerárquicamente son distintos. La otra ruta, que es a la que se refería Luis Miguel Cano, es una vía de integración; en este sentido existen dos provocaciones al orden jurídico mexicano, una que proviene de la Corte Interamericana, que es su doctrina del control de convencionalidad y, la otra, que corresponde a la reforma constitucional de 2011, al incorporar una cláusula de interpretación conforme con los tratados internacionales y con la Constitución, como tiene España, Portugal, Colombia, República Dominicana, con mucho éxito. Esta es una ruta integrativa que va de la convencionalidad a la constitucionalidad y el principio de interpretación conforme y viceversa. Llama la atención, por ejemplo, que en el caso Karen Atala, que resolvió la Corte Interamericana en febrero, se señala que existen Cortes nacionales que están abriendo esta última ruta, ruta que tiene muy clara la Suprema Corte de México en el expediente Varios. Algunos elementos puntuales para la discusión pueden referirse a ¿cómo se contiene esta integración de la interpretación conforme?, es la conformación de un contenido constitucional de los derechos humanos, con base en lo que dice la Constitución, la norma convencional y la interpretación de los organismos internacionales. En este sentido, el primer punto es ¿qué son derechos integrados? Luis Miguel Cano señalaba una prioridad, observando primero los criterios de la Constitución y después los criterios de los tratados, aunque después señaló la conveniencia de hacer una integración armónica, lo que parece más adecuado. En materia interpretativa no se trata de una cuestión subsidiaria que coloque primero al derecho interno y después al internacional. En segundo lugar, ¿quién tiene que dar ese retrato completo de los derechos integrados (Constitución, tratados internacionales, jurisprudencia)?, la Suprema Corte de Justicia de la Nación como Tribunal Constitucional. Esto desde luego implica asumir la obligatoriedad de la jurisprudencia internacional, razón por la cual al parecer la Suprema Corte quedó

a deber al asumir la ruta de que los criterios de la Corte Interamericana son

orientadores en los casos en los que el Estado no sea parte, pues en realidad no

advierte la naturaleza de las normas en juego. Lo que se decía, la esencia de los derechos humanos es que son derechos de contenido mínimo que se reenvían a otros para expandirse, esto es, de la Constitución a la Convención Americana y viceversa. Son criterios interpretativos de reenvío en donde quien de la pauta es la norma más protectora. Es interesante porque a menudo se considera cruzada la jerarquía normativa, pero en el tema de los derechos, predicar que los derechos en la Constitución son mínimos que se pueden ampliar por cualquier vía normativa, es un criterio jurisprudencial de siempre de la Suprema Corte de Justicia. El último punto es saber si este contenido constitucional convencional, alberga un único bloque normativo (al parecer sí), que es lo que aun se encuentra pendiente en una contradicción de tesis ya referida, no resuelta por haberse cruzado en la consideración el tema de la jerarquía, lo que parece incorrecto. Al respecto es importante observar que una cosa es la jerarquía de fuentes en el derecho y otra es la incorporación a nivel constitucional de un sistema interpretativo.

Magistrado Horacio Hernández Se resalta la cuestión comentada por el Doctor Dorantes respecto a la creación de una nueva dogmática en razón de los nuevos paradigmas. Respecto de lo anterior, en la actualidad estamos en un momento de romper esquemas y paradigmas tradicionales, lo que evidentemente genera un shock, por lo que es importante abrir los ojos a nuevas perspectivas y análisis. Hablar de un control difuso de convencionalidad y de un control concentrado de convencionalidad, este último a cargo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, abre nuevos paradigmas. Se estima que el control difuso está a cargo de los jueces, pero la Constitución señala que toda autoridad está obligada, lo que implica tanto al

legislativo como al ejecutivo y, obviamente, al judicial, si bien por nuestro esquema político de organización es muy probable que la mayoría de los problemas llegarán

a una instancia judicial. En este sentido, también puede haber un control difuso de autoridades legislativas y administrativas. Por otro lado, cuando se considera el artículo 133 con el artículo 1 de la Constitución, estamos tratando de fusionar aspectos distintos, una cuestión es la jerarquía de normas y otra es la de los

factores de interpretación, porque los factores de interpretación se pueden aplicar

a distintas normas. El artículo 133 habla de los jueces locales, pero al margen de

esto, a nivel federal existen jueces de instancia que en su momento tendrán que aplicar un control difuso de convencionalidad. Además, en aquellos lugares donde existen jueces mixtos, jueces de distrito que conocen tanto de proceso como de cuestiones de constitucionalidad y amparo, tendrán en un momento control difuso de convencionalidad y en otro un control de constitucionalidad, por lo que resulta pertinente hacer estas distinciones. El control difuso de la convencionalidad en México, entonces, tendría dos perspectivas: i) la inaplicación de normas a través de los jueces de instancia y ii) la invalidez de normas a través de los sistemas concentrados (acciones de inconstitucionalidad, controversias constitucionales y amparo). Estamos acostumbrados a hablar de control difuso y control concentrado, pero probablemente hablar de un control de aplicabilidad o control de validez pueden ser nociones para esta nueva dogmática, además de los temas apuntados, por ejemplo, si a través de un control de convencionalidad se ejercerá

un control de constitucionalidad o a la inversa. Aquí tendríamos que revisar nuestro paradigma que afirma que un control de constitucionalidad no se puede ejercer sobre otro control. Sobre la interpretación de los tratados, se acude a la interpretación reglada, si el tratado establece sus mecanismos de interpretación, pues de no hacerlo, se tendría que acudir a la Convención de Viena, como se señalaba. Finalmente, bajo estas consideraciones, el bloque de constitucionalidad se ha centrado en la jerarquía de normas, pero hoy debemos considerar los principios. Existen ley y principios. Por ejemplo, la Corte señaló, bajo el esquema de los artículos 16, 14, 19, 112, entre otros, que tácitamente estaba incluido el principio de presunción de inocencia. Pero incluso si hubiese señalado que el principio no estaba reconocido expresamente, esto no significa que el principio no exista y de lo que se trata es de analizar si las autoridades lo respetan o no. Hace años no se hablaba de un principio pro homine, pero existía. La legalidad y la convencionalidad son cuestiones a analizar, para ver si a través de un control se ejerce a la vez el otro. No necesariamente todo tiene que verse a través de un control difuso de convencionalidad, pues pueden verse casos ejerciendo un control tradicional de legalidad, siempre que estemos al pendiente de no violentar derechos humanos. Hay que aplicar un control difuso de convencionalidad siempre que se tenga que aplicarlo, pero sólo si se tiene que aplicar.

Doctor José Ramón Narváez Hernández Estamos ante un problema de re-significación. Es necesario empezar a revisar la idea misma de “control”, por ejemplo, porque puede resultar contraproducente, ya que en la cultura popular la noción de control se vincula a la idea de sumisión, a personas que están revisando continuamente, siempre mirando, como lo sería el panóptico. A la par, se usa la noción de “interpretación” que al ligarla al artículo 1 constitucional produce cierta seguridad. Pero lo que nos preocupa de la noción de “control” es la situación de saber que quien controla a la vez puede ser controlado y así sucesivamente. En este sentido, ¿quién controla al controlador? No obstante, lo más relevante sería pensar en el autocontrol. Pensar con base en el esquema de que siempre existirá alguien que revise, alguien “arriba” que corrija lo que hizo el de “abajo”, puede ser riesgoso, como lo muestra la historia del derecho. En la historia se han presentado periodos de decodificación. Hay periodos en los que se necesitan códigos, bloques, métodos y formas, y existen otros periodos en donde existe expansión, la ruptura de aquellos elementos que daban seguridad; en estos últimos, se habla de un derecho jurisprudencial, basado no tanto en reglas sino en la razón práctica y en la analogía. En este sentido, como suspicacia, ¿no será que tengamos que reinventarnos desde esta perspectiva? ¿Por qué?, porque hablar de interpretación necesariamente es hablar del interprete y de la ética (de los parámetros bajo los cuales el interprete hará la aplicación del derecho). En este contexto, las jerarquías se olvidan un poco y quizá sea conveniente dejar de ser tan formalistas, porque de todas formas en el asunto concreto se tendrá que determinar lo que corresponde a cada uno.

Ministro Mariano Azuela Don Juan Díaz Romero, cuando habla de los atributos del Juez, dice que el juez debe tener criterio jurídico, que es el equivalente al ojo clínico del médico o al

temple del torero. Ese criterio jurídico que se maneja en los tribunales, en primer lugar permite advertir la gravedad y trascendencia del punto que se aborda. Ahí se verá que un gran número de asuntos no requiere de las consideraciones del control difuso y del control de convencionalidad, sino que se tiene consciencia del precedente y se puede resolver clara y fácilmente, porque si todos los asuntos fueran de la gravedad que estamos analizando, seguramente existiría un amplio

rezago. El criterio jurídico permitirá advertir los casos que se resuelven fácilmente

y encontrar aquellos asuntos en los que sí operarán todas estas consideraciones,

donde nos debemos acercar a los tratados en materia de derechos humanos y a la consideración de qué favorece más a las personas (sin olvidar que también las víctimas son personas en relación con las cuales esto debe operar). Por otro lado, lo que sí debe desaparecer, es lo que podríamos denominar “amparitos”, esto es, el proceder a quitarse asuntos de encima por vicios procesales o formales, cuando

en realidad se tiene la oportunidad de entrar al fondo del asunto, más si están en juego derechos humanos, porque dentro de la seguridad jurídica está la expedites en la impartición de justicia. Esta es una de las ventajas que se observan con estos impulsos a los derechos humanos, que este tipo de “amparitos” disminuyan hasta lo estrictamente indispensable.

Doctor Felipe Ibañez:

Estos principios, como la convencionalidad, redundarán en la celeridad de los procesos. Para no esperar al amparo, hoy en día este control va a acortar muchos procesos. Hoy, por ejemplo, se podrá invocar el principio pro homine para conseguir la libertad condicional desde la primera instancia y en la apelación, con la ventaja de que si se gana un juicio, el Ministerio Público no podrá promover amparo. Coincido en el sentido de que la mayor parte de los problemas se resolverán como se resuelven habitualmente. De ordinario, no se tendría que acudir a los derechos humanos. No obstante, sí se necesita que todos los jueces tengan conocimiento de los tratados internacionales. Lo importante es capacitar para poder invocar los instrumentos, tanto los abogados como los servidores judiciales. Es un deber ético estar actualizados.

Magistrado Osmar Cruz Quiroz:

Quisiera reducir el tema a tres grandes rubros importantes, como una metodología para ir logrando los objetivos. Estos serían: i) la parte sustantiva, la teoría, la conceptualización, la definición de criterios en cuanto a temas de derechos humanos, control de convencionalidad y juicios constitucionales, sumado también el control difuso; el conocimiento pleno de estos temas para poderlos llevar a la

práctica diaria de cualquier operador del derecho las reformas; ii) el aspecto formal

o adjetivo, cómo van a instrumentarse, cuál será la metodología para implementar

la reforma; iii) la política pública judicial, de carácter administrativo a través de la cual se podría lograr la implementación de estos objetivos. Respecto del primero creo que estamos todavía en una etapa en la que no existe plataforma uniforme del conocimiento al que se refiere la reforma constitucional; no existe una plataforma que permita establecer un discurso adecuado; se debe establecer esta uniformidad de conceptos que será la base para el criterio jurídico. En la parte adjetiva, en el tema de control difuso existe una situación peculiar; el control difuso

hoy se funda en el 133 constitucional; antes se sostenía (incluso por jurisprudencia) que no había control difuso porque no estaba reglamentado, no había formalidades, no había mecanismos, no había procedimientos; ahora, aunque el art. 133 sigue igual, en virtud de las reformas constitucionales se acepta el control difuso, pero se sigue sin formalidades, no se ha desarrollado en realidad la metodología (mecanismos, formas, plazos, competencias, recursos); una iniciativa en el Senado tiene l intención de comenzar a regular todo esto, pero aun es muy incipiente, dejando varios aspectos al criterio del juzgador; existe pues, un problema en la aplicación de las instituciones en lo relativo al control difuso y de convencionalidad. Finalmente, el tercer gran rubro, el aspecto organizativo administrativo de políticas públicas institucionales, ¿qué tiene que hacer la institución para implementar estas reformas de manera adecuada?, en primer lugar la capacitación; existen juzgadores que conocen a profundidad estas materias, otros que las conocen de manera general, pero también hay otros tantos que no tienen el conocimiento necesario sobre estos aspectos, por lo que este es un punto relevante; esto se ve reflejado en los diferentes operadores del derecho (postulantes, académicos, etc.), pues algunas veces se promueve esperando una suplencia total en virtud de los derechos humanos. Aquí es importante, como se señalaba, tomar en cuenta la carga pues hay que responder cualitativa, pero también cuantitativamente, para una adecuada administración de justicia. No se agotan las políticas con la capacitación, aunque sea el más importante; hay otras cuestiones accesorias que deben atenderse: prevenir, hasta dónde las cargas permiten a los jueces involucrarse en estos temas, hasta dónde involucrarnos con las instancias del orden local para lograr esa plataforma teórica común. El juez constitucional no se hace leyendo la constitución; se debe buscar la plataforma común con el juez federal, local, el litigante, el operador en la administración pública, etc., en donde se planten temas de constitucionalidad. La política pública entonces, involucra capacitación, cooperación con otras instituciones, pero también un análisis de criterios para el tipo de asuntos que se puede presentar.

Maestro César Olmedo Con la idea de control, se puede considerar la sentencia de Marbury vs Madison, donde la intensión de ejercer aquel control difuso fue precisamente ligada a la noción de supremacía de la Constitución. La idea de supremacía puede estar vinculada a la Constitución, al tratado o a la ley, pero la cuestión está en preguntarse ¿por qué se pretende que uno u otro se encuentre por encima? El tema es abstraer por qué queremos que eso vaya arriba. Si parafraseamos a Don Sergio García Ramírez, podríamos decir que lo que debería estar por encima son los derechos humanos. Una vez fijado el criterio de supremacía, se puede entender la idea de control. Cuando el criterio de control fue la Constitución, no hubo problema y se podía declarar por ejemplo la inconstitucionalidad de un tratado; pero ahora, si el criterio también es el tratado, puede darse que el objeto de control sea otro tratado. El juez se enfrentará a ordenar tratados. Este problema de la convencionalidad deja un espacio de prudencia amplia para el juez, en el sentido de virtud. Cómo resolver entonces este reto: i) con la preparación, el estudio, y ii) el estudio académico de lógica formal. Una garantía

es la argumentación sólida. Esto puede dar mayor certeza y ayudar a identificar cuándo si procede hacer control.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

Creo que hay algo que puede vincular el tema del control con una teoría constitucional y con una teoría interpretativa del derecho. En este sentido, al parecer la nueva dogmática a la que se ha hecho referencia en realidad empezó hace treinta años, el problema es su desconocimiento. Algunas ideas de esta nueva dogmática presentan dos modelos diferentes de cómo funciona un Estado constitucional. Algunos llaman a un primer modelo, tradicional (formalista o de código), donde la constitución se encuentra arriba y las leyes se derivan interpretando la constitución; las leyes se suponen constitucionales bajo una idea formal de la validez; el operador jurídico opera sin ver la constitución, aplica las leyes sin preocuparse de si son constitucionales; esto genera una idea de seguridad jurídica que ha permeado la cultura; parecería que la seguridad jurídica se da cuando un juez aplica la ley (con un método relativamente simple); pero la complejidad actual deriva en que en la actualidad la subsunción ya no otorga seguridad porque un supuesto puede subsumirse en diversas normas jurídicas dentro de la gran cantidad que existe de las mismas en la actualidad; la idea de subsunción ya no garantiza la seguridad jurídica; la seguridad se ha perdido, pues todos los casos pueden estar disputados en este sentido y será finalmente la autoridad la que tome la decisión de bajo qué norma subsumir; esta es la cultura que domina en México y en otros países. El otro modelo, es el del constitucionalismo o neoconstitucionalismo; más allá de los nombres es una idea completamente diferente; en este modelo la Constitución sigue arriba, pero las leyes ya no son el interprete de la Constitución; cada vez que se deben aplicar las leyes se debe mirar a la Constitución, ya no se supone que la validez formal asegura la constitucionalidad de las normas; se reconoce que la validez sustantiva no se asegura con la formalidad; esto genera una actitud interpretativa diferente, ya no formalista, que apela a los principios y derechos humanos; este ya no es un razonamiento lógico, sino un razonamiento substancial y valorativo donde entran en juego preguntas como: ¿cuál es la norma más favorable?, que es una pregunta no formal, sino valorativa y sustantiva. Retomando la idea del ojo clínico del criterio jurídico, es importante observar que nuestro ojo clínico es diferente al ojo clínico del formalista. Un buen criterio jurídico ya no equivale a lo que era antes un buen criterio jurídico formal. Debemos tener una actitud que tome en cuenta los derechos humanos. Esto es lo que hace que cambie el criterio jurídico. El problema es que nuestro criterio jurídico lo tenemos basado aun en el modelo anterior y no en el modelo constitucionalista, estamos en el momento de tránsito. Estos modelos son teóricos, pero en la realidad subsistirán mucho tiempo, hasta que un modelo constitucional logre imponerse. La cuestión es que esta transición debe hacerse de la mejor manera posible y lo más rápido a favor de los derechos humanos.

Ministro Mariano Azuela:

Es importante rescatar la idea de que más que un cambio hay una evolución. A veces se comete injusticia con el pasado. Es el error de juzgar el pasado con

visiones modernas. Soñar con un artículo 1 como el actual en 1950 era impensable. Sin embargo, se van dando signos de evolución. En 1961, don Felipe Tena ya observaba un reconocimiento al juicio de amparo como una vía de protección a los derechos fundamentales del ser humano. Estas nuevas visiones tendrán que traducirse en una mejora de la justicia.

Licenciado Joaquín González Casanova Se les invita cordialmente al Seminario “Ética y Sistema Acusatorio” que será llevado a cabo el próximo 13 de junio. En él, se efectuará una aproximación a la deontología profesional de los participantes en este nuevo sistema penal.

Conclusiones:

1. A partir de la reforma constitucional y de algunas resoluciones relevantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en especial del denominado caso Radilla Pacheco, el control difuso de la convencionalidad se ha empezado a aceptar como un compromiso que los juzgadores deben cumplir al resolver casos relacionados con los derechos humanos.

2. El control difuso de convencionalidad no necesariamente entra en conflicto con el principio de supremacía constitucional. Una vía de superación de este supuesto conflicto consiste en reconocer que la propia Constitución establece el principio pro persona como un mandato de criterio interpretativo.

3. Lo anterior se encuentra vinculado a la noción de la Constitución como un listado mínimo de derechos, que es un criterio ya tradicional de la Suprema Corte.

4. En la resolución al caso Radilla, se encuentra registrada parte de la metodología de aplicación del control difuso de la convencionalidad, si bien este criterio de la Corte es orientativo.

5. No obstante, se reconoce la obligación de los jueces (y de otras autoridades) de ejercer un control difuso de la convencionalidad, en los casos que sea pertinente y tratando de proteger siempre el principio de seguridad jurídica.

6. El desarrollo del control difuso de convencionalidad implica diversos retos, pero principalmente supone un cambio de mentalidad que supere un formalismo rígido.

RESPONSABILIDAD DEL PODER

JUDICIAL FRENTE A LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE 2011

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 7 de agosto de 2012

Artículo

constitucionales”

sobre

“Responsabilidad

del

poder

Judicial

a

partir

de

las

reformas

DIÁLOGO SOBRE LA RESPONSABILIDAD DEL PODER JUDICIAL A PARTIR DE LAS REFORMAS CONSTITUCIONALES

Algunas cuestiones que pueden servir de guía para el diálogo:

a. ¿Qué se debe entender por promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos? b. ¿Qué debe implicar (alcances) la prevención, investigación, sanción y reparación de violaciones a los derechos? c. La garantía de los derechos humanos ¿implica la promoción de políticas públicas a través de la función jurisdiccional?, ¿hasta qué punto se incursionaría en activismo judicial? d. Sólo con la capacitación de los jueces ¿se cumple con las obligaciones que impone la reforma en materia de derechos humanos? e. Además de la capacitación, ¿qué otras medidas debe implementar el Poder Judicial, como institución, para hacer frente a la reforma en materia de derechos humanos?

Ministro Mariano Azuela:

Siguiendo las reglas acordadas para el desarrollo de este Seminario, se dará inicio a esta sesión. Es pertinente observar que uno de los temas más relevantes en torno a las reformas constitucionales, es el relativo al cumplimiento que de ellas deben hacer las distintas autoridades a las que las reformas se encuentran dirigidas. Las reformas al artículo 1 de la Constitución que han sido materia de este Seminario, hace referencia a todas las autoridades como destinatarias de estas nuevas disposiciones relacionadas con los derechos humanos. En esta sesión nos interrogamos en torno a cuál es el papel del Poder Judicial de la Federación en torno a estas nuevas disposiciones.

Doctor Felipe Ibáñez:

En relación a la responsabilidad del Poder Judicial en torno a los derechos humanos, lo primero es que se conozcan, saber su ubicación tanto en el ámbito nacional como internacional; y en segundo lugar, la autoridad judicial debe saber cómo aplicarlos. En la dogmática jurídica, uno de los temas que más problemas representa a sus operadores y analistas es el de la interpretación normativa, que se presenta recurrentemente cuando se requiere aplicar una norma, dificultad derivada de la necesidad de cumplir con el fin último del derecho que es la justicia. Se sabe, que los derechos humanos se fundamentan en la persona y, por ello, la interpretación debe hacerse siempre en favor de la persona (principio pro homine), aplicando en la forma más amplia aquellas normas en donde los derechos humanos estén establecidos y en la forma más restringida aquellas disposiciones que los restrinjan. Muchas resoluciones de la Suprema Corte, en esta décima época, han establecido ya criterio respecto a la forma como deben aplicarse los derechos humanos. Un ejemplo es la ejecutoria con número de registro 160073, que establece las obligaciones constitucionales de las autoridades en materia de derechos humanos: En primer lugar, las normas relativas a derechos humanos se interpretarán conforme a la Constitución y los Tratados Internacionales,

favoreciendo a las personas con la protección más amplia. En segundo lugar, todas las autoridades en el ámbito de sus competencias, deben promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos conforme a sus principios. En tercer lugar, el Estado debe prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a derechos humanos. Todo esto de manera progresiva. El Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal, también ha establecido criterio para que en materia familiar los jueces protejan plenamente los derechos humanos de los menores involucrados, reconociéndoles plena participación a efecto de respetar la dignidad humana. El Pleno de la Corte, en la resolución con número de registro 160525, estableció los pasos a seguir en materia de control de constitucionalidad y convencionalidad ex officio en materia de derechos humanos: 1) interpretar en el sentido más amplio favorable a las personas; 2) interpretación en cuanto al sentido estricto cuando hay varias interpretaciones válidas, partiendo de la presunción de constitucionalidad de las leyes, se debe partir de la interpretación que hace a las leyes acorde con los derechos humanos reconocidos en al Constitución y Tratados internacionales, y 3) inaplicación de la ley cuando las alternativas anteriores no son posibles. Existen resoluciones interesantes en este sentido que resultaría importante reflexionar.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

El tema de la reparación es un aspecto básico previsto en el artículo 1 de la Constitución y forma parte de las responsabilidades a las que tiene que responder el Poder Judicial frente a la reforma. Sin garantías, la reforma no sirve. Ante esto, se puede uno preguntar ¿hasta dónde la práctica cotidiana está resolviendo adecuadamente los problemas y hasta dónde los jueces están siendo el “engrane” adecuado para que puedan funcionar los aspectos de eficacia de las garantías, concretamente en el tema de la reparación?, ¿qué tan confiados podemos estar en la existencia y vigencia de los derechos? Esto se advierte como un síntoma clave de lo que pudiera ser un Estado fallido. Se ha hablado de muchos temas pero no tanto de la reparación. Existe al respecto una decisión importante de 2006 de la Asamblea General de Naciones Unidas que habla sobre principios y directrices básicos, sobre derechos de las víctimas de violaciones manifiestas de normas internacionales y de derechos humanos; en buena medida esta resolución tiene la esencia de lo que se plantea en la Ley de Victimas que se encuentra detenida. Lo relevante de esta resolución, son las obligaciones que se establecen aquí en materia de reparación, criterios sobre los cuales se encuentra resolviendo la Corte Interamericana de derechos Humanos y el Tribunal Europeo de derechos Humanos. ¿Qué debe darse a la par de la declaración de que se han violado derechos humanos?, ciertamente no basta con la declaración, es necesario preguntarse de qué manera se van a restituir a la víctima o víctimas o a las personas afectadas. Esto es un punto clave. Nuestro sistema normativo lo prevé, pero en la realidad qué tan efectivo resulta este aspecto. Con el asunto Radilla, este aspecto de la reparación lo estamos viviendo. Son seis aspectos de los que habla esta resolución de las Naciones Unidas: i) el tema de la restitución, tratará de restituirse a la víctima o afectado al estado en que se encontraban antes de haberse dado la violación de derechos, siempre que sea posible; cuando no se pueda, como segunda alternativa vendrá la ii) indemnización, aquí se debe

considerar el tema del daño físico o mental que se haya causado a la víctima, el tema de la pérdida de oportunidades que hayan sufrido, los daños materiales y el lucro cesante, así como los perjuicios morales y los gastos de asistencia; iii) la rehabilitación, donde se incluye la atención médica, psicológica y los servicios jurídicos y sociales involucrados; el iv) es la satisfacción, al establecer medidas eficaces para impedir que continúen las violaciones, la verificación de los hechos y revelación de la verdad, la búsqueda de las personas desaparecidas, una declaración o decisión judicial que restablezca la dignidad y reputación, una disculpa pública, y la aplicación de sanciones a los responsables de las violaciones (en donde probablemente en México no se ha tenido la misma intensidad de sanciones judiciales y administrativas a los responsables de violaciones de derechos); v) se habla también de conmemoraciones y homenajes, así como de una exposición precisa de las violaciones que se hayan cometido para mantener esto claramente ante la opinión pública; vi) otro punto importante son las garantías de no repetición, donde se plantea: un control efectivo por las autoridades civiles por encima de las fuerzas armadas y de seguridad, la garantía de que los procedimientos civiles y militares se ajusten a las normas internacionales de garantías procesales, el fortalecimiento de la independencia del poder judicial, la protección de los profesionales del derecho, la educación a la opinión pública y a los operadores jurídicos involucrados, la promoción de la observancia de los códigos de conducta y normas éticas que rigen la actividad de los órganos jurisdiccionales y de seguridad, la promoción de organismos destinados a prevenir conflictos sociales y, la revisión y reforma de las leyes. Son algunos de los puntos que plantea esta Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas y que resultaría pertinente tomarlos en cuenta.

Magistrada Adriana Campuzano:

Para saber el papel y la responsabilidad del Poder Judicial en torno a esta reforma, debemos partir de observar lo que es el Poder Judicial, a saber, una organización estatal, una institución pública que se mueve con cuatro “rostros” distintos: un “rostro” que va dirigido hacia los servidores públicos que prestamos servicios para el Poder Judicial; un “rostro” distinto que tiene que ver con los usuarios del servicio de impartición de justicia; un “rostro” dirigido hacia la sociedad, y un cuarto “rostro” que tiene que ver con las relaciones del Poder Judicial con ciertos particulares, sobre todo lo relacionado con contrataciones de servicios y bienes. En este sentido, el Poder Judicial debe regir su actuación en cada uno de estos ámbitos siguiendo los cuatro deberes fundamentales que la Constitución establece, es decir, los de respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos. En este contexto, el papel del Poder Judicial se desenvuelve según se trate del “rostro” que corresponda. Frente a sus servidores, el deber de respetar los derechos humanos implicaría generar una cultura institucional que favoreciera el derecho de sus servidores (por ejemplo, el respeto a una jornada laboral correcta, la igualdad de trato, la no discriminación, el cumplimiento de los deberes laborales que el Estado debe tener frente a sus servidores); en lo correspondiente a proteger, por ejemplo, se deben crear las instancias necesarias para que al interior se puedan hacer efectivos esos derechos; en lo que corresponde a promover, podríamos hablar de crear una

política pública hacia el interior, para hacer del conocimiento de todos los servidores públicos sus derechos y sus obligaciones, una cultura organizacional donde se trabajen temas de ética, por ejemplo; finalmente, en lo relativo a garantizar, tendría que ver con los procedimientos y formalidades a través de las cuales se deben ventilar los procedimientos de nuestros servidores, por ejemplo, concretamente en los procedimientos disciplinarios, en donde la presunción de inocencia debería ser un principio plenamente observado. En el caso del “rostro” del poder Judicial frente a los usuarios, el más visible, los cuatro deberse se podrían desarrollar de la siguiente manera: respetar los derechos se actualiza cuando el Poder Judicial respeta el derecho de los usuarios, pero aquí surge la interrogante sobre cuáles son los derechos de los usuarios; en otras instituciones existen catálogos de derechos, quien acude a dicha institución sabe qué derechos tiene (un ejemplo es la materia de salud, donde existe una carta de derechos de los usuarios de los servicios de salud), en este sentido, debería existir un catálogo análogo en el Poder Judicial, a efecto de que los usuarios supieran cuáles son sus derechos; respecto del deber de proteger, es claro que corresponde a nuestro trabajo cotidiano de hacer efectivos los derechos humanos en los litigios que se resuelven; lo relativo a promover, correspondería a dar información a los usuarios y dar a conocer las resoluciones, jurisprudencias y criterios para que el usuario conozca los avances y pueda hacer mejor uso de los criterios jurisdiccionales; finalmente, lo relativo a garantizar, corresponde a una tarea amplia en la que existe mucho por hacer, pues implica crear las condiciones necesarias para que los derechos humanos se desarrollen de manera progresiva; en esto, el “rostro” del Poder judicial tiene que ver con recursos, con la política pública del Consejo en lo relativo a infraestructura necesaria para hacer efectivos los derechos humanos (por ejemplo, mecanismos de acceso a instalaciones a personas con capacidades distintas, o bien, la existencia de más peritos en lenguas indígenas, etc.); sobre esto último, por ejemplo, hoy no se sabe identificar cuantos procesados de grupos en situación de vulnerabilidad (indígenas, mujeres, etc.) se tienen; estos detalles no se han trabajado al interior del Poder Judicial de la Federación, y esto tiene que ver con cuestiones de política pública de capacitación (que no necesariamente se refiere a cómo operar la reforma constitucional, sino a cómo operar los instrumentos internacionales de derechos humanos a los que no estamos acostumbrados); desde luego, esto impacta en el manejo de recursos financieros, y se tendrá que revisar, por ejemplo, si la reforma implica la necesidad de crear nuevos órganos, por ejemplo, para el acceso de grupos de la población que normalmente no pueden llegar por recursos económicos, o tener asesores jurídicos en otras materias diversas a la penal. La reforma, sobre todo en materia de derechos económicos, sociales y culturales, necesita una infraestructura distinta que aún no se tiene. Finalmente, el rostro del Poder Judicial frente a la sociedad, básicamente se desarrolla en la vertiente de promover; aquí debemos pensar si corresponde al Poder Judicial promover los derechos humanos o si más bien esta función corresponde a otras instituciones (Comisión Nacional de Derechos Humanos, Universidades, ONG’s); esta es una decisión de política institucional, pero debemos pensar que si el Poder Judicial tiene como función impartir justicia a la sociedad, tendría que hacer visible la capacidad del Estado de impartir justicia, y esta visibilidad se puede lograr si se hace del conocimiento de la

población no sólo la jurisprudencia, sino los derechos de la población; no se puede hablar de justicia si la población no sabe qué derechos tiene y cómo los puede hacer efectivos ante los tribunales. La alfabetización legal es, en parte, responsabilidad del Poder Judicial. El tema final, correspondiente al “rostro” del Poder Judicial frente a sus contratantes, en una relación “de pares”, de consumo y de servicios, si bien no se actúa como autoridad el Poder Judicial debe actuar de manera ética, por lo que debe conducirse de manera correcta. En estos cuatro “rostros” podría analizarse cómo cumplir con los deberes constitucionales de respetar, proteger, garantizar y promover.

Maestro Eber Omar Betanzos:

Me sumo a los comentarios de esta mesa, en especial a la Magistrada Campuzano; la reflexión que ella hace puede relacionarse con uno de los puntos que se tocan en Raíz y Conciencia de este mes, en donde se señala que para edificar la ética, es conveniente hacer un examen periódico para ver de qué manera se está cumpliendo con las obligaciones. En este sentido, tratándose de derechos humanos, parece indispensable que el propio Poder Judicial realice este examen para ver de qué manera está cumpliendo con las obligaciones que tiene, tanto desde el punto de vista argumentativo en sus resoluciones, como en la forma en la que el Poder Judicial de la Federación vive los derechos humanos. Vivir los derechos humanos tiene las vertientes señaladas por la Magistrada Campuzano. Generalizando, se tiene un aspecto externo, relacionado con la histórica garantía que ha hecho el Poder Judicial de los derechos humanos, y otro aspecto interno, dónde cabe la reflexión de cómo se viven al interior estos derechos. Recordemos reflexiones que han planteado los teóricos, sobre el debate respecto a si un buen juez debe ser una buena persona, pues una buena persona evidentemente respeta la dignidad humana, y no por una obligación que le imponen las normas, sino por su convicción de respetarla. En este sentido, podemos reflexionar sobre el Código de Ética del Poder Judicial de la Federación, que entre las virtudes que contempla se encuentra la del humanismo, una virtud que invita a que en el interior de los órganos jurisdiccionales se generen condiciones para la vivencia de estos derechos. Algún abogado laboralista, hace ya algún tiempo, comentaba que los mayores violadores de derechos humanos de los trabajadores son los propios tribunales y órganos judiciales federales. Esto nos recuerda que hay muchas cuestiones que es necesario reflexionar, por ejemplo, la figura del outsoursing, que ha sido una figura cuestionada pero que el propio Poder Judicial sigue utilizando, con lo que el mensaje que manda a la sociedad (al margen de las cuestiones de orden legal), no es muy adecuado en términos de congruencia hacia el exterior. Otro tema interesante es el de la capacitación, donde se han realizado esfuerzos, pero valdría la pena preguntarse hasta qué punto es importante que el Poder judicial abra este tipo de alternativas al público en general, que también enriquecerá al propio Poder Judicial. Así, resulta importante que el Poder Judicial haga una reflexión interior sobre las obligaciones que tiene para dar cumplimiento a la reforma, siempre pensando en la trascendencia del individuo.

Magistrado Miguel Ángel Aguilar López:

En primer lugar, como juzgadores se debe tomar una verdadera conciencia de lo que significan los derechos humanos, en su contexto más amplio; debería atenderse a los principios sobre los que subyace su evolución y como resurgen después de la segunda guerra mundial, esto para superar una especie de formalismo dogmático en la toma de decisiones judiciales. En segundo lugar, no se debe soslayar también que los organismos internacionales cuando se han ocupado de la justicia mexicana, lo han hecho sobre las violaciones de derechos humanos en el proceso penal, por lo tanto, esa toma de conciencia acerca de los derechos humanos debería ser vinculante en un momento determinado. En el tercer punto, como responsabilidad del juzgador, es importante un cambio de cultura, pues la reforma implica una nueva forma de pensar, decir y hacer en relación con derechos humanos. En cuarto lugar, el principio pro homine requiere en su interpretación y aplicación, una compenetración en el sentido más amplio. Muchas veces los juzgadores requieren que exista una norma escrita, por ello se puede proponer como un punto de partida que se incorpore a la Constitución, no como artículos nuevos sino enfatizando los que se tienen, aquellos principios, derechos y garantías contenidos en los tratados en la forma más amplia e incluso en la jurisprudencia internacional. Como punto número seis, la responsabilidad del Poder Judicial subyace en la tutela judicial efectiva, a partir de la cual corresponde al Poder Judicial la protección, la salvaguarda y la tutela de los derechos humanos; somos parte del Estado mexicano y por lo tanto somos corresponsables.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

Retomando la idea de la Magistrada Campuzano, sobre estos cuatro “rostros” del poder Judicial, quisiera centrarme en el que al parecer resulta más importante o principal (sin que por ello se considere a los otros poco relevantes), aquel al que ella identificaba como el “rostro” dirigido a los “usuarios”, aunque parece preferible hablar de los ciudadanos a los cuales se debe el Poder Judicial y frente a los cuales se está obligado a impartir justicia. Respecto de ellos, la responsabilidad parece muy sencilla: la de aplicar e interpretar las normas conforme a los derechos humanos. Ahora, esta responsabilidad cómo se cumple. Aquí desde luego surge la reflexión en torno a qué tan preparado está el Poder Judicial para cumplir con esta obligación que le impone la Constitución; ¿está realmente preparado en todos sus niveles para aplicar e interpretar conforme a los derechos humanos? Parece que no del todo; está relativamente preparado pero aun existen carencias en comprensión y difusión de estos temas. La principal responsabilidad, en este sentido, es afrontar una tarea de autoformación de jueces, secretarios y todo el personal encargado de la impartición de justicia. En primer lugar, se debe hacer conciencia de esta nueva obligación, pues no todos son plenamente conscientes de lo que implica esta reforma, aunque haya existido mucha información; esto debe ir acompañado de un proceso de capacitación, entendiendo a esta última como una labor compleja, que incluye un proceso de capacitación informativo en torno al corpus de derechos humanos: conocer el contenido de los tratados por materias o especializaciones, lo cual se debe combinar con una labor editorial de reunión de tratados y materiales relevantes,

con una adecuada difusión entre el personal para que existan muchas herramientas para acceder al corpus. El corpus debe tenerse disponible pero también debe conocerse. Esta labor es importante, pero además debe existir una capacitación en materia de interpretación y aplicación con base en los criterios que establecen los tratados en materia de derechos humanos, así como en las prácticas que se han establecido a nivel internacional; esta labor de interpretar conforme a los derechos humanos implica adentrarse en la metodología que aplican los tribunales y organismos internacionales. Esta es una responsabilidad, de las más importantes, que exige del Poder Judicial conciencia de la necesidad de establecer un diálogo permanente con los que saben hacer esto, por ejemplo, con organismos internacionales, con cortes internacionales (la Interamericana, la Europea, etc.), con ONG’s, con académicos especialistas, etc. Debe haber mucho diálogo, pues el propio poder judicial debe asumir sus propias limitaciones. Ahora bien, ciertamente no existen aún expertos en aplicación e interpretación de leyes mexicanas conforme a derechos humanos, pues los expertos en esto, precisamente serán los propios jueces mexicanos, pero hay que asumir el déficit actual de capacitación. En este sentido, al parecer lo principal es diseñar proyectos ambiciosos, a largo plazo, de capacitación de todo el personal del Poder Judicial en estas materias, una capacitación no sólo en el contenido, sino también en el manejo interpretativo.

Doctor José Ramón Narváez:

Este seminario fue pensado precisamente para encontrar líneas de contacto entre la ética, la interpretación y los derechos humanos. Simplemente recordando la virtud del humanismo referida, se puede pensar que quien vive la ética, también está en condición de vivir los derechos humanos. En este sentido, el Ministro Juan Díaz Romero decía que las responsabilidades del juzgador eran como una “diana” del tiro con arco (formada de círculos concéntricos), donde el círculo más amplio podría ser la responsabilidad administrativa y el más pequeño (o central) la responsabilidad ética. Toda responsabilidad implica sanciones, tribunales que la hacen efectiva y una serie de instrumentos, por lo que el Ministro consideraba pertinente reflexionar si la responsabilidad ética podía ser comprendida desde este modo, lo que nos lleva a la polémica sobre la naturaleza de la ética, la conveniencia de la existencia de tribunales de ética, etc. Pero al margen de esta polémica, aterrizando las diferentes responsabilidades, si la de los derechos humanos tiene que ver con la responsabilidad ética, existen tres virtudes o principios éticos que parecen muy importantes: i) la humildad, porque debe entenderse que el cargo no es un privilegio, como antes se creía, la idea es que se comprenda que es un servidor público y no un funcionario; esto es un problema que debe considerarse desde el ámbito cultural, porque no necesariamente son los puestos más altos los que despliegan prepotencia o falta de humildad, a veces son los niveles más bajos, que representan la cara más cercana a la gente; este es un problema cultural que debemos atender, ya que puede mermar los esfuerzos de los cursos y las capacitaciones; ii) otro gran problema, presentado este sí en el nivel superior, tiene que ver con la dicotomía entre activismo judicial y mantener un statu quo; se plantean los extremos entre conservar un bajo perfil, que redunda en apatía y desgana, o el activismo que redunda en el protagonismo

y gobierno de los jueces; en este caso entra en juego la virtud de la prudencia, decidir cuándo es adecuado actuar y cuándo es mejor esperar, dependiendo del caso específico; iii) también entra en juego la virtud de la fortaleza, pues a veces se debe actuar con la fuerza necesaria, ya que el Poder Judicial es también un poder que debe ser ejercido algunas veces; en la historia se han proyectado muchas situaciones en las que una línea delgada divide un acto heroico de un acto gris; en este sentido, por ejemplo, valdría la pena reflexionar sobre la facultad de investigación de la Corte, analizar históricamente a qué se debía su existencia, si se perdió algo con el cambio, etc. Al final, se llega al punto de la reflexión en torno a la politización o despolitización del poder judicial, lo que resulta una paradoja pues en la actualidad, cuando se afirma que algo se va a politizar, implica que se le quita a la sociedad la decisión. Es aquí donde se requiere fortaleza para decidir tomar decisiones de cierta magnitud, pues, como toda responsabilidad, se deben calcular los costos. Muchas resoluciones se pueden dar en términos formales correctamente, pero de cara a la sociedad implican altos costos sociales: la sociedad puede admitir una resolución formalmente correcta pero quedar insatisfecha por no considerar que se hizo justicia, lo que demerita la imagen del Poder Judicial, lo que para la ética es muy relevante (el ser y el parecer).

Doctor Raúl Pérez Johnston:

Respecto del tema de la obligación de promoción de los derechos humanos que tiene el Poder Judicial de la Federación, se puede considerar que esta obligación entra en el ámbito de las funciones propias de cada uno de los órganos del Estado; obviamente la primera obligación de promoción de los derechos humanos corresponde al Sistema Educativo Nacional, conforme al artículo 3º constitucional, pero no podemos pretender que conocimientos tan especializados, como los criterios para la aplicación de estos principios sobre derechos humanos en asuntos donde se imparte justicia, sean asumidos por el ejecutivo, sino que también tiene que intervenir el Poder Judicial en esta labor de promoción, tanto al interior, como al exterior. Respecto de la responsabilidad del Poder Judicial Federal (y en concreto la Suprema Corte), resulta relevante pensar en torno a cuál es la posición que debe asumir frente a los otros poderes. Por ejemplo, el instrumento principal de garantía que tiene el Poder Judicial son procedimientos que en vía jurisdiccional buscarán el respeto de los derechos humanos de los justiciables y, en este sentido, tiene que resolver con base en normas procesales que no genera el propio Poder Judicial, sino el legislativo; en este sentido, si se entiende la norma procesal como un desenvolvimiento del derecho del debido acceso a la justicia, existe un problema de derechos humanos cuando la norma procesal no está diseñada para garantizar este acceso a la justicia. Hoy, los jueces federales tienen obligaciones de ejercicio de control difuso, de control de constitucionalidad y convencionalidad y podrían hacer a un lado una norma tal. Pero la pregunta es ¿hasta dónde puede llegar este activismo judicial a la luz de un mandato imperativo que constituye la norma que marca qué es lo que se puede hacer?, ¿hasta dónde esta reforma se convierte en un “cheque en blanco” que le permita desobedecer el mandato de otro poder, con el fin de preservar el fin último que es la Constitución y el respeto de los derechos humanos? En este punto

existen muchos temas a reflexionar, a saber, el tema de la reparación, el tema del procedimiento de ejecución, por ejemplo, ¿qué pasa cuando la ley procesal se convierte en un obstáculo para el juez, al impedirle llevar a cabo las acciones necesarias para que el derecho humano se cumpla de manera completa? En este contexto, esta responsabilidad también debe entenderse con cautela. Es fácil decir que los jueces deben respetar los derechos humanos, pero la pregunta es cómo. En los años 30’s, por ejemplo, Cárdenas sostenía que México necesitaba jueces revolucionarios, esto es, jueces que resolvieran como él pensaba que debían resolver. El problema entonces es que con esta reforma se implica un amplísimo grado de interpretación de principios, para poder determinar qué son derechos humanos y cuáles son las normas más favorables, lo que puede llevar a resultados adversos. ¿Qué pasa cuando se pone en tela de juicio si un juez resolvió correctamente la aplicación del principio pro persona, la identificación del derecho humano sobre el cuál debía resolver a efecto de determinar si la sentencia se dio o no correctamente?, lo que puede generar tensiones con los derechos constitucionales de los impartidores de justicia, ya como individuos que están ejerciendo una función como servidores del Estado. Cómo tener un criterio objetivo, con algo tan subjetivo, sobre todo en la aplicación en el caso concreto, para poder determinar cuál es la función y responsabilidad de los miembros del Poder Judicial, para poder tener los jueces que queremos tener. Se habla de información y formación, pero lo cierto es que no se puede obligar a un juez a que piense como se quiere que piense. Es un tema apasionante y complicado en sus aristas, que debe seguirse analizando.

Magistrado Manuel Hallivis Pelayo:

En el Tribunal Fiscal existen esfuerzos de implementación de cursos en diversas materias, como la ética judicial, los derechos humanos, la interpretación y la metodología; sin embargo, coincido en que hacen falta muchos esfuerzos que tendrán que realizar cada uno de los órganos jurisdiccionales en el ámbito de su competencia. También me parece importante el llamado a la prudencia, porque en algún seminario sobre control difuso, la Ministra Luna Ramos hizo precisamente ese llamado a la prudencia, esto en razón de que no todo involucra derechos humanos, no es cuestión de modas, no se debe buscar que todo sea una cuestión de derechos humanos. En este sentido, con prudencia se debe atender, por ejemplo, al problema referido de ¿hasta dónde podemos hacer a un lado una norma procesal que obstruye el acceso a la justicia?, en este caso, lo primero que debe examinarse es si efectivamente esa norma impide el acceso a la justicia. ¿Cómo lograr esto?, a través de metodología. Mucho se habla de interpretar tratados en materia de derechos humanos y en este sentido, el primer paso para interpretar cualquier tratado es la Convención de Viena, que en sus artículos 31, 32 y 33 ofrece un camino, que ya se ha estudiado mucho. Se debe empezar por la metodología que todos los países que adoptaron esta convención observan. De aquí, se debe pasar a la metodología para aplicar la interpretación conforme en materia de derechos humanos.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

El Doctor Cruz Parcero señalaba que sería importante conocer el corpus con base en el cual toman decisiones los tribunales internacionales. Este esfuerzo se ha hecho, pero el segundo paso en el que se tiene que trabajar es la localización de los criterios importantes de la Corte Interamericana y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, bajo ágiles esquemas de búsqueda, un poco como el libro del Juez Fernando Silva que pone no sólo las disposiciones de la Convención Americana, sino también los criterios más representativos de la Corte Interamericana; este sería un trabajo muy útil para poder acudir directamente al artículo de la Convención y los criterios más importantes al respecto. En el tema de los DESC, existe el Comité de los DESC de Naciones Unidas, que tiene resoluciones importantes que ayudan al entendimiento del Pacto correspondiente. Esto ayuda sobre todo frente a la situación de retraso en que México se encontraba dado que el Juicio de Amparo no permitía el acceso para reclamar violaciones a este tipo de derechos, si bien es cierto que ahora, con el interés legítimo, se puede acceder al reclamo ante violaciones a los mismos. En este sentido es importante conocer este Pacto Internacional de Derechos económicos, sociales y culturales, pero sobre todo, los criterios de interpretación y de adecuación a las circunstancias. En este último sentido, existen avances relevantes en algunos tribunales: tal es el caso de la Corte Sudafricana, que resolvió un importante asunto sobre la vivienda; recientemente la Corte de Argentina (en casos de derecho a la vivienda, a la salud y de un niño discapacitado), también ha emitido una resolución interesante; la Corte Brasileña que ha trabajado el tema de provisión de medicamentos para garantizar el mínimo vital a los sectores más desprotegidos, incluso ha llevado a cambios de políticas públicas, que han llevado al Estado a producir una serie de medicamentos para suministrarlos a los sectores vulnerables. Por otro lado, la Corte Constitucional Colombiana y el Tribunal Constitucional Alemán también han trabajado aspectos relevantes. Así, con independencia de conocer el corpus, también deberían poderse conocer estas sentencias y su ratio decidendi, a efecto de tener un referente de cómo en otros contextos se ha avanzado y se han enfrentado estos retos. Tener esta información completa sería de utilidad, saber cómo se ha logrado aplicar por los tribunales el contenido de estas convenciones en la solución de casos prácticos y específicos. Esto se vincula al cuestionado activismo judicial, que se ha cuestionado mucho, pero se ha buscado la forma de encontrar una solución. La Constitución habla de prevenir, investigar, reparar y sancionar; pero al respecto, en el caso de la investigación ¿a quién corresponde la investigación de violaciones de derechos humanos y hasta qué punto el juicio de amparo es el mecanismo adecuado? Creo que es importante reflexionar sobre recursos eficaces para lograr la sanción y la reparación y, en este sentido, al parecer, mientras no sea costosa la violación a derechos humanos, no se frenará la misma. Así, ¿cómo nos ve el público, cómo estamos colaborando en la eficacia real de los derechos?, son también puntos relevantes para considerar.

Magistrado Walter Arellano Hobelsberger:

El tema de responsabilidad en materia de derechos humanos es uno de los más importantes y sensibles que se encuentra asociado al tema de otro derecho

humano que corresponde al deber de reparación por parte del Estado. El deber de reparación es un derecho humano y una obligación del Estado, por lo que al que se le transgrede un derecho humano se le debe reparar y esta es la principal eficacia del concepto de responsabilidad. Aquí entramos a un tema trascendente con poco desarrollo: el derecho de daños, que debe considerarse como una materia relevante que debe hacer ver la reparación desde una óptica distinta. Debemos observar las consecuencias de la violación de derechos humanos. Las principales condenas en materia de derechos humanos, por ejemplo, están dadas en materia penal y familiar, pero debemos entender ¿hasta qué punto estas determinaciones pueden ser llevadas a otras materias a través de la analogía? Uno de los efectos es precisamente el relativo al derecho de daños y el Estado mexicano no ha desarrollado lo suficiente estos aspectos. Por otro lado, también está el tema de la responsabilidad ética: ¿hasta qué punto, más allá de la responsabilidad administrativa, penal o civil, esta responsabilidad ética debe ser parte de la orientación del juzgador? La verdadera fuerza del Poder Judicial se encuentra en el arbitrio judicial, que no significa arbitrariedad, sino que busca preservar los derechos humanos sin incurrir en responsabilidad. Aquí un tema asociado a la responsabilidad es el de la reparación frente al error judicial, pero en este sentido, ¿cuándo hay error judicial? El error judicial se desdobla en dos vertientes: la responsabilidad del Estado y la responsabilidad personal del juzgador. Aquí nos referimos al error judicial que es inexcusable, por un descuido lamentable o bien, de mala fe. Pero cuando se trata de interpretar los derechos humanos, no existe una transgresión que pueda llevar una responsabilidad personal de tipo civil, administrativo o penal, si no hubo mala fe o descuido. De no ser así, el juzgador se vería mermado en su facultad interpretativa. La doctrina nacional no ha desarrollado suficiente el tema del error judicial, pero por lo pronto los instrumentos para realizar la reparación del daño, los ha otorgado la Suprema Corte. Un tema central, entonces, será el asunto de la responsabilidad por error judicial.

Licenciado Joaquín González Casanova:

Es importante observar que el Poder Judicial no es una corporación; su ejercicio se deposita en un grupo de personas, pero el carácter de corporaciones lo tiene, por ejemplo, la Suprema Corte, el Consejo de la Judicatura, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y ciertamente, además, el Instituto de la Judicatura Federal y el Instituto de la Defensoría Pública, que sí revisten la característica de ser una corporación. Esto es importante porque apunta a la dispersión en el cumplimiento de responsabilidades. En la función judicial existe el ámbito laboral de juzgar el caso concreto y se ha dado la práctica natural de recurrir a un proceso inductivo para señalizar, no sólo sobre la existencia de ciertos problemas, sino tal vez en un ejercicio abusivo del activismo judicial, para aspirar a hacer declaraciones que pretendan tener un carácter general en su aplicación, declaraciones de tipo cuasi legislativo que, a veces, ni siquiera son derivadas de un procedimiento judicial contencioso, sino de procedimientos singulares (como es el de la consulta a trámite). Otra aspecto importante del sistema judicial mexicano, que debemos tener presente como una peculiaridad específica de nuestro sistema, es el tema de la jurisprudencia obligatoria y las

definiciones legales de cómo se determina dicha jurisprudencia. Esto es relevante porque algunas veces se traslada este esquema a la jurisprudencia internacional que tiene características muy diferentes y requerimientos metodológicos a los cuales no solemos estar acostumbrados. Una vez señalado esto, se puede decir que uno de los problemas concretos es la enorme dispersión de temas que se tratan de afrontar desde coyunturas particulares que se generalizan. En este sentido se somete a consideración la conveniencia de que este grupo pudiera proponer una identificación sistematizada de todos estos problemas que se han puesto en la mesa, es decir, hay problemas de capacitación, de divulgación de materiales, de capacitación en metodología específica para identificar la jurisprudencia o la norma internacional, etc., y también hay .necesidades institucionales, esto es, ¿qué le corresponde hacer al Instituto de la Judicatura en la capacitación de funcionarios de la carrera judicial?, ¿qué le corresponde al Instituto de la Defensoría Pública?, ¿qué es correcto que haga el Consejo de la Judicatura sin invadir la autonomía de los jueces? Sería importante hacer un inventario de estos problemas (no sólo de interpretación y argumentación sino también con la capacitación y con la implementación de políticas públicas que permitan el acceso a la justicia), para poder proponer acciones concretas para enfrentar esta diversidad de problemas.

Maestra Leonor Figueroa Jácome:

Me gustaría hacer énfasis en lo que señaló la Magistrada Campuzano, en relación

a ver los derechos humanos desde una perspectiva transversal desde el Poder

Judicial, a efecto de trasladarlo a nuestras familias y al círculo en que trabajamos.

Algunas veces, en la familia e instituciones se tienen estructuras piramidales que pueden afectar el desarrollo de las personas o el ejercicio de sus derechos. En este sentido, debería hacerse un llamado a actuar de manera horizontal para que las personas se puedan desarrollar. Cosas mínimas con las que se puede empezar. Otro aspecto interesante es el relativo a la facultad interpretativa que se

relaciona, como se ha señalado, con el error judicial y, en el campo de la ética judicial, con el profesionalismo. En ocasiones, el juez se puede escudar en la independencia judicial, para ocultar la falta de estudio y capacitación que existe en algunos casos; a veces, los jueces no miran a los sujetos o pierden la observación de dónde se encuentra la discriminación, cosas básicas que deberían ser observadas en una relación de hechos. A favor de la independencia judicial debería apostarse también a la capacitación y al profesionalismo del Poder

Judicial

Doctor Francisco Xavier Sánchez:

Algo importante en la defensa de los derechos humanos es que, si bien el hambre

y sed de justicia no se puede imponer, si se puede despertar, se puede motivar.

¿Cómo hacerlo, es la cuestión? Se vive en una sociedad injusta en donde se violan constantemente los derechos humanos y lo peor es que nos acostumbramos a ello, nos volvemos ciegos y sordos a la injusticia. Hana Arendt hablaba sobre la banalidad del mal, nos vamos acostumbrando a estas violaciones. Existen aquí dos elementos: una personal y uno social. En el ámbito personal, no podemos intervenir porque corresponde a un ámbito de la persona

consigo misma. Pero, los derechos humanos, antes de ser algo teórico, debe ser algo vivido. Así, en el ámbito personal puede ser positivo dar visibilidad y espacios públicos a quienes están participando en la defensa de los derechos humanos. Los jóvenes y los niños deben tener modelos (figuras públicas) ante estas circunstancias adversas. En el ámbito social, se necesita un trabajo a largo plazo, en donde se atiendan tres aspectos: la educación, el trabajo en equipo y la sanción. Se requiere una educación que desde la infancia promueva los derechos humanos, que exista un corpus y la difusión de los derechos. Un trabajo en equipo, que permita escuchar otras voces que desde distintas trincheras pueden aportar a favor de los derechos humanos. Finalmente la sanción, pues se necesita que el ciudadano sepa que se le puede hacer justicia, que se puede sancionar a los agresores y retribuir en la medida de lo posible.

Ministro Mariano Azuela:

Entre las importantes aportaciones realizadas, no se ha tocado algo que me parece puede influir en la labor del Poder Judicial de la Federación, que es no tanto encontrar violaciones de derechos humanos y por tanto decidir en el sentido que proceda, sino aplicar derechos humanos para evitar que el propio Poder Judicial incurra en violación de los mismos. A qué me refiero, por ejemplo, a la existencia de tecnicismos jurídicos dominantes que propician el retardo en la impartición de justicia. Estas reformas, si son entendidas, deben desaparecer estas “chicanas” del juez de quitarse asuntos de encima; en este sentido, todos los denominados “amparos para efectos”, pueden reducirse significativamente, sobre todo si se advierte que gran parte del rezago radica en la acumulación de este tipo de amparos. ¿Es correcto, ante la existencia del artículo 1 constitucional, que un tribunal al advertir una violación procesal otorgue el amparo y regrese el asunto a efecto de que se corrija dicha violación, si es que ésta no va a afectar al problema de fondo? Hay un derecho a la impartición pronta de justicia y, por lo mismo, aunque se aprecie violación en el procedimiento, si se advierte que no afectará en absoluto el problema de fondo, lo correcto sería entrar a la resolución del asunto. Los juzgadores al juzgar, deben salvaguardar derechos humanos evitando dilación en la impartición de justicia.

Magistrado Humberto Román Franco:

Si el tema central es el papel del Poder Judicial, se han abordado otros temas que se van combinando aunque aparentemente no tendrían relación. El papel del Poder Judicial en el tema de derechos humanos no es nuevo; recordemos que cuando se habló de la transparencia de los órganos del Estado, el Poder Judicial ya lo hacía a través de la publicación de sus resoluciones y a través de un programa como el de la Corte ante las escuelas, en el que se daba a conocer a la sociedad qué es lo que este órgano judicial realiza; los cambios de los archivos judiciales a Casas de la Cultura Jurídica; el cambio del pensamiento del juez como ente práctico alejado de la academia, se ha venido superando, ahora se considera que el juez debe también capacitarse teóricamente; el internet y el canal judicial han ayudado en estos cambios. ¿Qué se debe hacer entonces?, explotar esos instrumentos, crear foros y programas en los que se hable de derechos humanos. Pero aquí vale la pena señalar también que no sólo debemos hablar de derechos,

sino también de obligaciones. Realmente la problemática que se observa es el cambio de paradigmas: por ejemplo, ¿se debe hablar de garantías o de derechos fundamentales?, si se considera que las garantías son los mecanismos que protegen los derechos y que ya no se habla de derechos humanos sino de derechos fundamentales en razón de la consideración europea de derechos de animales y plantas, ¿qué tan correcto es avanzar en este camino?; por otro lado, si el artículo 133 considera a los tratados como norma nacional ¿debemos hablar de los tratados como norma internacional o como norma nacional?; ¿cómo hablar de la cultura de la legalidad si estamos acostumbrados a la cultura de la ilegalidad?; todos estos son paradigmas que deben romperse. Frente al compromiso internacional de promover y respetar estos derechos fundamentales, debemos empezar por preguntarnos cuál es el camino para cumplir el compromiso, cómo cumplir y quién debe hacerlo, lo que es una cuestión de metodología. Es importante hablar también de un aspecto administrativo relativo al costo de cumplir con los compromisos. Somos parte de los órganos del gobierno que tienen una función de servicio, con un actuar negativo: no violentar los derechos fundamentales, y un actuar positivo: crear las condiciones para garantizar dichos derechos fundamentales.

Maestra María Elena Franco Salinas:

Es importante poner énfasis en que no basta con impartir los temas de derechos humanos para suponer la bondad de las personas. En los modelos de enseñanza de derechos, sí se pueden cambiar actitudes, sobre todo en el área de derechos humanos. No es lo mismo aprender la norma y tratar de aplicarla, que vivirla. Ejercicios de sensibilización son importantes. No es que nos volvamos buenas personas, pero se puede trabajar en cambiar ciertas estructuras de pensamiento vertical, por ejemplo, trabajo en familia, etc. Estas cuestiones deben internalizarse y esto se puede llevar al aula para reflexionar. Se puede trabajar en modelos de enseñanza del derecho para lograr estos cambios.

Doctor José Ramón Narváez:

Respecto del Congreso Internacional de Argumentación Jurídica, que detonó este Seminario, se ha hecho una propuesta de mesas o secciones. El espacio y las fechas se encuentran ya definidos: el Congreso se realizará en el Archivo General de la Nación, durante los días 21, 22 y 23 de noviembre. Los trabajos serán por la mañana y por la tarde y la estructura del Congreso será la siguiente: una conferencia magistral, una mesa redonda de discusión (de índole académica) y paralelamente un taller de análisis de sentencias. Como el objetivo del Congreso se dirige a la cuestión operativa, se buscará no sólo describir sino proponer formas para argumentar cada uno de los derechos. En este sentido, el primer módulo o sección es el relativo al tema de “¿Cómo argumentar la dignidad humana y el principio pro persona?” El segundo módulo es “¿Cómo argumentar los derechos sociales?”, ambos se realizarán el día 21, por la mañana y por la tarde respectivamente. El día 22 estará dedicado al Tribunal Electoral. En este día se realizará por la mañana el tercer módulo relativo a “Los derechos político electorales como derechos humanos”, y por la tarde el cuarto módulo relativo a “¿Cómo argumentar la democracia en relación con los derechos humanos?”. El

día 23, se realizarán los módulos cinco y seis, siendo el primero el relativo a “¿Cómo argumentar los derechos a través del cine?”, y el segundo a “¿Cómo argumentar los métodos de interpretación contemporánea?”, donde se incorporarán todos los problemas de interpretación.

Conclusiones:

1. La responsabilidad del Poder Judicial frente a la reforma constitucional en materia de derechos humanos tiene aristas complejas, que se relacionan con las obligaciones que impone la misma reforma a todas las autoridades del Estado Mexicano: promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.

2. La responsabilidad del Poder Judicial en esta materia puede observarse desde dos importantes ámbitos, uno interno y otro externo, por lo que las obligaciones constitucionales señaladas no sólo son respecto a los justiciables, sino en una lógica interna dentro de la Institución.

3. El Poder Judicial presenta cuatro facetas o “rostros” principales: i) frente a los servidores públicos que lo integran, ii) frente a los “usuarios” del servicio de justicia, iii) frente a la sociedad en general, y iv) frente a las personas con las que contrata bienes y servicios. Las obligaciones constitucionales que impone la reforma han de desplegarse en cada una de estas facetas.

4. El Poder Judicial de la Federación es corresponsable en la promoción de los derechos humanos, sobre todo ante las cuestiones técnicas de su interpretación y aplicación

5. Una cuestión central de la responsabilidad del Poder Judicial ante la reforma es la de llevar a cabo un programa completo de capacitación, lo que no sólo implica la obligación de capacitar plenamente al interior a los servidores judiciales, sino también participar en la difusión y promoción hacia el exterior, esto es, frente a la sociedad

6. Ante esta responsabilidad de promoción, se debe ser prudente para no incurrir en excesos que vayan en detrimento de los propios derechos humanos.

EL JUICIO DE AMPARO ANTE

LAS REFORMAS CONSTITUCIONALES

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 4 de septiembre de 2012

Artículo sobre “El juicio de amparo ante las reformas constitucionales”

DIÁLOGO SOBRE EL JUICIO DE AMPARO ANTE LAS REFORMAS CONSTITUCIONALES

Maestra Leonor Figueroa Jácome:

El tema del día de hoy es el Juicio de Amparo ante las reformas constitucionales. Antes de iniciar, es importante comentarles que prácticamente se encuentra armado el Congreso de Argumentación, de manera que al finalizar la sesión les informaremos la estructura de las mesas. Se tenían pendientes dos participaciones por lo que se podría iniciar con la intervención del Magistrado Osmar Cruz.

Magistrado Osmar Cruz Quiroz:

De los temas que se han tratado en ocasiones anteriores, se ha insistido mucho en el tema de la capacitación, actualización y profesionalización en los temas referentes a la reforma constitucional, particularmente en materia de derechos humanos y control de convencionalidad. Sin embargo, esto obliga necesariamente a establecer políticas públicas judiciales. Los primeros pasos serían seguramente cursos de actualización, partiendo incluso de aspectos básicos, como se ha trabajado institucionalmente. Sin embargo, es importante ir ascendiendo en estos temas a través de una política pública judicial. En primer lugar, resulta necesario ir creando una plataforma común que permita una capacitación y actualización de carácter uniforme, evitando que la interacción entre interlocutores se vuelva un diálogo de sordos (pues cada uno habla a su leal saber y entender); en este sentido, es importante contar con una plataforma común tanto al interior como en la interacción con otros operadores: barras de abogados, académicos, etc; es importante que las diferentes áreas de esta institución se coordinen para generar esa uniformidad a esta capacitación, para que se mejore la coordinación. Este esquema debería trascender hacia los Tribunales Superiores, Administrativos, del Trabajo y en las Barras, por ejemplo. En segundo lugar, tenemos que avanzar a otro nivel, no sólo en el conocimiento común de la existencia de tratados y conceptos, sino aterrizar estos conocimientos, de manera práctica, a casos concretos; en este sentido, la generación de talleres especializados para tratar temas o casos específicos, en cada una de las áreas de los tribunales sería muy útil; generar una selección de temas específicos y bajo una temática común, que se puedan poner sobre la mesa en un esquema similar al que se pretende implementar en los Talleres del Congreso de Argumentación; si se logran generar estos talleres, las barras profesionales y los juzgadores mismos, seguramente estarán en condiciones de aterrizar el conocimiento y ampliarlo en los casos específicos. Algunos tribunales ya están haciendo estos ejercicios, pero terminan por ser casos muy aislados; el conocimiento existe pero hay que generalizarlo.

Magistrado Walter Arellano:

Parece claro que este aterrizaje del que habla el Magistrado Cruz Quiroz, se está haciendo paulatinamente, pero observando las discusiones actuales de la Corte, se puede considerar que aterrizar los temas de control de convencionalidad, constitucionalidad o legalidad, que al parecer tenían fronteras muy claras, está generando ciertas dificultades y puntos de vista encontrados en su tratamiento

técnico, por ejemplo, en el caso del amparo contra leyes (indirecto por excelencia). Estamos viendo discusiones en el propio Pleno de la Suprema Corte en el sentido de cuestionarse: ¿si el control de constitucionalidad tiene similitud (y hasta dónde) con el control de convencionalidad?, ¿si los problemas de convencionalidad son de legalidad o de constitucionalidad o si es una temática distinta? Esto da cuenta de la problemática delicada de estos temas. En este sentido, parece que es importante dar un seguimiento puntual de lo que se está discutiendo en la Corte, de la forma en que se está aterrizando estas reformas, aún con las importantes dificultades que genera no contar con una Ley de Amparo. Existen problemas en la Corte para encontrar consensos y existen posturas contrapuestas. Es un problema serio porque no existen consensos absolutos. En la Corte, al constituirse como el máximo intérprete de la Constitución en el sentido de ser un Tribunal Constitucional, se están dando rastros de cómo aterrizar estas reformas a la cuestión técnica del juicio de Amparo, pero existen diversos problemas que generan puntos de vista encontrados de los propios Ministros. Esto obliga a dar seguimiento a aquellos puntos en donde empiezan a existir consensos, como en el tema de los militares y civiles. No obstante, el tema central para lo que corresponde a los juzgadores no es este, pues en lo que corresponde al análisis de la constitucionalidad o de la convencionalidad, la cuestión se encuentra en los detalles técnicos. Esos aspectos que parecieran accesorios, de carácter técnico, en realidad están resultando los problemas esenciales para los juzgadores. El tema de los militares ya se encontraba resuelto y no es nuevo. Lo nuevo es la forma como se están tratando los problemas desde el punto de vista de la implementación técnica. Esto no es menor. Aunque se tengan claras las distinciones entre control de legalidad, constitucionalidad y convencionalidad, ahora se presentan problemáticas al momento de su implementación en el Amparo (directo e indirecto). Tendría que seguirse puntualmente la discusión del Pleno en este momento, más allá de la existencia de una nueva ley de Amparo, en espera de que se generen criterios vinculantes al respecto. En este sentido se estará en posibilidades de implementar los talleres a los que se había aludido.

Maestro Luis Miguel Cano:

Quisiera referirme a dos puntos: el relativo a la formación de talleres y el relativo a la cuestión del Amparo. Ustedes saben que, desde la Coordinación de Derechos Humanos de la Presidencia de la SCJN, se está definiendo la tercera fase de las jornadas en materia de derechos humanos, de las que ustedes forman parte, y ésta intentará reunir a titulares para instrumentar análisis de casos y sentencias que los magistrados propongan para analizar el método para ejercer el control de convencionalidad. Este es el inicio, pero por supuesto estos talleres deben reproducirse en todos los órganos. Los debates en el Pleno en este momento, ciertamente generan algunas dudas, pero sostengo la convicción de que esta reforma es una vía para comenzar a descentralizar las cuestiones. Ciertamente es importante voltear al Pleno de la Corte para observar los criterios que generen, pero los Magistrados deben ser conscientes de que también hacia ellos voltean los Tribunales Superiores de Justicia. Parece que los Tribunales Superiores están pendientes de lo que dicten los Colegiados y éstos, a su vez, están pendientes de lo que hace la Corte. Pero lo cierto es que todos tienen la posibilidad de ejercer,

de acuerdo a la reforma del art. 1 constitucional, el control difuso. En el tema del control de convencionalidad, los juzgados ordinarios, los juzgados locales, también tienen el deber de hacer valer la convencionalidad y constitucionalidad. En lo personal considero que la convencionalidad es un tema de constitucionalidad y creo que es algo que resulta relevante en el marco de la revisión en Amparo directo. Mi postura deriva de la lectura del artículo primero constitucional, pero ciertamente el tema del bloque de constitucionalidad está pendiente en el Pleno. No obstante, se considera que es pertinente que los Tribunales comiencen a emitir criterios al respecto. La verdad es que los precedentes en buena medida deberían venir de los Tribunales Colegiados, pues incluso si hay criterios contradictorios, se da una oportunidad para que el Pleno se pronuncie sobre dichos criterios. En lo referente al Juicio de Amparo, es lamentable que no exista una Ley, aunque yo soy crítico de aquella iniciativa que se quedó “congelada” en el Congreso pues al parecer, el Amparo no está atendiendo el espíritu de la reforma. El Amparo se tiene que leer a la luz de la reforma en materia de derechos humanos, porque en sí mismo es una garantía y constituye el contenido de un derecho: el derecho a un recurso efectivo (artículo 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos y artículo 2, numeral 3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos). Visto como garantía y como derecho, la ley no debería limitarlo más de lo que la Constitución permite, sino que debería desarrollar sus contenidos. El Amparo tendría que verse con los estándares del recurso judicial: debería ser accesible, breve, sencillo en su tramitación, adecuado y efectivo para garantizar los derechos humanos. Esto no es hoy el amparo y la responsabilidad primera es de los juzgadores. Esto quisiera someterlo a reflexión y debate a partir de algunos ejemplos: i) la procedencia, que es lo primero que se tiene que analizar de oficio, pareciera que a veces se olvida que la regla es la procedencia y la excepción, la improcedencia; ii) el caso de las suspensiones, donde se juega el tema de la prevención de violación de derechos humanos, que es a su vez una obligación establecida en el artículo 1º constitucional; incluso a la luz de la reforma, pareciera que debería darse un mayor peso a favorecer las suspensiones; iii) el tema del interés legítimo, que si bien se encuentra definido desde antes de la reformas, al carecer de ley que lo determine, se le tiene que dar un contenido; en este sentido, debería ser leído de manera muy amplia; iv) el tema de las sentencias, como hoy existe la posibilidad de un cumplimiento sustituto, en realidad no podría existir una improcedencia por acto consumado irreparablemente, porque siempre podrá existir un cumplimiento sustituto. Existen muchos temas en este sentido, álgidos, que al parecer no se resolverán en la Corte, por la importante división que existe, desde mi perspectiva, al interior. Es más fácil que se resuelvan estos problemas en Tribunales, porque además son temas que se les presentaran cotidianamente.

Magistrada Adriana Campuzano:

Ciertamente existen debates, como es natural, pero el problema es que al parecer no hay claridad. Parece que existe un doble discurso: por un lado, un discurso institucional dirigido a capacitación y cursos en derechos humanos, control de convencionalidad y de constitucionalidad; pero por otro lado, un freno a través de la jurisprudencia de la SCJN, como el caso de una tesis reciente de la Segunda Sala que afirma que la jurisprudencia de la SCJN no está derogada y sigue

vigente en sus términos, aunque afirma al final que los Tribunales pueden emitir criterios en un sentido distinto en ciertos casos y de acuerdo con las particularidades de los mismos. Se ha dicho que la jurisprudencia de la Suprema Corte hay que revisarla en atención a estos nuevos contenidos de la reforma, pero existen muchos órganos que no están dispuestos a dar un paso hasta que la Corte cambie su jurisprudencia. Por un lado el mensaje es de capacitación, progreso, estudio de las sentencias de la Corte Interamericana, aplicación de la constitución, y por otro lado el mensaje es de inmovilidad hasta que exista un cambio jurisprudencial. Por otro lado, los abogados están dando los materiales, quizá deficientes pero importantes, para que los juzgadores realicemos algo. El juicio de amparo es lo que la jurisprudencia ha dicho que sea. El freno al interés jurídico, provino de la jurisprudencia; el freno relativo al tema del control de constitucionalidad difuso, provino de la jurisprudencia; el freno del principio de relatividad, provino de la jurisprudencia. Es la jurisprudencia la que le va dando concreción al juicio de amparo. Pero qué sucede, y en esto convengo completamente con el Maestro Luis Miguel Cano: las contradicciones de tesis que han generado cambios, algunos desquiciantes del sistema (como el caso de la competencia), proviene de la genialidad de algún Tribunal que llegó a la Corte y convenció. En este sentido entonces, uno de los caminos para que el juicio de amparo prospere, proviene de los Tribunales, para generar contradicciones. No todo emana de la Corte, para ello existen otros órganos como los Plenos de Circuito. Entonces, nuestra responsabilidad social consiste en generar el cambio que nosotros suponemos que es el adecuado, esto sin desconocer que la Suprema Corte irá puliendo los temas técnicos. Pero hagamos una reflexión importante: el juicio de amparo es complicado por su técnica, pero algunas veces el efecto de ser tan cuidadosos en la técnica es que la mayor parte de los juicios no se estudien, porque se ha vuelto la mira a un juicio meramente formalista, se ha vuelto una justicia de formas y de procedimientos, no una justicia de contenidos materiales. Evidentemente debemos estar atentos al desarrollo que realiza la SCJN, pero debemos asumir responsabilidad porque, en definitiva, los que sufren este panorama de incertidumbre son los justiciables. Es importante trabajar juntos para saber el por qué de los diferentes criterios. Los que pueden ganar con este ejercicio son los justiciables. La reunión de titulares por materia y por circuito es esencial, pero sin la presencia de personas de derechos humanos del sistema interamericano, porque cuando se tiene enfrente al experto en derecho humanos, resulta que hay una falta de entendimiento, pues él no entiende cómo opera el amparo y esto lleva a los jueces a tomar la actitud de demostrarle a dicho experto que no sabe de lo que los jueces hablamos; esto genera distracción. El ejercicio es al interior, entre jueces, por supuesto con un facilitador y una estructura.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

Me parece que esta distinción que teníamos entre problemas de constitucionalidad y de legalidad ya no existe. El problema ya no radica en tener una línea rígida que marque los límites entre constitucionalidad y legalidad. Si entendemos la razón de ser del control difuso y la interpretación conforme y las reglas de interpretación previstas en el artículo 1º constitucional, resulta que los asuntos de legalidad se tienen que resolver como problemas de constitucionalidad. En la décima época,

entonces, se debe partir de la desaparición de esta distinción. La interpretación de una norma ahora se debe ver a la luz de los derechos humanos. Hay que retomar esta idea, llamándolo bloque de constitucionalidad o como se quiera, pero finalmente ese paquete de valores, principios y reglas comunes se deben incluir dentro del orden jurídico para poder hacer que verdaderamente funcionen y se les dé el peso pertinente. Un tema relevante es también el de la jurisprudencia, ¿cuándo es vinculatoria la jurisprudencia de la Corte?, al respecto, ver el criterio por el criterio puede ser irrelevante o descontextualizado; me parece que se debe observar qué resolvió el Tribunal o la Corte en tal o cual caso, se deben observar los hechos, las circunstancias del caso particular y los problemas que existían cuando se tomo el criterio. En el documento del Plan de Gobierno del Ministro Presidente Juan Silva Meza se expresó una idea acertada de la jurisprudencia: “la jurisprudencia debería entenderse en función de los hechos y de la realidad”. Esto es muy relevante. En otros contextos (en estados Unidos, en Europa y en América Latina), el análisis de los criterios de los tribunales se hace en función de los hechos; esto podría ayudarnos para saber el pedigree o los antecedentes en función de los cuales el criterio se está sosteniendo, cuál es la racionalidad del criterio, para evitar seguir un criterio de manera “ciega”, sin saber por qué se emitió o cuál era su finalidad. Me permitiría hacer dos propuestas: i) que los talleres estuvieran basados en ver hechos, problemática y criterio; existen sentencias interesantes de la Corte Interamericana, pero también del Tribunal Europeo y de la Corte Colombiana, por ejemplo en materia de derechos sociales; ver estos criterios, los puntos de vista, los hechos en función de los cuales se están dando, nos puede ayudar a separar la ratio decidendi del obiter dicta; en este sentido en otra ocasión se expresó que los Plenos tienen que funcionar con poca gente porque se tiene que hacer un análisis del fondo del problema, de los hechos planteados, para ver el criterio y en función de ello resolver; ii) por otro lado, quisiera apuntar tres temas en relación al Amparo: a) el interés legítimo, debemos entender que el interés legítimo en nuestra constitución comprende también el interés colectivo, que tiene que ver con derechos difusos y con acciones colectivas, esto será importante; b) respecto al recurso efectivo, si no existe un medio, aunque no exista ley, tenemos que generarlo; y, finalmente, c) se debe reflexionar qué efecto tendrá el cumplimiento de la sentencia. Un aspecto que al parecer no se ha tocado tanto es el siguiente: se tiene que prevenir sobre la violación a derechos, pero también se debe sancionar al que viola derechos fundamentales y reparar al violentado. Esto es fundamental y ya se encuentra en la Constitución el tema de la reparación.

Maestro Luis Miguel Cano:

En el plano del litigio estratégico de derechos humanos, bajo la figura de interés legítimo colectivo, se están planteando demandas donde se defiende, por ejemplo, la vertiente social de la libertad de expresión y el derecho a informar. En este sentido, el interés colectivo no implica solamente a los derechos sociales, como lo demuestra en este tema el caso de una radio comunitaria indígena, donde un Tribunal Colegiado favoreció con su sentencia a la misma para que se le contraté publicidad oficial, aunque ha pasado tanto tiempo que ahora la radio comunitaria tiene el permiso ya vencido y está solicitando su renovación; esto pone en riesgo

el Amparo, pues no se puede solicitar la contratación de publicidad oficial si ya no existe radio comunitaria. Este tipo de problemas son recurrentes. Ante todo esto, es importante recordar que la obligación de tomar la capacitación, según las sentencias de la Corte Interamericana, es para todo el Poder Judicial y no todos la han tomado, por ejemplo, sólo tres ponencias han invertido el tiempo para que su personal tome dicha capacitación y sólo dos Ministros han participado; ignoro si otros servidores de la SCJN han tomado las capacitaciones que se han dado a Tribunales. Por eso se insistía en que en gran medida los cambios vendrán de los Tribunales. Por otro lado, esta tesis aislada de la Segunda Sala se une a otra, de hace aproximadamente tres meses, donde se afirma que, si es suficiente la disposición constitucional, entonces no hace falta hacer control de convencionalidad ni mencionar ningún tratado, siempre que resulte más favorable (esto es, aplicando el principio pro persona); pero no se puede aplicar el principio pro persona si no se compara. El principio pro persona necesariamente requiere comparar una disposición con otra. Esa tesis, puede estar entonces en contra del noveno transitorio de la reforma en materia de derechos humanos. El mensaje reiterado en todos los Tribunales Superiores de Justicia es que el noveno transitorio les dice que toda disposición contraria a la reforma queda derogada. Aquí, debemos reconocerlo, existen dos perspectivas encontradas. La reforma constitucional le pide a todo órgano judicial ser garante de la Constitución, lo que tiene una consecuencia: si todo órgano es garante de la Constitución, lo primero que tiene que hacer valer es la Constitución (y cuando se habla de ésta, también se comprende a los Tratados Internacionales); esto quiere decir que la jurisprudencia quedó en un segundo término. La tesis lo que plantea es la perspectiva anterior que tenía centralizada la interpretación constitucional; según la última línea de la tesis, los Tribunales Colegiados pueden separarse de dicha interpretación, pero los que no pueden separarse son los Tribunales Superiores de Justicia. Afortunadamente es una tesis aislada pero, en este sentido, valdría el cuestionamiento: ¿qué vale más, el noveno transitorio de la reforma constitucional y el artículo 1º constitucional o una tesis aislada?, hay dos perspectivas, pero esto tiene que ver con la responsabilidad judicial. La responsabilidad judicial es para con la Constitución y los derechos humanos, para con la gente, no para con las visiones tradicionales formalistas. Respecto del tema de las suspensiones quisiera hacer alusión a casos en materia ambiental. Cuando se pretende echar a andar un mega proyecto (una carretera, una presa, un desarrollo turístico o minero, etc.), siempre puede argumentarse que hay un interés colectivo que se puede hacer valer (crea empleos, en beneficio de la colectividad), pero la visión de las comunidades puede ser diversa y afirmar que dicho beneficio argüido por la autoridad no está probado. No debemos caer en peticiones de principio, se debe ser cuidadoso. Por ejemplo en materia ambiental, el principio precautorio afirma que lo que se debe probar es que el proyecto no causa daño, no son los posibles afectados los que tienen que probar que se causa daño pues se presume que sí lo causa, y esto es fundamental para el caso de la suspensión. Esto lo tienen que atender los Tribunales, pues a la Corte tardará en llegar.

Magistrado Walter Arellano:

Hay materia suficiente para hacer un Congreso, un espacio de discusión serio, en donde sería conveniente la participación de los Ministros de la SCJN, pues sin que se espere a la emisión de sus criterios, si es importante estar atentos a ellos en tanto que finalmente sí constituyen un argumento de autoridad pues estamos vinculados a sus criterios. Dicho Congreso, con los agentes que participamos directamente y hacia el interior del Poder Judicial, debería servir para construir los esquemas de las cuestiones técnicas, que tienen gran importancia. Si se cumplen los contenidos de los Pactos Internacionales, la Corte Interamericana no intervendría. Hoy se tiene definido el contenido y, en cierta forma, algunos “cómos” para su instrumentación (como a partir del caso Radilla), pero operativamente no se han aterrizado los esquemas generales para aplicar el control de convencionalidad, no se ha aplicado a la técnica del Juicio de Amparo. No se cuenta con una forma de proceder desde el punto de vista técnico, y esto no es menor al determinar, por ejemplo, si se tiene que hacer una declaración de inconstitucionalidad, ilegalidad, inconvencionalidad o invalidez. Hoy en día, al parecer, las cuestiones de legalidad son cuestiones de constitucionalidad, esto para mí era muy claro, pero después de las sesiones del Pleno, ya no queda tan claro. Son asuntos no menores que deben llevarnos a crear un equilibrio y uniformidad de dirección. La Corte Interamericana resguarda como un derecho humano la seguridad en el ejercicio de la garantía de carácter jurisdiccional. Por seguridad jurídica, quizá se pueda llegar a un acuerdo, que incluya a Magistrados

y Ministros. Un Congreso del Poder Judicial de la Federación para comenzar a

aterrizar los temas básicos. Esto puede ser provechoso para la propia Corte, pues

escucharía los criterios de los Magistrados sin esperar a que lleguen o no asuntos

a su conocimiento después del filtro de los Plenos de Circuito. Ojalá una solicitud de un Congreso de este tipo se pueda formular. Ayudaría si las tres Asociaciones

lo piden.

Licenciado Joaquín González Casanova:

Quisiera retomar algo que mencioné en la sesión pasada. Se tienen que identificar la agenda de los temas: cuáles serían los contenidos del Congreso que se propone. Tal vez las cuestiones presupuestales compliquen la realización de un Congreso de estas características para el presente año, pero lo que sí es factible hacer es una propuesta puntual de contenidos, cuestiones puntuales que deben ser abordadas. Esto sería viable. Tendría que haber una mesa de reflexión sobre los controles de legalidad, constitucionalidad y convencionalidad, a la luz de la reforma, y cómo operan a través del control difuso. En este sentido se puede elaborar un primer documento que no contenga conclusiones definitivas, sino que sea circulado para la reflexión. Hay muchos temas recurrentes. Por ejemplo, se hablaba de las sanciones por violaciones a derechos humanos: en este sexenio se derogo la disposición del Código Penal que tipificaba la violación de derechos humanos como un delito; por otro lado, existen cuestiones de política pública judicial que deben tenerse presentes, por ejemplo, desde hace 18 años se agregó

el 31-bis al Código Penal, para lograr que el Ministerio Público promueva siempre

la reparación del daño y el juez tenga la obligación de resolver sobre el particular,

aunque hasta la fecha es rarísimo que los jueces resuelvan sobre la reparación del

daño. Se experimentan problemas de falta de implementación de disposiciones, que sería importante identificarlas como otro capítulo. Se da una capacitación en abstracto, cuando los jueces y justiciables enfrentan problemas muy concretos. En reto es entonces hacer una sistematización de esos tópicos para poder tratarlos con criterios comunes. Es importante porque de no hacerlo se cae en una omisión en el actuar.

Doctor José Ramón Narváez:

Lo relativo a la jurisprudencia, parece que es un problema generacional lo que se observa en la Suprema Corte. Esta generación anterior, por ejemplo, ha considerado en la importancia de que exista una institución que tenga la última palabra. La jurisprudencia se basaba en la idea vertical. Hoy se habla de descentralización, de racionalidad y de una forma más horizontal, buscar el criterio más adecuado, no el último criterio. Esto implica un cambio de cultura, que puede favorecerse a través de cursos, congresos, reuniones. Cuando se de este paso, podríamos pensar en estándares argumentativos, pensar en lo más racional o justo. Mientras no cambie la cultura será difícil. En este sentido, la historia nos enseña mucho: han existido momentos históricos en que se han presentado ya estos corpus jurisprudenciales, donde se buscan los argumentos más racionales. Existe otro tema que se ah dejado un poco de lado: el de la simplificación judicial. Esto es, a la par de esta nueva forma de pensar la jurisprudencia, se debe hacer un esfuerzo por reducir las sentencias, identificar bien la ratio decidendi. El problema es que aquella vieja cultura tenía como presupuesto engrosar las sentencias para disminuir la responsabilidad. El juez decía que no podía hacer, porque la ley no lo permitía, pero ahora hay que empezar a pensar en términos de responsabilidad. Es un cambio de cultura. Así como en el sistema penal acusatorio hay que empezar a pensar a partir del principio de presunción de inocencia, así en este campo se debe empezar a pensar en cómo ser más responsables (en términos de responsabilidad social). La jurisprudencia tiene esta doble naturaleza:

ha puesto muchas trabas, pero también genera la posibilidad de comenzar a destrabar. Esto implica precisamente ese cambio de cultura en el que se tenga responsabilidad. Por otro lado, respecto del Seminario, ya se tienen temas para el siguiente año: interés jurídico, cumplimiento sustituto, recurso efectivo, etc. Además, se puede pensar en implementar un programa de foros de jurisprudencia (que ya tienen un antecedente), como mesas redondas donde se toca un tema específico; la idea es efectuarlos al interior de la República a efecto de contribuir en la descentralización. Además se tiene prevista la realización de un Congreso internacional para junio, por lo cual se puede pensar en un esquema donde se integre con un Ministro como responsable de la mesa, un Magistrado Federal, un Juez Federal un Magistrado local, etc., un esquema que permita la horizontalidad.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

En el tema de las medidas cautelares existe un punto importante. En la Corte Brasileña tienen un mandato de injunção: cuando no se ha emitido regulación sobre un determinado tema, especialmente con el tema de los derechos sociales, directamente a través de este mandato se busca la reparación y remediación indirecta de los afectados, como una medida racional y efectiva, a efecto de evitar

esperar hasta que se legisle. Ante una afectación específica, por falta de legislación, se determina la resolución del problema de inmediato. Esto sucede en el caso brasileño, en donde, por ejemplo, se ha ordenado la atención médica de personas, incluso trasladándolas a otros países para poderlas intervenir en una cuestión grave. Se hablaba también del principio de prevención; ante esta obligación constitucional que se impone a todas las autoridades del Estado surge el cuestionamiento de ¿cómo asegurar si no se pueden tomar las medidas de protección y de mantenimiento de la situación?, lo que se relaciona con la reforma constitucional relativa a la suspensión. Por otro lado, el tema de la ponderación debe definirse; qué se está entendiendo por este concepto. Otro punto importante en el tema de la responsabilidad en relación con el Juicio de Amparo es ¿qué tan convencida esta la opinión pública respecto a si se hacen bien o mal las cosas?, ¿hasta qué punto las buenas sentencias pueden llegar a incomodar a muchos sectores, hasta dónde las sentencias trascendentes afectan a la opinión pública? Esto tiene que ver, como lo expresaba un juez canadiense, con un trabajo previo de sensibilización de la opinión pública para que se conozca bien la función de la Corte y exista así una legitimación moral de sus criterios. Se hablaba de criterios contradictorios de la Corte; podemos al respecto traer a colación una resolución reciente de la Primera Sala en relación a la responsabilidad patrimonial del Estado, en el caso de la mala praxis médica, donde una sentencia establece la relación de la carga de la prueba: el médico en el hospital es el que debe probar, porque es quien tiene la manera de hacerlo; sin embargo, en una cuestión análoga como es el problema de las pensiones del ISSSTE (que representan entre el 60 y 70% de los asuntos que ahora se están tratando en Tribunales), se pone en manos del pensionista acreditar cuánto fue lo que se cotizó al ISSSTE, lo que parece inadecuado, aunque es el criterio que existe en la Corte. Se están viendo este tipo de contradicciones, sobre todo en el tema de los derechos sociales, se genera una cantidad impresionante de juicios, costos importantes, etc , que podrían evitarse, por ejemplo en el caso de los pensionistas, si se negociara una distinta pensión. Por otro lado, si bien ya no hay delito por violación a derechos humanos, si hay responsabilidad administrativa de los servidores públicos por dicha violación: destitución o inhabilitación; esto como sanción para muchos políticos tiene impacto. Finalmente, el tema de los Plenos, se puede tomar en cuenta la experiencia de jueces norteamericanos, donde si bien los Plenos resuelven los conflictos en el circuito, cuando hay temas transversales, los plenos de circuito lo dialogan, por lo que prácticamente no llegan contradicciones de los Plenos de Circuito a la Corte en Estados Unidos. Si atendemos a la funcionalidad del Amparo y de las instituciones, es importante atender a qué prácticas buenas existen en torno a estas instituciones que se están importando, a veces sin entender su racionalidad, operatividad y finalidad.

Doctor Raúl Pérez Johnston:

Hay temas que se deben discutir afuera de las salas de sesión. Debe haber un acuerdo en el método y en la forma respecto a la reforma en derechos humanos. Si en sesión pública no se puede lograr un acuerdo sobre lo que implica el principio pro persona, si se debe ejercer o no control difuso y su extensión, o sobre cuáles son los mecanismos que deben operar para hacer efectivos los derechos a

través del juicio de amparo, el mensaje que se manada a los operadores jurídicos (desde Magistrados hasta el oficial judicial) es confuso, lo que genera es desconcierto. Hoy en día parece indispensable que ciertas cuestiones que se discutan generen prácticamente el acuerdo sobre un manual que se aplique, porque no es posible seguir discutiendo sobre la forma, cuando la reforma supuestamente se encuentra dirigida a privilegiar la substancia por encima del formalismo. Esto genera un círculo vicioso. La Ley de Amparo y el proyecto de nueva ley que está en discusión, al parecer tampoco tiene muchos temas que se requieren para diseñar un Amparo conforme con la reforma constitucional, por lo que requerirá esfuerzo de los operadores judiciales; desde nuestra perspectiva, la nueva Ley de Amparo tecnifica aun más el juicio de amparo, más que simplificarlo. Para muestra un botón: el tema del interés legítimo colectivo; está en la Constitución y se hace una referencia somera en la ley en discusión, pero no se adecuan las instituciones para hacerlo operativo. Se hablaba hace unos momentos sobre el principio de prevención: ¿qué pasa con el interés jurídico colectivo cuando se pretende que se evite un daño con la construcción de un megaproyecto? La Ley de Amparo y el proyecto de nueva ley, siguen con el principio de que para que se otorgue la suspensión, el quejoso tiene que ofrecer una garantía ante los posibles daños y perjuicios generados al tercero perjudicado; ante esto, ¿qué asociación puede otorgar una fianza de $ 700,000,000 de pesos para evitar la construcción de una presa, por ejemplo? Frente a estos casos, habría que revisar los mecanismos, preguntarse si el control difuso de constitucionalidad y convencionalidad son suficientes para inaplicar este tipo de disposiciones y se revierta la carga de la garantía, por ejemplo, para que sea el tercero perjudicado el que tenga que presentar la garantía para efectos de que, si continua con la obra, se pueda resguardar el pago del posible daño ambiental que se produzca con la misma; pero nuevamente no se tiene consenso sobre qué deberá implicar el control difuso. Tiene que haber mensajes claros sobre cómo operará la reforma, no se puede seguir con votaciones divididas. No se puede porque mientras se termina en una discusión con una votación dividida, en torno a qué es el principio pro persona, y se retira el asunto, alguna persona permanece en la cárcel, esperando su sentencia. Nos olvidamos de que la resolución del asunto en la parte sustantiva es lo que debería importar, porque el justiciable es lo importante, y se siguen discutiendo tecnicismos.

Magistrada Adriana Leticia Campuzano:

Sobre la realización de un Congreso, se mencionó la importancia de que en dicha organización participaran las Asociaciones. Al respecto es importante comentar que se pidió un Congreso para tratar los derechos de las mujeres, pero se mencionó la planeación de un Congreso general. La conveniencia de este formato se debe reflexionar, porque por experiencia en algunos Congresos no existe una buena comunicación: ocurre que alguien es el expositor y el resto del auditorio a menudo se comporta como ausente. Si se puede realizar un Congreso, parece pertinente pensar en otras estrategias de comunicación. Parece más adecuado trabajar en pequeños grupos, más que pensar en grandes Congresos, sobre todo porque cada expositor trae sus propias ideas y el debate se hace con poco interés. El trabajo en equipos pequeños facilita la comunicación, como en el presente

Seminario. Algunas cuestiones ya están identificadas sobre qué deberíamos estar discutiendo. La función del Instituto en parte puede ser convocar a la discusión de estos temas claves, sin grandes recursos o problemas. Por ejemplo, hasta ahora se han mencionado cuatro o cinco temas fundamentales: i) Fronteras entre control de convencionalidad, control de constitucionalidad y control de legalidad; ii) las aplicaciones del interés jurídico, del interés legítimo individual y el interés legítimo colectivo; iii) cómo convertir el juicio de amparo en un recurso efectivo, más allá de lo que digan las leyes; iv) cuál es la función reparadora de la sentencia de amparo, si se aplicará o no la reparación en las sentencias de amparo y cómo aprovechar lo que se tiene hasta ahora (artículo 80 de la Ley de Amparo, por ejemplo), y v) la suspensión como tutelar de los derechos humanos. Estos temas se podrían concretar en la agenda de una reunión. No se deben esperar grandes obras, sino aspectos muy concretos que pueden ir sirviendo de material para amplificar la discusión en otros foros. Generar un documento con algunas impresiones, sin conclusiones o criterio obligatorio obviamente, pero que sirva de material para nuevas discusiones en otros foros; esta es una función en la que podría contribuir el Instituto. Otro aspecto importante es el relativo a cómo convertir el juicio de amparo en un recurso efectivo; parece que no ha existido un acercamiento tan estrecho con los jueces de distrito como el que existe con los Magistrados; esto es preocupante porque si hoy se revisan (en materia administrativa) autos de desechamiento de los jueces de distrito, siguen hablando exclusivamente de interés jurídico y se aplican las jurisprudencias del formato, como si la reforma constitucional no existiera. Falta el trabajo con ellos. ¿Cómo convertimos el juicio de amparo en un recurso efectivo? La nueva ley no da alguna guía. El recurso efectivo depende de darse cuenta de que se puede convertir en tal porque se tienen las herramientas legales. ¿Cómo hacer un juicio de amparo accesible?, precisamente a partir del principio de que la procedencia es la regla y la improcedencia la excepción, no al revés. ¿Cómo hacerlo fácil y sencillo?, la Ley de Amparo establece un procedimiento sencillo que nosotros lo hemos ido complicando, un procedimiento que consiste en un informe y una audiencia; en realidad nosotros fijamos los tiempos, y es verdad que existe una gran carga de trabajo, pero si existiera una política judicial orientadora, se podría discernir fácilmente cuáles son urgentes y cuáles no (no es lo mismo un enfermo que está luchando por atención médica que una persona combatiendo por un crédito fiscal, por ejemplo); al no existir estos criterios, los asuntos se anotan conforme van llegando, pero no se tiene el cuidado ni siquiera de ver en principio de qué se tratan los asuntos. ¿Cómo hacemos que en una sentencia se establezca el medio adecuado?, estudiando lo que las partes efectivamente quieren decir y están buscando y olvidarse un poco de las formas y competencias, etc. Creo que se trata de una toma de consciencia. El problema es que no lo estamos haciendo todos y en esto es en lo que se debe trabajar.

Magistrado Osmar Cruz Quiroz:

Retomando la idea del Congreso, efectivamente ha existido esta propuesta que no ha sido posible concretar. La reforma constitucional ahí está, con una intensión muy clara, y debemos aplicarla. El Congreso abonaría en todos estos temas, aunque participo de la idea de la Magistrada Campuzano: creo que en los

congresos se vierten ideas pero ahí se quedan; por ello insisto en el tema de los talleres, porque si se conocen los temas pero no se tiene el convencimiento de llevarlos a la práctica, se cae en lo mismo. A un año de la reforma se sigue discutiendo de lo mismo y no parece existir por lo menos un 50% del camino andado. Todo abona: congreso, cursos, capacitaciones, etc; pero es conveniente algo que permita a la práctica, sentar al funcionario judicial para que haga el ejercicio de ir aterrizando los conceptos y las instituciones jurídicas, buscar los objetivos que se pretenden con la reforma. Los talleres serían una medida de lograrlo. Podemos atender los criterios de la Corte que, por supuesto, son guía determinante en estos casos, pero la realidad nos muestra que los litigantes están haciendo ya los planteamientos y hay que darles respuesta. No podemos esperar a ver qué dice la Corte.

Maestro Luis Miguel Cano:

Me llevo la encomienda y hoy estará planteada al Coordinador de Derechos Humanos la idea de un foro. Mucho ayudará que las tres Asociaciones lo pidan formalmente. Si es un gran Congreso, cuidar que el formato sea participativo y no pasivo, quizá en el esquema de talleres. Tres temas más en lo relativo al amparo parecen relevantes. Existe una sentencia interesante emanada de la Unidad para la implementación de las reformas a cargo del Magistrado Vázquez Marín, relativa al emplazamiento a una persona con discapacidad visual, el problema lamentable fue el de su revocación en razón de la prueba, que se falló conforme a criterios formales. Este tema de la discapacidad, en donde se exige para probarla una constancia de las autoridades de salud, es totalmente contrario a la visión de la Convención; la Convención, cambia el paradigma de la discapacidad: no es un estado de salud, no es una enfermedad, no se tiene que probar con constancias de las autoridades de salud; hay casos en los que la gente otorga lo que tiene a la mano, esto es, una receta de un consultorio privado y si no se prueba por parte de la autoridad que esto es falso, entonces debería de considerarse como cierto; es un tema relacionado a cómo se deben valorar las pruebas en el amparo. En este sentido, el Congreso es totalmente oportuno porque, aunque saliera la Ley de Amparo, existirá planteamiento de control de convencionalidad sobre la propia Ley de Amparo. Se tendrá que hacer control de la Ley de Amparo. El otro tema es el control del control difuso, preocupación de los Tribunales Superiores de Justicia; ellos realizan control, y consideran que determinada disposición no la aplicarán porque les parece inconvencional e inconstitucional; pero esto va a llegar a Tribunales Colegiados en Amparo indirecto y algunas de las preocupaciones de los Tribunales Superiores es que se han dado ocasiones en que los Colegiados determinan que no fue efectuado el control y, por tanto, debe volverse a hacer, o determinan no estar de acuerdo con el control realizado, por tanto, ordenan se vuelva a realizar. El control lo único que permite es delimitar o precisar el maco jurídico aplicable, no se mete a la resolución de las pretensiones de las partes. Aquí existe un debate: algunos piensan que al determinar el Tribunal Colegiado que no se efectúo el control adecuadamente, en realidad está invadiendo facultades del Tribunal Superior. Yo no comparto esta perspectiva, pues al ser el control una definición de cuál es el marco aplicable, entonces cualquier tribunal lo debe hacer. El debate se centra entonces en saber si hacer control del control sólo

es el pretexto para reenviar el asunto para efectos de una nueva sentencia, lo que genera más bien un retraso en las resoluciones. Finalmente, les ofrezco enviar un método para realizar el control, propuesto en alguna conferencia en Tijuana, a efecto de someterlo a su consideración y crítica.

Licenciado Juan Gómez Lemus:

Viendo que las reformas modifican positivamente la labor de los órganos jurisdiccionales del Poder Judicial de la Federación, es indiscutible que debemos seguir preparándonos. Coincido en que somos muy pocos los que discutimos las reformas. La Constitución y las leyes seguirán sufriendo cambios; pero para poner

a la vanguardia estos cambios, se tienen que preparar a todos los servidores

judiciales. Falta por hacer. Los Congresos deben ser más interactivos, escuchar a los participantes. Es parte importante escuchar a los Tribunales locales.

Magistrado Walter Arellano:

Hay temas interesantes y recurrentes, como el asunto de la responsabilidad, ahora en el juicio de amparo. Lo cierto es que la autoridad debe responder. Las sentencias son revocadas. ¿Quién será responsable, la persona física o el Estado?; en principio es el Estado, porque una autoridad se ubica en el campo de interpretación de los derechos humanos. La responsabilidad se tiene que manejar sin desatender, por ejemplo, el respeto de autonomía del juez (reconocido por la propia Convención Americana) que marca el derecho de que la interpretación del juez es intocable, como lo señala el marco internacional. Si se van a asumir responsabilidades para las autoridades, a través de sanciones ejemplares, tendríamos que reflexionar si se debería aplicar a juzgadores, pues las autoridades también están interpretando. Esto hace el tema sumamente sensible. Se presentan pues temas interesantes. Por ejemplo, ¿cómo hacer el control de convencionalidad, si debe reflejarse en todas las sentencias?, ¿en cada sentencia se tendrá que ver reflejado el control de convencionalidad o sólo en aquellas en las que se impugne?, ¿cuáles son las fronteras entre la suplencia de la queja y el

control de convencionalidad, cuáles son los alcances y las discrepancias que tiene

la suplencia de la queja en el control de convencionalidad? En ocasiones, realizar

un control protector de los derechos humanos a través del derecho internacional, que aparentemente supera el esquema de las leyes expresas, dando una entrada completa al control de convencionalidad, puede llevar a la rigidez, a una interpretación literal extrema de la norma internacional. Al interpretar la norma convencional, el juzgador incluso se puede apartar de la interpretación de la Corte Interamericana; atendiendo a las características del asunto puede considerarse no aplicar esa norma internacional de la forma como lo hizo la Corte Interamericana en otro caso, toda vez que este es un caso distinto. Se corre el riesgo de querer aplicar la literalidad rígida del texto de la Convención, lo que crea una situación de riesgo que no toma en consideración la seguridad jurídica. Desde luego que debemos ser abiertos y sensibles al cambio, pero éste debe realizarse de manera inteligente y paulatina. ¿Cómo ejercer el control de convencionalidad?, ¿hasta dónde llegar con la responsabilidad? Si fuéramos demasiado rígidos y aplicáramos sanciones al Tribunal Superior de Justicia en este sentido, en corto tiempo no habría Magistrados y se acabó el presupuesto para realizar reparaciones del daño.

Prudencia es lo que se pide. La norma está ahí, es constitucional y nos vincula, pero recordemos que estamos también en un espacio en el que se difunde la ética y la prudencia es una virtud judicial. Debemos discutir y lograr un acuerdo en los elementos fundamentales, básicos, por ejemplo respecto a la procedencia del juicio de amparo. ¿Qué diferencia existe entre invalidar una norma o declararla inconstitucional?, este tipo de cuestiones, que se están discutiendo, deben aclararse y no considerarse como obviedades.

Maestro César Olmedo:

Me centro en dos ejemplos, dos casos que dan una muestra de estos problemas. En el primer caso, se dicta un acuerdo para modificar todo el régimen de los mercados públicos del Distrito Federal; a efecto de no promover múltiples amparos, se crea una persona moral que los representa para interponer un amparo indirecto contra estos lineamientos pero se pierde; no obstante, por una circular perdida en alguno de los mercados, se hace posible ampliar la demanda y se pide la suspensión aplicable para todos los que conforman la persona moral. El dilema en el juzgado de distrito estribaba en que si bien existe interés por parte del mercado en el que se entregó la circular, no podía otorgar la suspensión sólo a dicho mercado, porque el amparo fue promovido por una persona moral en conjunto y la suspensión tendría que comprender sus efectos para todos, pero no todos tenían interés jurídico. En el Tribunal Colegiado se observó que, existiendo la reforma, sí había un interés legítimo de todos los conformantes de la persona moral, porque aunque no promovieron específicamente la ampliación, si tienen interés legítimo. Esto genera una primera conclusión: los límites procesales entre el interés jurídico y el interés legítimo son cálculos de ingeniería constitucional. El segundo caso tiene que ver con el control de convencionalidad: existe un artículo de la Ley de Amparo que señala que ante la decisión del juez de no acumular casos, no existe recurso alguno, pero a la luz de la reforma y del derecho consagrado en el artículo 25 de la Convención relativo al recurso efectivo, este artículo no debería existir; así, se promovió la revisión al juicio de amparo y el Tribunal Colegiado niega esta interpretación, se promueve reclamación y también se niega pero con una argumentación interesante: el artículo 25 de la Convención se refiere a un recurso efectivo, pero sólo cuando se esté refiriendo a una violación de derechos humanos y en este caso no existe el supuesto porque, a pesar de que no se acumulen los casos y en el supuesto de que se dictaran sentencias contradictorias, eventualmente existirá una resolución. En conclusión, parece positivo entrar a estos estudios e incluso innovar y equivocarse, pero entrar en estos temas; esto permite mejorar. El que la jurisprudencia se haga de manera colegiada es porque para construirla se requiere de diálogo y mientras exista la apertura a estos temas, se mejorara la impartición de justicia.

Doctor José Ramón Narváez:

Para informar del Congreso. Están confirmados lugares, espacios y horarios. Los talleres tienen la intención de hacerse prácticos. Existen talleres en los que aún podrían sumarse, por lo que se extiende la invitación. Se pide síntesis curricular y una sinopsis del tema.

Conclusiones:

1. La implementación técnica de la reforma constitucional en materia de derechos humanos implica aún mucho diálogo sobre temas importantes, destacando esencialmente los siguientes: la manera en que ha de realizarse y distinguirse los controles de legalidad, constitucionalidad y convencionalidad al interior del Juicio de Amparo; la forma como ha de realizarse el control difuso; la manera como debe operar la suplencia de la queja en el juicio de amparo en relación con el control de convencionalidad.

2. Si bien es importante atender a los criterios que se irán emitiendo al interior de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, también es fundamental que los propios Tribunales Colegiados vayan resolviendo los problemas de implementación técnica de la reforma, emitiendo criterios necesarios que busquen caminos para su mejor realización. Esta responsabilidad se debe asumir de manera prudente por parte de todos los juzgadores, evitando caer en excesos.

3. Lograr hacer del amparo un recurso efectivo (independientemente de la emisión de la nueva Ley de Amparo) es responsabilidad de los juzgadores. En esta tarea, existen ya herramientas para lograr que el amparo sea más breve, sencillo, accesible y efectivo.

4. Debe revisarse el tema de la suspensión en el juicio de amparo para adecuarse a la luz de la reforma constitucional en materia de derechos humanos.

5. Es recomendable generar foros adecuados para la discusión y clarificación de estos temas. En este sentido, existe la conveniencia de realizar un Congreso con dos características importantes: i) con enfoque práctico, como la implementación de talleres, que permita aterrizar las instituciones y conceptos de la reforma; ii) que sea interno del Poder Judicial, con la presencia de Ministros, Magistrados y Jueces. Existe también la recomendación de que estos foros sean bajo el formato de grupos pequeños de trabajo y no bajo el formato de un evento masivo.

LÍMITES A LOS DERECHOS HUMANOS

Y ARGUMENTACIÓN IDÓNEA

Apartado 1:

“XXXX”

Apartado 2:

Sesión del 9 de octubre de 2012 Sesión 6 de noviembre de 2012

Artículo sobre “Límites a los derechos humanos y argumentación idónea”

DIÁLOGO SOBRE LOS LÍMITES A LOS DERECHOS HUMANOS Y ARGUMENTACIÓN IDÓNEA (9 de octubre de 2012)

Algunas cuestiones que pueden servir de guía para el diálogo:

a. ¿Tienen los derechos humanos límites?

b. ¿La existencia de límites en los derechos humanos implica que se favorezca una interpretación limitativa sobre una extensiva? ¿Esto no contradice las características de los derechos humanos reconocidas constitucionalmente por la reforma?

c. ¿Cómo identificar el núcleo esencial de los derechos humanos?

d. ¿Existen conflictos de derechos humanos?

e. ¿Cómo resolver en la argumentación el “conflicto de derechos”?

Ministro Mariano Azuela:

Agradecemos su asistencia en esta penúltima sesión del Seminario. En esta ocasión, como se había anunciado la sesión anterior, se tratará la temática de los límites a los derechos humanos y la argumentación idónea. Como siempre, la intensión de las reuniones es la de generar un diálogo y un enriquecimiento de todos los puntos de vista a través del mismo.

Magistrado Walter Arellano:

En la lectura sobre los límites a los derechos de Juan Cianciardo, se habla de los límites que establece la propia Constitución y de la necesidad de construir a través del legislador una unidad constitucional, congruente con las remisiones que hace el propio constituyente a la ley (que sea la ley la que regule los parámetros constitucionales). En la Constitución se establecen límites a los derechos fundamentales, desde el punto de vista conceptual y desde el punto de vista de otros derechos fundamentales. Se habla de la necesidad de armonizar la inviolabilidad y la regulación de los derechos humanos. Se habla también de la existencia del límite de los límites a partir del contenido sustancial de cada derecho y el principio de razonabilidad. Los límites internos a los que se refiere, como contenido de los derechos fundamentales, así como los límites externos, como conflictos entre derechos fundamentales, son la parte esencial del problema, porque finalmente lo que se resuelve en los tribunales son conflictos y el antagonismo entre derechos deriva de una necesidad conceptual de establecer los límites constitucionales; la esencia misma de los derechos fundamentales es la primer limitación; el legislador está obligado a no poner límites, sino solamente a explicitar los ya contemplados por la Constitución. Esta es la manera en que se regula el ejercicio de los derechos fundamentales. Hay una regulación constitucional y otra legal y debe haber armonía entre estos dos puntos, respetando el principio de proporcionalidad y el principio de contenido esencial de los derechos. Aterrizando esto en una casuística práctica. Han existido intentos por parte de tribunales de establecer la preeminencia de derechos fundamentales sin considerar la existencia de otros derechos, esto es, hacer subsistir un derecho fundamental sin hacer ninguna ponderación a la luz de otros derechos, sin advertir cuál es su regulación remitida a una ley. Aquí estamos en un tema serio relativo a

los límites en el momento de la aplicación. Podemos retomar el ejemplo de la usura, que está proscrita en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, instrumento que también prevé el derecho al debido proceso, remitido a la seguridad jurídica como un derecho fundamental. Existen pronunciamientos de manera oficiosa que pretenden realizar un precario ejercicio de control de convencionalidad, sin observar los límites establecidos en la Constitución, realizando una especie de suplencia de la queja que va más allá de los parámetros establecidos. Esto se relaciona con esa confrontación entre el debido

proceso (la seguridad jurídica) y un derecho fundamental como es la proscripción

a la usura, tema tratado civil y penalmente en el derecho mexicano. Desde la

perspectiva de la usura, hay un juicio ejecutivo mercantil en donde existe un interés al parecer desproporcionado, porque un juez ejerce el control de convencionalidad: a la luz del artículo 78, muy abierto a la libertad de las partes de

la contratación, las partes establecen un pacto entre las partes cuya voluntad es

fijar un interés que aparece como desproporcionado; el juez de distrito que conoce

el asunto observa que el artículo es inconvencional, aunque nadie le había pedido

que realizara dicha observación. En el asunto en comento, nadie colocó en la litis

el problema de si el artículo aplicable al caso iba en contra de disposiciones internacionales de derechos humanos e incluso no se planteó sí existía el tema de usura. Se realizó un control oficioso, efectuando un cambio de la litis. El documento sobre el que versaba el asunto era un título de crédito, que tiene la calidad de ser prueba pre-constituida de la acción ejecutiva mercantil, que había circulado y recordemos que sólo se pueden formular las excepciones pertinentes

si el documento no ha circulado, ya que si ha circulado, sólo se pueden hacer la

excepciones que se tienen en relación con el endoso. Se ejerció, entonces, un pretendido control de convencionalidad, estableciendo como parámetro el ordenamiento constitucional que reconoce como derecho fundamental la prohibición de la usura. Esto parece coherente, pero en realidad está alterando la litis. Ciertamente el derecho fundamental que se apela es importante y de haberse subido a la litis, pudo haberse analizado con una interpretación extensiva y llegar a

la conclusión de que un caso excepcional estaba previsto para prevenir la defensa

del derecho, por haber sido el accidente del documento de buena fe, distinto al que originalmente celebró ese documento como un pacto usurero, pero esto es totalmente ajeno a la litis. Entonces, tendría que analizarse de manera armónica con el derecho fundamental llevado a la práctica en el ámbito específico, un derecho legítimo, pero ajeno al caso. Este ejemplo es pertinente porque cada vez más se presentan este tipo de problemas, independientemente del caso de la usura, donde habría de determinarse aún qué es excesivo y qué es proporcionado o desproporcionado, otro tema agudo de debate. El punto es que si este derecho no se trajo a la litis, ¿no se está dejando en estado de indefensión, con esta afectación al debido proceso, a la contraparte?, si el planteamiento se hubiera subido a la litis hubiese existido la oportunidad de determinar de acuerdo a nuestro

derecho mexicano si se daba la ampliación o no de la cuestión de la usura y la búsqueda de bajar los montos desproporcionados de los intereses. Esto implica un abordaje, más que teórico, práctico que se está viviendo en los Tribunales Colegiados y que implica un parteaguas y requiere una gran prudencia judicial en

el ejercicio al momento de resolver. Otro ejemplo referido por la Ministra Margarita

Luna Ramos, donde externaba su preocupación sobre el ejercicio de control de convencionalidad, en particular en lo relativo a apartar ciertos artículos de su aplicación cuando algo no es materia de la litis: en algún Tribunal Colegiado se realizaban requerimientos para que el quejoso tuviera por ciertos actos realizados por determinadas autoridades, ante lo cual el quejoso manifestó su interés en no señalarlos; se siguió el juicio y no obstante lo anterior, de cualquier manera el Tribunal Colegiado ejerció el control de convencionalidad sobre actos y autoridades que no se incluyeron en la litis; esto implica una situación grave. Otro asunto, en el que se acudió al parecer al presidente de la Corte por algún organismo de salud pública, cuando un juez de distrito resolvió que se le debían pagar a un quejoso los estudios y la atención médica en el extranjero, ante lo cual el Director de la institución de salud observaba que si esto fuera un caso único sería adecuado, pero si resoluciones de este tipo serían cotidianas, sería inviable. Así una especie de ejercicio programático de los derechos humanos ya marca una pauta de situaciones de riesgo de aplicación, que no es menor.

Ministro Mariano Azuela:

Cuando se habla de derechos humanos, de resolver aplicando el principio pro persona, siempre se plantea la existencia de partes en un juicio, pero no sólo esto, se debe tomar en cuenta que siempre se encuentra de manera latente la existencia de todos los miembros de una comunidad. Puede ser que, en casos como el que nos plantea el Magistrado Walter Arellano, como consecuencia de decisiones de este tipo, exista un impacto en la comunidad. La comunidad puede resentir que se le priva de una serie de programas a favor de los derechos humanos. Por ello, se debe ser escrupuloso en pensar, no sólo en la otra parte, sino en esa parte latente siempre en todo juicio que es la comunidad formada por seres humanos, sobre quienes repercutirá una decisión como la comentada, donde una persona con una situación bonancible recibe el beneficio de tener cubiertos este tipo de gastos que van después a implicar que no se realicen obras en beneficio de los más necesitados. No es sencillo el problema.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

Retomando el tema de los derechos sociales que es sobre el que he estado trabajando, parece que tradicionalmente los derechos fundamentales se reducían a los derechos de defensa, aquellos en donde se pretende una omisión por parte del Estado. Ahora la reforma constitucional, especialmente el artículo primero, parecen apuntar a dar una funcionalidad y eficacia a otro tipo de derechos, especialmente a los prestacionales, a los de protección y a las políticas públicas. No es pertinente ver sólo el interés de una parte o un sector, sino ver el interés completo, se debe atender al bien de toda la comunidad y a todos los bienes constitucionales que estuvieran involucrados. Observando los criterios de algunos tribunales constitucionales, en especial el Tribunal Alemán, que han sido retomados por la Corte Interamericana y por el Tribunal Europeo, reaparece el tema de la ponderación. En este contexto, el criterio ha sido el de buscar la máxima funcionalidad o eficacia de los derechos fundamentales, esto es, existe la tendencia de la optimización de los derechos fundamentales. Desde luego, esta expansividad o mayor cobertura del derecho, siempre tiene una condición de

provisionalidad, porque al momento de enfrentarlos o realizar la ponderación con otro tipo de derechos con los que puedan llegar a colisionar, nos ubicaría en el “tamaño” que se pueda otorgar a determinados derechos en asuntos concretos. Pensando el derecho a la salud, por ejemplo, si se buscará este tipo de prestaciones de atención en el extranjero, requerido para un determinado caso en el que fuera imposible brindar un tratamiento equivalente en México, esto implicaría un costo alto que posiblemente se puede soportar en el supuesto de un caso, pero en cien mil casos es evidentemente insostenible. Por ejemplo, en el caso brasileño, comenzaron reclamos por grupos necesitados para medicamentos para tratamiento de VIH: los medicamentos eran caros, las personas no tenían recursos económicos para adquirirlos, se solicitaron los medicamentos a la asistencia social y las autoridades no se los suministraban porque no estaba previsto este abastecimiento; esto generó resoluciones judiciales en el sentido de proveer los medicamentos considerando el estado de necesidad de las personas que requerían el medicamento (pues de no hacerlo, la persona que lo requería

moriría), lo que llevó a una política pública (en la época de Lula da Silva) llegando

a expropiar la patente de este medicamento a favor del Estado, encargando a

determinados laboratorios que fabricaran el medicamento a efecto de que el gobierno los entregara gratuitamente a personas necesitadas. Es interesante

observar cómo lo que primero fue una sentencia que se fue multiplicando en otro tipo de casos, fue llevando a un cambio de una política pública, lo que no quiere decir que esto es lo que debe hacerse y que los jueces a partir de sentencias deben cambiar políticas públicas, pero sí muestra como en ciertos momentos este tipo de decisiones han abierto la puerta en determinados supuestos. Otro caso es

el de Sudáfrica, que es semejante porque queda en evidencia a través de la Corte

que los programas de apoyo y asistencia a la vivienda de los sectores más desprotegidos, habían sido imprácticos e insuficientes y que las personas estaban en una situación cada vez más desesperante, sin apoyo o ayuda, sin política adecuadas. Esto nos lleva a algunos puntos: i) no ver solamente el límite de los derechos fundamentales en relación a un derecho, sino en virtud de la interdependencia, se debe atender a varios derechos involucrados (en el caso de los derechos económicos, sociales y culturales, sucede con el derecho a la salud, el derecho a la vivienda, que se conectan con el derecho a la libertad, con el derecho a la vida, y con otros derechos, lo que ha servido a tribunales para atender a casos concretos en la satisfacción de prestaciones); ii) la dimensión objetiva de los derechos fundamentales, que ya ha sido expuesta en alguna sentencia reciente de la Primera Sala; iii) la eficacia horizontal de los derechos fundamentales, en donde se exige ver no solamente la relación vertical de autoridad-gobernado, sino entre los propios particulares. Esto parece que nos lleva a repensar las ideas que Alexy retoma del Tribunal Alemán, respecto a dar a este tipo de derechos el máximo posible de protección, sobre todo si atendemos al artículo 1º constitucional, que en su párrafo segundo, establece la interpretación de los artículos en función de conseguir el máximo beneficio y la mayor protección. Pero en esto estriba el trabajo de considerar la interrelación e interdependencia con los demás artículos y lograr construir el ejercicio de ponderación en función de la posible colisión con otros derechos. Durante muchos años esto no fue usual porque no había mecanismos procesales para poder traer al juicio de Amparo este

tipo de conflictos. Ahora, con el interés legítimo y la protección especial a los derechos económicos, sociales y culturales, se verán estos problemas con mayor énfasis. La protección de estos derechos exigirá mayor creatividad judicial, pero también el pulso de razonabilidad para no provocar una situación de caos y desequilibrio.

Magistrada Adriana Leticia Campuzano:

Debo referirme brevemente a lo comentado por los Magistrados Walter Arellano y Jean Claude Tron Petit. Respecto del ejemplo del Magistrado Walter Arellano, recuerdo que en algún estado de la República está previsto el delito de usura que se configura a partir del interés de una tasa determinada, en dicha entidad, se presentó un asunto civil donde se establecía una tasa de interés, ante lo cual el juzgado ejerció un control de constitucionalidad (no de convencionalidad), razonando que: si de acuerdo con la ley de dicha entidad una tasa de determinado monto es un delito (de usura), entonces en todos los pactos civiles y comerciales en donde se señale un interés superior, se debe considerar que dicha disposición es nula porque atenta contra la idea de que la usura es un delito cuando llega a determinada tasa de interés. El asunto se va complicando y multiplicando a partir de los planteamientos de los abogados y de las sentencias que los Tribunales van generando, provocando ciertas molestias de los estudiosos. Desde mi punto de vista, en una metáfora podríamos pensar en una imagen algo fuerte: parece que los jueces estaban en una jaula y repentinamente les quitan los barrotes; ante esto, algunos salen desbocados corriendo, otros salen caminando con toda tranquilidad para observar el exterior y otros más permanecen cómodamente sin querer salir, porque ahí reciben su alimento. Se encuentra de todo, no obstante, parece que la mayor preocupación no debería ser tanto por aquellos que se desbocan (porque son unos cuantos), sino por quienes permanecen en la jaula pensando que en dicha posición no tienen que esforzarse; frente a los que se desbocan, existen los tribunales superiores que pueden ir acomodando las cosas y poniendo límites, pero el trabajo relevante debería ser incentivar a moverse a quienes permanecen estáticos. Respecto del ejemplo del Magistrado Tron Petit, podríamos observar que no hay que ir a casos extranjeros para percatarse que a partir de un fallo judicial puede tener un impacto en las políticas públicas, como es el caso de los militares enfermos de VIH, donde seguramente los dos primeros casos se consideraron de consecuencias desastrosas para el ejercito (cómo era posible que un enfermo de sida pudiera brindar servicio al ejercito cuando se pensaba que debía estar en su casa “guardado”), para después irse ajustando y llegar a la manifestación de la Suprema Corte que afirmó la posibilidad de que estas personas trabajaran, dando el mensaje de que “ya no era un crimen ser sidoso en el ejercito”; un efecto colateral de las sentencias en materia de derechos humanos es justamente provocar los cambios institucionales; se deben ver estos fallos que van demostrando lo que se puede hacer. Respecto del tema de las restricciones, que era el propósito original de la intervención, ha sido trabajado desde antes por la Suprema Corte, quien además ha sentado criterios; podemos recordar la tesis 66 de la Primera Sala, de 2008, donde se establecen criterios de restricción coincidentes plenamente con lo que la Corte Interamericana ha señalado en materia de derechos humanos. La Corte ha dicho, en términos de los

artículos 30 y 32.2 de la Convención, que las restricciones a los derechos humanos: i) deben estar establecidos en la ley, explicando en una opinión consultiva (6/86) que al referirse a ley se alude a leyes formales, lo que equivale al principio de reserva de ley que nosotros manejamos; ii) los fines de las restricciones deben ser dos: el interés general o los derechos humanos de otros, lo que coincide con lo que ha afirmado la Suprema Corte, esto es, que toda restricción debe seguir un fin legítimo que es aquello que la Constitución permite que en términos generales se refiere a los derechos de los otros o al bien común o interés general; iii) también ha dicho la Corte en opinión consultiva, relativa a la obligación de los periodistas a formar un colegio, qué es el orden público, qué el interés general y qué el bien común, haciendo una descripción y afirmando que son el conjunto de condiciones que permiten que una sociedad camine de manera democrática, que las personas tengan un desarrollo completo y armónico; concluye que son conceptos que se deben identificar caso por caso, lo que en México llamaríamos conceptos jurídicos indeterminados, coincidiendo la Suprema Corte en la esencia de que caso por caso hay que hacer el examen de compatibilidad entre derechos y de un derecho con el orden público. A final de cuentas, se señala que la única condición de toda restricción es que no destruya la parte nuclear del derecho. En cuestión de restricciones a derechos humanos, el marco teórico está muy claro, tanto en México como en el Sistema Interamericano, el reto es aplicarlo caso por caso.

Maestro Luis Miguel Cano:

En primer lugar es pertinente apuntar cómo es que la limitación de los derechos se ha visto alterada con la reforma, en específico por la introducción del principio pro persona; sabemos que una de las vertientes de este principio señala que las limitaciones de los derechos tienen que ser leídas en su mínima expresión, mientras que por el contrario, los alcances de los derechos tienen que magnificarse. Este nuevo parámetro puede llegar a trastocar la forma tradicional en que se trataba la limitación de los derechos en varios sentidos. El primero (sin que signifique un orden de importancia) podría implicar que la ley, que efectivamente debe ser la fuente de las limitaciones, debe ser en sí misma estudiada o analizada; no porque la limitación este en la ley debe ser automáticamente aplicada al pie de la letra; casos recientes se han generado en la Suprema Corte sobre lo relativo a los límites del derecho de acceso a la información y parece que porque la ley establece que hay cierta información que se clasifica como reservada o confidencial, en automático el limite se sobrepone, parece que porque se dice que algo es dato personal, también en automático se sobrepone sobre el derecho a la información; parece que esta forma de razonar no es la adecuada. La misma cláusula de limitación en ley debe ser analizada y observar si pasa una prueba a la luz del principio pro persona. Por lo mismo, el tema algunas veces podría ser resuelto a través de la ponderación; la limitación que introduce la ley, si protege derechos, permitirá hacer una ponderación entre el derecho protegido y el derecho que pretende ser limitado; pero se debe ser cuidadoso porque al hablar de ponderación se suele aplicar a cualquier cosa y parece que los valores abstractos y no muy bien determinables a priori, como seguridad pública, orden público, moral pública, etc., parecieran ser suficientes

para limitar un derecho, pero esto no es necesariamente adecuado porque estos valores no son derechos y por lo tanto, no están en el mismo estatus; por supuesto que algunos de estos valores sirven como medios para la protección de otros derechos: interesa la seguridad pública porque interesa resguardar el derecho a la vida y a la integridad personal de las personas, pero en sí misma la seguridad pública no tiene el mismo peso para una ponderación. En segundo lugar, la limitación de los derechos nunca se ha podido argumentar a través del abuso de los derechos: no se puede decir que se debe limitar el derecho porque de no estar limitado habría una persona que abusaría del mismo; el abuso de los derechos nunca ha sido argumento para limitarlos. Si se quiere ser congruentes con el principio pro persona y la apertura de fuentes en nuestro sistema jurídico, se debe interpretar la limitación de los derechos a partir de las fuentes de origen internacional; las fuentes internacionales pueden introducir mayores limitaciones a los derechos, pero en ese caso esas fuentes se dejan a parte porque sabemos que los tratados tienen una cláusula de aplicación pro persona y de cualquier forma el segundo párrafo del artículo 1º las dejaría aparte, pero si las fuentes internacionales disminuyen el listado de los derechos, se tendrá que partir del listado disminuido. Hay un tema relevante, ya enunciado por el Magistrado Tron Petit, que tiene que ver con ajustar la limitación de los derechos al principio de interdependencia, porque ciertamente cuando se limita un derecho seguramente no sólo se limita ese derecho sino todos los demás derechos con los cuales aquel es interdependiente o frente a los cuales resultan indivisibles para el caso concreto. De igual forma, se encuentra el tema paralelo, que no es tanto de limitación sino que tiene que ver con la obligación de maximización de los derechos, es el de las obligaciones de respeto, protección, promoción y garantía de los derechos humanos, que puede ser ejemplificado de nuevo con un caso concreto: la obligación establecida en el artículo 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos es desarrollar las posibilidades del recurso judicial que es la garantía de los derechos humanos; las limitaciones que se introduzcan al juicio de Amparo, que es uno de esos recursos, deben ser vistas con cautela para observar si tienen fundamento constitucional (y no sólo legal o jurisprudencial), y si están conformes con el deber de desarrollar el recurso judicial, es decir maximizar la obligación de garantizar y proteger los derechos humanos, con lo cual, todavía es más complicado que se introduzcan limitantes que no puedan pasar este test. Sólo para hacer dos alusiones: i) sobre el tema de usura está pendiente de aprobar el engrose de la contradicción de tesis 204/2012 de la Primera Sala, que empieza a tratar de este tema, y será interesante revisarlo; ii) el tema introducido por la Magistrada Adriana Campuzano, respecto a cómo es tratada la limitación de los derechos en el sistema interamericano, efectivamente alude a la reserva de ley, a una finalidad que justifique la limitación y a que exista necesidad de dicha limitación (comprobada a partir de un juicio de proporcionalidad o ponderación); en este sentido simplemente se observa que debe tenerse cuidado en relación a lo abordado en el caso Castañeda, porque este caso introdujo una alteración al tema de cómo venía tratado la Corte lo relativo a las limitaciones: hasta ese entonces, las limitaciones al derecho sólo podían ser las listadas en el propio artículo que tratara el derecho en específico, pero en el caso Castañeda se señaló que la limitación al derecho político-electoral se prevén en el artículo 23, pero también le

pueden aplicar las limitaciones previstas en la clausula 30. A mí me parece que esto fue un retroceso y que hoy debería ser descartado porque ya no implica la norma más favorable, pero son temas de debate.

Magistrado Santiago Nieto:

Dividiré la intervención en tres partes. La primera respecto al cambio social que puede ser generado a través de la interpretación judicial; sólo por traer como referencia algunos casos resueltos por el Tribunal Electoral: por ejemplo, en materia de género, la sentencia emitida a finales del año pasado por la Sala Superior en torno a las cuotas de género establecidas por el COFIPE, significó de entrada que el 36% de la integración actual de la Cámara de Diputados sea de mujeres y lo mismo en la Cámara de Senadores, donde constituyen un 33%; esto es una prueba de que no es necesario ir a ejemplos extranjeros, pues en la propia dinámica jurisdiccional nacional, existen ejemplos que nos permiten señalar como se ha operado jurisdiccionalmente para poder maximizar los derechos y generar un cambio en la sociedad; un segundo ejemplo, es relativo a los partidos políticos:

se ha avanzado mucho en controlar a los partidos al interior, respecto a los derechos de su propia militancia, donde cláusulas como el “aplausómetro” en el Partido del Trabajo, que servía de mecanismo para designar a su presidente, no puede ser racionalmente concebida como una expresión del derecho a formar parte de una asociación política; por otro lado, se han tenido problemas en materia indígena, porque siempre se ha defendido ampliar los derechos de las comunidades indígenas, pero al hacerlo también se han generado problemas dentro de las comunidades, por lo que es un tema sobre el que se debe seguir trabajando. En definitiva, en esta primera parte de la exposición se pretendía referir cómo la materia electoral también ha generado algún cambio social a través de su interpretación. El segundo tema es relativo al texto de los límites de los derechos fundamentales de Juan Cianciardo; al respecto, resulta bastante interesante esta distinción que realiza entre la teoría interna y la teoría externa y su reformulación; como un comentario al texto podríamos referir que en lo relativo a la teoría externa, las reflexiones no sólo vienen del legislador sino también de la propia interpretación judicial; respecto a la teoría interna, que señala que las restricciones sólo se encuentran listadas dentro de la Constitución, es importante observar aquello que la Magistrada Campuzano ya había señalado, es decir, que la propia Convención Americana permite otro tipo de restricciones. En el replanteamiento, me parece interesante la propuesta de Cianciardo consistente en que el contenido de las normas fundamentales es regulable, pero los derechos fundamentales ilimitados, “protegen aquello que protegen y nada más”; a mí me parece que esta visión de los derechos fundamentales como ilimitados es adecuada, pero es importante decir que los derechos también son “ensanchables”, con esto, se introducen las características de indivisibilidad e interdependencia antes referidas por el Magistrado Tron Petit, además de otro elemento que es igualmente importante: la progresividad; pero si el derecho fundamental debe ser progresivo, entonces “no protege lo que protege y nada más”, tenemos que ir ensanchando el derecho a través de la interpretación judicial; tuvimos un caso reciente relativo a la credencial para votar, donde se consideró que el tener una credencial debía considerarse como un derecho permanente, independientemente

de que hubiesen pasado las elecciones, esto porque la Convención Americana

regula el derecho a la personalidad y señala que se requieren herramientas para acreditar la personalidad de cada uno; en este sentido, la credencial para votar está ligada al derecho a la personalidad; además de servir para votar, existe una interdependencia con el derecho a la personalidad. Así, este análisis de Cianciardo me parece muy bueno, pero si podría enriquecerse con el tema de la progresividad. En tercer lugar, es pertinente hacer algunos planteamientos sobre

el tema de la ponderación; en este contexto me parece acertado lo comentado en

relación a que el abuso del derecho no puede señalarse como argumento para limitar los derechos fundamentales; en materia electoral el problema es que algunas veces se obliga a ponderar elementos que no son ponderables, por ejemplo, la equidad en la contienda vs. la libertad de expresión (por ejemplo, ¿qué tanto se violó la equidad en la contienda porque hubo presencia en radio y

televisión fuera de los márgenes legales?); en este sentido, se ponderan elementos dispares, este es un problema que se presenta en la praxis; la forma de resolverlo ha sido tratar de argumentar en el caso específico cuál es el bien tutelado más importante para la colectividad y en ocasiones se han llegado a anular elecciones por ejercicio de la libertad de expresión; habría que revisar todo esto, pero esto es lo que se está presentando en la materia. Me gustaría comentarles finalmente un asunto del PAN en donde una persona se había registrado para ser diputado federal y local al mismo tiempo, por representación proporcional en el mismo proceso; esto está prohibido por la ley y constituía un ejercicio abusivo del derecho, sin embargo, le cancelan su registro sin brindarle garantía de audiencia y él se queja en este sentido; existió un voto particular a favor de la garantía de audiencia pues aunque la ley no lo preveía, parece razonable establecer un mecanismo previo que impidiera la cancelación automática del registro aunque hubiera un ejercicio abusivo. En este caso, tanto el voto de la mayoría como el voto particular hacen ejercicio de ponderación y llegan

a conclusiones distintas, por lo que valdría la pena revisar la propuesta de Alexy

(que es precisamente la crítica que realiza el profesor García Amado) en razón de que algunas veces se pondera y resuelve lo que el juzgador quiere resolver y esto afecta al mismo procedimiento de ponderación.

Doctor Juan Antonio Cruz Parcero:

Mi comentario será general. Sobre la lectura preocupan algunas cuestiones; parece que debemos tomarla más como una orientación sobre el tema de las limitaciones; creo que hace algunas distinciones importantes, como entre límites internos y externos, directos e indirectos, para ubicarse en la discusión; el problema de la lectura es que, si bien plantea estas dos teorías (interna y externa) observando que ninguna es completamente satisfactoria, tampoco es plenamente satisfactoria la postura del autor, porque al final plantea sus ideas en términos vagos, en el sentido por ejemplo, de que un derecho protege lo que protege y nada más y por eso es ilimitado, formulación que resulta confusa, además de que si le diéramos un sentido con una posible interpretación, al parecer la afirmación sería errónea, porque como afirma al inicio la lectura, los derechos fundamentales pueden tener limitación del propio legislador y además estas limitaciones pueden tener distintos rangos (constitucionales, limitaciones en leyes secundarias, etc.),

además de que existen otro tipo de limitaciones que tienen que ver con el propio contenido del derecho. Así, el aspecto que queda fuera de la lectura, porque aunque se menciona no se dimensiona su importancia: es que los derechos fundamentales, además de tener las limitaciones creadas por los mismos legisladores (porque un derecho para ejercerse debe regularse y por tanto el legislador debe prever casos en los que el derecho debe restringirse de alguna forma para que su ejercicio sea compatible con los otros), hay otros casos en los que aun el centro o corazón del derecho que está regulado debidamente (que equivale a aquello referido con la frase “se protege lo que se protege y nada más”), puede estar restringido, porque hay casos en que los derechos entran en conflicto entre ellos o con intereses sociales, y en estos supuestos, a través de los ejercicios de ponderación, ese centro del derecho incluso queda restringido. Esta situación en la práctica es fácil de aceptar, los jueces y los abogados se dan cuenta que eso sucede a diario, pero en términos teóricos es difícil aceptar esta realidad: que los derechos continuamente en su aplicación se deben estar restringiendo o limitando más allá incluso de las propias limitaciones establecidas por el legislador. A la lectura le falta, entonces, este aspecto de los derechos en la práctica. Ahora bien, ¿cuáles son los mecanismos para lidiar con estas complicaciones?, uno de ellos es el ejercicio de la ponderación. Pero ¿cuál es el problema con el tema de la ponderación?, porque genera diversas interrogantes:

¿qué es la ponderación?, ¿cuáles son los métodos de ponderación que existen?, ¿cuáles son los problemas de las propuestas?, por ejemplo respecto de la teoría de Alexy que se ha adoptado no sólo en Alemania sino en los países latinoamericanos, donde se ha exportado de forma acrítica. Se piensa a veces que los tres criterios que propone deben aplicarse como una receta, de modo automático, y en esto el propio Alexy tiene una cierta responsabilidad porque incluso presenta una fórmula; se piensa a veces que este ejercicio es casi mecánico, porque se tiene una fórmula para ponderar, pero en realidad se debe ser muy cuidadoso. Si se revisan algunos ejercicios donde se utiliza la ponderación “a la Alexy”, se pueden detectar diversas insuficiencias argumentativas. Se puede comparar la propuesta de Alexy con la de Dworkin, por ejemplo. Dworkin, a quien se le ocurre la ponderación, en ningún libro ha propuesto un método específico de ponderación, porque no es una receta:

consiste en dar argumentos a favor de ciertos derechos (utilizando la metáfora, del peso que tienen ciertos derechos e intereses sociales), argumentos a favor o en contra de la aplicación de un derecho o de otro, o de un interés social, de un bien público en cuestión que entra en colisión. El problema de la ponderación es que, si se quiere tomar en serio, no consiste en la aplicación de un método sino en cómo se aplica el método. El método de Alexy es bueno, siempre que se considere como una guía de qué cosas se deben argumentar, pero no basta que un tribunal afirme que aplicando el principio de necesidad, de idoneidad o de proporcionalidad en sentido estricto, se arribará a determinada conclusión, como si fuera una cosa mecánica y sin argumentos. Esta parte de la argumentación debe tomarse en serio. Aquí es donde la lectura puede considerarse un poco ambigua, pues el aspecto que Cianciardo denomina “los límites internos”, en realidad depende de los argumentos que se pueden generar a partir de las teorías que se tienen para justificar los propios derechos. En la ponderación cuenta mucho centrar cuál es el

valor que está detrás de un derecho, cuál es el otro valor que está en juego y establecer una argumentación valorativa, lo que genera mucha desconfianza a diversos autores, porque se cree que las discusiones relativas a valores necesariamente son arbitrarias o subjetivas y esto no necesariamente debe ser así; obviamente hay un riesgo de que en manos de jueces inexpertos sólo se reflejen los propios intereses, pero en realidad hay métodos de argumentación con valores que evitan esta arbitrariedad; para esto hay que recurrir a las teorías sobre los derechos humanos, al fundamento de los derechos. Los argumentos objetivos se encuentran basados en teorías más o menos acreditadas sobre el fundamento de los derechos. Me parece en este sentido que esto es lo que falta: tenemos acceso a los derechos, pero lo que no tenemos es el acceso a las teorías que justifican los derechos, lo que se complica si consideramos que no existe una sola teoría, sino muchas teorías de justificación de los derechos, además de que en los últimos años están surgiendo teorías interesantes al respecto. Una de las debilidades al argumentar con derechos, es no tener buenos fundamentos. En este sentido, la buena argumentación en derechos humanos tiene que pasar por reforzar la cultura jurídica teórica de los derechos humanos

Doctor Felipe Ibáñez:

Uno de los temas principales es el de la ponderación y con ella se relaciona precisamente el nombre de nuestra ciencia: jurisprudencia, que significa obrar conforme a la recta razón, que es la razón correcta. Los métodos de ponderación en realidad se vinculan al tema de la prudencia. El mismo método de Lonergan * de basarse en la experiencia sensible, observar y el insight (que es ese chispazo que lleva al paso final de comprometerse y tomar una resolución), no es otra cosa que el método tradicional de la prudencia consistente en deliberación, juicio e imperio (siendo el acto imprudente saltarse una de estas etapas). Evidentemente el control difuso de los derechos humanos es una situación novedosa en nuestro país, porque en otras ocasiones se facultaba a las autoridades a intervenir de oficio pero ésta no se daba en concreto: hace unos años se estableció que los jueces en materia familiar podían intervenir de oficio, pero nunca hubo abuso, porque ni siquiera hubo intervención; al principio los comentaristas del derecho familiar externaban su preocupación porque habría intromisión, pero a ningún juez le interesó meterse en el desarrollo de las familias. Ahora en materia de derechos humanos sí se observan casos concretos en los que incluso se plantean cuestiones ajenas a la litis, poniendo en peligro la seguridad jurídica que debe prevalecer, porque si no se vuelve un caos la sociedad. Sin embargo, qué limitaciones podemos identificar: la primera limitación la pone la Constitución en su artículo 1º, primer párrafo, donde se establece que los derechos sólo pueden ser modificados por la propia Constitución, y sabemos que pueden ampliarse, cualquier autoridad puede ampliar ese mínimo de derechos contemplados en la Constitución, pero hay casos en que la propia Constitución (concretamente en el artículo 29, segundo párrafo, al referirse a los decretos de limitación de garantías), reconoce limitación, aunque establece muchas garantías que no pueden

* Bernard Lonergan (1904-1984), sacerdote jesuita, filósofo y teólogo canadiense.

restringirse como el derecho a la no discriminación, al reconocimiento de la

personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, al nombre, a los derechos

de la niñez, derechos político, libertades de pensamiento, conciencia y de profesar

una creencia religiosa, etc. Si se analizan todos estos derechos, parece que la única garantía que puede restringirse es prácticamente la de tránsito, pero casi todas las demás no pueden tocarse en una suspensión de garantías. En definitiva, si debe haber ponderación, pero ésta debe basarse en la prudencia.

Licenciado Juan Gómez Lemus:

Aludiendo a uno de los ejemplos iniciales que comentaba el Magistrado Walter Arellano, me pregunto si considerando la figura de estricto derecho y la figura de la causa de pedir, ¿se debe considerar que los derechos están por encima de estas máximas?, ¿será benéfico que el Tribunal, por virtud de los derechos humanos, resuelva lo que no se le solicitó? Ahora bien, aludiendo al tema de la ponderación, en alguna experiencia en la que se tuvo oportunidad de escuchar a Manuel Atienza, éste reflexionaba sobre el extremo posible de ponderar hasta la propia ponderación. Tampoco debemos olvidar que el tema de los derechos humanos no

es un tema nuevo; tal vez el constituyente de 1917 no lo plasmó con ese nombre,

pero su capítulo primero lo denominó como garantías individuales. Por otro lado,

un punto medular que debe ser rescatado es que si bien podemos seguir discutiendo, debemos considerar también el aspecto político: aunque nosotros

analicemos los argumentos en torno a la ponderación, también se tendría que sensibilizar tanto a los constituyentes como a los superiores jerárquicos, sobre todo en el ámbito del ejecutivo federal, porque ellos también tienen que reflexionar

e involucrarse en estos temas. Un caso presentado en el Tribunal puede

ejemplificar la importancia de lo anterior: es el caso de un niño que tiene una

enfermedad que no entra en el cuadro básico de salud previsto; esta enfermedad

genera un mal desarrollo en el infante y su tratamiento sólo se prevé hasta los diez años; al niño del caso en comento, se le atiende desde los ocho años, pero como

ya ha cumplido diez, se ubica en el supuesto en que no se puede seguir tratando;

¿qué pasa entonces con los derechos humanos de las personas?, en este caso se argumenta que sea tratado el niño porque está de por medio su derecho a la vida, pero los agravios se encuentran encaminados casi a “regañar” al Secretario de Salud. Aquí existe la pregunta respecto de lo que se está pidiendo, pues no se dan más argumentos. ¿Qué pasa en materia administrativa con el estricto derecho?, por ejemplo; aunque la demanda es un todo, existe una jurisprudencia que señala que en el caso de no haber agravios se debe sobreseer el asunto, pero aquí hablamos de un caso en el que efectivamente está en riesgo un derecho;

entonces, ¿se le da el tratamiento o no? Por último, en cuanto a las restricciones del principio pro homine, como sabemos el legislador abre la puerta sobre el tema de los derechos humanos, pero a la vez se van colocando diversos candados; es contradictorio en ciertos aspectos porque mientras por una parte se están promoviendo los derechos humanos, por otra se están negando; como ejemplo tenemos el caso de estudiantes que solicitan espacios para seguir estudiando, pero la pregunta es si ¿lo solicitan los jóvenes o es un movimiento político? Está bien basado el principio pro homine, pero en su mayoría, la sociedad astuta está abusando de él. Finalmente, para observar lo relativo a la equidad de género, no

es necesario ir a ejemplos extranjeros, pero si es importante seguir aprendiendo de los mismos.

Magistrado Humberto Román Franco:

En relación al texto, se advierte en la lectura que no se toca el tema de la progresividad, como lo señaló el Magistrado Santiago Nieto, al considerar a los derechos humanos como ilimitados que se deben maximizar, tanto al poseer el derecho, como en las acciones afirmativas. Otro punto que no maneja el texto, es el tema de la ética y moral de los derechos humanos, a nivel tanto internacional como nacional; si se alude a los límites de los derechos fundamentales, debe analizarse también desde la perspectiva ética y la moral, en el sentido de que el primer límite a los derechos humanos es el derecho del otro, lo que proviene de la ética y la moral. Recordemos que la ética y la moral son el principio del derecho, su origen. También la universalidad de los derechos humanos lleva a reflexionar sobre el derecho que se reconoce en una situación determinada (como el de los grupos en situación de vulnerabilidad) como origen de esa posibilidad de encaminar, a través de políticas públicas, los derechos fundamentales. A pesar de que la Constitución señala que pueden ser restringidos los derechos para enfrentar una situación de desastre, esto es una limitante temporal y no puede ser motivo para desaparecer o disminuir los derechos ya reconocidos. La interdependencia e indivisibilidad debe considerarse para analizar cuándo puede limitarse un derecho. En este sentido, volvemos al tema de la ponderación que sólo se puede realizar en el caso concreto, no puede generarse una regla general para que en todos los casos sea una respuesta idéntica. Por otro lado, la cuestión del estricto derecho y las sentencias contra la política pública: se han advertido, a través de las resoluciones y consultas que se hacen al Comité y a la Corte Interamericana, varios asuntos relativos a la imposibilidad de tratamiento médico, incluso se han dado casos en los que a punto de determinarse el otorgamiento de la ayuda, la persona ha muerto; aquí es importante continuar con el asunto para determinar el criterio aplicable a otras personas en la misma situación, en relación con la política pública de salud del Estado. En relación a la importancia de las sentencias para determinar el rumbo de una política pública, otro ejemplo puede ser ilustrativo: en el Noveno Tribunal se determinó que la suplencia de la deficiencia de la queja de la victima u ofendido, debe estar en la misma condición de la suplencia del reo, criterio que se encuentra en contradicción de tesis. El tribunal determinó dejar de aplicar el artículo 76 bis y dos jurisprudencias de la Corte, a efecto de aplicar la suplencia a la víctima y ofendido, en virtud del principio pro persona y aplicando la ponderación.

Magistrado Jean Claude Tron Petit:

Es pertinente hacer referencia a un caso similar al que el Licenciado Gómez Lemus ha referido. En el caso de un niño que estaba siendo atendido y se le retiró el tratamiento, el criterio del Tribunal fue que se debería continuar el tratamiento, en virtud de una ponderación que buscaba proteger el derecho a la vida del niño, aunque ciertamente en este tipo de casos se debe atender al impacto en los costos. Por otro lado, es importante distinguir el uso del lenguaje descriptivo, prescriptivo y valorativo en las resoluciones.

Maestro Mario Torres Lechuga:

Existe una estricta obligación de toda autoridad para el respeto a los derechos humanos que exige incluso ponderar, por efectos del artículo 1º y del 133. Pero no sólo se trata de ponderar, sino que la autoridad debe actuar de manera oficiosa en cuanto a la protección de los derechos de grupos vulnerables. Esto porque, por ejemplo, tanto los menores como las personas de la tercera edad están en una situación de vulnerabilidad superior a la de los demás. Podemos referir dos ejemplos en el sentido de la designación de beneficiarios por parte del ISSSTE. El primero se refiere a una persona mayor de edad; al respecto, si bien la Ley Federal del Trabajo establece determinados requisitos para determinar beneficiarios, qué pasa cuando se trata de una persona de 70 años, que es el único beneficiario que sobrevive; en este caso, la Junta no entra a tomar en cuenta estas condiciones y simplemente, por edicto, no la reconoce como beneficiaria; en este sentido, valdría la pena reflexionar qué pasa con una persona que no tiene ingresos y depende de la pensión o pago de marchas, pero estos no se le pueden otorgar; esta es una cuestión que hizo entrar al estudio y aplicación de normas internacionales, como la Declaración de Derechos Humanos, la Convención Interamericana, el Pacto de San José de Costa Rica, sobre todo por la cuestión de una discriminación en razón de la edad, tanto en mayores como en menores, pues para la Junta, en este caso, el hecho de que tenga 70 años y no padezca alguna enfermedad, significa que la persona todavía está hábil para trabajar; si se ponderan valorativamente estas cuestiones, es posible percatarse de que en la realidad será prácticamente imposible que alguien le de trabajo a esta persona. El segundo caso es relativo a un menor; aquí, de igual forma, el problema surge cuando debe determinarse la pensión y existen problemas para justificar incluso la paternidad; nuevamente el menor tiene la necesidad de alimentos y alguien debe dar la pensión. Estas situaciones prácticamente generan una obligación para la autoridad de salvaguardar los derechos humanos, salvaguardar esos bienes. Pero el problema no es la normativa constitucional sino la normativa ordinaria que obliga a los propios jueces a ponderar el derecho de hasta dónde es posible actuar de oficio al hacer control de convencionalidad. Si se pret6ende poner alguna limitante, parece conveniente hacer una ponderación valorativa no limitativa.

Licenciado Joaquín González:

Quisiera platear una cuestión sobre la posible confrontación de derechos para su ponderación. En general, en los tribunales se plantea un conflicto pendiente de solución; generalmente, salvo los casos de jurisdicciones voluntarias, siempre existirán dos partes por lo menos. En materia penal y en el ámbito de los derechos hay una tendencia importante de garantizar los derechos de las víctimas y ofendidos, lo cual es muy importante, pero algunas veces se han dejado de lado los derechos de los acusados. Evidentemente la idea no es restar importancia al derecho de víctimas y ofendidos, pero ¿cuál debería ser la actuación de los jueces en México al momento de resolver de acuerdo al principio pro persona, cuando la Corte Interamericana al momento de resolver ha establecido, como en el Caso Radilla, que puede haber una aplicación retroactiva de la ley penal y que se puede

prescindir del principio de exacta aplicación de la ley penal, para satisfacer los derechos de las víctimas? Esto es importante, porque de acuerdo con nuestro sistema que consagra el principio pro persona se debe tener cuidado con el valor

jerárquico que se da a esa interpretación que van haciendo tribunales de alto nivel

y que, sin embargo, puede ser controvertida y argumentada en contra. Un

Tribunal, con arreglo al principio pro persona, debe estar en posibilidad de discrepar de tal precedente, lo que no implica no acatar una disposición de un resolutivo en donde se indica una actuación debida, sino el no seguir un criterio de interpretación de un tribunal supranacional, aun cuando tenga competencia en nuestro país, en razón de que el juez valore que esa forma de proceder afectaría un derecho humano. Sería, entonces interesante reflexionar en torno al problema de ponderación de derechos de víctimas y acusados.

Maestro César Olmedo:

Quisiera resaltar 5 puntos del tema central, a saber, límites de los derechos: i) se debe partir de una premisa, no todo es objeto de ponderación, proporcionalidad o análisis: existen algunos aspectos que ya no deben ser sujetos a discusión (decisiones indecidibles según Ferrajoli), ciertos valores que no se puede empezar a ponderar; ii) ¿cómo saber cuáles son esos derechos que ya no están sujetos a discusión?, en este caso, por ejemplo, Finnis sostiene que hay bienes básicos que por su calidad o naturaleza no están sujetos a ponderación, por ejemplo, la vida no está sujeta a discusión, esto debido a la no derrotabilidad de este derecho: poner

a la vida como parte de la ponderación es someterla al torrente litigioso; Finnis

menciona 7 bienes básicos, pero puede haber más o menos, pero la idea de determinar bienes básicos para la coexistencia puede ser muy util; iii) una vez que se ha determinado que hay bienes que no están sujetos a límites, se deben identificar los que sí son sujetos de límite; una vez identificados, no es tan bueno centrarse en la colisión de derechos; con una mirada más cercana, puede observarse que no siempre debe existir colisión, incluso la interdependencia indica que se tiene que buscar la coexistencia y la armonía de los derechos, porque de lo contrario caeríamos en el error de aplicar los métodos interpretativos anteriores a los derechos, como son el método de jerarquía o de especialidad o temporalidad, que son criterios para resolver antinomias de reglas, no de derechos; iv) atendiendo a la complejidad de los derechos, se debe reflexionar en la pluralidad de los métodos interpretativos: no sólo hay ponderación o proporcionalidad (que estrictamente hablando no son lo mismo), hay razonabilidad, hay, por ejemplo, un método de análisis como el referido por el Magistrado Tron Petit al que podemos denominar de “costeabilidad”, que resulta razonable para determinar qué resulta

más caro, aunque no esté establecido en normativas; y v) el parámetro para fijar

los límites a los derechos no debe ser la razón (ni teórica, ni práctica), no debe ser

el constructo, sino la realidad de lo que se juzga, se debe apelar y recordar que el

parámetro es la realidad. En conclusión: hablar de la realidad, de determinar bienes básicos y hablar de la pluralidad de métodos de interpretación, nos lleva nuevamente a los problemas de la filosofía; hay que recuperar los estudios de filosofía (epistemología, lógica, etc.). El tema de límites a derechos es más que jurídico, la base está en un problema de ethos.

Doctor Cruz Parcero Retomando el caso del niño que necesita la atención médica, planteado por el Licenciado Gómez Lemus, podemos observar que es un típico caso en el que se requiere ponderar, pues aunque no existan dos derechos en juego, si hay una política pública, que implica una regla que establece que el servicio se prestará

hasta los 10 años y, por otro lado, se encuentra el derecho a la salud y a la vida de

un niño que necesita una atención médica. En estos casos se debe analizar muy

bien la justificación de la regla, establecer si la regla es necesaria, si es proporcional, si es una regla general que abarca muchos padecimientos o está diseñada para ese caso, si no estaba realizada para este tipo de enfermedades, si el argumento es sólo la costeabilidad (que es un argumento porque los recursos públicos son limitados), etc. Todo esto entra en juego a la hora de ponderar. Por otro lado, la idea de los bienes básicos, a la que alude Finnis y otros, no quiere

decir que no se puedan ponderar o argumentar, por el contrario, la idea de que sean bienes básicos implica que no se puede discutir que sean valores, su calidad

de valor o de derecho, pero lo que no se puede dejar de hacer es ponderarlos

cuando entran en conflicto. Este es un caso de conflicto donde el derecho a la vida podría estar en juego, por lo que es necesario ver si hay argumentos para limitar el derecho a la salud, incluso cuando implique afectar la vida, por ejemplo en términos de que precisamente porque los recursos son escasos, no se puede atender siempre todos los padecimientos, no se puede gastar siempre a pesar de que ello implique riesgos para la vida de muchas personas. El legislador debe plantearse estos problemas, pero eso no quiere decir que no se pueda entrar a la revisión de dichas reglas, porque son reglas externas que necesitan ser revisadas

a la luz de casos específicos y también a la luz de su constitucionalidad. Se debe

justificar si una regla como esta está justificada o no. Una regla que interrumpe el

tratamiento a los 10 años, de primera instancia parece extraña, como si a los 11

ya no existiera el padecimiento, más si se toma en cuenta que se trata de niños y

existen disposiciones internacionales específicas para protegerlos. La regla parece

a primera vista arbitraria que afecta derechos, pero esto es tarea del juez que debe analizar si hay justificación de esta regla.

Maestro Luis Miguel Cano:

Reacciono a dos intervenciones y reflexiono dos cuestiones adicionales. En primer lugar, hay que tener cuidado entre distinguir hechos, valores y derechos; de no hacerlo, la argumentación puede volverse complicada. En este sentido, a propósito de lo que comentaba el Maestro César Olmedo, la vida puede considerarse como un hecho, un valor y un derecho. Como hecho es constatable (hay o no vida desde un momento determinado hasta otro); como valor es, desde

mi punto de vista, imponderable (existen teóricos que se han dado la tarea de

argumentar sobre el distinto peso de los valores, pero yo no comparto esta tesis, pues si alguien decide colocar un valor sobre otro, por ejemplo la libertad sobre la vida, no se puede juzgar); como derecho si puede ponderarse. Lo mismo sucede con la dignidad: como valor es difícil de ponderar, pero como adjetivo de algunos derechos en la Constitución, si se le debe otorgar un contenido. Reacciono también al caso que plantea el Licenciado Gómez Lemus, porque de manera mucho más simple a la argumentación del Doctor Juan Antonio Cruz, podemos

observar que ni en la Constitución ni en los tratados el derecho a la salud está condicionado a la edad, sino que se otorga a todas las personas; incluso si se atiende a una disposición constitucional se puede observar que una discriminación en razón de la edad está prohibida; frente a esto, si se encuentra una regla que afirma que una persona sólo va a ser tratada hasta los 10 años y que no se le va a asegurar parte del contenido al derecho a la salud, entonces se puede deducir fácilmente una limitación injustificada de los derechos. Con esto, que es mi opinión personal, introduzco los dos temas que me interesa comentar. El tema de la limitación de los derechos está vinculado al desarrollo de las atribuciones, sobre todo de los juzgadores. Los jueces tienen ciertas atribuciones porque son las medidas necesarias para cumplir con la obligación de proteger y garantizar los derechos. Es importante tocar este tema porque se presenta en diversos casos, por ejemplo, en los plazos para la interposición de las demandas; aquí, la regla del artículo 21 es clara: son 15 días a partir de que se notifica y se tiene noticia del acto, pero ¿qué pasa cuando el acto de autoridad está sujeto a una aparente condición suspensiva, que hasta no tener una aceptación por parte de unas terceras perjudicadas se actualizan los efectos del acto?, en este supuesto, hasta que no se actualice esta condición, el acto no es sino una no autorización; si se aplica el artículo antes referido, se tienen 15 días a partir de la notificación, pero a la luz de tener un recurso efectivo y ponderándolo con el interés jurídico, ¿cómo se puede atacar algo que ni siquiera se ha dado y, por tanto, no causa aun afectación?; otro ejemplo se da en los términos de pruebas respecto a los dictámenes relativos a personas con discapacidad, donde es cuestionable la política de exigir pruebas para probar que se tiene una discapacidad, como si fuera una incapacidad; el paradigma que la Convención tiene sobre los derechos de las personas con discapacidad es que no es un tema de salud y, ante esto, ¿cómo se pueden pedir pruebas para acreditar la discapacidad?, esto resulta de confundir este aspecto con la incapacidad. Por otro lado, el tema de la causa de pedir (dejando a un lado la responsabilidad de quienes litigan), relacionado con el ejemplo expuesto por el Licenciado Gómez Lemus, donde en lugar de buscar “regañar” al Secretario de Salud se debió establecer una cuestión muy simple: la afectación al derecho a la salud o a la vida; es verdad que en los términos en que se han interpretado tradicionalmente estos temas, podría parecer que el agravio o el concepto de violación es insuficiente o inoperante, pero por otro lado se tiene el artículo 79 de la Ley de Amparo que permite desarrollar las posibilidades del recurso: si es claro que hay una queja y que se afirma en algún lado que una determinación violenta su salud, parece que es suficiente, pero esto deriva de cómo se entiende la atribución. En temas medioambientales lo mismo pues derivado del principio precautorio se invierten los parámetros de prueba: lo que se debe probar es que no se va a dar la afectación. Así, el asunto es ¿hasta dónde desarrollo las posibilidades de las atribuciones y del recurso judicial efectivo?, y esto no está en el aire, tiene que ver con la obligación de desarrollar los recursos y la obligación de los juzgadores de desarrollar sus posibilidades o los efectos de la sentencia. Si se pierde de vista esta obligación y que no desarrollar las atribuciones ya implica una autolimitación de las atribuciones, lo que significa una limitación al derecho a un recurso judicial efectivo, entonces las cosas se pueden complicar. Finalmente es importante rescatar el tema de ¿quién tiene la última

palabra en limitación de los derechos humanos y si es la Constitución?, al

respecto existe la contradicción de tesis pendiente de resolución en el Pleno, pero

la Segunda Sala adelanta criterios para afirmar que la supremacía constitucional

subsiste, que el artículo 133 no se modificó y que a partir de dicho artículo se debe leer el resto de la reforma en materia de derechos humanos. Mi opinión es que es

a la inversa, pero está dando razones que se deben considerar. Una de esas

razones es que la Constitución establece en el párrafo 1º la última palabra en cuanto a limitación de derechos humanos, en cuanto a restricción y suspensión, porque la última frase señala que “sólo la Constitución establece los casos y condiciones en que se restringen y suspenden los derechos”; sin embargo, el segundo párrafo 2 del artículo 1 constitucional, señala que se debe aplicar el principio de la norma más favorable, la que extienda la protección; entonces, ¿qué pasa cuando la Constitución establece una restricción que no establece o se

encuentra superada en las fuentes de origen internacional? Si nos vamos solamente al párrafo 1º y al 133, la Constitución tiene la última palabra; si vamos

al párrafo 2º y a partir de él leemos el resto de la Constitución, entonces la última

palabra la tendrá la disposición con la norma más favorable. ¿Esto quiere decir que se altera la supremacía constitucional? No, porque el 2º párrafo tiene supremacía constitucional y eso ordena, pero este es un tema de debate.

Ministro Mariano Azuela:

Debido a las participaciones pendientes, se tiene señalada la próxima sesión el día 6 de noviembre, por lo que siendo tan relevante el tema y habiendo despertado tantos planteamientos y algunas oposiciones, parece pertinente que en la siguiente sesión se continúe con la profundización de este tema. Finalmente quisiera compartir una experiencia que se tuvo en Mérida, donde se llevó a cabo un concurso de oratoria sobre ética judicial, contando con participación de estudiantes de derecho y gracias al entusiasmo de diversos magistrados y jueces.

Conclusiones:

1. Se debe distinguir entre el tema de las limitaciones a los derechos y su regulación o reglamentación.

2. Respecto de las limitaciones a los derechos, se debe ser cuidadoso para no contrariar el principio pro persona que establece la reforma constitucional

3. Algunos criterios que deben considerarse como parámetros para una posible limitación de los derechos humanos son: la reserva de ley, esto es, que las limitaciones o restricciones deben estar contempladas en la ley (fundamentalmente en la Constitución); que se encuentre justificado por una finalidad legítima (que puede ser salvaguardar un interés general o respetar el derecho de otro); que no se afecte el núcleo esencial del derecho

4. A partir del espíritu de la reforma constitucional, la propia ley que establezca una limitación debe ser interpretada o sometida al principio pro persona

del conflicto de derechos, por lo que la ponderación constituye una herramienta indispensable que debe ser prudentemente efectuada para determinar la eventual limitación en un caso concreto 6. En la reflexión sobre la limitación de los derechos deben tenerse en cuenta principios fundamentales relacionados con las características de los mismos: la indivisibilidad, la interdependencia y la progresividad. En este sentido, la eventual limitación debe hacerse congruente y armónica con estos principios.

DIÁLOGO SOBRE LOS LÍMITES A LOS DERECHOS HUMANOS Y ARGUMENTACIÓN IDÓNEA (6 de noviembre de 2012)

Ministro Mariano Azuela:

Como se acordó en la sesión anterior, en esta ocasión se continuará con el tema de la limitación a los derechos humanos y puede comenzarse con las intervenciones pendientes.

Magistrado Miguel Ángel Aguilar:

Quisiera comentar un caso en donde se pueden observar los planteamientos que

hemos venido realizando en las últimas sesiones. Una persona fue detenida y se

le atribuyó haber vendido cocaína a un menor de edad (de 15 años); ante esto, el

agente del Ministerio Público ejerció acción penal con el material probatorio disponible y el juez del proceso determinó que no existían suficientes elementos que acreditaran la venta y ordenó la libertad por falta de elementos para procesar; ante esto el Ministerio Público interpuso el recurso de apelación y técnicamente no presentó agravios (ni insuficientes, ni inoperantes), quizá porque el Ministerio Público tenía en cuenta la insuficiencia de la prueba y sólo hizo algunas consideraciones; no obstante, el Magistrado hizo un análisis interesante en el que estimó que debería salvaguardarse y preferirse el interés superior del niño (el supuesto comprador); por lo tanto, consideró que debería ponderar dicho interés y estar por encima incluso de la imposibilidad de suplir la deficiencia en la presentación de agravios por parte del Ministerio Público, estimando que en este

supuesto aplicaba una suplencia total, procediendo a revocar la libertad y declarar

el auto de formal prisión. Esto porque en los tratados internacionales prevalece el

interés superior del niño y el mismo Código Procesal Penal lo considera así. Aquí, entonces, existen dos derechos: por un lado, el debido proceso que salvaguarda la defensa adecuada, el sometimiento del agravio a la exacta aplicación de la norma,

el agravio técnico del Ministerio Público para combatir las consideraciones del juez

(es evidente que el inculpado tiene derecho al debido proceso, por lo que se debe constreñir la acusación sin ninguna suplencia de la causa), y por otro lado, el interés superior del niño, incluso en suplencia absoluta del agravio. Así, tendríamos que analizar si aplicando los criterios expuestos en estas discusiones podemos llegar a una conclusión para el caso expuesto. Ya se dijo que en el asunto existían dos derechos fundamentales: por un lado el derecho a la salud del menor y, por otro, el derecho del inculpado a un debido proceso. Sin embargo, es necesario puntualizar que para determinar si un derecho prevalece respecto de

otro, se requiere un conflicto y, en su caso, un detrimento a tales derechos, lo que en el supuesto específico, no acontece en cuanto al derecho a la salud señalado. La conducta perpetrada por el sujeto activo, no se traduce en la afectación de la esfera jurídica del menor, ya que no es dable concluir que la actualización de la figura delictiva vulneró o lesionó la salud del menor; por ello, no se procedería a considerar un conflicto de derechos entre el inculpado y el menor, ya que respecto

a este no se afectó su derecho a la salud por el hecho típico desplegado por el

sujeto activo, por lo que para considerar al menor como víctima en el delito, es

necesario el carácter lesivo de la conducta en su esfera y no sólo una puesta en

peligro, como acontecería en el caso concreto, más aun considerando que en su caso es el Estado el que debe salvaguardar la salud pública y no el inculpado quien tendría esa tutela efectiva a favor del menor. Este es un planteamiento que pretendía establecer desde la sesión anterior para tratar de despejar estos supuestos de ponderación de derechos fundamentales en un caso concreto, porque si bien es cierto que parece que existe en el caso el interés superior del niño y el debido proceso, es inconcluso que se deba ponderar la existencia de ese conflicto; en el caso no podría ser así; si se llegara a ese extremo, bastaría que en cualquier caso fuera un menor la supuesta víctima para vulnerar el debido proceso de un inculpado.

Ministro Mariano Azuela:

Es un tema muy interesante, sobre todo porque en varios asuntos difundidos, el debido proceso se ha hecho a un lado, la preclusión se ha hecho a un lado y es importante reflexionar al respecto.

Magistrado Walter Arellano:

En la ocasión anterior se hicieron planteamientos en la mesa. En lo personal hemos conocido asuntos en los que es posible observar los problemas prácticos en el abordaje de los derechos humanos. Uno de los temas sensibles, aunque parezca una reiteración pero ahora con más elementos por la importante producción jurisprudencial cotidiana, es el caso Radilla, al que podemos considerar como un árbol cuyas ramificaciones y problemas que puede presentar son muy amplios. Sobre todo el debate tiene que ver con abordar el problema a través de distintas materias: no es lo mismo hablar de derechos humanos en materia penal, que en materia administrativa, civil o mercantil. En este contexto, ¿hasta dónde puede ser ilimitado el ejercicio del control ex officio de convencionalidad?, ¿podríamos pensar que ese control ex officio significa que, sin que nadie lo alegue debe ser abordado? Hay materias muy específicas, e incluso abordajes intrasistémicos de las normas nacionales; nuestro país tiene regulaciones específicas para abordar diversas cuestiones, entre ellas, el tema de la usura. Tenemos una resolución my reciente, que incluso no está publicada oficialmente, sobre el planteamiento del interés usurario en materia mercantil, una primera aproximación interesante. Contamos en el sistema jurídico interno de regulaciones específicas sobre la usura a partir de distintas materias. En materia mercantil y civil tenemos supuestos relativos a los intereses lesivos que deben hacerse valer a petición de parte. Naturalmente hay una norma abstracta y general desde el punto de vista de la convencionalidad a la cual se puede acudir, pero nosotros tenemos nuestro propio sistema. Tenemos la oportunidad de alegar, por un lado el fondo y por otro la forma. En materia de forma, se requiere necesariamente hacer un planteamiento litigioso; en materia mercantil se da una litis cerrada; a la Corte Interamericana de Derechos Humanos no le interesa meterse en los asuntos internos o en los sistemas nacionales, sino regular aquello que sea inconvencional; pero una vez que se está regulando en lo interno, desde el punto de vista procesal no tendría caso ejercer oficiosamente el control de convencionalidad. Contamos con normas intrasistemicas que regulan esta situación, pero ¿hasta dónde podemos traer repentinamente a la litis, para

resolver el fondo de un problema desde el punto de vista de un Amparo, cuando no había sido controvertido ese punto? Esto es interesante porque corresponde a las tareas propias del juez que enfrenta problemas severos. El problema no es que diversos jueces ofrezcan soluciones distintas ante estas situaciones, esto es comprensible, el problema es aterrizar las cuestiones e irlas resolviendo. La materia litigiosa es muy importante, porque es el debate mismo; una controversia que debe resolverse, está sujeta a los planteamientos que las partes someten, en materia mercantil y civil. Entonces, ¿hasta dónde llega el control oficioso que significa que, aunque nadie lo haga valer, debe ser traído a la litis? Parece que no es posible (y a la Corte Interamericana no le interesa) romper con los esquemas internos; existen mecanismos y formalidades; hay partes del debido proceso incluso establecidas como un derecho humano que llevan a establecer preguntas como ¿dónde quedan la formalidades esenciales del procedimiento?, ¿dónde queda el derecho fundamental y sus garantías en materia de seguridad jurídica?, ¿dónde el derecho humano relativo a la garantía de audiencia? Toda esa suma de elementos armónicamente manejables para solucionar un problema han de tomarse en consideración y naturalmente no pueden considerarse inconvencionales. Hay jueces que de manera oficiosa traen elementos no litigiosos para ejercer un supuesto control de convencionalidad, afortunadamente esto ya llegó a la Suprema Corte. ¿A qué se refiere el criterio jurisprudencial 132/2012, recién resuelto? Esta estableciendo lo que al parecer debía establecer: se dice que deben respetarse los principios de equilibrio procesal y litis cerrada que rigen los juicios mercantiles, regulados en los artículos 1327 del Código de Comercio y 17 del Código Civil; los intereses lesivos deben hacerse valer a instancia de parte. El principio de litis cerrada implica que el juzgador sólo debe atender a las acciones aducidas y a las excepciones opuestas en la demanda y en la contestación, respetivamente; con ello queda fijada la litis, puesto que con posterioridad no se podrán analizar hechos expuestos antes de que se cerrara la litis y el juzgador no podrá tomar en cuenta cuestiones distintas a las que integraron el juicio natural, ni introducir un tema distinto, ya que de hacerlo se rompería el principio de equilibrio procesal. Ahora bien, dentro del juicio de amparo en materia civil rigen diversos principios y conforme a ellos el juez no se encuentra facultado para introducir conceptos de violación, variarlos o modificarlos, por lo que la sentencia que se dicte no debe comprender más cuestiones que las interpuestas en la demanda de garantías, pues no está permitido suplir o ampliar la demanda o las excepciones, pues de lo contrario se dejaría en estado de indefensión al tercero perjudicado quien no habría tenido oportunidad de ser escuchado en relación con dicho tema, ni en el juicio de origen ni en el procedimiento constitucional. No se está resolviendo el problema de fondo de la usura, esto es otro tema. Se hace un planteamiento previo indispensable que tiene que ver con las formalidades del procedimiento, que tiene que ver con el planteamiento litigioso. Es sumamente valiosa esta tesis. La votación se dividió en dos partes. Deriva de contradicción de tesis, es jurisprudencia obligatoria de la Primera Sala. Resuelve un problema sumamente sensible. Ahora ya se hacen aterrizajes. Se está contemplando la necesidad de equilibrio procesal; esto puede aplicarse a materia administrativa, no regirá en materia penal y en materia familiar tendrá sus matices, pero si se habla del ejercicio de los derechos humanos, es

pertinente la pregunta de ¿hasta qué punto es ilimitado el ejercicio del control ex officio de convencionalidad? Es una ramificación no lo suficientemente clara, porque hasta las jurisprudencias hay que interpretarlas y en el Caso Radilla estos criterios deben ser interpretados a la luz de cada materia. Estamos en el ámbito de las competencias. Las autoridades sólo pueden actuar en el marco de sus competencias, no se pueden apartar de ellas so pretexto de ejercer un control de convencionalidad. Estamos llegando a establecer cuáles son los límites del ejercicio de los derechos humanos y se empiezan a crear criterios vinculatorios. Otro tema es el fondo mismo: ¿Hasta dónde los intereses son usureros?, el fondo de la usura es otro tema. Si el artículo 174 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito permite un mutuo con interés y no establece un límite. De acuerdo con los bancos, una tasa crediticia corresponde al 4% mensual (anualmente un 36%) y en créditos hipotecarios la tasa no excede el 16% anual. Si entre particulares se pacta un interés mensual del 10%, que corresponde a un 120% anual, ese interés ¿debe considerarse usurero?, porque la Convención Americana no establece un parámetro específico de hasta dónde se constituye usura; este es un tema pendiente de analizar. ¿Hasta dónde los intereses sobre intereses constituyen usura? Es un tema que queda y resulta interesante.

Magistrado Osmar Cruz Quiroz:

Retomando el tema de la última sesión y aquella tesis que señala que la propia Constitución es la que debe establecer los límites a los derechos, parece importante advertir que se debe tener cuidado al hablar de restricción de derechos. Si bien la Constitución debe fijar los límites a los derechos que consigna, no debemos confundir este tema con la simple reglamentación de los mismos, que si puede hacerse a través de la legislación. Es importante distinguirlo para no llegar al exceso de que en la Constitución se llegue a la reglamentación, bajo la denominación de restricción. En este sentido se debe entender que la legislación secundaria no está imponiendo necesariamente restricciones a los derechos humanos, sino que los está reglamentando. En segundo lugar, traigo a colación dos tesis recién emitidas. Una de la Segunda Sala, tesis aislada LXXXII/2012, bajo el rubro: PRINCIPIO PRO PERSONA O PRO HOMINE. FORMA EN QUE LOS ÓRGANOS JURISDICCIONALES NACIONALES DEBEN DESEMPEÑAR SUS ATRIBUCIONES Y FACULTADES A PARTIR DE LA REFORMA AL ARTÍCULO PRIMERO DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS PUBLICADA EN EL DIARIO OFICIAL DE LA FEDERACIÓN EL 10 DE JUNIO DE 2012. 1 La esencia de esta tesis es la de

1 PRINCIPIO PRO PERSONA O PRO HOMINE. FORMA EN QUE LOS ÓRGANOS JURISDICCIONALES NACIONALES DEBEN DESEMPEÑAR SUS ATRIBUCIONES Y FACULTADES A PARTIR DE LA REFORMA AL ARTÍCULO PRIMERO DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS PUBLICADA EN EL DIARIO OFICIAL DE LA FEDERACIÓN EL 10 DE JUNIO DE 2012. Si bien la reforma indicada implicó el cambio en el sistema jurídico mexicano en relación con los tratados de derechos humanos, así como con la interpretación más favorable a la persona al orden constitucional -principio pro persona o pro homine-, ello no implica que los órganos jurisdiccionales nacionales dejen de llevar a cabo sus atribuciones y facultades de impartir justicia en la forma en que venían desempeñándolas antes de la citada reforma, sino que dicho cambio sólo conlleva a que si en los instrumentos internacionales existe una protección más benéfica

afirmar los derechos humanos, pero reconociendo que bajo el principio pro persona, los derechos humanos no chocan con las formalidades del procedimiento y no pueden considerarse por encima de las formalidades del procedimiento. Hay aspectos establecidos en los ordenamientos secundarios, que si bien son formalidades, son las reglas o herramientas para llegar a hacer justicia; se debe atender a las reglas, para lograr el fin último que es la protección de los derechos humanos. ¿Pueden privilegiarse los derechos que más favorezcan a la persona?, sí, en la medida que no se rompa con los ordenamientos jurídicos, porque de otra manera, bajo el argumento de lo más favorable a la persona, se pasa por encima de la propia legislación secundaria y del sistema jurídico del Estado, que no busca sino obtener la justicia y tener la seguridad jurídica necesaria en el sistema. Esta tesis es muy relevante. Otra tesis, en el mismo sentido, es la de la Segunda Sala, 125/2012, de rubro: TUTELA JUDICIAL EFECTIVA. SU ALCANCE FRENTE AL DESECHAMIENTO DE LA DEMANDA DE AMPARO AL RESULTAR IMPROCEDENTE LA VÍA CONSTITUCIONAL Y PROCEDENTE LA ORDINARIA 2 , que resulta también relevante. Como conclusión me parece que estos criterios afirman: se tienen reformas constitucionales, derechos humanos, control de constitucionalidad, principio pro persona, pero en la medida que se armonicen (amalgamen de manera sistemática) con el orden jurídico y las instituciones, con las formalidades establecidas en los reglamentos secundarios; no podemos poner unos por encima de otros.

para la persona respecto de la institución jurídica que se analice, ésta se aplique, sin que tal circunstancia signifique que dejen de observarse los diversos principios constitucionales y legales que rigen su función jurisdiccional -legalidad, igualdad, seguridad jurídica, debido proceso, acceso efectivo a la justicia, cosa juzgada-, ya que de hacerlo se provocaría un estado de incertidumbre en los destinatarios de tal función.” Amparo directo en revisión 1131/2012. Anastacio Zaragoza Rojas y otro. 5 de septiembre de 2012. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: Sergio A. Valls Hernández. Ponente: Sergio Salvador Aguirre Anguiano. Secretario: Juan José Ruiz Carreón. 2 TUTELA JUDICIAL EFECTIVA. SU ALCANCE FRENTE AL DESECHAMIENTO DE LA DEMANDA DE AMPARO AL RESULTAR IMPROCEDENTE LA VÍA CONSTITUCIONAL Y PROCEDENTE LA ORDINARIA. El reconocimiento del derecho a la tutela judicial efectiva frente al desechamiento de una demanda de amparo por improcedencia de la vía, no implica que el órgano constitucional del conocimiento deba señalar la autoridad jurisdiccional ordinaria que considera competente para tramitar la vía intentada y ordenar la remisión de los autos y menos aún, que aquélla tome como fecha de ejercicio de la acción la de presentación de la demanda del juicio constitucional improcedente, pues ello implicaría dar al citado derecho un alcance absoluto que desconocería las limitaciones legal y constitucionalmente admitidas que guardan una razonable relación de proporcionalidad entre los medios que deben emplearse y su fin; es decir, se desvirtuaría la finalidad de instrumentar requisitos y presupuestos procesales que permitan mantener la legalidad y seguridad jurídica requeridas dentro del sistema jurídico, en tanto que se beneficiaría indebidamente a una parte y se desconocerían los derechos de la contraparte en un proceso, al permitir a los particulares rescatar términos fenecidos y desconocer instituciones jurídicas como la prescripción, instituidas para efectos de orden público.” Contradicción de tesis 172/2012. Entre las sustentadas por el Tercer Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar de la Tercera Región, con residencia en Guadalajara, Jalisco y el Primer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Tercer Circuito. 12 de septiembre de 2012. Mayoría de tres votos. Ausente: Margarita Beatriz Luna Ramos. Disidente: Luis María Aguilar Morales. Ponente: José Fernando Franco González Salas. Secretario: Jonathan Bass Herrera. Tesis de jurisprudencia 125/2012 (10a.). Aprobada por la Segunda Sala de este Alto Tribunal, en sesión privada del diecinueve de septiembre de dos mil doce.

Licenciado Joaquín González:

Siguiendo las intervenciones anteriores, por una parte, se tiene la cuestión de este fenómeno aludido metafóricamente como una “salida de la jaula” que hace pensar que la reforma constitucional produce que el juez pueda decidir “lo que quiera”, invocando algún precepto de fuente internacional, ubicándolo en la jerarquía que considere adecuada y prescindiendo de reglas inherentes a todo sistema jurídico, como es la inaplicación misma de las regla aplicable. Así, se ha hablado, por ejemplo, de una supuesta mayor jerarquía de derechos humanos previstos en tratados que contradicen a la Constitución. Evidentemente esto no es así; el esquema que se ha enseñado se funda en la Constitución y los derechos humanos de fuente internacional se incorporan a nuestro sistema por disposición constitucional y por consiguiente, el problema está en determinar cuál es aquel que favorece más a la persona. El problema más frecuente en materia penal como un riesgo es el de los derechos humanos del imputado (derecho a un debido proceso, las garantías a sus derechos) y, por otra parte, los emergentes derechos de las víctimas. Esto es claro en la cuestión del fuero militar. Si se ve desde la teoría del juez natural (aquel que está preconstituido por normas preexistentes a los hechos delictivos), evidentemente el juez militar es natural para quienes están dentro de este fuero, pero cuando la víctima comienza a tener ciertos derechos procesales y se comienza a determinar la reparación del daño, es posible poner en cuestión de análisis los derechos de las víctimas en actos procesales y, consecuentemente, hacer una relectura moderna del artículo 13 en el sentido de que son paisanos implicados en un delito (aunque la lectura inicial era referida a paisanos como activos del delito y no como pasivos). Esto nos lleva al problema de los derechos de las víctimas para ser ponderados con los derechos de los inculpados. Aquí se mencionó la sentencia del caso Radilla, que en una de sus partes no dispositivas establece (ni siquiera como directiva) cuestiones delicadas en torno a la no retroactividad de la ley penal y a la exacta aplicación de la ley penal, pues prácticamente hace de lado esos derechos, poniendo por encima los derechos a la investigación y persecución del delito, a la verdad. Aquí la pregunta es, ¿cuál es el derecho que beneficia más a la persona? Desde el punto de vista del inculpado es la no retroactividad, que sería inherente a la persona (antes se tenía mucho en mente los derechos de los procesados). Ahora parece que son más los defensores de derechos humanos que tienen presentes los derechos de las víctimas. El otro conflicto se da con el principio de la exacta aplicación de la ley. De repente, la Corte Interamericana afirma que se puede aplicar un tipo delictivo que no existía cuando se efectúo la conducta, en una circunstancia en que la conducta ya no puede variar, por ejemplo, dice que se debe aplicar el nuevo tipo penal de desaparición forzada de personas, en lugar del tipo penal de privación ilegal de la libertad. Aquí existen problemas importantes relacionados con el valor de las sentencias de la Corte Interamericana, que desde luego que son vinculatorias en lo dispositivo; los criterios de las sentencias son obligatorios, pero qué quiere decir que sean obligatorios; aquí existe un terreno grande por definir en torno a cómo opera la jurisprudencia internacional, pues esto puede generar una terrible incertidumbre jurídica en la que cabría preguntarse si un juez superior puede declarar que la decisión emitida por un juez inferior es violatoria de garantías porque no observó la jurisprudencia de una corte internacional. Estas

cuestiones se deben tener presentes a la hora de ponderar derechos, considerando que el principio pro persona debe ser el principio rector a la hora de juzgar.

Magistrado Adriana Campuzano:

Los casos referidos son muy interesantes y coincido con la metáfora referida por el Magistrado Walter Arellano relativa al “árbol” que constituye la sentencia del caso Radilla, pues tiene muchas ramas y muchos frutos, el peligro sería cortar muy verdes los frutos o dejarlos podrir en el árbol. Convengo que la aplicación práctica de los derechos humanos, seguramente será distinta de acuerdo a la materia, pues mientras en la materia civil y mercantil existe el principio de estricto derecho y de igualdad de las partes, vitales en el proceso, en otras materias, como el administrativo, no es así porque atrás del litigio existe una relación de poder y no operan igual estos principios. Convengo que ya la aplicación práctica de los derechos humanos en el proceso, en el juicio de Amparo, será distinta según la materia. No obstante es pertinente hacer algunas observaciones importantes:

pensar que a la Corte Interamericana sólo le interesa que nuestro sistema jurídico no exceda o se aparte del marco del sistema Interamericano en materia de derechos humanos, puede ser una afirmación riesgosa. La Corte Interamericana, igual que todo organismo internacional en materia de derechos humanos, no sólo espera crear un marco de referencia dentro del cual los países pueden moverse, sino que tiene por vocación transformar la esencia de los sistemas jurídicos nacionales en la medida que sea necesario para responder a los derechos de las personas (y un derecho básico es el acceso a la justicia y el debido proceso). En este sentido, la intensión es que los sistemas nacionales tengan un sistema jurídico que conduzca a la impartición de justicia, a que las personas hagan valer sus derechos, a la eficacia real de los derechos. Esto no se puede lograr si pensamos que el sistema interamericano es solamente un marco, porque equivaldría a decir que, mientras no se exceda de ciertos límites, el Estado puede hacer lo que quiera con su sistema jurídico. Parece que esta no es la intensión. Esto tiene mucho que ver con un dilema ético del juzgador. Si un juez está convencido de que el sistema jurídico de su país es bueno, que es suficiente, que responde a las exigencias constitucionales, seguramente compartirá la visión de que mientras el sistema nacional se mantenga dentro de ciertos límites debería permanecer igual; pero si un juez está convencido de que el sistema nacional no funciona de la mejor manera, no responde a las exigencias de justicia, que el debido proceso es sólo formal y no real, si está impregnado de desigualdad intensa, entonces no podrá concebir que la reforma constitucional lo único que implica es la creación de un marco. Parece entonces que la importancia del caso Radilla y de la reforma constitucional es justamente que en el sistema mexicano hay una serie de infiltraciones, no sólo a través del control de convencionalidad, que es la parte más sofisticada, sino a través de la interpretación de lo que es el debido proceso, el principio de igualdad, el acceso a la justicia, el principio pro persona, etc. Como jueces, lo que se debe hacer, además de ser muy prudentes, es reconstruir la concepción que como jueces tenemos de los instrumentos que las leyes nos dan. No se pretende resolver al margen de la ley, olvidando las reglas de preclusión, de improcedencia, la obligación de respetar la litis planteada,

pero si se debe hacer es criticar permanentemente lo que hacemos como jueces nacionales y evaluar si lo que se hace es lo mejor que podemos hacer (si fuera así, estaríamos viviendo otra realidad). Además, es importante destacar en torno a la tesis referida por el Magistrado Walter Arellano, las lecturas posibles que se pueden atribuir a la tesis. Pareciera que la tesis establece que no se puede ejercer un control ex officio. Pero ¿qué significa hacer un control oficioso?, efectivamente que se va a hacer valer por el tribunal algo que en principio las partes pudieron no plantear. El caso de la usura es muy peculiar, pues en otra parte de la misma tesis referida se dice, refiriéndose a la normatividad: “en el apartado tal de la Convención Americana se aprecia que en el ámbito mercantil, el pacto de intereses usurarios o lesivos se sanciona otorgando al afectado, a su elección, la posibilidad de accionar la nulidad relativa a la reducción equitativa de las prestaciones y de manera excepcional estas acciones se sustituyen en algunas ocasiones por los daños y perjuicios en los casos de compraventa”. En el sistema interamericano el problema de la usura se resuelve a través de conceder a las partes acciones (de nulidad y de pago de daños y perjuicios), de manera que el contexto interamericano no es distinto al nacional. Lo que se afirma es que debe existir una acción y el problema se está resolviendo a la luz del sistema internacional porque la normatividad internacional afirma que se hará valer a través de una acción. La respuesta es lógica: se tiene al alcance una acción y con ello se cumple con los parámetros internacionales. Pero cuáles son los principios de la acción; en nuestro país se rige por el principio de litis cerrada, por el principio de libertad de las partes, etc. Así, en realidad en este caso ni siquiera se estaría planteando un control de convencionalidad. Ciertamente el origen fue una contradicción, pero la Suprema Corte no abordo el tema como control de convencionalidad. Parece entonces que cada caso debe verse de acuerdo con las circunstancias legales en que se producen. Parece que el caso del control de convencionalidad ex officio será lo que menos veremos y será muy difícil de construir, por lo que este proceso debe construirse más con los temas más familiares como debido proceso efectivo, la tutela judicial, el principio pro persona y cómo operar nuestros instrumentos nacionales con parámetros de derechos humanos.

Magistrado Jean Claude Tron:

En relación a lo comentado por el Magistrado Miguel Angel Aguilar, recordaba algunos criterios del Tribunal Alemán e incluso de la Corte Interamericana, del Tribunal Europeo y ahora alguna sentencia de la Corte Argentina, en donde al hacer la ponderación se pone especial énfasis, antes del orden jurídico, en los intereses de las partes, en los hechos y en las circunstancias especiales del caso. La ponderación siempre está en relación con el caso particular, con las circunstancias que se van dando. No se ponderan normas en abstracto, sino pesos de las normas pero en función de los casos en concreto. Incluso en la fórmula de Alexy se incluyen las circunstancias del caso, para dar un mayor o menor peso a determinado principio. Así que en el caso que nos comentaba el Magistrado Aguilar, el problema del perjuicio generado por el riesgo para alguien es en relación con la sociedad y aquí la sociedad no está teniendo un daño tan importante como para también hacer perder los derechos de defensa que tiene el

inculpado. Si no se gana algo más importante para beneficio social de lo que pierde el inculpado, no se justifica poder hacer esa ponderación. Por otra parte, se encontrará en el caso argentino el énfasis, por parte del Ministro Presidente Ricardo Luis Lorenzetti, de ciertos paradigmas constitucionales que se tienen, ciertos valores, ciertos bienes, objetivos y fines que deben ser privilegiados porque se tratan de grupos vulnerables o en situación de desventaja y la propia Constitución manda crear un equilibrio dentro de esos desequilibrios naturales que se presentan. Esto se relaciona con lo que en México se ha referido a juzgar con perspectiva de género, donde se observa este paradigma de ir buscando el equilibrio en aquellos ámbitos en donde naturalmente se han visto casos de desequilibrio. Aquí podemos recordar algo que menciona Ferrajoli respecto a la diferencia de los derechos; el señala que para distinguirlos no debemos atender tanto al nombre sino al objetivo de los mismos; los derechos fundamentales son aquellos que buscan incluir, que buscan integrar en una universalidad cada vez mayor, y en cambio los derechos patrimoniales son los derechos de exclusión o exclusivos, aquellos que van a quitar. El derecho de propiedad es un derecho que excluye, porque genera privilegios para una persona o sector y excluye de su participación a los demás. En materia administrativa esto se ve cotidianamente:

como determinados derechos, por su énfasis o trascendencia, pueden tener una dimensión colectiva o una dimensión individual. Un caso que puede ser claro es el del derecho a la información y la libertad de expresión, porque permite ver cómo en algunos casos lo que se protege es la dimensión colectiva y en otros una dimensión individual. ¿Qué pasa, por ejemplo, en un caso de materia económica cuando está en peligro una afectación económica general?, y ¿qué pasa cuando se está frente a un caso de propiedad intelectual relativo a competencia desleal?, en el primer caso se está afectando la situación jurídica de todo el país y en el segundo sólo la del particular. Por su puesto no se puede juzgar igual un caso que el otro. No se puede dar el mismo peso a un interés y a otro. Esto se ha manejado en la ponderación. Aquí vale la pena ver también los derechos fundamentales de carácter definitivo, aquellos redactados de forma muy clara, incluso como reglas en la propia Constitución, como puede ser este núcleo duro del artículo 29, donde se contemplan derechos que ni siquiera en los casos de suspensión se pueden disminuir; pero todos los demás derechos fundamentales se encuentran redactados en forma de principios, donde algunos son candidatos inmediatos para la ponderación, pues se busca obtener el máximo posible de libertades y de igualdades, siempre que este máximo no choque con otros derechos. Sin embargo, ¿qué pasa cuando la Constitución establece cómo deben ser ciertas cosas sin generar un margen de negociación?, son estos términos indisponibles donde ni siquiera una mayoría podría derrotar el interés (que incluso podría ser de un sujeto) suficientemente reconocido y redactado el valor en la Constitución. Por otro lado, el Magistrado Osmar Cruz hablaba de los fines de los derechos; al respecto estoy de acuerdo, pero el problema es que debemos ver todos los fines y todos los medios que puedan estar de un lado y de otro. Aquí son pertinentes estos dos principios constitucionales de la interdependencia y la indivisibilidad; no podemos ver un derecho aislado, sino que es preciso ver como se relaciona con otros derechos. Por otra parte, el Licenciado Joaquín González hablaba del derecho internacional y creo que lo afirmado por la Magistrada Campuzano

resuelve adecuadamente esta cuestión; no obstante, se puede considerar que el punto es que el juez tiene que utilizar de estos derechos el que resulte más

adecuado o conveniente para llegar a una situación de beneficio, ya sea nacional

o internacional. En casos que se han estado estudiando, en particular el del

Tribunal de Sudáfrica y el de Argentina, resulta interesante observar cómo se recurre al soft law internacional (no sólo a las Convenciones, sino a las opiniones,

en este caso del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), porque resulta que sus marcos jurídicos nacionales no están lo suficientemente acabados para dar las pautas para definir el mínimo vital en determinados casos. Estos Tribunales no sólo han acudido al derecho internacional formal, sino también al informal (soft law). Se hablaba también del debido proceso legal y hasta dónde debe observarse y al respecto recordaba una frase que puede adecuarse al respecto: el debido proceso legal es para el hombre y no el hombre sufrir para el debido proceso legal. Lo que se debe tratar es buscar el máximo posible de equilibrios, sobre todo en los casos que ponen en evidencia un desequilibrio, como en casos de grupos vulnerables. ¿Hasta dónde los jueces tenemos que hacer uso

de todos estos bienes y propósitos para tratar de cumplir dentro del orden jurídico (porque todo está dentro del orden jurídico aunque antes no se aplicaba), con los valores morales que están detrás de estas disposiciones? Esto lleva al tema de los derechos indisponibles que resultaría relevante discutir. Finalmente, coincido con

la Magistrada Campuzano en que la Corte Interamericana busca parar excesos,

pero también busca promover omisiones, como es el supuesto del caso de Campo

algodonero, donde existe una evidencia clara de omisiones del Estado Mexicano

al no satisfacer los estándares básicos y necesarios para la efectividad de los

derechos.

Doctora Alicia Azolini:

El tema de los imputados y las víctimas es importante y actual en el derecho penal. Para los penalistas más tradicionales nos preocupa porque debemos recordar que el concepto de víctima depende de que el inculpado sea culpable, por lo que si se parte del principio de presunción de inocencia, se genera cierta complejidad. La víctima es víctima en tanto el otro realmente sea culpable; mientras no lo es, no se puede determinar el carácter de víctima. Claro que esto tiene su razón, por la experiencia de casos terribles de violación a derechos humanos, lo que ha propiciado que la víctima de entrada tenga una serie de derechos, lo que resulta positivo siempre que no disminuyan los derechos procesales del inculpado. Esta es la clave. Lo que no se puede es, en función del reclamo de la víctima, disminuir los derechos procesales. En el caso que comentó

el Magistrado Aguilar López, ni siquiera se comprobó que se hubiera vendido la

droga, por ejemplo.

Licenciado Juan Gómez Lemus:

El principio pro persona, la equidad de género, las acciones colectivas, el proyecto

de reforma a la Ley de Amparo, constituyen temas que amplían los medios para poder acceder a una mejor justicia pronta y expedita, que siempre ha buscado el Poder Judicial de la federación. Pero resulta lo siguiente: siempre se ven a los actores, víctimas y personas como expedientes y como números; desde que inició

la impartición de justicia en México, siempre se han visto a las personas como números y expedientes y no como personas, que era lo que buscaban los constituyentes cuando hablaban de las garantías individuales. ¿Por qué comentar esto?, porque como lo afirmó alguna vez el Doctor José Ramón Narváez, para dilucidar qué son los derechos humanos debemos remitirnos a lo que es lo humano. Sería importante defender más el punto de la dignidad de las personas que están detrás de estos expedientes. Al leer el expediente se puede tener cierto conocimiento de lo que sucede, pero en realidad, ¿qué acceso humano se tiene para con las personas?; si bien algunos promoventes son los abogados, en otras ocasiones sucede que por propio derecho lo hacen quienes sufren algún perjuicio. Otro punto a destacar y que no ha sido muy discutido es el de los derechos humanos en el derecho ambiental, por ejemplo, ¿qué derecho protege a las personas que se dedican a la deforestación que no es clandestina? Finalmente, otro punto importante es el caso Radilla, al que se ha considerado aquí como un gran árbol con ramificaciones y frutos; al respecto, efectivamente no podemos dejar que se pudran los frutos o que se corten demasiado verdes.

Doctor José Ramón Narváez:

Insistiré en un tema que he referido en las ocasiones anteriores. Efectivamente el gran peligro es el formalismo. Cuando se habla de marcos, referencias, formas, da la tentación de pensar que se necesita un manual, libro o código que nos diga cómo hacer las cosas. Creo que esto es lo que menos va a haber ahora. Esa idea que es parte de nuestra cultura: la codificación, lo que se relaciona con ver a la propia Constitución como un libro (un objeto), más que como un proceso. Se observa entonces eso a lo que se han referido el Licenciado Gómez Lemus, la Magistrada Campuzano y el Magistrado Tron Petit: finalmente el objetivo es buscar el beneficio, pero eso es lo complicado. Aquí es donde seré reiterativo porque en la planeación del seminario, se pensaba en la intersección entre la jurisprudencia y la ética y, precisamente, esto nos lleva a una noción como la de lo discrecional, que tanto se negaba; hoy eta noción cobra una centralidad, pues tiene que ver con discreto y, por ende, con prudente, con juicioso, con criterio, en definitiva con la virtud judicial de la prudencia, tan difícil de conseguir, pues implica atender al momento específico y a las circunstancias concretas para dar una solución. Se quisiera contar con una referencia general, abstracta, pero no siempre habrá una referencia formal. ¿Qué se requiere entonces?, precisamente se requiere ética judicial, fortaleza (por ejemplo para reconocer que al no haber precedente se debe crear, aun frente a las críticas) y prudencia (en casos donde se necesita moderación, encontrar el momento adecuado). En este sentido a la luz de la reforma, lo que el Instituto tiene como encomiendas (esto es, la jurisprudencia y la ética judicial), cobran relevancia. A final de cuentas, cualquier instrumento, cualquier regla, es para el hombre, para el ser humano; este es el fondo del principio pro persona: potenciar lo humano por sobre todo. ¿Qué cosa es lo humano?, eso es lo complicado porque no tiene que ver sólo con la noción jurídica de sujeto jurídico, sino con una dimensión amplia (social, cultural e incluso psicológica).

Maestro Luis Miguel Cano:

Me disculpo de antemano porque seré provocador con las siguientes observaciones. Al parecer, estamos ante una grave contradicción de criterios entre la Primera Sala y la Segunda Sala de la Suprema Corte en su interpretación sobre la reforma constitucional en materia de derechos humanos. Si tomamos sólo unas de las tesis, nuestra interpretación sobre el alcance de la reforma será una y si tomamos las otras, nuestras conclusiones serán opuestas. Podemos referir las tesis de la Segunda Sala que permiten, ciertamente de modo provocador, afirmar que al parecer en ellas se está gestando una contrarreforma jurisprudencial y podríamos preguntarnos si alguna de las salas o algún tribunal tienen la atribución de un poder superior al poder constituyente. La Segunda Sala dice que la supremacía constitucional no ha variado y que ello implica que ningún tratado estará por encima de la Constitución (tesis aislada 75/2012); con la misma intensión afirma que serán conceptos de violación inoperantes todos los que planteen la inconvencionalidad de un precepto constitucional (tesis 74/2012); por tanto, sostiene que, es improcedente la revisión en Amparo Directo cuando en las sentencias se realizó control de convencionalidad ex oficcio o la omisión de haberlo hecho (tesis 72/2012). Dice en la tesis 34 que los derechos humanos y su estudio a partir de la reforma no tendrá ni siquiera que considerarse lo que está regulado en tratados internacionales si lo previsto en la Constitución es suficiente. Dice en la tesis 70 que la jurisprudencia de la Corte y los Tribunales Colegiados es y continua siendo obligatoria, salvo para los Tribunales Colegiados, las Salas y el Pleno que pueden caso por caso variarla; esta última tesis cierra todo tipo de ejercicio de control de convencionalidad difuso de los Tribunales superiores y de todo tribunal que no tenga competencia en los términos de los artículos 192 y 193, para crear jurisprudencia (así diga un criterio de la sexta o la séptima época algo claramente opuesto a la reforma constitucional en materia de derechos humanos). Por su parte, la Primera Sala nos dice (desde su tesis aislada 18/2012) que las obligaciones constitucionales de las autoridades en la materia tienen que verse a la luz de la reforma constitucional; dice en la tesis aislada 26/2012, que el principio pro persona es importante y que el contenido y alcance de los derechos humanos debe considerarse a partir de aquel; también dice a través de una tesis jurisprudencial que las restricciones a los derechos fundamentales, implica que el juez constitucional debe tomar en cuenta ciertos elementos para considerarlas validas; afirma en la tesis jurisprudencial 107/2012, que el principio pro persona es el criterio de selección de la norma de derecho fundamental aplicable. Por más generosa que sea la interpretación, al menos habrá una contradicción, que es la elemental, ilustrada en esta última tesis referida: la Primera Sala sostiene que la norma más favorable es la aplicable, no importa la fuente (si está en la Constitución o no); la Segunda Sala jamás sostendría esta tesis, de hecho, sostiene el criterio contrario. Si atendemos a las implicaciones prácticas y retomando las tesis que el Magistrado Osmar Cruz nos hizo favor de compartir, esta jurisprudencia 125/2012, relativa a la tutela judicial efectiva, permite pensar en un caso fácil: se demanda el pago de prendas y se hace como demanda de Amparo ante el Juzgado de Distrito, pero no es este el caso fácil; podemos referir un caso más difícil: según las interpretaciones de la Segunda Sala, cuando se acude por Juicio de Amparo por violaciones directas a la Constitución, pero

alegando temas de convencionalidad, para la Segunda Sala esto jamás sería un tema de constitucionalidad, lo que implicaría que se debe agotar por la vía ordinaria, lo que significa que todo gobernado haya perdido la capacidad de la tutela judicial efectiva. Aunque esta jurisprudencia refiere a una relación entre particulares, lo cierto es que podría aplicarse en una relación donde no sean particulares, esto es, entre una autoridad y un particular, que no acudió a la vía contenciosa administrativa porque pensó que podía irse directamente al Amparo alegando violaciones de convencionalidad como violaciones de constitucionalidad y quedando en una de las excepciones del principio de definitividad. Ante esto, los Tribunales, los abogados postulantes y los académicos, tienen la responsabilidad de determinar hacia qué lado se colocan de cara a la reforma constitucional de derechos humanos. Cuando la tesis aislada LXXXII/2012 afirma que el principio pro persona no altera la forma en que se ha venido desempeñando la impartición de justicia y al final dice que debe estar ligado a los principios constitucionales y legales que rigen la función jurisdiccional, afirma algo que no se sostiene de cara a la reforma: no es verdad que se tengan que ajustar sin cuestionar los requisitos legales que regulan su función, pues esos requisitos legales están sujetos a un control de constitucionalidad y de convencionalidad. Si se sigue el criterio de la Primera Sala ni siquiera es correcto ajustarse a los principios constitucionales porque siempre puede haber un principio de fuente internacional que sea más favorable que la disposición constitucional y que en términos de la propia Constitución (en su párrafo 2º del artículo 1º) se debe preferir por ser la norma más favorable. Si no se examina esto, si simplemente se sigue un criterio u otro dependiendo de con cual se coincida más, no se tomará en serio la reforma. Nuevamente aquí se juega la reforma. Esta jurisprudencia 125/2012, la calificaré provocadoramente como la típica tesis burocrática que afirmaría: “se equivoco usted de ventanilla”. Aquí es donde el acceso a la justicia se juega y el artículo 25 de la Convención Americana impone desarrollar las posibilidades del recurso judicial. Esta tesis no está viendo la desigualdad estructural que existe en nuestra sociedad. No todo mundo tiene a los mejores despachos representando sus causas y no todos conocen estas jurisprudencias. Entonces ¿dónde queda la reforma como herramienta para combatir la desigualdad estructural? Nuestro deber es, en primer lugar, posicionarnos sobre cuál es la función de los juzgadores y en esto debemos ser conscientes de que no se trata de una función burocrática; los jueces no son sólo un poder que se rige conforme a competencias y leyes, no son sólo eso (son eso, pero no sólo eso), también son garantes de los derechos de las personas. Si no se asume este reto que la reforma constitucional estableció, entonces habrá consecuencias negativas, pero si se asume el compromiso, harán control ex officio y un constante cuestionamiento de toda la normatividad que rige sus atribuciones, porque en ello se juega la protección de las personas. El segundo compromiso es denunciar las contradicciones ante el órgano cúspide que es el Pleno y, seguramente si en esta instancia impera el criterio que limita los derechos, seguramente se denunciará ante la Corte Interamericana y vendrán en algunos años resoluciones que nos pongan como país de nuevo en evidencia por no estar a la altura de una reforma que es muy clara.

Ministro Mariano Azuela:

Es importante recalcar que nuestro sistema constitucional, visto con tranquilidad, será el que dará la solución a estos problemas, porque se denunciarán las contradicciones y será el órgano máximo el que la defina. Ahora bien, uno de los objetivos del seminario es este precisamente el de generar provocaciones, estimular a reflexionar en ambas posiciones. No sólo fijar una posición como la única. Yo no comparto que se tengan actitudes triunfalistas respecto a que lo que uno afirma es lo único aceptable. Todos debemos estar abiertos al diálogo y al replanteamiento de cuestiones. Más que ver dramáticamente que existan pugnas en los criterios de la Suprema Corte, puede verse positivamente, en la medida que la discusión revela que hay libertad e independencia de los Ministros y que finalmente estos temas no son claros, como lo muestra la propia discusión. Aún el planteamiento de que la Constitución no es la norma suprema a la que debemos atenernos, tiene varios ángulos, porque aún la posición contraria parte de la base de que la propia Constitución ha incorporado estos aspectos. La Constitución entonces al parecer sigue creciendo para dar entrada a estos principios, siempre en beneficio de los miembros de una comunidad.

Magistrado Walter Arellano:

El derecho es opinable y tiene muchos matices y precisamente en lo que radica el criterio jurídico es en buscar los matices. La Suprema Corte se está pronunciando en situaciones específicas. Parece que la propia Corte Interamericana ha establecido en su jurisprudencia los parámetros bajo los cuales debe ejercerse el control de convencionalidad. Ha precisado la Corte en cuanto a la particularidad que se ejerce ex officio que este se ejerce en el marco de las competencia y las regulaciones procesales correspondientes. En mi opinión esto implica que no debe ejercerse siempre sin considerar los presupuestos formales y materiales que derivan de situaciones de procedencia, admisibilidad, tramitación y resolución. Con esto, se está recordando que los Estados nacionales regulan sus propias normas. Efectivamente la Corte Interamericana no se meterá en los aspectos internos, a menos de que exista un exceso u omisión sobre los parámetros internacionales fijados en la Convención, pero esto no significa que en el propio régimen interno (a través del principio pro persona por ejemplo), se pueda hacer mucho más incluso de los establecido en el régimen internacional. Naturalmente se trata de abrir, establecer posibilidades para ampliar un mejor acceso a la justicia. Ahora bien, no es la primera vez que pudiera pensarse que existen criterios contradictorios, al grado de que se habla de una contrarreforma jurisprudencial; al parecer más bien lo que se hace es buscar nuevas soluciones a través de la riqueza casuística de los nuevos planteamientos. La propia Corte puede dar parámetros para el caso Radilla, no es una determinación firme y no se puede ser convencionalista en extremo, ni tratar de buscar formalismos constitucionalistas en extremo. Se debe más bien empezar a ponderar; al parecer lo que está haciendo la Suprema Corte es, ante nuevos planteamientos, dar una respuesta, que puede no ser la mejor o no haber contemplado todos los matices posibles; nuestro propio sistema jurisprudencial establece, a partir de la Constitución y la ley, sistemas que permiten seguir matizando los casos, interrumpir criterios, sustituirlos. Parece entonces que se está dando un

crecimiento interpretativo. El derecho vive casuísticamente, no en abstracto. No podemos asumir un compromiso formalista, ni interno ni internacional; no podemos desprendernos de los casos. Los propios criterios de la Corte interamericana son interpretables. Se están reflexionando los alcances y la manera en que se van a aplicar los derechos humanos en cada caso. De aquí la relevancia de la casuística y de la especialidad de los principios por materia, según la manera en que se deba desplegar. No me parece que se esté generando

una contrarreforma, sino que se está tratando una y otra vez, casuísticamente, lo que puede pasar. Podemos no estar de acuerdo con alguno de los criterios, pero

el tiempo de su prevalencia generará cierta seguridad jurídica. Parece que se está

en una etapa de modulación y de prudencia. Se ha hablado de la ética de las virtudes y ésta retoma entre otras cosas el consecuencialismo que significa justo lo que hacen los tribunales constitucionales en todo el mundo: medir las consecuencias y efectos que producen las declaraciones de carácter jurisprudencial que emiten; esto tiene que ver con la prudencia. Desde el punto de vista de la deontología como una postura ética se tiene que asumir el compromiso, más aún cuando se trata de la ética de las virtudes. Naturalmente se verán muchos contrastes; la tarea jurisdiccional es quehacer ético y habrá que mesurar desde el punto de vista de la ética los alcances que producen los criterios de la Suprema Corte. El Canal Judicial ha manifestado esta postura: viva la polémica y el debate. Por supuesto que los juzgadores asumimos la responsabilidad de mesurar los criterios; somos defensores vigorosos de los derechos humanos a través de nuestra trinchera y con nuestras competencias; precisamente porque la asumimos tomamos en cuenta las consecuencias (la teoría ética del consecuencialismo); para determinar si niego o si amparo, todo se reduce a contestar sí o no y la ética se reduce a contestar sí o no conscientemente, determinar la decisión correcta. El compromiso de la justicia es mutuo, no sólo se trata de los jueces; incluso el Código de Ética del Poder Judicial, al ser presentado, se señaló que no sólo estaba dirigido a los jueces sino también a los justiciables y a los abogados postulantes. Y la cuestión de la ética se refiere a eso:

dime qué clase de justicia me requieres y veremos qué clase de justicia te doy. Ahora te doy mejor clase de justicia aunque no me la pidas. Estamos en una etapa de construcción de criterios, de reconstrucción de interpretaciones y de argumentaciones posibles.

Doctor Raúl Pérez Johnston:

Es importante apelar a la ética del juzgador, sobre todo en un sistema que obliga a ponderar, pero sobre todo porque ahora estamos obligados considerar como principios lo que antes veíamos como reglas; al parecer este es el objetivo de la reforma constitucional y obliga a trabajar con principios indeterminados de los que hay que agotar su contenido, ponderarlos y no simplemente aplicarlos como reglas. Lo mismo sucede con el debido proceso, que no son sólo una serie de

reglas imperativas, sino principios constitucionales ligados al acceso a la justicia y

a la tutela judicial. Incluso ante esto la Corte Interamericana ha ordenado el rediseño de instituciones procesales que bajo otras circunstancias eran consideradas como normas de debido proceso en varios casos (el caso Castañeda Gutman vs. México; el caso Barbani Duarte vs. Uruguay, donde la

Corte ordena el rediseño de los mecanismos de defensa del sistema financiero para los usuarios). A la luz de esto, se tiene un gran reto, en donde el juez, antes de determinar si aplica la regla de manera estricta para denegar el acceso a un tribunal, tiene que considerar también que una persona ha depositado la confianza en él. Lo que hay que ponderar también muchas veces es la consecuencia de la resolución, porque muchas veces sucede, sobre todo en materia administrativa, que si uno acude al Amparo indirecto y se desecha, ya no hay la posibilidad de ejercer el medio ordinario de defensa. Respecto a algunas tesis de la Segunda Sala que se comentaron, habría que ponderar detenidamente las circunstancias de cada caso en concreto para determinar cuál es la resolución más favorable en cada caso. No podemos establecer reglas a priori en este tipo de cuestiones. En torno al ejercicio del control de convencionalidad, se ha hablado demasiado del Caso Rosendo Radilla que no menciona nada sobre el control de convencionalidad, en realidad se debería hablar del caso de Montiel Flores y Cabrera García, en donde el ejercicio oficioso del control de convencionalidad parte del principio: Iura non est curia, el particular aporta al juzgador los hechos y es el juez el encargado de decir el derecho. A la luz de esta reflexión podemos cuestionarnos ¿hasta dónde podemos seguir manteniendo estas reglas de inoperancia a la luz de un formalismo?, es verdad que en materia civil rige el principio de equilibrio procesal de las partes, también el principio de litis cerrada habría que analizarlo a la luz de los derechos humanos, pero parece que en otras materias tendría que ser más flexible la regla. Por último, concordar con lo dicho respecto al derecho de las víctimas y del procesado, pues parece que muchas veces consideramos que si se respetan los derechos del procesado, automáticamente se aniquilan los derechos de las víctimas y esto es falso. Si el Estado no cumplió con su misión de llevar a cabo una buena investigación (hizo mal el trabajo), procesando a una persona que debe quedar libre, esto no quiere decir que la víctima se quedó sin derecho a reparación; la víctima debería ser reparada por el Estado.

Magistrado Humberto Román Franco:

También tendré que ser provocador en algunos puntos. Primero afirmo el aprendizaje y la utilidad de estas mesas. La primera cuestión podríamos referirla a una pregunta inicial: ¿qué es víctima?, generalmente se piensa en materia penal, pero en realidad no sólo se refiere a esta materia, pues podemos hablar de víctimas en materia de derechos humanos, incluso en materia administrativa. Se debe tener cuidado al utilizar este tipo de conceptos. Por otro lado, nuevamente tenemos el problema de ir afirmando el cambio de las definiciones, como la noción de garantías individuales, que ya no existen propiamente dichas, además de que garantías ahora refieren a los instrumentos que garantizan los derechos humanos; el concepto de derechos humanos, que al principio eran derechos individuales, luego sociales, y ahora derechos humanos, sin embargo, en México se sigue en cierta forma retrasados, porque en otros ámbitos se habla de derechos fundamentales (porque ya no podemos preguntarnos sólo qué es el ser humano, hoy debemos considerar la cuestión del medio ambiente y de los animales, derechos de los que se habla en otros países, por lo que parece más adecuado hablar de derechos fundamentales). En Europa, por ejemplo, se habla de los

derechos de los minerales, en razón de que forman parte de un proceso ambiental que beneficia al ser humano. Todo esto tiene que ver con la ética judicial, que está fraccionada: no sólo es la ética del juez, sino la del Ministerio Público, del defensor de oficio, del defensor particular e incluso de las partes, quienes deben actuar con ética a efecto de que el juez pueda resolver lo más adecuado sin vulnerar los derechos humanos. Este ejercicio ha venido a generar más preguntas de las iniciales, lo que resulta positivo porque afirma el aprendizaje

Doctor Felipe Ibañez:

Respecto de todos los temas que se han tratado, algunos que muestran puntos en tensión, seguramente la prudencia es la que colocará las cosas en su sitio. Y la prudencia no sólo del juzgador, sino de los litigantes, en la medida que hagan planteamientos razonables. Las propias leyes van colocando las cosas en su sitio. Hace algún tiempo entrevistaban a la víctima en un proceso y ella observaba que:

la audiencia se había interrumpido para darle de comer a los imputados o procesados, se les habían proporcionado sillas a estos, mientras que a la víctima ni siquiera se le había ofrecido un vaso de agua. Hoy las leyes dan protección a la víctima: existe la declaración a través de medios electrónicos, el derecho a asistencia psicológica, etc. Seguramente se irán ponderando las cosas y todos deberemos poner de nuestra parte para que vayan mejorando las cosas.

Ministro Mariano Azuela:

No resta sino agradecer la participación con la intensión de continuar el próximo año, porque siguen estas provocaciones y es importante contribuir a que todo se dirija al objetivo fundamental: el respeto absoluto a los derechos humanos. Muchas gracias por su participación y sólo resta hacer el tratamiento de algunos puntos relativos al Congreso Internacional de Argumentación en el que ustedes participarán.

Doctor José Ramón Narváez:

La idea es continuar el Seminario para el próximo año. Además, existe la intensión de publicar unas memorias de las discusiones que se han tenido en el Seminario. Por otro lado, se tiene prevista la organización de un encuentro o reunión en junio, para retomar los temas más relevantes que se han tratado aquí, desde luego, tomando en cuenta las preocupaciones externadas en sesiones anteriores, se trataría de un encuentro interno. Por otro lado, sus participaciones en el Congreso ya se encuentran previstas y en breve se les harán llegar los materiales necesarios para los casos de talleres.

Conclusiones:

1. La afirmación (promoción, protección, garantía, etc.) de los derechos humanos no debe interpretarse como contraria a las instituciones jurídicas internas, en particular a las instituciones procesales que representan otro tipo de derechos fundamentales (como la seguridad jurídica, el debido proceso, etc.); sin embargo, es importante hacer un análisis armónico de estas instituciones para determinar, al momento

de hacerlas operativas, la forma más adecuada de hacerlas compatibles con la reforma en materia de derechos humanos.

2. El principio pro persona puede ser una guía interpretativa para el caso de determinar la justicia de ciertas instituciones jurídicas nacionales y la manera en que se harán operativas

3. Existe una discusión al interior de la Suprema Corte en torno a la operatividad y alcance de la reforma constitucional en materia de derechos humanos; al respecto las posturas son diversas y lo importante es analizar las razones de cada una para, de manera prudente y responsable, determinar el rumbo más adecuado a los derechos humanos y, en definitiva, a las personas.

ANEXOS

ANEXO 1 (primera sesión)

ANEXO 1 (primera sesión)

ANEXO 2 (segunda sesión)

Décima Época Registro: 160870 Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito Jurisprudencia Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta Libro I, Octubre de 2011, Tomo 3 Materia(s): Civil Tesis: I.5o.C. J/30 (9a.) Página: 1528

DIGNIDAD HUMANA. DEFINICIÓN. La dignidad humana es el origen, la esencia y el fin de todos los derechos humanos.

QUINTO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA CIVIL DEL PRIMER CIRCUITO.

Amparo directo 309/2010. 10 de junio de 2010. Unanimidad de votos. Ponente: Walter Arellano Hobelsberger. Secretario: Enrique Cantoya Herrejón.

Amparo directo 657/2010. 21 de octubre de 2010. Unanimidad de votos. Ponente: Walter Arellano Hobelsberger. Secretaria: Carmina Cortés Pineda.

Incidente de suspensión (revisión) 286/2010. 30 de septiembre de 2010. Unanimidad de votos. Ponente: María Soledad Hernández Ruiz de Mosqueda. Secretario: Miguel Ángel Silva Santillán.

Amparo directo 371/2011. 22 de julio de 2011. Unanimidad de votos. Ponente: María Soledad Hernández Ruiz de Mosqueda. Secretario: Hirám Casanova Blanco.

Amparo directo 504/2011. 1o. de septiembre de 2011. Unanimidad de votos. Ponente:

María Soledad Hernández Ruiz de Mosqueda. Secretario: Ricardo Mercado Oaxaca.

ANEXO 3 (segunda sesión)