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LECTIO DIVINA DOMINICAL LECTIO DIVINA 3 de marzo de 2013 D.P. Jaime Goyes Acosta DOMINGO

LECTIO DIVINA DOMINICAL

LECTIO DIVINA 3 de marzo de 2013 D.P. Jaime Goyes Acosta

DOMINGO III DE CUARESMA CICLO C

Lc 13, 1-9 “SEÑOR, DÉJALA TODAVÍA ESTE AÑO; CAVARÉ ALREDEDOR, LA ABONARÉ, A VER SI
Lc 13, 1-9
“SEÑOR, DÉJALA TODAVÍA ESTE AÑO; CAVARÉ ALREDEDOR, LA ABONARÉ, A VER SI DA FRUTO”
INTRODUCCIÓN
Alertados por la carta de Pablo, desarrollaremos nuestra reflexión tratando de leer con ojos actuales una de
las páginas más importantes de toda la tradición judeocristiana. A lo largo de ella quizá casi no se nombre a
Jesucristo y, sin embargo, Cristo estará permanentemente en esta meditación.
Lo llamaremos «el Salvador» y nos estamos preparando para revivir su lucha salvadora a través de su muerte
y resurrección. Pero celebrar la Pascua es mucho más que recordar el pasado de Jesús y participar del culto.
No podemos celebrarlas de espaldas a la historia, es decir, a la historia que ahora se está desarrollando como
suceso presente y dinámico.
Preguntas fundamentales —mucho más fundamentales que ciertas cuestiones que inexplicablemente siguen
estando en la mente del cristianismo de hoy— deben sacudir a nuestras comunidades: ¿Salva hoy Dios? ¿De
qué nos salva y cómo nos salva? ¿Y qué papel jugamos los cristianos en esta salvación?
No se trata de hacer exégesis del texto ni de apelar a vagas teorías sobre Moisés, el Horeb y los egipcios. Lo
que importa es descubrir, como Moisés, ese «fuego» que Dios mantiene encendido, fuego al que aludió en
cierta oportunidad el mismo Jesús, y que debe mantenerse encendido. El fuego de la liberación del hombre.
Eso es Pascua.
El pasaje del Evangelio alude a un cambio de mentalidad de la concepción religiosa, cambio que parece ser
la temática de toda esta cuaresma. La parábola de la higuera estéril, en el relato de Lucas, acentúa la
misericordia y «paciencia» de Dios ante la pereza humana,
PREPARACIÓN
INVOQUEMOS LA ASISTENCIA DEL ESPÍRITU SANTO
Espíritu Santo, eres el alma de nuestras almas,
te adoramos humildemente.
Ilumínanos, fortifícanos, guíanos, consuélanos
.

Y en cuanto corresponde al plan eterno de tu voluntad, Padre Dios revélanos tus deseos. Danos a conocer lo que el Amor eterno desea en nosotros. Danos a conocer lo que debemos realizar. Danos a conocer lo que debemos enfrentar. Danos a conocer, lo que con silenciosa modestia y en oración, debemos aceptar, cargar y soportar.

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL Sí, Espíritu Santo, danos a conocer tu voluntad y la voluntad del

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Sí, Espíritu Santo, danos a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre, ábrenos el entendimiento a la Palabra de Tu Hijo, pues toda nuestra vida no quiere ser otra cosa que un continuado perpetuo sí a los deseos y al querer eterno de Dios.

Amén ¿QUÉ NOS DICE EL TEXTO Y SU CONTEXTO? EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS
Amén
¿QUÉ NOS DICE EL TEXTO Y SU CONTEXTO?
EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS (Lc 13, 1-9)
1 En aquella ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había
mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2 Él contestó:
—¿Piensan que aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos?
3 Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos.
4 ¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más
culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? 5 Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten
acabarán como ellos.
6 Y les propuso la siguiente parábola:
—Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
7 Dijo al viñador:
—Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima
está malgastando la tierra.
8 Él le contestó:
—Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor, la abonaré, 9 a ver si da fruto. Si no, el año que viene la
cortas.
Palabra del Señor
«YO SOY» ME ENVÍA A VOSOTROS (ÉXODO 3, 1-8A.13-15.)
Moisés había tenido que escapar en su juventud de Egipto y se había instalado como pastor, fundando una
familia en la tierra de Madián. Ahora tiene esta misteriosa experiencia de la zarza ardiente y escucha la voz
de Dios que le envía a liberar a su pueblo. Es un episodio decisivo en su vida.
El protagonista es Dios, que «ha visto la opresión de su pueblo, ha oído sus quejas, se ha fijado en sus
sufrimientos», y quiere librarles de esa esclavitud y conducirles a la tierra que había prometido a Abrahán. Él
es «el que es», el «yo soy», siempre lleno de cercanía y de amor misericordioso, el que guarda memoria de
sus promesas: por eso sigue siendo el «Dios de vuestros padres, de Abrahán, de Isaac, de Jacob». La misión
de Moisés va unida, en este pasaje, a la revelación de la identidad de Dios como Dios cercano y liberador.

Por eso el salmo recalca esta característica de Dios: «el Señor es compasivo y misericordioso», repitiendo una de las mejores definiciones de Dios que se dan en el AT y que escuchamos varias veces a lo largo del año: «el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia».

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL L A VIDA DEL PUEBLO CON M OISÉS EN EL DESIERTO FUE

LECTIO DIVINA DOMINICAL

LA VIDA DEL PUEBLO CON MOISÉS EN EL DESIERTO FUE ESCRITA PARA ESCARMIENTO NUESTRO (1 CORINTIOS 10,1-6.10-12)

La lectura de Pablo parece elegida para comentar la primera -aunque también preludia en cierto modo el evangelio-, nombrando a Moisés como guía de su pueblo por el desierto. La nube, el alimento del maná y el agua de la roca prefiguraban los dones que Cristo trajo a la humanidad, pero que para la mayoría de aquel pueblo no sirvieron, porque no llevaban una vida de acuerdo con la alianza con Dios.

Este pasaje es uno de los clásicos casos de «lectura tipológica» del AT por parte
Este pasaje es uno de los clásicos casos de «lectura tipológica» del AT por parte del NT. Todas esas cosas
«sucedieron en figura para nosotros» y como escarmiento. Se cumple el famoso dicho de san Agustín: «el NT
está escondido en el AT, y el AT se hace manifiesto en el NT».
También a nosotros puede resultarnos inútil la salvación de Cristo si no le respondemos con nuestra vida: «el
que se cree seguro, cuidado no caiga».
SI USTEDES NO SE ARREPIENTEN ACABARÁN COMO ELLOS (LUCAS 13,1-9.)
En su ministerio de Maestro, Jesús extrae con frecuencia lecciones de hechos que han sucedido
recientemente. Esta vez, los que habían perecido al aplastar las autoridades una revuelta de los galileos, y
otros que habían muerto aplastados por un muro que se había caído. La enseñanza de Jesús es: «si ustedes
no se arrepienten acabarán como ellos».
A raíz de estos hechos añade una parábola: la de la higuera que no da fruto y que el dueño del campo quiere
cortar, para que no «ocupe terreno en balde», aunque el labrador intercede por ella y consigue de momento
una prórroga.
Jesús no confirma ni niega la opinión generalizada en su tiempo de que los males que le vienen a uno son
castigo de sus pecados. Pero sí saca lección de todo. Los eliminados por la autoridad lo serían por su
rebeldía. Los muertos del muro, por accidente. La higuera corre peligro de ser arrancada por su esterilidad.
MEDITANDO EL TEXTO
DIOS SE REVELA COMO «LIBERADOR»
Hay que mirar a Moisés desde Cristo. Para comprender la reflexión de hoy debemos partir de las palabras de
Pablo, quien nos indica que toda la lucha de Moisés no es más que un símbolo o figura de lo que nos sucede
ahora por medio de Cristo. Esto significa que ahondando en la personalidad y misión del gran caudillo hebreo,
podemos adentrarnos más en el misterio de Jesús. Moisés tiene cuarenta años y se halla fugado,
apacentando el rebaño de su suegro en pleno desierto. Quiso salir en defensa de un hebreo maltratado por
un capataz egipcio, y ahora se encuentra lejos de su pueblo, pasando sus días cuidando un ganado que no
es suyo. Está en el desierto, ese tiempo de búsqueda, de silencio
y es allí donde será amado y elegido por

Dios para una de las gestas religiosas más importantes de la historia. Su encuentro con Dios en la zarza es un episodio lleno de símbolos y de valores religiosos que todavía hoy merecen nuestra especial atención. El proceso interior de fe que se desarrolla en Moisés es el mismo que sentimos en nuestro interior cuando prestamos atención a los signos a través de los cuales el Señor habla.

DE LA ADMIRACIÓN A LA FE LIBERADORA

Moisés se encontró con Dios diríamos casi «ocasionalmente». Mientras caminaba tras el rebaño, supo fijar

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL su atención en una zarza ardiendo. El fuego atrajo su mirada y

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su atención en una zarza ardiendo. El fuego atrajo su mirada y su curiosidad, pues era un fuego especial Entonces pensó: «Voy a acercarme para mirar este espectáculo admirable »

Es el primer paso que solemos dar en la experiencia de fe, un paso bastante infantil. Lo religioso se nos presenta como «un espectáculo admirable», algo fuera de serie, que nos saca de la vida diaria para llevarnos hacia el mundo de lo maravilloso. Una religión que despierta curiosidad, como la de aquellos judíos que se acercaban a Jesús por sus milagros; como la de los que van a los santuarios a ver prodigios, o pretenden tener visiones que señalan el fin del mundo o catastróficos sucesos para la humanidad.

Una fe que hizo de los sacramentos también un espectáculo, digno de verse por la
Una fe que hizo de los sacramentos también un espectáculo, digno de verse por la magnificencia de los ritos,
vestimentas y coros, pero que se quedaba ahí
para lucimiento de los sabios y los eruditos.
O que convirtió el mensaje de Jesús en un complicado libro
Dios es fuego y luz; es cierto. Pero nos llama no para encandilarnos, sino, todo lo contrario, para que
asumamos una responsabilidad junto a los hermanos que sufren la opresión. Mas para llegar hasta ese punto,
aún tenemos un largo proceso por recorrer.
— Es el mismo Dios quien nos ordena no acercarnos a Él como a un objeto de curiosidad. Al contrario, nos
dice: «Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.» Un Dios exigente a partir
de su primera palabra. Quitarse las sandalias
:
despojarnos de nosotros mismos, quitarnos esa seguridad
falsa que esconde el paso inseguro del caminante. Es lo mismo que si nos dijera: hay que desnudarse
El
mundo de la fe es el mundo de lo nuevo y se necesita nacer de nuevo. Hay que caminar, sí, pero al modo de
Dios.
Y otra advertencia: estamos en terreno sagrado. A Dios debemos acercarnos con una actitud distinta. No
basta la curiosidad, ni el conocimiento intelectual
como descubrimos toda su hondura y trascendencia.
El desierto, la vida entera, se tornan sagrados tan pronto
No es el hábito el que hace al religioso ni son las posturas externas las que hacen al cristiano. Es el mismo
mensaje de Juan Bautista, la misma réplica de Jesús a sus compatriotas.
Despojemos a nuestra fe de todo ese aparato «mundano», mágico, superficial, y comprendamos que «lo
religioso» está en una nueva actitud y disposición para mirar las cosas, las mismas cosas de antes que ahora
comienzan a tener distinto significado.
Dios trata de cambiar a Moisés por dentro de él mismo, porque Él no es un ídolo que deba ser adorado al
modo de los dioses que constantemente el hombre se fabrica. Dios es lo distinto, lo nuevo, «lo sagrado»,
porque sencillamente es la Vida. En efecto; a ese desierto quiere llevar a su pueblo para que —como lo
recuerda hoy Pablo— «coma el alimento espiritual
y beba la bebida espiritual».
Es posible que nuestro cristianismo tenga a veces cierta apariencia de rito idolátrico y que —en lugar de
adorar al Dios que se nos revela como Vida Nueva— sigamos adorando una postura exterior que nos deja por
dentro exactamente como antes. Como lo vuelve a recordar el texto de Pablo: nosotros que vivimos la era de
Cristo, tengamos cuidado en no caer en los mismos errores del ayer.

Y ya es hora de que nos preguntemos como Moisés: ¿Y quién es este Dios? Y una primera respuesta: Soy el mismo Dios de tus padres, el que comenzó la historia de este pueblo y que hoy quiero continuarla. Importante detalle: el nuestro es un Dios encarnado en la historia. No podemos separar a Dios de la vida de

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL los hombres ni hacer de la religión un asunto puramente espiritual. Ese

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los hombres ni hacer de la religión un asunto puramente espiritual. Ese Dios lejano y abstracto, nebuloso y filosófico, no es el Dios de la Biblia ni el Padre al que rezó Cristo.

Quizá aquí radique uno de los dramas del cristianismo de Occidente: tenemos un Dios del templo, de los

¿es el Dios de nuestra historia, la historia

sacramentos, de la teología, de las «últimas realidades», pero

como acontecer de los hombres, como vida diaria? Hemos separado fe y vida, y el
como acontecer de los hombres, como vida diaria? Hemos separado fe y vida, y el cristiano se siente
arrastrado por un esquema falso y arbitrario: ¿Acaso hay que abandonar la belleza de la vida y la «crudeza»
de la vida humana para vivir en la fe? ¿Qué relación existe entre el Bautismo, inserción en la comunidad de
fe, y nuestra inserción en la sociedad moderna? ¿Cuál es el compromiso histórico que supone comulgar y
participar en la Eucaristía o rezar juntos el Padrenuestro?
El Dios de la historia de los hombres te habla
El mismo que sacó un pueblo de la esterilidad de Abraham.
Moisés comprendió bien la lección, pues le replica a Dios: Si le digo al pueblo que eres el Dios que hizo la
historia, me preguntará qué haces ahora por ellos
¿Cómo te llamas hoy?
— Esta pregunta da pie a Dios para que revele un segundo nombre que le cuadra mejor aún que el primero.
Es cierto, no basta que los cristianos digamos que Dios hizo esto y lo otro, que Jesús curó al enfermo,
resucitó a Lázaro y perdonó a la adúltera. Queremos saber qué hace hoy, ahora y aquí, por nosotros
No es suficiente el Dios o —si se prefiere— la fe de la tradición. Cuando Dios se presentó como «Dios de
Abraham, Isaac y Jacob», se refirió al pasado del pueblo. Y esto es importante: somos los herederos de ese
pasado y Dios es parte de esa herencia.
Pero no basta: el mundo moderno que mira hacia el futuro, que tiene problemas distintos, otra mentalidad y
otra forma de encarar sus conflictos, ese mundo moderno exige un Dios-Presencia hoy y aquí. Bien lo
comprendió Moisés, que pensó para sus adentros: ¿De qué le sirve al pueblo oprimido que le hable de un
Dios que hizo cosas con nuestros antepasados, si ahora no hace nada por nosotros ?
A nadie se le oculta el desafío que esto significa para el cristianismo del siglo veintiuno. No podemos vivir a
expensas del pasado ni seguir levantando monumentos a los que ayer hicieron historia. ¿Qué aportamos hoy
nosotros como creyentes a un mundo en permanente desarrollo y cambio?
Desgraciadamente, a menudo en la Iglesia se han opuesto los términos «tradición» y «progreso», cuando en
realidad son complementarios. Se progresa sobre la base heredada del pasado. Sin tradición no hay progreso
posible. Mas también es cierto que la tradición sin el progreso de los tiempos nuevos aborta como proceso
humano y se transforma en un museo o en una tumba. Más aún, negar hoy el cambio y el progreso de la fe
cristiana es negar esa misma tradición que, según todo el testimonio de la Biblia, fue siempre una constante y
continua transformación. Así lo entendió Jesús, que exige una fe como opción presente para «este» pueblo; y
así lo entendió Cristo, que superó el esquema de Moisés con la novedad de su evangelio.
— Dios recogió el desafío que le lanzaba Moisés, quien, por otra parte, no podía ocultar su «temor» de
enfrentarse con el Señor. Pero era importante que lo hiciera. Le pide a Dios «su nombre», que se identifique,
que deje el anonimato, que presente sus credenciales. Y la respuesta de Dios es tan misteriosa, que aún hoy
seguimos discutiendo por su significado: «Soy el que soy». «Yo soy» te está hablando

Más allá de ciertas precisiones teológicas, parece claro el sentido del nombre de Dios: él es el que siempre actúa y obra en medio de los hombres. Como dirá mucho después Jesús: «Mi padre siempre obra» (Jn 5,17). Lo característico de Dios, lo que le da nombre propio como para distinguirlo de los ídolos, es su permanente

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL actividad, su presencia dinámica Hijo, Jesús: «Dios salva». o como dirá El

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actividad, su presencia dinámica Hijo, Jesús: «Dios salva».

o como dirá El mismo: su obrar liberador. El mismo nombre que llevará su

Y

para que no quedaran dudas, el texto sagrado continúa haciendo hablar a Dios de esta forma: «He visto

la

opresión de mi pueblo, he oído sus quejas, me he fijado en sus sufrimientos

Voy a bajar a librarlos, a

sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa » Pero aquí
sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa
»
Pero aquí no termina el relato; más bien
comienza. Ahora el Señor toma la iniciativa y le dice a Moisés: Prepárate, que te envío a ese pueblo tuyo para
que en mi nombre lo saques de la esclavitud
— Conocemos cómo se realizó la liberación de los hebreos por medio de Moisés
Tres mil años después nos
volvemos a encontrar con ese Dios, el Dios de nuestros antepasados, y surge nuevamente la gran cuestión
religiosa: «Si la gente nos pregunta cómo se llama nuestro Dios, ¿qué les responderemos?»
Podremos leerles la Biblia, contar la vida de Jesús, hablar de su muerte y de su resurrección
Pero hoy,
¿qué obras realiza Dios por medio de sus enviados, por medio de nosotros, en favor de esta humanidad
oprimida del siglo veinte?
Algo ya tenemos claro: el Dios de nuestra fe está allí donde el pueblo sufre y es explotado, donde gime bajo
ataduras sutiles como son las del mundo moderno, más psicológicas que bélicas
Afirmar que creemos en
Él, es escuchar a los hermanos que se quejan, que se sienten prisioneros de la misma civilización que adoran
como un ídolo.
¿Cuál es nuestro aporte en esta civilización técnica, científica, materialista, hedonista, orgullosa de sus
grandes conquistas? ¿Cuál nuestro compromiso en pro de los derechos humanos, de las clases necesitadas,
de la mujer, de los jóvenes, de los hombres marginados por su color, raza, nacionalidad o religión?
ESTE ES NUESTRO TIEMPO: TIEMPO DE CONVERSIÓN
El Evangelio de este domingo nos brinda la última reflexión. Mientras los apóstoles, aún con cierta mentalidad
mágica, se preguntan si los hombres víctimas de Pilatos o los aplastados por el derrumbe de una torre, son
más culpables que los otros
,
Jesús va directamente al nudo de la cuestión y la zanja de un tajo.
Estamos viviendo el tiempo de la conversión, del cambio de vida y de mentalidad; y si no cambiamos
estamos perdidos. El viñador ya baja a buscar los frutos y le fastidia nuestra pereza.
todos
Aún nos deja un tiempo para reaccionar
Los
cristianos del siglo veinte estamos viviendo «nuestro tiempo».
La Iglesia debe vivir «esta época»
No perdamos el tiempo en descubrir culpables, porque «Yo Soy» está
golpeando a las puertas. «Yo Soy» nos exige que nos descalcemos y que estemos como presencia liberadora
allí donde está el pueblo, allí donde la historia está luchando la gran batalla. En los próximos domingos
tendremos la oportunidad de ahondar en el sentido de nuestro compromiso de salvación. Entretanto, hoy algo
nos queda soberanamente claro: se nos ha traído al desierto, no para apartarnos de los humanos ni para
marginarnos de la historia, sino para volver a ellos con el fuego liberador del «Yo Soy».
ORANDO CON LA PALABRA: Nuestra respuesta a Dios

¿QUÉ FRUTOS, SEÑOR? Javier Leoz

Me pides confianza y, por lo que sea, prefiero mirar hacia atrás

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL que saborear y soñar con lo que en Ti me espera. Deseas

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que saborear y soñar con lo que en Ti me espera. Deseas el fruto de mi constancia y, en un momento, me dejo enredar por los hilos de la pereza, la tibieza o las dudas, la fragilidad o la torpeza.

Sueñas con un futuro bueno para mí, y me encuentras soñando con otras cosas, con
Sueñas con un futuro bueno para mí,
y me encuentras soñando con otras cosas,
con otras instancias que no son las tuyas,
con una tierra muy distinta a la que Tú me ofreces.
Estoy en la higuera, pero la higuera de mi vida,
no siempre fructifica en lo santo, noble y bueno.
Miras a las ramas de mis días
y, lejos de comprobar cómo despuntan sus yemas
me limito a vivir bajo mínimos;
a dar aquello que me conviene y no me molesta
a fructificar, poco o nada, si no es beneficio propio.
¿Qué frutos darte, Señor?
Mira mi miseria, y dejándome arrastrar por tu riqueza
ojalá recojas de mí aquello que a tu Reino convenga.
Acoge mi buena voluntad,
y lejos de echarme en brazos de la vanidad,
descubra que, sólo Tú y siempre Tú,
eres la causa de lo bueno que brota en mí.
Perdona mi débil cosecha, y, sigue sembrando, Señor,
para que tal vez mañana
puedas despertar, descubriendo en mí
aquello que, hoy, brilla por su ausencia:
frutos de verdad y de amor, de generosidad y de alegría,
de fe y de esperanza, de confianza y de futuro
de vida y de verdad.
Y no te canses, Señor, de visitar tu viña,
tal vez hoy, puede que no,
pero mañana, con tu ayuda y mi esfuerzo,
brotará con todo su esplendor la higuera de mi vida
Amén.
CONTEMPLACIÓN Y COMPROMISO

Señor: hoy vuelves y ter enfrentas con esa forma que tenemos de entender a Dios, que distorsiona la imagen de tu Padre, y aprovechas para ayudarnos a purificar la imagen que tenemos de Él y la relación que existe entre el pecado y el castigo. Tú nos avisas de que Dios no actúa de esa manera, que corresponde a un estadio primitivo de compresión y de experiencia religiosa; no castiga ni ejerce violencia, ni usa las desgracias históricas o naturales para lanzarnos “advertencias”, pues eso significaría que Dios advierte a unos a costa de la vida de otros; Tú nos recuerdas que la salvación (o la perdición) no procede de «fuera», no depende de

D. P. Jaime Goyes Acosta

LECTIO DIVINA DOMINICAL acontecimientos externos fortuitos, buenos o malos, por medio de los que el

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acontecimientos externos fortuitos, buenos o malos, por medio de los que el Padre nos bendeciría o castigaría. La salvación y la condenación proceden de dentro de nosotros mismos, de nuestra capacidad de conversión. Nos has dicho que no pensemos que los que murieron eran más pecadores o más culpables que los demás… y que si no nos convertimos, todos pereceremos de la misma manera; y esto hay que entenderlo en este sentido. Aquellos no fueron castigados por determinados pecados, pero si nosotros (que tal vez nos sentimos, muy seguros de nuestra fe, de nuestro mundo, muy protegidos) no renunciamos a lo aparentemente «nuestro» y nos convertimos, nos estamos labrando nuestra propia perdición. Porque no es Dios quien castiga, sino que nosotros nos castigamos a nosotros mismos cuando nos alejamos de la fuente del Bien y del Ser, de tu presencia.

 ¿Me he dejado sumergir en una práctica de fe infantil, sin asumir las auténticas
 ¿Me he dejado sumergir en una práctica de fe infantil, sin asumir las auténticas actitudes religiosas que la
Palabra de hoy nos ha señalado a todos?
 ¿En ocasiones confundo a Dios con un ídolo estático a veces inofensivo y otras castigador y violento
perdiendo la oportunidad de descubrirlo como el fuego que alienta mi vida, me ilumina y me llena de
esperanza?
 ¿Soy consciente de que para encontrarme con este «fuego arrasador» debo romper mis ataduras
interiores: la pereza, la indiferencia, la ambición, el erotismo, la banalidad y los encantos de una sociedad
de consumo
?

D. P. Jaime Goyes Acosta