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INSTITUTO BÍBLICO DEL AIRE

FASCÍCULO INTERNACIONAL NÚMERO 4

1 Y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras-Nehemías y Ester

Los Libros de 1 y 2 Reyes

Capítulo 1 Reyes y profetas

Dejamos los libros de Samuel y nos encontramos con los libros de 1 y 2 Reyes. Mientras estudiamos estos libros, preste atención a dos temas: (1) cómo Dios puso orden en Israel cuando este se apartó de Él en una terrible apostasía, y (2) la paciencia de Dios al tratar con algunos de sus reyes corruptos. Estos temas nos servirán como firmes asideros en nuestro ascenso a las alturas y al descender a las profundidades de estos notables libros del reino de la historia hebrea.

Reyes y reinos - Resumen Los libros de 1 y 2 Reyes nos cuentan acerca del reino del hombre, que fue consecuencia de que Israel no quiso que Dios fuera su rey. En 1 Reyes, vemos la división de ese reino humano. En 2 Reyes, nos encontramos con los detalles de sus tristes cautividades. Encontraremos muchas advertencias en los libros de Reyes, porque la mayoría de los reyes fueron malos. Las consecuencias, para el pueblo, fueron terribles, pero recuerde que Dios no fue el responsable de todas esas consecuencias. El pueblo fue el

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responsable, porque ellos quisieron esos reyes y, además, los reyes fueron responsables de su propia maldad. La importancia de estos dos libros está en que registran la división, el colapso y la cautividad de los dos reinos de Israel y Judá. Podríamos llamar a 1 y 2 Reyes “Auge y caída de la nación hebrea”. En 2 Reyes 17 se relata cómo cayó cautivo de los asirios el reino del norte, las diez tribus que constituían Israel. Luego de marchar en cadenas a Asiria, desaparecen de la Biblia. Se las suele llamar “las tribus perdidas de Israel”. En 2 Reyes 25 leemos acerca de la espantosa cautividad del reino del sur, Judá, en manos de Nabucodonosor y los babilonios. Los cautivos que no fueron masacrados, fueron llevados a Babilonia cuando cayó Jerusalén. Setenta años después, Persia conquistó Babilonia. Ciro el Grande, el emperador persa, fue movido por el Dios Todopoderoso a decretar que cualquiera de los cautivos hebreos que vivían en Persia estaba libre para volver a Israel para reconstruir su templo, su ciudad, su país y sus vidas deshechas. Históricamente, siguen los “libros históricos de la postcautividad”. Esdras, Nehemías y Ester relatan el retorno de algunos de los hijos de Israel de la cautividad en Babilonia. El libro de Ester nos relata algunas cosas que ocurrieron en Media-Persia entre los hijos de Israel que escogieron no volver. Cuando terminemos de ver este libro, habremos concluido nuestro estudio de los libros históricos del Antiguo Testamento.

Conozcamos a los profetas Todos los profetas que escribieron los libros proféticos del Antiguo Testamento figuran en algún punto del contexto de los libros históricos. Conoceremos a estos profetas de cerca y personalmente luego de haber completado nuestro estudio de los libros poéticos del Antiguo Testamento.

Pero, ¿qué es un profeta? Veamos lo que era un profeta. La palabra “profetizar” significa, literalmente, ‘hablar por Dios’. Es una palabra compuesta, formada por pro, que significa ‘pararse ante’, y fano, que significa ‘hacer brillar’. Esto es lo que hacían los profetas: predicaban la Palabra de Dios escrita (los libros de Moisés). También tenían nuevas revelaciones de Dios. Además, decían, contaban, proclamaban la Palabra de Dios. Esto significa que eran predicadores. En otras ocasiones, predecían el futuro. Esta capacidad de predicción suele fascinarnos, pero un profeta, básicamente, predicaba la Palabra de Dios. Un profeta se paraba entre la Palabra de Dios y el pueblo de Dios y hacía que la Palabra de Dios brillara para el pueblo de Dios. Su ministerio solía ser de confrontación, porque el pueblo se apartaba constantemente del Señor, y Dios tenía que reprenderlos a través de sus fieles profetas. En 1 Reyes, el profeta principal es Elías, en tanto que en 2 Reyes es su sucesor, Eliseo. Si bien haremos énfasis en estos dos profetas al estudiar los libros de Reyes, quiero asegurarme de que

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usted no pase por alto algunos de los profetas menos conocidos. En 1 Reyes 22 se encontrará con uno de mis favoritos, Micaías. Después que se dividió el reino, los reyes se reunieron en ocasiones, si bien la mayor parte del tiempo eran enemigos. Recuerde que todos los reyes del reino del norte fueron malos y apóstatas. El reino de sur, Judá, tuvo un rey bueno cada tanto. Ninguno fue tan bueno como David, pero algunos de esos reyes fueron piadosos, como Ezequías, Josafat y Josías. En 1 Reyes 22, el rey de Israel, Acab, y el rey de Judá, Josafat, tuvieron una reunión cumbre. Acab era muy malo, mientras que Josafat era una mezcla de bueno y malo. ¿Qué hacían juntos? Tenían los mismos nietos porque sus hijos se habían casado entre sí. Pero la razón principal por la que estaban juntos era que Acab quería que Josafat lo ayudara en una batalla contra Siria. La respuesta de Josafat ante la propuesta de Acab fue consultar primero a los profetas. En este tiempo de la historia, era una tradición establecida verificar cada acción que estaban por realizar con los profetas. Acab dijo: “¿Tú quieres profetas? Te daré profetas. Tengo 400 profetas de Baal y de todas las demás deidades importantes”. Todos estos falsos profetas alentaron a Acab a luchar y le prometieron que tendría éxito. Pero Josafat quería oír a un verdadero profeta y a al Dios verdadero, Yahvé. A regañadientes, Acab dijo: “Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal” (1

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Reyes 22:8). Josafat contestó: “Envía a buscarlo”. Así que Acab envió un mensajero a buscar a Micaías. Cuando el mensajero volvía al palacio con Micaías, le dijo al profeta que fuera amable y profetizara lo mismo que los demás profetas. Pero Micaías dijo: “Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré” (v. 14). Cuando Micaías fue traído antes los dos reyes, en el palacio de Acab, con toda su pompa y esplendor, Acab dijo: “Bueno, Micaías, ¿debemos combatir a los sirios?”. Y Micaías dijo: “¡Por supuesto! ¡Ve! ¡Tendrás una gran victoria!”. Acab, pasmado, preguntó: “¿Me estás diciendo la verdadera Palabra del Señor, Micaías?”. Y Micaías contestó: “Si quieres saber realmente, yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor”. Acab dijo: “¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal” (ver vv. 15-18). Sin embargo, Acab y Josafat decidieron ir a la batalla contra los sirios. Pero Micaías les dijo claramente que estaban siguiendo mentiras: “Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de

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todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así” (vv. 19-22). Acab ordenó que Micaías fuera encarcelado a pan y agua, hasta que volviera. A lo que el profeta contestó: “Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí” (v. 28). Acab y Josafat condujeron a sus ejércitos contra los sirios. Podemos suponer que Micaías murió comiendo pan y agua en el calabozo, porque Acab no volvió.

En el medio de la batalla, la profecía de Micaías se cumplió al pie de la letra. Los ejércitos de Acab y Josafat fueron esparcidos por toda la colina como ovejas sin pastor. Un soldado sirio disparó una flecha al azar y penetró en el único lugar de la armadura de Acab que era vulnerable. El rey murió desangrado, y los ejércitos volvieron a casa derrotados. Hay muchos profetas desconocidos, de los que ni siquiera sabemos el nombre, en los libros de Reyes. Por ejemplo, en 1 Reyes 13, un profeta desconocido confrontó al malvado rey Jeroboam. El rey señaló al profeta y dijo: “¡Arréstenlo!”. ¡Pero su brazo se quedó tieso en esta posición! El rey rogó al profeta: “¡Por favor, habla a Dios por mi brazo!”. Así que el profeta accedió a su pedido, con lo que trajo la presencia de Dios a la vida de este rey rebelde a través de una sanidad sobrenatural. Al leer acerca de estos piadosos profetas, note que todos tenían el poder sobrenatural de Dios obrando para ellos. Sin los

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milagros sobrenaturales de Dios, estos hombres no podrían haber confrontado a estos reyes malvados. Como ya he señalado, Elías es el gran profeta que encontramos en 1 Reyes. En 1 Reyes 18, Elías tuvo su hora de gloria. El pueblo de Dios en ambos reinos se había alejado prácticamente por completo de Dios hacia ídolos paganos. Había muchos falsos profetas que representaban a dioses falsos. Elías desafió a los 450 profetas de la reina Jezabel, la esposa de Acab, a una competencia. Cada parte construiría un altar, pondría un sacrificio encima y luego oraría a su dios para que hiciera descender fuego y consumiera el sacrificio. Cuando el dios respondiera con fuego y consumiera sobrenaturalmente su sacrificio, esto sería su evidencia irrefutable en cuanto a quiénes eran los verdaderos profetas del verdadero Dios. Con todo el pueblo reunido sobre el monte Carmelo, los falsos profetas de Baal oraron fervientemente y hasta se hicieron cortes y se azotaron para lograr la atención de Baal. Alrededor del mediodía, Elías comenzó a mofarse de ellos: “Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle” (v. 27). Oraron más y más frenéticamente hasta la noche. Finalmente, se dieron por vencidos. Entonces Elías cavó una zanja alrededor de su altar y empapó el sacrificio y la madera con agua. Luego hizo una gran oración de fe: “Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que

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por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos” (1 Reyes 18:36, 37). Inmediatamente, cayó fuego del cielo, quemando el sacrificio

y evaporando toda el agua de la zanja. Entonces el pueblo cayó rostro

a tierra y clamó: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (v. 39). ¡Qué poderoso avivamiento! Entonces el pueblo de Dios mató a los 450 falsos profetas. Ese día, en el monte Carmelo, fue la hora de gloria de Elías. A usted le costará reconocer a Elías en el próximo capítulo. La esposa de Acab, Jezabel, que había introducido el culto a Baal en Israel, estaba furiosa por la caída de sus profetas a manos de Elías. Así que amenazó con matarlo (19:2). El otrora valiente Elías huyó al desierto, se sentó exhausto bajo un enebro y oró pidiendo morir. Estaba completamente abatido y derrotado. Uno de los problemas de Elías era el agotamiento físico. De hecho, un buen título para 1 Reyes 19 podría ser: “Cómo llegar a estar física, emocional y espiritualmente exhausto”. Dios, con gran paciencia y dulzura, dio a su profeta una ayuda muy práctica. Le dijo que durmiera y le envió un ángel para darle sustento. Luego Dios se le acercó y le hizo una pregunta hermosa: “¿Qué haces aquí, Elías?” (vv. 9, 13). ¿Alguna vez Dios le hizo esta pregunta? Yo no sé dónde se encuentra usted espiritualmente. Podría ser que Dios quiere

preguntarle, a través de la historia de Elías: “¿Qué hace aquí? ¿Está realmente donde Dios quiere que esté?”. Quisiera recordarle que debemos buscar ejemplos y advertencias en los libros de Reyes. En estos libros, usted encontrará tremendas advertencias, especialmente en las vidas de los reyes malos. Y también encontrará excelentes ejemplos en las vidas de estos profetas piadosos, especialmente profetas como Elías, Eliseo y Micaías.

Capítulo 2 Auge y caída de un reino

Cuando leemos 1 y 2 Reyes, estamos aprendiendo sobre el auge y la caída del reino que quisieron los hijos de Israel. Ese reino hebreo alcanzó su punto máximo, en cuanto a pompa y gloria, durante el reinado de Salomón. Pero no duró mucho, porque fue el resultado de la voluntad permisiva de Dios, más que de su voluntad directiva. En 1 Reyes, leemos una descripción de cómo se dividió el reino. En 2 Reyes, vemos el colapso del reino del norte y el reino del sur. El reino del norte, Israel, fue barrido por Asiria, y el reino del sur, Judá, fue conquistado y llevado al exilio a Babilonia. Cuando estudiamos detenidamente la caída del reino del sur, vemos que la conquista y el exilio no fueron sencillos. De hecho,

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Jerusalén cayó tres veces a lo largo de un período de veinte años. La primera vez, Joacim entregó la ciudad y sirvió allí al rey de Babilonia durante tres años. Más tarde, se rebeló contra las fuerzas de ocupación de los babilonios, y estos tuvieron que volver a conquistar la ciudad. La segunda caída de Jerusalén ocurrió cuando el hijo de Joacim, Joaquín, entregó la ciudad, y muchos de los hijos de Israel fueron masacrados. Los sobrevivientes fueron llevados, encadenados, a Babilonia. Entonces los babilonios designaron a Sedequías como un rey títere sobre Jerusalén. Este arreglo duró diez años. Pero entonces Sedequías también se rebeló, así que la ciudad tuvo que ser conquistada por tercera vez. Esa fue la caída final de Jerusalén, y toda la ciudad fue destruida y quemada completamente. Pero nos estamos adelantando. Volvamos a los días de gloria, bajo el rey más espléndido y rico de los reinos unidos, Salomón. Él nos brindará, a la vez, un ejemplo a seguir y una advertencia de lo que debemos evitar.

El variado legado de Salomón Salomón se parece mucho a Saúl, en el sentido que tuvo un buen comienzo pero no terminó bien. Al principio, cuando David le encargó a Salomón la responsabilidad de ser el tercer rey de Israel, parecía que seguiría los pasos de su padre. En actitud humilde, pidió al Señor sabiduría para guiar a su pueblo (ver 1 Reyes 3). Dios se conmovió profundamente por su oración, y le contestó otorgándole sabiduría, riquezas y honor inigualables.

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Salomón se convirtió en el hombre más rico y sabio que haya existido jamás. Es un excelente ejemplo para nosotros –cuando le pide sabiduría a Dios– de que debemos pedir esto antes que riqueza o ganancia personal. Sin embargo, con todo, se convirtió probablemente en el mayor fracaso que haya vivido jamás. Recuerde que la división, el colapso y la cautividad del reino no fueron resultado del pecado de David. David confesó su pecado, y Dios lo perdonó. Toda la calamidad que cayó sobre el reino fue por el pecado de Salomón, y fue consecuencia del fracaso de Salomón. Cuando el reino unido de Israel alcanzó su punto más alto de gloria, Salomón se alejó de Dios. Las setecientas esposas y trescientas concubinas de Salomón adoraban a otros dioses; trágicamente, él las siguió en esta práctica. Sin embargo, yo creo que Salomón volvió al Señor. En el Salmo 127, escrito por él, dijo: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (v. 1). Salomón fue un gran constructor, no solo del templo sino también de ciudades, parques y barcos. Pero en su salmo nos da una lección sobre prioridades. El mensaje de Salomón, aquí, es: “Es posible estar muy centrado en las cosas vanas, uno puede trabajar muy duro en vano, y es posible construir en vano, porque uno puede estar centrado en las cosas equivocadas, trabajar en las cosas equivocadas y construir las cosas equivocadas. La experiencia no es la única maestra, pero es una maestra muy

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convincente. La cosa más importante que uno podrá construir en su vida es la vida de su hijo”. Los hijos de Salomón no salieron buenos. El hijo que lo sucedió en el trono resultó ser un necio. Obviamente, Salomón lamentó haber dedicado tanto tiempo a construir todo lo que había debajo del sol excepto las vidas de sus hijos. El Salmo 127 nos muestra que las prioridades de Salomón estuvieron, trágicamente, fuera de foco a lo largo de su vida adulta activa. En el Libro de Eclesiastés, Salomón da una versión ampliada del mensaje del salmo anterior. Eclesiastés es un sermón que Salomón predicó a jóvenes que eran súbditos suyos en el reino cuando él era rey. Ese sermón, junto con este salmo, nos dan dos razones para creer que él experimentó un retorno espiritual en sus últimos años de vida. Una tercera razón por la que creo que Salomón volvió a Dios es que, cuando este período de la historia se repite en 2 Crónicas, no solo se omite el pecado de David, sino también el de Salomón. Esto significa que Salomón, como su padre, tiene que haberse arrepentido de su pecado y tiene que haberlo confesado. Ciertamente Salomón aparece en las páginas de los libros históricos de la literatura del reino como una de las grandes advertencias. Al leer 1 Reyes, Salomón es el principal rey en el cual debemos concentrarnos, tanto por los ejemplos como por las advertencias.

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Ezequías, un rey bueno pero con fallas Ezequías fue uno de los más grandes entre los últimos reyes de Judá (ver 2 Reyes 18 a 20). Libró a su país de la idolatría que había echado raíces, confió en Dios y lo obedeció. De hecho, ninguno de los reyes antes o después de Ezequías estuvo tan cerca de Dios como él. Así que es un buen ejemplo para nosotros, pero también nos da otra advertencia. Cuando Ezequías se enfermó, Dios le habló a través del profeta Isaías y le dijo que pusiera en orden sus asuntos porque iba a morir (2 Reyes 20:1-11). Ezequías volvió su rostro hacia la pared, lloró y oró a Dios pidiéndole que le perdonara la vida. Entonces leemos el hermoso mensaje que Dios envió a Ezequías, a través de

Isaías: “Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo

te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová” (v. 5). Dios ve las

lágrimas. Creo que esto es muy significativo. Y el Señor agregó quince años a la vida de Ezequías. Aquí tenemos un ejemplo hermoso. Este hombre apeló a Dios, aun cuando un gran profeta, Isaías, que hablaba de parte del Señor, le dijo que moriría.

Sin embargo, Ezequías se convirtió en una advertencia por un incidente relacionado con ese milagro. Un día, algunos babilonios lo visitaron, y él les mostró todo: las armaduras, el arsenal y todos los tesoros. Luego Isaías le preguntó: “¿Qué vieron en tu casa?” (v. 15). “Todo”, contestó Ezequías. Isaías le dijo que había cometido un gran error, porque “He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa,

y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a

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Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová” (v. 17). Isaías estaba profetizando la conquista de Jerusalén en manos de Babilonia. De acuerdo con la profecía de Isaías, los hijos de Ezequías fueron hechos eunucos y fueron llevados a Babilonia como cautivos (v. 18). ¿Cuál fue la respuesta del rey? Se puso contento porque la profecía de Isaías significaba que todas esas cosas terribles no le ocurrirían a él. “Habrá al menos paz y seguridad en mis días” (v. 19). Aceptó a la ligera la Palabra del Señor porque creía que sus quince años adicionales serían buenos. No pareció importarle lo que ocurriría con sus hijos y nietos. El obvio egoísmo de Ezequías ciertamente no lo convierte en un modelo de padre o un buen elemento de estudio del carácter para un sermón sobre cómo llegar a ser un buen padre. Debido a esta actitud, su vida es una advertencia para los que somos padres.

El excelente ejemplo de Eliseo Tenemos otro buen ejemplo en la vida del profeta Eliseo. En 2 Reyes 5, el general del ejército sirio acudió al profeta para ser sanado. En este tiempo Siria se estaba preparando para conquistar el reino del norte, Israel. Ya había escaramuzas en la frontera. Ellos tenían un ejército poderoso, pero su general principal, Naamán, sufría de lepra. Una niña hebrea cautiva, que servía a la esposa de Naamán, dijo al matrimonio que en Israel había un profeta que tenía el poder para sanar la lepra. Así que Naamán fue en su carroza con algunos de sus soldados a la casa de Eliseo.

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Ahora bien, Naamán tenía ideas preconcebidas sobre cómo Eliseo realizaría la sanidad. El poderoso general pensó que Eliseo sería muy dramático. Pero Eliseo ni siquiera salió de su casa para recibirlo. En cambio, envió a un sirviente y le dijo a Naamán: “Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio” (2 Reyes 5:10). ¡Naamán estaba furioso! Dio media vuelta con su carroza y se alejó, dejando a la casa de Eliseo en medio de una nube de polvo, mientras le decía a sus asistentes: “He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra” (v. 11). Su propio país tenía bastantes ríos hermosos, pensó, y no estaba dispuesto a meterse en el pequeño río Jordán, lleno de barro. Sin embargo, los sirvientes de Naamán lo instaron a seguir las instrucciones de Eliseo, y pronto cambió de opinión y se metió en el Jordán siete veces. Cuando salió la séptima vez, ¡estaba sanado! No ocurrió como él había esperado, pero los resultados fueron mejores de lo que podría haber esperado. Como aplicación, la historia de la sanidad de Naamán es una hermosa alegoría de la salvación. Muchos que tienen hambre espiritual y acuden a Cristo en busca de ella tienen ideas preconcebidas acerca de cómo tendrá que ocurrir su salvación. Algunos esperan que la salvación sea una panacea teológica. Otros creen que, si la salvación no es complicada, no puede ser válida. Esto suele ocurrir entre gente de la comunidad académica. Cuando escuchan lo simple que es el evangelio, les resulta tan poco

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complicado que no lo pueden creer. Pero el evangelio es así de simple, tan simple como meterse en el río Jordán siete veces, y nadie necesita calificaciones intelectuales especiales para recibirlo. Eliseo es un ejemplo para nosotros en el sentido que no se acomodó a las expectativas de Naamán, aun cuando habría sido muy beneficioso para él haberlo hecho. Estas son las principales aplicaciones de la historia de Naamán el leproso y el profeta Eliseo. Antes de dejar estos libros históricos, que describen el reino de Dios, volvamos a mirar a los profetas y hagamos una observación final sobre ellos. Los profetas no eran solamente hombres que hablaban por Dios, y hombres a través de quienes Dios hablaba; no eran solamente hombres que se paraban ante la Palabra de Dios y la hacían brillar; eran hombres levantados por Dios cuando había un problema. En un sentido, podríamos decir: “Si no hay problema, no hay profeta”. Pero, apenas aparece un problema, enseguida llega el profeta. Por ejemplo, cada vez que la obra de Dios se topaba con un obstáculo, Dios levantaba un profeta. Uno de los papeles del profeta de Dios era centrar su predicación sobre ese obstáculo hasta que era removido y la obra de Dios podía seguir adelante. La remoción de problemas y obstáculos que impedían el avance de la obra de Dios era el papel o función principal de los profetas. En resumen, al leer 1 y 2 Reyes, observe el auge y la caída del reino. Al aprender sobre este reino, usted podrá discernir lo que Dios quiere hacer hoy con su iglesia. Luego preste atención a los

reyes mismos. La mayoría de sus vidas son advertencias para nosotros; unos pocos son ejemplos. Luego siga a los profetas detenidamente, porque por lo general brindarán ejemplos piadosos que podemos seguir. La literatura de 1 y 2 Reyes involucra una gran cantidad de lectura. En un estudio de este tipo, solo podemos hacer observaciones generales e intentar poner a estos libros en perspectiva de modo que, al leerlos, usted pueda sacar más de ellos. Así que aquí presentamos algunas observaciones adicionales sobre Reyes.

Algunas observaciones finales sobre 1 y 2 Reyes Primero, fíjese cómo Dios se tomó en cuenta, hasta cierto punto, a los reyes que Él nunca quiso que tuvieran los israelitas. Observe su gran paciencia con los reyes malos, especialmente del reino del norte. Vea cómo rogó a estos reyes y cómo les advirtió antes de las espantosas calamidades de las cautividades que sufrieron. Finalmente, note que Dios también contestó la oración de reyes malos (2 Reyes 13:4, 5), lo cual plantea algunas preguntas teológicas interesantes. Muchos piensan que Dios solo contesta las oraciones de los creyentes que están en comunión con Él. No veo esto en la Biblia. Dios escuchó la oración del publicano (Lucas 18:10-14), Jesús escuchó la oración del ladrón en la cruz (Lucas 23:42, 43) y Dios escuchó las oraciones de estos reyes malos. Hoy, si el hijo de un hombre malo es herido en un accidente y si ese hombre pide a Dios por la vida de su hijo, ¿escuchará Dios y

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contestará esa oración? ¡Yo creo que Dios puede escuchar la oración de cualquier persona, en cualquier momento! Esa verdad queda ilustrada para nosotros en estos libros de Reyes.

Capítulo 3 Crónicas, o las cosas omitidas

Visión general de 1 y 2 Crónicas Los libros de Samuel y Reyes cubren el mismo período de la historia que los libros que vienen a continuación, 1 y 2 Crónicas: de 1000 a 500 a. C. Los agrupamientos más antiguos de los libros del Antiguo Testamento colocaban a Crónicas con Esdras y Nehemías. El hebreo de Crónicas se asemeja tanto a estos libros que muchos eruditos creen que Esdras escribió todos ellos. Solo más tarde los libros de Crónicas se agruparon con Samuel y Reyes por cubrir el mismo período.

Las razones de la repetición ¿Por qué Dios cubre este período de la historia dos veces? Hay varias respuestas. Primero, la repetición es la esencia de la educación. “Si no se repite, no se enseña”. Así dicen los educadores. Segundo, en la Biblia, la repetición no es solo con propósitos de enseñanza sino también para énfasis. Observe las cosas que se

repiten en la Biblia. El relato de la creación aparece dos veces en Génesis. La Ley de Moisés, dada en Éxodo, se repite en Deuteronomio. La biografía de Jesucristo se repite cuatro veces en el Nuevo Testamento. Y este período de la historia hebrea en estos libros históricos de la literatura del reino se repite en Crónicas. Pero, ¿qué, precisamente, se enfatiza en Crónicas? Obviamente, la respuesta a esa pregunta es: el reino de Dios. Jesús dijo que el reino de Dios debía ser nuestra máxima prioridad y motivo de oración, y que es la meta para la cual el nuevo nacimiento es el medio (Mateo 6:33; Juan 3:3, 5). Así que es muy importante nuestra introducción a este concepto del reino de Dios del que leemos en la literatura del reino. Dios quiere que entendamos el concepto de que Él es Rey, y Él quiere que seamos súbditos en su reino hoy. Por eso Dios repite este período de la historia. Una tercera razón para esta repetición intencional es que Dios quiere que entendamos que su pueblo lo rechazó como su rey y que todavía vivimos con las consecuencias de ese rechazo. Dios también quiere que entendamos este rechazo, porque refleja la dura realidad de que nosotros también podemos rechazar a Dios como nuestro Rey hoy.

Tiempos y eras Cuando el reino del sur fue llevado cautivo a Babilonia, comenzó una nueva era llamada “los tiempos de los gentiles”. Dios quería tener una teocracia en la que Él sería el Rey y el pueblo, su

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súbdito. Pero cuando los hijos de Israel rechazaron ese arreglo, Dios dijo: “De acuerdo. Entonces ustedes serán dispersados entre los gentiles”, –refiriéndose a personas no judías, no creyentes– “y serán gobernados por gentiles”. A partir de la cautividad en manos de Babilonia, Dios ya no obró a través de reyes como David, que cumplían toda su voluntad, sino de reyes como Nabucodonosor y Ciro el Grande, que eran paganos. Estos libros históricos del reino nos dicen que los planes de Dios no son imposibles de implementar porque su pueblo esté gobernado por reyes paganos. Él sigue cumpliendo su plan a través de ellos. Y los planes de Dios no son imposibles de implementar cuando lo rechazamos como nuestro Rey. En “los tiempos de los gentiles”, el reino de Dios está dentro de creyentes individuales que hacen de Dios su Rey. Ellos viven entre los incrédulos y, por lo general, bajo el gobierno de incrédulos. Están esparcidos como la sal entre incrédulos para darle sabor a la tierra. Esto no significa que la nación en la que viven estas personas del reino sea cristiana o piadosa. Desde que el pueblo hebreo rechazó ese arreglo que tanto quería Dios (una teocracia), nunca ha habido una nación en la tierra gobernada por Dios. No existe tal cosa como una nación cristiana. El reino de Dios se vive en corazones individuales (Lucas 17:9, 10). La cuarta razón para la repetición en Crónicas es que no se había contado toda la historia. Esdras creía que los autores de Samuel y Reyes nos habían presentado la historia de ese período desde la

perspectiva humana, y que alguien debería dar la perspectiva de Dios. Por eso escribió 1 y 2 Crónicas.

Cosas omitidas A pesar de la historia repetida, los libros difieren mucho. Podemos encontrar una pista de las diferencias en el nombre perspicaz que les da la traducción de la Biblia llamada Septuaginta:

“Cosas omitidas”. Este título significa que algunas cosas fueron omitidas cuando este período de la historia fue escrito en Samuel y Reyes, y que algunas cosas que llenaron muchas páginas en Samuel y Reyes –como los pecados de David y Salomón– se omiten en Crónicas. La omisión del pecado de David es una buena noticia. Como aplicación, significa que nuestros pecados serán omitidos cuando nos presentemos ante Dios, porque confiamos en Jesucristo para nuestra salvación. Por la misma razón, el pecado de Salomón es, también, una de las hermosas omisiones de las Crónicas de Esdras. Hoy, cuando se televisa un evento, se usan varias cámaras para que brinden distintas perspectivas de ese evento. En cierto sentido, los libros de Samuel y Reyes informan este período de la historia hebrea a través de la cámara del hombre, y Crónicas, a través de la cámara de Dios. Como podríamos esperar, algunas de las “cosas omitidas” en Crónicas son tremendas. Por ejemplo, el reino del norte, Israel, que fue completamente malo, no vuelve a ser mencionado nunca más luego de la división del reino. ¿Por qué?

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Porque Crónicas enfatiza el linaje o la casa de David y de la tribu de Judá. El linaje de David ocupa tanto el centro porque el Mesías vendría a través de sus descendientes. Además, Crónicas pone la mira en reyes que contribuyeron decisivamente a traer avivamiento, restauración y reforma. Algunos reyes del reino del sur, o Judá, como Asa, Josafat, Joás, Ezequías y Josías, fueron muy importantes porque produjeron cosas buenas. Los reyes malos, o los que no hicieron nada (todos los reyes del reino del norte) ni siquiera se mencionan. Josías, por ejemplo, hizo arreglar el templo. Durante este proceso, el sacerdote Hilcías encontró algunos rollos de las Escrituras. El pueblo se había vuelta tan decadente y apóstata que se habían olvidado completamente de la Ley de Dios. Entonces los rollos fueron leídos al rey Josías, que se dio cuenta inmediatamente de que los mandamientos de Dios no estaban siendo obedecidos, y llevó a la nación de vuelta a la Palabra de Dios (ver 2 Crónicas 34). En cierto sentido, Crónicas es una interpretación o comentario de los libros de Reyes. Por eso, en Reyes, se nos dice constantemente que consultemos las crónicas, que consultemos las crónicas, porque el Autor de Reyes (el Espíritu Santo) quiere que tengamos la perspectiva divina sobre un rey o un suceso específico. Piense en David. La explicación que da Crónicas del éxito político de David es que fue bendecido a fin de dar gozo al pueblo de Dios. Crónicas nos muestra la tremenda contribución que hizo David a la adoración de la nación. En 1 Crónicas 15 y 23, hay pasajes

hermosos que nos dicen cómo David organizó los coros y los músicos. Tenía una gran orquesta y un coro de Levitas, cuatro mil en total. La contribución de David a la adoración se enfatiza en Crónicas aun cuando se omite en los libros de Samuel, porque Dios nos está diciendo lo que nuestra adoración significa desde su perspectiva. En Crónicas, también, se nos da una explicación de por qué no se le permitió a David edificar una casa de Dios. Fue porque era un guerrero y había derramado demasiada sangre (1 Crónicas 22:8, 9). Es en Crónicas que se explica por qué un rey bueno como Josafat se alió con el rey malo Acab: tenían los mismos nietos porque sus hijos se habían casado entre si (2 Crónicas 18:1).

Una oración por un avivamiento Uno de los versículos más importantes de Crónicas es 2 Crónicas 7:14:

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. Aquí tenemos una palabra del templo al palacio, de la vida religiosa a la vida política de la nación, un pacto que Dios ofrece a su pueblo. Dios dice: “Estoy dispuesto a perdonar, estoy dispuesto a sanar. Pero, antes de perdonar y sanar, hay algunos caminos de justicia en los que quiero que ande mi pueblo”. Yo creo que este es

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Fascículo No. 4: 1 Reyes a Ester

un versículo que todos deberíamos tomar en serio, primero individualmente, para luego aplicarlo nacionalmente.

La clave para comprender y encarar las distinciones y las

repeticiones de este período de la historia hebrea en Crónicas es ésta:

Los caminos de Dios no son nuestros caminos, sus pensamientos no

son los nuestros. Existe la misma diferencia entre la forma de pensar

y de actuar de Dios y la nuestra como que distancia entre el cielo y la

tierra (Isaías 55:8, 9). Si usted quiere tener la perspectiva divina, si quiere alinear su forma de pensar y actuar con las de Dios, lea Crónicas. Descubrirá un mensaje tremendo en valores y perspectiva. “Las cosas omitidas” es un muy buen título para los libros de Crónicas. Es una buena noticia cuando descubrimos que nuestros pecados pueden ser omitidos por Dios, así como los pecados de Salomón y David son omitidos en Crónicas. Es, también, un desafío tremendo, cuando nos damos cuenta de que Dios omitió al reino del norte. Dios nunca mencionó el reino del norte porque sus ciudadanos no fueron llamados de acuerdo con los propósitos de Dios. Nos lleva

a la reflexión imaginarnos que toda nuestra existencia está siendo

ignorada por Dios hoy y será ignorada en la eternidad porque nunca alineamos nuestros pensamientos, nuestros caminos y nuestras vidas con la voluntad y los caminos de Dios.

Mi oración es que, al comparar los libros de Crónicas con los

libros de Samuel y Reyes, usted sea desafiado a comparar la perspectiva de Dios con la perspectiva humana, no solo en este

período de la historia, sino también en el período de la historia en el cual vivimos hoy y en su propia historia social personal.

Capítulo 4 Los “evangelios sinópticos” del Antiguo Testamento

En este capítulo comenzaremos por dar una mirada a los libros de Esdras y Nehemías, que, junto con Ester, se conocen como los libros históricos de la postcautividad. La cautividad en Babilonia fue una divisoria de aguas en la historia hebrea. De hecho, cuando estudiemos los profetas más adelante, descubriremos que los profetas se clasifican como anteriores a la cautividad, contemporáneos con la cautividad y posteriores a la cautividad. Esdras, Nehemías y Ester registran aquel período de la historia que ocurrió luego de finalizada la cautividad, durante el cual escribieron, predicaron, vivieron y murieron los profetas posteriores a la cautividad.

El retorno de la cautividad en Babilonia Al comenzar a leer Esdras, Nehemías y Ester, debemos tener en cuenta que el retorno de la cautividad en Babilonia ocurrió en no menos de tres dimensiones. El primer retorno fue poco después de que Ciro el Grande lo hiciera posible. El gobernador Zorobabel y el

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sumo sacerdote Jesúa lideraron ese retorno alrededor de 537 a.C., con el propósito específico de reconstruir el templo. Poco después de comenzada la obra, los que habían vuelto fueron distraídos por la oposición y la persecución, y dejaron de construir hasta que los profetas Hageo y Zacarías los instaron a terminar lo que habían comenzado. En gran parte debido a los ministerios de estos dos profetas, la obra se reanudó y la restauración del templo fue completada en 516 a.C. veintiún años luego de su comienzo. En 458 a.C., Esdras lideró el segundo retorno. Este extraordinario sacerdote y escriba era un gran maestro de las Escrituras. Esdras trajo un dinámico ministerio al templo reconstruido. Esto ocurrió setenta y nueve años luego del primer retorno, y cincuenta y ocho años luego de se hubiera completado la reconstrucción del templo. Trece años luego del retorno de Esdras, Nehemías lideró un tercer retorno. Su propósito fue reconstruir el muro alrededor de la ciudad de Jerusalén. El profeta Malaquías participó con Nehemías en la reconstrucción del muro.

El contenido sinónimo de Esdras y Nehemías Los libros de Esdras y Nehemías han sido llamados “los evangelios sinópticos del Antiguo Testamento”, porque gran parte del contenido de ambos libros es sinónimo. Veamos algunas de las similitudes:

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Debido a que el hebreo de ambos libros es tan semejante, podrían tener el mismo autor: Esdras.

El tema central de ambos libros es el mismo suceso de la historia hebrea: el retorno de la cautividad en Babilonia. El tema central de ambos libros es, también, la obra de Dios durante la vida de ambos hombres: la obra de reconstruir el templo en Jerusalén.

Ambos enfatizan los patrones y los principios que deben seguirse para que una obra humana sea una obra de Dios.

Ambos libros nos brindan excelentes modelos para el liderazgo. Si bien diferían en sus estilos y dones de liderazgo, ambos fueron grandes líderes. Esdras era un sacerdote y escriba que enseñaba la Palabra de Dios. Nehemías, un laico, era un constructor pragmático y práctico.

Ambos lideraron avivamientos ungidos que fueron evidentemente obra de Dios.

Sus libros tienen bosquejos similares: los primeros capítulos de cada uno relatan la obra a realizarse y, una vez terminada la obra, el pueblo se aparta del Señor. Además, Esdras 9 y Nehemías 9 muestran a ambos líderes lamentando el comportamiento del pueblo con oraciones de confesión, pena y arrepentimiento.

En ambos libros un emperador pagano otorga un permiso, muestra simpatía y ofrece asistencia para que la obra de Dios

Fascículo No. 4: 1 Reyes a Ester

pueda realizarse a través de su pueblo.

Ambos libros finalizan en un tono espiritualmente optimista.

Lecciones propias de Esdras Si bien los libros de Esdras y Nehemías son similares, ciertamente tienen sus cualidades distintivas. Adentrémonos un poco más en Esdras. Al centrarme en el libro de Esdras, me gustaría concentrarme en el hombre. Esdras debería ser clasificado junto con grandes hombres como Moisés, Samuel y David. Todo su ministerio fue para traer un avivamiento de interés en la Palabra de Dios. Leemos, en Esdras 7:10: “Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”. Ese verso describe su vida, y la divide en tres períodos. El primer tercio de la vida de Esdras fue la preparación para los restantes dos tercios. Se entregó a aprender y conocer la Palabra de Dios, estudiándola diligentemente. En el segundo tercio, se dedicó a vivir la Palabra de Dios, aplicando lo que decía. En el tercer período de su vida, Esdras se consagró por completo a enseñar la Palabra de Dios y actuar como mentor de otros en los caminos de Dios. Esta es una forma hermosa de pasar su vida. Pienso que uno de los problemas con la enseñanza hoy es que tenemos personas que se preparan y enseñan, pero solo pueden enseñar teoría. No pueden

tomar de su reserva de experiencias. El mejor maestro es la persona que ha dedicado el segundo tercio de su vida a practicar lo que ha aprendido en el primer tercio de su vida. Luego de la experiencia, el tercio final de su vida debería ser usada provechosamente en la enseñanza. Al considerar la contribución de Esdras a la obra de Dios, usted puede ver por qué está en una categoría junto con David, Samuel y Moisés. Como ya mencioné, se considera que Esdras es el autor de los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías, y que también escribió el capítulo más largo de la Biblia, el Salmo 119, que tiene 176 versículos. Ese salmo, por sí solo, es más largo que muchos otros libros de la Biblia. Cada uno de esos 176 versículos, excepto dos, menciona las Escrituras. Esto nos demuestra algo acerca de cuán consagrado estaba este hombre, Esdras, a la Palabra de Dios. Tradicionalmente, los eruditos creen que, mientras Esdras estaba en el cautiverio y no podía cumplir sus funciones como sacerdote en el templo, fundó lo que hoy se conoce como la sinagoga, el equivalente a nuestra moderna escuela bíblica. Los eruditos también creen que Esdras cumplió un papel importante en la organización del Antiguo Testamento en su forma actual. Además de estas contribuciones, condujo el segundo retorno de la cautividad en Babilonia. Fue Esdras quien introdujo un dinámico ministerio de enseñanza en el templo, que había sido reconstruido antes del retorno que lideró. Trajo con él, luego de ese retorno, una considerable cantidad de sacerdotes y escribas que enseñaron la Palabra de Dios.

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Principios y patrones para una obra de Dios El libro de Esdras también nos da lecciones referidas a la obra de Dios, principios que son, además, patrones para esa obra. El primer principio es éste: Cuando hay una obra de Dios que necesita hacerse, Dios mismo será el principal impulsor de esa obra (compare con Romanos 11:36). Dios es el Origen de esa obra, el Poder detrás de la obra, y su gloria es el propósito para esa obra. Yo creo que esa es la forma en que Esdras priorizó la obra de su vida, según los primeros versículos de su libro. El segundo principio que aprendemos de Esdras es éste:

Cuando Dios, el Principal Impulsor, quiere realizar su obra a través de personas, Él guía con claridad a los agentes humanos que realizarán esa tarea para Él. Tercero: El Dios que es el Principal Impulsor y que guía con claridad proveerá todo lo que se necesita para lograr que se realice su obra. Este es un principio muy importante, que se afirma muchas veces en la Biblia. En Mateo 6:33, Jesús dice a sus discípulos:

“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Cuando sabemos lo que Dios quiere que hagamos, y cuando hacemos lo correcto a sus ojos, Él provee todo lo que necesitamos para cumplir con la tarea. Un cuarto principio es éste: Cuando Dios quiere que usted realice una tarea, no solo le proveerá justo lo que necesita, sino que lo hará abundantemente, por sobre lo que usted pida o aun piense

pedir (ver Efesios 3:20). En la obra o el ministerio de Esdras, los que volvieron tenían lo suficiente para completar la tarea, pero tuvieron más de lo que necesitaron para reconstruir ese templo. Quinto: Cuando usted está haciendo la obra de Dios, espere que Satanás se oponga a lo mejor de Dios con lo que parece bueno. Nuestro Enemigo intentará distraernos para que no hagamos nuestro mejor trabajo susurrándonos: “Limítate a hacer algo bueno; no intentes realizar el mejor plan de Dios para tu vida”. Consideraremos este quinto principio con mayor detalle, así como otros adicionales, en nuestro próximo capítulo.

Capítulo 5 Las fuerzas que se oponen a la obra de Dios

El quinto principio que consideramos en Esdras es éste:

Cuando nos dediquemos a hacer la obra de Dios, una fuerza del mal de este mundo se opondrá a nosotros. Tenemos que estudiar las estrategias de Satanás con mayor profundidad a fin de entender lo que tuvieron que enfrentar Esdras y los judíos que volvieron.

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El apóstol Pablo nos exhorta a entender las estrategias de Satanás (ver 2 Corintios 2:11; 10:3-5; 11:13-15). Satanás es engañoso. Le gusta intimidar y engañar. Sabe que el mayor enemigo de lo mejor es lo bueno. Cuando Dios está obrando a través de usted, usted experimentará lo mejor de Dios. Satanás no quiere esto. Dado que es muy astuto, Satanás sabe que no puede distraerlo exitosamente de hacer lo mejor de Dios tentándolo a robar un banco. Lo que hará es tentarlo a hacer otra cosa buena. Si usted vive en un lugar cómodo con gran riqueza, y lo mejor de Dios es que usted sea un médico misionero en un lugar donde no hay asistencia médica para las personas, Satanás lo tentará para que sea un buen médico en un lugar agradable y cómodo. Ese sería un buen objetivo para su vida, pero es menos que lo mejor, si Dios quiere que sea un médico misionero para los necesitados en un lugar difícil. Un sexto principio que describe Esdras para nosotros está íntimamente relacionado con el anterior: Siempre espere oposición cuando intenta hacer la obra de Dios. A veces, cuando las personas se proponen hacer la obra de Dios, apenas se encuentran con oposición, dudan de la dirección de Dios o de su comprensión de la voluntad de Dios. Piensan, erróneamente, que no habrá oposición si están haciendo la obra de Dios. ¡Esto no es cierto, sencillamente! Dios trabaja a través de personas, y Satanás hace lo mismo. Dado que Satanás se opone a todo lo que hace Jesucristo, debemos esperar oposición cuando Cristo trabaja a través de nosotros. A veces, las

personas que se oponen a usted no se dan cuenta de que son embajadores de Satanás (compare Marcos 8:27-33). El libro de Esdras nos dice que la oposición vendrá de dos direcciones. Primero, habrá una obvia oposición desde afuera. Siempre habrá personas en la tierra que no desean el bien para nosotros cuando nos proponemos hacer la obra de Dios. Por ejemplo, cuando los exiliados volvieron a Jerusalén para reconstruir el templo, los residentes locales intentaron desalentarlos y asustarlos. Enviaron mensajes al rey Artajerjes llenos de mentiras, y el pueblo de Dios se vio forzado a detener la construcción (Esdras 4). Además, el libro de Nehemías dice que, cuando estaban construyendo el muro, con una mano construían y en la otra tenían una espada (Nehemías 4:17). En cierto sentido, la oposición desde afuera es más fácil de manejar porque esa oposición es obvia; está allá afuera, donde podemos verla y combatirla. El segundo tipo de oposición viene desde adentro. Cuando los exiliados volvieron para reconstruir el templo, los pueblos paganos que vivían entonces en Jerusalén y Judea se dirigieron a Zorobabel y Jesúa y les dijeron: “Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí" (Esdras 4:2). Pero Zorobabel y Jesúa contestaron: “No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel” (v. 3). Zorobabel y Jesúa

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fijaron un principio con relación a la obra de Dios: debe ser hecha por el pueblo de Dios. Otra forma de decir esto mismo es:

Es el plan de Dios usar el poder de Dios en el pueblo de Dios para lograr los propósitos de Dios de acuerdo con el plan de Dios. Una auténtica obra de Dios debe ser hecha por el pueblo de Dios. Los incrédulos no tienen parte en ella. Yo creo que una de las debilidades de la iglesia hoy surge del hecho de que es una multitud heterogénea de creyentes e incrédulos. Muchas personas quieren reclutar líderes comunitarios, personas con prestigio, dinero y de nombre reconocido para liderar la iglesia, sean creyentes o no. Pero la obra de Dios debe ser hecha por el pueblo de Dios, y no simplemente por cualquier persona que quiere hacerlo porque es un buen negocio o porque es socialmente aceptable. Imagine a una persona en una profesión donde es necesario conocer a mucha gente (un dentista, por ejemplo, que no cree en Cristo pero que necesita conocer a familias con hijos). Tal vez quiera convertirse en superintendente de la escuela bíblica de una iglesia grande en un pueblo porque quiere conocer a esas familias. Eso sería lo más fácil en el mundo, porque cualquier iglesia del vecindario estaría encantada de tenerlo. Sin embargo, esto violaría este principio que aprendemos de Esdras con relación a la obra de Dios.

El principio número siete es éste: El Dios que es el Principal Impulsor, que guía con claridad y que provee todo lo que se necesita para su obra, vencerá toda oposición a su obra. Este hermoso principio debería alentar y dar esperanza a los siervos del Señor en todo el mundo que están combatiendo fielmente la oposición. El mismo Dios de Esdras y Nehemías es tan capaz de vencer la oposición a su obra hoy como lo fue en aquel tiempo (considere Esdras 6:6-8). Habían enviado un mensaje al rey Artajerjes diciendo que los judíos eran un pueblo rebelde que se había rebelado muchas veces a lo largo de la historia, y que no se les debía permitir reconstruir su templo (4:11-16). Pero, cuando un rey posterior, Darío, investigó en las crónicas, descubrió que Ciro había, en realidad, emitido un decreto y provisto materiales para que el templo pudiera ser reconstruido. Entonces escribió:

“Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar. Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra” (6:7-8). Dios venció esa oposición, y se hicieron su voluntad y su

obra.

El principio número ocho es éste: Al hacer Dios su obra a través de su pueblo, habrá paganos que están observando cómo se

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hace esa obra, que serán salvados. Cuando la gente ve a Dios obrar a través de nosotros, y saben que no somos más que vasijas de barro que de ninguna forma podríamos completar esta obra por nuestra cuenta, comienzan a darse cuenta de que es una obra de Dios. Comienzan a comprender que Dios es el principal impulsor, orien y poder detrás de todas las cosas que hace su pueblo. Así es como la gente se salva mientras observa la obra de Dios: En Esdras 6:21, 22, leemos que algunos de los paganos que habían sido reubicados en Judá se volvieron de sus costumbres inmorales y se unieron en la adoración del Señor Dios cuando todos los judíos comieron la Pascua. Esto no es lo mismo que los incrédulos que quieren participar en la obra de Dios sin haber nacido de nuevo. Cuando los paganos son salvados, pertenecen al pueblo de Dios y han pasado a ser el pueblo a través de quien Dios quiere hacer su obra en este mundo. Ahora llegamos al principio número nueve. Todos los que participan en el liderazgo de la obra de Dios encontrarán la obra de Dios revelada en la Palabra de Dios. Aquí, Esdras es un ejemplo para nosotros. Él se había propuesto en su corazón estudiar la Palabra de Dios, obedecerla y enseñar a Israel los estatutos y juicios que están revelados en la Palabra de Dios. Él sabía cuál era la obra de Dios porque conocía la Palabra de Dios. Y la obra que Dios tenía para Esdras era crear un dinámico ministerio de enseñanza en ese templo reconstruido.

El décimo principio es muy realista: Cuando la obra de Dios se ha realizado, Dios suele permitir que sus agentes humanos fracasen a fin de que pueda ser obvio para todos que el poder provenía exclusivamente de Dios. Tanto en Esdras como en Nehemías, una vez completada la gran obra de Dios, el pueblo se apartó. El pueblo de Dios se había involucrado en las terribles costumbres de los pueblos paganos que vivían en esa tierra. Este

patrón, tristemente, se repite en las vidas de muchos grandes hombres

y obras de Dios, lo cual debería hacernos reflexionar. Podría ser que Dios quiera mostrarnos a nosotros y a todo el mundo que Él fue el origen de nuestro trabajo, no los vehículos humanos de su obra. Hay otra razón por la que esto suele ocurrir, y tiene que ver con Satanás. Principio número once: Cuando Dios ha obrado a través

de una persona para realizar su obra, a Satanás le gusta desacreditar

el medio humano que usó Dios para esa obra.

Estos son algunos principios sobre la obra de Dios que aprendemos del libro de Esdras. En resumen, y para mayor énfasis, repito que Esdras nos está diciendo esto: Es el plan de Dios usar el poder de Dios en el pueblo de Dios para lograr los propósitos de Dios de acuerdo con el plan de Dios. ¿Forma parte usted del pueblo de Dios? ¿Es consciente de que es un vehículo del poder de Dios? ¿Sabe que el propósito del poder de Dios en usted es que su obra sea cumplida a través de usted, de acuerdo con su plan?

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Capítulo 6 El perfil de un líder

Así como el libro de Esdras nos muestra los principios para asegurarnos de que nuestra obra para Dios será la obra de Dios, el libro de Nehemías se centra en el tipo de líder, el tipo de ser humano, que Dios debe encontrar si ha de hacer su obra a través de su pueblo. Nehemías mismo es el ejemplo de ese líder. Cuando Nehemías era el gobernador, el pueblo necesitaba un avivamiento. Muchos judíos se habían casado con mujeres de los pueblos paganos que los rodeaban, una violación abierta de la Ley de Dios. Escuche la amonestación de Nehemías: “Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo. Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos” (Nehemías 13:23-

25).

¡Usted se dará cuenta de que Nehemías tenía un estilo de liderazgo diferente! No hay muchos pastores que lideren de esta forma, pero Nehemías lo hizo porque era lo que necesitaba el pueblo de Dios en ese momento.

Podríamos decir que Esdras escribió o hizo los planes para la obra de Dios, mientras que Nehemías fue el constructor que llevó a cabo la obra que Dios había asignado a ellos dos. La palabra que describe a Nehemías es “pragmático”. Él creía en salir y asegurarse de que se estaba realizando la obra de Dios. Estos dos hombres fueron, ambos, soberbios modelos de liderazgo, si bien eran muy distintos. Al encarar el libro de Nehemías, debemos buscar los principios del liderazgo, o los atributos que Dios encontró en él para hacer su obra. Yo llamo al libro de Nehemías “El perfil de un líder para la obra de Dios”. La primera característica que demostró Nehemías fue esta:

una carga por la obra que Dios quiere hacer. Uno de los primeros signos de que Dios está a punto de obrar a través de usted es que usted siente una gran carga por esa obra. Si usted siente esa carga y está orando por ella, Dios tal vez quiera que usted sea parte de la respuesta a su oración. Un segundo rasgo de personalidad es éste: la persona que liderará la obra de Dios debe haber recibido una palabra de Dios relacionada con esa obra. En Nehemías 1:9, Nehemías recuerda la palabra de Dios a Moisés: “Pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”. Ese

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lugar era Jerusalén. Dios quería que Nehemías reconstruyera el muro alrededor de Jerusalén. Una tercera característica es un compromiso con la obra que Dios quiere realizar. El hombre o la mujer que Dios encuentra para liderar su obra deben tener no solo una carga y una palabra del Señor, sino también un compromiso con el Señor para completar su obra. El compromiso de Nehemías con la obra de Dios se evidencia en el riesgo que asumió como copero del rey. Era una ley en Media- Persia que, si uno se mostraba triste o negativo en la presencia del rey, sería muerto. Sin embargo, en Nehemías 2, leemos que el rey preguntó a Nehemías: “¿Por qué está triste tu rostro?” (v. 2). Nehemías nos dice que estaba asustado, pero oró silenciosamente y dijo al rey lo que estaba sobre su corazón: “Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?” (v. 3). El Señor estaba con Nehemías, porque el rey preguntó: “¿Qué cosa pides?” (v. 4). Luego de una rápida oración, Nehemías le dijo que le gustaría volver a Jerusalén para reconstruir el muro (ver v. 5). El rey no solo accedió a este pedido, sino que le dio todas las provisiones que necesitaba. Dios bendijo a Nehemías por su compromiso con la obra de Dios. Un cuarto rasgo de personalidad es tener una visión para la obra de Dios. “Donde no hay visión, el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18, NVI). El líder de la obra de Dios debe tener visión y debe compartirla. Cuando Nehemías volvió a Jerusalén,

inspeccionó privadamente la condición de la ciudad hasta tener toda

la información que necesitaba. Luego se reunió con los sacerdotes,

los nobles y los oficiales, y les dijo: “Venid, y edifiquemos el muro

de Jerusalén” (2:17). Cuando supo exactamente lo que quería hacer,

se lo contó a los demás. Un quinto rasgo de personalidad es involucrar a los demás en la obra. Cuando un líder que tiene una visión de Dios comparte

su visión, el pueblo de Dios sigue su liderazgo. A veces, los líderes

espirituales se desesperan porque el pueblo de Dios no los sigue. Pero deberían darse cuenta de que la falta de “aquellos dispuestos a seguir” habla negativamente de nuestro liderazgo, porque uno de los atributos de un líder de Dios es la capacidad de motivar a las personas a seguirlo en la realización de la obra de Dios. Un sexto rasgo de personalidad de un líder auténtico y ungido

es tener críticos. Cuando comienza a hacer algo, especialmente la obra de Dios, usted puede esperar oposición y críticas, aun de personas piadosas y espirituales. Ciertamente, Nehemías tuvo la confirmación de quienes criticaban su obra (4:1-3). Un séptimo rasgo de personalidad es una vida de oración centrada en la obra de Dios. Fíjese las veces que Nehemías nos

dice que oró. Oró cuando la gente se mofaba y se reía de él (4:4, 5).

Y oró antes de hablar al rey (2:4). Nos muestra lo que significa

aplicar la exhortación del apóstol Pablo: “Orad sin cesar” (1

Tesalonicenses 5:17).

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Un octavo rasgo de personalidad de un líder de Dios es estar con el pueblo mientras realiza la obra de Dios. Nehemías estaba en ese muro junto con todos los demás. Un noveno rasgo de personalidad es una justa indignación hacia la oposición y los obstáculos a la obra de Dios. ¿Cuál es la diferencia entre la justa indignación y la ira? Si usted está enojado por algo, o alguien ha bloqueado su camino y usted se ha propuesto salirse con la suya, esa ira es pecado. Pero si está haciendo la obra del Señor y está enojado con todas las potestades del infierno que están bloqueando el camino del Señor, entonces su ira es una justa indignación. Por ejemplo, cuando Jesús vio que el sistema religioso había convertido a la casa de Dios en un mercado y una cueva de ladrones, expresó justa indignación (ver Juan 2:12-16). Un líder de la obra de Dios puede llegar a estar muy enojado en el sentido de una justa indignación cuando la obra enfrenta oposición. Y Nehemías era ese tipo de líder. Un décimo rasgo de la personalidad es una gran dedicación a la obra de Dios. Considere estos versículos de Nehemías 4:

“Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse” (vv. 21-23). Esta es una buena ilustración

de estar dedicado a la obra de Dios. Un decimoprimer rasgo de personalidad, por extraño que parezca, es tener “visión en túnel”. La visión en túnel puede ser algo negativo o positivo. Se vuelve negativo cuando nos rehusamos obstinadamente a atender razones. Pero es positivo cuando no nos permite distraernos de hacer la obra de Dios. No pudieron sacar a Nehemías del muro que estaba construyendo. Muchos intentaron toda suerte de cosas para hacerlo bajar, pero no lograron distraerlo de su objetivo, porque había centrado su visión en la obra de Dios. Un decimosegundo rasgo de personalidad es tener fuertes convicciones. En el capítulo 5, cuando Nehemías se da cuenta de que algunas personas están explotando a sus hermanos al cobrarles interés, las obliga a comprometerse a no defraudar a sus compatriotas judíos (vv. 1-13). Nehemías era un hombre de fuertes convicciones. Un decimotercer rasgo de personalidad es una gran confianza. Nehemías sabía que estaba haciendo una gran obra, y estaba completamente seguro de que Dios lo había llamado a hacerla. Esto le dio una confianza inextinguible mientras hacía la obra que Dios le había encargado. Un decimocuarto rasgo de personalidad es una valentía temeraria. La valentía es, obviamente, una característica importante del perfil del líder que Dios puede usar. Un decimoquinto rasgo de personalidad es la perseverancia. En Romanos 5, el apóstol Pablo arroja luz sobre cómo se desarrolla la perseverancia: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en

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las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (vv. 3-5). Perseverar significa seguir con algo y no darse por vencido; aun en el sufrimiento, resistimos. El rasgo de personalidad número dieciséis es tener capacidades de organización. La Biblia indica un estructura definida para hacer la obra de Dios en la iglesia (compare 1 Corintios 12:28; específicamente, el don de administración). En Nehemías 7, Nehemías designa levitas, comandantes y guardias. También registró al pueblo por familias. ¡Eso es ser organizado! Un decimoséptimo rasgo de personalidad es centrarse en una meta prioritaria. Observe las prioridades de Nehemías en el capítulo 10. Hizo que el pueblo se comprometiera a no permitir que sus hijos se casaran con personas de otros pueblos, no trabajar el día de reposo y no trabajar la tierra cada séptimo año. Insistió en que se cobrara un impuesto para el templo, que se diera la primera parte de la cosecha a Dios y que entregaran el primogénito de sus hijos y de sus ganados a Dios. El pueblo de Dios prometió a Nehemías que daría a Dios la décima parte de todo. Nehemías sabía cuáles eran sus prioridades, y guió al pueblo a seguir sus prioridades. Un decimoctavo rasgo de personalidad es guiar con un cayado. Como buen pastor, el líder usa el cayado para guiar y

disciplinar al pueblo de Dios. Como buen padre, un líder debe amar a su pueblo lo suficiente como para disciplinarlo. Un decimonoveno rasgo de personalidad es que un líder está en contacto con su humanidad. El líder es humano, y lo sabe. No solo está en contacto con su propia humanidad, sino que está en contacto con la humanidad del pueblo que lidera. Finalmente, Nehemías nos muestra el vigésimo rasgo de personalidad del líder de Dios, que es completar la obra que Dios le ha asignado para la gloria de Dios. ¡Nehemías completó ese muro para la gloria de Dios! Nunca debemos perder de vista la línea de llegada al intentar la obra que Dios quiere hacer a través de nosotros. El líder de Dios es una persona que puede decir, con Jesús: “Te he glorificado en la tierra. He completado la obra que Tú me has dado para hacer. Consumado es” (leer Juan 17:4; 19:30).

Capítulo 7 Adivina quién viene a cenar

El Antiguo Testamento registra cuatro grandes liberaciones del pueblo de Dios. La primera es a través de José, que salva al pueblo hebreo de morir de hambre. La segunda es el Éxodo, el rescate de Israel de la esclavitud y la tiranía egipcia. La tercera es el

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retorno de los judíos de la cautividad en Babilonia. La cuarta liberación se registra en el libro de Ester. Los libros de Rut y Ester relatan historias de mujeres con hermosas personalidades que hicieron grandes contribuciones a la obra de Dios. Rut habla de una mujer gentil que se casó con un judío y pasó a formar parte del linaje mesiánico. Ester cuenta la historia de una mujer hebrea que se casó con un gentil y salvó al pueblo judío del genocidio, preservando el linaje mesiánico. Dado que el Libro de Ester se parece a una obra de teatro, presentaré mi estudio de él de esa forma.

Primer acto Los planes de las personas

Escena 1: Una fiesta persa Corre el año 482 a.C., y el trasfondo de esta fiesta persa son las 127 provincias de Media-Persia, que comprenden el imperio persa. El personaje central es una reina que es despedida, la reina Vasti. Su esposo es el rey Asuero. Esta fiesta duró algo así como seis meses y una semana, y el alcohol corría libremente. La única restricción que se observaba en esta fiesta era que nadie debía beber más de lo que quería beber (Ester 1:8). La reina Vasti agasajaba a las mujeres por separado. Pero los problemas comenzaron cuando fue convocada por su emperador a venir y exhibir su belleza ante hombres que habían estado bebiendo

durante seis meses y una semana. Uno puede entender por qué se rehusó. Lamentablemente, el rey Asuero no lo comprendió para nada.

Escena 2: El final de la reina Vasti Los nobles de Asuero hicieron saber al contrariado rey que el comportamiento de la reina Vasti no solo agraviaba al rey sino también a todos los demás hombres del reino. Como ella lo había desobedecido, sus esposas también los desobedecerían y les faltarían el respeto a ellos. Así que instaron al rey a echar a la reina Vasti y buscarse otra reina más adecuada (más dócil). Entonces, cuando las demás esposas vieran lo que había ocurrido con Vasti, respetarían a sus esposos (vv. 16-20). El rey Asuero y todos sus ayudantes pensaron que esto tenía mucho sentido, así que el rey siguió sus consejos y envió cartas a cada una de sus 127 provincias, en todos los idiomas locales, haciendo énfasis en que todo hombre debía gobernar en su casa y afirmar su autoridad (vv. 21, 22).

Escena 3: Un desfile persa Para elegir una nueva reina, se hizo un concurso de belleza en todo el imperio. Sin embargo, este no era un concurso de belleza común. Todas las mujeres más hermosas del país serían traídas al harén del rey. Luego él iba a pasar una noche con cada una para decidir cuál le gustaría más como reina (2:2-4a). Permítame

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parafrasear la respuesta del rey: “Esta sugerencia, naturalmente, agradó mucho al rey, y aplicó el plan inmediatamente” (v. 4b). Este concurso de belleza era, en realidad, una forma cruel de forzar a las mujeres a ingresar al harén del rey. La relación de un monarca de la antigüedad con las muchas mujeres de sus harenes no era como una relación de esposo y esposa. Un monarca de la antigüedad, como Asuero, tenía dos harenes, que podríamos llamar Harén A y Harén B. Cuando estas mujeres eran, de hecho, arrestadas, en todo el imperio persa, vivían en el Harén A, donde se les daban tratamientos de belleza que duraban alrededor de un año. Luego se las convocaba para pasar una noche con el rey. La mañana siguiente eran devueltas al Harén B, donde vivirían el resto de sus vidas y verían al rey solo si le habían agradado y él volvía a pedirlas. Durante gran parte del tiempo, el rey estaba tan ebrio que ni siquiera podía recordar que una mujer había estado con él. Desde la perspectiva del monarca, el propósito de la vida de esa mujer era esa única noche que pasaba con él, y que él no recordaría. Los siguientes personajes que vemos son Mardoqueo, un judío exiliado, y su hermosa y joven prima, Ester, a la que había criado desde la muerte de sus padres. Ester era increíblemente hermosa, así que fue forzada a participar en el concurso de belleza del rey. Mardoqueo había instruido a Ester que no dijera a nadie que ella era judía. Ese secreto demostraría ser una importante expresión de la providencia de Dios en la vida de Ester.

Cuando Ester fue convocada a pasar su noche con Asuero, resultó ser la que más le agradó, y él la convirtió en reina de Media- Persia. Dios, ahora, había colocado a una joven judía en el trono del imperio más poderoso del mundo. Un día, mientras Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey, escuchó a dos hombres que complotaban para asesinar al rey. Mardoqueo se lo dijo a la reina Ester, que informó al rey. La vida del rey fue salvada, y los dos conspiradores fueron colgados. La buena acción de Mardoqueo fue registrada en las crónicas del rey, pero la contribución nunca fue informada al rey Asuero ni recompensada. Este incidente demostrará ser también una expresión oportuna de la providencia de Dios en esta historia intrigante.

Escena 4: Una purga persa Aquí nos encontramos con el villano de nuestro drama, un hombre muy malvado llamado Amán, uno de los principales oficiales del rey. Cuando caminaba por la calle, exigía que todos se inclinaran ante él. Todos lo hacían, excepto Mardoqueo, que no quería violar el mandamiento del Señor de inclinarse solo ante Él (ver Éxodo 20:3,

4).

Amán se llenó de ira y juró destruir, no solo a Mardoqueo, sino a todo su pueblo (Ester 3:5, 6). Así que persuadió al rey de que dictara un decreto para que todos los judíos del imperio persa fueran muertos el 28 de febrero del año siguiente (vv. 7-11). Él y el rey echaron suertes, o lanzaron los dados, para determinar este día. En el

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idioma persa, la palabra que significa “lanzar los dados” es Pur. La fiesta judía de Purim, que aún se celebra hoy, toma su nombre de este suceso solemne que podría haber significado el genocidio total del pueblo judío. Cuando Mardoqueo se enteró del decreto asesino, se rasgó las vestiduras, se vistió de cilicio y ceniza, y salió a la ciudad clamando con un grande y amargo clamor (4:1). A lo largo de las 127 provincias de Media-Persia, todos los judíos estaban lamentando, ayunando, llorando y desesperados. Cuando Ester supo que Mardoqueo estaba gimiendo y clamando a Dios en cilicio, envió a un mensajero a averiguar qué estaba sucediendo. Como respuesta, Mardoqueo dijo al mensajero que le pidiera que intercediera ante el rey en nombre de todos los judíos de todo el imperio persa. Ester, a su vez, contestó que ver al rey sin ser convocada significaría su muerte, a menos que él extendiera su cetro, y ella no había sido convocada desde hacía un mes (4:11). Entonces Mardoqueo dio a los mensajeros este hermoso mensaje, para que se lo transmitieran a Ester: “No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (vv.

12-14).

Así que Ester pidió a Mardoqueo que reuniera a los judíos para que oraran y ayunaran por ella, y ella oraría y ayunaría también.

“Entonces”, le dijo, “entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a

la ley; y si perezco, que perezca” (v. 16).

Cuando Ester entró en la presencia del rey, Asuero gustosamente extendió el cetro y prometió otorgarle lo que le pidiera,

aunque fuera la mitad de su reino (5:1-3). Entonces, ella invitó al rey

y a Amán a un banquete. Allí, el rey volvió a preguntarle cuál era su

pedido, pero ella volvió a invitarlo junto con Amán a un banquete al día siguiente, donde prometió decirle a Asuero lo que deseaba (vv. 6-

8).

¡Amán estaba encantado de ser seleccionado e invitado a tener estas cenas privadas solo con el rey y la reina! Pero el despecho de Mardoqueo lo enfurecía todavía. Cuando llegó a su casa luego de la primera cena, expresó su exasperación e ira hacia Mardoqueo. Sus amigos y familiares lo alentaron a construir una horca para Mardoqueo, ir a trabajar temprano al día siguiente y pedir permiso al rey para colgarlo en ella (v. 14). Así que Amán hizo construir la horca esa noche.

Segundo acto:

La providencia de Dios

Escena 1: Una noche de insomnio En el capítulo 6, la providencia de Dios se convierte en el

tema del Libro de Ester. Providencialmente, la misma noche luego de

la primera cena con Ester y Amán, el rey no puede dormir, y pide que

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se le lean las crónicas. El texto que se le lee es, justamente, el registro de la forma en que Mardoqueo impidió su asesinato y salvó la vida del rey. Cuando el rey descubre que Mardoqueo impidió su asesinato, pregunta si alguna vez había sido recompensado por su acción maravillosa. Cuando descubre que Mardoqueo nunca había sido recompensado, pregunta si ya había llegado alguien para trabajar. El sirviente le dice que Amán había llegado temprano para trabajar.

Escena 2: Las cosas se dan vuelta Queriendo honrar a Mardoqueo, Asuero llama a Amán (que estaba en la corte para pedir que Mardoqueo fuera ahorcado) y le pregunta: “Si tú fueras rey, y quisieras honrar a un hombre, ¿cómo lo harías?”. Amán, por supuesto, piensa que él es el hombre que el rey quiere honrar. Así que sugiere un gran plan: “Ponga a ese hombre sobre su caballo blanco y haga que su oficial de mayor rango camine delante de ese caballo y anuncie: ‘¡Este es el hombre que el rey desea honrar!’” (vv. 6-9). “Ve y haz eso por Mardoqueo”, le dice el rey a un estupefacto y humillado Amán (v. 10). Este obedece y luego va corriendo a su casa –a esta altura de los hechos, lleno de miedo– pero es convocado inmediatamente al segundo banquete de Ester. En el banquete, el rey vuelve a preguntar a Ester cuál es su solicitud. Ester contesta que quiere que su vida y la vida de su pueblo sean salvadas (7:3, 4). El rey brama: “¿Quién se atrevería a tratar de quitar tu vida y la vida de tu pueblo?”. Ester dice: “Amán, que te ha

manipulado para que emitieras un decreto de que yo y todo mi pueblo seamos exterminados el 28 de febrero”. Ahora Amán sabe que está condenado. En su ira, Asuero se levanta y se retira de la cena. Amán, rogando por su vida, cae sobre el lecho de Ester. Cuando vuelve el rey, ve a Amán sobre el lecho de Ester y dice: “¿Irá a violar a la reina? ¿Qué haré con un hombre así?” (v. 8). Uno de los soldados del rey cuenta al rey acerca de la horca que Amán había construido para colgar a Mardoqueo. ¡El rey da órdenes de que Amán sea colgado en esa horca! (vs. 9, 10).

Escena 3: El decreto de liberación Los judíos que viven en Persia todavía tienen un problema: el decreto de su destrucción. Dado que las leyes de los medos y los persas no pueden ser cambiadas, Asuero, Ester y Mardoqueo escriben un segundo decreto que permite que los judíos se defiendan y aniquilen a sus enemigos el 28 de febrero (capítulo 8). Ahora están en julio y en seis meses los correos del rey llegan a todo el imperio con las buenas nuevas: he aquí un decreto de vida para todos los judíos que están bajo un decreto de muerte. Ese decreto de vida salvó las vidas de todos los judíos.

Aplicaciones personales ¿Cuáles son las implicaciones devocionales de este hermoso libro de Ester? Primero, tenemos que difundir la noticia del decreto

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de vida de Jesús a un mundo de personas que están bajo el decreto de muerte.

Segundo, podemos descansar en el hecho de que las promesas de Dios se cumplen. Ester refleja el cumplimiento del pacto de Dios con Abraham de bendecir a los que lo bendecían y maldecir a los que lo maldecían (Génesis 12:3). Tercero, la Regla de Oro puede ser aplicada en reversa. La muerte de Amán es una ilustración negativa de la Regla de Oro (“Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”): “Nunca le hagan a nadie lo que no quieren que les hagan a ustedes”. Cuarto, el cuidado providencial de Dios está sobre aquellos que lo aman y lo obedecen. El apóstol Pablo lo expresa así: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Aun cuando Ester fue forzada a participar en ese horrible y cruel concurso de belleza, Dios seguía controlando su vida, obrando para sus buenos propósitos, que resultaron ser la cuarta gran liberación de los judíos del genocidio. La providencia de Dios en las circunstancias de su vida y en la mía es uno de los más importantes mensajes de Ester. ¿Cree usted que Dios es soberano sobre las circunstancias de su vida? Hay una condición para recibir su promesa: si usted no ama a Dios y no sigue sus propósitos y sus planes, Él no hará que las cosas obren para bien. Pero si lo ama, y le expresa su amor al ser llamado de acuerdo con

su voluntad y sus caminos, entonces usted puede creer que Él hará que todo lo que le pase, encaje en un plan para el bien: el bien de Él y, en última instancia, el bien de usted también.

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