Está en la página 1de 5

Patricio Lóizaga ( Buenos Aires, 1954-2006)

Esteban Moore, Buenos Aires, 2008.

En Certezas e interrogantes, poema incluido en Código secreto (1991), Patricio


Lóizaga declara con énfasis: "Quiero ser un hombre / con pocas certezas / con
muchos interrogantes [...] Quiero ser un hombre / sin afirmaciones
contundentes. / El tiempo / la vida / las corroen / las desmienten". Estas
palabras lo definen en más de una manera, determinan una actitud frente a la
vida. En las artes, como en las ciencias, consideraba, tienen mayor valor los
interrogantes que se nos plantean que las supuestas respuestas que creemos
inferir a partir de ellos, toda pregunta debería responderse con una nueva
pregunta. Le gustaba parafrasear un fragmento de la Introducción a el ser y
el tiempo de Martín Heidegger, en traducción de José Gaos: "El hacer una
pregunta, el preguntar, en general, [...] son modos de comportarse del que las
hace, modos de ser del que pregunta [...] Se puede preguntar por preguntar, o
preguntar de forma que quepa "ver a través."
En sus Notas sobre la experiencia poética que sirven de introducción a New
York y otros poemas (1999) manifiesta: "Me atrevería a decir que mi género por
definición es el ensayo y que no deja de sorprenderme la escritura poética."
Hecha esta salvedad, recurre al discurso poético pues éste no es para él sólo
otro medio de expresión sino el instrumento a través del cual puede interrogar
los cambiantes rostros de la realidad. Una realidad que se despliega en
distintas dimensiones, posee un “anverso y reverso”, es simultáneamente “uno
y otro”, ni afirma ni niega su contrario, o su diferencia.
Este complejo y peculiar ejercicio de la mirada es el que lo impulsa a
protagonizar una audaz, vehemente aventura en el campo cultural que incluye
la escritura, fundación de revistas, la dirección de programas radiales y la
organización de muestras y seminarios en el país y el extranjero dedicadas a
Jorge Luis Borges y Manuel Puig. Asimismo, Patricio Lóizaga quien consideró
la cultura como un área estratégica del desarrollo, dirigió el Instituto de
políticas culturales de la Universidad de 3 de Febrero, donde también ejerció la
docencia; desde allí desplegó una actividad avasalladora que incluyó la edición
de los Indicadores Culturales, publicaciones de las que se valió para señalar
y mensurar el aporte de la cultura a la economía. Las universidades de Nueva
York y Harvard lo tuvieron como profesor invitado y la Asociación de Críticos
de Arte y las fundaciones Pettorutti y Konex reconocieron su labor otorgándole
sus máximas distinciones.
La gestión cultural fue otro de los tópicos a los que le dedico muchos días de
su vida. Él consideraba que era necesario que nuestro país contara con
hombres y mujeres capacitados en los diversos aspectos de esta especialidad.
La gestión cultural requiere, sostenía: "recursos humanos que tengan la
capacidad de gestionar un proceso que incluya el financiamiento de la producción
cultural ". Pero, advertía que la educación de estos técnicos debía estar signada
por la imaginación, el conocimiento de nuestra tradición cultural y una
profunda formación estética.
Hacia mediados de 1983, casi un año después de la derrota militar
protagonizada por los representantes de la dictadura militar, la Argentina
comenzaba a despertar de una tenebrosa y extendida pesadilla que se había
iniciado el 24 de marzo de 1976. En el invierno de ese año, un poeta admirado
por Lóizaga, Alfredo Veiravé escribió Nunca más, un poema ilustrativo del
espíritu de la época: " Nunca más los gordos caballos de la muerte entrarán en
la plaza/ a destrozar los canteros de plantas y de flores (amarillas) / de las tipas
asustadas; nunca más los bastones/ golpearán con esa furia las cabezas
ensangrentadas de los que ahora corren / bajo las nubes cirros, estratos,
cumulus o nimbos/ nunca más estas flores/ de lapachos temblarán en la noche
de color rosáceo al oír los aullidos / nunca más esos aullidos cruzarán la calle
subiendo desde el sótano / en el subsuelo de la madrugada / Nunca más esos
gritos terribles descarnarán la corteza de los murales/ de la plaza desnuda,
nunca más explotarán entre los intestinos / o las bocas del cuerpo -las
convulsiones de la electricidad violenta; / ( Nunca más llamarás gritando a tu
mamá en la violacea oscuridad lila/ y azul que oyeron solamente los jacarandáes
florecidos en la plaza..."
La euforia democrática invade la escena y en el campo cultural comienzan a
girar lentamente de un modo renovado los engranajes de la imaginación.
Patricio Lóizaga percibió la necesidad en esos años de reiniciar el debate
público de ideas clausurado con violencia en 1976. En aquel mítico invierno
del '83 que hoy parece tan lejano, comenzó a solicitar opiniones, realizó
consultas, se reunió en bares con infinidad de personas y luego de vender
algunos bienes personales, tomo la decisión de publicar una revista cultural
que llegara a los kioscos. El número cero de la revista Cultura comenzó a
circular de mano en mano hacia la segunda mitad del año. En marzo de 1984
aparece en los puestos de venta el número 1. En su editorial Lóizaga le
comenta al posible lector: " Comencé a recorrer el oído de escritores, críticos de
arte y empresarios con una idea en borrador: reflejar en una revista la cultura de
la Argentina contemporánea, expresar a los hombres y mujeres de nuestra
cultura y con ellos convocar a ese público que hoy siente un impulso renovado de
mirarse en el espejo de nuestros creadores."
En sus veinte años de vida esta revista ha ocupado un lugar preponderante en
el espacio de las revistas culturales. En este variado territorio participó
activamente, estableciendo un ámbito propicio para la lectura y el análisis de
los nuevos fenómenos que a partir de recuperación democrática y la
globalización en ciernes incidieron en nuestra producción cultural.
Decididamente, tomó parte en el intercambio de ideas durante dos décadas en
las que aquello que se denomina postmoderno o la postmodernidad, según
Lóizaga, no debe ser considerado simplemente un agotamiento del proyecto de
la modernidad.
En el prólogo al Primer Catálogo de Revistas Culturales de la Argentina
(Buenos Aires, 2001) un proyecto que llevó a cabo conjuntamente con la
Secretaría de Cultura de la Nación se refirió a las revistas culturales en los
siguientes términos : "Las revistas culturales configuran en sí una expresión de
resistencia al modelo de producción cultural de la globalización. Expresan un acto
de esfuerzo individual o grupal destinado, la mayoría de las veces, a aportar una
visión crítica e impugnadora de los modelos de discurso único en lo estético, lo
filosófico, lo sociológico, lo histórico o lo económico. Por eso me gusta definirlas
como garantía de pluralidad democrática frente a la concentración económica e
informativa de la cultura concebida y financiada como industria [...] La cantidad
y la diversidad de las revistas culturales argentinas constituye un ejemplo de
resistencia frente a la banalización de la cultura que hemos vivido en los últimos
años. La democracia se fortalece con la crítica cultural así como se debilita con la
ausencia de reflexión y de debate, particularmente en campos vinculados a las
políticas culturales, educativas y sociales."
A mediados del 2003, donó por propia iniciativa a la Biblioteca Nacional los
contenidos del Primer Catálogo de Revistas Culturales de la Argentina y
promovió en dicho ámbito la creación del Centro de Información de Revistas
Culturales (CIRC). El CIRC, debido a las gestiones de Lóizaga firmó un
convenio con Universia, el mayor portal universitario en lengua española y
portuguesa, el que le cedió un espacio al CIRC para su página web. En el
lanzamiento de la misma se organizó una mesa redonda que contó con la
presencia de Manuel Ortuño, presidente de la Asociación de Revistas
Culturales de España y de la Federación de Revistas Culturales de
Iberoamérica. En esa ocasión se refirió a uno de los problemas primordiales
de la edición de revistas culturales en nuestro país: la falta de financiamiento.
Para acabar con este mal endémico propuso que la Comisión Nacional de
Bibliotecas Populares (Conabip) dispusiera la compra de ejemplares de las
revistas culturales para distribuir en todas las bibliotecas de la red, agregando
que: "no sólo beneficiará a las revistas culturales sino a todos aquellos
investigadores, creadores y lectores que asisten a las bibliotecas y que podrán
acceder a este material fundamental y en muchos casos de circulación
restringida por imposición del mercado."
Su dinamismo lo condujo por sendas vinculadas a la administración y la
política; licenciado en administración de empresas, desempeño varios cargos
públicos, fue director general de Asuntos Culturales de la Cancillería
Argentina, director académico y presidente del Instituto Nacional de la
Administración Pública (INAP). En 2003 asumió la dirección del Palais de
Glace (Palacio Nacional de las Artes), allí en su primer año de gestión se
duplicaron la cantidad de presentaciones al Salón Nacional, se reformó el
reglamento del mismo, se inauguró el microcine y se obtuvo la declaratoria de
Monumento Histórico Nacional, para este emblemático edificio. En ese período
trabajo incansablemente con los representantes de catorce instituciones para
elaborar el borrador de una ley nacional de artes visuales.
Las múltiples actividades que desarrolló no lo distrajeron de la escritura y el
pensamiento. En el campo del ensayo de interpretación dio a conocer: Mito y
sospecha posmoderna (1990), Cándido López, Fragments and Details (New
York University, 1993), La contradicción argentina (1995) y El imperio del
cinismo (2000). En 1996, con la colaboración de varios autores coordinó y
editó en España su Diccionario de pensadores contemporáneos, en el que
varias de las entradas son de su autoría.
La admiración que sentía por la obra de difusión cultural realizada por la
directora de la revista Sur culminó en Victoria Ocampo (2003) y su devoción
por la pintura de Guillermo Roux quedó plasmada en El mural de Buenos
Aires (2005) volumen dedicado a la gran obra del pintor "Homenaje a Buenos
Aires" instalada en el edificio diseñado por César Pelli, para una casa bancaria,
en el barrio Catalinas Norte en Buenos Aires. En poesía además de los libros
mencionados al comienzo de este artículo publicó: Losers (Little Library of
New York, 2004).
Lóizaga solía recordar a Raúl Gustavo Aguirre, poeta que también realizó a
través de la revista Poesía Buenos Aires un gran aporte a la cultura
argentina, quien en sus palabras merecía un gran homenaje. La lectura de Las
poéticas del siglo XX de Aguirre lo convencieron que en la actualidad la
poesía estaba cargada de una gran responsabilidad. Y, compartía con él las
opiniones vertidas en el libro de referencia: "es uno de los pocos valores que
subsisten en un mundo sin valores, un único medio de comprender y develar la
realidad en medio de la ruina y la negación de los tradicionales modos de
comprensión racional de ésta [...] El individuo que emerge del totalitarismo de
una civilización tecnológica es un hombre que regresa derrotado de todos sus
ideales, de todos sus sueños, que ha sentido el abismo abrirse a sus pies..."
Patricio Lóizaga, nacido en Buenos Aires en 1954, murió en esta ciudad el 3 de
enero de 2006. La vida no le dio el tiempo que él hubiera necesitado para
continuar haciéndose nuevas preguntas acerca de nuestra vida cultural y del
proceso democrático que consideraba: "una democracia subdesarrollada, propia
de una modernidad inconclusa."
Los que conocieron su amable disposición a conversar largamente sobre los
distintos aspectos de la cultura contemporánea, un tópico recurrente, casi
obsesivo en él, saben que con su desaparición quedan truncos innumerables
proyectos culturales. No sólo ha muerto un hombre dispuesto a quitarle horas
al sueño para realizar su trabajo creativo, el país ha perdido a un intelectual
dispuesto a pensarlo sin prejuicios en su compleja diversidad.