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Eduardo Pérez Soler

Eduardo Pérez Soler va néixer a


Mèxic Districte Federal, fill de
mexicà i catalana.

Els seus pares són Eduardo Pérez


Alcocer -mexicà- i Magali Soler
Vinyes -catalana., els avis paterns
van ser Hernando Pérez i Dolores
Alcocer -mexicans- i els avis materns
van ser Josep Soler i Magdalena
Vinyes -catalans-.

L'avi matern Josep va néixer a Barcelona, fill d'obrers, va estudiar amb Pompeu Fabra i
en la República va estar en l'associació per a l'ensenyament català. Més tard es va
traslladar a Gavà a treballar en l'estació del tren i aquí va conèixer a l'àvia d'Eduardo; es
van casar a Gavà en unes noces civils perquè l'avi era un lliure pensador.

L'avi Josep va estar en Acció Catalana, mai va ser un alt dirigent. Es van exiliar per Port
Bou i arribant França els van separar i l'avi el van internar en un camp de concentració.
L'àvia Magali amb la mare d'Eduardo i el seu oncle es van quedar en un poble de
França.

Quan l'avi va sortir del camp, va embarcar-se fins a New York i allà va anar a Mèxic i es
va establir a la ciutat de Puebla. Mentrestant l'àvia d'Eduardo va retornar a Gavà amb els
fills i es queden aquí fins al 44, en aquest moment l'avi que estava a Mèxic els va enviar
els passatges per a sortir de Catalunya.

L'àvia i els fills es van embarcar a Barcelona en un vaixell que va anar a Cuba i després
amb avió a Mèxic.

Eduardo i el seu germà van anar al Colegio Albatrós. Eduardo va decidir residir a
Barcelona el 1987.

Eduardo Pérez Soler nació en México Distrito Federal, hijo de mexicano y catalana.

Sus padres son Eduardo Pérez Alcocer -mexicano- y Magali Soler Vinyes -catalana., los
abuelos paternos fueron Hernando Pérez y Dolores Alcocer -mexicanos- y los abuelos
maternos fueron Josep Soler y Magdalena Vinyes -catalanes-.

El abuelo materno Josep nació en Barcelona, hijo de obreros, estudió con Pompeu
Fabra y en la República estuvo en la asociación para la enseñanza catalana. Más tarde
se trasladó a Gavà a trabajar en la estación del tren y ahí conoció a la abuela de
Eduardo; se casaron en Gavà en una boda civil porque el abuelo era un libre pensador.

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El abuelo Josep estuvo en Acció Catalana, nunca fue un alto dirigente. Se exiliaron por
Port Bou y llegando Francia los separaron y el abuelo lo internaron en un campo de
concentración. La abuela Magali con la madre de Eduardo y su tío se quedaron en un
pueblo de Francia.

Cuando el abuelo salió del campo, se embarcó para New York y de ahí su fue a México
y se estableció en la ciudad de Puebla. Mientras tanto la abuela de Eduardo regresó a
Gavà con los hijos y se quedaron hasta el 44, en ese momento el abuelo que estaba en
México les envió los pasajes para salir de Cataluña.

La abuela y los hijos se embarcaron en Barcelona en un barco que fue a Cuba y


después en avión a México.

Eduardo y su hermano fueron al Colegio Albatros. Eduardo decidió residir en


Barcelona en 1987.

Entrevista
¿Tu nombre y el de tu familia?

Mi nombre es Eduardo Pérez Soler, soy nieto de Josep Soler Vidal y de Magdalena
Soler Viñas. Mi abuelo se tuvo que ir al exilio por sus ideales catalanistas y
republicanos y también mi mamá porque ella de hecho nació en Cataluña en el año de la
guerra, en 1936 y también sufrió el exilio porque se tuvo que ir cuando era muy
pequeña.

¿Tus abuelos nacieron en Cataluña?

Sí, mi abuela nació en Gavá, en


cambio mi abuelo nació en
Barcelona, él durante mucho
tiempo en su infancia vivió en un
edificio de la calle del Carme,
que de hecho fui a visitar cuando
volví a Barcelona.

Lo que pasa es que mi abuelo se


fue después a vivir a Gavá porque
tenía un trabajo en la estación de
tren de Gavá, más allá de eso se
dedicó a muchas otras cosas
porque durante la República
estuvo en la Asociación para la
Enseñanza Catalana.
El abuelo de Eduardo de pequeño

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¿Y la abuela también era del lado republicano?

Obviamente ella era republicana igual que mi abuelo, él era hijo de obreros pero se
había preocupado en formarse, fue alumno de Pompeu Fabra. Mi abuela no tuvo una
educación formal, ella desde muy pequeña tuvo que ir a trabajar a una fábrica pero era
también republicana.

Ellos vivieron unos años en Gavá, mi abuela era de ahí, sé que ellos se casan en Gavá en
una boda por lo civil porque mi abuelo era un libre pensador radical. Ahí nace mi tío
Martí, después mi mamá y mi tío Jordi ya nace en México.

Recuerdo una anécdota de la guerra que me contó mi abuelo cuando yo era pequeño,
explicaba que cuando hubo el bombardeo de Barcelona, él iba por la calle y que había
un señor que le decía “venga usted
aquí a cubrirse” porque estaban
cayendo bombas, “venga usted”,
entonces mi abuelo iba hacia el sitio
donde estaba el señor y éste para
hacerle sitio salió de una especie de
rellano hacia la calle y en aquel
momento cayó la bomba y mató al
señor, me explicaba algunas cosas
que realmente me impresionaron,
fueron unos años muy duros.

La abuela Magdalena con sus tíos

¿Tu abuelo estuvo en Acció Catalana?

Sí él estuvo en Acció Catalana, de hecho él fundó prácticamente dos partidos, fue el


fundador del PSC cuando era un partido digamos catalanista y él fundó lo que después
vendría a ser el PSUC, estuvo en Acció Catalana, estuvo en estos partidos catalanistas
de tradición más marxista, porque mi abuelo era marxista, más que ser republicano era
marxista.

De hecho cuando regresó a Cataluña el partido al que se integró fue el PSAN (Partit
Socialista d’Alliberament Nacional), que era un partido independentista pero marxista.

¿Fue dirigente del partido?

No, él nunca fue un alto dirigente, siempre tuvo cargos más bien medianos porque él se
consideraba más un historiador que un político. Tuvo algunos otros amigos muy
cercanos que sí tuvieron cargos más altos como Miquel Ferrer, un gran amigo suyo, que
en paz descanse, pero él nunca estuvo en alta dirigencia. De hecho cuando estuvo en
México se dedicó a actividades más ligadas a la literatura, a la edición, que a la política.

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¿Sabes cómo salen de España?

Cuando viene la guerra mi abuelo tiene que abandonar Barcelona y huir, salen juntos
mis abuelos con Martí y mi madre. Ellos contaban del recorrido que hicieron, pasaron
por Begur e hicieron el camino medio caminando y a veces en coche, hasta que llegaron
a la frontera de Port Bou.

Explica mi abuela, que era una gran narradora, que a ellos cuando llegaron a la frontera
una cosa que les impresionó mucho en aquel momento fue que los guardias fronterizos
eran senegaleses, obviamente estamos en el período colonial.

Lo que sucede es que cuando llegan a Francia, se tienen que dividir. Mi abuelo se va a
un campo de concentración y mi abuela con sus dos hijos llegan a un pueblo de Francia.
Ahí llegan con algunos otros exiliados y según explica mi abuela los reciben de una
manera bien hospitalaria. Yo creo que, haciendo memoria, mi abuela con mi madre y mi
tío, habrán estado unos dos años en ese pueblo de Francia.

Mi abuelo consiguió con intermediación de Miquel Ferrer, este amigo suyo, salir del
campo de concentración y tomar un barco que no era ni el Sinaia ni el Mexique, ahora
no recuerdo el nombre. Era un trasatlántico que llega primero a Nueva York y de ahí
creo que sigue hasta Veracruz. Sé que este barco lo hundieron los alemanes de regreso.

Después mi abuelo se estableció en Puebla durante un tiempo, llega solo y no tenía


dinero para conseguir que mi abuela viniese. Tiene amigos, por ejemplo está Pere
Calders, Josep Carner, Tisner, Miquel Ferrer, Abelard Tona, están toda una serie de
amigos de mi abuelo y creemos que entre ellos se van ayudando un poco.

Mientras, mi madre regresa con


mi abuela y mi tío a Gavá
cuando las cosas se tranquilizan
un poco. La familia de mi
abuela hace gestiones, le
preparan la casa para que
regrese y como era a mi abuelo
a quien perseguían y ya no está,
pues mi abuela puede regresar
con sus hijos.

Campo de Barcarés

Me explicaba mi mamá y mi abuela también que ellos hacen el viaje de regreso en tren
y llegan a la estación de tren de Gavá, la estación está llena de guardias civiles y mi
mamá que es muy pequeña en ese momento, tendría unos 5 años, se gira hacia mi
abuela y le dice en voz alta: “mama, mama, aquests son els fachas que han matat al
pare”, hablando de los guardias civiles y mi abuelo además no estaba muerto y claro, mi
abuela espantadísima, tenía miedo de que la pudiesen oír y de que acabasen todos en la
cárcel por rojos.

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¿Cuánto tiempo se quedan ellos ahí?

Ellos se quedan si no me equivoco hasta el 44, mi abuelo es el que los recupera, les
envía unos boletos. Salen también en barco desde Barcelona, en un barco que no iba a
México porque obviamente España y México no tenían relaciones. Es un barco que va a
Cuba. En la Habana un amigo de mi abuelo los está esperando y de ahí si no me
equivoco tomaron un avión a México.

¿Tu abuelo estaba en relación con la gente del partido aquí en Cataluña cuando
estaba allá o dejó la política?

Él continuo en la política, continúa en Opció Catalana y continúo publicando,


escribiendo, él estuvo dentro del núcleo fuerte de catalanes en México. Claro que pese
a todos los esfuerzos que pudieran hacer los exiliados, era una cosa más bien
testimonial, el gobierno del exilio era una cosa más bien testimonial.

Continuó en la política de la
manera en que se podía,
promoviendo la cultura
catalana en México,
participando en las revistas
en catalán, mantuvo
contactos con gente de aquí.
Y de hecho tan pronto como
pudo regresó a Cataluña y se
reincorporó a la política. Y
esto hay que decirlo, lo
explicaba mi familia, él
nunca acabó de estar del
todo contento en México.
Así como mi abuela sí se
adaptó muy bien, mi abuelo
no, y de hecho cuando mi
abuelo quiso volver aquí, mi
abuela nunca estuvo
demasiado de acuerdo.

Trasatlántico Normandie

¿En qué año vuelven?

Vuelven en el 66 mis abuelos con mi tío Jordi, que tendría para aquel entonces unos 17
años. De hecho Pere Calders que ya había vuelto a Barcelona fue quien lo animó a
volver, le consigue trabajo en la Editorial Montaner i Simón, que es dónde él trabajaba
en aquel momento.

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¿Cuándo tus abuelos regresan tu mamá se casa,
no?

De hecho cuando mis abuelos regresan mi mamá


ya tendrá unos 5 o 6 años de casada, yo nací al año
siguiente de que mis abuelos hubiesen regresado,
es cuando la familia queda dividida. Mi tío Martí
está casado con una mexicana y se queda y mi
mamá está también casada con un mexicano y pues
también se queda.

Recuerdo cuando tenía 8 o 9 años que mis abuelos


venían durante largas temporadas y se quedaban
con nosotros, venían a visitar a la familia y es
cuando yo empiezo a tener contacto con ellos, a
escuchar todas las historias.

Revista Pont Blau

Mi abuela era una gran conversadora, mi abuelo sabía mucho y pues todo este tema de
Cataluña, todo lo que estaba pasando del otro lado del Atlántico contado de viva voz,
claro para nosotros que éramos pequeñitos era una cosa como un poco mítica ¿no? Era
donde vivían los abuelos y por lo menos la mitad de nuestros orígenes.

¿En qué escuela estudio tu madre?

Mi madre estudió en el Madrid, de hecho era una de las pocas escuelas que por ser de
exiliados podían estudiar niños sin papeles porque mi abuelo cuando llegó, al principio,
estaban sin permiso de residencia, esto fue una cosa que mi abuela siempre sufrió
mucho.

Entonces por un lado el Madrid era el colegio de los republicanos y era donde podían
estar porque se hacían un poco de la vista gorda. De ahí mi mamá estudió en una prepa
nocturna porque trabajaba y después entró a estudiar economía en la UNAM.

¿Tú y tu hermano a qué colegio fueron?

Mi hermano y yo fuimos al Albatros aunque nos hubiera gustado al Vives o al Madrid,


pero no nos tocó.

Para ti ¿qué ha significado ser un hijo de exiliados?

¿Qué ha significado? es complejo. Para nosotros era primero, un cierto motivo de


orgullo ¿no? La figura de mi abuelo, sobre todo cuando éramos muy pequeños, era
siempre una figura que tuvo defectos como todas las personas, pero fue una persona
bastante honesta, bastante aferrada a sus ideas, habló desde el punto de vista político e
ideológico, fue una persona muy consecuente con sus ideas, muy firme y para nosotros
era un motivo de orgullo.

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De hecho esto también ha marcado nuestra manera de ser y nuestra ideología. Nosotros
yo creo, mi hermano y yo seguimos siendo republicanos aunque este nombre ya pueda
tener hoy unas connotaciones bien extrañas, pero bueno nos seguimos considerando de
izquierda, que es importante.

Y también quizá, había una sensación un poco de ser distintos, que es una cosa más
interior que no propia de la vida diaria, porque siempre nos considerábamos mexicanos
y más cuando vivíamos allá, pero había este origen que además era un origen muy
próximo.

Cuando eres pequeño y oyes


que tu mamá habla catalán
con su familia y que algunas
veces se dirige a ti en
catalán pues claro da una
sensación también de tener,
aunque sea sólo un dedito,
pero es la sensación de tener
un dedo en otro mundo.

Y para nosotros pues es


inevitable, forma parte de
nuestra personalidad, de lo
que hemos aprendido de
nuestro entorno. Más allá de
que evidentemente acabas
compartiendo el círculo de
amistades de tus padres, es
inevitable que toda esta idea
de los catalanes, de los
republicanos, del exilio
estuviese relacionada de
alguna manera con nuestras
vidas, es una cosa que desde
pequeños siempre
escuchamos, en muchas de
las comidas cuando venían
amigos, siempre aparecía
esta idea del exilio, de la
República.
Libro “Fidelitat a un poble”

Obviamente desde pequeñitos, aun sin entender demasiado, nos sentíamos


exacerbadamente antifranquistas, sólo teníamos cinco años pero para nosotros Franco
era un dictador, un cabrón, era todo, esto es una cosa que teníamos tremendamente
imbuida ¿no?

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¿Hace cuánto tiempo que estás aquí?

Este año creo que ya cumplí más años en Cataluña que en México, yo estuve en México
hasta los 18 años, estuve un año en Estados Unidos y ahora llevó 21 años aquí.

¿La idea que tú tenías, que te habían contado de Cataluña difiere de la Cataluña
que conoces cuando llegas?

Sí era un poco distinto, también un poco por la transición, que los años setentas fue una
época muy politizada, yo tenía la idea de Cataluña a partir de la información que me
llegaba por mi abuelo, por las revistas que traía, llevaba revistas de Cataluña hacia allá,
me acuerdo que en esa época la revista que más o menos todo el mundo leía era Cambio
16 y mi abuelo estaba suscrito, llegaba también El País y después el Avui.

En este sentido, por los registros que me llegaban, yo tenía la idea de una Cataluña, de
una España muy politizada y obviamente pues a mí me fascinaba un poco lo que veía.

Además México, quizá hasta mediados de los años setentas, era un país muy bonito para
vivir pero después comenzaron las sucesivas crisis. México había sido un centro cultural
pero cuando llegó el neoliberalismo se acabó, de hecho yo creo que se vivió un poco
una sensación de
decadencia y en ese
entonces pues empezaba
a idealizar Barcelona.

Logo PSAN

Cuando llegué no puedo negar que me gustó, además llegué a la escuela Massana que
era un ambiente realmente muy bonito y encontré gente con la que comulgué bastante.
En aquel momento, en Barcelona había bastante movimiento cultural, que era lo que a
mí me interesaba, las artes plásticas, se ve que se invertía mucho dinero y había bastante
entusiasmo.

Además la Ciudad estaba viviendo un buen momento, sin embargo encontré que la
sociedad era más frívola de lo que yo me pensaba y eso que fue hace 20 años, porque si
lo comparas con ahora, bueno es impresionante, pero ya desde aquel momento empecé a
notar esta frivolización de la sociedad que pues ahora es tremenda.

Del momento que llegaste al momento en el que estamos ¿cómo crees y en qué
crees que ha cambiado Barcelona?

De una manera imperceptible pero se nota, Barcelona cuando yo llegué se podía ver que
había vivido un cierto crecimiento económico, ya había mucha gente que podía tener un
cierto status económico y lo que ha pasado es que eso se ha acentuado, la gente tiene
más dinero, consume más y ¿qué pasa? Pues esto tiene su reverso negativo, la gente se
ha despolitizado, quizá se ha hecho más individualista, se han invertido los valores.

Recuerdo una anécdota, hace unos años vino mi primo Jaime aquí a visitarnos y nos
paseábamos por Portal del Ángel y claro aquello estaba lleno de gente con sus bolsas,
comprando y Jaime dijo “es increíble, en Barcelona todo los fines de semana parece que

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sea Navidad” porque realmente es un rasgo muy notorio de Barcelona, que se ha vuelto
una ciudad consumista, una sociedad materialista y quizá más frívola de lo que ya era
hace 20 años.

También eso es una opinión subjetiva porque obviamente cuando yo llegué yo miraba
esta ciudad con los ojos de una persona que tenía 18 años y ahora lo veo con los ojos de
una persona que tiene 40 años, que tiene una mujer y unos hijos y obviamente pues no
sólo la ciudad ha cambiado sino que también he cambiado yo.

¿Te has acercado en algún momento o has intentado formar parte de algún partido
político o de algún sindicato?

De hecho soy de comisiones obreras, cuando quise


formar parte de un partido no pude hacerlo porque
estaba aquí sin la nacionalidad porque vine como
mexicano y me quedé así hasta el 93 o 94. Y
después cuando podría haberlo hecho ya mis
intereses estaban por otros lados, entonces no,
nunca llegué a militar formalmente. Yo siempre he
votado por Iniciativa, de la misma manera que
todos en mi familia votan por Ezquerra
Republicana.

Josep Soler Vidal

¿Te reconocen como hijo de exiliados?

Sí a veces, pasa una cosa bien curiosa, cuando yo estaba aquí como mexicano que iba
con el permiso de trabajo, era un extranjero, en cambio cuando voy con mi DNI
entonces soy hijo de exiliados. Parece una tontería pero se da esta distinción. Así
funcionan los mecanismos de exclusión, son mecanismos inconscientes muchas veces,
pero es decir, es más allá del punto de vista legal que adquieres un status superior, desde
un punto de vista social las cosas cambian. Sólo si lo has vivido lo entiendes.

¿Pero sigues siendo el mexicano?

También depende del contexto ¿no? porque esto ya se ha estudiado mucho, las
identidades son flexibles, es decir en determinados contextos sigo siendo mexicano y en
determinados contextos no. También si no lo digo la gente no se da cuenta, si estoy en
un contexto en donde solamente hablo catalán mucha gente ni se da cuenta. A veces soy
mexicano, a veces soy hijo de exiliado, a veces simplemente español y a veces catalán,
es decir, la identidad se articula y además esto del exilio cada vez queda más lejos.

¿Qué piensas sobre lo que se está haciendo de la memoria histórica?

A mí me parece bien que se intente recuperar la memoria histórica, por supuesto, lo que
yo creo es que se ha sido bastante tibio y se tenía que haber sido mucho más radical.
Hay cosas que por esta voluntad de consenso aún no está claro si se reconocen o no,
como los usos del franquismo, que yo creo que es una barbaridad o el que se quiera

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tratar por igual a todas las supuestas victimas de la Guerra Civil. Además si todo esto se
hace en desconexión de la sociedad poco vamos a lograr.

Por ejemplo, ayer estaba leyendo un artículo de otro hijo de exiliados, Jordi Soler y él
explicaba, -que hay que tomar con reservas- que cuando él iba a Francia a las escuelas a
promocionar su libro, veía que los niños franceses sabían más de la República que los
niños españoles.

En la escuela no se explica o no se da suficiente importancia a lo que representó el


período de la República en España y en el fondo la base de nuestra democracia viene de
este período, es decir, lo que se restituyó es el orden de cosas anterior al franquismo es
decir la República, es una cosa que no tenemos que olvidar.

Si no se da a la República el lugar que tiene que tener en este país pues vamos muy mal
¿no? Y cada vez esto se trata menos, es un tema que por esta especie de voluntad
revisionista que se ha traído
gracias a todo este tiempo
que ha estado gobernando
aquí la derecha y a toda la
influencia que la derecha
española sigue teniendo en
este país y estos exabruptos
de los obispos pues lo
demuestran ¿no?

Los abuelos de Eduardo

Parece como si la República fuese un período del que da vergüenza hablar, entonces si
toda esta voluntad de despertar la memoria histórica no tiene una verdadera voluntad de
permear toda la sociedad pues vamos mal.

No solamente se trata, que me parece muy bien, de intentar reconocer todo lo que
sucedió en su momento, intentar reivindicar la memoria de las personas que sufrieron
por esto, sino que todo esto tiene que venir de la mano de un verdadero interés por
defender, digamos, de reivindicar el papel de la República en las propias escuelas, en los
medios de comunicación, en la sociedad al fin y al cabo.

Como durante mucho tiempo, hablo de Cataluña, ha habido un gobierno de derechas, el


exilio siempre fue una cosa que no les ha hecho mucha gracia, digamos que para el
Pujolismo, todo este tema del exilio, bueno sí, era parte de Cataluña y tal, pero nunca
les acabó de hacer demasiada gracia.

Y ahora que hay un gobierno de izquierdas, tienen tantos problemas peleándose entre
ellos, que tampoco se acuerdan mucho, ¿no? Bueno se ha hecho alguna cosa, alguna
exposición, se ha intentado reivindicar un poquito más, pero yo creo que ni a la
República ni al exilio se les ha hecho la suficiente justicia.

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