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Ángel Messeguer

Peypoch
Ángel Messeguer Peypoch va néixer a
Mèxic Districte Federal, fill d'aragonès i
catalana.

El seu pare va ser Ángel Messeguer Villoro


-aragonès- i la seva mare és Joaquima
Peypoch Mani -catalana-.

El pare d'Ángel, es va allistar de voluntari


en l'exèrcit republicà, va ser ferit i es va
traslladar a Barcelona a viure amb un
germà que treballava en la Generalitat.
Ambdós germans estaven afiliats a
Esquerra Republicana de Catalunya i quan
va acabar la guerra es van exiliar a França.
Van ser internats en un camp de
concentració i als pocs mesos es van
embarcar a Mèxic.

La família materna era de la burgesia catalana, l'avi Ramon va ser una persona de
formació catòlica, molt catalanista i afiliat al partit Acció Republicana; durant la
República va ser secretari del partit i director del periòdic La Publicitat que era el
portaveu del partit. Després de la guerra els avis materns van sortir cap a França amb els
seus fills. Quan van arribar els alemanys, l'àvia atemorida va demanar sortir cap a altre
país i en l'any 42 van decidir marxar-se a Mèxic.

Els pares de Angel es van conèixer en el Orfeó Català en la ciutat de Mèxic i es van
casar.

Ángel va anar al Colegio Williams i al CUM, els seus pares van tornar amb la família a
Barcelona el 1964.

Ángel Messeguer Peypoch nació en México Distrito Federal, hijo de aragonés y


catalana.

Su padre fue Ángel Messeguer Villoro -aragonés- y su madre es Joaquima Peypoch


Mani -catalana-.

El padre de Ángel, se alistó de voluntario en el ejército republicano, lo hirieron y se


trasladó a Barcelona a vivir con un hermano que trabajaba en la Generalitat. Ambos
hermanos estaban afiliados a Esquerra Republicana de Catalunya y cuando acabó la
guerra se exiliaron a Francia. Fueron internados en un campo de concentración y a los
pocos meses se embarcaron a México.

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La familia materna era de la burguesía catalana, el abuelo Ramon fue una persona de
formación católica, muy catalanista y afiliado al partido Acció Republicana; durante la
República fue secretario del partido y director del periódico La Publicitat que era el
portavoz del partido. Después de la guerra los abuelos maternos salieron hacia
Francia con sus hijos. Cuando llegaron los alemanes, la abuela atemorizada pidió salir
hacia otro país y en el año 42 decidieron marcharse a México.

Los padres de Angel se conocieron en el Orfeó Català en la ciudad de México y se


casaron.

Ángel fue al Colegio Williams y al CUM, sus padres volvieron con la familia a
Barcelona en 1964.

Entrevista
¿Me puedes contar de tus abuelos? ¿De dónde eran? ¿Cómo vivían aquí en
España?

Mi abuelo paterno era ebanista y aunque vivió algunos años en Barcelona, la mayor
parte de su vida la vivió en pueblos que se conocen como la Franja, pueblos de la zona
de Teruel lindantes con Cataluña. Allí nació mi padre, Ángel, en Mazaleón, que está en
la parte de Teruel, mi abuelo también era de ahí y mi abuela de la Fresneda, otro pueblo
de la zona.

¿Me puedes explicar cómo vivían tus abuelos en la República y en la guerra, si


estuvieron implicados?

Mis abuelos, en la guerra, en el tiempo de la República lo pasaron en Mora d´Ebre, un


pueblo de la provincia de Tarragona, ahí nació el tercer hermano, el más joven, que era
pintor, Benito. Y ahí estuvieron la mayor parte de la guerra, hasta donde yo sé, pasando
toda clase de privaciones, típico en la España de aquellos años.

Mi padre se apuntó de voluntario al Ejercito de la República y le hirieron pronto, una


herida muy superficial pero que le permitió venir a Barcelona como herido de guerra y
pasar el resto de la guerra en Barcelona junto con su hermano mayor, mi tío Francisco
Messeguer, que tenía un empleo en la Generalitat.

Cuando acaba la guerra mi padre y su hermano mayor pasan a Francia y están en un


campo de concentración en la frontera. Fueron pocos meses, pero el recuerdo que le
quedó a mi padre de ese tiempo y del trato de las autoridades francesas fue muy amargo
y nunca lo olvidó. Luego, de las primeras oportunidades que tienen se van a México,
llegan en uno de los primeros barcos, no me acuerdo si en el Mexique o en el Sinaia, en
el 39.

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Mis abuelos por parte de padre, se quedan aquí, se trasladan a vivir unos años a
Barcelona, pero sin ningún tipo de actuación política.

¿Tu padre estaba en algún partido?

Sí, tanto él como el hermano mayor se apuntan a Esquerra Republicana, aunque no sé


exactamente desde cuándo. Pero mis abuelos no tenían ninguna actuación, eran de
origen muy humilde, de pueblo pequeño.

En el 45 se casan mis padres y es entonces cuando llaman a mis abuelos para vivir ya
todos en México, junto con el hijo pequeño, Benito. En esos años que pasan, del 39 al
45, mi padre y mi tío empiezan a establecerse en el negocio de los muebles, con fábricas
y con tiendas, así fueron esos años.

¿Y por parte de tu madre?

La historia de la familia de mi madre es distinta pues pertenece a la burguesía de


Barcelona, aunque no a la gran burguesía. Mi madre se llama Joaquina Peypoch. Mi
abuelo, por parte de madre, tiene la
carrera de perito químico y entonces
conoce a mi abuela, se establecen y
comienza a trabajar en una fábrica, a
dirigir una fábrica de la familia de mi
abuela.

El padre de mi abuela era también


ebanista aquí en Barcelona, tenía
parientes que estaban bien acomodados y
tenían una fábrica de productos derivados
de hule y caucho, mi abuelo empieza a
trabajar en esa fábrica y llega a ser
director técnico. Tiene una posición
relativamente acomodada, es decir, un
buen sueldo, vivía en la calle Valencia,
sin embargo la cuestión es que mi abuelo
sí se mete en política. Él es una persona
de formación católica, muy catalanista y
se inscribe en el partido que se llamó
Acció Republicana nació, me parece que
a principios de los años 20, como una
escisión de un partido típico de la
derecha catalana de entonces, la Lliga
Regionalista.

Los padres de Angel, Joaquima y Angel

Mi abuelo fue secretario del partido y director del periódico La Publicitat que era la voz
del partido. Y tiene incluso, durante la República, tiene algún papel político, de segunda
fila pero político, de manera que cuando termina la guerra, ellos tienen que marcharse,

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si no a mi abuelo seguramente le hubieran prendido y bueno en esa época hubiera
acabado como Carrasco i Formiguera o como otros, incluso lo hubieran podido llevar
ante un tribunal y condenarlo.

Ellos pasan a Francia, mis abuelos con los tres hijos, (mi madre y los dos hermanos) y
viven 3 años en Francia, hasta el año 42. La aproximación de los alemanes atemoriza
bastante a mi abuela, más que a mi abuelo y deciden marcharse a México, ahí refundan
su vida. Van a parar a México capital porque ahí había familias conocidas de ellos. Mi
madre debe llegar a los 17 años y a los 20 se casa con mi padre, se conocen en el Orfeó
Català.

¿Cómo viven tus padres y tus abuelos el exilio en México?

Los recuerdos de mi padre eran bastante duros por la situación en la que tuvieron que
salir de Cataluña y la que vivieron en Francia. Algo parecido ocurriría con mi madre,
aunque su estancia en Francia
no fue tan dura.

Ya en México, desde que


tengo conciencia, las familias
tanto de mi padre como de mi
madre estaban establecidas y
yo me encuentro siendo el
mayor de mis hermanos. Tuve
una educación familiar normal
para la época, correcta y muy
agradable. Y todo eso hace
que en esos años, sin dejar de
considerar las añoranzas y el
deseo de regresar algún día a
Cataluña tan pronto lo
permitiera la situación política,
crecí en un hogar típicamente
catalán.

Sin embargo, fuera de casa y


del ambiente del Orfeó Català,
la familia vivía también un
ambiente mexicano. Una
constante dicotomía, pero que
siempre he considerado
positiva.
Peródico La Publicitat

¿Se hablaba del exilio en casa?

Mucho. Desde pequeño lo recuerdo, en cualquier celebración familiar o de amigos de la


familia. Incluso por Navidad se terminaba hablando de la situación política española del
momento (la famosa predicción de “este año sí que caerá el régimen franquista”).

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Las trifulcas que podía haber entre políticos en el exilio en México y los hechos de la
guerra eran una constante en la conversación, porque también considerando los orígenes
de mi familia, era lógico que se perteneciera a familias políticas distintas y aun
contrapuestas, por ejemplo desde el punto de vista religioso. Todo ello daba lugar a
discusiones, a veces enconadas.

Por otra parte, en un plano más sentimental, me crearon una idea de lo que era Cataluña,
que yo creo que en cierto modo la ponían en una nube, porque luego, cuando venimos a
vivir aquí, te das cuenta que no es todo como te lo contaban.

¿Qué sentías tú cuando hablaban de esas cosas?

Bueno para mí lo catalán era algo muy habitual y positivo, no lo español, en eso tengo
que ser muy claro. Por otro lado, lo mexicano también era habitual y positivo. Yo me
sentía muy ligado a México en todos los aspectos, pero todo lo catalán me era
completamente familiar. Se me hablaba de Barcelona por ejemplo, de sus calles, sus
plazas, sus alrededores, de la familia que teníamos allí, de los pueblos de donde era
originario mi padre, etc., o sea que para mí empezó a ser algo cada vez más próximo, a
la vez que despertaba
curiosidad por
conocerlo.

¿Fuiste a la escuela en
México?

Sí, hasta la secundaria


en el Colegio Williams
y la preparatoria la hice
en el CUM. No estuve
en ninguna escuela de
exiliados ni de
refugiados; es más, el
colegio Madrid era
nuestro rival habitual,
éramos vecinos.
Campo de concentración francés

En todo caso, me enorgullezco de haber recibido toda la educación de un colegio en


México.
Anecdóticamente, escuchar la misma historia del siglo XIX mexicana en voz de un
profesor liberal en el Williams y posteriormente de un marista en el CUM, fue para
nosotros una experiencia riquísima de formación personal. Algo impensable de vivir en
la España de entonces.

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A la gente que estudió en escuelas como el Madrid, les pregunto si ellos veían
diferente a la gente o si la gente los veía diferente, es tu caso, ¿a ti te veían
diferente?

Bueno, sí me veían diferente, en cierto modo siempre hubo, y entre niños aún más, esta
crueldad en comentarios, pues en determinados momentos de alguna bronca yo era el
gachupín del grupo, grupo por cierto entrañable que aún conservo.

Por tanto, sí sentí esa diferencia. En casa se hablaba una lengua que yo no hablaba con
ellos. Cuando venía un amigo a casa y oía a mi madre y a mí hablando catalán, pues se
producía una situación algo chocante, ¿no?.

Además, teníamos costumbres familiares distintas, por lo que yo trataba de compaginar


estos mundos. La inmensa mayoría de las veces lo hacía muy bien, pero sí que noté en
cierto modo algo de diferencia, no era tan aceptado como mis compañeros.

¿Tus padres tenían vida política?

Por lo que recuerdo, diría que no. Mi padre tenía sus creencias, su ideología, pero no la
ejercía. En el caso de mi abuelo materno, Ramón Peypoch, él siguió llevando una cierta
actividad política desde el exilio, pero desde el punto de vista de un partido como el de
él, es decir, un partido elitista, minoritario, de influencia muy catalana y él lleva una
parte del mismo durante toda su vida activa, incluso en los años que pasa en México.
Pero va decayendo esta actividad porque decayeron la de todos y no era un partido que
tuviera tanta base como la tuvieron los comunistas o la propia Esquerra, en donde había
más militantes.

Acció Catalana Republicana era un partido pequeño, de la derecha centrista, lo que sería
hoy parte de Convergencia pero con gente más bien ilustrada. Mi abuelo se carteaba con
intelectuales, con políticos y recibía en su casa invitados que sabíamos que estaban
perseguidos por la dictadura franquista.

¿Hasta qué edad viviste en México?

Hasta los 17, terminé la preparatoria en México y entré a la Universidad en Barcelona.

¿Cómo fue el regreso?

El regreso fue para mis padres. Yo diría que mi madre fue la promotora, como sucedió
en otras familias, quizá pensando en los hijos, en la cuestión familiar, de que si nos
quedábamos más tiempo sería muy difícil desligarnos después del país.

Mi padre también la acompañó en la decisión, pero su adaptación aquí fue mucho más
difícil. Romper el contacto con su círculo de amistades a una edad en que es más
complicado rehacer uno nuevo. Hubo momentos en que él hubiera preferido regresar a
México, pero al cabo de poco tiempo se normalizó la situación y en general ambos
estuvieron contentos de la decisión que habían tomado.

Por mi parte, y en esto tengo que diferenciarlo de ellos, mi venida aquí fue conflictiva
de entrada. Dejaba novia, amigos mexicanos, amigos del ambiente catalán, etc. No

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obstante, la adaptación me costó mucho menos de lo que yo pensaba. En la Barcelona
de entonces, en lo más íntimo, más familiar, encontré una realidad más próxima, no
tanta dicotomía como vivía en México dependiendo del momento y de quien me
rodeaba.

Ahora bien, el choque fuerte fue la universidad. En aquellos primeros años viví una
situación dura, que dolía y sin comparación alguna con la que hubiera vivido en la
UNAM en México. La Universidad de Barcelona era, como todas las otras españolas,
una universidad oscurantista, cerrada, regida por autoridades de talante fascistoide,
deprimente en muchos aspectos.

Este ambiente me marcó, sin tener que ser un revolucionario, sino simplemente por
haber mamado en
México la libertad y tener
que aguantar
humillaciones. A lo que
hay que añadir las
continuas noticias de
compañeros detenidos,
torturados o expulsados.
En eso sí tuve un choque
muy fuerte, me costó
mucho encontrar
amistades y nunca me
sentí a gusto en aquellas
aulas y laboratorios.

Ángel con su hermana

Era un reflejo más de los efectos de la dictadura franquista aquí en Cataluña y era un
choque para alguien que había vivido su infancia como yo, un choque ideológico, de
costumbres democráticas, de falta de libertades y en este caso más acusado por añadirse
el problema catalán. La suerte fue que el ámbito familiar y el sentimiento progresivo de
pertenencia a un país, me llegó a compensar la desilusión de la vida universitaria.

¿Qué pensabas de Cataluña y de los catalanes?

En general me acomodé y me aclimaté muy bien y vi, que cuando estaba en casa tenía
un ambiente y cuando estaba en la universidad y con los amigos, pues era lo mismo, no
había desdoblamientos. Al contrario de la vida en México, podía hablar la misma lengua
en todas partes.

No obstante, insisto que me costó mucho entrar y comprender la mentalidad de muchos


de mis compañeros que habían crecido en ese ambiente, con esa mentalidad y con la
escasa oportunidad de conocer otros mundos. Afortunadamente, el paso de los años
ayudó a cambiar esta situación de manera radical.

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¿Tenías aquí vida política?

Hasta donde pude, porque yo cursé mis estudios en la universidad como extranjero y
tenía el riesgo, confirmado en una visita a comisaría, de que me expulsaran del país.
Asistía a asambleas, frecuenté algún círculo catalanista, pero no tuve ninguna actuación
política concreta, cosa que por cierto he mantenido hasta el presente.

De hecho lo que yo quise hacer lo he hecho desde el punto de vista de la sociedad civil,
sí que he tenido actuaciones, bueno, he estado seis años y ahora acabo, como presidente
de la Sociedad Catalana de Química, que es una filial del Instituto de Estudis Catalans y
esto implica una manera de pensar muy clara. Pero siempre desde el punto de vista de la
sociedad civil digamos.

Vi aquello de cómo funcionaba un partido, de que si el partido dice que hay que hacerlo
así, hay que hacerlo y yo dije no, no tenía ese temperamento, yo usaría mi criterio, y
cuando me gustara lo haría y cuando no, no. No servía para estar en un partido, renuncie
sin duda, para tener más libertad personal.

¿Qué es lo que más valoras más de tu vida en Cataluña? Un balance desde que
llegaste hasta ahora.

Bueno, valoro muchas cosas. El haber


tenido una familia en el sentido amplio de
la palabra, que he tenido la suerte de
tenerla, la que tuve de mi sangre y la que he
creado. El hecho, no sé, de poder vivir en
un sitio donde me he sentido muy
integrado, muy identificado y he podido
desarrollar mi actividad y mi vida de una
manera satisfactoria.

También valoro mucho la gran suerte de


llegar aquí, tras haber crecido y haber sido
educado en México. El hecho de haber
vivido como hijo del exilio me supuso
formación, adquirir madurez, criterio y
haber aprendido desde muy pronto el querer
vivir en libertad. En este sentido, y creo que
comparto esta opinión con otros amigos y
conocidos hijos de exiliados, tuvimos la
suerte de disfrutar de una infancia y una
adolescencia entrañables en México.

Ángel y sus hermanos

¿Te fue fácil conseguir trabajo?

Digamos que no, pero sí tuve el apoyo familiar, porque el integrarme en la investigación
científica en la Cataluña de finales de los 70 tenía sus dificultades. Tuve la suerte de
haber tenido unos estudios y una especialidad en Barcelona que me permitió realizar un

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doctorado en el prestigioso instituto donde posteriormente pude encarrilar mi carrera
profesional, tras una etapa posdoctoral en los Estados Unidos.

¿Estás en contacto con otra gente como tú que haya venido de México?

Sí, al principio, uno trata de establecer relación con los que provenían de situaciones
personales similares. Luego, con el tiempo, entré en contacto con otros amigos y
compañeros exiliados que también habían venido a vivir aquí y con los cuales, por
afinidades personales, hemos llegado a consolidar una amistad que ya existía en
México. Tengo amigos mexicanos, hijos de exiliados como yo, pero también disfruto de
una muy buena amistad con gente mexicana sin ninguna relación con el exilio.

Ahora tienes tu familia.

Sí, digamos que el acervo que recibí lo he tratado de transmitir a mis hijos, con mayor o
menor éxito, pero por lo que respecta al sentimiento de catalanidad, me siento
satisfecho, si bien también les he querido transmitir mis sentimientos para con México y
mis años pasados en aquel país.

Ha habido dos tipos de gente que han regresado, los de antes de Franco y los de
después. ¿Coincides en que ha sido más fácil integrarse para los primeros y que a
los segundos les ha costado más?

Nosotros vinimos (porque


los que regresaron fueron
nuestros padres), en un
momento en el que había una
situación política cerrada y
oscurantista, en una sociedad
que todavía pasaba penurias
económicas o de limitación
importante de sus libertades.
No obstante, había también
una esperanza incipiente de
que todo esto cambiaría, que
acabaría cristalizando un
potencial de prosperidad
general del país. Nosotros lo
pudimos vivir y aprovechar.

Colegio Williams

Ahora bien, el contingente que ha venido recientemente se ha encontrado con un país


más de niveles europeos y esta situación tiene sus ventajas e inconvenientes. Creo que
el poder desenvolverse en España, las cuestiones laboral y de encaje en la sociedad,
pueden ser más difíciles que hace unos años.

En nuestro caso, pudimos en general llevar una vida satisfactoria dada las condiciones
de la España de los 70, existían unas potencialidades distintas a las que han surgido con
posterioridad. Lo mismo que los exiliados que llegaron a México en los años 40, y

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encontraron un país donde estaba mucho por hacer, mucho más abierto a posibilidades
muy diversas. Los que han ido a México en los 90 ya no han encontrado las mismas
condiciones. Creo que hay un cierto paralelismo entre las dos situaciones.

¿Qué piensas de la memoria histórica? ¿Crees que es importante que se haga?

Hombre sí, es decir, para mí es un derecho absoluto, yo que formo parte de ella, el haber
vivido las consecuencias de lo que pasó y aunque haya tenido una infancia feliz, pues
no olvido cosas que viví o que me contaron, de gente que tuvo que marcharse del país.

Yo no conocí los campos de concentración en Francia pero mi padre y mi tío me


abundaron sobre ello y se ha escrito bastante sobre lo que llegaron a pasar y luego sobre
todo, los que se quedaron.

Se habla de que la represión más brutal en tiempos de paz que ha habido en Europa ha
sido la española, la franquista, sobre los que se quedaron y en todos los aspectos. Todas
las demás represiones han sido en época de guerra, quizá no se cuenta lo que hizo
Stalin, pero de Europa occidental sin duda es España.

En cambio, en casos igualmente brutales, ha habido ejercicios de arrepentimiento o de


reconocimiento de lo que se había cometido, ejemplos como los de Alemania o incluso
Argentina, y yo creo que es una vergüenza que en España no haya habido un
pronunciamiento claro y una reivindicación de este tema y de lo que significó.

La familia en Acapulco

Durante el desarrollo de la Guerra Civil hubo barbaridades y atrocidades tanto de un


lado como de otro, aunque en un caso es claro que fueron los militares los que se
rebelaron contra un gobierno establecido, es decir fueron unos golpistas, por lo tanto
moralmente ya no tienen la misma calificación ética. Y cuando se acaba la guerra, la
represión es terrible.

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El padre de mi propia cuñada, un hombre humilde de la provincia de Ciudad Real con
siete hermanos, se acaba la guerra en abril y en noviembre le fusilan sin más, por ser
hermano de quien es y hay una carta terrible de despedida, terrible por penosa, escrita
de la noche anterior. Cuando la lees te das cuenta hasta qué punto hubo una represión
indiscriminada, absurda y criminal por parte de los vencedores.

Por lo tanto yo creo que es un ejercicio de cinismo muy importante el tratar de pasar la
hoja, es decir, perdonar o no perdonar, yo creo que es un asunto personal, pero olvidar
no. Los hechos tienen que ser lo que son y es vergonzante por parte del Estado, de unos
y de otros, que se escudan en la prudencia política, yo creo que se deben explicar las
cosas.

Y por parte de la iglesia, esto vaya, ¡esto ya es para mí!…, no sé sobre qué base moral
pueden predicar, esto ha sido otra de las cosas muy desilusionantes.

Creo que en este sentido sí que soy beligerante, en el derecho a la memoria histórica y a
la reivindicación,
incluso a los juicios
que hubieran tenido
que ser, porque fue
indiscriminada,
salvaje y terrible la
represión en la
posguerra. Una vez
acabado el conflicto,
había unos claros
vencedores y lo que
siguieron haciendo
durante los años
posteriores, hasta
avanzados, y que
acaba con los
fusilamientos de
1975, te explica qué
tipo de sujeto era no
sólo el que mandaba,
sino todos lo que le
rodeaban.
La abuela de Angel y la madre de Jordi Salvat

O sea que en eso yo creo que no he cambiado, ni creo que cambie. Una cosa es la
utilización política de unos y otros, que yo creo que la bandera de la memoria histórica
tiene que ser llevada de un modo muy amplio, a mí, que lo lleven representantes que en
otro tiempo fueron destacados miembros del PSUC tampoco creo que son los más
indicados para hablar sólo ellos de victimismo ¿no? Todo el mundo tendría, digamos,
que sacar sus trapos sucios, pero hay diferencias y para mí son muy claras ¿qué pasó
durante la guerra? y ¿qué pasó después de la guerra?.

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¿Tú crees que el gobierno ha hecho algo por los exiliados?

Así como ha sido fácil y ha tenido un cierto reconocimiento la labor de los exiliados,
intelectuales, profesionales, que pudieron regresar a Cataluña y pudieron rehacer su
vida, creo que no se debe pasar por alto lo que ha sucedido con la siguiente generación,
la generación de los hijos de exiliados que por circunstancias familiares, o las que
fueran, han construido su vida aquí, no en México, y cómo han contribuido con su
carrera profesional, política, intelectual, etc., al desarrollo de la sociedad catalana en la
que han vivido.

Por otra parte, se debe hacer énfasis en la gratitud a México, sin duda, dado que somos
como sus hijos adoptivos. Gracias a lo que pudieron hacer nuestros padres en México,
al ambiente, a la acogida recibida, al poder desenvolverse y crear familias y adquirir
posiciones económicas satisfactorias. Gracias a todo eso y al país y a los gobernantes
que lo hicieron posible, nosotros tuvimos una infancia y una educación que sin duda
desgraciadamente mucha gente aquí no pudo tener.

¿Qué ha significado para ti o qué ha influido en tu vida el ser hijo de exiliados?

Es una pregunta difícil porque digamos, yo diría que en México en aquel tiempo ser hijo
de exiliados para mí fue una fortuna. ¿Por qué? porque pude disfrutar de una infancia
feliz, en un país donde me pude educar de una forma muy abierta, donde pude conocer
muchos contrastes y desde este punto de vista, el exilio, que se puede considerar para
mucha gente, una situación negativa o penosa o dolorosa, en mi caso no lo fue nunca.

¿Aquí ser hijo de exiliado? pues yo no creo que haya influido aquí porque de hecho yo
digamos no he ejercido de hijo de exiliados, ni lo he asumido, ni mucha gente se lo
imagina.

¿Pero ha influido en la forma en que has llevado tu vida?

Hombre, claro, ha sido determinante en el sentido de que te comunica una ideología. Yo,
el haber nacido en México, haber pasado 17 años en un país acogedor, en un país que te
da toda una cultura, toda una formación. Es decir, estoy muy agradecido con el país y
me siento muy bien en México, lo quiero mucho, pero vaya soy catalán, me siento
catalán. Y si me siento catalán supongo que es porque todo aquello influyó en mi
manera de ser, quisiera o no. Yo me eduqué en un ambiente de esta naturaleza, vine para
acá, pude establecerme aquí y por lo tanto en este sentido me ha influido.

¿En mi forma de ser? Hombre claro, el haber nacido y oído, yo que era una persona,
pues por ser el mayor de la familia o lo que fuera, pero con apego a escuchar
conversaciones, a interesarme por la política, por la cultura, por estas cosas.

Pues claro, el hecho de saber qué significa una República, una dictadura, una guerra
civil o el concepto de nación en cuanto a Cataluña, el contraste con una nación como la
de México, es claro, te condiciona tu manera de ser. El respeto por un sistema
democrático lo he tenido siempre y hay una serie de valores que yo creo que te
infunden, incluso en aspectos religiosos ¿no?.

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Y siempre lo digo, que esto se lo debo a haber nacido y haberme educado en aquel
doble ambiente, con todas las ventajas de uno y del otro, y con muchas más ventajas
que inconvenientes.

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