Está en la página 1de 7

Arte y Óptica: la luz de todos los días, reinterpretada

Enclavado en la avenida Arequipa se encuentra un edificio discorde con la arquitectura de los

institutos, negocios con salida a la calle y demás establecimientos adyacentes, cuya sobriedad

contrasta con el movimiento frenético de las cousters por ganar pasajeros y que alberga una serie

de elementos que, como el edificio mismo, difícilmente serían comprendidos por cualquier

transeúnte que no pueda dedicar un tiempo considerable a explorar sus significados. Se trata de la

sede de la Fundación Telefónica, que suele albergar muestras cuya temática esté relacionada al arte

y la tecnología, además de contar con una mediateca dedicada al tema de las telecomunicaciones,

tanto en el Perú como en el mundo.

La muestra Arte y Óptica: la velocidad de las comunicaciones se encuentra en exhibición desde el 10

de mayo en el Espacio de la Fundación Telefónica, y su curador es el inglés Sean Cubitt, quien es

profesor de Cine y Televisión en la Universidad de Londres y tiene una importante trayectoria en la

investigación de los medios, su relación con el arte y la filosofía, la estética digital, la pantalla y la

transformación del espacio público y los efectos ambientales de los medios digitales, entre otras

áreas. Él explica en la sumilla de la muestra que los artistas en exhibición tratan el tema de la luz

con relación a su experiencia ante ella.

Así, se explica que la luz fue uno de los primeros elementos que los seres humanos, en los albores

de

la

civilización,

reconocieron

como esencial

para

la

vida

y

la comprensión

del mundo;

paradójicamente, también fue una de las primeras tecnologías que desarrolló. Actualmente, la luz

no solo es calor o guía, sino también parte esencial en la infraestructura de los elementos que

permiten las formas de comunicación que conocemos actualmente, como las pantallas de

televisión o la fibra ópitca.

En cierta manera, la evolución humana ha consistido en el dominio del ser humano sobre los

diversos elementos que la naturaleza le presentó desde su creación: el agua, la vegetación, y ahora

la luz. Esto se conecta con el arte de la manera que lo entiende el curador: “El orden es una lucha

sin fin entre la entropía y el fascismo, muy poco orden y demasiado orden. Y este es el terreno del

arte: caminar por caminos irregulares para examinar nuestras taxonomías no examinadas, enturbiar

las aguas cristalinas y escoger entre ellas nuevas formas de organizar el mundo”, lo que se relaciona

con una de las características del arte contemporáneo: la deconstrucción y reconstrucción de

símbolos para crear nuevos significados en un mundo en constante cambio.

La muestra se desarrolla en las salas 1 y 2 del Espacio. La primera es un ambiente bastante amplio

de forma rectangular con una pared que sirve de separador en la mitad de la sala, dividiéndola en

dos áreas rectangulares para aprovechar mejor la superficie. La segunda es una sala más pequeña,

a la que se puede acceder tanto desde la Sala 1 como desde el hall principal. Tiene una pared de

vidrio que te hace sentir como dentro de un mostrador. La única obra que se mostraba ahí dentro

era Nascent, de Gina Czarnecki, una obra de videoarte que mostraba los cuerpos de unos

danzantes unidos unos con otros mediante una edición bastante particular.

A decir verdad, algunas de las obras presentadas me parecieron totalmente alejadas del tema,

como el video So much I want to say de Mona Hatoum. Se trataba de varias imágenes de una mujer

amordazada y un audio de fondo que repetía “So much I want to say” incesantemente. Si bien

entendí el sentimiento de desesperación de la autora por el contexto en el que lo realizó (no podía

comunicarse con su familia en el Medio Oriente debido a la guerra) no sé de qué manera eso se

podría relacionar a la óptica. Quizás se deba a que mi apreciación de esta ciencia se acerque más a

un concepto de física y electricidad, y por ello esperaba ver un poco más de relevancia en la luz y

su transmisión, y ese video en blanco y negro me parecía un intruso en la muestra (que quizás

había sido incluido por la relevancia en el arte contemporáneo de la autora, pero de todas maneras

me parecía completamente fuera de lugar). Asimismo, El Blériot de Acevedo en el Bío-Bío me

pareció totalmente incomprensible, y no tenía idea de qué papel jugaban allí ni la luz ni los

extraños símbolos colocados en la parte superior de los lienzos colgados a lo largo de la pared.

Por un lado, creo que mi falta de acercamiento a las manifestaciones más contemporáneas de arte

me impide entender por completo muestras como esta. Me es mucho más fácil y cómodo

interpretar símbolos de un autor que trabaja con un canon y busca ser entendido que los de uno

que se esfuerza demasiado en buscar una trama narrativa complicada y llena de formas que solo él

mismo o una crítica muy especializada podría entender. Sin embargo, me pareció muy interesante

poder detenerme en unas piezas dentro de la muestra que sí guardaban cierta coherencia con lo

que el curador explicaba sobre ella.

La primera de las que me llamó la atención recibe el nombre de Ambiguous Icon #5 (Running

Falling) de Jim Campbell. Campbell participa en exposiciones de arte desde 1990, pero su

formación hace pensar que eso no era lo que originalmente tenía en mente hacer, puesto que

estudió Ingeniería Electrónica y Matemáticas en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Sin

embargo, ha sabido aprovechar sus conocimientos en manejo de materiales electrónicos para sus

obras,

habiendo

empezado

con

la

realización

cinemátográfica,

y

ahora

trabajando

compuestas de luces LED en múltiples presentaciones.

piezas

y ahora trabajando compuestas de luces LED en múltiples presentaciones. piezas Running Falling . Detalle.

Running Falling. Detalle.

Running Falling consiste en una parrilla de luces LED de color rojo sobre una motherboard (objeto

plano que sirve para integrar circuitos eléctricos, muy común en el interior de las computadoras) de

color negro, puesta sobre la pared. Los diodos de luz se prenden, atenúan su luz o se apagan, unos

en tiempos diferentes que otros.

Esta sucesión de luces sigue una lógica: si se observa con cuidado, los límites de las zonas

sombreadas muestran a un individuo corriendo y cayéndose repetidamente. En la página web del

artista hay un video donde se muestra que si se pone un vidrio a unos centímetros de las luces,

estas se difuminan y apreciar la forma es mucho más fácil.

estas se difuminan y apreciar la forma es mucho más fácil. Fotogramas de Running Falling .
estas se difuminan y apreciar la forma es mucho más fácil. Fotogramas de Running Falling .

Fotogramas de Running Falling. Se muestra al individuo corriendo (1), en el suelo (2), levantándose (3) y corriendo otra vez (4).

En realidad, las luces en sí mismas no dicen nada: es nuestra forma de procesar esos estímulos

visuales que podemos interpretar lo que el conjunto de diodos y sus diversos niveles de

luminosidad nos quieren decir. Se trata de una analogía con nuestra forma de comunicarnos a raíz

de la inmersión de las nuevas tecnologías en nuestras vidas: quienes estén acostumbrados a

obervar las formas en las que se presenta la luz podrán entenderlo con más claridad.

Además, como todo mensaje, no se puede entender si solo se ve uno de los elementos que lo

componen, sino el contexto en general, y esto contemplando los aspectos de tiempo y espacio,

que son precisamente aquellos donde la luz se manifiesta físicamente. El uso de las luces como

transmisoras de mensajes no es nuevo: ya hace mucho tiempo que se usaban a través del fuego

para denotar peligro o alguna advertencia. Sin embargo, el avance de la tecnología ha permitido

que estas señales lumínicas se trasladen al terreno de la comunicación de masas, siendo su uso

esencial para el funcionamiento de computadoras y demás artículos electrónicos.

Ya había salido de las salas de exhibición con la idea de trabajar como segundo objeto una cajita

con diodos que se activaban rítmicamente gracias a un panel solar ubicado debajo de la luz de una

lámpara, cuando pude ver un extraño matamoscas luminoso pegado en la pared, con un cartelito

debajo que lo explicaba. Se trataba, curiosamente, de otra obra del artista que hizo la cajita con

diodos, y recibía por nombre Milagros y flores cuánticas. El personal de la galería me orientó hacia

una parte de la mediateca donde se mostraba un video que narraba visualmente cómo estos

matamoscas habían sido ubicados en los jardines de la Fundación Telefónica mientras que el autor,

Francesco Mariotti, explicaba el sentido de estos extraños objetos.

Los “matamilagros”, como los llamaba el autor, estaban compuestos por dos matamoscas, uno

grande y otro de tamaño reducido, ambos con una figura de una mosca en la parte inferior central

de la parte que aplasta a los insectos. Ambos matamoscas están unidos por un tubo de PVC en la

base. En el matamoscas grande hay un exvoto, también llamado “milagro” (pequeño objeto de

metal

que

se

usa

como

ofrenda

religiosa),

y

en

el

pequeño

unos

diodos

de

luz.

Estos

“matamilagros” están ubicados alrededor de las palmeras del jardín de la fundación, y al

encenderse los diodos se iluminaba la base de los árboles.

encenderse los diodos se iluminaba la base de los árboles. “Matamilagro” colgado en la pared. Parte

“Matamilagro” colgado en la pared. Parte de la muestra Milagros y flores cuánticas.

El autor, Francesco Mariotti, estuvo interesado en las relaciones entre arte, naturaleza y tecnología

desde la época en la que estudiaba arte (primero en la École des Beaux Arts de París y luego en la

Academia de Bellas Artes de Hamburgo), y esta instalación parece ser una muestra más de ello.

Como explica en el video, la idea del matamilagros es representar la evolución de las nuevas

tecnologías: se trata, en cierta forma, de hacer un homenaje a la luz natural de las luciérnagas,

cuyas luces son reemplazadas en el contexto urbano. Mientras que las luciérnagas solían ser

consideradas un espectáculo agradable y sorprendente que surgía por la necesidad de estos

insectos de irradiar luz para encontrarse y continuar con su ciclo vital, en la actualidad la luz está

presente en todos lados: autos, casas, calles (incluso la gente misma, con sus celulares, es capaz de

irradiar luz dondequiera que vaya), y por esto podemos hablar de la muerte del milagro de la luz.

Las nuevas tecnologías, entonces, han destruido la magia de la naturaleza.

entonces, han destruido la magia de la naturaleza. “Matamilagros” colocados en los exteriores de la

“Matamilagros” colocados en los exteriores de la Fundación Telefónica. 7 pm.

Algo que puedo concluir de esta muestra es que la luz es ahora omnipresente

en nuestra vida

cotidiana. Pasamos de una época en la que su hallazgo y control era considerado un evento

magnífico a algo que pasa todos los días, y que se manipula mediante herramientas tecnológicas

que están al alcance de cada uno. Hemos pasado de ser seres que esperan la llegada de la luz

como revelación divina a ser quienes la fabricamos por nosotros mismos: la idea de la luz está

relacionada a un concepto teológico muy fuerte, que es el del hallazgo del ser superior. Ahora Dios

ha muerto, como diría Nietzsche, ahora el Dios somos todos y todos podemos crear luz. El arte de

su manifestación está en encontrar esta relación y de darle un sentido a aquella tecnología que

está tan presente en nuestras vidas, para no olvidar su importancia dentro de nuestra historia y

cómo hemos llegado a configurar nuestra sociedad en torno a ella.