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¿Es el artículo científico un fraude?

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Peter Medawar
Prólogo del traductorii Hoy el artículo científico se ha consolidado como el producto por excelencia del quehacer científico y sin embargo a veces parece darse una importancia menor a la forma que este ha tomado a lo largo del tiempo, el porqué se escribe y estructura de determinada manera, qué se esconde ahí. Claro que hay una justificación detrás de esta particularidad y, de hecho, se ha estudiado al interior de la academia sin que a la postre hoy podamos ver un cambio significativo en su forma general. Cuando Peter Medawar dictó esta conferencia en 1.960 durante la recepción del premio nobel en Medicina, presentaba el problema del artículo científico. Para él este era un escrito que no reflejaba el proceso real tras el descubrimiento científico –diríamos hoy, de la fabricación del hecho científico. Lo que me llevó a realizar esta traducción es el hecho de que no pude ubicar la traducción al idioma español y al mismo tiempo el discurso es citado en algunos escritos de acceso público que precisamente se refieren a la escritura científica. Realizando una búsqueda sencilla en Google, se cita una y otra vez a Medawar para decir: “está mal o bien el artículo en primera persona”, “la estructura no es tan rígida” o “hay ciertas reglas que refleja la escritura científica que…”, y cosas por el estilo, pero nadie en este espacio libre que es Internet elaboró una traducción del texto al español. Quise facilitar este texto traducido para aquel lector que no tragó entero lo que alguien recomendó, o que no cuenta con el tiempo o el conocimiento para una traducción propia, para que pueda hacerse una idea por sí mismo sobre lo que Medawar estaba diciendo.

¿Es el artículo científico un fraude?
Cuando me refiero al título elegido de mi exposición ¿es el artículo científico un fraude? debo explicar cómo un escrito científico se transformó de una comunicación impresa a una revista arbitrada, y cómo los científicos lograron que su trabajo fuera conocido, al menos ahora a través de artículos y no a través de libros, porque además hoy los artículos son muy importantes en la comunicación científica. En cuanto a qué significa la pregunta “¿Es el artículo científico un

fraude?” por supuesto que no me refiero a “el artículo científico distorsiona los hechos”, y tampoco, a que las interpretaciones que ustedes encuentran en un artículo científico están erradas y se hayan planteado deliberadamente erradas. Me refiero a que el artículo científico puede ser un fraude debido a que representa erróneamente el proceso que acompañó o dio lugar al trabajo que está descrito en el texto. Esta es la cuestión y diré anticipadamente que mi respuesta a la pregunta principal es “sí”. El artículo científico en la forma ortodoxa encarna una concepción completamente equivocada, incluso farsante, de la naturaleza del pensamiento científico. Sólo consideremos por un momento la forma tradicional de un artículo científico (incidentalmente, esta es una forma en la que los editores mismos suelen insistir). La estructura de un artículo científico en las ciencias biológicas suele tener esta estructura. Primero, hay una sección llamada la “Introducción”, en la cual el científico simplemente describe el campo general en el que su talento está siendo ejercido, seguido por una sección llamada “antecedentes” en la cual él concede, más o menos de forma atractiva, que otros sólo fueron a tientas en la búsqueda de las verdades fundamentales que el científico va a exponer. Después la sección “métodos” está bien. En seguida, la sección llamada “resultados”, que consiste en un conjunto de información factual. Esta información no permite soportar un proceso de discusión sobre el significado de los resultados que se encuentran consignados en el texto.. El científico tiene que pretender que su mente es, por decirlo así, un recipiente virgen, un recipiente limpio, para que la información fluya en él desde el mundo externo sin razón mientras al mismo tiempo es descubierto. Al final, se reserva la evaluación de la evidencia científica hasta la sección “discusión”, y en la discusión adopta la pretensión absurda de preguntarse a sí mismo sobre si la información que ha recogido tiene algún significado; o también se pregunta sí alguna verdad general emergerá de la contemplación de toda la evidencia que ya se publicitó en la sección llamada “resultados”. Por supuesto, lo que estoy tratando de decir es una exageración, pero hay más que un mero elemento de verdad en lo que estoy diciendo. La concepción que subyace a este estilo de escritura científica es el descubrimiento científico como un proceso inductivo. Lo que implica la inducción en su forma más cruda es más o menos esto: que un descubrimiento científico, o la formulación de una teoría científica, comienza con evidencia limpia y aislada de los sentidos. Se inicia con la simple observación –observación simple, imparcial, libre de pre-

juicios, ingenua o inocente- y fuera de esta evidencia sensorial, aislada en la forma de proposiciones simples o declaraciones de hecho, crecerá y tomará forma el descubrimiento científico, casi como si un proceso de cristalización o condensación se hubiera tomado lugar. Fuera del cúmulo desordenado de hechos, existe una concepción ordenada del descubrimiento científico en la cual la iniciativa proviene de la evidencia limpia de los sentidos que era principalmente el trabajo de un sabio, pero en este contexto, yo creo, de un hombre equivocado –John Stuart Mill. John Stuart Mill observó, como por supuesto otros habían observado antes de él, incluido Bacon, que la deducción en sí misma es débil como método de descubrimiento científico –y por esta simple razón: el proceso de deducción como tal sólo descubre, trae a la luz, hace explícita información que ya está presente en los axiomas o premisas desde los cuales el proceso de deducción mismo es iniciado. El proceso de deducción no nos revela nada excepto la debilidad oculta de nuestra propia mente. Stuart Mill creía que la inducción era el método de la ciencia –“una gran operación mental,” como él la llamaba, “la operación de descubrimiento y comprobación de proposiciones generales.” Y alrededor de esta concepción creció una lógica inductiva cuyo propósito era “proveer reglas en la cuales al conformar argumentos inductivos, aquellos argumentos resultaban concluyentes.” Ahora, la profunda motivación de John Stuart Mill era conseguir que eso, que él había concebido como el método esencial de la ciencia, fuera aplicable al método de la solución de problemas sociológicos: él quiso aplicar a la sociología los métodos que en la práctica de la ciencia han mostrado ser inmensamente poderosos y exactos. Es irónico como la aplicación a la sociología del método inductivo, más o menos en la forma en que Mill mismo la concibió, habría sido casi enteramente infructuosa. La aplicación simple del proceso de inducción propuesto por Mill a la sociología vino en un movimiento más bien extraño llamado la observación de masas. La creencia subyacente a la observación de masas era aparentemente esta: si uno pudiera únicamente registrar y sentar los hechos actuales en bruto acerca de qué hace la gente y qué dicen en los bares, en los trenes, cuándo se aman unos a otros, cuándo juegan, y mucho más; entonces, a partir de esta información podría emerger inevitablemente una gran generalización. Bueno, siendo puntual, nada importante ha emergido de este planteamiento, a no ser que alguien se me haya escapado. Yo creo que los pioneros de la observación de masas fueron los ornitólogos. Ciertamente ellos fueron observadores –fueron

aplicando a la sociología los métodos que tanto daño habían hecho a la ornitología. La teoría subyacente al método inductivo no puede ser sustentada. Permítanme presentar tres buenas razones del porqué no. En primer lugar, el punto de partida de la inducción, la observación desinteresada o la observación inocente, es una mera ficción filosófica. Esto no es algo así como una observación libre de prejuicios. Cada acto de observación que hacemos está viciado. Lo que vemos o sentimos está en función de lo qué hemos visto o sentido en el pasado. El segundo punto es este: El descubrimiento científico o la formulación de una idea científica por un lado, y la demostración o prueba por el otro, son nociones enteramente diferentes, y Mill confundió esto. Mill dijo que la inducción era la “operación de descubrimiento y verificación de proposiciones generales”, como si en un acto la mente pudiera realizar ambas tareas. Por otro lado, descubrir y probar pueden depender del mismo acto de la mente, y la deducción puede hacerlo. Cuando damos rienda suelta al proceso de deducción –por ejemplo en la deducción de un teorema a partir de los postulados o axiomas euclidianos- el teorema contiene el descubrimiento (o más exactamente, lo que está visible de algo que fue parte de los postulados y axiomas, aunque estos no fueran evidentes actualmente) y el proceso de deducción en sí mismo, si este ha sido llevado a cabo correctamente, es también la prueba de que el “descubrimiento” es válido, es lógicamente correcto. Así, en el proceso de deducción descubrir y probar pueden depender del mismo proceso. Pero en la actividad científica ellos no son la misma cosa –ellos son, en definitiva, actos totalmente separados de la mente. Pero la objeción fundamental es esta (tercera y última). Es simple: no es lógicamente posible llegar con certeza a alguna generalización que contenga más información que la suma de las partes sobre las cuales la generalización se fundó, del entramado que fundó ésta generalización ¿Cómo puede un mero acto de de la mente guiar el descubrimiento de nueva información? Esto negaría una ley tan fundamental como la ley de la conservación de la materia: esto violaría la ley de la conservación de la información. Al ver todas estas objeciones, difícilmente sorprende lo que, Bertrand Russell en una famosa nota escrita dentro de su “Principios de las matemáticas” de 1903, debió decir que tan lejos como el pudo ver, la inducción era un mero método para crear suposiciones plausibles. Y nuestra más grandiosa moderna autoridad

en la naturaleza del método científico, el profesor Karl Popper, no ha usado para la inducción todo esto: él considera que el proceso inductivo en el pensamiento es un mito. “No hay necesidad aún de mencionar la inducción,” dijo él en ese gran tratado que es la lógica del descubrimiento científico –aunque, por supuesto que sí lo dijo. Ahora, déjenme que vuelva sobre los artículos científicos. Lo que está mal con la forma tradicional de los artículos científicos simplemente es esto: que todo el trabajo científico de carácter experimental o exploratorio comienza con alguna expectativa sobre el resultado de la investigación y esta rige su forma actual. Es a luz de las expectativas que algunas observaciones son sostenidas como relevantes y otras no; que algunos métodos son elegidos, otros descartados; y que algunos experimentos se realizan en lugar de otros. Es solamente a la luz de esta expectativa previa, que las actividades de los informes científicos registradas en los artículos científicos, realmente no tienen ningún sentido en absoluto. Las hipótesis surgen por conjeturas. Poniéndolo en su forma más cruda. Yo debería decir algo como “que ellas surgen de la inspiración”; pero en cada caso las hipótesis se originan por procesos que forman parte de la psicología del sujeto y no precisamente de la lógica; para los científicos no es lógicamente un método muy riguroso de elaboración de hipótesis. Este es un error vulgar cometido a menudo para decir que se “deducen” hipótesis. En realidad uno no deduce una hipótesis: las hipótesis son lo que uno deduce de las cosas. Entonces la formulación actual de una hipótesis es: de carácter Inspiracional. Pero las hipótesis pueden ser probadas rigurosamente –estas son probadas en el experimento, entendiendo la palabra “experimento” en el sentido más general como un acto desarrollado para probar una hipótesis, es decir, para probar las consecuencias deductivas de la hipótesis-. Si, de alguna manera, tenemos que alguien formula una hipótesis, esta persona podría deducir de ella ciertas consecuencias que son predicciones o declaraciones sobre lo que será, o lo que no, según sea el caso. Sí estas predicciones y declaraciones dan lugar a errores entonces la hipótesis debería ser rechazada o al menos modificada. Sí de otra forma tenemos que las predicciones resultan ser correctas, entonces la hipótesis ha resistido un juicio y se mantiene sujeta a comprobación en adelante. Pienso que esta formulación ilustra muy bien la distinción entre el descubrimiento o la formulación de una idea científica o generalización, con un grado mayor o menor de trabajo de inspiración o imaginación, y la prueba o más bien la prueba de la hipótesis, que es estrictamente un proceso lógico y riguroso, basado en argumentos deductivos.

Esta interpretación alternativa sobre la naturaleza del proceso científico, de la naturaleza del método científico, que es algunas veces llamada interpretación “hipotética-deductiva”, es el punto de vista con el cual el profesor Karl Popper en la Lógica del descubrimiento científico- nos ha persuadido como la interpretación correcta. Para dar crédito aún cuándo el crédito es seguramente dudoso, lo adecuado es decir que el primer científico profesional en expresar una opinión plenamente razonable sobre la manera como los científicos piensan y de dónde vienen sus descubrimientos científicos es William Whewell, un geólogo, y además Magister del Cambridge Trinity College, él también es la primera persona en formular la interpretación hipotético-deductiva en la actividad científica. Whetwell, como su contemporáneo Mill, escribió largo y tendido –hoy en día uno se inclina a pensar que “innecesariamente largo y tendido”- y no voy a recapitular este argumento, pero con una o dos citaciones haré que la esencia de este pensamiento sea clara. El dijo “Un arte de descubrimiento no es posible. No podemos dar reglas para la búsqueda de la verdad que debe ser universal y perentoriamente aplicable.” Y sobre la hipótesis, él dijo con gran osadía –por qué es osado, lo explicaré en un momento- “la habilidad de concebir hipótesis, lejos de iniciar con una falla de carácter intelectual de algo descubierto, es la facultad indispensable para realizar la tarea.” Yo dije que esto era osado por causa de que, la palabra “hipótesis” y la concepción que esta presenta, es al menos desacreditable. Las hipótesis tenían un gusto cercano a lo que ellos consideraban arbitrario o irresponsable. El gran Newton, ustedes recordarán, había desaprobado las hipótesis cuando dijo: “Hypotheses non fingo,”iii, y esta es otra versión que circula: “hyphotheses non sequor”iv –yo no persigo hipótesis. Pero volvamos una vez más al artículo científico: el artículo científico es un fraude en el sentido que presenta una narrativa engañosa acerca del proceso de pensamiento involucrado en el descubrimiento científico. El formato inductivo del artículo científico debería ser descartado. La discusión sobre el artículo científico tradicional seguramente debería comenzar desde el principio. Los hechos científicos y los actos científicos deben seguir a la discusión, y los científicos no deberían avergonzarse al admitir, como aparentemente muchas veces se avergüenzan de admitir, que las hipótesis aparecen en sus mentes encaminadas a través de diversas vías de pensamiento; que tienen un carácter imaginativo e inspiracional; que estas hipótesis son de hecho, aventuras de la mente. ¿Después de todo, cuál es el bien de científicos reprochando a otros por

su negligencia, o indiferencia, hacia el estilo científico de pensamiento que los lleva a establecer de manera tan importante tales reservas, si de hecho sus propios escritos muestran que ellos mismos no tienen un entendimiento claro sobre el tema? De todas maneras, yo practico lo que predico. Lo que he dicho, acerca de la naturaleza del descubrimiento científico, se puede considerar en sí mismo una hipótesis, y la hipótesis proviene de donde pienso debería ser, esto es, del comienzo de una serie. Ponentes posteriores proveerán los hechos con los que se podrá probar y evaluar esta hipótesis, y pienso que se encontrarán –espero que lo puedan encontrar- la evidencia que ellos producirán acerca de la naturaleza del descubrimiento científico la cual confirmará lo que he dicho.

Notas:
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Traducción del artículo Is the scientific paper a fraud? de Peter Medawar. Texto consultado en:

Medawar, P. B.: “Is The Scientific Paper a Fraud? Experiment: A Series of Scientific Case”, publicado en: “Histories First Broadcast in the BBC Third Programme, David Edge, editor. London: British. Broadcasting Corporation, 1964, pp. 7-13.”

Prologo del traductor Fernán Orjuela Carvajal, Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Correo-e: forjuelac@unal.edu.co iii en latín: “No compongo <<una>> hipótesis.” iv en latín: “No sigo <<una>> hipótesis.”
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