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Prudencia II

Fecha Viernes, 17 abril a las 00:15:00


Tema Opinión

Opinión

Michael A. Galascio Sánchez (*)

• En psicología, la memoria, es el almacenamiento de la información aprendida y la


capacidad para recordar aquello que debe ser guardado. Se ha hipotetizado que
ocurren tres procesos en la acción de “recordar”. La percepción y registro de un
estímulo; mantenimiento temporal de la percepción o “memoria a corto plazo”; y
almacenamiento duradero de la percepción o “memoria a largo plazo”

Existen numerosos rasgos, elementos o cualidades que conforman la


“Prudencia”. ¿Quién de nosotros, no se ha topado con algún individuo
impulsivo? Suelen ser molestos, crean turbulencia, provocan la
imprecisión y cuando esa impulsividad es aguda, derivan en el
histrionismo más corrosivo.

En ésta línea, existen ocho dimensiones fundamentales, que considero


componen la Prudencia.

El primer rasgo que deseo analizar es la memoria. El estudio de la memoria se puede


rastrear hasta Platón y Aristóteles. La metáfora de Platón para la memoria la comparó a
la impresión hecha por un sello en la cera, idea que se ha sostenido en la historia de la
psicología. Por otro lado, la diferenciación de Aristóteles entre la memoria y el
recuerdo, tiene un paralelismo a lo que hoy conocemos como “memoria corta” y
“memoria a largo plazo”. Aunque se han ofrecido muchas otras explicaciones sobre el
concepto de memoria a lo largo de la historia, pasarían otros mil quinientos años hasta
que métodos rigurosos de investigación, fueran utilizados en el estudio de la misma. El
primer uso del método científico, con la lógica utilización de controles experimentales
meticulosos y análisis estadísticos en el estudio de la memoria, se acredita al psicólogo
alemán Hermann Ebbinghaus.

Hoy día, el significado de “memoria” no ha variado mucho, considerándose como la


facultad de retener y recordar experiencias pasadas. [1] Es la capacidad de almacenar y
acceder a información que ha sido adquirida a través de la experiencia. La memoria es
sin duda, un componente de prácticamente todos los aspectos del pensamiento humano,
incluyendo la percepción, aprendizaje, lenguaje y solución de problemas. [2] Pero, si la
memoria significa todo esto, ¿cuál es su contrario? Tal vez, la imaginación, siendo ésta
la facultad de representarnos el futuro. En ésta línea, memoria como “la fidelidad de los
recuerdos” e imaginación “como invención de sucesos”.

En psicología, la memoria, es el almacenamiento de la información aprendida y la


capacidad para recordar aquello que debe ser guardado. Se ha hipotetizado que ocurren
tres procesos en la acción de “recordar”. La percepción y registro de un estímulo;
mantenimiento temporal de la percepción o “memoria a corto plazo”; y almacenamiento
duradero de la percepción o “memoria a largo plazo”. Existen dos tipos reconocidos de
“memoria a largo plazo”, que son la memoria procesal, implicando recordar las
destrezas aprendidas y la “memoria declarativa”, que es el recuerdo de un estímulo
específico. Para que la memoria a largo plazo pueda darse, debe existir un período de
consolidación de la información [3]

En el “Ensayo Original sobre la Memoria”, ésta, es conceptualizada como la facultad de


la mente para recibir y atesorar imágenes de ideas, de aquellas cosas que de alguna
manera, han atraído nuestra atención. Es el depósito general de lo que hemos visto y
oído, pensado y experimentado; - el gran almacén de lo bueno y malo –de lo útil y lo
perjudicial- del veneno y la medicina- de esas cosas que deterioran, y aquellas, que
mejoran y elevan el carácter humano. Una memoria de gran capacidad es una bendición
o una maldición para el individuo que la posee, y también, para aquellos que están
dentro de la esfera de su influencia; ya que puede contener materiales amplios, que
tienden directamente a depravar el corazón; o los que, bajo bendición divina, actúan
como medicina en esa depravación, gradualmente disminuyendo su fuerza y virulencia,
y nunca dejando de actuar, hasta que el veneno moral se expulsa enteramente, y el alma
entera es santificada con la creencia y la operación interna de la verdad. [4] En ésta
línea, hay una frase de William Shakespeare, que dice: “la memoria es el centinela del
cerebro”.

Marius D’ Affigny en 1706, en su libro “The Art of Memory, realiza una analogía entre
la Trinidad descrita por los cristianos (Padre, hijo y Espíritu Santo) y el alma humana,
que según él, tiene tres facultades vitales (Conocimiento, voluntad y memoria). En
cierto modo, tiene su lógica utilizar una analogía de tal magnitud, ya que significa que
el autor concede una gran importancia a los que considera, los tres elementos
fundamentales del “Alma Humana” y por tanto, del “Hombre”.

Se intuye, que la memoria al registrar todos los acontecimientos sucedidos, es


instrumento esencial para valorar posibles eventos que puedan ocurrir en el futuro y
servirnos de guía para prevenirnos de aquellos que puedan ser adversos. A la proyección
derivada de éste análisis, muchos consultores-gurús le llaman “prospectiva”, y por esto,
cobran mucho dinero. No obstante, este análisis nos refleja que antes de entrar en la
“prospectiva” debe haber una “mirada retrospectiva”, al pasado. Para profundizar más
sobre esta cuestión, es aconsejable leer “Materia y Memoria” de Henri Bergson, cuya
tesis sobre la memoria es expresada de la siguiente manera: “La memoria es la
expresión de la duración en el orden del conocimiento: lo pasado perdura realmente en
ella. Por eso la memoria tiene más ser que materia inconsciente, que se desvanece en
una renovación discontinua de instantes que no puede retener por la continuidad del
recuerdo. La materia no recuerda y tal vez, por esta razón, no es”. Quizás aquí, pueda
estar la posible explicación de “la fragilidad de la memoria”, sobre todo, colectiva (del
pueblo).

Deseo citar un pequeño pasaje del libro “An Essay Concerning Human Understanding”
con el que me topé por casualidad. En esta obra de 1806, John Locke considera “la
memoria” como una dimensión de la “Retención”. “La otra manera de retención, es el
poder de restablecer otra vez en nuestras mentes esas ideas, que después de imprimir
han desaparecido, o haber estado como si fuera puesta, a un lado fuera de lucha; y
hacemos así, cuando concebimos calor o la luz, amargo o dulce, el objeto que es
quitado. Ésta es la memoria, que es como si fuera el almacén de nuestras ideas”.

En esta línea, y regresando a la “prudencia”, como elemento esencial en la


supervivencia del ser humano, podríamos deducir, por ejemplo, que el “político
prudente”, como diría Leibniz, es aquel considerado como diametralmente opuesto, a
una “mens momentanea”. Pues en teoría, tiene gran capacidad de memoria y
experiencia heredada del pasado, que le permite liderar a una sociedad, a pesar de las
subversiones del orden social y los obstáculos que los aliados y adversarios puedan
presentarle.

Finalmente, según profundizo en el concepto de la “prudencia”, me hago más


consciente de la importancia de los elementos o rasgos que la componen y que están ahí,
sin que nosotros le demos a estos instrumentos, la importancia que merecen. En la
próxima intervención, repasaré el valor de la “intuición”, como otro de los rasgos
esenciales de la Prudencia.

[1] Memory, (n.d.). (2007) The American Heritage Dictionary of the English Language,
Fourth Edition

[2] Memory. (n.d.). (2005) McGraw-Hill Encyclopedia of Science and Technology.

[3] Memory. (n.d.). (2003) The Columbia Electronic Encyclopedia, Sixth Edition.

[4] Stanley, J.: (1824) Original Essay on Memory. N. Lomas, 25, Castle-Street, and all
other booksellers. London. Páginas 8-9

(*) Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Psicología de la Salud y Clínica