rockstar!

julio prado

Mick Jagger Ana empezó a llorar masticando palabras perdidas entre el ruido no logré entender si decía que yo era un hijo de puta o que dios nos amaba lo cierto es que ese era el restaurante donde solía terminar con mis mujeres servían hamburguesas con sabor a mierda ninguna podría culparme de joderle con un mal recuerdo su comida favorita Apenas probó sus papas seguía llorando demonios, pensé aquí vamos otra vez vos tenés una maña de creerte superior pero sólo es una muestra de que sos un perfecto imbécil ¿te creés especial? sos una mierda un maldito insensible un egoísta tenés el corazón seco sos igual de pura mierda que todos los hombres yo estaba absolutamente fascinado por la forma en que sus ojos eran iluminados por la luz blanca eran una mezcla de ego dolido incredulidad y rabia eran dos perros muriéndose de ganas de arrancarme los testículos volteé hacia otra mesa

y una pareja me miraba de la misma manera me fui de allí con la mirada del gerente vigilándome las arrugas se le dibujaban en su prolongada frente joder pensé esta mujer está equivocada yo soy el único sensato que visita estos sitios la próxima vez que termine con alguien lo haré por correo

Led Zeppellin Sentado hoy en la barra del bar, echándole un vistazo al escote de la mesera sabiéndome sólo, profundamente sólo, he descubierto mientras el güisqui frío destila una cascada que cae desde mi garganta hacia mi pecho, que mi vida es un caballo brutal, hermoso y negro, con la crin brillante, al que me subí ignorando todo sobre equitación, y en un acto de necedad inigualable, le introduje ambas espuelas en los costados Cabalgamos, mi potro y yo Siento su aliento expulsado como vapor del hocico Es un espectáculo hermoso atestiguar desde su lomo este paseo hacia el final del hipódromo donde al llegar al final de la pista cuando se callen los vítores y las porras seremos nada mi caballo y yo Nuestros nombres serán un largo silencio no seremos el recuerdo de ninguna mujer con la ropa húmeda de lágrimas no nos echarán de menos en ninguna almohada Y si a pesar de todo, algún necio quisiera recordar nuestra nariz o nuestro hocico o nuestras estúpidas palabras, demandamos que sea con una estatua ecuestre erigida en una buena plaza Pero mientras eso sucede, pediré otro güisqui, brindaré por la muerte, conquistaré a la mesera y la llevaré al auto, donde intentaré asesinar con un grito,

el orgasmo más salvaje de mi vida

Beck Hansen La sombra de un pájaro seguida de su graznido fue lo que me despertó La figura negra se movía por mi balcón Tomé el reloj me enteré de la hora eran las diez de la mañana de un domingo de adviento. Alcancé el vaso que había dejado a medias la noche anterior y bebí un trago. El güisqui me supo a fuego encendiéndome en llamas. Fui al baño tenía una cara terrible había algo en mí ese día que advertía mi estado Me lavé la cara Volví a la cama me introduje entre las sábanas. El pájaro emprendió el vuelo. Por las tardes sobre mi casa sobrevuela una bandada de pericas que no suenan a pericas Suenan como cuervos Mis pericas no saben ser tropicales Tomé más güisqui qué importaba yo ya era una antorcha. Pensé en comer, pero desistí Hay días en los que masticar es un ejercicio necio Tanto como escribir Escribir es masticar el universo para poder digerirlo Hay domingos

en los que quisiera que el universo no se masticara quisiera bebérmelo como un güisqui en el desayuno como una llama encendida en la longitud del esófago Voy a escribir cosas tristes para mandar abrazos a todas partes Hoy demostraré que la tristeza es una pista de baile donde todos nos movemos. Mi jefe, mi padre y sobre todo mi madre. Si me dejan, puedo demostrar que el mar es tan sólo un puñado de lágrimas colmado de peces. Hoy tengo ganas de ir a la playa para ver como desemboco en las aguas.

Tom Waits Dos borrachos desdentados sentados al final de la barra me observan y se divierten tienen dos esferas oscuras por ojos, sólo permiten el brillo rojizo de la sangre es la mirada de un muerto es el resplandor ausente de las lágrimas retenidas sus cadáveres son viscosidad que envuelve los lóbulos en la opacidad de una película plástica se susurran mis miserias los he escuchado le recitan al mundo entero la recopilación de mis fracasos gritan los nombres de quienes me hicieron daño vocean mis derrotas brindan por eso alzan sus copas con las manos sucias llenas de grasa espantan a las moscas que los aman sus carcajadas y sus encías brillantes resuenan más fuerte que un disparo el alcohol pasa sin freno por sus bocas sus dientes dejaron de ser límite no hay mordida que les nazca dos borrachos desdentados me siguen a donde quiera que vaya he oído que a veces me mencionan pero mi nombre les da asco dos borrachos desdentados me esperan siempre al final de la barra para brindar por mis fracasos no les temo pero los lunes por la mañana y cuando veo las noticias siento como los dientes se me aflojan como me nace una sed desértica y salada el terror está cerca ya cayó el primer colmillo

Frederic Chopin hoy recibí un correo escrito por ella dice que me quiere que hago un cambio en su vida adjuntó una historia fabricada con fotografías mal tomadas y azules que me ilustraba por qué no debía pegarme un tiro no deja de provocarme tantísima pena que mi madre crea que en cualquier descuido me quito la vida estoy seguro que piensa que vivo bailando sobre una cuerda floja mientras ella abajo siente la seguridad de un suelo fabricado con mentiras madre, la tristeza nos abraza baja la guardia descansa tus piernas permite que la noche caiga y llora conmigo en el comedor por todo el cariño que nunca nos dimos

Jonathan Davis la primera vez que un tipo amenazó con matarme me di cuenta que le faltaba un diente la saliva manándole en espesas gotas escapando por el vacío al tiempo que gritaba: ¡te voy a matar hijo de puta te voy a matar! alguno dijo que se oía igual que una vieja loca echando a un marido borracho esperé al menos sentirme asustado o que un frío me invadiera congelándome la vida pero hacía calor esa noche yo sudaba al tiempo que las palomillas rondaban los focos de la cárcel donde estábamos el tipo no sabía que yo jugué sobre las tumbas que mi vida está adornada con coronas floridas que suicidio es una palabra hermosa que repito como letanía las innumerables noches en las que espero en vano que el dolor desaparezca él hombre me miraba con rabia esperando que yo me quebrara pero no pude complacerlo tampoco él a mí sigo vivo mientras escribo esto

Manu Chao la mañana pasaba como un hielo sobre la yema de los dedos y se escurría en la cama con el olor permanente de su sexo las cortinas pendulando me daban idea del viento en la calle un hombre vendía aguacates en una bicicleta era el mismo tipo que antes sostenía un arma en el negocio de la esquina decía con sorna ya llegó la unidad móvil, vengan, esta es una única oportunidad ¡traigo los mejores aguacates! los vendía por una miseria bajé de inmediato abrí la puerta saqué dinero el hombre me contó que lo despidieron por ser demasiado viejo y me dio dos aguacates entré a mi casa saqué un plato limpio lo puse sobre la mesa y en silencio me dediqué a partir su derrota

Kurt Cobain abandonar una casa como se deja una esposa, en plena madrugada moverse lento como camión paseando condenados a muerte mirar las sombras de mis pasos mientras un avión sobrevuela la luz abandona los ojos las turbinas se silencian con la distancia sólo me quedan los rótulos de neón y las farmacias recordar que entre las sábanas permanece viva una media rota los tacones los cigarros las manos tibias y la cadera levantada una botella de güisqui ocho dígitos en un papel lleno de lipstick la mañana empieza oliendo a día fallecido el viento frío me obliga a meter las manos entre los bolsillos. adentro: un teléfono y unas llaves que no abren ninguna casa recuerdo a mi hijo no he podido heredarle más que esto, que es todo. una ciudad, un nombre esa mujer que quise y el lado derecho de una cama

Lou Reed Lucía me llamó por la mañana diciéndome que se mudaría de la que fue nuestra casa hablamos sobre el jardín sobre la hiedra comiéndose las paredes de cómo sembramos las flores y le dije con toda mi nostalgia cuando nos mudamos a esa casa juntos pensé que duraríamos toda una vida ella se río luego dijo que estaba loco y se despidió con un beso esa noche Lucía llamó de nuevo estaba llorando me confesó que dejar nuestra casa la partía la más ruda de mis mujeres estaba derrumbándose de cariño que se moría yo lo sabía desde hacía mucho también que la quería y que era hora de matar a nuestros fantasmas ya no éramos aquellos que vivieron en esa casa regando el jardín bajo el sol naranja de las cinco y media viendo los primeros pasos de nuestro hijo somos otros más tristes más nostálgicos más derrotados ya somos adultos

Christina Rosenvinge mi madre cocinaba filetes para la cena cuando vivíamos en Panamá en un apartamento del sexto piso yo veía por el balcón un aereopuerto soñando visitar a mi abuelo más al norte de esta orilla en la otra ventana se veía el mar gris como los barcos haciendo fila para entrar al canal a dos cuadras, un parque lleno de árboles ofrecía un sitio donde pasar mis tardes mientras mi madre se sentaba en una banca a ver las olas chocar contra las rocas seguramente pensando que el amor es una farsa yo veía a los otros niños lanzándose al agua con clavados inmensos uno de ellos en la tarde nublada al salir me echó un vistazo subió por las rocas y empezó a gruñir como un moustruo yo sonreía como loco mientras pasaba salvaje a mi lado con su mano de nadador experto revolvió mi cabello ese fue el único amigo que hice en Panamá antes de volver por el camino que trajo a mi madre a la derrota

Para vos, hijo. me siento tan abandonado como un telégrafo las palabras se me atoran entre los oxidados engranajes nada funciona el corazón se toma un descanso pero tú no sigues bailando sobre la desgastada pista de mi pecho en la que escribo tu nombre pájaro hermoso volando hacia el verano

The Wave Pictures cuando tenía seis años el novio de mi madre prometió enseñarme a nadar permanecía de pie en la piscina de un hotel en la playa extendiéndome los brazos mientras me pedía que me lanzara al agua te recibo cuando saltes dijo y sus ojos brillaban como oscuras perlas tomé impulso corrí y mientras caía lo vi moverse con la risa dibujada debajo del bigote hundiéndome en el agua pude ser testigo de un hermoso día de marzo el sol iluminando las piernas velludas de los tipos que sostenían a sus hijos era un día bello en el fondo de la piscina todo era tan claro ahogándome en soledad y cloro el agua fue un abrazo más celeste que tibio aprendí a nadar si que lo hice once años después un noviembre en el que llovía intermitentemente sobre una piscina pública sin mi madre sin su novio sin sol

Devendra Banhart cada vez que miro de frente el fracaso me da por sentir que ya lo he vivido todo quizá sea que pienso demasiado en mi muerte en cómo me salva de la angustia eterna y de la felicidad perpetua entonces estoy dispuesto a lo que venga: podría perder mis libros mis botellas mis amigos mis mujeres podrían negarme y marcharse con mejores hombres siempre hay mejores hombres todos los hombres son mejores hombres y sin embargo no voy a quedarme derrotado siempre puedo escribir y contarme a mí mismo cómo es que sobrevivo a la catástrofe

Soda Stereo Cuando pienso en esta ciudad pienso en las esquinas las puertas oxidadas las casas enmohecidas y esas ventanas sucias inevitablemente pienso en mi cama con sus sábanas limpias la mañana de un sábado esperando como esposa a la orilla de un muelle cuando siento esta ciudad siento sus calles oscuras iluminadas por las luces rojas de los autos los tacones haciendo música sobre las aceras húmedas para las putas que nadie contrata siento la enorme distancia entre la casa de mi hijo y mi casa cuando veo la ciudad descubro un gusano luminoso arrastrándose entre volcanes parques sin niños que los jueguen teatros sin música iglesias sin dioses parpadeándole las antenas en la cima de los monstruosos edificios erigidos como fallidos monumentos de nuestra furia derrumbada cuando escribo sobre esta ciudad escribo sobre vos sobre la forma tan dulce en que nos hicimos daño y el calor que aún siento en tu lado de la cama mientras escudriño el techo que no te cubre las noches y a mí me abraza la nada

Moby y si fuéramos del mar yo sería una isla flotando a la deriva vacía buscando una costa para volverme continente sin raíz ni puente sólo una isla deshabitada en un mar de sal y agua fría pero no somos marinos y tampoco soy eso que flota sino sólo estas palabras que también desaparecen

Noir Désir yo también sé ser divertido jugármelas con la gracia hacer que todos rían mientras beben un trago yo también sé de la risa de las carcajadas pero cuando termina la fiesta siempre debo volver a casa y cuando tomo el auto siempre pienso que volver a casa debería ser tomar la carretera que lleva hacia el mar llegar hasta la playa y meterme en el agua que la sal haga suyos mis pulmones que mi piel me abandone entre la arena volverme un pez que nade por las costas como si supiera que la vida sólo se trata de líquidos fluyendo hacia el desconcierto pero yo también sé de la risa y me vuelvo a mi apartamento donde me acuesto a soñar que algún día también naceré valiente

Thom Yorke hay tardes soleadas secas y desbordadas en las que intento disipar mi angustia sobre las aceras hay tardes eternas sentado en la sala de mi médico psiquiatra en las que siento que la vida es una oficina burocrática llena de gente esperando a que la muerte lo atienda mientras cuentan sus desgracias sólo queda perder el tiempo fumando bebiendo follando leer un buen libro pensando todavía no me toca tengo cientos de noches pensando en los autos dispuestos en filas hirvientes con radios tocando canciones que no sé bailar y al menos quisiera aprender a callarme para dejar que sea mi último segundo el que diga si mi vida ha valido la pena mientras siento que la tarde se escurre inevitable entre los espacios vacíos de mis dedos abiertos

Ludwing Van Bethoveen conozco tipos inocentes miles de ellos como el padre de marga la niña de seis años que conocí una madrugada en la sala de emergencias de un hospital público acostada en una camilla respirando por un tubo, partida en dos por una herida que comenzaba desde su vagina y terminaba con su ombligo la luz blanca y violeta alumbrándola me recordó una señal de tránsito que me la enseñó así de violada inocentes, como los tres señores que raptaron a Violeta, haciéndola morder la tierra tras unos matorrales crecidos a la orilla de la carretera mientras ella suplicaba piedad y sentía asco del calor de sus miembros de lo duro de lo ardiente de sus fluidos inocentes como mi padre que ha podido ignorarme durante treinta años pensando ingenuamente que así dejaré de ser o tal vez que de esa manera me convertiré de nuevo en esperma que lanzará ya más cuerdo a un inodoro pueden hacer lo que sea el horror los ampara siento su aliento sobre mi nuca he escuchado sus amenazas me arrullan en las noches con sus descargas sigan devorando sacien sus ganas sin embargo, sepan,

finitos cobardes, que hagan lo que hagan la belleza no se acaba. la belleza no se acaba la belleza no se acaba.

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