3 categorías filosóficas: Pliegue estratégico, bio-lencia y Jiu-jitsu.

Ricky Esteves (UBA - Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea). Estos 3 conceptos, que plantean cuestiones como las identidades, las pulsiones básicas y la supervivencia de la comunidad, y un arte marcial que ofrece un saber localizado en el cuerpo que busca someter a un adversario en un enfrentamiento desigual, marcan, de manera articulada, un camino para una propuesta política. Lo que busca la articulación de estos 3 conceptos es pasar de la pregunta del ¿Qué? al ¿Cómo? Esto es (ya no ¿que son las identidades? sino) ¿que podemos hacer con las identidades? ó ¿cómo desplegar las pulsiones básicas y mantener la comunidad? ó ¿Cómo establecer una soberanía del cuerpo? Esta propuesta presenta 3 categorías filosóficas -Pliegue estratégico, bio-lencia y Jiu-jitsu- para pensar una política estratificada y segmentada que establezca en distintos espacios formas de soberanía que resistan el biopoder permitiendo a la vida desplegar su singularidad. Estas 3 categorías, articuladas, posibilitan pensar formas de resistencia alegres, que reconocen y parten de las lógicas articulatorias del imperio, la hegemonía y la multitud, operando dentro de ellas, configurando despliegues identitarios singulares, que favorezcan la vida localizada en el cuerpo y propicien la continuidad de la comunidad. Esta propuesta identitaria no ignora ni niega un nivel de la acción colectiva, sino que la considerada como un estrato, que despliega en un segmento y que forma parte del despliegue estratégico, que reproduce estas lógicas políticas en otros estratos, espacios, ámbitos, esferas, como lógica de garantizar la vida en el cuerpo y la continuidad de la comunidad. Esta propuesta política y estrategia identitaria de resistencia, reconoce las condiciones hegemónicas en las que opera, planteando una crítica a las lógicas articulatorias equivalenciales, el cierre del espacio social, así como a la soberanía, desde la perspectiva del control de la reproducción de la vida por el biopoder. Esto es, la vida capturada (subsumida) bajo la lógica capitalista (de la era digital) poniendo todos sus procesos al servicio de la generación de valor: Noopolítica. En este esquema de las sociedades del control, la noopolítica y el biopoder, proponemos una mirada localizada que nos permita pensar desde estas 3 categoría filosóficas, estrategias políticas que brinden formas de soberanía en distintos espacios que hagan posible, a través de una estrategia identitaria, el despliegue singular de la vida. Esta mirada nihilista, que no propone ideas trascendentes, imperativos, teologías, devenires mesiánicos, más allá de la vida localizada en el cuerpo, no excluye en su lógica, pliegues o articulaciones identitarias bajo esas formas, en tanto estrato, independiente de otros, que permite al sujeto, desplegar en distintos niveles otras lógicas.

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Esta propuesta, aunque localizada y pragmática, propone una lógica -más que un forma específica de actuar en una situación determinada- que busca abrir los horizontes de lo político, y poner de relevancia las soberanías que se puede establecer en torno al cuerpo y sus capacidades, saberes, espacios; como forma de afirmar una singularidad En términos agregados estas 3 categorías nos llevan a pensar las identidades, su naturaleza contingente, como se desplazan, se fijan y establecen sujetos políticos, en tantos lógicas de soberanía, que se encuentran constantemente en disputa. Esta propuesta se centra en el saber (capacidad de hacer), las prácticas y agenciamientos que podemos establecer reapropiando los dispositivos de control y utilizándolos para generar nuevos agenciamientos vitales. Esta es una propuesta política que articula las lógicas de la hegemonía y despliega dentro de otras esferas y ámbitos, estas u otras lógicas como parte de una estrategia estratificada y segmentada. Esto implica politizar nuevos espacios de nuestras vidas y generar soberanías “entre” el poder del Estado y del imperio. Estamos pensando una política que reconoce el poder, sus grietas, sus lagunas, sus debilidades y sus lógicas que pueden ser reapropiadas para generar nuevos agenciamientos biopolíticos. Aunque la propuesta puede no ser clara en ciertos aspectos nos gustaría rescatar al menos dos cuestiones fundamentales de este desarrollo. En primer lugar pensar la identidad como algo contingente, con lo que se puede operar a varios niveles (estratos y segmentos) generando distintas articulaciones que desplieguen lógicas diferentes, en los distintos ámbitos, lugares, y espacios, para generar soberanías que garanticen a la vida manifestar su singularidad. La segunda, reconocer los cuerpos -sus relaciones con otros cuerpos y con sigo el espacio en el que se despliegan-, con las potencias, afectos y capacidades que pueden generar como unidad de la soberanía política. Estos dos principios, el de la política estratificada y segmentada y la soberanía del cuerpo y las fuerzas que en él anidan haciendo posible la vida en comunidad, podríamos resumir como los dos aspectos más importantes de esta propuesta. El pliegue estratégico propone un despliegue múltiple, estratificado, de la identidad, utilizando distintas lógicas, en ámbitos, esferas y espacios, para garantizar una resistencia alegre que tenga como fin la preservación de la vida en el cuerpo y la continuidad de la comunidad. El pliegue estratégico es la lógica que da esta configuración singular de múltiples articulaciones en los distintos estratos y segmentos. En esta cuestión, dentro de la discusión entre las lógicas del imperio, el pueblo y la multitud, consideraremos la figura de partisano y bandido como formas de soberanía por fuera del ordenamiento jurídico. La Bio-lencia es la fuerza necesaria para preservar a supervivencia de una comunidad. Es la violencia necesaria para realizar las actividades vitales básicas como la alimentación, alojamiento, desarrollo y preservación de una comunidad. La Bio-lencia es una fuerza que

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emana de la vida y no de instituciones como el capital, los aparatos jurídico-policíacos, y otras corporación que buscan acumular poder. La lógica de la Bio-lencia no es formal o racional sino pulsional, vinculado a una vitalidad corporal que busca sobrevivir. Este planteo se basa en la noción de pulsión de muerte introducido por Freud y según los desarrollos de M. Klein. El jiu-jitsu (en su varidad brasilera [BJJ]) es una alegoría que permite localizar en el cuerpo el saber como una capacidad de someter a un adversario más fuerte. El jiu-jitsu como práctica concreta de resistencia busca ilustrar una forma concreta de utilizar estos dispositivos (en especial la manera en que fue reapropiado por los brasileros) como prácticas de soberanía del cuerpo. En otro sentido busca establecer esta noción de cuerpo que está presente en toda la discusión, de las identidades, la vida y la soberanía, localizando sus potencias y capacidades en un marco cognitivo del saber como capacidad de realizar cosas. Cada una de estas categorías presenta una propuesta para operar sobre un campo específica para desplegar una resistencia política alegre como mantenimiento de la vida y garantizar manifestar su singularidad. La articulación de estas 3 categorías en una propuesta política plantea un uso instrumental de la identidad al servicio de los impulsos, potencias y capacidades de la vida localizada en un cuerpo, para generar una soberanía que le permita desplegar su singularidad. Pliegue Estratégico. Lógica Segmentada y Estratificada, Espacios, ámbitos y lugares, Reapropiación del dispositivo. Hablar de pliegue “a secas” implica hacer referencias a la geología, los sedimentos, orgánico e inorgánico, a lo plástico y felixible, el alma, la forma, el punto de visto, la arquitectura, la curvatura, la moda (la vestimenta), Leibnitz, Deleuze y el acontecimiento. El pliegue como lo queremos presentar aquí -con todas sus implicancias- es el principio del deslizamiento en los estratos, las dimensiones, los momentos y las situación. Ante todo el pliegue es la forma en la cual algo -organico e inorgánico- se extiende y desdobla sobre una superficie. Nuestra propuesta de pliegue -con todo su contenido político- tiene que ver con estas formas de ubicar, tender, elementos sobre una superficie de una manera discontinua, estratificada, discreta, que busca de una manera compleja encontrar su punto de fuga. El pliegue sería la manera de transitar un segmento, una superficie que le da forma a nuestro movimiento. La idea de pliegue trae -en uno de sus aspectos- la cuestión del espacio que Adrián Velázquez introdujo en la discusión de Debates Actuales1.
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Adrián Velázquez (2013) “Teoría política y el giro espacial: apuntes sobre el teatro de operaciones contemporáneo”.

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G. Spivak propone el “escencialismo estratégico” como una lógica articulatoria que permite temporal o estratégicamente mostrar bajo la misma forma una serie de demandas específicamente feministas [o de las mujeres]- para evitar una dispersión excesiva y poder operar juntas para tener mayor efectividad. Este planteo de Spivak se encuentra bien localizado y presenta la complejidad de los distintos estratos de la sociedad hindú, y la distancia en términos de subordinación que sufren las mujeres en los distintos estratos de esta sociedad. Esto también lo podríamos pensar al interior del movimiento feminista, compuesto originalmente por las mujeres blancas universitarias, después las mujer de color, las lesbianas y las transexuales. El esencialismo estratégico permite articular temporalmente estas identidades diferentes con el fin de un resultado político y una acción colectiva eficaz. El pliegue estratégico se diferencia de esta categoría en distintos aspectos. En primer lugar plantea una estrategia estratificada y segmentada, es decir diferencia otros espacios además del político-institucional y del ordenamiento jurídico. En segundo lugar no plantea una forma particular de articulación colectiva, sino que reconoce las lógicas hegemónicas y sus dispositivos, opera dentro de ellos a partir de una reapropiación de los mismos, utilizándolos para generar nuevos agenciamientos biopolíticos solidarios con la vida. El pliegue estratégico en sí mismo no propone esta lógica articulatoria colectiva, aunque puede operar a ese nivel, considerándolo un estrato más, otro espacio, en el que puede utilizar la identidad en una lógica articulatoria que genere soberanía. Tampoco niega ni rechaza las articulaciones hegemónicas sino que las considera la misma condición del pliegue estratégico y de sus múltiples despliegues en distintos estratos. Esta dimensión, de la política en un nivel de articulación colectiva, del establecimiento de una hegemonía política, de la constitución del poder del Estado, es considerada en el pliegue estratégico y tienen un efecto fundamental sobre los múltiples despliegues en los demás estratos y segmentos. El pliegue estratégico propone una lógica articulatoria tanto a nivel político - en sentido de la acción colectiva, de la unidad agregada como el Estado, y de las instituciones- como de los espacios (territoriales, virtuales, institucionales, esferas, comunitarios, personales), en el que la identidad juega un papel instrumental. Para aclarar la noción de identidad antes de continuar en este planteo, para hacer un uso apropiado del mismo (que permita inscribir en la discusiones sobre el tema (Zizek 2003, Laclau 2004, Badiu, 1998)) y por sobre todo proponer operar con ellas, utilizarlas para múltiples articulaciones que permitan establecer soberanías en distintos ámbitos. La identidad, el principio por el que nos consideramos “iguales” a otros, a partir de un rasgo biológico -que nos identifique por ejemplo como varón y mujer-, de raza, -que nos identifica como blanco, negro o mestizo-, de clase -que nos identifica como propietarios y proletariosopera como elementos de las lógicas políticas que establecen un sujeto, que es la forma bajo la que aparece la soberanía resultante de una lógica articulatoria particular de esas formas de identificarse (sentirse idéntico a alguien).

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El psicoanálisis describe el proceso de establecimiento de identidades a partir de las fuerzas pulsionales y los investimentos libidinales sobre objetos, que comienzan con la madre y a partir de la cuál se formarán e incorporan estructuras y complejos que configurarán la subjetividad que brindará una conciencia de sí y establecerá las condiciones para para sus relaciones básicas . En este esquema la identidad es una imagen que se proyecta -producto de una pulsión- sobre un objeto que es investido libidinalmente, por un afecto. Esta imagen, que queda fijada por este afecto, sobre el otro objeto, hace posible la identificación. La identificación sería el reflejo de un afecto que devuelve la proyección sobre un objeto. El caso patológico de la identificación (el enamoramiento2) es cuando un sujeto ve reflejado en otro sus mismos atributos y características, confundiendose (fundiéndose) con la misma persona, causando en palabras de Freud “locura temporaria”. Las identidades, o el proceso de identificación implica varios registros, niveles y formas de encuentro con los objetos y las proyecciones que provocan los afectos en el aparato psíquico y en la vida del sujeto. Particularmente esta cuestión (que implican el grafo del deseo y la teoría de los 4 discursos de Lacan) se encuentra en centro de la discusión política no solo en torno a las identidades sino también de las lógicas de articulación política. La versión sintética para no psicoanalistas y con fines de la discusión política: Los 3 registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario se anudan fijando en cada pliegue de esa proyección una fijación de esa imagen. En el proceso de las identidades, el afecto, la imagen proyectada, se pliega sobre un objeto imaginario y otro real -pasando por el orden simbólico que habilita esta escena- permitiendo al sujeto una satisfacción imaginaria, en tanto devolución de afecto en el registro imaginario, una satisfacción real en tanto sea capaz de gozar de la fijación de esa proyección de afecto en el registro de lo (sobre un objeto) real. Este encuentro con el objeto real investido libidinalmente (que se reconoce como objeto a) que genera un goce real (no imaginario), es el argumento principal del planteo teórico de E. Laclau sobre la hegemonía, la democracia radical y el populismo. Desde su comienzos Freud ligó la idea aparato psíquico e inconsciente con un fenómeno social. “Todo psicoanálisis es a la vez social e individual”3 Como última referencia al psicoanálisis debo mencionar la teoría de los cuatro discursos de Lacan para plantear una estructura de la identidad situacional. En los cuatros discursos Lacan reconoce 4 lugares fijos de cualquier situación de enunciación, que en distintas situaciones se ordenan de distintas formas, creando discursos diferentes y haciendo que el sujeto interpreta distintos papeles asumiendo distintas identidades. Los cuatros discursos plantean que en distintas situaciones uno interpreta un papel o identidad distinto. Dentro de los discurso que plantea Lacan se encuentran, el discurso del Amo (donde se puede ser amo o esclavo), de la
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Sobre la que descansa la lógica identificatoria de la hegemonía S. Freud “Psicología de las masas y análisis del yo”

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Universidad, del Capitalismo y de la Histérica. En este sentido y solidario con nuestra propuesta segmentada y estratificada, la identidad es algo que se pone en juego (“play” como en una obra de teatro) en cada situación dada, pudiendo ocupar distintas posiciones, jugando distintos papeles, en cada situación. Como por fuera de esta discusión sobre las identidades queda la noción marxista de identidad en sí y para sí en relación a una sobredeterminación en el campo de las relaciones productivas que hace objetiva su identidad. Esto incluso para la sobredeterminaciones de raza, sexo y clase. En este sentido las discusiones de los feminismo (en torno a definir que es la mujer, quienes cuentan, están incluidas y deben ser consideradas) y la misma práctica de cambio de sexo ponen en evidencia el carácter contingente de las identidades. Este mismo carácter contingente de las identidades es lo que posibilita las articulaciones que conformarán distintos sujetos, hegemonías, resistencias y soberanía política a través de la acción colectiva. En este este sentido una identidad tan “clara” como mujer convocaría una serie de identidades distintas (que hasta se rechazarían y no se reconocerían bajo la lógica de lo mismo) poniendo en evidencia la imposibilidad de una noción universal del término más allá de la totalidad de singularidades que se presentan bajo esa forma. Rechazamos que las identidades estén sobredeterminadas, planteamos que son contingentes, la dificultad -incluso para el caso de la mujer- establecer un universal o al menos un colectivo con capacidad de operación política- ,describimos los procesos de identificación que se producen a partir del aparato psíquico -como investimiento libidinal de un objeto- y la naturaleza situacional que asigna distintas posiciones identitarias en diferentes situaciones, pero nos falta hablar, explicar, cómo esas identificaciones contingentes, esos encuentros espúreos y esas presentaciones bajo la forma de lo mismo operan de la manera que lo hacen. En términos contemporáneos, de las sociedades disciplinarias y del control, distinguimos dispositivos, como los discursos, en tanto saberes, disciplinas, tecnologías que desarrollan un poder sobre los cuerpos para confinarlos en espacios como la fábrica, la clínica, la cárcel, la universidad. En este sentido, los discurso como estas lógicas disciplinarias y de control, establecen en distintos campos, como la biología, el derecho, el cortejo (la literatura romántica), y los trastornos de la asignación biopolítica de género (el psicoanálisis) funcionan como dispositivos de establecimiento de identidad y de agenciamiento. La noción de agenciamiento está muy vinculado con la noción de identidad y plantea en relación al dispositivo, las conductas, prácticas, expectativas, (de dominio, sometimiento, subalternidad) que se deben tener en relación con esa identidad. Con otros términos tal vez podríamos decir lo mismo de esta forma: la ideología, ya no como la visión distorsionada de la realidad, sino como prácticas que genera un discurso hegemónico. En este sentido las identidades, más que el resultado de una serie de discursos que fundamentan agrupamientos contingentes de los cuerpos en distintos campos, son una serie de prácticas y agenciamientos que afirman esa identidad en la medida que la reproducen materialmente. Desde la perspectiva de la ideología S. Zizek realiza un observación interesante respecto del sujeto y la identidad. Zizek plantea el sujeto como “aquel secreto judío circunciso”. Con esto

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intenta plantear que en última instancia no podemos estar seguros de que el sujeto es quien dice ser. La esencia de ese sujeto, secretamente judío (estar circuncidado), es algo a lo que no podemos acceder, algo que no se puede comprobar (al menos sin desvestir a la persona) en una situación casual. Si no podemos comprobar quien es verdaderamente el sujeto ¿como saber realmente quien es? En esta caso Zizek plantea la identidad como la forma en que el sujeto simula ser quien es. En este sentido, la identidad del sujeto es lo que él interpreta -frente a un Otro simbólico no presente que valida la escena- el papel de sí mismo. Por otro lado, la deconstrucción también nos brinda elementos para pensar las identidades. La deconstrucción, vinculada a la teoría de la escritura (gramatología) y al campo de la crítica literaria, hace un aporte significativo en este campo considerando algunos de los elementos presentados. Pensando el origen de la escritura y su relación con los discursos -que operan en tanto dispositivos de agenciamientos, identificación y control- concibe la Différance. La Différance en tanto diferencia originaria establecido por la achihuella (la primer marca que posibilita la idea de establecer distinciones) -que opera no a nivel sintagmático sino paradigmático- genera un efecto de apertura en la noción de lenguaje, que afecta desde una perspectiva literaria la noción de identidad. La desconstrucción complejiza y contribuye a la noción de identidad intentando presentarla siempre bajo la forma de la diferencia. El gesto de la deconstrucción opera sobre el texto borrando sus marcas, sus límites, su género, proponiendo un punto de vista que desnaturaliza de forma radical el texto al nivel de hacerlo ilegible. El rastreo genealógico, la filiación a otros, encontrar la continuidad, ruptura y diferencia, pone al desnudo la identidad o al menos la descompone, haciendo visible al sujeto las fuerzas que operan sobre él a través de esos discursos. Este planteo de apertura, de permeabilidad, indistinción en los límites, desensambles de los dispositivos del lenguaje, proponen el carácter siempre abierto de lo cerrado y la diferencia como carácter distintivo de la identidad. Esta constante apertura de la identidad, que caracteriza la diferencia, propone la identidad como algo incapaz de ser plena, siempre contaminada por un afuera que reside en el adentro. Esta inestabilidad que la da la apertura, garantiza a la diferencia como característica de la identidad. En este sentido, todo texto que consiga establecer una identidad, formará parte de una serie reproducirá este mismo texto, introduciendo una diferencia, que lo distinga del anterior y mantenga la cadena en movimiento generando más diferencia. Derrida ilustra en parte su teoría de la identidad en su experiencia vital. Un francés, judío, nacido en Argelia y los acontecimientos que afectaron su vida sin duda lo llevaron a cuestionar el asunto de la identidad. Su experiencia de pertenencia, exclusión y exilio, puede ser considera un elemento de la construcción de este punto de vista. La teoría post-colonialista, que en parte le debe a la deconstrucción, se pregunta sobre la identidad desde fuera de occidente reconociendo como un discurso hegemónico, imperial, colonialista, se impone y ejerce poder, no solo en término de acceso a los recursos de un territorio, sino desde su capacidad de imponer su propia cultura y generar relaciones de subordinación. Una característica de las identidades desde la perspectiva postcolonial (H. Babba, Said, Spivak) es la sobre imposición de dos tiempos, dos lógicas, una posmoderna y tradicional sobre un territorio y una población. Estas condiciones generan condiciones para nuevas

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identidades que se caracterizan bajo las formas de la hibridación y el mestizaje. Las identidades desde esta perspectiva se desarrollan sobre un entramado complejo de relaciones y lógicas que articulan resistencias que hacen persistir lo antiguo con lo nuevo, lo propio con lo ajeno, un fundirlo bajo nuevas formas que brinden espacios de resistencia. Estas identidades no surgen como una reacción que afirma un origen fundamental frente a la nueva identidad colonizadora sino que crea a partir de una serie contingente de elementos un discurso que da lugar a nuevas identidades que resisten a la dominación. La literatura, sus condiciones de producción y circulación, son el campo del estudio de las identidades postcoloniales. Son en estos nuevos discursos, relatos, literaturas, donde comienzan a configurarse estas nuevas identidades que hibridan la cultura del colonizado con la del colonizador. Estas identidades pueden ser pensados en términos de subalternidades (Spivak) y en su capacidad o no de ser escuchados, de estar dotado de la capacidad de hablar. Por último, los planteos de la teoría Queer que proponen como algo arbitrario, instrumental y una lógica que debe utilizarse para una práctica de resistencia política. El planteo más radical de la teoría queer es que la “identidad” es un trampa proponiendo una resistencia al juego articulatorio de las identidades. De la teoría queer podemos rescatar 2 lecciones y una pregunta. La primer lección tiene que ver con el uso estratégico de la identidad y el énfasis en el carácter performativo de la misma. Esto es, se puede ser varón, se puede ser mujer, esto no importa más que en términos estratégicos y depende de la capacidad performativa de sostener (como semblante) esa identidad. La segunda lección está relacionada con el principio de los 4 discursos de Lacan y tiene que ver con el lugar, la posición de sujeto, la manera en que uno juega la identidad en una situación. La expresión “Queer” es un insulto. El gesto identitario de la teoría queer es, en esa situación de discurso, en la que surge el insulto “queer”, la actitud del receptor (en este esquema de la enunciación de amo-esclavo, patrón-empleado, analista-paciente) es no asumir el lugar del insulto, no ocupar el lugar de esclavo en la situación de enunciación, bajo la forma de una afirmación radical que subordina al emisor a una posición desfavorable o no deseada. En este sentido la identidad puede operar en un sentido en el que afirmando (un insulto por ejemplo) se lo reapropia y resignifica de otra manera. En la comunidad gay es muy común usar el término “puto” de esta manera. En este sentido, esto está relacionado con las identidades. La pregunta u objeción a la teoría queer, es que por más que logra esta reapropiación de los dispositivos y logra resignificar términos dándole nuevo sentido a las identidades, mantiene funcionando su lógica binaria varón/mujer Finalizamos este recorrido sobre las identidades introduciendo dos figuras que encarnan formas de soberanía por fuera del unidad política, del ordenamiento jurídico: El Partisano y el bandido. En otras palabras, articulaciones identitarias que generan soberanía por fuera de la unidad, la comunidad política. El partisano es un combatiente que resiste a un ejército invasor extranjero que se vale de su conocimiento del territorio -asi como de sus habitantes- y su capacidad de no poder ser distinguido con facilidad como enemigo/combatiente. El partisano es una forma de resistencia que implica un pliegue estratégico, es decir asumir en algún momento -en una situación determinada- fingir ser un simple campesino (digámos, en vez de un combatiente), aceptar la

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obediencia, y asumir el sometimiento, como una articulación estratificada donde asume la identidad del dominado. Esta posibilidad de asumir esa identidad de dominado en cierto estrato es lo que le permite seguir resistiendo a través de otra articulación en otro nivel que lo convierte en partisano. La segunda guerra mundial y las estrategias identitarias de las resistencias y los partisanos muestran en muchos casos ejemplos de pliegues estratégicos. Desde personas que trabajaban para el enemigo pero secretamente obtenían información para la resistencia. En este caso la forma más útil de resistencia es servir al enemigo para obtener información para la resistencia. Un ejemplo concreto, histórico -de la segunda guerra mundial- del pliegue estratégico que implica al partisano es el caso de Vladimir Rodionov, un tenieniente coronole del ejército rojo que fue prisionero de las SS durante la invasión alemana de la URSS. Durante la invasión alemana de la unión soviética en 1941 (operación barbarossa) se tomaron 3 millones y medio de prisioneros del ejército rojo, de los cuales solo sobrevivieron 800 mil. El teniente coronel Rodionov, frente a su inevitable destino como prisionero de guerra de la SS (y quien tampoco era un gran fanático de Stalin) propuso al comandante alemán servir a su mando como combatiente. Allí se formó la primer unidad de la SS formado por soldados rusos. La unidad operó con un uniforme de las SS en apoyo al ejército alemán. El 1943 Rodionov es contactado por los partisanos comandados por el ejército rojo y se le propone unirse junto a su grupo a esta unidad, garantizando impunidad por haber luchado para el enemigo. Radionov y casi toda su unidad SS abandonan el lado alemán para pelear contra ellos del lado de los rusos. Radionov muere en una operación luchando contra los alemanes. En la cuestión del partisano persiste -más allá de esta indistinción amigo/enemigo- un elemento relacionado a la soberanía que sigue vigente y preocupa de la misma manera la unidad de lo político. En este sentido el partisano aparece bajo la forma de la parte que clama soberanía independietemente del todo, la unidad política. El partisano en todos los casos, y es la razón por la que lo hemos introducido, representa la soberanía de la parte sobre el todo. El bandido que propone Agamben como aquel que ha sido dejado “en banda” por fuera del orden jurídico, expulsado a vivir fuera de la comunidad. El bandido, en parte es considerado alguien que es abandonado a su propia animalidad (zoe) fuera de la comunidad (del bios). El bandido genera su propia soberanía por fuera, al margen del ordenamiento jurídico. Esta es otra forma de resistencia que resiste a la lógica de la unidad política (del Estado) y aún por fuera establece su propia soberanía. Más allá del ejemplo literario de Robin Hood, que cuenta en su relato esta forma de soberanía autónoma, por fuera del orden del rey, imponiendo su poder en aquellos lugares fuera de la custodia (asaltando viajantes, carretas, etc.), el poder presente, del gobernante y sus aparatos. La versión actual contemporánea y directamente cercana a nosotros es la villa. La villa como espacio en el que se concentran aquellos que están por fuera del ordenamiento jurídico, aquellos que no son parte de la cuenta del uno, en cuanto a la comunidad politica. Son quienes viven al margen, por fuera, de la unidad política y son dejados “en banda” como bandidos, que pueden establecer su propia soberanía por fuera del ordenamiento político. No pretendo decir que la villa, toda la gente que viva allí son bandidos (aunque han sido dejados “en banda”) sin embargo la lógica del bandido está encarnada allí.

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El bandido, como aquel que reside en la villa, que articula la lógica de soberanía paralela al orden político, que -digamos por poner un ejemplo- produce, vende y distribuye sustancia prohibidas como (digamos) cocaína [situado] plantea un pliegue estrategico interesante. En el caso del bandido, como aquel que al margen del orden jurídico, puede desarrollar actividades que se encuentran prohibidas dentro del mismo y sacar gran provecho de las mismas. En este caso el bandido no disputa ni demanda ser incluido en el orden político. Desea mantenerse por fuera del orden jurídico y establecer su propia soberanía al margen, por fuera, y beneficiarse de estar exento de sus regulaciones y control. Esta estrategia identitaria también plantea una forma de soberanía de la parte, del afuera, que resiste (o es confinada) a ser presentada bajo la forma de la parte en la cuenta por lo unidad de la comunidad política. La villa y el bandido son las formas postmodernas de la abolición del Estado. Después de esta revisión del término identidad, la propuesta de pliegue estratégico plantea 3 contribuciones en esta discusión. La primer contribución de esta propuesta identitaria es el carácter segmentado y estratificado del despliegue de su lógica articulatoria. Segundo, el reconocimiento del orden político como condición y estrato más de esta lógica articulatoria. Tercero, utiliza los dispositivos instalados para su reapropiación y la generación de nuevos agenciamientos. El primer punto plantea la posibilidad de desplegar la identidad de forma múltiple en distintos estratos y segmentos. Esto es reproducir distintas lógicas articulatorias en distintos espacios, ámbitos, lugares, que aseguren la vida en el cuerpo y preserven la comunidad. Esto no descarta la articulación a nivel colectivo, sino que lo plantea como un estrato más en el que despliega una lógica articulatoria que genera soberanía. La cuestión del espacio4 abre una dimensión compuesta por capas (estratos) que descansan en una extensión (segmentos) sobre los que se establecen cartografías que les imponen límites, permiten tránsitos, y establecen las relaciones entre sus elementos determinando el poder. También hablamos de espacios territoriales y espacios virtuales, en los cuales podemos considerar, los saberes, los espacios institucionales, etc. Todos estos ámbitos están abiertos al establecimiento de distintas lógicas articulatorias independientes (no siempre excluyentes) que consideradas en su conjunto posibilitan agenciamientos biopolíticos que preserve la singularidad de la vida. Esta lógica busca ampliar los campos de acción política, poder desplegar distintas estrategias identitarias, que generen distintos tipos de soberanías -incluso las que resisten al todo desde la parte. Esta propuesta busca ampliar el espacio (por sobre la del territorio) de la acción y resistencia política. En este sentido, reconoce el orden hegemónico que opera, sus dispositivos, los considera su condición, y opera dentro de él y sus espacios como un partisano que se indistingue para ocultar al bandido.
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como introdujeron Adrián Velázquez y Matias Saidel en la discusión del seminario abierto de debates actuales

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La propuesta del pliegue estratégico es considerar estratos y segmentos, pensando como distintos espacios en los que podemos desplegar lógicas articulatorias que generen soberanías que permitan como un todo expresar una singularidad.

Bio-lencia Pulsión de muerte, preservación de la comunidad y Nihilismo Esta categoría en primer lugar busca brindar perspectiva a lo anterior al definir lo tan mencionado como “vida”5 y en el “cuerpo” (que también se tratará en el próximo punto). Aquí explicamos lo que entendemos por vida, ligamos al cuerpo y proponemos como finalidad de una política identitaria. La Bio-lencia hace referencia al sadismo primitivo del que están constituidas las pulsiones básicas que permiten preservar el cuerpo y establecer vínculos con los demás, es decir, el establecimiento de la comunidad. La Bio-lenica es la fuerza vital necesaria para preservar la vida en el cuerpo y la comunidad. El ejemplo más claro de bio-lencia es la obtención de alimentos. En las sociedades de superconsumo, esto se encuentra tan fetichizado, que un aparente pacífica compra en supermercado, implica distintos tipos de violencias, que van desde los procesos extractivos, de producción, distribución y consumo. El ejemplo que suelo utilizar para ilustrar la bio-lencia, es el plato de “papas fritas con huevo fritos”. Obtener estos alimentos implican una violencia al extraer las papas de la tierra y expropiar a la gallina de su producto. Es importante entender que en el ejemplo no incluimos un bife de chorizo, que implica matar a un animal. Obtener alimentos implica utilizar una fuerza que por más que pueda ser considerada destructiva es vital para la supervivencia de la vida, el bienestar de los cuerpos y la comunidad. Este sería el principio de la bio-lencia, utilizar la fuerza para preservar la vida, el cuerpo y la comunidad. La pregunta fundamental que nos podemos hacer aquí es ¿Cómo diferenciar la bio-lencia de la violencia? Desde un punto de vista anti-escencialista dominado por la retórica ¿Cómo distinguir o justificar el uso de fuerza para preservar la vida y la comunidad en situaciones de amenaza (real o imaginaria, inminente o posible)? La primer pregunta se responde fácilmente. Que una familia ocupe un terreno de un señor supermillonario para subsistir y ser expulsados por la fuerza (pública) no contribuye a la preservación de la vida ni la comunidad sino que atenta contra ella. En ese caso hablamos de violencia. El concepto de bio-lencia está fundamentado en el principio de pulsión de muerte de Freud y los desarrollos posteriores de Melanie Klein. Para Klein la pulsión de muerte es lo primero que experimentamos cuando llegamos al mundo y de no expulsar ese sadismo el viviente no puede sobrevivir. Melanie Klein ve en la pulsión de muerte una fuerza que lleva al viviente a relacionarse con el mundo exterior real (en vez de desarrollar uno interior imaginario [pensamientos paranoides]) y desarrollar su ser y su personalidad.
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Excluimos de esta discusión problemas biopolíticos como el aborto, la eutanasia y la vida asistida. Consideramos vida como potencia activa que se despliega en un cuerpo.

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En los casos de los pacientes (niños) retraídos Melanie Klein consideraba que éstos no estaban expulsando sanamente su sadismo. Para ella es necesario que los niños liber expulsen el sadismo para poder desarrollar su personalidad. La ambivalencia, que significa poder sentir tanto sentimientos de amor y odio por el mismo objeto (regido por el superyo). La ambivalencia es considerada por el psicoanálisis una forma “sana” o “adulta” de establecer lazos afectiva. Esto significaría que es completamente “sano” y “normal” poder enojarse con un ser amado. Esto es en definitiva expulsar el sadismo. Freud toma de Heráclito la figura de Eros y Tanatos, la diosa de la vida y el dios de la destrucción para describir las dos pulsiones humanas básicas. Por un lado una tiende a unir y pregnar, la otra destruir y separar. Aquí podemos detenernos en dos cuestiones importante respecto de estas dos fuerzas pulsionales primarias. Por un lado su relación con las concepciones de la política de Carl Schmitt y Hannah Arendt. Por otro lado el dilema del nihilismo respecto de extinción y el exterminio. Sobre el primer punto podríamos decir que mientras en el pensamiento político de Hannah Arendt existe una primacía de la pulsión de vida como lógica de la política, en el pensamiento de Schmitt prima la otra pulsión, la de muerte. En este sentido más que inclinarse por uno o por otro, por la política como unión y pregnancia o por la política como amenaza, distinción y división, creemos que cada perspectiva le da mayor importancia a una lógica más que a otra, cuando son fuerzas coexistentes, suplementarias si se quiere. En este sentido la lógica de la política es por un lado juntar, crear lazo y comunidad, por el otro (y al mismo tiempo) es división, sadismo y destrucción. La segunda cuestión, el dilema nihilista respecto a estas pulsiones. El nihilismo ofrece dos posiciones frente a estas dos pulsiones: la extinción y el exterminio. Aquí mismo interviene la bio-lencia. La ausencia de fuerza (bio-lencia), el exceso de hospitalidad (dar todo lo que se tiene), la entrega total, lleva a la extinción. Por otro lado el uso excesivo (aunque no es una cuestión de intensidad sino de fundamento) de fuerza, la violencia, en su punto máximo, lleva al exterminio. La bio-lencia es una categoría que propone el uso de la fuerza y el sadismo de las pulsiones primitivas en una forma que contribuya con la vida y la comunidad. En este sentido no existe algo fundamentalmente malo o negativo de la fuerza producida por la pulsión de muerte, sino que el destino, como es utilizada esta fuerza, es lo que diferencia la violencia de la bio-lencia. En este sentido la bio-lencia plantea dos cosas. Primero un punto de vista nihilista en donde no hay otro horizonte trascendente, teleológico o redentor de la política más allá que la vida localizada en el cuerpo. En segundo lugar reconocer el carácter bio-lento del mantenimiento de la vida y la naturaleza sádicay de las pulsiones básicas del cuerpo que utilizará para crear lazo social que establezca comunidad. Jiu-Jitsu Cuerpo, Saber y Soberanía Aquí además de anudar en el cuerpo -registro de lo real- esta propuesta identitaria, planteamos el saber como una capacidad de realizar cosas con el mismo. Esta capacidad de realizar cosas

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con el cuerpo, tener dominio sobre algo, implica soberanía. Aquí buscamos mirar la soberanía no como lo que desciende en forma universal abstracta, sino lo que brota en cada situación en la que se ejerce el dominio sobre algo. El Jiu-Jitsu, arte marcial japonés, es una alegoría que hace referencia al cuerpo, el saber, la soberanía y el colonialismo. Empecemos por este último punto. El Jiu-Jitsu aunque originario de Japón llega a nosotros, nuestro conocimiento, tanto de su existencia como de su saber (hacer)- a través de la variante brasilera. Lo que se llama Jiu-Jitsu brasilero. Podríamos decir que en la transmisión de este saber se realizó una transformación. Este saber hacer, este dispositivo, esta tecnología imperial, es incorporado desde una lógica colonial. En este sentido el Jiu-Jitsu brasilero encarna una forma de resistencia de soberanía del cuerpo. El principio del Jiu-Jitsu brasilero es someter a un contrincante más fuerte. Realizar un despliegue estratégico que sorprenda y confunda al contrincante, aprovechar la oportunidad para obtener una posición dominante y después aplicar toda la fuerza del cuerpo sobre un punto, una articulación, en un sentido o dirección específica y someterlo. Esto implica fuerza, saber (dispositivo, técnica) y determinación. Lo que da como resultado: soberanía. Por otro lado nos permite enlazar, como en un nudo, los registros que operan en los procesos identitarios -real, simbólico e imaginario- de los aspectos subjetivos mencionados en el primer punto con un soporte real, que funciona como semblante en esos procesos. Además brinda un enfoque cognitivo que no solo forma la experiencia, sino que además brinda material semántico para un discurso de la resistencia, el cuerpo y la soberanía. Desde el sentido de la experiencia, el dominio sobre el cuerpo que brinda este saber asimismo tiene un efecto sobre la subjetividad, al contar con este saber, disciplina, capacidad de generar soberanía sobre el cuerpo. Aquí buscamos incluir un supuesto sobre que el cuerpo en sí piensa, en tanto que puede ser operado, intervenido para reaccionar, funcionar de determinadas maneras, incluso cuando no se está consciente. Esta noción de Jiu-Jitsu propone tres cuestiones. La primera, el principio de bio-lencia como exigencia del despliegue de algún tipo de fuerza para la preservación de la vida. La segunda, una lógica localizada de resistencia al colonialismo como tecnología del cuerpo. La tercera, la lógica del enfrentamiento como momento de lo político y establecimiento de la soberanía. La primer cuestión sobre la vida y la necesidad del despliegue de fuerza para su preservación, cuando tratamos la bio-lencia señalamos que la ausencia total de fuerza, la entrega absoluta, conduce a la extinción. Ubicamos a la pulsión de muerte como motor impulsor de las proyecciones de sadismo que nos brindarán nuestras primeras identificaciones. En este sentido, la propuesta tanto de la bio-lencia como del Jiu-Jitsu, ven en la pulsión de muerte más que un impulso destructor, una fuerza que puede ser capturada y utilizarla en favor de la vida, para el establecimiento de soberanía y la resistencia.

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El elemento colonial, la lógica de resistencia a un poder impuesto, reside en que el Jiu-Jitsu no es una lucha de ataque sino de defensa. Es una técnica de lucha pensada para enfrentar y someter a un oponente más fuerte. Como mencionamos anteriormente, la lógica del Jiu-Jitsu, presenta algunos elementos de la estrategia del partisano, en términos de llevar la lucha al propio territorio que uno domina, más que realizar enfrentamientos abiertos. El enfrentamiento de Jiu-Jitsu es como un pliegue estratégico que requiere una táctica estratificada, que permita conducir al oponente, casi sin que este lo note, como en una emboscada, hacia una posición donde sin importar la fuerza de este, se lo puede someter ejerciendo una fuerza concentrada sobre un punto de una manera determinada. Como el juego de la zorra en Maquiavelo, el Jiu-Jitsu se trata de astucia más que de fuerza. En esta medida, Jiu-Jitsu tiene mucho para enseñarnos en el cuerpo sobre política y soberanía, en especial en una situación de resistencia. Jiu-Jitsu significa “arte gentil”. Esto significa someter gentilmente a tu oponente. Utilizar la astucia para hacer entrar en el juego de uno, su propio territorio, al adversario. Utilizar la fuerza necesaria para someter al adversario y establecer sin lugar a dudas, una soberanía. La lógica colonial, de resistencia, es el principio de esta tecnología. El poderoso no necesita ser gentil para imponer su poder. Por el contrario, no es sutil sino ostentoso y en vez de concentrar toda su fuerza sobre un punto lo distribuye en varios puntos a lo largo de una superficie. La lógica del Jiu-Jitsu como dispositivo, tecnología, nos puede brindar muchas nociones (especialmente cognitivas) sobre la resistencia, la lucha, la posición, la transición, la maniobra, y la sumisión, la victoria y la soberanía, así como de la derrota también. El tercer punto de este planteo proponía la alegoría política del Jiu-Jitsu en tanto enfrentamiento que pone en juego soberanía. Todo el desarrollo del pliegue estratégico y la bio-lencia en tanto fuerza vital para mantener la vida intenta sellarse aquí, en este enfrentamiento por el establecimiento de la soberanía, el momento político por excelencia. La propuesta identiraria estrategica estratificada se resume en que hay un momento necesario del en enfrentamiento. El enfrentamiento, el momento específicamente político, para el caso de una resistencia, en especial de otra más fuerte, requiere proceder con la lógica del Jiu-Jitsu. Una estrategia que busca llevar al contrincante al propio terreno, engañarlo en una emboscado, y concentrar mucha fuerza sobre un punto hasta someterlo. Lo que hace tan ilustrativo el Jiu-Jitsu como lógica política es la presencia de la fuerza como elemento necesario e interviniente. En este sentido, fuera de cualquier analítica de la política, el Jiu-Jitsu destaca el elemento de fuerza, de enfrentamiento que se pone en juego en la disputa política. La disputa que propusimos era en una situación de resistencia, de acuerdo a una lógica como la del Jiu-Jitsu, defensiva, y generadora de soberanía. En este sentido es que proponemos el Jiu-Jitsu como una lógica tanto como dispositivo de una resistencia política. Por su dominio y soberanía del cuerpo que brinda. Por ser un saber en tanto capacidad de realizar cosas. Y por encerrar la lógica de la política, involucrando el

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cuerpo, la fuerza y la soberanía, es que el Jiu-Jitsu brinda una contribución para pensar estos problemas. Cierre La propuesta para una política identitaria que aquí presentamos plantea desplegar múltiples articulaciones y lógicas políticas distintas en diferentes estratos -incluyendo el de la acción colectiva- como espacios, ámbitos y esferas de nuestras vidas como estrategia de resistencia que permita afirmar la singularidad de la vida. La vida es considerada localizada en el cuerpo, como potencia y capacidad, y no descansa en otro principio que su conservación. Partimos que la preservación de la vida es un hecho que requiere de la fuerza. Distinguimos la bio-lencia como la fuerza necesaria para preservar la vida frente a la amenaza extrema de la extinción y aniquilamiento. Ponemos la pulsión de muerte como impulso fundamental del proceso de la vida como del desarrollo de los procesos identitarios y por tanto de la constitución de la comunidad política. El Jiu-Jitsu nos permite localizar en el cuerpo el saber, en tanto capacidad de realizar cosas, como dispositivo, tecnología, como lógica de resistencia y establecimiento de soberanía. Jiu-Jitsu plantea la cuestión del saber en tanto capacidad y práctica, presenta una lógica de resistencia localizada en el cuerpo y presenta el momento de lo político como el enfrentamiento. En este sentido estas tres categorías filosóficas demarcan una propuesta política que utiliza la identidad para desplegar una serie de articulaciones (políticas) distintas en diferentes espacios (virtuales y reales), ámbitos, esferas, saberes, que generen soberanía en favor de la vida, considerada como la fuerzas que puede desplegar un cuerpo. Esta propuesta no ignora el plano colectivo, “específicamente” político de la articulación hegemónica, sino que la considera condición de posibilidad de una lógica estratificada de su despliegue estratégico. Este planteo posee algunas localizaciones que lo fijan haciendo que no sea una meditación metafísica. La identidad en términos materiales, que agencia comportamientos, que exije una performance, una actuación, que posibilita una serie de articulaciones que pueden dar lugar a distintos sujetos y formas de soberanía política. La identidad como elemento instrumental de una política al servicio de la vida. La vida en ningún otro sentido que su preservación en el cuerpo desplegando su singularidad y permitiendo la continuidad de la la comunidad. Una mirada nihilista que interpone la bio-lencia entre el extremo de la extinsión y del exterminio. Una noción de vida anudada en el cuerpo y sus capacidades pulsionales, en la que el sadismo juega un papel esencial en el proceso de establecimiento de identidades así como de la comunidad. Por último el Jiu-Jitsu aportó una alegoría, por un lado, sobre el saber como capacidad, saber hacer. Por el otra lado presentó una alegoría de lo política, en tanto cuerpos, fuerzas y un enfrentamiento por el establecimiento de la soberanía. En definitiva esta propuesta considera la identidad una herramienta de la imaginación que permite establecer distintos órdenes soberanos -que implica cuerpos, fuerza y un

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enfrentamiento- en distintos espacios con la finalidad de garantizar la singularidad de la vida y la continuidad de la comunidad.

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