Columnas 2011-2013 en El Post

Francisco Estrada Vásquez

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26 de noviembre

Un buen negocio

Invertir en la primera infancia es un buen negocio para los individuos y para las sociedades. Diversos estudios (entre los que destacan Cunha, Heckman, Lochner and Masterov, 20051; Heckman and Masterov 20072) coinciden en relevar las consecuencias, el impacto que tiene en la vida social la inversión en la temprana infancia.3 El ejemplo más característico es el de la educación preescolar y así se fundamentó el Chile Crece Contigo.4 Sin embargo de esta evidencia, aún nuestras políticas públicas no se hacen cargo de ellas totalmente. Esto se torna trágico en el caso de los niños y niñas vulnerados en sus derechos. Esta expresión (con origen en la doctrina de los derechos del niño, vino a reemplazar al discurso del riesgo social y la situación irregular) cubre situaciones que van desde el abandono de niños hasta su explotación sexual y comercial, pasando por los niños en la calle, en hogares y en programas y centros del Sename. Comenzando la segunda década del siglo XXI, la subvención que el Estado chileno entrega a los hogares es tan baja ($180.000 al mes por niño, aprox.) que permite apenas pagar las condiciones de habitabilidad básicas. Niños con especiales necesidades de salud mental carecen de un sistema público que les diagnostique, y dé tratamiento a temprana edad. Recién cuando cometen un delito vienen a ser usuarios de servicios públicos. Ni siquiera existe una Unidad de Salud Mental Infantil en el Ministerio de Salud a cargo de diseñar y promover políticas públicas en este sentido. Son los juzgados de familia y los centros de Sename quienes acogen a niños para los que no están preparados y cuyo pronóstico, de no mediar mayor inversión, es incierto. Es un buen negocio invertir lo más temprano posible y es urgente apurar el tranco en esta materia.

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Disponible en: http://www.nber.org/papers/w11331 Disponible en: http://jenni.uchicago.edu/human-inequality/papers/Heckman_final_all_wp_2007-0322c_jsb.pdf 3 Hablo de una perspectiva de la inversión pero eso, por cierto, no quita que existan poderosos argumentos éticos, jurídicos y políticos para esta tarea. Pero esa es otra columna. 4 Buena parte del exitoso seminario internacional organizado el 2008 por JUNJI junto a la DIPRES iba en esta dirección, que culminó en la ley que consolidó el sistema del Chile Crece Contigo. Presentaciones disponibles en: http://www.junji.cl/junjijoomla/index.php?option=com_content&task=view&id=955&Itemid=470 y ss.

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8 de diciembre

El cuarto oscuro

Un nuevo incendio en una cárcel, quizá el más cruento en víctimas, pone en el centro de la atención pública el cuarto oscuro de nuestras cárceles. Las primeras reacciones en la opinión pública van desde el escándalo indignado de parlamentarios a los compromisos oficiales por identificar causas y responsables, pasando por el dolor inconmensurable de los deudos. Pareciera, por el tono de los lamentos, que estuviéramos ante una tragedia impensada e inusual. Pero lo cierto es que, más allá de la lamentable magnitud de este incidente, estamos ante un episodio reiterado, previsible, rutinario incluso, en nuestra historia carcelaria. Basta leer los acuciosos trabajos de jóvenes historiadores como Marco Fernández, Marco León o Jaime Cisternas para comprobar lo anterior: la violencia es consustancial a la cárcel. La violencia de los vigilantes y la violencia de los vigilados. El incendio que se sale de control en medio de la noche es un acontecimiento inserto en la rutina no un episodio aislado. Activa todos los ingredientes de la institución total que es la cárcel. La lucha entre penados y gendarmes por el control del centro, el temor recíproco, la desigualdad de fuerzas, las asimetrías de formación, y, por sobre todo, el estratégico olvido del resto de la ciudad. Un olvido que, periódicamente, es suavizado a través de programas televisivos que dirigen sus focos hacia algunos sectores del cuarto oscuro para iluminarlos y así oscurecer otros; dulcifican el rigor de intramuros en lógica reality; le asignan un carácter cuasi redentor al sufrimiento, como si esa violencia no se tratara de la violación de derechos, y ocultan los rincones en que la violencia viene desde los vigilantes. Nada nuevo, entonces, en el motín y la muerte, en esa ciudad invertida que es la cárcel. Ni siquiera la sensación de crisis es novedosa. Conviene recordar con Foucault que “la prisión ha formado siempre parte de un campo activo en el que han abundado los proyectos, las reorganizaciones, las experiencias, los discursos teóricos, los testimonios, las investigaciones. Hay en torno de la institución penitenciaria una verdadera prolijidad, un verdadero celo.” Es decir, que el fracaso de la cárcel ha sido coetáneo a su crisis y a su reforma. No existió una época en que la cárcel haya funcionado y luego se haya producido un ciclo de decaimiento. Desde su origen la cárcel, ese invento de reformadores penales decimonónicos, ha fracasado en sus objetivos y se ha anunciado críticamente esa contradicción.

Entre nosotros, una de las primeras comisiones investigadoras en democracia de la Cámara de Diputados entregó en 1992 su informe respecto de la crisis carcelaria. Varios
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de los desafíos que planteaba ese informe han ido siendo abordados, pero un punto que sigue pendiente es la modernización de Gendarmería. El hacinamiento es el principal síntoma de la crisis carcelaria. Entre 1987 y 1997 la población atendida por la administración penitenciaria pasó de 37.585 a 57.402, aumentando en un 53%. En la década siguiente, entre 1998 y 2009, se pasó de 60.990 a 106.877 personas en el sistema penitenciario, representando un crecimiento de 75%. A diciembre de 2009 la población penal del subsistema cerrado era de 51.063 internos y en el medio libre de 55.339 personas. (Fuente: CONSEJO PARA LA REFORMA PENITENCIARIA 2010) En este escenario de centros sobrepoblados ¿cómo impedir que esto se repita? No hay, por cierto, recetas ni atajos pero sí existe entre nosotros una hoja de ruta, clara y precisa, concordada por la comunidad de expertos y que requiere aumentar la prioridad de recursos y acelerar los tiempos. Las Recomendaciones para una Nueva Política Penitenciaria del Consejo para la Reforma Penitenciaria constituyen el imprescindible recurso sobre el que debe construirse el nunca más carcelario. Una tarea de estos días será visibilizar este documento y convertirlo en la piedra angular de cualquier anuncio oficial. Destacaría dentro del completo reporte lo referido al “Servicio Nacional de Reinserción Social” el que debería encargarse de la supervisión de medidas alternativas y programas de reinserción. Su lógica es que la persona cuente “desde el primer contacto con el sistema de justicia, con un oficial o delegado a cargo, que tenga base local o comunitaria y sea el responsable de representar las necesidades del infractor y de influir en las decisiones que se tomen en cada etapa del cumplimiento de las sanciones penales. La idea es que se instale un proceso de manejo de caso, donde los encargados puedan evaluar, derivar y supervisar, mediante un ciclo que permita establecer el riesgo en cada área, determinar las intervenciones y los actores involucrados y evaluar el cumplimiento de los objetivos.”

La retórica de la reinserción
No todo el que dice reinserción entiende realmente de qué se trata. El discurso post incendio va a poner el acento en la necesidad de robustecer la reinserción pero pocas veces se notan avances. Creo que esto se debe a un uso meramente discursivo de la reinserción. Un ejemplo del uso meramente retórico de la reinserción lo ofrece el mismo Estado, que tiene como objetivo esta tarea, y que impide el ingreso de personas condenadas, sean quiénes sean. Una exigencia razonable de probidad puede ir acompañada de certificaciones de procesos de reinserción extendidos por autoridades competentes que permitieran el ingreso a la administración pública.
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Hablar de reinserción social parece significar poder hablar de todo. Desde el consabido eslogan del “cambio cultural” que implica, hasta los ya clásicos reproches al aparato estatal. Es también hablar desde la anécdota edificante: Tal sujeto que “lo logró”, el desempeño heroico de tal ong, los resultados del piloto equis. Para decirlo en breve, trabajar en serio un proyecto de reinserción quiere decir, disculpen la perogrullada, dar cuenta de un sistema complejo, esto es, un articulado esfuerzo de distintas disciplinas, recursos y actores, que debe priorizar el acento en la gestión del sistema de reinserción. Creo que algunos de los conflictos críticos que hemos observado los últimos años se han debido en buena parte al abordaje en compartimientos estancos de algunas de estas facetas que requieren ser asumidas integralmente.

Una infortunada casualidad hace que una de las noticias previas al motín haya sido la de la protesta en Til til de los vecinos, liderados por el alcalde y un parlamentario –el diputado DC Silber que aprovechó su fuero para insultar en su cara a un comandante de Carabineros- que no quieren una cárcel cerca suyo. “Siempre nos traen la basura acá” ha dicho en otra oportunidad el alcalde, de izquierda por cierto, de la localidad. Somos una sociedad que va de considerar a los reclusos una basura a llorar una tragedia no por previsible menos dolorosa. Con relación a la modernización institucional es preciso reformular el entorno de los directivos. Hoy, los incentivos e indicadores están única o principalmente asociados a la vigilancia. El número de fugas y motines es el principal cuantificador de rendimiento de un alcaide. También las tareas de reinserción deben contar con indicadores públicos, sencillos y validados. En este ámbito, entonces, la tarea pendiente es aprovechar esta momentánea atención de la comunidad para pasar de la retórica de la reinserción a una, por así decirlo, operatoria con indicadores. Los observadores de esta tragedia tenemos este deber ético con quienes fallecieron a fin que ninguna muerte sea en vano.

Referencias CÁMARA DE DIPUTADOS, qd, Santiago, 1992. Disponible en: http://www.scribd.com/doc/44930227/Informe-de-Comision-Investigadora-1992problemas-carcelarios CISTERNAS, Jaime, Historia de la cárcel Penitenciaría de Santiago: 1847-1887, Tesis (Licenciatura en Historia), Pontificia Universidad Católica de Chile, 1997. Disponible en: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0018564.pdf

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CONSEJO PARA LA REFORMA PENITENCIARIA, Recomendaciones para una Nueva Política Penitenciaria, Santiago, Marzo de 2010. Disponible en: http://www.pazciudadana.cl/docs/pub_20100319142517.pdf FERNANDEZ LABBE, Marco Antonio, Prisión común, imaginario social e identidad: Chile, 1870-1920, Ed. Andrés Bello, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, Chile, 2003. Disponible en: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0018567.pdf FOUCAULT, Michel, Vigilar y Castigar. El nacimiento de la prisión, Ed. Siglo XXI, México. LEON LEON, Marco, Encierro y corrección: la configuración de un sistema de prisiones en Chile 1800-1911, Universidad Central de Chile, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 2003 (Santiago: Centro de Documentos Xerox de la Universidad Central) 3 v. (1019 p.) Disponible en: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0018581.pdf

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30 de diciembre

Tareas pendientes en el debate preescolar

Como bien apunta Fernando Paulsen, hay ruido en el ambiente con los dichos de la Vicepresidenta de la JUNJI pero poco se escucha sobre la situación de la educación preescolar en el país. Ese, por cierto, no es un pecado reciente. Más allá del crecimiento tremendo, ordenado y responsable en la administración anterior de los jardines de la JUNJI, el tema preescolar ha pasado colado en la discusión de la reforma educativa tanto por los actores públicos como por el mundo académico con singulares excepciones. Acompañé como asesor a la anterior Vicepresidenta al parlamento a explicar las razones para que, en la nueva arquitectura educacional, se tomasen definiciones y se hicieran ajustes respecto al sistema preescolar so riesgo de generar serios problemas cuando el nuevo sistema educativo comenzase a operar por confusión de competencias, deberes sin atribuciones y otras cuestiones. Sólo una indicación menor en este sentido fue acogida. Creo innecesario argumentar sobre la importancia de esta fase del proceso educativo. Un gran logro para el país fue que hace muy poco reformamos la Constitución Política de la República justamente como expresión del amplio consenso nacional sobre la relevancia de este grado educativo y lo incorporamos como una obligación del estado y un derecho de los ciudadanos. Lo que ha ocurrido en el debate de los variados cuerpos legales que aspiran reestructurar el sistema educativo nacional es que, por momentos, se ha olvidado el mundo de la educación parvularia, con sus complejidades, con sus logros y sus específicos desafíos. Seis son los aspectos en los que hay definiciones aún pendientes: 1. Necesidad de explicitar ámbitos de competencias. La Ley General de Educación como asimismo alguno de los proyectos en curso entregan funciones a nuevas autoridades sin solución de complementariedad ni delimitando con precisión los campos de acción de JUNJI y las nuevas instituciones. Es más, derechamente se la omite como actor del nuevo sistema de educación. El actual rol evaluador y supervigilador de JUNJI es traspasado a las nuevas autoridades Es preciso definir quién hará qué con claridad. Esto puede y debe significar modificar la ley orgánica de la JUNJI para evitar posteriores debates. 2. Rol certificador Se incorpora un rol en el mundo de la educación parvularia y se le asigna al Ministerio de Educación. Esta importante función, el Ministerio podría desempeñarla, para el mundo parvulario, a través justamente de JUNJI. 3. Incorporación al sistema de acreditación de los avances del sistema parvulario, JUNJI ha desarrollado en esta materia, con la colaboración de UNICEF y
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otras prestigiosas instituciones, un proceso de elaboración de un sistema de acreditación que ha significado importantes avances técnicos y un proceso de mejora. No debiera existir espacio para retroceder en este campo y este proceso debiese contar con el financiamiento necesario. dado su costo 4. Mejorar las posibilidades de reacción del aparato público frente a situaciones de maltrato grave en jardines infantiles. Dos son las herramientas posibles de implementar. Una, establecer legalmente un sistema de inhabilidades para funcionarios(as) de jardines infantiles. Hoy día no existe y puede existir alguien condenado por delitos graves ejerciendo en el sistema preescolar. Dos, estableciendo en la ley orgánica de la JUNJI la facultad para querellarse, de la que hoy carece. 5. JUNJI e Integra. Dos instituciones públicas para una misma tarea. Buenas razones históricas explican su coexistencia pero repensar el sistema educativo exige definir la orgánica de la atención preescolar del país. 6. Exigencia para obtener patente municipal de autorización extendida por JUNJI. Aunque parezca sorprendente, hoy no todos los jardines infantiles privados del país cuentan con esta autorización incluso existiendo muchos que la han solicitado como modo de acreditar su buenas condiciones.

Estas son tareas pendientes sustantivas en el ámbito preescolar que deben ser abordadas tanto por autoridades y parlamentarios como por académicos, organizaciones d ela sociedad civil y simples ciudadanos con opinión.

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17 de enero

Ni ángeles ni demonios

Reviso prensa sobre infancia a fin de elegir tema para esta columna y me encuentro con el paraíso de un taxónomo, la sencilla posibilidad de clasificar todos los artículos sobre niños en dos muy claras y simples categorías: ángeles y demonios. En algunas notas son las víctimas lamentables, o los veraneantes alegres, o los esforzados y heroicos puntajes de la PSU (iba anotar PAA pero me alcancé a corregir). En otras, son quienes atemorizan a la población en violentos robos, los que se descontrolan en sus carretes, o quienes son “las malas juntas” de otros, los que han sido infectados. No es culpa de los medios. Al menos no en su totalidad. Esta mirada algo esquizofrénica responde a la mirada del mundo adulto. Siempre en sorpresa, con poco tiempo para recordar, en un país donde la historia parece un lujo de élite, el mundo adulto se acomoda en la sospecha que poco exige y marca al otro, al niño, con una de estas dos etiquetas, se tranquiliza y hace zapping al siguiente gol del Barcelona. Las instituciones replican, desde otra esquina, la misma dicotomía: del galvano en el podio al cuarto oscuro. Del premio al castigo. Ese es el balancín en que juega la infancia. Digo, los niños, las niñas. Esta mirada, es bueno recordarlo, no tiene nada de ingenua. Podrá ser simplista pero es siempre parte del problema, lo co construye, le pone nombre, imágenes, marca acentos, cierra matices. Quizá es el soporte mediático el incapaz de ofrecer miradas más complejas. Quizá no hay que pedirle peras al olmo y buscar en la literatura lo que la página impresa no entrega -esa es otra columnaEl verano en la ciudad puede ser tiempo de conversas más largas, de leer libros de más páginas. Ojalá también los medios aprovechen los minutos extra que ofrecen estos meses. Quizá entre las incontables notas sobre recónditos lugares donde ir a veranear puedan asomarse voces, que desafíen esos clichés de ángeles y demonios, porque esos seres bajitos, como les dice Serrat, son ni más ni menos que seres humanos, sujetos de derecho si apuran al leguleyo que hay en mí, tan complejos, contradictorios, insondables como el lector de esta columna o su autor. Alguna vez también fuimos niños. Pero se nos olvidó. O eso parece.

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27 de enero

Innovación y justicia

Cambios y judicatura no suelen ir de la mano. En todas partes del mundo, la institución judicial se caracteriza por un acentuado rasgo conservador. Evaluar ese carácter no es el propósito de estas líneas, comentar innovaciones nacionales a propósito de algunas experiencias sí lo es. El ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, Roberto Contreras5, expuso hace pocos días en un seminario6 organizado por el Congreso Nacional y presentó el marco de trabajo en que se inscriben varias experiencias en las que él ha sido decidido impulsor y protagonista o un observador privilegiado de otros jueces y juezas pioneros. Me refiero a las salas especializadas en justicia penal adolescente de San Bernardo, Puente Alto y otros lugares del país y a los llamados tribunales de tratamiento de drogas. El ministro Contreras plantea que estas experiencias es preciso leerlas dentro de un nuevo modo de entender el trabajo de los tribunales y expone que en este nuevo abordaje, es preciso considerar también como usuarios del sistema judicial a actores tradicionalmente vistos como periféricos o ninguneados desde el podio tribunalicio. Habla de las juntas de vecinos, los centros de estudios, los organismos que inciden en el quehacer ordinario de los jueces como Sename, Conace, o -agrego yo- los servicios de salud, etc. Y luego reseña algunos rasgos que perfilan el nuevo rol de un juez, cercano a la corriente que en otros países se denomina la justicia terapéutica, donde el acento –fíjense en la obviedad - está en la efectiva solución del problema, más que en la pura subsunción del caso en una norma que lo solucione. Estas perspectivas novedosas, se inscriben en las mejores prácticas contemporáneas7 que procuran que los tribunales realmente contribuyan a resolver los problemas que se plantean ante ellos por los ciudadanos y no devengan en meros tramitadores de expedientes.8 Las singulares prácticas en que hoy se expresan deben ser apoyadas, difundidas, estudiadas, corregidas, de modo de ofrecer no más pilotos sino sostenidas innovaciones en políticas de justicia.
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http://www.poderjudicial.cl/noticias/File/Texto%20Exposicion.doc?opc_menu=&opc_item= http://www.poderjudicial.cl/modulos/Home/Noticias/PRE_txtnews.php?cod=2883&opc_menu=&opc_item = 7 International Network on Therapeutic Jurisprudence en http://www.law.arizona.edu/depts/upr-intj/ 8 http://www.law.arizona.edu/depts/upr-intj/pdf/TouroLawReview.pdf y http://www.law.arizona.edu/depts/upr-intj/JTylosJRP-BruceWinick.PDF

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Es preciso revisar estas experiencias y preguntarnos por cómo avanzar más en la especialización de los jueces y de los restantes actores del sistema de justicia. En materias como violencia intrafamiliar, protección de niños abusados o abandonados, vigilancia penitenciaria y en tantas otras, parece urgente contar con jueces –y, por cierto, ministros de Cortes- altamente especializados en esas materias que puedan tomar decisiones pudiendo evaluar la información que se les entrega y no teniendo que hacer actos de fe en lo que otros les dicen en sesudos informes y pudiendo, luego, controlar el resultado de la decisión por ellos dictada. Nos enseñan el primer día de clases en derecho la definición de Ulpiano de justicia, “dar a cada uno suyo”. Esta tarea, exige en una sociedad democrática, jueces, rutinas, indicadores, espacios, que favorezcan innovación en especialización y el trabajo del juez como lo entiende lúcidamente el ministro Contreras.

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11 de febrero

Números que faltan

Suelo sentir envidia ante algunos debates. Es cosa de ver las últimas columnas de Andrea Repetto9 o de Claudia Peirano10. A la base de las discusiones que proponen las articulistas existen cifras. Su sentido, el relato en el que se inscriben, la perspectiva a la que rinden tributo, son materias del debate. Pero hay alguna posibilidad de un diálogo, que sea algo más que un doble monólogo, si todos los opinantes reconocen que deben partir por hacerse cargo de esos números -fríos dice el cliché- que desde su desnudez apuntan acusadoramente en una u otra dirección. En materias de política criminal, esos números brillan por su ausencia. Es realmente desesperante que con los altísimos niveles de inversión que como país hemos hechos, en las distintas instituciones públicas involucradas, tanto en software, hardware, como en personal, aún carezcamos de información estadística, consistente, confiable y oportuna en materia delictiva. Los distintos actores cuentan de distinta manera unos de otros, carecen de una instancia en la que se consoliden las cifras y se homologuen procedimientos. Así, las cifras de condenados varían según si informa gendarmería, Fiscalía o la Corporación Administrativa del Poder Judicial (CAPJ). Saber cuántos adolescentes han estado en internación provisoria desde el reciente nacimiento del sistema requiere casi un acto de fe. Los números que entregan Sename, Defensoría, Ministerio Público, y CAPJ son enteramente diferentes entre sí. Ni hablar de que las bases de datos estén a disposición del público. Escasamente esos guarismos se ofrecen con mirada de género o regionalizados. Carecemos de una rigurosa periodicidad en la entrega de información. Carecemos de procesos que consoliden la información. Carecemos de debate acerca de la construcción de algunas categorías.

Así, estimar demanda, evaluar sistemas, políticas, programas, construir indicadores, sólo es posible a través de costosos estudios.
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http://elpost.cl/content/seamos-serios http://elpost.cl/content/%C2%BFmedir-o-no-medir

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Paz Ciudadana, lúcidamente partió por este sensible tema hace años al impulsar un Anuario de Estadísticas Criminales, el que, con el correr de los años, careció de la necesaria voluntad política para su impulso y perfeccionamiento. Hay algunas buenas noticias. En estos días, Paz Ciudadana ha hecho público un estudio encargado por el Ministerio de Justicia sobre la construcción de indicadores para el sistema juvenil11. Sename12 y, recientemente, Defensoría13, han publicado evaluaciones estadísticas del funcionamiento penal juvenil. Pero una primera lectura muestra que las diferencias permanecen, más allá de las buenas voluntades institucionales.

Cuando se carece de evidencia, lo único que nos queda es la ideología. Por mientras, seguiremos lamentando la ausencia de números a la base de los debates político criminales.

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http://www.pazciudadana.cl/publs_interior.php?idPublicacion=218 Informe final del estudio “Construcción de indicadores de reinserción social de adolescentes infractores de la ley penal”, adjudicado por Fundación Paz Ciudadana en licitación pública realizada por el Ministerio de Justicia. 12 http://www.scribd.com/doc/44353501/Informe-Lrpa-Final-Final 13 http://www.dpp.cl/Documentos/estadisticas/2011/DctodeTrabajo222011InformeEstadistico.pdf

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17 de marzo

Cargas de trabajo

Marzo pone término a la época del año en que los noticiarios resultan indistinguibles unos de oreos, y los días son como esa pesadilla de Bill Murray en el día de la marmota pero sin Andie MacDowell. Las picadas, el festival, los accidentes en carretera, la desvergonzada propaganda de programas propios, etc. Contra el trasfondo de esa monotonía, una nota suele mantener cierto interés para el viajero estival. El control a los conductores de buses. Chóferes que apenas duermen, apenas comen, apenas van al baño, por cierto, apenas conducen. La obviedad de ese mínimo me sorprende por su ausencia en otros ámbitos al retomar en marzo los empeños laborales. Son las 3 de la tarde y en un tribunal de Santiago, cuyo nombre no revelaré, ni el juez ni su equipo han almorzado. Llevan tomando audiencias desde las 8:30. Es cierto que algunas, por diversos motivos, se frustran. Pero no quisiera yo que quien resuelve mi divorcio o si veré no a mis hijos o el monto de la sentencia equis lleve tantas horas ininterrumpidas escuchando infinitas cuitas y alegaciones abogadiles. La semana pasada, un estudio de la Universidad Cardenal Silva Henríquez, mostró la baja valoración de la justicia en sectores populares. Hace un par de años un estudio de la Fundación Amparo y Justicia mostró que el primer reclamo de las familias de niños víctimas de delitos al sistema de justicia era información. Un factor explicativo de estos problemas reside en caras de trabajo que superan lo exigible. Hemos celebrado los 10 años de la Reforma Procesal Penal, y un reclamo reiterado de sus actores es revisar las cargas de trabajo. Estas fueron fijadas con base en un estudio de fines de los noventa que simulaba cargas de trabajo y se han mantenido como el estándar con que la siempre poderosa DIPRES conversa, es un decir, con las instituciones cuando discuten su presupuesto anual. Los fiscales en algunas zonas del país, casi duplican ese estándar de trabajo. Otro tanto ocurre con los defensores, en especial con los defensores juveniles Hay, evidentemente, muchos tribunales y muchos fiscales y defensores, que no padecen este estrés pero carecemos de información pública para esa evaluación rigurosa, Posiblemente, la opacidad que las distintas instituciones exhiben al momento de divulgar su trabajo ha dificultado una seria discusión. Pero así como no es admisible que un chofer conduzca por equis horas un bus interurbano, tampoco es sano que las cargas de trabajo del sistema de justicia sean dogmas de fe, indiscutibles.

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11 de abril

Quebec en el horizonte

He pasado una gran semana rodeado de expertos en justicia juvenil de catorce países, que venían desde el mundo público, académico o de ejecución de programas. El seminario internacional14 más importante en los últimos quince años en el país, en su especialidad (justicia juvenil), fue organizado por la Universidad de La Frontera se inscribe en un proyecto de investigación financiado por el Fondef, y del cual soy investigador asociado Desde hace unos diez años, cuando comenzó la alianza entre el equipo de canadiense y el equipo dirigido por Ricardo Pérez-Luco, se instaló en la comunidad especializada nacional la idea de que el sistema de Quebec era un referente a alcanzar, con el que contrastar nuestro sistema en construcción. Fue, por lo mismo, muy fortalecedor escuchar decir a Chris Baird15, quien lleva casi dos décadas en la dirección de una prestigiosa institución estadounidense en justicia, infancia y juventud16, decir que “Quebec era el óptimo, el horizonte a alcanzar también por ellos.” Cuatro grandes aprendizajes de estos días: 1. La relevancia de investigaciones académicas continuas, permanentes y cercanas a los programas, de modo que les nutran y orienten. Kerry Baker17, investigadora de Oxford es emblemática en este punto: Me contaba que 2 días de la semana los pasaba en los claustros oxonienses, 1 o 2 días en Londres y 1 o 2 días visitando programas. 2. El amplio consenso en terminar con los “tincómetros”, con el “ojímetro” en políticas de reinserción. En esta línea se inscribe el trabajo de la UFRO de validar en Chile un sistema de evaluación diferenciada, en sintonía con el modelo de Quebec, pero aprendiendo de primera fuente, de la experiencia madrileña del IGI elaborado por el equipo del carismático José Luis Graña y Vicente Garrido por encargo de la Agencia de Madrid para la Reinserción del menor; del ASSET, implementado por el Home Office y en cuya puesta en marcha ha colaborado K Baker; y del JAIS, del equipo del NCCD. Lo que no se mide, no mejora. Y aquí hay mucho que mejorar aún. 3. La necesidad de fortalecer y formalizar las coordinaciones interagencias. El gran déficit nacional, en mi opinión, es la incoherencia sistémica. Que se expresa desde la
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http://www.seminariojusticiajuvenil2011.cl/index.php/fondef-integracion http://www.seminariojusticiajuvenil2011.cl/index.php/lista-de-invitados/norteamerica/chris-baird 16 Christopher Baird es el Vice Presidente Ejecutivo del National Council on crime ad Delinquency (NCCD)/Children's Research Center (CRC) y ha dirigido el Midwest Office en Madison, Wisconsin, desde 1985. Sitio institcuional: http://www.nccd-crc.org/nccd/ 17 http://www.seminariojusticiajuvenil2011.cl/index.php/lista-de-invitados/europa/kerry-baker

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ausencia de estadísticas consolidadas inter instituciones, hasta las contradicciones en los objetivos de algunas instituciones públicas. 4. Finalmente, el convencimiento que la política criminal nunca puede reemplazar a la política social. De ahí que la ausencia de una ley de protección de derechos de la infancia se haga tan patente entre nosotros. Pero, es una obviedad pero hay que decirla, no cualquier ley de protección va a mejorar sustantivamente los derechos de los niños en Chile. Ese es otro debate. Esa es otra columna.

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22 de abril

La ruta difícil

La credibilidad de la jerarquía católica es una tierra devastada. La magnitud de la erosión18 requiera medidas más imaginativas19 que una comisión con los mismos de siempre (ninguno con experticia en abuso, a mayor añadidura), una declaración oficial con la misma jerga vaticanoide deslavada y tibia, o indignadas cartas al diario. La expresión máxima de desorientación es que un pretendido experto en impartir perdón, lo pida a quienes afrentó, desde las páginas de un diario en vez del encuentro cara a cara que él, mejor que nadie, debería saber, es el único lugar válido para ello. La senda que debe seguir la jerarquía chilena es la ruta difícil. Para ello, siguiendo la huella de la iglesia estadounidense20, debería, en el corto plazo, tomar estas medidas: 1. Nombramiento de una comisión de laicos expertos, la mayoría ajenos a la iglesia, con la misión de entregar un completo reporte sobre los abusos cometidos durante los últimos veinte años, con recomendaciones concretas para impedir su reiteración, incluyendo protocolos a seguir para que la iglesia cuenta con “espacios seguros para niños”, y protocolos de actuación ante denuncias. 2. Instruir a todas las instituciones relacionadas con la iglesia, el deber de colaborar con la entrega de información. 3. Sancionar con prontitud, severamente, todas las infracciones ocurridas durante la tramitación de la investigación canónica de Karadima. 4. Conformar un equipo eclesial, que proponga medidas de reparación a las víctimas. 5. Instruir a las universidades católicas o relacionadas con la Iglesia, para que inicien, a la brevedad, investigaciones académicas que ayuden a entender el fenómeno. Por supuesto, la comisión que propongo, debiera poner toda la información que recopile a disposición de la justicia civil. Y, parece obvio, pero quizá para algunos no lo sea, cuando habló de abusos, deben ser también castigados los abusos contra mayores de edad. Los cometidos contra niños son, por cierto, más graves, pero no significa que aprovecharse del lugar que ocupaban, lugar
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http://elpost.cl/content/la-marca-iglesia-cat%C3%B3lica Uno de los denunciantes, José A. Murillo, ha efectuado una imaginativa propuesta, que por cierto apoyamos, en estas páginas: http://elpost.cl/content/d%C3%AD-de-la-confianza-l%C3%BAcida 20 La Conferencia episcopal de EEUU proclamó una carta de protección de niños y jóvenes de donde están tomadas varias de estas ideas: http://www.usccb.org/ocyp/charter.shtml

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entregado por la jerarquía eclesiástica, en provecho de satisfacer personales inclinaciones sexuales, sea una cuestión menor. Es la ruta difícil, y no hay atajos.

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28 de abril

Nuevo Protocolo eclesial de denuncias: Un escuálido avance

Partamos por lo obvio. Hay cosas buenas y novedosas en el Protocolo anunciado ayer por la Iglesia: Se desformalizan las denuncias (Nº 7), se limita el efecto de la prescripción (Nº 9), se recuerda que corresponde sanción al ordinario del lugar (el obispo p.ej.) que no inicie investigación debiendo hacerlo(Nº 7), se indica que incluso un laico puede ser designado como investigador (Nº 17) y se anuncia la confección de un listado único nacional de sacerdotes y/o ex seminaristas que tienen impedimentos ya sea para ejercer el ministerio o para ingresar al Seminario (Nº 36). Pero hay algunas normas que merecen dudas y una, en especial, que se aleja del propósito declarado del Protocolo de poner a las víctimas en el centro de la preocupación, ensombreciendo este esfuerzo que a lo tardío, suma lo escuálido. Entre lo dudoso, en primer lugar, está la tipificación del Nº 5 que excluye a las religiosas de la figura del abuso sexual, definición que tiene su origen en la normativa canónica. Luego, me parece un error establecer (Nº 12) que la admisión de responsabilidad del clérigo excluya la investigación previa y sólo se proceda a la investigación vaticana de la Congregación para la doctrina de la fe. La abundante experiencia internacional muestra que el abusador sigue un patrón que repite en el tiempo y que significa que muchos otros menores de edad sufren el abuso. Una vez se determinada la responsabilidad en un caso, es preciso averiguar la extensión del abuso a otros casos y no contentarse con la declaración del agresor. Esa es tarea de la iglesia local y no de un dicasterio vaticano. Y, lo que resulta grave, es que el Protocolo se atenga a la letra del Código Procesal Penal y no eleve el estándar de actuación en cuanto a denuncias. Luego de remarcar la autonomía normativa canónica y repetir artículo por artículo la forma en que el sistema de enjuiciamiento trata la obligación de denunciar concluye en el numeral 40 diciendo: “la denuncia ante la autoridad civil no es una imposición jurídica” Para repetir la ley procesal no se requiere una declaración del conjunto de obispos. Lo legal no puede asimilarse a lo éticamente exigible. Los mismos obispos lo han repetido hasta el hartazgo tratándose de materias de moral sexual. Este aferrarse a la letra de la ley está en contradicción con lo declarado en el preámbulo (Nº 2) por los obispos acerca de su deber “de proteger a los menores.” Ello, porque sin protección no puede haber reparación, como nos recuerda Jorge Barudy21 y otros
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http://www.obelen.es/upload/383D.pdf

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expertos22. Lo primero en maltrato es proteger. Y las instituciones que pueden proteger son del mundo de la justicia civil: los tribunales de familia, los fiscales, las policías y organismos colaboradores de la justicia. No la institucionalidad eclesiástica. De ahí la relevancia, la necesidad de denunciar. Asilarse en una lectura literal del art. 175 del CPP es desconocer el rol que la denuncia ante el sistema de justicia juega en materia de protección de los niños abusados. Ayer escuché la explicación que el vocero episcopal dió en Radio Duna de este proceder. Alegó que las regulaciones canónicas así lo establecían. Pues bien, la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., que está igualmente sujeta al derecho canónico, estableció en el artículo 4º del Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes23 (documento que no aparece en el dossier hecho público en el sitio de la iglesia nacional24) que “Las diócesis deben dar parte a las autoridades públicas de toda imputación de abuso sexual de un menor. Las diócesis deben cumplir con todas las leyes civiles pertinentes respecto a la notificación de imputaciones de abuso sexual de menores a las autoridades públicas y deben cooperar con la investigación, de acuerdo con las leyes de la jurisdicción local.” Eso es elevar un estándar y dar una clara señal de que se entiende la gravedad de lo ocurrido y no se quiere repetir un error mayúsculo cometido por la jerarquía, minimizar el daño de las situaciones de abuso. Una institución que aspira a guiar las vidas humanas con exigentes estándares debe estar dispuesta a ofrecer algo más que el cumplimiento literal de la ley cuando habla de proteger los derechos de los niños.

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Ibaceta http://redalyc.uaemex.mx/pdf/785/78525210.pdf; Llanos y Sinclair en http://www.buentrato.cl/pdf/est_inv/violen/vp_llanos.pdf 23 http://www.usccb.org/ocyp/chartersp.pdf 24 http://www.iglesia.cl/especiales/abusos/

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6 de mayo

La letra con sangre entra

Hace unos años se instaló entre nosotros esta palabrita anglo –bullyng- y su fama se esparció con la rapidez de un virus informático. Desde entonces, cada vez que se alude a este fenómeno, se le tilda, se le contextualiza, como novedoso, como algo que pasa y que antes no ocurría. La novedad del año en paquete made in USA. Esa es una falacia. La violencia en la escuela está en los mismos orígenes de esta institución de control social. Entre nosotros, desde siempre fue legítimo su ejercicio por parte de las autoridades educativas. El reglazo, el varillazo, el tirón de orejas, el tirón de patillas fueron herramientas pedagógicas socialmente aceptadas. “La letra con sangre entra” era el lema docente por excelencia. Lo único nuevo de la violencia al interior de la escuela es su deslegitimación, al menos formal, legal, desde 1990 por lo pronto. En efecto, la Convención de Derechos del Niño (1990) es el primer hito del sistema jurídico formal que comienza a proscribir prácticas profundamente arraigadas en el adn de la institución escolar. Luego vinieron otros cambios legales, que han buscado erradicar el castigo físico como herramienta de disciplinamiento, y que lo han conseguido casi por completo, aun cuando han existido voces que han defendido el castigo físico como parte de la autoridad paterna25. Pero el cambio normativo no ha ido aparejado del cambio cultural. Esta semana hemos visto que un grupo de niños de 7º básico en Calama son desnudados para buscar una plata robada, acción perpetrada por profesores o detectives, ambos, o por unos con conocimiento de los otros. Y hoy viernes, la imagen de un niño de 9 años amarrado a su profesor es una dura evidencia de la persistencia de prácticas que o han terminado de extinguirse. No es raro que despojados de su principal instrumento de disciplina, existan numerosos profesores que no sabe cómo dirigir un grupo de jóvenes. No es extraño que existan golpes violentos al interior de las aulas exhibidos a las 21 hrs. en el segmento de reporteo ciudadano. Lo raro es que el hechizo de una palabrilla haga olvidar la historia de nuestras instituciones, la historia de nuestras familias. Y es que probablemente no existe familia chilena donde la violencia no haya jugado, en algún momento de su historia, un lugar
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Jorge Baraona, profesor de Derecho en la Pontifica Universidad Católica de Chile. Vid http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-34372008000100011&script=sci_arttext

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relevante. Lo raro es que ese profesor no vea que, en verdad, el que está amarrado a esa soga verde es él.

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13 de mayo

Antes de la ley

En el mundo de las instituciones de infancia, públicas y de la sociedad civil26, existe un extendido anhelo por una ley de protección integral de derechos de la infancia y la adolescencia. El Presidente anunció su estudio el 21 de mayo pasado.27 Hay un proyecto de ley28 enviado el 2004 al parlamento, que se discutió en el Senado el 2005 (participé en su tramitación) y que se encuentra en la Cámara de Diputados. En opinión de varios actores29, no responde adecuadamente a las exigencias de la Convención de derechos del Niño y a las necesidades actuales de la infancia. Por mi parte, también creo que ese proyecto no aporta hoy. También estimo que necesitamos una ley que termine de una vez por todas con la ley de Menores. Pero, a diferencia de varios amigos, creo que hay cuestiones aún pendientes, previas a esa anhelada ley y de muchísima mayor repercusión. El legítimo y fundado anhelo por esta necesaria reforma normativa no debe hacernos incurrir en la extendida tentación nacional de fantasear con el poder omnicurativo del lesgislador. Ya nos enseñó la puesta en marcha de la ley penal juvenil (con sus problemas) y la reforma procesal penal (con sus aciertos) que los procesos de implementación requieren años de preparación, recursos financieros disponibles y que hay dimensiones que son tanto o más importantes que la normativa en una reforma institucional de envergadura. Esbozo aquí tres de estas tareas: Uno. Pese a distintos esfuerzos, carecemos de una política estatal en materia de salud mental infantil. Buena parte de los casos más problemáticos del sistema de protección de derechos presentan requerimientos importantes en salud mental, los que no tienen quien los satisfaga. Existe hoy una demanda de atención de salud mental de alta complejidad y especificidad que no puede ni necesita esperar una ley para su abordaje. MINSAL debería partir creando una Unidad de salud mental infantil y presentar una propuesta de trabajo en el siguiente presupuesto exploratorio que asuma como propia esta tarea y deje de esperar que otros (Sename, privados como Cottolengo, tribunales de familia, gendarmería, etc.) se hagan cargo.
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Esta campaña de varias ONG’s es expresiva de ese anhelo. http://movilizandonos.wordpress.com/ Una asesora ministerial de Mideplan ha comunicado que está pronto el envío al parlamento del proyecto. http://movilizandonos.wordpress.com/2011/05/11/ha-llegado-carta/ 28 Boletín 3792-07 29 Entre ellos, el completo Informe de un equipo de profesores de derecho de la universidad Diego Portales dirigidos por el experto Miguel Cillero. Disponible en. http://justiciapenaladolescente.blogspot.com/2009/10/sitio-web-sobre-nueva-institucionalidad.html

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En segundo lugar, hoy Sename alberga, en un día, a cerca de mil niños y niñas en sus centros. Ninguno de estos centros cuenta con la infraestructura idónea para acoger e intervenir los dolorosos casos que le toca recibir: explotación sexual infantil, abandono, grave maltrato, niños en situación de calle, violaciones y abusos. Sus funcionarios hacen lo indecible en entornos que dificultan hasta la conversación uno a uno. Así como la ley penal juvenil desnudó que la infraestructura no era la adecuada, otro tanto ocurrirá con cualquier ley de protección. Es inadmisible mantener en el olvido a estos centros. No hacer nada y escandalizarse porque niños abandonen estos centros es fariseísmo puro. Iniciar un plan de mejoramiento de los existentes y un plan de infraestructura de nuevos centros con estándares idóneos no requiere ninguna ley. Tres. Hoy el estado entrega una subvención cercana a los $ 190.000 al mes por niño internado en un hogar o residencia30. Ese monto es insuficiente para las tareas de reinserción y apoyo que toda la sociedad espera se haga con estos niños. Muchas de las instituciones que tienen un buen trabajo lo deben a su capacidad para ir a buscar donaciones al mundo privado, pero ese mecanismo tiene un tope y, como es sabido, los últimos años, las donaciones han ido a la baja. No podemos esperar procesos de reparación o reinserción familiar a punta de limosnas. El estado tiene un deber y hace ya un tiempo, no lo está cumpliendo. Se requiere modificar el monto de la subvención. 31 Eso necesita apoyo desde el Ministerio de Hacienda. El año pasado no se aumentó en un peso el monto para los hogares y residencias y las instituciones como Hogar de Cristo, María Ayuda, Protectora de la infancia, pueden dar fe de la gravedad de esta situación. Tres tareas de primera prioridad en materia de protección de derechos de los niños que más mal lo están pasando hoy. Tres tareas que no requieren ley de protección.

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Hay factores que aumentan el valor (zona, complejidad, etc.) pero el valor simple es el indicado También la forma de pago y la supervisión, pero eso requiere modificar la Ley Nº 20.032 de subvenciones.

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28 de mayo

Transparencia en la sociedad civil

En medio del debate por Hidroaysén ha asomado una hebra que quisiera tironear para lanzar un par de ideas, no exclusivas del tema medioambiental. Se le ha solicitado por diversos actores -algunos con encubierta intención de atacar, otros con ánimo de obtener claridad- información sobre las fuentes de financiamiento de la monumental campaña contra la represa. Las respuestas han sido elusivas. El sr. Sandoval, uno de los líderes de “Patagonia sin represas”, con el desenfado de un político en campaña, ha dicho desconocer el monto total del aportes a la campaña. Esa oscuridad me merece dos comentarios: 1. La sociedad civil nacional va muy por detrás del Estado en términos de transparencia de sus fondos. Esto que parece del todo natural cuando son fondos enteramente privados no lo es en dos casos: Uno, cuando hay fondos públicos que constituyen parte relevante del financiamiento de la institución. Hay un valor político en saber si los recursos se ocupan, en qué grado, y en qué forma, para lo que se les está entregando. Es cierto que para eso hay controles de la administración, pero son eso, actividad del aparato público y no escrutinio ciudadano. Si las fundaciones, corporaciones, ONG’s le reclaman transparencia al Estado y acceso a la información, deben ser absolutamente transparentes con los recurso que se le entregan, de cara a la ciudadanía, y no sólo al aparato administrativo. Yo he sido director de fundación y me sorprendía muchísimo que a la misma tarea, con los mismos montos, mismas plazas, y costos relativamente iguales, otras instituciones pagarán a su director de programa remuneraciones muy por debajo de la que pagaba nuestra institución. ¿cómo lo sabía? Me lo contaban esos directores en las entrevistas de trabajo cuando había alguna vacante en nuestra fundación. Pero además esa transparencia en la información de cara a la ciudadanía, es también necesaria cuando el trabajo de esa institución, está no en un determinado nicho técnico sino en el escenario del debate nacional. Si Ud. aspira a liderar la opinión nacional en una determinada área, debe estar dispuesta a ser escrutada tal cual escrutamos a los políticos que llamamos profesionales. A ofrecer información sobre conflictos de intereses, a despejar dudas sobre fuentes de financiamiento. ¿Por qué no? 2. Mi segundo comentario es que ese es un camino por recorrer, para el mundo de la sociedad civil, que debe tener por objetivo fortalecer la ciudadanía y no realizar un
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trueque de prestidigitador. Salen los presidentes de partidos, entran los directores de ONG’s. A la clase política le ha costado leer los nuevos umbrales que la sociedad está construyendo como aceptables en diversas materias, para sus autoridades. Sería un lamentable error que los dirigentes de instituciones de la sociedad civil no leyeran los vientos frescos que trae la transparencia en medio del fragor de los debates.

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10 de junio

Cubriendo la noticia

Lo confieso: Nunca entiendo las noticias sobre tribunales, en especial, las de televisión. Es cierto que ser abogado me sesga en esta preocupación, pero creo que más allá de la deformación profesional hay un tema ahí. Dan las 21:00 hrs., y luego de ir de un canal a otro, nunca me queda claro qué pasó, qué se resolvió o por qué se tomó tal decisión. Esta semana, sin ir más lejos, se conoció un incidente en tribunales y debí recurrir a preguntarle a abogados conocidos hasta dar con uno que me contextualizó lo ocurrió, me describió la información que el fiscal entregó al tribunal y la decisión de la jueza. Pero nada de eso apareció en ningún medio. Y eso que existió cierto alboroto tuiterístico incluso. Creo que, con contadísimas excepciones, todas de la prensa escrita y salvo, por cierto, Pablo Honorato, la atención periodística de tribunales, literalmente, cubre los hechos, más que desvelarlos a la comunidad. Y eso incide fuertemente en debates diarios sobre seguridad ciudadana, o sobre responsabilidad de los tribunales por ejemplo. Descontado el mínimo rigor y cultura general que debería impedir que un reportero confunda prisión preventiva (que es un régimen privativo de libertad provisional, mientras dura el juicio) con presidio (que es la privación de libertad definida en la sentencia final del juicio) o que se asimile acceder a una suspensión condicional del procedimiento con haber aceptado algún tipo de responsabilidad (lo que no es así), hay algunas tareas que la prensa debería aportar a debates ciudadanos informados. Si un juez sobresee, cierra una causa, probablemente será porque la carpeta del fiscal no contiene antecedentes que permitan seguir investigando. El responsable, en caso de existir un error allí, será, entonces, el fiscal, no el juez. Si, en otro ejemplo, el tribunal deja en libertad mientras dura el juicio a un adolescente que aparece grabado cometiendo un delito que no es un crimen (delitos con penas altas, superiores a 5 años y 1 día), la responsabilidad es del legislador, no del juez. Ello es así porque la ley así lo dispuso tajantemente y, frente a eso, el tribunal carece de discreción para dejarlo en internación provisoria. Si, como ocurrió recientemente32, un ciudadano es formalizado y va a suspensión condicional del procedimiento y la condición ya fue cumplida hace un año y fue arrestado sin haber sido debidamente notificado, es el defensor quien debe dar explicaciones. Si, en un último ejemplo, se aplica a un menor de edad la ley antiterrorista, contra texto expreso de la ley penal juvenil y de la reforma del año pasado33, la responsabilidad última es del tribunal -y de sus superiores jerárquicos- por validar esa actuación.
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http://blog.idev.cl/2011/06/por-que-hacemos-lo-que-hacemos-parte-2.html Ley Nº 20.467, artículo 3º

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No da lo mismo, para efectos de escrutinio ciudadano, dónde está la responsabilidad en la toma de decisiones. Sobre esto, nuestros noticiarios poco aportan al ciudadano de a pie quien se indigna, y luego, generalmente, culpa al gobierno o a los tribunales, sin mucha claridad. Esa legítima rabia se merece mejor información que la que hoy se nos entrega.

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1 de julio

Desde los márgenes del Mapocho

Las últimas semanas han visto correr por la Alameda, el río caudaloso de la historia, una suerte de remembranza social de ese Mapocho del 82 que se llevó el mini frente a las cámaras, el mismo donde un brigadier intendente declaraba que todo estaba bajo control sobre un puente casi sumergido por los deshielos fangosos, mientras el viento, el viento de la historia por supuesto, lo comenzaba a arrastrar y desnudaba el barro bajo el pavimento. Un escolar mapuche gay ecologista no ha podido dormir el último mes y se ha perdido el final de temporada de sus series del cable, armando lienzos, tuiteando y posteando, debatiendo y gritando. Escribo esta columna desde los márgenes calmos de ese río, y lo observo con una mezcla de envidia, admiración, más envidia y frío. Me gustaría pensar que escribo por los que no marcharán, pero la frase me suena a retórica galeanosa y la descarto. Escribo desde mi comunidad, los niñólogos, al menos para levantar la voz por si reparten algo. Algo de plata, algo de atención, algo de people meter, algo de trending topic. Bajo ese Mapocho hay caletas casi centenarias donde se congregan pequeños colectivos de pequeños ciudadanos. En los centenares de hogares de fundaciones y ONG’s y en los centros del SENAME miles de niños abandonados, golpeados, abusados, explotados sexualmente, con severas patologías de salud mental, mirarán por la tele el discurrir de ese Mapocho social. En las siempre frías y húmedas cárceles juveniles se comentará en un frío coa lo que pasa fuera como si ocurriera en otro país. Las cámaras llegan a ellos cuando sus cuerpos arden, ni un minuto antes. La gran mayoría de esos niños y jóvenes no marchará. Todas las causas que han agitado el Mapocho son nobles y tocan lo mejor de uno. Escribo quizá para recordar, recordarme, recordarnos, que otras causas, caras, camas, canas, caletas, también merecen, necesitan la indignación legítima y urgente de ese escolar mapuche gay ecologista que llevamos adentro.

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21 de julio

Atreverse a fracasar

Atreverse a fracasar es el nombre de mi libro34 de cabecera desde hace un par de meses. Editado por un centro de estudios estadounidense35 que propicia la innovación en tribunales, en ámbitos que van de la violencia doméstica a la justicia juvenil o los tribunales de tratamiento de droga, el volumen es una serie de entrevistas a actores del sistema de justicia criminal norteamericano. Son, en general, académicos que están, o han estado, en puestos de autoridad en alguna institución pública o privada. Sus respuestas discurren entre la revisión de su trabajo en políticas criminales innovadoras a comentar los papers clásicos, los grandes hits de la criminología (Martinson y su “nada funciona” p. ej.). Varios nombres son autores que he leído y que al escucharlos hablar en estos términos más íntimos, me resuenan de otro modo sus observaciones técnicas; me parecen más perceptibles las diferentes obsesiones con que cada uno de ellos ha ido por la vida en su camino profesional.

El libro busca que se hable del fracaso, esa palabra anatemizada del discurso público. Que no se tema reconocer las derrotas propias como el único camino para aprender. Las preguntas evidencian una silenciosa premisa: que para ganar el apoyo público necesario para las reformas necesarias, en temas que suelen ser contra mayoritarios, no podemos ir con dobles discursos, sino enfrentando con crudeza los números, muchas veces escuálidos, de éxitos que podemos ofrecer en reducir criminalidad, reincidencia, consumo de drogas, maltrato a mujer, etc. Para esto tenemos que contar con la valentía de no hacernos trampa a nosotros mismos y entregar información estadística completa y desglosada de nuestro trabajo. Ron Corben dice que un gran error muy común es subestimar las dificultades de cambiar el statu quo. Ed Latessa dice que la mayoría de quienes trabajan en el sistema de justicia ni siquiera tienen un lenguaje para referirse al fracaso. Cuando afirma que “la mayoría de los programas están pobremente concebidos, pobremente implementados y pobremente ejecutados” pienso en tantos programas que he conocido. El famoso Bill Bratton es majadero al denunciar la precaria situación de la investigación como el pariente pobre de los esfuerzos de reforma. Sin duda no conoce la paupérrima realidad sudamericana.

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Daring to fail. En http://www.courtinnovation.org/research/daring-fail El libro ganó el 2010 el premio PASS del Consejo Nacional sobre el Crimen y la Delincuencia (http://www.nccd-crc.org/nccd/about/awardpass.html) 35 Center for Court Innovation http://www.courtinnovation.org/

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Por cierto, y como es fácil adivinar, mi propio fracaso en la reforma de Sename está presente en mi lectura. Todo lo que dicen de sus esfuerzos lo leo como propio y tiene su correlato en la realidad nacional. Se requiere aunar conocimiento experto, de calle y de paper, pero también se necesita de un sólido apoyo político para emprender reformas mayúsculas. Y, por cierto, no cometer torpezas que erosionen esa base de apoyo. Atreverse a fracasar es también parte de los desafíos de los actores de reformas institucionales. ¿Se imagina Ud. escuchar a un juez de familia hablar de fracaso frente a la mantención de la violencia doméstica en casos con numerosas denuncias? ¿Escucharemos la prohibida palabra en boca de un fiscal que ve como nuevamente queda en libertad un reiterante infractor con consumo problemático de droga? ¿Cuál será el director de programa que reconozca abiertamente que los casos difíciles se la ganan a su equipo? También en Chile debemos aprender de nuestros fracasos como el único camino para ofrecer una reacción democrática y eficaz ante los delitos, en especial los cometidos por jóvenes. Aprender a hablar de fracaso es un ejercicio necesario para ello.

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5 de agosto

La tragedia y la comedia de nuestra policía

Carabineros de Chile, este 4 de agosto, en un inmenso esfuerzo por contradecir a Marx en su idea que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como comedia, nuestra policía uniformada, digo, nos ofreció en un mismo día (¡toma Carlitos!) el espectáculo de su tragedia y su comedia en toda su extensión. A las 11:00 de la mañana el despliegue de fuerzas especiales, bastante ordinarias, por cierto, era abrumador, desproporcionado y evidentemente afectó el funcionamiento de la ciudad más que lo que la peor de las protestas pudo lograr. Mientras, tanto, en otra esquina de la ciudad, en El Bosque, un ex uniformado, se refugiaba semidesnudo en su camioneta ante la exasperante delicadeza de sus ex compañeros de oficio que lo rodeaban para gritarle. El propio jefe de la Prefectura Sur de Carabineros, coronel Marcelo Valdebenito, tuvo que presentarse para poner "paños fríos", dice la prensa. “El oficial dialogó con Ripetti, aceptó que se vistiera (su esposa le llevó ropa), y que siguiera su viaje. Al cabo, Ripetti sólo fue multado por no respetar la luz roja.” No es el Clinic sino El Mercurio quien relata el episodio. Todos vimos en televisión la elegante gentileza, el tiempo que le dedicó un coronel, en un día de no poco trabajo, a un asunto muy muy muy menor, pero que afectaba a un ex uniformado. Me impresionó el trato diplomático incluso con que dialogaban, sin atreverse a forzar el vehículo siquiera, con un sujeto que los forzó a un operativo que involucró numerosos efectivos. Por momento pensé que era una perfomance en homenaje al fallecido Hightower (Buba Smith) de Locademia de Policía. No todos vimos en televisión, en cambio, los manoseos humillantes, la prepotencia, la violencia con que tomaban las mochilas de cualquier escolar para revisarlo, gritonearlo y empujarlo. No hablo del fragor del combate –un fragor para el que deberían estar preparados a actuar con la frialdad de un profesional - sino del que observé en Providencia con escolares que miraban, y, quizá, quién sabe, esperaban entrar a la acción, pero que en ese momento, su acción no era ninguna de aquellas que la ley contempla como presupuesto para el control policial. No todos vimos el disparo de lacrimógenas por doquier, el uso de caballos como armas, el sinsentido del uso de la fuerza absolutamente disociado de cualquier análisis estratégico. Algunos canales transmitieron, desde una cómoda distancia, borrosas sombras de una tragedia.

Estos paréntesis de legalidad los hemos vivido en el pasado y, como tantos, imaginaba que sólo los volveríamos a ver en las series de televisión que los recuerdan, no en los noticiarios o en las calles. La policía no se manda sola –no debiera- y hay un indudable
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error de manejo político tras lo de ayer. Pero este error se agrava cuando la policía actúa de la forma abusiva en que lo hizo. Después de tantos años presenciando esto, nunca me queda claro si hay un propósito o es simplemente infinita torpeza. Lo de Rippeti en El Bosque rodeado por el diplomático coronel prefecto de zona me hace temer que tras la tragedia del inmenso abuso policial ayer respecto de estudiantes, hay una comedia de errores, de formación, selección, y dirección en nuestra policía uniformada.

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18 de agosto

La multitud frente al imperio
“El poder imperial ya no puede resolver el conflicto de las fuerzas sociales mediante esquemas mediadores. Los conflictos sociales se enfrentan directamente entre sí, sin mediaciones de ningún tipo.” El párrafo corresponde al capítulo final del brillante análisis de la constitución política del imperio que hace apenas diez años, Negri y Hardt plantearon y donde formularon, me parece, el esquema más apropiado para leer nuestro presente. Ha coincidido, y ese dato suele enturbiar el análisis, en nuestro país, con la llegada al poder de un gobierno de derecha, pero lo cierto es que ninguno de los conflictos que han llevado a muchedumbres a las calles podría serle endosado en exclusividad a la alianza, aunque su rol como oposición haya contribuido a su desarrollo. Pero lo que pasa estas semanas y seguirá pasando, se llegue o no se llegue a acuerdo en educación, es la irrupción de un nuevo sujeto en la contienda política, incluso en esta franja al final de la tierra. La multitud, plantea Negri, es esa ciudadanía global que esté enfrente del imperio, sin que nadie medie entre ellos. Desde Seattle hasta Buenos Aires, en Túnez, El Cairo y Bengazi, una red horizontal que no tiene un solo líder central marcha por las pantallas universales de CNN. Los órganos opositores tradicionales pueden participar en esa red, pero no pueden dirigirla. Los medios se obnubilan por repetir los tradicionales esquemas de análisis: ¿es o no una revolución, como las que conocimos? ¿quién es el líder en quien volcar el culto a la personalidad? En todas las revueltas, los carteles del primer día no son los de la semana siguiente, pero en todo ellos la pregunta que subyace tiene que ver con el poder, ¿quién lo tiene? ¿quién lo ha tenido? ¿cómo hemos llegado aquí? ¿cómo hemos llegado aquí? Twitter, Facebook, internet, no son la causa, sino el síntoma de un sujeto capaz de tomar decisiones en forma autónoma sin esperar orden de partido, un sujeto que no requiere el apoyo de editoriales mercuriales porque cuenta con canales propios de expresión. Y esta multitud declara querer que una democracia nueva emerja más robusta. Por eso el reclamo de una asamblea constituyente, un proceso constituyente, sería más preciso. Y una democracia que sea capaz de controlar no sólo a los tradicionales actores sino también a los medios y las finanzas. El telenoticiario construye más realidad que cincuenta discursos, arma su propio telepaís. Y se precisa una verdadera política económica, en la cual el debate acerca de decisiones sobre dónde poner los ahorros de todos los chilenos, p.ej., no sea una pura cuestión de técnicos, nunca tan previsores por lo demás. Se ha terminado de conformar un nuevo sujeto político, la multitud, y hoy es hora que comiencen a sonar las canciones del nuevo arte de resistir.

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Ese marco de entendimiento, propuesto hace un decenio por Negri y Hardt desde las prensas de Harvard, nos advierte acerca de la inminencia de una resistencia al presente que ha llegado para quedarse.

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1 de septiembre

¿Qué puede hacer el derecho por los derechos de los niños?

En agosto, en medio de la celebración de los 21 años de la ratificación por Chile de la Convención de Derechos del Niño, un grupo de ONG’s (La Caleta, ACHNU, entre otras) consiguió el respaldo del senador Juan Pablo Letelier y de otros parlamentarios para un proyecto de ley de protección de derechos del niño. Es un gran paso en el debate sobre esta reforma pendiente, básicamente, porque más allá de las virtudes y defectos del texto, se juega por una propuesta concreta, se deja atrás el terreno cómodo de las recomendaciones, los principios y las declaraciones para entrar a discutir cómo determinados y precisos artículos satisfacen, o no o en qué grado, el deseo colectivo por mejorar la situación de los derechos de los niños en el país. Osvaldo Torres, David Ordenes y otros líderes de instituciones que llevan décadas trabajando en infancia han conseguido ofrecer a la ciudadanía una propuesta desde la sociedad civil y merecen, por eso, un amplio reconocimiento, en un mundo que ha lamentablemente carecido de ese atrevimiento. Sin ir más lejos, durante la discusión de la ley penal juvenil no existió un texto alternativo al del ejecutivo desde la sociedad civil, lo que evidentemente empobreció el difícil debate. Con base en este reconocimiento, quiero plantear muy brevemente en esta columna tres ideas que espero enriquezcan este proceso. 1. Nos falta como estado una política de infraestructura idónea para los centenares de niños en grave vulneración de derechos que deben ser separados de sus familias y que, por su serio nivel de daño psicosocial, cuesta que encuentren un lugar en la red de hogares y residencias. Niñas en explotación sexual infantil que no ven a sus abusadores como tales sino como pololos. Niños que han hecho de la calle su espacio de vida. Niños abusados que repiten el patrón aprendido de abuso con sus pares. Niños con serias patologías de salud mental. Chile no tiene un solo centro idóneo para ellos. Con motivo de la puesta en marcha de la ley penal juvenil se produjo una toma de conciencia sobre las cárceles juveniles y se tomaron algunas decisiones de infraestructura que, aunque demoren en ponerse en marcha, va en la dirección correcta. Eso no ha ocurrido con los centros del área de protección de derechos, todos ellos de antiquísima data y que carecen de los espacios que permitan un proceso de intervención que favorezca su reinserción. 2. Con las calles de testigo, las demandas por espacios de participación han crecido. La voz de los niños puede hace mucho por enriquecer definiciones programáticas, evaluar procesos y resultados y dialogar con autoridades de distintos niveles, en los organismos públicos y también en los de privados. La ley debe generar e institucionalizar esos espacios de participación.
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3. Es necesario refrescar y ampliar la mirada a vulneraciones de derechos de cotidiana ocurrencia pero que escapan al clásico estereotipo del “niño Sename”. Cada vez que es preciso regular un régimen de relaciones (visitas se le decía antiguamente) entre un padre y un hijo en el que existen complicaciones que dificultan el proceso, carecemos de espacios e instancias adecuadas y los noticiarios han mostrado que estos encuentros se hacen hasta en comisarías. España ha implementado con mucho éxito, siguiendo la experiencia francesa, los denominados “Puntos de encuentro”, que son lugares donde es posible desarrollar el delicado proceso de revinculación entre un niño y su padre, con el apoyo de profesionales y bajo su vigilancia, en aquellos casos en que esto le parece necesario a un tribunal. Ampliar los entendimientos sobre qué vulnera derechos infantiles, ordenarle al estado la generación de una política en infraestructura e institucionalizar la participación son tareas que el derecho puede desarrollar en pro de los derechos de los niños.

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22 de septiembre

Hogar triste hogar

El primer trimestre de este año, 11.803 niños y niñas fueron atendidos en las residencias que subvenciona SENAME y que están a cargo de instituciones privadas sin fines de lucro36. Otros 1.647 fueron atendidos en los centros que administra directamente el SENAME. Es decir, 13.450 niños y niñas están separados de sus padres por distintos motivos y bajo la protección del Estado. El monto de la subvención estatal (sin considerar factores que la incrementan como la zona geográfica o la discapacidad) es cercano a los $ 188.000 mensuales. ¿Qué se puede hacer con esta subvención? No mucho, para ser francos. Comida, cama y muy poco más alcanza a ser cubierto. Para comparar peras con peras, fíjense en el monto que el mismo estado chileno entrega a la modalidad de tratamiento residencial del sistema de tratamiento del consumo de drogas para jóvenes infractores de ley que está en estos días licitando SENDA (ex –CONACE)-MINSAL-FONASA: $ 668.53037 El detalle de que sean una población muy semejante, y mucha veces, la misma, acentúa la paradoja de un estado que invierte al final de cierto ciclo vital, cuando un joven ha delinquido y padece un consumo problemático de sustancias y no cuando ese joven era un niño que no contaba con el entorno adecuado para su desarrollo y debió ser separado de sus padres. He dirigido equipos en ambos circuitos y la diferencia es abismante en uno y otro. En el circuito de tratamiento, es posible contar con profesionales y técnicos de distintas disciplinas que intervienen sobre números acotados de jóvenes. En el circuito de los hogares y residencias, se depende de la filantropía y las destrezas de gestión para recolectar donaciones y administrarlas eficientemente. Los buenos hogares son pocos y pertenecen, la gran mayoría, a instituciones de envergadura nacional que desarrollan campañas con apoyo de los medios para reunir fondos que llegan a triplicar el aporte estatal. En estos pocos hogares es posible desarrollar estrategias de intervención que tengan como horizonte el retorno a una vida familiar. No ocurre así en el resto, en la gran mayoría de las residencias. Hace cosa de un mes, un informe de la judicatura de familia nuevamente desnudó las falencias del sistema. El año pasado, ante un estremecedor y
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Fuente: Boletín estadístico de los niños (as) y adolescentes vigentes en la red SENAME Protección de derechos y primera infancia. Disponible en: http://www.sename.cl/wsename/otros/bestnacionales/BEDEPRODE-201103.pdf 37 Fuente: Resolución Nº 1962, de 30 de mayo del 2011 del Ministerio del Interior, Aprueba Bases administrativas y técnicas, p. 11. Disponibles en: http://www.mercadopublico.cl/Procurement/Modules/Attachment/ViewAttachment.aspx?enc=C5g6fuQgH KmA8NIKzvnLKjrl0jJclVtJHN2iUxRPrs2wTH9D4vtQ6csdjtzGZeP1J41ds0T%2bSeBlz9mzwawq6axyuos89sjNh7R PoSa99G2JSnAXXtjVCW5iJHCyA0nooHBhkRwaowH7mPeM3bFVr8xpmqzObsF02D84RQxF2kdmHxIXatb5exj2 xgnN%2fPyze0wD1mffjjEiPJLO2s0FvmQZdl1BHjlDmlswBeAQhs9iBCrkZkp1yxRt4zawjcYdmpXx0m68BTI1ivDw zsC8Fy7Bl4gkGfuWUfkkanHQc0DiNTgatlWl0MU3aFQVxapU

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similar informe, el Ministro de Salud se reunió con el Ministro de Justicia y con la judicatura y comprometió apoyo en los gravísimos temas de salud mental presentes en números centros y hogares. No he sabido que existan hoy en curso acciones desde el MINSAL que honren este compromiso del ministro Mañalich. Tampoco hay señales de que el Ministerio de Hacienda vaya a incrementar el aporte que se le entrega a estas residencias. Desde mi experiencia, creo que los pesos que no se ponen en primera infancia se terminan teniendo que poner en cárceles y centros penales. Faltan estudios que sustenten lo anterior, pero es mi impresión. 13.450 niños siguen en hogares, tristes hogares, a la espera que el estado asuma ese deber de protección al que se comprometió al ratificar, hace ya 21 años, la Convención de Derechos del Niño.

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6 de octubre

Construir otra mesa

Una de las varias maneras en que el gobierno anterior contribuyó al escepticismo militante de la dirigencia estudiantil actual fue esa estrategia de aplaudir el movimiento cuando se sentaba a la mesa y ningunearlo a la hora de las decisiones. Una de las más vergonzosas manifestaciones es que la ley que surgió, no del clamor de los expertos ni de las quejas de los rectores, sino de la “revolución de los pingüinos”, apenas menciona de pasada a los centros de alumnos, que fueron el motor de ese cuerpo normativo. En efecto, el artículo 10 de la LGE se refiera a la comunidad educativa y declara que está integrada por alumnos, alumnas, padres, madres y apoderados, profesionales de la educación, asistentes de la educación, equipos docentes directivos y sostenedores educacionales. Sólo faltó mencionar al señor del kiosko de la esquina que vende las golosinas. Pero de centros de alumnos, o federaciones de centros de alumnos apenas una periférica expresión de buenas intenciones38. La noche del miércoles se pararon de la mesa, una vez más. No me voy a referir a las razones de nadie en el momento actual de debate, sino que me importa mucho más, que seamos capaces de construir una mesa más grande que la actual, y de carácter permanente. Si incluso, por la razón que sea (el fin del mundo, San Expedito, San people meter, etc.), los estudiantes consiguiesen todo lo que han pedido, aun así sería necesario institucionalizar un espacio formal donde su voz, y la de otros actores de la comunidad educativa, sea escuchada. La participación de los niños y adolescentes, como colectivo, es un derecho que el estado chileno consagró al más alto nivel al suscribir la Convención sobre los Derechos del Niño y otros instrumentos internacionales de derechos humanos. A explicitar esa idea dedicó el Comité de Derechos del Niño su Comentario General Nº 1239. Hay un inmenso proceso de reforma del sistema educativo que está en marcha. Las organizaciones estudiantiles deben tener un sitial en la mesa de monitoreo de este proceso.

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Dice el artículo 15: “Los establecimientos educacionales promoverán la participación de todos los miembros de la comunidad educativa, en especial a través de la formación de centros de alumnos, centros de padres y apoderados, consejos de profesores y consejos escolares, con el objeto de contribuir al proceso de enseñanza del establecimiento.” 39 Disponible en: http://www2.ohchr.org/english/bodies/crc/docs/AdvanceVersions/CRC-C-GC-12_sp.doc

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La LGE creó un organismo de alto nivel, el Consejo Nacional de Educación, una revigorización del anterior, y lo entregó a la comunidad de expertos. Alguno de esos expertos, como advierten Barros y Fontaine40, ni siquiera hacen clases. Creo que los estudiantes también deben ser parte de esa instancia. Creo, además, que frente a las inquietudes, a veces legítimas a veces interesadas, sobre el nivel de representatividad de los dirigentes estudiantiles, lo de democrático o no de decisiones extremas como tomas, lo que corresponde es ver de frente la realidad actual de la ciudadanía estudiantil y reconocer las diversas formas de asociatividad, regular las elecciones, las decisiones importantes, y promover así -no penalizar- la participación estudiantil como una escuela de democracia. Quizá hay que crear otra instancia e incorporarla en la LGE, donde estén expresadas las voces asociadas de la comunidad educativa. Puede ser. Lo que no puede ser, es que desaprovechemos esta oportunidad de renovar nuestra élite dirigencial. Es preciso invitarlos a sentarse a una mesa, grande, formal donde se toman decisiones, donde se practica el arte de la persuasión, donde se delinean presupuestos. No una mesa para la foto o para un par de sesiones. Estoy seguro que a esa mesa los actuales dirigentes no se restarán.

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http://www.cepchile.cl/admin_dms/dms/lang_1/doc_4838.html

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21 de octubre

Reglamentos escolares

“En el caso del preceptor Hermógenes del Canto, de la Escuela Nº 28, 4ª subdelegación Providencia, Departamento de Santiago, las circunstancias fueron tan graves que llegaron los antecedentes al Ministro a través del Intendente. El preceptor trató de negar al principio, exasperóse algún tanto i por fin confesó la verdad. Era efectivo que había usado una huasca con punta de cobre repetidas veces, con la cual había herido a algunos niños. Era asimismo efectivo que con más o menos frecuencia había dado de palos a otros en el cuerpo i en la cabeza. También era cierto que habían quedado niños aturdidos con los golpes, habiendo ocurrido casos de efusión de sangre. Era igualmente cierto que a un niño le había rajado la oreja. El subdelegado hacía ver que desde la primera denuncia que él había hecho, diciembre 1883, el preceptor no había mejorado la conducta y además tomó represalias, no aceptando en la escuela a los alumnos cuyos padres habían atestiguado. Este caso lo resolvió el Ministro el 28 de abril de 1884, con el traslado del preceptor Del Canto a la escuela Nº 1 de Talca, asumiendo la escuela de Providencia el preceptor de dicha escuela. (…) El reglamento de las escuelas municipales en 1849 disponía lo siguiente en el artículo 46: “Los castigos de que puede hacer uso el preceptor son únicamente los que siguen: arrodillar a los alumnos, privarlos de recreo, retenerlos después de la hora de salida i aplicarles guantes hasta media docena.”41 Más allá de la letra del reglamento, también existían latigazos y palmetas que se reservaban para las faltas más graves.

Digámoslo en breve. Los reglamentos escolares en nuestro país, son, en una abrumadora mayoría, ilegales. No estoy diciendo que sean malos, mediocres, incompletos, fomes o mal redactados. No. Cuando digo ilegales estoy procurando ser muy preciso. Estoy sosteniendo que están fuera del ordenamiento jurídico nacional. Estoy diciendo que en su contenido, se apartan, no se ajustan, a las exigencias que las normas mayores del sistema jurídico exigen. Incumplen los estándares más básicos del derecho internacional de los derechos humanos, incumplen exigencias de rango constitucional y, pro si fuera poco, se apartan de las normativas legales y reglamentarias que el Ministerio de Educación ha dictado en la última década. Las muy completas investigaciones de la profesora de la Universidad Diego Portales Lidia Casas42 están en la base de esta
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Egaña, Loreto (2000). La educación primaria popular en el Siglo XIX en Chile: Una práctica de política estatal. DIBAM, LOM. Santiago, pp. 176-177. 42 CASAS, L. et al (2008). “La convivencia escolar, componente indispensable del derecho a la educación. Estudio de reglamentos escolares” en Justicia y derechos del niño, Vol. , UNICEF. Y CASAS, L. y CORREA, J. (2002). “Conductas discriminatorias, abusivas e infundadas en contra de estudiantes en la selección y marginación en los establecimientos de educación básica y media. Diagnóstico y caracterización del

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aseveración. Con motivo de preparar mi ponencia en el Congreso sobre Educación organizado por la Universidad Santo Tomás en Talca revisé reglamentos disponibles en internet de algunos de los colegios listados en los primeros lugares del SIMCE histórico (ranking Revista Qué Pasa). El análisis no es muy difícil. Es evidente que no están dotados de una mínima posibilidad de discusión y refutación, que hay problemas serios de proporcionalidad y que, incluso en un caso que cuenta con proyecto educativo, las sanciones se apartan ya no del debido proceso sino del mismo proyecto educativo de inspiración religiosa. en determinado establecimiento, en caso que un alumno, incluso de prekinder, llegue atrasado más de tres veces en un mes es posible que sea suspendido de clases. El proyecto educativo habla de responsabilización, de proceso de progresividad en las responsabilidades, de atención a las etapas de desarrollo. Todo eso queda en nada si se sanciona, por la anotación que hará la inspectora del patio en la agenda del alumno, con suspensión de clases a un niño de cinco años, que, evidentemente, no ha podido tener responsabilidad en el retraso y que cargará con el peso de esa pena. Hay una rigurosa continuidad en el reglamento y el preceptor Del Canto con los reglamentos escolares actuales. La Convención sobre los Derechos el Niño produjo un quiebre que deslegitimó normas informales de control. Despojados de esas herramientas, sin la formación ni los apoyos ni el entorno físico para manejar grupos conflictivos, los profesores carecen hoy de herramientas que les permitan el adecuado manejo disciplinario. Hace sólo una semana un fallo de la Corte Suprema acogía el reclamo de cuatro alumnos de un colegio en la Granja expulsados por una toma y le reprochaba al colegio que su actuar había vulnerado la igualdad ante la ley “al haberse impuesto la sanción extrema de expulsión del establecimiento por un conjunto de autoridades del Colegio que no tienen dentro de sus atribuciones privativas el aplicar una sanción de tal naturaleza, por cuanto no se encuentran establecidas en ninguna orgánica del establecimiento en lo referido al número de personas que la integran, la forma como se adoptan sus acuerdos y los recursos que proceden en contra de sus decisiones, sino que todo se establece de forma general y desordenadamente en un Manuel de Convivencia, que en definitiva lo que expone son principios y formas de actuar, pero no contiene un procedimiento racional y preestablecido para ejercer debidamente los derechos de los educandos, y que les permita a estos estar en condiciones equivalentes frente a otros que se encuentren en igual situación”. Lo que en verdad tenemos hoy en cuanto a marco de convivencia es “derecho en la escuela en la medida de lo posible”. Hace un mes entró en vigencia la Ley N° 20.536 sobre violencia escolar. Una estupenda oportunidad para lograr que el derecho, en serio, entre a las salas de clases.

problema”, en Revista de Derechos del Niño, UNICEF y Programa de Derechos del Niño, Facultad de Derecho, universidad Diego Portales, N° 1, pp. 173-223,

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8 de noviembre

Avances y deudas de un anteproyecto
Hace quince días, el 21 de octubre, el presidente Piñera recibió la propuesta de un proyecto de ley sobre protección de derechos del niño, trabajado por un grupo importante de ONG’s de infancia del país y le pidió a sus ministros de Justicia y de Desarrollo Social que conformen un equipo que construya junto a representantes de las ONG’s un texto de consenso que el ejecutivo se compromete a patrocinar. Es una buena noticia, qué duda cabe. Pero a riesgo de aguar la fiesta, y con el exclusivo propósito de que contemos con un sistema que mejore efectivamente la vigencia de los derechos de los niños y niñas en nuestro país, creo necesarias algunas consideraciones: 1. El anteproyecto en cuestión es uno de un paquete legislativo que deberá enviarse, más o menos, conjuntamente a discusión parlamentaria. Están los proyectos que se refieren a las nuevas instituciones del sistema de atención a la infancia y que surgen del proceso de reestructuración del actual Sename: el Servicio Nacional de Protección de Derechos del Niño (que dependerá del Ministerio de Desarrollo Social), el Servicio Nacional de Justicia Juvenil (que dependerá del Ministerio de Justicia), y debiéramos contar, creo, con una instancia distinta a cargo de los proceso de adopción. Yo propongo un Consejo nacional de Adopción, aunque me encuentro por el momento en una posición algo solitaria debo reconocerlo. Si se va a avanzar en un Defensor del Niño, también es una nueva institución que debiera crearse. El anuncio de estudio de todos estos proyectos fue hecho por el mismo presidente pilera en su discurso del 21 de mayo del 2010. 2. Pero el paquete legislativo no basta para conformar un nuevo sistema de atención a la infancia en el país. En el sector justicia, salvo la exitosa reforma procesal penal, todas las demás no han contado con un modelo multidimensional de implementación, lo que ha derivado en serios problemas al focalizar esfuerzos en una o dos áreas quedando otras sin atención. Parece creerse que basta una ley, que bastan fórmulas legales, con mejor o peor técnica, para que en las calles los derechos de los niños cobren realidad. Lo que denomino modelo multidimensional simplemente quiere decir que es preciso atender a las políticas de infraestructura en los dos nuevos servicios, que es necesario generar un presupuesto que permita superar brechas de atención hoy vergonzosas e indignas: la demora para diagnóstico o reparación de niños maltratados o abusados sexualmente, integrales procesos de intervención con la familia en el caso de los doce mil niños que están en hogares, aumentar cobertura de atención jurídica para niños violentados, revisar montos pagados a profesionales que se supone atienden casos de grave vulneración de derechos y que apenas permiten contratar recién egresados, etc. Además es necesario contar con una arquitectura informática que simplifique el control de la gestión y facilite la coordinación y la comunicación entre los diversos actores del sistema (policías, tribunales, fiscales, defensores, fundaciones y ong’s, educación, salud, etc.); es imprescindible que los nuevos servicios proporcionen estadísticas mensuales
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según estándares internacionales y que se trabaje interinstitucionalmente en anuarios que consoliden información. Por otra parte, los sistemas deben poner una alta preocupación en la gestión de casos, en la gestión del conocimiento, en el liderazgo directivo de centros y programas. Hay cuestiones relacionadas a los recursos humanos que son insoslayables: el paso de un porcentaje importante de funcionarios que hoy están a contrata a planta. Un sistema de calificación que no ponga al 90% en lista 1, etc. Las áreas de licitación y supervisión (ojalá se hablará de fiscalización) también deben someterse a una reingeniería y ofrecer proceso más transparentes, con tiempo de duración mayores en los convenios y que permitan el escrutinio de algo más que papeles. 3. Finalmente, es preciso que el proyecto de protección de derechos del niño supere la matriz de los anteproyectos que se trabajaron el 2000 y que, en lo grueso, están a la base del texto que se entregó al presidente. Espero profundizar en otra columna en este punto, por ahora baste indicar que el niño Sename –por ponerle un nombre- no agota los casos de graves vulneraciones de derechos del país. Cada vez que un tribunal no tiene dónde realizar encuentros con alguna vigilancia, con alguna necesidad de intervención entre un hijo y su padre, cada vez que se decretan pensione alimenticias de veinte mil pesos, que luego no se pagan siquiera, cada vez que un niño con una grave patología se queda en un centro que no es idóneo para su realidad, hay situaciones que el compromiso del de Chile con los derechos de los niños se incumple.

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25 de noviembre

Política criminal para principiantes

Nadie nombraría como ministro de hacienda a un profesional que no supiera de economía. Ninguno asistente a ENADE (ese homenaje a la Fisa de los ochenta) contrata como jefe de seguridad al jefe de marketing o al de compras y adquisiciones por muy exitosos que hayan sido en sus departamentos. En esa misma lógica, pero en otro ámbito, se considera una mala práctica en medicina, realizar intervenciones en que no exista un cuerpo de estudios que avale el diagnóstico y el tratamiento. Y por estudios no se refieren a folletos de algún centro de salud sino a trabajos publicados en revistas indexadas con revisión de pares y comité editorial. Ninguno de esos atributos de prácticas hoy frecuentes en diversos mundos son predicables de nuestra política criminal, es decir, del conjunto de esfuerzos, más o menos articulados que el estado chileno realiza para enfrentar estratégicamente el fenómeno de la comisión de delitos, y que van desde la dictación de leyes, la fijación de objetivos, la construcción de indicadores, la selección del personal cargo del diseño, la organización de instituciones del sistema de justicia, la coordinación de los actores del aparato público y privado cuya labor incide en la prevención, control, castigo y reinserción de quienes delinquen, hasta el presupuesto asignado a dichas instituciones. “Pasa pasa no más Derrida, acá no nos cuesta nada hacernos famosos” dice Maquieira y es posible aplicar ese diagnóstico a las decisiones de política criminal como el debate de días recientes entre autoridades de gobierno, de la fiscalía y los jueces. Este decepcionante panorama no es nuevo, por cierto. La jefatura de la división de seguridad pública estuvo a cargo en algún momento de un experto electoral o de una periodista. No hay ningún ataque personal contra el actual directivo pero nada en su currículum lo habría llevado a labores de seguridad en el mundo privado y menos de prevención y reinserción. El ministro de justicia habló de revisar jurisprudencia de jueces para revisar su ascenso. Que durante meses y en el curso de diez sesiones el Foro Judicial43, un espacio de reflexión de jueces, y académicos, que incluso cuenta con una plataforma virtual44 haya trabajado diversos temas, no parece haber sido relevante para insumar esa discusión y ese trabajo ha sido, en los hechos, simplemente ninguneado.

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http://www.pazciudadana.cl/docs/pub_20111110101212.pdf http://derechovirtual.cl/site/

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Que discutamos sobre eficiencia del Ministerio Público sin estudios técnicos imparciales sobre diversos indicadores de gestión es un botón de muestra del bajo nivel de debate en una cuestión que suele estar entre las primeras prioridades de preocupación ciudadana. La cantidad de proyectos de ley que se presentan sin ningún informe que avale el diagnóstico subyacente es inmensa. Me atrevo a sugerir un estudio que relacione esas mociones con los titulares de la prensa e hipotetizo que la relación será muy muy estrecha. Las mejores prácticas en términos de control de la criminalidad involucran mesas de trabajo entre los actores, públicos y sociedad civil, de los subsistemas de prevención, control y reinserción. Nada de eso pasa hoy. Permanecemos en una era pre Bielsa, por así decir, en materia de debates de seguridad pública o de reinserción. Que entre nosotros, autoridades se hablen a gritos y por la prensa es propia de un sistema donde la política criminal es más un juego de principiantes que el trabajo serio que uno observa en otras esferas del estado y la sociedad civil.

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8 de diciembre de 2011

No aprendemos

Murieron 81 personas en la cárcel de San Miguel hace ya un año. ¿Qué hemos aprendido? ¿Dónde está el estudio que nos ayuda a entender cómo se produjeron precisamente esas 81 muertes? El 2007 murieron 10 adolescentes en Puerto Montt. ¿Dónde están las recomendaciones extraídas desde ese dantesco episodio? Desde 1988 el número de niños muertos en centros del Sename alcanza a 55. ¿Qué conjunto de aprendizajes hemos hecho a partir de esas muertes de niños? Lo que en Chile hacemos cuando ocurre una tragedia se limita básicamente a tres cosas: una investigación judicial, penal y, eventualmente, una civil (si se pide indemnización de perjuicios); un sumario administrativo; y una comisión investigadora de la Cámara de Diputados. En los dos primeros casos quien dirige la investigación suele ser un abogado. Un fiscal penal en el primer caso, un fiscal instructor en el segundo caso. Perseguimos, de este modo, responsabilidades penales (se cometió o no un delito) y responsabilidades administrativas (se cometió o no una falta al estatuto administrativo). En el tercero, un grupo de diputados cita a determinadas personas, reúne información, vota y emite un informe. Ninguno de estos tres mecanismos es conducido por un experto en el tema que origina la tragedia. A lo sumo, si es citado, entrega su opinión, la que luego es apreciada y sopesada por gente que no sabe nada de ese tema. Un estudio de la profesora de LSE, Eileen Munro45, examinó 45 investigaciones realizadas en Inglaterra, entre 1973 y 1994, dirigidas a pesquisar, a nivel técnico, las razones de muertes, violaciones, abusos o casos de maltrato en el sistema de protección británico. De este cuerpo de investigaciones ella extrae una serie de recomendaciones. Varias de ellas incidieron directamente en modificar procedimientos, leyes, prácticas. Recientemente, en el 2006 la caída del avión Nimrod XV 230 de la Fuerza Aérea inglesa en Afganistán generó un informe oficial46 y uno independiente47 que evidenció los numerosos errores de la investigación oficial que se preocupó más de encubrir responsabilidades que de otra cosa. A su turno, el 2000, el sistema británico de salud 48
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Munro, E. (1999). Common errors of reasoning in child protection work. Disponible en: http://eprints.lse.ac.uk/358/ 46 http://www.mod.uk/defenceinternet/aboutdefence/corporatepublications/boardsofinquiry/boinimrodmr 2xv230.htm 47 http://www.official-documents.gov.uk/document/hc0809/hc10/1025/1025.asp 48 Department of Health (2000) An organisation with a memory. Report of an expert group on learning from adverse events in the NHS chaired by the Chief Medical Officer. Disponible en:

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encomendó a un grupo de expertos un estudio para aprender de los eventos adversos y llegó a convertirse en el punto de quiebre de una institución que en la última década llegó a ser pionera en el campo de la seguridad del paciente. Entender las razones que llevan a la muerte de un niño en un hogar, de presos en una cárcel, de pasajeros civiles en un avión militar, es algo distinto a dar con responsables penales, civiles, administrativos, políticos. Se parece pero no es lo mismo. La voz de los expertos se tiende a difuminar y, a veces perder, en medio de las negociaciones de una comisión investigadora, o las consideraciones penales o de prueba. Si determinado comportamiento es o no delito, o falta administrativa nos dice bien poco acerca de las razones que llevaron a esa conducta. ¿Cómo formular recomendaciones desde este tipo de investigaciones que, además, poseen fuertes grados de opacidad? Respecto del incendio de Puerto Montt agrava lo anterior que la muy cara asesoría contratada por el Ministerio de Justicia a Altegrity Risk no ha sido hecha pública ni sometida al escrutinio de la comunidad nacional de expertos, que sólo un año antes de la tragedia había consensuado un acabado informe49 que no parece haber sido considerado en la llamada nueva política penitenciaria, anunciada en los medios. No es serio sostener que luego de un año las condiciones están mejor si no hemos discutido acerca de cuáles fueron esas circunstancias que encendieron la más dolorosa tragedia de nuestra historia penitenciaria. La muerte de aquellos que estaban bajo el cuidado del Estado merece no ser en vano. Para ello, informes de expertos que pesquisen razones y no culpables judiciales es imprescindible.

http://www.dh.gov.uk/en/Publicationsandstatistics/Publications/PublicationsPolicyAndGuidance/DH_40650 83 49 Recomendaciones para una Nueva Política Penitenciaria, del Consejo para la Reforma Penitenciaria, en http://www.pazciudadana.cl/docs/pub_20100319142517.pdf

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23 de diciembre

A firmar y ratificar

El recién pasado lunes 19 de diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York aprobó un nuevo (el Tercero) Protocolo Facultativo a la Convención de Derechos del Niño, es decir, un tratado internacional de derechos humanos del niño anexo a la Convención. Culminó de este modo un trabajo que emprendió el 2006 un grupo de ONG’s internacionales por los derechos de la infancia, con el decidido apoyo del Comité de Derechos del Niño de NU y de varios países que apoyaron esta iniciativa, entre ellos Chile. Anita Goh, la Coordinadora del Grupo de Trabajo de las ONG’s 50 que lideraron la campaña internacional51, me contó la semana pasada del amplio apoyo que el texto había recibido en Nueva York y del siguiente paso que es la campaña para que los países de todo el mundo firmen y ratifiquen este tratado. ¿De qué se trata, muy sucintamente, este nuevo tratado? Muchas veces se oía decir: “vamos a llevar este caso al Comité de Derechos del Niño”. Eso no era posible porque la Convención de Derechos del Niño no contenía un mecanismo, como otros tratados de derechos humanos (la Convención contra la Tortura p. ej.), que le permitiera al Comité recibir denuncias de casos particulares. El Tercer Protocolo Facultativo robustece el sistema internacional de derechos humanos de la infancia al crear un nuevo mecanismo de comunicaciones de violaciones graves de derechos de los niños ante el Comité de Derechos del Niño. Las comunicaciones podrán ser presentadas por, o en nombre de, personas o grupos de personas sujetas a la jurisdicción de un Estado parte que afirmen ser víctimas de una violación por el Estado parte de cualquiera de los derechos enunciados en la Convención o en sus otros dos protocolos facultativos. En palabras de Anita Goh, “A pesar de que los mecanismos internacionales generales de reclamación pueden ser utilizado por los niños (p. ej. ante el Comité contra la Tortura), no cubren toda la gama de los derechos consagrados en la Convención de Derechos de

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Las ONG fundadoras incluyeron a: CRIN (Child Rights Information Network), Iniciativa Global para el fin de todas las formas de castigo corporal a los niños, Kindernothilfe, Plan International, Save the Children Noruega, Save the Children Suecia, Save the Children Reino Unido, Aldeas Internacionales SOS, Organización Mundial contra la Tortura (OMCT) y World Vision International. 51 Más información sobre la historia de la campaña puede ser revisada en la web oficial: http://www.childrightsnet.org/NGOGroup/childrightsissues/ComplaintsMechanism/ bajo "History of the campaign".

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los niños y esos reclamos no son examinados por un cuerpo de expertos en derechos del niño.” En caso de comunicación de violaciones graves, el Comité, teniendo en cuenta las observaciones que haya presentado el Estado parte, así como cualquier otra información fidedigna que se haya puesto a su disposición, podrá designar a uno o más de sus miembros para que realicen una investigación confidencial y le presenten un informe con carácter urgente. Cuando se justifique, y previo consentimiento del Estado parte, la investigación podrá incluir una visita al territorio de este. El procedimiento contempla un sistema de admisibilidad y una serie de requisitos que deben cumplir las comunicaciones. Asimismo, se establece la posibilidad de que el comité, para evitar posibles daños irreparables a las víctimas de las violaciones alegadas, pueda requerir al estado parte tomar medidas provisionales ante esas excepcionales circunstancias. Los derechos del niño se ven fortalecidos con este instrumento y es de esperar que el estado chileno, en coherencia con el patrocinio que en algún momento concurrió a darle al debate sobre su relevancia, concurra prontamente a firmarlo y a ratificarlo.

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2012

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12 de enero

El legado de Karadima

Se equivoca gruesamente la jerarquía si cree que el caso Karadima es historia y que lo peor ya pasó. Se equivoca el sr. Ezzati si cree que su manejo del caso ha mejorado el desastre de su antecesor. La credibilidad de la Iglesia va en caída y de no mediar un vigoroso cambio en su conducción, en un par de años se va a añorar la iglesia que muestra “Los archivos del cardenal” como se lloraban nostalgias de Sión, junto a los canales de Babilonia en las palabras del salmista. En primer lugar, porque cada día surgen nuevas aristas de vergüenza, aparecen preguntas que quedan sin respuesta, y varias de ellas apuntan a cinco miembros de la conferencia episcopal que más allá de una carta en cuya redacción exhibieron el cuidado que nunca tuvieron con sus acciones de maltrato, en su comportamiento no han sido consistentes con la estela de daño que conlleva el caso Karadima. Refugiarse en el grupo para asperjar una retórica de solidaridad sin reconocer responsabilidades individuales se aleja de la noción que el riguroso catecismo cristiano enseña acerca de la dignidad de la persona52 y la moralidad de los actos humanos53. Es muy grave que el sr. Ezzati no repare en que justamente parte de los abusos ocurrido en la Iglesia de El Bosque tienen que ver con la supresión de las individualidades. Que la reacción haya ido en esa misma línea sólo refuerza la idea de que pasó el 2011 sin que se entendiese la seriedad de los delitos allí perpetrados. Para aportar en ese proceso, el libro de los periodistas de Ciper Chile, “Los secretos del imperio de Karadima” nos estremece con detalles -el diablo está en los detalles- del historial de abuso y encubrimiento. Esta investigación periodística debiese ser lectura obligada para toda la curia nacional y ser discutida en sus seminarios. Una segunda razón de la actualidad del daño de Karadima surge desde esas páginas. El entramado de encubrimiento allí relatado nos descubre una iglesia donde ni siquiera un obispo auxiliar se siente seguro de conversar en las oficinas del Arzobispado sin ser espiado, donde un director de colegio de una congregación cuyo fundador fue un inmenso abusador de niños y jóvenes, no presta ayuda a quien se la pide desesperadamente, donde hay quienes prestan colaboración casi a escondidas, como si no fuese su deber el que estaban cumpliendo en una total inversión de roles. Las víctimas deben cuidar a sus agresores. Abundan los delitos canónicos sin investigar. La violación de secreto del vicario judicial, Francisco Walter, la alteración de la sentencia canónica de nulidad, donde es parte
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N° 2284 y ss. Catecismo de la Iglesia Católica N| 1759 y ss. Catecismo de la Iglesia Católica

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el obispo Juan Luis Ysern. Si se mira con detención, el esquema de control articulado por Karadima tiene todos los elementos propios de los “cultos” En tercer lugar, el abuso sexual es secundario a un abuso más en el núcleo de origen, que es el abuso de poder. En esto las palabras de una de las autoras del libro, la prestigiosa Mónica González, coinciden con la opinión de uno de los mayores expertos en el mundo sobre abuso sexual el profesor David Finkelhor,54 quien el 2003, refiriéndose al caso estadounidense, decía lo mismo. El abuso sexual constituye no más del 10% de los casos de maltrato. Y aquí estamos en presencia de un gigantesco caso de abuso de poder, que se extiende por décadas y que, todo parece indicarlo, aún mantiene en sus conciencias, a varias personas, incluso obispos, sujetas al control de quien se autoerigió en santo. Romper ese condicionamiento es, por cierto, también tarea de sus superiores. Para esto hay varias ayudas disponibles: Terapias, conversaciones, acompañamiento, destinación a determinadas funciones. Pero es primordial no mantener al grupo constituido como grupo sino reforzar los procesos de conciencia individuales. Este trabajo casi no se hizo con las víctimas de Colonia Dignidad. Finalmente, hay aun víctimas que deben ser tratadas como tales y que son todos aquellos que creyeron en este señor, le entregaron cuantiosos bienes, depositaron en él su confianza, lo sentaron a su mesa, abogaron por él. Todos ellos necesitan también acompañamiento de parte de la institución que por décadas les reforzó en la idea de que este Karadima era un modelo espiritual. La escena en que uno de estos connotados hace lobby por él, más que resultar decidora de alguna falta en él, nos habla del daño del que él también fue víctima. Que este señor posea una de las mayores fortunas del país y haya exhibido un habiloso manejo de sus negocios, es ahora evidente, no lo hizo inmune a ser también abusado de otra forma por este Rasputín del Mapocho, en la expresión del prologador del estupendo libro de Ciper.

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http://www.unh.edu/ccrc/pdf/CV68.pdf

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27 de enero

Puntos de encuentro

El verano es un tiempo para desapegarse de la contingencia y mirar un poco más allá de las peleas por el rating político, los puntos de la última CEP o la última escaramuza de los dirigentes partidarios. En temas de infancia, que junto a la política criminal, han intentado ser los ámbitos a cubrir en esta columna, ya me he referido al estado del debate en diversos tópicos. En esta oportunidad quiero plantear una propuesta de política pública que no ha sido nunca abordada y cuyo nombre es muy probable que suene desconocido o equívoco. Partamos con el problema. Semanalmente miles de niños, cuyos padres están separados, experimentan lo que antes se conocía como el “régimen de visitas”. Hoy, con la primacía del niño como sujeto de derechos, post Convención sobre los Derechos del Niño, se habla del régimen comunicacional o relacional. Se busca, así, poner en el centro, el derecho del niño a relacionarse con aquel padre con quién no vive. Pero para un porcentaje de imposible cuantificación, esta experiencia es particularmente dolorosa y difícil. Varias situaciones la producen. Pueden ser casos en que se ha producido un distanciamiento entre niño y padre a raíz de la separación; puede ser casos en que la madre ha planteado una denuncia de abuso o maltrato contra el padre y se está en medio de una investigación, muchas veces larga; puede ser que la mala relación de los padres haya trasladado el conflicto también a los hijos quienes son usados como botín de guerra en la más cruel de la contiendas. En estas hipótesis –y son imaginables varias más- el encuentro entre padre e hijo o hija, requiere un especial tratamiento, ser observado, cumplir mecanismos de resguardo, quizá una intervención profesional que facilite el acercamiento. Algún reportaje televisivo hace un tiempo mostró un encuentro que se realizaba en una comisaría. Alguno se ha efectuado en una oficina de la Corte de Apelaciones. Hasta hace unos años las dependencias de la dirección metropolitana de Sename eran el lugar donde los sábados se reunían padres e hijos. Luego, fueron las dependencias de los juzgados de familia de Santiago hasta que la cobarde agresión que recibió una consejera técnica, puso fin a ese uso. Ví a un padre que llegaba con un bolso cargado de juegos, películas, dvd portátiles, para pasar un sábado con su hijo en la adversas condiciones imaginables. Consulté para esta nota a varios jueces de regiones y en muchas regiones del país no hay ningún lugar donde realizarlas. Lo cierto es que hay casos, numerosos, en todos los estratos sociales, en que es necesario ciertos cuidados especiales, cierto apoyo, o un lugar neutro, para que la relación padrehijo madre-hijo, se vaya desarrollando. Y hoy no los tenemos.
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Y no me refiero sólo a un lugar físico. Hablo de profesionales de apoyo que hagan de ese difícil momento un tiempo de reencuentro. Eso puede significar, simplemente, que padre o madre e hijo esté sentados juntos, en silencio, hasta que el niño quiera hablar. Y que sepa que ese padre o madre, con el que no vive, del que ha estado separado por equis motivos, va a estar disponible para él durante ese tiempo. ¿Qué hacer? Este problema, por supuesto, no es exclusivo de la idiosincrasia chilensis. España, siguiendo la experiencia francesa, invento los “Puntos de encuentro”. Un estudio del Defensor del Menor de Madrid55 muestra los beneficios que este sistema ha conllevado. Creo que, a partir del aprendizaje de diversas comunidades autónomas hispanas, es posible proponer que, en nuestro sistema, se liciten por las Secretarías Regionales del Ministerio de Justicia –de modo similar a los centros de mediación- centros que ejecutados por privados, presten servicios de acompañamiento y vigilancia, en condiciones de lugar y tiempo idóneas, ante órdenes de los tribunales de familia, que permitan el encuentro entre padres e hijos, en condiciones especiales. Estos mismos equipos entregarían a los tribunales informes del estado de avance de estos encuentros con miras a progresivamente retornar a la normalidad o para decisiones de suspensión. En un país en que históricamente, la relación padre-hijo se ha marcado por la ausencia del padre (los trabajos de Gabriel Salazar o de Socia Montecinos son ilustrativos en esto) construir un espacio apropiado para este derecho humano fundamental es un tarea de primera prioridad.

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http://www.defensordelmenor.org/upload/documentacion/estudios/encuentro_2010.pdf

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23 de marzo

Streaming judicial

El 1º de marzo el año judicial partió con la segunda transmisión vía streaming del discurso del presidente de la Corte Suprema. El streaming- la transmisión por internet de un audio o video- permite abrir a la ciudadanía puertas que han estado cerradas desde siempre. Sobran, entonces, las razones para aplaudir esta iniciativa de una institución que se ha caracterizado por intensos grados de secretismo. Sería deseable que este streaming judicial fuese leído como el comienzo de un camino a recorrer por la institución judicial de modo de tomarse en serio la publicidad de las actuaciones judiciales. Andrés Bello le asignaba gran valor a la publicidad como herramienta de control y de mejoramiento del sistema. Como es sabido, Bello, en 1830, publicó en El Araucano un artículo que se llamaba Publicidad de los Juicios, donde reclamaba la publicidad de los jueces y los juicios en vez del sigilo. La opinión del fundador de nuestro sistema jurídico es que en un Estado republicano los juicios deben ser públicos y los jueces son funcionarios públicos, miembros del Estado, y por tanto sometidos al escrutinio público de la ciudadanía como todos los funcionarios. Ese era el sentido del boletín oficial, antecesor del actual Diario Oficial. Hoy, en el actual contexto cultural, internet es la herramienta que permite cumplir con las demandas de don Andrés. Así parece estarlo entendiendo el poder judicial que el mismo 1° de marzo inauguró cuenta en las redes sociales –twitter56, facebook57 y youtube58 - a través de las cuales he observado en estos días un flujo de preguntas y respuestas, por lo que no cabe sino felicitar al equipo tras esas cuentas. Esta es una senda que otros tribunales superiores ya han seguido. El ejemplo de la corte Suprema estadounidense59 es el más emblemático al respecto. Al igual que en el sistema norteamericano resultaría muy valioso que alegatos, audiencias, juicios, de interés para la ciudadanía se transmitiesen vía streaming, con respeto a otras garantías en juego, pero entendido el valor legal y político que anima el principio de publicidad. Esto no siempre ha sido suficientemente entendido. Baste recordar alguna decisión judicial que prohibió tuitear durante un juicio.
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https://twitter.com/#!/PJudicialChile http://www.facebook.com/PoderJudicialdeChile 58 http://www.youtube.com/user/pjudicialchile 59 http://www.c-span.org/Topics/Supreme-Court/

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Bien usada, internet puede ser una herramienta que vigorice a una ciudadanía que cada vez más percibe que decisiones de alta relevancia para ella son tomadas en las salas de los tribunales. Puede contribuir, asimismo, a comprender de mejor forma, esas decisiones que tanto cuestan al público entender acerca de excarcelaciones, permitiendo observar directamente el riguroso trabajo de escrutinio que están llamados a efectuar los jueces. Las palabras de Bello, el 5 de noviembre de 1841, mantienen plena vigencia “es tiempo sobrado de quo se satisfaga a la opinion i las necesidades del siglo; que nos aprovechemos de su filosofía i sus adelantamientos; i que Chile, por demasiada lentitud o una circunspeccion mal entendida, no se quede atras de la antigua madre patria i aun de algunos estados hermanos que ya disfrutan de las grandes ventajas de tener a el alcance de todos las leyes por donde todos han de ser rejidos.”60

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http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0064759

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18 de mayo

Enchular o repensar

Hace 2 años el Presidente anunció una ambiciosa agenda legislativa en infancia. La reestructuración del actual SENAME en dos servicios distintos y más especializados, la ley de protección de derechos dl niño, incluso habló de estudiar la idea de un defensor del niño. Este 21 de mayo el anuncio en estos temas será menos que modesto. Probablemente se anunciará el envío de el proyecto (no de “los”) de rediseño de SENAME y nada más. En el intertanto, una exitosa iniciativa personal del presidente, como fue constituir una mesa de trabajo con la sociedad civil, se diluirá. Ese trabajo, cuyo mérito se debe al apoyo del senador Juan Pablo Letelier, al comprometido empuje de Osvaldo Torres y David Órdenes, entre otros, y al inestimable soporte técnico del equipo de UNICEF liderado por Nicolás Espejo, dialogó con representantes de los Ministerios de Justicia y Desarrollo Social, pero luego ese producto debió para por la tradicional tijera de la Dirección de Presupuestos de Hacienda, lo que vino a ser su cadalso. Lo que tendremos será un anteproyecto tan malo como el del ejecutivo del 2009. Crea dos nuevos servicios sin repensar el sistema de protección a la niñez y el sistema de justicia juvenil será simplemente cambiar las placas afuera de los envejecidos centros del SENAME, un enchular sin pensar, cumplir con la letra del compromiso presidencial de hace 2 años pero no con su espíritu. Esta semana tuvimos un ejemplo de la urgencia por repensar la institucionalidad de protección a la infancia. Un bebé desapareció desde un hospital. El apoyo de la comunidad fue crucial para su rápido reencuentro con sus padres. Pero cuál es el sistema con que contamos como Estado para enfrentar, desde la política pública, las desapariciones de niños. Ninguno. Hasta el año pasado funcionó un sistema61 generosamente donado por la ONG Internacional Save the Children y que funciona en otros países de América Latina pero que hoy ya no está al 100%. ¿Por qué? Porque el sistema requiere que distintos actores públicos se coordine periódicamente para su difusión, para la subida de información, para la respuesta, para evaluar procesos, mejorar flujos, etc. Debieran
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http://www.latinoamericanosdesaparecidos.org/chile/default.php?osCsid=8p8b667sp13v5tnh6935s94v15

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participar la PDI, Carabineros, SENAME, Ministerio de Justica, de Desarrollo Social, de Educación, del Interior. Hoy el proyecto, que contó con el impulso de la sociedad civil, liderada por la directora de ONG Raíces, Denisse Araya, arriesga su extinción. Hay numerosos casos de niños desaparecidos que no van a ingresar al sistema formal (denuncia ante la policía) porque no cuentan con adultos responsables de su cuidado. Esta iniciativa, de bajísimo costo, permitía suplir ese vacío. ¿Quién debería articular ese esfuerzo? Un Servicio Nacional de Protección de la Infancia, pero no un SENAME enchulado. Uno donde la coordinación interagencias estatales cuente con mecanismos de control, de evaluación, de financiamiento y no quede entregada a la buena voluntad de funcionarios públicos. El proceso de reforma del sistema de infancia en Chile es mucho más que cambiar la ley, como he sostenido en otro lugar.62 Pero si ni siquiera las reformas legales son una base para superar los actuales entrampes pensar en recursos adicionales para los hogares o en que el ministro Mañalich cumpla su compromiso de implementa una política de salud metal infantil, son quimeras y no la indispensable tarea de repensar la forma en que tratamos a los más vulnerables, los más abandonados, lo más marginados.

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http://www.sociedadpoliticaspublicas.cl/archivos/BLOQUEM/Infancia/Modelo_multidimensional.pdf

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5 años

Hace exactamente cinco años, parlamentarios que en su vida habían pisado un centro penal juvenil en compañía de numerosas cámaras y flashes visitaban los desmedrados centros con que SENAME daba partida al nuevo sistema penal juvenil. Cinco años después ningún parlamentario visitó los centros. Pero el conjunto de autoridades del sistema de justicia recordó la fecha acompañado de un grupo de jóvenes del Centro Semicerrado de Calera de Tango que le entregó un mural al Centro de Justicia. Ese centro, junto con el de La Cisterna, ha funcionado -dentro de grandes limitacionescon moderado éxito debido en buena parte al liderazgo de dos de los mejores directivos del SENAME, Marcel Santibañez y Juan Carlos Bustos. El liderazgo, cuya relevancia hoy se repite en el mundo educacional como un dogma, ha sido apenas abordado en los equipos de trabajo del SENAME y de la extensa red de sus ONG’s y fundaciones colaboradoras. Liderazgo -en este caso judicial- fue el factor decisivo en la instalación de las mayores iniciativas del mundo judicial: la Sala especializada de San Bernado, mérito del ministro Roberto Contreras de la Corte de San Miguel, y la sala especializada del 4º Juzgado de Garantía de Santiago, innovación atrevida y acertada del Comité de jueces de ese tribunal. Liderazgo también es el factor que ha perfilado al equipo de la unidad especializada de la Defensoría, dirigida por Gonzalo Berríos, como un actor protagónico en debates ya no sólo en nuestro país sino en el conjunto de Sudamérica, en opinión del experto regional Emilio García Méndez. Liderazgo técnico es también un atributo que han exhibido, en sus áreas de trabajo, instituciones prestigiosas como Fundación Tierra de Esperanza (en el tratamiento del consumo problemático de drogas) y Fundación DEM (en libertad asistida) entre otras. Escribir de las deudas del sistema es extremadamente fácil, y lo he hecho ya en otros momentos. Lo realmente difícil, al recordar cinco años desde la entrada en vigencia de la ley penal juvenil, es valorar aquellos esfuerzos que en ambientes adversos, con recursos siempre escasos, con mucha calle pero también con mucho paper, han llevado adelante un grupo de hombres y mujeres, a lo largo del país, que han conformado en estos cinco años la comunidad de justicia juvenil. Me enorgullece ser parte de esa comunidad. Los desafíos del sistema son, por cierto, numerosos. Honrar el compromiso estatal en orden a hacer de la reinserción el norte del sistema, como reza el artículo 20 de la Ley Nº 20.084, aún no cala en lo profundo de nuestras ciudades y, consecuentemente, en nuestras instituciones. Pero en este aniversario puedo nombrar a un grupo de hombres y mujeres,
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jueces, educadores, abogados y ´profesionales de las ciencias sociales, empeñados en sentar a la mesa de las oportunidades a los jóvenes infractores de ley.

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13 de julio

50% del sueldo mínimo

La teleserie nacional del salario mínimo sigue su curso. A tropezones, con una pobre banda sonora, con un guión predecible y repleto de frases altisonantes. En un rincón el oráculo de Delfos contemporáneo, es decir, los papers del Ministro de Hacienda y el convento de economistas que repiten el mantra del riesgo que entraña aumentarlo. En la otra esquina, encendidos discursos con algo de Arjona, algo de Galeano, el rescoldo de la revolución, apuntando acusadoramente a los otros. Las divisiones en los bandos hacen todo más confuso. Desde mi experiencia de abogado en cuestiones de derecho de familia pienso en los numerosos casos en que la sentencia final decretará como tope máximo de la pensión alimenticia favor del hijo, hija, mujer, el 50% de los ingresos, que será en muchísimos casos -20% en opinión de una consejera técnica– 50% del salario mínimo. Con ese 50%, o con menos, una familia, o lo que quedó de ella, tendrá que comprar el pan, el té, cargar la tarjeta bip, el arriendo dela pieza y pagar la cuota de la tarjeta de multitienda. Son familias con una mujer de jefa de hogar a cargo de la prole. Por cierto, ella no tiene ningún tope de 50% porque los reducidos ingresos que genera van por entero a su familia. El hombre goza de ese privilegio. Y es un avance gigantesco, si leemos con atención la historia apenas escrita de madres y huachos, en Salazar, Montecinos , Jorge Rojas y algún otro historiador. En 1848 la tasa de “ilegítimos” era de un 21,6% y en 1916 llegaba al 38%. En el bajo pueblo, la proporción pudo ser el doble. (Salazar y Pinto, Historia contemporánea de Chile, Vol. 5, p. 52)

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27 de julio

Colegios y Abuso Sexual Infantil (ASI)

Con el fondo de las noticias de los últimos días parece oportuno recordar que las tareas de los colegios, en lo que respeta al abuso sexual infantil, son básicamente dos: 1. Prevenir; y 2. Proteger. Prevenir exige más que actos aislados, como se suele entender -una charla, la entrega de un manual- sino, como ha señalado Soledad Larraín, de UNICEF, “políticas de prevención permanente en el sector educativo que promuevan el autocuidado, información hacia los padres, definición de procedimientos a seguir en caso de detección de algún caso y políticas de educación sexual.”63 En especial, es necesario que los docentes y directivos de las escuelas realicen esfuerzos serios por desterrar falas creencias, prejuicios y toda la mitología que suele rodear, aquí y en todo el mundo, el abuso sexual infantil.64 Es preciso, además, que sepan bien qué esperar –y qué no- del sistema de justicia. Proteger, a su turno, exige diversas tareas: Preocuparse, en primer lugar, del bienestar del niño que denuncia abuso, de sus compañeros y de otros eventuales abusados. Eso exige cumplir la obligación de denunciar en el tiempo exigido por la ley (24 horas)65 y, eventualmente, de querellarse, esto es, desempeñar un rol activo en el proceso. Ante un determinado caso, la comunidad educativa puede elegir acompañar a ambos, el agresor y el agredido; esta decisión exige roles diversos y mantener el principio de la principal preocupación por la víctima. No es consistente con esto que un colegio pague los honorarios del abogado que pone para defender al imputado y que no haga lo mismo con los abogados que están querellados en su contra, como ocurrió en un reciente caso. La decisión de apoyar debe significar que las autoridades de la escuela deben tomar contacto con instituciones pertenecientes a la red de prevención de su comuna y fijar una reunión con un profesional especializado, en lo posible fuera del establecimiento educacional. En caso de contar con recursos para recibir apoyo particular, igualmente deben chequear que los profesionales sean especialistas en abuso sexual infantil y no sólo en temas de niñez. Los colegios deben reunir toda la información que permita aclarar la situación. Todo lo que reúnan debe entregarse al sistema de justicia, por lo que no pueden ofrecer reserva de confidencialidad en este proceso de recopilación.
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http://www.unicef.cl/unicef/index.php/Noticias Un ppt informativo aquí http://justiciadefamilia.blogspot.com/2012/07/abuso-sexual-infantil-prevenciony.html 65 art- 176 del Código Procesal Penal

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Pero lamentablemente, además de lo anterior, hay veces en que deberán enfrentar un tercer desafío. Los tiempos del sistema de justicia, de fiscalía, no son los tiempos de la comunidad educativa. En un par de oportunidades me ha tocado asesorar a colegios que habían denunciado y que luego, simplemente estaban esperando que el sistema de justicia les comunicase su decisión para, sobre esa Base, tomar decisiones de administración interna. Eso no siempre es posible. Tanto porque los fiscales especializados realmente en abuso sexual infantil son escasos en el país como por la dinámica del sistema, puede ocurrir que sea imprescindible que el colegio realice una investigación interna para tomar algunas decisiones en el corto o mediano plazo que no pueden esperar, porque la comunidad educativa tendrá altas exigencias sobre los directivos. También en esta materia deben procurarse asesoría experta. ¿Qué pueden hacer las autoridades? Mucho más que lo que han declarado estos días. Es un equívoco frecuente considerar que la Convención de Derechos del Niño no es parte del marco normativo con que deben resolverse temas de educación. Pero el último año y medio, de manera uniforme, nuestra Corte Suprema ha sido enfática en señalar que en caso de expulsión a propósito de las movilizaciones estudiantiles, la Convención era parte integrante del conjunto de normas con que debía decidirse la cuestión -que siempre fue decidida en contra de los directores, pero esa es otra columna. Por si hubiera dudas de lo anterior, el artículo 3º de la LGE así lo declara. Y los artículos 4º y 10 de la LGE declaran otros derechos y le imponen al Estado (art. 4 inciso 7ª) el deber de resguardo. A su turno, el artículo 46 al enunciar los requisitos para ser sostenedor exige (letra d y f) contar, tener y aplicar determinados reglamentos los que, por cierto, no pueden contravenir la normativa vigente. Además exige docentes idóneos moralmente, y aquí entiende por tales no haber sido condenados por determinados delitos. En la discusión de la LGE, desde JUNJI planteamos la conveniencia de ampliar este examen de idoneidad y creo que esa modificación robusteceria el rol fiscalizador de la autoridades. Para finalizar, la Superintendencia de Educación cuenta con atribuciones para fiscalizar y para interpretar la ley, facultades que debe ejercer, al igual que todo órgano de la administración, con el interés superior del niño como criterio rector.

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17 de agosto

Buenas noticias en justicia juvenil

La semana pasada SENAME dio a conocer los resultados de un estudio sobre reincidencia encargado –a través de licitación pública- al Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana (CESC) de la Universidad de Chile.66 Es una gran noticia. Más allá de algunas diferencias con ciertos aspectos del informe, es necesario resaltar el logro de la administración actual de SENAME de entregarle al país un modelo para evaluar cómo lo estamos haciendo en materia de reincidencia delictiva y cómo estamos en responsabilización y reinserción, esos altos objetivos que declaramos como país para el sistema juvenil en la ley Nº 20.084. Conocer si vamos mejorando o empeorando en estos delicados temas, si nos hemos detenido o retrocedido, aunque parezca difícil de creer, no es posible hoy. Aunque la preocupación por la seguridad pública suele marcar alto en las encuestas de opinión, ni los estudios ni la inversión en investigación ni los datos duros van a la par de esa inquietud ciudadana. Hablar de reincidencia no debiera agotar la pregunta por la reinserción. Es efectivo que hay otras dimensiones, más cualitativas, que deben ser abordadas. Pero el indicador ancla es correcto situarlo en la cantidad de veces que un joven que pasó por el sistema vuelve a ser condenado. Y es que en esta perspectiva lo que evaluamos no es al sujeto reincidente sino al sistema del que es parte. Ron Corben - ex presidente de la Asociación Nacional de Directores de Libertad Asistida de EE.UU.dice en Daring to fail (Atreverse a fracasar)67: “Recuerdo hace una década preguntarIe a una sala llena de directores de libertad asistida si ellos sabían cuál era la tasa de reincidencia de sus casos. No muchas manos se levantaron. Luego les pregunté si ellos sabían la cantidad de horas de servicios comunitarios efectivamente realizadas el año anterior. Muchos directivos podían decir cuántas horas habían sido asignadas, cuántas debieron cumplirse, pero no la cantidad que se completó. El éxito en esa época era definido como permanecer fuera de las noticias y no avergonzar a sus jefes.” Contar con un sistema que mida reincidencia debiera permitirnos cambiar el eje de preocupaciones. De no salir en la tele avergonzando a tu jefe a disminuir significativamente tu tasa de reincidencia.

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http://www.cesc.uchile.cl/noticia_104.html http://www.courtinnovation.org/sites/default/files/Daring_2_Fail.pdf

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Por cierto, para ello sería aconsejable que SENAME, antes de implementar como política pública las recomendaciones de una institución universitaria reuniera a un conjunto de actores institucionales y expertos para enriquecer esta política. Desde una perspectiva sistémica, por otra parte, se requiere contar con más bases de datos que sólo la de SENAME para el conteo, se necesita integrar la información proveniente de otras instituciones del sector justicia y, por cierto, es indispensable que la cifras queden desagregadas por unidad de responsabilidad (los distintos centros y programas) de modo de fortalecer la accountability de las instituciones de la justicia juvenil.

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1 de septiembre

La cárcel sin fin

El ruido de los problemas de nuestro día a día puede llevarnos a la paradoja de vivir en un mundo globalizado, pero enclaustrados en las paredes de la agenda diaria, el noticiario, las clases, la oficina y poco más. Hoy una causa urgente y justa requiere la atención de la comunidad americana. La Corte Interamericana de Derechos Humanos está realizando la audiencia del caso Mendoza y otros v. Argentina. En este caso, se trata de seis jóvenes condenados a presidio perpetuo en la Argentina por delitos cometidos siendo menores de edad. Se le pide a la Corte "que ordene medidas de no repetición" y "modificaciones legislativas" para eliminar la prisión perpetua a estos menores y garantizarles un recurso de revisión. Rosa María Ortiz, representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ente que eleva los casos a la Corte, afirmó que los cinco jóvenes no contaron con la posibilidad de una "revisión integral" de su sentencia y que en la actualidad el marco normativo argentino "sigue igual". Añadió que en Argentina la cadena perpetua no puede ser revisada hasta que el condenado haya cumplido 20 años de prisión y denunció que los jóvenes fueron castigados como adultos y con la mayor pena existente. Nuestro país estableció, en la ley penal juvenil, una duración máxima de 10 años, para adolescentes entre 16 y 18 años y una de 5 años, para aquellos entre 14 y 16 años. Y ya esa duración fue objeto de críticas, del momento que en la Cámara de Diputados se había arribado aun acuerdo político que la establecía en 5 años, sin distingos. Recuerdo a diputados de distintos colores políticos (Marcelo Forni, Víctor Pérez, Guillermo Ceroni, Jorge Burgos, el inolvidable Juan Bustos), todos contestes en que los adolescentes eran diferentes a los adultos, que el tiempo de ellos era distinto cualitativamente y que la ley debía ser consistente con esa condición. Ese criterio, por lo demás, es el único que resulta legítimo para aquellos países, como Argentina y Chile, que ratificaron la Convención de Derechos del Niño que en su artículo 40 establece el deber del estado de considerar, al juzgar y condenar, la edad del niño. Argentina, lamentablemente, no sólo no ha honrado este compromiso internacional, sino que además, en su seno se ha formalizado una doctrina – de la mano del magistrado Zaffaroni- que ha permitido el encierro “por protección” de numerosos menores de edad en establecimientos que no son sino cárceles, incurriendo en aquello que nuestra ley N° 20.084 –en su mensajedenominaba “sistema penal encubierto”.

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La comunidad americana tiene, en el caso Mendoza y otros v. Argentina, la oportunidad de tomarse en serio los derechos de los niños de América Latina y poner fin a la cárcel sin fin de los jóvenes argentinos. 68

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Más sobre este caso en http://justiciapenaladolescente.blogspot.com/2012/08/piden-la-corteidh-unacondena-contra.html

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14 de septiembre

La ilusión del diálogo

El encendido debate a partir de las críticas de la ministra Benítez al fallo de la Corte Suprema y la dura reacción del máximo tribunal tiene el mérito de obligarnos a repensar y justificar –o desechar si es necesario- ese lugar común que sostenía que “los fallos no se comentan”. No tengo claro si el origen de este discurso coincide con el que señala Cox en otra columna69, pero me parece que el punto es independiente de su génesis. La cuestión no es, como parte encuadrando Antonio Bascuñán70, si queremos inmunizar a los jueces de toda crítica. La pregunta es si puede el ejecutivo criticar las decisiones judiciales. Y si se responde afirmativamente -como hacen Cox, Bascuñán y Brunet71- la pregunta que sigue entonces es quiénes pueden criticar, ¿sólo el presidente y los ministros? ¿o también carabineros? ¿todo funcionario de la administración pública puede?

Creo, junto a Paula Vial72 y Valentina Horvath73, que hay buenas razones, entre nosotros, para limitar la crítica del ejecutivo de las decisiones judiciales. La primera de ellas se relaciona con nuestra arquitectura institucional. Parece existir un amplio consenso –el documento RN-DC74 es prueba de ello- en que nuestro sistema consagra un “presidencialismo exacerbado”. A quien le pedimos que no critique las decisiones de los jueces no es al limitado gobierno federal de los EE.UU. Se lo pedimos a un ejecutivo latinoamericano que nombra jueces, nombra fiscales, nombra miembros del tribunal constitucional, maneja, en lo grueso, el presupuesto de los jueces, y tiene un relevante rol colegislador al punto que hay un importante número de cuestiones sobre las que no se puede legislar si el ejecutivo no quiere. Es de este todopoderoso ejecutivo del que esperamos no critique las decisiones judiciales.
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http://www.elpost.cl/web/temas/nacional/1194-los_fallos_no_se_comentan_y_por_qu_no.html http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/09/12/los-fallos-de-los-tribunales-s.asp 71 http://www.radioagricultura.cl/client/7562-La-leg%C3%ADtima-cr%C3%ADtica-a-la-Suprema-y-susfallos.html 72 http://www.elpost.cl/web/temas/nacional/1198-tanto_va_el_cntaro_al_agua.html 73 http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/09/13/criticas-a-sentencias-judicial-1.asp 74 http://static.latercera.com/20120118/1452609.pdf

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No es cierto que esto empobrezca el debate, como sostienen Bascuñán y Cox. No hay debate cuando se critica a los jueces porque los jueces no pueden responder. Ellos hablan por sus resoluciones y en excepcionales ocasiones, y esta fue una de ellas, expresan su parecer frente a críticas. Si se admitiera la tesis del “diálogo institucional” –como le llama Cox- lo que tendríamos, en verdad, sería un monólogo porque los jueces no harían puntos de prensa en las mañanas para defenderse de sus críticos. El diálogo político, por definición aunque esto no suceda en la práctica, requiere actores dispuestos a cambiar su posición a partir del intercambio de razones. Pero le está evidentemente vedado al juez. ¿O se supone que la ministra Benítez esperaba que la Corte cambiase el fallo después de escuchar sus críticas? Eso en ningún caso aspiraba a ser un diálogo. Esas fueron declaraciones políticas que admitían respuestas políticas pero que no esperaban alterar una sentencia judicial ya dictada. La Constitución ha expresado esto en el artículo 76 al prohibirle al Presidente y al Congreso “revisar los fundamentos o contenidos de las resoluciones judiciales.” No comparto la lectura literal que hace Brunet al ver aquí una remisión al recurso de revisión. Esa es una errada salida argumentativa para el problema que le plantea un texto constitucional que prohíbe la revisión de las sentencias. Lo que Atria75 denomina “la improbabilidad de la jurisdicción” es justamente lo que exige tomar resguardos, para configurar un ambiente en el que quienes deciden lo justo de un caso en concreto no se vean sometidos en exceso a las presiones de quienes siempre tendrán algún interés en el caso. Cada caso debe decidirse considerando única y exclusivamente ese caso en concreto sin ninguna razón consecuencialista. La ilusión del debate, al interior de una estructura presidencialista exacerbada, arriesga ofrecer espacio para la limitación de libertades en nombre de un diálogo que siempre será monólogo.

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http://www2.expansiva.cl/media/en_foco/documentos/14112007100957.pdf

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5 de octubre

Carta envejecida

Pocas veces una Carta de los obispos se había devaluado tan rápido. Dos acontecimientos ocurridos apenas una semana después de ser lanzada exhibieron el escaso valor de ese documento teñido de verbos melifluos como invitar y compartir y de malestares sin nombre y apellido. La muerte de Pierre Dubois es el primer suceso que deja en evidencia la distancia histórica, espacial, litúrgica, hermenéutica entre el amplio universo de hombres y mujeres que concurrieron a despedir al valiente cura de La Victoria. Nada ni nadie queda de esos setentas y ochentas. Este es el comienzo del fin de la mejor época de la iglesia latinoamericana. Algo semejante se vivirá cuando mueran don José Aldunate y Mariano Puga. Una época donde algunos de los hombres más valientes del país usaban faldas. La distancia es también espacial. La iglesia ya no llama a vivir a las poblaciones a sus curas y experimentos como los curas obreros hoy serían tratados como herejes. El momento en la misa fúnebre en que muchos comenzaron a cantar el himno de la parroquia de La Victoria antes de lo presupuestado y que no cesó -aunque los conminaron suavemente a ello- marcó un ejemplo de que la liturgia también resultaba una expresión ajena a esa comunidad. La lectura de los mismos textos producía resultados no sólo diferentes sino contradictorios. Era mucho más que un cura a quien se despedía. Pero la iglesia de hoy difícilmente podía reclamarlo como uno de los suyos. El segundo acontecimiento que desnudó el desfase de la carta con la realidad chilena fue que se hiciera pública la investigación por abuso sexual contra uno de los miembros del cuerpo colegiado que entregaba la carta. La denuncia contra el obispo de Iquique, Marco Órdenes, sólo nos recuerda la ominosa paradoja de que aparezca firmando la carta pastoral el obispo Horacio Valenzuela- El mismo que daba “saltos eléctricos” cuando Karadima le tocaba el trasero, el mismo que estuvo presente en sucesivos episodios de maltrato (juicios, le llamaban, corrección fraterna le dijeron ante la jueza González) a los curas que se apartaban del redil bosqueano. El Comité Permanente del Episcopado demostró su absoluta falta de tino al poner entre los redactores a uno de los hombres de confianza del Rasputín del Mapocho. Los 5 obispos que eran parte de ese grupo siguen impertérritos en sus dignidades. Una de las primeras medidas que todos los expertos recomiendan –inclusos los citados por la Iglesia en el último y estupendo manual de la Vicaría de la Educación- para proteger a los abusados es sacar a los abusadores de sus puestos de poder y dominación. Porque es claro que Karadima no actúo sólo. Y acá no sólo no salen de su puesto de poder sino que firman cartas pastorales donde se denuncian los males del siglo y se asperjan admoniciones y vagos perdones.
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Órdenes, en esto, fue un amateur del abuso donde cómplices del abusador profesional mantienen sus sitiales como fruto de esa diplomacia vaticana de no armar ruidos entre sótanas púrpuras. Pierre Dubois y Marco Órdenes. Toda una novela negra entre medio. Una novela, por cierto, mucho más interesante que el manual para insomnes que es esa tempranamente envejecida carta pastoral.

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18 de octubre

Anécdota y evidencia

Anécdota es la forma más básica y simple de probar un punto. Puede sacarse a relucir en medio de un cóctel, de un cumpleaños, de una comida familiar. Si está bien contada agrega algo de placer a la información. En ese microámbito la anécdota e inocua, no hace daño, alegra incluso, nos hace sentir bien. La evidencia, por otro lado, no suele hacernos sentir bien. Es la forma más alta de demostración empírica de un argumento. En el estado actual de nuestra comunidad científica, por evidencia queremos decir la información comprobada de un cuerpo de estudios e investigaciones, publicada según parámetros de la disciplina, en revistas indexadas (o editoriales prestigiosas con comité editorial), sometidas al escrutinio de pares. Ese, no otro, es el parámetro con que se evalúa nuestro Fondecyt, por ejemplo, el aporte investigador de los postulantes a algún financiamiento. Hoy hay un enfoque en distintas disciplinas llamado prácticas y políticas basadas en evidencia. Comenzó en Inglaterra desde la medicina y se ha extendido a distintas ciencias sociales como el trabajo social, la psicología, la criminología. Lo que busca es, por ejemplo, que si vamos a intervenir con jóvenes infractores lo hagamos basados en datos provenientes de la mejor literatura científica y no en el ojímetro o la ideología de turno del tomador de decisiones. En varias políticas públicas –y esto no comenzó con el actual gobierno – el nivel de fundamentación no pasa de la anécdota. El caso más paradigmático es la llamada reforma a la reforma. Sin que se haya hecho público por el gobierno ningún estudio que lo recomiende, se ha anunciado la reforma a la reforma. Las cartas al director –algunos académicos parecen olvidarlo- no son una forma de debate científico. Pueden ser muy útiles en difundir en la comunidad argumentos pero no sustituyen el trabajo riguroso de publicación. Si ud. es un decano de una escuela de derecho o un director de un prestigioso departamento de derecho procesal, su espacio para la construcción de un debate serio son las revistas especializadas, no las cartas al diario ni los pasillos ministeriales. Ayer el ministerio de justicia anunció una comisión asesora. Me sorprende que no participe nadie del equipo de la Universidad Diego Portales, donde hay numerosos investigadores –Mauricio Duce y Cristián Riego entre los más notables- con publicaciones relevantes y recientes en la materia. Lamento profundamente que no se haya convocado a ningún experto nacional en justicia juvenil, ya que se anunció que se pretende reformar la ley penal juvenil. Dos parlamentarios de gobierno, un abogado asesor del gobierno, un abogado del instituto asesor legislativo de derecha, la directora de un think tank de derecha y tres profesores de la Universidad de Chile no son, bajo ningún parámetro, lo que se llamaría una comisión de expertos.
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Una comisión asesora entregará anécdota, no evidencia, a una reforma que exige el más alto nivel de escrutinio porque de lo que se tratará en ella será de la privación de libertad de los ciudadanos. Cualquier liberal que haya leído a Berlin y no sólo a Hayek, coincidiría conmigo.

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13 de noviembre

Los Irrelevantes

Pese al consenso de los expertos electorales en orden al grave riesgo para nuestra democracia del alto ausentismo electoral, y la reanudación del debate sobre el voto voluntario creo que la elección municipal pasada fue extraordinariamente positiva para nuestra democracia. ¿Para qué votar si nada va a cambiar? Esa pregunta suele rondar en la cabeza de los ciudadanos en los días previos a la elección. Incluso algunos de quienes votan lo hacen con el convencimiento de que nada va a cambiar. Esa es la verdadera categoría que importa revisar y estudiar. No comparto, entonces, los factores que propone Engel para el análisis de la abstención76. Mucho resultados fueron imprevisibles o sorpresivos y eso es una gran noticia. La mejor campaña para atraer votantes no son las monsergas de cura buena onda con que los dirigentes partidistas pretender “reencantar”. La mejor campaña fue que el domingo antepasado los votos fueron significativos y relevantes como hace tiempo no lo eran, como pocas veces lo han sido. Cada voto contó (aún cuentan, creo, gracias a la impericia del Servel) y en las reñidas elecciones los votantes sintieron muy claramente que tuvo sentido salir de la casa en domingo para ir a votar. Esa irrelevancia crónica de las elecciones tiene razones estructurales, normativas. La combinación de relojería constitucional de un quorum de 4/7 para leyes importantes y el sistema binominal que le entrega la mitad del país a un sector político han configurado una nueva versión del gatopardismo. Se ha reformado veintitantas veces la Constitución pero no ha sido realmente cambiada. Contesse ya explicó muy bien en estas páginas77 por qué no es cierto que esa maquinaria tiene como propósito resguardar los consensos de las fiebres del momento. Pero hay más que ley para explicar la irrelevancia de los votos entre nosotros. Mire ud. el debate para nominar candidatos presidenciales en las dos coaliciones. Las voces que reclaman por designaciones a dedo, bajo expresiones un poco –no mucho- más elegantes, por cierto, están a la orden del día. ¿Qué saco con militar –puede preguntarse un militante con sus cuotas al día- si al final el candidato lo van a nombrar los mismos de siempre? Ese es el mismo desprecio por los votos y la misma confianza ciega en que un

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http://diario.latercera.com/2012/11/03/01/contenido/reportajes/25-122068-9-entendiendo-yrevirtiendo-la-abstencion.shtml 77 http://www.elpost.cl/web/temas/nacional/1219-nuestra_constitucin_viciosa.html

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reducido grupo puede manejar el partido o el país, contando por anticipado con el asentimiento de sus militantes o ciudadanos. Los irrelevantes requieren –requerimos- la reforma del binominal y la eliminación del requisito de los 4/7, pero, además, necesitan ser considerados no sólo a la hora del acarreo de aplausos y pancartas sino en la silenciosa hora de las decisiones. No hacerlo sería suicida.

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23 de noviembre

Organizados para descoordinarse

Como si la realidad en vez de imitar al arte o a la mala televisión, eligiese imitar un paper, esta semana la palabra coordinación surgió numerosas veces para explicar graves problemas en el sistema de justicia. Tanto en el caso de las niñas explotadas, sexual y comercialmente, por regentas y maduros clientes, como en el intento de arrestar a un perito del Servicio Médico Legal, la descoordinación fue evidente y gruesa. ¿Hay más redes como ésta? Me preguntaron diversos medios estos días. ¿Por qué no los atrapamos? La triste respuesta es que más allá de la necesidad de recursos adicionales, lo que realmente nos falta es coordinar esfuerzos. ¿Cómo es posible que un tribunal crea que arrestar a un perito es la forma de conseguir su colaboración? ¿Realmente el tribunal cree que el perito no asistió por dejación, negligencia? ¿La hipótesis de sobrecarga de trabajo no le resulta más atendible? Hace tres años, una jueza de familia denunció por desacato a una directora de un programa (un DAM, en la jerga senamesca) que no le envió a tiempo unos informes diagnósticos. La muy conocida sobrecarga de trabajo de estos programas no le impidió intentar que el sistema de justicia hiciese lo que ni ella ni sus superiores eran capaces de hacer: coordinarse. Una intuición institucional en línea con esta columna, la constituyó que el gobierno le pidiese a la comisión asesora para la reforma a la reforma recomendaciones en esta materia. Lamentablemente, este consejo equivoca el nivel de coordinaciones que se requieren. Seguir pidiéndole al Ministro de Justicia que coordine instituciones no va a tener ningún impacto –o uno muy menor- en el día a día de los ciudadanos y los funcionarios si no instalamos instancias de coordinación a nivel local. Cuando digo local quiero decir, al menos, a nivel municipal. Pero incluso este nivel es macro con relación al barrio y la población, que debiesen ser nuestras unidades de responsabilidad. Es `preciso tener claro que a estas mesas deben asistir todos los involucrados, todos los protagonistas de la historia, los stakeholders, como le gusta decir a Waissbluth. Y para combatir que niños y niñas se paren de noche en un esquina en la zona norte de Santiago, en la Chimba, se requiere sentar a las dos policías, a Sename y las ONG colaboradoras, al
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sector educación, al sector salud, al juzgado de familia respectivo, al fiscal y al juez de garantía del territorio, a la municipalidad y a la junta de vecinos del sector. Quizá haya que invitar al pastor o cura del sector. Ideal, si consiguen asesoría de un académico (varios académicos participamos ad honorem en un consejo asesor en seguridad que convocaba anualmente Claudio Orrego en Peñalolén). Los actores del sistema de justicia deben conocer la realidad de nuestro Servicio Médico Legal y asumir que sus funcionarios no son tipos odiosos que no quieren ir a las audiencias de flojos. Es un nivel muy bajo de análisis el que razona de ese modo. Ya quisiera cualquier perito del país contar con el horario laboral normal de un juez de garantía o de un juez oral en lo penal. Sentarse en torno a un café y galletas es, en todas partes del mundo, la forma en que se instalan buenas prácticas con base en los recursos siempre escasos de los sistemas de justicia. Pero ese café requiere una fuerte y persistente voluntad política que sostenga la mesa, que apuntale el cumplimiento de acuerdos, que colabore con reorganizar recursos existentes o adicione nuevos. Nada de esto requiere ley. Sólo ganas, voluntad, compromiso. De no existir seguiremos organizados para descoordinarnos, con altos costos, y pobres resultados.

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7 de diciembre

Un nuevo Código Penal

No hay dudas de que hoy en Chile es necesario un nuevo Código Penal y, en consecuencia, el anuncio gubernamental en orden a iniciar su discusión debe aplaudirse. Sin embargo, no cualquier texto concluirá con éxito esta tarea. Un Código Penal es un conjunto de principios y reglas que nos dicen, como sociedad, qué se pena y cuánto se pena. Es decir, este proceso que se inicia con el anuncio del gobierno es un llamado a actualizar nuestros consensos en torno a cuáles son aquellas infracciones a la vida en común más graves y que requieren de la imposición de un castigo. Y, al mismo tiempo, nos exige concordar la severidad de estos castigos y su variedad. Tres condiciones, me parece, son necesarias para que este proceso llegue a buen puerto. La primera, que se trabaje sobre la base del anteproyecto de Código Penal del 2005,78 preparado por el Foro Penal –un amplio conglomerado de académicos- convocado por el Presidente Lagos. Desconocer ese texto representaría un retroceso lamentable y una pérdida de recursos gigantesca, inimaginable en otros ámbitos -política económica p. ej.- pero lamentablemente frecuente cuando hablamos de política criminal. La segunda, que en el proceso se recojan las inquietudes ciudadanas y se difunda su desarrollo en conjunto con la sociedad civil. El ejemplo del trabajo de las comisiones asesoras del gobierno de la Presidenta Bachelet con audiencias, algunas públicas, algunas privadas, es una buena práctica. El derecho penal es demasiado importante en una sociedad para dejarlo sólo a los penalistas. Es preciso, a la vez, que los actores sociales entiendan las limitaciones de la herramienta penal y se moderen las expectativas que recaigan sobe un nuevo Código. Los sólidos cimientos dogmáticos son imprescindibles pero también es necesario contar con un Código que dé cuenta de nuestra realidad social y no de la sociedad alemana donde se suelen formar nuestros principales académicos. La tercera condición de éxito, me parece, la representa un cierto rigor metodológico al tomar decisiones. Aunque no se mencione así en su ley orgánica, nadie imagina que el consejo del Banco Central adopte decisiones con base en intuiciones, prejuicios, el horóscopo del presidente o el “ojímetro”. Todos los consejeros suelen estar entre los académicos más citados en la comunidad científica y, aunque esto no garantiza infalibilidad, es posible entender la racionalidad de sus decisiones con base en determinados autores, teorías y modelos explicativos. Las discusiones que se suscitarán a propósito de la redacción de un nuevo conjunto de reglas y principios penales,
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Puede consultarse en: http://www.politicacriminal.cl/n_01/pdf_01/d_1.pdf

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debieran tender a usar la mejor evidencia criminológica disponible. Probablemente, dada la exigua producción nacional en este sentido, deberán encargarse estudios en este campo para cuestiones específicas. Lo que no es admisible es pretender tomar decisiones en política criminal sólo sobre la experiencia –parcial y fragmentaria- de los comisionados. Menos anécdota, más evidencia empírica. Finalmente, un nuevo Código Penal que enfrente los desafíos actuales del sistema penal debe encarar decididamente también la fase de ejecución. La mayoría de los países de la región ya cuenta con una ley de ejecución penal y con un juez de vigilancia penitenciaria o algún órgano similar. También en este punto existe un anteproyecto trabajado el 2005 por el Ministerio de Justicia que puede servir de texto base.79 Al cumplirse 2 años de la mayor tragedia carcelaria de nuestra historia, un anuncio gubernamental que incorpore este ítem en la agenda de trabajo sería el mejor homenaje a aquellos ciudadanos fallecidos mientras estaban al cuidado del Estado.

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Puede revisarse en: http://es.scribd.com/doc/114595149/Anteproyecto-Ley-de-Ejecucion-de-Penas-FinalCon-Fundamentacion

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2013
11 de enero

Rapidito, rapidito.
Las reacciones pendulares ante viejos problemas no dejan de llamar la atención. Si durante decenios uno de los pecados capitales de nuestro sistema de justicia era la lentitud y el retraso estamos en un incómodo momento en el que debemos denunciar como flagelo el “rapidito, rapidito” como el axioma fundamental de la gestión del sistema actual. Hace 5 años la justicia de familia se encontraba colapsada. Una serie de comprometidas decisiones, donde el liderazgo del ministro Héctor Carreño jugó un rol protagónico, permitieron salir del atolladero a base de preocupación por una gestión de calidad. Hoy, sin embargo, parece que el entendimiento acerca de qué es “gestión de calidad” resulta problemático y parece imponerse una versión que lo asocia exclusivamente con el “rapidito, rapidito” como leitmotiv. Una reciente decisión de la Corte Suprema (Auto Acordado 169-2012, de 24 de diciembre de 201280) exhibe un riesgoso movimiento al extremo del péndulo. El año 2013, dispone la Corte Suprema, los juzgados de familia deberán terminar, al menos un 85% de sus causas (con contadas excepciones) dentro de 90 días. Si no lo hacen, es decir, si no se cumple esta meta de desempeño, los funcionarios no recibirán un bono bastante significativo monetariamente. ¿Pero la demora de un juicio de familia depende exclusivamente de la acción de los funcionarios judiciales? Evidentemente que no. Hay recursos, incidentes, pruebas, que pueden demorar, sin ánimo de obstaculización, un proceso. Es enteramente correcto que la Corte Suprema, en uso de sus atribuciones, conciba metas que sólo dependan de la actividad de sus funcionarios. Pero está gruesamente fuera de sus atribuciones señalar un plazo para el término de las causas. El loable objetivo de celeridad exige pensar mejor las cosas. El año 2012 la meta era de un 60% y ya generaba, evidentemente, un incentivo perverso para “matar” causas. Subir, de un año a otro, a un 85% significa que unos funcionarios se han arrogado facultades que la ley no les entrega y arriesgan producir decisiones que lindarán con la denegación de justicia. Agrava lo anterior que para reclamar de un Auto Acordado un ciudadano debe tener una gestión pendiente ante un tribunal y desde ahí irse al Tribunal Constitucional a reclamar. Pero –faltaba más- ningún juez de familia va a cerrar una causa citando el Acta 169 por lo que cuando el Tribunal Constitucional pregunte “¿dónde se ha citado esta norma que ud. quiere impugnar?”, el ciudadano al que le terminaron rapidito la causa sólo le va quedar encogerse de hombros y silbar.

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A{un no se ha subido al sitio del poder judicial pero puede ser revisado en: http://es.scribd.com/doc/119524735/Acta-169-2012

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“Rapidito, rapidito” no es un buen eslogan para la justicia de familia.

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20 de abril

Hablemos en serio de adopción

Aprovechando cierta propuesta legislativa sobre adopción me gustaría hablar de adopción ya que este proceso suele invisibilizarse en la discusión de políticas públicas sobre la niñez en Chile. Lo primero es la cuestión institucional, orgánica. Hoy, la institucionalidad sobre adopción nacional e internacional en el país es un departamento del SENAME, pequeño, con recursos casi inexistentes, con profesionales casi hacinados y que ha sido liderado con singular talento y entrega por Raquel Morales. Más allá de los esfuerzos descomunales de este equipo, en condiciones materiales adversas, hay varias razones para que no esté en SENAME. La reforma de esta institución y la creación de dos nuevos servicios, son la oportunidad para repensar qué tipo de institución queremos tener a cargo de los niños más abandonados del país. He propuesto en otro lugar81 que debe ser un Consejo Nacional, con presencia en todo el país, pero separado del Servicio de Protección de derechos de los Niños y Niñas. Por cierto, debe contar con recursos que le permitan realizar estudios, monitorear procesos y tener equipos jurídicos y psicosociales en todas las regiones del país. En segundo lugar, es preciso reformar la ley en varios sentidos. Mejorando el diagnóstico, afinando las causales para declarar susceptible a un niño de ser adoptado, regulando con claridad y con base en evidencia la evaluación de los adoptantes, y agilizando, en general, el proceso de escrutinio. Es muy recomendable observar el proyecto de reforma del Código civil argentino donde las materias de familia fueron revisadas por la destacada jurista Aida Kemelmajer y donde en adopción se abren a que la nueva filiación no signifique romper tan drásticamente con la anterior siempre. El sistema actual nacional obliga al niño a romper brutalmente con su pasado y, con ello, en muchas ocasiones, incrementa el daño que ha vivido. Finalmente, los operadores del sistema, tribunales, Sename e instituciones privadas deben examinar algunas prácticas. Los tribunales deben acumular las causas de protección a las de susceptibilidad. El artículo 18 de la ley de adopción les ordena hacer eso y sin embargo, conozco varios casos en que no lo hacen y he escuchado, en clases, a juezas que me han
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http://www.sociedadpoliticaspublicas.cl/archivos/BLOQUEM/Infancia/Modelo_multidimensional.pdf

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relatado acuerdos, informales, de comités de jueces para no efectuar esa acumulación de causas. Como resultado de esa desobediencia a la ley, se generan incoherencias en el sistema y en especial respecto de la intervención con el niño. Sename, a su turno, debe evitar ser curador ad litem de un niño y, al mismo tiempo, estar pidiendo su susceptibilidad de adopción. Hay un conflicto de interés muy claro en ese doble rol. Por su parte, las instituciones privadas deben mejorar sus procesos de evaluación y evitar ofrecer a tribunales informes con apariencia de seguridad –por más que los tribunales se las pidancuando sólo les pueden ofrecer probabilidades. Los hogares deben cuidar no generar cortapisas absurdas a las familias de origen, por definición multiproblemáticas, p.ej. fijando horarios de visitas en horario laboral, como he observado muchas veces. El equipo de adopción de Sename goza de un reconocido liderazgo en Sudamérica y debiera constituir la base para una nueva institucionalidad que permita tomarse en serio el derecho de niños y niñas a crecer en una familia.

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13 de mayo

20 artículos

El martes 30 de abril el gobierno cumplió su compromiso de presentar al parlamento, en el primer trimestre del año, el muy anunciado proyecto de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes.82 La principal virtud del proyecto es su brevedad. Sus errores y omisiones, por otro lado, son numerosos. Todo pudo ser distinto. UNICEF y numerosas ONG’s trabajaron en una mesa –por expreso mandato del Presidente- cuya labor fue luego groseramente desconocida desde el Ministerio de Desarrollo Social. ¿Qué puede hacer el derecho por los niños? Ésa, y no otra, era la pregunta que quedó sin respuesta el pasado 30 de abril con los 20 artículos que envió el ejecutivo al congreso ¿Qué claridades tenemos hoy sobre la reforma del sistema de atención a la infancia en Chile? La primera es que no hay recursos adicionales. Es decir, no hay recursos para una política en infraestructura de centros de protección. No hay más recursos para los hogares. Y tendremos que contentarnos con la telesolidaridad de los matinales en pro de alguna Fundación porque el estado nos dijo el 30 de abril que no va a poner un peso más ni va a modificar el sistema en virtud del cual los pone, en los hogares donde hoy viven 12 a 13 mil niños y niñas. La segunda claridad es que lo que se trata de pasar por derecho no es más que un subgénero literario cercano al realismo mágico. No hay derecho si éstos no se pueden exigir. No se toman en serio los derechos de los niños si estos derechos no pueden requerir la protección de los tribunales. El proyecto no contempla ningún mecanismo para hace exigible ningún derecho. Tercera claridad. Ni siquiera vamos a derogar la Ley de Menores. Un texto que en su esencia viene de 1928, que es un verdadero zombie jurídico con cerca de 27 artículos sobreviviendo en medio de otros 50 derogados seguirá deambulando en nuestro sistema jurídico. Cuarta claridad. Cuando hablamos de protección de derechos o de protección de niños, distinguimos entre una protección general y una especial. En la primera el sujeto es universal, puede ser cualquier niño que por equis motivo vea vulnerado gravemente algún derecho. En la segunda, la protección especial, queremos atender a poblaciones
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Boletín 8911-18. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/139133592/Ley-Proteccion-Del-Ejecutivo-30Abril-2013

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específicas, grupos vulnerables, niños y niñas en determinadas y precisas circunstancias. El proyecto ni se hace cargo de esta distinción ni avanza un centímetro en innovar en las “medidas de protección”: ni en causales, ni en procedimientos, ni en su control. Este proyecto de ley de protección está muy lejos de cumplir con las exigencias de la normativa internacional y las reiteradas observaciones que el Comité de Derechos del Niño le ha hecho a nuestro país reiteradamente. Pero, aún más importante, está muy lejos de proteger realmente a los niños y niñas que día a día viven en Chile el abandono, la explotación sexual, el maltrato, la vida de calle, y otras graves vulneraciones de derechos.

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25 de mayo

Una mesa modelo

En reiteradas columnas he reclamado la falta de coordinación en justicia juvenil, en protección de niños, en justicia penal y en variadas políticas públicas. Una noticia en la portada de un diario de esta semana me permite esta vez hablar de una mesa modelo de coordinación, una experiencia al nivel de las mejores prácticas en cualquier parte del mundo. Lo que salió como noticia era que en Santiago hay 303 niños en situación de calle, lo que no es correcto. Son 303 niños que son atendidos en algunos de los programas existentes, pero, como es lógico suponer, hay otros que no están en estos programas. La noticia, y esto es lo más importante, estaba extraída desde un estudio recién publicado en una prestigiosa revista internacional, el Journal of Applied Research on Children.83 Lo interesante y novedoso de este artículo es que documenta el trabajo efectuado por el Observatorio Metropolitano de niños, niñas y adolescentes en situación de calle. El Observatorio Metropolitano nace el año 2007 y es una instancia de coordinación de acciones en torno a los niños que habitan en la calle en Santiago y participan las instituciones que tienen relación con esta materia: Fundación San Carlos de Maipo, Fundación Don Bosco, Hogar de Cristo, SERPAJ, ACHNU, R.S. Comunidad Mall Plaza, SENAME, Ministerio de Desarrollo Social y el Centro de Políticas Públicas UC. Su objetivo es contribuir a dar término a la situación de vida de calle de aquellos niños que pernoctan en ella a través del registro y sistematización de información sobre el fenómeno, y colaborando en la coordinación de los actores. Los programas llenan una base de datos, que mensualmente es analizada centralmente por un muy calificado equipo del Centro de Políticas Públicas UC. Una vez al mes, se reúnen para recibir la devolución del análisis, nutrirse con los hallazgos y conversar en torno a las dificultades y logros del trabajo. Las instituciones, por cierto, tienen distintas miradas técnicas y culturas institucionales, pero en torno a la mesa están los fríos datos. Sobre esa evidencia, que a veces desafía los clichés instalados, se debaten estrategias, metodologías y se comparten las acciones que han dado resultado. Como no es una instancia de supervisión y porque se ha creado con acierto por la institución convocante un ambiente colaborativo, es un espacio único en que no se está a la defensiva y es posible no sentirse juzgado cada vez que se cuentan los problemas y fracasos que se enfrentan en el día a día. Un aporte que merece ser valorado es el financiamiento de esta innovación social, que corre por cuenta de la Fundación San Carlos de Maipo (que reúne a los canalistas del
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Disponible en: http://digitalcommons.library.tmc.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1114&context=childrenatrisk

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Maipo), que realiza su labor de responsabilidad social a través de Focus, consultora liderada con singular talento por Teresa Izquierdo y Francisco Covarrubias, destacados emprendedores sociales. Proteger a aquellos niños que están haciendo su vida en la calle requiere no sólo de salir en la noche a encontrarse con ellos. Protegerlos también necesita del sentarse a pensar juntos sobre ellos. La experiencia de esa mesa modelo merece ser aprendida por otros actores públicos y privados.

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4 de julio

Infancia, buenas intenciones y algo más

Emilio García Méndez, experto argentino en infancia, suele repetir en sus conferencias que en materia de infancia, los mayores desastres han ocurrido en nombre de las buenas intenciones. Por supuesto, no quiere decir esto que una media sonrisa cínica sea la única forma de trabajar por los derechos del niño. Más bien, Emilio quiere alertar sobre levantar, siempre, el velo amable del discurso bienpensante para escrutar rigurosamente los medios con que se pretenden alcanzar objetivos siempre nobles. Recuerdo a García Méndez al leer la noticia sobre el anuncio de la reforma a la ley de adopción. Mi primera reacción es de mucha alegría, la segunda reacción, en cambio, tiene algo de recelo. Es imposible no alegrarse ante los problemas de una ley que ha evidenciado sus numerosos problemas con portadas mediáticas cada dos años, pero que, semanalmente, genera dificultades a los actores del sistema. La ley actual es de 1999 y Sename, desde el gobierno pasado y con colaboración de la agencia alemana GTZ, ha venido estudiando un proyecto de mejoramiento. Los problemas son tanto para aquellos niños que ven entorpecido su derecho a crecer en un ambiente familiar, aunque no sea el de su familia de origen, como para quienes estiman que existe aun una familia de origen que puede hacerse cargo del niño pero que el estado ha elegido omitir, silenciar o derechamente ignorar, por cierto, a través de sofisticados procedimientos. La reacción de recelo ante el anuncio –habrá que esperar el texto del proyecto para un análisis serio- tiene que ver con varias gruesas omisiones en las palabras de las autoridades. La primera omisión es no hacerse cargo de la institucionalidad para la adopción. Un departamento con cuarenta profesionales, hacinadas en un piso, no es la forma institucional de gestionar un sistema moderno, más allá de los esfuerzos y talento de un comprometido equipo. Tampoco lo es que dependa de la misma autoridad a cargo de los hogares. Lo que corresponde para abordar seriamente la adopción es construir una órgano público (un consejo nacional), distinto a Sename (el actual o el enchulado del proyecto en trámite en el congreso), dependiente del ejecutivo, por cierto, pero con recurso propios –aumentados- y presencia nacional. Nada de eso se anunció, nada de eso, creo, se proyecta. Una segunda preocupación tiene que ver con los actuales hogares y residencias de dónde provienen los niños que son dados en adopción. Mientras no cambien radicalmente su funcionamiento (y esto exige mayores recursos que los que actualmente se entregan), declarar que “hemos trabajado con la familia y no resultó” no pasará de una fraseología retórica destinada a tranquilizarnos pero carente de evidencia. La forma en que funcionan, en la práctica, los hogares con los cerca de doce mil niños que anoche durmieron allí, es
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precaria, mínima y carece de un trabajo serio de acercamiento a la familia, o de fortalecimiento familiar, en la jerga de Sename. Hablar de mejorar la ley de adopción sin mejorar el trabajo con las familias de los doce mil niños en hogares es una falacia peligrosa. Para finalizar, una tercera preocupación -que ojalá me fuera severamente corregida- es que este anuncio parezca responder a la conmoción generada por el mal manejo de un tribunal y de un equipo regional de Sename en el caso del carabinero, y no responsa a un estudio con bases empíricas del funcionamiento del sistema. Quizá se ha hecho y yo lo desconozco. Me refiero no a un informe que efectué el propio Sename sino, por cierto, a un estudio independiente. Mientras estas preocupaciones no sean despejadas, el anuncio de mejoras a la ley de adopción no será sino una más de las buenas intenciones que en materias de infancia pueblan Sudamérica.

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17 de julio

No hay atajos

No hay atajos. No hay novedades. No hay excusas válidas. Lo que el reportaje de Ciper ha puesto en la discusión público no tiene ninguna novedad. Y no se necesita ningún estudio para acreditar lo evidente: la situación de los niños en los centros de Sename y en los Hogares subvencionados y supervisados por Sename –también en aquellos que no son del circuito Sename- está lejos de ser satisfactoria en términos de la protección de sus derechos que fue lo que motivó su ingreso en estos establecimientos. Aunque alguna autoridad parece creerlo, no hay atajos, apenas estrategias, para mejorar la situación. El anuncio de la Ministra de Justicia de inspecciones no constituye ninguna mejora sustantiva y, por el contrario, al empujar a los hogares a ponerse a la defensiva, puede incluso empeorar la situación. Siete, creo yo, son los pilares de un cambio serio en la protección de los niños con graves vulneraciones de derechos en nuestro país: 1º Una política de infraestructura de centros estatales de protección. Implica, previamente, un diseño de qué vamos a hacer en estos lugares (decisiones de modelo de intervención, recursos humanos, uso del tiempo, etc.) y, luego, de costeo, luego de diseños arquitectónicos y, posteriormente, construcción. 2º Aumento significativo en el monto de subvención que hoy entrega el estado a los hogares. En protección simple, al menos, debiera triplicarse el monto actual. En protección especializada, por la complejidad de casos –aunque menores cuantitativamente que los anteriores- pudiera ser necesario quintuplicar recursos. 3º Modificar profundamente el actual sistema de supervisión. Necesitamos superar anticipadas fiscalizaciones más bien administrativas y en horario de oficina, para pasar a procesos de supervisiones no punitivas, .en principio, pero más exigentes que las actuales, en horarios diversos (noches y fines de semanas), a cargo de supervisores con amplia experiencia en intervención y formación especializada.
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4º Hay un claro déficit en formación del personal que es ilusorio cargar en los abrumados hombros de las instituciones colaboradoras. Estimo necesario que debe crearse, a la brevedad, una Academia, que ofrezca inducción y capacitación permanente, a los funcionarios del área de protección, sin distinguir sin son del estado o de las fundaciones y ONG’s colaboradoras. Es preciso aprovechar las experiencias hoy existentes en la educación superior, como la formación de psicoeducadores en el CFT Teodoro Winckel, parte de la UFRO. 5º Finalmente, es necesario emprender un proceso de reformas legales:

1. Una ley de protección de derechos del niño y niña, que tome en serio los derechos de niños y no los veinte artículos que hoy se discuten en la comisión de familia. Urge tomar decisiones respecto de las medidas de protección, del nivel administrativo de protección, de la coordinación entre la justicia de familia y el sistema proteccional, etc. Ninguno de esos temas hoy aparece siquiera enunciado en los veinte artículos enviados por el Ministerio de Desarrollo Social. 2. Una ley que reforme SENAME en serio, no que signifique simplemente un cambio en la placa fuera de los centros y oficinas. Eso significa repensar la actuación estatal para fortalecer la coordinación interagencias y superar la insularidad en la gestión que caracteriza hoy a nuestro sistema. Por cierto, implica crear una carrera funcionaria y una evaluación de desempeño exigente y real, imposibles hoy con un 90% del personal a contrata. 3. Un ley que cree el Defensor del niño, institución que debe ser autónoma del gobierno y podría depender de la Cámara de Diputados –el modelo madrileño- que permita un seguimiento en las políticas públicas respecto de la niñez y el monitoreo del respeto de sus derechos tanto por el estado como por particulares. 4. Una ley que establezca un sistema de defensa jurídica en tribunales de familia. Un niño que hoy comete un delito y respecto del que se aplica la ley penal juvenil, en su primera audiencia ya contará con una defensa penal, pública o licitada, de calidad. Si, en cambio, hablamos de un niño que requiere protección, puede estar todo el juicio sin abogado especializado. 5. Finalmente, estimo imprescindible, como ya dije en estas páginas hace muy poco, una ley que mejore nuestra actual normativa en adopción. Curiosamente, la Ministra anunció hace quince días una ley de adopción que iba a, desde los hogares del Sename, permitir más niños en procesos de adopción. Hoy nadie parece tener dudas de que no hacemos bien el trabajo más mínimo en los hogares, mucho menos es posible afirmar que “hemos hecho todo lo posible para que el niño regrese con su familia de origen.” Eso, en los actuales hogares, es una quimera, predicable sólo de pocas residencias. Pero es preciso
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avanzar en velar por los derechos del niño separado de sus padres a retornar con éstos, y, sólo si esto es imposible, a crecer en una ambiente familiar. Al igual que en Argentina, sería deseable contar con modalidades variadas, en algunas de las cuales sea posible que los guardadores sean, si así califican, luego adoptantes. No hay atajos. No hay novedades. No hay excusas válidas. Sin embargo -todo hay que decirlo- estas respuestas no hay que exigirlas de las oficinas del Director Nacional de SENAME o del Ministerio de Justicia. Habiendo exigencias de recursos adicionales, como ha ocurrido desde hace veinte años, es en Hacienda, en la Dirección de Presupuesto donde se definirá si contaremos con respuestas que se tomen en serio los derechos de los niños, o sólo con protección en la medida de lo posible.

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