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1.LA FORMULACIÓN DEL PENSAMIENTO LIBERAL El liberalismo revolucionario americano: James Madison y Tomas Paine El

liberalismo revolucionario europeo: Emmanuel-Joseph Sièyes y la práctica constitucional francesa. El liberalismo gobernante: Benjamín Constant y Alexis de Tocqueville El utilitarismo británico: Jeremy Bentham, James Mill y John Stuart Mill.

2. LA REACCIÓN CONSERVADORA El conservadurismo británico: Edmund Burke El tradicionalismo francés: Louis de Bonald y Joseph

de Maistre Las corrientes conservadoras alemanas. El liberalismo doctrinario: Francia y España.

3. EL NACIONALISMO. Orígenes históricos y primer desarrollo de las teorías nacionalistas El modelo nacionalista alemán: Hegel y Fichte

Nacionalismo cultural y nacionalismo cívico. La aportación de Ernest Renan La proyección actual de las corrientes nacionalistas.

4. EL SOCIALISMO El socialismo utópico. Definición. Los orígenes de la utopía contemporánea. De Robert Owen a Pierre Joseph Proudhon.

El socialismo científico. Materialismo dialéctico y materialismo histórico. Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. La teoría de la explotación

y

la teoría de la revolución. El revisionismo marxista. El surgimiento de la socialdemocracia y el combate por la ortodoxia. Sindicatos, partidos

e

internacionales

5.

EL ANARQUISMO Definición y antecedentes Las corrientes internas del anarquismo. Mijail Bakunin. La Primera Internacional y el

enfrentamiento Marx-Bakunin. La Alianza Internacional

Tema 1: La Formulación del Pensamiento Liberal. Democracia Directa: es un mecanismo según el cual las personas asociadas a ella pueden expresar en igualdad de poder sus puntos de vista, iniciativas y propuestas, actuando directamente sobre ella y dirigiéndola en equipo, o sea, la participación directa en el proceso de toma de decisiones políticas. También es llamada democracia

Esto permite comprobar que la pieza clave de los sistemas representativos es la Elección, y que dicha elección determina la legitimidad del Poder. Los pensadores ilustrados contrapusieron este Principio de Elección al Principio de Herencia, lo que implicó un cambio profundo en los paradigmas de la legitimidad del poder: “una

asamblearia (actualmente sólo Suiza ejerce este tipo de democracia, y sólo para persona no es legítima si no ha sido elegida Principio de Selección: En la democracia

algunos aspectos de especial relevancia). Democracia Representativa: es aquel mecanismo en el que el Pueblo delega su Soberanía en autoridades elegidas de forma periódica, mediante elecciones libres. Estas autoridades deben, en teoría, actuar en representación de los intereses de la Ciudadanía que los elige para representarla. La disyuntiva entre Democracia Directa y Democracia Representativa nació con la Ilustración. La Democracia Representativa que nace de los procesos revolucionarios burgueses de los siglos XVII y XVIII, y que dio lugar a su expansión por toda Europa, tiene muy poco que ver con el modelo de Democracia Directa que había funcionado durante la Grecia Clásica y que algunos ilustrados veían como modelo ideal de

sistema de gobierno político. Rousseau fue uno de los principales partidarios de la D. Directa. La D. Representativa que preconizaba la Revolución era radical (y fundacionalmente distinta de la D.D. que Rousseau defendía). También James Madison y E. Sieyes, a su modo, coincidieron en esta afirmación, aunque atribuyendo a la D.R. unas virtudes que, según ellos, no poseía la D.D. al estilo ateniense. En opinión de James Madison (4º presidente de USA) el gobierno representativo era un sistema político esencialmente diferente y superior, ya que implicaba depositar el gobierno en manos de «gentes selectas» capaces de interpretar las necesidades del Pueblo y conducirlas a buen fin sin apasionamientos ni intereses particulares. En cambio Sieyes admiraba de este sistema representativo su acomodación a una época en la que los individuos, entregados sobre todo a la actividad económica, no disponían de para dedicarse a la política, por lo que pretendía que la actividad política se convirtiese en una «profesión especializada». Durante los dos últimos siglos, el sistema de Gobierno Representativo ha experimentado múltiples cambios evolucionando para adaptarse a numerosos cambios circunstanciales e históricos: la ampliación del derecho al voto, la proclamación del Sufragio Universal. Sin embargo, siempre ha habido una serie de principios básicos y constantes. Así, en opinión de Bernard Manin, hay cuatro principios esenciales e invariables en todos los regímenes representativos:

- El Principio de Democracia Directa, ya que era imposible aplicarla debido a la masa popular a quien consultar.

- Tampoco pareció viable el sistema de Sorteo de Cargos, puesto que existía una gran cantidad de la población que no poseía mínimas cualidades para su desempeño.

ateniense no todas las decisiones las tomaban en asambleas; ciertas funciones las desempeñaban los representantes del pueblo: magistrados y funcionarios. La gran diferencia de esto con respecto a los representantes de la D. Representativa es que la Selección no se realizaba por elección sino por Sorteo. La Democracia Liberal prescindió de algunos elementos de la Democracia Ateniense como:

- Las decisiones públicas se someten a un proceso de debate.

- Del Principio de Rotación de cargos, es decir, un mecanismo que garantizase que los gobernados podían pasar a ser gobernantes y viceversa. En opinión de Aristóteles, el ciudadano debía demostrar que era capaz de mandar, pero también de obedecer. Lo que legitimaba entonces al gobernante no era su excelencia, sino el hecho de haber sido antes un gobernado y de poder volver a serlo. Este sistema garantizaba la justicia. Sin embargo, en el sistema liberal que se va a implantar, la legitimidad del poder se sustentará, no en el hecho de que todos los ciudadanos participasen al mismo tiempo de él, sino en el hecho de que todos podían participar.

- El Rechazo a la Profesionalización de la política que tan radicalmente defendían los griegos, pues veían en ello el riesgo de que los profesionales acabaran dominando el gobierno y se perpetuasen en el poder. Principio de Sorteo: en la Democracia ateniense estaba relacionado con la noción de Igualdad, en un sentido que Platón definió como “igualdad aritmética”, frente a la “igualdad geométrica o proporcional”, que significaba que daba a cada uno según lo que merecían, era por tanto, la única verdaderamente justa. Esto va a ser la base de lo que es el sistema liberal hasta la mitad del siglo XX. El sorteo no garantiza la igualdad proporcional, pero evitaba recelos y tensiones en la sociedad. Los liberales aprovecharon esta identificación entre sorteo e igualdad aristocrática para considerarlo injusto. El sorteo no repartía el poder igualitariamente, sino la probabilidad de acceder a él; el sentido de igualdad que conllevaba el sorteo se alejaba del concepto de igualdad de oportunidades y de igualdad de resultados, y en

- Los gobernantes son elegidos a intervalos regulares.

- Las decisiones de los gobernantes poseen una cierta independencia con respecto a los deseos de los gobernados.

- Los gobernados pueden expresar sus opiniones y deseos políticos.

cambio, se acercaba a la noción de igualdad de probabilidades. Principio de Exclusión: Los pensadores liberales rompieron con la tradición del Sorteo. A pesar de que hombres como Harrington, Montesquieu o Rousseau conocían perfectamente la experiencia de la democracia directa y estaban dispuestos a

instaurarla e incluso, a proponer el Sorteo como mecanismo representativo junto con

la elección, esto nunca cundió y la defensa de la Elección prevaleció a lo largo del

siglo XVII y XVIII. Para James Harrington, la ventaja del sistema electoral radicaba

en que éste permitía seleccionar una aristocracia natural capacitada para el gobierno,

es decir, una “élite preexistente”. Para Harrington esto es compatible con el principio

de Rotación, del que era un gran defensor, en la medida en que establece límites para ser candidatos y renovaciones muy frecuentes de los cargos. Montesquieu, en contra, postulaba que el sistema de Sorteo era a la Democracia lo

que la elección a la aristocracia; es decir, elementos consustanciales. No puede haber democracia sin sorteo ni aristocracia sin elección. El Sorteo deba libertad de probabilidad, hecho que no concurre en un sistema electoral. Pero a pesar de estas firmes convicciones, Montesquieu no dejó de reconocer que el Sorteo podía conducir

a dejar el gobierno en manos de individuos incompetentes. Por eso planteó la

necesidad de introducir medidas correctoras al estilo ateniense: participación voluntaria en el sorteo, requerimiento de conocimientos, c) edad mínima, etc. En cambio, las elecciones significan la desigualdad porque siempre tiende a seleccionar a un mismo tipo de gente: los demagogos, coincidiendo con el pensamiento aristotélico. Según Montesquieu, siempre elegían aparentemente a los mejores, en el sentido aristotélico de Clases Superiores. En su obra “El Contrato Social”, Rousseau relaciona también Sorteo con Democracia y Elección con Aristocracia y, si bien concibe que ambos métodos pueden ser utilizados para designar al Poder Ejecutivo, reflexiona sobre la conveniencia de cada uno, en la medida en que las elecciones implican la toma de decisión particular o distinción de un individuo frente a otro. Rousseau los considera proclives al interés y a la parcialidad. En conclusión, el Sorteo es el método mejor, máxime cuando se va a aplicar a un régimen democrático en el que se supone que se han universalizado las costumbres, se han equiparado las fortunas y se ha promocionado el talento. En opinión de B. Manin, una generación después de Montesquieu y Rousseau, el Sorteo como mecanismo para atribuir funciones públicas desapareció por completo y los nuevos pensadores fueron capaces de articular una nueva teoría en la que el mecanismo de Elección y la Igualdad de todos los ciudadanos fueran compatibles. El Sorteo se consideró inapropiado, no por su carácter impracticable, sino por una cuestión de legitimidad política, ya que esta legitimidad de la Autoridad Política reside en el consentimiento de los ciudadanos. En este sentido, la Elección es

concebida como la expresión de ese consentimiento libre y directo de la voluntad de los gobernados y eso es algo que el Sorteo nunca podría proporcionar. Al fundar la legitimidad política en el consentimiento deja de tener valor la legitimidad basada en la justicia distributiva o la igualdad. Lo que concede legitimidad no es quien recibe el poder, sino cómo lo recibe, a través de qué mecanismo. Así pues, el rey en sí no es malo, lo malo puede ser la forma en que se proclama rey. Cuando surgió el Gobierno Representativo, el tipo de igualdad política que se buscaba era el del Consentimiento, no la igualdad de oportunidades para obtener un cargo. En paralelo, además se estaba produciendo una redefinición del Concepto de Ciudadanía, de modo que ésta no residía ya, como en la democracia ateniense, en el derecho a participar en la política, sino en el derecho a expresar el Consentimiento Político. La utilización de la Elección en lugar del Sorteo y la aceptación de una distribución desigual y excluyente de los cargos, vio pronto cómo se introducía en la teoría liberal revolucionaria un nuevo factor de desigualdad, la Superioridad Social de los representantes sobre sus electores, superioridad medida en términos absolutos o según valores objetivos y relativos, o sea, siempre por encima de los electores. De ambos valores surgirá el “Principio de Distinción”. Frecuentemente se hace recaer el carácter limitado o antidemocrático del gobierno representativo en el escaso soporte del Sufragio, es decir, la restricción del derecho al voto. No obstante se ha prestado poca atención a la posibilidad o no del voto (sufragio universal vs sufragio

censitario). La forma de seleccionar a los elegibles tiene mucho que ver con la Cultura Política de cada país:

- En Inglaterra, la designación del Parlamento era considerado una forma de honra hacia los líderes naturales de la comunidad. Curiosamente mientras el

electorado más se ampliaba, la elegibilidad más se contraía y circunscribía a

la pequeña nobleza y a la aristocracia. Ello es debido a dos causas:

o

Porque la cultura política británica se basaba en el reconocimiento de la jerarquía social en base a la posición y el prestigio social.

o

Porque las elecciones eran tan caras que sólo los ricos podían permitirse afrontarlas. Desde 1710 los parlamentarios debían acreditar un elevado patrimonio, supuestamente para garantizar su independencia de la Corona.

- En Francia, desde tiempos muy tempranos, la restricción del derecho al voto

tuvo más impacto teórico que práctico. Cuestionaban el principio de igualdad

y disociaban el Derecho Político del Derecho Civil. Pero era muy extenso en

términos matemáticos. El debate en esta época no fue entre sufragio universal

o sufragio censitario, sino el referido a quién podía ser votado. Así, en 1789 la Asamblea Constituyente dictaminó que las elecciones tendrían carácter

indirecto (por compromisarios). Sólo podría ser Diputado el ciudadano varón que acreditara la posesión de tierras y el pago del Marc d’argent (500 jornales), pues con estas y otras medidas adoptadas a lo largo de la Revolución, la ocupación de cargos en la Asamblea estuvo restringida, en la práctica, a las clases acomodadas.

- En Estados Unidos se adaptó la fórmula de Elección Indirecta para el cargo de Presidente y Senador, que eran elegidos por colegios electorales dentro de cada legislatura estatal. En cuanto a la Cámara Baja o Congreso, la cuestión fue más compleja porque la concesión del derecho al voto quedaba a criterio de las leyes de cada Estado. En general, los teóricos trataron de implantar la propiedad como requisito básico y se justificó que la pobreza hacía vulnerable hacia la corrupción y a la dependencia con respecto a la Aristocracia. Sin embargo, finalmente su optó por mantener un sistema de Sufragio Universal para el Congreso, ya que se temía que el pueblo no respaldaría la Constitución. En lo referente a la condición de elegible, la constitución americana fue también muy generosa, sólo exigió una edad mínima, 7 años de ciudadanía y la residencia en el Estado donde presentase la candidatura. El desacuerdo a la hora de fijar que cuantía debía exigirse para ser elector o elegible, fue lo que impidió que se precisara en la Constitución, y antes que una imprecisión que diera lugar a manipulaciones circunstanciales, se prefirió eliminar dicho requisito. Esto no fue consecuencia de que fuese visto como algo inconveniente, sino peligroso. Los debates para la ratificación del Texto Constitucional en la Convención de Nueva York permitieron detectar otros puntos de fricción importantes, como el número de representantes en relación a la población, esto se consideró transcendente porque condicionaba la relación entre representados y representantes en términos de proporcionalidad, semejanza o fidelidad. B. Manin pone esta idea en relación con el tipo de mandato; un mandato imperativo exige una proporcionalidad más directa, es decir, menos población con más representantes; en cambio un mandato delegativo no requiere de mayor semejanza. Para Adams, la idea de representación política debía ser un reflejo o imagen del pueblo del que emanaba. La cámara de representantes debe de ser un cuadro en miniatura del pueblo al que representaba. Estas ideas no se terminan imponiendo, sino las de Madison, que hablaba de la necesidad de elegir a hombres especiales y virtuosos para desempeñar el poder, haciendo un alegato a favor del Principio de Distinción. Otro tema candente fue la Delimitación de los Distritos; se pensaba que el distrito grande favorecía a los ricos, que serían elegidos como representantes. En cambio, el distrito pequeño favorecía a la gente más común. También se habló del establecimiento de mandatos cortos y elecciones frecuentes, que

se contemplan como una forma de impedir la corrupción y de garantizar recurrentemente la vigilancia del electorado sobre el poder. En los debates se va a plasmar la condición de que el pueblo, de forma libre y espontánea, tenderá a votar siempre a los candidatos más cualificados, con más patrimonio y más respetables, y que no era, por tanto, necesario establecer requisitos patrimoniales. Simplemente se trataba de favorecer este proceso natural por el que los electores seleccionarían a las élites, V. G.: estableciendo distritos grandes. En Europa tardaría más en imponerse este Sistema Natural, ya que se iban a instalar teorías restrictivas. Estos primeros teóricos liberales están persuadidos de que la Elección por sí misma ya tenía un efecto aristocrático. Cimentada en los programas científicos y filosóficos del S. XVIII, la Ilustración Representaba fundamentalmente la confianza en la Razón y la creencia en el Progreso de las Sociedades Humanas. Es decir, sólo la razón sirve para explicar el mundo. En síntesis, la creencia en que la mente humana puede conseguir el mejoramiento progresivo e ilimitado de la realidad en todos sus ámbitos. Ejemplo de ello son las novelas de Julio Verne La búsqueda del conocimiento y el deseo de difundirlo encontró un magnífico cauce en la publicación de la famosa “Enciclopedia”, promovida por Denis Diderot (1713-1784) y Jean de Rond D’Alembert (1717-1783). Que comenzó a publicarse en 1751 y no se terminó hasta1772, constando finalmente de 28 volúmenes y fue una gran síntesis de todos los conocimientos de la época. Realmente no se trataba de una obra de pensamiento social político, sino de un compendio de conocimientos que aspira a provocar una Revolución Cultural. En este sentido, no cuestionan el Régimen establecido, pero se le formulan importantes demandas, cuya satisfacción, naturalmente, implicaría la transformación de las Instituciones y las estructuras políticas. En opinión de Paul Holbach, uno de los más asiduos colaboradores de la Enciclopedia, no era necesario modificar la forma de gobierno, siempre que éste se inspirase en el uso de la Razón y promoviese las leyes adecuadas (Despotismo Ilustrado). En este sentido, el origen y la naturaleza del Poder era una cuestión secundaria frente a la del uso que se le diera a éste (Concepto Utilitario). Lo importante del Enciclopedismo es que, aunque sea de manera indirecta y dirigida por motivaciones de carácter utilitario, plantea la defensa de los “Derechos Humanos”, concebidos como Derechos Naturales en cuanto útiles. Sin llegar a adelantar la Teoría Liberal Democrática (Liberalismo), los Enciclopedistas abogaran por un mundo más libre y humano, en el que la verdadera herramienta revolucionaria debía ser la Educación. Montesquieu. Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (1689-1755). Sus obras más importantes fueron “Cartas Persas” (1721), una crítica a las instituciones y costumbres de Francia, y “El Espíritu de las Leyes” (1748), obra que dedicada a

profundizar en la sustancia o naturaleza de las leyes que afectan a una determinada sociedad, parte de la base de que cada sociedad necesita sus propias leyes, adaptadas a sus necesidades, y que estas no pueden ser impuestas de modo arbitrario (Ley Natural). Además de estas obras, Montesquieu habló sobre otros temas: “la Clasificación de los Estados”, se basa en su conocimiento del Mundo Clásico para tratar de superar las teorías aristotélicas. Así, distingue entre:

- Gobierno Republicano: en el que el Pueblo o una parte de Él es soberano, dependiendo de ello, la República puede ser democrática o aristocrática. Él prefiere el modelo aristocrático, pues deposita las funciones de gobierno en los individuos más cualificados.

- Gobierno Monárquico: donde la soberanía corresponde a un sólo individuo que gobierna conforme a leyes fijas y establecidas.

- Gobierno Despótico: donde gobierna un solo individuo pero sin regulación alguna. Esta división de Montesquieu no se fundamenta en realidad en el número de personas que ostenta la Soberanía, sino en la forma en que el Poder está concentrado o dividido. Además dota a este esquema de una secuencia cronológica: la Republica Democrática es algo del pasado; la República Aristocrática y la Monarquía son el presente, que deben equilibrarse y complementarse; y finalmente, el Despotismo es una amenaza para el futuro. Montesquieu concluye que el Poder debe ser Moderado y Limitado para que no deriven en el Despotismo. En este sentido, su modelo es el Régimen Británico, que define como una República Aristocrática, donde el Poder Legislativo y el Ejecutivo están separados. También defiende la Monarquía frente al Despotismo, porque argumenta que el poder del rey está limitado por tradiciones, leyes e instituciones

intermedias como Ayuntamientos o Concejos, que permiten al individuo disponer de cierta autonomía. Para Montesquieu la República era, no obstante, el régimen político ideal, siempre que cumpliese dos condiciones:

- Regirse por principios legales generales, o sea, una Constitución.

- Articular la división de Poderes.

La División de Poderes es, por tanto, más importante incluso que la propia forma de gobierno, ya garantiza la libertad. Montesquieu acompaña su exaltación de la libertad política con la apología de la moderación, la única garante, pues a su juicio, el extremismo y el radicalismo perturban el ejercicio de la libertad. En esta búsqueda de Moderación y mesura, Montesquieu otorga un papel preponderante a la Nobleza, ya que la considera la única clase social que desde una Cámara Alta es capaz de atemperar la exaltación del Pueblo expresada en la Cámara Baja. Entiende que la existencia de ricos y pobres es un hecho natural e inevitable, por eso lo que hay que

hacer es institucionalizarla y conseguir una cohabitación tranquila. Como conclusión puede afirmarse que la gran aportación de Montesquieu consiste en considerar al Estado como una Institución al servicio de las Sociedades y no al contrario, así como la idea de la División de Poderes como salvaguarda de las libertades. François Marie Arouet “Voltaire” (1694-1778). Representa la consagración del movimiento librepensador y la actitud crítica hacia la sociedad de su época. Aunque no es en sentido estricto un pensador político, lo cierto es que sus “Cartas Inglesas” (1734) constituyen un interesante alegato a favor del sistema político británico. Voltaire no era un revolucionario ni un parlamentarista, pero defendía la tolerancia, la humanización del Poder y el fomento de la ciencia. Las obras más importantes de Voltaire son: “Cándido” (1759), que es un libro de viajes dedicado a la Sátira Social y la apología del conocimiento natural; otro escrito que le daría fama fue “Ecrasez l'infame”, mucho más polémico que el anterior, pues iba contra la religión católica como fuente de fanatismo y crueldad. Aunque sería “El tratado sobre la tolerancia” (1763) su obra más importante, es una crítica de las costumbres y de la injusticia de las Instituciones francesas, haciendo una apología de la Libertad de Prensa. La clave de su pensamiento reside en la apología del Progreso y la denuncia de todo aquello que lo frena. Apoya por eso la ilustración del ciudadano y la actividad industrial, rechaza en la misma línea lo que embrutece al hombre: torturas, pena de muerte, falta de garantías judiciales, etc. Como manifestación exacerbada de injusticia y opresión, Voltaire identifica a la Iglesia Católica. Era la identificación de todos los males. Denunciando su intromisión en los asuntos públicos, la persecución y la intolerancia. Sin embargo Voltaire no es un ateo, es un Deísta. Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Representa un pensamiento complejo. Su obra se enmarca en el contexto cronológico de la Ilustración, pero no puede ser considerado un ilustrado puro. Para muchos, es el promotor de las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII, mientras que para otros es el gran defensor de la Democracia Participativa. También lo han reivindicado marxistas y anarquistas. Además ha sido considerado un futuro referente para los totalitarismos. Fue un gran defensor de las asambleas participativas que se realizaban en su ciudad natal de Ginebra, es decir, va a ser defensor de la Democracia Directa. Conoció también el modelo británico, y piensa que puede aportar cosas buenas. Viajó por muchos países. Todo esto influye más en su exilio, en su idea filosófica. Rousseau consideraba al hombre como un ser naturalmente bueno y puro: “el Hombre es bueno por Naturaleza”. Hay una ruptura con la tradición cristiana del pecado original. Frente a la apología de la razón, la inteligencia y el progreso que

caracterizaba a los ilustrados, él defendía el valor del sentimiento, el instinto y la buena voluntad. Rousseau es por ello un antecesor del Romanticismo. Para Rousseau, el funcionamiento de la Sociedad dependerá de la Voluntad General de sus miembros (esto rompe con Locke y Montesquieu, que pensaban en leyes justas para esto mismo). Así, frente a la defensa de un orden equilibrado y nacional, Rousseau defiende al hombre sencillo e ignorante que resulta finamente corrompido por la hipocresía y las convenciones sociales: El nace bueno, pero es la Sociedad la que corrompe al hombre. Todas estas teorías de Naturaleza Humana están contenidas en su obra “Emilio”, verdadera exaltación de la vida salvaje. Frente a esta idea de civilización, ofrece la idea del Buen Salvaje, retorna a las sociedades primitivas. También las vemos en el “Discurso sobre las ciencias y las artes, donde no sólo va a poner en duda que el progreso científico contribuya a mejorar al hombre, sino que, en su opinión, corrompe y embrutece al hombre y no contribuye a hacerlo más libre ni más feliz (lo cual supone una ruptura total con la idea ilustrada del progreso científico). Volvemos a encontrar estas ideas en el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, donde Rousseau hace recaer en la Sociedad la responsabilidad respecto a la degradación humana. Entiende que los hombres debieron vivir originalmente en un estado “amoralidad”, individualismo e igualdad” primigenia. Junto a la desigualdad natural o física, hay otras impuestas por los hombres: privilegios que gozan unos en detrimento de otros. Lazos entre desigualdades: remontarse a épocas anteriores a la sociedad civil por parte de los autores para justificar el derecho a la propiedad. Diversos factores externos explicarían la aparición de las organizaciones sociales: el crecimiento demográfico, la creciente complejidad económica, la necesidad de ayuda mutua, etc. Con la aparición de la organización social aparecerían nuevos elementos: la ambición, el deseo de poder, las pasiones afectivas que terminaron transformando al hombre y obligándole a adaptarse a sus nuevas y cambiantes circunstancias. Rousseau ataca duramente el principio de la propiedad privada, porque responsabiliza a ésta de haber generado la desigualdad entre los hombres y de haberlos convertido en seres egoístas. Rousseau se adelanta al marxismo al asegurar que toda la construcción de la Sociedad y el Estado descansaba sobre la necesidad de proteger la propiedad privada de los ricos frente a las ambiciones de los pobres. Sin embargo, no propugna la abolición de la propiedad privada, ya que considera que el proceso de apropiamiento es irreversible y consustancial a la existencia de la Sociedad. Por ello propone controlar sus efectos mediante la organización política y apelando a la conciencia de los hombres, a su altruismo y generosidad (pragmatismo). Su exaltación de la vida salvaje alude a los problemas de las Sociedad de su época, sobre todo arremetió con la Iglesia, pero también se burló de algunos pensadores

nacionalistas como Voltaire. Rousseau no inventa la idea del Contrato Social, ya antes Hobbes y Locke habían hablado de que los hombres habían pasado del “estado natural” al “estado social” mediante un pacto racional según el cual habían decidido renunciar al uso de la fuerza y se organizaron social y políticamente con el objetivo de preservar sus vidas y sus intereses. Rousseau lo denomina pacto inicuo. Consideraba la Propiedad como un elemento sustantivo en la fundamentación de este pacto, un pacto que aparentemente va a proteger al hombre, pero lo que realmente hace es consolidar y garantizar la desigualdad entre los hombres, así como las situaciones de dependencia y explotación. Para contrarrestar los efectos de este Pacto, Rousseau elabora su teoría del Contrato Social, en la que asegura que este pacto inicuo se puede romper, y esboza cómo deber ser un pacto legítimo, capaz de proteger a la persona pero sin que esta renuncie a sus libertades y sin que tenga que depender de otra. Pretende así resolver la tensión entre lo individual y o colectivo, entre Poder y Libertad, y entre el Interés Particular y el Bien Común de la Sociedad. Según las teorías de Hobbes y Locke, la Sociedad no tenía en sí misma un interés propio, sino que se había construido para garantizar una suma de intereses individuales. La noción del Bien Común no tenía sentido al margen de los intereses individuales y egoístas que la integraban. Para Rousseau en cambio, la Sociedad es un bien en sí misma y está dotada de un proyecto propio con existencia independiente y superior a los proyectos personales de los individuos que la forman. La Sociedad es, por tanto, una realidad moral, o sea, una asociación, no una mera suma. La Sociedad nos encadenará, dice Rousseau, pero valdrá la pena, pues garantiza el disfrute de la Libertad y la redistribución de la riqueza y la educación en el patriotismo. El Contrato Social cosiste por ello en un acuerdo generalizado en el que cada individuo, convertido en Ciudadano, se entrega y sacrifica en aras de la Comunidad, permitiendo el afloramiento de una realidad social nueva fundamentada en el goce de derechos individuales compartidos: la Libertad Civil, la Propiedad, la Igualdad, etc. La Voluntad General: Rousseau cree en la existencia de un sujeto político independiente que es la Comunidad. Así pues, a cada Comunidad corresponde una voluntad general que emana espontáneamente de ella y se sustenta en la búsqueda del Interés o Bien Común. La Voluntad General resulta ser totalmente distinta de la Voluntad Particular del individuo, no surge de una suma de voluntades particulares, de una expresión mayoritaria de las voluntades individuales. Por ello, Rousseau piensa que el Sufragio Universal resulta inútil para dar a conocer la Voluntad General, esta no se crea, preexiste y hay que descubrirla. El Concepto de Soberanía: a raíz de estas teorías del contrato social y de la voluntad general, Rousseau va a elaborar un nuevo concepto de soberanía. Para Locke, la

teoría del contrato social recogía la existencia de un pacto que otorgaba al gobierno un derecho para representar al pueblo, un derecho que puede ser reversible. En cambio, Rousseau niega la posibilidad de que el pueblo pueda ser representado por sus gobernantes. Para Rousseau, la Soberanía no puede ser enajenada, por lo que niega la legitimidad del Parlamento y sustituye el principio de representación política por un principio de Delegación de Funciones, según el cual, el Pueblo Soberano reconoce un gobierno para que ejecute sus órdenes expresadas en forma de Leyes, que deben ser siempre elaboradas y aceptadas por el conjunto de la Comunidad. Así, el Gobierno pasa a ser un mero ejecutor, un servidor del Pueblo, si bien esta condición subordinada en ningún caso implica debilidad, ya que está autorizado por el pueblo para actuar implacablemente contra quienes amenacen esta Voluntad General. El Parlamento queda sustituido por la Asamblea de Todos los Ciudadanos (democracia directa ateniense). Para Rousseau, la Soberanía es indivisible, infalible y absoluta. Como es indivisible huelga la idea de la División de Poderes. Como es infalible, hace que la expresión de la Voluntad General del Pueblo Soberano a través de sus decisiones no sean nunca erróneas. Es absoluta porque hace acatar sus órdenes sin ningún tipo de excepción.

1. El liberalismo revolucionario: James Madison y Thomas Paine.

Con la Guerra de los Siete Años (1756-1763) el desprestigio de las monarquías absolutas europeas se hizo patente, arrastrando a todo el Antiguo Régimen. La ambición de los monarcas llevó a la bancarrota a algunos de ellos, por lo cual aumentaron inconcebiblemente la presión fiscal sobre sus súbditos y sus colonias, dando origen a motines como el “Boston Tea Party” de 1775. La Guerra de la Independencia tuvo unos antecedentes ideológicos extranjeros, que no son otros que el pensamiento revolucionario de la ilustración: Locke, Montesquieu, Rousseau…, reelaborado por pensadores americanos como Benjamín Franklin. Si bien también tuvo antecedentes ideológicos internos como:

- La Declaración de Independencia atribuida a Thomas Jefferson (1743-1826).

- La Constitución Americana de 1787 atribuida a James Madison (1751-1836).

- “El Federalista”, publicación revolucionaria de Alexander Hamilton (1755- 1804), James Madison y John Jay.

- “Notas sobre el Estado de Virginia” de Thomas Jefferson.

- Así como la obra “El Sentido Común” de Thomas Paine (1727-1809).

1.1. James Madison.

En la publicación El Federalista, Hamilton y Madison, ambos bajo el pseudónimo de “Publius”, incluyeron una serie de artículos destinados a explicar las bases sobre las que se había redactado la Constitución de 1787, tratando de demostrar que era la

fórmula más conveniente para la prosperidad social y económica y también la que mejor se adaptaba a sus características históricas. Algunos capítulos de “El Federalista” son especialmente famosos por su aportación a la construcción teórica del liberalismo. En ellos, por ejemplo, Madison articula la defensa del Pluralismo Político, legitimando la existencia de facciones y partidos políticos, de los mecanismos de Representación Política frente a la Democracia Directa, y de las políticas locales como medio para compensar el excesivo poder de las mayorías nacionales. En otras palabras, de una Organización Federal. Hamilton defiende la existencia de un Poder Ejecutivo fuerte, capaz de actuar como mitin ante de las tendencias disgregadoras locales. En definitiva, será fundamento o ideológico al Presidencialismo Americano. Frente a Hamilton, Jefferson representa en sus “Notas Sobre El Estado De Virginia”

la defensa de los intereses de los agricultores y el mundo rural frente al medio urbano, al que ve como algo corrupto. Una de las paradojas de Jefferson es la que se refiere a la igualdad entre los hombres. Proclama la igualdad innata de los seres humanos y rechaza la esclavitud, pero habla de que negros e indios carecen de inteligencia y virtud. Sin embargo, Jefferson pasa por ser uno de los grandes defensores de la democracia en Norteamérica, pues luchó contra el centralismo de Hamilton, abogó por la extensión del Sufragio Universal y preconizó la educación popular.

1.2. Thomas Paine.

El primero que da a tratar de dotar al liberalismo de unas nociones propias va a ser Thomas Paine. Vivió toda la época de la Ilustración y de la revolución francesa, en la que participó activamente hasta que se tornó demasiada exaltada. Realizó una amplia difusión de las ideas liberales a través de la propaganda y del folleto, con un discurso muy divulgativo, que propició que el ideario liberal alcanzara gran difusión. Sus principales obras son:

- “The Common Sense” (1776): en esta obra aboga por la utilización del sentido común a la hora de gobernar un país frente a las tradiciones, concluyendo en la evidente necesidad de independencia de las colonias norteamericanas.

- “Los Derechos Del Hombre” (1791-1792): este libro fue escrito para rebatir las Reflexiones sobre la Revolución Francesa del pensador británico conservador Edmun Burke (1790). Por este libro fue expulsado de su país (G.B.) y se refugió en Francia hasta que sus abiertas críticas contra El Terror lo llevaron a ser encarcelado por Robespierre. Sería en prisión donde acabaría la segunda parte de esta obra que, a pesar de su tono sarcástico, es indudablemente uno de los trabajos más serios y que más ha influenciado a generaciones de creyentes en la democracia.

- “La Edad de la Razón” (1795): la escribió en la cárcel, y se trata de un

clásico del librepensamiento con carácter anticlerical, donde rechazaba la brutalidad y crueldad de la Iglesia y proclamaba contradicciones de la Biblia a imitación de Voltaire. En todas estas obras ataca el régimen aristocrático, haciéndolo responsable de un pasado lleno de miserias y vejaciones. Defendiendo una serie de conceptos esenciales como “los derechos naturales con los que el hombre nace y le permiten tomar sus propias decisiones en materia de religión, política y economía”. Junto a esta defensa vemos también la defensa del “Gobierno Limitado”, entendido en dos sentidos, limitado porque está controlado por la voluntad popular, y limitado porque no abarca cuestiones sociales y económicas (algo muy propio del liberalismo). Solo sirve para garantizar el respeto a los derechos naturales recogidos en el plano jurídico por los Derechos y Libertades Civiles. Otro principio que Thomas Paine haría suyo es el de la “Economía de Libre Mercado”, pues está convencido de que los intereses individuales también tienen su propia armonía natural y no necesitan que nadie interfiera en ellos. Además de lo anterior, también defendía el bienestar social” porque creía que entre los derechos del hombre también estaba el de verse asistido y protegido. Paine pensaba y era partidario de que el gobierno regulase los subsidios y las políticas sociales. Así, la obra de Paine va a ser fundamentalmente para explicar la obra del movimiento obrero británico, germen del Socialismo Utópico. La diferencia principal entre Paine y el Socialismo está en que el primero no culpa al

Capitalismo de la injusticia social, sino a la Aristocracia. Por otro lado, Paine lleva a cabo una apología del Republicanismo, lo que lo convirtió en el líder de las tendencias radicales y lo separó del pensamiento de otros liberales, como los británicos, que pensaban que había que respaldar al gobierno aristocrático, mientras éste protegiese el derecho a la propiedad privada. Es a partir de éste punto, cuando empieza a trazarse una línea entre el pensamiento puramente liberal y el pensamiento conservador.

2. El liberalismo revolucionario europeo: Emmanuel-Joseph Sieyes y la práctica

constitucional francesa. Con la Revolución Francesa llega al poder la Burguesía, la nueva clase social urbana que durante el s. XVIII tomará las riendas de la nación:

Los burgueses se van a enriquecer a costa de la nobleza, de tal modo que pronto serán mucho más ricos que ellos. Tanto es así que el Rey se ve obligado a recurrir a ellos en busca de financiación para sus guerras y su corte. Pese a todo, la burguesía se sentía excluida de ese círculo de privilegiados al que si pertenecían los nobles. Eran, en cambio, parte del resto de la población, del llamado Tercer Estado (después de la nobleza y el clero), claro que dentro de este grupo tenían gran relevancia. Los enfrentamientos entre la burguesía y la nobleza van a ser constantes porque los

impuestos ahogan y constriñen la economía. En esta época va a la par junto con el capitalismo. La economía durante los siglos

XVI y XVII se basaba en el mercantilismo, fundamentado en la especulación y la

captación de metales preciosos, la riqueza se basa en arrebatársela unos a otros, promoviendo exportaciones. El estado intervenía fuertemente en las finanzas; esto se pensaba que ahogaba la economía, como podía suceder con los gremios. La clase burguesa fue quien innovó, frente a los privilegiados que no trabajaban y estaban

anclados en las tradiciones. Reclaman la abolición de los derechos feudales y que se pusiera fin a la intervención del Estado que mataba la iniciativa personal. Esta misma sociedad feudal fue asimilando a esa burguesía gracias a la compra de títulos. La sociedad feudal se basaba en la desigualdad. Nadie al nacer tenía derechos fundamentales, los débiles se vieron obligados a buscar la protección de los fuertes Señores que velara por su protección. Entonces se tenían derechos con respecto a alguien, respecto a ese señor feudal. Esto perjudicaba mucho a los comerciantes, debido a la inseguridad que suponía desplazarse de uno a otro señorío. La burguesía abrazará con entusiasmo las ideas liberales durante los siglos XVII y XVIII, que se van a poner en práctica a partir de la Revolución Francesa. La influencia de la Ilustración fue la base teórica de la Revolución, como también lo fue para la independencia de los Estados Unidos, que convenció a burgueses y liberales de que estas ideas eran posibles y se podían hacer, que no eran una utopía. Del mismo modo, también la ruina económica que representaba la guerra de la independencia para la corona inglesa, tuvo su reflejo en Francia. El desprestigio y la bancarrota de la monarquía francesa fue un regalo para la Revolución Francesa (en adelante RF). Además, varios años de malas cosechas desde 1781, el incremento del paro, el desorbitado aumento de los precios, el hambre generalizado, etc., proporcionarán el caldo de cultivo ideal para los acontecimientos venideros. Tanto fue así que el monarca francés se vio obligado a convocar los Estados Generales del Reino en 1789, hecho que no sucedía desde 1614, para tratar de buscar una salida a la situación. Además de esta convocatoria, se insto al pueblo francés para que presentara los denominados Cuadernos de Quejas, donde los franceses pusieron por escrito sus reclamaciones, fundamentalmente relacionadas con los abusos de los privilegios señoriales, supresión de tasas, adopción de un sistema universal de pesos y medidas, etc. En los Estados Generales estaban presentes los tres estamentos sociales. Cada estamento emitía un voto, entonces había una identificación de la nobleza y el clero, por lo que la Burguesía, viendo que aquello no era justo, solicitaron un mayor peso

para el tercer estamento: un voto por persona y que el número de delegados fuera

proporcional al número real de representados por estamento (en definitiva la mayoría

de la nación). Ante la intransigencia de los privilegiados, viendo que aquello no tenía salida, se abolieron los Estados Generales. Por lo cual, los miembros del Tercer Estado abandonaron la sede de los Estados Generales y se trasladaron a la Sala del Juego de Pelota, donde se constituyeron en Asamblea Nacional Constituyente y juraron no abandonar aquel lugar hasta haber dotado a Francia de una Constitución firme y digna. Paralelamente a esto, en las calles de París, una masa de ciudadanos desesperados, y ante los rumores de una posible movilización del ejército para disolver la Asamblea, se dirigen a la prisión de La Bastilla para pedir la entrega de armamento con el que dotar a la recién creada Guardia Nacional, pero ante la negativa del alcaide, tuvo lugar la toma de la fortaleza por la fuerza, con la ayuda de soldados que habían desertado de desertores que se habían hecho con las armas de Les Invalides. Este hecho constituye a efectos historiográficos el Fin del Antiguo Régimen. Tras estos incidentes, La Fayette fue nombrado Jefe de la recién creada Guardia Nacional, y Baily, presidente de la Asamblea Constituyente fue proclamado nuevo Alcalde de París. La Asamblea decretó la Abolición de los derechos feudales y los privilegios de nobles, ciudades y comarcas, aprobó los Derechos del hombre y del Ciudadano y la Constitución Civil del Clero. El Rey, asustado al igual que el resto de las monarquías europeas, intentó huir a Austria, pero fue detenido en Varennes, con lo que la idea del monarca constitucional quedó totalmente desvirtuada. El Rey, junto con toda su familia es detenido en el palacio de Las Tullerías. Esta situación fue utilizada por los girondinos y jacobinos, el ala izquierda de la Asamblea, para acelerar el proceso constitucional Republicano. Tras el asalto popular del palacio de Las Tullerías en agosto de 1792, el rey fue juzgado y condenado a muerte. Poco después se proclamará la República, y la Asamblea declarará la guerra al Sacro Imperio Germano, desde donde no paraban de recibir veladas amenazas de intervención armada por parte de las monarquías europeas. Comienza así el gobierno de la llamada Convención, que instauraría el régimen de El Terror, por el que se declaraba la guerra “a todos los enemigos de la Revolución, tanto externos como internos”. De esta manera entra en escena Robespierre y la famosa guillotina, que protagonizaron la etapa más sangrienta de la Revolución.

2.1. Emmanuel-Joseph Sieyes.

No será considerado un pensador político de primer orden, si bien, le cabe la distinción de ser el único revolucionario francés que va a hacer una importante labor teórica. La obra de Sieyes, a pesar de que escribió bastantes cosas, se publicó muy poco, e incluso hoy, muchas permanecen aún por publicar. Esta obra sigue estando ensombrecida por su obra más famosa: el folleto titulado

“¿Qué es el Tercer Estado?” Su pensamiento lo expresa más a través del discurso parlamentario que en su obra escrita. También, en su archivo personal sigue teniendo una gran cantidad de obras inéditas. Sieyes era miembro del clero: “el Abate Sieyes”, gracias a lo cual se había labrado una carrera en las instituciones públicas, por ello fue elegido como Delegado en los Estados Generales de 1789. Su pensamiento marcará un hito decisivo durante la prerrevolución y la revolución francesa, en especial en los meses que precedieron a celebración de los Estados Generales. Supo tomar el pulso a la Sociedad de su época. Sus obras más conocidas son: “Ensayos sobre los privilegios” y “¿Qué es el Tercer Estado?”, publicadas ambas como folletos en 1789, llegaron a alcanzar un éxito prodigioso. En toda su obra destaca la reflexión sobre el papel que debe tener el Estado Llano o Tercer Estado, baste citar el comienzo de su obra ¿Qué es el Tercer Estado?: “¿Qué es el Tercer Estado? TODO, ¿Qué ha sido hasta el presente en el orden político? NADA, ¿Cuáles son sus exigencias? LLEGAR A SER ALGO”. Los ataques de Sieyes se dirigían fundamentalmente hacia la nobleza, considerándola como un grupo social improductivo y que, por ser privilegiado, no estaba sometido a las mismas leyes que el resto de los franceses, puede considerarse que está fuera de la nación. Según Sieyes, las peticiones del Tercer Estado se concretan en:

- Que el tercer estado esté representado sólo por sus componentes.

- Que el Tercer Estado tenga los mismos representantes que el resto de los órdenes juntos.

- Que el voto se cuente por cabeza. Aportaciones generales:

Concepto de nación: según Sieyes, es un cuerpo de asociados que vive bajo una ley común y representada por una misma legislatura, integrada por aquellos que ofrecen su esfuerzo individual y que prestan una función pública. Según su criterio, no forman parte de la nación aquellos que no tienen nada que ofrecer, ni siquiera su trabajo, ni tampoco a los que se limitan a vivir de las rentas, en una referencia directa a la nobleza. Del mismo modo, tampoco forman parte de la nación los que, persiguen sólo su interés particular (liberalismo británico). Esta teoría de Sieyes no persigue acabar con los dos órdenes superiores, sino igualarlos. Sieyes defiende que el verdadero enfrentamiento se debe producir entre aristócratas y patriotas; el aristócrata que no puede integrarse en la nación, se considera extranjero. Puede entenderse que Sieyes sienta las bases de la Teoría Nacionalista, sin embargo hay diferencias entre él y los posteriores nacionalistas vinculados a la raza, religión, historia común, etc.

Defensa de la propiedad privada: aunque ataca al poder feudal, considera que son los propietarios los que soportan el sistema capitalista. Los llama

ciudadanos activos y les otorga los derechos políticos. Como componente revolucionario, Sieyes destaca en su obra la defensa de las “clases populares”: aunque no participen en el Estado deben estar protegidas por el Estado.

3. El liberalismo gobernante: Benjamín Constant y Alexis de Tocqueville.

Nos encontraremos a otros dos pensadores políticos de gran importancia: Benjamín Constant y Alexis de Tocqueville. Cuando se restaura la monarquía en 1814, Luis XVIII elabora una carta otorgada en la que hay una contracción muy fuerte de los derechos ciudadanos, pero que recoge muchos aspectos propios del liberalismo. Para muchos autores, la revolución será vista en el siglo XIX como un mal necesario, por lo que es necesario asentar un sistema con elementos de contención para que la revolución no se vuelva a producir. A causa de ello se hablará ya del liberalismo en el poder. Tanto Constant como Tocqueville se encuadran en este movimiento. Se centran en una forma nueva de elaborar un pensamiento político que cumpla estas características. Benjamín Constant nació en Suiza y se formó en Francia. Era de una familia protestante que, como muchas otras, debió huir por el Edicto de Nantes. Esta educación protestante va a tener gran influencia en su concepción del liberalismo. También era conocedor del pensamiento ilustrado y de la filosofía de su tiempo. Su aparición en el panorama de esta Europa liberal fue un hecho fundamental. En este contexto de la primera mitad del siglo XIX va a aparecer un liberalismo más moderado, obsesionado con la protección de la propiedad privada. Su triunfo social, político y económico en Inglaterra, fue mucho mayor que en otros países. Las oleadas revolucionarias convirtieron al liberalismo en una fuerza de poder: es el triunfo del “Justo Medio”. En España se enmarca dentro de la lucha entre moderados y radicales. Constant va a encarnar el deseo de la corriente liberal de:

- Llevar a la ejecución práctica las teorías que se vienen formulando desde antiguo.

- Crear instrumentos ideológicos adecuados para vencer o ganarse a las fuerzas del Antiguo Régimen que aún se mostraban reticentes.

- Adecuarse a los cambios sociales propiciados por el impresionante desarrollo de la Revolución Industrial. Constant va a ejemplificar esta triple tarea de elaboración; puede considerársele uno de los exponentes más claros del llamado “Liberalismo Doctrinario”, el término Doctrinario debe entenderse como “moderado”. Una de sus preocupaciones era la “sublimación del concepto de libertad” (¿qué es la libertad?), y para ello se siente

llamado a estudiar la desviación del de liberalismo durante la etapa del Terror. Para analizarlo, recurre a la relectura de los ilustrados, y en especial de Rousseau, y a la comparación de su concepto de libertad con el que se había dado en otras épocas históricas. Esto sucede en su obra “De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”. En esta obra compara el concepto de libertad que prevaleció en la época clásica con el que puede ser aplicado en el siglo XIX. En la Antigüedad la libertad se expresa a través del derecho de todo ciudadano a participar políticamente. Para Constant, en la época contemporánea, la libertad no la proporciona la participación en los asuntos de gobierno, sino la representación política del individuo

y la inviolabilidad de su espacio íntimo y privado por parte de los Poderes Públicos.

Para él, la separación entre lo público y lo privado es tajante. No se le puede exigir al ciudadano que participe obligatoriamente en la dirección del Estado, ni siquiera que desee ser representado. La libertad para Constant es el goce pacífico de la independencia privada. Así, frente a la propuesta de Rousseau de una democracia directa, Constant rechaza cualquier formulación democrática de esta índole, por considerarla despótica o tiránica. Es decir, por asociar la con la época del Terror de Robespierre. En otro orden de cosas, abogaran mucho de la protección de la intimidad del individuo, que leyera a defender el respeto a las prácticas religiosas, distanciándose tanto del fanatismo clericalista, como de las prácticas anticlericalistas de los radicales. Este “término medio”

preconiza una respetuosa libertad religiosa que iba a conducir, a finales del siglo, a la plena reconciliación entre liberalismo y religión.

- “Principios de política aplicables a todos los Gobiernos

Representativos”(1815),

- “Discurso De Política Institucional”(1818-1820),

- “Menanges de littérature et de Politique” (1829), además de algunas novelas como “Cécile”. En estas obras, influenciado por la política británica de la época, defiende un modelo

de Estado en el que se reconozca la responsabilidad ministerial, con un legislativo dividido en dos cámaras, es decir, bicameral; y con una firme defensa de las libertades locales. Además, la monarquía ocupar la situación de un cuarto poder: “el rey y reina pero no gobierna”. Ante todo, Constant es un defensor de la política censitaria y burguesa. Su determinación y formalización del censitarismo vincula el derecho político al goce de la propiedad. De hecho, esta idea será aplicada durante la monarquía de julio y defendida encarnizadamente por el ministro de historiador François Guizot y por otros liberales doctrinarios. Esta corriente, también conocida como la de los burgueses del “Justo Medio”, llegará

a tener mucho arraigo en Francia durante toda la primera mitad del siglo XIX. Siendo uno de sus más claros exponentes Pierre-Paul ROYER-COLLARD quien afirmaba

   

- Era la propuesta socializante, caracterizada por la acumulación de la

que la soberanía no residen en el pueblo ni en del rey, sino en la ley. El poder debe ser representativo y recaer en la capacidad cultural y la capacidad política.

Al margen de los liberales anteriores, Tocqueville representa al intelectual floreciente. Pertenece a una familia normanda, ultramonárquica que se libró in extremis de El Terror jacobino, por lo que receló siempre de los revolucionarios. A pesar de todo siempre fue un hombre cercano al pueblo. Durante sus primeros años tiene una educación legitimista, pero también empieza a vivir los envites a la aristocracia. Otro elemento determinante fue su formación católica y su espíritu tolerante. Muchos autores no consideran a Tocqueville un liberal, pero el uso de la razón le hizo comprender a la clase media. Obligado a aceptar nuevas clases sociales, Tocqueville consideraba, visto el carácter irreprimible de la llegada de la democracia, que lo mejor es conocerla bien y aplicar este conocimiento de forma práctica para evitar las desviaciones (lo que es una clara influencia anglosajona). Sus principales obras son:

- “La democracia en América” (1835-1840).

propiedad privada y el reparto igualitario de la riqueza (es en esta época cuando nacen las teorías socialistas).

- La otra era la propuesta liberal, que consistía en ofrecer a todos los individuos las mismas oportunidades. Con esto no se violentaba el derecho natural a la propiedad, y se abogaba por que el Estado no interviniera creando desigualdades a artificiales, ni frenando las aspiraciones legítimas de cada

individuo. Por otro lado, a lo largo del siglo XIX se irá asentando la idea de que para que sea posible esta igualación es necesario que el hombre actúe en plena libertad, siempre que no vulnere la libertad de los demás. Entre ambos conceptos se logra una verdadera identificación, pues no puede entenderse lo uno sin lo otro, libertad sin igualdad y viceversa.

A

esta asociación de ideas será también uno de los principios esenciales del

liberalismo europeo, la igualdad debe remitirse siempre al campo de la ley, y nunca se debe confundir la igualdad de oportunidades con la igualdad de condiciones. Tocqueville va a ser el primer pensador del siglo XIX que se interroga sobre cómo conciliar la libertad con la igualdad. En búsqueda de una respuesta ofrece pensamientos inacabados de inconexos, pero también bocetos de una brillantísima intuición:

Antes que Marx ya hablaba de clases sociales y de la conciencia de clase. También

- “El Antiguo Régimen y la Revolución” (1856).

“Les Souvenirs” (libro póstumo de memorias donde recogen su actividad política durante la Monarquía De Julio). En “La Democracia En América”, vemos el producto o de su estancia de diez meses en los Estados Unidos, esta obra le permitió ejercitar sus dotes de observación. Hizo una radiografía de la sociedad americana. Eres un avance hacia la sociología combinada con el análisis político. Habla de la peculiaridad de la sociedad americana y cómo esto ha permitido convertir a América en un gran experimento de las ideas liberales. Habla también del concepto de “Representatividad Democrática” en un momento como fue la presidencia de Jackson, en que sólo los indios y los esclavos carecían del derecho al voto. En este aspecto Tocqueville va a ser un firme defensor de la abolición de la esclavitud y la defensa de los derechos de los indios. Partiendo del caso americano, Tocqueville va a meditar sobre la evolución de la sociedad occidental. Analizará el sentido de la libertad en la vida moderna y analizará también todos los aspectos de la vida americana (mentalidad, sociedad, etc.). En líneas generales, puede decirse que toda la obra de Tocqueville es una meditación sobre dos conceptos básicos: la libertad y la igualdad. Tocqueville entiende que la búsqueda de la igualdad es una constante en el comportamiento humano: los hombres eran y deberían ser iguales, este anhelo ha tenido diferentes formas de expresarse: la igualdad jurídica o igualdad ante la ley, y la igualdad material o económica. Como hombre del siglo XIX, Tocqueville percibía el énfasis que se ponía en la igualdad material. En aquel momento nació una doble propuesta para alcanzar la igualdad material:

-

anuncia el nacimiento de la aristocracia industrial y vislumbra la idea de la sociedad conducida por las clases inferiores, así como el gran poder que alcanzarán los medios

de

comunicación.

Al

mismo tiempo plantea la imposibilidad de aspirar a una consecución pareja de

igualdad y de libertad. Consideraba que el Cambio Social es el resultado de la aspiración a la igualdad de los hombres, ya que históricamente, el hombre ha tendido a la igualdad. Pero en esto va a ser pesimista, pues opinaba que la humanidad tiene

que elegir entre la libertad y la igualdad, y siempre se va a decantar por la igualdad. Incluso a costa de alguna coacción, siempre y cuando los poderes públicos proporcionasen el nivel de vida y seguridad necesarias. Por el contrario, Tocqueville afirma en su obra “La Democracia en América” que la libertad en las sociedades democráticas es un bien superior que debe sobreponerse a la igualdad. Ya que a pesar de que sea un rasgo común en la historia

de

la Humanidad, no significa que esta sea buena. Para él, las teorías de la igualdad

pueden ser muy atrayentes, pero la práctica puede conducir a situaciones divergentes:

 

- A una sociedad igualitaria en la que reine la anarquía.

- O bien, a una sociedad en la que unos pocos gobiernen a una masa de hombres satisfechos en sus instintos más prosaicos, pero que no aspiran a

ninguna realización política personal, cuestionándose así el Principio de Libertad. Tocqueville llevará a cabo un magnifico análisis de la Revolución Francesa, del que puede extraerse cierta teoría general. Para él, la RF no es un acontecimiento brusco y repentino, sino la culminación de un dilatado proceso de cambio y preparación que surca subterráneamente la sociedad. La RF tampoco es un fenómeno producido por el caos y el desorden, por el contrario, en su base están las tendencias racionalizadoras y centralizadoras protagonizadas por el Antiguo Régimen. La RF no ocurre en el peor momento de la sociedad, sino cuando se está a punto de alcanzar el objetivo anhelado: “es el sentimiento de privación de quien tiene a medias y no de quien nada tiene”, por eso ciertas reformas hechas a medias pueden provocarla. Tocqueville detesta la RF por su componente destructivo y violento, por eso considera que los gobiernos deben ser avanzados, tolerantes y flexibles, y actuar en la profundización de la democracia. Sin embargo, Tocqueville será muy poco explícito a la hora de hablar del modo en que debe organizarse el poder del Estado.

4. El utilitarismo británico: Jeremy Bentham, James Mill y John Stuart Mill.

En este clima de paz se desarrolla el utilitarismo británico. La fuente principal de este liberalismo británico pragmático será Jeremy Bentham. Este utilitarismo es una filosofía política basada en la consideración de la política como algo útil. Según Bentham, la validez de una conducta política debe ser evaluada en función de su capacidad para conseguir determinados beneficios, o una moral teleológica, y no por su acoplamiento a determinadas ideas o principios morales establecidos, o sea, una moral deontológica. En definitiva, la política es considerada un instrumento para conseguir seguridad, orden y reformas sociales que conduzcan al bienestar de la humanidad. Desde un punto de vista filosófico, el utilitarismo aspira a conseguir la felicidad de la gente. En Inglaterra, el utilitarismo comenzó a tener importancia a finales del siglo XVIII, e impregnó al antiguo Partido Whig, convirtiéndolo en el Partido Liberal de la Inglaterra del siglo XIX. Mientras, los liberales continentales se centraron muy poco en cuestiones económicas. El Utilitarismo se basa en los principios heredados del s. XVIII:

- La confianza en el individuo, en la prosperidad, en la iniciativa y en la propiedad privada.

- Confianza en el Progreso, personal y general.

- Confianza en el papel del Estado como regulador de las desigualdades sociales. El componente pragmático del utilitarismo y su exigencia constante de soluciones por

parte del gobierno, hicieron que a lo largo del s. XIX se le denominara también como “Liberalismo Radical”, no por lo avanzado de sus planteamientos, sino por la firmeza de sus exigencias. Los utilitaristas no defendían un credo único, sino que alentaban y respetaban el pensamiento original e individual, de ahí que sus posturas llegasen a ser divergentes en algunas cuestiones. Jeremy Bentham (1748-1823): Nació en Londres. Hijo de una familia acomodada,

fue un niño prodigio (a los tres años leía tratados, a los cinco hablaba latín y francés, y a los doce entró en la Universidad de Oxford). Recibió una formación jurista, pero desde un principio, se dedicó preferentemente a reflexionar y escribir sobre el Derecho y la Moral, así como sobre los códigos de justicia. El mismo va inventar el Concepto de Codificación; y también va reflexionar sobre la Reforma Penal. Su pensamiento va a tener un rápido impacto, llegando incluso a la Rusia zarista, pero fue en España e Hispanoamérica donde su teoría suscitó mayor éxito, convirtiéndose en el máximo exponente del Liberalismo Reformista Europeo. Aún así, la mayor parte de su pensamiento la conocemos a través de reelaboraciones posteriores por parte de sus discípulos. Por que Bentham nunca consideraba que sus obras estuvieran listas para ser publicadas, sino que estaban siempre en proceso de revisión. Para él, el objetivo de la política era de carácter económico: conseguir más felicidad, más riqueza y más población… más de todo. Él mismo, en su obra “Una introducción a los principios de la moral y la legislación” define claramente lo que entiende por principio de Utilidad. Realmente él no es quien inventa el concepto de búsqueda de la felicidad, sin embargo, la originalidad de Bentham consiste en aplicarlo al mundo de la política y buscar su puesta en práctica a través de la legislación, olvidándose de los principios de la moral y la teología. Para Bentham, el principio de la máxima felicidad tiene dos cualidades positivas:

- No es una ficción, como por ejemplo el Contrato Social que el gobernante debe cumplir, es una realidad tangible y evaluable.

- Permite mejorar la vida de la comunidad, preservando los intereses del individuo, puesto que la felicidad de la comunidad resultará de la suma de la felicidad de sus individuos. En lo relativo a la legislación que permitirá alcanzar esta máxima felicidad, Bentham se manifiesta totalmente pragmático, es decir, el hombre no tiene derechos naturales, sólo tiene derechos reales, que son los que le reconoce la legislación. Si estos derechos no le proporcionan la felicidad, habrá que cambiar la ley mediante La Reforma. Aunque es un partidario convencido de las teorías de Adam Smith, cae en una profunda contradicción al entender que la ley debe proteger a los más humildes, y por eso admite un cierto grado de intervención social del Estado. Pensaba que el Estado debe ser como un guardián, como el encargado de una fábrica

que distribuye tabaco y vigila el cumplimiento de las normas. Para él, estas normas deben respetar una serie de postulados básicos; uno de ellos será el Sufragio masculino y universal para todos los que sepan leer y escribir. También es partidario de una reunión anual del parlamento, así como del voto secreto, para evitar la corrupción y el soborno. Todo esto lo argumenta de forma racional, pues “indica la distinción entre lo antiguo y lo viejo”. Bentham se oponía a los conservadores como Burke porque ensalzaban el valor de lo antiguo por encima de todo lo nuevo. Para Bentham, si la política no era capaz de renovarse, era debido al imperio del irracionalismo y por intereses mezquinos y siniestros. Da argumentos a todo el Reformismo Británico del s.XIX, de este utilitarismo de Bentham es heredero directo:

-

La

aportación más característica de S. Mill es la reivindicación a ultranza de

de la Libertad Individual, una apasionada defensa de la Libertad de

Expresión, pues piensa que era una condición indispensable para el progreso.

A

todo esto debe unirse su rechazo a los dogmas, pues presuponen un

atentado a esta libertad.

-

En

política pedirá una dispersión del poder: el Parlamento debe controlar y la

función legislativa debe corresponder a una comisión legislativa, constituida

en

un sentido selectivo y doctrinario.

-

Es

partidario a poner límites al Poder del Estado, para preservar la Libertad

Social frente a la tiranía del gobernante, pero también frente a la tiranía de la mayoría.

James Mill. James Mill (1773-1836): Fue amigo y colaborador de Bentham. Opinaba que la política sólo debe asegurarse de el individuo pueda conseguir sus intereses particulares. Su hijo fue John Stuart Mill. John Stuart Mill (1806-1873): Formado en un rígido utilitarismo, acabará

emprendiendo una revisión “idealista” del Liberalismo. En esta revisión se percibe la influencia del Romanticismo y el Liberalismo Continental. El pensamiento de Stuart Mill está plasmado en sus dos obras fundamentales: “Sobre la Libertad” (1859) y “Consideraciones sobre el Gobierno Representativo” (1860-61). Sus principales aportaciones fueron:

- Su concepto de que El hombre debe buscar la felicidad mediante la AUTOPERFECCIÓN, no a costa de los demás”. Él piensa que no siempre son los ricos los más felices, sino que lo son los cultos y los que viven de acuerdo a los principios morales.

-

Aporta también una nueva interpretación del Sufragio Universal: el Voto Plural, que es que todos podían votar, pero sin embargo, hay votos que valen más que otros.

-

Otra gran aportación va a ser que va defender a la mujer en general, y particularmente, el Sufragio Femenino, siempre que supieran leer y escribir (por ello hará gran hincapié en la educación de la mujer).

-

Va a estar a medio camino, como en su época, entre el predominio de las élites y los problemas de las capas más bajas de la sociedad. Por eso, una de

las

preocupaciones de J.S. Mill será la Educación de las Clases Populares.

Tema 2: La reacción conservadora. Este concepto no siempre ha tenido ni el mismo origen ni los mismos representantes. El Conservadurismo es una aptitud de hostilidad a los cambios e innovaciones, sobre todo en el terreno político y social. Esta resistencia a los cambios puede darse en cualquier ideología: derecha, izquierda, centro…. Es pues, una tendencia que puede tener raíces ideológicas. El término Conservadurismo, tal como lo entendemos hoy día, fue usado por primera vez a principios del s.XIX por Chateubrian, que fundó en 1817 el periódico “Le Conservateur”. Su uso comenzará para referirse a una familia de pensamiento cuya doctrina radicaba, en lo esencial, en su oposición al liberalismo. Al Conservadurismo podemos definirlo como un movimiento político e intelectual de la etapa contemporánea, que surgió como reacción al proyecto político de la Revolución Francesa, y a favor de la defensa del orden político y social tradicional. Con esto trazamos una primera línea divisoria entre tradicionalistas o absolutistas y conservadores. Según Karl Mannheim, el Conservadurismo es “El tradicionalismo que se hace consciente” (después de la RF). Los Conservadores no sólo se oponen a la revolución como proyecto político, sino incluso a sus mismas bases filosóficas. No sólo como hecho en sí, sino a su base filosófica, es decir, a la Ilustración y los

- En este aspecto, definirá del Principio del Daño (harm principle) que establece que “todos los individuos tienen derecho a actuar libremente según su voluntad, siempre y cuando sus acciones no perjudique o dañen a otros. Si la realización de la acción solo abarca la propia persona, esto es, si solo afecta directamente al individuo ejecutor; la sociedad no tiene derecho alguno a intervenir, incluso si cree que el ejecutor se está perjudicando a sí mismo”. No obstante Mill aclara que “en tanto que nadie existe en absoluto ostracismo, el daño que recibe uno mismo también perjudica a otros y el destruir propiedades afecta a la comunidad tanto como a uno mismo”.

- Otra aportación es su preocupación por las deficiencias de la Sociedad Industrial, y por los efectos sociales del capitalismo, que le llevan a criticar los efectos del “laissez-faire, laissez-passer”. Stuart Mill es ya el exponente de una

- Sociedad en crisis, donde se hacen cada vez más patentes las desigualdades.

Derechos del Hombre, ya que las ven como contrarias a la naturaleza social y moral del hombre. Son tres las críticas fundamentales que el Conservadurismo hace a lo que conocemos como modernidad:

- Crítica epistemológica (filosofía de las ciencias): piensa que la razón justa es exterior al individuo (no depende de él), rechazando de plano el racionalismo ilustrado y su idea de progreso. Para los conservadores, el hombre es limitado, apto sólo para cosas concretas y particulares. Las pretensiones de la Razón Ilustrada de abarcarlo todo no son sino la manifestación de un orgullo insensato. Frente a esa razón humana débil y limitada se pregona la sumisión a la Providencia Divina o a la Tradición acumulada.

- Crítica política: opina que el Poder justo es exterior al individuo (viene de Dios). Así que la democracia socava la verdadera autoridad política que ha de contener y dominar las pasiones humanas. El poder legítimo es la autoridad monárquica, el rey está fuera de la voluntad humana. Dios delega este poder en el rey, por tanto, su poder es divino. Sus fines son por ello trascendentes y contrarios al Utilitarismo Británico. Es pues, el poder más indicado para evitar la anarquía y el despotismo propio del poder basado en la voluntad popular.

- Crítica sociológica: considera que la sociedad no es un mero agregado de individuos, es una Comunidad viva y ordenada, coincidiendo con el liberalismo francés. El hombre no es un individuo autónomo, sino que es dependiente de esa sociedad. Es, por naturaleza, heredero de una tradición, y por eso, necesita arraigo social y moral. Defiende la desigualdad como consustancial a la naturaleza humana, pero también como una cualidad útil para estructurar la sociedad. Solo si la sociedad está en manos de los más capacitados y útiles, el rumbo de la historia será el correcto. El ORDEN SOCIAL debe pues, tener en cuenta las jerarquías naturales. Frente a las teorías de Rousseau que hablaban del Buen Salvaje, afirman que el hombre es pecador por naturaleza, y por ello debe ser controlado, sustentado por las costumbres de la Iglesia y las instituciones tradicionales. Considera algo pecaminoso que el hombre se crea investido de capacidad para organizar la sociedad según le aspirase su propia razón. Se propone entonces, frente a la razón, recuperar el prejuicio como origen de la estabilidad social y único freno a la perversidad natural del hombre. Constituyéndose la religión como fuente de juicios previos, que son la herramienta imprescindible para cohesionar el orden social. En resumen, se puede considerar que el hombre es un elemento de algo que le sobrepasa, es miembro de un colectivo que ha sido modelado por la historia y encauzado por los designios divinos. Por todo ello, debe someterse al Orden de las cosas y a la sabiduría de la Historia.

Solo la experiencia histórica ha creado leyes e instituciones estables y, que ya han demostrado ser útiles frente a las incertidumbres que demuestran las nuevas, y las que todavía no han demostrado nada. Por eso, el conservadurismo será una ideología fuertemente historicista, entendido como una tesis que utiliza la historia para justificarse, primando la historia sobre la filosofía o la razón. El movimiento romántico. Supone al individuo como uno más del grupo (subordina

el individuo al grupo). Negará la posibilidad de establecer unas normas políticas de

validez universal, basadas en el individuo como sujeto de derecho en un plano de igualdad. Socialmente, el Romanticismo será muy crítico con la sociedad burguesa de

su época, a la que ve como mediocre y anodina. Va a buscar la Evasión Estética, tanto

en el espacio como en el tiempo (idealizará otras épocas como la Edad Media). Todas estas ideas románticas ayudarán para consolidar las bases del Conservadurismo

europeo. Dentro de este conservadurismo hay dos corrientes principales: la británica y

la francesa.

1. El conservadurismo británico: Edmund Burke.

Es un conservadurismo liberal y pragmático. Apegado a una tradición nacional, la británica (liberal), que ha desembocado en la monarquía parlamentaria. De este conservadurismo inglés, su máximo exponente será Benjamín Disraeli, y su principal teórico será:

Edmund Burke (1729-1797): No estaba considerado un reaccionario, sino un Whig

(un liberal), si bien, en su rama más conservadora. Su obra más importante, donde va

a condensar su pensamiento político, será: “Reflexiones sobre la Revolución

Francesa” (1790), que le supuso una agria polémica con Thomas Paine (partidarios de la revolución), y su salida definitiva del partido Whig (que como es lógico simpatizaba con la Revolución). En este libro, Burke denuncia los aspectos más sórdidos de la Revolución Francesa. Intenta demostrar que no es, de ninguna manera, heredera de la Revolución Inglesa (1688) ni de la Revolución Estadounidense (1766), sino un desgarrón en el velo de la Historia. Burke consideraba a la sociedad como un mecanismo del devenir de la historia, por lo que la Constitución política de esa sociedad no podía establecerse sobre imaginarios derechos naturales, sino a través de los hechos y las costumbres de cada nación, adquiridos y disfrutados con el tiempo. Piensa que la RF, al no basarse ni en la experiencia ni en la historia, como lo que él

llamaba las “libertades inglesas”, sino en la Razón, es una aplicación abstracta de un proyecto nacional que pretende reconstruir íntegramente y desde cero el Orden Social y Político. Para Burke, esto, a la larga, resultará perjudicial, porque despojará al hombre de sus libertades naturales, ganadas por la experiencia histórica, y las transferirá a la nación

y le privará de la protección que le brindan la Costumbre y los Gobiernos

Tradicionales, abriendo una nueva era de disturbios e incertidumbres. Burke no niega la idea de que todos los hombres tienen derechos naturales, pero, para él, los verdaderos derechos del hombre consistían en pertenecer a una sociedad convencionada, con leyes e instituciones que protejan al hombre. Además, en este libro, Burke emprenderá una apología de la tradición y el prejuicio, y contra el Utilitarismo de sus contemporáneos, defenderá el fundamento trascendente del orden Social y Político. Estimaba necesario conciliar las aspiraciones liberales con las jerarquías heredadas del pasado (monarquía, aristocracia, iglesia…) porque éstas disimulaban la naturaleza animal o salvaje del hombre. En definitiva, Burke aspiraba a establecer un compromiso entre la Razón y la Tradición.

2. El tradicionalismo francés: Louis de Bonald y Joseph de Maistre.

Comandado por los ultrarrealistas y más tarde por los legitimistas, va a ser un Conservadurismo reaccionario e intransigente, que pretende instaurar la realidad de la sociedad francesa de antes de 1789, y no toleran el liberalismo, oponiéndose frontalmente a él, ya que proviene de un entorno menos liberal que el inglés. Es un Conservadurismo que ha sufrido los sucesos directos de la Revolución, por lo que los miedos y la paranoia estuvieron siempre presentes. Bajo una óptica emocional y romántica llegaron a afirmar que el hombre sólo encontraba sentido dentro de una sociedad jerarquizada, respecto a la cual sólo tenía deberes y no derechos. Sus máximos exponentes van a ser:

- Louis de Bonald (1754-1840): Pensaba que la anarquía y el caos de la RF eran fruto del Humanismo Renacentista, el Individualismo Luterano y todo el Humanismo. Frente a esto, Dios mismo ha creado un Orden Social justo y estable que se manifiesta mediante la tradición, la Monarquía, la Iglesia Católica, el familiarismo patriarcal, etc.

- Joseph de Maistre (1753- 1821): Por su parte, exigía a los individuos someterse bajo la historia y la autoridad, porque ambas formaban parte de los designios divinos y no cabe revelarse contra ellos. Hablaba incluso de la necesidad de una Religión de la Sociedad y una Religión del Estado, que justificara la obediencia ciega en la autoridad y negara la rebelión. Justificaba la violencia para la defensa de los enemigos de estos conceptos e ideas. Ambos autores exaltan el Catolicismo como dogma fundamental del Poder y las desigualdades de Clase. A ello hay que unir un alto grado de intolerancia religiosa, que iban desde el antisemitismo explícito de Bonald a la justificación de la Inquisición (que ya no existía ni en España) por Maestre, defendiendo los que se ha llamado “Cristianismo del Terror”. Las ideas del conservadurismo de Burke las tomaría el Liberalismo más conservador, inspirando algunos de los argumentos en su vertiente censitaria, elitista y restrictiva. En cambio, el conservadurismo francés

perdería su vigencia con el fin de la Restauración. Con la monarquía de Luís Felipe, poco a poco, iría desapareciendo, aunque algunos pensamientos intolerantes rebrotarían con los totalitarismos (nazis, fascismo,…).

3. Las corrientes conservadoras alemanas.

El considerable acervo legado a Alemania por el idealismo y el movimiento romántico podía augurar un gran florecimiento del pensamiento liberal de aquel país. Sin embargo, la tarea de unificación se hizo en forma autoritaria, bajo la guía de Prusia, que absorbió todos los países germánicos excepto Austria; esta operación fue dirigida por Otto von Bismark. Bismark estaba apoyado por la Junkertum, la nobleza militarista prusiana, de origen terrateniente y poco amiga del liberalismo urbano que florecía en las zonas occidentales de Alemania. Éste se alimentaba del constitucionalismo francés y de la herencia idealista, además de un individualismo agudo, representado por Wilhelm von Humboldt. Para Humboldt, la libertad no es tan sólo la posibilidad de actuar de forma varia y sin límites, sino también el requisito inherente a toda autentica expresión humana. El ambiente homogéneo del despotismo ahoga al hombre más libre. Y el estado, al

intervenir, no hace sino regular y regimentar la vida de los ciudadanos, sobre todo su vida privada. La coacción fomenta la mezquindad, el egoísmo y el cinismo, mientras que la libertad, si bien puede inducir a algunos errores, hace mejores a los hombres. El estado debe circunscribirse a la mera seguridad y dejar a los ciudadanos en paz. En esto coincide Humboldt con la posición liberal típica del laissez-faire, que él no circunscribe al mundo económico sino a todas las actividades humanas. La obra de unificación bismarckiana se hizo sin respeto por lo que su artífice creía meros formalismo legales liberales que no era menesteres temer en cuenta. En ello le apoyó un buen número de intelectuales alemanes. Los políticos y los soberanos van popularizando la idea de la necesaria supremacía alemana, sobre todo al socaire del pangermanismo, que no solo pedirá la unión de todos los pueblos de cultura alemana, sino además su expansión imperialista.

4. El liberalismo doctrinario: Francia y España.

Después de la derrota de Napoleón en Waterloo (1815) y después de la Restauración Borbónica, el Liberalismo implantado en Europa tomó otros tintes menos revolucionarios. Se puede decir que el Absolutismo se había dividido en dos corrientes:

- Una, apoyada en un mundo sin cambios y la vuelta a la realidad de antes de 1789, conocida como Movimiento Ultrarrealista: Los partidarios de este movimiento fueron los responsables de la implantación en Francia del llamado Terror Blanco tras las restauración en 1814, persiguiendo a todos los que atacaron al poder real y al Imperio (un verdadero ajuste de cuentas).

Estos “ultras” se hicieron con el control de la Cámara Real (Chambre Introuvable) con el Conde de Artois, futuro Carlos X de Francia. Este grupo mantenía posiciones más extremistas que la propia familia real. A este grupo Ultrarrealista pertenecería Jean Baptiste de Villiéle.

- La otra corriente estaba integrada por partidarios de conservar algunos avances de la Revolución, incluso de pactar con los liberales moderados. Era un grupo que temía que si se llevaba a cabo una política absolutista demasiado radical se llegaría de nuevo a otra revolución. El propio Luis XVIII sería partidario de esta postura. Así, en 1844 había promulgado la “Carta Otorgada” que, aunque declaraba que el poder del rey era de origen divino, reconocía algunos derechos y garantías de origen revolucionario:

estableció un sistema bicameral, con la Cámara de los Pares o Cámara Alta y una Cámara de los Diputados o Cámara Baja, elegidas mediante una ley electoral muy restrictiva, donde solo unos 100.000 franceses tenían derecho a voto. También entre los liberales hubo partidarios de la moderación y del pacto con las fuerzas del Antiguo Régimen, eran los denominados Doctrinarios, quienes desde una postura realista, en el sentido de partidarios de la monarquía, y el Principio de la autoridad con libertad, aúnan la revolución con la monarquía. Serán partidarios de una Monarquía Constitucional, basada en el Principio de Soberanía Compartida (compartida por las Cortes y el Rey). Asimismo, se mostrarán contrarios al Principio de Igualdad y en consecuencia, con el Sufragio Universal, apoyando un Sufragio Censitario de representación oligárquica.

4.1.

Francia.

El principal representante de esta postura será, en la primera fase de ésta:

Pierre-Paul Royer-Collard (1763-1845): Abogado que, tras un primer apoyo a la Revolución, tendría que huir de Francia durante la época del Terror. Fue el máximo exponente de la Teoría del Justo Medio (entre liberales y realistas), llegando a ser nombrado Presidente de la Cámara por Carlos X, y posteriormente miembro de la Academia Francesa, donde participó en la elaboración del Diccionario. A partir de 1816, estos doctrinarios van a contar con el apoyo del Rey, preocupado por el control que los ultras ejercían en las Cámaras. A pesar de ello, sólo pudieron desalojar a los ultras del gobierno en 1816, aunque en la oposición pudieron controlar algunos ministerios. Sin embargo, a la muerte de Luis XVIII en 1824, este grupo de los Doctrinarios se disolverá, asfixiado ante las políticas reaccionarias del Conde de Artois, Carlos X. No obstante, pronto se hará patente que las políticas absolutistas propiciarán un levantamiento revolucionario en Julio de 1830, que terminaría con la abdicación de

Carlos X y la subida al poder de Luis Felipe de Orleans, “el rey burgués”, cuyo reinado simbolizó el triunfo de este liberalismo moderado. Aún quedaban algunos partidarios del absolutismo extremo, agrupados en una corriente conocida como los Legitimistas. Por otro lado, los Doctrinarios fueron absorbidos por los Orleanistas, pasando a formar parte de la Derecha Moderada del régimen. Frente a ellos, se situaban a la Izquierda, los republicanistas y los socialistas. El máximo representante del doctrinarismo en Julio de 1830 fue:

François Guizot (1787-1874): Amigo y colaborador de Royer-Collard en los gobiernos moderados. Su padre murió guillotinado durante la época del Terror. Era partidario de los Principios de Libertad y Tolerancia, frente a la anarquía y al desorden social de la Revolución, que esperaba somete mediante la Ley y la Constitución, y no mediante políticas reaccionarias. Durante la monarquía de Luis Felipe fue considerado enemigo de la democracia y partidario de la monarquía limitada por un número limitado de burgueses, regulados

por un sufragio censitario. Su papel como estadista es imprescindible en los sucesivos gobiernos que acontecieron desde la caída del Imperio, permaneciendo ligado al Gobierno de la Nación hasta 1848.

4.2.

España.

En España se seguiría una trayectoria muy parecida. Al igual que Luis XVIII de Francia, Fernando VII intentaría alejarse de los más reaccionarios y permitiría la entrada en su gobierno de Ministros Reformistas al final de su reinado. A su muerte en 1833, la Regencia de María Cristina, la necesidad de pedir apoyos frente a los Carlistas no dejó más remedio a la regenta que recurrir a los reformistas. Así, el liberal Francisco Martínez de la Rosa, se convertirá en el Jefe de Gobierno y promulgaría el Estatuto Real de 1834 (muy parecido a la Carta Otorgada de Luis XVIII), en el cual se concedían amplios poderes al rey, se establecían unas Cortes bicamerales oligárquicas, y un sufragio censitario muy restringido.

A partir de este momento, el liberalismo español se dividió en dos ramas:

- La rama progresista o reformista: partidaria de la Constitución de 1812.

- El Moderantismo (equivalente al doctrinarismo francés): rama muy conservadora en materia social y religiosa, pero partidarios de reformas de carácter representativo que abrieran la puerta a la participación política de la burguesía, pero sin socavar el poder de los sectores del Antiguo Régimen. La pugna entre ambas ramas iba a marcar buena parte del s. XIX (multitud de golpes de Estado durante el reinado de Isabel II) y sólo será solventado en época del Bipartidismo canovista. El máximo exponente del Liberalismo Español fue Antonio Cánovas del Castillo.

 

Tema 3: El nacionalismo

 

Montesquieu ya había señalado la existencia de un “espíritu de los pueblos”. Los nacionalistas hablan ahora de diferentes nacionalidades. Como se ve es un planteamiento particularista.

1.

Orígenes históricos y primer desarrollo de las teorías nacionalistas.

Hay otro aspecto que conviene destacar: del planteamiento ilustrado deviene la idea de la nación como autoconstrucción, como resultado de la voluntad de sus componentes. Así:

La imposición de la nación a los individuos es sinónimo de opresión.

-

De forma general, podemos decir que el pensamiento nacionalista se forma con la pretensión por conseguir o con la consecución misma de estados democráticos, que, como ya hemos señalado, se identifiquen con el conjunto de la sociedad. Estos

estados, reales o imaginados (por conseguir), generarán sentimientos nacionalistas en la medida en que los utilizan para arrastrar a las masas en pos de ellos. Las raíces del nacionalismo son múltiples, pero podemos sintetizarlos en:

Los individuos pueden y deben liberarse de esa opresión construyendo sus naciones en su camino hacia la felicidad. La Historia se entiende como el camino de las naciones en su autoconstrucción. La afirmación de la nacionalidad planea dos problemas que no son teóricos:

-

-

La idea de soberanía nacional entendida como voluntad de constituirse en

nación. Este planteamiento ilustrado, que se encuentra en la base de las ideas de contrato, da lugar a dos consecuencias:

- El papel del individuo en su relación con la colectividad-nación. La existencia de unos caracteres que definen esa nacionalidad obliga al individuo, lo conducen por el camino de la construcción de la nación. En este sentido, el individuo deja de ser totalmente libre. No obstante, caben dos interpretaciones:

o

 

o

Los estados, producto de esa constitución de los individuos en nación, deben corresponderse con ese carácter voluntario- democrático y participativo. Son los estados liberales- representativos, que parten de la máxima: la soberanía nacional.

 
 

o

El planteamiento del cómo se construye-constituye esa nación o. lo que es lo mismo, ¿por qué ese grupo de individuos decide constituirse en nación? Las respuestas son de dos tipos:

 

Considerar que las nacionalidades son el producto de las conductas (historia) de los hombres a lo largo de los siglos, en cuyo caso se admite que existen unas normas superiores al hombre (un deber), pero se les da un origen humano. Es un planteamiento que se da en nacionalidades que han tenido a lo largo de la Historia concreciones en forma de nación.

 

El planteamiento liberal puro sostiene que es un acto de raciocinio por el cual los individuos se dan cuenta de las

ventajas de la vida en sociedad. Es más asumen la inevitabilidad de la vida social, dado que sólo en sociedad- nación el hombre puede ser/es feliz.

 

o

Considerar que esas características son naturales y anteriores a los procesos históricos. Generalmente se recurre a fenómenos étnicos o

El planteamiento nacionalista incide en la existencia de razones por las que los individuos se identifican en unos grupos. “Puesto que el hombre nace de una raza y dentro de ella, su cultura, educación y mentalidad tienen carácter genético. De ahí esos caracteres nacionales tan peculiares y tan profundamente impresos en los pueblos más antiguos que se perfilan tan inequívocamente en toda su actuación ”

Es decir, los individuos forman

sociedades-naciones y no una única sociedad, por ello se trata de analizar el por qué de esos particularismos. La respuesta se encuentra en la existencia de caracteres propios a diferentes grupos humanos, que los llevan a identificarse unos con otros y a diferenciarse de los demás grupos.

sobre la tierra

lingüísticos. En este caso, el individuo se encuentra con un deber “casi religioso” con el que cumplir. Este planteamiento, en sus versiones más exageradas, conduce hacia el autoritarismo: la construcción de la nación se pone cómo objetivo supremo de la actividad política, las instituciones con las que se pretende dotar a la nación se las hace corresponder con esos caracteres propios y suele ir acompañado de las ideas de superioridad nacional. El resultado no puede ser peor: son los nacionalismos fascistas.

- El nacionalismo en su búsqueda de nacionalidades puede caer en el excesivo particularismo: buscando las características identificadoras de los pueblos se puede llegar a un particularismo extremo. Es necesario poner un límite, encontrar las auténticas nacionalidades y discriminar entre nacionalidad y particularismo. La tarea no es fácil y, por el contrario, históricamente ha sido peligrosa. La asignación de nacionalidades no ha sido un acto fortuito, sino

 

que se ha realizado en el seno de unos intereses y de unos grupos sociales, el nacionalismo se convierte, así, en un arma para otros fines: la consecución de

un mercado, la obtención de grupos sociales “inferiores”, la ampliación territorial de los estados, etc. En este sentido, el nacionalismo puede, y lo ha hecho (caso húngaro, por ejemplo) oprimir a otras nacionalidades, convirtiéndose en la afirmación de una nacionalidad frente a otras, pero obviando la existencia de otras nacionalidades subyugadas en su seno. Por lo mismo, el requisito de que los estados nacionales recojan las peculiaridades

de las nacionalidades impone unos caracteres homogeneizadores que tienden

 

o

La concepción del individuo como motor esencial de la vida política da lugar a la exaltación del poder del individuo, de su capacidad para la acción. El nacionalismo parte de esa capacidad del hombre para variar o transformar el estado de las cosas, aunque traslada esa potencialidad al concepto de nacionalidad.

-

La idea de soberanía, que ya hemos comentado antes.

El creciente positivismo. Los problemas de la construcción de los estados y la necesidad de ordenar la sociedad conducen al pensamiento liberal a olvidar el ius naturalismo y a afirmar el origen positivo del derecho. Amén de esta mitología nacionalista, conviene resaltar que la necesidad de justificar la nacionalidad hará del nacionalismo una corriente que desarrolle el trabajo histórico. Verdaderas oleadas de publicaciones sobre la historia nacional preceden a los movimientos nacionalistas y serán intelectuales los que realicen los corpus doctrinales nacionalistas. Podemos observar, como ya antes hemos señalado, que el nacionalismo retira al individuo del lugar preeminente en que lo coloca el liberalismo, ahora hay fuerzas que lo superan: su pertenencia al grupo, la moral, la nacionalidad, etc.

Así pues, el nacionalismo sitúa al individuo en un segundo plano con respecto a la nacionalidad, a la nación-estado. “El estado no es una manufactura, granja, sociedad

de seguro o mercantil; es la conexión íntima de todas las necesidades físicas y espirituales, de todas las riquezas físicas y espirituales, de toda vida interior y exterior de una nación para constituir un gran todo enérgico e infinitamente movido y vivaz”, y a la Historia. La Historia es el desarrollo del espíritu de las naciones, el camino de su afirmación, en el sentido en que Chateaubriand señalaba que las sociedades poseían un impulso, algo que les da vida, que les hace desarrollarse.

-

a suprimir-oprimir a las minorías. Es el caso de la homogeneización

lingüística. El alemán, que se pretendía en el origen de la nacionalidad alemana, era un idioma hablado sólo por las elites intelectuales, aristocráticas y burocráticas de los estados alemanes, pero que la constitución del estado alemán impuso como idioma oficial, anulando la multitud de dialectos- idiomas que hablaba la mayoría y que constituía una extraordinaria riqueza cultural. Fue List, un economista alemán, el que planteó este problema con mayor claridad: las

naciones debían tener un tamaño suficiente para ser viables. Claro el planteamiento tiene sus orígenes en la situación alemana: el nacionalismo germánico consistió en la creación de una nación viable económicamente. El liberalismo, amén de lo anterior, aportará al nacionalismo una armazón teórico- ideológica. No conviene olvidar que hasta 1830-48 nacionalismo y liberalismo avanzaron de la mano, que los principales nacionalistas eran liberales convencidos. Así, tenemos:

-

El concepto de libertad como salvaguarda del individuo frente a la opresión

2.

El modelo nacionalista alemán: Hegel y Fitche.

de

la masa o del Estado, da fundamento a:

La filosofía alemana dará al nacionalismo un fuerte soporte ideológico y conceptual. Hegel planteó los principales postulados de los que beberá el nacionalismo alemán:

 

o

La idea de liberación frente a la opresión de los estados que no se corresponden a las nacionalidades. La libertad no es plena, el hombre no es feliz, si hay opresión. Para los nacionalistas gran parte de esa opresión proviene de la imposición de la nación no deseada. La lucha nacional es una lucha por la libertad.

 

- La primacía del Estado como la esfera en la que se concilia lo particular y lo universal, donde se da la libertad real (la que da la Ley), síntesis de la libertad individual y la Libertad racional.

- La Historia se concibe como un desarrollo dialéctico en el que cada fase se corresponde con la afirmación-objetivación de un grupo social sobre otros. Esta afirmación se materializa en la forma de un Estado, que es puesto en entredicho por los grupos sociales oprimidos, que aspiran a derribarlo y a la construcción de uno nuevo.

 

o

El derecho de las nacionalidades, en la medida en que forma parte esencial del derecho a la libertad, es inalienable y previo a cualquier consideración política.

o

La opresión de las nacionalidades proviene del Estado y de las mayorías que imponen formas culturales, sociales, políticas, etc. ajeno a la naturaleza de las nacionalidades. Esta opresión-imposición adopta necesariamente una mecánica política que hace que los estados tengan que asumir formas despóticas.

 

- El comportamiento de los individuos es el resultado de la tensión entre la libertad individual-subjetiva y la norma-el deber, el resultado es la superación de esa tensión: la plasmación concreta de unos usos y unas costumbres, de una organización espiritual propia de cada pueblo, que para realizarse debe

adoptar la forma de un Estado. De estos planteamientos parte el estatalismo del nacionalismo alemán, que considera que el estado es la instancia suprema, a la que se debe el individuo (el individuo le debe su libertad al Estado, que es el que le permite, con sus leyes, ejercerla). El proceso de construcción nacional se entiende como un proceso guiado por el Estado, en el que éste mismo se construye en la lucha contra el individualismo y contra otros estados. Así, la afirmación nacional tiene una doble vertiente:

- La superación del individualismo disgregador. No hay que olvidar lo que tardó el nacionalismo alemán en comprender el liberalismo y el régimen representativo.

- La superación del conflicto con otros estados en una dialéctica de opresor- oprimido. Desde esta doble perspectiva se entiende que el nacionalismo alemán entienda el proceso de construcción de la unidad alemana como un proceso de afirmación del poder del Estado. Afirmación interior en cuanto el Estado domine sobre los individuos, y afirmación exterior en cuanto el Estado alemán se afirme con respecto a los otros estados. Si a esto le sumamos la confianza hegeliana en la supremacía alemana, encontraremos las raíces ideológicas de la acción bismarckiana. Siguiendo con el tema, paralelo a este “estatalismo” se encuentra las concepciones de Herder sobre lo que constituye una nacionalidad, un “pueblo” (volk), como comunidad inconsciente de raza, lengua o costumbres. Esta no necesidad de la conciencia nacionalista para que exista una nacionalidad es una afirmación cargada de consecuencias, dado que da valor de necesidad a la construcción nacional, independientemente de los sentimientos de los integrantes de esa nación. Así, encuentra justificación la política de unificación-anexión prusiana, se trataba de la defensa de lo alemán, del Estado alemán, aunque hubiese que someter a los mismos alemanes. Prusia había sido vencida por Napoleón, en Berlín, otro representante del idealismo germánico, Johann Gottlieb Fitche, pronunciaba una serie de Discursos a la nación alemana, inspirados por la victoria de los españoles contra Napoleón en Bailén. Los discursos de 1807 y 1808 son algo más que una arenga militar invitando al desquite, representan la manifestación primera del nacionalismo alemán extremo y son la exposición clásica de la teoría nacionalista. La doctrina de Fitche sobre el nacionalismo tiene sus raíces en su vida de la libertad, según la cual la libertad no es una condición dada, sino una tarea. Vista desde esta perspectiva, la libertad tendrá como peor enemigo la apatía o la pereza y no una situación despótica o de sujeción. La naturaleza de la libertad es obrar. El mero hecho de obrar encuentra ya la aprobación de Fitche, con lo cual se separa del imperativo kantiano, que consideraba buenas sólo aquellas acciones que tenían en

cuenta la universidad y su validez. La teoría fichteana de la libertad entraña a su vez una teoría política voluntarista. Fitche comienza a definir quizá por primera vez en la historia de las ideas, la imagen del retrogrado, según que tienen una gran antipatía hacia toda independencia del pensamiento y que ignoran las contradicciones que abriga su propio espíritu, y las meramente perezosas e insolentes, que temen la verdad. Como puede verse, su énfasis es consistente con su idea de libertad como acción, el enemigo es mas la pereza y el prejuicio que la defensa activa de los intereses creados por parte de los conservadores. Frente a esta vertiente universalista y revolucionaria de Fitche, se encuentra la de su nacionalismo extremo. Su primera manifestación se halla en El estado mercantil cerrado, de 1800, precedente del socialismo de estado y crítica primeriza del liberalismo económico, lo cual no obsta para que en algunos aspectos Fitche sea un liberal. Con la retorica emocional del romanticismo y ayudado por su concepción absoluta de la libertad, Fitche pasa francamente al terreno de la xenofobia. Su desprecio por los pueblos latinos de Europa y su declarado antisemitismo están inextricablemente unidos con su nacionalismo. Este último es más exacerbado cuanto que Alemania no estaba aun políticamente unida; mas Fitche, en vez de propugnar una unión de la nación alemana en la democracia universal, soñaba con un imperio germánico racista y autoritario. El romanticismo de Fitche le permite abrazar causas dispares: el liberalismo, el socialismo incipiente, los rasgos que sobresalen son los de un nacionalismo ciego, ligado a una concepción voluntarista y nada racional del mando político. En el marco del Idealismo germánico fue Hegel quien hizo las aportaciones más influyentes al campo de la filosofía de la sociedad. Como Kant y como Fitche, Hegel presume que existe una intima unidad entre conocedor y mundo conocido, pero las soluciones que da a la relación entre ambos son diferentes. Por lo pronto, Hegel afirma que el hombre construye su mundo organizando los datos de la experiencia de tal modo que alcanza el convencimiento que dicho mundo es algo independiente de sí mismo. Así, el hombre llega a creer en la autentica existencia externa de sus propios conceptos. El pensamiento no tiene una marcha lineal y continúa, se ha visto que la dialéctica, en su versión platónica, tuvo su relevancia para la filosofía social del mundo antiguo, parecida o mayor importancia tendrá la dialéctica hegeliana para la del mundo contemporáneo. La dialéctica hegeliana comienza con una tesis, ante ella se levanta inmediatamente una antítesis y se produce una contradicción entre ambos, de la que surge la síntesis. La síntesis es a su vez, nuevas tesis, de modo que la mente avanza hacia la realidad o hacia lo absoluto siempre por pasos dialecticos superiores. Mediante la dialéctica, Hegel intenta superar la dificultad planteada por la filosofía

kantiana, la cual afirmaba que no podemos conocer las cosas en sí. La síntesis que se producen en los procesos dialecticos de conocimiento van desvelando la realidad que esconden los fenómenos, esa realidad es esencialmente espiritual.

Social (El contrato social). Es una noción "voluntarista" que también es compartida por los enfoques de Giuseppe Mazzini, considerando que la nación surge de la voluntad de los individuos. Se encuentra el nacionalismo liberal en las tradiciones del racionalismo y el liberalismo, pero como una forma de nacionalismo es contrastado con el nacionalismo étnico. Se considera voluntaria la afiliación con la nación civil, como en la definición clásica de Ernest Renan de la nación como un "plebiscito diario" caracterizado por la "voluntad de convivir". Los ideales civil-nacionales influenciaron el desarrollo de la democracia representativa en países como los Estados Unidos y Francia. La visión liberal de la identidad nacional, especialmente en el siglo XIX y con el desarrollo de los Estados nacionales, veía al Estado o la institucionalidad como el máximo referente de la nacionalidad (a veces teniendo ambos conceptos como sinónimos), derivando en un nacionalismo jurídico o constitucional, según los enfoques de Dolf Sternberger y Jürgen Habermas, dando lugar a una noción que entronca directamente con la tradición política del republicanismo y, como éste, requiere de una concepción participativa de la ciudadanía, volcada en la promoción del bien común. Por eso, la ciudadanía que hace suyo el patriotismo constitucional no se remite en primera instancia a una historia o a un origen étnico común, sino que se define por la adhesión a unos valores comunes de carácter democrático plasmado en la Constitución, es decir, bajo un orden jurídico expresado en el Estado de Derecho. Nacionalismo centrípeto: Es el que pretende la unificación nacional de las poblaciones con características comunes que habitan en distintos Estados, donde pueden ser minorías nacionales y por tanto en esos Estados constituyen nacionalismos centrífugos (es el caso del nacionalismo kurdo), o bien ser Estados nacionalmente homogéneos pero separados (es el caso de las unificaciones de Italia y Alemania en el siglo XIX, aunque en ambos casos el solapamiento con el Imperio austrohúngaro complica la definición). En América Latina se da el caso del nacionalismo iberoamericano, propuesto por personajes históricos como Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O'Higgins, Joaquín Edwards Bello, Manuel Ugarte, Jorge Abelardo Ramos, etc. El cual históricamente se opone a la desintegración de la Patria Grande y aboga por su reunificación. Nacionalismo centrifugo: También llamado nacionalismos centrífugos, es el que pretende la secesión de una parte del territorio de un Estado habitado por una población con características, cuyas diferencias con el grupo étnico considerado mayoritario, puedan definirla como minoría nacional. Estos casos se dan en Estado que se caracterizan por ser considerados "multinacionales". Nacionalismo económico: Se concentra sobre los mecanismos de dependencia económica o neocolonialismo. Sostiene la necesidad de que sectores y

El

espíritu va conociéndose a si mismo saltando de contradicción en contradicción,

hasta que alcanza la Idea Absoluta, la única que es perfectamente consistente y no encierra contradicciones. Todos los demás conceptos están llenos de ellas. El espíritu tiende hacia la Idea Absoluta, pero ello no tiene lugar solo en la mente de cada uno de nosotros, sino en el conjunto de individuos que componen la raza humana. Afirma Hegel que el espíritu es un “universal concreto” en una de sus muchas expresiones que muchos encuentran oscuras.

 

3.

Nacionalismo cultural y nacionalismo cívico. Otros tipos de nacionalismo. La

aportación de Ernest Renan. Nacionalismo cultural: Define la nación en términos de etnicidad, lo cual siempre incluye algunos elementos descendientes de las generaciones previas. También incluye ideas de una conexión cultural entre los miembros de la nación y sus antepasados, y frecuentemente un lenguaje común. La nacionalidad es hereditaria. El

Estado deriva la legitimidad política de su estatus como hogar del grupo étnico, y de

función de protección del grupo nacional y la facilitación de una vida social y cultural para el grupo. Las ideas sobre etnicidad son muy antiguas, pero el nacionalismo étnico moderno está fuertemente influido por Johann Gottfried von Herder, quien promovió el concepto de Volk, y Johann Gottlieb Fichte.

su

El

fascismo es generalmente clasificado como nacionalismo étnico, habiendo sido su

caso más extremo el nacional socialismo de la Alemania Nazi. No obstante, la mayor

parte de los movimientos y regímenes fascistas de la Europa de entreguerras, entre los que puede contarse el nacionalcatolicismo del franquismo español, responden más al modelo de fascismo clerical definido por Hugh Trevor-Roper. Anthony D. Smith ha señalado que no existe un nexo claro entre el nacionalismo étnico y factores económicos. Nacionalismo cívico: El nacionalismo liberal, también conocido como "nacionalismo civil", es un tipo de nacionalismo identificado por los filósofos políticos que creen que puede existir una forma "no-xenofóbica" del nacionalismo que se encuentra compatible con los valores liberales de la libertad, la tolerancia, la igualdad y los derechos individuales. A menudo se consideran Ernest Renan y John Stuart Mill nacionalistas liberales tempranos.

Es

una forma del nacionalismo en el cual el Estado deriva la legitimidad política de la

participación activa de su ciudadanía del grado a que representa la "voluntad general".

A

menudo se considera que originó con Jean-Jacques Rousseau y especialmente

las

teorías de contratos sociales que toman su nombre de su libro de 1762 Du Contrat

empresas básicas de la economía permanezcan en manos de capitales nacionales, muchas veces estatales, cuando el sector privado no está en condiciones. Los orígenes del nacionalismo económico pueden encontrarse en la creación

de empresas estatales para explotar productos estratégicos como la creación de YPF

para el petróleo en Argentina en 1922 y luego en las políticas de nacionalizaciones implementadas por gran cantidad de países entre los que se destacan:

la nacionalización del petróleo en México en 1938, la nacionalización del petróleo en Irán en 1951, la nacionalización del Canal de Suez en 1956 y la nacionalización del cobre en Chile en 1971.

El nacionalismo económico está también íntimamente relacionado con la Teoría de la

Dependencia elaborada por la escuela desarrollista latinoamericana que sostiene que el sistema económico mundial ha establecido una división internacional del trabajo que atribuye a los países centrales la producción industrial, de alto valor agregado, y a los países periféricos la producción de materias primas, de bajo valor

agregado. El desarrollismo sostiene que existe una tendencia general al deterioro de

los términos de intercambio en perjuicio de la producción agrícola-primaria, y que los

países periféricos necesitan impulsar agresivas políticas industriales para romper el círculo vicioso del subdesarrollo. La política de privatizaciones sugerida por el Consenso de Washington a partir de

la década del 90 tuvo como objetivo principal, y lo logró en gran parte, revertir las medidas nacionalistas tomadas por la mayor parte de los países periféricos durante la mayor parte del siglo XX.

A partir de los últimos años de la década del 90 parece haber un importante

resurgimiento del nacionalismo económico en varias partes del mundo, ahora en un entorno global, relacionado con acuerdos de integración regional. Una de sus manifestaciones más importantes ha sido la nacionalización de los hidrocarburos en

Bolivia en 2006, bajo el gobierno de Evo Morales y los acuerdos de infraestructura y desarrollo subregional tomados en el marco del Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones. Muchas de estas experiencias nacionalistas están estrechamente relacionadas con las reivindicaciones sindicales y otras organizaciones sociales, adoptando la forma de

un nacionalismo popular expresado en movimientos políticos con amplio apoyo de la

población. Formas de socialismo y de fascismo comparten también el proyecto del

nacionalismo económico.

Nacionalismo religioso: Es la forma de nacionalismo según la que el Estado deriva

su legitimidad política en consecuencia de una religión común. Sin embargo, buena

parte de las formas de nacionalismo étnico son también en gran medida formas de nacionalismo religioso. Por ejemplo, el nacionalismo irlandés es generalmente asociado al catolicismo; el nacionalismo indio se asocia con el hinduismo, etc. El

nacionalismo religioso es generalmente visto como una forma de nacionalismo étnico. En algunos casos, sin embargo, la componente religiosa es más una etiqueta que la verdadera motivación del nacionalismo de un grupo. Por ejemplo, aunque la mayoría de los líderes nacionalistas irlandeses del último siglo fueron católicos, durante el siglo XIX, y especialmente en el XVIII, muchos líderes nacionalistas fueron protestantes. Los nacionalistas irlandeses no luchan por distinciones teológicas, sino por una ideología que identifica a la isla de Irlanda con una visión particular de la cultura irlandesa, que para muchos nacionalistas incluye al catolicismo aunque no como elemento predominante. Para muchas naciones que se vieron obligadas a luchar contra las consecuencias del imperialismo de otra nación, el nacionalismo fue asociado a la búsqueda de un ideal de libertad. Nacionalismo banal-psicológico: Conceptualizado por Michael Billig, es la forma difusa que toma el nacionalismo en las sociedades contemporáneas, convirtiéndose en un mecanismo omnipresente de orientar las percepciones y hacer aparecer como natural la identificación entre una lengua, una cultura y una comunidad política. Ya sea en rituales colectivos como el deporte, o en detalles menores como la utilización de banderas para identificar las lenguas en las que se escriben los ingredientes de una caja de cereales, el nacionalismo banal reproduce cotidianamente los esquemas mentales del nacionalismo. Desde el racionalismo, siguió la corriente de la Escuela Liberal y contribuyó a la Búsqueda del Jesús histórico con su obra La vie de Jésus (París, 1863). Esta publicación le valió ser expulsado del Collège de France y el epíteto de "blasfemo europeo" por parte del papa Pío IX. Renan se atrevió a tildar a Jesús de Nazaret de "anarquista". Asimismo es destacable su discurso en 1882 intitulado "¿Qué es una Nación?", en el cual da una idea distinta acerca del concepto de "nación" a la que otros venían llevando, dejando de lado así la importancia racial para formarse tal identidad, ni lo étnico, ni siquiera el lenguaje común de un pueblo. Su idea de nación va a tratarse más de una creencia, de la forma en que un grupo de personas forma su identidad y se distingue del resto por haber vivido una historia común, tiempos felices y trágicos, y por querer vivir más cosas de ese modo, unidos. La religión, la raza, el idioma, la cultura, el territorio y otras cosas quedan en un segundo plano. Sostenía que "el olvido, también el error histórico, son factores esenciales para la creación de una nación, y es por eso que el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad". Renan ha sido criticado por sus comentarios que alegaban las limitaciones de la mentalidad semítica. Él afirmaba que la mente semita era limitada por el dogmatismo y que carecía de una concepción cosmopolita de civilización. Para Renan, los semitas eran "una raza incompleta”. Sin embargo, en su ensayo de 1883 Le Judaïsme comme

race et religion disputó el concepto de que el pueblo judío constituyera una entidad racial unificada en un sentido biológico, separándose de la corriente del antisemitismo racial. Renan también fue conocido por criticar con dureza el nacionalismo étnico alemán, con sus tonos antisemitas. Sus nociones de raza y etnicidad estaban totalmente en desacuerdo con el antisemitismo europeo de los siglos XIX y XX. En el siglo XIX comenzarán a surgir teóricos que se oponían al concepto étnico- cultural de la nación, naciendo así la teoría del nacionalismo cívico, cuyo principal precursor será Ernest Renan, el cual alegaba que para la construcción de una nación no eran decisivos los aspectos étnicos-culturales, sino que lo era la unión de individuos con unos valores comunes. Afirma que un individuo no pertenece a la

nación, sino que decide pertenecer a ella. Así, la nación existiría siempre y cuando los individuos quisieran que exista.

4. La proyección actual de las corrientes nacionalistas.

La “revolución burguesa” tuvo una segunda vía para realizarse, la vía nacionalista. Esta se produjo con más retraso, en los lugares donde la burguesía era más débil y la

elite (sectores importantes) del AR tuvo que tomar la iniciativa para adaptarse a los tiempos, o lo que es lo mismo para poder competir con éxito en el nuevo mercado capitalista que se estaba abriendo. Este apremio económico es importante y va a marcar el camino de la vía nacionalista:

- Los “nuevos” estados se construirán como una forma de aumentar el poder económico (por ende, político) dentro de una concepción geoestratégica en la que se concibe el mundo como una lucha por la supremacía.

- Los procesos nacionalistas reales (los que van a tener éxito) se realizan uniendo procesos políticos y económicos. La construcción de Alemania se concibe, en este sentido, como dos procesos paralelos: industrialización y creación del estado alemán, mientras que en el ámbito de las construcciones liberales se otorgaba una primacía clara al establecimiento previo del marco sociopolítico en el que luego se iba a dar el desarrollo industrial.

- Concebido como cuestión de poder, los nuevos estados serán fuertes (ejercerán una fuerte dominación, en términos gramscianos) y mostrarán rasgos autoritarios y militaristas.

- Los movimientos nacionalistas reales se desarrollan a partir de 1848, exceptuando los casos griego y belga, en los que las relaciones internacionales, como hemos señalado antes, jugaron una importancia decisiva.

- Estos movimientos partieron de estados relativamente poderosos (Prusia, Piamonte), que vieron en el proceso una forma de ampliar su peso específico político y económico (industrialización). Los movimientos nacionalistas reales (especialmente italiano y alemán-prusiano) se

produjeron donde se daban tres características esenciales:

- El dominio político (directo en el caso italiano e indirecto en el alemán) por potencias extranjeras, esencialmente Austria, manifiestamente retardatarias en lo económico y en lo político.

- El umbral mínimo, en palabras de List, para que se pueda hablar de un estado viable no se daba, especialmente por la ausencia de un mercado que pudiese ser la base de un proceso industrializador.

- La burguesía innovadora era débil numéricamente, estaba alejada del poder y se encontraba dispersa geográficamente. Situación en la que la elite innovadora pasa a estar integrada por fracciones importantes de la aristocracia del AR, que ven en las alternativas burguesas (modelo liberal) más un peligro que un aliado. Será la revolución industrial (uno de los objetivos del proceso), en sus diferentes pasos, que se corresponden con la introducción de reformas liberales en los estados, lo que articulará progresivamente a la burguesía y a estos sectores aristocráticos en la nueva elite. Mientras esto se produce, la burguesía innovadora presentará alternativas no viables (fracasarán) partiendo del modelo liberal, por ejemplo, la Asamblea de Fráncfort, y recurrirá al modelo insurreccional. En estas condiciones, como decíamos antes, la elite que asumirá la tarea de la construcción del nuevo estado tendrá un predominio de las viejas clases del AR y el resultado, como es lógico, será menos innovador (más conservador) que en la vía liberal. Partirán de un concepto elitista de la revolución: revolución desde arriba, en el que, aunque el resultado sea la construcción de una sociedad-estado burgués, se dejará escaso margen, cuando no se reprimirá fuertemente, a la iniciativa popular. El resultado son unos estados-sociedades conservadores, en los que los sectores innovadores del AR llevan a cabo las transformaciones pero conservando su importancia social, económica y política. Este conservadurismo, por otra parte, se corresponderá con los modelos que por esas fechas adoptan los modelos liberales (los textos constitucionales prusianos y los de Napoleón III son en esencia parejos, los comportamientos políticos represivos también), por lo que se podrán integrar fácilmente en el mundo europeo del “progreso”. Desde siempre se han justificado en función de factores como la identidad lingüística, cultural, criterios religiosos, étnicos, o incluso raciales; de cara a la sociedad. El problema es que, la sociedad actual, caracterizada por la gran movilidad de las personas gracias al desarrollo de los transportes, ha generado un Mundo donde es muy difícil encontrar comunidades puras, y una sociedad plural es un problema para los nacionalismos porque rompe la homogeneidad necesaria para su justificación. En aquellos lugares donde existen movimientos nacionalistas en el poder, se han

desarrollado políticas de homogeneización con la imposición de factores culturales. En el mejor de los casos se ha tratado de políticas integradoras como en el caso de Cataluña; pero en otros lugares, sin embargo, se han llevado a cabo intentos de eliminar por la fuerza a aquellos que no pertenecen a la etnia-cultura del nacionalismo en el poder. Es lo que se ha dado en conocer como “limpiezas étnicas”. Por ejemplo, Yugoslavia. Hay también que hacer mención al carácter globalizador de los nuevos nacionalismos, que se ofertan como los únicos partidos que representan en su conjunto a la comunidad, al resaltar, a base de manipulaciones de factores diferenciales existentes en el seno de dicha comunidad, aquello que sí les es común, asegurándose así estos partidos nacionalistas, cierta legitimidad de cara a conseguir el poder.

Los partidos nacionalistas no han sido nunca partidos de clase, sin embargo,

como decía Marx, todo partido en el poder es de clase por cuanto persigue los intereses de quienes poseen dicho poder. En las últimas décadas en Europa se ha producido un recrudecimiento de los movimientos nacionalistas y un auge de sus partidos, sobre todo en aquellos estados donde han fracasado políticas integradoras. Una causa de esto fue la caída del socialismo real en los países de Europa del este, con el consecuente fracaso de los intentos de adoptar soluciones “tradicionales” del liberalismo y sistemas políticos democráticos, y el triunfo en cambio de los movimientos de carácter extremista y populista, únicos capaces de, en un primer momento, restaurar la estabilidad en dichos países, aunque posteriormente, sus políticas extremistas han llegado en muchos casos a provocar guerras.

1. El socialismo utópico.

Tema 4: El Socialismo.

Una de las características de este movimiento es la elasticidad del propio concepto de

socialismo. El socialismo será muy importante por sus propias acciones. Indujo a otros movimientos a tomar otras posiciones. Según Salvador Giner existen tres componentes: crítica, alternativa y medios.

Este movimiento definirá y criticará el capitalismo, puesto que según los socialistas es el causante de la desigualdad social y económica entre los individuos. También serán muy críticos con el individualismo y con el concepto de libertad que se implantó tras las revoluciones burguesas. La mayor parte de los ideales socialistas estarán muy vinculados con el pensamiento rousseauniano. Lo que realmente diferencia a los movimientos socialistas entre sí son los medios que toman cada uno para llegar a sus respectivos fines. Una de las características del socialismo utópico de la primera mitad del XIX es que andan sus orígenes en el siglo XVIII, en la Ilustración. Es un movimiento muy burgués, incluso la mayoría de los ideólogos socialistas eran burgueses. La Revolución como medio era excluida, sustituyéndola por la reforma. Es un movimiento pacífico, y también un movimiento muy teórico. No constituye una escuela, sino que es un movimiento disperso, no hay un referente doctrinal claro. Admite la propiedad privada. No creen en el enfrentamiento social, sino en la cooperación social. Fomentaban la filantropía ilustrada. Tuvo dos virtudes que enfocan el problema y se dieron con soluciones que hoy día siguen teniendo vigencia, como el cooperativismo y las políticas asistenciales. Encontramos varios teóricos: Robert Owen, Saint Simon, Fourier, Proudhom y Luis Blanc.

2. Definición.

El socialismo es uno de los grandes movimientos políticos, culturales, económicos y morales de la era moderna. Al hablar de socialismo, rozamos uno de los mayores problemas que se plantean a cualquier historiador: la multiplicidad de visiones, ideologías y actitudes que engloba la noción misma. La gama de concepciones socialistas es muy amplia: va desde posiciones libertarias hasta las formas más mitigadas del estado asistencial, pasando por el socialismo radical, el estatalista y la socialdemocracia. Por ellos, y como punto de partida, conviene comenzar por algunas definiciones. Las definiciones se refieren a las nociones de comunismo, socialismo, anarquismo y estado asistencial. El concepto de comunismo es el más amplio de los cuatro. Por

razones prácticas hablamos del pensamiento socialista, pero en realidad su idea raíz es la de comunismo. Ahora bien, la idea de comunismo es, en sí, altamente abstracta y la multiplicidad de las interpretaciones políticas, históricas y económicas que se pueden dar de ella es muy amplia. En esta multiplicidad destacan dos, a saber: la socialista y la anarquista. La historia del pensamiento socialista podría remontarse a la epopeya homérica, en la que el poeta nos habla de la comunidad de vida y bienes ejercitada en campaña por el ejército aqueo. La utopía platónica es el origen remoto de un número de utopías posteriores, en especial de las renacentistas, las cuales, en mayor o menor grado aceptan la idea platónica de que el comunismo es inherente a un estado social ideal. Mas la tradición socialista propiamente dicha comienza con la Revolución Francesa. Los digger procedían del pequeño artesanado ingles y aunque protestantes, no tenían una filiación religiosa concreta. La ideología digger es anarquista. A pesar de sus relaciones con el poder establecido puritano, uno de sus rasgos más destacados es el de la hostilidad a toda forma de poder. El individualismo extremo del protestantismo calvinista acarrea consigo un aborrecimiento de la jerarquía de cualquier iglesia y ese odio se extiende y proyecta sobre el aparato estatal, el cual, no hay que olvidarlo, no había alcanzado aun un grado sustancial de secularización. El comunismo anarquista de los diggers es evidente tanto por su total confianza en el hombre como ser capaz de establecer una sociedad basada en la ayuda mutua, la ausencia de coerción y la fraternidad, el amor al prójimo.

3. Los orígenes de la utopía contemporánea.

4. De Robert Owen a Pierre Joseph Proudhom.

Robert Owen (1771-1858): Será el único de los socialistas utópicos que no es de origen francés, sino británico. Es hijo de un herrero, por lo que formará parte de la

clase trabajadora. Se casa con la hija de un importante patrón industrial, aunque siempre tuvo presente que procedía del mundo obrero. Se le atribuyen logros como el haber generado el término “socialista” y ser el teórico de las políticas cooperativistas. Podemos distinguir tres etapas:

- Una primera etapa cuando llega a la empresa de su suegro y se desarrolla la idea de que un obrero bien atendido cunde más en el trabajo que si no lo estuviera, llegando a tomar medidas beneficiosas para el obrero como la construcción de viviendas baratas y escuelas para los hijos de los obreros, pero se verá frustrado el compromiso ya que el resto de empresarios de otras partes no tomaban este tipo de medidas. En su obra “El sistema social” comienza a hacer una crítica al liberalismo económico y al empresariado.

También critica a la burguesía y su moral, llegando a cuestionar la propiedad privada, por lo que Owen se verá muy atacado. Cuestionará elementos como la religión y la familia, por lo que sufrirá ataques por parte de la Iglesia.

- Una segunda etapa en la que se va a EE.UU, al Estado de Indiana. Allí funda una colonia, una especie de comuna, llamada “New Armony”, o Nueva Armonía. Aquí buscará la armonía social que propicia la vida en la naturaleza. El reparto equitativo de la riqueza propicia tensiones en la propia convivencia, por lo que esta experiencia resultará un completo fracaso.

- Una tercera etapa en la que vuelve a Inglaterra como un hombre frustrado. Manifiesta una enorme desconfianza hacia el Estado, formulando así la teoría cooperativista, muy bien recibida pero cuyos primeros casos fundados por Owen no funcionaron bien. En este momento en el que vuelve a Inglaterra es cuando comienzan a surgir las Trades Union y el movimiento cartista. Saint Simon (1760-1825): Es un teórico de origen noble, aunque fue muy bohemio y revolucionario. Es muy culto y con un gran carisma personal. Se dice incluso que llegó a formar una especie de secta. Es partidario de la industrialización, del capitalismo y de la propiedad privada, pero es consciente de que esto produce un grave problema social, por lo que hay que regular estos elementos. En 1819 escribe “El Catecismo político de los Industriales”, dividiendo a la sociedad en industriales y ociosos. Los ociosos serían personas inútiles socialmente, y los industriales son los que aportan algo a la sociedad, incluyendo a los obreros, campesinos y empresarios. Será el primero que haga una defensa de la tecnocracia, es decir, del gobierno en manos de especialistas. Declamará al Estado que resuelva la cuestión social. La clave para solucionar el problema social para Saint-Simon es la vuelta a la filantropía del ser humano, lo que generará a lo largo del siglo XIX una serie de políticas sociales. Charles Fourier (1772-1837): Este teórico afirmaba que el destino de la humanidad era conseguir la “Armonía Universal”, en la cual no habría desigualdad entre los hombres. Una vez llegada esta Armonía Universal, según Fourier, el propio planeta sufriría una serie de cambios físicos. El hombre nace en un Estado salvaje, pasando por una serie de etapas de desigualdad hasta llegar a un Estado de Armonía Universal, dándose posterior muestra de retroceso a un Estado salvaje de nuevo. Cuando llegue el Estado de Armonía aparecerá la Corona Boreal, que se producirá a causa de la explotación agraria de la tierra. A partir de entonces, los desiertos serían

cultivados y las fieras salvajes serían domesticadas.

Fourier es de los pocos socialistas utópicos que se mezclan con las clases bajas de la sociedad. Desarrollará la teoría del Falansterio, la cual será la clave para llegar a la Armonía Universal. Consistiría en la fundación de comunas obreras al estilo de la “Nueva Armonía” de Owen. Pretendía reunir para la fundación de los falansterios talento, capital y trabajo. La vida en comunidad desarrollaría la parte buena del hombre. La asociación entre hombres y mujeres es libre, por lo que rompe con muchas convenciones sociales. Posteriormente a la muerte de Fourier, se fundarán muchos falansterios por Europa e incluso en México, aunque poco a poco todos fueron fracasando. Las teorías de la sociedad y de la naturaleza serían un gran aporte de Fourier. Pierre Joseph Proudhom (1809-1865): Vive en las décadas centrales del siglo XIX. Para unos autores, Proudhom es el último de los socialistas utópicos, mientras que para otros es un pensador pre-marxista, viendo otros incluso a un antecedente del anarquismo. Procede de la baja sociedad, pero gracias a los esfuerzos de su familia consiguió tener estudios. Su discurso es muy crítico y duro. Atacará durísimamente al concepto de propiedad. Una de sus primeras obras es el “Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria” (1846). Esta obra le propició un enfrentamiento muy duro con Karl Marx, el cual fue muy crítico con Proudhom. Sus principales aportaciones ideológicas son la crítica al Estado, al sistema democrático y la crítica a la centralización administrativa. Esto convertirá a Proudhom entre los primeros partidarios del federalismo. Sus teorías eran vistas por las autoridades de un modo tremendista, por lo que tuvo problemas con la justicia. Una de sus principales aportaciones para solucionar el problema obrero es la solidaridad entre los trabajadores. Así defendió la creación de sociedades de socorro mutuo, que servían de ayuda para cuando los trabajadores pasan por situaciones de crisis. Sentará las bases del tejido sindical. Otra gran aportación fue la educación obrera como motor de cambio, por la cual los obreros debían organizarse con un objetivo alfabetizador. Con el paso del tiempo, estos elementos serían adoptados por el Estado.

5. El socialismo científico. Materialismo dialectico y materialismo histórico.

Socialismo científico es un término acuñado por Friedrich Engels para distinguir al socialismo marxista de los demás socialismos que no se basaban en el materialismo histórico, el mismo que sería identificado como un método científico según sus

partidarios. Este socialismo fundado por Marx y Engels planteó un enfoque historicista donde la realidad es una lucha constante entre clases sociales y que esto generaba cambios en la sociedad, del mismo modo identificó al sujeto colectivo de la revolución socialista con el proletariado industrial.

El socialismo científico es el nombre con el que se buscó distinguir al marxismo del revolucionario alemán Karl Marx y Friedrich Engels del resto de las corrientes socialistas existentes a mediados del siglo XIX, que por no incluir premisas teóricas- científicas son calificadas como socialismo utópico.

El socialismo científico se inició en el siglo XIX, por obra de Karl Marx y Friedrich Engels, el cual fue llamado socialismo vivo marxista. Esta ideología rompió con los socialistas Utópicos, porque no representaban en la práctica cómo combatir el capitalismo, pero reconocieron la importancia del análisis crítico de la realidad política y económica del capitalismo durante la revolución industrial. El llamado socialismo utópico hace referencia a aquellas formas de socialismo concebidas antes de que Marx hiciera pública su ideología antes mencionada en su libro. Materialismo dialéctico es la corriente del materialismo filosófico de acuerdo con los planteamientos originales de Friedrich Engels y Karl Marx que posteriormente fueron enriquecidos por Vladimir I. Lenin y después sistematizados por miembros de la Academia de las Ciencias de la Unión Soviética principalmente. Esta corriente filosófica define la materia como el sustrato de toda realidad sea concreta o abstracta (pensamientos), emancipa la primacía e independencia de la materia ante la conciencia y lo espiritual, declara la cognoscibilidad del mundo en virtud de su naturaleza material, y aplica la dialéctica –basada en las leyes dialécticas propuestas por Georg Wilhelm Friedrich Hegel– para interpretar el mundo, superando así al materialismo mecanicista. El materialismo dialéctico es uno de los tres componentes –la base filosófica– del comunismo marxista-leninista. Denominado “Diamat”, el materialismo dialéctico fue también la filosofía oficial de la antigua Unión Soviética. El materialismo dialéctico, como sistema filosófico, es opuesto al idealismo filosófico que concibe al espíritu como el principio de la realidad. Para el materialismo dialéctico las ideas tienen un origen físico, esto es, lo primero es la materia y la conciencia lo derivado. Como tal, el materialismo dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de las ciencias y su esencia se mantiene en correspondencia y vigencia con la tradicional orientación progresista del pensamiento racional científico. Asimismo está opuesto a la corriente filosófica del agnosticismo, pues declara la cognoscibilidad del mundo en virtud de su materialidad y de su existencia objetiva en el tiempo y en el espacio. Engels lo

manifestó de esta manera: “Las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo como lo sería un ser concebido fuera del espacio”. Engels y Marx sintetizaron su materialismo dialéctico a partir de su demoledora crítica del materialismo mecánico de Ludwig Feuerbach y a la dialéctica idealista de Hegel. Al materialismo de Feuerbach lo consideraron como un materialismo influido por corrientes del pensamiento filosófico metafísico e idealista. Famosas son las 11 tesis sobre Feuerbach de Marx y Engels, en particular la undécima que reza así: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. De la dialéctica hegeliana Engels dice que ésta se encontraba cabeza abajo con Hegel y que fue Marx quien la colocó sobre sus pies. Posteriormente, Engels describió las leyes de la dialéctica en su Anti-Dühring (obra polémica contra las teorías propugnadas por el filósofo y economista alemán, Karl Eugen Dühring). Luego en el siglo XX en Rusia, Lenin contribuyó a las ideas materialistas dialécticas al desarrollar polémicas con sus adversarios, particularmente con filósofos (idealistas) positivistas como el austriaco Ernst Mach y los rusos Alexander M. Bogdanov y V. Bazarov (nombre real: Vladimir A. Rudnev), y, por sobre todo, su empiro-monismo. La principal razón de la disputa entre Lenin y estos filósofos era su afirmación de que el positivismo idealista estaba por encima del debate filosófico entre idealismo y materialismo. A estos, Lenin les afirmó lo siguiente: “Materialismo es reconocer los «objetos a sí mismos» o fuera de la mente; las ideas y las sensaciones son copias o imágenes de éstos objetos. La doctrina opuesta (idealismo) afirma que los objetos no existen «sin la mente»; los objetos son «combinaciones de sensaciones»”. La concepción materialista de la historia (también conocida como materialismo histórico), es un término inventado por el marxista ruso Georgi Plejánov, que alude al marco conceptual identificado por Karl Marx y usado originalmente por él y Friedrich Engels para comprender la historia humana. Aunque el materialismo histórico se halla estrechamente ligado al comunismo marxista, historiadores, sociólogos e intelectuales no ligados al comunismo marxista han tomado elementos de aquel para elaborar sistemas y enfoques materialistas para el estudio de la historia humana. El propio Marx detalló, en su Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), el itinerario de sus estudios que le llevaron a formular su concepción de la historia y a desarrollarla con su amigo y camarada Engels. Marx también detalla, en el mismo texto, el desarrollo de esta nueva concepción de la historia a partir de su cooperación intelectual con Engels. El materialismo histórico investiga la sociedad humana, tratando de hacerlo sin presupuestos ideológicos, partiendo de los individuos empíricos y las relaciones que establecen entre ellos. A diferencia de los enfoques que muestran al capitalismo como

un sistema estático o como el producto de una evolución "natural" del ser humano, la investigación histórico-materialista revela su carácter histórico y por lo tanto

transitorio en el desarrollo de la humanidad. Marx y Engels aplicaron esta nueva concepción de la historia al análisis de los hechos políticos y sociales del pasado y de su época y a la creación de una nueva corriente del socialismo, que a la toma de partido por el comunismo y la lucha de clases proletaria sumaba el estudio científico de la sociedad burguesa y de la transición de ésta a la sociedad comunista. Al explicar las revoluciones políticas y sociales por la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y por

la lucha de clases, Marx y Engels combatieron tanto la visión burguesa de la historia

basada en la historia de las ideas y de los "grandes hombres" como las corrientes socialistas que deducían la lucha por el socialismo de los ideales abstractos de

Justicia, Libertad e Igualdad. El desarrollo revolucionario de las fuerzas productivas bajo el capitalismo hacía posible que todas las necesidades humanas fueran satisfechas, y que el desarrollo de la producción prescindiera de la división de la sociedad entre clases explotadoras (poseedoras de los medios de producción sociales)

y clases explotadas (obligadas a mantener a las clases explotadoras mediante el plus

trabajo). Con este planteo, el comunismo podía concebirse como necesidad histórica en vez de como aspiración utópica, ya que las mismas contradicciones internas del capitalismo generaban la necesidad de revolucionar las relaciones de producción burguesas y creaban al sujeto histórico capacitado para tal misión: el proletariado. De esta manera, el materialismo histórico tal como lo formuló Marx se encuentra

indisolublemente vinculado a la lucha de la clase proletaria por el comunismo. Esto no significa que sus conclusiones (sobre todo en el campo económico) no sean científicas, sino que no están dirigidas a constituir una ciencia positiva "neutral", sino un conocimiento científico útil para la emancipación proletaria.

6. Marx y Engels. El manifiesto Comunista.

La aportación individual mas decisiva en toda la historia del pensamiento socialista es la de Karl Marx, aunque Marx se crio en una familia hipotéticamente cristiana, las tradiciones culturales del judaísmo son una parte sustancial de su formación. Hasta el momento de entrar en la universidad, Karl Marx recibió una educación liberal burguesa, el barón Ludwig von Westphalen le dio a conocer algunas ideas revolucionarias, en especial las de Saint-Simon. En 1818, Marx se encontraba en la universidad de Bonn, donde llevo una vida estudiantil particularmente agitada tras la cual se traslado a la universidad de Berlín orientado por su padre. Durante sus años de estudio, sufrió la influencia de la filosofía idealista alemana en su versión hegeliana. Marx entro a formar parte de un club en el seno del cual surgió el movimiento llamado de los Jóvenes Hegelianos, estos intentaban aplicar la filosofía de Hegel desproveyéndola de la Idea Absoluta que ellos

consideraban una abstracción inasible. Director de la Gaceta, Marx se tuvo que enfrentar con problemas de política practica

para los que no le habían preparado Berlín. Así tuvo que defender a los campesinos que iban a las tierras comunales a hacer leña y a quienes querían privar de tal derecho

o analizar las causas de la miserable situación de los viñadores del Mosela. A los

cinco meses la Gaceta Renana era suspendida por orden la autoridad por lo que Marx volvió a replegarse en el estudio de la filosofía.

Siendo aun Marx director de la revista, vino a verle un joven comunista, hijo de un fabricante renano, llamado Friedrich Engels, la entrevista con Marx fue fría y tras ella, Engels partió para Manchester. Engels llegó a Manchester en medio de una crisis muy fuerte de la industria, al poco tiempo del final de cartismo y cuando una oleada de pobreza y mendicidad asolaba al país. Engels decidió estudiar la situación, fruto de cuyo afán seria su importante estudio sociológico La condición de la clase trabajadora en Inglaterra en 1844. Ambos hombres se habían colocado a la vanguardia intelectual de la Europa revolucionaria por el mero hecho de haber combinado el idealismo alemán con la filosofía económica liberal, y estas dos cosas, a su vez, con los imperativos morales de la revolución socialista. En la época de Bruselas, Marx había llegado a la conclusión de que le principal motor de la historia era la lucha de clases y escribió en cooperación con su amigo, un Manifiesto Comunista, para la Liga Internacional Comunista, en 1847. El Manifiesto, obra maestra de la literatura revolucionaria se imprimió en 1848, a punto de estallar la revolución. Esta no siguió los derroteros esperados y ello inclinó a Marx a creer que había que esperar a una mayor madurez del capitalismo para que triunfara la revolución. Se consagró entonces al estudio de la dinámica del modo de producción capitalista, fruto de sus desvelos seria un tratado, El Capital, cuyo primer volumen apareció en 1867. Mientras tanto Marx y Engels iban entrando en contacto con los revolucionarios más importantes, con casi todos ellos, más pronto que tare llegaron a la ruptura. Marx deseaba imponer una teoría socialista solida, inspirada en principios científicos y no podía soportar las veleidades románticas y retoricas de la mayoría de los dirigentes del socialismo europeo de aquel tiempo, por no mencionar a los anarquistas con sus ensoñaciones. Estas tensiones se perciben claramente en los avatares de la Primera Internacional. Tras la revolución de 1848, Marx se refugió en Londres, donde además de sus otras actividades se dedicaba a analizar la vida social contemporánea según su propio método para entender la historia y las leyes que presuntamente la regían.

A medida que pasaban los años, la autoridad intelectual de Marx en el socialismo

europeo fue aumentando. Karl Marx murió en marzo de 1833, sentado en su mesa de

trabajo, Engels viviría doce años más, durante los cuales se encargo de editar cuidadosamente los manuscritos impublicados de su amigo, así como a defender polémicamente las tesis fundamentales del marxismo. Engels conoció una fama de la que su compañero nunca llegó a gozar en vida. Pero fue entonces más genuinamente humilde que nunca. Engels murió en agosto de 1895, cuando estaba envuelto en la defensa de la teoría marxiana del valor económico. Moses Hess había preparado un panfleto que había de ser un manifiesto de los principios comunistas, destinado a la Liga de los Comunistas de París, Engels, que lo leyó, lo critico tan severamente que fue retirado y la Liga le encargo a él mismo que redactara otro, el cual habría de enviar a un congreso que dicha Liga iba a celebrar en Londres. Engels escribió un primer borrador, que Marx corrigió y amplio en Londres, donde ambos se reunieron. El Manifiesto del Partido Comunista puede ser entendido desde dos puntos de vista:

como documento revolucionario y como expresión de una doctrina sociopolítica. La

teoría social del Manifiesto pertenece a la visión general del marxismo, y tiene que ser forzosamente entendida dentro de su marco, so pena de malentender este documento. En efecto, su carácter revolucionario impone a sus autores serios límites de extensión, así como ciertas exigencias de sencillez retorica. El Manifiesto del Partido Comunista (Manifest der Kommunistischen Partei, por su título en alemán), muchas veces llamado simplemente el Manifiesto Comunista, es uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, fue una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848, y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848. Las ideas que el Manifiesto expresa son las siguientes:

- La historia política e intelectual de una sociedad está determinada por el modo de producción y la formación socio-económica que se deriva de él.

- Una vez aparecidas las clases sociales sobre la base de la propiedad privada y la explotación, la historia de las sociedades ha sido la historia de la lucha de las clases explotadoras y las explotadas.

- En la actual sociedad moderna el proletariado es la única clase social cuya emancipación significará la emancipación de toda la humanidad mediante la revolución comunista: la abolición de la propiedad burguesa, las clases sociales y el Estado.

7. La teoría de la explotación y la teoría de la revolución.

Si bien podemos encontrar en el primer tiempo del pensamiento de Marx ideas relacionadas con la explotación, no es sino en El Capital que desarrolla una acabada propuesta sobre la materia. Ello por dos razones; una porque profundiza una idea filosófica madura al respecto y segundo porque construye por primera vez una oposición de tipo científica a la razón capitalista/burguesa. Sin dejar de lado la idea de explotación como continuo histórico, aborda en detalle la manera en que se manifiesta la dominación en el período moderno. Se pueden exponer tres elementos fundamentales de este análisis de la explotación:

la propiedad privada de los medios de

- La

dinámica

producida

por

producción.

- Una sociedad dividida en dos clases antagónicas en los cuales la minoría- dominante construye mecanismos de explotación permanente para asegurar la reproducción del capital. Destaca acá la idea de tiempo de trabajo como control social.

- Enajenación. El capital para reproducirse permanentemente establecerá la relación capital/trabajo para extraer plusvalía del proletariado siendo la relación contractual capitalista-empleado siempre una relación desfavorable que irá variando en diversos grados de explotación según una serie de factores.

La solución a la trama que posibilita la explotación en Marx se encontraba en la tesis de producción simple de mercancías en la cual se tiende a equiparar el salario con el tiempo de trabajo. En todo sistema capitalista, el precio de la fuerza de trabajo se vende bajo su valor por lo que la abolición de la explotación significaría un proceso histórico revolucionario y de cambios violentos en todos los ámbitos.

Revolución permanente es un término teórico del marxismo, usado primero por Karl Marx y Friedrich Engels entre 1845 y 1850, y más tarde por León Trotski, con quien está más comúnmente asociado el término al haber escrito, en 1929, el libro La Revolución Permanente y que fuera publicado al año siguiente en Berlín por la Oposición de Izquierda.

Según la concepción trotskista de la Revolución Permanente, la burguesía contemporánea de los países subdesarrollados es incapaz de llevar a cabo la revolución democrático-burguesa debido a algunos factores como su debilidad histórica y su dependencia del capital imperialista. Por lo tanto, es el proletariado el que debe conducir a la nación hacia la revolución, empezando por las tareas

democráticas y continuando por las socialistas. Además, la revolución no puede limitarse a una nación concreta, sino que debe ser internacionalizada, porque solo sobrevivirá si triunfa en los países más avanzados.

8. El revisionismo marxista. El surgimiento de la socialdemocracia y el combate

por la ortodoxia. Dentro del movimiento marxista, la palabra “revisionismo” es usada para referirse a varias ideas, principios y teorías basadas en una revisión significativa de las premisas fundamentales del materialismo histórico de Karl Marx en el siglo XIX. El término ha sido históricamente usado por parte de aquellos marxistas que creen que tales revisiones son injustificadas, por lo que representan un abandono o traición de lo que ellos mismos interpretan como la variante “más pura” del marxismo. Por lo tanto, como “revisionismo” fue adquiriendo una connotación negativa con el paso de las décadas, actualmente pocos marxistas se autodefinen como “revisionistas”. Fundamentalmente, el revisionismo, en la formulación de Edward Bernstein, consiste en la defensa de estos puntos de vista:

1. El marxismo no es puramente materialista ni puramente económico.

2. En la historia no actúan exclusivamente fuerzas económicas.

3. La teoría de la plusvalía es simplista y demasiado abstracta.

4. Aun admitiendo la lucha de clases, no se da exclusivamente entre capitalistas y proletarios, sino entre los capitalistas entre sí y los proletarios entre sí.

5. No es precisa una revolución violenta para alcanzar el socialismo, porque puede llegarse a él mediante una evolución pacífica a través del sindicalismo y de la acción política.

El revisionismo le criticaba varios aspectos.

Cuanto a la lucha de clases, Bernstein en un principio le criticó que la lucha de clases y las transformaciones no son el único motor de la Historia. "El verdadero socialismo no quiere derribar el orden de las clases; quiere basar las clases en una organización del trabajo que será para todos mejor que la organización actual". Por último el socialdemocrático Struve, quiso demostrar que el Estado tiene un carácter independiente, por encima de las

La

aplicación propia de las ideas de Marx son culpa de él, y ya en su tiempo

clases. Y todo esto está lejos de la concepción fundamental de los

habían distintas interpretaciones del Capital también denominados "marxismos". Para diferenciarse de estas concepciones pseudo-materialistas, no solo del caso Feuerbach, elevó a categoría científica el análisis aplicado del materialismo histórico y el materialismo dialéctico. Su consecuencia: una doctrina, quiérase "algunas sugerencias" sobre la aplicación directa, inmediata y práctica del político, del proletariado o cualquiera de nuestros agentes institucionales.

Por otro lado, mientras que Marx predecía que el capitalismo comercial y financiero cedería su puesto al industrial, el crecimiento enorme de los trusts y de los holdings, demostró que por el contrario, el capitalismo moderno es cada vez un capitalismo bancario. La financiación del capital él lo entendía como la división internacional del trabajo y la creciente proletarización del mundo, cosa que jamás desarrolló como "futuro" sino el devenir de una división cada vez más segmentada de los procesos de producción. No sería sino Rosa Luxemburgo quién llenaría este hueco, destacando el imperialismo monopolista recurrente a las guerras para nivelar los países su balanza de pagos.

La última gran crítica que realizan los revisionistas, y en especial Bernstein, es el error de Marx en predecir que la concentración industrial no había producido un efecto masivo de desocupación de los pequeños burgueses. En cuanto a la clase obrera, su empobrecimiento había sido contrarrestado por el desarrollo de las cooperaciones. Pero esto no significa gran cosa sino la anterior premisa de la financiación. No predijo nada, porque no fue ningún profeta. En base a ciertos análisis observó ciertos comportamientos. Uno de ellos es el salario y el tiempo objetivo aplicado. Se trata pues, de la disminución del "valor" del salario y la automatización del plusvalor. Así, la reproducción de la riqueza no tiene que ver con la concentración industrial sino en las relaciones sociales que hacen posible mantener la producción, lo que provocó el aumento de las clases medias, no confundirlos con pequeños burgueses, pues, hasta Marx veía en la pequeña burguesía un germen revolucionario. No sería sino Max Weber quién llenaría este hueco acerca de, no sólo la realidad financiera internacional del capitalismo, sino su creciente burocratización. Y no sólo eso, sin darle crédito a Marx, demuestra la ética protestante desde un fundamento más o menos como una "ética materialista" que constituyó la vida industrial.

Los orígenes de la socialdemocracia se encuentran en el movimiento obrero europeo posterior a la disolución de la Primera Internacional (segunda mitad del s.XIX). La división de este movimiento obrero entre sectores socialistas y anarquistas supuso también una división en cuanto a prácticas políticas y organizativas. En tanto que los

anarquistas renunciaron a la participación en elecciones y en la vida de los jóvenes parlamentos europeos, y se organizaron principalmente en sindicatos y grupos de

afinidad, los socialistas fueron paulatinamente construyendo partidos con la intención de constituir una avanzadilla política para los movimientos obreros de sus respectivos Estados. Estos partidos se dieron a sí mismos el nombre de partidos socialistas, laboristas o socialdemócratas, y adoptaron una práctica política basada en el apoyo político a los sindicatos y a las huelgas, la organización del mundo obrero (con la

creación de una extensa red de ateneos culturales, publicaciones, asociaciones

algunos casos hasta orquestas, funerarias y Universidades) y la participación en los comicios de los nacientes regímenes constitucionales o incluso democráticos de la Europa anterior a la Primera Guerra Mundial. Algunos de los partidos socialistas/socialdemócratas más importantes de la Europa de finales del s.XIX fueron el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (1891), el Partido Socialdemócrata Obrero de Austria (1889) o la Sección Francesa de la Internacional Obrera (1905). Estos partidos formarían en 1889 la Segunda Internacional bajo los auspicios de Friedrich Engels, siendo probablemente esa fecha la efeméride más adecuada para fechar el inicio de la socialdemocracia como movimiento político.

y en

En esta socialdemocracia europea de finales del XIX y principios del XX convivían diversas familias políticas con diversas visiones acerca del socialismo, como eran el socialismo humanista de Jean Jaurès, el socialismo gradualista de la Fabián Society, etc. La tendencia mayoritaria en la Segunda Internacional, no obstante, fue siempre la marxista, en sus diferentes versiones. Esta tendencia supeditaba la práctica reformista de los partidos socialdemócratas a una estrategia revolucionaria a más largo plazo.

Una corriente de pensadores rusos, llamados mencheviques, que pretenden mantenerse fieles a la ortodoxia marxista, tanto que están convencidos de que en Rusia no llegará la revolución hasta que no haya capitalismo puramente industrial y hasta que no haya proletariado. Una vez que el zar crea la Duma y comienza a surgir un movimiento burgués. Plejánov afirma que a raíz de la Duma se darán una serie de cambios que favorecerán la llegada del capitalismo y de la revolución obrera, por lo que pensarán que se debe participar en el nuevo juego político para acelerar la llegada de la revolución. Esto hará que los bolcheviques, liderados por Lenin, critiquen ferozmente a los mencheviques, aunque no dejarán de tener en cuenta que en Rusia no se cumplen los principales requisitos para el estallido revolucionario.

En 1902, Lenin publica su obra “¿Qué hacer?”, en el que sienta las bases de la acción bolchevique. Reconoce que no es un país capitalista, pero que forma parte una real capitalista europea. Aunque no exista en Rusia una burguesía propiamente dicha, las élites rusas comienzan a asemejarse a la burguesía europea. Al ser consciente de que

no existe un proletariado ruso, afirma que hay dos clases que se asemejan al proletariado: el campesinado y el ejército, los males tienen motivos suficientes para llevar a cabo la revolución. Así, Lenin intentará unificar a campesinos, obreros y soldados en una sola clase social, que será una clase explotada. Los individuos pertenecientes a esta clase serán los soviets. Afirma que no es necesario que todos estéis individuos tengan conciencia de clase, sino que es suficiente que estén acaudillados por élites que si tengan conciencia de clase la vanguardia del proletariado todo este sentará las bases de la revolución rusa, de carácter marxista- leninista , del año 1917.

9. Sindicatos, partidos e internacionales.

Tema 5: El Anarquismo.

1. Definición y antecedentes.

El anarquismo es una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado entendido como gobierno y, por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo, por considerarlas indeseables, innecesarias y nocivas. Sébastien Faure, filósofo anarquista francés, dijo: «Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista». Bajo una formulación tan simple, pocas doctrinas o movimientos han manifestado una tan gran variedad de aproximaciones y acciones, que no siempre fueron bien entendidos por la opinión pública. Históricamente hablando, el anarquismo se centra en general en el individuo y en la crítica de su relación con la sociedad, su objetivo es el cambio social hacia una futura sociedad, en palabras de Pierre-Joseph Proudhom, «sin amo ni soberano». No existe acuerdo académico en cuanto a una taxonomía de las corrientes anarquistas; algunos hacen una distinción entre dos líneas básicas de pensamiento, individualistas y comunistas; también es común señalar las cuatro corrientes más importantes, el anarquismo individualista, mutualismo, anarquismo comunista y anarcosindicalismo, y según algunas fuentes, también el colectivismo.

En su sentido actual, el vocablo “anarquismo” fue utilizado por primera vez en 180, cuando Pierre-Joseph Proudhom publicara su libro ¿Qué es la propiedad? Su origen está en la palabra griega ánarchós, que significa “sin señor” o “sin gobernante”. Desde la era clásica, la anarquía ha sido entendida como aquella situación en la que está ausente la autoridad, especialmente si, a causa de ellos, reina el desorden. Este sentido peyorativo no ha dejado nunca de estar en uso, y es aun fuente de confusiones y de falsas interpretaciones de la filosofía anarquista así como de los movimientos sociales en ella inspirados. Al propugnar un nuevo orden social, los anarquistas han

sido muy desafortunados eligiendo un término que es también sinónimo de caos. Pero el fenómeno de un grupo disidente y revolucionario que adopta arrogantemente el nombre con el que otros intentan degradarle es un evento bastante frecuente en la historia política y religiosa, como lo ilustra el caso de los protestantes.

La idea central de todo anarquismo es la negación de la autoridad, pública o privada,

y su sustitución por la cooperación y el acuerdo mutuo entre hombres libres. Aunque

ella no cubre más que una parte de esta compleja filosofía social, seguir sus vicisitudes es seguir la historia del anarquismo. Esta puede decirse que seguir comienza con la puesta en tela de juicio, puramente teórica, del estado, en el siglo

XVIII. Toda rebelión anterior a la Ilustración pretendía sustituir una autoridad por otra

y solo la filosofía de Rousseau esconde los gérmenes de una visión de la sociedad futura carente de autoridad.

El siglo XVIII, sin embargo, presencia una desacralización profunda de la autoridad en ciertos círculos más o menos intelectuales, lo cual significa que ésta pierde atributos mágicos para sus miembros y que puede comenzar a ser tratada con irrelevancia, condición previa al desarrollo de toda filosofía anarquistas.

Ello no es óbice para que algunos historiadores hallen antecedentes notables en las primeras comunidades cristianas, o en el movimiento anabaptista alemán del siglo XVI, o en las doctrinas comunistas de levellers y diggers durante la Revolución inglesa. Además los precedentes del anarquismo se confunden con los del socialismo, por lo menos hasta principios del siglo XIX. Y se confunden también con los del liberalismo: el anarquismo puede entenderse como un liberalismo llevado a sus últimos extremos de máximo individualismo y hostilidad contra el estado.

El primer planteamiento totalmente consciente del anarquismo y, por tanto, su escisión de la corriente socialista predominante, es el realizado por Pierre-Joseph Proudhom, quien negó tajantemente y, por primera vez, la validez de cualquier forma estadista de gobierno.

2. Las corrientes internas del anarquismo: Mijaíl Bakunin.

El anarquismo individualista o anarcoindividualismo es una tradición filosófica del anarquismo con un particular énfasis en la autonomía del individuo, sosteniendo que cada uno es su propio dueño, interactuando con los otros a través de la asociación voluntaria. El anarquismo individualista se refiere a algunas tradiciones de pensamiento dentro del movimiento anarquista que priorizan al individuo sobre toda clase de determinantes externos, sean grupos,

sociedad, tradiciones y sistemas ideológicos. El anarquismo individualista no es una única filosofía sino que alude a un grupo de filosofías individualistas que muchas veces están en conflicto entre sí. Las influencias más tempranas en el anarquismo individualista fueron los pensamientos de William Godwin, Henry David Thoreau(trascendentalismo), Josiah Warren ("soberanía del individuo"), Lysander Spooner ("ley natural"), Benjamin R. Tucker, Herbert Spencer ("ley de igual libertad") y Max Stirner (egoísmo). Es una de las dos principales categorías en que se divide el anarquismo, siendo la otra el anarquismo societario, social, colectivista o comunitario.

A rasgos generales, la corriente individualista del anarquismo hace hincapié en la libertad negativa, es decir, la oposición al control estatal o social sobre los individuos, mientras que las corrientes anarquistas con una visión colectivista, subrayan la libertad positiva para desarrollar las potencialidades de las personas, argumentando que los humanos tienen necesidades que solo la vida social puede satisfacer, "reconociendo la igualdad de derechos". Otra diferencia es que el anarquismo socialista defiende la propiedad común de los medios de producción con el objeto de eliminar la desigualdad económica, mientras que gran parte del anarquismo individualista tiende a preferir la propiedad privada de los medios de producción, y en algunos casos, propugnando el intercambio de bienes y servicios a través del mercado. Además, muchos anarquistas individualistas no se oponen a la desigual distribución de la riqueza, aceptándola como una consecuencia de la libre competencia. Aunque también desde el anarcoindividualismo se ha adherido al anarcocomunismo (Renzo Novatore) así como ha aparecido un cuestionamiento individualista a la idea de propiedad privada (Oscar Wilde). Agreguemos que, a diferencia del anarquismo comunista, el anarquismo individualista nunca fue un movimiento social, siendo más bien un fenómeno filosófico/literario. El anarquismo filosófico, es decir, el que no aboga por una revolución para eliminar al estado, "es un especial componente del individualismo anarquista."

Surge primero en Estados Unidos y luego en Europa en el siglo XIX, teniendo acogida especialmente entre autores y activistas estadounidenses quienes forman una tradición individualista nativa. Tuvo también un alto desarrollo en la década de 1920 en Francia y el Reino Unido.

El mutualismo es una antigua corriente del pensamiento anarquista, que puede ser atribuida a los escritos de Pierre-Joseph Proudhom, y que propone una sociedad futura sin Estado donde la propiedad de los medios de producción pueda ser individual o colectiva siempre que el intercambio de bienes y servicios represente montos equivalentes de trabajo. A partir de este esquema se construiría la sociedad mutualista

que funcionaría asociando de forma libre a los productores en federaciones de industria que organicen la cooperación y reemplacen a los empleadores, extiendan certificados de tiempo-trabajo y préstamos a sus miembros, se hagan cargo de los productos finalizados, pacten servicios de policía, intercambien con otros grupos de comercio para su beneficio mutuo a través de una federación central habilitando a sus miembros para utilizar su crédito, y asimismo asegurarlos frente a las pérdidas. El mutualismo está basado generalmente en la teoría del valor-trabajo que sostiene que cuando el trabajo o lo que este produce es vendido, en intercambio, este debe recibir bienes y servicios que abarquen "el monto de trabajo necesario para producir un artículo exactamente similar e igual utilidad". Recibir menos (o más) se consideraría explotación, robo de trabajo, o usura. El mutualismo también es crítico

con la intervención del gobierno y con la propiedad privada de bienes naturales y se le ha identificado muchas veces como una ideología económica a medio camino entre

la economía clásica —liberal— y el socialismo, con características de ambos.

El anarcocomunismo (también conocido como anarquismo comunista o comunismo libertario) es una tendencia filosófica y económica dentro

del anarquismo. Promueve la asociación voluntaria sin Estado, e igualitaria a través de la propiedad comunitaria o comunicación de los bienes y servicios. Estos serían distribuidos a cada persona por medio de una economía gestionada por la comunidad,

es decir, el comunismo entendido como comunidad de bienes.

El anarcosindicalismo es una de las ramas del anarquismo vinculada al movimiento obrero a través del sindicalismo. Es un método de organización y de lucha de

los trabajadores a través de sindicatos autónomos del poder político. Es el resultado de la síntesis del anarquismo y la acción sindical revolucionaria. Se diferencia de otros movimientos anarquistas en que su ámbito de actuación característico (aunque no exclusivo) es el mundo del trabajo, complementándose con otras organizaciones de similar ideología para la consecución de los fines perseguidos.

A partir de la guerra de los rusos contra el invasor napoleónico, su inmenso país se ve

sujeto a tensiones de una intensidad si par. Por una parte, ni el zar Alejandro I ni su sucesor Nicolás fueron capaces de abolir el sistema arcaico de poder y propiedad que dominaba Rusia y, por otra, el contacto con el Occidente europeo es demasiado

estrecho para que no surja un principio de industrialización y, sobre todo, para que no penetren toda suerte de corrientes políticas y filosóficas. Una de las personalidades más significativas que encontramos en el centro de los grandes procesos de cambio social que agitaron la sociedad rusa de aquel tiempo fue Mijaíl Bakunin. Su exilio por

la Europa occidental, junto al de muchos compatriotas suyos, trajo hacia Occidente

muchas de las ideas y tácticas revolucionarias altamente destructivas de la Rusia decimonónica. Mijaíl Bakunin representa el aspecto destructor de la llamada “acción directa”, es

decir, de la violencia política, dentro del movimiento y filosofía del anarquismo internacional. Bakunin se convirtió en discípulo y amigo personal de Proudhom, con cuyas teorías sobre la posesión de bienes no estaba de acuerdo, pero a quien consideraba como maestro supremo de la revolución. Tras la revolución de 1848, Bakunin fue a Praga, donde actuó en la revuelta que allí tuvo lugar contra los Habsburgo y se refugió en el Ducado de Anhalt, de régimen liberal, para escribir su

Llamada a los eslavos, manifiesto en el que exalta a todos los pueblos de aquella etnia

a que se alcen contra sus respectivos regímenes despóticos en una gran ola

destructiva. En Florencia, su casa era un lugar de internacional reunión y allí se

forjaron los planes de una Hermandad Internacional de revolucionarios, está se fundó

en Nápoles en 1865 y comenzó a crecer en complejidad y extensión.

La disciplina interna de la Internacional era estricta y en ello parecía contradecir los principios libertarios, de todas formas, el poder de esta primigenia Internacional anarquista fue más imaginario que real. Bakunin esperaba reforzarla con su presencia personal en el Congreso radial liberal de Ginebra, en septiembre de 1867, pero su posición era demasiado extrema para dirigentes como Giuseppe Garibaldi y otros miembros del Congreso. A pesar de ello, fue elegido miembro del comité central que había de preparar el segundo congreso.

El congreso subsiguiente sin embargo, no le siguió en sus exigencias revolucionarias

y Bakunin se separo de él, arrastrando consigo a sus más fieles, con ellos fundó la Alianza Internacional de la Social Democracia, que fue progresando mientras languidecía y desaparecía la Hermandad Internacional anterior. Bakunin consideraba que la actividad revolucionaria poseía poderes regeneradores y

purificadores. En los últimos años de su vida escribió textos incendiarios, tales como

el Catecismo revolucionario, en las que su culto a la destrucción es llevado al

máximo.

3. La Primera Internacional y el enfrentamiento Marx-Bakunin.

La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional de los trabajadores (OIT), fundada en Londres en 1864, agrupó inicialmente a los sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses e italianos republicanos. Sus fines eran la organización política del proletariado en Europa y el resto del mundo, así como un foro para examinar problemas en común y proponer líneas de acción. Colaboraron en ella Karl Marx, Friedrich Engels y Mijaíl Bakunin. Las grandes tensiones, fruto de las diferencias programáticas existentes entre Marx y los partidarios del socialismo científico, y Bakunin y los partidarios del anarquismo colectivista, llevaron a la escisión entre ambos sectores: marxistas y bakuninistas. Considerando los primeros en favor de la formación de una internacional de partidos obreros fuertemente centralizados, con un programa de mínimos basado en la lucha por conquistas sociales y laborales concretas, y uno de máximos basado en la lucha

por la revolución social a través de la conquista del poder del Estado. Y los segundos en favor de un modelo revolucionario basado en la organización asociativa- cooperativa (federalismo social) que rechaza el poder centralizado, por ende el monopolio de la violencia. En 1872 el Consejo General de la AIT se traslada desde Londres, donde está ubicado desde sus inicios, a Nueva York, disolviéndose oficialmente en 1876. En 1889 se establece la Segunda Internacional, de corte socialdemócrata, como la sucesora en sus fines políticos, y que durará hasta 1916, y en 1922 aparece la Asociación Internacional de los Trabajadores, organización anarcosindicalista, que pretende recoger el testigo del ala libertaria y que llega hasta la actualidad.

La Primera Internacional fue considerada como uno de los factores que condujeron a

la creación de la Comuna de París de 1871. Aunque esta idea es disputada, Marx hizo

un escrito en relación con la defensa de la Comuna. Publicado como La Guerra Civil en Francia (1871), reúne el primer (julio 1870) y segundo manifiestos (septiembre 1870) del Consejo General la AIT y el manifiesto de junio de 1871, escritos por Marx.

Nace como respuesta a la explotación que sufren los trabajadores como consecuencia de la revolución industrial. Su objetivo es lograr un orden social más justo e igualitario luchando contra el capitalismo. Es un símbolo de solidaridad internacional entre los obreros por encima de las fronteras.

En 1862, dirigentes sindicales ingleses (provenientes de la Trade union) y franceses se reunieron en Londres con ocasión de una exposición internacional. Allí fraguó la idea de una organización obrera internacional. Dos años después, en 1864, reunidos en Saint Martin's Hall (Londres), formaron un comité cuya misión fue redactar un programa y unos estatutos para una Asociación Internacional de Trabajadores que, posteriormente, fue conocida con el nombre de Primera Internacional. Los estatutos por los que se constituye formalmente la definen como "un centro de cooperación y comunicación entre los obreros de diferentes países", regida por un consejo general "compuesto por obreros pertenecientes a los países representados", fueron aprobados en 1866. No consiguió una adscripción masiva, de hecho no fue casi conocida hasta los sucesos de la comuna de París, aunque en Francia sí consiguió una gran implantación gracias a "Tolain", que aunque discípulo proudhoniano, sí estaba a favor de una organización formal (formó parte del comité). En España no tuvo repercusión hasta la llegada de Fanelli, enviado por la sección anarquista de la Internacional, que consiguió una muy modesta implantación en Barcelona. La sección marxista fue introducida en España por Lafarge, consiguiendo implantarse en Madrid

y posteriormente en la Cornisa Cantábrica aunque con una afiliación igualmente

modesta. La posterior escisión se manifestará también en España, siendo mayoritaria

la posición anarquista.

En el V Congreso de la AIT (1872) se produjo la escisión entre marxistas y bakunistas, primera gran separación entre los defensores de los trabajadores. Los puntos fundamentales del enfrentamiento entre Marx y Bakunin eran los siguientes:

Distinta concepción de la A.I.T.: Bakunin pretendía que la Internacional fuera una coordinadora de movimientos social-revolucionarios autónomos y sin órgano de dirección común. Para Marx, en cambio, la I Internacional debía tener una función centralizadora, unificadora y rectora del movimiento obrero.

Visión de la Historia: la concepción histórica marxista se basa en el materialismo histórico, que plantea la historia como una lucha de clases a lo largo de la historia entre propietarios de los medios de producción y no propietarios, entre explotadores y explotados. Esta lucha se ejemplifica a lo largo de la historia en la oposición entre: esclavos y latifundistas en la Antigüedad Clásica, siervos y señores feudales en la Edad Media y proletariado y burguesía en el Capitalismo (en tiempos de Marx). Bakunin centra su atención en el hombre concreto y en su libertad, al que considera capaz de vencer las fuerzas de la historia.

Conflicto entre anarquía y dictadura del proletariado: la doctrina marxista postulaba una situación transitoria: la dictadura del proletariado (es decir, un Estado obrero), para Marx el socialismo debía ser consecuencia de un capitalismo bien avanzado y de una clase obrera madura y organizada que bajo la dirección de un partido alcanzaría el triunfo revolucionario. La oposición de Bakunin a toda autoridad o autoritarismo, aunque sea provisional, le lleva a rechazar todo tipo de Estado, inclusive uno gobernado en nombre del proletariado. Creía en la revolución inmediata y espontánea; para llevarla a cabo confiaba en las masas trabajadoras en su conjunto, sin atribuir un papel rector al proletariado industrial. Al igual que Louis Auguste Blanqui defendía la insurrección armada, considerando que todo cambio social no debía ser la conquista del poder sino la destrucción del mismo y de todo estado. Sin embargo, la dictadura del proletariado lleva implícita, para

Marx, la idea de reforzamiento provisional del poder del Estado, que irá desapareciendo gradualmente para dejar paso a la sociedad sin clases, la sociedad comunista.

Intervención política: la aceptación de los marxistas del juego político (participación electoral) supuso la participación (allí donde era posible) en las elecciones, premisa esta rechazada por Bakunin, que no acepta la participación en el juego político burgués, proponiendo la creación de sindicatos en lugar de partidos políticos. Esto explica en parte la mayor implantación del marxismo en países donde era posible participar en la política y conseguir mejoras en las condiciones de vida de los obreros, mientras que el anarquismo tiene mayor implantación allí donde la participación en la vida política de los trabajadores es imposible.

4. La alianza internacional.

La Alianza Internacional de la Democracia Socialista fue una organización de carácter anarquista fundada el 25 de septiembre de 1868 por Mijaíl Bakunin en Ginebra, Suiza.

El programa de la Alianza reivindicaba una serie de reformas que constituían la base de la doctrina política de Bakunin: la supresión de los Estados nacionales y la formación en su lugar de federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales; la abolición de las clases sociales y de la herencia, la igualdad de sexos y la organización de los obreros al margen de los partidos políticos. Sin embargo, se rechaza la entrada de la Alianza en la Asociación Internacional de los Trabajadores o Primera Internacional, por ser una organización internacional, cuando sólo se admitían organizaciones nacionales. Por esa razón, la Alianza se deshizo y sus miembros se integraron separadamente en la Internacional, conformando entonces el ala libertaria de esta organización cuya influencia se extendió por los países latinos como España, Francia e Italia y la región suiza de El Jura y que más tarde entraría en conflicto con el ala marxista.