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Taller de Estudios Marxistas
 INTRODUCCIÓN…………………………………………….….pág. 2  TESIS DE RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA
El proletariado, clase revolucionaria……………………………pág. 4 Vanguardia y clase…………………………………………………….pág. 6 Partido y vanguardia………………………………………………….pág. 11 Vanguardia y masas………………………………………………...pág. 14 La línea de masas para la reconstitución del P.C……..pág. 16 La tesis de Reconstitución……………………………………….pág. 17

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Partido Comunista Revolucionario  CARTA A UN CAMARADA SOBRE NUESTRAS TAREAS DE ORGANIZACIÓN………………………………………………………..pág.23 V.I Lenin  UN PASO ADELANTE, DOS PASOS ATRÁS: ARTÍCULO PRIMERO DE LOS ESTATUTOS………………………………..pág.30 V.I. Lenin

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En los primeros años de la crisis capitalista, las organizaciones revisionistas y oportunistas pusieron en marcha sus mecanismos para la “acumulación de fuerzas”. Estas consistieron en reclamar a los sindicatos mayoritarios, los que mejor representan la integración en el régimen de un sector de la clase asalariada, que convocasen una huelga general para generar una especie de movilización sostenida y ascendente que a través de demandas inmediatas generasen el cambio “revolucionario”, generalmente republicano, en la sociedad. Desde entonces se han convocado tres huelgas generales, a nivel estatal, sin que el revisionismo haya logrado dar un solo paso hacia adelante en esa acumulación. Entre éstas, además, estalló un enorme movimiento espontáneo de masas, preñado, como no podía ser de otro modo ante la ausencia de referente revolucionario, de prejuicios burgueses y demandas reformistas, en donde el revisionismo no hizo nada, salvo propagar sus esperanzas electoralistas entre quienes estaban hartos del parlamento y sus gestores; demostrando con ello quienes hegemonizan nuestro movimiento los enormes límites que encuentra su caricaturizada flexibilidad táctica. Con todo este panorama social, apenas el oportunismo más apegado al régimen ha logrado recibir los apoyos electorales de las bases sociológicas de los socialistas (pequeña burguesía y aristocracia obrera), desgastados por ser quienes iniciaron el proceso de reconfiguración del marco político y social en el Estado español dentro del proyecto interimperialista europeo. Pero ni el revisionismo ha avanzado dentro de esos organismos odiados por las masas y que no alcanzan más que a luchar para que la burguesía financiera les incluya en el nuevo reparto de la dictadura del capital (ahí están CCOO y UGT pidiendo que se cree riqueza); Ni el revisionismo ha generado el “partido” que uniese a los comunistas acabando en abortos, una vez más, los distintos procesos de unidad, que lejos de recuperar la concepción leninista del partido, ahondan aún más en lo que nos ha legado el revisionismo, la concepción de que el partido es un grupo que interviene para dirigir las demandas parciales de la clase; Ni el revisionismo ha alcanzado a dirigir ningún movimiento de masas a los que ahora incluso se refiere como formas de “poder popular”. En definitiva, los que reclaman que las tareas actuales de la revolución son las de conquistar a las grandes masas realizando para ello una práctica que se basa en la teoría de que es posible acumular fuerzas para la revolución desde los intereses inmediatos de las mismas, que son incapaces de comprender la relación dialéctica, contradictoria, entre vanguardia y masas y a su vez el contenido político concreto que determina en cada situación las tareas a resolver por parte de la vanguardia para unirse a esas masas; todos estos precursores teóricos de la práctica sindical, parlamentaria y de “unidad comunista” han mostrado que, a pesar de ser mayoritarios entre nuestras filas, son incapaces de construir nada. Se encuentran, por tanto, en bancarrota. Sin duda, esta situación que atraviesa nuestro movimiento ha de espolearnos a los militantes comunistas, y en especial a la juventud, a volcarnos en el estudio crítico de nuestra experiencia histórica, en la formación a través del balance, la crítica y la autocrítica, puestas todas ellas en la perspectiva de construir esos instrumentos de la Revolución Socialista que el revisionismo, con su práctica, retarda y obstaculiza. En este sentido, desde la JCZ entendemos que la discusión en el seno de la vanguardia ha progresado con respecto a los últimos años. Cada vez somos más los camaradas que señalamos que el Partido Comunista, entendido en el sentido leninista, no existe. Y no solo eso, sino que se empiezan a dibujar posiciones cada vez más claras en torno a cómo se constituye este instrumento clave para iniciar la guerra revolucionaria contra la burguesía que es el partido de nuevo tipo. Por ello, en este contexto de avance de posiciones dentro del movimiento comunista, en los que cada vez más destacamentos y camaradas rompen con el revisionismo oficial y oficioso, hemos decidido incluir en nuestro Taller de Estudios Marxistas, junto a algunos textos fundamentales de V.I. Lenin que dan continuidad a nuestro anterior encuentro, la “Tesis de Reconstitución del Partido Comunista”, pues es un texto clave para abordar el debate sobre cómo reconstituir los organismos sociales que nos permitan construir la Revolución Socialista en el Estado español, como base de apoyo de la Revolución Socialista Mundial. Juventud Comunista de Zamora Julio 2013 3

PCR TESIS DE RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA
El proletariado, clase revolucionaria
Casi en el mismo momento en que aparecieron las clases en la sociedad, esa división según la cual unos hombres viven de la explotación y del trabajo de otros hombres, surgió en la conciencia social la necesidad de la emancipación, de la supresión de esa explotación y de la opresión que ésta llevaba consigo. Espartaco, en la época del esclavismo, o Münzer, para la era feudal, encabezaron movimientos cuyo fin era la liberación de los esclavos y de los siervos. Ambos simbolizan la conciencia de la emancipación de los oprimidos en la historia anterior al capitalismo, ambos supieron penetrar la naturaleza antagónica de las relaciones sociales de su tiempo y reducir al máximo el carácter irreconciliable de esas relaciones sociales: el enfrentamiento entre poseedores y desposeídos, el enfrentamiento entre ricos y pobres, independientemente de la forma que este enfrentamiento revistiera en cada época histórica. Pero igual que las condiciones materiales de la sociedad permitían abrir a la conciencia del hombre las ideas de emancipación, también le imponían un límite acorde con el insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas. No sólo el lenguaje místico-religioso con el que estaba expresado casi siempre ese programa de liberación (sobre todo en el caso de la mayoría de las revueltas campesinas antifeudales), sino principalmente el programa mismo, que no daba más alternativa al esclavo que la huida ni al siervo otra salida que convertirse él mismo en propietario individual y privado de la tierra que trabajaba (y, por consiguiente, promovía la perpetuación de las clases), ponían de relieve aquel límite. Es con el capitalismo, modo de producción que desarrolla las fuerzas productivas a una velocidad nunca vista, cuando la producción va adquiriendo un carácter social tal que implica a todos sus componentes en la economía y va integrándolos por lazos económicos de interdependencia y cuando surge una nueva clase de explotados que son jurídicamente libres y que crean toda la riqueza pero que no poseen nada, el proletariado, es en esta época cuando se crean las condiciones objetivas para la verdadera emancipación de la humanidad y cuando su programa de justicia y libertad puede ser formulado científicamente. Ni al esclavo ni al siervo le libran de su mísera situación la lucha permanente y a veces heroica contra su amo y su señor. Es la propia desintegración del régimen esclavista junto a la importación de relaciones sociales nuevas en el mundo antiguo, para el primer caso, y la entrada en juego de una clase social que se había ido desarrollando en esferas secundarias de la sociedad (la burguesía), para el caso del feudalismo, lo que soluciona definitivamente la cuestión de la superación de los viejos modos de explotación. No es directamente la lucha de clases entre los productores que cargan sobre sus hombros la creación de la riqueza y quienes se apropian de ella lo que resuelve el problema de la explotación social, sólo sus formas. Por eso, la historia de la humanidad anterior a la aparición del proletariado se resume en el simple cambio de las formas de explotación, en el simple relevo de unas clases por otras (tanto de explotadores como de explotados) y de unos modos de producción por otros en el escenario de la sociedad. Y es en estos términos como se expresa, desde el punto de vista político, la contradicción que comparten todas las formaciones socio-económicas precapitalistas, según la cual la supresión de las relaciones sociales de explotación, de las que los oprimidos van tomando conciencia, no es obra suya ni de su lucha de clases, sino de la entrada en acción de otras fuerzas sociales ajenas a las que constituían el eje central de aquellas formaciones (la relación amo-esclavo o la existente entre el siervo y el 4

señor). Esta contradicción, sin embargo, esta separación que el desarrollo social había interpuesto entre la conciencia del explotado y su programa de emancipación, por un lado, y los resortes y los medios para eliminar esa explotación y cumplir el programa liberador (básicamente la lucha de clases), por otra, será superada cuando el feudalismo deje paso al capitalismo, el señor se convierta en burgués y el siervo en proletario. Efectivamente, el capitalismo va eliminando poco a poco todas las viejas formas de producción o va asimilándolas y supeditándolas bajo su mando y, con ello, va convirtiendo a todos los productores en asalariados o sometiéndolos a las férreas leyes del mercado capitalista. La ley general de acumulación capitalista transforma progresivamente todas las relaciones sociales en relaciones capitalistas y divide a los productores, de una manera radical, en propietarios que monopolizan los medios de producción que cada vez van siendo menos y más poderosos y en no propietarios que sólo tienen su fuerza de trabajo. El capital socializa la producción, parcializa al máximo los pasos necesarios para la producción de una mercancía e implica a un número creciente de hombres en ese proceso, a la vez que desplaza al productor directo e individual. La división social del trabajo se profundiza al mismo tiempo que la organización de toda la producción social se concentra en cada vez menos manos. La satisfacción de las necesidades personales deja de ser una cuestión individual y pasa a ser un asunto social. La contradicción entre la progresiva socialización de la producción y su forma privada de apropiación se desarrolla y agudiza, impregnando todas las esferas de la sociedad. Los problemas de la explotación y de la opresión, propias de toda sociedad de clases, adquieren un nuevo contenido y, al mismo tiempo, reclaman una nueva solución. El trabajo esclavo sostenía una sociedad parasitaria de nobles y gentiles que no lo reconocían como parte integrante de su vida política. La liberación del esclavo pasaba por la manumisión (es decir, el convertirse en parásito), la huida o la muerte por extenuación. El siervo alimentó el ocio y las correrías guerreras de las mesnadas feudales durante siglos, mientras el campesino luchaba por desembarazarse de su condición servil y emanciparse como clase (convertirse en propietario libre de la tierra). Pero esta emancipación era la de una clase que ambicionaba convertirse en clase independiente. No significaba la supresión de las clases. De la emancipación campesina surgió el capital y el capital engendró al proletariado. La meta de esta nueva clase sólo podía estar orientada por el camino de la emancipación de su misma condición de clase y, con ello, de la liberación de toda la humanidad de la división en clases, de la supresión de las mismas y de la supresión de todo el oprobio y la miseria que lleva consigo. El capital proletariza a toda la humanidad y, a la vez, la expropia de sus medios de vida. El proletariado sólo tiene que expropiar a los expropiadores para que todos los hombres vuelvan a ser dueños de sí mismos y de su destino. Por primera vez en la historia, la posición especial de una clase permite que la apropiación de sus medios de vida acarree la desaparición de la propiedad privada y de las clases, y que la sociedad pueda ser organizada no por el imperio de la necesidad, sino según la asociación libre de sus miembros, que dejan de depender de los medios y del producto de su trabajo y pasan a ser soberanos y sujetos plenos de sus vidas. Pero esta tarea plantea nuevas exigencias y nuevos problemas relacionados con los instrumentos y con los medios de los que el proletariado debe dotarse para cumplir esa misión histórica. El primero y principal es el de la lucha de clases. El proletariado, a diferencia del resto de las clases explotadas a lo largo de la historia, puede establecer una correlación positiva entre la implementación de su lucha de clase y el programa de autoemancipación y de emancipación de la humanidad de la explotación y de la opresión, puede establecer un camino directo entre su lucha como clase y la destrucción de las clases. Para ello, sin embargo, necesita destruir el poder político del capital (Revolución Proletaria) e implantar el suyo para construir una nueva sociedad sobre bases diferentes (Comunismo). Pero para que el proletariado pueda convertirse en una fuerza política necesita primeramente constituirse en partido político. 5

Una de las peculiaridades históricas de la clase proletaria es que a su condición de clase va aparejada paralela y simultáneamente su condición de partido político. Efectivamente, el proletariado aparece en la historia como clase no cuando la burguesía comienza a producir en forma capitalista y a expropiar y convertir en asalariados a los productores, ni siquiera cuando la industrialización en masa de la economía convierte a la gran mayoría de los productores en asalariados; la clase obrera surge en la historia cuando esos asalariados o sus representantes más avanzados adquieren conciencia de que constituyen una clase aparte con intereses propios y opuestos a los de las demás clases de la sociedad. Entonces, se organizan como clase: tratan de luchar por las mismas reivindicaciones, tratan de unir esas luchas, tratan de crear sus organizaciones unitarias para la defensa de sus intereses, etc. Estas luchas y este afán unitario por la defensa de sus intereses comunes es el motor del movimiento obrero. En este sentido, el proletariado es clase porque, en su movimiento, adquiere conciencia de sí misma como tal clase, de su peculiaridad social y económica; pero todavía no tiene conciencia de su papel histórico como clase. El proletariado, en esta etapa, ve lo que es, pero aún no lo que debe ser; toma conciencia de clase, pero todavía no ha adquirido conciencia de clase revolucionaria. Ciertamente, el propio marco de la sociedad burguesa puede dar cabida, sin sentirse subvertida, a la organización política de una parte de su cuerpo social. De hecho, la burguesía no niega ni puede negar la existencia de las clases, ni de intereses sociales dispares, ni de la organización política para la defensa de esos intereses. Y, de hecho, como dijo Marx el surgimiento del proletariado como clase desde la centralización de sus luchas en una lucha nacional y, por lo tanto, en una lucha de clase, significa, también, el nacimiento del proletariado como partido político, pues "toda lucha de clase es una lucha política". Pero el carácter de esta lucha política se corresponde con el carácter del estado de conciencia y organización de la clase en el nivel de desarrollo relativo a su reciente formación como clase social; es decir, se corresponde con el nivel de conciencia y organización como clase que es consciente "de sí misma" y no todavía "para sí misma". Por eso, el contenido político de los programas y de la actividad de las organizaciones obreras, en esta fase de desarrollo, es principalmente económico y reivindicativo, reformista. Este contenido político se corresponde, desde el punto de vista de la sociedad en general, con el desarrollo aún ascendente del capitalismo, y desde el punto de vista de la clase proletaria en particular, con el período de acumulación cuantitativa o de "acumulación de fuerzas" previo al salto cualitativo, paralelo a la entrada del capitalismo en su etapa imperialista o de crisis general, que pone en el orden del día la Revolución Proletaria. En este período, la conciencia y la organización espontánea, economicista o tradeunionista, del tipo sindical o del tipo del viejo partido obrero reformista (socialdemócrata), ya no está a la altura de las necesidades de la clase obrera: en este período es precisa la organización política de nuevo tipo del proletariado. Esta organización política de nuevo tipo es el PC, que comienza a surgir cuando el proletariado, principalmente a través de su sector más avanzado, adquiere conciencia revolucionaria. De hecho, el PC es consecuencia de este paso histórico y, al mismo tiempo y una vez creado, es también su causa; es decir, el PC surge porque la clase ha empezado a comprender su papel revolucionario, y surge como instrumento que la clase se da a sí misma para asumir y cumplir plenamente ese papel.

Vanguardia y clase
La conciencia revolucionaria es la ideología revolucionaria, el cuerpo de ideas que expresa su superior autoconciencia como clase y que expone su programa de objetivos a cumplir. La ideología del proletariado es el Comunismo, entendido éste como la síntesis de la experiencia de su lucha de clase con los progresos más avanzados del saber universal. El Comunismo como ideología revolucionaria fue fundado por Marx y Engels y desarrollado por Lenin y la posterior experiencia 6

de construcción del Socialismo. Todo este bagaje teórico debe ser llevado a la clase proletaria para que su movimiento o su lucha de clase se transforme en un movimiento o en una lucha revolucionaria. El proletariado es la clase de vanguardia de la sociedad moderna porque la historia le ha encomendado una misión emancipadora que hasta ahora nadie estaba en condiciones de realizar. El proletariado necesita, pues, una ideología de vanguardia, y esta ideología es la que le da el Marxismo-Leninismo, porque es la única teoría capaz de revelar al proletariado tanto el papel que debe cumplir y asumir como sus fundamentos científicos. El Marxismo-Leninismo o el Socialismo Científico es, por tanto, la ideología del proletariado, el Comunismo, y no alguna de esas teorías pequeñoburguesas radicales que compiten con él (por ejemplo, el llamado "comunismo libertario" o el comunismo de especímenes políticos como Anguita) para desviar al proletariado de su verdadero horizonte revolucionario. Porque la verdadera teoría revolucionaria sólo puede referirse a una clase, a la única clase verdaderamente revolucionaria. Quienes emponzoñan el comunismo con falsas ilusiones, quienes eluden el conocimiento del desarrollo social y el deber de utilizar sus leyes para empujar su progreso y lo sustituyen con falsas utopías, quienes niegan el papel protagonista del proletariado en ese progreso sustituyéndolo con vagas recetas espontaneístas o reformistas, son los primeros enemigos del Comunismo porque disuelven y eliminan lo que es esencial en él: su carácter de clase. El Comunismo como conciencia de la clase proletaria es elaborado fuera de la clase, fuera de su movimiento. La ideología de vanguardia del proletariado debe ser asimilada por el sector de vanguardia del proletariado y luego debe ser llevada al resto de las masas obreras. Sólo así, sólo cuando la conciencia revolucionaria sea llevada al movimiento proletario, éste podrá transformarse en movimiento revolucionario. El PC es, entonces, la unidad de la vanguardia proletaria con el movimiento obrero de masas, cuando este movimiento alcanza un nuevo estado de conciencia, el de la ideología revolucionaria, el del Comunismo. Pero la conciencia comunista no la adquiere el proletariado con su movimiento espontáneo, con ese tipo de movimiento que le convirtió en clase, que le ayudó a tomar conciencia de sus intereses económicos particulares. Ese nuevo estado de conciencia sólo le puede llegar desde fuera de la lucha espontánea que desenvuelve como clase. Esa nueva conciencia sólo puede aportársela su vanguardia, aquel sector de la clase que ha sido capaz de asimilar la concepción del mundo más avanzada, la concepción del mundo capaz de englobar todos los logros del pensamiento y del saber humano. Con su movimiento espontáneo, la clase obrera no puede superar el marco de la ideología burguesa, el salto cualitativo hacia la ideología comunista sólo puede darlo a través de su vanguardia. Pero, para ello, el primer paso que debe dar la vanguardia es el de convertirse en parte de la Clase. Por las características intelectuales de la teoría comunista, que se basa en profundos conocimientos científicos, el obrero medio, debido a su desventajosa situación material en la sociedad capitalista, se encuentra prácticamente imposibilitado para adquirir, por sí mismo, esos conocimientos o, siquiera, la posibilidad de comprender profundamente la visión general de la ideología comunista. Esta peculiaridad explica que, en muchos casos, quienes se encuentran en condiciones de adquirir esos conocimientos y de comprender el Comunismo sean miembros de otras clases. Uno de los grandes logros de la lucha de la clase obrera fue el de obligar a la burguesía a generalizar la enseñanza de los hijos del proletariado, llegando a un nivel de formación bastante importante (enseñanza media), cosa que permitía a los futuros proletarios adquirir conocimientos más amplios y generales y, en consecuencia, a estar más en disposición de comprender el Comunismo. En la actualidad, sin embargo, la burguesía, probablemente debido a las condiciones de repliegue del movimiento obrero señaladas más arriba, está consiguiendo recuperar terreno en este campo, a través de la reforma de la legislación educativa en el sentido de que la enseñanza sea cada vez más técnica, especializada y parcial, sustrayendo de los programas las visiones integradoras de la realidad, sobre todo el marxismo. En cualquier caso, el conocimiento de la ideología comunista requiere una actividad 7

intelectual más o menos permanente, se sea o no de origen obrero, lo cual, en una sociedad clasista con una profunda división del trabajo, hace inevitable que se plantee la cuestión de la contradicción entre trabajo manual e intelectual. Teniendo en cuenta que este último es prácticamente monopolio de la clase dominante, de la burguesía, esa contradicción se plantea, objetivamente, como contradicción entre dos clases. Por esta razón, el intelectual revolucionario, sea obrero o no, para convertirse en vanguardia de la clase debe formar parte de ella. No basta con proclamarse revolucionario, solidarizarse con los explotados y los oprimidos y presentarles un programa de emancipación; no es suficiente con querer emancipar a la clase proletaria. La historia ha dado muchos ejemplos, todos fracasados, de este método de liberación de la clase. El socialismo utópico es el más destacado de todos ellos. La diferencia definitiva entre el socialismo utópico y el científico, el marxismo, es que éste supo comprender que la emancipación de la clase no puede llegarle desde fuera, sino que tiene que ser una obra de autoemancipación del proletariado mismo. Y esto sólo es posible si quienes aportan a la clase trabajadora la ideología que le abra las perspectivas de su liberación son miembros de la propia clase, independientemente de su origen social. Sólo así podrán ser vanguardia proletaria y, por tanto, parte de esta clase, sólo así podrán actuar como verdaderos revolucionarios y no como bienintencionados reformadores. La vanguardia se convierte en parte de la clase cuando se dirige hacia ella y se funde con ella en PC. De esta manera, se salvan las contradicciones antagónicas de naturaleza clasista entre la vanguardia y la clase, primero, y dentro del Partido después. Las diferenciaciones y divisiones del trabajo en el interior del Partido debidas bien a la necesaria centralización de la dirección política, bien a la especialización en el trabajo, adoptan, así, un carácter exclusivamente funcional, en absoluto jerárquico o social. En definitiva, los primeros retos a los que deben enfrentarse los elementos políticamente más avanzados de la sociedad moderna, sus elementos revolucionarios, son los de estudiar, formular y asimilar la teoría de vanguardia en todos sus desarrollos, conseguir que ésta entre a formar parte del movimiento de la clase proletaria. Estos retos se resumen en una sola tarea: la constitución del PC.

Partido y clase
La integración de la vanguardia en la clase se expresa políticamente como Partido Comunista, e históricamente como movimiento de la clase hacia la posición política de la vanguardia, la posición política del Comunismo. El PC no surge, entonces, de las masas o del movimiento espontáneo de las masas proletarias, pero sí surge, necesariamente de la clase proletaria. Es preciso distinguir conceptualmente la idea de masas de la de Clase. Las masas forman parte de la clase, pero la abarcan en su totalidad. La vanguardia es otro de sus componentes esenciales. Cuando la vanguardia portadora de la ideología de vanguardia se integra en la Clase y se une a su movimiento de masas, surge el PC Por eso decimos que este partido es un producto de la clase proletaria, aunque no de su movimiento de masas espontáneo. Por eso decimos que no hay PC sin esa síntesis entre vanguardia y masas dentro de la Clase, aunque la vanguardia pueda preexistir como en la actualidad preexiste y así se puede constatar en los numerosos círculos marxistas-leninistas que hoy están organizados y que son producto de la desintegración del revisionismo desconectada del movimiento obrero y, por tanto, sin formar parte orgánica de la clase. De hecho, esta situación es una etapa necesaria y previa a la consecución del PC: es la etapa de Reconstitución del Partido, etapa que se caracteriza por que la vanguardia pugna por formar parte integrante de la clase, cosa que sólo es posible constituyéndose en PC. 8

El proletariado es una unidad entre conciencia y movimiento. Como ya se ha dicho, en la fase de su aparición todavía no era una clase. Eran los tiempos de la desintegración del feudalismo, del auge del capital comercial y de la incipiente manufactura. Los proletarios existen desperdigados, son un subproducto de la disolución de las relaciones feudales y tienden constantemente a volver a las viejas formas de producción familiar o gremial. Pero cuando el capitalismo se apropia cada vez más de las esferas productivas de la economía y empieza a dominar toda la producción social y, sobre todo, cuando el capital introduce la máquina en la producción, la tendencia a la proletarización de los productores se hace dominante y se inicia la resistencia más o menos organizada de los asalariados. Al principio ésta lucha es local o individual, pero se va extendiendo y organizando a escala nacional. Los proletarios van tomando conciencia de que son una clase con intereses especiales que se enfrenta a otra clase, la de los patronos. La pugna toma, cada vez más, las connotaciones de un enfrentamiento entre clases y, cada vez más, dimensiones políticas. En esta fase del movimiento el proletariado se constituye como clase y se organiza políticamente como clase (sindicatos, partidos obreros). A este grado del desarrollo del movimiento corresponde un tipo de organización y un tipo de conciencia política. El proletariado es ya una clase social plenamente configurada y sus acciones responden a una determinada conciencia política independiente. Actúa, por tanto, como partido político. Sin embargo, esta conciencia y esta organización política señalan que todavía el movimiento proletario se encuentra dentro del marco burgués, todavía presuponen las relaciones sociales capitalistas como condiciones incuestionables; el movimiento del proletariado fundamentado en la lucha de "clase contra clase" todavía se limita a la reproducción de las condiciones de esa lucha sin otra salida que desarrollarla infinitamente. Por eso, la lucha política de la clase proletaria se centra sólo en adquirir ventajas para esa lucha, se centra en reformas y emplea la huelga o la legalidad parlamentaria para conseguirlas o refrendarlas. El movimiento proletario sólo puede dar un salto cualitativo nuevo y tomar un nuevo curso acorde con las posibilidades de su acción político y con sus metas históricas cuando la concienciación revolucionaria se introduzca en su movimiento presentándole sus nuevos y verdaderos objetivos políticos y cuando esto cristalice en un nuevo tipo de organización política de la clase obrera; en definitivo, cuando el movimiento proletario se dirija hacia el Comunismo, cuando la clase obrera que actúa como partido político burgués tienda a transformarse en organización política comunista, cuando la clase como movimiento político de resistencia se transforme en movimiento revolucionario, primero de manera incipiente (PC), después de forma que abarque a toda la Clase (sociedad comunista). En su lucha de clase contra la burguesía, el proletariado pugna constantemente por dotarse de este tipo nuevo de organización, que acompaña a la paulatina toma de conciencia de su papel revolucionario. En esa lucha, la pervivencia del tipo de organización reformista expresa que el proceso de elevación consciente de las masas hacia la posición de vanguardia comunista es necesariamente gradual, que no se produce de golpe, a través de un sólo acto político para toda la clase la constitución del PC, por ejemplo, sino de varios acontecimientos históricos constitución del PC, más la conquista revolucionaria del poder, más el cumplimiento de las tareas de la Dictadura del Proletariado, por un lado; y que la burguesía, a través del apoyo a esas viejas organizaciones, trata de contener y frenar la transformación y el paso de la conciencia y de la organización obrera de su estadio reformista al estadio revolucionario, por otro; con lo que la vieja organización obrera se transforma, objetivamente, en su contrario, pues deja de defender los intereses estratégicos de la clase obrera y pasa a defender los de la burguesía, y consuma, con ello y a través de sus direcciones oportunistas y revisionistas, la traición histórica de la socialdemocracia al proletariado. Por esta razón e independientemente de las maniobras tácticas que exija todo proceso revolucionario en circunstancias concretas, la socialdemocracia y el revisionismo se han convertido en el principal enemigo de la Revolución, tanto en su primera etapa o de constitución del PC, porque tratan de desvirtuar la ideología de vanguardia y de dificultar el deslindamiento de campos con la ideología burguesa, como en la etapa de ganar a las masas para la Revolución y de conquistar el poder, porque sirve de correa de transmisión de la burguesía dentro de la clase obrera 9

y porque trata de neutralizar la transformación y la organización revolucionaria de las masas. Si la conversión del proletariado en clase y en partido obrero tiene lugar a través de la dialéctica o lucha de "clase contra clase", de su lucha contra la burguesía por la defensa de sus reivindicaciones inmediatas, la conversión del proletariado en clase revolucionaria y en PC tiene lugar a través de la dialéctica entre vanguardia y masas dentro de la clase, pues la vanguardia es la que transforma y la única que puede transformar la lucha de clase general del proletariado en conciencia y organización revolucionarias. En otras palabras, si el motor del movimiento proletario en su etapa de conformación como clase era la confrontación directa con la otra clase (la burguesía), confrontación que permite la delimitación de los campos sociales o políticos entre ambas y la unidad del proletariado como sujeto económico, en la etapa de transformación del movimiento obrero en movimiento revolucionario (Revolución Proletaria), el motor pasa a ser la acción recíproca entre la vanguardia ya integrada en la clase y las masas del proletariado: en resumidas cuentas, el motor de la elevación de la Clase hacia el Comunismo pasa a ser el PC. El PC no es algo separado de la clase, no es algo que se le da a ésta desde fuera o que se dirige a ella desde fuera, el PC es la relación que existe entre la vanguardia y las masas de la clase en la Revolución, relación que encuentra una unidad y halla una cristalización orgánica diferente en cada una de las etapas de la Revolución. El concepto de Clase y el concepto de Partido no deben ser entendidos separadamente, desde una relación de exclusión, a la manera metafísica, sino como los dos aspectos de una unidad dialéctica, como los dos aspectos de una entidad histórica determinada, el proletariado, cuyo papel revolucionario se desenvuelve con el movimiento de esa unidad dialéctica: primero, cuando, en la fase histórica de preparación de la Revolución hasta finales del siglo XIX, el proletariado se convierte en clase y, por tanto, esta condición orgánica pasa a ser el aspecto principal, pues se trata de su organización como unidad social, mientras que el aspecto político juega un papel secundario, en tanto que el partido obrero es sólo un partido aglutinador de la clase que defiende su identidad social y económica como tal clase. Segundo, cuando en la era de la Revolución hasta el Comunismo, el proletariado debe convertirse en PC, por lo que su elevación a esta nueva condición política es lo principal, pues se trata de que cumpla su misión histórica de eliminar la sociedad de clases, con lo que, una vez alcanzado el Comunismo, supera su condición social y económica de clase y desaparece en una nueva síntesis la contradicción Partido-Clase que define al proletariado o a la humanidad determinada históricamente como clase asalariada en la sociedad de clases. En la era de la Revolución Proletaria, el movimiento de la Clase hacia su Partido se expresa en la contradicción entre la vanguardia de la clase y las masas de la clase. Ya no se trata de consolidar cuantitativamente al proletariado como clase particular en la historia, ni de defender su identidad moral como clase política independiente, es decir, de definirse y separarse política y socialmente respecto de la burguesía; se trata de sobrepasar, precisamente, las condiciones que la determinan como clase política. Esta transformación de las tareas del proletariado explica que su organización de vanguardia no sea ni pueda ser una organización de masas, cuya vocación es la de abarcar a toda la clase lo que significaría que permanecería aletargada en el nivel económico o sindicalista de su desarrollo político, como el sindicato o el partido reformista, sino una organización cuya vocación sea la de elevarla y la de llevarla hacia el Comunismo. Y como se trata de trascender su determinación material como clase, de, por decirlo de algún modo, negar su actual condición empírica de clase social explotada para autotransformarse y emanciparse en el Comunismo, transformando y emancipando, a la vez, a toda la humanidad y elevándola a un nuevo estado de civilización, debe ser una organización que porte una ideología cualitativamente superior, de vanguardia el Comunismo, quien cargue con la responsabilidad de cumplir esa tarea de elevación del proletariado hasta ese nuevo estado de civilización. Quienes, como Anguita y sus secuaces, se autoproclaman "comunistas" y, al mismo tiempo, niegan el leninismo como en el 10

último Congreso del falso PCE, respondiendo a quienes, dentro de su organización, reivindican la vuelta al leninismo, es decir, el Comunismo de nuestra época, la ideología de vanguardia que trata de elevar a la clase sobre su actual estado de clase explotada, aduciendo, precisamente, que, en la actual sociedad, en el capitalismo, hay un "techo socio-cultural" que no se puede sobrepasar, están renegando de lo que define esencialmente al Comunismo como ideología, están ejerciendo el oportunismo electoralista más descarado, están demostrando el anticomunismo más evidente y recalcitrante. Por todo esto, la ideología es la principal característica que define a la nueva organización de vanguardia, porque ese ideario es lo que promueve el movimiento proletario y lo que proyecta su ser hacia un horizonte revolucionario, es lo que le abre la conciencia y le despeja de la postración de su determinación económica como clase productora de plusvalía y de riqueza ajena; por eso, la vanguardia proletaria debe acercarse al resto de su clase desde la ideología: éste es su primer paso y su premisa como tal vanguardia, y este es el primer paso y la primera premisa del movimiento de la clase proletaria hacia su Partido, del movimiento revolucionario del proletariado. El Partido es el movimiento revolucionario de la clase "para sí misma". La clase que se autotransforma de clase explotada en humanidad emancipada es el Partido como expresión del movimiento de la clase en esa transformación. Esto tiene diferentes soluciones según la etapa en la que el movimiento se encuentre. Cuando, en un primer momento, un sector de la sociedad adquiere la conciencia comunista, pero invierte la mayoría de sus esfuerzos en asumirla completamente y en organizar la forma de empezar a llevarla a la clase obrera, todavía no existe Partido ni, en consecuencia, movimiento revolucionario, ya que todavía se trata de que la vanguardia ideológica entre a formar parte de la clase. Digamos de paso, en este punto, que, para constituirse en parte de la clase revolucionaria moderna, no es requisito único e indispensable el compartir su situación material, su posición en el proceso productivo, sino que también se puede ser parte de la clase compartiendo su ideología que es, en esencia, revolucionaria. Este es el primer tramo que debe cubrir la vanguardia (ideológica) para poder ser parte de la clase y, por lo tanto, para poder cumplir su papel de vanguardia (revolucionaria). Mientras quede pendiente esta tarea, no existe vanguardia real, práctica, no existe orientación revolucionaria para la clase, ni, por tanto, movimiento hacia el Comunismo, ni PC. En un segundo momento, cuando la vanguardia ha asumido la ideología y ha tomado contacto con las masas de la clase, de manera que ha podido crear un incipiente movimiento hacia ese ideario, se cumplen las condiciones para la existencia del PC como organización política específica, pues la clase, una vez integrada la vanguardia en su seno, ya puede empezar a transformar su movimiento espontáneo en un movimiento consciente (revolucionario) hacia la posición ideológica y política del ideario y del programa de ese Partido, el Comunismo. En este momento y en este sentido, el PC nace como organización de la vanguardia más el movimiento de las masas hacia ella. Posteriormente, ese movimiento debe extenderse hasta todas las masas de la clase, para lo que la vanguardia debe utilizar todos y cada uno de los instrumentos políticos que el desarrollo de este proceso exija y permita: organizaciones de masas para fortalecer el movimiento revolucionario y la posición política de la vanguardia, es decir, para fortalecer al PC; Dictadura del Proletariado, para barrer los obstáculos que la vieja sociedad opone a la extensión del movimiento; construcción de relaciones sociales nuevas, para acelerar la elevación de la clase hacia el Comunismo, etc.

Partido y vanguardia
Hasta aquí hemos visto las premisas históricas de la constitución orgánica del partido revolucionario del proletariado. En primer lugar, debe preexistir el proletariado como clase ya 11

formada, cuya actividad sea una actividad política independiente, es decir, que actúe como partido. En segundo lugar, sobre esta base, tiene que ser aplicada la ideología revolucionaria por parte de una vanguardia que lo es, primeramente, porque porta la ideología de vanguardia y, en segundo lugar, porque tiende a formar parte íntegra de la clase para constituirse en su vanguardia real. En tercer lugar, cuando la vanguardia se ha integrado finalmente en la clase, transformándose en PC, el movimiento del proletariado experimenta un salto cualitativo que consiste en que se hace movimiento revolucionario. Este movimiento se define por que la clase busca elevarse hasta el programa y el ideario comunista de su Partido y, así, cumplir su misión como clase revolucionaria. Pero estas premisas son históricas por cuanto que son logros ya conquistados por el proletariado internacional, logros que conserva relativamente. De hecho, el significado principal de estas conquistas es que el movimiento revolucionario del proletariado está en pleno proceso; no en el plano político, pues vivimos un período de estancamiento y de repliegue, sino en su sentido histórico. Octubre inauguró el movimiento revolucionario de la clase, es decir, su proceso de elevación hacia el Comunismo. De lo que se trata ahora es de definir las premisas políticas para que este movimiento tome nuevo impulso. Desde el punto de vista histórico podemos definir al PC en su unidad con la Clase, una vez que su vanguardia revolucionaria imprime un carácter consciente a su movimiento hacia el Comunismo, es decir, como unidad dialéctica en la que la clase, una vez configurada como tal, se está transformando en PC. Pero, desde el punto de vista político, esto es insuficiente. Ciertamente, el punto de vista histórico sólo nos dice que la lucha entre esos dos contrarios, entre el PC y la Clase, se expresa como movimiento revolucionario, por lo que esta definición del PC es demasiado laxa y ambigua, pues no deja claro lo que es, en un momento dado de ese proceso revolucionario, en sí, PC, y lo que no lo es. En otras palabras no soluciona la cuestión política principal del Partido de cara a su Reconstitución, o sea, la cuestión de su organización. Pues bien, si en el plano histórico la dialéctica entre el Partido y la Clase se manifiesta como movimiento revolucionario de elevación hacia el Comunismo, en el plano político concreto, el movimiento revolucionario se expresa a través de la dialéctica entre la vanguardia y las masas de la clase. Como ya se ha señalado, el PC, entendido como organización política específica, es, a la vez, atributo y sujeto de ese movimiento: es creado por él y, una vez creado, lo reproduce a una escala cada vez más amplia. Por lo tanto, el PC, como organización política, debe ser concebido como la relación entre la vanguardia y las masas. El PC, concebido así, es una relación social, dentro de la Clase, entre sus masas y su vanguardia, y esta relación social cristaliza en organización política no de una forma absoluta, sino en función del momento en el que se encuentre el desenvolvimiento de esa relación dialéctica. El PC no es la vanguardia sin más, ni siquiera la vanguardia organizada, aunque los criterios para esta organización estén orientados por el marxismo-leninismo. Concebir así la organización del Partido es caer en el dogmatismo, pues, desde este planteamiento, sólo se contempla un aspecto de aquella "relación social", la vanguardia, independiente y separadamente del otro elemento consustancial a la clase, las masas, por lo que se cae en la idea de PC separado de la Clase, y en la de la Clase en su concepción exclusivamente económica, sin contenido político, no como unidad de movimiento y conciencia, y, por lo tanto, se niega la idea de clase que actúa como partido político; no sólo se niega la idea de que la clase pueda actuar "para sí misma", sino incluso que la clase tenga conciencia "en sí misma" y, en consecuencia, que el proletariado sea una clase socialmente madura y políticamente independiente o sea, con un programa propio, con una misión histórica revolucionaria específica como clase. El PC definido como la relación entre la vanguardia y las masas es una formulación mucho más concreta que aquella que lo describe como el movimiento revolucionario de la Clase hacia el Comunismo, pero todavía no es completa. Hasta aquí, toma en cuenta sus elementos dialécticos, sus dos "contrarios", y establece un vínculo general entre ellos, una "relación social"; pero todavía 12

no especifica nada sobre el carácter concreto de esa relación, sobre esta relación como "unidad de contrarios"; todavía no dice nada sobre el vínculo interno necesario para que esa relación se verifique como unidad dialéctica. Hasta aquí tenemos la vanguardia por una parte, que pugna por integrarse en la Clase, que todavía es vanguardia sólo porque porta la ideología de vanguardia, pero que todavía no es vanguardia política porque no forma un todo orgánico con la Clase, porque no es aún PC; por otra parte, están las masas cuyo movimiento busca saltar el límite que le impone su determinación económica, el límite de su conciencia espontánea, para alcanzar la autoconciencia de su misión histórica, pero que todavía no lo consigue porque la ideología revolucionaria no forma un todo orgánico con su movimiento. Estos dos elementos hallan su unidad cuando la vanguardia consigue formar parte de la clase, cuando la vanguardia se liga con las masas y consigue organizar el movimiento revolucionario, cuando la vanguardia deja de ser únicamente un círculo organizado en torno a la ideología y consigue traducir esta ideología en política para las masas y en organización de las masas revolucionarias. El PC surge, entonces, como unidad entre la vanguardia organizada y las masas, como ligazón de la vanguardia con las masas, como la vanguardia y sus correas de transmisión entre ellas, en resumen, como la vanguardia más su línea política de masas. La línea de masas de la vanguardia es, en definitiva, el elemento de unidad que configura al PC sobre los elementos constitutivos de la Clase vanguardia y masas. En la historia del Movimiento Comunista Internacional, ha habido mucho dogmatismo en este punto relativo a la definición del PC. Se ha confundido, casi siempre, la organización de la vanguardia con la organización del Partido; no se ha visto que la vanguardia es sólo uno de sus elementos configurados, no el único. Esto ha provocado que, a la larga, la vanguardia se fuera divorciando paulatinamente de las masas y que el Partido, entendido sólo como organización, fuera liquidándose, quedando siempre como residuo de su anterior existencia un pesado aparato burocrático-administrativo, osamenta reseca de lo que fue un cuerpo vivo y sano que podemos hoy observar en organizaciones como el PCE o como los partidos llamados "ex-comunistas" de los países del este europeo, organizaciones que ya no son lo que dicen ser y que defienden los intereses de los enemigos de quienes dicen defender. Naturalmente, ese dogmatismo, que aún hoy pervive entre quienes se declaran marxistas-leninistas y dicen haber roto con el revisionismo, tiene su explicación y una cierta lógica histórica. La mayoría de los partidos comunistas fueron creados al calor de la ofensiva revolucionaria que el proletariado internacional inició con la Revolución de Octubre, y su fundación fue patrocinada por la IC a través de actos constituyentes únicos que sobreentendían o sintetizaban los procesos necesarios para el cumplimiento de los requisitos objetivos para la existencia del Partido. Esto fue correcto en la medida en que era necesario para continuar y alimentar la ofensiva de la Revolución Proletaria Mundial que estaba en auge. Pero, una vez ralentizada ésta, no podían dejar de surtir efecto las consecuencias del deficiente cumplimiento de esos requisitos en el plano nacional. Primero, en la sorprendente facilidad con que caían los partidos comunistas en el oportunismo a la hora de enfrentarse a la conquista del poder; y, segundo, una vez liquidados definitivamente esos partidos comunistas por el oportunismo, en la sorprendente facilidad con que se reproduce en los cerebros de los elementos de vanguardia que quieren recuperar el Partido el primer modelo de constitución, pues no se ha abordado éste de forma crítica ni se han preocupado de comprender su verdadero trasfondo político. Esto se manifiesta claramente cuando relacionamos la creación del Partido en la Revolución. Desde el punto de vista leninista, la Revolución es un proceso con sucesivas etapas: 1ª, constituir el PC; 2ª, ganar a las grandes masas para conquistar el poder; 3ª, conquistar el poder e instaurar la Dictadura del Proletariado para crear las relaciones sociales que abran el camino al Comunismo. Otro principio esencial del marxismo-leninismo es que "las masas hacen la historia" y, en consecuencia, deben ser las protagonistas de la Revolución en todas sus etapas. ¿Qué ocurre con la visión dogmática del Partido? Que, como trata de cumplir con la primera etapa de la Revolución a través de un acto político de organización, como concibe al PC 13

única y exclusivamente como organización de la vanguardia, quiere, una vez que ha considerado efectuado y cumplido ese acto político, pasar a abordar inmediatamente la segunda etapa, la de preparar a las grandes masas para tomar el poder, o incluso, a tomarlo directamente. Esta visión de la Revolución acarrea dos errores fundamentales: Primero. Se confunden las tareas de las dos primeras etapas de la Revolución y, por tanto, las dos etapas se entienden como una sola, cuando en realidad la Reconstitución exige cumplir con tareas políticas bien diferentes de las de la preparación de las masas para tomar el poder. La esencia política de la primera etapa de la Revolución consiste en "ganar la vanguardia" para el Comunismo, a diferencia de la segunda, cuando hay que "ganar a las masas" para el Comunismo. Pero formalizar aquella conquista a través de un acto constituyente, a través de la unificación de la vanguardia en una organización, significa presuponer como asumida la ideología, significa entender que la vanguardia está ya ganada para el Comunismo y, por lo tanto, negar la necesidad de la primera etapa de la Revolución. Entonces, si no es preciso un período en el que la ideología conquiste a la vanguardia, pues esta preexiste como vanguardia revolucionaria con ideología comunista, la liquidación del movimiento comunista se ve únicamente como dispersión organizativa de sus miembros no como liquidación ideológica y política de los partidos comunistas; y como la verdadera ideología revolucionaria pervive en la cabeza de los comunistas dispersos, el PC puede ser reconstituido a través de un nuevo acto constituyente. La ideología deja de ser entonces, el elemento agente de la Reconstitución del PC y deja paso al voluntarismo de esos sabios depositarios de la verdad revolucionaria. Segundo. De lo anterior se deriva que si la vanguardia, entendida como el grupo de individuos que se autoproclaman marxistas-leninistas, puede reconstituir el PC a través de su organización como partido político pura y simplemente, se deja de lado la solución del problema de la integración de la vanguardia en la clase y, por lo tanto, la cuestión de su ligazón con las masas de la clase, la cuestión de la línea de masas de la vanguardia para con el resto de la clase. La vanguardia el PC entendido como unidad de la vanguardia o exclusivamente como organización de la vanguardia, entonces, aplica y sólo puede aplicar una línea política conspirativa, no una línea de masas. Línea política conspirativa en el sentido de que actúa desde fuera de la clase. Y si maniobra así en la primera etapa, si no tiene en cuenta para nada a las masas en la Reconstitución, no tenemos por qué pensar que lo hará en la segunda etapa de otra manera, con lo que inevitablemente caerá o bien en el parlamentarismo, o bien en el terrorismo. La aplicación de una línea conspirativa en lugar de una línea de masas para cumplir con las tareas y con las etapas de la Revolución puede comenzar honestamente como conspirativismo en favor de la clase, pero, a la larga, terminará desembocando, indefectiblemente, en conspirativismo contra la clase.

Vanguardia y masas
Como hemos visto, el problema de la ligazón o de la unidad entre la vanguardia y las masas de la clase que es, en esencia, el problema de la Reconstitución del Partido Comunista no puede resolverse presuponiendo la vanguardia. Hasta aquí, lo hemos hecho porque era necesario para definir el cambio cualitativo del movimiento proletario una vez cumplida su formación como clase social y como partido político y para explicar las nuevas condiciones en las que se desenvuelve la unidad Partido-Clase; era necesario por cuanto se trataba de definir el movimiento de la clase hacia el Comunismo, con lo que debíamos partir de una vanguardia existente. Sin embargo, matizábamos estableciendo ya la condición de que la vanguardia formase parte de la clase y que, precisamente, este hecho configuraba el PC y, en consecuencia, establecía las condiciones históricas para el movimiento revolucionario de la Clase hacia el Comunismo. Desde el punto de vista político, hemos definido al PC como una unidad entre vanguardia y masas, como su ligazón, convirtiéndose esta ligazón, en cuanto es la expresión concreta de la 14

relación de unidad entre esos dos elementos, en la parte sustantiva del PC. Este no es, por lo tanto, sólo la vanguardia organizada porque, precisamente, la relación entre vanguardia y masas encierra diferentes equilibrios, diferentes formas de unidad, según las etapas de la Revolución y según las tareas que exige cada una de ellas. La vanguardia, entonces, se organiza para cumplir esas tareas políticas, de lo que se deduce que lo principal no es la organización, sino la política. La primera tarea política de la Revolución es la Reconstitución del PC, entonces, ¿cómo se organiza la vanguardia para cumplir esta tarea?, ¿cuál es el contenido de la misma?, ¿cuál es la línea de masas que permitirá unir la vanguardia con las masas y, con ello, dar el salto cualitativo para alcanzar el PC? Para responder a esto, es preciso definir la vanguardia y los elementos que la configuran como tal en cada momento, y lo mismo cabe decir del concepto de masas. En este sentido, hay dos fases claramente diferenciadas: cuando existe PC y cuando éste no está todavía constituido. No hace falta decir que, cuando existe, el PC es la vanguardia. El problema está en definirla cuando no hay PC. El elemento del que hay que partir es la ideología, pero no como algo ya definido de antemano, sino como algo que hay que formular y asumir antes de ser llevado a las grandes masas de la clase. La ideología proletaria, ciertamente, es algo que existe y, a la vez, algo que está en desarrollo permanente. No podemos partir, precisamente en un momento de repliegue de la Revolución Proletaria Mundial, de que la ideología está ya plenamente desarrollada o de que la ideología está ya definida cuando todavía no se ha hecho la valoración de sus avances conseguidos en esa primer oleada revolucionaria mundial. Igual que sería absurdo tratar de afrontar las tareas actuales de la Revolución sólo con el marxismo, es decir, con la experiencia del proletariado revolucionario hasta la década de los 90 del siglo XIX, también lo sería no tener en cuenta las aportaciones al marxismo-leninismo que se derivan de la construcción del socialismo en la URSS y China principalmente, así como las lecciones de la lucha de clases en el socialismo y de la lucha de dos líneas dentro de los partidos comunistas que dirigían Estados de Dictadura del Proletariado. La ideología es algo objetivo: está ahí en la forma de un conjunto de experiencias sintetizadas o todavía por sintetizar de manera teórica. Sin esta síntesis previa no se puede abordar la Reconstitución porque, entonces, no sería la ideología quien la orientase, sino determinadas interpretaciones de la misma, más o menos sesgadas, o la ideología incompletamente concebida, con lo que no se podría estar a la altura que exige el cumplimiento de las necesidades de la Revolución. Establecido esto, ¿quién cumple el papel de "vanguardia" y, por oposición, quién el de "masas" en la etapa de la Reconstitución?; si la relación vanguardia masas define al PC en su desarrollo, ¿cuál es la naturaleza de esta relación en la etapa de su formación?. La vanguardia, en un primer momento existe escindida en dos polos: por una parte, los miembros más avanzados y conscientes de las masas de la clase, que se distinguen de estas masas sólo porque dirigen o encabezan sus luchas económicas y porque tienen conciencia del carácter antagónico de estas luchas; es decir, aún no tienen conciencia revolucionaria, pero se distinguen del oportunismo y del conciliacionismo porque demuestran conciencia de clase consecuente. Por otra parte, está el polo opuesto, quienes comprenden la necesidad de dotar a la clase de su ideología revolucionaria, quienes se organizan para estudiarla y asumirla y, a la vez, pasan a aplicarla, en la medida que van conociéndola, entre las masas. Estos dos polos opuestos determinan el carácter de la contradicción vanguardia-masas en la etapa de la Reconstitución. En esta fase, la política revolucionaria se circunscribe exclusivamente al sector más avanzado de las masas, de manera que, siguiendo el principio de que la ideología debe estar al mando del proceso, el sector que la erige como guía juega el papel de vanguardia en esta etapa, mientras aquel otro que actúa como dirigente espontáneo, como representante fiel de la clase 15

"en sí", se enfrenta a él como masa. De lo que se trata es de que este sector avanzado, con conciencia de clase, pero sin conciencia revolucionaria, transforme su ideología, sea ganado para el Comunismo. De su síntesis con el otro sector de avanzada resultará el PC. Entonces, se abrirá una nueva etapa, en la que la ideología deberá ganar a las grandes masas de la clase para conquistar el poder e instaurar la Dictadura del Proletariado. En esta nueva etapa, la vanguardia es el PC como organización política y las masas el resto de la clase. La relación vanguardia-masas cambiará, por tanto, de carácter y la línea de masas a aplicar por la vanguardia también, adoptando la forma de Frente Único de los Trabajadores. En la etapa de Reconstitución, las masas no son, en resumen, la mayoría de la clase, sus sectores más extensos y profundos, sino su sector más avanzado en cuanto es exponente de la lucha de clase contra la burguesía, la lucha que desarrolla la clase como tal clase. Para reconstituir el Partido, la ideología, a través de quienes la portan en este caso quienes actúan como vanguardia deben conseguir que esas masas experimenten un cambio en el estado de su conciencia. De esta manera, se consigue la síntesis en PC, por cuanto la vanguardia ideológica pasa a integrarse en la clase y por lo tanto, la ideología revolucionaria se hace parte constitutiva de la clase, por un lado, y por cuanto, por otro, el sector más avanzado de las masas transforma su conciencia en conciencia revolucionaria. La línea de masas de la política revolucionaria en la etapa de la Reconstitución consiste en centrarse en este sector del proletariado para "ganarlo para el Comunismo" y en organizar la forma de dirigirse a él y el modo de conquistarlo. La línea de masas para la Reconstitución consiste en que la vanguardia ideológica debe saber ligarse al resto de la vanguardia para crear el PC.

La línea de masas para la Reconstitución del PC
El punto de partida es la vanguardia, tal como aquí la hemos definido en la primera fase de la Revolución o etapa de Reconstitución. Su primer cometido ya que se trata de lo que la define en primera instancia como vanguardia es el de hacerse valedora y portadora de la ideología. En este sentido, como ya ha quedado reseñado, hay que aprehender la ideología en todos sus desarrollos; pero, además, hay que entender que no se trata de una concepción del mundo más, sino de la cosmovisión más avanzada, precisamente, porque no trata de "interpretar el mundo" de un modo nuevo, sino de "transformarlo". La vanguardia ideológica, entonces, debe ir formándose en los principios de la ideología de lo contrario no se diferenciaría de las masas más avanzadas de la clase y ella misma se transformaría en masa, pero también debe ir fundiendo esos principios con el objeto de transformación revolucionaria, debe ir traduciendo los principios ideológicos en Línea política revolucionaria, debe saber aplicar las premisas y los objetivos de la teoría revolucionaria a la realidad práctica de la Revolución, debe saber dar respuesta a las tareas particulares y prácticas que ésta impone, debe saber encontrar la estrategia y la táctica adecuadas para alcanzar aquellos objetivos, debe saber calibrar el estado de sus premisas necesarias, etc. La Línea política es el "primer paso por la práctica" de la ideología y, en este sentido, el primer gran elemento de la línea de masas de la política de la vanguardia, porque transforma en un discurso político-revolucionario las condiciones reales en que se encuentran las masas de la clase en general. Si el miembro de la vanguardia, al formarse y educarse en la ideología, se forma como propagandista y, como decía Lenin, "tribuno popular" para difundirla, consistiendo en esto la base o el embrión de toda futura política para las masas (línea de masas), la Línea es el primer paso hacia adelante de la línea de masas de la política de la vanguardia, pues es el mejor medio a través del cual ésta puede acercarse a las masas avanzadas, que pueden ver que, efectivamente, el Comunismo plantea la raíz profunda de los problemas que le preocupan y da una respuesta a su solución. Pero esto es aún insuficiente. La experiencia del Movimiento Comunista Internacional 16

enseña que no basta sólo con proclamar una política justa, sino que es preciso que sea comprendida por las masas. Para ello, es preciso que la Línea política se traduzca en Programa, es decir, que contenga no sólo la explicación y la solución generales de los problemas candentes de las masas, sino también la forma y el modo de resolverlos a través de la Dictadura del Proletariado y del Socialismo. Esto presupone que la vanguardia se ha fundido hasta tal punto con las masas de la clase que ha conseguido traducir sus reivindicaciones inmediatas en reivindicaciones revolucionarias. En este momento, la línea de masas revolucionaria alcanza su desarrollo máximo en la Reconstitución; en este momento culmina la Reconstitución misma. La forma que adoptan la Línea y el Programa es la de Tesis políticas; pero esto es sólo la forma. Su contenido es la línea de masas que aplica y desarrolla la vanguardia como elemento fundamental de unión con las masas. De hecho, la Línea y el Programa expresan dos estadios diferentes en el desarrollo de la línea política de masas. La Línea indica el primer acercamiento de la ideología al estado de las masas de la clase, su difusión en forma de propaganda, su primer contacto con las masas avanzadas. El Programa, en cambio, significa la asimilación de la Línea por parte de ciertos sectores de estas masas avanzadas, agitación, a través de ellos, entre las grandes masas dirigida por la vanguardia; es decir, el trabajo cotidiano, codo a codo, de la vanguardia entre las masas para atraer definitivamente a su sector avanzado y traducir la ideología y la política revolucionarias a las necesidades de las masas. La fusión de la vanguardia entendida y organizada como vanguardia ideológica con las masas avanzadas de la clase se traduce en PC, o sea, en movimiento revolucionario organizado, en capacidad, por parte de la vanguardia, de influir o de hacerse oír entre las grandes masas de la clase. En este punto, se abre la posibilidad de que todas o la mayoría de esas masas se organicen a la manera revolucionaria y se pongan detrás de su Partido. Ha llegado el momento de abrir una nueva etapa en la Revolución. El Programa significa la culminación de la Reconstitución porque, con él, la ideología se vincula con las masas de la forma más estrecha y concreta posible, y porque, para llegar a él, la vanguardia ha tenido que encontrar un lenguaje con el que expresar las reivindicaciones inmediatas de las masas, ha tenido que crear sólidos vínculos con ellas y organizar esos vínculos, ha tenido, en definitiva, que crear PC. El PC, así reconstituido, existe como unidad entre la vanguardia y las masas de la clase a través de su Programa, en el plano político, y como multitud de organismos que sirven como correa de transmisión de la vanguardia hacia las masas, en el plano organizativo. El PC, así reconstituido, existe como organización capaz de dirigirse a las masas y de dirigirlas y, por lo tanto, como su vanguardia efectiva. Entonces, el PC puede encomendarse la tarea de llevar a toda la clase hasta el Comunismo, y puede enfrentar, con garantías de éxito, las dificultades y los obstáculos que entorpecerán este camino tortuoso pero necesario e insoslayable.

La Tesis de Reconstitución del PC
La Tesis de Reconstitución del PC es la respuesta política del proletariado revolucionario al problema de la creación o recuperación del instrumento revolucionario principal de la clase obrera en el Estado español, respuesta que consiste en solucionar, teórica y políticamente, el carácter de las condiciones objetivas ideológicas, políticas y organizativas que permitan la existencia de ese instrumento partidario. No se trata, por tanto, de las "condiciones objetivas" de la Revolución en su acepción más estrecha, es decir, la Revolución entendida como toma del poder por parte del proletariado y de la preparación de esta conquista, sino de la realización de la 17

"condición subjetiva" más importante de la Revolución entendida en su forma superior, cuando las masas alcanzan y ostentan el poder, o sea, la realización de la existencia del PC como su factor "subjetivo" principal de esa Revolución. En definitiva, la Tesis de Reconstitución se enmarca dentro del proceso revolucionario como proceso histórico y general, pero, a la vez, se desvincula de él en tanto que se centra en una etapa de ese proceso en la primera y resuelve las tareas políticas de esa etapa particular de la Revolución. Se trata, en resumidas cuentas, de crear el "factor subjetivo" de la Revolución, entendiendo que esto implica estudiar y resolver problemas objetivos no sólo ideológicos, también, políticos y organizativos y entendiendo que esta tarea forma parte ya del proceso general de la Revolución en su acepción más amplia, es decir, comprendiendo que la Revolución es todo proceso que se inicia con los trabajos de constitución del PC y que sólo termina con el Comunismo. En primer lugar, por lo tanto, la Tesis de Reconstitución versa sobre los requisitos mínimos objetivos que hay que lograr para que se considere cumplida la existencia del PC. Hasta aquí hemos expuesto la naturaleza de tales requisitos. En segundo lugar, la Tesis de Reconstitución trata sobre las condiciones políticas concretas que sirven de contexto a esos requisitos y en cuyo entorno deben ser realizados. Esto significa que la formulación de la Tesis de Reconstitución no se refiere a los principios universales y absolutos del marxismo-leninismo acerca del Partido, sino que, partiendo de ellos trata de aplicarlos a las condiciones históricas y políticas concretas de un país y de una época. Por eso, la Tesis de Reconstitución debe explorar, en primera instancia, el estado actual de la Revolución Proletaria Mundial y la etapa de la Revolución en la que se encuentra ese país como componente de esa Revolución Mundial, pues se trata de describir el contexto político concreto, aunque sea sólo en sus tendencias generales, en el que se deben establecer y cumplirse las tareas de la Reconstitución, en función, precisamente, de ese contexto nacional e internacional. En este sentido, es preciso señalar que la Revolución Proletaria Mundial se encuentra en una fase de repliegue coyuntural debido al término del ciclo revolucionario que abrió la Revolución de Octubre y a la contraofensiva que, aprovechando esta circunstancia, ha iniciado el imperialismo. El primer ciclo de la Revolución Proletaria Mundial, después de la etapa previa de preparación que comienza en 1848 con la publicación del Manifiesto de Marx y Engels, y el papel que jugó el proletariado francés en la revolución burguesa de ese año, papel que toma relieve porque, por primera vez en la historia, la clase obrera se comporta políticamente de manera independiente, se inicia en 1917 con la revolución soviética en Rusia. Toma rumbo ascendente con el inicio de la construcción del Socialismo en la URSS, en los años 30, la victoria sobre el fascismo y el triunfo del PC de China en los 40, ralentizándose entre 1956 y 1976, cuando el paso de la URSS a las filas del imperialismo, de la mano de Jruschov, fue relativamente compensado con una nueva, aunque breve y localizada, ofensiva proletaria en la China de la Revolución Cultural. Finalmente, el triunfo de Deng Xiaoping en China y la consolidación de la burguesía burocrática en la URSS y de su influencia revisionista la mayoría de Partidos Comunistas del mundo, indicó la tendencia descendente y la caída o fase crítica de ese primer ciclo revolucionario a partir de la segunda mitad de los años 70. Las reestructuraciones que, a todos los niveles, han tenido lugar en los 80 y principios de los 90 en el llamado "campo socialista", no expresan más que el punto final del ciclo. El triunfo de la burguesía sobre el proletariado en los países socialistas ha tenido su proyección en todo el mundo en forma de una nueva ofensiva del capital, ofensiva que se manifiesta en el hecho de que se ha iniciado un nuevo reparto del mundo, que está creando condiciones para una nueva guerra imperialista, por un lado, y en la progresiva pérdida de derechos y conquistas de los trabajadores en casi todos los países, por otro. 18

El Estado español es uno de ellos. El partido de Carrillo, al que ya habían robado todo contenido revolucionario, liquidó toda posibilidad de vía revolucionaria en la llamada "transición democrática"; pero, a diferencia de las posiciones claudicantes del partido que decía representarlos, los trabajadores conquistaron en la calle ciertas concesiones a una burguesía consciente de que había ganado la batalla crucial y que estaba dispuesta a ceder ciertas migajas mientras ponía toda su energía en dibujar las líneas maestras de la nueva estructura política de su dominación y mientras la clase obrera no intentase inmiscuirse en el lineamiento de ese nuevo diseño. En él, sin embargo, se definía una estructura de representación clasista en clave burguesa. Los sindicatos y los partidos obreros debían actuar como correas de transmisión de la burguesía contra el proletariado. Así, cuando la burguesía hubo consolidado un nuevo Estado y cuando el ciclo revolucionario proletario terminó definitivamente a escala mundial, la burguesía española se sumó a la ofensiva del capital internacional contra la clase obrera utilizando los resortes legales de su Constitución, principalmente las estructuras sindicales vigentes. El proletariado del Estado español, huérfano de partido, vendió su capacidad política, su derecho a intervenir como clase independiente, por un plato de lentejas, por mejoras económicas y sociales parciales. Ahora, bajo nuevas circunstancias, la burguesía, a través de los sindicatos y del legalismo político de los "partidos de izquierda", le niega el derecho siquiera a ese plato de lentejas. Las reconversiones industriales, la liberalización del mercado de trabajo, las políticas de ajuste económico que congelan los salarios son muestras claras de la impunidad que ha conseguido la burguesía en el ejercicio de su dominio sobre el proletariado, el ejercicio de su "derecho" a explotar y oprimir a la clase obrera. El proletariado del Estado español se encuentra, por tanto, a la defensiva, y el movimiento obrero en repliegue. Con este telón de fondo es con el que los comunistas del Estado español debemos abordar la cuestión más candente de nuestra Revolución, la cuestión de la recuperación del PCE; y es precisamente ese telón de fondo el que determina, en primera instancia, las condiciones y, por tanto, la naturaleza de ese proceso de recuperación de nuestro partido de vanguardia. El Movimiento Comunista Internacional, como realidad práctica, nace con la Revolución de Octubre con la constitución de partidos comunistas por todo el mundo. La fundación de estos partidos, que fue patrocinada por la IC y por el Partido Bolchevique, representa uno de los modelos de constitución partidaria que nos ha dejado la historia. El otro modelo fundamentalmente es, precisamente, el del partido de los bolcheviques. En relación con éste último, si comparamos la situación de la lucha de clases y del movimiento obrero en la Rusia de finales del siglo pasado y principios del presente con la del Estado español del fin del milenio, podemos comprobar que son sustancialmente diferentes. Si aquí hay repliegue y actitud defensiva de la clase, allí el movimiento obrero estaba en ascenso y el proletariado adoptaba una posición ofensiva cada año más pronunciada. Esto obligó a Lenin y a sus seguidores a emplear la táctica de la unidad de acción con todos los marxistas para crear el partido proletario. Y no sólo unidad de acción política, sino, incluso, unidad de acción orgánica. Desde luego, hubiera sido un suicidio político haber mantenido posturas dogmáticas, que sólo conducirían al aislacionismo, y haber permitido que el movimiento superase a la vanguardia proletaria. Otra de las peculiaridades de la formulación del POSDR bolchevique que explican la táctica de constitución de la organización proletaria de vanguardia rusa obedeció a necesidades específicas del movimiento proletario de Rusia. Ya hemos visto que una de las primeras tareas que debe abordar y cumplir el proletariado es la de convertirse en clase a través de la unidad de sus luchas en todo el ámbito nacional y que la forma orgánica que adopta la conformación en clase se manifiesta a través de los sindicatos nacionales o de los partidos obreros. Pues bien, en la Rusia de finales del XIX y principios del XX esta tarea aún no se había cumplido, de manera que, dado que el desarrollo del capitalismo a nivel mundial y particularmente en Rusia había alcanzado su etapa monopolista o imperialista, etapa que exige la organización del partido revolucionario de vanguardia proletario, las tareas de constitución del partido obrero ruso se entrelazan de una manera peculiar y original con las de la constitución de este partido de vanguardia. Esto explica la riqueza 19

de los debates dentro del movimiento marxista ruso de la época, el carácter de la lucha de dos líneas dentro del movimiento y también que Rusia fuera la patria del desarrollo del marxismo, la patria del leninismo, porque fue en este país donde la teoría revolucionaria encontró la encrucijada de la Revolución y donde halló las respuestas a su futuro desenvolvimiento. Pero también explica, en gran parte, la táctica adoptada por la vanguardia revolucionaria para constituir el partido de nuevo tipo, táctica que se sostenía sobre la unidad de acción de los marxistas para crear el partido obrero como base para constituir el partido de vanguardia. Esta experiencia, por otra parte, se trasladará posteriormente al resto de los países de cara a la fundación de los Partidos Comunistas en forma de escisión del ala izquierda de los partidos obreros como primer paso para su constitución. Todo esto explica la forma que adoptó la constitución del Partido Bolchevique. Pero de esta forma es preciso penetrar hasta la esencia del proceso. Por eso consideramos que lo correcto es comprender la esencia del proceso de constitución del Partido y encontrar la forma política adecuada a las condiciones concretas en que se mueve la vanguardia; por eso consideramos que no se pueden "calcar" las formas históricas haciendo caso omiso del contexto en el que se han dado y sin prestar la menor atención a su verdadero trasfondo político, como pretenden actualmente los valedores de la "unidad comunista" o de la tesis de reconstrucción del PC; por eso consideramos que el futuro partido de nuevo tipo del proletariado del Estado español sólo puede alcanzarse abordando el problema que plantea su recuperación en términos de Reconstitución, porque la Tesis de Reconstitución presta, primeramente, atención a la naturaleza del proceso de creación del Partido, a la esencia política de ese proceso, y después, busca la forma de plasmarlo políticamente en función de las condiciones objetivas concretas. La Reconstitución del PCE, por tanto, no puede concebirse siguiendo, uno por uno, los pasos dados por los bolcheviques; y tampoco puede consumarse siguiendo el modelo de la primera constitución del PCE, en 1920. En este año, había quedado claro a los ojos de todos los obreros conscientes la bancarrota de la socialdemocracia, la Revolución soviética había triunfado y el movimiento proletario revolucionario mundial había creado la Internacional Comunista. Es decir, la Revolución Proletaria Mundial iniciaba un giro ascendente. Esto, junto a la madurez del proletariado del Estado español, que se había ido forjando como clase a lo largo de medio siglo de luchas, permitió que el PC pudiera ser creado a través de una escisión y de un acto o congreso constituyente. Pero, hoy, ni la Revolución Proletaria Mundial está a la ofensiva, como queda dicho, ni existe una IC que pueda patrocinar, avalar ni guiar un PCE que pudiera fundarse en un congreso de "unidad de todos los marxistas-leninistas". En general, la visión de la recuperación del PC desde la perspectiva de la "unidad de los comunistas" o de la "Reconstrucción" del Partido es dogmática porque sólo observa la forma de los modelos históricos de constitución, sin atender a sus requisitos ni siquiera a las condiciones políticas externas que permitieron esas experiencias. Esta visión dogmática es producto de la extrapolación mecánica y acrítica de las tesis de la III Internacional y de su aplicación, fuera de todo tiempo y lugar, a cualquier situación política e independientemente de toda circunstancia histórica. Las tesis partidarias de la IC son la síntesis de la experiencia de la Revolución Soviética y, aunque tienen mucho de leyes generales, también aportan mucho de elementos circunscritos a una época, elementos que no podemos asimilar a aquellas leyes que no pueden impedir que seamos capaces de penetrar la esencia de los procesos de constitución de los Partidos Comunistas en la primera mitad del siglo, independientemente de las circunstancias históricas que los rodean, para aplicar coherente y correctamente esas leyes a las condiciones en que actualmente se desenvuelve la lucha de clase del proletariado. De lo que se trata es de superar una concepción estática, absoluta, sobre la organización del Partido y de comprender que su desarrollo es un proceso permanente, un proceso tanto para su Constitución o Reconstitución como para su posterior edificación una vez reconstituido, y que el Partido no se crea desde una construcción intelectual definida de antemano, sino que es la organización de la vanguardia para el cumplimiento de las tareas políticas que va exigiendo la 20

Revolución en sus diferentes etapas, siguiendo, eso sí, los principios ideológicos generales que el marxismo-leninismo ha establecido para la creación del partido de nuevo tipo proletario. Si nos fijamos con atención en lo que hasta aquí hemos expuesto, y lo comparamos con los planes de quienes rechazan la Tesis de Reconstitución, no sólo podemos comprobar que no la comprenden, sino que, además, se guían por modelos y métodos de constitución partidaria que corresponden a condiciones de la lucha de clases nacional e internacional que no son las actuales y, en consecuencia, se niegan a sí mismos la posibilidad de entender en qué consiste la Reconstitución. Por ejemplo y esto es de capital importancia, dan por supuesta la guía ideológica. No ven que, en 1920, la IC cumplía ese papel de depositario orgánico de la ideología y de orientador político, por lo que la fundación de los partidos nacionales no tenía por qué exigir este requisito localmente como condición sine qua non, pues su relativa ausencia podía ser suplida por la IC. Tampoco ven que, en 1903, cuando se crea el primer partido marxista revolucionario ruso, la cuestión de la ideología y de la madurez política estaba relativamente garantizada por 10 años de experiencia política de los marxistas rusos y por el profundo conocimiento de la doctrina de los fundadores del POSDR, casi todos ellos eminentes intelectuales que habían dedicado muchos años de su vida al estudio de las obras de Marx y Engels. No ven, por tanto, que no se puede crear un partido marxista-leninista sin partir de la ideología marxista-leninista; que, hoy por hoy, no existe ningún depositario reconocido de esta teoría que pueda avalar la creación de Partidos Comunistas, ni que la actual vanguardia revolucionaria está compuesta por trabajadores que, aunque son sinceramente voluntariosos comunistas, no han adquirido, en su conjunto, un conocimiento profundo de la teoría científica del socialismo, ni tampoco han actualizado, en su mayoría, los desarrollos últimos de esa teoría tras la época de Lenin y Stalin. El PC debe fundarse desde la ideología y, para ello, la ideología debe guiar toda nuestra labor de Reconstitución. No es suficiente con presuponer definido hasta sus perfiles últimos el marxismo-leninismo, como hacen quienes hablan de "unidad" o de "reconstrucción", porque, en la actualidad, no existe esa referencia político-ideológica nítida que pudieron aprovechar los marxistas rusos de principios de siglo o los comunistas del Estado español de 1920. Por lo tanto, el primer requisito para la Reconstitución, en las actuales condiciones de la lucha de clases internacional y de la lucha de clases en el Estado español, consiste en recuperar y reasumir la ideología revolucionaria, formulándola y definiéndola nuevamente hasta sintetizar todos sus progresos. Debemos emular a los bolcheviques y a los padres del Comunismo del Estado español y cumplir con los mismos requisitos que les permitieron iniciar el camino del movimiento comunista internacional y nacional, no copiando mecánicamente las formas, sino su significado profundo y su verdadero espíritu revolucionario. Por otro lado, el estado de ánimo de las masas desde finales del XIX, en Rusia, y desde 1918 como consecuencia de la Revolución de Octubre y de la crisis social provocada por la guerra, en casi toda Europa, estado de ánimo que estaba en efervescencia y en creciente agitación, creaba un caldo de cultivo idóneo para el trabajo de masas de la vanguardia, de manera que ésta podía llevarles directamente una política no necesariamente muy elaborada (casi siempre tesis políticas básicas) y dirigirse hacia ellas en tono agitativo con la esperanza de obtener resultados. Hoy, por el contrario, la simbiosis entre la política comunista y las masas no puede realizarse tan directamente, pues el estado de ánimo de estas últimas no es tan proclive a la agitación revolucionaria, antes al contrario, es de postración y calma y de un conservadurismo espantoso. La política comunista, en estas condiciones, debe trabajar de forma mediata, debe ir abriéndose paso, poco a poco, acercándose primero a los elementos más avanzados de las masas, para, después y a través de ellos, poder dirigirse al resto de la clase. Quienes creen que la constitución consiste sólo en un voluntarioso acto de organización y que, una vez cumplido éste, las masas tendrán abierto su corazón y su entendimiento a la dirección y a la política de la vanguardia comunista, están cometiendo el grave error de no comprender que de lo que se trata, realmente, es de activar el movimiento revolucionario que, décadas atrás, se daba casi por supuesto o que precedía o podía seguir a la acción de la vanguardia; están cometiendo el error de no ver que ese movimiento es producto y sólo puede serlo de una política de masas de la vanguardia (línea de masas) en su propio 21

seno y que este movimiento sólo puede concebirse como PC, como condición previa a su transmisión al resto de la clase (Revolución Proletaria). En resumidas cuentas, la realidad social y política actual no presta a la Reconstitución del PC las mismas condiciones que a principios de siglo, pero sí le exige el cumplimiento de los mismos requisitos. Los comunistas debemos ser capaces de comprender estos requisitos y de crear las condiciones políticas que permitan realizarlos. Esta cuestión sólo puede abordarse desde el punto de vista de la Tesis de Reconstitución.

Comité Central del PCR (Abril del 1996)
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“Las afirmaciones de Rab. Dielo, antes analizadas, de que la lucha económica es el medio de agitación política más ampliamente aplicable, de que nuestra tarea consiste ahora en dar a la lucha económica misma un carácter político, etc., demuestran que se tiene una noción estrecha no sólo de nuestras tareas políticas, sino también de las de organización. Para sostener la "lucha económica contra los patronos y el gobierno" es innecesaria en absoluto una organización centralizada de toda Rusia –que, por ello mismo, no puede formarse en el curso de semejante lucha – que agrupe en un solo impulso común todas las manifestaciones de oposición política, de protesta y de indignación; una organización formada por revolucionarios profesionales y dirigida por verdaderos líderes políticos de todo el pueblo. Y se comprende. La estructura de cualquier organismo está determinada, de modo natural e inevitable, por el contenido de la actividad de dicho organismo.” V.I LENIN, ¿Qué hacer?

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V.I. LENIN CARTA A UN CAMARADA SOBRE NUESTRAS TAREAS DE ORGANIZACIÓN
Se publica de acuerdo con el texto del folleto. Impreso en 1902 en hectógrafo; el prólogo y las palabras finales se publicaron en 1904, en el folleto del mismo título, editado en Ginebra, por el CC del POSDR. PRÓLOGO Si la memoria no me es infiel escribí Carta a un Camarada, que aquí reproducimos, hace más de un año, en septiembre de 1902. Al principio, las copias circularon y se difundieron en Rusia como exposición de las ideas de Iskra sobre organización. Más tarde, en junio del año pasado, la “Agrupación de Siberia” imprimió y difundió considerable cantidad de copias. De este modo, la carta pasó a ser de conocimiento público, y ahora ya no hay razón alguna para demorar su publicación. Las razones que me movieron a no publicarla antes-ya que la redacción no estaba corregida y era en verdad un borrador-, han dejado de tener validez, porque precisamente como borrador la conocieron muchos militantes de Rusia. Hay, además, un motivo todavía más importante para publicar esta carta en forma de borrador (me he limitado a introducir en ella las correcciones de estilo más indispensables), y es su significación como “documento”*. Como se sabe, la nueva Redacción de Iskra** ya planteó en su núm. 53 sus discrepancias respecto a los problemas de organización. Por desgracia, los redactores no se apresuran a especificar cuáles son, concretamente, estas discrepancias, y se limitan a referirse a cosas que nadie conoce. Debemos hacer algo para facilitar a la nueva Redacción esta difícil tarea. Dejemos que las viejas ideas de Iskra sobre organización sean conocidas en todos sus detalles, inclusive en borrador; tal vez entonces la nueva Redacción se decida, por fin, a revelar al partido cuya “dirección ideológica” ejerce cuáles son sus nuevas ideas en materia de organización. Quizás entonces la nueva Redacción nos dará a conocer por fin la formulación precisa de los cambios radicales que proyecta introducir en las normas de organización*** de nuestro partido. Porque, en efecto, ¿quién no comprende que los estatutos de organización encarnan los planes que siempre nos hemos trazado? Si el lector compara ¿Qué hacer? y los artículos publicados en Iskra sobre problemas de organización con la Carta a un camarada, podrá formarse una clara idea de cuán consecuentemente hemos seguido nosotros, mayoría de los iskristas y mayoría en el congreso del partido, nuestra “línea” de organización. En cuanto a la nueva Redacción de Iskra, esperamos con gran impaciencia que expongan sus nuevas ideas en materia de organización, que diga concretamente qué la desilusionó, y a partir de cuándo “prendió fuego a los ídolos que antes adoraba”. Enero de 1904. N. Lenin
*Desde el momento en que mis opositores expresaron reiteradas veces el deseo de utilizar esta carta como documente, me parecería inclusive… (¿Cómo decirlo con moderación?) Torpe introducir en ella cualquier tipo de cambios al reimprimirla. ** Se refiere a la nueva Redacción menchevique, a cuyas manos pasó la publicación en noviembre de 1903. (Ed.) *** Se trata de los estatutos del partido, aprobados por el II Congreso del POSDR. (Ed.)

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Querido camarada: Con todo gusto satisfago su pedido de enviarle una crítica de su proyecto de “Organización del Partido Revolucionario de San Petersburgo” (quizás ha querido referirse a la organización del trabajo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia en San Petersburgo). El problema que plantea es tan importante, que todos los miembros del comité de San Petersburgo, y aun todos los socialdemócratas rusos en general, debieran participar en su discusión. Deseo expresar, ante todo, mi total solidaridad con su explicación acerca de que la anterior organización de la “Unión” (los “unionistas”, como usted la llama) ya no sirve. Se refiere usted a que los obreros más avanzados carecían de una preparación seria y de una educación revolucionaria, al denominado sistema electivo, que tan orgullosa y tenazmente defienden los partidarios de “Rabócheie Dielo” al amparo de los principios “democráticos”, al apartamento de los obreros de todo trabajo activo. Está en lo cierto: 1) la falta de una preparación seria y de una educación revolucionaria (no sólo entre los obreros, sino también entre los intelectuales), 2) la aplicación inoportuna y sin restricciones del principio electivo, y 3) el apartamiento de los obreros del trabajo revolucionario activo, son los principales defectos de la organización de San Petersburgo, y de muchas otras organizaciones de nuestro partido. Comparto plenamente el punto de vista básico sobre las tareas organizativas y por lo que puedo deducir de su carta, me adhiero a su plan de organización. Para precisar, estoy por completo de acuerdo con usted en que es necesario subrayar en especial las tareas para toda Rusia y para todo el partido en general; usted lo expresa en el punto primero de su proyecto de la siguiente manera: “El periódico Iskra, que cuenta con corresponsales permanentes entre los obreros y se halla en estrecho contacto con el trabajo interno de organización será el centro dirigente del partido (y no sólo de un comité o distrito)”. Yo desearía señalar tan sólo que el periódico puede y debe ser el dirigente ideológico del partido, exponer las verdades teóricas, los principios tácticos, las ideas generales de organización y las tareas generales de todo el partido en un momento dado. Pero sólo un grupo central especial (llamémoslo, por ejemplo, Comité Central), vinculado personalmente con todos los comités, que reúna en su seno las mejores fuerzas revolucionarias de todos los socialdemócratas rusos y que tenga facultades para manejar todos los asuntos generales del partido, tales como distribución de literatura, edición de volantes, distribución de fuerzas, designación de personas y grupos para llevar a cabo determinadas empresas, preparación de manifestaciones e insurrecciones en toda Rusia, etc. Puede dirigir en la práctica el movimiento. Ante la necesidad de mantener el más riguroso carácter conspirativo y de asegurar la continuidad del movimiento, nuestro partido puede y debe tener dos centros dirigentes: el OC (Órgano Central) y el CC (Comité Central). El primero ejercerá la dirección ideológica y el segundo asumirá la dirección directa y práctica. La unidad de acción y la debida identificación entre estos grupos se asegurará no sólo por el programa único del partido, sino también por la composición de ambos grupos (es preciso que los dos, tanto el OC como el CC, incluyan personas que trabajen en completa armonía) y por la organización de reuniones conjuntas, regulares y constantes. Sólo entones se logrará por una parte, colocar al OC fuera del alcance de los gendarmes rusos, asegurarle estabilidad y continuidad, y por otra, que el CC se identifique siempre con el OC en todos los asuntos esenciales y tenga suficiente libertad para la dirección inmediata de todos los aspectos prácticos del movimiento. Por este motivo, sería deseable que el punto primero de los estatutos (según su proyecto) no sólo señalara a qué órgano del partido se reconoce como órgano dirigente (lo que, evidentemente, debe señalarse), sino también que la organización local de que se trata se asigna 24

como tarea trabajar activamente en la creación, apoyo y consolidación de los organismos centrales sin los cuales nuestro partido no puede existir como tal. Prosigamos. En el segundo punto usted dice que el comité debe “dirigir la organización local” (tal vez sería mejor decir: “toda la labor local y todas las organizaciones locales del partido” pero no me detendré en detalles de formulación), y que debe estar integrado por obreros e intelectuales conjuntamente, pues dividirlos en dos comités sería pernicioso. Esto es absoluta e indudablemente correcto. Debe haber un solo Comité del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, y deben integrarlos socialdemócratas plenamente conscientes, que se dediquen por entero a las actividades social democráticas. Hay que esforzarse en especial por lograr que el mayor número posible de obreros1 lleguen a ser revolucionarios plenamente conscientes y profesionales, y miembros del comité. Como debe haber un solo comité, y no dos, adquiere particular importancia que los miembros del comité conozcan personalmente a muchos obreros. Para poder dirigir todo lo que sucede entre los trabajadores, hay que tener acceso a muchos lugares, conocer a muchos obreros, manejar todos los resortes, etc., etc. Por esta razón deben formar parte del comité los principales dirigentes del movimiento obrero que sean obreros ellos mismos ya que el comité debe dirigir todos los aspectos del movimiento local y todos los organismos, fuerzas y recursos locales del partido. Usted no dice cómo debe estar formado el comité; aunque es probable que también en esto coincidamos, puesto que en este punto apenas son necesarias normas especiales; cómo formar el comité es ye de incumbencia de los socialdemócratas locales. Tal vez sólo cabría señalar que el comité cubrirá sus vacantes por acuerdo de la mayoría (o de las dos terceras partes, etc.) de sus miembros, que deberá ocuparse de que las listas de sus vinculaciones sean puestas en manos dignas de confianza (desde el punto de vista revolucionario) y seguras (en el aspecto político), y de preparar con tiempo los suplentes. Cuando tengamos al OC y el CC, los nuevos comités se deberán sólo con su colaboración y conformidad. En lo posible, los comités no incluirán demasiados miembros (a fin de que estén integrados por personas de alto nivel, cada una de ellas muy versada en la técnica de su rama especial de actividad revolucionaria), pero al mismo tiempo deberá incluir el número suficiente para dirigir todos los aspectos de la labor, garantizar una completa representación y firmes resoluciones. Si llegara a suceder que el número de miembros es demasiado grande y resulta peligroso que se reúnan con frecuencia, tal vez convendría seleccionar en el comité un grupo ejecutivo, muy reducido (digamos de cinco personas, y aún menos), en el que deberán figurar sin falta el secretario y las personas más capacitadas para orientar prácticamente todo el trabajo en su conjunto. Sería muy importante que este grupo se asegurase los suplentes, para que el trabajo no se paralice en caso de producirse arrestos. Las reuniones generales del comité aprobarían las actividades del grupo ejecutivo, determinarían su composición, etc. Prosigamos: a continuación del comité usted propone que se organicen (supeditas al mismo) las siguientes instituciones y/o reuniones: 1) de discusión (con los “mejores” revolucionarios); 2) círculos de distrito, con 3) un círculo de propagandistas en cada uno de ellos; 4) Círculos de fábrica y 5) “reuniones de representantes” de los delegados de círculos de fábrica en el distrito de que se trate. Estoy muy de acuerdo con usted en que todos los demás organismos (que habrán de ser muchísimos y muy diversos, además de los que usted menciona) deberán subordinarse al comité, y en qué serán necesarios los grupos de distrito (en ciudades muy populosas) y de fábrica (éstos, siempre y en todas partes).Por ejemplo, me parece que no son necesarias en absoluto lo que usted llama “reuniones de discusión”. Los “mejores Revolucionarios” deben estar todos en el comité o destacados en funciones especiales

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* Debemos procurar incorporar al comité a los obreros revolucionarios que tengan más vinculaciones con la masa obrera y sean más “populares” dentro de ella.

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(impresión, transporte, agitación, la organización, digamos, de una oficina de pasaportes o brigadas para luchar contra los espías y provocadores, o de grupos en el ejército, etc.). Las “reuniones” se realizarán en el comité y en cada distrito, en cada fábrica, en cada círculo de fábrica, de propaganda, de oficios (tejedores, mecánicos. Curtidores, etc.) de estudiantes, literario, etc. ¿para qué convertir las reuniones en un organismo especial? Prosigamos: Es justa su exigencia de que se brinde a “cuanto lo deseen” la posibilidad de escribir directamente a Iskra. Sólo que “directamente” no debe entenderse en el sentido de que haya de facilitarse el contacto con la Redacción y sus señas a “cuantos lo deseen”, sino en el sentido de que será obligatorio hacer llegar (o transmitir) a la Redacción las cartas de cuantos lo deseen. Las señas, por su puesto, deben facilitarse a un conjunto bastante amplio, pero no a todos los que las pidan, sino sólo a los revolucionarios seguros y destacados por su capacidad para respetar las normas conspirativas; tal vez no a uno solo de cada distrito, como usted quiere, sino a varios. Y así mismo es menester que cuantos participen en el trabajo, todos los círculos, tengan derecho a hacer llegar sus resoluciones, sus deseos y sus consultas, para su conocimiento al comité, así como al OC y al CC. Si aseguramos esto, lograremos que todas las reuniones de los militantes del partido cumplan su cometido plenamente, sin necesidad de crear organismos tan engorrosos y tan poco conspirativos como las “reuniones de discusión”. Claro está que tenemos que esforzarnos por organizar reuniones privadas de todo tipo, pero sin perder de vista en este caso que lo más importante es el aspecto conspirativo. Las reuniones y asambleas generales sólo podrán celebrarse en Rusia raras veces, y a título de excepción, y tendremos que ser muy circunspectos en cuanto a autorizar la asistencia a estas reuniones de los “mejores revolucionarios”, ya que en las reuniones generales es muy fácil que se infiltre un provocador, así como que los espías sigan a cualquiera de los presentes. Creo que lo mejor sería, tal vez, obrar así: cuando sea posible, organizar reuniones generales grandes (digamos de 30 a 100 personas), por ejemplo en el bosque durante los meses de verano, o en una casa reservada (en las que se han tomado todas las precauciones del caso); el comité enviará 1 ó 2 de “los mejores revolucionarios” y se preocupará de que asistan las personas adecuadas; por ejemplo, invitará al mayor número posible de miembros de confianza de los círculos de fábrica, etc. No obstante, en este caso no se observará las formalidades de práctica, las reuniones no serán registradas en actas, no se realizarán con regularidad y se adoptarán las medidas pertinentes a fin de que los asistentes no se conozcan entre sí, es decir, que no se sepa quiénes son “representantes” de círculos, etc.; por eso no sólo soy contrario a las “reuniones de discusión”, sino también a las de “representantes”. En lugar de estos dos organismos, propondría aproximadamente la siguiente regla. El comité se ocupará de organizar las reuniones, a las que asista el mayor número posible de militantes experimentados del movimiento y de todos los obreros en general. El día y hora de la reunión, lugar y motivo de ella, así como su composición, los decidirá el comité, el cual responderá de las garantías conspirativas de la reunión. Huelga decir que ello no descarta en modo alguno la posibilidad de que los propios obreros celebren reuniones menos formales en sus paseos, en el bosque, etc. Quizá lo mejor sería no mencionar esto para nada en los estatutos. Prosigamos. Por lo que se refiere a los grupos de distrito, estoy muy de acuerdo con usted en que una de sus tareas más importantes es organizar como corresponde la distribución de la literatura. Creo que los grupos de distrito deben ser, en lo fundamental, los intermediarios entre los comités y las fábricas, intermediarios o inclusive, de preferencia, distribuidores. Su tarea principal será la adecuada distribución de la literatura recibida del comité de acuerdo con las normas de la ilegalidad. Y esta es una tarea de suma importancia, pues si se logra asegurar el contacto regular del grupo especial de distribuidores de distrito con todas las fábricas de éste y con el mayor número posible de viviendas obreras del mismo distrito, ello resultará de inmensa importancia para las manifestaciones y en caso de una insurrección. Encauzar y organizar la 26

rápida y acertada distribución de literatura, de volantes, proclamas, etc., adiestrar en esta tarea a toda una red de agentes, equivale a realizar la mayor parte del trabajo de preparación para las futuras manifestaciones o para la insurrección. En momentos de agitación, de huelgas, de efervescencia, es ya tarde para organizar la distribución de literatura; esta tarea sólo puede estructurarse poco a poco, ejercitándose en ella, obligatoriamente, dos o tres veces por mes. Si se carece de periódicos, se puede y debe distribuir volantes, pero en modo alguno se permitirá que el aparato de distribución permanezca ocioso. Tenemos que esforzarnos en llevar este aparato a tal grado de perfección, que en una sola noche sea posible y movilizar, por decirlo así, a toda la población de San Petersburgo. Y esto no es, ni mucho menos, una tarea utopía, siempre que la distribución sistemática se organice desde el centro hacia los círculos intermedios más reducidos, y de ellos a los distribuidores. En mi opinión, las funciones del grupo de distrito deben limitarse estrictamente alas de intermediario y distribuidor, o para ser más exactos, sólo podrían extenderse con la mayor cautela, porque correríamos el riesgo de ser descubiertos y perjudicar la totalidad del trabajo. También en los círculos de distrito se realizarán, por supuesto, reuniones para discutir todos los problemas del partido, pero las decisiones acerca de todos los problemas generales de la organización local sólo podrá adoptarlas el comité. Únicamente tratándose de problemas relacionados con la técnica del envío y la distribución se admitirá la independencia del grupo de distrito. La composición de éste la determinará el comité; es decir, éste designará a uno o dos de sus miembros (o inclusive a quienes no lo sea) como delegados al distrito de que se trate, y encargará a estos delegados que formen el grupo de distrito, cuyos miembros deberán ser confirmados por el comité. El grupo de distrito será una sección del comité, cuyos poderes se derivarán exclusivamente de éste. Paso ahora al problema de los círculos de propagandistas. Dada la escasez de fuerzas para realizar la propaganda, es difícil poder organizarlas por separado en cada distrito y no es conveniente. La propaganda será realizada con un espíritu único por todo el comité, y debe estar rigurosamente centralizada. Mi idea sobre el particular es la siguiente: el comité encargará a algunos de sus miembros que organicen un grupo de propagandistas (que actuará como sección del comité, o como uno de los organismos de éste). Este grupo, valiéndose, por razones conspirativas, de los servicios de los grupos de distrito, realizará la propaganda en toda la ciudad, y en todas las localidades donde se encuentren dentro de la “jurisdicción” del comité. Si fuera necesario, este grupo podrá crear otros subgrupos y por así decirlo confiarles algunas de sus funciones, pero todo ello siempre que tales medidas sean ratificadas por el comité, el cual deberá tener siempre, incondicionalmente, el derecho de enviar un delegado suyo a cada grupo, subgrupo o círculo que de un modo u otro esté vinculado con el movimiento. El mismo tipo de organización, el mismo tipo de secciones del comité o de las instituciones dependiente del mismo deberá regir también para los diversos grupos puestos al servicio del movimiento: los de la juventud estudiantil y escuelas secundarias; los grupos, digamos que trabajan entre los funcionarios del gobierno; del transporte, de imprenta, de pasaportes; los dedicados a conseguir lugares de reunión ilegales; los grupos encargados de vigilar a los espías; los grupos organizados en el ejército; los encargados del abastecimiento de armas; los creados, por ejemplo, para organizar “empresas financieras rentables”, etc. Todo el arte de la organización conspirativa debe consistir en saber utilizar a todos y todo, en “dar trabajo a todos”, y al mismo tiempo mantener la dirección de todo el movimiento, no por la fuerza del poder, se entiende, sino por la autoridad, de la energía, por la mayor experiencia, variedad de conocimiento y talento. Esta observación sale al paso de la posible y común objeción de que una centralización estricta puede echarlo todo a perder con suma facilidad si por casualidad el cargo principal es ocupado por una persona que no se halla a la altura del enorme poder concentrado en sus manos. Claro está que esto puede ocurrir, pero el remedio no puede ser la efectividad y la descentralización, en absoluto inadmisibles en proporciones de cierta amplitud e inclusive directamente perjudicial para el trabajo revolucionario que se realiza bajo la autocracia. Ningún tipo de estatutos dará la solución para paliar este mal; sólo puede 27

remediarse con la “influencia de camaradas”, comenzando por las resoluciones de cada subgrupo, siguiendo con la apelación al OC y al CC hasta llegar (en el peor de los casos) a la destitución de las autoridades totalmente ineptas. El comité se esforzará por establecer la división del trabajo más completa posible, sin olvidar que los diversos aspectos de la labor revolucionaria requieren aptitudes distintas, y que a veces una persona nada idónea como organizadora puedes ser invalorable como agitadora; que quienes no son capaces de cumplir una tarea rigurosamente conspirativa, pueden ser excelentes propagandistas, etc. Y a propósito de los propagandistas quisiera decir unas cuantas palabras contra la habitual tendencia de abarrotar esta profesión con gente poco capaz, con lo cual desciende el nivel de la propaganda. Es muy común que cualquier estudiante se considere propagandista, y cualquier joven pide que se “asigne un círculo”, etc. Hay que luchar contra esta práctica pues los daños que acarrea suelen ser muy grandes. Hay muy pocos propagandistas verdaderamente firmes en el terreno de los principios y capaces (y para llegar a serlo hace falta aprender mucho y acumular experiencia); por consiguiente hay que especializarlos, darles trabajo y prestarles la máxima atención. Las personas así dotadas deberían asistir a varias conferencias por semana, ser enviadas a otras ciudades cuando fuese necesario y, en general, organizar giras por diversas localidades con los propagandistas más hábiles. Pero a la masa de la juventud que se inicia se la debe destinar más bien a empresas de orden práctico, que se encuentren bastantes descuidadas en comparación con la atención que se presta a los estudiantes que quieren dirigir círculos, y que con tanto optimismo se denomina “propaganda”. Claro está que también para encargarse de serias empresas prácticas se requiere una preparación concienzuda, pero a pesar de todo resulta más fácil encontrar tareas en ella también para los “principiantes”. Hablemos ahora de los círculos de fábrica. Estos son de especial importancia para nosotros, ya que la fuerza principal del movimiento consiste en el grado de organización de los obreros de las grandes fábricas, donde se concentra la parte predominante de la clase obrera, no sólo por su número, sino más aun por su influencia, desarrollo y capacidad de lucha. Cada fábrica debe convertirse en una fortaleza nuestra. Y para ello, esta organización obrera “de fábrica” debe ser conspirativa por dentro como “ramificada” hacia afuera, es decir, que su red de vinculaciones con el exterior debe extenderse tan lejos y en tan diversas direcciones como cualquier organización revolucionaria. Quiero señalar que también aquí es obligatorio que el grupo de obreros revolucionarios sea el núcleo dirigente, el “jefe”. Tenemos que romper de modo radical con el tipo tradicional de organizaciones socialdemócratas netamente obreras o sindicales, incluyendo a los círculos “de fábrica”. El grupo o comité de fábrica (para diferenciarlo de otros grupos, que deben abundar) estará integrado por un reducido número de revolucionarios, a quienes el comité designará directamente y dará plenos poderes para dirigir todo el trabajo socialdemócrata en la fábrica. Los miembros del comité de fábrica se considerarán representantes del comité obligados a acatar todas sus disposiciones, observar todas las “leyes y costumbres” del “ejército en armas” al que han ingresado y del que, en tiempo de guerra, no tienen derecho a salir sin autorización del mando. Por consiguiente, la composición del comité de fábrica reviste enorme importancia, y una de las principales preocupaciones del comité deberá ser la adecuada organización de estos subcomités. Mi idea sobre el particular es la siguiente: el comité encargará a algunos de sus miembros (más, supongamos algunos obreros que no son incorporados al comité por cualesquiera razones, pero que pueden ser muy útiles por su experiencia, conocimiento de la gente, inteligencia y vinculaciones) que organicen en todas partes subcomités de fábrica. Este grupo consulta con los representantes de distrito, dispone varias entrevistas, pone a prueba a los candidatos a miembros de los subcomités, los examina severamente y “con cautela”, y si fuera necesario verifica la competencia de cada uno; de este modo procura seleccionar y probar personalmente al mayor número posible de candidatos para el subcomité de la fábrica en cuestión; por último, somete a la aprobación del comité una lista de nombres para cada círculo de fábrica, o le solicita que autorice a determinado obrero para que integre, designe o seleccione a todo el subcomité. De 28

este modo, el comité determinará cuál de estos agentes deberá mantener contacto con él y como lo hará (por regla general, por medio de los representantes del distrito; pero esta norma podrá ser ampliada y modificada). Dada la importancia de estos de comité de fábrica, debemos procurar, en la medida delo posible, fijar para cada uno de ellos un domicilio al cual pueda enviar las comunicaciones que dirija al OC, y un depósito seguro para guardar sus listas de vinculaciones (es decir, para que la información necesaria para restablecer inmediatamente el subcomité, en caso de detenciones, sea transmitida del modo más regular y completo al centro del partido, para ponerlos a salvo en un lugar al cual no pueden llegar los gendarmes rusos). Se sobrentiende que el comité transmitirá el domicilio según su propio criterio y sobre la base de datos que posea, y no según un inexistente derecho de distribución “democrática”. Por último, tal vez no esté de más mencionar que en lugar de un subcomité de fábrica formado por varios miembros, en alguna oportunidad podrá ser necesario o más conveniente limitarse a designar un solo representante del comité (y su suplente), Allí donde se halla constituido el subcomité de fábrica, éste procederá formar numerosos grupos y círculos de fábrica, a los que se asignará diversas tareas con distintos grados de clandestinidad y de forma orgánica; por ejemplo, círculos para la entrega y distribución y distribución de literatura (una de las funciones más importantes, que deberá organizarse de tal modo que dispongamos de un verdadero servicio postal propio, que se pruebe y verifique, no sólo los métodos de distribución, sino también los de entrega por casa, a fin de que conozcamos de manera definida los domicilios de todos los obreros y la forma de vincularnos con ellos); círculos para la lectura clandestina, para vigilar a los espías2; círculos especiales para dirigir el movimiento sindical y la lucha económica; círculos de agitadores y propagandistas que sepan iniciar y mantener largas conversaciones en un plano totalmente legal (sobre máquinas, inspectores, etc.), para hablar en público y sin peligro, para conocer a la gente, sondear el terreno, etc.* El subcomité de fábrica procurará abarcar toda la fábrica y al mayor número posible de obreros, con la mayor red posible de círculos (y de representantes). El éxito logrado en la actuación del subcomité se medirá por la abundancia de estos círculos, por el acceso a ellos de un propagandista volante y, sobre todo, por el acierto del trabajo regular que se realice para la distribución de literatura y del volumen de informes y correspondencia que se reciba. En suma, a mí juicio, el tipo general de organización deberá ser el siguiente: el comité estará al frente de todo el movimiento local, de todas las actividades socialdemócratas locales. De él surgirán las instituciones filiales, subordinadas como sigue: en primer lugar la red de representantes ejecutivos abarque (dentro de lo posible) a toda la masa obrera y esté organizada en forma de grupos de distrito y de subcomité de fábrica. En tiempos de paz, esta red de agentes al frente de todo el movimiento.

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Debemos lograr que los obreros comprendan que si bien matar a los espías, provocadores y traidores puede ser, a veces, como es natural, absolutamente inevitable resultaría muy inconveniente y equivocado convertir esto en sistema, y que debemos tender a crear una organización que, al desenmascararlos y perseguirlos, volverá inocuos a los espías será imposible que nos desembaracemos de todos, pero podemos y debemos crear una organización que les siga la pista y eduque a la masa obrera.

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V.I. LENIN UN PASO ADELANTE, DOS PASOS ATRÁS: ARTÍCULO PRIMERO DE LOS ESTATUTOS
PRÓLOGO
En toda lucha larga, tenaz y apasionada, comienzan a diseñarse generalmente, al cabo de cierto tiempo, los puntos de divergencia centrales, básicos, de cuya solución depende el desenlace definitivo de la campaña y, en comparación con los cuales, pasan cada vez más a segundo plano todos y toda clase de pequeños y mezquinos episodios de la lucha. Esto es lo que sucede también con la lucha que se desarrolla en el seno de nuestro Partido y que hace ya seis meses tiene concentrada sobre sí la atención de todos los miembros del Partido. Y precisamente porque en el esbozo de toda la lucha que ofrezco al lector he tenido que referirme a muchas pequeñeces, que tienen un interés insignificante, a muchas querellas que, en el fondo, no tienen interés alguno, precisamente por ello quisiera, desde el comienzo mismo, llamar la atención del lector sobre dos puntos verdaderamente centrales y básicos que presentan un interés enorme, que tienen indudable valor histórico y constituyen las cuestiones políticas más urgentes en el orden del día de nuestro Partido. La primera de estas cuestiones es la de la significación política de la división de nuestro Partido en "mayoría" y "minoría", división que ha tomado forma en el II Congreso del Partido y que ha dejado muy atrás todas las anteriores divisiones de los socialdemócratas rusos. La segunda cuestión es la del valor de principio de la posición de la nueva Iskra en las cuestiones de organización, en tanto en cuanto esta posición es efectivamente de principios. La primera cuestión es la del punto inicial de nuestra lucha en el Partido, la cuestión acerca de su origen, de sus causas, de su carácter político fundamental. La segunda cuestión es la de los resultados finales de esa lucha, la cuestión acerca de su término, del total que, en el terreno de los principios, resulta si se suma todo lo que se refiere a la esfera de los principios y se resta todo lo que se refiere a la esfera de las querellas. La primera cuestión se resuelve analizando la lucha que ha tenido lugar en el Congreso del Partido; la segunda, analizando el nuevo contenido de principio de la nueva Iskra. Uno y otro análisis, contenido de las nueve décimas partes de mi folleto, llevan a la conclusión de que la "mayoría" es el ala revolucionaria de nuestro Partido, y la "minoría" es su ala oportunista. Las discrepancias que separan a un ala de la otra en el presente, se reducen, principalmente, no a cuestiones de programa y de táctica, sino sólo a cuestiones de organización; el nuevo sistema de concepciones que se dibuja en la nueva Iskra con tanta mayor claridad cuanto más procura ahondar su posición y cuanto más limpia va quedando dicha posición de querellas por la cooptación, es el oportunismo en las cuestiones de organización. El principal defecto de la literatura con que ahora contamos sobre la crisis de nuestro Partido, en el terreno del estudio e ilustración de los hechos, es la falta casi total de un análisis de las actas del Congreso del Partido, y, en el terreno del esclarecimiento de los principios fundamentales del problema de organización, la falta de un análisis del nexo que indudablemente existe entre el error fundamental cometido por el camarada Mártov y el camarada Axelrod al formular el artículo primero de los estatutos y al defender esta fórmula, por una parte, y todo el "sistema" (si es que puede hablarse en este caso de sistema) de las concepciones de principio que ahora tiene Iskra sobre el problema de organización. La actual redacción de Iskra ni siquiera advierte, por lo visto, este nexo, aun cuando en las publicaciones de la "mayoría" se ha señalado ya muchísimas veces la importancia de las discusiones sobre el artículo primero. En el fondo, el camarada Axelrod y el camarada Mártov no hacen ahora sino ahondar, desarrollar y extender el error inicial respecto al artículo primero. En el fondo, ya en las discusiones habidas con respecto al artículo primero comenzó a despuntar toda la posición 30

de los oportunistas en el problema de organización: su defensa de una organización del Partido difusa y no fuertemente cimentada, su hostilidad a la idea (a la idea "burocrática") de estructurar el Partido de arriba abajo, a base del Congreso del Partido y de los organismos por él creados; su tendencia a ir de abajo arriba, permitiendo considerarse como miembros del Partido a cualquier profesor, a cualquier estudiante de bachillerato y a "todo huelguista"; su hostilidad al "formalismo" que exija a un miembro del Partido la pertenencia a una de las organizaciones reconocidas por éste; su propensión a la psicología de intelectual burgués, dispuesto tan sólo a "reconocer platónicamente las relaciones de organización"; la facilidad con que se entregan a elucubraciones oportunistas y a frases anárquicas; su tendencia al autonomismo en contra del centralismo; en una palabra, todo lo que florece ahora exuberantemente en la nueva Iskra, contribuyendo cada vez más a una palmaria y completa aclaración del error cometido en un principio. Por lo que se refiere a las actas del Congreso del Partido, la verdaderamente inmerecida falta de atención de que son objeto, sólo puede explicarse por las querellas que encizañan nuestras discusiones y además, probablemente, por el exceso de verdades demasiado amargas que contienen esas actas. Las actas del Congreso del Partido brindan un cuadro único en su género, insustituible por lo exacto, lo pleno, lo polifacético, lo rico y lo auténtico, un cuadro de la verdadera situación de nuestro Partido, un cuadro de los puntos de vista, de los estados de ánimo y de los planes trazados por los mismos hombres que participan en el movimiento, un cuadro de los matices políticos existentes en nuestro Partido, que permite ver su fuerza correlativa, sus relaciones mutuas y su lucha. Precisamente las actas del Congreso del Partido, y sólo ellas, son las que nos permiten ver hasta qué punto hemos conseguido barrer realmente todos los restos de las viejas relaciones, puramente de círculos, y sustituirlas por una grande y única conexión del Partido. Todo miembro del Partido que quiera participar conscientemente en los asuntos de su Partido está obligado a estudiar de manera minuciosa nuestro Congreso, y repito: a estudiar, porque la mera lectura del montón de materiales en crudo, como son las actas, no bastan para dar el cuadro del Congreso. Sólo por un estudio minucioso y personal puede conseguirse (y debe conseguirse) que los breves resúmenes de los discursos, notas escuetas sobre las discusiones, pequeñas escaramuzas por pequeñas (pequeñas al parecer) cuestiones se fundan en algo que sea un todo, para que los miembros del Partido vean surgir como viva la figura de cada orador destacado y quede clara toda la fisonomía política de cada grupo de delegados del Congreso. El que escribe estas líneas no ha trabajado en vano si consigue aunque sea impulsar hacia un estudio amplio y personal de las actas del Congreso del Partido. Unas palabras más, para los adversarios de la socialdemocracia. Con muecas de alegría maligna siguen nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas por el desarrollo del movimiento obrero. ¡Y que ensayen los señores adversarios a describirnos un cuadro de la situación efectiva de sus "partidos" que se parezca aunque sea de lejos al que brindan las actas de nuestro II Congreso!

N. Lenin Mayo de 1904

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i) ARTICULO PRIMERO DE LOS ESTATUTOS
Ya hemos citado las diversas formulaciones que suscitaron en el Congreso interesantes debates. Estos debates se llevaron casi dos sesiones y terminaron por dos votaciones nominales (en todo el Congreso no hubo, si no me equivoco, más que ocho votaciones nominales, tan sólo en casos de especial importancia, por la enorme pérdida de tiempo que su ponen tales votaciones) Se habla planteado una cuestión que, indudablemente, tiene un carácter de principio. El interés del Congreso por los debates era inmenso. En la votación tomaron parte todos los delegados, fenómeno raro en nuestro Congreso (como en todo gran congreso) y prueba, al mismo tiempo, del interés de los que discutían. ¿En qué consistía, pues, la esencia de la cuestión en litigio? Ya dije en el Congreso, y lo he repetido después más de una vez, que "no considero en absoluto nuestra discrepancia (respecto al artículo primero) tan esencial, que de ella dependa la vida o la muerte del Partido. ¡No pereceremos, ni mucho menos, por un mal artículo en los estatutos!" (250). Esta discrepancia, por si misma, aunque pone de manifiesto matices de carácter de principio, no pudo producir en modo alguno la divergencia (y en realidad, para hablar sin convencionalismos, la escisión) que se ha producido después del congreso. Pero toda pequeña discrepancia puede hacerse grande si se insiste en ella, si se la saca a primer plano, si nos ponemos a buscar todas las raíces y todas las ramificaciones de la misma. Toda pequeña discrepancia puede adquirir enorme importancia, si sine de punto de partida para un viraje hacia ciertos conceptos equivocados, y si a estos conceptos equivocados vienen a unirse, a consecuencia de nuevas divergencias complementarias, actos anárquicos que llevan al Partido a la escisión. Esta era precisamente la situación en el caso que examinamos. Una discrepancia relativamente pequeña sobre el artículo primero ha adquirido ahora enorme importancia, porque es precisamente lo que ha servido de punto de viraje hacia las elucubraciones oportunistas y hacia la fraseología anarquista de la minoría (especialmente en el Congreso de la Liga, y después también en las columnas de la nueva Iskra ). Esta discrepancia ha sido precisamente el comienzo de la coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas y con la charca, que adquirió formas definitivamente precisas en el momento de las elecciones. Sin comprender esta coalición no es posible comprender tampoco la divergencia principal, básica, en el problema de la composición de los organismos centrales. El pequeño error de Mártov y Axelrod acerca del artículo primero era una pequeña quebradura en nuestro vaso (según dije en el Congreso de la Liga). Podíamos haberlo atado bien fuerte, con un nudo doble (y no con un nudo corredizo, como creyó oír Mártov, que durante el Congreso de la Liga se encontraba en un estado próximo a la histeria). Podían hacerse todos los esfuerzos para agrandar la quebradura, para romper el vaso. Y esto fue precisamente lo que sucedió por el boicot y demás medidas anárquicas de tipo parecido, de los entusiastas partidarios de Mártov. La discrepancia acerca del artículo primero desempeñó un papel considerable en el problema de la elección de los organismos centrales, y la derrota de Mártov en este punto lo llevó a la "lucha en el terreno de principios" por medios toscamente mecánicos y hasta escandalosos (discursos en el Congreso de la Liga de la socialdemocracia revolucionaria rusa en el extranjero). Ahora, después de todas esas peripecias, el problema del artículo primero ha adquirido, de este modo, enorme importancia, y debemos darnos cuenta exacta tanto del carácter de los agrupamientos que se establecieron en el Congreso al votarse este artículo, como -- lo que es incomparablemente más importante -- del carácter efectivo de los matices de opinión que se señalaron, o comenzaron a señalarse, en relación con el artículo primero. Ahora, después de los acontecimientos mencionados, la cuestión está ya planteada en la forma siguiente: ¿Se ha reflejado en la formulación de Mártov defendida por Axelrod, su (de él o de ellos) inestabilidad, 32

su falta de firmeza y su vaguedad política, como dije en el Congreso del Partido (333), su (de él o de ellos) desviación hacia el jauresismo y el anarquismo, según suponía Plejánov en el Congreso de la Liga (102 y otras de las actas de la Liga)? ¿O es que mi formulación, defendida por Plejánov, reflejaba una concepción del centralismo equivocada, burocrática, formalista autoritaria, no socialdemócrata? ¿Oportunismo y anarquismo o burocracia y formalismo? : en estos términos está planteada la cuestión ahora, cuando se ha agrandado una pequeña divergencia. Y nosotros debemos tener en cuenta precisamente esta forma de plantear el problema, que los acontecimientos nos han impuesto a todos, diría históricamente determinada, si no temiese expresiones demasiado rimbombantes, al examinar el fondo de los argumentos en pro y en contra de mi formulación. Comencemos el examen de estos argumentos por un análisis de las discusiones que se desarrollaron en el Congreso. El primer discurso, el del camarada Iegórov, sólo interesa porque su actitud (non liquet, no está aún claro para mí, no sé aún dónde está la verdad), fue muy característica de la actitud de muchos delegados a quienes no les fue fácil orientarse en un problema efectivamente nuevo, bastante complejo y minucioso. El discurso siguiente, el del camarada Axelrod, plantea ya en seguida la cuestión en el terreno de los principios. Es el primer discurso de esta índole, mejor dicho, es, en general, el primer discurso del camarada Axelrod en el Congreso, y cuesta trabajo considerar como muy feliz su debut con el célebre "profesor". "Yo creo -- dijo el camarada Axelrod -- que debemos delimitar los conceptos: Partido y organización. En cambio, aquí estos dos conceptos están confundidos. Esta confusión es peligrosa", Tal es el primer argumento contra mi formulación. Pero examinadlo más de cerca. Cuando digo que el Partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética, sino un complejo) de organizaciones *, ¿quiere esto decir que yo "confunda" los conceptos

* La palabra "organización" suele utilizarse en dos sentidos: amplio y estricto. En sentido estricto, designa una célula de una colectividad humana, en cuanto ha adquirido aunque sea la más mínima forma. En sentido amplio, significa una suma de dichas células, reunidas en un todo. Por ejemplo: la marina, el ejército, el Estado, constituyen simultáneamente una suma de organizaciones (en el sentido estricto de la palabra) y una variedad de organización social (en el sentido amplio de la palabra). El departamento de Instrucción Pública es una organización (en el sentido amplio de la palabra), y consta de una serie de organizaciones (en el sentido estricto de la palabra). Del mismo modo, un partido es asimismo una organización, debe ser una organización (en el sentido amplio de la palabra); pero, al mismo tiempo, un partido debe constar de una serie de organizaciones diversas (en el sentido estricto de la palabra). De aquí que el camarada Axelrod, al hablar de la delimitación entre los [ cont. en pág. 68. -- DJR] conceptos de partido y organización, no ha tenido en cuenta, en primer lugar, esta diferencia entre el sentido amplio y estricto de la palabra "organización" y, en segundo lugar, no se ha fijado en que ha mezclado, él mismo, en un solo montón a elementos organizados y no organizados.

de partido y organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el Partido, como destacamento de vanguardia de la clase, sea lo más organizado posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un grado mínimo de organización. Por el contrario, mi contrincante confunde en el Partido elementos organizados y no organizados, a los que se dejan dirigir con los que no se dejan, a los avanzados con los incorregiblemente atrasados, pues los que son corregiblemente atrasados pueden entrar en la organización. Esta confusión es la efectivamente peligrosa. El camarada Axelrod alude luego "a las organizaciones del pasado rigurosamente conspirativas y centralistas" ("Tierra y Libertad" y "La Voluntad del Pueblo"); alrededor de estas organizaciones, según dice, "se agruparon toda una serie de personas que no formaban parte de la organización, pero que la ayudaban en una u otra forma y se consideraban miembros del Partido. . . Este principio debe aplicarse en forma aún más rigurosa en la organización socialdemócrata". Y aquí hemos llegado precisamente a uno de los quids de la cuestión: "este principio", que autoriza llamarse miembros del Partido a personas que no figuran en ninguna de 33

sus organizaciones, sino que se limitan a "ayudarle de uno u otro modo", ¿es, efectivamente, un principio socialdemócrata? Plejánov ha dado a esta pregunta la única respuesta posible: "Axelrod no tenía razón cuando aludía a la década del 70. Entonces existía un centro bien organizado, con una disciplina perfecta; alrededor de él existían organizaciones de diverso grado que él había creado, y lo que estaba fuera de esas organizaciones era caos y anarquía. Los elementos integrantes de este caos se daban el título de miembros del Partido, pero la causa no salía ganando con ello, sino perdiendo. No debemos imitar la anarquía de la década del 70, sino evitarla". Por tanto, "este principio", que el camarada Axelrod quería hacer pasar por socialdemócrata, es en realidad un principio anárquico. Para refutar esto, es preciso demostrar la posibilidad del control, de la dirección y de la disciplina al margen de la organización, hay que demostrar la necesidad de que a los "elementos del caos" se les adjudique el título de miembros del Partido. Los defensores de la formulación del camarada Mártov no han demostrado y no podían demostrar ni una ni otra cosa. Para poner un ejemplo, el camarada Axelrod ha hablado del "profesor que se considera socialdemócrata y lo declara". Para llevar a su término la idea que contiene este ejemplo, el camarada Axelrod debiera haber dicho luego si los mismos socialdemócratas organizados reconocen como socialdemócrata a este profesor. No habiendo formulado ulteriormente esta pregunta, el camarada Axelrod ha dejado su argumentación a medias. En efecto, una de dos: o bien los socialdemócratas organizados consideran al profesor de que tratamos como socialdemócrata, y entonces, ¿por qué no incluirlo en esta o la otra organización socialdemócrata? Sólo después de semejante incorporación estarán "las declaraciones" del profesor en armonía con sus actos y no serán frases huecas (que es en lo que quedan con demasiada frecuencia las declaraciones de profesores). O bien los socialdemócratas organizados no consideran socialdemócrata al profesor, y en este caso carece de sentido y es absurdo y perjudicial concederle el derecho a ostentar el título de miembro del Partido, que entraña consideración y responsabilidad. Por tanto, la cosa queda reducida precisamente a aplicar de un modo consecuente el principio de organización o a consagrar la dispersión y la anarquía. ¿Estamos constituyendo el Partido, tomando por base el núcleo de socialdemócratas que ya ha sido creado y ha adquirido cohesión, el núcleo que ha organizado, supongamos, el Congreso del Partido y que debe extender y multiplicar toda clase de organizaciones del Partido, o nos contentamos con la frase tranquilizadora de que todos los que ayudan son miembros del Partido? "Si aceptamos la fórmula de Lenin -- continuó el camarada Axelrod --, echaremos por la borda una parte de los que, aun cuando no puedan ser admitidos directamente en la organización, son, sin embargo, miembros del Partido". La confusión de conceptos de que Axelrod quiso acusarme a mí se destaca aquí en sus propias palabras con toda claridad: considera ya como un hecho que todos los que ayudan son miembros del Partido, cuando esto es precisamente lo que se discute y los oponentes tienen que demostrar aún la necesidad y ventaja de semejante interpretación. ¿Cuál es el contenido de esta frase, a primera vista terrible, de echar por la borda? Si únicamente se consideran como miembros del Partido los miembros de organizaciones reconocidas como organizaciones del mismo, entonces personas que no pueden ingresar "directamente" en ninguna organización del Partido, podrán, sin embargo, trabajar en una organización que no sea del Partido, pero que esté en contacto con él. Por consiguiente, no se puede ni hablar de arrojar por la borda en el sentido de apartar del trabajo, de la participación en el movimiento. Por el contrario, cuanto más fuertes sean nuestras organizaciones del Partido, integradas por socialdemócratas efectivos, cuanta menos vacilación e inestabilidad haya dentro del Partido, tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será la influencia del Partido sobre los elementos de las masas obreras que le rodean y que él dirige. Porque no se puede, en verdad, confundir al Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera con toda la clase. Y ésta es precisamente la confusión (propia de nuestro economismo oportunista, en general) en que cae el camarada Axelrod cuando dice: "Claro es que antes que nada constituimos una organización de los elementos más activos del Partido, una organización de revolucionarios, pero, puesto que somos un partido de clase, debemos pensar en hacer las cosas de modo que no queden fuera de él personas que, de un modo consciente, aunque quizá no con plena actividad, están en contacto con dicho partido". En primer lugar, entre los elementos activos del Partido Obrero Socialdemócrata en modo alguno 34

figurarán tan sólo las organizaciones de revolucionarios, sino toda una serie de organizaciones obreras reconocidas como organizaciones del Partido. En segundo lugar: ¿por qué motivo y en virtud de qué lógica podía deducirse, del hecho de que somos un partido de clase, la consecuencia de que no es preciso establecer una distinción entre los que integran el Partido y los que están en contacto con él? Muy al contrario: precisamente porque existen diferencias en el grado de conciencia y en el grado de actividad, es necesario establecer una diferencia en el grado de proximidad al Partido. Nosotros somos el Partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y "seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su Partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente así se cierran los ojos y tal es el olvido que se comete cuando se borra la diferencia que existe entre los que están en contacto y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una parte, y los que ayudan, por otra. Remitirse a que somos un partido de clase para justificar la difusión orgánica, para justificar la confusión entre organización y desorganización, significa repetir el error de Nadiezhdin, que confundía "la cuestión filosófica e histórico-social de las 'profundas raíces' del movimiento con una cuestión técnica de organización" (¿Qué hacer?, pág. 91)*. Y precisamente esta confusión, que con tanta suerte inició el camarada Axelrod, la repitieron después decenas de veces los oradores que defendieron la formulación del camarada Mártov. "Cuanto más se extienda el título de miembro del Partido, tanto mejor", dice Mártov, sin explicar, no obstante qué ventaja resulta de la amplia difusión de un título que no corresponde a su contenido. ¿Puede negarse que es una ficción el control de los miembros del Partido que no forman

* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

parte de su organización? La amplia difusión de una ficción es nociva, y no útil. "Sólo podemos alegrarnos de que todo huelguista, todo manifestante, respondiendo de sus actos, pueda declararse miembro del Partido" (pág. 239). ¿De verdad? ¿Cualquier huelguista debe tener derecho a declararse miembro del Partido? Con esta tesis lleva el camarada Mártov su error al absurdo, rebajando el socialdemocratismo al huelguismo, repitiendo las malandanzas de los Akímov. Sólo podemos alegrarnos de que la socialdemocracia consiga dirigir cada huelga, porque la obligación directa y absoluta de la socialdemocracia estriba en dirigir todas las manifestaciones de la lucha de clase del proletariado, y la huelga es una de las manifestaciones más profundas y potentes de esta lucha. Pero seremos seguidistas si consentimos que esta forma elemental de lucha, ipso facto nada más que forma tradeunionista, se identifique con la lucha socialdemocrática, multilateral y consciente. De un modo oportunista, consagraremos una cosa manifiestamente falsa, si concedemos a todo huelguista el derecho a "declararse miembro del Partido", pues semejante "declaración", en una inmensidad de casos, será una declaración falsa. Nos adormeceremos con ensueño manilovianos si se nos ocurre asegurarnos a nosotros mismos y a los demás que todo huelguista puede ser socialdemócrata y miembro del Partido Socialdemócrata, dada la infinita fragmentación, opresión y embrutecimiento que, bajo el capitalismo, pesará inevitablemente sobre sectores muy amplios de obreros "no instruidos", no 35

calificados. Precisamente el ejemplo del "huelguista " muestra con singular claridad la diferencia entre la aspiración revolucionaria a dirigir de un modo socialdemócrata cada huelga y la frase oportunista que declara miembro del Partido a todo huelguista. Nosotros somos un partido de clase por cuanto dirigimos, en efecto, de un modo socialdemócrata, a casi toda e incluso a toda la clase del proletariado; pero sólo los Akímov pueden deducir de esto que tengamos que identificar de palabra el Partido y la clase. "No me da miedo una organización de conjuradores" -- decía el camarada Mártov en el mismo discurso --, pero -- añadía -- "para mí una organización de conjuradores sólo tiene sentido en la medida que la rodea un amplio Partido obrero socialdemócrata" (pág 239) Para ser exacto debiera decir: en la medida que la rodea un amplio movimiento obrero socialdemócrata. Y en esta forma, la tesis del camarada Mártov no sólo es indiscutible, sino que es una evidente perogrullada. Me detengo en este punto únicamente porque de la perogrullada del camarada Mártov, los oradores siguientes dedujeron el argumento muy corriente y muy vulgar de que Lenin quería "reducir todo el conjunto de miembros del Partido a un conjunto de conspiradores". Tanto el camarada Posadovski como el camarada Popov esgrimieron este argumento, que sólo puede provocar una sonrisa, y cuando Martínov y Akímov lo hicieron suyo, su verdadero carácter, es decir, el carácter de frase oportunista quedó ya esbozado con toda claridad. En el presente, el camarada Axelrod desarrolla este mismo argumento en la nueva Iskra, para poner en conocimiento de los lectores los nuevos puntos de vista de la nueva redacción en materia de organización. Ya en el Congreso, en la primera sesión en que se trató del artículo primero, observé que los oponentes querían aprovecharse de arma tan barata y por esto hice en mi discurso la advertencia siguiente (pág. 240): "No debe pensarse que las organizaciones del Partido habrán de constar sólo de revolucionarios profesionales. Necesitamos las organizaciones más variadas, de todos los tipos, categorías y matices, comenzando por organizaciones extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo por organizaciones muy amplias, libres, lose Organisationen ". Se trata de una verdad hasta tal punto evidente y lógica, que consideré superfluo pararme en ella. Pero, en los momentos actuales, como nos han arrastrado hacia atrás en muy mucho, también en este punto hay que "repetir lo ya mascado". Y para hacerlo, citaré unos pasajes de ¿Qué hacer? y de la "Carta a un camarada": . . . "A un círculo de corifeos como Alexéiev y Mishkin, Jalturin y Zheliábov le son accesibles las tareas políticas en el sentido más real, más práctico de la palabra, y le son accesibles precisamente por cuanto sus ardientes prédicas encuentran eco en la masa, que se despierta espontáneamente; por cuanto su hirviente energía es comprendida y apoyada por la energía de la clase revolucionaria"[*]. Para ser un partido socialdemócrata hay que conquistar el apoyo de la clase propiamente No es el Partido el que debe rodear a la organización conspirativa, como pensaba el camarada Mártov, sino que la clase revolucionaria, el proletariado, debe rodear al Partido, el cual ha de abarcar tanto las organizaciones conspirativas, como las no conspirativas. . . . "Las organizaciones obreras para la lucha económica deben ser organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemócrata debe, dentro de lo posible, apoyar a estas organizaciones y trabajar activamente en ellas. . . Pero no estamos en manera alguna interesados en exigir que únicamente los socialdemócratas puedan ser miembros de los sindicatos: esto reduciría el alcance de nuestra influencia en la masa. Dejemos participar en el sindicato a todo obrero que comprenda que es necesario unirse para luchar contra los patronos y contra

* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

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el gobierno. El fin mismo de los sindicatos sería inasequible si no agrupasen a todos los obreros capaces de comprender aunque no fuese más que esta noción elemental, si estos sindicatos no fuesen organizaciones muy amplias. Y cuanto más amplias sean estas organizaciones, tanto más podrá extenderse nuestra influencia en ellas, influencia ejercida no solamente por el desenvolvimiento 'espontáneo' de la lucha económica, sino también por la acción consciente y directa de los miembros socialistas de los sindicatos sobre sus camaradas" (pág. 86)[*] Diremos de paso que el ejemplo de los sindicatos es particularmente característico para dilucidar el problema en discusión respecto al artículo primero. No puede haber entre socialdemócratas dos opiniones acerca de que estos sindicatos deban trabajar "bajo el control y la dirección" de organizaciones socialdemócratas. Pero el partir de esta base para dar a todos los miembros de dichos sindicatos el derecho a "declararse" miembros del Partido Socialdemócrata, sería un absurdo evidente y representaría la amenaza de un doble daño: reducir las proporciones del movimiento sindical y debilitar la solidaridad obrera en este terreno, por una parte. Por otra, esto abriría las puertas del Partido Socialdemócrata a lo confuso y vacilante. La socialdemocracia alemana se vio en el caso de resolver un problema semejante, planteado en forma concreta, cuando surgió el célebre incidente de los albañiles de Hamburgo, que trabajaban a destajo [9]. Ni un momento vaciló la socialdemocracia en reconocer que la conducta de los esquiroles era indigna desde el punto de vista de un socialdemócrata, es decir, en reconocer la dirección de las huelgas; en apoyarlas como cosa suya propia, pero, al mismo tiempo, y con la misma decisión
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

rechazó la exigencia de identificar los intereses del Partido con los intereses de los sindicatos, de hacer al Partido responsable de los diversos pasos de los distintos sindicatos. El Partido debe y procurará imbuir de su espíritu, someter a su influencia a los sindicatos, pero, precisamente en aras de esa influencia, debe distinguir en estos sindicatos a los elementos plenamente socialdemócratas (integrantes del Partido Socialdemócrata) de los elementos que no tienen plena conciencia ni plena actividad política, y no confundir a unos y a otros, como quiere el camarada Axelrod. . . . "La centralización de las funciones más clandestinas por la organización de los revolucionarios no debilitará, sino que reforzará la amplitud y el contenido de la actividad de una gran cantidad de otras organizaciones destinadas al gran público y, por consiguiente, lo menos reglamentadas y lo me nos clandestinas posibles: sindicatos obreros, círculos obreros de autodidactas y de lectura de publicaciones ilegales, círculos socialistas, círculos democráticos para todos los demás sectores de la población, etc., etc. Tales círculos, sindicatos y organizaciones son necesarios por todas partes; es preciso que sean lo más numerosos, y sus funciones, lo más variadas posible, pero es absurdo y perjudicial confundir estas organizaciones con la de los revolucionarios, borrar entre ellas las fronteras. . ." (pág. 96)*. Este pasaje muestra cuán inoportunamente me recordó el camarada Mártov que la organización de revolucionarios debía quedar rodeada de amplias organizaciones obreras. Ya lo indiqué en ¿Qué hacer?, y en la "Carta a un camarada" desarrollé esta idea de un modo más concreto. Los círculos de las fábricas -- escribía yo en dicha carta -- "tienen especial importancia para nosotros: en

* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

efecto, toda la fuerza principal del movimiento reside en el grado en que estén organizados los obreros de las grandes fábricas, pues las grandes fábricas contienen la parte de la clase obrera predominante no sólo por su número, sino, aún más por su influencia, su desarrollo y su capacidad de lucha. Cada fábrica debe ser una fortaleza nuestra . . El subcomité de fábrica debe procurar abarcar toda la empresa, el mayor número posible de obreros en una red de toda clase de círculos (o agentes). . . Todos los grupos, círculos, subcomités, etc., deben considerarse 37

organismos dependientes del comité o secciones filiales del mismo. Algunos de ellos declararán francamente su deseo de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y, a condición de que sean aprobados por el Comité, entrarán a formar parte del Partido, asumirán determinadas funciones (por encargo del Comité o de acuerdo con él), se comprometerán a someterse a las disposiciones de los organismos del Partido, obtendrán los derechos de todos los miembros del Partido, se considerarán los candidatos más próximos a miembros del Comité, etc. Otros no entrarán a formar parte del P.O.S.D.R., permaneciendo en la situación de círculos, organizados por miembros del Partido o en con tacto con éste o el otro grupo del Partido, etc." (págs. 17-18)*. Las palabras que he subrayado indican con particular claridad que la idea de la formulación que yo di al artículo primero estaba totalmente expresada ya en la "Carta a un camarada" Allí están claramente indicadas las condiciones de admisión en el Partido, a saber: 1) cierto grado de organización y 2) confirmación por un comité del Partido. Una página más abajo indico también aproximadamente qué grupos y organizaciones y por qué consideraciones deben (o no deben)

* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VI (N. de la Red.)

ser admitidos en el Partido: "Los grupos de distribuidores deben pertenecer al P.O.S.D.R. y conocer a determinado número de sus miembros y de sus funcionarios. Un grupo que estudie las condiciones profesionales del trabajo y elabore proyectos de reivindicaciones sindicales no tiene que pertenecer obligatoriamente al P.O.S.D.R. Un grupo de estudiantes, de oficiales del ejército o de empleados que trabajen en su autoeducación con la ayuda de uno o dos miembros del Partido, hasta no tiene a veces por qué saber que éstos pertenecen al Partido, etc." (págs. 1819)[*]. ¡Ahí tenéis nuevos materiales para la cuestión de la "visera levantada"! Mientras que la fórmula del proyecto del camarada Mártov no toca ni siquiera las relaciones entre el Partido y la organización, yo, casi un año antes del Congreso, indicaba ya que ciertas organizaciones debían entrar en el Partido y otras no. En la "Carta a un camarada" se destaca ya claramente la idea que he defendido en el Congreso. La cosa podría representarse en forma gráfica del modo siguiente. Por el grado de organización en general, y por el grado de clandestinidad de la organización en particular, pueden distinguirse, aproximadamente, las categorías siguientes: 1) organizaciones de revolucionarios; 2) organizaciones obreras, lo más amplias y diversas que sea posible (me limito a la clase obrera, suponiendo, como cosa que se entiende por sí misma, que ciertos elementos de las demás clases entrarán también en estas organizaciones, en determinadas condiciones). Estas dos categorías constituyen el Partido Luego: 3) organizaciones obreras en contacto con el Partido; 4) organizaciones obreras que no están en contacto con el Partido, pero subordinadas de hecho a su control y dirección; 5) elementos

* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VI (N. de la Red.)

inorganizados de la clase obrera, que en parte también se subordinan, al menos en los casos de grandes manifestaciones de la lucha de clases, a la dirección de la socialdemocracia. Así es, aproximadamente, cómo se presentan las cosas, desde mi punto de vista. Desde el punto de vista del camarada Mártov, por el contrario, las fronteras del Partido quedan absolutamente indeterminadas, porque "cualquier huelguista" puede "declararse miembro del Partido". ¿Cuál es el provecho de semejante vaguedad? La gran difusión del "título". Lo que tiene de nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora sobre la confusión de la clase con el Partido. Para ilustrar los principios generales que hemos expuesto, dirigiremos aún una breve ojeada a los debates de que más tarde fue objeto en el Congreso el artículo primero. El camarada Brúker 38

(para satisfacción del camarada Mártov) se declaró en favor de mi formulación, pero su alianza conmigo, a diferencia de la alianza del camarada Akímov con Mártov, resulto estar fundada en un malentendido. El camarada Brúker "no está de acuerdo con el conjunto de los estatutos ni con todo su espíritu" (pág. 239), y propugna mi fórmula como base del democratismo deseable para los partidarios de "Rabócheie Dielo". El camarada Brúker no se ha elevado aún al punto de vista de que, en la lucha política, hay que elegir a veces el mal menor; el camarada Brúker no se fijó en que era inútil defender el democratismo en un congreso como el nuestro. El camarada Akímov resultó ser más perspicaz. Planteó la cuestión de un modo absolutamente exacto, reconociendo que "los camaradas Mártov y Lenin discuten sobre la formulación que mejor alcanza su fin común" (pág. 252) "Brúker y yo -- continúa -- queremos elegir la que menos alcanza el fin. Yo, en este sentido, elijo la formulación de Mártov". El camarada Akímov explicó con franqueza que "el propio fin de ellos" (de Plejánov, de Mártov y el mío, es decir, la creación de una organización dirigente de revolucionarios) lo considera "irrealizable y perjudicial"; lo mismo que el camarada Martínov[*], propugna la idea de los economistas de que no es precisa "la organización de revolucionarios". El "tiene profunda fe en que la vida acabará por imponerse en nuestra organización de partido, independientemente de que le cerréis el camino con la formulación de Mártov o con la formulación de Lenin". No valdría la pena de detenerse en esta concepción "seguidista" de la "vida", si no tropezáramos con ella también en los discursos del camarada Mártov. Su segunda intervención (pág. 245) es, en general, tan interesante, que merece ser examinada en detalle. Primer argumento del camarada Mártov: el control de las organizaciones del Partido sobre los miembros del mismo que no figuren en una de sus organizaciones "es posible por cuanto un comité, al encargar a cualquier persona una función determinada, puede controlar su cumplimiento" (pág. 245), Tesis en extremo característica, pues "delata", si es que podemos permitirnos esta expresión, a quién le hace falta y a quién servirá, en realidad, la formulación de Mártov, a intelectuales

* El camarada Martinov, por lo demás, quiere distinguirse del camarada Akímov, quiere demostrar que conspirativo no quiere decir clandestino, que la diferencia existente entre estas dos palabras envuelve una diferencia de conceptos. Pero ni el camarada Martínov ni el camarada Axelrod, que ahora sigue sus huellas, han explicado al fin en qué consiste esa diferencia. El camarada Martínov "hace como" si yo, por ejemplo, en ¿Qué hacer? (lo mismo que en Las tareas) [véase: V. I. Lenin, Obras Completas, t. II. -- N. de la Red.] no me hubiera declarado terminantemente en contra de "reducir la lucha política a una conspiración". El camarada Martinov quiere forzar a sus oyentes a olvidar que aquellos contra quienes yo luchaba no veían la necesidad de una organización de revolucionarios, como no la ve tampoco ahora el camarada Akímov.

aislados o a grupos de obreros y a las masas obreras. Porque la fórmula de Mártov puede ser interpretada de dos maneras: 1) todo aquel que preste al Partido de un modo regular su colaboración personal, bajo la dirección de una de sus organizaciones, tiene derecho a "declararse " (palabra del mismo camarada Mártov) miembro del Partido; 2) toda organización del Partido tiene derecho a reconocer como miembro del mismo a toda persona que le preste de un modo regular su colaboración personal, bajo su dirección. Sólo la primera interpretación permite, en efecto, que "todo huelguista" se llame miembro del Partido, y sólo esta interpretación, por eso mismo, conquistó en seguida el corazón de los Líber, Akímov y Martínov. Pero esta interpretación es ya, evidentemente, una frase, porque entonces quedaría incluida en ella toda la clase obrera y se borraría la diferencia entre partido y clase; tan sólo "simbólicamente" puede hablarse de control y dirección de la actividad de todo "huelguista". Esta es la razón de que, en su segundo discurso, el camarada Mártov se haya desviado hasta caer en la segunda interpretación (aunque, dicho sea entre paréntesis, ha sido francamente rechaza da por el Congreso, que no aprobó la resolución de Kóstich, pág, 255): el comité encomendará las funciones y controlará su cumplimiento. Naturalmente, nunca existirán semejantes encargos 39

especiales en relación con la masa de los obreros, de los millares de proletarios (de quienes hablan los camaradas Axelrod y Martínov): se darán muchas veces precisamente a los profesores que recordaba el camarada Axelrod, a los estudiantes de bachillerato de quienes se preocupaban los camaradas Líber y Popov (pág 241), a la juventud revolucionaria a que se refería el camarada Axelrod en su segundo discurso (pág 242), En una palabra, la fórmula del camarada Mártov, quedará reducida a letra muerta, a frase vacía o servirá principalmente y de un modo casi exclusivo "a intelectuales, imbuidos de individualismo burgués " y que no desean ingresar en una organización. De palabra, la fórmula de Mártov parece defender los intereses de las extensas capas del proletariado; pero, de hecho, esta fórmula servirá a los intereses de la intelectualidad burguesa, que rehúye la disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a negar que la intelectualidad, como una capa especial dentro de las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por su individualismo y su incapacidad de someterse a la disciplina y a la organización (v. Los conocidos artículos de Kautsky sobre los intelectuales); en esto consiste, por cierto, la diferencia que separa del proletariado, con desventaja, a ese sector social; en esto reside una de las razones que explican la flojedad y vacilación de los intelectuales, que tantas veces ha sentido el proletariado. Y esta cualidad de los intelectuales está inseparablemente ligada a sus condiciones habituales de vida, a sus condiciones de salario, que en muchísimos puntos se acercan a las condiciones de existencia pequeñoburguesa (trabajo individual o en colectividades muy pequeñas, etc.). ¡Por último, no es tampoco un fenómeno casual el que precisamente los defensores de la fórmula del camarada Mártov hubieran de poner ejemplos de profesores y estudiantes de bachillerato! No fueron paladines de una amplia lucha proletaria los que, en la discusión acerca del artículo primero, intervinieron contra los paladines de una organización radical clandestina, como pensaban los camaradas Martínov y Axelrod, sino que los partidarios del individualismo intelectual burgués chocaron con los partidarios de la organización y disciplina proletarias. El camarada Popov decía: "En todas partes, tanto en Petersburgo como en Nikoláiev o en Odesa, según atestiguan representantes de estas ciudades, hay decenas de obreros que hacen circular publicaciones, realizan agitación oral y no pueden ser miembros de la organización. Se les puede adscribir a ella, pero es imposible considerarlos como miembros" (pág. 241). ¿Por qué no pueden ser miembros de la organización? Sólo Popov conoce el secreto. Ya he citado más arriba un pasaje de la "Carta a un camarada" que demuestra que es posible e imprescindible incluir precisamente en organizaciones a todos estos obreros (por centenares, y no por decenas), y, además, que muchísimas de estas organizaciones pueden y deben ingresar en el Partido. Segundo argumento del camarada Mártov: "Para Lenin, no hay en el Partido otras organizaciones que las del Partido. . ." ¡Absolutamente exacto! . . . "Para mí, por el contrario, deben existir semejantes organizaciones. La vida crea y multiplica organizaciones con mayor rapidez de la que alcanzamos a incluirlas en la jerarquía de nuestra organización combativa de revolucionarios profesionales. . ." Esto es incierto en dos sentidos: 1) la "vida" crea muchas menos verdaderas organizaciones eficientes de revolucionarios que las que necesitamos, que las que precisa el movimiento obrero; 2) nuestro Partido debe ser jerarquía no sólo de las organizaciones de revolucionarios, sino de la masa de las organizaciones obreras. . . "Lenin cree que el C.C. sólo concederá el título de organizaciones del Partido a las que sean completamente seguras en el sentido de los principios. Pero el camarada Brúker comprende perfectamente que la vida (¡sic! ) se impondrá y que el C.C., para no dejar fuera del Partido a numerosas organizaciones, tendrá que legalizarlas, aun cuando sean completamente inseguras: por eso es por lo que se adhiere el camarada Brúker a Lenin. . ." ¡Esto sí que es una concepción seguidista de la "vida"! Desde luego, si el C.C. se compusiera obligatoriamente de personas que se orientaran, no por su propio juicio, sino por lo que digan los demás (v. el incidente con el C.O.), en ese caso la "vida" se "impondría" en el sentido de que prevalecerían los elementos más atrasados del Partido (como ha sucedido ahora, al formarse de los elementos atrasados "una minoría" en el Partido). Pero no podrá citarse ni un motivo razonable que obligue a un C.C. 40

inteligente a admitir en el Partido a elementos "que no sean seguros". ¡Precisamente con esta alusión a la "vida" que "crea" elementos "no seguros" demuestra el camarada Mártov palpablemente el carácter oportunista de su plan de organización. . . "Yo, por el contrario, creo - continúa -- que si una organización de este tipo [que no es completamente segura] está conforme en aceptar el programa del Partido y el control del Partido, podemos admitirla en él sin convertirla por ello en organización del mismo. Yo consideraría un gran triunfo de nuestro Partido el que, por ejemplo, cualquier unión de "independientes" determinara aceptar el punto de vista de la socialdemocracia y su programa e ingresar en el Partido, cosa que, sin embargo, no significaría que incluyéramos dicha unión en la organización del Partido. . ." He ahí a qué confusión lleva la fórmula de Mártov: ¡organizaciones sin partido que pertenecen al Partido! Imaginaos su esquema: el Partido = 1) organizaciones de revolucionarios, +2) organizaciones obreras a las que se reconoce como organizaciones del Partido, +3) organizaciones obreras no reconocidas como organizaciones del Partido (sobre todo, formadas por "independientes"), +4) individuos encargados de diversas funciones, profesores, estudiantes de bachillerato, etc, +5) "cualquier huelguista". Con tan excelente plan sólo pueden parangonarse las palabras del camarada Líber: "Nuestra tarea no consiste sólo en organizar una organización [¡¡], sino que podemos y debemos organizar un partido" (pág. 241). Sí, desde luego, podemos y debemos hacerlo, pero para ello hace falta, no las palabras sin sentido de "organizar una organización", sino exigir directamente a los miembros del Partido que lleven a cabo efectivamente una labor de organización. Hablar de "organización de un partido" y propugnar que se encubra con la palabra partido toda especie de desorganización y dispersión, es hablar por hablar. "Nuestra formulación -- dice el camarada Mártov -- expresa la aspiración a que existan una serie de organizaciones entre la organización de revolucionarios y la masa". No es eso, precisamente. Esta aspiración, en efecto obligatoria, justamente no la expresa la fórmula de Mártov, porque no estimula a organizarse, no contiene la exigencia de organizarse, no separa lo organizado de lo inorganizado. No da más que un título *, y a este respecto no puede uno menos de recordar las palabras del camarada Axelrod

* En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov expuso aún otro argumento en favor de su formulación, que mueve a risa. "Podríamos indicar -- dice -- que la fórmula de Lenin, entendida al pie de la letra excluye del Partido a los agentes del C.C., ya que estos últimos no constituyen una organización" (pág. 59). Ya en el Congreso de la Liga este argumento fue acogido con risas, según consta en las actas. El camarada Mártov supone que la "dificultad" por él indicada sólo puede solucionarse si los agentes del C.C. entran a formar parte de una "organización del C.C.". Pero la cosa no consiste en esto. Consiste en que, con su ejemplo, el camarada Mártov ha demostrado palmariamente una incomprensión total de la idea del artículo primero, ha dado ejemplo de una crítica pedantesca que, en efecto, merece la burla. Formalmente, bastaría crear una "organización de agentes del C.C.", redactar una resolución que la incluyera en el Partido y habría desaparecido al momento la "dificultad" que tantos quebraderos de cabeza ha causado al camarada Mártov. Pero la idea del artículo primero, en mi formulación, consiste en el estímulo : "¡Organizaos!"; en asegurar un control y una dirección reales. Desde el punto de vista del fondo del asunto, es ya ridículo preguntar si so incluirán en el Partido los agentes del C.C., porque el control real de su [cont. en pág. 87. -- DJR] actividad está plena e indudablemente asegurado por el mismo hecho de su designación como agentes, por el mismo hecho de que siguen en este cargo. Por consiguiente, no puede aquí ni hablarse de confusión entre lo organizado y lo inorganizado (base del error de la formulación del camarada Mártov). La fórmula del camarada Mártov no sirve, porque todos y cada uno pueden declararse miembros del Partido, todo oportunista, todo charlatán, todo "profesor" y todo "estudiante de bachillerato". El camarada Mártov trata empeñadamente de velar este talón de Aquiles de su formulación con ejemplos en los que no puede ni hablarse de que alguien se incluya a sí mismo en la categoría de miembro, de que se declare miembro.

"No hay decreto que pueda prohibirles a ellos (a los círculos de la juventud revolucionaria, etc.) y a personas aisladas que se llamen socialdemócratas (¡santa verdad!) e incluso que se consideren parte integrante del Partido. . ." ¡Esto ya es absolutamente inexacto! ¡No se puede y 41

carece de objeto prohibir que se tome el nombre de socialdemócrata, porque esta palabra sólo expresa directamente un sistema de convicciones, y no determinadas relaciones de organización. Se puede, se debe prohibir a círculos y personas aisladas "que se consideren parte integrante del Partido", cuando estos círculos y personas perjudican a la causa del Partido, lo corrompen o desorganizan. ¡Sería ridículo hablar de un partido como de un todo, como de una entidad política, si no pudiera "prohibir por decreto" a un círculo "que se considere parte integrante" del todo! ¿Qué objeto tendría entonces el establecer un procedimiento y condiciones para la expulsión del Partido? El camarada Axelrod ha llevado en forma palpable al absurdo el error fundamental del camarada Mártov; ha erigido incluso este error en una teoría oportunista, al añadir: "en la formulación de Lenin, el artículo primero está manifiestamente en pugna de principios con la misma esencia (¡¡) y con las tareas del Partido socialdemócrata del proletariado" (pág. 243). Esto significa, ni más ni menos, lo siguiente: exigir más del Partido que de la clase, está en pugna de principios con la esencia misma de las tareas del proletariado. No es de extrañar que Akímov se levantara con todas sus fuerzas en favor de semejante teoría. Hay que decir con justicia que el camarada Axelrod, deseoso ahora de convertir esta formulación errónea, manifiestamente inclinada hacia el oportunismo, en germen de nuevas opiniones, en el Congreso se mostró, por el contrario, dispuesto a "regatear", diciendo: "Pero advierto que estoy llamando a una puerta abierta. . . (esto mismo advierto yo en la nueva Iskra ), porque el camarada Lenin, con sus círculos de la periferia, que se consideran partes integrantes de la organización del Partido, se adelanta a mi exigencia. . . (y no sólo con los círculos de la periferia, sino con toda clase de uniones obreras: cfr. la pág. 242 de las actas, el discurso del camarada Strájov y los pasajes de ¿Qué hacer? y de la "Carta a un camarada" que más arriba hemos citado). . . Aún quedan las personas aisladas, pero también sobre este punto podría regatearse". Yo contesté al camarada Axelrod que, ha blando en general, no era contrario a lo de regatear, y tengo que aclarar ahora en qué sentido lo dije. Precisamente, por lo que se refiere a personas aisladas, a todos esos profesores, estudiantes de bachillerato, etc., es donde menos concesiones hubiera yo hecho; pero si se tratara de una duda acerca de las organizaciones obreras, yo hubiera consentido (a pesar de que, como he demostrado más arriba, tales dudas carecen en absoluto de fundamento) en añadir a mi artículo primero una nota, aproximadamente del tenor siguiente: "Las organizaciones obreras que acepten el programa y los estatutos del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia deberán ser incluidas, en el mayor número posible, entre las organizaciones del Partido". Claro que, hablando en rigor, el lugar de semejante deseo no está en los estatutos, que deben limitarse a definiciones jurídicas, sino én comentarios aclaratorios, en folletos (y ya he dicho que, en mis folletos, tiempo antes de los estatutos, figuraban tales aclaraciones), pero esa nota no contendría, por lo menos, ni sombra de ideas falsas, que pudieran llevar a la desorganización, ni sombra de elucubraciones oportunistas * ni de "concepciones anárquicas ", que indudablemente entran en la formulación del camarada Mártov.

* A estas elucubraciones, que inevitablemente surgen cuando se trata de fundamentar la fórmula de Mártov, pertenece en particular la frase del camarada Trotski (págs. 248 y 346) de que "el oportunismo se debe a causas más complejas (o es determinado por causas más profundas) que tal o cual punto de los estatutos: se debe al nivel relativo de desarrollo de la democracia burguesa y del proletariado. . ." No se trata de que los puntos de los estatutos puedan dar lugar al oportunismo, sino de forjar, con ellos, un arma más o menos afilada contra el oportunismo. Cuanto más profundas sean sus causas, tanto más afilada deberá ser el arma. Por consiguiente, justificar por las "causas profundas" del oportunismo una formulación que le abre las puertas, es el más genuino de los seguidismos. Cuando el camarada Trotski estaba en contra del camarada Líber, comprendía que los estatutos son "la desconfianza organizada" del todo hacia la parte, del destacamento de vanguardia hacia el atrasado; pero cuando el camarada Trotski resultó estar al lado del camarada Líber se olvidó de ello, e incluso llegó a justificar la debilidad e inconstancia en nuestra organización de esta desconfianza (desconfianza hacia el oportunismo), con "causas complejas", con el "nivel de desarrollo del proletariado", etc. Otro argumento del camarada Trotski: "a la juventud intelectual, de uno u otro modo organizada, le es mucho más fácil incluirse

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(subrayado por mí) en las listas del Partido". Precisamente. Por esto adolece de vaguedad intelectual una formulación en virtud de la cual incluso elementos desorganizados se declaran miembros del Partido, y no la mía, que elimina el derecho a "incluirse" en las listas. El camarada Trotski dice que si el C.C. "no reconoce" las organizaciones de oportunistas, ello se debe sólo al carácter de las personas, y si estas personas [cont. en pág. 90. -- DJR] son conocidas como personalidades políticas, no son peligrosas, se las puede alejar por medio del boicot de todo el Partido. Esto sólo es verdad para aquellos casos en que es preciso alejar del Partido (y aún es una verdad a medias, porque un partido organizado aleja mediante el voto y no por medio de un boicot). Pero es absolutamente inexacto para los casos, mucho más frecuentes, en que es absurdo alejar, en que es preciso solo controlar. Para fines de control, el C.C. puede incluir intencionadamente en el Partido, con ciertas condiciones, una organización no completamente segura, pero que sea capaz de trabajar, para probarla, para intentar encauzarla por el correcto camino, para paralizar mediante su dirección las desviaciones parciales, etc. Incluir de este modo no es peligroso, siempre que no se consienta en general el " incluirse a sí mismo " en las listas del Partido. Una inclusión de esta índole será muchas veces beneficiosa, para que se expresen (y se examinen) con franqueza y responsabilidad, bajo control, los puntos de vista equivocados y la táctica equivocada. "Pero si las definiciones jurídicas han de corresponder a relaciones reales, la fórmula del camarada Lenin tiene que ser rechazada", dice el camarada Trotski y lo dice de nuevo como un oportunista. Las relaciones reales no son una cosa muerta, sino que viven y se desarrollan. Las definiciones jurídicas pueden estar a tono con el desarrollo progresivo de esas relaciones, pero (si estas definiciones son malas) pueden también "corresponder" a una regresión o a un anquilosamiento. Este último caso es precisamente el "caso" del camarada Mártov.

La última expresión, que he citado entre comillas, pertenece al camarada Pavlóvich, que atribuye, con mucha razón, a anarquismo el reconocer como miembros a elementos irresponsables y que se incluyen ellos mismos en el Partido". "Traducida al lenguaje corriente -decía el camarada Pavlóvich explicando mi formulación a Líber -- significa: si quieres ser miembro del Partido, debes reconocer también las relaciones de organización, y no sólo de una manera platónica". Por sencilla que sea esa "traducción", no ha resultado, sin embargo, estar demás (según han demostrado los acontecimientos posteriores al Congreso), no sólo para los diversos profesores y estudiantes de bachillerato dudosos, sino incluso para los más auténticos miembros del Partido, para la gente de arriba. . . Con igual razón ha señalado el camarada Pavlóvich la contradicción existente entre la fórmula del camarada Mártov y el principio indiscutible del socialismo científico que con tan poca fortuna citó el mismo camarada Mártov: "Nuestro Partido es el intérprete consciente de un proceso inconsciente". Exacto. Y precisamente por eso es un error el pretender que "todo huelguista" pueda adjudicarse el título de miembro del Partido, porque si "toda huelga" no fuera sólo la expresión espontánea de un poderoso instinto de clase y de lucha de clases, que conduce inevitablemente a la revolución social, sino una expresión consciente de ese proceso, entonces. . . , entonces la huelga general no sería una frase anarquista, entonces nuestro Partido englobaría inmediatamente y de golpe a toda la clase obrera y, por consiguiente, también acabaría de golpe con toda la sociedad burguesa. . . Para ser en efecto intérprete consciente, el Partido debe saber establecer unas relaciones de organización que aseguren determinado nivel de conciencia y eleven sistemáticamente este nivel. "De ir por el camino de Mártov -- dijo el camarada Pavlóvich --, ante todo hay que suprimir el punto acerca del reconocimiento del programa, porque para aceptar un programa es menester asimilarlo y comprenderlo. . . El reconocimiento del programa está condicionado por un nivel bastante elevado de conciencia política". Nunca consentiremos nosotros que el apoyo a la socialdemocracia, la participación en la lucha que ella dirige, se limiten artificialmente por ninguna exigencia, cualquiera que sea (asimilación, comprensión, etc.), porque esa misma participación, por el mero hecho de manifestarse, eleva tanto la conciencia como los instintos de organización, pero ya que nos hemos agrupado en un partido para un trabajo metódico, debemos preocuparnos de asegurar que sea metódico. Inmediatamente, en el transcurso de aquella misma sesión, se vio que no estaba de más la advertencia del camarada Pavlóvich acerca del programa. Los camaradas Akímov y Líber, que habían hecho triunfar la formulación del camara da Mártov[*], descubrieron inmediatamente su 43

verdadera naturaleza, al exigir (págs. 254-255) que (para "ser miembro" del Partido) también el programa había que reconocerlo tan sólo de un modo platónico, tan sólo en sus "principios fundamentales". "La proposición del camarada Akímov es absolutamente lógica desde el punto de vista del camarada Mártov", observó el camarada Pavlóvich. Es de lamentar que las actas no digan cuántos votos reunió esa proposición de Akímov, pero según todas las probabilidades, obtuvo no menos de siete (cinco del Bund, Akímov y Brúker). ¡Y precisamente al retirarse siete delegados del Congreso se convirtió la "compacta mayoría" (de los antiiskristas, "centro" y martovistas), que se había comenzado a formar alrededor del artículo primero de los estatutos, en compacta minoría! ¡Precisamente por haberse retirado siete delegados se vino abajo la proposición de confirmar la vieja redacción, al parecer terrible transgresión de la "continuidad" en la dirección de Iskra! El original grupo de siete era la única salvación y garantía de la "continuidad" de Iskra: los siete eran los bundistas, Akímov

* Obtuvo 28 votos a favor y 22 en contra. De los ocho antiiskristas, siete votaron por Mártov y uno por mí. Sin el auxilio de los oportunistas, el camarada Mártov no hubiera podido hacer triunfar su fórmula oportunista. (En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov, con muy poca fortuna, trató de negar este hecho indudable, limitándose por no sé qué razón a los votos de los bundistas y olvidando al camarada Akímov y a sus amigos, o, mejor dicho, recordándolos tan sólo cuando este recuerdo podía constituir un testimonio contra mí, es decir, recordando la conformidad del camarada Brúker conmigo.)

y Brúker, es decir, precisamente los delegados que votaron contra las razones de reconocer a Iskra como Órgano Central; precisamente los delegados cuyo oportunismo reconoció decenas de veces el Congreso y reconocieron, particularmente, Mártov y Plejánov en lo tocante a suavizar el artículo primero acerca del programa ¡La "continuidad" de Iskra salvaguardada por los antiiskristas! Nos acercamos al nudo de la tragicomedia que se desarrolló después del Congreso * * *

El agrupamiento de votos que se produjo con motivo del artículo primero de los estatutos puso de manifiesto un fenómeno absolutamente del mismo tipo que el que se observó en el incidente con motivo de la igualdad de derechos de las lenguas: el hecho de que de la mayoría iskrista se separase (aproximadamente) su cuarta parte, permitió el triunfo de los antiiskristas, respaldados por el "centro". Claro que también en este caso hay votos aislados que alteran la armonía total del cuadro: en reunión tan numerosa como fue nuestro Congreso no puede evitarse que haya una parte de "salvajes", que se inclinan por casualidad hacia uno u otro lado, sobre todo en un problema como fue el artículo primero, donde el verdadero carácter de la divergencia tan sólo apuntaba y muchos, en realidad, no llegaban aún a orientarse (por no haberse tratado previamente del problema en las publicaciones). De los iskristas de la mayoría se apartaron cinco votos (Rúsov y Karski, con dos votos cada uno, y Lensky, con un voto); en cambio, se les unió un voto antiiskrista (Brúker) y tres del centro (Medviédiev, Iegórov y Tsariov); resultó así una suma de 23 votos (24 - 5 + 4), un voto menos que el agrupamiento definitivo en las elecciones. La mayoría se la dieron a Mártov los antiiskristas, siete de los cuales votaron por él y uno por mí (del "centro" hubo siete votos a favor de Mártov y tres a mi favor). La coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas y el "centro", que constituía una minoría compacta a la terminación del Congreso y después de él, empezaba a formarse. El error político de Mártov y Axelrod, que indudablemente habían dado un paso hacia el oportunismo y hacia el individualismo anarquista en la formulación del artículo primero, y sobre todo en la defensa de esta formulación, se manifestó en seguida y con peculiar relieve merced a la lucha, libre y franca, que se desarrolló en el Congreso; se manifestó en que los elementos menos estables y menos firmes en cuanto a los principios lanzaron inmediatamente todas sus fuerzas para ensanchar los resquicios, la brecha que se había abierto en las opiniones de la socialdemocracia revolucionaria. La labor conjunta en el Congreso, por parte de gentes que en el terreno de la 44

organización perseguían abiertamente objetivos distintos (v. el discurso de Akímov), llevó inmediatamente a los adversarios de principio de nuestro plan de organización y de nuestros estatutos a apoyar el error de los camaradas Mártov y Axelrod. Los iskristas, que también en este punto se mantuvieron fieles a las concepciones de la socialdemocracia revolucionaria, quedaron en minoría. Esta es una circunstancia de enorme importancia, pues sin aclararse la es absolutamente imposible comprender ni la lucha por particularidades de los estatutos, ni la lucha por la composición personal del Órgano Central y del Comité Central.

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“El olvido de los grandes problemas esenciales ante los intereses pasajeros del momento; la carrera tras los éxitos efímeros y la lucha en torno a ellos, sin preocuparse de las consecuencias ulteriores; el abandono del futuro del movimiento, el cual se sacrifica al presente, todo ello puede tener móviles honestos. Y el oportunismo “honesto” puede resultar el más peligroso de todos los oportunismos.” F. Engels. Crítica del Programa de Erfurt.

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