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Dr. Kléver Silva Zaldumbide

MEDICO ACUPUNTURISTA

Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador Especialización de dos años de postgrado en la República de China en ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN Cómo comportarse ante el dolor. - ¿Qué queremos transmitir cuando decimos “me duele”? ¿Qué podemos hacer cuando alguien define el dolor como “insoportable”?. La sede de ese sentimiento reside mucho más allá de la parte del cuerpo que está dando la alarma. Es la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Quien siente dolor es la persona en su totalidad. Casi todas, sino todas las alteraciones del cuerpo pueden causar dolor. Este tiene calidades (punzante, quemante, continuo, etc.) y, puede ser local, tener la capacidad de irradiarse de una parte del cuerpo a otra o ser referido (reflejo). La intensidad mínima de estímulo que desencadena su sensación, aplicado por largo tiempo se llama “umbral doloroso” y las reacciones, tanto reflejas como psíquicas (angustia, ansiedad, llanto, etc.) que tenemos cada uno de nosotros ante éste, varía enormemente. El dolor puede ser de origen mecánico, neurotrófico (contractura muscular) o inflamatorio. En un gran número de casos, la acupuntura puede curarlo o aliviarlo. La acción sobre el dolor se explica por medio de varios mecanismos: local, por estimulación directa de las terminaciones nerviosas y sobre la contractura muscular. A distancia, sobre el Sistema Nervioso Central y Vegetativo. Además por acción neuroendocrina, por estimulación de la secreción de endorfinas. La función del dolor es muy importante ya que permite al ser humano mantener la integridad del organismo, como en el caso de retirar la mano sobre algo caliente, es en cierto sentido protector, “útil”, un dolor fisiológico que nos cuida y nos brinda la posibilidad de pedir ayuda. Los que trabajamos en este tema nos especializamos en tratar la causa para que este dolor-alarma desaparezca y también combatir el tipo de dolor que, en general, no nos sirve de ayuda: el dolor “inútil” (como el dolor post operatorio, el de cáncer, el del Herpes Zoster, etc.) que ha dejado de ser un signo de alarma en nuestro organismo y sólo se encarga de destruir el ánimo de quien lo padece, puede alterar totalmente la calidad de vida de la persona, puede quedarse a vivir con el paciente por largo período de tiempo, dificultando las actividades del pensamiento, alterando la calidad de vida, la vitalidad y la longevidad de cada uno de nosotros. Es tal vez el único síntoma que puede instalarse en nosotros para siempre sino adquirimos una conducta más preventiva menos quemeimportista (“ya me ha de pasar”) ya que todos sabemos que, el dolor, cuanto más tiempo lleva dentro de un organismo más difícil es erradicarlo, además recibiendo tratamiento oportuno puede evitarse que cualquier enfermedad se convierta en degenerativa, deteriorante y hasta a veces incapacitante, forzando a que el tratamiento a recibir sea muy agresivo, supresivo y casi sólo paliativo. Sustancias como la bradicinina, histamina y otros neurotransmisores estimulan las terminaciones dolorosas y, como ya sabemos, una de las múltiples acciones de la ACUPUNTURA es inhibir la acción de éstas y activar nuestros propios sistemas antidolor (endorfinas, encefalinas, opioides, etc.), y, mientras más oportuno es el tratamiento, más satisfactorios son los resultados. El dolor es como el amor o como el odio: no se puede medir, y, aunque en los últimos tiempos se ha desarrollado instrumentos para medir el dolor, éste es, personal, subjetivo e intransferible. De otro lado, ninguna vida está completamente libre del dolor emocional y la tristeza, pero la mayor parte del sufrimiento humano es innecesario, es creado por uno mismo mientras la mente no bien conducida maneje nuestra vida, es una forma de no aceptación, de negatividad, de resistencia inconsciente a lo que es. La intensidad del sufrimiento depende del grado de resistencia al momento presente, y esta a su vez depende de la fuerza de su identificación con la mente, ya que la mente se resiste al ahora porque no puede funcionar y permanecer en control

sin el tiempo, que es pasado y futuro, percibiendo el ahora intemporal como una amenaza. El tiempo y la mente son de hecho inseparables. El mundo, la humanidad y su estructura serían diferentes si no acumuláramos una carga cada vez más pesada, del pasado y del futuro, magnificando nuestras frustraciones, concentrándonos en saber con tanta exactitud lo que no tenemos e ignorando o negando lo que tenemos, sin vivir el presente. Si no queremos crear más dolor para nosotros mismos y para nuestro entorno familiar, personal, laboral o conyugal, no creemos más tiempo, digamos siempre “sí” al momento presente aunque a veces sea inaceptable o desagradable, superándolo sin etiquetarlo de negativo porque crea dolor e infelicidad, tratemos de crear un estado de libertad interior ya que mientras más incapaces nos sintamos de superarlo más dolor emocional experimentaremos dejando un residuo de sufrimiento que permanecerá como una herida abierta que nunca se logrará cerrar.