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OTRAS OBRAS DEL AUTOR

EN ESTA COLECCION INFANCIA EN BERLIN HACIA 1900

OTRAS OBRAS ANGELUS NOVUS CHARLES BAUDELAIRE. EIN LYRIKER IM ZEITALTER DES HOCHKAPITALISMUS BAUDELAIRE. TABLEAUX PARISIENS BERLINER CHRONIK DAS KUNSTWERK IM ZEITALTER SEINER TECHNISCHEN REPRODUZIERBARKEIT DAS PASSAGEN-WERK DEUTSCHE MENSCHEN. EINE FOLGE VON BRIEFEN ILLUMINATIONEN URSPRUNG DES DEUTSCHEN TRAUERSPIELS ZUR KRITIK DER GEWALT UND ANDARE AUFSATZE

••••••••••••••••••••••••••

Dirección única

7Ll'~-"L.~ooooooooooooooaooooo.

L

UTERATIJRA

AL~

Walter

Benjamin

Dirección única

TrMi~~ecilm ]un J. tkl Soúr y

Mtrcttks Alkndtsa/azar

EDICIONES

ALF~

TrTULO ORIGINAL:

EINBAHNSTRASSF.

19.55 BY SUHRKAMP VERLAG, FRANKFUR1' AM MAIN

DE ESTA EDICION:

EDICIONES

AL~

1987, ALTEA, TAURUS. ALFAGUARA, S. A.

PRTNCJPE DE VERGARA, 81 28006 MADRID

TELEFONO 261 97 ()()

LS.B.N.: 84·204-2449-8 DEPOSITO LEGAL: M. U.776-1987

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l)irección única

LA MAQUETA DE LA COLECCJON Y EL DISE~O DE LA CUBIERTA ESTUVIERON A CARGO DE ENRIC SATUE ®

INDICE

Gasolinera

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Salita

para desayunar.

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Nr. 113

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Para hombres.

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Reloj regulador

. Piso de lujo, amueblado, de diez habitacio-

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. ¡Vuelve! ¡Todo ha sido perdonado!.

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nes

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Porcelana china

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Guantes.

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Embajada

mejicana .

 

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Estas

plantaciones

se

encomiendan

 

a

la

protección del

público .

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Terreno en

constmcción

 

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Ministerio del Interior.

 

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Bandera

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A

media

asta

. Panorama imperial

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. Peluquero para señoras

Obras

públicas

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quisquillosas.

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¡Cuidado con los peldaños!

 

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Censor jurado de libros.

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Material didáctico

. ¡Alemanes, bebed cerveza

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¡Prohibido fijar

 

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Nr. 13

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Armas y municiones

 

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Primeros auxilios

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Arquitectura

Artículos

interior.

. de escritorio y papelería

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Anículos de fantasía.

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Ampliaciones

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Antigüedades

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Relojes

y joyería.

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Lámpara de arco

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. Oficina de objetos perdidos.

1-oggia.

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Parada

para

no

más

de

tres

coches

de

 

alquiler

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Monumento a los combatientes

 

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Avisador de

incendios

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Recuerdos de

viaje

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Optico.

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Juguetes

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. Se alquilan estas

Policlínica

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superficies

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Artículos de oficina.

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Paquetes pos'tales: expedición y

 

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¡Cerrado por obras! Restaurante automático

<u\ugias»

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Tienda

de

sellos .

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Si parla italiano

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Asistencia

técnica

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Quincalla

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Asesoramiento fiscal

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Protección

legal

para

indigentes

 

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Timbre de noche para avisar al médico.

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l\bdamc

Arianc,

segundo

 

patio

 

a

la

iz-

 

quierda

Máscaras-guardarropa

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Oficina de Apuestas Mutuas

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Cervecería

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Prohibido mendigar y vender a domicilio .

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}-lacia el

planetario

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~~·~00000000000000000000

ESTA CALLE SE LLAMA

CALLE ASJA LACIS,

NOMBRE DE AQUELLA QUE

COMO INGENIERO

LA ABRIO EN EL AUTOR

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GASOLINERA

La construcc10n de la vida se halla, en estos momentos, mucho más dominada por hechos que por convicciones. Y por un tipo de hechos que casi nunca, y en ningún lugar, han llegado aún a fundamentar convicciones. Bajo estas circunstan- cias, una verdadera actividad literaria nq puede pretender desarrollarse dentro del marco reserva- do a la literatura: esto es más bien la expresión habirual de su infructuosidad. Para ser significati- va, la eficacia literaria sólo puede surgir del riguroso intercambio entre acción y escritura; ha de plasmar, a través de octavillas, folletos, art ícu- 'tos de revista y carteles publicitarios, las modestas formas que se corresponden mejor con su influen- cia en el seno de las comunidades activas <.JUe el pretencioso gesto universal del libro. Sólo este lenguaje rápido y directo revela una eficacia operativa adecuada al momerito actual. Las opi- niones son al gigantesco aparato de la vida social lo que el aceite es a las máquinas. Nadie se coloca frente a una turbina y la inunda de lubricante. Se echan unas cuantas gotas en roblones y junturas ocultas que es preciso conocer.

SALITA PARA DESAYUNAR

Una tradición popular desaconseja contar sueños por la mañana, en ayunas. De hecho, quien acaba de despertarse sigue aún, en ese estado, bajo el hechizo del sueño. Pues el aseo no devuelve a la luz más que la superficie del cuerpo y sus funcio- nes motrices visibles, mientras que en las capas más profundas, y también durante la ablución

matinal, la penumbra gris del sueño sigue persis- tiendo, e incluso se consolida, en la soledad de la primera hora de vigilia. Quien rehúya el contacto con el día, ya sea por temo.r a la gente, ya sea por necesidad de recogimiento,. no querrá comer y desdeñará el desayuno. De este modo evita la ruptura entre los mundos nocturno y diurno. Cautela ésta que sólo se justifica· consumiendo el sueño mediante un intenso trabajo matinal, cuan- do no a través de la oración, ya que de otro modo provoca una confusión de los ritmos vitales. En esta disposición anímica, contar sueños resulta funesto porque el hombre, que aún es a medias cómplice del mundo onírico, lo traiciona con sus palabras y ha de atenerse a su venganza. Dicho en términos más modernos: se traiciona a si mismo. Libre de la protección que le ofrecía la ingenuidad del sueño, queda totalmente desamparado al ro- 7.ar, sin dominio alguno sobre ellas, sus propias visiones oniricas. Pues sólo desde la otra orilla, desde la claridad del día, es lícito apostrofar al sueño con el poder evocador del recuerdo. Este más allá del sueño sólo es alcanzable mediante una ablución análoga al aseo y que,· no obstante, difiere totalmente de él. Pasa por el estómago. Quien está en ayunas habla del Sueño como si hablase en sueños.

NR. 113

Las horas qut contimen la forma

han transcurrido en la casa del meíio.

SUBTE.RRANEO

Hemos olvidado hace tiempo eJ ritual según el cual fue edificada la casa de nuestra vida. Pero

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cuando hay que tomarla por asalto y empiezan a caer las bombas enemigas, ¡qué de .antigüedades descarnadas y extrañas no dejan éstas al descubier-

to entre sus. fundamentósl ¡Cuántas cosas no

fueron allí enterradas y sacrificadas entre conjuros

y ensalmos! ¡Qué siniestro gabinete de curiosida- des aparece allí abajo, donde las zanjas más profundas se hallan reservadas a lo más cotidiano! Una noche de desesperación me vi,. en sueños, renovando impetuosos lazos de amistad y fraterni- dad con el primer compañero de mis tiempos de colegial, a quien llevaba sin ver varios decenios y apenas había recordado en todo ese tiempo. Al despertar, sin embargo, lo vi claro: aquello que la desesperación,· como una carga explosiva, había sacado a la luz, era el cadáver de ese hombre que estaba allí emparedado y debía impedir que quien VlVtCra allí alguna vez, pudiera ascmejársele en algo.

VESTIBULO Visita a la casa de Goethc:. No recuerdo haber visto habitaciones en el sueño. Era una sucesión

de pasillos enjalbegados como los de una escuela.

Dos visitantes inglesas de mediana edad y un guardián son los figurantes del sueño. El guardián nos invita a ·firmar en el libro de visitas, abierto sobre un pupitre, junto a la ventana, en el

extremo más alejado de uno de los pasillos. Cuando me acerco y empiezo a hojearlo, descubro

mi nombre ya anotado en él con una letra infantil,

torpe y desmesurada.

COMEDOR En un sueño me vi en el gabinete de trabajo de Goethe. No se parecía en nada al de Wcimar. Ante

todo era muy pequeño· y tenía sólo un·a ventana. Contra la pared, situada frente a ella, adosaba el escritorio uno de sus lados angostos. Sentado a él, el poeta, ya muy anciano, estaba escribiendo algo. Yo me había puesto a un lado, cuando él se interrumpió y me obsequió con un pequeño jarro, una vasija antigua. La hice girar entre mis manos. En la habitación hacía un calor espantoso. Goethe se levantó y se dirigió conmigo a la estancia contigua, donde habían dispuesto.una larga mesa para mi parentela. Sin embargo, parecía cal~ulada para muchas más personas de las que ésta contaba. También la habían puesto, sin d~da, para mis antepasados. Tomé asiento en el extremo derecho, junto a Goethe. Concluida la cena, 'él se levantó con dificultad, y yo, haciendo un gesto, le rogué que me permitiera sostenerle. Al tocarle el codo, rompí a llorar. de emoción.

PARA HOMBRES

Conve.ncer es estéril.

~ELOJ REGULADOR

Para los grandes hombres, las obr::Hr concluidas tienen menos peso que aquello~.fragmentos ·en los cuales trabajan a lo largo de toda su vida. Pues la conclusión sólo colma de. una incomparable ale· · gría al más débil y disperso, que se siente así devuelto nuevamente a ·su· vida.· Para el genio, cualquier cesura, no menos que los duros reveses de fortuna o el dulce sueño, se integran en la asidua laboriosidad de su taller, cuyo círculo

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mágico él delimita en ~1 fragmento. «El genio es laboriosidad».

iVUELVE! iTODO HA 510'0 - PERDONADO!

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Como alguien que

hace girar

la rueda de la fortuna de la que tarde o temprano saldrá el número premiado. Pues sólo aquello que ya sabíamos o practicábamos a los quince años constituirá algún día nuestra attrattiva. Por eso hay algo que ya nunca se podrá remediar: el no hal?erse- escapado de la casa paterna. A esa edad, en cuarenta y ocho horas de estar abandonado a sí mismo toma cuerpo, como en una solución alcalina, el cristal de la felicidad de. toda la vida.

así también, de<~~~J_e~ce~tc,"lwo mismo

en

Ja. }:¡arra fija hace la rueda,

PISO DE LU

AMUEBLADO,

DE DIEZ HABITACIONES

JO,

La única descripción satisfactoria ~ la vez que análisis-· del estilo ~el mobiliario en la segunda mitad -del s~gl9_ XIX,. la ofrece cierto tipo de novelas policíacas en cuyo centro dinámico se

la casa. La disposición

de los muebl~s c;s al mismo tiempo el plano de las trampas mortales, y la hilera de habitaciones prescribe a la víctima el itinerario de su huida. El quc.este género de novela policíaca comience con Poe,' ts decir, en una época en que casi no existían ·· esta clase de viviendas, no prueba nada en contra. Porque los grandes poetas, sin excepción, ejercen

halla el terror susCitad~ por

su arte combinatoria en un mundo yuc vendrá después de ellos; así, las calles parisinas de los poemas de B~mdelaire, al igual que los personajes de Dostoyevski, no empezaron a existir antes de

1900. El interior burgués. de los añ~s sesenta a

noventa, con sus inmensos aparad01;es rebosantes de tallas de madera, sus rincones sin sol en los que se alza una palmera, el mirador protegido por una balaustrada y los largos pasillos con su cant~rina llama de gas, no .p\l~de cobijar adccuad.a:mente más que ~ ~ri.cadá':cr.-' «En este sofá, la .tia sólo puede ser asesinada». La inánime exuberancia del mobiliario no se vuelve realmente cómoda sino . en presencia del cadáver. Mucho más interesante que los paisajes orientales de las novelas policíacas resulta el frondoso Oriente de sus interiores: la alfombra pers~ y la otomana, el candll y el noble puñal caucasiano. Tras los grut?sos kelínu arrcga-

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zaJos, el Jucño de casa celebra sus orgías con valores bursátiles y puede llegar a sentirse un mercader oriental o un corrupto e indolente pachá en el reino de la mohatra, hasta que ese puñal de vaíf!a plateada que cuelga. sobre el diván ~·cabe cualquier tarde con él y con su siesta. Este rasgo característico de la casa burguesa que tiembla al pensar en el anónimo asesino como una anciana lasciva que sueña con su galán, fue bien captado por algunos escritores que, como «autores de' novelas policíacas» -y quizá también porque sus obras reflejan claramente un aspecto del paride- monium burgués-, se han visto despojados de los honores que se merecían. Lo que aquí se intenta explicar, Conan Doyle lo puso en eviden- cia en algunas de sus obras, y la escritora A. K. Greco, en su vasta producción. Con El fantasma de la Opera, una de las grandes novelas sobre el

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siglo XIX, Gastan Lcroux contribuyó a la apoteo- sis de este género.

PORCELANA· CHINA

Hoy en día, nadie debe empecinarse en aquello que «sabe hacer». En la improvisaci<?n r~si~~~ la fuerza. Todos los golpes-· dedslvos --hábtán de asesüirse como sin querer.·

Un portal se abre al comienzo de un largo camino que; cuesta abajo, lleva hasta la casa de yo solía visitar cada tarde. Desde que 1 i.lla :.§€ mudó, el arco del portal sigue presente antc···mis ojos como el pabellón de una oreja que hubiera perdido el oído.

a q~.!,~n

No hay forma de conseguir que un nmo en camisón. salude a una visüa que entra. Desde lo alto d~ su autoridad moral, Jos presentes intentan en vano persuadirle y vencer su recato. Pocos minutos más tarde, el niño se pr~senta, esta vez en cueros vivos, ante la visita. Entretanto se había lavado.·

La fucr¿a· de. una carretera varía según se la recorra a pie o se la sobrevuele en aeroplano. Así

tambiét).,

1~~~?.~.9.·_fQpiado·: 'Qüiéri' ·vuela; sólo ve. cómo la carretera va deslizándose por el paisaje y. se desdevana ante sus ojos siguiendo las mismas leyes del terreno circundante. Tan sólo quien recorre a pie una carretera advierte su dominio y descubre cómo en ese mismo terreno, qu~ para el aviador no es más que una llanura desplegada, la

la fuerza de un texto varía según s"'Ci-

carretera, en cada una de sus curvas, va ordenan- do el despliegue de lejanías, miradores, calveros y perspectivas como la voz de mando de un vficial hace salir a los soldados de sus filas. Del mismo modo, sólo e!texto copiado puede dar ór~enes al ah~)a de quien"lü' está 'trabajando; mientras que el simple lector jamás conocerá. lqs nuevos. paisajes que, dentro de él, va convocando el:; textO:--:·esa carretera que atraviesa su cada vez más densa selva interior: porque el lector obedece al movi- miento de su Yo en el libre espacio aéreo del ensueño,'" mient~~s'que e_(copista deja que el tex.to

le .Pé órde:nes. De ahí que la costumbre china

de

copiar libros fuera una garantía incqmparable de cultura literaria, y la copia, una clave para pene- trar en los enigmas de la China. ·

GUANTES

En la repulsión que nos inspiran los animales,' la sensación predominante es el temor a que nos reconozcan al tocarlos. Lo que se· aterra en las profundidades del hombre es la oscura conciencia de que en él vive algo que, siendo muy poco ajeno al animal que provoca la repulsión, pueda ser reconocido por éste. Toda repulsión es, en su origen, repulsión al contacto. Incluso el afán dominador sólo consigue pasar por alto este sentimiento mediante gestos bruscos y. desmesura- dos: estrujará con violencia y devorará al objeto de la repulsión, mientras que la zona del más leve contacto epidérmico seguirá siendo tabú. Sólo así se puede satisfacer la paradoja del imperativo moral que exige al ser humano la superación y, a la vez, el cultivo más sutil de la sensación de asco.

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No le es lícito negar su parentesco bestial con ia criatura, a cuya llamada responde su repulsión: ha de enseñorearse de ella.

EMBAJADA MEJICANA

}e ne pa.ue jamaís devanl 1t11 fitiche de bois, 1111 Boudd!Ja doré, une ido/e !IJexicaine san.r me

dire: Ces/ peut-elre le vrai dieu.

CHARLES BAUDEI AIRE

Soñé que estaba en Méjico, participando en una expedición científica. Después de atravesar una selva virgen de árboles muy altos, desembocamos en un sistema de cuevas excavado al pie de una montaña, donde, desde la época de los primeros misioneros, se había mantenido una orden cuyos hermanos proseguíaq su labor de conversión entre los indígenas. En una inmensa gruta central, rematada por una bóveda gótica, se estaba cele- brando un oficio divino según un rito antic¡uísi- mo. Al acercarnos, pudimos presenciar su mo- mento culminante: un sacerdote elevaba un feti- che mejicano ame un busto de madera de Dios Padre, colocado muy alto, en una de las paredes de la gruta. En ese instante, la cabeza del dios se movió negando tres veces de derecha a izquierda.

ESTAS PLANTACIONES SE ENCOMIENDAN A LA PROTECCION DEL PUBLICO

¿Qué ha sido «resuelto»? ¿Acaso todos los interro- gantes de la vida ya vivida no han guedado atrás

como un ·boscaje que nos impedía la visión? Apenas se nos ocurriría arrancarlo, ni siquiera aclararlo. ~eguimos caminando, lo dejamos atrás, y si bien de lejos lo abarcamos con la mirada, lo vemos borroso, sombrío y tanto más miste~iosa­ rnente enmarañado.

El. comentario y la traducción ~e comportan con el texto como el estilo y la· mímesis con la naturaleza: el mismo fenomeno ·visto desde distin- tas perspectivas. En el árbol del, texto sagrado, ambos no son sino las hojas eternamente su~u­ rrantes; en el árbol del texto profano, los frutos que caen a tiempo.

Quien ama, no -se· aferra tan sólo a los «defectos>> de ·la amada, ni a los caprichos o debilidades de una mujer; muchq· más duradera e inexorablemen- te que cualquier beJleza le atan las arrugas del

rostro y las manchas de la piel, los vesti~os:raídos y un andar disparejo. Esto se sabe hace ya tiempo. ¿Y por qué? De ser cierta esa teoría según la cual las sensaciones no anidan en la cabeza, y sentimos una ventana, una nube o un árbol no .en el

más bien en el lugar donde ')os

cer~kro, sino

vemo.s;\ al contemplar a la mujer amada también estamos fuera de nosotros mismos. Aunqu~, ~n este caso, torturadamente tensos y embelesados. Deslumbrada, la sensación revolotea .como una bandada de aves en el resplandor de la mujer. Y así como los pájaros buscan refugio en los frondo- sos escondites del árbol, las sensaciones huyen hacia las arrugas umbrosas, los gestos sin gracia y las manchas ihsignificantcs del cuerpo amado, donde se acurrucan, seguras, como ~n un escon- drijo. Y ningún paseante ocasional adivinará que precisamente ahí, en aquellos rasgos imperfectos,

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criticables, anida, veloz como una flecha, el ímpe- tu amoroso del adorador.

TERRENO EN CONSTRUCCION

Resulta necio devanarse pedantementc los sesos ·sobre 1a fabric~p,_d~ ol;>jetos -material ilustra- tivo, juguetes o libros- destinados a los niños. Desde la Ilustración, ésta viene siendo una de his especulaciones más mohosas d~ los pedagogos. Su fatuo apasionamiento por la psicología les impide advertir que la Tierra está repleta de los más incomparables objetos que se ofrecen a la atención

y actividad infantiles. Y objetos concretísimos. Pues, de hecho, los_ niños' tienden de modo muy particular a frecuentar cualquier sitio donde se trabaje. a ojos vistas con las cosas. Se sienten

irresistiblemente atr~-~??~J~?-~Jg.s

niente5 . "dé ··¡á

construcción,

:Ii;~~q~ P~~ye­

jardinería,

labores

domésticiis···y-·élé~¿ostura o carpinteria. En los proquctol? residual~§_,recon_g_~f!-.el.!0.~~~<? g~~- el

mundo de los objetos les vuelve precisamente, y

sólo, a ellos. Los utilizan·no tanto para·r~p-~~ducir

J~s obras de ·los·· adultos, cc.1mo para relacionar entre sí, de manera nueva y caprichosa, materiales de muy diverso tipo, gradas á lo que con ellos elaboran en sus juegos. Los mismos niños se construyen así . su propio mundo objetal, un mundo pequeño dentro d~l'grande·: Íi~b.da que

tener presentes las normas de este pequeño mun- do objeta! si se quiere crear íntcncioriadamente cosas para los nií1os, y no se prefiere dejar que sea

la propia actividad, con todo lo que en ella es

instrumento y accesorio, Ja que encuentre por sí sola el camino hacia ellos. ·

MINISTERIO DEL IN"tERIOR

Cuanto más hostil a la tradición sea un hombre, más inexorablemente someterá su vida privada a

las normas que desea convertir en legisladoras de un orden soéial futuro. Es como.si éstas, que en

parte han llegado aún a ser realidad~ le

ninguna

impusieran la obligación dé prefigurarlas, al me- nos en el ámbito de su vida personal. Sin embar- go, el hombre que se sabe én consonancia con las más antiguas .tradiciones de su condición social o de su pueblo, contrapone a veces qstentosamente su vida privada á las maximas que, de forma implacable, defiende en la vida pública, y, sin sentir la menor zozobra, venera en secreto su propia conducta como la prueba más concluyente de la inquebrantable autoridad de los principios que él mismo profesa. Así se diferencian los tipos políticos del anarco-socialista y del conservador.

BANDERA

¡Cuánto más fácil resulta querer al que se desptdel Pues la llama destinada a quien se aleja arde ton mayor pureza, alimentada por el fugaz pañuelo que hace señas desde el barco o la ventanilla del tren. El alejamiento penetra como un tinte en aquel que desaparece, impregnándole de un suave ardor.

A MEDIA AS.TA ·

Cuando muere uri ser muy próximo a nosotros, nos parece advertir en las transformaciones de los

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meses. subsiguientes algo que, por mucho yue hubiéramos deseado compartir con él, sólo podía haber cristalizado estando él ausente. Y al final lo saludamos en un idioma que él ya no entiende.

PANORAMA IMPERIAL

-VIAJE POR LA ·INFLACION ALEMANA

I. En el legado de frases hechas que revelan a diario la forma de vida del burgués a.lemán -esa 'aleación de estur.~4~~ _y_ cq~ardía-, hay una, la de la catástrofe inminente -el «esto no puede seguir así))-, que resulta particularmente memorable. Ese desvalido apego a las ideas de seguridad y propiedad de los últimos decenios, impide al ciudadano medio percibir los mecanismos estabili- zadores, altamente novedosos y significativos, sobre los que reposa b situación actual. Como la relativa estabilización de los años anteriores a la guerra le favorecía, se cree obligado a considerar inestable cualquier situación que lo desposea. Pero ., las situaciones estables no tienen por qué ser, ni ahora ni nunca, situaciones agradables, y ya antes de la guerra había estratos para los que las situaciones de estabilidad no eran sino miseria estabilizada. La decadencia no es en nada menos estable ni más s~rr-rendente.q.;e d 'progreso. Sólo un calci.ilo·-que'adriiítiera reconocer en ella la única ratio de la situación actual, podría, liberándose del enervante asombro ante algo que se repite diaria- mente, considerar las manifestaciones de la tleca-

dencia como lo cstabl~-por'antonon1ásia, y única-

mente la salvación como algo extraordinario, casi rayano en lo portent9so e incomprensible. Los pueblos de Europa central viven co~o los habi-

tantcs de una ciudad sitiada que empiezan a quedarse sin alimentos ni pólvora, y para los ctialcs, según todo cálculo humano, apenas cabe esperar salvación. Caso éste en que la rendición, tal vez incondicional, .debería pondcrarse muy seriamente. Pero el poder mudo e invisible que Europa central siente frente a ella no se sienta a negociar. Así. pues, ya sólo. queda, en la espera permanente del asalto final, dirigir la mirada hacia lo único que aún puede aportar salvación: lo extraordinario. Pero ese estado de atención extre- ma y rcsigflada que la situación exige, podría, ya que mantenemos un misterioso contacto 'con las fuerzas que nos asedian, provocar realmente el milagro. Por el contrario, quienes aún esperan que las cosas no sigan así, acabarán por descubrir algún día. que para el sufrimiento, tanto del individuo como de las comunidades, sólo hay un límite más allá del cual ya no pueden seguir: la aniquilación.

II. Una extraña paradoja: al actuar, la gente sólo

piensa en su interés privado más mezquino, pero al mismo tiempo su comportamiento está,_ más que · ~unca, condicionado por los instintos ~e masa. 'Y, más que nunca, éstos vagan a la deriya, ajenos a la vida. Allí donde el oscuro instinto animal "'---(:Omo relatan innumerables anécdotas- encuentra uña salida .ante el peligro inminente y en apariencia invisible, esta sociedad en la que cada cual sólo tiene en mente su propio y vulgar provecho, sucumbe también ·como una masa ciega, con totpeza animal, pero sin ese saber torpe de los animales, a cualquier peligro, incluso al más próximo, y la diversidad de ·los objetivos

individuales pierde toda su importancia ante la

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identidad de las fueiZas condicionantes. Siempre ha sido evidente CjUC el apego de la sociedad a una vida consuetudinaria, pero perdida hace ya tiem- po, es tan rígido Gue, induso en caso de extremo peligro, hace fracasar el uso propiamente humano· del intelecto: ·la previsión. Y a tal punto que, en ella, la imagen de la estupidez alcanza su culmina- ción: inseguridad, e incluso perversión de los' instintos vitales básicos, e impotencia y hasta deterioro del intelecto. Esta es la disposición anímita de la totalidad de los ciudadanos ale- manes.

III. Todas las relaciones humanas de cierta inti-

midad son iluminadas por una penetranté y casi intolerable evidencia, ante la cual apenas .logran mantenerse firmes. Pues al ocupar eJ diner(;> de formá devastadora el centro de. todos !'os .int~reses

vitales, por un lado, y constituir justamente, por el otro, la barrera· ante la que fracasan casi todas las relaciones humanas, van desapareciendo más y más, tanto en el ámbito de la naturaleza como en el de las i::ostumbrés, la confianza espontánea, la calma y la salud.

IV. No en· vano suele hablarse de miseria «des.,.

Lo más siniestro de su exhibidón:- que enipe2ó a ser ~ostumbrc bajo la ley de la necesidad y sólo muestra, sin embargo, una milésima parte de lo que oculta, no es la compasión, ni la conciencia -.·-igualmente terrible- de· la propia intangibilidad que se abren paso en el observador, sino su vergüenza. Resulta imposible vivir en una · gran ciudad alemana en la que el hambre obliga a Jos más misetables a vivir de Jos billetes con que los transeúntes intentan cubrir una desnudez que les hiere.

m~·da>),

V. «Pobreza no es vileza». Perfecto. Pero ellos sí

que envilecen al pobre. Lo hacen y le consuelan con la frasecilla de marras. Es una de aquellas que en otra época pudieron tener validez, pero cuyo plazo ha expirado hace ya tiempo. No otra cosa ocurre con aquel brutal «quien no trabaja, que no coma». Cuando había trabajo y ~e podía comer, también había pobreza, pero' ésta no envHecía al individuo _al abatirse sobre él por una mala cosecha o cualquier otra fatalidad. Sí envilece, en cambio, esta indigencia en la que han nacido millones y en cuyas redes van cayendo otros · cientos de miles a medida que empobrecen. La suciedad y la miseria crecen a su alrededor como _ muros construidos por manos invisibles. Y así como el individuo que está solo puede soportar muchas cosas, pero siente una justa vergüenza si su mujer ve cómo las soporta y ha de padecerlas ella misma, · así también a ese individuo se h:

permite aguantar mucho mientras esté solo, y todo, siempre que lo oculte. Pero nadie deberá hacer nunca sus propias paces con la pobreza, si ésta, cual gigantesca_sombra, se abatiera sobre su pueblo y su casa. Tendrá entonces que mantener sus sentidos muy despiertos frente a cualquier humil1ación que le toque en suerte, y someterlos a una disciplina hasta que sus sufrimientos hayan abierto no ya el abrupto camino de la aflicción,

que lleva ·cüesta abajo, sino el sendero ascendente de la· r~beldía.)Aunque :aquí no cabe ésperar nada mientras todos y cada uno de los destinos más terribles y oscuros, discutidos cada día, e incluso

cada hora, por la prtnsa, analizados en tocb.s sus

causas y consecuencias ficticias, no ayuden a nadie a descubrir las fuerzas oscuras a las que su vida ha sido esclavizada.

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31

VI. Al extranjero que siga someramente la anda-

dura de la vida alemana e incluso haya recorrido por poco tiempo el país, sus habitantes no le parecerán menos extraños que los de una raza exótica. Un francés perspicaz dijo una vez: «Es rarísimo que un alemán tenga las ideas claras con respecto a sí 'mismo. Y si alguna vez las tiene, no lo dirá. Y si lo dice, no se hará entender». La guerra ha aumentado esta desoladora distancia, y no sólo po~ las atrocidades, reales o legendarias, que solían contarse de los alemanes. Lo que más bien acaba de rematar el grotesco aislamiento de Alemania a los ojos de los demás europeos, lo que en el fondo les hace pensar que tienen que vérselas con hotentotes (como muy acertadamente se ha dicho de los alemanes), es yiolencia -·-de todo punto incomprensible para el qÜe está fuera, y totalmente inconsciente para el prisionero- con que las condiciones de vida, la miseria y la estupidez someten a la gente, en este escenario, a las fuerzas de la comunidad, como sólo la vida de cualquier primitivo se halla condicionada por las 'leyes de su clan. El más europeo de todos los bienes, esa ironía más o menos conspicua con que la vida del individuo pretende seguir un curso distinto del de la comunidad en que le ha tocado recalar, es algo que los alemanes han perdido totalmente.

·

VII. La libertad de la conversacton se está perdiendo. Así como ames era obvio y nat~ral interesarse por el interlocutor, ese interés se sustituye ahora por preguntas sobre el precio de sus zapatos o de su paraguas. Ineluctablemente, en cada tertulia acaba insinuándose el tema de las condiciones de vida, del dirK:ro. Y no es que se

hable tanto de las preocupaciones y padecimientos de cada cual -tema en el que quizá podrían ayudarse unos a otros-, como de la situaci<?n en general. Es como estar prisíonero en un teatro y tener que seguir, de grado o por fuerza, la obra.:

que se está escenificando; como tener que conver-. tiria constantemente, de grado o por fuerza, en ·tema de pensamientos y conversaciones.

VIII. Quien no se resiste a percibir e}dcterioro

acaba reivindicando, sin demora, una justificación especial para su pern1ancncia, actividad y partici- pación en este'· caos. )Hay tantas consideraciones sobre el fracaso genéral como excepciones· para la propia esfera de acción, domicilio y circunstancia. La voluntad ciega de salvar el pres~igio de la propia existencia, inás que de liberarla al menos -mediante una valoración distanciada de· su impotencia e intrincamiento- del telón de fondo de la ofuscación general, se va imponiendo casi en todas partes. Por eso está el aire tan cargado de teorías sobre la vida y concepciones del mundo,· y . por eso éstas parecen aquí, en este·. país, tan pretenciosas. Pues al final casi siempre sirven para legitimar alguna situación particular, totalmente insignificante. Por eso también está ci ·aire tan cargado de las quimeras y espejismos propios de un futuro cultural que, pese a todo, irrumpiría floreciente de la noche a la mañana: porgue cada cual se compromete con las ilusiones ópticas de su punto de vista aislado.

IX. Los hombres que viven apriscados en el redil de este país han perdido _la visión para discernir los contornos de la persona humana. Ante ellos, cualquier espíritu libre parece un ser

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33

extravagante. Imaginemos las cadenas montaño- sas del macizo alpino recortadas no contra el deJo, sino contra los ·pliegues de un pañQ oscuro. Sólo confusamfnte se dibuja~ían las poderosas formas. Del mismo modo, una 'pesada cortina ha cubierto el cielo de Alemania y ya ni siquiera' vemos el

perfil de los más grandes hombres.

X. El

objetos de uso cotidiano rechazan al hombre suave, pero tenazmente. Y al final éste se ve obligado a realizar día a día una labor descomunal para vencer las resistencias secretas -no sólo las

calor ·se está· yendo de las cosas. Los

il'lanifiestas- que le .oponen esos objetos, cuya frialdad tiene él que compensar con su propio

calor para no helarse al tocarlos, y coger sus púas

con una destreza infinita para no sangrar al

asirlos. Q~e no espere la men~r ayu~a de qui~res

le

vended9res, todos se sienten representantes de una m:¡¡.téria levantisca cuya peligrosidad se empe- ñan en patentizar medi~nte su propia rudeza. Y

hasta la tierra misma conspira en la degeneración

eón que las cosas, haciéndose eco del deterioro humano, castigan al hombre. Al igual que ellas, la

tierra lo consume, y la eternamente ausente pri-

mavera alemana no es más que una de las innu- merables manifestaciones similares de la naturale- za alemána, qu~ también se va descoinponicndo. En e1Ja ,se vive como si, contrariando todas las

leyes, 'ta presión de esa columna de aire cu.yo peso

cada cual sciporta, cil1pczara, dé prqnto, a hacerse sentir por estos pagos.

rodean.

Revisores,

funcionarios,

artesanos

y

XL Al despliegue de cualquier movimiento hu-

mano, ya provenga de impulsos espirituales o

incluso naturales, se opone la desmedida resisten- cia del entorno. La escasez de viviendas y el encarecimiento del transporte se están 'encargando de aniquilar por completo ese símbolo dementa}

de la libertad europea que, bajo ciertas formas, le fue dado incluso a la Edad Media: la libertad de c~mbiar de domicilio. Y si la coacción medieval ataba al hombre a agrupaciones naturales, ahora se halla encadenado a una comunidad antinatural. Pocas cosas fortalecerán tanto la funesta violencia del impulso ~igratorioy su propagación como el estrangulamiento de la libertad de cambiar de domicilio, y nunca ha sido mayor la despropor-

ción entre

de los medios de locomoción.

la libertad de movimiento. y la riqueza ·

XII. Con la dudad ocurre lo mismo que con

todas las cosas some.Í:idas a un proceso irresistible

de mezcla y contaminación: pier9en su expresión esencial lo ambiguo pasa a ocupar en, ellas el lugar de lo auténtico. Las grandes ciudades, cuyo poder incomparablemente apaciguador y esti~m­ lantc encierra. al creador en un recinto de paz, y, junto con la visión del horizonte, también logra quitarle la conciencia de las fuerzas elementales siempre en vela, aparecen penetradas e inv:adidas por el campo en todas partes. No por el paisaje, sino por aquello que la naturaleza libre tiene de más amargo: la tierra laborable, las carreteras, el cielo nocturno no cubierto ya por el temblor de un velo rojizo. La inseguridad, incluso de las zonas animadas, sume por completo al habitante de la ciudad en esa situaciótt opaca y absolutamen- te aterradora en la qúe, bajo las inclemencias de la llanura desierta, se ve obligado a enfrentarse a los engendros de la arquitectura urbana.

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XIII. Cierta nobl_e indiferencia hacia las esferas

de la riqueza y la pobreza ha abandonado total- me~te his_ cosas que se fabrican. Cada una marca

con un sello a su propietario, quien no tiene otra elección que presentarse como un pobre diablo o un estraperlista. Pues mientras que el verdade- ro lujo es de tal índole que el espíritu y la socia-

bilf\.lad logran penetrarlo y hacer c¡ue sea olvida-

do, lo que aquí se va imponiendo como artículo ·.de lujo ostenta una macicez tan impúdica que cualquier irradiación espiritual se quiebra con- ira ella.

XIV. 'Desde los más antiguos usos de los pue- blos parece llegar hasta nosotros una especie de · a~oncstación a que evitemos el gesto de la .codicia al recibir aquello que tan pródigamente OQS otorga la naturaleza. Pues con nada nuestro podemos obsequiar a la madre tierra. De ahí que sea conveniente mostrar un profundo respeto al aceptar sus dones, resti~yéndole, antes de apode- rarnos de aquello que nos pertenece, una parte de todo lo que continuamente recibimos de ella. Este profundo respeto se manifiesta a través de la . antigua costumbre de la libalio. Y quizá fuera esta antiquísima y noble práctica la que se mantuvo, transformada, en la prohibición de rebuscar las espigas olvidadas y recoger las uvas caídas, ya que éstas resultan provechosas para la tierra o los ancestros dispensadores de abundancia. La usanza ateniense prohibía recoger las migajas durante las comidas, porque· pertenecían a los héroes. Si algún día la sociedad, impulsada por la necesidad y la avidez, llegase a un grado tal de degeneración que no pudiera recibir los dones de la naturaleza sin recurrir a la depredación, que arrancara los

frutos aún verdes para colocados ventajosamente en el mercado y tuviera que vaciar cada fuente sólo para hartarse, ese día su tierra se empobrecerá y el campo dará malas cosechas.

OBRAS PUBLICAS

En sueños vi un terreno yermo. Era la plaza del mercado de \Veimar. Estaban haciendo excavado- ' nes. También yo escarbé un poco en la arena. Y entonces surgió la aguja de ún campanario. Con- tentísimo, pensé: un santuario mejicano de la época del preanimismo, el anaquivitzlí. Me des- perté riendo. (Ana=civ&; vi=vie; witz=Íglcsia mejicana (!).)

PELUQUERO PARA SEÑORAS QUISQUILLOSAS

Detener una mañana en sus camas, sin decir nada, a tres mil damas y caballeros de"! Kurfürstcn- damm, y tenerlos veinticuatro horas en la cárcel. Distribuir a medianoche, en las celdas, un cuestio- nario sobre la pena de muerte, pidiendo a sus firmantes que indiquen el tipo de ejecución· que, llegado el caso, elegirían a título petsónal. Quie- nes hasta entonces solían expresarse <<según su leal entender>) y sin que nadie se lo pidiera, tendrían que rellenar ese documento bajo estricta vigilancia y «según su leal saben>. Antes del amanecer, sagrado desde siempre, pero consagrado en este país al verdugo, se habría esclarecido la c1.1estión de la pena de muerte.

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iCUIDADO CON LOS

PELDAÑOS!

·El trabajo en una buena prosa tiene tres peldaños:

uno musical, donde es compuesta; uno arquitectó- nico, donde es construida, y, por último, uno donde es tejida.

CENSOR JURADO DE LIBROS

Así como la.época actual es, por antonomasia, la antítesis del Renadmiento, también sé contrapo- ne, en particular, al momento histórico en que se inventó el arte de la imprenta. Se trate o no de un azar, su aparición en Alemania coincide con una época en que el libro, en el sentido más noble del término, el Libro de los libros, se convirtió, gracias a ]a traducción de la Biblia por Lutero, en patrimonio colectivo. Ahora, todo parece indicar que el libro; en ·esta forma heredada de la tradi- ción, se encamina hacia su fin. Mallarmé, que desde la cristalina concepción de su obra, sin duda 'tradicionalista, vio la verdadera imagen de lo que se avecinaba, utilizó por vez primera en el Coup de dés las tensiones gráficas de la publicidad, aplicán- dolas a la disposición tipográfica. Los experimen- tos· que los dadaístas intenta~on luego con la escritura ~o provenían ciertamente de un afán de construcción, sino de las puntuales reacciones nerviosas propias de los literatos, y fueron por ello mucho menos consistentes que el intento de Mallarmé,. surgido de la esencia misma de su estilo. Pero esto rerm_ite justamcnte-r~occr la actualidad de aquello que; cual\mónada,. Mallar-

mé, en su aposcntb más hcrmétil:o;-·dés~ubrió en

armonía preestablecida con todos los aconteci- mientos decisí vos de esta época en los ámbitos de ·la economía, la técnica y la vida pública. La · escritura, que había encontrado en el libro impre- so un asilo donde llevaba su existencia autónoma, fue arrastrada inexorablemente. a la calle por los carteles publicitarios y so.metida a las brutales heteronomías del caos económico. Tal fue el severo aprendizaje de su nueva forma.' Si hace siglos empezó a reclinarse gradualmente, pasando de la inscripción vertical al manuscrito que repo- saba inclinado en los atriles para terminar. recos- tándose en la letra impresa, ahora comienza, con idéntica lentitud, a levantarse otra vez del suelo. Ya el periódico es leído más vertical que horizon- talmente, el cine y la publicidad someten por. completo la escritura a una verticalidad dictatorial. Y antes de que el hombre contemporáneo consiga

abrir un libro, sobre sus ojos se· abate un torbelli~ no tan denso de letras volubles, coloreadas, renci-

llosas, que

la

arcaica quietud del libro se ven reducidas. Las nubes de langostas de la escritura, que al habitante· de la gran ciudad le eclipsan ya· hoy el sol del pretendido espíritu, se irán espesando más y más cada año. Otras exigencias del mundo de los negocios llevan más lejos. Con el archivo· se . .conquista la escritura" tridimensionál, es decir, un .sorpre~dente contrapunto a la tridimensionalídad de 1~ escritura en su origen, cuando era runa o quipo. (Y ya hoy es el libro, como enseña el modo ·actual de producción c~entífica, una' mediación anticuada entre dós sistemas diferentes de fiche- ros. Pues todo lo esencial se encuentra en el fichero del investigador que lo escribió, y el erudito, que estudia en él, lo asimila a su propio

sus· posibilidades de ·penetrar ·en

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39

fichero.) Pero no cabe la menor duda de que la evolución de la escritura no quedará eternamente ligada a las pretensiones de dominio de una actividad caótica en la ciencia y en la economía, y de que más bie.n vendrá el momento en que la cantidad ·se transforme en calidad, y la escritura, que se adentra cada vez más en el ámbito gráfico de su nueva y excéntrica plasticidad, se apoderará de golpe de sus contenidos objetivos .adecuados (Sachgehalte). En esta escrirura pictográfica, los poetas, que como en los tiempos más remotos serán en primer término y sobre todo expertos en escritura, sólo podrán colaborar si hacen suyos -los ámbitos en los que (sin darse demasiada impor-· tanda) ·se lleva a cabo la construcción de esa escritura:: los del diagrama estadístico y técnico. Con la instauración de uria escritüri internacional variable, ellos renovarán su autoridad en la vida de los pueblos y descubrirán un papel frente a) cual rodas las aspiraciones tendentes a rcnoyar la retórica resultarán triviales ensoñaciones.

MATERIAL DIDACTICO

PRINCIPIOS DEL MAMOTRETO O EL

ARTE DE FABRICAR LIBROS GRUESOS

l. En toda la exposición deberán entreverarse continuas y prolijas referencias al plan de la obra.

,11. Se introducirán términos para designar con- ceptos que, salvo en su definición misma, no vuelv'an a aparecer en todo el Hbro.

Ill. Las distinciones conceptuales a las que con gran dificultad se llegue a lo largo del texto,

deberán desdibujarse de nuevo en las notas a Jos pasajes correspondientes.

•·

IV. Se darán ejemplos para ilustrar conceptos

que sólo sean tratados en su acepción general: así, donde se hable de máquinas, se enumerarán todos sus tipos.

V. roda cuanto a priori esté claro de un objeto,

será corroborado por una retahíla de ejemplos.

Vl. Las correlaciones representables gráficamen- te serán descritas con palabras. En vez de dibujar, por ejemplo, un árbol genealógico, todos los vínculos de parentesco serári pormenorizados e· ilustrados.

VII.

argumentación, a uno.

ma

Varios adversarios que defiendan

deberán

ser

la mis-

uno

refutados

La producción media del erudito actual aspira a ser leída como un'·. catálogo.'. Pero ¿cuándo. se llegarán a escrib¡r·libros ·como catálogos? Si, de esta suerte, la mala calidad del contenido aflora al exte_rior, nacerá una excelente obra .literaria en la que el valor de las opiniones vendrá indicado por una cifra, sin que por ello éstas sean puestas en

venta.

La máquina de escribir convertirá la mano del literato en algo extraño al' portaplumas sólo cuando la precisión de las formas tipográficas intervenga directamente en la concepción de sus libros. Probablemente se necesiten entonces siste- mas nuevos con caracteres tipográfico~ más varia-

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bies. Y aquéllos susututran la escritura a mano por la inervación de ·los dedos que d:!:n órdenes.

Un período concebido métricamente, cuyo ritmo sea luego p~rturbado en un único punto, produci- rá la frase en prosa más bella que · se pueda imaginar. Asi, por una pequeña brecha abierta en el muro se filtra un rayo de luz en el gabinete del alquimista, haciendo destellar cristales, esferas y triángulos.

iALEMANES, BEBED

CERVEZA ALEMANA!

Frente a la ~ida intelectual, la plebe está poseída por un odio frenético que ha descubierto en el recuento de los cuerpos la mejor garantía para aniquilarla. Dondequiera que se les permita, se colocan en fila y avanzan a paso de marcha al encuentro del fuego de artillería y del encareci- miento de las mercancías. Ninguno ve más allá de la espalda del . que le precede,_ y cada cual se enorgullece de ser, de eSe modo, un ejemplo para el que le sigue. Esto lo descubrieron los hombres

hace siglos en los

destile de la~·miseria, el hacer cola, lo han inventa-

do las mujeres.

campos de

batalla;

pero el

iPROHIBIDO FI"'AR CARTELES!

LA TECNICA DEL ESCRITOR EN TRECE TESIS

. l.

Quien se proponga escribir una obra de gran envergadura, . que se dé buena vida y, al terminar

.

.

su tarea diaria, se conceda todo aquello que no perjudique la prosecución de la misma.

ll. Habla de lo ya realizado, si quieres, pero en

el curso de tu trabajo no leas ningún pasaje a nadie. Cada satisfacción que así te proporciones, amcnguará tu ritmo. Siguiendo este régimen, el deseo cada vez mayor de · comunicación acabará siendo un estímulo para concluirlo.

111. Mientras estés trabajando, intenta sustraerte

a la medianía de la cotidianidad. Una quietud a medias, acompañada de ruidos triviales, degrada. En cambio, el acompañamiento de un estudio musical o de un murmullo de voées puede resul· tar tan significativo para el trabajo como el perceptible silencio de la n~he. Si éste agudiza el oído interior, aquél se convierte. en la piedra· de toque de una dicción cuya plenitud sepulta en sí misma hasta Jos ruidos excéntricos.

IV. Evita emplear cualquier tipo de útiles. Afe-

rrarse pedantemente a ciertos papeles, plumas, tintas, es provechoso. No e~ lujo, pero sí la abundancia de estos materiales es imprescindible.

V. No dejes pasar de incógnito ningún pensa-

miento, y. lleva tu cuaderno de notas con el mismo rigor con que las autoridades llevan el registro de extranjeros.

Vl. Que tu pluma sea reacia a la inspiración; así

la atraerá hacía ella con la fuerza del imán. Cuanto

más cautela pongas al anotar una ocurrencia, más madura y plenamente se te entregará. La palabra conquista al pensamiento, pero la escritura lo .domina.

42

43

VII. Nunca dejes de escribir porque ya no se te

ocurra nada. Es un imperativo del honor literario interrumpirse solamente cuando haya que respetar algún plazo (una cena, una cita) o la obra esté ya

concluida.

VIII. · Ocupa las intermitencias de la inspiración

se

pasando

despertará la intuición.

en. limpio

lo

escrito.

Al

hacerlo

IX. Nulla dies sine linea -pero semanas.

X. Nunca des por concluida una obra que no te

haya retenido alguna vez desde el atardecer hasta

el despuntar del día siguiente.

XI. No escribas la conclusión de la obra en tu

OJarto de trabajo habitual. En él no encontrarías

el valor para hacerlo.

Xll. Fases de la composidón: idea-estilo-escritu-

ra. El sentido de fijar un texto pasándolo en limpio es que la atención ya sólo se centra en la caligrafía. La idea mata la inspiración, el es-

tilo encadena la idea, la escritura remunera al

estilo.

XIIJ.

La obra es

la mascarilla funeraria

de

la

concepción.

TRECE TESJS CONTRA LOS SNOBS

(Snob en el despacho privado de la critica de arte. A la izquierda, un dibujo infantil, a la derecha, un

fetiche.

auténtica birria».)

todo Picasso es una

Snob:

«Ante esto,

l.

11.

IIJ.

IV.

El

artista

hace

una

El

primitivo se ex-

obra.

presa en

documen-

tos.

La obra de arte sólo incidentalmente es un documento.

Ningún documento es, en cuanto tal, obra de arte.

La obra de arte es una pieza de exai11en.

El documento sirve de pieza didáctica.

En

aprenden su oficío

arte

la obra

de

los artistas.

Ante

tos

público.

los documen-

un

se

educa

a

V.

Las obras de arte se

En el material· se co-

mantienen alejadas

muntcan

los

docu-

unas de otras por su perfección.

mentos.

VI.

Contenido ( b1halt) y forma (Form) soñ una sola cosa en la obra de arte: tenor

En los documentos domina por com- pleto el material.

(Gebalt).·

 

VIL

Tenor es

lo que

ha

Materíal es lo soña-

sido

sometido

a

do.

prueba.

VH l. En la obra de arte, el material es un las- tre que la contem- plación desecha.

Cuanto más profun- damente se pierde uno en un docu-

mento, . más . denso

se

rial.

mate-

vuelve: el

44

45

IX. En .la obra de arte, la ley de la forma es

central.

X. La obra de

arte· es

sintética: central eléc-

trica.

XI. La·

contemplación

repetida potencia

una obra de arte.

En el documento, las formas sólo es- tán desperdigadas.

La productividad de un documento exi- ge análisis.

Un docuinento sólo

subyuga por sorpre- sa.

XII.

La

virilidad

de

las

·Al

documento

su

obras

está

en

el

inocencia le sirve de

ataque.

cobt!rtura.

XIII.

Tenor es

lo que

el

El hombre primiti-

artista

intenta

con-

va se atrinchera de-

quistar.

trás de los materia-

LA

TESIS

TECNICA

L

El

crítico

litC::rario.

es

DEL

un

les.

CRITICO

estratega

en

EN

el

TRECE

con1batc

II Quien no pueda tomar partido, debe callar.

111. El crítko nada tiene que ver con el exégeta

de épocas 'artísticas pasadas.

IV. La crítica debe hablar el lenguaje de los artistas. Pues los conceptos del cénacle son consig- nas. Y sólo en las consignas resuena el grito de

combate.

V. La «objetividad» deberá sacrificarse siempre

al espíritu de partído cuando la causa por la cual

se combate merezca realmente la· pena.

VI. La crítica es una cuestión moral. Si Goethe

no comprendió a Holderlín ni a Kleist, ni a Beethoven y Jean Paul, esto no atañe a su comprensión del arte, sino a ·su moral.

VII. Para el érítico, sus colegas son la instancia

suprema. No el público. Y mucho· menos la

posteridad.

.

VIII. La posteridad olvida o enaltece. Sólo el

crítico juzga en presencia del autor. ·

IX. Polémica. significa destruir un líbro citando

unas cuantas de sus frases. Cuanto menos se .Iq · haya estudiado; mejor. Sólo quien pueda destruir, podrá criticar.

X. La verdadera polémica aborda un libro con

)a misma ternura con que un caníbal se guisa un ·

lactante.

XI. El entusiasmo artístico le es ajeno al crítico.

En sus manos, la obra de arte es el arma blanca en

el combate de los espíritus.

Xll. El arte del crítico in mtce: acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las co'nsignas de una . crítica insufiCiente malbaratan el pensamiento en aras de lá moda.

XIII. El público deberá padecer siempre injusti-

cias y, no obstante; sentirse siempre representado por el crítico.

46

47

NR.13

T reize --j' e11s 1111 plaisir eme/ de m'arrtler

sur ce no111brt.

MARmL PROUST

Le reploiementvierge du Jivre, encore, prite a

un sacrijice don/ seigna la lranche rot'!,t des ancitni lomes,· l'inlrot/uclion d'une arme, ou cmtpe-pápier, pour élablir la prise de pouu!ion.

STÉPHANE. MALI.J\RMl~

L. Los libros y las prostitutas pueden llevarse a

la cama.

II. Los libros y las prostitutas entrecruzan el

tien1po. Dominan la noche como el día y el día

como '!a noche.

III. Nadie nota en los libros ni en las prostitutas

que los minutos les son preciosos. Sólo al intimar un poco más con ellos, se ~dvierte cuánta prisa "tienen. No dejan de calcular mientras nosotros

nos adentramos en ellos.

IV. Los libros y las prostitutas se han amado

. desde siempre con un amor desgraciadJ.

V. ·Los libros y las prostitutas tienen·cada cual

su tipo de hombres que viven de ellos y los atonncntan. A lÓs libros, los críticos. · •

Vl. Libros y prostitutas en casas públicas

estudiantes.

para

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Vil. Libros y prostitutas: raras veces verá su

final quien los haya poseído. Suelen desaparecer antes de perecer.

VIII. Qué gustosa

los libros y las prostitutas có_mo han llegado a ser

lo que son. En realidad~ muchas veces ni ellos mismos se dan cuenta. Durante años se ·cede a todo «por amom, hasta que un buen día aparece

en la calle; conv~rtido en un voluminoso «corpus)) que se pone en venta, aquello que, «por amor a la causa», nunca había pasado de ser un. vago pro-

y .embusteramente cuentan

yecto.

IX.

A los libros y a las prostitutas les gusta lucir

el lomo cuando se exhiben.

X. Los libros y las prostituta~ se multiplican

mucho.

XI. Libros y prostitutas: <<vteta beata -'joven

golfa-». ¡De cuántos libros proscritos antaño no ha de aprender hoy la juventud!

XII. Los

discusiones en público.

libros

y

las

prostitutas

ventilan sus

pie de

página son para aquéllos lo que, para éstas, los billetes ocultos en la media.

XIII. Libros y prostitutas:

las

notas al

ARMAS Y MUNICIONES

Había llegado a Riga para visitar ·a una amiga. Su casa, la ciudad, el idioma me eran desconocidos.

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Nadie me esperaba, nadie me conocía. Deambulé dos· horas solo por las calles. Nunca he vuelto a verla así. De cada portal brotaba una llamarada, cada guardacantón lanzaba~chispas, cada tranvía

surgía de improviso como un coche de bomberos. Sí, bien podía eÍla salir 'de este portal, doblar la

esquina y sentarse en cr tranvía.

que ser yo, a toda costa, el primero en ver al otro.

De los dos tenía

Pues de haberme rozado ella con la n:techa de su mirada, yo habría volado por los aires como un depósito de. municiones.

PRIMEROS AUXILIOS

De golpe p~~arcarcon la mirada un barrio totalmente hioeríntico, una red de calles que .durante años había yo evitado, el día en que un ser querido se mudó a éL Era como si en su ventana· hubieran instalado un reflector que recor- tara la zona con haces luminosos.

ARQUITECTURA. INTERIOR

El' ·tratado es una forma árabe. ·Su apariencia externa no es. discontinua .ni demasiado llamativa, como corresponde. a la fachada de los edificios árabes, cuya articulación sólo comienza en el patio. Así, la estructura articulada del tr.a~ado tampoco es perceptible desde fuera, sino CJÚC se revela únicamente desde dentro. Si está integrado por capítulos, éstos . no vknen titulados con palabras, sino indicados por cifras. La superficie de sus deliberaciones no está animada pintoresca- . mente, sino más bien recubierta por los almocar-

bes de la ornamentacton, que se imbrican sin solución de continuidad. En la densidad ornamen- tal de esta exhibición se anula la diferencia entre . argumentaciones temáticas y digrcsivas.

ART-ICULOS DE

ESCF~UTORIO Y PAPELERIA

.

PLANO-PHARUS.

distraída. Ahí donde yo t~ng'o-á.mano lo.s no!l'l- bres de mis proveedores; el .lugar donde guardo mis documentos, las dircccionés de mis amigos y · conocidos, la hora de "una cit~,en ella se han fijado . conceptos políticos, consignas del partido, fórmu- ' las confesionales y órdem;s. Vive en una ciudad de consignas y habita 'en un ba~rio· de términos conspiradores y hermanados,· en el que cada callejuela toma partido. y- cada· palabra· tiene por

eco un grito de guerra.

(~-~~

Conozco a l}na muJer que es

PLIEGO DE DESEOS

.«Una:. caña se yergue f

,para endúlzar mundos, / ¡Ojalá de mi cálamo /

amoroso surcoh) Estos versos siguen a

Dichosa nostalgia como una perla que' hubiera

fluya

rodado fuera de "la madreperla abie~ta.

AGENDA DE BOL'SILLO. Pocas cosas carac-. terizan tanto al hombre nórdico como ésta: cuan- do ama tiene que estar, antes que nada y a toda costa, a solas consigo mismo, contemplar primero su propio sentimiento y disfrutar de él, antes de ir a ver a la mujer y .declarárselo. :

PiSAPAPELES. f Úce. de

Lo que en él-se g~ab6'h~ec~atromil años se alza

/a_Coúcordt:

Obelisco

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hoy en el centro de la más grande de todas las plazas. Si se lo hubieran vaticinado ¡qué triunfo para el faraón! El .primer imperio cultural de ·Occidente 1levará un día, en su centro, el monu- mento que conmemora su poderío. ¿Qué aspecto

ti~ne, ~n realidad,

esta gloria? N~ ~~lola d~ las

dtez mil personas que pasan por-~_aquvse dct•ene;

mil. personas que se

Así

ni una sola de las diez

detienen es capaz de leer la inscripción.

cumpie cada fama con lo prometido, y no ·hay

oráculo que la iguale en astucia. Pues el inmortal

tráfico

"está

le

allí

como

este

obelisco:

dirige

un

espiritual que bulle, a su alrededor y sirve ya .la inscripción en él grabada.

a nadie

ARTICULOS.DE FANTASIA

Lenguaje incomparable de la calavera: la inexpre- sividad t<¡tal -_la negrura de sus cuencas- unida

sqnnsa

a la más salvaje de. las expresiones -la sarcástica de la dentadura. ·

Alguien que se cree abandonado está leyendo, y le

duele que la página que quiere pa_sar ya c;:sté cortada, que 'ya ni siguiera ella lo necesite.

Los regalos deben afectar al obsequiado hasta el extremo de a·sustarle.

Cuando un amigo muy apreciado, culto y elegan- te,\rríe envió su riuevo libro, me sorprendí a mí mismo, en_ el momento de abrirlo, a_rrcglándomc

la corbata.

Quien cuida los modales, pero rechaza .la mentira,

se asemeja a alguien que, si bien se viste a la moda, no .lleva camisa.

Si el humo del cigarrillo. en la boquilla y la tinta de la estilográfica fluyerap con igual ligereza, yo, ·

como escritor, estaría en ia Arcadi~.

-

Ser feliz significa poder percibiese a mismo sin temor.

AMPLIACIONES

NIÑO .t'EYENDO. En la biblioteca escolar te' dan u.h libro. El reparto se efectúa en ·los cursos elementales. Sólo de vez en cuando te atreves a formular un deseo. A menudo 4 ves con envidia cómo libros ardientemente deseados van a parar a otras manos; Por fin te traían Cl ·tuyo. Durante una semana quedabas totalmente a merced de los vaivenes del texto que, suave y misterioso; denso e incesante, te· iba envolviendo como un torbelli- no de nieve. En él entrabas ton una confianza ilimitada. ¡Silencio del libro, cuyo poder de seduc- ción era infinito! Su contenido no era tan impor- tante. Pues la lectura coincidía aún con la época en que mismo inventabas en la cama tus propias historias. El niño intenta seguit sus trazas ya medio borradas. Se tapa los oídos al leer; su libro descansa sobre la mesa, demasiado alta, y una de las manos está siempre encima de la página. Para él, las aventuras del héroe se han de leer todavía entre el ·torbellino de las letras, corno figura y mensaje entre la agitación de los copos. Respira el mismo aire de los acontecimientos, y todos los personajes le cmpai'ian con su aliento. Entre ellos se pie'rde con muc~a más facilidad que un adulto.

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Las aventuras y las palabras intercambiadas le afectan a un grado indecible, y, al levantarse, está enterah1ente cubierto por la nieye de la lectura. ·

.

NIÑO QUE tLEGA TARDE. El reloj del patio del colegio parece estropeado por su culpa: · Da las «demasiado tarde». Y por las puertas de las aulas ante. las que él se desliza sigilosamente, llega, hasta el pasillo, un murmullo de secretos conciliá- bulos. Allí detrás, maestros y alumnos son ami- gos. O bien ·todo guarda silencio, como en espera de alguien. Imperceptiblemente pone su mano en el pomo. El sol inunda el lugar donde él está. Y él profana el joven día y abre. Oye matraquear la voz del maestro como la rueda de un molino; se halla ante. la piedra de moler. El matraqueo de la voz mantiene un ritmo, pero los mozos molineros lanzan ya toda su carga sobre el recién llegado; diez, veinte pesados sacos vuelan hacia él, y tiene que cargarlos hasta el barico. Cada hilo de su abriguito dtá cubierto de polvo blanco. Como un alma en ·pena a media noche avaro:a haciendo ruido a cada paso, pero nadie le v~. Una vez en su sitio, se pone a trabajar ert silencio, junto con los demás, hasta que toca la campana. Mas no en- cuentra dicha alguna.

NIÑO GOLOSO. Por la rendija de la despensa, apenas entreabierta, penetra su mano como un amante en la noche. Una vez hecha a la oscuridad, busca a tientas azúcar o almendras, pasas o confituras. Y así como el amante abraza a su amada antes de besarla, también el tacto tiene aquí una cita con estas golosinas antes de que la boca saboree su dulzor. ¡Con qué zalamería se entregan la miel, los montoncillos de pasas e incluso el

arroz a esa mano! ¡Qué encuentro tan apasionado el de estos dos, libres al fin de la cuchara! Agradecida y fogosa, como sí la hubieran raptado de la casa paterna, la mermelada de fresas se rinde sin panecillo,. dejándose saborear a la intemperie,

como quien dice, y hasta la mantequilla responde con''ternura a las audacias de. ese pret~ndiente que

ha irrumpido en la alcoba de la doncella

La

mano, joven Don juan, no tarda en penetrar en todas ·las celdas y aposentos, dejando tras .de sí un reguero de frascos y montoncillos ~erramados:

:virginidad que se renueva sin quejarse.

NIÑO

MONTADO .EN

EL

J'IOVIVO.

La.

plataforma con los solícitos animales gira casi· a ras del suelo. Tiene la altura ideal para soñar que se está volando. Ataca la música,' y el niño se aleja,

dando tumbos, de· su madre. Al principio tiene miedo de abandonarla. Pero luego ·advierte lo fiel que es a sí mismo. Cual fiel soberano, gobierna desde su trono un mundo que le pertenece. En la tangente, árboles e indígenas hacen .calle. De pronto, en algún oriente, reaparece~ la madre. De la selva virgen surge luego la copa de un árbol tal como el hiño la vio hace ya milenios, tal como acaba de verla ahora en el tiovivo. Su animal .le tiene afecto: cual mudo Arión va el niño montado en su pez mudo, un toro-Zeus de madera lo rapta como ·a una Europa inmaculada. Hace ya tiempo que el eterno retorno de todas las cosas se ha vuelto sabiduría infantil, y la. vida, una antiquísi- ma embriaguez de 9omi~io con e~ estruendoso organillo en el centro, cual tesoro de la corona. Al tocar éste más lentamente, el espacio empieza a . tartamudear y los árboles, a volver en sí. El tioviv~ se convierte en terreno inseguro. Y apare-

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ce la madre, ese poste tantas veces abordado, en torno al cual. el niño, al tocar tierra, enrolla la amarra de sus miradas.

NIÑO DESORDENADO. Cada piedra que en- cuentra, cada flor arrancada y cada mariposa capturada son ya, para él, el inicio de una colec- ción, y todo cuanto posee constituye una colec-

ción s~la y única. En él revela esta

pasión su

verdadero rostro, esa severa mirada india que sigue ardiendo en los anticuarios, investigadores y bibliófilos, sólo que con un brillo turbio y maniá-

tico. No bien ha entrado en la vida, es ya un cazador. Da caza a los espíritus cuyo rastro · ·husmea en las cosas; éntre espíritus y cosas se le van. años en los que su campo visual queda libre de seres humanos. Le ocurre como en los sueños:

no conoce nada d~_radcro, todo le sucede, según él, le sobreviene, le sorprende. ~us años de

nomadismo son horas en

allí arrastra la. presa hasta su casa para limpiarla, conservarla, 'desencantarla. Sus cajones deberán ser arsenal y zoológico, museo del ~rimen ·y cript_a. «l\>ner ordem) significaría destruir UJ:) edificio lleno de espinosas castañas que son man- guales, de papeles de estaño que son tesoros de plata,