Está en la página 1de 4

dossier Eduardo Posada Carbó

Investigador Asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos

La institucionalidad
en el St Antony’s College, Oxford, y columnista semanal de El Tiempo.

democrática y las
reversas del populismo
El populismo no es un componente
natural de la política latinoamericana.
Incluso en experiencias prolongadas con
el caudillismo, la democracia liberal ha
logrado importantes arraigos en la región.

C
omencemos con dos imágenes Costa Rica y México. Entre los que ex-
simples. A comienzos de la dé- perimentaron transiciones, el populismo
cada de 1990, la perspectiva la- hizo en ocasiones temprana reaparición,
tinoamericana era de consolidación de la como con Menem en la Argentina –a
“tercera ola democrática”. Diez años más quien se señala a veces como ejemplo
tarde, el cuadro general parecería ser a del “populismo neoliberal”, bautizado
ratos el de un renacer populista, ese fenó- como “neopopulismo”–.
meno –o “estrategia política”, en palabras Al abrirse el nuevo milenio, el pa-
de Kurt Weyland– del ejercicio político norama continental de un supuesto auge
personalizado, sin mediación institucio- populista tampoco es homogéneo, mu-
nal, con apelación a las masas. Ambas cho menos generalizado.
imágenes se confunden con estereotipos Ni Chile, ni Brasil, ni Costa Rica,
que le hacen poca justicia a la compleja ni Uruguay forman parte de ola populis-
realidad. ta alguna. Los candidatos presidenciales
Hubo avances democráticos de identificados con el populismo fueron de-
enorme significado en las décadas de rrotados en México y Perú. Existe cierto para juzgar hacia dónde va el nuevo
1980 y 1990. Pero no todos los países ha- tono mesiánico en el liderazgo de Uribe Presidente del Ecuador, donde el siste-
bían experimentado esas “transiciones” en Colombia pero, como lo ha mostrado ma partidista de todas formas no se ha
hacia la democracia, tan llamativas en las John Dugas, es un error clasificarlo como caracterizado por su fuerte instituciona-
décadas de 1980 y 1990: las dictaduras “neopopulista”, cuyo gobierno, además, lización. Kirchner puede pertenecer a la
militares del período anterior habían es- está sujeto a una institucionalidad fue- familia populista, aunque gobierna con
tado ausentes de Venezuela, Colombia, ra de su control. Resulta muy temprano el aparato del partido justicialista. Inclu-
so el gobierno de Evo Morales –según lo
ha observado el ex presidente Julio Ma-
El populismo encuentra un gran aliado teórico en las ría Sanguinetti– no debe interpretarse
como la reencarnación del populismo:
nociones de democracia directa y participativa, y le su llegada al poder está más inspirada
en la “histórica discriminación de la ma-
gana terreno a la democracia liberal cuando ésta pierde yoría indígena”.
La supuesta reversa populista con-
defensores intelectuales. tinental debe entonces apreciarse en

50 | EDICION 12 / 2007 |
de la democracia liberal, y sus manifesta-
ciones políticas: el constitucionalismo, la
división de poderes, el pluralismo, los par-
tidos, la primacía de las libertades políticas
y civiles.
Aunque el populismo chavista
está muy lejos de haberse convertido en
“modelo”, es innegable que cuenta con al-
gunos admiradores y seguidores, a veces
beneficiarios de la generosidad del “pe-
troestado” venezolano. Y más allá de cual-
quier influencia de Chávez, permanece la
“sombra del neocaudillo” –como llamara
José Antonio Aguilar Rivera a la amenaza
aún presente de “hombres fuertes” para
la consolidación de la democracia en mu-
chos países de América Latina–.
Antes de hablar de un “mode-
lo” democrático en crisis frente a la su-
puesta ola neopopulista, me parece más
apropiado examinar las razones que han
dificultado los avances de la democracia
liberal en la región, en el pasado y en
el presente. No tengo espacio para un
análisis detallado, por lo que me limito
apenas a un par de observaciones que
merecerían mayor profundización.
La primera se basa en una perspec-
tiva histórico-institucional, que nos remi-
te a los orígenes de la democracia en el
continente.
Algunos suelen identificar los oríge-
nes de la democracia latinoamericana tan
sólo con el advenimiento de la “política
de masas” del siglo veinte, ignorando casi
siempre sus desarrollos decimonónicos.
Pero es en el período de la independencia
Foto: AP
donde se encuentran tales orígenes.
sus verdaderas dimensiones, en buena movilización orquestada de estructuras En un ensayo reciente en Revista
parte limitada a la figura de Chávez en populares organizadas desde el Estado”. de Occidente (octubre 2006), J. Samuel
Venezuela. Valenzuela ofrece una explicación al fe-
El primer punto que surge, pues, CAUDILLISMO, POPULISMO nómeno del caudillismo, íntimamente
de estas reflexiones es la necesidad de Y DEMOCRACIA asociado a las barreras enfrentadas por
sospechar de las generalizaciones que Ser cautelosos frente a los estereotipos no las instituciones representativas en Lati-
se hacen con tanta frecuencia sobre la significa desconocer la existencia de algu- noamérica desde sus primeros momen-
realidad política latinoamericana. No creo nas tendencias regionales, de recurrente tos, roto el vínculo colonial. Los caudillos
que estemos ante una “ola neopopulis- manifestación histórica –como sería el no fueron expresión natural de una cul-
ta”, y hay poco de nuevo en el populismo caso del populismo, con sus antecedentes tura política “que valoraba los lideraz-
chavista, cuyo régimen se amolda más en el caudillismo del siglo diecinueve–. gos personalistas y desestimaba el rigor
bien al “populismo histórico”, de corte Ambos conceptos –caudillismo y institucional”. Fueron en cambio, como
peronista, descrito por el mismo San- populismo– encierran distintos significa- Valenzuela sugiere, el resultado de las
guinetti: “caudillismo mesiánico, retóri- dos, aunque similares en las dificultades circunstancias históricas y político-insti-
ca antiyanqui, desapego por las formas de su definición. No obstante tienen en tucionales del período, mejor apreciables
constitucionales, embriaguez de gasto, común su hostilidad hacia las instituciones si se les contrasta con Estados Unidos.

| EDICION 12 / 2007 |
51
dossier

No creo que estemos ante una “ola neopopulista”,


y hay poco de nuevo en el populismo chavista, cuyo
régimen se amolda más bien al “populismo histórico”,
de corte peronista.
Allí el tránsito hacia la institucio- nacientes repúblicas latinoamericanas,
nalidad democrática se facilitó por la con su notable precariedad estatal y en
previa familiaridad con los parlamentos momentos cuando la democracia mo-
coloniales y con las prácticas electorales derna era apenas una novedad –obser-
–imperfectas y corruptas–. Las élites vación pertinente para la actualidad–.
políticas norteamericanas al frente de
esos primeros momentos republicanos, AMÉRICA LATINA
en palabras de Valenzuela, “dominaban PUJA POR LA DEMOCRACIA
el arte de hacerse elegir”, y estuvieron Los orígenes accidentados de la demo-
en capacidad de aquietar las dudas so- cracia en la región habrían motivado cier-
bre la legitimidad de los procesos elec- to curso histórico –unos patrones de con-
torales. En la América hispánica, por el ducta condicionados en buena parte por
contrario, la falta de experiencias con las mismas experiencias previas–. Ello no
parlamentos y elecciones coloniales se equivale al determinismo. Los desarrollos
tradujo en recurrentes impugnaciones variaron de país en país. Algunos logra-
a los resultados de las urnas que, a su ron romper con los patrones iniciales y
turno, desembocaban con frecuencia en siguieron otros caminos, con mayores
interrupciones del calendario electoral, índices de institucionalidad, como fue
con el “menoscabo del imperio de la ley el caso chileno a partir de 1833. Donde
y de las instituciones formales”. Soca- los partidos políticos lograron arraigo
vada la institucionalidad democrática, institucional, el caudillismo encontraría veinte. Fue bajo los primeros años de
quedaba el campo abierto para el prota- menos oportunidades. Pero en mayor o su régimen cuando se publicó Cesaris-
gonismo de los “hombres fuertes”. menor grado, todos los países de la re- mo Democrático, de Laureano Vallenilla
Esta explicación es más relevan- gión cuentan con un acervo de experien- Lanz, un libro de enorme significado en
te cuando se tiene en cuenta la relativa cias democrático liberales que no pueden proveer al caudillismo (y por extensión
mayor amplitud con que muchos países ignorarse. al populismo contemporáneo) de defen-
latinoamericanos adoptaron la institución Considérese la historia venezo- sas intelectuales.
del sufragio, y la forma abrupta y hasta lana, donde el populismo tiene hoy su No obstante, Venezuela no ha es-
precoz con que fue expandido en ellos el más clara manifestación. Pocos países tado condenada por ningún curso his-
universo electoral. del continente abrieron el sufragio en for- tórico. Los desarrollos posteriores a los
Richard Rose y Doh Chull Shin han ma tan temprana y tan amplia como Vene- pactos que dieron lugar a la democracia
acuñado la expresión democratization zuela. Pero los procesos electorales, por en 1958 así lo comprueban. En las dé-
backwards para referirse al fenómeno vi- naturaleza contenciosos, no contaron cadas siguientes, y por un tiempo nada
sible en las democracias de “tercera ola”, con la institucionalidad estatal requeri- despreciable (casi medio siglo), cuando
donde se han introducido elecciones da para su sostenimiento. La historia en tantos otros países del continente se
“antes del establecimiento de bá- del siglo diecinueve venezolano suele imponía la bota militar, la democracia ve-
sicas instituciones como el im- pues confundirse con una sucesión de nezolana logró avances ejemplares –tan-
perio de la ley”, antes de haber “hombres fuertes” en el poder: Páez, to en materia de libertades civiles y po-
consolidado Estados modernos –un pro- los Monagas, Guzmán Blanco, Crespo, líticas como en bienestar social–. Unos
ceso entonces contrario al experimen- Castro y, claro está, la sombra de Bo- avances hoy negados por el discurso cha-
tado en países como la Gran Bretaña–. lívar en quien quiso reencarnarse Juan vista. Chávez podría enmarcarse dentro
Lo aplicable a las democracias emergen- Vicente Gómez, el dictador que prolongó de aquella tradición caudillista, encontrar
tes en Europa oriental y Asia a comienzos esa especie de tradición caudillista du- allí alientos. Pero la explicación de su sur-
del siglo veintiuno es más válido para las rante las tres primeras décadas del siglo gimiento no se halla en ella, sino en la

52 | EDICION 12 / 2007 |
El populismo encuentra un gran aliado
teórico en las nociones de democracia di-
recta y participativa, y le gana terreno a
la democracia liberal cuando ésta pierde
defensores intelectuales.
La consolidación de los avances de-
mocráticos se dificulta además por cierto
fatalismo en la interpretación de nuestro
pasado. Aníbal Romero se ha referido a
ese signo de pesimismo que ha marcado
la historia intelectual venezolana, al lado
de una percepción del fracaso nacional.
Se estimula en esa visión un desalien-
to hacia la “posibilidad de vivir bajo un
régimen democrático y respetuoso de la
libertad”. En ese contexto, las reversas
del populismo se entienden como el re-
greso al cauce natural de las cosas: y así,
concluye Romero, seguiríamos “atrapa-
dos en medio de la miseria del populis-
mo”, sin “confianza en nuestra capacidad
para escapar ilesos de sus mitos”.
En su breve libro –Democracy. A
Very Short Introduction–, Bernard Crick
dedica un capítulo a las relaciones entre
democracia y populismo. Sirve no tanto
para aclararnos lo que sigue siendo un
fenómeno de gaseosa definición, como
para comprobar su presencia universal en
Foto: AP
todas las democracias, incluido Estados
serie de circunstancias que provocaron alto, en parte por las concepciones de la Unidos. No ha sido ni es una presencia
la crisis de la segunda administración de democracia que ha tendido a prevalecer bienvenida, como algunos parecen creer.
Carlos Andrés Pérez y en los manejos de en nuestro medio. Al preferir el apasionamiento por encima
su desenlace durante el siguiente gobier- A pesar de los avances de las últi- de la razón, el populismo alimenta, según
no de Caldera. mas décadas, es notable la persistencia Crick, “una política de desviación frente a
Estas breves consideraciones no de un discurso intelectual hostil al com- preocupaciones serias que deben resol-
pretenden examinar las causas de la ponente liberal de la democracia moder- verse ya por medios democrático libera-
reversa populista en Venezuela. Sirven na. La hostilidad al constitucionalismo les o cívico republicanos”.
sólo para ilustrar la explicación histórico- liberal definió muy bien al Cesarismo De- Reconocer que el populismo no es
institucional que he ofrecido, con la que mocrático expuesto por Vallenilla Lanz. una manifestación excepcional de la polí-
quiero sugerir una perspectiva de largo Fue una de las principales características tica latinoamericana sería quizá la primera
plazo a las recurrentes manifestaciones de la doctrina peronista. Es hoy una ex- condición para evitar mayores reversas, y
de crisis de las instituciones democrá- presión constante del régimen chavista, volver a confiar en las posibilidades de la
ticas en la región (uno de cuyos claros tanto en la retórica como en la práctica. democracia liberal en el continente. P
reflejos es en ocasiones el populismo).
También para refutar la extendida no-
ción según la cual el populismo sería un
componente casi natural de la política Reconocer que el populismo no es una manifestación
latinoamericana. Incluso en experiencias
prolongadas con el caudillismo, como en excepcional de la política latinoamericana sería quizá la primera
Venezuela, la democracia liberal ha lo-
grado importantes arraigos. condición para evitar mayores reversas, y volver a confiar en las
Tales arraigos, sin embargo, suelen
ser despreciados y hasta pasados por
posibilidades de la democracia liberal en el continente.
| EDICION 12 / 2007 |
53