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Transcribo las notas que tomé sobre la marcha, por lo que el diálogo puede tener

lapsos o resultar inconexo en algunos momentos. Mi intención no es reproducirlo


íntegramente, sino recordar las aportaciones más interesantes o sorprendentes.
Mis comentarios aparecerán [entre corchetes], las citas textuales “entre comillas”.

LA FELICIDAD. Café filosófico del 3 de Mayo de 2009.

Después de recordar las reglas del café, basadas en el respeto, comencé


proponiendo como primer ejemplo de felicidad el que nos brindaba la fecha de la
reunión: El día de la madre, la felicidad de una madre cuando está con sus
hijos. Y comenzó la charla.

VICENTE: comenzó dando las gracias a los organizadores del café, era su primera
sesión, para luego proponer otro ejemplo claro y actual sobre la felicidad: La que
sienten los aficionados del Barcelona después de su reciente victoria 2-6 en el
Bernabéu.

SONIA: también primeriza, aportó un ejemplo personal, el de la felicidad que siente con
ocasión de sus cumpleaños. Sobre todo valoraba el reencuentro o la conversación con
amigos y familiares con los que no coincides durante el año.

ADOLFO: No se consideró capaz de exponer un ejemplo de “ser feliz” porque para él la


felicidad es un concepto infinito que no puede ceñirse a determinados “momentos
agradables” [surgió aquí por primera vez el tema de la felicidad trascendente]

JOSE: También consideró que la felicidad debe implicar una determinada duración, por
lo que consideró que un buen ejemplo personal sería el de su infancia, “tal vez por no
buscarla, porque cuando uno busca la felicidad, es que no la tiene”, y estableció el
ejemplo del insomne que mientras se propone dormir es incapaz [luego para él, buscar
la felicidad es a la vez síntoma y garantía de no poseerla]

ISMAEL: Consideró que tal vez seleccionemos los recuerdos y por eso la infancia nos
parezca feliz.
Luego propuso buscar la definición de la felicidad por la vía negativa, de esa forma
podría ser “la evitación del sufrimiento”, porque “no existe la felicidad, sino la
ausencia de dolor”. Y sólo se valora la felicidad como contraste con los malos
momentos, como la salud tras la enfermedad.

MARTA: Comer fresas con nata o un helado de limón, escuchar música, cantar... el
momento de tener a su hija. Todos esos ejemplos los expuso como de felicidad sensual,
aunque propuso que existía otro tipo de felicidad, intelectual, al considerar las
decisiones importantes de la vida y tomarlas, como una ruptura de pareja, por ejemplo.

Hubo una pausa, así que recapitulé los ejemplos que habían surgido:
Madres con sus hijos, victorias deportivas, cumpleaños, infancia, comida,
música, felicidad intelectual...
Pregunté si alguien veía algo en común a todos o a algunos de ellos.

ISMAEL: Consideró que en último término todos los ejemplos son intelectuales.
MARTA: Indicó que en algunos de sus ejemplos no era así (comida, etc.)

ISMAEL: Repuso que el hecho de comer seguramente no tenga connotaciones


intelectuales en los animales, que sólo sacian un apetito, pero que los humanos
encontramos algo más que ese simple “deleite”.

ADOLFO: Señaló que todos los ejemplos tienen una duración limitada, y que para él
la felicidad implica lo contrario.

JOSE: Tal vez sea así. Por ejemplo, la sociedad de consumo nos empuja a consumir
para huir de la infelicidad pero tras las compras, la satisfacción obtenida es sólo
momentánea, no dura, no proporciona verdadera felicidad.

ENRIQUE: Pero podemos ser felices en un momento determinado, “como éste”. Un


momento dado puede llegar a trascender a esa felicidad pura, y llegar así a ser un
momento feliz.

Intervine para confirmar que había sido una muy buena intervención, ésta última
de Enrique, y para valorar que el grupo se hubiese atrevido ya en su segunda
sesión con el tema de la trascendencia, ya que el debate que tuvimos entonces,
nos va a servir de base ahora y en futuras sesiones. En efecto, siempre que
dialoguemos sobre un concepto nos vamos a tener que enfrentar con su
dimensión trascendente, en el momento en que lo tomemos como concepto
absoluto, comprobaremos que no lo podemos encontrar en nuestro mundo en
toda su pureza. Pero aunque no podamos contemplar esa idea platónica, infinita,
de felicidad o del concepto que corresponda, sí podremos manejar ejemplos
concretos de su reflejo en nuestras vidas, de sus “sombras en nuestra
caverna”, siguiendo la alegoría de Platón. Por tanto, precisamente la visión que
indicaba Enrique era la que debíamos intentar ejercer, la de encontrar esos
momentos que participan en mayor o menor grado del concepto de felicidad.

ENRIQUE: Confirmó que sí era eso, básicamente, lo que quería expresar y, además,
otro concepto que le evocó la lectura de “El alquimista” de Paulo Coelho: El hecho de
que muchas veces por buscar una supuesta felicidad superior no nos damos cuenta de
que estamos ya encima de nuestra propia felicidad, y nos alejamos de ella.

MARTA: Replicó que sí hay que buscar activamente la felicidad, por ejemplo,
intentando rodearte de las personas que te hagan feliz.

ENRIQUE: Estuvo de acuerdo con eso, pero no con abandonar tu felicidad para buscar
un supuesto “prototipo” superior.

MARTA: Introdujo aquí una cuestión muy interesante: ¿Está relacionada la felicidad
más con la consciencia o con la inconsciencia?
Dijo que, por ejemplo, gran parte de la experiencia de la maternidad es el olvido del
resto del mundo.

CLARA: Se refirió a una cuestión que llevaba un tiempo en el aire y confirmó que
existen estudios indicando que sí recordamos mejor los momentos felices, y sentando
la hipótesis de que los rescatamos para narrarlos más a menudo. También opinó que la
felicidad depende de gran número de variables en cada momento.

MARTA: Propuso una cuestión más, la de que si hay grados en la felicidad, como
parecía que estábamos todos de acuerdo, ¿cuál sería el mayor grado?.

ANA: Consideró que la respuesta a esa cuestión depende de las prioridades que se fije
cada individuo, no puede haber una única respuesta.

ALICIA: Recordó una frase de un amigo suyo en una especie de “café filosófico
espontáneo” reciente: “felicidad es cubrir las necesidades básicas”. Alicia estaba más
bien de acuerdo, consideraba que “nacemos felices” pero que la información exterior
hace que a lo largo de la vida suframos altibajos.

LUIS ÁNGEL: “La consecución de objetivos proporciona una felicidad


momentánea”, luego te planteas otros nuevos y la pierdes [creo que esto refuta la
definición de la RAE]
Esa forma de considerar la felicidad la hace depender del éxito de las expectativas,
cuando las propias expectativas (aún incumplidas) también proporcionan felicidad
[Chalmers, el filósofo, matemático y pastor escocés del siglo XIX estaría de acuerdo:
“La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y
alguna cosa que esperar.”]
Respecto a la satisfacción de las necesidades y a las prioridades para alcanzar la
felicidad, aludió al problema de la variedad de necesidades y a la conocida “Pirámide de
Maslow”.

NACHO: Respecto a esto último consideró que “cada uno tiene su propia pirámide”,
que las distintas pirámides suelen coincidir en la base -en cuanto a las necesidades que
veníamos denominando “sensuales”- pero que más arriba divergen.
Por otro lado estuvo de acuerdo con que la felicidad eterna es inalcanzable porque sea lo
que sea en lo que descanse cesará, y con ello la propia felicidad.
Recordó una biografía de Epicuro en la que había leído que consideraba los últimos días
de su vida como los más felices, aun sufriendo dolores, porque podía recordar y
revivir todos los momentos felices.

MARTA: Dijo que no siempre la felicidad depende de las expectativas, porque en


ocasiones te llega sin esperarla, pero que hay que reconocerla.
Respecto a los recuerdos consideró que nunca pueden ser tan intensos como la
experiencia vivida.

ADOLFO: Replicó que aun siendo así, valoras más el hecho feliz al recordarlo.
Añadió que quizá la búsqueda de la felicidad sea un “esfuerzo de aproximación”.

SONIA: Coincidió con él y expuso que “la felicidad tiene un componente de actitud”.
Lo ilustró diciendo que ella se sentía mucho más feliz que hace un año, aunque en
realidad sus circunstancias eran prácticamente iguales, porque ahora se encontraba más
“serena”.

Mencioné que ese punto de la serenidad era importante para las filosofías
helenísticas como el estoicismo, el escepticismo o la del ya aludido Epicuro,
que llegó a definir la felicidad como “la salud del cuerpo y la tranquilidad del
alma”, llamada en Grecia “ataraxia”.
Y respecto a la satisfacción de las necesidades, también mencionada
anteriormente, mantenía que había que discernir en los deseos orientados a
necesidades verdaderas de los meros caprichos que nos perturban.

CLARA: Mencionó el libro de Marina “El fracaso de la inteligencia”. En él el filósofo


postula que la inteligencia no nos hace felices, sino, más bien, al contrario [tal vez esto
responda a la cuestión que planteó Marta más arriba]
VICENTE: En occidente sufrimos un exceso de estímulos (publicidad, etc.) orientados a
que necesitemos bienes materiales. Citó a Epicuro: “Un hombre sabio que tenga pan y
agua no tiene nada que envidiar a Zeus”, en cambio en la actualidad “estamos
condicionados para tener más de lo que necesitamos”.

JOSE: Confirmó eso aludiendo a un estudio en el que se reflejaba que la gente se siente
más feliz en lugares como Colombia, mientras que en los países más opulentos ese
sentimiento disminuye hasta el extremo escandinavo, donde los países con mejor
calidad de vida, según los ingresos y las ventajas sociales, tienen los mayores índices de
suicidio.

MARTA: Objetó a la cita de Epicuro sobre la salud y la tranquilidad como esencia de la


felicidad que eso describe un “estado neutro”, que para ella no describe por completo la
felicidad. Ella cree que hay algo objetivo para ser feliz y que eso puede ser el ser social,
“lo que compartimos es lo que nos hace felices”. Y pide nuestra opinión.

NACHO: Coincidió con la opinión de Vicente de que basar la felicidad en los bienes
materiales es típicamente occidental, y añadió que ni siquiera el bienestar corporal es
necesario para llegar a la felicidad total del nirvana de los yoguis hinduistas, y que el
concepto de trabajo no encajaba en la mentalidad de los primeros indígenas contactados
tras el “descubrimiento” de América, que vivían al día sin acumular.
Por último habló de dos anécdotas de Diógenes [el cínico], la de que tiró su cuenco
cuando vio que un niño bebía con las manos y la de que cuando Alejandro Magno le
ofreció cualquier regalo que se le ocurriese, él le pidió que... se apartase a un lado
porque le estaba dando sombra.

ISMAEL: Quizá abandonar el deseo, como en el budismo, sea la forma de encontrar la


felicidad. Citó a Camus en “El mito de Sísifo”, el hombre absurdo acepta la falta de
sentido del mundo y vive sin metas.

JOSE: Las creencias, aunque sean en algo absurdo, te ayudan a ser feliz. Ejemplo de
un reportaje sobre monjas de clausura, a las que se veía felices [se me ocurre ahora que
quizá por la ruptura de la rutina que representaba el rodaje, más que por otra cosa]
El psiquiatra Rojas Marcos afirma que vivimos en una sociedad enferma porque el
materialismo destruye las relaciones humanas.

ISMAEL: Preguntó si sería cierta su impresión de que la enfermedad mental es


consustancial a la cultura occidental.

CLARA: [Tenemos la suerte de contar con una estudiante de psicología] Respondió que
en su asignatura de Antropología estudiaron un trabajo de campo en África donde a lo
largo de diferentes tribus no encontraron más enfermedades mentales que un único caso
de depresión, provocada, además, por un aislamiento forzado del resto de la tribu.
MARTA: Citó su experiencia en Gambia, donde fue testigo de la felicidad de la gente,
por malas que fueran sus condiciones de vida. Respalda el ejemplo de las monjas y
señala que los creyentes laicos también son felices. Quizá la clave sea sentirse querido.
Aunque sea por Dios.

NACHO: Si no te cuestionas nada eres más feliz, la ignorancia da felicidad.

ISMAEL: Se puede razonar la existencia de Dios.

MARTA: Y un creyente se la puede cuestionar.

NACHO: Pero eso ya no sería una Fe incondicional, sería una opinión razonada.
Retoma el argumento de que la ignorancia o inconsciencia da felicidad, por ejemplo,
con los estupefacientes. En “Un mundo feliz” de Huxley se muestra una sociedad en la
que eso se institucionaliza [¿vamos acaso en nuestra sociedad por ese camino?]

SONIA: Hay un componente educativo. La cultura te inculca unas expectativas que,


si no cumples, te impiden ser feliz.

MARTA: “A lo mejor la poligamia nos haría más felices”, parece una inclinación
natural. Está de acuerdo con Sonia.

NACHO: Menciona la “Utopía” de Moro, en la que culturalmente se inculcaba el


desprecio por el oro para evitar su codicia.

VICENTE: En “Un mundo feliz” se suprime la familia y la sociedad, el sexo es con


todos, todos son totalmente iguales a los demás de su casta. Huxley lo consideraba una
utopía hasta la llegada del nazismo, en el que se llegaron a poner en práctica medidas
horriblemente similares, viéndose obligado a retractarse.

NACHO: Habló de la semejanza con la utopía platónica descrita en su “República”


[aquí hizo un excelente y sumamente conciso resumen de esa utopía]

LUIS ÁNGEL: Resumió el libro de Huxley [cosa que seguro que agradecieron los
asistentes que no lo habían leído] y luego señaló que lo que hacía feliz a la gente era la
eliminación de toda inquietud y todo cuestionamiento.

MARTA: Citó los Evangelios: “Bienaventurado el que sufre”, aparente paradoja [la
buena ventura llegará en el mundo futuro aunque ahora sufres y no eres feliz]

Mencioné que el hecho de no juzgar es fundamental en filosofías como la del


escepticismo o en las orientales, la “ecuanimidad”, no dicotomizar todo entre lo
bueno y lo malo. Nietzsche en su “sí a la vida” también abogaba por abrazar
todas sus experiencias sin negarlas.

ISMAEL: Volviendo a Camus recordó otro de sus conceptos, el de “suicidio filosófico”


para aceptar el sufrimiento. Suicidio que puede tomar varias formas.
NACHO: Respecto a los altibajos en la vida, mencionados repetidamente, dice que son
necesarios para que sea plena y se pueden llegar a disfrutar. Un estado continuo de
felicidad dejaría de serlo. Un momento bajo se puede tomar con sensaciones positivas,
como la melancolía. Una vida contemplativa con un estado continuo, igual, no sería
feliz. Recordó el concepto de Felicidad como ausencia de mal, de los neoplatónicos y
más tarde de San Agustín.

Hubo aquí un intento de cerrar todo el diálogo con una definición.

ISMAEL: “Un abandonarse cuyo molde es el sufrimiento” Aunque sea un molde


difuso, como acabamos de ver.

MARTA: En esa definición falta el componente de actividad.

ANA: Citó a Séneca: “La felicidad es no necesitarla”

ALICIA: Depende del mundo, la gente que te rodea y de ti. Las tres cosas pueden
variarse más o menos.

ANA: Esta vez, de su colección de citas, que había preparado para la ocasión, eligió la
de B. Tierno: “La felicidad es consecuencia de lo que somos y no de lo que tenemos”
Con lo que todos estuvimos de acuerdo aunque no definiese el concepto totalmente.

INMA: Dos cosas han sido comunes a lo largo del diálogo, en cuanto a la felicidad:
– Evitar el deseo
– Apertura o superación de la individualidad, o el egoísmo.
Citó a Wilde, sólo hay algo peor que no conseguir alcanzar tus deseos, conseguirlo.

Me extrañó que nadie hubiera mencinado el factor biologicista de las hormonas,


etc.

JOSE: Indicó que sí se había rozado el tema con la alusión a los estupefacientes. Habló
del libro de Punset “El camino a la felicidad” en el que habla de los factores que la
facilitan, que son por un lado exógenos, pero por otro también hay factores endógenos
en la felicidad y en las depresiones, que se reducen a niveles de neurotransmisores.

ISMAEL: Dijo que a veces la ciencia pone los carros delante de los bueyes y que eso
puede ser un efecto y no una causa de las depresiones.

CLARA: Habló de que se da una interacción, que puede haber orígenes endógenos o
genéticos incluso, que predisponen, pero que se desatan por el ambiente.

ADOLFO: Dijo algo que nos pareció bien como conclusión, la felicidad es el objetivo
de un trabajo interior.

Pasamos a elegir el próximo tema, los finalistas fueron el de la fe y el de las


utopías, que habían surgido reiteradamente en este diálogo despertando nuestra
curiosidad.
Por sólo un voto elegimos el tema de las UTOPÍAS, aunque dando por seguro
que más adelante abordaremos el de la fe.

Más que satisfechos abandonamos el Penicilino, emplazándonos para la próxima


sesión, el día 7 de Junio.

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