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INTERVENCIÓN DE PABLO GONZÁLEZ CASANOVA EN EL FESTIVAL MUNDIAL

DE LA DIGNA RABIA.

Fotografía: http://www.eleconomista.cubaweb.cu/

Profesor destacado de la Universidad Autónoma Nacional de México, de la cual fue


rector, autor de La Democracia en México, Las nuevas ciencias y las humanidades, De
la academia a la política, entre muchos otros libros. Participante de la Comisión
nacional de intermediación en la primera fase de la guerra. Siempre al lado de las
comunidades indígenas zapatistas y del EZLN.

Muchas gracias a la Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.


Pero muchas gracias no solo por esta invitación, sino porque hay dos momentos en mi
vida en que hubo una trasformación muy fuerte y hoy cumplió 50 años uno de ellos
-no hoy, sino en este mes, en estos días, el 1º. de enero- que fue Cuba. Cuba influyó
terriblemente en mi manera de pensar, y todos estos años de tormentas ideológicas,
teóricas, terminológicas, políticas, y de otras especies, me llevó a mantener ciertos
principios fundamentales por los que sigue luchando la revolución Cubana.
El otro -creo que fue el día 4 ó 5 de enero, no recuerdo cuándo- cumplo 15
años de estar acercándome más y más al movimiento iniciado por los pueblos mayas,
por los pueblos del sureste, a los que conocemos como zapatistas. Ellos influyeron
también en resolver muchos problemas, no sólo sobre el camino al socialismo, el
camino al comunismo, el camino a la democracia, el camino a la liberación, sino sobre
los problemas directos que en México se daban con las mediaciones bárbaras que
existen en el sistema y que se han dado a nivel mundial.

¿A qué me refiero? A que en la historia de esa mala palabra que empleó el


subcomandante -como es habitual en él, por lo que estoy viendo- en la historia de la
lucha de clases, hay un proceso muy importante de mediaciones que transforma esa
lucha desde finales del siglo XIX, pero sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, y
que la transforma de una manera muy importante, al modificar lo que en realidad
significan términos como burguesía y proletariado. En realidad, estas palabras se han
reestructurado tremendamente y ahora es mucho más fácil entenderlas viendo que
hay dos tipos de trabajadores: unos trabajadores que son de clase media y otros
trabajadores que son proletarios, y que hay no sólo Naciones-Estado sino pueblos
oprimidos por un imperialismo colectivo -como lo llama Samir Amin con toda razón-
con sus asociados, sus subordinados; un imperialismo colectivo que tiene una red o un
complejo empresarial, militar y político -podríamos decir también mediático; un
complejo articulado que domina con sus asociados, subordinados, cooptados,
corrompidos o asimilados, y esto altera la oposición original del capitalismo industrial,
del capitalismo clásico, y de la lucha de clases en la que reparó Carlos Marx, y altera
todo el proceso histórico de la lucha de clases, al alterar las características de las
clases mismas. Y uno de los grandes descubrimientos -aunque lo no hayan dicho en
esas palabras los zapatistas- ha consistido en ver cómo es la lucha de los proletarios
de hoy (la palabra proletarios quiere decir pobre, ó quería decir pobre originalmente).
Entonces, ¿Cuál es la lucha de los pobres de hoy, de los pueblos pobres, de los
trabajadores pobres, contra los poderosos y los ricos? -como lo dijo originalmente en el
lenguaje, en el discurso, el zapatismo. Dentro de esa diferencia, de esa lucha que
continúa y en la que continua el modo de dominación y el modo de explotación
capitalista, esos siguen, pero se han modificado los personajes colectivos que luchan
por la acumulación, por la dominación -una y otra estrechamente asociadas- a través
de grandes empresas llamados trasnacionales o multinacionales y de los gobiernos
neoliberales al servicio de esas empresas, pero que ejercen un tipo de dictadura. Marx
hablaba de la dictadura de la burguesía como lo contrario a la dictadura del
proletariado, palabras que no fueron muy útiles en mí opinión, porque en realidad lo
que estaba pensado, era en la soberanía, en el soberano, del que refirió Hobs, como el
que tiene la última palabra, y el que tiene la última palabra en este momento es el
gran capital articulado entre militares, grandes empresas y políticos, pero con bases
sociales. Nos engañamos y pensamos que este tipo del dictadura o de decisión final se
toma nada más por un puñado. Se toma con muchas articulaciones, entre otras, de
tipo estructural, con el crecimiento de lo que Lenin llamó la aristocracia del
proletariado, que son los trabajadores organizados, acostumbrados a protestar, a
presionar, a luchar muchas veces valerosamente y con pérdidas tremendas, pero con la
idea de negociar y de mejorar sus condiciones. Y en esto también el zapatismo hace
una aportación importantísima, pero que no sólo es importante a nivel nuestro, sino
mundial, porque el fenómeno al que me estoy refiriendo no se dio nada más en
México, aunque aquí se dio con una perfección verdaderamente magistral. Realmente
se queda uno impresionado de lo que fue el Estado mexicano y su partido, el partido
del Estado. Ahora lo que tenemos es el Estado mexicano con varios partidos de Estado,
como decía Poulantzas: el PRI es un partido de Estado, el PAN es otro partido de
Estado y el PRD es también un partido de Estado. Hoy vemos esos cambios históricos
registrados en el pensamiento y en la lógica íntima, en la lógica cercana, muchas veces
no expresada en los términos que nosotros usamos en nuestras clases, en nuestras
conferencias, en nuestros discursos, pero que incluso lleva a plantear otro tipo de
negociación. Es decir, no es una negociación para presionar, criticar y negociar para
lograr algo muy pequeñito, porque lo que se interpone en este planteamiento de la
negociación es la dignidad, que no es negociable. Por eso es tan importante el que
hayan antepuesto a los problemas de la negociación -la que nos negaron- la dignidad y
la autonomía de las personas y de las comunidades, mismas que no son negociables.
Aquí también apareció algo muy nuevo en la propia historia del pensamiento socialista
de México y del mundo, y no sólo del pensamiento socialista sino del pensamiento
marxista leninista oficial, que se vio muchas veces impulsado a negociar con la pérdida
de los valores más elementales de los hombres que negociaron -cosa que
precisamente no ocurre en el caso de Cuba. Es decir, no estamos negándonos a la
negociación, sino que estamos pensando en otro tipo negociación, en una negociación
que no le haga perder fuerza al pueblo, sino que le permita aumentar sus fuerzas,
aumentar su cultura, difundir la pedagogía de la emancipación humana a todos niveles,
pensando en redefinir las palabras democracia, libertad, justicia (dichas en otro orden
porque originalmente, si mal no recuerdo eran: libertad, justicia, democracia).

Cuando vino el levantamiento, un levantamiento que permitió el que los oyeran


porque no los oían antes, no los oyen ahora y es increíble la capacidad que tienen para
no oírlos, y ya no sólo me refiero sólo a los neoliberales o a los conservadores
tradicionales, me refiero a los nuevos miembros de los partidos socialistas y
comunistas de México y del mundo: en México ya no hay Partido Comunista de Estado;
hay uno que se suma a las políticas de tipo neoliberal. Me dijo un escritor: ya no son ni
revolucionarios ni reformistas, pero hay una posición entre esos miembros de esos
partidos muy crítica de este nuevo movimiento y de estos nuevos planteamientos que
no se niegan a negociar, pero que no negocian lo no negociable para nosotros que es la
dignidad y la autonomía, cosas que enloquecen verdaderamente a quienes quieren que
todo sea negociable: los bienes, los recursos naturales, los conocimientos, todo es
negociable. Entonces, si nosotros les ponemos algo que no es negociable estamos
enfrentándonos con un muro terrible, estamos frente al muro que ellos nos pusieron y
con el que han querido y quieren aprisionarnos. Estamos enfrentados a ese muro al
romperlo o al construir un poder que viene del pueblo consciente, articulado,
organizado en unas formas muy importantes desde el punto de vista de la memoria
colectiva, que se expresa en discursos en los que, como ustedes saben muy bien, la
narrativa predomina y se combina con el sentido del humor, se combina con el cuento
y con la crónica , pero que da pie a pensamientos muy concretos y de tipo general y
dentro de esas posibilidades o novedades, aparece otra vez la comunidad y todas las
tradiciones de la comunidad -pero no como dijeron acá, no de la vieja comunidad
aislada sino de conjuntos de comunidades que se juntan entre sí, primero los vecinos,
después los que están más lejos, después los que están más lejos todavía, hasta una
dimensión intergaláctica, como comentaba con sentido del humor el zapatismo por lo
cual éste no se colocó nunca y nada más como un movimiento respetuoso de las
tradiciones de nuestros pueblos ni como un movimiento novedoso o totalmente nuevo,
sino como un movimiento que ha tomado las grandes experiencias de los pueblos
pobres y de los trabajadores pobres ha tomado aquello que les puede permitir triunfar
en este momento y que es este tipo de organizaciones de origen comunitario
articuladas entre sí con los medios tradicionales de comunicación presencial y los
medios nuevos -ya no con los caracoles antiguos que servían para llamar a lo lejos y
oír desde lejos- de que disponen los seres humanos para comunicarse, y que permiten
hacer aquí un congreso de carácter mundial, con participantes de la más alta calidad
en los que tiene uno que reparar con mucho cuidado cuando hablan porque aprende
uno una barbaridad. Yo estuve aquí tomando nota todo el tiempo y aprendí muchísimo,
realmente es uno de mis mejores seminarios posdoctorales.
(Aplausos)

Y fíjense qué importante es que esto ocurre en relación con un fenómeno que
en general no lleva a pensar mejor, o a pensar a reflexionar, a profundizar, a precisar,
a actuar, a hacer, a crear, a extender; no, la furia en general lo saca a uno fuera de sí,
en general el que piensa en la furia piensa en que se puso furioso, ya no entiende nada
de lo que se le está diciendo, ya no oye lo que se le está diciendo, ya no sabe qué
hacer; no, es la furia digna vinculada a todo este proceso de nuevas formas de pensar,
de otras formas de pensar, de otras formas de concebir, de otras formas de educarse,
incluso de otra pedagogía de la liberación; en realidad, ya se convierte en una
pedagogía de la emancipación -de la emancipación no nada más de los pueblos indios,
sino de todos los seres humanos, no nada más de los mexicanos, no nada más de los
latinoamericanos y que le da nuevas características al proyecto universal de otra
democracia, es decir, recuperando las palabras de la democracia original de otros
poderes del pueblo, y que sean de los pueblos pobres, porque ya hay pueblos en los
que predomina el espíritu de los pueblos de clase media, que negocia, etc., y a los que
quiere favorecer Obama ¿A costa de quiénes? Pues de los otros pueblos, de los
excluidos, porque el capitalismo no puede dejar de acumular en formas no sólo
ampliadas -como ya pensaba en un momento dado Marx que iban a predominar- sino
de acumulaciones originales como las que acaba de señalar el compañero Carlos
González, es decir, de saqueo, de robo, y se encuentra en una etapa en que el
capitalismo también tiene cosas no negociables, que son las altas tazas de utilidad, las
altas tazas de acumulación por todos los medios, legales e ilegales -porque él declara
qué es lo legal y qué es lo ilegal- y de acumulación a costa de países enteros, como lo
está haciendo en el Estado de Israel, que es uno de los asociados subordinado al
capitalismo colectivo encabezado y expresado por el imperialismo de los Estados
Unidos -y no por el imperio sino por imperialismo- es decir, por el capital monopólico
actual que son las trasnacionales con el Estado correspondiente de tipo colonialista,
pero a cargo del complejo militar, empresarial, gubernamental y mediático de que
dispone y que le hace pensar que es muy fuerte, pero que le impide no sólo sobrevivir,
sino que lo está llevando a una autodestrucción terrible con la destrucción del mundo
mismo en el que estamos.

La única alternativa, la alternativa que tiene muchísimas posibilidades de


expresión, de estructuración, de apertura a otras civilizaciones, a otras lenguas, a otras
culturas es la que nace en estos viejos pueblos, estos antiguos pueblos de origen
maya, donde se juntaron las culturas de la emancipación de tipo indígena de nuestros
países con las culturas del emancipación de unos conquistadores colonizados que se
volvieron rebeldes. Y en realidad esto le da esas características que para Noam
Chomsky hacen de América Latina el lugar más original de la creación histórica en
nuestro tiempo y, dentro de ella, el EZLN y todo el movimiento de los pueblos mayas
es -yo creo- el que más ha profundizado en conceptos que ahora están manejando una
gran cantidad de dirigentes de nuestros pueblos y que acabamos de escuchar en varias
de las ponencias presentadas hoy y, además, en las ponencias que hemos oído a lo
largo de este tiempo.

Se está escuchando esa Otra Política, ese otro lenguaje y esa otra esperanza de
paz y esa otra posibilidad de negociación a la que seguimos abiertos, siempre
decididos a no negociar ni nuestra dignidad ni nuestra autonomía, porque no son
negociables. Ese es el punto central, en medio de eso somos respetuosos de un
pluralismo religioso, laico, ideológico y de culturas muy distintas, pero hay un punto en
que la disyuntiva se plantea y en el que uno tiene que decidir definitivamente y tanto
más claramente cuanto más se presta a confusiones. En un país como el nuestro,
donde tanta gente se ha llamado “de izquierda” y a la que vemos ahora en esa
posición lamentable y penosa, que no puede uno entender cómo llegó a ella (pero no
sólo en nuestro país, ocurre también en Nicaragua donde yo he tenido amigos, que se
pasaron diez o doce años en la sierra, luchando como héroes, y que después se
perdieron… se arruinaron), eso no es negociable. Si eso lo logramos junto con la
claridad en los conceptos, con la definición de las palabras que usamos en los actos y
en la creación histórica alternativa, como lo está haciendo el Ejército Zapatista de
Liberación Nacional, con todos los pueblos que lo han tomado como una fuente de
organización, en un primer diálogo de dos rebeldías: la de los mestizos, que empezó
en el siglo XVI, y la de los pueblos indios, que muchos de ellos se adueñaron también
de la cultura a través de la liberación nacional, de la teología de la liberación nacional,
y a través de las escuelas normales que hoy quiere clausurar Calderón, y en una serie
de luchas anteriores en que fueron traicionados, como lo fueron ahora en los derechos
de los pueblos indios, que se encuentran en una posición de avanzada y creo a este
respecto nosotros debemos darnos cuenta de cómo los que estamos aquí tenemos el
privilegio de estar en uno de los centros que presentan una alternativa pacífica para
una transición que puede ser muy dolorosa, y reclamamos y exigimos más respecto
para este movimiento y para otros movimientos, y debemos hacerlo a nivel nacional,
en América Latina, en Estados Unidos, en todos los países del mundo, en el mundo
entero.1

1
Tras finalizar sus palabras, le fue entregado un obsequio de parte de las comunidades zapatistas, ante lo
que expresó: Yo quiero hacerles una aclaración, de que no me llamo Pablo González, sino Casanova y gracias
a que me llamo Casanova fíjense que soy zapatista desde antes de nacer, porque a mi padre lo bajaron del
tren cuando iba a Europa para fusilarlo y uno de los del pelotón de fusilamiento dijo: No, este niño no, es de
por allá de Toluca y son zapatistas, los de sus familias son zapatistas. Yo no tiro. Entonces vamos a mandar
a preguntar a Toluca para ver si es cierto. Y entonces dijeron: Si no es cierto, si son mentiras, entonces te
fusilamos. Entonces fueron y dijeron: sí es cierto, son amigos de los zapatistas. Y gracias a eso mi padre
pudo seguir el viaje, y entonces puedo estar conversando con ustedes, de modo que yo soy zapatista por
herencia.

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