EL CUENTO FEO.

Antonio Altarriba Ordoñez. (catedrático de Literatura francesa del país Vasco) En el país de los cuentos, los críticos mandan. Había una vez en un país en el que los cuentos tenían una gran importancia. La gente no sólo leía en sus casas sino que también se reunía en plazas y salas de conferencias para contarse historias o para comentarlas. Reflexionaban sobre los relatos tradicionales y también sobre las últimas novedades. Pero curiosamente - o quizá como era de prever -los escritores no gozaban de un gran predicamento. Por el contrario, los críticos, los narratólogos y los analistas del relato eran respetados y tenían un gran poder. Las conclusiones que sacaban de los cuentos se convertían a menudo en norma social, incluso llegaban a considerarse pautas de obligado cumplimiento para todos los ciudadanos. El rey del país de los cuentos nunca tomaba una decisión sin escuchar los consejos de los expertos en el arte de contar. Era un país en donde los cuentos, realmente contaban. Como podrán fácilmente imaginar, en el país de los cuentos la vida resultaba fantástica. La realidad procuraba imitar la ficción. La administración del Estado realizaba un gran esfuerzo para financiar prodigios y subvencionar acontecimientos extraordinarios. Se recompensaba con un zapato de cristal y una dote fabulosa a aquellas muchachas que en lugar de presumir, trabajaban hacendosas en el hogar. Se perseguía con saña a los lobos feroces. Se invertían grandes sumas en un complejo proceso de reconversión de sapos en príncipes (y viceversa). Pero la mayor parte del presupuesto se lo llevaba el ministerio de hadas madrinas y genios encantados que se encargaba, claro está, de hacer realidad los deseos de los ciudadanos. Si señores, en el mundo de los cuentos todo parecía funcionar a las mil maravillas. ¿Todo? Bueno, casi todo. Una sombra de oprobio amenazaba la existencia de tan fabuloso lugar. En esta región de relatos profundos, líricos, arrebatados o dramáticos había uno que avergonzaba a sus habitantes. En el país de los cuentos había un cuento feo. Nadie sabía cuándo había sido escrito ni quién era su autor. Ignoraban incluso cómo había conseguido perdurar a lo largo de los años. Su origen y su existencia estaban envueltos en el más oscuro de los misterios. Permanecía ahí irradiando una inquietante influencia y desafiando la experiencia de los críticos que, en cuestión de cuentos, parecían conocerlo todo. La teoría del origen y evolución de los cuentos Los historiadores del cuento tenían establecida desde hacía tiempo una teoría sobre el nacimiento y la evolución de los cuentos. Al parecer cuando caía la noche, los primitivos pobladores del planeta se reunían alrededor de una hoguera. Ese era u momento muy especial en la jornada de nuestros antepasados. Toda la tribu permanecía unida e inactiva. Apretados los unos contra los otros, se dejaban hechizar por el crepitar de las llamas mientras guardaban un silencio embelesado. Formaban un círculo protector. Sus cuerpos levantaban una barrera contra el frío y la oscuridad. Una noche alguien lanzó un conjuro contra las tinieblas y la intemperie. La siguiente, otro lo repitió a su manera. Poco a poco se acostumbraron a recibir toda una serie de fórmulas con las que pretenderían ahuyentar los peligros que les acechaban. Luego intentaron darles explicación.

. Los habitantes del país de los cuentos creían en su sistema de valores y aceptaban la organización que de él se derivaba. No conseguían explicarse por qué existía un cuento feo . todos desprenden luz y calor. continuemos prefiriendo escuchar o leer historias a esa hora incierta del atardecer en que se enciende el hogar y la familia agrupa. Consuelan al desgraciado. entendiendo el mundo.Comprobaron que. Un bálsamo que nos aplicamos antes de dormir. proporciona a los relatos ciertas propiedades curativas. La existencia del cuento feo no sólo minaba el prestigio internacional del país. dan ideas al emperador e incluso desaniman al malvado. que las historias que nos contamos son reveladoras no tanto del funcionamiento de lo que nos rodea como de nuestra desamparada titiritona ante el mundo. Alejan los peligros y alivian los sufrimientos. Pero al mismo tiempo debían convivir con ejemplo evidente de disfunción. . Permiten a Sherezade aplazar la muerte durante mil y una noches. ya los fugitivos de un apeste olvidar el peligro durante las diez jornadas del Decamerón . éste resultaba menos amenazador. La primera y más importante. sino que hacía cundir el desánimo entre la población. La desconfianza. Además. eso ya era un relato. que todavía hoy. y a pesar de la electricidad y de otros adelantos. Así que fueron descubriendo o inventando las razones del comportamiento de las fieras. Gracias a esta teoría. Por ejemplo. El cuento feo representaba la posibilidad del error. No dan cuenta de la realidad sino de nuestras debilidades y carencias. Pero. a pesar de las dudas que suscitaba. Siempre se puede sacar algo de ellos. Quizá a primera vista algunos no parezcan muy útiles. Gracias a ella. Los relatos que sin cesar intercambios no expresan nuestro afán de conocimiento sino nuestra necesidad de ampliar ese círculo cálido y luminoso que nos mantiene al abrigo de la inmensidad de las tinieblas. Esta hipótesis sobre el nacimiento del relato planteaba numerosos interrogantes: ¿exitirían los cuentos si no se hubiera descubierto el fuego? ¿Se puede inventar una historia cuando se tiene frío? ¿Los escritores son los más cobardes de la tribu?... habitantes del país de los cuentos habían aprendido a conocer el mundo y sobre todo a conocerse a sí mismos. Sin embargo. los habitantes del país de los cuentos están convencidos de que este origen. en el que el conjuro se mezcla con el ritual. nos las seguimos contando al amor de una lumbre protectora y las seguimos utilizando como bálsamo tranquilizador. Pero.. En realidad. de las tempestades y de la naturaleza en general. un místerio permanecía obcecadamente indescifrable. nos pone los pelos de punta. de vez en cuando. todas resultan igualmente ficticias. La teoría sobre el origen de la narración proporciona también otras muchas claves. Un escritor contra el cuento feo. como podrán fácilmente adivinar. Por lo tanto para los habitantes del país de los cuentos el origen de las narraciones estaba muy claro. para algunos alarmistas. tan insidiosa aquí como en los demás países. De ese miedo a nuestro entorno que todavía hoy. Y. antes de sumirnos en laoscuridad .. se infiltraba en las actitudes y comportamientos de los . los habitantes del país de los cuentos también entienden otros curiosos fenómenos . la teoría era generalmente admitida porque. Aunque las disfracemos con el ropaje de la ciencia o de la filosofía. de la catástrofe. si bien se míra. como les decía antes. eso era la esencia de todos los relatos. Decididamente era una vergüenza. incluso. Un cierto sentido de la imperfección se mantenía fuertemente arraigado en las conciencias. Todos los cuentos provienen del miedo. explica muchas cosas. Es más. por lo menos.. a pesar de su sabiduría.

¿La abordaba en palacio o en la página? ¿Se la inventaba con los sentimientos o con la pluma? ¿Amaba o escribía? La proclamación del edicto real ofreciendo la mano de la princesa le pareció una oportunidad providencial para resolver su dilema y dar rienda suelta a su pasión (¿afectiva o literaria?). Sólo una persona en todo el país parecía haberse tomado en serio el decreto del rey y se había propuesto afrontar el reto que suponía el cuento feo. No faltaron los encendidos patriotas que llegaron a proclamar que el cuento feo afectaba directamente al orgullo nacional y debía convertirse por tanto en una cuestión de Estado. provocaron en el escritor unas sensaciones desconocidas. su enigmática discreción o quizá algo todavía más imperceptible. una sensualidad profunda pero amortiguada por el protocolo. La gente recobró el interés por lo cuentos y. pero necesitaba hacerla suya. La apatía empezó a hacer mella entre la población. De hecho. reyes machistas. su vida dio un vuelco. Críticos y narratólogos se enzarzaron en interminables discusiones. Como consecuencia de la escasez de relatos. salvadores del pueblo e incluso sobre críticos que se equivocaban. No sabía . naturalmente. la nueva situación generó numerosos relatos sobre bodas principescas. Al cabo de unos meses la vida volvía a transcurrir con tranquilidad en el país de los cuentos. Desde que en uno de los frecuentes y fastuosos desfiles reales divisó a la princesa. Pero se desencadenó una crisis narrativa más profunda de lo normal y tuvo que ceder a las presiones de la opinión pública. no tenían ningún interés en desposar a una princesa. pero no se sentía motivado por un espíritu altruista por un afán de salvar a sus compatriotas. No todos. la situación se fue normalizando. Cualquier gobernante sabe que los vasallos aburridos y el tesoro de ficciones públicas en bancarrota son sintomas inconfundibles de una situación prerrevolucionaria. El debate sobre la medida adoptada adquirió tales dimensiones que se perdió de vista el problema que lo había provocado. conocido en algunos sectores por la audacia de sus historias y por su espíritu innovador. Los cuentos no despertaban el mismo interés que antes. Le gustaba correr riesgos y le tentaba la aventura. La lívida tristeza de su rostro. El rey no solía prestar mucha atención a manifestaciones tan extremas. No sabía si en su vida o en sus cuetos. ¿Todos? No. Apenas aparecían nuevos relatos en el mercado. Los más ponderados especialistas en el arte de contar siempre habían sido partidarios de mantener un absoluto silencio sobre el cuento feo. El decreto real por el que se ofrecía en matrimonio a la princesa concedía un protagonismo perjudicial a tan espinosa cuestión. Nadie hablaba ya del cuento feo ni de la crisis narrativa que afectaba al país. Además se marginaba a las mujeres que. amenazas mundiales. Llegaron a correr rumores de que la imaginación se había agotado. La hija del rey aparecía como un simple objeto que servía de recompensa al vencedor. La clase política estaba dividida. Algunos sectores achacaban la disminución de la producción literaria a la nefasta infiuencia del cuento feo. Durante meses estuvo dudando. Se trataba de un joven escritor de segunda fila. Algunos cuestionaban incluso la legalidad de un mandato que consideraban totalmente injusto. las soluciones a los problemas se hacían menos numerosas y también menos ingeniosas. Muchos aplaudieron esta medida pero a otros les pareció una reacción precipitada. Así que el monarca se vio obligado a tomar una decisión histórica. Todos se habían olvidado del problema. Pensaban que de esta manera se acabaría olvidando su existencia o quedaría como una simple curiosidad arqueológica. Enseguida quiso tenerla. poco a poco.ciudadanos. provocada tan sólo por el pánico. Ofreció la mano de su hija a quien acabara con el cuento feo.

" "En los tiempos de Maricastaña. los horrores de la tragedia familiar surgen en todas las mentes. deseo y nostalgia son tres sentimientos que expresan una carencia. les permitía reconocerse..." A nuestro escritor le parecia que esta teoría era en realidad una prolongación de la teoría de los orígenes. Los relatos funcionan por lo tanto como consignas culturales que identifican al grupo. Resultaba evidente que quienes conocían las mismas historias compartían un patrimonio que. Así que puso inmediatamente manos a la obra. porque quizá por siempre estemos insatisfechos. conocía la teoría sobre el origen de los cuentos y algunas que otra derivaban de ella. Los cuentos y la vocación fabuladora en general dependen del miedo para nacer y del deseo o la nostalgia para mantenerse. Pero necesitaba estudiar más. De acuerdo. Y luego se adentraba en los razonamientos utilizados por los expertos.si acabaría casándose o redactando un cuento. Sólo importa que sean distintos y distantes. repetía en voz alta. Si alguien habla de Blancanieves todos pensamos en la imposibilidad de secuestrar la belleza." o "Había un país llamado. como un encanto hipnótico. más que conocer. Los cuentos crean entre los individuos unos vínculos más sutiles y profundos que el parentesco o la raza. Por eso los cuentos suelen empezar con una fórmula ritual que. que provengan de la memoria o de la imaginación. debía informarse debidamente sobre la vida y costumbres de los relatos.. nacen del miedo de los hombre pero ¿de qué viven? Manejó diversas hipótesis pero sólo una retuvo su atención. "Los cuentos tienen como principal función promover la cohesión social". Procuró centrarse en aquellos datos que le permitieran localizar el cuento feo y conocer sus puntos débiles. que nunca lograría su objetivo y que más le valía volver a sus cuentos experimentales. porque todavía hoy. ¿Cómo reaccionaría ella? ¿Le acogería llena de admiración o le aceptaría resignada? ¿Su encuentro despertaría en él un deseo carnal o un deseo escritura/? Reconstruía en su mente las posibles situaciones que se derivarían de su hazaña y así obtenía fuerzas para seguir adelante en su tarea. Pero en otras ocasiones se desanimaba y pensaba que tanto estudio no servía para nada... Los cuentos pueden vívir gracias a que existen otros lugares y a que han existido otras épocas. en cualquier caso de un empeño negar el aquí y el ahora. conocida como teoría de la distancia o de la nutrición por diferencia. borra el momento actual: "Érase una vez. " "En un lugar remoto. "no todos los países son como éste ni todos los tiempos han sido los de ahora". pero tenía que lanzarse a la aventura. o entre lo que es y lo que hubiera podido ser. Para ello le pareció esencial saber de qué se alimentan los relatos. A veces el pensamiento del escritor se distraía de los densos tratados de narratología y se ponía a imaginar el momento en el que entraría triunfante en el palacio del rey. sostiene que los cuentos se mantienen gracias a un principio tan evidente como indiscutible. de una necesidad de olvidar los inconvenientes del presente.. Configuran . Míedo. De lo cual deducía que narramos porque echamos en falta. La ficción se nutre de la diferencia entre lo que es y lo que fue. Así que los cuentos viven de la nostalgia o del deseo. Como escritor. Se limitó a aprender de memoria los principales argumentos sin profundizar en sus implicaciones. entre lo que es y lo que será. Poco importa que esos otros espacios o esos otros tiempos sean reales o inventados. Esta teoría.. La crítica funcional le desagradaba especialmente. Su estudio le aburría pero también entendía que para acabar con el cuento feo debía conocer cuáles eran las funciones que cumple un relato. Si quería acabar con el cuento feo. si se menciona a Edipo.. Aprendió muchas cosas pero no todas le interesaron de igual manera.

Uno de ellos . Quizá feliz o. No todas las princesas son para casarse. Y en ese proceso de dramatización inventan el bien y el mal. quizá el único. Pero entonces. Simplemente se limitan a dramatizar nuestras relaciones. Con ellas podía calcular con exactitud el grado de cohesión o de transgresión que propiciaban. por lo menos. Y el escritor se atrevía a suponer que los cuentos no son algo esencialmente bueno. Al fin y al cabo. Y. Pero nuestro escritor se preguntaba si esa situación no comportaría también sus ventajas. el intrépido escritor hacía rápidos progresos. Tan sólo le servía para burlarse de todos aquellos métodos que pretenden valorar y clasificar con excesivo rigor una materia tan inestable y temblorosa como la materia narrativa. Convivirían como extraños en un mismo espacio sin saludarse ni reconocerse. Sólo al emprender el trayecto comprendió lo temerario de su propósito. Nada tendría sentido. Tendrían palabras pero desconocerían la manera de organizarlas. Por fin.combinan ambos ingredientes en proporciones diversas según los casos. por supuesto. Veía a sus habitantes deambulando dispersos. Él mismo se atrevió a plantear algunas cuestiones. ¿acaso alguien sabía dónde se encontraba? El escritor se dio cuenta también de que nunca nadie había hecho ningún comentario sobre la historia que en él se contaba ni tampoco había explicado las razones por las que resultaba tan horrible. Hacia allí se dirigió nuestro escritor. Pero. Para empezar. Tampoco serian capaces de entender el mundo que les rodeaba ni de agrupar o relacionar los diversos seres y objetos. Desde nuestra óptica de amantes de la ficción. ¿puede acaso asegurarse que eso sea inequívocamente positivo? Como podrán ustedes comprobar. ni siquiera sabía cómo localizar el cuento feo. Se preguntó si los cuentos transmiten siempre las mismas historias o si. Llegó a preguntarse si alguien lo habría leido. No sólo entendió los mecanismos por loque se regían distintas tendencias criticas sino también la relatividad de algunas de sus conclusiones. perdidos. El primer obstáculo se presentó al solicitar al archivero su insólita demanda. silencioso por dentro y por fuera. ¿los cuentos que desarrollan situaciones insólitas producen menso cohesión social que los que utilizan las intrigas de siempre? Llegó incluso a inventar unas tablas que medían los valores contenidos en un relato. Se cruzarían pero no se comunicarían. ignorante de la desgracia. Pero finalmente prefirió no desviarse de su objetivo y continuó la búsqueda. Por supuesto no se podía adquirir en ninguna librería ni consultar en ninguna biblioteca pública.se contestaba . Los teóricos funcionales del relato concluyen afirmando que los que imaginan unidos permanecen unidos. Cada vez se sentía más seguro de sus posibilidades y aumentaba su confianza en el triunfo sobre el cuento feo. Incluso estuvo a punto de acercarse a la corte y poner en un aprieto a los narratólogos reales interrogándoles sobre estos temas. Los empleados de la biblioteca se quedaron boquiabiertos y sin saber cómo reaccionar. la total ausencia narrativa deja al individuo vacío y ensimismado. La Biblioteca nacional debía de tener un ejemplar. cada uno es distinto a los demás. el joven escritor se sintió preparado para cumplir su misión y se lanzó a la aventura. En definitiva.nuestra sensibilidad y nos hacen participar de una misma visión del mundo. ¿pretenden despertar en nosotros la sorpresa o tan sólo el reconocimiento de esquemas y estructuras ya asumidas? ¿se basan en la inquietud del suspenso o en el hechizo de la repetición ritual? Probablemente . Podrían hablar pero no sabrían decir. la ausencia de cuentos tendría efectos devastadores sobre el hombre. Nuestro escritor se entretenía imaginando la vida en un país sin cuentos. del cuento feo. por el contrario. inconexos. Todos hablaban de él y de sus perjudiciales efectos pero. nunca creyó en este sistema. la dicha y el sufrimiento.

quedó sorprendido ante esta reacción. Las fuertes corrientes de aire impedían acercarse a un cuento que permanecía extrañamente inmóvil en el centro de la pieza. de gustos y criterios muy distintos al anterior. Ya se pueden imaginar la inquietud con la que nuestro protagonista escuchaba estas informaciones. Detrás de la primera puerta se encontraba un relato abrasador. En el caso de que alguien llegara hasta él y consiguiera abrirlo. A pesar de los terroríficos efectos de estos tres relatos. el escritor se puso a reflexionar sobre lo que iba a encontrar al otro lado. que confiaba en los efectos disuasorios de sus historias. el número de registro. ¿qué es lo que hace que un cuento sea feo? Repasaba los conocimientos adquiridos en . Un escalofrío recorrió la espalda del escritor. como si temiera presenciar lo que se avecinaba. El Bibliotecario le explicó que en ese lugar se guardaban los cuentos secretos del reino. a ser posible. Todos habían salido prácticamente muertos de aburrimiento. mirando al escritor por encima de sus lentes. atravesaron salas abarrotadas de legajos. sobre todo. Sólo se podía descifrar lamiendo las hojas pero el sabor de sus signos provocaba un amargo llanto y una tristeza tan profunda que el lector perdía las ganas de actuar o moverse. el secreto del último cubículo era mucho más inquietante. no tardaban en volverse locos. No se podía sujetar entre las manos porque su simple contacto levantaba ampollas. Quienes en estas desfavorables condiciones pretendían además enterarse de su contenido. ¿Cómo podía acarrear tan nefastas consecuencias la simple lectura de un cuento? Y. Entre bostezo y bostezo sólo habían podido manifestar incapacidad para terminar de leer el cuento. Recorrieron largos corredores. Estaba escrito con fuego y dejaba ciego a quien intentara leerlo. Por fin el Bibliotecario Mayor tuvo que intervenir y. descendieron escaleras y llegaron por fin a los resótanos de la Biblioteca. Siempre se les había sacado en un estado extremadamente grave. el nombre del autor y. lo volvía a intentar pero siempre con resultados infructuosos. desapareció con rapidez. El bibliotecario desconocía lo que había al otro lado de lapuerta pero estaba convencido de que sólo se podía tratar del cuento feo. Se quedaba paralítico. A la débil luz de velas pudo distinguir un espacio circular con cuatro enormes puestas negras. Esclerótica. Se les había interrogado sobre lo que había encontrado en el interior. Luego. aunque él prefería llamarlos los cuentos imposibles.intentó salir del apuro argumentando que debía proporcionar el título de la obra. se decidió. no tanto por valor como por curiosidad. Como medida de seguridad penetraban atados a una cuerda y protegidos con unos lentes especiales. Tras la tercera puerta se ocultaba un cuento de páginas húmedas escrito con sal. afectados por el peor de los males conocido en el país de los cuentos. La segunda habitación estaba azotada por un viento ensordecedor. el escritor estuvo a punto de volverse atrás. le ordenó que le siguiera. El escritor se indignó y exhibió el real decreto donde se citaba el cuento feo sin otra precisión. A solas ante la enorme puerta negra. pero tampoco insistió. Que se preparara mentalmente y pensara siempre antes de actuar. Cada cuatro años un nuevo narratólogo. Simplemente le recomendó que entrara de inmediato. El bibliotecario. descubriría que las hojas desplegaban el vuelo y formaban un torbellino de papel y letras. Ni siquiera habían llegado a enterarse muy bien de qué se trataba. Añadió que como "cuento feo" no tenía nada clasificado y por lo tanto no podía tramitar su pedido. Cuando el bibliotecario le advirtió que en su caso no tenía autorización para protegerle ni podía garantizarle su rescate. Por fin. Varios narratólogos reales se había adentrado con grandes precauciones en la misteriosa estancia.

la mayor parte de los conflictos y las crisis nacionales estaban motivadas por algo que realmente no existía. Colocó la mano en el picaporte. Y esa fórmula. Pero reunía todas las características propias del relato. Para empezar una historia semejante sólo podía haber surgido del miedo. No importaba quién lo hubiera inventado ni cuando lo hubiera hecho.las últimas fechas e intentaba encontrar una respuesta. sin poderlo evitar. sin decidirse a subir o a bajar. la tuvo abierta de par en par contó hasta tres y levantó los párpados. El cuento feo no existía. tiró suavemente hacia sí y la hoja empezó a moverse. Distraído y precipitado. Obligaba a la población a mantenerse vigilante ante el error o la desidia. El pesado chirrido de los goznes se le antojaba un siniestro entrechocar de letras o el sonido de palabras resquebrajándose. El miedo a la imperfección. Sentado en unas escaleras que no sabía a dónde conducían. el escritor daba vueltas a los últimos acontecimientos y concluía desanimado: "Así que lo del cuento feo era un cuento". Así que se armó de valor y empujó la puerta. Esos instantes duraron una eternidad. Cuando finalmente. No se divisaba ningún empleado a quien poder preguntar. las estanterías sucedían a los archivadores. Parecía totalmente bloqueada. Tan sólo era un cuento. Contemplaba atónito la superficie de esa tapia contra la que chocaba toda su capacidad de comprensión. La puerta no se abría hacia adentro sino hacia fuera. Inició el camino de regreso sumido en sus pensamientos. Ninguna otra narración había unido tanto a todos los ciudadanos en un sentimiento común de rechazo. ese juego de palabras fue como un fogonazo en su mente. Poco a poco la perplejidad dio paso a la indignación. Estuvo a punto de abandonar. Efectivamente. ¿Quién era el responsable de semejante engaño? ¿A qué consignas obedecía el bibliotecario al contar semejantes historias sobre los efectos del cuento? ¿Cuál era el papel de los narratólogos en este complot? ¿Estaba al corriente el propio rey? La primera reacción del escritor fue dar a conocer su descubrimiento. e introducía un cierto afán de superación. La intranquilidad del país. Probablemente incluso la proliferación narrativa que caracterizaba al país sólo pretendía borrar ese primer y defectuoso . Las salas repletas de legajos daban paso a despachos abandonados o a pasillos cubiertos de hojas y papeles desordenados. así que el escritor llegó a suponer que había caído en una trampa. Tardó varios minutos en salir de su sorpresa. la angustia ante la posibilidad de equivocarnos o de hacer algo que no sea apreciado. de manera que no tardó en comprobar que se había perdido. Una pared lisa se erguía tras el dintel. Nuestro escritor no entendía nada. El escritor tuvo que sentarse en el suelo. Una desconocida ansiedad se agolpó en su garganta y. no prestó mucha atención a los lugares por los que pasaba. Insistió con más energía y también resultó inútil. cerró los ojos. Ninguna habitación no por supuesto ningún cuento. En un momento cambió su visión del asunto. Ante él un muro. Sin embargo sus efectos no podía considerarse negativos. ¿Cuáles son los requisitos que incumple? ¿Acaso no nace del miedo como los demás? ¿No desempeña funciones de cohesión social? Pero en este momento decisivo una cuestión le preocupaba especialmente: ¿Cómo debería hacerle frente? ¿Cómo se acaba con un cuento feo? ¿Se le destruye o se le embellece? Sabía que todas esas dudas sólo se despejarían en el momento en que se enfrentara con su objetivo. Y cuál no sería su sorpresa al comprobar que no se abría. Desde otro punto de vista también cumplía una indiscutible función de cohesión social. ¿Qué otra cosa podía hacer? Pero de pronto la solución se le apareció en total evidencia. No se podía permitir que saliera y contara lo que había visto. Todo era una patraña.

por supuesto. Pero no se calló por eso sino. Se dirigió inmediatamente hacia palacio pero ni por un momento se le ocurrió presentarse ante el rey como triunfador del desafío oficial. Al día siguiente volvió y también al otro. simplemente porque ni siquiera pensó en ello. al hilo de su relato. basta con inventar un pecado original para estimular un inagotable sentimiento de culpa. Pero ocurrieron otras cosas que lo obligaron a interrumpir tan deliciosa actividad. se encendía en los ojos de su devota oyente un brillo ilusionado. pensaba el escritor recordando un conocido libro de cuentos. La princesa. pero le daba la satisfacción interior y una mayor seguridad en sus habilidades narrativas. él siempre guardó un excelente recuerdo de esa época hasta el punto de considerar que esos habían sido sus únicos momentos de auténtica dicha. le contó cómo por ella había dejado sus cuentos experimentales. Era demasiado feliz con su nueva ocupación. Gracias a su victoria sobre el cuento feo había conseguido el mejor público posible. Todavía hoy en el país de los cuentos siguen creyendo en la existencia de un cuento feo. sin darse cuenta. El hecho de haber superado la prueba no le había proporcionado ningún honor público. Pero no el cuento feo sino el cuento del cuento feo. . Al hilo de estos pensamientos el escritor se había puesto en marcha y. sorprendida ante tamaño atrevimiento. Ahora lo veía claro. que no puede existir un relato total y definitivamente horrible que disguste a todo el mundo. había encontrado la salida de la biblioteca. En cualquier caso. por delante del bibliotecario quien contempló perplejo por encima de los lentes. Buscó los aposentos de su hija y se anunció como alguien que tan sólo quería contarle una historia y que no se iría hasta que no lo hubiera hecho. Le bastó con que ella se sintiera seducida por su relato. lafue haciendo suya. Y es que. lo que para él constituía la más preciosa recompensa. le recibió. Porque comprendía por fin. Naturalmente la princesa no le creyó pero le pareció una hermosa historia. Sólo diré que hubo de todo en su existencia. El tampoco insistió. casi iluminado. El cuento feo sólo puede existir en un cuento. Por fin latuvo. inventando historias para su amada. Momentos buenos y momentos malos. sin necesidad de desposarla. de cuento en cuento. la llama todavía viva de una primitiva hoguera. Le contaba nuevas historias que ella nunca creía. Pasó sonriente. Al fin y al cabo. Sin olvidar. En cualquier caso. se había perdido en los resótanos de la biblioteca y había descubierto los secretos del cuento feo. Tuvo que hace frente a incidentes que no relataré porque forman parte de otras historias. Desde su aventura en la Biblioteca Nacional acometía sus tareas literarias con un renovado entusiasmo. Y el escritor a la luz de su lívida tristeza. Y así. Nuestro escritor se había pasado así toda la vida. El escritor no develó nunca su descubrimiento. de haberlo hecho no le habrían creído. aunque él mismo no lo quiera reconocer. todo escritor sueña con ser escuchado por una princesa. Le gustaba contemplar cómo. Y se dedicaba a disfrutar de él intensamente. Porque deben ustedes saber que ni siquiera el hecho de vivir en el país de los cuentos garantiza un final feliz. El cuento tenía la culpa de todo.relato. como la cosa más natural del mundo.

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