LA COMIDA Y LA POLÍTICA: EL ASADO PARAGUAYO Esa empanada que usted elige no solo contiene carne: también está rellena

de política. Tal como su sándwich trae rebanadas de moral entre el queso y el jamón. Tal como su gaseosa está endulzada con el irreductible azúcar de la desobediencia o edulcorada con el puritanismo acalórico de las conveniencias impuestas socialmente. Cada vez que usted elige qué va a comer, al mismo tiempo elige de qué lado está, o siente que está, o desearía estar. Por ejemplo, los que se sienten triunfadores pero tienen algún amigo pobre, porque eso no los hace menos lindos ni más negros sino menos prejuiciosos y más abiertos, posiblemente sean “target” de empanadas folklóricas pero cosmopolitas, globalizadas y adecentadas, como los engendros de dulce de guayaba y queso roquefort que están de moda desde hace varios meses. En cambio, una persona ajena a esas connotaciones probablemente prefiera una empanada menos pretenciosa y más comestible. Otro ejemplo es la relación entre lo manso y sensible, lo casi desdentado a fuerza de virtuoso, de la actitud de quien opta por el yogur con avena y el té con galletitas de salvado y una postura, de izquierda o de derecha, católica o atea, pero en todos los casos disciplinada y moralista, preocupada por cumplir ciertos deberes sociales y tal vez por ser parte de algún movimiento que esté, más o menos vagamente, a favor de los derechos humanos, o por colaborar o promover alguna iniciativa de asistencia social. Otro podría ser el vínculo inconsciente entre el consumo impulsivo y voraz de comida chatarra saturada justamente de todos los condimentos que los discursos médicos censuran, provocativa rebeldía contra la autoridad del “sentido común”, y en el fondo con frecuencia fastidio general ante toda autoridad, y el placer de la violencia sublimada en la probable afición al hardcore punk o al heavy metal en música y a la simpatía claramente pensada o más o menos difusa por diversas tendencias –y a veces simplemente por iconografías- anarquistas o revolucionarias en política. Hay muchos otros casos que podrían ilustrar la relevancia extraculinaria de las elecciones y de las preferencias gastronómicas individuales. Pero en Paraguay tenemos, concretamente, algo de lo más interesante: un espléndido dualismo entre la intemperie y lo doméstico. Lo doméstico es el mundo de la señora –madre, suegra, tía, abuela, esposa, etcétera. Ella utiliza ollas, fuentes, horno, hornallas, hace salsas, hierve, fríe, gratina, revuelve, todo ello en la cocina, en el interior de la casa, donde ella impera y en el que se doman las pasiones, se educa y se moldea a los hijos, se adapta la vida a las obligaciones socialmente impuestas: es el dominio de lo civilizado (ella cocina con utensilios, recipientes, métodos propios de una cultura bastante desarrollada), es el reino de la moral (predicada, por lo general, por esa misma figura que cocina: ella te “nutre” –te gobierna, te guía, te modela– el cuerpo y el espíritu, te llena el estómago y la cabeza con sus alimentos y con sus creencias), es el mundo del deber.

El asado lo llena todo de humo y se tiene que hacer a la intemperie. un mundo atemporal de hombres libres. en medio del monte). bromas. tal vez preneolítico. de partidín y cerveza. lo imposible. quizá precolombino. barbarie. fuerza. El asado no lo hace la señora del caso precedente. El asado nos devuelve. en Paraguay tenemos el asado. juego. intemperie. el mundo sin horarios ni normas del placer. . viento y amplios horizontes. de espíritus desprovistos de ayer y de mañana. El asado no puede existir sin aire libre. En Paraguay. el asado no cuenta moneditas. fraternidad. El asado crea. en secreto. de proyectos exaltados. al menos por un momento. seguramente nómada. el asado celebra y añora sin saberlo un mundo diferente. inconfesablemente. una grieta que. fuera sillas y búsquese cada cual cualquier asiento). cada vez que. la aventura. sentimos el deseo de que crezca hasta dejar que se cuelen de pronto por ella lo prohibido. alegría. Ah. El asado no puede sobrevivir al encierro entre los muros de lo doméstico. El asado abre una grieta en el muro de la vida ordenada y normal. movimiento. contentos y sucios. de divagues delirantes. el asado rompe con los usos diarios (chau cubiertos. te puede y te suele llevar todo un día o una tarde completa. El asado casi no utiliza herramientas civilizadas (se puede hacer un asado en medio de la selva. el asado quiebra el tiempo limitante del reloj de la rutina (a un asado no se le puede meter prisa. su elaboración impone ese ritmo caprichoso que es el del tiempo libre –el de la libertad). El asado recupera la ilusión del tiempo impreciso y vasto de un mundo sin nada prescindible pero provisto de todo lo importante: risa. participamos de uno. domesticado y doméstico.Pero en Paraguay…. peligro. El asado no calcula los costos ni escatima. allí donde se hace y nos congrega.

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