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Año 3 - Nº 5 Abril de 2013 Tema Coyuntura y procesos de reconstrucción de

Año 3 - Nº 5

Abril de 2013

Tema

Coyuntura y procesos de reconstrucción de lo público

Año 3 - Nº 5 Abril de 2013 Presentación Publicación de Ciencias Sociales que lleva
Año 3 - Nº 5 Abril de 2013
Año 3 - Nº 5
Abril de 2013

Presentación

Publicación de Ciencias Sociales que lleva adelante la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, con el objetivo de generar un espacio de debate y difusión de conocimiento social.

Esta publicación se propone divulgar aportes sobre lo público que realizan el colectivo profesional del Trabajo Social en particular, y las ciencias sociales en general, con la pretensión de aportar a su fortalecimiento, a partir de revisitar las disputas que construyen como tal. La configuración de lo público en este contexto y las reflexiones que se suscitan interpelan al Trabajo Social, en tanto posible ángulo de interrogación sobre la intervención, pues en este debate se centran algunas claves para la lectura de las políticas, las instituciones y las prácticas que entablan distintos actores.

Revista Debate Público Año 3 – Nro. 5 – Abril 2013

ISSN 1853-6654

La revista Debate Público es una publicación de propiedad de la Carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires.

Cuerpo Editorial Directora General: Ana Arias Directora Editorial: Bárbara García Godoy Secretaria Editorial: Ana Beovide

Coordinadora: Romina Manes

Consejo Editorial: Adriana Clemente (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Sergio Caletti (Facul- tad de Ciencias Sociales - UBA), María Isabel Bertolotto (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Al- fredo Carballeda (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Margarita Rozas (Universidad Nacional de La Plata), Claudio Ríos (Universidad Nacional de La Plata), Mariela Diloreto (Universidad Nacional de La Plata), Susana Cazzaniga (Universidad Nacional de Entre Ríos), Lorena Molina (Universidad de Costa Rica), Mónica De Martino (Universidad de la República. Uruguay), José María Alberdi (Universidad, Nacional de Rosario).

Comité Científico: Norberto Alayón (Carrera de Trabajo Social - UBA), Cristina Melano (Ca- rrera de Trabajo Social - UBA), Raquel Castronovo (Carrera de Trabajo Social – UBA / Uni- versidad Nacional de Lanús), Claudia Danani (Carrera de Trabajo Social - UBA), Violeta Correa (Carrera de Trabajo Social - UBA), Estela Grassi (Carrera de Trabajo Social - UBA), Gloria Mendicoa (Carrera de Trabajo Social - UBA), María Carman (Carrera de Trabajo Social - UBA), Diana Rossi (Carrera de Trabajo Social - UBA), Nicolás Rivas (Carrera de Trabajo Social - UBA), Cecilia Hidalgo (Carrera de Trabajo Social - UBA), Alejandro Rofman (Carrera de Trabajo Social - UBA), Miguel Vallone (Carrera de Trabajo Social - UBA), Silvia Faraone (Carrera de Trabajo Social - UBA), José María Serbia (Carrera de Trabajo Social - UBA), Patricia Digiglio (Carrera de Trabajo Social - UBA), Lucrecia Raffo (Ministerio de Salud de la Nación), Ricardo Rubio (Universidad Nacional de Cuyo), Liliana Barg (Universidad Nacional de Cuyo), Silvia Mabres (Universidad Nacional de San Juan), Marcelo Lucero (Universidad Nacional de San Juan), Laura Garcés (Universidad Nacional de San Juan), Susana Cazzaniga (Universidad Nacional de Entre Ríos), Florencia Cendali (Universidad Nacional de Luján), Bibiana Travi (Universidad Nacional de Luján), Inés Seoane (Universidad Nacional de La Plata), Juan Ignacio Lozano (Universidad Nacional de La Plata), Inés Hadad (Universidad Nacional de Río Negro), Mariano Barberena (Universidad Nacional de La Plata), Jesús Acevedo (Universidad Autónoma de Coahuila. Méxi- co), Ana Monge (Universidad de Costa Rica), María Noel Miguez Passada (Universidad de la República. Uruguay), Denis Merklen (Escuela de Altos Estudios de París), Carolina Mera (Insti- tuto Gino Germani - FSOC / UBA), Mónica Petracci (Instituto Gino Germani - FSOC / UBA), Esteban De Gori (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Ana Rosatto (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Carla Wainsztok (Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Pablo Di Leo (Instituto Gino Germani Facultad de Ciencias Sociales - UBA), Gisela Spasiuk (Universidad Nacional de Misiones), Pilar Fuentes (Universidad Nacional de La Plata), Susana Hintze (Universidad Nacio- nal de General Sarmiento), Nora Aquín (Universidad Nacional de Córdoba).

Composición y armado: dg Leo Tambussi - leotambu@gmail.com Ilustración de tapa: Valeria Brudny - http://www.valeriabrudny.blogspot.com/

Dirección: Santiago del Estero 1029 - CP:1075 / Buenos Aires - Argentina Tel/fax: (54-11) 4305-6168. email: debatepublico@sociales.uba.ar / web: www.trabajosocial.fsoc.uba.ar

Las opiniones expresadas en Debate Público. Reflexión de Trabajo Social son independientes y no reflejan necesariamente las del Comité Editorial. Se permite reproducir el material publicado siem- pre que se reconozca la fuente. Sistema de arbitraje: todos los artículos centrales y los artículos se- leccionados han sido sometidos a arbitraje por miembros del Comité Científico de la publicación.

Indice Tema Coyuntura y procesos de reconstrucción de lo público Editorial 7 Ana Arias Conversaciones

Indice

Tema Coyuntura y procesos de reconstrucción de lo público

Tema Coyuntura y procesos de reconstrucción de lo público

Editorial

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Ana Arias

Conversaciones sobre lo público El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni

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Miradas sobre la intervención Fotografías Maia Klein

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Artículos Centrales Conferencia brindada por el Dr. Eduardo Rinesi en la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el marco de la presentación del libro “Políticas Públicas y Trabajo Social. Aportes para la reconstrucción de lo público” Eduardo Rinesi

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Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político Esteban De Gori

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Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía argentina Martín Schorr

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Intervención social, distribución y reconocimiento en el postneoliberalismo Nora Aquín

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Tomar la palabra. Discurso y acción en la vida política Patricia Digilio

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Transiciones teórico-metodológicas de las concepciones de la política social en Argentina durante el período 2003-2010. El caso del Programa de Centros Integradores Comunitarios, Zona sur del Área Metropolitana de Buenos Aires. Miguel E. V. Trotta

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Artículos seleccionados Los programas de transferencias monetarias condicionadas. Una aproximación desde la socio antropología económica Martín Hornes

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Justicia Juvenil e Interdisciplina:

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Tensiones y Prospectivas Osvaldo Agustín Marcón

Percepciones de los coordinadores de programas sociales destinados a los habitantes de la calle en la Ciudad de Buenos Aires Paula Cecilia Rosa

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El Estado en cuestión. Reflexiones sobre el rol estatal en el neoliberalismo y el postneoliberalismo Juan Ignacio Lozano

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Llevarse la comida. Chisme y tabú en un comedor del oeste del Gran Buenos Aires durante una contienda electoral. Laura Colabella

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De problemas colectivos y resoluciones individuales: la política de créditos del Instituto de la Vivienda en la Ciudad de Buenos Aires Soledad Chinni, Lijterman Eliana y Ozuna Mariela

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Recuperando Historia ATAMDOS un hito en la historia de la Atención Primaria de la Salud en Argentina Guillermo Devoto

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Debates de cátedra La experiencia de los encuentros inter-universitarios de cátedras:

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espacio de reflexión colectiva sobre los problemas sociales y la estructura social argentina Alenka Mereñuk y Ma. Alejandra Catini

Producciones de fin de grado Construcciones discursivas en torno a las disputas por el espacio social Pamela Martín y Jimena López

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Aportes a lo público desde la investigación El proceso metodológico y los modelos de intervención profesional. La impronta de su direccionalidad instrumental y su revisión conceptual actual Ana Arias

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Reseñas Intervenciones de Trabajo Social en el área de la salud. Implicancias y reflexiones Gabriela Pombo

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Editorial Reflexiones de coyuntura Ana Arias En los últimos números de Debate Público comenzamos nuestras

Editorial

Reflexiones de coyuntura

Ana Arias

En los últimos números de Debate Público comenzamos nuestras editoriales explicando los motivos de la convocatoria del número en cuestión. En esta oportunidad, el número ha sido abierto debido al acumulado de excelentes artículos de ediciones anteriores, lo cual ubica a esta editorial en un lugar de retaguardia, en tanto escribiremos sobre los lineamientos de lo que ha sucedido y no de lo que proponíamos que pasara. Esto supone una gran ventaja en tanto percepción de coyuntura de los intelectuales con los cuales y a partir de los cuales nuestra revista dialoga.

Esteban De Gori propone argumentos históricos para pensar cómo ingresa “lo social” o “el pueblo” en las revoluciones americanas de comienzos de 1800. Saludamos la generación de aportes históricos para pensar lo social desde la Argentina. Sin dudas este material y la relación que formula entre las lu- chas autonomistas y la incorporación de lo social tiene un espacio relevante para pensar la centralidad actual de lo social en la disputa de la política local.

Hay una frase sumamente provocadora para el análisis que nos ocupa y que nos permitirá seguir el razonamiento de este editorial.

“El pueblo se presentaba, entonces, como una figura escurridiza y polivalente. Una figura que adver- tía, que lo social no es sólo el conjunto de intereses de los actores, sino que es la trama de interacciones sociales de donde surge la legitimidad de los que mandan y, por ende, del propio orden”.

Lo social entonces no es, como se presenta desde muchas concepciones acerca de la cuestión social, una contradicción consecuencia de un proceso, sino la forma misma de estructuración del orden, la construcción misma de la idea de colectivo, de pueblo. Existe en la posición que va a plantear De Gori la posibilidad de un orden propio, de un orden en el cual el sujeto pueblo puede construir las formas de vida elegidas. Hay un sujeto pueblo con potencia. Lo social es potencia y es sujeto político.

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Desde este lugar la posibilidad de debate sobre lo público tiene en los procesos políticos populares un referente desde el cual poder leer avances y retrocesos.

Tres de los artículos centrales que aquí se exponen tienen claramente identificados momentos de avances desde el campo popular en la estructuración de lo público.

Eduardo Rinesi presenta una secuencia planteando el desafío de la profundización de la democracia en términos de proceso y no de opción absoluta. La idea de la democratización vista de acuerdo a las prioridades de época identifica en el complejo proceso de revisión y apertura a la estructura institu- cional estatal.

En este sentido el planteo que realiza Raúl Zaffaroni se vincula con esto ya que presenta la idea de la historia del poder judicial como parte de la revisión de una forma desnaturalizadora de las institucio- nes en democracia.

Nora Aquín también va a plantearse reflexiones sobre el sentido emancipador de las prácticas socia- les, poniendo el centro en el trabajo social e identificando cómo en la coyuntura de la Argentina actual procesos vinculados a la distribución y al reconocimiento social pueden tributar a lo mejor de nues- tras tradiciones. En los resultados de la investigación que nos presenta la autora cordobesa aparecen las intervenciones sobre lo social operando en la ampliación de la esfera pública.

Como una contracara compleja de las situaciones de ampliación o democratización de lo público, el artículo de Martín Schorr presenta un diagnóstico sobre los procesos de concentración y extranjeri- zación de la economía argentina que interrogan sobre las posibilidades de proyección de estrategias inclusivas.

Creemos que estas lecturas permiten tanto una mirada diagnóstica de la coyuntura argentina como también motivan la reflexión para la acción política.

Conversaciones sobre lo público El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni Esta

Conversaciones sobre lo público

Conversaciones sobre lo público El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni Esta sección

El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni

Esta sección se propone habilitar conversa- ciones con aquellos que para nosotros son referentes en la construcción de lo público, tanto por su rol como intelectuales como por su despliegue político y su capacidad para la intervención.

En este diálogo participaron el Profesor Carlos Andrada, titular de la asignatura “Política Urba- na” de la Carrera de Trabajo Social de la UBA y el Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, prestigioso abo- gado y académico, doctor en Ciencias Jurídicas y Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Fecha de realización: 26 de febrero de 2013. A continuación la desgrabación del encuentro.

CA- Esta entrevista es para la revista de la de Trabajo Social, Debate Público. Y proba- blemente tendríamos que insumirte mucho tiempo porque la nuestra es una de las carre- ras “contestonas”, dicho en el sentido que le dan los españoles. En ese contexto tenemos una gran inquietud por conocer tu opinión sobre muchos temas, demasiados. Hemos tratado de acotarlo, lo más posible como para tampoco abusar de tu generosidad aca-

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démica. Uno de los temas que queríamos plantearte es el que está en danza hoy en día:

“la democratización de la justicia” o del po- der judicial, mejor dicho. Y es un tema recu- rrente… que hora está dando vuelta. Maña- na y pasado hay unas reuniones de gente de la justicia sobre ello (Nota de la Revista: se refiere a las reuniones de “Justicia Legítima” que se realizaron a fines del mes de febrero de 2013, en la Biblioteca Nacional).

EZ -Si…

CA -Hay versiones de todo tipo, por ejemplo, he leído recurrentemente el tema del estable-

entre otras cosas, la lentitud de los procesos. Y otro tema que hemos visto por ahí dando vuelta es la excesiva distancia entre los ciu- dadanos de a pie y los magistrados. Fue una enumeración larga, más no agota lo cuestio- namientos.

EZ -Bueno, a ver… empecemos. En líneas ge- nerales, hace veinte años que vi un libro que se llama “Estructuras judiciales” donde plan- teaba frente a la constituyente del noventa y cuatro, la necesidad de una discusión política del poder judicial. Daría la impresión que el poder judicial no es político, no forma par- te del gobierno de la polis, entonces no tiene

no forma par- te del gobierno de la polis, entonces no tiene cimiento del juicio por

cimiento del juicio por jurados previsto en la Constitución. Incluso recuerdo haber leído algo tuyo sobre el tema. Otro de los planteos es que los cargos de los jueces sean electivos. Yo te voy a enumerar varios planteos para que vos me los comentes: que la crisis actual deviene de la crisis de la propia familia judi- cial, que va camino a dejar de ser una insti- tución hegemónica, es uno de los planteos, otros dicen que el poder judicial se caracte- riza por ser un ámbito conservador. Algunos dicen hasta reaccionario. Que el fenómeno se recrea en muchos países, en especial en América Latina. Y que mayor es el enfren- tamiento cuando los poderes ejecutivos sos- tienen programas más progresistas, en líneas generales también de América Latina. Que fue un poder prescindente, para algunos has- ta cómplice de los gobiernos de facto y de la última dictadura cívico- militar. Señalan,

historia. No hay historia política de nuestro poder judicial.

CA -¿Es una percepción esto?

EZ -Si, si. Pero no hay historia… no, busca una historia del poder judicial argentino y no la vas a encontrar.

Yo alguna vez tuve que hacer la historia de la… de la justicia penal argentina y me tuve que valer de una obra en siete tomitos que se publicó hace mucho de historia de la policía federal. ¿Por qué? Porque no hay historia del poder judicial. Qué hizo en cada época; cuál fue su jurisprudencia; a qué se debía esa jurisprudencia; cuál era el con- texto; qué dificultades tuvieron con el ejecutivo, con el legislativo; qué les criticaron. Todo eso no lo tenés. Hay algunos ensayos muy superficiales realmente que citan la quiebra del año treinta; el

Zaffaroni: El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni

cuarenta y tres; los juicios políticos del cuarenta y siete… Pero una historia bien hecha, no hay. En- tonces daría la impresión que es un poder que pasa desapercibido políticamente. En realidad, esto es lo que ha ido pasando con el poder judicial nues- tro, en distintas etapas que fueron etapas políticas.

Ahora estamos en el ciento cincuenta aniversario de la Corte ¿pero esta primera Corte qué hizo, la de mil ocho sesenta y tres? Bueno, proyectó la ley cuarenta y nueve, que era la ley que se usó para sancionar las rebeliones, de los caudillos del inte- rior. Por supuesto, Mitre no necesitó mucho para asesinar a los muchachos, era un asesino. Pero bueno, ya asentada, lo de Pavón del ochenta, etc. empieza todo un periodo de la justicia de la re- publica oligárquica, que yo diría, dura hasta mil novecientos treinta en que hay un quiebre. Hasta mil novecientos treinta esa justicia, que como de- cía Jauretche “eran los primos pobres de la oli- garquía” tuvo una virtud. Se ocupó de preservar el modelo a tal punto que frente a algunas leyes autoritarias, como sería la primera ley antiterro- rista nuestra, que es una ley de defensa social de mil novecientos diez, prácticamente no la aplicó. En el treinta se produce un quiebre, ese quiebre, que es la acordada del año treinta, se ve muy claro porque en el seno de la Corte se produce una dis- cusión respecto de esa acordada. Figueroa Alcor- ta, que era el presidente de la Corte, no la quería firmar y es Repetto quien lo convence de firmar- la. Y no la quería firmar porque Figueroa Alcor- ta era un auténtico representante de la república oligárquica y defendía el modelo. Esa acordada rompe el modelo, es decir, prácticamente parece que a Figueroa Alcorta le tuvieron que torcer el codo para que la firme. A partir de ahí empieza una justicia que a mi juicio es burocrática.

CA- ¿Cuál fue la acordada del año 1930?

EZ- La acordada que legitimó el poder de facto, que no era la primera vez que se hacia… la pri- mera Corte Suprema lo hizo respecto de Mitre, de modo que era una doctrina Mitre que se re- sucitaba en mil novecientos treinta. Lo cierto es que a partir de ahí empieza una justicia en la que cada uno está cuidando que no lo remuevan, una justicia donde se va ascendiendo.

CA- Bueno, la Corte no. No asciende más…

EZ- No, la corte no. Pero queda la Corte esa del año 30. En el cuarenta y tres esa Corte legitima también el golpe del 43. Este… después viene el asunto de la Corte al poder, todo ese lío en el 45, y en el 46 Perón remueve toda esa Corte y la somete a juicio político. A partir de ahí, viene la Corte del primer peronismo hasta el 55. En el 55 hay otro quiebre, es la primera vez que se declara en comisión todo el poder judicial.

El 55. Posibilidad de remover todo el poder judi-

cial. Se hace. En el 58 viene todo el asunto de la gran discusión sobre si los jueces designados de facto tenían que seguir o no. Llegamos al 60 y

al 62

Guido (Presidente Provisional de Senado)

jura ante la Corte. Había un general (Poggi) que quería jurar en Casa de Gobierno.

Llegamos al 66. Se remueve la corte y se remue- ven los superiores tribunales, pero los jueces no. En el 73 se remueven los jueces de facto y hay que nombrar los jueces constitucionales. En el 76 de nuevo se repite lo del 55, se declara en comi- sión a todo el poder judicial: nacional, federal y

la provincia. Todo esto que va creando una sen- sación de que la función de juez es inestable. En- tonces los jueces van a decir “¿Cómo me salvo yo

de todo este viaje, de todas estas y me salvo haciéndome el apolí-

tico, el aideológico, el

que se yo

apartidista, el asexuado,

de todas estas tempestades

el “a todo”.

Entonces dando la imagen de que el juez es un

“a todo” neutral. Un “a todo” neutral es un ente

patológico, que se yo

separado de la realidad no. Bueno, esa imagen, “Estoy cuidando el puesto, por eso no me animo

a decir tal cosa, no me animo a decir tal otra ”

va creándose una actitud conservadora y reaccio- naria, no por convicción sino por oportunismo. Ahora que tenemos treinta años de funciona-

miento constitucional, los jueces en realidad no

proble-

tienen miedo de eso, no ha habido este

ma en el orden nacional, remoción arbitraria de

jueces, no hemos tenido ningún caso Garzón,

un tarado, un idiota, está

y los pocos que hubo en provincia, algunos las hemos revocado nosotros, hemos dicho “No,

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guarda no, arbitrariedad no” La estructura quedo

así. En el noventa y cuatro esa cosa que se creó,

el Consejo de la Magistratura

aunque éramos minoría en ese momento en

la constituyente, era algo distinto, era un consejo

de la magistratura que gobernase el poder judi-

cial, estaba pensando en el consejo de la magis-

con representación de los

jueces y del parlamento. El consejero nombrado por el parlamento, el consejero nombrado por

los jueces, en base a un debate interno del poder judicial, no nombrados los jueces por jerarquía sino que yo sostengo que entre los jueces no hay jerarquía, si diferencia de competencia, que es otra cosa. El poder judicial es horizontal, no es

toda pretensión corporativa, vertical

del poder judicial creo que es absurda a la Cons- titución. Pero ¿Qué dejaron? Dejaron una cosa loca que dice que el poder judicial lo gobierna

la Corte y administra el Consejo, y crean un ór-

gano que no dicen como se integra, lo cual dio lugar a que se discuta de una transferencia del poder constituyente al poder constituido, de lo cual nosotros no tenemos práctica, no somos la cámara de los lores y la cámara de los comunes

inglesa, el poder constituyente es único, es otro para nosotros. Bueno, eso dio lugar a esta cosa rara quede en el pasado, no prever en la consti- tuyente, convencerlo de que había que integrar eso de otra manera, había que decir cómo se in- tegra, me dijeron que eso era reglamentarismo.

Les logré bajar una categoría

de Olivos estaba, que era personalidades distin-

guidas que podían integrar el Consejo. En la co- misión eran casi todos provincianos, me senté

y dije que el padrón de personalidades distin-

guidas era muy grande, que todos los porteños desde que nacemos nos consideramos persona- lidades distinguidas. En consecuencia, se rieron todos y logré bajar eso, el resto quedó tal cual. Bueno, las consecuencias las tenemos ahora, no sabemos qué funciones tiene, está inmóvil, no gobierna, tampoco administra. Se metieron los diputados y los senadores adentro, y eso es una pérdida de veinticuatro horas, que no se puede tener dedicación exclusiva, tendría que manejar un presupuesto muy grande, licitaciones, etc. Y eso no se puede hacer yendo a tomar el te por las tardes.

que en el pacto

vertical

tratura italiano. Eh

lo que yo propo-

nía

Bueno, esa es la situación actual, y todo esto ha tenido una dinámica política naturalmente, y en la política nunca se ocuparon de discutir y de- cir cómo hacemos la ingeniería institucional para hacer un poder judicial adecuado a un estado de derecho moderno, no pensaron nunca. Y ahora dicen algunas estupideces como que van a elegir

por voto directo a los jueces

La pregunta es ¿A

quién eligen? Eligen al candidato que está paga- do por los grandes estudios. Claro, ese es el voto directo. Por supuesto Estados Unidos no tiene voto directo en el orden federal, no se le ocurrió

nunca a nadie. La Constitución de Estados Uni- dos los nomina políticamente, pero en algunos estados existe, con toda la corrupción eso da lu- gar a que cada vez que viene una reelección, el tipo enfile a tener más gente, se ponga a penar muertes, reparta de todo para hacerse más de- magogo.

En fin, todas las insensateces esas. Pero claro, que hay que repensar la ingeniera institucional del poder judicial. Y bueno, eso hay que repen- sarlo en dos etapas. Una etapa primera, que no sé cuando terminara, que algún día a alguien se le ocurrirá reformar la Constitución. Entonces hay una etapa primera que hay que hacer el repaso constitucional que tenemos, y una etapa segunda que hay que irla pensando para el día de mañana cuando alguien reforme la Constitución.

Pero si, es obvio que tenemos un poder judicial que los políticos han descuidado, no lo consi- deraron un problema de ellos nunca, nunca se preocuparon por una política judicial en serio, y bueno, estamos pagando parte de las consecuen- cias de eso. Yo no le atribuyo las responsabilida- des de eso al propio poder judicial, sino que se la atribuyo fundamentalmente a los políticos que nunca se hicieron cargo de repensar. Y dentro del poder judicial en estos últimos treinta años se produjo una dinámica interesante, esta acti- tud burocrática, conservadora por las dudas. No ideológica sino “conservadora por las dudas”, se va reduciendo. Viene gente joven, viene otra posición, y por suerte vieron que bueno, que el pluralismo interno del poder judicial se va ma- nifestando cada vez más. Es el sindicalismo judi- cial. Yo sé que la expresión sindicalismo judicial

Zaffaroni: El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni

no le va a gustar a nadie, pero en definitiva es eso, saquémonos la careta. No será formalmente, una asociación sindical, no estará reconocida en el Ministerio de Trabajo pero en definitiva es eso. Y bueno, veo que dentro de esas instituciones mis- mas hay tendencias diferentes. Ahora los jóvenes quieren otras, me encanta que vengan con esa di- námica interna de pluralismo, que si algún día lle- gamos a un gobierno a través de un Consejo de Magistratura en serio, esa dinámica es necesaria.

CA -La reforma a la que hace referencia va con el carácter de independencia del poder judicial. En las condiciones que da la Consti- tución, ¿podría darse desde el poder judicial?

to-

mar desde el poder judicial, pero la reforma

EZ

-No,

hay

medidas

que

se

pueden

años que se los vengo pidiendo y nadie lo hizo, de modo que hoy suceda me alegra mucho.

Perdón, ya son medidas concretas, son un cúmu- lo de medidas con lo que hay que hacer y más vale que los tres poderes del Estado deben in- tervenir. Pero hay cosas, que querés que te diga, hay que rever el mapa judicial del país. Tenemos tribunales abarrotados, federales. Y tenemos tri- bunales que no tienen trabajo. Bueno, un día de esos hay que equilibrar, hacer una bolsa de jue- ces que van de un tribunal al otro, cómo no sé. Hay que optimizar el resultado del personal que tenemos, nosotros no podemos decidir compe- tencias, decir “no, bueno, este tribunal que tiene competencia para esto se extiende a la provincia de al lado”. Eso no lo podemos decir nosotros, lo tiene que decir una ley.

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no lo podemos decir nosotros, lo tiene que decir una ley. 13 tienen que pensarla un

tienen que pensarla un poco los tres pode- res del Estado. Si, por supuesto, el poder ju- dicial tendría que acompañarla. Pero creo que primero el debate tiene que ser político.

CA -¿Y después?

EZ -Bueno, a mi me alegra que la presidenta haya salido con esta, pero por fin alguien que viene de la política, indiscutiblemente que es una po- lítica nata a lo largo de toda su vida, plantee el problema, se haga cargo del problema. Bueno, y abre al debate, porque sin un debate no hay sali- da. Al abrir el debate hoy tenemos que reunirnos

todos, se van a poner las cartas arriba de la mesa,

y bueno, es el elemento político del país dar cara

a la discusión, me parece muy sano. Hace veinte

CA-¿ Reformas procesales?

EZ - Bueno, tiene que haber una ley, no podemos reformar nosotros el procedimiento. Es fomentar un control ciudadano en las sentencias. Yo no soy parti- dario del tribunal plural clásico, pero si del escabina- do. Pero eso no lo podemos resolver nosotros, tiene que haber una ley que establezca como va funcionar el escabinado. Si, como Poder Judicial, podemos se- cundar, podemos oficiar como consulta.

CA-¿Por qué, dada la naturaleza de este en- cuentro, no nos explicas en dos palabras qué es el escabinado?

EZ - Es cierto que según la Constitución tiene que haber juicio por jurados, pero la Constitu-

ción no puede ser auto contradictoria. Eso lo dice desde 1853, nunca se hizo realidad. Pero también la Constitución hoy dice que toda sentencia con- denatoria tiene que ser revisada ordinariamente, no a nivel Corte sino en un tribunal. La sentencia que sale de un juicio por jurado clásico no puede ser revisada por nadie, porque el jurado no funda la sentencia. Se funda la pena, etc. Pero los hechos no… El jurado dice “si”, “no”, “culpable”, “ino- cente” pero no funda la pena. Esta contradicción hay que intentar resolverla de alguna manera: qué dijo el constituyente de 1853, dijo “bueno, tiene que haber un juicio por los ciudadanos perfecto”, no podemos hacer el juicio puro por los ciudada- nos, pero si podemos meter ciudadanos dentro de este juicio. Y eso es el escabinado: tener tres jueces técnicos y dos ciudadanos, que participan del debate, firman la sentencia, etc. pero permite una sentencia con fundamento. Y esa sentencia puede ser apelada.

Puede ser revisada en otra instancia, creo es que la forma de armonizar el criterio de la Constitu- ción del 53. Que dice tiene que haber participa- ción ciudadana en los juicios. Creo que la forma de hacerlo cumplir y no caer en contradicción, es hacer un tribunal mixto, de técnicos y ciudadanos.

CA -Una cuestión que también interesa mu- cho en nuestra Facultad y no sólo en la Fa- cultad, en toda la sociedad, pero en nuestra Facultad especialmente, interesa la cuestión de la seguridad y la inseguridad. Yo había hecho dos anotaciones: una antigua y una actual, actual de hace pocos días incluso. La antigua es de la prensa, tomé una declara- ción del obispo Casaretto del año 1998 del diario Clarín que dice “el proceso es com- plejo. Corremos el peligro de estructurar un sistema de seguridad para incluidos. Es de- cir, los que comemos, nos vestimos, estudia- mos y trabajamos. Podemos correr el riesgo de montar una seguridad “contra” aquellos a quienes nosotros, como cuerpo social, estamos condenando a la marginación y la Somos nosotros mismos, los que nos quejamos de la falta de seguridad, los que provocamos esta especie de autodes- trucción al fomentar un sistema social injus-

to”. (Clarín 2/3/98, Pág.17).La actual es que leí el otro día, que el Fiscal General de Casa- ción, Javier Alberto De Luca citando a Ca- rrara, dice “El ruego de los poderosos es una manera violenta de mandar”. ¿Sería esta una manifestación de una justicia que podríamos llamar de clase?

EZ -Sin duda, sin duda. Primero que el concepto de seguridad es el concepto periodístico digamos, la seguridad no es la seguridad de la vida, etc. Sino la seguridad frente a, sobre todo, al delito violento contra la propiedad. La realidad nuestra es, independiente de lo que hacen los medios ma- sivos de comunicación social, que si comentan lo hacen con una selectividad criminalizante muy clara y elijen el enemigo, como por suerte no te- nemos terrorismo, pero siempre hay un enemigo residual, como no hay terrorismo, como no hay alguien así muy chivo expiatorio, hay que buscar un chivo expiatorio residual que en nuestro caso es el adolescente de barrio precario.

No es el chivo expiatorio ideal porque el chivo

expiatorio ideal tiene que tener componentes que lo hacen más temible, la conspiración por ejem- plo. Pero bueno, como no tenemos a nadie que ande poniendo bombas por todos lados,

el chivo expiatorio es el pibe de barrio precario.

Esto viene desde el evangelio ¿no? En el evange- lio estaban Cristo y los ladrones. Si sacás a Cristo, todos los ladrones van a quedar igual.

Si, eso es lo que generan los medios masivos

de comunicación. Ahora la realidad es comple-

ja pero, en términos muy simples, te diría que si

tomamos la Ciudad de Buenos Aires y alguna parte del conurbano, por decirlo claramente y por decirlo como lo piensan algunos pero no lo

dicen “los negros se matan entre ellos, no salen

a matar al resto” Así, cuando vos ves la ciudad

de Buenos Aires, pones los alfilercitos rojos de los homicidios, se te concentran en las villas. El resto de la Ciudad de Buenos Aires, sacando los barrios precarios, tiene un índice de homicidio 3.5 por cien mil. Índice de homicidio 3.5 por cien mil, si lo comparas con lo que salió en el informe ese de homicidios de Naciones Unidas

Zaffaroni: El Prof. Carlos Andrada entrevista al Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni

de América Latina, te vas a dar cuenta que esta- mos muy por debajo de todo eso. 3.5 por cien mil es más o menos el índice de Canadá y el ín-

dice de Europa. Ahora cuando le apuntas a las villas, te vas a 17 y pico por cien mil, pero de cualquier manera es menor que el índice prome- dio de Brasil. ¿Pero qué es lo que estamos obser- vando? Estamos observando que hay homicidios de primera y homicidios de segunda. Los homi- cidios de primera son los de esos 3.5 por cien mil, los de segunda son todos lo que pasan en

la villa que no se publican. ¿Cuál es la causa de

ese ascenso de homicidios en barrios precarios?

A mi juicio, es la presencia de una economía de

subsistencia violenta. En este momento: paco, no

creo que sea cocaína, que haya eso de inciden-

cia… a mi juicio es paco, que es la mafia de los pobres. Nosotros tenemos cartel internacional

de paco. Y bueno, hay que controlar eso urgente.

CA -Y eso se control, hay que controlarlo, controlando al policía. La ley esta de enjui- ciamiento la vinculada a la niñez y adoles- cencia, la ley de salud dental, introdujeron la obligatoriedad de la escuela media y otras reformas positivas. Introdujeron un evento novedoso.

EZ -Si, me parece que es importante todo eso

pero, yo quisiera recordar respecto de los adoles- centes. Nosotros tenemos responsabilidad penal desde los 16 años, y por debajo de los 16 años

el número de autores de homicidios que tene-

mos, es insignificante. Tenemos detectado uno o

dos por año en toda la Ciudad de Buenos Aires.

Suponte alguno de autor desconocido, tenemos tres, cuatro.

CA -Tu te has manifestado en contra de la baja de edad de imputabilidad.

EZ -La cuestión no es la imputabilidad sino la procedibilidad, es decir, desde qué edad se lo puede someter a un proceso penal. En ese pun-

to, es necesario un régimen penal juvenil por- que, “aunque se lo someta desde los dos años, un proceso penal da garantías y lo primero que hay que probar en un proceso penal con todas las garantías es que el pibe haya hecho realmen- te lo que se le imputa. Si vos leés la ley, es una ley no sé si nazi, stalinista, que sé yo. Los juzgan

a los menores pero hacen lo que quieren con el

pibe, teóricamente. Por suerte no hay ni institu-

to ni infraestructura y tenemos casos menores poco racionales pero poder, pueden hacer cual- quier cosa. Entonces bueno, ese es el problema que tenemos. Entonces es eso, bajar la edad de procedibilidad, con la excusa de que sacamos al

chico del derecho penal, si, lo sacamos del de- recho penal ¿y que, se lo damos en las manos

a la policía? ¿Recurrir por cualquier cosa a un

juez de menores? No, paremos, el pibe por ser pibe no deja de ser ciudadano y lo primero que hay que probarle es que si le imputan un hecho, es si hizo el hecho. No que “yo puedo hacer cualquier cosa porque total lo estoy tutelando”. No, paremos.

CA -Muchas gracias por este tiempo que nos has destinado.

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Miradas sobre la intervención Resumen: Fotografías Maia Klein * Fecha de recepción: 10 de enero

Miradas sobre la intervención

Resumen:

Fotografías

Maia Klein *

Fecha de recepción:

10

de enero 2013

Fecha de aceptación:

15

de marzo 2013

Correspondencia a:

Maia Klein

Correo electrónico:

maiaklein80@gmail.com

* Licenciada en Trabajo Social . Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales. Docente de la materia “La intervención en lo social”, cátedra Alfredo J. M. Carballeda, responsable del Área de Egresos del Programa Envión en Ave- llaneda. Envión es un programa de inclusión social dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, en Avellaneda el mismo depende de la Subsecretaría de Educación.

Fotografías es un ensayo que se propone describir imágenes sociales no estáticas, imágenes sacadas en distintos momentos de mi inserción profesional en Isla Maciel, partido de Avellaneda.

Estas “fotografías sociales” entonces no son de ningún modo duraderas. Tienen movimiento porque la historia es movimiento y estas imágenes tienen que ver con la historia de vida de sus cuatro protagonistas. Cuatro ópticas diferentes por las cuales observar escenas que se desarrollan en este escenario particular que nos brinda Isla Maciel, cuatro guiones encarnados por distintos protagonistas. La riqueza que nos regalan estas escenas no radica de modo alguno en lo estático de la imagen sino en la posibilidad de pensar el movimiento, es decir, aquellas fuerzas y operaciones que se libran por debajo de aquellos grabados.

Antes de ver/leer estas fotos, conviene señalar algo más acerca de ellas. El relato no se hace en nombre de una misión o deber que juzga lo que vive quien relata, sino en nombre de una realidad que me conmueve y me sitúa frente a la exigencia de configurarme interrogándome en el medio de lo que sucede. Soy yo, una narradora

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subjetiva y subjetivada, quien describe estas escenas conmovida, afectada por aquello que relato a partir de lo que he oído y visto. Tal el origen caprichoso de selección de las cuatro fotografías de este ensayo.

Palabras claves: Fotografía social - Movimiento - Historia de vida.

Resumo

Fotografias é um ensaio que se propõe descrever imagens sociais não estáticas, imagens sacadas em dife- rentes momentos de meu inserción profissional em Ilha Maciel, partido de Avellaneda.

Estas “fotografias sociais” então não são de nenhum modo duradouras. Têm movimento porque a história é movimento e estas imagens têm que ver com a história de vida de seus quatro protagonistas. Quatro ópticas diferentes pelas quais observar cenas que se desenvolvem neste palco particular que nos brinda Ilha Maciel, quatro guiões encarnados por diferentes protagonistas. A riqueza que nos presen- teiam estas cenas não radica de modo algum no estático da imagem senão na possibilidade de pensar o movimento, isto é, aquelas forças e operações que se livram por embaixo daqueles gravados.

Dantes de ver/ler estas fotos, convém assinalar algo mais a respeito delas. O relato não se faz em nome de uma missão ou dever que julga o que vive quem relata, senão em nome de uma realidade que me comove e me situa em frente à exigência de configurarme me interrogando no médio do que sucede. Sou eu, uma narradora subjetiva e subjetivada, quem descreve estas cenas comovida, afectada por aquilo que relato a partir do que ouvi e visto. Tal a origem caprichoso de selecção das quatro fotografias deste ensaio.

Palabras chave: fotografia social, movimento, história de vida.

Introducción

El siguiente ensayo tiene, al menos, una particu- laridad: no busca profundizar ninguna categoría, ni sistematizar alguna práctica, sino que se pro- pone describir fotografías.

Estas fotografías fueron sacadas en distintos momentos de mi inserción profesional en Isla Maciel, partido de Avellaneda, en el sur de la Provincia de Buenos Aires entre junio de 2008 y noviembre de 2012. Vuelve únicas a estas imáge- nes el hecho de que no son estáticas sino que se han ido llenando de elementos de significación con el paso del tiempo, con la indagación, con la búsqueda de sentido a los sinsentidos aparentes de la cotidianeidad.

De esta manera, se busca romper con un princi- pio básico de la fotografía, aquel que afirma que ésta es la ciencia y el arte de obtener imágenes duraderas. Estas “fotos sociales” entonces no son de ningún modo duraderas. Tienen movi-

miento porque la historia es movimiento y estas imágenes tienen que ver con la historia de vida de sus cuatro protagonistas. Sin embargo, hay algo que se respeta de este arte, su etimología, según la cual fotografía en tanto que procede del griego phos (luz) y grafis (diseñar, escribir) significa di- señar, escribir, grabar con la luz.

Cuatro ópticas diferentes por las cuales observar escenas que se desarrollan en este escenario par- ticular que nos brinda Isla Maciel, cuatro guiones encarnados por distintos protagonistas. La ri- queza que nos regalan estas escenas no radica de modo alguno en lo estático de la imagen sino en la posibilidad de pensar el movimiento, es decir, aquellas fuerzas y operaciones que se libran por debajo de aquellos grabados.

Antes de ver/leer estas fotos, conviene señalar algo más acerca de ellas. “Quien relata no lo hace en nombre de una misión o deber que juzga lo que vive, sino en nombre de una realidad que lo con–mueve y lo sitúa frente a la exigencia de con-

figurarse interrogándose en el medio de lo que sucede” 1 . Soy yo, una narradora subjetiva y sub- jetivada, quien describe estas escenas conmovida, afectada por aquello que relato a partir de lo que he oído y visto. Tal el origen caprichoso de selec- ción de las cuatro fotografías que siguen.

Falopa

O nombrar sobre, sobrenombrar

klein : Fotografías

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la diferencia entre mi silencio y mi boca que se abría y cerraba emitiendo palabras y algún tipo de sonoridad. Miré a Brian, mentí cuando le dije que en realidad no era necesario que yo hablara con su papá para que él pudiera ingresar al programa. “Vamos”, me dijo. De nuevo en la calle, sin me- diar palabra y por inercia, o por humanidad, poco importa aquí la diferencia, nos dimos un fuerte abrazo.

Conocí a Brian por las casualidades del que cam- ina por el barrio. Y por esas cosas de los bar- rios chicos, de tradiciones culturales, educación

De a poco fui conociendo su historia. Supe que había tomado la decisión de vivir en casa de una tía a los 5 años de edad porque:

o simple simpatía comenzamos a saludarnos con un movimiento de cabeza cada vez que el des-

“mi mamá y mi papá se drogaban mucho.

tino nos cruzaba. Cuando surgió la posibilidad de

Y

en la casa de mi tía, no, no se droga-

abrir en Isla Maciel una sede del Programa En-

ba nadie. Me quedaba más tranquilo ahí.

vión 2 , el saludo mudo se transformó, y le hablé.

Porque mi viejo se drogaba y se ponía

Se puso contento por la posibilidad de formar

cargoso. Y a mi eso no me gusta. Si yo no

parte del proyecto y dudó un poco cuando le

te

molesto a vos, vos no me molestés a mi.

pedí que me llevara a conocer a sus padres para

Y

por eso me fui”.

pedirle la documentación necesaria. Me contó que su mamá se encontraba presa, por lo que el adulto a cargo era su padre. La duda seguía en su cara pero no dijo más y comenzamos a cami- nar. La caminata amena se tornó áspera, la charla fluida cesó y nuestro andar se volvió más lento cuando llegamos a un pasillo angosto de la calle Pinzon, en lo que se conoce como “el fondo” de Maciel. Dando pequeños pasos pero sin detener- nos, yo seguía a Brian que miraba hacia los late- rales atestados de piezas sin puertas donde gente desconocida nos miraba sin decir palabra. Al lle- gar a la última habitación, ingresamos y Brian, recobrando al fin el habla, dijo “eso es mi papá”. Tardé en decir algo con sentido porque mis ojos

Brian posee un apodo. El origen de su apodo no resulta claro, cree que comenzaron a llamarlo de ese modo por unos amigos que poseía de chico, pero tampoco está seguro de que sea ese el mo- tivo. A Brian el barrio lo conoce como Falopa. Paradójico. Sobre todo porque él no reniega del mote. Me llevó mucho tiempo entender que no se enojara ni lo tomara como una ofensa, sobre todo teniendo en cuenta su historia de lucha, esta búsqueda por alejarse de las drogas que se repliega sobre él y le vuelve en calidad de apodo. Lleva las drogas a donde va, cuando lo nombran llaman a aquello contra lo que ha lidiado toda su vida. Y lejos está de enojarse.

aún no se acostumbraban a la luz tenue, estaba enceguecida por la penumbra. De pronto pude ver. Vi un colchón en el piso, dos hombres jugan- do a las cartas, y uno de ellos queriendo sostener la mirada hacia quien hablaba de un programa de inclusión social del que podría participar su hijo. Enmudecí al comprender que por su estado era probable que el hombre no llegara a percibir

¿Entra en contradicción este apodo con la esen- cia de Brian? En principio, quedó demostrado de la mano de Platón 3 hace varios siglos que el nombre (ónoma) es el signo sonoro que se aplica a los autores de las acciones, y que tomado en sí solo y mencionado de forma continuada, no constituye discurso alguno, por lo que no puede

1. Silvia Duschatzky, Gabriela Farrán y Elena Aguirre (2010). Escuelas en escena. Una experiencia de pensamiento colectivo. Buenos Aires. Editorial Paidós. Pág. 12.

2. Antes de ser un programa provincial, Envión comenzó siendo municipal. La primera sede funciona en Villa Tranquila, desde el año 2006; Isla Maciel es la segunda sede en abrirse,

en junio de 2008.

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ser en sí contradictorio. El nombre (ónoma) al combinarse con un predicado (rhéma) produce un enunciado (lógos). Es esta combinación la que admite verdad o falsedad. Ni el nombre ni el predicado por separados son pasibles de ser verdaderos o falsos.

Por lo que en principio, a menos que nuestra

función de su historia, por ello cuando uno le pregunta qué es lo que desea para su vida, Brian no duda:

“Laburar. Y de repente ayudar a mis her- manos. Hacer lo que mi viejo no hizo, vi- vir todos juntos en una casa”.

combinación con un predicado que no se ajuste

Quizás algo de lo que no hizo su viejo fue esto

a

la realidad de Brian, el apodo Falopa no es en

que Brian realiza sin aparente esfuerzo: convivir

portador de falsedad. Sólo podemos pensar en

con la falopa ocupándose de sus hermanos.

una falsedad analítica haciendo una combinación

del ónoma con un rhéma que no se adecuen, es decir:

EXTR.- Diciendo acerca de ti algo dife- rente como si fuera lo mismo, y lo que no es como si fuera, parece que, absolu- tamente, es a partir de una unión de este tipo de verbos y nombres como se pro- duce real y verdaderamente el discurso falso 5 .

Aristóteles, discípulo de Platón, continúa pen- sando en este sentido y se pregunta a qué le ponemos nombre. Resulta por demás interesante

la respuesta que encuentra a esta pregunta, afir- ma que aquello que significamos no es la cosa en

sí sino la afección en el alma que la cosa provoca.

De acuerdo a esta corriente de pensamiento, la afección es la misma en todos los hombres, a to- dos nos llega el mismo estímulo, aunque algunos le llamemos silla, otros chair, y algunos chaise. Del mismo modo, Brian es el mismo para todos los que tengamos la suerte de verlo, aunque le llamemos Falopa, Brian, el chico del Envión, etc. Así, no hay nombres verdaderos ni nombres fal- sos, ni exactos ni menos exactos, sino que son “usuales”, es decir, se usan por convención. En el nombre se juega la significación pero no la ver- dad o falsedad.

El juego de significación y resignificación que Brian le dedica a su sobrenombre es lo más in- teresante de este proceso. Resignificación, rein- scripción que Brian libra sobre su propio ser, en

4. Pasaje [263 d] en “Diálogos sofistas” de Platón, op. cit.

Runaway

O sobremorir

Si tal como afirma Foucault, saber y poder son dos caras de una misma moneda, entonces tal vez podamos afirmar que la vida y la muerte corren la misma suerte: devienen categorías indisocia- bles de una misma materialidad.

Dentro de esa misma materialidad, de esa misma realidad, de ese mismo continuo, es posible en- contrarnos con distintos modos de ser y de estar. Sobrevivir es uno de esos modos posibles.

Hay pibes del Envión que son eso, al menos lo aseguramos sin detenernos a pensar en ese decir:

“es un sobreviviente”. Pero quiero detenerme allí para pensar a qué sobreviven. Y no es a la vida. Se sobrevive a la muerte. Uno no muere, sino que sobrevive y vive de ese modo. Es más bien un sobremuriente. Uno pasa sobre la muerte y no se detiene allí, sino que sobrevuela, sobremuere para vivir.

Distinto es el caso de aquellos que sobreviven a la vida. La vida tiene sentenciada para ellos una vida determinada, una trayectoria previsible y predicable de antemano (“y… mirá lo que son los hermanos, ¿qué querés?”), pero ellos viven y habitan esa vida en otra frecuencia, sobrevuelan esa vida y sobreviven, son sobrevivientes.

El sobremuriente sobrevuela la muerte para vivir. Sobremuere.

El sobreviviente sobrevuela la vida para vivir. So- brevive.

Mauro es un sobreviviente, la estela que dejan sus alas al volar nos indican que ha luchado por no seguir el vuelo golondrina de sus hermanos, ese vuelo en conjunto hacia un mismo lugar. Es el menor de varios hermanos. Los varones de la fa- milia parecen tener asignado un destino distinto al suyo: tres están presos y el quinto, David, falleció en un tiroteo con la policía. David ha dejado una huella profunda en la memoria y el cuerpo de Mau- ro. Los pocos años que compartieron sirvieron para que David deviniera figura paternal, protectora, un referente masculino que marca de algún modo el rumbo del vuelo que intenta seguir Mauro, ya sea por lo que desea imitar como por aquello que defin- itivamente no quiere para su vida. Pese a la ausencia física, la presencia de David en la vida de Mauro es innegable. Los unen un niño que a medida que crece, más se parece al padre fallecido; un tatuaje que inmortaliza el nombre del hermano y que lo nombra y hace presente de manera permanente; y la música. La música marca dos compases: el desen- cuentro definitivo y el encuentro permanente.

El primer compás, el desencuentro definitivo en- tre Mauro y David, lo imparten Los Pericos, ban- da reggae que con mayor o menor entonación invocaba David mientras se duchaba:

Cuídame bien, lo mío es serio, quiero que estés a mi lado esta vez. Voy a fumar mientras te espero, voy a formar, un espacio mejor. Runa, runa, runa runaway, away. Runa, runa, runa runaway, away. Voy a escribir con nubes tu nombre, voy a soñar con tu cara hoy, voy a pedir que nunca te vayas quiero escuchar, más palabras de amor. Runa, runa, runa runaway, away. Runa, runa, runa runaway, away. Cuídame bien, que siempre me pierdo. Quiero que estés a mi lado esta vez. Voy a tomar tu mano en mi mano,

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para formar un espacio mejor. Runa, runa, runa runaway, away. Runa, runa, runa runaway, away.

Runaway, el sendero de la runa, ese camino mar- cado por la runa. En su origen germano, runa sig- nifica susurro o secreto. Runaway, entonces, es el sendero secreto, ese camino susurrado por David en el oído de Mauro. Una dirección que de algún modo guía a Mauro en su vuelo, ese mundo mejor que intenta formarse, donde a pesar de la ausencia física el cuidado del hermano mayor se hace pre- sente, y lo cuida bien, tomando su mano, para for- mar un espacio mejor, un runaway, un rumbo que le permita sobrevolar esta muerte para vivir su vida.

Pero, tal como dice la canción, Mauro quiere que David esté a su lado otra vez:

“yo a veces lo sueño, lo quiero volver a abrazar, pero no se pude y me agarra una tristeza enorme, pero cantando me acerco más a él, la música que él escuchaba me acerca”.

Es entonces cuando el reggae se aleja, la melodía se acompasa, y Mauro canta el encuentro perma- nente con su hermano:

Basta, basta de llamarme así ya voy a ir, voy subir cuando me toque a mi mientras te canto esta canción, en tu voz, en tu honor, en la voz de los que estén durmiendo allí y juro, que la cara voy a dar cada vez, cada vez que alguien te nombre aquí o allá 5 .

Una y otra vez Mauro canta este tema, una y otra vez se une de algún misterioso modo a David, una y otra vez las lágrimas se aprietan y caen en los ojos negros, perdidos en ese infinito de recu- erdos, de imágenes, de sensaciones que se agol- pan en la cabeza y en el corazón de quien con do- lor entona la letra y marca con vehemencia cada una de las palabras de esta canción que le canta en su voz, en su honor, en la voz de los que estén durmiendo allí.

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¿Qué te venís a hacer mi mamá fatal?

O abandonos

Un padre que muere de sobredosis cuando Ayr- ton apenas llegaba a este injusto mundo, una madre que ni bien ocurrida la muerte decide pro- bar suerte en Santa Fe armando allí una nueva familia, son las primeras vueltas de la espiral de abandonos que parece signar la vida de este chico conocido en el barrio como Patito.

Los abuelos paternos crían al niño ganándose así

el mote de “mamá” y “papá”, una maternidad

y una paternidad que tienen un sabor más bien pretendido y no tanto ganado. Esta tensión en el vínculo se pone de manifiesto de modo perman- ente, en un ida y vuelta que marca la distancia no sólo física sino vincular. Patito habla de Liliana y titubea:

Mi abuela, mi mamá, bueno, la Lili…

Y al referirse a su abuelo-padre, lo hace llamán-

dolo por el apellido:

Si yo me quedo en esa casa, es por Mato.

Cuando Patito habla de sus padres de crianza,

llama la atención ese titubeo, esa distancia que asoma por momentos, pero al comenzar a raspar apenas las paredes de esa construcción familiar,

la pintura se descascara inmediatamente dejando

al desnudo las grietas, las fisuras por las que cir-

cula apacible la espiral de abandonos. El ser y no- ser, el estar y no-estar, son las bases sobre las que

se cimienta la estructura relacional que se arma

en este cuadro familiar: ser hijo y no serlo, ser padres y no serlo. Estar físicamente y no estar, no estar en la escuela el día de la entrega del certifi- cado de finalización de una primaria que se llevó solitariamente, con el envión de un programa de Inclusión Social y no por el de la propia familia, descansar en la figura de una tía-madrina que deviene imagen materna, referente femenina de consulta frecuente por parte de este adolescente

que a medida que crece más evidencia las contra- dicciones que generan ese estar y no-estar.

La permanente tensión entre seres que no son y estados que no están fue borrando los contornos

de las figuras de este cuadro. Figuras de contor- nos borrosos, ideales de un rol que nunca nadie termina de asumir ni logra ocupar de una vez por todas: mientras que el rol paterno fue asignado

y asumido por “Mato”, el materno es siempre la

fea de la fiesta con la que nadie se decide a bai- lar. Madre-abuela, madrina, madre biológica son personas que por momentos se ponen el ropaje

de este ser-madre que ilusiona y desilusiona a Pa- tito. Contornos borrosos que las asemejan pese

a sus diferencias, y aunque es claro que en poco

se parecen, las tres son depositarias de expecta- tivas. ¿Qué espera Ayrton de cada una de ellas? ¿Cuánto pesan el abandono y la desilusión en el ideal de madre que pueda armar? Y aunque ese peso es relativo, y no pueda ser medido cuantita- tivamente, sí es posible observarlo en términos cualitativos en esa frase que le dijera a su madre biológica cuando decidió venir a Buenos Aires a pasar las fiestas con él:

¿Ahora te venís a hacer mi mamá fatal? Me tenías que cuidar de chiquito.

Si estamos de acuerdo en que “el desempeño de un rol remite siempre a un guión preexistente” 6 , esta fatalidad que marca Patito nos desborda de preguntas: ¿cuál es la fatalidad de ese ser-madre?, ¿cuál es esa desgracia, ese acontecimiento inevi- table de ser-madre? ¿Qué lugar ocupa el aban- dono en esta fatalidad del ser-madre? Preguntas para las que aún no hemos ensayado respuestas y que por lo tanto quedan resonando por los pasil- los de esta espiral de abandonos.

¿Vas a traer la cámara?

O mirame, mirame, mirame.

Claudio llega al Envión siendo narrado por la es- cuela. Esa narración describe a un chico de 13 años con cierta pose mafiosa: intimida a sus com- pañeros para que éstos agachen sus cabezas cu-

ando él se pasea por los pasillos de la institución escolar. Su ingreso al Programa se acelera cuando la escuela expulsa a Pititi (tal su apodo) a partir de un altercado en el comedor, en el que intenta clavarle un tenedor en la yugular a un alumno du- rante el almuerzo.

En sus primeros días en el Envión, Pititi intentó mantener y alimentar esa imagen fabricada en la escuela; sin embargo nuestra respuesta, sin bus- carlo, devino sorpresiva para su actuación. Pidió no hacer nada en el apoyo escolar, y nada hizo. Al segundo encuentro, frente a la total indiferencia a su rebeldía, fue él mismo quien solicitó alguna tarea para realizar y no aburrirse. Comenzó con palabras cruzadas, juegos de memoria, y de a po- quito fue aumentando la dificultad de las consi- gnas a resolver. No cabían dudas de cuál sería su rendimiento: el de un alumno brillante. Sólo quiere que miremos lo que hace, luego de cada clase de apoyo escolar nos trae sus actividades, sus buenas notas, nos pide más atención y más dificultad en lo que se le solicita.

Claudio supo ser para la escuela lo que Alfredo Carballeda denomina “sujeto inesperado”, es decir, aquel sujeto “no esperado por los viejos mandatos institucionales sino que es otro, que muchas veces recibe la mirada asombrada e in- terpelante de la institución que lo ratifica en el lugar de un objeto no anhelado” 7 . En sentido contrario pero bajo la misma lógica de asombro, podemos suponer que para Claudio ni la escuela ni el Envión fueron para él las instituciones es- peradas. Lo interesante es que por algún motivo la concepción que tenía de ambas instituciones cambió en muy poco tiempo:

Yo: ¿Qué pasaba en la escuela que te termi- naron expulsando? Claudio: Iba a bardear porque, ¿te digo la verdad?, buscaba roña, me re calentaba, me hacían una broma y me re calentaba. Yo: ¿Y por qué empezaste el Envión? Claudio: La dire me dijo que para no que-

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darme afuera de todo esto ¿no querés en- trar al Envión? Y yo le dije que no tenía documento, pero ella habló con vos y en- tré. Yo: ¿Y qué pensabas que era el Envión? Claudio: Pensé que era una pavada, si no quiero hacer nada, no hago. Después me empezó a gustar porque aprendí un montón de cosas y me dejé de pelear. Hablaba un montón. Ustedes me hacían hablar un montón y ahí se me pasaba la bronca y ya no me quería agarrar a piñas después. Por eso el Envión me ayudó. Me sacó de la calle, y me enseñó un montón de cosas que yo no sabía, por eso yo mo- lestaba en la escuela. Yo: ¿Porque había cosas que no entendías? Claudio: Claro, entonces me la pasaba mo- lestando.

Quedan aclarados, de cierto modo, los motivos por los que Claudio modificó su visión y la con- ducta dentro de ambas instituciones, así como la relación con sus amigos y vecinos. Resta ahora intentar establecer alguna hipótesis en torno a la distancia en las ópticas con las que la escuela y un programa de inclusión social observan a un mismo sujeto. Siguiendo a Marcelo Percia 8 , es posible afirmar que “el campo educativo está saturado de palabras, de innovaciones didácticas, de renovados recursos, de especialistas de todos los temas, y la sensación es que su fuerza se cir- cunscribe a la creación de una realidad que se alimenta a sí misma mediante una lógica de func- ionamiento inmutable ante los contextos vitales, ante los entornos sociales, ante las oscilaciones y las mutaciones de las dinámicas cotidianas”; y asimismo “conviene distinguir entre una creativi- dad concebida como mera innovación de artefac- tos y una práctica de creación de nuevas formas de vida”. En otras palabras, es factible que una de las principales distancias entre la escuela y un programa de inclusión social como el Envión radique en estas fuerzas creadoras y creativas, al tiempo que es precisamente en este punto en que

7. Alfredo Carballeda (2008): Los cuerpos fragmentados. La intervención en lo social en los escenarios de la exclusión y el desencanto. Buenos Aires. Editorial Paidós.

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se abre la tensión entre el sujeto inesperado para la primera, que paradójicamente siendo la misma persona deviene sujeto esperado por la otra in- stitución.

Entre la espera y la desespera(ción), hay algo que se buscó en Claudio: cierta modificación en su conducta para poder volver a la escuela. Y lo hizo. Continuó buscando el desafío cotidiano amenazando con un “hoy no voy a ir”, frente al cual nuestra respuesta fue constante: la mirada. Mirarlo. Claudio busca de manera permanente la mirada. Y lo miramos. Fueron pasando los días, siempre la misma amenaza, siempre la mirada como respuesta. Y Claudio finalizó sus estudios primarios. Otra vez la búsqueda encubierta:

Claudio: El 15 de diciembre me entregan el certificado. Yo: ¡Qué bueno! Claudio: El 15 de diciembre me entregan el certificado. Yo: ¿Vos querés que vayamos? Claudio: Es a las 9, ¿vas a traer la cámara? Yo: Sí, llevo la cámara. Claudio:¿En serio vas a venir?

Búsqueda permanente de una mirada, la cámara simboliza más que la posibilidad de retratar un momento trascendente en la vida de todo alum- no. La mirada también simboliza algo más que la mera mirada: el límite. La mirada siempre marca un límite, la mirada echa un haz de luz sobre algo finito, limitable. Y Claudio a su manera busca un límite. La creatividad de la intervención estuvo dada por la posibilidad de marcar ese límite a través del cuidado y del afecto y no a través de la rigidez institucional. Diferentes lógicas de in- tervención, diferentes ópticas que brindan dife- rentes miradas, diferentes límites, mismo sujeto, distintos resultados. La riqueza de esta historia no radica en la banal potencia de cuestionar el accionar de la escuela (es ella la que al fin y al cabo detectó en el Envión la posibilidad de un abordaje creativo que pudiera dar respuesta a lo que ella no podía responder) sino en permitirnos

9. Silvia Duschatzky, Gabriela Farrán y Elena Aguirre (2010). Op. Cit.

describir, narrar la historia de Claudio y su modo de habitar la escuela, esto es “el relato de una es- cena, su testimonio, da cuenta de los modos en que es transitada y los efectos que se producen en ese tránsito” 9 .

A modo de conclusión

O no

Por lo general los cierres son difíciles, pues uno es reticente a concluir, sobre todo en este tipo de fotografías, en estas imágenes no estancas sino continuas, procesuales donde es más lo que se abre que lo que se cierra. Sin embargo, resulta necesario detenernos, repensar lo dicho, tomar distancia de ello y afirmar que esa pretendida homogeneidad que se le atribuye a determinados grupos etarios, los adolescentes en este caso, no existe. Cada foto social nos permitió ver que aquello que comparten estos cuatro jóvenes de Isla Maciel es mucho, como mucho también es lo que los diferencia. Conocer sus historias de vida, aquellas trayectorias que de algún modo motorizaron el encuentro con nosotros resulta no sólo interesante sino y funda- mentalmente esencial para determinar el tipo de abordaje y las estrategias de intervención que nos daremos como profesionales a la hora de actuar. Ese es, además, el fin de la indagación, de cada unas de las entrevistas, de cada una de las charlas más o menos informales que mantenemos con el- los. No se trata de generar expectativas, de conocer por el puro placer de conocer, sino de ser respetu- osos con cada palabra, cada mirada que el otro nos devuelve, poco importa sino la información. Poco importaría saber la tensión que genera en Patito la figura materna sino actuáramos sobre ella, inter- pelando a su entorno, interpelándolo a él e inter- pelándonos a nosotros mismos. Poca importancia tendría conocer en profundidad estas historias si el saber no cambiara y marcara el rumbo de la in- tervención. Es precisamente el conocimiento, el reconocimiento del otro lo que vuelve única a la intervención en lo social. El otro se vuelve pro- tagonista sólo de ese modo, cuando su palabra (o su silencio), su presencia (o ausencia) cobran significación.

Como vemos, no existen fórmulas de interven- ción, caminos recorridos a imitar, pues cada joven es único. El programa desde el que intervenimos traza propuestas homogéneas pues resulta necesa- rio y conveniente que así sea, que los jóvenes pu- edan participar grupalmente de distintas actividades educativas y de formación, pero de ningún modo

Bibliografía

Carballeda, A. (2008): Los cuerpos fragmentados. La intervención en lo social en los escenarios de la ex- clusión y el desencanto. Buenos Aires. Editorial Paidós.

Carballeda, A. J. M. (2006): El trabajo social desde una mirada histórica centrada en la intervención. Es- pacio Editorial. Buenos Aires.

Carballeda, A. J.M. (2002): La Intervención en lo So- cial. Editorial Paidós. Buenos Aires.

Deleuze, G. (1991): Posdata sobre las sociedades de con- trol. En Christian Ferrer (Comp.) El lenguaje literario, Editorial. Nordan, Montevideo.

klein : Fotografías

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el dispositivo de intervención se agota allí, sino que

es la vía de entrada para todo lo demás, para con-

ocerlos, para identificar aquello que los diferencia

y que los vuelve únicos. A partir de allí se abre el

verdadero desafío: conocer para hacer, hacer para escuchar, escuchar para conocer. Una espiral dialéc-

tica que enriquece nuestro quehacer profesional.

Duschatzky, S; Farrán, G; Aguirre, E. (2010):

Escuelas en escena. Una experiencia de pensamiento colectivo. Buenos Aires. Editorial Paidós.

Foucault, M. (1986): La verdad y las formas jurídicas. Cuarta conferencia. Ed. Gedisa. México.

Platón (2006) Diálogos sofistas, en apunte de cát- edra Marcos de la materia Historia de la Fi- losofía Antigua, Facultad de Filosofía y Le- tras, UBA

Artículos centrales Conferencia brindada por el Dr. Eduardo Rinesi en la Carrera de Trabajo Social

Artículos centrales

Conferencia brindada por el Dr. Eduardo Rinesi

en la Carrera de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el marco de la presentación del libro “Políticas Públicas y Trabajo Social. Aportes para la reconstrucción de lo público” 1

Resumen:

Eduardo Rinesi *

Fecha de recepción:

28

de diciembre de 2012

Fecha de aceptación:

21

de febrero de 2013

Correspondencia a:

Eduardo Rinesi

Correo electrónico:

rinesi@hotmail.com

*. Filósofo, politólogo y educador argentino. Rector en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

En la conferencia se desarrollan las distintas miradas acerca de la democracia y sus transformaciones en las décadas de los ochenta y los noventa, y en la actualidad. Se considera el pasaje de la idea de la democracia como utopía a la idea de la democratización como proceso, de una idea de democracia asociada a la libertad a una idea de la democratización asociada a los derechos, y de una noción del Estado como amenaza para aquella libertad a una noción del Estado como garante de estos derechos. Derechos universales, dentro de los cuales se encuentra se encuentra el derecho a la educación. En este sentido, se problematiza el lugar de la universidad como garante de un derecho universal y como productora de mejores debates públicos. Se sugiere que quizás por primera vez en la historia de la

1. Esta publicación contiene las ponencias centrales presentadas en el IV Encuentro Internacional Políticas Públicas y Trabajo Social. Aportes para la reconstrucción de lo público. organizado por la Carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires los días 12 y 13 de mayo de 2011, con el apoyo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación, del Ministerio de Educación de la Nación, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y con el auspicio del Consejo Profesional de Graduados en Servicio Social y Trabajo Social de la Ciudad de Buenos Aires.

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universidad hoy podamos pensarla, en la Argentina, como una institución que tiene la misión de garantizar un derecho universal. Al mismo tiempo, es necesario pensarla también como la responsable de producir conocimientos relevantes, investigaciones importantes para el desarrollo nacional y para el desarrollo del espíritu crítico, de ayudarnos a tener mejores consensos y mejores disensos, de propiciar mejores debates colectivos.

Palabras claves: Estado - Derechos - Democratización.

Resumo

Na palestra expõem-se diferentes pontos de vista acerca da democracia e das suas transformações nas décadas dos oitenta y noventa, e na atualidade. Leva-se em conta a passagem da idéia de democracia como utopia à idéia da democratização como processo, de uma idéia de democracia associada à liberdade a uma de democratização associada aos direitos, e de uma noção do Estado como ameaça para aquela liberdade a uma noção do Estado como garante de esses direitos. Direitos universais, dentro dos quais se encontra o direito à educação. Assim, se problematiza o lugar da universidade como garante de um direito universal e como produtora de melhores debates públicos. Sugere-se que tal vez pela primeira vez na história da universidade hoje a gente pode pensá-la, na Argentina, como uma instituição que tem a missão de garantir um direito universal. Ao mesmo tempo, é necessário pensá-la também como a responsável de produz conhecimentos relevantes, pesquisas importantes para o desenvolvimento nacional e do espírito crítico, de nos ajudar a ter melhores consensos e melhores dissensos, de propiciar melhores debates coletivos.

Palavras chave: Estado, Direitos, Democratização.

Muchas gracias, es una alegría poder es- tar de nuevo en esta querida Facultad de Sociales, volver a “respirar Sociales” por un rato. Y lo es especialmente por tratarse en este caso de la pre- sentación de este precioso libro que hoy se está poniendo a circular, y sobre el que me gustaría ver si puedo decir alguna cosa. “Aportes sobre la reconstrucción de lo público”, se subtitula. Lo público. La “cosa pública”. Dicho así suena algo antiguo. Perfecto. Pongámonos antiguos, enton- ces. Pongámonos antiguos y demos todavía un paso más: digámoslo en latín. La res publica. Es interesante (e importante, hoy, en la Argentina) decirlo así: res publica, república, para tratar de restituir su sentido pleno y más interesante a una palabra que viene desde hace ya un buen rato siendo muy bastardeada en los discursos políti- cos, periodísticos y hasta académicos que oímos en la Argentina.

En efecto, cuando hoy se usa la palabra “repúbli- ca” entre nosotros (en las discusiones a las que asistimos en los programas de televisión, en los

diarios o incluso, vuelvo a decirlo, en las publi- caciones académicas que leemos), se lo hace en general en el marco de un pensamiento suma- mente pobre, sumamente degradado, muy menor respecto al amplio conjunto de significaciones que involucra la idea de república, de esa “cosa pública” de la que Occidente viene conversando desde hace ya una punta de siglos. Cuando hoy escuchamos, en la Argentina, esta palabra fun- damental de los lenguajes políticos occidentales, “república”, lo hacemos en general en boca de sujetos siempre dispuesto a lamentar los enojos de los otros, las “crispaciones” de los otros, el tono de la voz, la falta de modales de los otros y la sensación que nos queda es que la idea de república aparece asociada a muy poco más que eso: a muy poco más que un conjunto de buenos modales, y que se pierde allí algo muy importante de la tradición republicana, que es la densidad de esa cosa pública, de ese espacio público, de eso que a veces llamamos con el articulo neutro “lo”:

lo público, como se dice aquí, en este libro que ahora presentamos. Lo público, entonces. Que es

eso sobre lo que tenemos que pensar si queremos pensar la vida social y política no reduciéndolas apenas a la simple sumatoria de un conjunto de vidas privadas, de expectativas privadas, de en- cuentros entre sujetos privados en un espacio de intercambios apenas mediados por las institucio- nes del mercado.

La palabra “privado”, por cierto, es una palabra sobre la cual también sería interesante reflexio- nar. La gran tradición liberal del siglo XIX y la neoliberal del XX nos llevaron a pensar la pala- bra “privado” como una palabra que estaba, para decirlo así, del lado de las cosas buenas de la vida. Hay instituciones que son instituciones privadas y lo anuncian orgullosas en su mismo nombre, en su misma denominación. Ponen ahí el adje- tivo “privado” y sacan pecho para decir “somos privados”. Y ponen carteles: “Escuela Privada de Cosmetología”, cosas así.

Ahora: la verdad es que la palabra “privado” (que en efecto es lo que se opone a lo “público”) no es, en la gran tradición republicana occidental que va –digámoslo rápido–de los antiguos grie- gos, o si prefieren ser menos anacrónicos (puesto que la propia palabra “república” no es griega, claro, sino latina), desde Cicerón, pasando por Maquiavelo y por Montesquieu (y acá por More- no y por Monteagudo y por Juan José Castelli) a Hegel y bastante más acá, no es, digo, en esa tra- dición, una “buena” palabra. Todo lo contrario. La palabra “privado”, en la tradición republicana, está del lado de las cosas malas de la vida. Porque alude al mundo de la privación: a la circunstancia de estar “privado” de algo.

Por eso no estaba mal la referencia a los anti- guos griegos. Para ellos, como es bien sabido, los extranjeros, los niños, los esclavos y las mujeres eran hombres privados ¿Por qué? Porque esta- ban privados. ¿De qué? De humanidad plena. No eran, digamos así, plenamente hombres, porque es- taban privados del derecho a la interacción con los otros, mediada por el lenguaje, en es espacio público de la ciudad. De la polis. Acuérdense de Aristóteles: el hombre es un animal político. Es decir, que realiza el conjunto de potencialidades contenidas en su naturaleza en la interacción con

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los demás en la ciudad. Si no podían realizarse en esa interacción, porque se tenían que quedar en la casa trabajando para que los otros, los hombres libres, tuvieran tiempo para conversar, estaban fritos: estaban privados de su humanidad plena.

Algo muy tremendo ha pasado en la cultura de occidente para que esa mala palabra que era la pa- labra “privado”, sea haya convertido en la “bue- na palabra” en la que se transformó y para que de repente esté todo el mundo contento de ser sujetos privados que se encuentran alegremente en el espacio presuntamente libre del mercado. Por cierto, esa idea del mercado como el lugar de la realización de nuestras subjetividades privadas fue una idea que durante un período importante -no tan lejano en el tiempo, desde ya- organizó nuestras discusiones y nuestros modos de pensar la vida social y política en la Argentina, y no solo en la Argentina. A eso le podemos dar distintos nombres. La palabra “neoliberalismo” quizás de- bería ser usada con un poco más de precisión, pero sirve para entendernos. En todo caso, se trató -se trata- de un pensamiento de fuerte ne- gación del valor de lo público, y por cierto que, de la mano de ella, de fuerte negación del valor de lo estatal, del Estado mismo.

Que durante mucho tiempo fue pensado, en efecto, en la Argentina y no sólo en la Argentina (los ciclos que estamos describiendo tienen un carácter por lo menos regional, cuando no mun- dial), como estando del lado, no de aquello que debía servir para ampararnos y para protegernos, sino de aquello que había que condenar y com- batir. Ciertamente ésa fue la entonación con la que pensamos el problema del estado durante los años de lo que se llamó la “transición a la demo- cracia” en nuestros países, después de la salida del ciclo de las dictaduras militares, y ésa fue también la entonación con la que seguimos pensando ese problema durante los años, inmediatamente si- guientes, de la gran reconversión neoliberal de nuestras economías: en todas partes (en nuestras discusiones cotidianas, en nuestras discusiones políticas, en nuestras discusiones académicas) poníamos al Estado del lado de lo que había que rechazar. El Estado tenía claramente un signo negativo, una connotación negativa. En los 80

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decíamos “Estado” y se nos aparecía el rostro de Videla, y nosotros no queríamos saber nada con eso: el Estado se nos figuraba como una mono- lítica máquina de oprimir, de reprimir, de quitar- nos nuestras libertades, y la idea de democracia forjada en las discusiones de aquellos años era la

idea de una utopía de la libertad, contra el Estado

y contra todas las amenazas que acechaban esa libertad o que la ponían en peligro.

Después me gustaría decir algo sobre esto por- que tengo la impresión que hoy no pensamos la democracia exactamente como la pensábamos en aquellos años: que ha habido un desplazamiento en el modo en que pensamos la democracia desde aquellos años de la “transición”. Que eran años en que la democracia se nos representaba como,

para decirlo rápido, una utopía de la libertad. De

la libertad: es decir, de aquello que nos había fal-

tado en los años inmediatamente previos de la dictadura. Nos había faltado libertad; por lo tanto, lo que queríamos era libertad, y por todo aquello podríamos decir que todos fuimos más o menos liberales en aquellos años ochenta. En efecto, el pensamiento de los ochenta fue un pensamiento liberal anti-estatalista: el Estado nos amenazaba todo el tiempo, amenazaba quitar nuestra libertad, amenazaba violar nuestro domicilio, amenazaba violar nuestra correspondencia, amenazaba violar nuestros cuerpos, amenazaba llevarnos en cana sin juicio previo; ése era el fantasma contra el que el liberalismo de los ochenta se levantaba.

En los noventa, el Estado también aparecía, en los pensamientos dominantes, del lado de las cosas malas de la vida. Pero no ya por razones políticas liberales sino por razones económicas, digamos, neoliberales: el Estado no se nos apare- cía ya como una máquina de reprimir libertades sino como una especie de monstruo asfixiante que impedía el libre desarrollo de nuestras fuer- zas productiva, de las libertades de empresa, del espíritu emprendedor y de no sé qué historia. (Lo que por lo demás hacía fácil y verosímil la repre- sentación de todos aquellos que ocupaban ese aparato del Estado como una manga de corrup- tos, de malvados, que procedían con violencia, se quedaban con los vueltos, eran salvajes, feos, sucios y malos.

En otras palabras, la representación dominan-

te sobre el Estado en la Argentina de los años

ochenta era una representación del Estado que aparecía en la película “Camila”. Que era una película sobre la dictadura de Rosas que todos vimos como una película sobre la dictadura de Videla. Y por las dudas, o para que no quedara duda alguna, María Luisa Bemberg nos facilitaba la comparación, o el desplazamiento, mostrándo- nos en la primera escena de la película a uno de los gauchos al servicio de Rosas metiendo una serie de gatitos en una bolsa y ahogándolos en el Río de la Plata. En cambio, la representación del Estado de los años noventa es la representación del Estado de la película “Un lugar en el mun- do” con Rodolfo Ranni en la representación de ese Estado corrupto, secreto, oscuro, y con esa exaltación de la sociedad civil expresada por ese personaje, pura ética y puro anarquismo, repre- sentado por Federico Luppi.

Pero eso porque Aristarain era y es un progre. De manera general, de manera largamente dominan- te, el pensamiento anti-estatal de aquellos años tiende a ir desembocando en una crecientemente entusiasta celebración del mercado como único lugar de realización de nuestras vidas, vidas con- vertidas en puramente privadas, en vidas indivi- duales, en vidas sin ningún tipo de trascendencia colectiva o de entusiasmo por lo común.

A mí me parece que hoy empezamos a pensar

las cosas (que desde hace unos cuantos años, en realidad, empezamos a pensar las cosas) de un modo un poco diferente, y eso me resulta alen- tador. Por lo pronto, una constatación en rela- ción con lo que yo decía hace un ratito sobre

el modo en que pensamos la democracia en los

años ochenta. En los años ochenta pensábamos

la democracia, en efecto, como una especie de

una utopía de la libertad. ¿Que era una sociedad democrática? Una sociedad donde todos los in-

dividuos podrían ser libres, y esa idea de libertad era una idea de libertad (como dirían los teóri- cos políticos del liberalismo clásico) negativa, es decir la libertad del individuo frente al Estado,

la libertad del individuo frente a las corporacio-

nes, la libertad del individuo frente a las posturas diversas que lo oprimen, que lo asfixian. Y esa

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utopía de la libertad era una utopía que nos ima- ginábamos que estaba como al final del camino,

Es interesante el hecho de que nuestras ciencias sociales tengan tantas palabras que terminan con

Ahora, cuando mi casa está finalmente construi-

y

a ese camino se lo llamaba en aquellos años

esta sílaba, “ción”. Porque cuando uno lo piensa

ochenta “transición”: teníamos que transitar hacia

un poco esas palabras son usadas en dos senti-

la

democracia. La idea de “transición”, entonces,

dos que son muy diferentes. En efecto:¿qué tiene

era una idea interesante en los ochenta, dado que

que ver la “acción” de componer con el “efecto”

la

tarea que teníamos por delante era la tarea de

de haber compuesto? El músico que dice “a mí

recorrer un camino al final del cual, como resul- tado del cual, en el puerto de arribo del cual, es- taba esa utopía de la libertad realizada a la que

lo que me gusta es la composición, ¿viste?, no la interpretación”, lo que esta diciendo es “a mí lo que me gusta componer, ¿viste?, no intrepretar”.

llamábamos democracia. Cuando uno piensa hoy

Quiero decir: que cuando las palabras que ter-

el

modo en que usamos la palabra democracia,

minan en “ción” se utilizan para representar una

yo diría que no es este modo tan característico de aquellos liberales años ochenta. De hecho me parece que se puede decir que hoy se usa poco la palabra “democracia” en el lenguaje político. Se usa más una palabra cercana a la palabra “demo- cracia”, que a mi me interesa mucho, y que está

En efecto, hoy hablamos y oímos hablar todo

acción son reemplazadas por un verbo. “La cons- trucción de mi casa me llevará tres años” quiere decir: “construir mi casa me llevará tres años”.

da y yo paso por enfrente con la bicicleta y digo:

hecha de la propia palabra “democracia” más una finalización, digamos, más un sufijo, más una ter-

“mirá que linda construcción”, la palabra cons- trucción no es ya verbo: ahí construcción es sus-

minación muy interesante, que convierte la pa- labra democracia en la palabra democratización.

tantivo. Es el efecto de haber realizado esa acción de construir en el pasado. Es esa acción –diga- mos así, con el lenguaje de la sociología alema- na de fines del siglo XIX y comienzos del XX–

el

tiempo de democratización. Es decir: no nos

“cosificada”, reificada, cristalizada. Del mismo

imaginamos la democracia como un puerto de arribo de un viaje que tendríamos todavía que realizar, sino que nos imaginamos la democrati- zación como ese mismo viaje de profundización permanente de la democracia. Por cierto, es in-

modo, el músico al que lo que le gustaba era la composición termina de componer y un día trae un pentagrama lleno de manchas negras y blan- cas y dice “mirá qué linda composición”. Ahí “composición”, de nuevo, no es una acción: es el efecto de haber realizado la acción de componer

teresante la cantidad de palabras en nuestro len- guaje de las ciencias sociales que terminan con

y

hoy es un objeto que se puede tocar, fotocopiar

la

sílaba “ción”, y si no fuera porque esta de hoy

y

vender en una librería.

es una charla seria y porque hace mucho que no vengo a esta facultad y porque entonces me sien- to obligado a decir cosas serias, podríamos con- versar un rato largo sobre las peculiaridades de las múltiples palabras que en nuestra lengua ter- minan con esa sílaba tan sugerente: “ción”. Pero ustedes pueden hacer un ejercicio: salir de aquí tan pronto como termine esta charla, marchar a

casa, agarrar un diccionario y buscar palabras que terminen con “ción”, a ver cuál es el significado que el diccionario nos propone. Les advierto que van a encontrar siempre lo siguiente: “acción y

Composición: “acción y efecto de

efecto de

componer”; Institución: “acción y efecto de ins- tituir”. Revolución: “acción y efecto de revolu- cionar”.

”.

Entonces: si las ciencias sociales tienen tantas pa- labras que terminan con la sílaba “ción” es “por la simple razón” -como se dice- de que la ma- teria de la que se ocupan las ciencias sociales es el permanente movimiento de una sociedad que va convirtiendo los verbos en sustantivos, que va convirtiendo las acciones en cosas, que va cris- talizando, objetivando, reificando nuestras accio- nes y convirtiéndolas en las dimensiones sólidas, constituidas (digo a propósito “constituidas”, en el sentido en el que se ha podido distinguir, por ejemplo, el “poder constituyente”, activo, crea- dor, de los movimientos populares del por poder “constituido”, instituido, de las instituciones) de la vida colectiva.

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Pues bien, con la palabra “democratización” (digo entonces, volviendo) pasa algo parecido a eso: la palabra democratización designa un movi- miento, designa una tendencia. ¿Qué movimien- to? ¿Qué tendencia? La tendencia a la universa- lización, a la profundización, a la extensión de derechos.

Entonces, yo diría, si tuviera que decirlo rápido:

¿cuál es la diferencia entre el modo de pensába- mos la democracia en los ochenta y el modo que pensamos la democracia hoy? Hay dos diferen- cias. La primera es que en los ochenta pensába- mos a la democracia como una utopía, y hoy pen- samos a la democratización como un proceso. En el medio (sólo que este no es el tema de la charla de hoy) uno podría ver otros modos en los que pensamos la democracia. Así, en los noventa ten- dimos a pensar la democracia -me parece a mí- ya no como una utopía sino como una costumbre, y después, en el 2001/2002, la pensamos como un espasmo, como un momento de alta intensidad y actividad y de participación. Auspicioso para al- gunos, que se apuraron a entusiasmarse más de la cuenta; inquietante para otros, que se apuraron a asustarse más de la cuenta: creo que todavía nos falta pensar adecuadamente lo que pasó en este país entre fin de 2001 y comienzos del año si- guiente: que todavía ese entusiasmo y ese susto no han dejado lugar a una altura a la complejidad de lo que pasó entre nosotros en aquel momento.

Lo cierto es que después de la democracia como utopía, después de la democracia como costum- bre, después de la democracia como espasmo, vino lo que hoy tenemos: la idea, más que de una democracia, de un proceso de democratización en- tendido como un proceso de profundización de derechos. Entonces: de la utopía al proceso: ésa es la primera diferencia entre nuestro modo de pensar de los ochenta y nuestro modo de pensar actual.

La segunda diferencia es que aquella idea de de- mocracia de los años ochenta estaba asociada a la noción de la libertad: que aquella utopía demo- crática era una utopía de las libertades, mientras que esta idea de democratización que es la nuestra es la idea de un proceso de profundización, no tanto

de las libertades, sino sobre todo de los derechos. De la utopía al proceso, entonces, y, al mismo tiempo, de la libertad a los derechos. La gran preocu- pación de los ochenta era la preocupación por la libertad, que era eso que de modo más flagrante nos había sido arrancado en los años anteriores; la gran preocupación de estos años actuales es la preocupación por los derechos, que es lo que todo el tiempo nos representamos como tenien- do que ser ampliado, profundizado, universali- zado, conquistado. Y eso es una buena noticia, porque quizás quiere decir que alguna de esas li- bertades por las que luchábamos en los ochenta ya las damos por más o menos descontadas, ya las podemos suponer como dadas. Nunca defini- tivamente, desde ya: hay que estar siempre aten- to. Pero la sensación es que hoy tenemos nuestra energía principal puesta en otro lado: en conver- tir los privilegios particulares, las prerrogativas de pocos, en derechos de todos. Los derechos son, por definición, de todos; los derechos son, por definición, universales. Si no, no son derechos.

Hace algunos años, en el cierre de un Congreso Internacional de Filosofía que se hizo en la ciu- dad de San Juan, en el año 2006, 2007, hablaron Cristina Fernández de Kirchner -que era senado- ra y también candidata a presidenta- y la gran filó- sofa brasileña Marilena Chauí, que es una notable intelectual, una filósofa exquisita y muy potente, que habló un rato y dijo algo muy interesante, que a mí me quedó dando vueltas y que creo que resume de un modo muy agudo la distancia en- tre estas dos maneras diferentes de pensar que acá estamos presentando. Dijo: “El liberalismo piensa en términos de intereses, y de articulación de intereses, y los intereses son siempre particu- lares.” El liberalismo puede pensar cómo se arti- culan, cómo negocian, cómo llegan a equilibrios diversos los intereses de distintas partes, pero se tratará siempre de la articulación, de la negocia- ción, de los equilibrios a los que se pueda hacer llegar a los intereses particulares. “En cambio, la democracia piensa siempre en términos de dere- chos y de la universalización de esos derechos, por- que los derechos sólo lo son plenamente cuando son universales.” Decir derechos es decir siempre derechos de todos. En fin: lo que yo ahora quiero decir es que esta contraposición nos lleva a otra,

que quería presentar, y que es la contraposición entre dos ideas diferentes acerca del Estado.

Algo ya dije: en los ochenta el Estado no se nos aparecía como una figura auspiciosa, como una figura entusiasmante. Más bien se nos aparecía siempre como una amenaza. Éramos liberales anti-estatistas, en los ochenta, porque el Estado se nos presentaba como una amenaza para la libertad. En cambio, hoy -cuando, como decía- mos recién, no pensamos tanto en términos de libertades sino más bien en términos de dere- chos, y de universalización y de profundización de esos derechos- el Estado no se nos presenta como una amenaza, sino como el guardián o la garantía de esos mismos derechos. Lo cual es una idea que por cierto pertenece a la gran tradición republicana del pensamiento occidental. Por eso querría volver sobre lo que dije cuando empecé:

no dejemos que a esa gran palabra del lenguaje político de Occidente se la apropie una banda de conservadores que entienden por república una cosa muy particular. No diré una cosa “falsa” ni una cosa “equivocada”, porque la palabra “repú- blica” es una de las palabras más polisémicas que

hay en la historia del pensamiento político, y a lo largo de los siglos ha querido decir muchas cosas diferentes: ha designado una forma de gobierno, ha designado el conjunto de la vida en sociedad, ha designado formas del Estado, ha designado Estados monárquicos, democráticos, aristocráti-

cos, oligárquicos

Pero lo que sí diré es que el

significado de la palabra “república” no puede reducirse a lo que pretende de esa palabra Nata- lio Botana en las editoriales del Diario La Nación. Ése es, a lo sumo, un significado posible de la pa- labra república, pero es un significado totalmente parcial, menor.

Contra ese significado parcial y menor de la pa- labra “república”, yo querría sugerir que esa pa- labra, en su acepción para mí más fuerte, más recuperable, tiene en cambio (al contrario, en- tonces, de lo que sugiere su uso más precario, más ideológico y más conservador) una fuerte entonación, una fuerte connotación estatalista. El Estado aparece, en la gran tradición republi- cana, como el garante -y no como la amenaza- de los derechos de los ciudadanos. El Estado no es

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lo que amenaza nuestros derechos ni nuestra li-

bertad: es lo que hace posible nuestra realización como sujetos. Vayan ustedes a decirle a Aristó- teles que el Estado es una amenaza: ¡si solo en

el Estado, para Aristóteles, puede ser uno plena-

mente hombre! Vayan ustedes a decirle a Hegel que el Estado es un peligro: ¡si sólo el Estado, para Hegel, garantiza nuestra realización como ciudadanos!

El Estado, entonces, no es una amenaza para la libertad: es una garantía para los derechos. Y es eso que nos permite pensar como derechos, hoy en la Argentina, que es sobre lo que estamos tratando

de pensar, ciertas cosas, ciertas posibilidades que hasta hace poco tiempo no pensábamos como siendo derechos o resultados de un derecho, sino como contingencias de otro orden. Digo, por ejemplo: la jubilación. Que hasta hace poco pensábamos (porque era) el puro resultado de un conjunto de apuestas financieras en las que ni siquiera participábamos (porque otros la hacían por nosotros), y que hoy podemos pensar como un derecho, como el resultado de un derecho que todos tenemos, y que todos tenemos exactamen- te porque hay un Estado que nos lo garantiza,

y no que nos amenaza o del que tenemos que temer que quiera arrancárnoslo.

Entonces, para ir redondeando esta exposición, que pudo haber sido más ordenada: me parece que hay una idea de lo público que aparece hoy ante nosotros como una idea muy interesante, muy auspiciosa, de la mano de la idea de un Es- tado recuperado como garantía de derechos y de realización ciudadana. Por cierto, no se trata de hacer el papel de ningún estatalista ingenuo. No se trata de olvidar todo lo que Carlitos y tantos otros nos enseñaron sobre el Estado. Sabemos bien que el Estado es un aparato de dominación, sabemos bien que el Estado sostiene y reproduce relaciones de dominación de clases, sabemos bien que el Estado no es la utopía de las libertades fi- nalmente realizadas. Pero creo que en la Argenti- na -y no solo en la Argentina- hemos aprendido, entre otras cosas, una que me parece importante subrayar, y que es que fuera del Estado o más allá de él no están esperándonos las libertades ni la comunidad finalmente realizada ni la posibilidad

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de expansión de nuestros espíritus. Si algo hemos aprendido en la Argentina -y no solo en la Argen- tina- es que fuera del Estado no está la libertad:

que fuera del Estado están la miseria, la desola- ción, las formas mas odiosas del mercado más descontrolado. El Estado, ciertamente resguarda, asegura y protege y garantiza relaciones de domi- nación de clase, relaciones de desigualdad, pero afuera del Estado las cosas no son mejores. Son peores. En todo caso, lo que uno podría decir es que la pregunta que hoy se nos plantea es la pregunta por el tipo de Estado que tenemos o que queremos o que necesitamos tener. Una pregunta que no nos hacíamos hace veinticinco o treinta años, cuando pensábamos alrededor de la idea de democracia y de una concepción muy anties- tatalista de la democracia, pero que podemos y debemos hacernos hoy.

Esto es algo sobre lo que solía insistir, en los últimos años de su vida, Guillermo O´Donell. Que decía que las ciencias sociales argentinas de las últimas décadas se habían olvidado de pen- sar el problema del Estado. Que tanto se había pensado en la Argentina y en América Latina en los cincuenta, en los sesenta, en los setenta. En efecto: en los años de la teoría del desarrollo, en los años de la teoría de la dependencia, habíamos pensado mucho el tema del Estado. El mismo O´Donell había acuñado la famosa expresión “Estado burocrático autoritario” para caracteri- zar una cierta forma de Estado característico en ciertos momentos del desarrollo capitalista de- pendiente en la región.

Pero después ya no. Después de la dictadura, en los ochenta y ni les cuento en los noventa, las ciencias sociales se desentendieron de pensar el problema del Estado. Pensaron el problema del sistema político, pensaron el problema de las re- glas juego, pensaron el problema de la cultura política, pensaron el problema del enano fascista que todos, presuntamente, llevábamos adentro, y cuyo insuficiente conjuro, parecía, había sido la causa de todas nuestras desgracias. En efec- to: nos quisieron hacer creer que habíamos teni- do dictadura porque todos éramos, en el fondo de nuestro corazón, un poquito autoritarios, y que Videla, en realidad, era la expresión última

de ese autoritarismo, por el que todos teníamos que hacer un acto de contrición. De tanto querer escaparle a cualquier pensamiento que sonara a estructuralista, a imperialista, a determinista, se dijeron muchas pavadas -hay que decirlo- en la Argentina de los años ochenta y de los noventa, cuando dejamos de pensar los grandes proble- mas y los grandes temas (digamos: estructurales) que teníamos que pensar, como el gran tema del Estado.

Hoy hay que pensar el problema del Estado. Hoy es fundamental pensar el problema del Estado. Porque me parece que la posibilidad de una pro- fundización de este proceso de democratización -entendido como proceso de expansión, de uni- versalización, de ampliación de derechos- está asociada a la capacidad que tengamos para de- mocratizar ese Estado. Es decir, para construir un Estado que sea cada vez más gobernado -a través, claro, de las mediaciones que correspon- dan- por la voluntad colectiva de una ciudada- nía movilizada, participativa. Hay que recuperar aquellas discusiones (que fueron posiblemente de lo mejor en aquellos años ochenta) alrededor de la cuestión de la participación: de la participa- ción ciudadana, deliberativa, activa, en el espacio público. Y ponerlas al servicio de pensar un Es- tado mejor.

Hay que incorporar entonces, a la discusión so- bre el Estado y a la discusión sobre la democra- cia, la idea del espacio público como un espacio

de debates, de grandes deliberaciones colectivas.

Y ahí la universidad -la universidad pública- tiene

un papel fundamental: la universidad tiene como una de sus funciones, hoy, ayudarnos a levantar

la puntería de nuestros debates públicos, que a

veces son muy berretas. Tenemos que debatir mejor en ese espacio público en el que estamos protagonizando, no siempre bien, enormes dis- cusiones sobre nuestro destino, sobre el sentido mismo de nuestra vida en común, y eso hace de este momento uno extraordinariamente impor- tante para la universidad pública argentina.

En efecto, la universidad pública argentina, en estos años que corren, atraviesa un momento fundamental de su historia. Yo me atrevo a decir

que un conjunto de circunstancias hacen que se esté produciendo, hoy, una transformación cuali- tativa fundamental en nuestro modo de pensar la universidad en la Argentina. Y esta transforma- ción consiste en que, quizás por primera vez en la historia de la universidad argentina (y ya que es tarde, y que estamos diciendo muchas tonterías y que hacía casi dos años que no venía a esta casa, donde yo solía decir muchas exageraciones, me voy a permitir una exageración más: voy a sacar el “argentina” y voy a decir “por primera vez en la historia de la universidad”, sin más), hoy po- damos pensar a la universidad, entre nosotros, como la institución que tiene la misión de garan- tizar un derecho universal.

Eso es, en efecto, extraordinariamente novedoso. La universidad nunca se pensó a sí misma como una institución que debía custodiar y garantizar un derecho. La universidad es una institución que tiene cerca de mil años. Novecientos. Y que a lo largo de esos novecientos años lo que viene haciendo es, sobre todo, una cosa: formar élites. Élites sindicales, élites profesionales, élites buro- cráticas. En el último siglo, en la Argentina, ha habido un par de movimientos de democratiza- ción fuerte de la vida universitaria. Suele señalar- se uno: la reforma de 1918. Suele no señalarse el otro: el establecimiento en la gratuidad de los estudios universitarios en 1949. Ambos son muy importantes, ambos ayudaron a democratizar la universidad. Pero ninguno de los dos alcanzó para volverla la institución democrática y demo- cratizadora que hoy tenemos la posibilidad y el desafío de pensar que es y que debe ser. Hasta hace muy poquito tiempo (y quizás haya que de- cir, para no pecar de excesivamente ingenuos, que hasta hoy mismo, pero en una tendencia que vamos tratando de cambiar), la universidad siguió siendo, básicamente, una formadora de élites.

Pero hoy hay un conjunto de circunstancias que nos permiten empezar a pensar la universidad de un modo diferente. Entre ellas quiero mencionar sobre todo dos. Una primera, fundamental: hoy la escuela secundaria es obligatoria en la Argentina. Que lo sea no quiere decir, evidentemente, que todas las familias argentinas estén en condicio- nes de cumplir con esa obligación legal que hoy

RineSi : Conferencia brindada por el Dr. EduardoRinesi

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tienen. Pero que exista esa obligación legal no es indistinto, y va marcando una tendencia. Hoy los padres de los adolescentes argentinos tienen la obligación de mandarlos a la escuela secundaria hasta terminarla. Junto con eso hay -como es no- torio- un conjunto de políticas públicas que tien- den a hacérselo un poco más fácil. Por supuesto, la Asignación Universal por Hijo es la más espec- tacular y visible de de estas políticas.

Pero además -y ésta es la segunda circunstancia que quería mencionar- ha habido en los últimos años (y para no ser parcial no diría que en los últimos ocho o nueve o diez: diría en los últi- mos cuarenta, cuarenta y cinco) un movimiento extraordinariamente importante de ampliación del sistema universitario, de creación de un con- junto muy grande de nuevas universidades, que empezó a fines de los sesenta y comienzos de los setenta en los años del llamado Plan Taqui- ni, que continúo en los primeros noventa con el movimiento de creación de un conjunto de uni- versidades (sobre todo en el conurbano bonae- rense, entre ellas la universidad donde yo trabajo actualmente), y que se completó en estos años que corren, ideológicamente tan distintos tanto de aquellos años sesenta como de aquellos otros años noventa, con la creación de una tercera tan- da, de una tercera ola, de nuevas universidades, que nos permiten afirmar hoy, sin exagerar o exa- gerando apenas un poquito, que no hay ningún joven argentino en edad de ir a una universidad que no tenga una universidad pública, gratuita y de calidad a un rato razonable de viaje de su casa.

Eso es extraordinariamente importante porque vuelve mucho más material, más efectivo y más concreto un derecho que -de otra manera- era puramente nominal, abstracto, formal, legal. La Constitución Nacional decía y dice que todo el mundo tiene derecho a estudiar y que el Estado debe garantizarlo. Pero resulta que si uno había nacido en Choele Choel y no tenía un papá que le pudiera bancar un alquiler en La Plata estaba frito. Bueno: hoy no. Hoy cerca de Choele Cho- el hay una universidad pública y los adolescentes de Choele Choel tienen la obligación de terminar una escuela secundaria y los papás de los adoles- centes de Choele Choel cobran una asignación

universal por hijo para permitir cumplir esa obli- gación que tienen, y esos muchachos, cuando ter- minan esos estudios secundarios, pueden tener en su horizonte efectivo de posibilidades la alter- nativa real y cierta de seguir estudios superiores en una buena universidad del estado.

Eso ya está produciendo hoy un efecto muy vi-

sible. No en la UBA, pero sí en las universidades del interior, o del conurbano. Que es que muchos más muchachos y chicas están tocando a la puer-

ta de la universidad y están empezando a pensar

por primera vez que esa universidad no es un ámbito extraño para ellos, que es un destino po- sible para ellos. Allí me parece que se juega hoy

la primera y fundamental tarea, la primera y fun-

para aprender, con “falta” de una cultura univer-

Carencias, problemas, faltas: parece que

es todo lo que sabemos decir sobre aquellos con los que nosotros fracasamos en nuestra tarea de enseñar. Eso tenemos que cambiarlo, y es posi- ble que cambiar eso nos exija revisar nuestras propias prioridades y el sentido de lo que noso- tros hacemos en nuestras universidades. Quizás haya que ponerse a pensar muy seriamente si no tenemos que dejar de perder tiempo precio- so en escribir taradeces en revistas referateadas en inglés y dedicar una parte de ese tiempo que nos paga la sociedad argentina a hacer mejor eso que hoy tenemos que hacer de modo prio- ritario: enseñar.

sitaria

damental misión que tiene la universidad en esta hora tan interesante que vive la Argentina, que es la obligación de garantizar eso que (quizás por

Ahí, me parece, se juega hoy una de las tareas fundamentales que tienen nuestras universidades. La otra (algo empezábamos a decir recién) es la

vez primera, entonces) podemos nosotros pensar

de contribuir, por medio de sus investigaciones

como un derecho, si no universal, por lo menos, digamos, tendencialmente universal. Y no es seguro que en las universidades estemos haciendo eso,

y de sus intervenciones, al mejoramiento de los grandes debates colectivos que caracterizan o que deben caracterizar esta hora argentina de grandes

o

haciéndolo todo lo bien que deberíamos. Por

replanteaos en relación con la orientación de las

el

contrario: estamos fracasando, lo estamos ha-

políticas públicas y con los horizontes mismos

ciendo bastante mal.

del vivir común. Tenemos, vuelvo a decirlo, que mejorar la puntería de nuestras discusiones. Ahí

Y

eso se entiende: hace mil años, decíamos, que

la universidad tiene un papel fundamental. Por

lo

que sabemos hacer en las universidades es ex-

eso empecé, y por eso termino, con la idea de

cluir y jerarquizar, y eso es lo que, en un sentido importante, seguimos haciendo hoy en unas uni- versidades que sólo si nosotros logramos cam- biar esta rutina podrán empezar a tener el sentido diferente que queremos darles. Tenemos que me- jorar nuestra performance educativa en nuestras universidades. Tenemos que lograr enseñarles mejor a los estudiantes que recibimos en ellas, y sobre todo tenemos que dejar de abusar del lati- guillo miserable de echarles la culpa a ellos por

lo público que este libro que hoy presentamos nos invita a pensar. Lo público es lo común, pero ese espacio común que la universidad tiene que ayudar a construir no es un espacio de consensos fáciles ni de homogeneidades prestablecidas: es un espacio de discusiones, de polémicas, de dis- putas, de peleas teóricas y políticas. Lo público es un espacio de discusiones, y esas discusiones tienen que ser mejores entre nosotros. A mejorar algunas de esas discusiones contribuye sin duda

lo

que nosotros no estamos logrando hacer bien.

este libro, Políticas Públicas y Trabajo Social, que

Tenemos que dejar de acusarlos de llegar a nues- tras aulas llenos de “carencias”, con “problemas”

invito con mucho entusiasmo a leer y a discutir, y por el que los felicito. Muchas gracias.

Artículos centrales Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político Esteban De

Artículos centrales

Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político

Esteban De Gori *

Resumen:

Fecha de recepción:

19

de marzo de 2013

Fecha de aceptación:

22

de abril de 2013

Correspondencia a:

Esteban De Gori edegori@sociales.uba.ar

Correo electrónico:

*. Doctor en Ciencias Sociales (UBA), Investigador CONICET/ IIGG, Docente en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y Profesor IDAES/UNSAM.

El trabajo es una aproximación a la compleja relación que existe entre las expectativas sociales, los intereses (principalmente, de los sectores subalternos) y lo político. Hace años que se reflexiona sobre este vínculo y muchas veces se ha planteado una perspectiva que los separa en campos, en vez de inscribirlos -como se realizará en este trabajo- en la dinámica política y, especialmente, en la producción de legitimidad y obediencia. Las revoluciones que aquí observamos nos permiten reflexionar sobre este problema y sobre la dinámica de construcción de un orden político. Por tanto, el lector no encontrará un análisis exhaustivo de las mismas, ya que ese no era el propósito de este trabajo; sino tan solo otorgar algunas pistas acerca de cómo en cada revolución presentada se articuló expectativas sociales y mando político.

Palabras claves: Revoluciones, expectativas sociales, política.

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Resumo

O trabalho é uma abordagem para a complexa relação entre as expectativas sociais, interesses (princi- palmente os setores secundário) e políticos. Durante anos, reflete sobre este link e, muitas vezes levantado uma perspectiva que separa os campos, em vez de se inscrever, como foi feito neste trabalho, e dinâmicas políticas, especialmente na produção de legitimidade e obediência. As revoluções que observaram aqui nos permitem refletir sobre esta questão e sobre a dinâmica da construção de uma ordem política. Por- tanto, o leitor encontrará uma análise detalhada dos mesmos, como esse não era o objetivo deste artigo, mas apenas dar algumas pistas sobre a forma como cada revolução trouxe expectativas de controle social e político articulado.

Palavras chave: revoluções, as expectativas sociais, politica.

Introducción

Los grandes trastocamientos políticos y sociales están atravesados por el siguiente interrogante:

¿Cuál es el fin de un gobierno revolucionario? Éste no es banal ni retórico, sino que es el cora- zón dilemático y discursivo al cual deben some- terse todos aquellos actores que buscaron expli- car y fundamentar una revolución.

Las revoluciones de fines del Siglo XVIII y prin- cipios del XIX, tanto en el territorio americano, como en el europeo, debieron construir una dis- cursividad y una política frente al qué hacer en el momento de la disputa por el poder, como en la conducción del mismo. En los distintos casos históricos, reconociendo sus particularidades, los insurgentes apelaron a vocablos que estaban disponibles en sus tradiciones políticas y que, de alguna manera, componían el mundo simbólico del republicanismo clásico y del autogobierno. De esta manera, la opción republicana y su in- terpretación orientaron y legitimaron los diver- sos procesos políticos y dotaron de vocablos que incorporaron –con mayor intensidad– la “terre- nalidad de pasiones e intereses”. La apelación a la soberanía popular o “pueblo” 1 , el estableci- miento de una constitución que fije límite a las autoridades y la división entre poderes fueron concepciones que atravesaron –con distinta in- tensidad y concreción- las revoluciones atlánticas y europeas. De esta manera, la palabra “pueblo” inscripta en estos procesos revolucionarios –y,

obviamente más allá de su particular enuncia- ción y comprensión– habilitaba para “observar”

y “mirar” los flujos de los deseos sociales y su vínculo con la construcción del poder.

Las concepciones del republicanismo clásico es-

taban vinculadas a ciertos vocablos que las resu- mían o a las cuales referían. Entre ellas, debemos considerar “pueblo”, felicidad”, “bien común” o “libertad”. Éstos no fueron vocablos “vacíos”, sino que consigo traían una manera de mirar o imaginar una sociedad, el ejercicio del poder y las necesidades de los otros. En sí mismos, encerra- ban imágenes de cómo gobernar a los hombres

y de cómo organizar una sociedad. Lo cual, se

convertía en una “ventana” sociológica para ob- servar los intereses sociales.

Todas las elites revolucionarias inventaron un “pueblo” (Morgan, 2006) –al cual decían repre- sentar y al cual imputaban soberanía- y con ello, colocaron sobre la escena su capacidad constitu- yente, pero también su trama de intereses. Incor-

poraron al “Pueblo” en la compleja y plurívoca metáfora pactista y contractual, lo cual, permita

la búsqueda de un renovado vínculo entre los que

mandaban y obedecen.

Estos procesos debieron afrontar la siguiente cuestión: republicanizar el orden (construir un gobierno legitimado por la soberanía popular y en el limite a las autoridades) pero también otor- gar respuestas a las expectativas sociales que ha-

1. La palabra “pueblo” asumió un significado particular en las revoluciones en territorios que integraban la monarquía española.

DE GORI : Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político.

bían impulsado o que se habían desatado en la búsqueda de ese nuevo orden. En parte, esto se debía a la fragilidad que la propia idea de pacto le incorporaba al dominio político, es decir, sin apoyo del “pueblo” no habría autoridad durade- ra. Por lo tanto, podríamos indicar que la figura del “pueblo” se develaba en toda su potenciali- dad desestabilizadora o en su exacto contrario.

Las nuevas dirigencias revolucionarias se encon- traron ante este dilema de apelar al pueblo como fuente del poder político, pero también, ante la necesidad de comprender y resolver sus expecta- tivas. Había que hacer a los integrantes del pue- blo felices y libres, pero también, actores legiti- mantes –cuestión que no es mecánica tan solo por lograr las primeras–. Entonces, ¿Qué hacer con los gobernados? ¿Cuál es la tarea de un go- bierno que busca su legitimidad?

Si tomamos algunas respuestas clásicas podría- mos decir lo siguiente: Si consideramos que “ha- cer personas felices” supondría tener en cuenta sus intereses empíricos y “hacer hombres libres” presumiría la diagramación de un orden jurídico y simbólico que permita el acceso irrestricto a lo público; podemos decir que en el intento de las élites insurgentes en construir un sistema que ga- rantice el acceso a lo público y, a su vez, la reali- zación de ciertos “intereses empíricos” se devela un conflicto inerradicable entre lo estrictamen- te político y lo relevantemente social. Es decir, la sociedad o “pueblo” en esa tensión se devela “como un problema político” para los actores.

Ahora bien, cabrían otras preguntas: ¿Quién de- fine los intereses empíricos y los modos en los que se toma las decisiones sobre lo público? Ineludiblemente lo definen los actores, pero no cualquiera que se encuentre en la escena históri- ca, sino aquellos que en la lucha por el poder o su consolidación busca conducir, elaborar o realizar una promesa de resolución de las expectativas o deseos sociales. Por lo tanto, la política modela las expectativas, las resignifica, inclusive, constru- ye con su interpretación la trama de lo social.

La lectura de los intereses sociales no solo es interpretación “abstracta” de las elites sobre la

situación de los sectores subalternos, sino es la presión que éstos ejercen, muchas veces, cuando participan en la dinámica política. De esta mane- ra, las dirigencias revolucionarias integraron para la consideración de su gobernabilidad el conjun- to de expectativas y deseos que habitaban en sus bases de apoyo y adhesión. Transformando así, la escena del poder político, como los flujos entre gobernantes y gobernados.

Lo que sí es importante recordar, es que el víncu- lo entre las elites y sus bases de apoyo o “grupos de interés” no solo era pragmático, sino que des- de una perspectiva del republicana, eran parte in- eludible de la soberanía popular (la cual, concedía legitimidad y consentimiento a las autoridades). Por tanto, eran grupos de interés e integrantes del sujeto de imputación de soberana (miembros de una comunidad, propietarios, vecinos, etc.). El “pueblo” se presentaba, entonces, como una figura escurridiza y polivalente. Una figura que advertía, que lo social no es solo el conjunto de intereses de los actores, sino que es la trama de interacciones sociales de donde surge la legitimi- dad de los que mandan y, por ende, del propio orden.

Durante las revoluciones de fines del Siglo XVIII, como de los inicios del siglo XIX, los in- surgentes “leyeron” y dotaron con distinto peso simbólico o valencia a lo social. Cada revolución, fundó e indicó a su manera, a su “pueblo”. Es decir, fundó un territorio (humano o jurisdiccio- nal) delimitado de donde surgía la autoridad y, al mismo tiempo, un repertorio de expectativas. Al hacerlo, los insurgentes se encontraron con el interesante y complejo dilema, que ya indicaba Morgan (2006, 61), de que el pueblo “nunca es visible como tal”. Frente a esto, la construcción de nuevos órdenes políticos se forjó en relación a los actores que integraron y a la manera en que lo hicieron. Es decir, las dirigencias revoluciona- rias no poseían “recetas” predeterminadas para integrar al “pueblo”.

La revolución en América del Norte se produjo en una sociedad en la que no reinaba la pobreza. Esta fue conducida, en parte, por una minoría aristocrática que incorporó y afirmó al yeoman, es

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decir, incluyó –principalmente– para la legitima- ción del nuevo orden los intereses de los campe- sinos propietarios de tierras dispuestos, por una larga tradición política, a defender sus intereses individuales. A estos yeomen no hubo que liberar- los de su pobreza, sino reconocer sus propieda- des, sus derechos y su capacidad constituyente. En este sentido, se estableció un orden estatal que aceptaba que sus propiedades se fundaban en su trabajo y no en el reconocimiento estatal. Por lo tanto, la propiedad estaba sustraída de la autoridad política, solo esta última debía resguar- darla. La glorificación del yeoman clausuró, en lo in- mediato, el reclamo de actores sociales con menor preso político, como el de los peones sin tierras, los esclavos o los indigentes. Los cuales, en Amé- rica del Norte no eran mayoritarios. Por lo tanto, la revolución y su gobierno posterior parcializaron –de alguna manera– lo “social” al reclamo y pre- siones que podían formular los propietarios. A los cuales, desde una perspectiva republicana, se les otorgaba la capacidad de la libertad y de acceso a lo público. Es decir, eran sujetos libres porque no poseían dependencias materiales, ni sociales.

La Revolución norteamericana, que en palabras de Arendt (1992), implicaría la fundación de la libertad se expresaba en la formulación de un orden político, hombres libres (propietarios) no corroídos por la pobreza (propia) que podían disfrutar de la esfera pública. La cual, estaba “resguardada” de aquellos intereses que podrían ponerla en duda. Es decir, la “fundación de la libertad” indicaba y colocaba a los actores en di- versos lugares del orden social y, a su vez, regula- ba la relación entre el orden gubernamental y los intereses sociales. No era una “libertad pura” que gozaba de la lejanía de los intereses sociales.

La creación del orden en América del Norte se forjó en relación a los actores que integró y a la manera en que lo hizo. Lo cual constituye una clave analítica e interpretativa para comprender como las elites insurgentes imaginaron la funda- ción de un “mundo libre” y como lidiaron, nego- ciaron o limitaron a otros actores sociales.

Las elites de las Trece Colonias, en su negocia- ción e imposición a diversos actores, una tenden-

cia en torno a la lógica de la dominación política, los sujetos deberían resolver su “felicidad” en la sociedad, a través de su trabajo y de su relación con el comercio. Por lo tanto, ésta no sería puesta como debate en la esfera pública. No habría in- terferencia del orden estatal en el individuo (ni en su felicidad, ni en su propiedad).

Esta situación advertía una cosa: los propietarios (los aristócratas y los yeomen) ahora desligados de la tutoría real podían dedicarse a modelar una esfera gubernamental de hombres desprovistos de opresiones materiales, los cuales, podían de- dicarse gozosamente a lo público. Éstos, conjun- tamente con las milicias y el poder que habían logrado, conciliaron la apelación constituyente de la soberanía popular con una sociedad jerár- quica. Es decir, la libertad política fue articulada con diversas formas de la asimetría o desigualdad social.

Por último, en América del Norte a diferencia del territorio americano integrante de la monarquía española, poseían formas de representación co- munitarias que permitieron sedimentar formas electivas, como también un vínculo histórico en- tre representantes y representados. Con el triun- fo de los revolucionarios, estas formas serían in- corporadas y resignificadas para dotarse de una Constitución.

En Francia, fueron múltiples razones las que impulsaron la revolución. Una crisis económica y simbólica provocada, entre otras cosas, por fi- nanciar la independencia de las Trece Colonias, un empobrecimiento que atravesaba a grandes porciones de la sociedad y una aristocracia regia despreciada por la mayoría de los actores socia- les. La dinámica revolucionaria incorporaría in- eludiblemente estas cuestiones, pero se desarro- llaría en un contexto de radicalización creciente que culminó con cabezas reales cortadas y una guerra en Europa. El asesinato del Rey impulsó la imaginación e instalación de un orden repu- blicano y el establecimiento de un ordenamiento alternativo al anterior. La Asamblea fue la metá- fora del poder constituyente y de un tercer estado atravesado por los imperativos de unidad e igual- dad (Rosanvallon, 2007, 25).

DE GORI : Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político.

La Revolución francesa fue un gran proceso de movilización social. A diferencia de los Estados Unidos, la dinámica política integró a todos los

actores sociales y el proceso asumió un carácter plebeyo. Situación que fue haciendo “saltar por los aires” las jerarquías que habían consolidado los Borbones. De esta manera, observamos que

la revolución va practicando la “liberación del

hombre” (Arendt, 1992) y va introduciendo el problema de la igualdad como dimensión inhe-

rente para pensar el orden político. Por lo tanto,

la “igualdad” se introduce en la esfera pública de

una manera inusitada y distinta a lo ocurrido en América del Norte donde no se impulsaron polí- ticas igualitaristas. Al nuevo formato de poder en Francia se le reclamaba la modelación una “so- ciedad de los semejantes”, la cual, es “compren- dida como la que debe instaurar una comunión de tipo inédito entre los hombres” (Rosanvallon, 2007, 25). Esta imaginación, no solo buscaba crear una soberanía única e indivisible frente a las corporaciones sino que indagaba sobre la idea de sufragio universal.

La dinámica del proceso francés incluyó de ma- nera ampliada las demandas de diversos actores construyendo un orden político atravesado por múltiples expectativas sociales. La guerra revo- lucionaria amplificó la incorporación de diversos

actores subalternos a la política, los cuales, accede- rían a nuevos beneficios sociales y materiales. Pen- sar la resolución de la pobreza, la distribución de tierras, como la regulación del precio del pan daba cuenta de la potencia que le imprimían los actores

a las decisiones políticas. En este caso, los revo- lucionarios debieron intentar resolver algunas de

estas cuestiones para reducir la inestabilidad, ganar

en legitimidad y conseguir futuros milicianos para defender la revolución en otros territorios.

A diferencia de América del Norte que tuvo en-

tre sus actores privilegiados a los yeomen, la elite revolucionaria francesa debió interpelar y susci- tar apoyo entre los sans culottes. Los cuales, com- ponían el universo de desposeídos que integra- ban el reino francés. Entonces, la radicalidad de las expectativas y de los deseos sociales –cuestión que no surgió en el proceso de América del Nor- te- modelaría el orden republicano francés. De

esta manera, “lo social” es incorporado cualquier ingeniería política que piense en la legitimidad y durabilidad del orden; pero sobre todo que pien- sa que esas expectativas provienen de aquellos que componen al “pueblo”.

En relación a dos procesos revolucionarios, po- demos observar que los órdenes políticos se con- figuraron en relación con los actores que partici- paron en éstos y sus expectativas.

A grandes rasgos, la esfera pública en las Trece Colonias estuvo más “resguardada” de las pre- siones sociales. Dicho resguardo, tuvo que ver con tradiciones políticas, pero también con la relación que las elites construyeron con los yeo- men y las milicias. Por lo tanto, no se debió a una supuesta fortaleza de la esfera pública, ni a su se- dimentación institucional o a la creencia a priori en las instituciones, sino al establecimiento que hicieron las elites insurgentes de fronteras, vasos comunicantes y regulaciones entre las expectati- vas sociales y lo político. Todo ello, en función de amplificar la legitimidad y obediencia.

El orden francés, al integrar las expectativas de los sans culottes, construyó una esfera pública más permeable y dinámica, donde los actores enten- dieron que el orden estatal podría hacer “justicia en el mundo”.

De esta manera, podemos advertir que las repú- blicas norteamericana y francesa asumieron con- figuraciones, desafíos y problemas distintos; así como construyeron esferas publicas disimiles.

La opción republicana y la idea de bien común fueron traducidas al interior de cada una de las sociedades y reinterpretadas al calor de los con- flictos políticos. Como lo fue resignificada la bús- queda de felicidad y libertad de sus habitantes. Pero las mismas no se realizaron en abstracto, sino en los intentos por organizar el un poder político común. Mientras en América del Nor- te sus élites insistieron en la manera asociativa de soberanías o confederal; en Francia se buscó -reactualizando la tradición borbónica- la confor- mación de una soberanía indivisible y única don- de se fundiese Estado y Nación.

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Territorios americanos:

de la monarquía a la república

Algunos de los territorios que integraban la mo- narquía hispana, decidieron ante el cautiverio del Rey Fernando VII en 1808, impulsar propuestas de autogobierno 2 . La crisis de la autoridad mo- nárquica no se había producido por una revo- lución –como sucedió en Francia–, ni por una guerra –cosa que habían iniciado los colonos norteamericanos contra Jorge III–, sino por el cautiverio del Rey orquestado por las fuerzas na-

poleónicas. Esta situación y la imposición de Jose

I como Rey de España y de las Indias, impulsó

a algunos territorios y ciudades a reivindicar la

retroversión de los derechos regios a sus comu- nidades, lo que otorgaba a las éstas un poder para administrar sus propios destinos. Esta apelación que se fundamentaban en el imaginario pactista, provocó la impugnación de las autoridades esta- blecidas por el Rey, como por la Junta Suprema de Sevilla formada en 1809, que deseaban mante- ner el sistema de dominación política que habían ideado y diagramado los Borbones en sus últimas reformas. La apelación al pacto y al autogobierno fue considerada un acto de rebeldía.

La reivindicación del autogobierno en diversas ciudades (Chuquisaca, La Paz, Quito, Buenos Ai- res, Caracas, México) exacerba -en algunos casos- el conflicto entre potestades, como establece la división de una escena política que se tensiona entre partidarios del juntismo y los que prefieren mantener el sistema virreinal. Además, se intro- duce otro conflicto: aquel que se produce entre las ciudades cabeceras y sus territorios, ya que las primeras harán todo lo posible para no licuar su poder territorial.

Las autoridades virreinales frente a la deslegiti- mación y cuestionamiento de diversos actores intentan, sobre todo, mantener su poder y la co- hesión territorial. Cosa que es imposibilitada por una crisis que pone en duda la fundamentación de sus cargos.

2. Otros territorios decidieron mantener, en un principio, el statu quo.

El establecimiento de juntas y, por ende, la crea- ción de nuevos centros de poder va produciendo la fragmentación de los virreinatos y, sobre todo, va provocando una relevante politización de las ciudades. La ciudad se torna un territorio en dis- puta.

Los partidarios del autogobierno apelando al nombre del Rey, como a la custodia de sus de- rechos, comienzan a competir por el control del poder político con las autoridades virreina- les establecidas por los Borbones. Es decir, en el reclamo de éstos los derechos cedidos al Rey retornaban a la ciudad, es decir, a la comunidad que los delegó, alguna vez, para instituir al mis- mo monarca. Es decir, sin Rey el poder regresa al único actor que constituye su fuente: el pueblo/ ciudad 3 . La apelación a la soberanía del pueblo/ ciudad y la reivindicación de lealtad al Rey son dos claves para entender como las nuevas elites dirigentes se van instituyendo como representan- tes de la ciudad. Entonces, el Pueblo-Ciudad se va transformando en el verdadero protagonista de la dinámica revolucionaria.

La afirmación del pactismo –tradición y lenguaje que integraba el universo político de la monarquía hispana– fue un discurso orientador que permi- tió imaginar la fundamentación de una nueva gobernabilidad, legitimar a las autoridades y resi- tuar la política en las ciudades. La idea del pacto habilitó la concepción de Pueblo y éste como el territorio donde surgen las autoridades. De ahora en más, estas revoluciones abrirían una novísima dinámica de legitimación de las autoridades y li- derazgos, así como una búsqueda por construir un principio de identificación con los dirigidos. Al indicar la fuente de poder en la comunidad se subvertía cualquier posición que fundamentaba el establecimiento de autoridades en un mando omnímodo que se encontraba sustraído del con- sentimiento o voluntad colectiva.

La opción republicana en territorio hispano- americano supuso para las elites insurgentes la

DE GORI : Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político.

afirmación de la ciudad como un cuerpo en el que podía fundar una lealtad alternativa al Rey ausente, la posibilidad de resituar la política en dicho territorio y el intento de realización de un complejo vocablo: el Bien Común. Éste abría variadas imaginaciones sociales que se conecta- ban con el relato religioso católico, como con el universo cultural del republicanismo clásico. En términos concretos, este corpus discursivo habi- litaba y fundamentaba la búsqueda de un poder

que debía privilegiar los intereses generales sobre los particulares. Que debía conducir y controlar los intereses y pasiones de las plebes urbanas e indígenas, como los intentos despóticos o inte- reses corporativos, muchos de éstos últimos, ins- criptos en la lucha por el poder; o atravesados por la incertidumbre que abría el nuevo poder revolucionario. Entonces, el pueblo-ciudad ya no se presentaba como una jurisdicción formal

o abstracta donde se originaba el poder, sino que

al hablar del “pueblo” y, sobre todo, al desearlo gobernar, este se presentaba como conjunto de intereses que debían ser resueltos, considerados

o limitados para estabilizar el poder de las nue-

vas autoridades. La ciudad-pueblo se presentaba

como fuente de soberanía y, al mismo tiempo, como pueblo concreto. En este sentido, el pue-

blo-ciudad se presentaba como el lugar al que to- das las autoridades revolucionarias consideraban como fuente de poder y, al mismo tiempo, lo ob- servaban como un universo de intereses contra- puestos a gobernar o conducir para que no ero- sionen a los gobiernos. Por tanto, gobernar para

el Bien Común, si bien suponía integrar distintos

intereses para ampliar la base de sustentación po- lítica, implicaba –al mismo tiempo– conducir y evitar una lucha faccional que disuelva el orden

revolucionario. De esta manera se forjaba una esfera pública “atrapada” por los dilemas que im- ponía la búsqueda del Bien Común.

Entendemos que en la pregunta acerca de cómo gobernar y administrar las dos caras del pueblo- ciudad, entendidas como fuente de soberanía y como conjunto de intereses, se encontraba el problema de la legitimidad. Pero a su vez, debe- mos anotar la siguiente complejidad. La tarea de los insurgentes en el poder fue “leer” el “pue- blo”, sus intereses y pasiones. De hecho, po-

demos observar la preocupación de éstos por las “antiguas preocupaciones” y por las maneras en que se relacionaban simbólicamente con el poder anterior. En este sentido, la fuente de soberanía, según los insurgentes, también debía ser modelada

y orientada hacia un civismo virtuoso y patriótico.

Por lo tanto, la elite revolucionaria debía “confiar”

y “desconfiar” de la fuente de soberanía, ya que se

presentaba como conjunto de intereses desbocados por la dinámica revolucionaria, pero también, como un territorio subjetivo –que pese a estar atravesado por viejas preocupaciones que podían abrazar a los

hombres a antiguas tiranías- era el único “regazo” legitimador de las mismísimas autoridades.

Ahora bien, la incorporación de las expectativas sociales como clave de la construcción de legi- timidad y obediencia, suponía por parte de las elites insurgentes hispanoamericanas una lectura sobre como gobernar al “pueblo en concreto”. Así lo social, en tanto expectativa y deseo de los actores, se inscribía y atravesada toda la dinámi- ca de lecturas y definiciones sobre el Pueblo y sus “caras”. Gobernar para el bien común y para el “publico” abría un conjunto de variables posibles que conformaban la dinámica de la esfera política.

La guerra civil provocada por el establecimiento de diversas juntas inició un proceso inédito de radicalización política. Las nuevas dirigencias que controlaron el poder (el cual, muchas veces resi- día en Cabildos, Audiencias, etc.) y que necesita- ban ampliar el número de milicianos debió ensa- yar el “gobierno para el común”, lo que implicó incorporar expectativas sociales. Unas, que se ha- bían desplegado desde las tensiones que abrieron las reformas borbónicas y otras que aparecían como propias de la dinámica revolucionaria.

Entre las expectativas sociales que incorporaron

las elites deben tenerse en cuenta, en Buenos Ai- res, el Alto Perú, como en otros territorios del mundo andino, el reconocimiento jurídico efecti- vo de la comunidades indígenas, la movilidad que muchos aspiraron y encontraron en las milicias,

la incorporación de no peninsulares a los cargos

públicos o, como en 1813, la libertad de vientres decretada por la Asamblea Constituyente de la Provincias Unidas del Rio de la Plata.

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La consolidación del poder revolucionario y la guerra se produjeron al mismo tiempo, esto obli- gó a las elites a incorporar a todos los actores sociales a la misma. Tanto al nuevo orden, como

a la milicia. La guerra, según Clement Thibaud

(2007,177), se transformó en una guerra popu- lar. La cual, consolidó procesos, erigió nuevos liderazgos y estableció nuevos centros de poder político.

Los liderazgos surgidos de la guerra fueron asu- miendo diversas posiciones, unos oficiaron como portavoces y guardianes de un poder central y otros –fundamentalmente, durante la guerra de independencia– reivindicaron la soberanía pro- vincial o territorial y llevaron adelante procesos de institucionalización de los territorios.

La búsqueda de adhesión, legitimidad y obedien- cia empujaron a las elites a traducir la opción

republicana en políticas concretas. El proceso revolucionario debía formar habitantes virtuosos

y, al mismo tiempo, milicianos que amasen a su

patria y territorio.

De esta manera, la elites al incorporar lo social (expectativas e intereses) fueron configurando una dinámica del poder político y del orden. En

el cual, se fundaron imaginaciones sobre una so-

ciedad futura; como las fronteras, regulaciones y vasos comunicantes entre lo “social” y una políti- ca que comprendía que su durabilidad se sostenía en la producción de legitimidad. En este senti- do, no todas las guerras, ni los órdenes se sos- tienen con imposiciones continuas, sino como lo indicó Max Weber, la obediencia se sostiene en la creencia. Creencia en el que manda, pero también creencia de que pueden realizarse sus expectativas en un futuro inmediato. El trastoca- miento político y las nuevas repúblicas reafirma- ron y fundaron nuevas creencias y sacralizaciones (como la patria) con el fin de orientar a los hom-

bres en la acción política y de dotar de significado

la misma.

La revolución en territorios hispanoamericanos, la guerra y la necesidad de legitimación de las nuevas autoridades obligó a incorporar un uni- verso de intereses, lo cual no solo modificó el

carácter de la guerra -es decir, se sumaron indivi-

duos de diversas castas- sino que configuró una nueva lógica de resolución y de administración de las expectativas sociales y, por ende, de los intere- ses políticos. La guerra, por un lado, en su carác- ter popular permitió el ascenso social y político de indígenas, jornaleros, etc., y por otro, formó nuevos liderazgos milicianos que incorporaron una dimensión plebeya y comunal a la política.

A diferencia de las Trece Colonias, donde se glo-

rificó al yeoman en detrimento de otros actores e intereses que participaron en la guerra indepen- dentista; las revoluciones autonomistas en His- panoamérica debieron glorificar al patriota y al te- rritorio, e incluir en esas figuras una multiplicidad

de intereses que la revolución debió conducir. En

nombre de la patria se definió el establecimiento de una “comunidad de hermanos” y en nombre de ella se formuló un orden que mantuvo o re- creó jerarquías y asimetrías sociales y políticas. La permeabilidad de la esfera pública frente a las expectativas sociales y la búsqueda constante de apoyo entre los sectores subalternos, no obsta- culizaron la construcción de un orden jerárquico que, por la misma acción de estos sectores, se vio desestabilizado, cuestionado o erosionado.

A su vez, el proceso revolucionario se encontró

atravesado por el dilema que implicaba la organi- zación de un poder común. Esta polémica poseía formatos concretos: por un lado, las propuestas centralistas que surgían de las ciudades cabeceras y reivindicaban la construcción de una soberanía única; por otro lado, perspectivas que reivindi- caban la asociación de soberanías provinciales y promovían propuestas federales o confederales. Tan solo como ejemplos: en 1812 Bolívar criti- caba el federalismo; Artigas se encaminaba dos años después a la construcción de una liga fe- deral (Liga de los Pueblos Libres) en el Litoral de las Provincias Unidas del Río de la Plata y años más tarde Belgrano y San Martin apoyarían –en épocas independentistas– una monarquía consti- tucional regida por la dinastía incaica para centra- lizar y cohesionar el poder.

En síntesis, la dinámica política de la revolución autonomista integró intereses y expectativas so- ciales, las enunció, las articuló y le imprimió los

DE GORI : Revoluciones: aproximación al vínculo entre la expectativa social y lo político.

tiempos políticos para su resolución. Las elites, en los distintos territorios, debieron -en su rela- ción con los sectores subalternos- imaginar ese mundo social, conducirlo, establecer fronteras y garantizar intereses, tanto de los grandes, como de los “comunes”.

La apelación al pueblo-ciudad como fuente de soberanía implicaba la necesidad de construir un vínculo legítimo e identitario entre los que mandaban y obedecían. Era el desafío mismo de los nuevos órdenes que pretendían conservar su poder pero, que al mismo tiempo, debían integrar cambios. En esa búsqueda de identificación y repre- sentación las elites políticas leyeron el conjunto de expectativas sociales y las incorporaron a sus

estrategias de poder. Así lo social o el “oído en lo social” se convirtió en una dimensión necesaria para la producción de legitimación y obediencia política. En este sentido, no solo intentaron repu- blicanizar el poder, sino que intentaron –por las presiones de los sectores subalternos– republica- nizar el bienestar sin disolver asimetrías sociales.

La guerra civil en territorio americano fue expan- siva y popular, construyó una nueva escenografía del poder revolucionario autonomista, fortaleció y creo territorios y provincias; así como incluyó un repertorio de expectativas sociales que las eli- tes y los nuevos liderazgos debieron atender para amplificar la adhesión política en un mundo con- vulsionado.

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Bibliografía

Arendt, H. (1992) Sobre la revolución, Alianza Edi- torial, Buenos Aires.

De Gori, E. (2012) La republica patriota. Travesías de los imaginarios y de los lenguajes políticos en el pensamiento de Mariano Moreno, Eu- deba, Buenos Aries.

Morgan, E (2006) La invención del pueblo. El surgi- miento de la soberanía popular en Inglaterra y los Estados Unidos, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires.

Rosanvallon, P. (2007) El modelo político francés. La sociedad civil contra el jacobinismo, de 1798 hasta nuestros días, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires.

Thibaud, C. (2007) Ejércitos, guerra y la construcción de la soberanía: el caso grancolombiano, en Car- men Mc Evoy y Ana Maria Stuven (editoras), La república peregrina. Hombres de armas y letras en América del Sur, 1800-1884, Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

Artículos centrales Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la

Artículos centrales

Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo:

el problema de la concentración y la extranjerización en la economía argentina 1

Resumen:

Martín Schorr *

Fecha de recepción:

23

de febrero de 2013

Fecha de aceptación:

25

de marzo de 2013

Correspondencia a:

Martín Schorr

Correo electrónico:

schorr.mar@gmail.com

*. Lic. en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doc- tor en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONI- CET) y del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO, Sede Argentina, y docente en cursos de grado y posgrado en la UBA, UNSAM y FLACSO.

El presente artículo desarrolla los ejes centrales de la conferencia realizada por Martín Schorr en ocasión del “V Encuentro de Cátedras de Estructura social, problemas sociales argentinos y pobreza”, organizado en octubre de 2012 por la Cátedra Vallone de la Carrera de Trabajo Social-Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. La propuesta de este Encuentro fue tomar como núcleo temático central, el estudio del Modelo de Acumulación actual de la Argentina, con el fin de reflexionar, en perspectiva histórica, sobre las continuidades y las rupturas que se pueden observar en relación a:

los bloques de poder que lo sustentan; el nuevo patrón de desarrollo que lo motoriza y los modos en los que se distribuyen las riquezas que genera. En este marco, la conferencia brindada por Martín Schorr, se estructura a partir de dos núcleos principales: a) mediante un línea argumentativa-teórico-empírica coherente, el autor señala que en la Argentina de la pos convertibilidad, existe un cambio claro en el patrón de crecimiento, pero no hay un nuevo modelo de acumulación, en tanto se han profundizado los principales

1. En este artículo se presentan los ejes centrales de la conferencia realizada por Martín Schorr en ocasión del “V Encuentro de Cátedras de Estructura social, problemas sociales

argentinos y pobreza”, organizado en octubre de 2012 por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (Carrera de Trabajo Social). El autor agradece a los or- ganizadores del Encuentro y, muy especialmente, a Alenka Mereñuk, por su generosidad y su rigurosidad en el trabajo de edición. Naturalmente, todos quedan eximidos de cualquier responsabilidad por los errores y las omisiones que pudieran existir.

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elementos que lo constituyen (proceso de concentración y centralización de la economía, el perfil de especialización e inserción internacional y el rol que tiene el salario en el funcionamiento global de la economía); y b) a fin de evitar que los procesos estructurales vulneren algunos de los logros alcanzados en materia distributiva en el periodo de la posconvertibilidad, Schorr busca problematizar la creciente contradicción que existe entre los procesos estructurales que se van desarrollando en el marco de determinadas políticas económicas llevadas a cabo en los últimos años y el discurso político que busca explicar dicho modelo económico.

Palabras claves: Modelo de acumulación en Argentina - Concentración y extranjerización.

Resumo

Este artigo desenvolve os temas centrais da conferência feita por Martin Schorr, por ocasião da “V Reunião de Departamentos que estudam as temáticas de Estrutura Social, os Problemas Sociais da Argentina e a Pobreza “, organizada em outubro de 2012 pelo Departamento da Carreira de Serviço Social- Faculdade de Ciências Sociais-Universidade de Buenos Aires. O núcleo temático central desta reunião foi o estudo do modelo de acumulação atual da Argentina, a fim de refletir, em perspectiva his-

tórica, sobre as continuidades e rupturas que podem ser observadas em relação a: os blocos para apoiá-lo,

o novo padrão de desenvolvimento que o move e os modos pelos quais se distribuem as riquezas que gera.

Neste contexto, a conferência desenvolvida por Martin Schorr está estruturada em torno de dois tópicos principais: a) usando uma linha de argumentação teórico-empírica consistente, o autor observa que, no período da pós-conversibilidade da Argentina, há uma clara mudança no padrão de crescimento, mas não há um novo modelo de acumulação, na medida em que aprofundaram os principais elementos consti-

tuintes (o processo de concentração e desnacionalização da economia, o perfil da especialização produtiva

e a integração internacional e o papel que o salário tem no funcionamento global da economia); b) para

evitar que os processos estruturais violem algumas das conquistas alcançadas em termos de distribuição no período da pós-convertibilidade, Schorr procura problematizar a crescente contradição entre os pro- cessos estruturais que são desenvolvidas no âmbito de determinadas políticas econômicas e o discurso político que procura explicar esse modelo econômico.

Palabras Clave: Modelo de acumulación en Argentina-concentración y extranjerización.

Presentación

Desde hace cinco años, un grupo de docentes e investigadores de la carrera de trabajo social de distintas universidades del país venimos impul- sando con gran esfuerzo, entusiasmo y convic- ción un espacio de reflexión colectiva. Se trata de un Encuentro Nacional, que una vez al año organizamos diversas cátedras que abordamos problemáticas relacionadas con los cambios en la estructura social, los problemas sociales en gene- ral y la cuestión de la pobreza en particular, con el fin de seguir pensando el modo en que estos temas se enseñan en el marco de la formación de los trabajadores sociales.

Estos encuentros interuniversitarios, se propo- nen enriquecer las propuestas de trabajo de cada cátedra a partir del intercambio y la construcción colectiva, rescatando la importancia que tiene en el funcionamiento institucional, en nuestras prác- ticas docentes y en la metodología de enseñanza, la posibilidad de revisar los contenidos, de actua- lizar las discusiones, de compartir los avances y conocimientos; y replantear las prácticas pedagó- gicas de enseñanza-aprendizaje.

En el año 2012, el V Encuentro de Cátedras, tuvo lugar en la Universidad de Buenos Aires y fue or- ganizado por la Cátedra de Problemas Sociales Ar- gentinos (Vallone). En este Encuentro particular, la

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

intención fue, por un lado, recuperar algunas pro- blemáticas relacionadas con los modos de enseñar conceptos macro-económicos, en el marco de ca- rreras que en sus planes de estudios no profundizan en estos abordajes; y por el otro, analizar, de manera colectiva, aquellos indicadores que permitan com- prender el rumbo de las tendencias actuales de la Ar- gentina en materia económica, política y social. En tal sentido, la propuesta fue tomar como eje central del Encuentro, el estudio del Modelo de Acumula- ción actual de la Argentina, con el fin de reflexionar,

en perspectiva histórica, sobre las continuidades y las rupturas que se pueden observar en relación a: los bloques de poder que lo sustentan; el nuevo patrón de desarrollo que lo motoriza y los modos en los que

se distribuyen las riquezas que genera.

A fin de ampliar nuestro universo de explicacio-

nes y buscando incorporar en el debate una mira- da interdisciplinaria, en esta oportunidad hemos contado con la presencia del especialista Martín Schorr, quien forma parte de un equipo de trabajo del área de economía y tecnología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), que en la actualidad se dedica con gran rigurosi-

Inicio de conferencia

Como punto de partida, quisiera adelantarles una de las principales conclusiones a las que hemos

arribado en diferentes investigaciones que reali- zamos en los últimos años, la cual plantea que en

la Argentina de la pos convertibilidad, existe un

cambio claro en el patrón de crecimiento, pero no hay un nuevo modelo de acumulación.

¿Por qué no hay un nuevo modelo de acumula-

ción? Básicamente existen tres elementos que

lo explican y que se relacionan con lo que, desde

nuestro punto de vista, definimos como Modelo

de Acumulación:

El primer elemento tiene que ver, precisamente, con que se ha profundizado el proceso de con- centración y extranjerización de la economía Argentina. En la década de los 90, como todos sabemos, el ciclo económico potenció un proce- so de crecimiento muy fuerte desde el punto de vista de la concentración, la centralización y la

dad, sistematicidad y coherencia teórico- empírica al análisis de los procesos económicos propios de la Argentina de los últimos años. Sus aportes han iluminado y enriquecido nuestras reflexiones y han sembrado algunas dudas donde muchos creíamos ya haber encontrado certezas. Sin embargo, lejos de incomodarnos, los nuevos interrogantes nos han permitido ampliar el propio relato y ser más rigurosos a la hora de buscar herramientas que nos posibiliten interpretar la realidad.

Estamos convencidos de que el intercambio y la reflexión colectiva resultan de suma utilidad ante el desafío que tienen las ciencias sociales de po- sicionarse a la altura de las circunstancias histó- ricas para explicar el pasado, analizar el presente y vislumbrar posibles intervenciones futuras. En tal sentido, y con ánimo de ampliar el debate, queremos abrir la conferencia brindada por Mar- tín Schorr, a toda la comunidad académica que integra esta casa de estudios.

Alenka Mereñuk Docente de la Cátedra de Problemas Sociales Ar- gentinos. Facultad de Ciencias Sociales. UBA.

extranjerización del capital. Dicho proceso, lejos de haberse revertido en los años de la posconver- tibilidad, se ha potenciado considerablemente y, ahora, veremos cómo y qué factores lo explican.

Un segundo elemento muy importante tam- bién, tiene que ver con el perfil de especiali- zación productiva. A pesar del crecimiento económico que ha experimentado la economía argentina en los últimos años, el perfil de espe- cialización (es decir, la estructura productiva y la forma en que la Argentina se inserta en el mer- cado mundial), no se modificó respecto de la dé- cada de los 90, y más ampliamente, del período de hegemonía neoliberal que se podría extender entre 1976 y 2001.

Y un tercer elemento, relacionado con lo ante- rior, refiere al rol de los salarios en la dinámica económica. Al igual que en la etapa neoliberal, la Argentina de la posconvertibilidad, logra in- sertarse en el mercado mundial a partir de gran- des empresas de capitales extranjeros y de unos

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pocos grupos económicos locales, estructurados, fundamentalmente, alrededor de producciones que tienen como condición de necesidad a los salarios bajos a escala mundial. Como planteare- mos, esto acarrea límites objetivos ostensibles a la redistribución del ingreso.

Entonces, a diferencia de la etapa anterior donde lo que predominaba era la especulación financie- ra y los servicios privatizados, la Argentina hoy crece a partir de la actividad productiva-indus- trial. Con lo cual, estamos en condiciones de re- conocer que existe un cambio en el tipo de creci- miento. Sin embargo, teniendo en cuenta las tres variables señaladas que, por lo menos desde mi perspectiva ordenan en términos económicos un modelo de acumulación, lejos de habernos pues- to en un sendero distinto, hemos recrudecido muchas de las tendencias de la década de los 90.

Por último, quisiera agregar que el análisis de es- tos tres elementos, a su vez, nos va a permitir problematizar las tensiones o contradicciones que existen entre la lectura que desde el discurso

político se construye en relación al modelo eco- nómico actual y lo que sucede objetivamente en términos estructurales.

El problema de la concentración económica: ¿Cuáles son los elementos que explican el aumento de la concentración en el período de la pos convertibilidad?

Desde nuestra perspectiva de análisis, los grandes problemas que afronta hoy la economía argentina, encuentran al proceso de concentración y extranje- rización como su principal elemento explicativo. En tal sentido, cuando se discute la dinámica inflacio- naria o se problematiza la actual restricción externa (el tan mentado “cepo cambiario”), antes que plan- tearlo en términos de puja distributiva o de escasez de divisas para financiar determinado proceso de in- dustrialización, habría que analizar con mayor dete- nimiento el funcionamiento interno del núcleo más concentrado del poder económico en la Argentina. En el gráfico 1, podemos observar la participa- ción que tienen las 200 empresas más grandes de

Gráfico Nº 1. Argentina. Presencia de las ventas de la cúpula empresaria (de las 200,
Gráfico Nº 1. Argentina. Presencia de las ventas de la cúpula empresaria (de las 200, las
100 y las 50 firmas de mayores ventas) en el valor bruto de producción nacional
(porcentajes), 1993-2010.
35,0
32,9
Primeras cincuenta
Segundas cincuenta
30,0
Segundas cien
28,2
27,1
Cúpula empresaria (las 200)
25,0
22,8
20,9
20,0
17,9
17,0
16,4
14,2
15,0
10,1
10,0
6,2
5,2
5,1
4,3
5,0
3,3
5,8
5,1
5,0
4,2
3,0
0,0
Porcentaje
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010*

* Dato provisorio (se estimó el VBP de 2010 en función de la variación del VABpp) Fuente: elaboración propia en base a información del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y de la Dirección Nacional de Cuenta Nacionales.

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

la economía, lo que nosotros llamamos “la cúpula

empresaria”, en el conjunto de la producción de la Argentina. Es decir, el gráfico permite recono-

cer cuál es el porcentaje de la producción anual de la Argentina que es acaparado por las doscien- tas empresas más grandes. Asimismo, los datos caracterizan la década de los 90 como un período de alta y creciente concentración económica, en donde las grandes empresas han ido acaparando porciones crecientes de producción e ingreso ar- gentino. Pero, a su vez, la información da cuenta que, a partir del año 2003, la concentración se ha estabilizado en un nivel superior respecto de la etapa anterior. Es por ello, que podemos reco- nocer que la participación de “la cúpula empre-

saria” en las ganancias totales de la economía, ha ido en aumento, en tanto que ha pasado del 23%

a casi el 30% desde los últimos años del período de la convertibilidad hasta la etapa actual.

Por otra parte, cabe señalar que existe una suer- te de estratificación al interior de las doscientas empresas más grandes: la segunda línea (la de triángulos) explica la evolución de las cincuenta

empresas más grandes, es decir el núcleo de la estructura concentrada de la cúpula empresaria argentina; luego la línea de cuadrados negros ex- plica el recorrido de las segundas cincuenta y la de cuadrados blanco el de las segundas cien. De esta caracterización, se puede concluir que en la actualidad el proceso de concentración claramen- te es impulsado por las cincuenta empresas más grandes, lo cual implica reconocer que lejos de haberse revertido este proceso, el mismo se ha profundizado.

Antes de continuar quisiera realizar una breve reflexión sobre este aspecto, que no sólo cobra valor desde el punto de vista académico, sino también desde el discurso político. Tal como ha sido mencionado, en la actualidad existe una creciente contradicción que marca importantes contrapuntos entre la lectura que se hace en cla- ve política de la evolución de la economía y lo que realmente sucede en términos estructurales. Si bien una de las cuestiones que más ordena el discurso político actual, señala que la Argentina estaría transitando un nuevo modelo de acumula-

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Gráfico Nº 2. Argentina. Participación de las exportaciones de la cúpula empresaria (de las 200, las 100 y las 50 firmas de mayores ventas) en las exportaciones totales del país (porcentajes), 1991-2010.

90,0 Primeras cincuenta Segundas cincuenta 78,5 80,0 Segundas cien Cúpula empresaria (las 200) 71,7 70,0
90,0
Primeras cincuenta
Segundas cincuenta
78,5
80,0
Segundas cien
Cúpula empresaria (las 200)
71,7
70,0
64,2
62,1
59,1
60,0
50,1
50,0
41,4
40,0
27,0
30,0
20,0
13,6
12,4
8,4
7,4
10,0
9,2
7,9
5,1
0,0
Porcentaje
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010

Fuente: elaboración propia en base a información del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y del INDEC.

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ción en tanto se han comenzado a revertir ciertos legados típicos de la década de los 90 (como son la desindustrialización, la concentración económi- ca y la extranjerización), en función de los datos presentados hasta aquí, habría que preguntarse por qué aumentó tanto la concentración si es que en teoría estaríamos transitando por un modelo económico que estaría desandando esos procesos.

Desde nuestra perspectiva, existen cuatro ele- mentos que explican no sólo la continuidad, sino también la profundización del proceso de con- centración que tiene la economía actual.

El primer elemento refiere a la dinámica in- flacionaria 2 . En la actualidad existe un impor- tante debate sobre las causas que explican el actual proceso inflacionario: los sectores más de derecha, es decir neoliberales, encuentran el origen en las de- mandas salariales, o en otros términos, en la puja distributiva, pero en realidad, desde nuestra concep- ción, habría que empezar a situar la causa de esta problemática dentro del comportamiento oligopó- lico de las principales empresas de nuestra econo- mía. Es decir, que dentro de las cúpula empresaria hay un elemento central que tiene que ver con la fijación oligopólica de precios, lo cual permite que esas empresas crezcan mayormente por la vía del proceso inflacionario, y, por lo tanto, acaparen por- ciones crecientes del excedente a su favor.

El segundo elemento, que está por detrás de la concentración, y este es un componente tam- bién interesante para discutir la coyuntura actual del modelo, es que en la Argentina del período de la posconvertibilidad, no se han desarrollado políticas activas y coordinadas de promoción a la industria nacional.

No resulta novedoso reconocer que la política económica por excelencia, a partir del año 2003, fue el tipo de cambio alto. Es decir, que la apues- ta de fondo fue sostener un tipo de cambio alto, comparado con el período de la convertibilidad,

con el fin de fomentar la expansión de la industria nacional. Sin embargo, desde el punto de vista productivo, prácticamente no existieron políticas activas y, las pocas que hubieron, tuvieron dos sesgos importantes de analizar: a)-Por un lado, se implementaron pocas medidas de fomento a la producción, las cuales tendieron a concentrarse, vía transferencia de ingresos, en las grandes em- presas. De ello da cuenta el régimen automotriz, la promoción del enclave ensamblador en Tierra del Fuego, el fomento a enclaves provinciales vinculadas a la extracción y explotación minera, la política hacia el sector hidrocarburífero-pe- trolero, hasta la reciente expropiación de YPF, por nombrar algunos ejemplos; b)- Por el otro, dentro de las políticas de fomento al desarrollo productivo regional y la denominada política de promoción a las PYMES, a partir de un lar- go trabajo que realizamos 3 , pudimos recono- cer que, desde el punto de vista productivo, los beneficios se concentran mayoritariamente en las empresas medianas o grandes de la región de la pampa húmeda. ¿Qué quiere decir esto?, ¿Quiere decir que las PYMES o los micro-pe- queños productores del NOA, del NEA o de todas las provincias en general, carecen de un proyecto desde el punto de vista del desarrollo productivo? Para nada. Lo que se puede obser- var, a partir del análisis realizado, es que hay un problema entre lo que los programas propo- nen y la realidad de los productores. Es decir, que los instrumentos que, en el discurso, apun- tan a fomentar determinado tipo de produc- ción en una región particular, no dan cuenta de la realidad estructural de esos productores. Con lo cual, el problema no radica en la falta de proyectos de los micro y pequeños produc- tores de regiones de menor envergadura desde el punto de vista productivo (como es el caso de las provincias que componen la región del NOA y del NEA, por ejemplo), sino que la dificultad se encuentra en los propios instru- mentos, los cuales en sus requisitos terminan siendo tan duros y exigentes que dejan afuera

2. Junto a Pablo Manzanelli acabamos de finalizar un trabajo en el cual se analiza cómo el proceso inflacionario argentino del periodo de posconvertibilidad encuentra su principal

factor explicativo en el funcionamiento de las empresas más concentradas de la Argentina. Ver “Oligopolio e inflación. Una aproximación al proceso de formación de precios en la industria argentina en la posconvertibilidad” (de próxima publicación por la revista Realidad Económica).

3. Ver “Políticas de promoción económica en el norte argentino”, en Gorenstein, S. (org.): ¿Crecimiento o desarrollo? El ciclo reciente en el norte argentino, Miño y Dávila, 2012. En este

trabajo hemos analizado como se distribuyen los fondos del gobierno nacional para promover el desarrollo productivo, según provincias, regiones y tipos de empresa.

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

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REcUADRo 1

Argentina.

Evolución

de

los

precios

mayoristas

del

sector industrial según rama de actividad (variación porcentual), 2001-2010.

 

Variación

porcentual

2001-2010

Máquinas y aparatos eléctricos

 

509,3

Productos metálicos básicos

 

491,7

Productos metálicos (excl. máquinas y equipos)

 

417,8

Madera y prod. de madera (excl. muebles)

 

388,2

Papel y productos de papel

 

358,3

Máquinas y equipos

 

308,2

Productos de caucho y plástico

 

301,5

Productos refinados del petróleo

 

298,2

Productos de minerales no metálicos

 

291,5

Productos textiles

 

290,2

Sustancias y productos químicos

 

290,1

Vehículos automotores, carrocerías y repuestos

 

290,1

Productos manufacturados

 

284,5

Muebles y otros productos industriales

 

276,5

Alimentos y bebidas

 

248,2

Tabaco

230,8

Otros productos manufacturados

 

211,3

Equipos para medicina e instrumentos de medición

191,6

Prendas de materiales textiles

 

180,9

Impresiones y reprod. de grabaciones

 

150,1

Cuero, artículos de marroq. y calzado

 

123,3

Otros medios de transporte

 

121,5

Equipos y aparatos de radio y televisión

   

96,4

Fabricación de maquinaria de oficina

   

78,0

Fuente: elaboración propia en base a información del INDEC.

 
propia en base a información del INDEC.   te por la vía de la evolución de

te por la vía de la evolución de los precios. En el siguiente gráfico se puede observar que a fines del período de la convertibilidad, año 2001, la parti- cipación de las quinientas empresas más grandes en las ganancias totales de la economía argentina, era del 12%. Para el año 2010, dicho porcentaje alcanza el 21%, lo cual estaría indicando que el proceso de concentración a favor de las grandes empresas no sólo continúa sino que se intensifica. A su vez, y lo que resulta aún más novedoso, es ubicar su principal causa (y consecuencia), en la problemática inflacionaria de la argentina. Es por ello que no resulta casual que el crecimiento del

La concentración como causa y efecto de la inflación

El siguiente cuadro, permite observar la inflación que tuvo la Argentina durante el período 2001- 2010. En el ámbito industrial, se puede recono- cer que los precios, en promedio, crecieron un 300% aproximadamente, entre el fin de la con- vertibilidad y el año 2010 (ver Productos Manu- facturados). Por encima de dicho promedio, se encuentran los sectores cuyos precios crecen a niveles superiores, lo cual, desde el punto de vis- ta socioeconómico, son sectores a los que el cre- cimiento de la economía, les permite captar exce- dentes por la vía de la fijación de precios. Por su parte, los que están por debajo, son sectores que aumentaron los precios pero en valores inferiores al promedio general, o sea que desde el punto de vista de la dinámica que asume la distribución de ingresos son “los perdedores”. Es decir que los que van por arriba del promedio general son los que “captan excedentes” y los que van por deba- jo, son los que crecen pero “ceden excedentes”.

Analizando la composición interna de ambos gru- pos, y a fin de relacio- nar los procesos con los sectores “reales” de la economía, cabe men- cionar que dentro de las empresas de alta concentración se pue- de ubicar la metálica básica (acero y alumi- nio), la producción de papel, la producción de caucho asociada a la in- dustrial del neumático, la refinación de petró- leo, la producción de productos químicos del sector automotriz, por poner algunos ejemplos centrales. Por su par- te, los sectores que se encuentran por debajo del promedio, están mayoritariamente ligados a la pequeña y mediana industria, tales como la in- dustria del mueble, aquella vinculada a equipa- mientos para medicina, la industria de indumen- taria y del calzado, entre otros.

Si bien, estos datos permiten vislumbrar la estre- cha correlación que existe entre concentración e inflación, es necesario aportar nuevos elementos que expliquen el proceso de concentración de la economía argentina y analizar el lugar que en di- cho proceso ha tenido la apropiación de exceden-

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Año 3 - Nro. 5 - Revista “Debate Público. Reflexión de Trabajo Social” - Artículos centrales

proceso de concentración que se produce a partir del año 2008, coincida con la escalada inflaciona- ria que caracteriza la economía del país durante ese período.

Por último, conviene señalar, que el proceso infla- cionario aparece como la respuesta que da el po- der económico, desde el punto de vista de la puja

distributiva, contra un gobierno que desde el 2008 a la fecha ha hecho un esfuerzo muy grande por llevar a cabo una política distributiva. Con lo cual, y de manera paradójica, estas políticas distributivas, lejos de disminuir la brecha social entre sectores, han profundizado, vía la fijación oligopólica de pre- cios, la participación de las grandes empresas en los beneficios globales de la economía Argentina.

a la mayoría de los pequeños productores. Por lo tanto, y en los hechos, esos recursos tam- bién se concentran alrededor de las empresas más grandes de las zonas históricamente más importantes desde el punto de vista del poder económico. El tercer elemento, que también resulta decisivo para explicar el aumento de la concentración, y

que está en relación directa con el punto anterior, tiene que ver con que no se ha modificado el per- fil de especialización productiva en la Argentina. Si bien la actividad económica, ha crecido en su conjunto durante el período de la posconverti- bilidad, las ramas que mayormente lo han hecho son las que históricamente no han dejado de cre- cer en Argentina, ellas son: la minería, el sector

Gráfico Nº 3. Argentina. Evolución del saldo comercial de la cúpula empresaria*, del total del país y del resto de la economía** en dólares corrientes, 2001-2009. (millones de dólares corrientes)

Cúpula empresaria Total del país Resto de la economía 35.000 25.000 15.000 5.000 -5.000 -15.000
Cúpula empresaria
Total del país
Resto de la economía
35.000
25.000
15.000
5.000
-5.000
-15.000
-25.000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
Millones de dólares
10.712
6.223
-4.488
14.915
16.661
1.746
17.784
16.088
1.696-
16.545
12.130
-4.415
18.904
11.700
-7.204
20.698
12.393
-8.306
22.184
11.273
-10.911
33.870
12.557
-21.314
27.043
16.888
-10.154

*. Se trata de las 200 empresas de mayor facturación del país (excluye a las grandes firmas agropecuarias y financieras).

**. Surge de la diferencia entre el saldo comercial del total del país y el de la cúpula empresaria.

Fuente: elaboración propia en base a información del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y del INDEC.

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

hidrocarburífero, el agropecuario, aquellas indus- trias vinculadas al procesamiento de materia pri- ma o de recursos naturales y el sector automotor de armaduría. Además, cabe señalar que en todos estos sectores el control de la producción corres- ponde a un puñado de grandes empresas. Es por ello que la ausencia de una política de promoción mas integral, desde el punto de vista de la diná- mica del sector industrial, permitió que crecieran fundamentalmente las ramas productivas donde las grandes empresas tiene un rol protagónico, lo cual, como consecuencia, se ha convertido en un aliciente del proceso de concentración y permite dar cuenta de la ausencia de cambio estructural en el perfil de especialización productivo-industrial. El cuarto y último punto que permite explicar el proceso de concentración, refiere al peso que

tienen las grandes empresas en el modo en que se inserta la Argentina en el mercado mundial. En el gráfico 2, se puede observar el aumento que tuvo la cúpula empresaria, en la actividad ex- portadora del país: en el año 1991, las doscien- tas empresas más grandes, explicaban el 50% de las exportaciones; en el año 2001 el 64% y en la actualidad dicho porcentaje asciende a alrededor del 72%.

Asimismo, a estos datos, es preciso sumarle un elemento importante relacionado con el saldo comercial. Es de público conocimiento que del 2002 a la fecha la Argentina ha tenido una balanza comercial superavitaria, es decir que la diferencia entre lo que importa y exporta el país, desde hace una década, asume un saldo positivo. El gráfico

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Gráfico Nº 4. Argentina. Relación entre las ventas de las compañías extranjeras que integran la cúpula empre- saria* y el valor bruto de producción (VBP) total del país en precios corrientes, 1993-2009 (cantidad absoluta y porcentaje)

% de las ventas de las firmas extranjeras de la cúpula en el VBP total
% de las ventas de las firmas extranjeras de la cúpula en el VBP total del país
Cantidad de firmas extranjeras que integran la cúpula (eje der.)
20,0
140
18,4
19,3
18,0
117
16,4
116
120
16,0
107
98
100
14,0
92
14,4
12,0
13,3 12,5
80
10,0
8,8
60
8,0
50
6,3
6,0
40
3,7
4,0
20
2,0
0,0
0
Convertibilidad
Posconvertibilidad
Porcentaje
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
Cantidad de empresas extranjeras

*. Se trata de las 200 empresas de mayor facturación del país (excluye a las grandes firmas agropecuarias y financieras).

Fuente: elaboración propia en base a información del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y del INDEC.

3, corrobora esta afirmación, en tanto se puede observar un superávit comercial sistemático (ba- rras de color negro), que ha sido y es llamado a ser uno de los pilares del modelo económico actual. Sin embargo, y buscando iluminar algunas zonas oscuras que esconden estos datos, conviene prestar atención al superávit comercial que han tenido a lo largo de este período, las empresas de mayor peso económico de la Argentina, para luego, ponerlo en relación con los saldos deficitarios que ha tenido el resto de la economía. En conclusión, una vez más lo que se observa es una tendencia a la concentra- ción, en donde la cúpula no sólo ha aumentado su poder económico, sino también, su poder de veto desde el punto de vista político, en tanto son los poseedores de las divisas que necesita la economía Argentina para su funcionamiento.

El Problema de extranjerización de la economía: ¿Qué elementos permiten comprender este proce- so y cuáles son sus consecuencias en el funcionamiento global de la economía?

Tal como fue mencionado en el comienzo, junto al problema de la concentración, es preciso ubi- car al proceso de extranjerización como uno de los principales límites estructurales que pre- senta el modelo actual. En tal sentido, y como punto de partida, conviene señalar que desde el momento de pleno apogeo del neoliberalismo y hasta la actualidad, la cantidad de empresas de la cúpula que han pasado a manos del capital ex- tranjero se han incrementado en más del doble.

REcUADRo 2 La concentración y las decisiones políticas Es importante reconocer que las consecuencias que
REcUADRo 2
La concentración y las decisiones políticas
Es importante reconocer que las consecuencias
que tiene el proceso de concentración no son sólo
económicas, sino también políticas. En tal sen-
tido, el problema no puede ser explicado única-
mente a partir de la dinámica inflacionaria o en
el marco de la ausencia de políticas de promoción
industrial, sino también es necesario incorporar al
análisis la centralidad estructural que tienen las
doscientas empresas más grandes en el funciona-
miento global de la economía del país.
Bajo este supuesto, en una economía tan dual,
como es el caso de la Argentina, donde doscientas
empresas explican las divisas que ingresan al país
(por la vía del intercambio comercial) y el resto
de la economía las absorbe, no queda duda algu-
na del rol protagónico que la cúpula empresarial
tiene en la dinámica económica del país. Además,
si se desagregan estas doscientas empresas de
mayor peso económico, se puede reconocer que
el 95% del superávit comercial de la totalidad de
la cúpula, corresponde a las primeras cincuenta
empresas. Con lo cual, esto demuestra que existe
una “concentración dentro de la concentración”,
y, por ende, que las primeras cincuenta empresas
son las que tienen mayor centralidad y poder de
veto político en la etapa de la posconvertibilidad.
Argentina. Evolución del saldo comercial de la cúpula empresaria (de las primeras 50, segundas 50 y
segundas 100), del total del país y del resto de la economía (millones de dólares corrientes), 2001-
2010.
Cúpula
Resto de la
economía
(1) - (2)
Total país (1)
empresaria (2)
Primeras 50
Segundas 50
Segundas 100
2001
6.223
10.712
7.880
2.141
691
-4.488
2002
16.661
14.915
12.024
1.678
1.213
1.746
2003
16.088
17.784
15.675
1.092
1.017
-1.696
2004
12.130
16.546
14.232
1.814
501
-4.416
2005
11.700
18.983
16.935
1.588
459
-7.283
2006
12.393
20.703
17.317
3.372
14
-8.310
2007
11.273
22.296
21.123
3.081
-1.909
-11.023
2008
12.557
33.779
27.714
5.019
1.047
-21.222
2009
16.886
27.111
22.500
2.991
1.619
-10.225
2010
11.632
31.734
29.458
811
1.465
-20.102
Fuente: elaboración propia en base a información del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y del INDEC.

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

Si se observa el gráfico 4, en el año 1993, cin- cuenta de las doscientas empresas más grandes de la Argentina eran extranjeras, en el 2001 ese número asciende a noventa y ocho y en la etapa de la posconvertibilidad, la participación extran- jera en la cúpula empresarial se ubica en el orden de las ciento veinte empresas.

Planteado en estos términos, y en la búsqueda de comprender las causas que explican este proceso de extranjerización, desde nuestro punto vista, podemos reconocer cuatro aspectos centrales:

El primero, refiere al perfil de especialización productiva que asume el capital extranjero en el período de la posconvertibilidad. Ante la ausencia de una política industrial y, en especial ante la falta de acciones que regulen el funciona- miento del capital externo, las empresas que pa- san a manos extranjeras logran consolidarse prin- cipalmente alrededor de las pocas producciones vinculadas a procesamientos de materia prima y recursos naturales, las cuales se relacionan con el modo en que la Argentina se inserta en el mer- cado mundial. Y también en torno de algunos ámbitos específicos privilegiados por las políticas públicas (como el armaduría automotriz).

Lo interesante de este proceso, es que, y a dife- rencia de otras etapa económicas de la argentina, como pudo haber sido la segunda sustitución de importaciones de los años 50-60, donde el capital extranjero logra “cambiarle la cara” a la estructu- ra industrial del país, en la actualidad, a medida que aumenta la extranjerización de la economía, se profundiza un tipo de especialización produc- tiva que consolida la ausencia de un cambio es- tructural.

El segundo punto, hace referencia a lo que no- sotros damos en llamar “sustitución inversa”. Esto implica que una parte importante de la in- versión del capital extranjero, lejos de permitir un proceso de reindustrialización nacional, vincula- do, por ejemplo, al desarrollo de una pequeña y mediana industria local proveedora de insumos, favorece el incremento de las importaciones. Con lo cual, en la medida que el capital externo favorece el ingreso de insumos elaborados fue-

ra del país, no sólo consolida un tipo de perfil

productivo, sino también genera una dinámica asociada a la demanda de divisas que refuerza la idea de “poder de veto político” de las grandes empresas en el funcionamiento de la economía

Argentina.

El tercer aspecto, relacionado con los dos pun- tos ya mencionados, busca problematizar la forma particular que asume el proceso de extranjerización en el país. Desde el punto de vista teórico, dicho proceso se denomina “cen- tralización del capital”, el cual se define como la relación entre las distintas fracciones del capital, o en otros términos, el modo en que un capitalis-

ta absorbe a otro. En este punto, podemos reco-

nocer una línea de continuidad entre la etapa de la convertibilidad y el momento actual, ya que la extranjerización, al igual que en la década de los 90, se va dar por la vía de la compra de empresas nacionales. Ello implica reconocer que el capital extranjero no realiza una inversión genuina en el país, sino que lo hace mediante la adquisición de las empresas más ligadas al procesamiento de los recursos naturales.

A su vez, esta operatoria del capital extranjero,

trae grandes consecuencias en lo que hace a la dinámica del mercado laboral, en la composición

del salario y, por ende, en materia distributiva. En primer lugar, conviene señalar que al ser un tipo de industria mayoritariamente capital-intensiva, sus empresas son poco generadoras de puestos

de trabajo. Asimismo, en la medida en que el ca-

pital extranjero mira al mercado mundial por la

vía exportadora, encuentra a los salarios bajos como una condición de posibilidad para aumen-

tar sus ganancias. En tal sentido, y a diferencia de

lo que ocurría en la década del 60 donde los sala-

rios tenían un límite a la baja porque el consumo de los asalariados garantizaba, en una economía cerrada, el crecimiento de la economía, en la ac- tualidad, la rentabilidad se va dar por el superávit externo y la caída salarial.

Si llevamos estas reflexiones al plano de “la rea-

lidad”, podemos observar en el cuadro 1 las principales empresas de la economía Argentina que del año 2002 a la actualidad, pasaron a ma-

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Año 3 - Nro. 5 - Revista “Debate Público. Reflexión de Trabajo Social” - Artículos centrales

Cuadro Nº 1. Argentina. Principales cambios en las formas de propiedad del capital* de las firmas que integran la cúpula empresaria. Período 2001-2010.

Año del

   

cambio*

Nombre de la empresa

Empresa adquierente

2002

CERVECERÍA QUILMES

AMBEV (BRASIL)

2002

LA PLATA CEREAL

BUNGE LIMITED (EEUU)

2002

MASTELLONE HNOS.

MASTELLONE HNOS. (ARGENTINA)

2002

OLEAGINOSA MORENO

GLENCORE (SUIZA)

2002

OLEAGINOSA OESTE

GLENCORE (SUIZA)

2002

PEÑAFLOR

DLJ (FONDO DE INVERSIÓN)

2003

CORREO ARGENTINO

ESTADO NACIONAL

2003

DESTILERÍA ARG. DE PETRÓLEO

SOCIEDAD COMERCIAL DEL PLATA (ARGENTINA)

2003

PECOM AGRA

MOLINOS RÍO DE LA PLATA (ARGENTINA)

2003

PECOM ENERGÍA (PEREZ COMPANC)

PETROBRAS (BRASIL)

2003

OCA S.A.

FONDO FIDUCIARIO

2003

TRIGAGLIA

CARGILL (EEUU)

2004

MOLFINO HERMANOS

SAPUTO INC. (CANADÁ)

2004

TELECOM ARGENTINA

GRUPO WERTHEIN (ARGENTINA)

2004

TELECOM PERSONAL

GRUPO WERTHEIN (ARGENTINA)

2005

ACINDAR

GERDAU (BRASIL) y, luego, ARCELOR-MITTAL (BELGA-HINDÚ)

2005

LOMA NEGRA

CAMARGO CORREA (BRASIL)

2005

PBB POLISUR

DOW QUIMICA (EEUU)

2005

PETROKEN

BASELL IBÉRICAS POLIOLEFINAS (HOLANDA)

2006

ALPARGATAS

CAMARGO CORREA (BRASIL)

2006

AYSA (EX AGUAS ARGENTINAS)

ESTADO NACIONAL

2006

BAGLEY

ARCOR (ARGENTINA) Y DANONE (FRANCIA)

2006

FINEXCOR

CARGILL (EEUU)

2006

QUICKFOOD

MARFRIG (BRASIL)

2007

CLARO (EX CTI)

CARLOS SLIM (MÉXICO)

2008

QUÍMICA ESTRELLA

MOLINOS RÍO DE LA PLATA (ARGENTINA)

2008

YPF

ADQUIERE ACCIONES EL GRUPO PETERSEN (ARGENTINA)

2009

AEROLÍNEAS ARGENTINAS

ESTADO NACIONAL

2010

PEÑAFLOR

BERMBERG INVERSORA (ARGENTINA)

2010

PETRO ANDINA RESOURCES

PLUSPETROL (ARGENTINA)

* Se trata del año en el que se computa el cambio en la forma de propiedad en la base de datos de las 200 firmas de mayor facturación anual que elabora el Área de Economía y Tecnología de la FLACSO. Cabe aclarar que el año efectivo de la operación puede haberse registrado un año antes, siempre y cuando haya sido concretado en el segundo semestre del mismo, o con mayor anterioridad aun, siempre y cuando esa firma no haya alcanzado, en ese lapso tempo- ral, a posicionarse dentro de las 200 empresas de mayores ventas del país.

nos de capitales extranjeros. Por poner algunos ejemplos: Pecom ENERGIA (rama energética del grupo Pérez Companc), Quilmes (emblema del oligopolio cervecero en Argentina), Acindar (sector siderúrgico), Loma Negra (sector cemen- to) y gran parte de la industria frigorífica, durante la posconvertibilidad se desnacionalizaron al ser adquirida por diversas firmas de origen brasile- ro. Entonces, los datos confirman que la forma que asume la extranjerización es por la vía de la compra de empresas y no mediante un proceso de inversión que modernice la estructura produc- tiva de la Argentina. Asimismo, la información permite reconocer que gran parte del proceso de extranjerización se encuentra ligado a un conjun-

to de firmas brasileras, lo cual abre nuevos inte- rrogantes respecto de cuánto y de qué manera este tipo de Mercosur se vuelve un elemento ne- cesario para cambiarle la cara a la especialización productiva y al poder económico de la Argentina.

El cuarto y último elemento que caracteriza al proceso de extranjerización, refiere a la rela- ción entre tasa de ganancia e inversión de la cúpula empresa. En este punto, la intención es brindar algunas herramientas que permitan, por un lado, comprender el destino de las ganancias extraordinarias que durante los últimos años han tenidos las empresas que se encuentran bajo control del capital extranjero; y por el otro, y en

Porcentaje

SchoRR : Nuevo Patrón sobre un viejo Modelo: el problema de la concentración y la extranjerización en la economía

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Gráfico Nº 5. Argentina. Participación de la utilidades y de la inversión bruta fija en el valor agregado de las empresas extranjeras* que integran el panel de las 500 firmas de mayor tamaño del país, 1993-2009. (porcentaje)

firmas de mayor tamaño del país, 1993-2009. (porcentaje) % utilidades en el valor agregado % de

% utilidades en el valor agregado

1993-2009. (porcentaje) % utilidades en el valor agregado % de la inversión en el valor agregado

% de la inversión en el valor agregado

45,0 39,7 38,8 40,0 35,5 34,3 37,2 35,0 32,1 32,0 31,5 32,4 30,0 28,1 27,3
45,0
39,7
38,8
40,0
35,5
34,3
37,2
35,0
32,1 32,0
31,5
32,4
30,0
28,1
27,3
30,7
26,8
26,3
26,3
24,5
25,0
22,8
24,3
24,3
22,5
19,6
19,2
20,0
21,6
17,7
20,4
16,9
19,9
16,0
Util./valor agregado:
19,3
Prom.93-01: 19,7%
13,9
15,0
16,7
17,1
Prom.03-09: 34,3%
14,6
IBF/valor agregado:
Prom.93-01: 29,0%
13,5
10,0
Prom.03-09: 17,5%
5,0
0,0
2008
2007
2009

* Se trata de las empresas de la cúpula con participación accionaria de capitales extranjeros superior al

50%.

Fuente: elaboración propia en base a tabulados especiales de la Encuesta Nacional a Grandes Empresas, INDEC.

articulación con lo anterior, problematizar la ac- tual restricción externa o el denominado “cepo cambiario”. En cualquier manual de economía se plantea que bajo el capitalismo lo que se espera es que ante un aumento de la ganancia, se pro- duzca un incremento de la inversión. Sin embar- go, esto que postula el marco teórico, en el caso Argentino, no concuerda con lo que ocurre en el plano de la realidad. En el gráfico 5, se puede observar la trayectoria de la tasa de inversión (lí- nea punteada) y la de la tasa de ganancias (línea negra). De esta información, se desprende, en primer lugar, que a partir del año 2001, la tasa de

ganancia del capital oligopólico, crece de manera extraordinaria, en especial comparado con la eta- pa del neoliberalismo. Sin embargo, como puede observarse, el movimiento de la tasa de inversión ha ido en dirección opuesta. La gran incógnita que se desprende de estas trayectorias inversas apunta a analizar cuál ha sido el destino de las ga- nancias, en tanto las empresas de mayor tamaño, han reinvertido muy poco de esos a fondos en el funcionamiento de la economía argentina. Des- de nuestra perspectiva, encontramos una posible respuesta en el aumento que ha tenido el capital extranjero durante los últimos años en concepto

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Año 3 - Nro. 5 - Revista “Debate Público. Reflexión de Trabajo Social” - Artículos centrales

Gráfico Nº 6. Argentina. Remisión de utilidades y dividendos al exterior en millones de dólares y como porcentaje del saldo de la balanza comercial, 2003-2010

Fuente: elaboración propia en base a Mecon.
Fuente: elaboración propia en base a Mecon.

de remisión de utilidades. En año 2003, el 4% del superávit comercial, o sea, 4 de cada 100 dó- lares que la Argentina ganaba en el intercambio comercial, las empresas bajo dominio del capital extranjero lo giraban a sus casas matrices. En el año 2010, ese porcentaje se eleva alcanzando el 52%. Por lo tanto, la caída en la tasa de inversión, en gran medida, encuentra su explicación en la salida de divisas al exterior, ya sea por la vía de remisión de utilidades o por lo fuga de capitales que lleva a cabo el capital extranjero más concen- trado (proceso que se ve agravado por la tradicio- nal “vocación a la fuga” del capital concentrado nacional).

Asimismo, el otro elemento explicativo refiere a la falta de incentivos para la reinversión, en tanto que el capital extranjero, obtiene sus ganancias por la vía del proceso inflacionario. Contraria- mente a lo que es de esperar en una economía en la cual las empresas líderes invierten poco y nada, en lugar de perder participación en la distribu- ción del ingreso, aumentan y concentran el capi- tal, a partir del proceso de inflacionario que las ha tenido como protagonistas centrales. Cómo

se puede observar, en economía, “todo tiene que ver con todo”.

Reflexiones finales

A modo de cierre, quisiera recuperar algunas

cuestiones relacionadas con lo que acabamos de

analizar.