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IÑAKI RODRÍGUEZ LORDNEO27@YAHOO.ES EL PAPEL DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LA RESTAURACIÓN DE LA DIGNIDAD
IÑAKI RODRÍGUEZ
LORDNEO27@YAHOO.ES
EL PAPEL DE LA IGLESIA CATÓLICA EN LA
RESTAURACIÓN DE LA DIGNIDAD FEMENINA.

Ensayo realizado en el marco de AACCM

Introducción

Se me ha solicitado que sustente adecuadamente la afirmación siguiente: "No se tiene en

cuenta lo que la Iglesia católica significó para la equiparación de la dignidad femenina con la

masculina”, tratándose pues, de sustentar el papel de la Iglesia católica en dicho proceso.

Antes de nada, voy a utilizar fuentes accesibles a todo el mundo cuando me sea posible (preferentemente de internet) para que no se me acuse de manipulador o poco riguroso. Existen muchas actas de conferencias y libros en bibliotecas especializadas, pero requiere un esfuerzo muy superior para compilar toda la información al que estoy dispuesto a hacer, pues de momento no pretendo ser demasiado exhaustivo. Al final ofreceré bibliografía más especializada para quién deseé ahondar en el tema.

La mujer antes de la Iglesia católica

En líneas generales puede decirse que la mujer en la antigüedad antes del nacimiento de Cristo era un sujeto de derecho menor que un hombre de la misma condición, con notables excepciones (véase el caso Egipcio) oscilaba entre la esclavitud al marido o al padre y una semi-dependencia jurídica de alguno de los dos.

La sociedad más importante de la época era la grecorromana, que abarcaba toda la cuenca mediterránea y parte de Asia occidental, dejaremos de lado otras culturas anteriores o más distantes, por carecer de tanta importancia e influencia. Empecemos por el mundo Heleno.

De la época homérica se puede sacar información de las propias obras del poeta, aunque con ciertas precauciones. Se ve a las mujeres realizar principalmente tres funciones diferenciadas: esposas, amas de casa y sirvientas o concubinas. "Las mujeres, cualquiera que

sea su estatus, permanecen ante todo sometidas a los hombres, sean los maridos o, como en el caso de Penélope, su hijo Telémaco" 1 .

Hasta las mujeres de la realeza realizaban las tareas "reservadas" a las mujeres, tales como tejer, lavar la ropa o bañar en aceite a los hombres 2 .

Más adelante, durante el período clásico encontramos, por ejemplo, que las expediciones de colonización estaban compuestas tan sólo por hombres, y que contaban con el matrimonio por rapto para poblar las nuevas tierras 3 .

En la legislación privada de Gortina podemos ver cómo no se distingue entre una violación o relaciones sexuales consentidas, o cómo la mujer no podía administrar sus propios bienes (Ya era un triunfo que pudiese tener posesiones) 4 .

19:40).

3 Heródoto, Historia, I, 146.

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Destaca el caso de Atenas, que aunque no se sabe a ciencia cierta si se puede ampliar a todo el mundo griego sí que puede representar, junto con la concepción espartana, uno de los dos ejemplos representativos: La mujer, básicamente, no tenía más que una

" Del

cual podían divorciarse, pero al que debían estricta fidelidad, so pena de ser devueltas al padre (y al contrario que su marido, que podía recurrir a los favores sexuales de una mujer pobre o una esclava) 5 . Por lo demás ni siquiera en su propio hogar tenían libertad:

función, servir a los hombres. "Su existencia no tiene sentido más que para el matrimonio

"Eran confinadas en el gineceo, literalmente la «habitación de las mujeres», rodeadas de sus sirvientes. No se arriesgaban fuera del dominio familiar más que para cumplir funciones religiosas" 6 .

En el otro extremo tenemos la igualitaria sociedad espartana (igualitaria siempre que no fueses del 90% de la población no considerada "ciudadana"), en la cual su principal

Es

necesario destacar que esta situación venía propiciada por la inexistencia de la familia en la sociedad, siendo todas las relaciones interpersonales dirigidas y controladas por el estado.

función, no obstante, era "

la

reproducción

de

soldados

vigorosos

disciplinados" 7 .

y

En la época helenística la mujer adquiere mayor preponderancia en la vida privada y pública, aunque sin dejar de estar sometida al hombre, lo que nos lleva ya a la época romana, dónde podemos ver, pese a la mejora habida, que la mujer seguía sometida al marido, y que salvo contadas excepciones su vida pública era nula (El páter familias tenía pleno derecho de vida con sus hijos y su esposa, a quienes se consideraba como propiedad suya 8 ), podemos ver cómo siempre estaban ligadas al padre, al marido o llegado el caso a sus propios hijos varones.

Por último la sociedad hebrea (el contexto donde nacerían Jesucristo y los apóstoles) presentaba una clara jerarquización, donde el varón tomaba el papel preeminente, tanto en la sociedad como en la casa. Podemos ver cómo las leyes anteriores al cautiverio de Babilonia 9 son muy estrictas y discriminatorias, para ir suavizándose conforme pasaba el tiempo (pasando de una sociedad claramente semita a hacerse notar la influencia egipcia y helena) 10 *. Sin embargo no hay que olvidar que aun tras la Resurrección de Nuestro Señor los judíos seguían considerando a la mujer como un sujeto inferior: "Se

obliga decir la oración siguiente a todo judío cada día: Gracias Dios por no haberme hecho un gentil, una mujer o un esclavo" 11 .

La mujer frente a Jesús: el nacimiento de la Iglesia

Jesús rompe con todos los esquemas sociales de su época sin siquiera incumplir una sola ley, puesto que Él es la perfección de toda ley o norma anterior 12 .

9 La Biblia, Pentateuco. 10 Esa evolución puede observarse confrontando las leyes primeras del Pentateuco con la narrativa posterior, donde podemos ver desde mujeres heroínas (Judith de Betulia, Jahel, Sifra, Pua, Rahab ), jueces (Déborah) y hasta reinas libertadoras (Esther de Persia).

11 Menahoth, 43b - 44a.

12 La Biblia, Mt 5:17.

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Se presenta a sí mismo cómo la puerta de entrada al Reino de los cielos 13 , y aunque tan sólo elije a apóstoles varones 14 son muchas las mujeres que les siguen en calidad de discípulas 15 . Una mujer es la primera en recibir la noticia de su llegada 16 , y otras las primeras en presenciar su resurrección 17 .

Observamos cómo Jesús premia la fe y el amor de las mujeres que acuden a él 18 , no tiene problemas en ser acogido por mujeres 19 y las perdona cuando están arrepentidas 20 .

El mensaje de Jesús es universal, es tanto para hombres como para mujeres, para judíos y gentiles, pecadores y a justos, nadie está excluido siempre que esté dispuesto a creer en Él 21 y a cargar con su cruz 22 .

La transmisión de ese mensaje se lleva a cabo mediante la prédica oral de los apóstoles, y tan sólo a posteriori es puesta por escrito 23 . La integridad del mensaje lo garantiza el propio Dios a través del Espíritu Santo y a través de la infalibilidad de la Iglesia 24 . No cabe, por tanto, una corrupción del mensaje de Cristo, al menos en el seno de la Iglesia de Dios 25 *.

Tenemos, pues, que la Iglesia es la que guarda y propaga el mensaje de Cristo, el cual habla, entre otras cosas, de la dignidad y el trato merecido por las mujeres.

La Iglesia y su concepción de la mujer

Entramos ahora en lo que la Iglesia ha entendido desde el principio en lo referente al trato debido y la dignidad de las mujeres, lo cual se va a exponer a continuación.

"Dios creó al hombre, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó" 26 . Existe, pues, una clara

diferenciación entre la creación y el hombre el cual está puesto para gobernar el mundo 27 . Así mismo se ve como el hombre (Homo, ser humano) está compuesto indistintamente de hombre y mujer, por lo tanto iguales en dignidad y ambos hechos a imagen de Dios, como podemos ver en el siguiente punto del catecismo:

"Creados a la vez, el hombre y la mujer son queridos por Dios el uno para el otro. La Palabra de Dios nos lo hace entender mediante diversos acentos del texto sagrado. "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada" (Gn 2,18). Ninguno de los animales es "ayuda adecuada" para el

13 Op. cit, Jn 14:6.

14 Op. cit, Mt 10:1-4; Mc 3:16-19; Lc 6:13-16.

15 Op. cit, Mt 27:55; Mc 15:41; Lc 8:2-3.

16 Op. cit, Mt 1:18-25; Lc 1:26-38.

17 Op. cit, Jn 20:11-18; Mt 28:9-10.

18 Op. cit, Mt 9:18-26; Mc 1:29-39; Lc 7:11-17; Mc 7:24-30; Lc 13:18-22.

19 Op. cit, Lc 10:38-42.

20 Op. cit, Jn 8:1-11; Lc 7:36-50; Jn 4:7-42.

21 Op. cit, Jn 11:25-26.

22 Op. cit, Lc 9:23.

25 De otro modo Dios nos habría dado su mensaje de salvación, pero al perderse o corromperse éste sería inútil y contrario a la perfección de la actuación divina.

26 La Biblia, Gn 1:27.

27 Op. cit, Gn 1:28.

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hombre (Gn 2,1920). La mujer, que Dios "forma" de la costilla del hombre y presenta a éste, despierta en él un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: "Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2,23). El hombre descubre en la mujer como un otro "yo", de la misma humanidad" 28 .

Efectivamente, se puede observar cómo la interpretación magisterial de este pasaje nos enseña cómo el hombre y la mujer forman parte de una misma sustancia y esencia, una ayuda 29 * y un apoyo mutuo a su labor de enseñorear la Tierra 30 .

El ser humano es complementario entre sí, es decir, el hombre es apoyo y complemento perfecto de la mujer y viceversa. Son, por tanto, complementarios en cuanto a masculino y femenino (esto es, diferentes en su hechura y proyección) e iguales en cuanto seres humanos 31 (en su dignidad inalienable de creaturas, queridas por Dios 32 ),

lo que se ha venido llamando la "igualdad esencial y diferenciación funcional".

Es importante remarcar que el hombre no está incompleto sin la mujer (y viceversa) 33 , pero que tan sólo juntos pueden alcanzar la gloria y la dignidad debida a su naturaleza:

participar directamente en la creación divina 34 .

Su complementariedad, evidentemente, implica disparidad y diferencias en muchos ámbitos ¡qué triste sería si no fuese así!; hombre y mujer son diferentes físicamente, lo son en su cuerpo, que tiene distintas funciones y guarda diferencias fisiológicas. Lo son también en carácter y mentalidad y en los papeles y roles sociales.

Estas diferencias (que, como todo, puede tener sus excepciones) conforman parte del plan divino para la humanidad; de la misma manera que son las mujeres las encargadas de la maternidad y los hombres del sacerdocio ministerial 35 , una mujer en concreto puede estar destinada a la virginidad y a la vida observante y un hombre a la formación y cuidado de una familia, sin menoscabo de la dignidad de ninguno.

28 Catecismo de la Iglesia católica, 371. 29 Aquí el término "ayuda" no implica insubordinación en ningún caso, puesto que la misma palabra

(ezer, רזע) es usada repetidas veces en el Antiguo Testamento referente a la ayuda que Yahweh presta a los hombres.

30 Op. cit, 373.

31 Op. cit, 372.

32 Op. cit, 371.

33 Op. cit, 372.

19:44);

ii_let_29061995_women_sp.html (30-06-10; 19:44).

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La Iglesia frente a la antigüedad: restaurando la dignidad femenina

Ahora hagamos un pequeño repaso histórico: Tras la instauración de la religión cristiana como religión oficial el Imperio romano sufrió una sucesión de crisis 36 que llevó a su colapso y evitó que la influencia de la Iglesia se hiciese sentir de manera tan directa. No obstante podemos ver una progresiva evolución desde la época de los Padres de la Iglesia hasta la Plena Edad Media, haciéndose patente ya en siglos anteriores. Hay que tener en cuenta la progresiva manifestación de las ideas cristianas.

Sirva como ejemplo de esa eclosión medieval este texto:

"Asimismo, al dar vuelta las páginas y llegar a ese período denominado “Edad Media” (¡una edad “media” con un milenio de duración, entre los siglos V y XV!), en una especie de desafío al sentido histórico, no deja de sorprendernos la aparición de rostros femeninos: nombres de reinas con un rol

activo, que el historiador está obligado a considerar, comenzando por Clotilde, la reina que convierte al rey, con lo cual se producen en la sociedad las más diversas consecuencias, ampliamente consideradas

en el curso del año 996, [

Poco después harán lo mismo Teodosia en España y Teodelinda en

Lombardía, y en Inglaterra la reina Berta convertirá a su esposo, el rey de Kent, a la fe católica" 37 .

].

Pese a que se puede admitir la influencia de la sociedad germana es necesario entender todo este proceso a raíz de la implantación de la moral católica en la mentalidad medieval.

Tenemos, por ejemplo, a la reina Radegunda, fundadora de hospitales y monasterios e inspiradora de poetas 38 ; o a la Reina Batilde de Neustria, que abolió la esclavitud e impulsó notables obras sociales en su reinado, poco antes de retirarse a un humilde monasterio al terminar la regencia de sus hijos 39 . Y todo esto antes del siglo VIII.

Esto no surgió de golpe (no olvidemos que en la Iglesia primitiva los nombres de Santas veneradas son más abundantes que los de santos 40 ) sin embargo

"Desde esa época se tiene la impresión de que las mujeres emergen de la sombra. En la sociedad de esos tiempos, el hecho debió parecer sumamente desconcertante, pero sólo era una originalidad más, entre muchas, de esos cristianos de conducta tan extraña. “Conservan todo sus hijos41 *, se decía refiriéndose a ellos. Consideraban hermanos a todos los hombres, incluidos los esclavos. Se negaban a arrodillarse ante los dioses del comercio o la guerra, pero decían adorar a un Dios único y trascendente".

Otro ejemplo de la igualdad defendida por la Iglesia (y frecuentemente ignorada) fueron los monasterios mixtos. Laon, Jouarre, Faremoutiers, Whitby 42 y otros muchos fueron comunes en los siglos VI y VII, estaban formados por un edificio para los monjes y otro para las monjas, generalmente con una iglesia entre medias. Ahora bien, la autoridad y el gobierno del monasterio recaía sobre la abadesa, quedando de ordinario el abad en segundo plano.

37 Régine Pernoud; La mujer en la Historia; Humanitas; nº 6.

40 (ALEMÁN) Revista Missi, P. Naïdernoff. 41 El infanticidio (por abandono del recién nacido) era común en el Bajo Imperio Romano, y se piensa que pudo serlo aun con anterioridad.

42 (INGLÉS) http://en.wikipedia.org/wiki/Whitby_Abbey (30-06-10; 19:44).

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Los monasterios desaparecieron durante la época de las invasiones vikingas, magiares y sarracenas; aunque siglos después, en el XI, Robert D'Arbrisell rescató esta antigua tradición fundando en Fontevraud 43 una orden religiosa mixta, de nuevo bajo el magisterio de una abadesa.

Y precisamente en Fontevraud "Se produce en ese momento un gran desarrollo literario en el cual

la mujer ocupa el primer lugar como inspiradora y educadora, reuniendo a los poetas. Leonor de Aquitania 44 y su hija María de Champagne 45 son ejemplos de esta labor. Ahí nace la novela, al igual que la caballería, obra maestra de esas instituciones de paz que surgen a partir del siglo X, en las cuales es

evidente la influencia de la mujer y la Iglesia

46 ".

Otro ejemplo fueron las grandes reinas que florecieron en esa época, para mayor gloria de sus reinos y de la Iglesia: Santa Isabel de Hungría 47 , Santa Isabel de Portugal 48 ,

Parece aún más impresionante vista

Blanca de Castilla 49 , Santa Eduviges de Polonia 50

la deriva que la figura de la reina sufrirá en los S. XIV y XV, como explicaré más

adelante.

Santa Gertrudis la Magna 51 fue una reconocidísima escritora y mística, Santa Matilde 52

la reina, medió en los problemas de su familia, y Santa Hildegarda de Bingen 53 , que fue

abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médico, compositora y escritora. Todas estas figuras habrían tenido escasa o nula influencia un par de siglos después, cuando la influencia de la moral católica disminuyó.

No podemos olvidar nombrar a la Abadesa de Las Huelgas 54 , que ostentaba un poder político mucho mayor que el de la mayor parte de obispos, ni tampoco a Santa Juana de Arco 55 , que con espada y armadura lideró a Francia en una lucha de liberación contra los ingleses.

En la España medieval destaca el hecho esclarecedor de que todos los documentos de los reinos cristianos iban siempre encabezados por los nombres del noble (o rey) y su esposa, dejando claro que el privilegio o la concesión la realizaban ambos 56 .

45 La cual protegió a muchos escritores, entre ellos a Chrétien de Troyes y Andreas Capellanus.

46 Régine Pernoud; Op. Cit.

56 José Javier Esparza, La gran aventura del Reino de Asturias; La Esfera de los libros (2009).

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Más allá de la Edad Media

La descripción de este período la dejaré en manos de Régine Pernoud, prestigiosa medievalista francesa y autora de numerosas obras sobre la condición de la mujer a lo largo de la historia:

"A partir de entonces [la mujer] será atacada por la universidad, que excluye a las mujeres y pretenderá también excluir a los monjes por influjo de ciertos clérigos que inventaron el clericalismo. Tomás de Aquino y Buenaventura son suspendidos durante dos años en la Universidad de París debido a su

condición de hermanos mendicantes

graves. Recordemos que las mujeres médicos son numerosas en el siglo XIII. Así, San Luis parte a Tierra Santa con su esposa, acompañado de una de ellas. En el siglo siguiente habrán desaparecido las mujeres médicos, salvo en los procesos de la Universidad de París, a los cuales son sometidas cuando procuran ejercer una profesión para cuyo ejercicio ahora se exige un título.

Para la mujer, esta exclusión del saber tiene consecuencias

Al cabo de cierto tiempo, el personaje de la reina se esfumará, desapareciendo, por lo menos en Francia. Una reina Blanca, madre de San Luis, fue capaz de dirigir el reino, hacer entrar en razón a señores ambiciosos, conducir guerras y suscribir tratados durante casi cuarenta años. En el siglo XVII, la reina ni siquiera será coronada, no ejercerá poder alguno y sólo será a esposa del rey, generalmente con menos influencia que sus amantes, porque en el curso del tiempo, el retorno del derecho romano, en los espíritus, los estudios y luego en las costumbres, modificaría paulatinamente la situación de la mujer. A partir de 1314, Felipe el Hermoso, bajo la influencia de los legistas, restringió el derecho de sucesión a la corona de las mujeres. En 1593, por decisión del Parlamento de París, se prohibió toda función de la mujer en el Estado. Y la Revolución establecerá un poder puramente masculino, sancionado poco después por el Código Civil, que ignora a la mujer y parece hecho, como observaba Renan, por un “niño destinado a morir soltero”" 57 .

Conclusión

No sólo opino que es evidente que la Iglesia católica influyó en la defensa de la dignidad de la mujer, si no que considero probado que fue la principal impulsora de la misma durante su época de máxima influencia, y que continuó haciéndolo aun cuando el resto de la sociedad avanzaba en otra dirección. Considero tremendamente injusto el cargar todas las culpas de la discriminación de la mujer a la única institución que luchó y lucha incansablemente por ella.

Me gustaría terminar con una cita de la autora de un ensayo sobre la presunta negación

del alma de la mujer por parte de la Iglesia 58 : "

vida de la mujer en el período clásico y su

posterior renacimiento en el XVI, a diferencia de las fantasías que la historiografía decimonónica moderna ha tratado de vendernos, se asemejaba más a la situación de una mujer sometida al yugo talibán y supersticioso que al trato digno y encomiable de una mujer amparada en, y por, la Iglesia

la

Católica".

57 Régine Pernoud; Op. Cit. 58 http://www.scribd.com/doc/27307001/El-Alma-de-La-Mujer-y-La-Iglesia-Catolica (30-06-10; 19:44).

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Bibliografía

A continuación os ofrezco una serie de obras para profundizar más sobre el papel de la Iglesia en la emancipación de la mujer. He obviado actas de congresos y libros de difícil consulta o adquisición.

PERNOUD, Régine; Luces del Medioevo, Graset (1944). Leonor de Aquitania, Espasa Calpe, Madrid (1969). y VASALLO, Marta; La mujer en el tiempo de las catedrales. Editorial Andrés Bello (1999). La mujer en tiempos de las Cruzadas, Complutense (2000). La Mujer en la Historia, Humanitas, nº 6. CORLETO, Ricardo W; La mujer en la Edad Media, Revista Teología (diciembre 2006), Tomo XLIII, Nº 91, p. 655-670.

HERNANDO Pérez, José; San Gregorio el Grande, valedor de la dignidad femenina; Religión y cultura, ISSN 0212-5838, Nº 233, 2005, pags. 413-434.

GLINKA, Luis; La mujer en la Iglesia primitiva; Lumen Humánitas (2003).

OLMOS Ortega, María Elena; La consideración de la mujer en los documentos de la Iglesia; Revista española de derecho canónico, ISSN 0034-9372, Vol. 55, Nº 144, 1998, p. 233-254.

DASSMANN, Ernst; El hombre como varón y mujer según los Padres de la Iglesia; Masculinidad y feminidad en la Patristica V / Domingo Ramos-Lissón (ed. lit.), Pedro Juan Viladrich Bataller (ed. lit.), Joaquín Javier Escrivá Ivars (ed. lit.), 1989, ISBN 84 87146-03-1, p. 280-306.

DILLARD, Hearth; La mujer en la Reconquista, Nerea (1993).

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Ivars (ed. lit.), 1989, ISBN 84 87146-03-1, p. 280-306. DILLARD, Hearth; La mujer en la Reconquista