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EL papel del juez en los Estados Constitucionales modernos, implica un replanteamiento de su posición ante el conflicto jurídico presentado para

su solución, superando la noción clásica, de simple operador jurídico, y adoptando una posición activa que le permita utilizar los medios jurídicos que tiene a su disposición para lograr las finalidades del estado. La nueva formula implica en primer término, el aumento de los poderes del juez en lo que se refiere a la dirección y conducción del proceso; a quien se le asigna un deber-poder, que sitúa al juez, en el centro de gravedad del proceso, manteniendo incólume el poder de disposición que incumbe a los particulares, pero otorgando al juez el poder de sanear el proceso, conducirlo o dirigirlo para lograr la efectividad del derecho sustancial. En desarrollo del mencionado deber-poder, el juez como director del proceso, tiene como función vigilar oficiosamente la ética y forma del proceso, en consecuencia debe proceder ante la existencia de defectos procesales, al saneamiento de los mismos, cuando estos no correspondan a los deberes y cargas exclusivas de las partes, un ejemplo de esta situación, es que el juez ante la violación del derecho de defensa, debe acudir a la integración del contradictorio, garantizando la bilateralidad de la audiencia, como presupuesto procesal.

En segundo lugar, el juez en la búsqueda de la vigencia de los derechos humanos, debe establecer la verdad procesal, fundada en las distintas normas legales y constitucionales, disponiendo en la sentencias las ordenes necesarias encaminadas a lograr la vigencia del derecho sustancial, o en el caso objeto de estudio, la vigencia de los derechos o intereses colectivos. La efectividad de los derechos e interés colectivos implican que el juez en la sentencia establezca las ordenes conducente para evitar el daño contingente, hacer cesar el peligro, la amenaza, la vulneración o agravio sobre los derecho e intereses colectivos, en este sentido debe adoptar las medidas conducentes para adecuar la petición a la acción que corresponda y adoptar las medidas jurídicas necesarias para garantizar la vigencia de los derechos e intereses colectivos, si es necesario, a través de la suspensión de los actos administrativos o contratos estatales que eventualmente sean los generadores de la violación al derecho colectivo, pues la primacía del derecho sustancial deben permitir la superación del formalismo jurídico, situando al juez como un real creador de derecho, creador de las norma concreta que garantice la vigencia de los derechos humanos y concretamente los derechos colectivos. En este sentido el artículo 170 del Código Contencioso Administrativo, permite que los organismos de lo Contencioso Administrativo puedan “ estatuir disposiciones nuevas en remplazo de las acusadas, y modificar o reformas estas.” Es necesario un juez flexible y con matices, sin rigorismos extremos, pues el derecho ha sufrido una transformación esencial indudable, en la búsqueda de la vigencia de los derecho humanos, la seguridad jurídica exige rigidez, pero la justicia reclama ductibilidad.