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LA EVALUACIÓN EDUCATIVA EN MÉXICO: EXPERIENCIAS, AVANCES Y DESAFÍOS Felipe Martínez Rizo, Universidad Autónoma de Aguascalientes Emilio Blanco, El Colegio de México La evaluación educativa a nivel de educación básica en México es ya una realidad relativamente consolidada. Casi cuarenta años han transcurrido desde las primeras iniciativas que buscaban conocer de manera sistemática procesos y resultados del sistema educativo. En la última década se han producido avances importantes que han modificado nuestra imagen del sistema educativo y sobre cómo debe evaluarse. Hoy, si bien con diferencias, la mayor parte de los actores educativos coincide en la importancia de evaluar periódicamente diferentes aspectos de la educación. En un período relativamente breve nos hemos habituado a la existencia de múltiples evaluaciones cuyos resultados se difunden públicamente y concitan, aunque brevemente, la atención de la sociedad. Sin embargo, el camino aún enfrenta desafíos. Se impone, por lo mismo, recapitular el proceso de institucionalización de la evaluación en México, a fin de comprender su situación actual, sus perspectivas y retos. LA EVALUACIÓN EDUCATIVA EN MÉXICO: SITUACIÓN ACTUAL Las primeras décadas de evaluación educativa en México presenciaron avances modestos. Entre 1970 y 1990 la Secretaría de Educación Pública (SEP) mejoró y sistematizó la información para la construcción de estadísticas educativas, e implementó las primeras evaluaciones de aprendizajes en primaria. A partir de 1990 se desarrolló un amplio conjunto de pruebas, particularmente en educación básica, y comenzó la participación de México en pruebas internacionales. A partir de la década de los 2000 se abrió un período clave. La transición democrática aparejó un cambio importante en la actitud de las autoridades respecto del manejo de la información sobre asuntos públicos. En contraste con la ausencia de información que caracterizó a la época anterior, una de las expresiones de la nueva dinámica política fue la demanda de transparencia. Desde el punto de vista político, entonces, la evaluación adquirió un papel estratégico para la planeación y la rendición de cuentas. En lo institucional se dio un paso fundamental 1 hacia la reestructuración de las instancias de evaluación con la creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). También es importante la puesta en marcha de una prueba de aprendizajes de tipo censal (ENLACE). El INEE se propuso varias tareas: desarrollar una nueva generación de pruebas gracias a las cuales se tuviera información confiable y comparable en el tiempo; impulsar la difusión de resultados para su uso por autoridades, maestros y sociedad; y promover la integración de los diversos esfuerzos de evaluación existentes en un auténtico sistema nacional de evaluación educativa. A lo largo de los años siguientes se avanzó de manera significativa en las direcciones apuntadas. En esta tarea también ha sido fundamental la experiencia adquirida y los resultados a partir de la participación de México en el Programa para la Evaluación Internacional del Estudiante (PISA, por sus siglas en inglés). Este conjunto de iniciativas permite contar, actualmente, con un panorama muy sólido sobre la calidad de la educación en México, la persistencia de desigualdades significativas en las oportunidades de los alumnos, y las características de otros procesos escolares no menos importantes. Las pruebas denominadas Exámenes Nacionales del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) se aplicaron por primera vez en 2006 y luego anualmente, abarcando de manera censal cada vez más grados de educación básica y media superior. Algunos actores sociales esperaban, de manera ingenua, resultados inmediatos sobre la calidad educativa que hasta ahora no se han producido. Como toda prueba, ENLACE presenta límites en la gama de contenidos y niveles cognitivos evaluados y en la confiabilidad de los resultados. Más importante aún, la interpretación de los resultados es con frecuencia simplista: los logros escolares se atribuyen sin más al trabajo de los maestros, sin considerar otra gran cantidad de factores involucrados, muchas veces fuera del control de los centros. En ocasiones, incluso, estos resultados han sido vinculados a consecuencias fuertes para las escuelas, lo cual es a todas luces injusto dado que las pruebas son insuficientes para evaluar la calidad de una escuela o un docente. Asociar consecuencias fuertes a las evaluaciones en gran escala tiende, además, a distorsionar gravemente su uso, dando lugar a prácticas que empobrecen la enseñanza, reducen el currículum implementado, o conducen directamente a acciones fraudulentas. A partir de 2006 se dieron también avances significativos en lo relativo a la integración de los esfuerzos de evaluación existentes en un verdadero sistema nacional, con la planeación del Sistema Nacional de Indicadores Educativos, hecha de manera conjunta por el 2 INEE y la SEP, que incluyó la difusión de un primer anuario de indicadores publicado conjuntamente. Se preparó también el marco regulatorio del Sistema Nacional de Planeación y Evaluación Educativas, y en particular de los subsistemas de indicadores y de evaluación. Estos esfuerzos, sin embargo, no culminaron en la expedición de acuerdos u otros instrumentos normativos que les dieran fuerza legal y aseguraran su continuidad. Hasta fines de 2009 no había avances al respecto y la situación persiste en 2011. PERSPECTIVAS Y RETOS En la primera década del siglo XXI la situación de la evaluación en México ha cambiado mucho, y de manera positiva, respecto de la que prevalecía hace más de 30 años. El balance que parece posible en 2010 tiene, sin embargo, aspectos favorables y desfavorables. En el lado positivo se deben mencionar los avances técnicos y la formación de un número pequeño pero significativo de especialistas; la creciente conciencia ciudadana del derecho a conocer los resultados de las evaluaciones; y el que algunas autoridades educativas comiencen a hacer uso de los resultados de las evaluaciones para tomar decisiones. Entre los aspectos desfavorables destacan: la desarticulación entre las cada vez más numerosas instancias de evaluación existentes; el privilegio de la evaluación en gran escala sobre la que deben hacer los maestros en el aula y el uso inapropiado cada vez más frecuente de los resultados. Todos estos aspectos tienen como fuente común el desconocimiento de los alcances y limitaciones reales de cada enfoque de la evaluación, lo que lleva a expectativas desmesuradas y a usos carentes de fundamento. Lo anterior plantea retos importantes para el futuro. El primero es la reconceptualización de las evaluaciones para que, con base en una reflexión sobre los alcances y límites de cada enfoque, se diseñe un sistema en el que diferentes acercamientos aporten elementos específicos, complementarios y que valoren adecuadamente la evaluación a cargo de los maestros, como elemento clave del conjunto. Un segundo desafío consiste en el desarrollo de una cultura de la evaluación entre todos los actores del sistema educativo, así como entre los padres de familia, los medios de comunicación y la sociedad en general, para que sus legítimas exigencias de mejor calidad y transparencia no se orienten por rumbos inadecuados. Un tercer reto se refiere al uso de los resultados: tanto por las autoridades para sustentar mejor el diseño y la implementación de políticas, como también por los maestros, 3 para retroalimentar su práctica docente, y por alumnos y padres de familia, para que sus acciones apoyen el trabajo de las escuelas. Por último, subsiste el permanente reto de mejorar las evaluaciones, para que sus resultados sean cada vez más válidos y confiables y, por lo tanto, más útiles para sustentar buenas decisiones. Debe considerarse también que una buena educación supone más que conseguir que los alumnos obtengan altas puntuaciones en pruebas de lectura y matemáticas. Es fundamental formar a los ciudadanos pensantes y comprometidos con el futuro que el país necesita. Valorar la medida en que un propósito tan importante y complejo se cumple es un reto mayúsculo, que los organismos de evaluación no deberán eludir. 4