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Harry y su hermano Alex están ansiosos por adaptarse a la vida de la acampada. Pero en el campamento Spirit Moon ¡tienen unas tradiciones tan extrañas! Por ejemplo, la rara manera de saludarse y las bromas que gastan los veteranos a los que llegan nuevos. De pronto las bromas comienzan a hacerse pesadas. Espantosas. Horripilantes. Primero, una chica pone un brazo en la hoguera de la acampada. Luego, un chico se clava un bastón en el pie. Pero, bueno, sólo son bromas… ¿no?

R. L. Stine

Campamento espectral
Pesadillas - 43
ePUB v1.0 nalasss 16.08.12

1996.0 . L. Traducción: Elena Recasens Editor original: nalasss (v1.Título original: Goosebumps #45: Ghost Camp R. Stine.0) ePub base v2.

Entre todos. Sólo se veían pinos. «Estamos llegando al campamento Spirit Moon». ya sabes que ir en autobús me marea —se quejó Alex. Resultaba un poco desagradable. Ya estamos llegando. Me agarré al asiento situado frente a mí y miré por la ventanilla. Estaba impaciente por bajar del autobús.—Harry. déjame un rato tranquilo. —Alex. El conductor iba oculto tras una cortina verde. —Empujé a mi hermano contra la ventanilla—. ¡Ahora no empieces con el cuento de que ir en autobús te marea! El autobús avanzó con gran estrépito por la estrecha carretera. Mi hermano Alex y yo éramos los únicos pasajeros. . Los rayos del sol irrumpían a través del polvoriento cristal de la ventanilla. pensé y me sentí feliz. formaban una enorme mancha verde.

aunque no lo somos. Se le pone el . —Olvida lo del coche —le respondí. ¡incluso cuando estamos de muy buen humor! —Estoy un poco mareado. la cabellera rubia y rizada. Pero es tan alto como yo. Nuestros padres siempre nos dicen que alegremos la cara.Yo le había echado una ojeada cuando Alex y yo subimos al autobús. Alex y yo nos llevamos bastante bien. ya no volvimos a verle ni a oírle. imagina que no estás en un autobús — le dije—. Ambos tenemos la cabellera negra y lisa. Era una mala señal. —Pero el coche también me marea —se quejó. Imagina que vas en coche. Tiene once años. Algunos nos llaman los gemelos Altman. Espeluznante. Aparté la mirada de la ventanilla. chicos! —saludó. Afortunadamente. Él es un año menor que yo. En su rostro se dibujaba una amplia sonrisa. Harry —se lamentó mi hermano. —¡Bienvenidos. y llevaba un pendiente de plata en una oreja. No era una buena idea. Pero una vez comenzado el largo recorrido en autobús. ojos oscuros y rostro serio. De repente. Alex estaba completamente amarillo y la barbilla le temblaba. tenía la tez muy bronceada. ¡Alex se marea incluso cuando mamá da marcha atrás para salir del garaje de casa! Es una mala costumbre que tiene. —Alex.

canta —le ordené. Alex se toma muy en serio lo de cantar. Tiene una voz muy bonita. Alex tragó saliva con fuerza.rostro completamente amarillo. El autobús se balanceó al pasar por un gran bache que había en la carretera. Alex y yo pegamos un bote. Mal síntoma. Estamos solos en el autobús. —Tienes que aguantar —le animé—. —Vamos. empieza a temblar… y llega el desastre. Cántala en voz muy alta. pero sé que es bueno. Su voz se quebraba cada vez que el autobús se . A Alex le encanta cantar. Estaba tan amarillo como la piel de un plátano. No estoy seguro de lo que significa. —Me estoy mareando mucho —volvió a quejarse Alex. Se aclaró la garganta y empezó a cantar una canción de los Beatles que a los dos nos gustaba mucho. El profesor de música del colegio dice que tiene el tono perfecto. Nadie te oye. Pertenece al coro del colegio. —¡Ya sé! —grité—. Papá dice que el próximo otoño le buscará un profesor de canto. ¡Canta una canción! Eso siempre te alivia. Miré atentamente a mi hermano mientras el autobús volvía a balancearse. La barbilla de Alex volvía a temblar. Pronto estaremos en el campamento y te encontrarás bien.

¿Estoy celoso? Quizás un poco. Increíble. —Ojalá papá y mamá me hubieran apuntado al campamento de música —suspiró. mira! A través de la ventanilla vi dos ciervos. y siempre le gano en las carreras de natación. uno alto y una cría pequeña.balanceaba. ¡Eh. «Ha sido una idea genial. Ciervos —murmuró Alex. Harry». mirando cómo el autobús pasaba zumbando. Pero él no sabe golpear una pelota de tenis como yo. Estaban allí mismo. me felicité a mí mismo. —Alex. Así que estamos empatados. Pero me hubiera gustado que… —El campamento Spirit Moon era el único al que podíamos ir a estas alturas del verano —insistí —. Era demasiado tarde. Verdaderamente. Sacudió la cabeza con tristeza. Alex dejó de cantar. —Sí. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? Papá y mamá esperaron demasiado. tiene una voz impresionante. pero su aspecto mejoró tan pronto como empezó a cantar. estamos a mitad de verano —le recordé—. Observé los soleados pinos mientras escuchaba la canción que cantaba Alex. Puso . —Ya lo sé —contestó. y frunció el entrecejo—.

Sorprendido. luego hacia atrás. pero sólo se veían pinos y más pinos. Disfrutemos del campamento Spirit Moon. Son pocas semanas. El conductor descendió del autobús. Mi hermano tiene un humor muy cambiante. chicos? —preguntó. —Fantástico —contesté mientras avanzaba por el pasillo. Interpretan dos musicales cada verano. Cogió una porquería que salía de un agujerito del asiento del autobús. me balanceé hacia delante.los ojos en blanco. —O puede que sea un tugurio —contestó Alex. ¡Hubiera sido estupendo! —Alex. anímate —le dije. A veces me gustaría sacudirle—. De pronto el autobús chirrió y se paró. Alex no dijo nada. —¡Campamento Spirit Moon! ¡Todo el mundo abajo! —gritó el conductor. Puede que el campamento Spirit Moon sea el más divertido del mundo —aseguré. olvídalo —le ordené—. —¿Qué tal el viaje. —El campamento de música es tan divertido… —suspiró—. ¿Todo el mundo? ¡Si sólo estábamos Alex y yo! El conductor asomó la rubia cabellera desde el otro lado de la cortina y nos dedicó una sonrisa burlona. Me volví hacia la ventanilla esperando ver un campamento. —Eh. Le .

Alex y yo echamos un vistazo hacia el descuidado camino a través de los rayos de sol. El conductor cerró el compartimento de equipajes y subió de nuevo al autobús. Dijo que el . Me protegí del sol con la mano y miré a mi alrededor. Sólo vi una estrecha carretera que se prolongaba en una curva y desaparecía en el bosque de pinos. Me encogí de hombros. Me colgué del hombro la mochila con la ropa. —Mmm… ¿dónde está el campamento? — preguntó Alex.seguimos a lo largo del costado. —Ya has oído al conductor. Apuntó hacia un camino descuidado que empezaba entre los árboles—. El conductor se agachó en el maletero. Luego me coloqué el saco de dormir debajo del brazo. Los rayos de sol hacían que el alto césped brillara a nuestro alrededor. No tiene pérdida. sacó nuestras mochilas y los sacos de dormir. —¿No deberían haber mandado a alguien del campamento para que viniera a recibirnos? — preguntó Alex. Está muy cerca. y lo dejó todo sobre el césped. chicos —indicó el conductor. —Recto por ahí. —¡Que os divirtáis! —gritó. La puerta se cerró y el autobús arrancó.

—¿Ves? ¡Ya hemos llegado! —exclamé contento. Tras andar sólo dos o tres minutos. —¿Y qué? —insistió—. no haríamos nada! Alex cogió sus cosas y yo inicié la marcha. Flores silvestres rojas y amarillas asomaban por toda la colina. El conductor tenía razón. Subimos una corta pendiente hasta una pequeña colina. Al llegar a la cima vimos nuestro objetivo. Una flecha hacia la derecha indicaba el camino. Dos conejos marrones cruzaron corriendo el camino delante de nosotros. ¡Si no. Deja de quejarte por todo. Nuestras zapatillas de deporte crujían sobre la tierra roja y seca. ¡Hace mucho calor aquí! A veces tengo que hacer de hermano mayor y darle órdenes. Recoge tus cosas y vámonos. Alex. ¿No deberían haber enviado a un monitor a recogernos en la carretera? —No es el primer día de campamento —le recordé—. —¡Parece un campamento de verdad! — exclamé. Estamos a mitad del verano. .campamento está a dos pasos de aquí. mientras avanzábamos por el camino entre los árboles. nos encontramos en una pequeña explanada cubierta de césped en la que había una señal de madera que rezaba CAMPAMENTO SPIRIT MOON en letras rojas.

Harry. Yo asentí con la cabeza. —¡Mira. Tuve una sensación muy extraña. Frente a los árboles divisé una fila de dianas rojas y blancas. se me secó la garganta y noté un peso en el estómago. rodeada de bancos. y soy bastante bueno. A un lado se levantaba un gran edificio de piedra. hacia el campamento. Me coloqué la pesada bolsa de la ropa en la espalda y empezamos a descender la colina. Me encanta ese deporte. De pronto. —Sí. Imaginé que era el lugar donde se hacían los fuegos de campamento. Probablemente se trataba del comedor o del centro de reunión.Había filas de pequeñas cabañas blancas frente a un lago azul. —¿No notas algo extraño? —preguntó Alex. Algunas canoas estaban amarradas a un muelle de madera que se adentraba en el lago. hay un campo de béisbol y otro de fútbol! —exclamó Alex mientras los señalaba. —¡Uau! También se puede practicar tiro al arco —le dije a Alex. Los dos nos detuvimos a mitad de la cuesta y nos miramos mutuamente. Cerca del bosque se distinguía una plaza de tierra. El campamento estaba vacío. . —¡Qué bien! —contesté.

.No había nadie.

¿no? . Volví a mirar hacia los bosques que rodeaban el campamento. No se veía a nadie. Dos pequeños pájaros negros planearon sobre la brillante superficie del agua. —¿Qué? ¿Que nos hemos equivocado de sitio? —Apunté hacia la señal—. No había nadie nadando por allí. El sol del atardecer comenzaba a esconderse tras los pinos. Ni rastro de los campistas en el bosque.—¿Dónde está todo el mundo? —pregunté mientras recorría todas las cabañas con la mirada. ¿Cómo vamos a habernos equivocado? Allí pone campamento Spirit Moon. Eché una ojeada al lago. por detrás de las cabañas. —Quizá nos hemos equivocado de sitio —dijo Alex tímidamente.

—¿Acaso no sabes nada acerca de campamentos? —pregunté bruscamente—. Será mejor que lo comprobemos. El campamento estaba completamente tranquilo e inmóvil. muy sorprendidos. Todavía nos encontrábamos a mitad de la colina. Estamos solos en medio del bosque en un campamento vacío. Vayamos a ver. En los campamentos no se hacen excursiones. —¡Eh! ¡Vosotros! ¡Esperad! Detrás de nosotros apareció un chico pelirrojo que llevaba unos pantalones cortos de tenis blancos y una camiseta también blanca. siguiendo el camino que atravesaba el laberinto de pinos. —Quizás estén todos en aquel gran edificio de piedra de allí —apuntó Alex—. —Entonces deja ya de decir estupideces — contesté enfadado—. cuando de pronto oímos un grito que nos hizo detener y quedarnos boquiabiertos.—Quizá se han ido todos de excursión al campo o algo así —sugirió Alex. Aparentaba unos . ¡No hay a dónde ir! —¡No es necesario que me grites! —se quejó mi hermano. parecía una fotografía. Puse los ojos en blanco. —Sí. ningún movimiento. Debemos pensar con claridad. No vi signo alguno de vida allí. vayamos —contesté—.

El chico me había asustado de verdad.dieciséis o diecisiete años. aparece ese tipo pelirrojo con una sonrisa burlona dibujada en el rostro. —Harry tenía un poco de miedo. Hizo un movimiento triste con la cabeza. —Siento llegar tan tarde —se disculpó Chris—. ¿no? —Desde luego que no —contesté rápidamente. . Alex y yo estábamos completamente solos y. —¡Eh! ¿De dónde sales? —grité. Vosotros sois Harry y Alex. ¿no? Asentimos con un movimiento de cabeza. —¿Dónde está todo el mundo? —le pregunté a Chris—. He perdido la noción del tiempo. mi hermano se pone muy pesado. —¿Eres un monitor? —pregunté. No hemos visto ningún campista. No estaríais preocupados. ni ningún monitor… —Se han ido todos —contestó Chris. El chico señaló hacia el bosque. Pero yo no — dijo Alex. —Estaba recogiendo leña —explicó—. Cuando volvió a mirarnos a Alex y a mí tenía una expresión asustada en el rostro. Se secó el sudor de la frente con la parte delantera de la camiseta. —Sí. A veces. de pronto. Me llamo Chris.

.—Nosotros tres… estamos solos —concluyó con voz temblorosa.

—Lo siento. pero… ¿adónde han ido? —¡No puede ser que no haya nadie más! El bosque… Una amplia sonrisa apareció en el rostro lleno de pecas de Chris. Se la gastamos a todos los recién llegados. . Cuando vienen campistas nuevos al campamento todo el mundo se esconde en el bosque. No era más que una broma. —¿Cómo? ¿Una broma? —pregunté. Luego se echó a reír. Estaba muy desconcertado.—¿Que se han ido? —Alex gritó con un tono estridente—. Luego un monitor les dice que se han ido. —Es una broma que siempre hacemos en el campamento Spirit Moon —explicó Chris. Pero. No aguanto más. — Nos rodeó los hombros con los brazos y nos acompañó al campamento—. que todavía seguía riendo—. muchachos.

Tenía una larga cabellera negra y grasienta que le cubría desordenadamente parte del rostro. también vestido de blanco. ¿cómo va eso? —Me dio una palmada en la mano que casi me estampa contra los árboles. .Que sólo están ellos. en el fuego de campamento… De pronto apareció un hombre muy alto de pelo negro. —¡Eh! —repitió tío Marv mientras avanzaba hacia nosotros—. Chris asintió con la cabeza. —Es tío Marv —susurró Chris—. que retumbaba. y Chris interrumpió su discurso. —¿Siempre tratáis de asustar a los nuevos campistas? —preguntó Alex. me recordaba a un gran oso pardo que había en el zoo próximo a casa. Es una costumbre del campamento Spirit Moon. Él dirige el campamento. ja. El hombre nos dedicó una sonrisa burlona a Alex y a mí. caminando torpemente por el césped hacia nosotros. Esta noche. como canicas. Ya veréis. Una broma muy graciosa —respondí en plan irónico. Harry. —¡Eh! —gritó el hombre con una voz profunda. Aquí tenemos muchas tradiciones. asomaban bajo unas cejas negras muy pobladas. —Sí. Los ojos azules y muy pequeños. —Ja. Era enorme.

¡Y vaya sonrisa! ¡Me dio la sensación de que tenía al menos seis filas de dientes! —Antes de acompañaros a vuestra cabaña os quiero enseñar el saludo del campamento Spirit Moon —anunció—. Yo me creí de verdad que no había nadie por aquí. Los pequeños ojos azules de tío Marv se iluminaron. lo ha hecho —confesé—. —¡Eeeh. —Un buen apretón de manos. Se pusieron uno frente al otro. —Sí. —¡Eeeh. chicos? —Su voz retumbaba con tanta fuerza que deseé taparme los oídos. tan ancho como el tronco de un árbol. Luego se saludaron el uno al otro con la mano . me pregunté. Oí un crujido y vi que Alex se quejaba en silencio de dolor. Chris y yo os lo demostraremos. semejantes a los de un luchador y el cuello. Spirits! —contestó Chris. Entonces se volvió hacia mí —. Spirits! —cantó a gritos tío Marv.Los brazos que salían de la camiseta eran muy fuertes. Se inclinó un poco para estrechar la mano de Alex. muy firme. hijo — le dijo tío Marv a Alex. —Es una de nuestras tradiciones más antiguas —explicó con una sonrisa. «¿Será capaz este hombre de susurrar?». ¿Os ha gastado Chris nuestra pequeña broma de «Solos en el bosque».

—¡Muy bien. luego. Hacen que me sienta como un idiota. A él le gustan este tipo de cosas. —Por supuesto el fuego de campamento de esta noche será la verdadera prueba.izquierda. No me gustan las bienvenidas ni los saludos graciosos. —¡Eeeh. . elevándola y haciéndola girar en el aire. Intentadlo. Chris asintió con una sonrisa burlona. Y no quería que aquel hombre creyera que soy un antipático. Así que me coloqué frente a mi hermano. —¡Eeeh. ¿Una prueba? Tío Marv me dio una palmadita en la espalda. chicos! Creo que los dos vais a ser buenos miembros del campamento Spirit Moon. pero a mí este tipo de cosas me avergüenzan. Spirits! —Alex mostró mucho más entusiasmo que yo. No sé a vosotros. —¿El fuego de campamento de esta noche? —pregunté—. Spirits! —grité. colocándola sobre su nariz y. Pero acababa de llegar al campamento. Tío Marv inclinó la cabeza hacia atrás y se rió en voz alta. —Así es como nuestros campistas se saludan entre ellos —explicó tío Marv. Saludé a Alex colocándome la mano en la nariz y haciendo un gesto rápido. Le guiñó el ojo a Chris. Nos cogió a Alex y a mí y nos puso uno frente al otro—. Me dirigió un enérgico saludo.

Y un escalofrío me recorrió la espalda. «Intenta asustarnos —pensé—. creo que el fuego de campamento . Se está burlando de nosotros.» —Chicos. Voy a clases de canto y… —No te preocupes. Queremos sorprenderles. ¿no? —¿Sorprendernos? —dije atragantándome. casi amenazante. como el hielo. ¿Por qué de repente tenía un mal presentimiento? ¿Por qué mi garganta volvía a secarse? ¿Por qué tenía la sensación de que se me salía el corazón del pecho? —¿Se cantan canciones de acampada en el fuego de campamento de bienvenida? —preguntó Alex—. Es la ocasión ideal para que conozcan las tradiciones del campamento Spirit Moon. —Todos los recién llegados asisten a un fuego de campamento de bienvenida —explicó Chris—. —No les digas nada más —le ordenó tío Marv a Chris bruscamente—. Me gusta mucho cantar. Detecté una mirada gélida en sus ojos diminutos. En este campamento tienen la costumbre de asustar a los nuevos miembros. Harry. Cantarás mucho —le interrumpió tío Marv en voz baja.—No te preocupes por eso. Algo en el modo en que pronunció esa frase aumentó todavía más mi preocupación. Se trata de una broma.

una estrecha cómoda de madera y pequeños armarios para guardar cosas. «¡Uau!. claro! Chris y él se rieron.de esta noche os gustará —dijo tío Marv—. ¿verdad? ¡A Alex le gusta tanto . —Nos veremos luego —se despidió Chris. Nos dirigió un saludo de nariz a Alex y a mí y desapareció entre los árboles.» Alex y yo arrastramos nuestras bolsas y los sacos de dormir al interior de la cabaña. Las paredes eran blancas. Abrió la puerta de cristal de la pequeña cabaña blanca. —Y canta mientras duerme —le expliqué a tío Marv—. ¡Si es que sobrevivís. Había literas apoyadas contra tres de las paredes. —Yo tengo que dormir abajo —contestó Alex rápidamente—. «No está mal». Una lámpara que colgaba del techo desprendía una luz brillante. Decidid vosotros quién dormirá arriba y quién abajo. pensé. Increíble. un poco más y arranca la puerta. Me muevo mucho durante la noche. Los rayos anaranjados del sol del atardecer penetraban en la habitación a través de la pequeña ventana situada encima de una litera. —Éstas serán vuestras literas —indicó tío Marv. —Esta litera está vacía —nos indicó tío Marv mientras señalaba hacia la cama frente a la ventana —.

chicos. Sólo está bromeando. echó a andar con torpeza y cerró la puerta de cristal de un portazo. —Se rió. Spirits!» y un brusco saludo de nariz. En todos los . Entonces haremos el fuego de acampada. Todos utilizamos el mismo lugar de reunión y comedor. —Da un poco de miedo —admitió Alex. Usad los ármanos que estén vacíos.cantar que no puede dejar de hacerlo ni siquiera mientras duerme! —Entonces será mejor que te presentes a las pruebas para el festival de talentos —le dijo tío Marv. —¿Deshacemos ahora las bolsas? —preguntó Alex. Es ese gran edificio de piedra cercano al bosque. —Un tipo divertido —murmuré. «¿Por qué insiste tanto? »Nos toma el pelo —me recordé a mí mismo—. Se despidió con un «¡Eeeh. Luego se volvió. Y acto seguido repitió en voz baja—: Si es que sobrevives esta noche. Tío Marv se retiró la negra y grasienta cabellera del rostro. Y los de las chicas a la derecha. —Sólo bromea —le contesté—. El resto de los campistas volverá pronto del bosque con la leña.» —Los lavabos de los chicos están a la izquierda —explicó tío Marv—. Será mejor que os deis prisa. —Sí.

—¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es esta cosa? —grité. Había un charco azul. Miré hacia bajo. Aquel líquido espeso se me había quedado pegado a la suela y a los bordes del zapato. En absoluto. Eché un vistazo por la habitación. —Arrastré mi bolsa de la ropa hasta la cama. No hay por qué asustarse. . Alex —le aseguré a mi hermano—. uno frente a cada una de las camas. —¡Ecs! —Traté de retirarla. Luego me dirigí a la cómoda para ver si había algún cajón vacío. Dejé el saco de dormir en una esquina. »No va en serio. Acababa de meter la zapatilla de deporte en un charco azul pegajoso. Había más charcos azules. Me parece.campamentos de verano tratan de asustar a los nuevos. —¡Uau! —grité al pisar algo extraño.

Me agaché y toqué con un dedo el charquito. —Es una especie de baba azul —contesté—.Alex tenía la bolsa abierta sobre la litera inferior y estaba sacando sus cosas. El frío se extendió por todo mi brazo. ¡Ecs! —exclamé. Debe de ser una tradición del campamento —bromeó. —¡Está helado! La baba azul estaba muy fría. tratando de que entrara en calor. —Ya ves —murmuró Alex. Retiré la mano. —¿Qué te pasa Harry? —preguntó sin darse la vuelta. —Qué raro —murmuré. Hay charcos por todo el suelo. . —No tiene gracia. Se volvió y echó un vistazo al líquido azul pegado a mi zapatilla—. Mira. Agité la mano con fuerza y me la froté. sorprendido.

—¡Es la hora del fuego de acampada! El grito de tío Marv a través de la puerta de cristal sacudió nuestra cabaña. Alex y yo nos dimos la vuelta para mirar hacia la puerta. El fuego de campamento ya ardía. Una sonrisa alegre se dibujó en su rostro. El cielo tenía el tono gris del atardecer. —¡Uau! —gritó Alex. escondiendo prácticamente sus diminutos ojos—. frente a nosotros. Me sorprendí al comprobar que el sol ya se había puesto. Alex y yo le seguimos al exterior. —Todos os están esperando —anunció tío Marv.Evidentemente. Mirándonos. El aire era fresco y olía a pino. Seguimos a tío Marv hasta la explanada circular donde habían encendido el fuego. Respiré profundamente. Estaban sentados alrededor del fuego. Las llamas naranjas y amarillas saltaban hacia el cielo gris. A todos nos encanta la fogata de bienvenida. Habíamos tardado mucho en sacar nuestras cosas de las bolsas. las cosas empeoraron… a toda velocidad. —Es el uniforme del campamento —explicó tío . —¡Todos van vestidos iguales! —exclamé. Allí vimos por primera vez a todos los campistas y monitores.

¡Es la mejor! —¡La cabaña número siete es la que manda! —añadió una chica gritando. Mientras me acercaba a toda prisa para ponerme en la fila. un centenar de saludos de nariz con la mano izquierda nos dieron la bienvenida. —Este campamento es estupendo —apuntó el chico que tenía enfrente—. Vamos a hacer perritos calientes en el fuego antes de empezar las actividades alrededor de la hoguera. varios chicos me saludaron. SPIRITS! provocó que los árboles se agitaran. Nosotros devolvimos el saludo. . Luego. Después del fuego de campamento os daré vuestros uniformes. Chris. —Bienvenidos.Marv—. muchachos —dijo—. Así que coged un pincho y un perrito caliente del centro de la mesa y uníos a nosotros. A medida que Alex y yo íbamos acercándonos al círculo. Harry. Te lo pasarás en grande. Había una fuente enorme de perritos calientes crudos justo en el centro. El resto de los chicos ya estaban alineados frente a la larga mesa llena de comida. apareció a nuestra espalda. el monitor pelirrojo. los campistas y monitores iban poniéndose en pie. —Estás en mi cabaña —dijo un chico alto de cabellera rubia y rizada—. Un ensordecedor ¡EEEH.

un chico y una chica se estaban empujando medio en broma. me pregunté. Mamá nos había preparado unos bocadillos a Alex y a mí para que nos los comiéramos en el autobús. pero estábamos demasiado nerviosos y excitados para ello.Parecían ser chicos muy agradables. Dos de los monitores repartían los perritos calientes. El fuego crepitaba detrás de mí. Me sentí un poco extraño al no ir vestido de blanco. . Cogí el perrito caliente y me volví hacia el crepitante fuego. Algunos chicos empezaron a animarles. Ya había algunos chicos apiñados alrededor de la hoguera. acercando los perritos calientes a las llamas con un pincho. Estaba detrás de mí. De pronto me di cuenta de que estaba hambriento. Yo llevaba una camiseta verde oliva y unos pantalones vaqueros descoloridos. Más adelante. y eché una ojeada a mi alrededor. Me pregunté si Alex se sentía también raro. «¿Dónde estarán los pinchos?». tratando cada uno de apartar al otro de la fila. Me alegré de ver que había hecho un amigo tan pronto. Me volví y le busqué en la fila. La luz naranja que desprendían las llamas danzaba sobre las camisetas y pantalones cortos blancos que todos llevaban. hablando animadamente con un chico rubio bajito.

Me aparté un poco y hundí el extremo del pincho en el perrito. Como si todo el rato susurrara. Los rostros de los chicos aparecían iluminados en tonos naranjas y amarillos por el fuego. Me condujo hasta un montón de pinchos colocados junto a un pino muy alto. como si hubiera leído mis pensamientos. tenía una voz muy profunda y ronca. —Los chicos nuevos nunca encuentran los pinchos —aseguró. —Tú eres Harry. tenía los ojos negros y una cabellera negra muy brillante recogida en una coleta que le caía sobre la espalda. De repente me sentí muy tímido. Cogió dos y me alcanzó uno a mí. La seguí. y echó a andar hacia los chicos que se apiñaban alrededor del fuego. por supuesto. Me sonrió. Al volverme vi a una muchacha aproximadamente de mi edad.—Los pinchos están ahí —anunció una chica a mi espalda. . Era muy guapa. —Sí. El aroma que desprendían los perritos calientes al asarse hizo que me sintiera aún más hambriento. Para ser una chica. vestida de blanco. Harry Altman —contesté. No sé por qué. —Yo me llamo Lucy —se presentó. Tenía la piel tan pálida que los ojos parecían brillarle. ¿no? —preguntó.

Los dos nos sobresaltamos. —A mí me gusta muy hecho —comentó Lucy. Vi a un chico comiéndose su perrito caliente directamente del pincho. —¡Oh. —¡Qué bruto! —exclamó Lucy poniendo cara de asco—. Observé cómo caía sobre la alfombra de brasas al rojo vivo en el interior de la hoguera. Me condujo hacia el otro lado de la hoguera. Me encanta que sepa un poco a quemado. Me volví hacia Lucy. Sonó como si hubiera explotado un petardo. ¿Y a ti cómo te gusta? Abrí la boca con la intención de contestar. se inclinó hacia delante y metió la mano en el fuego. Nos sentamos sobre el césped. y horror. Cogió mi perrito caliente de entre las abrasadoras cenizas y lo levantó. para mi sorpresa. Ella. Giró su pincho y lo acercó más a las llamas—. pero mi salchicha se desprendió del pincho. alzamos los largos pinchos y acercamos nuestros perritos calientes a las llamas. no! —grité. El fuego crepitaba y me calentaba el rostro. .Había un grupito de cuatro chicas que se reían por algo. Lucy se no. Vayámonos de aquí. Aleo estalló en el fuego.

Abrió los ojos—. ¡Uau! ¡Cómo quema! —exclamó. Luego se echó a reír. .Me puse en pie de un salto. Como si no entendiera por qué estaba yo tan asustado. —Aquí tienes —dijo muy tranquila. —¡Eh! —gritó finalmente. Agitó la mano con vigor hasta que se apagaron las llamas. —Pero… ¡tu mano! —volví a gritar. Las llamas iban quemando lentamente su piel blanca. —¡Tu mano! —grité. boquiabierto y horrorizado. Lucy bajó la mirada y se miró el brazo confundida. Tenía la mano envuelta en llamas amarillas que inmediatamente se extendieron por el brazo. Lucy me alcanzó el perrito caliente.

—Este campamento es estupendo —continuó —. ¡Espero que a ti también te guste muy hecho! —Pero. En la mesa tropecé con Alex. ¿Quieres patatas fritas? Yo seguía mirándole la mano. Elvis y yo vamos a apuntarnos al festival de talentos y al musical. —¿Hay alguna enfermera por aquí? — pregunté. Tenía la boca llena de patatas fritas—. —Me empujó hacia la mesa de la comida—. ¿no? Elvis McGraw.—Al menos he rescatado tu perrito caliente. —Movió los dedos—. Se frotó el brazo y la muñeca. —Ya tengo un amigo —anunció. —Genial —murmuré. Pero no tenía ninguna quemadura. ninguna señal. . Estoy bien. No podía olvidar la imagen de las llamas subiendo y bajando por el brazo de Lucy. Las llamas se habían extendido por toda la piel. Se llama Elvis. pero… —balbuceé. Está en nuestra cabaña. —Los bollos están ahí —dijo—. sorprendido. Seguía con aquel chico rubio bajito. —No. Increíble. ¿Ves? —Pero el fuego… —Vamos. Miré sorprendido su mano y su brazo. Las actividades alrededor de la hoguera están a punto de empezar. Harry. De verdad.

Era imposible no reconocer ese grito. Supuse que a cada alojamiento le correspondía un lugar determinado. pero evidentemente no me sabía la letra ni la música. Pero me pareció . —Empezaremos cantando el himno del campamento —anunció él. ¡Deprisa! Con los platos y las latas de refresco en las manos. Tío Marv nos llevó a Alex y a mí al centro del círculo. La vi hablando con un grupo de chicas cerca del fuego. todos corrieron a formar un círculo alrededor del fuego. Spirits! —volvió a gritar. Tenía que ser tío Marv. La canción repetía todo el rato la misma frase: «Tenemos espíritu y el espíritu nos tiene a nosotros. —¡Eeeh. Tío Marv empezó a cantar y enseguida todos se unieron a él. Yo traté de cantar con ellos. Todos repitieron el grito y saludaron.» Yo no acababa de entenderlo. Cogí un panecillo y me serví algunas patatas fritas en el plato. Todos se pusieron en pie.—Genial —repetí. —¡Poneos todos alrededor del fuego! — ordenó—. Spirits! —saltó una voz. Las chicas se sentaron a un lado y los chicos al otro. Luego busqué a Lucy. tan alto que el fuego tembló. —¡Eeeh.

Y cantaba tan alto como podía. . Observé al chico que estaba a su lado. Elvis trataba de ahogar la voz de Alex con sus horribles y desafinados graznidos. Su nuevo amigo. ¡A ver quién conseguía hacer caer las hojas de los árboles! ¿El problema? ¡Elvis era un pésimo cantante! Tenía la voz aguda y estridente. Y desafinaba. Pero yo también trataba de cantar con ellos.que no estaba mal. tenía la cabeza inclinada hacia atrás y la boca muy abierta. ¡Qué presumido! Él tampoco se sabía la letra. Pero se la inventaba. hace una demostración. Tenía muchas estrofas. Creo que Alex y Elvis estaban haciendo una especie de competición. Como diría mi padre: «¡No podría entonar dos notas seguidas!» Quise taparme los oídos. Era una canción muy larga. No era fácil teniéndolos a los dos a mi lado. Me ardía la cara. Y siempre acababan con «Tenemos espíritu y el espíritu nos tiene a nosotros». Elvis. Él también cantaba a pleno pulmón. Alex cantaba a pleno pulmón. Alex cantaba en voz tan alta que tenía las venas del cuello hinchadas. En cuanto tiene una oportunidad. Mi hermano está muy orgulloso de su bonita voz y de su tono perfecto.

«En cuanto acabe la canción volveré a mi sitio». Sentía vergüenza ajena por Alex. Me volví sigilosamente y me aparté un poco de la hoguera. me pregunté. Me retiré un poco. Tengo que decirle que no está bien presumir de esta manera. Pero luego me di cuenta de que me estaba ruborizando. . hacia los árboles. Me sentía muy violento en aquel lugar. No soportaba estar allá sentado viendo a mi hermano comportándose como un completo idiota haciendo el ridículo. Incluso desde allí atrás podía oír a Alex cantando con todas sus fuerzas. decidí. Mira que presumir de aquella manera en su primera noche en el campamento… Tío Marv no estaba mirando. Se había ido hacia el lado de las chicas.» —¡Oh! —exclamé al notar un golpecito en la espalda. cantando mientras andaba hacia allí.Al principio creí que era por el calor que desprendía la hoguera. «¿Es que no se acaba nunca esta canción?». En cuanto me aparté del fuego sentí frío. La canción del campamento continuó. «Tengo que hablar con él —me dije a mí mismo —. Todos cantaban «Tenemos espíritu y el espíritu nos tiene a nosotros».

Alguien me agarró por detrás. . Escudriñé entre la oscuridad. Tienes que ayudarme. —¡Eh! —Me di la vuelta y me encaré hacia los árboles. —Ayúdame. —¡Lucy! ¿Qué estás haciendo aquí detrás? — le pregunté. Harry —rogó en un susurro—.

Un escalofrío me recorrió la espalda. —Lucy, ¿qué pasa? —susurré. Ella abrió la boca para contestarme. Pero la voz de tío Marv retumbó, interrumpiéndola. —¡Eh, vosotros dos! —gritó el director del campamento—. ¡Harry! ¡Lucy! ¡No os escondáis en el bosque! Los campistas se echaron a reír. Sentí que volvía a enrojecer. Soy un chico al que le cuesta poco ruborizarse. Lo odio, pero ¿qué puedo hacer? Todos nos miraban mientras volvíamos a la hoguera. Alex y Elvis se daban palmadas mutuamente y se reían de nosotros. Tío Marv se quedó mirándome mientras regresaba caminando con dificultad. —Me alegro de que hayas hecho amigos tan pronto —añadió bruscamente. Y todos los campistas volvieron a reírse de Lucy y de mí.

Me sentía tan violento que hubiera deseado evaporarme. Pero también estaba preocupado por Lucy. ¿Me había seguido hacia el bosque? ¿Por qué? ¿Por qué me había pedido que la ayudara? Me senté entre Lucy y Elvis. —Lucy, ¿qué ocurre? —susurré. Ella se limitó a sacudir la cabeza. Sin mirarme. —Ahora voy a explicar las dos historias de fantasmas —anunció tío Marv. Me sorprendí al ver que algunos chicos se quedaban boquiabiertos. De pronto todos se callaron. El fuego parecía crujir ahora con más fuerza. Entre las explosiones y los crujidos de las centelleantes llamas, se oía el murmullo del viento entre los pinos. Sentí un escalofrío en la nuca. «Sólo es un poco de aire frío», me dije a mí mismo. ¿Por qué de repente todos parecían tan solemnes? ¿Tan asustados? —Las dos historias de fantasmas del campamento Spirit Moon han ido pasando de generación en generación —empezó a explicar tío Marv—. Son historias que se seguirán contando a lo largo de los años, perdurarán mientras se sigan explicando las oscuras leyendas.

A través del fuego vi a dos chicos que temblaban. Todos miraban atentamente el fuego. Los rostros estaban inmóviles, rígidos, asustados. «Sólo se trata de una historia de fantasmas — me dije a mí mismo—. ¿Por qué actúan de forma tan extraña? »Seguro que todos conocen ya esa historia. Así que, ¿por qué parecen tan aterrorizados?» Me reí disimuladamente. «¿Cómo puede alguien asustarse por una estúpida historia de fantasmas?» Me volví hacia Lucy. —¿Qué les pasa a todos? —pregunté. Me miró con los ojos casi cerrados. —¿No te dan miedo los fantasmas? —susurró. —¿Fantasmas? —volví a reírme disimuladamente—. Alex y yo no creemos en fantasmas —le aseguré—. Esas historias nunca nos asustan. ¡Nunca! Lucy se inclinó hacia mí. Y me susurró: —Quizá cambies de idea después de oír la de esta noche.

en voz baja. Se llevaron tiendas de campaña y sacos de dormir. Tío Marv se inclinó hacia la anaranjada luz del fuego. Todas las miradas estaban puestas en el sonriente rostro de tío Marv. Nadie hablaba. crepitaban y se elevaban hacia el oscuro cielo estrellado. Entonces. empezó a contar la primera historia de fantasmas. Una vez. Sentía el aire frío a mi espalda.Las llamas danzaban. Incluso el viento dejó de soplar. un grupo de campistas fue al bosque a pasar la noche. Vi que otros hacían lo mismo. Me acerqué un poco a la hoguera. De repente el bosque parecía muy silencioso. Sus diminutos ojos brillaban extraordinariamente. Caminaban en fila india por un .

sus voces se fueron debilitando. parecían fantasmas en medio del bosque. Siguieron andando. En el cielo había nubes oscuras. —¿Cuándo pararemos para acampar? —le preguntó una chica a John. Los árboles brillaban con un frío tono plateado. tratando de seguir el sinuoso camino. les adentraba más y más en el bosque. envolvieron a los campistas en una oscuridad total. —¿Podemos acampar aquí. a medida que se adentraban en el bosque.estrecho y retorcido camino de tierra entre los árboles. las nubes se abrían y permitían que la luna se asomara. El viento se arremolinaba y los árboles empezaron a doblarse y temblar a su alrededor. Caminaban muy juntos. que al cubrir la luna por completo. El monitor. El aire era cada vez más frío. . cada vez más temblorosas y amortiguadas por los árboles. Al principio iban cantando canciones. llamado John. De vez en cuando. Dejaron de cantar y escucharon el ruido que producían sus pasos y el suave crujido que producían los animales nocturnos que correteaban sobre la hierba. Pero. —Tenemos que adentrarnos más en el bosque —respondió John. John? —preguntó un chico.

Las lechuzas ululaban en los árboles. ¿Podemos parar y plantar las tiendas? —No. a través de arbustos espinosos. . Sacaron las tiendas y empezaron a extenderlas para montarlas. Más adelante —contestó John—. Ahora ya estamos en el centro del bosque. Así que siguieron caminando. Algunas criaturas escarbaban y se arrastraban a sus pies. Finalmente llegaron a una explanada ancha y llana. John? —le suplicaron. John —se quejó un chico—. —¿Podemos acampar. cuando estemos más adentro —insistió John—. La plateada luz de la luna les rodeaba y hacía brillar la explanada. Los campistas dejaron las bolsas y la comida en e! suelo.—No. —Sí —accedió el monitor—. Una acampada por la noche no tiene ninguna gracia si no se hace en lo más espeso del bosque. sobre una espesa alfombra de crujientes hojas secas. Éste es el sitio ideal. Más adentro. observando cómo se doblaban los árboles y se balanceaban a su alrededor. en el bosque. El camino se acabó y los campistas tuvieron que abrirse camino entre los árboles. escuchando los aullidos y quejidos de los animales nocturnos. —Estamos muy cansados. Se oía el aleteo de los murciélagos.

Clavaron los palos de las tiendas en la tierra blanda y suave. Bum. Trataron de no hacer caso del ruido.Pero un extraño ruido les hizo detenerse. Pero el extraño ruido les hizo detenerse de nuevo. Bum. ¿Quién demonios hacía ese ruido? Bum. Bum. Bum. Bum. —¿Qué es ese ruido? —preguntaron. Así que continuaron instalando las tiendas. Pero parecía tan cercano… Tan próximo… Era un sonido muy extraño y familiar a la vez… ¿De dónde procedería?. —Quizá sea algún animal —contestó John. Bum. John agitó la cabeza. Los campistas temblaron de miedo. se preguntaban los campistas. —¿Qué ha sido eso? —gritó un campista. Bum. —Suena como si estuviera encima de nosotros —dijo otro chico—. —¡Pero parece que esté muy cerca! —observó un chico. Bum. ¡O quizá debajo! —No es más que un ruido —les tranquilizó John—. Volvieron al trabajo. No os preocupéis. . Luego empezaron a desdoblar las tiendas. Bum. —Probablemente se trata del viento.

Y luego se oyó una voz grave que gruñó: ¿POR QUÉ ESTÁIS SOBRE MI CORAZÓN? La tierra tembló. bum. Bum. —¡Me parece que nos hemos adentrado demasiado en el bosque! —gritó John.Los jóvenes no podían dormir. Bum. —¿Qué podemos hacer? —le preguntaron los campistas al monitor. De pronto. —Yo tampoco puedo dormir —contestó John. Se arrebujaron bien dentro de los sacos de dormir. El ruido era demasiado fuerte. Pero eso no les ayudó. no podían escapar del ruido. no podemos dormir —se quejaron. Bum. demasiado estremecedor. demasiado cercano. Volvieron a oír otro bum. Fueron sus últimas palabras. subieron las cremalleras hasta arriba y se cubrieron las orejas. Bum. todos comprendieron de dónde procedía el ruido. Bum. Bum. Bum. A John no le dio tiempo a contestar. aunque demasiado tarde. Bum. de que habían acampado sobre la suave piel de un espantoso monstruo. Y mientras el suelo se elevaba se dieron cuenta. —John. .

Bum. en silencio. bum. —¡Qué historia tan divertida! —exclamé. Algunos campistas gritaron. Y se tragó a John y a los campistas sin masticar. Bum. a tío Marv. Es una historia muy divertida —repetí. Otros miraban asombrados. . A mi lado. Entonces alzó su enorme y peluda cabeza con la boca muy abierta. —¡Pero es una historia real! —afirmó débilmente. Y mientras resbalaban por la garganta del monstruo. ¡BUM! Tío Marv pronunció el último «Bum» con todas sus fuerzas.Eran los latidos del corazón del monstruo. Elvis me miró con los ojos medio cerrados. con los rostros desorbitados por el miedo. Lucy se abrazó a sí misma y se mordió el labio superior. Reí y me volví hacia Elvis. Elvis me miró fijamente. Tío Marv sonrió. —¿Qué? ¿Divertida? —Sí. En su rostro danzaba el reflejo anaranjado de las llamas. bum. el ruido de los latidos del corazón se hizo cada vez más y más fuerte.

Pero no lo hizo. que me miraban fijamente. ¿Es un poco raro o qué le pasa? . seguro —dije. —Sí. Un escalofrío me recorrió la espalda. y puse los ojos en blanco. Seguía abrazada a sí misma. Esperaba que Elvis se riera conmigo. Me volví hacia Lucy. —¿Le has oído? —le pregunté señalando a Elvis con la mano—. Luego se volvió para hablar con mi hermano.Me puse a reír. mirando fijamente al fuego. ¿Por qué estaba tan raro? ¿No pensaría en serio que me iba a creer una historia tan absurda como ésa? Tengo doce años. La luz del fuego brillaba en sus pálidos ojos azules. Hace tiempo que no creo en los Reyes Magos ni en el Ratoncito Pérez.

Parecía estar tan absorta en sus pensamientos que creo que no me oyó. Lucy asintió con la cabeza. Luego retrocedieron un poco y tío Marv se colocó frente al fuego. Les observé mientras reconstruían el fuego. Apilaron una brazada de ramas y palos sobre las brasas que quedaban encendidas. pero parecía estar de nuevo absorta en sus pensamientos. se reflejaba en su negra y larga cabellera.Lucy seguía sin apartar los ojos del fuego. Tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón corto blanco. Chris y otro monitor llevaron algunos leños al centro del círculo. Cogió una ramita y la lanzó al fuego. Las llamas de la hoguera se estaban apagando. los dos monitores pusieron leña encima. —¿Qué? —El nuevo amigo de mi hermano —expliqué señalando de nuevo a Elvis—. Cuando las ramas empezaron a arder. suspendida en lo alto. pero no contestó. Dice que la historia que ha explicado tío Marv es real. La luna llena. —A mí me parece una historia divertida — continué. Finalmente levantó la cabeza y parpadeó. Esperé a que dijera algo. Quedaban brasas al rojo vivo y algunos tarugos de leña que seguían ardiendo esparcidos por el suelo. .

Opina que sólo son cosa de niños. cada año explicamos la siguiente historia. Odia los cuentos sobre fantasmas incluso más que yo. —Y ahora voy a contaros la tradicional segunda historia del campamento Spirit Moon —anunció. Me incliné hacia atrás. Bajó la voz hasta convertirla casi en un profundo susurro. —En este campamento.Sonrió. al otro lado del fuego. la del fantasma del campamento —explicó. Estaba seguro de que a Alex la primera historia le había parecido bastante tonta. Pero Alex observaba atentamente a tío Marv. Y en un tono muy calmado. tratando de llamar la atención de mi hermano. Así que ¿qué le ocurría a Elvis? ¿Estaba haciendo el tonto? ¿Me tomaba el pelo? ¿O acaso trataba de asustarme? La profunda voz de tío Marv interrumpió mis pensamientos. nos explicó la historia del fantasma del campamento. Y yo pienso lo mismo. en el círculo de campistas se fue haciendo el silencio. De nuevo. La historia se desarrolla en un campamento . de manera que todos tuvimos que acercarnos un poco para poder oírle.

Una cálida noche de verano. Asaron perritos calientes y tostaron pastas de miel. Cada vez se espesaban más. La tarde avanzaba.muy parecido al Spirit Moon. ondeando como humo negro. la oscuridad envolvió a los campistas. El director del campamento se adelantó para finalizar la reunión. Todos elevaron la mirada y observaron que la luna estaba ahora cubierta por un manto de nubes oscuras. Cantaron canciones de campamento mientras un monitor les acompañaba tocando la guitarra canción tras canción. De pronto. Se formaron nubes grises a su alrededor que poco a poco se fueron oscureciendo. La fría y húmeda bruma se agitaba y . leyendas que se venían transmitiendo de campista a campista desde hacía casi un siglo. Contaron las leyendas del campamento. Cuando se cansaron de cantar. El fuego se había ido apagando lentamente. Finalmente la niebla cubrió el campamento por completo. La niebla empezó a arremolinarse sobre el campamento. Era una niebla fría y húmeda. los monitores se turnaron para contar historias de fantasmas. campistas y monitores se sentaron alrededor de un fuego. Una pálida luna llena brillaba en lo alto.

Se habían convertido en espíritus. Ahora sabían que el campamento fantasma era su hogar… ¡para siempre! .arremolinaba. el lago y los árboles. Se pusieron en pie y volvieron a sus cabañas. El césped brilló como si estuviera cubierto de rocío. Se desvaneció en silencio. Estaban inmóviles. todos eran ahora fantasmas. los campistas y monitores. La luna volvió a iluminar el lugar. envolviendo el fuego medio apagado. como humo dispersado por el viento. El fuego se había apagado. Con los ojos inexpresivos. en fantasmas. Los chicos. La niebla desapareció por completo entre los árboles. como había llegado. La niebla había convertido el campamento en un campamento fantasma. el director del campamento. Resultaba asfixiante. tan espesa y oscura que los jóvenes no eran capaces de distinguirse entre ellos. los monitores. los brazos flácidos pegados al cuerpo. las cabañas. Ni siquiera el suelo. No podían ver el fuego. Ya no estaban vivos. Las brasas púrpura chisporroteaban sobre la tierra. Los campistas permanecieron sentados alrededor de la hoguera. Era una bruma húmeda y silenciosa.

Nadie sonreía. «Es una historia bastante buena —pensé—. . Miraba a lo alto. Pero el final no vale mucho. Recorrí el círculo con la mirada. hacia el cielo.Tío Marv se apartó un poco de la hoguera. con una sonrisa en el rostro. Incluso un poco escalofriante. Mi voz rompió el silencio del círculo—. Una niebla oscura estaba invadiendo el campamento. Luego señaló hacia arriba con la mano. Yo también miré hacia arriba y chillé horrorizado. —Alex.» Me volví para ver qué pensaba mi hermano. Los rostros de todos se mostraban solemnes. ¿qué? —grité. ¿Qué te pasa? No contestó. Me quedé boquiabierto al ver la aterrorizada expresión de su rostro.

Me puse en pie a su lado. Se puso en pie de un salto. A medida que se iba acercando hacia nosotros el suelo se oscurecía cada vez más. Estábamos envueltos en una bruma oscura y espesa. tratando de parecer calmado—. —Sólo es una coincidencia —le aseguré. «Esto es una locura —me dije a mí mismo—. —Sólo es niebla —añadí. . ¡Es imposible!» Me senté al lado de Alex. Aquí en el bosque hay niebla muy a menudo. Tuve la impresión de que Alex no me oía. igual que los árboles y el cielo. Le temblaba todo el cuerpo. —¿En seno? —preguntó Alex con un hilo de voz.Me quedé boquiabierto al comprobar que la niebla se iba aproximando.

¿recuerdas? No nos asustan esas historias. ¿Por qué nos están mirando todos? —inquirió finalmente. Alex y yo ya estábamos de pie. Sus rostros pálidos brillaban en la oscuridad. —Hay una bonita niebla esta noche —comentó —. ¡Eh! Nosotros no creemos en fantasmas. —P-pero… —Alex tartamudeó—. Alex tenía razón. —Harry. frías y húmedas y me . Sus rostros se desvanecían tras la cortina de niebla oscura. La niebla se había espesado tanto que apenas distinguía a mi hermano. Empecé a temblar. esto no me gusta —murmuró Alex. Me volví y escudriñé en la oscuridad. Estábamos totalmente rodeados por la niebla. El resto de campistas y monitores obedecieron y se levantaron.—Claro —contesté—. —Yo no… no sé por qué nos miran —le susurré a mi hermano. Todos los chicos del círculo tenían su mirada puesta sobre nosotros. tenía la piel helada. Pero esto no me gusta. —Ya sé que nosotros no creemos en fantasmas —dijo Alex—. a pesar de que se encontraba muy cerca de mí. Pongámonos todos de pie y cantemos la canción del campamento Spirit Moon. Tío Marv rompió el silencio desde el otro lado del círculo. Me froté las manos. Es… es escalofriante.

esta vez con más suavidad. Alex y yo miramos a nuestro alrededor sorprendidos. menos la de Alex. Aunque todos cantaban. en la oscuridad. De nuevo la luna volvió a iluminarnos con su luz plateada. Éramos los únicos que permanecíamos ante la hoguera medio apagada. En cuanto tío Marv empezó a cantar. el sonido desaparecía en la niebla. La espesa niebla amortiguaba nuestras voces. aquella bruma fue espesándose y oscureciéndose cada vez más. con su voz pura y suave. dejaron de oírse todas y cada una de las voces. Incluso la profunda voz de tío Marv se oía muy lejana y sofocada. No había nadie más. las voces se fueron apagando. Entonces. Luego. la nube se desvaneció y el oscuro manto se elevó. Finalmente. también Alex cesó de cantar. pero no me sabía la letra. Estábamos completamente solos. Alex empezó a cantar a mi lado. Se diría que era el único que seguía cantando. Mi propia voz sonaba quebrada y débil.sequé la frente con la camiseta. Todas. Yo también intenté cantar. a mi lado. Todos le imitaron. . Mientras escrutaba entre la niebla.

¿Acaso creía que volverían a aparecer todos? Alex y yo miramos asombrados al otro lado del círculo en absoluto silencio. Un escalofrío me recorrió la espalda. los monitores. Todos habían desaparecido en la niebla. —¿D-dónde…? —pronunció Alex.Parpadeé una y otra vez. Tenía la piel húmeda y fría a causa de la espesa niebla. los campistas. Es una . Luego me eché a reír ante la asombrada mirada de mi hermano. Tragué saliva con fuerza. y di un salto. Un tronco quemado se derrumbó sobre las rojas cenizas. —Harry… —¿No te das cuenta? —le dije—. tío Marv. El golpe sordo que produjo al caer me sobresaltó. No sé qué me esperaba.

Puede que tengan una máquina que fabrica humo. Alex torció el gesto. llenan el círculo de humo oscuro y entonces… se van todos corriendo y se esconden.broma. Aprovechando la niebla. Entonces alguien pone en marcha una máquina. —Se han escondido todos en el bosque —le aseguré—. —Seguramente lo hacen siempre —insistí—. Alex se volvió y miró hacia el bosque. Tío Marv cuenta la historia. todavía con el miedo en los ojos. . —¡Estoy seguro de que la provocaron ellos! — exclamé—. Seguro que se la gastan a todos los nuevos. Así sale mejor la broma. Debieron de ponerse todos de acuerdo para gastarnos la broma. —¿Qué? —Es una broma de campamento —le expliqué —. No veo que nadie nos vigile. Apostaría algo a que se lo hacen a todos los recién llegados. —Pero… ¿y la niebla? —preguntó Alex. Apostaría algo a que nos están esperando para ver la cara que ponemos. Pero me parece que no me creyó. Alex arrugó la barbilla. —Yo no veo a nadie escondido por allí —dijo con voz débil—. sopesando esa posibilidad. —Seguro que han vuelto a las cabañas —le aseguré—. Alex me examinó aún más concienzudamente. echaron a correr.

Vi que Lucy se estaba riendo junto a un grupito de amigas. —¡Uuuh! . Este comentario hizo que todos volvieran a reírse y a mofarse de nuevo. Les divertía ese engaño.—Nos estarán esperando para poder reírse de nosotros por haber caído en su estúpida broma — añadió mi hermano. Se reían y silbaban. Elvis cogió a Alex y lo derribó jugando. Después nos contaron que gastaban la misma broma a todos los novatos. Alex corría a mi lado. —¡Vamos! —grité. —¡Uuuh! —Uno de los chicos se tapó la boca con las manos y empezó a soltar alaridos de fantasma. —No nos asustamos ni por un momento — mentí—. Le di una palmadita a Alex en la espalda y eché a correr entre la hierba mojada hacia las cabañas. Como yo había imaginado. La luna bañaba con su luz plateada el césped que se extendía frente a nosotros. Alex y yo nos lo imaginamos antes de que la niebla desapareciera. a medida que nos acercábamos a las cabañas. dándose palmadas mutuamente. los campistas salieron todos corriendo. Todos se rieron de nosotros y nos explicaron la cara tan asustada que habíamos puesto.

Me empujó hacia la tercera cabaña al final del camino. Observé las casetas alineadas una junto a otra. No me importaba que se rieran de nosotros. Cuando Alex y yo entramos en la cabaña. Y hay que reconocer que ésta ha sido bastante buena. y de pronto me sentí confundido. Pero estaba muy contento de que todo hubiera resultado ser una simple broma. Se estaban cambiando para ir a la cama. —Quedan cinco minutos para apagar las luces. Me flaqueaban las rodillas. Se presentaron. «En todos los campamentos de verano se hacen bromas —me dije a mí mismo—. campistas! Los muchachos volvieron a toda prisa a las cabañas. eran Sam y Joey.Esto provocó aún más risas y bromas. Elvis y otros dos chicos ya se encontraban en ella. no por mucho tiempo. —La orden de tío Marv acabó con la broma—. Me dirigí a mi litera y empecé a desvestirme. Harry —dijo Alex. en absoluto. Me sentía muy aliviado… El corazón seguía latiéndome a toda prisa. Al menos.» Pero no consiguieron tomarme el pelo. . ¡Apagad las luces. ¿Cuál era la nuestra? —Por aquí. Para estas cosas mi hermano tiene mejor memoria que yo.

» Noté algo suave y pegajoso en la planta de los pies. «¿Qué serán estos charquitos azules?». ¡Me estaban mirando fijamente. Son un poco malvadas. Eché una mirada a la litera de Joey y Sam pegada a la pared. yo incluido. con los ojos brillantes corno linternas! «¿Qué está ocurriendo aquí? —me pregunté. Pero antes de que se apagaran observé las manchas azules. ya descalzos. Tenía aquella cosa pegada en la planta del pie. me pregunté mientras subía a la litera de arriba. había charcos fríos y azules esparcidos por todo el suelo de la cabaña. Me di la vuelta y vi a Joey burlándose de mí. ¡Ecs! Miré hacia abajo y comprendí que acababa de pisar uno de aquellos fríos y repugnantes charquitos de baba azul. «Me gustan las bromas de campamento — pensé—. Me quedé boquiabierto. pero tienen su gracia. Las luces de la cabaña se apagaron. Busqué a tientas por la oscura cabaña hasta que encontré una toalla para limpiarme el pie. Todos se rieron. »¿Qué son estas manchas azules que hay por todas partes? .—¡Uuuh! —Un alarido fantasmagórico me hizo dar un salto.

»¿Y por qué los ojos de Sam y Joey brillan de esa manera en la oscuridad?» Me volví hacia la pared y traté de no pensar en nada. Ya estaba a punto de dormirme cuando sentí una mano fría y viscosa que me descendía por mi brazo. .

Miré a mi hermano. ¿verdad? — susurró. —¡Alex. —Harry. me has dado un susto de muerte! — susurré—. mirándome con sus ojos negros. tú no crees en fantasmas. Todavía sentía el frío y humedad en mi piel. —Pues sigue intentándolo —repliqué con sequedad—. Pero no se movió. . —Ya te acostumbrarás —dije—. ¿Qué quieres? Alex se puso de pie sobre el colchón. ¿Por qué tienes las manos tan frías? —No lo sé —contestó—. Bostecé y esperé a que bajara a su litera. —No puedo dormir —se quejó. Siempre tienes problemas para dormir en sitios nuevos. Hace frío aquí dentro.—¡Eh! Me incorporé de golpe.

No dejes que un par de historias tontas te quiten el sueño. «Pobre chico —pensé—. Le deseé buenas noches.—Claro que no —aseguré—. Buenas noches. De acuerdo —asintió—. pero me detuve. decidí. Empecé a darme la vuelta. Me volví y observé la litera de Joey y Sam en la oscura cabaña. —Sí. Esa estúpida broma del campamento fantasma y la niebla le han asustado. estaba estirado. Su colchón chirriaba mucho. donde le oí dar vueltas. —¡Oh. ¡suspendido medio metro por encima del colchón! . no! —murmuré en voz alta. dormido. Observé a Joey a la pálida luz. Alex volvió a su cama. ¿Les brillarían aún los ojos de aquella forma tan extraña? No. Todo estaba oscuro. »Por la mañana estará mejor». y miré fijamente.

Me di la vuelta y salté al suelo. Recordaba que el interruptor de la luz estaba por allí. —¡Uau! —Caí con fuerza y me torcí el tobillo. ¿qué ocurre? —me preguntó Alex. medio . Tenía que asegurarme de que estaba en lo cierto. —¿Qué pasa? ¿Qué hora es? —Oí que preguntaba Elvis con voz quejumbrosa. pero tenía las piernas hadas en la manta. El dolor me subió rápidamente por toda la pierna.Traté de bajar de la cama sin hacer ruido. ¿qué pasa? —oí susurrar a Alex desde la cama de abajo. —Harry. pero no hice caso y cojeé hasta la puerta. y ¡por poco me voy de cabeza! —Eh. No le hice caso. Quería encender la luz. De que Joey dormía flotando en el aire sobre su cama.

—¡Apágala! —insistieron Elvis y Sam. La luz se encendió y la lámpara del techo bañó la pequeña cabaña de luz blanca. Miré hacia la litera de Joey. Si tío Marv nos pilla con la luz encendida… —P-pero… —tartamudeé. Apagué la luz. Creí haber visto algo. Crucé despacio la cabaña hasta mi cama. decidí. ¿Por qué había creído que Joey dormía suspendido en el aire? «Debo de estar tan asustado como Alex — decidí—. No flotaba.dormido. Me arrimé al muro y lo recorrí a tientas con la mano hasta encontrar el interruptor y accionarlo. —Lo siento —murmuré—. volví a pisar un charquito frío de . mirándome fijamente. encima de la manta. Él levantó la cabeza de la almohada y me miró con los ojos entrecerrados. —¡Apaga la luz! —dijo Sam con brusquedad—. A mitad de camino. ¿qué te ocurre? —preguntó. No estaba suspendido en el aire. —Harry. desde la litera dispuesta en la otra pared. Tenía la cabeza apoyada en las manos y protestaba. Me sentí como un idiota. ¡Ahora hasta veo cosas extrañas!» Me reñí a mí mismo y traté de tranquilizarme. Estaba tumbado boca abajo. «Estás nervioso porque es tu primer día en el campamento».

Aquella tarde. Pero me detuve frente al escenario al aire libre. Estaba ansioso por empezar un nuevo día en el campamento.» Enseguida olvidé los temores que la noche anterior me habían quitado el sueño. «Ahora ya no seremos distintos de los demás —pensé contento. era la . pantalón corto blanco y camiseta blanca.esa sustancia pegajosa. al pie de nuestras camas. A la mañana siguiente Alex y yo encontramos unos uniformes blancos del campamento Spirit Moon. »Ahora formamos parte del campamento Spirit Moon. Se suponía que un grupo de chicos y yo teníamos que hacer prácticas montando tiendas de campaña. para escuchar cómo cantaba Alex. de larga cabellera cobriza que le cubría la espalda. Yo debía estar en el campo de fútbol. Alex se presentó a la prueba para participar en la función del campamento Spirit Moon. Nos estábamos preparando para una acampada nocturna en el bosque. a un lado del edificio. Una monitora llamada Veronica.

Me apoyé en un árbol y observé. Había muchos chicos en las pruebas. Siento cierta compasión por él. un bailarín de claque y dos majorettes. Pero apenas unos segundos después de que Alex empezara a cantar. un chico que tocaba la armónica. Escogió una canción de los Beatles que le gusta mucho. Es el único chico de once años que conozco que escucha emisoras de radio dedicadas a la música de antes. los grupos de los sesenta. Mi hermano no suele escuchar música moderna. Le gustan los Beatles y los Beach Boys. todos se calmaron.encargada de hacer las pruebas de aptitud. que tocaba un piano vertical frente al escenario. Se apiñaron alrededor del escenario y se pusieron a escuchar. Veronica. Incluso Veronica se quedó sorprendida. Estaba . ¡Realmente parecía un profesional! Quiero decir que probablemente podría cantar con un grupo y grabar un CD. Veronica tocó unas notas al piano y Alex empezó a cantar. hablando y armando jaleo. ¡Qué voz! Los otros chicos habían estado riendo. Vi dos guitarristas. Es como si hubiera nacido en una época equivocada o algo por el estilo. llamó a Alex y le preguntó qué canción quería cantar.

Elvis le dio una palmada en cuanto bajó de un salto del pequeño escenario. Probablemente hubiera preferido dejar de tocar el piano y taparse los oídos. Pero me di cuenta de que tenía verdaderos problemas para conseguirlo. Se aclaró la garganta y empezó a cantar una canción llamada Heartbreak Hotel. El siguiente a quien llamó Veronica fue Elvis. ¿Por qué quiere participar en un concurso de talentos si su voz es como el aullido de un perro?» . ya que le habían puesto su nombre. Elvis tenía los ojos cerrados. Los chicos que estaban alrededor del escenario empezaron a quejarse y comenzaron a desfilar.boquiabierta mientras tocaba el piano para Alex. Estaba tan concentrado en su canción que ni los vio. la verdad es que te rompía el corazón. Elvis tenía una voz aguda y estridente. Veronica trataba de seguirle con el piano. todos los chicos aplaudieron y le vitorearon. la melodía sonaba fatal. Bueno. Cuando mi hermano acabó la canción. tan desafinada que todos hicimos una mueca de disgusto. Él le dijo que quería cantar una canción de Elvis Preysler. «¿Acaso no se da cuenta de lo malo que es? —me pregunté—. Elvis fue incapaz de cantar una sola nota sin desafinar.

Escuché atentamente. Tiró de dos correas y la tienda de nailon empezó a desenrollarse. Volvió a darme el bulto. Sam. —¿Ves? Aquí están los palos. —Harry. Chris se dio cuenta de que no sabía por dónde empezar y se acercó. Recogí la tienda del suelo. Como nunca había montado una tienda. —¿Qué es ese ruido? —preguntó Joey apartando la mirada de la tienda que estaba montando. preparándose para empezar a montarlas. Joey y otro grupo de chicos ya estaban desdoblando las tiendas. Muy fácil —repetí. Veamos lo rápido que eres montándola. el monitor encargado de esta actividad. —Sí. me saludó con la mano. Decidí irme de allí antes de que me reventaran los tímpanos. Sólo tienes que tirar de ellos y apuntalarlos. Chris. no ocupaba más que una mochila. desenrolla esa tienda de allá —me ordenó—. . Estaba muy bien atada. no estaba seguro de cómo había que desplegarla. Le di la vuelta con las manos. que está cantando —contesté. —Es Elvis.Elvis volvió a repetir el estribillo. —Es fácil —aseguró. Le dediqué a Alex un gesto de aprobación y me fui corriendo al campo de fútbol.

. —Suena como un animal atrapado en una trampa —dijo. grité horrorizado. perdió el equilibrio y cayó sobre una tienda. Sentía el calor del sol sobre la nuca. Intenté matar un mosquito que tenía en el brazo. sólo bromeaban. Entonces. Todos nos reímos. la estiré sobre la hierba y amontoné los palos de la tienda a un lado.Los desafinados berridos procedentes del escenario se oían incluso desde el campo de fútbol. Sam meneó la cabeza. Habían cogido unos palos y estaban batiéndose en duelo. tropezó. como si lucharan violentamente con espadas. Era agradable sentir el cálido césped bajo los pies desnudos. y al levantar los ojos vi a Sam y a Joey luchando. dándose un fuerte golpe contra el suelo. Sam dio un traspiés. Yo hice lo mismo. Al ver que uno de los palos le atravesaba el pie. No se estaban peleando. Se reían y se divertían. Joey y Sam se quitaron las zapatillas y se quedaron descalzos. Desmonté la tienda. Oí un grito.

Voy a… —Pero Sam no gritaba. Voy a buscar ayuda. Muy calmado. como si estuviera clavado en la tierra. supongo.Se me revolvió el estómago. No se veía ningún corte ni herida. La afilada estaca atravesaba el pie de Sam. ¡Podía sentir el dolor en mi propio pie! Por simpatía. Me sentía totalmente mareado. no reaccionaba ni hacía ninguna mueca. Sam lanzó la estaca a un lado. Yo grité. con expresión asustada. Miré a mi alrededor buscando a Chris. bajó las dos manos y se arrancó la estaca del pie. ¿Dónde se había metido Chris? —¡Sam! —grité—. Joey miró a Sam sobresaltado. boquiabierto. Sabía que Sam necesitaba ayuda. ¡No le sangraba! .

en lo más profundo del bosque —contestó Chris. Gané sin dificultad. No iba a dejar que una simple historia de campamento me . Se arrodilló y empezó a apuntalar la tienda. Sam dijo que había tenido la suerte del principiante. Traté de disipar el miedo que sentía. Chris aseguró que ya estaba preparado para la acampada nocturna. «¿Que no le ha pillado? —pensé—. ¡Tu pie! ¡No sangra! Él se volvió y se encogió de hombros. Me concentré en las tiendas. ¿Que no le ha tocado los dedos?» ¡Pero… yo había visto la estaca clavada en su pie! ¿O es que estaba alucinando de nuevo? Traté de no pensar en ello durante el resto de la tarde. Guiñó un ojo a Sam y a Joey. Una vez tenía la tienda desenrollada montarla resultó fácil. —En el bosque. —¿Dónde acamparemos? —pregunté. —No me ha pillado los dedos —explicó. Tragué saliva y esperé a dejar de sentir náuseas. Chris nos hizo montar y desmontar las tiendas vanas veces.—¡Sam! —grité—. Me estremecí al acordarme de la historia de fantasmas que nos había contado tío Marv. Luego hicimos un concurso para ver quién montaba una tienda en menos tiempo.

Así que Joey y yo hicimos prácticas de socorrismo el uno con el otro. Nadie les daba importancia. Después del baño volví a la cabaña a cambiarme para la cena. busqué a Lucy. Había apartado ese pensamiento de mi cabeza. En el suelo de la cabaña había más charquitos azules. Yo tampoco quería dársela. Así que traté de no pensar en ellos. Me puse los pantalones cortos blancos del campamento Spirit Moon y la camiseta y fui hacia el comedor a cenar. —¡Muy bien! —exclamé.asustara. . tuvimos clase de natación en el puerto. Ya no me acordaba de la estaca que había atravesado el pie de Sam. Cuando vi un grupo de chicas que salían de las cabañas del otro lado. —¡Voy a actuar el primero en el concurso de talentos! —anunció—. Después. Llegó Alex muy excitado. Me sentía bastante bien. Va a ser el director de escena. Yo tengo el grado de Socorrista Júnior. pero no la vi. Hicimos chocar las manos y luego le pregunté—: ¿Y Elvis? —Él también participará en el concurso — contestó Alex—. El agua del lago estaba limpia y fría. A Veronica le gustó tanto mi canción que quiere que cante en el musical del campamento.

como si no hubiera sentido nada. ni de la misteriosa niebla oscura. Acababan de servir la cena: pollo con una especie de salsa cremosa. había permanecido completamente impasible. Me olvidé de que Sam se había clavado un palo en el pie. —¡Eh. ni de los charquitos azules. Esperaba ansioso la hora de cenar. Tampoco pensé en la historia de fantasmas que Elvis había asegurado que era real. espinacas y un grumoso puré de patatas. ningún dolor. Harry! ¡Mira! . Me daba igual lo que me dieran. Pero antes de poder probar bocado. Ni siquiera volví a acordarme de que Lucy había metido el brazo en el fuego y había sacado mi perrito caliente ardiendo. Pero Joey me puso de malhumor durante la cena. Dejé de pensar en aquellos extraños fenómenos. o de que había visto a Joey flotando sobre la cama.No me acordé de las cosas extrañas que había visto. Joey me llamó desde la otra punta de la mesa. pero sin embargo no había sangrado ni gritado. Estaba hambriento. Tenía tanta hambre que me hubiese comido cualquier cosa. Me sentía muy bien. e hizo que todos los recuerdos sobre las cosas misteriosas que habían ocurrido volvieran a acudir a mi mente.

Levantó el tenedor y… ¡se lo hincó con fuerza en el cuello! .Aparté la mirada del plato.

Miré asombrado el cuello de Joey. ni sangre. se sacó el tenedor tirando fuertemente de él. —¡Inténtalo tú! —me retó. ¡basta! —gritó Elvis desde el otro lado de la mesa. Joey me dedicó una sonrisa burlona. sin dejar de sonreír. —Joey. —Sí. . —Sólo es un truco —contestó.—¡Ah! —grité. Déjanos un rato en paz —añadió Sam. El corazón me latía a toda velocidad. No tenía ni un solo corte. Entonces. Solté el tenedor que tenía en la mano y cayó al suelo con gran estrépito. La sonrisa burlona de Joey ahora era aún más amplia. —¿C-cómo lo has hecho? —tartamudeé finalmente. No había marcas del tenedor.

—Ya sabéis que esta noche hay partido de fútbol. con una . —Presionó con fuerza los hombros de Joey con sus gruesos dedos. Tío Marv soltó los hombros de Joey y se fue a la siguiente mesa. Tenía el tenedor en la mano. ¿Habría visto el «truco» de Joey? Sí. Me volví para comprobar cómo le iba a Alex al final de la mesa. pero no comía. pero al ver que tío Marv se asomaba por encima de su hombro. Joey dijo algo entre dientes. No más bromas. el puré de patatas volaba por los aires. se detuvo. Mi hermano estaba lívido. Volvió a levantar el tenedor. Voy a enseñarte cómo se hace —se ofreció Joey. cenemos. Se había quedado boquiabierto. muy asustado. chicos —dijo tío Marv con firmeza—. —¿Qué ocurre. —Bien. Joey? —le preguntó el hombre bruscamente. —Mira. Chicos contra chicas. pero no lo oí debido al alboroto reinante. al final de la mesa. Joey volvió a dejar el tenedor sobre la mesa.Miré a Alex. Observaba atentamente a Joey. —Sólo estábamos bromeando —contestó tratando de evitar la profunda mirada del director del campamento. En ella estaban librando una batalla con la comida.

Parecía no estar hablando con nadie. Charlaban animadamente. probablemente del partido de fútbol. ¿Qué estaba ocurriendo? Joey había dicho que lo del tenedor sólo era un truco. Su rostro tenía una expresión seria. Pero ¿cómo lo había hecho? ¿Por qué no se había hecho daño? ¿Por qué no le había salido sangre? —¡Jugar al fútbol por la noche es genial! — saltó Eddie. Pero ya no tenía hambre. Desvió la mirada y se puso a hablar con Sam. Tenía la boca llena de pollo. —Ya te lo he dicho.expresión seria en el rostro. ¡Acabaremos con ellas! Son penosas. cerca de la pared. —¿Cómo haces lo del tenedor? —le pregunté a Joey. Yo sabía que él se estaba preguntando exactamente lo mismo que yo. ¿Me estaría mirando? No sabría decirlo. La salsa cremosa le goteaba por la barbilla. Me acabé la cena. Vi a Lucy entre las sombras. Sólo es un truco — contestó. El postre consistía en una especie de gelatina . Eché un vistazo a la mesa de las chicas al otro lado de la sala. —Sobre todo cuando jugamos chicos contra chicas —añadió Sam—.

Y en unos minutos consiguió apresarlo sujetándolo contra la pared con el extremo de paja de la escoba. —Sí. saltaba y se lanzaba de un lado al otro del comedor. se posaba. oí unos horribles gritos que procedían de la entrada de la gran sala. No estaba mal. Pero en mi mesa todos permanecían muy tranquilos. Tío Marv persiguió al murciélago con una escoba.en forma de cuadrados rojos. amarillos y verdes. Es porque las puertas del comedor no tienen cristales. ¡Era tan pequeñito! ¡No mayor que un ratón! Lo llevó hasta la puerta y lo soltó. —Ocurre muy a menudo —me explicó Sam—. El murciélago aleteaba ruidosamente. Ya. Son murciélagos asesinos. Algunos de los chavales más pequeños chillaban. . —Y en el bosque hay muchos más —añadió Joey—. Sam rió. aterrizan en tu pelo y te chupan la sangre de la cabeza. Pero hubiera estado mejor con un poco de nata montada. —Me dedicó una sonrisa burlona—. Mientras me acababa el postre. Luego lo apartó de la pared y lo cogió con una mano. Todos aplaudieron. Me volví y vi un murciélago revoloteando arriba y abajo del comedor.

La luna llena. Teníamos que permanecer en el banquillo y animar a los chicos del primer equipo. Id con los monitores de deporte.Por eso Joey tiene un comportamiento tan extraño… Me reí con ellos. Pero también me pregunté si Sam estaba realmente bromeando o no. La hierba. Alex se quedó a mi . No había suficiente luz. Alissa y Mark organizarán los dos equipos. La noche era fría y estaba nublado. Quiero decir que era cierto que Joey se comportaba de forma extraña. Los monitores hicieron los equipos. Cuando empezó el partido. Pero Sam y Joey me empujaron. húmeda ya por el rocío. Vi a Lucy que me saludaba con la mano. escondida tras las nubes. Dos focos situados en lo alto de dos postes derramaban sobre el campo anchos triángulos de luz blanca. Pero eso formaba parte de la diversión. Eso significaba que no íbamos a jugar en la primera parte. Las sillas chirriaron sobre el suelo de piedra cuando todos se pusieron en pie. A Alex y a mí nos tocó en el segundo equipo. Sobre el suelo se dibujaban largas sombras. —¡Todos al campo de fútbol! —gritó tío Marv desde la puerta del comedor—.

Alex se acercó a mí. El equipo de las chicas metió un gol en menos de un minuto. Los partidos nocturnos son más divertidos así. —Va a ser otra noche oscura —nos anunció—. Miré hacia el cielo y observé que estaba cayendo la niebla. Yo asentí con un movimiento de cabeza. Los jugadores del equipo de los chicos se quedaron por allí. De nuevo. rascándose la cabeza y murmurando tristemente. el larguirucho monitor de los chicos—. . Mark pasó despacio por delante de nosotros. La luz que desprendían los focos pareció atenuarse. —¿Has visto lo que ha hecho Joey durante la cena? —preguntó en voz baja.lado. como una gran cigüeña. ¡A por ellas. Me volví y vi una expresión de preocupación dibujada en su rostro. La espesa niebla nos invadió rápidamente. —¡Han tenido un golpe de suerte! ¡Sólo eso! — gritó Mark. muchachos! El partido prosiguió. arrastrada por una ráfaga de viento. —Dijo que era un truco. Las chicas del banquillo se volvieron locas de alegría. la bruma se arremolinaba. — Luego gritó una serie de instrucciones al equipo de los chicos.

Yo estaba mirando el partido. —Después de las pruebas para la función. ¿no crees que algunos chicos son un poco raros? —Sí. —Sí. Me di cuenta de que parecía muy preocupado. Está bien —concordó Alex. —Es agradable el lago —comenté—. Quiero decir que… creo que fue raro. —¿Qué ha ocurrido? —le pregunté a mi hermano. En algunas zonas. Empezaba a resultar difícil reconocer a los jugadores. —Ocurrió una cosa en el lago —continuó Alex —. Un poco —contesté. sin apartar la mirada del juego—. Respiró profundamente. Se oyó aplaudir a las chicas desde su banquillo. Estábamos los chicos de mi grupo y un par de grupitos de chicas. El agua es muy clara y limpia… Y no está muy fría. No puedo dejar de pensar en ello.Alex se quedó pensativo por un momento. La mayoría más pequeñas. —Harry —dijo finalmente. . intentando ver entre la niebla. nos permitieron nadar un rato por libre —explicó—. Supuse que habían marcado otro gol. Me acordé de la estaca que Sam se había clavado en el pie. la niebla parecía tan espesa como la nieve y entorpecía mi visión. Pero ocurrió algo muy raro. Me estremecí. Frunció el entrecejo—.

—Una chica —contestó Alex con un estremecimiento—. —Alex agitó la cabeza—. negro y rizado. Tranquilamente. Una del grupo de las pequeñas. venga! — gritó Mark al equipo. No sé cómo se llama. La luz que los focos desprendían se abría paso por entre la niebla y dibujaba extrañas sombras sobre el terreno de juego. así que podíamos hacer lo que quisiéramos. Y… entonces vi algo allí abajo. No se movía. Tiene el pelo corto. Una brazada. Estaba a mucha . —¿Qué era? ¿Qué viste? —pregunté. Moviéndome muy despacio. otra brazada. »E1 agua estaba muy limpia. ¿Quieres decir buceando? —No.—¡Vamos. muy lentamente. Pero yo nadaba a mi aire. Algunos chicos estaban haciendo una carrera de espalda cerca de la orilla. Metí la cabeza debajo del agua y miré hacia el fondo. venga. No estaba nadando. Tragó saliva. —Yo estaba flotando en la superficie del agua —prosiguió Alex rodeándose la cintura con los brazos—. chicos! ¡Venga. —¿Estaba debajo del agua? —le pregunté—. »Era nuestro tiempo libre. La niebla era ahora tan espesa que casi no podía distinguir a los jugadores de las sombras.

luego la agarré por debajo de los hombros. »A continuación oí algunas risas. Parecía como si le flotaran los brazos. Yo todavía la tenía agarrada por debajo de los hombros. Parecía que el corazón iba a explotarme. —¡Me asusté tanto! —exclamó Alex. No sabía si sería demasiado tarde. Me faltaba el aire. Y tenía los ojos abiertos… con la mirada vacía. Entonces empecé a arrastrarla hacia la orilla. No se movía. —¿Te hundiste hasta el fondo para cogerla? — pregunté. como si no pesara nada. No sabía qué hacer. Sentí pánico. La cogí por los brazos. Flotaba con facilidad. Se estaba riendo de mí. —Eso es lo que yo pensé —dijo Alex—. »La empujé hasta la superficie. No podía pensar en nada. —¿Se había ahogado? —pregunté. —¿Se había ahogado? —grité. Creo que no respiraba. Ella se volvió y… ¡me . supongo que de pánico. en el fondo del lago. Simplemente me hundí. tan alto que se oyó por encima de los gritos de los dos equipos—. —Sí. y tiré de ella hacia arriba. se movían arriba y abajo. o si tenía que avisar a un monitor o qué —explicó y volvió a estremecerse. »Descendí buceando. Alex se encogió de hombros. estaba muy asustado.profundidad.

Uau. Creí…. “¿Cuánto tiempo?”. Había estado allá abajo. ¿Quieres decir que estaba bien? —Sí —contestó con un movimiento de cabeza —. Alex. Pero debe de tratarse de simples bromas. »Yo le pregunté: “¿Cómo lo has hecho? ¿Cuánto tiempo puedes aguantar debajo del agua?” »Pero eso todavía le provocó más risa. Joey se clavó el tenedor en el cuello. No podía dejar de temblar. en el fondo. »Y contestó: “Mucho. Se encontraba perfectamente y se reía de mí.escupió agua en la cara! —¡Oh! ¡Uau! —grité—. durante la cena. Me temblaba todo el cuerpo. riéndose aún. —¿Bromas? —preguntó. Me miraba fijamente . mucho tiempo. Pero ¿no lo encuentras un poco raro. —Es extraño. Alex —contesté tranquilo—. Lo encontraba muy gracioso. insistí. —¿Y qué hiciste? —le pregunté a Alex. »Yo la miré fijamente. creí que… —Su voz se desvaneció. Harry? Y luego. —Tenía que salir del agua —contestó—. No podía creerlo. »Por lo menos se encontraba bien —murmuró al cabo de un rato—.” »Finalmente se fue nadando donde se encontraban las otras chicas. »Entonces la solté y ella se apartó de mí. mucho rato.

Cuando un chico chutó la pelota contra la red. Seguramente sólo son bromas. Pero fue demasiado lenta. entrando y saliendo de las sombras que los rodeaban. «Son bromas —me dije—. —Los chicos siempre gastan bromas a los campistas recién llegados —le expliqué—. Ya sabes que aquí existe la costumbre de aterrorizar a los novatos. la portera del equipo de las chicas se movió para intentar parar la pelota. la oscura niebla que nos rodeaba hacía que pareciera muy lejano. Se pasaban la pelota.con sus ojos negros.» Mientras escrutaba entre la niebla. No parecían reales. A pesar de que estaba muy cerca de mí. chutándola de un jugador a otro. Los chicos corrían por el césped hacia la portería contraria. La pelota botó en el suelo. O puede que tropezara. El caso es que la pelota le golpeó fuertemente en la frente. Volví a concentrarme en el partido. Alex se mordió el labio superior mientras pensaba en todo esto. vi algo que no podía tratarse de una broma. . nada más. Se produjo un ruido sordo. Sólo eso. Y la cabeza cayó a su lado.

¿Acaso pretendía volver a colocarla sobre sus hombros? Totalmente aterrorizado. temblando de miedo. Mientras corría hacia la chica sentía frío y humedad en el rostro. Eché a correr por entre las espesas espirales de oscura niebla.Me quedé de una pieza. sobre el suelo. A través de la negrura entreví a la chica tendida boca abajo. No sé en qué estaba pensando. me incliné entre la niebla… y recogí la cabeza con las dos manos. Y su cabeza… Su cabeza… Me incliné y la recogí. Aquella oscura y contorneante cortina parecía flotar sobre el suelo entre los árboles. .

—Tu cabeza… —dije. —¡Sal del campo! —me dijo otro. La alcé. Yo la observé. contemplé su rostro. Y al bajar la mirada vi a la chica que se ponía de rodillas.Era muy dura. —¡Pero yo he visto cómo se le caía la cabeza! —grité. se limpió los pantalones cortos blancos con la mano y luego alcanzó la pelota. Se quedó allí y me miró frunciendo el entrecejo. Y vi que lo que tenía entre las manos era la pelota. Sabía que no debía haber afirmado tal cosa. la elevé hasta la altura de mi cara. No era la cabeza de la chica. tú no eres del primer equipo! —oí que gritaba un chico. su cabeza. casi inhumana. Oí un quejido. Murmuró algo y agitó la cabeza. Tenía la cabeza sobre los hombros. Enseguida me arrepentí de haberlo dicho. . Ella se apartó la rubia cabellera lisa de la cara. Alguien me dio una palmadita en la espalda. No era una cabeza. Al volverme vi que las jugadoras habían vuelto a sus posiciones. Echaron las cabezas hacia atrás y se carcajearon de mí. Me temblaba todo el cuerpo. —¡Harry. Todos se rieron.

Quería alejarme de aquellos chicos. La chica levantó las manos. —¿Ves. No sé adónde iba. y del campo de fútbol. Por un momento. —¡Au! —grité. que estaba rodeado de cráneos que se reían de mí y se agitaban a la misteriosa y tenue luz que desprendían los focos. Harry? —gritó—. «¿Qué me pasa? —me pregunté—. se cogió la cabeza y tiró de ella. ¡Todavía está pegada! —¡Mejor que alguien compruebe si la cabeza de Harry está bien! —gritó un chico. Las risas siguieron. Todos volvieron a soltar la carcajada. Vino un chico. ¿Por qué estoy tan confundido? »¿Por qué sigo imaginándome cosas? »¿Es sólo que estoy muy nervioso por estar en un campamento nuevo? ¿O es que me he vuelto loco?» Regresé con dificultad al banquillo y después lo pasé de largo. Lancé el balón hacia la portería y me escabullí del campo. flotaban a mi alrededor. me pareció que a todos se les había caído la cabeza. me agarró por la cabeza y tiró de ella. .Sus rostros burlones. que seguían burlándose de mí. mofándose de mí.

Aunque oía los gritos y risas de los jugadores.La espesa niebla había cubierto todo el terreno de juego. Dirigí la vista atrás. Me di la vuelta y eché a andar hacia las cabañas. El rocío que mojaba el alto césped me hacía cosquillas al andar. . apenas se les veía. Estaba a medio camino cuando me di cuenta de que alguien me seguía.

Me volví de golpe. Se acercó tanto a mí. me había olvidado de él por completo. —Yo también vi cómo se le caía la cabeza y rebotaba contra el suelo. —Yo también lo vi —susurró Alex. —¿Qué? —pregunté. Para comprobar si alguien le seguía. supongo. Se volvió en dirección al campo de fútbol. Con el alboroto del balón de fútbol y de la cabeza. No sabía a qué se estaba refiriendo—. . Apareció un rostro en la oscuridad. Luego se volvió de nuevo hacia mí y me tiró de la camiseta. ¿Viste el qué? —La cabeza de la chica —contestó Alex bruscamente. —¡Alex! —grité. que hasta distinguí gotas de sudor que perlaban su labio superior.

Harry —insistió Alex—. —¿Sí? ¿De verdad? Él asintió con la cabeza. —Elvis dice que esas historias de fantasmas son reales —dijo. —Creí que iba a vomitar. Este campamento es muy raro. . Ya me entiendes. —Pero yo lo vi. Esa chica… se encontraba perfectamente. Se detuvo y suspiró—. —Eso sí que es verdad —contesté.Tragué saliva. ¿recuerdas? —afirmé—. Apoyé las manos sobre los hombros de mi hermano. ¿De acuerdo? Él asintió con un movimiento lento de cabeza. Fue… fue tan espeluznante… —Pero ¡no se le cayó! —grité—. Que los ojos me estaban jugando una mala pasada. Noté que estaba temblando. ¿No lo viste cuando corrí al campo? Recogí la pelota. Pero… —Tuvo que ser por culpa de la bruma — contesté tranquilo—. —Pero si los dos lo vimos… —empezó a decir Alex. No era una cabeza. —Nosotros no creemos en fantasmas. Alex se metió las manos en los bolsillos de los pantalones cortos y meneó la cabeza con una expresión de disgusto en el rostro. Al principio creí que había sido por la niebla.

—Estamos rodeados. fantasmales. Era un alarido largo y triste… de persona. pero me interrumpió otro triste aullido. Quizá más. todavía cogido a mi brazo—. un sonoro grito me dejó boquiabierto. Quizá tres. Los misteriosos quejidos procedían de detrás de los árboles. —¡Auuu! De nuevo. No era el aullido de un animal. Sonaban como si el bosque entero estuviera aullando. —¡Auuu! Oí a dos criaturas aullando. —¿Qué ha sido eso? —preguntó asustado.El primer aullido que oímos nos sobresaltó a los dos. Oímos otro misterioso aullido procedente del mismo lugar que el primero. Eran inhumanos. nos tiene rodeados. Alex me cogió del brazo. Sea lo que sea. Me volví hacia el bosque. . Tenía la mano fría como el hielo. ni siquiera parecido. Abrí la boca con intención de contestarle. Harry —susurró Alex.

Y vimos a Elvis. avanzando sobre el césped. a Sam y a Joey que nos perseguían con una sonrisa burlona en el rostro. de pasos. Elvis .—¡Auuu! Los espantosos quejidos procedían de entre los árboles. Vayamos al edificio principal. Me di cuenta de que no teníamos escapatoria. —¡Corre! —susurré a Alex—. Quizás encontremos allí a tío Marv. Sam repitió el fantasmal aullido poniéndose las manos alrededor de la boca. Quizás… Echamos a correr entre la niebla hacia el edificio. Cada vez eran más fuertes. detrás de nosotros. Entre carcajadas. Alex y yo nos volvimos a la vez. Oí un ruido sordo. Pero los aullidos nos perseguían.

Noté que se me subía la sangre al rostro. —¿Creíais que había lobos en el bosque? — preguntó Sam.y Joey echaron las cabezas hacia atrás y también aullaron. Quería pegar a aquellos payasos. machacar sus rostros burlones. —¡Déjame! ¡Déjame! —protestó Alex enfadado. —¡Idiotas! —grité y les amenacé con el puño. —¿O fantasmas? ¿Creísteis que había fantasmas? —añadió Joey. Los dos lucharon sobre el césped húmedo. Creíste que era un fantasma. ¡Miradles! ¡Están temblando! ¡Oh! ¡Uau! ¡Están temblando! Sam y Joey se rieron divertidos. Admítelo. —¿Te he asustado? —le preguntó Elvis sin aliento—. sólo bajó la mirada al suelo. Alex. Puso los brazos alrededor de la cintura de mi hermano y lo lanzó al suelo. —Callaos —repliqué. en lugar de ello se . —¡Os lo habéis creído! —gritó Elvis—. Alex no dijo nada. Estaba tan avergonzado como yo. patear. ¿no? ¿A que sí? Alex no quiso contestar. —¡Auuu! —Elvis volvió a aullar con voz aguda. ¡Os lo habéis creído! —Se volvió hacia Sam y Joey—. Yo estaba a punto de explotar.

Siguieron peleándose un poco más. Decidí que en el campamento Moon Spirit debían de tener la costumbre de asustar a los nuevos. «¿Por qué he caído en la trampa? —me pregunté a mí mismo—. ¿Por qué he permitido que me asustaran tres chicos escondidos detrás de los árboles imitando aullidos? »Normalmente.quejó y empujó a Elvis. Habían conseguido ponernos los pelos de punta a Alex y a mí. muy orgullosos de sí mismos.» Mientras los cinco nos dirigíamos hacia la cabaña seguí pensando en ello. ¿sabéis chicos? — dije refunfuñando—. me hubiera reído de una broma tan estúpida. Y funcionaba. Entonces. —¿Unos críos? —gritó—. riéndose. Sam y Joey dieron unos pasos hacia mí. Me di cuenta de que los campistas y monitores habían tratado de asustarnos a Alex y a mí desde nuestra llegada. Incluso tío Marv había colaborado con sus horripilantes historias. pero no pude pronunciar una sola palabra. ¿cómo es que habéis caído en la trampa? Abrí la boca dispuesto a contestarles. En serio. Sois unos críos. Nos habían puesto tan nerviosos que saltábamos de miedo al mínimo . —No tiene ninguna gracia. Joey y Sam entrechocaron las manos.

teníamos que olvidarnos de todas aquellas tonterías sobre los fantasmas. Me repetí esta frase una y otra vez. aún se divertían con la broma. «Alex y yo no creemos en fantasmas y nunca lo hemos hecho.ruido. Decidí que Alex y yo teníamos que sobreponernos.» Sin embargo. Sam y Joey todavía estaban riendo. «Nosotros no creemos en fantasmas». después de un corto paseo por el bosque… ¡decidí que sí creía en fantasmas! . la noche siguiente. Jamás. Elvis. Entramos en la cabaña y encendí la luz. Como un cántico. me dije a mí mismo.

alguien me lanzó un balón de fútbol y gritó: —¡Mi cabeza! ¡Devuélveme mi cabeza! Por la mañana teníamos natación. Seguro que se compadece de mí. Joey. Vi a Lucy paseando por la orilla con otras chicas de su cabaña. En realidad. «Probablemente piensa que parezco un niño pequeño —me dije triste—. La pillé varias veces mirándome. Las otras chicas se reían de los aullidos fantasmagóricos. A todos les pareció muy divertido. Al salir del comedor después del desayuno. Sam y algunos chicos más empezaron a aullar como si fueran fantasmas. Me comporté como un completo idiota delante de todos en el campo de fútbol la otra . pero Lucy no. tenía una expresión muy seria en el rostro.Al día siguiente Alex y yo fuimos objeto de múltiples bromas. parecía preocupada.

por las miradas burlonas de sus rostros. me sequé.noche. Me envolví con la toalla y eché a andar hacia Lucy. y la movía sobre la superficie del agua poco profunda. sólo me clavó sus negros ojos. . Pero tuve que detenerme porque se me enredó la toalla entre las piernas—. El resto de las chicas se habían ido. De pronto me di cuenta de que no sabía qué decirle. que habían visto huir a Lucy de mí a toda prisa. Tenía un pie dentro de una canoa de plástico. No quiere que nadie la vea hablando con un completo chiflado. Eché a correr detrás de ella. Lucy llevaba los pantalones cortos blancos y la camiseta. —Hola —contestó. De pronto. —Hola —la saludé.» Me envolví con la toalla. que se encontraba en el pequeño embarcadero. —¡Eh! —la llamé. No sonrió. ¡Eh! ¿Qué te pasa? Ella desapareció detrás de la cabaña de trabajos manuales. un tipo que cree que a una chica se le puede caer la cabeza rodando. Sam. y que en el bosque hay fantasmas que aúllan. Joey y otros chicos me estaban observando desde la orilla. se volvió rápidamente y echó a correr. Me di cuenta. «Yo sé lo que le ocurre —me dije con tristeza —. No se volvió ni una sola vez.» Después de la natación.

» No. venid a buscarme —quise escribir.—¡Quizá sea tu aliento! —bromeó Joey. Una de las reglas del campamento era que teníamos que escribir a nuestros padres una vez por semana. había sido uno de los peores. Alex y yo estamos muertos de miedo. Subí a la litera de arriba y empecé a pensar en qué contarles a mis padres. Queremos que sepan que estáis pasando el mejor verano de vuestra vida. No podía hacer algo así. Se dejaron caer al suelo y empezaron a aullar. Spirits! —gritaron todos. Después de comer llegó el momento de escribir cartas. «Por favor. ¿de acuerdo? —¡Eeeh. Los monitores se aseguraban de que estuviéramos todos en las literas y de que escribiéramos cartas a nuestros padres. De hecho. Me apoyé en un lado del colchón y me asomé . Yo no diría exactamente que estaba pasando el mejor verano de mi vida. hasta ahora. Ni hablar. —Para que vuestros padres no se preocupen por vosotros —anunció tío Marv durante la comida —. »Todos son muy raros aquí. Pero decidí no poner eso en la carta que escribí a casa.

inclinado sobre la carta. —¿Qué escribes? —le pregunté. yo tampoco lo haría. —¿Adónde vamos de excursión? —preguntó alguien gritando.abajo para observar a mi hermano. después de la cena. —Muy bien —murmuré. escribiendo a toda prisa. . Tío Marv sonrió. Que voy a ser la estrella y a participar en el musical de la semana que viene. ¿Para qué preocuparles? ¿Por qué iba a hacerles creer que no lo estaba pasando bien? Si Alex no les contaba nada sobre las extrañas cosas que nos habían ocurrido. es una excursión nocturna —anunció tío Marv. Me incliné sobre la hoja de papel y empecé la carta: Queridos papá y mamá: El campamento Spirit Moon es mucho más emocionante de lo que hubiera podido nunca imaginar… —La actividad de esta noche. Los gritos de alegría resonaron en los arcos de madera del enorme comedor. Decidí que yo también iba a contarles sólo cosas agradables a mis padres. Estaba sentado en su cama. —Les explico lo de la función del campamento Spirit Moon —contestó—.

Era impresionante. La luna llena iluminaba el bosque. Empecé a relajarme. la tierra pareció iluminarse. Alex y yo cruzamos la mirada. El pequeño era monísimo. Una madre y su cría.—A lo más profundo del bosque… Por supuesto. Los dos ciervos se quedaron mirándonos. Joey y yo íbamos juntos. cantando. Hicieron una mueca de desprecio como diciendo: «¿Qué estáis haciendo en nuestro bosque?» Luego desaparecieron muy deprisa entre los árboles. cada hoja del césped. aparecieron dos ciervos. inventándonos letras divertidas . Otros se rieron. Cuando estábamos más o menos a medio camino del lago. La luna brillaba tanto que me pareció poder distinguir cada uno de los arbustos. Pero la excursión resultó divertida. El camino conducía a una pequeña explanada circular. Todos parecían estar de buen humor. esa frase hizo que todo el mundo pensara en la historia de fantasmas que había contado tío Marv dos noches antes. parecía Bambi. Seguimos un camino alrededor del lago. Cantamos la canción del campamento tantas veces que casi me aprendí toda la letra. Al salir al claro. Sam. cada semilla. Algunos chicos aplaudieron.

» Me sentí estupendamente hasta que volvimos. ¿Tenía las pálidas mejillas mojadas de lágrimas? Estábamos rodeados de retazos de niebla. oscureciendo el cielo. —¡Tsss! —me susurró alguien al oído. Tenemos que ir a la cama. Me soltó los brazos. Me examinó el rostro con sus ojos negros. Cantamos En lo alto del espagueti unas veinte veces. Todos corrieron a sus cabañas. Entonces. todo el campamento. Me lo estoy pasando muy bien. Noté que me arrastraban hacia los árboles. Nos saludó envolviéndonos con su frío y humedad. —¡Eh! —grité. el suelo. hasta que unos chicos nos rogaron que dejáramos de cantarla. —Diez minutos para apagar las luces — anunció tío Marv. dos brazos robustos me cogieron por detrás y me detuvieron. Me di la vuelta y vi que era Lucy quien me sujetaba. Pero siguió mirándome . »He hecho algunos amigos estupendos en este campamento. «¿Por qué he sido tan tonto? —me pregunté a mí mismo. —¿Qué haces? —le susurré—.para canciones que conocíamos. Debemos prepararnos para… —¡Tsss! —me silbó de nuevo al oído. La espesa niebla había empezado a rodearnos.

—Lucy.fijamente. —Asintió con la cabeza tristemente—. Lucy… —empecé a decir. —Somos fantasmas. . Volví a contemplarla boquiabierto. —Sí. —Harry. ¿qué ocurre? —Creo que ya lo sabes —repuso con suavidad —. Yo no entendía nada. tienes que ayudarme —susurró. Tragué saliva. Todos los de este campamento somos fantasmas. Harry —me explicó Lucy —. Yo también soy un fantasma. Todo es cierto. —Pero. Lo que piensas es cierto.

¿cómo podía no creer en fantasmas si tenía uno justo frente a mí. en su boca temblorosa. supongo que estás bromeando. ¿no? —balbuceé—. No parpadeé. De pronto me sentí tan petrificado como las rocas del suelo. Harry. Sin embargo. en su piel pálida. —Supongo que…. —Soy un fantasma —repitió triste—. No me moví. La leía en sus ojos negros. Las historias… son reales. ¿Se trata de otra de las bromas del campamento Spirit Moon? Pero yo ya sabía la respuesta. mirándome? . «Pero yo no creo en fantasmas». estuve a punto de decir. Pero el brillo desapareció en cuanto la niebla cubrió la luna. La luz que derramaba la luna hacía brillar los ojos de Lucy como si fueran joyas oscuras.La niebla ocultaba los árboles.

Y . Sentí varios escalofríos que descendían por mi espalda. ¿Desde cuando… desde cuándo eres un fantasma. Ni siquiera traté de contenerme. Nos habíamos convertido en fantasmas. uno tras otro. Me quedé mirándola fijamente. Estamos aquí desde entonces. —No lo sé. sin decir nada. Sólo pasan los días. nos rodeó una niebla muy oscura y espesa. . Como la otra noche. Todo mi cuerpo estaba temblando. todos estábamos muertos. He perdido la noción del tiempo. Volvió a suspirar. Ella suspiró y apartó el rostro. Cuando eres un fantasma el tiempo deja de existir. —Cuando por fin desapareció la niebla — continuó Lucy—. Estábamos todos sentados alrededor de un fuego de campamento. A pesar de que todo estaba muy oscuro distinguí el brillo de las lágrimas en los ojos de Lucy. —¿Cómo es posible? —pregunté. —Todo ocurrió tal y como tío Marv contó en su historia —contestó—. —Pero ¿cuándo ocurrió eso? —pregunté—. de pronto. Creo que es para siempre. No sé nada más. No puedo explicarte nada más. Lucy? Se encogió de hombros.¿Cómo podía no creer en Lucy? —Te creo —susurré.

se forman esos charquitos. —T-te creo —tartamudeé—. Quería comprobar si me estaba gastando otra broma o no. De nuevo me examinaba con sus ojos negros. tan fría como la niebla oscura. —¿Qué? ¿Protoplasma? Ella asintió con la cabeza. inhumana. requiere mucha energía. —¿Me crees ahora? —me preguntó suavemente. No acababa de entenderlo. —¡Oh! —Tenía la mano helada. Creo que quería ver si ella era real o no. Te creo. —Cuando nos materializamos. sabía que aquella sustancia era extraña. —Los charquitos azules —murmuré—. Todavía sentía el frío de su mano en mis dedos. Pero después de haberlos pisado. Eran huellas de fantasmas. —Necesitamos mucha fuerza para hacernos visibles. . Frunció el entrecejo con tristeza. ¿Sabes qué son? —Sí —contestó—.Levanté la mano y cogí la suya. Ella no dijo nada. Asentí con la cabeza. La solté de inmediato. Esos charcos azules y pegajosos que hay en el suelo de la cabaña. Son gotas de protoplasma. Lucy. Los charquitos de protoplasma se forman cuando utilizamos esa energía. cuando nos hacemos visibles.

que no vas a crecer nunca. ¡Saber que nunca tendremos una verdadera vida! —Yo-yo…. Es aburrido ser un fantasma. En su boca se dibujó una sonrisa burlona muy desagradable. a sabiendas de que ya no eres real. —Ayúdame. ojos que brillan como linternas. y retrocedí otro paso —.—¿Y las cosas que hemos visto Alex y yo? — pregunté—. que jamás cambiarás. Harry. Tienes que ayudarme a salir de aquí. No tiene ningún aliciente pasar un día tras otro aquí. Harry —susurró Lucy—. ¡Déjame ocupar tu cuerpo! . —¿Salir de aquí? —grité. Chicos que flotan sobre la cama. —Lucy sollozó tristemente—. Di un paso hacia atrás y de repente sentí mucho miedo. créeme. ¿Cómo? —Tienes que dejar que posea tu mente — insistió ella—. Sólo querían divertirse un poco. No lo soporto más. Lucy cambió de expresión. lo siento mucho —tartamudeé. Entrecerró los ojos. chicos que se clavan cosas y no sangran ni gritan de dolor… —Algunos chicos han tratado de asustaros — confesó Lucy—.

Percibía el fuerte latido en mis sienes. El pánico se apoderó de mí. mirando a Lucy. Estaba de pie. . —¡No! —repetí.» Ese pensamiento cruzó mi mente… pero ya no era cierto. en el límite del bosque. Por favor. La niebla nos rodeó. todo mi cuerpo temblaba. Harry —repitió de nuevo Lucy acercándose a mí—. Ayúdame.—¡No! —grité. Pero no podía moverme. Sentía que todos los músculos de mi cuerpo se tensaban. —Tengo que ocupar tu mente. Estaba deseando dar la vuelta y echar a correr. «Yo no creo en fantasmas. por favor. Mirando el fantasma de Lucy. Tenía las piernas como de gelatina.

aparecía y desaparecía entre la niebla. ¿Por qué tienes que ocupar mi mente? —Ésa es mi única salida —contestó Lucy. Tenía la mirada fija en mí—. —N-no lo entiendo —tartamudeé. Si les abandono. Di un paso hacia atrás. La niebla parecía envolverme. Lucy estaba a dos pasos delante de mí. desapareceré. me desvaneceré. —Necesito ayuda —me dijo muy suavemente. pero no me respondían las piernas. Me convertiré en bruma. fría y húmeda. Pero casi no la veía. —¿Por qué no tratas simplemente de huir? — insistí. —¿Qué…. Es lo único que puedo hacer. Tenía que esforzarme para oír lo que decía—. —Si intento abandonar el campamento por mi cuenta. formaré parte de la niebla. ¡También es imposible ver un fantasma! ¡Todo lo que me ocurre es imposible! . Lucy suspiró. «Vaya tontería estoy diciendo —me regañé a mí mismo—. qué quieres hacer conmigo? — pregunté finalmente—.De nuevo traté de echar a correr. —Pero… ¡es imposible! —grité. La única manera que existe de que un fantasma pueda escapar es ocupando la mente de una persona viva.

ya no volveré a ser yo nunca más. «Tengo que volver a la cabaña —decidí—.Pero está ocurriendo. Tenía todo el cuerpo mojado a causa de la humedad de la bruma. . Abandonaré tu mente y tu cuerpo. como si nos envolviera en un círculo. ¡No puedo! Quiero decir que… —El corazón me latía con tanta fuerza que casi no podía ni hablar. Estaba temblando. Empecé a apartarme un poco. La miré a través de la niebla. —No te asustes —repitió—. Te lo prometo. La niebla nos rodeaba. Tan pronto como estemos lejos de aquí. Te necesito para que me saques de aquí. Volverás a ser tú otra vez. Harry. Harry. Tengo que ir a buscar a Alex y huir de este campamento. Me siguió. »¡No! —volví a gritar—. Te prometo que estarás bien. Estarás bien. Dejé de retroceder. —Harry. Si lo haces. me iré.» —Necesito poseer la mente y el cuerpo de una persona viva —explicó Lucy—. Tengo que ocupar tu cuerpo. por favor —rogó Lucy—. Te lo aseguro. Lo antes posible. —No voy a dejar que ocupes mi mente — conseguí pronunciar finalmente—. En cuanto salgamos del campamento.» —No te asustes —rogó Lucy. te dejaré. Por favor.

¿Debía aceptar? ¿Debía permitir que Lucy ocupara mi mente? Si lo hacía. ¿me la devolvería? ¿Podía confiar en ella? .

—Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas —. Pero no tienes elección. que . ¡Tienes que ayudarme! —¡No! ¡De ninguna manera! Me volví y traté de echar a correr. La niebla me tenía cogido.Lucy flotaba frente a mí. asfixiante. —No. Entrecerró los ojos y dibujó una extraña sonrisa en sus labios—. Lo siento mucho Harry. tensó los músculos de la mandíbula mientras le rechinaban los dientes. No puedo. —Yo también lo siento —repuso con frialdad. —Por favor —susurraba. Me suplicaba con sus ojos negros. No puedo. Pero algo me retenía. Ella cerró los ojos. —Lo siento —repetí y retrocedí un poco. Lucy. húmeda. Lo siento. Era una bruma espesa.

por el pecho… —¡Nooo! —pronuncié un fuerte aullido de protesta. Sentía el rostro helado. No podía dejarme llevar. mantenerme despierto. ocupando mi cuerpo. como si tuviera escarcha sobre el cabello. ¡No. Pero la niebla ahogó mi grito. apoderándose de mi cerebro. —¡Lucy. . Podía sentirla. me descendía por el cuello. Mantuve cerrados los ojos y tensé cada uno de mis músculos. muy fría. Y sentí cómo mi yo desaparecía.tiraba de mí. y sentí mucho frío. Intenté gritar pidiendo ayuda. seguido de un escozor en el pelo. Apreté la mandíbula con fuerza. —¡No! —grité—. Entonces noté algo frío sobre mi cabeza. Lucy desapareció en la oscuridad. que me empujaba. por favor! —rogué. muy ligera. Sabía que debía concentrarme. Tenía que pensar. Me escocía el cuero cabelludo. Me invadía un profundo sueño. Lucy! El frío descendió. que se apoderara de mi mente. Me froté las mejillas. El frío se apoderaba de mí. Me palpé con las dos manos. No debía permitir que me ocupara. Cerré los ojos con fuerza. y controlara mi cuerpo. entumecidas y heladas. Podía sentirla. y me retenía.

Y tenía mucho sueño… estaba soñoliento… . ¡No voy a permitirlo!» El frío se apoderó de todo mi cuerpo. me sentía entumecido.«¡No! —pensé yo—. me escocía la piel. ¡No puedes hacerme esto. Lucy! »¡No dejaré que ocupes mi mente! »No conseguirás poseerme.

consciente de que estaba recuperando la sensibilidad. —¡Nooo! De pronto me sentí más ligero y completamente despejado.» —¡Nooo! —rogué en medio de la niebla que me rodeaba como un torbellino. Expulsarla. ¡Me he deshecho de Lucy!» .—¡Nooo! —volví a gritar echando la cabeza hacia atrás. »¡Nooo! Empecé a sentir que el frío me abandonaba. «Si sigo gritando me mantendré despierto — me dije a mí mismo—. me froté las mejillas. Y podré rechazar a Lucy de mi cuerpo. —¡Nooo! Apreté con fuerza los brazos. «¡Lo he conseguido! —comprendí—.

Mis zapatillas de deporte resonaban contra el suelo. «Respiro —me dije a mí mismo—. Los chicos ya se habían metido en la cama. —¿Qué ocurre? —Alex me miró sin abrir apenas los ojos. Date prisa —le ordené. Las luces estaban apagadas. agarré a mi hermano y le sacudí con fuerza. —Vamos. Vamos a tener problemas por tu culpa.Pero ¿cuánto tiempo tardaría en volver a intentar poseerme? Respiré profundamente dos veces. . Joey se sentó en la cama. No le contesté. Bajé la cabeza y me lancé a través de la niebla. No les hice caso. de vuelta a la cabaña. Me apresuré a entrar en la cabaña. Crucé la habitación a toda prisa. —Harry. Oí que los otros chicos se movían en sus literas.» Ahora tenía más fuerzas. Soy yo… y puedo respirar. ¿dónde estabas? —preguntó. —Hace diez minutos que dieron la orden de apagar las luces —dijo Sam—. medio dormido aún. No pronuncié una sola palabra. la contrapuerta se cerró de golpe detrás de mí. Le alcancé los pantalones cortos y las zapatillas. —¿Qué pasa? —preguntó Sam.

date prisa! —susurré. —A lo más profundo del bosque —respondí—. Tan pronto como se hubo atado las zapatillas lo agarré por el brazo y lo arrastré en dirección a la puerta. ¿qué pasa? —preguntó. Un minuto o dos más tarde. Los . Harry —protestó mi hermano—. Las zapatillas resbalaban sobre el césped húmedo. Empujé a Alex hacia el exterior. Nos encontrarán. Me duele el costado y… —¡Son fantasmas! —grité—. —No puedo correr más. Alex. Vamos. —¿Adónde vais? —oí que preguntaba Joey. Alex quiso detenerse para recobrar el aliento.—¡Alex. —¿Adónde vamos? —preguntó Alex. —Harry. La contrapuerta dio un portazo. —¡No! —insistí—. —¡Corre! —grité—. Sólo se oía el chirrido de los grillos y el sonido del viento que agitaba los pinos. Seguimos el camino hacia el bosque. sé que no vas a creerme pero… tienes que intentarlo. ¡ahora! —Pero Harry… Empujé a Alex por el césped. Tenemos que salir de aquí. La niebla ya no era tan espesa. Te lo explicaré luego. Tan lejos del campamento como podamos. ahora permitía que la luz de la luna nos iluminara un poco. Nos seguirán.

Pero luego. —Ya lo sé —contestó con voz apagada. luego hacia el otro. Rocé las espinas con la cabeza. lejos del lago. tío Marv… ¡Todos son fantasmas! Alex mostraba una expresión cada vez más solemne en el rostro. Yo pensé que sólo quería asustarme. Allí la luz de la luna hacía resplandecer el césped. —Elvis dijo que la historia de fantasmas de la niebla era real —prosiguió Alex—. Nos metimos entre dos troncos de árbol que se cruzaban. No sabía . —¿Qué? ¿Cómo lo sabes? —le pregunté. ¿cómo lo sabes? —volví a preguntarle. me dije a mí mismo. más allá de los matorrales. Corrimos hasta una pequeña explanada. Empujé a mi hermano en dirección contraria. «Todavía estamos demasiado cerca del campamento». Nos agachamos para evitar las ramas de un alto arbusto espinoso. —Alex. Sin pensar en el dolor que sentía. —Me lo explicó Elvis —contestó. Por encima del chirrido de los grillos oía las olas que rompían en la orilla del lago. y se secó el sudor de la frente con el brazo.chicos. adentrándonos en el bosque a través de las altas hierbas y los matorrales. Dirigí la mirada hacia un lado. él… él… —Se le quebró la voz. los monitores. seguí caminando.

en qué dirección correr. Aplasté un mosquito que tenía en el brazo. —¿Qué hizo Elvis? —le pregunté a Alex. Él se peinó hacia atrás la oscura cabellera con los dedos. —Intentó apoderarse de mi mente —me explicó con voz temblorosa—. Empezó a flotar en la niebla. Y luego sentí mucho frío. Se oyó el crujido de unas ramitas y luego el de hojas secas. ¿Serían pasos? Empujé a Alex hacia los árboles, fuera de la explanada. Nos pegamos al tronco de un árbol muy ancho y escuchamos. Ya no se oía nada. —Quizás haya sido una ardilla o cualquier otro animal —susurró Alex. —Es posible —contesté y escuché atentamente. Por entre las copas de los árboles se veía la luz de la luna que dibujaba sombras danzantes sobre la suave explanada. —Tenemos que seguir —dije. «Todavía estamos demasiado cerca del campamento. Si los fantasmas nos siguen…», no quise seguir pensando. No quería imaginar lo que podría ocurrir si venían tras nosotros y nos cogían… —¿Por dónde se va a la carretera? —preguntó

Alex mientras escudriñaba por entre los árboles—. No está muy lejos del campamento, ¿no? Si conseguimos llegar hasta la carretera, seguro que nos recoge algún coche. —Buena idea —dije. ¿Cómo no se me había ocurrido? Allí estábamos, en medio del bosque, lejos de la carretera, y sin saber qué dirección tomar para encontrarla. —Tiene que ser por ahí atrás —decidió Alex señalando con el dedo. —No. Ése es el camino de vuelta al campamento —aseguré. Empezó a contestar algo, pero un fuerte ruido le detuvo. —¿Has oído eso? —susurró. Lo había oído. Volvimos a oírlo de nuevo. Era un fuerte ruido, y estaba muy cerca. —¿Es un animal? —pregunté en voz baja. —M-me… pa-parece…, me parece que no — tartamudeó Alex. BUM. Más fuerte. «¿Será un fantasma? —me pregunté. »¿Nos habrá encontrado alguno de ellos?» —¡Rápido, por aquí! —ordené. Cogí a Alex de la muñeca y lo arrastré con fuerza. Teníamos que alejarnos de aquel ruido

espeluznante, fuera lo que fuera. BUM. Más fuerte. —¡Éste no es el camino! —grité. Nos dimos la vuelta y echamos una mirada hacia la explanada. BUM. —¿Por dónde? —gritó Alex—. ¿Por dónde? Se oye… ¡se oye por todos lados! BUM. Y entonces, desde algún lugar situado exactamente delante de nosotros, surgió una profunda voz que dijo gruñendo: —¿POR QUÉ ESTÁIS SOBRE MI CORAZÓN?

El suelo tembló y retumbó. Alex y yo gritamos aterrorizados. Pero un ruido sordo que se convirtió rápidamente en un gruñido amortiguó nuestros gritos. La tierra se abrió bajo nuestros pies. Ambos levantamos los brazos mientras nos hundíamos. Yo caí de bruces, Alex de espaldas. El suelo temblaba y retumbaba tambaleándose a nuestro alrededor. —¡Es… es el monstruo! —gritó mi hermano. «¡No puede ser! —pensé mientras me levantaba con dificultad. »Ese monstruo forma parte de un cuento de una estúpida historia de campamento. »No puede estar en este bosque.» Ayudé a Alex a ponerse en pie. Pero el suelo

volvió a moverse. de repente. rojos como llamas. y nos mostró filas y filas de dientes amarillos muy afilados. ¿Era el suelo? ¿O el pecho del monstruo? La criatura abrió la enorme boca. hundidos en un rostro desagradable y malhumorado. —¡E-el monstruo! —tartamudeó Alex. Los dos estábamos de rodillas. Tenía las peludas fauces muy abiertas. —¡No puede ser verdad! —grité—. BUM. Levantó la cabeza muy lentamente y la fue acercando cada vez más. . No puede ser… Me quedé boquiabierto de miedo al ver aparecer frente a nosotros una enorme cabeza peluda de ojos encendidos. BUM. sin poder evitar dar bandazos sobre aquel inestable suelo. se disponía a engullirnos mientras nosotros luchábamos. por huir. desesperados. —¡Harry! ¡Harry! —Alex me llamaba a gritos—. espantosos. Eran unos ojos redondos. La criatura nos dedicó una mirada enfurecida. semejante a una cueva. y los dos caímos de rodillas. ¡Se nos va a tragar! ¡Va a devorarnos! Y entonces. se me ocurrió una idea. brillantes.

la morada lengua espinosa empezó deslizarse. por encima del rugido del monstruo hambriento. Al ver que tenía la lengua erizada de pinchos me quedé boquiabierto. Tenía que gritar muy alto. nos llevaba hacia el interior de la enorme boca del monstruo. Alex! —grité. —¡Cuidado. Abrió de par en par la peluda boca y desenrolló una enorme lengua de color morado. —Nosotros no creemos en monstruos —le dije a Alex. —¡Oooh! —exclamamos. ¡Era como un cactus! Poco a poco. El suelo se movió. La lengua nos acercó a la . Aterrizamos con gran estrépito sobre la lengua. lanzándonos por los aires a los dos.El enorme monstruo soltó un fuerte gruñido. Demasiado tarde.

La lengua morada nos condujo al interior de la enorme boca. La lengua siguió arrastrándonos. —No creemos en ti. Traté de agarrarme a los dientes. Pero resultaban demasiado escurridizos. No creemos en ti. —¡Pues parece muy real! —respondió. —No creemos en ti. Es de mentira. —Harry. No creemos en ti — seguíamos repitiendo Alex y yo. No creemos en monstruos. Percibimos el fétido aliento del monstruo. ¡se nos ha tragado! —gritó Alex desesperado. abajo. Pero nuestras voces se amortiguaban a medida que íbamos deslizándonos por la palpitante garganta de la criatura. Alex y yo empezamos a corear esas palabras. Incluso distinguimos unas manchas negras en los afilados dientes. Me resbalaron las manos. una y otra vez.boca. . Se encogió sobre sí mismo y se hizo un ovillo. Noté cómo me engullía. Hacia el oscuro interior. Abajo. Forma parte de una historia. —Concéntrate —le ordené a mi hermano—. ¡Si no creemos en él no puede existir! A Alex le temblaba todo el cuerpo. —¡Nosotros no creemos en este monstruo! — grité—. Estábamos muy cerca de las filas de puntiagudos dientes amarillos.

¡Si no creemos en él no puede existir! Una ola de espesa saliva me envolvió. También estaba cubierto de espesa saliva. hasta la enorme boca del estómago. Cerré la boca con fuerza mientras aquella baba caliente y pegajosa se me pegaba a la piel y la ropa. —¡Oooh! —Alex inspiró profunda y largamente en señal de derrota. No creemos en ti. Las paredes de la garganta latían cada vez más fuerte. palpitante y rugiente. Se dejó caer sobre las rodillas. Caíamos rápidamente hacia el interior de la agitada boca del estómago.—Sigue cantando —le ordené—. —No creemos en ti. hacia las profundidades. empujándonos hacia el interior. —¡Sigue repitiéndolo! ¡Tiene que funcionar! ¡Tiene que ser así! —grité. —¡No creemos en ti! Alex y yo chillamos aterrados cuando empezamos a caer. .

Esperaba recibir el impacto de la superficie del estómago. Esperaba oír el sonido de la caída seguido de un golpe. ¡Estaba muy contento de poder oír mi propia voz! Me alegraba de poder ver el cielo y el suelo. La luna llena se asomaba por detrás de las delgadas nubes. a girar como una peonza. estaba de pie en el suelo. junto a mi hermano. —¡Eh! —grité. Alex empezó a dar vueltas sobre sí mismo. mientras se reía con todas sus fuerzas. . en una explanada cubierta de césped.Cerré los ojos. La brisa balanceaba los pinos. Esperaba… Cuando abrí los ojos. de poder respirar aire fresco.

Sus diminutos ojos brillaban como el fuego. Llevadlos de vuelta al campamento. —¿Qué vais a hacernos? —pregunté. a Joey. ¡No hemos creído en ti y ha funcionado! Habíamos pasado tanto miedo que nos sentíamos muy excitados al comprobar que el monstruo había desaparecido. Tío Marv avanzó hacia el interior del círculo. . proferí un grito.—¡No creímos en ti! —gritó muy feliz—. Estábamos rodeados de rostros pálidos y brillantes ojos. formaban un círculo a nuestro alrededor para cercarnos. Pero nos detuvimos al comprobar que de nuevo teníamos compañía. los fantasmas. No podíamos movernos. Nadie se escapa del campamento Spirit Moon. —¡Cegedlos! —gritó—. Me acerqué a Alex a medida que los campistas. Yo también empecé a dar vueltas y a reírme. Nos miró con ojos entrecerrados. ¡Buf! Sólo había sido una jugada de nuestra imaginación. Reconocí a Sam. No podíamos correr hacia ningún lado. a Lucy y a Elvis. Varios monitores avanzaron rápidamente y nos agarraron. Cuando vi todos aquellos rostros a nuestro alrededor. muy enfadado.

Traté de refrenar el temblor de mis piernas y calmar los latidos de mi corazón. Habíamos conseguido que el monstruo desapareciera no creyendo en él.—Necesitamos chicos vivos —tronó la voz grave de tío Marv—. —Alex. los campistas fantasmas se acercaban más y más. No podemos permitir que los chicos salgan de aquí vivos. momentáneamente confundido. A menos que se lleven a uno de nosotros con ellos. Me miró fijamente. —¡Nooo! —gritó Alex—. Así que haríamos lo mismo con los campistas fantasmas. Llevadlos de vuelta al . tampoco creemos en ellos —le susurré. ¡No podréis poseer mi mente! ¡No lo haréis! ¡No voy a permitirlo! El círculo de fantasmas se fue cerrando sobre nosotros. —Cogedlos. Luego lo entendió.

sino que vamos a acercarnos mucho. Observé atentamente el círculo de rostros fantasmales. —No creemos en vosotros. más alto. plateados y fríos al reflejo de la luz de la luna—. —Ahora estoy penetrando en tu mente —me susurró Lucy—. —No sólo no vamos a desaparecer —añadió Elvis que avanzaba hacia mi hermano—. —No creemos en vosotros. Voy a escapar del campamento Spirit Moon dentro de tu cuerpo y de tu mente. No creemos en vosotros —empezamos a corear Alex y yo. Y al abrirlos… Los fantasmas seguían allí.campamento —ordenó tío Marv a los monitores. »No creemos en vosotros. esperando a que desaparecieran. cada vez más aprisa. No creemos en vosotros. era uno de nuestros trucos de fantasmas —explicó—. —No puedes hacer que desaparezcamos. ¡Pero nosotros sí somos reales! ¡Todos nosotros! Y no nos vamos a desvanecer como el humo. No creemos en vosotros. Me miró con los ojos muy brillantes. Conseguiste que el monstruo desapareciera porque no era real. Cerré los ojos con fuerza. . Canté junto con mi hermano. Os hicimos verlo. Harry —dijo Lucy que avanzó un paso en el círculo.

paralizado por el miedo. me poseía. por encima de mí. todo lo que tenía a mi alrededor. Pero el resto de los campistas fantasmas me tenía cercado. Lucy me tapó la visión al ponerse frente a mí. Entonces se elevó en el aire. El helado fantasma de Lucy se deslizó hacia el interior de mi mente. —¡Vete! —gritó Alex a Elvis.—¡Nooo! ¡No. Ahora. en lo más profundo. —¡No! ¡Apártate! ¡Apártate! —grité. Vi que Elvis cogía a mi hermano. Una sensación de frío invadía mi cuerpo. aquellos ojos fantasmales. . Se introducía en mi cuerpo. parecían brillar aún más. se introducía profundamente en mí. La luna se escondió tras las nubes y dejó el bosque a oscuras. Y entonces supe que no podría escapar. Sentí un hormigueo en el cabello. por favor! —protesté. Intenté retroceder. —¡No puedes hacerlo! ¡No voy a permitirlo! — le grité a Lucy.

Han conseguido apartar a Lucy. Temblando abrí los ojos. Apartaos. ¡Tío Marv dijo que yo iba antes! Sentí que la sensación de frío abandonaba mi cuerpo. ¡Yo voy primero! —oí que gritaba una voz. —¡Soltadme! —les gritó Lucy desasiéndose de ellos—. déjame! —oí la voz fantasmal de una chica que se peleaba con otra.—Aparta Lucy. —¡Ni hablar! —gritó otro chico—. ¡Yo le vi antes! —¡Quien lo encuentra se lo queda! —gritó otra chica fantasma. «Se pelean por mí —pensé—. . y vi a Lucy de nuevo en el suelo. Unos chicos tiraban de ella.» —¡Eh. pero ahora se pelean para ver quién va a poseer mi mente.

muy rápido. . chicas. monitores y tío Marv daban vueltas. Alex y yo seguimos mirando hasta que el último vestigio de humo hubo desaparecido en el aire. se peleaban y gritaban a mi alrededor. Finalmente. —Se han ido —dije—. Ráfagas de humo flotaban entre los árboles y desaparecían entre las ramas temblorosas. Luego. la luz se desvaneció y se convirtió en un humo gris. Me temblaba todo el cuerpo.Los fantasmas se estaban peleando entre ellos. —¡Basta! ¡Basta! —gritó tío Marv. Cada vez más deprisa. empezaron a girar a mi alrededor muy. Formaron un círculo fantasmal de campistas que luchaban. El corazón todavía me latía aceleradamente. Sacudí la cabeza y aspiré profundamente el aire fresco. El hombre intentó detener el combate. Han desaparecido todos. Se perseguían alrededor de mi hermano y de mí. Se han destruido unos a otros. Chicos. pero no le hicieron caso y continuaron peleándose. se empujaban y arañaban unos a otros. Mientras yo les miraba atónito y horrorizado. se convirtieron en un remolino de luz blanca. Observé que los monitores se unían a la pelea. luchaban y se arañaban a gran velocidad.

Cantó un poco más. abriéndonos paso entre matorrales y maleza.Pero estaba bien. Cruzaremos el campamento. Alex empezó a tararear una canción en voz baja. Me siguió ansioso. iremos a la carretera y pararemos al primer coche que pase. Alejémonos de aquí. —¡Estaremos bien. ¡Estaremos en casa antes de lo que imaginas! Caminamos deprisa por el bosque. —Vuelve a cantar eso —le rogué. —¿Adónde vamos? —A la carretera —contesté—. Alex y yo estábamos bien. Corre. —¿Se han ido de verdad? —preguntó Alex con un hilo de voz. ¿eres tú el que estás ahí? —grité. De camino a la carretera. . Le di una palmadita en la espalda a mi hermano. Buscaremos un teléfono y llamaremos a papá y a mamá. abriendo nuestro propio camino. —¡Uau! —grité—. —Elvis. Alex. Vamos. Me detuve y no permití que avanzara más. Vámonos —dije cogiéndole del brazo—. ¡Horrible! ¡Cantaba fatal! Desafinaba mucho y tenía una voz muy aguda. Alex! —grité contento—. Miré a mi hermano a los ojos. —Sí. ¿qué te pasa? —¿Qué? —Me miró sorprendido.

¡Te juro que no volveré a cantar jamás si me prometes que no se lo contarás a nadie! . por favor.De la boca de Alex salió la voz de Elvis. —Harry. no se lo cuentes a nadie — rogó—.

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