UNA APROXIMACIÓN SOBRE ESTRATEGIA DE ALIANZAS. La reflexión pendiente en el ámbito del anarquismo.

Como cuestión previa, de método, es necesario que dejar muy claro, desde el principio, que no es el objeto de este comentario tratar de resolver conflictos entre sectas, cuestión que en la historia de la izquierda, en general, es amplia y profusa. Por el contrario, de lo que se trata es de evaluar los hechos de la Historia con el fin de extraer las lecciones adecuadas, volviendo la mirada hacia nuestra propia historia, a fin de reflexionar sobre sus enseñanzas, esencialmente en lo que se refiere a la propia experiencia del movimiento obrero y libertario, con el objetivo de determinar una línea de actuación en el ámbito de las alianzas, de saber quién es quien, en relación con un auténtico proyecto revolucionario. La realidad es que venimos observando desde hace ya bastante tiempo ataques a Félix R. Mora, desde 2011 en que se publica el libelo de Javier R.H. contra Félix, y luego, a través de “anónimos” tan burdos como “escatológicos”, o ristras de chismes e insultos en las páginas más representativas del mundillo radical de connotaciones “libertarias”, en las que no se permite respuesta alguna. El “debate” desatado por Indymedia con el artículo “Respuesta al comunicado de Aldarull Edicions sobre Félix Rodrigo Mora”, es un episodio más. La primera conclusión de todos ello es que la crítica a la cosmovisión que representa el pensamiento de Félix R. Mora (que alcanza niveles grotescos por su bajo nivel político, intolerancia, agresión verbal, cuando no las amenazas físicas, veladas y explícitas) justamente vienen en exclusiva del mundo de la autoproclamada izquierda, básicamente del gueto que presume de feminista y libertario. Aquí se está produciendo un hecho muy curioso, pues resulta que estos ataques subjetivos y sectarios se hacen desde una supuesta autoridad moral de este sector que se auto-reclama del mundo libertario, al tiempo que descalifican a Félix R. Mora como elemento ajeno –y contrario- a este pensamiento. La realidad es que el ideario de Félix, no considerándose –el mismo lo dice- anarquista, se encuentra mucho más cerca de lo que la historia nos muestra como verdaderos valores del anarquismo español, que las posiciones netamente socialdemócratas y reaccionarias de aquel sector, al que podemos definir claramente como anarco-estatismo y feminismo neo-patriarcal. Veamos esto recordando algunos hechos que ya son historia. Resulta que en el mes de mayo pasado se cumplió justamente el 85 aniversario de los llamados “Hechos de mayo de 1937”, en Barcelona, en los que se culmina el conflicto abierto en el seno de la “izquierda” desde los momentos iniciales de la lucha contra la rebelión militar en julio de 1936, que termina siendo armado, por las calles de Barcelona. Desde ese momento se pone de manifiesto la existencia de posiciones ideológicas y políticas divergentes en el seno de la izquierda, que ya existían con anterioridad, pero que no se habían manifestado de forma claramente antagonista. Se produce una confrontación entre los partidarios de la defensa de la República Española, o sea, del Estado, teniendo como protagonistas al estalinismo (PSUC), el nacionalismo burgués (ERC), y la socialdemocracia de UGT, y el colaboracionismo de un sector de CNT, claramente estatista, frente a un sector de CNT-FAI, con los “Amigos de Durruti” a la cabeza, y el partido marxista POUM, aliados coyunturales a esta ala izquierda por su revolucionarismo, ambos defensores de determinado concepto de

Revolución, aunque claramente divergentes en su objetivos finales (unos estaban por la eliminación del Estado y los otros por una especie de dictadura del proletariado)1. En este escenario, la creciente burocratización de CNT-FAI, sus “debilidades estratégicas”, sus coincidencias tácticas en el frente político-militar republicano, participando en las instituciones del poder político de la República, en Cataluña y en el Estado, terminaron con el aislamiento y la derrota posterior del sector revolucionario de CNT (Amigos de Durruti) y el POUM, siendo posteriormente a estas fechas perseguidos, encarcelados, y muchos asesinados. El antagonismo entre ambos sectores se agudiza básicamente por las iniciativas del sector republicanista por someter a la autoridad estatal a las organizaciones armadas de masas, como los “Comités de Defensa Locales o de Barriada” que tuvieron el papel más destacado en la derrota de los golpistas en Barcelona en 1936, con Ascaso y Durruti al frente. A partir de estos momentos el anarquismo de Estado dominante en CNT inicia un proceso de colaboracionismo con las fuerzas políticas estalinistas y republicanas, acompañado de “un mirar para otro lado” en la dura represión a que es sometido el sector de la “izquierda libertaria”, y alcanzando acuerdos -ya claramente antirrevolucionarios- como el pacto CNTUGT en marzo de 1938, y la entrada en el gobierno de Negrín, colaborando abiertamente con el estalinismo. Sin pretender realizar comparaciones fáciles y difícilmente extrapolables, sí es conveniente y necesario que nos detengamos en hacer una valoración histórico-política de aquellos acontecimientos, a fin de extraer algunas lecciones para el momento presente. 1. La coincidencia –en esencia- entre la cosmovisión de la izquierda (comunistas y anarquistas), con el liberal-republicanismo, tanto en la visión de la Historia, (mecanicismo materialista, evolucionismo vulgar, historicismo), como en la filosofía (con el utopismo epicureista). 2. La debilidad política del ala izquierda (un sector de CNT-POUM) del concepto de revolución, de la estrategia, y por tanto, en la táctica. 3. La ética del proletarismo, en un sentido ontológico, era coincidente con la liberal burguesa: concepto de la vida y de la felicidad.

Esta “herencia” llega hasta nuestros días, y constituye la raíz filosófica, ideológica y política que domina aún, en gran medida, en el movimiento libertario de hoy, y que tiene su máxima expresión errática en las posiciones que se sustentan desde el gueto radical del anarcoestatismo y el feminismo neo-patriarcal.

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Estos hechos se encuentran suficientemente documentados y existe una valoración de los mismos en el prólogo realizado por Félix R. Mora y Karlos Luckas al texto “El Sentido de la Vida” de Félix Martí Ibáñez, Potlatch Ediciones 2013, titulado “Una filosofía de combate para una época de crisis y, por tanto, de esperanza”. Además, se pueden consultar los siguientes textos: Miguel Amorós, “La revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y Los amigos de Durruti”. Virus Editorial, Barcelona 2003. También, Agustín Guillamón, “Los Amigos de Durruti 1937-1939”, así como la versión de la izquierda de tales acontecimientos, en Ferrán Gallego, “La crisis del antifascismo. Barcelona, mayo de 1937”. Ed. “Debolsillo”.

Respecto de la primera cuestión, la Historia. Se participa de la “teoría del progreso” que comparten todos los actores políticos de 1936, cuestión que viene siendo planteada desde los inicios del Siglo XIX, esa neurótica necesidad de modernizar a España, cuyo significado real no es más que realizar su conversión en un Estado capitalista imperialista (toda la derecha y extrema derecha), y otros para “acercarla” al paraíso proletarista (comunistas y anarquistas). Pero nadie cuestionaba la necesidad de esa “modernización”, que en última instancia significaría expansión “sin límites” de la industria y de la urbanización de toda la sociedad, bajo la dirección del Estado y del capitalismo2. La utopía proletarista de un “mundo feliz”, impone una estrategia equivocada que se fundamenta en una ideología cuya base es la conquista del “derecho a la pereza” (que diría P. Lafargue), construida sobre la total mecanización del trabajo productivo, donde no quedará más que adorar la verdad conquistada3, escenario donde Marx vislumbra cómo en la “futura sociedad comunista” corren a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva…4 y alcanzaremos al fin, gozosos, el “¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades!”. No podemos olvidar que el paraíso de las utopías de todas las izquierdas coincidía, en esencia, con el paraíso prometido en el cielo de las religiones, más la musulmana, si cabe: la Yenna, ese jardín del Edén, (donde la ausencia del dolor y la de la satisfacción general y permanente de los sentidos, se junta con paisajes bucólicos, abundancia de frutas (y verduras, supongo), y muchas mujeres….), pero que el proletarismo lo sitúa aquí, en la Tierra, claro. Todo el Siglo XIX, y primera parte del XX fue un intento, más o menos frustrado, de imponer el liberalismo y la modernidad en el Estado español, de desarrollar un imponente Estado imperialista sobre el conjunto de los pueblos del Estado y, en lo posible, del mundo. En 1936 los métodos políticos dan paso a los métodos militares, ¡al fin se impone la evidencia de que quien podía efectivamente hacerlo con eficacia era mediante el uso decidido de la palanca esencial del poder del Estado: el ejército! El liberalismo burgués, la izquierda y el anarquismo
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La distinción ilustrada entre campo y ciudad fue común en todas las ideologías políticas desde mediados del Siglo XIX, sostenido desde la derecha más extrema, pasando por liberales, socialistas, comunistas y anarquistas. Este hecho se traduce en un desprecio hacia la cosmovisión que representa el campo, y del campesino mismo, al que se le considera “sujeto a desconfiar”, reticente y “extraño” al “necesario proceso modernizador que obliga el curso de la historia”. Todos los personajes político s e intelectuales de fines de XIX y primer tercio del XX se pronunciaron profusamente sobre esto, con descalificaciones explícitas, incluso semi-racistas hacia el mundo campesino. Bajo la notable influencia de los escritos de Joaquín Costa, se pronunciaron líderes como Azaña, Fernando de los Ríos, Largo Caballero, desde el humanismo socialista al marxismo ortodoxo, con conceptos “educacionales”, de “reforma agraria” o netamente capitalista y productivista. La derecha tampoco fue ajena a la influencia de los presupuestos antropológicos liberales, ni si quiera en su formulación más radical, esto es, Falange Española y las JONS, que “conservaron un modelo de sujeto en el que las tradiciones autóctonas se mezclaban con influencias neokantianas, recibidas directa o indirectamente desde Alemania ”. En lo político, el discurso de José Antonio en el Teatro de la Comedia de Madrid en 1933, está lleno de loas poéticas hacia la conversión de España en una potencia imperialista, a través de su modernización. Esta cuestión está estudiada en profundidad en Jesús Izquierdo Martín, “El ciudadano demediado: campesinos, ciudadanía y alteridad en la España contemporánea”, 2011.
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Aquí, sin proponérselo, Engels refuta a Marx en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. 4 C. Marx, Crítica al Programa de Gotha.

estatista participaban, cada uno con su visión ideológica, en un mismo proyecto de modernización, incluyendo a la extrema derecha fascista. La intelectualidad española (de derecha e izquierda), con Ortega al frente, soñaba desde hacía mucho tiempo con la idea de la necesidad de tratar a la España enferma, con la mano del cirujano de hierro de Joaquín Costa. Ya lo vimos con el primer intento protagonizado por el General Primo de Rivera, y cómo inclusive la izquierda (el PSOE-UGT) lo apoya “mirando para otra parte”, mientras el movimiento obrero revolucionario hegemonizado por CNT se encontraba sufriendo desde hacía tiempo una dura represión. Y finalmente, ¿Qué mejor cirujano que Franco? Está suficientemente documentado hoy que el verdadero papel modernizador (implantación definitiva del capitalismo y la expansión descomunal del Estado, incluido el de bienestar) le ha correspondido al franquismo, nada que ver con una supuesta conquista de un Estado de bienestar dirigida por la izquierda5. Respecto de la segunda cuestión, la Revolución. El concepto que se tiene de Revolución en 1936 no deja de ser una herencia del concepto político y práctico del modelo de la Revolución Francesa de 1789, modelo de revolución burguesa y liberal, claramente politicista y economicista. Es el modelo que han seguido todos los proyectos emancipadores del proletarismo, a modo de conquista del Estado, como instrumento de poder coercitivo al servicio de las clases populares a fin de construir (o imponer, más bien) el social-comunismo. La experiencia histórica, con la Unión Soviética, China y las revoluciones tercermundistas, constituyen hoy justamente el ejemplo del fracaso de esta experiencia histórica, donde la expansión y opresión del Estado, la represión, la explotación capitalista y la destrucción del medio ambiente alcanzan niveles difíciles de igualar por los Estados capitalistas tradicionales. El proyecto estratégico que guía al Frente Popular, y con éste, al propio anarquismo estatista, no es el de una Revolución que elimine al Estado y al capitalismo e instaure una sociedad sin clases gobernada democráticamente de forma directa por el pueblo, donde las personas son efectivamente los actores de la Historia. Al contrario, para ellos la gente no es nada, todo futuro social se deberá a fuerzas invisibles e incontrolables movidas por la “Historia hegeliana”, esa maníaca cantinela del desarrollo de unas condiciones materiales (digamos “fuerzas productivas”) que otorguen al pueblo (a través del sacrosanto Estado) el “pan, trabajo, educación y salud”, es decir, neo-esclavos al servicio del Estado, pues lo único que se requiere para ello es que el pueblo se encuentre alimentado, adoctrinado y útil para el trabajo productivo al servicio del par Estado-capital, tanto sea de derecha o de izquierda, da igual. De ello no puede resultar más que un concepto de lo humano, no humano, el homo oeconomicus y el homo faber, lo humano reducido a estómago y alienación asalariada. Tal es así que el Estado de bienestar –la más elevada representación de esta concepción, la implanta el franquismo, y –casualidad-, es hoy defendido con uñas y dientes por toda la izquierda, incluido
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Sobre esta cuestión, existe una considerable bibliografía que coincide en lo esencial, diferenciando dos momentos en la política (y por tanto en la economía) practicada por el franquismo: el periodo de 1939 a 1959, caracterizado por la consolidación del poder del franquismo, claramente ideologizado por el fascismo y el clericalismo, y el periodo de 1959-1975, aunque el pedido de crecimiento económico se inicia en desde 1951, a partir del agotamiento de los recursos ideológicos, para dar paso a los tecnócratas del Opus Dei en el gobierno en 1957. Los datos empíricos desnudos ponen de manifiesto la acometida de un desarrollo brutal del capitalismo sin precedentes en la historia, con la conocida política genocida de destrucción de la sociedad rural que aún persistía a fin de convertir al Estado español en la 10 potencia imperialista mundial.

el anarquismo estatista, mostrando con ello que una coincidencia plena en los objetivos estratégicos del modelo final de sociedad, su esencial identidad. Respecto de la tercera cuestión, la ética. En el aspecto político e ideológico ya hemos visto como esta variante de anarcoestatismo, realmente es anti-anarquismo, puesto que defiende neuróticamente al Estado (de Bienestar, pero Estado), por tanto ayudan a la destrucción de lo que puede representar la esencia concreta humana, la libertad, y la más valiosa, la de conciencia, apoyando un modelo político y social que se fundamente en el adoctrinamiento y la esclavitud asalariada. Todo ello es negado por los principios esenciales del anarquismo. Sin embargo, por lo que se caracteriza hoy este anarquismo estatista es por un seguidismo ciego de las políticas socialdemócratas aplicadas por la izquierda más rancia y reformista6. Hunde sus raíces filosóficas en el individualismo reaccionario y hedonista de Max Stirner y de su admirador, e inspirador del nazismo, F. Nietzsche7. Esta corriente no vivió el enfrentamiento armado contra el franquismo en la guerra civil, ni el exilio, son meros herederos y seguidores de la izquierda de la transición (PSOE –PCE). Lo más lamentable es que este sector, en éstos momentos, sin diferenciarse lo más mínimo de las políticas socialdemócratas, están condenados a convertirse en los “chatarreros del 15 M”, los carga de pancartas de las “mareas” pro-Estado de bienestar, en forma de III República, eso sí, Estado tan burgués y capitalista como el actual. Con fundamento, Félix R. Mora ha caracterizado a esta corriente como neolerrouxismo, queriendo con ello dejar patente determinadas siniestras coincidencias con el que fuera líder del republicanismo radical D. Alejandro Lerroux, de triste memoria, personaje siniestro donde los haya, con una biografía cargada de colaboracionismo, traiciones, y particular persecución del anarquismo ibérico. Podemos resumir sus características esenciales en que hacía promoción de un anticlericalismo burgués (el vulgar comecuras), método torticero de defender al Estado y al capitalismo, del cual recibía financiación del llamado fondo de reptiles; cómplice de las dos dictaduras (Primo de Rivera y Franco), así como del Estado burgués republicano, en el que llega incluso a desempeñar el cargo de Presidente, no sin antes protagonizar siniestras operaciones de terrorismo de Estado dirigidas al desmantelamiento de CNT8. Incluso Josep

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Félix R. Mora, en “El giro estatolátrico, repudio experiencial del Estado de bienestar ”, lo define correctamente como: “economicismo ramplón y pancista, el abandono casi completo del estudio del Estado, la renuncia a la idea de revolución, la ciega admisión de las infinitas recetas urdidas por la socialdemocracia, el reformismo posibilista y provechoso, la idea hedonista y gozadora que exige buscar soluciones fáciles y cómodas, aquí y ahora, la dejación del sentido moral, el activismo irreflexivo y ciego, que por ganar una batalla de segundo orden pierde mil de significación fundamental ”. 7 Federico Urales, “La evolución de la filosofía en Estaña”. Ed. Cultura Popular, Barcelona 1968. En esta obra encontramos variadas referencias que si bien confirman cierta influencia de Stirner y Nietzsche en el anarquismo español de principios de siglo XX, sin embargo nunca fue ni mayoritario ni influyente en el movimiento obrero anarquista, coexistieron dos tendencias, la individualista radical de Stirner y Nietzsche y la humanitaria y democrática, mayoritaria, con las influencias significativas de Tolstoi y Bakunin y otros, con aportaciones tales como la valoración del cristianismo primitivo, la sociedad rural popular y comunal, el estoicismo y la frugalidad frente al hedonismo individualista, etc. Un buen ejemplo de ello es el texto de Martí Ibáñez al que hemos hecho referencia en la nota nº 1. 8 A modo de ejemplo, es muy interesante e ilustrativo, lo que se dice en el artículo que se publica en Alasbarricadas, titulado “Lerroux, como intentar cargarse al anarquismo desde dentro”, de Josep Ángel (http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=19&t=53600)

Negre, Primer Secretario General de CNT (1910), Federico Urales, y muchos más, se caracterizaron por descubrir y denunciar los manejos de este personaje9. Ciertamente, la ética de los contendientes de la izquierda en la guerra civil 36-39 (salvo honrosas excepciones) dejó mucho que desear, hoy no la sostiene casi nadie que haya estudiado esta cuestión con un mínimo de seriedad10. Esa visión dicotómica de rojos buenosfachas malos es una mera excusa para ocultar la auténtica naturaleza burguesa y reaccionaria de la ética frente-populista. Hubo episodios de valentía por ambas partes, ciertamente, pero lo fundamental no fue esto, sino que la mayoría del pueblo –en general- se mantuvo al margen de la contienda entre ambos bandos. En el lado republicano, la traición a la revolución por parte del frente popular hizo que la dirección de la guerra se planteara en términos militaristas y convencionales. Eso explica lo que ya hoy sabemos, la gran dimensión del fenómeno de los desertores por ambos bandos11, de los métodos criminales para que las tropas entraran en lucha, de la ausencia de ideales para el combate, de la represión y persecución de revolucionarios en las filas republicanas, de una guerra, en fin, entre oportunistas e idealistas, o como ha definido algún historiador recientemente, “La República de egos”, entre individualistas contra altruistas, con personajes como Carrillo entre los primeros y Durruti entre los segundos12. Los sucesos de mayo del 37, en Barcelona, dejaron claro una cuestión: desde el mismo momento en que la estrategia de la izquierda es “ganar la guerra al fascismo, primero, y alcanzar el socialismo, después”, y no “hacer la revolución, a la par que se combate contra el fascismo”, la guerra y la revolución estaban perdidas. El anarcoestatismo se colocó del lado de la primera opción, lógicamente. De cómo los viejos combatientes anarquistas “defienden” el Estado de bienestar. Cuando los valores que se propugnan basados en el esfuerzo y el servicio desinteresados, en el concepto de revolución como acto heroico, humanista y de espiritualidad, inspirados en lo mejor de la filosófica clásica, cínica, estoica, de anarquistas como Federico Urales, Félix Martí Ibáñez, Heleno Saña, son estigmatizados como carcas y reaccionarios por el anarquismo de estado, interesa más que entrar a debatir o aclarar conceptos, que ya lo están suficientemente, contrastar los valores que defiende este sector que se autoproclama hoy “heredero del anarquismo” respecto de aquellos libertarios honestos, que sobrevivieron a la guerra civil y la segunda guerra mundial, sobre su manera de ser, su moral y virtudes de estos revolucionarios y sobre todo su concepto de la ética del esfuerzo y del desprecio del Estado de bienestar, como elementos claves para la construcción de un sujeto capaz. Resulta cuando menos curioso observar cómo los anarquistas de Estado hacen bufa y mofa de los criterios éticos y morales que deducen de la cosmovisión de Félix R. Mora, (pero que lo son también del anarquismo honesto), de la crítica al hedonismo, epicureísmo, a la “vida muelle”, de la crítica al concepto frustrante de “felicidad”, alcanzable, claro está, a través de los
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Se ha consultado la Antología documental del anarquismo español. Bibliografía del anarquismo en España 1869-1936), de Ignacio Soriano y Francisco Madrid. 10 Michael Seideman, “A ras del suelo”, 2002. 11 Hay más de 70 libros publicados sobre esta “espinosa” cuestión. 12 Jesús Izquierdo Martín y Pablo Sánchez León en La Guerra que nos han contado, Alianza Editorial. También es de interés consultar Michel Seideman, A ras del suelo, texto que es tomado como referencia por el propio Jesús Izquierdo.

sentidos del estómago, con la ayuda de las drogas, el alcohol, burla que manifiestan cuando se promueven valores morales, como el desinterés en favor de los iguales, la vida frugal, el fortalecimiento del espíritu, la valentía y la indiferencia ante la muerte, el vivir de tus propios medios y no a aspirar a convertirse en un zángano al servicio del Estado, etc. Lo peor es que pretendan hacer ver que los criterios burgueses y corruptos son “lo avanzado”, lo “característico del propio pensamiento anarquista”. La realidad es que ello consiste en una mera reproducción de los hábitos filosóficos de lo peor de la cultura socialdemócrata de los años 80, de corte netamente almodovariano. En definitiva, dejemos que sean los propios protagonistas de la historia los que hablen sobre su visión del mundo, expongamos algunos testimonios de anarquistas honestos que sobrevivieron a la guerra civil: “La mayoría trabajan en pequeñas empresas. Declaran con cierto orgullo que no dependen de nadie, que se ganan la vida por sí mismos; todos son expertos en su especialidad. Las conquistas de la sociedad del tiempo libre y las utopías del ocio les son ajenas. En sus pequeñas viviendas no hay nada superfluo, no conocen la disipación ni el fetichismo del consumo. Sólo cuenta lo que puede usarse. Viven con una modestia que no los oprime. Ignoran tácitamente las normas del consumo, sin entrar en polémicas. …/… Estos revolucionarios de otros tiempos han envejecido, pero no parecen cansados. Ignoran lo que es la irreflexión. Su moral es silenciosa, pero no permite la ambigüedad. Están familiarizados con la violencia, pero miran con profunda desconfianza el gusto por la violencia. Son solitarios y desconfiados; pero una vez traspasado el umbral de su exilio, que nos separa de ellos, se abre un mundo de generosidad, hospitalidad y solidaridad. Cuando uno los conoce, se sorprende al comprobar cuán poca desorientación y amargura hay en ellos; mucho menos que en sus jóvenes visitantes. No son melancólicos. Su amabilidad es proletaria. Tienen la dignidad de las personas que nunca han capitulado. No tiene que agradecerle nada a nadie. Nadie los ha “patrocinado”. No han aceptado nada, ni han gozado de becas. El bienestar no les interesa. Son incorruptibles. Su conciencia está intacta. No son fracasados. Su estado físico es excelente. No son hombres acabados y neuróticos. No necesita drogas. No se auto compadecen. No lamentan nada. Sus derrotas no los han desengañado. Saben que han cometido errores, pero no se vuelve atrás. Los viejos hombres de la revolución son más fuertes que el mundo que los sucedió”13. No puede existir Unidad por encima de la Verdad Nadie puede poner en duda la necesidad de la unidad de todos aquellos grupos, sectores, individuos, de toda índole y naturaleza, que encuentren coincidencia en lo esencial de una posición revolucionaria, con independencia de sus respectivas ideologías, políticas o concepciones del mundo. Esa “unidad” ha de representar la voluntad de individuos y pueblos por alcanzar las más elevadas metas de transformación social. Es un error político de primera magnitud (y la guerra civil 36-39 es el mejor ejemplo de ello) despreciar a los aliados, por
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Hans Magnus Enzensberger, El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Durruti . Ed.Anagrama, Barcelona 2010.

débiles e inconsistentes que sean, con la excusa sectaria de “no compartir su discurso ideológico”. Los procesos revolucionarios proletaristas del Siglo XX (La Revolución Bolchevique y la Revolución China) constituyeron una experiencia muy a tener en cuenta pues mostraron con total claridad cómo las alianzas fueron decisivas para el cumplimiento de las estrategias políticas y militares, llevadas hasta el fin con aquellos que incluso habían realizado un enfrentamiento armado contra los revolucionarios14, siempre y cuando éstas alianzas se encontraran en el sentido de las grandes transformaciones políticas, militares y sociales a realizar. El purismo ideológico, y el sectarismo político de la izquierda, incluido el propio anarquismo, posibilitaron que la estrategia del Estado, con la opción militar planificada por la mayoría de sus generales, lograse una inestimable base social e incluso militar. En el fondo de ello encontramos, entre otras cuestiones, varios temas espinosos sobre los que debemos reflexionar: el tratamiento erróneo de la cuestión religiosa, la cuestión foral, la cuestión nacional, así como la ceguera estratégica respecto del tratamiento dado al idealismo de amplios sectores de la juventud, ambas cuestiones hicieron, por ejemplo, que las bases del Requeté y de la Falange terminaran como “fuerzas de choche” del franquismo en la contienda15. Esa coincidencia en lo esencial de la que hablamos, debe significar el pleno concurso respecto del objetivo común a alcanzar. Sin ello, no puede haber unidad, sino lucha. Llegados a este punto, la línea divisoria que separa la unidad de la lucha ha de establecerse entre quienes estén de acuerdo con16: 1º, El establecimiento de una nueva sociedad cuya calificación esencial será la de libre, múltiple y diversa; 2º. Esta sociedad ha de ser popular, es decir, omnigobernada por asambleas y que garantice la libertad de conciencia y 3º La conquista de esta sociedad ha de significar el fin del Estado y del Capitalismo, con la desarticulación de los aparatos de dominación de éstos. Lógicamente, el programa general de transformaciones ha de ser elaborado por todos aquellos integrantes de un frente cívico, revolucionario y popular capaz de llevar a efecto esa gran transformación social que podemos denominar como Revolución Social Integral. La pregunta es ¿puede participar en este frente la izquierda reaccionaria, estatista y burguesa, el feminismo neo-patriarcal, el nacionalismo claudicante y oportunista o el anarquismo de estado? En buena lógica, ninguno de estos sectores, hoy por hoy, están en condiciones de asumir ninguno de los puntos esenciales descritos, es más, constituyen en estos momentos la
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Son muy valiosos y han de ser tenidos en cuenta los numerosos textos que sobre estrategia y política de alianzas elaboraron Lenin y Mao en sus respectivos procesos revolucionarios. 15 Para aquellos que resumen de pureza ideológica y se “rasgan las vestiduras” por la charla impartida por Félix en Libertas (Toledo), sería conveniente recordar aquí la existencia bastantes textos que estudian determinadas coincidencias ideológicas entre el anarquismo y el falangismo, sobre todo, la concepción “apolítica” de la “sociedad sindical”, aspecto que se compartía con la JONS de Ramiro Ledesma, hasta elementos de su simbología (los colores de sus banderas), trasvase de militantes (y dirigentes) de CNT a FE, y en particular, cierto idealismo revolucionarista. Un texto que expone con amplia profusión de testimonios –desde la perspectiva del ala izquierda del falangismo- es “Los enamorados de la revolución. La Falange y la CNT en la II República”. Ceferino L. Maestú Barrio, Ed. Plataforma 2003. Madrid 2012, (893 páginas). 16 En el texto de Félix R. Mora, “El giro estatolátrico” (pág. 203) se recogen tales objetivos.

“punta de lanza” del Estado en el seno del pueblo para desviar a los diferentes movimientos populares de una orientación mínimamente revolucionaria. Con ello, no estamos afirmando algo novedoso, los ataques y descalificaciones a que está siendo sometido Félix R. Mora por el conjunto de estos sectores, no constituyen más que un episodio, aún inicial de todo ello. Karlos Luckas.

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