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LA CALIDAD EDUCATIVA REQUIERE MAYOR


PRESUPUESTO
Mg. ALBERTO ALMIRON EHUI
almiron30@yahoo.com

El Informe Global de Competitividad, publicado por el World Economic Forum


(WEF), coloca a nuestra educación primaria en el último lugar de los 131
países evaluados, y a nuestra educación en matemática y ciencia en el puesto
130.

Según la Resolución Suprema Nº 001-2007-ED, firmada por el presidente Alan


García, el gobierno se compromete a un: "Incremento sostenido del
presupuesto educativo hasta alcanzar no menos del 6% del PBI al año 2012".
Sin embargo, el presupuesto de educación sólo se incrementará del 2,99% al
3,13% del PBI en el 2008. A ese ritmo necesitaríamos 21 años para llegar al
6% del PBI.

El gobierno ha asumido el compromiso de introducir en la gestión un


presupuesto por resultados, para mejorar los logros de aprendizajes de niños y
niñas al finalizar el segundo grado de primaria, sobre todo de aquellos que
viven en las áreas más pobres. Pero en el proyecto de presupuesto se recorta
en 39% el monto solicitado por el Ministerio de Educación para avanzar en el
programa estratégico de Logro de Aprendizaje: de los S/.982.2 millones
solicitados solo se asignan S/.592.7 millones.

Tampoco se atiende la demanda de los gobiernos regionales de una


ampliación presupuestal de S/.131 millones para complementar este esfuerzo.
No se consideran, asimismo, los S/.23 millones necesarios para poner en
funcionamiento el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación
de la Calidad Educativa (Sineace). Se trata de una grave omisión, porque no
hay manera de mejorar la calidad de la educación superior peruana si no se
pone orden en el desastre provocado por el fujimorismo, al propiciar la creación
indiscriminada de universidades que en muchos casos son simples fábricas de
títulos sin valor.

Asimismo, ha dejado de garantizarse las 11 prioridades por la infancia en la


Ley de Equilibrio Fiscal y en la Ley de Presupuesto. No habrá resultados si no
hay continuidad. No se dan, tampoco, los recursos necesarios para poder
incorporar suficientes maestros a la nueva ley de Carrera Pública Magisterial.
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Históricamente, la educación ha sido una de las últimas prioridades de la caja


fiscal. Según el Consejo Nacional de Educación (CNE), entre 1997 y el 2004, el
presupuesto representó el 3% del PBI. En los últimos años, dicho porcentaje
aumentó, pero no suficientemente para que el sector pudiera cumplir con sus
enormes metas.

EL FACTOR DOCENTE

Esta medida se contradice con el compromiso que el entonces candidato Alan


García adoptó en la campaña electoral, cuando dijo que elevaría sustancialmente
la calidad educativa. Tampoco concuerda con los resultados, todavía pobres, del
impulso que el Gobierno dio a la evaluación de docentes y la ley de la carrera
magisterial. Lamentablemente, ni la evaluación ni la ley parecen converger
todavía en el objetivo de dotar a las escuelas de maestros de alta calidad.

Si no se trata, como reza el dicho, de una "carrera de caballos, parada de burro",


el MEF debe sincerar la asignación de los recursos a la educación, para que
crezca efectivamente acorde con las necesidades. De lo contrario, no estamos
avanzando. Asimismo, resulta insultante que más del 70% del presupuesto se
destine al gasto corriente, fundamentalmente a sueldos, con lo cual la inversión
en gasto de capital es mínima.

¿Pero qué significa invertir en la calidad de la educación? En los 90, se sostenía


que era edificar nuevos colegios. En el gobierno pasado la inversión significó
elevar el sueldo de los maestros.

En la práctica, ninguna de estas medidas ha sido productiva. Como han


demostrado recientes índices de competitividad, el problema y la solución se
hallan en el factor docente, en su capacitación y evaluación constante, e incluso
en el reemplazo de cuadros ineficientes y politizados. Allí es donde debe invertir
el Estado.

Por ello preocupa que el Gobierno haya detenido el ímpetu del primer año. A ese
ritmo ni siquiera nos aproximamos a países como Chile, que anualmente invierte
US$1.350 por alumno (nosotros apenas llegamos a los US$354).