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Nikos A.

Salíngaros

El Futuro de las Ciudades


Con David Brain, Andrés Duany, Léon Krier, James Howard
Kunstler, Michael Mehaffy, Ernesto Philibert-Petit y Lucien Steil.

Nikos A. Salíngaros es profesor de matemáticas a la Universidad de Texas a San


Antonio, E.U. Colaborador del famoso arquitecto Christopher Alexander, está reconocido
hoy como unos de los teóricos principales de la arquitectura y urbanismo. Es autor de
mas que cien artículos científicos, además de tres libros que definen una nueva
comprensión de la arquitectura y el urbanismo — Principios de la Estructura Urbana,
Una Teoría de la Arquitectura, y Anti-Arquitectura y Deconstrucción.
Nikos A. Salíngaros
Con David Brain, Andrés Duany, Léon Krier, James Howard Kunstler, Michael
Mehaffy, Ernesto Philibert-Petit y Lucien Steil.
EL FUTURO DE LAS CIUDADES
ISBN XXX-XXXX
© Nikos A. Salingaros & UMBAU-VERLAG, Solingen

Distribución mundial por


UMBAU-VERLAG Harald Püschel
Beckmannstrasse 21 • D – 42659 Solingen • Germany
info@umbau-verlag.com • www.umbau-verlag.com
CONTENIDO

Créditos
Introducción
Reconocimientos
Capítulo 1. Vivienda Social en América Latina: Una metodología Para Utilizar
Procesos de Auto-Organización (con David Brain, Andrés Duany, Michael Mehaffy y
Ernesto Philibert-Petit).
Capítulo 2. Hacia una Nueva Filosofía Urbana: El Caso de Atenas.
Capítulo 3. La Ciudad Compacta Substituye a la Dispersión.
Capítulo 4. Cómo Crecer Suburbios Sostenibles: Una Estrategia Incremental Para
Reconstruir la Dispersión (con Michael Mehaffy y Lucien Steil)
Capítulo 5. La Fin de los Edificios Altos (con James Howard Kunstler)
APÉNDICE I: Los Rascacielos no Pueden ser Asegurados.
APÉNDICE II: Los Rascacielos Tienen un Efecto Destructivo Sobre la Ciudad (Olivier
Hertel entrevista a Nikos Salíngaros).
Capítulo 6. La Fin del Mundo Moderno (con Michael Mehaffy).
Capítulo 7. El Futuro de las Ciudades: Lo Absurdo del Modernismo (Nikos Salíngaros
entrevista a Léon Krier).
Referencias
CRÉDITOS

Capítulo 1. Vivienda Social en América Latina: Una metodología Para Utilizar


Procesos de Auto-Organización.
Por Nikos Salingaros, David Brain, Andrés Duany, Michael Mehaffy y Ernesto
Philibert-Petit.
Versión ingles publicada en: 2º Congresso Brasileiro e 1º Iberoamericano, Habitação
Social: Ciência e Tecnologia, Caderno de Conferências (Pós-Graduação em Arquitetura e
Urbanismo da Universidade Federal de Santa Catarina, Florianópolis, Brazil, 2006),
páginas 28-47. Versión castellana traducida por Nuria Hernández-Amador, revisada por
Ernesto Philibert-Petit.

Capítulo 2. Hacia una Nueva Filosofía Urbana: El Caso de Atenas.


Versión inglés es el Capítulo 20 de: Edward Hulsbergen, Ina Klaasen & Iwan Kriens,
Editores, Shifting Sense — Looking Back to the Future in Spatial Planning (Techne
Press, Amsterdam, 2005), páginas 265-280. Versión anterior publicada en dos partes
como “City of Chaos” en Greekworks.com (Mayo y Junio de 2004).

Capítulo 3. La Ciudad Compacta Substituye a la Dispersión.


Versión inglés publicada en: Arie Graafland & Leslie Kavanaugh, Editores, Crossover:
Architecture, Urbanism, Technology (010 Publishers, Rotterdam, Holland, 2006), páginas
100-115. Versión castellana publicada en: Francesco Indovina, Editor, La Ciudad de Baja
Densidad (Diputació de Barcelona, Colección Territorio y gobierno, Visiones Nº 6,
Barcelona, 2007), páginas 485-502.

Capítulo 4. Cómo Crecer Suburbios Sostenibles: Una Estrategia Incremental Para


Reconstruir la Dispersión.
Por Lucien Steil, Nikos Salíngaros y Michael Mehaffy.
Un extracto del artículo en inglés fue publicado en: Raise the Hammer (Abril de 2006),
republicado por: Portland Peak Oil (Julio de 2006). Una versión breve es Capítulo ¿ de:
Tigran Haas, Editor, New Urbanism & Beyond: Contemporary and Future Trends in
Urban Design (Rizzoli, New York, 2007), páginas ?-?.

Capítulo 5. La Fin de los Edificios Altos.


Por James Howard Kunstler y Nikos A. Salíngaros.
Versión inglés publicada por Planetizen.com (Septiembre 17 de 2001). Republicado
en: Bruce Ballenger, The Curious Writer (Pearson-Longman, New York, 2004), páginas
249-254. Republicado en: Christian Peralta & Christopher Steins, Editores, Planetizen’s
Contemporary Debates in Urban Planning (Island Press, Washington DC, 2007), páginas
117-?.

APÉNDICE I: Los Rascacielos no Pueden ser Asegurados.


Versión inglés publicada en: Christian Peralta & Christopher Steins, Editores,
Planetizen’s Contemporary Debates in Urban Planning (Island Press, Washington DC,
2007), páginas ?-?.

APÉNDICE II: Los Rascacielos Tienen un Efecto Destructivo Sobre la Ciudad.


Olivier Hertel entrevista a Nikos Salíngaros.
Versión original en francés publicada en: SCIENCES ET AVENIR No. 691 (Septiembre
de 2004), página 63.

Capítulo 6. La Fin del Mundo Moderno.


Por Michael W. Mehaffy y Nikos A. Salíngaros.
Versión inglés publicada en: Planetizen.com (9 Enero de 2002). Republicada en: Open
Democracy (Marzo de 2002).

Capítulo 7. El Futuro de las Ciudades: Lo Absurdo del Modernismo.


Nikos Salíngaros entrevista a Léon Krier.
Versión inglés publicada en: Planetizen.com (5 de Noviembre de 2001). Republicada
en: Urban Land 61 (Enero de 2002), páginas 12-15. Versión italiana publicada en
Archimagazine (Febrero de 2002); republicada en: Temi di Stefano Borselli (2002).
Versión castellana publicada en: Ambiente (Marzo 2004). Traducción en castellano por
Pablo Bullaude.
INTRODUCCIÓN
Vivienda Social en Latinoamérica: Una metodología para
utilizar procesos de auto-organización.

Nikos A. Salingaros, David Brain, Andrés M. Duany, Michael


W. Mehaffy y Ernesto Philibert-Petit (todos ellos miembros del
Grupo de Investigadores de la Estructura Ambiental –ESRG por
sus siglas en inglés–).

Presentado en el Congreso Ibero-Americano de Vivienda Social en Brasil, 2006.

Traducción al Español de Nuria Hernández Amador, revisada por Ernesto Philibert


Petit.

Resumen: Ofrecemos un sistema de prácticas óptimas para la vivienda social, basadas


en la experiencia, aplicables en situaciones generales. Se discuten una serie de ejemplos
en el contexto latinoamericano. Las soluciones adaptables están enfocadas hacia la
sustentabilidad a largo plazo y para ayudar a los residentes a arraigarse en su ambiente
construido. Proponemos nuevas aportaciones a la ciencia de la complejidad, en
particular, el trabajo de Christopher Alexander sobre cómo evolucionar exitosamente la
forma urbana. Con la aplicación de las herramientas conceptuales del “Lenguaje de
Patrones” y los “Códigos generativos”, estos principios apoyan soluciones previas
derivadas de otras, que nunca se habían propuesto como formas viables. La nueva
metodología presentada aquí ofrece una prometedora alternativa para las fallas de de
las tipologías estándar de vivienda social favorecidas por los gobiernos alrededor del
mundo, que han probado ser inhumanas y en última instancia, insostenibles.

SECCIONES 1-4: FONDO Y CRÍTICA A LAS PRÁCTICAS ACTUALES.

1. Introducción.
Esta presentación define nuevas y prometedoras soluciones para el futuro de la
vivienda social. Ha sido preparado como un informe de comprensión por uno de los
autores (NAS) para Brasil pero es aplicable en general para toda América Latina. Uno de
nosotros (AMD) está diseñando vivienda social en Jamaica y otros sitios del Caribe. Dos
de los autores (AMD y MWM) están involucrados directamente con la reconstrucción
después de la devastación provocada por el huracán Katrina en el sur de los Estados
Unidos, que enfrenta realidades similares, aunque no idénticas. Otro de los autores (EPP)
ha investigado la conectividad peatonal en el tejido urbano y está involucrado en la
creación de soluciones para proveer en gran escala, vivienda subsidiada por el gobierno
en México. El otro autor (DB) ha estudiado por mucho tiempo la influencia de la forma
urbana en el bienestar social y la sustentabilidad de la comunidad, un factor crucial en
nuestra discusión.
El reto de la vivienda social es un componente importante para el crecimiento urbano
mundial, y deseamos presentar una metodología comprensible para mejorar radicalmente
su realización. El éxito será medido en términos humanos, por ejemplo, el bienestar físico
y emocional de los residentes. Consideramos que un proyecto es exitoso si es mantenido
y amado por sus habitantes y también si su tejido urbano se une de forma sana e
interactiva con el resto de la ciudad. Por otro lado, consideramos que un proyecto no es
exitoso (y por lo tanto insostenible) cuando es odiado por sus habitantes por distintas
razones, desperdicia recursos, contribuye a la degradación social, aísla a los residentes de
la sociedad o decae físicamente en un corto período de tiempo.
La esencia del acercamiento presentado aquí es la de aplicar un PROCESO sostenible y
no una IMAGEN específica de diseño y construcción. Hasta ahora, se construye de
acuerdo a una imagen preparada de cómo debían verse los edificios y cómo deberían
estar acomodados. En contraste, en nuestro proyecto no existe una imagen en un
principio: ésta emerge del proceso mismo, y es clara sólo después de que todo está
terminado.
Podemos dirigirnos hacia una solución más cuidadosa y satisfactoria refiriéndonos al
trabajo de Christopher Alexander — uno de muchos pioneros que propusieron que el
tejido urbano debería seguir un paradigma orgánico — y puede incluir trabajo teórico y
práctico que por varias razones no ha sido ampliamente aplicado. Lo que ofrecemos está
sustentado en la evidencia de muchos ejemplos de prácticas tradicionales a través de los
siglos. En vez de esto, los gobiernos optan por la imposición de esquemas y tipologías
que últimamente han generado hostilidad para el tejido urbano de vivienda social por sus
ocupantes. Analizaremos las razones de esta hostilidad para prevenirla en el futuro. Las
soluciones relativamente simples presentadas aquí son genéricas. Aunque éstas fueron
pensadas para América Latina, pueden adoptarse en el resto del mundo con algunas
modificaciones menores. Este estudio realza lo suficiente las ideas generales para
aplicarlas en sitios donde las condiciones locales que producen vivienda pueden ser
totalmente distintas.
Podemos aprender de enfoques innovadores sobre vivienda subsidiada por el gobierno,
desarrollada por grupos independientes en muchos y diferentes emplazamientos y
condiciones. Muy pocos de los proyectos construidos en las décadas pasadas pueden ser
juzgados como verdaderamente exitosos utilizando criterios de bienestar físico y
emocional de los residentes. Las pocas soluciones excelentes tienden a olvidarse porque
no satisfacen ciertas propiedades icónicas (que discutiremos más adelante en este escrito).
Sorprendentemente tal vez, también referimos tipologías exitosas desarrolladas para
comunidades sostenibles de niveles económicos más altos.
Este trabajo combina dos aproximaciones mutuamente complementarias (y las
contrastará con los métodos existentes). Por otro lado, daremos algunas reglas prácticas
explícitas para la construcción de vivienda social. Cualquier grupo o agencia que quiera
comenzar inmediatamente debe implementar esto — con las modificaciones locales
correspondientes — en sus proyectos actuales. Por otro lado, presentaremos un respaldo
filosófico y científico para la vivienda social y sus implicaciones culturales. El propósito
de este material teórico es el de “dar acceso” a argumentos de sentido común; para crear
las condiciones que seguramente permitan y apoyen lo que se vuelva efectivamente
natural. La gente, actuando como agentes locales inteligentes, debe aplicar métodos que
han evolucionado exitosamente por milenios desarrollando casas que sean propiedad del
usuario — como parte de la producción de comunidades sanas construidas por los
residentes.
Esta metodología reconoce e incorpora cuestiones de auto-organización de los
asentamientos humanos a través de la historia, utilizando una aproximación de “manejo
de complejidad” en vez de una aproximación lineal “de arriba hacia abajo”. Proponemos
el aprovechamiento del talento en diseño y la energía para la construcción, de la misma
gente, actuando como agentes locales, dentro de un sistema que nosotros manejamos sólo
para ayudar a generar y guiar esta complejidad evolutiva. De este modo, los procesos “de
abajo hacia arriba” permiten el desarrollo orgánicamente, aunque dirigidas por ciertas
restricciones basadas en experiencias previas. Por otro lado, las intervenciones “de arriba
hacia abajo” deben realizarse cuidadosa y experimentalmente (esto es, con
retroalimentación), permitiendo más interacción con los procesos “de abajo hacia arriba”
de menor escala.
Nuestra propuesta va más allá de la vivienda que es literalmente construida por el
propietario en el sentido de que los propietarios literalmente clavan clavos y cuelan el
concreto. Es importante que experimenten el proceso de diseño y construcción como SU
proceso. Todo esto con el propósito de establecer conexión y compromiso. El punto clave
es que el proceso establezca compromisos reales, sea lo suficientemente ágil para
responder a procesos adaptables y pueda causar compromiso sin llegar a dinámicas
sociales de inequidad que vayan en incorrecta dirección. Lo más importante es que el
proceso puede tomar ventaja de la tecnología y la habilidad. Estamos proponiendo algo
que va más allá de dejar que los pobres vean por sí mismos — deseamos impulsarlos con
las últimas herramientas y el más alto y sofisticado entendimiento de la forma urbana.
Como muchos autores han descrito previamente (como Alexander et. al. (1977), Jacobs
(1961), Turner (1976)), la establecida práctica de la planeación ha tendido a seguir
anticipadamente un modelo industrial anticuado. Este modelo surgió en los años 20 y fue
generalmente adoptado en el periodo siguiente a la Segunda Guerra Mundial. Estaba
basado en un paradigma “de arriba hacia abajo” de comandos y controles, dirigido a la
predicción y provisión de planeación. Existen investigaciones que demuestran
ampliamente que este modelo no refleja suficientemente el tipo de problema científico
que es una ciudad, porque el modelo ignora la enorme complejidad física y social de un
tejido urbano exitoso. Increíblemente, ni siquiera permite las interacciones humanas
dentro del ambiente construido. Las equivocaciones resultantes y las consecuencias
involuntarias están bien documentadas. Mientras la ciencia desarrolla herramientas de
investigación más exactas y precisas para el estudio analítico de dicho fenómeno auto-
organizativo (que incluye a las ciudades), es necesario proponer un nuevo urbanismo
radical. Deseamos impulsar a la gente con autoridad hacia una nueva metodología,
basada en recientes investigaciones urbanas.
El problema no es sólo la falta de complejidad física. La clave para realizar sitios
urbanos es realmente la relación entre la complejidad de la forma espacial y la
complejidad del proceso social. Si fuera sólo cuestión de complejidad física, uno podría
imaginar que un proceso “de arriba hacia abajo” podría utilizarse para simular esta
complejidad — digamos, un algoritmo informático. El punto crucial es que esta
complejidad física implica y expresa vida social. Esto es, en ciertos aspectos, relaciones
sociales en otros medios (por ejemplo, artefactos y espacios construidos). De algún
modo, la respuesta comienza en la reconcepción del ambiente construido en sí mismo
como un proceso social, no sólo como un producto o contenedor. Esto adquiere
importancia después cuando hablamos acerca del mantenimiento, pues el proceso de
obtención de carácter de este tipo de propiedades sólo empieza cuando los residentes
habitan las viviendas.
Este trabajo es muy complejo y se enfrenta con muchas cuestiones, por lo que
necesitamos esquematizar esta exposición. Las primeras cuatro secciones proveen el
respaldo y critican las prácticas actuales. La Sección 2 presenta la competencia entre los
asentamientos auto-construidos y la vivienda social construida por el gobierno. La
Sección 3 revisa las prácticas estándar y las tipologías de los programas “de arriba hacia
abajo” de vivienda social y recomienda que se remplacen (o al menos se complementen)
con algún proceso “de abajo hacia arriba”. La Sección 4 describe con exactitud la manera
en que la “geometría de control” arruina hasta el mejor intencionado esquema haciéndolo
inhumano.
Las siguientes seis secciones ofrecen herramientas específicas para el diseño. La
Sección 5 explica mecanismos para el establecimiento de conexiones emocionales con el
ambiente construido. Un componente crucial es la Biofilia, o necesidad de estar
conectados directamente con vida vegetal. También se discuten los lugares sagrados y su
rol al establecer un sentido de comunidad. La Sección 6 revisa el trabajo de Christopher
Alexander, especialmente su trabajo más reciente sobre códigos generativos. La Sección
7 argumenta en contra del enfoque del master plan ajustable y sugiere un proceso de
planeación iterativo y dinámico. La Sección 8 revisa los patrones Alejandrinos y describe
su transición a códigos generativos. La Sección 9 provee, en los más amplios términos,
nuestra metodología para la planeación de un asentamiento. Sugerimos la obtención de
un permiso de construcción por un proceso en vez de por un diseño en papel. La Sección
10 contiene un conjunto explícito de códigos que describen la estructura de servicios en
un proyecto de vivienda social. La Sección 11 presenta las herramientas complementarias
de diseño con la descripción de lo códigos generativos que se necesitan para este tipo de
proyecto.
Las siguientes cuatro secciones continúan con sugerencias prácticas para hacer que los
proyectos funcionen. La Sección 12 sugiere la designación de un director de proyecto
para dirigir la aplicación de códigos generativos. La Sección 13 argumenta el uso de los
materiales apropiados: baratos pero permanentes; durables pero lo suficientemente
flexibles para darles forma; sólidos pero amigables a la vista y al tacto. También se
discute el uso apropiado de módulos industriales tales como cajas de plomería. La
Sección 14 comienza a exponer el tema del financiamiento de un proyecto,
recomendando el involucramiento de una organización no gubernamental que se enfoque
en la pequeña escala. La Sección 15 es política, investiga la forma como uno puede
cooperar mejor con sistemas existentes dirigidos a la producción de vivienda social que
sigan tipologías industriales muy distintas. La Sección 16 ofrece estrategias para lograr
que los residentes den mantenimiento a sus asentamientos después de ser construidos.
Las últimas cuatro secciones identifican algunos de los problemas. La Sección 17
enfrenta el difícil problema de modificar una favela1 (asentamiento irregular) para hacerla
una parte aceptable del tejido urbano. Algunas veces esto no puede hacerse. Discutimos
la estrategia de reforzamiento para cuando es posible lograrlo. La Sección 18 analiza
algunos errores en el entendimiento de la vida de un ocupante ilegal, tal como su
necesidad económica de proximidad a la ciudad. Esto hace que la vivienda social
construida lejos de la ciudad sea poco atractiva. También advertimos sobre los esquemas
que pueden convertirse en desastres económicos. La Sección 19 culpa a los arquitectos de
imponer formas modernistas a la vivienda social. Esa geometría la hace hostil para los
residentes. La Sección 20 culpa a los residentes por rechazar la vivienda adaptable y las
tipologías urbanas, prefiriendo en vez de ellas las imágenes estériles del modernismo. La
Sección 21 revisa cómo las condiciones son distintas ahora que en las décadas pasadas y
ofrece optimismo por la gran aceptación de la vivienda adaptable.
El Apéndice contiene una secuencia generativa explícita de vivienda social en un
espacio abierto en el campo o en un espacio abierto residual dentro de la ciudad.

2. Analogía con los Ecosistemas.


Aquí hay una incompatibilidad básica: el tejido urbano orgánico es una extensión de la
biología humana, mientras que la construcción planeada es una visión artificial del
mundo impuesta en la naturaleza por la mente humana. El primero está lleno de vida pero
puede ser pobre e insalubre, mientras que el segundo casi siempre es limpio y eficiente,
pero estéril. Una de estas dos morfologías contrastantes puede ganar sobre la otra, o
pueden ambas alcanzar algún tipo de equilibrio de coexistencia (como ha sucedido en
muchos sitios de Latinoamérica). En el movimiento de la “auto construcción”, el
gobierno acepta que los dueños construyan sus propias casas y les proporciona materiales
y entrenamiento para ayudarlos a establecer las redes de electricidad, agua y drenaje.
La “vivienda social” se entiende normalmente como un proyecto de vivienda para los
pobres, construida y financiada por el gobierno o por una organización no gubernamental.
Sus ocupantes pueden comprar las unidades, pero normalmente se rentan con precios
bajos subsidiados, o hasta las pueden conseguir gratis. En estas instancias, los residentes
viven ahí por cortesía (y están sujetos a niveles variantes de control) de los dueños del
sitio. Un asentamiento irregular, por otro lado, es un desarrollo auto-construido en un
terreno que no es de los residentes y que es ocupado sin permiso y que frecuentemente se

1
El presente artículo fue preparado originalmente para ser presentado en Brasil. En esta
traducción al Español, los traductores hemos decidido mantener el vocablo en Portugués “favela”,
que se utilizó en el texto original en Inglés, que significa en una sola palabra, asentamiento
irregular, ciudad perdida, tugurio, etc. (N. de los T.)
utiliza sin permiso. Como los asentamientos irregulares son ilegales, el gobierno
generalmente se niega a dar cualquier sentido de legalidad en la compra de lotes
individuales. En muchos de los casos, también se niegan a conectar esas casas a las redes
utilitarias (electricidad, agua y drenaje) del resto de la ciudad. Como resultado, las
condiciones de vida aquí son las peores.
La vivienda social y los asentamientos irregulares son los sitios en donde habitan los
más de un billón de personas más pobres del mundo. Discutiremos estos dos fenómenos
urbanos simultáneamente y ofreceremos resoluciones ideológicas y espaciales entre la
competencia que existe entre estas dos situaciones. Como punto de partida básico, la
vivienda de los pobres representa el nivel más bajo del ecosistema urbano mundial. Las
distintas fuerzas dentro de la sociedad humana generan ambos tipos de sistemas urbanos:
ya sean la vivienda social subsidiada por el gobierno, o los asentamientos irregulares.
Christopher Alexander (2005), Hassan Fathy (1973), N.J. Habraken (1972) y John F. C.
Turner (1976) entre otros, han reconocido esta competencia antes que nosotros y han
propuesto un acomodo de los dos sistemas. Turner ayudó a construir muchos proyectos
en Perú y México y aconsejó a otros para que implementaran estas ideas en todo el
mundo.
La analogía de los ecosistemas también explica y hasta cierto punto justifica la
vigilancia por la cuál los gobiernos previenen que los asentamientos irregulares invadan
el resto de la ciudad. Si la ley o una intervención directa los detiene, los invasores se
mudan dentro de terrenos privados y públicos. Estamos describiendo la competencia de
las especies por el mismo espacio disponible. Cada especie (tipología urbana) quiere
desplazar a todas las demás. Los asentamientos irregulares pueden apropiarse de toda la
ciudad si se les permite (por ejemplo, en El Cairo, se han adueñado de todos los techos
planos de los edificios comerciales; en los Estados Unidos la gente construye refugios
temporales en parques públicos y debajo de los pasos a desnivel de las calles de alta
velocidad). Al gobierno, en cambio, le gustaría deshacerse de todos los asentamientos
irregulares. Los gobiernos en el mundo asumen que deben construir vivienda planeada
para reemplazar los sitios con viviendas autoconstruidas. Eso es muy caro para ser
posible.
Como un sistema verdaderamente orgánico, las ciudades están mejor sin controles
centrales. Sin embargo, la organización de sistemas urbanos que compiten entre sí nunca
se convirtió en una práctica común. Aunque las ideas básicas sobre asentamientos
tradicionales han estado presentes, se han perdido elementos clave para su entendimiento.
Ahora ofrecemos la habilidad para crear vivienda como un proceso DINÁMICO
(combinando lenguajes de patrones con códigos generadores: ver próximas secciones). Se
necesitan intervenciones que comiencen con nuevos proyectos de vivienda. El mismo
proceso dinámico puede aplicarse en ambientes ya construidos con el fin de adaptar un
gran número de proyectos de vivienda informales (favelas y otros) proporcionándoles
condiciones de vida aceptables.
La competencia se da entre todos los estratos económicos (“especies”) que utilizan el
terreno u obtienen alguna ganancia de él. En las ciudades latinoamericanas la
especulación urbana deja una enorme cantidad de terrenos, con todos los servicios en
sitio, sin desarrollar y por lo tanto desperdiciados. La población más pobre tiene entonces
que encontrar espacios en las cercanías y pagar altos precios por el agua y otros servicios,
sin contar con el beneficio de vivir cerca de su principal fuente de recursos (la ciudad
central). Esto provoca un severo problema para el gobierno. En vez de catalogar esta
práctica como “injusta” (que no lleva a ningún cambio), precisamos sus enormes costos
acumulativos para el futuro.
Dentro de los varios esquemas de vivienda social realizados a través del tiempo, se
acepta ampliamente (con algunas excepciones) que la favela auto construida, no
planeada, avergüenza al gobierno y tiene que ser destruida lo más pronto posible. Esta
aseveración es falsa. Muy pocas personas con grados de autoridad consideran las ventajas
económicas y urbanas de los asentamientos pobres. La geometría de los edificios, lotes y
los patrones de las calles se ha desarrollado (evolucionado) en su mayoría orgánicamente,
y aquí argumentaremos que la favela ofrece una demostración instructiva y espontánea
del proceso económico eficiente y rápido para proveer de vivienda a la gente.
Las desventajas de las favelas no son inherentes al sistema urbano en sí. Su geometría
orgánica es perfectamente sana, es más: es precisamente el aspecto por la que es
vehementemente rechazada. Simplemente no encaja con la imagen estereotípica (y
científicamente anticuada) de lo que un tejido urbano progresivo debe parecer — limpio,
suave, rectangular, modular y estéril. La geometría orgánica de la favela está relacionada
con el acto ilegal de invasión y con la falta de legislación adecuada. La geometría en sí
representa “un enemigo para el progreso” para la administración. No podemos construir
tejido urbano vivo (o salvar porciones existentes) hasta que sobrepasemos esos prejuicios.
La favela tiene un mecanismo de auto saneamiento, ausente en la mayoría de los
esquemas de vivienda hechos “de arriba hacia abajo”. El crecimiento orgánico también
repara el tejido urbano en un proceso natural, algo de lo que carecen la mayoría de los
proyectos de vivienda geométricamente rígidos.
Irónicamente, la geometría orgánica de la favela está típicamente de acuerdo con los
puntos de vista imperativos de la Izquierda y la Derecha en un estado moderno,
provocando interés en la respuesta de cuestiones sociales que están propiamente
controladas. Algunos intereses sobre el control tienen que ver con un interés literal en el
orden administrativo racional que está relacionado con el control social. Sin embargo,
esto puede reflejar la necesidad del estado de legitimar estas intervenciones demostrando
racionalidad, o su necesidad de mantener los rituales burocráticos de contabilidad al
distribuir los recursos públicos, o su respeto por las convenciones de propiedad privada.
También puede ser una preocupación sincera de reforma para elevar los estándares de
vida de los pobres de modo que sea eficiente y cuente con procedimientos justos, de
forma que esté motivado por principios democráticos.
Una geometría ordenada da la impresión de que la entidad constructora tiene el control.
Si esto es intencional (para demostrar la autoridad del estado) o subconsciente (copiando
imágenes de libros de arquitectura), los gobiernos y las organizaciones no
gubernamentales prefieren ver esta expresión de su propia “racionalidad” en los edificios.
Partiendo de este punto, este conjunto de tipologías denotan cierta relajación de la
autoridad; o provocan ciertas dudas de la respetuosa legitimidad en la distribución de
recursos que no están sujetos a cuidadosos procedimientos burocráticos de contabilidad.
Ambos puntos se evaden porque tienden a desgastar la autoridad del estado,
particularmente bajo regímenes donde los derechos de la propiedad privada son parte
importante de los sistemas y regulaciones legales. Los asentamientos irregulares
morfológicamente complejos están en conjunto fuera del control del gobierno. Una forma
de tomar el control es mover a sus residentes a viviendas construidas por el gobierno. En
una triste y catastrófica confirmación de nuestras ideas, varios gobiernos en África han
demolido viviendas periódicamente, llevando a sus residentes a vivir en espacios
abiertos.

3. Antipatrones de la vivienda social.


Permítasenos resumir algunas de las creencias y tipologías actuales que hoy guían a la
vivienda social, para que podamos reemplazarlas con un marco teórico totalmente
distinto. Sugeriremos la utilización de soluciones que creemos que funcionan mejor y que
son la más clara alternativa. Mucha de nuestra crítica se enfoca en el control “de arriba
hacia abajo”. Este enfoque lleva a la simplificación en el proceso de planeación. Sin
embargo, uno no puede diseñar y construir tejido urbano complejo utilizando
herramientas usadas “de arriba hacia abajo”. Son más criticables aún las imágenes
específicas que la gente tiene de la modernidad. Eso les concierne tanto a los arquitectos,
que cargan consigo una serie de falsas imágenes deseables; y de los residentes, quienes
son invariablemente influenciados por las mismas imágenes a través de los medios.

1. Los proyectos existentes de vivienda pública se conceptualizan y construyen como


dormitorios baratos y por lo tanto siguen una filosofía de planeación militar/industrial:
construir la mayor cantidad de unidades, lo más barata y eficientemente posible.
Deberíamos abandonar este paradigma mental y construir espacios urbanos. Construir un
espacio urbano es un reto mucho más complejo, lo cual requiere un compromiso
complejo más allá de los pequeños círculos políticos y las elites profesionales.

2. Para construir un proyecto urbano eficientemente, la entidad directora desea tener el


mayor control sobre la geometría y el proceso de construcción. Este requisito práctico
implica que la exclusión de la participación del usuario.

3. El simple nombre de “vivienda social” implica que sólo se construya un dormitorio y


no un conjunto urbano. Después de la Segunda Guerra Mundial, la zonificación
monofuncional se volvió el criterio establecido bajo el que se realizan las intervenciones
gubernamentales. Estas ideas tenían cabida antes de la Guerra, pero la reconstrucción y
expansión de posguerra propició su aplicación a mucha mayor escala.

4. La tipología del edificio industrial relega a las plantas y al ambiente natural a un rol
puramente decorativo o las elimina. Sin embargo, la salud humana sólo es posible si
estamos conectados con plantas y naturaleza en nuestro entorno inmediato: la “Hipótesis
de Biofilia” (Kellert, 2005).
5. Un conjunto urbano abarca redes sociales complejas y requiere de la morfología
urbana apropiada de una red. Nunca es monofuncional y no es homogénea. No puede
construirse bajo una moda gubernamental “de arriba hacia abajo”. Las villas individuales
(Pueblos en Latinoamérica) han evolucionado a lo largo de 500 años; éstos poseen un
vasto legado de mezcla de muchas culturas que surgieron en un pasado legado, por
ejemplo, culturas ingeniosas como los Toltecas, Mayas, Incas, culturas del Caribe y
aquellas añadidas como la Española, Portuguesa, Africana, Islámica, entre otras. Hay
muchas lecciones que podemos aprender de esta evolución.

6. Un proyecto convencional de vivienda social rara vez se preocupa por la


accesibilidad a la red urbana, pues está usualmente construido en áreas desconectadas
(muchas veces rurales). Casi siempre, el tema se entiende sólo como un problema de
“vivienda”, que por lo general mide su éxito en términos de la cantidad de “unidades” y
del impacto inmediato a los individuos, en vez de medir la cualidad (o sustentabilidad) de
la vida en comunidad que resulte.

7. El emplazamiento típico de los proyectos de vivienda social tiene una poderosa


razón económica: los dueños de las tierras se las han arreglado para conseguir un cambio
de uso de suelo para obtener para sí mismos una extraordinaria ganancia económica. Esto
es parte del desarrollo desparramado en nuestras ciudades. Más allá de esto, el proyecto
mismo, el gobierno y los usuarios rara vez se benefician de algún modo con esta excesiva
plusvalía.

8. Un proyecto típico de vivienda social concebido como una “isla urbana”


desconectada tiene un terrible impacto en el ambiente. Está desconectado tanto de los
ciclos económicos locales como de los globales.

9. La geometría de un proyecto de vivienda social convencional y la configuración de


las unidades que lo conforman dan muy pocas o ninguna opción para influir futuros
desarrollos. Presentan un número de obstáculos geométricos para su evolución en el
tiempo. Este impedimento frustra la esperanza de los habitantes y suprime sus proyectos
de mejoras sociales y económicas.

10. Arquitectos, funcionarios de gobierno y futuros residentes tienen en sus mentes


cierta “imagen de modernidad”. Este conjunto de imágenes sin sentido genera tipologías
de edificios que son hostiles en su verdadera utilidad y presentan uno de los mayores
obstáculos para la adaptación de la vivienda social.

Los gobiernos están todavía aferrados al paradigma de que la vivienda social debe
ubicarse cerca de un distrito de trabajo en un sitio particular. La realidad es distinta: los
sitios urbanos sanos están conectados en una aglomeración y la gente trabaja donde
puede encontrar trabajo. En contraste, las regiones urbanas enfermas están aisladas,
desconectan a la gente entre sí y de las oportunidades de trabajo. A pesar de las fuerzas
económicas y sociales que provocan el aislamiento, nuestro propósito es el de no
codificar dicho aislamiento en los edificios ni en la forma urbana. Eso significaría
enclaustrar el problema. En vez de eso, debemos utilizar la geometría urbana para reducir
el efecto del aislamiento social.
La lista previa de tipologías y prácticas lleva a construir proyectos de vivienda
enfermos, con condiciones sociales insostenibles. Para lograr un enfoque más adaptable,
esas tipologías deben revertirse y las fuerzas que nos llevan a repetir los mismos errores
una y otra vez deben redirigirse. Algunos errores se cometen simplemente por inercia:
copiando soluciones equivocadas porque se ha vuelto un hábito hacerlo y no
identificando alternativas viables. Esos errores son muy fáciles de resolver una vez que se
entiende mejor la situación. Existe otra clase de errores que suceden porque las mismas
fuerzas dirigen a expresiones similares sin aplicaciones prácticas. Esas condiciones no
pueden cambiarse y deben ser redirigidas. El mal entendimiento de la diferencia entre los
dos problemas significa que nunca seremos capaces de mejorar la situación actual.
Aquí se aclara un principio: no hay razón para diseñar “vivienda social” como tal.
Necesitamos diseñar y construir tejido urbano complejo, de uso mixto, y estar seguros de
que encaja en el tejido urbano mixto y complejo existente. La vivienda social y la
vivienda en general necesitan ser parte de un proceso sano (y socialmente incluyente). La
sola noción de vivienda monofuncional es anticuada y está desacreditada porque nunca
logra conectar a los residentes con su ambiente. Todas las medidas de planeación que
rechazamos — originalmente bien intencionadas — fueron adoptadas para mejorar la
eficiencia al enfrentar un serio reto urbano.
Las razones subyacentes para su fracaso nunca han sido admitidas oficialmente. Como
resultado de esto, existe una tendencia a enfocar los problemas de diseño de la vivienda
social sólo a los edificios: como si fuera sólo cuestión de realizar una mejor idea de
diseño impuesta con más o menos la misma forma de control “de arriba hacia abajo”.
Usualmente, en nuestros días, la idea del arquitecto del “buen diseño” es impersonal y
opresiva para los usuarios. Algunas iniciativas más recientes de vivienda social pública
en los Estados Unidos (como el programa HOPE VI) han realizado un esfuerzo para
incorporar la participación social en el proceso, pero relativamente superficial y
ocasionalmente. Nuestro punto clave es que el proceso para producir lugares habitables
que incorporen vivienda social tiene que sufrir cambios de raíz. Deben dar lugar a un
compromiso fundamental y significativo de arraigo desde la generación de la forma
urbana en un proceso que respete adecuadamente la complejidad distintiva de la
naturaleza de las ciudades.
Existe una necesidad de mezcla de clases sociales para lograr un tejido urbano sano.
Esta mezcla puede ocurrir naturalmente durante el proceso de crecimiento. También es
importante que la gente que tenga la posibilidad, permanezca en el barrio. El enfoque
comprensivo al crear una colonia es congruente en lugares como Latinoamérica donde
todos los asentamientos irregulares son creados por gente que antes vivía en las zonas
rurales y ahora los localizan en la periferia de las grandes ciudades. En este contexto,
puede no existir otra opción más que catalizar la generación de todos los asentamientos
auto construidos, con nuestra ayuda. Generalmente, deseamos ser cuidadosos al momento
de construir espacios urbanos sólo para los pobres. El tejido urbano sano no es
monofuncional y no debe contener necesariamente un sólo estrato económico. Estamos
concientes de las grandes dificultades sociales se presentan al impulsar la mezcla de
vivienda para distintas clases económicas, por la percepción que existe de que nadie
quiere vivir al lado de gente que se ve más pobre que él. Sin embargo, podemos encontrar
importantes ejemplos de mezcla social en los centros históricos de Latinoamérica (el
Centro Histórico de Querétaro es un buen ejemplo). La diferencia reside en la percepción
de la comunidad (que puede sobrellevar las diferencias de ingresos) contra la percepción
de una casa en estricto estado real. Las comunidades con mezcla de niveles de ingresos
no sólo son posibles, sino más capaces de sanar rápidamente.
No es sólo cuestión de separación física de los conjuntos urbanos en la periferia.
¿Cómo pueden crearse procesos de patrones generativos únicos para estos conjuntos
urbanos sin crear sitios dramáticamente distintos del resto de la ciudad? En otras
palabras, ¿cómo se pueden planear edificios para gente de bajos recursos sin crear
“proyectos”, barrios y guetos? A nosotros nos parece crucial que el pensar de otra forma
en cuanto a “vivienda social” debe ser pensar de otra forma en cuanto a cualquier
vivienda de tal forma que esta “vivienda social” esté incluida en un proceso más general
de creación de ciudades de redes saludables (Salingaros, 2005). Es sumamente
importante estar conectado a la ciudad mediante redes globales: calles principales,
sistema de transporte público, redes políticas y sociales, etc.
Parte del paradigma del gobierno es que la “vivienda social” debe seguir un conjunto
especial de políticas dirigidas a un problema específico, y administradas a través de sitios
específicos. Tenemos proyectos de súper cuadras (que son inhumanos pero fáciles de
administrar), o tenemos algo como el principio de la Sección 8 en Estados Unidos, que
subsidia la renta de los habitantes de bajos ingresos. En este caso, la vivienda social se
convierte en una categoría abstracta — definida sólo en términos de las patologías de
individuos que necesitan alguna ayuda que se refleja en forma de pagos a los propietarios
de la vivienda. Así, el “sitio” es una categoría de individuos, separados sólo por las
conexiones de la comunidad.
Típicamente, los pobres ya cuentan con redes sociales complejas que se basan en un
fuerte sentido de supervivencia. Al mismo tiempo, sin embargo, el relativo aislamiento de
esas redes es un serio problema. Aunque casi siempre están muy bien interconectados en
un “grupo social homogéneo”, los pobres casi siempre tienen conexiones limitadas y
están aislados en sus colonias. Están limitados a pequeñas redes, pero no tienen un
sentido de ellos mismos categóricamente como residentes de un barrio. También tienden
a desconfiar de la gente que no pertenece a sus redes. Esencialmente, no tienen la
capacidad de identificar o interesarse por su barrio como barrio. El problema desde el
punto de vista de redes surge al querer reforzar un patrón de lazos débiles de tal forma
que se puedan incorporar a las poblaciones de bajos recursos dentro de la vida cívica. Por
otra parte, esto debe hacerse sin irrumpir con las fuertes redes de asistencia mutua en las
que estos residentes confían. La solución requiere de la organización de esas redes locales
dentro de una red que trabaje en mayor escala.

4. Geometría de control.
El proceso psicológico del control influencia a la forma urbana y la forma de la
vivienda social de manera notable. El control puede manifestarse en la geometría
arquitectónica y también en la disposición urbana. Una geometría rígida y mecánica dicta
la forma individual de los edificios y de los espacios urbanos, mientras que la geometría
de su disposición determina la relación entre edificios separados y la forma de la red de
calles. Existen muchas formas de expresar el control en términos arquitectónicos y
urbanos, y podemos encontrarlos en todos los ejemplos de vivienda social construidos
por el gobierno.
Se pueden encontrar ejemplos de estructuras urbanas orgánicas generadas “de abajo
hacia arriba” a lo largo de la línea universal del tiempo comenzando por las primeras
ciudades registradas en el período Neolítico, hasta los tiempos modernos. La estructura
urbana mecánica fabricada “de arriba hacia abajo” se encuentra en nuestra línea del
tiempo desde que aparecieron por primera vez los patrones de colonización en la historia.
Así, tenemos modelos de esta estructura mecánica que datan de los períodos imperiales
en Grecia, Roma o China hasta nuestros días. En el Siglo XX, fue impuesta una
estructura mecánica exacerbada en las ciudades por la cultura de la máquina de
pensamientos y valores modernistas. Este último período ha sido decisivo en la
configuración de la estructura de las ciudades de hoy en día y parece que seguirá
dominando en los próximos años. En el futuro cercano, la fragmentación espacial podría
convertirse en la última consecuencia del pasado reciente. En forma alternativa,
podríamos entrar en un periodo en que el paradigma emergente de las redes puede ser
mejor utilizado para conectar nuestras estructuras espaciales y patrones otra vez,
trabajando entonces contra la fragmentación.
Existe una “geometría de poder” que es fácil de reconocer (Alexander, 2005;
Salingaros, 2006). Se encuentra más claramente expresada en la arquitectura fascista
militar de la Segunda Guerra Mundial (y mucho antes de ésta), pero ha sido adoptada por
gobiernos e instituciones de todas las creencias políticas (desde las más progresivas a las
más represivas). Este tipo de edificios están conformados como bloques rectangulares de
gran tamaño acomodados en cuadrículas rectangulares estrictamente repetitivas. Las
cuadras con edificios altos dan la impresión del control de sus ocupantes, que están
forzados dentro de una tipología militar/industrial que es obviamente opuesta a la
geometría libre de una favela. Tenemos dos geometrías contrastantes: unidades de
vivienda amontonadas en una o más cuadras, o viviendas acomodadas irregularmente. La
impresión psicológica del control sigue a la posibilidad de VERDADERO control, por
ejemplo, la entrada de un edificio de viviendas puede ser controlada y cerrada fácilmente
por la policía, algo que es imposible de hacer en un conjunto de casas individuales.
Los oficiales de gobierno y los desarrolladores comparten esta visión del control, y esto
tiende a eliminar cualquier otro enfoque sobre el tema. El gobierno local debería preferir
el fácil acceso a un sitio a través de bloques de forma regular. Los administradores están
engañados con la noción de que las formas geométricas simples son la única tipología
que se puede utilizar para crear nuevos desarrollos eficientes.
Una administración puede construir muchas unidades pequeñas en vez de edificios
altos, pero las acomodará rígidamente en una retícula militar/industrial. Las unidades
habitacionales individuales son copias exactas de un solo prototipo. Aquí se ejerce el
control al no permitir variaciones individuales. Un módulo de vivienda se repite para
cubrir una región entera, prestando cuidadosa atención al alineamiento estrictamente
rectangular. La complejidad y la variación se perciben como un vago control total — no
sólo de las tipologías de edificios, sino de la forma en que se toman las decisiones — y
por lo tanto son evitados.
Muchos factores favorecen la estandarización y regulaciones relativamente rígidas:
eficiencia administrativa, responsabilidad, mantenimiento de estándares en los que se
basa el éxito de la administración y los requerimientos de transparencia e imparcialidad
en los procesos. La eficiencia de la producción modular, mal relacionada con el progreso
económico, se utiliza como excusa para el uso de la geometría militar/industrial. La
variabilidad de las construcciones se percibe como amenaza y se contradice con
argumentos como los costos excesivos de producción. Estos argumentos apoyan la
creencia de que la planeación centralizada es una necesidad social y económica. Aun así,
estos argumentos han probado no ser válidos una y otra vez. Una vez más, el paradigma
de producción (y pensamiento) lineal industrial y mecánico, no permite a los
desarrolladores de vivienda social considerar variabilidad, heterogeneidad y complejidad
como elementos esenciales en sus proyectos.
De forma similar a la aplicación de nuevas tecnologías en la producción de las fábricas,
se presenta una justificación en términos de costos y eficiencia, pero la lógica detrás de
esto es una lógica de control. En el contexto del estado moderno, es por lo general más
crucial el mantenimiento de los estándares, transparencia y responsabilidad que la
reducción de costos en términos absolutos. Como resultado, se ha vuelto muy común para
las estructuras de administración burocrática (con las mejores intenciones y sin importar
ideologías de Derecha o Izquierda) la imposición de estándares que obstruyen el
verdadero objetivo que tratan de alcanzar.
La adaptabilidad a las necesidades individuales requiere libertad en el diseño para que
cada unidad sea distinta, y su posición y forma puedan ser decididas en gran medida por
sus futuros residentes. Esto es posible de lograr. Sin embargo, ambos lados del espectro
político se oponen fuertemente a la libertad en el diseño. La Derecha considera que los
pobres no merecen tal oportunidad, y que una casa por encargo es un privilegio exclusivo
de la clase adinerada. La Izquierda, por otro lado, cree firmemente en la equidad, lo que
se malinterpreta como la prohibición de que en un desarrollo social, existan casas con
alguna diferencia una de la otra. Instituciones como bancos, compañías constructoras y
topógrafos se asustan con la posibilidad de tener que lidiar con variaciones individuales.
El control se ejerce en otras formas más sutiles como resultado de la estandarización.
Un módulo constructivo barato disponible en una tienda, si es suficientemente grande,
reemplaza a otras alternativas, aunque sean mejores. Los componentes modulares
restringen la libertad de diseño, porque influencian al producto final que resulta de su
unión (Alexander, 2005; Salingaros, 2006). Los gobiernos que subsidian vivienda social
promueven los módulos industriales y sus componentes y desalientan la construcción
individual. Sin embargo, la producción local podría lograrse a menor costo y resolvería
parte del problema de desempleo. Una geometría industrial incorporada en tipologías
arquitectónicas y urbanas eventualmente se refleja en el ambiente construido.
El ambiente natural se vuelve víctima de la geometría de control. La naturaleza y la
vida son visualmente “desordenadas”. Elementos topográficos como rocas, cuestas y
riachuelos así como árboles y plantas, representan un reto para la geometría plana,
rectangular y son usualmente eliminados. Los gobiernos locales enfocan sus esfuerzos a
erradicar elementos orgánicos del “ideal” ambiente estéril. Algunas veces (no todas) este
acto de agresión contra la naturaleza trata de amortizarse plantando unos cuantos árboles
no nativos del sitio en estricta alineación geométrica y utilizándolos como esculturas
visuales. Las especies de plantas nativas existentes no son bienvenidas y sólo se aceptan
las que parecen artificiales (porque son uniformes y no crecen al azar como otras
plantas). En las casas de personas de bajos ingresos, aunque se considera un lujo muy
caro, al final, el proyecto adquiere un carácter innatural, sin vida, totalmente carente de
conexiones al crecimiento natural.

SECCIONES 5-11: HERRAMIENTAS ESPECÍFICAS PARA EL DISEÑO QUE


AYUDAN A ESTABLECER LA PERTENENCIA INTELECTUAL.

5. Biofilia, conectividad y espiritualidad.


La noción de “arquitectura biofílica” establece que la salud humana y su bienestar
dependen fuertemente de la geometría del ambiente, expresada en configuraciones
particulares, superficies, materiales, detalles, luz y el acceso a plantas y otras formas de
vida (Kellert, 2005). Todos estos factores contribuyen al éxito de cualquier edificio y en
particular, de la vivienda social. El diseño basado en evidencias está basado en saber
cómo un ser humano es afectado por su ambiente.
La geometría apropiada que promueve el bienestar humano es, inesperadamente, la
opuesta a la geometría del poder descrita en la sección anterior. Una geometría viva es
libre, compleja y altamente interconectada. Es la geometría de la favela auto-construida y
también la geometría natural de un río, un árbol o un pulmón. Sin ninguna restricción, los
seres humanos construirían de acuerdo a esta geometría natural (Alexander, 2005;
Salingaros, 2006). Cabe resaltar que muchos proyectos auto-construidos no se guían por
completo por esta geometría generativa, porque el gobierno define una retícula de lotes
antes de entregar las tierras a cada constructor. Así, se impone una retícula industrial que
es imposible de cambiar. Discutiremos más adelante cómo evitar esta práctica restrictiva.
Las cualidades de la geometría y las superficies ayudan u obstaculizan la conexión
emocional con los seres humanos que las utilizan. Debemos balancear el estudio de la
estructura con el de la forma y los patrones. En el estudio de la estructura, medimos y
pesamos las cosas. Los patrones de interacción no se pueden medir o pesar, sin embargo:
deben mapearse, sobre todo en términos de calidad. Para entender un patrón debemos
mapear una configuración de relaciones. Creemos en el concepto de la ciudad como un
organismo, no sólo en el sentido de que ésta trata de desarrollar una estructura orgánica,
sino también por las relaciones complejas que establece su estructura con los patrones
organizacionales de sus usuarios. Aquí describimos una lista de algunos conceptos clave
en los que necesitamos trabajar:
1. La gente se vuelve hostil y psicológicamente enferma en un ambiente sin naturaleza.
La Biofilia es innata en nuestros genes. Los conjuntos urbanos necesitan mezclarse con
los ambientes naturales, no reemplazarlos.

2. Nos conectamos con las plantas a través de su estructura geométrica, aunque algunas
geometrías están más conectadas con el espíritu humano que otras. Nos sentimos
cómodos en un ambiente construido que incorpora una geometría natural compleja que
muestra una jerarquía ordenada de subdivisiones.

3. Los residentes deben amar sus casas y barrios. Esto significa que la forma del
ambiente construido inmediato debe ser espiritual y no industrial.

4. Los materiales y tipologías industriales generan odio o indiferencia hacia el


ambiente construido. Crecemos hostiles hacia las superficies y formas que no nos
alimentan espiritualmente, porque sentimos su rechazo hacia nuestra humanidad. Si no es
odio, la mayoría de las veces generan cierta indiferencia que a veces es peor para las
comunidades humanas. El uso de estos materiales y tipologías le presenta comúnmente
como una imposición por la naturaleza tecnológica del edificio y la realidad económica
del momento. El resultado es que la gente muchas veces toma como normal el inevitable
carácter alienígeno del ambiente construido que resulta de la cuantificación sin
cualidades significativas.

5. El carácter sagrado de los pueblos tradicionales y de los sitios urbanos no puede ser
rebajado a ser absurdo y anticuado (como se hace hoy en día). Esta es la única cualidad
que conecta a un pueblo con la gente, a gran escala y por lo tanto, indirectamente entre
ellos. Necesitamos construirla dentro del conjunto urbano.

No es fácil identificar la estructura sagrada de cualquier asentamiento, mucho menos


planearla para uno nuevo. Necesitamos fijarnos en los patrones de actividad humana de
los asentamientos tradicionales y preguntarnos cuáles son los nodos de actividad más
valorados sobre otros nodos. Usualmente, es donde los residentes locales se reúnen para
interactuar. Estos nodos (si es que existen) pueden ser interiores, pero casi siempre son
elementos del espacio urbano (Gehl, 1996). La gente puede conectarse con las plantas y
con otra gente al mismo tiempo en los espacios urbanos propiamente diseñados
(configurados). Esos lugares son entonces responsables de la cohesión social del
vecindario.
Algo es “sagrado” si le atribuimos un valor sobre y más allá de su estructura material.
Una buena forma para identificarlo es el preguntarnos si estaríamos dispuestos a pelear
para protegerlo de algún daño o destrucción. ¿Existen otras personas, algunos extraños,
que sientan lo mismo? ¿Consideramos que el lugar tiene un significado para la
comunidad entera como para que un grupo de personas realmente se una para proteger
este objeto o sitio particular? En las sociedades antiguas, un viejo árbol, una gran roca,
una elevación prominente del terreno o un pequeño río podrían ser considerados sagrados
(en el más profundo sentido religioso), y por tanto protegido de cualquier daño. Aquellas
sociedades construían ciudades alrededor de espacios sagrados y dotados de elementos
sagrados construidos. Hoy en día, esta cualidad se clasifica, desafortunadamente, como
pasada de moda, antigua.
Por ejemplo, los nodos sociales más viejos son las fuentes de agua (pozo o fuente de la
comunidad), los lugares de culto (Iglesia o Templo), lugares de reunión (cafés/bares para
hombres), sitios de juego para niños, etc. En el caso de la Iglesia, tenemos una estructura
sagrada genuina y por lo general se construye en el centro geográfico del asentamiento.
Realiza la función cohesiva de la comunidad: “ecclesia” es la reunión de la gente que
realiza un culto común, que es un acto social mucho más cohesivo que el puro acto
religioso. No es coincidencia que frente a la Iglesia, en un pueblo tradicional, siempre
exista un espacio de reunión no religioso, como una cafetería. Esta cafetería sustituye
como lugar alternativo de reunión para aquellas personas que no compartan el significado
sagrado de la religión local.
Otro nodo de la estructura sagrada es la plaza central o el espacio abierto, que, en
climas templados, da lugar a la vida social en las tardes. La tradición latina de la caminata
vespertina alrededor de la plaza central establece un valor para la plaza en cuanto a la
cohesión social de la comunidad. A lo que nos referimos con “estructura sagrada” en este
documento es a TODAS estas funciones cohesivas. Vemos a la cohesión como un medio
natural e interpretamos sus diversas manifestaciones simplemente como distintos grados
de conectividad o canales traslapados. Una plaza central es un sitio para la cohesión
social, mientras que una iglesia conecta a la gente con un nivel superior, el de su creador.
Las sociedades no religiosas en algunos casos sustituyen exitosamente “espacios
sagrados” seculares para mantener unida su sociedad. Por ejemplo, las ciudades
comunistas construían la “Casa de la Gente” o el “Club de Trabajadores”, que cumplía la
función de sitio de reunión al menos para una parte de la comunidad. En suburbios de
niveles económicos superiores (por ejemplo, en colonias cerradas) se aplican las mismas
fuerzas, pero no están resueltas a causa de la dependencia total del automóvil. No existen
espacios sagrados, ni sitios de reunión comunes o algún lugar para la interacción social.
Contrario al intento de los desarrolladores que los construyen, una casa club y una
alberca comunal en los suburbios de clase alta no realizan esta función. La geometría
urbana nunca se vuelve valiosa socialmente para los residentes, por el contrario, propicia
una seria falta de socialización.
El lugar sagrado que estamos describiendo carece de construcción urbana
contemporánea (Duany et. al., 2000). Observamos copias superficiales creadas sin el más
mínimo entendimiento del profundo significado cultural. Consecuentemente, el
decremento en el sentido de comunidad lleva a un incremento dramático en la alienación
social. Ciertamente ni la Derecha ni la Izquierda han reconocido nunca la necesidad de la
espiritualidad en el tejido de la vivienda social. Sin embargo, el sentido sagrado es
inherente en cualquier conjunto habitacional tradicional (en algunos sitios más, en
algunos menos), independientemente de su origen. En contraste, los dormitorios
militares/industriales no sólo son rechazados, sino odiados por sus habitantes, porque
nadie puede conectarse con su forma e imagen. Un ser humano no puede pertenecer
verdaderamente a esos edificios y ni la imagen de estos edificios puede pertenecer
emocionalmente a un ser humano, y por tanto la gente tiende a odiarlos y eventualmente
a destruirlos. Los edificios de este tipo, construidos en los años 60 con las mejores
intenciones, abundan alrededor del mundo. Estos no catalizan un apego emocional a gran
escala. Los esquemas que tienen “calles comerciales” y escuelas (como sustitución del
espacio sagrado) en el quinto piso de una cuadra de casas de alto nivel han probado ser
ridículos. Las plazas de concreto tienden a estar desconectadas y ser hostiles y generan
sensaciones de cólera en vez de conectividad.
Christopher Alexander y sus colaboradores construyeron vivienda social en Mexicali,
México (Alexander et. al., 1985). Se construyó un cluster de casas prototipo en un terreno
del constructor que satisfacía las necesidades constructivas del vecindario. Esto pudo
haber sido el espacio sagrado. Mientras que las casas fueron un tremendo éxito (y
sobrevivieron con sus dueños originales años después), el terreno no lo era. El gobierno
no supo mantenerla y no la cedió a otra comunidad o al uso privado. Fue abandonada, y
los propietarios sellaron las conexiones de las casas con el entorno. El gobierno nunca
ayudó para que éste se convirtiera en un espacio de reunión. No se hizo un esfuerzo por
dotar de un valor sagrado a este sitio.
La categoría de “lo sagrado” está siendo definida con suficiente amplitud para abarcar
el orden normativo de los espacios cívicos, y es importante incluirlos en el amplio
espectro de las relaciones sociales desde lo privado, lo comunal (parroquial) y lo público
(cívico). Las villas tradicionales se elevan al nivel de lo comunal, pero NO al nivel de la
cultura cívica. Los sitios de reunión son importantes, no sólo porque propician la
cohesión comunal (que tiende a basarse en la homogeneidad), sino porque el rango de
distintos tipos de sitios de reunión permite un rango de distintas clases de relaciones
sociales. Las relaciones en público tienen mucho que ver con la definición de la distancia
social así como de la cohesión. Comúnmente, la cohesión asociada con el urbanismo se
media sólo al compartir un sentido común del lugar. Los lugares son, de algún modo, la
encarnación de lo que llamamos “capital social”. SON relaciones sociales, no sólo
contenedores o facilitadores de éstas.
Podría haber un problema al acentuar lo sagrado en esta discusión. En el tercer mundo,
más que en otros sitios como en EEUU, las regulaciones para la vivienda social están
atrapadas de una u otra forma en el movimiento demócrata. Particularmente en las
ciudades globales del mundo, no deseamos parecer como si estuviéramos promoviendo
un retorno a las condiciones de tipo tribal (que es un modo en el que pueden verse los
pueblos tradicionales). Los sitios requieren la materialización de lo “sagrado”, pero no en
el uso común de la palabra. Los sitios de reunión son importantes, pero su estructura (y
relación con la estructura social) es más compleja que sólo actuar como contenedores u
oportunidades de relación para la gente. Necesitamos observar los patrones de interacción
en las ciudades tradicionales así como en las villas tribales y en los asentamientos de
clase homogénea. Esos patrones de interacción son estructuralmente variados y no sólo
debido a la cohesión de la comunidad.
En conclusión, un asentamiento debe, sobre todo, establecer una estructura sagrada
para que pueda conectarse emocionalmente con sus residentes. La estructura sagrada
también ayuda a las personas a conectarse con un orden superior. Este orden superior
abarca los siguientes tres aspectos fundamentales: (a) es utilizado como herramienta
cohesiva para formar comunidad; (b) es construido a partir de la cooperación de los
discursos de un grupo de personas y no es resultado de la decisión unilateral de un
individuo y (c) tiene un poderoso significado para la comunidad. Si la mayoría de los
residentes se conectan con la estructura sagrada física, entonces se conectan
indirectamente unos con otros. Este simple principio establece un sentido de comunidad,
que sobrevive a las difíciles condiciones de la vida. Mantiene orientadas las fuerzas hacia
el mantenimiento de la estructura física de la comunidad, en vez de volverlos en contra de
la estructura física en aquéllos casos en los que no es valorada.

6. Utilizando el trabajo de Christopher Alexander.


En muchas ocasiones en su larga carrera como arquitecto y urbanista, Christopher
Alexander fue contratado para la planeación y construcción de vivienda social. En cada
caso, y casi siempre en oposición a las peticiones por escrito de la agencia gubernamental
que lo contrataba, él insistía en la participación del usuario. Claramente veía que la
participación era la única forma de producir formas construidas que sean “amadas” por
sus ocupantes (Alexander, 2005; Alexander et. al., 1985). Cada uno de sus proyectos
iniciaba con el marco de trabajo esencial de involucrar a los usuarios futuros en la
planeación de su espacio para vivir, de la formación y configuración de las calles y las
áreas comunes. En algunos casos, esto conducía a que el gobierno retirara su ayuda, pues
conjeturaba que tal esquema debilitaría seriamente su control sobre la geometría del
proyecto.
Nosotros creemos que Alexander acertaba completamente al insistir en la participación
como principio básico. Predijo correctamente que las casas construidas por alguien que
no está involucrado en el mundo y realidades diarias de los residentes, carecería de
algunas cualidades esenciales. Como resultado, los habitantes nunca podrían amar el
lugar. Aunque las casas estuvieran todas construidas siguiendo exactamente la misma
tipología modular, la participación en la planeación o en el proceso de construcción
garantiza que los usuarios tengan un apego personal con el producto final. A mucha gente
podría no importarle el diseño de las virtudes formales: ellos sólo quieren algo que
puedan considerar verdaderamente suyo.
El trabajo más reciente de Alexander (Alexander, 2005) establece un ordenamiento
temporal para cualquier construcción para que pueda ser adaptable a las necesidades
humanas. Esto significa que importa mucho lo que se diseña y construye antes, y en lo
que se vuelve después en la secuencia de diseño y construcción. Esta práctica se siguió
desde tiempos antiguos en el este y fue codificada en el urbanismo Bizantino e Islámico,
y que influenció a todas las regiones afectadas por estas civilizaciones (Hakim, 2003). Su
fundamento científico como parte de los procesos generales mediante los cuales
evoluciona un sistema complejo es una contribución nueva y ha sido mostrada
teóricamente como crucial para el éxito de cualquier proyecto. Ahora es posible indicar el
orden correcto en el que se puede construir un desarrollo habitacional para asegurar su
sustentabilidad.
Por ejemplo, Alexander da a conocer los pasos para un tejido urbano sano. Estos
dependen mucho, por supuesto, de la escala. Si la prioridad es cómo un asentamiento se
conecta al resto de la ciudad, se puede utilizar un área de 1 km2 tangente a alguna de las
calles principales, mientras que áreas más grandes necesitarían una avenida que las
atraviese.

1. Las rutas de circulación principales se determinan como parte integral del corazón de
la ciudad y del área urbana adyacente.

2. Los espacios públicos principales se identifican como uniones entre la topografía,


los elementos naturales y las principales líneas de movimiento.

3. El alineamiento de las calles secundarias se determina mediante intersecciones de


60-150 metros con las calles y espacios principales.

4. El espacio peatonal se define con los frentes de los edificios y es accesible a través
de ellos pero está físicamente protegido de los vehículos.

5. Los edificios se sitúan de tal modo que las bardas frontales definan el espacio urbano
lo más coherentemente posible — sin remetimientos y con algunos huecos.

6. Las calles son consecuencia de la alineación y la conexión de segmentos del espacio


urbano bien definido. Si la intención es respetar el espacio vivo, las calles NO PUEDEN
construirse primero, especialmente si sus requerimientos funcionales se permiten para
controlar la forma, escala y calidad de los espacios urbanos.

Si no se sigue esta secuencia se obtendrá, inevitablemente, un tejido urbano muerto. La


aplicación correcta de esta secuencia sólo puede lograrse después de convencer a las
autoridades a implementar prácticas de construcción distintas a las que se usan hoy en
día. Sin embargo, existen abrumadoras razones teóricas para insistir en esta secuencia.
Estos pasos se han seguido incontables veces en los asentamientos tradicionales,
formando pueblos y conjuntos urbanos antes de la era de la industrialización. Cuando el
medio de transporte sigue siendo el peatonal y el tráfico de baja velocidad (animales,
carretas, algunos autobuses y pick ups, etc.) es fácil dar prioridad al espacio y a los
edificios. Una vez que el automóvil domina, comienza a dictar una nueva prioridad, que
revierte la secuencia anterior. El planeador sacrifica tejido urbano tradicional en un
rápido movimiento transversal y esto al final resulta en un diseño disfuncional e
insostenible.
Alexander ha aplicado estos principios en muchos proyectos de vivienda social,
incluyendo Santa Rosa de Cabal, Colombia (Alexander, 2005: Libro 3, pp. 398-408) y
Guasare New Town, Venezuela (planeada pero no construida) (Alexander, 2005: Libro 3,
pp. 340-348). Otro ejemplo exitoso reciente es Poundbury, Inglaterra, hecho por Léon
Krier (1998). Lo interesante de este último es que es un desarrollo de nivel social alto, en
el que una parte muy importante (más del 20%) son residentes con algún subsidio,
financiados por el Guinness Trust, una organización no gubernamental. Se extraerán
reglas de trabajo de estos ejemplos y se presentarán en este documento.

7. Diseño iterativo y forma emergente.


Una comunidad nueva no puede simplemente insertarse sobre un terreno vacío (se
puede, pero entonces no está adaptada y no forma una comunidad). Prevemos un
crecimiento inteligente por etapas en vez de construir todo de una sola vez. El diseño
debe poder evolucionar y no puede ser decidido desde el inicio. Un plan maestro — en el
sentido de decidir exactamente dónde se localizarán exactamente las futuras
construcciones y qué forma exacta tomarán — es muy restrictivo y por lo tanto
incompleto. La vivienda social que sigue el paradigma de estar planeada en papel y luego
construida de acuerdo al plan fracasa y no se convierte en un ambiente viviente.
Siguiendo a Alexander, abogamos por un proceso en el que cada paso subsiguiente esté
influenciado por lo que existe en ese momento.
La cuidadosa consideración de las características topográficas, la vegetación existente,
los puntos de acceso etc. deben indicar conceptualmente la morfología de todo el
asentamiento desde el principio del proceso de planeación. Después de tener una idea
general de la localización de los edificios y de la calle de acceso principal, se pueden
visualizar los lotes individuales sobre las calles, que no están todavía completamente
especificadas. Nada se ha construido aún en este punto y se toman decisiones importantes
utilizando estacas de madera y otras marcas en el terreno. Con el fin de garantizar la
coherencia morfológica, lo que se construye debe estar influenciado por su entorno. Esta
interacción es experimentalmente determinante y no puede trabajarse en papel o por
anticipado debido a la complejidad de los mecanismos involucrados. En un desarrollo
parcialmente construido, la siguiente casa o tramo de calle debe construirse de manera
que su geometría se adapte a lo que fue construido previamente.
Cualquier decisión tomada en el inicio del proyecto debe ser entendida como
recomendación y no como una orden estricta (distinto a lo que sucede en un master plan).
Mientras el proyecto evoluciona en el tiempo, las decisiones tomadas en un principio para
las áreas no construidas serán incorrectas, o irrelevantes, por lo que se necesita la
posibilidad de cambiar el diseño continuamente mientras se van construyendo más
edificios. Esto es exactamente lo que ocurría en las comunidades históricas construidas a
lo largo de los siglos. Este proceso de adaptación (a las sensibilidades humanas sobre
formas y espacios emergentes) generó geometrías extremadamente coherentes y
complejas en las ciudades y pueblos tradicionales, y esa coherencia no puede,
matemáticamente, lograrse toda de una sola vez.
Un proceso iterativo va y viene entre cada etapa, mejorando cada una a su tiempo. A
esto nos referimos en cuanto a planeación y diseño adaptables: primero se forja la idea
conceptual sobre el terreno, luego se añaden la posición y tamaño de los futuros
elementos construidos sin construirlos todavía, luego se vuelve y se refinan los espacios
urbanos, etc. Es sólo de esta forma que se puede lograr efectivamente la interacción de
todos los componentes, entre ellos y con sus alrededores. Una vez que comienzan a
construirse los componentes, se vuelven parte del contexto y pueden influir en los
elementos construidos que se edifiquen después.
Un tejido urbano sano es un sistema extremadamente complejo y no puede ser
construido y diseñado estrictamente “de arriba hacia abajo”. Algunos componentes
pueden lograrse con este tipo de diseño, por quienes comprenden la complejidad
requerida. El ordenamiento debe ser emergente desde el proceso y no simplemente el
resultado imaginado e impuesto por un ordenamiento regulatorio. Debe existir capacidad
de adaptación distribuida y persuasiva en un proceso inclusivo. Las ciudades y los
vecindarios son “cosas que la gente hace en conjunto”, donde una comunidad ejerce su
territorialidad de forma positiva. Cualquier intervención de arriba hacia abajo debe
orientarse para facilitar esta colaboración, y no debe dictar sus términos o forzarlos en un
contenedor excesivamente racional.

8. Ejemplos de patrones y códigos generadores.


Los patrones resumen las soluciones de diseño descubiertas que han hecho más
confortable la experiencia de la gente al utilizar las formas construidas. Su mérito relativo
es que fueron elaborados sobre una base firme (muchas veces científicamente válida) en
vez de ser sólo una opinión más. El uso de patrones y lenguaje de patrones se describe en
la literatura disponible (Alexander et. al., 1977). Ahora describimos algunos patrones
para aquéllos que no los hayan visto antes. La principal corriente de urbanismo ha
subestimado el tremendo potencial que ofrece el diseño basado en patrones,
principalmente por razones ideológicas. El diseño basado en patrones libera al individuo
pero restringe algunos de los aspectos más rentables (e inhumanos) de la construcción
industrial.
En el tejido urbano denso, se impone un patrón de altura límite de cuatro niveles para
casas habitación (Patrón 21: LÍMITE DE 4 NIVELES). Si una vivienda tiene más de esa
altura, se siente desconectada del suelo. Este patrón invalida inmediatamente a las
cuadras con edificios altos de departamentos, que son simplemente un experimento social
fallido en gran escala, provocado por el simbolismo icónico. Otro patrón indica acceso a
árboles (Patrón 171: SITIOS ARBOLADOS). Los árboles son necesarios para el
ambiente humano, y su ubicación debe pensarse cuidadosamente de manera que coopere
con los edificios cercanos y defina un espacio urbano coherente (Gehl, 1996); Salingaros,
2005). Alternativamente, los árboles existentes grandes deben salvarse y los edificios
deben colocarse de forma cuidadosa y flexible (y no de acuerdo a una retícula arbitraria),
para que los edificios y los árboles cooperen para crear un espacio urbano. Los árboles
combinados con la geometría de los caminos y los muros exteriores definen el espacio
urbano utilizable, cuyas dimensiones y estructura invitan a ser usados.
Nos referimos (resumiendo este patrón en particular) al uso de árboles y edificios de
forma conjunta para definir un espacio sagrado. Esto está filosóficamente muy lejos de
sólo plantar árboles como simple “decoración” visual, lo que siempre refuerza la
geometría del poder. Existe una razón pragmática para esto. A menos que un árbol se
proteja formando parte de un sitio sagrado, podría ser cortado y utilizado como material
de construcción, o como leña para cocinar. Esta idea se basa en el mismo principio de la
concepción sagrada de las vacas para protegerlas y poder usarlas para arar la tierra.
Entonces, nadie se come las vacas en tiempos de hambruna y pueden utilizarse para la
agricultura en la siguiente temporada.
En la práctica, uno escoge muchos y diferentes patrones del “Lenguaje de patrones”
(Alexander et. al., 1977), y comienza a diseñar un asentamiento. Mientras avanza el
trabajo, uno debe regresar y trabajar con más patrones mientras que se va desarrollando el
diseño. Otro conjunto de patrones ayuda a guiar el acomodo de las calles. Originalmente,
Alexander utilizó patrones en 1969 para diseñar vivienda social en Perú (Alexander,
2005: Libro 2, p. 352). La forma en que distintos patrones tenían que combinarse se
encuentra en (Salingaros, 2005: Capítulos 8 y 9). Algunos arquitectos califican a los
patrones como un método incompleto, porque no han podido lograr buenas
combinaciones. Sin embargo, los patrones son sólo un componente de un sistema de
diseño y su combinación debe seguir otros principios que no están contenidos en los
patrones mismos. El trabajo de Alexander y de otras personas (incluyendo a los autores)
continúa desarrollando la aplicabilidad de los lenguajes de patrones en la arquitectura. Se
han logrado avances particulares con el éxito dramático del lenguaje de patrones en el
diseño de software para computadoras.
Un factor mucho más preocupante que ha influido negativamente en la adopción de
patrones para el diseño es que la arquitectura y el urbanismo se han basado, por muchas
décadas, en una base filosófica de relativismo cualitativo. Esto implica que todos los
juicios en arquitectura sean cuestiones de opinión y gusto y por tanto la arquitectura es un
poco más que un simple acto de expresión. Dicha realidad estructural se basa en
situaciones de aparente opinión individual. Los arquitectos y urbanistas educados bajo la
tradición relativista son indiferentes a efectos estructurales obvios y a soluciones ya
desarrolladas. Consideran a los patrones sólo como una opinión más que puede ser
ignorada sin consecuencias (especialmente en el caso de patrones que contradicen las
tipologías industriales/militares). Pero los patrones son conjuntos observables de
configuraciones recurrentes que son respuestas a problemas de diseño también
recurrentes, que constituyen una forma de descubrir la “inteligencia colectiva” de la vida
humana y la civilización. Cabe resaltar que esta inteligencia colectiva tiene que ver con la
forma en que nos relacionamos en el contexto entre la forma construida y nuestros
valores, aspiraciones, prácticas sociales, etc.
En la era de la especialización profesional, el ambiente construido ha estado sujeto a
una creciente variedad de expertos que enfocan, cada uno, su disciplina a un tipo de
problemas en particular. Muchas veces esto depende de la habilidad para observar (o
dirigir) un cambio general para la creación de lugares vivos, hermosos y sostenibles. La
noción de inteligencia colectiva incorporada a los patrones no debe ser entendida como el
descubrimiento de la verdad absoluta, sino como un reconocimiento de la importancia de
un proceso vivo. Esto reestablece la capacidad cultural para asegurar que el “hacer lugar”
sea un proceso social colaborativo. El éxito no se mide en términos abstractos, sino por
medio de la experiencia local del mejoramiento continuo en la calidad y sustentabilidad
de los asentamientos humanos. El uso de patrones en el diseño provee de bases necesarias
para un método colaborativo que es adaptable y particular a un sitio (por ejemplo,
restricciones del momento), y es también capaz de responder a la aspiración humana de
algo mejor.
Aún cuando se utilicen patrones en el diseño, el diseñador debe asegurarse que el
proyecto se realice y construya bajo la secuencia correcta. Esta forma nueva de
planeación está basada en la comprensión de que la emergencia de una forma adaptable
debe seguir una secuencia específica de etapas. El diseño adaptable requiere de un
“proceso generativo”. Un diseño vivo nunca se impone: se genera por una secuencia en la
que cada paso depende de todos los anteriores. Sin embargo, los patrones mismos no
indican nada sobre la secuencia apropiada. Para esto, debe leerse el trabajo más reciente
de Alexander (Alexander, 2005). Algunos apoyan la necesidad de un proceso generativo.
Besim Hakim llegó a esta conclusión a través de la preocupante evidencia disponible de
su investigación en ciudades tradicionales. (Hakim, 2003).

9. Estrategia de construcción.
El lenguaje de patrones y los procesos generadores son ambos códigos (explícitos o
implícitos) que han existido por milenios. Los lenguajes de patrones fueron codificados
de forma práctica hace treinta años. Los códigos se han utilizado en arquitectura
tradicional y hay códigos (no generativos) que han sido ampliamente utilizados por uno
de los autores (Duany & Plater-Zyberk, 2005). Los códigos fijos están basados en la
forma e indican exactamente cómo estructurar la geometría de un ambiente urbano. Los
códigos generadores son más recientes, y tienen la capacidad de evolucionar su forma
con el proyecto. Indican la secuencia pero no especifican la forma del producto final.
También hacen distinción entre los códigos adaptables y los no adaptables (como
aquellos que generan o que impiden la generación de tejido urbano viviente).
Aunque un proyecto particular requiere cuidadosos ajustes a las condiciones locales,
estos dos métodos actuando juntos pueden servir en la mayoría de los casos. Podemos
comenzar inmediatamente su aplicación utilizando material ya publicado, con experiencia
en sitio seguida de futuros refinamientos durante el proceso. A grandes rasgos, nuestras
sugerencias son las siguientes:

1. Utilizar lenguajes de patrones para planear la red de transporte mucho antes de que
exista cualquier edificio. Esto es esencial para la generación de los centros, tanto de la
zona como de los vecindarios. Las retículas rígidas favorecidas por el gobierno central no
necesariamente crean conectividad nodal en el conjunto urbano.

2. Utilizar lenguajes de patrones (y desarrolla nuevos patrones apropiados para la


localidad) para construir un conjunto urbano para una sociedad compleja compuesta de
niños, adultos, ancianos; y que incluya casas, tiendas, locales en renta, escuelas, espacios
informales, paradas de transporte público, etc.

3. El gobierno central debe prescindir de la zonificación monofuncional (y


consecuentemente antihumana) existente. Sin esta etapa, todos los esquemas de
planeación impiden la vida urbana desde el principio, a pesar de lo que puedan parecer.
4. Impulsar sistemas de construcción (controlados de arriba hacia abajo) para trabajar
con los futuros residentes locales (trabajando de abajo hacia arriba) para generar vivienda
de bajo costo y alta calidad.

5. Utilizar lenguajes de patrones para rehabilitar viviendas auto construidas de familias


de bajos recursos y convertir las que actualmente están en renta en viviendas ocupadas
por los dueños. Esto requiere de inversión, pero también genera trabajos de construcción.

6. Utilizar lenguajes de patrones y la noción de la ciudad como una red para orientar
globalmente las intervenciones. Los procesos de mayor escala y mayor lapso de tiempo
asegurarán que, además de la construcción de viviendas, los proyectos se conciban e
implementen para complementar un vecindario sustentable, bien conectado con el gran
entorno urbano.

El proceso comienza al identificar el terreno apropiado. Un gran problema es que la


mayoría de la vivienda social ha sido expulsada hacia terrenos marginales y
problemáticos, en los que puede ser imposible el mejoramiento. Es necesario que el
arquitecto / planeador a cargo del proyecto sea experto en lenguaje de patrones y su
aplicación. Como hoy no hay arquitectos / planeadores especialistas, recomendamos que,
al menos por los próximos años, los gobiernos confíen en alguien familiarizado con este
tema para supervisar la construcción de los proyectos. Existe un buen número de
profesionales disponibles que cuentan con este conocimiento, aunque no son suficientes
para satisfacer la demanda. Esperamos que en las próximas décadas se entrenen
suficientes arquitectos jóvenes para dirigir nuevos proyectos.
Los permisos de construcción son un aspecto importante. Gracias a la variabilidad
orgánica de los distintos componentes del proyecto, es imposible en cuanto a recursos y
tiempo, preparar dibujos finales para conseguir aprobación de cada uno de ellos. Hoy en
día, los permisos para planes urbanos se otorgan sólo para un plan explícito y
documentado que especifique cada detalle del diseño, en vez de un proceso general que
pueda producir diseños similares pero individuales. Alexander resolvió el problema
consiguiendo permisos del gobierno para procesos de construcción específicos que
generan resultados similares pero distintos. Todos los productos de ese proceso se
aprobaban automáticamente sin necesidad de permisos individuales posteriores
(Alexander et. Al., 1985). Es importante lograr la aprobación de las autoridades para el
PROCESO y no para un conjunto de dibujos finales. Si esto no es posible, entonces es
mejor conseguir la aprobación para la estructura general deseable que luego puede ser
modificada durante el proceso.

10. Estrategia de diseño 1: Estructura de servicios.


Los siguientes párrafos se refieren a una estrategia de diseño basada en reglas que uno
de nosotros (AMD) ha observado al trabajar en Santo Domingo, República Dominicana.
Ofrece una plantilla sobre la que los planeadores pueden trabajar: una estructura simple
pero efectiva sobre la cuál se puede auto-organizar un asentamiento humano.
Las siguientes pautas funcionan para una favela con recursos MÍNIMOS. Existen más
reglas para el siguiente estrato económico, incluyendo el acomodo de automóviles. Pero
con la carencia de cualquiera de estas reglas se tiende al fracaso, así que forman un
corazón sobre el cuál se pueden añadir más reglas.

1. El gobierno debe garantizar la propiedad de los lotes con contratos y hechos


tangibles. Esto puede comenzar con lotes “provisionales” y puede definirse, examinarse y
documentarse después a través de un proceso “generador”.

2. Los lotes deben estar dentro de cuadras definidas por una red de calles. Cada cuadra
debe contar con un andador peatonal en la parte trasera de todos los lotes. Los lotes
pueden variar en tamaño y forma, pero no deben ser menores a 6 metros de ancho por 20
metros de fondo.

3. El gobierno debe nivelar la tierra dentro de la cuadra para que drene hacia la calle.
Las calles deben nivelarse de tal forma que drenen fuera del área habitada.

4. El gobierno debe construir banquetas de concreto en ambos lados de la calle (pero no


necesariamente pavimentar las calles). El canal formado entre las banquetas debe
contener al drenaje para agua de lluvia. Las calles también proveen una brecha contra
incendios.

5. Por lo menos en un lugar del andador, debe haber una fuente de electricidad de la
que los residentes puedan conectarse y utilizar libremente. Se debe hacer lo mismo con
un par de tanques de agua. Debe haber una letrina (con suficiente separación) por bloque.
Se pueden recabar cuotas para el mantenimiento de estos servicios cuando la
construcción haya tomado su curso.

6. Los lotes, mientras se construyen, deben mantener accesos claros del andador hacia
la calle. Esto propicia que las habitaciones tengan ventanas y también permite que el lote
y la cuadra desagüen hacia la calle.

7. Los residentes construirán sus casas ellos mismos, con un presupuesto propio; pero
deben construir primero en el límite de la banqueta. Sus techos no deben desaguar hacia
los lotes vecinos.
8. Los lotes de las esquinas están reservados para las tiendas. Todos los lotes pueden
contener unidades para vivir y trabajar.

9. No deben prohibirse (sino impulsarse) las iniciativas comerciales contra el crimen y


las operaciones privadas de tránsito.

10. Todas estas responsabilidades del gobierno y de los residentes se establecen en un


contrato simple: “El gobierno hará esto... el residente hará aquello...”

11. Es posible pedir a los residentes un pago por sus lotes después de que construyan
en ellos, en pequeños pagos por vez.

Además de esto, existen muchos factores de control social que nosotros no vamos a
tratar aquí, pero que necesitan ser observados empíricamente. Este es sólo un código
físico y por tanto, parte de una solución integral que hará que un proyecto sea habitable.
El establecimiento de los marcos legales le concierne al gobierno. Pero no debe asumirse
que proponemos que esto se haga primero, como un acto de arriba hacia abajo. El diseño
de los terrenos involucra preliminarmente la participación de los dueños. La cuestión más
notable sobre la morfología de los lugares auto-construidos es el poder de la auto-
organización, que es el proceso que los códigos generadores de Alexander están tratando
de explotar.

11. Estrategia de diseño 2: Códigos generadores.


Alexander (2005: libro 3) ha aplicado “códigos generadores” más avanzados a los
proyectos, y aquí resumimos parte de su procedimiento. Esta es una versión más extensa
que la metodología de diseño “estructura de servicios” descrita anteriormente.
Alexander observó el proceso de auto-organización presente en muchos asentamientos
informales a través de la historia humana, y buscó el desarrollo de reglas basadas en
“códigos generadores” para explotar estos procesos. Su geometría natural es tan fuerte
que al observar una vista aérea de Querétaro, México, por ejemplo (en la que uno de
nosotros realiza investigación), la morfología urbana de los asentamientos irregulares le
parece mucho a las admiradas villas Provencianas en Francia o Toscanas en Italia. Todas
ellas tienen características sutiles de adaptación al terreno, vistas, diferenciación de
funciones comerciales y otras cuestiones poéticas (auto-organizadas).
El reto no es construir en una estructura de tabula rasa (comenzando por limpiar la
zona) basada en un proyecto preconcebido, sino introducir infraestructura en estas
“ciudades medievales” ya complejas y sofisticadas. Queremos lograr la complejidad
orgánica y el carácter de adaptabilidad de la actividad “de abajo hacia arriba”, con
algunos estándares y condiciones de equidad social que han recaído típicamente en las
intervenciones “de arriba hacia abajo”. Existe la forma de lograr esto secuencial e
iterativamente, de acuerdo a una serie de reglas simples, como lo proponen los códigos
generadores. Después de lograr esto, el resultado se investiga y se marcan las pautas para
lograr un marco legal.
Un diseño generativo, incluyendo las calles, establece los lotes de acuerdo a la
topografía, los elementos naturales existentes y la percepción psicológica del flujo óptimo
determinado con recorridos a pie sobre el terreno. Luego comienza el proceso de
lotificación — y no a la inversa. Este sería el enfoque de Alexander sobre las “ciudades
medievales con instalaciones sanitarias”. Aunque todo podría ocurrir por anticipado, debe
hacerse paso a paso, como parte de un proceso del “código generador” de la comunidad.
El diseño no debe estar basado en un modelo o ser diseñado para verse bien desde un
avión.
Para que un vecindario vivo logre tener complejidad emergente, debe hacerse iterativo
y ser determinado en el sitio. Debes estar realmente seguro de que suceda un desarrollo
orgánico, que no es fácil de lograr en un mundo rígidamente codificado. Tenemos el reto
de crear buenos procesos sobre circunstancias que pueden presentar muchas restricciones
y obstáculos.
Esto por supuesto refleja el patrón medieval del trazo de calles y lotes. También se guía
por lo dicho por Léon Krier: los edificios y los espacios sociales son primero, las calles
vienen después (Krier, 1998). En las ciudades medievales, el proceso estaba altamente
regulado. Una ciudad reticular también puede estar bien ordenada: el punto es utilizar la
retícula más adaptable al sitio, que emerja del terreno. La implementación práctica del
proceso generativo más radical no es tan difícil como se cree. Uno se enfrenta con
problemas legales planteados por leyes convencionales de subdivisión que crean un
“acomodo” desigual de lotes que después se diseñan a detalle de acuerdo al proceso
generativo; es entonces cuando se realiza el trazo final con una serie de ajustes en los
límites de los lotes y de acuerdo a las especificaciones de derechos de vía. Siempre existe
la forma de sobrepasar los procesos convencionales para alcanzar esto, pero el gobierno
debe respaldar y no bloquear el proceso sólo por ser distinto de la práctica común.
Profundizando en los detalles del diseño, la calle principal debe diseñarse apegándose a
la topografía y a la conexión con el exterior. Después, se debe decidir sobre los espacios
urbanos, entendidos como nodos peatonales de actividad conectados por las calles.
Luego, se deciden las calles secundarias que alimentan a la vía principal — pero siguen
estando indicadas sólo con estacas en el terreno. Enseguida se definen las posiciones de
las casas (no el lote; sólo el edificio) utilizando estacas de tal forma que las bardas
frontales definan los espacios urbanos. Cada familia decide ahora el proyecto total de su
casa de tal forma que conserve un patio y un jardín en la parte trasera. Este proceso está
contenido por las calles contiguas, callejones, vecinos y está diseñado para formar un
patio eventual y espacios ajardinados lo más coherentes posible — espacios semiabiertos
que sean confortables para estar y trabajar, y no sólo sean espacios residuales. Esto define
finalmente el lote y es entonces cuando se documenta. Se dibujan los planos de acuerdo a
los puntos que marcan las estacas sobre el terreno.
Mientras van decidiéndose las líneas de los lotes, se pueden comenzar a formar las
calles casi definitivas en el plan (pero no construidas aún). Las calles sirven para conectar
y alimentar segmentos del espacio urbano, que están definidos por los frentes de las
casas. (Cabe resaltar que esto es lo opuesto a colocar las casas con respecto a una calle
existente). La flexibilidad en el diseño de la calle se conservará hasta que las casas sean
construidas. Claramente, no podrán observarse muchas calles rectas a lo largo del
desarrollo urbano (cuestión preocupante para los burócratas del gobierno), porque no
fueron creadas en un plan desde el principio. Las calles no tendrán una anchura uniforme:
estas se abrirán hacia los espacios urbanos. Las calles evolucionan mientras que todo el
conjunto lo hace. Ahora puede iniciarse la construcción. Primero se construyen las
banquetas, después las casas y al final, se pavimentan las calles.
Se ha incluido en el Apéndice una secuencia de diseño más detallada.

SECCIONES 12-16: SUGERENCIAS PRÁCTICAS PARA HACER QUE LOS


PROYECTOS FUNCIONEN.

12. El rol del Arquitecto/Coordinador.


Nuestra experiencia con proyectos de construcción nos lleva a proponer una regla
administrativa. Esto es nombrar a un individuo responsable de lograr la “humanidad” de
un proyecto individual. La agencia patrocinadora del proyecto, sea gubernamental o no
gubernamental, debe designar a esta persona, que supervisará el diseño y la construcción
y coordinará la participación de los usuarios. Sugerimos que esta tarea no se delegue a un
empleado de la burocracia gubernamental, o a un empleado de la compañía constructora,
por el simple hecho de que estas personas no cuentan con la habilidad necesaria en el
proceso de diseño del que somos partidarios. Idealmente, debe ser una persona que tenga
conocimiento profesional de estos temas, y tenga un sentido de responsabilidad
independiente y profesional con el fin de lograr la implementación adecuada.
Este arquitecto/director de proyecto será el responsable de hacer la diferencia entre
crear una apariencia militar/industrial o una sensación humana y viva en el proyecto final
construido. De nuevo, esto no es cuestión de estética (lo que sería inmediatamente
descartado por la agencia patrocinadora por ser irrelevante para la gente pobre) sino de
supervivencia básica. Un proyecto percibido por sus habitantes como hostil será
eventualmente destruido por ellos y mientras tanto, destruirá su sentido de sí mismos. Por
mucho que creamos en la colaboración, se ha probado que la gente que necesita vivienda
social no siempre tiene la capacidad organizacional para trabajar juntos y llevar a cabo un
proyecto. Su aportación es absolutamente necesaria en las etapas de planeación, pero aquí
estamos hablando de alguien “externo” que será responsable de los residentes y tendrá la
responsabilidad de asegurar su bienestar cuando sea necesario bajar costos y hacer más
eficiente el proceso de construcción.
Una parte crucial del rol del director de proyecto debe definirse en términos de la
facilitación multidisciplinaria del proceso. El director de proyecto necesitará
frecuentemente no solo impulsar el compromiso, sino enseñar a las personas que no están
acostumbradas a éste y a quienes tal vez carezcan de hábitos y destreza para participar
efectivamente. Los participantes podrían llegar al proceso con profunda desconfianza en
cualquier método que dependa de los esfuerzos de otros. Por lo tanto, parte del reto en un
asentamiento nuevo será crear un proceso de participación ordenado, confiable y efectivo
que sea capaz de comprometer a la población - pero esta gente podría estar traumatizada
por el resultado de diferencias previas y agitaciones sociales. No puede asumirse que una
comunidad preexistente tenga establecidas las normas necesarias y el compromiso
requerido para tal compromiso. El rol del jefe de proyecto involucra inevitablemente
ciertos aspectos de la llamada “construcción comunal” y su correspondiente
organización, liderazgo y entrenamiento.
Cuando se termina el proyecto, el arquitecto/jefe de proyecto debe obtener un pago por
su trabajo, correspondiente a un trabajo bien hecho. Debe utilizarse retroalimentación
para el residente en vez de declaraciones de críticos de arquitectura como base para
juzgar su éxito. Es probable que un proyecto que pruebe ser sustentable y exitoso en las
décadas por venir sea clasificado por ideologías limitadas como “pasado de moda” o
como remembranza de una favela invasiva para el confort político. Mucha gente
poderosa ha convertido en paradigmas nociones de cómo debe verse una ciudad “limpia,
industrial, moderna” — basada en conceptos anticuados e inválidos científicamente — y
se refieren a aquellas imágenes utópicas cuando juzgan un ambiente vivo.
Defendemos el enfoque social “de abajo hacia arriba” con un nivel intermedio “de
arriba hacia abajo” estrictamente administrativo. A menos de que se establezca un
sistema administrativo autónomo y claramente responsable, lo que quisiéramos lograr
nunca se llevaría a cabo. La burocracia gubernamental impersonal nunca se tomará la
molestia de construir un sitio humano y habitable; podría fácilmente sólo seguir reglas no
creativas de modulación y combinación mecánica. Los constructores generalmente no se
hacen responsables: sólo desean terminar su trabajo en el tiempo mínimo y hacer la
menor cantidad de ajustes. Los residentes no son políticamente poderosos para garantizar
un ambiente habitable. Dentro de las realidades de la construcción, un proyecto requiere
un defensor con el poder para coordinar todas estas fuerzas.

13. La necesidad de materiales adaptables.


Un factor importante, aunque olvidado, detrás de la elección de materiales es su
atracción emocional hacia el usuario. La gente rica paga mucho dinero por materiales
“amigables” para que su entorno les proporcione alimento emocional. La vivienda
autoconstruida sigue los mismos principios inconscientemente, utilizando materiales
baratos y de desecho de forma creativa para crear un ambiente que los satisfaga
emocionalmente (arrogantemente subestimados como expresiones artísticas puramente
“primitivas”). Esto contrasta con las texturas hostiles regularmente elegidas para la
vivienda social como un esfuerzo por hacerlas más durables. Estos “firmes” materiales y
superficies dan la impresión de dominio y rechazo. Es posible crear superficies durables y
amigables, pero los desarrolladores no se han tomado la molestia de hacer esto para la
vivienda social.
Para complicar más las cosas, el aspecto de los materiales de construcción deseados
conduce a prejuicios ocultos e imágenes de autoestima, casi siempre específicas
culturalmente y tal vez localmente particulares. En algunos casos, las instituciones que
tienen el control prohíben los materiales que consideran de “bajo estatus” como el adobe
(cuya superficie es “amable” y fácil de manejar, no como el concreto). Pero en muchos
casos, son los mismos habitantes los que rechazan estos materiales adaptables en regiones
en las que se utilizan en la construcción tradicional. Hassan Fathy simplemente no pudo
lograr que la gente pobre aceptara vivir en casas tradicionales hechas de barro (Fathy,
1973). Este es un grave problema a nivel mundial. Esta es la imagen que representa el
pasado menospreciado en vez del futuro utópico prometido.
La solución primordial a este problema debe ser cultural. Los ciudadanos deben
redescubrir el orgullo de su propio legado y de sus formas tradicionales de construcción y
el gran valor y placer que éstos proporcionan. Al mismo tiempo debe mostrarse el mito
del enfoque tecnológico utópico tal como es — una imagen de mercadotecnia dirigida a
un público ingenuo — mientras que los beneficios reales de la modernidad deben
entenderse como completamente compatibles con las prácticas tradicionales (como el
drenaje, la electricidad, la infraestructura, etc). De este modo, podemos regenerar la
“inteligencia colectiva” respaldada en tradiciones culturales, e infundida de nuevas y
mejores adaptaciones.
Como lo escribió Jorge Luis Borges: “entre lo tradicional y lo nuevo, o entre el orden
y la aventura, no existe oposición real; y lo que llamamos tradición hoy es un conjunto
de siglos de aventura”.
Cuando un gobierno construye vivienda social, desea resolver dos problemas de una
vez: dar vivienda a personas que no tienen la capacidad de comprarla y utilizar materiales
industriales para disimular la situación económica. Hay una buena razón para lo segundo
pues el gobierno está relacionado con los mayores productores de materiales industriales
para construcción. Es importante para la economía el consumo de estos materiales en
proyectos subsidiados. Sin embargo, esta puede no ser la mejor solución para la vivienda.
Hay dos motivos: uno tiene que ver con la economía y el otro con la conexión emocional.
El auto-constructor de una favela utiliza materiales baratos, de desecho, tales como
madera, láminas de asbesto, láminas corrugadas de acero, piedras, plástico, bloques de
concreto abandonados, etc. Mientas que existe una deficiencia obvia sobre la
permanencia de estos materiales (que se vuelve catastrófica en tormentas e inundaciones),
su enorme ventaja es su adaptabilidad. Los auto-constructores tienen toda la libertad para
determinar la forma y los detalles de sus viviendas. Utilizan esta libertad para adaptar la
estructura construida a las sensibilidades humanas. Esto no es posible cuando el gobierno
construye módulos de vivienda con materiales mucho más durables como el concreto
reforzado. La gente debe poder realizar cambios, como principio. Esto se contrapone los
conceptos de permanencia/rigidez y temporalidad/libertad que influencia la forma de los
edificios.
La vivienda social debe construirse con materiales permanentes pero baratos, los
edificios frágiles no son útiles para la gente. Las favelas construidas con palos y lámina
de cartón no son modelos a seguir. Sin embargo, desearíamos preservar en lo posible la
LIBERTAD DE DISEÑO inherente al utilizar materiales más temporales. Esto es
esencial para garantizar los ajustes de diseño que generará una geometría viviente. En las
mejores casas auto-construidas, cualquier sobrante de material se utiliza de forma precisa
para crear un tejido urbano viviente — un proceso sofisticado que tiene comparación con
los mayores logros arquitectónicos de cualquier lugar. La única solución que
encontramos para este conflicto es que el gobierno provea de los materiales adecuados
(permanentes pero fáciles de manejar, cortar y de dar forma) que los usuarios puedan
utilizar en la construcción o modificación de sus hogares.
Siempre habrá competencia entre la permanencia y la adaptabilidad. Las adaptaciones
en la forma son semejantes a la reparación y auto-curación de un organismo, pero casi
siempre se malinterpretan como degradación de un proyecto. De hecho, la geometría está
tratando de curarse a sí misma (por medio de acciones humanas) después de la
imposición de formas innaturales, alienígenas. Esta es una evolución natural orgánica, y
no deben ser disuadidas simplemente porque contradigan la visión “pura” de un
arquitecto de cómo DEBE vivir la gente. Debemos enfatizar nuestra desaprobación a la
práctica inhumana de prohibir modificaciones a la vivienda social hechas por los
residentes. Apoyamos el derecho de los habitantes a modificar sus propias construcciones
siempre y cuando no afecten los derechos de los vecinos o del espacio público.
El intento original de ley que prohibía hacer cambios en la propia casa nunca logró su
objetivo. Su propósito era prevenir legalmente la destrucción de edificios en los que el
gobierno había invertido dinero. Sin embargo, nunca funcionó. Los residentes odiaban
sus edificios (por su geometría y superficies hostiles) los vandalizaron y destruyeron y
ninguna ley fue capaz de prevenir esto. Este uso creciente de materiales durables sólo
llevó a obtener vivienda parecida a fortalezas, pero sus residentes las odiaban cada vez
más y eventualmente las destruían. Las superficies y espacios opresivos lastiman el
sentido de bienestar y provocan reacciones hostiles. La solución reside en que todos
actúen en diferente dirección: haciendo unidades habitacionales que sean amadas por sus
residentes, que entonces las mantendrán en vez de destruirlas.
En su proyecto en Mexicali, México, Christopher Alexander introdujo un método
innovador con la elaboración de ladrillos in situ utilizando una prensa manual y tierra
local (Alexander et. al., 1985). Él enfatizó esto como un aspecto crucial en el proyecto, a
pesar de que los bloques de concreto ya estaban disponibles. Una razón fue el
establecimiento de suministros locales para todos los futuros residentes. Los bloques de
concreto no son caros, pero representan un umbral financiero. Otra razón es que estos
bloques también limitan las posibilidades de diseño. Los bloques de concreto propician
configuraciones estructurales estándar, descartando algunas formas y procesos adaptables
que Alexander deseaba introducir.
Existen oportunidades para que la industria de la construcción participe por medio de
esfuerzos dirigidos por el gobierno en estos nuevos proyectos de vivienda social,
proporcionando elementos industrializados que se pueden incluir con versatilidad en
muchos de los casos. Uno de los autores (EPP) ha desarrollado un modelo de
autoconstrucción utilizando materiales disponibles baratos y fáciles de obtener tales como
tierra apisonada para los perímetros, junto con el uso de módulos sanitarios industriales
de bajo costo que incluyen tanque de agua, baño, lavabo y regadera y equipados con un
filtro para el tratamiento de aguas grises para reciclaje. Los módulos propuestos también
tienen usos estructurales e incluyen celdas solares para generar electricidad y paneles
solares para calentar el agua y hasta cocinar. Estos módulos industrializados pueden ser
producidos en serie, reduciendo costos y proveyendo tecnología mientras que se permite
la flexibilidad necesaria y la libertad de diseño y evolución de las unidades.
Otro de los autores (AMD) ha investigado este concepto recientemente para un
proyecto en Kingston, Jamaica. Este “dispositivo húmedo” de costo efectivo proporciona
los corazones sanitarios y mecánicos que son los elementos más caros en un hogar,
mientras que combina la habilidad de los usuarios para construir su propia casa bien
adaptada.
Debemos mencionar el caso donde estos módulos industriales fueron reducidos en
complejidad de tal forma que el edificio podía ser inicialmente más adaptable a las
necesidades sociales. Alexander en 1980 trabajó en la construcción de vivienda social en
la India y consideró el uso de cubos prefabricados de concreto que contenían las
instalaciones para el baño, la regadera y la cocina (Alexander, 2005: Libro 2, p. 320).
Esta solución siguió a proyectos exitosos anteriores de Balkrishna V. Doshi. Pronto fue
claro, sin embargo, que la construcción de un basamento sólido (una plataforma que
representa un patrón tradicional) para cada casa era más importante en la secuencia
constructiva (porque era una prioridad para los residentes) que la construcción del cubo
de instalaciones sanitarias. Entonces Alexander decidió gastar los limitados recursos
disponibles en la plataforma, dejando una ranura para la futura anexión de instalaciones.
Los residentes podían utilizar agua y baños comunes hasta que eran capaces de construir
sus propias instalaciones. La plataforma era más vital para la vida familiar que el cubo de
instalaciones.

14. Estrategias de financiamiento concentradas en la pequeña escala.


La construcción de vivienda social no puede ser completamente financiada por los
residentes, por lo tanto, el gobierno o una entidad no gubernamental debe absorber
algunos costos. En sí misma, esta dependencia simple provoca consecuencias que afectan
la forma de la construcción. Involucrar a los futuros residentes en la construcción de sus
propias casas reducirá la inversión inicial. Mientras más dinero invierta una agencia
externa en vivienda social, más control querrá tener sobre el producto final. Esta
consecuencia natural conlleva a la inevitable adopción subconsciente de una geometría de
control, como se indicó en la sección previa.
Podemos ofrecer algunas alternativas:

1. Las fuentes de financiamiento determinan hoy en día la morfología de la vivienda


social. El gobierno central, queriendo construir de la forma más eficiente, provoca un
enfoque altamente perceptivo y está dispuesto a sacrificar la complejidad de la forma.
Esta actitud no puede generar un asentamiento urbano. Es necesario desarrollar un
estándar flexible y basado en el funcionamiento para esta morfología. También es
necesario identificar fuentes de financiamiento alternativas para romper la perspectiva del
monopolio y, por lo tanto, romper con su anti-patrón.

2. Es necesario obtener fondos de varias fuentes para asegurar que las casas sean
económicamente alcanzables para los residentes del barrio. Una sociedad privada-pública
es la forma más efectiva para el uso de la economía de mercado para generar un
asentamiento urbano, en vez de un monstruo monolítico favorecido por la burocracia
gubernamental.

3. Involucrar a organizaciones no gubernamentales mantendrá alejada la posibilidad del


gobierno central de sabotear el uso de los lenguajes de patrones en la construcción del
asentamiento urbano, o de convertir un proyecto disfuncional existente en un
asentamiento urbano.

Se tiene información de numerosos proyectos de vivienda social que tristemente no


ayudan a los pobres, sino que son simples oportunidades de inversión para el constructor
o el dueño de la tierra para obtener dinero del gobierno. Si el gobierno subsidia las rentas,
entonces existe oportunidad para la especulación que recuperará la inversión inicial de
construcción (con intereses) sólo de las rentas. En estos casos, la condición física de los
residentes es de poca importancia. Además, el mantenimiento y condición futura del
tejido construido no forma parte de la ecuación financiera, pues no existe posibilidad de
recuperar la inversión de las estructuras construidas. Usualmente se espera que los
edificios decaigan a pesar del esfuerzo por impulsar construcciones no permanentes
desde el principio. Claramente, las rentas subsidiadas pueden funcionar en contra de la
vivienda social humana, contradiciendo la intención de la legislación original.
Usualmente, la avaricia provoca que se rechacen soluciones factibles, sostenibles y
viables. La buena vivienda social asequible tiene la desventaja de que los márgenes de
ganancias son siempre bajos (a menos que el mercado se manipule para crear una escasez
simulada). Si el gobierno o los desarrolladores no ven la oportunidad de hacerse ricos en
el proceso, podrían decidir retirar su apoyo en el proyecto, aunque se hayan
comprometido en el inicio. Se necesita una ganancia para impulsar la participación, pero
ésta debe estar balanceada con la ganancia obtenida de la solución de serios problemas
sociales.
Involucrar a organizaciones no gubernamentales (ONGs) requiere que las autoridades
no sólo construyan sociedades públicas-privadas para redesarrollar sino que también
elaboren redes de sociedades locales. Todo esto genera ganancias del dinero destinado.
Sin embargo, una de las debilidades aquí es que, mientras que las agencias han sido
buenas para encontrar proveedores de servicios sociales locales y para que las agencias
de la ciudad cooperen, no han sido tan buenas para lograr el compromiso de
mantenimiento por parte de los inquilinos. Muchos proveedores de servicios sociales
siguen operando de acuerdo al viejo modelo de previsión social, en vez de trabajar con
los modelos emergentes recientes de soluciones “basadas en la comunidad” a problemas
ampliamente variables. El viejo modelo de servicio social agrupa a la gente en redes
basadas en sus patologías particulares (y existe una industria entera que depende de las
carencias de la gente). El nuevo modelo agrupa a la gente pasado en sus dones y en lo
que aportan a la red (y no en lo que “necesitan”). En este modelo nuevo, basado en la
idea del desarrollo comunal apoyado en las ventajas de la gente, ha tenido una amplia
aplicación en la salud pública y más generalmente en la organización de la comunidad.
También enfrentamos un problema con las fuentes de inversión que desean minimizar
la carga administrativa concentrándose en la escala mayor. Es mucho más fácil dar dinero
en una sola y fuerte cantidad que rastrear la misma cantidad dividida y distribuida a
varios prestatarios. La reducción del número de transacciones se basa en otros sistemas
basados en la oferta y la demanda. Sin embargo, es crucial contar exactamente con esta
flexibilidad de micro-financiamiento para que la gente sea capaz de construir sus propias
casas. La rehabilitación de un barrio existente requiere un gran número de intervenciones
individuales. Se han realizado acciones prometedoras en el desarrollo de sistemas
efectivos de dirección que permitan estos micropréstamos (como el Grameen Bank). De
nuevo, esto es muy sofisticado y es un modelo financiero más avanzado y altamente
diferenciado.
Previamente en este trabajo, hemos mencionado el obstáculo que representan las
arraigadas imágenes geométricas del control. Estas están también atadas a un profundo
prejuicio contra la pequeña escala. Un proyecto gubernamental requiere cierta visión para
administrar, que es independiente del tamaño del proyecto. Naturalmente, los burócratas
desean minimizar el número total de proyectos, lo que los lleva a aprobar unos cuantos
grandes proyectos. Por ejemplo, cuando se enfrentan a la construcción de un
asentamiento urbano nuevo, desean construirlo lo más grande posible, y todo al mismo
tiempo, para economizar desde el punto de vista administrativo. Este enfoque contradice
nuestras sugerencias para construir un asentamiento urbano pieza por pieza, y el proceso
iterativo de ir y venir entre los pasos de diseño.

15. Trabajar con el sistema existente.


El sistema de planeación y construcción como existe ahora crea y perpetua una
dependencia que es difícil — y en muchos de los casos, imposible — de romper. Elevar
los estándares de construcción más allá del punto en el que pueden ser razonablemente
satisfechos por los auto-constructores, transforma a toda la industria de la construcción de
ser local y de pequeña escala, a ser de gran escala. Los estándares de construcción por
códigos han evolucionado como respuesta a serias y reales amenazas a la salud y a la
seguridad. Sin embargo, como muchos sistemas tecnológicos como este, sus
consecuencias no resultan triviales y pueden ser desastrosas. Esto está sucediendo ahora
en la reconstrucción de la región de EEUU del Golfo de México afectada por el huracán
Katrina.
El sistema en este sitio busca beneficiar tanto a los burócratas del gobierno como a los
grandes constructores, que muchas veces están atados por compromisos mutuos. Pero lo
que parece ser un beneficio para el sistema comercial/gubernamental puede ser
desastroso para otro segmento mayor de la sociedad. Uno de nosotros (AMD) ha luchado
por la reconstrucción provocada por el devastador Katrina, utilizando una estrategia que
permite el surgimiento de los sistemas sociales como eran antes (Duany, 2007). Esta
estrategia enfrenta retos desalentadores gracias al sistema actual de construcción,
financiamiento y regulación del sitio.
Muchas de las casas que fueron destruidas por el huracán, particularmente aquéllas de
vecindarios de bajos recursos, fueron auto-construidas y no concuerdan con el actual
estándar de financiamiento. El tejido urbano fue producto de un proceso relajado de auto-
construcción por generaciones, con la ventaja de que no estaba basado en deudas. Esta
era una sociedad de residentes sin deudas cuyas vidas podían girar en torno a actividades
de su elección (Duany, 2007). Estas casas están fuera del sistema, pues su construcción y
desarrollo las hizo imposibles de hipotecar. El sistema ahora requiere un contrato de
deuda, pues el estándar de venta no puede concebirse sin intervención comercial. En
muchos casos, esto significa que el gobierno debe construir vivienda social, resolviendo
un problema que él mismo ha creado (Duany, 2007). El ciclo de consecuencias
imprevistas sigue creciendo.
Citando textualmente a Duany (2007): “El obstáculo de los dibujos, permisos,
contratistas, inspecciones — el profesionalismo de todo esto — elimina la auto-
construcción. De algún modo debe haber un proceso en el que las personas puedan
construir casas simples, funcionales para ellos, por ellos mismos o con algún trato o
trueque con los profesionales. Debe existir libertad en el diseño de las casas para que
puedan construirse en pequeñas etapas que no requieran un arquitecto, permisos
complicados o inspecciones; debe existir un sentido común en los estándares técnicos.
Sin esto siempre existirán las deudas para cualquier persona. Cualquier deuda en el
Caribe no necesariamente significa tener dinero, es su eliminación de la cultura lo que
surge del ocio.”
Lo que para la clase media hoy significa “ocio”, representa un gran esfuerzo por lograr
un tejido cultural próspero y vibrante que la economía convencional simplemente rechaza
(aunque sea parte de ella). Los habitantes de clase media del mundo dan por hecho vivir
en un sistema basado en deudas: mucha de su vida laboral se gasta sólo para pagar la
hipoteca de sus casas. De hecho, el sistema funciona para excluir otras opciones de
vivienda. La clase media consigue la liberación del sistema financiero sólo hasta que se
retira, cuando la hipoteca de 30 años finalmente se ha terminado de pagar. Las casas
auto-construidas que se logran erigir con dinero en efectivo y trueques escapan del
sistema y son vistas por el gobierno y los grandes contratistas como una amenaza para su
hegemonía. Este es un problema estructural, no un intento malévolo. La deuda es la
clave, pero es sólo una variable de un sistema rebuscado.
No es fácil implementar estas innovaciones, porque muchas ciudades y regiones ya
tienen bien establecido el sistema que produce vivienda social rígida e inhumana (pero
cree que es una solución inteligente y que denota progreso). Muchas veces en nuestros
proyectos, debemos empezar estudiando los sistemas de entrega de vivienda existentes de
tal manera que podamos anularlos. Los sistemas burocráticos, especialistas, instituciones
financieras y entidades políticas crean estos sistemas. Se puede construir físicamente,
pero no dentro de los sistemas. Existen muchos factores que tienen que sobrepasarse
antes — y que van a defenderse antes de desaparecer.
Nosotros (el equipo de urbanistas) no podemos involucrarnos directamente en estas
estrategias, que son responsabilidad del cliente y de las organizaciones de apoyo. Las
entidades locales tienen que resolver problemas en sus procesos y formar alianzas que
aseguren el proyecto, con nosotros actuando como catalizadores del cambio. Una
pequeña sección, o varias unidades independientes dentro del gobierno pueden dedicarse
a promover nuestro proyecto, mientras se enfrentan a la oposición del resto de la
burocracia. La mayor parte del tiempo, los problemas hacia las innovaciones de vivienda
social no son técnicas, sociales o de financiamiento: son casi siempre políticas.
Se puede tratar de forzar cambios en el enfoque de diseño y algo bueno puede resultar
de ello, pero esto sólo te aleja del objetivo real. Un proyecto tiende a convertirse en una
fuerte lucha, quitando esfuerzo y tiempo del edificio. Alternativamente, podemos tratar
de cooperar con el sistema, haciendo cooperar a los especuladores y facilitadores de
formas inesperadas. Pero esto requiere que reconozcamos al trabajo con el sistema
existente como un tipo de problema distinto — no linear, sino multivariable y “cultural”.
Es necesario estar más involucrado dentro del sistema operativo local (una fuerte cultura
existente) para resolver estos problemas, para tener oportunidad darse cuenta dónde están
las palancas (para que podamos manejarlas y realizar cambios) y para ver cómo se toman
las decisiones en los distintos niveles.
En la mayoría de los casos, una estrategia exitosa combinará aspectos del “trabajo
dentro del sistema” y la reforma del sistema desde el exterior. Haciendo una valoración,
el primer paso crucial es el establecimiento de las limitantes críticas que se encuentran en
el actual sistema de producción. Entonces se debe trabajar en la negociación de un
método alternativo (“workaround”) que conjunte esas limitaciones desde el principio,
antes de intentar desmantelar el sistema existente por completo. De hecho, puede ser
necesaria una transformación radical del sistema existente, pero ese es un problema
separado del diseño y la construcción del tejido urbano y no queremos desgastar nuestra
energía peleando contra el sistema. Por otro lado, si los métodos alternativos no son
posibles, deben encontrarse pequeñas alternativas para impulsar una reforma sistémica.
Alexander (2005: volumen 2, p. 536) comparte su experiencia con esta lucha. En un
período de generación de proyectos de más de treinta años, se dio cuenta que la mayor
deficiencia fue que la implementación demandaba demasiado. “En nuestros más
recientes experimentos, tardábamos períodos de tiempo casi increíbles para implementar
nuevos procesos y hacerlos funcionar. Pero la cantidad de esfuerzo que teníamos que
hacer para que comenzaran a funcionar — la verdadera fuente de nuestro éxito — era
también la debilidad de lo que habíamos logrado. En muchos de los casos, la magnitud
de esfuerzo especial que debíamos hacer para reforzar un proceso nuevo era masivo —
demasiado grande, para ser fácil o razonablemente copiado.”
Alexander, en cada caso tuvo éxito al remplazar el sistema existente combinando
procedimientos, procesos, actitudes y reglas de trabajo con un sistema completamente
distinto. Pero el esfuerzo requería el cambio del sistema completo y aún en casos en los
que era exitoso, no era fácilmente repetible. Concluye que, como en un experimento
científico, lo que es importante es la REPETICIÓN, no la ocurrencia única. Si el proceso
no es fácilmente repetible, no es tan útil. Por lo tanto, si un método de producción tiene
demasiados componentes que son totalmente diferentes al sistema previo, no es fácil
adaptarlo dentro del método viejo. No puede copiarse fácilmente en regiones donde
todavía se aplica el antiguo método.
Una analogía genética propuesta por Alexander, sugiere formas para alcanzar el éxito a
largo plazo. Un proceso presentado como sistema complejo y completo, requiere ser
implementado en un “todo o nada”. En tal caso, el sistema existente de implementación
debe cambiar para permitir que el proyecto se construya. Si, por otro lado, nuestro
proceso se presenta (y entiende) como un conjunto de piezas semi-independientes, cada
una de las cuales puede implementarse fácilmente, existe mayor oportunidad de que la
mayoría de las piezas sea llevada a cabo. Pequeños grupos de practicantes podrían aplicar
cada pieza del proceso, sin requerir el apoyo del sistema. Alexander guarda la esperanza
de que las piezas fácilmente repetibles de la metodología se esparzan independientemente
y que eventualmente este proceso de difusión generará un “proceso operativo” totalmente
distinto al paso del tiempo.

16. Estrategia de mantenimiento concentrada en el usuario.


A menos que se tomen previsiones desde el principio para el continuo mantenimiento
del ambiente construido, se volverá disfuncional. Las favelas y los proyectos de vivienda
social pueden enfrentar serios problemas, pero algunos con claramente menos exitosos,
en sentido social, que otros y su deterioro físico se incrementa con el tiempo. Esta idea se
sostiene con la concepción orgánica del tejido urbano. Todos los entes vivos requieren
cuidado continuo y reparación: es parte de estar vivo. Debemos distinguir dos
componentes de la vida misma como dos mecanismos separados: genéticos y
metabólicos. Los procesos genéticos construyen al organismo en un principio, mientras
que los procesos metabólicos lo mantienen funcionando y lo reparan continuamente.
Los mismos procesos, o sus más cercanas analogías, se aplican al tejido urbano como
ente orgánico. Una vez construido debe incorporar a sí mismo los mecanismos para su
mantenimiento. El mantenimiento no se da en un proceso “de arriba hacia abajo”.
Estamos decepcionados ante la negligencia generalizada de las fuerzas responsables de la
evolución temporal del tejido urbano y de lo que se requiere para mantenerlo en un orden
saludable. Mucha gente tiene de algún modo una concepción irreal y estática de la forma
urbana. El modelo orgánico marca ciertas recomendaciones:

1. Impulsar y apoyar a los residentes al mantenimiento de sus construcciones,


asegurando una conexión emocional desde el principio. La solución de subsidio
tradicional a través de rentas ha sido desastrosa. Una persona no valora una construcción
de materiales inexpresivos, mucho menos si no es dueña del inmueble. Si es posible, sin
embargo, debe establecerse un sentido de apropiación colectiva y responsable. En
situación de renta, lo más importante es crear condiciones efectivas y colectivamente
significativas para ejercer control y auto organización. Ser el dueño de la casa no es
siempre necesario. Un inversionista, en el sentido usual, podría ser alguien con algún
sentido de pertenencia en el proceso.

2. Hacer posible que las personas sean dueños de su propia casa, aunque sea la más
primitiva construcción. Impulsar financiamiento del gobierno visto como una inversión
futura que prevenga que la vivienda social sea destruida por los inquilinos.

3. Establecer un estricto código legislativo de responsabilidad para los residentes. La


clave para el éxito de tal código es que los residentes deben sentirse dueños del código.
Es crucial que participen en su formulación y que sean parte de su aplicación. Los dueños
deben hacerse responsables por el mantenimiento de su ambiente, sin embargo esto es
difícil de lograr con los arrendatarios. Como los suministros nunca satisfacen la demanda,
los dueños estarán obligados a cuidar de sus casas.

4. Una regla observada de urbanismo es que el nivel de servicios proveídos es


proporcional al nivel de regulaciones y restricciones. Las favelas no tienen servicios y
tampoco regulaciones. En el otro extremo, las comunidades cerradas de alto nivel
adquisitivo cuentan con muchos servicios, pero también con muchas reglas.

La habilidad de los dueños para mantener sus bienes inmuebles no puede alcanzarse
pidiéndoles que inviertan tiempo con una autoridad central (con la habilidad de echarlos
por inconformidades). El “mantenimiento” debe estar relacionado con la
“gobernabilidad”. En el re desarrollo de Columbia Point, Boston, la compañía
desarrolladora firmó un acuerdo que dividía el manejo y control de responsabilidades con
los residentes en un 50/50. El problema tradicional con la vivienda pública ha sido que la
gente da mantenimiento al interior de su vivienda, pero no existe una capacidad colectiva
para tomar la responsabilidad del exterior. La solución para el “espacio defendible” fue
privatizar o eliminar en lo posible las áreas públicas — solución expresada en la
geometría del proyecto. Esto, sin embargo, provocó un creciente aislamiento y un cambio
fundamental hacia una sociedad introvertida.
La mejor solución es un patrón simple de distinciones bien definidas entre espacios
públicos y privados, MAS una capacidad colectiva para hacerse responsables del espacio
público. Algo de esta capacidad tiene que ver con un diseño que facilite “los ojos en la
calle” (pórticos frontales, ventanas, etc.) pero éstos sólo funcionan si están respaldados
con condiciones de confianza, reciprocidad y eficacia colectiva. La gente frecuentemente
olvida que el vecindario de Jane Jacobs funcionaba no sólo porque la gente podía vigilar
la calle, sino porque la gente tenía un sentido de obligación como miembros de cierta
comunidad (Jacobs, 1961). Ella describió una característica del ambiente social a la que
ahora nos referimos como “capital social”. Así es como se crea un “código de
responsabilidad” efectivo. Si trata de imponerse (como lo hacen las autoridades en
vivienda), entonces se obtendrá inconformidad general en el sentido de que ningún
mecanismo de refuerzo (no importa qué tan invasivo sea) puede arreglar.
La propiedad de las casas parece ser un aspecto que impulsar, bajo toda evidencia. Sin
embargo, no es verdad que los arrendatarios no puedan ser capaces de dar mantenimiento
a su ambiente. Los dueños pueden hacerse responsables siempre y cuando tengan equidad
en sus casas, es decir, estén motivados y preocupados por elevar el valor de su propiedad.
Los arrendatarios también pueden participar, pero solo si las relaciones sociales
involucradas no se reducen a un nexo puramente monetario — esto es, cierta cantidad por
metro cuadrado de renta mensual. Es posible (y a veces pasa) que los arrendatarios eleven
su “inversión“ en el valor del uso de un lugar, dependiendo en gran medida del beneficio
de ciertas redes de relaciones sociales que definen el vecindario. (Cabe resaltar que el
vecindario de Jane Jacobs no era habitado por los dueños.)
También es importante incluir una mezcla de oportunidades de renta y propiedad. No
todos desean cargar la responsabilidad de ser dueño de una casa y no todos pueden
mantener una casa. Uno de los aspectos logrados en la “vivienda social” debería ser que
los costos diarios de la vivienda sean subsidiados, y no solo el precio de compra. Se debe
pensar la manera de cohabitar en donde se han logrado este tipo de cosas. Alguna de las
ideas del movimiento de cohabitación debería de incorporarse para ayudar a asegurar el
mantenimiento.
(Para aquellos que no están familiarizados con este termino, cohabitar se refiere al
conjunto de casas en un predio común, que usualmente incluye una construcción para
reuniones y comidas de la comunidad — ver Patrón 37: CONJUNTO DE CASAS en
Alexander et. al. (1977). En nuestra experiencia el patrón funciona mejor cuando los
residentes de clase media están fuertemente relacionados por una creencia religiosa,
como en el kibbutz israelí o algunas sectas cristianas. Por otro lado, ¡tener la pobreza en
común no es un factor suficientemente unificador!)

SECCIONES 17-21: ALGUNOS DE LOS PROBLEMAS A ENFRENTAR.

17. Modificando y saneando la favela. Problemas y soluciones.


Aunque este trabajo analiza el proceso de construir NUEVOS asentamientos sociales,
nuestro enfoque puede utilizarse para modificar las favelas. En términos ecológicos,
adoptamos y aprendemos de nuestra competencia (las “especies” en el estrato ecológico
mas bajo del urbanismo) en vez de tratar de eliminarlo. Los gobiernos desean que las
favelas simplemente desaparezcan (hasta se rehúsan a dibujarlas en los planos de la
ciudad), y sus residentes se mudan espontáneamente a las orillas de la ciudad, pero
existen poderosas fuerzas económicas globales que se aseguran que esto no suceda.
Nosotros, como urbanistas preocupados por la vivienda para los pobres debemos aceptar
las favelas como un fenómeno urbano y tratar de mejorar su condición actual.
No siempre es posible o deseable aceptar una favela existente y convertirla en un mejor
lugar para vivir. Primero, la mayoría de las veces, los asentamientos irregulares se
encuentran en terrenos contaminados, tierra inestable, pendientes pronunciadas o en áreas
que se inundan. Periódicamente, sus habitantes mueren por desastres naturales y hay muy
poco que se pueda hacer para hacer mas seguro un asentamiento que se encuentra en un
terreno peligroso. Segundo, los asentamientos irregulares invaden reservas naturales que
son necesarias para la regeneración del oxigeno que necesita la ciudad. Estas son los
“pulmones” de la población urbana y deben conservarse y protegerse de la destrucción.
Tercero, los asentamientos irregulares producen contaminación y desechos humanos que
dañan al resto de la ciudad. Este problema no puede ignorarse. Aunque el gobierno no
quiera legitimar una favela en particular, ayudar a tratar sus desechos beneficia a toda la
ciudad.
Asumiremos por el momento que los problemas sociales (que están particularmente
proliferados en una favela) pueden atacarse independientemente de los problemas que
surgen de las formas urbanas y arquitectónicas. Es fácil llegar a un asentamiento existente
y tratar de repararlo con la ayuda de sus residentes actuales. John F. C. Turner (1976)
hizo esto exactamente, estableciendo un precedente para muchas intervenciones exitosas
en Latinoamérica, especialmente en Colombia. El único obstáculo — y muy profundo —
es la convicción filosófica de que la geometría de la favela esta fuera de lugar en la
sociedad moderna. Bajo esta forma de pensar, cualquier “reparación” se vuelve
aniquilación y sustitución. Necesitamos entender verdaderamente el proceso de
reparación y autocuración del tejido urbano influenciado por las preconcepciones
actuales.
En desacuerdo con las creencias de planeación convencionales, aceptamos la geometría
de la favela y señalamos sus principales deficiencias: carencia de servicios, sanidad y
elementos naturales. En la mayoría de los casos el tejido urbano en la favela esta
perfectamente adaptado a la topografía y características naturales del paisaje
(simplemente por que los auto constructores no tienen acceso a maquinaria pesada o a
dinamita). Lo que usualmente les falta, sin embargo, es contar con espacio para árboles y
jardines. La triste realidad es que la mayoría de los árboles se cortan y se utilizan como
material de construcción. La vegetación compite con la gente por espacio. La pobreza de
la favela regularmente incluye pobreza en la vida vegetal: se vuelve un lujo por las
condiciones de vida extremas. Aun así, muchos residentes trataran de mantener un
pequeño jardín cuando les sea posible.
Nuestro método es muy flexible y sus principios son validos en situaciones cambiantes.
Una serie de pasos, realizados poco a poco (y por tanto económicos) puede reparar el
complejo tejido urbano de una favela. Mas que nada, defendemos el proceso de
REFUERZO, adoptando la mayor parte de la geometría que ha evolucionado y parece
funcionar e interviniendo para reemplazar las estructuras patológicas. Es esencial dotar de
desagüe y equipamiento sanitario. Las banquetas son muy importantes y necesarias en
una favela, en lo que es un primitivo espacio peatonal. Contar con banquetas reales le da
a la favela una característica de permanencia y una tipología urbana de más “clase”. Los
frentes de edificios existentes determinan exactamente donde deben construirse las
banquetas. Las calles en una favela usualmente son de baja calidad y si no están
pavimentadas se pueden introducir los servicios de electricidad, alcantarillado y redes de
agua debajo de ellas. Luego de reforzar gran cantidad de edificios se puede finalmente
pavimentar la calle.
Se pueden minimizar la suciedad y las enfermedades si se toman verdaderas medidas
sanitarias. No se necesita destruir una favela para lograr un vecindario sano. Destruirla no
elevará el nivel de ingresos de sus residentes y no mejorará su condición social. Colocar a
la misma gente en departamentos de concreto tipo bunker puede verse bien en una foto
pero en realidad elimina las conexiones sociales, empeorando la situación. Es bien sabido
que cuando la gente pobre es forzada a moverse de un vecindario “de escala humana” a
edificios altos, pierde la cohesión social catastróficamente. Por otro lado muchos
problemas sociales simplemente no pueden resolverse sólo con la morfología urbana.
Usualmente una favela se construye con materiales endebles y no permanentes. El
gobierno puede ayudar a los residentes a reconstruir gradualmente sus casas utilizando
materiales más permanentes. Esto no significa reemplazar la tipología de su casa sino
reemplazar los muros o el techo inestables (y aprovechar para introducir drenaje y
electricidad). Una casa hecha de cartón asfáltico y lamina corrugada puede reconstruirse
de forma similar utilizando ladrillos, bloques de concreto y paneles mas sólidos provistos
por el gobierno a bajo costo. Algunas veces los residentes solo esperan obtener una
escritura legal de tenencia de tierra para reconstruir sus casas usando materiales más
permanentes y financian esto con sus ahorros. De otra forma los residentes se muestran
renuentes a invertir más de lo necesario en la estructura de sus casas.
Algunos lectores objetarán que aceptemos el hacinamiento que es común en las
pocilgas, y estarán indignados de que sugiramos el mantenimiento de esta densidad tan
alta. Se requiere estudiar la alta densidad en asentamientos de mayor poder adquisitivo en
la misma sociedad para decidir cual es el rango máximo que puede tolerarse. No es en si
la alta densidad lo que se objeta, es la dificultad de vivir en las condiciones que resultan
de ella. Cabe resaltar que la alta densidad puede mantenerse con buenas condiciones
sanitarias. Desafortunadamente, estas sugerencias no han sido aceptadas hasta ahora.
En algunos lugares los activistas sociales han criticado al gobierno por aceptar y
legalizar los lotes de una favela pues califican esto como una solución fácil. Esta
acusación implica que la simple legalización de un asentamiento irregular libera al
gobierno de la responsabilidad de construir vivienda social permanente. En nuestra
opinión, la magnitud de problema de vivienda social es tan grande que puede llegar a
parecer sin solución. El aspecto económico elimina cualquier solución posible. Nuestro
enfoque procede paso a paso, interviniendo aquellas porciones de favela que pueden
volverse sanas, y al mismo tiempo construyendo nuevas viviendas bajo un paradigma
orgánico. Si estos pasos tienen éxito entonces podrán repetirse indefinidamente, para
lograr mejoramiento a largo plazo.
Los bancos, el gobierno y las compañías constructoras se encuentran cautivas por las
economías de escala y son menos sensibles a las economías del lugar y a la
diferenciación necesaria para reparar un vecindario. Les parecerá ilógico implementar un
abrupto y relativamente primitivo instrumento económico y preferirán destruir el
vecindario para construirlo de nuevo. Es mucho más sencillo y menos costoso en
términos monetarios hacer esto. Pero por supuesto, la insostenibilidad de este torcido
modelo económico (y su terrible costo para la sociedad) se esta volviendo dolorosamente
evidente.
Los gobiernos están renuentes a ocuparse de intervenciones urbanas de escala pequeña
y en vez de esto, financian sólo intervenciones de gran escala porque ahorran dinero en
los costos (Salingaros, 2005: Capítulo 3). Sin embargo, el tejido urbano vivo debe
mantenerse con una enorme cantidad de intervenciones de escala pequeña, lo que es una
parte esencial del proceso de reparación orgánica. Las instituciones como los bancos (con
la excepción anterior del micro-financiamiento del Grameen Bank) generalmente no
desean hacer préstamos pequeños para construir en barrios pobres. Todos los bancos, sin
embargo, operan también en pequeña escala gracias a la administración de cuentas y
préstamos pequeños. Poseen la habilidad técnica para realizar préstamos pequeños,
haciéndolo por rutina con tarjetas de crédito, préstamos automotrices y líneas personales
de crédito. La tecnología ha evolucionado en dirección a la diferenciación y la
personalización, impulsada en parte por la revolución en tecnología de software. Estas
innovaciones ya deben aplicarse en el terreno de la vivienda social, que todavía tiende a
guiarse por viejos e inflexibles formatos institucionales.
En un tema más positivo, muchos grupos han descubierto soluciones de gran valor, en
pequeña escala. Por ejemplo, en años recientes se han implementado exitosamente
conceptos como el micro financiamiento, micro generación energética, centros para
madres, centros de tecnología, granjas urbanas, compostas, etc. Los procesos en pequeña
escala pueden eventualmente hacer una gran diferencia en las favelas y en la vivienda
social. Todos van de acuerdo a nuestra insistencia en la pequeña escala como mecanismo
de auto ayuda en este tipo de comunidades y también en el establecimiento de un sentido
de comunidad en una población disfuncional (Habitatjam, 2006). Estas soluciones en
pequeña escala, representan una fuente de independencia y ofrecen una sana alternativa a
las fuerzas que tratan de imponer un control central.

18. Realidades incómodas: elevados precios de la tierra, grandes esquemas y


desestabilización nacional.
Deseamos prever algunos de los problemas que podrían presentarse en un sistema
imperfecto (tal como es el ambiente en realidad), para poder manejar la dura realidad del
mercado. La decisión de destruir, ayudar a reforzar o solo ignorar una favela esta en
manos del gobierno. Nos enfrentamos con decisiones incomodas, que afectan la vida de
mucha gente que ya se encuentra en situaciones desesperadas. No existe una solución
simple y no hay un método universal para aplicar en todos los casos. Lo mejor que
podemos sugerir es un enfoque cauteloso sin prejuicios ideológicos, que beneficie a la
población como un todo. Es común que se destruyan asentamientos anónimos pero
significativos en nombre del diseño “racional”, que no es nada más que una herramienta
para preservar el status quo.
Los asentamientos requieren proximidad a la ciudad, por eso se localizan ahí en primer
lugar. La proximidad es esencial para ellos, mucho mas que para la clase media móvil.
Proporcionar a la gente pobre vivienda bien construida pero lejos de la ciudad no es
hacerles un regalo. Transferir a los pobres a viviendas sociales construidas por el
gobierno fuera de la ciudad puede condenarlos profundamente a una destitución, pues
tienen que gastar una gran cantidad de su dinero en transporte. Nuestra recomendación
para el establecimiento de propiedad contribuye a cambiar soluciones imaginarias, ya que
la vivienda bien construida regularmente se revende a residentes de clase media mientras
que la gente pobre regresa a los asentamientos irregulares (al que ya pertenecían o a uno
de reciente construcción). Prefieren quedarse con la ganancia de la venta de su vivienda.
En la economía de renta, un sistema de subarrendamiento substituye a los residentes de
clase media por los muy pobres.
En cuanto exista una ley estatal registrada, los títulos de propiedad transferibles se
vuelven mercancía vendible y entran a libre mercado (lo que podría ser mercado ilegal).
Aun cuando un lote este localizado en el centro de un barrio, o en un proyecto de
vivienda social no tan deseable, su precio puede dispararse. Las oportunidades de obtener
ganancias pueden llevar a que la consolidación de estas tierras quede en unas cuantas
manos y no en las de los residentes originales. Esto ha sucedido en muchas comunidades
alrededor del mundo, resultando en un mercado corrupto en un barrio legalmente regular.
Irónicamente, añadir infraestructura a una favela aumenta su valor, lo que puede expulsar
a sus residentes originales. En anticipación a este proceso, la especulación puede actuar
libremente en tierras no construidas. Un sistema dominante que vincula oficiales
corruptos con organizaciones criminales encuentra la forma de lucrar tanto con los
barrios como con la vivienda social. A pesar de la naturaleza socio-legal aparentemente
sin solución, creemos que nuestro método realmente ayuda a largo plazo. Primero, el
establecimiento de una apropiación cercana del tejido urbano (en términos sociales y
emocionales) reduce las oportunidades de explotación y negociaciones externas.
Segundo, muchas de las compañías que ofrecen los servicios que el gobierno no provee a
los asentamientos irregulares, lo hacen simplemente para cubrir la demanda a precios
exorbitantes.
Surge una preocupación distinta en cuanto a nuestra recomendación de comprometer a
Organizaciones No Gubernamentales. Mientras que estas podrían ser una mejor opción
que la inflexible burocracia gubernamental, representan un problema potencial de graves
consecuencias. Las ONGs mas grandes comúnmente promueven los “desarrollos”
tecnológicos en forma de grandes proyectos tales como electrificación, infraestructura y
construcción. Ellos visualizan la escena en términos de gran escala, y desean conseguir
contratos de construcciones mayores asignadas a compañías foráneas que puedan
necesariamente comprobar experiencia en el manejo de proyectos complejos de este tipo.
El problema es que no muchos países pueden pagar intervenciones de gran escala.
A pesar de esta realidad, un gobierno regularmente se deja seducir por este tipo de
contratos que finalmente no puede liquidar. Un país en desarrollo cuenta sólo con sus
recursos naturales para pagar la cuenta de la rápida modernización. Sin embargo las
fluctuaciones económicas y los eventos inesperados regularmente son suficientes para
destruir la frágil estabilidad de estos contratos. El resultado es que el país se ve inmerso
en deudas. Al volverse una nación deudora, solo puede ser rescatada y estabilizada con
ayuda del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. La reestructuración
económica mediante Programas de Ajuste Estructural (SAPs, por sus siglas en ingles)
impone condiciones económicas severas que empeoran la vida de los sectores sociales
más pobres. No solo el país pierde parte de su soberanía, sino de este punto en adelante,
no esta en posición de ayudar a sus pobres de ninguna manera.
La lección que debe aprenderse de esto — una lección que desafortunadamente muchas
naciones no han entendido todavía — es la necesidad de trabajar en pequeña escala. La
realización de un gran y costoso proyecto es posible sólo para las naciones ricas, pero es
muy arriesgado para las naciones en desarrollo. (Los proyectos de gran escala casi
siempre están basados en procesos insostenibles que desperdician grandes cantidades de
energía y recursos). La vivienda social debe crecer “de abajo hacia arriba”, aplicando
soluciones locales en proyectos de pequeña escala. Si estas soluciones funcionan, pueden
ser repetidas indefinidamente. Existen muchas ONGs independientes dispuestas a ayudar,
y expertos foráneos que ofrecen sus conocimientos y experiencia sin cobrar un centavo.
Es mejor confiar lo más posible en capital de financiamiento, procesos y recursos locales.
Una solución a largo plazo basada en la evolución adaptable de los patrones de vivienda
y construcción es más sostenible que una rápida remodelación tecnológica.

19. La contribución de los arquitectos para convertir proyectos existentes en


proyectos extraños.
Varios proyectos construidos en Latinoamérica han resuelto sus múltiples problemas
en el manejo de la burocracia gubernamental adaptando términos a factores prácticos con
la estructura política existente. Existen grupos que han involucrado a compañías
constructoras privadas con organizaciones no gubernamentales y con gobiernos locales
para construir y financiar vivienda social. Sin embargo, todavía existe una distancia entre
las técnicas de implementación y la sensación que se logra producir con el producto final.
Como se dijo antes, la evidencia científica sugiere que esto no es cuestión de “gusto
personal”, sino del consenso de una amplia gama de áreas que estudian el
comportamiento humano, basadas en procesos universales de percepción y biología
humana. Estas áreas de consenso pueden establecerse mediante “metodologías
consensuadas”, de la misma manera como nosotros utilizamos rutinariamente los
procesos de diseño colaborativo.
En este punto somos menos entusiastas sobre lo que se ha logrado en Latinoamérica. A
pesar de las buenas intenciones y de la enorme cantidad de trabajo invertido observamos
muchos proyectos que tienen un carácter impersonal e industrial. Desde luego, no dan la
sensación “muerta” de los conjuntos residenciales de alto nivel, pero la sensación del
ambiente construido va de lo aburrido a lo neutral. En nuestra opinión, la forma y el
diseño no se conectan emocionalmente con los usuarios. Es interesante investigar las
razones del por qué estas soluciones no se llevaron a cabo bajo el esquema de proceso de
diseño adaptable.
Nuestra explicación es la siguiente: esos proyectos son dirigidos por arquitectos que
conservan un bagaje intelectual de tipologías de diseño industrial y de relativos gustos
personales, aunque su intención sea la de ayudar a la gente de forma personal. El lenguaje
del arquitecto esta influenciado por su ideología de diseño y no es universal. Muy pocos
arquitectos han escapado de la estética modernista que formó parte esencial de su
entrenamiento (una tradición en las escuelas de arquitectura que ha durado por muchas
décadas). Es extremadamente difícil deshacerse de aquellas arraigadas imágenes
arquitectónicas — para romper con las tipologías fundamentalistas de los cubos, las
ventanas horizontales, los bloques modulares, etc., - y la lógica abstracta del
funcionalismo que muchas veces sirve como justificación ideológica para una postura
egocéntrica puramente estética (Alexander, 2005; Salingaros, 2006). Especialmente en
Latinoamérica, las tipologías arquitectónicas modernistas se adoptan como parte del
estilo arquitectónico nacional y están popular y erróneamente ligadas a creencias políticas
progresivas.
Haciendo explicitas algunas críticas ayudamos al lector a conocer de lo que estamos
hablando. Encontramos edificios modestos construidos a escala humana (lo que es
bueno), pero que están acomodados en una retícula estricta que no tiene otro propósito
que el de expresar una “claridad de concepción”. Los planes parecen perfectamente
regulares desde el aire (pues han sido planeados con una simetría imperceptible), y
expresan modulación en vez de variación. El acomodo matemáticamente preciso es
arbitrario mientras que la circulación humana y la percepción del espacio conciernen,
pero no contribuyen, a la coherencia urbana. En la escala de los edificios individuales se
puede observar el uso obsesivo de paredes lisas sin superficies de articulación; estricta
rectangularidad; techos planos; puertas y ventanas sin marcos; ventanas apañadas; casas
levantadas en pilotes; remetimientos inútiles; falta de curvas en sitios donde debería
reforzarse la estructura tectónica y existencia de muros curvos sólo por efectos estéticos;
espacios urbanos fracturados o de grandes dimensiones; etc.
Estas son las características que identifican a la tipología modernista de los años 20.
Existe un motivo detrás de la imposición de este vocabulario formal a las viviendas de la
gente y es que una persona ordinaria sin entrenamiento es incapaz de crear formas y
espacios y solo un arquitecto (actuando como “experto”) es capaz de hacerlo. Esto solo
nos recuerda la arrogancia expresada abiertamente por los arquitectos modernistas,
quienes mostraron su desprecio por el tejido urbano orgánico. Contrario a los hábitos de
muchos diseños y planeaciones modernistas, las necesidades físicas y psicológicas no
deben entenderse en términos de cantidades abstractas, sino en términos de una capacidad
de respuesta adaptada localmente a las necesidades y los deseos. Los individuos vivos las
experimentan como parte de una comunidad viviente. El proceso alternativo propuesto
aquí puede aplicarse generalmente para lograr soluciones de diseño no estandarizadas y
vivas — vivas por que están conectadas, localmente arraigadas y habitadas con el espíritu
así como con el cuerpo.
Es muy fácil reconocer la diferencia entre morfologías orgánicas e industriales
basándose en la percepción de su complejidad. Aquí presentamos tres criterios que
cualquiera puede utilizar: (a) La geometría en todas las escalas, desde el proyecto entero
hasta los detalles de dos milímetros, ¿son complejos (variados, únicos), o simplistas
(vacíos, repetitivos)? (b) ¿Existen transiciones de escalas grandes a pequeñas que
generalmente no tienen vacíos abruptos?, o, si existen transiciones abruptas, ¿terminan
con geometrías más complejas en la siguiente escala? (c) Si la geometría es visualmente
compleja ¿la forma crece y se adapta a las necesidades humanas físicas y psicológicas, o
es una complejidad de “alto diseño” arbitraria e impuesta? Estos tres criterios sirven para
distinguir el tejido urbano vivo de la forma industrial muerta (el tercer criterio es más
difícil de aplicar cuando no se tiene experiencia).
Paradójicamente el segmento de la sociedad (tales como intelectuales progresivos y
activistas que promueven causas sociales) más interesado en ayudar a la gente pobre es
también el que, por razones políticas e ideológicas, inocentemente asume que las
soluciones deben ir de acuerdo a la “imagen tecnológica de modernidad”. No pueden
pensar mas allá de las seductoras imágenes del siglo XX que están dentro del paradigma
militar/industrial. La sincera creencia en las promesas de liberación hechas por los
ideólogos modernistas no toma en cuenta que estas formas y geometrías son básicamente
inhumanas. En contraste, aquellos individuos privilegiados que pueden pagar por la
creación de un ambiente vivo cálido (y saben cómo implementarlo) lo hacen
principalmente por ellos y generalmente se despreocupan de la situación de los pobres.

20. la imagen irreal que tiene la gente de una casa deseable.


Existe otro punto a discutir que puede sabotear a las mejores intenciones de hacer
vivienda social humana. Este es, la imagen que un residente potencial tiene de “la casa
mas bonita del mundo”. La gente tiene imágenes deseables aunque sean opuestas a lo que
realmente necesitan. La mercadotecnia se dedica a convencer a la gente de consumir lo
que no necesita; de gastar su dinero en cosas frívolas o dañinas en vez de en comida
saludable, medicina y educación. De la misma forma nuestra cultura propaga imágenes
artificiales de casas “bellas” en la mente de los ciudadanos pobres hasta en los rincones
rurales más alejados. Cuando un individuo migra a la ciudad, se esfuerza por conseguir la
casa que corresponde a la imagen de sus sueños. Seguramente esta imagen chocará con
las tipologías de vivienda adaptable.
Como arquitectos y urbanistas estamos compitiendo constantemente contra un universo
de imágenes e ideas que se validan con propiedades icónicas en vez de validarse con
contribuciones a los ambientes adaptables vivos (Alexander, 2005; Salingaros, 2006). La
percepción humana del espacio construido se guía por valores no específicos y sutiles. Es
una batalla frustrante, porque la gente tiene una mala imagen de lo que es bueno o
saludable. La arquitectura vernácula maravillosamente adaptable se identifica con un
legado del que la gente pobre esta tratando de escapar. Están huyendo del pasado y su
misterio. La gente originaria del campo rechaza las tipologías tradicionales de
construcciones rurales: desean abandonar los símbolos del campo y todas sus
restricciones y huir hacia la ciudad “liberadora”. Una nueva casa con ese estilo
provocaría profunda desilusión. Proveer de vivienda humana, por lo tanto, va en contra
de la “imagen de modernidad”.
Un campesino que se muda del campo a una favela, o alguien nacido ahí no deseará
verla reparada: deseará desesperadamente mudarse lo antes posible a un departamento de
clase media. La favela no representa la “imagen de modernidad” más aceptada, por el
contrario, lleva consigo un estigma social. Para un residente de la favela, escapar de la
pobreza significa escapar de la geometría de ésta. Esta idea se refuerza con la
transformación drástica de la geometría que se observa en las casas de nivel medio. Estas
residencias tienden a ser complejos modernistas de departamentos o casas seudo-
tradicionales aisladas y rodeadas por pasto y una cerca. Estas imágenes insípidas de
modernidad dominan el pensamiento de la gente pobre, que las adquiere de programas de
televisión y otros medios de mercadotecnia.
Un proyecto nuevo de vivienda social que sea exitoso en nuestros términos
inevitablemente recordará tipologías urbanas y arquitectónicas locales tradicionales,
simplemente por que éstas han evolucionado de las necesidades humanas más adaptables.
Esta remembranza, sin embargo, lo condena a no tener una imagen de progreso. Muchos
residentes esperan ver sus casas nuevas construidas bajo la “imagen de modernidad”,
definida por las casas de los ricos y famosos alrededor del mundo. Las casas y oficinas de
estilo modernista high-tech se muestran constantemente en películas y programas de
televisión junto con sus millonarios habitantes. Los pobres aspiran a este sueño. Por otro
lado los aristócratas millonarios que viven y trabajan en mansiones coloniales ya no son
vistos como modelos a seguir gracias a que su imagen se asocia con el pasado pre-
modernista y con un orden político conservador. Esto es una lástima, por que las
tipologías de edificios del siglo XIX muchas veces contienen gran parte de la herencia
arquitectónica de un país y ofrecen soluciones adaptables que no tienen nada que ver con
alguna clase social o política. (La gente olvida que el estilo tecnócrata ahora representa el
dominio económico global de la elite poderosa).
Como se dijo anteriormente, creemos que el problema es inevitablemente cultural en su
naturaleza. Nos parece que el punto crucial de este asunto es la valoración — en cómo la
comunidad valora sus opciones y luego toma decisiones de acuerdo a ellas. O,
propiamente, es cuestión de que se establezca un sistema inteligente (que se auto corrija y
aprenda) de toma de decisiones colectivas. Entonces nuestra tarea no es solo ofrecer
opciones sino también ofrecer un marco de trabajo (o varias opciones de marcos de
trabajo) en el que se puedan tomar decisiones a través del tiempo.
Si los residentes escogen la definición de “salud” en términos reducidos a los mercados
monetarios entonces concluirán que lo óptimo será allanar el terreno y colocar edificios
altos con una gran-caja-supermercado al lado. Si tienen una definición a largo plazo sobre
“valor” — que incluye nociones sutiles y no menos vitales de “calidad de vida” —
entonces tendrán bases para determinar y modificar su ambiente construido de forma más
compleja, más interrelacionada y más orgánica. Esto es, por supuesto, lo que una cultura
tradicional es y hace, por definición.
Esta simple noción de “bienestar” en reducidos términos de mercado monetario no es
capaz de distinguir el sutil proceso de la vida. Por esta razón no puede combinar los
recursos “de arriba hacia abajo” como la dotación de “cuartos húmedos” (cajas de
concreto que contienen un baño y una cocineta con fregadero), o camiones llenos de
materiales de construcción, con recursos “de abajo hacia arriba” como la gente trabajando
en la construcción de su propia casa, economías locales de pequeña escala o códigos
generativos adaptados.
Es crucial combinar los métodos “de arriba hacia abajo” y “de abajo hacia arriba”, lo
que requerirá un enfoque integrador complejo más que una aplicación lineal de recursos y
soluciones de una sola variable. Este es un problema complejo, multi-variable, de auto
organización y complejidad organizada y requiere un conjunto de herramientas distinto a
aquél con el que la gente esta acostumbrada a trabajar.
¿Cómo hacer para tomar en serio las aspiraciones de la gente sin necesariamente
eliminar lo que podrían ser deseos manipulados para impulsar la adopción de valores
irremplazables a largo plazo por ganancias perecederas a corto plazo? Como hemos
observado en un contexto económico modernista las culturas tradicionales son
desafortunadamente muy vulnerables a esta clase de tratos. Como consejeros
profesionales tenemos el deber de tomar seriamente sus aspiraciones, pero también tomar
seriamente sus necesidades a largo plazo, aunque ellos no las consideren realmente. No
debemos actuar por ellos — esto sería arrogante — sino lograr conversaciones con ellos
en donde como profesionales planteemos las opciones ante ellos de forma mas completa
y mas conectada.
Lo que para nosotros resulta obvio no es necesariamente considerado como positivo
por la mayoría de la población. Un planteamiento como este sería lógico y considerado
fuera de peligro si surgiera de un proceso colaborativo que estuviera, en su mayoría, en
manos de los residentes locales. Necesita surgir de su tradición vernácula. De otro modo,
existe un riesgo real de que un esfuerzo como este se considere presuntuoso y
condescendiente. Existe un balance muy delicado entre el respeto de la cultura local (que
muchas veces es cultura de pobreza — en un sentido, el urbanismo de todos los días) y el
reconocimiento de las aspiraciones dentro de esa cultura (y de los individuos) para algo
que imaginan que puede ser mejor.
Muchas veces la gente necesita aprender a apreciar lo que ya tiene (como sus
capacidades, su bienestar, la belleza de sus adaptaciones o circunstancias culturales
particulares). Esto es lo más urgente desde que tenemos una cultura global que se ha
dedicado en gran medida a provocar en la gente un hambre por conseguir los bienes que
no tienen. Por ejemplo, estamos conscientes de la tendencia de las comunidades de bajos
recursos por ser partidarios de las grandes-cajas-supermercado. Si tratamos de evidenciar
todos los serios problemas creados por estas grandes-cajas-supermercado como resultado
de la forma construida y del modelo económico, la gente podría acusarnos de racismo:
“¿Por qué no quieren que tengamos lo que todos los demás ya tienen?” Es un asunto
muy delicado cuando se trabaja con gente que vive en la pobreza - ¿cómo lograr respetar
cuando es debido y al mismo tiempo reconocer que las cosas podrían ser mejores, sin
ofender? Requiere de un proceso que relacione la energía creativa y la auto-confianza de
la cultura local.

21. ¿Está listo este Mundo transformado para aceptar la vivienda social humana?
Se han construido alrededor de todo el mundo proyectos que siguen el paradigma
orgánico, recurriendo a la participación social. Se observa un fenómeno cíclico: ambos,
gobierno y organizaciones no-gubernamentales, están de acuerdo con partes que nosotros
(y otros antes que nosotros) proponemos, después estas ideas quedan desfavorecidas y
son reemplazadas por tipologías modernistas inhumanas y a veces las ideas regresan
cuando vuelven a cambiar en las elecciones los oficiales y los directores de dichas
agencias. Esta fluctuación temporal refleja el modelo de competencia de especies, donde
una especie que compite desplaza a otra (pero no la extingue). Cuando las condiciones
cambian, esa especie regresa modestamente.
El paradigma urbano orgánico siempre ha sido marginalmente aceptado por los poderes
fácticos, aunque represente la gran mayoría del tejido urbano construido hasta ahora. En
la analogía ecológica, la vivienda no planeada, auto construida, es la especie dominante,
mientras que en la mente de la mayoría de la gente (en evidente contradicción a la
realidad), asume que es la especie minoritaria. La explosión de la población urbana en el
mundo ha ocurrido en el estrato más pobre de la sociedad en donde una minoría cuenta
con casas construidas por mecanismos de vivienda social “de arriba hacia abajo”,
mientras que la mayor parte ha emergido en favelas (asentamientos irregulares). Es este
desequilibrio — entre las fuerzas generadoras de morfologías urbanas irregulares en el
mundo y los intentos fallidos de imponer el orden — lo que intentamos corregir con esta
publicación. Dependemos de tres estrategias: (a) El lector se dará cuenta que algunos de
los viejos prejuicios contra la vivienda auto-construida están fuera de tiempo y
desperdician recursos económicos y sociales. (b) La gente reconocerá las raíces del
conflicto como ideológicas y no como exclusivamente legales. (c) Finalmente contamos
con herramientas muy poderosas para hacer diseños eficientes y reparar otros. Esto no era
posible en el pasado.
El movimiento del Nuevo Urbanismo ha ayudado a dar a conocer al mundo el valor del
urbanismo tradicional y de la necesidad de preservar las porciones de tejido urbano
viviente. Nuestro enfoque trata de canalizar la necesidad natural humana hacia un
ambiente sano y sostenible, que ha sido lo normal durante miles de años de existencia
humana. Muchos desarrollos nuevo urbanistas extremadamente exitosos se han
construido con un carácter tradicional, mostrando que es posible lograr esto hoy en día.
La planeación ya no está basada en la visión modernista. Existe una nueva conciencia, al
menos en los países más desarrollados económicamente. Mientras que en los años 60’s
los buenos desarrollos habitacionales de clase media se destruían impunemente (en un
acto eufemísticamente catalogado como “renovación urbana” (Jacobs, 1961)), dicha
agresión es menos probable en nuestros días. Aún así, esto no evita que algunos
modernistas traten de desacreditar públicamente al Nuevo Urbanismo calificándolo como
exclusivo para la gente rica. Este trabajo es una de las muchas pruebas (si fueran
necesarias) de que las mismas técnicas se pueden aplicar a la vivienda de los pobres de
todo el mundo.
La gente siempre ha tenido un conocimiento INSTINTIVO de la forma de construir,
pero todo esto ha sido olvidado casualmente por las tipologías modernistas que
falsamente claman una validez “científica” exclusivamente racional. Con la reciente
introducción de científicos capacitados dentro de la arquitectura y el urbanismo, este
malentendido finalmente se ha resuelto y ahora podemos separar un método genuino de
un dogma puramente visual. Nuestros valientes predecesores que construyeron tejido
urbano vivo fueron bloqueados por un convencionalismo arquitectónico convencido por
la absoluta exactitud del paradigma industrial de diseño de principios del Siglo XX. Los
proyectos y las ideas fueron marginados una y otra vez, y tuvieron que ser reinventados
en cualquier otro sitio y en otro tiempo. Nosotros creemos que nuestra era está finalmente
lista para aceptar un tejido urbano viviente como parte de la vida misma y de asumir su
propio sitio central en nuestra conciencia.

22. Conclusión.
Las prácticas de construcción de vivienda social del Siglo XX pueden haber sido bien
intencionadas, pero fueron equivocadas. No ayudaron a conectar a los residentes con su
entorno. Tanto tejido urbano alrededor del mundo que pudo haberse construido sano y
sostenible por el mismo costo, ocasionó, por el contrario, un efecto aniquilador en sus
residentes y últimamente se volvió insostenible. Desafortunadamente, los planeadores del
gobierno estaban convencidos de imponer un experimento social mal concebido como
parte de un programa utópico de industrialización. Cabe resaltar, por otro lado, que
existen soluciones prácticas y sensibles que han podido aplicarse inmediatamente en
cualquier contexto, sólo haciendo pequeñas modificaciones para adecuarse a las
condiciones locales.
Los autores hacen estas recomendaciones basados en experiencias considerables en
proyectos prácticos. Seremos los primeros en establecer compromisos y las adaptaciones
necesarias para implementar nuestra metodología a cualquier proyecto particular, con la
intención de incrementar su adaptación. Es mucho mejor comprometerse a construir algo
en vez de insistir en seguir cada componente de este proceso sugerido y nunca lograr que
sea aceptado. De esta manera, podemos influir en que una transición estable se convierta
en una tipología de vivienda más poderosa, que respalde la vida y sea más sostenible para
el futuro.

Reconocimientos:
NAS desea agradecer a los miembros del Grupo de Investigación de la Estructura del
Ambiente (ESRG por sus siglas en inglés) que se entusiastamente se unieron para escribir
este trabajo. A través del ESRG, fue posible lograr una eficiente colaboración en línea.
Los miembros del ESRG, Besim Hakim y Yodan Rofè colaboraron con comentarios
incisivos y muy útiles. Otros miembros que contribuyeron con material y referencias
útiles son Ana Cecilia Ambriz y Alfredo Ambriz de la Universidad Autónoma de
Guadalajara, Pablo Bullaude de fundación CEPA, Andrius Kulikauskas de Global
Villages Group y Fausto Martínez del IPFC.

APÉNDICE: Código generador para vivienda social en un campo o un espacio


urbano.
El cuerpo de esta presentación realmente define un método de métodos que puede
utilizarse para dar forma a un sin fin de opciones. Todos los enfoques que surgen de
nuestras recomendaciones comparten una adaptabilidad común a las sensibilidades
humanas. En esta cualidad esencial, sin embargo, difieren de otros métodos que se
utilizan ahora. Evidentemente, un planeador debe inventar un método que se adapte a las
exigencias y condiciones locales. Para el lector que quiera implementar nuestro método
con el mínimo retraso, damos a conocer un procedimiento para producir vivienda en
terrenos vacíos. Se necesita un enfoque un poco diferente para trabajar en sitios que ya
tienen edificaciones y otro distinto para reconfigurar un asentamiento existente. Siempre
recuerde que éste representa sólo UNO de un número infinito de métodos relacionados
para satisfacer estos criterios y no debe adoptarse como un conjunto de reglas
universales.
Asumimos que un equipo de planeadores trabajara con alguno o todos los futuros
residentes potenciales en todos los pasos del diseño. Esto es crucial para obtener una
“lectura” de los factores humanos necesarios que deben tomarse en cuenta. La
construcción actualmente esta dividida en dos componentes. Aquellos que son
responsabilidad del inversionista y aquellas que deben realizarse por los residentes existe
una parte de la labor muy dura para el gobierno en la construcción del espacio publico
mientras que los residentes deben trabajar en la construcción de su propia casa; pero estas
responsabilidades se pueden traslapar de una y otra manera de acuerdo a cada situación
especifica. Aun cuando los residentes hagan todo el trabajo de construcción de sus casas,
el equipo de planeación debe estar preparado para apoyarlos y guiarlos a través del
proceso. La referencias que siguen se refieren a patrones individuales en Un Lenguaje de
Patrones (Alexander et. al., 1977).
Es extremadamente importante declarar desde el principio que aquí presentamos
distintos enfoques para entender la vivienda social y la planeación en general. La
novedad de este enfoque es evidente en tres de nuestros procedimientos. Primero,
comenzamos colocando en la tierra la red de calles con la participación activa de los
usuarios, y no con un plan preconcebido y dibujado en cualquier otro lado. El segundo
elemento inusual es permitir (de hecho, impulsar) a los usuarios a adornar la banqueta
frente a su casa antes de que la casa este construida. El tercer elemento inusual es
construir el espacio urbano antes de que las casas estén terminadas. El espacio urbano va
a definir el carácter del asentamiento como un todo — su calidad espacial e identidad a
gran escala — mas que cualquier otro objeto construido. Jugará un rol importante en el
sentir de los residentes sobre su propia emocionalidad en el sitio.
Recomendamos los siguientes pasos en donde hemos enfatizado los aspectos inusuales
de nuestro método, mientras que dejamos más obvios para el equipo local, los detalles de
construcción:

1. Caminar el terreno para diagnosticar sus condiciones, fortalezas, debilidades,


oportunidades excepcionales, áreas que necesitan ser reparadas, etc. Identificar cualquier
candidato que pueda ser un espacio sagrado: por ejemplo, terreno elevado, grandes rocas,
grandes árboles, etc. Esto debe protegerse e incorporarse después al espacio urbano.

2. En muchos casos, el asentamiento tendrá un borde existente que determina las


conexiones de las calles. Si esto no existe (como en el campo) el limite del barrio debe
definirse como si fuera a tener impacto en todo el patrón de calles (Patrón 15: LIMITE
DEL VECINDARIO, de Alexander et. al. (1977)).

3. Caminar el terreno para determinar la calle principal y el cruce de la calle para el


flujo peatonal natural de acuerdo a las características de la topografía. Estas van a
representar el Cardo y el Decumano Romano, pero no deben ser necesariamente rectos u
ortogonales uno con el otro. Se deben marcar con banderas rojas y dejar espacio para las
banquetas de ambos lados.

4. Caminar el terreno una vez mas para visualizar donde deben localizarse los espacios
urbanos (deben elegirse los puntos en donde mejor se sienta estar; de alguna forma hay
que enfocarse en las señales positivas de la región). Estos serán los espacios
sobresalientes de las calles principales cerca del centro, y deben contener algún espacio
sagrado si es posible. Se debe aplicar este principio al flujo tangencial alrededor del
espacio urbano (por ejemplo, una calle debe ir al lado del espacio urbano y no atravesarlo
por el medio). Los espacios urbanos pueden ser tan largos como sean necesarios pero no
mayores a 20 metros (Patrón 61: PEQUEÑAS PLAZAS PUBLICAS). Se deben marcar
los límites de los espacios urbanos con banderas rojas.

5. Decidir el desplante de las casas que rodean y refuerzan los espacios urbanos. Los
muros frontales sin remetimientos definirán los límites del espacio urbano.

6. Ahora deben tomarse decisiones importantes una posible topología es el uso de


cuadras de dos viviendas de fondo, no necesariamente rectas, cada una con una
dimensión entre 40 y 60 metros de fondo y 110 a 150 metros de largo. Las cuadras deben
empezar en la orilla del espacio urbano y de las calles principales. La dirección de cada
cuadra se determina con el flujo de la tierra. Sus limites definirán las calles secundarias,
que deben marcarse con banderas rojas. Las calles secundarias forman cruces en T
(Patrón 50: ENSAMBLES EN T) en las intersecciones, y no se cruzan con la calle
principal. Las calles secundarias son mas delgadas que las calles principales.

7. Al mismo tiempo se deben resolver cuestiones de instalación sanitaria y de agua, por


que la dirección de las calles debe ir de acuerdo al flujo del agua. Se debe decidir en
donde drenará el agua fuera del asentamiento para evitar inundaciones. Se debe notar su
alguna calle necesita nivelación.

8. Es en este momento donde se empieza a dar forma a la calle, con la nivelación que el
gobierno haya hecho para el terreno construible de tal forma que el drenaje vaya de
acuerdo con la calle en ambos lados. Las calles deben nivelarse donde sea necesario
facilitar el flujo de agua de desecho de la forma en que se haya decidido antes.

9. Los futuros residentes que participan pueden comenzar a trazar las dimensiones de
sus casas utilizando banderas azules. Las casas deben levantarse desde la banqueta y
ocupar todo el frente. Con esta excepción todo el desplante de la casa puede decidirse
libremente. Si se incluye un patio se debe definir utilizando el volumen de la casa para
que lo rodee parcialmente (Patrón 115: PATIOS QUE VIVEN). Las variaciones
individuales son esenciales para garantizar la orientación al sur; de otro modo el patio no
se usará después de construido (Patrón 105: PUERTAS AL EXTERIOR ORIENTADAS
AL SUR). Primero deben definirse los edificios alrededor de los principales espacios
urbanos y después las entradas de estos.

10. Una vez que se hayan marcado suficientes casas, se deben completar los límites de
los lotes utilizando banderas amarillas. Cada lote no debe tener menos de 20 metros de
fondo y seis metros de ancho. Los lotes deben separarse con un callejón en la parte
trasera y por medio de un paso peatonal a cada lado. Los lotes se registran y se realizan
las escrituras. Lo mas importante de esto es que esta es la primera vez que el
asentamiento se dibuja en papel (hasta ahora se había estado trabajando solo con
banderas en el terreno).

11. El gobierno coloca la infraestructura que vaya a proveer: centros de electricidad en


los callejones, un sistema de agua o distribución regular hacia grifos públicos, tubos de
drenaje o algunas letrinas separadas adecuadamente, etc.

12. El primer acto real de construcción es colocar una banqueta de concreto a lo largo
de los frentes de las casas marcados. El gobierno realiza esto sobre los lotes planeados y
nunca en partes del asentamiento que no están planeadas todavía. Es conveniente realizar
una cuadra habitacional a la vez. La banqueta debe ser ancha y estar a desnivel de la calle
(las banquetas de 1.5 metros de ancho son inútiles en la formación de un vecindario; ver
Patrón 55: BANQUETAS ELEVADAS).

13. Los habitantes preparan diseños utilizando pedazos de distintos materiales no


mayores a un centímetro, y los presionan en el concreto fresco tan pronto como la
banqueta sea colada y nivelada. Se puede utilizar cualquier material siempre y cuando no
afecte la integridad estructural del concreto. Se incorporan las juntas de expansión como
parte del diseño. Esta actividad personaliza el pedacito de banqueta de cada quien y
establece una prioridad de expresión humana sobre formas industriales.

14. Ahora puede empezarse a construir la casa, hecha por los mismos residentes, con la
fachada frontal siempre colocada a la orilla de la banqueta. De esta forma los espacios
urbanos y no las casas en si mismas, son los primeros elementos espaciales que se
construyen físicamente (Patrón 106: ESPACIO EXTERIOR POSITIVO).

15. La entrada (o entradas) al asentamiento debe estar definida claramente por edificios
mas prominentes de tal forma que se conviertan en obvios puntos de transición (Patrón
53: ENTRADAS PRINCIPALES).

16. El gobierno puede reforzar el espacio urbano con la construcción de un gran kiosco
y — un cuarto techado y abierto (Patrón 69: ESPACIO PUBLICO EXTERIOR) debe
asegurarse que tenga escalones que sean cómodos para sentarse en ellos (Patrón 125:
ASIENTOS ESCALERA). Este elemento puede catalizar el uso del espacio urbano, y
esta reforzado por elementos sagrados como un gran árbol.

17. Los residentes terminan de construir su casa a su propio ritmo. Tienen completa
libertad para construir su casa dentro de las marcas originales. Si es apropiado para la
cultura, se debe construir una banca que este anexa a la fachada frontal al lado de la
entrada (Patrón 160: BORDE CONSTRUIDO Y Patrón 242: BANCA EN LA PUERTA
DELANTERA). Esto, de algún modo puede influenciar el tamaño del volado del techo.

18. La descripción de la secuencia constructiva depende de la disponibilidad de los


materiales, los sistemas de entrega y las alternativas más económicas. Decisiones tales
como colar el piso de la vivienda al mismo tiempo que se cuela la banqueta; si hay
instalaciones de drenaje disponibles que deban ir debajo del firme; colar las columnas
esquineras con pipas de concreto; que material utilizar para los muros divisorios; si
instalar un modulo prefabricado de baño; la forma del techo y como debe construirse;
todo esto es mejor que lo decidan los consultores locales.
19. Los consultores pueden aconsejar a los constructores la forma de hacer la puerta de
entrada o las ventanas. Una entrada principal debe contar con límites suficientemente
gruesos para representar la transición del exterior con el interior (Patrón 225: MARCOS
COMO LIMITES GRUESOS). Se debe impulsar a la gente a construir un espacio de
transición aunque sea modesto (Patrón 112: TRANSICION EN LA ENTRADA). Esto
enfatiza la entrada como un proceso, opuesto a una entrada principal diseñada como la
imagen de una mínima discontinuidad en una pared lisa.

20. El mismo principio se aplica a las ventanas: se debe ayudar a los constructores a
crear ventanas con remetimiento y marcos anchos (Patrón 223: REMETIMIENTOS
PROFUNDOS).

21. Talvez la única y más importante regla en la creación de habitaciones en un edificio


es que éstas deben tener iluminación natural en dos lados (Patrón 159: LUZ EN DOS
LADOS DE CADA HABITACION).

22. Como los frentes de las casas necesitan completarse, el gobierno debe ofrecer un
premio económico para la ornamentación mas artística, preferentemente utilizando
motivos tradicionales elegidos completamente por los dueños y el gobierno debe
proporcionar la pintura y el material para lograr este propósito (Patrón 249:
ORNAMENTACION). La ornamentación debe estar más detallada y ser mas intensa a
nivel del observador y en aquellos lugares de la construcción que el usuario pueda tocar.

La propuesta anterior puede parecer interesante, quizás extraordinaria para los


planeadores convencionales. Algunos no tendrán duda en criticarla, aunque este
respaldada por el documento mas importante de planeación en Latinoamérica: “Las
Leyes de Indias” (que ordena explícitamente que una asentamiento debe planearse
alrededor de su espacio urbano central que debe establecerse desde un principio).
Creemos que nuestras sugerencias pueden aplicarse y trataremos de aplicarlas en lo
posible. No es necesario que los constructores tengan acceso a la descripción completa de
cada patrón mencionado aquí; una simple nota y un diagrama son suficientes. Enlistamos
estos patrones solo con propósitos de referencia. La meta de la ornamentación NO ES
añadir algo “bonito” para distraer la atención sobre otras dificultades de las condiciones
de vida. De hecho, sirve para conectar a los residentes, en sentido mas profundo, con su
ambiente, proporcionándoles propiedad intelectual sobre la estructura física. Por esta
razón es absolutamente necesario que los residentes mismos generen y creen toda la
ornamentación con sus propias manos.

FIGURAS.
Figura 1. El promedio de trayectorias que siguen un flujo natural dan la ubicación de la
calle principal AB y de la calle cruzada CD.

Figura 2. El Cardo y el Decumano se establecen y marcan con banderas en los extremos.


Figura 3. Los espacios urbanos se identifican como burbujas a lo largo de las trayectorias
principales, que contienen regiones donde es grato detenerse un momento.

Figura 4. El espacio urbano es el objeto geográfico primario, definido y reforzado por los
edificios que lo rodean.
Figura 5. El espacio entre los lotes construidos define las calles, los espacios urbanos y el
drenaje - al contrario de acomodar lotes en calles existentes.
Figura 6. Los patios están parcialmente rodeados por la casa y están orientados
individualmente para tener orientación meridional (en el hemisferio norte y septentrional
en el hemisferio sur).

Figura 7. Ejemplo de una posibilidad del patrón de banqueta diseñada por el usuario y
creada por los residentes, utilizando materiales presionados en el concreto fresco
inmediatamente después de su colocación.
Figura 8. Fachadas de los edificios, banquetas y muretes para sentarse que recubren el
espacio urbano. Todos los elementos construidos contribuyen a la coherencia y vitalidad
del espacio.

Figura 9. El marco grueso y la transición de la entrada definen a la puerta frontal como un


proceso y no como una imagen plana.

Figura 10. Se proporcionan pinturas y materiales a los dueños de las casas para
impulsarlos a que las adornen.
La ciudad compacta sustituye a la dispersión

Resumen: La ciudad compacta, integrada geométricamente, puede y debe


sustituir la dispersión suburbana como patrón de desarrollo dominante en el futuro. Este
enfoque de la planificación y el diseño urbanístico está bien arraigado entre los
defensores de los movimientos Nuevo Urbanismo y Smart Growth (o Crecimiento
Inteligente). No obstante, en el escenario más radical que propongo en este artículo, la
ciudad compacta también debe sustituir el modelo de megaciudad ultradensa y de gran
altura. Presentaré argumentos a favor de la ciudad compacta desde ambos puntos de
vista, criticando tanto los barrios periféricos convencionales como la hiperintensidad del
núcleo urbano. Hace falta una intervención radical por parte de los urbanistas
implicados. Debemos replantearnos la ubicación de los edificios individuales para
formar un tejido urbano coherente, así como el papel de la vía pública, los
aparcamientos y los espacios urbanos. Ahora disponemos de nuevos códigos de
zonificación basados en la Transección de rural a urbano y la forma del entorno
construido para garantizar densidades predecibles y el uso mixto de la ciudad compacta.

1. INTRODUCCIÓN
La dispersión es un fenómeno despiadado. Cada vez cubre más superficie
terrestre, ya sea en forma de favelas invadiendo el campo en los países en desarrollo o
como monótonas subdivisiones en los Estados Unidos. No obstante, la ciudad del mañana
(de hecho, la ciudad del presente en muchas partes del mundo) tiene una escala humana
compacta y de baja altura. Si el Gobierno no lo prohíbe (o no puede controlarlo), las
favelas terminan condensándose para definir regiones urbanas compactas, pero el mismo
proceso organizativo no puede darse en las subdivisiones, a causa de la zonificación anti-
urbana. Una favela puede convertirse en tejido urbano vivo, mientras que su caro análogo
estadounidense permanece muerto. La diferencia radica en la conectividad.
La dispersión suburbana se ha convertido en una “máquina” autogeneradora que hace
realidad sus propias ambiciones, que produce una cantidad ingente de movimiento
mecánico, pero que no es propicia para las acciones y las necesidades humanas naturales.
La dispersión persiste porque los vehículos definen una entidad ahora familiar que se
perpetúa a sí misma: el paisaje dependiente del automóvil. Los coches facilitan la
dispersión, y la dispersión necesita coches. Esta “máquina” suburbana burla ahora a sus
creadores humanos y alimenta directamente la economía globalizada. No obstante,
derrocha cantidades incalculables de tiempo y de recursos, mientras deja atrapados en sus
casas a los que no tienen coche.
Los bloques de pisos y edificios de oficinas de gran altura también son
insostenibles. La seria amenaza del elevado coste energético hace que tanto los entornos
ultradensos basados en rascacielos como la dispersión suburbana de baja densidad hayan
dejado de ser viables. El urbanismo ultradenso crea más problemas de los que resuelve,
con una dependencia energética que utiliza los recursos de una vasta región circundante y
depende ciegamente de un suministro ininterrumpido de petróleo barato. Nuestra única
alternativa es la ciudad compacta de menor escala, idealmente rodeada de terrenos
agrícolas cercanos que ofrezcan alimentos para el suministro local. Deberíamos crear
asentamientos viables de una densidad óptima para la escala humana, del mismo modo
que el tejido corporal tiene una estructura compacta y una densidad óptima. Esto puede
conseguirse con una planificación bien estudiada y los códigos adecuados.
Hubo un tiempo en el que urbanismo significaba ciudades densas para los
humanos, pero las fuerzas anti-urbanas han conducido (literalmente) a las personas al
extremo opuesto: dispersión suburbana de baja densidad. Sin embargo, la solución
adecuada no es una dispersión amorfa, sino una ciudad compacta de baja altura y
densidad intermedia geométricamente integrada. El gran éxito comercial del crecimiento
suburbano de la posguerra (un fenómeno de baja densidad) tuvo lugar porque
aprovechaba fuerzas socioeconómicas genuinas y potentes. Además, generaba y
alimentaba algunas de esas fuerzas mediante una astuta manipulación de los medios y la
publicidad. Esas mismas fuerzas pueden canalizarse para crear un entorno mejor para las
personas –la ciudad compacta geométricamente integrada– y así disfrutar de un entorno
urbano adaptable en la mayor medida posible. Pueden encontrarse sugerencias para
conseguirlo en un plano teórico en (Salingaros, 2005a).
No hay nada malo en la alta o la baja densidad en sí mismas, siempre que estén
bien integradas con otras densidades y se encuentren en el lugar correcto (sin abusar de lo
mismo). Durante las últimas décadas ha predominado la noción de uniformidad
geométrica, algo que se remonta a la Carta de Atenas de 1933, ahora desacreditada
(Salingaros, 2005b). Dicho documento introducía conceptos que resultaron ser
catastróficos para las ciudades, como la separación de funciones en zonas de un solo uso,
la falsa “economía de escala”, o imágenes seductoras pero tóxicas de rascacielos
ultradensos, amplias plazas abiertas y urbanizaciones de viviendas uniformes. Así los
urbanistas se enfrentaban a la idea de desintegrar la ciudad en componentes inconexos o,
en el mejor de los casos, que interactuaban sólo con grandes molestias y un coste
elevadísimo, todo lo contrario de una ciudad geométricamente integrada.

2. ANDRÉS DUANY Y LA TRANSECCIÓN


Incluso el mejor urbanismo teórico raya en la inutilidad si no va acompañado de
cambios en nuestros códigos de zonificación. Los códigos existentes determinan, más que
nada, el patrón urbanístico. El urbanista y arquitecto Andrés Duany y su compañera
Elizabeth Plater-Zyberk encabezan los esfuerzos por reformar estos códigos. Ellos
codificaron y diseñaron la exitosa comunidad de Seaside, Florida, a mediados de la
década de 1980 según los principios del Nuevo Urbanismo. El impulso de Seaside situó
de nuevo la planificación urbana tradicional en la corriente principal de las opciones de
planificación (Duany y Plater-Zyberk, 2005; Duany et. al., 2000). Duany y sus colegas
han construido numerosos proyectos de Nuevo Urbanismo por todo el mundo, y en cada
caso han trabajado en estrecha colaboración con el Gobierno local para adoptar códigos
basados en la forma urbana en vez de optar por la separación de usos. Sin un código
basado en la forma, no se puede planificar una comunidad a escala humana de modo
previsible. Duany no trabaja para una comunidad que quiere reconstruirse, sino para la
que se aferra tenazmente a sus códigos anti-urbanos de posguerra. La experiencia le ha
mostrado que conduce a conflictos irresolubles que consumen mucho tiempo.

Usando un enfoque muy pragmático de la forma urbana, Duany clasifica


diferentes zonas de acuerdo con una Transección (o sección transversal de un continuo)
del entorno construido, según la intensidad y la densidad de los componentes urbanos.
Luego propone que las comunidades se aseguren el carácter urbano que desean
adoptando códigos escritos que lo determinen. En la planificación de Transección hay
seis zonas, pero son tres, las zonas T3 (sub-urbana), T4 (general urbana) y T5 (centro
urbano) (Duany y Plater-Zyberk, 2005), las que contienen las áreas que identificaríamos
con un pueblo o un barrio urbano compacto de usos mixtos concebido pensando en el
peatón. Por desgracia, la división en zonas de un solo uso de los últimos sesenta años
hace que estos patrones compactos sean ilegales. (Conviene tener presente que, tal como
se explica más adelante, aquí “sub-urbano” no es lo mismo que “suburbano”.)
Mi propuesta es que una ciudad T3/T4/T5 compacta empiece a sustituir la dispersión
suburbana en todas las regiones del mundo. La ciudad compacta es sostenible, mientras
que ni la dispersión ni la megaciudad de gran altura lo son. Los códigos de Transección
están listos para su uso inmediato, por lo que los organismos gubernamentales deberían
adoptarlos. La “ciudad de baja densidad” que ahora vemos engullir terrenos agrícolas no
es una ciudad: consume y agota una vasta región que mantiene a cierta distancia, por lo
que la ciudad funcional es mucho mayor, tiene una red de densidad superior a lo que
puede parecer a primera vista y, en última instancia, es insostenible.

3. LAS TRES ZONAS DE TRANSECCIÓN DE LA CIUDAD COMPACTA


La zona de Transección T3 admite casas individuales en parcelas grandes, con una red
de carreteras más relajada que en las zonas más altas. Un código basado en la
Transección limita la densidad para mantener un carácter relativamente rural. Aún así,
habrá conectividad con las zonas más densas mediante calles que se pueden recorrer a
pie, de modo que los residentes no queden aislados ni se vean obligados a usar el coche
para todas sus necesidades cotidianas. Así, la zona T3 no está alejada de la ciudad
compacta, sino que forma parte de ella. (En cambio, las casas de campo serían parte de la
zona rural T2, que, por definición, está fuera de la ciudad.) La zona T3 puede tener la
misma densidad que las monótonas casas suburbanas de la ciudad dispersa –lo que
técnicamente se conoce como “desarrollo suburbano convencional”–, pero otros
elementos de diseño clave en los nuevos códigos garantizan una diversidad mucho mayor
en las viviendas, distancias que pueden recorrerse a pie y conectividad.
La zona de Transección T4 es la zona general urbana más densa, con casas que están
más cerca unas de otras, así como de la acera. Se permite un uso más mixto, con tiendas y
restaurantes a los que se puede ir a pie desde la mayoría de las casas. Por lo tanto, en
cuanto la densidad lo permite, los códigos basados en la Transección fomentan
activamente la combinación de funciones.
Por último, la zona de Transección T5 es el centro urbano, donde se combinan
perfectamente los usos comerciales con las viviendas. Esta zona es análoga al centro de
barrio o a la calle Mayor de una ciudad pequeña de los Estados Unidos de principios del
siglo XX, o al pueblo tradicional europeo. La zonificación basada en la Transección
respalda la ciudad compacta desde los dos puntos de vista críticos identificados
anteriormente, pues también evita la construcción de edificios altos y amplias zonas de
aparcamiento, cuya extensión y densidad destruyen la escala humana deseada para la
zona T5. (El límite de altura del Código Inteligente basado en la Transección que
proponen Duany y Plater-Zyberk es de tres plantas en la zona T3, cuatro en la T4, y seis
en la T5.) Otros detalles importantes, como curvas cerradas y calles estrechas,
contribuyen a serenar el tráfico.
La geometría urbana en estas zonas de Transección es completamente distinta de la de
la dispersión (“desarrollo suburbano convencional”): las calles y los edificios se
corresponden más a la pequeña ciudad compacta de principios del siglo pasado. Por otro
lado, la dispersión suburbana no es ni una CIUDAD de baja densidad ni una auténtica
residencia rural: pretende ser las dos cosas y no es ninguna. Los códigos de Transección
correctos garantizan que la compleja morfología urbana necesaria para soportar la ciudad
para las personas no se desintegre en una dispersión desconectada.
Un punto crucial de la Transección es que las tres zonas T3, T4 y T5 son contiguas y
están conectadas. Sus propios códigos les impiden cambiar bruscamente, pero cada una
de ellas necesita las dos otras zonas a su lado. Un barrio periférico sin un núcleo urbano
requiere el uso constante del coche, mientras que un centro urbano sin una saludable
combinación de usos queda muerto al finalizar jornada laboral (Salingaros, 2005b). Estos
códigos impiden que se repita una misma zona en un área extensa, con lo que se evita el
monocultivo de la dispersión.

Estudios teóricos (Salingaros, 2005a) basados en trabajos anteriores de


Christopher Alexander (Alexander et. al., 1977) respaldan las indicaciones prácticas de
Duany y Plater-Zyberk con argumentos fundamentales sobre la forma y la estructura
urbana. Las soluciones del Nuevo Urbanismo también se basan en los conceptos
neotradicionales de Léon Krier (Krier, 1998). Por supuesto, los mismos enfoques
funcionan también para el núcleo urbano (T6), así como para las zonas naturales y rurales
(T1 y T2), y los códigos basados en la Transección adecuados se aplican también a esas
densidades. Pero aquí me centraré en la ciudad compacta, una ciudad a escala humana
que debe sustituir tanto la dispersión urbanística como a la megaciudad de gran altura.
Así, la ciudad compacta sólo incluye las zonas de densidad media, T3, T4 y T5.

4. EL COCHE CONDUCE A LA DISPERSIÓN


La dispersión existe sólo porque es una consecuencia natural de la generalización
del automóvil. A su vez, esta dependencia del coche genera geometrías urbanas que
acomodan primero a los coches y, en segundo lugar, a los peatones. Estas prioridades no
son correctas para una vida saludable, especialmente para los que no pueden conducir: los
jóvenes, los mayores y los pobres. La ciudad compacta sostenible debe estar diseñada
pensando primero en el peatón.
La industria del automóvil y las agencias gubernamentales que promueven la industria
del automóvil han animado a la gente a entregarse una fantasía imposible y destructiva de
tipos urbanos inadecuados. En términos prácticos, la dispersión es consecuencia de una
mala interpretación de la morfología urbana. La necesidad de coche automáticamente
genera una morfología urbana adecuada al coche. La dispersión depende por completo
del automóvil, de ahí la geometría dendrítica (en forma de árbol) de las calles. Una
geometría dendrítica es adecuada para el automóvil, pero no lo es para las personas. La
dispersión tiene lugar cuando se construyen edificios sin tener en cuenta qué geometrías
de conexión animan a caminar. La dispersión suburbana crece de forma descontrolada,
impulsada por códigos de zonificación anti-urbana que dan como resultado una geometría
opuesta a lo que necesitan las personas.
Un tejido urbano complejo significa condensación, conectividad y usos mixtos, lo
contrario a la homogeneidad (Salingaros, 2005a). En cambio, la mayoría de la
planificación de la posguerra ha extendido de forma deliberada una estructura amorfa y
homogénea sobre el planeta, sustituyendo el saludable tejido urbano de las ciudades
compactas existentes. El monocultivo desplaza y extiende sus conexiones vitales a nodos
complementarios, con lo que la ciudad funcional (una entidad mucho mayor que engloba
toda la distancia de los movimientos pendulares) derrocha una cantidad inmensa tanto de
tiempo como de energía.
Hoy en día en casi todas partes se han aplicado los códigos equivocados, por lo que son
las carreteras las que determinan la geometría de los asentamientos urbanos. Examinemos
qué ocurre cuando el gobierno construye una carretera para conectar dos ciudades. Una
carretera en el campo atrae nuevos edificios a sus márgenes, de modo que esos edificios
estarán conectados con esa carretera concreta, pero con nada más. Sin embargo, las
personas no necesitan estar conectadas con una carretera, sino con el trabajo, el colegio,
la iglesia, los servicios médicos, etc. Se supone que tienen que formarse aglomeraciones
entre actividades humanas relacionadas, y no simplemente entre las viviendas y una
carretera. Es una conexión incorrecta que destruye el significado de una ciudad.
Para algunos de nosotros, la solución es evidente. Los códigos de zonificación deben
evitar el crecimiento dendrítico de edificios en los márgenes de las carreteras y fomentar
una geometría urbana que concentre las conexiones humanas hacia dentro para centrarse
en los nodos urbanos locales. La zonificación basada en la Transección tiene los códigos
de zonificación correctos para ello, pues sustituye los códigos de zonificación anti-urbana
que permiten un crecimiento incontrolado del paisaje dependiente del automóvil.

5. LEYES, REGULACIONES Y EL IDEAL DEMOCRÁTICO


Mi propuesta consiste en utilizar una zonificación basada en la Transección para
regular el desarrollo de áreas urbanas de diferente densidad. Tal vez al lector le parezca
que se trata de una serie de estrictas regulaciones. Pero el concepto de regulación va en
contra de nuestra idea utópica de libertad cívica y podría provocar fuertes protestas, o
incluso una revolución. Sin embargo, en el caso de la zonificación de Transección,
simplemente defiendo la SUSTITUCIÓN de los códigos de zonificación demasiado
rígidos ya existentes, que rigen la geometría de los edificios y las calles.
Lamentablemente la mayoría de la gente no es consciente de la rigidez con que los
códigos existentes en los libros de los urbanistas controlan el entorno construido. Nos han
vendido una imagen de “libertad suburbana”, pero la zonificación basada en la
Transección ofrece MÁS oportunidades de desarrollo que la actual división en zonas de
un solo uso.
Otra idea equivocada sobre la zonificación de Transección y el Nuevo Urbanismo es
que impone serias restricciones a los coches, cuando simplemente cambia la geometría de
cómo circulan y dónde aparcan. En la ciudad compacta la circulación de los coches es
pacífica y ya no predominan las zonas de aparcamiento, que dejan de ser evidentes
delante de los edificios. Pero los coches no quedan prohibidos, y el espacio de
aparcamiento es adecuado.
De todos modos, por diferentes razones, entre ellas los costes energéticos y el
crecimiento demográfico, el uso del vehículo privado deberá reducirse con el tiempo. Por
desgracia, la potentísima industria del automóvil ha conseguido imponer la idea de
“libertad” personal con la compra de un coche, y hasta ahora ha resultado prácticamente
imposible convencer a la gente de que utilice menos el coche. No ven que dar una
“libertad” ilimitada al coche tiene como consecuencia la destrucción de la ciudad y de su
entorno humano. Hoy en día el coche propio representa algo casi inviolable, un derecho
de propiedad y un objeto fetiche al mismo tiempo. Será muy difícil educar a la población
en este sentido.

6. EL PAISAJE DEPENDIENTE DEL AUTOMÓVIL SE AUTOGENERA


El paisaje dependiente del automóvil está formado por la calzada, los aparcamientos y
todas las áreas dedicadas al cuidado y mantenimiento del vehículo, como gasolineras,
talleres, tiendas de silenciadores, de neumáticos, de tapacubos, de recambios,
concesionarios de coches, túneles de lavado, desguaces, etc. Los centros comerciales y
zonas de restaurantes adoptan la forma de construcciones rodeadas por un mar de
aparcamientos. En este sentido, la dispersión es un sistema que se autogenera con
mecanismos para expandirse y crecer. En el paisaje dependiente del automóvil –que
ocupa más de la mitad de la superficie urbana en muchas regiones– los vehículos ya no
son un simple medio de transporte humano, sino que son fines en sí.

Dado que el paisaje dependiente del automóvil genera buena parte de la economía
mundial, su simple eliminación no es factible. La industria y la base económica de
muchos países dependen de la fabricación de coches y piezas para el automóvil, o del
petróleo y sus derivados. Se libran guerras globales por el suministro de petróleo. Sin
embargo, el paisaje dependiente del automóvil está cambiando el planeta y la civilización
humana, por lo que es preciso contenerlo. Lo que es bueno para General Motors ya no lo
es para los Estados Unidos (dando la vuelta a un antiguo eslogan popular en los Estados
Unidos). Las actividades relacionadas con el automóvil en una ciudad siguen siendo
esenciales para nuestras economías, pero deben mantenerse en una escala geográfica
adecuada. La gran falacia urbanística de nuestros tiempos es intentar combinar (en lugar
de interconectar con cuidado) el paisaje dependiente del automóvil con la ciudad para las
personas: lo que sucede es que el primero absorbe a la segunda.

Lo más importante es reducir la velocidad de los vehículos. Las autopistas del


paisaje dependiente del automóvil están diseñadas para maximizar un tráfico fluido y
rápido, sin tener en cuenta a las personas que están fuera del coche. Esos mismos
principios de maximización de la velocidad a costa del bienestar físico y psicológico de
los peatones se han aplicado automáticamente en todas las calles de dentro del tejido
urbano, que así se ha vuelto anti-urbano en el proceso. En mi libro Principles of Urban
Structure (Salingaros, 2005a) se ofrecen reglas que restablecen la ciudad para las
personas, dando prioridad a los peatones por encima de los coches. Estas reglas se basan
en el trabajo anterior de Christopher Alexander, publicado como A Pattern Language
hace más de 25 años (Alexander et. al., 1977).

A pesar de las numerosas presentaciones, perfectamente documentadas, sobre los


problemas del agotamiento del petróleo y otras fuentes de energía, la gente sigue sin
preocuparse por su estilo de vida dependiente del coche. Confían en que las empresas
petroleras transnacionales seguirán suministrándoles gasolina a un precio asequible hasta
el final de los tiempos. Ciertamente la gasolina seguirá estando disponible, pero al precio
del mercado, y no sabemos cuál será en el futuro. No me sumo a los fatalistas que
predicen el agotamiento total del petróleo, pero sí es cierto que las morfologías urbanas y
suburbanas insostenibles resultarán demasiado caras como para sobrevivir. La ciudad
compacta a pequeña escala es sostenible, mientras que los rascacielos ultradensos y la
dispersión suburbana no lo son.

7. FUERZAS COMERCIALES IMPULSAN TAMBIÉN LA DISPERSIÓN

El sueño de tener una casa de campo aislada rodeada de bosques arrastra a la


gente hacia los barrios periféricos, cuyo suelo barato también atrae a los promotores. Al
mismo tiempo, unos alquileres y unos impuestos más bajos atraen también a los
negocios, tras el desarrollo residencial. Sin embargo, dado que la forma de los barrios
periféricos ya está establecida por una división en zonas de un solo uso, los negocios
deben ubicarse aparte de las zonas residenciales, en lugares con un tráfico suficiente que
les permita subsistir. Los promotores y constructores han forjado fortunas vendiendo esta
geometría defectuosa, por lo que simplemente siguen construyendo tal y como lo han
estado haciendo durante décadas. Y el gobierno perpetúa la dispersión construyendo
carreteras e infraestructuras en un patrón anti-urbano.
En un urbanismo de dispersión, los negocios dependen de atraer al cliente que
pasa en coche, por lo que debe anunciar a todos los conductores que dispone de un
amplio aparcamiento gratuito. Así tenemos el centro comercial rodeado de un enorme
aparcamiento, el bloque de oficinas en medio del campo rodeado por sus plazas de
aparcamiento, el campus universitario en medio de la nada rodeado por su aparcamiento,
etc. En la mayoría de los casos, las vías rápidas y los aparcamientos son lo que determina
la morfología urbana. De nuevo las prioridades están completamente al revés. La vía
pública y las zonas de aparcamiento deben adecuarse a una estructura urbana compacta, y
no a la inversa.
Normalmente la geometría de los nodos comerciales está orientada hacia fuera,
hacia arterias de alta velocidad para atraer a los conductores. La zonificación actual se
asegura de que no pueda orientarse hacia los barrios residenciales. Esto debe cambiar con
la nueva zonificación basada en la Transección. Cuando una comunidad adopta este
código de zonificación, se le asignan zonas de Transección, según lo descrito
anteriormente, que se estructurarán de forma que las tiendas, las escuelas, las iglesias y
los parques estén a una distancia de las casas que pueda recorrerse a pie. La densidad
aumenta a medida que se incrementa la altura de las zonas de Transección, pero nunca
hasta el nivel de la megaciudad de gran altura, que depende precariamente de una amplia
red de suministro de energía. En un código basado en la Transección se permite un uso
mixto en todas las zonas y el diseño de las calles favorece al peatón. La primera prioridad
es eliminar las zonas de aparcamiento de delante de las tiendas, estrechar las calles y
ensanchar las aceras (Sucher, 2003). Los aparcamientos en superficie están bien, al igual
que los que están detrás, debajo o encima de las tiendas (Sucher, 2003). Los garajes
deberían tener en los laterales pequeñas tiendas con escaparates, para que los peatones no
tengan que pasear junto a tapias lisas o hileras de coches. Es más probable que la gente
ande si puede contemplar cosas agradables por el camino.

Las ciudades compactas sostenibles que existían por todo el mundo están siendo
destruidas por la introducción de componentes anti-urbanos. No sólo proliferan los
rascacielos como símbolos de modernidad, sino también tipologías más modestas que
benefician a una persona mientras degradan lentamente toda la ciudad. Por ejemplo, en
Latinoamérica y en Europa se está copiando de los Estados Unidos una nueva tipología
de tienda “24 horas”, que hace desaparecer la acera para cederla como aparcamiento. Si
esto sigue así (junto con la adopción de otras tipologías similares del paisaje dependiente
del automóvil), se producirá un desequilibrio en las sociedades que han dependido de una
morfología urbana de escala humana durante tanto tiempo.

Los códigos de zonificación basada en la Transección limitan el número de


plantas en una ciudad compacta a tres en la zona T3, cuatro en la T4 y seis en la T5. Esto
crea un techo que protege el tejido urbano de las consecuencias negativas de las
construcciones de gran altura. Entre los posibles problemas se encuentran los edificios de
oficinas (que provocan congestión de tráfico en toda la región durante las horas punta),
los bloques de pisos (que generan fuerzas sociales marcadamente negativas, como se
comenta en [Alexander et. al., 1977; Salingaros 2005a]) y los gigantescos aparcamientos
que acompañan a estas edificaciones (y que borran el entorno humano precisamente
donde debería intensificarse). Los edificios de gran altura no encajan en una ciudad
compacta. Sí que es cierto que existen centros urbanos genuinos de alta densidad y gran
altura, tal como se refleja en la zona de Transección T6, el núcleo urbano. Algunos
ejemplos podrían ser los centros de Chicago, Manhattan, Hong Kong o Sydney. Pero no
veo futuro para nuevos núcleos T6, por lo que he limitado la ciudad compacta a una
densidad máxima de T5 y una altura máxima de seis plantas.
Es una pena ver cómo ciudades de los países en vías de desarrollo se
autodestruyen en un intento por imitar a las ciudades occidentales disfuncionales (para
ellos, símbolos de poder y progreso). Las ciudades del sudeste asiático y de China, como
Bangkok y Shanghai, funcionaban bastante bien hasta hace poco, cuando de un plumazo
echaron a perder su tradicional geometría conectiva. Sus errores incluyen la construcción
de rascacielos, calles más anchas y un laberinto de autopistas para servir a los nuevos
nodos ultradensos. Estas ciudades están condenadas para siempre a verse ahogadas por el
tráfico.

8. UNA VELOCIDAD MENOR FOMENTA LA VIDA URBANA


La ciudad compacta es una ciudad de BAJA VELOCIDAD. Las calles estrechas y una
geometría especial deben garantizar la baja velocidad. Durante varias décadas la
planificación urbanística se ha centrado en incrementar el flujo del tráfico. Esto ha
disminuido la habitabilidad de las ciudades y las regiones urbanas. Para reconstruir un
entorno habitable para las personas es preciso revocar casi todas las medidas de
planificación que fomentan el tráfico implementadas desde que terminó la Segunda
Guerra Mundial, es decir, reescribir los códigos relativos al tráfico. Las calles de una
ciudad compacta no deben construirse para acomodar un tráfico rápido de vehículos. Los
coches deben circular lentamente dentro de esta área. La superficie física y la anchura de
la calzada deberán obligarlos a ello. En la planificación basada en la Transección, el
diseño de las vías públicas debe responder al contexto de la zona de Transección, y no a
la inversa.

La clave radica en permitir un acceso interno total a los vehículos grandes, como
coches de bomberos, camiones de reparto o ambulancias, pero en las inmediaciones de
una agrupación de casas en torno a un espacio urbano todas las carreteras deberían ser
woonerven, el modelo holandés de calles de velocidad muy baja compartidas con los
peatones (Gehl, 1996). Aquí se pueden usar calles estrechas con superficies a veces
semiacabadas. Siempre hemos confundido ACCESO con VELOCIDAD. Hoy, los
departamentos de bomberos se niegan a colaborar con los urbanistas: reclaman la
necesidad de vías públicas pavimentadas extra-anchas en todas partes, pues quieren poder
hacer un cambio de sentido con sus enormes coches en cualquier punto de cualquier
calle.
La ciudad compacta combina espacios ciudadanos compartidos con estructuras
concentradas. Así se define un sistema complejo altamente organizado, en el que todo
componente soporta y está conectado con el conjunto. Una ciudad para las personas tiene
que incluir edificios de carácter local y funciones específicas que contribuyan al contexto
de inmersión de su zona de Transección, todo lo contrario de los edificios “genéricos”
modernos, que son estrictamente utilitarios y sólo están conectados con el aparcamiento.
Con una fijación por la velocidad, los gobiernos y los promotores gastan mucho dinero en
la pavimentación de anchas calles y extensos aparcamientos, mientras descuidan el
diseño del espacio urbano. En la construcción de franjas de aparcamiento de baja
velocidad (un elemento que se describe en el siguiente apartado), el coste debe ser la
última prioridad; esto permite usar grava o ladrillos y césped, unas superficies que hacen
frenar a los coches.
El espacio urbano lo soporta la geometría de los edificios circundantes
(Salingaros, 2005a). Los edificios deben vincularse a esos espacios, no a la carretera. Una
ciudad compacta se define por la cohesión interna lograda gracias a una organización
centrípeta (orientada hacia el centro), en oposición a una disposición centrífuga (que se
aleja del centro). Los edificios están conectados mediante una red de caminos formando
agrupaciones que el peatón debe percibir como algo accesible (un entorno de baja
velocidad). En cambio, en la dispersión suburbana, los edificios miran hacia fuera y están
conectados a nodos remotos, pero no entre sí (un entorno de alta velocidad). En una
región monofuncional rara vez hay alguna conexión local.
Las aceras y todas las calles peatonales deben estar protegidas de cambios de
nivel innecesarios y de cualquier otra discontinuidad (Gehl, 1996). Por otro lado, los
coches no se cansan, así que su recorrido puede rodear perfectamente los nodos
peatonales. Este es otro factor que hace reducir su velocidad (una maldición para los
ingenieros de tráfico de hoy en día). Las calles peatonales deben disponerse de forma que
conecten nodos urbanos y que refuercen un complejo de espacios urbanos
interconectados (Salingaros, 2005a). Asimismo, se puede diseñar una franja de
aparcamiento en torno a los edificios y los espacios urbanos peatonales (nunca al revés).

9. INTERACCIONES ENTRE LOS COCHES Y LOS PEATONES Y LA


FRANJA DE APARCAMIENTO
La ciudad compacta es una ciudad para las personas, pero los coches y los camiones
también tienen cabida. Sin embargo, los aparcamientos en superficie interrumpen la
estructura urbana y la sensación de “espacio” al aire libre; son peligrosos y agotadores
para los peatones, y visualmente destruyen todo paseo agradable. Además, sus superficies
impermeables crean escorrentía, lo cual facilita que se produzcan inundaciones.
En vez de ocupar una vasta extensión abierta, los aparcamientos deben
organizarse en franjas viarias intencionalmente limitadas: propongo una geometría de
aparcamiento radicalmente distinta generada por los nuevos códigos de codificación. De
este modo, un aparcamiento no es un espacio abierto, sino otro tipo de carretera. Estas
franjas de aparcamiento, largas y estrechas, estarán interconectadas, adoptando una forma
en red, como si de calles urbanas se tratara. Para estas franjas de aparcamiento se
estipulará una anchura máxima equivalente a la longitud de dos coches, con
aparcamientos de cara en batería o semibatería a un solo lado. Las franjas de
aparcamiento no tienen que ser necesariamente rectas, sino que pueden crearse para
aprovechar espacios estrechos que, de otro modo, no tendrían ningún uso.
Además, los peatones deberían tener prioridad al cruzar un aparcamiento grande.
Esto supondría construir un paso elevado, en algunos casos cubierto por una marquesina,
y codificado con un color distinto que resalte visualmente su separación. Los gigantescos
aparcamientos uniformes son hostiles a las personas y anti-urbanos en esencia, pero
pueden reformarse y convertirse en franjas de aparcamiento construyendo otras
estructuras en su interior. Insertar secciones de superficie permeable en los aparcamientos
más grandes también resolvería el grave problema de las inundaciones por la escorrentía
de las tormentas. Estas soluciones de relleno pueden recogerse en un nuevo código.
Los aparcamientos en superficie junto al bordillo (ya sean en línea o en
semibatería) deben fomentarse delante de edificios públicos, pero convendría prohibirlos
delante de edificios privados entre la fachada y la acera (Sucher, 2003). Los
aparcamientos en superficie hacen que los peatones se sientan más seguros en la acera,
pues constituyen una barrera entre las personas y el tráfico rodado. Las aceras no se
utilizan si existe un miedo psicológico a los coches y camiones, demasiado próximos;
sólo puede tolerarse el tráfico rodado paralelo al flujo peatonal si circula a cierta distancia
de las personas. Ajustar la velocidad máxima de una calle a límites tolerables (pero no
con señales de límite de velocidad, sino por la estrechez y la superficie de la calzada)
también consigue esta simbiosis. Un tipo de vía pública ideal para acomodar tanto un
tráfico urbano algo más rápido como unas aceras seguras es el bulevar, tradicionalmente
diseñado con “ramales de acceso” de baja velocidad y aparcamientos a los lados.
Las franjas de aparcamiento ya existen en el urbanismo tradicional: como
aparcamientos junto al bordillo en calles de tránsito lento, o en los laterales de bulevares
de tráfico más rápido. De hecho, la mayoría de los garajes también son franjas de
aparcamiento enrolladas. Lo que yo sugiero es que TODOS los aparcamientos deberían
adecuarse a la geometría de franjas. Un aparcamiento no debería volver a confundirse
nunca con un espacio urbano, y no hay que permitir que los coches se apoderen de un
espacio urbano.

Otra solución consiste en tener un flujo ortogonal para los peatones y los
vehículos (trabajando simultáneamente con un flujo paralelo protegido). Su intersección
no debe ser peligrosa. Los dos flujos distintos se cruzan con frecuencia en puntos
protegidos para los peatones, y así no compiten más que en los puntos de intersección.
Introducir una hilera de bolardos salva muchas situaciones en las que los vehículos
suponen una amenaza física para los peatones. Una amalgama de calles peatonales
domina un espacio urbano apto, que debe estar fuertemente protegido del tráfico de
vehículos. Cualquier espacio pavimentado que los niños puedan utilizar para jugar debe
estar completamente protegido del tráfico. Todos estos aspectos se comentan con más
detalle en (Salingaros, 2005a; 2005b).

10. MÁS ALLÁ DE LA TRANSECCIÓN CON CHRISTOPHER


ALEXANDER
¿De dónde salen los códigos basados en la Transección? Son el resultado de una
reflexión acerca de cómo crear un entorno propicio para la vida humana, obtenidos
comparando la situación actual con entornos satisfactorios del pasado de todo el mundo.
En última instancia se basan en soluciones tradicionales, como las recogidas por
Christopher Alexander en A Pattern Language (Alexander et. al., 1977). El valor de la
Transección radica en la estructuración de una forma probada de urbanismo compacto
tradicional de modo que pueda utilizarse dentro de la burocracia urbanística existente.
Andrés Duany ya lo ha explicado a menudo: su intención es utilizar el sistema para
introducir cambios radicales sin esperar a cambiar el sistema en sí. Duany define el
Código Inteligente basado en la Transección como un “conector” con la red de suministro
energético existente que se utiliza para trabajar en términos de zonificación.

Existe otro enfoque del tema. El nuevo libro de Alexander, The Nature of Order
(Alexander, 2005), es el análisis más importante de arquitectura y urbanismo publicado
en las últimas décadas. Alexander defiende la completa sustitución de la actual filosofía
urbanística, pues la manera presente de hacer las cosas es fundamentalmente anti-
humana. Esto puede ser difícil de implementar de inmediato, pero el futuro de las
ciudades depende de la aplicación final de la visión de Alexander de cómo se genera la
forma urbana y cómo evoluciona adaptándose a las necesidades humanas. Mi propia obra
(Salingaros, 2005a; 2005b) está muy influida por las ideas de Alexander.

Alexander describe su proceso de diseño adaptativo, dando ejemplos para mostrar


a los urbanistas cómo adecuarlo a su proyecto en concreto (Alexander, 2005). No
intentaré resumir aquí los extensos resultados que obtuvo; sólo quiero destacar una
observación importante. Las regiones urbanas habitables tienen un porcentaje
aproximado del 17%-29%-27%-27% de la superficie dedicado a peatones-zonas verdes-
edificios-coches, respectivamente. Esto contrasta con la mayoría de las regiones urbanas
actuales, que suelen tener la siguiente distribución porcentual: 2%-28%-23%-47%.
Alexander describe con gran detalle la sucesión de pasos geométricos que pueden darse
para convertir un tipo de región urbana en otro. Su método consiste en hacerlo paso a
paso y es eminentemente práctico.
El resultado es lo que todos nosotros (Alexander, Duany, Krier, Plater-Zyberk y yo
mismo) queremos: un entorno urbano orientado a las personas. Al mismo tiempo,
Alexander presenta una teoría de la evolución urbana, que tanto podría orientarse hacia
una ciudad habitable como hacia un paisaje anti-urbano centrado en los coches. La
cuestión es reconocer los mecanismos y las fuerzas fundamentales que empujan hacia
uno u otro objetivo, y canalizarlos para conseguir lo que queremos. Pero lo más
importante es reconocer lo que realmente queremos, pues muchas personas (incluidos
algunos destacados urbanistas) prefieren sacrificar la vida urbana por un paisaje
dependiente del automóvil, aunque no lo admitan abiertamente.

La visión de Alexander de los procesos urbanos va mucho más allá que la


Transección. Duany y Plater-Zyberk comparten las enseñanzas de Alexander, pero
quieren conseguir mejoras inmediatas. El recurso más fácil es cambiar los códigos de
zonificación, como propone el Código Inteligente basado en la Transección. El entorno
urbano actual está tan fragmentado y degradado, y es tan anti-humano, que es necesario
reformar urgentemente este código. Cuando vuelva a desarrollarse un tejido urbano
saludable, entonces podremos ver las ventajas de un entorno construido a escala humana.
Se podrían volver a aplicar las ideas de Alexander para generar regiones urbanas vitales.
Cualquiera que rechace el Nuevo Urbanismo por considerarlo superficial, o como un
simple “estilo”, debería leer a Alexander para entender realmente la forma urbana.
No obstante, debo señalar una diferencia fundamental. Alexander está convencido de
que el desarrollo urbano genuino –el proceso de adaptación secuencial que genera
entornos habitables– no es posible con la actual práctica urbanística. Teme que el sistema
no esté simplemente mal alineado, sino que sea demasiado rígido para acomodar
procesos vitales. Los nuevos códigos basados en la Transección son importantes para
mejorar una situación pésima, pero, según Alexander, no son lo suficientemente flexibles,
precisamente porque funcionan dentro del sistema de planificación actual. Dado que
cambiar una extensa burocracia muy establecida es casi imposible, Alexander propone
dar un rodeo al sistema, un enfoque que plantea serias cuestiones tácticas.
Definir el carácter urbano como algo inherente en la Transección ha empezado a
restablecer una estructura urbana que puede engendrar un nuevo ciudadano urbano. Sin
embargo, la Transección no es más que un principio: además de estos códigos
preceptivos por secciones, los urbanistas deben extender su lógica a múltiples escalas y
trabajar con un conocimiento de los procesos urbanos adaptativos (Alexander, 2005;
Salingaros, 2005a).

11. ALGUNAS CONTRADICCIONES


Existen algunas contradicciones que siento la necesidad de comentar. En primer
lugar, las limitaciones de trabajar con un sistema de permisos y construcción con
numerosos defectos amenazan con neutralizar cualquier método de construcción de
ciudades basado en un código. Alexander (2005) destaca que las ciudades habitables sólo
pueden surgir de un PROCESO adaptativo, es decir, de construir y ajustar la forma
urbana paso a paso. No es fácil reconciliar esto con la cultura profesional dominante hoy
en día. Sin embargo, así es como han funcionado la construcción tradicional y los
asentamientos autoconstruidos durante milenios.
Lo que Alexander teme es que un sistema que construya ciudades sin un proceso
verdaderamente adaptativo nunca conseguirá el intenso grado de vitalidad que se veía y
se sentía en las ciudades del pasado. Ese no es el objetivo del actual sistema codificado,
que utiliza la burocracia existente para limitar la evolución de la forma urbana en ese
sentido. La evolución gradual de las ciudades, similar a la evolución de los organismos
individuales y de los ecosistemas, ahora es ilegal. Lo que sí está permitido es una
intervención a gran escala, independientemente de si resulta catastrófica (los
planificadores se aferran al mito de una “economía de escala”) (Salingaros, 2005a).
La segunda contradicción es que la mayoría de las personas aceptan la dispersión anti-
urbana y las edificaciones de gran altura sin quejarse. Es casi imposible discutir
cuestiones de forma urbana con una sociedad contemporánea insensibilizada a causa de
su adicción a la tecnología. Crecer en un barrio periférico con la falsa idea de una libertad
ilimitada ha distanciado a las personas de los entornos verdaderamente humanos. Alguien
que disfruta comiendo comida basura sin bajarse del coche, que adora el ruido
estruendoso de los multicines y los conciertos de rock, que tiene un sistema “Home
Entertainment” (un monstruoso equipo de música/televisión con potentes altavoces) y
altavoces igualmente potentes en el coche no va a apreciar los placeres de un entorno
tradicional, que más bien sólo le recuerda un pasado pretecnológico.
En la atmósfera actual, los códigos basados en la Transección me parecen el mejor
método para devolver un entorno humano a nuestras ciudades. He comentado estos temas
con promotores comerciales, quienes insisten en el hecho de que ellos no establecen
tipologías urbanas, sino que sólo ofrecen lo que el mercado pide, trabajando dentro de los
códigos existentes. Es evidente, pues, que nuestra sociedad tiene que aprender a apreciar
el buen urbanismo antes de que las ideas de Alexander y las mías propias puedan
empezar a aplicarse a las ciudades. La Transección ayudará sin duda a que la sociedad
avance en esa dirección.

Alexander preferiría unos códigos opcionales y voluntarios, aceptados por la


gente común por lógica y sensibilidad, no impuestos por ley. En cambio, Duany,
desconfía del miedo inducido por los medios y del marketing manipulador, unas fuerzas
que empujan a la gente a rechazar la conectividad y a querer vivir en monocultivos.
Como tercera contradicción, las ciudades a escala humana deben estar inducidas por el
mercado e implementarse por ley, pero parece que la gente no está preparada para hacer
lo que hace falta. Cualquier esperanza en un cambio positivo debe basarse en una
sociedad culta que pida un buen urbanismo, y no el “equivalente a la comida basura”.
Debe haber suficiente apoyo popular para presionar a los representantes electos para que
realicen los cambios necesarios en los códigos urbanos. Quienes más necesitan estos
cambios –los jóvenes, los mayores y los pobres– o no tienen conocimientos sobre la
forma urbana o no tienen capacidad de influencia. Grupos de rentas altas han acogido las
ideas del Nuevo Urbanismo simplemente por su nivel superior de educación, no porque
exista ninguna relación especial entre la ciudad compacta y alguna clase socioeconómica
en concreto.
Además, las clases sociales menos favorecidas son las que menos pueden
permitirse los costes de la dispersión, pero sólo los más cultos ven la realidad de un
entorno humano a escala humana.
La cuarta contradicción es la institucionalización de la dispersión. Además de los
códigos de planificación, las aseguradoras y las instituciones financieras han adoptado la
dispersión como un estándar inalterable. Se muestran reticentes a financiar o asegurar la
ciudad compacta, mientras ayudan de forma automática a construir dispersión,
simplemente porque sus oficinas y sus agentes llevan décadas haciéndolo. Ese
pensamiento está fijado de forma permanente, hasta el punto de que incluso cuando un
desastre natural arrasa grandes extensiones de construcción dispersa, la burocracia no
permite que se reconstruya como una ciudad compacta. Así se desaprovecha una
oportunidad de deshacerse por fin de patrones anti-urbanos y reconfigurar nuestras
ciudades. Todos los debates sobre el tiempo que se invierte en desplazamientos entre el
hogar y el trabajo o sobre el porcentaje de salario gastado en combustible no sirven para
nada si no influyen en la reconstrucción cuando se presenta la oportunidad. Esto puede
interpretarse como que la burocracia opta por la solución “segura” o como voluntariedad
criminal.

12. CONCLUSIÓN
En este artículo se expone una idea radical compartida por muchos urbanistas hoy
en día: la ciudad ultradensa es algo obsoleto. No obstante, existen diferencias
fundamentales con otros autores. A diferencia de algunos de mis colegas que abandonan
todo principio urbano por frustración, yo condeno la dispersión suburbana y los edificios
de gran altura como dos cosas igualmente inviables. En la misma línea que Andrés
Duany y Elizabeth Plater-Zyberk, proponía una “nueva” forma urbana ordenada: la
ciudad compacta. Esta nueva tipología urbana se parece mucho a la antigua geometría de
los pueblos y las pequeñas ciudades, por lo que en realidad es un retorno al urbanismo
tradicional. Pero es radical en el sentido de que requiere reescribir por completo los
códigos de zonificación, algo esencial, pues el urbanismo teórico no tiene ninguna
eficacia si no cambiamos los actuales códigos anti-urbanos.
Asimismo, este artículo contiene una condena implícita a los planificadores y
proyectistas que se niegan a distinguir entre el urbanismo bueno y el malo, o a proponer
soluciones viables. Sería algo equivalente a doctores que se negasen a diagnosticar y
curar a sus pacientes, optando por dar igualdad de oportunidades a los microbios.
Respecto al estado de la ciudad, importantes proyectistas hablan de la desconexión de
nuestras ciudades (y de nuestra civilización) como un fenómeno nuevo e interesante: una
evolución natural (en vez de extinción) de la ciudad. Además, aceptan sin rechistar la
destrucción masiva del urbanismo tradicional que tiene lugar en China y en otros países
en vías de desarrollo como “progreso inevitable”. Los urbanistas tienen la
responsabilidad de intervenir, no pueden mantenerse como observadores neutros. A partir
de ahora el mundo sólo puede depender de urbanistas pragmáticos dispuestos a abordar
cuestiones prácticas para crear ciudades compactas para las personas.

AGRADECIMIENTOS: Mi más sincero agradecimiento a Sandy Sorlien, sin


cuya participación activa este artículo no habría sido posible. Gracias también a Michael
Mehaffy por sus útiles consejos, a Andrés Duany por su apoyo y a Christopher Alexander
por compartir una carta inédita que escribió a Andrés Duany sobre las diferencias entre
sus respectivos enfoques de la forma urbana.
El Futuro de las Ciudades: Lo Absurdo del Modernismo.

Nikos Salíngaros entrevista a Léon Krier.

Ambiente, Revista 92 (Marzo de 2004).

Léon Krier es un de los grandes arquitectos de nuestra generación. Es considerado


como el padre del movimiento Nuevo Urbanismo en los Estados Unidos. Krier nació en
Luxemburgo, estudió en Alemania y vivió en Inglaterra durante muchos años. Hoy esta
establecido en el sur de la Francia, desde donde coordina proyectos en todo el mundo. Su
libro — Arquitectura: Opción o Destino — ha sido publicado en siete idiomas.

1. Los rascacielos.

Nikos Salingaros (NS): ¿Con los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de


2001, piensa que nuestra civilización necesita cambiar de dirección con respecto a su
pensamiento urbanístico? ¿La inquietud percibida al habitar edificios altos también indica
una crisis con la arquitectura modernista en general?

Léon Krier (LK): Los acontecimientos trágicos del 11 de septiembre de 2001 afectan
nuestra opinión general y el pensamiento sobre los edificios altos o bajos por razones
psicológicas y prácticas. Si se asume que el Pentágono y una de las torres del "World
Trade Center" tenían una superficie solada similar (alrededor de 5 millones de pies
cuadrados), podemos comparar el daño relativo hecho a uno o el otro por la misma carga
explosiva. Es evidente que es fundamentalmente de distinto orden [aproximadamente 200
contra 2000 muertes].
Supongamos que el establecimiento del Pentágono se hubiera contenido en un solo
edificio alto en lugar de uno bajo, y piense en el daño potencial que se podría hacer al
sistema entero de defensa de los Estados Unidos por un avión civil. Inversamente,
suponga que el "World Trade Center" hubiera sido construido en bloques de edificios
tradicionales de cuatro pisos y reflexione en la pregunta: ¿Cuántos aviones se hubieran
necesitado para causar la destrucción de su superficie? Conjeturo que el número sería
alrededor de 160 aviones de tamaño de Boeing 737, en vez de 2.
Lo absurdo, y a la vez trágico del "World Trade Center" es que un ejemplo muy pobre
de arquitectura se ha convertido en un mártir involuntario, una piedra sepulcral
fantasmagórica de escala monstruosa. Un monumento arquitectónico falso (porque
contenía actividades económicas privadas vestidas en un garbo monumental, y contenidas
en pilares conmemorativos, tótems ... y los similares) se ha convertido en un verdadero
monumento con su desaparición. Por su disolución corporal ha ganado el alma (inmortal)
que hasta ahora habia sido eludida.
Hay muchas buenas razones para construir las estructuras altas simbólicas, tales como
el monumento de Washington, el Capitolio, la torre Eiffel, la catedral del St. Paul; sin
embargo, no existe ninguna razón sana de construir edificios utilitarios excesivamente
altos (a la excepción de aumento financiero). Su daño colateral es tal que la sociedad no
puede permitirse estos absurdidos como asuntos generales. El problema hoy no es tanto
que existan, sino que algunos pensadores arquitectónicos deseen que creamos que son
inevitables y necesarios, incluso en el futuro. Estos edificios tienen un impacto muy
grande como símbolos de sexo y energía, pero en vista del verdadero daño que hacen a
sus ciudades huéspedes, sus usuarios, y sus vecinos, no pueden ahora ser considerados
solamente como frágiles y peligrosos, sino también obscenos más bien que poderosos.

2. Rascacielos como tipología experimental.

NS: Cómo y en qué puntos está de acuerdo con James Howard Kunstler y yo en que "la
era de rascacielos ha terminado" (1); ¿qué es "una tipología de edificar experimental que
ha fallado"? ¿Hay asuntos planteados en nuestro artículo titulado "El Fin de los
Rascacielos" con los cuales usted discrepa?

LK: Reformularía algo su afirmación como "La era del rascacielo utilitario está
terminada". No es la altura métrica sino el número excesivo de pisos que causa problemas
sistémicos. La ciencia aplicada y la tecnología emprenden experimentos tipológicos en
condiciones controladas. No vuelan a pasajeros civiles en aéreos experimentales; sin
embargo, eso es exactamente lo que hacen los arquitectos modernistas durante tres
generaciones; construyen literalmente los edificios que no están listos para el uso común.

3. Pasos equivocados e ideología.

NS: ¿Hace la humanidad, como usted lo demanda en sus escritos y presentaciones, un


paso falso fundamental en la construcción de sus ciudades?, y si es así, ¿qué se puede
hacer ahora sobre eso?

LK: La humanidad vive por prueba y error, cometiendo a veces errores de la escala
monumental. El modernismo arquitectónico y urbanistico pertenecen a una clase de
errores de los cuales hay poco o nada para aprender o ganar. Son ideologías que ciegan
literalmente a las pérdidas, los riesgos, y a los peligros inaceptables, incluso a la gente
más inteligente y más sensible. Sin embargo, el error fundamental del modernismo es
proponerse como fenómeno universal (es decir inevitable y necesario), sustituyendo y
excluyendo las soluciones legítimas tradicionales. Afortunadamente, con el uso del
Nuevo Urbanismo en los últimos 20 años, hay bastantes experiencias positivas por todo
el mundo para ver una vuelta masiva a soluciones lógicas.

4. Nuevo Urbanismo.

NS: Muchos de los miembros principales de movimento Nuevo Urbanismo miran


hacia usted para su inspiración. ¿Cuáles son sus sugerencias para el futuro de las ciudades
si se convenciera al mundo de que construya en un contexto Nuevo Urbanista?

LK: Existen ya modelos excelentes de Nuevo Urbanismo para vivir en ciudades del
tamaño pequeño y medio. Proyectos con densidad más alta se están terminando sólo
recientemente, pero no consiguen la atención de los medios que merecen, así que el
proceso de aprendizaje es más lento de lo que podría ser.
Sumas muy grandes se están invirtiendo ahora para renovar los inmobiliarios y las
ciudades universitarias modernistas de los años 50 y 60, pero muchos de estos proyectos
no son más que la prolongación artificial de experimentos fallidos del colectivismo social
y arquitectónico. El Nuevo Urbanismo no es utópico y no impone planes maestros
sociales. En cambio, permite que una variedad infinita de talento y ambición humana
construya ambientes armoniosos y agradables. Canaliza fuerzas competitivas para que
prosperen como buenos vecinos, mientras que persiguen su propio interés. El mayor
desafío del futuro, sin embargo, será la urbanización de los suburbios, la reconstrucción
de la urbanización dispersa.
Los modelos teóricos están listos, pero su uso es lento. Lo que ya es seguro es que
incluso los peores lugares de la tierra pueden convertirse en lugares de belleza y
prosperidad humana, pero se necesita trabajar con las ideas y gente firmes, y los medios
son a veces muy modestos.

NS: Sigue siendo un malentendido grave. Los planificadores — y más


importantemente aún, ciudadanos en general, incluyendo los representantes elegidos para
tomar decisiones — no se dan cuenta de que las soluciones que usted propone se aplican
a todas las ciudades, independientemente de estilo. La estructura urbana obedece reglas
científicas que son independientes de la región. Hay una dependencia secundaria a la
tradición, el clima, los recursos y los materiales locales, pero eso se ha ido borrando con
el acercamiento modernista uniforme. La práctica del planeamiento actual crea dos
imágenes artificiales distinctas de la forma urbana — centros tradicionales, clásicos e
históricos por un lado; y tejido urbano vital, dinámico, creciente por el otro.
Dentro de este modo de pensar, el cuerpo gobernante de una ciudad viene a usted
solamente cuando desea revitalizarse de una manera Neo-tradicionalista. ¿Al tallar un
nicho para sí mismos, han ayudado los Nuevos Urbanistas a aislar el Nuevo Urbanismo
del planeamiento corriente? ¿Cómo podría corregirse este malentendido, y cómo
convence usted a la profesión de que no haya tal diferencia?
LK: Usted tiene absolutamente la razón al precisar que la estructura urbana como
sistema de principios de organización es en gran parte independiente de estilo. Se hacen
muchos proyectos de Nuevo Urbanismo usando edificios de estilo tradicional, porque esa
es la manera que los preferimos que se hagan; por lo menos por ahora. La arquitectura
modernista generalmente es tan mala y arbitraria que es casi totalmente inadecuada para
las aplicaciones y los climas más comunes. Los proyectos más acertados y bien
publicados de typo Nuevo Urbanista son por supuesto los neo-tradicionales como
Seaside, Celebration, y Poundbury. Sin embargo, hay un montón de esquemas similares
hechos usando arquitectura modernista en Holanda, Dinamarca y Alemania, que siguen
los principios urbanos; pero son tierra de nadie arquitectónicas; y por lo tanto siguen
siendo desconocidas.
Me opongo personalmente al momento en que se mezclan la arquitectura tradicional y
modernista, porque por experiencia un edificio modernista es sufficiente para destruir el
espíritu de un esquema en gran parte tradicional. El edificio de Steven Holl en Seaside
puede ser el mejor ejemplo de esto.
Los modernistas parecen ser tan desorganizados en sus ideas que son incapaces de
realizar algo tan coherente y complejo como Windsor o Poundbury. La situación es tan
crítica que Andrés Duany y yo hemos discutido a ratos que diseñaríamos una ciudad
modernista simplemente para demostrarles cómo se hace. Un código del diseño de la
ciudad podía limitarse fácilmente a la gramática de Le Corbusier de los años 20 o de los
años 50, y producir un "townscape" significativo. Igualmente se podría hacer con los
idiomas de Frank Lloyd Wright — o aún los de Zaha Hahid o de Oscar Niemeyer.
Los Nuevos Urbanistas de todos modos no se limitan a la arquitectura tradicional, pero
mucha gente pierde sueña y se rasgan entre las viejas y nuevas lealtades. Pero diría que
esto no es una cuestión transcendental o moral, y en el extremo cada uno debe hacer en
este área lo que crea correcto; y si uno no está seguro, debe experimentar un poco (si el
cliente está preparado para tomar el riesgo), y después hacer una selección lúcida. Sin
embargo, frente a una situación política de complejidad, recomendaría siempre lo
vernáculo local como la arquitectura básica. La razón es que tal decisión es que mueve
las cuestiones del diseño lejos de lo arbitrario, y del terror político del moralismo
modernista. Esta opción reduce errores estilísticos y arquitectónicos al nivel de lo
soportable, y aleja de errores espectaculares tan comunes a los experimentos modernistas.
El detalle tradicional generalmente tiene que ver con la resolución de problemas
prácticos de la construcción de manera elegante, mientras que el estilo es realmente la
calidad con la cual uno domina asuntos tecnológicos. Lo qué tenemos que precisar a los
modernistas repetidas veces es que en las democracias, la arquitectura y el urbanismo son
cuestiónes de opción, y no son imperativos metafísicos o absolutos de su propia
fabricación. Los que no acepten la opción en estos asuntos son en última instancia anti-
democraticos, totalitarios, y posiblemente anti-modernos, no obstante qué tan futurista
sus edificios pueden parecer.

5. Escasez de la tierra.
NS: Los arquitectos entrenados en la tradición modernista de nuestras escuelas no
comparten la misma reverencia por sus ideas que los Nuevos Urbanistas. Discuten que
usted descuida las graves presiones demográficas que fuerzan a construir rascacielos en el
tercer mundo, y las presiones comerciales que hacen lo mismo en centros urbanos en el
mundo entero. ¿Puede usted responder a tales críticas?

LK: No hay en sentido estricto una correlación entre la presión demográfica y los
rascacielos (con la rara excepción del tipo de condiciones encontradas en Hong Kong).
En los Estados Unidos o en Europa el argumento de "la escasez de la tierra" es
promovido y mantenido por la gente con una variedad de agendas contrastantes; de las de
terratenientes, a las de ecologistas. Es un mito artificial fabricado que se disuelve cuando
vemos estos continentes desde el aire.
Entonces nos damos cuenta de que nuestras ciudades y paisajes no sufren de una
escasez de la tierra, o de la congestión generalizada del camino y del edificio, sino de la
tierra gravemente mal utilizada. Por lo tanto, sufren del mala planificación. Por ejemplo,
al tiempo que París duplicó a su población, extendió sus edificios sobre un territorio 15
veces el de París central, a pesar de la proliferación de los edificios altos utilitarios.

6. Tendencias de mercado.

NS: El ambiente construido es creado por las tendencias del mercado, la avaricia
especulativa, la legislación de zonificación, etc. ¿Es posible construir un ambiente
humano dentro de estas restricciones desafortunadamente verdaderas?

LK: Los poderes del mercado son vectores de energías y de la empresa humana.
Ninguna ciudad se puede construir sin ellas. En el pasado reciente, las leyes del
planeamiento a menudo han estrangulado tales actividades en vez de dejarlas prosperar.
Los principios Nuevo Urbanistas tienen la simplicidad y el sentido práctico de
preceptos morales, más bien que la sofisticación tiránica de la reforma utópica. No son
tan preceptivos como permisivos. En esa perspectiva, el interés común — en la forma de
espacios públicos — es el producto de vecinos que realizan sus propios intereses
contrastantes y variados.

7. La ciudad electrónica.

NS: Quisiera saber sus pensamientos sobre la ciudad de la red que se desarrolla
incorporando tecnología de la telecomunicación y de información. ¿Ha pensado cómo
esto afectará la morfología urbana?
LK: Los patrones tradicionales de calles y de cuadrados son los medios óptimos para
establecir una red utilizando los trozos de propiedades inmobiliarias de cualquier tamaño.
El establecimiento de una red electrónica completa las redes espaciales de los espacios
públicos pero no las substituye. Creo esto es un error filosófico del mismo grado que
creer que la rueda podría substituir a la pierna.

8. Tipologías del edificio.

NS: El asunto acuciante es el siguiente: ¿el desarrollo del establecimiento de una red
electrónica tiene consecuencias espaciales? La revolución de la información está
generando fuerzas sociales y comerciales enormes; por tanto, ¿en qué dirección actuarán
esas fuerzas? ¿La ciudad de la red empuja al tejido urbano hacia una tipología
modernista, o una tipología tradicional; o no hace ni lo uno ni lo otro?

LK: Los nuevos tipos de edificio son generados por nuevas clases de uso. Por ejemplo,
fue el avión que hizo desarrollar los aeropuertos como tipo edilicio, no el revés. Los
nuevos tipos sin embargo pueden generar las aplicaciones para las cuales no fueron
pensados, como los mercados-pasillos (basilicas) Romanos que se convierten en las
iglesias Cristianas; o los aeropuertos que son utilizados como prototipos para alamedas de
compras, etc. No es el impulso a la innovación lo que engendra nuevos tipos de edificio
(como algunos pensadores modernistas hicieron que creyéramos).
Las innovaciones tipológicas basadas en tales ideologías utópicas son generalmente de
breve duración. En sentido estricto, no hay tipología "modernista"... porque, cada
construcción que se establezca como un tipo reconocible y reproductivo se convierte
automaticamente en tipo tradicional; ya sea éste una plataforma de la perforación
petrolífera, una torre de enfriamiento, un edificio de oficinas, o una casa. Sin embargo, se
está construyendo el tipo que resulta de concentraciones excesivas de aplicaciones de una
clase bajo un solo techo. Éstas son aberraciones tipológicas que pueden ser construidas en
cualquier estilo, o utilizando cualquier forma de construcción. El rascacielos y el
rascatierra utilitarios son tales hypertrofias tipológicas. Son generalmente resultados
irreflexivos de mecanismos financieros o políticos, y no se relacionan únicamente con el
modernismo.
Podríamos por ejemplo construir una ciudad basada en tipos del edificio y patrones de
calle tradicionales, pero diseñada enteramente en un estilo modernista. Podría incluso ser
agradable y acertada en términos estéticos y sociales, y muchos usuarios podrían vivir
felices allí. Sin embargo, una ciudad construida enteramente de rascacielos y rascatierras
— aún si está construída usando métodos tradicionales de edificio, y diseñada en estilos
tradicionales — puede ser agradable para mirar, pero al final enajenaría relaciones y
vidas humanas tan radicalmente, si acaso menos cruelmente, como sus contrapartes
modernistas.
Para resumir la discusión, no hay en sentido estricto "tipología modernista", pero el
modernismo ha sido notable en generar las aberraciones tipológicas.
9. Filosofía.

NS: Hay una pérdida profunda de reverencia por las sensibilidades humanas, la
tradición del edificio que produjo incluso las estructuras modestas y agradables ha
desaparecido. ¿Cómo puede un mundo sin valores profundos recuperar tal filosofía?

LK: La arquitectura y el urbanismo tradicionales no definen una ideología, una


religión, o un sistema transcendental. No pueden salvar almas perdidas, o dar significado
a vidas vacías. Son parte de la tecnología más que del estilo; son un cuerpo de
conocimientos técnicos que nos permiten construir ciudades y estructuras agradables y
satisfactorias desde el punto de vista práctico, estético, social, y económico; y hacerlo en
las situaciones climáticas, culturales, y económicas más diversas. Tales estructuras no
aseguran felicidad, sino que facilitan ciertamente la búsqueda de la felicidad para una
gran mayoría de gente.

10. Los efectos del modernismo.

NS: Ciertas estructuras espaciales que tienen calidades matemáticas particulares


proporcionan la regeneración sensorial positiva a un observador. La humanidad ha
construido éstas, de la escala de ciudades, hasta la escala de artefactos, para dar el
significado al ambiente. No me refiero al significado en la vida de una persona, sino al
significado en sus alrededores, que sea contenible en una complejidad accesible a su
mechanismo cognoscitivo. Los modernistas perpetraron un retiro general del significado,
en búsqueda de sus objetivos. ¿Cómo habría podido suceder esto cuando va contra
nuestra estructura fisiológica?

LK: El modernismo es una ideología totalitaria que, como todos los dogmatismos, se
basa en suposiciones imposibles de demostrar. No puede tolerar, ni siquiera aceptar la
oposición, la contradicción, o la denegación. Si uno acepta tales suposiciones fantásticas,
uno abandona sus propias capacidades cognitivas y se ciega necesariamente a la
evidencia abrumadora, a pesar de contradicciones interiores y exteriores.
La declaración de la guerra del modernismo contra la tradición no era solo un rechazo a
las tradiciones obsoletas, sino a todo el conocimiento y las nociones técnicas que no
cabían en su visión reductora de la humanidad, de la historia, la tecnología, la política, y
la economía. Esta es una violación sistemática de la estructura psicologica y fisiológica
del hombre. Por lo tanto fueron necessarias tres generaciones para recuperarse de una
violación mental que va contra la experiencia humana, contra nuestra inteligencia
acumulada, contra nuestro instinto y sensibilidad humanos.
NS: El modernismo ha substituido los medios que los seres humanos utilizan para
conectarse entre sí, y a las estructuras externas. La ciudad como armazón para establecer
conexiones entre miembros de una población urbana se ha cambiado a una estructura
espacial que intenta desconectar. Esto se aplica tanto a la conectividad de la trayectoria
— gente fácilmente caminando para encontrarse cara a cara — como a la conectividad
visual entre un individuo y los componentes construidos de la ciudad.
Mis investigaciones revelan que una ciudad es un sistema de sistemas — con una
arquitectura lógica (en el sentido de la arquitectura de la computadora) que es mucho más
cercana al cerebro humano que a las computadoras electrónicas existentes. Cortar las
conexiones, como hicieron los modernistas, es análogo a cortar el cableado en una
computadora, o las neuronas en el cerebro. Después de décadas del condicionamiento
psicologico a un mundo estéril, la gente ha aceptado la desconexión como manera de
vivir. ¿Han cambiado tanto los seres humanos que ya no valoran ninguna estructura
espacial que satisface necesidades sensoriales y sociales básicas?

LK: Su pregunta contiene la respuesta. El modernismo funciona a través de incapacitar


la autonomía y la habilidad de la gente de pensar individualmente. Es una forma radical
de lavar el cerebro, de la cual muy pocos, una vez que la hayan experimentado, pueden
escaparse. Millones han caído víctimas de su señuelo de gran alcance; sin embargo, es
como si la naturaleza con cada nueva generación produjera los antídotos para tales
aberraciones ideológicas masivas, esa es por lo menos mi esperanza.

(1). "The End of Tall Buildings" por James Howard Kunstler and Nikos A. Salingaros,
publicado en PLANetizen <www.planetizen.com> el septiembre de 2001. Traducción en
Francés "La Fin des Bâtiments-tours" publicada en Archicool <www.archicool.com> el
octubre de 2001.
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