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Mito y música en Lévi-Strauss IAN «Mais que la musique soit un langage, par le moyen

Mito y música en Lévi-Strauss

IAN i «Mais que la musique soit un langage, par le moyen duquel sont élaborés des messages dont certains au moins sont compris de l’immense majorité alors qu’une infime minorité seulement est capable de les émettre, et qu’entre tous les langages, celui-là seul réunisse les caractères contradictoires d’être tout à la fois intelligible et intraduisible, fait du créateur de musique un être pareil aux dieux, et de la musique elle-même le suprême mystère des sciences de l’homme, celui contre lequel elles butent, et qui garde la clé de leur progrès » ii (Ouverture aux Mythologiques)

Resumen

En este artículo presentamos un comentario acerca del lugar que ocupa la música en la

“Ouverture” y el “Finale” de las Mythologiques de Claude Lévi-Strauss. Partiendo de la afirmación del autor según la cual “más que observar el mito en dirección al lenguaje (…), se trata aquí de observar el mito en dirección a la música”, intentamos entender la naturaleza del

paralelismo que establece entre mito y música, lo cual nos lleva a reflexionar sobre el lugar que ocupa el arte al interior de la antropología.

Introducción

En este artículo nos proponemos comentar las consideraciones sobre la música presentes en la obra principal de Claude Lévi-Strauss (1909-2009), las Mythologiques (1964-1971). En los cuatro tomos que la integran, Lévi-Strauss pretende continuar la investigación de aquello que, desde Les structures élémentaires de la parenté (1947), señalaba como objeto central de la antropología el pasaje de la naturaleza a la cultura- pero según una nueva estrategia. En las Mythologiques se trata no tanto de continuar la investigación a nivel de reglas de casamiento y de instituciones sociales, como venía haciéndolo, sino a un nivel más bien interno: el de las representaciones simbólicas tejidas por los indígenas americanos en sus mitos. Aquello que presenciamos, entonces, a lo largo de las casi dos mil páginas que componen la tetralogía, es un estudio minucioso de las categorías lógicas que operan en los mitos amerindios, gracias a las cuales formula el problema de la relación entre la naturaleza y la cultura, así como las respuestas que permiten explicar cómo se efectúa el pasaje de un ámbito al otro.

En la “Ouverture” del primer tomo, el lector acostumbrado a la perspectiva de análisis de Lévi- Strauss, y a los fundamentos lingüísticos de la misma, se ve transportado por el autor a una

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novedad en cuanto al método. “Más que observar el mito en dirección al lenguaje, como ya

novedad en cuanto al método. iii “Más que observar el mito en dirección al lenguaje, como ya lo hemos hecho en obras anteriores dice Lévi-Straussse trata aquí de observar el mito en dirección a la música”. iv Como es sabido, la obra de Lévi-Strauss está en gran medida caracterizada por la generalización del modelo de análisis lingüístico de los hechos del lenguaje al análisis de las más diversas dimensiones de la vida humana. Frente a una afirmación como la que venimos de leer, no sería extraño entonces que el lector se pregunte: ¿Acaso el modelo de la lingüística ha fracasado en contacto con el universo caótico e irracional de los mitos, de modo que el autor se ve en la obligación de partir en búsqueda de otro más adecuado? Antes de dejarse sorprender por la afirmación de Lévi-Strauss y por la presencia masiva de una discusión sobre la música al inicio de una obra sobre la mitología de los indios americanos, es conveniente detenerse y comprender el verdadero alcance de tales constataciones.

Según Lévi-Strauss, el recurso a la música se impuso desde el momento en que comenzó a escribir las Mythologiques y a intentar organizar y desplegar, en el plano discursivo y en la temporalidad propia de nuestro tipo de escritura, los “paquetes de relaciones” lógicas que pertenecen a los mitos, sin dejar de respetar la temporalidad propia de su despliegue. “Nos

dimos cuenta (…) que el orden de presentación de los documentos no podía ser lineal, y que las fases del comentario no se ligaban entre ellas a través de una simple relación de antes y después

(…). Así, constatamos que nuestros análisis se situaban sobre varios ejes. El de la sucesión, sin

duda, pero también uno caracterizado por compacidades sucesivas, que exigía el recurso a formas que evoquen aquello que, en música, son el solo y el tutti; también sobre ejes caracterizados por tensiones expresivas y códigos de reemplazo, en función de los cuales aparecían, al momento de la redacción, oposiciones comparables a aquellas entre canto y

recitado, entre conjunto musical y aria (…)”. Esta comparación con formas musicales le “permitía verificar fácilmente que, en música, ya se habían puesto en juego problemas de

construcción análogos a aquellos que descubría el análisis de mitos, y para los cuales la música

había ya inventado soluciones”. Pero una vez establecida esta primera homología entre la

escritura musical y aquella que sería necesaria para la transposición de los mitos en escritura, la misma se revela aún más profunda. Al explorar el universo mítico y al intentar establecer las reglas de su funcionamiento y las de su análisis, Lévi-Strauss llega a descubrir que el análisis estructural, mucho antes de llegar a su explicitación en lingüística, era ya practicado de modo inconsciente en música. Junto a los maestros más reconocidos del estructuralismo en lingüística (Saussure, Jakobson y Trubetzkoy), y a las influencias que, desde el punto de vista de una genealogía más amplia que incluya al arte y la literatura, se ejercieron en él (Goethe, Baudelaire,

el surrealismo, etc.), hacía falta hacer un lugar también a la música.

Las razones del parentesco entre mito y música resultarán más claras sobre el final de este artículo. Por el momento alcanza con informar al lector de la manera que tiene Lévi-Strauss de

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concebir tal relación. Según el autor la verdadera respuesta a la pregunta por su parentesco reside

concebir tal relación. Según el autor la verdadera respuesta a la pregunta por su parentesco reside “en el carácter común del mito y de la obra musical, al ser ambos lenguajes que trascienden, cada uno a su manera, el plano del lenguaje articulado, al mismo tiempo que requieren, como este último, (…) una dimensión temporal para manifestarse”. v En las páginas que siguen será cuestión de examinar la naturaleza de la relación del mito y de la música con el lenguaje articulado, y de entender cómo pueden al mismo tiempo trascenderlo y vincularse con él de un modo fundamental.

La relación entre mito y música (desde una perspectiva sincrónica vi )

  • I. Suprimir el tiempo

Si mito y música, como lo establece Lévi-Strauss en el pasaje citado más arriba, necesitan una

relación con el tiempo para manifestarse, es solamente “para desmentirlo: tanto uno como la

otra explica Lévi-Strauss– son, en efecto, “máquinas de suprimir el tiempo”. vii Mito y música se vinculan entonces al tiempo, pero es un vínculo a través del cual este último es desactivado,

abriendo así la vía a una nueva dimensión temporal.

Para demostrar tal afirmación Lévi-Strauss dice que cada una de estas “máquinas” opera mediante dos grillas y dos continuos, cada uno de ellos de un tipo particular. Hagamos el intento de comprender qué significa todo esto. La primera de estas grillas es de orden cultural y opera sobre un continuo de orden externo. Para el mito, esto consiste en todos los hechos históricos

“que forman una serie teóricamente ilimitada, de donde cada sociedad extrae, para elaborar sus mitos, un número restringido de acontecimientos pertinentes”. Para la música, eso consiste en “la serie igualmente ilimitada de sonidos físicamente realizables, de donde cada sistema musical toma su gama”. La segunda grilla es de orden natural, y engloba los aspectos neurofísicos que la narración mítica y la música exigen de sus ejecutores y de sus auditores: “periodicidad de las ondas cerebrales y de los ritmos orgánicos, capacidad de la memoria y posibilidades de atención”. viii

Con estas dos grillas, se trata, para el mito y para la música, de apropiarse de cierta temporalidad bruta de la vida del hombre, temporalidad fisiológica y macro-histórica porque está situada más allá de su conciencia. Tal “contacto” con el tiempo es fundamental porque, en relación, por ejemplo, con el continuo de orden externo, solo las contingencias históricas hacen que algunos elementos (notas musicales, especies vegetales o animales) estén “disponibles” o sean “significativos” para una sociedad en particular, relacionándose con sus composiciones

musicales y sus mitos, y otros no. Pero el tipo de relación que el mito y la música instauran entre

los elementos que los componen viene de un orden de necesidad superior del cual el tiempo está excluido, y que debe buscarse por fuera. El mito y la música son del orden de la permanencia.

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Esta supresión del tiempo puede comprenderse mejor gracias a la referencia a otro texto de Lévi-Strauss,

Esta supresión del tiempo puede comprenderse mejor gracias a la referencia a otro texto de

Lévi-Strauss, donde se trata justamente de demostrar la validez y la utilidad de la lingüística para el análisis del universo mítico y de dar cuenta de la naturaleza de la estructura de los mitos. Luego de mostrar los progresos importantes que podrían realizarse en la antropología religiosa si mitólogos y antropólogos se apropiasen de la noción de signo lingüístico desarrollada por Saussure, Lévi-Strauss toma la precaución de matizar su argumento, explicando que es necesario también escapar a una antinomia a la cual tal modelo de análisis podría llevar.

“Acercar mito y lenguaje”, explica, “no resuelve nada: el mito forma parte de la lengua; es gracias al habla que llegamos a conocerlo, él viene del discurso. Si queremos dar cuenta de las características específicas del pensamiento mítico, debemos entonces establecer que el mito está al mismo tiempo en el lenguaje, y más allá.” ix

En la siguiente sección será cuestión de examinar este “más allá del lenguaje”. Por el momento

alcanza con señalar que en esta doble pertenencia del mito a la lengua nivel sincrónico del lenguaje, regido por relaciones necesarias y supraindividualesy al habla nivel diacrónico del lenguaje, sometido a las contingencias del tiempo y a la acción de los individuos x , se manifiestan justamente las antinomias de las cuales, según Lévi-Strauss, el mito sabe alejarse. En realidad, el valor intrínseco de los mitos deriva de que, si bien los acontecimientos que describe han tenido lugar supuestamente en un momento preciso del tiempo, al mismo tiempo forman una estructura permanente, situada más allá de las contingencias temporales, y que, actualizándose una y otra vez, xi no deja de transmitir el mismo mensaje. El mito (y la música) son así capaces de sobrepasar la antinomia entre movimiento e inmovilidad, entre arbitrario y necesario, entre tiempo y ausencia de tiempo. Esto resulta claramente expuesto por el hecho de que los relatos míticos de todas las culturas son introducidos por fórmulas similares, que hacen que en cualquier época, en cualquier parte del mundo, un hombre sepa cuándo está en presencia

de un mito. “Antes de la creación del mundo”, “Durante los primeros tiempos”, “Hace ya mucho tiempo”, fórmulas que ponen al hombre en contacto con un tercer nivel de temporalidad: la inmortalidad.

II.

Trascender el lenguaje

En el “Finale” de L’homme nu, cuarto y último tomo de las Mythologiques, Lévi-Strauss trata las cuatro clases de entidades que constituyen el campo del análisis estructural: “los entes matemáticos, las lenguas naturales, las obras musicales y los mitos”. Las dispone según su relación con el sonido y el sentido; es decir, intenta comprender las diferencias y las semejanzas entre ellas tomando el signo lingüístico como modelo.

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Situado en tal perspectiva, Lévi-Strauss traza en primer lugar un eje vertical, en cuyos polos sitúa

Situado en tal perspectiva, Lévi-Strauss traza en primer lugar un eje vertical, en cuyos polos

sitúa los signos propiamente lingüísticos, cargados a la vez de sentido y de sonido, y las entidades matemáticas, vacías a la vez de sonido y de sentido, llevando una existencia enteramente abstracta. Por sobre ese primer eje vertical, traza entonces otro, esta vez horizontal, en cuyos extremos se instalan el signo mítico, de un lado, y el signo musical del otro. Cada uno se encuentra desplazado en cierta dirección en relación con el signo lingüístico. Menos cargadas

que los signos lingüísticos, pero más que las entidades matemáticas, “las estructuras musicales se encuentran desplazadas del lado del sonido (menos sentido)”, mientras que los signos míticos lo están “del lado del sentido (menos sonido)”. xii

Vemos así que tanto el mito como la música son así concebidos por Lévi-Strauss como “lenguaje al cual se le ha retirado algo”, uno y otra aparecen, podríamos decir, como derivados en relación con el lenguaje. La música sería lenguaje “menos sentido”, mientras que el mito, lenguaje “menos sonido”. Esta “simetrización” propuesta por Lévi-Strauss entre las entidades estructurales no es tan “pura” como su exposición podría hacernos creer, ya que las estructuras

míticas no están tan alejadas del sonido como la música del sentido, y esto por el simple hecho de que se manifiestan a través de la actividad oral de aquel que relata un mito. Es importante sin embargo tomar el argumento de Lévi-Strauss en su “pureza” teórica, así como lo es intentar entender la naturaleza de la simetrización entre los signos que propone. De hecho, es mediante la perspectiva de una tal simetrización que Lévi-Strauss va analizar los fenómenos musical y mítico, mostrando así cómo la comprensión de uno ayuda la comprensión del otro.

Ahora bien, un elemento que nos parece importante es el hecho de que, si el desarrollo de Lévi- Strauss consiste en postular al signo lingüístico como modelo de análisis de toda otra forma de expresión simbólica, sin embargo, el empleo que hace de un tal útil conceptual y metodológico va a la par de una reflexión crítica acerca de los límites del mismo. Esto se ve claramente en relación con las entidades matemáticas que, concebidas como vacías de todo significante y todo significado, terminan por quedar completamente por fuera del lenguaje. Más claramente aún se verá esto en relación a la música y a la mitología. Veamos por qué.

La sugerencia de Lévi-Strauss que indica pensar signos a los cuales falta sonido y signos faltantes de sentido, como en las estructuras míticas y musicales, es nada más y nada menos que una implosión del signo lingüístico saussureano en cuanto tal, ya que su naturaleza consiste justamente en la unión indisociable entre significante y significado. xiii Si, como lo vimos ya, Lévi- Strauss buscaba complementar la teoría saussureana buscando establecer la existencia de un tercer nivel de lenguaje, más allá de la lengua y el habla, lo vemos aquí criticando el núcleo mismo de tal teoría. Afirmar la existencia de significantes sin significado y de significados sin significante, y, al mismo tiempo, afirmar que existen como estructuras, desobedece de tal manera los principios de la teoría saussureana del signo que tenemos la impresión de asistir al

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abandono, por parte de Lévi-Strauss, de un modelo cuyo valor y cuya legitimidad siempre defendió. Una

abandono, por parte de Lévi-Strauss, de un modelo cuyo valor y cuya legitimidad siempre defendió.

Una falsa impresión, sin embargo. Si es verdad que las estructuras míticas y musicales son pensadas por Lévi-Strauss como “los subproductos de una traslación de la estructura, operada desde el lenguaje” y a través de la cual una de sus mitades constitutivas se pierde o se debilita, esto no quiere decir que el paradigma lingüístico deje de ser el horizonte del análisis de Lévi- Strauss y que deje de ser para él el modelo para la “buena antropología”. Por el contrario, lo que Lévi-Strauss hace en tales páginas es reforzar ese paradigma, mostrando cómo incluso esos dos subproductos del signo no son pensables por fuera del horizonte del signo. En lo que concierne a la música, por ejemplo, esto se ve en el hecho de que, incluso alejándose del lenguaje, ella

conserva “la huella en negativo de su estructura formal y de su función semiótica: no podría

haber música sin lenguaje que la preexista y del cual ella continúa a depender, si se nos permite, de manera privativa”. Como la implicación de las entidades matemáticas en el campo de los estudios estructurales lo había señalado ya, lo que Lévi-Strauss muestra aquí es que la relación con el lenguaje puede ser pensada incluso cuando esta supone una negación total o parcial de

este último. La condición es que el vínculo perdido con el signo lingüístico sea reencontrado en otro lado, incluso si un tal rencuentro entre significante y significado es solamente posible gracias a mediaciones y a desvíos imprevistos por la conceptualización saussureana del signo. En otras palabras, a condición de que el signo roto pueda ser recompuesto en su integridad (real o virtual).

En este sentido, para que la música y el mito, incluso si no son realidades simplemente lingüísticas, se mantengan sin embargo en el horizonte de inteligibilidad del lenguaje, les hace falta reponer su mitad faltante. En tal momento el texto de Lévi-Strauss comienza a dibujar un movimiento interesante en varios sentidos. En cuanto al mito, su falta virtual de sonido es llenada por el que lo recita, a través de diversos procedimientos: “efectos vocales o gestuales que matizan, modulan y refuerzan el discurso. Tanto canta o salmodia el mito, como lo declama; y el recitado está acompañado casi siempre de gestos y fórmulas estereotipadas (…). Puede incluso suceder que el mito sea contado a varias voces y devenga representación teatral. La relación deficiente con el sonido se compensa así con la redundancia de fórmulas verbales, de repeticiones, de retomar o volver a decir”. xiv

La búsqueda de sus mitades faltantes por parte de los signos depende, también en la música, de algo que viene del exterior. A diferencia del mito, que llena su falta con las capacidades y talentos expresivos de la persona que lo cuenta, en la música, la reunión entre sonido y sentido depende de la presencia de un agente diferente de sus ejecutantes: los auditores. En la perspectiva de Lévi-Strauss, estos son percibidos como una especie de “creadores en negativo, en los cuales la música salida del compositor viene a llenar su falta”. “Fenómeno inexplicable –

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continúa Lévi-Strauss – a menos que reconozcamos que el no-compositor dispone de una profusión de sentidos

continúa Lévi-Straussa menos que reconozcamos que el no-compositor dispone de una profusión de sentidos en general inutilizados pero listos a escapar, atraídos como por un amante para venir a adherirse a los sonidos”. Es entonces la presencia de “significaciones flotantes” del lado del auditor que permite a la estructura musical reencontrar aquello que, en la traslación operada con respecto al lenguaje articulado, ella había perdido. “Entonces solamente, el sonido y el sentido se reúnen, engendrando un ser único comparable al lenguaje ya que en este caso también se juntan dos mitades, hechas una de sobreabundancia de sonido (con respecto a lo que el auditor solo puede producir), la otra de sobreabundancia de sentido (ya que el autor no lo necesita para componer)”. xv Vemos así que la simetría propuesta por Lévi-Strauss entre el mito y la música en relación con el lenguaje, y su comprensión en cuanto tal, puede mantenerse a condición de complejizarse y de admitir algunas mediaciones suplementarias en su establecimiento. El carácter liminar del mito y de la música en relación con el lenguaje puede entonces ser pensado todavía en el horizonte de este último. El mito, sistema de sentido, se constituye en cuanto lenguaje gracias a “la serie ilimitada de soportes lingüísticos que sus narradores sucesivos pueden prestarle”, mientras que la música, “sistema de sonidos”, se constituye en cuanto tal gracias a “la serie ilimitada de cargas semánticas con las que los auditores sucesivos la alimentan”. xvi

Por lo siguiente, y como sucede a menudo en los escritos de Lévi-Strauss, una vez que esta simetría aparece plausible e incluso eficaz desde un punto de vista teórico, da lugar inmediatamente a una disimetría de otro orden, que produce una nueva perspectiva del problema. Si bien hay un equilibrio en las relaciones entre el mito y la música, hay sin embargo una particularidad de la segunda que la hace resbalar hacia una posición ligeramente superior, desde la cual ella se ilumina en cuanto hipérbole para el análisis estructural. Si es cierto que la comunicación musical realiza una unión entre el sonido y el sentido tal como sucede en la comunicación lingüística, es igualmente cierto, dice Lévi-Strauss, que los sonidos y los sentidos

“puestos en juego por la comunicación musical son precisamente aquellos de los cuales la comunicación lingüística no se sirve.” xvii La música explicita entonces, y, por qué no expresa, algo del orden de lo inefable, un mensaje enraizado en el más profundo inconsciente del hombre, al cual ningún discurso propiamente lingüístico podría dar voz. Si la música es del orden del lenguaje, dice Lévi-Strauss, se trata de un lenguaje de orden superior, “a la vez inteligible e intraducible”. xviii

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Conclusión En esta breve incursión por algunos textos de Lévi-Strauss, era cuestión de mostrar cómo el

Conclusión

En esta breve incursión por algunos textos de Lévi-Strauss, era cuestión de mostrar cómo el modelo lingüístico empleado por él en sus análisis sufre un fuerte sacudón frente a la experiencia de la música, pero termina por salir reforzado. Sin pertenecer al lenguaje por tener las huellas con las cuales este no podría sobrevivir, la música no sobrepasa sin embargo sus fronteras: el lenguaje sigue siendo su horizonte de inteligibilidad. Pero tal horizonte del cual la música no puede escapar, dándole la espalda, no constituye un terreno que ella no sepa sobrepasar. Cuando nos elevamos en el aire, el horizonte no se borra, pero deviene aún más vasto. Si la música es lenguaje, es entonces lenguaje de un orden superior, definible por la

paradoja de ser “a la vez inteligible e intraducible”. Así, es su carácter intraducible que hace de la

música algo que escapa al pensamiento de Lévi-Strauss y que la muestra sin embargo para él como un “norte” –y comentando tal norte quisiéramos concluir el texto.

Defendiéndose, en las páginas finales de las Mythologiques, de los críticos que quisieron poner en cuestión la validez de su empresa, afirmando que no se molestó ni siquiera en buscar las versiones originales de los mitos que utiliza en sus demostraciones, y que empleó siempre versiones encontradas en documentos etnográficos cuya autenticidad no puede ser confirmada, Lévi-Strauss afirma: “si (…) conter no es jamás otra cosa que conte redire, que se escribe también contredire, xix comprendemos entonces por qué no era para nada esencial para el gran

desciframiento que pretendía realizar que los mitos fueran abordados en sus versiones originales y no en una traducción o serie de traducciones. En realidad, no existe el texto original:

todo mito es por naturaleza traducción, tiene su origen en un mito proveniente de una población vecina pero extranjera, o en un mito anterior de la misma población, o bien contemporáneo pero

perteneciente a otra subdivisión social (…) que un auditor busca distinguir traduciéndolo a su

manera en un lenguaje personal o tribal, tanto para apropiárselo como para desmentirlo, siempre entonces deformándolo”. xx La traducción es entonces el principio constitutivo de los mitos, sin el cual no podrían existir. Un mito existe a condición de ser traducido continuamente y de traducir a su vez continuamente otros mitos, comprometiéndose así en un proceso de comunicación en el cual las eventuales pérdidas y ganancias de información solo pueden ser comprendidas como transformaciones.

Entendemos entonces, tras leer ese pasaje del texto de Lévi-Strauss, por qué finalmente desde su perspectiva una estructura no es nunca una cosa estable y bien determinada. Gobernando un universo en perpetua traducción, en el cual el valor de un elemento es siempre una perspectiva sobre otro, la estructura aparece para el hombre siempre de manera local, cuando la comprensión de cómo un cierto tipo de transformación se llevó a cabo, y cómo eso ha sido posible, deja entrever la actualización local de una totalidad que, a razón de no poder objetivarse jamás excepto para un entendimiento divino- integralmente, nos aparece como virtual. El

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etnólogo que, encargado de la misión de recomponerla, parte en su búsqueda, no puede más que

etnólogo que, encargado de la misión de recomponerla, parte en su búsqueda, no puede más que tejer alguno de sus hilos, sin nunca estar seguro de que no se desarmarán después de su paso. Su misión es interminable. Ahora bien, de tal condición de Penélope, la música le permite, no salir, pero al menos intuir una salida, lejana en el horizonte. Si Lévi-Strauss ha podido definir a la música como un lenguaje intraducible, es porque, lenguaje perfecto, ella es el lenguaje absoluto, aquel quizá que los hombres, queriendo tocar el cielo, perdieron en Babel, como narra el mito cristiano del origen de la diversidad de lenguas. La música ofrece al etnólogo la imagen de la estructura universal del espíritu que busca y que podría hacer más transparente la comunicación entre los hombres. xxi

Notas

Ian Packer

14/11/2010

  • i Ian Packer est brésilien, né à São Paulo en 1985. Il a eu sa licence en Sciences Sociales à São Paulo en

2008 et à l’heure actuelle il réalise une recherche de master en philosophie contemporaine à l’École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). Ian Packer es brasileño, nació en San Pablo en 1985. Obtuvo su licenciatura en Ciencias Sociales en San Pablo en 2008, y actualmente realiza una investigación de master sobre filosofía contemporánera en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). ii “Pero que la música sea un lenguaje por el cual son elaborados mensajes de los cuales por lo menos algunos son comprendidos por una inmensa mayoría, mientras que solamente una ínfima minoría es capaz de emitirlos, y que entre todos los lenguajes, sea el único en reunir las características contradictorias de ser al mismo tiempo inteligible e intraducible, hace del creador de música un ser parecido a los dioses, y de la música el supremo misterio de las ciencias del hombre, aquel contra el cual ellas se baten, y que guarda la

clave de su progreso.”

iii Para el lector que quiera familiarizarse con el pensamiento y método de Lévi-Strauss, aconsejamos la lectura de Anthropologie structurale, sobre todo la introducción y primera parte (“Langage et parenté”). París, Plon, 1958. iv LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques I: Le cru et le cuit, París: Plon, 1964. P. 32.

  • v LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques I: Le cru et le cuit, París: Plon, 1964, p. 23. vi Es decir, perteneciendo ambos a un mismo sistema de relaciones, al interior del cual las diferencias y las semejanzas existentes entre ellos son pensadas desde una perspectiva estrictamente lógica, y no histórica. Es importante dejar esto en claro ya que un artículo enteramente diferente podría ser escrito sobre las consideraciones de Lévi-Strauss sobre la relación mito-música desde una perspectiva diacrónica, que el

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autor realiza en aquellas páginas donde trata acontecimientos culturales y obras y escuelas musicales específicas. Lo

autor realiza en aquellas páginas donde trata acontecimientos culturales y obras y escuelas musicales específicas. Lo cual no se hará aquí por razones de tiempo y de espacio. Para el lector interesado, ver sobre todo las páginas 29-38 de la “Ouverture”, y las páginas 583-585 del “Finale” de las Mythologiques.

  • vii vii LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques I: Le cru et le cuit, París: Plon, 1964, p. 24.

    • viii Íbidem, p. 23. ix LÉVI-STRAUSS, Claude « La structure des mythes ». In Anthropologie structurale, París, Plon, 1958, p.

230.

x Es cierto que la división entre lo sincrónico y lo diacrónico no corresponde exactamente a la división

lengua/habla, en cuanto estas dos dimensiones del tiempo son también internas a la lengua, como

Saussure lo recuerda en el Cours de linguistique général (c. p. 139). En la medida sin embargo en que “todo lo que es diacrónico en la lengua solo lo es gracias al habla”, nos sentimos autorizados a formular

aquí el paralelismo, incluso si pudiera exigir consideraciones más extensas, que no podemos desarrollar en este contexto.

  • xi Lévi-Strauss muestra una y otra vez, como lo veremos más adelante, el hecho de que, cada vez que un mito es relatado, se transforma, ganando y perdiendo así partes que estaban presentes o ausentes en versiones previas.

    • xii LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques IV: L’Homme nu, París: Plon, 1971, p. 578.

      • xiii Cf. SAUSSURE, Ferdinand « Cours de linguistique générale ». París, Payot, 1962. xiv LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques IV: L’Homme nu, París: Plon, 1971, p. 579.

        • xv Ibídem, p. 585.

          • xvi Ibídem, p. 580.

            • xvii Ibídem, p. 585. xviii LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques I: Le cru et le cuit, París, Plon, 1964, p. 26. xix Decidimos mantener el juego de palabras en francés, que se perdería en español. Para conter, la traducción es “contar”, para conte redire, “cuento volver a decir”, para contredire, “contradecir”. [N. d. T.].

              • xx LÉVI-STRAUSS, Claude Mythologiques IV: L’Homme nu, París, Plon, 1971, p. 577.

                • xxi Así presenta Lévi-Strauss el propósito de sus Mythologiques y, podríamos decir, de la antropología en general: “se trata de descubrir no tanto lo que hay en los mitos (sin estar en la conciencia del hombre), sino más bien el sistema de axiomas y de postulados que definan el mejor código posible, capaz de dar una significación común a elaboraciones inconscientes, que son los productos del espíritu, de sociedades y de culturas elegidas entre aquellas que ofrecen, las unas con respecto a las otras, la mayor distancia. Como los mitos reposan ellos mismos sobre códigos de segundo orden (los códigos de primer orden son aquellos que constituyen el lenguaje), este libro ofrecería entonces el resultado de un código de tercer orden, destinado a asegurar la traductibilidad recíproca de varios mitos. Por lo cual no sería erróneo tenerlo como un mito:

de alguna manera, el mito de la mitología”. En LÉVI-STRAUSS, Claude, Mythologiques I: Le cru et le cuit, París: Plon, 1964, p. 20.

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