La ciencia es incompatible con la fe

Julio Plaza del Olmo 15 de abril de 2010*

Navidad y Semana Santa son probablemente las dos ´ epocas del a˜ no m´ as importantes para los cristianos, pues no en vano se celebra tanto el nacimiento como la defunci´ on del personaje que fundamenta su religi´ on. Y es en estas fechas cuando tambi´ en aparecen documentales o art´ ıculos que proponen explicaciones a mitos relacionados con la Biblia. Algunos explican como presuntos milagros no son tales, desmitificando la religi´ on. Otros, a los que me quiero referir, dan explicaciones o razonamientos hechos con el inter´ es de demostrar que los textos b´ ıblicos est´ an describiendo una realidad, para poder dar a entender finalmente que en verdad existe un Dios. Quiz´ as los estudios m´ as elaborados en este sentido son lo que pretenden explicar que la imagen de la S´ abana Santa pertenece a un hombre de la Palestina del Siglo I que fue crucificado, y que dej´ o su imagen grabada emitiendo una radiaci´ on misteriosa. Y sin embargo, es una gran contradicci´ on. La ciencia pretende entender la naturaleza, y gracias a ello, en apenas quinientos a˜ nos el hombre ha puesto el pie en la Luna y la esperanza de vida media del ser humano ha aumentado en varias d´ ecadas, entre otros logros. Todo ello gracias a un m´ etodo basado en describir procesos naturales, entender por qu´ e ocurren, e incluso de aprovechar estos fen´ omenos en nuestro propio beneficio. Todo ello sin que en la explicaci´ on de la naturaleza intervenga un ser sobrenatural. Ese es el fondo de la cuesti´ on. Cuando se consigue entender el mecanismo por el cual cierto fen´ omeno ocurre, ´ este pasa a ser parte del conocimiento que tenemos de la naturaleza. Una persona puede entonces describir, predecir, o incluso replicar tal fen´ omeno. La ciencia tiene un poder descriptivo que permite identificar las condiciones en que un fen´ omeno se va a dar, con qu´ e intensidad, y su duraci´ on. En pocas palabras, una de las propiedades m´ as importantes de la ciencia es la reproducibilidad.
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Publicado originalmente en Circular Esc´ eptica, bolet´ ın N´ umero 10

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La ciencia es incompatible con la fe

J. Plaza

Pero la investigaci´ on cient´ ıfica con el objetivo de legitimar mitos religiosos intenta por el contrario usar el m´ etodo que describe la naturaleza para describir un fen´ omeno que est´ a por encima de ella, que es sobrenatural, y cuya conclusi´ on final pretende ser que es un fen´ omeno u ´nico, irrepetible, irreproducible. Pongamos por ejemplo la S´ abana Santa. Un hombre crucificado es capaz de resucitar dejando una marca en la tela que le cubr´ ıa. Es esa resurrecci´ on la que le confiere la divinidad, la que le hace hijo de un dios al que hay que venerar. Pero, ¿y si conseguimos una explicaci´ on a la resurrecci´ on, ya sea basada en el conocimiento cient´ ıfico, o descubriendo alg´ un tipo de fen´ omeno nuevo? Eso implica conocer qu´ e mecanismo har´ ıa posible que una persona fallecida recobrara la vida, en qu´ e condiciones se debe hallar el cuerpo y el entorno, qu´ e posibles fen´ omenos secundarios se podr´ ıan haber producido para dejar una marca de su silueta en una tela de lino..., pero lo m´ as importante es que conociendo todo ello, ser´ ıa posible una replicaci´ on del fen´ omeno, o una predicci´ on de cu´ ando se pueden dar las condiciones necesarias para que el fen´ omeno ocurra. Pero si podemos reproducir el fen´ omeno, si fu´ eramos capaces de hacer resucitar un cad´ aver controlando ciertas variables, sin requerir de ning´ un fen´ omeno o ente sobrenatural, ¿en qu´ e quedar´ ıa la divinidad de Jes´ us entonces? Se pierde. La resurrecci´ on ya no ser´ ıa un hecho u ´nico, irrepetible, e irreproducible; el fen´ omeno se vuelve natural y se acaba su supernaturalidad. Si cualquiera pudiera devolver a la vida a otra persona, la resurrecci´ on de Jes´ us ya no ser´ ıa un milagro, sino una resurrecci´ on m´ as, explicable sin intervenciones divinas o sobrenaturales y no podr´ ıa ser la base de una religi´ on. Igual rasero se puede aplicar cuando se intenta explicar la estrella de Bel´ en como una de tantas conjunciones planetarias sujetas a la Ley de Gravitaci´ on de Newton, sin que Dios haga nada en particular. O explicar como Mois´ es pudo huir de Egipto cruzando un mar que se abri´ o por un maremoto. O explicar como al echar agua sobre unas tinajas con poco vino, el l´ ıquido mantendr´ ıa un color rojizo que enga˜ nar´ ıa a los m´ as borrachos en las bodas de Cana´ an. Con explicaciones razonables, los milagros ya no suenan tan divinos. La trampa, claro est´ a, es hacer cre´ ıbles las situaciones para hacer cre´ ıble el relato b´ ıblico y dar a entender su veracidad, que en u ´ltimo t´ ermino, implica la aceptaci´ on de un ser por encima de la naturaleza que la ciencia nunca podr´ a demostrar.

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