La idea feliz

Julio Plaza del Olmo 15 de agosto de 2009*

Existen algunos t´ opicos sobre ciencia y cient´ ıficos, en parte divulgados por el cine. Por ejemplo, la idea de que el cient´ ıfico es una persona solitaria y medio loca, cuando en realidad existen multitud de grupos de investigaci´ on que se comunican e intercambian informaci´ on sobre un tema concreto. O que un avance en ciencia es hacer un descubrimiento revolucionario que cubre de oro al cient´ ıfico loco de turno (o que le hace capaz de dominar el mundo, seg´ un la pel´ ıcula), aunque en verdad el avance del conocimiento se hace poco a poco con avances casi imperceptibles, que s´ olo se dejan notar en la sociedad al cabo de los a˜ nos. Las revoluciones son m´ as lentas de lo que parece y para llegar a avances como el transistor, las bombillas LED, o el l´ aser azul hace falta invertir muchos a˜ nos de investigaci´ on y desarrollo. O que divulgar el conocimiento consiste en escribir libros (((¡Oh, Doctor Brown! He le´ ıdo todos sus libros sobre la hip´ otesis del viaje temporal usando condensadores de fluzo))), cuando lo cierto es que las revistas especializadas sacan cada quince d´ ıas o cada mes decenas de art´ ıculos donde se desgranan en unas pocas p´ aginas hip´ otesis, experimentos y/o resultados en diversos campos. Los libros se dejan como gu´ ıas de referencia sobre hip´ otesis y experimentos ya realizados, y validados por multitud grupos de investigaci´ on, no para proponer hip´ otesis propias nuevas. O que dise˜ nar un experimento es construir una m´ aquina muy complicada, y su ´ exito o fracaso se conoce al instante con s´ olo pulsar un bot´ on, cuando muchas veces ((experimento)) es sin´ onimo de ((tardes largas y mon´ otonas de recogida de datos que hay que analizar durante varios d´ ıas para obtener una gr´ afica con muchos puntos que acaba en la papelera)). O que una hip´ otesis revolucionaria puede surgir de la nada, en un momento de genialidad en el preciso instante de meterse en una ba˜ nera. Esto es lo que en el argot
*

Publicado originalmente en Circular Esc´ eptica, bolet´ ın N´ umero 6

1

La idea feliz

J. Plaza

t´ ecnico se llamar´ ıa ((tener una idea feliz)): dar con el punto clave que resuelve un problema, en un momento de inspiraci´ on. No me entiendan mal, no es que no exista la ((idea feliz)) en ciencia, sino m´ as bien que esa idea no sale de la nada, ni se le ocurre al cient´ ıfico en cinco minutos; en realidad est´ a asentada en conocimientos previos y la genialidad radica en saber ver el problema desde un ´ angulo distinto, generalmente despu´ es de mucho tiempo d´ andole vueltas sin conseguirlo. Como dijo Newton, hay que apoyarse en hombros de gigantes para ver m´ as all´ a. James Clerk Maxwell supo ver la relaci´ on entre las cuatro ecuaciones que hoy llevan su nombre, aunque ninguna fuera obra suya, y que presentan la electricidad y magnetismo como distintas caras de un mismo fen´ omeno, dando pie adem´ as a entender la luz como una onda electromagn´ etica. La misma onda que posee una velocidad constante en el vac´ ıo, y que sirvi´ o a Einstein para formular la teor´ ıa de la relatividad. Aunque lo cierto es que la idea ya ((flotaba en el ambiente)): era una consecuencia de las ecuaciones de Maxwell; los resultados de ((tardes mon´ otonas recogiendo datos)) de Michelson y Morley tambi´ en lo suger´ ıan, y Hendrik Lorentz ten´ ıa pr´ acticamente las ecuaciones delante de sus ojos; pero fue Einstein quien tuvo la idea feliz de tirar de ese hilo. Max Planck se dej´ o los sesos intentando comprender por qu´ e el espectro de radiaci´ on del Sol es como es, y por qu´ e la teor´ ıa que antes de 1900 se cre´ ıa correcta no era capaz de describirlo adecuadamente. Fruto de la desesperaci´ on, tuvo la idea feliz pensar en la energ´ ıa electromagn´ etica como ((ladrillos)) discretos en vez de una magnitud continua, lo que dio lugar a la f´ ısica cu´ antica. Tir´ o por el u ´nico camino que le quedaba libre, y result´ o ser el correcto. Paul Dirac se encontr´ o con unas ecuaciones en las que aparentemente el momento cin´ etico no se conservaba. Bueno, pod´ ıa ser una posibilidad, pero siendo un principio de conservaci´ on del que no se conoc´ ıa excepci´ on alguna, tuvo la idea feliz de suponer que deb´ ıan existir ciertas part´ ıculas que compensaran ese problema. Y aparecieron las antipart´ ıculas y la antimateria. As´ ı, van surgiendo ideas felices que ayudan a avanzar en el conocimiento, que ni son tan frecuentes como puede parecer, ni salen de la nada. Siempre hay algo detr´ as, y la genialidad consiste en ver una rendija de luz, o notar el aire fresco en un t´ unel del que no hay salida aparente, tras d´ ıas, meses o a˜ nos busc´ andola. Hacer una teor´ ıa nueva no es llegar y besar el santo. Recordamos algunas de estas ideas felices porque llegaron a buen puerto, y adem´ as produjeron avances importantes en el conocimiento. Podr´ ıa parecer que estas an´ ecdotas son lo habitual. Pero, ¿cuantas de estas ideas felices no llegaron a ning´ un lado? Esas no se recuerdan. Como tampoco se recuerdan todas las hip´ otesis previas que se estrellaban una y otra vez contra dificultades antes de tener la idea feliz. 2

La idea feliz

J. Plaza

Finalmente, la impresi´ on que permanece en el gran p´ ublico es que los avances en el conocimiento salen tras tener una idea en principio extravagante, rompedora o disparatada. Existe incluso un dicho que reza: ((Su teor´ ıa es disparatada, pero no lo suficiente como para ser cierta)). Y eso es lo que ocurre cuando hablamos de pseudociencia: todo aquel autodenominado investigador de lo paranormal no desaprovecha la ocasi´ on de presentarse como un nuevo Galileo incomprendido con ideas revolucionarias. ((Ideas felices)) son todas las hip´ otesis sobre fen´ omenos paranormales: telepat´ ıa, psicofon´ ıas, memoria del agua, energ´ ıas que fluyen por el cuerpo, o por l´ ıneas m´ agicas de la Tierra, astrolog´ ıa, y as´ ı un largo etc´ etera. Todas son rompedoras o contrarias al conocimiento actual, y la esperanza de sus proponentes es que al igual que una vez Einstein, Planck o Galileo propusieron disparates, sus disparates sean reconocidos como conocimiento. Pero no puede ser. Hay un par de grandes diferencias entre las ideas felices de la ciencia, y las ideas disparatadas de la pseudociencia. Y es que las ideas felices, para empezar, y como ya hemos dicho, no surgen de la noche a la ma˜ nana. Siempre hay algo que lleva a tomar ese camino (y desde luego, nadie dice que sea el primer camino que se toma). El conocimiento acumulado es indispensable para saber cuando una idea es disparatada, precisamente porque se puede saber cu´ al es su error, y la soluci´ on puede estar en ver el problema desde otra perspectiva, o en tirar de un hilo que asoma t´ ımidamente. Otras veces, simplemente puede que sea el u ´nico camino que queda sin explorar. La segunda gran diferencia es que las ideas felices son como cualquier otra hip´ otesis que no haya surgido en un momento de inspiraci´ on: busca el conocimiento proponiendo y desarrollando una soluci´ on. Se propone un mecanismo por el cual el fen´ omeno observado se produce (una hip´ otesis), y a partir de ´ el, se puede proponer una forma de comprobar que ese mecanismo existe, y es realmente el responsable del fen´ omeno (experimentos). No es as´ ı para la pseudociencia. Un avezado investigador observa que dos personas aisladas entre s´ ı parecen comunicarse. R´ apidamente acude una idea a su mente: telepat´ ıa, comunicaci´ on a distancia entre dos mentes, lo cual supondr´ ıa una gran revoluci´ on que llevar´ ıa a la ruina a las empresas de telefon´ ıa. Pero, ¿qu´ e tipo de soluci´ on es esa? Nadie define c´ omo funciona la telepat´ ıa, qu´ e mecanismo hace posible que dos personas se comuniquen sin verse, ni tocarse, ni hablarse, ni o´ ırse, c´ omo una mente codifica el mensaje, c´ omo lo transmite, ni c´ omo lo recibe la otra... en pocas palabras, no hay una hip´ otesis, sino que simplemente se ha bautizado un aparente fen´ omeno con un nombre. Tan s´ olo describe la observaci´ on realizada, pero no c´ omo se ha producido el fen´ omeno. Es imposible entonces dise˜ nar un experimento que eval´ ue la validez de un mecanismo que no est´ a propuesto, as´ ı que la experimentaci´ on se reduce a repetir una y otra vez 3

La idea feliz

J. Plaza

la misma prueba, que en el caso m´ as optimista posible s´ olo ser´ ıa capaz de demostrar que dos personas han establecido una comunicaci´ on, pero no de c´ omo lo han hecho, por lo que tampoco demostrar´ ıa que esa comunicaci´ on no tenga explicaci´ on con el conocimiento actual. Otro ejemplo, una persona graba sonidos que le suenan como palabras en su grabadora. La idea feliz es pensar que son psicofon´ ıas, pensar que unas personas muertas han conseguido comunicarse desde un ((m´ as all´ a)) con todo lo que ello implica, lo cual viene a ser una gran revoluci´ on en cuanto a la existencia del alma, a la conciencia, y todo lo que ocurre tras la muerte biol´ ogica de un cuerpo. Pero m´ as all´ a del nombre del fen´ omeno, encontramos que no hay ninguna hip´ otesis que exponga un mecanismo por el cual un difunto desde alg´ un lugar no especificado, sea capaz de manipular los dominios magn´ eticos de una cinta en una grabadora para que al reproducirla se escuchen cuatro palabras mal dichas. Imposible, igualmente, hacer un experimento que demuestre tal mecanismo no propuesto, y al final, la ((experimentaci´ on psicof´ onica)) se reduce a grabar una y otra vez ruidos que los expertos en psicofon´ ıas no saben de donde vienen, ni como se producen. Qu´ e decir de la memoria del agua. Un ((medicamento)) homeop´ atico se fabrica diluyendo una sustancia en agua tanto, que la probabilidad de encontrar una sola mol´ ecula de dicha sustancia tiende a cero. Sin embargo, el agua parece recordar las propiedades de la sustancia, de forma que cuando un paciente ingiere el l´ ıquido, es capaz de notar el efecto de la sustancia y curarle. Interesante idea, s´ ı, pero, ¿qu´ e mecanismo permite al agua codificar la informaci´ on, y adem´ as mantenerla, una vez que la sustancia no est´ a presente en la disoluci´ on? De nuevo, falta la explicaci´ on del mecanismo que posibilita la soluci´ on que se propone, y ((memoria del agua)) no es m´ as que un nombre para un aparente fen´ omeno. Y este es el quid de la cuesti´ on. En esencia, las ideas de la pseudociencia se reducen a dar nombres a unos fen´ omenos. No proponen hip´ otesis que puedan ser validadas en experimentos. La pseudociencia no propone soluciones a problemas, no propone conocimientos, no permite la obtenci´ on de estos. Por eso mismo nunca se podr´ a considerar como ciencia lo que no son sino ideas disparatadas.

4

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful