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¿LA EXPERIENCIA ES UN GRADO?

El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas

Joan Pallarés Goméz David Pere Martínez Oró

Investigación financiada por la Delegación del Gobierno de Plan Nacional Sobre Drogas.

Gestionado por:

© Joan Pallarés Gómez y David Pere Martínez Oró, 2012 © de esta edición: Fundación IGenus. www.fund-igenus.org info@fund-igenus.org Primera edición: Setiembre de 2012 ISBN: 978-84-616-2170-5 Depósito Legal: B-32910-2012

ÍNDICE 1. 2. INTRODUCCIÓN. ............................................................................................................... 1 CONTEXTO SOCIOHISTÓRICO: “nuestros padres, no tenían ni idea ni conocimiento de

lo que eran las drogas”.................................................................................................................. 4 3. 4. METODOLOGÍA................................................................................................................ 19 CAMBIOS Y CONFLICTOS GENERACIONALES: “Hay cosas que ahora se pueden

hablar más que antes”................................................................................................................. 26 5. 6. NO TODAS LAS ÉPOCAS FUERON IGUALES: “¡Mi padre es drogadicto!” ................... 33 MOSTRAR LOS COMPORTAMIENTOS DE CONSUMO DE DROGAS A LOS HIJOS:

“Ante la evidencia, qué vas a hacer” ........................................................................................... 36 7. 8. NO TODAS LAS DROGAS SON IGUALES: “Los porros creo que es más aceptable”.... 42 DIFERENCIAS DE LAS DROGAS POR LOS DISCURSOS O LAS GRADUACIONES

QUE PERMITEN: “El consumidor admite muchos matices”....................................................... 45 9. 10. 11. LAS DIFERENCIAS DE EDAD Y GÉNERO: “Hay que funcionar como los chicos” ........ 47 LA PROHIBICIÓN COMO MARCO: “¡Hay plantaciones que es una barbaridad!” ........... 50 LOS APRENDIZAJES SON IMPORTANTES: “¡Ojalá lo que hemos vivido nosotros les

sirva para algo!” ........................................................................................................................... 53 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. PONER LÍMITES: “Pero de todas maneras, harán lo que les dé la gana a ellos” .......... 58 LA GESTIÓN DE LOS MIEDOS: “Es lo que me preocupa”.............................................. 62 EL PAPEL DEL ALCOHOL: “Hay más bares que tiendas” ............................................... 65 CONSUMOS ACCEPTABLES: “Yo lo que quiero es que sean felices”............................ 68 CÓMO ACTUAR: “Tampoco puedes cerrarles las puertas, tendrán que vivirlo” .............. 70 CONCLUSIONES. ............................................................................................................ 72 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. ................................................................................ 77

¿La experiencia es un grado?

1. INTRODUCCIÓN.
El equipo de investigación de la Fundación IGenus ha trabajado en los últimos años diferentes fenómenos relacionados con el consumo de drogas, la difusión del consumo de cocaína y la normalización social de las drogas ilegales. Entre los distintos trabajos producto de estas investigaciones destacamos: “Entre rayas. La mirada adolescente hacia la cocaína” (Martínez Oró y Pallarés, 2009), “La Mirada femenina hacia la cocaína” (Pallares y Martínez Oró, 2010), “El camino hacia la cocaína” (Martínez Oró y Pallarés, mimeo) “La normalización social del consumo de drogas (Martínez Oró y Pallarés, en prensa) y “Del consumo recreativo al consumo problemático” (Martínez Oró y Pallarés, mimeo). Todas estas investigaciones no hubieran sido posibles sin el apoyo económico del Plan Nacional Sobre Drogas, que además de la financiación nos han depositado la confianza para plantear los diseños de las investigaciones con total libertad.

En todos estos trabajos hemos observado que la educación que los jóvenes reciben de sus padres influye notoriamente en la actitud hacia la drogas de los hijos, es decir, los padres juegan un papel importante en la prevención del consumo de drogas, aunque su tarea deba cruzarse con los mensajes que reciben de los medios de comunicación social, y muy especialmente, del grupo de iguales. En la investigación “Del consumo recreativo al consumo problemático”, en la cual investigamos el papel de la familia, los contextos y el grupo de iguales en la regulación de los consumos de los jóvenes, observamos con bastante recurrencia indicios de padres tolerantes hacia el consumo y también de padres consumidores de drogas ilegales. Indicios que también fueron contrastados por el Observatori de Nous Consums de Drogues a partir de 2005. En este sentido, cada vez poseíamos más evidencia, sobre un fenómeno que no se había producido anteriormente, estamos hablando de la incorporación al rol de padres/madres de personas consumidoras, ex consumidoras (sin problemas adictivos) o de aquellos que aunque no consumieron estuvieron en contacto con variedad de consumos recreativos de drogas ilegales. Por tanto, estábamos delante de una nueva relación entre padres, hijos y consumos de drogas, que como veremos ha sido producida por diversos factores socioculturales, y que es relativamente nueva, puesto que son generacionalmente los primeros padres, que luego de ser consumidores, abordan el consumo de sus hijos desde la

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experiencia que les proporciona su trayectoria juvenil vinculada, también, al consumo de drogas.

Estos padres consumidores, cuando sus hijos alcanzan la adolescencia, deben encarar la prevención del consumo de drogas, pero ¿cómo afronta la prevención de sus hijos una persona que ha estado en contacto con las drogas? ¿Utiliza un discurso alarmista? ¿Tolera los consumos? ¿Cómo maneja sus consumos y la educación de sus hijos? Estas y muchas otras preguntas que intentamos responder motivaron la realización de la presente investigación. Por tanto, presentamos los resultados de la investigación titulada “El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas” subvencionada por el Plan Nacional Sobre Drogas según la Orden SAS/2293/2010, de 19 de agosto. Resultados de investigación que pueden aportar luces sobre la relación entre consumos de drogas y educación familiar, así como herramientas teóricas para intervenir mediante estrategias preventivas sobre el colectivo de padres consumidores de drogas.

Queremos agradecer a todos los participantes de los grupos de discusión por su colaboración, sin la cual este trabajo hubiera sido imposible. A los miembros de Ai Laket!, en especial a Miren Ugarte por organizar un grupo tan “cañero” en Vitoria. A Elisa Benes y Laia Domingo por ponernos en contacto con Mireia Rodríguez, quien organizó el grupo de Ibiza. A Antoni Llort, Tre Borràs, Josep Espluga, Oriol Romaní, Mireia Ambròs y Maria Murillo, que captaron los participantes de los grupos de Barcelona y Lleida. A todos ellos, muchas gracias.

Nuestro agradecimiento a Elena Rodríguez y Oriol Romaní por su predisposición, tiempo y dedicación en la elaboración de un grupo de expertos que ha representado un contrapunto excelente a los datos recogidos en los grupos de discusión.

También agradecer a la Fundación Igenus todo el apoyo y confianza depositada, tanto en la presente investigación como en todos los proyectos desarrollados en los últimos años. A Ernesta Sánchez, a Teresa Sabaté y a Josep Ramon Collado. A Conxita Díaz, Jordi Giné y Laia Ligüerre por las transcripciones de los grupos de discusión.

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Aclaración sobre la escritura.

En el presente informe prevalece como genérico el género masculino, por tanto si no se indica lo contrario cuando se escribe padres nos referimos a los padres y a las madres, en el mismo sentido se debe de aplicar a las otras palabras con género como, hijos, adolescentes, jóvenes, etc. Consideramos que la lectura de palabras como “los padres y las madres” sería muy frecuente en el texto con la consecuente dificultad en la comprensión, que contribuiría a una mayor complejidad del texto y que poco ayudaría a la tan necesaria igualdad entre hombres y mujeres.

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2. CONTEXTO SOCIOHISTÓRICO: “Nuestros padres, no tenían ni idea ni conocimiento de lo que eran las drogas”
Breve introducción sobre la evolución de los consumos de drogas en España.

En la década de los sesenta del siglo pasado, crece en la opinión pública de los Estados Unidos la sensación de un aumento del consumo de drogas por parte de los jóvenes y, en general, con una década de diferencia, estas pautas llegarán también a Europa. Hasta entonces, el consumo de sustancias ilegales se asignaba a minorías étnicas, intelectuales, gente del espectáculo, soldados que regresaban de las guerras y grupos calificados como “desviados”. El caso español, respecto a la difusión de las drogas, presenta ciertas particularidades que están relacionadas con el aislamiento de nuestro país y, por consiguiente, de nuestros jóvenes respecto a los procesos culturales externos y el retraso en el proceso de <<modernización>>, ambos debidos al franquismo y sus políticas (Pallarés, 2011:16).

Gamella y Jiménez (2001) y Gamella (2003) han planteado la existencia de, al menos, dos tipos de “ciclos” en el consumo y la percepción social del uso de drogas, para estudiar el caso español. Así, la difusión de las drogas y los problemas a ellas asociados, han aparecido en ciclos con ascensos y descensos, semejantes a la difusión de innovaciones y productos comerciales, como sucede con la expansión de enfermedades y otros fenómenos; distinguen entre los de tipo largo y lentos (mareas) que afectan a varias generaciones, tardan décadas en manifestar las consecuencias, no causan tanta alarma social, aunque a largo plazo puedan tener consecuencias más negativas; y los ciclos cortos (tormentas) o “crisis de drogas” que duran entre ocho y quince años, afectan sólo a ciertos grupos generacionales, crecen intensamente y bajan, pero generan “más alarma social y ejercen gran fascinación sobre los diversos agentes sociales que participan en la construcción de los problemas sociales” Gamella (2003:95). Entre las mareas tendríamos el caso del tabaco (creciendo su difusión desde los cincuenta); el alcohol desde los cincuenta hasta hoy, el del cannabis y el de la cocaína, desde los setenta hasta hoy. Entre las tormentas, encontramos la crisis de la heroína (1978-1994) y la difusión de las drogas de síntesis entre 1987 y principios del siglo XXI (Pallarés, 2011:16-17).

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El modelo español de consumo de drogas puede dividirse en distintas fases, desde los años sesenta hasta la actualidad . Definiremos una primera fase que abarca hasta la crisis de la heroína, una segunda que comprende dicha crisis, y una tercera que viene enmarcada por el declive de la heroína y por la aparición y difusión de las drogas de síntesis y otros estimulantes y que se extendería hasta nuestros días.
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En la primera fase, durante los sesenta, hay una escasa presencia de drogas ilegales. Si exceptuamos los consumos de unas minorías muy poco visibles, la mayoría de los consumos están centrados en el alcohol, el tabaco y algunos fármacos como anfetaminas e hipnosedantes (ver Navarro, 2002). Aunque existen algunos problemas relacionados con el consumo de estas sustancias son banalizados por la sanidad pública (Gil Muñoz, 1970). No obstante, se empiezan a canalizar discursos alarmistas sobre las drogas ilegales a pesar de su escasa incidencia y a relacionarlas con los jóvenes.

A finales de los sesenta España está en su proceso de <<modernización>> después de su etapa de autarquía. La apertura que este hecho supone, implicará un desarrollo del consumo y nuevos mercados, como el de la moda juvenil. Se nota la presencia creciente de jóvenes y se empieza un alargamiento de la etapa juvenil, que llegará hasta nuestros días, aunque no con la misma velocidad ni manifestándose igual en todas las clases sociales. Las drogas, especialmente las ilegales, aparecen como un <<marcador social>> del cambio, puesto que durante la etapa de la autarquía estábamos al margen del complejo cultural de las drogas ilegales implantado en otros países desarrollados desde finales del siglo XIX (Comas 1994, 2002).

Coincidiendo con el alargamiento de la juventud van apareciendo espacios y tiempos de ocio juvenil especialmente nocturno (Pallarés y Feixa, 2000; Laespada y Pallarés, 2001; Pallarés y Cembranos, 2001), separados de los de los adultos, que incidirán en la aparición y recreación de culturas específicas y que contribuirán a dotar de sentido a los consumos de drogas.

El cannabis será la primera droga ilegal que aparece en escena. Como ha señalado Romaní (1999) en el bienio 1967-68 se introduce el hachís por parte de los hippies que volvían de
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Estamos siguiendo anteriores trabajos de Pallarés (2003, 2007 y 2011).

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Oriente o de Holanda, para los cuales formaba parte, junto a otros elementos, de un modo de vida. Posteriormente, en la etapa 1972-75 se da un crecimiento del uso del cannabis y del LSD, que pasará a ser como una moda para grupos underground y de una cierta radicalidad política. En la época de la reforma política (1976-78) los consumidores crecen, y el consumo de cannabis y de alcohol tiene fuerte presencia en las manifestaciones y fiestas en la calle, simbolizando una conquista al régimen, y particularmente el consumo de cannabis, como un símbolo de la identidad <<izquierdista>>. A partir de 1978 crece sosteniblemente su consumo, desvinculado de la visión contracultural del uso de drogas, y los nuevos consumidores ya no provienen de los núcleos anteriores sino del conjunto de la juventud que se acerca a la sustancia viéndola como una mercancía más.

La difusión de la heroína sigue un proceso similar al del cannabis. Como ha analizado Comas (1989), los primeros consumidores de heroína (1973-77) son consumidores de núcleos sociales selectos y reducidos: nivel social y cultural alto, estudiantes universitarios, profesionales, académicos, insatisfechos con el tipo de sociedad y progresistas. Ven la heroína como una sustancia más, que canaliza su experiencia de ruptura social, y como no existe una oferta abierta, para consumir son núcleos cerrados, próximos a los de los contraculturales consumidores de cannabis. Entre 1977 y 1981, se incorporan al consumo de heroína miembros de las clases medias e hijos de trabajadores, la mayoría con militancia política (ver García Pardo, 2002). Es un período de fuerte incremento de la incidencia, y las razones de inicio tienen que ver, básicamente con la insatisfacción y el ajuste personal. A partir de entonces la incidencia disminuye aunque la prevalencia, todavía durante un tiempo, es más alta. Se incorporan al consumo grupos étnica o económicamente marginales.

Ese momento es clave para la aparición de un discurso bastante monolítico sobre las drogas que, sin ambages, pasan a ser vistas como un gran problema, centrado en la heroína (denominada <<la droga>>) y en el <<drogadicto>>, que sólo puede ser un perverso delincuente.

Hasta mitades de la década de los setenta no aparecen lugares de venta permanente de sustancias ilegales y, por tanto, no hay una oferta constante de ellas por lo que, para consumir, hay que pertenecer a redes sociales que han hecho una elaboración contracultural del consumo. Con la oferta constante, proveniente de redes vinculadas con el ámbito delictivo, se
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acercan otros grupos sociales al consumo que se va desvinculando de las ideas políticas y contraculturales.

En esta época, crecen notablemente el consumo de alcohol y el de tabaco. Estas actividades que hasta entonces eran esencialmente masculinas y de adultos irán ganando presencia entre las mujeres y los jóvenes, con pautas de consumo nuevas en relación al tipo de bebidas, cantidades, lugares y ocasiones para beber, etc. En menor medida crece el consumo de ciertos fármacos como tranquilizantes y anfetaminas.

La respuesta institucional es de intensidad baja. España no ratificó hasta 1967 el Convenio Único de Viena de 1961; hasta 1969 no se crea la Brigada Especial de Investigación de Estupefacientes de la Policía, y en 1973 la Guardia Civil creó un grupo especializado contra el tráfico de drogas. Los servicios socio-sanitarios sólo reciben demandas de tratamiento por alcoholismo. A finales de los setenta, empiezan a aparecer Comunidades Terapéuticas para problemas relacionados con el consumo de heroína (ver Comas, 1988), aunque hay consultas privadas y clínicas que ofrecen tratamientos médico-psiquiátricos.

La segunda etapa viene definida por la <<crisis de heroína>>. En los ochenta, crece la alarma y la preocupación social por las drogas ilegales, por el aumento de la inseguridad ciudadana y por el miedo al riesgo de <<caer en la droga>> asociado al consumo compulsivo y diario de heroína (Comas, 2002). Empieza a percibirse que el paro es un fenómeno estructural pues el período 1977-1985 es de fuerte recesión económica y de destrucción de ocupación (reconversión industrial), coincidiendo con la llegada al mercado de trabajo de las numerosas cohortes juveniles del efecto baby-boom y con una mayor incorporación de mujeres, lo que disparará las tasas de paro juvenil. Al perderse unos dos millones de puestos de trabajo fijos, aumentan los problemas y las tensiones sociales. Bajo la excusa de fomentar la contratación de jóvenes se introducen medidas de flexibilización en el mercado laboral, abriendo la etapa de creciente precarización del mismo y de desprotección social.

La juventud, hasta entonces vista de forma positiva, se torna una carga para las familias y aparece un discurso negativo que asocia la situación de los jóvenes a su propia condición y aspectos culturales más que a los componentes sociales, políticos y económicos de la época.

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Se produce en el imaginario social la relación entre juventud, delincuencia y drogas (Martí, 1998).

A mitades de la década de los ochenta se alcanzan las tasas más altas de prevalencia del consumo de heroína, que se estabilizan a finales de la década y luego van descendiendo. Se difunde entre los consumidores la vía de administración endovenosa como alternativa a la adulteración y a los altos precios (ver Usó, 1996; Hidalgo, 2007). Dado que ni existen ni se fomentan medidas de reducción de daños, una parte importante de los consumidores llegan a compartir jeringuillas, favoreciendo la propagación del sida, que en la segunda mitad de la década empieza a producir una mortalidad muy significativa entre los consumidores que comparten jeringuillas.

Los consumos de alcohol y tabaco continúan aumentando, aunque por el ruido de la heroína no se habla de ellos, ni se conciben como problemáticos. El consumo de alcohol en altas cantidades en las noches del fin de semana empieza a ser un modelo de ocio para muchos grupos de jóvenes, y aparecen formas de consumo en la calle, inicialmente designado con el calificativo de <<litronas>>. La cocaína, como sustancia asociada al prestigio y al éxito (ver Díaz et al., 1992) crece en ambientes con cierto poder adquisitivo, aunque se estaba difundiendo también entre los consumidores más marginales de heroína, sustancia con la cual solían combinarla, especialmente inyectada (Gamella, 1990; Hidalgo, 2007). No obstante, por diferentes motivos, se ha silenciado su extensa difusión entre el mundo más marginal o de la heroína, quizás para no perder su carácter elitista y de éxito.

En 1985 se crea el Plan Nacional Sobre Drogas (PNSD) como mecanismo institucional para coordinar las políticas de las diferentes administraciones en el ámbito de la prevención, el tratamiento y la reinserción. Crea una red asistencial pública, que convive con la privada, y que hasta principios de la primera década del siglo XXI estará colapsada por atender los problemas sociosanitarios de los heroinómanos. Se difunden programas preventivos orientados al <<no a las drogas>> ilegales, que progresivamente van incluyendo a las legales. Este tipo de prevención se ve como la panacea para evitar y disminuir los problemas.

A finales de la década de los ochenta, en grupos muy vinculados a la cultura del baile, aparecen las sustancias de síntesis (ver Gamella y Álvarez, 1997, Bouso 2003). Inauguran una
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nueva época, los noventa, que viene definida por la pérdida del papel central de la heroína, que incluso llega a perder importancia a finales de la década en los imaginarios sociales sobre los consumidores de drogas. Se va produciendo un cambio debido al impacto de la filosofía de la <<reducción de los daños y riesgos>> y por una cierta normalización institucional y social (ver Comas, 2002) de las nuevas formas y pautas de consumo.

La tercera fase, se caracteriza porque en los noventa descienden considerablemente las incorporaciones al consumo problemático de heroína y opiáceos, y se produce una difusión de las drogas de síntesis (MDMA y análogas), también de otros estimulantes, el cannabis y especialmente el alcohol, y desde los noventa hasta más o menos 2008-2009, en que se produce una inflexión, se ha ido produciendo un crecimiento importante de los consumidores de cannabis y de estimulantes, especialmente cocaína. A partir de esos años parece que empiezan a estancarse o ligeramente a retroceder todos estos consumos y el número de consumidores, si exceptuamos el alcohol.

En Pallarés (2011) hay un análisis más detallado de los cambios de esta tercera fase. De manera resumida, seleccionamos los más importantes:

El modelo de consumo emergente desde los noventa, más allá de las diferencias locales, tiende a adoptar unas características globales.

Fuerte segmentación de los espacios y tiempos formales respecto de los informales (entre ellos los de ocio). Concentran el consumo de drogas legales e ilegales. Los consumos el resto de la semana, y especialmente en el ámbito laboral, disminuyen a niveles casi testimoniales, excepto el consumo de tabaco que no varía mucho. También entre semana hay consumos de alcohol, aunque son una minoría y un grupo considerable de consumidores diarios de cannabis.

Los consumos de drogas son una actividad más entre otras, y no siempre la más importante, relacionada con los estilos de vida, las actividades de tiempo libre y ocio de los jóvenes, y cada vez más, de los adolescentes (Díaz y Pallarés, 2002).

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Los consumos de las distintas drogas están muy relacionados con los cambios y transiciones en el ciclo vital, especialmente el paso de la niñez a la adolescencia (alcohol y cannabis) y de la adolescencia a la juventud (incremento de los consumos y aparición de la cocaína).

Los consumos de estas sustancias no significan romper o violar normas o patrones de conducta, sino más bien una forma coherente de adaptarse al grupo y al entorno social. Se produce un claro rechazo del consumo de heroína y del modelo de consumo diario y compulsivo que representaba el <<yonqui>>.

Salir los fines de semana y consumir drogas, principalmente alcohol, se ha convertido en la normalidad y a la vez en una exigencia para los jóvenes, para reiterar y escenificar su condición juvenil.

La tendencia hacia la normalización social de las nuevas formas de consumo (legales e ilegales) ha contribuido a la aceptación y “normalización” de los consumidores de fin de semana, que dejan de verse como problemáticos o drogodependientes. Coincide con una visión no tan negativa de la juventud, al menos hasta la aparición de la crisis económica de finales de la década.

En el ámbito de la gestión de las drogas ha triunfado la filosofía de la <<reducción de daños>>, contribuyendo a un cambio de imagen en los consumidores, que de la imagen anterior del delincuente ha ido transformándose en la del enfermo y finalmente en la de los jóvenes “fiesteros”, mucho más normalizados.

Valores y representaciones sobre los consumidores.

Hemos tenido en cuenta los cambios habidos en los consumos, para intentar relacionarlos con los cambios habidos en las representaciones sociales sobre las drogas. A lo largo de los noventa, se incuba un cambio en los imaginarios sociales sobre las drogas, que se manifiesta con mayor nitidez a finales de dicha década, y que alcanza hasta nuestros días. Para indicar las características de este cambio en la percepción social sobre las drogas, nos atendremos a

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los resultados obtenidos en los estudios de la Fundación Igenus , y a los estudios de la FAD en los que han asociado los consumos de drogas con los valores y las representaciones .
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Existen varias diferencias entre las distintas generaciones en relación a sus experiencias con las drogas. Los grupos de mayor edad saben sobre las drogas desde la lejanía, no de forma directa, ni por sus experiencias, sino de una manera mediada por los estereotipos, pero sin haber tenido contacto objetivo con ellas o con sus consumidores (excepto las legales). Las cohortes de edad en que se encuentran los padres de los actuales jóvenes y adolescentes, sin embargo, tienen mayor experiencia con las drogas, además ésta es directa, puesto que algunos han consumido drogas ilegales, o indirecta, porque se han socializado en los contextos de fiesta conviviendo con consumidores, sean estos amigos o simplemente conocidos. El tipo de contacto, la proximidad o la distancia con las drogas ilegales, ha marcado diferencias muy significadas en los imaginarios de las distintas generaciones respecto de las drogas, sus efectos y los consumidores. Aunque, independientemente, exista un discurso sobre ellas, genérico y dominante, que en algunos casos puede entrar en contradicción con las experiencias y las visiones de las distintas personas y de sus grupos de referencia.

Siguiendo esta línea sobre la importancia de los valores y las representaciones, Rodríguez et al. (2008) confirman el cambio radical en la percepción social sobre las drogas producido en los últimos años en la opinión pública española, y lo corroboran con los resultados de otros estudios. Señalan tres variables que son importantes para explicarlo: la edad, la experiencia con las sustancias y, para algunos grupos, la ideología. Estos autores afirman que el hecho de socializarse en contacto, más o menos directo, con las drogas, no sólo facilita el incremento de la experimentación y el consumo, sino que ha ayudado a las personas a mantener

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Especialmente de aquellos publicados: Díaz et al (2004); Martínez Oró et al. (2010a,

2010b); Martínez Oró y Pallarés, 2009; Pallarés et al. (2006; 2008) y Pallarés y Martínez Oró (2010).
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Megías et al. (2000, 2000a); Megías (2000, 2001); Megías (2005); Megías et al (2005);

Rodríguez et al (2008) y Elzo et al. (2010).
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Hay una versión más extensa de este apartado en Pallarés (2011) el cual seguimos

aquí.

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consideraciones más relativas respecto de las drogas. Corroboran lo que se dibujaba en Megías et al. (2005), trabajo en el que se ve claramente el cambio de perspectiva en la percepción de las drogas, pues, ya no son vistas solamente como problema, ya que casi la mitad de los españoles, también, reconocen los efectos relativos a la diversión, el placer, la desinhibición, el prestigio social y para facilitar relaciones.

Este giro en la manera de entender las drogas encaja con el cambio experimentado en la percepción del riesgo, y en la convicción de que existen también beneficios (Rodríguez et al. 2008:325), relacionados con el ocio y el grupo.

En Megías et al. (2000a) y Megías et al. (2001) se aprecia la nueva imagen que de los consumidores de drogas tiene la sociedad española que abandona la visión de las drogas centrada en la heroína y que cuando la imagen se refiere a los consumidores de “fin de semana” tiende a verlos como “normales”. La identificación del consumo de drogas y jóvenes provoca una ambigüedad, puesto que se cree que los jóvenes, en cierta forma, deben consumir drogas porque son jóvenes y por lo que los consumos significan, aunque, a la vez, se vean las drogas como una amenaza y un riesgo y se pida protegerlos de ellas.

Como bien ha planteado Romaní (2004a) del estudio de Megías et al. (2000) se desprende que hay un mayor conocimiento del “mundo de la droga” que contribuye a su progresiva “normalización” y para apreciarlas en términos más pragmáticos. La mirada de las personas sobre las drogas en los últimos años ha tendido a la normalización, mucho antes que la de los medios de comunicación, por lo que hay una disonancia entre unos y otros.

En 2005 aparece una nueva versión de Megías et al. (2000) bajo el título de “La percepción social de los problemas de drogas en España, 2004”. Desarrollan algunos de los temas ya comentados y reaparece la nueva visión sobre las drogas y sus consumidores. Se destaca que, a los españoles “las drogas les preocupan porque tienen que preocupar”, según el discurso dominante y globalizador, lo cual está en consonancia con lo que “se supone que hay que sentir o decir”, aunque luego se ven las incongruencias y contradicciones de esta perspectiva.

Los padres, ante la cercanía de las drogas, sienten que ellos han podido controlar su contacto con los consumos, aunque aparece la angustia cuando miran a los hijos a los que no suponen

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la capacidad de controlar, por lo que creen que las cosas irán a peor. Pero, por el contrario, creen que las drogas son cosas de jóvenes y que por tanto deberán experimentar con ellas.

Los discursos son más alarmistas cuando los sujetos que los mantienen están más alejados del mundo de las drogas. A mayor contacto con las drogas, existe menor percepción de peligrosidad. El problema se ve más importante a medida que se aleja del entorno próximo. Aunque perviven los miedos, son más habituales, próximos y cotidianos. Las drogas ya no son algo extraño, son una amenaza, pero reconocible, que sorteamos y con la que aprendemos a vivir.

Aumentan considerablemente los que ven a los drogadictos como personas corrientes. La percepción colectiva de los consumidores no está estigmatizada, el estereotipo del yonqui ha perdido fuerza y se ha sustituido por consumidores que aparecen como más integrados: el consumidor de pastillas (el joven), el de cocaína (con aspecto de triunfador), el consumidor de cannabis (colega, buen chico y en el fondo normal). La población se siente más informada (especialmente jóvenes) y las drogas producen menos miedo, aunque saben que están cerca y que los consumos aumentan, en los ambientes de ocio, no en los de responsabilidad.

Junto con la imagen genérica de la droga, lo que define los riesgos es la distinción que se hace entre el buen y el mal uso de las sustancias, que no tienen que ver, como en el caso del alcohol, con la frecuencia, la cantidad, la intensidad, etc., sino con la intencionalidad con que se usa la sustancia. El buen uso, se asocia con los fines lúdicos, con la diversión, y este tipo de consumo se aprecia como normal y no es calificado como desviado, puesto que se cree, que para divertirse, hay que utilizar todo aquello que potencie la diversión, y para ello se supone que funcionan muy bien las drogas.

Existe una imagen de control, que parece independiente de los episodios concretos de abuso, y de los <<desfases>>. Lo que aparece como inaceptable es el uso en zonas de responsabilidad: trabajo, educación, relación familiar; eso explicaría problemas y comportamientos aberrantes, por sacar las drogas de su contexto natural. Y el buen uso supone consumir en compañía y divertirse, hacerlo en soledad es señal inequívoca de tener problemas, o que el consumo con el tiempo los generará.

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Dominan las posturas prohibicionistas sobre las permisivas, aunque evolucionan hacia una disminución de la visión de prohibición. En el cannabis dominan las permisivas. Entre los jóvenes, aumenta la permisividad hacia la cocaína.

En Elzo et al. (2010) se repite el estudio Valores sociales y drogas de 2001. En este nuevo trabajo, se aprecia un proceso de 'juvenilización' en los valores de los españoles, puesto que aquellos que se atribuyen a los jóvenes parecen los únicos que han aumentado en valoración entre el conjunto de la población. Son los valores que se proyectan o atribuyen a los jóvenes los que han aumentado en el conjunto de la población: vivir al día, enfatizar el ocio, importancia de la amistad, exigencia de vivir con el gusto de cada cual, la necesidad y el placer de arriesgarse. También se da mayor relevancia a la enfatización del presente.

Para finalizar este recorrido por los cambios en las representaciones, en Rodríguez et al. (2008) se aprecia que con los consumos los jóvenes buscan integrarse a su grupo y responder a la presión de la necesidad de divertirse, de ahí que puedan interiorizar una contradicción: “consumir es malo, pero es normal”.

Prevención, consumos de drogas y relaciones entre padres e hijos: “La palabra droga era un tabú, era imposible la comunicación. En nuestro caso es distinto, por lo menos sabemos de qué se trata”

Durante la transición democrática, el consumo de drogas entronca directamente con la contracultura y la agitación político-cultural. El consumo escenificaba unas ansias de libertad y transgresión (Romaní, 1982). Aunque emergentes, los consumos de drogas ilegales continuaban alejados de la realidad cotidiana de la mayoría de la población. La educación relativa al consumo de drogas por parte de estos jóvenes era sólo la propiciada por los iguales. Y si pensamos con la posición de los padres -nacidos entre los años 20 y 30- de éstos jóvenes, es obvio que, por motivos generacionales, desconocían los consumos de drogas así como las actividades de sus hijos. Muchos de estos jóvenes llevaban una doble o triple vida en la que las relaciones familiares, laborales y culturales eran independientes.

A lo largo de los años 90, los jóvenes <<contraculturales>> tuvieron que abordar los consumos de drogas de sus hijos, el abordaje se hizo de manera ambivalente. A grandes rasgos,

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encontramos dos categorías de padres que coinciden con dos tipos de discursos. Por una parte, unos que elaboraron un discurso normalizador, afín en cierta medida al discurso de la reducción de riesgos. Y por otra parte, padres/madres que elaboraron un discurso prohibicionista. En cierta medida, esta segunda categoría de padres conocían ciertos consumos de drogas, puesto que, habían obtenido tanto experiencias placenteras como traumáticas, especialmente relacionadas con malos viajes de LSD. La ambivalencia venía determinada por diversos factores, como los modelos educativos utilizados, el conocimiento en primera persona de las drogas, así como la integración como válido del discurso alarmante emergido a raíz de la crisis de la heroína. Por lo tanto, algunos padres, consumidores esporádicos en la juventud, manifestaron el mismo abordaje educativo del consumo de sus hijos que padres que no habían tenido ningún contacto con las drogas, es decir, intolerancia hacia el consumo de drogas. Sin embargo, la primera categoría de padres, a la hora de abordar el consumo de sus hijos, nacidos entre 1975 y 1990, lo hicieron con un talante normalizador intentando aplicar estrategias de reducción de riesgos y promoción de la salud. Sin embargo, del total de padres de estos jóvenes sólo una proporción relativamente baja de los padres habían estado en contacto con las drogas durante su juventud. Por lo tanto, entre los jóvenes nacidos durante los 70, 80 y 90 prevalecen los padres sin experiencia ni conocimiento sobre los consumos de drogas ilegales. Así pues, estas generaciones de jóvenes, han recibido mayoritariamente un discurso prohibicionista y alarmante del consumo de drogas ilegales.

A principios de los 80 se desencadenó la crisis de la heroína. Los motivos fueron varios, a destacar la difusión de la heroína entre ciertos colectivos de jóvenes, procedentes de diferentes estratos sociales y con motivaciones diversas para consumir heroína (Comas, 1989; Pallarés, 1996). La crisis de la heroína implica una nueva conceptualización del consumo de drogas, si hasta ese momento, era entendido como minoritario y protagonizado por jóvenes contraculturales, a lo largo de los 80 se fue ampliando, y, en consecuencia, desencadenó una gran alarma social. Los usos compulsivos de heroína provocaron la estigmatización y marginación social de los heroinómanos, debido a las actividades informales (hurtos, robos, venta de drogas y prostitución) que realizaban para mantener los consumos de heroína. La estigmatización se acentúa con la irrupción del VIH. A raíz de las consecuencias de la heroína emerge el imaginario social (Castoriadis, 1983) de <<la droga>>, a grandes rasgos entendido, como que todos los consumos de drogas ilegales son problemáticos y están asociados a la

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delincuencia juvenil, la marginación social, y la estigmatización, entre otros problemas (Romaní, et al 2005, Romaní, 2005)

La educación sobre las drogas y la información disponible se tuvo que crear de forma rápida, normalmente más fundamentada en sensibilidades emocionales que en evidencias científicas (Pallarés, 1996). Como resultado de las consecuencias de la heroína, la educación sobre drogas que emergió se enmarcaba en el paradigma prohibicionista. Así pues, la inmensa mayoría de padres de los heroinómanos no poseían conocimientos sobre las drogas -ni tampoco sus hijos. A grandes rasgos, en la actualidad podemos encontrar, tres perfiles de padres que vivieron su juventud durante los años 80. En primer lugar, los que no tuvieron ningún contacto con las drogas. En segundo lugar, los que tuvieron contacto con las drogas pero no desarrollaron problemas severos. Y en tercer lugar, los que consumieron drogas y desarrollaron problemas, frecuentemente relacionados con la adicción.

Los primeros, y más numerosos, al no experimentar en primera persona con las drogas poseen bastante desconocimiento sobre las mismas. La información relativa al consumo de drogas ilegales, está fundamentado en noticias alarmistas, campañas prohibicionistas y la imagen del heroinómano degradado psicológica y físicamente. Estos padres reproducen el modelo educativo del prohibicionismo. Los segundos, menos numerosos, experimentaron con ciertas drogas ilegales, durante su juventud, la más frecuente fue el cannabis, y en menor medida la cocaína y la heroína. Los consumos de estos fueron recreativos, en el sentido que los consumos nunca adquirieron una centralidad en sus vidas. Sin embargo, estos vieron como personas cercanas desarrollaron problemas severos y algunos de estos murieron de sobredosis, SIDA u otros problemas relacionados. La experiencia adquirida durante su juventud ha sido un pilar clave para abordar el consumo de drogas ilegales de sus hijos. Su discurso, al igual que lo hicieron los jóvenes "contraculturales", ha basculado entre la alarma y la normalización. Algunos de estos padres una vez culminada su transición al mundo adulto, pueden haber continuado consumiendo drogas ilegales, especialmente cannabis. En este sentido, algunos padres han intentado transmitir un discurso normalizador del consumo, promoviendo estrategias de reducción de riesgos y asegurando la máxima información a los hijos para gestionar saludablemente los posibles consumos. Y la tercera categoría son personas que han tenido hijos a la vez que mantenían la adicción a la heroína o estaban en

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tratamiento de deshabituación. Para estos últimos se han generado programas e intervenciones dirigidas.

Durante los años 90, miles de jóvenes españoles incorporaron, como <<normales>>, las salidas nocturnas durante los fines de semana, buscando un espacio que se les negaba en otros ámbitos como el laboral, el político o el cultural, que impedían incorporarse con éxito o con demasiadas dificultades al mundo adulto. Drogas como la cocaína, la MDMA o las anfetaminas, fueron consumidas experimentalmente por una cantidad indeterminada, pero considerable de jóvenes a lo largo de los años 80 y 90. Aunque algunos de estos desarrollaron problemas derivados de los consumos de drogas ilegales, la inmensa mayoría completaron satisfactoriamente la transición al mundo adulto. En la actualidad, estos son ciudadanos así como padres de niños y adolescentes normalizados. Esta generación es la que más contribuye a la normalización del consumo de drogas, debido a que realizan el abordaje de los consumos de drogas de sus hijos desde una mirada cercana a la realidad del consumo, desvinculada del dramatismo y la alarma. Y esta es la generación que estudiaremos en la presente investigación.

A pesar de que exista una cierta preocupación hacia la asociación entre juventud, fiesta y drogas, cada vez más hemos visto como disminuían los problemas graves derivados de este trinomio, al menos en relación a la mortalidad y morbilidad, y los actos delictivos (Measham et al , 1994, 1998). Para los jóvenes consumidores que se incorporaron a lo largo de los años noventa al consumo de drogas, la heroína nunca fue una droga que entrara dentro del <<juego de las drogas>>, las consecuencias sociales y sanitarias que llevó su consumo y el tipo de gestión que se hizo de los problemas, entraron en el imaginario juvenil e hizo desestimar el consumo (Moore at al, 2004, 2008)

Aunque, una parte importante de los consumidores, entienden los consumos recreativos como compatibles con su entorno, también saben que los consumos no están exentos de riesgos y que pueden llegar a relacionarse con problemas más o menos severos. En este sentido, una minoría, que realiza consumos más o menos intensivos, desarrollará problemas, como hemos visto en los últimos años en los recursos asistenciales de drogodependencias, donde el número de heroinómanos ha disminuido al tiempo que aumentaban las demandas de tratamiento por cocaína y alcohol (Martínez Oró et al, 2008, 2009, 2010).

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En los últimos años ha cambiado significativamente el imaginario colectivo sobre el consumo de drogas. Aunque de forma lenta, como todos los procesos sociales, la representación social se ha modificado. Se ha pasado del modelo alarmante de la heroína, al modelo normalizado de los consumos recreativos. Las diferencias generacionales de los actuales adolescentes y jóvenes con sus padres, en cuanto a los consumos de drogas no son tan grandes como en otras épocas, ya que los padres, otros parientes o amigos del entorno familiar, consumieron algunas de las drogas ilegales más difundidas (cannabis y cocaína) y alcohol y tabaco, en contextos y situaciones similares, con elementos diferentes pero no tan alejados como puede parecer si observamos las pautas de consumo actuales. A pesar de ello, o quizá por eso, los padres parecen bastante ajenos a lo que pasa con sus hijos, sobre todo adolescentes, en los contextos de fiesta, y cuando hay problemas, consideran que son los hijos de los demás quienes los padecen. Parece que todo el mundo da por supuesto que salir y consumir algún tipo de droga es un rasgo de la generación actual para transitar hacia la juventud y la adultez. (Martínez-Oró et al, 2008). La proximidad de las dos generaciones en cuanto a la visión del consumo de drogas implica una mayor normalización del fenómeno. Esta tendencia irá en aumento ya que cada vez son más los padres que han estado en contacto con los consumos recreativos. (Martínez-Oró et al, 2010). Estos padres cercanos al consumo transmiten a sus hijos unos valores diferentes a los del paradigma prohibicionista (Megías, et al, 2004, Megías, 2009).

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3. METODOLOGÍA.
Un punto de partida para la exploración empírica.

En los últimos años se han incorporado progresivamente al rol de padres/madres personas consumidoras o exconsumidoras de drogas ilegales. Personas que, durante su juventud, consumieron recreativamente o tuvieron contacto con drogas ilegales como el cannabis, el éxtasis y análogas, y la cocaína, principalmente. Estos padres, ofrecen a sus hijos un discurso sobre las drogas no centrado exclusivamente en la abstención del consumo y, por tanto, diferente al de los padres no consumidores. Por tanto, estos padres consumidores están aplicando nuevas estrategias preventivas. En este sentido, algunos pueden tolerar o permitir ciertos consumos, además de gestionar los consumos de los hijos sin alarmismos. A tenor de este punto de partida, diseñamos los siguientes objetivos.

Objetivos.

Objetivo principal:

Conocer el papel y los discursos de los padres consumidores de drogas ilegales en la prevención del consumo de drogas de sus hijos.

Objetivos específicos:

Conocer cómo influyen los consumos de drogas de los padres en la prevención de los consumos.

Conocer cómo influye el discurso de los padres sobre los consumos de sus hijos.

Aprehender los diferentes tipos y perfiles de padres consumidores de drogas.

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Conocer los diferentes discursos que transmiten los padres consumidores a sus hijos.

Saber cómo posibilitan la normalización social del consumo de drogas los padres consumidores.

Una aproximación cualitativa.

La metodología cualitativa establece que se debe mantener el carácter esencialmente significativo de la acción humana (Silverman, 1993; Denzin y Lincoln, 1994), es decir, parte de la base de que, en muchas dimensiones, las acciones humanas no son reductibles a parámetros o a cuantificaciones. De acuerdo con esta premisa, estos enfoques se caracterizan por dar prioridad al análisis y a la interpretación de las opiniones y valoraciones que las personas hacen de sus propias acciones y de las acciones que realizan los demás. En este sentido, la metodología cualitativa enfatiza el carácter significativo del comportamiento humano, dando especial importancia al lenguaje como vehículo de sentido y a la interpretación y la comprensión como estrategias fundamentales de aproximación a los fenómenos sociales (Ibáñez, 1986).

Entender el consumo de drogas actual es entender las condiciones sociales, contextuales, culturales e históricas que lo posibilitan. Por lo tanto, entender el consumo de drogas es entender las condiciones de vida y el trasfondo de los consumidores de drogas. Para cumplir con los objetivos del estudio, durante el proceso de investigación utilizamos una metodología cualitativa. La investigación cualitativa es necesaria para la comprensión de la realidad en su conjunto; para acercarse a los significados de la experiencia humana desde el punto de vista del actor y captar la vertiente subjetiva y contextualizada de los procesos sociales. Es necesario tener en cuenta que la manera cómo se manifiestan, tanto el consumo de drogas como la relación con los padres, es el resultado de factores contextuales, culturales, históricos y políticos, y no existe una naturaleza objetiva ni de las adicciones, ni de los problemas, ni del consumo recreativo problemático (Martí, 1996; Decorte, Slock, 2005).

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Técnica. Grupos de discusión.

De acuerdo con los objetivos de la presente investigación, utilizamos los grupos de discusión (Ibáñez, 1986; Ortí, 1986; Alonso, 1998). Es decir, la reunión de grupos de 7 u 8 personas, de características más o menos similares, a las que se les propone hablar libremente de un tema que el propio grupo va desarrollando, bajo la coordinación de un moderador, a lo largo de unas dos horas de conversación (Conde, 2002). Esta técnica supone tanto una herramienta de recogida de información como una herramienta de exploración para identificar variables, factores y relaciones.

En concreto, utilizamos el grupo de discusión semiestructurado, en cuanto a su grado de estructuración, y en profundidad, en cuanto a su grado de dirección. El valor añadido de realizar grupos de discusión, es que la potencia se centra en la interacción y construcción colectiva de significaciones entre los miembros que lo conforman. La discusión, efectivamente, no tiene como objetivo la búsqueda del consenso entre los miembros del grupo; sino que, lo que posibilita es recoger un amplio abanico de opiniones y puntos de vista intensivos que pueden ser tratados extensamente. La situación de grupalidad produce un desplazamiento del control de la interacción que va del investigador hacia los participantes, lo cual favorece un mayor énfasis en la producción de sentido propia de las personas entrevistadas.

Para captar a más participantes, también se requirió la participación de los sujetos que participaron en los primeros grupos de discusión, pidiéndoles que captaran un conocido que cumpliera las características de selección para que participara en los grupos posteriores, configurando así un tipo de muestra de bola de nieve (Biernacki; Waldorf, 1981).

Para captar los participantes en los grupos de discusión, se contó con la colaboración de diferentes asociaciones que trabajan con consumidores, así como el equipo de campo del Observatorio de Nuevos Consumos de Drogas en el Ámbito Juvenil.

Los grupos de discusión se realizaron en puntos céntricos de las ciudades, para facilitar la participación en los grupos. Los grupos fueron grabados para su posterior trascripción mediante el software Voice Editing.

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Los participantes en los grupos de discusión que seguidamente analizamos fueron seleccionados a partir de un criterio principal: que fueran padres o madres que hubieran consumido drogas ilegales en el pasado o que las estuvieran consumiendo en la actualidad . Nacidos entre los años 50 y 70, y con hijos de 15 años o más. Por tanto, los padres tenían más de 40 años, y ya habían afrontado por lo menos a las primeras salidas nocturnas de sus hijos. La intensidad con la que consumían y consumen varía substancialmente entre los participantes, así encontramos como algunos fueron consumidores habituales de cannabis, y ocasionalmente de anfetaminas, cocaína e incluso heroína, y otros que realizaron consumos esporádicos de cannabis sin consumir otras drogas ilegales. Además en la actualidad algunos seguían consumiendo, cannabis especialmente, aunque algunos reconocían darse “algún homenaje de vez en cuando”, especialmente de cocaína.
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A los captadores se le dio indicaciones para que evitaran captar a personas que habían tenido problemas severos o adictivos derivados del consumo de drogas. Por tanto, en los grupos no aparece la opinión de personas que han estado en tratamiento de desintoxicación.

Para complementar los datos obtenidos por los grupos de discusión, se realizó un grupo de expertos, en el cual se reflexiono sobre la temática de la investigación.

Ficha técnica.

A continuación, presentamos la ficha técnica de cada uno de los grupos donde se recoge el nivel de instrucción, el intervalo de edad de los participantes en cada uno de los grupos, las drogas que consumen y las ciudades españolas donde se realizaron los grupos.

Nº 1. Vitoria.

Grupo mixto

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Para contrarrestar sus discursos en algunos grupos se introdujeron padres que no

consumieron drogas ilegales.

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Entre los 40 y los 53 años.

Diferentes niveles de estudio

Vivieron en su mayoría los años 80 con intensidad en el País Vasco.

Importante impacto de la crisis de la heroína en sus discursos.

Presencia de muchos consumidores habituales e intensivos de cannabis durante la juventud y esporádicos en la actualidad.

Contacto durante la juventud con drogas como la cocaína, heroína, speed.

Mayoritariamente desvinculados del consumo de drogas, a excepción del cannabis y alcohol.

Nº 2. Barcelona.

Grupo mixto.

Entre los 45 y los 58 años.

Diferentes niveles de estudios. La mayoría con estudios universitarios.

Presencia de activistas de izquierdas durante la transición.

Presencia de muchos consumidores habituales e intensivos de cannabis durante la juventud y esporádicos en la actualidad.

Contacto durante la juventud con drogas como la cocaína, heroína, speed y LSD.

Consumos esporádicos de la cocaína, setas alucinógenas y MDMA

Nº 3. Lleida.

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Grupo Mixto

Entre los 42 y los 52 años.

Todos separados

Diferentes niveles de estudios, bastantes con estudios universitarios

Consumidores esporádicos de cannabis en la juventud y no consumidores o esporádicos en la actualidad.

Nº 4. Ibiza.

Mujeres

Entre los 40 y los 48 años.

Mujeres separadas.

Diferentes niveles de estudios, con presencia de artistas.

Nacidas fuera de Ibiza. Aunque debido a la atracción de la isla se quedaron a vivir de solteras.

Realizaron consumos intensivos de cannabis durante la juventud y esporádicos en la actualidad.

Contacto durante la juventud con drogas como la cocaína, speed y LSD.

Consumos esporádicos de cocaína, setas alucinógenas y MDMA

Mayoritariamente desvinculadas del consumo de drogas, a excepción del cannabis y alcohol.

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Los grupos de discusión se realizaron durante la última semana de enero y la última de junio 2011.

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4. CAMBIOS Y CONFLICTOS GENERACIONALES: “Hay cosas ahora se pueden hablar más que antes”

que

Los discursos de los participantes en los grupos de discusión, padres de los jóvenes y adolescentes actuales, se sitúan en una posición muy distinta a la de sus padres respecto a cuando ellos fueron jóvenes, y utilizan como explicación de ello a los componentes generacionales. Éstos componentes se hacen patentes en las diferencias manifestadas en la forma de vivir las relaciones con las drogas y, a la vez, en las diferencias para interpretarlas, tanto respecto las que ellos mantuvieron con sus progenitores en el pasado, como con las que ellos mantienen con sus hijos en la actualidad.

La inmensa mayoría de los padres de los actuales adolescentes y jóvenes creen que sus padres fueron poco tolerantes, muy autoritarios y que nunca entre ellos se generó un espacio para hablar del consumo de drogas, así como de otros aspectos considerados importantes (antes y ahora), como es la sexualidad, la salidas nocturnas o decidir sobre su futuro. Por contra, en gran parte de los participantes en los grupos, se aprecia una postura bastante favorable para hablar del consumo de drogas con sus propios hijos: como si la variable del consumo de drogas ilegales de los padres implicara una predisposición para la comunicación, así como para transmitir parte de las experiencias propias con las drogas, aunque en la

práctica puedan existir dificultades para hablar sobre ello.

Todos los grupos han expuesto que las relaciones con sus padres fueron, en éste y otros campos, bastante asimétricas, puesto que sus padres en lugar de mantener una relación de proximidad y abierta, solían ser bastante autoritarios, lo que en la práctica significaba que no escuchaban sus planteamientos y que les imponían silencios o certezas sin posibilitar discusión alguna. Los participantes en los grupos se refieren a ello hablando de la autoridad, e incluso violencia de sus padres. En descargo de ellos cabe decir que desconocían o no tenían experiencia respecto las drogas emergentes en aquellos tiempos.

La importancia de la generación es por tanto básica, los padres de los actuales padres, imponían de forma acrítica, los miedos que se les transmitía por los medios de comunicación,

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en una cruzada, la de las drogas, como problema social, que llegaba de fuera y respecto a la cual no existía ninguna contraoferta en términos de representaciones, ni ninguna práctica que pudiera cuestionar ni refutar las aseveraciones hechas. Por el contrario, ahora, cuando socializan a sus hijos en los mismos temas, se muestran más abiertos y próximos a ellos, ofreciendo una vía de diálogo que permita, a la vez, incorporar sus experiencias propias como contrapunto de los discursos dominantes sobre los problemas de las drogas.

No obstante, como veremos más adelante, hay que matizar lo expuesto, puesto que algunas drogas, cuanto más lejanas a su experiencia, o cuando las pautas de consumo son muy distintas a las suyas (incluso el alcohol) generan también alarmas y miedos. A pesar de ello, aproximadamente en treinta años, ha cambiado enormemente el tipo de respuesta, que unos y otros se han planteado respecto los consumos de sus hijos, y la manera de abordar un tema que por las presiones sociales recibidas se vive como muy importante en la socialización de los hijos: - Yo el cambio más importante que veo es que nos trataban con más autoridad, cosa que, al menos durante el tiempo que yo he criado a mis hijas, creo que no.... Creo que fundamentalmente es lo que ha pasado en los últimos veinticinco o treinta años, ahora se ha ganado en confianza... hay cosas que ahora se pueden hablar más que antes. - Sí, yo pienso igual que ella, lo que pasa es que tú siempre sabes lo que no tienes que hacer porque lo hizo tu padre contigo pero no sabes lo que tienes que hacer para que haya una entente cordial... llegas a la conclusión de que no es posible porque el conflicto generacional existe.... se trata de llevarlo lo mejor posible, desde mi punto de vista y, evidentemente, eliminar todos los episodios de violencia y yo que vengo del lumpen y sé lo que es eso perfectamente. Entonces, claro en ese sentido hemos mejorado, pero si nuestros problemas..., me refiero al mundo de la juventud actualmente, es que yo lo veo muy chungo, muy chungo porque está todo demasiado teledirigido. Por ejemplo, cuando tú hablabas del mundo de las drogas ¿no? pues yo todavía fumo hachís y he estado fumando toda la vida.... tengo un hijo de veintiocho años que también fuma hachís desde que empezó a fumar, en mi casa es habitual y yo no he... esto es un tópico pero es verdad, no he notado en él ningún tipo de.... al contrario, es un tipo absolutamente centrado en lo suyo, tiene sus momentos de diversión, se lo pasa de puta madre pero cuando tiene que currar, pues curra, está absolutamente metido en su faena, incluso es brillante, no voy a decir…, pero es brillante y le va muy bien y entonces, cuando te cuentan que no sé qué, que acaban con la heroína y tal... pues yo creo que no, que si se establecen cauces de diálogo en estas cuestiones, sobre todo... pero claro, no estaba yo muy seguro al principio... Cuando mi hijo se enteró de que yo fumaba se asustó mucho, me enteré años después... ¡mi padre es drogadicto! Y cuando lo comentamos ... aunque luego nos reíamos ¿no? pero todo esto lleva a una conclusión que es la siguiente: antes había más violencia y nosotros la hemos eliminado, pero hemos cometido, seguramente, otros errores ¡y los que iremos cometiendo, probablemente!” (Barcelona)

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La necesidad de eliminar el autoritarismo y la violencia sitúa a gran parte de los actuales padres en una posición de aproximación, diálogo y comprensión hacia sus hijos. Para ellos, se trata no tanto de imponer su punto de vista desde arriba, sino de entablar una actitud comunicativa, que permita ir más allá de los límites que sus padres erigieron ante ellos como muros inamovibles, y de los cuales reniegan absolutamente. Parece como si la experiencia anterior que ellos valoran como negativa, deba ser evitada por encima de todo, aunque muchas veces tengan dudas sobre qué transmitir a sus hijos y sobre cómo hacerlo adecuadamente. - Yo considero que lo único que puedes hacer es un… mantener las vías abiertas de comunicación y dosificar, dosificar… Yo mi palabra clave es dosificar. (Lleida) -Sí, es muy diferente. En principio porque nuestros padres, por lo menos míos, no tenían ni idea ni conocimiento de lo que eran las drogas. palabra droga era un tabú, era algo tremendo y era imposible comunicación desde el miedo de ellos.... Y bueno, en nuestro caso distinto, por lo menos sabemos de qué se trata y tal. los La la es

-Yo con mis padres… yo con mi madre no hablé jamás de drogas, era solamente como algo tabú: espero que no tomes drogas, porque..., luego... ¡ya sabes que un porro!, ¡luego ya te pinchas! - En mi casa hubo el tema de mi hermano, yo era así un angelito y mi hermano fumaba y tal, y cuando lo descubrieron fue una crisis total de la familia, de ellos fue, sabes, haber fallado como padres, un desastre, vamos. Esto es algo que hoy por hoy es mucho más. (Ibiza) En los años sesenta y setenta, cuando los actuales padres vivieron su adolescencia o juventud, la <<violencia>> a la que se referían antes los participantes, no sólo predominaba en las relaciones socializadoras de las familias, sino que estaba presente en otras instituciones como es el caso de las educativas. Los paradigmas interpretativos sobre las relaciones entre los socializados y los socializadores eran de cuño totalmente distinto: - Sí, yo pienso mucho en este sentido ¿no? Que antes la educación estaba muy disciplinada sobre valores inamovibles y la transmisión de esta educación, tanto en las escuelas como… Yo estuve internado muchos años, mi procedencia no es lumpen, es burguesía catalana media… internado en escuelas de curas y toda la historia y entonces todo esto es inapelable. Entonces el cambio que ha habido en la relación con mis hijos es que hemos abierto vías de diálogo y si substituyes la disciplina por el diálogo y por el convencimiento, con eso puedes avanzar mucho, siempre que el entorno escolar que es el transmisor de conocimientos lo acompañe y por eso nos hemos implicado y hecho un seguimiento, no es aquello de dejar los niños en la escuela y que espabilen… se debe hacer un seguimiento de las escuelas. En mi caso, yo fumo marihuana, cultivo marihuana y tanto mi hija, como mi hijo de dieciocho años me ayudan a cultivarla y la compartimos con ellos, así como otras drogas e historias propias de la juventud, no es sólo el tema de las drogas sino el de la relación con sus compañeros, el tiempo de ocio, pues de todo esto hablamos y con bastante libertad (Barcelona)
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En medio de las divergencias generacionales se estaban dirimiendo distintos temas, entre ellos, los relativos a la toma de decisiones y al poder, y, especialmente, la legitimidad para poder ejercerlos. Unos (los padres) abogaban a la legitimidad que les otorgaba su edad y el tipo de sociedad, otros (los hijos) contraponían la necesidad de que la legitimación surgiera de la experiencia y del conocimiento. Por eso ahora que deben socializar, prefieren apoyarse en la confianza, la cual toman como estrategia de acercamiento a sus hijos: - Yo pienso que la diferencia entre nuestra generación y la de nuestros padres, y la nuestra con nuestros hijos, estaba… el chip, que había, que los niños hasta que no eran mayores de edad, no tenían conocimiento y los padres y su experiencia eran los que debían ir marcando el camino…, ahora, nuestra generación ya entiende que los hijos son personas que dependen de su manera de ser, y que los padres debemos favorecerlos para que encuentren su camino. Los conflictos generacionales siempre están, pero pienso que a pesar de los inconvenientes hay una mejora, puesto que es una relación intergeneracional de más confianza, puesto que le digan a uno <<qué quieres hacer>> siempre gusta... - Yo también pienso que es una mejora, pues estableces un diálogo que antes no se establecía, en temas que es igual, de drogas o de intimidad, a ver..., de manera de ser, de manera de enfocar la vida, las relaciones con la gente... - Sí, es más de persona a persona, no existe esta jerarquía tan marcada… - Una diferencia también muy importante es que cuando nosotros comenzamos a fumar porros, de la generación de nuestros padres nadie había fumado nunca ni sabían lo que eran las drogas más allá del alcohol y el tabaco. Ahora, la generación de nuestros hijos, pues siempre hay padres que consumen una serie de sustancias psicoactivas, o que lo han hecho durante unos años, y ya no les viene como algo nuevo. Por eso existe esta rendija a través de la cual tratar este tema, que resulta que es tabú, es una animalada, pero, está instituido así. - A mí me hace sufrir más eso, el saber un poco de qué va el tema, puesto que si no sabes… pues, refiriéndonos a aquello de nuestros padres, quizás…, porque claro, tú te puedes imaginar que…, no hace falta imaginar, << han de hacer lo que tienen que hacer>> y es su vida, pero a veces, saber lo que tú has hecho, o lo que pasa saliendo de fiesta te puede llevar a pensar, que… te hace venir dudas: que si llegará bien, que si… Que nuestros padres eso no. - No deja de ser un conocimiento que siempre les ayuda. - Sí, sí…, es eso estoy de acuerdo ¡eh! - Claro, pero nuestros padres no sabían nada, en absoluto. No nos podían decir nada porque les venía de nuevo y quizás a nuestros hijos les podemos hablar más abiertamente, aunque no sé si ellos tienen muchas ganas de hablarlo con nosotros siempre. Quiero decir, que también nos dicen lo que ellos quieren y les interesa, porque saben que nosotros tenemos que hablarlo de otra forma, porque claro, lo han vivido siempre con una cierta normalidad. Aunque…, tampoco responden todos siempre igual, porque cuando tienes más de uno, ves que uno responde de una forma y otro de otra, y creo que a ellos también ya les va bien decirte lo que quieren, lo que tú quieres escuchar, y… visto así, probablemente hay una tendencia más

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controladora, no lo sé ¡eh!, en nuestra generación que en la de mis padres, porque mis padres… - No se enteraban de nada. - Hablando de drogas, seguro que no. - Estaban súper tranquilos porque no sabían nada de nada. Yo a los diecisiete años hacía mi vida, quiero decir, y ahora mis hijos tienen veinte y pico y todavía están por casa muchas horas. - Claro, ésta es otra de las diferencias de nuestra generación. - Y no es lo mismo. (Vitoria) Entre las diferencias generacionales, además de las expuestas en relación al consumo de drogas, aparecen argumentos sobre la sociabilización de los jóvenes y de los cambios producidos tanto en la familia como en la sociedad: - Claro, es que antes a la que querías vivir tu vida tenías que marchar de casa, y ahora como que pueden hacer la suya en casa no marchan nunca. Después hay otro aspecto que veo, una diferencia fundamental, importante, que es que nuestros padres tenían la confianza de que sus hijos tendrían una vida mejor que la que ellos habían tenido. Ahora nosotros ya no tenemos esa confianza y no se la podemos transmitir a nuestros hijos. Esto debe ser un peso. - Lo que pasa, yo quizás lo veo un poco contradictorio, quizás nosotros somos de una generación que lo aplazamos todo para el futuro: no hagas no sé que porque sino…, no sé cuantos…, y entonces, claro, el futuro no lo podías perder. Probablemente les hemos vendido otra historia a nuestros hijos. Lo digo porque tengo alguno de autónomo, y el futuro de nuestros padres era muy…, en sentido económico, y nosotros ahora ya no podemos venderles la idea de que lo económico sea lo único. - Sí, quizás, nosotros les hemos abierto mucho la visión del mundo y no los hemos marcado tanto en el sentido de aquella idea de futuro que nos vendieron, porque, probablemente, es verdad, no habrá un futuro mejor desde el punto de vista material, no tendrá las mismas oportunidades, pero bueno, nos han llevado a una vida, que al final, nosotros, muchos de nosotros por lo que estoy viendo, éramos de unas circunstancias contraculturales de boquilla, y después hemos vivido una vida… - Pequeño burguesa. - Son los hijos de su época, ellos ya tienen otros parámetros y es que si no hubiera diferencias ya no habría conflicto generacional, que debe estar, si la raza humana no cambia, parece que debe estar. - Todo iba más lento, sí. - Y en casa te podían enseñar cosas prácticas de la vida, y ahora los abuelos quedan arrinconados en una residencia y no pueden explicar a sus nietos cosas de la vida porque todo ha cambiado tanto que son los nietos los que enseñan a los abuelos: mira hago aquí el <<enter>> y te sale la película, no sé, son cosas que cambian. - Antes los aprendizajes básicos se hacían en casa, al menos yo lo viví así, y creo que la gente de mi generación también. Ahora vas a aprender muchas cosas fuera, una escuela que hacen un curso… Da igual, incluso para aprender a coser los botones de los niños… - Sí, sí. (Barcelona)
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Estas diferencias generacionales son asumidas por todos los grupos y todos los padres entienden que es la nueva normalidad, y que por tanto no puede cuestionarse. A este consenso relativo a que antes se debía marchar de casa si se quería vivir la vida como uno quería, se le añade la sensación de que la actual generación no mejorará su situación económica y social si se compara con la anterior. Hay unanimidad en la visión sobre este nuevo panorama social que implica cambios socioeconómicos y culturales importantes: es algo que forma parte de las cosmovisiones de las distintas generaciones y lo describe perfectamente el siguiente grupo, que a la vez enfatiza otro hecho distintivo, que aporta una nueva dimensión al debate: la disminución del número de hijos como una diferencia muy significativa entre una generación y la otra: - Comparto ese dato también, nosotros éramos seis y yo tengo una hija sólo, pero bueno. - Entonces la dedicación, y la tal, de entrada ya no puede ser la misma. - Nos hacían mucho menos caso, seguramente que ahora y desde luego en mí experiencia yo creo que tengo una relación con mi hija de igual a igual, entre comillas, eso no me ocurría…, eso con mis padres, o al menos con mi padre, más con mi madre. - Yo de igual a igual no la tuve nunca. - Yo creo que de igual a igual no podrá ser entre padre e hijo pero bueno. - También la información que podían tener sobre las drogas yo creo que era ninguna, al menos en el caso de mis padres, y mirar para otro lado además que creo que les podría sonar a chino y ya está. Luego nosotros las hemos conocido, las hemos consumido, las hemos utilizado, y eso, que hemos aprendido. Es lo que queremos trasmitir, o es lo que trato de hacer: que mi hijo con dieciséis años y medio que tiene ya, yo le cuento mis experiencias pero sinceramente, y las conclusiones que saqué, lo que me gustaba y lo que no me gustaba y que parta de ahí, porque se mueve en el ambiente que se consume, porque está ahí porque su opción está hecha, entonces… Y ya sé lo que tiene alrededor y quiero que parta de mi experiencia, que si le gusta o no lo gusta o así pues bien, pero que sepa, con la esperanza de que pueda controlarlo ¿no?, y que puede depender de muchos factores también. - De repente fue, ¡fuac!... aquí por lo menos en Euskadi fue como “puf” una invasión, primero una drogas, las más peligrosas, éramos muy jóvenes y desconocíamos. Total y bueno, de ¡ay! se quedó tanta gente por el camino, parece que este tema, con la heroína por ejemplo, ahora se vive de una forma muy distinta ahora hay información, hay prevención de riesgos, antes no sabíamos con que estábamos jugando, a base de ser malotes, pero no sabíamos realmente lo que estábamos poniendo en el asador y ahora nuestros hijos sí que lo saben, nuestro padres…, pues bueno, lo vivieron de una forma bastante traumática, pero porque era un desconocimiento en eso y en otras cosas de la vida ¿no?, como la educación sexual y muchas otras historias tuvimos que descubrir nosotros, por nuestra experiencia. (Vitoria) Como desarrollaremos más adelante, en las aportaciones de este grupo, aparecen ya, también, otros de los elementos argumentales de la percepción actual sobre las drogas: las diferencias

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entre las distintas sustancias y las graduaciones o niveles del consumo, el papel de la heroína en el pasado, y la <<obligada>> preocupación por el alcohol, actualmente. Es como un resumen de cómo han ido cambiando los miedos entre las distintas generaciones.

Las diferencias generacionales no se agotan con las reflexiones anteriores, puesto que son muy heterogéneas y por tanto caben muchas matizaciones, incluso puede suceder que algunos padres reconozcan una cierta ambigüedad en las distancias mantenidas con sus hijos, lo cual creen que les justificaría comportamientos de acercamiento a sus hijos, que no siempre son compartidos por la otra parte, puesto que predomina la visión relativa a que se debe producir ruptura y diferencias con sus padres, ya que, según ellos, la diferencia generacional, como hemos visto anteriormente, siempre ha existido: - Pasa una cosa, yo soy un poco pesado, un poco lo que ha pasado es que los jóvenes no… la juventud no ha cambiado, pero claro, mi padre es payés y yo siempre he llevado los cabellos largos, me dejé la melena y no me la corté nunca. Iba con los pantalones rotos, y claro, ahora mi hijo me mira a mí y ¿Qué? O se rapa los cabellos o se los pone de punta. ¿Entendéis? Ese concepto que tú dices, de la ansiedad del cambio, de protagonismo, de mover el motor. Pasan muchas cosas, la modernidad ha hecho que mi padre sea hasta más moderno que yo. Entonces es lo que tú dices, que quizás alguien no se aproximaba a la marihuana, pero formaba parte de un grupo, de una tendencia, y ahora claro, el botellón. Ves que un padre va a buscar a su hijo al botellón con un BMW, y el que viene en autobús. Es democrático el botellón. ¿Qué harán? Romper la raqueta de padel. No hay espacio (Lleida). Con todo lo dicho, aparece quien, de manera distinta a lo mayoritariamente expresado, en algún momento pudo hablar francamente con sus padres sobre sus consumos, e incluso fumar porros delante de ellos: - Mis padres sí, y luego... Una vez yo he pasado los treinta años, yo fumaba delante de ellos si hacía falta, no en su casa, pero si venían a mi casa, pues sí. (Ibiza)

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5. NO TODAS LAS ÉPOCAS FUERON IGUALES: “¡Mi padre es drogadicto!”
Un tema recurrente que se repitió en los grupos es el de remarcar las diferencias de época, intentando explicar con ello la existencia de distintas prácticas respecto las drogas y desiguales percepciones. La forma de sentir estas discordancias, no tienen que ver sólo con la generación, sino con los cambios globales que se han producido, los cuales permiten hablar de mundos muy distintos para unos y otros. Los padres no ven tantas divergencias en el mundo de las ideas y de las actitudes frente a las drogas, aunque sí que reconocen los cambios tecnológicos, que en ciertos temas son abismales: - Yo pienso que tienen un mundo lleno de oportunidades… es decir, quizás es el mundo que les hemos preparado nosotros porque somos la generación que iba antes, pero ellos tienen muchas posibilidades, más, muchas más de las que tuvimos. Por ejemplo, mi hija está matriculada en una carrera y me dice: <<Yo haré un Erasmus>> Yo no me lo pude plantear… hacer un Erasmus, nosotros como mucho soñábamos con el Interrail, con la mochila. Ahora viajan por todos los sitios, compran billetes baratos, están conectados, tienen contactos con gente de distintos sitios, es decir, pueden estar conectados por Internet o tener en el Facebook gente de Singapur, de Nova York, de todo el mundo ¡Hostias! Mi mundo era más limitado, no salía de la comarca, ni de la provincia, ahora ellos tienen una puerta al mundo. (Lleida) Las diferencias generacionales, según el punto de vista de los participantes en los grupos, se producen porque se vivieron dos épocas muy distintas respecto a las drogas, no sólo por las edades, sino por los contextos tan distanciados entre una y otra época.

En este sentido, aparecen dos ciclos muy distintos, uno que comprende entre los sesenta y los noventa, y un segundo desde finales de los noventa hasta hoy. El primero viene enmarcado por el desconocimiento por parte de los padres del tema drogas, por la falta de información y prevención, por la irrupción de la heroína, y por la aparición de un discurso muy cerrado respecto a las drogas. El segundo, antagónico, se relaciona en contraposición a estas variables: mayor conocimiento por parte de los padres del tema drogas, existencia de canales específicos de información y prevención, aparición de las drogas de diseño, y flexibilización de los discursos sobre drogas. No obstante, algunos de los padres actuales, empiezan a dibujar una tercera, definida sobre todo por la irrupción del consumo de alcohol en los botellones y por la aparición de sustancias que no conocen como la ketamina y el GHB :

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- La movida de la isla cambió desde que cambiaron las drogas, desde que aparecieron las drogas de diseño cambió todo el rollo, las fiestas, la gente, todo. Yo me acuerdo que cuando yo llegué aquí hace como 20 años se hacían las fiestas en la playa. - Claro, éste también es otro tema, por el tema de la drogas porque la época que nosotras hemos vivido ha sido como mucho más fraternal y lo que nuestros hijos pueden vivir ahora, es puntiagudo para mi gusto. - Yo me quedé flipada en el parquin de Amnesia, de verdad aluciné. Peor es desde que han venido los promotores a hacer fiestas en las discotecas, porque ellos controlan, ellos alquilan los sitios, son los jefes, dejan entrar a quien quiere entrar y todo, así todo. Ahí cambió mucho, todo, esto fue en el 94. - Pero tiene razón en que influyó mucho en las drogas que se van tomando en cada época para ver cómo funciona todo. En nuestra época no sólo había cocaína, había porros, empezaba el éxtasis, había un poco de mescalina, todo muy flipi, flapi. Y ahora de pronto en las discotecas la gente se toma ketamina, que es un analgésico de caballos, que tienes que estar desfigurado, imagínate el ambiente que puede haber... (Ibiza) - Y ahora te dicen bueno qué ¿nos llevas? y bueno los llevas, y luego los vas a buscar a las cinco de la mañana, yo le hacía eso a mis padres y me daban dos tortas que me levantaba en el aire, y él bueno si que viene a veces un poco chispa pero sabe que… le meto una colleja que le espabilo, pero ¡ya vaya! Pues no, yo siempre le digo ya se te pasará pero controla porque yo no le digo que no salgas, yo no le digo que no salgas, sólo le digo que controle. - Entonces qué diferencia entre nosotros y nuestros padres, es que, tu hijo por ejemplo, cuando bebe le calas enseguida, desde te doy una colleja, y tu madre igual no se enteraba - Que no enteraba, estaba allí con la zapatilla esperando que ¡vamos! (Vitoria) A veces, aunque las diferencias de época no sean muy notables, se buscan de contraste, muy opuestos según su perspectiva, que engrandezcan y permitan hablar de los cambios de generación, de manera que la técnica, o la <<parafernalia>> para conseguir una sustancia se evoquen como elementos que configuran ciclos distintos: - Con catorce los tienes por ahí que están bebiendo y se ponen a beber hasta el culo y de todo. - Sí, pero esto antes también se hacía, lo que pasa que más restringido, más discretamente, lo podía hacer quien tenía pelas, la mayoría mirabas en la distancia. - Sí, pero antes no te fumabas un porro antes de entrar a clase en el insti. - Yo sí - De todas formas la marihuana que había en nuestros tiempos, la marihuana que hay ahora de los cacharros estos… los esquejes, la pureza de las semillas. (Vitoria) De esta forma, las diferencias generacionales quedan mejor definidas, contrastadas y estructuradas, o por lo menos así lo perciben los participantes en los grupos, puesto que si

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justificaran las diferencias de época como algo absoluto, entonces se estaría resaltando la existencia de fracturas o distancias insalvables con los actuales hijos. Pero ciertos miedos no se han disipado: - Pues lo que digo, sólo el tipo de droga ya es algo que… Vale, ningún tipo de droga es buena, no digo las drogas de antes eran buenas, pero hoy en día ya ni sabes lo que toman, no saben lo que es.(…) Entonces todo el mundo sabía de lo que estaba hecho y de qué formula, que te podía hacer daño. Pero ahora no, ahora hay, cuatro mil tripis diferentes, cuatro mil pastillas diferentes. Entonces para mí es la diferencia que más me preocupa, porque ya pueden comprar cualquier mierda en la calle, lo que les den, porque mi hijo de diecinueve años quiere tomarse un éxtasis y pasárselo bien y tener esa experiencia, adelante, yo no lo veo nada malo. Pero si se toma una pastilla que lo deja en coma, ¿qué? Es que este es mi miedo y la diferencia. (Ibiza) Y puede suceder, incluso, que se utilicen discursos que entran en contradicción con lo que estamos relatando, para remarcar la importancia de la época y los distintos contextos y formas de uso (cualquier tiempo pasado fue mejor), que se convierte en un elemento diferenciador, y a la vez amplificador de los cambios percibidos: - Pero en comparación a nuestra época, yo recuerdo que, por ejemplo, mi hijo de dieciocho años, apenas prueba el alcohol... es deportista y en cambio en mi época, en cuanto ya te podías afeitar un poco, ya tenías permiso para beber alcohol, y en casa, incluso te ponían el alcohol y una manera de socializarte dentro del mundo de los adulto era consumir alcohol y cantidad de gente de esta época que acabaron alcoholizados. - Y claro, esto como no era una droga ilegal y por tanto no estaba proscrita y tal y cual no te llevaba a la marginación, a la marginalidad, sino que te integraba ¿no? Pero luego ya las consecuencias patológicas de todo este proceso, hay mucha gente que empezó a consumir alcohol en cantidades importantes a los dieciséis o diecisiete años... - Ahora empiezan a los dieciocho a beber mucho. Pero mucho. O sea, que no hay comparación, porque yo he sido de la farándula de toda la vida… (Barcelona) Aunque, también hay discursos en los grupos que cuando reflexionan relativizan la importancia de los cambios de época, o que entienden que no son tan importantes como pueda parecer: - Eran diferentes las formas, porque hay actitudes que son iguales, lo que cambia es la forma de organizar las cosas, las sustancias que se consumen o que no… Y que ha cambiado mucho todo el mundo, yo que sé, las tecnologías, etc. Pero la actitud de las personas, la manera de ser, es bastante similar… y los problemas son los mismos, no sé. (Barcelona)

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6. MOSTRAR LOS COMPORTAMIENTOS DE CONSUMO DE DROGAS A LOS HIJOS: “Ante la evidencia, qué vas a hacer”
Frente a la unanimidad manifestada en cuanto a la necesidad de mantener siempre vías de diálogo con los hijos sobre los consumos de las distintas drogas, y frente al rechazo del modelo de rigidez, de intransigencia y de violencia impuesto por la generación anterior en este tipo de temas, aparecen criterios distintos y contradicciones cuando se trata de mostrase abierto en relación a exteriorizar o no, los consumos de drogas de los padres.

Hay variedad de opiniones y de matices, que van desde los que no ocultan sus consumos ni los de sus allegados cuando están presentes sus hijos, a los que los esconden siempre. Cuando los hijos llegan a la adolescencia y empiezan a conocer e interpretar los consumos de sus padres, éstos, mayoritariamente, tienden a modificar sus comportamientos para que no sean tan visibles. Este cambio ante la presencia de los hijos, unos lo mantienen siempre y la mayoría en algunas ocasiones, dependiendo de la edad de sus hijos. A partir de este cambio, puede apreciarse algo que desarrollaremos más adelante: que para los padres no todas las drogas son iguales y, por tanto, no todas generan la misma preocupación o alarma, ni tampoco son consideradas como semejantes las distintas modalidades de consumo, por lo que se pueden secuenciar y graduar intensidades de consumo y de preocupaciones distintas: - Yo se lo he evitado siempre, su padre sí que ha fumado (se refieren a porros) pero yo delante de mis hijas, yo he intentado que nadie de mí alrededor ni fumara, ni tomara, ni hiciera nada. - Hombre, yo tomar no, pero fumar sí. - Lo que pasa es que cuando estás con gente, estás en una cena con amigos, no puedes evitar que todo el mundo lo haga, evitar lo más que puedas. - Hay mucha cosa, por ejemplo, de la gente que no tiene hijos y que vienen a tu casa y que no se enteran de que están los chicos o se ponen en tu casa y no tienen ese cuidado con los niños que tú intentas tenerlo. Y en mi casa pasó eso, llegó un punto en el que se había perdido el control, había gente que se quedaba, la típica, charlando y arreglando el mundo hasta las 5 de la mañana, en la puerta de casa y fumando. Y los chicos decían, como puede ser que papá que trabaja todo el día se quede hasta las 5 de la mañana sin dormir. (Ibiza) La exteriorización o no de los consumos de los adultos, en parte, está relacionada con otro elemento muy importante para los padres: la legitimidad para aportar puntos de vista sobre el

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consumo que proporciona el hecho de ser también el padre o la madre (o ambos) consumidores. Si los hijos observan los consumos de los padres, o tienen elementos que les permitan valorar que ellos consumen, según los padres, se referenda automáticamente que saben de lo que están hablando, lo cual es como un salvoconducto para entrar en la vía de poder saber y de poder hablar sobre los consumos de los hijos, y para hacerlo con una cierta autoridad, que por su edad y condición de padres, saben que los hijos les niegan.

Por todo ello, es preciso reconocer, que los hijos, influenciados por el ambiente general y por las representaciones sociales dominantes que siguen considerando el consumo de drogas como algo muy problemático y tabú, son reacios a hablar sobre drogas con los padres, puesto que creen que ellos desconocen estos mundos, ya que en su imaginario, y en el de la mayoría, es una conducta eminentemente juvenil. Por tanto los padres consumidores o antiguos consumidores, en este caso, quedan fuera de la norma y de la cosmovisión dominante, puesto que a pesar de ser adultos, saben sobre consumos debido a que consumen o han experimentado con distintas drogas. De ahí su interés por exteriorizar o por no esconder sus consumos, o de esconder los que son más repetitivos, pero de verbalizar sus experiencias o su estatus de consumidores, para poder hablar con los hijos desde la posición privilegiada que les otorga la práctica. A la vez, se sitúan alejados de los padres no consumidores, puesto que éstos no pueden ofrecer este plus de información en el tema.

Esta condición de conocedores del fenómeno, es uno de los elementos fundamentales para poder mantener el clima de confianza a que se refieren la mayoría de los participantes en los grupos, y que representa el ideal de comportamiento para la generación de padres actuales: - He tenido que hablar con el mayor, porqué empezó a fumar, lo he pillado fumando con sus amigos y le he encontrado lo típico, papel de armar y tal, y bueno, he tenido que hablar con él. Y hablar desde el punto de decirle que sabía de lo que estaba hablando. Yo que nunca había tocado el tema de las drogas con él, o sea, con él, a nivel siempre como de afuera, no como protagonista, como decir, yo sé de lo que te estoy hablando porque yo lo he probado o tal. Entonces, en este caso como para poder tener un poco de fundamento en lo que le estaba diciendo, fue, mira, yo sé de lo que te estoy hablando, yo lo he probado, yo sé lo que produce, esto, tal, tal, tal y fue muy duro para mí, muy duro. (Ibiza) Algunos padres son reacios a exteriorizar sus consumos, pero la heterogeneidad de escenarios es tan amplia que puede que se produzcan, como ya hemos visto, situaciones que por una u otras razones, les obliguen a hablar de los consumos, a pesar de que no lo tenían previsto. A

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veces, incluso, se ven obligados a ello porque han surgido o se han visualizado problemas legales o de adicción, en los hijos o en los padres: - Y mis hijas me han preguntado cuando hemos visto películas y series de televisión, y lo que tú decías antes, yo siempre les he hablado desde fuera. Pero lamentablemente he tenido que hablar desde dentro porque ha habido un problema en el instituto y se ha visto involucrada la mayor. Sin comerlo ni beberlo han ido a comprar marihuana un grupo de niños y ella financiaba. Aunque ella no compraba ni fumaba, ella ponía el dinero, les prestaba el dinero. - A mí, mi hija me lo ha contado el día de mi cumpleaños en la comida: Mamá, tengo que decirte algo, fumo porros. ¡Qué buen regalo cariño! Así que para yo evitar esos rollos de ir a comprar, digo, vale, quieres fumar porros, me parece muy bien, pero tú plantas sino no fumas. La planta, tienes tu disciplina con tu plantita, así te dejo fumar. Pero si no, de ir a la calle a buscar…. ¿Ah! Pero porque ¿no? Digo, porque es peligroso, porque te toman el pelo, porque llegas a un círculo oscuro donde no quiero que estés, y porque plantar es muy fácil, tenemos un jardín. Y así hizo, el año pasado puso su primera plantita y este año se fumó su primera… (Ibiza) Es bastante frecuente en la opinión de los participantes de los otros grupos, lo que apuntan las madres de este grupo relativo a que el consumo de drogas se lo van a encontrar, lo busquen o no, lo tengan planteado o no. Lo cual, de hecho, lleva a un tipo de convencimiento pragmático, que no es más que el reconocimiento de que en la actualidad es fácil llegar a las distintas drogas y que éstas están presentes en distintos contextos, por lo que no se puede evitar que los hijos entren en contacto con estos mundos, por lo cual los padres consumidores se ven legitimados a introducir el tema: - Sí, sí, yo fumaba, desde siempre, y mi hijo también, yo nunca me he escondido, yo siempre con mis canutos y cuando me preguntan.... evidentemente cuando mi hijo me preguntó con doce o trece que qué era aquello, yo no le dije que era hachís... esto es lo que yo fumo y tal... pero yo nunca le he dicho a mi hijo no fumes en casa... él con sus amigos viene a casa a fumar porque sus padres no se lo permiten, él viene a casa y a veces parece aquello un fumadero, todos están allí enrollados y tal... pero luego, cada uno de ellos, son chavales de veinticinco o de veintiséis, acabada la carrera y como es así... claro, a lo mejor esto por otro lado, a lo mejor resulta que el chaval sale por peteneras ¿no? Pero si se habla de las cosas y se dicen clarito, tampoco es tan importante fumar hachís, ya cocaína y esas cosa ya no… pero el hachís yo llevo ya cuarenta años y soy funcionario del Estado y estoy a punto de jubilarme o sea que estoy totalmente integrado... (ríen) (Barcelona ) - Sí, ella por razones de problemas de salud, y no puede hacer, pero sabe, a mí a ver, me ha visto fumar un porro de marihuana y a mí no me ha dicho nada, o sea, vamos, yo no me escondo, sabe lo que hay es la cosa más normal del mundo, eso según como tú les enseñes y los acostumbres, ella lo ha tenido que vivir, toda la vida y lo ha tenido que mamar aquí en el casco viejo, ya ha visto demasiado, esas cosas no, a día de hoy no, no se puede decir de esta agua no beberé nunca que sabemos que va hacer dentro de un año o dos, pero hasta día de hoy pues no, pero lo ve, es la orden del día
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lo tiene todo, o sea que, quedan en ellos y luego lo que decís vosotros, es a lo que se junten no, si mis amigos hacen esto, eso ellos, ellos son los que tienen que hacer la lucha, vale si somos amigos unos ¡a guay! tú te pones una cosa, yo me pongo otra, ellos son los que van a ver y hacer… nosotros ahí no vamos a poder estar, podemos decirles de la mejor forma y la manera de cada uno de la vivencias, pero en realidad con hacer lo que quieras. - Es que el grupo es muy importante, yo veo que el grupo ahí es determinante. - ¡A ver!, cuando, el se va de marcha, tú no sabes, ¿qué le vas a poner una cámara para ver todo lo que hace? Es imposible, es imposible. - Pero el grupo pesa mucho, y tú no van a salir con el grupo que se pone mucho, si tú no vas a beber, todas sabemos, un chaval como los nuestros no anda con una cuadrilla que se pone si él no se pone, lo que sea, alcohol, porros, o no sé qué, porque no va a haber empatía, va a ser un marciano (Vitoria). - Él sabe que me lo puede decir todo, pero que me pida que yo comparta una raya de coca en la mesa del comedor, no. (Lleida) Junto a lo que planteábamos anteriormente de la necesidad de hablar y mostrar el consumo de drogas, puesto que lo quieran o no, las drogas están ahí y van a encontrarlas, otro elemento que comparten los padres consumidores es el de dar la información en el momento adecuado, cuando los hijos empiezan a preguntar, o bien, los padres consideran que ya han madurado suficientemente: - Yo he estado en la cárcel, yo no le voy a contar a mi hijo todavía que he estado en la cárcel ni porque he estado en la cárcel, se lo contaré si tengo que contárselo cuando…, cuando…, cuando sea el momento y crea yo oportuno ¿no? - Claro - Entiendo yo… vamos la información hay que dársela a los hijos según la capacidad de asimilar que ellos tengan. - Sí estoy de acuerdo contigo, totalmente, vamos pero sincera… Ellos tienen ahora una información que nosotros no tenemos (Vitoria) Aunque la finalidad del acercamiento y del abrirse para que vean los comportamientos de consumo de los padres es eminentemente preventiva, y no va más allá. Como hemos visto anteriormente, la mayoría de los padres no pretenden ser colegas de sus hijos, y en sustancias distintas al cannabis la postura de los padres suele ser negativa hacia el consumo, aunque ellos hayan sido consumidores de la sustancia, como sucede con el speed o la cocaína: - No te metas speed porque a mí me ha jodido la vida, yo estoy separada y mira a tu padre, y no sé qué, me ha fastidiado todas las vacaciones, me ha fastidiado toda la vida y se les he hablado claramente (Vitoria)

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La información que proviene de los padres siempre es complementaria de la que reciben por otros canales, y los padres conocen su existencia: - A mí, mi hijo hasta me ha preguntado, cuando tomas fármacos, el ibuprofeno… yo una temporada me dieron antidepresivos, veía que había unas pastillas nuevas y yo cada día me tomaba una, y me preguntó y eso, y le conté << mira hijo esto es una droga como otras de farmacia, controlada claro de las que te da el médico y te dice cuantas tienes que tomar y bueno que es para sentirte mejor>> (Vitoria). A pesar de la importancia, que los padres verbalizan, de mantener una comunicación fluida, a veces no resulta fácil hablar del tema puesto que, al ser considerado como un problema en nuestra sociedad, lleva asignado un cierto nivel de estigmatización, que asumen hasta los mismos consumidores. Esta presión o carga se soluciona intentando aproximaciones y

aprovechando momentos y situaciones muy dispares: - Y vino un día el mayor que tenía seis o siete años y me dice: ¡Mamá, papá se droga! Y yo le dije: ¿Por qué? Porque dijo la maestra que el porro es una droga y te lleva a la muerte y que no se qué, y que no sé cuantos y papá se va a morir, dijo. Digo, no, digo, tú ves que cuando papá fuma, tú lo ves a tu papá fumar, tú ves que cuando tu papá fuma camina por las paredes o hace cosas raras, le dije, no pasa nada. No, me dijo. No supe que decirle en ese momento, fue lo primero que se me ocurrió. Está todo bien, el problema son los excesos. (Ibiza) Algunas veces que los hijos conozcan los consumos de los padres puede volverse contra ellos, ya que los jóvenes no dudan en achacarles a los padres lo que la sociedad proyecta sobre los consumidores de drogas, e incluso, algunos padres reconocen que hablar de todos los temas con los hijos puede parecer un exceso: - Yo con mi hija, desde que tuve la conversación ésta que os he dicho, cada vez que nos peleamos me echa que cara: ¡Tú que te juntas con tus amiguitas para iros de fiesta, que tomáis no se qué! Tienes que tener un poco de cuidadito con lo que les enseñas. - Pero yo no les cuento todo lo que he hecho yo. - Yo le conté lo que he probado y lo que no he probado. -Se ha convertido en un arma… (Ibiza) Por último, para finalizar este apartado una vez vistas y analizadas la diversidad de posiciones respecto al tema de exteriorizar o no los consumos de los padres, hay que añadir que éstos, en su fuero interno, se sienten legitimados para hablar del tema con los hijos, porque ellos no tienen comportamientos dependientes respecto a las drogas, lo cual es la garantía respecto a que supieron lidiar adecuadamente con los riesgos y que por tanto su experiencia permitirá a

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sus hijos que extraigan elementos positivos a utilizar en distintas situaciones, y para que a ellos, jóvenes, tampoco los superen los posibles riesgos que vayan a encontrarse en su relación con las drogas.

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7. NO TODAS LAS DROGAS SON IGUALES: “Los porros creo que es más aceptable”
Ya nos hemos referido anteriormente a que en la visión de los padres, cuando se refieren a las drogas, aunque a veces hablen de las drogas en general, suelen producir un discurso que las sitúa en planos y posiciones distintas. Piensan que cada una de ellas debe enclavarse en un sitio concreto en comparación a las otras, puesto que no las consideran iguales, tanto si se trata de las legales como de las ilegales. Tampoco consideran que todas las formas de consumo tengan las mismas consecuencias, ni que se pueda hablar de ellas de la misma forma. En todas las comparaciones posibles siempre surge la diferente posición que ocupa el cannabis respecto a otras sustancias, y a partir del cual se articulan la mayoría de los discursos de los padres respecto a las drogas no problemáticas: - Hombre, obviamente si se sabe permitir y conocemos los porros creo que es más aceptable, son más aceptables, para mí hay un gran abismo entre… - El tema es que, en Ibiza, no sé cómo está en otros sitios, yo lo que conozco, es muy fácil acceder a cualquier cosa. - Ya pero hoy en día en Madrid, en Barcelona, en Holanda, está muy fácil en cualquier lugar. Y antes no era así, en mi época no era así. Sólo podías acceder a las drogas a través de un cierto grupo o círculo. Pero ahora, ¿sabes lo que toman en Madrid y la juventud lo que se toman en Madrid de drogas? Pues los niños de Ibiza se portan mucho mejor, las ciudades hoy en día son lo peor. España es el país donde más drogas toman y donde más coca toman, hasta que han encontrado moléculas en el aire sobre que hay en Madrid, imagínate. (Ibiza) - O sea, si a la gente se le dijera o hubiera alguna forma de hacerle llegar cómo hay que acercarse a las drogas o cómo hay que consumirlas... porque tampoco hay que mitificarlas, yo no sé vosotros pero en la época de la psicodelia que lo asociábamos a la música y todo aquello, que era una cosa como jovial y tal, no era tan trascendente, realmente te ponías a gusto te reías mogollón... - Claro, por placer. - Y luego dormías y comías divinamente, y yo creo que el uso de las drogas, que claro, que los chavales llegan a este mundo y se encuentran... nosotros no teníamos todo lo que tienen ahora, teníamos la marihuana y el “kifi” que traía algún hermano de algún legionario que estaba en África… yo creo que los chavales empiezan a tomar drogas bastante peligrosas, sobre todo... bueno, no sé, hace tiempo, pero la heroína en este país, hace diez años tenía una pureza del 8%, era basura lo que los chavales se estaban metiendo. Yo soy de León y suelo decir que en el 98 los yonquis de León se estaban metiendo piedra de la catedral raspada... todo esto, imagínate si nos hubiera pasado a nosotros… porque nosotros no tenemos este problema... y eso era...” (Barcelona)
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Todas las posiciones en los discursos sobre las drogas se articulan a partir de las drogas de uso más frecuente, alcohol y cannabis, y no se producen referencias al tabaco, quizás porque los efectos sobre el comportamiento de éste último no son valorados como positivos. Alcohol y cannabis sirven para articular gran parte de los discursos, pero el alcohol, aunque extendido, no tiene la misma aceptación para estos padres que el cannabis, cuyos efectos no son cuestionados por nadie: - Yo creo, por lo que he ido viendo, que hace mucho más daño eso, beber alcohol que no fumar porros, y bien, que otras drogas que aquí no han salido mucho, pero que tampoco. -Yo una de las experiencias más duras que he tenido últimamente, fue en Granada, en el famoso botellón de Granada que se hace todos los jueves, viernes y sábado, Hice una crónica y todo, parecía Dante en los Infiernos. Toda la facilidad que otorga la ciudad para que en un parking de Hipercor se puedan reunir miles, todos allá con sus coches, con las neveras y con toda la parafernalia… y se van juntando, se van juntando a medida que pasa la noche, cada vez ves más situaciones peores hasta que llega la madrugada cuando hay verdaderos kamikazes que con los coches… ¡un espectáculo! Y dices, cada fin de semana. Yo estaba allí en la universidad. ¿Y cómo pueden permitir eso? ¡Ah! Es que es una ciudad universitaria y hay que facilitar que vengan aquí a estudiar porque si no nos quedamos sin clientes… aprobarán los que no van de botellón ya que a los otros se les morirán todas las neuronas (ríen) - La verdad es que… - ¡Es un escándalo! Hay muchas ciudades españolas que lo hacen. - No es como cuando íbamos a la discoteca a tomar copas y sin más… ahora es más complicado, tienen que llevar el hielo, las botellas… (Barcelona Como vemos en las intervenciones, el cannabis tiene un estatus diferente al de las otras sustancias, lo comparemos con la que lo comparemos, y siempre surge la sensación ya explicitada en el capítulo anterior, de que los consumos de cannabis no han dejado consumidores con problemas, ni de comportamiento ni de dependencia. Además, los participantes suelen hablar de otro tema en relación a las distintas drogas, incluso cuando se refieren al alcohol, que es la posibilidad de aceptar la sustancia e introducirla en los contextos cotidianos con normalidad: - Es que la mayoría de los hijos de la generación de mis amigos, al menos externamente lo llevan muy bien, no han salido muy bebedores. Beber alguna vez un poco de vino comiendo. - Yo es que estoy condicionado porque en mi casa, desde que tenía diez u once años, había vino con gaseosa para los niños que querían, yo bebía vino con gaseosa. No he tenido ningún problema con el alcohol… pues… lo relaciono. Quizás si hubiera sido… - Porque es la normalidad.

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- Quizás si hubieran sido puritanos y hubieran dicho ¡no!, no bebas alcohol yo sería un muerto de ganas de…, que cuando viera una botella. Quiero decir que las cosas no son ni blanco ni negro (Barcelona) - La grieta existe, o el sentido de culpa, o lo que sea. A ver si se me queda clavado o enganchado a eso. Porque el cannabis todo el mundo se ha salido, o ha pasado y ha fumado, y eso ha calado en la gente pero continua habiendo un interrogante de qué pasa con las otras Cuando cenamos él compra alcohol y pone alcohol y todo el mundo bebe alcohol en su casa. Hay una diferencia. En su casa no se saca la cocaína abiertamente (Expertos) El cannabis pues se sitúa en otra órbita, a diferencia del alcohol que como vemos suscita amplios consensos referentes a conocer consumidores que han sufrido algún daño. Como expresan el grupo de expertos en el literal que sigue, finalmente, la mayoría de los consumidores de cannabis, incluso los más acérrimos, además de no manifestar problemas por el uso diario, acaban reduciendo considerablemente el nivel de consumo: - Eso enlaza con la diferencia del cannabis, la gente ha interiorizado este discurso; todos conocemos gente que ha fumado y después lo ha ido dejando. La gente o lo hacen muy de tanto en tanto y no pasa nada, por tanto es una sustancia diferente igual que el alcohol pero, nadie tiene amigos que se hayan quedado colgados con el costo. Porque al final, fumadores, tú que conoces más este entorno con amigos tuyos que fumen mucho quedan pocos. (Expertos)

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8. DIFERENCIAS DE LAS DROGAS POR LOS DISCURSOS O LAS GRADUACIONES QUE PERMITEN: “El consumidor admite muchos matices”
Entrados en la lógica desarrollada en el capítulo anterior, sabemos que en la consideración de los participantes en los grupos, no todas las drogas son iguales, porque entrañan riesgos distintos, pero sobre todo problemas reales que los participantes o sus allegados han sufrido, aunque muchos de ellos no los han apreciado nunca. Surgen entonces tesis para explicar estas diferencias de comportamiento que se correlacionan con las dosis, y a la vez con los discursos sociales, que sitúan cada sustancia en un lugar determinado: - Es que, quieras que no, el tabaco, antes y no hace tantos años, las otras drogas, coca, porros y tal transmitían estigma para las personas que las habían consumido y ahora, el tabaco empieza a remitir a estigma y empieza a… verse como apestados. - Si, han sido los propios hijos los que han marcado a los padres ‘deja de fumar, deja de fumar que me molesta’ - Entonces son quizás los discursos sociales que hay sobre las drogas en un momento determinado los que suavizan o no las posturas de los padres, más que las prácticas propias. - Creo que la graduación de esos niveles en el consumo es lo que permite que haya una elasticidad mayor en el recorrido que se pueda hacer con ellas. ¿Por qué el tabaco se penaliza? Cuando hay una convicción de que no se debe fumar. Porque o fumas o no fumas, pasas de cero a cien, no hay término medio. - Eso es lo que dicen pero tampoco es verdad. - Sí, pero el discurso es ése y hay muy poca gente que fume en el medio, la gente que quiere dejar de fumar dice, no, es que si yo pudiera fumar dos o tres cigarros al día, pero eso es imposible, no lo… - Sí que hay gente que lo consigue, él. Yo lo entiendo pero... - Pero tú estarías catalogado como no fumador. (Expertos) Hay diferentes referencias sobre estas cuestiones en los distintos grupos. Como anécdota, en un grupo de discusión, hay un chico que compartía los porros con su hermana, se llevaban dos o tres años y luego había un tabú brutal respecto a otras drogas, los dos sabían mutuamente que consumían pastillas y ketamina, nunca habían hablado de ello, aunque sabían que eran consumidores. Hasta el punto que si se encontraban en las fiestas se evitaban: -No entiendo que todos esos consumidores esporádicos de drogas de las que se consideran peligrosas. Saben que ellos no tienen problemas pero

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que se cierren a hablar o que... No entiendo que habiendo podido mantener el consumo esporádico y no teniendo problemas presenten un miedo sobre la cocaína mucho mayor que sobre los porros ¿Es por el discurso? - Lo curioso es que todos tienen más miedo con la coca pero a lo mejor se han quedado colgados con el alcohol o han tenido malos rollos con los porros, más que con la coca. También porque la frecuencia es menor. (Expertos).

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9. LAS DIFERENCIAS DE EDAD Y GÉNERO: “Hay que funcionar como los chicos”
Los padres participantes en los grupos de discusión coinciden en plantear que la posición de sus hijos frente a las drogas depende de la edad. Así, esta variable sirve para entender como las diferentes sustancias son abordadas en función de cada una de las épocas, y el planteamiento responde a unos criterios más o menos comunes a todos los grupos que definen la infancia como un período en el cual, como mucho debe empezar a hablarse sobre drogas; la adolescencia como el momento de inicio al cannabis, tabaco y alcohol y de comprender los riesgos de los consumos, y la primera juventud (sobre los dieciocho años) como el punto de independencia de los criterios de sus hijos, sabedores ya, de los riesgos y problemas: “Los míos tienen, bien, trece y quince años. Consumidores de nada, pero los hay que en esta edad ya lo son. Tienen mucha información, es normal que en estas edades se debe probar las cosas prohibidas, es la edad de hacerlo. Les van llegando informaciones, tanto desde los centros educativos como de los comentarios que puedan escuchar en casa, como los mensajes que les van llegando constantemente, de lo que se puede hacer y de los riesgos que tiene y entonces es el sentido común de cada chico a la hora de tirarse a la piscina, con el desorden hormonal que tienen, que les impide analizar o tener sentido común. (Barcelona). La edad marca también algunas de las actividades que pueden hacerse en casa, en la mayoría de los casos fumar porros y beber alcohol, tanto los padres como los hijos por separado, con sus respectivas amistades, o bien juntos porque es una actividad que a veces se comparte: - A los 18 hay límites que pones y sacas. - Es que cada momento tiene su historia. - Yo siempre les decía a la gente de tener precaución cuando íbamos a hacer un porro, las niñas…, en lugar de decir vamos a hacer un porro, pues vamos a hacer un cigarro, que a los catorce años ya comprendieron que en la calle estaba prohibido, lo cual no significaba que la gente joven y gente adulta fumase porros en la intimidad y que hay gente que tiene sus trabajos y sus cosas y que lo viven con una cierta normalidad, y ahora lo viven con normalidad. Reciben imputs contradictorios. (Barcelona) Junto a las diferencias de edad, las de género también son abordadas por los distintos grupos, concluyendo que existían antes, y eran muy ostensibles, pero que siguen existiendo ahora y

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afectan también a posiciones distintas respecto a las drogas –como tantos otros campos de la vida-: - Yo si lo que quiero marcar en mi caso, pienso que también había mucha diferencia en mi generación entre los hombres y las mujeres, cuando los hombres empezaban a salir no había ningún problema cuando las mujeres empezábamos a salir eras la puta mayor del pueblo - Sí. - Sí, sí. - Mi hermano con 13 años salía, cuando se me ocurrió a mí el ¡pollo que se monto en casa! ¡no te quiero ni contar! y luego tema de drogas, o cualquier tema, me da igual, si eras una mujer ¡muy mal! - Peor. - Si eras una mujer mucho peor. - Yo desde niña ya lo veía ¡jo! que putada, yo quiero ser un tío porque claro, ya veía que mi hermano más pequeño que yo hacia lo que le daba la gana y yo no podía, cosa que yo era la mayor pues yo ahí sí que me encontré… Ahí hemos tenido que luchar mucho las chicas para cambiar esta historia, en cualquier tema en lo que quieras, las chichas no teníamos tantos derechos, yo tengo dos hijas y un hijo y no los estoy educando… casi alucino, educarlos igual y el hijo me ha salido mucho más macarra cuesta mucho más trabajo sabes que ¡ay!, entonces, eso, en mi casa no había… el padre era el líder, y lo que decía el líder se hacía y punto pelota, entonces en eso veo mucho, mucho cambio (Vitoria) El tema género fue introducido siempre por mujeres y, para ellas, como hemos visto en el literal de Vitoria, es algo que no debe olvidarse, aunque se hable de drogas: - Eso del machismo, que tenemos en diferentes ámbitos de la sociedad, ahora mismo, eso del machismo…, es que yo veo, bueno… Mi hija pequeña tuvo como un novio que bueno…, era…., era…, finalmente resulto que era un poco violento. Cuando empecé a oír, <<es que no le gusta que lleve un jersey porque es muy escotado>>, <<que si sales con las amigas, no sé qué>>. Hasta aquí podíamos llegar. Tu abuela ya fue revolucionaria en esto, tu madre, sus amigos que les rodean, nadie es as. ¿Qué? ¿Tú quieres ser así? Con el rollo machista de que si las chicas colocadas, bebidas, o no sé qué…, antes les decían frescas. (Barcelona)

Entre algunos de los padres hay una preocupación no tanto por los consumos de drogas de sus hijos, que los valoran como comportamientos pasajeros que disminuirán en un futuro, sino por el tipo de relaciones interpersonales y afectivas que son capaces de mantener. Esta preocupación está más presente entre madres, especialmente entre aquellas que han vivido separaciones que han comportado que hayan sido ellas las que han cargado con la educación de sus hijos, y cuando se trata de sus hijas, más que de sus hijos varones:

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“¿Si en las familias monoparentales es más difícil o no? ¿La cosa está en si les dejamos fumar porros? Está en la gestión de las emociones, en la gestión de los sentimientos los tenemos más abandonados y estarán divorciados antes de casarse, no es que fumen porros antes de saber qué es un papel de fumar, es que estarán divorciados antes de casarse… Yo se lo digo a mi hija <<es muy mono>> pero deberías intentar comerle la cabeza, pero si tu cabeza y la suya no van en sintonía, no tira hacia adelante la cosa. Y no se lo dice nadie <<escucha ¡este chico no te conviene!>>No, no es que no te convenga, yo no lo sé si te conviene o no, lo que tienes que ver tú, si es lo que tú quieres, si tú eres capaz de darle todo lo que… En cambio, alcohol, tabaco, chocolate, marihuana, cocaína… En las relaciones personales no la tenemos hecha esta gradación: si tienes una niña, si te casas por la iglesia a los dieciocho, es que estás loca, es que te estás metiendo heroína por la vena. Pero no lo decimos así, decimos:<<se ha enamorado>> A los padres les viene bien, los conocen, tienen piso…. ¡pues venga! (Lleida).

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10. LA PROHIBICIÓN COMO MARCO: “¡Hay plantaciones que es una barbaridad!”
Los discursos de los grupos coinciden en señalar la importancia de la prohibición, como elemento que distorsiona nuestra aproximación a las drogas, puesto que se resalta de ellas los aspectos negativos y se genera un clima que dificulta hablar abiertamente. Desde el punto de vista de la prevención esto se vive como un hándicap, ya que aumenta las contradicciones, que de por sí, no son pocas en este campo. A pesar de este estado de cosas, coinciden mayoritariamente en reducir el nivel del discurso alarmista dominante en los medios de comunicación social, y en gran parte de las instituciones que cumplen funciones formales de socialización de jóvenes y adolescentes: - Y aparte yo no creo que sea tan negativo el uso de drogas, el abuso sí, pero el uso de drogas no creo que sea negativo. - Te vas atrás y piensas en la primera vez que probaste cada cosa, y piensas, que bueno que lo probé. - Hombre, a mí particularmente me abrió muchas puertas, sinceramente y después a lo mejor no utilicé algunas más salvajemente de cómo las tendría que haber usado, sí que te da mal rollo, pero en, inicialmente… un poco, otros estados mentales también son interesantes. (Ibiza)

La distinción entre uso y abuso no es baladí, más cuando desde muchos discursos profesionales se tiende a situar el uso y el uso problemático o abusivo en el mismo plano, puesto que aunque muchos profesionales reflejan en los relatos la diferenciación, en la mayoría de los casos, no llega a apreciarse en las prácticas. Para los participantes en los grupos esta distinción es fundamental, aunque, como refleja la literatura sobre el tema, a veces, al hablar de sus propios hijos, aparecen temores, que no se otorgan a ellos mismos como consumidores activos –o en el pasado- de drogas, debido a que el discurso problematizador, que retroalimenta la prohibición les impide otro tipo de proyecciones: - No deja de existir un conflicto con eso de los padres que consumimos sustancias psicoactivas en relación con los hijos, al estar prohibidas la mayoría, nos sitúa al margen del reglamento social, y claro, eso es un poco conflictivo. Luego, para que se lleguen a tomar las sustancias minimizando los riesgos hará falta que vayamos adquiriendo unos hábitos y una cultura de usos que sólo pueden conseguir con el tiempo, porque hablar abiertamente queda prohibido de momento, hasta que no nos libremos de la prohibición. Claro es a base de años y años de ir dando palos de ciego…
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ahora que se vayan transmitiendo estos conocimientos de boca en boca y de generación en generación… Hasta que la cosa esté suficientemente madura y se diga, ¡basta de prohibición!, que conlleva más problemas e inconvenientes que otra cosa. (Barcelona). El conflicto al que se refieren en el anterior texto añade confusión, principalmente a los adolescentes, que cuando se encuentran en su contexto discursos y prácticas relativas al consumo de drogas, descubren que se producen toda una serie de contradicciones. Los padres se encuentran atrapados entre una posición que, como consumidores, les lleva a valorar los riesgos de forma bastante realista, según sus prácticas y las de sus allegados, pero como padres, puede que se sientan amenazados por el “problema de las drogas”: - Que nos lo hayamos permitido a nosotros no quiere decir que se lo permitas a tu hijo. (Ibiza) Las contradicciones pueden situar a los padres en una situación poco lógica, puesto que están llevando a cabo actuaciones, cuando consumen, que rondan la ilegalidad, aunque para ellos, tales comportamientos no suponen un nivel de vulneración de las leyes ni de delincuencia o marginalidad, como pueden estar transmitiéndoles otras instancias socializadoras, por lo que la racionalidad y la prudencia, son difíciles de introducir en este campo: - Bueno, a mí se me ocurrió cuando vino mi hija del colegio, que les habían hecho una charla y les habían explicado que la marihuana era droga que volvía tonta a la gente que... que era un puente para drogas más potentes. - Sí, este es un discurso que... - Y entonces pues vino a mi casa y me lo dijo y yo le conté que las cosas no son tal y como las pintan, que la diferencia entre un veneno y una medicina podía ser la dosis, como decía Paracelso, y que con un coche te puedes matar, pero que si conduces con precaución puedes llegar a tiempo de salvar una vida, y cosas de estas, pero no deja de ser una contradicción (Barcelona)

Las contradicciones aumentan cuando salta a la vista que los problemas de las drogas no están relacionados con su estatus de legalidad o ilegalidad, y cuando a pesar de la prohibición, se han extendido y popularizado prácticas, como el autocultivo de la marihuana: - ¡Hay plantaciones que es una barbaridad...! - Ya que tenemos esta paradoja, que te traen el hijo a casa y te tienes que morder la lengua delante de los Mossos. ¡Qué no tienen nada más que hacer que ir a buscar a gente que están fumando porros en el parque! - Depende de si pasa en horario escolar. A ver… yo creo que si es un martes a las doce del mediodía, prefiero más que me lo digan y, bueno… que a esa hora deben estar en el Insti, ¡no toca hacer eso!

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- El centro educativo ya te da parte de las faltas, pues ¡ya está! No hace falta la policía vigilando por las calles. - Quieres decir que sólo por un porro… -Que te digo que me lo han traído a casa por fumarse un porro en el banco. (Barcelona)

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11. LOS APRENDIZAJES SON IMPORTANTES: “¡Ojalá lo que hemos vivido nosotros les sirva para algo!”
En los discursos de los grupos se ha abordado el tema de la búsqueda de información y de tener en consideración las prácticas reales de los padres, como formas de aprendizaje para un consumidor más joven que tenga en cuenta los posibles beneficios del consumo y tienda a reducir los posibles riesgos. Para los participantes, ambas estrategias, la información y la práctica, son buenas para adquirir unas pautas que les sirvan en su aprendizaje, puesto que todos plantean que las drogas existen y son algo inevitable. Sus hijos se las encontrarán en el camino algún día y no puede evitarse: - ¿Me entiendes? pero yo digo, que hay un montón de literatura, que hay prevención, que está el instituto, que vienen los padres, y mira que los porros son así, que si la punta hacia arriba o hacia abajo. Pero bueno, yo con mi hija viene con tres amigos que se quedarán a dormir… pero ¿entendéis lo que quiero decir? Hay toda una estratificación de los riesgos en unos consumos, los de los porros, y en cambio en la gestión de las emociones y los sentimientos, pues…, que no está tan claro, pensamos que todo vendrá solo, y en cambio fumar porros no se puede aprender sólo, y lo otro sí… (Lleida) Ya hemos dicho que el contexto de la prohibición es un hándicap para un abordaje crítico de los consumos de drogas, por lo que dificulta las aspiraciones preventivas de los padres en un contexto de socialización en el cual las drogas están presentes y tienen importancia para los adolescentes y jóvenes. Esta mirada sirve especialmente para el cannabis pero también para las otras sustancias: - Pero están mucho más a mano de lo que parece. - En nuestra época había cuatro cosas y eran de buena calidad. Ahora cualquier idiota piensa que en su cocina puede hacer pastillas y te hacen esnifar ketamina que es una anestesia para animales, esto en mi época no existía, tomabas una raya, buena raya. Y de pastilla había una, ahora hay quinientas mil pastillas diferentes y la gente se queda muerta en la pista y no sabes ni lo que toman. - Pienso que lo único importante es que ellos tengan claro que tampoco no tienen que hacerlo todo. Que para mí lo único importante es transmitirles la seguridad en sí mismos, que van a estar rodeados de millones de cosas a su alrededor, pero que si no van al pedo. - Pero es parte de la edad, esa historia de formar parte de no quedar afuera.

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- Con tal de no quedar fuera van a probar lo que no tienen que probar y van a hacer lo que no tienen que hacer, por pertenecer al grupo o lo que sea. Yo lo veo a mi hijo, tiene que hacer todo lo que hacen sus amigos, porqué sino se queda fuera. (Ibiza) En cierta medida, la actual situación y las contradicciones existentes, agobian a parte de los padres, que piensan que sus hijos deberán afrontar la situación de decidir si consumen drogas, como les sucedió a ellos, eso sí con más información y con el plus añadido de partir de las experiencias paternas: - Yo creo que la gente joven hoy en día viene con mucha ventaja, porque vienen con toda nuestra experiencia, lo que pasa que también están en otro momento y ya van por delante. Yo también pienso que… son súper inteligentes, lo que pasa es que no tienen la capacidad de ver más adelante… nosotros con cuarenta años, no tenías la… con quince que con veinte, pero sí que pienso que toda la experiencia que hemos tenido la tienen a la espalda y les sirve y… - Estas son las herramientas que tenemos. - Sí, y les va mucho mejor que a nosotros, mucho mejor. - ¡Ojala! (Vitoria) Para los padres, en éste como en otros ámbitos, las diferencias que marcan épocas distintas, son fundamentales, especialmente como acabamos de ver porque el contexto actual es otro. No obstante, existen como regularidades o continuidades, que van más allá de las diferencias de época o de generación, y una de éstas radica en la clara diferenciación entre los tiempos y los espacios de consumo que intentan trasladar a sus hijos: - Nosotros, más o menos lo que estamos haciendo es que vean que la vida no siempre es una fiesta, que existen momentos de fiesta y momentos en que se trabaja, momentos que…, que cada cosa tiene su momento, que no pueden fumar porros en el instituto, que es lo que tú decías, que no pueden ir borrachos al instituto. Quiero decir, que vean los hábitos sociales, que el alcohol, que los porros y todo eso no deja de estar presente en la sociedad, pero que se hace en ciertos momentos, a ciertas horas. Que vean que cada cosa tiene un lugar y un momento… - Tener unas pautas de consumo según nuestra experiencia, que hemos tardado en entenderlo, pero que bueno… (Barcelona)

Hay consenso respecto a que se necesita información para hacer frente a los posibles riesgos del consumo, y que dicha información favorecerá los aprendizajes de los jóvenes y especialmente de los adolescentes, que están incorporándose a los espacios de consumo. La mayoría de los padres defienden que la función preventiva no es exclusiva de la familia, ni tampoco de la escuela, pero agradecen que ésta participe de pleno:

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- Estamos cargando mucho sobre la escuela, pero también a veces es el fracaso de la familia, la escuela es el 50% de la educación pero… - Pero no me refiero a la estructura familiar sino que decimos que el sistema educativo la caga cuando nosotros la hemos cagado cincuenta veces antes y le decimos al profesor de ética o de dibujo que haga lo que nosotros no somos capaces de hacer. - Le pedimos a la escuela que corrija a nuestros hijos y a veces es nuestro estrés familiar el que… la escuela tampoco funciona porque están masificadas, porque los maestros están desmotivados…, porque…, y vas acumulando, vas acumulando, y al final ¿sabes qué hacemos? Emborracharos todos y no penséis. (Lleida) Los padres, debido a su relación anterior con las drogas y a tener amigos consumidores, comparten la idea que su trayectoria los sitúa en un lugar privilegiado, quizás mejor situados que a los docentes, por todas sus experiencias con las drogas: - A veces ella me dice ¿y tú que sabes? Emborráchate mujer, ¡pruébalo! - Claro, yo no vengo de la práctica, yo vengo de la teoría. Es diferente que los padres hayan hecho todo este trayecto. - Pero con mucha moderación ¡eh! - Sí pero ya es diferente, tú has flirteado, has jugado… es diferente de alguien que le viene todo totalmente de nuevo, que lo único que ha hecho es leerlo y las experiencias que te ha tocado ver, aunque no laboralmente. A mí, a nivel laboral me ha tocado verlo, pero ya cuando el proceso está totalmente deteriorado, y es durillo. - Yo me tomaba muchos porros (Lleida).

Como plantea el grupo de Lleida, por mucha teoría que se abarque, e incluso por mucha práctica profesional, no puede compararse con las experiencias personales de consumo. Incluso la práctica profesional, puesto que se produce cuando existen problemas, no se considera válida para la prevención, como acabamos de ver.

Otro aspecto que aparece relacionado con los aprendizajes es el tema de los límites, más cuando se trata de adolescentes, aunque pueda producir contradicciones, puesto que los consumos de los padres pueden quedar en entredicho, aunque el factor edad vuelve a ser determinante: cada etapa vital debe tener sus límites: - A una edad determinada no sé… por ejemplo, una vez una hija mía quería sembrar maría y tenia quince años. Me vino… que es una planta muy bonita, que… Yo le dije ¡no! Hasta que no tengas dieciocho años, aquí en el huerto no plantarás. Pero vosotros fumáis a veces con los amigos. Bueno…, pero tú no tienes edad. Ya plantarás cuando sepas defenderte tú sola de las cosas. (Barcelona)

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Entre las etapas vitales, como ya hemos dicho anteriormente, la adolescencia es clave, puesto que se empieza a experimentar y es un punto de transición vital y de constantes cambios e influencias. Es también el momento que los padres consideran como más importante para ayudar a sus hijos a partir de sus experiencias anteriores. Los padres, en consonancia con la crítica que hacen a la prohibición y a las contradicciones que produce, abogan por valores que tienen que ver con la responsabilidad y la libertad, puesto que creen que favorecen que los jóvenes tomen decisiones: - Para hacer un consumo responsable de las sustancias psicoactivas es necesario conocimiento y responsabilidad, y libertad también. - Información y libertad. - Prohibirlo y cerrar la información es una barbaridad. - Más cuando el alcohol, volvamos, está permitido y además se hace bandera de él, sirve de… - No lo digas en voz alta eso que prohibirán también el alcohol, que estos… están, ¡eh! - Como dijeron de Clinton ¿no?, que había fumado porros cuando era joven para hundirlo. - No lo harán, que hay una industria potente detrás - Ya han prohibido el tabaco, con el tabaco lo están haciendo (Barcelona). En los discursos de los padres se aprecia un interés por acercarse a los consumos de sus hijos, no tanto para fiscalizarlos, que algunos también, sino para ayudar en el proceso de aprendizaje. Ya hemos visto que la experiencia de los padres es tomada por estos como un salvoconducto, que según creen ellos, debería servirles incluso para comprar juntos o compartir, a veces, los consumos: - Claro, no quiero hacer apología de las drogas pero tampoco quiero reprimir, para que no tenga el efecto contrario. - No quiero ser una madre carca, pero tampoco quiero ser…, allí fumando porros con ellos. (Ibiza) Y este tipo de posicionamiento de los padres puede llevar a replantear el tema ya enunciado de la necesidad de tener límites claros, al menos en la adolescencia: - Yo también, con eso de los límites actué un poco como…, hasta que tienen diecisiete o así que… Aunque yo ya me di cuenta que con dieciséis o diecisiete años ya había fumado algún porro, y entonces, cuando tuvo tal le dije, deja de comprar o de pillar el hachís…Mi hija mayor me provee de hongos, que tiene un pequeño kit de estos de plantación de hongos. Eso lo hablamos entre todos y da para introducir temas… que cada uno es su propio regulador, que no afecta igual a uno que a otro, etc. Y el entorno, porque claro, a mí me es igual que mi hijo no beba si va rodeado siempre de
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gente que bebe, porque al final. Su entorno no suele beber. Pues les he dejado muchos libros y tal. ¡Lee esto! Es intentar poner freno sin quitarles el vehículo. Pero un día tuve que ir a buscar a mi hijo a una comisaría por fumarse un porro delante de un policía. ¡Hombre eso no se hace! No digas a nadie que plantamos marihuana, porque está prohibido. Es que la gente de hoy se piensa que no está prohibida. (Barcelona) - Cuestionar el rol de padres como rol antidrogas cuando la gente más ‘normal’, los que llevan el asunto con más tranquilidad ante los hijos, lo que están planteando es cuestionar precisamente este rol, el rol de padre como meramente prohibicionista. Pensar que hay otra posibilidad, ser padre y al mismo tiempo, educar en esto. - Las distintas maneras de consumir de los padres llevan a una manera distinta de enfrentarse con el consumo de los hijos. He conocido gente con un consumo no festivo sino diario y de… con autocultivo; ese tipo de consumo lleva a otro tipo de comportamiento en la medida en que forma parte de lo cotidiano, al nacer los hijos ¿qué haces? ¿Mantienes la plantación o rompes? - Mi hijo cuando tenía cinco años dijo ‘voy a hacer un cigarro’ y se puso a preparar un porro; ahí nos dimos cuenta de que había interiorizado algo que formaba parte de la cotidianeidad. En nuestro caso, a medida que iban creciendo, les íbamos contando lo que sabíamos. - Quizás tiene algo que ver con el sentido de culpa; los fumadores de cannabis que han fumado siempre en casa, al llegar los hijos han continuado fumando y los hijos se han enterado de que aquello era cannabis hacia los doce o trece años. Ese tipo de padres no los han apartado sino que los han incorporado y comparten con ellos las plantas. Para ellos fumar es una cosa muy recreativa y abierta y que está bien. Sin embargo hay otros que han visto gente a su alrededor a los que les fue mal, pienso en la pareja que hemos mencionado, la primera novia de él se enganchó al caballo y varios amigos tuvieron problemas con las drogas, algunos incluso murieron. Tal vez es ese impacto el que actúa - Probablemente antes podía haber un contraste más fuerte entre lo de casa y lo de fuera pero ahora, fuera hay un discurso generalizado que está mucho más especializado, por ejemplo con el cannabis. Más especializado en el sentido de distinguir, el propio discurso de los consumidores es muy especializado en la justificación. Ha habido una cultura de intentar justificar por qué ese consumo es diferente de los malos. Creo que la salida de casa hacia fuera ya no tiene que salvar tanta distancia. - El cannabis ha hecho como de puente entre la situación esa y las drogas malas, malas. - Hay un salto, donde, de hecho, el discurso especializado el que mucho consumidores de cannabis que fuman fuera expresan con mucha naturalidad y que es mucho más benévolo que el del tabaco o que el del alcohol” (Expertos)

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12. PONER LÍMITES: “Pero de todas maneras, harán lo que les dé la gana a ellos”
Ya hemos visto a lo largo del texto que el tema de los límites es recurrente, pensamos que es así porque abre interrogantes sobre las relaciones entre padres e hijos, y por la dificultad que supone consumir con los hijos, especialmente en la adolescencia y después ejercer funciones de control. Todo ello cuestiona la figura de los progenitores y su función, desde distintas perspectivas. - Y ya él viene cuando ha conseguido una marihuana estupenda… ¡mira, prueba esto! Como si catáramos un buen vino y ha salido de una forma natural, tampoco he hecho yo nada porque fuera así ni él tampoco, sino de una forma natural... y sí, consumimos y cuando estamos en casa... también lo de siempre. - Yo pienso que, también, que es mucho de la edad, con quince años yo no habría compartido en absoluto, ni dejar a los amigos. Pero luego, como decías con lo del vino, si son consumidores o lo son ocasionalmente, porque no podemos compartir si compartimos el arroz que hemos hecho, y compartimos el vino que nos bebemos, si eso tiene una simbología lúdica, si lo constituyes como un indicador de pasarlo bien, por qué impedirlo (Barcelona)

Los padres, cuando hablan de los límites, se refieren tanto a los consumos de drogas como a las actividades que hacen sus hijos cuando salen de fiesta, y muy especialmente a los horarios de regreso: - Yo debo de ser una… una sin sustancia, mi hijo ha salido un día ahora en las fiestas de… porque estaba Código Norte, que para él son la pera, claro el concierto empezaba a la 1:00, entonces mi primera esto fue, ¿sale o no sale?, vale sí sale, y le puse hora para que viniera con otro amigo que vivía en… a las dos y media, calcule hora y media de concierto y si se acaba bien y si no es su problema, pues si que me quede a esperarlo en el sofá, pero me quede frita, y cuando vino me despertó y le dije, ¿qué hora es? y me dijo las dos y media, ni lo comprobé y le dije muy bien y me volví a dormir y a las 4 me desperté en el sofá y luego pensé soy una sin sustancia, o sea, otra hubiera estado mirando la hora, yo no, no sé, si tenía que estar levantada (...) pero tiene catorce

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- Imagínate el chaval con catorce años, son las 7 de la mañana y no ha venido ¿qué hacemos? (Vitoria) Respecto a cómo deben ser los límites y cuándo hay que ponerlos, hay una gran variedad de puntos de vista. Los hay que plantean la necesidad de mantener unos límites muy claros desde la adolescencia, y que los hijos se atengan a ellos, en caso contrario, dicen que se debería actuar con una cierta contundencia para evitar problemas mayores: - Yo lo saqué de casa dos veces, a ver! ... claro. Llegó un momento que, una vez que se pasó, fatal, y le dije: <<Mira niño, si fuéramos pijos irías a Londres, pero como que no somos pijos, y no diremos que vas a perfeccionar el inglés, te vas a casa de tu padre>> Y le dije, cuando tengas ganas de seguir las normas volverás a casa. El pacto primero era de un mes..., a la semana: <<mama, quiero volver>>. Y le dije, <<no, guapo, quedamos que un mes y aguantarás un mes>> Al final, después del mes me dijo <<yo no puedo volver todavía que estoy todavía igual de verde>> Y se estuvo seis meses, puesto que llega un momento que si no te vas al cementerio. - ¿Y en casa de su padre qué tal? - Su padre es Mosso. Te han echado fuera de casa, estás en una casa forastera, con los hermanitos de alquiler, con un tío que casi hace cinco años que no te hablas, y ves que la cosa va en serio. Aquello le fue muy bien. Tenía que cambiarlo de ambiente, cambiarlo de normativas y volver a empezar. Claro lo pruebas todo, te encuentras desamparada y dices: ¿qué hago? Se rebotaba contra cualquier figura de autoridad, Mosso que veía, Mosso que provocaba, urbano que veía, urbano que provocaba, llegó a intimidar hasta a un Juez. Es que es agotador. (Lleida) Hay posturas en el otro extremo, más laxas, que abogan por no remarcar unos límites concretos, o bien que puedan ser sobrepasados sin que por ello se adopten actitudes muy alarmistas, ya que hay padres que piensan que si los límites no son muy rígidos el hecho de saltarlos no es negativo, puesto que forma parte del aprendizaje hacia la responsabilidad y para asumir la existencia de riesgos. Además los límites no vienen determinados solamente por el tema drogas, puesto que hay otro tipo de riesgos, especialmente en la adolescencia: - Pero límites así específicos no he puesto. Cuando yo vea que algo va mal, ahí, estoy en la fase de que estoy todo el tiempo viendo qué hace, sabes. - Yo creo que en el momento que pones un límite ellos van a decir: ¡uy! vamos a buscar el límite a ver qué pasa. - Por eso no los pongo, porque me da miedo perderlo, que se vaya a… (Ibiza) Entre estas dos posiciones analizadas se encuentra una gran diversidad de situaciones y de matices, y resulta muy aceptada la visión de que los límites ayudan a mantener una cierta distancia que sitúa a padres e hijos en lugares específicos y separados, evitando que todo se diluya o se mezcle:

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- Yo también soy partidaria ¡eh! de separar un poco…, aunque tú sepas y ellos sepan, tú eres el padre o la madre, pero no eres ni su amigo ni su amiga. - No ni su camello. (Barcelona) También genera bastante consenso que los límites son distintos si se refieren al ámbito familiar (más laxos) que al público, en el cual son mucho más estrictos, como hemos visto a lo largo de explicaciones anteriores: - Yo creo que todo el mundo les sabe transmitir elementos para que lo puedan vivir no como un problema, de ciertas cosas se puede hablar abiertamente, pero aquí en casa, fuera es diferente, deben tener la doble perspectiva. Una vez mi hijo con quince años fue a recoger las plantas de maría de un primo, que se había hecho una fractura, y este le regaló una bolsa. Se obstinó en llevarla al instituto para compartir con los amigos. Le dije que no, tú a los quince años no te vas con maría al instituto, y punto. Además él no fumaba. No, es otro código y debe saber reconocer los códigos distintos. A mi casa pueden venir los amigos e ir fumados pero tú no puedes llevar la maría al instituto, ya nos la fumaremos con mis amigos. Has de saber vivir con el otro código y creo que rápidamente lo aprenden. - Sí, sí, no estamos solos. - Mi hija pequeña fuma porros, pero sus amigas saben que si están solas pueden fumar, pero si estoy yo no. Porque no quiero y punto, lo hacéis en otro lugar. Es como aquello de traeré el novio a dormir. Pues no, ya he pasado por lo de traer los novios a dormir, hasta que un día dije no ¡y punto! Los novios se quedan fuera de casa. Porque entonces nosotros somos los más guais, y luego eso se va diciendo por el mundo, no hace falta airear la intimidad de cada uno. (Barcelona) Las prácticas de autocultivo de marihuana, las hagan los padres o los hijos, son un espacio de experimentación entre padres e hijos puesto que les conduce a tener que compartir, los trabajos, los conocimientos y las cosechas y generan complicidades: - Yo no fumaba delante de ellos pero llega un día una fiesta… - Natural - Y a partir de ahí no nos escondemos para plantar, compartir la cultura de los porros, del cannabis, él se ha aficionado en el tema de la plantación, que si esquejes, que si… Se ha convertido en una actividad compartida. - Yo tengo un hermano que se dedica a temas de vino y su hijo también y se pasan el tiempo hablando, que si tempranillo, ¡que no sé cuantos! Mira, yo con mi hijo hablamos de marihuana (Lleida)

Cuando los padres están separados, si ambas partes no van al unísono, puede suceder que las madres perciban como que las situaciones de consumo de sus hijos se les escapan de las manos y requieren la participación más activa de la otra parte, sobre todo para imponer límites.

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Algunos padres, a pesar de la separación, entienden que la educación de los hijos, sigue siendo cosa de los dos: - Como pareja nos separamos, pero como padres seguimos juntos, ella lo entendió así. Explicar abiertamente las consecuencias que puede tener consumir determinadas cosas, ya que mi ex si ella se metiera la mitad de las cosas que yo me he metido, se pondría las manos en la cabeza… Explicar abiertamente lo que supone, el consumo de alcohol, el consumo de drogas varias. - Lo que más rabia da, es que, entre comillas, cuando te das cuenta, haces tarde tres años. (Lleida)

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13. LA GESTIÓN DE LOS MIEDOS: “Es lo que me preocupa”
Los padres participantes en los grupos, a pesar de su discurso de proximidad a determinados consumos de drogas, especialmente de cannabis en contextos de ocio, no están exentos de ciertos discursos que proceden de la visión de las drogas como problema, y que enfatizan determinados miedos: a las amistades con supuestos consumos más intensivos, a los consumos de sustancias considerados por ellos más “problemáticas”, a un crecimiento autónomo que podrían truncar las drogas, etc.: - Que les pille cuando todavía no están emocionalmente maduros, que físicamente también es más dañino, sobre todo también que la personalidad no esté lo suficientemente desarrollada porque si luego ya si empiezas con eso y te pillas, pues adiós, te queda un… tonto para toda la vida, a mi eso es lo que me preocupa, luego son cosas más puntales que la información. - A mí me preocupa que le manipulen, que le manipulen otras personas y las sustancias por medio, no sé cómo decirlo. - Las malas compañías, es como decían antes. - Que le estén manejando los demás. - Eso es lo que me… - Que les pille físicamente sin formar, sobre todo con ciertas drogas y están a su alcance desde ya. - Sí, pero luego van de empalmada, el mío juega al fútbol y luego se va de gaupasa, bueno pero se levanta para ir a jugar, cosa que no se levanta para sacar el perro (Vitoria) - ¿Dónde os ponéis?, por ahí por ahí. - ¿Dónde es por ahí?, mama en un sitio que no conoces tu ni por el forro, o sea, para que voy a decir dónde está. (Vitoria) Algunos padres, reproducen el mito según el cual los adolescentes de ahora son distintos a los de antes porque sus consumos son más intensivos y menos controlados, por tanto se encuentran expuestos a riesgos más importantes que a los que se expusieron ellos mismos. Como en otros temas que hemos analizado las diferencias generacionales sitúan a los padres en un espacio desde el cual les es difícil entender el comportamiento de sus hijos, lo cual les genera miedos y angustias: - Yo, el mayor ha probado y consume algún canuto pero me preocupa el pequeño, el de siete años porque van muy envalentonados, yo escucho conversas y un lenguaje que hace miedo.

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- Yo con la de dieciséis tengo miedo, y no tiene que ver con las drogas, sólo con los meneos y contoneos, que si las divinas esto, que si las divinas aquello, y ya puedo ponerla un condón, pero ¡ya! - A mí es lo que me da miedo, quizás es otra época, quizás he cambiado y quizás es la misma juventud quien… pero me veo, por la edad que tienen que van muy adelantados, tus hijos hacen cosas que tú hiciste a los diecisiete y ahora las hacen a los quince, y las de los de quince los de trece. Yo a mi edad no teníamos un lenguaje que sí “coño” “que si me chupa no sé qué”, pero unas cosas, para ir a hablar con el monitor del patio (Lleida) No obstante, algunos padres relativizan los miedos puesto que tienen plena confianza en sus hijos: - Y una cosa, eso me pasa a mí, pero creo que es importante no tener miedo de lo que hagan ellos, es decir, eso depende de los casos, si tienes un hijo o una hija que los ves “descarriados”, entre comillas, aquello de aquí para allá, ¿padecerás, no? Pero si tú ves que su actitud es de tranquilidad delante de eso, es positivo. También hay gente que lo vive con mucho miedo todo eso, lo viven con mucho miedo de que si el hijo se le volverá así o asá, o si le pasará alguna cosa, o lo que sea, el miedo siempre es mal consejero, y en lo que estamos tratando, yo creo que es muy importante (Barcelona) Aunque pueda parecer ambiguo, algunos padres, afrontan el miedo intentando ponerse en el lugar de los hijos, y como no tienen los mismos parámetros, intentan poner a sus hijos en las situaciones que ellos vivieron, en una especie de comparación de los riesgos, los actuales y los pasados: - Yo, a veces, cuando mi mujer tiene algún problema con la chiquilla yo siempre le digo y es un ejercicio que recomiendo, le digo, intenta recordar cómo eras tú cuando tenías quince años y entonces digo, ¡hostia!, es verdad, es que yo todavía era mucho más... si me fui con un francés con 15 años a Francia y volví al año y pico... sobre todo... yo no sé qué adolescencia habéis tenido pero yo, mi infancia y mi adolescencia fue muy dura, absolutamente muy dura y entonces pues tengo mucho que ver ahí y es mejor así...” (Barcelona) Si nos atenemos a la importancia de los riesgos que sufren los jóvenes cuando salen de fiesta tenemos que los accidentes de tráfico han sido una de las causas de mortalidad y morbilidad más importantes, y que se han visto aumentados por el consumo de drogas, por los desplazamientos y por las largas jornadas sin dormir. En los discursos de los padres, por tanto, hay un espacio importante para estos miedos y riesgos: - Yo, en mi caso, me hace más miedo cuando van desde donde vivimos en coche, y siempre le digo que por la única cosa que sufro, que no sufro en el fondo, es por los coches, es decir, si alguna cosa me haría sufrir serían los coches, pero no sufro tampoco porque me fumo dos porros y me voy a dormir (ríen) y ¡ya está! Pero lo otro no me hace sufrir, no tengo miedo.

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- Yo cuando sale de marcha con los amigos le pido que no monte en el coche de alguien que vaya bebido, no sé si me hará caso, pero la recomendación es esa. Fuera de eso, que fume porros, estoy contento de ello, porque comparados con nuestra juventud son tan buenos chicos. (Lleida) - A mí me parece que lo más preocupante es el alcohol, que si después cogen un coche tienen más peligros. Si vas fumadísimo no coges un coche…, o sí, también. - Sí que subes, sí.

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14. EL PAPEL DEL ALCOHOL: “Hay más bares que tiendas”
El consumo de alcohol supone una preocupación para gran parte de los padres participantes en los grupos de discusión. No sólo por lo que hemos visto en el anterior apartado, por su relación con los accidentes de tráfico, sino por bastantes más razones. Quizás, uno de los primeros planteamientos que hacen los padres, es comparar los efectos del consumo de cannabis y los del consumo de alcohol: - Pues mira, mis hijos son fumetas y hay un chico en todo el grupito que no fuma y bebe alcohol y quien monta siempre los dramas y quien tiene siempre los problemas es con el que bebe alcohol. Entonces a mis hijos no les interesa el alcohol, además las veces que lo han probado han estado borrachísimos, han vomitado y no les gusta la experiencia y no les interesa el alcohol por ahora, yo creo que tengo suerte en esto. (Ibiza)

A pesar de que, como hemos dicho, el alcohol ha resultado ser una preocupación constante en los discursos de los grupos, no fue introducido a debate en ninguno de ellos puesto que no estaba previsto que el alcohol tuviera tal importancia para los integrantes de los grupos. No obstante, junto a las diferencias generacionales, ha resultado ser un eje central y estructurador de los discursos. Quizás porque es la sustancia común a todas las generaciones, y porque, ambiguamente, como tantas cosas relativas a las drogas, encarna parte de los nuevos temores.

Para la generación de los padres de los actuales padres, el alcohol no era percibido como una droga, aunque era la sustancia más difundida y utilizada, puesto que el lugar de droga causante del “problema de las drogas”, lo ocupaba la heroína. Para los actuales padres fue una sustancia presente en sus salidas de tipo festivo, y generó, junto al cannabis, la primera explosión visible del consumo público de drogas como marcador de lo festivo y de lo informal, en una sociedad, la que emerge en los setenta, que se estaba transformando aceleradamente y que buscaba nuevos referentes y valores juveniles: - A mí me parece mucho más difícil que con otras muchas drogas, ¿por qué? pues porque está bien visto, está bien considerado, porque si se es alcohólico parece que no pasa nada, no pasa nada, sí, soy un enfermo que se te cuida, y ya está, pero está como tolerado ¿cómo? es admisible dentro de la sociedad.

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- Se alaba, aquí se alaba. - En el entorno cercano hay alcohólicos, ¿ no?, y les dices pues mira, así como yo también le he presentado a colegas que siguen enganchados, le dices pues mira está como está por esto, por lo otro, de las oportunidades que ha perdido, le hablas de los colegas que han caído, que son muchos, en distintas circunstancias, pero todos por adicciones varias, pero el tema del alcohol me parece súper difícil, porque toda la sociedad apoya eso, está tolerado, es admitido, entonces, me cuesta muchísimo más que entienda que es una droga dura y que tiene tanto peligro y que lo puede ver en un entorno cercano, los alcohólicos lo que conlleva en una familia, hay más agresividad, hay malos tratos, hay… - Sobre todo, que le dices que no beba y si papa bebe, el tío bebe… - No será tan malo si lo hace. - Si lo venden en el súper. - Yo no sé en vuestras casa, en mi casa hay unos licores de las cestas de Navidad y estas historias que a mí que no me gusta el licor, y están ahí y es que se ven, entras en mi casa, das dos paso y se ven y luego en la nevera yo siempre tengo cervezas y vino fuera también en el botellero pues eso me gusta, y yo no suelo beber habitualmente, soy una bebedora social y ahora sales y te tomas un par de cervezas o un vino o lo que sea, pero mis hijos lo ven, es algo normal, es como la mantequilla, la sal…(Vitoria) El grupo anterior ha sido el que ha reflexionado más profundamente sobre el alcohol, en parte porque son mujeres que se han socializado en un ambiente en el cual el alcohol ha jugado un papel muy importante en la sociabilidad, tanto en el contexto de las salidas habituales como de las extraordinarias y, en parte, porque en ese entorno era una substancia con unas connotaciones que tienen que ver con el mundo de los hombres, especialmente el del trabajo y de las cantinas y bares. Además, el alcohol es una droga relacionada con todas las demás, puesto que la mayoría de los consumidores de las otras sustancias consumen también alcohol, y por el papel que juega como iniciador a la fiesta: - Como hay más bares que tiendas es más fácil ponerse a beber. - Yo creo que si estás con el alcohol, tienes más posibilidades de meterte cualquier otra de las drogas . (Vitoria) En el imaginario de los actuales padres, el contexto problemático por excelencia en relación al alcohol es el del tan cacareado botellón, que ni es, ni significa lo mismo en todos los lugares, ni tiene en ellos las mismas dimensiones (Pallarés et al., 2008). Los padres del siguiente grupo, muy tolerantes y próximos al consumo de cannabis, muestran una visión distinta respecto al alcohol, y algunos creen que hay una enorme distancia de sus hijos consumidores de cannabis con los jóvenes que beben alcohol, a los cuales imaginan como más dominados por la sustancia y sin otras finalidades que beber, un tipo de discurso no muy diferente al que sostenían sus padres cuando ellos fumaban cannabis:

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- Es lo que has dicho, me parece que todos somos civilizados, y quizás pertenecemos o tenemos un tipo de hijos, que… quizás… son diferentes, pero no son lo que dices tú ahora, que es donde hay más caldo de cultivo y claro, ese botellón que has explicado tú antes a mí me hace pánico, o sea el miedo que no tengo con las otras cosas la tengo cuando veo eso, claro, porque lo veo irrefrenable pues veo que hay una falta de muchísimas cosas detrás. - Pero aquí se bebe mucho también, los amigos y amigas de mis hijos beben bastante. Muchas veces te explican lo de los otros pero… y es lo de todos, pero vamos se bebe mucho, beben mucho. - Sí que beben, además ya lo he dicho, a mí me preocupa más la bebida, y lo veo desmesurado porque la finalidad es beber, no es salimos a algún lugar y además bebemos. - A mí me hace un poco de pena que cuando salen las noches del fin de semana, prácticamente la única manera de relacionarse con la gente que van es ir borrachos. - ¡Es una putada! Nosotros, por lo menos yo, cuando bebíamos no bebíamos así, bebíamos para que una chica fuera más fácil o por lo menos... - Depende, depende. - Es curioso que aquí somos padres que hemos consumido unas cuantas sustancias psicoactivas y lo que más miedo nos da es el alcohol y el coche (Barcelona) Aunque en este mismo grupo, estirando la línea argumental profundizan y dan un paso más allá en las motivaciones y razones de los jóvenes para acercarse al alcohol: -Yo creo que es la más fácil que tenéis de conseguir y además no está adulterada y a unos precios razonables… - Sí, sí. - Yo leí un trabajo de cómo se inician los adolescentes en la sexualidad y salía el tema del alcohol y en la percepción de los jóvenes hay una cuestión de que el alcohol desinhibe y ellos buscan el alcohol para desinhibirse y, a más a más, hay una cuestión que nos lleva a décadas atrás porque son muy machistas y predomina la idea de los tíos, quiero decir, que las chicas bebidas son chicas fáciles, y por tanto, el objetivo es que las chicas beben y además lo plantean así y lo saben (Barcelona).

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15. CONSUMOS ACCEPTABLES: “Yo lo que quiero es que sean felices”
Si partimos de los discursos de los padres sobre sus temores y sobre el consumo de alcohol, es fácil entender que lleguen a considerar otros tipos de consumo como aceptables, y que después de la adolescencia les permitan consumir abiertamente, especialmente respecto el cannabis.

Algunos de los participantes lo aceptan porque valoran lo que ellos han hecho en sus vidas, y porque creen que hay riesgos, pero que a partir de una cierta edad con preparación pueden asumirse. Lo plantean así puesto que saben que por mucho que los controlen al final llegarán a conocer las drogas y deberán decidir qué hacen respecto ellas, tal como tuvieron que decidir ellos: - ¿No? Porque yo también, yo siempre me miro a mí misma. Yo también, yo empecé muy tarde, es la única cosa, vale, empecé a fumar un porrito a los quince, pero no era algo regular en mi vida hasta los diecinueve años. A los diecinueve años empecé a fumar porros, tabaco, empecé a tomar las drogas. Pero hasta entonces y esto también yo intento con ellos, digo vale, van a venir en tu camino todas las drogas, porque me piden también qué es la coca, qué es el speed, qué te hace. Pero yo le digo, hazlo después de una cierta edad, porque tu cuerpo y tu cerebro y todo está todavía evolucionándose. - Lo único que me importa, es que si lo hacen, lo haga cuando ya tenga su cabeza totalmente echa y que puedan decidir y que tengan juicio para saber si esto está bien o está mal. Yo también pienso que si hubiera empezado pronto no tendría la cabeza como la tengo ahora, estoy segurísima. Si yo hubiera empezado a fumar porros con trece años, seguro que no tendría la cabeza bien hecha ahora mismo. (Ibiza) Los padres ante esta realidad asumen que si sus hijos consumen sólo en tiempos de ocio y como una forma de diversión, al ser un comportamiento dominante y extendido entre los jóvenes en todos los contextos, debe ser visto como aceptable: - Y luego es que hay un momento para cada cosa, hay momento para divertirse, hay momento para, no sé… momentos para estar tirado ahí en casa, hay momento para… ¿sabes?, si te llamo y en ese momento te has bebido ocho calimochos y estás como un ciego pero tu hermana se ha puesto enferma y yo tengo que ir a la farmacia pues… no se olvide de que forma parte del grupo por estar colocado, ¿sabes? Que no dejen de ser ellos mismos. - Si solo sales y tal.
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- Yo lo que quiero que sean felices. (Vitoria) - Yo les digo cual es la pauta, que hay un tiempo para el ocio y un tiempo para la productividad y si cumples los dos no hay ningún problema. Si el ocio les impide cumplir la productividad o la productividad el ocio, hay un desequilibrio y se debe arreglar. Éste es el test en el que veo si hay peligro o no, mientras cumplan en el trabajo o vayan estudiando y su parte productiva la lleven adelante, en su parte de ocio tienen libertada para… (Barcelona)

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16. CÓMO ACTUAR: “Tampoco puedes cerrarles las puertas, tendrán que vivirlo”
Como hemos visto a lo largo del texto, la posición de los padres es tolerante respecto al consumo de cannabis, siempre y cuando se produzca en contextos de ocio y no interfiera en el mundo de sus responsabilidades y de sus obligaciones cotidianas, sean del tipo que sean, y va disminuyendo la tolerancia respecto las otras sustancias, en función de cómo catalogan los riesgos asociados al consumo de las mismas. Los padres se enfrentan a unas posiciones y comportamientos de sus hijos que ellos ya abandonaron, aunque sigan consumiendo algunas drogas, por lo que quisieran que sus hijos, aunque consuman, no asuman demasiados riesgos y que por tanto el consumo no llegue a marcarlos ni a definir su identidad. La edad y una situación generacional que produce una visión distinta son las variables que permiten explicar su posicionamiento, y el convencimiento de que por mucho que ellos se preocupen quienes tienen que experimentar y cargar con los riesgos son sus hijos: - Yo creo que sí pero creo que somos carrozas, a ojos de ellos somos carrozas, porque ellos no ven lo mismo, ven los mismos riesgos que veíamos nosotros. Nosotros lo veíamos seguro lo que estábamos haciendo nosotros, porque yo he cogido el coche colocada hasta las orejas con ocho personas detrás y estaba convencida de que iba a llegar a mi destino perfectamente. Claro, ahora me daría pavor que una de mis hijas lo pudiera hacer, pavor, pero por otro lado si confiaba en mí tengo que confiar en ellas. -Si a mi hija le tiene que pasar, le pasará algo pero tampoco puedes cerrarles las puertas, tendrán que vivirlo. (Ibiza) Ante la evidencia de que los padres no pueden evitar o aliviar los riesgos, se plantean que su papel debe ser ante todo un papel coherente, que pasa por intentar darles información y que ésta la puedan contrastar con las actitudes y los comportamientos paternos, y que la responsabilidad no se improvisa de la noche a la mañana sino que es algo que hay que trabajar adecuadamente día a día: - De entrada, es lo que decía, ¿transmitir? Lo que quieres transmitir ponerlo en práctica tú. Yo no le puedo decir a mi hija con un canuto, no fumes nena que es muy malo, eso no…, es decir, como los curas, haz lo que te diga pero yo no lo haré. Intento transmitir con ejemplos, se debe ser coherente. - Yo le digo que no es un juego, siempre le dejé claro que con las drogas no se juega, deben hacerte respeto, ¡cuidado!, que hay gente que se ha quedado por el camino, porque a veces no es el consumo sino lo que se deriva del consumo. Reducción de riesgos, si lo haces que sea con cordura,
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no probéis pastillas sin saber qué os metéis, empezad con un cuarto, y coche hacerlo a suertes, hoy te toca a ti y mañana me tocará a mí. Que responsabilidad no se improvisa ni a los dieciséis ni a los dieciocho, hemos tenido que ir trabajando poco a poco, hemos de predicar con ejemplo. - A veces salen de casa y no sabes qué harán. - No. - Pero no puedes estar siempre. - Es que no sabes los amigos que tienen. (Lleida)

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- Sí pero el brazo de los padres no llega a todos los sitios y nuestra experiencia no les sirve porque es el argumento que siempre utilizamos los padres. - Yo creo que es mejor no tener miedo, nunca les he dicho no lo hagáis, no lo hagáis, no lo he dicho nunca y nunca he tenido problemas. Pero han estado educados los tres de la misma forma y te salen con cosas diferentes. Mi hijo, por ejemplo, la primera vez que salió sólo a los quince años, me llama a las tres de la mañana que fuera a recoger un amigo suyo porque nadie se atrevía a llevarlo a su casa. Yo contento, el chico había bebido a matar, su padre trabaja en una UCI, que mira que no le habría dicho cosas. Yo contento, ¡me ha llamado! Más tarde un día me llama mi hija que se había mareado en las ferias, y yo al llegar le pregunto ¿qué te has tomado? Y me dice, sí ¡hombre! Piensas que te habría llamado a ti si hubiera tomado algo. Yo no le preguntaba si había tomado drogas, sino algo de comer que le hubiera sentado mal, y me dijo ¡si, hombre! A ti te iba a llamar. ¡Me fui con el alma por los suelos! Me dije es imposible, es imposible, yo no tengo miedo, no demuestro nunca miedo en este tema y en otros, ellos sabrán… porque si tú dices cosas ellos no pueden verlo. - Sufrir no soluciona nada (Barcelona).

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17. CONCLUSIONES.
El primer aspecto a destacar son los cambios generacionales producidos, que inciden en las prácticas y en las representaciones de los padres consumidores, las cuales comparan con las de sus hijos, pero, muy especialmente, con las de sus padres. Debido a procesos sociales y culturales acaecidos en las últimas décadas, las relaciones entre padres e hijos se han convertido en más próximas y de mayor confianza. En los grupos de discusión todos los participantes ponían énfasis en la autoridad despótica de sus progenitores, situándola preferentemente en la figura del padre. Constantemente manifiestan la falta de comunicación entre ellos y sus padres, y no sólo en lo referente a las drogas, de las cuales sus padres no tenían ningún conocimiento, sino también respecto a otros aspectos de la vida de un joven (sexo, salir de noche, etc.). Muchos de ellos, y especialmente ellas, tuvieron que abandonar sus familias para desmarcarse del control paterno y poder, así, vivir sus sueños juveniles. En su esquema de comparaciones generacionales, por contra, ellos se consideran padres más democráticos, puesto que intentan ser cercanos a las realidades y a los problemas de sus hijos.

En lo relativo al punto de vista que mantienen los padres consumidores respecto el consumo de drogas y la educación de sus hijos, es más preciso hablar de posiciones que de categorías de padres consumidores. Las categorías poseen una connotación estática, inflexible e impermeable, por el contrario las posiciones son significadas como más dinámicas, flexibles y permeables. En este sentido las posiciones de los padres respecto los consumos de drogas de sus hijos varían en el tiempo en función de factores como: el tipo de droga, la edad, y la responsabilidad adquirida por los hijos.

El tipo de droga es un aspecto determinante en la posición de los padres hacia el consumo de sus hijos, puesto que valoran de manera muy distinta los consumos de cannabis -normalizados y aceptados- que los de cocaína, speed o éxtasis; el alcohol merece una consideración especial.

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En lo referente a la edad existe consenso respecto a que el momento más “preocupante” es la adolescencia, ya que es cuando creen que deben acompañar a sus hijos, puesto que es el momento de acercarse por primera vez a las drogas, de experimentar y de acumular conocimientos que pueden marcarlos en el futuro. Tal como avanzan en edad, entre los 18 y los 20 años, los padres consideran que sus hijos adquieren responsabilidades en muchos aspectos de sus vidas, por lo que las preocupaciones disminuyen si ven que sus hijos consumen ocasionalmente y por diversión, aunque respecto el cannabis, algunos toleran consumos diarios no intensivos.

Algunos padres han consumido siempre cannabis en presencia de sus hijos, otros por el contrario han mantenido durante mucho tiempo sus consumos ocultos. Los motivos para mantenerse en una posición o la otra durante la infancia de sus hijos, viene determinada en gran medida por el contexto social. Consumir cannabis en presencia de los hijos puede acarrear serios problemas de relación (con otros padres, con la escuela o hasta con la justicia), en consecuencia, algunos progenitores prefieren esconder sus consumos a sus hijos.

Los padres consumidores –como todo padre- en algún momento de la infancia o adolescencia de sus hijos deben trasmitir unos valores sobre el consumo de drogas. Los padres, llegada la adolescencia de sus hijos, continúan con el trabajo de potenciar la responsabilidad y el empoderamiento, tanto sobre los consumos de drogas, como sobre otros aspectos a los cuales sus hijos deberán afrontarse durante la adolescencia. Los consumos de los padres pueden generar confusión en los hijos debido a que los discursos sobre las drogas, recibidos fuera del entorno familiar, principalmente en la escuela, son de tipo negativo y alarmista. Cuando esto sucede, los padres se ven obligados a explicar clara y concisamente el por qué de sus consumos y la razón de los discursos alarmantes, en consecuencia realizan una tarea educativa sobre el consumo de drogas desde la proximidad y el valor de sus experiencias propias.

Los padres consumidores presentan una predisposición más alta que los no consumidores para hablar y afrontar los consumos de sus hijos, tanto cuando estos todavía no se han producido, como cuando ya se han manifestado. Los padres consumidores pretenden que su experiencia con las drogas pueda ser transmitida a sus hijos y por tanto utilizada por estos, como una herramienta para conocer los problemas y los límites de las drogas. Creen que sus consumos

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les confieren una posición privilegiada para acompañar, en un primer momento, al menos, a sus hijos en el consumo de drogas intentando minimizar los riesgos.

Los consumos de los padres realizados durante su juventud, a diferencia de los padres que nunca han mantenido contacto con las drogas, construyen un baremo sobre los consumos tolerables y los problemáticos, a diferencia de los padres sin experiencia, que acostumbran a vivir los consumos de sus hijos desde una posición alarmista y angustiante. Un aspecto a destacar es que estos padres pueden identificar fácilmente y con certeza, cuando sus hijos están o han estado bajos los efectos de las drogas, situaciones más difíciles de identificar por los padres no consumidores. Este conocimiento de los padres consumidores permite acercarse a los consumos de sus hijos desde una posición tolerante y respetuosa, sin caer en alarmismos, normalmente contraproducentes en la relación entre padres e hijos.

Los padres consumidores intentan tejer puentes de diálogo entre ellos y sus hijos. No obstante, estos puentes sobre los consumos de drogas solo podrán ser estables si durante el proceso de socialización se han tejido también en otros aspectos de la vida de sus hijos. Por tanto, una particularidad de los padres consumidores en relación a la educación sobre drogas, es el hecho que han roto con el tabú de hablar de drogas, y que ellos lo hacen sin rodeos desde la información y la proximidad. En este sentido, los padres consumidores poseen un papel clave y fundamental en la normalización del consumo de drogas, ya que su criterio de valor sitúa los consumos de sus hijos desde un prisma de pragmatismo, alejándose de los discursos alarmistas y poco pedagógicos producidos por el miedo a las drogas.

La actual situación del consumo de drogas a nivel social hace situar a los padres consumidores en una posición de pragmatismo, es decir, saben que sus hijos tarde o temprano se toparán con las drogas ilegales en sus contextos de socialización. Esta asunción de la presencia de las drogas en el entramado social lleva a situarlos en una posición de diálogo con sus hijos, por tanto entienden que su deber es dar una serie de herramientas sociales y emocionales para hacer frente al consumo de drogas sin que estos lleguen a acarrear problemas. A la mayoría de padres consumidores no les preocupan, los consumos esporádicos ni recreativos de sus hijos, aunque muchos preferirían que no se produjesen, por el miedo a que deriven en consumidores problemáticos. La incertidumbre sobre las consecuencias que pueden derivarse

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del consumo hace que los padres se intenten acercar a sus hijos para hablar de los riesgos y consecuencias de los consumos de drogas.

Aunque los padres consumidores compartan con los hijos ciertos aspectos relacionados con las drogas, los padres tienen presente que no se pueden compartir todas la vivencias con los hijos y que se debe mantener unos límites claros para que los adolescentes los respeten. También son partidarios de diferenciar ciertas conductas de consumo que para ellos son lícitas de desarrollar en el espacio privado (casa familiar) pero que no deben realizarse en los espacios públicos.

Creen que sus hijos tienen más información que la que tuvieron ellos, puesto que disponen de distintas fuentes de información (internet, escuela, programas de prevención, tv, etc.) y gozan de mayor movilidad que sus padres, aunque no por ello necesariamente deban ser más maduros. Por el contrario, reconocen que los adolescentes tienen más ofertas de consumo, no sólo respecto las drogas, sino de ocio y de productos específicamente juveniles, que pueden aproximarlos a estos mundos (música, ropa, etc.) Por eso los adolescentes tienen mucha información sobre aspectos que, por otra parte, sus padres desconocían.

Un aspecto a destacar en estas conclusiones es la cuestión del género, puesto que los chicos y las chicas no se comportan de la misma manera. Las madres participantes en los grupos de discusión, como hemos visto en el capítulo 9, pusieron de relieve como para ellas fue una lucha importante con sus padres la negociación de los horarios y las salidas de fiesta. Se refieren a ello creyendo que lo tuvieron mucho más difícil que los chicos, puesto que debido a distintos procesos socioculturales las mujeres han percibido más dificultad de participar en las salidas nocturnas. Hace unas décadas no era muy de recibo que una chica saliese sola, bebiese alcohol y menos que consumiese otras drogas. En la actualidad, aunque la presencia de las chicas en los espacios de ocio nocturno está totalmente normalizada, aún circulan diferentes atribuciones simbólicas sobre las chicas consumidoras. Por esta razón, los padres consumidores acostumbran a mantener una posición de mayor protección hacia las hijas que hacia los hijos.

Por lo que refiere a la normalización es el cannabis la sustancia más aceptada por los padres consumidores. El alcohol a pesar de su nivel de normalización social es visto negativamente

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para la mayoría de los padres, sobre todo porque no resiste la comparación con el cánnabis. La comparación y valoración respecto al alcohol y cánnabis tiene que ver con los discursos sociales dominantes y con las experiencias de los padres: no conocen gente con problemas por consumir cánnabis, y sí que todos tienen referentes de problemas por el consumo de alcohol y el de otras drogas ilegales.

Respecto ketamina y otras sustancias que los padres no consumen o no han consumido y respecto las cuales no tienen referentes en sus redes que las utilicen, manifiestan discursos de alarma muy distintos que los que mantienen respecto el cánnabis u otras sustancias más próximas a sus entornos. Podríamos hipotetizar que a mayor lejanía respecto a una droga o a sus consumidores, mayor rechazo o alarma respecto a la misma, como por ejemplo la ketamina, de la cual ellos nunca fueron consumidores y de la cual la única información que han recibido les despierta preocupación. La experiencia directa o de sus entornos respecto a las distintas drogas, marca la tolerancia que se tiene respecto a ellas, si no hay experiencias no hay aceptación.

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