La inmaculada concepción de los medios en crisis: estructura, concentración y desintermediación del sector en América Latina Martín Becerra Universidad

Nacional de Quilmes

Parece imposible entender la problemática planteada y las estrategias desarrolladas en el campo digital sin partir de procesos históricos tan esenciales como la desregulación, la concentración y la globalización e incluso la financierización de la cultura. BUSTAMANTE, E. (2003:334)

1. Introducción La estructura de los sistemas de medios de comunicación en América Latina exhibe, al finalizar la primera década del siglo XXI, el decisivo impacto de procesos de carácter global como la convergencia tecnológica representada por la digitalización o la emergencia de grandes grupos de comunicación concentrados (con raíces locales y también extranjeros) en formato de conglomerados. Pero esos procesos producen en la región latinoamericana efectos singulares respecto a los que se observan en otras regiones del planeta, en particular con los de los Estados Unidos de América por un lado y con los del occidente europeo por el otro. La tesis que asume el presente artículo es que en la transformación de las estructuras de medios en América Latina habita una singularidad que se explica por una serie de factores que se conjugan de manera diferencial en la región. Estos son:

MARTÍN BECERRA es profesor de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del CONICET. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Uiversidad de Buenos Aires y Doctor en Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Dirige el Programa de Investigación “Espacio público y políticas: representaciones, prácticas y actores. Argentina a partir de la década del 80” en la UNQ. Fue catedrático UNESCO 2005 en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona y es autor de varios libros sobre políticas y tecnologías de la comunicación. Ha ejercido el periodismo en medios gráficos argentinos.

1. definida

La histórica conformación del sistema latinoamericano de medios, como “comercial políticamente dócil” (Fox y Waisbord, 2002), durante

grandes períodos del siglo XX; 2. El tipo específico de procesos de concentración de los medios

comerciales de la región, que fueron hasta hace pocos años los únicos actores significativos del sistema mediático (con pocas excepciones como el caso de la televisión nacional en Chile o de la televisión en Colombia hasta 1994), y que produjo una concentración conglomeral con índices más altos que en otras regiones del mundo; 3. El rol del sector como dinamizador de capitales que, junto a las

privatizaciones, convocó a la extranjerización de un sector importante del sistema de medios latinoamericano, a su modernización tecnológica y a su financiamiento. Ello redujo la presencia de capitales nacionales históricamente ligados al sector de los medios, en beneficio de un movimiento paulatino hacia la extranjerización y/o hacia el ingreso de capitales externos al sistema de medios. Este movimiento implicó, a su vez, una gestión más profesionalizada y menos artesanal; 4. La confusión entre lo estatal y lo gubernamental y la ausencia de medios

auténticamente públicos en América Latina, tema que ha sido reactualizado por la nueva dinámica que asumieron medios gubernamentales en el último lustro en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y, en menor medida, en la Argentina; 5. La convergencia tecnológica representada por la digitalización en primer

lugar de los procesos productivos de las actividades de información y comunicación (infocomunicacionales) y, desde hace una década, por la aparición de productos y servicios de tipo convergente, así como de dispositivos de consumo, en particular los de carácter móvil. 6. La reciente ruptura de un contrato de producción informativa en el que

las empresas periodísticas disimulaban sus apuestas políticas bajo un discurso de neutralidad y objetividad; 7. Por último, pero no porque se trate de un proceso menor sino porque se

registra más recientemente, la convergencia tecnológica y la progresiva diseminación de tecnologías digitales en América Latina ha sido acompañada por una expansión del acceso más lenta que en los países centrales, pero con niveles que que al finalizar la primera década del siglo XXI autorizan a atender el proceso de desintermediación de la

producción y distribución de contenidos (noticias y entretenimientos) (Bustamante, 2003). Esta desintermediación pone en crisis las modalidades tradicionales (analógicas) de gestión de las industrias culturales e informacionales y alumbra nuevos intermediarios.

Los mencionados procesos no se vienen desarrollando en el vacío, sino que cuentan con un soporte fundamental en la producción de regulación por un lado, y en las posiciones asumidas por los diferentes actores del sistema comunicacional industrializado por el otro. De hecho, varios de estos procesos remiten directamente a las políticas de corte neoliberal ejecutadas en la última década del siglo XX en los países de la región, que condujeron a la transferencia de activos estatales al sector privado. A su vez, cuando se observan las contradicciones que atraviesan objetivamente los intereses de los actores corporativos más concentrados, resulta fundamental comprender tanto la regulación del sector cuanto los procseos de convergencia, que acompañan una creciente y novedosa influencia de dos grandes grupos de telecomunicaciones (Telmex y Telefónica) en el sistema de medios a través de su ingreso paulatino en servicios convergentes (triple y cuádruple play). Las telecomunicaciones latinoamericanas se estructuran en un duopolio entre esos dos grupos con origen en México y España. Esta estructuración, de reciente data, impacta en las proyecciones de desarrollo de bienes y servicios infocomunicacionales. El panorama audiovisual de la región también acusa transformaciones de gran calado. La expansión de la televisión de pago en la última década del siglo XX y en la primera década del siglo XXI en América Latina implicó la llegada de señales internacionales como la CNN, HBO, FOX o ESPN en lo que resulta una “influencia global en los mercados locales” (Arsenault y Castells: 726) . A la vez, la modalidad arancelada de acceso y consumos televisivos comporta una renegociación de los derechos de transporte y exhibición de contenidos que hasta hace poco tiempo se transmitían gratuitamente, e incluso ha llegado a concitar el interés prioritario de políticas de protección del “interés público” liberando de esos derechos de exclusividad a espectáculos como el fútbol en la Argentina.

La reformulación del panorama audiovisual latinoamericano, acompañada por la consolidación de la producción cinematográfica en países como México, Argentina o Brasil y el crecimiento de producciones de cine en Chile o Colombia, se combina con a adaptación de los contenidos de los medios al sistema global se produce en un esquema que Arsenault y Castells sintetizan bajo el lema “piensa globalmente, actúa localmente” y que consiste en la “customización” o adaptación de contenidos y formatos globales a la idiosincrasia local, proceso muchas veces realizado a través de franquicias; En las páginas siguientes se describirán los ejes mencionados, fundamentando su importancia y analizando sus múltiples y dinámicas interrelaciones y consecuencias.

2. Estructura del sistema de medios en América Latina Al comparar sistemas de medios de comunicación en distintos países, Fox y Waisbord por un lado (2002) y Mancini y Hallin por el otro (2008) reconocen, a la manera de “tipos ideales”, la tradición del servicio público audiovisual en Europa Occidental (modelo que puede reconocerse como “puro” en el lapso 1945 -1985, pero cuyas raíces siguen impregnando los medios audiovisuales en Europa en el siglo XXI), la del sistema comercial con fuerte regulación y existencia de medios públicos en Estados Unidos, la de los medios estatales en régimen de monopolio en los países de Europa Oriental hasta la década del noventa del siglo XX, y un híbrido que asume la tutela del modelo estadounidense pero que sin embargo no es su mera copia: un arquetipo hipercomercial, con escasa regulación estatal y casi sin presencia de medios auténticamente públicos, pero con caciquismo político tanto dentro como fuera del sistema de medios, que es el que predomina en América Latina. Para Fox y Waisbord, “paradójicamente, el modelo comercial del audiovisual latinoamericano fue en muchos casos al mismo tiempo no regulado y fuertemente controlado” (2002: 1). A su vez, Sinclair (1999: 77) concluye que la base del modo de propiedad y control de la televisión en América Latina se encuentra en sus estructuras familiares con sólidas figuras patriarcales. La cualidad de un control ejecutado sin necesidad de regulación explícita que mencionan los autores está relacionada con el caciquismo inherente a los liderazgos ejercidos en distintos ámbitos de la escena social, política y económica en la región. Liderazgo que no necesariamente se construye con arreglo a la dimensión normativa.

Así, a lo largo de varias décadas en el siglo XX los sistemas de medios latinoamericanos sostuvieron prácticas estatales y privadas en la explotación de licencias de radio y televisión que no precisaron de la sanción de leyes o de la producción de regulaciones estables (ver Mastrini y Becerra, 2001). La ausencia de la profusa regulación que operó como contorno del desarrollo de los sistemas de medios en Europa y en América del Norte2 favoreció la expansión, en América Latina, de una extraordinaria aceptación de la percepción sobre los medios como “sistemas organizacionales enlazados que disfrutan de un importante grado de autonomía frente al Estado, los partidos políticos o los grupos de presión institucionalizados” (Curran y Gurevitch, 1977). Esta percepción se replica, por parte de las propias empresas periodísticas, en cada debate público que existe en los países latinoamericanos sobre la posibilidad de regular el sistema de medios, en un contexto en el que dicho sistema se ha inmerso en la lógica de convergencia con otras actividades de información y comunicación (aquí denominadas “infocomunicacionales” 3). Si bien existe una larga tradición cultora del mito de la inmaculada concepción de los medios de comunicación4, la ausencia de regulaciones estables durante décadas en América Latina contribuyó a su mayor anclaje en el sistema de medios de la región. El mito de la inmaculada concepción de los medios en América Latina es particularmente notable, dados los niveles de concentración de la estructura de propiedad del sistema de medios en la región. En el libro Los dueños de la palabra: acceso, estructura y concentración de los medios en la América latina del siglo XXI (Becerra y Mastrini, 2009) se sintetiza el proceso de concentración de los primeros años del presente siglo:

2

Sobre la regulación en medios de comunicación en Europa y América del Norte véase Van Cuilenburg y McQuail (2003). 3 El concepto de infocomunicación presenta utilidad analítica toda vez que permite describir y comprender los procesos de convergencia entre los sectores mencionados y otros que no conforman el presente estudio (revistas, contenidos de ficción para videojuegos, por ejemplo). Ver Miège (2002). 4 - “El enfoque funcionalista liberal se basa generalmente sobre la falsa suposición de que los medios de difusión son organismos independientes y socialmente imparciales en la sociedad. Esto ignora las estrechas uniones que pueden existir entre los medios de difusión y las dos cumbres gemelas formadas por el Estado y las grandes empresas. Y también ignora el poco equitativo reparto de poder que existe en la sociedad, y que puede tener como resultado que a los medios de difusión se les nombre por cooptación, para servir a los intereses de las instituciones y de los grupos sociales dominantes” (Curran, 203).

El primer lustro del siglo XXI revela la consolidación, con una tendencia a incrementarse, en el proceso de concentración de medios y del resto de industrias infocomunicacionales en América latina. La lógica comercial-financiera de operaciones de las actividades infocomunicacionales conduce, en rigor, a procesos de concentración en casi todo el planeta, pero la profundidad y consolidación que demuestra en América latina es distintiva. Esta tendencia resulta sobresaliente si se la observa desde la necesidad de garantizar la diversidad de voces, fuentes y actores para así lograr introducir el pluralismo en los sistemas de medios de los sistemas democráticos vigentes los países de la región. De hecho, en los últimos años se conocieron informes de las Relatorías sobre Libertad de Expresión de la OEA y de la ONU que subrayan su preocupación por el tema al que se califica como “amenaza indirecta” a la libertad de expresión (ver OEA, 2004). El estudio del proceso de concentración se realizó analizando la estructuración de los medios de comunicación (diarios, radio, televisión abierta y televisión por cable), de otras industrias culturales (editorial gráfica, fonografía y cinematografía), de las industrias de telecomunicaciones (telefonía básica fija y telefonía móvil) e Internet. El método empleado, conocido como “razón de concentración” (CR4, por sus siglas en inglés: Four Firm Concentration Ratio) permite obtener indicadores de concentración de los cuatro principales actores en cada una de las diferentes industrias

infocomunicacionales abordadas con la consiguiente producción de indicadores que describen situaciones y promedios más allá de los heterogéneos universos que forman parte la investigación en América Latina (países de escalas muy diferentes, industrias de desarrollos absolutos y relativos muy distintas). La conclusión del estudio revela que el índice general de la concentración de todos los sectores relevados en la región en el año 2000, por dominio de mercado, había sido de 0,77 (siendo 1 el valor más alto que equivale a monopolio y 0 el más bajo, de dispersión de los mercados en innumerables competidores). La investigación realizada tomando la evolución de estos sectores hacia 2004 elevó el índice de concentración a 0,82. En ambos casos, los indicadores citados expresan que la participación de las cuatro principales empresas en cada industria de la cultura y de la información, en promedio, logra controlar valores que ascendieron del 77% al 82% de los mercados.

Estos indicadores superan así los valores señalados en un importante trabajo de Albarran y Dimmick (1996) tanto para cuatro como para ocho operadores, para establecer si la concentración es alta o baja 5. En consecuencia, de acuerdo con la investigación realizada en América Latina, si el índice de concentración alcanza el 82%, significa que el resto de propuestas culturales, informativas y de entretenimientos de la región se restringió a un promedio del 18% del mercado, siendo de este modo casi impracticable la verdadera competencia, en el sentido de contraste de versiones sobre la realidad, de comparación de opiniones y mensajes diferentes, en el ámbito de los medios, la cultura y la información.

Promedio concentración infocomunicacional por dominio de mercado de 4 primeros operadores, América latina 2000-2004
1,00 0,90 0,80 0,70 0,60 0,50 0,40 0,30 0,20 0,10 0,00 Prensa Radio Promedio 00 Televisión Tv de pago Telefonía B Móviles

Promedio AL 04

Fuente: Becerra y Mastrini (2009)

Como ilustra el gráfico precedente que discrimina la comparación entre 2000 y 2004 en distintas industrias consideradas en el estudio, el promedio de incidencia de las
5

De acuerdo a Albarran y Dimmick (1996) se considera que la concentración existe y es alta al superar un promedio de 50% del control de un mercado por parte de los cuatro primeros operadores y un 75% por los ocho primeros operadores. Pero en América latina los cuatro primeros operadores superan con creces esos porcentajes en promedio. Es más, estos cuatro primeros operadores (y en ocasiones dos de ellos) sobrepasan las estimaciones de alta concentración estipulada para ocho empresas.

cuatro primeras empresas por dominio de audiencias o mercados, creció a nivel regional en el caso de la prensa escrita (desde el 62% en 2000 al 67% en 2004); de la radio (desde el 31% en 2000 al 70% en 2004); de la telefonía básica o fija (desde el 93% en 2000 al 95% en 2004); y de la telefonía móvil que además fue el mercado de mayor expansión en términos comparativos por acceso y por facturación (desde el 83% en 2000 al 99% en 2004). Si bien en el caso de la radio el incremento es asombroso, su explicación se debe a que el presente estudio cuenta con datos más fiables y verificados que el de 2000, por lo que este notable incremento en rigor entendemos que está basado en la subestimación de las cifras de concentración en la industria de la radio en 2000. No obstante, la tendencia al aumento de los índices de concentración se extiende hacia muchas otras actividades. La subordinación del movimiento de estos mercados a los operadores dominantes explicita, con estos indicadores, la falta de espacios reales de incidencia por parte de actores de tamaño medio o mediano. El crecimiento de la concentración implica pues una retracción directamente proporcional de la capacidad de que otros actores u operadores incidan en los mercados señalados. El gráfico también enseña un descenso del promedio de concentración por dominio de mercado en el caso de la televisión abierta (desde el 96% en 2000 al 92% en 2004) y una mayor disminución de la concentración en la televisión de pago, mercado que –con las citadas contracciones de la Argentina y Uruguay- también verificó un importante auge en la región (desde el 96% en 2000 al 80% en 2004). En el campo de los medios y del resto de industrias infocomunicacionales, la producción de tendencias sobre los primeros años del siglo XXI permite intensificar las observaciones acerca de la evolución globalizada de una América latina cuyos procesos de modernización tardía, de constitución nacional al amparo de instituciones estatales y de sincretismo cultural-popular con la colaboración de medios de comunicación audiovisuales (la radio y el cine primero, luego la televisión y actualmente con el agregado de redes digitales), reclaman una mirada específica y documentada. La estructuración concentrada de las actividades infocomunicacionales en América latina es un proceso dinámico, que expresa cambios y evoluciona hacia una mayor consolidación. Este proceso no podría ocurrir sin la concupiscencia de los estamentos políticos gobernantes (se elude la referencia concreta a “gobiernos” en la convicción de que este proceso supone una larga construcción histórica que involucra a gobernantes de diferentes partidos políticos y tendencias, en los países de la región). La

apelación a la “autorregulación” de los grupos mediáticos, que ha fracasado allí donde se intentó (por ejemplo, en el período 2002-2006 en España) revela la incapacidad demostrada en casi todos los países de la región para establecer reglas de juego ecuánimes en el sector infocomunicacional. Ello condiciona, lógicamente, agendas: para Mattelart (2005), “los grandes grupos de comunicación (…) no tienen muchas ganas de que la cuestión de la diversidad se trate públicamente en el espacio mediático. Porque abordarlo implica debatir el tema de la censura económica en el contexto de la concentración y el auge del capital financiero en su campo de actividades. Los gobiernos autoritarios, por su parte, son poco propensos a responder de su régimen de censura permanente”. Por otra parte, a los procesos de concentración horizontal o monomedia registrados en América Latina antes de la década del noventa, hay que añadir la progresiva complejidad de un escenario atiborrado de concentraciones multimedia y conglo merales (también llamados “de multiformidad” por algunos autores, como Juan Carlos de Miguel, 2003), muchas de ellas protagonizadas por actores extranjeros y en algunos casos, ajenos a las industrias infocomunicacionales y particularmente vinculados a los mercados financieros, lo que habilita a pensar en un proceso de “financierización” del sector que imprime un sesgo cortoplacista al funcionamiento del sistema que precisa de contenidos provocativos que atraigan las audiencias (entendidas como consumidores) y sumen publicidad para rentabilizar las inversiones como fin último y justificador. Como sostienen Fox y Wasbord (2002), la privatización y liberalización operada en las industrias infocomunicacionales aceleró su

internacionalización y afectando de este modo la inmunidad de la que gozaron tradicionalmente los sistemas de medios nacionales en América latina en cuanto a relaciones de propiedad. Los indicadores de concentración aludidos (que están ampliamente desarrollados en el estudio Los dueños de la palabra (Becerra y Mastrini, 2009) deben analizarse a la luz de la identificación del carácter conglomeral, multimedia y de “multiformidad” de la concentración del sector en pocos grupos infocomunicacionales que suelen tener predominancia no ya en una sola actividad (por ejemplo prensa escrita), sino en el cruce de sus propiedades en varias actividades (industrias) en simultáneo. De este modo, uno de los principales operadores telefónicos (Telefónica) detenta en la Argentina la licencia de uno de los dos canales de televisión que domina tanto en audiencia como en

facturación publicitaria; en Brasil la principal red de televisión abierta pertenece al mismo grupo (Globo) que a la vez gestiona uno de los principales diarios matutinos y es beneficiario de más de la mitad de la inversión publicitaria en medios de comunicación brasileños; en Colombia un grupo español de comunicación (Prisa) que adquirió la primera cadena radial está presente en otros medios en otros países de la región (como Bolivia o la Argentina); en Venezuela el grupo más consolidado (Cisneros) y licenciatario de la principal emisora televisiva cuenta con intereses en la televisión hispana en Estados Unidos y en medios de varios países de la región (Colombia o Chile). El predominio de esos pocos grupos exhibe niveles que constituyen barreras de entrada para competidores incluso en los casos en que éstos son fuertes operadores comerciales (como ocurre con Telmex en el mercado de telecomunicaciones mexicano, que en los hechos imposibilitó el ingreso de Telefónica, pero inversamente, con Telefónica en el mercado de telecomunicaciones argentino que en la práctica contuvo la inserción de Telmex). La competencia entre grandes grupos resulta quimérica por las características reglamentarias y las posiciones dominantes toleradas en los países de la región, junto a la existencia en muchos casos un reparto de facto de los mercados entre los principales consorcios. El sistema comercial concentrado de medios de comunicación latinoamericano opera como obstaculizador de la competencia. Los grupos Globo, Televisa, Telefónica, Telmex, Cisneros, Prisa, Clarín, Edwards-El Mercurio, Bavaria-Santo Domingo, Abril o Azteca son exponentes de un sistema que demanda la atención hacia sus condiciones de posibilidad y de funcionamiento. Estos actores son paradigmas en la región de un sistema global comercial de actividades de información y comunicación en el que América Latina aparece completamente inmersa, con un rol subordinado respecto de los grandes grupos que dominan el escenario planetario, pero con tendencias especulares respecto del desarrollo de estos procesos en los países centrales (Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa Occidental). Por ejemplo, los grupos Globo y Televisa cuentan con años de experiencia en procesos integrados de producción y distribución de contenidos culturales, que ahora son multidistribuidos. 3. Patrimonialismo y desintermediación

Dos conceptos clave para abordar analíticamente el sistema de medios en América Latina, y sus transformaciones en las últimas décadas, son el patrimonialismo y la desintermediación. Considerado como tendencia de un grupo, usualmente a cargo del poder político, a considerar y administrar los bienes públicos como propios, el patrimonialismo consiste así en la dilución de la frontera entre la “cosa privada” y la “cosa pública”. Para Max Weber (1974), el reemplazo del patrimonialismo por la burocracia y sus dispositivos racionales de organización de la cosa pública (la res publica) era un requisito de la configuración de las sociedades modernas. El concepto de patrimonialismo puede adaptarse a las condiciones de ejercicio de las licencias audiovisuales en la América Latina del siglo XX y de la primera década del siglo XXI. Recursos públicos, como lo es el espacio utilizado para emitir señales de radio y televisión, fueron asignados muchas veces en formas de licencias (en la Argentina, por ejemplo), autorizaciones o cesiones (en Chile o México, por ejemplo) por parte de gobiernos a empresas privadas sin que mediaran procesos públicos, transparentes y reglas de juego abiertas para el conjunto de los actores sociales para participar de esos procesos de cesión de espacios. Para Trejo Delarbre, el tipo de relación establecida entre los gobiernos y los empresarios de los medios de comunicación en base al reparto de los recursos públicos puede calificarse como “patrimonialismo electrónico”. Al referirse al caso mexicano, Trejo Delarbre plantea que:
Algunos radiodifusores –los más poderosos– creen que la radio y la televisión son suyas. Suponen que pueden manejar a su antojo las frecuencias que les han sido concesionadas. Se encrespan cuando surgen nuevos actores en el dial y hacen todo lo posible por excluirlos. Consideran que los espacios que ocupan en el espectro radioeléctrico les han sido asignados a perpetuidad. De ese patrimonialismo electrónico se derivan las principales tensiones de los medios de comunicación con la sociedad y el Estado en nuestro país (Trejo Delarbre, 2010).

En tanto que “intermediarios simbólicos colectivos” (Wolf, 1997), los medios de comunicación son objeto de regulaciones específicas que reflejan la tensión entre la garantía del máximo de libertad para expresar opiniones y la necesidad de promover el pluralismo y la diversidad de contenidos, así como condiciones de acceso igualitarias entre los miembros de la sociedad al uso de las licencias audiovisuales. En América Latina esta tensión fue resuelta a favor de los principales intereses corporativos del

sector que, como expresa la cita de Trejo Delarbre, suelen resistir el replanteo de la discusión. La concentración y la tendencia creciente a la propiedad cruzada de medios se manifiestan en América Latina con la ausencia de una cultura institucional de medios públicos no lucrativos que estimulen la diversidad. Ello se traduce en un marco de intervención de grandes grupos con escasos márgenes de incidencia para otros actores sociales, económicos, políticos o culturales. La peculiar adhesión que concita en América Latina la prenoción del funcionamiento “autónomo” de los medios respecto de los poderes fácticos (formales e informales) está vinculada al proceso de concentración registrado en la región: como la autonomía de los medios es fruto de una prenoción, la constatación de los niveles de concentración en pocos grupos conduce a advertir sobre la inevitable tendencia de los medios controlados por estos grupos a validar y representar su propio interés (y el de sus alianzas) como el interés general. Sería un equívoco, porque el razonamiento no sería completo, si se atribuyera esta operación metonímica de los principales grupos de representar su interés corporativo como interés general únicamente a su dimensión y a su capacidad económica. Como es lógico, el argumento de su peso económico posee una fuerza explicativa elocuente, pero reclama la intervención de otras dimensiones, como la histórico política. Buena parte de los grupos infocomunicacionales que operan en la región cuentan con más de medio siglo de historia (y en algunos casos, como el grupo Mercurio de la dinastía de los Edwars en Chile, casi dos siglos). Forman parte, entonces, de la historia contemporánea de los países en los que activan su propia trayectoria corporativa confundida con el pasado del país. La confusión es tal que la mencionada operación por la cual el nombre de una empresa o grupo de comunicación se presenta como portavoz del interés nacional general requiere permanentemente de enmiendas y gambetas, toda vez que la historia latinoamericana de los últimos 50 años fue prolífica en la existencia de dictaduras militares y de gobiernos corruptos y autoritarios, con los cuales la mayoría de los grandes grupos mediáticos de la región hicieron sólidos negocios. A la vez, como sostienen Bustamante y De Miguel (2005), “en su origen y durante su etapa de consolidación, la mayoría de estos grupos obedecen a una estructura familiar y patriarcal señalada por diversos investigadores, menos acusada en los grupos españoles por su desarrollo posterior; sin embargo en casi todos los casos se ha

producido un recambio generacional, especialmente en los 90, con herederos y gestores formados en universidades y escuelas de negocio estadounidenses, que aun reteniendo generalmente el control familiar han significado al mismo tiempo la introducción de formas de management modernas y reestructuraciones organizativas profundas (los autores mencionan como referencia el trabajo de Mastrini y Becerra, 2001; Fox, 1999 y Sinclair, 2002)”. Es decir que además del capital histórico que les ha permitido tejer relaciones con la elite política, económica y cultural del país, los grupos más importantes mencionados en este trabajo se modernizaron en la última década del siglo veinte al tiempo que protagonizaban un recambio generacional que les permitió vincularse más orgánicamente con otros grupos de escala global (News Corp, Time Warner, Disney, Microsoft, Viacom, Bertelsman, entre otros). Otro motivo que interviene en la singular estructuración infocomunicacional latinoamericana es la ausencia de servicio público audiovisual propiamente dicho en la región. Sostienen Hallin y Mancini que “América latina, hasta el momento, ha sido la única región del mundo, exceptuando a América del Norte, donde la radiodifusión se ha desarrollado como un proyecto fundamentalmente comercial” (2008: 93). En efecto, el servicio público audiovisual, gestionado por entes públicos no gubernamentales, se ha revelado durante décadas en otras latitudes (Europa, Canadá) como un virtuoso reaseguro de pluralidad ante la lógica puramente lucrativa de los operadores comerciales del sistema de medios (ver De Mateo y Bergès, 2009 y Fuenzalida, 2000). En un modelo de patrimonialismo que expresa la confusión entre el interés público y el interés de una parte (política o económica), en el que las fronteras entre ambas dimensiones se tornan difusas (cuando no directamente inexistentes), la ausencia de servicio público audiovisual puede analizarse como una consecuencia y a la vez, como un activador que retroalimenta la lógica predominante. Si bien han existido en el pasado reciente intenciones de distintos gobiernos de la región por organizar servicios públicos no gubernamentales, como la iniciativa del presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva al promover, en 2006, una red pública no gubernamental de emisiones audiovisuales en abierto, no se ha concretado hasta 2010 ningún sistema que garantice que la intervención de carácter público se realice sin la injerencia directa de la administración (contingente) del poder político 6.
6

La Televisión Nacional chilena, citada como una excepción a esta regla, se diferencia del resto de las emisoras gubernamentales latinoamericanas por su dependencia del Senado de esa República, mientras

La concentración de la estructura de los medios, profundizada a partir de la década del noventa del siglo XX, merece pues analizarse junto con estos rasgos identitarios del sistema de medios latinoamericano: el patrimonialismo, la ausencia de medios públicos no-gubernamentales, la internacionalización y la afluencia de capitales financieros al sector. Algunos de estos grandes procesos son globales, pero adquieren en América Latina características distintivas. Además, la aceleración de estos procesos fue posibilitada por la convergencia tecnológica infocomunicacional. Para Fernando Ruiz, “lo distinto en América Latina en relación a otras zonas del mundo, es que el rotundo proceso de democratización política que se produjo en el continente durante los ochenta, impulsó un crecimiento enorme de la libertad de emisión en el mismo momento en que los medios estaban embarcados en un fenomenal cambio tecnológico” (2010: 34). El advenimiento del proceso de convergencia tecnológica, de servicios y mercados a partir de los años ochenta, y la dinámica concentrada de actuación de buena parte de los actores infocomunicacionales en la región latinoamericana, agrega entonces tensión a la percepción acerca de la autonomía de los medios y conduce a la crucial pregunta sobre estructura y sobre el tipo de regulación que articula el funcionamiento del sector. La convergencia tecnológica ha sido aprovechada por los principales grupos que operan en América Latina a través de su expansión a otras actividades. En particular, los grupos más dinámicos como Televisa, Globo, Cisneros y las telefónicas Telmex y Telefónica, geográficos. Para numerosos emprendimientos pequeños y medianos, la desintermediación del sistema analógico de producción y distribución de contenidos, producida en América Latina después de la primavera democrática de los ochenta y junto con el proceso de concentración del sistema de medios, fue una mala noticia. Amenazados por la pérdida de influencia del modelo broadcasting (punto-masa) en un contexto político fundamentalmente, lograron además cruzar contornos

que en el resto de los países de la región los medios gubernamentales están subordinados directamente del Poder Ejecutivo. Un caso digno de mención es que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de la Argentina, sancionada por su Congreso en 2009, prevé la conformación de un sistema público de medios cuyo Directorio es conformado por minorías parlamentarias, representantes universitarios e integrantes de la sociedad civil, además del Poder Ejecutivo. No obstante, al finalizar el presente trabajo la Ley aún no se había reglamentado y dicho Directorio no había sido completamente integrado según la norma legal.

de apertura a nuevas voces y de emergencia de nuevos liderazgos, muchos pequeños y medianos operadores de medios vendieron sus activos a los grupos de referencia en su país, los que a su vez desarrollaron agresivas campañas para transformarse en campeones nacionales ante la asechanza de los grandes actores globales del sector. Estas campañas implicaron la toma de deudas en el sistema financiero internacional y, en algunos casos, la cesión de un porcentaje accionario a actores financieros (como sucedió con Clarín en la Argentina a partir de 1997). En los países con sistemas mediáticos más consolidados (y economías más grandes), los campeones nacionales fueron relativamente eficaces al contener la masiva llegada de grupos extranjeros. Pero, como diques alentados por su estrecha relación con el estamento político gubernamental, estos campeones nacionales establecieron un provechoso vínculo con los principales grupos de escala global, facilitando, como señala McChesney (2002), la operación de contenidos y señales producidos por los principales actores del sistema global a través de redes de televisión de pago (CNN, HBO, FOX o ESPN), por ejemplo. Esta influencia global en los mercados locales ha sido estudiada por Arsenault y Castells (2008), así como la adaptación de formatos audiovisuales globales. En América Latina, además, el desempeño de algunos grupos y productoras de contenidos revela un exitoso modelo de exportación de formatos locales (como el caso de telenovelas colombianas, brasileñas o mexicanas, por ejemplo) y el desarrollo de un mercado de productoras de tamaño mediano, nuevos intermediarios en el sector infocomunicacional que se valen de las conexiones con los grandes canales de distribución de contenidos sin tener directo vínculo societario con ellos, lo que les permite asumir riesgos y experimentar con estéticas, tecnologías y combinaciones novedosas que son otra de las marcas recientes del panorama audiovisual de la región. Pero en el proceso de desintermediación habitan, además, otras paradojas: si bien la ruptura del modelo broadcasting (punto-masa) evoca expectativas deliberativas, gracias a la proliferación de espacios de expresión directa, como los blogs, las comunidades virtuales y los intercambios peer to peer, que no requieren de la intervención de grandes estructuras empresariales, es fundamental constatar que los sectores de las tecnologías convergentes tienen una estructura de propiedad en muchos casos monopólica o cuasi-monopólica (Microsoft en informática, Telmex o Telefónica – dependiendo del país que se considere- en telefonía básica y móvil, Cisco en

conmutación). Es decir que las relaciones de propiedad de las redes virtuales están más concentradas aún que en el tradicional sistema de medios, lo cual, vistos los indicadores del sistema de medios latinoa mericano, ya es mucho decir…

4. A modo de conclusión: la inmaculada concepción de los medios en crisis El sector de los medios de comunicación de América Latina acompaña la tendencia planetaria de convergencia tecnológica con singularidades propias de la estructuración de un sistema que ha sido calificado por distintos autores como un “modelo propio” (Hallin y Mancini, 2008) y como un “modelo comercial políticamente dócil” (Fox y Waisbord, 2002). La concentración demuestra que siguen existiendo grandes barreras de entrada al sistema de medios en general y, en particular, a los medios audiovisuales que son los que explotan como recurso el espacio radioeléctrico. Una de las recurrentes contestaciones en defensa del status quo mediático en América Latina alude a una suerte de “pluralidad de sistema”, que consistiría en el cómputo de la cantidad de emprendimientos distintos, con posiciones políticas opuestas, que coexisten en un mismo sistema de medios, en el mismo país. Esta “pluralidad de sistema”, que la literatura advierte que no se corresponde con el pluralismo (ver Curran, 1998; Llorens Maluquer; Becerra y Mastrini, 2009) registra la cantidad de agentes que forman parte del sistema de medios en un país sin estudiar la muy desigual capacidad de interpelación a la sociedad que tienen esos agentes en virtud de la estructura concentrada de ese sistema. Tampoco se considera que la “pluralidad de sistema” refuerza en la mayoría de los casos la lógica comercial de funcionamiento de los medios, la negación del servicio público como orientación alternativa, así como la centralización geográfica de su producción de contenidos, la ausencia de diversidad de fuentes o voces en un mismo medio de comunicación, la sobrerrepresentación de algunas clases sociales en detrimento de las más postergadas, entre otros tópicos estructurantes de los medios de la región. Descolocados por el nuevo escenario que profanó su “inmaculada concepción”, los medios tradicionales padecen un proceso de desintermediación de las noticias, gracias por un lado a la inédita discusión sobre su rol, como a la proliferación de tecnologías digitales que permiten producir y distribuir noticias sin la mediación

corporativa de grandes empresas. Hasta ahora, el proceso de convergencia y la proliferación de alternativas al modelo broadcasting (punto-masa), ha sido respondido con una profundización de la concentración de la estructura del sistema de medios, y con la expansión de la oferta de los principales grupos a través de diferentes redes. Por ello, los primeros afectados fueron las viejas empresas de medios analógicos de capitales pequeños y medianos, condenadas éstas a la transferencia de sus activos a los principales actores del sector. Pero el proceso de convergencia, desintermediación y reintermediación está inconcluso y en pleno curso. A la vez, nuevas productoras de contenidos irrumpen como articulaciones de un sistema que precisa de la renovación estética y de la constante actualización tecnológica. En este contexto, en América Latina, los medios oficiales, mal consignados como medios públicos dada su filiación gubernamental, emergen como competencia de los grandes grupos privados aunque exhibiendo –como los privados- un discurso intemperante. El fragor de la polémica implicó, hasta ahora, resignar matices. Las embestidas anónimas, la confusión entre críticas a corporaciones y a periodistas, la decadencia de la figura del "editor responsable" en los medios (sobre todo en la televisión) y la profusión de verbos impersonales marcan el estilo de esta etapa. La estructuración del espacio público en la región acusa la inexistencia de medios públicos no gubernamentales. La novedosa discusión se extiende a toda América Latina, donde el enfrentamiento entre los principales grupos de medios y distintos gobiernos (como han sido los de Lula da Silva en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales, en Bolivia; Rafael Correa en Ecuador; Álvaro Uribe Vélez en Colombia o Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina) tiene como característica la resistencia de los grandes conglomerados a que se revisen las condiciones en las que explotan licencias audiovisuales. Ello ocurre en un contexto signado por la convergencia tecnológica y el advenimiento de la televisión digital, que creará nuevas señales que podrían competir con las emisoras comerciales controladas por esos pocos grupos en la medida en que los Estados reviertan la privilegiada relación que mantuvieron con las empresas y amplíen la posibilidad de que otros actores operen licencias audiovisuales 7.
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El cuestionamiento a la inmaculada concepción de los medios también descoloca a influyentes conductores y periodistas, que no saben, no pueden o no quieren, separar su opinión de la de sus empleadores. Un tema que merece mayor reflexión es por qué en una discusión sobre el rol de los medios, inédita por su alcance en América Latina, la voz de los periodistas quedó tan apocada.

La secularización del debate sobre los medios, sobre sus intereses mundanos, su compleja influencia y sobre sus reglas de juego es un hecho tan novedoso como la creciente movilización de la sociedad civil organizada, que promueve o acompaña, según el país considerado, la discusión sobre la regulación de un sector que, en el citado estudio de Fox y Waisbord (2002), se distinguió históricamente por su doble rasgo – simultáneo y paradójico- de ser fuertemente controlado y muy poco regulado en la región. Esta discusión reviste sumo interés, ya que podría madurar en el cuestionamiento no solamente de los actores más poderosos del sistema de medios, sino también de las lógicas patrimonialistas con las que éste se ha estructurado históricamente y que han troquelado singularmente el espacio público en América Latina.

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