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Un fantasma recorre el sigl-

Luchas

feministas

en

1910-2010

México

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Gisela ela espinosa Espinosa «amian D

Ana Lau Jaiven

UN FANTASMA RKCORRE EL SIGLO LUCHAS FEMINISTAS EN MÉXICO 1910-2010

Gisela Espinosa Damián Ana Uiujaiven

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UN FANTASMA RECORRÍ-, EL SIGLO LUCHAS FEMINISTAS EN MÉXICO 1010-2010

ISBN:971M07-7V57-I40

IA ESPINOSA D«mN \ ANA L\U

MARTO.V EVA KCXJIA ISIAS

Omuracullura, cuerpo, violencia y diversidad se Emergencia y mstviidencia del iirorcmiiiisni

Cuerpo y jxilíiica: la tatall» |x>r dcspenali/iir al abono

IRMA SMAXDO CON/ÁIXZ Y MAKIA GUAI>AI.UK HIIAU * EI JYS

Lis lesbianas organizadas

CLORIA CUSfAW PÉKFI.

el género y la clase

CISFLA FÍPINOSA DAMIÁN

Movimientos de mujeres indígenas: re pensando los dere

ROSAI.VA AÍDA HKKNANUI/ r.wiiuf)

El ainbicnLilisniu feminista

ANFIHPÍU I

363

MlKCEOES BARQUFT

481

INTRODUCCIÓN

A lo largo del siglo, las demandas y propuestas leinhiisias abanan mi amplio espectro, según el momento liisiórico y el contexto. I'ii l.i agenda secular del movimiento surgen batallas |«>r el derecho al mí o Icmcnino y

acceso a la educación y al mercado de trabajo: por recibir salario igual por Irabajo igual; poique no baya un "techo de cristal* que impida a las mujeres ocupar targos directivo* |K>rque no se les ini|>oiig;i pareja o matrimonio. sino que estas uniones resuden de un acto voluntario y libre; por el dciet lio a divorciarse; porque se distribuya con equidad el trabajo domestico y las tarcas de la crianza; por eliminar la inequidad que implica la doble jornada femenina; porque se imparta educación sexual y las mujeres puedan deci­ dir libremente sobre su maternidad, incluyendo la posibilidad de interrum­ pir el embarazo; por el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y dis­ frutar su sexualidad reconociendo la diversidad sexual del ser humano; por

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Lis, violeuta .da s o violadas; poique se: respete su

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l-l iIL SJKH'i» |níb l ico v «n las decisiones y cargos que

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mujeres y se expresa > en poliü-

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•genero;

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derechos humanos;

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l mbres que discriminan a las iniije-

.ni esp

.spa.ac I r * lidio y la difusió n de los prolilcmas.

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éaas ; porqu, laautononií;i ten ¡tonal

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i incluya tan.bie n el plan,i ) personal:

igualdad s.» ial) sea posible desplegar las capacidades y la creal ■'"'C■''•« sin ««.napisa ni opresión alguna. Los inoviinienios leminisias mexicanos no sólo lian ieni< irtiir y icronstruir un discurso y una fuerza política para lograi

vaduiismo de derecha y de izquierda para dc.oitstruir un dis, profundamente ai i aigadi. en la cultura de todos los grupos soc

a.l.i íesiiliaii aincnauíiitcs para el patrón colonial

ni.ilg .man mei anisn;.:s Je rioininacióii y exclusión

u. os y .le «lase- ((¿iiijanu. 2006:

.pie afectan

a. ion se lundvn con aquéllos y operan en todo el las relaciones de genero dentro de los grupos súb­ eles de género con las lie clase y las cínicas, naitira- i y la interioridad de lo femenino. cien años las léininisus han venido luchando por aciones al tiempo que aclaran una y mil veces que contra los ratones —aunque la autonomía y los de-

recluís .1 los <|ii<- aspinin desmantelen el poder patriarcal—. que no so nata (le que «-ll;is manden a los hombres, qm: no promueven el atarlo, que no

acarician y el goce personal al que aspiran no tiene por qué castigarse o culpabilizarsc si hay responsabilidad sobre los propios acios y si se respeta la integridad física y psicológica de la* personas que por su edad o posición social se hallan cu desventaja. Kn cada espacio y momento histórico se ha tenido que desmontar la idea de que el feminismo es un peligro soi ial y demostrar que su espíritu transgresor y subversivo, que sus demandas y pro­ puestas, contienen un |micncial justiciero y lilwrtario. ¿Por qué tan prolon-

Dcscstahili/ai el oiden social y sinibólico de gcucio. revolucionar las relaciones y cuestionar al |K>der sexista no es cualquier cosa, pues los pro-

y relaciones di- |*>der también lonsiiuidas en la larga ilinación del tii-in

aquellos que linean su poder en la -sulxiidinación de las mujeres leiuen al feminismo y cultivan el miedo en torno a el. I.as fuerzas patriarcales. conseíladinas y dominantes se atrincheran y atemorizan a la gente con-

nipulacioncs con el fin de conservar la supremacía y el capital simbólico y mnlrhnldc lo masculino; tratan ili: impedir que LIK nurjeres desplieguen sus |Hiiencialidadcs. se apropien de su vida, de sus decisiones, de sus cuei pos v de sus mentes; se asustan <■ infunden miedo a otros cuando ellas naian de zafarse del modelo de la mujer dornéstica. abnegada y obediente; reac­ cionan si ellas se atreven a gozar su sexualidad, si intentan participar en espacios públicos o si politizan y sarán a la luz los malestares peí simales o los problemas del ámbito privado.

El miedo es aliado del poder —afirma Gonzalbo—, estructura relacio­ nes sociales,justifícala violencia, busca chivos expiatorios, convierte amena­ zas imaginarias en fuente de males imaginados o reales, impulsa reacciones

-lucra de lugar" (Gon/allm. 20011 <J-31). Ysí. las feministas se hallan "fueía di- lugar", fuera de la feminidad qur garantiza un orden familiar, comiini- laiio. gremial, social, económico, cultural y político apoyado en el sometí- miento, la discriminación o la exclusión de las mujeres. Desde una |msinr.i disidente, actuando ron irreverencia y transgrediendo el sentido común o escapando del comportamiento esperado, las feministas desafian a la socie­ dad, modifican la cultura y. a pulso, abren camino a una forma de vida más libre y descable para ellas, para lodos.

Asi como Marx y Kngels descubren <|iie el ataque al fantasma del co-

rcvolucioiiario, en el México del siglo xxi. pese a las estrategias del miedo. el |H:nsamiento y el movimiento feministas son ya reconocidos como una fuei/a cultural, política y social. Persiste el rechazo y hay fueras y grupos que militan en su contra, pero hoy. a diferencia de hace cien años y gra< ¡as

revolucionan silenciosamente la cultura, las formas de pensar y de actuar; que se va modificando lentamente el orden simbólico y social que naturaliza y icproducc a las mujeres como sienas. como menores de edad o como seres no |M-nsantcse interiores. liara- casi tres décadas, ya se reconocía que los movimientos feminis­ tas habían propiciado una de las revoluciones más profundas del siglo xx mexicano (Monsiváis, 1983: n-v): hoy, tal afirmación se nutre de nuevos argumentos y evidencias: las organizaciones, las voces, ku experiencias y expresiones feministas se han multiplicado y diversificado, sus activistas se cuentan |xn miles y sus acciones surgen en todos los espacios; así, aunque

educativas, las agrupaciones políticas, las dependencias públicas y los Hie­

de una revolución que costó un millón de vidas para lograr derechos socia-

más pobreza y sus efectos recaen sobre mujeres y varones, pero diversos es­ tudios afirman que hay una feminización de la pobre/a, que las mujeres ur-

II.III.I-. v i III.IU-, II.IIKI|.III ñus por menos, que la iniciación deposita en «Mas

inii-v.iMi's|>iiiN.iliil¡il:uli's y micas, pero no mayores recursos para satisfacer

lis i ir. I-MII.IIIIW |«iMin:ili-.\ y liimiliares. <]»e crece el número de madres de

  • I. lia y <li- |i.v.-mii:iN <|i«- si: aventuran a buscar empleo fuera «le su lugar

ili- ni ij-.iii MU ipn- se n S|KICII sus derechos sociales y laborales.

v v.nones casi se igualan en las generaciones rc< icnics. |>eu> miles de ,nln téstenles y jóvenes, mujeres y varones, son rechazados en las instituciones educativas y qucc'in sin |>osibilidad de continuar sus estudios. Problemas

mortalidad materna son una realidad lacerante porque el derecho a la salud y los programas y metas internacionales signados por el gobierno mexicano no se cumplen. Si bien hoy se reconoce públicamente que se ejerce violencia hacia las mujeres y se legisla para erradicarla, resolveí con pin/as el problema es remoto c insuficiente en un contexto de creciente violencia social y de Rsiado. El derecho de las mujeres a votar y ser votadas abrió el espacio para su participación en |K>lítica fot nial, pero es una con­ quista ensombrecida porque en nuestro país sigue siendo un pendiente el voto libre y el respeto al sufragio de la ciudadanía; además, la ineqtúdad y los obstáculos para que las mujeres participen en política es cosa de todos los días. No sólo eso: el reconocimiento tle la pluralidad étnica y cultural

ni ni 11 hogar >' lii escuela, ni en <:l trabajo y los espacios donde se lonu'ii Lis di-i isinnes públicas, ni en lomo al cuerpo, la sexualidad y la maternidad se ha ganado la batalla comí a la subordinación y la desigualdad di: género. soi ¡al, ¿mica y política; en algunos aspeaos, las injusticias y los retos son

tan grandes o más que en IÍCIIIIHIS de la Revolución y no es fácil responder

si la situación de las mujeres es mejor que hace cien años. En este marco de

desigualdades y contrastes, el discuiso oficial sobre la equidad de género se concreta a paso de tortuga y con frc< uencia parece encubrir un vacio e incluso contener riñes comí ai ios al sentido snliwrsiro y justiciero que impli­ can los conceptos. Es evidente que existe una larga lista de asignaturas pen­ dientes para los movimientos feministas. |>or lo cual es importante poner

las luchas de I.LS mujeres siguen ocupando un lugar marginal. Presentar la historia como un lodo unificado es una trampa que impide comprender su complejidad y, en esas generalidades, algo es notorio:

en la I lisinria (Monnviu. ¡MKX>: 15-IG).

abajo, revisar lo licclio desde un ángulo distinto. escudriñar fuentes incx ploradas, recuperar voces y expendidas excluidas, dcsciiliiir de qué ma

)• lioii¿onics de liiiuru, se expresan en lórmas específicas de emprender ] construir los movimientos feminisias, de <|ué modo estos se coni reían des

c interlocutores tanto en el espacio privado, donde tejen MIS lelai ii s peí

andados en

jerarquía di

La variedad de contextos sociales, procesos, coyunturas y actores |>olí- ticos que inciden en el discurso feminista va de la mano con la diveisidad de pertenencias |mlí!icas, sociales, étnicas, culturales y de clase de los movi­ mientos feministas que surgen entre 1910 y 2UI0. ti movimiento revolucio­ nario de 1010 erra condiciones para que algunos núcleos de mujeres se re­ únan y formulen malestares y demandas propias: en tiempos de revolución los horizontes se amplían, radicales y moderadas emergen desde entonces; en los posrevolucionarios años veinte y durante ,:l cardenismo, la lucha por el sufragio femenino se convirtió en punto «le convergencia de lómenles feministas con orígenes sociales diferentes, largas agendas y disensos an-

Oirás coyunturas también incidieron en el feminismo mexicano: el mo- vimicnlti esiudiamil popular de 196B no sólo desafió al autoritarismo del sistema político mexicano, sino abrió paso a la comracultura y a la crítica ncofeminista, al autoritarismo y la moralina familiar y social opresivas para las mujeres; en los años setenta y ochenta, cuando la utopía socialista se disemina en los movimientos populares, surgen también movimientos fe­ ministas que redimensionan sus reivindicaciones de clase con la critica y la propuesta de género.

<|IK' «1 triunfo haya sido escamoteado—, incide en la ciudadauización del leiuinisin». que hasta entonces había discurrirlo en los espacios de la políti­ ca informal. Y mas adelante, en 1991. cuando el Ejército Zapatista de Migra­ ción Nacional renueva las esperanzas de un cambio radical y profundo, no tanto pot las ai mas (ira que aparen- sino, sobre todo. |ior el discurso social y tli' género renovado, alternativo y altcnniindista con <|nc se da a conocer. .ihi también surgen mujeres insumisas <|ue amalgaman sus reivindicaciones de género con las étnicas y de dase, enriqueciendo también el movimiento

¡i muchas resistencias y al ritmo lento y zigzagueante que implica procesar y <rcar nuevas ideas i: ideales ru esta escala social.

I loy. cuando se viven dvamálica mente los electos de casi tres decadas de neolilwralismo y de apuestas electorales que sólo con honrosas excepciones han respondido a las demandas sociales, en el marco de una fragmentación

de la izquierda social y llevando a cuestas diez años de KOIIÍI-I un li-dii al eu-

calH-zado |x>r un partido político de derecha (Act ii'm N.H i.ni.il). al/a la voz

mo, sino también las difereí

actual, cuando el inoviiniento se construye en los es|Mi'ios utbanos. rurales c indígenas de la subaliernidad; en las universidades, los medio* de comu­ nicación. la administración pública, el |x>der legislativo, los paitidos y las organizaciones |x>h't¡cas; en torno a problemas de violencia, territoriales. ambientales, agrarios, productivos, étnicos, sindicales, culturales, políticos, sexuales, de salud, etcétera: dispeiso en cientos de miles de hogares, pero también como fuerza construida |xir colectividades, en los movimientos so­ ciales. conlraliegcmouicos y conlraciikuralvs. 1.a diversidad de venientes y «-uto no es cualidad exclusna del ntúe-. también es rasgo evidente

Reconocer la heterogeneidad del movimiento y la multiplicidad de iden­ tidades y perspectivas políticas de las mujeres que luchan por sus liliertades y derechos, obliga a reconocer a ese feminismo diverso, ajeno a totla visión hoinogencizante. unilineal o unidimensional ya la pretcnsión de que pueda sujetarse auna sola estrategia. Desde los tiempos de la Revolución y hasta la fecha, las diferencias políticas en el interior del movimiento han originado

con el mismo capital sintlxilico ni con los remisos malcrióles e intelectuales

Entre las cosas <|iic unen y separan .se Italia el contenido de la agenda feminista y la loi ma <:n que se jerarquizan sus demandas y propuestas; la ai liciilación de ésias con reivindicaciones étnicas y de ríase: la alian» con

o lucha de clases. Incita de género o lucha indígena, derechos individuales o derechos colectivos, etcétera.

luz de nuestras realidades, pues mientras el feminismo europeo y el norte­ americano surgen en sociedades |H>stindusttiales donde los derechos polí-

to de problemas sociales.

Hoy. en

lugar de mejorar la calidad de vida ele la m.iyoii.i de la pulsa­

ción. se arrastran los rezagos y pendientes sociales de la Kemltu ion y del

ilisariollisum, los efectos de la "década perdida" de los ochenta. los "errores del !K" V «Icl ticoliberalismo. Hoy, en la peor crisis socioeconómica y [xiliiic a de la pisrcvolución. con tan pocas luces |Kira salir del han anco, se elevan las ya millonarias cifras di- di-.semítico y pobreza, las de los que rnigran al

pragmatismo de una izquierda desvinculada de los movimientos y aspira­ ciones sociales: aterra el imperio de la dcliciiciicia organizada, indigna la violencia institucional y los 10 mil murrios del "E-siado fallido" calderonista. La mayoría de las mujeres mexicanas viven o sobreviven en este mundo, y desde el aquí y ahora que les tocó vivir muestran la imposibilidad (le res-

Álvarc7.yi>agniun.2002).

Los vínculos con el poder y con gobernantes ron vocación o actitud pro­ gresista, populista o reformista generan grandes expectativas de cambio.

|w:ro también desacuerdos dentro del feminismo. La relación «on quienes cuentan con el a|H>yo |»>pulai o han llegado a cargos de representación o de gobierno gracias a luchas sociales ha atraído a ciertos grupos feministas y a mujeres emblemáticas del movimiento que se pro|M>urii aprovechar la aper­ tura política para incidir en los gobiernos y los programas públicos desde una perspectiva léminista: mientras otras agrupaciones o compañeras Icini- nistas consideran que hay que mantenerse fuera del poder y los gobiernos

para conservar la autonomía del movimiento. La diferencia en las [H>MUI as

y en las prácticas concretas lia sido fuente de-tensiones y rupturas.

1 >i relación con las agencias e instituciones <|uc financian actividades y proyectos feministas también ha sido, desde los años ochenta del siglo xx.

recursos llegan 'etiquetados** y por esa vía condicionan, dibujan o desdibu- jan las prioridades de la agenda Éemiuista.

pureza espiritual (González e Infame, '.¡(Mil). Punios irreconciliables entre el feminismo y la alta jerarquía de la Iglesia, emir el feminismo y los grupos y partidos políiicos conservado!es o los que |M)r (emor al poder cclcsial o por ganar sus favores se alian con el. Kn el marco de esta confrontación histórica, la relación de grupos feministas ion las pastorales que simpatizan

alianzas. El desarrollo de un leminisnio popular, la configuración de un fe­ minismo indígena e incluso del amliienialisnio feminista encuentran apoyo no sólo en su propio trabajo o en las organizaciones mixtas de la izquierda social, sino también en las comunidades eclesialcs de base de las pastorales influidas por la teología de la liberación que pugnan por la dignidad del ser humano, mujer o varón, y que han contribuido a crear una cultura de res­ peto, justicia y equidad entre mujeres y hombres. El límite de estas alianzas se halla justo ahí donde las mujeres tocan las reivindicaciones relativas a la sexualidad, el cuerpo, la maternidad. Las discordancias feministas en torno

a |arelación con la Iglesia también lian sido morivo de Turnes polémicas cu

Los pumos de tensión o tic conflicto no han impedido que el movimien­ to feminista crezca y se multiplique, ni que se enriquezcan mutuamente sus distintas vertientes, va sea porque la experiencia acumulada transita y se

lan venientes con distintas identidades y estrategias. El siglo leminista que abordamos muestra al movimiento como un proceso social cuyo discurso y proyecto resultan de un constante, dialéctico y tenso juego creativo del pensamiento y la ac< ion dt: las mujeres, y no de un proyecto acabado que se

¡«tintas foi m;i$ de emprender, comprender y escribir las luchas fcinii

D>|ieramosque la lectura de este libro contribuya a deMiiistilicar < isnia del feminismo y a desactivar las estrategias del miedo conir.i m míenlo lignari o y justo; quisiéramos i|ue apuntale las coincidencia:

(iiciiriar los logros del inovimicnio, que atraiga voluntades para an «1.1 laiga lucha por olías vidas |H>sibles para mujeres y varones.

na I.,iíesS. plien (.ds). ('„,; Imlmiade lo¡ usos del malo. F.l Colegio <le

(.ouzález ¡tiiiz. Eilgar, y Gabriela Infante Hoyos (20(11). "Perfiles del con-

(eoords.), Encuetittmydesetieuetitnn m la salwí repiodutirim. Políticas fn'ibti

Marx. Carlos, y Federico Engels (1971). "Maniliesut del Patudo Comunis­ ta". en Marx, Carlos, y Federico Engel», Obras escogidas. r. i. Progreso, Moscú. Monsiváis, Carlos (1983). "¡No queremos 10 de maro, queremos revolución!" Sobre el nuevo feminismo", en In Cullwa en México. núm. 1088, 13 de

(2009), "Dccuando los símbolos no dejaban

cr el genero (Las mu­

jeres y la Revojución Mexicana)", prólogo a C

no, Gabriela,

Mary Kay

Vaughan y Jocelyn Olcolt (romps.), Género. ¡¡oda y política en el México

posmoluciunario.

Fondo de Cultura Económica, México.

síuijauo. Aníbal (2006), "El 'movimiento indígena' y las cuestiones pendien­ te. en América. I-atina", cu Argumentos. Estudios rrílirm Je In sociedad, Nueva Época, año 19, núm. 50.

Rubin. Caylc (I99fi), "El tráfico «le mujeres: notas sobre la economía poliii-

< a del sexo", en Lamas, Marta (comp.). Elgéntw:

la caminuáón

cultural

PRIMERA l'ARTE REVOLUCIÓN, SUFRAGISMO Y DERECHOS

FEMINISMO YREVOI.UCIÓN

Maillia Eva toxl,a Islas'

la especificiiLul en la pal licipaciúu y el compromiso de las mujeres cM.ihlcv ... una (i|)iilof¡ía para explicarlos: <:llasfueronpiopagandistas. nilcriiiei.is. sol (latinas, soldados y feminista.'.; sus arriones las rcdiiucnsionan romo sujetos sociales en el proceso revolucionario. Parlicndo de ola tipología, me centraré t-n destarar el activismo de las propagandistas y las soldados en la medida en que con sus conductas transgredieron los es|>acios sociales <|uc les ron espon- dian eti unto géncio. Las mujeres inciirsinnaron en ámbitos exclusivos de ¡os hombres: la política v la guerra. Luego del triunfo constituí ionalisia y en

la coyuntura del < arrancismo. la luclia feminista renació cobrando mayores luios. Entre 1915 y 1919. las feministas formaron organizaciones que pugna- han por sus derechos, editaron la revista La Mujer Mnitirna e hicieron posible la celebración de dos congresos feministas en Mcrida. Yucatán, en 1916.

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2(i de junio de

1910. la oix.sición a Díaz fue

ainii recle, ciouisia encabezada poi FraiK is< o I. Made-

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71). la s mujeres parlicipaion

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inicio (pie se fundó a mediados de I9IHI. en la ciudad de Puebla, fue el

club "Josefa Ortiz de üomíngiici". presidido |>or la obrera Peira Uyva. Éste

Primera Junta Hevoluciruiaiia de Puebla fue diiigida por Guadalupe N.ti- váez, > el Comité Revolucionario Maderista, lundado en la villa de Calquiní, Campci lie. el 10 de septiembre fie 1910. en cuya acta de asamblea se infor­ ma sobre las actividades llevadas a ralw por sus integrantes, "se pmiione en lorma confidencial hacer labor de acopio de armas para estai prciiarados

hacer propaganda en las finias cercanas: se menciona a Sara García Sabido

(tesorera del Comité) y Añila Caceras" <»UM>NV. Exp. Sari García Sabido).

Previamente, en junio de 1910, se había integrado en la capital del país

el Club I lijas de Cuaiihicmoc bajo la dirección de Dolores Jiménez y Muro. Adela Elodi.i Arce Arciniega (secretaria) y Julia Nava de Ruisánclicz («i-

cal) (AHSDNV. F.xp. Julia Nava). Como la mayoría de los clubes, el objetivo

campaña de oposición al gobierno de Díaz (Portilla. 1995: '1.M,'1fi!>). Sus integra mes hicieron trabajo prosel ¡lista entre los volantes de los sectores po pillares: escribieron y distribuyeron volantes y todo lipo de propaganda sub­ versiva. U organización procuró que todas sus agremiadas recibiei au clases de primeros auxilios para estar preparadas ante el movimiento .n nenio que

se «nía gestando. I .as principales integrantes del club eran periodistas. es- ciimias y prolésoras de clase media que desde los inicios del siglo xx bus-

maiiiíeM.use. Dolores Jiménez y Muro. Juana Belén Gutiérrez ele Mendoza, Sara ts'el» Ramírez. F.lisa Acuña Rosseti (vocal de la Confederación de Clu-

IKS Liltc-ralcs Ponciauo Arriaga en la Ciudad de México, en 1903) y María Andrea VillaiTeal González, son algunas de las más destacadas precursoras (Lau y Ramos. 1993: 23-25). Menos conocidas. Guadalupe Rojo vda. de Al- varado. Josefa Aijoiía de Pindó. Cicscencia Cara. Gu Iota Bravo, Mercedes Anide. María de los Angeles Méndez vda. de Jiménez. Elodia Campira­

no (AIISIKV, Exp. personales). Algunas de ellas denunciaron los. nmenes y arbitrariedades <|i.e cometía el gobierno porfirisla v se convinieron en defensoras fie los trabajadores; editaron y/o colaboraron en publicaciones o|K>sitoras i .uno Vápei.Juan Paniulno, Fíat IMX, La OmrgUma. La Cuilloima. IM vat drjuam. ULhn.hM Hogar. Algunas también fueron militantes del

clusión de Madero en San l.uis Potosí, el dcsticn.i <lr ...

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fiaude electoral: hacía un llamado a los trabajadme* p.n.i i|ne se .ilili.n.in al Partido Nacional Antirieeleccionista (PNA) ycoiivocaba al pueblo a levan tarse en armas. 1.a autora de la protesta, Elodia Arce, señala t|iie después de vencer las dificultades económicas y recorrer varias ii|M>gralías lngió im primilla y repartirla por todos los rumbos de la capital y sus alrededores. tarea, esta última, que realizaron las integrantes del club. Mercedes Anide se refiero a la protesta señalando que como "madres, esposas, hermanas e bijas buscaban que la opinión pública supiera que en la oposición estaban también las mujeres haciendo prosclitismo como los hombres" (Martínez Garza, l'Jo-l: 20). Los chilles fueron la (orina organizativa que desarrollaron las mujeres para llevar a cabo acciones políticas y tareas de guerra. En este sentido, el club fue el espacio político de reunión para discutir, manifestar descontento, expresar ideas, conspirar y hacer proselitismo.

Puebla fue el escenario de la epopeya del 18 de noviembre, v las mujeres

poblanas, inrdiaiue losi lulHrs. intervinieron en la plaucación de la¡IISUITCC-

v el compromiso de Carmen con el viinionio de oposición, influyeron IKII :i o,iie fuera ella el enlace ende los maderistas en el exilio y los < om ligio-

inlí.im.H «Mi sobre lo» .«-.unos de la rebelión; en Monterrey se reunió con

ni

"I " l'l I<V.IIII.IIII»'IIII> .limado estaba piogiamadn para el 20

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ii.

.1.- i.l.ncii.l I'I.IIKIIS.MI l.uis Potosí, bandcia de lucha del

• ••• que la lamilia .Serdán se encalan de guardaí <ou isa fidelidad leal con I» que se guardaban los secretos de familia" (Mendiela. 1071. lili» F.l que Carmen hubiera realizado el disparo ha sido cuestionado: sin embargo, su compromiso ron ia Rcmliu ion es un hecho insoslayable. "Carmen no sólo

se anticipa sino que se entuba a la < ansa

(

...]

Paradójicamente. a pesar de

haber sido la más expuesta en los halcones, la a/otca, los patios, los corredo­ res y la puerta abierta a Cabrera no murió y apenas si fue herida" (Mendiela. 1971:20!». Las mueries de Aquiles y Máximo Serdán. la exhibirión pública del cadáver del primero en un intento por intimidar al pueblo y la represión

|ij¡¡iin»r¡u/os organizaron la Primera Junta Revolucionaria de Puebla <:1 25 di- diciembre de 1910 («ex;). Kn el liisiiiuio de Clases Especiales, domi­ cilio di- las profesorasNarvaez, sesionaron y distribuyeron tareas: continuar la campaña de propaganda, que incluyó la distribución amplia del Plan de San laiis en pueblos, rancherías y ciudades del estado de Puebla y en la Ciu­ dad de México: conseguir recursos para la compra di: armas y parque que entregaban en los campamentos de guerra; trasmitir mensajes y realizar lateas de espionaje y, principalmente, de reclutamiento.

I .as mujeres integrantes de las clubes realizaron el conjunto de tareas de guerra mencionadas. Mercedes A. de Arvide. socia del club I lijas de Cuati-

Al año siguiente, en 1911, |>ocos lueron los clubes femeniles que se for-

ron: sin embargo, las mujeres que i

aron parle en aquel movimiento

istiaron capacidad no sólo para coordinar las tatv-is de propaganda: ellas

Cunten Scxdí in. En o u Juntar"» lg"»

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lo relwlde se conoció romo el "Complot de Tacubaya*. Algunas mujeres se

encargaron de la compra <le material de guerra, de curación y banderas

destinadas a los diversos gi II|MIS revolucionarios. Sin embargo, c! pretendi­

do movimiento rebelde lúe descubierto la noche del 27 de marzo de 1911 y sus principales dirigentes arrestados (Soto. 1991): 39). Jiménez y Muro fue redactor» y filmante del Plan Poiitieo Social proclamado por los estados de < ¡tierrero. Miclioacáu. Tlaxcala, Campeche, Puebla y el Distrito fedé- i-.il. emitid» en la Siena de Guerrero el 18 de mar/» de lili I. F.l Plan era el insimúlenlo que avalaba el levantamiento armado de la conspiración de Tatubaya. En dicho documento se desconocía al gobierno porlirista en vit- lud del fraude electoral, reconociendo como presidente provisional v jefe supivmo de la Revolución a Francisco I. Madero; resulta interesante porque contiene no sólo el aspecto político del "sufragio electivo v no M-elccción" del Plan de San Luis, sino laminen |H>rque plantea demandas sociales que

MII/.I. pioneer a la población indígena

dad. jornadas de trabajo de ocho horas.

romo asalariada sabia del alio |«rrccnta- ondiciones de desigualdad aun cuando icr ser" las simal» en el hogar (Maclas,

3S de Paz de Ciudad Juárez, el 21

de mayo de

I maderisnm. La correspondencia que las muje-

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<• incluía tamo felicitaciones como llamados do alerta por la

,lili.il MIII.I Icl país (AI:N, Fondo: Francisco I. Madero).

< ;iiail-.ilii|><- Niirvárü, Paulina Maraver e Ignacia Vázquez organizaron ,-| Clul) Carmen Scidín, encargado de los preparamos para recibir al can- ,|i<U<i Mailri» en Puebla el 13 de julio de 1911. Cada M-niaiia ediíalian y diMriln.ian en Uirma gratuita una hoja di: propaganda: Soberanía ¡M¡nirUi, desuñada a ¡iiliií-mar sobic las condiciones políticas del país, y especialmen­ te- invitaban a la población a volar en las próximas elecciones. I J campaña propagaiuli.stica fue relevante en la contienda electoral. Cuadaluih- Nar- váez. como un numeroso grupo de mujeres en el maderismo, creía que en

en la elección de los gobernantes (MMIW, Cii.id.diipo Narvácz Uautista de

Vilchis). ti ti di- iiovieiiiliii- di- lilll. Fiancisco I. Madero fue electo presidente conslilucion.il de México. Los CIUIH-S femeniles que lo apoyaron continuaron su tarta ptuselitisia cutí mucha-. dificultades debido a los levantamientos qui­ se gestaron en contra de Madero: los zapatistas en el sur en el mismo noviem

entre los caudillos se manilcstó tainliii'-n entre las mujeres. rauliua Maraver e Iguaria Vázquez se unicnin al zapalismo: también lo tiic inon Juana II.

F.sta última idcóloga fue agente confidencial del líder suriano. partici|>ó en ;.-. tedacción del prólogo del Plan de Avala proclamado por Emiliano Zapata el ÜS de noviembre de l'Jl 1 —según refiere Cildardo Magaña—. El no po­ ner en marcha un programa social desaló los levantamientos: sin embargo, Francisco I. Madero luchó "por preservar el orden legal y contener la marca revolucionaria" hasta el uioniruiu di- su asesinato y el del vicepresidente José María Pino Suárcz el Ti de lebrero de lilis (Salmerón, 2009: 101).

Pl golpe militar de Víctor ción Mexicana, encabe/ai Ejército Constiiticionalist:

22). Kl despliegue de las campañas de propaganda realizadas |HH mujeres y hombres <lc los disímil» grupos revolucionarios — zapalistas, villisias. cons- lilucionali.sias— es fiiii<l:iiiit:in:il para el triunfo de sus programas. Los clubes femeniles suigidos en el uuiilei isino se reorganizaron: Hijas <le Cuauhtémoc cambió a Hijas de la Resolución. <lii ¡¡¡ido |KII rClixlia Arce Aniniega; la Primera Juma Revolucionaria de Puebla fue la Segunda Juma K.'v.lnc ¡onai ¡a de Puebla-Másenla. con Guadalupe Narváez al fieme: y en

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rme. l-.llas rsiiu icion presentes en el sepe-lio. que congregó a muy pocos !>ido a la |>cisec lición que desplegó el gobierno hucriista contra los inade-

de marzo de 1913. en una nutrida manifestación en el panteón francés la Ciudad de México se fundó el Club Lealtad. La piofcsoí a María Arias mal lo presidió, y en él participaron Dolores Sotomayor, Eulalia Guz- iii, Adelaida Manii e Inés Malvare. ti club aglutinó un buen número de >fcsura.s. estudiantes normalistas y empleadas de gobierno que, bajo la

domicilios (le María Arias. Dolores Sotomayor y Adelaida Mami también se

verificaban sesiones serretas para distribuir ureas (AHSONV, Exps. Kulalia

Cuzmán. Adelaida Mann, Inés Malvácz). Como iiiicgraiuesdc los clubes, las mujeres realizaron servidos de espio­ naje. conc entraban información sobre acciones (le guerra de los enemigos, intercambiaban corrcs|H>ndenc¡a y transportaban |>erircchos de guerra. Colsa Magno os< i ilw al respecio: "Salí en comisión al puerlo de Veían uz el 1) de mayo de 1914 donde debía entiesar documentación escrita en género

mujeres dirigentes. como a María Arias, que fue cesada cu su trabajo docen- le y después encarcelada. La propaganda sulneisiva de manufactura femenina que salía tic las imprentas — manifiestos, excitativas, proclamas, libelos— luc incautada en más de una ocasión, razón por la cual María Arias mandó imprimir, con la ayuda de correligionarios de la Casa del Obrero Mundial, una protesta surgida

de su pluma en la que condena la muerte de Madero c invita a obreros y cam­

pesinos a lomar las armas (AHSIMV, Cxp. Ana María Rosoli Cordero). Klodia

Arce, del club Hijas de la Revolución, escribe otra protesta contra Huerta |>or

el crimen de Belisario Domínguez, la disolución (lo las Cámaras y la dcicución

y encarcelamiento de los diputados renovadores (ÜHSDNV, Exp. F.lodia Arce).

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ino facilitaion las actividades proselitisias, el reclutamiento voluntario y la ayuda a la población civil, con la intención de lograr .su adhesión y simpatía ron Vcnusiiano C:irran7a. El carrancismo emprendió la campaña |>olíiira

ubicadas en diversos estados del ¡KIÍS y ili|xi»liinies de la Oliiin.i «Vun.il

eficaces para el triunfo del carrancisiiio. Cu.ulaliipc N.IIV.IIV • I■ ■ ij•.<■ • l.i < Mi

profesoras se subió al tren can amista nasbil.iiiilov-.1 Wi

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|ior algunos de los centros cscolun-s más ÍIII|MIII:IIIUS ile los Estados Uni­

dos*. El traslado de las profesoras se sumó a las misiono < s|Ki:iales de pro

clima de simpatía 1 adh-sión .1 Canan7H (Boi^/n <A- E4w«--¡¿». 1015: 03-70) lleimila Galindo viajó a La Habana. Cuba, e iraparlió varias conferencias sobre lo que se conoció como la "doctrina Carranza", que pone ei acento en el nacionalismo y la libertad del país para decidir sobre la legislación que

Frente al modelo tic la soldadera grabado en el imaginario colectivo, surgió I singularidad de las mujeres que tomaron las armas y se entregaron a la tare masculina de la guerra: las soldados. Ellas disputaron a los hombres la ei rlusividad del espacio más masculino, el militar, al que ingresaron, paiadój cameme. como hombres (I -in y Ramos. 1993:3.1,38). Algunos ejemplos so los de las soldados juana (tan» V.í/qucv, Rosa Padilla Cainacho, Valentín Ramírez Avitia, María de la I.11/ Espinosa Barrera. Amelia/o Robles Áv

La mayoría de las soldados lomó las ai mas a partir di-1913 para combatir a Victoriano Huerta. Se trata de mujeres mestizas c indígena* pertenecientes al medio rural que difícilmente sabían leer y escribir. Las razones por las que se iinicmr. a uno ti otro grupo rebelde estuvieron determinadas en gran parte por la región de donde eran originarias, el parentesco y el sis­ tema de lealtades, el compromiso y solidaridad con MIS comunidades; algu­ nas de ellas señalan que peleaban porque hubiera justicia. En el zapatismo, dice Ros. K. King (1<W8), no se trataba de un ejercito sino de "un pueblo

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itupimisación de los ejércitos rebeldes y los

Las mujeres que lomaron las armas y se enrolaron en los ejércitos revo­ lucionarios como soldados transgredieíou conductas en tanto genero, no sólo provocaron una nipiura del orden familiar, sino que mollificaron el sistema desigual y restrictivo (privado-público) que rige las relaciones cuite los géneros, al menos din .inte- el periodo de lucha armada. 6

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IIÍII.IN desde IÍILIII s ilil Mfiln xix por mujeres <lr clase media ilustradas ionio

Murgiiia de Avclcyia y tmili.i Tardo Bazán, entre oirás. Sus plaiiieamien- ios fueron vinillos en dislimos escritos a manera di- cjctcicio intelectual y

publicado» en revistas femeninas de la época como Lu Mujer, La) Hijas del Análiuac, FJ álbum de la muja. El coma de las Señora*. Violetal d' Anáhuac, lu Mujer Mexicana.

Kntie 1910 y 1014. Lis inquietudes lemiiiisias unieron i|uc esperar mejo­ res tieiti|>os. ya <|uu el compromiso político de las revolucionarias se centró cu las demandas de justicia social que lieueliiiaran a mujeres y hombres. Entre 1915 y 191'J se empieza a delinear un proveí lo feminista inserto en el constitucionalismo a naves de la conformación de organizaciones, la edi­ ción de la revista La Mu/er Moderna —dirigida |HII I Icrmila Galindo— y la celebración de dos congresos feministas en Méi ida, Yucatán. U llegada en 1910 de Salvador Alvarado como gobernador militar a Yucatán favoreció la puesta en mai cha de proyectos sociales y la actividad fe- navios. en especial con la problemática de las mujeres, desde los inicios de su gobierno expresó su preocupación por mejorar su educación: él {tensaba que al impartir una sólida preparación escolar las mujeres evitarían la (oial dc|iendcncia del hombre. Promulgó leyes feministas Iludientes a legitimar

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A partir ele la segunda IIIII.HI .1.1 -\y)» \i\ se lial)ía desarrollado en la península un ¡nri|>ii'ii!<- movimiento 'imiiiisia i uyas participantes —la ma­ yoría profesoras de primaria ■. cui ahi/adas \wr la maestra y |>ociisa Rila Celina Gutiérrez, crearon la asociación. revista y escuela feminista Sicmprr.- vim. Rila Celina fue IIÍICCUH.I del liisiiuuo Literario di: Niñas desde 1830 hasta 190*2. Del gru|M> de diseipulas lóruiado \»>t Rila Celina surgió un conjunto de activistas de ideas lilierales que participaron en ligas leminis- tas como Rosa lónc . Kusebia Pérez, Susana fveíancouri y Mircya Rosado:

ellas fueron tainliién colaboradoras de Ltvia Carrillo Puerto, quien encabe­ zó la Liga Rila Celina Gutiérrez (Luir,), formada en la Ciudad de México en 1010 (Pcnichc y Martín. '2007: 32.37).

El asunto de la educación fue prioritario para Alv ar ailo, quien esta­ bleció alrededor tic 000 escuelas rurales y una escuela especial para niños

fcn el primero fue determinante la pi esencia del pedagogo José de la Luz Mena, impulsor de la escuela racionalista inspirada en las ideas del anar­ quista y educador español José de Ferrer y Guardia: dicha corriente había

ro Mundial y fue llevada a Yucatán por uno de sus militantes, José Domin­ go Ramírez Garrido, posteriormente Jefe del Departamento de Educación en Metida. Mena demostró sel uno de los educadores más interesados en difundir los preceptos de dicha corriente educativa basaiki en el trabajo y la ex|x-i ¡mentación, lustaolecicndo la primera Escuela Racionalista en Cliu- minópolis.' J Como pal te del espíritu innovador, racional y ciemílico de las nuevas corrientes educativas, se estableció también una escuela Monicssori

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a cargo de la feminista Elena Torres (Macías, 2002: 91). El lema educativo fue central en los congresos leninistas, como se verá más adelante. Salvador Alvarado promulgó algunos decretos, circulares y leyes ten­

saban más que el interés por modificar la propia condición de las mujeres. El traslado de Vcnustiano Carranza a Veracruz llevó a las propagandis­ tas del constitucionalismo a continuar las tareas de prosclitismo tanto en

A partir de 1915 algunas de ollas, como Mamila fialiiido. Elena Torres. Elvia Canillo Puerto. Rosa Torre y Átala Apodaca. entre otras. oiE.iniíaion elidios feministas en distintos estados de la República Mexicana.'" I lermila

Galindo fue una de las más destacadas exponentes del "lémiiiisiiHi IÍIM-I.II"

en el periodo revolucionario; sus aportaciones tanto en la tribuna cuino en

inios oslados del país en dos

ijcres ;i organizarse y luchar por MIS derechos y apoyar al c ai raiicismo. La a in iría en Yucatán y coniiníia en Campeche y Tallasen. IXK recursos eco- micos fueron aportados |» i el gobierno de (jirraiiza. 15 Del conjunto de -icios promulgados poi el Primer Jefe (luíanle su estancia en Veraei uz, la i del Divorcio de diciembre dr 1014 (ue no sólo aplaudida sino de-rendida r Hci mila en varios loros ya <|uc consideraba qu<: siipniíntilKació» era el ncipio del reclamo de los derechos civiles dr las mujeres. 1 .aura < hellan.i lala la |>os¡l>ilida<l de que la tcniinisia haya incidid» ni su l,.i I.i.mn rellana, 2001: 116).

L»Mi|ikM<.i.iKM

U, Mujer Moderna bajo la dirección de Hnmila Colindo. puhli< ación nien sual que circuló limante cuatro años hasta septiembre de 1919 (Sáenz ROTO, 1955: 49). Con el mismo nombre de La Mujer Moderna, la precursora mari­ nista y después maderista María Andrea Villarreal publicó en San Amonio. Tcxas. en 1909. un periódico radical dedicado a "la propaganda <le ideas que faciliten la evolución de la mujer" (I.au y Ramos, 1993: 192)

Hermila Cal indo trabajó intensamente para encomiar los espacios que |H:I uiiiician canalizar el potencial de inteligent:

i* Orcllaiu (2001) y Maillu Rocha (2007).

lonikos.tfentc UMujuMnUtne (líllV).y IjurjOiclla

i>nlrrrrw:ia> en Metida. Motul, Prosita» y Kspila. 1-uMn

eterizó su liderazgo dcniro del constitucionalismo. Sólo ciñen núnie- 1 han sido localizados; sus páginas muestran, por un lado, su compro-

azgo de Canaliza, al triunfar la lucha arn<ada. para llevar a cabo la*

otro lado, el interés de la propia publicación, "dedicada a defender lererlios ríe la mujer mexicana, su emancipación y engrandecer sus

:is iiiisieiies, no sólo en el hogar sino en sus deberes con la Patria" (Ijt

■i WmlniM, l!M. r Ki: :i). Hermila (¡alindo sostenía que la participación

• le las asiduas i<.lalior.id.,ras ilc la revista. Salomé Carranza (1916).

II escrito "Semilla que leí nuda" se refiere a la conferencia que dictó

nila (¡alindo en Tlacotalpan. Vcrai ruz. el

12 de abril

de

1915. en

la

sociedad fósela Murillo Un Mujer Mnlcina. 1915a: 2). tu otro articulo surgido de su pítima ;' liiulado "1.a emancipación de la mujer", plantea la necesidad de librar a las mojetes de la tutela clerical e instruirlas en la escuela laica, además de exigir el dei echo ciudadano a "tomar parle acti­ va en el movimiento político |mr ser miembro integrante de la Patria" (Ro­ cha. 1941: 241). Para Salomé Carranza, la "emancipación social" significa el derecho ciudadano a participar en el devenir histórico del país. 14 1 Alego de una disertación en lomo a los distintos argumentos que los encmi gos fiel feminismo han esgrimido para mantener a la mujer siihonlinada

actuación de las mujeres mexicanas en las distintas ramas del salier; ejem-

plilita < ■>•> lumínas y 1111111'»» singulares su presencia histórica a través (Id liriii"" (Hoclia, I'.HII: !M7.¡Mft). Imbuida del espíritu secular, también veía en la escuela laica una forma de combatir el fanatismo y conseguir la cman- ri|»c¡ón. Al respeto escribe:

dudarlo, csú (a base tic nuestra emancipación. Allí bulle. allí se agita ese atri­ buto nuestro, bello y grandioso, contra el dcspeebu de los ictrogrados, de la iglesia y de sus santos (Roclis, 19SW: 2«-¡H'l>.

ciedades (embustas c|ue se fueron formando en distintos !ti|i.iics ilel \>.n; —Lucía Unsianianie preside la as>M:iación Dolores Cernea /apaia en San

Juan Bautista. Tabasco. y en Motnl. Yucatán, se lorinú la asuciai ion |HM-I.I

Orliz de Domínguez—, reseñas de las giras propagandísticas di: I leí mil.i y los distintos puntos de deslino de la revista.'' Los artículos también il.m

Kii Mcrida. Yucatán, se HIVJITMI a cabo dos congresos feministas en 1916. Al­

gunas investigadoras, como Macías. Peníchc y Urellana, coinciden en señalar <|ue amlios se celebraron por iniciativa del golx-mador Salvador Alvarado. como también se registra en los "Anales di: isa memorable Asamblea" sin em­ bargo. estas explicaciones no coinciden en lo que se refiere a las rarones de <l¡- clia iniciativa ni a la forma en que transcurrieron los debates en los congresos. Mientras que Macías atribuye un peso fundamental a Alvarado en la organi­ zación y desarrollo de los congresos, Orel lana señala a I Icrmila Calindo como el |>crsonaje central que influyó tanto en Cananza como en Alvarado para que iln líos congresos se llcváiau a cal». Piedad Peniche dice que la finalidad de los congresos proimn idos por Alvarado era, además «ir conocer la condi-

se ultimarían las disi osioiics (1916. Prmcr Congrao Feminista. 1973: 32). liran dos los Irmas que más preocupaban a Alvarado: el primero se refiere al proceso de secularización de la educación de las mujeres para tibiarlas del "fanatismo religioso" v al papel que < orrcs|xmde a la escuela tanto a nivel primario como vocacional en la preparación 'para la vida intensa del progreso": el segundo traía de la ciudadanía política de las mujeres.

La convocatoria iba dirigida a "todas las mujeres honradas de Yucatán que posean cuando mcnoslos conocimientos primal ios" (1916. himer <jm grao Feminista, 1975: 32). La asistencia (ue en su mayoría de pr.riesor.is yn- catecas; 700 congresistas paniciparon en el primer congreso, realizado en enero, y 250 en el segundo, celebrado eu diciembre de lililí. I -a comisión OÍ-

I'ucrio y Rosa Torre abordaron el asumo del sufragio femenino, reclamo que en la siguiente década llevaron hasia el final (Peniche y Mariin, 2UU7: SI).

paules: de avanzada, moderadas y conservadoras. listas posiurassc manifes­ taron desde la presentación fuera de programa de la ponencia de Hermila

Calindo "La mujer en el |K>Ivenir"." leída por el Si. César González, desig­

nado por el director del Departamento de Educación Pública estatal José Domingo Kaiuíiez Garrido, quien en i?picscntación de Alvaradu inauguró el Congreso y participó durante los cuatro días del evento en calidad de

placer femenino, que l:is mujeres deberían sci educadas en el conocimiento de su cuerpo, y <|uc achia regir una sola moral para ambos sexos, Hermila contravenía el discurso dominante que naturalizaba la desigualdad. Kn los códigos morales (Carroño, 1979) la ignorancia en las cuestiones sexuales se consideraba inocencia; el recato y el pudor eran virtudes apreciabas en las mujeres buenas, llamadas a la maternidad, mientras que las mujeres ma­ las eran las vendedor;,* de caricias y placo, destinadas a la prostitución. Krente a la postura conservadora que recibió la |K»iencia como un atentado a las "buenas costumbres", alzó la voz Candila Gil de Carrillo señalando que el trabajo era moral. Hermila sabia que su ponencia, dedicada al general Alvarado, provocaría disgusto: al final de la dedicatoria lo adviene ron es- las palabras: "[según dijo San Gregorio] la verdad debe deciise aunque sea origen de escándalo" (1916. ¡Mmer Omgmo Feminista. 197S: 195).

| m hlii'iliiK* 1 '- <»■ ''< <'|HMH sostenían rcspecio a la separación de los sexos y l.i .is¡nnac ion «le tareas y espai ios diferenciados. "Había que evitar virilizar a l,i niiijei <»ni'> pretende el fcinií.isino" (Airando, 1991: 76,77). Las tareas ilmiiésticas son competencia exclusiva de las mujeres y tienen un valor que «pera reconocimiento: al misino iicm|>o insiste en pto|)orcioiiar a las muje­

res estudios técnicos como los secretariales. los cuales ampliai ían las ¡KKÍIIÍIÍ-

dades de indujo en el espacio público.

ilela Rnmhiciánseñala con desilusión que no se bullirían al I.nln ■•*• lució» dos problemas fundamentales: la educación I.K ÍOIUIIMJ y el mm !■■

menino. Si bien ambos fueron delendidos de manera inlrliurnlc. al luial M-

impusieron las iiosiuras moderada y conseivadora. Respecto al prime! inua. María Oilia Marías di: Trujillo señaló que "la enseñanza racionalista se basa

en la observación inmediata del niño y se rige por la curiosidad del ediii an­

do". Ksia novedosa propuesta HITO el apoyo de Rosa Torre, Fidelia González

y Carmela (iosgaya. Respecto al voto femenino, aunque la posición avanza­ da, representada por 31 mujeres sufragistas. lo demandó a nivel municipal como un primer paso, se trataba de un grupo minoritario y el Congreso cu su conjunto no avaló di. lia petición (Pcniche y Martín. 2007:34). Frente al argumento de <|ii<: no se drlna otorgar el voto a las mujeres porque les falla de pri:par.i<:ióu y un movimiento colectivo que lo demandara, la congresista Francisca Aseanio, que representaba a la corriente vanguardista, rcs|>oudc con estas lúcidas palabras: "No es necesaria la cxpmrm ¡a previa para en­ trar a las luchas sufragistas, porque nunca la experiencia puede ser previa y porque la práctica, precisamente, se adqtiierc en la ludia' (¡VIO. himn f>.» K i»w/™¡»ií/«. Ií)7. r .:97).

I\n el Segundo (ingreso Feminista. Hcrmila Calindo preparó un nuevo ii.ili.ijii 1 ' 1 pai.i deli-uder sus planteaniienios del Primer Congreso, lo que le

.i .11., ,le |MC.|I.I(;.HI,II.I del ;inioi libre. El que la propia Hermila se calilicara

•• "iini|i-i di- mi tiempo. soy. |»>i ende iconoclasta", habla de una |H>SIII-

St hopenhaucr). también menciona a la feminista Emilia Pardo Bazán. Her- mila lamenta que la crítica a su primer trabajo al que se relierc como "la monogialía sobre la mujer", no surgiera del examen de sus ideas sino de la lectiua de algunos párrafos del mismo y que, como ella señaló, habían sido transcritos literalmente de las obras en las que a|x>yó su reflexión, mis­ mas que deseaba compartir con sus compañeras congresistas en lo que con- sideiaba la tiesta de a|>eriura del primer congreso: lamenta no haber podi­ do asistir, va que de propia voz hubiera aclarado lo que provocó la confusión en torno a su texto (Lau y Ramos. 1«J<J3: 250.251).

En el segundo trabajo —leído por Elena lories— se shncii/.i el pen­ samiento feminista de Hcrmila.™ Ella propine además de la "igualdad de

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¡Iiisiiación" cune hombres y mujeres los mismos derechos y pn:i ilativas en uxlos los planos. Li tesis igualitarista de Hcrmila se l>asa en el pro|>ós¡io de lograr "un alio ideal de libertad y progreso que. poniendo a la mujer al nivel del hombre, la comprenda no sólo numinalincnie en la misma ilustración y justicia, sino que le otorgue los mismos derechos y las mismas prerrogativas que se conceden al sexo fiicnc" (Lau y Ramos, 1993:25fi). Hcrmila Calindo veía en la revolución constiiiicionalista la posibilidad de lograr medidas reivindicativas en beneficio de las mujeres. Ella se asume como mujei, feminista y revolucionaria. y i:l hecho de contar con el a|K>yo «le algunos correligionarios tumo Salvador Alvarado, José. Doniiiign Ramírez Garrido. Félix K Palavicini y Venustiano Carranza la alentó en su proyecto

trabajo "1.a mujei ra el porvenir" "I-i piolécia del lívaiigilio.M- li.i niiupli do. I J>s lirnipr» han llegado. Bieuaveiitiiiadi» los que lian hambre y sed .1, justicia poique ellos serán hartos".- 1 Las batallas a las (pie convoca llermila con su pluma son en contra de los prejuicios, los dualismos y la gazmoñería que ha mantenido a la sociedad, especialmente a las mujeres, en una con­ dición de ignorancia, encierro y subordinación injusta. Las propuestas de llcrmila .siempre apelan a la estricta justicia.

En torno al sufragio fcinrninn. la profesora María Martínez hizo las si-

Dichas declaraciones son «co del gi u|K> <lc pitifcsoras que < rspcian/as de cambio en la educación de las inujcirs ya que <■<.

segundo li abajo una puntual argumentación en lorno al mism la ciudadanía política, demanda <|iii' i oiisid< ra impostergable .. . I b señala lo siguiente:

I .as Ic/esse aplicar. pul igual a hombre» |

id. obedece las diíjmsicinnes gubernativa

Je ninguna de las que goza el

Al parecer, los argumentos esgrimidos por I leí mila nu eran válidos en un uiiindo que estaba regido por los hombres, quienes, como señala Miche- He fVrrni. históricamente poseían la autoridad de la palabra escrita. De los tres .santuarios masculinos cerrados a las mujeres: el religioso, el militar y el político — continúa Micliellc Pcrrot—, "el más resistente desde la ciudad griega a la Revolución Francesa y hasta nuestros días ha sido y es el político'

(|)ul>y y IViim. I1WI: H,9,l*>). De modo que proponer la inclusión de las mujeres ni l.i vida política del país como ciudadanas activas significaba no solo un desafío, sino atentar comía el orden social establecido. Fu nombre de la ciencia, diversas teorías señalaban el lugar que correspondía a la mu­ jer en la .sociedad, y al destacar los atributos de feminidad Ir ¿signaban un lugar especial como madre: violentar el pa|>cl que coi respondía a la mujer desempeñar sólo en la esfei a privada significaba romper el equilibrio en la relación que delie prevalecer entre los sexos.

acerca del pa|x-l que aspiraban desempeñar en la «x¡edad.

En e¡ Congreso Constituyente reunido en Qucréiaro en 1916 |iara redactar

3° y 123', respectivamente. F.n el primero se estableció la educación laica, y en el segundo se dispuso el salario mínimo igual para hombres y mujeres.

una ¡ornada diaria de ocho horas (le trabajo, protección a ia maternidad y la prohibición de nalwjos insalubres y peligrosos para las mujeres y los menores de l(í anos (Rocha. 1991: 19A.I99). Sin embargo. las dos iniciativas

ni autoridad pública. 1.a negación del sufragio basada en el ai guíñenlo de incapacidad de las mujeres pata el ejercicio ciudadano no era válida. El artículo 34° se redactó con el genérico de ciudadanos, y Hermila Calindo. en un acto de desafío a la ley, lanzó su candidatura para diputada por el 5* distrito de la Ciudad de México en 1918: aun sabiendo que <•' Colegio Elec­ toral no la reconoce. ía. buscaba hacer pública la exigencia del snfi agio. El

los derechos y obligaciones personales de los cansones deben establecerse sobre una base de igualdad entre ¿si<» y «o en el imperio <|ue. como res­ to de la mamu romana. se ha otorgado al marido" (Canaliza. l'Jl": 7). U nueva legislación establecía I-II el capitulo del inaiiimonio la igualdad di:

derechos y la autoridad de aiulms cónyuges cu el hogar, quienes de mutuo acuerdo debían dcridií sobre la educación y administración de los bienes

tiniicuto del marido (Ciri.ni/a. l'Jl": Ü3>. I.i edad mínima requerida para casara: —de 12 años rn las mujeres y II en los hombres— se incrementó a 14 y 16. respectivamente. La mayoría de edad pan ambos sexos se adquiría

casa paterna hasta cumplir 30 años. Henuila Galindo vio con agrado la promulgación de la ley del divorcio ile diciembre de lilll. Kn el li abajo que elalKiró para el .Segundo Congreso. ella se refiere a dicha ley ionio benéfica; pai ticulai iza cu las mujeres de clase media que por su educación y costumbres se descin|»'ñ.ui en el hogar y qui­ se convierten en victimas del marido cuando el matrimonio fracasa, ya que además de no estar preparadas para trabajar la Iglesia condena la ruptura

o matrimonio. Hcrmila Calindo plantea -líbalo lo c|ue en realidad se propicia son

id (U n y Ramos, IM3: 261). Además, se pronuncia partidaria de

lujcics |>.Mlicipcn ni la elección del consone v no dejarla silo al

i- l.is padics. tu la ley de 1(114, iiKor|H>i-.«da al capítulo vi de la Ley i. -iones l'.uiiilian-s. además de la disolución del vínculo, se abría la id |>:n.i ellos d<-contraer un nuevo matrimonio; para la mujer sólo

01) días dr la disolución del primero v transcurridos das años de la

emanci|K«.ión di- la im:|ei.'' Se cuestiona la condición de isla en los espa­ cios privado y público: ."i spi cío del pi inicio si sostiene la tesis del frniinis- mu lilieral solne la "dignificación de la mujer". abonando a las discusiones el tema de la sexualidad, el aniiclei icalisino y la prostitución, y revolucio­ nando las ideas decimonónicas; respecto del segundo, se explícita la parti­ cipación |Hilíiica de las mujeres en dicha década en lanío ciudadanas y la exigencia del sufragio femenino. Reconociendo que hubo algunos avances

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sa

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I leí

Pariicipalion in Revolulion and Sini^de fot

F.nualily I9I0-194U.

la incorporación a partidos políticos y a puestos públicos di* |Kider en loí

A pesar de que lis mexicanas esiuviiiuii CXI luidas ib- I.I |mliiii .1

dllrame la largo tiempo. IHIIK) «anas en las <|in lnii|;iiri>n • 1111

<•! Cslado. los Estados Unidos y sus congéneres medianil

ndis *H i;

lablccidas con los hombres del pod e y con las organizaciones civ.n

sus homologas 1101 ((americanas, asunto que no ha sido del todo esli

1 latMjm como k» ilc CibrMí Cano (2007I.Jorrl)11 Oicou (S

(Jas. Se ha argumentado a favor y cu contra de las el sufragio, pero aún se carece de información acerca de la mecánica di: MUS actividades y de la lucha que llevaron a cabo incdianic las oigani/acioncs <|iie conformaron a partir de finales de la Revolución.

mandó i-I vino paia las mii¡cu~. cu todo el mundo. Este movimiento por la

il.mi.i

\

|HH

li. i.u

Ir su imegiai ¡úu a la vida pública, al tiempo que exigía

.iiiiliHi'.in i-| ni den degenero ini|M:ranic. La ciudadanía' es un proceso dina-

lili v i|in .-. Masiuc Miilyut'iix alinna <{■■<■ las explicaciones genei izadas de la . iml.iilaiii.i |jt< sii|«iuni una comprensión del régimen de género que impera i n una ileici minada sociedad, lo que permite analiza* los mecaiiÍMiios |HH los rúales las mujeres lian estado marginadas, excluidas y suboidiiiailas denuo de estados y formas de sociedad civil espn íncos (Mulyiicux. 2003:258j. Este artículo analiza el ejercicio d<: la ciudadanía de las mexicanas en su búsqueda por el sufiagio a través de una de las agí upaciones que fundaron, de las reuniones a las que asistieron y la manera en que se luchó para con­ seguir ese derecho. Me pregunto cuál fue el significado que tuvo la organi­ zación de éstas mujeres, cómo se insertaron en el juego político del México posievolucionario. cuál fue su p;l|>;l y qué le podían ofrecer al naciente Es­ tado. o viceversa, qué les brindaba la relación con el Estado y con susgolier- natiies. Considero que conformar!)!. 31 tipos para no quedar marginadas de la acción política y por medio de éjlos poder integrara- a los cambios que se perfilaban en el país y en los que ellas querían inicivenh |>ain coiiseguii de­ rechos políticos; bascaban legitimar su lucha e impacial en los legisladores para ampliar sus derechos (Ulcott, 2005: 59). Al mis I» ni|»>. las reunió

Analim al Consejo Feminista Mexicano, su organización, su trayectoria y .vi |>art¡cipación, a partir de las conferencias que tuvieron lugar entre 1919 y )92f>. «ni el lili de dar cuerna de la lucha que llevaron a cabo las mexicanas. Me apoyo en los ejemplares de las dos revistas que editó el Consejo: IJI Muja y La Vida, y en la hemerogralía y documentación de archivo que las men­ ciona. No existe mucha bibliogiafia sobre el tema, estoy consciente de que algunas cuestiones ya han sido tratadas y me refiero a su» autoras cuando las alxirdo. Creo, no obstante, que propongo nuevas líneas de investigación que amplían el conocimiento de esta etapa.

Una parte importante de estas sufragistas fueron mujeres instruidas relacionadas con el mundo educativo: maestras, educadoras, periodistas v algunas profesionistas que reunían las condiciones de clase y capital social.* preparación cultural e independencia económica necesarias para poder ¡uicgrai:se en el mundo público, no obstante, sufrían las limitaciones y la marginación derivadas de su condición femenina.

El sufragio para las mexicanas fue reconocido tardíamente, ya que los varones encontraban indas las razones posibles para negar una y otra vez

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nv lonsiivadoras y ello demoro la discusión legisla-

IÍVÍI i-

i» :il siili':i|iin. I'nr uno lado, el discurso <|iic cuarliolamn esas

•iiiiji'iis no MI-III|IIC ii|Kiyi> .il sufragio universal. ya que la iiormaiiviikid ele

dicciones o concentrar su lucha en oíros espacios, donde el ejercicio cívico de los di-rechos era considerado priorilario v más viable, romo ki educación, elualujn. cuetera.

I .os ioiisiiiiiy<-nii-s mexicanos de 1917 no aceptaron relormar los artículos :SÍ>'■■' y :lti lu pala que votaran las mujeres, con el argumento de que no ha­ bía habido un movimiento que lo demandara. A pesar de esta derrota, las

giéndolo." Tendrían que enfrentarse a los hombres Inertes —caciques y caudillos—'■ y a las organizaciones laborales que dilataban las propuestas que ellas impulsaban, aunado a la constante inestabilidad política que obs­ taculizó la reorganización de la economía y retrasó las reformas que las ■nasas demandaban, incrementando las tensiones sociales. La fundación del Consejo Feminista Mexicano en 1919 se enmarca como una respiesla de algunas mujeres ame la |H>ca atención que se les brindaba, y en su seno se manifestó la ideología de los círculos intelectuales con las que ellas man-

dirigido a integrar las herencias indígena e hispana fundidas en un solo concepto que sirviese como símbolo de identidad (Matute. 2002: 168). kn [>arti:, dicho nacionalismo provenia de tensiones con los hsiados Unidos. pem también, de una amplia trayectoria lie identificación cultural feme-

nuevos ciudadanos que se estaban gestando o tiuuu Imi/.i •!<■ n.di.iju < n tamo obreras." No obstante la exclusión legal, algunas iiinjru". impnn ilición la tarca de demandar derechos para su sexo, para rilo I nm,

11 Las nlujcif* « leUitiHijiim |>iiiif.ipjliiintlr IIMI Áh-jíi> Obiegúu. Felipe tonillo Pumo y Pluuico tliu tjlks. " Bethcll ViÓUO); Muulc (l»W>).

variopintas agrupaciones y trataron de incorporarse a la vicia pública de

El Consejo Nacional de Mujeres se fundé el 10 de agosto de 1919.'* Es­ taba integrado por mujeres provenientes de varios estados de la república —Guanajuaio. Miclioacán, Vcracru7 y Yucatán— que habían intervenido en la Revolución y que <|iierían continuar en la lucha, trabajar por el bien­ estar de su propio sexo y del país en general, y abrir canales de partici­ pación para mejorar la condición de las mexicanas en todos los ámbitos. Habían militado en el magonismo, habían sido anarquistas, socialistas y

cutre ]V>\ y 1922 se editaron, con diliculiad. seis números. A partir de

,;

.. IMJS cambió de nombre a 1.a Vulii, "Revista mensua 1 Mustrada. destinada a la propaganda «mural, estudio y solución <le los intereses de la mujer"; de ésta aparecieron ocho númeíos entre lebrero y septiembre de ese año, y en

con un discurso de corle socialista y sindicalista dirigido a las trabajado-

cercanía de las elecciones presidenciales de diciembre tic 1920. el discurso

Al ¡ICHTO tiempo de establecido el Consejo surge el primer dcsa. nenio

con su presidenta, |uan;i Belén Gutierre! de Mendoza, 14 a «piien se acu­

só de utilizar el membrete de la organización en trabajos |>cisonalcs sin

también halier nombrado como serietai ia general a su hija Julia Mendoza.

v como vocal

a

su otra

bija, latina Mendoza vda.

de Orozco. además de

halwr legisirado los estatuios a su nombre y darlos a < onoect a la prensa. 21

Estas acciones llevaron a que el .SI de oenibre de I9IÍ) las inconrornies la

desconocieran a ella, a sus bijas y a los estatutos. Se renombre, al K ni|>.>

come) "Consejo Feminista Mexicano'

n el lin de '

yqu. : pudieran tencr.abitlaencl m ujei es de iiHla-

En

n

Com i,é Ejecutivo V rlrarKodi presid.ni . l.l.^.|.a <. ..

Elem. Torres.» Kv, C l„,a Leu. « W - e " '" C ' *'' '

 

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"1Mliriclpetió d ico .Ufe. orno ¿rgan.>de ¡ Couejo. W»

 

a p:oWcm« poliiim». NOCIDÍ Coilcs.

i amplitud

se efectuaron las reuniones—, María del Refugio García, 33 María Teresa

Sánclu:7. y Kstcla Carrasco. 2 *

1.a agrupación buscaba mejorar las condiciono de las trabajadoras, a

las que consideraba su centro de atención y principales liencficiarias. por lo

que se planteó abrir <I[K iones laborales para ellas. Establecieron la Casa del

Niún dr la trabajadora (Rendón, 1990: 29-52)," un taller de costura, una

■■«'liria nociuiua para trabajadoras en Tacubaya. una academia comercial

giaiuiw y una escuela en Ixtacalco.

I I piiiu.iauia clt-l Consejo iucoi |Mir.ilw la emancipación polilica como

|IKI|HIIU:UI esiahliii i nexos con organización!* feministas de diversos paí­

ses. Ku MI inlorme de actividades de 1SKS. Elena Ierres atiranta que el

Consejo bahía logrado desarrollar muy pocas actividades de propaganda y

«'■lo contaba con un local para trabajar. Confiaba en que con la elección del

nuevo Comité se pudiciau establecer

\ deméntales trabajos del hox«» <J UC

En su <liscurso explícala que "hu.scabaii librarlas (a las obreras] de las

tentaciones de la pobre/a mediante el trabajo y el estudio". También agrade­

cía a los "amigos de la mujer", 8 ' quienes habían contribuido a la apertura del

taller donando máquinas de coser, como Adolfo de la Huerta. ex |iiv.siiliniic

¡merino, y el general José Domingo Kamírc7 Garrido, ferviente feminista

c inspector general de pol¡ii:i <lt: la Ciudad de México, para quien Elena

trabajaba como sc< reuria del servicio seci elo (Taibo II y Vizcaíno 11184: 80).

Torres sostenía qiu- sei ía por medio del feminismo como lograrían alcanzar

sus fines: "El feminismo va a iranslbrmar el mundo social, por eso no tie­

ne fronteras. El feminismo significa el triunfo del derecho sobre la furr/a,

dando por resultado la igualdad de clases". 3 * Con ello |H>nía en claro la es­

trecha relación que el gru|H> mantenía entre el feminismo y la izquierda al

considerar a amitos como motores pal .1 el • aiuliiu dmide las mujeres serían

las promotoras de la pa/. I'"i su p.me.Julia N.iv.i .1.

|;MÍS.UI. h. /. <ln.-

.1

de la revistay redactóla de losediimjales, .IMJ;HI:II>:I .(ii.

.1 prvu

de i|ne el

niinus, comprendemos '

emancipación social. económica y poliiii a." El programa era ambicioso y

rompí<-nili.1 asuntos considerados urgcnics para las mujeres. y al mismo

iiem|xi mosiiaba los cambios que esperaban que los iieni|>os posrcwiluri»-

narios trajeran. Ellas encaraban el problema del reconocimiento de la so­

ciedad a sus demandas: cuál debería ser la estrategia y cómo avanzar en la

lucha por mejoras para las mujeres serían ciieslioncs que se plumearían en

las subscciicnií-s reuniones que organizaron. Creían que el solo hecho de

ser mujeres c.onirai restaría los vicios de la sociedad: esgrimían los valores

de la feminidad es|«rando ser las portadoras de las virtudesque ello conlle­

vaba. Blandían un feminismo igualitario" que buscaba emparejar a liom-

|,i,s y inujcies, y consideraban <|ut- «as transformaciones se propiciarían a

través d<: la lucha de clases. Un feminismo "rojo* como el que enarlmlaban

tendría consecuencias en un inomemo de icacomodo de las i-lases políti­

cas que no estaban de acuerdo con favorecer esic IÍ|MI de pensamientos y

ac< iones que. creían. desestahilizarían al país puesto que no eran un "ideal

mexicano" (Taibo II, 1986: «5-7] y Carr.1996). De allí que poco a poco "lo

roía," se moderaría.

Al carecer de derechos se las excluía de los programas de gobierno y

se las apártala <ie la vida pública, por ello pensaban que con su sola enu­

meración. los cambios serian posibles, tágriiiiii estas demandas implicaba

trastocar la normatividad de género que se les estaba imponiendo, de ahí

que la respuesta no llegó a ser la que ellas espetaban.

F.l Consejo se identificaba como una asociación feminista que conside

que le correspondía en la sociedad. Sus inieinliros iiiipoiii.iu un «i >

de promoción, un espacio de acción no sólo privado, sino también público

Utilizaron el discurso de la maternidad a fin de justilicar la pariicjuación

<lc las mujeres en el ámbito público (Schell. 2006: 115). Ser puede pensar

que internarían dalle vuelta al discurso admitiendo que de momento no les

preocupaba la

En la lucha a veces hay que separarse del objetivo principal para ir ob­

teniendo pequeños logros, y las sufragistas enmascaraban la demanda por

el sufragio mediana anuncios del lenguaje, cosa que a final de cuernas

haría más difícil y lardado obtenerlo. Estas mujeres participan cu la confor­

mación de partidos y agrupaciones —algunas de ellas efímeras—. durante

csia década y mediados de la siguiente. Aparecen escribiendo. educando y

organizando reuniones en donde discutían los |iunlos que más les impoi ta­

llan y querían transformar. Para ello había que luchar y hacerse visibles, las

horizontes y no restringieron sus miras. Mena lórrcs. María del Refugio

"Cuca" García y Estela Un rasco, compartían nexos ideológicos con algunos

militantes socialistas;' sindicalistas que las llevarían a participaren la funda­

ción del Partido Comunista Mexicano el '¿1 de uoviemliK- de 1919. % Varias

luenm mencionan que «I Consejo se unió al n:n," no obstante, también

se dice que Torres bacía propaganda pro Obrcgón "aunque cubierta con el

antifa? de su Icmiiiismo" (Spenscí y Orti/, 2006: 35R-390). Yen efecto, la

decidida campaña desarrollada |x>r Obn-gón empujó a varios elemeiios d<rl

ii.M a unírsele mando proclamó el plan de Agua Prieta en mareo de 1920.

I'.lena Turres fue una de ellas: se integró al Ministerio dt: Educación, donde

hizo propaganda (Vasconcelos, 2007: 56) y negoció financiamiento para las

participando en actividades que promovían el comunismo, presentándose

■ o oradora en mítines y reuniones donde se la llegó a apodar la 'émula

libo II. I98Í: 5í: S>l»

..

r.

1972:2SS.ÍTÍ: Oonuln GIVÍIKW

,U- Mis

I'.IIIIIIIIIIN 1 "!-!! tierra a/teca". Por su parle. Refugio García y Estela

I j inlliiciK i» que Turres tenia en el Consejo decayó cuando 1:11 mar­

zo di- IH22 se renovó el Comité Ejecutivo y resultó elccia María Renie-

ría rom» seo ciaría general." En febrero de 1ÍI2S, el cargo lo ocupó I m.

Vera. 1 '* La incursión de estas mujeres en la poliiica lii/o posible su inte­

gración con el Kstado > permitió el desarrollo del llamado "feminismo

intemacionalista"" característico de los años veinte, el cual haría que es­

tas mujeres se vinculasen con norteamericanas y latinoamericanas. En las

de sufragio, la trata de blancas, la incorporación femenina a la educación

superior, el connol de la natalidad, la educación sexual, el matrimonio y

Smh*rtal.(¡<m).

latinoamericanas y norteamericanas; el lema (Ir la adquisición de dere­

chos lúe una comíame, de allí que se buscara oliu:ni:r <:l recomx imicnto

de los diversos gobiernos para alcanzar el sufragio. Las integramos del

 

lacionalcs para validar sus as

:a y política (Millcr, 19M0: 10-

l<."

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I.

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Iex.is" (Mesa Redonda 1'aliAuicricana de

... v

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I.-V.I.M I.UI.I:I.I.I desde I<»l(» pan. olicccr piotección a lo» le-

IIII>Í-IIIIK ipir huían <l<- la revolución." Trabajaban por los derechos de

I.IN mujeres en ambos lados de !a t'iijinci.i: pretendían mostrar que las

iniijeies estaban en contra de la violencia y ellas eran quienes ptntegei í.m

y conseí varían la herencia intelectual de la civilización "americana". Entre

sus objetivos estaban el "promover las relaciones entre las mujeres de las

repúblicas americanas, y desarrollar y conservar el mutuo conocimiento,

inteligencia y verdadeta amistad entre las mujeres y pueblos de las «pú­

blicas americanas". 15 Lsta organización se presentaba con una (adiada fe­

minista moderada cuya misión consistía en el cuidado de la paz y de los

valores de la civili/ación. 11 ' Su directora y fundadora. K'lorencc Oriswold,'"

ik>s fronterizos i'i»i l»s Kstados Unidos, que se llevó a cabo en noviembre

de 1919: ahí se eligió una mesa directiva y se discutió acerca de <|uiénes

asistirían a la convención que tendría l-.igar en San Antonio Tcxas un mes

después- No hay noticias sobre la asistencia mexicana, pero sabemos que

Mrs. Griswold y algunas mujeres de la Mesa Redonda fueron a su vez invi­

tadas por la Cámara de Comercio de la Ciudad de México en 1921. donde

María Tapia de Obregón puso a su disposición un carro de ferrocarril y

las invitó a tomar el te al Castillo de Cliapulteptc. 48 I a» intercambios con

esta otganizaí ion prevalecieron por un largo tiempo: por su intermedio se

invitó a las mujeres del Consejo a participar en Baltiinore en 1922, > ellas

asistieron en 192» al Primer Congreso Feminista realizado en l.i Ciudad

de México.' 1 '

Esto significa que tuvieron que- aceptar el giadualisiu» cu lus

para las mujeres: primero habría que educar y capacitarlas. |>u.

encaminarlas en la senda del sufragio.

VlAjF ALEXIKANjFJtO: Bti.TIMORE 1*J22

lililí /'' Imitaiou .: las Uiin>anici:ranas a participar en la 1* Conferencia

':ni.

ií. ana id- la

Mnji i

i|tti

si- llevaría a cabo en r>allimon. Marylaml.

Ii-I ".MI al :**liU- aln il «Ir Hl*».'" 1 p;nriH ¡nada |K)r la "I .iga Nacional de Mujeres

i ..

un.

i \- SIHIL

i i< .1. México, Canadá <• islas cotanas. A |>csar de que el su-

l,.,,.i,, luí- el KIII.I |'i iiii'i|i:il de la conferencia, <:n las conclusiones aparec.ie-

El tema principal de la conferencia giró en lorno a lo que podían hacer

las americanas en faroi de la amistad internacional, asunto di: gran inipoi-

inexicanas compaiaran su condición v se dieian cuenta de lormas de luí lia

que después pondrían en práctica, l/js grupos organizados de norteameri­

canas se dchatían entre sí por ver cuál de ellas trabajaría con las latinoame­

ricanas para aportarles no sólo ideología, sino una agenda con estrategias

para alcanzar sus metas. F.stlier Site Wamslcy opina que las iiorieameiica

ñas, a pesar de que alaliakm las actividades de las feministas latinas, ten­

dían a vrilas cuino atrasadas. |x«-o rduiailat. y esclarecidas en la causa de

guías de las mujeres de I

..

ii-gimí (W.uiisley. ÍWB:

20).

Los lemas que se almrdaion serian los mismos que se II alai •:■■> <■> l.is si-

guíenles reuniones de esa década: el bienestar de los niños, la «luí ai ion. la

mujer en la industria, prevención del tráfico con mujeres, «lado civil y dere­

chos poh'lM os. Como la mayoría de la delegación mexicana asistió represen­

tando al Departamento de Educación Pública, hablaron .sobre educación, 45

desayunos escolares, v ' bibliotecas, maestros misioneros y combate al anal­

fabetismo, y di- la labor que había emprendido la Secretaria de Educación

Pública a cargo de José Vasconcelos.

Si bien las delegadas re|Kii taron condiciones más o menos favorables en

sus países, en la plenai ia encabezada |xn Carric Chapman Can ésta adujo que

los países de la América Hispana no .se encontraban preparados |ura el su­

fragio femenino, |K>r lo que sugirió que se lórmara un "Comité Internacional

Femenino" que procurara el progreso de la mujer, "haciémlola concierne de

tmios sus dt-lx-rcs". ya que "mejorando la condición de la mujer y del niño en

sus diversos aspectos sociales, el voto vendrá inevitablemente y a su licmi»". 58

Esic coinentai io mostró una aciiiiul |K>I demás condescendiente hacia las lati­

nas. a quintes no consideraban preparadas para alcau/ar derechos políticos.

y recomendaban que el sufragio debía ser otorgado gradualmente.

Por último, el Comité de b Liga Panamericana quedó constituido por

una presidenta honoraria, Carric Cliapinan Can. y una efectiva, Maud Wood

Park. w Algunas latinoamericanas fueron designadas viccpresideiuas: Esiher

Neira «le Cairo de Panamá, Elena Torres de México y Bei tha Linz de Brasil. 611

A instancias del Congreso se estableció, el "Centro Femenino de Infor­

mación" a fin de dar a conocer lo que las mujeres latinas |KHI¡JTI ofrecer

desde su hogar y con el objetivo de conformar una Liga Internacional de

sea el más alto I-X|H>IICMC de la solidaridad universal.'*

F.lísa Acuña y Rósete y María del Refugio González, cutre oirás, organÍ7a-

ron en la Ciudad de México, financiadas otra vez por el gobierno, el Pi i-

mer Congreso Feminista «le la Liga Panamericana de Mujeres del 20 al 30 de­

ntare de lllüS. para |mguar por derechos civilo y sociales. La mayoría de las

delegadas eran piofcsionisias provenientes de casi todos los estados de la

república, de Cuba y ele Estados Unidos y de organismos ¡iMernarionales. 1 "

clin, F.lvia Carrillo Puerto, de Yuratáu. y quien destararía por sus osadas

intervenciones, Sulla Carrasco, María Rentería de Me/a, representando al

Consejo Feminista, y Amóntela Rivas Mercado de Blair <|uien, ¡unto con

Klcna Landázuri, fungieron como traductoras. Sarah A. Iluck afirma que

asistieron 174 delegadas, de las cuales la mayoría vivía en la Ciudad de Méxi-

esiadounidcnses (Iluck. XOOla: 43). De estas, varias habían estado presentes

en Italtimnie y otras tamas participarían en 1925 en el Primer Congreso

lililí nat ionaldc Mujeres de la Ra/a. lo que significa que las feministas eran

un gni|X> compacto que asistía a discutir las cuestiones de las mujeres en

cada oportunidad que se les presentaba.

Los lemas se dividieron en cuatro grupos: económicos, políticos, socia­

les c internacionales. Desde el primer día emergió un conflicto que estaría

a las cuestiones relativas a la sexualidad y al amor libre que proponían las

yin atecas. UJS exposiciones sobre el nina aceptaban controlar la natalidad

oportuno para tcnei hijos .sanos y robustos. Por el otro lado, las yucatecas,

apoyadas por algunas delegadas, desarrollaron sus razonamientos desde la

niños con el fin de que un los .sorprendida la ignorancia. Para ello propu­

sieron analiza* dciallailamcnie el problema de la coeducación almgandn

"pniqltc desapaic/c.ui el sexo, ileliicnilose juntar desde pequeños a los ni-

la que levantó mayor discrepancia ciurc las delegadas lu

imisse considcr.ilia a la natalidad como una fundón biológica ineludible:

cando*! - la idea di- que las mujeres «rían capaces de participar en el ámbito

|Hil)lic<>. Con respecto ni conirol naial. tlvia Carrillo Puerto 05 arruínenlo

que el Collares» protegía al burgués, quien sí tenia el dcreclio de controlar

su natalidad sin que nadie se opusiera, en cambio, las mujeres pobres con

fueron agrámenle rebatidas en la discusión y el asunto se rechazó. Si bien

la convención parecía manifestarse en conir.1 de lestringir la familia de las

clases proletaiias, la solución que finalmente se propuso fue la alMiiicncia

sexual. I :< mayoría de las delegadas argüyó que el país no estaba preparado

¡>ara respaldar todavía estas propuestas.

visión en dos grupos claramente diferenciados, como lo a|iuiuó el perk>-

sta del dLirio El Vnivtnat. uno integrad» |wr mujeres |x:rlcnccicn(cs a or-

ii.iz.ldonis obreras o a ligas de resistencia femenina.';, que "ocupaf II¡I]II las

quicnlas de la Convención" y que querían discutir con libertad, lomando el

'rnpo <|ue hiera n o esarío con tal <lc llegar a resultados prácticos. Mientras

ie <:l otro grupo- formado IHII maestras de escuela, las delegaciones del

ingleso Feminista Mcxúano y de la Liga Panamericana, organizadora

|iiruiii:ii i

le las asociaciones norteamericanas, pedía evpouei de ma-

i.

■■ Mipi-iliii.il

v

'Iiiiri-n solo quino: minutos. 1 * Al verse restringí-

liiuii.il su presencia y MI |Kil:iln a. 1.a amena/a ile las yucatccAs de abandonar

l.is Msimirs ilm nsoli.iili. y si- les permitió continuar dcliatiendo sobre cues-

linue» 1:111

.uno el coniiol de la natalidad y la sexualidad.

Oti

..

tema que causó divisiones fue el <lcl sufragio femenino: por

un lado, se habló de la influencia morali/ailoia que las mujeres ejercían

.11 la sociedad al mostrarse limpias en su trabajo, capan-s de convencer a

el alcoholismo masculino, y por ello se insistía en que este (actor moializa-

dor debía (le ser ejercido en el Congreso legislativo/' 7 Este argumento lite

rebatido por Klvia Carrillo Puei lo. quien se declaró a favor del voto feme­

nino |>eto en contra de la participación di- las mujeres en la administración

pública. Para ella las mujeres debían de prepararse, y añadía: "que siendo

como es la mujer, por naturaleza más preparada para el bogar, solan.cn-

Hsta i <nin|K -ÍÍMI 1:111 (.errada del papel de las mujeres fin- objetada |mr Elena

quienes comentaron que en Kstados Unidos no se consideraba a las mujeres

como incapaces de |Kiriic¡par en política. Estas posturas con respecto al voto

persistirían hasta I9M. No obstante lo expresado |K>r Klvia, la delegación

yucaieca se pronunció porque las mujeres tuvieran los misinos del Celios que

Otro tema que resultó |K>léuu<:o fue el del divorcio, expuesto por Sofía

Villa de Bucmello. quien consideraba inmoral y sumamente perjudicial jura

la mujer y |>JI a la institución del matrimonio la libertad mu que cuentan los

hombres y de la que carecen las mi>|eres, ya que esto ¡K-I niiu'a que las cosas

no fueran parejas. Kilo hizo que solicitase una reforma social y legal.

Lis resoluciones que se miaron el último día buscaban igualar la con-

Es difícil saber si estas mujeres estaban realmente MHIWIII id.is .le que lo que decían era \i idad o si para algunos lemas solaincnic <M.II».III iuqili

mentando una láctica (Tuñón. 200Ü: 9-58)™ que les |xim¡iicia al( aii/ai lo

su entorno las desmarcaba de la mala prensa que cargaban por asumirse le-

ministas y atreverse a pedir mayor participación en el ámbito público. Acen­

tuar algunas diferencias paia exigir la igualdad se les presentaba (Cano.

1990: 306) como camino viable para alcanzar sus metas. Relacionaban su

mi ((uno cuidadoras del hogar y de la moralidad paia aigiimcntar que el

sufragio femenino serviría para apuntalar y consolidar al Estado pnsreralu-

cnHOnulffiuj.VIririiij

18 de julio de 1925, con el

mas sociales, económicos, educamos. de derecho civil, de derechos políticos,

llénales. internacionales. problemas morales, el divorcio como problema mo­

cil. derechos de los niños y derechos de la mujer. Como se |niede observar, las

temáticas eran múltiples c ¡iiicm.-ihan aban-: !a mayor parte del espectro

de vida y problemática de las mujeres, de allí que se convocan a toda señora

o SCI'IIII ¡la <im- mvici a huí-lía voluntad paia tomar parte en este Congreso.

Se inclinan las liases generales para la participación y se dalia a conocer el

:li> con el Píogrami del Connicj.

rigidez di- las instrucciones. Se inconformaron y los reclamos lograron la

modificación de muchos |>umos. Lejos estaban de prevor que el Congreso

enfrentaría en su imcrior problemas que acabarían con la oigani/ación <lc

muchos grupos y asociaciones, y abrirían la posibilidad de plamcar rao-

mendaciones en favor de las mujeres, muí lias de las cuales serían la bandera

María Canales, tima Arizmcndi,<|iiien fungia i \c< 1n.111.1 I;I n

Ll Liga, no asistió Desde la inauguración se ilrluu-.ii.ni al ij-.ti.il un

reuniones anteriores- dos |>osiuras que se dcsi ubi irían inmnn i

"las izquierdas radicales y la.s derechas moderadas", MIÍMII.US que a |

de sus iniegrames serian renombradas tomó r las de allá enfrente". ■■

listas, y el grupo "nosotras". Esto <la cuenta (Ir las pugnas y los desai

ÍM:II .MIS derechos. Decía que el

ii|ik;¡<> r interesante: "en México.

la igualdad, exaltaba los valores de la libertad ¡

alcanzar )■ si: juzgaba que procurar el desenvolvimiento di: las capacidades

(emeninas en beneficio de la sociedad resultaba aniinaiural, por lo lamo

v| feminismo será indiscutible c inatacable, si no se empeña en dejar de ser

reineiiino: o en otras palabras, si quisiera crear, no remedos ik: hombres,

sino mujeres superiores".'*

El 15 de julio, al malograrse el Congreso, el mismo diaiio manifestaba

que ello significaba una derruía para el feminismo y i|uc la reunión había

fallado debido a que las mujeres habían querido rivalizar con los hombres,

|Wi lo que "el Congreso fue |

...|

una caricatura ilc cualquier Cámara de

Diputados, más o mciuis superficial y escandalosa"/'- 1

el caso del diretloi de una escuela ile|xi)dienie de la Univ<:rsidad qm: t eso

a 8 profesoras universitarias con el pretexto de que "probado estaba la infe-

l'ei su pane, María del Refugio García, a quien se señalaba como la líder lil­

las izquierdas —y que había asistido a todas las reuniones desde 1919— se

refirió a la educación de los indígenas y a la lalior realizada por Vasconce­

los. También estaban Antonia Ursña. delegada de salubridad,'" María Luisa

Ross, representante cultural de México en F.spaña y que venía por Carmen

Burgos. Elvia Canillo Puerto, Fidelia Brindis, Florimla La/os León. M.u 1.1

Sandoval de Zarco, Rosa Narváez y Adela Formoso, delegada di- la IIII|IH'M.I

de señoritas "Hayden Becilioven". Tollas ellas mujeres imporianics en MIS

joras para su género.

Las discusiones más álgidas se volvieron a dar alrededor de lemas como

la moral, la decencia, la higiene doméstica, la maternidad y oíros que nlos

liaban una attiuid condescendiente hacia las mujeres pobres: las jerarquías

eran claramente patentes entre los bloques formados de derechas e izquier­

das. es decir. burguesas y obreristas. Los derechos políticos no aparecei ian

en los débales sin» liasia el final. De ahí que las diferencias de opinión

surgieran a cada momento, como las suscitadas el 9 de julio entre María del

Refugio Gaitía y Sofía Villa de Buentello acerca de si los problemas socia­

les eran producid de la moral del man imonio o del problema económico.

O las del 12 de julio, en donde se propuso pedir al presidente Calles que

cesaia a los elementos reaccionarios que aún quedaban en la administra­

ción pública, especialmente fu el ramo educativo."' I j controversia resultó

mu) ¡ntcicsamu ya que incluyó aspectos como el cu-do religioso v político

de las profesoras y de las empleadas públicas, moiivando que las delcgailas

<•piuai.ui sobre lo que significaba la separación de personas en razón de sus

h colaban y las IHISIIII.IV se lucían mis divcrgenics, la desintegración estaba

¡molíanles la prensa se burlara de las mujeres, alegando que si ellas no esta-

¡ligo 12 de julio la presidenta Sofía Villa de Buentello, sin e.slar

el programa, declaró clausurado el Congreso. Las delegadas de

a ello eligieron una nueva mesa directiva e iniciaron la discusión

erechos políticos de las mujeres. Kl congreso resolvió que para

r< ur y Cliina. irmai a ilclMir cu el C. de mujcics'. en FJ (/nrume/. 12 de julio

y IIIIII:II <li- vil país, debi:i otorgárseles el derecho a volar y a ser designadas

|i.n.i ■« upar aquellos puestos de la administración pública que (estuviesen!

en consonancia con sus actividades y su condición de mujer". 1 " Proponían

i|iie tenias las organizaciones femeninas capacitaran a las mujeres para que

pudieran hacer buen uso de sus derechos. La lica discusión que se dio al­

rededor de los derechos |>olm<:os muestra cómo las delegadas entendían

la cuesiión de la diferencia de los sexos: Kosaura Sansoirs aducía que en

México no había voto universal por causa del analfabetismo y que no había

partidos políticos de principios, por lo cual sería bueno también restringir

que se les dieran deiechos políticos a las mujeres. |Mi.i M- las cximu-ia di­

que también había que otorgárselos a las uiu|cres.

 

La piensa criticaba la búsqueda de igualdad entre: hombres v mujeres.

arguyendo que el liininisuio debía precx uparse por liberar a las mujeres de

la tutela del liombie en «:i

de uiasculinizailas y "esforzarse en ..

/udarl.i

a

desenvolver sus facultades sobre el plano de su propia feminidad. O en otras

empeñarse en fui jar marimachos". 5 ' Estos juicios son los esgrimidos pan

descalificar a las mujeres que han buscado participar en el ámbito público en

igualdad de condiciones que los varones. 1.1 difiiencia entre los géneros se

hace más notoria cuando las mujeres transgreden la not matividad vigente.

Cada bloque manejaba a sus huestes en las votaciones y los puntos de

acuerdo difícilmente se alcanzaban; había rotes hasta por quiénes fungi­

rían como presidentas de dcbai'-s y en varias ocasiones, para presionar, al-

en voz de francisca I

..

de Caras, respondían que "la mujer lime criterio

propio y no es maniquí de los hombres"." 5

Lis oradoras exhortaban a ayudar a las mujeres pobres, a las indígenas

y .1 los niños. K.spcraban moralizar a la sociedad mediante la formación de

comités femeninos y de sociedades de beneficencia. Demandaban educa­

ción física, moral e intelectual pata todos. Se habló incluso de socializar la

riqueza, lema que provocó múltiples controversias. Una cuestión que tam­

bién cansí) recelo fue la propuesta de las cnlrcuiistas de enviar un mensaje

de adhesión al presídeme Calles por su política obrera, agraria e internacio­

nal. 8 * Se discutió en torno de la religión y ile la política, mostrando de qué

lado estaba catla una de las congresistas y qué pensaba. También se aroidó

protestar poi los asesinatos de mujeres y niños manoquírs: enviar una feli­

citación al gobierno chino |HH el esfuerzo de arrojar el capital extranjero de

su leí ruin ¡n v ni ha/ai l.i

im

isiiin de Ksiados Unidos a Santo Domingo. I .a

I

.1.1 MI-

I.i | ui ii- ilr

I.ISSI-N

es los ;M líenlos aprol>ados fueron de

El Consejo Feminista Mexicano Im- un organismo que permitió a las mu

jeres que lo conformaron participar en la política mexicana dr la primera

"-tJiuicmrM^udacilici-riiicnelCnií.Kirto" en üt.'niínwi. Iiiitr riliml'' rrar».

^'Mainjcci^yCliinairnwsadclMircnclOnj'ii'wnli- MIIJIJIV.Í-I! IJtl>tn"tvil. 12de

«Ir l.i década de los años vciiuc. Sus integrantes fueron mujeres con

lis y extendidas icdcsMuíales que pericntrcían a una parle di- la élite

.1 (<in la que compartían una culiuia mental, puntos de vista y pers­

as de lo que el |>aís necesitaba. Su participación y las relaciones que

aron permitieron que el gru|x> actuara al lado de mujeres interesadas

nseguir no sólo derechos como el sufragio. sino también reconoci-

o en lamo ciudadanas con plenos derechos.

o premisas miusnan el pensainieuio femenino de aquella época y su

para que las mujeres pudieran votar.

La manera en que durante este periodo las mujeres circularon dirimo

del país y cu <:l extranjero, nos |H-rmiic conocer su manera de pensar con

respecto al sufragio y a la ciudadanía. Las discusiones en las que intei vi­

nieron muestran el nivel de conciencia que fueron adquiriendo a través

de las reuniones en que participaron. Durante estos años fueron prácii-

muchas de las fundadoras del Consejo aparecen lidcraudo las facciones

que se conformaron y seguirán apareciendo en los años venideros. Llama

la atención la necesidad de vincularse con las norteamericanas y formar

un frente común. El panamericanismo, en ese sentido, les permitió res­

guardarse de la exclusión de la ciudadanía y bajo su amparo pudieron

niaiiiiilnai en la búsqueda de sus demandas y en la reafíruiación de su

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F.L FRENTE ÚNIC O PRO DERECHOS DK LA MUJER

DURANTE ELCARDENISMO 1

i:¡ón acería de b ludia de l:i mujer. asi como su canarklad ele movilización

En el primer congreso, celebrado en octubre de líl.tl con la presencia del

delegadas, se desarrolló una agí ¡a polémica cmrc anillas cómeme» en mi­

no a la posible conformación de grupos autónomo 1 , de mujcies.

Desde los temas de las ponencias presentadas las difcrcncxis entre las mu­

jeres comunistas y ]ienerristas (del ofical Partido Nacional Rorolucioiíai ¡o.

mu) fueran evidentes, ya e|iic mientras las primeras presentaron traliajos

acerca de la situación de las mujeres obreras y campesinas con propuestas

concretas de resolución, las segundas sometieron a discusión principalmen­

te los lemas relativos al sufragio Temenino y a la necesidad de coniar con

una organización exclusiva ile mujeres. Ksie último planteamiento fue

Lie propone Li licenci.iíla y drlcgada ehiapaneca Ro­

bólo ;ipo>-n h dirrrtiva de la asamblea y una* tuaiiMs

jiirenralto-a ¡a profesora revolucionaria micltoarana

«fertra Gardunu, 1» «ñora Micltcl y la maynría dr hs

na labor de convencimiento dr las mujeres demro de

■*r\u!.i<lí*s ame el conglonu-rado social (fci ¿AMIVTW/

„„Oobjel,V„s;

■I trabajador. w> resuelve los pnihlrinas <lc la mujer. Necesitamos aso-

:

II.I Mii

lii-l.

.II|-IIIIU-III:II>¡III que "el elemento 'bombie' un puede

ii MI.IIM- III luí ni.i .■IJ-.IIIM de la ¡u'i'ión de la mujer en favor de sus pfjs-

r. IIIIMII'S" \ i|iii- ■ -xiste la ríase femenil, lo que hay .son dos bandos:

s-

(/■;/ iWiv//

.

.1 de octubre de I9SI).

i-, ililnnii I.IS i II el <imi>reso llegaron

a su máxima expresión y ■'Ja

ili.1 «■ iinlvr aicinágnum de gritos y de mociones yaclaraeip-

  • ii ii.iilii- i'iiiii'iide: la directiva liare i-sfuer/os por dominar aquel mar

.|

..

nl.i

de pasiones" (£wrYííor. 7 <le octubre de 1931) y ademes de la

iil.nl l'iilil» .1 detienen a 15 comunistas acusadas de lámar gritos sqb-

versivos •-■■ coima del gobici no. Finalmente, el congreso aprobó la creación

ilc la Gmledciación Femenil Mexicana, pero con una modificación sustan­

cial que nos habla cié la correlación de fuerzas dentro del movimiento. La

iniciativa igüedo redactada en los siguiente, términos:

Humánenle. comisión que, siendo u I11.11L1 en votación nominal, tenia la

función de implciiieiii?! las conclusiones finales, mantener el rumano mi;

las distintas agrupaciones femeninas y organizar el siguiente congreso. En

esta ocasióny bajo la acusación de fraude en la votación, las penen istas aban­

donaron el congreso y existieron de lacio dos Comisiones Permanentes.

Durante los trabajos del Congreso contra la Prostitución que se realizó

en la Ciudad de México en junio de 1934, quedó constatado que las mujeres

comunistas tenían un lugar ganado en el movimiento de mujeres. En esa

ocasión, recuerda Adelina Zendejas. se planteaba "que se tratara muy bien

a las señoras, que se les dieran horarios de servicios, ncéieía. Allí irrumpi­

mos francamente las mujeres de izquierda" y de mu-va cuenta las penerristas

akmdonaron el local conformando un doble congreso.

F.n este contexto, las dos Comisiones Permanentes convocaron al lercer

Congreso Nacional de Obri-nu y Caui|>csinas, ipie se realizó en septiembre

(le 1934 con más de 200 delegadas de anillos grupos. I

..i

discusión más agria

prepararía el cuarto congreso, pero, iras difíciles discusiones, esta voz *.

logró establecer una nueva y distinta instancia de dirección. 1.a (.'omisión

Permanente del lercci congreso adquirió, por primera in, un carácter mix­

to i! quedar formada por mujeres peiicrristas y comunistas.

Esta nueva fórmula de creación de Comisiones Mixtas, inaugurada para

el movimiento de mujeres en 1031. respondía cxpi «saínente a la necesidad

de equilibrar las corrientes existentes en el congreso y a la necesidad pro­

gramática de hacer colaborar a las diferenua fucrcas en las instancias or­

ganizativas y de dilección del movimiento; necesidad que el cardeuisnio

IHTÍIMIO precedente y el tipo de relaciones establecidas entre los dos g

>s priiK ipiles del mismo: las IUII|<MS comunistas y las mujeres penen ist

le toque del misil

(I92t)-I!>3'¿) y su campaña presidencial, el impórtame papel que. desde I;

óptica estatal, jugarían las mujeres como promotoras sociales y agentes de

desarrollo nacional. Con este carácter las incorporó a los comités de luch;

antialcohólica y al proveció de la educación socialista. En esta última ¡ni

cultiva, no sólo a|ieló a ellas como miembros del magisterio, donde dicrr

sea de pa»o contaban desde el obregonismo con una importante presenck

educativa desde el hogar.

De esta manirá se recomendaba que "a la mujer mexicana de hogar

humilde, del campo y del taller, debe interesarle la educación socialista (ya

que] si «Ha «s 'a responsable del futuro di- sus hijos ;va a darles una coneep-

riem ¡a)' la técnica resuelven todas las dudas y los problemas?" (Luna.l93(>:

15) y el contenido mismo del proyecto socializante de la educación aseve­

raba <]uc ésta tenia como objetivo "integrar a la mujer a la vida nacional (y

que) desde la escuela se empezaría a lograr la igualdad entre hombres y

mujeres" (LI-I ner 1973:98).

 

L*. mujeres del tm

avalaron

esta

¡dea y.

si

bien

l

s.:u.,u

i

.imiile

a la reforma educativa asocios relacionados ton la situación especili, .1 de

el socialismo como mejor ¡c pareciera"TT:crnri.l97!l: ,H2) pmv,,

...

la violen

.ración de las Clases Medias que agrupaban en sus bases a muchas mujeres

Las acciones dt: estos gru|H» motivaron la rápida respuesta di: las mu je-

de apoyo a la reforma educativa. A raíz de estas, Luis I. Rodríguez, a la sazón

presidente del Bloque Nacional Revolucionario de la Cámara y secretario

innicular de Cárdenas, declaró "que la mujer no e.slá totalmente con el

bando de la reacción ni con el grupo manejado por el clero y los enemigos

de la «evolución" (FJ Unumei. 11 de septiembre de 1931). y las mujeres

invitaron al presidente electo Cárdenas a inaugurar el Congreso Nacional

Femenino que tendría lugar en noviembre de 1934.

F.u este congreso, si bien el eje aglutinador fue la defensa de la edu­

cación socialista y el combate a las prácticas fanáticas de las mujeres del

pueblo, resalta el hecho de que estuvieran presentes ya varias demandas

ile corte popular y democrático con énliisis en la mujer, así como la inicia­

tiva de formar un "frente único" del magisterio y pugnar por los derechos

femeninos. Cabe destacar lo anterior en la medida cu <|uc nos muestra que

las mujeres del partido oficial compartían ya una gian identificación con la

política de masas cardenista. tina disposición a con formar organismos fren-

lisias y un claro interés |xir incidir y modificar aspectos de- la condición de

mismo IHTI iodo y hasta mediados de 1935. Tara estas, acordes con la |>osi-

Í ¡un del Partido Comunista de México (roí), lamo la educación socialista

«iinii el Plan Sexenal mi eran más que "maniobras para distraer a las masas

de sus verdaderos problemas", por lo que Ixs (alineaban de medidas "fascis-

fil). Aún en 1935. año de K i andes conflictos sindicales y de la pugna Calles-

Cárdenas, el WJI actuó bajo la consigna de "ni con Cárdenas ni con Calles;

con las masas i aidenistas" y. ante la iniciativa del i'Nit de otorgar el roto a la

mujer en los plebiscitos internos del partido, declaraba:

anquí) para elegir los funrínnari

en miembros de esr parlido

l.

.I

iún del pan ido de nuestros explt

as demandas económicas y políiic

Sin embargo, a pariír de 193:*» y a raíz de la realización del Vil Congreso

del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se decidió combatir al

fascismo y conformar frentes amplios en cada país con base en alianzas con

los gobiernos democráticos. el rat adopta las directrices del congreso y nio-

personalidades femeninas que habían luchado cu bandos contrarios y que no

arc|H.lball íntegros h» pululado» del l'ai tirio (la Voz de Mtxtio. 7 de septiem­

bre de 19.15).

Con csie viraje radical las mi

- y preparar el congreso del que saldría la organización minaría de I:

íes: el Kmilc Único Pro-Derechos de la Mujer (ricnM). al tiempo qu

iban legitimáis? dentro de sus propii» iuMiluios |M>líliios. Esta íiltini

congreso del que saldría el

la mujer fTuñói!. 1984a).

Kl Fíente Único Pro Derechos de la Mujer (FICPOM) surgió el 28 de agos­

to de

1933 a partir de una serie de consullas entre mujeres de distintos

sectores soi ¡ales y opciones poliiicas. La prensa de la é|>oca rc|ioria que,

«uno buen fieme amplio, a la constitución del tumki "asistían mujeres rc-

pi «ornando a los diversos sectoics de la sociedad, y asi pudimos wr sentada

t humad. XII <(c agosto de

IM5)

y que "en el

igreso se encontraban re­

unidas comunistas, Icminislas de i/quierda y de derecha, simples HlK.-i.iles,

católicas y del sector íemenino de! r-NK, callistas y cardenistas" (El Maclittt,

empleadas, obreras, maestras y mujeres poln es organizadas en comités.

4 000 mujeres en la capital y 2 000 en provincia, y que la filial uiexicam

la Unión de Mujeres Americanas k»u], siendo una de las 56 orga.wa

nes existentes iii América latina y cuyo Consejo Consultivo Intern.icii

residía en Nueva York, contaba emir sus tilas a la Liga Orientadora d

Mujer (dirigida por t'lvij Carrillo Puerto), a la Liga Nacional Fcininisl

su vez con Ifi organizaciones en provincia) y al Frcnir í'nico de Mu¡<

Mexicanas (en el que destacaba F.lvia Trueba) (Excilsior, 2 de abril de I!

mUnwmal. Id - mayo de 11137).

DEMANDAS. FSTRUCrURA VMOV

La plataforma |Mililica del Furo», planteaba:

i mujer; 4.- |ior lajornada de 8 hutas; 5.- poi eI SequíoSocial a c

mercados; 7.- por la rebaja de la renta de las e.isas-habitación; *.• por la igualdad

social y polilira de los indígenas y campesinos: !».- contra todos k» monopolios

sean uc nacionales o extranjeros: 10.- por la liberación de México de la opre­

sión imperial. particularmente del imperialismo yanqui: 11.* por la lucha abierta

 

Si bien este programa incoipotaba IIHKII.IMII

l.i-, .1.

.1.

I

...

.1,.

timos organismos femeninos regiouali w v MI mi i.di s. IIUHI.IIII

n.il

.i.

representaba la adopción <lcl programa drl liime \tnpln. p

..i

(I.MI.

.1.

I.i.

mujeres. Asi. en octubre de 1935 «I FUH>U se piimim. iali

..

...

m ..,

I

».i

sión italiana a Etiopia y, en el marco nacional, anuida .1." HHI» MI apoyo .<■

recién creado Comité Nacional de Defensa Proletaria ¡u uiln-inln en masa

a sus mítines y colalKuando tanto en la movilización ii.uioii.il mino ni l.i

preparación de la decretada huelga general.

De hedió, de las 19 tlemandas del programa del FHPDM, solamente seis

estaban referidas a buscar el mejoramiento de los ámbitos lalioralcs y tle sa­

lud de las mujeres. mientras que el resto pueden calificarse exclusivamente

como demandas democráticas: contra el ini|>erialisiuo. contra el fascismo,

contra la carestía, por el reparto agrario, el Seguro Social y la jornada de

<M lio horas; y únicamente la demanda del derecho al voto se puede conside­

rar especílica de y para las mujeres.

Durante 1936, el FUWM despliega una gran actividad en

torno a las

múltiples demandas de su programa y vive la etapa de su mayor crecimiento.

in uxlii el país surgen filiales donde "se ¡muquirán campesinas. obreras

le lodos los sindícalos, pequeñas comen ¡antes, mecanógrafa.», despacha-

loras y telegrafistas, intelectuales, periodistas, profesionistas y sobre iodo,

ii.iislr.iN rurales que tienen un |>apel muy impórtame como organizadoras"

K.ix.i>ii.l!i7!>: HM).

 
 

Aunque rvias lililíes asumían el programa político general del Furo».

i

I.IIMII v Inflaban arraigo ¡Kipular mientras demandaban solucio-

ii ■.

i

|.i

l,l.

III.IS

-IIIN de

las mujeres de su región. Así, por ejemplo,

.

di I

ii II.M ■ n

Vnai ni/. Milii'iíalxi a Cárdenas ayuda

para lograr el

■i

i'i

de

l.e. nnuisiilili\ y en especial del carbón; y el

FUPDM de

 

que colalKiiaban con el sindícalo

m I. (unía Reguladora de Piecios.

convenido en dirigentes por el ic-spcio y el reconocimiento a su razón y a su

lógka ( ...I

Había mucha» maestras rurales. de origen campesino, que eran las

dirigentes de las Ligas Agrarias en los estados. Los núcleos de las Ligas estaban

en las cabeceras municipales vejkialcs pero radiaban alrededor, y luovili/aríón

quería decir que la I .iga movía no sólo a las mujeres que eslabau en lisias, sino

 

ar. Que lo que interesaba er

OM.de la<aw |

...]

(Tunó». IfWHa).

la rapacidad de

lamo que frenie amplio.

tanda. Adelina Zendcjas recuerda:

 

. Había mujeres del sector obrero, mujeres de organizaciones campesi-

: n;is, que estallan afiliadas al

PMt o al r<*:,

pero que

a

ti vez eran

activistas

del ruiuM (

...|

Nosotras, todas, formábamos parte de las c<ini¡siones feme-

; niles sindicales o políticas. Vo, |Xir ejemplo, era dirígeme del .Sindicato de

Maestros y a la vez diligente en niveles medios del FUPDM. Por ejemplo, a

mí nie mandaba el Sindicato de Maestros a una acción sindical, me iba yo

a meter con las mujeres: el periódico me maliciaba a reporscar, me iba yo a

meter ion las mujeres |

...|

(Timón, 1984a).

Debido al imporiaiite número de maestras comunistas que participaban

en él. la mayoría en el Frente la deieni.ilia indiscutiblemente el «:«. Sin

embargo, la presencia de mujeres agí upadas en organizaciones católicas

) logias masónicas no resultaba desdeñable. Ksias. que en su gran mayoría

biilo a que. como dice Adelina Zcmlejjs: T.l programa de luí lia era iiinv

concreto y Un amplio que importaba a todas: ;quicn iba .1 estar en n.iuia

de la luí lia por abaratar la mía. emitía la instalación de MI vino- nii-iluo

asiste riciales que le dieran atención a la maternidad. contra el pi ¡ni ¡pió <!■

a trabajo igual s^il.it io igual!' fso importaba a todas: católicas, protestantes.

comunistas" (Tiuión. 1981a).

era compartida por mujeres penerristas y comunistas, en su funcionamien­

to cotidiano ésta reproducía el carácter flexible que tenía el mismo Krente.

Existía una mesa directiva, que más bien era una coordinadora, presidi­

da por la secretaria general del nipnM. Refugio García, quien era fundado

Zendcjas:

muy resillada por los generales revolucionarios. Mújfca. Treviño. Hgucroa.

I.evva y Cárdenas la respetaban inuclio. Fr.i una mujer de intuición y claridad

extraordinaria. Era una gran organizadora. Llega al Frente Onko |K)r derecho

propio y porque el pariido (re»i) no podía acudir a ninguna otra mujer que

tuviera la autoridad y el prestigio de ella, a pesar de que en el grupo que había-

que unificara a indas, «lámeme Refugio García (García, 1476:22).

Kl hecho de que Cuca García detentara el principal puesto directivo

del FUruu, antes que referimos di? manera inmediata a la hegemonía co­

munista nos habla de la necesidad de riue lina mtijc. de amplio consen»

dirigiera la organización unitaria. Como condición indispensable para la

supervivencia y crecimiento del Frente, la misma Cuca García < ornaba con

la existencia <lc un grti|>o de dirección no formal que asumía el iraliajo or­

ganizativo y mu: funcionaba como puente natural con los grupos de base.

Adelina /.endejas recuerda:

lias: Graciela Ainadui, rx-mv. Rosa Rmilia Aparicio. Consuelo Uianga (topo­

sa de Valentín Campa) y Esther Chapa, roí. Margarita lozano Garza, muy

católica perú también progresóla: Soledad Orozco, nn; Laura Metdiú. ex

P.M y muy inasona igual <|iie Muía Eliaina Rocha: Matilde Rodríguez Cabo.

(Timón. l'JMa).

Este tipo de estructura organizativa y de funcionamiento interno permi­

te comprender tanto la coexistencia dentro del Frente de distintas concep­

ciones acerca de la situación y lucha de las mujeres como, por esta misma

coexistencia, el auge en la organización y movilización logrado por el m-

PDM durante el periodo.

Como parte de las actividades desarrolladas por el FIIPUM durante 1936,

destaca la creación, en enero de ese año, del Consejo Nacional del Sufragio

Kiiiiiiiiiio)' el festejo del D de Mar/o, Día Inicruacional de la Mujer. Asinm-

,,■•>. iliii.uifir este año, lasfiliales de l FUPDM y las organizaciones sectoriales

y ngioiíalcs «le mujeres siguieron trabajando en lomo a los problemas más

«•millos i:n cada región, logrando conjuntar las demandas de carácter gene-

,;,l .mi las <:.\|>ccificain<'ntc femeninas. Este tipo de trabajo atrajo el interés

de la gestión estatal y del misino IVN, lo que se expresó en diversas declara­

ciones y en Lis medidas de reorganización partidaria que el partirlo oliiial

implemento, desde 1935. para atender al trabajo de y para las mujeres.

Con relación a las declaraciones, destacan aquellas en las que el Comi­

té Fjer.ulivo Nacional del rom se refería a la demanda del sufragio en los

intervendrá con su cooperación intensa en los prtiblc masili-l p.uV. |«n> c.s-i

será en el ful uro,

un rumio que las actividades edui ai iuiiales del es» pn>

cuian acercar hasta el limite de lo más posible" (,\(;N. Kondn I.á/aio ( :iide

acerca de la problemática de la miijei: "La imijei mexicana cu la ludia MI

(10 0UO ejemplares).

Por MI parte, el llamado Sector Femenil del tsx cambió su denomina­

ción por el de Acción femenina y este cambio significó que "|

..J

el

PNK

incorporó en su Comité Ejecutivo la Secretaria de Acción Femenina y se

crcaion secretarias de acción femenina en cada siib-couiiic del partido"

(AGN. Fondo üi/aro Cárdenas, expediente 544.61/fó). Kl ?NB también pro-

que en muchos casm mini idicron con las. Guales del FIJPUM en provincia.

tal como lo mucstiaii lus casos Cuerrcro, Veijcruz y Yucatán, entre otros.

Kl ViUtl. I|l IINIMI (•NMI.l'CIIAnElASMUJtüFS

La estrecha relai ion de l.is uiincics Hii,;aui/.ailas con el régimen cardenista.

que llegó a liam c|

I |H.I|M.UII.I de IMC M- .isiimieta romo el suyo propio,

tuvo una rc|wii iisiiiu dublé en la luí b.i v oig.iui/ación de aquéllas. Por un

lado, esta relación posibilito ■|MI- l.e. iuii|eies del nini*i se vincularan a la

parolen». colonos y otros sectores, ron !o i|nc incorporaron a sus lilas :i mi

IIIITUM» grupos de mujei es del pueblo; pa c por 01 ro lado, esta misma reía

i iiiii |MII la que el Lstado se comprometió fáctiiuiiicnte a dar cauce, legal a I

demanda del sufi.i^io femenino. logió desviar la ateni ion del movimieiio

u del ric

nlo de mujeres logró un espectacular

u' en

el

FUFDM se agrupaban más de

10.1979: 94. Ma< ías.1982: 142). y rini-

>, declarando que: "Fu el tiem|K>

laminen el Consejo Nacional del Sufragio Fenien

milite, Kaas campañas electorales son un claro c

concreta del Frente Amplio, ya que muestran el

distintas fuerzas y sectores sociales podían comproi

procesos. Asi, "en el comité directivo de la campa

estaban presentes representantes de las más ciu ni

politiras. El presidente vel secretario'eran miembn

tua" (Aíiymj, 30 de septiembre de 1937)

KsUi coyuntura sigiiilir» para el movimiento di: mujeres [aune en un

ámbito nuevo ele lucha que implicaba profundizar y afinar las alianzas con

sectores y grupos dominantes a nivel nacional. Soledad Orozco recuerda

que las mujeres sufrían

de escupitajos" (Garcia.l9"(>: 42).

ras del Estado en (invenciones internas" (Kaaún.197!!: I Mi. |M I,. I;,N ,.„,,,

res la rechazaron. La prensa de la é|HK:a se convinió en una dir l.is n ¡huuas

mis importantes, junto con los mítines y manifestaciones, desde donde las

mujeres y sus aliados rechazaban la modalidad impuesta del voto rcsi riel ivn.

Por fin. el 27 de a K o>to de 1937 lograron una respuesta concreta a su (lemán-

Tras estas declaraciones numerosos grupos políticos, sindicales y de

mujeres, tamo a nivel nacional como internacional, saludaron la medida

de Ordenas y manifestaron su júbilo por el supuesto logro del VOTO. El 23 de

diciembre de 1937 declararon en desplegado público: "Ante la nación mexi-

rana, las mujeres organizadas declaramos, pictóricas de gozo y conocedoras

ni el cs< cnai in de la política y en el transcurso de unas cuantas lloras, pasa-

s ; , sei < iudadanas- (Ríos, s/f:

160).

Queda claro que la postura gillK.Tiiamcm.il pretendía dar cauce al des-

mas. a partir de este momento, demostraron su disposición a colaborar con

el Estado en cuanta acción |X>litica emprendiera éste: la solidaridad con la

República Española, la lucha ani ¡fascista y |K>r la paz. la expropiación |K'tro-

tarea de organizar a ta.s mujeres en las distintas instancias sectoriales.

De esta forma, a raíz de la propuesta de modificar ion constitucional que

le daría el voto a las mujeres, sectores importantes de éstas se convirtieron

en términos prácticos, en propagandistas del proyecto político del réepincr

ven sus aliadas. Sin embargo. "los días; los meses pasaban, sin que la Cama

■ a Baja hiciera la declaratoria de rigor, autorizando a la mujer para figura

como ele-cloras y < andidatas a los puestos de elección popular. Parecía i|u

las promesas tenían un cauce: el papcleol

...

]'

(Ríos, s/f: I7J). Efcciivamcnn

los trámiics necesarios en torno al decreto de ley que otorgaba ciudadani

a la mujer se concluyeron, pero su publicación en el Diario Oficial, con

que las mujeres jHKlrían ejercer su derecho al roto, se pospuso consiant

las mujeres íbamos a volar por monseñor Luis Ma. Martínez, que era el ob

|HI de la c|mca. I a verdad fue ésta. t.os hombres decían, vienen las inujci

y nos van a hacer a un lado a dos o tres o cuatro, y además, ya con la lucí

política de ellas, pues nos van a pegar muy duro y ya no ramos a pm

hacer de las nuestras y máxime que conocían la calidad de las mujeres c

integrábamos el HIPDM, porque todas, desde el aína de casa, eramos mt

IÜXIII).

que rsiiilm lomando la da echa conira ¿I" (Tuñón. 1984a), y Concha Michcl

señala: "CJiulcnas sabía que la.s mujeres estaban muy controladas \x>r el cle­

ro y decía: si liciten el «no. entonces nos ganan poique van a ICIMT mayoría,

por eso no lo dio" (Timón. 1981c).

TtNOEHCIAS V CnMMFNTES nEI. MOVIMIENTO

Aunque el movimiento de mujeres intuía las razones de la tardanza de la

publicación del decreto, en este periodo de es|wra vivió una intensa lucha

político-ideológica en su seno. Si durante la etapa de crecimiento acelerado

del iuiT)!.i podíamos ubicar un sector de mujeres que planteaba un feminis­

mo moderado o conservador y otro que sostenía la tesis de un feminismo

avanzado o socialista, a partir de la iniciativa presidencial de otorgar el voto

a la mujer identificamos un reajuste en la composición de esias (tier/as.

A panir de: 1937. dentro del IVPOM y del movimirnio femenino existía

un sector rute llamaba a centrar la lucha de las mujeres en la detnanda del

Milu. niiiMilii.íiiriula un medio indispensable para pugnar por el resto de

l.iv demandas plasmadas en su programa; y otro. i|uc cuestionaba la función

v iln .11 i.i ilil mío /<«■ wy que pretendía seguir construyendo un amplio mo-

La propuesta comal que «laboran es. «monees, construir una sociedad

sin clases en la que se rccu|x:r<- d <:<|uil¡hno natural eliminando el patriar­

cado \ logrando que las actividades de los distintos sexos se organicen ton

Base en un carácter diferencial y complementario. Con estas ideas básicas.

el grupo de mujeres aglutinado en tomo a Juana Gutiérrez de Mendoza y a

Concha Michcl enfrenta y discute, cu sus pumos nodales, la posición de la

mayoría de las mujeres di-I rtiproi con respecto a la lucha femenina y se opo­

nen a la simple consideración de la mujer, en tanto que trabajadora, como

pai te de la clase explotada:

Así, rechazan beligerantcmc-nlc la practica soviética de incorporar in­

discriminada e ¡ndilcrenciadaiuc-uic a la mujer al trabajo productivo y a

que ésta incorporación aparezca, precisamente, como logro «I»: la lilwración

femenina. Se oponen también a la concesión de la revolución por "priori­

dades", pues sostienen que "hay que ciucndrí que un problema social con

ro no se puede resolver |x>r partes. es decir, no «

ai al mismo tiempo que las reivindicaciones del ini.

r de subsistencias, las reivindica! iones de la mujer

inanidad" (Michel.1938: 84): y son contrarias a la

pone la liberación de la mujer al triunfo de la revo-

indo en cambio la necesidad de itnpletnentarla cu

(I.II.I I,. MMilnii/.n MNJ.II" (MiiIMI.IWH: <J|), proponen su organización au- II'IIIIIIII.I. y.i i|iie sostienen <|tie la mujer es a la lucha contra el patriarcado, lo

que la clase trabajadora es a la lucha anticapitalista. Sin embargo, asumen

también como piopia la lucha contra el sistema de explotación social, plan-

tirando la necesidad de que la lucha de las mujcics se articule con la del

Como recuerda Concha Michel. el punto central de discusión entre ellas

V las mujeres comunistas y penen-islas residía precisamente en el doble ca

tai ter de la lucha de las mujeres, que tendría que dcsaiTollarse atendiende

República Femenina y del Instituto Kevolui ionario Femenino eran < onside

tadas como "feministas que luchaban contra el hombre", tsias "(estaban

acercando a mujeres inteligentes del KM. como Consuelo Uranga, que er

la mujer de Campa y que fue ella la que Ibrmó a sus hijas y la que lo liiz 1

lodo |Hirque Campa diario estaba preso: a Cuca García que era muy intt

ligóme y que se acercó a Doña Juana y le concedió toda la razón. laieg

|iorque vio que allí no trataban a las mujeres como debían, las UIÜÍUIIKI

sexualmentc y en consignas" (limón, 1984c).

Sin embargo, resulta claro que tanto por la historia de la lucha de I

mujeres en el país —que había contado siempre ron el a|»iyo ile km |HIIÍI¡C

avanzados de cada época— como por la coyuntura colineta de li is líenles ai

en el movimiento amplio de niujrics. AAlin.i /inil.|.is m uenl.i el lepmli

queklSinétodosde lucha piopuc.MoS|>oi laMlllljeieMlelliiMllilln|Hiiwir.ilia:

,n la mayoría de las mujeres A-I HIH>M:

Mujo es cpie estaba en Ducarcli lí >• allí imiini i jincha, la esposa <ic Koscnd

Satazar (Sara Oodincí) y su Mirgra. Nosotras haliiamos recorrido inda la repí

lar. la p.i/. la iiidcprnn'ciicia de la palria

.1

que li>gi.imo> si no hubiéramos lenklo el a|xr

«participar cu

(Timón, 1984a).

.Vdcliiia Zcndcjas opina que "Juana C.uiicrifz de Mendoza acalm sien­

do anarquista, idcmilicaln el totalitarismo nazi ion el comunismo" (l'tt-

ñón. 1984a) a lo que Concha Michcl responde. 'No eramos anarquistas [

...1

|

(pero) la lucha de la mujer es por la vida, no |>or la política o la economía,

:

capitalista o socialista. I -as mujeres que están en el poder, que tienen pues- | v

los importantes, luchan como si fueran hombres, no luchan ni hacen nada I

por la mujer L

..

)"

(Tuñón. 1984c).

A pesar de las diferencias, que hicieron que este tfnipo no tuviera una

presencia sostenida en el FIIPUM, Concha Michcl y sus seguidoras desairo-

liaron un traliajii |KII¡IÍ<O amplio con mujeres <!<• sectores populares y es-

|MI ¡aluicnlc campesinas. con quienes ¡mentaron implcmciuar su peculiar

concepción feminista. Este trabajo concreto con mujeres campesinas lo rea­

lizaron básicamente a través de la Secretaria de Acción femenil de la Con-

federación Campesina Mexicana (mi), cuya titular entre líflfi y 1939 lúe

NUH'A fStWCWKMJÜX nT. IA UK'.IIA rnFMAMUAS t)f. I.UMIIjrRFS

I o-. pi iini-iiiN un-M-V del añii d<- I0ÍH constituyen una etapa esencial para la

*

M.II.II. I.

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I!, días .1 gobierno llevó a cabo dos de las meili-

d.iMu.is

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i del sexenio. medidas <|ue Ir olieron tamo profundizar

1'sta.s dos medidas fueron la expropiación petrolera, consumada el 18

de marzo de l«3o. y la translormación del I-NK en nui,rcrilicada el 30 del

mismo mes y ano. Si bien estas dos medidas responden a procesos Rene"

nidos por el régimen desde líl.'H. cada una di: ellas da cuenta de la máxi­

ma expresión lograda por el cardenismo: la vinculación i un las masas y el

comiol vertical de las mismas. Si con la expropiación |ic!rolcra la política

nacionalista popular del gobierno lúe llevada a sus últimas consecuencias,

con la implantación de un partido dominante corporativo, el régimen logró

un control político centralizado |Mir el que mantenía relaciones directa» y

laucamente, respondían y le daban contenido a l.i |Kilii¡< a del légiiucn. Es

decir, i|uc si bien cada una concretaba un aspecto de la misma ¡Mistura gu­

bernamental, al mismo tiempo se condicionaban: la expropiación |K-Imiera

colocó a las masas populares en una posición de a|>oyo incondicional al pro-

yecto estatal, tanto como éste le dio lórma institucional al a|Biyo |H>|IIII.II a

través del ruM. I -as mujerer no estuvieron al margen de i-sie dublé pío. eso.

Si para ella;, el pació |H>Hl¡co establecido cun el Ksiado lo pauló la iniciativa

■(residencial de otorgarles los derechos |KIIÍIÍCOS. las dos medidas funda­

mentales de \9M no hicieron más que profundizar este parlo.

Así. por ejemplo, con motivo de la campaña nacional recaudadora de

fondos para el pago de la indemnización petrolera, las mujeres crearon el

Comité Femenino Pro-Redención de la Kconomía Nacional que. presidido

por Amalia Solórzano de Cárdenas, desarrolló una jornada de lies días du­

rante la cual

 

semillas, pollos, planta

ESÍIIK

ck'in conjunta de los problemas en materias sociales y políticas a efecto de­

que se eliminen pata siempre la injusticia tradicional de relegar a temimos

inferiores a la mitad del componente humano y con él a la pane más noblc

v estimable de nuestra sociedad" <H Macli/U. f> de telurio de 11*38)- F.sta

propuesta fue recibida |H>r las mujeres en un momento en el que dominaba

la desilusión motivada |»>i la no publicación del du icio de ciudadanía |>ani la

mujer, por lo que la invitación de Cárdenas a imoi |toi arse al nuevo onanis­

mo |Kilítico les pro|M>rcionó la conlian7a de que. una vez perteneciendo al

pai tillo oficial, se les otorgaría linalmenie el voló.

La decisión no fue fácil en el FI'PDU debido a las distintas tendencias

que lo conformaban, pero, a pesar.de que algunos sectores se abstuvie­

ron, el movimiento de mujeres pasó a ser parte del nuevo partido. Kn este

sentido, la Conlérencia de Unificación Femenina, convocada a efecto ile

discutir la propuesta |>ri-s¡<l«-nci:il. declaró que: "La unificación comen/.,.

da es do suma imponencia. F.n la unificación dcnlro del nuevo partido y

en la unión con las obrcias y las maestras que ya están en él representa­

das, está la solución de (nuesirasl necesidades" (El Marhtle. I« de febrero

de I9S8).

político. Allí, ellas no dejaron de exigir demandas cspccílicas y el derecho

a decidir su estructura y representantes dentro del partido. Ciertamente

la posición de las mujeres en la formación <\c\ n»i fue un elemento que alte­

rne. si liien se hallaban involucradas en y con el proyecto estatal, no podían

considerarse aliadas incondicionales de éste ni de sus distintas instancias.

Sin embargo, a decir de Adelina Zciidcjas. "la (orina de controlar a las

mujeres fue incorporarlas a cada sector" (Tuiión. 1981a). Liectivamcnte. el

nuevo instituto político tuvo que aceptai de alguna manera la presencia be­

ligerante de las mujeres en su seno, pero también logró que al alio siguiente,

en 1939. en el marco de ¡a delinición más precisa de las se< dones femeniles

de los sectores del partido, se impusieran dirigentes sectoriales que no con­

taban con el apoyo del conjunto de las mujeres. Adelina Zcndcjas dice que,

Las mujeres se dividieron más por los líderes varones que por ellas mismas. Kn-

tonecs. si la responsable era ohrera todo lo conseguía para lasolmras. igual las

nacional. cu el que el lardcuismo se preocupó principalmente |xn darle

continuidad al modelo económico diseñado durante su régimen. En esta co-

yunuiia las mujeres, que desde muy distintas óptii as li:il>iai¡ vivido un claro

proceso de radiralidad politira. se manifestaron .ihiei lamente y fueron in­

corporadas al discurso de las diferentes campanas olee torales. No es difícil

suponer (|ue. por su trayectoria, las mujeres afiliadas al mu con |>revia par­

ticipación en el rurc>M. estallan dispuestas a reforjar v a apovar al raudiilaio

además de IIHIKI efectivamente npicMiiiadn las |ieii< itims leiucuilfs en el

cuerpo estatal era esposo de una di-las lijjin.^ | iiiiu-iiiewk-liiunriiiiie

Por su

pane, la discusión interna en el partido oficial en torno a los can­

didatos fue muy álgida y. tras de ser cancelada la alternativa electoral "a

la irqnierda de Cárdenas" y postulado el "candidato de la conciliación y la

concordia". Manuel Ávila Camacho, éste se abocó a contrarrestar la gran in-

fluencia (|iic la campaña política <lcl candidato del Partido Revolucionario

de Unificación Nacional (PRUN). General Juan Almazan, estaba logrando a

nivel nacional.

Hay que destacar que. si bien las mujeres del ivu finalmente se alinea­

ron en torno al candidato oficial y en este sentid» avalaron el pa|wl que

Manuel Avila Camacho le asignaba a la mujer en el hogar, también trataron

■lo imprimirle a su plan de gobierno lineas de acción a favor de las mujeres.

Esto nos muestra que. para l!)40, las mujeres mantenían aún cierto grado

de organicidad a pesar <lc que la situación interna del PRM (pautada |HII el

alinamiento de su control corporativo) y del roí (pautada por las purgas

en MI seno)

hizo cada «•/. más difícil i:l que pudieran sostener una lucha

Ejemplo de esto fue la Asamblea Femenina del w. convocada |KH el

iCm a (¿arria y Margal ita Robles de Mendoza.

 

V

...

IÍV.USÍ

, los,.„

..

osa.M.ipars.-mostró

el deterioro vivido

 

«-,

,.,H-,-,-S. María Ríos Cárdenas (s/f: 210) recuerda: "Se

 

Inv

..|

di» mujeres |»leaion en la escena por la posesión verbal de un

¡amo. El sentido iimiúii terminó con una movida exhibición de IKJX'. 1.a

Asamblea se clausuló con la designación de mujeres que, en la inavoría (le­

los casos, no habían tenido una presencia constante en las movilizaciones

de los años piveedenics.

En diciembre de ese mismo año, como corolario del proceso de desgaste

y de subordinación viudo, las mujeres del PRM hacen llegar un mensaje al

presidente Manuel Ávila Camacho y a su esposa, en el que daña conocer "la

buena disposición en que se hallaban para el cumplimiento de los postila­

dos de amor y ayuda al necesitado, sin distineión de idtrologias y categorías

retomando algunas de las demandas que habían inovili/adn a decenas de

miles de mujeres diñante el |>eriodo (por la cieción de guanlcí ¡as y con­

tra la carestía de la vida, entre oirás), peni encaii/ánilolas \xn lo\ ranales

marcados |K>r el mu.

inaugurarían como su tana p.im ipal las labores de

i|ci< s

mtilsUiN. por su parte, (miaron de mantener y de so:

;iH> li'iiiciiino partidario en el contexto de su deterioro inter

<i « i mayo de 1939 habían manifestado su malestar por la ai.tii

tu del partido, diciendo que ■[

...]

y si de m cu cuando reco

 

lo riesgosas que

dominantes. Sin embargo, como dice Concha Michci —y con su pena

10 quiero terminar este trabajo—: "Nuestra lucha tuvo resultados en I

ciencia y allí no la destruye nadie. Ksta lucha seguirá [

...

]"

(Tuñón, I!

c.vK a todas /<u sectores sociales ddpais, «¡mío: l'iesidcutcs, rondo: Lázaro

Cardonas, Exp. 544.61/86.26 de jimio, México.

Dcpariüincnto del Trabajo (1938). Informe de las Inburn iraliuulas por la Co­