UN AÑO CHECO – TEMPORADA 4

ELVIS EVERYWHERE

¿Sabéis esa gente bohemia a quienes cualquier cosa les cambia la vida? Esa gente siempre me ha puesto nerviosísimo, con tantos cambios de vida a sus espaldas. Cuadros, películas, libros, viajes, relaciones, profesores, canciones o pinzas de tender la ropa que en algún momento te abducen y te devuelven otro. La cosa va así, ¿no? Pues si tú lo dices. Llevas con lo mismo desde que viste The Doors, a los quince años. Cambiar de vida. Já. Una vez vi a un tipo cincuentón y obeso ofreciéndole un iPhone a una adolescente pobre que acababa de conocer: he ahí un regalo de los que cambian la vida. Pero de estos cambios de vida uno no habla. Tú, en cambio, de los tuyos no puedes parar de hablar. Conozco a tantos y tantos artistas imbéciles. Si te presentara a la mitad de ellos te alejarías para siempre de cualquier actividad artística o literaria y te harías ingeniero agrónomo. Así de imbéciles. Pero para tontos, su público. ¿Cómo se llama el payaso que canta en Vetusta Morla? Tal vez yo también me desgañitaría hasta para pedir la vez en la charcutería si viviese rodeado de gente que declara que cada una de mis canciones le ha cambiado la vida. Dios. Qué poco dice eso de esas vidas. ¿Qué son, esas vidas, plastilina, puré de patatas, qué? ¿Cuánto horror hay detrás de alguien que agita un montón de billetes en la mano ofreciéndoselos a cualquier artistucho de mierda para que le cambie la vida? Hambre de mística. Hambruna. Muerte por desnutrición de mística. Hipomisticismo cerebral. Hay que medicar. Y ahí están todos esos hombres medicina que odio a muerte. Bueno, no los odio a todos. A los mediocres y feos, a los que no llegan a ninguna parte porque no consiguen dejar de parecer tan hambrientos

de mística como su público objetivo, a ésos no los odio. Porque son mis hermanos.

NOT WITH A BANG BUT A WHIMPER

De pequeño (9, 10 u 11 años) solía jugar al juego de los espectros. El juego de los espectros consistía en elegir un día normal, de entre semana, un día de clase, y pasar el máximo tiempo posible sin ser detectado ni interpelado, en silencio, en la máxima pasividad posible. El juego terminaba cuando me veía obligado a pronunciar una palabra con sentido. Recuerdo que era difícil atravesar el impasse de la comida, porque mamá siempre insistía en preguntar cosas, y casi nunca aceptaba respuestas de tipo "mmm" o "ahah". Si lo conseguía, ya todo era más sencillo. Volvía al colegio en silencio, cursaba mis dos horas de clase vespertinas, me iba al jardín, y para cuando volvía mi padre ya estaba en casa parloteando sin parar, y era posible prepararse un bocadillo y comérselo ante un tebeo, pasar bolos de pan y mortadela a través de una glotis liberada de la esclavitud del lenguaje. Si tocaba bañarse, sumergía en el agua caliente las orejas y me llegaban conversaciones amortiguadas, ininteligibles, que se estaban produciendo en las casas de los vecinos, como un concierto lejano de una banda que odias, un lugar hecho de palabras en el que te alegras mucho de no estar. Yo era un espectro nivel 87 y había conseguido atravesar el día sin ser percibido ni alterar ni una pluma. Mi ectoplasma se fundía con el caldo jabonoso del baño. Me estaba convirtiendo en un artista de la desaparición. Todo este bagaje en escapismo del que renegué en la adolescencia para que las chicas notasen mi presencia me viene muy bien ahora. La oficina se había convertido en un altar de peregrinación de periodistas freelance, feministas luchando contra la prostitución, friquis de todo pelaje y, en dos ocasiones, policías de paisano con órdenes de registro y la sana intención de acojonar. Todos ellos haciendo fotos y vídeos con sus teléfonos, todo el rato. Fotos y vídeos

que aparecían a los pocos minutos en Internet y donde se nos etiquetaba con nuestros nombres y apellidos y textos increíblemente hostiles. Textos que nos acusaban de trata de blancas, de traficar e inducir al consumo de drogas, de lucrarnos con el trabajo esclavo de inmigrantes ilegales en Praga, etc. Mientras tanto, los kafkaturistas ponían cara de "¿y esto?" ante un fin de semana monotemático de "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay", tratando de seguir los movimientos del Gólem por el barrio judío, sin tiempo ni para tomarse una mala de cerveza nuestras pero sin que el nuevo diseño intelectualoide aventuras praguenses repercutiese

negativamente en las ventas. Hemos cerrado el negocio en España. La página ha migrado a un servidor checo y el pago se hace a través de cuentas administradas por el lector. Hemos abandonado nuestra querida oficina y nos hemos separado, para evitar el linchamiento. Ahora tenemos un abogado que se ocupa de preparar nuestra defensa para cuando nos procesen, y bueno, también de avisarnos cuando la orden de detención sea inminente, para salir del país cagando leches. Me he dejado barba. Espesa. Larga. Parezco Mr. E., el de Eels, solo que sin gafas. También he empezado a llevar gorra. Las Miralles se han ido a un pueblo que un grupo de perroflautas está tratando de reconstruir, que se llama San Joy. Traté de besarlas para despedirme de ellas, pero me hicieron la cobra. Aún así, les deseé buena suerte, aunque lo que quería decir en realidad es que les deseaba que nadie en la aldea las reconociera. También les deseé que les fuera bien. En este caso, lo que quería decirles es: no la liéis, sed discretas. Pero éstas no podrían ser discretas ni en el desierto del Kalahari, entre los lagartos.

Olgaga se quedó en la oficina a pesar de que le advertimos que a/ allí no iba a estar segura y b/ la desalojarían en pocos días. No la he vuelto a ver. Me daría miedo acercarme al edificio, por si sigue pululando por allí, entre el chino y la puerta, desorientada y maloliente como un sin techo o un yonqui. Jesús ha llegado a un acuerdo con su madre por el cual queda relevado de cualquier tarea que lo obligue a salir a la calle y, a cambio, le pasa a la señora una cuantiosa pensión. La madre miente por él, si va alguien a buscarlo. Me lo imagino con las persianas bajadas, comiendo algo grasiento y repasando viejas fotos de Olga colgadas en su biografía de Facebook. Paulo ha conseguido un trabajo de camarero de tercera (más conocidos como "limpiaváteres") en un crucero geriátrico de bandera italiana. Se ha colocado unas gafas para mayor seguridad. Dice que liga bastante y que "el trabajo le encanta". He perdido a mis amigos, mi trabajo y mi identidad. El dinero pasa a través de mí como a través de un fantasma. Estoy preparado para nuevas y excitantes aventuras. Me meto en la bañera y sumerjo las orejas. Oigo murmullos. Y lo intento con todas mis fuerzas, pero no entiendo nada.

WE TUBE

En el sueño, soy una niña china. Mis padres tienen una tienda en un pueblo de interior, parecido a esos lugares inverosímiles de la frontera entre Valencia y La Mancha. La tienda está abierta todo el día y gran parte de la noche, y yo paso las horas en ella, sentada en un pequeño taburete que me han preparado detrás del mostrador, con un pequeño ordenador portátil. Cuando me duermo, mis padres desenrollan un pequeño futón verde y lo extienden en la trastienda. A continuación, me llevan en brazos y me acuestan allí. Yo no estoy dormida en realidad. Me lo hago, porque es mi momento preferido del día, o de la noche, o de lo que sea. Fuera del sueño, pienso en el sueño, y en mis amigos del Club de la Tenia, todos niños chinos que juegan entre ellos a mahjong por internet, como si fueran amigos. Todos encerrados en la tienda y soñando con parques, con fiestas de cumpleaños junto a piscinas, con montar a caballo y hablar el idioma del país. Todavía no saben, pero se lo empiezan a imaginar, que en el país solo hay niños chinos sentados detrás de mostradores, y que el único idioma es el suyo. Salgo a caminar por la noche a pesar del frío. Si cierro los ojos veo el mostrador y el portátil. Imagino a las Miralles, que duermen juntas en una mala habitación. El camarote de Paulo. El olor a animal del cuarto de Jesús y una institución psiquiátrica para Olgaga. Tubos digestivos: paraíso para tenias.

HYDRA

Aunque ya nadie me consulta nada ni tengo forma de ponerme en contacto con la dirección (sea quien sea) de la empresa de que soy socio, sigo recibiendo abultados dividendos en una cuenta de un banco online irlandés. Tengo mucho dinero y no sé qué hacer con él. Pensé en comprarme un coche de jugador del Real Madrid pero primero tuve que matricularme en una autoescuela y al tercer día me aburrí. Además, me pone nervioso estar con gente, por si me reconocen y me abuchean. Hace unas semanas vi un enlace de puritito spam junto a mi sábana de Facebook, Ultimate Therapy in Murcia! y lo seguí. Era una cosa rara y exclusiva, un psicoanálisis subacuático para estrellas de cine y de rock. No need to confess, just relax and breathe! Y justo existía un centro en mi ciudad. Llamé. 375€ la hora. Concerté una cita. En el centro, situado a las afueras de la capital y camuflado de fábrica de ferrallas, a uno lo aguardan tres chicas muy rubias y muy altas, impecablemente maquilladas y peinadas y con una dicción magnífica, ataviadas con batas inmaculadas y (todavía no he descubierto por qué) guantes de látex. En la sala de espera hay cuadros de Escher, y suena música dodecafónica. En los sillones de diseño, de acero y cuero, no hay jamás ni una huella digital. Exactamente cuatro minutos y medio antes de la hora de tu cita, viene a buscarte una de las auxiliares, y sus labios pintados de rojo ejecutan una sonrisa perfecta mientras te acompaña al ascensor. El ascensor tiene dos botones: el 0 y el -1. El descenso hasta el -1 dura muchísimo. En el piso inferior se encuentra el tanque. Hay sofisticados cuadros de control y superficies de mármol travertino por doquier, como si la

España de los 70 hubiese abrazado la carrera espacial bajo la dirección artística de Stanisław Lem. La luz es tenue. Se te ordena entrar a un vestuario y colocarte un ridículo traje de baño de lycra con el logotipo de la clínica, un poco vergonzante. A continuación, te colocan una serie de electrodos, y por fin la máscara de respiración artificial. Ya estás listo para la inmersión, que se produce exactamente a la hora en punto en que comienza tu cita. Se cierra la escotilla de entrada, y ya no se ve nada. El agua está a temperatura corporal y uno queda suspendido en ella, sin ascender ni descender. De momento, no se oye nada tampoco. Es decir, no se oye nada que provenga del exterior. La respiración y los latidos del corazón se oyen perfectamente. Pero es un sonido al que uno se habitúa muy pronto, y deja de escucharlo. Has recibido instrucciones para dejar pasar algo de tiempo

simplemente experimentando las nuevas sensaciones, o más bien la ausencia total de ellas, y tratando de relajarte. El alcohol y las drogas están prohibidos por normas tajantes, así como la falta de sueño, los pensamientos depresivos y la ansiedad. En resumen: si algo sale mal, la culpa es tuya, la empresa se lava las manos y pierdes el dinero. Pasa el tiempo, pero es imposible saber cuánto. En un momento dado, una voz carraspea y dice con tono burlón te estaba esperando. - Te estaba esperando. Has ido a Berlín, te has alojado cómo no en la parte RDA. Has probado un montón de drogas de diseño. Has visitado el Atlas. Has ido a escuchar a Elvis Perkins, a Cat Power y a Rafael Berrio. Le has otorgado propiedades cuasimísticas al sexo anal, seguramente porque no lo has practicado todavía. Has adoptado un gatito de una protectora. Has leído o fingido leer las obras mayores de la literatura posmoderna, incluyendo a Pynchon y a Foster Wallace. Has buscado donantes para ACNUR, bueno, esto solo

tres veces, sin el menor éxito. Te has comprado seis temporadas de Star Trek en DVD, una camiseta de Sisters of Mercy y un muñeco de coleccionista de Houdini, todo por internet, en el último mes. Has firmado doce peticiones de Change.org sin leerlas. Has pasado una noche solo en medio del desierto de Tabernas, y has pedido la decapitación de toda la clase política al volver. (¿Y esto cómo coño lo sabes?, pensé. Pero no se puede decir nada, en esta terapia, recordemos.) - ¿Que cómo sé todo esto? Hombre, pues por el Facebook, claro. Buscas experiencias. Sientes un déficit de experiencias. Las persigues y, cuando te pones ante ellas, no ocurre nada. Tal vez porque, mientras las vives, vas escribiendo borradores mentales para describirlas. Porque te colocas en el borde pero no entras del todo. Porque te has pasado la vida desmontando las estructuras mentales de las personas que participan en algo. Hasta cuando vas a conciertos te colocas en un lateral, donde no se ve muy bien el escenario pero sí, perfectamente, al público de la primera fila, el que grita y suda y salta. Llevas veinte años despreciando a esa gente. Aún no has dejado pasar la oportunidad de reírte de algún fan en absolutamente ningún concierto, de los muchos que has presenciado. Vas poco a museos, pero cuando lo haces, lo que más te interesa es el resto de visitantes: los que van de gafapastas pedantes, los turistas incultos, los niños folloneros, las viejecitas melindrosas, los catedráticos anquilosados, las vistosas estudiantes de arte. Sobre todo, las vistosas estudiantes de arte. Te mantienes en contacto con toda la gama de manifestaciones culturales de tu sociedad, pero secretamente te preguntas: ¿cuándo llegará ese momento en que todo este acervo cultural que tanto dinero, tiempo y aburrimiento me ha costado me consiga chicas? ¿Cuándo entraré a un bar y una linda estudiante de arte me dirá: "Hola. Te he estado observando. Esa

camiseta de Sisters of Mercy me pone. Estás en la onda, tío, me gustas. Ven al váter conmigo, por favor".? Vas a la retrospectiva de Hopper y te pasas una hora y media pensando en el ingenioso comentario que pondrás mañana en el Facebook para contarlo. Luego te van poniendo megustas y vas contando los de las chicas guapas. Esa experiencia, es decir, el hecho de recibir el megusta de esa bella artista que tienes, nadie sabe por qué, entre los amigos de FB es más intensa para ti que toda la obra de Hopper. Cambiarías tus vinilos de los Pixies y los Smiths por probar el sexo anal, y es, disculpa, tan triste esa idea que la tristeza te precede como un ectoplasma y espanta a todas las chicas que te gustan. No es triste que te provoque el sexo anal, entiéndeme. Lo triste es que te abraces a él como al Segundo Advenimiento, y al mismo tiempo que lo niegues. Tienes todas las herramientas conceptuales de la cultura occidental, y eres capaz de citar a Foucault para fanfarronear sobre cómo te fuiste a Marruecos sin nada planeado y acabaste pasando la noche con una familia bereber a la sombra del Atlas. Sufriste la misma diarrea y las náuseas que sufren los ancianos que van a Tánger con el Imserso: si insistes en proclamar que ese viaje te cambió la vida es problema tuyo. Y qué me dices de esa historia que cuentas sobre cómo una noche fumaste un montón de hachís y te desnudaste y te metiste en el mar flotando boca arriba y contemplando las constelaciones y sentiste nítidamente la rotación de la tierra bajo tu cuerpo. Eso no te pasó a ti, patético mentecato. Tu mejor anécdota, la que cuentas siempre que quieres quedar místico e interesante, y ni siquiera sales tú en realidad. Ese holograma que proyectas es más falso que un duro de madera, y creo que tú eres el único que se lo cree. Los demás te aseguro que no. Puedes largar durante horas de cuando vivías en Londres, pero todos sabemos que te dieron una bequita del ayuntamiento para hacer un curso de tres semanas, y que te las pasaste hablando en español y bebiendo cerveza en los parques con tus compañeros murcianos de viaje. Tu

narración de tus propias experiencias es ficción, pero eso a ti te da igual, porque entre el relato y el correlato, te quedas con lo primero. Lo segundo es una luz pálida que no merece la pena tratar de respetar ateniéndose a los hechos. Lo primero es lo que te va a conseguir los chochitos JA JA JA JA JA JA JA. Por fuera eres una Apple Store, por dentro una tienda de chinos. Utilizo metáforas comerciales porque eso sí que no has conseguido deconstruirlo: el consumo. Te gusta compartir enlaces donde gente tan casposa como tú declara que en el 15M hay demasiados iPhones, y utilizas esos argumentos para no acercarte ni a un kilómetro de ninguna asamblea de barrio o PAH o manifestación. También compartes cosas de Latouche, ahora que el decrecimiento se ha puesto de moda en revistas gafapastas como la Jot Down, pero hay noches de las que no hablas nunca en Facebook en que le pegas fuego a la tarjeta de crédito comprándote figuritas de Bola de Dragón por internet, por no hablar de esto último de pagar casi cuatrocientos euros la hora de terapia, sin saber ni siquiera cuánto tiempo pasarás sumergido en este tanque. Subiste doce fotos de tu voluntariado en Acnur, ¿cuatro de cada tarde que echaste en vano? ¿Por qué no comentas que la mitad de la comida que compras se te pudre en el frigorífico? A veces, ayudado por la inhalación de polen de hachís, visualizas una montaña de comida, bebida, ropa, trabajo y gasolina: es lo que has consumido desde que estás aquí. A continuación visualizas lo que has producido y te entra la risa: has producido una ficción cara para yonquis de experiencias como tú, en el que bellas actrices checas, de las que solo con muy buena voluntad se puede evitar sospechar que en el fondo son prostitutas, prácticamente te arrastran al coito según un guión de peli sexicultureta italiana de los 80, plagada de referencias a Kafka y enormes pechos naturales. ¿Qué culpa tengo yo, -me imagino que te estarás preguntando desde que empezó todo el asunto- de haber cavado en un lugar del suelo de la sociedad del espectáculo por el que resulta que salen chorrazos de dinero?. Tienes toda la culpa,

querido cliente. Tu extracción produce residuos. Tu dinero está manchado de Y así todo el rato. En un momento dado, contra las paredes del tanque empiezan a proyectarse algunas imágenes (chicas, viajes, etc.) de tu vida, pero con poca ilación o sentido. Las cosas que te dice el terapeuta no consiguen ofenderte, extrañamente, porque el agua y el enclaustramiento producen una sensación de intimidad total, y el tipo parece estar muy lejos. La mezcla de la humillación y la introspección produce el sabor, tan original, de la ultimate therapy ésta, supongo. Hasta ahora llevo cuatro sesiones ya, y tengo cita para pasado mañana. Anoche pude chatear un rato con Paulo, que estaba en un Starbucks de Génova aprovechando una parada del crucero, y le comenté el asunto. Se hizo el silencio. - Paulo, ¿estás ahí? - (...) - ¿Paulo? ¿Se te ha ido la wifi? - (...) - (...) - Madre mia colega ers lo + idiota k ha parido MADRE XDDD - ¿Qué? Lo acabo d buscar XDD MIRA ESTO: http://www.hoaxbusters.org/ultimatetherapy - ¿De qué va esa página? - Tio pues los hoax busters macho. Las estafas por internet y los bulos. T la han dao kon keso mamonazo XDDD 4x375=1500EURAZOS DE GILIPOLLAS K ERES XDDDD - ¿Pero quién dice que esa terapia sea una estafa? ¡A mí me funciona! - No hay terapia macho. Leete lo k t he pasao. T meten en la piscina y te dejan en la oscuridad y el silencio y tu cerebro hace el resto,

gilipollas. Lo k pasa es k nuestro cerebro no tolera la falta d estimulos, y kuando no los tiene durante un rato los inventa. No te habla nadie tron, es tu cerebro de txalao XDD Me has alegrao la noche, la semana y el mes colega. Ya veras kuando se lo kuente a los kompas. - Sinceramente, Paulo, no puedo creer eso. - PUES NO T LO KREAS KOLEGA MIRA LAS FOTOS JAJAJAJAJAJ Eeeeei estan buenas las enfermeras eh? Y los guantes de latex pa ke son katxo perro XDDDD - Bueno, Paulo, ya te has reído bastante, amigo. Hablamos más adelante. - Eeeeii pero no t moskees kompa. Vas a ir a partirles la kara o ké? - Yo no he dicho que me esté planteando interrumpir mi terapia. - Pero de k vas tio? Vas a seguir iendo? Pagame a mi matxo qeu yo t insulto por la mitad XDD Pa k vas a ir + a ese sitio? - Por el agua, Paulo. Que está en su punto.

CARONTE

Parece claro que el reciente fracaso-estafa en lo terapéutico debería alejarme para siempre jamás de esa extraña casta de sacerdotes seglares, pero, joder, es que necesito terapia, así que esta vez he decidido probar algo nuevo. También lo he encontrado en los anuncios del Facebook. Mis criterios son difusos. Se trata de un sitio para rehabilitarse de las drogas y el alcohol, y todo ello para guiris: Los Olivos Rehab in Spain. Les mandé un correo la semana pasada. Tardé cincuenta minutos en redactarlo. Me contestaron casi inmediatamente para concertar una entrevista en la que se valoraría la idoneidad de mi ingreso, a la que me presenté con un inmenso petate. Pensaba quedarme meses en el sitio, así que se me ocurrió que mejor me iba bien preparado. Creo que la imagen del petate, imposible de obviar, pesó en mi contra a lo largo de la entrevista, así como mi pésimo inglés hablado y la incoherencia suma de mi historia, donde en un momento estoy desahuciado por mi familia, mi novia, mis amigos, mi casero y mi jefa y al siguiente estoy dispuesto a pagar miles y miles de euros por una estancia en Los Olivos. Pero esos miles y miles de euros pesaron mucho más a mi favor. Y me consiguieron una plaza. Una plaza instantánea. El sitio está en Málaga, por Alcaucín. Bonico. En medio de la sierra. Bastante perdido. Y bastante desierto. Solo había seis personas en detox al llegar yo, cosa que de haberla sabido me habría ahorrado mucho dinero, pues la estancia en habitación doble es mucho más barata que la individual que, misántropo de mí, contraté. Todos me odiaron con toda su alma, y no se creyeron ni una palabra de todo lo que dije en la primera reunión de apoyo mutuo. Vi a gente poner los ojos en blanco, aunque la tónica general era mirarse las

puntas de los zapatos, incluyendo por supuesto al psicólogo que moderaba el grupo. Por algún motivo, aunque me habían explicado que en las dos primeras semanas no se me iba a permitir salir de la finca, al terminar la sesión se me conminó a dar un paseo por el campo. Estaba anocheciendo y hacía mucho frío. Había luna llena. Conforme me adentraba en el bosque se iba haciendo de noche, pero yo no tenía linterna ni sabía si debía o no volver. Estaba convencido de que debía dar un paseo durante al menos tres horas, y al mismo tiempo me preguntaba por qué estaba tan convencido de eso, con la única conclusión posible de que esos demoníacos psicólogos me habían inculcado la idea, de forma totalmente subliminal, pero que la excursión formaba parte de la terapia. Me perdí. ¿Pero de qué terapia? Desde que me había puesto en contacto con Los Olivos por primera vez, no había hecho más que mentir. No tenía un problema incapacitante con el alcohol ni con la farlopa. Ojalá. Mi problema incapacitante era conmigo mismo, pero de esto la gente de la clínica no tenía ni idea. ¿No tenía ni idea? Igual sí. Igual me habían calado desde el minuto uno. Igual vagar por un bosque a medianoche era exactamente la prueba zen que mis chacras estaban esperando para abrirse como amapolas. Igual todo estaba perfectamente determinado, hasta el ulular de un búho que oí en un momento dado. Empezó a llover. Busqué refugio en una edificación abandonada bastante parecida a la de la bruja de Blair. Al principio tenía un miedo tan intenso que no podía ni mirar a los lados, por temor a encontrar algo sobrenatural, pero en una hora o así una extraña exaltación se fue imponiendo. La de estar perdido en un parque natural, la de haber sido despojado del móvil, la de haber visto un búho, la de andar rodeado de gente que me odiaba, la de haber llegado por fin, de verdad y sin paliativos, a un auténtico cul-de-sac. Una exaltación a modo de lámpara que

arrojaba luz sobre toda mi vida reciente junto al Club de la Tenia y las aventuras de Praga. El cerebro me funcionaba a cuatrocientos por hora. Todo el rato tenía la sensación de estar llegando a conclusiones trascendentales. Pero no. Ya no recuerdo nada de lo que pensé esa noche, así que esencialmente todo debió de ser como cualquier monólogo interior, solo que con un poquito más de adrenalina. Al amanecer me di cuenta de que había vuelto sobre mis pasos en medio de la noche y me encontraba a unos doscientos metros de mi dormitorio, en una caseta en ruinas ya en los terrenos de Los Olivos. Aún tuve que esperar un par de horas, porque no quería despertar a nadie. Sabía que el desayuno se servía a las ocho: a exactamente esa hora toqué el timbre, entre la hipotermia y el agotamiento. Nadie me preguntó por mi aventura nocturna: en sus caras era visible que sabían que no había habido ni drogas ni alcohol en ella, y sí una buena cantidad de vergüenza ajena. Tomé café y un cuenco de habichuelas con salsa gravy. Estaba a punto de meterme en la cama cuando se me acercó un tipo y me dijo: - Ready? Mi sesión terapéutica individual estaba a punto de comenzar. Miré al tipo, vestido baratamente con forro polar y zapatos de trekking y pensé oh dios, otro pseudopsicólogo loco de la Gestalt. Estoy perdido. Reconozco a los chalados de la Gestalt porque visten igual que los chalados de la CGT. A veces, el mismo chalado puede pertenecer a ambos grupos, en un cómodo continuo de integrismo y demencia. Admito que hablo sin saber nada ni de la Gestalt ni de la CGT y que me baso en la impresión que producen sobre mí esos forros polares y esos zapatos del Decathlon. Cuando los veo con un CD en la mano, siempre creo que es de los indios tabajaras. Como mascotas no

tienen más que enormes perros mestizos. Atad cabos vosotros mismos.

- Lo que vamos a hacer hoy es dibujar las columnas maestras de tu edificio egoico. El edificio egoico es la percepción que tienes de ti mismo, no solo en términos lógicos sino también físicos y emocionales. Cierra los ojos. Imagina que estás rodeado de gente. Gente de todo tipo. ¿Ya? - Ya. - ¿Dónde estás? - En un centro comercial de Murcia. - ¿Hay chicas? - Muchas. - ¿Chicas de todo tipo? - Chicas de todo tipo. - De todas esas chicas, quiero que te concentres solo en las que tienen una edad aparente de entre 15 y 45 años. - Entre 15 y 45 años. Entendido. - ¿Las estás visualizando? - Las estoy visualizando. - ¿A qué porcentaje de ellas te follarías, si tuvieses ocasión? - ¿A qué porcentaje? - A qué porcentaje. - Al... este... al ochenta y cinco por ciento. - ¿Al ochenta y cinco por ciento? - Al ochenta y cinco por ciento. - Y rechazarías al quince por ciento. - Rechazaría al quince por ciento. - ¿Ochenta y cinco quince? - Ochenta y cinco quince. No soy ningún enfermo. A las obesas mórbidas y a las discapacitadas no me las follaría.

- El porcentaje de obesas mórbidas y discapacitadas en la población no es del quince por ciento. La cifra debe de rondar aproximadamente el diez por ciento. - ¿El diez por ciento? - El diez por ciento. - Pon noventa diez, entonces. - Entendido. - (...) - Alright. So... ¿cómo piensas hacerlo? - ¿Hacer qué? - Follártelas. - ¿Follármelas? No entiendo la pregunta. - Pregunto que cómo vas a convencerlas de que tengan sexo contigo, en tu ensueño. - No voy a convencerlas, este... Gareth. No voy a follarme a ninguna. No conozco a nadie en este centro comercial. Además, no es un sueño erótico. Es solo una imaginación neutra que estoy teniendo siguiendo tus instrucciones. - ¿No vas a follarte a ninguna? - No voy a follarme a ninguna. - ¿Estás sintiendo deseos sexuales hacia novecientas mujeres y no vas a hacer nada con eso? - Exactamente. Nada. - ¿Crees en la posibilidad de que las pulsiones sexuales se resuelvan desapareciendo? ¿Es factible pasearse entre cientos de mujeres sexualmente apetecibles sin que nada se tense dentro de uno? - Seguramente no. - Seguramente no. - (...) - Vamos a aprovecharnos de la anarquía de nuestra imaginación con un pequeño experimento. ¿Te place?

(Y lo más gracioso es que sí me placía. Entraba un sol muy limpio por las ventanas, una luz muy clara tras la noche de lluvia e insomnio. Dentro de mí el picor y la sequedad de los ojos libraban una plácida batalla contra el efecto estimulante del café. Por esa luminosidad y esa cuenta nueva de mi paisaje interior había pagado yo unos cuantos miles de euros: era el momento de disfrutar de mi compra condescendiendo a hablar con el británico perroflauta de tetas y culos.) - Me place. - Bien. De entre todas las mujeres que te gustan, dentro de ese centro comercial donde la gente pasea y ríe y compra mierdas inútiles como si no hubiera mañana, quiero que elijas a tres. Si van las tres juntas, no pasa nada. Concéntrate. Tres Beatrice. Ya. - Vale. Ya. - ¿Estaban las tres juntas? - Sí. - O sea, que son tres amigas. - Tres amigas. - Háblame de ellas. De lo que tienen en común. - Pues verás. Tendrán unos veintipico años. Son del tipo "carne del Primavera", no sé si me entiendes. - Carne del Primavera. No entiendo nada en absoluto. - El Primavera es un festival de música indie que se celebra en Barcelona, Gareth. ¿Has oído hablar de él? - No (el término indie music le ha hecho fruncir el ceño, lo que confirma mi prejuicio de los indios tabajaras). En mi vida. - ¿Has estado en contacto con esos jóvenes modernos que visten como sus abuelos y citan a Foucault cuando hablan de música pop y sufren deformaciones en sus tabiques nasales debido al ingente peso de sus enormes gafas de pasta? ¿Gareth? - No.

- Dios, Gareth. - ¿Son del tipo "intelectual"? - Sí, un poco. Parecen ratas de biblioteca, pero con tatuajes y cortes de pelo aleatorios. ¿Las visualizas? - Más o menos. ¿En sus camisetas pone cosas, verdad? - Sí. Mensajes irónicos. Una lleva una que dice "Kliss", y salen cuatro Playmobil caracterizados como el grupo de música glam "Kiss". ¿Lo tienes? - Uf. Ahora lo he perdido. - Ya, perdona. Bueno, en lo esencial lo tienes. Ropa reciclada, gafas, opiniones heterodoxas sobre todo... esa onda. - Y paradójicamente las tres parecen salidas del mismo molde, ¿verdad? - Sí, Gareth. Exacto. Muy listo. - ¿Y esas son tus musas? ¿A ésas, de todas, te llevarías a la cama? - Bueno (un poco ofendido), no es exactamente eso. Ésas son las chicas a las que trataría de conquistar. Obviamente, con las chonis de gimnasio no tengo nada que hacer. Con las mamis de buen ver, tampoco. Ni con las pijas. Ni con las sanas y normales. Con estas tres, al menos, tengo una oportunidad. - Ah (anotando, por primera vez, algo en su libreta). Describe qué te da más posibilidades, con este grupo específico. - Pues para empezar, mis cinco a diez años de más. Por algún motivo, estas chicas se sienten atraídas por los treintañeros. Mis lecturas. No las lecturas en sí, sino mi manejo del namesdropping. Mi acervo en el campo de la cultura popular, que me permite detectar quién quieren ser, de entre un conjunto limitado de modelos femeninos de referencia (casi siempre Enid, la protagonista de Ghost World), y hacer que se sientan así. Mi fenotipo, que sería inaceptable entre otros subgrupos (larguirucho con panza) aquí pasa por bueno. Mi "amistad" con personajes de referencia del periodismo, la hostelería, la escena independiente y la gestión cultural de la ciudad.

Mi blog, sobre "tendencias artísticas alternativas". Mi bigote. Mis camisetas de Pavement. Mi corte de pelo de 30€. Mi anorak de 300€. Mi mural de Hulk, de 3000€. - Ésas son tus armas para ligar. Más falsas todas que un duro de madera. - Más falsas todas que un duro de madera. - ¿Y funcionan? - No funcionan casi nunca. - Y cuando sí consigues llevarte a alguien a la cama, te das cuenta de que tus "armas" no han tenido nada que ver, ¿verdad? - Algo hay de cierto en eso, sí. - ¿Ves algún paralelismo entre esto que te pasa en el campo del sexo y algún otro ámbito de tu vida, por ejemplo el profesional? - ¿Cómo? No entiendo la pregunta. - ¿A qué te dedicas? - Soy empresario. - ¿De la hostelería? - Del turismo. - ¿Del turismo? - Del turismo. - ¿Tienes un hotel? - No. Tengo una agencia de viajes. Vivo de sacar a españoles a viajar fuera, no de acoger a guiris en España. - Esta agencia tuya, ¿es lo que querías construir con tu vida? - Obviamente no. ¿Tú querías pasarte la vida rodeado de borrachos y farloperos? - Sí. Siempre he querido ayudar a la gente a explorar en su interior y a sacar de sí misma los ingredientes necesarios para la sanación. - Hostia, Gareth, te has reído. Diciendo eso te has reído. Eres más falso que un duro de madera, tú también. - Habló el "alcohólico". - (...)

- (...) - (...) - Bueno, creo que es hora de irse a la cama, ¿no? - ¿Cómo sabes que no he dormido? - Me lo ha dicho el búho. Antes de meterme en el catre me estuve masturbando en vano durante media hora. Puto, puto Gareth.

LORD JIM

En Los Olivos Rehab In Spain pasé unos días más. Gareth me agobiaba con su terapia basada por así decir en el sexo oral. Empecé a inventar historias y a analizar las reacciones de G. Le conté tres versiones distintas de mi primer encuentro, una de ellas de carácter homosexual. Le describí fetiches y parafilias. Me convertí para él en el protagonista de una pequeña fábula sobre alguien que sin quererlo ni beberlo acaba practicando formas menores de la prostitución, inspirándome para ello en los años salvajes de Paulo. Gareth, sus ojos muy abiertos, su boca haciendo esfuerzos para adoptar una expresión relajada. Empecé a pensar en salir de la clínica en medio de una gran traca final. Salir al pueblo y volver borracho y tratar de repartir cervezas entre los residentes, y ser expulsado. Decir "la tengo pequeña, mira", en una dinámica grupal y enseñar el miembro, y ser expulsado. Saltar sobre Gareth de improviso y morderle la mejilla. Fuerte. Arrancar un trozo de carne de la mejilla de Gareth, separarme de él y contemplar su expresión extática. Y ser expulsado. Pero no tenía fuerzas. Pensé en hacerme la maleta, pero tampoco. Salí por la puerta y me dirigí a Alcaucín, y allí esperé el autobús. Me senté junto a la ventanilla en el trayecto hacia Málaga. Sentía una leve melancolía y un poco de dolor de cabeza, de muelas. Como siempre al volver de todos los viajes. Turismo. Turistas. Adoro el turismo. Esos paisajes mentales. Esa energía infinita aplicada a la ingenuidad y el atrezzo. Ese empeño agotador en ver lo que pone en la Lonely Planet. Esa capacidad de convertir el Montmartre contemporáneo en un escenario romántico o modernista

por el que pululan genios bohemios que acaban de decidir hacerte un portrait porque tu cara tiene unos rasgos muy interesantes (80€). La hollywoodización voluntaria, a pulmón, del mundo. Los japoneses nos ganan. Los japoneses son capaces de embarcarse en vertiginosos tours europeos de un mes de duración para visitar quince capitales, explorar Andalucía, bañarse en los fiordos noruegos, esquiar en los Alpes y comer pescado en Santorini antes de subir al avión de vuelta. Superad eso. Solo las guías ya pesan dieciocho kilos. Imaginad tener que fotografiar cada monumento, escuchar al guía de cada excursión, identificar a cada rey a caballo durante treinta días. Superad eso. Me dedico al turismo yo también. No solo vendo las emociones: vendo la gimnasia mental necesaria para albergar esas emociones. Mi producto no es para todo el mundo: es para egonautas expertos, para artistas del hambre, para fieles. Deseo esa capacidad, la del turista. Pero no la tengo. Por eso elijo viajes minuciosamente guiados, como éste de Los Olivos Rehab In Spain. No solo quiero visitar, no solo quiero que me expliquen lo que estoy visitando: quiero que me obliguen a sentirme como alguien que genuinamente descubre, que genuinamente explora. Y eso es caro. Y nunca funciona. Hablemos de la otra opción.

ODISEO

A continuación, decido ir a Fátima. Decido ir a Fátima y a Međugorje y hacerme pasar por católico y tener visiones y ser adorado porque estoy en las últimas, y lo único que me curaría es la adoración. Hablar entonces de mis problemas personales y que un montón de chalados me contasen la relación entre mi incapacidad de conservar a una chica a mi lado y el hecho de que la virgen me hubiese elegido a mí de entre todos para aparecérseme, entre mi horror vacui (pero ésta sería muy fácil) y mi beatificación. Pero entonces topo con un último anuncio parapsicológico en Facebook. Camp Joy Multitherapy: Guide And Be Guided In Spain. Hago clic, o pincho, o pulso, o como se diga, y desemboco en una especie de paraíso perrofláutico - summer camp - anarcoWoodstock con mucho filtro en las fotos y mucho Jodorowski pero poco dato práctico del tipo dónde está cuánto cuesta en qué consiste. Hay un Come! subrayado. Hago clic, o pincho, etcétera. Una mujer muy pálida y hermosa, pero sin ningún tipo de vello, narra una historia en inglés: el zorro Tom recibe un encargo del hada Zoraida, guardiana del bosque. Debe hallar el árbol perfecto, pues el hada desea instalarse en él. Tom, a quien el amor más absoluto mueve a servidumbre, parte en su busca de inmediato. Pregunta a los demás animales. Unas torcaces recuerdan un roble a la orilla de un río cuya sombra era perfecta. Una fila de procesionarias hablan de un pino centenario en lo más hondo del bosque. Un jabalí, de una encina o de un nogal. Las pistas son vagas. A veces, los testigos hablan de árboles vistos en una sola ocasión, en su infancia, y dan indicaciones imprecisas. Tom suele llegar, tras innumerables vericuetos, al lugar señalado para no encontrar más que un tronco

muerto, o quemado, o talado, o peor: un álamo apenas notable, alto pero con ramas podridas, en la umbría o maltratado por cuernos de venado. Así pasan semanas. Ya no interroga a los animales, se limita a seguir su instinto, su criterio. Examina sequoyas, cipreses, eucaliptos e inmensos alcanforeros. Sus ojos se habitúan a detectar imperfecciones. Sigue investigando. Poco a poco, mientras van sucediéndose las estaciones, el zorro aprende a aceptar su derrota. De vez en cuando se detiene y trepa un tronco, pero ya sabe que las cualidades que convierten a ese árbol en particular en candidato a la perfección se van a ver contrapesadas por todo tipo de impurezas: parásitos, ramas nudosas o torcidas, raíces saliendo del suelo, o moho, o enredaderas, o avisperos. Indigno para Zoraida, se dice, pero no para mí. Y allí pasa la noche. Al fin vuelve. Conoce las bellezas y defectos de todos los árboles del bosque. Busca a Zoraida y le comunica el fracaso de su misión. Ésta sonríe: - Mi fiel Tom, esta lección te regalo: que solo es perfecto lo que llamamos así, entre la niebla de nuestros recuerdos. Que solo nuestra palabra es capaz de hacer real la pureza, y que nuestra mirada la deshace. También a esa nueva tristeza te condeno. Y ahora he de deshacerme. Dicho esto, la lisa narradora también se deshace, en el vídeo. ¿Pero qué mamarrachada es ésta? Aparece una cita sobreimpresa en Helvetica, cosas: en castellano: Nuestras imperfecciones nos hacen merecedores de amor (J. A. González Iglesias). Luego aparecen más

En Camp Joy todos compartimos un mismo estatus, unos mismos principios. No hay "terapeutas" ni "pacientes"; todos aprendemos a crear pureza en los demás y a aceptar la impureza en nosotros mismos. Utilizamos para ello dos únicas herramientas: nuestra palabra y nuestra mirada, cada una única e irrepetible, propia y válida. Con ellas estudiamos a los demás y los purificamos mientras somos salto. El salto es un botón con un prosaico Next inscrito encima, y previo clic da paso a un formulario. El formulario es infinito. Se puede ir hacia atrás y hacia adelante, y el trabajo que hay que hacer entrar en sus blanks es ni más ni menos que un proyecto terapéutico completo, con la peculiaridad de que la heterogeneidad da puntos. Uno puede exponer las virtudes de una terapia basada en el punto de cruz si puede aportar una buena justificación bibliográfica y calendarizar un programa minucioso detallando objetivos, técnicas, protocolos de evaluación, personalidades idóneas para beneficiarse del mismo y presupuesto sobre el material. Bostezando ampliamente, estoy a punto de cerrar el navegador, pero se me ocurre a tiempo visitar un enlace Help que veo, y ahí lo entiendo todo. El enlace da acceso a cientos y cientos de proyectos ya hechos. Con un poco de corta y pega, es posible rellenar el formulario en veinte minutos. Hay Danza Masaje cruz. Todo del vientre masculina. Cinefórum. su Nudismo. Hinduísmo. Crudiveganismo. no, Punto de erótico. con asimismo estudiados. ¿Quieres formar parte de esta experiencia? Háblanos de tu palabra y de tu mirada después del

Aromaterapia. Taller de sadomasoquismo. Club de lectura y, sí, cómo correspondiente enfoque personal completado. Hasta encuentro uno basado en el Psicoanálisis sexual que creo obra de Gareth, pero quién te dice. Obviamente, estos ejemplos son un reclamo comercial de tipo erótico, el anzuelo

más viejo del mundo. Decido contribuir. Pongo la quijotera a funcionar y en un rato tengo listo mi proyecto, llamado Pornoterapia. La cosa consiste básicamente en visionar un montón de clips de una pornostar masculina o femenina, y elaborar con ellos el mapa traumático de la estrella elegida. Se puede utilizar el repertorio freudiano, y llenarlo todo de Edipos y Electras, o cualquier otro criterio coherente. El objetivo es poner a prueba la capacidad de análisis. Otro objetivo es explorar lo fantasmático en el erotismo de masas, para lo cual se recomienda realizar este ejercicio entre dos personas de sexo opuesto (o de tendencias sexuales convergentes), con el objetivo de alcanzar una visión global de las pulsiones presentes en cada clip, las servidumbres de género, los estereotipos de la conducta sexual. Y por supuesto está el objetivo, éste implícito, de que el terapeuta disfrute algo de sexo en pleno Woodstock, cómo no. Una vez enviado el proyecto, un segundo Next da acceso a algo de información práctica, pero no mucha: que el Camp Joy aún se encuentra en proceso de construcción, por lo que los participantes también han de aportar cierto trabajo manual en labores de "albañilería tradicional"; y que el régimen económico vigente es la autogestión, motivo por el cual las jornadas se completan con algunas horas de agricultura, panadería, lavandería u oficios varios. Dios santo, me digo exhausto. Me meto en la cama y constato que, si mi proyecto es aprobado, entraré en Camp Joy por pura desesperación, y que allí perderé muchos kilos y no follaré nada y posiblemente caeré enfermo. Pero el determinismo me da sueño y, por una vez, me duermo antes de las mil.

SAY CHEESE

Practicar un arte que no le importe a nadie. Dedicarle tu vida. Pero no en plan zen. No con paz interior ni con ese sublime desapego por el fruto de los actos que caracteriza a los santos orientales. Con impaciencia. Con ansia de escenario. Con ínfulas, también. Decir todos los días al menos una vez "sin mi arte mi vida no tendría sentido", y darle un tono como de amenaza. La persona a quien acabas de dirigir tu perla debe mirarte en ese momento como si ya supiera que tu vida no tiene el menor sentido, independientemente de si sigues o no esculpiendo setos. Y esa mirada te hace necesitar un cigarrillo. Luego te contratan como escultor de setos decorativos en una urbanización de lujo y te pagan bien y ya puedes volver a permitirte fumar. Vives en un almacén de productos de limpieza que hay en la urbanización, gratis.A tu disposición la mejor podadora del mercado y kilómetros de setos de color verde profundo. Qué feliz serías. Si no fuera por esa sensación de estar prostituyéndote. Bebes. Te cortas una oreja con la podadora. Estás desahuciado pero te levantas con el sol, día tras día, más que nada porque las ventanas de tu cuarto de escobas no tienen persiana. Tampoco tienen cristal, ya que vamos. Durante catorce horas practicas tu arte y fumas con una tensión sobrehumana. Los entendidos pueden apreciar el Sturm Und Drang interior que tienes montado con solo fijarse un poco en el escorzo de los perros de seto que te salen ahora. Pero no lo hacen. Los jugadores de golf no parecen quejarse de nada de momento. ¿Qué hacer? ¿Decidirás expresarte un poco, salirte del patrón determinado de perros, espirales y dameros? Uno llega a un punto en

que la maestría ya no es suficiente, en que el oficio ya dominado por completo se queda pequeño, y hay que innovar. ¿Lo harás? ¿Esculpirás una polla de seto en homenaje a tu adorado Basquiat? ¿En el lateral del hoyo 15? Oh, sí, lo harás. Incluso esculpirás un chorro de semen de hojas verdes. A continuación serás expulsado y tendrás que volver a dejar de fumar. Puedes acceder a contratos temporales con el ayuntamiento como auxiliar de parques y jardines, pero solo a través de un programa de inclusión social. Deberás demostrar que no tienes amigos ni familia, ni ingresos, ni casa ni pertenencias. Antes de llegar al asunto de los jardines, tendrás que hacer cursos de doscientas horas de habilidades sociales. En muchas de esas tardes jugarás con la idea del suicidio. Si pudiéseis ver en el interior de vuestras cabezas, os daríais cuenta de que la mitad de vosotros está pensando en suicidarse, y la otra mitad está drogada. La profesora habla sobre gestualidad corporal y pone ejemplos sobre cómo mostrarse decidido. Yo vi la polla de seto verde que esculpiste en el lateral del hoyo 15 y me pareció una visión sobrecogedora. Y eso que no sabía que contenía todas esas tardes de jugar con la idea del suicidio. Ahora lo sé. Ahora sé que contiene también tu renuncia al tabaco y un informe de los servicios sociales de tu ciudad donde se te declara excluido y una oreja cortada y un invierno durmiendo en una cama Restform en el centro de una habitación sin cristales en las ventanas. Ahora la visión es sublime. Eres un jodido poeta maldito de los setos. Una leyenda que los miles de jardineros de urbanizaciones de lujo de esta región se cuentan unos a otros en torno al fuego. Visualiza a esos jardineros. No han podido llegar a ser camareros ni croupiers. Sus miserables vidas cortándoles el césped a todos esos norteños tan exigentes. Qué sería

de ellos si no tuvieran tu historia, tu apuesta al 0, tu declaración de independencia. Ahora colocas mazos de azaleas delante del ayuntamiento, para que las vean los policías que acordonan la entrada. De vez en cuando te escondes un cartón de Don Simón en el plumífero y te lo plimplas a lo largo de la mañana. Te pones expansivo. Les cuentas a tus compañeros del programa de inclusión el momento cumbre de tu vida, la realización de un falo ornado con sus correspondientes testículos en el momento de la eyaculación, y todo en seto verde, cerca del green del hoyo 15 de la urbanización Hacienda Pelada Golf Resort. Tus compañeros se ríen a mandíbula batiente. Les faltan tantas muelas como a ti. Luego empiezan a contar anécdotas. Tu cartón de Don Simón empieza a rodar de mano en mano, y ya atrae la atención del capataz y de los numerosos policías locales que acordonan la entrada del ayuntamiento. Las anécdotas versan sobre un único tema: la reproducción de pollas. Todos tus compañeros han reproducido inmensas pollas erectas en un lugar u otro. Como adolescentes revolviéndose contra los muros del colegio. Entonces llega el responsable de la cuadrilla acompañado de un policía municipal, preguntando por el dueño del cartón de vino. Justo cuando no podías caer más bajo en tu triste trayectoria de podador desorejado, te enteras de que algún gilipollas alemán vio tu obra maestra mientras echaba unos hoyos y le gustó. Le gustó mucho, a este gilipollas teutón. Le gustó tanto, que la compró. Le salió barata: solo tuvo que pagar la reposición del seto en ese fragmento de linde. Luego se la llevó a Alemania y la plantó delante de la puerta de su galería de arte, en Colonia. Él se ocupa personalmente de podarla periódicamente para que se mantenga fiel

a su forma original, que es la que tú le diste. Además, el tipo te nombra. Junto a la obra hay una plaquita metacrilatizada con tu nombre y este texto, que le redacté yo. También, fotos del emplazamiento original y un comentario la mar de Kultur sobre la ingenuidad de la resistencia aborigen en la España sometida al imperio del Golf. Este crítico, el fotógrafo y yo cobramos bien por nuestras aportaciones. Tú, nada. Aunque míralo por el lado bueno. Has expuesto tu obra en el extranjero. Has logrado entrar en el circuito comercial, orejitas. Te veo en los jardines del Ludwig. Te veo Trascendiendo el Paradigma. Te veo en los brazos de las mujeres, fumando cigarrillos liados y vino embotellado. Quién es la puta ahora, orejitas. Quién es la puta.

MEFISTÓFELES

Mi periplo por estos establecimientos terapéuticos de los que tanto hablo en esta cuarta temporada me ha robado los restos de estabilidad mental que me quedaban, amén de cuantiosas sumas de dinero y tiempo, sin obrar a cambio sanación espiritual ninguna, pero al menos he tenido una idea para un negocio. El negocio es una empresa en internet, una red social basada en intercambios terapéuticos: yo te cuento mis problemas y tú, con tus conocimientos en psicología divulgativa, me orientas. Luego tú, a tu vez, vas y le cuentas tu mandanga a un tercero, y así sucesivamente. Todo el mundo evalúa a todo el mundo, y los terapeutas estrella pueden llegar a cobrar por sus consejos andado el tiempo. Por supuesto, para evitar previsibles problemas con los colegios de psicólogos me llevaré mucho cuidado de no llamar a esto "terapia" ni "ayuda psicológica", sino más bien "consejo independiente" o "guía externa". También hay un manual de estilo cuyo incumplimiento podría llevar a la eliminación de la cuenta. En él, proscribo el empleo de etiquetas diagnósticas: ni "neurosis" ni "depresión" ni "ciclotimia" ni nada parecido. Sin diagnósticos. Esto no solo para ahorrarme problemas con esos jodidos psicólogos colegiados, sino para hacer más atractivo el producto. Mis terapeutas online no recurrirán a diagnósticos cliché: harán sentir a sus pacientes escuchados y únicos. Programas robots rastrearán los chats en busca de términos prohibidos y expenderán automáticamente las amonestaciones. ¿Y de dónde saldrá la pasta? De varias fuentes: para empezar, solo se puede acceder al perfil de usuario "terapeuta" si se tiene una

cuenta premium, que costará para empezar 49€ al año. Hay más requisitos para acceder a esa cuenta premium, como aportar algún diploma de algún curso de mierda de gestalt (con el tiempo los impartiré a través de otra web a módicos precios) o aprobar un examen online cuyo temario pienso vender en .pdf. ¿Y por qué iba nadie a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en una cuenta de terapeuta online? Por dos promesas: la de "acumular experiencia terapéutica" y la de "cobrar por sesión si se alcanza un rating superior a 90/100". Por supuesto, pienso manipular los ratings. En realidad, las dos promesas se resumen en una: la de convertirte en alguien sin necesidad de dejar tu silla frente al grasiento pc de casa de tus padres. La de llegar un día a tomar café con tus amigas y soltar a bocajarro: ya soy algo, soy terapeuta online, hoy me han ingresado mis primeros veintiocho céntimos. La de convertir tu tendencia a manipular a los demás, inversamente proporcional a tu capacidad de solucionar la mierda que inunda tu vida, en una profesión. En una identidad. Ah, bueno, y también cobraré por publicidad. Habrá un montón de anuncios de libros de (para)psicología divulgativa con los que ampliar tus conocimientos y mejorar tus ratings. La gente hará clic. No sé si cerrar la posibilidad de encargar esos libros a los usuarios no premium. Esto igual reduce las ventas, pero me estimula la idea de hacerle sentir basura a alguien simplemente impidiéndole su derecho al consumo. ¿Y lo mejor de todo? Que será increíblemente terapéutico. Para mí, claro. Que cobraré mi venganza sobre las herramientas de sanación de que dispone mi sociedad para sus miembros enfermos, y solo porque no ha habido sanación para mí. O bueno, en realidad no. No sé por qué saco la tontería ésta del despecho, cuando ni siquiera he

buscado en toda mi vida un profesional serio que me ayude. Demasiadas películas. Será terapéutico porque la disolución de estas herramientas me divierte. Porque puedo, por eso. Porque quién pagará por un psicólogo cuando se pueda piratear uno sin salir de casa, sin pasar vergüenza, sin que nadie detecte que mientes como un bellaco (o al menos casi nadie), sin necesidad de obedecer ese totalitarismo de ser tú, siempre tú, y tener problemas, siempre los mismos problemas. Porque a Olgaga le habría gustado, ella que entregó su cordura a la tarea de llenar el mundo de ficción, y también a Jesús. Porque por qué no. Los necesito a ambos, a Olgaga y a Jesús. A ella para que se siente tras el teclado y haga de terapeuta en las primeras fases, mientras alcanzamos la masa crítica de usuarios necesaria. A él para que diseñe la arquitectura de la web y guíe su construcción. Quiero ir a lo grande. Voy a intentar convencerlos de que vendan su participación en los Kafka Weekends para financiar esto entre los tres. Habrá fases, y en la tercera nos internacionalizaremos. El mundo dejará de dar melifluos megustas a las fotos de los gatos de los demás, para entrar con sierras mecánicas en el mundo interior del prójimo. Y ahora imaginad una malvada carcajada con bien de reverb, para cerrar este capítulo mientras se apaga su eco.

RITO DE PASO

Lo he hecho. He dado el paso. He quedado con mis amigos por fin. Con Jesús y Olgaga, al menos. Paulo está en el barco y las Miralles ilocalizables. Les he dicho que tengo planes para todos, nuevos planes tras la aventura checa. Luego me he hecho un powerpoint. En el powerpoint, que he rellenado de datos que he copiado de internet y de otros inventados, demuestro la relación entre crisis económica y autoayuda cruzando la tasa de paro desde 2010 con las ventas de "Tus zonas erróneas", de Wayne W. Dyer (un clásico de 1976 editado en castellano por Grijalbo, entre otros, y por DeBolsillo en 2010). Luego enlazo un artículo de La Vanguardia que da por buena mi tesis. Y mi tesis es: que cuando vienen mal dadas y te has quedado en el paro o corres el riesgo de perder la casa o no tienes para pagar la universidad de los niños o eres interino docente o algo así, la culpa es tuya por no funcionar como tu primo Pablo, que tiene una empresa que pita bien y este verano se va con su mujer (que está mucho más buena que tú) y sus niños a la jodida Riviera Maya. Y mi tesis sigue: así las cosas, una vez que has aceptado que la culpa es tuya y has completado ese proceso de revelación y contrición, lo primero que vas a hacer es buscar ayuda. Para readaptarte. Para limar esas aristas incorrectas que impiden tu fluido deslizamiento por el tobogán del éxito, ése que disfruta la gente superior. Pero cuidado. Ayuda sí, pero a ver cuál. Amigos, familia y conocidos no, porque lo último que queremos, en este momento, es perder aún más puntos. La ayuda que vale es la que no te obliga a identificarte. Coño, claro, cómo no lo había pensado antes: la autoayuda.

He mencionado el libro de Dyer: en él puedes enterarte de que

Las zonas erróneas son las siguientes:

     

Cualquier pensamiento que provenga de una autoestima insuficiente. Culpabilidad o preocupación. Necesidad de aprobación externa. Postergación al obrar. Necesidad de justicia. No hacerse responsable de sí mismo.

Es decir, que atenerse a normas morales, retrasarse en la producción o achacar al jefe algún problema que hayas tenido es erróneo y está mal y así no vas a pisar la Riviera Maya en la vida. También puedes hacerte con Inteligencia emocional, de Daniel Goleman (Kairós, 1996), donde aprenderás que

La inteligencia emocional nos permite:-Tomar conciencia de nuestras emociones. Comprender los sentimientos de los demás -Tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo -Acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo -Adoptar una actitud empática y social que nos brindara mayores posibilidades de desarrollo personal

O sea, que para ser inteligente hay que soportar todo lo que te pase en el trabajo sin perder espíritu de equipo ni ganas de pelotear ("actitud empática") a tus superiores., porque de esa manera vas a tener mayores posibilidades de forrarte el riñón desarrollarte personalmente.

Y el powerpoint sigue. Demostrando con datos aplastantes que éste es el proceso normal. Un estudio de mercado que arroja resultados muy positivos sobre la masa de consumidores potenciales y su tendencia expansiva. Y que a continuación da un salto para hablar de redes sociales. Relacionando el uso creciente de Facebook con los datos negativos del empleo. Estamos hablando de un estudio serio, bien argumentado, coherente e informado. No solo cuantitativo: ahí mismo me remango y entro a analizar

las tendencias de uso de Facebook susceptibles de ser relacionadas con el paro, aportando como prueba los resultados de una entrevista que he hecho, de forma totalmente ficticia, a quinientos usuarios de la popular red social. Y esos resultados son claros: los usuarios en paro no solo usan Facebook mucho más, sino que se orientan hacia la autoayuda, hacia la difusión de mensajes de motivación sobreimpresos junto al jeto de Paulo Coelho o Alejandro Jodorowsky, hacia la multiplicación de contenidos anodinos de carácter pseudopsicológico y hacia la adopción de la jerga correspondiente. Según mi estudio, los desempleados de Facebook utilizan los términos "empatía", "paz interior", "liberación personal" y "chakras" hasta un 75% más que los usuarios con trabajo. Muchos de ellos afirman "estar aprendiendo mucho de sí mismos y de la vida" desde que perdieron su empleo, aunque no pueden acreditar ninguna lectura seria ni ningún curso de formación. Madre mía: se refieren a lo que leen y comparten en Facebook. Se refieren a los posts monguer de páginas como "Amor Incondicional En Accion" (sic), "Aprendiendo a Sentir", "•**•.Remedios Para El Alma.•**•" (sic) o "YO ESCUCHO!!! "LA VOZ DE LA MADRE TIERRA"" (sic, sic todo el rato). Están totalmente indefensos. Es el momento.

En ese momento, cierro el portátil y miro directamente a los ojos de Olgaga y Jesús, quienes, visiblemente impresionados, aún no han podido decir nada sobre el asunto ni yo se lo he permitido. Y repito: Es el momento. Imaginad esas masas de gente sin trabajo que pasa hasta cinco horas al día mirando la interfaz del feis y esperando que le llegue al correo alguna oferta de empleo vía Infojobs y alimentando la creencia subnormal de que "están creciendo como seres humanos" o alguna babosada parecida. En ésas están cuando les aparece nuestro anuncio, bien posicionado arriba a la derecha: "Sanación online. Ayuda a otros y déjate ayudar". Sabéis tan bien como yo que le van a dar. Y que en cuanto entren en nuestra página, son nuestros. Tendrán un espacio para seguir compartiendo fotos de Coelho en blanco y negro con idioteces sobreimpresas, pero se desaconsejará vivamente el empleo de nombres y apellidos y fotos claras. Esto no les importará, porque ya conocen por Meetic y Badoo el mundo de la suplantación de identidades. Probarán la experiencia de ser aconsejados seis o siete veces, y a continuación no podrán vencer la tentación de ponerse a los mandos. A 49€/año más 15€ cada pedeefe de basura que les podamos colar "para mejorar sus ratings".

Y en ese momento vuelvo a abrir el portátil para mostrar las expectativas económicas del proyecto. Manejo, basándome en ficciones absurdas, tres escenarios. Les muestro unos datos: 25.000 usuarios premium y 200.000 estándar en los primeros ocho meses de funcionamiento, con veinte mil copias digitales de libros vendidas, y una recaudación bruta un poco por encima del millón quinientos mil euros. Y añado: y éste es el escenario más conservador. Y entonces me callo, para amplificar el efecto deslumbrador.

Olgaga se ha encendido un cigarro, el primero de la tarde (me doy cuenta ahora de lo raro que resulta verla un rato sin fumar, y ya de paso me doy cuenta de otros cambios: su cordura, para empezar, su evidente pérdida de peso, su retorno a la zona alfa de la especie, su aire calmado e irónico), y Jesús mira con media sonrisilla el fondo de su taza de café. No tienen prisa en romper su divertido silencio. Se miran. Estoy sudando. Olgaga suelta a bocajarro:

- ¿Cuánto tiempo hace que no sabes nada de las Miralles? - Mucho, ¿por qué? - ¿Quieres ir a verlas? - ¿Al pueblo ése hippy? ¿Reciben visitas? - (Con sorna) Sí, he oído que sí, amor. - Ah. - Vámonos. Ven con nosotros. Ahora mismo. Partimos rumbo norte a través de una tarde eterna. Cuando llegamos, aún es de día.

Las Miralles han transformado San Joy. Antes de ellas, la aldea era un proyecto muy crudo de rehabilitación libertaria rural, con una población máxima de quince personas en permanente conflicto y con un déficit insuperable de suministros básicos, incluyendo en esta categoría el agua para beber. Ahora es un asentamiento estable con unos quinientos residentes permanentes y doscientos más los fines de semana. Todas las casas del pueblo han sido rehabilitadas y un buen número de barracones nuevos las rodean. Hay una clínica, una escuela, unas letrinas y una zona techada polivalente, un pozo y una farola que funcionan con el mismo generador, un refrigerador comunal y unas cocinas, y plantaciones nuevas por todas partes. Además, según un mapa gigante que hay en el centro del pueblo, la población está rodeada de enclaves enigmáticos: "el prado de la comunión", "la llanura azul", "el viejo granero de las sonrisas". Ellas van desnudas de cintura para arriba, descalzas. Tienen la piel más bronceada y el pelo más rubio. No hacen absolutamente ningún ruido ni es posible saber dónde están en ningún momento. Hay guiris por todas partes que saben exactamente el mismo español. Un español decente pero medieval, que solo se extiende sobre lo rural y lo espiritual, y nada más. Los guiris, y todos los demás excepto nuestras amigas, pagan por estar allí. Mucho, mucho dinero. Además de pagar, trabajan muy duro durante muchas horas, también de forma obligatoria. Ahora andan excavando una fosa séptica. De forma altruista, emplean su escaso tiempo libre en ofrecer talleres para el resto de la comunidad. Los anuncian en un tablón en el que no cabe una palabra más.

¿Y qué los lleva a San Joy, a cagar en letrinas y excavar fosas sépticas y dormir sobre jergones rellenos de paja seca y comer los peores arroces del universo, sin wifi ni cobertura de móvil ni teléfono, sin poder fumar ni comer carne ni beber ni drogarse? La posibilidad de aprender "el arte de la sanación" de las famosas terapeutas cósmicas Miralles, fanales de la humanidad. Las muchachas, en virtud de una suerte de mayéutica marca de la casa, no enseñan directamente, sino que se acercan de vez en cuando a escuchar a la gente que, en parejas, se pregunta mutuamente por "las heridas del alma" y aplica sus conocimientos a tratar de cauterizarlas. Cuando alguien lo hace bien, recibe como premio una sonrisa de una de las hermanas, aprendices. La sonrisa, al parecer, engancha. Olgaga y Jesús, que pasean entre los descalzos con cigarrillos y botes de cerveza, me proponen participar en la empresa. Paulo también está dentro. Me como el orgullo y digo que sí. ¿Qué tengo que hacer? Algo habrá. El pueblo se desarrolla solo, y por el momento no necesitamos aumentar el número de clientes a base de márketing. Es mejor dejar funcionar el boca a boca y que siga siendo muy difícil llegar aquí. En principio, con asistir a las reuniones ya cumpliría, pero eso sí, al menos una vez a la semana hay que pasarse por el pueblo para vigilar a las gemelas, tratar de que coman algo y mitigar tal vez alguna excentricidad demasiado alienígena, como hoy mismo, que han empezado a cazar grillos y a plantarlos en los caballones junto a las calabazas, para alarma de la numerosa población crudivegana de San Joy. Olgaga me dice que si les doy una papilla de sémola y maíz a cucharadas, como si fueran niñas pequeñas, a continuación me dejarán cepillarles el pelo un rato. Por si no estaba yo ya bastante convencido de participar. que levita sin prisa hasta la siguiente pareja de

Ya casi todos los aprendices están yéndose al catre y nos disponemos a volver al coche. La noche se ha cerrado y es posible ver el brazo de enfrente de la vía láctea en el cielo. Olgaga da el contacto y suena lo que había puesto al parar el motor, que es la cuarta canción del Loveless, de My Bloody Valentine. Ahora suena muy diferente, como si llegase de otra región del tiempo y del espacio. Mientras nos alejamos de San Joy y empiezo a rendirme a la somnolencia se me ocurre preguntar qué es de los guiris una vez que completan el "curso" de "sanación" de las gemelas. ¿Se vuelven a su casa, ponen consultas, qué? - ¿Estás tonto, tío? Cuando acaban aquí los mandamos a Praga, hombre. Nunca me entero de nada. Esto es así.

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