J. Sorolla: «Serie de las regiones de España: «Castilla» o «La fiesta del pan». Sección izquierda: Ávila.

Óleo sobre lienzo. 1913. 3.50x14 metros. Hispanic Society. Nueva York.

Sorolla

« astilla», un óleo conocido también como «La Fiesta del Pan», es la mayor obra que pintó Joaquín Sorolla, se encuentra en Nueva York, en la Hispanic Society of America y alcanza 14 metros de largo. La vista de Ávila es apenas la mitad del cuadro. La sección derecha corresponde a una vista de Toledo; en ella, otro grupo de personajes con sus antiguos trajes van a unirse con los de Ávila para celebrar una imaginaria «Fiesta del Pan», desfilando en honor de San Isidro Labrador. Ambos cortejos, con sus respectivas ciudades de fondo, representan las dos antiguas Castillas, la Vieja y la Nueva, consideradas por entonces graneros del país y núcleos de la identidad española. El cuadro forma parte de una serie de escenas que representan lo más característico de las «Regiones Españolas». Dispuestas unas junto a otras, como si de enormes ventanales se tratase, el conjunto rodea la sala de lectura del museo neoyorquino, ocupando en total más de doscientos cincuenta metros cuadrados de pinturas al óleo. Las medidas no son, sin embargo, la

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mejor referencia para describir lo que allí se ve. Cada cuadro es distinto en composición y colorido. A la sorpresa inicial de ver en Nueva York el enorme paisaje de la ciudad, le sigue el interrogante de cómo fueron a parar a Harlem todas aquellas obras. La explicación ha de ser breve ya que la historia no lo es. Archer M. Huntington heredó la inmensa fortuna amasada por su padre, que mandó construir el ferrocarril transcontinental americano. En uno de sus viajes por Europa Huntington quedó impresionado por los paisajes, la cultura y las gentes de España. Comenzó a entablar amistad con intelectuales y gentes de la cultura hispana y a partir de entonces recorrió el país para conocerlo realmente; conviviendo anónimamente en ocasiones con labriegos y pastores. Fue adquiriendo, bien por encargo o bien directamente, un número considerable de obras de arte, pinturas de El Greco, Velázquez, Goya o Murillo, entre otros, así como esculturas, retablos, cerámica, incunables, miniaturas, trajes y tallas de todas las épocas. El respeto que Huntington sentía por

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Sección derecha de «La Fiesta del pan»: Toledo.

este país, hizo que pusiera como condición que todas las obras fuesen compradas a colecciones extranjeras, sin esquilmar el patrimonio nacional. Sólo algunas piezas menores fueron adquiridas en España. Para albergar toda la colección y promover los estudios hispánicos en América, Huntington fundó en 1904, The Hispanic Society of América. Construyó para ello un conjunto de magníficos edificios neoclásicos próximos a la universidad de Columbia, al norte de Manhatan. Su fortuna le permitió elegir una de las zonas con más futuro de la isla. A finales del siglo XIX, ante el crecimiento de la ciudad, comenzó a construirse por encima de Central Park una lujosa área residencial con amplias avenidas y viviendas unifamiliares para la burguesía blanca. Con esas premisas el barrio quedó enseguida reservado para gentes adineradas. Tan exclusiva llegó a ser la zona, que los alquileres se elevaron desmesuradamente, algunas viviendas comenzaron entonces a quedar vacías. A los especuladores, dispuestos a todo con tal de no bajar los precios, no se les ocurrió otra idea que alquilar habitaciones por horas. Las gentes de color que por entonces trabajaban por turnos en la construcción del metro y otros edificios, dormían diseminados por varios distritos y no teniendo para arrendar viviendas de forma estable, comenzaron a alquilar aquellas habitaciones. Familias enteras entraban con todos sus enseres para dormir apiñados en una sola pieza,

saliendo a las pocas horas para que el siguiente turno pudiera pernoctar. Ya pueden imaginar el resto, las familias acomodadas fueron abandonando paulatinamente sus bonitas casas y la zona fue degradándose hasta la situación que todos conocen. The Hispanic, al igual que otras instituciones y palacetes, quedó allí, en la calle 157, aislada y fuera de los recorridos turísticos más usuales de la ciudad; de ahí que sea escasamente conocida incluso por las agencias y guías de Nueva York. Sin embargo, puede visitarse

Sala de lectura y vista parcial del conjunto de las regiones de España. Hispanic society. Nueva York.

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cogiendo un taxi por apenas 5 dólares. La pena es que la mayoría de los fondos del museo no están expuestos al público por falta de espacio y presupuesto. Los numerosos López Mezquita o Chicharro que hay en sus fondos, muchos con temas de Ávila, casi nadie llega a verlos. Por igual razón solamente unas pocas obras de Sorolla y de otros importantes artistas se hallan expuestas permanentemente, entre ellas el conjunto de Las Regiones de España. Esta permanencia fue una de las condiciones que impuso Sorolla a su amigo Huntington al formalizar el contrato en París. El artista se comprometió en 1911 a realizar la decoración de la sala del museo en cinco años «pintada al óleo, de tres metros y medio o tres metros, por setenta metros de largo[...]Los motivos para esta decoración serán tomados por representaciones de la vida actual de España.[...] El precio será cuando sea la entrega en Nueva York, de ciento cincuenta mil dólares». Pero tal como indica Florencio de Santa Ana: «Aunque la oferta económica fue para la época muy estimable, el encargo también lo era. Sorolla debió sopesar mejor esta empresa ya que finalmente tardó ocho años en realizarla, sus condiciones como pintor no estaban de acuerdo con las de muralista. Por otra parte, el pintor se encontraba en el cenit de su actividad artística y continuaba investigando nuevas formulaciones estéticas en el tratamiento de la luz. Si hubiera seguido adelante no podemos precisar qué alturas hubiera alcanzado. Pero la decoración de la Hispanic Society supuso un tapón en su actividad creadora, y en cierta medida, un retroceso, del que escapan algunos cuadros pintados en sus no muy numerosos descansos». Ciertamente algunas obras de esta sala, entre ellas la de Ávila, están lejos de esas composiciones espontáneas y luminosas de los mejores Sorolla. Aparte de recurrir a referencias fotográficas, el pintor realizó, sólo para La Fiesta del Pan, más de veinte estudios preparatorios a tamaño natural. A ello hay que añadir otros más pequeños de paisajes para el fondo e interminables dibujos y guaches para la composición. Tanto en

The Hispainc Society como en el Museo Sorolla de Madrid1 se conservan más de trescientos estudios y bocetos para este lienzo; las grandes dimensiones del cuadro contribuyeron a que la composición fuese demasiado escenográfica, personajes y fondo están dispuestos casi teatralmente. Llama la atención el monumento que se interpone delante de la muralla. ¿Lo reconocen?. Es la fuente del Pradillo. Esa fuente, levantada en tiempos de Felipe II, que tiene tallado el Toisón como símbolo de realeza, fue elegida por Sorolla para presentar un escenario representativo de Castilla, en tiempos orgullosamente noble y guerrera y luego humilde campesina. El pintor hizo varios bocetos del natural tanto de las murallas como de la fuente; ésta sería luego sobredimensionada en el cuadro definitivo para dar mayor monumentalidad a la escena, sin embargo lo que la hace difícilmente reconocible no es tanto su tamaño como su ubicación. Sorolla la coloca en el entorno de los Cuatro Postes según se ve por la situación de San Segundo y la muralla. La composición puede desorientar al espectador que no conozca la ciudad. Esto fue lo que le ocurrió a Marcus B. Burke, curator de la Hispanic, cuando quiso localizar por su cuenta la fuente. Cuando finalmente dio con ella, le invadió el desencanto, no tanto por su tamaño real, como por el estado de abandono en que se encuentra actualmente, algo que al parecer no conmueve a nuestras autoridades municipales, que deberían saber de su valor. Burke me reiteró en Nueva York las buenas y cuidadas casas que no obstante había por los alrededores del monumento. Sin confesarlo directamente, los norteamericanos son insistentemente discretos, me daba a entender una y otra vez su extrañeza por el abandono de la fuente del cuadro. No habiendo pobreza en la zona, se dejaba degenerar no sólo el monumento, cubierto de pintadas, sino también el entorno, sucio a pesar de tener al lado un edificio de la empresa municipal de limpiezas, y carente al menos de una indicación informativa. Sorolla estuvo pintando en Ávila al menos en tres ocasiones, la primera en marzo de 1910; en las dos siguientes, mayo de 1912 y noviembre de 1913 vino ya

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El museo Sorolla en Madrid, es la casa-estudio que el pintor encargó construir a otro arquitecto ligado a Ávila, Enrique María Repulles y Vargas. En marzo de 1997, cuando se escribió este artículo, dos exposiciones itinerantes de Sorolla estaban recorriendo varias ciudades castellanas, entre ellas algunas que no fueron pintadas por el artista pero que quisieron rendirle homenaje. Hasta Valladolid, León, Zamora o Palencia llegaron aquellos cuadros. El porqué en Ávila no se solicitan siquiera estas y otras exposiciones resulta inexplicable; es como si nadie en la administración de cultura se sintiera ciudadano de este lugar. Tal vez estén ocupados en algo de mayor interés general, o particular; pero esta ciudad, que vive en buena parte de los encantos que ha heredado, debería cuidar mejor estos asuntos.

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para realizar los bocetos de La Fiesta del Pan. Tomó varias panorámicas de Ávila, pero buscó en otros monumentos algún aspecto particular que pudiese emplear para La Fiesta del Pan. A estos esbozos corresponden las figuras del pórtico sur de San Vicente, la puerta del palacio de los Dávila, el puente romano, un detalle de la Catedral y las vistas de la fuente del Pradillo. Sólo este último motivo sería utilizado después para el cuadro que se encuentra en Nueva York. Los Tipos de Ávila, una obra más acabada y de mayores dimensiones le sirvió también cómo referencia; aquellos campesinos de primeros de siglo, con sus capas y sombreros de ala ancha, aparecen en el desfile del cuadro.

«Vista de Ávila». J. Sorolla. 1912. Óleo sobre tela. 58x84cm. Museo Sorolla. Madrid.

«Fuente de Ávila». J. Sorolla. 1912 Óleo sobre lienzo. 81x105.. Museo Sorolla. Madrid.

Fuente del Pradillo. Foto: J. Mayoral. h. 1920. Tarjeta postal.

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No todos los trabajos preparativos tendrían una traducción directa en ese lienzo, que le llevaría más de un año acabar. Esto le hará «recapacitar, y a la conclusión del cuadro en 1914 cambia de postura. No cree conveniente realizar estudios y pintar luego la obra definitiva en el taller, porque pierde frescura y espontaneidad, atributos que sí tienen los estudios» (F.de Santa Ana). A partir de entonces, decide pintar el resto de los cuadros directamente del natural en los lugares elegidos y al aire libre. Cinco años más tarde, en Junio de 1919 termina la agotadora decoración de la Hispanic, compuesta por catorce murales, muriendo sin llegar a verlos instalados. Sorolla nunca llegó a tener relación con los impresionistas ni con ninguno de los modernos movimientos europeos de finales y primeros de siglo, a pesar de que algunos fueron protagonizados por pintores españoles. Lejos de esos destellos vanguardistas, morirá en 1923, «lo que le evitará el enfrentamiento con una nueva generación artística, que tenía sus miras en problemas y planteamientos distintos». Continuador de la tradición figurativa más folclórica para unos, para otros un atrevido «formulador de un lenguaje moderno en la práctica de la pintura», Sorolla fue ante todo un artista centrado en la concepción del color y la luz. Alejado de esa visión pesimista de una España negra que pintores como Solana representarán más tarde, prefirió ser testigo de las más luminosas escenas costumbristas.

«Tipos de Ávila». J. Sorolla. 1912. Óleo sobre lienzo. 201x192. Museo Sorolla. Madrid.

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«Puerta de San Vicente». J. Sorolla. 1910. Óleo sobre lienzo. 104x81. Museo Sorolla. Madrid.

«Casa señorial de Ávila». J. Sorolla. 1910. Óleo sobre lienzo. 104x82. Museo Sorolla. Madrid.

«El puente viejo de Ávila» J. Sorolla. 1912. Óleo sobre lienzo. 82x105. Museo Sorolla. Madrid.

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